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+The Project Gutenberg EBook of De varios colores, by Juan Valera
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: De varios colores
+
+Author: Juan Valera
+
+Release Date: January 16, 2010 [EBook #30986]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE VARIOS COLORES ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net);
+produced from images of the Bibliothèque nationale de
+France (BNF/Gallica) at http://gallica.bnf.fr
+
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+
+
+JUAN VALERA
+
+DE VARIOS COLORES
+
+ BREVES HISTORIAS.
+ GARUDA O LA CIGÜEÑA BLANCA.
+ EL CAUTIVO DE DOÑA MENCÍA.
+ EL MAESTRO RAIMUNDICO.
+ CUENTOS JAPONESES.
+ UN DRAMA TRÁGICO.
+
+MADRID
+
+LIBRERÍA DE FERNANDO FÉ Carrera de San Jerónimo, 2
+
+1898
+
+* * * * *
+
+ PRÓLOGO
+ EL CABALLERO DEL AZOR
+ LOS CORDOBESES EN CRETA
+ EL DOBLE SACRIFICIO
+ LOS TELEFONEMAS DE MANOLITA
+ EL DUENDE-BESO
+ EL ÚLTIMO PECADO
+ EL SAN VICENTE FERRER DE TALLA
+ GARUDA O LA CIGÜEÑA BLANCA
+ EL CAUTIVO DE DOÑA MENCÍA
+ EL MAESTRO RAIMUNDICO
+ DOS CUENTOS JAPONESES
+ EL ESPEJO DE MATSUYAMA
+ EL PESCADORCITO URASHIMA
+ ESTRAGOS DE AMOR Y CELOS
+
+* * * * *
+
+
+
+
+PRÓLOGO
+
+
+Dos son los principales motivos que me llevan a escribir algunas
+palabras al frente de esta colección de cuentos que doy al público
+ahora.
+
+No todas las flores son frescas y bonitas; también las hay mustias y
+feas. No se me culpe, pues, de presumido, si valiéndome de una figura
+retórica llamo flores de mi pobre y agostado ingenio a los cuentos que
+siguen. Y suponiendo ya que son flores, añadiré que carecen de relación
+entre sí y que yo las reúno caprichosamente para formar con ellas un
+ramillete o manojo. Sea este breve prólogo la cinta o el lazo que las
+ate, para que cada una de las flores no se vaya por su lado.
+
+No soy yo quien debe elogiarlas. El benigno lector decidirá si valen
+algo o si nada valen. Yo diré sólo para procurarme la indulgencia hasta
+de los más severos, que mi propósito al escribir y al reunir los cuentos
+es tan modesto como inocente. No me propongo enseñar nada, ni moralizar,
+ni probar tesis, ni resolver problemas, ni censurar vicios y costumbres.
+Lo único que me propuse al escribir los tales cuentos es distraerme o
+divertirme en el casi forzoso retiro a que mi vejez y mis achaques me
+condenan.
+
+No he de negar yo que me he divertido escribiendo los cuentos, pero me
+guardo bien de inferir de ahí y de dar por seguro que se divertirá
+también quien los lea. Los cuentos, sin embargo, no aspiran más que a
+divertir. Si no divierten, la crítica no puede ni debe ir más allá que
+hasta el extremo de calificarlos de fastidiosos, y en cambio, si
+divierten o entretienen algo, su fin y su objeto están cumplidos. No son
+ni quiero yo que sean sino una obra de mero pasatiempo, con cuya
+lectura, sin la menor ofensa de Dios ni del prójimo, logren los
+desocupados entretenerse durante algunas horas. Los que quieran aprender
+algo, de sobra tienen libros a que acudir. Para saber de religión lean
+los _Nombres de Cristo_, para saber de moral, lean la _Guía de
+pecadores_, y para saber de filosofía, la que está publicando el Padre
+Urraburu en muchos y muy gruesos tomos.
+
+Este librejo no pretende tampoco conmover hondamente el corazón de los
+lectores. La musa que me le ha inspirado (suponiendo también que ha
+habido musa) no ha sido melancólica, ni trágica, sino regocijada y
+alegre, según convenía para consolarme de mis penas reales y no para
+agravar su peso con otras penas imaginarias. Por lo demás, yo creo y
+siempre he creído que toda producción artística o literaria implica buen
+humor y no desabrimiento ni aflicciones. Hasta cuando un poeta o un
+novelista toma por asunto los sucesos más lastimosos, importa que la
+lástima y el pesar se hayan disipado ya casi del todo, a fin de que el
+asunto, que estaba en el sujeto y que atormentaba al sujeto, salga fuera
+de él, y él le contemple serenamente y sea el objeto o la primera
+materia con que él compone o construye su obra, cincelándola y
+puliéndola.
+
+Cada cual tiene su modo de hacer las cosas. Yo no he de dar reglas ni he
+de disputar sobre esto. Diré sólo que no comprendo al que embargado de
+un profundo dolor se pone a cantar o a escribir sobre el dolor que le
+embarga. La muerte de un ser querido, las desventuras de la patria, las
+tremendas luchas y los espantosos infortunios que suelen afligir al
+linaje humano, todo esto, cuando llega a convertirse en materia para
+nuestras creaciones literarias es cuando ya menos nos duele, porque si
+nos doliera, no escribiríamos, sino trataríamos de remediar el mal por
+medios prácticos, o le lloraríamos, informe e inefablemente y sin
+literatura, si no acertásemos a remediarle.
+
+Acaso parezca sofisma; pero, si no lo fuese, y si no temiese yo hacerme
+pesado, llegaría a demostrar por este camino que a fuerza de ser
+sentimental cuando no escribo, soy poco sentimental en lo que escribo.
+No gusto de afligirme ni de llorar, ni gusto de afligir ni de hacer
+llorar a los otros. El que busque, pues, emociones terribles y profundas
+que no lea ni compre este librejo. Si yo logro que el librejo no aburra,
+cómprele y léale el que anhele deshechar u olvidar las terribles y
+profundas emociones, por virtud de otras superficiales, amenas y gratas.
+
+
+
+
+
+
+EL CABALLERO DEL AZOR
+
+
+
+I
+
+
+Hará ya mucho más de rail afios, habla en lo más esquivo y fragoso de
+los Pirineos una espléndida abadía de benedictinos. El abad Eulogio
+pasaba por un prodigio de virtud y de ciencia.
+
+Las cosas del mundo andaban muy mal en aquella edad. Tremenda barbarie
+había invadido casi todas las regiones de Europa. Por donde quiera
+luchas feroces, robos y matanzas. Casi toda España estaba sujeta a la
+ley de Mahoma, salvo dos o tres Estadillos nacientes, donde entre breñas
+y riscos se guarecían los cristianos.
+
+En medio de aquel diluvio de males, pudiera compararse la abadía de que
+hablamos al arca santa en que se custodiaban el saber y las buenas
+costumbres y en que la humana cultura podía salvarse del universal
+estrago. Gran fe tenían los monjes en sus rezos y en la misericordia de
+Dios, pero no desdeñaban la mundana prudencia. Y a fin de poder
+defenderse de las invasiones de bandidos, de barones poderosos y
+desalmados o de infieles muslimes, habían fortificado la abadía como
+casi inexpugnable castillo roquero, y mantenían a su servicio centenares
+de hombres de armas de los más vigorosos, probados y hábiles para la
+guerra.
+
+La abadía era muy rica y famosa: rica por los fertilísimos valles que en
+sus contornos los monjes habían desmontado, cultivándolos con esmero y
+recogiendo en ellos abundantes cosechas; y famosa, porque era como casa
+de educación, donde muchos mozos de toda Francia y de la España que
+permanecía cristiana acudían a instruirse en armas y en letras. Entre
+los monjes había sabios filósofos y teólogos y no pocos que habían
+militado con gloria en sus mocedades antes de retirarse del mundo. Estos
+enseñaban indistintamente las artes de la paz y de la guerra; cuanto a
+la sazón se sabía. Y luego, según la índole de cada educando, los
+pacíficos y humildes se hacían sacerdotes o monjes, y los belicosos y
+aficionados a la vida activa salían de allí para ser guerreros y aun
+grandes capitanes.
+
+Cincuenta novicios había en la abadía de continuo. Y todos, salvo en las
+horas consagradas a ejercicios caballerescos, vestían el hábito de la
+orden.
+
+En una tarde de abril, terminadas las vísperas, salieron los novicios
+del coro, donde habían estado entonando salmos, y fueron, según
+costumbre, a pasar dos horas de recreo jugando en un gran patio.
+
+Había un novicio de origen obscuro, lo cual se contraponía a la alta
+nobleza de que se jactaba con razón la mayoría de los otros. Este
+novicio era español.
+
+Seis años hacía que había venido a refugiarse en el convento sin saber
+de dónde. El caritativo abad le dio asilo, y él, con su humildad
+profunda, con su aplicación constante, con la rara inteligencia que
+desplegó en el estudio y con la robustez y agilidad que mostró en todos
+los ejercicios corporales, se ganó la voluntad de aquel venerable siervo
+de Dios, que le amaba como a un hijo y que candorosamente le admiraba.
+De aquí la envidia que le tenían los otros novicios y especialmente los
+franceses. Tratábanle con desdén, le hacían mil burlas y hasta le
+dirigían improperios, que él sufría con resignación evangélica. Por esto
+le llamaban Plácido.
+
+En aquella ocasión la envidia de los otros novicios había llegado a su
+colmo. Plácido acababa de alcanzar brillante triunfo. Había compuesto un
+devoto e inspirado himno latino a la Santísima Virgen María, tan lleno
+de bellezas y tan rico de amor místico, que, entusiasmados los monjes,
+le habían cantado en el coro, dando al joven poeta mil alabanzas y
+bendiciones.
+
+Sus malos compañeros, deseosos de humillarle, y tal vez fiados en que
+Plácido era pacífico y sufrido, se encararon con él, aunque él se
+apartaba de ellos con mansedumbre y modestia, y llegaron dos de los más
+insolentes al último extremo de la injuria. Recordando la obscuridad de
+su origen, se la echaron en rostro y calificaron a su madre de la más
+infame manera.
+
+El cordero se convirtió entonces de repente en bravo león. Por dicha, no
+tenía armas, pero le valieron los puños. Con certero y fuerte golpe
+derribó por tierra, maltrecho y con la boca ensangrentada, al primero
+que le había ofendido. Después siguió peleando él solo contra otros tres
+o cuatro, apoyado contra el muro y acosado por ellos.
+
+Fue todo tan rápido, que nadie había acudido a interponerse y a
+restablecer la paz, cuando otro de los novicios, de nobilísima alcurnia
+francesa, intervino en la contienda, diciendo:
+
+--Es cobardía que vayáis tantos contra él; apartáos; dejádmele a mi
+solo; yo le castigaré como merece.
+
+Fue tan imperiosa la voz, fue tan imponente el ademán de aquel muchacho,
+que se apartaron todos, formando ancho cerco en torno suyo.
+
+Cayó entonces el francés sobre Plácido, el cual paró los golpes que le
+asestaba, sin recibir ninguno, y le ciñó con fuerza terrible en sus
+nervudos brazos.
+
+Pasmosa fue la lucha. Firmes se mantenían ambos. Ninguno cejaba ni caía.
+Hubieran semejado dos estatuas de bronce, si no se hubiera sentido el
+resoplido de la fatigada respiración de los combatientes y si no se
+hubiera visto correr abundante sudor por sus encendidas mejillas.
+
+¡Quién sabe cómo hubiera terminado aquel combate! Mal hubiera terminado,
+sin duda, si no llega precipitadamente el abad y logra al punto
+separarlos.
+
+Después de censurar con breves y enérgicas palabras la acción de todos,
+ordenó a Plácido que le siguiese, y le llevó a su celda.
+
+
+II
+
+--En balde he esperado, hijo mío, hacer de ti un dechado de santidad y
+de paciencia, para que con el tiempo llegases a ser mi sucesor en el
+gobierno de esta abadía. Sé todo lo ocurrido y no me atrevo a culparte.
+La afrenta que te han hecho era difícil, era casi imposible de tolerar.
+Está visto, Dios no te quiere para la vida contemplativa. Imposible es
+además que permanezcas ya ni una hora en esta santa casa, donde has
+promovido un escándalo feroz, aunque disculpable. Por otra parte, el
+mozo con quien luchabas es poderosísimo por su nacimiento y riqueza y tú
+no puedes seguir viviendo donde él está. No me queda más recurso que el
+de obligarte a salir inmediatamente de la abadía. Pero no saldrás
+desvalido y sin prendas de mi afecto hacia ti. La abadía es rica, el
+abad también lo es, y en nada mejor puede emplear su dinero. Toma esta
+bolsa llena de oro; Hugo, el capitán de los arqueros, tiene orden mía
+para entregarte enjaezado el mejor de los corceles que hay en nuestras
+caballerizas. Corre, revístete a escape de tus armas, monta a caballo y
+vete.
+
+Vertiendo muchas lágrimas de gratitud y besándole respetuosamente las
+manos, Plácido se despidió del abad y éste le abrazó y le bendijo.
+
+Dos horas después cabalgaba Plácido, solo y armado, por medio de un
+pinar espeso y por senda apenas trillada, que iba serpenteando junto a
+la orilla de un arroyo, entre cerros altísimos.
+
+
+III
+
+Llegó la noche medrosa y sombría. En aquella soledad asaltaron a Plácido
+mil ideas tristes. Los recuerdos de la niñez surgieron en su mente con
+claridad extraña.
+
+Recordó que, seis años hacía, le habían arrojado de otro asilo con
+severidad y dureza harto diferentes. Desde muy niño, desde el albor de
+su vida, de que no tenía sino muy confusas memorias, se había criado en
+el castillo del terrible D. Fruela, poderoso magnate de la montaña. El
+castillo estaba en una altura muy cerca de la costa. Desde allí, ora
+salía D. Fruela con buen golpe de gente a caballo para penetrar en
+tierra de moros y talar y saquear cuanto podía, ora embarcaba a sus
+satélites en algunas fustas y galeras de su propiedad, e iba a piratear
+o a dar caza a otros más crueles piratas que infestaban aquellos mares
+e invadían y asolaban a menudo las costas de España: eran los idólatras
+normandos de Noruega y de la última Tule.
+
+Plácido, recogido por caridad en el castillo, e hijo de padres
+desconocidos, había sido criado con amor por doña Aldonza, la mujer de
+don Fruela. Hasta la edad de ocho años, vivió Plácido en fraternal
+familiaridad con Elvira, la hija de doña Aldonza, que era de edad poco
+menor que él. Juntos jugaban los niños, y juntos aprendieron a leer y la
+doctrina cristiana.
+
+Plácido y Elvira sintieron que sus almas se habían unido con el lazo del
+cariño más inocente.
+
+Algo hubo de recelar o de prever D. Fruela, y ordenó a su mujer que
+alejase al expósito del trato y de la convivencia de su hija.
+
+Sumisa doña Aldonza, cumplió las órdenes de su marido; pero no hasta el
+extremo de evitar por completo que el pajecillo y la niña se viesen y se
+hablasen.
+
+La menor frecuencia en el trato produjo un efecto contrario al que D.
+Fruela deseaba. En las mentes candorosas de él y de ella se trocó en
+adoración el afecto, y se iluminó y hermoseó con las galas y el
+esplendor de los sueños la imagen de la persona querida.
+
+Así llegaron ambos a cumplir catorce años. En un día en que salieron de
+caza con D. Fruela, el caballo de Elvira corrió desbocado y fue a
+perderse en la espesura de un bosque. Plácido la siguió para salvarla, y
+acertó a llegar cuando el caballo que ella montaba tropezó y cayó,
+derribándola por el suelo. Elvira, por fortuna, no se hizo el menor
+daño. Plácido se apeó con ligereza, acudió en su auxilio y la levantó en
+sus brazos.
+
+Instintivamente, sin saber qué hacían, cediendo ambos a un impulso
+irreflexivo, tal vez movidos por los invisibles genios y espíritus de la
+selva, acercaron sus rostros y se dieron un beso. Plácido se creyó por
+breves instantes transportado al paraíso; pero la realidad más cruel
+hubo de mostrarle en seguida que estaba en la dura y áspera tierra. Una
+lluvia de infamantes latigazos cayó sobre sus espaldas. D. Fruela le
+había sorprendido, le castigaba y le afrentaba furioso. La jauría de sus
+podencos y lebreles y sus monteros se acercaban ya. Afrentado el mozo,
+aunque en edad tan tierna, no reflexionó en el peligro ni en lo desigual
+de la lucha, y venablo en mano se lanzó contra D. Fruela para matarle.
+Elvira se interpuso, dispuesta a recibir las heridas y salvar a su
+padre. Plácido dejó caer al suelo el venablo. La humillación le hizo
+verter amargas lágrimas.
+
+El feroz D. Fruela, lejos de apiadarse, le azuzó los perros para que le
+devoraran, y ordenó a los monteros que disparasen contra él sus agudas
+flechas.
+
+--¡Sálvate, Plácido, sálvate!--dijo entonces Elvira.--Si no huyes, mi
+cuerpo te servirá de escudo y me matarán antes de que te maten.
+
+Plácido conoció entonces lo peligroso, lo imposible de la defensa. Temió
+más por la vida de ella que por la suya. Era ágil y ligero como un
+gamo; conocía los más intrincados sitios y las más extraviadas sendas
+del bosque, y pronto desapareció como por encanto, no sin exclamar antes
+con su voz de niño, que se contraponía a la firmeza del tono:
+
+--Ser padre de ella te ha salvado de la muerte. Ahora huyo, pero tal vez
+un día vuelva a buscarte y a exigirte su mano como sola satisfacción de
+mi afrenta.
+
+Refugiado Plácido en la abadía, no olvidó la afrenta jamás, pero guardó
+oculto su recuerdo en el lastimado centro del alma. El horror que le
+causaba volver de nuevo contra el padre de Elvira, la humildad y la
+resignación y otros sentimientos religiosos inclinaron su espíritu y le
+excitaron a desistir de vengarse. Y como afrentado y sin venganza no
+quería vivir en el mundo, se decidió a hacer la vida del claustro. Hasta
+el día en que el insulto hecho a su madre despertó en él de nuevo la
+ingénita fiereza, fue el más paciente y dulce de los cenobitas. Lanzado
+ya al mundo de nuevo, con veinte años de edad, con aliento y brío y con
+caballo y armas, ¿dónde había de ir Plácido sino al castillo de D.
+Fruela a pedirle estrecha cuenta de todo?
+
+
+IV
+
+Sin detenerse sino para tomar el indispensable descanso, llegó Plácido a
+la morada donde había pasado la niñez. Confiado en Dios, en su derecho
+y en su valentía, sin arredrarse, se acercó a la puerta del castillo.
+
+Todo estaba mudado. En torno, soledad y silencio. Aunque era medio día,
+Plácido no vio ni hombres de armas ni campesinos. El puente levadizo,
+tendido sobre el foso, dejaba franca la entrada. El escudo de piedra
+berroqueña, que había sobre la puerta principal, estaba cubierto de
+negro paño de luto.
+
+Pronto, por un anciano criado, única persona que halló y que al
+desmontar le tuvo el estribo, se enteró de la inmensa desventura que
+abrumaba a aquella familia. D. Fruela, acusado de alta traición, estaba
+en Oviedo y debía ser condenado a muerte. Su acusador era D. Raimundo,
+mayordomo de Palacio. Tres caballeros de la casa de D. Raimundo estaban
+prontos a sostener la acusación en palenque abierto contra los
+defensores de D. Fruela, el cual había apelado al Juicio de Dios. Pero
+D. Raimundo era tan poderoso y temido, y por su inaudita soberbia era D.
+Fruela tan odiado, que nadie acudía a defenderle. Sólo faltaban tres
+días para expirar el plazo. No bien Plácido supo todo esto, el rencor
+antiguo se convirtió en lástima en su alma generosa, y resolvió ser el
+campeón de quien tan rudamente le había ofendido, probad su inocencia y
+librarle de la muerte. En el castillo no había nadie, sino el anciano
+servidor. Doña Aldonza y Elvira habían ido a Oviedo a echarse a los pies
+del rey y pedirle el perdón, si bien con poquísima esperanza, por ser
+muy justiciero el soberano. De todos modos, la honra de la familia
+quedaría manchada.
+
+Sin demora se dispuso Plácido a salir para Oviedo, pero antes el anciano
+servidor le refirió y encareció lo mucho que doña Aldonza y Elvira
+habían pensado en él durante su ausencia, y le dijo que habían dejado
+para él un presente a fin de que le recibiese y se le llevase si por
+dicha aparecía por el castillo.
+
+El anciano fue por el presente y se le entregó a Plácido. Era una fuerte
+rodela, en cuya plancha de acero figuraba en esmalte, sobre campo de
+gules, un azor, cubierta la cabeza por el capirote y asido por la
+pihuela a una blanca mano que parecía de mujer.
+
+--Tú tienes en el hombro derecho--dijo el anciano--grabado con indeleble
+marca, un azor semejante al del escudo. Por él serás un día reconocido y
+se sabrá quiénes son tus padres. Entre tanto mi señora y su hija te
+declaran y apellidan Caballero del Azor, y te dan en testimonio de ello
+esa prenda. Concédate Dios, Caballero del Azor, la buena ventura en
+lides y amores que ellas y yo te deseamos.
+
+
+V
+
+A los tres días, pocas horas antes de expirar el plazo, después de
+reposar en Oviedo y de aprestarse para el combate, sonaron las
+trompetas y entró en el palenque el Caballero del Azor, con la visera
+calada y la lanza en la cuja.
+
+En alta y sonora voz proclamó la inocencia de D. Fruela, llamó
+calumniadores a los que le acusaban, y retó a los tres, o sucesivamente
+o juntos contra él solo. Los campeones de D. Raimundo fueron
+sucesivamente apareciendo. Los combates fueron muy cortos.
+
+El Caballero del Azor, con pasmosa destreza y bizarría, logró que en
+menos de media hora los tres mordiesen el polvo, muy mal herido uno de
+ellos.
+
+El gentío que rodeaba el palenque rompió en estrepitosas aclamaciones y
+vítores. El Caballero del Azor fue llevado en triunfo a palacio e
+introducido en la regia cámara.
+
+El rey, informado de todo el suceso, ansiaba verle, y más lo ansiaba aún
+su noble y desventurada hermana, la infanta doña Ximena, que estaba con
+el rey en aquel momento.
+
+--Caballero del Azor--dijo la infanta antes de que el rey hablase--¿por
+qué llevas un azor esmaltado en la rodela?
+
+--Alta señora--contestó Plácido--porque le tengo también estampado en el
+hombro derecho, como indeleble marca.
+
+Doña Ximena puso entonces los ojos con cariñoso ahínco en el rostro
+hermosísimo de Plácido, e imaginó que veía al Conde de Saldaña, como
+estaba en su muy lozana juventud, veinte años hacía.
+
+Ya no pudo contenerse doña Ximena; se acercó al joven, le estrechó en
+sus brazos y le cubrió el rostro de besos, exclamando:
+
+--¡Hijo mío, hijo mío!
+
+El rey depuso su severidad, y dirigiéndose al joven, le estrechó también
+en sus brazos, y le dijo:
+
+--Yo te reconozco; eres mi sobrino Bernardo; te hago merced de la Casa
+Fuerte y señorío del Carpio. Como Bernardo del Carpio serás en adelante
+conocido y famoso en todos los países y en todas las edades. Perdonado
+tu padre, saldrá de la prisión y será el legítimo esposo de mi hermana.
+
+En efecto; el rey cumplió su promesa. El Conde de Saldaña salió del
+castillo de Luna donde estaba encerrado. Se aseó y se atavió con esmero,
+de suerte que todavía tenía buen ver, a pesar de su prolongado martirio.
+
+Durante cinco días consecutivos hubo magníficas fiestas en Oviedo. Las
+bodas de Bernardo del Carpio y de Elvira se celebraron al mismo tiempo
+que las del Conde de Saldaña y doña Ximena.
+
+Pocos días después pudo averiguarse que don Raimundo, el mayordomo de
+Palacio, había sido quien robó al niño Bernardo y quien le mandó matar,
+furioso como desdeñado pretendiente que fue de doña Ximena. Los
+sicarios, encargados de matar al niño, habían tenido piedad de él y le
+habían expuesto a la puerta del castillo de D. Fruela. Por esta y por
+otras muchas maldades que se descubrieron, se comprendió que don
+Raimundo era un monstruo abominable, por lo cual el rey pudo ejercer
+provechosamente su justicia mandándole ahorcar, como le ahorcaron con
+general regocijo de los ciudadanos de Oviedo, porque D. Raimundo era muy
+aborrecido y porque en aquella edad tan ruda la filantropía no era cosa
+mayor y no infundía repugnancia la pena de muerte.
+
+Sólo queda por decir que Bernardo fue felicísimo con su Elvira y que
+vivieron siempre muy enamorados ella de él y él de ella.
+
+Por los antiguos romances y por la historia se sabe que aquella lucha a
+brazo partido, que interrumpió el abad en el convento de los Pirineos,
+se reanudó más tarde no lejos de allí, y terminó gloriosamente para
+Bernardo, muriendo ahogado entre sus brazos hercúleos el paladín D.
+Roldán, pues no era otro quien había luchado con él, cuando los dos eran
+novicios.
+
+Y aquí terminan los sucesos de la mocedad de Bernardo del Carpio,
+ignorados hasta hace poco, y recientemente descubiertos en ciertos
+vetustos e inéditos Anales de la orden de San Benito, escritos en latín
+bárbaro en el siglo X y conservados en el monasterio de la Cava, cerca
+de Nápoles.
+
+
+
+
+LOS CORDOBESES EN CRETA
+
+NOVELA HISTÓRICA A GALOPE
+
+
+SR. D. MIGUEL MOYA.
+
+Mi distinguido amigo: Para _El Liberal_ del domingo próximo me pide
+usted amablemente que escriba yo algo sobre las cosas que en las
+antiguas edades pasaron en la isla de Creta. Grande es mi deseo de
+complacer a usted, pero tropiezo con dos dificultades. En breves
+palabras y ciñéndome a lo consignado por mitólogos e historiadores, ¿qué
+podré yo decir que tenga alguna novedad, que no sea un extracto de lo
+que ellos dijeron, y que no esté mejor dicho en cualquier Diccionario
+enciclopédico? Y si acudo a mi imaginación y añado con ella algo a lo ya
+sabido, no tendrá consistencia ni se entenderá lo que yo añada, si lo ya
+sabido no se pone por base, lo cual no es posible que quepa en una o dos
+columnas del apreciable periódico que usted dirige. De aquí que ni de
+una suerte ni de otra pueda yo escribir con acierto para el fin que
+usted quiere. No es esto, sin embargo, lo que más me aflige. Lo que más
+me aflige es que, desde hace muchísimos años, desde antes que hubiese
+pensado yo en escribir novelas de costumbres del día, se me había
+ocurrido escribir una novela histórica sobre Creta, y hasta había
+forjado el plan, aunque confusa y vagamente. Hubiera sido mi novela un
+pasmoso tejido de extraordinarias aventuras, con un fundamento real del
+que la historia da testimonio, aunque conciso. Mi deseo de escribir esta
+novela no se ha disipado nunca. Lo que se ha disipado es mi esperanza.
+Para escribirla como yo me la figuraba era menester reunir y formar un
+inmenso aparato de erudición, y para esto me faltó siempre la paciencia.
+Hoy, por mi desgracia, además de la paciencia, me falta la vista. No
+puedo consultar la multitud de librotes, antiguos y modernos, y escritos
+en diferentes lenguas, de donde sacaría yo el color _local_ y _temporal_
+que mi proyectada obra requiere. La obra, pues, tiene que quedarse en
+proyecto. Y ya que en proyecto se queda, para libertarme de su obsesión
+y para probarle a usted que si no puedo, quiero darle gusto, voy a poner
+aquí el proyecto en muy breve resumen.
+
+ * * * * *
+
+En el reinado de Alhakem I, por los años 218 de la Egira, había en
+Córdoba un rico mercader llamado Abu Hafáz el Goleith, natural del
+cercano lugar de Fohs Albolut. En su bazar, situado en una de las calles
+más céntricas, se veían reunidos los más preciosos objetos de la
+industria humana, así de lo que en nuestra Península se producía como de
+lo traído de remotas regiones; de Bagdad, de Damasco, de Bocara, de
+Samarcanda, de la Persia, de la India y del apenas conocido inmenso
+imperio del Catay. Abu Hafáz tenía naves propias, que iban a los puertos
+de Levante a proveerse de mercancías.
+
+En una tarde de primavera entró en el bazar de Abu Hafáz una dama
+tapada, acompañada de su sirvienta. Aunque él no le vio la cara, admiró
+la gracia y gallardía de su andar, la esbeltez y elegancia de su talle,
+cierto inefable prestigio seductor que como nimbo luminoso la
+circundaba, y la aristocrática belleza de sus blancas, lindas y bien
+cuidadas manos.
+
+La dama quiso ver cuanto de más rico en el bazar había. Abu Hafáz, lleno
+de complacencia, fue ofreciendo ante sus ojos, y poniendo sobre el
+mostrador, mil extraños primores en joyas y en telas. Ella no se saciaba
+de mirarlas. Era muy curiosa. El mercader le dijo:
+
+--Aún no te he mostrado, sultana, lo más espléndido y peregrino que mi
+tienda atesora.
+
+--¿Y para qué lo escondes y no me lo muestras?--dijo ella.
+
+--Porque soy interesado y no quiero trabajar en balde. Muéstrame tú la
+cara y yo en pago te enseñaré mis mejores riquezas.
+
+La dama no se hizo mucho de rogar. Apartó el rebozo, y dejó ver el más
+bello y agraciado semblante que el mercader había podido ver o soñar en
+toda su vida. Agradecido y entusiasmado, trajo entonces perlas de Ormúz,
+diamantes de Golconda y tejidos de seda, venidos del Catay y bordados
+con tal esmero y maestría, que no parecía labor de seres humanos sino de
+hadas y de genios.
+
+De la mejor y más estupenda de aquellas telas bordadas se prendó la dama
+incógnita, quiso comprarla, y pidió el precio.
+
+--Es tan cara--dijo el mercader--que acaso no quieras o no puedas
+pagarla; pero si tienes buena voluntad, la tela te saldrá baratísima.
+
+--Acaba. Di lo que me costará la tela.
+
+--Pues un beso de tu boca--replicó el mercader.
+
+Enojada la dama de aquella irrespetuosa osadía, se cubrió el rostro,
+volvió las espaldas a Abu Hafáz y salió del bazar seguida de su sierva.
+
+Quiso el mercader seguirla para averiguar dónde moraba y quién era; pero
+la dama había desaparecido en el laberinto de las estrechas calles.
+
+Pintaría luego la novela el furioso enamoramiento de Abu Hafáz y su
+desesperación durante cinco o seis días, a pesar de mil cuidados y
+misteriosos asuntos que le preocupaban y ocupaban.
+
+Al cabo la sierva viene al bazar y le dice que su señora no puede dormir
+ni sosegar, pensando siempre en la tela y anhelando poseerla; que cede,
+por lo tanto, y que al día siguiente, al anochecer, vendrá al bazar con
+mucho recato y dará por la tela el precio que se le pide.
+
+La dama acude en efecto a la cita. El mercader averigua entonces que
+ella está en el harén del sultán, de donde ha salido a hurtadillas,
+mientras el sultán está en la sierra cazando jabalíes. Ella se llama
+Gláfira. Es natural de una pequeña aldea situada en la falda del monte
+Ida. Aunque su familia era pobre, presumía de alta y antigua nobleza. Su
+estirpe se remontaba a las edades míticas. Contaba entre sus antepasados
+curetes y dáctilos ideos, de los que tejiendo danzas guerreras al son de
+los clarines y al estruendo de sus broqueles heridos por el pomo de las
+espadas, rodearon a Zeus, cuando niño, e impidieron que Cronos le oyera
+y le devorara.
+
+En su agreste retiro, la familia de Gláfira se había resistido a hacerse
+cristiana y guardaba vivos y frescos, por tradición, los recuerdos del
+paganismo. Hasta se jactaba de poseer virtudes mágicas y prendas
+sobrenaturales, adquiridas por iniciación en venerandos y primitivos
+misterios. Afirmaba Gláfira que uno de sus progenitores había sido
+Epiménides, sabio, legislador, poeta y profeta, diestro en el arte de
+suspender la vida, permaneciendo aletargado en profundas cavernas, para
+conocer por experiencia el sesgo y tortuoso curso que llevan al través
+de los siglos los sucesos humanos.
+
+Gláfira había perdido el secreto de las artes mágicas, pero tenía no
+pocas habilidades. Cantaba o recitaba mil antiguas leyendas en verso de
+las edades divinas, de héroes y semidioses: de la venida de Europa a su
+isla, del furor amoroso de Pasifae y del triunfo y de la perfidia de
+Teseo. Y bailaba aún, según ella aseguraba, la misma ingeniosa danza que
+Dédalo compuso para la princesa Ariadna de las trenzas de oro.
+
+Acusado de hechicero y de gentil, y huyendo de la intolerante
+persecución religiosa, el padre de Gláfira salió de Creta con su hija.
+Anduvo errante por varios países y al fin murió dejándola abandonada.
+Vagando como Io, Gláfira llegó a Hesperia, sin Argos que la vigilase,
+pero también sin tábano o estro que la picase. No tenía más estro que su
+voluntad ambiciosa.
+
+Alhakem, encantado y seducido por su talento y por su hermosura, la
+había hospedado en su alcázar. Ella soñaba con ser la favorita y la
+reina en el imperio de los Omniadas.
+
+El irresistible capricho de poseer la tela y cierto anhelo casi
+inconsciente, que le había infundido el joven mercader, atrajeron a
+Gláfira y la impulsaron a dar el precio que se le pedía.
+
+Llama más ardiente y más dominadora encendió el beso en el corazón de
+Abu Hafáz en vez de aquietarle. El era atrevido y capaz de arriesgarlo y
+de aventurarlo todo, confiado en la pujanza de su ánimo y juzgándose con
+bríos para allanar montes de dificultades. Resolvió, pues, guardar a
+Gláfira en su casa como prenda suya, sin soltar la esclava para que no
+descubriese el secuestro.
+
+Al saber la determinación de Abu Hafáz, Gláfira se enfurece: dice que la
+que espera ser reina de Hesperia, de las islas adyacentes y de parte del
+Magreb, no puede resignarse a ser esposa o amiga de un mercader
+cualquiera, de un plebeyo renegado de la vencida y dominada raza
+española. Considera además delirio lo que Abu Hafáz pretende. Pronto
+llegaría a saberlo el sultán y tomaría cruda venganza. En su rabia,
+Gláfira insulta a Abu Hafáz y quiere matarle con un puñalito que lleva
+en la cintura. El la desarma y le paga su beso y sus insultos con un
+beso de vampiro. Se le ha dado en el blanco cuello; y a la luz de una
+lámpara, en un espejo de acero bruñido, hace que ella mire la huella que
+en su cuello ha dejado.
+
+--Es el sello--le dice--de que eres mi esclava.
+
+Gláfira tenía un círculo amoratado de la extensión de un _dirhem_.
+
+--Más de un año--dijo Abu Hafáz--tardará en borrarse ese signo. ¿Cómo
+has de atreverte a volver con él a la presencia de tu antiguo amo? Ya
+eres mía; pero antes de que se borre la marca con que te he sellado,
+conquistaré un trono y serás reina conmigo.
+
+ * * * * *
+
+Hacía poco que Alhakem había hecho jurar a su hijo Abderahman como
+_Vali-alahdi_ o sucesor en el imperio. El hijo cuidaba de todo,
+mientras que el padre se entregaba a los placeres y sólo intervenía en
+el gobierno cuando le agitaban sus dos más tremendas pasiones: la ira y
+la codicia. El pueblo gemía agobiado por enormes tributos y vejado y
+humillado por la guardia personal del príncipe, compuesta de mercenarios
+eslavos, de eunucos negros y de tres mil muzárabes andaluces. Una
+reyerta entre gente del pueblo y varios cobradores de tributos,
+sostenidos por hombres de la guardia del rey, promovió un motín que fue
+sofocado mientras que Alhakem estaba de caza. Volvió de ella, y
+dejándose llevar de su crueldad, dispuso que crucificasen a los diez
+principales promovedores del motín.
+
+Tiempo hacía que se conspiraba contra Alhakem. El horroroso espectáculo
+de los diez ajusticiados excitó la compasión y el furor del pueblo. La
+conjuración estalló prematuramente. La rebelión fue vigorosa. Casi todos
+los muladíes o renegados españoles tomaron parte en ella. Abu Hafáz los
+dirigía y capitaneaba. Esto fue al día siguiente del secuestro de
+Gláfira. La guardia del rey y los demás armados de la guarnición fueron
+dos o tres veces vencidos y rechazados, teniendo que refugiarse en el
+alcázar. La muchedumbre le sitiaba y se aprestaba a dar el asalto,
+Alhakem receló que aquello iba a ser el fin de su reinado y de su vida.
+Llamó a su paje favorito, le hizo verter sobre su cabeza y sus barbas un
+pomo de olorosas esencias, para que por su fragancia se le reconociese
+entre los muertos, y salió a morir o a vencer a los rebeldes.
+
+Por orden de Alhakem vadeó el Guadalquivir un buen golpe de sus
+guerreros, fue a caer sobre el arrabal de los muladíes, que estaba del
+otro lado del río, y le entregó al saqueo y a un voraz incendio. Los
+muladíes vieron las llamas y el humo; pensaron que ardían sus casas y
+tal vez sus mujeres y sus hijos, y abandonaron la pelea para acudir a
+socorrerlos. La batalla entonces se convirtió en derrota y en atroz
+carnicería y matanza de los muladíes, atacados por todas partes, así por
+los que mandaba Alhakem como por los que, atravesando el puente, volvían
+del arrabal después de haberle incendiado.
+
+Vencido Abu Hafáz, tuvo bastante fortuna y presencia de espíritu para
+poder escapar con no pocos de los suyos, con lo mejor de su tesoro y
+llevando a Gláfira consigo. Corriendo mil peligros y venciendo mil
+obstáculos, llegó Abu Hafáz hasta Adra. Allí tenía diez grandes naves
+suyas. Se embarcó en ellas y abandonó a España para siempre.
+
+Alhakem, después de la victoria, aún castigó fieramente a los rebeldes.
+Más de cuatrocientas cabezas de los que habían caído vivos en sus manos
+aparecieron cortadas y clavadas en sendas estacas en la orilla del
+Guadalquivir. Después quiso mostrarse clemente, porque no había de matar
+millares de personas: pero las expulsó de España a millares. Unas fueron
+a Marruecos y poblaron un gran barrio de la ciudad de Fez. Otras
+emigraron más lejos y se establecieron en Egipto.
+
+Abu Hafáz, entre tanto, con sus naves, y con los más valerosos entre los
+forajidos, se hizo pirata.
+
+Aquí entraba en mi plan una serie de aventuras y de incursiones en la
+Provenza, en Cerdeña, en las costas de Calabria y en otras comarcas.
+
+Abu Hafáz, cargado de botín y con mayor número de naves y de gente que
+se le había allegado, aporta a Alejandría. Merced a las discordias
+civiles que allí hubo entonces, logra apoderarse de aquella ciudad
+magnífica y la conserva durante algún tiempo. El califa de Bagdad envía
+contra él un poderoso ejército. Abu Hafáz se defiende, y si bien
+capitula y abandona la ciudad, es después de una capitulación honrosa y
+lucrativa, recibiendo cuantiosa suma por el rescate.
+
+Con veinte naves y con unos cuantos cientos de guerreros, Abu Hafáz se
+dirigió, por último, a Creta. Llevaba siempre consigo a Gláfira,
+mantenía su promesa jactanciosa de hacerla reina, y ahora esperaba
+hacerla reina en su patria, mucho antes de que se le borrase el
+apasionado signo de esclavitud que le había puesto en el cuello. Creta
+estaba en poder de los bizantinos cuando los forajidos andaluces
+desembarcaron en sus costas.
+
+Aquí pensaba yo lucirme describiendo las bellezas naturales de la isla,
+sus antiguallas, sus famosas ciudades, como Gnosos y Gortina, los
+vestigios del Laberinto donde estuvo encerrado el Minotauro, los
+esquivos lugares en que los dáctilos y los curetes bailaban sus danzas
+guerreras en torno del futuro monarca de los hombres y de los dioses, la
+sagrada caverna en que durmió su sueño secular Epiménides, y el punto en
+que se embarcó Ariadna con el falaz e ingrato Teseo, que luego la
+abandonó en Naxos, de donde la sacó en triunfo el dios Ditirambo con
+toda aquella comitiva estruendosa de faunos y de ménades, que tan
+gallardamente nos describen los poetas.
+
+Sería menester relatar también cómo los guerreros de Abu Hafáz, después
+de saquear algunos lugares de la isla, quisieron abandonarla para no
+tener que luchar con el ejército del emperador de Grecia; y como Abu
+Hafáz, precediendo en esto a los catalanes en Galípoli y a Hernán Cortés
+en México, hizo incendiar las veinte naves, para que no quedase otro
+recurso que vencer o morir a la gente de armas que llevaba consigo.
+
+Pintaría yo, por último, la guerra sostenida contra los soldados del
+imperio griego y cómo fueron vencidos.
+
+Abu Hafáz entonces se enseñorea de la isla toda y pone su trono y la
+capital de su dominio en una fortaleza, fundada por él y cuyo nombre fue
+Candax. Así borró por espacio de siglos su antiguo nombre a la isla que
+vino a llamarse Candía.
+
+Gláfira fue reina, como Abu Hafáz se lo había prometido. La marca no
+desapareció hasta mucho después que Gláfira había subido al trono. Y el
+hijo de Gláfira y su nieto y su biznieto reinaron en Creta, porque su
+dinastía duró dos o tres siglos.
+
+Todo esto cantado aquí a escape, tal vez no tenga chiste; pero yo creo
+que dándole la debida extensión e iluminándolo eruditamente con los
+colores _locales_ y _temporales_ de que ya he hablado, sería
+divertidísima novela, y pondría además de realce la hazaña de los
+andaluces, musulmanes entonces en vez de ser católicos, y que fueron los
+primeros en llevar a Creta el islamismo, de que ahora con tanta razón
+quieren los cretenses libertarse. Dios se lo conceda y a mi la gracia de
+no haber fastidiado a los lectores de _El Liberal_ con este a manera de
+aborto de mi seco ingenio. Válgame por disculpa que lo hago por
+complacer a usted.
+
+
+
+
+EL DOBLE SACRIFICIO
+
+EL PADRE GUTIÉRREZ A DON PEPITO
+
+
+_Málaga, 4 de Abril de 1842_.
+
+Mi querido discípulo: Mi hermana, que ha vivido más de veinte años en
+ese lugar, vive, hace dos, en mi casa, desde que quedó viuda y sin
+hijos. Conserva muchas relaciones, recibe con frecuencia cartas de ahí y
+está al corriente de todo. Por ella sé cosas que me inquietan y
+apesadumbran en extremo. ¿Cómo es posible, me digo, que un joven tan
+honrado y tan temeroso de Dios, y a quien enseñé yo tan bien la
+metafísica y la moral, cuando él acudía a oír mis lecciones en el
+Seminario, se conduzca ahora de un modo tan pecaminoso? Me horrorizo de
+pensar en el peligro a que te expones de incurrir en los más espantosos
+pecados, de amargar la existencia de un anciano venerable, deshonrando
+sus canas, y de ser ocasión, si no causa, de irremediables infortunios.
+Sé que frenéticamente enamorado de doña Juana, legítima esposa del rico
+labrador D. Gregorio, la persigues con audaz imprudencia y procuras
+triunfar de la virtud y de la entereza con que ella se te resiste.
+Fingiéndote ingeniero o perito agrícola, estás ahí enseñando a preparar
+los vinos y a enjertar las cepas en mejor vidueño; pero lo que tú
+enjertas es tu viciosa travesura, y lo que tú preparas es la desolación
+vergonzosa de un varón excelente, cuya sola culpa es la de haberse
+casado, ya viejo, con una muchacha bonita y algo coqueta. ¡Ah, no, hijo
+mío! Por amor de Dios y por tu bien, te lo ruego. Desiste de tu criminal
+empresa y vuélvete a Málaga. Si en algo estimas mi cariño y el buen
+concepto en que siempre te tuve, y si no quieres perderlos, no desoigas
+mis amonestaciones.
+
+
+DE DON PEPITO AL PADRE GUTIÉRREZ
+
+_Villalegre, 7 de Abril_.
+
+Mi querido y respetado maestro: El tío Paco, que lleva desde aquí vino y
+aceite a esa ciudad, me acaba de entregar la carta de usted del 4, a la
+que me apresuro a contestar para que usted se tranquilice y forme mejor
+opinión de mí. Yo no estoy enamorado de doña Juana ni la persigo como
+ella se figura. Doña Juana es una mujer singular y hasta cierto punto
+peligrosa, lo confieso. Hará seis años, cuando ella tenía cerca de
+treinta, logró casarse con el rico labrador D. Gregorio. Nadie la acusa
+de infiel, pero sí de que tiene embaucado a su marido, de que le manda
+a zapatazos y le trae y le lleva como un zarandillo. Es ella tan
+presumida y tan vana, que cree y ha hecho creer a su marido que no hay
+hombre que no se enamore de ella y que no la persiga. Si he de decir la
+verdad, doña Juana no es fea, pero tampoco es muy bonita; y ni por alta,
+ni por baja, ni por muy delgada ni por gruesa llama la atención de
+nadie. Llama, sí, la atención por sus miradas, por sus movimientos y
+porque, acaso sin darse cuenta de ello, se empeña en llamarla y en
+provocar a la gente. Se pone carmín en las mejillas, se echa en la
+frente y en el cuello polvos de arroz, y se pinta de negro los párpados
+para que resplandezcan más sus negros ojos. Los esgrime de continuo,
+como si desde ellos estuviesen los amores lanzando enherboladas flechas.
+En suma; doña Juana, contra la cual nada tienen que decir las malas
+lenguas, va sin querer alborotando y sacando de quicio a los mortales
+del sexo fuerte, ya de paseo, ya en las tertulias, ya en la misma
+iglesia. Así hace fáciles y abundantes conquistas. No pocos hombres,
+sobre todo si son forasteros y no la conocen, se figuran lo que quieren,
+se las prometen felices, y se atreven a requebrarla y hasta a hacerle
+poco morales proposiciones. Ella entonces los despide con cajas
+destempladas. En seguida va lamentándose jactanciosamente con todas sus
+amigas de lo mucho que cunde la inmoralidad y de que ella es tan
+desventurada y tiene tales atractivos, que no hay hombre que no la
+requiebre, la pretenda, la acose y ponga asechanzas a su honestidad,
+sin dejarla tranquila con su D. Gregorio.
+
+La locura de doña Juana ha llegado al extremo de suponer que hasta los
+que nada le dicen están enamorados de ella. En este número me cuento,
+por mi desgracia. El verano pasado vi y conocí a doña Juana en los baños
+de Carratraca. Y como ahora estoy aquí, ella ha armado en su mente el
+caramillo de que he venido persiguiéndola. No hallo modo de quitarle
+esta ilusión, que me fastidia no poco, y no puedo ni quiero abandonar
+este lugar y volver a Málaga, porque hay un asunto para mí de grande
+interés, que aquí me retiene. Ya hablaré de él a usted otro día. Adiós
+por hoy.
+
+
+DEL MISMO AL MISMO
+
+_10 de Abril_.
+
+Mi querido y respetado maestro: Es verdad: estoy locamente enamorado;
+pero ni por pienso de doña Juana. Mi novia se llama Isabelita. Es un
+primor por su hermosura, discreción, candor y buena crianza. Imposible
+parece que un tío tan ordinario y tan gordinflón como D. Gregorio, haya
+tenido una hija tan esbelta, tan distinguida y tan guapa. La tuvo D.
+Gregorio de su primera mujer. Y hoy su madrastra doña Juana la cela, la
+muele, la domina y se empeña en que ha de casarla con su hermano D.
+Ambrosio, que es un grandísimo perdido y a quien le conviene este
+casamiento, porque Isabelita está heredada de su madre, y, para lo que
+suele haber en pueblos como éste, es muy buen partido. Doña Juana aplica
+a D. Ambrosio, que al fin es su sangre, el criterio que con ella misma
+emplea, y da por seguro que Isabelita quiere ya de amor a D. Ambrosio y
+está rabiando por casarse con él. Así se lo ha dicho a D. Gregorio, e
+Isabelita, llena de miedo, no se atreve a contradecirla, ni menos a
+declarar que gusta de mí, que yo soy su novio y que he venido a este
+lagar por ella.
+
+Doña Juana anda siempre hecha un lince vigilando a Isabelita, a quien
+nunca he podido hablar y a quien no me he atrevido a escribir, porque no
+recibiría mis cartas.
+
+Desde Carratraca presumí, no obstante, que la muchacha me quería, porque
+involuntaria y candorosamente me devolvía con gratitud y con amor las
+tiernas y furtivas miradas que yo solía dirigirle.
+
+Fiado sólo en esto vine a este lugar con el pretexto que ya usted sabe.
+
+Haciendo estaría yo el papel de bobo, si no me hubiese deparado la
+suerte un auxiliar poderosísimo. Es éste la chacha Ramoncica, vieja y
+lejana parienta de D. Gregorio, que vive en su casa, como ama de llaves,
+que ha criado a Isabelita y la adora, y que no puede sufrir a doña
+Juana, así porque maltrata y tiraniza a su niña, como porque a ella le
+ha quitado el mangoneo que antes tenía. Por la chacha Ramoncica, que se
+ha puesto en relación conmigo, sé que Isabelita me quiere; pero que es
+tan tímida y tan bien mandada, que no será mi novia formal, ni me
+escribirá, ni consentirá en verme, ni se allanará a hablar conmigo por
+una reja, dado que pudiera hacerlo, mientras no den su consentimiento su
+padre y la que tiene hoy en lugar de madre. Yo he insistido con la
+chacha Ramoncica para ver si lograba que Isabelita hablase conmigo por
+una reja: pero la chacha me ha explicado que esto es imposible.
+Isabelita duerme en un cuarto interior, para salir del cual tendría que
+pasar forzosamente por la alcoba en que duerme su madrastra, y
+apoderarse además de la llave, que su madrastra guarda después de haber
+cerrado la puerta de la alcoba.
+
+En esta situación me hallo, mas no desisto ni pierdo la esperanza. La
+chacha Ramoncica es muy ladina y tiene grandísimo empeño en fastidiar a
+doña Juana. En la chacha Ramoncica confío.
+
+
+DEL MISMO AL MISMO
+
+_15 de Abril_.
+
+Mi querido y respetado maestro: La chacha Ramoncica es el mismo demonio,
+aunque, para mí, benéfico y socorrido. No sé cómo se las ha compuesto.
+Lo cierto es que me ha proporcionado para mañana, a las diez de la
+noche, una cita con mi novia. La chacha me abrirá la puerta y me entrará
+en la casa. Ignoro a dónde se llevará a doña Juana para que no nos
+sorprenda. La chacha dice que yo debo descuidar, que todo lo tiene
+perfectamente arreglado y que no habrá el menor percance. En su
+habilidad y discreción pongo mi confianza. Espero que la chacha no habrá
+imaginado nada que esté mal; pero en todo caso, el fin justifica los
+medios, y el fin que yo me propongo no puede ser mejor. Allá veremos lo
+que sucede.
+
+DEL MISMO AL MISMO
+
+_17 de Abril_.
+
+Mi querido y respetado maestro: Acudí a la cita. La pícara de la chacha
+cumplió lo prometido. Abrió la puerta de la calle con mucho tiento y
+entré en la casa. Llevándome de la mano me hizo subir a obscuras las
+escaleras y atravesar un largo corredor y dos salas. Luego penetró
+conmigo en una grande estancia que estaba iluminada por un velón de dos
+mecheros, y desde la cual se descubría la espaciosa alcoba contigua. La
+chacha se había valido de una estratagema infernal. Si antes me hubiera
+confiado su proyecto, jamás hubiera yo consentido en realizarle.
+Vamos... si no es posible que adivine usted lo que allí pasó. D.
+Gregorio se había quedado aquella noche a dormir en la casería, y la
+perversa chacha Ramoncica, engañándome, acababa de introducirme en el
+cuarto de doña Juana. ¡Qué asombro el mío cuando me encontré de manos a
+boca con esta señora! Dejo de referir aquí, para no pecar de prolijo,
+los lamentos y quejas de esta dama, las muestras de dolor y de enojo,
+combinadas con las de piedad, al creerme víctima de un amor desesperado
+por ella, y los demás extremos que hizo, y a los cuales todo atortolado
+no sabía yo qué responder ni cómo justificarme. Pero no fue esto lo
+peor, ni se limitó a tan poco la maldad de la chacha Ramoncica. A D.
+Gregorio, varón pacífico, pero celoso de su honra, le escribió un
+anónimo revelándole que su mujer tenía a las diez una cita conmigo. D.
+Gregorio, aunque lo creyó una calumnia, por lo mucho que confiaba en la
+virtud de su esposa, acudió con D. Ambrosio para cerciorarse de todo.
+
+Bajó del caballo, entró en la casa y subió las escaleras sin hacer
+ruido, seguido de su cuñado. Por dicha o por providencia de la chacha,
+que todo lo había arreglado muy bien, D. Gregorio tropezó en la
+obscuridad con un banquillo que habían atravesado por medio y dio un
+costalazo, haciendo bastante estrépito y lanzando algunos reniegos.
+
+Pronto se levantó sin haberse hecho daño y se dirigió precipitadamente
+al cuarto de su mujer. Allí oímos el estrépito y los reniegos, y los
+tres, más o menos criminales, nos llenamos de consternación. ¡Cielos
+santos!--exclamó doña Juana con voz ahogada:--Huya usted, sálveme: mi
+marido llega. No había medio de salir de allí sin encontrarse con D.
+Gregorio, sin esconderse en la alcoba o sin refugiarse en el cuarto de
+Isabelita, que estaba contiguo. La chacha Ramoncica, en aquel apuro, me
+agarró de un brazo, tiró de mí, y me llevó al cuarto de Isabelita, con
+agradable sorpresa por parte mía. Halló D. Gregorio tan turbada a su
+mujer, que se acrecentaron sus recelos y quiso registrarlo todo, seguido
+siempre de su cuñado. Así llegaron ambos al cuarto de Isabelita. Esta,
+la chacha Ramoncica como tercera, y yo como novio, nos pusimos
+humildemente de rodillas, confesamos nuestras faltas y declaramos que
+queríamos remediarlo todo por medio del santo sacramento del matrimonio.
+Después de las convenientes explicaciones y de saber D. Gregorio cuál es
+mi familia y los bienes de fortuna que poseo, D. Gregorio, no sólo ha
+consentido, sino que ha dispuesto que nos casemos cuanto antes. Doña
+Juana, a regañadientes, ha tenido que consentir también, a lo que ella
+entiende para salvar su honor. Y hasta me ha quedado muy agradecida,
+porque me sacrifico para salvarla. Y más agradecida ha quedado a
+Isabelita, que por el mismo motivo se sacrifica también, a pesar de lo
+enamorada que está de D. Ambrosio.
+
+No he de negar yo, mi querido maestro, que la tramoya de que se ha
+valido la chacha Ramoncica tiene mucho de censurable; pero tiene una
+ventaja grandísima. Estando yo tan enamorado de doña Juana y estando
+Isabelita tan enamorada de D. Ambrosio, los cuatro correríamos grave
+peligro, si mi futura y yo nos quedásemos por aquí. Así tenemos razón
+sobrada para largarnos de este lugar, no bien nos eche la bendición el
+cura, y huir de dos tan apestosos personajes como son la madrastra de
+Isabelita y su hermano.
+
+DE DOÑA JUANA A DOÑA MICAELA,
+HERMANA DEL PADRE GUTIÉRREZ
+
+_4 de Mayo_.
+
+Mi bondadosa amiga: Para desahogo de mi corazón, he de contar a usted
+cuanto ha ocurrido. Siempre he sido modesta. Disto mucho de creerme
+linda y seductora. Y, sin embargo, yo no sé en qué consiste; sin duda,
+sin quererlo yo y hasta sin sentirlo, se escapa de mis ojos un fuego
+infernal que vuelve locos furiosos a los hombres. Ya dije a usted la
+vehemente y criminal pasión que en Carratraca inspiré a D. Pepito, y lo
+mucho que éste me ha solicitado, atormentado y perseguido viniéndose a
+mi pueblo. Crea usted que yo no he dado a ese joven audaz motivo
+bastante para el paso, o mejor diré, para el precipicio a que se arrojó
+hace algunas noches. De rondón, y sin decir oste ni moste, se entró en
+mi casa y en mi cuarto para asaltar mi honestidad, cuando estaba mi
+marido ausente. ¡En qué peligro me he encontrado! ¡Qué compromiso el mío
+y el suyo! D. Gregorio llegó cuando menos lo preveíamos. Y gracias a que
+tropezó en un banquillo, dio un batacazo y soltó algunas de las feas
+palabrotas que él suele soltar. Si no es por esto, nos sorprende. La
+presencia de espíritu de la chacha Ramoncica nos salvó de un escándalo y
+tal vez de un drama sangriento. ¿Qué hubiera sido de mi pobre D.
+Gregorio, tan grueso como está y saliendo al campo en desafío? Sólo de
+pensarlo se me erizan los cabellos. La chacha, por fortuna, se llevó a
+D. Pepito al cuarto de Isabel. Así nos salvó. Yo le he quedado muy
+agradecida. Pero aún es mayor mi gratitud hacia el apasionado D. Pepito,
+que, por no comprometerme, ha fingido que era novio de Isabel, y hacia
+mi propia hija política, que ha renunciado a su amor por D. Ambrosio y
+ha dicho que era novia del joven malagueño. Ambos han consumado un doble
+sacrificio para que yo no pierda mi tranquilidad ni mi crédito. Ayer se
+casaron y se fueron en seguida para esa ciudad. Ojalá olviden, ahí,
+lejos de nosotros, la pasión que mi hermano y yo les hemos inspirado.
+Quiera el cielo que, ya que no se tengan un amor muy fervoroso, lo cual
+no es posible cuando se ha amado con fogosidad a otras personas, se
+cobren mutuamente aquel manso y tibio afecto, que es el que más dura y
+el que mejor conviene a las personas casadas. A mí, entretanto, todavía
+no me ha pasado el susto. Y estoy tan escarmentada y recelo tanto mal de
+este involuntario fuego abrasador que brota a veces de mis ojos, que me
+propongo no mirar a nadie e ir siempre con la vista clavada en el suelo.
+
+Consérvese usted bien, mi bondadosa amiga, y pídale a Dios en sus
+oraciones que me devuelva el sosiego que tan espantoso lance me había
+robado.
+
+
+
+
+LOS TELEFONEMAS DE MANOLITA
+
+(DRAMA EN DOS CUADROS)
+
+Manolita, _personaje único_.
+
+
+CUADRO PRIMERO
+
+Salón elegante y rico. Es de noche. Lámparas y bujías encendidas. Hay
+teléfono. Manolita sola. Inquieta, yendo y viniendo de un extremo a
+otro, había consigo misma.
+
+Mucho quiero a mamá. No faltaba más que yo no la quisiera. El cuarto
+honrar padre y madre. Además, harto fácil es para mí cumplir este
+mandamiento. No estoy resentida, sino agradecida de que me haya tenido
+cerca de tres años en el colegio. Yo estaba imposible de mimada, de
+traviesa y de voluntariosa. Yo era un diablillo y necesitaba que me
+metiesen en costura. Ahora, que he vuelto de nuevo a casa, soy persona
+de mucho juicio. ¿Y cómo no he de querer a mamá? Me mima, me celebra, me
+idolatra. Mis caprichos son ley. Mamá me regala mil dijes; gasta un
+dineral en mis vestidos y sombreros. Nunca rabia cuando vienen las
+cuentas. Hasta le parece poco lo que paga. Y con todo, no puedo
+negarlo: mamá me tiene quejosa.
+
+Buena y santa es la inocencia; sí, señor; muy buena y muy santa; pero yo
+acabo de cumplir diecisiete años, y aunque apenas hace tres meses que
+salí del Sagrado Corazón de Jesús, no por eso ha de imaginar mamá que
+soy tonta y que no veo ni entiendo nada.
+
+Algo más de ocho años lleva ya de viuda. Mucho cuidó a mi padre en su
+última enfermedad. Sintió su muerte y le lloró muy de veras; pero, en
+fin, ella no tiene en el día más que treinta y seis años. Parece mi
+hermanita mayor. A menudo me da envidia, aunque dulce y no amarga,
+porque la encuentro y noto que la encuentran por ahí más bonita que a
+mí. ¿Qué extraño es que mamá se haya consolado? Dios me lo perdone, si
+es mal pensamiento. Sospecho que mamá se consuela con el general. No la
+condeno. Sea en buen hora. Es libre: bien puede hacer lo que le agrade
+sin ofender a Dios. Lo que a mí me ofende es la falta de confianza en
+mí; que mamá me engañe sin necesidad.
+
+Que el general tiene cerca de cincuenta años: que era un antiguo amigo
+de papá, o mejor dicho, del papá de mi papá; y que ya no está para
+amoríos ni nadie puede suponer semejante cosa. Y entre tanto, tenemos
+general a todo pasto. El es divertido y marrullero: pero ya me tiene
+cargada. En el teatro, el general se viene a nuestro palco y está con
+nosotras un entreacto y un acto entero y a veces hasta dos entreactos.
+Dice una chuscada; eso sí, limpia siempre y sin olorcillo de cuartel, y
+mamá se destornilla de risa. Mamá se entusiasma en el Real con la misma
+música con que el general se entusiasma. Cuando mamá ríe en Lara los
+chistes de la Valverde, el general los ríe también; y en el Español no
+aplaude a la Guerrerito hasta que mamá la aplaude. En política ambos
+están siempre de acuerdo. En lo único en que el general no conviene con
+mamá y le arma hasta acaloradas disputas, es cuando mamá pondera la
+elegancia, la discreción y la hermosura de otras señoras. Buen tunante
+está el general, pero a mí no me la pega. Vamos a una tertulia y él es
+la primera persona a quien veo. En la mesa de tresillo, en que mamá
+juega, el general ha de estar siempre jugando. Salimos en coche, y no
+bien llegamos al Retiro, diviso al general, hecho un pollo, trotanto y
+haciendo corbetas en su fogoso caballo inglés. A casa viene todos los
+días en que mamá recibe y no pocos días en que mamá no recibe. ¡Y que se
+empeñe mamá en hacerme creer que esto es amistad pura! Ya, ya. Venga
+Dios y lo vea.
+
+Yo lo hallo muy natural. Si yo no celebrara, disculparía hasta que ella
+se casase. Lo que me enoja, es su falta de franqueza. Y también me
+enoja, no ya el que no piense en mí y me busque novio, que tiempo hay de
+sobra y yo no tengo priesa, sino que distraída ella con su general, no
+me vigile y me deje confiada al adefesio de doña Rita, que, si bien fue
+su aya, tiene más conchas que un galápago.
+
+Por fortuna, aunque me esté mal el decirlo, yo soy tan prudente que ni
+el descuido de mamá ni el inútil amparo de doña Rita pueden
+perjudicarme. Y cuenta que me he visto, desde que salí hace tres meses
+al mundo, en ocasiones peligrosas.
+
+Si mamá tiene sus secretos y se los calla, yo también tengo el mío y me
+le callo, usando de represalias. Mi secreto es un novio... y guapísimo.
+
+Aunque novicia, no he ido a ciegas ni he hecho ningún disparate. Y eso
+que me encantó desde que le vi la vez primera. ¡Qué distinguido! ¡Qué
+elegante! ¡Qué lindo muchacho! ¡Y qué respetuoso sin timidez ni
+encogimiento! Siempre que salía yo con doña Rita, a la iglesia, de
+paseo, o para ir en casa de alguna amiga, ¡zás! indefectiblemente, como
+si le evocasen, se mostraba él y casi tropezaba con nosotras. Y me
+miraba con unos ojos... ¡Válgame el cielo, qué ojos! Pero no se atrevía
+a hablarme.
+
+Jamás le he visto ni en bailes, ni en tertulias, ni en teatros. Y sin
+embargo, no es cursi: no hay más que verle para conocer que no lo es.
+Será forastero; me decía yo. Y notando en él un no sé qué de peregrino,
+imaginé que no venía de ninguna provincia, sino de tierras extrañas y
+tal vez remotas.
+
+Así pasó más de un mes, largo para mí como un siglo, porque me
+atormentaba la curiosidad de saber quién era este ser misterioso. Andaba
+yo deseosa y temerosa a la vez de que él me hablase; deseosa por
+hallarle tan de mi gusto, y temerosa porque si él me hubiese dirigido la
+palabra sin conocerme, sin la previa y debida presentación, hubiera
+tenido yo que atribuirlo a mala crianza o a falta de respeto.
+
+Parece providencial lo que ha ocurrido. El cielo ha premiado mi piedad y
+lo mucho que quería yo a mi abuela. Era una santa. Pero, en fin, con
+algunos pecadillos pudo irse al otro mundo cuando murió dos años ha. Tal
+vez aún esté por ellos en el Purgatorio. No sobran, pues, las misas que
+se digan por su alma. Pensando de este modo, hace ocho días justos entré
+en la sacristía a encomendar al Padre González veinte misas, pagándolas
+yo de mis ahorrillos. ¿Y a quién pensarán ustedes que me encontré allí?
+Pues me encontré a mi perseguidor hablando familiarmente con el Padre.
+Quise aguardar desde lejos a que terminase aquella plática, y el Padre
+me vio, y me dijo: ¿Qué se le ofrece a usted, señorita doña Manuela? No
+deje de hablarme ni se retraiga porque vea aquí a este caballero. El, su
+madre y otros individuos de su ilustre familia, son amigos míos de toda
+la vida. Permítame usted que le presente a D. Narciso Solís.
+
+De esta suerte, el Padre González ha tenido la culpa de que yo conozca a
+Narcisito.
+
+Después, la verdadera culpada de que hable yo con Narcisito, de que me
+ponga con él de acuerdo, y de que el _flirteo_ se convierta en noviazgo,
+ha sido esa hipocritona de doña Rita. Bien hacen algunas muchachas
+desenfadadas en llamar _carabinas_ a tales ayas o acompañantas: son la
+carabina de Ambrosio.
+
+Por eso he dicho y lo repito, perdóneseme la inmodestia, que mi
+prudencia me ha valido. Parece inverosímil que tenga yo tanto mundo y
+tanta perspicacia. No, yo no me equivoco. Es persona muy digna. Por su
+devoción a los santos merece la amistad del Padre González, y por la
+devoción que me tiene a mí, que soy también una santa, merece que yo le
+quiera. ¿Qué pecado hay en esto?
+
+Quedó ayer conmigo en que hablemos por teléfono, a las diez de la noche,
+cuando mamá no esté en casa. Su número, el 4.500. Para impedir que,
+oyendo mal y no reconociendo su voz, hable yo con otro sujeto, hemos
+convenido en empezar por decirnos cuatro palabras mágicas: la primera y
+la tercera, yo: él, la segunda y la cuarta. ¡Y qué palabras tan raras!
+(_Sacando un papelito_). En este papelito me las escribió con lápiz. Van
+a dar las diez. Como tengo una jaqueca atroz, sí, la tengo, no es todo
+estratagema, no he podido acompañar a mamá, que se ha ido al teatro con
+la vizcondesa. (_Suenan las diez en el reloj de la chimenea_.)
+
+Llegó la hora. Ea, miedo a un lado (_Se acerca al teléfono, toca el
+timbre y a poco suena la campanilla._) Central..... comunicación con el
+4.500. (_Pausa. Vuelve a sonar la campanilla_.) _Logos_..... Reconozco
+su voz; dice _Theos_... _Sares_... Ha contestado _Egéneto_.
+
+--¡Ay, Narcisito! ¡Qué locura! ¡Qué picardía! Razón tendría mamá de
+reñirme si me sorprendiese hablando por teléfono con usted: con un
+hombre a quien ella no conoce.--¡Qué desenvoltura! ¡Qué modo de sacar
+los pies del plato! ¿Es esta la educación que en el convento te han dado
+aquellas benditas madres?--exclamaría mamá.--Si usted me quiere de
+veras, si es usted un joven formal y como Dios manda, y si quiere usted
+que nuestras relaciones continúen, es indispensable que se haga usted
+presentar a mamá lo más pronto posible. (_Nueva pausa. Las pausas serán
+más o menos largas, según la contestación que se exprese o se presuma_.)
+
+No: lo que hemos hecho hasta ahora no puede ni debe seguir. A
+hurtadillas de mamá, en paseo, en la calle, haciendo cómplice a doña
+Rita, no he de hablar ya con usted sino muy de tarde en tarde. Hablar
+así de diario sería muy feo. Usted mismo pensaría mal de mí. Las gentes
+que nos viesen murmurarían. Mamá llegaría a saberlo y regañaría mucho y
+con razón sobrada. (_Pausa_). Bueno, me alegro con toda el alma de que
+esté usted decidido a hacerse presentar cuanto antes. Eso es lo recto y
+lo leal.
+
+¿Qué?... No me atrevo a contestar a eso. Yo no entiendo bien esta
+maquinaria. Temo que las mujeres de la Central me oigan y se rían.
+(_Otra pausa_.)
+
+Pues ya que se empeña usted, ya que lo pide con tanto fervor, no hay más
+remedio. Lo diré, aunque me oigan. Repetiré lo que ya le dije tres o
+cuatro veces, cuando echábamos migajitas de pan a los patos y peces del
+estanque del Retiro: para usted las migajitas de mi corazón, que será
+todo suyo, si con amor me paga. (_Pausa_.)
+
+Mucha precipitación es esa. Mamá dirá, si no se niega, que conviene que
+antes nos tratemos; que pedirme en seguidita, de sopetón, es puñalada de
+pícaro...
+
+Adulador. ¿Con que mis ojos son los pícaros que dan las puñaladas? ¿Con
+que usted es el herido? Pues yo declaro que el pícaro es usted. Si el
+Padre González hubiera sospechado siquiera lo perverso que es usted y el
+mal incurable que iba a causarme, de seguro que no le presenta a su hija
+de confesión, que soy yo...
+
+Allá veremos si, como usted pronostica, de este mi mal incurable se dice
+con toda verdad «que no hay mal que por bien no venga». Adiós; basta de
+charla. Temo que nos sorprendan. Preséntese usted a mamá y venga a casa
+pronto. Mamá recibe dos veces a la semana.
+
+
+CUADRO SEGUNDO
+
+La misma decoración del cuadro primero. Manolita sola, entrando en el
+cuarto del teléfono y cerrando al entrar. (A fin de no repetir
+acotaciones, se confía en la capacidad de quien lea o recite este
+soliloquio para distinguir por el sentido, cuando Manolita se dirige al
+público como si hablase para sí, y cuando se acerca al teléfono y habla
+por él).
+
+Hoy estoy muy mal de salud. Estoy furiosa. Mamá, sin creer en mi mal, se
+largó tranquilamente a su tertulia. Como no comí a la mesa, a poco de
+irse mamá tuve mucha hambre y vengo de cenar. Me amenazan grandes penas
+y trabajos y conviene restaurar las fuerzas.
+
+Me muero de impaciencia por hablar con Narcisito. Tengo mil cosas
+tristes que decirle ¡Cuantas novedades desde ayer a hoy! Ya es inútil
+que se presente a mamá. Sería muy mal recibido. Pero... (_Suenan las
+diez en el reloj de la chimenea_). Las diez. Voy a hablarle. (_Toca el
+timbre. Suena la campanilla_). Central... comunicación con el 4.500.
+(_Nueva pausa. Vuelve a sonar la campanilla_). _Logos_... contestan
+_Theos_. ¿Estará resfriado Narcisito? ¡Qué voz tan ronca tiene hoy!
+_Sares_... Está bien. _Egéneto_. ¡Pero qué voz tan ronca!
+
+--Me quiere usted decir, Narcisito, ¿qué significan esas palabras
+enrevesadas?...
+
+Mentira parece que haya idiomas tan concisos y que en solo cuatro
+palabras se enjareten tantas cosas. De modo que las palabras son griegas
+y significan: «Tú eres un ángel que bajaste del cielo a la tierra,
+tomaste cuerpo gentil y te convertiste en Manolita.»
+
+Sospecho que usted se chancea. ¿Cómo han de decir tanto cuatro palabras
+nada más?...
+
+¿Que es paráfrasis y no traducción? Entonces ya se comprende. Pero
+dejémonos de paráfrasis. No estoy para ellas, ni para que me echen
+piropos.
+
+Estoy desesperada. Tan desesperada estoy, que me inclino a creer que no
+he tenido que fingir la enfermedad, sino que en realidad estoy enferma.
+El doctor lo ha creído y ha dejado una receta muy larga, que doña Rita
+ha leído y debe cumplir. Serán simplezas del doctor...
+
+¡Ay, Dios mío! ¿Qué burla pesada es esta? ¿Con que no me contesta
+Narcisito? Me contesta el doctor, que está con él, y dice que para ver
+que él no es tan simple, lea yo su receta, que, después de bien
+estudiada, ha puesto doña Rita bajo la peana de aquel reloj de chimenea.
+Veamos. (_Manolita busca, halla y lee la receta_.)
+
+«_Récipe_: A eso de las nueve, _consommé_ con huevo fresco, _filet
+mignon_, _chaud froid_ de perdices, vino del marqués de Riscal,
+panecillos de Viena, una chirimoya gruesa de las que gusta tanto la
+enfermita, dulces, café y media copa de _chartreuse_ para entonar el
+estómago. De sobremesa, un rato de palique con Narcisito por teléfono o
+más de cerca.»
+
+¿Habráse visto desvergüenza mayor? Esto es burlarse de mí a casquillo
+quitado. En el pecado llevo la penitencia. El general llama griegos a
+los fulleros. Hice muy mal en fiarme de un griego desconocido. Nada más
+lógico que esta fullería y esta infame burla. (_Manolita acude al
+teléfono, llena de ira_.)
+
+Narcisito, lo que está usted haciendo conmigo es una maldad. Se me acabó
+el amor. Aborrezco a usted.
+
+Las circunstancias son, sin embargo, muy difíciles y escabrosas y me
+obligan a refrenar mi enojo y a hablar aún con usted de asuntos
+importantes.
+
+Dice mamá que la vizcondesa y otras muchas damas son cómplices e
+instigadoras de un amor en que ella ni soñaba. El general, dirigiéndose
+a mí en latín, y diciéndome _tu quoque, filia_, me acusa también de
+complicidad y de provocación al delito. A fuerza de decir que tenían
+ellos relaciones amorosas, aunque ni soñaban en tenerlas, les hemos
+hecho creer que será verosímil, juicioso y gustoso el que las tengan.
+Ambos han exclamado: Pues tengámoslas. En efecto; ayer se declararon y
+ya las tienen. Y no queriendo que el hechizo y el deleite de tales
+relaciones consistan en que se presten a la murmuración, han resuelto,
+para evitarla, casarse a escape. Vea usted por dónde, echándome mamá
+parte de la culpa, ha decidido darme padrastro y tirano, que, sin duda,
+vendrá a instalarse, dentro de poco, en esta casa...
+
+¡Jesús, María y José! ¿Qué lío es este? No es Narcisito, es mamá quien
+me responde muy picada. Afirma que no me trae el tirano a casa, sino que
+se va ella a la casa del tirano y me deja aquí sola.
+
+(_Vuelve Manolita al teléfono_.)
+
+Oye, mamá. Por Dios no me dejes sola. Perdóname. Yo seré buena. Vuélvete
+a casa y vive conmigo, aunque me traigas también a tu tirano. Solo te
+ruego que me dejes a mí elegir el mío y que no te empeñes en que yo
+acceda a lo que el general ayer me proponía. Te lo confieso; hay un tal
+Narcisito, que a pesar de que ahora se está conduciendo conmigo muy mal,
+y por ello debiera yo aborrecerle, me tiene perdidamente enamorada, y no
+lo puedo remediar. Imagina tú, ¿cómo he de poder yo casarme con ese
+sobrino del general, estando perdidamente enamorada de otro? Será rico,
+será buen mozo, será conde, será todo lo que el general quiera, aunque
+yo sospecho, no sé por qué, que ha de ser un señorito andaluz, nacido y
+criado en un poblachón, ceceando mucho, echándola de gracioso, y más a
+propósito para brillar en las ferias, vestido de majo, y cautivar el
+corazón de las gitanas y de las chulas, que para mostrarse como conviene
+en los salones elegantes, inspirar amor verdadero y profundo a una
+señorita bien educada y hacerla luego dichosa. Ya ves, mamá, que tengo
+razón para no querer a tu futuro sobrino político y para preferir a mi
+griego. Y no me pongas la objeción de que mi griego ha de ser hereje o
+cismático. De fijo que es muy buen católico. Si no lo fuera, no sería
+tan amigo del Padre González, que me le presentó en la sacristía, hace
+ya más de una semana. ¿Oyes, mamá?... ¿Qué?... ¿Ustedes me quieren
+volver loca? Ahora es el propio Padre González quien me contesta. Dice
+que Narcisito no es griego natural y de siempre, sino trashumante y
+temporero. Dice que es el primer secretario de la legación de España en
+Atenas y en Constantinopla, que ha venido a Madrid con cuatro meses de
+real licencia.
+
+(_Vuelve Manolita a hablar por teléfono_.)
+
+Oiga usted, Padre González, como quiera que sea, usted tiene casi toda
+la culpa de que yo haya conocido y tratado a Narcisito, me haya paseado
+con él por las calles más solitarias del Retiro y por las orillas del
+estanque, dejando a doña Rita a muy respetable distancia: conque así,
+apiádese usted de nosotros y predique a mi madre y al general, para que
+no persistan en que yo me case con ese abominable sobrino...
+
+¡Cielos santos! Qué tramoya horrible, qué complicada conspiración contra
+una pobre niña inexperta. Ya no me habla el Padre González; me habla el
+general. Es su casa y no la de Narcisito desde donde me habla.--¿Sí?...
+¿Eh?... Hoy está conmigo más desaforado y más insolente que nunca.
+
+Mamá se ha puesto a jugar al tresillo con el doctor y con el Padre
+González. El general aprovecha la ocasión para desatar la lengua contra
+mí:
+
+Que su sobrino no es abominable, sino adorable; que yo presumo demasiado
+de discreta y de lista, y que soy una criaturita mimada, voluntariosa y
+terca; y que si él me hubiera presentado a Narcisito como sobrino, yo le
+hubiera encontrado vulgar y feo y le hubiera dado calabazas; y que ha
+sido menester armar toda esta tramoya y conjuración, en que han entrado
+mamá, el general, el doctor, el Padre González y hasta doña Rita, para
+que yo crea a Narcisito griego o turco y de él me enamore.
+
+Oiga usted, general; repórtese usted y no me insulte. Piense usted lo
+que se le antoje. Lo que yo pienso y sostengo es que quiero y requiero a
+Narcisito, aunque ya sé, no diré si con gusto o con rabia, que es
+sobrino de usted, y que es casi tan insolente como usted, tan burlón y
+tan desalmado. Usted me ofende de palabra, porque está lejos de mí. Si
+estuviera yo ahí, se moriría usted de miedo al verme, porque estoy hecha
+una fierecita...
+
+¡Hola, hola! Me desafía usted, me cita y me emplaza para que vaya a su
+casa al punto. Pues iré... y nos veremos las caras. ¿Pero como ir?...
+
+Agradezco el deseo que usted muestra y la esperanza que me infunde de
+que no sea a muerte nuestro duelo y de que a las doce de esta noche, que
+es la de San Silvestre, bebamos un vaso de Champagne para celebrar
+nuestra reconciliación y la entrada del nuevo año. También agradezco la
+noticia que me da usted de que en esa casa se acaban de echar los
+estrechos, y de que usted ha salido con mamá y yo con Narcisito. Pero
+como usted todavía no es mi padrastro, bien puedo yo faltarle al
+respeto, y así le digo, que eso es un embuste o una fullería para
+burlarse de mí y para demostrar lo que ya no necesita demostración; que
+es usted más griego y más trapacero que su sobrino. Y, sin embargo, ¡qué
+corrupción la de los tiempos que corren!--como decían las benditas
+madres que me han educado.--¡Qué perversa condición tenemos las mujeres!
+¿Quiere usted creer que a pesar de todo, me es usted muy simpático y me
+hace muchísima gracia? Lo que no apruebo, es que tenga usted tan
+estrafalarias ocurrencias. Me pone usted en un apuro con que vengan ya a
+buscarme la berlina de mamá y Narcisito en la berlina. Si fuera el
+landó, si fuera al menos el _clarence_, no habría dificultad. Pero en la
+berlina que es muy estrecha... ¿quiere usted decirme, diantre de general
+y aborrecible padrastro, dónde voy a colocar yo a doña Rita, que pesa
+doce arrobas y parece una urca holandesa?
+
+Más vale tomarlo a risa para no pelearme con todos, porque me están
+tomando por juguete. El general se ha ido del teléfono a hacer el cuarto
+en la mesa de tresillo. Dice que su hermana la condesa viuda, mamá de
+Narcisito, estaba jugando por él, y como es una chambona, le lleva
+perdida casi toda la paga del mes corriente. ¿Y quién me comunica todo
+esto? La taimada de doña Rita, que está muy sofocada. Afirma que no es
+urca y que no pesa tantas arrobas, y que de todos modos no puedo
+llevarla conmigo, porque considerando que yo no la necesito para nada,
+por lo prudente que soy, y que la califico de carabina de Ambrosio, se
+fue con mamá, para acompañarla, desde esta calle de Don Pedro, donde
+vivimos, hasta el último extremo de la fuente de la Castellana, donde el
+general vive.
+
+(_Vuelve Manolita al teléfono_.)
+
+Explíquese usted, doña Rita. ¿Por qué no viene usted a buscarme?
+
+(_Después de escuchar por el teléfono_.)
+
+ * * * * *
+
+¡Conque usted no ha cumplido la orden de mamá! ¡Conque el general ha
+tolerado que Narcisito deje a usted plantada y se venga él en la
+berlina! ¡Doña Rita, es usted un monstruo!
+
+ * * * * *
+
+_(No responde nadie. Doña Rita ha cortado la comunicación.)_
+
+Pues, señor, meditemos con serenidad y con calma. Yo tengo muchísima
+gana de conocer a la condesa viuda que va a ser mi suegra; tengo también
+muchísima gana de brindar con Champagne en punto de las doce, en
+compañía del general y de sus tertulianos; y como Narcisito no es un
+galopín, sino un caballero, y no ha de querer empañar en lo más mínimo
+el espejo en que su honra se mire, me parece que bien puedo irme con él
+sin menoscabar mi decoro.
+
+No es necesario que el público sepa esta determinación que he tomado;
+pero si la sabe...
+
+_(Suena la campanilla de la puerta.)_
+
+Ya está ahí Narcisito. Voy a ponerme el sombrero y el abrigo para irme
+con él. _(Dirigiéndose al público.)_ ¿Quieren ustedes ser indulgentes
+conmigo, perdonar mi falta y aplaudirme antes de que me vaya?
+
+_(El autor supone que el público aplaude.--Cae el telón.)_
+
+
+
+
+EL DUENDE-BESO
+
+
+I
+
+Notabilísimo huésped había llegado al convento de Capuchinos de la
+villa, allá por los años de 1672. Famoso era el huésped en todas partes
+por la agudeza de su ingenio, por el profundo saber que había adquirido
+y por las obras científicas en que le divulgaba. Baste decir, y está
+todo dicho, que el huésped era el reverendísimo padre fray Antonio de
+Fuente la Peña, ex-provincial de la Orden.
+
+Después de comer con excelente apetito y de dormir una buena siesta,
+para reposar de las fatigas del viaje, fray Antonio recibió en su celda
+al padre guardián, fray Domingo, y habló a solas con él sobre el
+importante asunto que le había impulsado a ir a aquella santa casa.
+
+--Sé por fama--le dijo--el extraño caso de mi señora doña Eulalia, hija
+única del ilustre caballero D. César del Robledal. Y considerado bien y
+ponderado todo, me atrevo a sostener que la joven no está posesa ni
+obsesa.
+
+--Vuestra reverencia me ha de perdonar si le contradigo. No veo prueba
+en contra de la posesión o de la obsesión de la joven. Aunque me esté
+mal el decirlo, sabido es que, a Dios gracias, ejerzo bastante imperio
+sobre los espíritus malignos, y que he expulsado a no pocos de los
+cuerpos que atormentaban. Si los que atormentan a la joven doña Eulalia
+no me obedecen, no es porque no estén en ella o en torno de ella, sino
+porque son muy ladinos y marrajos. Si están en ella, se esconden, se
+recatan y se parapetan de tal suerte, que se hacen sordos a mis
+conjuros; y si la cercan, para atormentarla, andan sobrado listos para
+escapar cuando yo llego, y no volver a las andadas sino después que me
+voy. Los síntomas del mal son, sin embargo, evidentes. Sobre lo único
+que estoy indeciso y no disputo, es sobre si el mal es posesión u
+obsesión.
+
+--Pues bien,--replicó fray Antonio,--mi conclusión es enteramente
+contraria, y mientras más lo reflexiono más me afirmo en ella. Doña
+Eulalia no habla nunca en latín ni en ningún otro idioma que no sea
+nuestro castellano puro y castizo; sus pies se apoyan siempre en el
+suelo cuando no está sentada o tendida; en vez de estar desmedrada,
+pálida y ojerosa, sé que está muy guapa y de tan buen color que parece
+una rosa de Mayo; y el que ella repugne casarse con ninguno de los
+novios que su señor padre le ha buscado, y el que ande melancólica y
+retraída, y el que tenga por las noches y a solas, en su retirada
+estancia, coloquios misteriosos con seres invisibles, no prueba que esté
+endemoniada ni mucho menos. Los demonios jamás son tan benignos y
+apacibles con una criatura. Ser, por consiguiente, de menos perversa y
+dañina condición, que los ángeles precitos, es quien tiene trato y
+coloquios con mi señora doña Eulalia. _Ergo_, no es demonio, sino duende
+quien la visita y habla con ella. Y conocedor yo de este suceso, y
+empleándome como me empleo en el estudio de los duendes, según lo
+testifica mi ya celebérrimo libro _El ente dilucidado_, he venido por
+aquí a ver si me pongo en relación con el duende que visita a doña
+Eulalia y logro arrojarle de su lado, valiéndome de los medios que me
+suministra la ciencia.
+
+--Extraño es--dijo fray Domingo--que afirme todo eso vuestra reverencia
+por meras conjeturas.
+
+--No son meras conjeturas--repuso fray Antonio.--Aunque por mis pecados
+nunca he sido digno de tener revelaciones sobrenaturales, lo que es
+naturales las tengo con frecuencia, y tal es el caso de ahora. Aquí
+estamos solos y puedo hablar con libertad, confiando en el indispensable
+sigilo.
+
+Fray Domingo hizo señal de que no descubriría lo que se le dijese y fray
+Antonio continuó en voz misteriosa y baja:
+
+--El duende que visita a doña Eulalia se ha franqueado conmigo y me lo
+ha explicado todo. Harto se comprende que sea yo estimado, querido y
+familiar entre los duendes, a quienes he defendido de las injurias y
+calumnias que propala contra ellos el vulgo ignorante. Yo he demostrado
+que no son diablos, ni almas en pena, sino criaturas sutilísimas e
+invisibles, casi siempre traviesas y alegres, que se engendran en lo más
+delgado del aire. Agradecidos los duendes, ¿qué tiene de particular que
+acudan a conversar conmigo? Además, que mis estudios y meditaciones
+sobre todos los secretos de la madre Naturaleza y mi asídua
+investigación acerca de los seres más menudos y casi incorpóreos, han
+aguzado de tal suerte mis sentidos, que veo, toco y oigo lo que por
+ingénita y grosera rudeza del sentir no notan ni descubren los otros
+mortales. Perdóneseme la jactancia: yo descubro, al tender mi penetrante
+mirada por el Universo, cien veces más vida y más inteligencia que la
+que ve la inmensa mayoría de los hombres. En suma, y contrayéndonos al
+presente singular caso, el duende, hará cerca de diez años, desde que
+doña Eulalia cumplió quince, hasta dentro de tres días, que cumplirá
+veinticinco, se entiende con ella, la aparta de la convivencia de la
+gente y la hace arisca y zahareña: pero me ha predicho que desaparecerá
+dentro de los indicados tres días, y hasta que antes se dejará ver bajo
+la figura de un gallardo mancebo. Doña Eulalia quedará libre entonces de
+toda molestia, y aunque siempre recatada, honestísima y decorosa,
+depondrá sus desdenes, dejará de ser huraña y se hará para todo el mundo
+conversable y mansa.
+
+Con acento irónico, aunque templado o velado por el respeto exclamó
+entonces fray Domingo:
+
+--Sin duda que a fin de que la revelación no haya sido a medias, el
+duende habrá pronosticado a vuestra reverencia el punto y la hora de su
+desaparición y de la aparición del mancebo.
+
+--Sí que me lo ha pronosticado--respondió fray Antonio.--Ello ha de ser
+a media noche, en la propia habitación de doña Eulalia, a donde hemos de
+acudir, recatadamente y sin que doña Eulalia ni nadie se entere, el
+padre de ella, desarmado para evitar un funesto rapto de ira, vuestra
+reverencia con sus exorcismos y yo pertrechado de mi ciencia _duendina_.
+Tengo la más perfecta seguridad de que todo tendrá allí desenlace
+dichoso.
+
+
+II
+
+En la noche y hora prefijadas, de concierto ya D. César con los dos
+reverendos, acudieron en misterioso silencio y de puntillas a la puerta
+de la habitación de doña Eulalia, armado fray Domingo del libro de los
+exorcismos y de un hisopo; armado fray Antonio de un turíbulo donde
+quemaba hierbas mágicas, esparciendo el humo; y armado D. César de
+paciencia, después de haberse comprometido solemnemente a no perderla y
+a no enfurecerse, ocurriera lo que ocurriera.
+
+Celebrados ya sus ritos y evocaciones fray Antonio y fray Domingo
+prescribieron a D. César que llamase con brío a la puerta de la
+habitación de doña Eulalia, cerrada con llave y que ordenase que se
+abriera de par en par, inmediatamente, sin excusa ni pretexto alguno.
+
+No hubo modo de evitarlo ni de retardarlo, y la puerta se abrió de par
+en par y de súbito. En medio de ella, como magnífico retrato de Claudio
+Coello, encerrado en su marco, apareció un galán muy bizarro y apuesto,
+con traje e insignias de capitán, larga espada al cinto, airosas plumas
+en el sombrero que llevaba en la diestra, rica cadena de oro y veneras
+que en su pecho brillaban y espuelas, de oro también, asidas a sus
+amplias botas de camino.
+
+D. César, que era muy violento y celoso de su honra, no hubiera sabido
+contenerse y hubiera caído sobre el forastero, si ambos frailes, cada
+uno de un lado, no le contienen.
+
+El galán con voz reposada y serena dijo entonces:
+
+--Sosiéguese mi Sr. D. César y no tome a mal que me presente tan a
+deshora. Yo soy el capitán D. Pedro González de la Rivera, de cuya renta
+y condiciones ha escrito a su señoría mi amigo el banquero genovés
+Jusepe Salvago, y de cuyos altos hechos de armas en Portugal, en
+Flandes, en Italia y en el remoto Oriente le han dado noticias otras
+varias personas muy respetables. Aspiro a la mano de doña Eulalia; ella
+me ha dado prueba de que me quiere para esposo; y sólo nos falta el
+consentimiento paterno y después la bendición del reverendo Padre fray
+Antonio, que está presente y que espero no ha de negarse a bendecirnos.
+
+--Todo eso estaría bien--respondió D. César con mal reprimida cólera--si
+vuesa merced no lo pidiese, después de ofender mis canas, hollar mi casa
+y atropellar todo respeto.
+
+--Yo, Sr. D. César--replicó el capitán sonriendo--tenía que vengar con
+esta aparente injuria otra nada aparente que vuestra merced me hizo hace
+diez años, cuando me sorprendió en este mismo sitio en dulces coloquios
+con mi señora doña Eulalia, que aún no había cumplido quince años. Yo
+era entonces un rapazuelo de dieciséis, y vuesa merced me arrojó de aquí
+a empellones nada paternales. Por amor de doña Eulalia, lo sufrí todo y
+mayor afrenta hubiera sufrido a ser posible mayor afrenta. Harto he
+demostrado después mi valor. Acrisolada está mi honra. La fortuna además
+me ha favorecido. La satisfacción que espero y pido para los pasados
+agravios es que vuesa merced me acepte como yerno.
+
+En este punto, apareció doña Eulalia al lado del galán. Estaba linda en
+extremo, muy elegante y ricamente engalanada con magníficas joyas, y
+manifestando en el rostro juvenil y ruboroso gran satisfacción y
+contento. ¿Qué había de hacer don César? Consintió en todo y abrazó
+cariñosamente a sus hijos, no sin exclamar, mirando al capitán
+detenidamente:
+
+--Válgame Dios, muchacho, ¡y cómo has crecido y embarnecido en este
+decenio! ¿Quién al pronto había de reconocer en ti al rubio y travieso
+monaguillo de Capuchinos que repicaba tan bien las campanas?
+
+
+III
+
+No bastó la respetuosa consideración que fray Antonio inspiraba al padre
+guardián, para que éste se callase y no dijese claro que, si no había
+habido demonio, tampoco había habido duende, y que todo había sido
+farsa.
+
+Fray Antonio quiso entonces justificarse, y antes de volver a Madrid,
+donde habitualmente residía, habló al padre guardián como sigue:
+
+--No sólo ha habido duende sino uno de los duendes más poéticos que en
+este mundo sublunar puede darse. Era ella tan pura, tan cándida y tan
+ignorante de lo malo, que a los quince años parecía ángel y no mujer. Él
+era bueno y sencillo como ella. Ambos se amaban con la más ardiente
+efusión de las almas, sin la menor malicia, sin que la dormida
+sensualidad en ellos despertase. Anhelaban unirse en estrecho y santo
+lazo: vivir unidos hasta la muerte, como en unión castísima habían
+vivido desde la infancia. A esto se oponía el desnivel de posición
+social. Menester era que Periquito ganase posición, nombre, gloria y
+bienes de fortuna. Al separarse para irse él a dar cima a su empresa,
+sin estímulo vicioso, con inocencia de niños y con fervoroso amor del
+cielo, se unieron sus bocas en un beso prolongadísimo. Sin duda se
+interpuso entre labios y labios una levísima chispa de éter, átomo
+indivisible, germen de inteligencia y de vida. El fuego abrasador de
+ambas almas enamoradas penetró en el átomo, le dio brillantez y tersura,
+y cuanto hay de hermoso y de noble en el mundo, vino a reflejarse en él
+como en espejo encantado que lo purifica y lo sublima todo. Los santos
+anhelos de amor de él y de ella, se fundieron en uno; y, sin
+desprenderse enteramente de ambas almas, tuvieron en la misteriosa unión
+ser singular y substancial suyo y algo a modo de vaga, indecisa y propia
+conciencia. Se separaron los amantes. Él fue muy lejos; peregrinó y
+combatió. Durante diez años, no supieron ella de él, ni él de ella, por
+los medios ordinarios y vulgares. Pero el unificado deseo de ambos, el
+duende que nació del beso, con pintadas alas de mariposa y con la
+rapidez del rayo, volaba de un extremo a otro de la tierra: y ya se
+posaba en ella, ya en él, y hacía que se estrechasen como presentes, y
+renovaba el casto beso de que había nacido, no como recuerdo vano, sino
+como si nuevamente y con la misma o con mayor vehemencia ellos se
+besaran. No dude, pues, vuestra reverencia de que el tal duende existe o
+ha existido. ¿Cómo explicar sin él la tenaz persistencia, durante diez
+años, de los mismos amores? El deseo no era sólo de ella. El deseo no
+era sólo de él. En ambos estaba, pero, al unirse, se separó de ambos,
+creando la unión un ser distinto. Este ser no tiene ya razón de ser:
+desaparece, pero no muere. No debe decirse que ha muerto o que va a
+morir la chispa inteligente, enriquecida con la viva representación de
+toda la hermosura de la tierra y del cielo, cuando, cumplida la misión
+para que fue creada, se diluye en el inmenso mar de la inteligencia y
+del sentimiento, que presta vigor armónico, y crea la luz y hace
+palpitar la vida en la indefinida multitud de mundos que llenan la
+amplitud del éter.
+
+Fray Domingo oyó con atención todo esto y mucho más que dijo fray
+Antonio, y acabó por convencerse de que había duendes; unos prosáicos,
+otros poéticos como el de D. Pedro y doña Eulalia, sin que la teoría de
+fray Antonio pugnase en manera alguna con la verdad católica, pues
+redundaba en mayor gloria de Dios, hasta donde alcanza a concebirla el
+limitado entendimiento humano.
+
+
+
+
+EL ÚLTIMO PECADO
+
+(NOVELA CORTA)
+
+
+I
+
+El Sr. D. Emilio Cotarelo es un erudito de notable ingenio y de muy buen
+gusto, a quien debemos estar agradecidos y dar grandes alabanzas los
+aficionados a la amena literatura y a todas las artes de la palabra. Sus
+libros nos maravillan por la diligencia y el tino con que el autor ha
+sabido recoger noticias. Sus libros enseñan mucho y deleitan más.
+Natural es que sean leídos, comprados y celebrados.
+
+Los ha compuesto ya el Sr. Cotarelo sobre don Enrique de Villena, sobre
+el conde de Villamediana y sobre el gran poeta Tirso. Pero lo que ahora
+me mueve a hablar de este escritor es la serie de estudios que está
+publicando sobre actores y actrices del siglo pasado. Ya han salido a
+luz la vida de la divina María Ladvenant, y más recientemente la vida de
+_La Tirana_. Ambas obras tienen mayor interés que las novelas, y más
+que novelas parecen intrincadas selvas de aventuras, lances y casos
+raros. Al leerlos, no podemos menos de exclamar casi con envidia.
+¡Vamos, vamos, no dejaban de divertirse nuestros morigerados abuelos!
+
+Y lo que es para mí el mayor mérito que tienen los libros de que voy
+hablando, es ser muy _sugestivos_. El autor no cuenta ni afirma nada sin
+probar su exacta verdad con documentos fehacientes. Quedan, pues, por
+contar o apenas indicados entre renglones, mil sucesos importantes y
+ocultos, los cuales explican o pueden explicar otros cuyas causas no
+vislumbramos, porque el Sr. Cotarelo, como historiador severísimo y
+veraz, tiene que dejarnos a media miel, sin decir como cierto lo que no
+está evidentemente demostrado, aunque se presuma y haya acerca de ello
+rastros e indicios. Siguiéndolos, voy a permitirme yo poner aquí algo
+muy importante de la vida de _La Caramba_, que el Sr. Cotarelo, por
+virtud de su severidad histórica, no ha podido menos de dejarse en el
+tintero, tal vez a pesar suyo.
+
+
+II
+
+El 8 de Septiembre de 1785, día en que celebra la iglesia la Natividad
+de la Virgen Santísima Nuestra Señora, en vez de acudir al templo a
+rezar sus devociones, la desenfadada María Antonia Fernández bajó a
+pasear en el Prado, a provocar a los galanes y a escandalizar, según
+tenía de costumbre. Estaba en lo mejor de su edad, como sol que culmina
+en el meridiano; famosa por sus conquistas y celebrada por su gracia,
+por su primor en el vestir, por su gallardo cuerpo, por su andar airoso
+y por su marcial y bulliciosa desenvoltura. Iba aquel día bizarramente
+ataviada: brial de raso azul, justillo recamado de seda y oro y bien
+peinada la negra y undosa mata de pelo, sujeta en rodete en lo alto de
+la gentil cabeza por rascamoño de oro, lleno de piedras preciosas.
+
+Completaban su tocado el lindo adorno que ella inventó y al que dio su
+nombre de guerra, llamándole _La Caramba_, y una mantilla blanca de
+preciosa y ligera blonda de Almagro.
+
+De repente se obscureció el cielo; se levantó terrible tempestad; el
+aire silbaba y formaba remolinos; deslumbraban los relámpagos, y los
+truenos espantosos ensordecían y aterraban. Se abrieron luego las nubes
+y abundante lluvia, un verdadero diluvio, empezó a caer sobre la tierra.
+No había coche ni silla de manos en que irse, y María Antonia Fernández,
+alias _La Caramba_, se refugió en la iglesia de Capuchinos del Prado,
+donde se celebraba en aquel momento una solemne función religiosa.
+Predicaba fray Atanasio, predicador tan elocuente como severo. El horror
+de la tempestad que continuaba y crecía, las frases tremendas con que el
+padre fustigaba los vicios y con que describía las penas eternas que
+Dios justiciero les impone y tal vez asimismo el devoto cuadro de Lucas
+Jordán, que en aquella iglesia se parecía, representando a la Magdalena
+a los pies de Cristo, todo compungió por tal arte a la bella pecadora,
+penetrando en sus entrañas como agudas saetas de fuego, que se llenó de
+atrición y aun de contrición, sintió que el Altísimo la llamaba a sí y
+como por milagro quedó convertida.
+
+María Antonia Fernández no volvió a pisar las tablas, hizo desde aquel
+punto vida retirada y ejemplar; y la amargura de su arrepentimiento
+tardío, las duras mortificaciones con que se castigó ella misma y la
+vergüenza y el profundo pesar que el recuerdo de sus pecados le causaba,
+acabaron pronto con la salud de su cuerpo, concediéndole en cambio la
+salud del alma.
+
+Todo esto es perfectamente histórico, notorio y sabido entonces en
+Madrid, y recordado ahora con puntualidad por el Sr. Cotarelo. Lo que yo
+voy a referir como apéndice es lo que generalmente se ignora.
+
+
+III
+
+Cualquier pecado mortal es abominable, pero cuando el pecado no
+contamina a ningún sujeto inocente y puro y no le aparta de la senda de
+la virtud, su malicia es mucho menor que cuando extiende su pernicioso
+influjo sobre criaturas humanas, y cuando todo lo inficiona y corrompe.
+María Antonia Fernández, aunque arrepentida y llorosa, tenía el consuelo
+de no haber pecado nunca en este segundo sentido. Cuantos habían caído
+en sus redes y habían sido con ella pecadores, estaban pervertidos muy
+de antemano, de modo que ella no agostó ninguna virtud en flor, ni
+remedando al demonio robó ángeles al cielo para llevárselos consigo. A
+María Antonia no remordía la conciencia, sino de su propia perdición y
+no de haber procurado la ajena.
+
+Sólo en una ocasión se mostró ella propicia a cometer tan doble y feo
+delito, pero se frustró y quedó en conato, gracias a la entereza de un
+sujeto y sobre todo, gracias a la misericordia divina. Con horror
+recordaba _La Caramba_ aquel caso.
+
+El duque de Campoverde, a quien llamo así para ocultar su verdadero
+título, protegía y albergaba en su casa a un sobrino suyo, tan ilustre
+como pobre, llamado D. Jacinto de la Mota, gallardo mancebo en la
+florida edad de veinticuatro años, elegantísimo, discreto y agradable
+por todo extremo. Y lo más singular y raro que en él había era su
+espiritual e inmaculada limpieza. No pocas damas desaforadas tenían el
+descoco de reír y burlar sobre su condición arisca, apellidándole el
+nuevo Hipólito y tal vez sintiendo el prurito de remedar a Fedra con
+mejor éxito y ventura.
+
+El duque, viejo alegre y algo librepensador, y dos amigos suyos, muy
+curtidos y versados en aventuras ligeras y galantes mortificaban de
+continuo a D. Jacinto, ridiculizando su honesto recato y urdiendo tramas
+y buscando ocasiones peligrosas en que de todo punto le perdiese.
+
+Conjurados para tan inicuo fin, buscaron el poderoso auxilio de _La
+Caramba_. Hubo una cena, a la que asistió D. Jacinto, ignorando lo que
+iba a haber en ella, y le sentaron al lado de la seductora actriz, bella
+como nunca aquella noche, con leves y casi transparentes vestiduras, y
+adornados sus brazos y su desnuda y cándida garganta con ricos
+brazaletes y espléndido collar de perlas.
+
+Pasaré aquí de largo, a fin de que nadie tilde de licencioso este
+escrito, sobre las infernales artes con que _La Caramba_, industriada
+por los tres libertinos, excitado su amor propio, anhelante de la
+victoria, y prendada además de la gallardía e inocencia del casto mozo
+se esforzó por avasallarle y rendirle a todo su talante. Don Jacinto
+estuvo más firme que una roca; eclipsó casi la memoria del hijo
+predilecto del patriarca Jacob, todo ello con tal dignidad y tan sin
+melindres ni remilgos, que la risa y la chacota, que el tío y sus dos
+amigos empezaron a mostrar, hubo pronto de trocarse en admiración y
+respeto. Desde entonces dejaron tranquilo al mozo, sin fastidiarle y sin
+embromarle más con disolutas disertaciones e impuras acechanzas.
+
+Lo que resultó de este frustrado delito, del que no pudo menos de tener
+noticia la sociedad elegante y aristocrática de Madrid, fue la fama casi
+de santidad con que resplandeció D. Jacinto, a quien se dieron a
+reverenciar las señoronas devotas, citándole como modelo. Y resultó
+también, y este fue más profundo resultado, un alto aprecio, una amistad
+sublime y una extraordinaria gratitud en el generoso corazón de la
+mujer desdeñada. Porque el mozo, al rechazarla con energía, no faltó en
+lo más mínimo a cuanto cumple a todo cortés caballero, y nada dijo ni
+hizo que exacerbase el desdén y que pudiera ser considerado como
+injuria. Antes bien, con dulces y piadosas palabras suavizó lo agrio del
+desvío, y vertió en la herida que acababa de abrir bálsamo celestial de
+consuelo.
+
+Con tal eficacia penetraron en el centro íntimo del alma de María
+Antonia Fernández estos sentimientos delicados que me atrevo a sospechar
+que predispusieron a aquella mujer para que a poco, estimulada por la
+tempestad, por el sermón elocuentísimo del padre Atanasio, y hasta por
+la pintura de la Magdalena, se obrase de súbito su conversión milagrosa.
+Aquellos nobles sentimientos fueron como abejas, que empezaron por
+clavar sus punzantes aguijones en el pecho de _La Caramba_, y después
+labraron en su centro panal suave de místicas flores.
+
+Lo cierto es que María Antonia y D. Jacinto quedaron amigos y que la
+amistad hubo de estrecharse no bien se convirtió María Antonia. Nadie la
+veía ni en paseos, ni en teatros, ni en toros, ni en verbenas y veladas.
+Iba solo a las iglesias, humildemente vestida con basquiña y negro manto
+de beata. Sólo un hombre además de su confesor, hablaba ya en ocasiones
+con ella. Este hombre era D. Jacinto. Ora se hablaban en la misma
+iglesia de Capuchinos, donde fue la conversión de ella y donde ambos
+solían asistir; ora acudía él a casa de la actriz, si bien con prudente
+recato para evitar la maledicencia.
+
+No podía ésta tener el menor fundamento, pero la malicia humana levanta
+en el aire castillos de torpes embustes, y conviene evitar que la
+malicia los levante y se haga fuerte en ellos.
+
+María Antonia Fernández se sentía atraída hacia D. Jacinto por un afecto
+angelical y todo del espíritu, y se lisonjeaba además de que afecto no
+menos puro impulsaba a D. Jacinto a venir a visitarla.
+
+Sus pláticas eran edificantes y propendían a lo místico, pero María
+Antonia distaba mucho de caer ni de tropezar siquiera en el error de los
+_alumbrados_. Para precaverse, leía con frecuencia los _Desengaños_, del
+Padre Arbiol. Y por otra parte, si algo había en su mente y en su
+corazón de que, después de examinarlo, su conciencia pudiera tener
+escrúpulos, era un leve asomo de complacencia, al imaginar o al notar
+que, si no había triunfado pecaminosamente de aquel mozo por los
+sentidos, había logrado elevar su alma ya purificada hasta el alma de
+él, enlazándolas con amistoso y casto lazo.
+
+Aquel nuevo género de vida daba al espíritu de María Antonia grata paz y
+regalo; pero la austera crueldad con que trataba ella su cuerpo, los
+ayunos, las largas vigilias, el cilicio con que maceraba su carne, y
+acaso la dura disciplina con que se atormentaba en su más secreto
+retiro, quebrantaron tanto su salud, que cayó gravemente enferma, y
+estuvo, durante tres meses, postrada en el lecho y a punto de exhalar
+el último suspiro.
+
+La ciencia de un buen médico y el cuidadoso esmero de su criada Juana,
+lograron conservar su vida y devolverle la salud.
+
+Durante la enfermedad y más aún en la convalecencia, en voz baja, al
+oído, tiñéndose sus pálidas mejillas de leve color de rosa, preguntaba
+ella con frecuencia a Juana:
+
+--¿Ha venido a saber cómo estoy? ¿No le has visto? ¿No ha hablado
+contigo?
+
+Contrariada y afligida Juana, tenía que confesar que D. Jacinto no había
+parecido por aquella casa; no había enviado, al menos a un criado, a
+informarse de cómo estaba la enferma.
+
+Por último, _La Caramba_ supo una novedad imprevista. La marquesa viuda
+de Montefrío, prendada de las virtudes de D. Jacinto, y después de oír
+los consejos e informes del Padre Atanasio, su confesor, había decidido
+tomar a don Jacinto para yerno, casándole con su hija, la marquesita,
+heredada ya y señora de una renta anual de más de veinte mil ducados. Se
+afirmaba que la marquesita era fea y tonta; pero prevaleció la razón de
+estado; todo se concertó pronto y bien, y D. Jacinto de la Mota era ya
+rico y marqués de Montefrío.
+
+
+IV
+
+Honda melancolía se apoderó del alma de María Antonia. Y sin embargo,
+ella se esforzaba por disculpar a su amigo. El matrimonio, pensaba, no
+es para santificar por medio del Sacramento el deleite y la satisfacción
+de una pasión amorosa: es, en todos los que le contraen, para cumplir
+con una obligación y servir a Dios en aquel estado: y es, además, en los
+nobles, para conservar y perpetuar el lustre y decoro de sus familias, y
+sus apellidos y títulos, gloria y ejemplo de la patria e inmediato
+sostén de las bien concertadas monarquías. Así se explicaba María
+Antonia que D. Jacinto, severamente, sin amor y en cumplimiento de
+deberes impuestos por su nobleza, se hubiese al fin casado.
+
+Esto discurría para disculpar a su amigo, pero se afligía de no verle,
+de no conversar con él y de la soledad y del abandono en que la había
+dejado.
+
+En medio de su pena, pudo tanto aún la briosa mocedad de María Antonia,
+fortalecida por el modo de vivir, menos duro y penitente que su larga
+convalecencia le había impuesto, que vino al cabo a encontrarse de nuevo
+sana y hermosa.
+
+Vehemente deseo de volver a ver a D. Jacinto dominó entonces su alma.
+Sin dejar su humilde traje de beata, pero, con extremada, pulcra e
+inconsciente diligencia, peinado el undoso cabello y acicalada toda su
+gentil persona, _La Caramba_ acudió de diario a rezar en la iglesia de
+Capuchinos y a pasar allí largas horas.
+
+No se lo confesaba, no quería confesárselo; pero tal vez recelaba con
+miedo que no era sólo la devoción la que allí le llevaba, sino también
+la esperanza de volver a ver a D. Jacinto.
+
+Y la esperanza se cumplió. María Antonia volvió a verle; mas ¡ay! ¡cuán
+diferente del que antes era! Había descendido de un coche lujoso y
+llevaba al lado a la señora marquesa, su mujer, muy engalanada y muy
+fea.
+
+María Antonia cerró involuntariamente los ojos para no ver aquello; y
+para no ser vista, se echó muy a la cara el manto y se arrimó a la pared
+en el lugar del templo que le pareció más sombrío.
+
+María Antonia volvió, no obstante, a la iglesia de Capuchinos. No
+deseaba ya ver a D. Jacinto en compañía de la marquesa. Deseaba verle
+solo y hablarle. Tardó en cumplirse su deseo, mas se cumplió por último.
+
+Don Jacinto, saliendo de la sacristía, atravesó el templo. Ella le vio y
+salió antes que él y le aguardó a la puerta, entre varios mendigos que
+pedían limosna. La palidez limpia y mate de su rostro tenía soberano
+hechizo y sus negros y rasgados ojos brillaban como dos soles de luto.
+
+Iba tan distraído el flamante marqués que no reparó en ella, hasta que
+al ir a pasar la tocó con el hombro. Viola entonces y se paró encarnado
+como la grana.
+
+--Ingrato--exclamó ella--te aguardaba aquí para cerciorarme de que no me
+has olvidado del todo y para pedirte la limosna de una mirada y el favor
+y la honra de que te dignes hablarme todavía.
+
+--Estoy casado--dijo él, y en el tono con que pronunció aquellas
+palabras, se mostraba el temor de que alguien le viese con ella.
+
+Don Jacinto, con todo, parecía más mundano y menos timorato que de
+soltero. Se diría, y ella lo sospechó de repente, que D. Jacinto casi
+había desechado su mogigatería, logrado ya el fin principal que le había
+movido a tenerla. María Antonia, por primera vez después de su
+conversación y olvidada de su conversión, le dirigió entonces una mirada
+larga, fogosa, dulce y llena de promesas. Aproximando luego su rostro al
+de él, hasta el punto de que penetró por su boca y por sus narices el
+aliento de ella, dijo ella quedito y con desmayada dulzura:
+
+--Ven de noche a casa. Nadie te verá y no lo sabrá nadie.
+
+En seguida María Antonia le volvió la espalda y se apartó de aquel
+sitio.
+
+
+V
+
+Salieron a relucir las galas y las joyas que se custodiaban en el fondo
+del arca. María Antonia no parecía ya la penitente. Estaba vestida,
+harto ligeramente vestida, como en la noche de la tentación y de la
+cena. Había vuelto la espalda a Dios y dádose de nuevo al diablo. Estaba
+perfumada su estancia, y lucían en ella los primorosos presentes de sus
+antiguos amadores y el lujo de la plata labrada.
+
+Don Jacinto no dejó de acudir a la cita. Era ya otro hombre. Había
+desechado la máscara del misticismo. Hasta el recuerdo de la fealdad y
+de la tontería de su consorte estimulaba su liviano deseo. Para
+disculpar su ingratitud, brotaron de sus labios entrecortadas frases.
+Después pronunció ardientes palabras de amor, y roto ya el freno de su
+bien utilizada hipocresía, se abalanzó a María Antonia, que le atraía
+con los ojos y le embelesaba con blanda risa, medio abierta la húmeda
+boca y dejando ver los iguales y apretados dientes, que parecían dos
+hilos de perlas.
+
+El la estrechó frenéticamente entre sus brazos y buscó los labios de
+ella con sus labios.
+
+Con ambas manos, María Antonia le rechazó tan violentamente, que faltó
+poco para que le derribase por el suelo. No parecía mujer, sino
+furibunda leona. No era la lánguida y complaciente enamorada: ni era
+tampoco la penitente mística; era la maja de rompe y rasga, insolente y
+soberbia, capaz de herir con groseros y ponzoñosos insultos, y capaz de
+matar con la llama fulmínea de sus ojos, cuando no con puñales.
+
+--Vete, huye--exclamó--apártate de mi presencia. No pienses que la
+amistad y la admiración que me infundiste con tus embustes, se ha
+trocado en amor lascivo. Se ha trocado en asco. Si continúas aquí
+corres peligro de que te asesine. Sólo muriendo a mis manos y no
+gozándome conseguirás ya arrojarme en el infierno. Vete, repito; es un
+hurto ruin el que intentas, dándome tu alma y tu cuerpo vendidos ya para
+siempre y sin rescate a ese espantajo de mujer que te da título y
+dinero.
+
+Don Jacinto pensó que _La Caramba_ se había vuelto loca. Si no de su
+material violencia, tuvo miedo del alboroto, del escándalo y de la
+resonancia ridícula que podía tener aquella escena, si se prolongaba.
+Huyó, pues, casi despavorido. Y como era hombre que entendía bien su
+interés y su conveniencia, pero que de almas sabía poco, jamás llegó a
+comprender ni a darse cuenta de las singulares transformaciones del alma
+de María Antonia, convertida de súbito de libre cortesana en austera
+penitente, y de austera penitente en algo a modo de vengadora y
+aterradora Furia.
+
+Cuando María Antonia se vio libre de la presencia de D. Jacinto, quedó
+inmóvil y de pie por algunos instantes: rompió luego en insana risa y en
+descompuesta y nerviosa carcajada; y por último, se arrojó al suelo,
+retorciéndose, derramando un mar de lágrimas y balbuceando entre dientes
+el _yo, pecadora_.
+
+De allí en adelante no volvió a pecar María Antonia, ni en pensamiento
+ni en acto. Persistió en sus rezos; redobló sus vigilias, ayunos y
+mortificaciones y logró, pocos meses después, temprano y dichoso
+tránsito a mejor vida.
+
+
+
+
+EL SAN VICENTE FERRER DE TALLA
+
+(PALINODIA)
+
+
+En la capilla de la hermosa quinta que posee el marqués de Montefico en
+las cercanías de Valencia, hay una devota y diminuta imagen de San
+Vicente Ferrer, esculpida en madera y bien pintada luego. Se debe esta
+obra al ilustre escultor D. Manuel Alvarez, a quien sus contemporáneos
+llamaron _el griego_, por su habilidad para imitar los grandes modelos
+que del arte de Fidias nos dejó la antigüedad clásica. Elegante ornato
+del Prado es aún la fuente del Apolo y de las cuatro estaciones, trabajo
+del escultor susodicho; pero mayor talento e inspiración mostró en el
+San Vicente de que voy hablando y que pocos conocen. El Santo está
+representado muy joven aún. Su cabeza es hermosísima y tiene noble
+expresión de triunfante alegría, como si acabase de alcanzar una gran
+victoria. En el rostro de esta efigie, alta toda ella de poco más de
+veinte centímetros, se diría que Alvarez ha procurado reproducir el
+júbilo orgulloso del Apolo de Belvedere, después de haber dado muerte
+con sus flechas a la serpiente monstruosa, si bien la humildad cristiana
+refrena el orgullo y calma el júbilo del Santo con la consideración de
+que él no ha vencido por su mérito propio, sino por la gracia y el favor
+del cielo. Asimismo se nota en el rostro del Santo cierto vergonzoso
+rubor, por donde se barrunta que la victoria que ha ganado ha sido en
+combate espiritual contra el tercer enemigo del alma, según lo refiere
+el Padre Rivadeneira, hablando de aquella hembra insolentísima, que
+quiso tentar y rendir al Santo y dio ocasión para que se le llamase _el
+que no se quemó en medio del fuego_ y para que se le comparase a los
+tres mancebos del horno de Babilonia, de quienes habla Daniel profeta.
+
+La efigie, en suma, sobre poseer muy notable valer artístico, es digna
+de consideración por causas nada comunes. En el pecho, en el sitio bajo
+el cual debe de estar el corazón, lleva clavado un puñalito de fuerte
+acero y agudísima punta. Todo él, menos la empuñadura de oro, ha
+penetrado en la madera, impulsado por mano sacrílega. Y cuenta la gente
+piadosa que, todavía a principios de este siglo, se realizaba en la
+mencionada efigie un singular milagro. Todos los años, el 8 de
+Septiembre, día de la Natividad de la Virgen Nuestra Señora, una gotita
+de color rojo, a modo de sangre, manaba de la herida. No ha de
+extrañarse que el prodigio no se realice hoy, porque no merecen verle
+los que de fe carecen.
+
+Como quiera que ello sea, la linda efigie atrae mucho la atención, y más
+cuando llega a saberse que entre los documentos existentes en el archivo
+de la casa del marqués hay un escrito de don Melchor de la Mota, tío del
+marqués actual y cuarto hijo del abuelo de éste, D. Jacinto, donde se
+refiere la historia de la imagen y se explica el suceso de la herida que
+lleva en el pecho. El escrito que pongo aquí, ya copiando y ya
+extractando o saltando no pocos párrafos, es como sigue:
+
+La admirable escultura de D. Manuel Alvarez, que representa a San
+Vicente Ferrer, vino a poder de mi madre en el año de 1801. Se la legó
+al morir el reverendo padre capuchino fray Atanasio, que la custodiaba
+en su celda desde el año de 1785. Mi madre, que era discreta y callada,
+o no sabía o aparentaba no saber del San Vicente sino el nombre del
+autor, su mérito como objeto de arte y la inmediata procedencia por
+donde llegó a sus manos. De sobra reconocía además, y no lo disimulaba,
+que el artista había tomado para modelo de su Santo el bello y noble
+rostro del marqués, marido de ella, y le había retratado con fidelidad
+pasmosa.
+
+En varias conversaciones que tuve con el Padre Atanasio, ya muy viejo y
+que me estimaba y quería mucho, logré entender y rehacer en mi mente la
+historia toda de la imagen y de cuanto a ella se refiere. Y como es
+curioso y no redunda en perjuicio, sino más bien en honra de mi padre,
+voy a dejarlo consignado por escrito en el archivo de nuestra casa.
+
+D. Jacinto de la Mota jamás fue hipócrita ni falso en sus devociones, ni
+en la austeridad de su vida. Educado severamente, muy correcto en todo y
+guiado por el santo temor de Dios, cumplía con sus deberes, sin el menor
+asomo de jactancia. Así como no le arredraban las burlas que de él
+pudieran hacer los libertinos, tampoco calculó jamás la honra y el
+provecho mundanos que su recato y demás virtudes pudieran acarrearle.
+Cuando se libró de los lazos que el duque de Campoverde y otros amigos
+le tendieron, valiéndose de María Antonia Fernández, alias _la Caramba_,
+hizo lo que hizo por su delicadeza de sentimientos y por repugnancia a
+toda sensual grosería, sin pensar en la buena fama que ganaba.
+
+Tan convencida quedó _la Caramba_ de la sinceridad de D. Jacinto y tan
+prendada de las dulces palabras con que él mitigó la amargura de su
+desdén, que el vicioso prurito con que ella acudió a seducirle, se
+transformó en verdadera y profunda pasión amorosa.
+
+Por aquel tiempo, el escultor D. Manuel Alvarez, que visitaba con
+frecuencia al duque de Campoverde, oyó contar a éste lo que había pasado
+entre D. Jacinto y _la Caramba_, e inspirado en aquel suceso, hizo la
+diminuta imagen de San Vicente, poniéndole por rostro el de D. Jacinto,
+que acertó a retratar fielmente de memoria.
+
+Hubo de saber María Antonia Fernández que D. Manuel Alvarez había
+terminado tan linda obra y resolvió adquirirla a toda costa para sí,
+como lo realizó en efecto, pagándosela bien al escultor, el cual no
+quiso ni pudo negarse a ello.
+
+_La Caramba_, aunque ya sublimemente enamorada de D. Jacinto, distaba
+mucho aún de haberse convertido. Como no pocas mujeres aventureras y de
+vida muy rota, estaba llena de extravagantes supersticiones. Creía amar
+y amaba con frenesí a D. Jacinto y aspiraba a ser amada de él por
+cualquier medio. Su amor adquiría a veces la condición del odio y a
+veces tomaba el aspecto de la abnegación y del sacrificio. _La Caramba_,
+ya quería matarle, ya quería morir ella por amor de él; pero de todos
+modos ansiaba ser amada.
+
+Consultó a una famosa gitana hechicera, que había entonces en Madrid, y
+esta gitana le vendió el puñalito con puño de oro para que le clavase en
+el corazón de la efigie, como _la Caramba_ lo hizo. No por eso conquistó
+ella el vivo y verdadero corazón de D. Jacinto. Y movida, poco tiempo
+después, de sus pasiones y desengaños, y de un muy elocuente sermón que
+oyó por acaso al Padre Atanasio, en el convento de Capuchinos, abandonó
+la desastrada vida que hasta entonces había seguido y se volvió a Dios
+de todas veras.
+
+Pronto llegaron a oídos de D. Jacinto las nuevas de conversión tan
+ejemplar y milagrosa, y de aquí nació la mayor falta que en su vida
+cometió D. Jacinto, estimulado, sin duda, por el demonio del orgullo,
+el cual demonio hubo de prevalerse de sentimientos, muy otros, llenos de
+caridad y misericordia.
+
+Consistió el orgullo en no tener miedo de caer en la tentación y en
+atreverse a arrostrar los peligros, y consistió la caridad
+misericordiosa en admirarse del cambio repentino de aquella mujer
+pecadora, en compadecer el dolor agudo y tremendo que para la conversión
+la había apercibido, y en la irresistible simpatía de que se dejó
+vencer, yendo a tratar con ella de cosas del espíritu y a darle amistad
+pura y grato consuelo.
+
+Don Jacinto se alucinó de tal suerte, que ni por un instante pensó que
+en esto pecaba; pero un día habló de ello al padre Atanasio, su
+confesor, y habló, no como revelándole una culpa suya, sino para
+ponderar la virtud penitente de _la Caramba_ y para tratar de que el
+padre Atanasio la conociese y admirase.
+
+Entonces fue cuando el padre Atanasio pintó ante los ojos de su alma y
+con colores muy vivos, el peligro espantoso de caer en pecado mortal a
+que él y María Antonia Fernández se exponían, y le prohibió resuelta y
+terminantemente que volviese a visitarla y a tratar con ella.
+
+Obedeció don Jacinto, no sin combatir enérgica y dolorosamente contra la
+amistad y contra la pura simpatía que María Antonia Fernández le había
+inspirado.
+
+Nada más natural; nada con menos premeditación y malicia que lo ocurrido
+después de esto.
+
+La envidia calumniaba a la joven marquesita de Montefrío, sin otra
+razón que la de ser ella rica e ilustre. Educada con el mayor
+recogimiento, tímida y silenciosa, sin el menor esmero en trajes y
+tocados de moda y sin desenfado alguno en sus ademanes y conversaciones,
+la marquesita fue declarada harto injustamente tonta y fea. No era ni lo
+uno ni lo otro. No avergonzarse, sino bien podía envanecerse quien
+llegase a tenerla por suya. Y de cierto había entonces, en esta villa y
+corte de Madrid, no pocas damas de alto copete, cuyo talento y cuya
+hermosura eran muy inferiores a los de la marquesita; pero que
+completaban con el desenfado la carencia o la escasez de tan altas
+cualidades, e infundían vehementes pasiones y eran heroínas de mil
+galantes aventuras.
+
+El casamiento, cristianamente considerado, no presupone historia
+amorosa, por muy delicada y limpia que sea. Es más bien un contrato,
+purificado, santificado y sancionado por la religión, cuyo fin principal
+es la fundación de las familias, la educación de los hijos y la
+conservación de los linajes. Tan cumplir con un deber es casarse como
+entrar en religión. Esto prueba que puede la persona honrada y piadosa
+servir a Dios en cualquier estado. Así lo entendió don Jacinto.
+Respetables individuos de su familia y de la familia de la marquesita
+concertaron la boda de ambos. Apenas se vieron ellos y apenas se
+hablaron tres o cuatro veces: lo bastante para reconocer que no había
+motivo para que ellos se repugnasen el uno al otro, sino que, por el
+contrario, el mutuo agrado, la satisfacción vanidosa de tener por
+consorte a una persona de gentil presencia y el pleno convencimiento de
+la inmaculada reputación de esta persona, todo coincidía con la
+conveniencia de intereses y de miras que había en el proyectado
+casamiento, en cuyos conciertos intervino más que nadie el padre
+Atanasio.
+
+En suma, don Jacinto se casó con la marquesita y de pobre hidalgo que
+era se transformó en rico señor titulado; pero en cierto modo pudo
+seguir llamándose pobre de espíritu, porque poseyó la riqueza como si no
+la poseyese; cuidó de los bienes cuantiosos de su mujer, más como celoso
+administrador que como propietario y dueño de ellos; y a su muerte, que
+no fue tardía, porque murió a los trece años después de la boda, había
+acrecentado de tal manera el caudal de la casa con su tino y su
+economía, que de la parte de gananciales que a él tocaba pudo dejar y
+dejó cerca de tres mil ducados de renta a cada uno de sus cuatro hijos.
+
+Yo, que redacto estos apuntes, soy el menor de ellos. Nada digo de mí
+porque nada merezco; pero sí diré de mis tres hermanos que todos son muy
+guapos, entendidos y capaces para la profesión que siguen; y que mi
+hermana es el encanto y la gala de la corte, a quien ponderan y ensalzan
+todos por su apacible y honesto trato, por su discreción y hermosura,
+honrando y glorificando así la noble casa donde como cabeza y madre de
+familia entró hace años.
+
+Bastaría mirar sin prevención todo esto, aunque se careciese de otras
+pruebas, para entender que el marqués y la marquesa se amaron de verdad;
+porque del enlace frío y por mero cumplimiento de un deber, no nace
+jamás tan lucida y generosa prole.
+
+Asegurado esto, voy a declarar y a explicar aquí cuál fue la conducta
+del marqués en sus relaciones con María Antonia Fernández, y cómo esta
+conducta, si bien en ciertos puntos digna de censura, sólo en un momento
+de vergonzoso extravío no dejó de conciliarse con el respeto y con el
+verdadero y santo amor que consagró a su mujer la marquesa. Por lo
+demás, la culpa del marqués fue castigada severamente por el cielo,
+siendo el mismo marqués, con sus remordimientos y profundo y secreto
+pesar, instrumento de aquel castigo.
+
+Mucho le amargaban y atormentaban las injuriosas frases, justas con él e
+injustas con la marquesa, con que _la Caramba_ le arrojó de su casa;
+pero más le compungió y más honda herida hizo en su corazón lastimado,
+un escrito que le dirigió _la Caramba_, arrepentida de las injurias.
+
+_La Caramba_ redactó aquel escrito poco antes de morir; y, legándole
+además el San Vicente Ferrer de talla, se lo confió todo al padre
+Atanasio. Este consideró conveniente que el marqués tuviese noticia del
+escrito, pero no se le comunicó y le guardó entre sus papeles. El padre
+Atanasio consintió en que yo le leyera y en que sacase de él la copia
+exacta que aquí traslado.
+
+«Ilustre señor marqués, a quien ya no me atrevo a llamar amigo: Creo
+cumplir con un deber de conciencia dirigiéndome a usía, para pedirle
+perdón de las muchas faltas que he cometido en su daño. Ni remotamente
+tenía yo derecho a imaginar que las caritativas visitas que usía me
+hizo, después de mi conversión, más aparente que real, le enlazaban
+conmigo, por ningún estilo, y le ponían en la obligación de consagrarse
+a mi persona con amistad exclusiva y única y de ser constante compañero
+mío en la penitencia, cuando nunca lo fue en el pecado. Mi extraña
+conversión y el refinamiento vicioso de quien, sin caer en ello, era aún
+enamorada pecadora, me inducían a deleitarme con aquellas visitas, a
+aliñarlas con el sabor picante de un falso misticismo y con las
+mortificaciones y castigos que yo imponía a mi cuerpo, y a saborearlas
+regalándome y alimentándome con la dulzura de ellas, como si usía fuese
+mi Dios y no el que está en el cielo.
+
+»De aquí mi descompuesta furia y mi loca desesperación cuando usía,
+advertido a tiempo del peligro, dejó con razón de visitarme. Mi enojo
+fue mayor aún cuando supe que usía se había casado; enojo absurdo,
+porque usía ni me había prometido ni podía prometerme no casarse, para
+ser fiel a las relaciones indefinibles en que soñé yo que estábamos. De
+aquí que, rabiosa yo, maldijese de la marquesa, y ciega con mis celos me
+la figurase un monstruo.
+
+»Y de aquí, por último, que olvidando y echando a rodar todas mis
+penitencias, mis cilicios, ayunos y disciplina, me entregase yo de
+nuevo al demonio, cuya esclava y servidora había sido durante mucho
+tiempo. Y el demonio me prestó, sin duda, el poder sobrenatural y los
+medios de seducción casi irresistibles, con los cuales tendí a usía mis
+infernales redes, donde por vez primera logré que usía cayese, para
+insultarle y maltratarle luego con infamia. Y más vale así, porque peor
+hubiera sido que hubiésemos caído ambos en más honda sima y en pecado
+más grave.
+
+»No me arrepiento, pues, de haber rechazado a usía: de lo que me
+arrepiento es de haberle atraído con inaudita perfidia para rechazarle
+luego. Cuando en esto pienso me doy a cavilar y a recelar que tal vez,
+al principio, no hubo en mí perfidia, sino que me movió otra pasión,
+cuando no peor, más peligrosa. ¿Me movió tal vez amor frenético y
+desesperado? ¿Fue repentino y súbito el cambio en odio de este amor,
+cuando le vi triunfante? El corazón de la mujer es un abismo de malvadas
+inconsecuencias. Para abrazarme a mi ídolo le derribé del altar, y
+cuando le vi por tierra, me llené de orgullo, y la adoración se trocó en
+desprecio, y le pisoteé en lugar de recibir con júbilo y con vehemente
+gratitud su beso.
+
+»En fin, más vale que haya sucedido todo como ha sucedido. Dios tenga
+piedad de mí y perdone mis culpas. Conozco que se acerca la hora en que
+me llamará Dios a su tremendo tribunal. Aun así, no puedo menos de
+pensar en usía y de anhelar que usía me perdone. Yo he sido su ángel
+malo, y me arrepiento de ello y lo deploro. Compadézcame usía; pero no
+me llore, porque descansaré con la muerte. Y no permita el cielo que la
+paz del alma de usía se turbe y que se obscurezca su luz, al pensar usía
+en mi último pecado y en el único sin duda que usía cometió por mi causa
+e instigado por mí y por todos los espíritus del Averno que me
+auxiliaban entonces.»
+
+Así terminaba el escrito de _la Caramba_.
+
+En cuanto al marqués, solo el padre Atanasio, su confesor, supo lo que
+padecía, recordando su fea, aunque momentánea falta, y pensando, ya en
+el misterioso afecto que _la Caramba_ le había inspirado, ya en la
+singular pasión que tuvo por él aquella mujer, pasión que fue tomando
+diversas formas y condiciones, que sin duda no extinguió el desengaño ni
+la penitencia, y que no se desprendió del ser de ella hasta que se
+desprendió de ella el alma al exhalar el postrer suspiro.
+
+
+
+
+GARUDA O LA CIGÜEÑA BLANCA
+
+
+I
+
+En las fértiles orillas del azul y caudaloso Danubio, no muy lejos de la
+gran ciudad de Viena, vivía, hace ya cerca de medio siglo, la Condesa
+viuda de Liebestein, nobilísima y fecundísima señora. Al morir el Conde,
+su marido, le había dejado en herencia muchos pergaminos, poquísimo
+dinero, escasas rentas, abundantes deudas, y once hijos, entre varones y
+hembras, el mayor de dieciocho años.
+
+La Condesa, con admirable economía, fue poco a poco pagando todas las
+deudas del Conde, y halló además recursos para dar carrera a sus hijos
+varones, que fueron militares, unos al servicio de Prusia, otros al de
+Austria, y otros al de Baviera. Casó además con caballeros de su clase,
+que todos eran Condes, y el que menos tenía dieciséis cuarteles, a
+cuatro de sus hijas, condesas también desde su nacimiento.
+
+Conseguido tan difícil triunfo, la Condesa viuda vivía tranquila y
+retirada en el castillo o mansión señorial que le había dejado en
+usufructo y de por vida su difunto esposo.
+
+Las hijas, casadas, se habían ido con sus respectivos consortes. Los
+hijos, militares, andaban por los campamentos, o de guarnición, o
+asistiendo y sirviendo en distintas residencias imperiales y regias.
+
+La Condesa se hubiera quedado sola con su servidumbre, si el cielo no
+hubiera dispuesto que el más alegre y entendido de sus hijos, cuando
+apenas tenía doce años, hiciese la travesura de montar en un potro
+cerril, que se despeñó y rodó con él por un barranco, dejándole lisiado
+para siempre, y tan cojo, que difícilmente podía salir de casa, a no
+tomar muletas, en vez de tomar las armas. El conde Enrique vivía en el
+castillo; acompañaba a su madre, y, pensador y estudioso, se iba
+haciendo gran sabio y leía mucho, porque en el castillo daba pábulo a su
+afición una copiosa y escogida biblioteca, fundada hacía siglos por sus
+antepasados y acrecentada de continuo.
+
+No pequeña parte del castillo estaba muy cómoda, elegante y hasta
+ricamente amueblada aún, gracias al esmero cuidadoso de la Condesa
+viuda. Tapices flamencos cubrían las paredes de dos amplios salones. Los
+antiguos muebles se hallaban en perfecto estado de conservación. En las
+alcobas había camas de roble primorosamente esculpido y con colgaduras
+de damasco. Varios retratos de familia, de pomposas damas y de
+caballeros armados, prestaban autoridad a las habitaciones y les ponían
+muy aristocrático sello. Durante los fríos y las nieves invernales se
+estaba allí muy a gusto, gracias a enormes chimeneas donde podían arder
+troncos enteros de encina y a colosales estufas de loza vidriada que
+había también en no pocos cuartos. Pero el edificio era vastísimo, y
+proporcionalmente era pequeña la porción de él que se conservaba
+amueblada y habitada. Largas y desiertas galerías, salas sin muebles,
+pasadizos misteriosos y estrechas y torcidas escaleras que bajaban a los
+profundos sótanos o subían hasta lo más alto de las torres, prestaban al
+conjunto del edificio muy medroso aspecto y a la imaginación fértil y
+extenso espacio donde crear fantasmas y sobrenaturales prodigios.
+
+Acostumbrada y encariñada la Condesa viuda con su antigua vivienda,
+nada, sin embargo, temía. Al contrario, tal vez se hubiera complacido
+ella en ver con los ojos de su cuerpo mortal y en hablar y en oír hablar
+a varias almas en pena de los progenitores de su marido, las cuales
+almas, según afirmaba el vulgo, solían aparecerse durante la noche, y
+andaban vagando por los más recónditos camaranchones y obscuros
+escondrijos de aquel laberinto arquitectónico.
+
+Tampoco el conde Enrique, algo descreído y volteriano, tenía miedo de lo
+sobrenatural. Casi sobrenatural se consideraba él mismo. Vivía
+artificialmente, merced a un severo régimen y a la atinadísima ciencia
+de su médico. En su primera mocedad, y, a pesar de su cojera, había
+gozado de mejor salud relativa, y había podido pasar largas temporadas
+en Viena, asistiendo a las aulas y dedicándose al estudio. Empeoró
+después su salud y se encerró tan obstinadamente en el castillo, que
+nunca salía de él y acompañaba siempre a su madre. Por su carácter era
+un ángel, y por su facha, a no ser tan bondadoso, hubiera parecido un
+demonio, aunque por lo feo y pequeñuelo no dejaba de parecer un duende.
+
+El ser que iluminaba el castillo con esplendores de poética hermosura,
+era la gentil Poldy, única hija de la Condesa viuda que permanecía
+soltera, aunque frisaba ya en los veintiocho años.
+
+Como era muy distraída y muy corta de vista, y tenía, si es lícito
+valernos de una expresión gráfica aunque harto vulgar, grandes humos
+aristocráticos, apenas había tratado ni fijado siquiera la mirada en
+individuo alguno de la humanidad circunstante, como no tuviese por lo
+menos dieciséis cuarteles de nobleza. A los criados, a los campesinos y
+a los desvalidos y pobres, sí los miraba, pero los miraba para
+protegerlos y ampararlos hasta donde alcanzaban sus medios y recursos.
+Lo que es de igual a igual, la condesa Poldy no trataba a nadie, ni
+fijaba su atención en nadie como no fuera de su clase. Para excitar su
+caridad, para pedir consejo o auxilio, toda criatura humana, por
+miserable y desvalida que fuese, podía llegar hasta ella, segura de que
+ella le tendería sin repugnancia sus blancas y piadosas manos, como las
+de Santa Isabel, reina de Hungría, sobre la inmunda cabeza del tiñoso;
+pero, si Poldy había de recibir a una persona en su estrado y conversar
+familiarmente con ella, esta persona necesitaba contar, entre sus
+ascendientes, héroes y príncipes, y ser además por sí atildado, culto y
+perfecto dechado de cortesía, de discreción, y de otras mil raras
+prendas.
+
+Alguien calificará tal vez a esta señorita de engreída, fastidiosa y
+hasta inaguantable. Yo ni la defiendo ni la injurio. La pinto como ella
+fue, sin quitar ni poner nada. Su orgullo, a la verdad, aunque es falta
+que no merece disculpa, no carecía de fundamento, porque, sobre ser
+Poldy de nobilísima estirpe y contar entre sus ascendientes a un héroe
+que peleó en Legnano, al lado de Federico Barba-roja, contra el ejército
+de la liga lombarda, y a otro que estuvo de cruzado en Palestina, con el
+impío Emperador Federico II, era ella de por sí hermosa y discreta y de
+tan fino temple de carácter y de tales bríos, que parecía una reina y
+avasallaba todas las voluntades.
+
+Habían bastado sus breves apariciones en Viena, en casa de una tía suya,
+para que se llevase a las gentes tras de sí y la proclamasen
+_hauptcomtesse_ o como si dijéramos Condesa capital o princesa y
+capitana de las condesas todas.
+
+Es evidente que, siendo ella así, no había carecido de novios, entre los
+señores de su clase; pero, como era tan descontentadiza y dificultosa de
+gusto, ningún pretendiente le agradaba ni le satisfacía. Uno le parecía
+tonto, otro ordinario, otro feo y otro vulgar. En suma, ninguno la
+enamoró, y, repugnando casarse por casarse, sin estar enamorada,
+permaneció soltera.
+
+Vivía casi siempre retraída en el castillo, donde no veía ni hablaba a
+nadie más que a su madre, a su hermano y a las gentes que los servían.
+
+A fin de gozar, no obstante, de cierta libertad y de poder ir de vez en
+cuando a Viena sin otra custodia que la de su doncella, a los veintidós
+años se había hecho _stiftdame_ o sea canonesa. Ningún voto perpetuo la
+ligaba, apenas tenía obligación de vivir algunos días en comunidad, y
+alcanzaba en cambio no cortos privilegios, exenciones y autorizada
+consideración.
+
+A pesar de estas facilidades y ventajas, hacía ya tiempo que la condesa
+Poldy se había aficionado tanto a la soledad, que no iba a Viena, ni
+salía del castillo y de sus rústicas cercanías.
+
+Su conversación con el conde Enrique acabó por infundir en su espíritu
+idéntica curiosidad, igual afán de saber y no menos decidida afición a
+toda clase de estudios. En ella, sin embargo, predominaba el amor a la
+poesía, sobre todo, cuando tenía por objeto el examen de lo íntimo del
+alma propia para sondear sus misteriosos abismos y buscar y hallar luego
+en el lenguaje humano la expresión adecuada de sus ensueños, anhelos y
+vagas creencias y esperanzas.
+
+El misticismo algo panteísta que llenaba y colmaba su espíritu, rebosaba
+y trascendía a lo exterior convertido en hondo sentimiento de la
+naturaleza y en arrobo contemplativo y extático de las remotas estrellas
+del cielo y de las flores y plantas del intrincado y frondoso bosque que
+casi rodeaba el castillo.
+
+Durante el invierno, la Condesa Poldy, retenida en el castillo por las
+lluvias y los hielos, no daba tan largos paseos ni eran sus excursiones
+tan reposadas y contemplativas como en la primavera y en el verano.
+Pero, durante la primavera, se desquitaba bien de su forzada reclusión
+permaneciendo largas horas en el bosque. Ya se paraba a meditar, ya iba
+con lentitud y sin dirección determinada, y ya se detenía, o bien
+mirando una flor, una mariposa, una libélula, o los caprichosos efectos
+de la luz al través de las verdes ramas, o bien oyendo cantar los
+pájaros, o el murmullo del agua del arroyo al quebrarse en las guijas, o
+el manso susurrar del aura entre las verdes y tempranas hojas.
+
+Cuando la condesa Poldy daba estos paseos meditabundos, cuando salía,
+como solía ella decir, a caza de impresiones poéticas, no gustaba de que
+nadie la acompañase; siempre iba sola.
+
+
+II
+
+En un hermoso día de los últimos del mes de Mayo, la condesa Poldy se
+hallaba sola, en lo más intrincado del bosque, entre diez y once de la
+mañana. Sencilla y elegantemente vestida, llevaba en la airosa cabeza un
+gracioso sombrero de paja de Italia y pendiente del brazo izquierdo un
+ligero canastillo de mimbre. Aquel día no eran la meditación y la
+contemplación de las bellezas naturales el único propósito de su paseo.
+Tenía otro más práctico. Iba ella a coger fresas silvestres, de las muy
+delicadas que en abundancia producía aquel bosque, y a coger también
+cierta florida hierbecilla, llamada _waldmeister_, que se pone y conque
+se perfuma y sazona el _maitrank_, deliciosa bebida propia de aquella
+estación y de la que gustaba muchísimo la Condesa viuda.
+
+Buscando fresas y _waldmeister_, Poldy se había alejado del castillo y
+penetrado en la profundidad del bosque, harto más de lo que solía. Así
+vino a encontrarse en sitio muy solitario y agreste, donde, rota la
+espesura que los apiñados árboles formaban con su denso follaje, había
+una pequeña laguna. En la orilla opuesta de aquélla a la que Poldy se
+había acercado, se alzaba un obscuro y ruinoso torreón. Todo el terreno
+que circundaba la laguna era húmedo y vicioso. Las emanaciones palúdicas
+habían ahuyentado las aves de aquel sitio. Las aves no le alegraban con
+sus trinos y gorjeos como hacían en otros lugares del mismo bosque. Casi
+hundidas las raíces en el agua se veían a trechos espadañas y juncos en
+muy pobladas matas. Sobre el haz del agua dormida, que no rizaba
+entonces el más ligero soplo de viento, se extendían la verde lama y las
+redondas y anchas hojas de nenúfar, cuyas blancas flores se levantaban
+en el aire tranquilo. Los pies de Poldy se hundían en la hierba que
+había crecido muy alta. Cada vez que fijaba en el suelo uno de sus
+menudos pies, se espantaban las ranas que entre la hierba se hallaban
+ocultas, y daban estupendos brincos, zambulléndose en el agua estancada.
+El ruido que hacía el agua, al chapuzar en ella las ranas, era lo único
+que interrumpía el maravilloso silencio que reinaba en torno.
+
+Poldy, por irreflexivo y curioso instinto, siguió andando por la margen
+de la laguna hacia el sitio donde el torreón se parecía. Y estando ya
+muy cerca de él, vio de improviso un objeto que, si bien ella no era
+tímida, le produjo un sacudimiento nervioso, por mostrarse tan de
+repente y cuando menos lo recelaba. Era una corpulenta cigüeña blanca,
+que salió de detrás del torreón, y que sin el menor espanto, sino mansa
+y serena, se vino hacia Poldy con paso lento, grave y majestuoso. De vez
+en cuando movía la cabeza a un lado y a otro con graciosa coquetería.
+Cuando estuvo más cerca, dio algunos saltitos, extendió y batió las
+largas alas como en señal de júbilo, y abriendo y cerrando repetidas
+veces el rojo pico, produjo un son muy semejante al de las castañuelas.
+Volviendo luego a andar con mayor lentitud y con cierta vacilación, como
+si el respeto le contuviera, siguió el pájaro peregrino caminando hacia
+Poldy, y parándose a cada dos o tres pasos como si aguardase el permiso
+de llegar hasta ella.
+
+Comprendió Poldy la intención del pájaro; no temió nada porque le
+consideró inofensivo, pero extrañó que se le mostrase tan cariñoso y
+que tan resueltamente y a largos trancos de sus zancas enjutas viniese
+hacia ella como si fuese un antiguo amigo suyo. ¿Le habría conocido y
+tratado antes y no lo recordaría entonces? Poldy buscaba en balde por
+todos los más hondos y olvidados senos de su memoria algún vago recuerdo
+de aquel conocimiento y trato. No hallaba el menor rastro ni la más
+ligera huella de haberlos tenido jamás. La misma cigüeña dejaba ver que
+nunca había conocido a Poldy, pues aunque no atinaba a expresarse en
+ningún idioma humano sino sólo con los resonantes castañetazos de su
+pico, la lentitud de su marcha, sus paradas frecuentes y cada una de las
+miradas que sus pardos ojos dirigían a Poldy parecían significar
+interrogación y súplica, como si dijesen: graciosa Condesa, ¿me permite
+V. E. que me aproxime y la trate? Había además en la cigüeña un no
+sabemos qué de exótico: cierto raro modo de ser, bastante parecido al
+que se nota en un viajero de distinción, venido de muy remotos países,
+con quien por dicha tropezamos y entablamos conversación sin pensarlo ni
+pretenderlo y solamente a causa de súbita y misteriosa simpatía.
+
+Poldy, sin duda, simpatizó con la cigüeña. Le cayeron en gracia y le
+ganaron la voluntad el respetuoso acatamiento y la amistosa dulzura
+conque la cigüeña la miraba. Confesó, allá en sus adentros, que la
+cigüeña sabía tratar a las gentes como merecían, y que, naturalmente,
+estaba dotada de exquisita buena crianza, aunque por ser crianza no
+aprendida, más bien debiera llamarse soltura fina o refinado tacto de
+mundo.
+
+En fin, Poldy se allanó a tratar a la cigüeña sin que nadie se la
+presentase y sin saber quién era ni cuántos cuarteles tenía; dio también
+hacia ella algunos pasos, y extendió la mano y le tocó regaladamente la
+cabeza. La cigüeña se dejó acariciar y mostró la satisfacción y el gusto
+que aquellas nobles caricias le causaban, entornando los párpados como
+si se adormeciese y restregando suavemente el largo cuello sobre la
+vestidura de la linda dama. Pasó ésta la mano por el cuello de la
+cigüeña, bajándola hasta el ancho buche, cubierto todo de abundantes y
+blancas plumas. Entonces advirtió con sorpresa que la cigüeña tenía
+allí, suspendido de listón muy sutil, un pequeño retazo de tela de seda,
+que, flexible y apiñada, formaba poquísimo bulto.
+
+Poldy no pudo resistir la curiosidad ni vencer el deseo de apoderarse de
+aquella prenda. Pronto desató el lazo conque por medio del listón
+colgaba la prenda del cuello del pájaro y se quedó con la prenda en las
+manos.
+
+No se sabe si espantada entonces la cigüeña o enojada del que pudo
+considerar despojo, se apartó bruscamente de la dama, extendió las alas,
+salió volando, se remontó en los aires y acabó por perderse de vista.
+
+Avergonzada quedó Poldy como si hubiese cometido un hurto villano, pero,
+al fin, desechó los escrúpulos, pensando que no había ella tenido la
+intención de quedarse con la prenda y que estaba dispuesta a
+devolvérsela al pájaro, si el pájaro acudía de nuevo a ella y de algún
+modo la reclamaba.
+
+Desenredó luego Poldy más de un metro de listón que estaba devanado en
+la tela de seda, dándole forma de ovillo, y desenvuelta la tela, que era
+del color de los albaricoques, vio escritos en ella con muy negra tinta
+varios renglones en extrañas y menudas letras. Ella las miró y las
+remiró, pero en vano, porque no conocía una sola. Y aunque era
+medianamente sabia y aprovechada discípula de su hermano el conde
+Enrique, no acertaba a determinar con fijeza a qué alfabeto y lengua
+aquellos signos y palabras pertenecían. Sospechó, no obstante, que las
+inscripciones de la tela de seda estaban en sanscrito, lengua que
+estudiaba con asiduidad y provecho su hermano el conde Enrique.
+
+
+III
+
+Volvió Poldy al castillo aguijoneada por la curiosidad y deseosa de que
+le descifrase su hermano lo que la tela decía. Almorzó con muy buen
+apetito, y luego, mientras que la Condesa viuda dormía después del
+almuerzo, como tenía de costumbre, se fue a la biblioteca con su hermano
+Enrique, le contó su encuentro con el pájaro zancudo, le enseñó la tela
+de seda y le rogó que tradujese lo que en ella había escrito.
+
+El conde Enrique confesó que no estaba bastante versado en la lengua de
+Valmiki para traducir de repente los versos, pues indudablemente eran
+versos los que había en la tela; pero pidió tiempo y prometió a su
+hermana presentarle una exacta traducción de todo en aquel mismo día.
+
+En efecto; pocas horas después buscó el conde a Poldy, la llevó de nuevo
+a la biblioteca, y con aire de triunfo le mostró los versos ya
+traducidos.
+
+--No se qué pensar, dijo a su hermana. A veces imagino que la cigüeña
+vino de la India, donde pasó el invierno, y que los versos son obra de
+algún brahman, Rajá o nababo muy ilustrado, y, a veces, sospecho que
+bien puede ser algún erudito compatriota nuestro quien compuso los
+versos y quien colgó la tela al cuello de la cigüeña para embromar al
+que la encontrase.
+
+--¿Qué fin--contestó Poldy, había de proponerse algún compatriota
+nuestro con ese engaño? Yo no conozco aún los versos, pero doy por
+seguro que su autor vive en las orillas del Indo o del Ganges, y no en
+las del Rin o del Danubio. A ver... lee.
+
+--Ya verás y notarás en los versos cierta inspiración más europea que
+asiática. Las composiciones son tres: dos muy breves; y una de estas dos
+parece calcada sobre cuatro versos del _Prólogo en el cielo_ del
+_Fausto_. La coincidencia es inverosímil. Y, aunque no es imposible, yo
+encuentro raro y sospechoso que un brahman lea a Goëthe y le imite.
+
+--Vamos, lee los versos sin más prólogo.
+
+--Los versos dicen:
+
+ Pido al cielo su estrella más brillante;
+ Pido al suelo su dicha más completa;
+ Y ni cercano amor, ni amor distante
+ Mi conmovido corazón aquieta.
+
+--Es verdad, dijo Poldy; los versos son muy semejantes a los de Goëthe,
+salvo que el poeta dice de sí mismo lo que dice Mefistófeles de Fausto.
+
+--Pues oye estos otros que tienen no se qué dejo de metafísica
+cristiana; de misticismo por el estilo del de Tauler o del del maestro
+Eckart:
+
+ Sin alas y sin luz la mente humana
+ En balde en pos de lo ideal se lanza;
+ Pero la voluntad recorre ufana
+ La eterna inmensidad de la esperanza.
+
+--Eso es verdad,--exclamó Poldy, y lo mismo se le puede ocurrir a un
+indio que a un cristiano. En la India hay desde muy antiguo, según he
+oído decir, místicos tan profundos como los de Alemania. Además, en
+todos los países, ha de haber habido pensadores y poetas que imaginaran
+y expresaran que se podía penetrar y subir con el amor a donde nunca
+sube y penetra el raciocinio por sutil y elevado que sea.
+
+--No quiero discutir. Convengo en que un brahman puede haber compuesto
+la copla que acabo de decirte traducida. Tal vez yo en la traducción le
+he prestado una apariencia europea que en el original no tiene. Oye
+ahora la última composición. El poeta desciende en ella de las
+elevaciones místicas, y se abate y se humana como cualquier enamorado
+con el amor terrenal y sensual que las mujeres inspiran. Algo, no
+obstante, queda aún en esta composición del misticismo de las otras. Es
+como un pequeño fragmento de _El cantar de los cantares_, o mejor diré
+del Gita-govinda, cuyos requiebros, ternuras y descripciones materiales
+pueden interpretarse por estilo ultramundano y trascendente. La
+composición además tiene en este caso una singularidad que no tiene ni
+el idilio erótico de los hebreos ni el de los indios. Salomón y Crishna
+veían, oían y tocaban a sus bellas y enamoradas amigas, pero este poeta
+ni toca, ni ve, ni oye a la suya, si no se la imagina con indecisa
+vaguedad, y de tal suerte, que lo mismo puede vivir en este planeta que
+en otro remotísimo, y lo mismo puede ser nuestra contemporánea, que
+haber nacido hace cuarenta siglos o que estar aguardando aún otros
+cuarenta, en el mundo de las ideas, antes de que llegue el día de su
+encarnación y de su aparición entre los seres de nuestra casta.
+
+--Muy curioso es lo que me cuentas, pero no es original ni nuevo. ¡Es
+tan difícil ser nuevo y original! ¿No se enamora Fausto de Elena, que
+vivió dos mil quinientos años antes de que él naciese? ¿No hay un cuento
+árabe o persa, donde un príncipe musulmán, que vivió doscientos o
+trescientos años después de Mahoma, está perdidamente enamorado de
+cierta reina o infanta de Serendib o de Sabá, que floreció en tiempo de
+Salomón y fue rival de la Sulamita?
+
+--Todo eso es así, pero aún es más vaga e indeterminada la señora de los
+pensamientos de nuestro poeta indio. El príncipe musulmán enamorado de
+la rival de la Sulamita, había hallado y admirado el retrato de ella en
+el tesoro de su padre, mientras que no hay retrato ni hay el menor
+indicio por donde pueda entrever o tener alguna idea o noción de su
+dama, el autor de los versos que he traducido. Óyelos con atención.
+
+--Soy toda oídos.
+
+El conde Enrique leyó de esta suerte:
+
+ ¿Dónde te escondes, hermosa mía,
+ que no consiguen verte mis ojos,
+ Como te sueña mi fantasía,
+ Llena de gracia, libre de enojos?
+
+ Ven do el kokila dulce gorjea,
+ Do presta el loto su aroma al viento,
+ Ven que mi anhelo verte desea
+ Y comprenderte mi entendimiento.
+
+ No eres ensueño, realidad eres;
+ No finge el alma hechizos tales,
+ Aunque más bella que las mujeres
+ Suya te llamen los inmortales.
+
+ En la luz pura de tu mirada
+ Amor enciende sus dardos de oro,
+ y son tus labios urna sellada
+ De sus deleites fuente y tesoro.
+
+ Ora residas lejos del suelo
+ Ora aparezcas en otra edad,
+ Por los tres mundos en raudo vuelo
+ Irá buscándote mi voluntad.
+
+ Perla brillante, aunque escondida
+ En lo profundo del mar estés,
+ Yo sabré hallarte, bien de mi vida,
+ Para que excelso premio me des.
+
+Poldy oyó atentamente los versos y habló de ellos con su hermano y hasta
+los juzgó con aparente frialdad crítica, concediéndoles algún mérito y
+señalando sus muchos defectos. Lo que ella disimuló, y no reveló ni a su
+hermano ni a nadie, fue el enjambre de suposiciones y de ensueños que
+los versos suscitaron en su fantasía. Ya se figuraba ver escribiéndolos
+a un elegantísimo y joven brahman, no lejos de su magnífica quinta, bajo
+verde enramada, en las fértiles orillas del Kausikí, ya que los componía
+en su propio alcázar el príncipe heredero de Ayosia, de Cachemira o de
+cualquiera otro de los reinos y países que describen las antiguas
+epopeyas. Pero el autor de los versos era contemporáneo de ella y se
+parecía a ella en extremo por la dolencia y la pasión que le
+atormentaban. Amaba o mejor dicho deseaba amar; nada veía en torno suyo
+digno de su amor; y buscaba lejos, a ciegas y sin guía el raro y
+precioso objeto que mereciese ser amado.
+
+En lo más íntimo de su alma caviló mucho Poldy sobre todo esto, y urdió
+y tejió infinidad de historias, en su sentir bellísimas, con las que
+ella se deleitaba en secreto sin comunicárselas a nadie, ni siquiera a
+la anciana institutriz Justina que era su confidente.
+
+
+IV
+
+Engolfadísimo en sus estudios, el Conde Enrique no tenía voluntad ni
+entendimiento sino para continuarlos. En las demás cosas de la vida
+estaba sometido siempre al entendimiento y a la voluntad de su hermana
+Poldy, a quien él amaba en extremo. Prohibiole ésta que hablase con
+nadie del encuentro de la cigüeña, de los versos y de la traducción, y
+el Conde Enrique obedeció y se lo calló todo.
+
+No quería Poldy que su madre se enterase de nada. La Condesa viuda era
+una señora dotada de un espíritu tan prosaicamente positivo, que sin
+duda hubiera destruido con sus discursos todo el caramillo de
+suposiciones poéticas que Poldy había levantado y que en manera alguna
+quería ella que nadie derribase.
+
+La Condesa viuda acusaba además y zahería con frecuencia a su hija,
+calificándola de extravagante, de soñadora, de alucinada, de acérrima
+enemiga de lo juicioso y de lo razonable, y de temeraria perseguidora de
+ideales inasequibles y absurdos. Si la Condesa viuda pensaba así de
+Poldy ignorando el suceso de la cigüeña, ¿qué no pensaría y qué no diría
+si lo supiese?
+
+Poldy no volvió, pues, a hablar de él ni con su mismo hermano, como si
+su mismo hermano lo ignorara, o como si ella tuviese la pretensión de
+que él lo olvidase.
+
+A solas, pues, y en toda libertad, Poldy se figuraba a medida de su
+deseo, al autor de las tres poesías. Ya le suponía en Benarés, ya en
+Delhi, ya en Calcuta, ya en otros lugares de la India, pero siempre
+noble, joven y hermoso, y _chatria_ o brahman, cuando no príncipe.
+
+El incógnito personaje padecía una enfermedad mental semejante a la de
+Poldy. Eran sus síntomas el desdén y el hastío de cuanto le rodeaba, y
+la vaga aspiración a un bien remoto, confusamente trazado y medio
+desvanecido entre las nieblas y vapores de mil ensueños.
+
+Poldy desechaba por vulgar y necia la creencia de su hermano, de que un
+erudito alemán hubiese compuesto los versos sanscritos para entretenerse
+o para mostrar su pericia. Para ella no cabía la menor duda: los versos
+eran obra de un ilustre y joven señor de la India.
+
+Poldy iba amenudo más adelante en sus atrevidas imaginaciones. No creía
+ella que el pájaro zancudo que se le había aparecido tuviese la menor
+semejanza ni con el cisne de Leda ni con el toro blanco de la gallarda
+hija de Agenor; pero ¿no podría la cigüeña ser instrumento de algún gran
+sabio; acaso de un genio o de una hada, cuyas poderosas sugestiones
+hubiese obedecido al venir a visitarla? ¿Quién se atreverá a limitar la
+extensión de lo posible? Si no fuésemos a creer sino lo que
+comprendemos, apenas creeríamos nada.
+
+Acudía a veces a la memoria de Poldy un cuento de las _Mil y una
+noches_, y se deleitaba en presumir que lo que a ella le pasaba tenía
+algún parecido con dicho cuento. En las más elevadas regiones del aire,
+se encontraron una noche un hada y un genio que iban volando en opuestas
+direcciones. Allí se hablaron y se confiaron que el hada venía de
+visitar y dejar dormido al más hermoso príncipe que había en el mundo, y
+que el genio, procedente del otro extremo de la tierra, venía de
+contemplar y de admirar también a una maravillosa princesa dormida en su
+lecho virginal, allá, en el más recóndito, elegante y perfumado camarín
+de su magnífico palacio. Genio y hada se proponen que príncipe y
+princesa se conozcan, se enamoren y se casen, y los medios a que
+recurren para lograrlo constituyen el enredo de la mencionada historia.
+Poldy, aunque suavizando mucho lo sobrenatural, así por modestia, como
+por el escepticismo que es tan propio del siglo presente, se dio a
+sospechar que en todo lo sucedido podría muy bien y casi naturalmente
+haber algo que con el cuento oriental coincidiera.
+
+Ella había oído decir y hasta había leído en obras recientes que tratan
+de Teosofía, que hay • en la India ciertos sabios llamados _mahatmas_,
+que a fuerza de introinspección y de asiduo examen en las honduras del
+propio ser, adquieren poder estupendo y descubren raros secretos de la
+naturaleza, por cuya virtud realizan acciones que tienen apariencia de
+milagrosas, aunque no lo sean. ¿No sería quizás el autor de las tres
+poesías alguno de esos hábiles _mahatmas_ que había adivinado a Poldy,
+que la había entrevisto mentalmente, que se había prendado de ella y
+•que para comunicarle sus impresiones y enviarle sus versos sin
+infundirle mucho asombro, se había valido del medio naturalísimo del
+pájaro zancudo, cuya condición propia le lleva, sin nada de brujerías ni
+de otras malas artes, a pasar el verano en Austria y el invierno en la
+India?
+
+De esta suerte cavilaba Poldy, forjando y desbaratando casos
+fantásticos. Era como el niño que se entretiene en levantar con esmero y
+conservando bien el equilibrio un alto y complicado castillo de naipes,
+y luego le derriba para divertirse y jugar levantando otros.
+
+En suma; Poldy no sabía a qué atenerse ni por qué decidirse. No se
+declaraba a sí misma cuál de los castillos por ella levantados era el
+que más le agradaba. Lo que no podía menos de reconocer era que la faena
+de levantarlos y de •derribarlos la deleitaba no poco.
+
+
+V
+
+Poldy buscaba la soledad entonces más que nunca. En las conversaciones
+con su hermano, con su madre y con su aya, se mostraba distraída. Y
+esquivando amenudo toda compañía, iba a dar por el bosque solitarios
+paseos.
+
+Aunque sea ordinaria comparación, así como puede conjeturarse y preverse
+que el sitio más apropósito de hallar a un goloso es una buena
+confitería, así Poldy conjeturaba que de seguro volvería a hallar a la
+cigüeña a orillas de la laguna donde la halló por vez primera. Había
+allí tal abundancia de ranas, lagartos, sapos, escuerzos y otras
+sabandijas, que era la tierra de promisión para aquel pájaro zancudo, el
+cual, por su gran tamaño y por la extraordinaria longitud de sus alas,
+cubiertas en los extremos de lustrosas y negras plumas, dejaba conocer
+que era del género masculino. Lo que Poldy no acertaba a determinar era
+si el pájaro estaba casado o soltero. Poldy le veía siempre solo y como
+no entendía su lenguaje, no le preguntaba si era casado, como en España
+solemos preguntar a los loros, que responden a la pregunta.
+
+Era también un misterio para Poldy el lugar donde anidaba la cigüeña.
+
+La veía a orillas de la laguna. El pájaro la saludaba con sonoros
+castañetazos, dando saltitos y batiendo las alas, que abiertas abarcaban
+más de dos metros y medio. Era en su especie un individuo de
+notabilísimo mérito.
+
+Parecía meditabundo y pensativo, pero debía callarse muy buenas cosas.
+En vano esperaba Poldy y hasta fantaseaba el milagro de que la cigüeña
+hablase, pero la elocuencia de la cigüeña jamás iba más allá de los
+castañetazos de costumbre y de algunos roncos y desentonados silbos, que
+eran todo su lenguaje.
+
+Con esto nada podía ponerse en claro.
+
+La cigüeña se mostraba muy amiga y muy mansa con la joven Condesa. No le
+guardaba rencor porque le hubiese quitado la tela de los versos.
+Restregaba la cabeza y el cuello contra la vestidura de la linda dama, y
+parecía gustar de que ella le pasase la mano por el largo cuello y por
+las alas, y le alisase las plumas.
+
+Estas mudas conferencias, que tenían lugar dos o tres veces cada semana,
+duraban poco y no se puede decir que fuesen muy amenas. Por lo demás, la
+cigüeña tenía el instinto de no aburrir, y siempre terminaba las
+conferencias pronto y de un modo brusco, lanzándose repentinamente en el
+aire, trazando graciosas espirales en su sereno vuelo y al cabo
+perdiéndose de vista.
+
+Pasó la primavera, pasó el verano, vino luego el otoño, como sucede
+siempre, y empezó por último a aparecer el invierno. Poldy tuvo entonces
+barruntos de que la cigüeña iba a emigrar y a volver sin duda al soñado
+palacio, a la ciudad oriental, al templo o a la quinta, donde el autor
+de los versos moraba.
+
+Irresistible fue la tentación que sintió de escribirle. ¿Porqué no había
+de hacerlo por estilo prudente y decoroso que no la comprometiera?
+
+Poldy pensó además que, si bien no era inverosímil que por ministerio de
+los genios o de las hadas o por virtud de la ciencia de los _mahaturas_,
+el autor de los versos hubiera logrado tener clara visión de ella, nunca
+estaría de sobra enviarle un buen retrato suyo en fotografía. En
+nuestros tiempos no implica esto muy decidido favor. Cualquier sujeto,
+el más plebeyo de los mortales, podía comprar por un florín el retrato
+de Poldy, expuesto en los escaparates de muchas tiendas de Viena, entre
+las bellezas de la corte y del teatro, entre princesas, actrices y
+bailarinas. Si cualquier pelafustán compatriota de Poldy podía poseer su
+imagen, ¿qué atrevimiento ni qué falta de decoro habría en enviársela
+por medio del pájaro zancudo al poeta incógnito, que no podía menos de
+ser príncipe, nababo, brahaman o _chatria_, allá en la tierra de Rama y
+de Sita, de Nal y de Damayanti?
+
+Hechas estas reflexiones y otras por el mismo orden, que, se omiten aquí
+para evitar prolijidad, Poldy, escribió una extensa carta, en papel muy
+fino para que abultase poco; tomó un retrato suyo, sin cartón, en el
+cual retrato estaba ella descotada y lindísima en su elegante traje de
+baile; lo incluyó todo en un sobre con fuerte forro de tela que cerró y
+selló con lacre; escribió encima: _al incógnito poeta indio_; agujereó
+la carta con un punzón; pasó una fuerte cinta al través del agujero; y
+así preparado todo, lo colgó al cuello de la cigüeña como si fuese la
+insignia de comendador de cualquiera ilustre Orden.
+
+La cigüeña se estuvo muy quieta, aguardando que Poldy sujetase bien la
+cinta a su cuello para que no se desatase y para que la carta no se
+cayese. Y apenas comprendió que estaba ya bien condecorada, dio un
+tremendo salto, alzó el vuelo, se remontó en el aire y voló con tanto
+brío como si se largase ya a la India sin parar en rama.
+
+Dejémosla ir en paz, mientras nosotros, que estamos en todos los
+secretos, nos adelantamos a copiar aquí lo que Poldy había escrito, que
+era como sigue:
+
+«Irresistible impulso me lleva a escribiros sin conoceros. Sé que me
+expongo a que me juzguéis poco circunspecta, muy atrevida y harto libre.
+Ignoro vuestra condición en el mundo, vuestro linaje, vuestras creencias
+religiosas, vuestra edad y vuestra patria. Mi espíritu, no obstante, se
+siente arrebatado hacia donde vuestro espíritu se halla y se cree unido
+a él por el estrecho y fuerte lazo de los mismos sentimientos y de las
+mismas ideas. En torno mío todo me es indiferente, todo me parece
+rastrero y mezquino. No es extraño, pues, que busque yo como vos, en
+apartadas regiones, un alma que simpatice con la mía, aunque sea sólo
+por sentirse atormentada de la misma dolencia. No acierto a explicarme
+el fin que pueda tener yo enviándoos estos renglones y hasta enviándoos
+mi retrato. Lo hago sin propósito, fatal e irreflexivamente. Mi único
+anhelo es acaso que sepáis que pienso y siento como vos, que ardiente
+sed de tiernos afectos agita y quema mi corazón sin que la satisfaga ser
+alguno de cuantos miro cerca de mí. La clara nitidez del cielo poblado
+de estrellas, el silencioso apartamiento del bosque, la belleza y la
+gala de los campos floridos, todo embelesa mi alma, todo hasta cierto
+grado la enamora, pero todo deja en ella inmenso vacío, que sólo otra
+inteligencia y otra voluntad, humanas o divinas, iguales o superiores a
+mi voluntad y a mi inteligencia, pueden llenar si me acuden; si prueban
+el afán que yo pruebo y si logran infundirse en el abismo de mi
+pensamiento, compenetrándole, fundiéndose con él y haciéndose con él uno
+solo. No os conozco: no sé si sois vos a quien yo busco. Por esto mismo
+declaro sin ruborizarme mi extraña pasión, de la que en realidad no sois
+objeto. Criatura mortal sois sin duda como yo lo soy. En esta vida
+terrenal, que vivimos ahora, únicamente podría yo amaros si se
+cumpliesen determinadas condiciones de criatura mortal que en vos tal
+vez no se cumplan. Tal vez las que yo poseo no respondan a vuestra
+aspiración tampoco. Y sin embargo yo soy joven, de nobilísima estirpe, y
+muy alabada de hermosa, aunque por modestia debiera callarlo. Os
+confieso lo más íntimo, lo más oculto y delicado de mi sentir y de mi
+pensar. Os declaro quien soy, donde vivo y como me llamo. La confesión y
+la declaración van dirigidas a un ser que yo me finjo: a un ser que mi
+imaginación ha forjado. ¿Querréis vos y podréis vos demostrar que
+convenís sustancialmente con lo imaginado por mí; que sois la forma
+material y visible del espectro etéreo por quien estoy obsesa, y el
+astro luminoso cuyos matinales resplandores columbro, y el ansiado
+aliento de primavera, que al venir el alba despierta y mueve a cantar a
+las aves, y separa y extiende los pétalos de las flores para recoger su
+aroma y darles en pago su rocío? Yo explico aquí mi sueño. Si tiene
+algún fundamento real, a vos os toca manifestarlo. Si no estáis muy
+seguro de la existencia de tal fundamento, lo mejor es que calléis.
+Respondiéndome, sólo conseguiríais disipar la más bella de mis
+ilusiones, reemplazándola con una realidad ruin y triste y con el
+consiguiente desengaño. Pero si estáis seguro de que mi sueño no carece
+de fundamento, respondedme, decidme quien sois, venid a mí y mostraos. A
+orillas del azul y caudaloso Danubio, en el castillo de Liebestein, os
+espera
+
+POLDY.»
+
+
+VI
+
+Apresuradamente por el temor de que la cigüeña se fuese a la India sin
+llevar prenda suya, y con vehemente exaltación, sublimada por la soledad
+y como destilada en el encendido alambique de sus ocultas cavilaciones,
+escribió Poldy la apasionada carta que acabamos de transcribir; mas no
+bien voló la cigüeña, llevándosela colgada en el cuello, Poldy se
+arrepintió y aun se avergonzó de haber escrito la carta, mostrándose tan
+tierna y tan afectuosa con un desconocido. La suerte, sin embargo,
+estaba echada. El mal no tenía ya remedio. Menester era resignarse y
+callar. ¿Quién, desde la India, por poco sigiloso y por muy jactancioso
+que fuese, había de tener el capricho de hacer saber en Viena que Poldy,
+la orgullosa, la siempre esquiva, con condes, con príncipes y hasta con
+archiduques, se había humillado a escribirle cosas de amor, sin saber
+quien era e ignorando hasta su nombre?
+
+Poldy esperaba que permaneciese secreto su impremeditado desliz; el mal
+paso que había dado y que por lo menos calificaba ya de imprudente
+locura.
+
+Por otra parte, en ocasiones en que su humor era menos negro, Poldy se
+juzgaba con alguna indulgencia y hasta llegaba a absolverse de su culpa,
+dado que la hubiese. Porque, si el autor de los versos era un joven y
+hermoso príncipe oriental o algo por el estilo, era muy cruel para el
+príncipe y para ella no llevar adelante tan poética y misteriosa
+aventura y destruir las vagas esperanzas de ambos, como quien arranca de
+bien cultivado terreno una planta lozana a punto ya de cubrirse de
+flores.
+
+Como quiera que fuese, Poldy vivió en adelante muy retraída y
+melancólica.
+
+Aquel año fue el invierno muy crudo. Ni una vez sola, ni por muy breves
+días, fue Poldy aquel invierno a Viena.
+
+Penoso y terrible cuidado vino a aumentar las causas de su retraimiento.
+La condesa viuda, su anciana madre, agobiada, más que por el peso de la
+edad, por las penas, los desengaños y hasta por las miserias y los
+apuros económicos, enfermó gravemente.
+
+Hizo Poldy cerca de ella el oficio de la más vigilante, devota y
+cariñosa enfermera; pero ni sus desvelos, ni sus fervientes oraciones,
+ni la docta asistencia de un sabio médico, amigo de la casa, fueron
+bastantes a retardar el cumplimiento de las inexorables leyes de la
+naturaleza que tenía marcado el término de aquella trabajada vida. La
+condesa viuda, llena de santa y dulce resignación, tuvo pronto una
+muerte ejemplar y cristiana.
+
+Durante algunos días reinó muy lúgubre animación en el castillo. A
+recoger los últimos suspiros de la egregia dama había acudido la mayor
+parte de sus hijos, yernos y nueras.
+
+Pronto, no obstante, volvieron todos a sus respectivos destinos y
+residencias, y el castillo quedó en abandono y en más honda soledad y
+silencio.
+
+El conde Enrique, Poldy, su aya y tres criados, fueron ya los únicos
+moradores del castillo. Poldy sintió profundamente la irreparable
+pérdida que había tenido. Y sin que refrenase su dolor la inquebrantable
+fe religiosa que daba vigor a su alma, la joven condesa, lloró durante
+meses a su difunta madre sin hallar consuelo, y olvidada casi de cuantos
+devaneos, ilusiones y esperanzas habían poetizado su solitaria
+existencia en aquellos últimos tiempos.
+
+Poldy, sin embargo, aunque no se consoló, hubo al cabo de serenarse y
+calmarse. Apacible tristeza endulzó el manantial de sus lágrimas y luego
+logró represarle.
+
+Pesares de condición harto menos noble, y mil preocupaciones de un orden
+tan rastrero como práctico, invadieron y ocuparon el corazón de Poldy,
+como cuadrilla de desalmados e impíos bandoleros que entran a saco,
+profanan y destrozan un augusto santuario.
+
+Dos meses hacía ya que había muerto la condesa viuda. Eran los primeros
+días del mes de Febrero. El frío era intensísimo. Un manto de nieve
+cubría en torno la tierra y coronaba a trechos con blancos penachos las
+erguidas y sombrías copas de robles, abetos y pinos. Rara vez abandonaba
+Poldy la abrigada habitación del castillo, donde apenas tenía más
+persona con quien conversar que su hermano el conde Enrique.
+
+Él y ella, habían quedado morando allí provisionalmente, pero pronto
+tendrían que abandonar su antigua vivienda de la que era propietario y
+había tomado ya posesión el hermano mayor de ambos.
+
+Poldy, pues, cavilaba con tristeza y desesperanza sobre su suerte
+futura.
+
+Su hermano Enrique, que gozaba de alta y merecida reputación de sabio,
+muy versado en varias disciplinas, estaba llamado a ser profesor en una
+Universidad, donde su ciencia y su trabajo, habrían de remediar la
+escasez de su patrimonio, dándole para vivir honrada y decorosamente, si
+bien con sobrada estrechez.
+
+Pero ¿cómo Poldy, que era pobre y desvalida también, había de irse con
+su hermano y serle constantemente gravosa? Esto no era posible. A Poldy
+además le dolía en el alma tener que abandonar aquellos lugares, tan
+llenos para ella, de dulces y misteriosos recuerdos.
+
+Por otra parte, Poldy, que amaba la soledad, sentía invencible
+repugnancia a irse a vivir vida conventual, entre otras canonesas, en la
+casa de su instituto. Para vivir sola, según su clase, ya en Viena, ya
+en otra ciudad, sus rentas eran insuficientes. Y por último, contra lo
+que más se sublevaba era contra agregarse a la familia de cualquiera de
+sus hermanos o hermanas y hacer allí el triste papel de huésped
+perpetua, de tía y de acompañanta, viviendo en algo a modo de poco
+airosa dependencia y de mal disimulada servidumbre.
+
+Horror causaba a Poldy cualquiera de estos planes en que trazaba y
+representaba su porvenir. Aún tenía delante de sí todo aquel año que
+empezaba entonces, y durante el cual ella y el conde Enrique, habían
+concertado ya con su hermano mayor, permanecer en el castillo, mientras
+duraba el riguroso luto y acababa de hacerse el deslinde y las
+particiones de la muy corta hacienda, en la que todavía muy poco les
+tocaba.
+
+Pasado el mencionado plazo, Poldy consideraba inevitable su salida del
+castillo, así como tomar decidida resolución para vivir a su gusto y con
+independencia y decoro.
+
+Tal era la desengañada posición de Poldy. Sólo negras nubes, que
+presagiaban tempestad, columbraba, al mirar en todas direcciones, en el
+horizonte de la vida. Sólo una luz incierta, vaga, errante, que bien
+podía ser una estrella, pero que tenía más trazas de engañoso fuego
+fatuo, iluminaba de vez en cuando el vacío y obscuro espacio de su
+cielo. Poldy acababa además de cumplir veintinueve años. Estaba en el
+apogeo de su belleza, en el mejor y más glorioso momento de su mocedad
+briosa, y con la imaginación rica de ensueños y la voluntad movida y
+solevantada por poderosos impulsos de ternura.
+
+
+VII
+
+Pronto desaparecieron las nieves; se oyó el canto de la alondra; calentó
+más el sol y vertió luz más clara; discurrió por el bosque que
+circundaba el castillo un aura vital y fecunda; se tapizó el suelo de
+nueva y menuda yerba, y en los sotos y umbrías de las hondonadas, en la
+margen de los arroyos, comenzaron a brotar florecillas tempranas,
+despuntando con timidez en los álamos, mimbrones y chopos, más
+resguardados de los vientos del Norte, las primeras tiernas hojas.
+Entonces Poldy salió de su retraimiento casero y se lanzó con más
+frecuencia y por más largo tiempo que nunca a sus excursiones y
+meditabundos paseos por los sitios más solitarios de aquellas cercanías.
+
+No poco gustaba ella de ir por intrincados senderos, por donde había más
+flores, por donde era más tupida y frondosa la enramada. No poco gustaba
+ella de sentarse en algún poyo rústico o de pararse a meditar al pie de
+corpulento roble, cuyo añoso tronco estaba revestido de trepadera yedra
+y de madreselva olorosa. Pero todo esto era para después y como recurso
+y consuelo. Lo primero que Poldy hacía todas las mañanas, lo primero de
+que gustaba y a donde iba precipitadamente apenas salía de paseo, era a
+la margen de la laguna a ver si se le aparecía de nuevo la cigüeña
+blanca.
+
+Y como no se le aparecía, ya se quedaba aguardándola largas horas, ya se
+ponía a buscarla por uno y otro lado y hasta penetrando en el obscuro y
+ruinoso torreón que pudiera acaso servirle de refugio. Luego que se
+cansaba de sus vanas pesquisas, cesaba de hacerlas y se dirigía a otros
+puntos del bosque; negra tristeza embargaba su alma, y a veces asomaban
+a sus hermosos ojos, harto involuntariamente, algunas lágrimas que no
+eran ya de las nacidas por el afectuoso recuerdo de su madre difunta.
+
+¿Por qué no volvía la cigüeña blanca? ¿Habría muerto en la India o
+habría emigrado desde la India a otra región distante, olvidando con
+ingratitud el bosque y castillo de Liebestein y la amistad de Poldy?
+
+En estas dudas angustiosas transcurrió todo el mes de Abril.
+
+Era el primer día de Mayo. Poldy, casi desesperada ya de volver a ver la
+cigüeña, acudió, no obstante, como de costumbre, entre diez y once de la
+mañana, a la orilla de la laguna.
+
+Apenas hacía dos minutos que estaba allí, absorta, pensativa y fijando
+larga y melancólica mirada en la tranquila haz del agua, cuando un
+precipitado sonar de alas que venía acercándose estremeció todo su
+cuerpo y alborozó su alma con agradable susto. La cigüeña blanca había
+venido volando, se había abatido a pocos pasos de ella, y ya se le
+acercaba con su lento y majestuoso paso y dando con el pico los
+castañetazos con que solía siempre saludarla.
+
+Indescriptible fue la alegría de Poldy. Su impaciencia fue mayor que su
+alegría. Impulsada por su impaciencia, echó las manos al cuello del
+pájaro zancudo, y empezó a buscar el cordón o la cinta de donde pendiese
+la respuesta que a su carta esperaba. ¡Qué cruel aflicción tuvo
+entonces! No hallaba carta pendiente. No hallaba cinta ni cordón de que
+pendiera. A punto estuvo Poldy de llorar de rabia. Pero la cigüeña, como
+si adivinase su sentimiento, abrió las largas alas y al punto con
+alegría y sorpresa advirtió Poldy que la cigüeña tenía debajo del ala
+izquierda y muy bien atado allí con un fuerte y sutil cordoncillo que
+bajo las plumas se escondía, un largo y delgado canuto o rollo.
+
+Poldy se apoderó de él en seguida y notó que era ligerísimo, que estaba
+precintado y sellado y que era tan fuerte la cuerda del precinto y
+estaba tan bien anudada, que no podía romperse ni desatarse sin tijeras.
+Sobre la exterior superficie del rollo, se veía escrito en lengua y
+letras alemanas: _A su excelencia la graciosa señorita Condesa Poldy de
+Liebestein_.
+
+Hizo Poldy algunos cariños a la cigüeña a fin de mostrar su gratitud, y
+hasta hay quien dice que besó su cabeza en albricias del buen recado.
+Luego Poldy se fue corriendo al castillo para encerrarse en su cuarto,
+cortar el precinto con tijeras y ver lo que el rollo contenía. Había en
+el rollo varios objetos que Poldy fue sucesivamente examinando. Era uno
+la vista fotográfica, prolija y magistralmente iluminada con colores, de
+un extenso y magnífico salón oriental, lleno de primores y de peregrinas
+elegancias. En todo se advertían y se admiraban pasmoso lujo asiático y
+muy acendrado buen gusto. Se diría que era aquello la prodigiosa cámara
+subterránea, donde encontró Aladino la lámpara del Genio. Pendían de las
+paredes armas brillantes, indias, chinas y japonesas; colgaban del techo
+cinceladas lámparas de oro; se veían en torno jarrones, tibores y vasos,
+artísticamente esculpidos, de metales preciosos, de jaspes rarísimos, de
+antigua porcelana y de ataujía o menuda labor de pedrería, marfil,
+bronce y otras materias ricas. Varios ídolos de extrañas cataduras y de
+simbólicas formas, autorizaban y caracterizaban la estancia. Allí
+estaban representados Agni, dios del fuego; Kamala o Kamela, Venus de la
+India, de cuyo nombre proceden, en nuestro vulgar idioma _camama_,
+_camelo_ y sus derivados; y allí estaban también Indra, Varuna y hasta
+la misma Trimurti.
+
+En primer término, sobre una espléndida alcatifa de Persia, y sentado en
+mullidos almohadones de seda, admirablemente bordados, se parecía un
+señor, en la flor de la juventud, cubierto de blanca y rozagante
+vestidura y coronada la gentil cabeza de un amplio turbante, cándido
+también, sobre el cual se erguía un airón o copete de rizadas y lindas
+plumas, sujeto el airón al turbante por una enorme piocha de perlas,
+diamantes y rubíes, que debía valer un imperio. Delante del señor había
+varias mesillas enanas, donde en aúreos y repujados azafates, en ligeros
+canastillos, en esbeltas ánforas y en cálices esmaltados, se ofrecían
+para regalo de la vista, del olfato y del paladar, licores, conservas y
+sazonados frutos. A un lado y a cierta distancia del joven señor, se
+hallaba un rico y elegantísimo narguilé, cuyo flexible y luengo tubo
+tenía el joven señor asido por el extremo, dejando ver la gruesa
+boquilla de ámbar, prendida al tubo por un anillo de refulgentes
+esmeraldas. Al lado opuesto del narguilé, aunque mucho más cerca del
+joven señor, se alzaba, en muy graciosa postura, nuestra ya conocida
+amiga la cigüeña blanca, cuya vista complació a Poldy no poco. No la
+complació tanto, sino que hubo de enojarla y de escandalizarla, aunque
+reprimió el enojo, atribuyendo lo que veía a inveteradas e
+imprescindibles modas orientales, que en el fondo del salón apareciesen
+tres bayaderas, con traje de Apsaras o inmortales ninfas, las cuales
+tejían voluptuosa danza, desceñido y leve el transparente ropaje, los
+brazos y los pies desnudos, luciendo en las gargantas de los pies y en
+los brazos, ajorcas y brazaletes, y dejando ver además las torneadas
+espaldas y los firmes y redondos pechos. Varios músicos, vestidos como
+dicen que se visten los Gandarbas o músicos del cielo de Indra,
+acompañaban la danza con arpas, flautas y violines, y con eróticos
+cantares.
+
+Poldy quedó deslumbrada al contemplar todo esto y formó el concepto más
+alto del esplendor y de la riqueza del señor indio. De su traza personal
+es de lo que aquella fotografía no le daba idea completamente
+satisfactoria. Y no era ese tampoco el propósito de la fotografía, por
+bajo de la cual había este letrero: _mi modo de vivir en Oriente_.
+
+En otra fotografía más pequeña, aparecía ya el joven señor con más
+claros pormenores. Estaba él solo, de cuerpo entero, pero sin accesorio
+ninguno. Su traje, aunque sobrado pintoresco, era más europeo que indio,
+salvo el extraño sombrero que llevaba en la cabeza y que era de los que
+llaman heroínas en Filipinas. La chaqueta o dormán, muy ceñido al cuerpo
+y adornado con alamares, revelaba las formas robustas de su torso y de
+sus brazos. Los calzones eran anchos y cortos. Desde la rodilla hasta la
+planta de los pies calzaba botas de becerro. Pendientes de la ancha
+charpa, de cuero también, que ceñía su cintura, había un revólver a un
+lado y al otro lado un enorme cuchillo de monte. En la mano derecha
+cubierta de guante de gamuza, tenía una escopeta de dos cañones, que
+descansaba en el suelo y sobre la cual se apoyaba. Por bajo, había un
+rótulo que decía: _al ir a caza de tigres_.
+
+Por último, había una tercera fotografía que no dejaba nada que desear.
+Allí estaba el joven señor clara, fiel y nítidamente retratado. Su
+rostro era hermosísimo. Los ojos eran grandes y expresivos; la barba
+parecía sedosa, abundante y muy bien cuidada y atusada. La nariz, un
+tanto cuanto aguileña, daba cierta majestad a su expresión. Y la anchura
+y la rectitud de su frente revelaban poco común inteligencia. Se notaba
+en todo su aspecto un no sé qué de bondadoso, de simpático y de
+egregiamente distinguido. Sus manos sin guantes, aunque fuertes y
+varoniles, eran aristocráticas, muy cuidadas y bonitas, con dedos
+afilados en la extremidad y encanutadas las uñas, en vez de ser cortas y
+chatas. En este retrato, el joven señor estaba vestido enteramente al
+uso de Europa, de toda etiqueta, con corbata blanca y con un frac, tan
+admirablemente cortado y que le caía tan bien, que no soñaría hacerle
+mejor, ni Frank, el de Viena, ni el sastre más famoso de Londres. Por
+bajo de este retrato había otro letrero que decía: _en traje de etiqueta
+para ir a un baile del Lord Gobernador de la India_.
+
+Hechizada quedó Poldy al contemplar los mencionados retratos. Se prendó
+de la hermosura y distinción de su remoto amigo. Y no pudo menos de
+confirmarse en la creencia de que era un príncipe indio _mediatizado_,
+un nababo, o por lo menos un brahman o un _chatria_ de primer orden y de
+mucho fuste.
+
+Imagine ahora el lector el afán, el asombro, las palpitaciones de gozo y
+el raro deleite con que leería Poldy la carta, que también venía en
+rollo y que estaba concebida en estos términos:
+
+
+VIII
+
+«Me repugna y hallo difícil escribir cartas dando tratamiento a quien
+las dirijo, y así, adopto la antigua costumbre de los orientales. Tú me
+permitirás, bella condesa Poldy, que desde luego te tutee sin
+ceremonias.
+
+La cigüeña blanca, que anida años ha en el tejado de la espléndida
+quinta que yo poseo en las floridas márgenes del Ganges, me ha traído
+gratas noticias tuyas, tus dulces palabras y tu divina imagen. Bendita
+sea la cigüeña blanca que tanto bien me ha hecho. Con razón la llamaba
+yo antes Garuda. Ahora le confirmo este nombre sagrado, con el que se
+designa en mi patria al Dios-rey de las aves todas, al alado destructor
+de los dragones y de las serpientes.
+
+En extremo me complace saber que eres de noble extirpe y bastante
+antigua hasta donde cabe en un pueblo que hace pocos siglos era salvaje
+todavía, careciendo de documentos y de archivos que pudiesen acreditar
+la nobleza de persona alguna, y las hazañas de sus progenitores. Estos,
+errantes en las ásperas selvas y en el rudo clima de los países del
+Norte, decayeron de su ilustre origen y olvidaron la primitiva cultura
+de los arios del Paropamiso de donde proceden, y sólo recientemente se
+han civilizado, aprovechándose de los estudios y progresos de los
+hombres del Mediodía. Pero sea de lo dicho lo que se quiera,
+relativamente tú eres noble y me basta, aunque mi clara nobleza preceda
+a la tuya en dos mil años lo menos.
+
+Te hablo con franqueza y desecho adulaciones y galanterías. Así darás
+mayor crédito a mis alabanzas sinceras.
+
+Garuda, por caprichosa y feliz inspiración mía, te llevó unos versos que
+distaba yo mucho de imaginar que pudiesen caer en tan hermosas manos. En
+ellos ponderaba yo mi hastío de cuanto me rodea y el anhelo vehemente,
+que consume mi alma, de hallar objeto, escondido y lejano, que satisfaga
+mis aspiraciones amorosas, las comprenda y las comparta.
+
+Tu retrato y tu escrito han colmado mis votos. Tú eres la mujer de mis
+sueños.
+
+Venerandos brahmanes, antiguos sabios de por acá, que han escrito de
+amores en el Kama Sutra y en otras disertaciones y tratados, exigen
+sesenta y cuatro potencias, prendas o aptitudes, para que exista en
+realidad la _Padmini_ o mujer perfecta. Yo te declaro que, al ver tu
+imagen y al leer tus palabras, he descubierto en ti las sesenta y cuatro
+aptitudes y te he entronizado en mi corazón como reina y señora y he
+reconocido en ti mi _Padmini_, sin cuyo amor no podré tener nunca
+bienaventuranza. Ámame pues, como yo te amo, y hazme dichoso como quiero
+yo que tú lo seas.
+
+Nada puede oponerse a nuestra unión futura. La distancia importa poco.
+No tardaré yo en salvar la distancia, y el día en que menos lo pienses,
+apareceré a tu lado y me verás de hinojos a tus plantas, pidiéndote que
+correspondas al inmenso amor que me inspiras.
+
+No hay ya en mí calidad exótica y peregrina que te prohíba amarme. Yo
+poseo el antiquísimo saber de los brahmanes y de los _chatrias_, de
+cuyas castas combinadas desciendo; pero, he estudiado también y he
+logrado adquirir bastante del moderno saber de Europa. Y no le miro con
+prevención injusta, sino con cariño paternal, como retoño lozano de
+nuestras primeras, altas y fecundas doctrinas. Ya habrás notado que no
+escribo muy mal tu idioma y hasta que he imitado y casi traducido en
+sanscrito versos de Goëthe. No ignoro tampoco las literaturas francesa,
+inglesa y de otros pueblos. Y en lo tocante a religión, te diré con todo
+sigilo, pues no quiero aun escandalizar y alborotar a mis parientes y
+amigos, brahmanes y _chatrias_, que he renegado, tres años ha, de la
+religión brahmánica, y me he hecho, en secreto, tan católico cristiano,
+como tú eres. Se debe esta conversión a cierto Padre jesuita, de nación
+española, que llegó a esta ciudad, procedente de Filipinas y se detuvo
+algún tiempo entre nosotros. Era varón tan ilustrado, tan piadoso y tan
+elocuente y melifluo, que logró convencerme. Dios le bendiga y se lo
+pague. Callo su nombre, porque de seguro no te importa y porque no
+quiero lastimar su extremada modestia. Sólo añadiré que de mi trato
+frecuente con este bendito Padre, ha nacido en mí grande afición a la
+lengua castellana y que he adquirido y leído los mejores prosistas y
+poetas, que en ella han escrito o escriben.
+
+Te callo también mi nombre indio, porque no quiero que le estropees y
+porque es tan enrevesado, que sólo aprenderás bien a pronunciarle por
+medio de la voz viva. Conténtate por ahora, con saber que el venerable
+padre jesuita mi catequizador, me puso al bautizarme, el sevillano
+nombre de Isidoro. No seas voluble: ámame y no me olvides: no te
+enamores de ninguno de esos _dandies_ de la _Hof-Adel_ o nobleza
+palatina de Viena: persuádete de que mi nobleza es por lo menos tan
+clara y sin la menor duda muchísimo más rancia que la de ellos. La de
+ellos constará acaso en antiguos pergaminos, pero la mía consta en
+documentos fehacientes, redactados veinte siglos antes de que el
+pergamino se inventase, y muchos más siglos antes de que en Austria se
+usara y se contara entre los recados de escribir.
+
+Ámame, repito, y ten fe y esperanza en mi amor. No necesitas buscarme,
+sino aguardarme. Pronto me verás a tus pies, adorándote rendido y
+suplicándote con toda el alma que seas la _Padmini_ de tu
+
+ISIDORO.»
+
+
+IX
+
+Contentísima estaba Poldy al inferir y considerar, por la lectura de la
+carta, que su indio era ilustre y rico y que estaba perdidamente
+enamorado de ella. Puntos había, no obstante, en la carta, que hacían
+surgir en el espíritu de Poldy, reparos, contradicciones y hasta quejas.
+Harto jactancioso y nada galante ni fino le pareció el encomio que hizo
+el indio de su nobleza, con grave detrimento y aun menosprecio de la
+nobleza austriaca; pero Poldy excusaba y hasta absolvía al indio,
+conjeturando que en este particular había de estar un tanto cuanto
+agriado su carácter, por que siendo él descendiente de Crishna, de Rama,
+de los Pandues, o tal vez de algún Avatar, encarnación de Vishnú, de los
+que el Mahavarata celebra, se veía sometido a la extranjera dominación
+de los pícaros ingleses.
+
+Poldy disculpaba así a su amigo, pero distaba mucho de darle la razón.
+Pensaba ella que los documentos nobiliarios valen solo cuando goza de
+poder, alta posición y riqueza quien los exhibe, y que todo esto, salvo
+la riqueza, estaba menoscabado y deteriorado en su indio, que al fin era
+un humilde súbdito de S. M. Británica y cualquier inglés empleado de
+Hacienda o cualquier coronel de caballería podría mirarle de alto a
+bajo.
+
+Poldy discurría además, que el que vence y domina es siempre el heredero
+legítimo del vencido y dominado. Y esto en todas las épocas y regiones.
+En la Edad Media, por ejemplo, ya en una encrucijada, ya en abierto
+palenque, topaba un caballero andante con otro, y para probar la
+bizarría respectiva o para hacer confesar al contrario, que su dama era
+la más hermosa, o por quítame allá esas pajas, se arremetían ambos con
+furia y se daban de lanzadas. De resultas caía derribado de la silla uno
+de los dos caballeros, y en el instante, toda la gloria de sus proezas,
+toda la nombradía que sus aventuras y hazañas le habían granjeado, se
+transferían al caballero vencedor como aditamento o apéndice.
+
+Poldy recordaba también haber leído que, allá en América, cuando un
+cacique bisoño, que no había hecho aun cosa de provecho, se encontraba
+de manos a boca con otro cacique veterano, enemigo suyo, y célebre autor
+de doscientas mil ferocidades, y acertaba a darle tan terrible golpe con
+la macana que le derribaba y vencía, la fama toda del cacique veterano
+se trasladaba al cacique bisoño, y hasta era general creencia que en el
+bisoño se transfundían los bríos y la audacia del veterano, sobre todo
+si el bisoño le bebía la sangre o se le comía, crudo o guisado, después
+de haberle muerto.
+
+Deducía Poldy de cuanto va dicho, que los verdaderos nobles del día, son
+los europeos, y muy singularmente los alemanes, porque ejercen con los
+adelantos y mejoras de nuestro siglo, todas las antiguas artes de la paz
+y de la guerra, por donde se señalaron y dominaron el mundo asirios y
+babilonios, medos y persas, egipcios, fenicios y cartagineses, y griegos
+y romanos, cuyas glorias todas, excelencias y privilegios se hallan hoy,
+según Poldy, en resumen, cifra y compendio, en sus egregios
+compatriotas, y por consiguiente en ella también.
+
+A pesar de todo, y después de haber hecho la indispensable rebaja, Poldy
+se complacía en que fuera noble su indio y hasta se figuraba llanísimo
+que fuese él naturalizado, _hof-fähig_ sin la menor dificultad, y que
+asistiese con ella a la corte cuando estuviesen casados.
+
+Como en Austria, además de la nobleza alemana, checa, polaca, húngara,
+rumana, croata, serba, dálmata, etc., la hay de origen irlandés,
+francés, español e italiano, claro está que podría haberla también de
+origen brahmánico y _chatriesco_.
+
+Otra cosa, de las que enojaban algo a Poldy, era la presencia en la
+fotografía de aquellas tres bayaderas tan ligeramente vestidas y tan
+poco modestas y comedidas en sus bailes. Pero también Poldy se mostraba
+indulgente con este desafuero del indio, y si no le disculpaba, le
+explicaba y casi le perdonaba. El indio había tenido bayaderas, y había
+hecho aquella vida rota, de puro oriental, cuando estaba aun sumido en
+las tinieblas del paganismo, pero cuando, gracias al padre jesuita, se
+convirtió a la verdadera religión, Poldy daba por segura su enmienda y
+el abandono en que había dejado sus viciosos deportes.
+
+Lo único que en este negocio la apesadumbraba era que no hubiese sido el
+indio su catecúmeno, porque ella le hubiera convertido mejor que el
+padre jesuita, y no le hubiera dado en la pila bautismal un nombre tan
+feo como el de Isidoro. Poldy ignoraba quizás que había habido un santo
+arzobispo de dicho nombre, famosísimo sabio, que recogió y ordenó en
+sus libros todo el saber de su tiempo, y se atenía a lo que había oído
+decir a una vieja princesa, tía suya, terrible antisemita, la cual
+princesa se empeñaba en afirmar que el nombre de Isidoro era muy común
+entre judíos, por donde le repugnaba de tal suerte, que tuvo tentaciones
+de despedir a un excelente criado suyo porque se llamaba Isidoro, y sólo
+se resignó a conservarle en su servicio obligándole a llamarse Filidoro
+en adelante.
+
+Por lo demás, Poldy no podía estar más alegre ni más satisfecha. El
+istmo de Suez, acababa de abrirse y ya se presentía Poldy atravesando el
+canal, salvando el estrecho de Bab-el-Mandeb, y navegando por el Mar
+Eritreo, con rumbo hacia la India, para visitar las quintas, jardines y
+palacios de su joven esposo.
+
+La venida de éste no podía ya tardar mucho, y Poldy se moría de
+impaciencia por verle vivo y no pintado, en cuerpo y alma y no en
+imagen. Lo que excitaba su curiosidad y le cosquilleaba suavemente las
+telas del cerebro era la condición de _Padmini_, que el joven indio le
+concedía. Ansiosa estaba de leer o de que le leyesen el _Kama Sutra_, y
+de estudiar bien allí las sesenta y cuatro aptitudes o excelencias de la
+_Padmini_, para buscarlas en ella y convencerse de que las poseía y de
+que no era lisonja de su amigo.
+
+En resolución, Poldy estaba inquieta y alborozada, pero con inquietud y
+alborozo, llenos de dulces esperanzas y de amorosas y poéticas
+venturas.
+
+
+X
+
+Muy distraída o muy afanada debía de andar Garuda, cuando no se mostraba
+en la margen de la laguna a donde Poldy iba a buscarla de diario.
+
+El indio seguía también tan invisible como Garuda.
+
+Poldy languidecía de impaciencia, e imaginaba en ocasiones que iba a
+marchitarse su juventud como entreabierta rosa, en cuyo seno, donde no
+cayó el rocío, penetran los rayos del sol en la estación estiva.
+
+En efecto, estaba para acabar ya el mes de Junio y el indio no había
+aparecido.
+
+Una mañana, como de costumbre, entre diez y once, volvía Poldy de la
+laguna, donde en balde había buscado a la cigüeña.
+
+Fatigada y triste, en medio de la senda por donde se volvía al castillo,
+Poldy se sentó, al pie de un olmo, en un asiento rústico, y en lo más
+frondoso, intrincado y bonito del parque. Un arroyuelo cristalino corría
+cerca murmurando. Crecían en su margen blancas y moradas violetas, y
+otras no cultivadas florecillas, que embalsamaban el aire con suave y
+grata fragancia. Floridos rosales de enredadera y otras plantas, que se
+ceñían a los troncos, y pasaban de un árbol a otro, como festones y
+guirnaldas, formaban allí misteriosa espesura y apartado recinto.
+
+Sentada ya Poldy, se puso a meditar, y hubo de distraerse por tal arte,
+que, como vulgarmente se dice, se le fue el santo al cielo. Cual no
+sería su asombro y cual no sería su júbilo, cuando de repente sintió
+ruido y sin tener tiempo para recobrarse, vio llegar a un gentil
+caballero, que se aproximó respetuoso y vino a ponerse de hinojos a sus
+plantas.
+
+Imposible dudar. Era el original de los tres retratos en fotografía.
+Vestido estaba con elegante traje de cazador, pero sin armas, porque no
+iba ya a caza de tigres, sino de palomas. Y en vez del salacot oriental,
+cubría su cabeza un airoso sombrero tirolés adornado con una pluma de
+águila.
+
+El joven derribó por tierra el sombrero y descubrió los negros y
+abundantes rizos de su cabeza, antes de postrarse de rodillas.
+
+Profunda fue la emoción de Poldy. El corazón le daba brincos en el
+pecho. El joven le pareció mucho más bello en el original que en los
+retratos, y cuando oyó su voz, argentina, melodiosa, y rica de tonos
+persuasivos y suaves, que roban la prudencia y la calma, apenas pudo
+sostenerse y pensó que se desmayaba.
+
+En aquella situación no era dable diálogo alguno. ¿Qué podían decirse
+los dos enamorados? ¿Con qué frases, en qué sobrehumano idioma
+acertarían a expresar sus agitadores sentimientos?
+
+Solo dijo él:
+
+--Aquí estoy, Poldy. Tuya es mi vida. Quiero ser y seré tuyo para
+siempre. Yo te amo, yo te idolatro, yo te adoro.
+
+¿Qué había de contestar Poldy, muda de asombro, radiante de alegría, y
+con el amor y el pudor luchando en su alma?
+
+Hizo, no obstante un esfuerzo y se puso de pie, aunque turbada y
+vacilante.
+
+Entonces él se levantó también y la estrechó irresistible y
+cariñosamente entre sus brazos. Luego, juntó su rostro al de ella y
+cubrió de besos su frente, sus mejillas y su fresca boca.
+
+Conoció Poldy al fin el peligro en que se hallaba, se avergonzó de ceder
+con tanta facilidad a quien veía y oía por vez primera; y, prestándole
+fuerzas su lastimado decoro, rechazó con violencia a su amante, se
+desprendió de entre sus brazos, y procuró guarecerse de su atrevimiento
+huyendo desalada y refugiándose en el castillo.
+
+A solas en su estancia, se repuso Poldy de su temor, logró calmarse, y
+en el fondo de su alma no pudo menos de conceder su perdón al príncipe
+indio. ¿Qué no perdonará una mujer a un joven gallardo y elegante,
+enamoradísimo de ella, y que viene a buscarla y a ofrecerle su mano
+desde tan remotos países? Y por otra parte, ¿qué había de hacer él
+cuando ella había enmudecido, trémula y palpitante, y no respondía a sus
+palabras? Si el indio no hubiera hecho lo que hizo, o hubiera sido un
+ente sobrehumano de los que no se estilan, o un mozalvete ruin,
+desmedrado y muy para poco.
+
+Así pensó Poldy. Yo no digo si pensó bien o si pensó mal. Digo solo que
+pensó así y que, en consecuencia de tales premisas, echó allá en su
+mente la absolución al joven indio.
+
+Sacó luego de un cajón de su escritorio la fotografía iluminada y con
+morosa delectación se puso a contemplarla.
+
+Tan embebecida estaba en esto, sentada junto a su bufete, donde había
+extendido la fotografía, que no vio ni oyó lo que pasaba en torno suyo.
+
+De súbito, y cuando menos lo temía, oyó detrás de ella una estridente y
+sonora carcajada, tan diabólica y tan burlona como puede darla el más
+consumado cantante, haciendo el papel de Mefistófeles y atormentando a
+Margarita, en la ópera del _Fausto_. Con mucho sobresalto volvió Poldy
+la cara y vio apoyado en el respaldar de su silla a su hermano Enrique,
+con su facha de duende maligno, que se reía a casquillo quitado.
+
+De ordinario era Poldy apacible y afectuosa con todas las gentes y
+singularmente con su enfermizo hermano, para quien no tenía palabra
+mala. Pero entonces la cegó la ira y dijo con cruel desabrimiento al
+Conde Enrique:
+
+--¿De qué te ríes, imbécil? ¿De qué te ríes?
+
+--Pues me río, contestó el conde tartamudeando, pues me río...
+
+--Vamos... interrumpió ella. Di, explícate. Dios te dé habla.
+
+--Pues me río del enredo novelesco que has armado en tu cabeza,
+convirtiendo en príncipe indio o en algo semejante... a mi antiguo amigo
+y camarada de universidad, Isidoro Ziegesburg.
+
+--Esas son simplezas tuyas. El indio se parecerá a un estudiante que tú
+conociste. ¿Pero de dónde había de sacar el tal estudiante todas las
+magnificencias indostánicas, todos los peregrinos tesoros de que en esta
+fotografía aparece rodeado?
+
+--Mira, hermana, mi amigo es tan rico y abundan tanto en su casa los
+objetos de toda laya, que lo mismo que aparece como indostaní en la
+fotografía, hubiera podido aparecer griego del tiempo de Pericles,
+magnate egipcio de la época de los Faraones o de los Ptolomeos, Mirza
+contemporáneo de Hafiz o señor feudal del siglo de la primera cruzada. Y
+siempre con las alhajas, primores, requisitos y demás accesorios que a
+cada personaje caracterizan y son propios. Isidoro Ziegesburg, en una
+palabra, posee el más completo y admirable bazar de antiguallas y
+curiosidades que hay en Viena. ¿Qué digo en Viena? en toda Europa no hay
+otro que se le iguale. Isidoro, así por lo que heredó de su padre, como
+por lo que ha traído de sus peregrinaciones por todo el mundo, durante
+cuatro años, es el más notable y acreditado de todos los chamarileros.
+Comprendo lo que ha pasado y por eso me río. Me río sin poderlo
+remediar.
+
+Y el conde Enrique se reía, y Poldy poniéndose colorada como las
+amapolas, estuvo a punto de darle de bofetones.
+
+El conde advirtió que su hermana estaba furiosa, refrenó su hilaridad y
+siguió diciendo:
+
+--Lo comprendo todo, porque Isidoro posee una bonita casa de campo a
+ocho kilómetros de este castillo. No extraño que lo ignores, porque tú
+estás siempre en Babia, arrobada en tus ensueños y sin ver la realidad
+de las cosas. Sin duda, en la citada casa de campo, ha de tener Isidoro
+algunos animales domesticados, y entre ellos la cigüeña blanca. Tuvo un
+día el capricho de colgar al cuello de la cigüeña las tres poesías
+sanscritas, de cierto compuestas por él, porque es muy ingenioso y
+aprovechado estudiante. El quiso embromar a alguien, sin prever a quien
+embromaría. Y quiso la suerte que los versos cayesen en tus manos y
+fueses tú la embromada. Lo demás que ha podido ocurrir, lo sabes tú
+mejor que yo.
+
+--Sí que lo sé, dijo Poldy, más triste ya y más abatida que airada. Y
+pregunto yo ahora: ¿es incompatible el ser chamarilero y el pertenecer a
+la nobleza?
+
+--En manera alguna es incompatible. Sujetos de muchas campanillas gustan
+en el día de hoy de hacer cambalaches y de comprar y vender antiguallas
+y curiosidades de todo género. Yo he oído decir al mismo Isidoro, cuando
+acababa de volver de sus peregrinaciones, que en Lisboa tenía un
+estupendo baratillo nada menos que un Palha, individuo de una de las más
+ilustres y antiguas familias portuguesas, según lo atestigua Cervantes
+en el _Quijote_. Y sin ir tan lejos, en la misma capital de Austria, hay
+un egregio conde que tiene tienda de cristalería, y otro muy distinguido
+caballero que la tiene de tejidos de lana en la calle de Carintia.
+¿Porqué pues, sin desdoro de sus timbres y blasones, no ha de tener un
+baratillo un señor de noble prosapia?
+
+--Acaso, dijo Poldy, Isidoro de Ziegesburg entre en esa cuenta. Acaso
+figure su nombre en el cuadro genealógico de las casas principescas,
+ducales y comitales, que publica todos los años el almanaque de Gotha, o
+por lo menos en el libro de los condes, que también da anualmente a la
+estampa el mismo editor Justo Perthes.
+
+--Desengáñate, hermana. No te canses. Yo debo decirte la verdad, aunque
+te aflijas. Y la verdad es que Isidoro Ziegesburg es un judío.
+
+No bien el conde Enrique hubo pronunciado aquella palabra, que sonó como
+la trompeta del juicio en las encendidas orejas de Poldy, criada y
+educada, por su madre y por su tía, desde la tierna infancia en el más
+feroz antisemitismo, cuando Poldy empezó a temblar como una azogada y
+tuvo un violento ataque de risa nerviosa. Tan violento fue que el conde
+Enrique se llenó de miedo, llamó al aya e hizo que trajesen a Poldy una
+taza de tila.
+
+Cuando al fin se calmó Poldy, y cuando pasó su risa insana, empezó a
+suspirar y a sollozar, y derramó un mar de lágrimas.
+
+Todavía se notaba en ella un raro movimiento nervioso. Con el pañuelo se
+secaba el llanto, pero se restregaba el pañuelo con violencia por las
+mejillas y por los labios, como si quisiese arrancarse la piel y los
+besos que en ella había estampado el príncipe indio, convertido ya en
+chamarilero israelita.
+
+
+XI
+
+Luego que Poldy consiguió sosegarse un poco, cayó en muda y honda
+melancolía. Nada dijo a su hermano ni a su aya. Ellos no se atrevían a
+interrogar a Poldy. Encerrada en su estancia, no iba ya a pasear por el
+bosque. Apenas se dejaba ver y tratar por las personas que en el
+castillo moraban.
+
+Entre tanto, el joven Isidoro fue tan audaz que se aventuró a venir a
+visitarla, no ya recatadamente, sino en elegantísima victoria, tirada
+por dos soberbios trotones rusos, con la cual llegó hasta la puerta del
+castillo, subió las escaleras, y se empeñó en entrar a ver a la joven
+condesa. Por fortuna se opuso el aya que le recibió en la antesala.
+Isidoro dejó tarjeta y se retiró mal contento.
+
+No desistió sin embargo, y repitió otras tres veces la tentativa. A la
+cuarta vez, por orden de Poldy, el aya salió a desengañar a Isidoro, le
+afeó su tenacidad y atrevimiento, y le dijo que era inútil que volviese
+por allí a enojar y a atormentar a Poldy, que nunca habría de recibirle
+y a quien no volvería a ver en la vida.
+
+El horror antisemítico que embarga el ánimo de la nobleza austriaca
+explica la conducta de Poldy, que parece extravagantísima y hasta
+inexplicable en España.
+
+Poldy se había enamorado entrañablemente de Isidoro, pero, siendo él
+judío, juzgaba ella imposible aceptarle primero por novio y luego por
+esposo. El caso sería mirado como una abominación sin ejemplo. Los
+hermanos de Poldy dejarían de reconocerla por hermana, sus tíos y tías,
+por sobrina, y toda la _hig-life_ vienesa de dieciséis cuarteles, la
+expulsaría de su seno como individuo degradado y corrompido.
+
+Al pensar Poldy en esto, los cabellos se le erizaban y temblaba y
+tiritaba todo su cuerpo como si discurriese por él el frío que precede a
+la calentura.
+
+Resuelta estaba Poldy a no volver a ver a Isidoro: pero no había
+previsto otra cosa y no había formado sobre ella plan ni propósito.
+
+A los pocos días de haberse negado ya por completo y para siempre a ver
+a Isidoro, Poldy recibió por el correo una carta suya. Tal vez, sin
+reconocer la letra, abrió la carta, tal vez reconoció la letra del sobre
+y sin embargo le rompió. De todos modos, una vez abierta la carta, Poldy
+no pudo resistir a la curiosidad y al interés que le inspiraba lo que en
+ella estaba escrito. Leyó pues, y vio que decía: «El enojado, el
+quejoso, debía ser yo y no tú, hermosa Poldy: pero el amor que me
+inspiras es tan alto que no se le sobreponen los enojos y es tan firme
+que no hay queja que le hunda ni acabe. Sigo, pues, adorándote, apesar
+de todos los agravios. No fui yo quién te solicitó. Tú me provocaste, tú
+me excitaste a que te amara enviándome tu retrato con un apasionado
+escrito. Me creiste brahman, nababo, príncipe de la India o cosa por el
+estilo; y, no puedes negarlo, me amaste entonces. ¿Hay nada más
+irracional, ni más absurdo que tu desamor y tu furor de ahora, porque
+sabes que, en vez de ser brahman, soy israelita? Yo seguí tu humor al
+principio, fingiéndome brahman, pero, en lo tocante a nobleza no fingí
+nada. ¿Quién te ha dicho que un judío no puede ser noble? ¿De dónde
+infieres que tengo yo menos cuarteles que tú? Yo puedo presentarte mi
+evidente genealogía que se remonta hasta el mismo patriarca de Ur de los
+caldeos, pasando por reyes, caudillos, jueces y profetas. ¿Dónde andaban
+los germanos ni qué eran cuando el poderoso rey Salomón, mi pariente,
+erigía suntuoso templo al Dios único?
+
+Creado su concepto en la mente de los hombres de mi casta, por ellos fue
+revelado al resto del humano linaje, idólatra y ciego. También el rey
+Salomón fundaba a Tadmor, espléndido oasis para las caravanas que iban a
+las orillas del Eufrates, y mandaba sus triunfadoras naves juntas con
+las de Hiram, a Ofir y a Lanka por un extremo, y a Gadir, a Tarsis y aún
+a las remotas Casitérides por el otro. Desde allí le traían, para
+autoridad, pasatiempo y deleite de él y de sus súbditos, cobre, estaño y
+ámbar, cándidas pieles de armiños y de cisnes, jimios y papagayos,
+especierías y perfumes, perlas y diamantes, marfil y oro.
+
+Alguien de mi familia privó con Ciro el Grande y volvió con Zorobabel a
+reedificar la Ciudad Santa. De mi familia fue también el glorioso
+pontífice que infundió en el ánimo engreído y triunfante del Macedón
+Alejandro, súbito acatamiento y saludable temor de las cosas divinas.
+Alguien de mi familia combatió gloriosamente por la patria al lado de
+los Macabeos y derrotó al rey de Siria Antioco Epifanes. Ve tú pensando
+mientras yo recuerdo estos sucesos que puedo demostrarte, en que pobre
+choza o en que miserable zahurda estaba metida entonces tu desarrapada y
+salvaje parentela. Las brutales persecuciones de Demetrio Soter, después
+de la funesta batalla y de la heroica y gloriosísima muerte de los
+Macabeos, movieron a mi familia a emigrar a España. No quiero pecar de
+prolijo ni ser tildado de jactancioso, y por eso no cuento aquí por
+menudo las cosas extraordinarias que en España hicimos. Te diré, no
+obstante, que fue mi cercano pariente aquel gran rabino de Toledo que
+redactó la exposición, y fue el primero en firmarla, dirigiéndose a
+Caifás y tratando de convencerle, para que no condenase al santísimo
+Hijo de María. Al lado del rey Alfonso VI de Castilla combatieron como
+héroes mis antepasados, contra la bárbara invasión de los almoravides,
+en la sangrienta rota de Zalaca. Yo cuento en mi familia inspirados
+poetas y admirables filósofos y teólogos, gloria de la Sinagoga española
+y de todo el judaísmo. Entre ellos descuella Jehuda Leví, el Castellano,
+a quien Heine celebra con entusiasmo fervoroso. El beso que Dios, al
+crearla, dio a su alma, viéndola tan bella, resuena aún en los cantares
+de aquel trovador admirable y produce divino encanto en los nobles
+espíritus que son capaces de sentirle y de comprenderle. Mi familia se
+estableció más tarde en Lucena, provincia de Córdoba, centro floreciente
+de las academias y liceos judaicos, donde las ciencias y las artes se
+cultivaron con abundante fruto. De allí salieron médicos, astrónomos,
+hombres de Estado y ministros de hacienda para multitud de monarcas,
+cristianos y muslimes, de los que reinaron en la península. Nosotros
+poseíamos un pintoresco castillo o quinta de recreo, en el ameno
+nacimiento del río, cerca de la villa (hoy ciudad) de Cabra, y por eso
+tomamos el apellido de Castillo de Cabra, que traducido al alemán llevo
+ahora. Arrojados de España por el fanatismo antisemita, vinimos a parar
+a Austria, donde somos hoy víctimas de no menor absurdo fanatismo. Y no
+es lo peor el odio, sino el infundado desprecio con que nos tratáis.
+¿Qué he hecho yo, qué ha hecho mi casta para que seamos así
+menospreciados? El dinero que ha ganado mi padre y el dinero que he
+ganado yo, ha sido ganado honradamente. Y para no cansarte, no digo aquí
+nada más de mi nobleza. Sólo me atreveré a indicar que todavía hay en
+España familias de las más altas clases, que se convirtieron a la
+religión cristiana en el siglo XV, y con las cuales me sería harto fácil
+probar mi parentesco. Baste lo dicho para que te inclines, oh hermosa
+Poldy, a desechar tu loca repugnancia, impropia del clarísimo
+entendimiento que Dios te ha dado, y para que vuelvas a recibirme, me
+ames y seas mía.»
+
+En Austria nadie sabe de fijo lo que hizo Poldy después de leer tan
+arrogante y disparatada carta. La general creencia es sin embargo la de
+que Poldy, aunque perdidamente enamorada del judío, no cedió ni se
+rindió a sus razones. Muy por el contrario, todos por allá dan un fin
+trágico y misterioso a la presente historia.
+
+El castillo de Liebestein está solitario y ruinoso. En sus sombríos y
+desapacibles salones, llenos de polvo y telarañas, se afirma que vagan y
+circulan por la noche duendes y almas en pena.
+
+El conde Enrique se fue de profesor a no sé qué universidad, donde vive
+aún.
+
+Y en cuanto a Poldy, unos aseguran que se ahogó bañándose, y dan otros
+por cierto que, de propósito y movida por la desesperación, se arrojó
+desde una barca en la vaguada o centro mismo de la corriente del
+Danubio, y hasta añaden que con una gruesa piedra atada al cuello, para
+hundirse en el fondo, para que nadie pudiera salvarla y para que no
+resurgiese y se encontrase su cadáver.
+
+
+XII
+
+Sin faltar descaradamente a la verdad, no hubiera podido tener mi cuento
+fin menos lamentable y menos vago, a no ser por un dichoso encuentro
+casual que tuve en Nueva York diez o doce años después de la
+desaparición de Poldy.
+
+En el espléndido club, donde iba yo a comer casi de diario, me encontré
+a un rico y amable comerciante de origen español, trabé con él amistad y
+acabamos por hacernos muy íntimos.
+
+Era hombre de cuarenta y cinco años a lo más, pero parecía más joven por
+lo muy guapo, alegre y elegante.
+
+Nos reconocimos como paisanos de la patria chica, o sea de determinada
+comarca, porque si no él, no pocos de sus antepasados fueron cabreños.
+
+Ya adivinará o sospechará el lector que este amigo mío, aunque
+naturalizado ciudadano de la Gran República, era y se llamaba Don
+Isidoro Castillo de Cabra.
+
+Pronto me contó hasta los ápices y hasta los más escondidos lances de su
+vida. Poldy había luchado, durante algunos meses, en espantosa
+indecisión, entre el amor que Isidoro le inspiraba y los deberes más o
+menos artificiales, que la ligaban a su patria, a su familia y a la alta
+clase a que pertenecía.
+
+Por último, el amor triunfó en el alma de Poldy, mas no para quedarse en
+Austria desdeñada y aborrecida de sus hermanos y parientes. No: esto era
+imposible. Poldy tomó una resolución extrema, pero, en su caso, bastante
+justificada. Hizo correr la voz de que había muerto, se casó
+católicamente con el judío converso, y cambiando, o mejor dicho
+traduciendo su nombre, se vino a vivir con él a los Estados Unidos.
+
+Isidoro se trajo todo el dinero que tenía y no pequeña parte de los
+preciosos chirimbolos, joyas y antiguallas de su bazar. El resto, así
+como los predios urbanos y rústicos de que en Austria era dueño, lo
+dejó al cuidado de un tío suyo muy de fiar y muy hábil.
+
+En los Estados Unidos entró en grandes empresas y especulaciones y
+aumentó sus bienes de fortuna en vez de disminuirlos.
+
+El venía a Nueva York dos o tres días cada semana para despachar sus
+negocios que, por haber muy entendidos dependientes en su escritorio, no
+requerían de continuo su presencia. De aquí que la mayor parte del
+tiempo se le pasase en una quinta que había hecho construir a las
+orillas del Hudson, imitando en lo posible la traza y arquitectura del
+castillo de Liebestein. Como la quinta estaba sobre una peña, a
+semejanza del castillo, tuvo Isidoro la ocurrencia de darle casi el
+mismo nombre, aunque en lengua castellana y recordando un sitio muy
+romántico que hay entre Antequera y Archidona. La quinta de Poldy se
+llamó la _Peña de los Enamorados_.
+
+Distaba la quinta mucho más de Nueva York que de Albany, capital del
+Estado de Nueva York, pero, como los trenes del ferrocarril van con
+extraordinaria rapidez en aquella tierra, y es deliciosa la navegación
+en los magníficos vapores que suben y bajan por el río, poco molestaba a
+Isidoro para ir y venir que fuese algo mayor la distancia. En cambio
+Poldy gustaba del sosiego y de la tranquilidad del campo y aborrecía el
+bullicio malsano de las ciudades muy populosas.
+
+Rara vez Poldy iba a Albany y más rara vez aun iba a Nueva York. En su
+quinta gozaba ella de todo el bienestar, lujo y regalo, que ofrece la
+civilización moderna a los que son muy ricos.
+
+Poldy, aun saliendo poco, y para verse al espejo, y para que su marido
+la viese, se vestía a la última moda, con esmero, buen gusto y acendrada
+elegancia.
+
+Isidoro me llevó a la quinta, me presentó a Poldy y tuve el placer y la
+satisfacción de admirarla. Aunque frisaba ya en los cuarenta años, el
+sol de su hermosura brillaba en el cenit y ella parecía una diosa.
+
+Admirable era la hospitalidad conque acogía en su casa a los huéspedes,
+contribuyendo a este fin el privilegiado talento de su cocinero, artista
+de primer orden.
+
+Dos hijos tenía Poldy: una niña de ocho años y un niño de seis, que eran
+dos ángeles de puro bonitos.
+
+Garuda, la cigüeña blanca, animal que goza de larguísima vida, vivía
+mansa, doméstica y feliz en la quinta, como si para ella el tiempo no
+corriese. Más bien había ganado que perdido, porque el plumaje de la
+pechuga, que tenía antes un viso ceniciento, había adquirido el brillo y
+la blancura de la nieve. Garuda parecía el genio familiar de la casa, el
+vivo resumen de los lares y penates de aquel hogar transportado desde el
+centro de Europa a la opuesta orilla del Atlántico.
+
+No quiero decir más para encarecer la felicidad de que Isidoro y Poldy
+gozaban, a fin de no excitar la envidia de los que me lean. Voy, pues,
+a terminar, haciendo una súplica a los lectores: que se callen lo que
+aquí revelo y no se lo escriban a los treinta o cuarenta condes y
+condesas, hermanos, tíos, cuñados y sobrinos de Poldy, para que no se
+aflijan ni se escandalicen.
+
+
+
+
+EL CAUTIVO DE DOÑA MENCÍA
+
+
+I
+
+Pocos días ha recibí el prospecto de un libro muy curioso que va a
+publicarse en Córdoba. Contendrá la historia de las ciudades, villas y
+fortalezas de aquel antiguo reino. Me hizo esto recordar ciertos
+sucesos, que me contó mi amigo D. Juan Fresco, como ocurridos hace ya
+cuatrocientos treinta años en el castillo de la población en que él
+vive. Ignoro si dichos sucesos serán todo ficción, o si tendrán algún
+fundamento histórico. Ya se encargarán de dilucidarlo los que escriban
+el mencionado libro, ora consultando otros antiguos que deben de andar
+impresos, ora en vista de Memorias y demás documentos manuscritos que ha
+de haber en abundancia. Yo no quiero meterme en semejantes honduras. Me
+inclino, sin embargo, a creer que en mi historia, si hay alguna ficción,
+hay también mucho de verdad en que la ficción se funda: el grave
+testimonio de mi querido y erudito amigo D. Aureliano Fernández-Guerra,
+a quien oí referir no pequeña parte de los sucesos cuya narración me
+complazco en dedicar ahora a su inolvidable espíritu.
+
+D. Aureliano tenía hacienda de olivar y viña en el cercano lugar de
+Zuheros; iba a menudo por allí, y se preciaba de saber, y había
+investigado y de seguro sabía, todo cuanto desde muchos siglos atrás
+había acontecido en aquella comarca. A pesar de todo, desisto de
+averiguar, para no comprometerme, lo que hay de verdad y lo que hay de
+mentira en el cuento, y voy a referirle aquí como me le contó mi tocayo.
+
+Los fuertes muros y las ocho altas torres están hoy como en el día en
+que se edificaron. No falta ni una almena. Dentro de aquel recinto
+pueden alojarse bien doscientos peones y más de ochenta caballos. De la
+cómoda vivienda señorial no queda ni rastro. Han venido a sustituirla un
+molino aceitero con alfarge, trojes y prensas, que durante la vendimia
+sirven también de lagar, un grande alambique con agua corriente, y
+extensas bodegas para aceite, aguardiente, vinagre y vino.
+
+Allá por los años de 1470 era todo aquello muy distinto. Extraordinaria
+importancia estratégica tenía la fortaleza, como construida en una
+altura, sobre enormes peñascos, que en gran parte le servían de
+cimiento. En el centro había cómoda habitación, casi un palacio, donde
+se albergaba el alcaide o señor que mandaba la hueste. Veinte años
+hacía que dicho alcaide, lleno de ardor juvenil, había salido en
+imprudente expedición contra los moros de Granada. Pasando por Alcalá la
+Real, había entrado en la Vega por Pinos de la Puente, causando mucho
+daño, talando algunos plantíos y sembrados, y cobrando no poco botín en
+cortijadas y alquerías. Pero al volver rico y triunfante para su
+castillo, en los agrios cerros y en el espeso bosque de encinas que hay
+entre Pinos y Alcalá, cayó en una celada que los moros, más de mil en
+número, le habían preparado, y allí murió combatiendo heroicamente
+contra ellos.
+
+La viuda de D. Jaime, que así se llamaba el muerto adalid, quedó como
+única señora y alcaidesa del castillo.
+
+Era su nombre doña Mencía. Sobrina del Conde de Cabra, se había criado
+en la casa de aquel ilustre prócer. Apasionadamente enamorada del gentil
+caballero D. Jaime, venido de Aragón a ponerse al servicio del Conde, y
+muy señalado ya por su habilidad y su brío en todos los ejercicios
+caballerescos, por sus notables proezas y hasta por su talento y
+maestría en el gay saber, el Conde no tuvo que oponer razón alguna
+contra la boda, y consintió en que don Jaime y doña Mencía se casasen,
+dando en dote a la doncella el dominio y la alcaidía del castillo de que
+voy hablando.
+
+Sin duda para mostrarse más digno de su encumbramiento, D. Jaime
+acometió la arriesgadísima empresa que causó su muerte. Diecisiete años
+acababa de cumplir doña Mencía cuando se quedó viuda. Amarga y
+desconsoladamente lloró la muerte de su gentil e idolatrado esposo.
+Vistió severísimo luto, hizo una vida retirada, y en los veinte años que
+se siguieron hasta el día en que empieza esta historia, no salió del
+castillo sino para dar solitarios paseos.
+
+En aquellos tiempos, las tierras todas del Rey de Castilla estaban
+llenas de discordias y alborotos. No había paz ni seguridad en parte
+alguna, sino robos, sangrientos combates, muertes y estragos. Los
+grandes señores, por particulares rencillas y opuestos intereses, se
+hacían cruda guerra unos a otros. El reino, además, estaba dividido en
+dos opuestos y principales bandos. Fiel uno al rey D. Enrique, pugnaba
+por sostenerle en el trono. El otro le había negado la obediencia, le
+había depuesto en Avila con cruel e infamante ceremonia, y reconocía
+como soberano al príncipe D. Alfonso, hermano menor del rey. El reino de
+Córdoba ardía en disensiones, como todo el resto del país. Rara
+prudencia y singular entereza supo mostrar doña Mencía para conservarse
+en cierto modo neutral estando tan divididos los ánimos, sin dejar de
+ser fiel y sin faltar al pleito homenaje que a los de su casa y familia
+les era debido.
+
+Todos respetaban a doña Mencía, la cual, gracias a su austeridad y
+recogimiento, estaba en opinión de santa. La hacía aún más respetable,
+prestándole algo de misterioso y sobrenatural, el que hubiese pocas
+personas que se jactasen de haberla visto, ni menos hablado. Se
+aseguraba, no obstante, que era hermosísima mujer, de treinta y siete
+años, pero que parecía mucho más joven por la esbeltez, elevación y
+gallardía de su cuerpo. Se decía que sus cabellos eran negros como la
+endrina, que sus ojos brillaban como dos soles, que tenía manos muy
+bellas y señoriles, y que la palidez mate de su terso y blanco rostro
+estaba suavemente mitigada por el sonrosado y vago matiz que arrebolaba
+sus frescas mejillas. Doña Mencía apenas conversaba con más personas que
+con el Padre Atanasio su capellán, con Nuño, su escudero y maestresala,
+y con la hija de Nuño, Leonor, que era su íntima servidora y confidenta.
+
+Mucho lamentaba doña Mencía, en sus conversaciones con el Padre
+Atanasio, los escándalos y las civiles contiendas que asolaban el país y
+tenían a sus hombres de más valer armados unos contra otros.
+
+Doña Mencía había deplorado la violenta resolución tomada por D. Alonso
+de Aguilar de prender en la misma casa del Ayuntamiento de Córdoba al
+mariscal D. Diego, primo de ella, y de tenerle encerrado durante algunas
+semanas en el castillo de Cañete; pero más deploraba aún el desafuero de
+D. Diego desafiando a D. Alonso, contra la expresa voluntad y orden del
+Rey, que quería paz entre ellos, y de llevar adelante el desafío bajo el
+amparo del Rey moro, que le dio campo y palenque en la vega de Granada.
+Allí citó y aguardó D. Diego a D. Alonso; y como éste no acudiese al
+desafío, D. Diego, declarado vencedor por el Rey moro, ató a la cola de
+su caballo un cartelón donde iba escrito el nombre de D. Alonso de
+Aguilar con la calificación de alevoso, y le arrastró por el suelo con
+ignominia. Terrible fue la afrenta; pero D. Alonso la sufrió con
+paciencia magnánima, reservando su valor para más patrióticos y altos
+empeños, según supo mostrarlo en el resto de su vida y en su muy
+gloriosa y trágica muerte.
+
+
+II
+
+La soledad y la monotonía de la existencia de la alcaidesa no habían
+tenido la menor alteración a pesar de una extraña novedad que había en
+el castillo desde hacía una semana. Doña Mencía custodiaba en él a un
+huésped, o, mejor dicho, a un prisionero. Su primo D. Diego había
+exigido que le custodiase, imponiéndole además como un deber el
+abstenerse de preguntar el nombre del huésped, el cual, por su parte,
+había prometido también no revelar su nombre. Don Diego tenía grande
+interés en que no se supiese el nombre de su prisionero, y hasta en que
+se ignorase que tenía prisionero alguno. Por eso no quiso llevarle ni a
+Cabra ni a Baena, y le llevó al castillo de doña Mencía, donde no había
+más gente que la guarnición, y bajo cuyo amparo no se había fundado aún
+la villa que hoy existe. Doña Mencía tuvo que ceder a la imposición de
+su primo; pero gustaba tanto de la soledad, y era tan poco lo que le
+importaban los sucesos del mundo, que no quiso ver al cautivo que su
+primo le trajo, y le confió a Nuño, para que éste le vigilase, alojase y
+cuidase con esmero, como a persona principal, y según D. Diego quería.
+
+La dama del castillo supo sólo que su huésped o prisionero era un rapaz
+imberbe, que tendría dieciséis años a lo más, y del que D. Diego se
+había apoderado, sorprendiéndole sin armas y en compañía de otros
+rapaces cazando pajarillos con red y con liga, cimbel y reclamos, en las
+orillas de un arroyo no lejos de Monturque.
+
+En su estrado estaba doña Mencía, sola y entregada a sus rezos, en una
+hermosa mañana del mes de Abril, cuando su doncella Leonor entró
+precipitadamente, asustada y llorosa, y se echó a sus pies pidiendo
+perdón y refugio.
+
+--Yo no tengo la culpa, señora; yo no tengo la culpa. Mi padre se enoja
+contra mí, y quiere matarme sin justo motivo. El rapaz que está
+prisionero es el más descomedido e insolente de los rapaces. Me
+sorprendió al pasar yo sola por la galería, me requebró con
+desenvoltura, me asió luego entre sus brazos, y a pesar de mi
+resistencia y de mis gritos, me dio muchos besos. No sé cuántos, porque
+me los dio tan de prisa que no tuve tiempo para contarlos. Llegó en esto
+mi padre y agarró al rapaz de una oreja, tratando de castigarle; pero el
+rapaz, que debe de ser fuerte y ágil, le echó la zancadilla, le derribó
+por tierra y se largó con risa. Mi padre se levantó renqueando, y,
+ansioso de vengar el agravio recibido, vino furioso contra mí. Yo,
+señora, me refugio aquí, y me pongo bajo tu amparo. Defiéndeme, señora;
+mira que soy inocente.
+
+La grave doña Mencía frunció el entrecejo al oír la narración de aquel
+lance; pero en la cara, en el acento y en las frases de Leonor reconoció
+su sinceridad y que no era culpada; la levantó del suelo en que estaba
+de hinojos y le aseguró que la defendería. Toda su cólera estalló con
+vehemencia contra el atrevido rapaz, que con tan liviano desacato
+ofendía su casa. Llamó a Nuño, le exigió que absolviese a su hija de
+culpas que en realidad no tenía, y le ordenó que, sin entrar en nueva
+lucha con el rapaz, y sin acudir tampoco a otras personas para que no se
+enterase nadie de lo ocurrido, trajese al rapaz a su presencia para que
+ella le reprendiese duramente, como él merecía.
+
+Cumplió Nuño las órdenes, y pocos instantes después compareció el rapaz
+ante la hermosa dama, que le recibió, como juez severísimo, con
+imponente autoridad y compostura. Nuño y Leonor se retiraron a una señal
+de la dama. Esta quedó sentada en un sillón de brazos, como si fuera
+tribunal o trono. El rapaz estaba de pie enfrente de ella, con ademán
+muy respetuoso por cierto, pero en manera alguna temeroso ni turbado.
+Con enérgicas palabras la dama le echó en cara su fea conducta, le
+amonestó para que se corrigiese, y le exigió que pidiera perdón de su
+culpa. Él contestó de esta suerte:
+
+--Yo, señora mía, me confieso culpado, y estoy dispuesto a pedirte
+humildemente perdón, de rodillas delante de ti. Si alguna disculpa
+tengo, válganme como tal mis verdes mocedades y mi completa
+inexperiencia de las cosas del mundo. Yo me figuré, señora, que me
+hallaba en la cumbre de una montaña, y muy cerca de una nube que parecía
+de carmín y de oro, por lo cual gusté tanto de ella que me atreví a
+abrazarla y aun a besarla; pero la nube se me desvaneció y deshizo, y
+entonces apareció el sol que la nube me ocultaba, y cuyos divinos
+reflejos eran los que habían dado a la nube los brillantes matices que
+me enamoraron, me sedujeron y me hicieron incurrir en la falta, que como
+tal deploro, si bien, por otra parte, casi me alegro de haberla
+cometido. Cometiéndola he apartado la nube y he logrado al fin ver el
+sol, que desde hace una semana anhelaba yo ver y que ahora extasiado
+contemplo.
+
+Colorada como la grana, en parte de ira y en parte de gustosa sorpresa,
+se puso doña Mencía al oír el desenfadado discurso de aquel audaz
+muchacho. A pesar de su austeridad, tan probada y acendrada durante
+veinte años, sintió que en el fondo de su pecho pugnaba por salir y le
+retozaba la risa al notar tanta juvenil desvergüenza; pero al fin
+triunfó la condición austera de la egregia dama, y despidió al mancebo,
+diciéndole:
+
+--Está bien, niño; pero mejor estaría si tu maestro o tu ayo te hubiera
+enseñado menos retórica y más comedimiento y circunspección para no
+faltar al respeto que a una ilustre dama se debe, y que se debe también
+a su casa y a su servidumbre. Vete y corrígete, y haz de modo que no
+tenga yo que apelar a dolorosos extremos para poner coto a la audaz
+conducta de que parece que te jactas en vez de arrepentirte.
+
+Quiso replicar el rapaz, pero la dama hizo tan imperioso gesto de
+desagrado y despedida, y fulminó contra él tan terrible mirada de sus
+negros ojos, que le hizo enmudecer y que le arrojó de la estancia como
+si lo hiciera a materiales empellones.
+
+
+III
+
+Escarmentado el joven cautivo y acaso más cautivo aún de su propia
+cortesía y de la veneración y del afecto que le había inspirado la dama
+con sólo verla, se condujo durante los diez días que se siguieron con la
+corrección más cumplida, mostrando paciencia ejemplar para sufrir sin
+quejas su triste y enojoso cautiverio. La severa doña Mencía advirtió
+entretanto que atormentaba a veces su alma cierto arrepentimiento de
+haber empleado con el rapaz severidad sobrada. Allá a sus solas pensaba
+en él casi de continuo, y se complacía en saber lo mucho que su
+reprimenda había valido, y cuán juiciosamente se conducía el mozo. Luego
+recordaba su rostro y toda su gentil figura, que no había dejado de
+examinar cuando le tuvo delante de ella. Y por virtud de este recuerdo
+vino a nacer en su alma la más singular alucinación, la más curiosa y
+rara fantasía que puede soñarse. En balde procuraba apartar de su mente
+aquel ensueño peligroso. El ensueño volvía con tenacidad sobre ella, y
+ni dormida ni despierta la dejaba en libertad y en sosiego. Imaginó que
+el insolente rapaz a quien había reprendido era el vivo retrato de D.
+Jaime, su difunto esposo; y yendo más adelante en aquellas cavilaciones,
+se dio a recelar o a sospechar que las hadas benéficas, o algunos otros
+seres o genios sobrenaturales, para premiar sus largos años de rígida
+viudez, le devolvían con vida al esposo a quien habían tenido durante
+todo aquel tiempo encantado y oculto en un mágico submarino alcázar, no
+ya conservándole joven, sino poniéndole más joven y más gallardo de lo
+que antes era. Y como las imaginaciones no vienen solas, sino que nacen
+unas de otras, enredándose y trabándose como áurea cadena, doña Mencía
+no se contentó con fingir pasado lo que se acaba de decir, sino que se
+creyó conocedora y zahorí de lo presente y aun inspirada profetisa para
+ver a las claras las cosas futuras. Así dio por cierto que el rapaz, su
+cautivo, llevaba en la frente la marca y el sello de un genio casi
+sobrehumano, y que delante de él se abrían luminosos horizontes de
+gloria y largo camino de triunfos y de grandezas.
+
+Como quiera que fuese, doña Mencía no pudo resistir a la tentación de
+volver a ver al rapaz. Para cohonestarla, antes de caer en ella, se le
+ofrecían tres razonables motivos. Era el primero que, en virtud de la
+buena conducta del joven, debía ella endulzar lo amargo de su reprimenda
+llamándole y dándole su absolución. Era el segundo que, por la gran
+diferencia de edad que entre ambos mediaba, el afecto de ella hacia él
+tenía mucho de maternal y muy poco o nada de pecaminoso. Y era el
+tercero, que el recordar es siempre mil y mil veces más poético que el
+mirar, por donde tal vez cuando ella mirase de nuevo al muchacho, caería
+en la cuenta de que no se parecía a su difunto esposo, de que ni él
+estaba encantado ni la encantaba a ella, y de que eran sueños vanos y
+sin sustancia todos los pronósticos en que prestaba al rapaz las
+grandezas y los triunfos que expresados quedan. En suma, doña Mencía se
+humanó, se apiadó del aislamiento de su cautivo, y, en vez de dejarle
+comer solo en la torre en que vivía, le convidó a comer a su mesa.
+
+
+IV
+
+Con este trato familiar y diario, doña Mencía dio por seguro que pronto
+acabarían por desvanecerse las ilusiones algo malsanas que había
+concebido; pero, por desgracia, aconteció muy al revés de su buen
+propósito y honradísimo intento.
+
+Don Juan Fresco pasa aquí como sobre ascuas, sin aclarar ni determinar
+nada. Yo no he de ser más explícito y terminante que mi tocayo. Diré
+sólo que, pocos días después, doña Mencía apareció más bella y remozada,
+iluminando su rostro una alegría dulce y mucha satisfacción y contento,
+vistiéndose con más primor y saliendo a caballo a dar largos paseos, por
+los más solitarios y ásperos caminos, acompañada sólo del mancebo
+cautivo y del anciano Nuño, a quien el mozo había ganado la voluntad y
+con quien estaba muy bien avenido. Nuño tenía además la más completa
+convicción de que el mancebo no perseguía ya ni inquietaba a Leonor,
+cuya honestidad estaba segura.
+
+Harto había notado Nuño la fina devoción y el acendrado rendimiento con
+que el mancebo cautivo miraba y servía a su señora; pero no se atrevía a
+sospechar que ella pagase con amor tan delicados extremos, si bien
+advertía que a veces, bajo la ardiente mirada del joven, doña Mencía
+bajaba suave y lánguidamente los ojos, y tal vez se ponía encarnada como
+las amapolas, y aun creyó percibir en ocasiones, por entre los párpados
+y sedosas pestañas de ella, asomar una lágrima, que más que amarga
+parecía ser de ternura.
+
+Tales observaciones daban vigor a sus sospechas; pero no tardaba en
+disiparlas la consideración de que el P. Atanasio, grave y reverendo
+siervo de Dios, comía siempre en la misma mesa con doña Mencía y el
+mancebo, y terciaba al parecer en todos sus coloquios.
+
+Por otra parte, no cabía en la imaginación ni en el pensamiento de Nuño
+que doña Mencía olvidase a su esposo D. Jaime y fuese infiel a su
+memoria.
+
+La desproporción de edad hacía, por último, inverosímiles las relaciones
+amorosas. Doña Mencía hubiera podido ser holgadamente madre de aquel
+lindo muchacho.
+
+De aquí que Nuño desechase siempre como suposición maliciosa la idea que
+a veces se le presentaba de que doña Mencía tuviese amores. Lo que tenía
+era afecto casi maternal, y algo de satisfacción de amor propio y mucho
+de gratitud al considerarse querida. De esto sí que no dudaba Nuño. La
+admiración entusiasta y el vehemente enamoramiento del mozo estaban
+harto poco disimulados y eran patentes a todos los ojos.
+
+Los guerreros de la hueste lo veían claro. Y muchos de ellos, menos
+respetuosos que Nuño, y con muchísima menos fe en la probada austeridad
+y virtud de la alcaidesa, afirmaban, con más malicia que respeto, que
+aquella ilustre dama no desdeñaba las pretensiones del misterioso
+cautivo casi adolescente.
+
+Provino de todo ello un germen de disturbio que hubiera podido terminar
+en escándalo, si la prudencia de Nuño no le hubiera sofocado al nacer.
+
+Juan Moreno Güeto, uno de los cabos de la hueste, favorito de Nuño y
+aspirante a la mano de su hija Leonor, a quien requería de amores, era
+asimismo respetuoso y ferviente admirador de D.ª Mencía. Y como oyese en
+cierta ocasión, en boca de algunos compañeros de armas, groseros
+chistes en ofensa de su señora, no pudo contenerse y se decidió a
+castigarlos de palabras y aun de obras. Por dicha, Nuño acudió a tiempo
+y pudo evitar la inminente lucha, calmando los ánimos, restableciendo la
+paz y procurando que no se divulgase lo que había ocurrido.
+
+Doña Mencía, no obstante, hubo de entrever algo del caso y de sentirse
+lastimada y avergonzada de andar en lenguas de sus vasallos, y de ver
+que empezaba a perderse la inmaculada reputación que ella tan justamente
+había adquirido en veinte años de la vida más ejemplar y de las más
+severas costumbres.
+
+Fuesen como fuesen sus relaciones con el rapaz misterioso, doña Mencía
+comprendió que daban harto pábulo a la maledicencia.
+
+Sin duda el P. Atanasio, que era su director espiritual, y, según hemos
+dicho, grave y severísimo, la amonestó o la reprendió, ora por el
+peligro a que se exponía o por la ocasión que daba a que la censurasen,
+si no había pecado, ora por el pecado mismo si, dejándose ella caer en
+la tentación, había cometido alguno.
+
+En resolución, las causas por lo pronto permanecieron ocultas, y cuando
+menos podía preverse hubo un suceso inesperado.
+
+Revestido con las armas del difunto D. Jaime, que parecían expresamente
+forjadas a la medida del mancebo cautivo, apareció éste a la puerta del
+castillo en una hermosa mañana del mes de Mayo, acompañado de Nuño y de
+Juan Moreno Güeto, los tres en sendos caballos; tomaron el camino de
+Cabra, y no tardaron mucho en salvar la cima de los cercanos alcores,
+perdiéndose de vista.
+
+Alguien aseguró después que, hasta que de vista se perdieron, doña
+Mencía estuvo en el balcón de su estancia, que se elevaba sobre el muro,
+y desde donde se oteaba el circunstante paisaje, mirando a los que
+partían, y dando al mancebo cautivo un postrer adiós con el blanco
+pañizuelo de holanda que hacía ondear su diestra, cuando no se le
+llevaba a los ojos para enjugarse el llanto delator que los humedecía.
+
+A la caída de la tarde del día siguiente, Nuño y Juan Moreno Güeto
+volvieron al castillo, pero volvieron solos. Del mancebo nada se supo
+después. Nuño y Juan Moreno Güeto no quisieron satisfacer nunca la
+curiosidad de la gente de la guarnición diciendo dónde le habían dejado.
+
+
+V
+
+Seis días pasaron después del suceso que acabamos de referir, durante
+los cuales vivió doña Mencía en el más completo retraimiento. No salía
+de sus apartadas estancias, y sólo la veían y hablaban con ella el P.
+Atanasio, Leonor y Nuño.
+
+Un domingo por la mañana ocurrió algo que allí podría pasar por novedad,
+ya que sólo de tarde en tarde recibía la alcaidesa visitas de sus
+parientes.
+
+No se sabe si llamado por ella, o por iniciativa propia, vino el
+mariscal D. Diego desde el castillo de Baena a visitar a su prima. De
+todos modos, D. Diego no sabía, o aparentó no saber, que el mancebo
+cautivo había recobrado su libertad. Preguntó por él a doña Mencía y
+mostró deseo de verle.
+
+Doña Mencía contestó entonces:
+
+--No es posible que ahora le veas. Aborrezco el disimulo y el engaño. No
+sólo le he dejado ir libre, sino que le he absuelto del compromiso que
+contrajo y de la palabra que dio de permanecer en cautiverio. Él no se
+hubiera ido si yo no le hubiera obligado a que se fuese, mandándoselo y
+despidiéndole. Échame a mí toda la culpa; toda la culpa es mía.
+
+Don Diego no pudo reprimir su enojo, y exclamó con airado acento:
+
+--¡Vive Dios, prima, que te has conducido con fea deslealtad y te has
+mostrado harto ingrata a los beneficios que a mi casa y familia debes!
+
+--Vuestras quejas--replicó ella--son harto infundadas, Sr. D. Diego, y
+son además muy ofensivas para mí. Yo he dado libertad al joven por
+respeto al honor de vuestra casa y familia, y para no ser cómplice de un
+delito que la denigraba. El rapaz no ha sido maltratado en este
+castillo; pero había sido robado y secuestrado por nosotros, como si
+fuésemos bandidos. Yo no podía consentir largo tiempo en esto y
+coadyuvar a vuestros planes. Supe que el ilustre hermano del cautivo le
+buscaba inquieto y desolado, indagaba en balde su paradero y hasta
+lamentaba y lloraba su por él imaginada temprana muerte. Lo mejor que
+podía yo hacer, y eso he hecho, es enviarle a Montilla a que tranquilice
+y aquiete a su hermano, exigiéndole, como le he exigido, y él cumplirá
+su promesa, no revelar nunca a su hermano quien le robó y le tuvo
+prisionero. Mi deseo es que se restablezca la concordia entre vuestra
+casa y la de ellos, y sería nuevo inconveniente para que mi deseo se
+lograse que D. Alonso supiera que el mariscal D. Diego, de quien tantos
+agravios ha recibido, le había agraviado también siendo el raptor de su
+hermano, a quien quiere con toda su alma.
+
+--No es de maravillar ese cariño--dijo don Diego,--porque el joven posee
+extraordinarios atractivos, se gana la voluntad de las personas a quien
+trata, aunque sean muy adustas, y si a él le roban toma represalias
+terribles, y, según parece, roba los corazones, y los trastorna y los
+hechiza por tal arte, que les hace olvidar los más sagrados deberes y el
+conveniente decoro.
+
+Subió la sangre al rostro de doña Mencía y le tiñó de rojo al escuchar
+aquellas palabras; pero con serenidad y calma, para que lo que había
+resuelto no se atribuyese a momentáneo arrebato, sino a resolución
+premeditada e irrevocable, dijo a D. Diego de esta suerte:
+
+--No hubiera yo presumido ni creído nunca, Sr. D. Diego, que faltando a
+nuestro parentesco, a nuestra amistad de toda la vida y a cuanto un
+caballero cortés y bien nacido debe de respeto a una dama, hubierais vos
+venido a mi propia habitación y estrado a insultarme con injuriosas
+reticencias. De nadie dependo, y sólo a Dios tengo que dar cuenta de mi
+conducta. Aunque fuese mala, no tenéis derecho para afrentarme ni para
+acusarme, siquiera sea en términos embozados y ambiguos. Respetad a una
+mujer como a vuestra hidalguía conviene. Y ya que juzgáis que yo me he
+conducido mal en lo que importa al servicio de vuestra casa y familia,
+yo me extraño desde este instante de dicho servicio. Por lo pronto, os
+ruego, dije mal, os exijo que salgáis de mi presencia. No tardaré yo en
+evacuar el castillo y fortaleza cuya custodia me habíais confiado. El
+alférez Calixto de Vargas quedará mandando la hueste, y dentro de
+veinticuatro horas os hará entrega de todo. Yo me extraño, como acabo de
+deciros. Mañana mismo saldré de aquí, llevando en mi compañía a Nuño, a
+su hija Leonor y a Juan Moreno Güeto. El mayor favor que podéis hacerme
+es no volver a acordaros de mí, y no empeñaros en averiguar ni adónde
+voy, ni cuáles serán en lo futuro mis propósitos y las andanzas de mi
+vida.
+
+Aunque harto sabía D. Diego que era irrevocable toda resolución que
+tomaba su prima, y que su carácter era más firme que la roca en que
+descansaba el castillo a que ella había dado su nombre, todavía D. Diego
+hubiera querido contestar a aquel discurso y procurar amansar a la dama;
+pero ella lo estorbó retirándose de súbito a su habitación más
+reservada y cerrando la puerta de golpe.
+
+No se atrevió el Mariscal a seguirla: no quiso tampoco enterar a nadie
+de los términos poco amistosos con que aquella entrevista había
+terminado, y así, aparentando reposo y sin dejar traslucir lo que
+pasaba, salió del castillo con los escuderos que le habían acompañado, y
+se volvió a Baena.
+
+
+VI
+
+Cruel y deshecha tempestad de encontrados sentimientos hubo de agitar
+aquella noche el alma de doña Mencía. Durmió poco y se levantó del lecho
+apenas rayaba la aurora.
+
+Como si le quedasen pocas horas de vida y estuviese a punto de
+desaparecer de sobre el haz de la tierra, dispuso de todos sus bienes,
+haciendo donación de las joyas, de los más ricos vestidos y de parte de
+sus cuantiosos ahorros a favor de Leonor, su fiel camarera.
+
+Hallándose presente ésta, así como también el P. Atanasio, hizo venir a
+Juan Moreno Güeto y le indujo a contraer con Leonor solemnes esponsales,
+que autorizó el P. Atanasio, prometiendo, por su parte, ser pronto el
+ministro que santificase por la virtud del sacramento la unión de los
+novios.
+
+Confió doña Mencía al P. Atanasio una respetable suma de dinero para que
+la repartiera con juicioso tino entre los soldados de la hueste y los
+campesinos pobres de las cercanías.
+
+Y reservó, por último, buena porción de su caudal para entregarla a la
+Superiora del convento de Santa Clara en Córdoba, antigua fundación del
+rey D. Alonso _el Sabio_ y de su mujer la reina doña Violante, hija de
+D. Jaime de Aragón, el que ganó a los moros la ciudad de Valencia. En
+aquel convento había determinado doña Mencía encerrarse para siempre y
+acabar su vida.
+
+A fin de cumplir tan devota determinación, de que sólo dio noticia
+entonces al P. Atanasio, se despidió de la hueste como si tratase de
+hacer una breve ausencia, y acompañada solamente del mencionado Padre,
+de Nuño y del futuro yerno de éste, salió para Córdoba aquel mismo día.
+
+Como los cuatro iban en sendos caballos, ligeros y briosos, pudieron
+llegar, y llegaron, antes de anochecer a la antigua capital del
+califato.
+
+Doña Mencía tardó poco en cumplir su propósito. Abandonó el mundo, y se
+retiró al convento de Santa Clara. El P. Atanasio y Juan Moreno Güeto
+volvieron al castillo inmediatamente. Nuño tardó algo más en volver,
+pues tuvo antes que llevar un mensaje a Montilla, cumpliendo las órdenes
+de su señora y el último de sus encargos, en relación y enlace con
+personas y cosas de esta vida mortal, del siglo y de la tierra que nos
+sustenta. Nuño llevó a Montilla, y entregó recatada y secretamente al
+hermano menor de D. Alonso de Aguilar, una extensa carta, escrita por
+doña Mencía, y que decía de esta suerte:
+
+
+VII
+
+«Cuando te despedí pocos días ha desde el castillo, devolviéndote la
+libertad y mandándote y exigiéndote que la recobrases, no tuve valor aún
+para despedirme también de la esperanza de volver a verte en este mundo,
+¡oh mi dulce y joven amigo! Tomada estaba ya y escondida en el centro de
+mi alma la firme resolución de no volver a verte nunca; pero no quise
+decírtelo hasta ahora. Ahora que te lo digo, ahora que por última vez
+voy a hacer que mi palabra llegue hasta ti, aunque sea desde lejos, Dios
+habrá de perdonarme si me complazco en recordar mi extravío, no ya para
+llorarle y lamentarle arrepentida, sino para deleitarme y glorificarme
+con su recuerdo. Toda la austeridad de mi vida durante veinte años, todo
+mi primer amor, suavemente conservado en la memoria con afán religioso y
+puro como rescoldo del fuego sagrado entre las cenizas del ara, y mi
+orgullo y el respeto debido al nombre que llevo y a mi decoro de honrada
+y casta matrona, todo se desvaneció y falleció en mi alma al ver tu
+rostro y al oír tus palabras, acaso desde la vez primera que me
+hablastes. No creas que me ofusqué, que me cegué y que no comprendí
+desde el primer momento la intensidad y la fealdad de mi delito y el
+casi irresistible impulso que a cometerle me llevaba. Claro apareció en
+mi conciencia el amor que me habías inspirado, y cuán abominable lo
+hacía la gran diferencia de nuestra edad, más propia que para
+convertirme en amiga o en esposa tuya, para prestarme, con relación a
+ti, por manera espiritual, el casto y limpio carácter de madre.
+
+»Yo, con todo, no supe resistirme. Fue mi pasión tan vehemente que, no
+ya inútil, necia y vulgar me pareció la resistencia. Hasta en la misma
+tardanza vi yo algo de mezquino y grosero que aparecía en mi mente como
+frío artificio y estudiado melindre de mujer que anhela vender más caras
+sus finezas y realzar más de lo justo el precio y valer de sus favores
+retardando el concederlos. No extrañes, pues, que, vencida y rendida yo,
+cayese desde luego en tus brazos sin defenderme, y te diese mi corazón y
+fuese toda tuya.
+
+»Había yo querido antes cohonestar la inclinación que hacia ti había
+sentido, imaginándote vivo retrato del hombre a quien yo había amado en
+mis primeras mocedades, y a quien había llorado largos años después de
+muerto. Pero no tardé en desechar este pensamiento, considerándole
+cobarde hipocresía con que mi entendimiento, más mentiroso que sutil,
+trataba de atenuar el poderoso conato de mi voluntad viciosa. No: no me
+pareciste semejante a D. Jaime, sino mil y mil veces mejor que él. Su
+imagen, grabada en mi alma, se borró y desapareció no bien vino tu
+imagen a estamparse en ella, como sello y marca de esclavitud que la
+hace tuya para siempre. Ni el temor de la maledicencia; ni el odioso
+pensamiento de que hasta tú mismo pudieras menospreciarme y tenerme por
+liviana, nada me contuvo. La fuerza, no obstante, que no bastó para
+detenerme al borde del abismo y para salvarme de la caída, me ha valido
+luego para romper materialmente el lazo, para huir de ti, para
+levantarme lastimada y penitente y refugiarme en este retiro. Yo no
+podía ser legítimamente tuya. Vivir de otra suerte a tu lado, hubiera
+sido escándalo, ignominia y vergüenza. Los sabios consejos de mi
+confesor, a quien, dominando el rubor que encendía y quemaba mi rostro,
+mostré la herida de mi alma para que la curase, y el bálsamo de nuestra
+santa religión que él vertió en la herida, me prestaron aliento y brío
+para desbaratar las cadenas en que me tuviste aprisionada, para
+apartarte de mí y para tomar luego la determinación que he tomado.
+
+»Dios, en su infinita misericordia, habrá de perdonármelo. No acierto a
+que así no sea. Ahora que me dirijo a ti, acuden a mi mente, la turban y
+la llenan de amargo deleite aquellos momentos de embriaguez amorosa y de
+completo abandono en que toda yo fui para ti y creí que eras tú todo
+mío.
+
+»Resuelta estoy a restaurar con plegarias, cristianas meditaciones y
+dura penitencia la espantosa ruina en que mi virtud se deshizo.
+Humillada y contrita estoy, y con todo, no noto en mí el
+arrepentimiento. A mi mente acuden en tropel ideas y razones, si no para
+justificar, para disculpar en parte mi pecado, y, cuando no para
+absolverme, para mitigar la sentencia que me condena.
+
+»A los indiferentes parecerá locura lo que voy a decirte. A pesar de tu
+modestia, tú debes creerme. Algo de sobrenatural, del cielo sin duda en
+su origen, aunque torcido y maleado después por el infierno, ha sido el
+móvil principal de mi enamoramiento y de mi súbita flaqueza. He sentido,
+al verte y al oírte, no atino a explicar qué extraño modo de profética
+revelación, qué profundo convencimiento, qué fe y qué segura esperanza
+en tus futuros y soberanos destinos. Sí, yo no he amado sólo en tu
+persona al gallardo y floreciente mancebo en toda la frescura y lozanía
+de su edad primera. Yo he amado y prefigurado en ti al héroe en flor,
+gloria y grandeza de la patria, al que contribuirá más que nadie a que
+Castilla, disuelta hoy en bandos y asolada por guerras civiles, con
+España toda unida a Castilla, sea la primera de las naciones. Yo, no
+sólo veía en tus ojos la llama del amor, sino la luz refulgente y el
+fuego del entusiasmo con que un numen inspirador encendía tu alma. Yo
+veía lucir en tu frente la estrella de la inmortalidad, y su resplandor
+me cegaba: tus sienes se me mostraban circundadas de un nimbo luminoso.
+
+»Así explico yo y así disculpo mi inevitable rendimiento; así explico yo
+y así disculpo también el valor cruel que he tenido para echarte lejos
+de mí y para apartarme de ti, después y por siempre. Reteniéndote en mis
+brazos me hubiera rebelado yo contra los designios y decretos del
+cielo. La gloria te quiere para sí, y yo no quiero ni puedo ser rival de
+la gloria. Básteme la que alcanzo con haber poseído tu corazón y con que
+me hayas tributado las primicias de tu amoroso y juvenil afecto.
+Básteme, sobre todo, la gloria de haber sido acaso el primer ser humano
+que ha visto con toda claridad en tu frente el signo que Dios puso en
+ella, señalándote así para que honres, prosperes y ensalces a tu pueblo,
+y para que venzas y domines a los otros.
+
+»Adiós. No me llores por desventurada. ¿Por qué no confesártelo? Estoy
+orgullosa y soy dichosa por mi propia falta. La única obligación tuya,
+lo único que me debes es el cumplimiento de mi esperanza y de la fe que
+puse en ti. No desmayes. Lánzate valerosamente en el sendero de la vida.
+Sé grande, sé glorioso, como yo te he soñado, y paga así con usura todo
+el amor que te tuve y que te tengo todavía, y cuantos sacrificios hice a
+ese amor justificado por tu maravilloso valer y harto premiado por el
+deleite supremo que logré al ser tu amada.
+
+»No quiero yo que me olvides, dueño mío. Tuya soy yo, toda yo y por toda
+la vida. Recuérdame, pero más con ternura que con pena. Y adiós de nuevo
+y para siempre.»
+
+Cuatro años después de escrita esta carta, doña Mencía, apartada del
+mundo y de todo trato de gentes, salvo el de sus hermanas las
+religiosas, se consumió como si un fuego interior la devorase, se
+marchitó como rosa aromática en el ardor del estío, y entregó a Dios su
+alma en el convento de Santa Clara de Córdoba, edificando con su
+resignada, ejemplar y cristiana muerte a las pocas personas que por
+entonces la trataban.
+
+
+VIII
+
+Más de cuarenta años habían transcurrido desde la muerte de doña Mencía.
+
+Gonzalo Fernández de Córdoba se hallaba de paso para Granada en la
+ciudad que se honra con darle su nombre por apellido.
+
+Todos los ensueños de doña Mencía se habían realizado. Estaba él
+cubierto de gloria, era llamado el Gran Capitán. Su nombre se
+pronunciaba y se oía con respeto en todas las regiones de Europa. De él
+había dicho el más discreto y perfecto caballero cortesano que en
+aquella edad tuvo Italia, que, «en paz y en guerra fue tan señalado, que
+si la fama no es muy ingrata, siempre en el mundo publicará sus loores y
+mostrará claramente que en nuestros días pocos reyes o señores grandes
+hemos visto que en grandeza de ánimo, en saber y en toda virtud no hayan
+quedado bajos en comparación de él». Él había combatido a los
+portugueses en Toro, a los muslimes en Granada, en las Alpujarras a los
+moriscos rebeldes, en Ostia al más feroz de los piratas, al turco en
+Cefalonia, y en Italia a los franceses, desbaratando sus ejércitos,
+venciendo a sus reyes y más ilustres caudillos y ganando para España lo
+más hermoso de aquella península. Había adquirido y prodigado inmensas
+riquezas, había ganado como trofeo de sus victorias más de doscientas
+banderas y dos estandartes reales, y había conseguido que le celebrasen
+y admirasen en toda España, así en Aragón como en Castilla.
+
+Víctima ya de la suspicacia, y tal vez de la envidia del Rey, se
+retiraba harto desengañado a sus dominios de Loja, después de haber
+visto arrasada la fortaleza de Montilla, que fue su cuna, y castigados
+con dureza no pocos de sus parientes y amigos.
+
+Se cuenta que Gonzalo visitó un día a su anciana parienta doña Beatriz
+Enríquez, que había sido amiga del ya difunto almirante D. Cristóbal
+Colón, a quien retuvo largo tiempo en España a pesar de los desdenes de
+la Corte.
+
+Contra la sentencia del Dante, tan a menudo citada, no siempre es
+doloroso, sino sabroso y dulce, el recuerdo de la edad feliz, de los
+amores juveniles y de los triunfos y venturas que entonces se lograron.
+Doña Beatriz, en su vejez y en su aislamiento, se sintió consolada al
+ver y al hablar a su glorioso deudo. Animada fue la conversación que con
+él tuvo.
+
+Doña Beatriz se mostró expansiva y acabó por estar justamente
+jactanciosa. Declaró con orgullo que tenía por gloria suya el haber
+amado al aventurero genovés, el haber descubierto y reconocido todo el
+valer de su espíritu y el haber creído y esperado en la alta misión que
+le habían confiado los cielos, cuando todavía eran muy pocos los
+hombres que no le desdeñaban.
+
+--Por mí--dijo--se quedó en España aquel hombre enviado de Dios. En gran
+parte me debe España la gloria de haber roto ella el misterioso secreto
+de los mares y de haber descubierto islas florecientes y extensa tierra
+firme, rica en perlas y en oro, que todavía se pone como valladar para
+impedirnos llegar a Cipango, al Catay y al imperio del preste Juan, por
+donde ya penetran los portugueses, siguiendo opuestos caminos y
+navegando hacia las regiones donde se pensaba que tenía su tálamo la
+Aurora.
+
+El Gran Capitán comprendió y aplaudió el orgullo de su parienta; pero su
+mismo aplauso hizo brotar en su alma otro orgullo muy parecido. Gonzalo
+Fernández de Córdoba no supo contenerse, y dijo a doña Beatriz:
+
+--Yo admiro la perspicacia de vidente y la fe profunda y la esperanza
+certera con que amaste y detuviste al inspirado piloto. Pero perdona mi
+vanidad. No has sido tú en esta época la única cordobesa a quien hizo el
+amor profetisa. Otra hubo antes que tú, que compitió en esto contigo. No
+merece tanto, porque el hombre cuyo valer futuro descubrió ella en su
+amorosa visión profética, vale mil y mil veces menos que el que por
+esfuerzo de su reveladora inteligencia y de su enérgica voluntad ha
+duplicado o triplicado la grandeza del mundo conocido, y ha magnificado
+el concepto de la creación en toda mente humana. Comparada a la gloria
+de ese hombre, vale poco la que se alcanza derrotando ejércitos,
+conquistando reinos y avasallando y humillando a los príncipes más
+poderosos. Merece, sin embargo, más que tú esta mujer de que te hablo,
+porque tú no revelaste a Colón mismo lo que él ya sabía de su propio
+valer. Tú le prestaste crédito, aliento y esperanza y confianza en los
+hombres y en su fortuna; pero esta mujer de que te hablo, en su
+exaltación de amor hacia mí, porque fue mi enamorada, no se limitó a
+darme crédito, aliento y esperanza, sino que hizo patente a mi alma la
+por ella soñada grandeza que mi alma tenía, me infundió la fe que en mí
+puso, convirtió mi ambición en deber de gratitud hacia ella, y me obligó
+a ser grande para que ella no fuese, ni motejada de ligera, ni tenida
+por mentirosa.
+
+El Gran Capitán no supo callar entonces. Contó a doña Beatriz los
+fugitivos amores de su mocedad primera. Y hasta hay quien dice que le
+citó, asomando el llanto a sus ojos, algo de la carta que le había
+escrito doña Mencía, y que él conservaba piadosamente en la memoria.
+
+Gonzalo dijo por último:
+
+--Quiero confesarte, con el debido sigilo, que después he amado a otras
+mujeres y he sido amado por ellas. Ninguna, sin embargo, ha derribado y
+arrojado del santuario de mi alma la venerada imagen, puesta allí sobre
+todo lo terrenal y caduco, de la mujer que me reveló a mí mismo mi ser
+propio: que tal vez con la virtud creadora de su amor sembró en mi
+espíritu el germen de todo lo bueno y de todo lo noble que he podido
+hacer en mi vida.
+
+Al referir esta historia que me contó D. Juan Fresco, y cuya certidumbre
+confirmó, hasta cierto punto, mi querido amigo D. Aureliano, no puedo
+menos de recordar un estudio que escribió y publicó, años ha, Rosa
+Cleveland, hermana del que fue Presidente de los Estados Unidos. El
+estudio se titula _Fe altruista_, y procura demostrar que la capital
+misión de la mujer es la de revelar al hombre sus altos destinos,
+alentarle en la lucha e inspirarle el brío y la confianza que son
+menester para alcanzarlos.
+
+
+
+
+EL MAESTRO RAIMUNDICO
+
+
+I
+
+En varios tratados de Economía política he visto yo una cuenta, de la
+que resulta que la industria de los zapateros en Francia ha producido,
+desde el descubrimiento de América hasta hoy, seis o siete veces más
+riqueza que todo el oro y la plata que han venido a Europa desde aquel
+nuevo e inmenso continente. Esto me anima, sin recelo de pasar por
+inventor de inverosímiles tramoyas, a hablar aquí del maestro
+Raimundico.
+
+Haciendo zapatos empezó a ser rico; acrecentó luego su riqueza, dando
+dinero a premio, aunque por ser hombre concienzudo, temeroso de Dios y
+muy caritativo, nunca llevó más de 10 por 100 al año; después, fundó y
+abrió una tienda o bazar, donde se vendía cuanto hay que vender: azúcar,
+café, judías, bacalao, barajas, devocionarios, libros para los niños de
+la escuela, y toda clase de tejidos y de adornos para la vestimenta de
+hombres y mujeres. El maestro se fue quedando también con no pocas
+fincas de sus deudores, y llegó a ser propietario de viñas, olivares,
+huertas y cortijos.
+
+Ya no esgrimía la lezna, ni se ponía el tirapié, ni se ensuciaba los
+dedos con cerote, pero fiel a su origen, conservaba la zapatería, donde
+trabajaban expertos oficiales, discípulos suyos. El magnífico bazar
+estaba contiguo. Y junto a la zapatería y al bazar podía contemplarse la
+revocada y hermosa fachada de su casa, situada en la calle más ancha y
+central del pueblo. A espaldas de esta casa y en no interrumpida
+sucesión, había patios, corrales, caballerizas, tinados, bodegas,
+graneros, lagar, molino de aceite, y en suma, todo cuanto puede poseer y
+posee un acaudalado labrador y propietario de Andalucía. La puerta
+falsa, que daba ingreso a estas dependencias agrícolas, pudiera decirse
+que estaba extramuros del pueblo, si el pueblo tuviera muros, mientras
+que la puerta principal, según queda dicho estaba en el centro.
+
+El maestro Raimundico nunca había querido comprometerse ni mezclarse en
+política; pero de súbito acababa de cambiar. Se había hecho fusionista y
+había consentido en ser jefe de aquel partido político y alcalde en
+Villalegre.
+
+Era viudo, hacía ya quince años. Y hacía cerca de siete que tenía a su
+único hijo, D. Raimundo Roldán de Cadenas, estudiando o paseando y
+holgando en Madrid, pues sobre este punto, difieren no poco los
+autores. Difieren asimismo sobre la causa de la larga y no interrumpida
+ausencia del hijo, atribuyéndola unos a la viudez más alegre que
+recoleta del padre, para la cual hubiera sido estorbo o escándalo la
+presencia del hijo, y atribuyéndola otros al despego y a la soberbia de
+éste, que vivía en Madrid como caballerito muy elegante e ilustre, que
+hablaba de su casa solariega, y que repugnaba volver al lugar a ver la
+plebeya ordinariez de su padre y la primitiva y fundamental zapatería
+tenazmente conservada.
+
+Como quiera que ello fuese, D. Raimundo se daba en Madrid tono de muy
+hidalgo, y su gentil presencia, su elegancia en el vestir y el dinero
+que solía gastar con rumbo, prestaban a su hidalguía no corto crédito.
+Él era además robusto y ágil en todos los ejercicios del cuerpo, gran
+tirador de pistola, florete y sable, buen jinete, mejor bailarín, y muy
+divertido, ocurrente y chistoso. Tenía multitud de amigos y estaba en
+Madrid como el pez en el agua.
+
+Hacía muy poco que se había graduado de Doctor en Jurisprudencia, y
+había enviado a su padre la tesis doctoral. El padre leyó con suma
+atención las cuatro o cinco primeras páginas, pero no entendió palabra,
+se mareó y dejó la lectura. Y como era muy escamón, se puso a cavilar
+entonces, sobre si el no entender aquello, sería culpa de su ignorancia,
+o si sería, según frase de Cánovas, que hasta aquel lugar había llegado,
+porque su hijo era un tonto adulterado por el estudio o si sería porque
+no había habido tal estudio ni tal adulteración, sino porque el chico
+había estudiado poquísimo y para disimularlo, había llenado su discurso
+de frases huecas, fiado en su audacia y en la simplicidad de muchas
+personas que lo que no entienden es lo que más admiran.
+
+De todos modos, corregido ya el maestro Raimundico, morigerado por la
+ancianidad, reverdeciendo en su corazón el amor paternal sobre los
+restos de otros ya muertos y menos santos amores, y tal vez proyectando
+que el muchacho, que había cumplido veinticinco años, ganase popularidad
+y simpatías en el distrito, para que fuese elegido diputado, le mandó
+llamar con términos harto imperativos y hasta dejando de enviarle
+dinero, que era el medio más eficaz de que podía valerse.
+
+D. Raimundo, pues, no pudo menos de obedecer. Complació a su padre, vino
+a Villalegre y se halló en Villalegre muy a gusto.
+
+Para que se vea la sinceridad de su contento y el placer y la
+satisfacción que en el lugar tenía, vamos a poner aquí una
+circunstanciada carta que, al mes de estar en Villalegre, escribió don
+Raimundo a su mejor amigo de Madrid. La carta decía como sigue.
+
+
+II
+
+«Mi querido Pepe: Muy a despecho mío vine por aquí para no rebelarme
+contra los mandatos de mi señor padre; pero te declaro con franqueza que
+ahora me alegro en el alma de haber venido. Este lugar es lindísimo; los
+fértiles campos que le rodean hacen un paraíso de sus cercanías; y sus
+habitantes son amenos y regocijados. Yo aquí me divierto la mar. Y no
+sólo me divierto, sino que, ¿por qué no he de confesártelo? me siento
+como nunca me sentí en Madrid, perdidamente enamorado de una mujer. Pero
+¡qué mujer, chico! Es un encanto, un prodigio de bonita. Y no sé decir
+si por desgracia o por fortuna, de la más pasmosa severidad de
+costumbres. La llaman el Sol de Tarifa, porque de aquella ciudad salió
+ella como el sol por oriente. Tal es su apodo significativo. Su
+verdadero nombre es doña Marcela Gutiérrez de los Olivares, por ser
+viuda del teniente de la clase de sargentos, del mismo apellido, muerto
+en Cuba un año ha, a manos de los insurrectos. Llora ella aún a su
+difunto marido, con cuya tía, doña Pepa, vive en este lugar en ejemplar
+recogimiento, y desdeña y rechaza al enjambre de galanes que la
+pretende. Tremendo es uno de ellos por su obstinación y ferocidad. Es su
+nombre Currito el Guapo, y es hermano de la estanquera, mujer también de
+notable mérito, muy joven aún y famosa por su hermosura y gallardía.
+Currito, tan celoso de su honra como los galanes de Calderón en las
+comedias de capa y espada, no consiente que nadie requiebre a la
+estanquera si no viene con la buena fin. Y aplicando este modo de
+proceder de su casa a la ajena y de su hermana a su pretendida novia, no
+consiente tampoco que nadie se acerque a doña Marcela, ni le diga
+chicoleos, celándola de suerte, que ella vive aislada, porque Currito
+tiene metidos en un puño a casi todos los mozos del lugar. Navaja en
+mano es tremendo, y ya que no quiera por piedad abrir a nadie una gatera
+en el vientre, lo que es para pintar un jabeque en la cara al propio
+lucero del alba, no tiene el menor escrúpulo si se enoja.
+
+»Doña Marcela está con esto que trina, porque gusta de ser desdeñosa sin
+que el desdén parezca forzado, y porque no acepta la tutela o mejor
+dicho el cautiverio en que galán tan crudo la tiene.
+
+»A fuerza de oír tales cosas, pues no es otro el principal asunto de las
+más frecuentes conversaciones de por aquí, pronto comenzó a hervirme la
+sangre contra la insolencia de Currito el Guapo. Me entraron ganas de
+libertar de su cautiverio a doña Marcela. Y crecieron mis ganas y se
+hicieron irresistibles cuando vi, primero en la iglesia y después en la
+feria, a la recatada y joven viuda, con quien quise _timarme_, como
+decimos por ahí; pero, por lo pronto fue en balde mi conato, porque sin
+duda, no lo consentían la modestia y la honestidad de la dama. ¿Qué no
+logran, sin embargo, la terquedad y la audacia de un mozo como yo,
+curtido en toda clase de aventuras y acostumbrado a los más peligrosos
+lances de amor y fortuna? Doña Marcela me miró al fin con mal disimulada
+complacencia; yo le hablé, valiéndome de la tía Pepa que desde niño me
+conoce, y, al fin logré, que en una de estas últimas noches, que fue de
+las más calurosas del verano, doña Marcela saliese a la ventana a tomar
+el fresco.
+
+»Me hice como por casualidad el encontradizo y me puse a hablar con
+ella. No vayas a creer que es ninguna palurda. Culta y discretísima es
+su conversación. Y no sólo habla buen castellano si bien con un gracioso
+dejo tarifeño, sino que se explica corrientemente en inglés, por haber
+estado algún tiempo en Gibraltar, cuando era ella mocita soltera,
+acompañando a su padre, que iba allí para asuntos de comercio. Pero aquí
+entra lo trágico. Embelesado y engolfado estaba yo charlando con doña
+Marcela, a ratos en andaluz y a ratos en inglés, cuando la temerosa
+aparición de Currito el Guapo, vino a interrumpir nuestro palique.
+
+»--¡Huya usted, por Dios!--exclamó ella con voz trémula y llena de
+susto. Ahí viene ese monstruo que sin que yo le haya dado motivo es en
+este lugar el tirano de mi vida. Sálvese usted, caballero. Currito viene
+navaja en mano y puede escabechar a usted en un santiamén. Como es loco
+frenético no repara en nada. No es cobardía sino prudencia, escapar de
+ese forajido.
+
+»Ya te harás cargo Pepe de que yo no hice caso ninguno de aquellas
+medrosas exhortaciones. Me enredé la capa en el brazo izquierdo y saqué
+de la vaina una larga y recta espada de caballería que llevaba a
+prevención conmigo. Currito no se arredró por eso, sino que cayó sobre
+mí, ora agachándose, ora dando brincos, ora acometiéndome por un lado,
+ora por otro. Por dicha, y si he de decir la verdad, yo sospecho que él
+no tenía gana de herirme, sino de asustarme. Y como yo también tenía más
+ganas de asustarle que de herirle, aquella a modo de danza, duraba ya
+demasiado y se hubiera hecho interminable, a no ser por los gritos que
+daba doña Marcela pidiendo socorro.
+
+»Los gritos no fueron inútiles. Aunque ya era tarde, acudieron muchos
+vecinos y bastantes mozos que andaban de ronda, y Currito y yo nos vimos
+forzados a poner término a nuestro descomunal combate, envainando yo la
+espada sin ensangrentar todavía, y doblando él su truculenta navaja, que
+era de virola y golpetillo, y produjo al cerrarse ruido muy temeroso.
+
+»Allí intervinieron y mediaron en nuestra contienda las personas de más
+respeto, que habían acudido y que en torno nuestro formaban corro, y
+casi nos obligaron a echar pelillos a la mar, a hacer las amistades y a
+convertir las casi homicidas manos en cariñosas, enlazándolas y
+apretándolas generosamente.
+
+»Desde entonces veo y hablo por la reja a doña Marcela todas las noches,
+sin que Currito me perturbe. Y doña Marcela se me muestra
+agradecidísima por haberla yo libertado de aquel espantajo o bu que sin
+querer ella la defendía como el dragón en _Las tres toronjas del Vergel
+de amor_ y en otros cuentos de hadas.
+
+»No imagines por eso que estoy más adelantatado en mis pretensiones. La
+virtud de doña Marcela es más firme que una roca, aunque para mi amor
+más que roca es _lata_. Erre que erre está ella siempre, volviendo por
+su honor, también como las damas calderonianas, por donde me temo que
+voy a sufrir constantemente el suplicio de Tántalo, o voy a tener que
+hacer la barbaridad o digamos la _plancha_ de acudir al cura. Porque eso
+sí, doña Marcela tiene poquísimo dinero, pero lo que es en punto a
+conducta, ni las lenguas más maldicientes, y no son pocas las de este
+lugar, se atreven a decir nada contra ella ni a empañar con ponzoñoso
+aliento el terso y limpio espejo de su fama.»
+
+Este era el contenido de la epístola, salvo los saludos y cumplimientos
+de costumbre que en obsequio de la brevedad se omiten.
+
+
+III
+
+Se cuenta que el maestro Raimundico era escéptico por naturaleza; dudaba
+mucho de todo y apenas se decidía a formar juicios, sin examinar antes
+detenidamente las cosas y enterarse bien de ellas. Sobre su hijo hacía
+tiempo que tenía su juicio en suspenso, sin decidir si el chico era
+discreto o tonto. Tratar de ponerlo en claro era uno de los propósitos
+que tuvo al llamarle al lugar. Desde que estaba en él, le espiaba, le
+estudiaba y le seguía recatadamente los pasos. Prevalido además de su
+posición de alcalde, interceptó la carta que acabamos de poner aquí, la
+abrió y la leyó. El maestro se desconsoló con aquella lectura e imaginó
+que al chico le faltaban por lo menos dos o tres tornillos en la cabeza.
+Doña Ramona, hermana del maestro y viuda del pellejero, quería mucho al
+chico, de quien había cuidado en la niñez, y sostenía que su candor no
+debía calificarse de simplicidad, sino de exceso de imaginación poética.
+Una vez cortados los vuelos de esta imaginación, el chico, según doña
+Ramona, sería apto para todo, se abriría camino y subiría como la
+espuma.
+
+--Cortemos, pues, los vuelos de la imaginación del chico, dijo para sí
+el maestro, y mostrémosle la realidad tal cual es.
+
+Después de haber recapacitado, formado su plan, y hecho los convenientes
+preparativos para realizarle, el maestro, a solas una noche con su hijo,
+en la principal sala alta de la casa, al toque de ánimas, le habló de
+este modo:
+
+--Mira, Raimundo, tú eres hijo de un zapatero y no puedes ni debes
+presumir de aristócrata; pero no conviene tampoco que por seguir ciertas
+opiniones, muy de moda en nuestros días, te des a creer que las almas
+heroicas, el semillero de las virtudes y de las proezas y los corazones
+donde brota el germen de los más nobles sentimientos, se hallan en las
+tabernas y en los presidios, y que la educación esmerada más bien agosta
+y comprime que desenvuelve tan excelentes facultades. Quien piensa así
+es lo contrario de progresista, ya que debe entender que nada conduce
+mejor a la virtud que retroceder al estado selvático. Tu padre, con su
+zapatería, hubiera entonces contribuido no poco a la corrupción humana,
+porque los hombres calzados deben de ser mil veces más perversos que los
+descalzos. Pero no quiero aturrullarme. Ya no sé lo que te digo.
+Discursos, pues, a un lado. Y así, en vez de abrir los oídos para oírme,
+abre bien los ojos para ver lo que ocurra en la tertulia que voy a tener
+aquí, echando una cana al aire y renovando esta noche, por
+extraordinario, mis retozonas costumbres de otros días.
+
+Doña Ramona, hermana del alcalde y viuda como él, fue la primera que se
+presentó en la sala. Tres años hacía que había muerto su esposo el
+pellejero, pero la fabricación, la recomposición y el despacho de
+corambres, seguían más florecientes que nunca, si bien, en aquellos
+últimos meses, había surgido y continuaba una crisis en los asuntos de
+doña Ramona. Currito el Guapo, su más aventajado oficial, hábil como
+nadie en remendar y zurzir cueros y sobre todo en poner botanas, se
+había despedido de casa de la maestra, y se había lanzado en la vida
+heroica del jaque, buscando aventuras y aterrando a toda la gente
+pacífica de la población. Naturalmente la pellejería de doña Ramona, se
+resentía ya y empezaba a perder crédito y marchantes con la retirada de
+Currito.
+
+Las malas lenguas del lugar daban por causa de esta retirada el sobrado
+empeño de Currito en vigilar y celar a doña Ramona, aislándola de todo
+pretendiente, y el amor de ésta a la libertad y su indómito
+aborrecimiento a todo linaje de tutela. Currito salió, pues, de su casa,
+como de estampía; y, según hemos visto, se puso a ejercer su misión
+avasalladora y morigeradora de mujeres, en defensa y custodia de su
+hermana la estanquera y del resplandeciente Sol de Tarifa, de quien
+estaba o aparentaba estar enamorado. Se sonaba, no obstante, en el lugar
+que el verdadero objeto del amor de Currito era la maestra doña Ramona,
+la cual no había cumplido aún cuarenta años, estaba colorada y sana, y
+por los bríos y robustez de sus frescas y apretadas carnes era una
+bendición de Dios y daba gloria verla. Recelaba la gente que los amores
+de Currito, por el Sol de Tarifa, eran fingidos o por lo menos fruto de
+anterior despecho amoroso y que estos amores ponían la mira, más o menos
+conscientemente, en dar picón a doña Ramona.
+
+La segunda persona que acudió a la tertulia fue el ciego organista, D.
+Antonio, a par que gran músico y maestro en el órgano, hábil tocador de
+guitarra, así rasgueando como de punteo.
+
+El Sol de Tarifa entró poco después en la sala, seguida de la tía Pepa.
+Y vinieron por último, y según vulgarmente se dice, con este melón se
+llenó el serón, Currito el Guapo, acompañado de Rosita la estanquera, su
+linda hermana.
+
+No había ni vinieron más convidados, porque el alcalde quiso que su
+tertulia fuese aquella noche de lo más íntimo, selecto y _cremoso_ que
+en el lugar podía imaginarse. La sala, sin embargo, resplandecía como un
+ascua de oro, porque estaba iluminada con tres magníficos velones de
+Lucena de a cuatro mecheros cada uno y con algunas velas de cera que
+ardían en los candeleros de media docena de hermosas cornucopias,
+colgadas en las paredes sobre el rojo damasco que las tapizaba.
+
+El maestro Raimundico sabía vivir y vivía con todo el boato y la pompa
+que conviene a un señor lugareño. Y ya se presentía por ciertos indicios
+y hasta se olfateaba y casi se mascaba, merced al grato tufillo y a los
+vapores crasos que al través de pasadizos llegaban desde la cocina a la
+sala, que aquella noche iba a haber allí pavo en arrope, y no sólo
+_refrescanda_, sino _papandina_ también, y de lo más delicado y costoso.
+
+
+IV
+
+El maestro Raimundico había leído no pocos periódicos y algunos libros,
+iniciándose en varias ciencias morales y políticas, y sobre todo en una
+novísima, que las comprende casi todas, y que se llama Sociología. Mas
+no por eso presumía de orador, de sabio o de hombre de consejos. Su
+orgullo se cifraba en ser hombre de acción y completamente práctico. No
+aseguraré yo que él hubiese leído los _Ensayos_ de Lord Macaulay, aunque
+me parece que hay de ellos versión castellana; pero, si no los había
+leído, su mérito era mayor, pues coincidía con el positivista noble Lord
+en uno de sus más singulares pensamientos. Séneca había compuesto un
+elocuentísimo discurso contra la ira, lo cual de nada sirvió, ya que no
+se sabe de sujeto alguno que haya dejado de ponerse iracundo y de hacer
+mil barbaridades, convencido y corregido por los razonamientos de
+Séneca. Y como no se sabe que nadie haya ido con zapatos sin que los
+haya hecho algún zapatero, así el Lord como el maestro Raimundico
+inferían, con juiciosa dialéctica, que es más útil que Séneca, en toda
+sociedad humana, el más humilde de los zapateros. El maestro Raimundico,
+por consiguiente, como era o había sido zapatero y como nunca había sido
+humilde, se estimaba en mucho más que Séneca, sobre todo en lo tocante a
+utilidad y arte de la vida.
+
+Despreciaba o aparentaba despreciar la oratoria; pero, sin darse cuenta
+de ello, y dejándose arrebatar de sus convicciones, echaba amenudo
+discursos, si bien, más que floridos, enérgicos y breves.
+
+Veamos ahora lo que dijo a Currito el Guapo, hallándose presentes las
+demás personas que hemos enumerado:
+
+--Tu modo de proceder, amigo Currito, me tiene ya harto, y como soy
+alcalde no he de consentir que siga. Nadie te ha dado el encargo de
+vigilar y de celar a las muchachas y de hacer el papel, navaja en mano,
+de Catón censorino. Ya sabes tú que yo pertenezco al partido liberal,
+que gusta ahora de la autonomía y la concede a varias provincias de
+Ultramar. Considera, pues, si no quieres enojarme, a tu hermana Rosita y
+a mi señora doña Marcela, y déjalas autónomas, o sea en completa
+libertad de hacer cuanto se les antoje. Sólo así y no por violencia,
+miedo o tutela constante, tendrá verdadero mérito que resplandezcan en
+ellas la entereza y la persistencia con que mantienen su inmaculada
+virtud, defendiéndola de todos los ataques y asechanzas de los galanes
+seductores. Si ellas quieren de verdad que no entre en sus dominios
+contrabando ni matute, no es menester que tú asustes ni que mates a los
+contrabandistas y matuteros. Y si ellas quieren contrabando o matute le
+habrá aunque mates a docenas a los matuteros y contrabandistas. No puede
+ser el guardar a una mujer: ha dicho no sé qué sabio, y con sobrada
+razón a lo que entiendo. En suma, aunque el sabio no tuviera razón ni yo
+tampoco, yo tengo aquí la autoridad y la fuerza, que para el caso
+importan más que la razón, y te declaro que si continúas amedrentando a
+la gente, a mí no me amedrentas, y te empapelo, y si me empeño te envío
+a Ceuta o a Melilla para que allí luzcas tu valor matando moros. Si eres
+tan animoso, ¿por qué no te vas a Cuba o a Filipinas a espantar y a
+vencer a los rebeldes en vez de espantar al pacífico vecindario que yo
+gobierno ahora?
+
+--Yo, maestro, me hallo bien en este lugar, y maldita la gana que tengo
+de ir a Cuba o a Filipinas. Con que así no me amenace usted, que ya
+procuraré enmendarme. De todos mis furores tiene la culpa la penilla
+negra, y de la penilla negra que hay en mi corazón, bien me sé yo quien
+tiene la culpa.
+
+Aquí intervino doña Ramona y dijo:
+
+--Ea, hermano, déjate de sermones que aquí no hemos venido a sermonear
+sino a divertirnos. Ya se enmendará Curro y se pondrá más suave que un
+guante. D. Antonio, rasguee usted esa guitarra y que bailen el fandango
+estas niñas. Currito tiene buena voz y mejor estilo y cantará las
+coplas.
+
+No fue menester decir más. El organista tocó un fandango estrepitoso.
+
+Doña Marcela y Rosita bailaron con gracia y primor, repiqueteando las
+castañuelas.
+
+El maestro Raimundico, la tía Pepa y doña Ramona batieron palmas. Fue
+tal el estruendo que armaron que no parecía que hubiese allí siete sino
+setecientas personas.
+
+Cuando las palmas y las castañuelas cesaron y sólo sonó la guitarra,
+Currito cantó con voz sentimental y suave la copla siguiente:
+
+ Atame con un cabello
+ a los palos de tu cama,
+ y aunque el cabello se rompa
+ no hay miedo que yo me vaya.
+
+Mostró Currito al cantar inspiración tan amorosa y miró con ojos tan de
+carnero a medio morir a doña Ramona, que estaba sentada cerca de él, que
+doña Ramona no acertó a dominarse por más tiempo; sintió que se derretía
+y hasta que se evaporaba el hielo de sus desdenes; y, desechando sus
+propósitos de resistencia y echando a rodar hasta cierto punto su
+señoril o _magistral_ recato, dijo dirigiéndose a Currito:
+
+--Vamos, hombre, si al fin ha de ser, no quiero molerte más. Mejor es
+vergüenza en rostro que mancilla en corazón. No te ataré con un cabello,
+pero voy a atarte con este hilo, de la lana con que, sin que tú lo
+supieses, te estaba haciendo calcetines y pensando en ti, ¡ingratón,
+prófugo, arrastrado!
+
+Doña Ramona sacó entonces de la faltriquera de su delantal un enorme
+ovillo de lana parda, que allí tenía, desenvolvió un par de metros, hizo
+un lazo corredizo y se le echó a Currito cogiéndole por el pescuezo y
+teniéndole por el otro extremo a modo de brida.
+
+Aplaudieron todos que al fin se hubiera humanado la maestra y
+aplaudieron más aún que, en virtud de nuevas declaraciones y promesas de
+Currito, se reconociese y se proclamase allí la autonomía de Rosita y de
+doña Marcela. Para solemnizarla, ambas niñas bailaron unas sevillanas
+con notable garbo y maestría.
+
+Tres doncellas, de la servidumbre del maestro Raimundico, las tres muy
+aseadas y graciosas, sirvieron luego la cena en el comedor contiguo.
+
+En Villalegre se vive aún a la antigua usanza. Todos los vecinos
+acomodados comían la sopa y el puchero a las dos de la tarde. No se ha
+de extrañar, por consiguiente, que los asistentes en la tertulia
+tuviesen voraz apetito a eso de las once de la noche en que se sirvió la
+cena.
+
+En ella hubo lomo de cerdo en adobo, conservado en manteca, semejante a
+líquidos rubíes por el color rojo que le prestaba el aliño. Hubo también
+pavo asado y boquerones; exquisito vino de los Moriles; y, para postres,
+frutas y piñonate. Por último, como apéndice y complemento de festín tan
+opíparo, chocolate con hojaldres, mostachones y bizcotelas.
+
+El festín fue todavía más regocijado y alegre que suculento,
+prolongándose hasta las dos de la madrugada.
+
+Como despedida, quiso el maestro Raimundico poner el sello y dar la
+conveniente firmeza a lo que allí se había concertado. Impuso silencio y
+habló de esta suerte:
+
+--Yo tengo en Chinchón un excelente amigo, llamado D. Arturo González,
+el cual es tan profundo sociólogo como hábil fabricante o cosechero de
+aguardiente de anís doble. De este producto suyo me ha enviado algunas
+botellas, en cuyo marbete, que hoy se llama _etiqueta_, se lee con
+asombro: _Espíritu-Sociológico o líquido altruista_. Yo he querido
+competir con mi amigo D. Arturo, y sin robarle su _marca registrada_ he
+hecho aguardiente de anís doble también, que es tan altruista y tiene un
+espíritu tan sociológico como el suyo. Estas muchachas traerán en
+sendas bandejas copas y aguardiente de Villalegre y de Chinchón. Cada
+uno de nosotros se beberá dos copitas, una de cada clase, dirá cual le
+parece mejor, y brindará luego, así por el futuro consorcio de mi
+hermana y de Currito el Guapo, como por la gloriosa autonomía y plena
+libertad de Rosita y de doña Marcela.
+
+En efecto, trajeron el aguardiente, y cada uno bebió dos copas. Los
+pareceres se dividieron. Hubo quien votó por Chinchón, y hubo quien votó
+por Villalegre: pero, como cada cual bebió por lo menos segunda copa del
+aguardiente que le pareció mejor, el resultado vino a ser que salieron a
+tres o a cuatro copas por barba.
+
+Todo fue luego regocijo y afecto mutuo, y quedó demostrado que ambos
+aguardientes eran altruistas y estaban dotados de igual espíritu
+sociológico.
+
+Entonces el cortesano D. Raimundo, merced a varios evidentes indicios,
+no tardó en convencerse de que la virtud de doña Marcela no era cosa del
+otro jueves, ni con autonomía, ni sin autonomía.
+
+Pocos días después, se volvió D. Raimundo a la corte, convencido ya de
+que los inocentes idilios no son más fáciles que en ella en los más
+rústicos y apartados lugares. En la corte se olvidó pronto de doña
+Marcela, puso la mira en distinguirse como personaje político, logró
+salir diputado, y hay quien asegura que es hombre de gran porvenir, que
+llegará a ser Director General, Embajador o Ministro, y que al cabo el
+Gobierno español, o cuando no el pontificio, le concederá el título de
+Conde de Cartabón o de Hormabella.
+
+Doña Marcela, reconociendo que Villalegre es mezquino recinto para sus
+expansiones y propósitos, se ha ido a Tarifa, su patria, y desde Tarifa
+ha pasado a Gibraltar, cuya reconquista tal vez haga. Lo cierto es que
+así como a los Escipiones y a otros héroes de la antigua Roma, los
+apellidaron el Africano, el Numantino, el Británico y el Germánico,
+según la ciudad de que se habían apoderado o según la nación que habían
+subyugado, a ella, sin dejar de ser nunca el Sol de Tarifa, la apellidan
+la Gibraltareña, y como tal es famosa y celebrada en las cinco partes
+del mundo.
+
+Rosita se ha distinguido y ha prosperado menos desde que es autónoma;
+pero tampoco se duerme en las pajas. Sigue con el estanco, y por
+comprarle tabaco, hasta los que antes no fumaban, ya fuman, y la
+Tabacalera hace en Villalegre doble o triple negocio. Por comprarle
+sellos de correo no hay villalegrino que no escriba hoy más cartas de
+las que solía escribir. Y por último, Rosita vende tanto papel sellado
+que es una maravilla. Para explicarla racionalmente, hay quien da por
+seguro que ella no recibe ni acepta declaración alguna amorosa si no
+viene escrita en folios de a peseta.
+
+Entretanto doña Ramona y Currito, convertido ya en maestro, son cada día
+más venturosos y prosperan mucho haciendo y vendiendo corambres. No
+sabemos cómo se las compone Currito, pero es el caso que nunca sabe a
+pez el vino que se echa en sus odres; que hace botas lindísimas; y que
+también construye otra clase de cueros muy apropósito para llevar en
+ellos aceite a las Alpujarras, porque los _mangurrinos_, que así llaman
+en Villalegre a los alpujarreños, no producen aceite. En cambio producen
+miel de caña o de prima, de la cual miel llenan los arrieros los odres
+en que llevaron el aceite, y la traen a la provincia de Córdoba. Esta
+miel hace las delicias de las golosas lugareñas cordobesas, que la sacan
+del plato a pulso empapando en ella pedacitos de pan, y luciendo así las
+lindas manos con los deditos engarabitados en forma de cresta de gallo.
+
+No acierto a decidir qué lección moral pueda sacarse, ni qué tesis pueda
+probarse, en vista de los sucesos que he referido. Diré, pues,
+sencillamente, que cada cual saque la lección moral o pruebe la tesis
+que se le antoje, o no saque lección moral ni pruebe tesis alguna, con
+tal de que no se fastidie demasiado leyéndome.
+
+
+
+
+DOS CUENTOS JAPONESES
+
+
+Mi cuñado el Excmo. Sr. D. José Delavat, siendo Ministro de España en el
+Japón, tuvo la buena idea de enviarme de allí, por el correo, un lindo y
+curioso presente. Consiste en doce tomitos, impresos en un papel tan
+raro, que más parece tela que papel, y con multitud de preciosas
+pinturas intercaladas en el texto. Lo pintado es mucho más que lo
+escrito, y está pintado con grande originalidad y gracia.
+
+Si lo escrito estuviese en japonés, yo me quedaría con la gana de
+entenderlo, porque no sé palabra de la lengua o lenguas que se hablan o
+escriben en el Japón. Sólo sé que los japoneses tienen muchos libros, y
+que algunos de ellos, novelas sobre todo, están ya traducidos en varias
+lenguas europeas, y particularmente en inglés, francés y alemán. Por
+dicha, los doce tomitos o cuadernitos que poseo, aunque impresos y
+pintados en Tokio, están en lengua inglesa, y son cuentos para niños, a
+fin de que los niños del Japón aprendan el inglés. Parece que estos
+cuentos, enteramente populares, están tomados palabra por palabra de
+boca de las niñeras japonesas; y debe de ser así porque la candidez de
+la narración lo deja ver a las claras.
+
+Me han agradado tanto estos cuentos que no sé resistirme a la tentación
+de poner un par de ellos en castellano. Elijo los dos que me parecen más
+interesantes: uno porque se diferencia mucho de casi todos los cuentos
+vulgares europeos; y otro por lo mucho que se asemeja a ciertas leyendas
+cristianas; como la de San Amaro, la de otro santo, referida por el
+Padre Arbiol en sus _Desengaños místicos_, y la que ha puesto en verso
+el poeta americano Longfellow en su _Golden Legend_. Sin más
+introducción allá van los cuentos.
+
+
+
+
+EL ESPEJO DE MATSUYAMA
+
+
+Mucho tiempo ha vivían dos jóvenes esposos en lugar muy apartado y
+rústico. Tenían una hija y ambos la amaban de todo corazón. No diré los
+nombres de marido y mujer, que ya cayeron en olvido, pero diré que el
+sitio en que vivían se llamaba Matsuyama, en la provincia de Echigo.
+
+Hubo de acontecer, cuando la niña era aún muy pequeñita, que el padre se
+vio obligado a ir a la gran ciudad, capital del Imperio. Como era tan
+lejos, ni la madre ni la niña podían acompañarle, y él se fue solo,
+despidiéndose de ellas y prometiendo traerles, a la vuelta, muy lindos
+regalos.
+
+La madre no había ido nunca más allá de la cercana aldea, y así no podía
+desechar cierto temor al considerar que su marido emprendía tan largo
+viaje; pero al mismo tiempo sentía orgullosa satisfacción de que fuese
+él, por todos aquellos contornos, el primer hombre que iba a la rica
+ciudad, donde el rey y los magnates habitaban, y donde había que ver
+tantos primores y maravillas.
+
+En fin, cuando supo la mujer que volvía su marido, vistió a la niña de
+gala, lo mejor que pudo, y ella se vistió un precioso traje azul que
+sabía que a él le gustaba en extremo.
+
+No atino a encarecer el contento de esta buena mujer cuando vio al
+marido volver a casa sano y salvo. La chiquitina daba palmadas y sonreía
+con deleite al ver los juguetes que su padre le trajo. Y él no se
+hartaba de contar las cosas extraordinarias que había visto, durante la
+peregrinación, y en la capital misma.
+
+--A ti--dijo a su mujer--te he traído un objeto de extraño mérito; se
+llama espejo. Mírale y dime qué ves dentro.
+
+Le dio entonces una cajita chata, de madera blanca, donde, cuando la
+abrió ella, encontró un disco de metal. Por un lado era blanco como
+plata mate, con adornos en realce de pájaros y flores, y por el otro,
+brillante y pulido como cristal. Allí miró la joven esposa con placer y
+asombro, porque desde su profundidad vio que la miraba, con labios
+entreabiertos y ojos animados, un rostro que alegre sonreía.
+
+--¿Qué ves?--preguntó el marido encantado del pasmo de ella y muy ufano
+de mostrar que había aprendido algo durante su ausencia.
+
+--Veo a una linda moza, que me mira y que mueve los labios como si
+hablase, y que lleva ¡caso extraño! un vestido azul, exactamente como el
+mío.
+
+--Tonta, es tu propia cara la que ves;--le replicó el marido, muy
+satisfecho de saber algo que su mujer no sabía.--Ese redondel de metal
+se llama espejo. En la ciudad cada persona tiene uno, por más que
+nosotros, aquí en el campo, no los hayamos visto hasta hoy.
+
+Encantada la mujer con el presente, pasó algunos días mirándose a cada
+momento, porque, como ya dije, era la primera vez que había visto un
+espejo, y por consiguiente, la imagen de su linda cara. Consideró, con
+todo, que tan prodigiosa alhaja tenía sobrado precio para usada de
+diario, y la guardó en su cajita y la ocultó con cuidado entre sus más
+estimados tesoros.
+
+Pasaron años, y marido y mujer vivían aun muy dichosos. El hechizo de su
+vida era la niña, que iba creciendo y era el vivo retrato de su madre, y
+tan cariñosa y buena que todos la amaban. Pensando la madre en su propia
+pasajera vanidad, al verse tan bonita, conservó escondido el espejo,
+recelando que su uso pudiera engreír a la niña. Como no hablaba nunca
+del espejo, el padre le olvidó del todo. De esta suerte se crió la
+muchacha tan sencilla y candorosa como había sido su madre, ignorando su
+propia hermosura, y que la reflejaba el espejo.
+
+Pero llegó un día en que sobrevino tremendo infortunio para esta familia
+hasta entonces tan dichosa. La excelente y amorosa madre cayó enferma, y
+aunque la hija la cuidó con tierno afecto y solícito desvelo, se fue
+empeorando cada vez más, hasta que no quedó esperanza, sino la muerte.
+
+Cuando conoció ella que pronto debía abandonar a su marido y a su hija,
+se puso muy triste, afligiéndose por los que dejaba en la tierra y sobre
+todo por la niña.
+
+La llamó, pues, y le dijo:
+
+--Querida hija mía, ya ves que estoy muy enferma y que pronto voy a
+morir y a dejaros solos a ti y a tu amado padre. Cuando yo desaparezca,
+prométeme que mirarás en el espejo, todos los días, al despertar y al
+acostarte. En él me verás y conocerás que estoy siempre velando por ti.
+
+Dichas estas palabras, le mostró el sitio donde estaba oculto el espejo.
+La niña prometió con lágrimas lo que su madre pedía, y ésta, tranquila y
+resignada, expiró a poco.
+
+En adelante, la obediente y virtuosa niña jamás olvidó el precepto
+materno, y cada mañana y cada tarde tomaba el espejo del lugar en que
+estaba oculto, y miraba en él, por largo rato e intensamente. Allí veía
+la cara de su perdida madre, brillante y sonriendo. No estaba pálida y
+enferma como en sus últimos días, sino hermosa y joven. A ella confiaba
+de noche sus disgustos y penas del día, y en ella, al despertar, buscaba
+aliento y cariño para cumplir con sus deberes.
+
+De esta manera vivió la niña, como vigilada por su madre, procurando
+complacerla en todo como cuando vivía, y cuidando siempre de no hacer
+cosa alguna que pudiera afligirla o enojarla. Su más puro contento era
+mirar en el espejo y poder decir:
+
+--Madre, hoy he sido como tú quieres que yo sea.
+
+Advirtió el padre, al cabo, que la niña miraba sin falta en el espejo,
+cada mañana y cada noche, y parecía que conversaba con él. Entonces le
+preguntó la causa de tan extraña conducta.
+
+La niña contestó:
+
+--Padre, yo miro todos los días en el espejo para ver a mi querida madre
+y hablar con ella.
+
+Le refirió además el deseo de su madre moribunda y que ella nunca había
+dejado de cumplirle.
+
+Enternecido por tanta sencillez y tan fiel y amorosa obediencia, vertió
+él lágrimas de piedad y de afecto, y nunca tuvo corazón para descubrir a
+su hija que la imagen que veía en el espejo era el trasunto de su propia
+dulce figura, que el poderoso y blando lazo del amor filial hacía cada
+vez más semejante a la de su difunta madre.
+
+
+
+
+
+
+EL PESCADORCITO URASHIMA
+
+
+VIVÍA muchísimo tiempo hace, en la costa del mar del Japón, un
+pescadorcito llamado Urashima, amable muchacho, y muy listo con la caña
+y el anzuelo.
+
+Cierto día salió a pescar en su barca; pero en vez de coger un pez, ¿qué
+piensas que cogió? Pues bien, cogió una grande tortuga con una concha
+muy recia y una cara vieja, arrugada y fea, y un rabillo muy raro. Bueno
+será que sepas una cosa, que sin duda no sabes, y es que las tortugas
+viven mil años: al menos las japonesas los viven.
+
+Urashima, que no lo ignoraba, dijo para sí:
+
+--Un pez me sabrá tan bien para la comida y quizás mejor que la tortuga.
+¿Para qué he de matar a este pobrecito animal y privarle de que viva aún
+novecientos noventa y nueve años? No, no quiero ser tan cruel. Seguro
+estoy de que mi madre aprobará lo que hago.
+
+Y en efecto, echó la tortuga de nuevo en la mar.
+
+Poco después aconteció que Urashima se quedó dormido en su barca. Era
+tiempo muy caluroso de verano, cuando casi nadie se resiste al medio día
+a echar una siesta.
+
+Apenas se durmió, salió del seno de las olas una hermosa dama que entró
+en la barca y dijo:
+
+--Yo soy la hija del dios del mar y vivo con mi padre en el Palacio del
+Dragón, allende los mares. No fue tortuga la que pescaste poco ha, y tan
+generosamente pusiste de nuevo en el agua en vez de matarla. Era yo
+misma, enviada por mi padre, el dios del mar, para ver si tú eras bueno
+o malo. Ahora, como ya sabemos que eres bueno, un excelente muchacho,
+que repugna toda crueldad, he venido para llevarte conmigo. Si quieres,
+nos casaremos y viviremos felizmente juntos, más de mil años, en el
+Palacio del Dragón, allende los mares azules.
+
+Tomó entonces Urashima un remo y la Princesa marina otro; y remaron,
+remaron, hasta arribar por último al Palacio del Dragón, donde el dios
+de la mar vivía e imperaba, como rey, sobre todos los dragones, tortugas
+y peces. ¡Oh que sitio tan ameno era aquel! Los muros del Palacio eran
+de coral; los árboles tenían esmeraldas por hojas, y rubíes por fruta;
+las escamas de los peces eran plata, y las colas de los dragones, oro.
+Piensa en todo lo más bonito, primoroso y luciente que viste en tu vida,
+ponlo junto, y tal vez concebirás entonces lo que el Palacio parecía. Y
+todo ello pertenecía a Urashima. Y ¿cómo no, si era el yerno del dios
+de la mar y el marido de la adorable Princesa?
+
+Allí vivieron dichosos más de tres años, paseando todos los días por
+entre aquellos árboles con hojas de esmeraldas y frutas de rubíes.
+
+Pero una mañana dijo Urashima a su mujer:
+
+--Muy contento y satisfecho estoy aquí. Necesito, no obstante, volver a
+mi casa y ver a mi padre, a mi madre, a mis hermanos y a mis hermanas.
+Déjame ir por poco tiempo y pronto volveré.
+
+--No gusto de que te vayas, contestó ella. Mucho temo que te suceda algo
+terrible: pero vete, pues así lo deseas y no se puede evitar. Toma, con
+todo, esta caja, y cuida mucho de no abrirla. Si la abres, no lograrás
+nunca volver a verme.
+
+Prometió Urashima tener mucho cuidado con la caja y no abrirla por nada
+del mundo. Luego entró en su barca, navegó mucho, y al fin desembarcó en
+la costa de su país natal.
+
+Pero ¿qué había ocurrido durante su ausencia? ¿Dónde estaba la choza de
+su padre? ¿Qué había sido de la aldea en que solía vivir? Las montañas,
+por cierto, estaban allí como antes: pero los árboles habían sido
+cortados. El arroyuelo, que corría junto a la choza de su padre, seguía
+corriendo: pero ya no iban allí mujeres a lavar la ropa como antes.
+Portentoso era que todo hubiese cambiado de tal suerte en sólo tres
+años.
+
+Acertó entonces a pasar un hombre por allí cerca y Urashima le
+preguntó:
+
+--¿Puedes decirme, te ruego, donde está la choza de Urashima, que se
+hallaba aquí antes?
+
+El hombre contestó:
+
+--¿Urashima? ¿cómo preguntas por él, si hace cuatrocientos años que
+desapareció pescando? Su padre, su madre, sus hermanos, los nietos de
+sus hermanos, ha siglos que murieron. Esa es una historia muy antigua.
+Loco debes de estar cuando buscas aún la tal choza. Hace centenares de
+años que era escombros.
+
+De súbito acudió a la mente de Urashima la idea de que el Palacio del
+Dragón, allende los mares, con sus muros de coral y su fruta de rubíes,
+y sus dragones con colas de oro, había de ser parte del país de las
+hadas, donde un día es más largo que un año en este mundo, y que sus
+tres años, en compañía de la Princesa, habían sido cuatrocientos. De
+nada le valía, pues, permanecer ya en su tierra, donde todos sus
+parientes y amigos habían muerto, y donde hasta su propia aldea había
+desaparecido.
+
+Con gran precipitación y atolondramiento pensó entonces Urashima en
+volverse con su mujer, allende los mares. Pero ¿cuál era el rumbo que
+debía seguir? ¿quién se le marcaría?
+
+--Tal vez, caviló él, si abro la caja que ella me dio, descubra el
+secreto y el camino que busco.
+
+Así desobedeció las órdenes que le había dado la Princesa, o bien no las
+recordó en aquel momento, por lo trastornado que estaba.
+
+Como quiera que fuese, Urashima abrió la caja. Y ¿qué piensas que salió
+de allí? Salió una nube blanca que se fue flotando sobre la mar.
+Gritaba él en balde a la nube que se parase. Entonces recordó con
+tristeza lo que su mujer le había dicho de que, después de haber abierto
+la caja, no habría ya medio de que volviese él al Palacio del dios de la
+mar.
+
+Pronto ya no pudo Urashima ni gritar, ni correr, hacia la playa, en pos
+de la nube.
+
+De repente, sus cabellos se pusieron blancos como la nieve, su rostro se
+cubrió de arrugas, y sus espaldas se encorvaron como las de un hombre
+decrépito. Después le faltó el aliento. Y al fin cayó muerto en la
+playa.
+
+¡Pobre Urashima! Murió por atolondrado y desobediente. Si hubiera hecho
+lo que le mandó la Princesa, hubiese vivido aún más de mil años.
+
+Dime: ¿no te agradaría ir a ver el Palacio del Dragón, allende los
+mares, donde el dios vive y reina como soberano sobre dragones, tortugas
+y peces, donde los árboles tienen esmeraldas por hojas y rubíes por
+fruta, y donde las escamas son plata y las colas oro?
+
+
+
+
+ESTRAGOS DE AMOR Y CELOS
+
+DRAMA TRÁGICO
+
+
+ESTE drama, tan excesivamente trágico, carece de todo valer literario,
+pero se publica aquí para satisfacer la curiosidad de no pocas personas
+que deseaban verle cuando se representó y no lo consiguieron a causa de
+la pequeñez del salón que sirvió de teatro. El autor compuso el drama a
+petición de la graciosa y discreta señorita doña María de Valenzuela,
+que prescribió determinadas condiciones a las que debía sujetarse la
+obra. El drama no había de durar más de catorce o quince minutos, la
+acción había de ser tan tremenda como rápida, y, salvo los comparsas y
+personajes mudos, sólo habían de figurar en él seis interlocutores, tres
+varones y tres hembras, todos los cuales habían de morir de desastrada y
+violenta muerte en la misma escena. Tan espantoso desenlace no había de
+tener por causa ni peste, ni hambre, ni fuego del cielo, ni ningún otro
+medio sobrenatural, sino que todo había de ocurrir sencillamente por
+efecto del truculento frenesí que el amor y los celos producen en el
+alma de una mujer apasionada. Yo creo haber cumplido con las condiciones
+que la mencionada señorita me impuso y de ello estoy orgulloso.
+Reconozco, no obstante, que mi drama no hubiera sido tan aplaudido y
+celebrado a no ser por el mérito de los actores y de las actrices que me
+hicieron la honra de representarle. Fueron éstos la simpática señora
+doña Rosario Conde y Luque de Rascón, las dos señoritas doña María y
+doña Isabel de Valenzuela y los Sres. D. Alfonso Danvila, D. Javier de
+la Pezuela y D. Silvio Vallín. A ellos, y no a la menguada y pobre
+inspiración del poeta, se debe el éxito pasmoso que obtuvo el drama, en
+el precioso teatro que el Sr. D. Fernando Bauer improvisó en su casa, y
+cuya magnífica decoración mudéjar pintó lindamente el Sr. Conde del Real
+Aprecio. Debo añadir aquí que no se prescindió de medio alguno, ni se
+excusó diligencia para procurar que los trajes y la pompa y aparato
+escénicos correspondiesen y hasta realzasen la grandeza y solemne
+majestad del argumento. Despojada ahora mi producción de todos los
+primores que entonces le prestaron valer, será muy difícil que agrade.
+Yo, sin embargo, me atrevo a insertarla aquí, confiado en la indulgencia
+del público y para complacer a varios amigos y conocidos míos que desean
+tenerla en letra de molde.
+
+
+
+
+ACTO ÚNICO
+
+Magnífico vestíbulo del Castillo. Gran puerta en el fondo. Puertas
+laterales. Es de noche. Ruge la tempestad. Obscuridad profunda,
+iluminada a veces por relámpagos vivísimos. Mucho trueno.
+
+
+ESCENA PRIMERA
+
+Entra _D.ª Brianda_ vestida con traje de mediados del siglo XV, y con un
+candil en la mano.
+
+ _Doña Brianda_.
+
+ ¡Ay que noche, Dios mío!
+ Siento a veces calor y a veces frío.
+ Truena y relampaguea,
+ y con furor tan bárbaro graniza
+ que el cabello en la frente se me eriza,
+ y tengo el corazón hecho jalea.
+ Y eso que soy valiente cual ninguna:
+ bien lo conoce D. Ramón, mi hermano,
+ que me abandona en noche tan fatal
+ y sale, confiado en su fortuna,
+ con todo el escuadrón fuerte y lozano
+ que manda y rige cual señor feudal.
+ Lo que piensan hacer es un misterio,
+ pero debe de ser lance muy serio.
+ A media legua de esta casa fuerte
+ está ya el reino moro de Granada,
+ donde estragos y muerte
+ van a llevar entrando en algarada.
+ Mas bien puede en el ínterin venir
+ a este castillo el moro,
+ y darme que sentir,
+ y hasta faltar un poco a mi decoro.
+ ¡Grandes son mis recelos!
+ (Dan fuertes aldabonazos a la puerta de entrada.)
+ ¡Qué horror! ¿Quién llamará? ¡Divinos cielos!
+ (Suena desde fuera una voz.)
+
+ _Voz._
+
+ ¡Ah del castillo! ¡Hola!
+
+ _Doña Brianda_.
+
+ (Que se ha acercado a la puerta y ha mirado por el agujero de
+ la llave.)
+ Voz de mujer parece y está sola.
+ (Vuelve a mirar por el agujero.)
+ Mas no, que un negro bulto la acompaña.
+ ¿Quién es?
+
+ _Voz de fuera_.
+
+ ¡Ábreme!
+
+ _Doña Brianda_.
+
+ ¡Cielos! ¿Qué maraña
+ es aquesta? ¿qué voz ora me saca
+ el corazón de quicio?
+ o he perdido el juicio,
+ o esta es la propia voz de doña Urraca.
+
+ _Doña Urraca_.
+
+ Yo soy. Abre, Brianda.
+
+ _Doña Brianda_.
+
+ Entra. Ya estoy como la cera blanda.
+
+
+ ESCENA II
+
+
+ Dicha. _Doña Urraca_ y el moro _Tarfe_ embozado en su capa hasta los
+ ojos.
+
+ _Doña Brianda_.
+
+ ¿Tú por aquí a horas tales?
+ ¿Qué sucesos fatales
+ te hacen vagar en tan horrible noche,
+ sin pajes, sin caballos y sin coche
+ por esos andurriales?
+
+ _Doña Urraca_.
+
+ Decirlo todo quiero,
+ mas tu favor y tu indulgencia pido.
+ Es mi padre, D. Suero,
+ el padre más ruin y cicatero
+ que en el mundo ha nacido.
+ Por no dar dote no me da marido.
+ Para empapar dinero,
+ mas no para soltarle, es una esponja;
+ y en lugar de buscarme un buen partido,
+ se empeña cruel en que me meta monja.
+ Yo al vendaval de mi pasión amante
+ me doy sobreexcitada a todo trapo,
+ y con un novio tierno y arrogante
+ de la casa paterna al fin me escapo.
+ Con él huyendo voy a morería,
+ pero la tempestad nos extravía.
+ El bagaje, una tropa
+ de malhechores nos robó en la vía.
+ De mi amigo el valor me ha libertado,
+ mas hasta aquí con pena hemos llegado
+ cada cual con la lluvia hecho una sopa
+ y en lastimoso estado.
+
+ _Doña Brianda_.
+
+ ¿Y quién, oh mi señora,
+ es el tal novio con que vas ahora?
+
+ _Doña Urraca_.
+
+ Es Tarfe, un mahometano,
+ mas me promete que se hará cristiano.
+
+ _Doña Brianda_.
+
+ Entonces menos mal.
+ (El moro se desemboza. Doña Brianda le acerca el candil y le
+ mira con detención.)
+ ¡Es muy buen mozo!
+
+ _Doña Urraca_.
+
+ Ya lo creo.
+
+ _Doña Brianda_.
+
+ Yo aplaudo tu alborozo.
+ (Suenan clarines y se oyen muchas voces.)
+ ¡Ay Dios de los ejércitos! ya llega
+ mi fiero hermano de la atroz refriega.
+ Él considerará grave delito
+ fugarse con un moro, e infelices
+ seréis los dos, si os coge en el garlito.
+ Le cortará a tu moro las narices,
+ y a ti te mandará bien escoltada
+ de tu padre D. Suero a la morada.
+
+ _Doña Urraca_.
+
+ Pues escóndenos pronto, cara amiga.
+
+ _Doña Brianda_.
+
+ Venid a un escondite.
+
+ _Doña Urraca_.
+
+ Puede que así se evite
+ el presentido mal que me atosiga.
+
+ (Queda por un momento la escena vacía. Vuelve a poco doña Brianda y abre
+ de nuevo la puerta principal. La trompetería ha sonado más cerca. Entra
+ D. Ramón con toda su hueste, armada de brillantes armas, y dos personas
+ cubiertas de negros capuces. Algunos de la comitiva traen antorchas o
+ candelabros, que colocados en lugar conveniente iluminan la escena.)
+
+
+ ESCENA III
+
+
+ _Doña Brianda_, _D. Ramón_, la hueste y los encubiertos.
+
+ _D. Ramón_.
+
+ Ya estás en salvo en mi casa.
+ Valientemente reñías
+ cuando acudí con mi hueste
+ y rechacé a la morisma,
+ haciendo tremendo estrago
+ en sus apretadas filas.
+
+ _D. Tristán_.
+
+ (Sin descubrirse.)
+
+ Mucha gratitud te debo.
+ Sin ti perdiera la vida.
+
+ _D. Ramón_.
+
+ Descúbrete y di quién eres.
+
+ _D. Tristán_.
+
+ A estar oculto me obliga
+ la prudencia, mas a solas
+ te descubriré en seguida
+ quién soy y de dónde vengo.
+ Despide a tu comitiva.
+
+ _D. Ramón_.
+
+ ¡Despejad!
+
+ (Vanse todos los guerreros y solo quedan los dos de los capuces y doña
+ Brianda.)
+
+ _D. Tristán_.
+
+ Aún queda alguien.
+
+ _D. Ramón_.
+
+ Esta es mi hermana querida.
+
+ _D. Tristán_.
+
+ Pues aunque sea tu hermana
+ haz que se vaya.
+
+ _D. Ramón_.
+
+ Hermanita
+ lárgate.
+
+ _Doña Brianda_.
+
+ Me largaré.
+ (Ap.) ¡qué sospecha, suerte impía!
+ ¡Qué fatal presentimiento
+ en mi corazón se agita!
+ La voz del encapuchado,
+ la de D. Tristán imita.
+ ¿Será D. Tristán acaso?
+ Yo me quedaré escondida
+ atisbando y escuchando
+ para descubrir la intriga. (Vase.)
+
+
+ ESCENA IV
+
+
+ _Don Tristán_, _D. Ramón_ y _Zulema_. _Doña Brianda_ entre bastidores
+ atisbando lo que pasa y asomando de vez en cuando la cabeza.
+
+ _D. Ramón_.
+
+ Solos ya, satisface mi deseo:
+ desembózate.
+
+ _D. Tristán_.
+
+ ¡Mira!
+
+ _D. Ramón_.
+
+ ¡Ay, Dios! ¡qué veo!
+ Don Tristán eres tú, mi amigo caro.
+ ¿Por qué caso tan raro
+ te encontré solo en la tremenda lid,
+ más valiente que el Cid,
+ entre fieros paganos?
+
+ _D. Tristán_.
+
+ Yo me volvía a tierra de cristianos
+ después de estar en la imperial Granada,
+ de donde traigo a esta mujer robada.
+ Es mi dicha suprema,
+ es mi esposa, es mi bien,
+ es la hermosa Zulema,
+ hija mayor del rey Muley Hacen.
+ Contempla su hermosura.
+
+ (Don Tristán se dirige a Zulema, le quita el negro capuz y ella aparece
+ deslumbradora, con rico traje oriental, todo cuajado de oro y de piedras
+ preciosas.)
+
+ _D. Ramón_.
+
+ (Mirando a Zulema y como en éxtasis.)
+
+ ¡Un sol en el zenit se me figura!
+ ¿qué vas a hacer con tan sin par doncella?
+
+ _D. Tristán_.
+
+ Me casaré con ella
+ cuando esté en mi lugar y busque al cura,
+ que de antemano le dará el bautismo:
+ Ya una esclava católica
+ le enseñó el catecismo.
+ Ella está melancólica
+ porque deja a su padre y a su grey
+ en la maldita ley
+ del Profeta Mahoma,
+ que sin fallar los llevará al infierno.
+
+ _D. Ramón_.
+
+ Harto pesada broma
+ das tú entretanto al rey
+ con hacerte su yerno.
+
+ _D. Tristán_.
+
+ Déjate de discursos y razones.
+
+ _D. Ramón_.
+
+ Me callo, pues. Di tú lo que dispones.
+
+ _D. Tristán_.
+
+ Aquí pernoctar quiero
+ hasta que raye el matinal lucero.
+ Entonces prosiguiendo en mi camino
+ me volveré al castillo de D. Suero,
+ mi padre muy amado,
+ conduciendo a mi dueño idolatrado
+ sobre las ancas de mi fiel rocino.
+
+ _Zulema_.
+
+ ¡Ah! sí, vámonos pronto, D. Tristán.
+ Temo que aún nos ocurra algún desmán.
+
+ _D. Ramón_.
+
+ No tema Vuestra Alteza,
+ que está segura en esta fortaleza.
+ Venid, pues, al mejor de mis salones
+ a descansar del hórrido combate,
+ y a lavaros también.
+ Después os servirán el chocolate,
+ con bollos de manteca, mojicones,
+ buñuelos y otras frutas de sartén. (Vanse.)
+
+
+ ESCENA V
+
+
+ _Doña Brianda_ sola.
+
+ _Doña Brianda_.
+
+ ¡Malvado! ¡traidor, infiel!
+ Por esa perversa mora
+ me deja quien me enamora
+ en abandono cruel.
+ Palabra de casamiento
+ me dio el impío hace un año.
+ ¡Espantoso desengaño!
+ ¡Todo se lo lleva el viento!
+ Pero no; ruda venganza
+ tomaré de ese salvaje.
+ Daré a la mora un brevaje
+ que le destroce la panza
+ y la vida le arrebate.
+ Mi criada, que es ladina,
+ esta esencia de estricnina
+ verterá en su chocolate.
+
+ (Enseña un pomo que tiene en la mano y se va por donde ha entrado.)
+
+
+ ESCENA VI
+
+
+ Sale _D. Ramón_ por el lado opuesto, después de haber dejado lavándose a
+ sus dos huéspedes.
+
+ _D. Ramón_.
+
+ (Meditando.)
+
+ Confieso que me escama
+ el empeño que tiene D. Tristán
+ de ocultar a mi hermana que el galán
+ es él, en esta novelesca trama.
+ Catástrofes barrunto;
+ pero será mejor no cavilar.
+ A mis huéspedes quiero agasajar.
+ Haré que lleven chocolate al punto.
+
+ (Vase por el otro lado. Queda un momento la escena vacía.)
+
+
+ ESCENA VII
+
+
+ Aparece la criada con una bandeja, dos jícaras de chocolate y bollos, y
+ pasa de largo. Entra _Doña Brianda_.
+
+ _Doña Brianda_.
+
+ El veneno vertí ya
+ en la jícara espumante,
+ y dentro de breve instante
+ la mora le beberá.
+ De fijo reventará,
+ dando así satisfacción
+ a mi burlada pasión
+ y a mis espantosos celos,
+ y cumpliendo mis anhelos
+ de hacer a Tristán tristón.
+
+
+ ESCENA VIII
+
+
+ Dicha y _D. Tristán_ que trae entre los brazos medio desmayada a
+ _Zulema_.
+
+ _D. Tristán_.
+
+ ¡Qué espanto! ¡Qué maravilla!
+ Apenas bebe Zulema
+ el chocolate, se quema
+ cual si comiese morcilla
+ de la que echan a los perros
+ para darles cruda muerte.
+ ¡Qué bien castiga la suerte
+ mis enamorados yerros!
+
+ _Zulema_.
+
+ ¡Ay, D. Tristán! Yo reviento,
+ ¿qué chocolate endiablado
+ es el que ahora he tomado?
+ ¡Fuego en mis entrañas siento!
+
+ _Doña Brianda_.
+
+ ¿Qué es esto, señor, qué pasa?
+
+ _D. Tristán_.
+
+ ¡Que Zulema se me muere!
+
+ _Doña Brianda_.
+
+ Pues me alegro. Ella me hiere
+ y mi corazón traspasa
+ de los celos con la punta.
+ ¡Infiel Tristán, asesino,
+ de ti me venga el destino
+ al dejártela difunta!
+
+ _Zulema_.
+
+ ¡Yo me muero!
+
+ (Hace una horrible mueca, se desprende de entre los brazos de don
+ Tristán y cae muerta en el suelo.)
+
+ _Doña Brianda_.
+
+ Ya espichó. (Con júbilo feroz.)
+
+ _D. Tristán_.
+
+ ¡Muerta está! ¡Trance funesto! (Tocándola.)
+
+ _Doña Brianda_.
+
+ Pues no me basta con esto.
+ Mi furia no se calmó,
+ y para vengarme más,
+ te haré saber que tu hermana
+ más que esa mora liviana
+ y peor que Barrabás,
+ se ha escapado con un moro
+ de la morada paterna
+ y está locamente tierna
+ ofendiendo tu decoro.
+
+ _D. Tristán_.
+
+ ¿Qué me dices? ¡Maldición!
+ ¡Ha de costarle la vida!
+ ¿Dónde se encuentra?
+
+ _Doña Brianda_.
+
+ Escondida
+ la tengo en esta mansión.
+ Ella y el alarbe juntos
+ se esconden en el granero.
+
+ _D. Tristán_.
+
+ Voy a buscarlos y espero
+ que pronto estarán difuntos.
+
+ (Desenvaina la espada y echa a correr.)
+
+
+ ESCENA IX
+
+
+ _Doña Brianda_ sola.
+
+ _Doña Brianda_.
+
+ Muertes hoy y guerra ruda
+ los celos producirán.
+ Ya habrá subido al desván,
+ y habrá encontrado sin duda
+ al moro y a doña Urraca.
+ Ya está la pobre aviada...
+ Tristán no envaina la espada
+ sin sangre, cuando la saca.
+
+
+ ESCENA X
+
+
+ Entra huyendo _Doña Urraca_, y _D. Tristán_ persiguiéndola con la espada
+ desnuda.
+
+ _Doña Urraca_.
+
+ ¡No me mates, hermano!
+ Tarfe se hará cristiano
+ y será mi marido:
+ Así quedará todo corregido.
+
+ _D. Tristán_.
+
+ No puedo perdonarte tu pecado.
+ ¡Tú mi honor has manchado
+ con un perro sectario de Mahoma!
+ ¡Toma el castigo que mereces! ¡Toma!
+
+ (Le da una tremenda estocada y doña Urraca cae muerta.)
+
+ _Doña Brianda_.
+
+ Mi agradable venganza va adelante.
+
+
+ ESCENA XI
+
+
+ Dichos y el moro _Tarfe_ que entra furioso y con el chafarote
+ desenvainado.
+
+ _Tarfe_.
+
+ ¿Dónde está ese tunante,
+ que por el intrincado laberinto
+ de esos mil corredores
+ se escabulló siguiendo a mis amores?
+
+ _D. Tristán_.
+
+ Aquí me tienes, moro majadero,
+ y ya en la sangre de tu amiga tinto
+ está mi fuerte acero.
+
+ _Tarfe_.
+
+ ¡Pues vivo no saldrás de este recinto!
+ Pague tu desalmada
+ sangre, la que vertiste de mi amada.
+
+ (Riñen. Don Tristán atraviesa al moro de una estocada y el moro cae
+ muerto.)
+
+
+ ESCENA XII
+
+
+ Dichos y _D. Ramón_ que entra apresurado.
+
+ _D. Ramón_.
+
+ ¿Qué ocurre aquí? ¡Qué estruendo!
+ ¡Qué horror! ¡cuántos cadáveres!
+
+ _D. Tristán_.
+
+ ¡Oh, dura
+ inevitable ley del hado horrendo!
+
+ _Doña Brianda_.
+
+ ¡Ay don Ramón! El mostruo que estás viendo
+ me burló con infame travesura.
+ Su palabra me dio de matrimonio,
+ y engañándome luego,
+ de ángel que fui, me convirtió en demonio,
+ y del infierno me lanzó en el fuego.
+ ¡De mi horrible venganza estoy ufana!
+
+ _D. Ramón_.
+
+ (Dirigiéndose a D. Tristán.)
+
+ D. Tristán, o te casas con mi hermana,
+ o tu maldad te costará muy cara.
+
+ _D. Tristán_.
+
+ No puedo: un mar de sangre nos separa.
+
+ _D. Ramón_.
+
+ Pues aun la sangre me parece poca,
+ y esa tu negativa del casorio
+ a derramar la tuya me provoca.
+
+ _D. Tristán_.
+
+ Esto va a ser sobrado mortuorio,
+ pero es irresistible mi arrebato...
+ Defiéndete o te mato.
+
+ (Riñen los dos y ambos se hieren mortalmente y caen muertos en tierra.)
+
+ _Doña Brianda_.
+
+ Ya de mi celoso ahínco
+ el resultado me asombra;
+ en pie estoy como una sombra
+ entre cadáveres cinco.
+ De demonios un enjambre
+ muy pronto vendrá por mí.
+ Mi celoso frenesí
+ ha roto el vital estambre
+ de estos cinco personajes,
+ a quien yo tanto quería.
+ Ahora siente el alma mía
+ remordimientos salvajes.
+ No está bien, es indecente
+ que yo conserve el vivir,
+ cuando logré hacer morir
+ a tan buena y noble gente.
+
+ (Dirigiéndose al cadáver de D. Ramón.)
+
+ Perdona, hermano, perdona
+ si por mi culpa estás muerto.
+
+ (Dirigiéndose a doña Urraca.)
+
+ Aunque ya cadáver yerto,
+ estás, Urraca, muy mona.
+
+ (Dirigiéndose a Zulema.)
+
+ Y tú, gallarda Zulema,
+ ¿qué culpa de amar adquieres
+ a quien para las mujeres
+ fue más dulce que la crema?
+
+ (A D. Tristán.)
+
+ ¡Ay D. Tristán! de mi rabia
+ me arrepiento ya muy tarde.
+ ¡Aún te adoro! Asaz cobarde
+ fuera la que así te agravia,
+ si en tan solemne ocasión
+ a vivir se resignara,
+ y al punto no se matara
+ con firme resolución!
+
+ (Saca el pomo del veneno.)
+
+ Aún se esconde en este frasco
+ gran cantidad de veneno.
+ Valiente soy... Daré un trueno;
+ me lo beberé sin asco.
+
+ (Apura todo el veneno que hay en el pomo.)
+
+ Ya me lo bebí; ya miro
+ de feos demonios un bando,
+ que están en torno esperando
+ que yo dé el postrer suspiro,
+ para ir en procesión,
+ con horrenda algarabía,
+ a llevarme a la sombría
+ honda cárcel de Plutón.
+ Allí expiaré mi delito
+ con fieras penas, mas antes
+ no quieran los circunstantes
+ castigarme con el pito;
+ sino que, para consuelo
+ de mi agonía mortal,
+ con aplauso general
+ se dignen calmar mi anhelo.
+
+ (Hace contorsiones horribles y cae muerta por virtud del veneno.)
+
+FIN
+
+
+OBRAS DEL MISMO AUTOR
+
+
+Pepita Jiménez; un vol. en 8.º, Ptas. 3.
+
+Doña Luz; un vol. en 8.º, 3.
+
+El comendador Mendoza; un vol. en 8.º, 3.
+
+Algo de todo; un vol. en 12.º, 2,50.
+
+Las ilusiones del doctor Faustino; dos vols. en 12.º, 5.
+
+Pasarse de listo; un vol. en 12.º, 2,50.
+
+La buena fama; un vol. en 16.º con grabados, 2,50.
+
+El hechicero. El bermejino prehistórico. Las salamandras azules; un vol.
+en 16.º con grabados, 2,50.
+
+Dafnis y Cloe (traducción del griego); un vol. en 12.º, 3.
+
+Estudios críticos; tres vols. en 12.º, 9.
+
+Disertaciones y juicios literarios; dos vols. en 12.º, 6.
+
+Cuentos y diálogos; un vol. en 12.º, 2,50.
+
+Poesía y arte de los árabes en España y Sicilia; tres volúmenes en 12.º,
+9.
+
+Tentativas dramáticas; un vol. en 12.º, 2,50.
+
+Canciones, romances y poemas; un vol. en 12.º, 5.
+
+Cuentos, diálogos y fantasías; un vol. en 12.º, 5.
+
+Nuevos estudios críticos; un vol. en 12.º, 5.
+
+Cartas americanas (primera serie); un vol. en 12.º, 1.
+
+Nuevas cartas americanas (segunda serie); un vol. en 8.º, 3.
+
+Pequeñeces... Currita Albornoz al P. Luis Coloma; un folleto en 8.º, 1.
+
+Las mujeres y las Academias, cuestión social inocente; un folleto en
+8.º, 1.
+
+Ventura de la Vega, biografía y estudio crítico; un vol. en 8.º con el
+retrato del biografiado, 1.
+
+Juanita la larga; un vol. en 8.º, 3,50.
+
+A vuela pluma, artículos literarios y artísticos; un vol. en 8.º.
+
+Genio y figura; un vol. en 8.º, 3.
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of De varios colores, by Juan Valera
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE VARIOS COLORES ***
+
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+produced from images of the Bibliothèque nationale de
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+such as creation of derivative works, reports, performances and
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+Foundation as set forth in Section 3 below.
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+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
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+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
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+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
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+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
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+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
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+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
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+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
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+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
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+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
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+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
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+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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+Release Date: January 16, 2010 [EBook #30986]
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE VARIOS COLORES ***
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+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
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+<p class="c b top15">BREVES HISTORIAS.<br />GARUDA O LA CIGÜEÑA BLANCA.<br />EL CAUTIVO DE DOÑA MENCÍA.<br />EL MAESTRO RAIMUNDICO.<br />CUENTOS JAPONESES.<br />UN DRAMA TRÁGICO.</p>
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+<div class="imagen"><img src="images/ill_001.png"
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+<p class="c b top15">MADRID<br />
+LIBRERÍA DE FERNANDO FÉ<br />Carrera de San Jerónimo, 2</p>
+<hr class="pre" />
+<p class="c b">1898</p>
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+<tr><td><a href="#PROLOGO"><b>PRÓLOGO</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#EL_CABALLERO_DEL_AZOR"><b>EL CABALLERO DEL AZOR</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#LOS_CORDOBESES_EN_CRETA"><b>LOS CORDOBESES EN CRETA</b></a></td></tr>
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+<tr><td><a href="#EL_PESCADORCITO_URASHIMA"><b>EL PESCADORCITO URASHIMA</b></a></td></tr>
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+<hr class="pre" />
+
+<p>D<span class="smcap">os</span> son los principales motivos que me llevan a escribir algunas
+palabras al frente de esta colección de cuentos que doy al público
+ahora.</p>
+
+<p>No todas las flores son frescas y bonitas; también las hay mustias y
+feas. No se me culpe, pues, de presumido, si valiéndome de una figura
+retórica llamo flores de mi pobre y agostado ingenio a los cuentos que
+siguen. Y suponiendo ya que son flores, añadiré que carecen de relación
+entre sí y que yo las reúno caprichosamente para formar con ellas un
+ramillete o manojo. Sea este breve prólogo la cinta o el lazo que las
+ate, para que cada una de las flores no se vaya por su lado.</p>
+
+<p>No soy yo quien debe elogiarlas. El benigno lector decidirá si valen
+algo o si nada valen. Yo diré sólo para procurarme la indulgencia hasta
+de los más severos, que mi propósito al escribir y al reunir los cuentos
+es tan modesto como inocente. No me propongo enseñar nada, ni moralizar,
+ni probar tesis, ni resolver problemas, ni censurar vicios y costumbres.
+Lo único que me propuse al escribir los tales cuentos es distraerme o
+divertirme en el casi forzoso retiro a que mi vejez y mis achaques me
+condenan.</p>
+
+<p>No he de negar yo que me he divertido escribiendo los cuentos, pero me
+guardo bien de inferir de ahí y de dar por seguro que se divertirá
+también quien los lea. Los cuentos, sin embargo, no aspiran más que a
+divertir. Si no divierten, la crítica no puede ni debe ir más allá que
+hasta el extremo de calificarlos de fastidiosos, y en cambio, si
+divierten o entretienen algo, su fin y su objeto están cumplidos. No son
+ni quiero yo que sean sino una obra de mero pasatiempo, con cuya
+lectura, sin la menor ofensa de Dios ni del prójimo, logren los
+desocupados entretenerse durante algunas horas. Los que quieran aprender
+algo, de sobra tienen libros a que acudir. Para saber de religión lean
+los <i>Nombres de Cristo</i>, para saber de moral, lean la <i>Guía de
+pecadores</i>, y para saber de filosofía, la que está publicando el Padre
+Urraburu en muchos y muy gruesos tomos.</p>
+
+<p>Este librejo no pretende tampoco conmover hondamente el corazón de los
+lectores. La musa que me le ha inspirado (suponiendo también que ha
+habido musa) no ha sido melancólica, ni trágica, sino regocijada y
+alegre, según convenía para consolarme de mis penas reales y no para
+agravar su peso con otras penas imaginarias. Por lo demás, yo creo y
+siempre he creído que toda producción artística o literaria implica buen
+humor y no desabrimiento ni aflicciones. Hasta cuando un poeta o un
+novelista toma por asunto los sucesos más lastimosos, importa que la
+lástima y el pesar se hayan disipado ya casi del todo, a fin de que el
+asunto, que estaba en el sujeto y que atormentaba al sujeto, salga fuera
+de él, y él le contemple serenamente y sea el objeto o la primera
+materia con que él compone o construye su obra, cincelándola y
+puliéndola.</p>
+
+<p>Cada cual tiene su modo de hacer las cosas. Yo no he de dar reglas ni he
+de disputar sobre esto. Diré sólo que no comprendo al que embargado de
+un profundo dolor se pone a cantar o a escribir sobre el dolor que le
+embarga. La muerte de un ser querido, las desventuras de la patria, las
+tremendas luchas y los espantosos infortunios que suelen afligir al
+linaje humano, todo esto, cuando llega a convertirse en materia para
+nuestras creaciones literarias es cuando ya menos nos duele, porque si
+nos doliera, no escribiríamos, sino trataríamos de remediar el mal por
+medios prácticos, o le lloraríamos, informe e inefablemente y sin
+literatura, si no acertásemos a remediarle.</p>
+
+<p>Acaso parezca sofisma; pero, si no lo fuese, y si no temiese yo hacerme
+pesado, llegaría a demostrar por este camino que a fuerza de ser
+sentimental cuando no escribo, soy poco sentimental en lo que escribo.
+No gusto de afligirme ni de llorar, ni gusto de afligir ni de hacer
+llorar a los otros. El que busque, pues, emociones terribles y profundas
+que no lea ni compre este librejo. Si yo logro que el librejo no aburra,
+cómprele y léale el que anhele deshechar u olvidar las terribles y
+profundas emociones, por virtud de otras superficiales, amenas y gratas.</p>
+
+
+
+<div class="imagen"><a name="EL_CABALLERO_DEL_AZOR" id="EL_CABALLERO_DEL_AZOR"></a><img src="images/ill_003.png"
+width="95%"
+alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div>
+
+
+<h2>EL CABALLERO DEL AZOR</h2>
+
+<hr class="pre" />
+
+<p class="head">I</p>
+
+
+<p>H<span class="smcap">ará</span> ya mucho más de rail afios, habla en lo más esquivo y fragoso de
+los Pirineos una espléndida abadía de benedictinos. El abad Eulogio
+pasaba por un prodigio de virtud y de ciencia.</p>
+
+<p>Las cosas del mundo andaban muy mal en aquella edad. Tremenda barbarie
+había invadido casi todas las regiones de Europa. Por donde quiera
+luchas feroces, robos y matanzas. Casi toda España estaba sujeta a la
+ley de Mahoma, salvo dos o tres Estadillos nacientes, donde entre breñas
+y riscos se guarecían los cristianos.</p>
+
+<p>En medio de aquel diluvio de males, pudiera compararse la abadía de que
+hablamos al arca santa en que se custodiaban el saber y las buenas
+costumbres y en que la humana cultura podía salvarse del universal
+estrago. Gran fe tenían los monjes en sus rezos y en la misericordia de
+Dios, pero no desdeñaban la mundana prudencia. Y a fin de poder
+defenderse de las invasiones de bandidos, de barones poderosos y
+desalmados o de infieles muslimes, habían fortificado la abadía como
+casi inexpugnable castillo roquero, y mantenían a su servicio centenares
+de hombres de armas de los más vigorosos, probados y hábiles para la
+guerra.</p>
+
+<p>La abadía era muy rica y famosa: rica por los fertilísimos valles que en
+sus contornos los monjes habían desmontado, cultivándolos con esmero y
+recogiendo en ellos abundantes cosechas; y famosa, porque era como casa
+de educación, donde muchos mozos de toda Francia y de la España que
+permanecía cristiana acudían a instruirse en armas y en letras. Entre
+los monjes había sabios filósofos y teólogos y no pocos que habían
+militado con gloria en sus mocedades antes de retirarse del mundo. Estos
+enseñaban indistintamente las artes de la paz y de la guerra; cuanto a
+la sazón se sabía. Y luego, según la índole de cada educando, los
+pacíficos y humildes se hacían sacerdotes o monjes, y los belicosos y
+aficionados a la vida activa salían de allí para ser guerreros y aun
+grandes capitanes.</p>
+
+<p>Cincuenta novicios había en la abadía de continuo. Y todos, salvo en las
+horas consagradas a ejercicios caballerescos, vestían el hábito de la
+orden.</p>
+
+<p>En una tarde de abril, terminadas las vísperas, salieron los novicios
+del coro, donde habían estado entonando salmos, y fueron, según
+costumbre, a pasar dos horas de recreo jugando en un gran patio.</p>
+
+<p>Había un novicio de origen obscuro, lo cual se contraponía a la alta
+nobleza de que se jactaba con razón la mayoría de los otros. Este
+novicio era español.</p>
+
+<p>Seis años hacía que había venido a refugiarse en el convento sin saber
+de dónde. El caritativo abad le dio asilo, y él, con su humildad
+profunda, con su aplicación constante, con la rara inteligencia que
+desplegó en el estudio y con la robustez y agilidad que mostró en todos
+los ejercicios corporales, se ganó la voluntad de aquel venerable siervo
+de Dios, que le amaba como a un hijo y que candorosamente le admiraba.
+De aquí la envidia que le tenían los otros novicios y especialmente los
+franceses. Tratábanle con desdén, le hacían mil burlas y hasta le
+dirigían improperios, que él sufría con resignación evangélica. Por esto
+le llamaban Plácido.</p>
+
+<p>En aquella ocasión la envidia de los otros novicios había llegado a su
+colmo. Plácido acababa de alcanzar brillante triunfo. Había compuesto un
+devoto e inspirado himno latino a la Santísima Virgen María, tan lleno
+de bellezas y tan rico de amor místico, que, entusiasmados los monjes,
+le habían cantado en el coro, dando al joven poeta mil alabanzas y
+bendiciones.</p>
+
+<p>Sus malos compañeros, deseosos de humillarle, y tal vez fiados en que
+Plácido era pacífico y sufrido, se encararon con él, aunque él se
+apartaba de ellos con mansedumbre y modestia, y llegaron dos de los más
+insolentes al último extremo de la injuria. Recordando la obscuridad de
+su origen, se la echaron en rostro y calificaron a su madre de la más
+infame manera.</p>
+
+<p>El cordero se convirtió entonces de repente en bravo león. Por dicha, no
+tenía armas, pero le valieron los puños. Con certero y fuerte golpe
+derribó por tierra, maltrecho y con la boca ensangrentada, al primero
+que le había ofendido. Después siguió peleando él solo contra otros tres
+o cuatro, apoyado contra el muro y acosado por ellos.</p>
+
+<p>Fue todo tan rápido, que nadie había acudido a interponerse y a
+restablecer la paz, cuando otro de los novicios, de nobilísima alcurnia
+francesa, intervino en la contienda, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Es cobardía que vayáis tantos contra él; apartáos; dejádmele a mi
+solo; yo le castigaré como merece.</p>
+
+<p>Fue tan imperiosa la voz, fue tan imponente el ademán de aquel muchacho,
+que se apartaron todos, formando ancho cerco en torno suyo.</p>
+
+<p>Cayó entonces el francés sobre Plácido, el cual paró los golpes que le
+asestaba, sin recibir ninguno, y le ciñó con fuerza terrible en sus
+nervudos brazos.</p>
+
+<p>Pasmosa fue la lucha. Firmes se mantenían ambos. Ninguno cejaba ni caía.
+Hubieran semejado dos estatuas de bronce, si no se hubiera sentido el
+resoplido de la fatigada respiración de los combatientes y si no se
+hubiera visto correr abundante sudor por sus encendidas mejillas.</p>
+
+<p>¡Quién sabe cómo hubiera terminado aquel combate! Mal hubiera terminado,
+sin duda, si no llega precipitadamente el abad y logra al punto
+separarlos.</p>
+
+<p>Después de censurar con breves y enérgicas palabras la acción de todos,
+ordenó a Plácido que le siguiese, y le llevó a su celda.</p>
+
+
+<p class="head">II</p>
+
+<p>&mdash;En balde he esperado, hijo mío, hacer de ti un dechado de santidad y
+de paciencia, para que con el tiempo llegases a ser mi sucesor en el
+gobierno de esta abadía. Sé todo lo ocurrido y no me atrevo a culparte.
+La afrenta que te han hecho era difícil, era casi imposible de tolerar.
+Está visto, Dios no te quiere para la vida contemplativa. Imposible es
+además que permanezcas ya ni una hora en esta santa casa, donde has
+promovido un escándalo feroz, aunque disculpable. Por otra parte, el
+mozo con quien luchabas es poderosísimo por su nacimiento y riqueza y tú
+no puedes seguir viviendo donde él está. No me queda más recurso que el
+de obligarte a salir inmediatamente de la abadía. Pero no saldrás
+desvalido y sin prendas de mi afecto hacia ti. La abadía es rica, el
+abad también lo es, y en nada mejor puede emplear su dinero. Toma esta
+bolsa llena de oro; Hugo, el capitán de los arqueros, tiene orden mía
+para entregarte enjaezado el mejor de los corceles que hay en nuestras
+caballerizas. Corre, revístete a escape de tus armas, monta a caballo y
+vete.</p>
+
+<p>Vertiendo muchas lágrimas de gratitud y besándole respetuosamente las
+manos, Plácido se despidió del abad y éste le abrazó y le bendijo.</p>
+
+<p>Dos horas después cabalgaba Plácido, solo y armado, por medio de un
+pinar espeso y por senda apenas trillada, que iba serpenteando junto a
+la orilla de un arroyo, entre cerros altísimos.</p>
+
+
+<p class="head">III</p>
+
+<p>Llegó la noche medrosa y sombría. En aquella soledad asaltaron a Plácido
+mil ideas tristes. Los recuerdos de la niñez surgieron en su mente con
+claridad extraña.</p>
+
+<p>Recordó que, seis años hacía, le habían arrojado de otro asilo con
+severidad y dureza harto diferentes. Desde muy niño, desde el albor de
+su vida, de que no tenía sino muy confusas memorias, se había criado en
+el castillo del terrible D. Fruela, poderoso magnate de la montaña. El
+castillo estaba en una altura muy cerca de la costa. Desde allí, ora
+salía D. Fruela con buen golpe de gente a caballo para penetrar en
+tierra de moros y talar y saquear cuanto podía, ora embarcaba a sus
+satélites en algunas fustas y galeras de su propiedad, e iba a piratear
+o a dar caza a otros más crueles piratas que infestaban aquellos mares
+e invadían y asolaban a menudo las costas de España: eran los idólatras
+normandos de Noruega y de la última Tule.</p>
+
+<p>Plácido, recogido por caridad en el castillo, e hijo de padres
+desconocidos, había sido criado con amor por doña Aldonza, la mujer de
+don Fruela. Hasta la edad de ocho años, vivió Plácido en fraternal
+familiaridad con Elvira, la hija de doña Aldonza, que era de edad poco
+menor que él. Juntos jugaban los niños, y juntos aprendieron a leer y la
+doctrina cristiana.</p>
+
+<p>Plácido y Elvira sintieron que sus almas se habían unido con el lazo del
+cariño más inocente.</p>
+
+<p>Algo hubo de recelar o de prever D. Fruela, y ordenó a su mujer que
+alejase al expósito del trato y de la convivencia de su hija.</p>
+
+<p>Sumisa doña Aldonza, cumplió las órdenes de su marido; pero no hasta el
+extremo de evitar por completo que el pajecillo y la niña se viesen y se
+hablasen.</p>
+
+<p>La menor frecuencia en el trato produjo un efecto contrario al que D.
+Fruela deseaba. En las mentes candorosas de él y de ella se trocó en
+adoración el afecto, y se iluminó y hermoseó con las galas y el
+esplendor de los sueños la imagen de la persona querida.</p>
+
+<p>Así llegaron ambos a cumplir catorce años. En un día en que salieron de
+caza con D. Fruela, el caballo de Elvira corrió desbocado y fue a
+perderse en la espesura de un bosque. Plácido la siguió para salvarla, y
+acertó a llegar cuando el caballo que ella montaba tropezó y cayó,
+derribándola por el suelo. Elvira, por fortuna, no se hizo el menor
+daño. Plácido se apeó con ligereza, acudió en su auxilio y la levantó en
+sus brazos.</p>
+
+<p>Instintivamente, sin saber qué hacían, cediendo ambos a un impulso
+irreflexivo, tal vez movidos por los invisibles genios y espíritus de la
+selva, acercaron sus rostros y se dieron un beso. Plácido se creyó por
+breves instantes transportado al paraíso; pero la realidad más cruel
+hubo de mostrarle en seguida que estaba en la dura y áspera tierra. Una
+lluvia de infamantes latigazos cayó sobre sus espaldas. D. Fruela le
+había sorprendido, le castigaba y le afrentaba furioso. La jauría de sus
+podencos y lebreles y sus monteros se acercaban ya. Afrentado el mozo,
+aunque en edad tan tierna, no reflexionó en el peligro ni en lo desigual
+de la lucha, y venablo en mano se lanzó contra D. Fruela para matarle.
+Elvira se interpuso, dispuesta a recibir las heridas y salvar a su
+padre. Plácido dejó caer al suelo el venablo. La humillación le hizo
+verter amargas lágrimas.</p>
+
+<p>El feroz D. Fruela, lejos de apiadarse, le azuzó los perros para que le
+devoraran, y ordenó a los monteros que disparasen contra él sus agudas
+flechas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Sálvate, Plácido, sálvate!&mdash;dijo entonces Elvira.&mdash;Si no huyes, mi
+cuerpo te servirá de escudo y me matarán antes de que te maten.</p>
+
+<p>Plácido conoció entonces lo peligroso, lo imposible de la defensa. Temió
+más por la vida de ella que por la suya. Era ágil y ligero como un
+gamo; conocía los más intrincados sitios y las más extraviadas sendas
+del bosque, y pronto desapareció como por encanto, no sin exclamar antes
+con su voz de niño, que se contraponía a la firmeza del tono:</p>
+
+<p>&mdash;Ser padre de ella te ha salvado de la muerte. Ahora huyo, pero tal vez
+un día vuelva a buscarte y a exigirte su mano como sola satisfacción de
+mi afrenta.</p>
+
+<p>Refugiado Plácido en la abadía, no olvidó la afrenta jamás, pero guardó
+oculto su recuerdo en el lastimado centro del alma. El horror que le
+causaba volver de nuevo contra el padre de Elvira, la humildad y la
+resignación y otros sentimientos religiosos inclinaron su espíritu y le
+excitaron a desistir de vengarse. Y como afrentado y sin venganza no
+quería vivir en el mundo, se decidió a hacer la vida del claustro. Hasta
+el día en que el insulto hecho a su madre despertó en él de nuevo la
+ingénita fiereza, fue el más paciente y dulce de los cenobitas. Lanzado
+ya al mundo de nuevo, con veinte años de edad, con aliento y brío y con
+caballo y armas, ¿dónde había de ir Plácido sino al castillo de D.
+Fruela a pedirle estrecha cuenta de todo?</p>
+
+
+<p class="head">IV</p>
+
+<p>Sin detenerse sino para tomar el indispensable descanso, llegó Plácido a
+la morada donde había pasado la niñez. Confiado en Dios, en su derecho
+y en su valentía, sin arredrarse, se acercó a la puerta del castillo.</p>
+
+<p>Todo estaba mudado. En torno, soledad y silencio. Aunque era medio día,
+Plácido no vio ni hombres de armas ni campesinos. El puente levadizo,
+tendido sobre el foso, dejaba franca la entrada. El escudo de piedra
+berroqueña, que había sobre la puerta principal, estaba cubierto de
+negro paño de luto.</p>
+
+<p>Pronto, por un anciano criado, única persona que halló y que al
+desmontar le tuvo el estribo, se enteró de la inmensa desventura que
+abrumaba a aquella familia. D. Fruela, acusado de alta traición, estaba
+en Oviedo y debía ser condenado a muerte. Su acusador era D. Raimundo,
+mayordomo de Palacio. Tres caballeros de la casa de D. Raimundo estaban
+prontos a sostener la acusación en palenque abierto contra los
+defensores de D. Fruela, el cual había apelado al Juicio de Dios. Pero
+D. Raimundo era tan poderoso y temido, y por su inaudita soberbia era D.
+Fruela tan odiado, que nadie acudía a defenderle. Sólo faltaban tres
+días para expirar el plazo. No bien Plácido supo todo esto, el rencor
+antiguo se convirtió en lástima en su alma generosa, y resolvió ser el
+campeón de quien tan rudamente le había ofendido, probad su inocencia y
+librarle de la muerte. En el castillo no había nadie, sino el anciano
+servidor. Doña Aldonza y Elvira habían ido a Oviedo a echarse a los pies
+del rey y pedirle el perdón, si bien con poquísima esperanza, por ser
+muy justiciero el soberano. De todos modos, la honra de la familia
+quedaría manchada.</p>
+
+<p>Sin demora se dispuso Plácido a salir para Oviedo, pero antes el anciano
+servidor le refirió y encareció lo mucho que doña Aldonza y Elvira
+habían pensado en él durante su ausencia, y le dijo que habían dejado
+para él un presente a fin de que le recibiese y se le llevase si por
+dicha aparecía por el castillo.</p>
+
+<p>El anciano fue por el presente y se le entregó a Plácido. Era una fuerte
+rodela, en cuya plancha de acero figuraba en esmalte, sobre campo de
+gules, un azor, cubierta la cabeza por el capirote y asido por la
+pihuela a una blanca mano que parecía de mujer.</p>
+
+<p>&mdash;Tú tienes en el hombro derecho&mdash;dijo el anciano&mdash;grabado con indeleble
+marca, un azor semejante al del escudo. Por él serás un día reconocido y
+se sabrá quiénes son tus padres. Entre tanto mi señora y su hija te
+declaran y apellidan Caballero del Azor, y te dan en testimonio de ello
+esa prenda. Concédate Dios, Caballero del Azor, la buena ventura en
+lides y amores que ellas y yo te deseamos.</p>
+
+
+<p class="head">V</p>
+
+<p>A los tres días, pocas horas antes de expirar el plazo, después de
+reposar en Oviedo y de aprestarse para el combate, sonaron las
+trompetas y entró en el palenque el Caballero del Azor, con la visera
+calada y la lanza en la cuja.</p>
+
+<p>En alta y sonora voz proclamó la inocencia de D. Fruela, llamó
+calumniadores a los que le acusaban, y retó a los tres, o sucesivamente
+o juntos contra él solo. Los campeones de D. Raimundo fueron
+sucesivamente apareciendo. Los combates fueron muy cortos.</p>
+
+<p>El Caballero del Azor, con pasmosa destreza y bizarría, logró que en
+menos de media hora los tres mordiesen el polvo, muy mal herido uno de
+ellos.</p>
+
+<p>El gentío que rodeaba el palenque rompió en estrepitosas aclamaciones y
+vítores. El Caballero del Azor fue llevado en triunfo a palacio e
+introducido en la regia cámara.</p>
+
+<p>El rey, informado de todo el suceso, ansiaba verle, y más lo ansiaba aún
+su noble y desventurada hermana, la infanta doña Ximena, que estaba con
+el rey en aquel momento.</p>
+
+<p>&mdash;Caballero del Azor&mdash;dijo la infanta antes de que el rey hablase&mdash;¿por
+qué llevas un azor esmaltado en la rodela?</p>
+
+<p>&mdash;Alta señora&mdash;contestó Plácido&mdash;porque le tengo también estampado en el
+hombro derecho, como indeleble marca.</p>
+
+<p>Doña Ximena puso entonces los ojos con cariñoso ahínco en el rostro
+hermosísimo de Plácido, e imaginó que veía al Conde de Saldaña, como
+estaba en su muy lozana juventud, veinte años hacía.</p>
+
+<p>Ya no pudo contenerse doña Ximena; se acercó al joven, le estrechó en
+sus brazos y le cubrió el rostro de besos, exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;¡Hijo mío, hijo mío!</p>
+
+<p>El rey depuso su severidad, y dirigiéndose al joven, le estrechó también
+en sus brazos, y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Yo te reconozco; eres mi sobrino Bernardo; te hago merced de la Casa
+Fuerte y señorío del Carpio. Como Bernardo del Carpio serás en adelante
+conocido y famoso en todos los países y en todas las edades. Perdonado
+tu padre, saldrá de la prisión y será el legítimo esposo de mi hermana.</p>
+
+<p>En efecto; el rey cumplió su promesa. El Conde de Saldaña salió del
+castillo de Luna donde estaba encerrado. Se aseó y se atavió con esmero,
+de suerte que todavía tenía buen ver, a pesar de su prolongado martirio.</p>
+
+<p>Durante cinco días consecutivos hubo magníficas fiestas en Oviedo. Las
+bodas de Bernardo del Carpio y de Elvira se celebraron al mismo tiempo
+que las del Conde de Saldaña y doña Ximena.</p>
+
+<p>Pocos días después pudo averiguarse que don Raimundo, el mayordomo de
+Palacio, había sido quien robó al niño Bernardo y quien le mandó matar,
+furioso como desdeñado pretendiente que fue de doña Ximena. Los
+sicarios, encargados de matar al niño, habían tenido piedad de él y le
+habían expuesto a la puerta del castillo de D. Fruela. Por esta y por
+otras muchas maldades que se descubrieron, se comprendió que don
+Raimundo era un monstruo abominable, por lo cual el rey pudo ejercer
+provechosamente su justicia mandándole ahorcar, como le ahorcaron con
+general regocijo de los ciudadanos de Oviedo, porque D. Raimundo era muy
+aborrecido y porque en aquella edad tan ruda la filantropía no era cosa
+mayor y no infundía repugnancia la pena de muerte.</p>
+
+<p>Sólo queda por decir que Bernardo fue felicísimo con su Elvira y que
+vivieron siempre muy enamorados ella de él y él de ella.</p>
+
+<p>Por los antiguos romances y por la historia se sabe que aquella lucha a
+brazo partido, que interrumpió el abad en el convento de los Pirineos,
+se reanudó más tarde no lejos de allí, y terminó gloriosamente para
+Bernardo, muriendo ahogado entre sus brazos hercúleos el paladín D.
+Roldán, pues no era otro quien había luchado con él, cuando los dos eran
+novicios.</p>
+
+<p>Y aquí terminan los sucesos de la mocedad de Bernardo del Carpio,
+ignorados hasta hace poco, y recientemente descubiertos en ciertos
+vetustos e inéditos Anales de la orden de San Benito, escritos en latín
+bárbaro en el siglo <span class="smcap">x</span> y conservados en el monasterio de la Cava, cerca
+de Nápoles.</p>
+
+
+<div class="imagen"><a name="LOS_CORDOBESES_EN_CRETA" id="LOS_CORDOBESES_EN_CRETA"></a><img src="images/ill_004.png"
+width="95%"
+alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div>
+
+<h2>LOS CORDOBESES EN CRETA</h2>
+
+<hr class="pre" />
+
+<p class="head">NOVELA HISTÓRICA A GALOPE</p>
+
+
+<p class="r smcap">Sr. D. Miguel Moya.</p>
+
+<p>M<span class="smcap">i</span> distinguido amigo: Para <i>El Liberal</i> del domingo próximo me pide
+usted amablemente que escriba yo algo sobre las cosas que en las
+antiguas edades pasaron en la isla de Creta. Grande es mi deseo de
+complacer a usted, pero tropiezo con dos dificultades. En breves
+palabras y ciñéndome a lo consignado por mitólogos e historiadores, ¿qué
+podré yo decir que tenga alguna novedad, que no sea un extracto de lo
+que ellos dijeron, y que no esté mejor dicho en cualquier Diccionario
+enciclopédico? Y si acudo a mi imaginación y añado con ella algo a lo ya
+sabido, no tendrá consistencia ni se entenderá lo que yo añada, si lo ya
+sabido no se pone por base, lo cual no es posible que quepa en una o dos
+columnas del apreciable periódico que usted dirige. De aquí que ni de
+una suerte ni de otra pueda yo escribir con acierto para el fin que
+usted quiere. No es esto, sin embargo, lo que más me aflige. Lo que más
+me aflige es que, desde hace muchísimos años, desde antes que hubiese
+pensado yo en escribir novelas de costumbres del día, se me había
+ocurrido escribir una novela histórica sobre Creta, y hasta había
+forjado el plan, aunque confusa y vagamente. Hubiera sido mi novela un
+pasmoso tejido de extraordinarias aventuras, con un fundamento real del
+que la historia da testimonio, aunque conciso. Mi deseo de escribir esta
+novela no se ha disipado nunca. Lo que se ha disipado es mi esperanza.
+Para escribirla como yo me la figuraba era menester reunir y formar un
+inmenso aparato de erudición, y para esto me faltó siempre la paciencia.
+Hoy, por mi desgracia, además de la paciencia, me falta la vista. No
+puedo consultar la multitud de librotes, antiguos y modernos, y escritos
+en diferentes lenguas, de donde sacaría yo el color <i>local</i> y <i>temporal</i>
+que mi proyectada obra requiere. La obra, pues, tiene que quedarse en
+proyecto. Y ya que en proyecto se queda, para libertarme de su obsesión
+y para probarle a usted que si no puedo, quiero darle gusto, voy a poner
+aquí el proyecto en muy breve resumen.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>En el reinado de Alhakem I, por los años 218 de la Egira, había en
+Córdoba un rico mercader llamado Abu Hafáz el Goleith, natural del
+cercano lugar de Fohs Albolut. En su bazar, situado en una de las calles
+más céntricas, se veían reunidos los más preciosos objetos de la
+industria humana, así de lo que en nuestra Península se producía como de
+lo traído de remotas regiones; de Bagdad, de Damasco, de Bocara, de
+Samarcanda, de la Persia, de la India y del apenas conocido inmenso
+imperio del Catay. Abu Hafáz tenía naves propias, que iban a los puertos
+de Levante a proveerse de mercancías.</p>
+
+<p>En una tarde de primavera entró en el bazar de Abu Hafáz una dama
+tapada, acompañada de su sirvienta. Aunque él no le vio la cara, admiró
+la gracia y gallardía de su andar, la esbeltez y elegancia de su talle,
+cierto inefable prestigio seductor que como nimbo luminoso la
+circundaba, y la aristocrática belleza de sus blancas, lindas y bien
+cuidadas manos.</p>
+
+<p>La dama quiso ver cuanto de más rico en el bazar había. Abu Hafáz, lleno
+de complacencia, fue ofreciendo ante sus ojos, y poniendo sobre el
+mostrador, mil extraños primores en joyas y en telas. Ella no se saciaba
+de mirarlas. Era muy curiosa. El mercader le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Aún no te he mostrado, sultana, lo más espléndido y peregrino que mi
+tienda atesora.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y para qué lo escondes y no me lo muestras?&mdash;dijo ella.</p>
+
+<p>&mdash;Porque soy interesado y no quiero trabajar en balde. Muéstrame tú la
+cara y yo en pago te enseñaré mis mejores riquezas.</p>
+
+<p>La dama no se hizo mucho de rogar. Apartó el rebozo, y dejó ver el más
+bello y agraciado semblante que el mercader había podido ver o soñar en
+toda su vida. Agradecido y entusiasmado, trajo entonces perlas de Ormúz,
+diamantes de Golconda y tejidos de seda, venidos del Catay y bordados
+con tal esmero y maestría, que no parecía labor de seres humanos sino de
+hadas y de genios.</p>
+
+<p>De la mejor y más estupenda de aquellas telas bordadas se prendó la dama
+incógnita, quiso comprarla, y pidió el precio.</p>
+
+<p>&mdash;Es tan cara&mdash;dijo el mercader&mdash;que acaso no quieras o no puedas
+pagarla; pero si tienes buena voluntad, la tela te saldrá baratísima.</p>
+
+<p>&mdash;Acaba. Di lo que me costará la tela.</p>
+
+<p>&mdash;Pues un beso de tu boca&mdash;replicó el mercader.</p>
+
+<p>Enojada la dama de aquella irrespetuosa osadía, se cubrió el rostro,
+volvió las espaldas a Abu Hafáz y salió del bazar seguida de su sierva.</p>
+
+<p>Quiso el mercader seguirla para averiguar dónde moraba y quién era; pero
+la dama había desaparecido en el laberinto de las estrechas calles.</p>
+
+<p>Pintaría luego la novela el furioso enamoramiento de Abu Hafáz y su
+desesperación durante cinco o seis días, a pesar de mil cuidados y
+misteriosos asuntos que le preocupaban y ocupaban.</p>
+
+<p>Al cabo la sierva viene al bazar y le dice que su señora no puede dormir
+ni sosegar, pensando siempre en la tela y anhelando poseerla; que cede,
+por lo tanto, y que al día siguiente, al anochecer, vendrá al bazar con
+mucho recato y dará por la tela el precio que se le pide.</p>
+
+<p>La dama acude en efecto a la cita. El mercader averigua entonces que
+ella está en el harén del sultán, de donde ha salido a hurtadillas,
+mientras el sultán está en la sierra cazando jabalíes. Ella se llama
+Gláfira. Es natural de una pequeña aldea situada en la falda del monte
+Ida. Aunque su familia era pobre, presumía de alta y antigua nobleza. Su
+estirpe se remontaba a las edades míticas. Contaba entre sus antepasados
+curetes y dáctilos ideos, de los que tejiendo danzas guerreras al son de
+los clarines y al estruendo de sus broqueles heridos por el pomo de las
+espadas, rodearon a Zeus, cuando niño, e impidieron que Cronos le oyera
+y le devorara.</p>
+
+<p>En su agreste retiro, la familia de Gláfira se había resistido a hacerse
+cristiana y guardaba vivos y frescos, por tradición, los recuerdos del
+paganismo. Hasta se jactaba de poseer virtudes mágicas y prendas
+sobrenaturales, adquiridas por iniciación en venerandos y primitivos
+misterios. Afirmaba Gláfira que uno de sus progenitores había sido
+Epiménides, sabio, legislador, poeta y profeta, diestro en el arte de
+suspender la vida, permaneciendo aletargado en profundas cavernas, para
+conocer por experiencia el sesgo y tortuoso curso que llevan al través
+de los siglos los sucesos humanos.</p>
+
+<p>Gláfira había perdido el secreto de las artes mágicas, pero tenía no
+pocas habilidades. Cantaba o recitaba mil antiguas leyendas en verso de
+las edades divinas, de héroes y semidioses: de la venida de Europa a su
+isla, del furor amoroso de Pasifae y del triunfo y de la perfidia de
+Teseo. Y bailaba aún, según ella aseguraba, la misma ingeniosa danza que
+Dédalo compuso para la princesa Ariadna de las trenzas de oro.</p>
+
+<p>Acusado de hechicero y de gentil, y huyendo de la intolerante
+persecución religiosa, el padre de Gláfira salió de Creta con su hija.
+Anduvo errante por varios países y al fin murió dejándola abandonada.
+Vagando como Io, Gláfira llegó a Hesperia, sin Argos que la vigilase,
+pero también sin tábano o estro que la picase. No tenía más estro que su
+voluntad ambiciosa.</p>
+
+<p>Alhakem, encantado y seducido por su talento y por su hermosura, la
+había hospedado en su alcázar. Ella soñaba con ser la favorita y la
+reina en el imperio de los Omniadas.</p>
+
+<p>El irresistible capricho de poseer la tela y cierto anhelo casi
+inconsciente, que le había infundido el joven mercader, atrajeron a
+Gláfira y la impulsaron a dar el precio que se le pedía.</p>
+
+<p>Llama más ardiente y más dominadora encendió el beso en el corazón de
+Abu Hafáz en vez de aquietarle. El era atrevido y capaz de arriesgarlo y
+de aventurarlo todo, confiado en la pujanza de su ánimo y juzgándose con
+bríos para allanar montes de dificultades. Resolvió, pues, guardar a
+Gláfira en su casa como prenda suya, sin soltar la esclava para que no
+descubriese el secuestro.</p>
+
+<p>Al saber la determinación de Abu Hafáz, Gláfira se enfurece: dice que la
+que espera ser reina de Hesperia, de las islas adyacentes y de parte del
+Magreb, no puede resignarse a ser esposa o amiga de un mercader
+cualquiera, de un plebeyo renegado de la vencida y dominada raza
+española. Considera además delirio lo que Abu Hafáz pretende. Pronto
+llegaría a saberlo el sultán y tomaría cruda venganza. En su rabia,
+Gláfira insulta a Abu Hafáz y quiere matarle con un puñalito que lleva
+en la cintura. El la desarma y le paga su beso y sus insultos con un
+beso de vampiro. Se le ha dado en el blanco cuello; y a la luz de una
+lámpara, en un espejo de acero bruñido, hace que ella mire la huella que
+en su cuello ha dejado.</p>
+
+<p>&mdash;Es el sello&mdash;le dice&mdash;de que eres mi esclava.</p>
+
+<p>Gláfira tenía un círculo amoratado de la extensión de un <i>dirhem</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Más de un año&mdash;dijo Abu Hafáz&mdash;tardará en borrarse ese signo. ¿Cómo
+has de atreverte a volver con él a la presencia de tu antiguo amo? Ya
+eres mía; pero antes de que se borre la marca con que te he sellado,
+conquistaré un trono y serás reina conmigo.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Hacía poco que Alhakem había hecho jurar a su hijo Abderahman como
+<i>Vali-alahdi</i> o sucesor en el imperio. El hijo cuidaba de todo,
+mientras que el padre se entregaba a los placeres y sólo intervenía en
+el gobierno cuando le agitaban sus dos más tremendas pasiones: la ira y
+la codicia. El pueblo gemía agobiado por enormes tributos y vejado y
+humillado por la guardia personal del príncipe, compuesta de mercenarios
+eslavos, de eunucos negros y de tres mil muzárabes andaluces. Una
+reyerta entre gente del pueblo y varios cobradores de tributos,
+sostenidos por hombres de la guardia del rey, promovió un motín que fue
+sofocado mientras que Alhakem estaba de caza. Volvió de ella, y
+dejándose llevar de su crueldad, dispuso que crucificasen a los diez
+principales promovedores del motín.</p>
+
+<p>Tiempo hacía que se conspiraba contra Alhakem. El horroroso espectáculo
+de los diez ajusticiados excitó la compasión y el furor del pueblo. La
+conjuración estalló prematuramente. La rebelión fue vigorosa. Casi todos
+los muladíes o renegados españoles tomaron parte en ella. Abu Hafáz los
+dirigía y capitaneaba. Esto fue al día siguiente del secuestro de
+Gláfira. La guardia del rey y los demás armados de la guarnición fueron
+dos o tres veces vencidos y rechazados, teniendo que refugiarse en el
+alcázar. La muchedumbre le sitiaba y se aprestaba a dar el asalto,
+Alhakem receló que aquello iba a ser el fin de su reinado y de su vida.
+Llamó a su paje favorito, le hizo verter sobre su cabeza y sus barbas un
+pomo de olorosas esencias, para que por su fragancia se le reconociese
+entre los muertos, y salió a morir o a vencer a los rebeldes.</p>
+
+<p>Por orden de Alhakem vadeó el Guadalquivir un buen golpe de sus
+guerreros, fue a caer sobre el arrabal de los muladíes, que estaba del
+otro lado del río, y le entregó al saqueo y a un voraz incendio. Los
+muladíes vieron las llamas y el humo; pensaron que ardían sus casas y
+tal vez sus mujeres y sus hijos, y abandonaron la pelea para acudir a
+socorrerlos. La batalla entonces se convirtió en derrota y en atroz
+carnicería y matanza de los muladíes, atacados por todas partes, así por
+los que mandaba Alhakem como por los que, atravesando el puente, volvían
+del arrabal después de haberle incendiado.</p>
+
+<p>Vencido Abu Hafáz, tuvo bastante fortuna y presencia de espíritu para
+poder escapar con no pocos de los suyos, con lo mejor de su tesoro y
+llevando a Gláfira consigo. Corriendo mil peligros y venciendo mil
+obstáculos, llegó Abu Hafáz hasta Adra. Allí tenía diez grandes naves
+suyas. Se embarcó en ellas y abandonó a España para siempre.</p>
+
+<p>Alhakem, después de la victoria, aún castigó fieramente a los rebeldes.
+Más de cuatrocientas cabezas de los que habían caído vivos en sus manos
+aparecieron cortadas y clavadas en sendas estacas en la orilla del
+Guadalquivir. Después quiso mostrarse clemente, porque no había de matar
+millares de personas: pero las expulsó de España a millares. Unas fueron
+a Marruecos y poblaron un gran barrio de la ciudad de Fez. Otras
+emigraron más lejos y se establecieron en Egipto.</p>
+
+<p>Abu Hafáz, entre tanto, con sus naves, y con los más valerosos entre los
+forajidos, se hizo pirata.</p>
+
+<p>Aquí entraba en mi plan una serie de aventuras y de incursiones en la
+Provenza, en Cerdeña, en las costas de Calabria y en otras comarcas.</p>
+
+<p>Abu Hafáz, cargado de botín y con mayor número de naves y de gente que
+se le había allegado, aporta a Alejandría. Merced a las discordias
+civiles que allí hubo entonces, logra apoderarse de aquella ciudad
+magnífica y la conserva durante algún tiempo. El califa de Bagdad envía
+contra él un poderoso ejército. Abu Hafáz se defiende, y si bien
+capitula y abandona la ciudad, es después de una capitulación honrosa y
+lucrativa, recibiendo cuantiosa suma por el rescate.</p>
+
+<p>Con veinte naves y con unos cuantos cientos de guerreros, Abu Hafáz se
+dirigió, por último, a Creta. Llevaba siempre consigo a Gláfira,
+mantenía su promesa jactanciosa de hacerla reina, y ahora esperaba
+hacerla reina en su patria, mucho antes de que se le borrase el
+apasionado signo de esclavitud que le había puesto en el cuello. Creta
+estaba en poder de los bizantinos cuando los forajidos andaluces
+desembarcaron en sus costas.</p>
+
+<p>Aquí pensaba yo lucirme describiendo las bellezas naturales de la isla,
+sus antiguallas, sus famosas ciudades, como Gnosos y Gortina, los
+vestigios del Laberinto donde estuvo encerrado el Minotauro, los
+esquivos lugares en que los dáctilos y los curetes bailaban sus danzas
+guerreras en torno del futuro monarca de los hombres y de los dioses, la
+sagrada caverna en que durmió su sueño secular Epiménides, y el punto en
+que se embarcó Ariadna con el falaz e ingrato Teseo, que luego la
+abandonó en Naxos, de donde la sacó en triunfo el dios Ditirambo con
+toda aquella comitiva estruendosa de faunos y de ménades, que tan
+gallardamente nos describen los poetas.</p>
+
+<p>Sería menester relatar también cómo los guerreros de Abu Hafáz, después
+de saquear algunos lugares de la isla, quisieron abandonarla para no
+tener que luchar con el ejército del emperador de Grecia; y como Abu
+Hafáz, precediendo en esto a los catalanes en Galípoli y a Hernán Cortés
+en México, hizo incendiar las veinte naves, para que no quedase otro
+recurso que vencer o morir a la gente de armas que llevaba consigo.</p>
+
+<p>Pintaría yo, por último, la guerra sostenida contra los soldados del
+imperio griego y cómo fueron vencidos.</p>
+
+<p>Abu Hafáz entonces se enseñorea de la isla toda y pone su trono y la
+capital de su dominio en una fortaleza, fundada por él y cuyo nombre fue
+Candax. Así borró por espacio de siglos su antiguo nombre a la isla que
+vino a llamarse Candía.</p>
+
+<p>Gláfira fue reina, como Abu Hafáz se lo había prometido. La marca no
+desapareció hasta mucho después que Gláfira había subido al trono. Y el
+hijo de Gláfira y su nieto y su biznieto reinaron en Creta, porque su
+dinastía duró dos o tres siglos.</p>
+
+<p>Todo esto cantado aquí a escape, tal vez no tenga chiste; pero yo creo
+que dándole la debida extensión e iluminándolo eruditamente con los
+colores <i>locales</i> y <i>temporales</i> de que ya he hablado, sería
+divertidísima novela, y pondría además de realce la hazaña de los
+andaluces, musulmanes entonces en vez de ser católicos, y que fueron los
+primeros en llevar a Creta el islamismo, de que ahora con tanta razón
+quieren los cretenses libertarse. Dios se lo conceda y a mi la gracia de
+no haber fastidiado a los lectores de <i>El Liberal</i> con este a manera de
+aborto de mi seco ingenio. Válgame por disculpa que lo hago por
+complacer a usted.</p>
+
+
+<div class="imagen"><a name="EL_DOBLE_SACRIFICIO" id="EL_DOBLE_SACRIFICIO"></a><img src="images/ill_005.png"
+width="95%"
+alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div>
+
+<h2>EL DOBLE SACRIFICIO</h2>
+
+<hr class="pre" />
+
+<p class="head">EL PADRE GUTIÉRREZ A DON PEPITO</p>
+
+
+<p class="r"><i>Málaga, 4 de Abril de 1842</i>.</p>
+
+<p>M<span class="smcap">i</span> querido discípulo: Mi hermana, que ha vivido más de veinte años en
+ese lugar, vive, hace dos, en mi casa, desde que quedó viuda y sin
+hijos. Conserva muchas relaciones, recibe con frecuencia cartas de ahí y
+está al corriente de todo. Por ella sé cosas que me inquietan y
+apesadumbran en extremo. ¿Cómo es posible, me digo, que un joven tan
+honrado y tan temeroso de Dios, y a quien enseñé yo tan bien la
+metafísica y la moral, cuando él acudía a oír mis lecciones en el
+Seminario, se conduzca ahora de un modo tan pecaminoso? Me horrorizo de
+pensar en el peligro a que te expones de incurrir en los más espantosos
+pecados, de amargar la existencia de un anciano venerable, deshonrando
+sus canas, y de ser ocasión, si no causa, de irremediables infortunios.
+Sé que frenéticamente enamorado de doña Juana, legítima esposa del rico
+labrador D. Gregorio, la persigues con audaz imprudencia y procuras
+triunfar de la virtud y de la entereza con que ella se te resiste.
+Fingiéndote ingeniero o perito agrícola, estás ahí enseñando a preparar
+los vinos y a enjertar las cepas en mejor vidueño; pero lo que tú
+enjertas es tu viciosa travesura, y lo que tú preparas es la desolación
+vergonzosa de un varón excelente, cuya sola culpa es la de haberse
+casado, ya viejo, con una muchacha bonita y algo coqueta. ¡Ah, no, hijo
+mío! Por amor de Dios y por tu bien, te lo ruego. Desiste de tu criminal
+empresa y vuélvete a Málaga. Si en algo estimas mi cariño y el buen
+concepto en que siempre te tuve, y si no quieres perderlos, no desoigas
+mis amonestaciones.</p>
+
+
+<p class="head">DE DON PEPITO AL PADRE GUTIÉRREZ</p>
+
+<p class="r"><i>Villalegre, 7 de Abril</i>.</p>
+
+<p>Mi querido y respetado maestro: El tío Paco, que lleva desde aquí vino y
+aceite a esa ciudad, me acaba de entregar la carta de usted del 4, a la
+que me apresuro a contestar para que usted se tranquilice y forme mejor
+opinión de mí. Yo no estoy enamorado de doña Juana ni la persigo como
+ella se figura. Doña Juana es una mujer singular y hasta cierto punto
+peligrosa, lo confieso. Hará seis años, cuando ella tenía cerca de
+treinta, logró casarse con el rico labrador D. Gregorio. Nadie la acusa
+de infiel, pero sí de que tiene embaucado a su marido, de que le manda
+a zapatazos y le trae y le lleva como un zarandillo. Es ella tan
+presumida y tan vana, que cree y ha hecho creer a su marido que no hay
+hombre que no se enamore de ella y que no la persiga. Si he de decir la
+verdad, doña Juana no es fea, pero tampoco es muy bonita; y ni por alta,
+ni por baja, ni por muy delgada ni por gruesa llama la atención de
+nadie. Llama, sí, la atención por sus miradas, por sus movimientos y
+porque, acaso sin darse cuenta de ello, se empeña en llamarla y en
+provocar a la gente. Se pone carmín en las mejillas, se echa en la
+frente y en el cuello polvos de arroz, y se pinta de negro los párpados
+para que resplandezcan más sus negros ojos. Los esgrime de continuo,
+como si desde ellos estuviesen los amores lanzando enherboladas flechas.
+En suma; doña Juana, contra la cual nada tienen que decir las malas
+lenguas, va sin querer alborotando y sacando de quicio a los mortales
+del sexo fuerte, ya de paseo, ya en las tertulias, ya en la misma
+iglesia. Así hace fáciles y abundantes conquistas. No pocos hombres,
+sobre todo si son forasteros y no la conocen, se figuran lo que quieren,
+se las prometen felices, y se atreven a requebrarla y hasta a hacerle
+poco morales proposiciones. Ella entonces los despide con cajas
+destempladas. En seguida va lamentándose jactanciosamente con todas sus
+amigas de lo mucho que cunde la inmoralidad y de que ella es tan
+desventurada y tiene tales atractivos, que no hay hombre que no la
+requiebre, la pretenda, la acose y ponga asechanzas a su honestidad,
+sin dejarla tranquila con su D. Gregorio.</p>
+
+<p>La locura de doña Juana ha llegado al extremo de suponer que hasta los
+que nada le dicen están enamorados de ella. En este número me cuento,
+por mi desgracia. El verano pasado vi y conocí a doña Juana en los baños
+de Carratraca. Y como ahora estoy aquí, ella ha armado en su mente el
+caramillo de que he venido persiguiéndola. No hallo modo de quitarle
+esta ilusión, que me fastidia no poco, y no puedo ni quiero abandonar
+este lugar y volver a Málaga, porque hay un asunto para mí de grande
+interés, que aquí me retiene. Ya hablaré de él a usted otro día. Adiós
+por hoy.</p>
+
+
+<p class="head">DEL MISMO AL MISMO</p>
+
+<p class="r"><i>10 de Abril</i>.</p>
+
+<p>Mi querido y respetado maestro: Es verdad: estoy locamente enamorado;
+pero ni por pienso de doña Juana. Mi novia se llama Isabelita. Es un
+primor por su hermosura, discreción, candor y buena crianza. Imposible
+parece que un tío tan ordinario y tan gordinflón como D. Gregorio, haya
+tenido una hija tan esbelta, tan distinguida y tan guapa. La tuvo D.
+Gregorio de su primera mujer. Y hoy su madrastra doña Juana la cela, la
+muele, la domina y se empeña en que ha de casarla con su hermano D.
+Ambrosio, que es un grandísimo perdido y a quien le conviene este
+casamiento, porque Isabelita está heredada de su madre, y, para lo que
+suele haber en pueblos como éste, es muy buen partido. Doña Juana aplica
+a D. Ambrosio, que al fin es su sangre, el criterio que con ella misma
+emplea, y da por seguro que Isabelita quiere ya de amor a D. Ambrosio y
+está rabiando por casarse con él. Así se lo ha dicho a D. Gregorio, e
+Isabelita, llena de miedo, no se atreve a contradecirla, ni menos a
+declarar que gusta de mí, que yo soy su novio y que he venido a este
+lagar por ella.</p>
+
+<p>Doña Juana anda siempre hecha un lince vigilando a Isabelita, a quien
+nunca he podido hablar y a quien no me he atrevido a escribir, porque no
+recibiría mis cartas.</p>
+
+<p>Desde Carratraca presumí, no obstante, que la muchacha me quería, porque
+involuntaria y candorosamente me devolvía con gratitud y con amor las
+tiernas y furtivas miradas que yo solía dirigirle.</p>
+
+<p>Fiado sólo en esto vine a este lugar con el pretexto que ya usted sabe.</p>
+
+<p>Haciendo estaría yo el papel de bobo, si no me hubiese deparado la
+suerte un auxiliar poderosísimo. Es éste la chacha Ramoncica, vieja y
+lejana parienta de D. Gregorio, que vive en su casa, como ama de llaves,
+que ha criado a Isabelita y la adora, y que no puede sufrir a doña
+Juana, así porque maltrata y tiraniza a su niña, como porque a ella le
+ha quitado el mangoneo que antes tenía. Por la chacha Ramoncica, que se
+ha puesto en relación conmigo, sé que Isabelita me quiere; pero que es
+tan tímida y tan bien mandada, que no será mi novia formal, ni me
+escribirá, ni consentirá en verme, ni se allanará a hablar conmigo por
+una reja, dado que pudiera hacerlo, mientras no den su consentimiento su
+padre y la que tiene hoy en lugar de madre. Yo he insistido con la
+chacha Ramoncica para ver si lograba que Isabelita hablase conmigo por
+una reja: pero la chacha me ha explicado que esto es imposible.
+Isabelita duerme en un cuarto interior, para salir del cual tendría que
+pasar forzosamente por la alcoba en que duerme su madrastra, y
+apoderarse además de la llave, que su madrastra guarda después de haber
+cerrado la puerta de la alcoba.</p>
+
+<p>En esta situación me hallo, mas no desisto ni pierdo la esperanza. La
+chacha Ramoncica es muy ladina y tiene grandísimo empeño en fastidiar a
+doña Juana. En la chacha Ramoncica confío.</p>
+
+
+<p class="head">DEL MISMO AL MISMO</p>
+
+<p class="r"><i>15 de Abril</i>.</p>
+
+<p>Mi querido y respetado maestro: La chacha Ramoncica es el mismo demonio,
+aunque, para mí, benéfico y socorrido. No sé cómo se las ha compuesto.
+Lo cierto es que me ha proporcionado para mañana, a las diez de la
+noche, una cita con mi novia. La chacha me abrirá la puerta y me entrará
+en la casa. Ignoro a dónde se llevará a doña Juana para que no nos
+sorprenda. La chacha dice que yo debo descuidar, que todo lo tiene
+perfectamente arreglado y que no habrá el menor percance. En su
+habilidad y discreción pongo mi confianza. Espero que la chacha no habrá
+imaginado nada que esté mal; pero en todo caso, el fin justifica los
+medios, y el fin que yo me propongo no puede ser mejor. Allá veremos lo
+que sucede.</p>
+
+<p class="head">DEL MISMO AL MISMO</p>
+
+<p class="r"><i>17 de Abril</i>.</p>
+
+<p>Mi querido y respetado maestro: Acudí a la cita. La pícara de la chacha
+cumplió lo prometido. Abrió la puerta de la calle con mucho tiento y
+entré en la casa. Llevándome de la mano me hizo subir a obscuras las
+escaleras y atravesar un largo corredor y dos salas. Luego penetró
+conmigo en una grande estancia que estaba iluminada por un velón de dos
+mecheros, y desde la cual se descubría la espaciosa alcoba contigua. La
+chacha se había valido de una estratagema infernal. Si antes me hubiera
+confiado su proyecto, jamás hubiera yo consentido en realizarle.
+Vamos... si no es posible que adivine usted lo que allí pasó. D.
+Gregorio se había quedado aquella noche a dormir en la casería, y la
+perversa chacha Ramoncica, engañándome, acababa de introducirme en el
+cuarto de doña Juana. ¡Qué asombro el mío cuando me encontré de manos a
+boca con esta señora! Dejo de referir aquí, para no pecar de prolijo,
+los lamentos y quejas de esta dama, las muestras de dolor y de enojo,
+combinadas con las de piedad, al creerme víctima de un amor desesperado
+por ella, y los demás extremos que hizo, y a los cuales todo atortolado
+no sabía yo qué responder ni cómo justificarme. Pero no fue esto lo
+peor, ni se limitó a tan poco la maldad de la chacha Ramoncica. A D.
+Gregorio, varón pacífico, pero celoso de su honra, le escribió un
+anónimo revelándole que su mujer tenía a las diez una cita conmigo. D.
+Gregorio, aunque lo creyó una calumnia, por lo mucho que confiaba en la
+virtud de su esposa, acudió con D. Ambrosio para cerciorarse de todo.</p>
+
+<p>Bajó del caballo, entró en la casa y subió las escaleras sin hacer
+ruido, seguido de su cuñado. Por dicha o por providencia de la chacha,
+que todo lo había arreglado muy bien, D. Gregorio tropezó en la
+obscuridad con un banquillo que habían atravesado por medio y dio un
+costalazo, haciendo bastante estrépito y lanzando algunos reniegos.</p>
+
+<p>Pronto se levantó sin haberse hecho daño y se dirigió precipitadamente
+al cuarto de su mujer. Allí oímos el estrépito y los reniegos, y los
+tres, más o menos criminales, nos llenamos de consternación. ¡Cielos
+santos!&mdash;exclamó doña Juana con voz ahogada:&mdash;Huya usted, sálveme: mi
+marido llega. No había medio de salir de allí sin encontrarse con D.
+Gregorio, sin esconderse en la alcoba o sin refugiarse en el cuarto de
+Isabelita, que estaba contiguo. La chacha Ramoncica, en aquel apuro, me
+agarró de un brazo, tiró de mí, y me llevó al cuarto de Isabelita, con
+agradable sorpresa por parte mía. Halló D. Gregorio tan turbada a su
+mujer, que se acrecentaron sus recelos y quiso registrarlo todo, seguido
+siempre de su cuñado. Así llegaron ambos al cuarto de Isabelita. Esta,
+la chacha Ramoncica como tercera, y yo como novio, nos pusimos
+humildemente de rodillas, confesamos nuestras faltas y declaramos que
+queríamos remediarlo todo por medio del santo sacramento del matrimonio.
+Después de las convenientes explicaciones y de saber D. Gregorio cuál es
+mi familia y los bienes de fortuna que poseo, D. Gregorio, no sólo ha
+consentido, sino que ha dispuesto que nos casemos cuanto antes. Doña
+Juana, a regañadientes, ha tenido que consentir también, a lo que ella
+entiende para salvar su honor. Y hasta me ha quedado muy agradecida,
+porque me sacrifico para salvarla. Y más agradecida ha quedado a
+Isabelita, que por el mismo motivo se sacrifica también, a pesar de lo
+enamorada que está de D. Ambrosio.</p>
+
+<p>No he de negar yo, mi querido maestro, que la tramoya de que se ha
+valido la chacha Ramoncica tiene mucho de censurable; pero tiene una
+ventaja grandísima. Estando yo tan enamorado de doña Juana y estando
+Isabelita tan enamorada de D. Ambrosio, los cuatro correríamos grave
+peligro, si mi futura y yo nos quedásemos por aquí. Así tenemos razón
+sobrada para largarnos de este lugar, no bien nos eche la bendición el
+cura, y huir de dos tan apestosos personajes como son la madrastra de
+Isabelita y su hermano.</p>
+
+<p class="head">DE DOÑA JUANA A DOÑA MICAELA,<br />
+HERMANA DEL PADRE GUTIÉRREZ</p>
+
+<p class="r"><i>4 de Mayo</i>.</p>
+
+<p>Mi bondadosa amiga: Para desahogo de mi corazón, he de contar a usted
+cuanto ha ocurrido. Siempre he sido modesta. Disto mucho de creerme
+linda y seductora. Y, sin embargo, yo no sé en qué consiste; sin duda,
+sin quererlo yo y hasta sin sentirlo, se escapa de mis ojos un fuego
+infernal que vuelve locos furiosos a los hombres. Ya dije a usted la
+vehemente y criminal pasión que en Carratraca inspiré a D. Pepito, y lo
+mucho que éste me ha solicitado, atormentado y perseguido viniéndose a
+mi pueblo. Crea usted que yo no he dado a ese joven audaz motivo
+bastante para el paso, o mejor diré, para el precipicio a que se arrojó
+hace algunas noches. De rondón, y sin decir oste ni moste, se entró en
+mi casa y en mi cuarto para asaltar mi honestidad, cuando estaba mi
+marido ausente. ¡En qué peligro me he encontrado! ¡Qué compromiso el mío
+y el suyo! D. Gregorio llegó cuando menos lo preveíamos. Y gracias a que
+tropezó en un banquillo, dio un batacazo y soltó algunas de las feas
+palabrotas que él suele soltar. Si no es por esto, nos sorprende. La
+presencia de espíritu de la chacha Ramoncica nos salvó de un escándalo y
+tal vez de un drama sangriento. ¿Qué hubiera sido de mi pobre D.
+Gregorio, tan grueso como está y saliendo al campo en desafío? Sólo de
+pensarlo se me erizan los cabellos. La chacha, por fortuna, se llevó a
+D. Pepito al cuarto de Isabel. Así nos salvó. Yo le he quedado muy
+agradecida. Pero aún es mayor mi gratitud hacia el apasionado D. Pepito,
+que, por no comprometerme, ha fingido que era novio de Isabel, y hacia
+mi propia hija política, que ha renunciado a su amor por D. Ambrosio y
+ha dicho que era novia del joven malagueño. Ambos han consumado un doble
+sacrificio para que yo no pierda mi tranquilidad ni mi crédito. Ayer se
+casaron y se fueron en seguida para esa ciudad. Ojalá olviden, ahí,
+lejos de nosotros, la pasión que mi hermano y yo les hemos inspirado.
+Quiera el cielo que, ya que no se tengan un amor muy fervoroso, lo cual
+no es posible cuando se ha amado con fogosidad a otras personas, se
+cobren mutuamente aquel manso y tibio afecto, que es el que más dura y
+el que mejor conviene a las personas casadas. A mí, entretanto, todavía
+no me ha pasado el susto. Y estoy tan escarmentada y recelo tanto mal de
+este involuntario fuego abrasador que brota a veces de mis ojos, que me
+propongo no mirar a nadie e ir siempre con la vista clavada en el suelo.</p>
+
+<p>Consérvese usted bien, mi bondadosa amiga, y pídale a Dios en sus
+oraciones que me devuelva el sosiego que tan espantoso lance me había
+robado.</p>
+
+
+<div class="imagen"><a name="LOS_TELEFONEMAS_DE_MANOLITA" id="LOS_TELEFONEMAS_DE_MANOLITA"></a><img src="images/ill_006.png"
+width="95%"
+alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div>
+
+<h2>LOS TELEFONEMAS DE MANOLITA</h2>
+
+<hr class="pre" />
+
+<p class="head">(DRAMA EN DOS CUADROS)</p>
+
+<p class="head">Manolita, <i>personaje único</i>.</p>
+
+
+<p class="head">CUADRO PRIMERO</p>
+
+<p class="hang">Salón elegante y rico. Es de noche. Lámparas y bujías encendidas. Hay
+teléfono. Manolita sola. Inquieta, yendo y viniendo de un extremo a
+otro, había consigo misma.</p>
+
+<p>M<span class="smcap">ucho</span> quiero a mamá. No faltaba más que yo no la quisiera. El cuarto
+honrar padre y madre. Además, harto fácil es para mí cumplir este
+mandamiento. No estoy resentida, sino agradecida de que me haya tenido
+cerca de tres años en el colegio. Yo estaba imposible de mimada, de
+traviesa y de voluntariosa. Yo era un diablillo y necesitaba que me
+metiesen en costura. Ahora, que he vuelto de nuevo a casa, soy persona
+de mucho juicio. ¿Y cómo no he de querer a mamá? Me mima, me celebra, me
+idolatra. Mis caprichos son ley. Mamá me regala mil dijes; gasta un
+dineral en mis vestidos y sombreros. Nunca rabia cuando vienen las
+cuentas. Hasta le parece poco lo que paga. Y con todo, no puedo
+negarlo: mamá me tiene quejosa.</p>
+
+<p>Buena y santa es la inocencia; sí, señor; muy buena y muy santa; pero yo
+acabo de cumplir diecisiete años, y aunque apenas hace tres meses que
+salí del Sagrado Corazón de Jesús, no por eso ha de imaginar mamá que
+soy tonta y que no veo ni entiendo nada.</p>
+
+<p>Algo más de ocho años lleva ya de viuda. Mucho cuidó a mi padre en su
+última enfermedad. Sintió su muerte y le lloró muy de veras; pero, en
+fin, ella no tiene en el día más que treinta y seis años. Parece mi
+hermanita mayor. A menudo me da envidia, aunque dulce y no amarga,
+porque la encuentro y noto que la encuentran por ahí más bonita que a
+mí. ¿Qué extraño es que mamá se haya consolado? Dios me lo perdone, si
+es mal pensamiento. Sospecho que mamá se consuela con el general. No la
+condeno. Sea en buen hora. Es libre: bien puede hacer lo que le agrade
+sin ofender a Dios. Lo que a mí me ofende es la falta de confianza en
+mí; que mamá me engañe sin necesidad.</p>
+
+<p>Que el general tiene cerca de cincuenta años: que era un antiguo amigo
+de papá, o mejor dicho, del papá de mi papá; y que ya no está para
+amoríos ni nadie puede suponer semejante cosa. Y entre tanto, tenemos
+general a todo pasto. El es divertido y marrullero: pero ya me tiene
+cargada. En el teatro, el general se viene a nuestro palco y está con
+nosotras un entreacto y un acto entero y a veces hasta dos entreactos.
+Dice una chuscada; eso sí, limpia siempre y sin olorcillo de cuartel, y
+mamá se destornilla de risa. Mamá se entusiasma en el Real con la misma
+música con que el general se entusiasma. Cuando mamá ríe en Lara los
+chistes de la Valverde, el general los ríe también; y en el Español no
+aplaude a la Guerrerito hasta que mamá la aplaude. En política ambos
+están siempre de acuerdo. En lo único en que el general no conviene con
+mamá y le arma hasta acaloradas disputas, es cuando mamá pondera la
+elegancia, la discreción y la hermosura de otras señoras. Buen tunante
+está el general, pero a mí no me la pega. Vamos a una tertulia y él es
+la primera persona a quien veo. En la mesa de tresillo, en que mamá
+juega, el general ha de estar siempre jugando. Salimos en coche, y no
+bien llegamos al Retiro, diviso al general, hecho un pollo, trotanto y
+haciendo corbetas en su fogoso caballo inglés. A casa viene todos los
+días en que mamá recibe y no pocos días en que mamá no recibe. ¡Y que se
+empeñe mamá en hacerme creer que esto es amistad pura! Ya, ya. Venga
+Dios y lo vea.</p>
+
+<p>Yo lo hallo muy natural. Si yo no celebrara, disculparía hasta que ella
+se casase. Lo que me enoja, es su falta de franqueza. Y también me
+enoja, no ya el que no piense en mí y me busque novio, que tiempo hay de
+sobra y yo no tengo priesa, sino que distraída ella con su general, no
+me vigile y me deje confiada al adefesio de doña Rita, que, si bien fue
+su aya, tiene más conchas que un galápago.</p>
+
+<p>Por fortuna, aunque me esté mal el decirlo, yo soy tan prudente que ni
+el descuido de mamá ni el inútil amparo de doña Rita pueden
+perjudicarme. Y cuenta que me he visto, desde que salí hace tres meses
+al mundo, en ocasiones peligrosas.</p>
+
+<p>Si mamá tiene sus secretos y se los calla, yo también tengo el mío y me
+le callo, usando de represalias. Mi secreto es un novio... y guapísimo.</p>
+
+<p>Aunque novicia, no he ido a ciegas ni he hecho ningún disparate. Y eso
+que me encantó desde que le vi la vez primera. ¡Qué distinguido! ¡Qué
+elegante! ¡Qué lindo muchacho! ¡Y qué respetuoso sin timidez ni
+encogimiento! Siempre que salía yo con doña Rita, a la iglesia, de
+paseo, o para ir en casa de alguna amiga, ¡zás! indefectiblemente, como
+si le evocasen, se mostraba él y casi tropezaba con nosotras. Y me
+miraba con unos ojos... ¡Válgame el cielo, qué ojos! Pero no se atrevía
+a hablarme.</p>
+
+<p>Jamás le he visto ni en bailes, ni en tertulias, ni en teatros. Y sin
+embargo, no es cursi: no hay más que verle para conocer que no lo es.
+Será forastero; me decía yo. Y notando en él un no sé qué de peregrino,
+imaginé que no venía de ninguna provincia, sino de tierras extrañas y
+tal vez remotas.</p>
+
+<p>Así pasó más de un mes, largo para mí como un siglo, porque me
+atormentaba la curiosidad de saber quién era este ser misterioso. Andaba
+yo deseosa y temerosa a la vez de que él me hablase; deseosa por
+hallarle tan de mi gusto, y temerosa porque si él me hubiese dirigido la
+palabra sin conocerme, sin la previa y debida presentación, hubiera
+tenido yo que atribuirlo a mala crianza o a falta de respeto.</p>
+
+<p>Parece providencial lo que ha ocurrido. El cielo ha premiado mi piedad y
+lo mucho que quería yo a mi abuela. Era una santa. Pero, en fin, con
+algunos pecadillos pudo irse al otro mundo cuando murió dos años ha. Tal
+vez aún esté por ellos en el Purgatorio. No sobran, pues, las misas que
+se digan por su alma. Pensando de este modo, hace ocho días justos entré
+en la sacristía a encomendar al Padre González veinte misas, pagándolas
+yo de mis ahorrillos. ¿Y a quién pensarán ustedes que me encontré allí?
+Pues me encontré a mi perseguidor hablando familiarmente con el Padre.
+Quise aguardar desde lejos a que terminase aquella plática, y el Padre
+me vio, y me dijo: ¿Qué se le ofrece a usted, señorita doña Manuela? No
+deje de hablarme ni se retraiga porque vea aquí a este caballero. El, su
+madre y otros individuos de su ilustre familia, son amigos míos de toda
+la vida. Permítame usted que le presente a D. Narciso Solís.</p>
+
+<p>De esta suerte, el Padre González ha tenido la culpa de que yo conozca a
+Narcisito.</p>
+
+<p>Después, la verdadera culpada de que hable yo con Narcisito, de que me
+ponga con él de acuerdo, y de que el <i>flirteo</i> se convierta en noviazgo,
+ha sido esa hipocritona de doña Rita. Bien hacen algunas muchachas
+desenfadadas en llamar <i>carabinas</i> a tales ayas o acompañantas: son la
+carabina de Ambrosio.</p>
+
+<p>Por eso he dicho y lo repito, perdóneseme la inmodestia, que mi
+prudencia me ha valido. Parece inverosímil que tenga yo tanto mundo y
+tanta perspicacia. No, yo no me equivoco. Es persona muy digna. Por su
+devoción a los santos merece la amistad del Padre González, y por la
+devoción que me tiene a mí, que soy también una santa, merece que yo le
+quiera. ¿Qué pecado hay en esto?</p>
+
+<p>Quedó ayer conmigo en que hablemos por teléfono, a las diez de la noche,
+cuando mamá no esté en casa. Su número, el 4.500. Para impedir que,
+oyendo mal y no reconociendo su voz, hable yo con otro sujeto, hemos
+convenido en empezar por decirnos cuatro palabras mágicas: la primera y
+la tercera, yo: él, la segunda y la cuarta. ¡Y qué palabras tan raras!
+(<i>Sacando un papelito</i>). En este papelito me las escribió con lápiz. Van
+a dar las diez. Como tengo una jaqueca atroz, sí, la tengo, no es todo
+estratagema, no he podido acompañar a mamá, que se ha ido al teatro con
+la vizcondesa. (<i>Suenan las diez en el reloj de la chimenea</i>.)</p>
+
+<p>Llegó la hora. Ea, miedo a un lado (<i>Se acerca al teléfono, toca el
+timbre y a poco suena la campanilla.</i>) Central..... comunicación con el
+4.500. (<i>Pausa. Vuelve a sonar la campanilla</i>.) <i>Logos</i>..... Reconozco
+su voz; dice <i>Theos</i>... <i>Sares</i>... Ha contestado <i>Egéneto</i>.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay, Narcisito! ¡Qué locura! ¡Qué picardía! Razón tendría mamá de
+reñirme si me sorprendiese hablando por teléfono con usted: con un
+hombre a quien ella no conoce.&mdash;¡Qué desenvoltura! ¡Qué modo de sacar
+los pies del plato! ¿Es esta la educación que en el convento te han dado
+aquellas benditas madres?&mdash;exclamaría mamá.&mdash;Si usted me quiere de
+veras, si es usted un joven formal y como Dios manda, y si quiere usted
+que nuestras relaciones continúen, es indispensable que se haga usted
+presentar a mamá lo más pronto posible. (<i>Nueva pausa. Las pausas serán
+más o menos largas, según la contestación que se exprese o se presuma</i>.)</p>
+
+<p>No: lo que hemos hecho hasta ahora no puede ni debe seguir. A
+hurtadillas de mamá, en paseo, en la calle, haciendo cómplice a doña
+Rita, no he de hablar ya con usted sino muy de tarde en tarde. Hablar
+así de diario sería muy feo. Usted mismo pensaría mal de mí. Las gentes
+que nos viesen murmurarían. Mamá llegaría a saberlo y regañaría mucho y
+con razón sobrada. (<i>Pausa</i>). Bueno, me alegro con toda el alma de que
+esté usted decidido a hacerse presentar cuanto antes. Eso es lo recto y
+lo leal.</p>
+
+<p>¿Qué?... No me atrevo a contestar a eso. Yo no entiendo bien esta
+maquinaria. Temo que las mujeres de la Central me oigan y se rían.
+(<i>Otra pausa</i>.)</p>
+
+<p>Pues ya que se empeña usted, ya que lo pide con tanto fervor, no hay más
+remedio. Lo diré, aunque me oigan. Repetiré lo que ya le dije tres o
+cuatro veces, cuando echábamos migajitas de pan a los patos y peces del
+estanque del Retiro: para usted las migajitas de mi corazón, que será
+todo suyo, si con amor me paga. (<i>Pausa</i>.)</p>
+
+<p>Mucha precipitación es esa. Mamá dirá, si no se niega, que conviene que
+antes nos tratemos; que pedirme en seguidita, de sopetón, es puñalada de
+pícaro...</p>
+
+<p>Adulador. ¿Con que mis ojos son los pícaros que dan las puñaladas? ¿Con
+que usted es el herido? Pues yo declaro que el pícaro es usted. Si el
+Padre González hubiera sospechado siquiera lo perverso que es usted y el
+mal incurable que iba a causarme, de seguro que no le presenta a su hija
+de confesión, que soy yo...</p>
+
+<p>Allá veremos si, como usted pronostica, de este mi mal incurable se dice
+con toda verdad «que no hay mal que por bien no venga». Adiós; basta de
+charla. Temo que nos sorprendan. Preséntese usted a mamá y venga a casa
+pronto. Mamá recibe dos veces a la semana.</p>
+
+
+<p class="head">CUADRO SEGUNDO</p>
+
+<p class="hang">La misma decoración del cuadro primero. Manolita sola, entrando en el
+cuarto del teléfono y cerrando al entrar. (A fin de no repetir
+acotaciones, se confía en la capacidad de quien lea o recite este
+soliloquio para distinguir por el sentido, cuando Manolita se dirige al
+público como si hablase para sí, y cuando se acerca al teléfono y habla
+por él).</p>
+
+<p>Hoy estoy muy mal de salud. Estoy furiosa. Mamá, sin creer en mi mal, se
+largó tranquilamente a su tertulia. Como no comí a la mesa, a poco de
+irse mamá tuve mucha hambre y vengo de cenar. Me amenazan grandes penas
+y trabajos y conviene restaurar las fuerzas.</p>
+
+<p>Me muero de impaciencia por hablar con Narcisito. Tengo mil cosas
+tristes que decirle ¡Cuantas novedades desde ayer a hoy! Ya es inútil
+que se presente a mamá. Sería muy mal recibido. Pero... (<i>Suenan las
+diez en el reloj de la chimenea</i>). Las diez. Voy a hablarle. (<i>Toca el
+timbre. Suena la campanilla</i>). Central... comunicación con el 4.500.
+(<i>Nueva pausa. Vuelve a sonar la campanilla</i>). <i>Logos</i>... contestan
+<i>Theos</i>. ¿Estará resfriado Narcisito? ¡Qué voz tan ronca tiene hoy!
+<i>Sares</i>... Está bien. <i>Egéneto</i>. ¡Pero qué voz tan ronca!</p>
+
+<p>&mdash;Me quiere usted decir, Narcisito, ¿qué significan esas palabras
+enrevesadas?...</p>
+
+<p>Mentira parece que haya idiomas tan concisos y que en solo cuatro
+palabras se enjareten tantas cosas. De modo que las palabras son griegas
+y significan: «Tú eres un ángel que bajaste del cielo a la tierra,
+tomaste cuerpo gentil y te convertiste en Manolita.»</p>
+
+<p>Sospecho que usted se chancea. ¿Cómo han de decir tanto cuatro palabras
+nada más?...</p>
+
+<p>¿Que es paráfrasis y no traducción? Entonces ya se comprende. Pero
+dejémonos de paráfrasis. No estoy para ellas, ni para que me echen
+piropos.</p>
+
+<p>Estoy desesperada. Tan desesperada estoy, que me inclino a creer que no
+he tenido que fingir la enfermedad, sino que en realidad estoy enferma.
+El doctor lo ha creído y ha dejado una receta muy larga, que doña Rita
+ha leído y debe cumplir. Serán simplezas del doctor...</p>
+
+<p>¡Ay, Dios mío! ¿Qué burla pesada es esta? ¿Con que no me contesta
+Narcisito? Me contesta el doctor, que está con él, y dice que para ver
+que él no es tan simple, lea yo su receta, que, después de bien
+estudiada, ha puesto doña Rita bajo la peana de aquel reloj de chimenea.
+Veamos. (<i>Manolita busca, halla y lee la receta</i>.)</p>
+
+<p>«<i>Récipe</i>: A eso de las nueve, <i>consommé</i> con huevo fresco, <i>filet
+mignon</i>, <i>chaud froid</i> de perdices, vino del marqués de Riscal,
+panecillos de Viena, una chirimoya gruesa de las que gusta tanto la
+enfermita, dulces, café y media copa de <i>chartreuse</i> para entonar el
+estómago. De sobremesa, un rato de palique con Narcisito por teléfono o
+más de cerca.»</p>
+
+<p>¿Habráse visto desvergüenza mayor? Esto es burlarse de mí a casquillo
+quitado. En el pecado llevo la penitencia. El general llama griegos a
+los fulleros. Hice muy mal en fiarme de un griego desconocido. Nada más
+lógico que esta fullería y esta infame burla. (<i>Manolita acude al
+teléfono, llena de ira</i>.)</p>
+
+<p>Narcisito, lo que está usted haciendo conmigo es una maldad. Se me acabó
+el amor. Aborrezco a usted.</p>
+
+<p>Las circunstancias son, sin embargo, muy difíciles y escabrosas y me
+obligan a refrenar mi enojo y a hablar aún con usted de asuntos
+importantes.</p>
+
+<p>Dice mamá que la vizcondesa y otras muchas damas son cómplices e
+instigadoras de un amor en que ella ni soñaba. El general, dirigiéndose
+a mí en latín, y diciéndome <i>tu quoque, filia</i>, me acusa también de
+complicidad y de provocación al delito. A fuerza de decir que tenían
+ellos relaciones amorosas, aunque ni soñaban en tenerlas, les hemos
+hecho creer que será verosímil, juicioso y gustoso el que las tengan.
+Ambos han exclamado: Pues tengámoslas. En efecto; ayer se declararon y
+ya las tienen. Y no queriendo que el hechizo y el deleite de tales
+relaciones consistan en que se presten a la murmuración, han resuelto,
+para evitarla, casarse a escape. Vea usted por dónde, echándome mamá
+parte de la culpa, ha decidido darme padrastro y tirano, que, sin duda,
+vendrá a instalarse, dentro de poco, en esta casa...</p>
+
+<p>¡Jesús, María y José! ¿Qué lío es este? No es Narcisito, es mamá quien
+me responde muy picada. Afirma que no me trae el tirano a casa, sino que
+se va ella a la casa del tirano y me deja aquí sola.</p>
+
+<p>(<i>Vuelve Manolita al teléfono</i>.)</p>
+
+<p>Oye, mamá. Por Dios no me dejes sola. Perdóname. Yo seré buena. Vuélvete
+a casa y vive conmigo, aunque me traigas también a tu tirano. Solo te
+ruego que me dejes a mí elegir el mío y que no te empeñes en que yo
+acceda a lo que el general ayer me proponía. Te lo confieso; hay un tal
+Narcisito, que a pesar de que ahora se está conduciendo conmigo muy mal,
+y por ello debiera yo aborrecerle, me tiene perdidamente enamorada, y no
+lo puedo remediar. Imagina tú, ¿cómo he de poder yo casarme con ese
+sobrino del general, estando perdidamente enamorada de otro? Será rico,
+será buen mozo, será conde, será todo lo que el general quiera, aunque
+yo sospecho, no sé por qué, que ha de ser un señorito andaluz, nacido y
+criado en un poblachón, ceceando mucho, echándola de gracioso, y más a
+propósito para brillar en las ferias, vestido de majo, y cautivar el
+corazón de las gitanas y de las chulas, que para mostrarse como conviene
+en los salones elegantes, inspirar amor verdadero y profundo a una
+señorita bien educada y hacerla luego dichosa. Ya ves, mamá, que tengo
+razón para no querer a tu futuro sobrino político y para preferir a mi
+griego. Y no me pongas la objeción de que mi griego ha de ser hereje o
+cismático. De fijo que es muy buen católico. Si no lo fuera, no sería
+tan amigo del Padre González, que me le presentó en la sacristía, hace
+ya más de una semana. ¿Oyes, mamá?... ¿Qué?... ¿Ustedes me quieren
+volver loca? Ahora es el propio Padre González quien me contesta. Dice
+que Narcisito no es griego natural y de siempre, sino trashumante y
+temporero. Dice que es el primer secretario de la legación de España en
+Atenas y en Constantinopla, que ha venido a Madrid con cuatro meses de
+real licencia.</p>
+
+<p>(<i>Vuelve Manolita a hablar por teléfono</i>.)</p>
+
+<p>Oiga usted, Padre González, como quiera que sea, usted tiene casi toda
+la culpa de que yo haya conocido y tratado a Narcisito, me haya paseado
+con él por las calles más solitarias del Retiro y por las orillas del
+estanque, dejando a doña Rita a muy respetable distancia: conque así,
+apiádese usted de nosotros y predique a mi madre y al general, para que
+no persistan en que yo me case con ese abominable sobrino...</p>
+
+<p>¡Cielos santos! Qué tramoya horrible, qué complicada conspiración contra
+una pobre niña inexperta. Ya no me habla el Padre González; me habla el
+general. Es su casa y no la de Narcisito desde donde me habla.&mdash;¿Sí?...
+¿Eh?... Hoy está conmigo más desaforado y más insolente que nunca.</p>
+
+<p>Mamá se ha puesto a jugar al tresillo con el doctor y con el Padre
+González. El general aprovecha la ocasión para desatar la lengua contra
+mí:</p>
+
+<p>Que su sobrino no es abominable, sino adorable; que yo presumo demasiado
+de discreta y de lista, y que soy una criaturita mimada, voluntariosa y
+terca; y que si él me hubiera presentado a Narcisito como sobrino, yo le
+hubiera encontrado vulgar y feo y le hubiera dado calabazas; y que ha
+sido menester armar toda esta tramoya y conjuración, en que han entrado
+mamá, el general, el doctor, el Padre González y hasta doña Rita, para
+que yo crea a Narcisito griego o turco y de él me enamore.</p>
+
+<p>Oiga usted, general; repórtese usted y no me insulte. Piense usted lo
+que se le antoje. Lo que yo pienso y sostengo es que quiero y requiero a
+Narcisito, aunque ya sé, no diré si con gusto o con rabia, que es
+sobrino de usted, y que es casi tan insolente como usted, tan burlón y
+tan desalmado. Usted me ofende de palabra, porque está lejos de mí. Si
+estuviera yo ahí, se moriría usted de miedo al verme, porque estoy hecha
+una fierecita...</p>
+
+<p>¡Hola, hola! Me desafía usted, me cita y me emplaza para que vaya a su
+casa al punto. Pues iré... y nos veremos las caras. ¿Pero como ir?...</p>
+
+<p>Agradezco el deseo que usted muestra y la esperanza que me infunde de
+que no sea a muerte nuestro duelo y de que a las doce de esta noche, que
+es la de San Silvestre, bebamos un vaso de Champagne para celebrar
+nuestra reconciliación y la entrada del nuevo año. También agradezco la
+noticia que me da usted de que en esa casa se acaban de echar los
+estrechos, y de que usted ha salido con mamá y yo con Narcisito. Pero
+como usted todavía no es mi padrastro, bien puedo yo faltarle al
+respeto, y así le digo, que eso es un embuste o una fullería para
+burlarse de mí y para demostrar lo que ya no necesita demostración; que
+es usted más griego y más trapacero que su sobrino. Y, sin embargo, ¡qué
+corrupción la de los tiempos que corren!&mdash;como decían las benditas
+madres que me han educado.&mdash;¡Qué perversa condición tenemos las mujeres!
+¿Quiere usted creer que a pesar de todo, me es usted muy simpático y me
+hace muchísima gracia? Lo que no apruebo, es que tenga usted tan
+estrafalarias ocurrencias. Me pone usted en un apuro con que vengan ya a
+buscarme la berlina de mamá y Narcisito en la berlina. Si fuera el
+landó, si fuera al menos el <i>clarence</i>, no habría dificultad. Pero en la
+berlina que es muy estrecha... ¿quiere usted decirme, diantre de general
+y aborrecible padrastro, dónde voy a colocar yo a doña Rita, que pesa
+doce arrobas y parece una urca holandesa?</p>
+
+<p>Más vale tomarlo a risa para no pelearme con todos, porque me están
+tomando por juguete. El general se ha ido del teléfono a hacer el cuarto
+en la mesa de tresillo. Dice que su hermana la condesa viuda, mamá de
+Narcisito, estaba jugando por él, y como es una chambona, le lleva
+perdida casi toda la paga del mes corriente. ¿Y quién me comunica todo
+esto? La taimada de doña Rita, que está muy sofocada. Afirma que no es
+urca y que no pesa tantas arrobas, y que de todos modos no puedo
+llevarla conmigo, porque considerando que yo no la necesito para nada,
+por lo prudente que soy, y que la califico de carabina de Ambrosio, se
+fue con mamá, para acompañarla, desde esta calle de Don Pedro, donde
+vivimos, hasta el último extremo de la fuente de la Castellana, donde el
+general vive.</p>
+
+<p>(<i>Vuelve Manolita al teléfono</i>.)</p>
+
+<p>Explíquese usted, doña Rita. ¿Por qué no viene usted a buscarme?</p>
+
+<p class="puntas">(<i>Después de escuchar por el teléfono</i>.)</p>
+
+<p class="puntas">¡Conque usted no ha cumplido la orden de mamá! ¡Conque el general ha
+tolerado que Narcisito deje a usted plantada y se venga él en la
+berlina! ¡Doña Rita, es usted un monstruo!</p>
+
+<p><i>(No responde nadie. Doña Rita ha cortado la comunicación.)</i></p>
+
+<p>Pues, señor, meditemos con serenidad y con calma. Yo tengo muchísima
+gana de conocer a la condesa viuda que va a ser mi suegra; tengo también
+muchísima gana de brindar con Champagne en punto de las doce, en
+compañía del general y de sus tertulianos; y como Narcisito no es un
+galopín, sino un caballero, y no ha de querer empañar en lo más mínimo
+el espejo en que su honra se mire, me parece que bien puedo irme con él
+sin menoscabar mi decoro.</p>
+
+<p>No es necesario que el público sepa esta determinación que he tomado;
+pero si la sabe...</p>
+
+<p><i>(Suena la campanilla de la puerta.)</i></p>
+
+<p>Ya está ahí Narcisito. Voy a ponerme el sombrero y el abrigo para irme
+con él. <i>(Dirigiéndose al público.)</i> ¿Quieren ustedes ser indulgentes
+conmigo, perdonar mi falta y aplaudirme antes de que me vaya?</p>
+
+<p><i>(El autor supone que el público aplaude.&mdash;Cae el telón.)</i></p>
+
+<div class="imagen"><a name="EL_DUENDE-BESO" id="EL_DUENDE-BESO"></a><img src="images/ill_007.png"
+width="95%"
+alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div>
+
+
+<h2>EL DUENDE-BESO</h2>
+
+<hr class="pre" />
+<p class="head">I</p>
+
+<p>N<span class="smcap">otabilísimo</span> huésped había llegado al convento de Capuchinos de la
+villa, allá por los años de 1672. Famoso era el huésped en todas partes
+por la agudeza de su ingenio, por el profundo saber que había adquirido
+y por las obras científicas en que le divulgaba. Baste decir, y está
+todo dicho, que el huésped era el reverendísimo padre fray Antonio de
+Fuente la Peña, ex-provincial de la Orden.</p>
+
+<p>Después de comer con excelente apetito y de dormir una buena siesta,
+para reposar de las fatigas del viaje, fray Antonio recibió en su celda
+al padre guardián, fray Domingo, y habló a solas con él sobre el
+importante asunto que le había impulsado a ir a aquella santa casa.</p>
+
+<p>&mdash;Sé por fama&mdash;le dijo&mdash;el extraño caso de mi señora doña Eulalia, hija
+única del ilustre caballero D. César del Robledal. Y considerado bien y
+ponderado todo, me atrevo a sostener que la joven no está posesa ni
+obsesa.</p>
+
+<p>&mdash;Vuestra reverencia me ha de perdonar si le contradigo. No veo prueba
+en contra de la posesión o de la obsesión de la joven. Aunque me esté
+mal el decirlo, sabido es que, a Dios gracias, ejerzo bastante imperio
+sobre los espíritus malignos, y que he expulsado a no pocos de los
+cuerpos que atormentaban. Si los que atormentan a la joven doña Eulalia
+no me obedecen, no es porque no estén en ella o en torno de ella, sino
+porque son muy ladinos y marrajos. Si están en ella, se esconden, se
+recatan y se parapetan de tal suerte, que se hacen sordos a mis
+conjuros; y si la cercan, para atormentarla, andan sobrado listos para
+escapar cuando yo llego, y no volver a las andadas sino después que me
+voy. Los síntomas del mal son, sin embargo, evidentes. Sobre lo único
+que estoy indeciso y no disputo, es sobre si el mal es posesión u
+obsesión.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien,&mdash;replicó fray Antonio,&mdash;mi conclusión es enteramente
+contraria, y mientras más lo reflexiono más me afirmo en ella. Doña
+Eulalia no habla nunca en latín ni en ningún otro idioma que no sea
+nuestro castellano puro y castizo; sus pies se apoyan siempre en el
+suelo cuando no está sentada o tendida; en vez de estar desmedrada,
+pálida y ojerosa, sé que está muy guapa y de tan buen color que parece
+una rosa de Mayo; y el que ella repugne casarse con ninguno de los
+novios que su señor padre le ha buscado, y el que ande melancólica y
+retraída, y el que tenga por las noches y a solas, en su retirada
+estancia, coloquios misteriosos con seres invisibles, no prueba que esté
+endemoniada ni mucho menos. Los demonios jamás son tan benignos y
+apacibles con una criatura. Ser, por consiguiente, de menos perversa y
+dañina condición, que los ángeles precitos, es quien tiene trato y
+coloquios con mi señora doña Eulalia. <i>Ergo</i>, no es demonio, sino duende
+quien la visita y habla con ella. Y conocedor yo de este suceso, y
+empleándome como me empleo en el estudio de los duendes, según lo
+testifica mi ya celebérrimo libro <i>El ente dilucidado</i>, he venido por
+aquí a ver si me pongo en relación con el duende que visita a doña
+Eulalia y logro arrojarle de su lado, valiéndome de los medios que me
+suministra la ciencia.</p>
+
+<p>&mdash;Extraño es&mdash;dijo fray Domingo&mdash;que afirme todo eso vuestra reverencia
+por meras conjeturas.</p>
+
+<p>&mdash;No son meras conjeturas&mdash;repuso fray Antonio.&mdash;Aunque por mis pecados
+nunca he sido digno de tener revelaciones sobrenaturales, lo que es
+naturales las tengo con frecuencia, y tal es el caso de ahora. Aquí
+estamos solos y puedo hablar con libertad, confiando en el indispensable
+sigilo.</p>
+
+<p>Fray Domingo hizo señal de que no descubriría lo que se le dijese y fray
+Antonio continuó en voz misteriosa y baja:</p>
+
+<p>&mdash;El duende que visita a doña Eulalia se ha franqueado conmigo y me lo
+ha explicado todo. Harto se comprende que sea yo estimado, querido y
+familiar entre los duendes, a quienes he defendido de las injurias y
+calumnias que propala contra ellos el vulgo ignorante. Yo he demostrado
+que no son diablos, ni almas en pena, sino criaturas sutilísimas e
+invisibles, casi siempre traviesas y alegres, que se engendran en lo más
+delgado del aire. Agradecidos los duendes, ¿qué tiene de particular que
+acudan a conversar conmigo? Además, que mis estudios y meditaciones
+sobre todos los secretos de la madre Naturaleza y mi asídua
+investigación acerca de los seres más menudos y casi incorpóreos, han
+aguzado de tal suerte mis sentidos, que veo, toco y oigo lo que por
+ingénita y grosera rudeza del sentir no notan ni descubren los otros
+mortales. Perdóneseme la jactancia: yo descubro, al tender mi penetrante
+mirada por el Universo, cien veces más vida y más inteligencia que la
+que ve la inmensa mayoría de los hombres. En suma, y contrayéndonos al
+presente singular caso, el duende, hará cerca de diez años, desde que
+doña Eulalia cumplió quince, hasta dentro de tres días, que cumplirá
+veinticinco, se entiende con ella, la aparta de la convivencia de la
+gente y la hace arisca y zahareña: pero me ha predicho que desaparecerá
+dentro de los indicados tres días, y hasta que antes se dejará ver bajo
+la figura de un gallardo mancebo. Doña Eulalia quedará libre entonces de
+toda molestia, y aunque siempre recatada, honestísima y decorosa,
+depondrá sus desdenes, dejará de ser huraña y se hará para todo el mundo
+conversable y mansa.</p>
+
+<p>Con acento irónico, aunque templado o velado por el respeto exclamó
+entonces fray Domingo:</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda que a fin de que la revelación no haya sido a medias, el
+duende habrá pronosticado a vuestra reverencia el punto y la hora de su
+desaparición y de la aparición del mancebo.</p>
+
+<p>&mdash;Sí que me lo ha pronosticado&mdash;respondió fray Antonio.&mdash;Ello ha de ser
+a media noche, en la propia habitación de doña Eulalia, a donde hemos de
+acudir, recatadamente y sin que doña Eulalia ni nadie se entere, el
+padre de ella, desarmado para evitar un funesto rapto de ira, vuestra
+reverencia con sus exorcismos y yo pertrechado de mi ciencia <i>duendina</i>.
+Tengo la más perfecta seguridad de que todo tendrá allí desenlace
+dichoso.</p>
+
+
+<p class="head">II</p>
+
+<p>En la noche y hora prefijadas, de concierto ya D. César con los dos
+reverendos, acudieron en misterioso silencio y de puntillas a la puerta
+de la habitación de doña Eulalia, armado fray Domingo del libro de los
+exorcismos y de un hisopo; armado fray Antonio de un turíbulo donde
+quemaba hierbas mágicas, esparciendo el humo; y armado D. César de
+paciencia, después de haberse comprometido solemnemente a no perderla y
+a no enfurecerse, ocurriera lo que ocurriera.</p>
+
+<p>Celebrados ya sus ritos y evocaciones fray Antonio y fray Domingo
+prescribieron a D. César que llamase con brío a la puerta de la
+habitación de doña Eulalia, cerrada con llave y que ordenase que se
+abriera de par en par, inmediatamente, sin excusa ni pretexto alguno.</p>
+
+<p>No hubo modo de evitarlo ni de retardarlo, y la puerta se abrió de par
+en par y de súbito. En medio de ella, como magnífico retrato de Claudio
+Coello, encerrado en su marco, apareció un galán muy bizarro y apuesto,
+con traje e insignias de capitán, larga espada al cinto, airosas plumas
+en el sombrero que llevaba en la diestra, rica cadena de oro y veneras
+que en su pecho brillaban y espuelas, de oro también, asidas a sus
+amplias botas de camino.</p>
+
+<p>D. César, que era muy violento y celoso de su honra, no hubiera sabido
+contenerse y hubiera caído sobre el forastero, si ambos frailes, cada
+uno de un lado, no le contienen.</p>
+
+<p>El galán con voz reposada y serena dijo entonces:</p>
+
+<p>&mdash;Sosiéguese mi Sr. D. César y no tome a mal que me presente tan a
+deshora. Yo soy el capitán D. Pedro González de la Rivera, de cuya renta
+y condiciones ha escrito a su señoría mi amigo el banquero genovés
+Jusepe Salvago, y de cuyos altos hechos de armas en Portugal, en
+Flandes, en Italia y en el remoto Oriente le han dado noticias otras
+varias personas muy respetables. Aspiro a la mano de doña Eulalia; ella
+me ha dado prueba de que me quiere para esposo; y sólo nos falta el
+consentimiento paterno y después la bendición del reverendo Padre fray
+Antonio, que está presente y que espero no ha de negarse a bendecirnos.</p>
+
+<p>&mdash;Todo eso estaría bien&mdash;respondió D. César con mal reprimida cólera&mdash;si
+vuesa merced no lo pidiese, después de ofender mis canas, hollar mi casa
+y atropellar todo respeto.</p>
+
+<p>&mdash;Yo, Sr. D. César&mdash;replicó el capitán sonriendo&mdash;tenía que vengar con
+esta aparente injuria otra nada aparente que vuestra merced me hizo hace
+diez años, cuando me sorprendió en este mismo sitio en dulces coloquios
+con mi señora doña Eulalia, que aún no había cumplido quince años. Yo
+era entonces un rapazuelo de dieciséis, y vuesa merced me arrojó de aquí
+a empellones nada paternales. Por amor de doña Eulalia, lo sufrí todo y
+mayor afrenta hubiera sufrido a ser posible mayor afrenta. Harto he
+demostrado después mi valor. Acrisolada está mi honra. La fortuna además
+me ha favorecido. La satisfacción que espero y pido para los pasados
+agravios es que vuesa merced me acepte como yerno.</p>
+
+<p>En este punto, apareció doña Eulalia al lado del galán. Estaba linda en
+extremo, muy elegante y ricamente engalanada con magníficas joyas, y
+manifestando en el rostro juvenil y ruboroso gran satisfacción y
+contento. ¿Qué había de hacer don César? Consintió en todo y abrazó
+cariñosamente a sus hijos, no sin exclamar, mirando al capitán
+detenidamente:</p>
+
+<p>&mdash;Válgame Dios, muchacho, ¡y cómo has crecido y embarnecido en este
+decenio! ¿Quién al pronto había de reconocer en ti al rubio y travieso
+monaguillo de Capuchinos que repicaba tan bien las campanas?</p>
+
+
+<p class="head">III</p>
+
+<p>No bastó la respetuosa consideración que fray Antonio inspiraba al padre
+guardián, para que éste se callase y no dijese claro que, si no había
+habido demonio, tampoco había habido duende, y que todo había sido
+farsa.</p>
+
+<p>Fray Antonio quiso entonces justificarse, y antes de volver a Madrid,
+donde habitualmente residía, habló al padre guardián como sigue:</p>
+
+<p>&mdash;No sólo ha habido duende sino uno de los duendes más poéticos que en
+este mundo sublunar puede darse. Era ella tan pura, tan cándida y tan
+ignorante de lo malo, que a los quince años parecía ángel y no mujer. Él
+era bueno y sencillo como ella. Ambos se amaban con la más ardiente
+efusión de las almas, sin la menor malicia, sin que la dormida
+sensualidad en ellos despertase. Anhelaban unirse en estrecho y santo
+lazo: vivir unidos hasta la muerte, como en unión castísima habían
+vivido desde la infancia. A esto se oponía el desnivel de posición
+social. Menester era que Periquito ganase posición, nombre, gloria y
+bienes de fortuna. Al separarse para irse él a dar cima a su empresa,
+sin estímulo vicioso, con inocencia de niños y con fervoroso amor del
+cielo, se unieron sus bocas en un beso prolongadísimo. Sin duda se
+interpuso entre labios y labios una levísima chispa de éter, átomo
+indivisible, germen de inteligencia y de vida. El fuego abrasador de
+ambas almas enamoradas penetró en el átomo, le dio brillantez y tersura,
+y cuanto hay de hermoso y de noble en el mundo, vino a reflejarse en él
+como en espejo encantado que lo purifica y lo sublima todo. Los santos
+anhelos de amor de él y de ella, se fundieron en uno; y, sin
+desprenderse enteramente de ambas almas, tuvieron en la misteriosa unión
+ser singular y substancial suyo y algo a modo de vaga, indecisa y propia
+conciencia. Se separaron los amantes. Él fue muy lejos; peregrinó y
+combatió. Durante diez años, no supieron ella de él, ni él de ella, por
+los medios ordinarios y vulgares. Pero el unificado deseo de ambos, el
+duende que nació del beso, con pintadas alas de mariposa y con la
+rapidez del rayo, volaba de un extremo a otro de la tierra: y ya se
+posaba en ella, ya en él, y hacía que se estrechasen como presentes, y
+renovaba el casto beso de que había nacido, no como recuerdo vano, sino
+como si nuevamente y con la misma o con mayor vehemencia ellos se
+besaran. No dude, pues, vuestra reverencia de que el tal duende existe o
+ha existido. ¿Cómo explicar sin él la tenaz persistencia, durante diez
+años, de los mismos amores? El deseo no era sólo de ella. El deseo no
+era sólo de él. En ambos estaba, pero, al unirse, se separó de ambos,
+creando la unión un ser distinto. Este ser no tiene ya razón de ser:
+desaparece, pero no muere. No debe decirse que ha muerto o que va a
+morir la chispa inteligente, enriquecida con la viva representación de
+toda la hermosura de la tierra y del cielo, cuando, cumplida la misión
+para que fue creada, se diluye en el inmenso mar de la inteligencia y
+del sentimiento, que presta vigor armónico, y crea la luz y hace
+palpitar la vida en la indefinida multitud de mundos que llenan la
+amplitud del éter.</p>
+
+<p>Fray Domingo oyó con atención todo esto y mucho más que dijo fray
+Antonio, y acabó por convencerse de que había duendes; unos prosáicos,
+otros poéticos como el de D. Pedro y doña Eulalia, sin que la teoría de
+fray Antonio pugnase en manera alguna con la verdad católica, pues
+redundaba en mayor gloria de Dios, hasta donde alcanza a concebirla el
+limitado entendimiento humano.</p>
+
+
+<div class="imagen"><a name="EL_ULTIMO_PECADO" id="EL_ULTIMO_PECADO"></a><img src="images/ill_008.png"
+width="95%"
+alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div>
+
+<h2>EL ÚLTIMO PECADO</h2>
+
+<hr class="pre" />
+
+<p class="head">(NOVELA CORTA)</p>
+
+
+<p class="head">I</p>
+
+<p>E<span class="smcap">l</span> Sr. D. Emilio Cotarelo es un erudito de notable ingenio y de muy buen
+gusto, a quien debemos estar agradecidos y dar grandes alabanzas los
+aficionados a la amena literatura y a todas las artes de la palabra. Sus
+libros nos maravillan por la diligencia y el tino con que el autor ha
+sabido recoger noticias. Sus libros enseñan mucho y deleitan más.
+Natural es que sean leídos, comprados y celebrados.</p>
+
+<p>Los ha compuesto ya el Sr. Cotarelo sobre don Enrique de Villena, sobre
+el conde de Villamediana y sobre el gran poeta Tirso. Pero lo que ahora
+me mueve a hablar de este escritor es la serie de estudios que está
+publicando sobre actores y actrices del siglo pasado. Ya han salido a
+luz la vida de la divina María Ladvenant, y más recientemente la vida de
+<i>La Tirana</i>. Ambas obras tienen mayor interés que las novelas, y más
+que novelas parecen intrincadas selvas de aventuras, lances y casos
+raros. Al leerlos, no podemos menos de exclamar casi con envidia.
+¡Vamos, vamos, no dejaban de divertirse nuestros morigerados abuelos!</p>
+
+<p>Y lo que es para mí el mayor mérito que tienen los libros de que voy
+hablando, es ser muy <i>sugestivos</i>. El autor no cuenta ni afirma nada sin
+probar su exacta verdad con documentos fehacientes. Quedan, pues, por
+contar o apenas indicados entre renglones, mil sucesos importantes y
+ocultos, los cuales explican o pueden explicar otros cuyas causas no
+vislumbramos, porque el Sr. Cotarelo, como historiador severísimo y
+veraz, tiene que dejarnos a media miel, sin decir como cierto lo que no
+está evidentemente demostrado, aunque se presuma y haya acerca de ello
+rastros e indicios. Siguiéndolos, voy a permitirme yo poner aquí algo
+muy importante de la vida de <i>La Caramba</i>, que el Sr. Cotarelo, por
+virtud de su severidad histórica, no ha podido menos de dejarse en el
+tintero, tal vez a pesar suyo.</p>
+
+
+<p class="head">II</p>
+
+<p>El 8 de Septiembre de 1785, día en que celebra la iglesia la Natividad
+de la Virgen Santísima Nuestra Señora, en vez de acudir al templo a
+rezar sus devociones, la desenfadada María Antonia Fernández bajó a
+pasear en el Prado, a provocar a los galanes y a escandalizar, según
+tenía de costumbre. Estaba en lo mejor de su edad, como sol que culmina
+en el meridiano; famosa por sus conquistas y celebrada por su gracia,
+por su primor en el vestir, por su gallardo cuerpo, por su andar airoso
+y por su marcial y bulliciosa desenvoltura. Iba aquel día bizarramente
+ataviada: brial de raso azul, justillo recamado de seda y oro y bien
+peinada la negra y undosa mata de pelo, sujeta en rodete en lo alto de
+la gentil cabeza por rascamoño de oro, lleno de piedras preciosas.</p>
+
+<p>Completaban su tocado el lindo adorno que ella inventó y al que dio su
+nombre de guerra, llamándole <i>La Caramba</i>, y una mantilla blanca de
+preciosa y ligera blonda de Almagro.</p>
+
+<p>De repente se obscureció el cielo; se levantó terrible tempestad; el
+aire silbaba y formaba remolinos; deslumbraban los relámpagos, y los
+truenos espantosos ensordecían y aterraban. Se abrieron luego las nubes
+y abundante lluvia, un verdadero diluvio, empezó a caer sobre la tierra.
+No había coche ni silla de manos en que irse, y María Antonia Fernández,
+alias <i>La Caramba</i>, se refugió en la iglesia de Capuchinos del Prado,
+donde se celebraba en aquel momento una solemne función religiosa.
+Predicaba fray Atanasio, predicador tan elocuente como severo. El horror
+de la tempestad que continuaba y crecía, las frases tremendas con que el
+padre fustigaba los vicios y con que describía las penas eternas que
+Dios justiciero les impone y tal vez asimismo el devoto cuadro de Lucas
+Jordán, que en aquella iglesia se parecía, representando a la Magdalena
+a los pies de Cristo, todo compungió por tal arte a la bella pecadora,
+penetrando en sus entrañas como agudas saetas de fuego, que se llenó de
+atrición y aun de contrición, sintió que el Altísimo la llamaba a sí y
+como por milagro quedó convertida.</p>
+
+<p>María Antonia Fernández no volvió a pisar las tablas, hizo desde aquel
+punto vida retirada y ejemplar; y la amargura de su arrepentimiento
+tardío, las duras mortificaciones con que se castigó ella misma y la
+vergüenza y el profundo pesar que el recuerdo de sus pecados le causaba,
+acabaron pronto con la salud de su cuerpo, concediéndole en cambio la
+salud del alma.</p>
+
+<p>Todo esto es perfectamente histórico, notorio y sabido entonces en
+Madrid, y recordado ahora con puntualidad por el Sr. Cotarelo. Lo que yo
+voy a referir como apéndice es lo que generalmente se ignora.</p>
+
+
+<p class="head">III</p>
+
+<p>Cualquier pecado mortal es abominable, pero cuando el pecado no
+contamina a ningún sujeto inocente y puro y no le aparta de la senda de
+la virtud, su malicia es mucho menor que cuando extiende su pernicioso
+influjo sobre criaturas humanas, y cuando todo lo inficiona y corrompe.
+María Antonia Fernández, aunque arrepentida y llorosa, tenía el consuelo
+de no haber pecado nunca en este segundo sentido. Cuantos habían caído
+en sus redes y habían sido con ella pecadores, estaban pervertidos muy
+de antemano, de modo que ella no agostó ninguna virtud en flor, ni
+remedando al demonio robó ángeles al cielo para llevárselos consigo. A
+María Antonia no remordía la conciencia, sino de su propia perdición y
+no de haber procurado la ajena.</p>
+
+<p>Sólo en una ocasión se mostró ella propicia a cometer tan doble y feo
+delito, pero se frustró y quedó en conato, gracias a la entereza de un
+sujeto y sobre todo, gracias a la misericordia divina. Con horror
+recordaba <i>La Caramba</i> aquel caso.</p>
+
+<p>El duque de Campoverde, a quien llamo así para ocultar su verdadero
+título, protegía y albergaba en su casa a un sobrino suyo, tan ilustre
+como pobre, llamado D. Jacinto de la Mota, gallardo mancebo en la
+florida edad de veinticuatro años, elegantísimo, discreto y agradable
+por todo extremo. Y lo más singular y raro que en él había era su
+espiritual e inmaculada limpieza. No pocas damas desaforadas tenían el
+descoco de reír y burlar sobre su condición arisca, apellidándole el
+nuevo Hipólito y tal vez sintiendo el prurito de remedar a Fedra con
+mejor éxito y ventura.</p>
+
+<p>El duque, viejo alegre y algo librepensador, y dos amigos suyos, muy
+curtidos y versados en aventuras ligeras y galantes mortificaban de
+continuo a D. Jacinto, ridiculizando su honesto recato y urdiendo tramas
+y buscando ocasiones peligrosas en que de todo punto le perdiese.</p>
+
+<p>Conjurados para tan inicuo fin, buscaron el poderoso auxilio de <i>La
+Caramba</i>. Hubo una cena, a la que asistió D. Jacinto, ignorando lo que
+iba a haber en ella, y le sentaron al lado de la seductora actriz, bella
+como nunca aquella noche, con leves y casi transparentes vestiduras, y
+adornados sus brazos y su desnuda y cándida garganta con ricos
+brazaletes y espléndido collar de perlas.</p>
+
+<p>Pasaré aquí de largo, a fin de que nadie tilde de licencioso este
+escrito, sobre las infernales artes con que <i>La Caramba</i>, industriada
+por los tres libertinos, excitado su amor propio, anhelante de la
+victoria, y prendada además de la gallardía e inocencia del casto mozo
+se esforzó por avasallarle y rendirle a todo su talante. Don Jacinto
+estuvo más firme que una roca; eclipsó casi la memoria del hijo
+predilecto del patriarca Jacob, todo ello con tal dignidad y tan sin
+melindres ni remilgos, que la risa y la chacota, que el tío y sus dos
+amigos empezaron a mostrar, hubo pronto de trocarse en admiración y
+respeto. Desde entonces dejaron tranquilo al mozo, sin fastidiarle y sin
+embromarle más con disolutas disertaciones e impuras acechanzas.</p>
+
+<p>Lo que resultó de este frustrado delito, del que no pudo menos de tener
+noticia la sociedad elegante y aristocrática de Madrid, fue la fama casi
+de santidad con que resplandeció D. Jacinto, a quien se dieron a
+reverenciar las señoronas devotas, citándole como modelo. Y resultó
+también, y este fue más profundo resultado, un alto aprecio, una amistad
+sublime y una extraordinaria gratitud en el generoso corazón de la
+mujer desdeñada. Porque el mozo, al rechazarla con energía, no faltó en
+lo más mínimo a cuanto cumple a todo cortés caballero, y nada dijo ni
+hizo que exacerbase el desdén y que pudiera ser considerado como
+injuria. Antes bien, con dulces y piadosas palabras suavizó lo agrio del
+desvío, y vertió en la herida que acababa de abrir bálsamo celestial de
+consuelo.</p>
+
+<p>Con tal eficacia penetraron en el centro íntimo del alma de María
+Antonia Fernández estos sentimientos delicados que me atrevo a sospechar
+que predispusieron a aquella mujer para que a poco, estimulada por la
+tempestad, por el sermón elocuentísimo del padre Atanasio, y hasta por
+la pintura de la Magdalena, se obrase de súbito su conversión milagrosa.
+Aquellos nobles sentimientos fueron como abejas, que empezaron por
+clavar sus punzantes aguijones en el pecho de <i>La Caramba</i>, y después
+labraron en su centro panal suave de místicas flores.</p>
+
+<p>Lo cierto es que María Antonia y D. Jacinto quedaron amigos y que la
+amistad hubo de estrecharse no bien se convirtió María Antonia. Nadie la
+veía ni en paseos, ni en teatros, ni en toros, ni en verbenas y veladas.
+Iba solo a las iglesias, humildemente vestida con basquiña y negro manto
+de beata. Sólo un hombre además de su confesor, hablaba ya en ocasiones
+con ella. Este hombre era D. Jacinto. Ora se hablaban en la misma
+iglesia de Capuchinos, donde fue la conversión de ella y donde ambos
+solían asistir; ora acudía él a casa de la actriz, si bien con prudente
+recato para evitar la maledicencia.</p>
+
+<p>No podía ésta tener el menor fundamento, pero la malicia humana levanta
+en el aire castillos de torpes embustes, y conviene evitar que la
+malicia los levante y se haga fuerte en ellos.</p>
+
+<p>María Antonia Fernández se sentía atraída hacia D. Jacinto por un afecto
+angelical y todo del espíritu, y se lisonjeaba además de que afecto no
+menos puro impulsaba a D. Jacinto a venir a visitarla.</p>
+
+<p>Sus pláticas eran edificantes y propendían a lo místico, pero María
+Antonia distaba mucho de caer ni de tropezar siquiera en el error de los
+<i>alumbrados</i>. Para precaverse, leía con frecuencia los <i>Desengaños</i>, del
+Padre Arbiol. Y por otra parte, si algo había en su mente y en su
+corazón de que, después de examinarlo, su conciencia pudiera tener
+escrúpulos, era un leve asomo de complacencia, al imaginar o al notar
+que, si no había triunfado pecaminosamente de aquel mozo por los
+sentidos, había logrado elevar su alma ya purificada hasta el alma de
+él, enlazándolas con amistoso y casto lazo.</p>
+
+<p>Aquel nuevo género de vida daba al espíritu de María Antonia grata paz y
+regalo; pero la austera crueldad con que trataba ella su cuerpo, los
+ayunos, las largas vigilias, el cilicio con que maceraba su carne, y
+acaso la dura disciplina con que se atormentaba en su más secreto
+retiro, quebrantaron tanto su salud, que cayó gravemente enferma, y
+estuvo, durante tres meses, postrada en el lecho y a punto de exhalar
+el último suspiro.</p>
+
+<p>La ciencia de un buen médico y el cuidadoso esmero de su criada Juana,
+lograron conservar su vida y devolverle la salud.</p>
+
+<p>Durante la enfermedad y más aún en la convalecencia, en voz baja, al
+oído, tiñéndose sus pálidas mejillas de leve color de rosa, preguntaba
+ella con frecuencia a Juana:</p>
+
+<p>&mdash;¿Ha venido a saber cómo estoy? ¿No le has visto? ¿No ha hablado
+contigo?</p>
+
+<p>Contrariada y afligida Juana, tenía que confesar que D. Jacinto no había
+parecido por aquella casa; no había enviado, al menos a un criado, a
+informarse de cómo estaba la enferma.</p>
+
+<p>Por último, <i>La Caramba</i> supo una novedad imprevista. La marquesa viuda
+de Montefrío, prendada de las virtudes de D. Jacinto, y después de oír
+los consejos e informes del Padre Atanasio, su confesor, había decidido
+tomar a don Jacinto para yerno, casándole con su hija, la marquesita,
+heredada ya y señora de una renta anual de más de veinte mil ducados. Se
+afirmaba que la marquesita era fea y tonta; pero prevaleció la razón de
+estado; todo se concertó pronto y bien, y D. Jacinto de la Mota era ya
+rico y marqués de Montefrío.</p>
+
+
+<p class="head">IV</p>
+
+<p>Honda melancolía se apoderó del alma de María Antonia. Y sin embargo,
+ella se esforzaba por disculpar a su amigo. El matrimonio, pensaba, no
+es para santificar por medio del Sacramento el deleite y la satisfacción
+de una pasión amorosa: es, en todos los que le contraen, para cumplir
+con una obligación y servir a Dios en aquel estado: y es, además, en los
+nobles, para conservar y perpetuar el lustre y decoro de sus familias, y
+sus apellidos y títulos, gloria y ejemplo de la patria e inmediato
+sostén de las bien concertadas monarquías. Así se explicaba María
+Antonia que D. Jacinto, severamente, sin amor y en cumplimiento de
+deberes impuestos por su nobleza, se hubiese al fin casado.</p>
+
+<p>Esto discurría para disculpar a su amigo, pero se afligía de no verle,
+de no conversar con él y de la soledad y del abandono en que la había
+dejado.</p>
+
+<p>En medio de su pena, pudo tanto aún la briosa mocedad de María Antonia,
+fortalecida por el modo de vivir, menos duro y penitente que su larga
+convalecencia le había impuesto, que vino al cabo a encontrarse de nuevo
+sana y hermosa.</p>
+
+<p>Vehemente deseo de volver a ver a D. Jacinto dominó entonces su alma.
+Sin dejar su humilde traje de beata, pero, con extremada, pulcra e
+inconsciente diligencia, peinado el undoso cabello y acicalada toda su
+gentil persona, <i>La Caramba</i> acudió de diario a rezar en la iglesia de
+Capuchinos y a pasar allí largas horas.</p>
+
+<p>No se lo confesaba, no quería confesárselo; pero tal vez recelaba con
+miedo que no era sólo la devoción la que allí le llevaba, sino también
+la esperanza de volver a ver a D. Jacinto.</p>
+
+<p>Y la esperanza se cumplió. María Antonia volvió a verle; mas ¡ay! ¡cuán
+diferente del que antes era! Había descendido de un coche lujoso y
+llevaba al lado a la señora marquesa, su mujer, muy engalanada y muy
+fea.</p>
+
+<p>María Antonia cerró involuntariamente los ojos para no ver aquello; y
+para no ser vista, se echó muy a la cara el manto y se arrimó a la pared
+en el lugar del templo que le pareció más sombrío.</p>
+
+<p>María Antonia volvió, no obstante, a la iglesia de Capuchinos. No
+deseaba ya ver a D. Jacinto en compañía de la marquesa. Deseaba verle
+solo y hablarle. Tardó en cumplirse su deseo, mas se cumplió por último.</p>
+
+<p>Don Jacinto, saliendo de la sacristía, atravesó el templo. Ella le vio y
+salió antes que él y le aguardó a la puerta, entre varios mendigos que
+pedían limosna. La palidez limpia y mate de su rostro tenía soberano
+hechizo y sus negros y rasgados ojos brillaban como dos soles de luto.</p>
+
+<p>Iba tan distraído el flamante marqués que no reparó en ella, hasta que
+al ir a pasar la tocó con el hombro. Viola entonces y se paró encarnado
+como la grana.</p>
+
+<p>&mdash;Ingrato&mdash;exclamó ella&mdash;te aguardaba aquí para cerciorarme de que no me
+has olvidado del todo y para pedirte la limosna de una mirada y el favor
+y la honra de que te dignes hablarme todavía.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy casado&mdash;dijo él, y en el tono con que pronunció aquellas
+palabras, se mostraba el temor de que alguien le viese con ella.</p>
+
+<p>Don Jacinto, con todo, parecía más mundano y menos timorato que de
+soltero. Se diría, y ella lo sospechó de repente, que D. Jacinto casi
+había desechado su mogigatería, logrado ya el fin principal que le había
+movido a tenerla. María Antonia, por primera vez después de su
+conversación y olvidada de su conversión, le dirigió entonces una mirada
+larga, fogosa, dulce y llena de promesas. Aproximando luego su rostro al
+de él, hasta el punto de que penetró por su boca y por sus narices el
+aliento de ella, dijo ella quedito y con desmayada dulzura:</p>
+
+<p>&mdash;Ven de noche a casa. Nadie te verá y no lo sabrá nadie.</p>
+
+<p>En seguida María Antonia le volvió la espalda y se apartó de aquel
+sitio.</p>
+
+
+<p class="head">V</p>
+
+<p>Salieron a relucir las galas y las joyas que se custodiaban en el fondo
+del arca. María Antonia no parecía ya la penitente. Estaba vestida,
+harto ligeramente vestida, como en la noche de la tentación y de la
+cena. Había vuelto la espalda a Dios y dádose de nuevo al diablo. Estaba
+perfumada su estancia, y lucían en ella los primorosos presentes de sus
+antiguos amadores y el lujo de la plata labrada.</p>
+
+<p>Don Jacinto no dejó de acudir a la cita. Era ya otro hombre. Había
+desechado la máscara del misticismo. Hasta el recuerdo de la fealdad y
+de la tontería de su consorte estimulaba su liviano deseo. Para
+disculpar su ingratitud, brotaron de sus labios entrecortadas frases.
+Después pronunció ardientes palabras de amor, y roto ya el freno de su
+bien utilizada hipocresía, se abalanzó a María Antonia, que le atraía
+con los ojos y le embelesaba con blanda risa, medio abierta la húmeda
+boca y dejando ver los iguales y apretados dientes, que parecían dos
+hilos de perlas.</p>
+
+<p>El la estrechó frenéticamente entre sus brazos y buscó los labios de
+ella con sus labios.</p>
+
+<p>Con ambas manos, María Antonia le rechazó tan violentamente, que faltó
+poco para que le derribase por el suelo. No parecía mujer, sino
+furibunda leona. No era la lánguida y complaciente enamorada: ni era
+tampoco la penitente mística; era la maja de rompe y rasga, insolente y
+soberbia, capaz de herir con groseros y ponzoñosos insultos, y capaz de
+matar con la llama fulmínea de sus ojos, cuando no con puñales.</p>
+
+<p>&mdash;Vete, huye&mdash;exclamó&mdash;apártate de mi presencia. No pienses que la
+amistad y la admiración que me infundiste con tus embustes, se ha
+trocado en amor lascivo. Se ha trocado en asco. Si continúas aquí
+corres peligro de que te asesine. Sólo muriendo a mis manos y no
+gozándome conseguirás ya arrojarme en el infierno. Vete, repito; es un
+hurto ruin el que intentas, dándome tu alma y tu cuerpo vendidos ya para
+siempre y sin rescate a ese espantajo de mujer que te da título y
+dinero.</p>
+
+<p>Don Jacinto pensó que <i>La Caramba</i> se había vuelto loca. Si no de su
+material violencia, tuvo miedo del alboroto, del escándalo y de la
+resonancia ridícula que podía tener aquella escena, si se prolongaba.
+Huyó, pues, casi despavorido. Y como era hombre que entendía bien su
+interés y su conveniencia, pero que de almas sabía poco, jamás llegó a
+comprender ni a darse cuenta de las singulares transformaciones del alma
+de María Antonia, convertida de súbito de libre cortesana en austera
+penitente, y de austera penitente en algo a modo de vengadora y
+aterradora Furia.</p>
+
+<p>Cuando María Antonia se vio libre de la presencia de D. Jacinto, quedó
+inmóvil y de pie por algunos instantes: rompió luego en insana risa y en
+descompuesta y nerviosa carcajada; y por último, se arrojó al suelo,
+retorciéndose, derramando un mar de lágrimas y balbuceando entre dientes
+el <i>yo, pecadora</i>.</p>
+
+<p>De allí en adelante no volvió a pecar María Antonia, ni en pensamiento
+ni en acto. Persistió en sus rezos; redobló sus vigilias, ayunos y
+mortificaciones y logró, pocos meses después, temprano y dichoso
+tránsito a mejor vida.</p>
+
+
+<div class="imagen"><a name="EL_SAN_VICENTE_FERRER_DE_TALLA" id="EL_SAN_VICENTE_FERRER_DE_TALLA"></a><img src="images/ill_009.png"
+width="95%"
+alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div>
+
+<h2>EL SAN VICENTE FERRER DE TALLA</h2>
+
+<hr class="pre" />
+
+<p class="head">(PALINODIA)</p>
+
+
+<p>E<span class="smcap">n</span> la capilla de la hermosa quinta que posee el marqués de Montefico en
+las cercanías de Valencia, hay una devota y diminuta imagen de San
+Vicente Ferrer, esculpida en madera y bien pintada luego. Se debe esta
+obra al ilustre escultor D. Manuel Alvarez, a quien sus contemporáneos
+llamaron <i>el griego</i>, por su habilidad para imitar los grandes modelos
+que del arte de Fidias nos dejó la antigüedad clásica. Elegante ornato
+del Prado es aún la fuente del Apolo y de las cuatro estaciones, trabajo
+del escultor susodicho; pero mayor talento e inspiración mostró en el
+San Vicente de que voy hablando y que pocos conocen. El Santo está
+representado muy joven aún. Su cabeza es hermosísima y tiene noble
+expresión de triunfante alegría, como si acabase de alcanzar una gran
+victoria. En el rostro de esta efigie, alta toda ella de poco más de
+veinte centímetros, se diría que Alvarez ha procurado reproducir el
+júbilo orgulloso del Apolo de Belvedere, después de haber dado muerte
+con sus flechas a la serpiente monstruosa, si bien la humildad cristiana
+refrena el orgullo y calma el júbilo del Santo con la consideración de
+que él no ha vencido por su mérito propio, sino por la gracia y el favor
+del cielo. Asimismo se nota en el rostro del Santo cierto vergonzoso
+rubor, por donde se barrunta que la victoria que ha ganado ha sido en
+combate espiritual contra el tercer enemigo del alma, según lo refiere
+el Padre Rivadeneira, hablando de aquella hembra insolentísima, que
+quiso tentar y rendir al Santo y dio ocasión para que se le llamase <i>el
+que no se quemó en medio del fuego</i> y para que se le comparase a los
+tres mancebos del horno de Babilonia, de quienes habla Daniel profeta.</p>
+
+<p>La efigie, en suma, sobre poseer muy notable valer artístico, es digna
+de consideración por causas nada comunes. En el pecho, en el sitio bajo
+el cual debe de estar el corazón, lleva clavado un puñalito de fuerte
+acero y agudísima punta. Todo él, menos la empuñadura de oro, ha
+penetrado en la madera, impulsado por mano sacrílega. Y cuenta la gente
+piadosa que, todavía a principios de este siglo, se realizaba en la
+mencionada efigie un singular milagro. Todos los años, el 8 de
+Septiembre, día de la Natividad de la Virgen Nuestra Señora, una gotita
+de color rojo, a modo de sangre, manaba de la herida. No ha de
+extrañarse que el prodigio no se realice hoy, porque no merecen verle
+los que de fe carecen.</p>
+
+<p>Como quiera que ello sea, la linda efigie atrae mucho la atención, y más
+cuando llega a saberse que entre los documentos existentes en el archivo
+de la casa del marqués hay un escrito de don Melchor de la Mota, tío del
+marqués actual y cuarto hijo del abuelo de éste, D. Jacinto, donde se
+refiere la historia de la imagen y se explica el suceso de la herida que
+lleva en el pecho. El escrito que pongo aquí, ya copiando y ya
+extractando o saltando no pocos párrafos, es como sigue:</p>
+
+<p>La admirable escultura de D. Manuel Alvarez, que representa a San
+Vicente Ferrer, vino a poder de mi madre en el año de 1801. Se la legó
+al morir el reverendo padre capuchino fray Atanasio, que la custodiaba
+en su celda desde el año de 1785. Mi madre, que era discreta y callada,
+o no sabía o aparentaba no saber del San Vicente sino el nombre del
+autor, su mérito como objeto de arte y la inmediata procedencia por
+donde llegó a sus manos. De sobra reconocía además, y no lo disimulaba,
+que el artista había tomado para modelo de su Santo el bello y noble
+rostro del marqués, marido de ella, y le había retratado con fidelidad
+pasmosa.</p>
+
+<p>En varias conversaciones que tuve con el Padre Atanasio, ya muy viejo y
+que me estimaba y quería mucho, logré entender y rehacer en mi mente la
+historia toda de la imagen y de cuanto a ella se refiere. Y como es
+curioso y no redunda en perjuicio, sino más bien en honra de mi padre,
+voy a dejarlo consignado por escrito en el archivo de nuestra casa.</p>
+
+<p>D. Jacinto de la Mota jamás fue hipócrita ni falso en sus devociones, ni
+en la austeridad de su vida. Educado severamente, muy correcto en todo y
+guiado por el santo temor de Dios, cumplía con sus deberes, sin el menor
+asomo de jactancia. Así como no le arredraban las burlas que de él
+pudieran hacer los libertinos, tampoco calculó jamás la honra y el
+provecho mundanos que su recato y demás virtudes pudieran acarrearle.
+Cuando se libró de los lazos que el duque de Campoverde y otros amigos
+le tendieron, valiéndose de María Antonia Fernández, alias <i>la Caramba</i>,
+hizo lo que hizo por su delicadeza de sentimientos y por repugnancia a
+toda sensual grosería, sin pensar en la buena fama que ganaba.</p>
+
+<p>Tan convencida quedó <i>la Caramba</i> de la sinceridad de D. Jacinto y tan
+prendada de las dulces palabras con que él mitigó la amargura de su
+desdén, que el vicioso prurito con que ella acudió a seducirle, se
+transformó en verdadera y profunda pasión amorosa.</p>
+
+<p>Por aquel tiempo, el escultor D. Manuel Alvarez, que visitaba con
+frecuencia al duque de Campoverde, oyó contar a éste lo que había pasado
+entre D. Jacinto y <i>la Caramba</i>, e inspirado en aquel suceso, hizo la
+diminuta imagen de San Vicente, poniéndole por rostro el de D. Jacinto,
+que acertó a retratar fielmente de memoria.</p>
+
+<p>Hubo de saber María Antonia Fernández que D. Manuel Alvarez había
+terminado tan linda obra y resolvió adquirirla a toda costa para sí,
+como lo realizó en efecto, pagándosela bien al escultor, el cual no
+quiso ni pudo negarse a ello.</p>
+
+<p><i>La Caramba</i>, aunque ya sublimemente enamorada de D. Jacinto, distaba
+mucho aún de haberse convertido. Como no pocas mujeres aventureras y de
+vida muy rota, estaba llena de extravagantes supersticiones. Creía amar
+y amaba con frenesí a D. Jacinto y aspiraba a ser amada de él por
+cualquier medio. Su amor adquiría a veces la condición del odio y a
+veces tomaba el aspecto de la abnegación y del sacrificio. <i>La Caramba</i>,
+ya quería matarle, ya quería morir ella por amor de él; pero de todos
+modos ansiaba ser amada.</p>
+
+<p>Consultó a una famosa gitana hechicera, que había entonces en Madrid, y
+esta gitana le vendió el puñalito con puño de oro para que le clavase en
+el corazón de la efigie, como <i>la Caramba</i> lo hizo. No por eso conquistó
+ella el vivo y verdadero corazón de D. Jacinto. Y movida, poco tiempo
+después, de sus pasiones y desengaños, y de un muy elocuente sermón que
+oyó por acaso al Padre Atanasio, en el convento de Capuchinos, abandonó
+la desastrada vida que hasta entonces había seguido y se volvió a Dios
+de todas veras.</p>
+
+<p>Pronto llegaron a oídos de D. Jacinto las nuevas de conversión tan
+ejemplar y milagrosa, y de aquí nació la mayor falta que en su vida
+cometió D. Jacinto, estimulado, sin duda, por el demonio del orgullo,
+el cual demonio hubo de prevalerse de sentimientos, muy otros, llenos de
+caridad y misericordia.</p>
+
+<p>Consistió el orgullo en no tener miedo de caer en la tentación y en
+atreverse a arrostrar los peligros, y consistió la caridad
+misericordiosa en admirarse del cambio repentino de aquella mujer
+pecadora, en compadecer el dolor agudo y tremendo que para la conversión
+la había apercibido, y en la irresistible simpatía de que se dejó
+vencer, yendo a tratar con ella de cosas del espíritu y a darle amistad
+pura y grato consuelo.</p>
+
+<p>Don Jacinto se alucinó de tal suerte, que ni por un instante pensó que
+en esto pecaba; pero un día habló de ello al padre Atanasio, su
+confesor, y habló, no como revelándole una culpa suya, sino para
+ponderar la virtud penitente de <i>la Caramba</i> y para tratar de que el
+padre Atanasio la conociese y admirase.</p>
+
+<p>Entonces fue cuando el padre Atanasio pintó ante los ojos de su alma y
+con colores muy vivos, el peligro espantoso de caer en pecado mortal a
+que él y María Antonia Fernández se exponían, y le prohibió resuelta y
+terminantemente que volviese a visitarla y a tratar con ella.</p>
+
+<p>Obedeció don Jacinto, no sin combatir enérgica y dolorosamente contra la
+amistad y contra la pura simpatía que María Antonia Fernández le había
+inspirado.</p>
+
+<p>Nada más natural; nada con menos premeditación y malicia que lo ocurrido
+después de esto.</p>
+
+<p>La envidia calumniaba a la joven marquesita de Montefrío, sin otra
+razón que la de ser ella rica e ilustre. Educada con el mayor
+recogimiento, tímida y silenciosa, sin el menor esmero en trajes y
+tocados de moda y sin desenfado alguno en sus ademanes y conversaciones,
+la marquesita fue declarada harto injustamente tonta y fea. No era ni lo
+uno ni lo otro. No avergonzarse, sino bien podía envanecerse quien
+llegase a tenerla por suya. Y de cierto había entonces, en esta villa y
+corte de Madrid, no pocas damas de alto copete, cuyo talento y cuya
+hermosura eran muy inferiores a los de la marquesita; pero que
+completaban con el desenfado la carencia o la escasez de tan altas
+cualidades, e infundían vehementes pasiones y eran heroínas de mil
+galantes aventuras.</p>
+
+<p>El casamiento, cristianamente considerado, no presupone historia
+amorosa, por muy delicada y limpia que sea. Es más bien un contrato,
+purificado, santificado y sancionado por la religión, cuyo fin principal
+es la fundación de las familias, la educación de los hijos y la
+conservación de los linajes. Tan cumplir con un deber es casarse como
+entrar en religión. Esto prueba que puede la persona honrada y piadosa
+servir a Dios en cualquier estado. Así lo entendió don Jacinto.
+Respetables individuos de su familia y de la familia de la marquesita
+concertaron la boda de ambos. Apenas se vieron ellos y apenas se
+hablaron tres o cuatro veces: lo bastante para reconocer que no había
+motivo para que ellos se repugnasen el uno al otro, sino que, por el
+contrario, el mutuo agrado, la satisfacción vanidosa de tener por
+consorte a una persona de gentil presencia y el pleno convencimiento de
+la inmaculada reputación de esta persona, todo coincidía con la
+conveniencia de intereses y de miras que había en el proyectado
+casamiento, en cuyos conciertos intervino más que nadie el padre
+Atanasio.</p>
+
+<p>En suma, don Jacinto se casó con la marquesita y de pobre hidalgo que
+era se transformó en rico señor titulado; pero en cierto modo pudo
+seguir llamándose pobre de espíritu, porque poseyó la riqueza como si no
+la poseyese; cuidó de los bienes cuantiosos de su mujer, más como celoso
+administrador que como propietario y dueño de ellos; y a su muerte, que
+no fue tardía, porque murió a los trece años después de la boda, había
+acrecentado de tal manera el caudal de la casa con su tino y su
+economía, que de la parte de gananciales que a él tocaba pudo dejar y
+dejó cerca de tres mil ducados de renta a cada uno de sus cuatro hijos.</p>
+
+<p>Yo, que redacto estos apuntes, soy el menor de ellos. Nada digo de mí
+porque nada merezco; pero sí diré de mis tres hermanos que todos son muy
+guapos, entendidos y capaces para la profesión que siguen; y que mi
+hermana es el encanto y la gala de la corte, a quien ponderan y ensalzan
+todos por su apacible y honesto trato, por su discreción y hermosura,
+honrando y glorificando así la noble casa donde como cabeza y madre de
+familia entró hace años.</p>
+
+<p>Bastaría mirar sin prevención todo esto, aunque se careciese de otras
+pruebas, para entender que el marqués y la marquesa se amaron de verdad;
+porque del enlace frío y por mero cumplimiento de un deber, no nace
+jamás tan lucida y generosa prole.</p>
+
+<p>Asegurado esto, voy a declarar y a explicar aquí cuál fue la conducta
+del marqués en sus relaciones con María Antonia Fernández, y cómo esta
+conducta, si bien en ciertos puntos digna de censura, sólo en un momento
+de vergonzoso extravío no dejó de conciliarse con el respeto y con el
+verdadero y santo amor que consagró a su mujer la marquesa. Por lo
+demás, la culpa del marqués fue castigada severamente por el cielo,
+siendo el mismo marqués, con sus remordimientos y profundo y secreto
+pesar, instrumento de aquel castigo.</p>
+
+<p>Mucho le amargaban y atormentaban las injuriosas frases, justas con él e
+injustas con la marquesa, con que <i>la Caramba</i> le arrojó de su casa;
+pero más le compungió y más honda herida hizo en su corazón lastimado,
+un escrito que le dirigió <i>la Caramba</i>, arrepentida de las injurias.</p>
+
+<p><i>La Caramba</i> redactó aquel escrito poco antes de morir; y, legándole
+además el San Vicente Ferrer de talla, se lo confió todo al padre
+Atanasio. Este consideró conveniente que el marqués tuviese noticia del
+escrito, pero no se le comunicó y le guardó entre sus papeles. El padre
+Atanasio consintió en que yo le leyera y en que sacase de él la copia
+exacta que aquí traslado.</p>
+
+<p>«Ilustre señor marqués, a quien ya no me atrevo a llamar amigo: Creo
+cumplir con un deber de conciencia dirigiéndome a usía, para pedirle
+perdón de las muchas faltas que he cometido en su daño. Ni remotamente
+tenía yo derecho a imaginar que las caritativas visitas que usía me
+hizo, después de mi conversión, más aparente que real, le enlazaban
+conmigo, por ningún estilo, y le ponían en la obligación de consagrarse
+a mi persona con amistad exclusiva y única y de ser constante compañero
+mío en la penitencia, cuando nunca lo fue en el pecado. Mi extraña
+conversión y el refinamiento vicioso de quien, sin caer en ello, era aún
+enamorada pecadora, me inducían a deleitarme con aquellas visitas, a
+aliñarlas con el sabor picante de un falso misticismo y con las
+mortificaciones y castigos que yo imponía a mi cuerpo, y a saborearlas
+regalándome y alimentándome con la dulzura de ellas, como si usía fuese
+mi Dios y no el que está en el cielo.</p>
+
+<p>»De aquí mi descompuesta furia y mi loca desesperación cuando usía,
+advertido a tiempo del peligro, dejó con razón de visitarme. Mi enojo
+fue mayor aún cuando supe que usía se había casado; enojo absurdo,
+porque usía ni me había prometido ni podía prometerme no casarse, para
+ser fiel a las relaciones indefinibles en que soñé yo que estábamos. De
+aquí que, rabiosa yo, maldijese de la marquesa, y ciega con mis celos me
+la figurase un monstruo.</p>
+
+<p>»Y de aquí, por último, que olvidando y echando a rodar todas mis
+penitencias, mis cilicios, ayunos y disciplina, me entregase yo de
+nuevo al demonio, cuya esclava y servidora había sido durante mucho
+tiempo. Y el demonio me prestó, sin duda, el poder sobrenatural y los
+medios de seducción casi irresistibles, con los cuales tendí a usía mis
+infernales redes, donde por vez primera logré que usía cayese, para
+insultarle y maltratarle luego con infamia. Y más vale así, porque peor
+hubiera sido que hubiésemos caído ambos en más honda sima y en pecado
+más grave.</p>
+
+<p>»No me arrepiento, pues, de haber rechazado a usía: de lo que me
+arrepiento es de haberle atraído con inaudita perfidia para rechazarle
+luego. Cuando en esto pienso me doy a cavilar y a recelar que tal vez,
+al principio, no hubo en mí perfidia, sino que me movió otra pasión,
+cuando no peor, más peligrosa. ¿Me movió tal vez amor frenético y
+desesperado? ¿Fue repentino y súbito el cambio en odio de este amor,
+cuando le vi triunfante? El corazón de la mujer es un abismo de malvadas
+inconsecuencias. Para abrazarme a mi ídolo le derribé del altar, y
+cuando le vi por tierra, me llené de orgullo, y la adoración se trocó en
+desprecio, y le pisoteé en lugar de recibir con júbilo y con vehemente
+gratitud su beso.</p>
+
+<p>»En fin, más vale que haya sucedido todo como ha sucedido. Dios tenga
+piedad de mí y perdone mis culpas. Conozco que se acerca la hora en que
+me llamará Dios a su tremendo tribunal. Aun así, no puedo menos de
+pensar en usía y de anhelar que usía me perdone. Yo he sido su ángel
+malo, y me arrepiento de ello y lo deploro. Compadézcame usía; pero no
+me llore, porque descansaré con la muerte. Y no permita el cielo que la
+paz del alma de usía se turbe y que se obscurezca su luz, al pensar usía
+en mi último pecado y en el único sin duda que usía cometió por mi causa
+e instigado por mí y por todos los espíritus del Averno que me
+auxiliaban entonces.»</p>
+
+<p>Así terminaba el escrito de <i>la Caramba</i>.</p>
+
+<p>En cuanto al marqués, solo el padre Atanasio, su confesor, supo lo que
+padecía, recordando su fea, aunque momentánea falta, y pensando, ya en
+el misterioso afecto que <i>la Caramba</i> le había inspirado, ya en la
+singular pasión que tuvo por él aquella mujer, pasión que fue tomando
+diversas formas y condiciones, que sin duda no extinguió el desengaño ni
+la penitencia, y que no se desprendió del ser de ella hasta que se
+desprendió de ella el alma al exhalar el postrer suspiro.</p>
+
+
+<div class="imagen"><a name="GARUDA_O_LA_CIGUENA_BLANCA" id="GARUDA_O_LA_CIGUENA_BLANCA"></a><img src="images/ill_010.png"
+width="95%"
+alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div>
+
+<h2>GARUDA O LA CIGÜEÑA BLANCA</h2>
+
+<hr class="pre" />
+<p class="head">I</p>
+
+<p>E<span class="smcap">n</span> las fértiles orillas del azul y caudaloso Danubio, no muy lejos de la
+gran ciudad de Viena, vivía, hace ya cerca de medio siglo, la Condesa
+viuda de Liebestein, nobilísima y fecundísima señora. Al morir el Conde,
+su marido, le había dejado en herencia muchos pergaminos, poquísimo
+dinero, escasas rentas, abundantes deudas, y once hijos, entre varones y
+hembras, el mayor de dieciocho años.</p>
+
+<p>La Condesa, con admirable economía, fue poco a poco pagando todas las
+deudas del Conde, y halló además recursos para dar carrera a sus hijos
+varones, que fueron militares, unos al servicio de Prusia, otros al de
+Austria, y otros al de Baviera. Casó además con caballeros de su clase,
+que todos eran Condes, y el que menos tenía dieciséis cuarteles, a
+cuatro de sus hijas, condesas también desde su nacimiento.</p>
+
+<p>Conseguido tan difícil triunfo, la Condesa viuda vivía tranquila y
+retirada en el castillo o mansión señorial que le había dejado en
+usufructo y de por vida su difunto esposo.</p>
+
+<p>Las hijas, casadas, se habían ido con sus respectivos consortes. Los
+hijos, militares, andaban por los campamentos, o de guarnición, o
+asistiendo y sirviendo en distintas residencias imperiales y regias.</p>
+
+<p>La Condesa se hubiera quedado sola con su servidumbre, si el cielo no
+hubiera dispuesto que el más alegre y entendido de sus hijos, cuando
+apenas tenía doce años, hiciese la travesura de montar en un potro
+cerril, que se despeñó y rodó con él por un barranco, dejándole lisiado
+para siempre, y tan cojo, que difícilmente podía salir de casa, a no
+tomar muletas, en vez de tomar las armas. El conde Enrique vivía en el
+castillo; acompañaba a su madre, y, pensador y estudioso, se iba
+haciendo gran sabio y leía mucho, porque en el castillo daba pábulo a su
+afición una copiosa y escogida biblioteca, fundada hacía siglos por sus
+antepasados y acrecentada de continuo.</p>
+
+<p>No pequeña parte del castillo estaba muy cómoda, elegante y hasta
+ricamente amueblada aún, gracias al esmero cuidadoso de la Condesa
+viuda. Tapices flamencos cubrían las paredes de dos amplios salones. Los
+antiguos muebles se hallaban en perfecto estado de conservación. En las
+alcobas había camas de roble primorosamente esculpido y con colgaduras
+de damasco. Varios retratos de familia, de pomposas damas y de
+caballeros armados, prestaban autoridad a las habitaciones y les ponían
+muy aristocrático sello. Durante los fríos y las nieves invernales se
+estaba allí muy a gusto, gracias a enormes chimeneas donde podían arder
+troncos enteros de encina y a colosales estufas de loza vidriada que
+había también en no pocos cuartos. Pero el edificio era vastísimo, y
+proporcionalmente era pequeña la porción de él que se conservaba
+amueblada y habitada. Largas y desiertas galerías, salas sin muebles,
+pasadizos misteriosos y estrechas y torcidas escaleras que bajaban a los
+profundos sótanos o subían hasta lo más alto de las torres, prestaban al
+conjunto del edificio muy medroso aspecto y a la imaginación fértil y
+extenso espacio donde crear fantasmas y sobrenaturales prodigios.</p>
+
+<p>Acostumbrada y encariñada la Condesa viuda con su antigua vivienda,
+nada, sin embargo, temía. Al contrario, tal vez se hubiera complacido
+ella en ver con los ojos de su cuerpo mortal y en hablar y en oír hablar
+a varias almas en pena de los progenitores de su marido, las cuales
+almas, según afirmaba el vulgo, solían aparecerse durante la noche, y
+andaban vagando por los más recónditos camaranchones y obscuros
+escondrijos de aquel laberinto arquitectónico.</p>
+
+<p>Tampoco el conde Enrique, algo descreído y volteriano, tenía miedo de lo
+sobrenatural. Casi sobrenatural se consideraba él mismo. Vivía
+artificialmente, merced a un severo régimen y a la atinadísima ciencia
+de su médico. En su primera mocedad, y, a pesar de su cojera, había
+gozado de mejor salud relativa, y había podido pasar largas temporadas
+en Viena, asistiendo a las aulas y dedicándose al estudio. Empeoró
+después su salud y se encerró tan obstinadamente en el castillo, que
+nunca salía de él y acompañaba siempre a su madre. Por su carácter era
+un ángel, y por su facha, a no ser tan bondadoso, hubiera parecido un
+demonio, aunque por lo feo y pequeñuelo no dejaba de parecer un duende.</p>
+
+<p>El ser que iluminaba el castillo con esplendores de poética hermosura,
+era la gentil Poldy, única hija de la Condesa viuda que permanecía
+soltera, aunque frisaba ya en los veintiocho años.</p>
+
+<p>Como era muy distraída y muy corta de vista, y tenía, si es lícito
+valernos de una expresión gráfica aunque harto vulgar, grandes humos
+aristocráticos, apenas había tratado ni fijado siquiera la mirada en
+individuo alguno de la humanidad circunstante, como no tuviese por lo
+menos dieciséis cuarteles de nobleza. A los criados, a los campesinos y
+a los desvalidos y pobres, sí los miraba, pero los miraba para
+protegerlos y ampararlos hasta donde alcanzaban sus medios y recursos.
+Lo que es de igual a igual, la condesa Poldy no trataba a nadie, ni
+fijaba su atención en nadie como no fuera de su clase. Para excitar su
+caridad, para pedir consejo o auxilio, toda criatura humana, por
+miserable y desvalida que fuese, podía llegar hasta ella, segura de que
+ella le tendería sin repugnancia sus blancas y piadosas manos, como las
+de Santa Isabel, reina de Hungría, sobre la inmunda cabeza del tiñoso;
+pero, si Poldy había de recibir a una persona en su estrado y conversar
+familiarmente con ella, esta persona necesitaba contar, entre sus
+ascendientes, héroes y príncipes, y ser además por sí atildado, culto y
+perfecto dechado de cortesía, de discreción, y de otras mil raras
+prendas.</p>
+
+<p>Alguien calificará tal vez a esta señorita de engreída, fastidiosa y
+hasta inaguantable. Yo ni la defiendo ni la injurio. La pinto como ella
+fue, sin quitar ni poner nada. Su orgullo, a la verdad, aunque es falta
+que no merece disculpa, no carecía de fundamento, porque, sobre ser
+Poldy de nobilísima estirpe y contar entre sus ascendientes a un héroe
+que peleó en Legnano, al lado de Federico Barba-roja, contra el ejército
+de la liga lombarda, y a otro que estuvo de cruzado en Palestina, con el
+impío Emperador Federico II, era ella de por sí hermosa y discreta y de
+tan fino temple de carácter y de tales bríos, que parecía una reina y
+avasallaba todas las voluntades.</p>
+
+<p>Habían bastado sus breves apariciones en Viena, en casa de una tía suya,
+para que se llevase a las gentes tras de sí y la proclamasen
+<i>hauptcomtesse</i> o como si dijéramos Condesa capital o princesa y
+capitana de las condesas todas.</p>
+
+<p>Es evidente que, siendo ella así, no había carecido de novios, entre los
+señores de su clase; pero, como era tan descontentadiza y dificultosa de
+gusto, ningún pretendiente le agradaba ni le satisfacía. Uno le parecía
+tonto, otro ordinario, otro feo y otro vulgar. En suma, ninguno la
+enamoró, y, repugnando casarse por casarse, sin estar enamorada,
+permaneció soltera.</p>
+
+<p>Vivía casi siempre retraída en el castillo, donde no veía ni hablaba a
+nadie más que a su madre, a su hermano y a las gentes que los servían.</p>
+
+<p>A fin de gozar, no obstante, de cierta libertad y de poder ir de vez en
+cuando a Viena sin otra custodia que la de su doncella, a los veintidós
+años se había hecho <i>stiftdame</i> o sea canonesa. Ningún voto perpetuo la
+ligaba, apenas tenía obligación de vivir algunos días en comunidad, y
+alcanzaba en cambio no cortos privilegios, exenciones y autorizada
+consideración.</p>
+
+<p>A pesar de estas facilidades y ventajas, hacía ya tiempo que la condesa
+Poldy se había aficionado tanto a la soledad, que no iba a Viena, ni
+salía del castillo y de sus rústicas cercanías.</p>
+
+<p>Su conversación con el conde Enrique acabó por infundir en su espíritu
+idéntica curiosidad, igual afán de saber y no menos decidida afición a
+toda clase de estudios. En ella, sin embargo, predominaba el amor a la
+poesía, sobre todo, cuando tenía por objeto el examen de lo íntimo del
+alma propia para sondear sus misteriosos abismos y buscar y hallar luego
+en el lenguaje humano la expresión adecuada de sus ensueños, anhelos y
+vagas creencias y esperanzas.</p>
+
+<p>El misticismo algo panteísta que llenaba y colmaba su espíritu, rebosaba
+y trascendía a lo exterior convertido en hondo sentimiento de la
+naturaleza y en arrobo contemplativo y extático de las remotas estrellas
+del cielo y de las flores y plantas del intrincado y frondoso bosque que
+casi rodeaba el castillo.</p>
+
+<p>Durante el invierno, la Condesa Poldy, retenida en el castillo por las
+lluvias y los hielos, no daba tan largos paseos ni eran sus excursiones
+tan reposadas y contemplativas como en la primavera y en el verano.
+Pero, durante la primavera, se desquitaba bien de su forzada reclusión
+permaneciendo largas horas en el bosque. Ya se paraba a meditar, ya iba
+con lentitud y sin dirección determinada, y ya se detenía, o bien
+mirando una flor, una mariposa, una libélula, o los caprichosos efectos
+de la luz al través de las verdes ramas, o bien oyendo cantar los
+pájaros, o el murmullo del agua del arroyo al quebrarse en las guijas, o
+el manso susurrar del aura entre las verdes y tempranas hojas.</p>
+
+<p>Cuando la condesa Poldy daba estos paseos meditabundos, cuando salía,
+como solía ella decir, a caza de impresiones poéticas, no gustaba de que
+nadie la acompañase; siempre iba sola.</p>
+
+
+<p class="head">II</p>
+
+<p>En un hermoso día de los últimos del mes de Mayo, la condesa Poldy se
+hallaba sola, en lo más intrincado del bosque, entre diez y once de la
+mañana. Sencilla y elegantemente vestida, llevaba en la airosa cabeza un
+gracioso sombrero de paja de Italia y pendiente del brazo izquierdo un
+ligero canastillo de mimbre. Aquel día no eran la meditación y la
+contemplación de las bellezas naturales el único propósito de su paseo.
+Tenía otro más práctico. Iba ella a coger fresas silvestres, de las muy
+delicadas que en abundancia producía aquel bosque, y a coger también
+cierta florida hierbecilla, llamada <i>waldmeister</i>, que se pone y conque
+se perfuma y sazona el <i>maitrank</i>, deliciosa bebida propia de aquella
+estación y de la que gustaba muchísimo la Condesa viuda.</p>
+
+<p>Buscando fresas y <i>waldmeister</i>, Poldy se había alejado del castillo y
+penetrado en la profundidad del bosque, harto más de lo que solía. Así
+vino a encontrarse en sitio muy solitario y agreste, donde, rota la
+espesura que los apiñados árboles formaban con su denso follaje, había
+una pequeña laguna. En la orilla opuesta de aquélla a la que Poldy se
+había acercado, se alzaba un obscuro y ruinoso torreón. Todo el terreno
+que circundaba la laguna era húmedo y vicioso. Las emanaciones palúdicas
+habían ahuyentado las aves de aquel sitio. Las aves no le alegraban con
+sus trinos y gorjeos como hacían en otros lugares del mismo bosque. Casi
+hundidas las raíces en el agua se veían a trechos espadañas y juncos en
+muy pobladas matas. Sobre el haz del agua dormida, que no rizaba
+entonces el más ligero soplo de viento, se extendían la verde lama y las
+redondas y anchas hojas de nenúfar, cuyas blancas flores se levantaban
+en el aire tranquilo. Los pies de Poldy se hundían en la hierba que
+había crecido muy alta. Cada vez que fijaba en el suelo uno de sus
+menudos pies, se espantaban las ranas que entre la hierba se hallaban
+ocultas, y daban estupendos brincos, zambulléndose en el agua estancada.
+El ruido que hacía el agua, al chapuzar en ella las ranas, era lo único
+que interrumpía el maravilloso silencio que reinaba en torno.</p>
+
+<p>Poldy, por irreflexivo y curioso instinto, siguió andando por la margen
+de la laguna hacia el sitio donde el torreón se parecía. Y estando ya
+muy cerca de él, vio de improviso un objeto que, si bien ella no era
+tímida, le produjo un sacudimiento nervioso, por mostrarse tan de
+repente y cuando menos lo recelaba. Era una corpulenta cigüeña blanca,
+que salió de detrás del torreón, y que sin el menor espanto, sino mansa
+y serena, se vino hacia Poldy con paso lento, grave y majestuoso. De vez
+en cuando movía la cabeza a un lado y a otro con graciosa coquetería.
+Cuando estuvo más cerca, dio algunos saltitos, extendió y batió las
+largas alas como en señal de júbilo, y abriendo y cerrando repetidas
+veces el rojo pico, produjo un son muy semejante al de las castañuelas.
+Volviendo luego a andar con mayor lentitud y con cierta vacilación, como
+si el respeto le contuviera, siguió el pájaro peregrino caminando hacia
+Poldy, y parándose a cada dos o tres pasos como si aguardase el permiso
+de llegar hasta ella.</p>
+
+<p>Comprendió Poldy la intención del pájaro; no temió nada porque le
+consideró inofensivo, pero extrañó que se le mostrase tan cariñoso y
+que tan resueltamente y a largos trancos de sus zancas enjutas viniese
+hacia ella como si fuese un antiguo amigo suyo. ¿Le habría conocido y
+tratado antes y no lo recordaría entonces? Poldy buscaba en balde por
+todos los más hondos y olvidados senos de su memoria algún vago recuerdo
+de aquel conocimiento y trato. No hallaba el menor rastro ni la más
+ligera huella de haberlos tenido jamás. La misma cigüeña dejaba ver que
+nunca había conocido a Poldy, pues aunque no atinaba a expresarse en
+ningún idioma humano sino sólo con los resonantes castañetazos de su
+pico, la lentitud de su marcha, sus paradas frecuentes y cada una de las
+miradas que sus pardos ojos dirigían a Poldy parecían significar
+interrogación y súplica, como si dijesen: graciosa Condesa, ¿me permite
+V. E. que me aproxime y la trate? Había además en la cigüeña un no
+sabemos qué de exótico: cierto raro modo de ser, bastante parecido al
+que se nota en un viajero de distinción, venido de muy remotos países,
+con quien por dicha tropezamos y entablamos conversación sin pensarlo ni
+pretenderlo y solamente a causa de súbita y misteriosa simpatía.</p>
+
+<p>Poldy, sin duda, simpatizó con la cigüeña. Le cayeron en gracia y le
+ganaron la voluntad el respetuoso acatamiento y la amistosa dulzura
+conque la cigüeña la miraba. Confesó, allá en sus adentros, que la
+cigüeña sabía tratar a las gentes como merecían, y que, naturalmente,
+estaba dotada de exquisita buena crianza, aunque por ser crianza no
+aprendida, más bien debiera llamarse soltura fina o refinado tacto de
+mundo.</p>
+
+<p>En fin, Poldy se allanó a tratar a la cigüeña sin que nadie se la
+presentase y sin saber quién era ni cuántos cuarteles tenía; dio también
+hacia ella algunos pasos, y extendió la mano y le tocó regaladamente la
+cabeza. La cigüeña se dejó acariciar y mostró la satisfacción y el gusto
+que aquellas nobles caricias le causaban, entornando los párpados como
+si se adormeciese y restregando suavemente el largo cuello sobre la
+vestidura de la linda dama. Pasó ésta la mano por el cuello de la
+cigüeña, bajándola hasta el ancho buche, cubierto todo de abundantes y
+blancas plumas. Entonces advirtió con sorpresa que la cigüeña tenía
+allí, suspendido de listón muy sutil, un pequeño retazo de tela de seda,
+que, flexible y apiñada, formaba poquísimo bulto.</p>
+
+<p>Poldy no pudo resistir la curiosidad ni vencer el deseo de apoderarse de
+aquella prenda. Pronto desató el lazo conque por medio del listón
+colgaba la prenda del cuello del pájaro y se quedó con la prenda en las
+manos.</p>
+
+<p>No se sabe si espantada entonces la cigüeña o enojada del que pudo
+considerar despojo, se apartó bruscamente de la dama, extendió las alas,
+salió volando, se remontó en los aires y acabó por perderse de vista.</p>
+
+<p>Avergonzada quedó Poldy como si hubiese cometido un hurto villano, pero,
+al fin, desechó los escrúpulos, pensando que no había ella tenido la
+intención de quedarse con la prenda y que estaba dispuesta a
+devolvérsela al pájaro, si el pájaro acudía de nuevo a ella y de algún
+modo la reclamaba.</p>
+
+<p>Desenredó luego Poldy más de un metro de listón que estaba devanado en
+la tela de seda, dándole forma de ovillo, y desenvuelta la tela, que era
+del color de los albaricoques, vio escritos en ella con muy negra tinta
+varios renglones en extrañas y menudas letras. Ella las miró y las
+remiró, pero en vano, porque no conocía una sola. Y aunque era
+medianamente sabia y aprovechada discípula de su hermano el conde
+Enrique, no acertaba a determinar con fijeza a qué alfabeto y lengua
+aquellos signos y palabras pertenecían. Sospechó, no obstante, que las
+inscripciones de la tela de seda estaban en sanscrito, lengua que
+estudiaba con asiduidad y provecho su hermano el conde Enrique.</p>
+
+
+<p class="head">III</p>
+
+<p>Volvió Poldy al castillo aguijoneada por la curiosidad y deseosa de que
+le descifrase su hermano lo que la tela decía. Almorzó con muy buen
+apetito, y luego, mientras que la Condesa viuda dormía después del
+almuerzo, como tenía de costumbre, se fue a la biblioteca con su hermano
+Enrique, le contó su encuentro con el pájaro zancudo, le enseñó la tela
+de seda y le rogó que tradujese lo que en ella había escrito.</p>
+
+<p>El conde Enrique confesó que no estaba bastante versado en la lengua de
+Valmiki para traducir de repente los versos, pues indudablemente eran
+versos los que había en la tela; pero pidió tiempo y prometió a su
+hermana presentarle una exacta traducción de todo en aquel mismo día.</p>
+
+<p>En efecto; pocas horas después buscó el conde a Poldy, la llevó de nuevo
+a la biblioteca, y con aire de triunfo le mostró los versos ya
+traducidos.</p>
+
+<p>&mdash;No se qué pensar, dijo a su hermana. A veces imagino que la cigüeña
+vino de la India, donde pasó el invierno, y que los versos son obra de
+algún brahman, Rajá o nababo muy ilustrado, y, a veces, sospecho que
+bien puede ser algún erudito compatriota nuestro quien compuso los
+versos y quien colgó la tela al cuello de la cigüeña para embromar al
+que la encontrase.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué fin&mdash;contestó Poldy, había de proponerse algún compatriota
+nuestro con ese engaño? Yo no conozco aún los versos, pero doy por
+seguro que su autor vive en las orillas del Indo o del Ganges, y no en
+las del Rin o del Danubio. A ver... lee.</p>
+
+<p>&mdash;Ya verás y notarás en los versos cierta inspiración más europea que
+asiática. Las composiciones son tres: dos muy breves; y una de estas dos
+parece calcada sobre cuatro versos del <i>Prólogo en el cielo</i> del
+<i>Fausto</i>. La coincidencia es inverosímil. Y, aunque no es imposible, yo
+encuentro raro y sospechoso que un brahman lea a Goëthe y le imite.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, lee los versos sin más prólogo.</p>
+
+<p>&mdash;Los versos dicen:</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;">Pido al cielo su estrella más brillante;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Pido al suelo su dicha más completa;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y ni cercano amor, ni amor distante</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Mi conmovido corazón aquieta.</span><br />
+</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad, dijo Poldy; los versos son muy semejantes a los de Goëthe,
+salvo que el poeta dice de sí mismo lo que dice Mefistófeles de Fausto.</p>
+
+<p>&mdash;Pues oye estos otros que tienen no se qué dejo de metafísica
+cristiana; de misticismo por el estilo del de Tauler o del del maestro
+Eckart:</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;">Sin alas y sin luz la mente humana</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">En balde en pos de lo ideal se lanza;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Pero la voluntad recorre ufana</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">La eterna inmensidad de la esperanza.</span><br />
+</p>
+
+<p>&mdash;Eso es verdad,&mdash;exclamó Poldy, y lo mismo se le puede ocurrir a un
+indio que a un cristiano. En la India hay desde muy antiguo, según he
+oído decir, místicos tan profundos como los de Alemania. Además, en
+todos los países, ha de haber habido pensadores y poetas que imaginaran
+y expresaran que se podía penetrar y subir con el amor a donde nunca
+sube y penetra el raciocinio por sutil y elevado que sea.</p>
+
+<p>&mdash;No quiero discutir. Convengo en que un brahman puede haber compuesto
+la copla que acabo de decirte traducida. Tal vez yo en la traducción le
+he prestado una apariencia europea que en el original no tiene. Oye
+ahora la última composición. El poeta desciende en ella de las
+elevaciones místicas, y se abate y se humana como cualquier enamorado
+con el amor terrenal y sensual que las mujeres inspiran. Algo, no
+obstante, queda aún en esta composición del misticismo de las otras. Es
+como un pequeño fragmento de <i>El cantar de los cantares</i>, o mejor diré
+del Gita-govinda, cuyos requiebros, ternuras y descripciones materiales
+pueden interpretarse por estilo ultramundano y trascendente. La
+composición además tiene en este caso una singularidad que no tiene ni
+el idilio erótico de los hebreos ni el de los indios. Salomón y Crishna
+veían, oían y tocaban a sus bellas y enamoradas amigas, pero este poeta
+ni toca, ni ve, ni oye a la suya, si no se la imagina con indecisa
+vaguedad, y de tal suerte, que lo mismo puede vivir en este planeta que
+en otro remotísimo, y lo mismo puede ser nuestra contemporánea, que
+haber nacido hace cuarenta siglos o que estar aguardando aún otros
+cuarenta, en el mundo de las ideas, antes de que llegue el día de su
+encarnación y de su aparición entre los seres de nuestra casta.</p>
+
+<p>&mdash;Muy curioso es lo que me cuentas, pero no es original ni nuevo. ¡Es
+tan difícil ser nuevo y original! ¿No se enamora Fausto de Elena, que
+vivió dos mil quinientos años antes de que él naciese? ¿No hay un cuento
+árabe o persa, donde un príncipe musulmán, que vivió doscientos o
+trescientos años después de Mahoma, está perdidamente enamorado de
+cierta reina o infanta de Serendib o de Sabá, que floreció en tiempo de
+Salomón y fue rival de la Sulamita?</p>
+
+<p>&mdash;Todo eso es así, pero aún es más vaga e indeterminada la señora de los
+pensamientos de nuestro poeta indio. El príncipe musulmán enamorado de
+la rival de la Sulamita, había hallado y admirado el retrato de ella en
+el tesoro de su padre, mientras que no hay retrato ni hay el menor
+indicio por donde pueda entrever o tener alguna idea o noción de su
+dama, el autor de los versos que he traducido. Óyelos con atención.</p>
+
+<p>&mdash;Soy toda oídos.</p>
+
+<p>El conde Enrique leyó de esta suerte:</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;">¿Dónde te escondes, hermosa mía,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">que no consiguen verte mis ojos,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Como te sueña mi fantasía,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Llena de gracia, libre de enojos?</span><br />
+</p><p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;">Ven do el kokila dulce gorjea,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Do presta el loto su aroma al viento,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Ven que mi anhelo verte desea</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y comprenderte mi entendimiento.</span><br />
+</p><p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;">No eres ensueño, realidad eres;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">No finge el alma hechizos tales,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Aunque más bella que las mujeres</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Suya te llamen los inmortales.</span><br />
+</p><p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;">En la luz pura de tu mirada</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Amor enciende sus dardos de oro,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y son tus labios urna sellada</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">De sus deleites fuente y tesoro.</span><br />
+</p><p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;">Ora residas lejos del suelo</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Ora aparezcas en otra edad,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Por los tres mundos en raudo vuelo</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Irá buscándote mi voluntad.</span><br />
+</p><p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;">Perla brillante, aunque escondida</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">En lo profundo del mar estés,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Yo sabré hallarte, bien de mi vida,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Para que excelso premio me des.</span><br />
+</p>
+
+<p>Poldy oyó atentamente los versos y habló de ellos con su hermano y hasta
+los juzgó con aparente frialdad crítica, concediéndoles algún mérito y
+señalando sus muchos defectos. Lo que ella disimuló, y no reveló ni a su
+hermano ni a nadie, fue el enjambre de suposiciones y de ensueños que
+los versos suscitaron en su fantasía. Ya se figuraba ver escribiéndolos
+a un elegantísimo y joven brahman, no lejos de su magnífica quinta, bajo
+verde enramada, en las fértiles orillas del Kausikí, ya que los componía
+en su propio alcázar el príncipe heredero de Ayosia, de Cachemira o de
+cualquiera otro de los reinos y países que describen las antiguas
+epopeyas. Pero el autor de los versos era contemporáneo de ella y se
+parecía a ella en extremo por la dolencia y la pasión que le
+atormentaban. Amaba o mejor dicho deseaba amar; nada veía en torno suyo
+digno de su amor; y buscaba lejos, a ciegas y sin guía el raro y
+precioso objeto que mereciese ser amado.</p>
+
+<p>En lo más íntimo de su alma caviló mucho Poldy sobre todo esto, y urdió
+y tejió infinidad de historias, en su sentir bellísimas, con las que
+ella se deleitaba en secreto sin comunicárselas a nadie, ni siquiera a
+la anciana institutriz Justina que era su confidente.</p>
+
+
+<p class="head">IV</p>
+
+<p>Engolfadísimo en sus estudios, el Conde Enrique no tenía voluntad ni
+entendimiento sino para continuarlos. En las demás cosas de la vida
+estaba sometido siempre al entendimiento y a la voluntad de su hermana
+Poldy, a quien él amaba en extremo. Prohibiole ésta que hablase con
+nadie del encuentro de la cigüeña, de los versos y de la traducción, y
+el Conde Enrique obedeció y se lo calló todo.</p>
+
+<p>No quería Poldy que su madre se enterase de nada. La Condesa viuda era
+una señora dotada de un espíritu tan prosaicamente positivo, que sin
+duda hubiera destruido con sus discursos todo el caramillo de
+suposiciones poéticas que Poldy había levantado y que en manera alguna
+quería ella que nadie derribase.</p>
+
+<p>La Condesa viuda acusaba además y zahería con frecuencia a su hija,
+calificándola de extravagante, de soñadora, de alucinada, de acérrima
+enemiga de lo juicioso y de lo razonable, y de temeraria perseguidora de
+ideales inasequibles y absurdos. Si la Condesa viuda pensaba así de
+Poldy ignorando el suceso de la cigüeña, ¿qué no pensaría y qué no diría
+si lo supiese?</p>
+
+<p>Poldy no volvió, pues, a hablar de él ni con su mismo hermano, como si
+su mismo hermano lo ignorara, o como si ella tuviese la pretensión de
+que él lo olvidase.</p>
+
+<p>A solas, pues, y en toda libertad, Poldy se figuraba a medida de su
+deseo, al autor de las tres poesías. Ya le suponía en Benarés, ya en
+Delhi, ya en Calcuta, ya en otros lugares de la India, pero siempre
+noble, joven y hermoso, y <i>chatria</i> o brahman, cuando no príncipe.</p>
+
+<p>El incógnito personaje padecía una enfermedad mental semejante a la de
+Poldy. Eran sus síntomas el desdén y el hastío de cuanto le rodeaba, y
+la vaga aspiración a un bien remoto, confusamente trazado y medio
+desvanecido entre las nieblas y vapores de mil ensueños.</p>
+
+<p>Poldy desechaba por vulgar y necia la creencia de su hermano, de que un
+erudito alemán hubiese compuesto los versos sanscritos para entretenerse
+o para mostrar su pericia. Para ella no cabía la menor duda: los versos
+eran obra de un ilustre y joven señor de la India.</p>
+
+<p>Poldy iba amenudo más adelante en sus atrevidas imaginaciones. No creía
+ella que el pájaro zancudo que se le había aparecido tuviese la menor
+semejanza ni con el cisne de Leda ni con el toro blanco de la gallarda
+hija de Agenor; pero ¿no podría la cigüeña ser instrumento de algún gran
+sabio; acaso de un genio o de una hada, cuyas poderosas sugestiones
+hubiese obedecido al venir a visitarla? ¿Quién se atreverá a limitar la
+extensión de lo posible? Si no fuésemos a creer sino lo que
+comprendemos, apenas creeríamos nada.</p>
+
+<p>Acudía a veces a la memoria de Poldy un cuento de las <i>Mil y una
+noches</i>, y se deleitaba en presumir que lo que a ella le pasaba tenía
+algún parecido con dicho cuento. En las más elevadas regiones del aire,
+se encontraron una noche un hada y un genio que iban volando en opuestas
+direcciones. Allí se hablaron y se confiaron que el hada venía de
+visitar y dejar dormido al más hermoso príncipe que había en el mundo, y
+que el genio, procedente del otro extremo de la tierra, venía de
+contemplar y de admirar también a una maravillosa princesa dormida en su
+lecho virginal, allá, en el más recóndito, elegante y perfumado camarín
+de su magnífico palacio. Genio y hada se proponen que príncipe y
+princesa se conozcan, se enamoren y se casen, y los medios a que
+recurren para lograrlo constituyen el enredo de la mencionada historia.
+Poldy, aunque suavizando mucho lo sobrenatural, así por modestia, como
+por el escepticismo que es tan propio del siglo presente, se dio a
+sospechar que en todo lo sucedido podría muy bien y casi naturalmente
+haber algo que con el cuento oriental coincidiera.</p>
+
+<p>Ella había oído decir y hasta había leído en obras recientes que tratan
+de Teosofía, que hay &#8226; en la India ciertos sabios llamados <i>mahatmas</i>,
+que a fuerza de introinspección y de asiduo examen en las honduras del
+propio ser, adquieren poder estupendo y descubren raros secretos de la
+naturaleza, por cuya virtud realizan acciones que tienen apariencia de
+milagrosas, aunque no lo sean. ¿No sería quizás el autor de las tres
+poesías alguno de esos hábiles <i>mahatmas</i> que había adivinado a Poldy,
+que la había entrevisto mentalmente, que se había prendado de ella y
+&#8226;que para comunicarle sus impresiones y enviarle sus versos sin
+infundirle mucho asombro, se había valido del medio naturalísimo del
+pájaro zancudo, cuya condición propia le lleva, sin nada de brujerías ni
+de otras malas artes, a pasar el verano en Austria y el invierno en la
+India?</p>
+
+<p>De esta suerte cavilaba Poldy, forjando y desbaratando casos
+fantásticos. Era como el niño que se entretiene en levantar con esmero y
+conservando bien el equilibrio un alto y complicado castillo de naipes,
+y luego le derriba para divertirse y jugar levantando otros.</p>
+
+<p>En suma; Poldy no sabía a qué atenerse ni por qué decidirse. No se
+declaraba a sí misma cuál de los castillos por ella levantados era el
+que más le agradaba. Lo que no podía menos de reconocer era que la faena
+de levantarlos y de &#8226;derribarlos la deleitaba no poco.</p>
+
+
+<p class="head">V</p>
+
+<p>Poldy buscaba la soledad entonces más que nunca. En las conversaciones
+con su hermano, con su madre y con su aya, se mostraba distraída. Y
+esquivando amenudo toda compañía, iba a dar por el bosque solitarios
+paseos.</p>
+
+<p>Aunque sea ordinaria comparación, así como puede conjeturarse y preverse
+que el sitio más apropósito de hallar a un goloso es una buena
+confitería, así Poldy conjeturaba que de seguro volvería a hallar a la
+cigüeña a orillas de la laguna donde la halló por vez primera. Había
+allí tal abundancia de ranas, lagartos, sapos, escuerzos y otras
+sabandijas, que era la tierra de promisión para aquel pájaro zancudo, el
+cual, por su gran tamaño y por la extraordinaria longitud de sus alas,
+cubiertas en los extremos de lustrosas y negras plumas, dejaba conocer
+que era del género masculino. Lo que Poldy no acertaba a determinar era
+si el pájaro estaba casado o soltero. Poldy le veía siempre solo y como
+no entendía su lenguaje, no le preguntaba si era casado, como en España
+solemos preguntar a los loros, que responden a la pregunta.</p>
+
+<p>Era también un misterio para Poldy el lugar donde anidaba la cigüeña.</p>
+
+<p>La veía a orillas de la laguna. El pájaro la saludaba con sonoros
+castañetazos, dando saltitos y batiendo las alas, que abiertas abarcaban
+más de dos metros y medio. Era en su especie un individuo de
+notabilísimo mérito.</p>
+
+<p>Parecía meditabundo y pensativo, pero debía callarse muy buenas cosas.
+En vano esperaba Poldy y hasta fantaseaba el milagro de que la cigüeña
+hablase, pero la elocuencia de la cigüeña jamás iba más allá de los
+castañetazos de costumbre y de algunos roncos y desentonados silbos, que
+eran todo su lenguaje.</p>
+
+<p>Con esto nada podía ponerse en claro.</p>
+
+<p>La cigüeña se mostraba muy amiga y muy mansa con la joven Condesa. No le
+guardaba rencor porque le hubiese quitado la tela de los versos.
+Restregaba la cabeza y el cuello contra la vestidura de la linda dama, y
+parecía gustar de que ella le pasase la mano por el largo cuello y por
+las alas, y le alisase las plumas.</p>
+
+<p>Estas mudas conferencias, que tenían lugar dos o tres veces cada semana,
+duraban poco y no se puede decir que fuesen muy amenas. Por lo demás, la
+cigüeña tenía el instinto de no aburrir, y siempre terminaba las
+conferencias pronto y de un modo brusco, lanzándose repentinamente en el
+aire, trazando graciosas espirales en su sereno vuelo y al cabo
+perdiéndose de vista.</p>
+
+<p>Pasó la primavera, pasó el verano, vino luego el otoño, como sucede
+siempre, y empezó por último a aparecer el invierno. Poldy tuvo entonces
+barruntos de que la cigüeña iba a emigrar y a volver sin duda al soñado
+palacio, a la ciudad oriental, al templo o a la quinta, donde el autor
+de los versos moraba.</p>
+
+<p>Irresistible fue la tentación que sintió de escribirle. ¿Porqué no había
+de hacerlo por estilo prudente y decoroso que no la comprometiera?</p>
+
+<p>Poldy pensó además que, si bien no era inverosímil que por ministerio de
+los genios o de las hadas o por virtud de la ciencia de los <i>mahaturas</i>,
+el autor de los versos hubiera logrado tener clara visión de ella, nunca
+estaría de sobra enviarle un buen retrato suyo en fotografía. En
+nuestros tiempos no implica esto muy decidido favor. Cualquier sujeto,
+el más plebeyo de los mortales, podía comprar por un florín el retrato
+de Poldy, expuesto en los escaparates de muchas tiendas de Viena, entre
+las bellezas de la corte y del teatro, entre princesas, actrices y
+bailarinas. Si cualquier pelafustán compatriota de Poldy podía poseer su
+imagen, ¿qué atrevimiento ni qué falta de decoro habría en enviársela
+por medio del pájaro zancudo al poeta incógnito, que no podía menos de
+ser príncipe, nababo, brahaman o <i>chatria</i>, allá en la tierra de Rama y
+de Sita, de Nal y de Damayanti?</p>
+
+<p>Hechas estas reflexiones y otras por el mismo orden, que, se omiten aquí
+para evitar prolijidad, Poldy, escribió una extensa carta, en papel muy
+fino para que abultase poco; tomó un retrato suyo, sin cartón, en el
+cual retrato estaba ella descotada y lindísima en su elegante traje de
+baile; lo incluyó todo en un sobre con fuerte forro de tela que cerró y
+selló con lacre; escribió encima: <i>al incógnito poeta indio</i>; agujereó
+la carta con un punzón; pasó una fuerte cinta al través del agujero; y
+así preparado todo, lo colgó al cuello de la cigüeña como si fuese la
+insignia de comendador de cualquiera ilustre Orden.</p>
+
+<p>La cigüeña se estuvo muy quieta, aguardando que Poldy sujetase bien la
+cinta a su cuello para que no se desatase y para que la carta no se
+cayese. Y apenas comprendió que estaba ya bien condecorada, dio un
+tremendo salto, alzó el vuelo, se remontó en el aire y voló con tanto
+brío como si se largase ya a la India sin parar en rama.</p>
+
+<p>Dejémosla ir en paz, mientras nosotros, que estamos en todos los
+secretos, nos adelantamos a copiar aquí lo que Poldy había escrito, que
+era como sigue:</p>
+
+<p>«Irresistible impulso me lleva a escribiros sin conoceros. Sé que me
+expongo a que me juzguéis poco circunspecta, muy atrevida y harto libre.
+Ignoro vuestra condición en el mundo, vuestro linaje, vuestras creencias
+religiosas, vuestra edad y vuestra patria. Mi espíritu, no obstante, se
+siente arrebatado hacia donde vuestro espíritu se halla y se cree unido
+a él por el estrecho y fuerte lazo de los mismos sentimientos y de las
+mismas ideas. En torno mío todo me es indiferente, todo me parece
+rastrero y mezquino. No es extraño, pues, que busque yo como vos, en
+apartadas regiones, un alma que simpatice con la mía, aunque sea sólo
+por sentirse atormentada de la misma dolencia. No acierto a explicarme
+el fin que pueda tener yo enviándoos estos renglones y hasta enviándoos
+mi retrato. Lo hago sin propósito, fatal e irreflexivamente. Mi único
+anhelo es acaso que sepáis que pienso y siento como vos, que ardiente
+sed de tiernos afectos agita y quema mi corazón sin que la satisfaga ser
+alguno de cuantos miro cerca de mí. La clara nitidez del cielo poblado
+de estrellas, el silencioso apartamiento del bosque, la belleza y la
+gala de los campos floridos, todo embelesa mi alma, todo hasta cierto
+grado la enamora, pero todo deja en ella inmenso vacío, que sólo otra
+inteligencia y otra voluntad, humanas o divinas, iguales o superiores a
+mi voluntad y a mi inteligencia, pueden llenar si me acuden; si prueban
+el afán que yo pruebo y si logran infundirse en el abismo de mi
+pensamiento, compenetrándole, fundiéndose con él y haciéndose con él uno
+solo. No os conozco: no sé si sois vos a quien yo busco. Por esto mismo
+declaro sin ruborizarme mi extraña pasión, de la que en realidad no sois
+objeto. Criatura mortal sois sin duda como yo lo soy. En esta vida
+terrenal, que vivimos ahora, únicamente podría yo amaros si se
+cumpliesen determinadas condiciones de criatura mortal que en vos tal
+vez no se cumplan. Tal vez las que yo poseo no respondan a vuestra
+aspiración tampoco. Y sin embargo yo soy joven, de nobilísima estirpe, y
+muy alabada de hermosa, aunque por modestia debiera callarlo. Os
+confieso lo más íntimo, lo más oculto y delicado de mi sentir y de mi
+pensar. Os declaro quien soy, donde vivo y como me llamo. La confesión y
+la declaración van dirigidas a un ser que yo me finjo: a un ser que mi
+imaginación ha forjado. ¿Querréis vos y podréis vos demostrar que
+convenís sustancialmente con lo imaginado por mí; que sois la forma
+material y visible del espectro etéreo por quien estoy obsesa, y el
+astro luminoso cuyos matinales resplandores columbro, y el ansiado
+aliento de primavera, que al venir el alba despierta y mueve a cantar a
+las aves, y separa y extiende los pétalos de las flores para recoger su
+aroma y darles en pago su rocío? Yo explico aquí mi sueño. Si tiene
+algún fundamento real, a vos os toca manifestarlo. Si no estáis muy
+seguro de la existencia de tal fundamento, lo mejor es que calléis.
+Respondiéndome, sólo conseguiríais disipar la más bella de mis
+ilusiones, reemplazándola con una realidad ruin y triste y con el
+consiguiente desengaño. Pero si estáis seguro de que mi sueño no carece
+de fundamento, respondedme, decidme quien sois, venid a mí y mostraos. A
+orillas del azul y caudaloso Danubio, en el castillo de Liebestein, os
+espera</p>
+
+<p class="r smcap">Poldy.»</p>
+
+
+<p class="head">VI</p>
+
+<p>Apresuradamente por el temor de que la cigüeña se fuese a la India sin
+llevar prenda suya, y con vehemente exaltación, sublimada por la soledad
+y como destilada en el encendido alambique de sus ocultas cavilaciones,
+escribió Poldy la apasionada carta que acabamos de transcribir; mas no
+bien voló la cigüeña, llevándosela colgada en el cuello, Poldy se
+arrepintió y aun se avergonzó de haber escrito la carta, mostrándose tan
+tierna y tan afectuosa con un desconocido. La suerte, sin embargo,
+estaba echada. El mal no tenía ya remedio. Menester era resignarse y
+callar. ¿Quién, desde la India, por poco sigiloso y por muy jactancioso
+que fuese, había de tener el capricho de hacer saber en Viena que Poldy,
+la orgullosa, la siempre esquiva, con condes, con príncipes y hasta con
+archiduques, se había humillado a escribirle cosas de amor, sin saber
+quien era e ignorando hasta su nombre?</p>
+
+<p>Poldy esperaba que permaneciese secreto su impremeditado desliz; el mal
+paso que había dado y que por lo menos calificaba ya de imprudente
+locura.</p>
+
+<p>Por otra parte, en ocasiones en que su humor era menos negro, Poldy se
+juzgaba con alguna indulgencia y hasta llegaba a absolverse de su culpa,
+dado que la hubiese. Porque, si el autor de los versos era un joven y
+hermoso príncipe oriental o algo por el estilo, era muy cruel para el
+príncipe y para ella no llevar adelante tan poética y misteriosa
+aventura y destruir las vagas esperanzas de ambos, como quien arranca de
+bien cultivado terreno una planta lozana a punto ya de cubrirse de
+flores.</p>
+
+<p>Como quiera que fuese, Poldy vivió en adelante muy retraída y
+melancólica.</p>
+
+<p>Aquel año fue el invierno muy crudo. Ni una vez sola, ni por muy breves
+días, fue Poldy aquel invierno a Viena.</p>
+
+<p>Penoso y terrible cuidado vino a aumentar las causas de su retraimiento.
+La condesa viuda, su anciana madre, agobiada, más que por el peso de la
+edad, por las penas, los desengaños y hasta por las miserias y los
+apuros económicos, enfermó gravemente.</p>
+
+<p>Hizo Poldy cerca de ella el oficio de la más vigilante, devota y
+cariñosa enfermera; pero ni sus desvelos, ni sus fervientes oraciones,
+ni la docta asistencia de un sabio médico, amigo de la casa, fueron
+bastantes a retardar el cumplimiento de las inexorables leyes de la
+naturaleza que tenía marcado el término de aquella trabajada vida. La
+condesa viuda, llena de santa y dulce resignación, tuvo pronto una
+muerte ejemplar y cristiana.</p>
+
+<p>Durante algunos días reinó muy lúgubre animación en el castillo. A
+recoger los últimos suspiros de la egregia dama había acudido la mayor
+parte de sus hijos, yernos y nueras.</p>
+
+<p>Pronto, no obstante, volvieron todos a sus respectivos destinos y
+residencias, y el castillo quedó en abandono y en más honda soledad y
+silencio.</p>
+
+<p>El conde Enrique, Poldy, su aya y tres criados, fueron ya los únicos
+moradores del castillo. Poldy sintió profundamente la irreparable
+pérdida que había tenido. Y sin que refrenase su dolor la inquebrantable
+fe religiosa que daba vigor a su alma, la joven condesa, lloró durante
+meses a su difunta madre sin hallar consuelo, y olvidada casi de cuantos
+devaneos, ilusiones y esperanzas habían poetizado su solitaria
+existencia en aquellos últimos tiempos.</p>
+
+<p>Poldy, sin embargo, aunque no se consoló, hubo al cabo de serenarse y
+calmarse. Apacible tristeza endulzó el manantial de sus lágrimas y luego
+logró represarle.</p>
+
+<p>Pesares de condición harto menos noble, y mil preocupaciones de un orden
+tan rastrero como práctico, invadieron y ocuparon el corazón de Poldy,
+como cuadrilla de desalmados e impíos bandoleros que entran a saco,
+profanan y destrozan un augusto santuario.</p>
+
+<p>Dos meses hacía ya que había muerto la condesa viuda. Eran los primeros
+días del mes de Febrero. El frío era intensísimo. Un manto de nieve
+cubría en torno la tierra y coronaba a trechos con blancos penachos las
+erguidas y sombrías copas de robles, abetos y pinos. Rara vez abandonaba
+Poldy la abrigada habitación del castillo, donde apenas tenía más
+persona con quien conversar que su hermano el conde Enrique.</p>
+
+<p>Él y ella, habían quedado morando allí provisionalmente, pero pronto
+tendrían que abandonar su antigua vivienda de la que era propietario y
+había tomado ya posesión el hermano mayor de ambos.</p>
+
+<p>Poldy, pues, cavilaba con tristeza y desesperanza sobre su suerte
+futura.</p>
+
+<p>Su hermano Enrique, que gozaba de alta y merecida reputación de sabio,
+muy versado en varias disciplinas, estaba llamado a ser profesor en una
+Universidad, donde su ciencia y su trabajo, habrían de remediar la
+escasez de su patrimonio, dándole para vivir honrada y decorosamente, si
+bien con sobrada estrechez.</p>
+
+<p>Pero ¿cómo Poldy, que era pobre y desvalida también, había de irse con
+su hermano y serle constantemente gravosa? Esto no era posible. A Poldy
+además le dolía en el alma tener que abandonar aquellos lugares, tan
+llenos para ella, de dulces y misteriosos recuerdos.</p>
+
+<p>Por otra parte, Poldy, que amaba la soledad, sentía invencible
+repugnancia a irse a vivir vida conventual, entre otras canonesas, en la
+casa de su instituto. Para vivir sola, según su clase, ya en Viena, ya
+en otra ciudad, sus rentas eran insuficientes. Y por último, contra lo
+que más se sublevaba era contra agregarse a la familia de cualquiera de
+sus hermanos o hermanas y hacer allí el triste papel de huésped
+perpetua, de tía y de acompañanta, viviendo en algo a modo de poco
+airosa dependencia y de mal disimulada servidumbre.</p>
+
+<p>Horror causaba a Poldy cualquiera de estos planes en que trazaba y
+representaba su porvenir. Aún tenía delante de sí todo aquel año que
+empezaba entonces, y durante el cual ella y el conde Enrique, habían
+concertado ya con su hermano mayor, permanecer en el castillo, mientras
+duraba el riguroso luto y acababa de hacerse el deslinde y las
+particiones de la muy corta hacienda, en la que todavía muy poco les
+tocaba.</p>
+
+<p>Pasado el mencionado plazo, Poldy consideraba inevitable su salida del
+castillo, así como tomar decidida resolución para vivir a su gusto y con
+independencia y decoro.</p>
+
+<p>Tal era la desengañada posición de Poldy. Sólo negras nubes, que
+presagiaban tempestad, columbraba, al mirar en todas direcciones, en el
+horizonte de la vida. Sólo una luz incierta, vaga, errante, que bien
+podía ser una estrella, pero que tenía más trazas de engañoso fuego
+fatuo, iluminaba de vez en cuando el vacío y obscuro espacio de su
+cielo. Poldy acababa además de cumplir veintinueve años. Estaba en el
+apogeo de su belleza, en el mejor y más glorioso momento de su mocedad
+briosa, y con la imaginación rica de ensueños y la voluntad movida y
+solevantada por poderosos impulsos de ternura.</p>
+
+
+<p class="head">VII</p>
+
+<p>Pronto desaparecieron las nieves; se oyó el canto de la alondra; calentó
+más el sol y vertió luz más clara; discurrió por el bosque que
+circundaba el castillo un aura vital y fecunda; se tapizó el suelo de
+nueva y menuda yerba, y en los sotos y umbrías de las hondonadas, en la
+margen de los arroyos, comenzaron a brotar florecillas tempranas,
+despuntando con timidez en los álamos, mimbrones y chopos, más
+resguardados de los vientos del Norte, las primeras tiernas hojas.
+Entonces Poldy salió de su retraimiento casero y se lanzó con más
+frecuencia y por más largo tiempo que nunca a sus excursiones y
+meditabundos paseos por los sitios más solitarios de aquellas cercanías.</p>
+
+<p>No poco gustaba ella de ir por intrincados senderos, por donde había más
+flores, por donde era más tupida y frondosa la enramada. No poco gustaba
+ella de sentarse en algún poyo rústico o de pararse a meditar al pie de
+corpulento roble, cuyo añoso tronco estaba revestido de trepadera yedra
+y de madreselva olorosa. Pero todo esto era para después y como recurso
+y consuelo. Lo primero que Poldy hacía todas las mañanas, lo primero de
+que gustaba y a donde iba precipitadamente apenas salía de paseo, era a
+la margen de la laguna a ver si se le aparecía de nuevo la cigüeña
+blanca.</p>
+
+<p>Y como no se le aparecía, ya se quedaba aguardándola largas horas, ya se
+ponía a buscarla por uno y otro lado y hasta penetrando en el obscuro y
+ruinoso torreón que pudiera acaso servirle de refugio. Luego que se
+cansaba de sus vanas pesquisas, cesaba de hacerlas y se dirigía a otros
+puntos del bosque; negra tristeza embargaba su alma, y a veces asomaban
+a sus hermosos ojos, harto involuntariamente, algunas lágrimas que no
+eran ya de las nacidas por el afectuoso recuerdo de su madre difunta.</p>
+
+<p>¿Por qué no volvía la cigüeña blanca? ¿Habría muerto en la India o
+habría emigrado desde la India a otra región distante, olvidando con
+ingratitud el bosque y castillo de Liebestein y la amistad de Poldy?</p>
+
+<p>En estas dudas angustiosas transcurrió todo el mes de Abril.</p>
+
+<p>Era el primer día de Mayo. Poldy, casi desesperada ya de volver a ver la
+cigüeña, acudió, no obstante, como de costumbre, entre diez y once de la
+mañana, a la orilla de la laguna.</p>
+
+<p>Apenas hacía dos minutos que estaba allí, absorta, pensativa y fijando
+larga y melancólica mirada en la tranquila haz del agua, cuando un
+precipitado sonar de alas que venía acercándose estremeció todo su
+cuerpo y alborozó su alma con agradable susto. La cigüeña blanca había
+venido volando, se había abatido a pocos pasos de ella, y ya se le
+acercaba con su lento y majestuoso paso y dando con el pico los
+castañetazos con que solía siempre saludarla.</p>
+
+<p>Indescriptible fue la alegría de Poldy. Su impaciencia fue mayor que su
+alegría. Impulsada por su impaciencia, echó las manos al cuello del
+pájaro zancudo, y empezó a buscar el cordón o la cinta de donde pendiese
+la respuesta que a su carta esperaba. ¡Qué cruel aflicción tuvo
+entonces! No hallaba carta pendiente. No hallaba cinta ni cordón de que
+pendiera. A punto estuvo Poldy de llorar de rabia. Pero la cigüeña, como
+si adivinase su sentimiento, abrió las largas alas y al punto con
+alegría y sorpresa advirtió Poldy que la cigüeña tenía debajo del ala
+izquierda y muy bien atado allí con un fuerte y sutil cordoncillo que
+bajo las plumas se escondía, un largo y delgado canuto o rollo.</p>
+
+<p>Poldy se apoderó de él en seguida y notó que era ligerísimo, que estaba
+precintado y sellado y que era tan fuerte la cuerda del precinto y
+estaba tan bien anudada, que no podía romperse ni desatarse sin tijeras.
+Sobre la exterior superficie del rollo, se veía escrito en lengua y
+letras alemanas: <i>A su excelencia la graciosa señorita Condesa Poldy de
+Liebestein</i>.</p>
+
+<p>Hizo Poldy algunos cariños a la cigüeña a fin de mostrar su gratitud, y
+hasta hay quien dice que besó su cabeza en albricias del buen recado.
+Luego Poldy se fue corriendo al castillo para encerrarse en su cuarto,
+cortar el precinto con tijeras y ver lo que el rollo contenía. Había en
+el rollo varios objetos que Poldy fue sucesivamente examinando. Era uno
+la vista fotográfica, prolija y magistralmente iluminada con colores, de
+un extenso y magnífico salón oriental, lleno de primores y de peregrinas
+elegancias. En todo se advertían y se admiraban pasmoso lujo asiático y
+muy acendrado buen gusto. Se diría que era aquello la prodigiosa cámara
+subterránea, donde encontró Aladino la lámpara del Genio. Pendían de las
+paredes armas brillantes, indias, chinas y japonesas; colgaban del techo
+cinceladas lámparas de oro; se veían en torno jarrones, tibores y vasos,
+artísticamente esculpidos, de metales preciosos, de jaspes rarísimos, de
+antigua porcelana y de ataujía o menuda labor de pedrería, marfil,
+bronce y otras materias ricas. Varios ídolos de extrañas cataduras y de
+simbólicas formas, autorizaban y caracterizaban la estancia. Allí
+estaban representados Agni, dios del fuego; Kamala o Kamela, Venus de la
+India, de cuyo nombre proceden, en nuestro vulgar idioma <i>camama</i>,
+<i>camelo</i> y sus derivados; y allí estaban también Indra, Varuna y hasta
+la misma Trimurti.</p>
+
+<p>En primer término, sobre una espléndida alcatifa de Persia, y sentado en
+mullidos almohadones de seda, admirablemente bordados, se parecía un
+señor, en la flor de la juventud, cubierto de blanca y rozagante
+vestidura y coronada la gentil cabeza de un amplio turbante, cándido
+también, sobre el cual se erguía un airón o copete de rizadas y lindas
+plumas, sujeto el airón al turbante por una enorme piocha de perlas,
+diamantes y rubíes, que debía valer un imperio. Delante del señor había
+varias mesillas enanas, donde en aúreos y repujados azafates, en ligeros
+canastillos, en esbeltas ánforas y en cálices esmaltados, se ofrecían
+para regalo de la vista, del olfato y del paladar, licores, conservas y
+sazonados frutos. A un lado y a cierta distancia del joven señor, se
+hallaba un rico y elegantísimo narguilé, cuyo flexible y luengo tubo
+tenía el joven señor asido por el extremo, dejando ver la gruesa
+boquilla de ámbar, prendida al tubo por un anillo de refulgentes
+esmeraldas. Al lado opuesto del narguilé, aunque mucho más cerca del
+joven señor, se alzaba, en muy graciosa postura, nuestra ya conocida
+amiga la cigüeña blanca, cuya vista complació a Poldy no poco. No la
+complació tanto, sino que hubo de enojarla y de escandalizarla, aunque
+reprimió el enojo, atribuyendo lo que veía a inveteradas e
+imprescindibles modas orientales, que en el fondo del salón apareciesen
+tres bayaderas, con traje de Apsaras o inmortales ninfas, las cuales
+tejían voluptuosa danza, desceñido y leve el transparente ropaje, los
+brazos y los pies desnudos, luciendo en las gargantas de los pies y en
+los brazos, ajorcas y brazaletes, y dejando ver además las torneadas
+espaldas y los firmes y redondos pechos. Varios músicos, vestidos como
+dicen que se visten los Gandarbas o músicos del cielo de Indra,
+acompañaban la danza con arpas, flautas y violines, y con eróticos
+cantares.</p>
+
+<p>Poldy quedó deslumbrada al contemplar todo esto y formó el concepto más
+alto del esplendor y de la riqueza del señor indio. De su traza personal
+es de lo que aquella fotografía no le daba idea completamente
+satisfactoria. Y no era ese tampoco el propósito de la fotografía, por
+bajo de la cual había este letrero: <i>mi modo de vivir en Oriente</i>.</p>
+
+<p>En otra fotografía más pequeña, aparecía ya el joven señor con más
+claros pormenores. Estaba él solo, de cuerpo entero, pero sin accesorio
+ninguno. Su traje, aunque sobrado pintoresco, era más europeo que indio,
+salvo el extraño sombrero que llevaba en la cabeza y que era de los que
+llaman heroínas en Filipinas. La chaqueta o dormán, muy ceñido al cuerpo
+y adornado con alamares, revelaba las formas robustas de su torso y de
+sus brazos. Los calzones eran anchos y cortos. Desde la rodilla hasta la
+planta de los pies calzaba botas de becerro. Pendientes de la ancha
+charpa, de cuero también, que ceñía su cintura, había un revólver a un
+lado y al otro lado un enorme cuchillo de monte. En la mano derecha
+cubierta de guante de gamuza, tenía una escopeta de dos cañones, que
+descansaba en el suelo y sobre la cual se apoyaba. Por bajo, había un
+rótulo que decía: <i>al ir a caza de tigres</i>.</p>
+
+<p>Por último, había una tercera fotografía que no dejaba nada que desear.
+Allí estaba el joven señor clara, fiel y nítidamente retratado. Su
+rostro era hermosísimo. Los ojos eran grandes y expresivos; la barba
+parecía sedosa, abundante y muy bien cuidada y atusada. La nariz, un
+tanto cuanto aguileña, daba cierta majestad a su expresión. Y la anchura
+y la rectitud de su frente revelaban poco común inteligencia. Se notaba
+en todo su aspecto un no sé qué de bondadoso, de simpático y de
+egregiamente distinguido. Sus manos sin guantes, aunque fuertes y
+varoniles, eran aristocráticas, muy cuidadas y bonitas, con dedos
+afilados en la extremidad y encanutadas las uñas, en vez de ser cortas y
+chatas. En este retrato, el joven señor estaba vestido enteramente al
+uso de Europa, de toda etiqueta, con corbata blanca y con un frac, tan
+admirablemente cortado y que le caía tan bien, que no soñaría hacerle
+mejor, ni Frank, el de Viena, ni el sastre más famoso de Londres. Por
+bajo de este retrato había otro letrero que decía: <i>en traje de etiqueta
+para ir a un baile del Lord Gobernador de la India</i>.</p>
+
+<p>Hechizada quedó Poldy al contemplar los mencionados retratos. Se prendó
+de la hermosura y distinción de su remoto amigo. Y no pudo menos de
+confirmarse en la creencia de que era un príncipe indio <i>mediatizado</i>,
+un nababo, o por lo menos un brahman o un <i>chatria</i> de primer orden y de
+mucho fuste.</p>
+
+<p>Imagine ahora el lector el afán, el asombro, las palpitaciones de gozo y
+el raro deleite con que leería Poldy la carta, que también venía en
+rollo y que estaba concebida en estos términos:</p>
+
+
+<p class="head">VIII</p>
+
+<p>«Me repugna y hallo difícil escribir cartas dando tratamiento a quien
+las dirijo, y así, adopto la antigua costumbre de los orientales. Tú me
+permitirás, bella condesa Poldy, que desde luego te tutee sin
+ceremonias.</p>
+
+<p>La cigüeña blanca, que anida años ha en el tejado de la espléndida
+quinta que yo poseo en las floridas márgenes del Ganges, me ha traído
+gratas noticias tuyas, tus dulces palabras y tu divina imagen. Bendita
+sea la cigüeña blanca que tanto bien me ha hecho. Con razón la llamaba
+yo antes Garuda. Ahora le confirmo este nombre sagrado, con el que se
+designa en mi patria al Dios-rey de las aves todas, al alado destructor
+de los dragones y de las serpientes.</p>
+
+<p>En extremo me complace saber que eres de noble extirpe y bastante
+antigua hasta donde cabe en un pueblo que hace pocos siglos era salvaje
+todavía, careciendo de documentos y de archivos que pudiesen acreditar
+la nobleza de persona alguna, y las hazañas de sus progenitores. Estos,
+errantes en las ásperas selvas y en el rudo clima de los países del
+Norte, decayeron de su ilustre origen y olvidaron la primitiva cultura
+de los arios del Paropamiso de donde proceden, y sólo recientemente se
+han civilizado, aprovechándose de los estudios y progresos de los
+hombres del Mediodía. Pero sea de lo dicho lo que se quiera,
+relativamente tú eres noble y me basta, aunque mi clara nobleza preceda
+a la tuya en dos mil años lo menos.</p>
+
+<p>Te hablo con franqueza y desecho adulaciones y galanterías. Así darás
+mayor crédito a mis alabanzas sinceras.</p>
+
+<p>Garuda, por caprichosa y feliz inspiración mía, te llevó unos versos que
+distaba yo mucho de imaginar que pudiesen caer en tan hermosas manos. En
+ellos ponderaba yo mi hastío de cuanto me rodea y el anhelo vehemente,
+que consume mi alma, de hallar objeto, escondido y lejano, que satisfaga
+mis aspiraciones amorosas, las comprenda y las comparta.</p>
+
+<p>Tu retrato y tu escrito han colmado mis votos. Tú eres la mujer de mis
+sueños.</p>
+
+<p>Venerandos brahmanes, antiguos sabios de por acá, que han escrito de
+amores en el Kama Sutra y en otras disertaciones y tratados, exigen
+sesenta y cuatro potencias, prendas o aptitudes, para que exista en
+realidad la <i>Padmini</i> o mujer perfecta. Yo te declaro que, al ver tu
+imagen y al leer tus palabras, he descubierto en ti las sesenta y cuatro
+aptitudes y te he entronizado en mi corazón como reina y señora y he
+reconocido en ti mi <i>Padmini</i>, sin cuyo amor no podré tener nunca
+bienaventuranza. Ámame pues, como yo te amo, y hazme dichoso como quiero
+yo que tú lo seas.</p>
+
+<p>Nada puede oponerse a nuestra unión futura. La distancia importa poco.
+No tardaré yo en salvar la distancia, y el día en que menos lo pienses,
+apareceré a tu lado y me verás de hinojos a tus plantas, pidiéndote que
+correspondas al inmenso amor que me inspiras.</p>
+
+<p>No hay ya en mí calidad exótica y peregrina que te prohíba amarme. Yo
+poseo el antiquísimo saber de los brahmanes y de los <i>chatrias</i>, de
+cuyas castas combinadas desciendo; pero, he estudiado también y he
+logrado adquirir bastante del moderno saber de Europa. Y no le miro con
+prevención injusta, sino con cariño paternal, como retoño lozano de
+nuestras primeras, altas y fecundas doctrinas. Ya habrás notado que no
+escribo muy mal tu idioma y hasta que he imitado y casi traducido en
+sanscrito versos de Goëthe. No ignoro tampoco las literaturas francesa,
+inglesa y de otros pueblos. Y en lo tocante a religión, te diré con todo
+sigilo, pues no quiero aun escandalizar y alborotar a mis parientes y
+amigos, brahmanes y <i>chatrias</i>, que he renegado, tres años ha, de la
+religión brahmánica, y me he hecho, en secreto, tan católico cristiano,
+como tú eres. Se debe esta conversión a cierto Padre jesuita, de nación
+española, que llegó a esta ciudad, procedente de Filipinas y se detuvo
+algún tiempo entre nosotros. Era varón tan ilustrado, tan piadoso y tan
+elocuente y melifluo, que logró convencerme. Dios le bendiga y se lo
+pague. Callo su nombre, porque de seguro no te importa y porque no
+quiero lastimar su extremada modestia. Sólo añadiré que de mi trato
+frecuente con este bendito Padre, ha nacido en mí grande afición a la
+lengua castellana y que he adquirido y leído los mejores prosistas y
+poetas, que en ella han escrito o escriben.</p>
+
+<p>Te callo también mi nombre indio, porque no quiero que le estropees y
+porque es tan enrevesado, que sólo aprenderás bien a pronunciarle por
+medio de la voz viva. Conténtate por ahora, con saber que el venerable
+padre jesuita mi catequizador, me puso al bautizarme, el sevillano
+nombre de Isidoro. No seas voluble: ámame y no me olvides: no te
+enamores de ninguno de esos <i>dandies</i> de la <i>Hof-Adel</i> o nobleza
+palatina de Viena: persuádete de que mi nobleza es por lo menos tan
+clara y sin la menor duda muchísimo más rancia que la de ellos. La de
+ellos constará acaso en antiguos pergaminos, pero la mía consta en
+documentos fehacientes, redactados veinte siglos antes de que el
+pergamino se inventase, y muchos más siglos antes de que en Austria se
+usara y se contara entre los recados de escribir.</p>
+
+<p>Ámame, repito, y ten fe y esperanza en mi amor. No necesitas buscarme,
+sino aguardarme. Pronto me verás a tus pies, adorándote rendido y
+suplicándote con toda el alma que seas la <i>Padmini</i> de tu</p>
+
+<p class="r">I<span class="smcap">sidoro</span>.»</p>
+
+
+<p class="head">IX</p>
+
+<p>Contentísima estaba Poldy al inferir y considerar, por la lectura de la
+carta, que su indio era ilustre y rico y que estaba perdidamente
+enamorado de ella. Puntos había, no obstante, en la carta, que hacían
+surgir en el espíritu de Poldy, reparos, contradicciones y hasta quejas.
+Harto jactancioso y nada galante ni fino le pareció el encomio que hizo
+el indio de su nobleza, con grave detrimento y aun menosprecio de la
+nobleza austriaca; pero Poldy excusaba y hasta absolvía al indio,
+conjeturando que en este particular había de estar un tanto cuanto
+agriado su carácter, por que siendo él descendiente de Crishna, de Rama,
+de los Pandues, o tal vez de algún Avatar, encarnación de Vishnú, de los
+que el Mahavarata celebra, se veía sometido a la extranjera dominación
+de los pícaros ingleses.</p>
+
+<p>Poldy disculpaba así a su amigo, pero distaba mucho de darle la razón.
+Pensaba ella que los documentos nobiliarios valen solo cuando goza de
+poder, alta posición y riqueza quien los exhibe, y que todo esto, salvo
+la riqueza, estaba menoscabado y deteriorado en su indio, que al fin era
+un humilde súbdito de S. M. Británica y cualquier inglés empleado de
+Hacienda o cualquier coronel de caballería podría mirarle de alto a
+bajo.</p>
+
+<p>Poldy discurría además, que el que vence y domina es siempre el heredero
+legítimo del vencido y dominado. Y esto en todas las épocas y regiones.
+En la Edad Media, por ejemplo, ya en una encrucijada, ya en abierto
+palenque, topaba un caballero andante con otro, y para probar la
+bizarría respectiva o para hacer confesar al contrario, que su dama era
+la más hermosa, o por quítame allá esas pajas, se arremetían ambos con
+furia y se daban de lanzadas. De resultas caía derribado de la silla uno
+de los dos caballeros, y en el instante, toda la gloria de sus proezas,
+toda la nombradía que sus aventuras y hazañas le habían granjeado, se
+transferían al caballero vencedor como aditamento o apéndice.</p>
+
+<p>Poldy recordaba también haber leído que, allá en América, cuando un
+cacique bisoño, que no había hecho aun cosa de provecho, se encontraba
+de manos a boca con otro cacique veterano, enemigo suyo, y célebre autor
+de doscientas mil ferocidades, y acertaba a darle tan terrible golpe con
+la macana que le derribaba y vencía, la fama toda del cacique veterano
+se trasladaba al cacique bisoño, y hasta era general creencia que en el
+bisoño se transfundían los bríos y la audacia del veterano, sobre todo
+si el bisoño le bebía la sangre o se le comía, crudo o guisado, después
+de haberle muerto.</p>
+
+<p>Deducía Poldy de cuanto va dicho, que los verdaderos nobles del día, son
+los europeos, y muy singularmente los alemanes, porque ejercen con los
+adelantos y mejoras de nuestro siglo, todas las antiguas artes de la paz
+y de la guerra, por donde se señalaron y dominaron el mundo asirios y
+babilonios, medos y persas, egipcios, fenicios y cartagineses, y griegos
+y romanos, cuyas glorias todas, excelencias y privilegios se hallan hoy,
+según Poldy, en resumen, cifra y compendio, en sus egregios
+compatriotas, y por consiguiente en ella también.</p>
+
+<p>A pesar de todo, y después de haber hecho la indispensable rebaja, Poldy
+se complacía en que fuera noble su indio y hasta se figuraba llanísimo
+que fuese él naturalizado, <i>hof-fähig</i> sin la menor dificultad, y que
+asistiese con ella a la corte cuando estuviesen casados.</p>
+
+<p>Como en Austria, además de la nobleza alemana, checa, polaca, húngara,
+rumana, croata, serba, dálmata, etc., la hay de origen irlandés,
+francés, español e italiano, claro está que podría haberla también de
+origen brahmánico y <i>chatriesco</i>.</p>
+
+<p>Otra cosa, de las que enojaban algo a Poldy, era la presencia en la
+fotografía de aquellas tres bayaderas tan ligeramente vestidas y tan
+poco modestas y comedidas en sus bailes. Pero también Poldy se mostraba
+indulgente con este desafuero del indio, y si no le disculpaba, le
+explicaba y casi le perdonaba. El indio había tenido bayaderas, y había
+hecho aquella vida rota, de puro oriental, cuando estaba aun sumido en
+las tinieblas del paganismo, pero cuando, gracias al padre jesuita, se
+convirtió a la verdadera religión, Poldy daba por segura su enmienda y
+el abandono en que había dejado sus viciosos deportes.</p>
+
+<p>Lo único que en este negocio la apesadumbraba era que no hubiese sido el
+indio su catecúmeno, porque ella le hubiera convertido mejor que el
+padre jesuita, y no le hubiera dado en la pila bautismal un nombre tan
+feo como el de Isidoro. Poldy ignoraba quizás que había habido un santo
+arzobispo de dicho nombre, famosísimo sabio, que recogió y ordenó en
+sus libros todo el saber de su tiempo, y se atenía a lo que había oído
+decir a una vieja princesa, tía suya, terrible antisemita, la cual
+princesa se empeñaba en afirmar que el nombre de Isidoro era muy común
+entre judíos, por donde le repugnaba de tal suerte, que tuvo tentaciones
+de despedir a un excelente criado suyo porque se llamaba Isidoro, y sólo
+se resignó a conservarle en su servicio obligándole a llamarse Filidoro
+en adelante.</p>
+
+<p>Por lo demás, Poldy no podía estar más alegre ni más satisfecha. El
+istmo de Suez, acababa de abrirse y ya se presentía Poldy atravesando el
+canal, salvando el estrecho de Bab-el-Mandeb, y navegando por el Mar
+Eritreo, con rumbo hacia la India, para visitar las quintas, jardines y
+palacios de su joven esposo.</p>
+
+<p>La venida de éste no podía ya tardar mucho, y Poldy se moría de
+impaciencia por verle vivo y no pintado, en cuerpo y alma y no en
+imagen. Lo que excitaba su curiosidad y le cosquilleaba suavemente las
+telas del cerebro era la condición de <i>Padmini</i>, que el joven indio le
+concedía. Ansiosa estaba de leer o de que le leyesen el <i>Kama Sutra</i>, y
+de estudiar bien allí las sesenta y cuatro aptitudes o excelencias de la
+<i>Padmini</i>, para buscarlas en ella y convencerse de que las poseía y de
+que no era lisonja de su amigo.</p>
+
+<p>En resolución, Poldy estaba inquieta y alborozada, pero con inquietud y
+alborozo, llenos de dulces esperanzas y de amorosas y poéticas
+venturas.</p>
+
+
+<p class="head">X</p>
+
+<p>Muy distraída o muy afanada debía de andar Garuda, cuando no se mostraba
+en la margen de la laguna a donde Poldy iba a buscarla de diario.</p>
+
+<p>El indio seguía también tan invisible como Garuda.</p>
+
+<p>Poldy languidecía de impaciencia, e imaginaba en ocasiones que iba a
+marchitarse su juventud como entreabierta rosa, en cuyo seno, donde no
+cayó el rocío, penetran los rayos del sol en la estación estiva.</p>
+
+<p>En efecto, estaba para acabar ya el mes de Junio y el indio no había
+aparecido.</p>
+
+<p>Una mañana, como de costumbre, entre diez y once, volvía Poldy de la
+laguna, donde en balde había buscado a la cigüeña.</p>
+
+<p>Fatigada y triste, en medio de la senda por donde se volvía al castillo,
+Poldy se sentó, al pie de un olmo, en un asiento rústico, y en lo más
+frondoso, intrincado y bonito del parque. Un arroyuelo cristalino corría
+cerca murmurando. Crecían en su margen blancas y moradas violetas, y
+otras no cultivadas florecillas, que embalsamaban el aire con suave y
+grata fragancia. Floridos rosales de enredadera y otras plantas, que se
+ceñían a los troncos, y pasaban de un árbol a otro, como festones y
+guirnaldas, formaban allí misteriosa espesura y apartado recinto.</p>
+
+<p>Sentada ya Poldy, se puso a meditar, y hubo de distraerse por tal arte,
+que, como vulgarmente se dice, se le fue el santo al cielo. Cual no
+sería su asombro y cual no sería su júbilo, cuando de repente sintió
+ruido y sin tener tiempo para recobrarse, vio llegar a un gentil
+caballero, que se aproximó respetuoso y vino a ponerse de hinojos a sus
+plantas.</p>
+
+<p>Imposible dudar. Era el original de los tres retratos en fotografía.
+Vestido estaba con elegante traje de cazador, pero sin armas, porque no
+iba ya a caza de tigres, sino de palomas. Y en vez del salacot oriental,
+cubría su cabeza un airoso sombrero tirolés adornado con una pluma de
+águila.</p>
+
+<p>El joven derribó por tierra el sombrero y descubrió los negros y
+abundantes rizos de su cabeza, antes de postrarse de rodillas.</p>
+
+<p>Profunda fue la emoción de Poldy. El corazón le daba brincos en el
+pecho. El joven le pareció mucho más bello en el original que en los
+retratos, y cuando oyó su voz, argentina, melodiosa, y rica de tonos
+persuasivos y suaves, que roban la prudencia y la calma, apenas pudo
+sostenerse y pensó que se desmayaba.</p>
+
+<p>En aquella situación no era dable diálogo alguno. ¿Qué podían decirse
+los dos enamorados? ¿Con qué frases, en qué sobrehumano idioma
+acertarían a expresar sus agitadores sentimientos?</p>
+
+<p>Solo dijo él:</p>
+
+<p>&mdash;Aquí estoy, Poldy. Tuya es mi vida. Quiero ser y seré tuyo para
+siempre. Yo te amo, yo te idolatro, yo te adoro.</p>
+
+<p>¿Qué había de contestar Poldy, muda de asombro, radiante de alegría, y
+con el amor y el pudor luchando en su alma?</p>
+
+<p>Hizo, no obstante un esfuerzo y se puso de pie, aunque turbada y
+vacilante.</p>
+
+<p>Entonces él se levantó también y la estrechó irresistible y
+cariñosamente entre sus brazos. Luego, juntó su rostro al de ella y
+cubrió de besos su frente, sus mejillas y su fresca boca.</p>
+
+<p>Conoció Poldy al fin el peligro en que se hallaba, se avergonzó de ceder
+con tanta facilidad a quien veía y oía por vez primera; y, prestándole
+fuerzas su lastimado decoro, rechazó con violencia a su amante, se
+desprendió de entre sus brazos, y procuró guarecerse de su atrevimiento
+huyendo desalada y refugiándose en el castillo.</p>
+
+<p>A solas en su estancia, se repuso Poldy de su temor, logró calmarse, y
+en el fondo de su alma no pudo menos de conceder su perdón al príncipe
+indio. ¿Qué no perdonará una mujer a un joven gallardo y elegante,
+enamoradísimo de ella, y que viene a buscarla y a ofrecerle su mano
+desde tan remotos países? Y por otra parte, ¿qué había de hacer él
+cuando ella había enmudecido, trémula y palpitante, y no respondía a sus
+palabras? Si el indio no hubiera hecho lo que hizo, o hubiera sido un
+ente sobrehumano de los que no se estilan, o un mozalvete ruin,
+desmedrado y muy para poco.</p>
+
+<p>Así pensó Poldy. Yo no digo si pensó bien o si pensó mal. Digo solo que
+pensó así y que, en consecuencia de tales premisas, echó allá en su
+mente la absolución al joven indio.</p>
+
+<p>Sacó luego de un cajón de su escritorio la fotografía iluminada y con
+morosa delectación se puso a contemplarla.</p>
+
+<p>Tan embebecida estaba en esto, sentada junto a su bufete, donde había
+extendido la fotografía, que no vio ni oyó lo que pasaba en torno suyo.</p>
+
+<p>De súbito, y cuando menos lo temía, oyó detrás de ella una estridente y
+sonora carcajada, tan diabólica y tan burlona como puede darla el más
+consumado cantante, haciendo el papel de Mefistófeles y atormentando a
+Margarita, en la ópera del <i>Fausto</i>. Con mucho sobresalto volvió Poldy
+la cara y vio apoyado en el respaldar de su silla a su hermano Enrique,
+con su facha de duende maligno, que se reía a casquillo quitado.</p>
+
+<p>De ordinario era Poldy apacible y afectuosa con todas las gentes y
+singularmente con su enfermizo hermano, para quien no tenía palabra
+mala. Pero entonces la cegó la ira y dijo con cruel desabrimiento al
+Conde Enrique:</p>
+
+<p>&mdash;¿De qué te ríes, imbécil? ¿De qué te ríes?</p>
+
+<p>&mdash;Pues me río, contestó el conde tartamudeando, pues me río...</p>
+
+<p>&mdash;Vamos... interrumpió ella. Di, explícate. Dios te dé habla.</p>
+
+<p>&mdash;Pues me río del enredo novelesco que has armado en tu cabeza,
+convirtiendo en príncipe indio o en algo semejante... a mi antiguo amigo
+y camarada de universidad, Isidoro Ziegesburg.</p>
+
+<p>&mdash;Esas son simplezas tuyas. El indio se parecerá a un estudiante que tú
+conociste. ¿Pero de dónde había de sacar el tal estudiante todas las
+magnificencias indostánicas, todos los peregrinos tesoros de que en esta
+fotografía aparece rodeado?</p>
+
+<p>&mdash;Mira, hermana, mi amigo es tan rico y abundan tanto en su casa los
+objetos de toda laya, que lo mismo que aparece como indostaní en la
+fotografía, hubiera podido aparecer griego del tiempo de Pericles,
+magnate egipcio de la época de los Faraones o de los Ptolomeos, Mirza
+contemporáneo de Hafiz o señor feudal del siglo de la primera cruzada. Y
+siempre con las alhajas, primores, requisitos y demás accesorios que a
+cada personaje caracterizan y son propios. Isidoro Ziegesburg, en una
+palabra, posee el más completo y admirable bazar de antiguallas y
+curiosidades que hay en Viena. ¿Qué digo en Viena? en toda Europa no hay
+otro que se le iguale. Isidoro, así por lo que heredó de su padre, como
+por lo que ha traído de sus peregrinaciones por todo el mundo, durante
+cuatro años, es el más notable y acreditado de todos los chamarileros.
+Comprendo lo que ha pasado y por eso me río. Me río sin poderlo
+remediar.</p>
+
+<p>Y el conde Enrique se reía, y Poldy poniéndose colorada como las
+amapolas, estuvo a punto de darle de bofetones.</p>
+
+<p>El conde advirtió que su hermana estaba furiosa, refrenó su hilaridad y
+siguió diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Lo comprendo todo, porque Isidoro posee una bonita casa de campo a
+ocho kilómetros de este castillo. No extraño que lo ignores, porque tú
+estás siempre en Babia, arrobada en tus ensueños y sin ver la realidad
+de las cosas. Sin duda, en la citada casa de campo, ha de tener Isidoro
+algunos animales domesticados, y entre ellos la cigüeña blanca. Tuvo un
+día el capricho de colgar al cuello de la cigüeña las tres poesías
+sanscritas, de cierto compuestas por él, porque es muy ingenioso y
+aprovechado estudiante. El quiso embromar a alguien, sin prever a quien
+embromaría. Y quiso la suerte que los versos cayesen en tus manos y
+fueses tú la embromada. Lo demás que ha podido ocurrir, lo sabes tú
+mejor que yo.</p>
+
+<p>&mdash;Sí que lo sé, dijo Poldy, más triste ya y más abatida que airada. Y
+pregunto yo ahora: ¿es incompatible el ser chamarilero y el pertenecer a
+la nobleza?</p>
+
+<p>&mdash;En manera alguna es incompatible. Sujetos de muchas campanillas gustan
+en el día de hoy de hacer cambalaches y de comprar y vender antiguallas
+y curiosidades de todo género. Yo he oído decir al mismo Isidoro, cuando
+acababa de volver de sus peregrinaciones, que en Lisboa tenía un
+estupendo baratillo nada menos que un Palha, individuo de una de las más
+ilustres y antiguas familias portuguesas, según lo atestigua Cervantes
+en el <i>Quijote</i>. Y sin ir tan lejos, en la misma capital de Austria, hay
+un egregio conde que tiene tienda de cristalería, y otro muy distinguido
+caballero que la tiene de tejidos de lana en la calle de Carintia.
+¿Porqué pues, sin desdoro de sus timbres y blasones, no ha de tener un
+baratillo un señor de noble prosapia?</p>
+
+<p>&mdash;Acaso, dijo Poldy, Isidoro de Ziegesburg entre en esa cuenta. Acaso
+figure su nombre en el cuadro genealógico de las casas principescas,
+ducales y comitales, que publica todos los años el almanaque de Gotha, o
+por lo menos en el libro de los condes, que también da anualmente a la
+estampa el mismo editor Justo Perthes.</p>
+
+<p>&mdash;Desengáñate, hermana. No te canses. Yo debo decirte la verdad, aunque
+te aflijas. Y la verdad es que Isidoro Ziegesburg es un judío.</p>
+
+<p>No bien el conde Enrique hubo pronunciado aquella palabra, que sonó como
+la trompeta del juicio en las encendidas orejas de Poldy, criada y
+educada, por su madre y por su tía, desde la tierna infancia en el más
+feroz antisemitismo, cuando Poldy empezó a temblar como una azogada y
+tuvo un violento ataque de risa nerviosa. Tan violento fue que el conde
+Enrique se llenó de miedo, llamó al aya e hizo que trajesen a Poldy una
+taza de tila.</p>
+
+<p>Cuando al fin se calmó Poldy, y cuando pasó su risa insana, empezó a
+suspirar y a sollozar, y derramó un mar de lágrimas.</p>
+
+<p>Todavía se notaba en ella un raro movimiento nervioso. Con el pañuelo se
+secaba el llanto, pero se restregaba el pañuelo con violencia por las
+mejillas y por los labios, como si quisiese arrancarse la piel y los
+besos que en ella había estampado el príncipe indio, convertido ya en
+chamarilero israelita.</p>
+
+
+<p class="head">XI</p>
+
+<p>Luego que Poldy consiguió sosegarse un poco, cayó en muda y honda
+melancolía. Nada dijo a su hermano ni a su aya. Ellos no se atrevían a
+interrogar a Poldy. Encerrada en su estancia, no iba ya a pasear por el
+bosque. Apenas se dejaba ver y tratar por las personas que en el
+castillo moraban.</p>
+
+<p>Entre tanto, el joven Isidoro fue tan audaz que se aventuró a venir a
+visitarla, no ya recatadamente, sino en elegantísima victoria, tirada
+por dos soberbios trotones rusos, con la cual llegó hasta la puerta del
+castillo, subió las escaleras, y se empeñó en entrar a ver a la joven
+condesa. Por fortuna se opuso el aya que le recibió en la antesala.
+Isidoro dejó tarjeta y se retiró mal contento.</p>
+
+<p>No desistió sin embargo, y repitió otras tres veces la tentativa. A la
+cuarta vez, por orden de Poldy, el aya salió a desengañar a Isidoro, le
+afeó su tenacidad y atrevimiento, y le dijo que era inútil que volviese
+por allí a enojar y a atormentar a Poldy, que nunca habría de recibirle
+y a quien no volvería a ver en la vida.</p>
+
+<p>El horror antisemítico que embarga el ánimo de la nobleza austriaca
+explica la conducta de Poldy, que parece extravagantísima y hasta
+inexplicable en España.</p>
+
+<p>Poldy se había enamorado entrañablemente de Isidoro, pero, siendo él
+judío, juzgaba ella imposible aceptarle primero por novio y luego por
+esposo. El caso sería mirado como una abominación sin ejemplo. Los
+hermanos de Poldy dejarían de reconocerla por hermana, sus tíos y tías,
+por sobrina, y toda la <i>hig-life</i> vienesa de dieciséis cuarteles, la
+expulsaría de su seno como individuo degradado y corrompido.</p>
+
+<p>Al pensar Poldy en esto, los cabellos se le erizaban y temblaba y
+tiritaba todo su cuerpo como si discurriese por él el frío que precede a
+la calentura.</p>
+
+<p>Resuelta estaba Poldy a no volver a ver a Isidoro: pero no había
+previsto otra cosa y no había formado sobre ella plan ni propósito.</p>
+
+<p>A los pocos días de haberse negado ya por completo y para siempre a ver
+a Isidoro, Poldy recibió por el correo una carta suya. Tal vez, sin
+reconocer la letra, abrió la carta, tal vez reconoció la letra del sobre
+y sin embargo le rompió. De todos modos, una vez abierta la carta, Poldy
+no pudo resistir a la curiosidad y al interés que le inspiraba lo que en
+ella estaba escrito. Leyó pues, y vio que decía: «El enojado, el
+quejoso, debía ser yo y no tú, hermosa Poldy: pero el amor que me
+inspiras es tan alto que no se le sobreponen los enojos y es tan firme
+que no hay queja que le hunda ni acabe. Sigo, pues, adorándote, apesar
+de todos los agravios. No fui yo quién te solicitó. Tú me provocaste, tú
+me excitaste a que te amara enviándome tu retrato con un apasionado
+escrito. Me creiste brahman, nababo, príncipe de la India o cosa por el
+estilo; y, no puedes negarlo, me amaste entonces. ¿Hay nada más
+irracional, ni más absurdo que tu desamor y tu furor de ahora, porque
+sabes que, en vez de ser brahman, soy israelita? Yo seguí tu humor al
+principio, fingiéndome brahman, pero, en lo tocante a nobleza no fingí
+nada. ¿Quién te ha dicho que un judío no puede ser noble? ¿De dónde
+infieres que tengo yo menos cuarteles que tú? Yo puedo presentarte mi
+evidente genealogía que se remonta hasta el mismo patriarca de Ur de los
+caldeos, pasando por reyes, caudillos, jueces y profetas. ¿Dónde andaban
+los germanos ni qué eran cuando el poderoso rey Salomón, mi pariente,
+erigía suntuoso templo al Dios único?</p>
+
+<p>Creado su concepto en la mente de los hombres de mi casta, por ellos fue
+revelado al resto del humano linaje, idólatra y ciego. También el rey
+Salomón fundaba a Tadmor, espléndido oasis para las caravanas que iban a
+las orillas del Eufrates, y mandaba sus triunfadoras naves juntas con
+las de Hiram, a Ofir y a Lanka por un extremo, y a Gadir, a Tarsis y aún
+a las remotas Casitérides por el otro. Desde allí le traían, para
+autoridad, pasatiempo y deleite de él y de sus súbditos, cobre, estaño y
+ámbar, cándidas pieles de armiños y de cisnes, jimios y papagayos,
+especierías y perfumes, perlas y diamantes, marfil y oro.</p>
+
+<p>Alguien de mi familia privó con Ciro el Grande y volvió con Zorobabel a
+reedificar la Ciudad Santa. De mi familia fue también el glorioso
+pontífice que infundió en el ánimo engreído y triunfante del Macedón
+Alejandro, súbito acatamiento y saludable temor de las cosas divinas.
+Alguien de mi familia combatió gloriosamente por la patria al lado de
+los Macabeos y derrotó al rey de Siria Antioco Epifanes. Ve tú pensando
+mientras yo recuerdo estos sucesos que puedo demostrarte, en que pobre
+choza o en que miserable zahurda estaba metida entonces tu desarrapada y
+salvaje parentela. Las brutales persecuciones de Demetrio Soter, después
+de la funesta batalla y de la heroica y gloriosísima muerte de los
+Macabeos, movieron a mi familia a emigrar a España. No quiero pecar de
+prolijo ni ser tildado de jactancioso, y por eso no cuento aquí por
+menudo las cosas extraordinarias que en España hicimos. Te diré, no
+obstante, que fue mi cercano pariente aquel gran rabino de Toledo que
+redactó la exposición, y fue el primero en firmarla, dirigiéndose a
+Caifás y tratando de convencerle, para que no condenase al santísimo
+Hijo de María. Al lado del rey Alfonso VI de Castilla combatieron como
+héroes mis antepasados, contra la bárbara invasión de los almoravides,
+en la sangrienta rota de Zalaca. Yo cuento en mi familia inspirados
+poetas y admirables filósofos y teólogos, gloria de la Sinagoga española
+y de todo el judaísmo. Entre ellos descuella Jehuda Leví, el Castellano,
+a quien Heine celebra con entusiasmo fervoroso. El beso que Dios, al
+crearla, dio a su alma, viéndola tan bella, resuena aún en los cantares
+de aquel trovador admirable y produce divino encanto en los nobles
+espíritus que son capaces de sentirle y de comprenderle. Mi familia se
+estableció más tarde en Lucena, provincia de Córdoba, centro floreciente
+de las academias y liceos judaicos, donde las ciencias y las artes se
+cultivaron con abundante fruto. De allí salieron médicos, astrónomos,
+hombres de Estado y ministros de hacienda para multitud de monarcas,
+cristianos y muslimes, de los que reinaron en la península. Nosotros
+poseíamos un pintoresco castillo o quinta de recreo, en el ameno
+nacimiento del río, cerca de la villa (hoy ciudad) de Cabra, y por eso
+tomamos el apellido de Castillo de Cabra, que traducido al alemán llevo
+ahora. Arrojados de España por el fanatismo antisemita, vinimos a parar
+a Austria, donde somos hoy víctimas de no menor absurdo fanatismo. Y no
+es lo peor el odio, sino el infundado desprecio con que nos tratáis.
+¿Qué he hecho yo, qué ha hecho mi casta para que seamos así
+menospreciados? El dinero que ha ganado mi padre y el dinero que he
+ganado yo, ha sido ganado honradamente. Y para no cansarte, no digo aquí
+nada más de mi nobleza. Sólo me atreveré a indicar que todavía hay en
+España familias de las más altas clases, que se convirtieron a la
+religión cristiana en el siglo <span class="smcap">xv</span>, y con las cuales me sería harto fácil
+probar mi parentesco. Baste lo dicho para que te inclines, oh hermosa
+Poldy, a desechar tu loca repugnancia, impropia del clarísimo
+entendimiento que Dios te ha dado, y para que vuelvas a recibirme, me
+ames y seas mía.»</p>
+
+<p>En Austria nadie sabe de fijo lo que hizo Poldy después de leer tan
+arrogante y disparatada carta. La general creencia es sin embargo la de
+que Poldy, aunque perdidamente enamorada del judío, no cedió ni se
+rindió a sus razones. Muy por el contrario, todos por allá dan un fin
+trágico y misterioso a la presente historia.</p>
+
+<p>El castillo de Liebestein está solitario y ruinoso. En sus sombríos y
+desapacibles salones, llenos de polvo y telarañas, se afirma que vagan y
+circulan por la noche duendes y almas en pena.</p>
+
+<p>El conde Enrique se fue de profesor a no sé qué universidad, donde vive
+aún.</p>
+
+<p>Y en cuanto a Poldy, unos aseguran que se ahogó bañándose, y dan otros
+por cierto que, de propósito y movida por la desesperación, se arrojó
+desde una barca en la vaguada o centro mismo de la corriente del
+Danubio, y hasta añaden que con una gruesa piedra atada al cuello, para
+hundirse en el fondo, para que nadie pudiera salvarla y para que no
+resurgiese y se encontrase su cadáver.</p>
+
+
+<p class="head">XII</p>
+
+<p>Sin faltar descaradamente a la verdad, no hubiera podido tener mi cuento
+fin menos lamentable y menos vago, a no ser por un dichoso encuentro
+casual que tuve en Nueva York diez o doce años después de la
+desaparición de Poldy.</p>
+
+<p>En el espléndido club, donde iba yo a comer casi de diario, me encontré
+a un rico y amable comerciante de origen español, trabé con él amistad y
+acabamos por hacernos muy íntimos.</p>
+
+<p>Era hombre de cuarenta y cinco años a lo más, pero parecía más joven por
+lo muy guapo, alegre y elegante.</p>
+
+<p>Nos reconocimos como paisanos de la patria chica, o sea de determinada
+comarca, porque si no él, no pocos de sus antepasados fueron cabreños.</p>
+
+<p>Ya adivinará o sospechará el lector que este amigo mío, aunque
+naturalizado ciudadano de la Gran República, era y se llamaba Don
+Isidoro Castillo de Cabra.</p>
+
+<p>Pronto me contó hasta los ápices y hasta los más escondidos lances de su
+vida. Poldy había luchado, durante algunos meses, en espantosa
+indecisión, entre el amor que Isidoro le inspiraba y los deberes más o
+menos artificiales, que la ligaban a su patria, a su familia y a la alta
+clase a que pertenecía.</p>
+
+<p>Por último, el amor triunfó en el alma de Poldy, mas no para quedarse en
+Austria desdeñada y aborrecida de sus hermanos y parientes. No: esto era
+imposible. Poldy tomó una resolución extrema, pero, en su caso, bastante
+justificada. Hizo correr la voz de que había muerto, se casó
+católicamente con el judío converso, y cambiando, o mejor dicho
+traduciendo su nombre, se vino a vivir con él a los Estados Unidos.</p>
+
+<p>Isidoro se trajo todo el dinero que tenía y no pequeña parte de los
+preciosos chirimbolos, joyas y antiguallas de su bazar. El resto, así
+como los predios urbanos y rústicos de que en Austria era dueño, lo
+dejó al cuidado de un tío suyo muy de fiar y muy hábil.</p>
+
+<p>En los Estados Unidos entró en grandes empresas y especulaciones y
+aumentó sus bienes de fortuna en vez de disminuirlos.</p>
+
+<p>El venía a Nueva York dos o tres días cada semana para despachar sus
+negocios que, por haber muy entendidos dependientes en su escritorio, no
+requerían de continuo su presencia. De aquí que la mayor parte del
+tiempo se le pasase en una quinta que había hecho construir a las
+orillas del Hudson, imitando en lo posible la traza y arquitectura del
+castillo de Liebestein. Como la quinta estaba sobre una peña, a
+semejanza del castillo, tuvo Isidoro la ocurrencia de darle casi el
+mismo nombre, aunque en lengua castellana y recordando un sitio muy
+romántico que hay entre Antequera y Archidona. La quinta de Poldy se
+llamó la <i>Peña de los Enamorados</i>.</p>
+
+<p>Distaba la quinta mucho más de Nueva York que de Albany, capital del
+Estado de Nueva York, pero, como los trenes del ferrocarril van con
+extraordinaria rapidez en aquella tierra, y es deliciosa la navegación
+en los magníficos vapores que suben y bajan por el río, poco molestaba a
+Isidoro para ir y venir que fuese algo mayor la distancia. En cambio
+Poldy gustaba del sosiego y de la tranquilidad del campo y aborrecía el
+bullicio malsano de las ciudades muy populosas.</p>
+
+<p>Rara vez Poldy iba a Albany y más rara vez aun iba a Nueva York. En su
+quinta gozaba ella de todo el bienestar, lujo y regalo, que ofrece la
+civilización moderna a los que son muy ricos.</p>
+
+<p>Poldy, aun saliendo poco, y para verse al espejo, y para que su marido
+la viese, se vestía a la última moda, con esmero, buen gusto y acendrada
+elegancia.</p>
+
+<p>Isidoro me llevó a la quinta, me presentó a Poldy y tuve el placer y la
+satisfacción de admirarla. Aunque frisaba ya en los cuarenta años, el
+sol de su hermosura brillaba en el cenit y ella parecía una diosa.</p>
+
+<p>Admirable era la hospitalidad conque acogía en su casa a los huéspedes,
+contribuyendo a este fin el privilegiado talento de su cocinero, artista
+de primer orden.</p>
+
+<p>Dos hijos tenía Poldy: una niña de ocho años y un niño de seis, que eran
+dos ángeles de puro bonitos.</p>
+
+<p>Garuda, la cigüeña blanca, animal que goza de larguísima vida, vivía
+mansa, doméstica y feliz en la quinta, como si para ella el tiempo no
+corriese. Más bien había ganado que perdido, porque el plumaje de la
+pechuga, que tenía antes un viso ceniciento, había adquirido el brillo y
+la blancura de la nieve. Garuda parecía el genio familiar de la casa, el
+vivo resumen de los lares y penates de aquel hogar transportado desde el
+centro de Europa a la opuesta orilla del Atlántico.</p>
+
+<p>No quiero decir más para encarecer la felicidad de que Isidoro y Poldy
+gozaban, a fin de no excitar la envidia de los que me lean. Voy, pues,
+a terminar, haciendo una súplica a los lectores: que se callen lo que
+aquí revelo y no se lo escriban a los treinta o cuarenta condes y
+condesas, hermanos, tíos, cuñados y sobrinos de Poldy, para que no se
+aflijan ni se escandalicen.</p>
+
+<div class="imagen"><a name="EL_CAUTIVO_DE_DONA_MENCIA" id="EL_CAUTIVO_DE_DONA_MENCIA"></a><img src="images/ill_011.png"
+width="95%"
+alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div>
+
+
+<h2>EL CAUTIVO DE DOÑA MENCÍA</h2>
+
+<hr class="pre" />
+<p class="head">I</p>
+
+<p>P<span class="smcap">ocos</span> días ha recibí el prospecto de un libro muy curioso que va a
+publicarse en Córdoba. Contendrá la historia de las ciudades, villas y
+fortalezas de aquel antiguo reino. Me hizo esto recordar ciertos
+sucesos, que me contó mi amigo D. Juan Fresco, como ocurridos hace ya
+cuatrocientos treinta años en el castillo de la población en que él
+vive. Ignoro si dichos sucesos serán todo ficción, o si tendrán algún
+fundamento histórico. Ya se encargarán de dilucidarlo los que escriban
+el mencionado libro, ora consultando otros antiguos que deben de andar
+impresos, ora en vista de Memorias y demás documentos manuscritos que ha
+de haber en abundancia. Yo no quiero meterme en semejantes honduras. Me
+inclino, sin embargo, a creer que en mi historia, si hay alguna ficción,
+hay también mucho de verdad en que la ficción se funda: el grave
+testimonio de mi querido y erudito amigo D. Aureliano Fernández-Guerra,
+a quien oí referir no pequeña parte de los sucesos cuya narración me
+complazco en dedicar ahora a su inolvidable espíritu.</p>
+
+<p>D. Aureliano tenía hacienda de olivar y viña en el cercano lugar de
+Zuheros; iba a menudo por allí, y se preciaba de saber, y había
+investigado y de seguro sabía, todo cuanto desde muchos siglos atrás
+había acontecido en aquella comarca. A pesar de todo, desisto de
+averiguar, para no comprometerme, lo que hay de verdad y lo que hay de
+mentira en el cuento, y voy a referirle aquí como me le contó mi tocayo.</p>
+
+<p>Los fuertes muros y las ocho altas torres están hoy como en el día en
+que se edificaron. No falta ni una almena. Dentro de aquel recinto
+pueden alojarse bien doscientos peones y más de ochenta caballos. De la
+cómoda vivienda señorial no queda ni rastro. Han venido a sustituirla un
+molino aceitero con alfarge, trojes y prensas, que durante la vendimia
+sirven también de lagar, un grande alambique con agua corriente, y
+extensas bodegas para aceite, aguardiente, vinagre y vino.</p>
+
+<p>Allá por los años de 1470 era todo aquello muy distinto. Extraordinaria
+importancia estratégica tenía la fortaleza, como construida en una
+altura, sobre enormes peñascos, que en gran parte le servían de
+cimiento. En el centro había cómoda habitación, casi un palacio, donde
+se albergaba el alcaide o señor que mandaba la hueste. Veinte años
+hacía que dicho alcaide, lleno de ardor juvenil, había salido en
+imprudente expedición contra los moros de Granada. Pasando por Alcalá la
+Real, había entrado en la Vega por Pinos de la Puente, causando mucho
+daño, talando algunos plantíos y sembrados, y cobrando no poco botín en
+cortijadas y alquerías. Pero al volver rico y triunfante para su
+castillo, en los agrios cerros y en el espeso bosque de encinas que hay
+entre Pinos y Alcalá, cayó en una celada que los moros, más de mil en
+número, le habían preparado, y allí murió combatiendo heroicamente
+contra ellos.</p>
+
+<p>La viuda de D. Jaime, que así se llamaba el muerto adalid, quedó como
+única señora y alcaidesa del castillo.</p>
+
+<p>Era su nombre doña Mencía. Sobrina del Conde de Cabra, se había criado
+en la casa de aquel ilustre prócer. Apasionadamente enamorada del gentil
+caballero D. Jaime, venido de Aragón a ponerse al servicio del Conde, y
+muy señalado ya por su habilidad y su brío en todos los ejercicios
+caballerescos, por sus notables proezas y hasta por su talento y
+maestría en el gay saber, el Conde no tuvo que oponer razón alguna
+contra la boda, y consintió en que don Jaime y doña Mencía se casasen,
+dando en dote a la doncella el dominio y la alcaidía del castillo de que
+voy hablando.</p>
+
+<p>Sin duda para mostrarse más digno de su encumbramiento, D. Jaime
+acometió la arriesgadísima empresa que causó su muerte. Diecisiete años
+acababa de cumplir doña Mencía cuando se quedó viuda. Amarga y
+desconsoladamente lloró la muerte de su gentil e idolatrado esposo.
+Vistió severísimo luto, hizo una vida retirada, y en los veinte años que
+se siguieron hasta el día en que empieza esta historia, no salió del
+castillo sino para dar solitarios paseos.</p>
+
+<p>En aquellos tiempos, las tierras todas del Rey de Castilla estaban
+llenas de discordias y alborotos. No había paz ni seguridad en parte
+alguna, sino robos, sangrientos combates, muertes y estragos. Los
+grandes señores, por particulares rencillas y opuestos intereses, se
+hacían cruda guerra unos a otros. El reino, además, estaba dividido en
+dos opuestos y principales bandos. Fiel uno al rey D. Enrique, pugnaba
+por sostenerle en el trono. El otro le había negado la obediencia, le
+había depuesto en Avila con cruel e infamante ceremonia, y reconocía
+como soberano al príncipe D. Alfonso, hermano menor del rey. El reino de
+Córdoba ardía en disensiones, como todo el resto del país. Rara
+prudencia y singular entereza supo mostrar doña Mencía para conservarse
+en cierto modo neutral estando tan divididos los ánimos, sin dejar de
+ser fiel y sin faltar al pleito homenaje que a los de su casa y familia
+les era debido.</p>
+
+<p>Todos respetaban a doña Mencía, la cual, gracias a su austeridad y
+recogimiento, estaba en opinión de santa. La hacía aún más respetable,
+prestándole algo de misterioso y sobrenatural, el que hubiese pocas
+personas que se jactasen de haberla visto, ni menos hablado. Se
+aseguraba, no obstante, que era hermosísima mujer, de treinta y siete
+años, pero que parecía mucho más joven por la esbeltez, elevación y
+gallardía de su cuerpo. Se decía que sus cabellos eran negros como la
+endrina, que sus ojos brillaban como dos soles, que tenía manos muy
+bellas y señoriles, y que la palidez mate de su terso y blanco rostro
+estaba suavemente mitigada por el sonrosado y vago matiz que arrebolaba
+sus frescas mejillas. Doña Mencía apenas conversaba con más personas que
+con el Padre Atanasio su capellán, con Nuño, su escudero y maestresala,
+y con la hija de Nuño, Leonor, que era su íntima servidora y confidenta.</p>
+
+<p>Mucho lamentaba doña Mencía, en sus conversaciones con el Padre
+Atanasio, los escándalos y las civiles contiendas que asolaban el país y
+tenían a sus hombres de más valer armados unos contra otros.</p>
+
+<p>Doña Mencía había deplorado la violenta resolución tomada por D. Alonso
+de Aguilar de prender en la misma casa del Ayuntamiento de Córdoba al
+mariscal D. Diego, primo de ella, y de tenerle encerrado durante algunas
+semanas en el castillo de Cañete; pero más deploraba aún el desafuero de
+D. Diego desafiando a D. Alonso, contra la expresa voluntad y orden del
+Rey, que quería paz entre ellos, y de llevar adelante el desafío bajo el
+amparo del Rey moro, que le dio campo y palenque en la vega de Granada.
+Allí citó y aguardó D. Diego a D. Alonso; y como éste no acudiese al
+desafío, D. Diego, declarado vencedor por el Rey moro, ató a la cola de
+su caballo un cartelón donde iba escrito el nombre de D. Alonso de
+Aguilar con la calificación de alevoso, y le arrastró por el suelo con
+ignominia. Terrible fue la afrenta; pero D. Alonso la sufrió con
+paciencia magnánima, reservando su valor para más patrióticos y altos
+empeños, según supo mostrarlo en el resto de su vida y en su muy
+gloriosa y trágica muerte.</p>
+
+
+<p class="head">II</p>
+
+<p>La soledad y la monotonía de la existencia de la alcaidesa no habían
+tenido la menor alteración a pesar de una extraña novedad que había en
+el castillo desde hacía una semana. Doña Mencía custodiaba en él a un
+huésped, o, mejor dicho, a un prisionero. Su primo D. Diego había
+exigido que le custodiase, imponiéndole además como un deber el
+abstenerse de preguntar el nombre del huésped, el cual, por su parte,
+había prometido también no revelar su nombre. Don Diego tenía grande
+interés en que no se supiese el nombre de su prisionero, y hasta en que
+se ignorase que tenía prisionero alguno. Por eso no quiso llevarle ni a
+Cabra ni a Baena, y le llevó al castillo de doña Mencía, donde no había
+más gente que la guarnición, y bajo cuyo amparo no se había fundado aún
+la villa que hoy existe. Doña Mencía tuvo que ceder a la imposición de
+su primo; pero gustaba tanto de la soledad, y era tan poco lo que le
+importaban los sucesos del mundo, que no quiso ver al cautivo que su
+primo le trajo, y le confió a Nuño, para que éste le vigilase, alojase y
+cuidase con esmero, como a persona principal, y según D. Diego quería.</p>
+
+<p>La dama del castillo supo sólo que su huésped o prisionero era un rapaz
+imberbe, que tendría dieciséis años a lo más, y del que D. Diego se
+había apoderado, sorprendiéndole sin armas y en compañía de otros
+rapaces cazando pajarillos con red y con liga, cimbel y reclamos, en las
+orillas de un arroyo no lejos de Monturque.</p>
+
+<p>En su estrado estaba doña Mencía, sola y entregada a sus rezos, en una
+hermosa mañana del mes de Abril, cuando su doncella Leonor entró
+precipitadamente, asustada y llorosa, y se echó a sus pies pidiendo
+perdón y refugio.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no tengo la culpa, señora; yo no tengo la culpa. Mi padre se enoja
+contra mí, y quiere matarme sin justo motivo. El rapaz que está
+prisionero es el más descomedido e insolente de los rapaces. Me
+sorprendió al pasar yo sola por la galería, me requebró con
+desenvoltura, me asió luego entre sus brazos, y a pesar de mi
+resistencia y de mis gritos, me dio muchos besos. No sé cuántos, porque
+me los dio tan de prisa que no tuve tiempo para contarlos. Llegó en esto
+mi padre y agarró al rapaz de una oreja, tratando de castigarle; pero el
+rapaz, que debe de ser fuerte y ágil, le echó la zancadilla, le derribó
+por tierra y se largó con risa. Mi padre se levantó renqueando, y,
+ansioso de vengar el agravio recibido, vino furioso contra mí. Yo,
+señora, me refugio aquí, y me pongo bajo tu amparo. Defiéndeme, señora;
+mira que soy inocente.</p>
+
+<p>La grave doña Mencía frunció el entrecejo al oír la narración de aquel
+lance; pero en la cara, en el acento y en las frases de Leonor reconoció
+su sinceridad y que no era culpada; la levantó del suelo en que estaba
+de hinojos y le aseguró que la defendería. Toda su cólera estalló con
+vehemencia contra el atrevido rapaz, que con tan liviano desacato
+ofendía su casa. Llamó a Nuño, le exigió que absolviese a su hija de
+culpas que en realidad no tenía, y le ordenó que, sin entrar en nueva
+lucha con el rapaz, y sin acudir tampoco a otras personas para que no se
+enterase nadie de lo ocurrido, trajese al rapaz a su presencia para que
+ella le reprendiese duramente, como él merecía.</p>
+
+<p>Cumplió Nuño las órdenes, y pocos instantes después compareció el rapaz
+ante la hermosa dama, que le recibió, como juez severísimo, con
+imponente autoridad y compostura. Nuño y Leonor se retiraron a una señal
+de la dama. Esta quedó sentada en un sillón de brazos, como si fuera
+tribunal o trono. El rapaz estaba de pie enfrente de ella, con ademán
+muy respetuoso por cierto, pero en manera alguna temeroso ni turbado.
+Con enérgicas palabras la dama le echó en cara su fea conducta, le
+amonestó para que se corrigiese, y le exigió que pidiera perdón de su
+culpa. Él contestó de esta suerte:</p>
+
+<p>&mdash;Yo, señora mía, me confieso culpado, y estoy dispuesto a pedirte
+humildemente perdón, de rodillas delante de ti. Si alguna disculpa
+tengo, válganme como tal mis verdes mocedades y mi completa
+inexperiencia de las cosas del mundo. Yo me figuré, señora, que me
+hallaba en la cumbre de una montaña, y muy cerca de una nube que parecía
+de carmín y de oro, por lo cual gusté tanto de ella que me atreví a
+abrazarla y aun a besarla; pero la nube se me desvaneció y deshizo, y
+entonces apareció el sol que la nube me ocultaba, y cuyos divinos
+reflejos eran los que habían dado a la nube los brillantes matices que
+me enamoraron, me sedujeron y me hicieron incurrir en la falta, que como
+tal deploro, si bien, por otra parte, casi me alegro de haberla
+cometido. Cometiéndola he apartado la nube y he logrado al fin ver el
+sol, que desde hace una semana anhelaba yo ver y que ahora extasiado
+contemplo.</p>
+
+<p>Colorada como la grana, en parte de ira y en parte de gustosa sorpresa,
+se puso doña Mencía al oír el desenfadado discurso de aquel audaz
+muchacho. A pesar de su austeridad, tan probada y acendrada durante
+veinte años, sintió que en el fondo de su pecho pugnaba por salir y le
+retozaba la risa al notar tanta juvenil desvergüenza; pero al fin
+triunfó la condición austera de la egregia dama, y despidió al mancebo,
+diciéndole:</p>
+
+<p>&mdash;Está bien, niño; pero mejor estaría si tu maestro o tu ayo te hubiera
+enseñado menos retórica y más comedimiento y circunspección para no
+faltar al respeto que a una ilustre dama se debe, y que se debe también
+a su casa y a su servidumbre. Vete y corrígete, y haz de modo que no
+tenga yo que apelar a dolorosos extremos para poner coto a la audaz
+conducta de que parece que te jactas en vez de arrepentirte.</p>
+
+<p>Quiso replicar el rapaz, pero la dama hizo tan imperioso gesto de
+desagrado y despedida, y fulminó contra él tan terrible mirada de sus
+negros ojos, que le hizo enmudecer y que le arrojó de la estancia como
+si lo hiciera a materiales empellones.</p>
+
+
+<p class="head">III</p>
+
+<p>Escarmentado el joven cautivo y acaso más cautivo aún de su propia
+cortesía y de la veneración y del afecto que le había inspirado la dama
+con sólo verla, se condujo durante los diez días que se siguieron con la
+corrección más cumplida, mostrando paciencia ejemplar para sufrir sin
+quejas su triste y enojoso cautiverio. La severa doña Mencía advirtió
+entretanto que atormentaba a veces su alma cierto arrepentimiento de
+haber empleado con el rapaz severidad sobrada. Allá a sus solas pensaba
+en él casi de continuo, y se complacía en saber lo mucho que su
+reprimenda había valido, y cuán juiciosamente se conducía el mozo. Luego
+recordaba su rostro y toda su gentil figura, que no había dejado de
+examinar cuando le tuvo delante de ella. Y por virtud de este recuerdo
+vino a nacer en su alma la más singular alucinación, la más curiosa y
+rara fantasía que puede soñarse. En balde procuraba apartar de su mente
+aquel ensueño peligroso. El ensueño volvía con tenacidad sobre ella, y
+ni dormida ni despierta la dejaba en libertad y en sosiego. Imaginó que
+el insolente rapaz a quien había reprendido era el vivo retrato de D.
+Jaime, su difunto esposo; y yendo más adelante en aquellas cavilaciones,
+se dio a recelar o a sospechar que las hadas benéficas, o algunos otros
+seres o genios sobrenaturales, para premiar sus largos años de rígida
+viudez, le devolvían con vida al esposo a quien habían tenido durante
+todo aquel tiempo encantado y oculto en un mágico submarino alcázar, no
+ya conservándole joven, sino poniéndole más joven y más gallardo de lo
+que antes era. Y como las imaginaciones no vienen solas, sino que nacen
+unas de otras, enredándose y trabándose como áurea cadena, doña Mencía
+no se contentó con fingir pasado lo que se acaba de decir, sino que se
+creyó conocedora y zahorí de lo presente y aun inspirada profetisa para
+ver a las claras las cosas futuras. Así dio por cierto que el rapaz, su
+cautivo, llevaba en la frente la marca y el sello de un genio casi
+sobrehumano, y que delante de él se abrían luminosos horizontes de
+gloria y largo camino de triunfos y de grandezas.</p>
+
+<p>Como quiera que fuese, doña Mencía no pudo resistir a la tentación de
+volver a ver al rapaz. Para cohonestarla, antes de caer en ella, se le
+ofrecían tres razonables motivos. Era el primero que, en virtud de la
+buena conducta del joven, debía ella endulzar lo amargo de su reprimenda
+llamándole y dándole su absolución. Era el segundo que, por la gran
+diferencia de edad que entre ambos mediaba, el afecto de ella hacia él
+tenía mucho de maternal y muy poco o nada de pecaminoso. Y era el
+tercero, que el recordar es siempre mil y mil veces más poético que el
+mirar, por donde tal vez cuando ella mirase de nuevo al muchacho, caería
+en la cuenta de que no se parecía a su difunto esposo, de que ni él
+estaba encantado ni la encantaba a ella, y de que eran sueños vanos y
+sin sustancia todos los pronósticos en que prestaba al rapaz las
+grandezas y los triunfos que expresados quedan. En suma, doña Mencía se
+humanó, se apiadó del aislamiento de su cautivo, y, en vez de dejarle
+comer solo en la torre en que vivía, le convidó a comer a su mesa.</p>
+
+
+<p class="head">IV</p>
+
+<p>Con este trato familiar y diario, doña Mencía dio por seguro que pronto
+acabarían por desvanecerse las ilusiones algo malsanas que había
+concebido; pero, por desgracia, aconteció muy al revés de su buen
+propósito y honradísimo intento.</p>
+
+<p>Don Juan Fresco pasa aquí como sobre ascuas, sin aclarar ni determinar
+nada. Yo no he de ser más explícito y terminante que mi tocayo. Diré
+sólo que, pocos días después, doña Mencía apareció más bella y remozada,
+iluminando su rostro una alegría dulce y mucha satisfacción y contento,
+vistiéndose con más primor y saliendo a caballo a dar largos paseos, por
+los más solitarios y ásperos caminos, acompañada sólo del mancebo
+cautivo y del anciano Nuño, a quien el mozo había ganado la voluntad y
+con quien estaba muy bien avenido. Nuño tenía además la más completa
+convicción de que el mancebo no perseguía ya ni inquietaba a Leonor,
+cuya honestidad estaba segura.</p>
+
+<p>Harto había notado Nuño la fina devoción y el acendrado rendimiento con
+que el mancebo cautivo miraba y servía a su señora; pero no se atrevía a
+sospechar que ella pagase con amor tan delicados extremos, si bien
+advertía que a veces, bajo la ardiente mirada del joven, doña Mencía
+bajaba suave y lánguidamente los ojos, y tal vez se ponía encarnada como
+las amapolas, y aun creyó percibir en ocasiones, por entre los párpados
+y sedosas pestañas de ella, asomar una lágrima, que más que amarga
+parecía ser de ternura.</p>
+
+<p>Tales observaciones daban vigor a sus sospechas; pero no tardaba en
+disiparlas la consideración de que el P. Atanasio, grave y reverendo
+siervo de Dios, comía siempre en la misma mesa con doña Mencía y el
+mancebo, y terciaba al parecer en todos sus coloquios.</p>
+
+<p>Por otra parte, no cabía en la imaginación ni en el pensamiento de Nuño
+que doña Mencía olvidase a su esposo D. Jaime y fuese infiel a su
+memoria.</p>
+
+<p>La desproporción de edad hacía, por último, inverosímiles las relaciones
+amorosas. Doña Mencía hubiera podido ser holgadamente madre de aquel
+lindo muchacho.</p>
+
+<p>De aquí que Nuño desechase siempre como suposición maliciosa la idea que
+a veces se le presentaba de que doña Mencía tuviese amores. Lo que tenía
+era afecto casi maternal, y algo de satisfacción de amor propio y mucho
+de gratitud al considerarse querida. De esto sí que no dudaba Nuño. La
+admiración entusiasta y el vehemente enamoramiento del mozo estaban
+harto poco disimulados y eran patentes a todos los ojos.</p>
+
+<p>Los guerreros de la hueste lo veían claro. Y muchos de ellos, menos
+respetuosos que Nuño, y con muchísima menos fe en la probada austeridad
+y virtud de la alcaidesa, afirmaban, con más malicia que respeto, que
+aquella ilustre dama no desdeñaba las pretensiones del misterioso
+cautivo casi adolescente.</p>
+
+<p>Provino de todo ello un germen de disturbio que hubiera podido terminar
+en escándalo, si la prudencia de Nuño no le hubiera sofocado al nacer.</p>
+
+<p>Juan Moreno Güeto, uno de los cabos de la hueste, favorito de Nuño y
+aspirante a la mano de su hija Leonor, a quien requería de amores, era
+asimismo respetuoso y ferviente admirador de D.ª Mencía. Y como oyese en
+cierta ocasión, en boca de algunos compañeros de armas, groseros
+chistes en ofensa de su señora, no pudo contenerse y se decidió a
+castigarlos de palabras y aun de obras. Por dicha, Nuño acudió a tiempo
+y pudo evitar la inminente lucha, calmando los ánimos, restableciendo la
+paz y procurando que no se divulgase lo que había ocurrido.</p>
+
+<p>Doña Mencía, no obstante, hubo de entrever algo del caso y de sentirse
+lastimada y avergonzada de andar en lenguas de sus vasallos, y de ver
+que empezaba a perderse la inmaculada reputación que ella tan justamente
+había adquirido en veinte años de la vida más ejemplar y de las más
+severas costumbres.</p>
+
+<p>Fuesen como fuesen sus relaciones con el rapaz misterioso, doña Mencía
+comprendió que daban harto pábulo a la maledicencia.</p>
+
+<p>Sin duda el P. Atanasio, que era su director espiritual, y, según hemos
+dicho, grave y severísimo, la amonestó o la reprendió, ora por el
+peligro a que se exponía o por la ocasión que daba a que la censurasen,
+si no había pecado, ora por el pecado mismo si, dejándose ella caer en
+la tentación, había cometido alguno.</p>
+
+<p>En resolución, las causas por lo pronto permanecieron ocultas, y cuando
+menos podía preverse hubo un suceso inesperado.</p>
+
+<p>Revestido con las armas del difunto D. Jaime, que parecían expresamente
+forjadas a la medida del mancebo cautivo, apareció éste a la puerta del
+castillo en una hermosa mañana del mes de Mayo, acompañado de Nuño y de
+Juan Moreno Güeto, los tres en sendos caballos; tomaron el camino de
+Cabra, y no tardaron mucho en salvar la cima de los cercanos alcores,
+perdiéndose de vista.</p>
+
+<p>Alguien aseguró después que, hasta que de vista se perdieron, doña
+Mencía estuvo en el balcón de su estancia, que se elevaba sobre el muro,
+y desde donde se oteaba el circunstante paisaje, mirando a los que
+partían, y dando al mancebo cautivo un postrer adiós con el blanco
+pañizuelo de holanda que hacía ondear su diestra, cuando no se le
+llevaba a los ojos para enjugarse el llanto delator que los humedecía.</p>
+
+<p>A la caída de la tarde del día siguiente, Nuño y Juan Moreno Güeto
+volvieron al castillo, pero volvieron solos. Del mancebo nada se supo
+después. Nuño y Juan Moreno Güeto no quisieron satisfacer nunca la
+curiosidad de la gente de la guarnición diciendo dónde le habían dejado.</p>
+
+
+<p class="head">V</p>
+
+<p>Seis días pasaron después del suceso que acabamos de referir, durante
+los cuales vivió doña Mencía en el más completo retraimiento. No salía
+de sus apartadas estancias, y sólo la veían y hablaban con ella el P.
+Atanasio, Leonor y Nuño.</p>
+
+<p>Un domingo por la mañana ocurrió algo que allí podría pasar por novedad,
+ya que sólo de tarde en tarde recibía la alcaidesa visitas de sus
+parientes.</p>
+
+<p>No se sabe si llamado por ella, o por iniciativa propia, vino el
+mariscal D. Diego desde el castillo de Baena a visitar a su prima. De
+todos modos, D. Diego no sabía, o aparentó no saber, que el mancebo
+cautivo había recobrado su libertad. Preguntó por él a doña Mencía y
+mostró deseo de verle.</p>
+
+<p>Doña Mencía contestó entonces:</p>
+
+<p>&mdash;No es posible que ahora le veas. Aborrezco el disimulo y el engaño. No
+sólo le he dejado ir libre, sino que le he absuelto del compromiso que
+contrajo y de la palabra que dio de permanecer en cautiverio. Él no se
+hubiera ido si yo no le hubiera obligado a que se fuese, mandándoselo y
+despidiéndole. Échame a mí toda la culpa; toda la culpa es mía.</p>
+
+<p>Don Diego no pudo reprimir su enojo, y exclamó con airado acento:</p>
+
+<p>&mdash;¡Vive Dios, prima, que te has conducido con fea deslealtad y te has
+mostrado harto ingrata a los beneficios que a mi casa y familia debes!</p>
+
+<p>&mdash;Vuestras quejas&mdash;replicó ella&mdash;son harto infundadas, Sr. D. Diego, y
+son además muy ofensivas para mí. Yo he dado libertad al joven por
+respeto al honor de vuestra casa y familia, y para no ser cómplice de un
+delito que la denigraba. El rapaz no ha sido maltratado en este
+castillo; pero había sido robado y secuestrado por nosotros, como si
+fuésemos bandidos. Yo no podía consentir largo tiempo en esto y
+coadyuvar a vuestros planes. Supe que el ilustre hermano del cautivo le
+buscaba inquieto y desolado, indagaba en balde su paradero y hasta
+lamentaba y lloraba su por él imaginada temprana muerte. Lo mejor que
+podía yo hacer, y eso he hecho, es enviarle a Montilla a que tranquilice
+y aquiete a su hermano, exigiéndole, como le he exigido, y él cumplirá
+su promesa, no revelar nunca a su hermano quien le robó y le tuvo
+prisionero. Mi deseo es que se restablezca la concordia entre vuestra
+casa y la de ellos, y sería nuevo inconveniente para que mi deseo se
+lograse que D. Alonso supiera que el mariscal D. Diego, de quien tantos
+agravios ha recibido, le había agraviado también siendo el raptor de su
+hermano, a quien quiere con toda su alma.</p>
+
+<p>&mdash;No es de maravillar ese cariño&mdash;dijo don Diego,&mdash;porque el joven posee
+extraordinarios atractivos, se gana la voluntad de las personas a quien
+trata, aunque sean muy adustas, y si a él le roban toma represalias
+terribles, y, según parece, roba los corazones, y los trastorna y los
+hechiza por tal arte, que les hace olvidar los más sagrados deberes y el
+conveniente decoro.</p>
+
+<p>Subió la sangre al rostro de doña Mencía y le tiñó de rojo al escuchar
+aquellas palabras; pero con serenidad y calma, para que lo que había
+resuelto no se atribuyese a momentáneo arrebato, sino a resolución
+premeditada e irrevocable, dijo a D. Diego de esta suerte:</p>
+
+<p>&mdash;No hubiera yo presumido ni creído nunca, Sr. D. Diego, que faltando a
+nuestro parentesco, a nuestra amistad de toda la vida y a cuanto un
+caballero cortés y bien nacido debe de respeto a una dama, hubierais vos
+venido a mi propia habitación y estrado a insultarme con injuriosas
+reticencias. De nadie dependo, y sólo a Dios tengo que dar cuenta de mi
+conducta. Aunque fuese mala, no tenéis derecho para afrentarme ni para
+acusarme, siquiera sea en términos embozados y ambiguos. Respetad a una
+mujer como a vuestra hidalguía conviene. Y ya que juzgáis que yo me he
+conducido mal en lo que importa al servicio de vuestra casa y familia,
+yo me extraño desde este instante de dicho servicio. Por lo pronto, os
+ruego, dije mal, os exijo que salgáis de mi presencia. No tardaré yo en
+evacuar el castillo y fortaleza cuya custodia me habíais confiado. El
+alférez Calixto de Vargas quedará mandando la hueste, y dentro de
+veinticuatro horas os hará entrega de todo. Yo me extraño, como acabo de
+deciros. Mañana mismo saldré de aquí, llevando en mi compañía a Nuño, a
+su hija Leonor y a Juan Moreno Güeto. El mayor favor que podéis hacerme
+es no volver a acordaros de mí, y no empeñaros en averiguar ni adónde
+voy, ni cuáles serán en lo futuro mis propósitos y las andanzas de mi
+vida.</p>
+
+<p>Aunque harto sabía D. Diego que era irrevocable toda resolución que
+tomaba su prima, y que su carácter era más firme que la roca en que
+descansaba el castillo a que ella había dado su nombre, todavía D. Diego
+hubiera querido contestar a aquel discurso y procurar amansar a la dama;
+pero ella lo estorbó retirándose de súbito a su habitación más
+reservada y cerrando la puerta de golpe.</p>
+
+<p>No se atrevió el Mariscal a seguirla: no quiso tampoco enterar a nadie
+de los términos poco amistosos con que aquella entrevista había
+terminado, y así, aparentando reposo y sin dejar traslucir lo que
+pasaba, salió del castillo con los escuderos que le habían acompañado, y
+se volvió a Baena.</p>
+
+
+<p class="head">VI</p>
+
+<p>Cruel y deshecha tempestad de encontrados sentimientos hubo de agitar
+aquella noche el alma de doña Mencía. Durmió poco y se levantó del lecho
+apenas rayaba la aurora.</p>
+
+<p>Como si le quedasen pocas horas de vida y estuviese a punto de
+desaparecer de sobre el haz de la tierra, dispuso de todos sus bienes,
+haciendo donación de las joyas, de los más ricos vestidos y de parte de
+sus cuantiosos ahorros a favor de Leonor, su fiel camarera.</p>
+
+<p>Hallándose presente ésta, así como también el P. Atanasio, hizo venir a
+Juan Moreno Güeto y le indujo a contraer con Leonor solemnes esponsales,
+que autorizó el P. Atanasio, prometiendo, por su parte, ser pronto el
+ministro que santificase por la virtud del sacramento la unión de los
+novios.</p>
+
+<p>Confió doña Mencía al P. Atanasio una respetable suma de dinero para que
+la repartiera con juicioso tino entre los soldados de la hueste y los
+campesinos pobres de las cercanías.</p>
+
+<p>Y reservó, por último, buena porción de su caudal para entregarla a la
+Superiora del convento de Santa Clara en Córdoba, antigua fundación del
+rey D. Alonso <i>el Sabio</i> y de su mujer la reina doña Violante, hija de
+D. Jaime de Aragón, el que ganó a los moros la ciudad de Valencia. En
+aquel convento había determinado doña Mencía encerrarse para siempre y
+acabar su vida.</p>
+
+<p>A fin de cumplir tan devota determinación, de que sólo dio noticia
+entonces al P. Atanasio, se despidió de la hueste como si tratase de
+hacer una breve ausencia, y acompañada solamente del mencionado Padre,
+de Nuño y del futuro yerno de éste, salió para Córdoba aquel mismo día.</p>
+
+<p>Como los cuatro iban en sendos caballos, ligeros y briosos, pudieron
+llegar, y llegaron, antes de anochecer a la antigua capital del
+califato.</p>
+
+<p>Doña Mencía tardó poco en cumplir su propósito. Abandonó el mundo, y se
+retiró al convento de Santa Clara. El P. Atanasio y Juan Moreno Güeto
+volvieron al castillo inmediatamente. Nuño tardó algo más en volver,
+pues tuvo antes que llevar un mensaje a Montilla, cumpliendo las órdenes
+de su señora y el último de sus encargos, en relación y enlace con
+personas y cosas de esta vida mortal, del siglo y de la tierra que nos
+sustenta. Nuño llevó a Montilla, y entregó recatada y secretamente al
+hermano menor de D. Alonso de Aguilar, una extensa carta, escrita por
+doña Mencía, y que decía de esta suerte:</p>
+
+
+<p class="head">VII</p>
+
+<p>«Cuando te despedí pocos días ha desde el castillo, devolviéndote la
+libertad y mandándote y exigiéndote que la recobrases, no tuve valor aún
+para despedirme también de la esperanza de volver a verte en este mundo,
+¡oh mi dulce y joven amigo! Tomada estaba ya y escondida en el centro de
+mi alma la firme resolución de no volver a verte nunca; pero no quise
+decírtelo hasta ahora. Ahora que te lo digo, ahora que por última vez
+voy a hacer que mi palabra llegue hasta ti, aunque sea desde lejos, Dios
+habrá de perdonarme si me complazco en recordar mi extravío, no ya para
+llorarle y lamentarle arrepentida, sino para deleitarme y glorificarme
+con su recuerdo. Toda la austeridad de mi vida durante veinte años, todo
+mi primer amor, suavemente conservado en la memoria con afán religioso y
+puro como rescoldo del fuego sagrado entre las cenizas del ara, y mi
+orgullo y el respeto debido al nombre que llevo y a mi decoro de honrada
+y casta matrona, todo se desvaneció y falleció en mi alma al ver tu
+rostro y al oír tus palabras, acaso desde la vez primera que me
+hablastes. No creas que me ofusqué, que me cegué y que no comprendí
+desde el primer momento la intensidad y la fealdad de mi delito y el
+casi irresistible impulso que a cometerle me llevaba. Claro apareció en
+mi conciencia el amor que me habías inspirado, y cuán abominable lo
+hacía la gran diferencia de nuestra edad, más propia que para
+convertirme en amiga o en esposa tuya, para prestarme, con relación a
+ti, por manera espiritual, el casto y limpio carácter de madre.</p>
+
+<p>»Yo, con todo, no supe resistirme. Fue mi pasión tan vehemente que, no
+ya inútil, necia y vulgar me pareció la resistencia. Hasta en la misma
+tardanza vi yo algo de mezquino y grosero que aparecía en mi mente como
+frío artificio y estudiado melindre de mujer que anhela vender más caras
+sus finezas y realzar más de lo justo el precio y valer de sus favores
+retardando el concederlos. No extrañes, pues, que, vencida y rendida yo,
+cayese desde luego en tus brazos sin defenderme, y te diese mi corazón y
+fuese toda tuya.</p>
+
+<p>»Había yo querido antes cohonestar la inclinación que hacia ti había
+sentido, imaginándote vivo retrato del hombre a quien yo había amado en
+mis primeras mocedades, y a quien había llorado largos años después de
+muerto. Pero no tardé en desechar este pensamiento, considerándole
+cobarde hipocresía con que mi entendimiento, más mentiroso que sutil,
+trataba de atenuar el poderoso conato de mi voluntad viciosa. No: no me
+pareciste semejante a D. Jaime, sino mil y mil veces mejor que él. Su
+imagen, grabada en mi alma, se borró y desapareció no bien vino tu
+imagen a estamparse en ella, como sello y marca de esclavitud que la
+hace tuya para siempre. Ni el temor de la maledicencia; ni el odioso
+pensamiento de que hasta tú mismo pudieras menospreciarme y tenerme por
+liviana, nada me contuvo. La fuerza, no obstante, que no bastó para
+detenerme al borde del abismo y para salvarme de la caída, me ha valido
+luego para romper materialmente el lazo, para huir de ti, para
+levantarme lastimada y penitente y refugiarme en este retiro. Yo no
+podía ser legítimamente tuya. Vivir de otra suerte a tu lado, hubiera
+sido escándalo, ignominia y vergüenza. Los sabios consejos de mi
+confesor, a quien, dominando el rubor que encendía y quemaba mi rostro,
+mostré la herida de mi alma para que la curase, y el bálsamo de nuestra
+santa religión que él vertió en la herida, me prestaron aliento y brío
+para desbaratar las cadenas en que me tuviste aprisionada, para
+apartarte de mí y para tomar luego la determinación que he tomado.</p>
+
+<p>»Dios, en su infinita misericordia, habrá de perdonármelo. No acierto a
+que así no sea. Ahora que me dirijo a ti, acuden a mi mente, la turban y
+la llenan de amargo deleite aquellos momentos de embriaguez amorosa y de
+completo abandono en que toda yo fui para ti y creí que eras tú todo
+mío.</p>
+
+<p>»Resuelta estoy a restaurar con plegarias, cristianas meditaciones y
+dura penitencia la espantosa ruina en que mi virtud se deshizo.
+Humillada y contrita estoy, y con todo, no noto en mí el
+arrepentimiento. A mi mente acuden en tropel ideas y razones, si no para
+justificar, para disculpar en parte mi pecado, y, cuando no para
+absolverme, para mitigar la sentencia que me condena.</p>
+
+<p>»A los indiferentes parecerá locura lo que voy a decirte. A pesar de tu
+modestia, tú debes creerme. Algo de sobrenatural, del cielo sin duda en
+su origen, aunque torcido y maleado después por el infierno, ha sido el
+móvil principal de mi enamoramiento y de mi súbita flaqueza. He sentido,
+al verte y al oírte, no atino a explicar qué extraño modo de profética
+revelación, qué profundo convencimiento, qué fe y qué segura esperanza
+en tus futuros y soberanos destinos. Sí, yo no he amado sólo en tu
+persona al gallardo y floreciente mancebo en toda la frescura y lozanía
+de su edad primera. Yo he amado y prefigurado en ti al héroe en flor,
+gloria y grandeza de la patria, al que contribuirá más que nadie a que
+Castilla, disuelta hoy en bandos y asolada por guerras civiles, con
+España toda unida a Castilla, sea la primera de las naciones. Yo, no
+sólo veía en tus ojos la llama del amor, sino la luz refulgente y el
+fuego del entusiasmo con que un numen inspirador encendía tu alma. Yo
+veía lucir en tu frente la estrella de la inmortalidad, y su resplandor
+me cegaba: tus sienes se me mostraban circundadas de un nimbo luminoso.</p>
+
+<p>»Así explico yo y así disculpo mi inevitable rendimiento; así explico yo
+y así disculpo también el valor cruel que he tenido para echarte lejos
+de mí y para apartarme de ti, después y por siempre. Reteniéndote en mis
+brazos me hubiera rebelado yo contra los designios y decretos del
+cielo. La gloria te quiere para sí, y yo no quiero ni puedo ser rival de
+la gloria. Básteme la que alcanzo con haber poseído tu corazón y con que
+me hayas tributado las primicias de tu amoroso y juvenil afecto.
+Básteme, sobre todo, la gloria de haber sido acaso el primer ser humano
+que ha visto con toda claridad en tu frente el signo que Dios puso en
+ella, señalándote así para que honres, prosperes y ensalces a tu pueblo,
+y para que venzas y domines a los otros.</p>
+
+<p>»Adiós. No me llores por desventurada. ¿Por qué no confesártelo? Estoy
+orgullosa y soy dichosa por mi propia falta. La única obligación tuya,
+lo único que me debes es el cumplimiento de mi esperanza y de la fe que
+puse en ti. No desmayes. Lánzate valerosamente en el sendero de la vida.
+Sé grande, sé glorioso, como yo te he soñado, y paga así con usura todo
+el amor que te tuve y que te tengo todavía, y cuantos sacrificios hice a
+ese amor justificado por tu maravilloso valer y harto premiado por el
+deleite supremo que logré al ser tu amada.</p>
+
+<p>»No quiero yo que me olvides, dueño mío. Tuya soy yo, toda yo y por toda
+la vida. Recuérdame, pero más con ternura que con pena. Y adiós de nuevo
+y para siempre.»</p>
+
+<p>Cuatro años después de escrita esta carta, doña Mencía, apartada del
+mundo y de todo trato de gentes, salvo el de sus hermanas las
+religiosas, se consumió como si un fuego interior la devorase, se
+marchitó como rosa aromática en el ardor del estío, y entregó a Dios su
+alma en el convento de Santa Clara de Córdoba, edificando con su
+resignada, ejemplar y cristiana muerte a las pocas personas que por
+entonces la trataban.</p>
+
+
+<p class="head">VIII</p>
+
+<p>Más de cuarenta años habían transcurrido desde la muerte de doña Mencía.</p>
+
+<p>Gonzalo Fernández de Córdoba se hallaba de paso para Granada en la
+ciudad que se honra con darle su nombre por apellido.</p>
+
+<p>Todos los ensueños de doña Mencía se habían realizado. Estaba él
+cubierto de gloria, era llamado el Gran Capitán. Su nombre se
+pronunciaba y se oía con respeto en todas las regiones de Europa. De él
+había dicho el más discreto y perfecto caballero cortesano que en
+aquella edad tuvo Italia, que, «en paz y en guerra fue tan señalado, que
+si la fama no es muy ingrata, siempre en el mundo publicará sus loores y
+mostrará claramente que en nuestros días pocos reyes o señores grandes
+hemos visto que en grandeza de ánimo, en saber y en toda virtud no hayan
+quedado bajos en comparación de él». Él había combatido a los
+portugueses en Toro, a los muslimes en Granada, en las Alpujarras a los
+moriscos rebeldes, en Ostia al más feroz de los piratas, al turco en
+Cefalonia, y en Italia a los franceses, desbaratando sus ejércitos,
+venciendo a sus reyes y más ilustres caudillos y ganando para España lo
+más hermoso de aquella península. Había adquirido y prodigado inmensas
+riquezas, había ganado como trofeo de sus victorias más de doscientas
+banderas y dos estandartes reales, y había conseguido que le celebrasen
+y admirasen en toda España, así en Aragón como en Castilla.</p>
+
+<p>Víctima ya de la suspicacia, y tal vez de la envidia del Rey, se
+retiraba harto desengañado a sus dominios de Loja, después de haber
+visto arrasada la fortaleza de Montilla, que fue su cuna, y castigados
+con dureza no pocos de sus parientes y amigos.</p>
+
+<p>Se cuenta que Gonzalo visitó un día a su anciana parienta doña Beatriz
+Enríquez, que había sido amiga del ya difunto almirante D. Cristóbal
+Colón, a quien retuvo largo tiempo en España a pesar de los desdenes de
+la Corte.</p>
+
+<p>Contra la sentencia del Dante, tan a menudo citada, no siempre es
+doloroso, sino sabroso y dulce, el recuerdo de la edad feliz, de los
+amores juveniles y de los triunfos y venturas que entonces se lograron.
+Doña Beatriz, en su vejez y en su aislamiento, se sintió consolada al
+ver y al hablar a su glorioso deudo. Animada fue la conversación que con
+él tuvo.</p>
+
+<p>Doña Beatriz se mostró expansiva y acabó por estar justamente
+jactanciosa. Declaró con orgullo que tenía por gloria suya el haber
+amado al aventurero genovés, el haber descubierto y reconocido todo el
+valer de su espíritu y el haber creído y esperado en la alta misión que
+le habían confiado los cielos, cuando todavía eran muy pocos los
+hombres que no le desdeñaban.</p>
+
+<p>&mdash;Por mí&mdash;dijo&mdash;se quedó en España aquel hombre enviado de Dios. En gran
+parte me debe España la gloria de haber roto ella el misterioso secreto
+de los mares y de haber descubierto islas florecientes y extensa tierra
+firme, rica en perlas y en oro, que todavía se pone como valladar para
+impedirnos llegar a Cipango, al Catay y al imperio del preste Juan, por
+donde ya penetran los portugueses, siguiendo opuestos caminos y
+navegando hacia las regiones donde se pensaba que tenía su tálamo la
+Aurora.</p>
+
+<p>El Gran Capitán comprendió y aplaudió el orgullo de su parienta; pero su
+mismo aplauso hizo brotar en su alma otro orgullo muy parecido. Gonzalo
+Fernández de Córdoba no supo contenerse, y dijo a doña Beatriz:</p>
+
+<p>&mdash;Yo admiro la perspicacia de vidente y la fe profunda y la esperanza
+certera con que amaste y detuviste al inspirado piloto. Pero perdona mi
+vanidad. No has sido tú en esta época la única cordobesa a quien hizo el
+amor profetisa. Otra hubo antes que tú, que compitió en esto contigo. No
+merece tanto, porque el hombre cuyo valer futuro descubrió ella en su
+amorosa visión profética, vale mil y mil veces menos que el que por
+esfuerzo de su reveladora inteligencia y de su enérgica voluntad ha
+duplicado o triplicado la grandeza del mundo conocido, y ha magnificado
+el concepto de la creación en toda mente humana. Comparada a la gloria
+de ese hombre, vale poco la que se alcanza derrotando ejércitos,
+conquistando reinos y avasallando y humillando a los príncipes más
+poderosos. Merece, sin embargo, más que tú esta mujer de que te hablo,
+porque tú no revelaste a Colón mismo lo que él ya sabía de su propio
+valer. Tú le prestaste crédito, aliento y esperanza y confianza en los
+hombres y en su fortuna; pero esta mujer de que te hablo, en su
+exaltación de amor hacia mí, porque fue mi enamorada, no se limitó a
+darme crédito, aliento y esperanza, sino que hizo patente a mi alma la
+por ella soñada grandeza que mi alma tenía, me infundió la fe que en mí
+puso, convirtió mi ambición en deber de gratitud hacia ella, y me obligó
+a ser grande para que ella no fuese, ni motejada de ligera, ni tenida
+por mentirosa.</p>
+
+<p>El Gran Capitán no supo callar entonces. Contó a doña Beatriz los
+fugitivos amores de su mocedad primera. Y hasta hay quien dice que le
+citó, asomando el llanto a sus ojos, algo de la carta que le había
+escrito doña Mencía, y que él conservaba piadosamente en la memoria.</p>
+
+<p>Gonzalo dijo por último:</p>
+
+<p>&mdash;Quiero confesarte, con el debido sigilo, que después he amado a otras
+mujeres y he sido amado por ellas. Ninguna, sin embargo, ha derribado y
+arrojado del santuario de mi alma la venerada imagen, puesta allí sobre
+todo lo terrenal y caduco, de la mujer que me reveló a mí mismo mi ser
+propio: que tal vez con la virtud creadora de su amor sembró en mi
+espíritu el germen de todo lo bueno y de todo lo noble que he podido
+hacer en mi vida.</p>
+
+<p>Al referir esta historia que me contó D. Juan Fresco, y cuya certidumbre
+confirmó, hasta cierto punto, mi querido amigo D. Aureliano, no puedo
+menos de recordar un estudio que escribió y publicó, años ha, Rosa
+Cleveland, hermana del que fue Presidente de los Estados Unidos. El
+estudio se titula <i>Fe altruista</i>, y procura demostrar que la capital
+misión de la mujer es la de revelar al hombre sus altos destinos,
+alentarle en la lucha e inspirarle el brío y la confianza que son
+menester para alcanzarlos.</p>
+
+
+<div class="imagen"><a name="EL_MAESTRO_RAIMUNDICO" id="EL_MAESTRO_RAIMUNDICO"></a><img src="images/ill_012.png"
+width="95%"
+alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div>
+
+<h2>EL MAESTRO RAIMUNDICO</h2>
+
+<hr class="pre" />
+<p class="head">I</p>
+
+<p>E<span class="smcap">n</span> varios tratados de Economía política he visto yo una cuenta, de la
+que resulta que la industria de los zapateros en Francia ha producido,
+desde el descubrimiento de América hasta hoy, seis o siete veces más
+riqueza que todo el oro y la plata que han venido a Europa desde aquel
+nuevo e inmenso continente. Esto me anima, sin recelo de pasar por
+inventor de inverosímiles tramoyas, a hablar aquí del maestro
+Raimundico.</p>
+
+<p>Haciendo zapatos empezó a ser rico; acrecentó luego su riqueza, dando
+dinero a premio, aunque por ser hombre concienzudo, temeroso de Dios y
+muy caritativo, nunca llevó más de 10 por 100 al año; después, fundó y
+abrió una tienda o bazar, donde se vendía cuanto hay que vender: azúcar,
+café, judías, bacalao, barajas, devocionarios, libros para los niños de
+la escuela, y toda clase de tejidos y de adornos para la vestimenta de
+hombres y mujeres. El maestro se fue quedando también con no pocas
+fincas de sus deudores, y llegó a ser propietario de viñas, olivares,
+huertas y cortijos.</p>
+
+<p>Ya no esgrimía la lezna, ni se ponía el tirapié, ni se ensuciaba los
+dedos con cerote, pero fiel a su origen, conservaba la zapatería, donde
+trabajaban expertos oficiales, discípulos suyos. El magnífico bazar
+estaba contiguo. Y junto a la zapatería y al bazar podía contemplarse la
+revocada y hermosa fachada de su casa, situada en la calle más ancha y
+central del pueblo. A espaldas de esta casa y en no interrumpida
+sucesión, había patios, corrales, caballerizas, tinados, bodegas,
+graneros, lagar, molino de aceite, y en suma, todo cuanto puede poseer y
+posee un acaudalado labrador y propietario de Andalucía. La puerta
+falsa, que daba ingreso a estas dependencias agrícolas, pudiera decirse
+que estaba extramuros del pueblo, si el pueblo tuviera muros, mientras
+que la puerta principal, según queda dicho estaba en el centro.</p>
+
+<p>El maestro Raimundico nunca había querido comprometerse ni mezclarse en
+política; pero de súbito acababa de cambiar. Se había hecho fusionista y
+había consentido en ser jefe de aquel partido político y alcalde en
+Villalegre.</p>
+
+<p>Era viudo, hacía ya quince años. Y hacía cerca de siete que tenía a su
+único hijo, D. Raimundo Roldán de Cadenas, estudiando o paseando y
+holgando en Madrid, pues sobre este punto, difieren no poco los
+autores. Difieren asimismo sobre la causa de la larga y no interrumpida
+ausencia del hijo, atribuyéndola unos a la viudez más alegre que
+recoleta del padre, para la cual hubiera sido estorbo o escándalo la
+presencia del hijo, y atribuyéndola otros al despego y a la soberbia de
+éste, que vivía en Madrid como caballerito muy elegante e ilustre, que
+hablaba de su casa solariega, y que repugnaba volver al lugar a ver la
+plebeya ordinariez de su padre y la primitiva y fundamental zapatería
+tenazmente conservada.</p>
+
+<p>Como quiera que ello fuese, D. Raimundo se daba en Madrid tono de muy
+hidalgo, y su gentil presencia, su elegancia en el vestir y el dinero
+que solía gastar con rumbo, prestaban a su hidalguía no corto crédito.
+Él era además robusto y ágil en todos los ejercicios del cuerpo, gran
+tirador de pistola, florete y sable, buen jinete, mejor bailarín, y muy
+divertido, ocurrente y chistoso. Tenía multitud de amigos y estaba en
+Madrid como el pez en el agua.</p>
+
+<p>Hacía muy poco que se había graduado de Doctor en Jurisprudencia, y
+había enviado a su padre la tesis doctoral. El padre leyó con suma
+atención las cuatro o cinco primeras páginas, pero no entendió palabra,
+se mareó y dejó la lectura. Y como era muy escamón, se puso a cavilar
+entonces, sobre si el no entender aquello, sería culpa de su ignorancia,
+o si sería, según frase de Cánovas, que hasta aquel lugar había llegado,
+porque su hijo era un tonto adulterado por el estudio o si sería porque
+no había habido tal estudio ni tal adulteración, sino porque el chico
+había estudiado poquísimo y para disimularlo, había llenado su discurso
+de frases huecas, fiado en su audacia y en la simplicidad de muchas
+personas que lo que no entienden es lo que más admiran.</p>
+
+<p>De todos modos, corregido ya el maestro Raimundico, morigerado por la
+ancianidad, reverdeciendo en su corazón el amor paternal sobre los
+restos de otros ya muertos y menos santos amores, y tal vez proyectando
+que el muchacho, que había cumplido veinticinco años, ganase popularidad
+y simpatías en el distrito, para que fuese elegido diputado, le mandó
+llamar con términos harto imperativos y hasta dejando de enviarle
+dinero, que era el medio más eficaz de que podía valerse.</p>
+
+<p>D. Raimundo, pues, no pudo menos de obedecer. Complació a su padre, vino
+a Villalegre y se halló en Villalegre muy a gusto.</p>
+
+<p>Para que se vea la sinceridad de su contento y el placer y la
+satisfacción que en el lugar tenía, vamos a poner aquí una
+circunstanciada carta que, al mes de estar en Villalegre, escribió don
+Raimundo a su mejor amigo de Madrid. La carta decía como sigue.</p>
+
+
+<p class="head">II</p>
+
+<p>«Mi querido Pepe: Muy a despecho mío vine por aquí para no rebelarme
+contra los mandatos de mi señor padre; pero te declaro con franqueza que
+ahora me alegro en el alma de haber venido. Este lugar es lindísimo; los
+fértiles campos que le rodean hacen un paraíso de sus cercanías; y sus
+habitantes son amenos y regocijados. Yo aquí me divierto la mar. Y no
+sólo me divierto, sino que, ¿por qué no he de confesártelo? me siento
+como nunca me sentí en Madrid, perdidamente enamorado de una mujer. Pero
+¡qué mujer, chico! Es un encanto, un prodigio de bonita. Y no sé decir
+si por desgracia o por fortuna, de la más pasmosa severidad de
+costumbres. La llaman el Sol de Tarifa, porque de aquella ciudad salió
+ella como el sol por oriente. Tal es su apodo significativo. Su
+verdadero nombre es doña Marcela Gutiérrez de los Olivares, por ser
+viuda del teniente de la clase de sargentos, del mismo apellido, muerto
+en Cuba un año ha, a manos de los insurrectos. Llora ella aún a su
+difunto marido, con cuya tía, doña Pepa, vive en este lugar en ejemplar
+recogimiento, y desdeña y rechaza al enjambre de galanes que la
+pretende. Tremendo es uno de ellos por su obstinación y ferocidad. Es su
+nombre Currito el Guapo, y es hermano de la estanquera, mujer también de
+notable mérito, muy joven aún y famosa por su hermosura y gallardía.
+Currito, tan celoso de su honra como los galanes de Calderón en las
+comedias de capa y espada, no consiente que nadie requiebre a la
+estanquera si no viene con la buena fin. Y aplicando este modo de
+proceder de su casa a la ajena y de su hermana a su pretendida novia, no
+consiente tampoco que nadie se acerque a doña Marcela, ni le diga
+chicoleos, celándola de suerte, que ella vive aislada, porque Currito
+tiene metidos en un puño a casi todos los mozos del lugar. Navaja en
+mano es tremendo, y ya que no quiera por piedad abrir a nadie una gatera
+en el vientre, lo que es para pintar un jabeque en la cara al propio
+lucero del alba, no tiene el menor escrúpulo si se enoja.</p>
+
+<p>»Doña Marcela está con esto que trina, porque gusta de ser desdeñosa sin
+que el desdén parezca forzado, y porque no acepta la tutela o mejor
+dicho el cautiverio en que galán tan crudo la tiene.</p>
+
+<p>»A fuerza de oír tales cosas, pues no es otro el principal asunto de las
+más frecuentes conversaciones de por aquí, pronto comenzó a hervirme la
+sangre contra la insolencia de Currito el Guapo. Me entraron ganas de
+libertar de su cautiverio a doña Marcela. Y crecieron mis ganas y se
+hicieron irresistibles cuando vi, primero en la iglesia y después en la
+feria, a la recatada y joven viuda, con quien quise <i>timarme</i>, como
+decimos por ahí; pero, por lo pronto fue en balde mi conato, porque sin
+duda, no lo consentían la modestia y la honestidad de la dama. ¿Qué no
+logran, sin embargo, la terquedad y la audacia de un mozo como yo,
+curtido en toda clase de aventuras y acostumbrado a los más peligrosos
+lances de amor y fortuna? Doña Marcela me miró al fin con mal disimulada
+complacencia; yo le hablé, valiéndome de la tía Pepa que desde niño me
+conoce, y, al fin logré, que en una de estas últimas noches, que fue de
+las más calurosas del verano, doña Marcela saliese a la ventana a tomar
+el fresco.</p>
+
+<p>»Me hice como por casualidad el encontradizo y me puse a hablar con
+ella. No vayas a creer que es ninguna palurda. Culta y discretísima es
+su conversación. Y no sólo habla buen castellano si bien con un gracioso
+dejo tarifeño, sino que se explica corrientemente en inglés, por haber
+estado algún tiempo en Gibraltar, cuando era ella mocita soltera,
+acompañando a su padre, que iba allí para asuntos de comercio. Pero aquí
+entra lo trágico. Embelesado y engolfado estaba yo charlando con doña
+Marcela, a ratos en andaluz y a ratos en inglés, cuando la temerosa
+aparición de Currito el Guapo, vino a interrumpir nuestro palique.</p>
+
+<p>»&mdash;¡Huya usted, por Dios!&mdash;exclamó ella con voz trémula y llena de
+susto. Ahí viene ese monstruo que sin que yo le haya dado motivo es en
+este lugar el tirano de mi vida. Sálvese usted, caballero. Currito viene
+navaja en mano y puede escabechar a usted en un santiamén. Como es loco
+frenético no repara en nada. No es cobardía sino prudencia, escapar de
+ese forajido.</p>
+
+<p>»Ya te harás cargo Pepe de que yo no hice caso ninguno de aquellas
+medrosas exhortaciones. Me enredé la capa en el brazo izquierdo y saqué
+de la vaina una larga y recta espada de caballería que llevaba a
+prevención conmigo. Currito no se arredró por eso, sino que cayó sobre
+mí, ora agachándose, ora dando brincos, ora acometiéndome por un lado,
+ora por otro. Por dicha, y si he de decir la verdad, yo sospecho que él
+no tenía gana de herirme, sino de asustarme. Y como yo también tenía más
+ganas de asustarle que de herirle, aquella a modo de danza, duraba ya
+demasiado y se hubiera hecho interminable, a no ser por los gritos que
+daba doña Marcela pidiendo socorro.</p>
+
+<p>»Los gritos no fueron inútiles. Aunque ya era tarde, acudieron muchos
+vecinos y bastantes mozos que andaban de ronda, y Currito y yo nos vimos
+forzados a poner término a nuestro descomunal combate, envainando yo la
+espada sin ensangrentar todavía, y doblando él su truculenta navaja, que
+era de virola y golpetillo, y produjo al cerrarse ruido muy temeroso.</p>
+
+<p>»Allí intervinieron y mediaron en nuestra contienda las personas de más
+respeto, que habían acudido y que en torno nuestro formaban corro, y
+casi nos obligaron a echar pelillos a la mar, a hacer las amistades y a
+convertir las casi homicidas manos en cariñosas, enlazándolas y
+apretándolas generosamente.</p>
+
+<p>»Desde entonces veo y hablo por la reja a doña Marcela todas las noches,
+sin que Currito me perturbe. Y doña Marcela se me muestra
+agradecidísima por haberla yo libertado de aquel espantajo o bu que sin
+querer ella la defendía como el dragón en <i>Las tres toronjas del Vergel
+de amor</i> y en otros cuentos de hadas.</p>
+
+<p>»No imagines por eso que estoy más adelantatado en mis pretensiones. La
+virtud de doña Marcela es más firme que una roca, aunque para mi amor
+más que roca es <i>lata</i>. Erre que erre está ella siempre, volviendo por
+su honor, también como las damas calderonianas, por donde me temo que
+voy a sufrir constantemente el suplicio de Tántalo, o voy a tener que
+hacer la barbaridad o digamos la <i>plancha</i> de acudir al cura. Porque eso
+sí, doña Marcela tiene poquísimo dinero, pero lo que es en punto a
+conducta, ni las lenguas más maldicientes, y no son pocas las de este
+lugar, se atreven a decir nada contra ella ni a empañar con ponzoñoso
+aliento el terso y limpio espejo de su fama.»</p>
+
+<p>Este era el contenido de la epístola, salvo los saludos y cumplimientos
+de costumbre que en obsequio de la brevedad se omiten.</p>
+
+
+<p class="head">III</p>
+
+<p>Se cuenta que el maestro Raimundico era escéptico por naturaleza; dudaba
+mucho de todo y apenas se decidía a formar juicios, sin examinar antes
+detenidamente las cosas y enterarse bien de ellas. Sobre su hijo hacía
+tiempo que tenía su juicio en suspenso, sin decidir si el chico era
+discreto o tonto. Tratar de ponerlo en claro era uno de los propósitos
+que tuvo al llamarle al lugar. Desde que estaba en él, le espiaba, le
+estudiaba y le seguía recatadamente los pasos. Prevalido además de su
+posición de alcalde, interceptó la carta que acabamos de poner aquí, la
+abrió y la leyó. El maestro se desconsoló con aquella lectura e imaginó
+que al chico le faltaban por lo menos dos o tres tornillos en la cabeza.
+Doña Ramona, hermana del maestro y viuda del pellejero, quería mucho al
+chico, de quien había cuidado en la niñez, y sostenía que su candor no
+debía calificarse de simplicidad, sino de exceso de imaginación poética.
+Una vez cortados los vuelos de esta imaginación, el chico, según doña
+Ramona, sería apto para todo, se abriría camino y subiría como la
+espuma.</p>
+
+<p>&mdash;Cortemos, pues, los vuelos de la imaginación del chico, dijo para sí
+el maestro, y mostrémosle la realidad tal cual es.</p>
+
+<p>Después de haber recapacitado, formado su plan, y hecho los convenientes
+preparativos para realizarle, el maestro, a solas una noche con su hijo,
+en la principal sala alta de la casa, al toque de ánimas, le habló de
+este modo:</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Raimundo, tú eres hijo de un zapatero y no puedes ni debes
+presumir de aristócrata; pero no conviene tampoco que por seguir ciertas
+opiniones, muy de moda en nuestros días, te des a creer que las almas
+heroicas, el semillero de las virtudes y de las proezas y los corazones
+donde brota el germen de los más nobles sentimientos, se hallan en las
+tabernas y en los presidios, y que la educación esmerada más bien agosta
+y comprime que desenvuelve tan excelentes facultades. Quien piensa así
+es lo contrario de progresista, ya que debe entender que nada conduce
+mejor a la virtud que retroceder al estado selvático. Tu padre, con su
+zapatería, hubiera entonces contribuido no poco a la corrupción humana,
+porque los hombres calzados deben de ser mil veces más perversos que los
+descalzos. Pero no quiero aturrullarme. Ya no sé lo que te digo.
+Discursos, pues, a un lado. Y así, en vez de abrir los oídos para oírme,
+abre bien los ojos para ver lo que ocurra en la tertulia que voy a tener
+aquí, echando una cana al aire y renovando esta noche, por
+extraordinario, mis retozonas costumbres de otros días.</p>
+
+<p>Doña Ramona, hermana del alcalde y viuda como él, fue la primera que se
+presentó en la sala. Tres años hacía que había muerto su esposo el
+pellejero, pero la fabricación, la recomposición y el despacho de
+corambres, seguían más florecientes que nunca, si bien, en aquellos
+últimos meses, había surgido y continuaba una crisis en los asuntos de
+doña Ramona. Currito el Guapo, su más aventajado oficial, hábil como
+nadie en remendar y zurzir cueros y sobre todo en poner botanas, se
+había despedido de casa de la maestra, y se había lanzado en la vida
+heroica del jaque, buscando aventuras y aterrando a toda la gente
+pacífica de la población. Naturalmente la pellejería de doña Ramona, se
+resentía ya y empezaba a perder crédito y marchantes con la retirada de
+Currito.</p>
+
+<p>Las malas lenguas del lugar daban por causa de esta retirada el sobrado
+empeño de Currito en vigilar y celar a doña Ramona, aislándola de todo
+pretendiente, y el amor de ésta a la libertad y su indómito
+aborrecimiento a todo linaje de tutela. Currito salió, pues, de su casa,
+como de estampía; y, según hemos visto, se puso a ejercer su misión
+avasalladora y morigeradora de mujeres, en defensa y custodia de su
+hermana la estanquera y del resplandeciente Sol de Tarifa, de quien
+estaba o aparentaba estar enamorado. Se sonaba, no obstante, en el lugar
+que el verdadero objeto del amor de Currito era la maestra doña Ramona,
+la cual no había cumplido aún cuarenta años, estaba colorada y sana, y
+por los bríos y robustez de sus frescas y apretadas carnes era una
+bendición de Dios y daba gloria verla. Recelaba la gente que los amores
+de Currito, por el Sol de Tarifa, eran fingidos o por lo menos fruto de
+anterior despecho amoroso y que estos amores ponían la mira, más o menos
+conscientemente, en dar picón a doña Ramona.</p>
+
+<p>La segunda persona que acudió a la tertulia fue el ciego organista, D.
+Antonio, a par que gran músico y maestro en el órgano, hábil tocador de
+guitarra, así rasgueando como de punteo.</p>
+
+<p>El Sol de Tarifa entró poco después en la sala, seguida de la tía Pepa.
+Y vinieron por último, y según vulgarmente se dice, con este melón se
+llenó el serón, Currito el Guapo, acompañado de Rosita la estanquera, su
+linda hermana.</p>
+
+<p>No había ni vinieron más convidados, porque el alcalde quiso que su
+tertulia fuese aquella noche de lo más íntimo, selecto y <i>cremoso</i> que
+en el lugar podía imaginarse. La sala, sin embargo, resplandecía como un
+ascua de oro, porque estaba iluminada con tres magníficos velones de
+Lucena de a cuatro mecheros cada uno y con algunas velas de cera que
+ardían en los candeleros de media docena de hermosas cornucopias,
+colgadas en las paredes sobre el rojo damasco que las tapizaba.</p>
+
+<p>El maestro Raimundico sabía vivir y vivía con todo el boato y la pompa
+que conviene a un señor lugareño. Y ya se presentía por ciertos indicios
+y hasta se olfateaba y casi se mascaba, merced al grato tufillo y a los
+vapores crasos que al través de pasadizos llegaban desde la cocina a la
+sala, que aquella noche iba a haber allí pavo en arrope, y no sólo
+<i>refrescanda</i>, sino <i>papandina</i> también, y de lo más delicado y costoso.</p>
+
+
+<p class="head">IV</p>
+
+<p>El maestro Raimundico había leído no pocos periódicos y algunos libros,
+iniciándose en varias ciencias morales y políticas, y sobre todo en una
+novísima, que las comprende casi todas, y que se llama Sociología. Mas
+no por eso presumía de orador, de sabio o de hombre de consejos. Su
+orgullo se cifraba en ser hombre de acción y completamente práctico. No
+aseguraré yo que él hubiese leído los <i>Ensayos</i> de Lord Macaulay, aunque
+me parece que hay de ellos versión castellana; pero, si no los había
+leído, su mérito era mayor, pues coincidía con el positivista noble Lord
+en uno de sus más singulares pensamientos. Séneca había compuesto un
+elocuentísimo discurso contra la ira, lo cual de nada sirvió, ya que no
+se sabe de sujeto alguno que haya dejado de ponerse iracundo y de hacer
+mil barbaridades, convencido y corregido por los razonamientos de
+Séneca. Y como no se sabe que nadie haya ido con zapatos sin que los
+haya hecho algún zapatero, así el Lord como el maestro Raimundico
+inferían, con juiciosa dialéctica, que es más útil que Séneca, en toda
+sociedad humana, el más humilde de los zapateros. El maestro Raimundico,
+por consiguiente, como era o había sido zapatero y como nunca había sido
+humilde, se estimaba en mucho más que Séneca, sobre todo en lo tocante a
+utilidad y arte de la vida.</p>
+
+<p>Despreciaba o aparentaba despreciar la oratoria; pero, sin darse cuenta
+de ello, y dejándose arrebatar de sus convicciones, echaba amenudo
+discursos, si bien, más que floridos, enérgicos y breves.</p>
+
+<p>Veamos ahora lo que dijo a Currito el Guapo, hallándose presentes las
+demás personas que hemos enumerado:</p>
+
+<p>&mdash;Tu modo de proceder, amigo Currito, me tiene ya harto, y como soy
+alcalde no he de consentir que siga. Nadie te ha dado el encargo de
+vigilar y de celar a las muchachas y de hacer el papel, navaja en mano,
+de Catón censorino. Ya sabes tú que yo pertenezco al partido liberal,
+que gusta ahora de la autonomía y la concede a varias provincias de
+Ultramar. Considera, pues, si no quieres enojarme, a tu hermana Rosita y
+a mi señora doña Marcela, y déjalas autónomas, o sea en completa
+libertad de hacer cuanto se les antoje. Sólo así y no por violencia,
+miedo o tutela constante, tendrá verdadero mérito que resplandezcan en
+ellas la entereza y la persistencia con que mantienen su inmaculada
+virtud, defendiéndola de todos los ataques y asechanzas de los galanes
+seductores. Si ellas quieren de verdad que no entre en sus dominios
+contrabando ni matute, no es menester que tú asustes ni que mates a los
+contrabandistas y matuteros. Y si ellas quieren contrabando o matute le
+habrá aunque mates a docenas a los matuteros y contrabandistas. No puede
+ser el guardar a una mujer: ha dicho no sé qué sabio, y con sobrada
+razón a lo que entiendo. En suma, aunque el sabio no tuviera razón ni yo
+tampoco, yo tengo aquí la autoridad y la fuerza, que para el caso
+importan más que la razón, y te declaro que si continúas amedrentando a
+la gente, a mí no me amedrentas, y te empapelo, y si me empeño te envío
+a Ceuta o a Melilla para que allí luzcas tu valor matando moros. Si eres
+tan animoso, ¿por qué no te vas a Cuba o a Filipinas a espantar y a
+vencer a los rebeldes en vez de espantar al pacífico vecindario que yo
+gobierno ahora?</p>
+
+<p>&mdash;Yo, maestro, me hallo bien en este lugar, y maldita la gana que tengo
+de ir a Cuba o a Filipinas. Con que así no me amenace usted, que ya
+procuraré enmendarme. De todos mis furores tiene la culpa la penilla
+negra, y de la penilla negra que hay en mi corazón, bien me sé yo quien
+tiene la culpa.</p>
+
+<p>Aquí intervino doña Ramona y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Ea, hermano, déjate de sermones que aquí no hemos venido a sermonear
+sino a divertirnos. Ya se enmendará Curro y se pondrá más suave que un
+guante. D. Antonio, rasguee usted esa guitarra y que bailen el fandango
+estas niñas. Currito tiene buena voz y mejor estilo y cantará las
+coplas.</p>
+
+<p>No fue menester decir más. El organista tocó un fandango estrepitoso.</p>
+
+<p>Doña Marcela y Rosita bailaron con gracia y primor, repiqueteando las
+castañuelas.</p>
+
+<p>El maestro Raimundico, la tía Pepa y doña Ramona batieron palmas. Fue
+tal el estruendo que armaron que no parecía que hubiese allí siete sino
+setecientas personas.</p>
+
+<p>Cuando las palmas y las castañuelas cesaron y sólo sonó la guitarra,
+Currito cantó con voz sentimental y suave la copla siguiente:</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;">Atame con un cabello</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">a los palos de tu cama,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y aunque el cabello se rompa</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">no hay miedo que yo me vaya.</span><br />
+</p>
+
+<p>Mostró Currito al cantar inspiración tan amorosa y miró con ojos tan de
+carnero a medio morir a doña Ramona, que estaba sentada cerca de él, que
+doña Ramona no acertó a dominarse por más tiempo; sintió que se derretía
+y hasta que se evaporaba el hielo de sus desdenes; y, desechando sus
+propósitos de resistencia y echando a rodar hasta cierto punto su
+señoril o <i>magistral</i> recato, dijo dirigiéndose a Currito:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, hombre, si al fin ha de ser, no quiero molerte más. Mejor es
+vergüenza en rostro que mancilla en corazón. No te ataré con un cabello,
+pero voy a atarte con este hilo, de la lana con que, sin que tú lo
+supieses, te estaba haciendo calcetines y pensando en ti, ¡ingratón,
+prófugo, arrastrado!</p>
+
+<p>Doña Ramona sacó entonces de la faltriquera de su delantal un enorme
+ovillo de lana parda, que allí tenía, desenvolvió un par de metros, hizo
+un lazo corredizo y se le echó a Currito cogiéndole por el pescuezo y
+teniéndole por el otro extremo a modo de brida.</p>
+
+<p>Aplaudieron todos que al fin se hubiera humanado la maestra y
+aplaudieron más aún que, en virtud de nuevas declaraciones y promesas de
+Currito, se reconociese y se proclamase allí la autonomía de Rosita y de
+doña Marcela. Para solemnizarla, ambas niñas bailaron unas sevillanas
+con notable garbo y maestría.</p>
+
+<p>Tres doncellas, de la servidumbre del maestro Raimundico, las tres muy
+aseadas y graciosas, sirvieron luego la cena en el comedor contiguo.</p>
+
+<p>En Villalegre se vive aún a la antigua usanza. Todos los vecinos
+acomodados comían la sopa y el puchero a las dos de la tarde. No se ha
+de extrañar, por consiguiente, que los asistentes en la tertulia
+tuviesen voraz apetito a eso de las once de la noche en que se sirvió la
+cena.</p>
+
+<p>En ella hubo lomo de cerdo en adobo, conservado en manteca, semejante a
+líquidos rubíes por el color rojo que le prestaba el aliño. Hubo también
+pavo asado y boquerones; exquisito vino de los Moriles; y, para postres,
+frutas y piñonate. Por último, como apéndice y complemento de festín tan
+opíparo, chocolate con hojaldres, mostachones y bizcotelas.</p>
+
+<p>El festín fue todavía más regocijado y alegre que suculento,
+prolongándose hasta las dos de la madrugada.</p>
+
+<p>Como despedida, quiso el maestro Raimundico poner el sello y dar la
+conveniente firmeza a lo que allí se había concertado. Impuso silencio y
+habló de esta suerte:</p>
+
+<p>&mdash;Yo tengo en Chinchón un excelente amigo, llamado D. Arturo González,
+el cual es tan profundo sociólogo como hábil fabricante o cosechero de
+aguardiente de anís doble. De este producto suyo me ha enviado algunas
+botellas, en cuyo marbete, que hoy se llama <i>etiqueta</i>, se lee con
+asombro: <i>Espíritu-Sociológico o líquido altruista</i>. Yo he querido
+competir con mi amigo D. Arturo, y sin robarle su <i>marca registrada</i> he
+hecho aguardiente de anís doble también, que es tan altruista y tiene un
+espíritu tan sociológico como el suyo. Estas muchachas traerán en
+sendas bandejas copas y aguardiente de Villalegre y de Chinchón. Cada
+uno de nosotros se beberá dos copitas, una de cada clase, dirá cual le
+parece mejor, y brindará luego, así por el futuro consorcio de mi
+hermana y de Currito el Guapo, como por la gloriosa autonomía y plena
+libertad de Rosita y de doña Marcela.</p>
+
+<p>En efecto, trajeron el aguardiente, y cada uno bebió dos copas. Los
+pareceres se dividieron. Hubo quien votó por Chinchón, y hubo quien votó
+por Villalegre: pero, como cada cual bebió por lo menos segunda copa del
+aguardiente que le pareció mejor, el resultado vino a ser que salieron a
+tres o a cuatro copas por barba.</p>
+
+<p>Todo fue luego regocijo y afecto mutuo, y quedó demostrado que ambos
+aguardientes eran altruistas y estaban dotados de igual espíritu
+sociológico.</p>
+
+<p>Entonces el cortesano D. Raimundo, merced a varios evidentes indicios,
+no tardó en convencerse de que la virtud de doña Marcela no era cosa del
+otro jueves, ni con autonomía, ni sin autonomía.</p>
+
+<p>Pocos días después, se volvió D. Raimundo a la corte, convencido ya de
+que los inocentes idilios no son más fáciles que en ella en los más
+rústicos y apartados lugares. En la corte se olvidó pronto de doña
+Marcela, puso la mira en distinguirse como personaje político, logró
+salir diputado, y hay quien asegura que es hombre de gran porvenir, que
+llegará a ser Director General, Embajador o Ministro, y que al cabo el
+Gobierno español, o cuando no el pontificio, le concederá el título de
+Conde de Cartabón o de Hormabella.</p>
+
+<p>Doña Marcela, reconociendo que Villalegre es mezquino recinto para sus
+expansiones y propósitos, se ha ido a Tarifa, su patria, y desde Tarifa
+ha pasado a Gibraltar, cuya reconquista tal vez haga. Lo cierto es que
+así como a los Escipiones y a otros héroes de la antigua Roma, los
+apellidaron el Africano, el Numantino, el Británico y el Germánico,
+según la ciudad de que se habían apoderado o según la nación que habían
+subyugado, a ella, sin dejar de ser nunca el Sol de Tarifa, la apellidan
+la Gibraltareña, y como tal es famosa y celebrada en las cinco partes
+del mundo.</p>
+
+<p>Rosita se ha distinguido y ha prosperado menos desde que es autónoma;
+pero tampoco se duerme en las pajas. Sigue con el estanco, y por
+comprarle tabaco, hasta los que antes no fumaban, ya fuman, y la
+Tabacalera hace en Villalegre doble o triple negocio. Por comprarle
+sellos de correo no hay villalegrino que no escriba hoy más cartas de
+las que solía escribir. Y por último, Rosita vende tanto papel sellado
+que es una maravilla. Para explicarla racionalmente, hay quien da por
+seguro que ella no recibe ni acepta declaración alguna amorosa si no
+viene escrita en folios de a peseta.</p>
+
+<p>Entretanto doña Ramona y Currito, convertido ya en maestro, son cada día
+más venturosos y prosperan mucho haciendo y vendiendo corambres. No
+sabemos cómo se las compone Currito, pero es el caso que nunca sabe a
+pez el vino que se echa en sus odres; que hace botas lindísimas; y que
+también construye otra clase de cueros muy apropósito para llevar en
+ellos aceite a las Alpujarras, porque los <i>mangurrinos</i>, que así llaman
+en Villalegre a los alpujarreños, no producen aceite. En cambio producen
+miel de caña o de prima, de la cual miel llenan los arrieros los odres
+en que llevaron el aceite, y la traen a la provincia de Córdoba. Esta
+miel hace las delicias de las golosas lugareñas cordobesas, que la sacan
+del plato a pulso empapando en ella pedacitos de pan, y luciendo así las
+lindas manos con los deditos engarabitados en forma de cresta de gallo.</p>
+
+<p>No acierto a decidir qué lección moral pueda sacarse, ni qué tesis pueda
+probarse, en vista de los sucesos que he referido. Diré, pues,
+sencillamente, que cada cual saque la lección moral o pruebe la tesis
+que se le antoje, o no saque lección moral ni pruebe tesis alguna, con
+tal de que no se fastidie demasiado leyéndome.</p>
+
+
+<div class="imagen"><a name="DOS_CUENTOS_JAPONESES" id="DOS_CUENTOS_JAPONESES"></a><img src="images/ill_013.png"
+width="95%"
+alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div>
+
+<h2>DOS CUENTOS JAPONESES</h2>
+
+<hr class="pre" />
+
+<p>M<span class="smcap">i</span> cuñado el Excmo. Sr. D. José Delavat, siendo Ministro de España en el
+Japón, tuvo la buena idea de enviarme de allí, por el correo, un lindo y
+curioso presente. Consiste en doce tomitos, impresos en un papel tan
+raro, que más parece tela que papel, y con multitud de preciosas
+pinturas intercaladas en el texto. Lo pintado es mucho más que lo
+escrito, y está pintado con grande originalidad y gracia.</p>
+
+<p>Si lo escrito estuviese en japonés, yo me quedaría con la gana de
+entenderlo, porque no sé palabra de la lengua o lenguas que se hablan o
+escriben en el Japón. Sólo sé que los japoneses tienen muchos libros, y
+que algunos de ellos, novelas sobre todo, están ya traducidos en varias
+lenguas europeas, y particularmente en inglés, francés y alemán. Por
+dicha, los doce tomitos o cuadernitos que poseo, aunque impresos y
+pintados en Tokio, están en lengua inglesa, y son cuentos para niños, a
+fin de que los niños del Japón aprendan el inglés. Parece que estos
+cuentos, enteramente populares, están tomados palabra por palabra de
+boca de las niñeras japonesas; y debe de ser así porque la candidez de
+la narración lo deja ver a las claras.</p>
+
+<p>Me han agradado tanto estos cuentos que no sé resistirme a la tentación
+de poner un par de ellos en castellano. Elijo los dos que me parecen más
+interesantes: uno porque se diferencia mucho de casi todos los cuentos
+vulgares europeos; y otro por lo mucho que se asemeja a ciertas leyendas
+cristianas; como la de San Amaro, la de otro santo, referida por el
+Padre Arbiol en sus <i>Desengaños místicos</i>, y la que ha puesto en verso
+el poeta americano Longfellow en su <i>Golden Legend</i>. Sin más
+introducción allá van los cuentos.</p>
+
+
+<div class="imagen"><a name="EL_ESPEJO_DE_MATSUYAMA" id="EL_ESPEJO_DE_MATSUYAMA"></a><img src="images/ill_014.png"
+width="95%"
+alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div>
+
+<h2>EL ESPEJO DE MATSUYAMA</h2>
+
+<hr class="pre" />
+
+<p>M<span class="smcap">ucho</span> tiempo ha vivían dos jóvenes esposos en lugar muy apartado y
+rústico. Tenían una hija y ambos la amaban de todo corazón. No diré los
+nombres de marido y mujer, que ya cayeron en olvido, pero diré que el
+sitio en que vivían se llamaba Matsuyama, en la provincia de Echigo.</p>
+
+<p>Hubo de acontecer, cuando la niña era aún muy pequeñita, que el padre se
+vio obligado a ir a la gran ciudad, capital del Imperio. Como era tan
+lejos, ni la madre ni la niña podían acompañarle, y él se fue solo,
+despidiéndose de ellas y prometiendo traerles, a la vuelta, muy lindos
+regalos.</p>
+
+<p>La madre no había ido nunca más allá de la cercana aldea, y así no podía
+desechar cierto temor al considerar que su marido emprendía tan largo
+viaje; pero al mismo tiempo sentía orgullosa satisfacción de que fuese
+él, por todos aquellos contornos, el primer hombre que iba a la rica
+ciudad, donde el rey y los magnates habitaban, y donde había que ver
+tantos primores y maravillas.</p>
+
+<p>En fin, cuando supo la mujer que volvía su marido, vistió a la niña de
+gala, lo mejor que pudo, y ella se vistió un precioso traje azul que
+sabía que a él le gustaba en extremo.</p>
+
+<p>No atino a encarecer el contento de esta buena mujer cuando vio al
+marido volver a casa sano y salvo. La chiquitina daba palmadas y sonreía
+con deleite al ver los juguetes que su padre le trajo. Y él no se
+hartaba de contar las cosas extraordinarias que había visto, durante la
+peregrinación, y en la capital misma.</p>
+
+<p>&mdash;A ti&mdash;dijo a su mujer&mdash;te he traído un objeto de extraño mérito; se
+llama espejo. Mírale y dime qué ves dentro.</p>
+
+<p>Le dio entonces una cajita chata, de madera blanca, donde, cuando la
+abrió ella, encontró un disco de metal. Por un lado era blanco como
+plata mate, con adornos en realce de pájaros y flores, y por el otro,
+brillante y pulido como cristal. Allí miró la joven esposa con placer y
+asombro, porque desde su profundidad vio que la miraba, con labios
+entreabiertos y ojos animados, un rostro que alegre sonreía.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué ves?&mdash;preguntó el marido encantado del pasmo de ella y muy ufano
+de mostrar que había aprendido algo durante su ausencia.</p>
+
+<p>&mdash;Veo a una linda moza, que me mira y que mueve los labios como si
+hablase, y que lleva ¡caso extraño! un vestido azul, exactamente como el
+mío.</p>
+
+<p>&mdash;Tonta, es tu propia cara la que ves;&mdash;le replicó el marido, muy
+satisfecho de saber algo que su mujer no sabía.&mdash;Ese redondel de metal
+se llama espejo. En la ciudad cada persona tiene uno, por más que
+nosotros, aquí en el campo, no los hayamos visto hasta hoy.</p>
+
+<p>Encantada la mujer con el presente, pasó algunos días mirándose a cada
+momento, porque, como ya dije, era la primera vez que había visto un
+espejo, y por consiguiente, la imagen de su linda cara. Consideró, con
+todo, que tan prodigiosa alhaja tenía sobrado precio para usada de
+diario, y la guardó en su cajita y la ocultó con cuidado entre sus más
+estimados tesoros.</p>
+
+<p>Pasaron años, y marido y mujer vivían aun muy dichosos. El hechizo de su
+vida era la niña, que iba creciendo y era el vivo retrato de su madre, y
+tan cariñosa y buena que todos la amaban. Pensando la madre en su propia
+pasajera vanidad, al verse tan bonita, conservó escondido el espejo,
+recelando que su uso pudiera engreír a la niña. Como no hablaba nunca
+del espejo, el padre le olvidó del todo. De esta suerte se crió la
+muchacha tan sencilla y candorosa como había sido su madre, ignorando su
+propia hermosura, y que la reflejaba el espejo.</p>
+
+<p>Pero llegó un día en que sobrevino tremendo infortunio para esta familia
+hasta entonces tan dichosa. La excelente y amorosa madre cayó enferma, y
+aunque la hija la cuidó con tierno afecto y solícito desvelo, se fue
+empeorando cada vez más, hasta que no quedó esperanza, sino la muerte.</p>
+
+<p>Cuando conoció ella que pronto debía abandonar a su marido y a su hija,
+se puso muy triste, afligiéndose por los que dejaba en la tierra y sobre
+todo por la niña.</p>
+
+<p>La llamó, pues, y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Querida hija mía, ya ves que estoy muy enferma y que pronto voy a
+morir y a dejaros solos a ti y a tu amado padre. Cuando yo desaparezca,
+prométeme que mirarás en el espejo, todos los días, al despertar y al
+acostarte. En él me verás y conocerás que estoy siempre velando por ti.</p>
+
+<p>Dichas estas palabras, le mostró el sitio donde estaba oculto el espejo.
+La niña prometió con lágrimas lo que su madre pedía, y ésta, tranquila y
+resignada, expiró a poco.</p>
+
+<p>En adelante, la obediente y virtuosa niña jamás olvidó el precepto
+materno, y cada mañana y cada tarde tomaba el espejo del lugar en que
+estaba oculto, y miraba en él, por largo rato e intensamente. Allí veía
+la cara de su perdida madre, brillante y sonriendo. No estaba pálida y
+enferma como en sus últimos días, sino hermosa y joven. A ella confiaba
+de noche sus disgustos y penas del día, y en ella, al despertar, buscaba
+aliento y cariño para cumplir con sus deberes.</p>
+
+<p>De esta manera vivió la niña, como vigilada por su madre, procurando
+complacerla en todo como cuando vivía, y cuidando siempre de no hacer
+cosa alguna que pudiera afligirla o enojarla. Su más puro contento era
+mirar en el espejo y poder decir:</p>
+
+<p>&mdash;Madre, hoy he sido como tú quieres que yo sea.</p>
+
+<p>Advirtió el padre, al cabo, que la niña miraba sin falta en el espejo,
+cada mañana y cada noche, y parecía que conversaba con él. Entonces le
+preguntó la causa de tan extraña conducta.</p>
+
+<p>La niña contestó:</p>
+
+<p>&mdash;Padre, yo miro todos los días en el espejo para ver a mi querida madre
+y hablar con ella.</p>
+
+<p>Le refirió además el deseo de su madre moribunda y que ella nunca había
+dejado de cumplirle.</p>
+
+<p>Enternecido por tanta sencillez y tan fiel y amorosa obediencia, vertió
+él lágrimas de piedad y de afecto, y nunca tuvo corazón para descubrir a
+su hija que la imagen que veía en el espejo era el trasunto de su propia
+dulce figura, que el poderoso y blando lazo del amor filial hacía cada
+vez más semejante a la de su difunta madre.</p>
+
+
+<div class="imagen"><a name="EL_PESCADORCITO_URASHIMA" id="EL_PESCADORCITO_URASHIMA"></a><img src="images/ill_016.png"
+width="95%"
+alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div>
+
+
+
+<h2>EL PESCADORCITO URASHIMA</h2>
+
+<hr class="pre" />
+
+<p>V<span class="smcap">ivía</span> muchísimo tiempo hace, en la costa del mar del Japón, un
+pescadorcito llamado Urashima, amable muchacho, y muy listo con la caña
+y el anzuelo.</p>
+
+<p>Cierto día salió a pescar en su barca; pero en vez de coger un pez, ¿qué
+piensas que cogió? Pues bien, cogió una grande tortuga con una concha
+muy recia y una cara vieja, arrugada y fea, y un rabillo muy raro. Bueno
+será que sepas una cosa, que sin duda no sabes, y es que las tortugas
+viven mil años: al menos las japonesas los viven.</p>
+
+<p>Urashima, que no lo ignoraba, dijo para sí:</p>
+
+<p>&mdash;Un pez me sabrá tan bien para la comida y quizás mejor que la tortuga.
+¿Para qué he de matar a este pobrecito animal y privarle de que viva aún
+novecientos noventa y nueve años? No, no quiero ser tan cruel. Seguro
+estoy de que mi madre aprobará lo que hago.</p>
+
+<p>Y en efecto, echó la tortuga de nuevo en la mar.</p>
+
+<p>Poco después aconteció que Urashima se quedó dormido en su barca. Era
+tiempo muy caluroso de verano, cuando casi nadie se resiste al medio día
+a echar una siesta.</p>
+
+<p>Apenas se durmió, salió del seno de las olas una hermosa dama que entró
+en la barca y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Yo soy la hija del dios del mar y vivo con mi padre en el Palacio del
+Dragón, allende los mares. No fue tortuga la que pescaste poco ha, y tan
+generosamente pusiste de nuevo en el agua en vez de matarla. Era yo
+misma, enviada por mi padre, el dios del mar, para ver si tú eras bueno
+o malo. Ahora, como ya sabemos que eres bueno, un excelente muchacho,
+que repugna toda crueldad, he venido para llevarte conmigo. Si quieres,
+nos casaremos y viviremos felizmente juntos, más de mil años, en el
+Palacio del Dragón, allende los mares azules.</p>
+
+<p>Tomó entonces Urashima un remo y la Princesa marina otro; y remaron,
+remaron, hasta arribar por último al Palacio del Dragón, donde el dios
+de la mar vivía e imperaba, como rey, sobre todos los dragones, tortugas
+y peces. ¡Oh que sitio tan ameno era aquel! Los muros del Palacio eran
+de coral; los árboles tenían esmeraldas por hojas, y rubíes por fruta;
+las escamas de los peces eran plata, y las colas de los dragones, oro.
+Piensa en todo lo más bonito, primoroso y luciente que viste en tu vida,
+ponlo junto, y tal vez concebirás entonces lo que el Palacio parecía. Y
+todo ello pertenecía a Urashima. Y ¿cómo no, si era el yerno del dios
+de la mar y el marido de la adorable Princesa?</p>
+
+<p>Allí vivieron dichosos más de tres años, paseando todos los días por
+entre aquellos árboles con hojas de esmeraldas y frutas de rubíes.</p>
+
+<p>Pero una mañana dijo Urashima a su mujer:</p>
+
+<p>&mdash;Muy contento y satisfecho estoy aquí. Necesito, no obstante, volver a
+mi casa y ver a mi padre, a mi madre, a mis hermanos y a mis hermanas.
+Déjame ir por poco tiempo y pronto volveré.</p>
+
+<p>&mdash;No gusto de que te vayas, contestó ella. Mucho temo que te suceda algo
+terrible: pero vete, pues así lo deseas y no se puede evitar. Toma, con
+todo, esta caja, y cuida mucho de no abrirla. Si la abres, no lograrás
+nunca volver a verme.</p>
+
+<p>Prometió Urashima tener mucho cuidado con la caja y no abrirla por nada
+del mundo. Luego entró en su barca, navegó mucho, y al fin desembarcó en
+la costa de su país natal.</p>
+
+<p>Pero ¿qué había ocurrido durante su ausencia? ¿Dónde estaba la choza de
+su padre? ¿Qué había sido de la aldea en que solía vivir? Las montañas,
+por cierto, estaban allí como antes: pero los árboles habían sido
+cortados. El arroyuelo, que corría junto a la choza de su padre, seguía
+corriendo: pero ya no iban allí mujeres a lavar la ropa como antes.
+Portentoso era que todo hubiese cambiado de tal suerte en sólo tres
+años.</p>
+
+<p>Acertó entonces a pasar un hombre por allí cerca y Urashima le
+preguntó:</p>
+
+<p>&mdash;¿Puedes decirme, te ruego, donde está la choza de Urashima, que se
+hallaba aquí antes?</p>
+
+<p>El hombre contestó:</p>
+
+<p>&mdash;¿Urashima? ¿cómo preguntas por él, si hace cuatrocientos años que
+desapareció pescando? Su padre, su madre, sus hermanos, los nietos de
+sus hermanos, ha siglos que murieron. Esa es una historia muy antigua.
+Loco debes de estar cuando buscas aún la tal choza. Hace centenares de
+años que era escombros.</p>
+
+<p>De súbito acudió a la mente de Urashima la idea de que el Palacio del
+Dragón, allende los mares, con sus muros de coral y su fruta de rubíes,
+y sus dragones con colas de oro, había de ser parte del país de las
+hadas, donde un día es más largo que un año en este mundo, y que sus
+tres años, en compañía de la Princesa, habían sido cuatrocientos. De
+nada le valía, pues, permanecer ya en su tierra, donde todos sus
+parientes y amigos habían muerto, y donde hasta su propia aldea había
+desaparecido.</p>
+
+<p>Con gran precipitación y atolondramiento pensó entonces Urashima en
+volverse con su mujer, allende los mares. Pero ¿cuál era el rumbo que
+debía seguir? ¿quién se le marcaría?</p>
+
+<p>&mdash;Tal vez, caviló él, si abro la caja que ella me dio, descubra el
+secreto y el camino que busco.</p>
+
+<p>Así desobedeció las órdenes que le había dado la Princesa, o bien no las
+recordó en aquel momento, por lo trastornado que estaba.</p>
+
+<p>Como quiera que fuese, Urashima abrió la caja. Y ¿qué piensas que salió
+de allí? Salió una nube blanca que se fue flotando sobre la mar.
+Gritaba él en balde a la nube que se parase. Entonces recordó con
+tristeza lo que su mujer le había dicho de que, después de haber abierto
+la caja, no habría ya medio de que volviese él al Palacio del dios de la
+mar.</p>
+
+<p>Pronto ya no pudo Urashima ni gritar, ni correr, hacia la playa, en pos
+de la nube.</p>
+
+<p>De repente, sus cabellos se pusieron blancos como la nieve, su rostro se
+cubrió de arrugas, y sus espaldas se encorvaron como las de un hombre
+decrépito. Después le faltó el aliento. Y al fin cayó muerto en la
+playa.</p>
+
+<p>¡Pobre Urashima! Murió por atolondrado y desobediente. Si hubiera hecho
+lo que le mandó la Princesa, hubiese vivido aún más de mil años.</p>
+
+<p>Dime: ¿no te agradaría ir a ver el Palacio del Dragón, allende los
+mares, donde el dios vive y reina como soberano sobre dragones, tortugas
+y peces, donde los árboles tienen esmeraldas por hojas y rubíes por
+fruta, y donde las escamas son plata y las colas oro?</p>
+
+
+<div class="imagen"><a name="ESTRAGOS_DE_AMOR_Y_CELOS" id="ESTRAGOS_DE_AMOR_Y_CELOS"></a><img src="images/ill_016.png"
+width="95%"
+alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div>
+
+<h2>ESTRAGOS DE AMOR Y CELOS</h2>
+
+<hr class="pre" />
+
+<p class="head">DRAMA TRÁGICO</p>
+
+
+<p>E<span class="smcap">ste</span> drama, tan excesivamente trágico, carece de todo valer literario,
+pero se publica aquí para satisfacer la curiosidad de no pocas personas
+que deseaban verle cuando se representó y no lo consiguieron a causa de
+la pequeñez del salón que sirvió de teatro. El autor compuso el drama a
+petición de la graciosa y discreta señorita doña María de Valenzuela,
+que prescribió determinadas condiciones a las que debía sujetarse la
+obra. El drama no había de durar más de catorce o quince minutos, la
+acción había de ser tan tremenda como rápida, y, salvo los comparsas y
+personajes mudos, sólo habían de figurar en él seis interlocutores, tres
+varones y tres hembras, todos los cuales habían de morir de desastrada y
+violenta muerte en la misma escena. Tan espantoso desenlace no había de
+tener por causa ni peste, ni hambre, ni fuego del cielo, ni ningún otro
+medio sobrenatural, sino que todo había de ocurrir sencillamente por
+efecto del truculento frenesí que el amor y los celos producen en el
+alma de una mujer apasionada. Yo creo haber cumplido con las condiciones
+que la mencionada señorita me impuso y de ello estoy orgulloso.
+Reconozco, no obstante, que mi drama no hubiera sido tan aplaudido y
+celebrado a no ser por el mérito de los actores y de las actrices que me
+hicieron la honra de representarle. Fueron éstos la simpática señora
+doña Rosario Conde y Luque de Rascón, las dos señoritas doña María y
+doña Isabel de Valenzuela y los Sres. D. Alfonso Danvila, D. Javier de
+la Pezuela y D. Silvio Vallín. A ellos, y no a la menguada y pobre
+inspiración del poeta, se debe el éxito pasmoso que obtuvo el drama, en
+el precioso teatro que el Sr. D. Fernando Bauer improvisó en su casa, y
+cuya magnífica decoración mudéjar pintó lindamente el Sr. Conde del Real
+Aprecio. Debo añadir aquí que no se prescindió de medio alguno, ni se
+excusó diligencia para procurar que los trajes y la pompa y aparato
+escénicos correspondiesen y hasta realzasen la grandeza y solemne
+majestad del argumento. Despojada ahora mi producción de todos los
+primores que entonces le prestaron valer, será muy difícil que agrade.
+Yo, sin embargo, me atrevo a insertarla aquí, confiado en la indulgencia
+del público y para complacer a varios amigos y conocidos míos que desean
+tenerla en letra de molde.</p>
+
+
+
+
+<h2>ACTO ÚNICO</h2>
+
+<hr class="pre" />
+
+<p class="hang">Magnífico vestíbulo del Castillo. Gran puerta en el fondo. Puertas
+laterales. Es de noche. Ruge la tempestad. Obscuridad profunda,
+iluminada a veces por relámpagos vivísimos. Mucho trueno.</p>
+
+
+<p class="escena">ESCENA PRIMERA</p>
+
+<p class="c">Entra <i>D.ª Brianda</i> vestida con traje de mediados del siglo <span class="smcap">xv</span>, y con un
+candil en la mano.</p>
+
+<p class="drama">
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Ay que noche, Dios mío!</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Siento a veces calor y a veces frío.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Truena y relampaguea,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y con furor tan bárbaro graniza</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">que el cabello en la frente se me eriza,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y tengo el corazón hecho jalea.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y eso que soy valiente cual ninguna:</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">bien lo conoce D. Ramón, mi hermano,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">que me abandona en noche tan fatal</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y sale, confiado en su fortuna,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">con todo el escuadrón fuerte y lozano</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">que manda y rige cual señor feudal.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Lo que piensan hacer es un misterio,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">pero debe de ser lance muy serio.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">A media legua de esta casa fuerte</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">está ya el reino moro de Granada,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">donde estragos y muerte</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">van a llevar entrando en algarada.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Mas bien puede en el ínterin venir</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">a este castillo el moro,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y darme que sentir,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y hasta faltar un poco a mi decoro.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Grandes son mis recelos!</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Dan fuertes aldabonazos a la puerta de entrada.)</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Qué horror! ¿Quién llamará? ¡Divinos cielos!</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Suena desde fuera una voz.)</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;"><i>Voz.</i></span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Ah del castillo! ¡Hola!</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Que se ha acercado a la puerta y ha mirado por el agujero de</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">la llave.)</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Voz de mujer parece y está sola.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Vuelve a mirar por el agujero.)</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Mas no, que un negro bulto la acompaña.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¿Quién es?</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;"><i>Voz de fuera</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Ábreme!</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Cielos! ¿Qué maraña</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">es aquesta? ¿qué voz ora me saca</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">el corazón de quicio?</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">o he perdido el juicio,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">o esta es la propia voz de doña Urraca.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Urraca</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Yo soy. Abre, Brianda.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Entra. Ya estoy como la cera blanda.</span><br />
+<br />
+</p>
+<p class="escena">ESCENA II</p>
+
+<p class="drama">
+<span style="margin-left: 0em;">Dicha. <i>Doña Urraca</i> y el moro <i>Tarfe</i> embozado en su capa hasta los
+ojos.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¿Tú por aquí a horas tales?</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¿Qué sucesos fatales</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">te hacen vagar en tan horrible noche,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">sin pajes, sin caballos y sin coche</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">por esos andurriales?</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Urraca</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Decirlo todo quiero,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">mas tu favor y tu indulgencia pido.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Es mi padre, D. Suero,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">el padre más ruin y cicatero</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">que en el mundo ha nacido.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Por no dar dote no me da marido.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Para empapar dinero,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">mas no para soltarle, es una esponja;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y en lugar de buscarme un buen partido,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">se empeña cruel en que me meta monja.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Yo al vendaval de mi pasión amante</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">me doy sobreexcitada a todo trapo,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y con un novio tierno y arrogante</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">de la casa paterna al fin me escapo.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Con él huyendo voy a morería,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">pero la tempestad nos extravía.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">El bagaje, una tropa</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">de malhechores nos robó en la vía.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">De mi amigo el valor me ha libertado,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">mas hasta aquí con pena hemos llegado</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">cada cual con la lluvia hecho una sopa</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y en lastimoso estado.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¿Y quién, oh mi señora,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">es el tal novio con que vas ahora?</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Urraca</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Es Tarfe, un mahometano,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">mas me promete que se hará cristiano.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Entonces menos mal.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">(El moro se desemboza. Doña Brianda le acerca el candil y le</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">mira con detención.)</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Es muy buen mozo!</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Urraca</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Ya lo creo.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Yo aplaudo tu alborozo.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Suenan clarines y se oyen muchas voces.)</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Ay Dios de los ejércitos! ya llega</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">mi fiero hermano de la atroz refriega.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Él considerará grave delito</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">fugarse con un moro, e infelices</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">seréis los dos, si os coge en el garlito.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Le cortará a tu moro las narices,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y a ti te mandará bien escoltada</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">de tu padre D. Suero a la morada.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Urraca</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Pues escóndenos pronto, cara amiga.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Venid a un escondite.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Urraca</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Puede que así se evite</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">el presentido mal que me atosiga.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Queda por un momento la escena vacía. Vuelve a poco doña Brianda y abre</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">de nuevo la puerta principal. La trompetería ha sonado más cerca. Entra</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">D. Ramón con toda su hueste, armada de brillantes armas, y dos personas</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">cubiertas de negros capuces. Algunos de la comitiva traen antorchas o</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">candelabros, que colocados en lugar conveniente iluminan la escena.)</span><br />
+<br />
+</p>
+<p class="escena">ESCENA III</p>
+
+<p class="drama">
+<span style="margin-left: 0em;"><i>Doña Brianda</i>, <i>D. Ramón</i>, la hueste y los encubiertos.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Ya estás en salvo en mi casa.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Valientemente reñías</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">cuando acudí con mi hueste</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y rechacé a la morisma,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">haciendo tremendo estrago</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">en sus apretadas filas.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Sin descubrirse.)</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Mucha gratitud te debo. Sin ti perdiera la vida.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Descúbrete y di quién eres.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">A estar oculto me obliga</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">la prudencia, mas a solas</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">te descubriré en seguida</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">quién soy y de dónde vengo.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Despide a tu comitiva.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Despejad!</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Vanse todos los guerreros y solo quedan los dos de los capuces y doña</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Brianda.)</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Aún queda alguien.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Esta es mi hermana querida.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Pues aunque sea tu hermana</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">haz que se vaya.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Hermanita</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">lárgate.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Me largaré.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Ap.) ¡qué sospecha, suerte impía!</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Qué fatal presentimiento</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">en mi corazón se agita!</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">La voz del encapuchado,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">la de D. Tristán imita.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¿Será D. Tristán acaso?</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Yo me quedaré escondida</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">atisbando y escuchando</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">para descubrir la intriga. (Vase.)</span><br />
+</p>
+<p class="escena">ESCENA IV</p>
+
+<p class="drama">
+<span style="margin-left: 0em;"><i>Don Tristán</i>, <i>D. Ramón</i> y <i>Zulema</i>. <i>Doña Brianda</i> entre bastidores<br />
+atisbando lo que pasa y asomando de vez en cuando la cabeza.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Solos ya, satisface mi deseo:</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">desembózate.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Mira!</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Ay, Dios! ¡qué veo!</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Don Tristán eres tú, mi amigo caro.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¿Por qué caso tan raro</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">te encontré solo en la tremenda lid,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">más valiente que el Cid,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">entre fieros paganos?</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Yo me volvía a tierra de cristianos</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">después de estar en la imperial Granada,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">de donde traigo a esta mujer robada.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Es mi dicha suprema,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">es mi esposa, es mi bien,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">es la hermosa Zulema,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">hija mayor del rey Muley Hacen.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Contempla su hermosura.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Don Tristán se dirige a Zulema, le quita el negro capuz y ella aparece</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">deslumbradora, con rico traje oriental, todo cuajado de oro y de piedras</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">preciosas.)</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Mirando a Zulema y como en éxtasis.)</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Un sol en el zenit se me figura!</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¿qué vas a hacer con tan sin par doncella?</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Me casaré con ella</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">cuando esté en mi lugar y busque al cura,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">que de antemano le dará el bautismo:</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Ya una esclava católica</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">le enseñó el catecismo.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Ella está melancólica</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">porque deja a su padre y a su grey</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">en la maldita ley</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">del Profeta Mahoma,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">que sin fallar los llevará al infierno.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Harto pesada broma</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">das tú entretanto al rey</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">con hacerte su yerno.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Déjate de discursos y razones.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Me callo, pues. Di tú lo que dispones.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Aquí pernoctar quiero</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">hasta que raye el matinal lucero.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Entonces prosiguiendo en mi camino</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">me volveré al castillo de D. Suero,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">mi padre muy amado,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">conduciendo a mi dueño idolatrado</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">sobre las ancas de mi fiel rocino.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Zulema</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Ah! sí, vámonos pronto, D. Tristán.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Temo que aún nos ocurra algún desmán.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">No tema Vuestra Alteza,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">que está segura en esta fortaleza.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Venid, pues, al mejor de mis salones</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">a descansar del hórrido combate,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y a lavaros también.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Después os servirán el chocolate,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">con bollos de manteca, mojicones,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">buñuelos y otras frutas de sartén. (Vanse.)</span><br />
+</p>
+<p class="escena">ESCENA V</p>
+
+<p class="drama">
+<span style="margin-left: 0em;"><i>Doña Brianda</i> sola.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Malvado! ¡traidor, infiel!</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Por esa perversa mora</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">me deja quien me enamora</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">en abandono cruel.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Palabra de casamiento</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">me dio el impío hace un año.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Espantoso desengaño!</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Todo se lo lleva el viento!</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Pero no; ruda venganza</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">tomaré de ese salvaje.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Daré a la mora un brevaje</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">que le destroce la panza</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y la vida le arrebate.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Mi criada, que es ladina,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">esta esencia de estricnina</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">verterá en su chocolate.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Enseña un pomo que tiene en la mano y se va por donde ha entrado.)</span><br />
+</p>
+<p class="escena">ESCENA VI</p>
+
+<p class="drama">
+<span style="margin-left: 0em;">Sale <i>D. Ramón</i> por el lado opuesto, después de haber dejado lavándose a</span><br />
+sus dos huéspedes.<br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Meditando.)</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Confieso que me escama</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">el empeño que tiene D. Tristán</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">de ocultar a mi hermana que el galán</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">es él, en esta novelesca trama.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Catástrofes barrunto;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">pero será mejor no cavilar.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">A mis huéspedes quiero agasajar.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Haré que lleven chocolate al punto.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Vase por el otro lado. Queda un momento la escena vacía.)</span><br />
+</p>
+<p class="escena">ESCENA VII</p>
+
+<p class="drama">
+<span style="margin-left: 0em;">Aparece la criada con una bandeja, dos jícaras de chocolate y bollos, y</span><br />
+pasa de largo. Entra <i>Doña Brianda</i>.<br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">El veneno vertí ya</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">en la jícara espumante,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y dentro de breve instante</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">la mora le beberá.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">De fijo reventará,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">dando así satisfacción</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">a mi burlada pasión</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y a mis espantosos celos,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y cumpliendo mis anhelos</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">de hacer a Tristán tristón.</span><br />
+</p>
+<p class="escena">ESCENA VIII</p>
+
+<p class="drama">
+<span style="margin-left: 0em;">Dicha y <i>D. Tristán</i> que trae entre los brazos medio desmayada a</span><br />
+<i>Zulema</i>.<br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Qué espanto! ¡Qué maravilla!</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Apenas bebe Zulema</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">el chocolate, se quema</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">cual si comiese morcilla</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">de la que echan a los perros</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">para darles cruda muerte.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Qué bien castiga la suerte</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">mis enamorados yerros!</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Zulema</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Ay, D. Tristán! Yo reviento,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¿qué chocolate endiablado</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">es el que ahora he tomado?</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Fuego en mis entrañas siento!</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¿Qué es esto, señor, qué pasa?</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Que Zulema se me muere!</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Pues me alegro. Ella me hiere</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y mi corazón traspasa</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">de los celos con la punta.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Infiel Tristán, asesino,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">de ti me venga el destino</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">al dejártela difunta!</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Zulema</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Yo me muero!</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Hace una horrible mueca, se desprende de entre los brazos de don</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Tristán y cae muerta en el suelo.)</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Ya espichó. (Con júbilo feroz.)</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Muerta está! ¡Trance funesto! (Tocándola.)</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Pues no me basta con esto.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Mi furia no se calmó,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y para vengarme más,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">te haré saber que tu hermana</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">más que esa mora liviana</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y peor que Barrabás,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">se ha escapado con un moro</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">de la morada paterna</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y está locamente tierna</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">ofendiendo tu decoro.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¿Qué me dices? ¡Maldición!</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Ha de costarle la vida!</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¿Dónde se encuentra?</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Escondida</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">la tengo en esta mansión.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Ella y el alarbe juntos</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">se esconden en el granero.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Voy a buscarlos y espero</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">que pronto estarán difuntos.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Desenvaina la espada y echa a correr.)</span><br />
+</p>
+<p class="escena">ESCENA IX</p>
+
+<p class="drama">
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i> sola.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Muertes hoy y guerra ruda</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">los celos producirán.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Ya habrá subido al desván,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y habrá encontrado sin duda</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">al moro y a doña Urraca.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Ya está la pobre aviada...</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Tristán no envaina la espada</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">sin sangre, cuando la saca.</span><br />
+</p>
+<p class="escena">ESCENA X</p>
+
+<p class="drama">
+<span style="margin-left: 0em;">Entra huyendo <i>Doña Urraca</i>, y <i>D. Tristán</i> persiguiéndola con la espada</span><br />
+desnuda.<br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Urraca</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡No me mates, hermano!</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Tarfe se hará cristiano</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y será mi marido:</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Así quedará todo corregido.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">No puedo perdonarte tu pecado.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Tú mi honor has manchado</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">con un perro sectario de Mahoma!</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Toma el castigo que mereces! ¡Toma!</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Le da una tremenda estocada y doña Urraca cae muerta.)</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Mi agradable venganza va adelante.</span><br />
+</p>
+<p class="escena">ESCENA XI</p>
+
+<p class="drama">
+<span style="margin-left: 0em;">Dichos y el moro <i>Tarfe</i> que entra furioso y con el chafarote</span><br />
+desenvainado.<br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Tarfe</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¿Dónde está ese tunante,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">que por el intrincado laberinto</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">de esos mil corredores</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">se escabulló siguiendo a mis amores?</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Aquí me tienes, moro majadero,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y ya en la sangre de tu amiga tinto</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">está mi fuerte acero.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Tarfe</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Pues vivo no saldrás de este recinto!</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Pague tu desalmada</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">sangre, la que vertiste de mi amada.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Riñen. Don Tristán atraviesa al moro de una estocada y el moro cae</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">muerto.)</span><br />
+</p>
+<p class="escena">ESCENA XII</p>
+
+<p class="drama">
+<span style="margin-left: 0em;">Dichos y <i>D. Ramón</i> que entra apresurado.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¿Qué ocurre aquí? ¡Qué estruendo!</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Qué horror! ¡cuántos cadáveres!</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Oh, dura</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">inevitable ley del hado horrendo!</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Ay don Ramón! El mostruo que estás viendo</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">me burló con infame travesura.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Su palabra me dio de matrimonio,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y engañándome luego,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">de ángel que fui, me convirtió en demonio,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y del infierno me lanzó en el fuego.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡De mi horrible venganza estoy ufana!</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Dirigiéndose a D. Tristán.)</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">D. Tristán, o te casas con mi hermana,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">o tu maldad te costará muy cara.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">No puedo: un mar de sangre nos separa.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Pues aun la sangre me parece poca,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y esa tu negativa del casorio</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">a derramar la tuya me provoca.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Esto va a ser sobrado mortuorio,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">pero es irresistible mi arrebato...</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Defiéndete o te mato.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Riñen los dos y ambos se hieren mortalmente y caen muertos en tierra.)</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Ya de mi celoso ahínco</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">el resultado me asombra;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">en pie estoy como una sombra</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">entre cadáveres cinco.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">De demonios un enjambre</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">muy pronto vendrá por mí.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Mi celoso frenesí</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">ha roto el vital estambre</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">de estos cinco personajes,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">a quien yo tanto quería.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Ahora siente el alma mía</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">remordimientos salvajes.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">No está bien, es indecente</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">que yo conserve el vivir,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">cuando logré hacer morir</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">a tan buena y noble gente.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Dirigiéndose al cadáver de D. Ramón.)</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Perdona, hermano, perdona</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">si por mi culpa estás muerto.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Dirigiéndose a doña Urraca.)</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Aunque ya cadáver yerto,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">estás, Urraca, muy mona.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Dirigiéndose a Zulema.)</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y tú, gallarda Zulema,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¿qué culpa de amar adquieres</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">a quien para las mujeres</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">fue más dulce que la crema?</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">(A D. Tristán.)</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Ay D. Tristán! de mi rabia</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">me arrepiento ya muy tarde.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Aún te adoro! Asaz cobarde</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">fuera la que así te agravia,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">si en tan solemne ocasión</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">a vivir se resignara,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">y al punto no se matara</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">con firme resolución!</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Saca el pomo del veneno.)</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Aún se esconde en este frasco</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">gran cantidad de veneno.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Valiente soy... Daré un trueno;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">me lo beberé sin asco.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Apura todo el veneno que hay en el pomo.)</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">Ya me lo bebí; ya miro</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">de feos demonios un bando,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">que están en torno esperando</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">que yo dé el postrer suspiro,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">para ir en procesión,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">con horrenda algarabía,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">a llevarme a la sombría</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">honda cárcel de Plutón.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Allí expiaré mi delito</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">con fieras penas, mas antes</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">no quieran los circunstantes</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">castigarme con el pito;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">sino que, para consuelo</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">de mi agonía mortal,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">con aplauso general</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">se dignen calmar mi anhelo.</span><br />
+<br />
+<span style="margin-left: 2em;">(Hace contorsiones horribles y cae muerta por virtud del veneno.)</span><br />
+</p>
+
+<p class="head">FIN</p>
+
+<hr />
+
+<h2 style="font-family:sans-serif, serif;">OBRAS DEL MISMO AUTOR</h2>
+
+<ul>
+<li>Pepita Jiménez; un vol. en 8.º, Ptas. 3.</li>
+<li>Doña Luz; un vol. en 8.º, 3.</li>
+<li>El comendador Mendoza; un vol. en 8.º, 3.</li>
+<li>Algo de todo; un vol. en 12.º, 2,50.</li>
+<li>Las ilusiones del doctor Faustino; dos vols. en 12.º, 5.</li>
+<li>Pasarse de listo; un vol. en 12.º, 2,50.</li>
+<li>La buena fama; un vol. en 16.º con grabados, 2,50.</li>
+<li>El hechicero. El bermejino prehistórico. Las salamandras azules; un vol.
+en 16.º con grabados, 2,50.</li>
+<li>Dafnis y Cloe (traducción del griego); un vol. en 12.º, 3.</li>
+<li>Estudios críticos; tres vols. en 12.º, 9.</li>
+<li>Disertaciones y juicios literarios; dos vols. en 12.º, 6.</li>
+<li>Cuentos y diálogos; un vol. en 12.º, 2,50.</li>
+<li>Poesía y arte de los árabes en España y Sicilia; tres volúmenes en 12.º,
+9.</li>
+<li>Tentativas dramáticas; un vol. en 12.º, 2,50.</li>
+<li>Canciones, romances y poemas; un vol. en 12.º, 5.</li>
+<li>Cuentos, diálogos y fantasías; un vol. en 12.º, 5.</li>
+<li>Nuevos estudios críticos; un vol. en 12.º, 5.</li>
+<li>Cartas americanas (primera serie); un vol. en 12.º, 1.</li>
+<li>Nuevas cartas americanas (segunda serie); un vol. en 8.º, 3.</li>
+<li>Pequeñeces... Currita Albornoz al P. Luis Coloma; un folleto en 8.º, 1.</li>
+<li>Las mujeres y las Academias, cuestión social inocente; un folleto en
+8.º, 1.</li>
+<li>Ventura de la Vega, biografía y estudio crítico; un vol. en 8.º con el
+retrato del biografiado, 1.</li>
+<li>Juanita la larga; un vol. en 8.º, 3,50.</li>
+<li>A vuela pluma, artículos literarios y artísticos; un vol. en 8.º.</li>
+<li>Genio y figura; un vol. en 8.º, 3.</li>
+</ul>
+
+<hr class="full" />
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of De varios colores, by Juan Valera
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE VARIOS COLORES ***
+
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+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
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+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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