diff options
| -rw-r--r-- | .gitattributes | 3 | ||||
| -rw-r--r-- | 30986-8.txt | 6692 | ||||
| -rw-r--r-- | 30986-8.zip | bin | 0 -> 136102 bytes | |||
| -rw-r--r-- | 30986-h.zip | bin | 0 -> 296381 bytes | |||
| -rw-r--r-- | 30986-h/30986-h.htm | 6801 | ||||
| -rw-r--r-- | 30986-h/images/ill_001.png | bin | 0 -> 852 bytes | |||
| -rw-r--r-- | 30986-h/images/ill_002.png | bin | 0 -> 12095 bytes | |||
| -rw-r--r-- | 30986-h/images/ill_003.png | bin | 0 -> 9474 bytes | |||
| -rw-r--r-- | 30986-h/images/ill_004.png | bin | 0 -> 10708 bytes | |||
| -rw-r--r-- | 30986-h/images/ill_005.png | bin | 0 -> 11151 bytes | |||
| -rw-r--r-- | 30986-h/images/ill_006.png | bin | 0 -> 12988 bytes | |||
| -rw-r--r-- | 30986-h/images/ill_007.png | bin | 0 -> 13819 bytes | |||
| -rw-r--r-- | 30986-h/images/ill_008.png | bin | 0 -> 14392 bytes | |||
| -rw-r--r-- | 30986-h/images/ill_009.png | bin | 0 -> 14282 bytes | |||
| -rw-r--r-- | 30986-h/images/ill_010.png | bin | 0 -> 8286 bytes | |||
| -rw-r--r-- | 30986-h/images/ill_011.png | bin | 0 -> 8310 bytes | |||
| -rw-r--r-- | 30986-h/images/ill_012.png | bin | 0 -> 10365 bytes | |||
| -rw-r--r-- | 30986-h/images/ill_013.png | bin | 0 -> 9240 bytes | |||
| -rw-r--r-- | 30986-h/images/ill_014.png | bin | 0 -> 8853 bytes | |||
| -rw-r--r-- | 30986-h/images/ill_016.png | bin | 0 -> 9136 bytes | |||
| -rw-r--r-- | LICENSE.txt | 11 | ||||
| -rw-r--r-- | README.md | 2 |
22 files changed, 13509 insertions, 0 deletions
diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..6833f05 --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,3 @@ +* text=auto +*.txt text +*.md text diff --git a/30986-8.txt b/30986-8.txt new file mode 100644 index 0000000..c5fc98c --- /dev/null +++ b/30986-8.txt @@ -0,0 +1,6692 @@ +The Project Gutenberg EBook of De varios colores, by Juan Valera + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: De varios colores + +Author: Juan Valera + +Release Date: January 16, 2010 [EBook #30986] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE VARIOS COLORES *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net); +produced from images of the Bibliothèque nationale de +France (BNF/Gallica) at http://gallica.bnf.fr + + + + + + + + + +JUAN VALERA + +DE VARIOS COLORES + + BREVES HISTORIAS. + GARUDA O LA CIGÜEÑA BLANCA. + EL CAUTIVO DE DOÑA MENCÍA. + EL MAESTRO RAIMUNDICO. + CUENTOS JAPONESES. + UN DRAMA TRÁGICO. + +MADRID + +LIBRERÍA DE FERNANDO FÉ Carrera de San Jerónimo, 2 + +1898 + +* * * * * + + PRÓLOGO + EL CABALLERO DEL AZOR + LOS CORDOBESES EN CRETA + EL DOBLE SACRIFICIO + LOS TELEFONEMAS DE MANOLITA + EL DUENDE-BESO + EL ÚLTIMO PECADO + EL SAN VICENTE FERRER DE TALLA + GARUDA O LA CIGÜEÑA BLANCA + EL CAUTIVO DE DOÑA MENCÍA + EL MAESTRO RAIMUNDICO + DOS CUENTOS JAPONESES + EL ESPEJO DE MATSUYAMA + EL PESCADORCITO URASHIMA + ESTRAGOS DE AMOR Y CELOS + +* * * * * + + + + +PRÓLOGO + + +Dos son los principales motivos que me llevan a escribir algunas +palabras al frente de esta colección de cuentos que doy al público +ahora. + +No todas las flores son frescas y bonitas; también las hay mustias y +feas. No se me culpe, pues, de presumido, si valiéndome de una figura +retórica llamo flores de mi pobre y agostado ingenio a los cuentos que +siguen. Y suponiendo ya que son flores, añadiré que carecen de relación +entre sí y que yo las reúno caprichosamente para formar con ellas un +ramillete o manojo. Sea este breve prólogo la cinta o el lazo que las +ate, para que cada una de las flores no se vaya por su lado. + +No soy yo quien debe elogiarlas. El benigno lector decidirá si valen +algo o si nada valen. Yo diré sólo para procurarme la indulgencia hasta +de los más severos, que mi propósito al escribir y al reunir los cuentos +es tan modesto como inocente. No me propongo enseñar nada, ni moralizar, +ni probar tesis, ni resolver problemas, ni censurar vicios y costumbres. +Lo único que me propuse al escribir los tales cuentos es distraerme o +divertirme en el casi forzoso retiro a que mi vejez y mis achaques me +condenan. + +No he de negar yo que me he divertido escribiendo los cuentos, pero me +guardo bien de inferir de ahí y de dar por seguro que se divertirá +también quien los lea. Los cuentos, sin embargo, no aspiran más que a +divertir. Si no divierten, la crítica no puede ni debe ir más allá que +hasta el extremo de calificarlos de fastidiosos, y en cambio, si +divierten o entretienen algo, su fin y su objeto están cumplidos. No son +ni quiero yo que sean sino una obra de mero pasatiempo, con cuya +lectura, sin la menor ofensa de Dios ni del prójimo, logren los +desocupados entretenerse durante algunas horas. Los que quieran aprender +algo, de sobra tienen libros a que acudir. Para saber de religión lean +los _Nombres de Cristo_, para saber de moral, lean la _Guía de +pecadores_, y para saber de filosofía, la que está publicando el Padre +Urraburu en muchos y muy gruesos tomos. + +Este librejo no pretende tampoco conmover hondamente el corazón de los +lectores. La musa que me le ha inspirado (suponiendo también que ha +habido musa) no ha sido melancólica, ni trágica, sino regocijada y +alegre, según convenía para consolarme de mis penas reales y no para +agravar su peso con otras penas imaginarias. Por lo demás, yo creo y +siempre he creído que toda producción artística o literaria implica buen +humor y no desabrimiento ni aflicciones. Hasta cuando un poeta o un +novelista toma por asunto los sucesos más lastimosos, importa que la +lástima y el pesar se hayan disipado ya casi del todo, a fin de que el +asunto, que estaba en el sujeto y que atormentaba al sujeto, salga fuera +de él, y él le contemple serenamente y sea el objeto o la primera +materia con que él compone o construye su obra, cincelándola y +puliéndola. + +Cada cual tiene su modo de hacer las cosas. Yo no he de dar reglas ni he +de disputar sobre esto. Diré sólo que no comprendo al que embargado de +un profundo dolor se pone a cantar o a escribir sobre el dolor que le +embarga. La muerte de un ser querido, las desventuras de la patria, las +tremendas luchas y los espantosos infortunios que suelen afligir al +linaje humano, todo esto, cuando llega a convertirse en materia para +nuestras creaciones literarias es cuando ya menos nos duele, porque si +nos doliera, no escribiríamos, sino trataríamos de remediar el mal por +medios prácticos, o le lloraríamos, informe e inefablemente y sin +literatura, si no acertásemos a remediarle. + +Acaso parezca sofisma; pero, si no lo fuese, y si no temiese yo hacerme +pesado, llegaría a demostrar por este camino que a fuerza de ser +sentimental cuando no escribo, soy poco sentimental en lo que escribo. +No gusto de afligirme ni de llorar, ni gusto de afligir ni de hacer +llorar a los otros. El que busque, pues, emociones terribles y profundas +que no lea ni compre este librejo. Si yo logro que el librejo no aburra, +cómprele y léale el que anhele deshechar u olvidar las terribles y +profundas emociones, por virtud de otras superficiales, amenas y gratas. + + + + + + +EL CABALLERO DEL AZOR + + + +I + + +Hará ya mucho más de rail afios, habla en lo más esquivo y fragoso de +los Pirineos una espléndida abadía de benedictinos. El abad Eulogio +pasaba por un prodigio de virtud y de ciencia. + +Las cosas del mundo andaban muy mal en aquella edad. Tremenda barbarie +había invadido casi todas las regiones de Europa. Por donde quiera +luchas feroces, robos y matanzas. Casi toda España estaba sujeta a la +ley de Mahoma, salvo dos o tres Estadillos nacientes, donde entre breñas +y riscos se guarecían los cristianos. + +En medio de aquel diluvio de males, pudiera compararse la abadía de que +hablamos al arca santa en que se custodiaban el saber y las buenas +costumbres y en que la humana cultura podía salvarse del universal +estrago. Gran fe tenían los monjes en sus rezos y en la misericordia de +Dios, pero no desdeñaban la mundana prudencia. Y a fin de poder +defenderse de las invasiones de bandidos, de barones poderosos y +desalmados o de infieles muslimes, habían fortificado la abadía como +casi inexpugnable castillo roquero, y mantenían a su servicio centenares +de hombres de armas de los más vigorosos, probados y hábiles para la +guerra. + +La abadía era muy rica y famosa: rica por los fertilísimos valles que en +sus contornos los monjes habían desmontado, cultivándolos con esmero y +recogiendo en ellos abundantes cosechas; y famosa, porque era como casa +de educación, donde muchos mozos de toda Francia y de la España que +permanecía cristiana acudían a instruirse en armas y en letras. Entre +los monjes había sabios filósofos y teólogos y no pocos que habían +militado con gloria en sus mocedades antes de retirarse del mundo. Estos +enseñaban indistintamente las artes de la paz y de la guerra; cuanto a +la sazón se sabía. Y luego, según la índole de cada educando, los +pacíficos y humildes se hacían sacerdotes o monjes, y los belicosos y +aficionados a la vida activa salían de allí para ser guerreros y aun +grandes capitanes. + +Cincuenta novicios había en la abadía de continuo. Y todos, salvo en las +horas consagradas a ejercicios caballerescos, vestían el hábito de la +orden. + +En una tarde de abril, terminadas las vísperas, salieron los novicios +del coro, donde habían estado entonando salmos, y fueron, según +costumbre, a pasar dos horas de recreo jugando en un gran patio. + +Había un novicio de origen obscuro, lo cual se contraponía a la alta +nobleza de que se jactaba con razón la mayoría de los otros. Este +novicio era español. + +Seis años hacía que había venido a refugiarse en el convento sin saber +de dónde. El caritativo abad le dio asilo, y él, con su humildad +profunda, con su aplicación constante, con la rara inteligencia que +desplegó en el estudio y con la robustez y agilidad que mostró en todos +los ejercicios corporales, se ganó la voluntad de aquel venerable siervo +de Dios, que le amaba como a un hijo y que candorosamente le admiraba. +De aquí la envidia que le tenían los otros novicios y especialmente los +franceses. Tratábanle con desdén, le hacían mil burlas y hasta le +dirigían improperios, que él sufría con resignación evangélica. Por esto +le llamaban Plácido. + +En aquella ocasión la envidia de los otros novicios había llegado a su +colmo. Plácido acababa de alcanzar brillante triunfo. Había compuesto un +devoto e inspirado himno latino a la Santísima Virgen María, tan lleno +de bellezas y tan rico de amor místico, que, entusiasmados los monjes, +le habían cantado en el coro, dando al joven poeta mil alabanzas y +bendiciones. + +Sus malos compañeros, deseosos de humillarle, y tal vez fiados en que +Plácido era pacífico y sufrido, se encararon con él, aunque él se +apartaba de ellos con mansedumbre y modestia, y llegaron dos de los más +insolentes al último extremo de la injuria. Recordando la obscuridad de +su origen, se la echaron en rostro y calificaron a su madre de la más +infame manera. + +El cordero se convirtió entonces de repente en bravo león. Por dicha, no +tenía armas, pero le valieron los puños. Con certero y fuerte golpe +derribó por tierra, maltrecho y con la boca ensangrentada, al primero +que le había ofendido. Después siguió peleando él solo contra otros tres +o cuatro, apoyado contra el muro y acosado por ellos. + +Fue todo tan rápido, que nadie había acudido a interponerse y a +restablecer la paz, cuando otro de los novicios, de nobilísima alcurnia +francesa, intervino en la contienda, diciendo: + +--Es cobardía que vayáis tantos contra él; apartáos; dejádmele a mi +solo; yo le castigaré como merece. + +Fue tan imperiosa la voz, fue tan imponente el ademán de aquel muchacho, +que se apartaron todos, formando ancho cerco en torno suyo. + +Cayó entonces el francés sobre Plácido, el cual paró los golpes que le +asestaba, sin recibir ninguno, y le ciñó con fuerza terrible en sus +nervudos brazos. + +Pasmosa fue la lucha. Firmes se mantenían ambos. Ninguno cejaba ni caía. +Hubieran semejado dos estatuas de bronce, si no se hubiera sentido el +resoplido de la fatigada respiración de los combatientes y si no se +hubiera visto correr abundante sudor por sus encendidas mejillas. + +¡Quién sabe cómo hubiera terminado aquel combate! Mal hubiera terminado, +sin duda, si no llega precipitadamente el abad y logra al punto +separarlos. + +Después de censurar con breves y enérgicas palabras la acción de todos, +ordenó a Plácido que le siguiese, y le llevó a su celda. + + +II + +--En balde he esperado, hijo mío, hacer de ti un dechado de santidad y +de paciencia, para que con el tiempo llegases a ser mi sucesor en el +gobierno de esta abadía. Sé todo lo ocurrido y no me atrevo a culparte. +La afrenta que te han hecho era difícil, era casi imposible de tolerar. +Está visto, Dios no te quiere para la vida contemplativa. Imposible es +además que permanezcas ya ni una hora en esta santa casa, donde has +promovido un escándalo feroz, aunque disculpable. Por otra parte, el +mozo con quien luchabas es poderosísimo por su nacimiento y riqueza y tú +no puedes seguir viviendo donde él está. No me queda más recurso que el +de obligarte a salir inmediatamente de la abadía. Pero no saldrás +desvalido y sin prendas de mi afecto hacia ti. La abadía es rica, el +abad también lo es, y en nada mejor puede emplear su dinero. Toma esta +bolsa llena de oro; Hugo, el capitán de los arqueros, tiene orden mía +para entregarte enjaezado el mejor de los corceles que hay en nuestras +caballerizas. Corre, revístete a escape de tus armas, monta a caballo y +vete. + +Vertiendo muchas lágrimas de gratitud y besándole respetuosamente las +manos, Plácido se despidió del abad y éste le abrazó y le bendijo. + +Dos horas después cabalgaba Plácido, solo y armado, por medio de un +pinar espeso y por senda apenas trillada, que iba serpenteando junto a +la orilla de un arroyo, entre cerros altísimos. + + +III + +Llegó la noche medrosa y sombría. En aquella soledad asaltaron a Plácido +mil ideas tristes. Los recuerdos de la niñez surgieron en su mente con +claridad extraña. + +Recordó que, seis años hacía, le habían arrojado de otro asilo con +severidad y dureza harto diferentes. Desde muy niño, desde el albor de +su vida, de que no tenía sino muy confusas memorias, se había criado en +el castillo del terrible D. Fruela, poderoso magnate de la montaña. El +castillo estaba en una altura muy cerca de la costa. Desde allí, ora +salía D. Fruela con buen golpe de gente a caballo para penetrar en +tierra de moros y talar y saquear cuanto podía, ora embarcaba a sus +satélites en algunas fustas y galeras de su propiedad, e iba a piratear +o a dar caza a otros más crueles piratas que infestaban aquellos mares +e invadían y asolaban a menudo las costas de España: eran los idólatras +normandos de Noruega y de la última Tule. + +Plácido, recogido por caridad en el castillo, e hijo de padres +desconocidos, había sido criado con amor por doña Aldonza, la mujer de +don Fruela. Hasta la edad de ocho años, vivió Plácido en fraternal +familiaridad con Elvira, la hija de doña Aldonza, que era de edad poco +menor que él. Juntos jugaban los niños, y juntos aprendieron a leer y la +doctrina cristiana. + +Plácido y Elvira sintieron que sus almas se habían unido con el lazo del +cariño más inocente. + +Algo hubo de recelar o de prever D. Fruela, y ordenó a su mujer que +alejase al expósito del trato y de la convivencia de su hija. + +Sumisa doña Aldonza, cumplió las órdenes de su marido; pero no hasta el +extremo de evitar por completo que el pajecillo y la niña se viesen y se +hablasen. + +La menor frecuencia en el trato produjo un efecto contrario al que D. +Fruela deseaba. En las mentes candorosas de él y de ella se trocó en +adoración el afecto, y se iluminó y hermoseó con las galas y el +esplendor de los sueños la imagen de la persona querida. + +Así llegaron ambos a cumplir catorce años. En un día en que salieron de +caza con D. Fruela, el caballo de Elvira corrió desbocado y fue a +perderse en la espesura de un bosque. Plácido la siguió para salvarla, y +acertó a llegar cuando el caballo que ella montaba tropezó y cayó, +derribándola por el suelo. Elvira, por fortuna, no se hizo el menor +daño. Plácido se apeó con ligereza, acudió en su auxilio y la levantó en +sus brazos. + +Instintivamente, sin saber qué hacían, cediendo ambos a un impulso +irreflexivo, tal vez movidos por los invisibles genios y espíritus de la +selva, acercaron sus rostros y se dieron un beso. Plácido se creyó por +breves instantes transportado al paraíso; pero la realidad más cruel +hubo de mostrarle en seguida que estaba en la dura y áspera tierra. Una +lluvia de infamantes latigazos cayó sobre sus espaldas. D. Fruela le +había sorprendido, le castigaba y le afrentaba furioso. La jauría de sus +podencos y lebreles y sus monteros se acercaban ya. Afrentado el mozo, +aunque en edad tan tierna, no reflexionó en el peligro ni en lo desigual +de la lucha, y venablo en mano se lanzó contra D. Fruela para matarle. +Elvira se interpuso, dispuesta a recibir las heridas y salvar a su +padre. Plácido dejó caer al suelo el venablo. La humillación le hizo +verter amargas lágrimas. + +El feroz D. Fruela, lejos de apiadarse, le azuzó los perros para que le +devoraran, y ordenó a los monteros que disparasen contra él sus agudas +flechas. + +--¡Sálvate, Plácido, sálvate!--dijo entonces Elvira.--Si no huyes, mi +cuerpo te servirá de escudo y me matarán antes de que te maten. + +Plácido conoció entonces lo peligroso, lo imposible de la defensa. Temió +más por la vida de ella que por la suya. Era ágil y ligero como un +gamo; conocía los más intrincados sitios y las más extraviadas sendas +del bosque, y pronto desapareció como por encanto, no sin exclamar antes +con su voz de niño, que se contraponía a la firmeza del tono: + +--Ser padre de ella te ha salvado de la muerte. Ahora huyo, pero tal vez +un día vuelva a buscarte y a exigirte su mano como sola satisfacción de +mi afrenta. + +Refugiado Plácido en la abadía, no olvidó la afrenta jamás, pero guardó +oculto su recuerdo en el lastimado centro del alma. El horror que le +causaba volver de nuevo contra el padre de Elvira, la humildad y la +resignación y otros sentimientos religiosos inclinaron su espíritu y le +excitaron a desistir de vengarse. Y como afrentado y sin venganza no +quería vivir en el mundo, se decidió a hacer la vida del claustro. Hasta +el día en que el insulto hecho a su madre despertó en él de nuevo la +ingénita fiereza, fue el más paciente y dulce de los cenobitas. Lanzado +ya al mundo de nuevo, con veinte años de edad, con aliento y brío y con +caballo y armas, ¿dónde había de ir Plácido sino al castillo de D. +Fruela a pedirle estrecha cuenta de todo? + + +IV + +Sin detenerse sino para tomar el indispensable descanso, llegó Plácido a +la morada donde había pasado la niñez. Confiado en Dios, en su derecho +y en su valentía, sin arredrarse, se acercó a la puerta del castillo. + +Todo estaba mudado. En torno, soledad y silencio. Aunque era medio día, +Plácido no vio ni hombres de armas ni campesinos. El puente levadizo, +tendido sobre el foso, dejaba franca la entrada. El escudo de piedra +berroqueña, que había sobre la puerta principal, estaba cubierto de +negro paño de luto. + +Pronto, por un anciano criado, única persona que halló y que al +desmontar le tuvo el estribo, se enteró de la inmensa desventura que +abrumaba a aquella familia. D. Fruela, acusado de alta traición, estaba +en Oviedo y debía ser condenado a muerte. Su acusador era D. Raimundo, +mayordomo de Palacio. Tres caballeros de la casa de D. Raimundo estaban +prontos a sostener la acusación en palenque abierto contra los +defensores de D. Fruela, el cual había apelado al Juicio de Dios. Pero +D. Raimundo era tan poderoso y temido, y por su inaudita soberbia era D. +Fruela tan odiado, que nadie acudía a defenderle. Sólo faltaban tres +días para expirar el plazo. No bien Plácido supo todo esto, el rencor +antiguo se convirtió en lástima en su alma generosa, y resolvió ser el +campeón de quien tan rudamente le había ofendido, probad su inocencia y +librarle de la muerte. En el castillo no había nadie, sino el anciano +servidor. Doña Aldonza y Elvira habían ido a Oviedo a echarse a los pies +del rey y pedirle el perdón, si bien con poquísima esperanza, por ser +muy justiciero el soberano. De todos modos, la honra de la familia +quedaría manchada. + +Sin demora se dispuso Plácido a salir para Oviedo, pero antes el anciano +servidor le refirió y encareció lo mucho que doña Aldonza y Elvira +habían pensado en él durante su ausencia, y le dijo que habían dejado +para él un presente a fin de que le recibiese y se le llevase si por +dicha aparecía por el castillo. + +El anciano fue por el presente y se le entregó a Plácido. Era una fuerte +rodela, en cuya plancha de acero figuraba en esmalte, sobre campo de +gules, un azor, cubierta la cabeza por el capirote y asido por la +pihuela a una blanca mano que parecía de mujer. + +--Tú tienes en el hombro derecho--dijo el anciano--grabado con indeleble +marca, un azor semejante al del escudo. Por él serás un día reconocido y +se sabrá quiénes son tus padres. Entre tanto mi señora y su hija te +declaran y apellidan Caballero del Azor, y te dan en testimonio de ello +esa prenda. Concédate Dios, Caballero del Azor, la buena ventura en +lides y amores que ellas y yo te deseamos. + + +V + +A los tres días, pocas horas antes de expirar el plazo, después de +reposar en Oviedo y de aprestarse para el combate, sonaron las +trompetas y entró en el palenque el Caballero del Azor, con la visera +calada y la lanza en la cuja. + +En alta y sonora voz proclamó la inocencia de D. Fruela, llamó +calumniadores a los que le acusaban, y retó a los tres, o sucesivamente +o juntos contra él solo. Los campeones de D. Raimundo fueron +sucesivamente apareciendo. Los combates fueron muy cortos. + +El Caballero del Azor, con pasmosa destreza y bizarría, logró que en +menos de media hora los tres mordiesen el polvo, muy mal herido uno de +ellos. + +El gentío que rodeaba el palenque rompió en estrepitosas aclamaciones y +vítores. El Caballero del Azor fue llevado en triunfo a palacio e +introducido en la regia cámara. + +El rey, informado de todo el suceso, ansiaba verle, y más lo ansiaba aún +su noble y desventurada hermana, la infanta doña Ximena, que estaba con +el rey en aquel momento. + +--Caballero del Azor--dijo la infanta antes de que el rey hablase--¿por +qué llevas un azor esmaltado en la rodela? + +--Alta señora--contestó Plácido--porque le tengo también estampado en el +hombro derecho, como indeleble marca. + +Doña Ximena puso entonces los ojos con cariñoso ahínco en el rostro +hermosísimo de Plácido, e imaginó que veía al Conde de Saldaña, como +estaba en su muy lozana juventud, veinte años hacía. + +Ya no pudo contenerse doña Ximena; se acercó al joven, le estrechó en +sus brazos y le cubrió el rostro de besos, exclamando: + +--¡Hijo mío, hijo mío! + +El rey depuso su severidad, y dirigiéndose al joven, le estrechó también +en sus brazos, y le dijo: + +--Yo te reconozco; eres mi sobrino Bernardo; te hago merced de la Casa +Fuerte y señorío del Carpio. Como Bernardo del Carpio serás en adelante +conocido y famoso en todos los países y en todas las edades. Perdonado +tu padre, saldrá de la prisión y será el legítimo esposo de mi hermana. + +En efecto; el rey cumplió su promesa. El Conde de Saldaña salió del +castillo de Luna donde estaba encerrado. Se aseó y se atavió con esmero, +de suerte que todavía tenía buen ver, a pesar de su prolongado martirio. + +Durante cinco días consecutivos hubo magníficas fiestas en Oviedo. Las +bodas de Bernardo del Carpio y de Elvira se celebraron al mismo tiempo +que las del Conde de Saldaña y doña Ximena. + +Pocos días después pudo averiguarse que don Raimundo, el mayordomo de +Palacio, había sido quien robó al niño Bernardo y quien le mandó matar, +furioso como desdeñado pretendiente que fue de doña Ximena. Los +sicarios, encargados de matar al niño, habían tenido piedad de él y le +habían expuesto a la puerta del castillo de D. Fruela. Por esta y por +otras muchas maldades que se descubrieron, se comprendió que don +Raimundo era un monstruo abominable, por lo cual el rey pudo ejercer +provechosamente su justicia mandándole ahorcar, como le ahorcaron con +general regocijo de los ciudadanos de Oviedo, porque D. Raimundo era muy +aborrecido y porque en aquella edad tan ruda la filantropía no era cosa +mayor y no infundía repugnancia la pena de muerte. + +Sólo queda por decir que Bernardo fue felicísimo con su Elvira y que +vivieron siempre muy enamorados ella de él y él de ella. + +Por los antiguos romances y por la historia se sabe que aquella lucha a +brazo partido, que interrumpió el abad en el convento de los Pirineos, +se reanudó más tarde no lejos de allí, y terminó gloriosamente para +Bernardo, muriendo ahogado entre sus brazos hercúleos el paladín D. +Roldán, pues no era otro quien había luchado con él, cuando los dos eran +novicios. + +Y aquí terminan los sucesos de la mocedad de Bernardo del Carpio, +ignorados hasta hace poco, y recientemente descubiertos en ciertos +vetustos e inéditos Anales de la orden de San Benito, escritos en latín +bárbaro en el siglo X y conservados en el monasterio de la Cava, cerca +de Nápoles. + + + + +LOS CORDOBESES EN CRETA + +NOVELA HISTÓRICA A GALOPE + + +SR. D. MIGUEL MOYA. + +Mi distinguido amigo: Para _El Liberal_ del domingo próximo me pide +usted amablemente que escriba yo algo sobre las cosas que en las +antiguas edades pasaron en la isla de Creta. Grande es mi deseo de +complacer a usted, pero tropiezo con dos dificultades. En breves +palabras y ciñéndome a lo consignado por mitólogos e historiadores, ¿qué +podré yo decir que tenga alguna novedad, que no sea un extracto de lo +que ellos dijeron, y que no esté mejor dicho en cualquier Diccionario +enciclopédico? Y si acudo a mi imaginación y añado con ella algo a lo ya +sabido, no tendrá consistencia ni se entenderá lo que yo añada, si lo ya +sabido no se pone por base, lo cual no es posible que quepa en una o dos +columnas del apreciable periódico que usted dirige. De aquí que ni de +una suerte ni de otra pueda yo escribir con acierto para el fin que +usted quiere. No es esto, sin embargo, lo que más me aflige. Lo que más +me aflige es que, desde hace muchísimos años, desde antes que hubiese +pensado yo en escribir novelas de costumbres del día, se me había +ocurrido escribir una novela histórica sobre Creta, y hasta había +forjado el plan, aunque confusa y vagamente. Hubiera sido mi novela un +pasmoso tejido de extraordinarias aventuras, con un fundamento real del +que la historia da testimonio, aunque conciso. Mi deseo de escribir esta +novela no se ha disipado nunca. Lo que se ha disipado es mi esperanza. +Para escribirla como yo me la figuraba era menester reunir y formar un +inmenso aparato de erudición, y para esto me faltó siempre la paciencia. +Hoy, por mi desgracia, además de la paciencia, me falta la vista. No +puedo consultar la multitud de librotes, antiguos y modernos, y escritos +en diferentes lenguas, de donde sacaría yo el color _local_ y _temporal_ +que mi proyectada obra requiere. La obra, pues, tiene que quedarse en +proyecto. Y ya que en proyecto se queda, para libertarme de su obsesión +y para probarle a usted que si no puedo, quiero darle gusto, voy a poner +aquí el proyecto en muy breve resumen. + + * * * * * + +En el reinado de Alhakem I, por los años 218 de la Egira, había en +Córdoba un rico mercader llamado Abu Hafáz el Goleith, natural del +cercano lugar de Fohs Albolut. En su bazar, situado en una de las calles +más céntricas, se veían reunidos los más preciosos objetos de la +industria humana, así de lo que en nuestra Península se producía como de +lo traído de remotas regiones; de Bagdad, de Damasco, de Bocara, de +Samarcanda, de la Persia, de la India y del apenas conocido inmenso +imperio del Catay. Abu Hafáz tenía naves propias, que iban a los puertos +de Levante a proveerse de mercancías. + +En una tarde de primavera entró en el bazar de Abu Hafáz una dama +tapada, acompañada de su sirvienta. Aunque él no le vio la cara, admiró +la gracia y gallardía de su andar, la esbeltez y elegancia de su talle, +cierto inefable prestigio seductor que como nimbo luminoso la +circundaba, y la aristocrática belleza de sus blancas, lindas y bien +cuidadas manos. + +La dama quiso ver cuanto de más rico en el bazar había. Abu Hafáz, lleno +de complacencia, fue ofreciendo ante sus ojos, y poniendo sobre el +mostrador, mil extraños primores en joyas y en telas. Ella no se saciaba +de mirarlas. Era muy curiosa. El mercader le dijo: + +--Aún no te he mostrado, sultana, lo más espléndido y peregrino que mi +tienda atesora. + +--¿Y para qué lo escondes y no me lo muestras?--dijo ella. + +--Porque soy interesado y no quiero trabajar en balde. Muéstrame tú la +cara y yo en pago te enseñaré mis mejores riquezas. + +La dama no se hizo mucho de rogar. Apartó el rebozo, y dejó ver el más +bello y agraciado semblante que el mercader había podido ver o soñar en +toda su vida. Agradecido y entusiasmado, trajo entonces perlas de Ormúz, +diamantes de Golconda y tejidos de seda, venidos del Catay y bordados +con tal esmero y maestría, que no parecía labor de seres humanos sino de +hadas y de genios. + +De la mejor y más estupenda de aquellas telas bordadas se prendó la dama +incógnita, quiso comprarla, y pidió el precio. + +--Es tan cara--dijo el mercader--que acaso no quieras o no puedas +pagarla; pero si tienes buena voluntad, la tela te saldrá baratísima. + +--Acaba. Di lo que me costará la tela. + +--Pues un beso de tu boca--replicó el mercader. + +Enojada la dama de aquella irrespetuosa osadía, se cubrió el rostro, +volvió las espaldas a Abu Hafáz y salió del bazar seguida de su sierva. + +Quiso el mercader seguirla para averiguar dónde moraba y quién era; pero +la dama había desaparecido en el laberinto de las estrechas calles. + +Pintaría luego la novela el furioso enamoramiento de Abu Hafáz y su +desesperación durante cinco o seis días, a pesar de mil cuidados y +misteriosos asuntos que le preocupaban y ocupaban. + +Al cabo la sierva viene al bazar y le dice que su señora no puede dormir +ni sosegar, pensando siempre en la tela y anhelando poseerla; que cede, +por lo tanto, y que al día siguiente, al anochecer, vendrá al bazar con +mucho recato y dará por la tela el precio que se le pide. + +La dama acude en efecto a la cita. El mercader averigua entonces que +ella está en el harén del sultán, de donde ha salido a hurtadillas, +mientras el sultán está en la sierra cazando jabalíes. Ella se llama +Gláfira. Es natural de una pequeña aldea situada en la falda del monte +Ida. Aunque su familia era pobre, presumía de alta y antigua nobleza. Su +estirpe se remontaba a las edades míticas. Contaba entre sus antepasados +curetes y dáctilos ideos, de los que tejiendo danzas guerreras al son de +los clarines y al estruendo de sus broqueles heridos por el pomo de las +espadas, rodearon a Zeus, cuando niño, e impidieron que Cronos le oyera +y le devorara. + +En su agreste retiro, la familia de Gláfira se había resistido a hacerse +cristiana y guardaba vivos y frescos, por tradición, los recuerdos del +paganismo. Hasta se jactaba de poseer virtudes mágicas y prendas +sobrenaturales, adquiridas por iniciación en venerandos y primitivos +misterios. Afirmaba Gláfira que uno de sus progenitores había sido +Epiménides, sabio, legislador, poeta y profeta, diestro en el arte de +suspender la vida, permaneciendo aletargado en profundas cavernas, para +conocer por experiencia el sesgo y tortuoso curso que llevan al través +de los siglos los sucesos humanos. + +Gláfira había perdido el secreto de las artes mágicas, pero tenía no +pocas habilidades. Cantaba o recitaba mil antiguas leyendas en verso de +las edades divinas, de héroes y semidioses: de la venida de Europa a su +isla, del furor amoroso de Pasifae y del triunfo y de la perfidia de +Teseo. Y bailaba aún, según ella aseguraba, la misma ingeniosa danza que +Dédalo compuso para la princesa Ariadna de las trenzas de oro. + +Acusado de hechicero y de gentil, y huyendo de la intolerante +persecución religiosa, el padre de Gláfira salió de Creta con su hija. +Anduvo errante por varios países y al fin murió dejándola abandonada. +Vagando como Io, Gláfira llegó a Hesperia, sin Argos que la vigilase, +pero también sin tábano o estro que la picase. No tenía más estro que su +voluntad ambiciosa. + +Alhakem, encantado y seducido por su talento y por su hermosura, la +había hospedado en su alcázar. Ella soñaba con ser la favorita y la +reina en el imperio de los Omniadas. + +El irresistible capricho de poseer la tela y cierto anhelo casi +inconsciente, que le había infundido el joven mercader, atrajeron a +Gláfira y la impulsaron a dar el precio que se le pedía. + +Llama más ardiente y más dominadora encendió el beso en el corazón de +Abu Hafáz en vez de aquietarle. El era atrevido y capaz de arriesgarlo y +de aventurarlo todo, confiado en la pujanza de su ánimo y juzgándose con +bríos para allanar montes de dificultades. Resolvió, pues, guardar a +Gláfira en su casa como prenda suya, sin soltar la esclava para que no +descubriese el secuestro. + +Al saber la determinación de Abu Hafáz, Gláfira se enfurece: dice que la +que espera ser reina de Hesperia, de las islas adyacentes y de parte del +Magreb, no puede resignarse a ser esposa o amiga de un mercader +cualquiera, de un plebeyo renegado de la vencida y dominada raza +española. Considera además delirio lo que Abu Hafáz pretende. Pronto +llegaría a saberlo el sultán y tomaría cruda venganza. En su rabia, +Gláfira insulta a Abu Hafáz y quiere matarle con un puñalito que lleva +en la cintura. El la desarma y le paga su beso y sus insultos con un +beso de vampiro. Se le ha dado en el blanco cuello; y a la luz de una +lámpara, en un espejo de acero bruñido, hace que ella mire la huella que +en su cuello ha dejado. + +--Es el sello--le dice--de que eres mi esclava. + +Gláfira tenía un círculo amoratado de la extensión de un _dirhem_. + +--Más de un año--dijo Abu Hafáz--tardará en borrarse ese signo. ¿Cómo +has de atreverte a volver con él a la presencia de tu antiguo amo? Ya +eres mía; pero antes de que se borre la marca con que te he sellado, +conquistaré un trono y serás reina conmigo. + + * * * * * + +Hacía poco que Alhakem había hecho jurar a su hijo Abderahman como +_Vali-alahdi_ o sucesor en el imperio. El hijo cuidaba de todo, +mientras que el padre se entregaba a los placeres y sólo intervenía en +el gobierno cuando le agitaban sus dos más tremendas pasiones: la ira y +la codicia. El pueblo gemía agobiado por enormes tributos y vejado y +humillado por la guardia personal del príncipe, compuesta de mercenarios +eslavos, de eunucos negros y de tres mil muzárabes andaluces. Una +reyerta entre gente del pueblo y varios cobradores de tributos, +sostenidos por hombres de la guardia del rey, promovió un motín que fue +sofocado mientras que Alhakem estaba de caza. Volvió de ella, y +dejándose llevar de su crueldad, dispuso que crucificasen a los diez +principales promovedores del motín. + +Tiempo hacía que se conspiraba contra Alhakem. El horroroso espectáculo +de los diez ajusticiados excitó la compasión y el furor del pueblo. La +conjuración estalló prematuramente. La rebelión fue vigorosa. Casi todos +los muladíes o renegados españoles tomaron parte en ella. Abu Hafáz los +dirigía y capitaneaba. Esto fue al día siguiente del secuestro de +Gláfira. La guardia del rey y los demás armados de la guarnición fueron +dos o tres veces vencidos y rechazados, teniendo que refugiarse en el +alcázar. La muchedumbre le sitiaba y se aprestaba a dar el asalto, +Alhakem receló que aquello iba a ser el fin de su reinado y de su vida. +Llamó a su paje favorito, le hizo verter sobre su cabeza y sus barbas un +pomo de olorosas esencias, para que por su fragancia se le reconociese +entre los muertos, y salió a morir o a vencer a los rebeldes. + +Por orden de Alhakem vadeó el Guadalquivir un buen golpe de sus +guerreros, fue a caer sobre el arrabal de los muladíes, que estaba del +otro lado del río, y le entregó al saqueo y a un voraz incendio. Los +muladíes vieron las llamas y el humo; pensaron que ardían sus casas y +tal vez sus mujeres y sus hijos, y abandonaron la pelea para acudir a +socorrerlos. La batalla entonces se convirtió en derrota y en atroz +carnicería y matanza de los muladíes, atacados por todas partes, así por +los que mandaba Alhakem como por los que, atravesando el puente, volvían +del arrabal después de haberle incendiado. + +Vencido Abu Hafáz, tuvo bastante fortuna y presencia de espíritu para +poder escapar con no pocos de los suyos, con lo mejor de su tesoro y +llevando a Gláfira consigo. Corriendo mil peligros y venciendo mil +obstáculos, llegó Abu Hafáz hasta Adra. Allí tenía diez grandes naves +suyas. Se embarcó en ellas y abandonó a España para siempre. + +Alhakem, después de la victoria, aún castigó fieramente a los rebeldes. +Más de cuatrocientas cabezas de los que habían caído vivos en sus manos +aparecieron cortadas y clavadas en sendas estacas en la orilla del +Guadalquivir. Después quiso mostrarse clemente, porque no había de matar +millares de personas: pero las expulsó de España a millares. Unas fueron +a Marruecos y poblaron un gran barrio de la ciudad de Fez. Otras +emigraron más lejos y se establecieron en Egipto. + +Abu Hafáz, entre tanto, con sus naves, y con los más valerosos entre los +forajidos, se hizo pirata. + +Aquí entraba en mi plan una serie de aventuras y de incursiones en la +Provenza, en Cerdeña, en las costas de Calabria y en otras comarcas. + +Abu Hafáz, cargado de botín y con mayor número de naves y de gente que +se le había allegado, aporta a Alejandría. Merced a las discordias +civiles que allí hubo entonces, logra apoderarse de aquella ciudad +magnífica y la conserva durante algún tiempo. El califa de Bagdad envía +contra él un poderoso ejército. Abu Hafáz se defiende, y si bien +capitula y abandona la ciudad, es después de una capitulación honrosa y +lucrativa, recibiendo cuantiosa suma por el rescate. + +Con veinte naves y con unos cuantos cientos de guerreros, Abu Hafáz se +dirigió, por último, a Creta. Llevaba siempre consigo a Gláfira, +mantenía su promesa jactanciosa de hacerla reina, y ahora esperaba +hacerla reina en su patria, mucho antes de que se le borrase el +apasionado signo de esclavitud que le había puesto en el cuello. Creta +estaba en poder de los bizantinos cuando los forajidos andaluces +desembarcaron en sus costas. + +Aquí pensaba yo lucirme describiendo las bellezas naturales de la isla, +sus antiguallas, sus famosas ciudades, como Gnosos y Gortina, los +vestigios del Laberinto donde estuvo encerrado el Minotauro, los +esquivos lugares en que los dáctilos y los curetes bailaban sus danzas +guerreras en torno del futuro monarca de los hombres y de los dioses, la +sagrada caverna en que durmió su sueño secular Epiménides, y el punto en +que se embarcó Ariadna con el falaz e ingrato Teseo, que luego la +abandonó en Naxos, de donde la sacó en triunfo el dios Ditirambo con +toda aquella comitiva estruendosa de faunos y de ménades, que tan +gallardamente nos describen los poetas. + +Sería menester relatar también cómo los guerreros de Abu Hafáz, después +de saquear algunos lugares de la isla, quisieron abandonarla para no +tener que luchar con el ejército del emperador de Grecia; y como Abu +Hafáz, precediendo en esto a los catalanes en Galípoli y a Hernán Cortés +en México, hizo incendiar las veinte naves, para que no quedase otro +recurso que vencer o morir a la gente de armas que llevaba consigo. + +Pintaría yo, por último, la guerra sostenida contra los soldados del +imperio griego y cómo fueron vencidos. + +Abu Hafáz entonces se enseñorea de la isla toda y pone su trono y la +capital de su dominio en una fortaleza, fundada por él y cuyo nombre fue +Candax. Así borró por espacio de siglos su antiguo nombre a la isla que +vino a llamarse Candía. + +Gláfira fue reina, como Abu Hafáz se lo había prometido. La marca no +desapareció hasta mucho después que Gláfira había subido al trono. Y el +hijo de Gláfira y su nieto y su biznieto reinaron en Creta, porque su +dinastía duró dos o tres siglos. + +Todo esto cantado aquí a escape, tal vez no tenga chiste; pero yo creo +que dándole la debida extensión e iluminándolo eruditamente con los +colores _locales_ y _temporales_ de que ya he hablado, sería +divertidísima novela, y pondría además de realce la hazaña de los +andaluces, musulmanes entonces en vez de ser católicos, y que fueron los +primeros en llevar a Creta el islamismo, de que ahora con tanta razón +quieren los cretenses libertarse. Dios se lo conceda y a mi la gracia de +no haber fastidiado a los lectores de _El Liberal_ con este a manera de +aborto de mi seco ingenio. Válgame por disculpa que lo hago por +complacer a usted. + + + + +EL DOBLE SACRIFICIO + +EL PADRE GUTIÉRREZ A DON PEPITO + + +_Málaga, 4 de Abril de 1842_. + +Mi querido discípulo: Mi hermana, que ha vivido más de veinte años en +ese lugar, vive, hace dos, en mi casa, desde que quedó viuda y sin +hijos. Conserva muchas relaciones, recibe con frecuencia cartas de ahí y +está al corriente de todo. Por ella sé cosas que me inquietan y +apesadumbran en extremo. ¿Cómo es posible, me digo, que un joven tan +honrado y tan temeroso de Dios, y a quien enseñé yo tan bien la +metafísica y la moral, cuando él acudía a oír mis lecciones en el +Seminario, se conduzca ahora de un modo tan pecaminoso? Me horrorizo de +pensar en el peligro a que te expones de incurrir en los más espantosos +pecados, de amargar la existencia de un anciano venerable, deshonrando +sus canas, y de ser ocasión, si no causa, de irremediables infortunios. +Sé que frenéticamente enamorado de doña Juana, legítima esposa del rico +labrador D. Gregorio, la persigues con audaz imprudencia y procuras +triunfar de la virtud y de la entereza con que ella se te resiste. +Fingiéndote ingeniero o perito agrícola, estás ahí enseñando a preparar +los vinos y a enjertar las cepas en mejor vidueño; pero lo que tú +enjertas es tu viciosa travesura, y lo que tú preparas es la desolación +vergonzosa de un varón excelente, cuya sola culpa es la de haberse +casado, ya viejo, con una muchacha bonita y algo coqueta. ¡Ah, no, hijo +mío! Por amor de Dios y por tu bien, te lo ruego. Desiste de tu criminal +empresa y vuélvete a Málaga. Si en algo estimas mi cariño y el buen +concepto en que siempre te tuve, y si no quieres perderlos, no desoigas +mis amonestaciones. + + +DE DON PEPITO AL PADRE GUTIÉRREZ + +_Villalegre, 7 de Abril_. + +Mi querido y respetado maestro: El tío Paco, que lleva desde aquí vino y +aceite a esa ciudad, me acaba de entregar la carta de usted del 4, a la +que me apresuro a contestar para que usted se tranquilice y forme mejor +opinión de mí. Yo no estoy enamorado de doña Juana ni la persigo como +ella se figura. Doña Juana es una mujer singular y hasta cierto punto +peligrosa, lo confieso. Hará seis años, cuando ella tenía cerca de +treinta, logró casarse con el rico labrador D. Gregorio. Nadie la acusa +de infiel, pero sí de que tiene embaucado a su marido, de que le manda +a zapatazos y le trae y le lleva como un zarandillo. Es ella tan +presumida y tan vana, que cree y ha hecho creer a su marido que no hay +hombre que no se enamore de ella y que no la persiga. Si he de decir la +verdad, doña Juana no es fea, pero tampoco es muy bonita; y ni por alta, +ni por baja, ni por muy delgada ni por gruesa llama la atención de +nadie. Llama, sí, la atención por sus miradas, por sus movimientos y +porque, acaso sin darse cuenta de ello, se empeña en llamarla y en +provocar a la gente. Se pone carmín en las mejillas, se echa en la +frente y en el cuello polvos de arroz, y se pinta de negro los párpados +para que resplandezcan más sus negros ojos. Los esgrime de continuo, +como si desde ellos estuviesen los amores lanzando enherboladas flechas. +En suma; doña Juana, contra la cual nada tienen que decir las malas +lenguas, va sin querer alborotando y sacando de quicio a los mortales +del sexo fuerte, ya de paseo, ya en las tertulias, ya en la misma +iglesia. Así hace fáciles y abundantes conquistas. No pocos hombres, +sobre todo si son forasteros y no la conocen, se figuran lo que quieren, +se las prometen felices, y se atreven a requebrarla y hasta a hacerle +poco morales proposiciones. Ella entonces los despide con cajas +destempladas. En seguida va lamentándose jactanciosamente con todas sus +amigas de lo mucho que cunde la inmoralidad y de que ella es tan +desventurada y tiene tales atractivos, que no hay hombre que no la +requiebre, la pretenda, la acose y ponga asechanzas a su honestidad, +sin dejarla tranquila con su D. Gregorio. + +La locura de doña Juana ha llegado al extremo de suponer que hasta los +que nada le dicen están enamorados de ella. En este número me cuento, +por mi desgracia. El verano pasado vi y conocí a doña Juana en los baños +de Carratraca. Y como ahora estoy aquí, ella ha armado en su mente el +caramillo de que he venido persiguiéndola. No hallo modo de quitarle +esta ilusión, que me fastidia no poco, y no puedo ni quiero abandonar +este lugar y volver a Málaga, porque hay un asunto para mí de grande +interés, que aquí me retiene. Ya hablaré de él a usted otro día. Adiós +por hoy. + + +DEL MISMO AL MISMO + +_10 de Abril_. + +Mi querido y respetado maestro: Es verdad: estoy locamente enamorado; +pero ni por pienso de doña Juana. Mi novia se llama Isabelita. Es un +primor por su hermosura, discreción, candor y buena crianza. Imposible +parece que un tío tan ordinario y tan gordinflón como D. Gregorio, haya +tenido una hija tan esbelta, tan distinguida y tan guapa. La tuvo D. +Gregorio de su primera mujer. Y hoy su madrastra doña Juana la cela, la +muele, la domina y se empeña en que ha de casarla con su hermano D. +Ambrosio, que es un grandísimo perdido y a quien le conviene este +casamiento, porque Isabelita está heredada de su madre, y, para lo que +suele haber en pueblos como éste, es muy buen partido. Doña Juana aplica +a D. Ambrosio, que al fin es su sangre, el criterio que con ella misma +emplea, y da por seguro que Isabelita quiere ya de amor a D. Ambrosio y +está rabiando por casarse con él. Así se lo ha dicho a D. Gregorio, e +Isabelita, llena de miedo, no se atreve a contradecirla, ni menos a +declarar que gusta de mí, que yo soy su novio y que he venido a este +lagar por ella. + +Doña Juana anda siempre hecha un lince vigilando a Isabelita, a quien +nunca he podido hablar y a quien no me he atrevido a escribir, porque no +recibiría mis cartas. + +Desde Carratraca presumí, no obstante, que la muchacha me quería, porque +involuntaria y candorosamente me devolvía con gratitud y con amor las +tiernas y furtivas miradas que yo solía dirigirle. + +Fiado sólo en esto vine a este lugar con el pretexto que ya usted sabe. + +Haciendo estaría yo el papel de bobo, si no me hubiese deparado la +suerte un auxiliar poderosísimo. Es éste la chacha Ramoncica, vieja y +lejana parienta de D. Gregorio, que vive en su casa, como ama de llaves, +que ha criado a Isabelita y la adora, y que no puede sufrir a doña +Juana, así porque maltrata y tiraniza a su niña, como porque a ella le +ha quitado el mangoneo que antes tenía. Por la chacha Ramoncica, que se +ha puesto en relación conmigo, sé que Isabelita me quiere; pero que es +tan tímida y tan bien mandada, que no será mi novia formal, ni me +escribirá, ni consentirá en verme, ni se allanará a hablar conmigo por +una reja, dado que pudiera hacerlo, mientras no den su consentimiento su +padre y la que tiene hoy en lugar de madre. Yo he insistido con la +chacha Ramoncica para ver si lograba que Isabelita hablase conmigo por +una reja: pero la chacha me ha explicado que esto es imposible. +Isabelita duerme en un cuarto interior, para salir del cual tendría que +pasar forzosamente por la alcoba en que duerme su madrastra, y +apoderarse además de la llave, que su madrastra guarda después de haber +cerrado la puerta de la alcoba. + +En esta situación me hallo, mas no desisto ni pierdo la esperanza. La +chacha Ramoncica es muy ladina y tiene grandísimo empeño en fastidiar a +doña Juana. En la chacha Ramoncica confío. + + +DEL MISMO AL MISMO + +_15 de Abril_. + +Mi querido y respetado maestro: La chacha Ramoncica es el mismo demonio, +aunque, para mí, benéfico y socorrido. No sé cómo se las ha compuesto. +Lo cierto es que me ha proporcionado para mañana, a las diez de la +noche, una cita con mi novia. La chacha me abrirá la puerta y me entrará +en la casa. Ignoro a dónde se llevará a doña Juana para que no nos +sorprenda. La chacha dice que yo debo descuidar, que todo lo tiene +perfectamente arreglado y que no habrá el menor percance. En su +habilidad y discreción pongo mi confianza. Espero que la chacha no habrá +imaginado nada que esté mal; pero en todo caso, el fin justifica los +medios, y el fin que yo me propongo no puede ser mejor. Allá veremos lo +que sucede. + +DEL MISMO AL MISMO + +_17 de Abril_. + +Mi querido y respetado maestro: Acudí a la cita. La pícara de la chacha +cumplió lo prometido. Abrió la puerta de la calle con mucho tiento y +entré en la casa. Llevándome de la mano me hizo subir a obscuras las +escaleras y atravesar un largo corredor y dos salas. Luego penetró +conmigo en una grande estancia que estaba iluminada por un velón de dos +mecheros, y desde la cual se descubría la espaciosa alcoba contigua. La +chacha se había valido de una estratagema infernal. Si antes me hubiera +confiado su proyecto, jamás hubiera yo consentido en realizarle. +Vamos... si no es posible que adivine usted lo que allí pasó. D. +Gregorio se había quedado aquella noche a dormir en la casería, y la +perversa chacha Ramoncica, engañándome, acababa de introducirme en el +cuarto de doña Juana. ¡Qué asombro el mío cuando me encontré de manos a +boca con esta señora! Dejo de referir aquí, para no pecar de prolijo, +los lamentos y quejas de esta dama, las muestras de dolor y de enojo, +combinadas con las de piedad, al creerme víctima de un amor desesperado +por ella, y los demás extremos que hizo, y a los cuales todo atortolado +no sabía yo qué responder ni cómo justificarme. Pero no fue esto lo +peor, ni se limitó a tan poco la maldad de la chacha Ramoncica. A D. +Gregorio, varón pacífico, pero celoso de su honra, le escribió un +anónimo revelándole que su mujer tenía a las diez una cita conmigo. D. +Gregorio, aunque lo creyó una calumnia, por lo mucho que confiaba en la +virtud de su esposa, acudió con D. Ambrosio para cerciorarse de todo. + +Bajó del caballo, entró en la casa y subió las escaleras sin hacer +ruido, seguido de su cuñado. Por dicha o por providencia de la chacha, +que todo lo había arreglado muy bien, D. Gregorio tropezó en la +obscuridad con un banquillo que habían atravesado por medio y dio un +costalazo, haciendo bastante estrépito y lanzando algunos reniegos. + +Pronto se levantó sin haberse hecho daño y se dirigió precipitadamente +al cuarto de su mujer. Allí oímos el estrépito y los reniegos, y los +tres, más o menos criminales, nos llenamos de consternación. ¡Cielos +santos!--exclamó doña Juana con voz ahogada:--Huya usted, sálveme: mi +marido llega. No había medio de salir de allí sin encontrarse con D. +Gregorio, sin esconderse en la alcoba o sin refugiarse en el cuarto de +Isabelita, que estaba contiguo. La chacha Ramoncica, en aquel apuro, me +agarró de un brazo, tiró de mí, y me llevó al cuarto de Isabelita, con +agradable sorpresa por parte mía. Halló D. Gregorio tan turbada a su +mujer, que se acrecentaron sus recelos y quiso registrarlo todo, seguido +siempre de su cuñado. Así llegaron ambos al cuarto de Isabelita. Esta, +la chacha Ramoncica como tercera, y yo como novio, nos pusimos +humildemente de rodillas, confesamos nuestras faltas y declaramos que +queríamos remediarlo todo por medio del santo sacramento del matrimonio. +Después de las convenientes explicaciones y de saber D. Gregorio cuál es +mi familia y los bienes de fortuna que poseo, D. Gregorio, no sólo ha +consentido, sino que ha dispuesto que nos casemos cuanto antes. Doña +Juana, a regañadientes, ha tenido que consentir también, a lo que ella +entiende para salvar su honor. Y hasta me ha quedado muy agradecida, +porque me sacrifico para salvarla. Y más agradecida ha quedado a +Isabelita, que por el mismo motivo se sacrifica también, a pesar de lo +enamorada que está de D. Ambrosio. + +No he de negar yo, mi querido maestro, que la tramoya de que se ha +valido la chacha Ramoncica tiene mucho de censurable; pero tiene una +ventaja grandísima. Estando yo tan enamorado de doña Juana y estando +Isabelita tan enamorada de D. Ambrosio, los cuatro correríamos grave +peligro, si mi futura y yo nos quedásemos por aquí. Así tenemos razón +sobrada para largarnos de este lugar, no bien nos eche la bendición el +cura, y huir de dos tan apestosos personajes como son la madrastra de +Isabelita y su hermano. + +DE DOÑA JUANA A DOÑA MICAELA, +HERMANA DEL PADRE GUTIÉRREZ + +_4 de Mayo_. + +Mi bondadosa amiga: Para desahogo de mi corazón, he de contar a usted +cuanto ha ocurrido. Siempre he sido modesta. Disto mucho de creerme +linda y seductora. Y, sin embargo, yo no sé en qué consiste; sin duda, +sin quererlo yo y hasta sin sentirlo, se escapa de mis ojos un fuego +infernal que vuelve locos furiosos a los hombres. Ya dije a usted la +vehemente y criminal pasión que en Carratraca inspiré a D. Pepito, y lo +mucho que éste me ha solicitado, atormentado y perseguido viniéndose a +mi pueblo. Crea usted que yo no he dado a ese joven audaz motivo +bastante para el paso, o mejor diré, para el precipicio a que se arrojó +hace algunas noches. De rondón, y sin decir oste ni moste, se entró en +mi casa y en mi cuarto para asaltar mi honestidad, cuando estaba mi +marido ausente. ¡En qué peligro me he encontrado! ¡Qué compromiso el mío +y el suyo! D. Gregorio llegó cuando menos lo preveíamos. Y gracias a que +tropezó en un banquillo, dio un batacazo y soltó algunas de las feas +palabrotas que él suele soltar. Si no es por esto, nos sorprende. La +presencia de espíritu de la chacha Ramoncica nos salvó de un escándalo y +tal vez de un drama sangriento. ¿Qué hubiera sido de mi pobre D. +Gregorio, tan grueso como está y saliendo al campo en desafío? Sólo de +pensarlo se me erizan los cabellos. La chacha, por fortuna, se llevó a +D. Pepito al cuarto de Isabel. Así nos salvó. Yo le he quedado muy +agradecida. Pero aún es mayor mi gratitud hacia el apasionado D. Pepito, +que, por no comprometerme, ha fingido que era novio de Isabel, y hacia +mi propia hija política, que ha renunciado a su amor por D. Ambrosio y +ha dicho que era novia del joven malagueño. Ambos han consumado un doble +sacrificio para que yo no pierda mi tranquilidad ni mi crédito. Ayer se +casaron y se fueron en seguida para esa ciudad. Ojalá olviden, ahí, +lejos de nosotros, la pasión que mi hermano y yo les hemos inspirado. +Quiera el cielo que, ya que no se tengan un amor muy fervoroso, lo cual +no es posible cuando se ha amado con fogosidad a otras personas, se +cobren mutuamente aquel manso y tibio afecto, que es el que más dura y +el que mejor conviene a las personas casadas. A mí, entretanto, todavía +no me ha pasado el susto. Y estoy tan escarmentada y recelo tanto mal de +este involuntario fuego abrasador que brota a veces de mis ojos, que me +propongo no mirar a nadie e ir siempre con la vista clavada en el suelo. + +Consérvese usted bien, mi bondadosa amiga, y pídale a Dios en sus +oraciones que me devuelva el sosiego que tan espantoso lance me había +robado. + + + + +LOS TELEFONEMAS DE MANOLITA + +(DRAMA EN DOS CUADROS) + +Manolita, _personaje único_. + + +CUADRO PRIMERO + +Salón elegante y rico. Es de noche. Lámparas y bujías encendidas. Hay +teléfono. Manolita sola. Inquieta, yendo y viniendo de un extremo a +otro, había consigo misma. + +Mucho quiero a mamá. No faltaba más que yo no la quisiera. El cuarto +honrar padre y madre. Además, harto fácil es para mí cumplir este +mandamiento. No estoy resentida, sino agradecida de que me haya tenido +cerca de tres años en el colegio. Yo estaba imposible de mimada, de +traviesa y de voluntariosa. Yo era un diablillo y necesitaba que me +metiesen en costura. Ahora, que he vuelto de nuevo a casa, soy persona +de mucho juicio. ¿Y cómo no he de querer a mamá? Me mima, me celebra, me +idolatra. Mis caprichos son ley. Mamá me regala mil dijes; gasta un +dineral en mis vestidos y sombreros. Nunca rabia cuando vienen las +cuentas. Hasta le parece poco lo que paga. Y con todo, no puedo +negarlo: mamá me tiene quejosa. + +Buena y santa es la inocencia; sí, señor; muy buena y muy santa; pero yo +acabo de cumplir diecisiete años, y aunque apenas hace tres meses que +salí del Sagrado Corazón de Jesús, no por eso ha de imaginar mamá que +soy tonta y que no veo ni entiendo nada. + +Algo más de ocho años lleva ya de viuda. Mucho cuidó a mi padre en su +última enfermedad. Sintió su muerte y le lloró muy de veras; pero, en +fin, ella no tiene en el día más que treinta y seis años. Parece mi +hermanita mayor. A menudo me da envidia, aunque dulce y no amarga, +porque la encuentro y noto que la encuentran por ahí más bonita que a +mí. ¿Qué extraño es que mamá se haya consolado? Dios me lo perdone, si +es mal pensamiento. Sospecho que mamá se consuela con el general. No la +condeno. Sea en buen hora. Es libre: bien puede hacer lo que le agrade +sin ofender a Dios. Lo que a mí me ofende es la falta de confianza en +mí; que mamá me engañe sin necesidad. + +Que el general tiene cerca de cincuenta años: que era un antiguo amigo +de papá, o mejor dicho, del papá de mi papá; y que ya no está para +amoríos ni nadie puede suponer semejante cosa. Y entre tanto, tenemos +general a todo pasto. El es divertido y marrullero: pero ya me tiene +cargada. En el teatro, el general se viene a nuestro palco y está con +nosotras un entreacto y un acto entero y a veces hasta dos entreactos. +Dice una chuscada; eso sí, limpia siempre y sin olorcillo de cuartel, y +mamá se destornilla de risa. Mamá se entusiasma en el Real con la misma +música con que el general se entusiasma. Cuando mamá ríe en Lara los +chistes de la Valverde, el general los ríe también; y en el Español no +aplaude a la Guerrerito hasta que mamá la aplaude. En política ambos +están siempre de acuerdo. En lo único en que el general no conviene con +mamá y le arma hasta acaloradas disputas, es cuando mamá pondera la +elegancia, la discreción y la hermosura de otras señoras. Buen tunante +está el general, pero a mí no me la pega. Vamos a una tertulia y él es +la primera persona a quien veo. En la mesa de tresillo, en que mamá +juega, el general ha de estar siempre jugando. Salimos en coche, y no +bien llegamos al Retiro, diviso al general, hecho un pollo, trotanto y +haciendo corbetas en su fogoso caballo inglés. A casa viene todos los +días en que mamá recibe y no pocos días en que mamá no recibe. ¡Y que se +empeñe mamá en hacerme creer que esto es amistad pura! Ya, ya. Venga +Dios y lo vea. + +Yo lo hallo muy natural. Si yo no celebrara, disculparía hasta que ella +se casase. Lo que me enoja, es su falta de franqueza. Y también me +enoja, no ya el que no piense en mí y me busque novio, que tiempo hay de +sobra y yo no tengo priesa, sino que distraída ella con su general, no +me vigile y me deje confiada al adefesio de doña Rita, que, si bien fue +su aya, tiene más conchas que un galápago. + +Por fortuna, aunque me esté mal el decirlo, yo soy tan prudente que ni +el descuido de mamá ni el inútil amparo de doña Rita pueden +perjudicarme. Y cuenta que me he visto, desde que salí hace tres meses +al mundo, en ocasiones peligrosas. + +Si mamá tiene sus secretos y se los calla, yo también tengo el mío y me +le callo, usando de represalias. Mi secreto es un novio... y guapísimo. + +Aunque novicia, no he ido a ciegas ni he hecho ningún disparate. Y eso +que me encantó desde que le vi la vez primera. ¡Qué distinguido! ¡Qué +elegante! ¡Qué lindo muchacho! ¡Y qué respetuoso sin timidez ni +encogimiento! Siempre que salía yo con doña Rita, a la iglesia, de +paseo, o para ir en casa de alguna amiga, ¡zás! indefectiblemente, como +si le evocasen, se mostraba él y casi tropezaba con nosotras. Y me +miraba con unos ojos... ¡Válgame el cielo, qué ojos! Pero no se atrevía +a hablarme. + +Jamás le he visto ni en bailes, ni en tertulias, ni en teatros. Y sin +embargo, no es cursi: no hay más que verle para conocer que no lo es. +Será forastero; me decía yo. Y notando en él un no sé qué de peregrino, +imaginé que no venía de ninguna provincia, sino de tierras extrañas y +tal vez remotas. + +Así pasó más de un mes, largo para mí como un siglo, porque me +atormentaba la curiosidad de saber quién era este ser misterioso. Andaba +yo deseosa y temerosa a la vez de que él me hablase; deseosa por +hallarle tan de mi gusto, y temerosa porque si él me hubiese dirigido la +palabra sin conocerme, sin la previa y debida presentación, hubiera +tenido yo que atribuirlo a mala crianza o a falta de respeto. + +Parece providencial lo que ha ocurrido. El cielo ha premiado mi piedad y +lo mucho que quería yo a mi abuela. Era una santa. Pero, en fin, con +algunos pecadillos pudo irse al otro mundo cuando murió dos años ha. Tal +vez aún esté por ellos en el Purgatorio. No sobran, pues, las misas que +se digan por su alma. Pensando de este modo, hace ocho días justos entré +en la sacristía a encomendar al Padre González veinte misas, pagándolas +yo de mis ahorrillos. ¿Y a quién pensarán ustedes que me encontré allí? +Pues me encontré a mi perseguidor hablando familiarmente con el Padre. +Quise aguardar desde lejos a que terminase aquella plática, y el Padre +me vio, y me dijo: ¿Qué se le ofrece a usted, señorita doña Manuela? No +deje de hablarme ni se retraiga porque vea aquí a este caballero. El, su +madre y otros individuos de su ilustre familia, son amigos míos de toda +la vida. Permítame usted que le presente a D. Narciso Solís. + +De esta suerte, el Padre González ha tenido la culpa de que yo conozca a +Narcisito. + +Después, la verdadera culpada de que hable yo con Narcisito, de que me +ponga con él de acuerdo, y de que el _flirteo_ se convierta en noviazgo, +ha sido esa hipocritona de doña Rita. Bien hacen algunas muchachas +desenfadadas en llamar _carabinas_ a tales ayas o acompañantas: son la +carabina de Ambrosio. + +Por eso he dicho y lo repito, perdóneseme la inmodestia, que mi +prudencia me ha valido. Parece inverosímil que tenga yo tanto mundo y +tanta perspicacia. No, yo no me equivoco. Es persona muy digna. Por su +devoción a los santos merece la amistad del Padre González, y por la +devoción que me tiene a mí, que soy también una santa, merece que yo le +quiera. ¿Qué pecado hay en esto? + +Quedó ayer conmigo en que hablemos por teléfono, a las diez de la noche, +cuando mamá no esté en casa. Su número, el 4.500. Para impedir que, +oyendo mal y no reconociendo su voz, hable yo con otro sujeto, hemos +convenido en empezar por decirnos cuatro palabras mágicas: la primera y +la tercera, yo: él, la segunda y la cuarta. ¡Y qué palabras tan raras! +(_Sacando un papelito_). En este papelito me las escribió con lápiz. Van +a dar las diez. Como tengo una jaqueca atroz, sí, la tengo, no es todo +estratagema, no he podido acompañar a mamá, que se ha ido al teatro con +la vizcondesa. (_Suenan las diez en el reloj de la chimenea_.) + +Llegó la hora. Ea, miedo a un lado (_Se acerca al teléfono, toca el +timbre y a poco suena la campanilla._) Central..... comunicación con el +4.500. (_Pausa. Vuelve a sonar la campanilla_.) _Logos_..... Reconozco +su voz; dice _Theos_... _Sares_... Ha contestado _Egéneto_. + +--¡Ay, Narcisito! ¡Qué locura! ¡Qué picardía! Razón tendría mamá de +reñirme si me sorprendiese hablando por teléfono con usted: con un +hombre a quien ella no conoce.--¡Qué desenvoltura! ¡Qué modo de sacar +los pies del plato! ¿Es esta la educación que en el convento te han dado +aquellas benditas madres?--exclamaría mamá.--Si usted me quiere de +veras, si es usted un joven formal y como Dios manda, y si quiere usted +que nuestras relaciones continúen, es indispensable que se haga usted +presentar a mamá lo más pronto posible. (_Nueva pausa. Las pausas serán +más o menos largas, según la contestación que se exprese o se presuma_.) + +No: lo que hemos hecho hasta ahora no puede ni debe seguir. A +hurtadillas de mamá, en paseo, en la calle, haciendo cómplice a doña +Rita, no he de hablar ya con usted sino muy de tarde en tarde. Hablar +así de diario sería muy feo. Usted mismo pensaría mal de mí. Las gentes +que nos viesen murmurarían. Mamá llegaría a saberlo y regañaría mucho y +con razón sobrada. (_Pausa_). Bueno, me alegro con toda el alma de que +esté usted decidido a hacerse presentar cuanto antes. Eso es lo recto y +lo leal. + +¿Qué?... No me atrevo a contestar a eso. Yo no entiendo bien esta +maquinaria. Temo que las mujeres de la Central me oigan y se rían. +(_Otra pausa_.) + +Pues ya que se empeña usted, ya que lo pide con tanto fervor, no hay más +remedio. Lo diré, aunque me oigan. Repetiré lo que ya le dije tres o +cuatro veces, cuando echábamos migajitas de pan a los patos y peces del +estanque del Retiro: para usted las migajitas de mi corazón, que será +todo suyo, si con amor me paga. (_Pausa_.) + +Mucha precipitación es esa. Mamá dirá, si no se niega, que conviene que +antes nos tratemos; que pedirme en seguidita, de sopetón, es puñalada de +pícaro... + +Adulador. ¿Con que mis ojos son los pícaros que dan las puñaladas? ¿Con +que usted es el herido? Pues yo declaro que el pícaro es usted. Si el +Padre González hubiera sospechado siquiera lo perverso que es usted y el +mal incurable que iba a causarme, de seguro que no le presenta a su hija +de confesión, que soy yo... + +Allá veremos si, como usted pronostica, de este mi mal incurable se dice +con toda verdad «que no hay mal que por bien no venga». Adiós; basta de +charla. Temo que nos sorprendan. Preséntese usted a mamá y venga a casa +pronto. Mamá recibe dos veces a la semana. + + +CUADRO SEGUNDO + +La misma decoración del cuadro primero. Manolita sola, entrando en el +cuarto del teléfono y cerrando al entrar. (A fin de no repetir +acotaciones, se confía en la capacidad de quien lea o recite este +soliloquio para distinguir por el sentido, cuando Manolita se dirige al +público como si hablase para sí, y cuando se acerca al teléfono y habla +por él). + +Hoy estoy muy mal de salud. Estoy furiosa. Mamá, sin creer en mi mal, se +largó tranquilamente a su tertulia. Como no comí a la mesa, a poco de +irse mamá tuve mucha hambre y vengo de cenar. Me amenazan grandes penas +y trabajos y conviene restaurar las fuerzas. + +Me muero de impaciencia por hablar con Narcisito. Tengo mil cosas +tristes que decirle ¡Cuantas novedades desde ayer a hoy! Ya es inútil +que se presente a mamá. Sería muy mal recibido. Pero... (_Suenan las +diez en el reloj de la chimenea_). Las diez. Voy a hablarle. (_Toca el +timbre. Suena la campanilla_). Central... comunicación con el 4.500. +(_Nueva pausa. Vuelve a sonar la campanilla_). _Logos_... contestan +_Theos_. ¿Estará resfriado Narcisito? ¡Qué voz tan ronca tiene hoy! +_Sares_... Está bien. _Egéneto_. ¡Pero qué voz tan ronca! + +--Me quiere usted decir, Narcisito, ¿qué significan esas palabras +enrevesadas?... + +Mentira parece que haya idiomas tan concisos y que en solo cuatro +palabras se enjareten tantas cosas. De modo que las palabras son griegas +y significan: «Tú eres un ángel que bajaste del cielo a la tierra, +tomaste cuerpo gentil y te convertiste en Manolita.» + +Sospecho que usted se chancea. ¿Cómo han de decir tanto cuatro palabras +nada más?... + +¿Que es paráfrasis y no traducción? Entonces ya se comprende. Pero +dejémonos de paráfrasis. No estoy para ellas, ni para que me echen +piropos. + +Estoy desesperada. Tan desesperada estoy, que me inclino a creer que no +he tenido que fingir la enfermedad, sino que en realidad estoy enferma. +El doctor lo ha creído y ha dejado una receta muy larga, que doña Rita +ha leído y debe cumplir. Serán simplezas del doctor... + +¡Ay, Dios mío! ¿Qué burla pesada es esta? ¿Con que no me contesta +Narcisito? Me contesta el doctor, que está con él, y dice que para ver +que él no es tan simple, lea yo su receta, que, después de bien +estudiada, ha puesto doña Rita bajo la peana de aquel reloj de chimenea. +Veamos. (_Manolita busca, halla y lee la receta_.) + +«_Récipe_: A eso de las nueve, _consommé_ con huevo fresco, _filet +mignon_, _chaud froid_ de perdices, vino del marqués de Riscal, +panecillos de Viena, una chirimoya gruesa de las que gusta tanto la +enfermita, dulces, café y media copa de _chartreuse_ para entonar el +estómago. De sobremesa, un rato de palique con Narcisito por teléfono o +más de cerca.» + +¿Habráse visto desvergüenza mayor? Esto es burlarse de mí a casquillo +quitado. En el pecado llevo la penitencia. El general llama griegos a +los fulleros. Hice muy mal en fiarme de un griego desconocido. Nada más +lógico que esta fullería y esta infame burla. (_Manolita acude al +teléfono, llena de ira_.) + +Narcisito, lo que está usted haciendo conmigo es una maldad. Se me acabó +el amor. Aborrezco a usted. + +Las circunstancias son, sin embargo, muy difíciles y escabrosas y me +obligan a refrenar mi enojo y a hablar aún con usted de asuntos +importantes. + +Dice mamá que la vizcondesa y otras muchas damas son cómplices e +instigadoras de un amor en que ella ni soñaba. El general, dirigiéndose +a mí en latín, y diciéndome _tu quoque, filia_, me acusa también de +complicidad y de provocación al delito. A fuerza de decir que tenían +ellos relaciones amorosas, aunque ni soñaban en tenerlas, les hemos +hecho creer que será verosímil, juicioso y gustoso el que las tengan. +Ambos han exclamado: Pues tengámoslas. En efecto; ayer se declararon y +ya las tienen. Y no queriendo que el hechizo y el deleite de tales +relaciones consistan en que se presten a la murmuración, han resuelto, +para evitarla, casarse a escape. Vea usted por dónde, echándome mamá +parte de la culpa, ha decidido darme padrastro y tirano, que, sin duda, +vendrá a instalarse, dentro de poco, en esta casa... + +¡Jesús, María y José! ¿Qué lío es este? No es Narcisito, es mamá quien +me responde muy picada. Afirma que no me trae el tirano a casa, sino que +se va ella a la casa del tirano y me deja aquí sola. + +(_Vuelve Manolita al teléfono_.) + +Oye, mamá. Por Dios no me dejes sola. Perdóname. Yo seré buena. Vuélvete +a casa y vive conmigo, aunque me traigas también a tu tirano. Solo te +ruego que me dejes a mí elegir el mío y que no te empeñes en que yo +acceda a lo que el general ayer me proponía. Te lo confieso; hay un tal +Narcisito, que a pesar de que ahora se está conduciendo conmigo muy mal, +y por ello debiera yo aborrecerle, me tiene perdidamente enamorada, y no +lo puedo remediar. Imagina tú, ¿cómo he de poder yo casarme con ese +sobrino del general, estando perdidamente enamorada de otro? Será rico, +será buen mozo, será conde, será todo lo que el general quiera, aunque +yo sospecho, no sé por qué, que ha de ser un señorito andaluz, nacido y +criado en un poblachón, ceceando mucho, echándola de gracioso, y más a +propósito para brillar en las ferias, vestido de majo, y cautivar el +corazón de las gitanas y de las chulas, que para mostrarse como conviene +en los salones elegantes, inspirar amor verdadero y profundo a una +señorita bien educada y hacerla luego dichosa. Ya ves, mamá, que tengo +razón para no querer a tu futuro sobrino político y para preferir a mi +griego. Y no me pongas la objeción de que mi griego ha de ser hereje o +cismático. De fijo que es muy buen católico. Si no lo fuera, no sería +tan amigo del Padre González, que me le presentó en la sacristía, hace +ya más de una semana. ¿Oyes, mamá?... ¿Qué?... ¿Ustedes me quieren +volver loca? Ahora es el propio Padre González quien me contesta. Dice +que Narcisito no es griego natural y de siempre, sino trashumante y +temporero. Dice que es el primer secretario de la legación de España en +Atenas y en Constantinopla, que ha venido a Madrid con cuatro meses de +real licencia. + +(_Vuelve Manolita a hablar por teléfono_.) + +Oiga usted, Padre González, como quiera que sea, usted tiene casi toda +la culpa de que yo haya conocido y tratado a Narcisito, me haya paseado +con él por las calles más solitarias del Retiro y por las orillas del +estanque, dejando a doña Rita a muy respetable distancia: conque así, +apiádese usted de nosotros y predique a mi madre y al general, para que +no persistan en que yo me case con ese abominable sobrino... + +¡Cielos santos! Qué tramoya horrible, qué complicada conspiración contra +una pobre niña inexperta. Ya no me habla el Padre González; me habla el +general. Es su casa y no la de Narcisito desde donde me habla.--¿Sí?... +¿Eh?... Hoy está conmigo más desaforado y más insolente que nunca. + +Mamá se ha puesto a jugar al tresillo con el doctor y con el Padre +González. El general aprovecha la ocasión para desatar la lengua contra +mí: + +Que su sobrino no es abominable, sino adorable; que yo presumo demasiado +de discreta y de lista, y que soy una criaturita mimada, voluntariosa y +terca; y que si él me hubiera presentado a Narcisito como sobrino, yo le +hubiera encontrado vulgar y feo y le hubiera dado calabazas; y que ha +sido menester armar toda esta tramoya y conjuración, en que han entrado +mamá, el general, el doctor, el Padre González y hasta doña Rita, para +que yo crea a Narcisito griego o turco y de él me enamore. + +Oiga usted, general; repórtese usted y no me insulte. Piense usted lo +que se le antoje. Lo que yo pienso y sostengo es que quiero y requiero a +Narcisito, aunque ya sé, no diré si con gusto o con rabia, que es +sobrino de usted, y que es casi tan insolente como usted, tan burlón y +tan desalmado. Usted me ofende de palabra, porque está lejos de mí. Si +estuviera yo ahí, se moriría usted de miedo al verme, porque estoy hecha +una fierecita... + +¡Hola, hola! Me desafía usted, me cita y me emplaza para que vaya a su +casa al punto. Pues iré... y nos veremos las caras. ¿Pero como ir?... + +Agradezco el deseo que usted muestra y la esperanza que me infunde de +que no sea a muerte nuestro duelo y de que a las doce de esta noche, que +es la de San Silvestre, bebamos un vaso de Champagne para celebrar +nuestra reconciliación y la entrada del nuevo año. También agradezco la +noticia que me da usted de que en esa casa se acaban de echar los +estrechos, y de que usted ha salido con mamá y yo con Narcisito. Pero +como usted todavía no es mi padrastro, bien puedo yo faltarle al +respeto, y así le digo, que eso es un embuste o una fullería para +burlarse de mí y para demostrar lo que ya no necesita demostración; que +es usted más griego y más trapacero que su sobrino. Y, sin embargo, ¡qué +corrupción la de los tiempos que corren!--como decían las benditas +madres que me han educado.--¡Qué perversa condición tenemos las mujeres! +¿Quiere usted creer que a pesar de todo, me es usted muy simpático y me +hace muchísima gracia? Lo que no apruebo, es que tenga usted tan +estrafalarias ocurrencias. Me pone usted en un apuro con que vengan ya a +buscarme la berlina de mamá y Narcisito en la berlina. Si fuera el +landó, si fuera al menos el _clarence_, no habría dificultad. Pero en la +berlina que es muy estrecha... ¿quiere usted decirme, diantre de general +y aborrecible padrastro, dónde voy a colocar yo a doña Rita, que pesa +doce arrobas y parece una urca holandesa? + +Más vale tomarlo a risa para no pelearme con todos, porque me están +tomando por juguete. El general se ha ido del teléfono a hacer el cuarto +en la mesa de tresillo. Dice que su hermana la condesa viuda, mamá de +Narcisito, estaba jugando por él, y como es una chambona, le lleva +perdida casi toda la paga del mes corriente. ¿Y quién me comunica todo +esto? La taimada de doña Rita, que está muy sofocada. Afirma que no es +urca y que no pesa tantas arrobas, y que de todos modos no puedo +llevarla conmigo, porque considerando que yo no la necesito para nada, +por lo prudente que soy, y que la califico de carabina de Ambrosio, se +fue con mamá, para acompañarla, desde esta calle de Don Pedro, donde +vivimos, hasta el último extremo de la fuente de la Castellana, donde el +general vive. + +(_Vuelve Manolita al teléfono_.) + +Explíquese usted, doña Rita. ¿Por qué no viene usted a buscarme? + +(_Después de escuchar por el teléfono_.) + + * * * * * + +¡Conque usted no ha cumplido la orden de mamá! ¡Conque el general ha +tolerado que Narcisito deje a usted plantada y se venga él en la +berlina! ¡Doña Rita, es usted un monstruo! + + * * * * * + +_(No responde nadie. Doña Rita ha cortado la comunicación.)_ + +Pues, señor, meditemos con serenidad y con calma. Yo tengo muchísima +gana de conocer a la condesa viuda que va a ser mi suegra; tengo también +muchísima gana de brindar con Champagne en punto de las doce, en +compañía del general y de sus tertulianos; y como Narcisito no es un +galopín, sino un caballero, y no ha de querer empañar en lo más mínimo +el espejo en que su honra se mire, me parece que bien puedo irme con él +sin menoscabar mi decoro. + +No es necesario que el público sepa esta determinación que he tomado; +pero si la sabe... + +_(Suena la campanilla de la puerta.)_ + +Ya está ahí Narcisito. Voy a ponerme el sombrero y el abrigo para irme +con él. _(Dirigiéndose al público.)_ ¿Quieren ustedes ser indulgentes +conmigo, perdonar mi falta y aplaudirme antes de que me vaya? + +_(El autor supone que el público aplaude.--Cae el telón.)_ + + + + +EL DUENDE-BESO + + +I + +Notabilísimo huésped había llegado al convento de Capuchinos de la +villa, allá por los años de 1672. Famoso era el huésped en todas partes +por la agudeza de su ingenio, por el profundo saber que había adquirido +y por las obras científicas en que le divulgaba. Baste decir, y está +todo dicho, que el huésped era el reverendísimo padre fray Antonio de +Fuente la Peña, ex-provincial de la Orden. + +Después de comer con excelente apetito y de dormir una buena siesta, +para reposar de las fatigas del viaje, fray Antonio recibió en su celda +al padre guardián, fray Domingo, y habló a solas con él sobre el +importante asunto que le había impulsado a ir a aquella santa casa. + +--Sé por fama--le dijo--el extraño caso de mi señora doña Eulalia, hija +única del ilustre caballero D. César del Robledal. Y considerado bien y +ponderado todo, me atrevo a sostener que la joven no está posesa ni +obsesa. + +--Vuestra reverencia me ha de perdonar si le contradigo. No veo prueba +en contra de la posesión o de la obsesión de la joven. Aunque me esté +mal el decirlo, sabido es que, a Dios gracias, ejerzo bastante imperio +sobre los espíritus malignos, y que he expulsado a no pocos de los +cuerpos que atormentaban. Si los que atormentan a la joven doña Eulalia +no me obedecen, no es porque no estén en ella o en torno de ella, sino +porque son muy ladinos y marrajos. Si están en ella, se esconden, se +recatan y se parapetan de tal suerte, que se hacen sordos a mis +conjuros; y si la cercan, para atormentarla, andan sobrado listos para +escapar cuando yo llego, y no volver a las andadas sino después que me +voy. Los síntomas del mal son, sin embargo, evidentes. Sobre lo único +que estoy indeciso y no disputo, es sobre si el mal es posesión u +obsesión. + +--Pues bien,--replicó fray Antonio,--mi conclusión es enteramente +contraria, y mientras más lo reflexiono más me afirmo en ella. Doña +Eulalia no habla nunca en latín ni en ningún otro idioma que no sea +nuestro castellano puro y castizo; sus pies se apoyan siempre en el +suelo cuando no está sentada o tendida; en vez de estar desmedrada, +pálida y ojerosa, sé que está muy guapa y de tan buen color que parece +una rosa de Mayo; y el que ella repugne casarse con ninguno de los +novios que su señor padre le ha buscado, y el que ande melancólica y +retraída, y el que tenga por las noches y a solas, en su retirada +estancia, coloquios misteriosos con seres invisibles, no prueba que esté +endemoniada ni mucho menos. Los demonios jamás son tan benignos y +apacibles con una criatura. Ser, por consiguiente, de menos perversa y +dañina condición, que los ángeles precitos, es quien tiene trato y +coloquios con mi señora doña Eulalia. _Ergo_, no es demonio, sino duende +quien la visita y habla con ella. Y conocedor yo de este suceso, y +empleándome como me empleo en el estudio de los duendes, según lo +testifica mi ya celebérrimo libro _El ente dilucidado_, he venido por +aquí a ver si me pongo en relación con el duende que visita a doña +Eulalia y logro arrojarle de su lado, valiéndome de los medios que me +suministra la ciencia. + +--Extraño es--dijo fray Domingo--que afirme todo eso vuestra reverencia +por meras conjeturas. + +--No son meras conjeturas--repuso fray Antonio.--Aunque por mis pecados +nunca he sido digno de tener revelaciones sobrenaturales, lo que es +naturales las tengo con frecuencia, y tal es el caso de ahora. Aquí +estamos solos y puedo hablar con libertad, confiando en el indispensable +sigilo. + +Fray Domingo hizo señal de que no descubriría lo que se le dijese y fray +Antonio continuó en voz misteriosa y baja: + +--El duende que visita a doña Eulalia se ha franqueado conmigo y me lo +ha explicado todo. Harto se comprende que sea yo estimado, querido y +familiar entre los duendes, a quienes he defendido de las injurias y +calumnias que propala contra ellos el vulgo ignorante. Yo he demostrado +que no son diablos, ni almas en pena, sino criaturas sutilísimas e +invisibles, casi siempre traviesas y alegres, que se engendran en lo más +delgado del aire. Agradecidos los duendes, ¿qué tiene de particular que +acudan a conversar conmigo? Además, que mis estudios y meditaciones +sobre todos los secretos de la madre Naturaleza y mi asídua +investigación acerca de los seres más menudos y casi incorpóreos, han +aguzado de tal suerte mis sentidos, que veo, toco y oigo lo que por +ingénita y grosera rudeza del sentir no notan ni descubren los otros +mortales. Perdóneseme la jactancia: yo descubro, al tender mi penetrante +mirada por el Universo, cien veces más vida y más inteligencia que la +que ve la inmensa mayoría de los hombres. En suma, y contrayéndonos al +presente singular caso, el duende, hará cerca de diez años, desde que +doña Eulalia cumplió quince, hasta dentro de tres días, que cumplirá +veinticinco, se entiende con ella, la aparta de la convivencia de la +gente y la hace arisca y zahareña: pero me ha predicho que desaparecerá +dentro de los indicados tres días, y hasta que antes se dejará ver bajo +la figura de un gallardo mancebo. Doña Eulalia quedará libre entonces de +toda molestia, y aunque siempre recatada, honestísima y decorosa, +depondrá sus desdenes, dejará de ser huraña y se hará para todo el mundo +conversable y mansa. + +Con acento irónico, aunque templado o velado por el respeto exclamó +entonces fray Domingo: + +--Sin duda que a fin de que la revelación no haya sido a medias, el +duende habrá pronosticado a vuestra reverencia el punto y la hora de su +desaparición y de la aparición del mancebo. + +--Sí que me lo ha pronosticado--respondió fray Antonio.--Ello ha de ser +a media noche, en la propia habitación de doña Eulalia, a donde hemos de +acudir, recatadamente y sin que doña Eulalia ni nadie se entere, el +padre de ella, desarmado para evitar un funesto rapto de ira, vuestra +reverencia con sus exorcismos y yo pertrechado de mi ciencia _duendina_. +Tengo la más perfecta seguridad de que todo tendrá allí desenlace +dichoso. + + +II + +En la noche y hora prefijadas, de concierto ya D. César con los dos +reverendos, acudieron en misterioso silencio y de puntillas a la puerta +de la habitación de doña Eulalia, armado fray Domingo del libro de los +exorcismos y de un hisopo; armado fray Antonio de un turíbulo donde +quemaba hierbas mágicas, esparciendo el humo; y armado D. César de +paciencia, después de haberse comprometido solemnemente a no perderla y +a no enfurecerse, ocurriera lo que ocurriera. + +Celebrados ya sus ritos y evocaciones fray Antonio y fray Domingo +prescribieron a D. César que llamase con brío a la puerta de la +habitación de doña Eulalia, cerrada con llave y que ordenase que se +abriera de par en par, inmediatamente, sin excusa ni pretexto alguno. + +No hubo modo de evitarlo ni de retardarlo, y la puerta se abrió de par +en par y de súbito. En medio de ella, como magnífico retrato de Claudio +Coello, encerrado en su marco, apareció un galán muy bizarro y apuesto, +con traje e insignias de capitán, larga espada al cinto, airosas plumas +en el sombrero que llevaba en la diestra, rica cadena de oro y veneras +que en su pecho brillaban y espuelas, de oro también, asidas a sus +amplias botas de camino. + +D. César, que era muy violento y celoso de su honra, no hubiera sabido +contenerse y hubiera caído sobre el forastero, si ambos frailes, cada +uno de un lado, no le contienen. + +El galán con voz reposada y serena dijo entonces: + +--Sosiéguese mi Sr. D. César y no tome a mal que me presente tan a +deshora. Yo soy el capitán D. Pedro González de la Rivera, de cuya renta +y condiciones ha escrito a su señoría mi amigo el banquero genovés +Jusepe Salvago, y de cuyos altos hechos de armas en Portugal, en +Flandes, en Italia y en el remoto Oriente le han dado noticias otras +varias personas muy respetables. Aspiro a la mano de doña Eulalia; ella +me ha dado prueba de que me quiere para esposo; y sólo nos falta el +consentimiento paterno y después la bendición del reverendo Padre fray +Antonio, que está presente y que espero no ha de negarse a bendecirnos. + +--Todo eso estaría bien--respondió D. César con mal reprimida cólera--si +vuesa merced no lo pidiese, después de ofender mis canas, hollar mi casa +y atropellar todo respeto. + +--Yo, Sr. D. César--replicó el capitán sonriendo--tenía que vengar con +esta aparente injuria otra nada aparente que vuestra merced me hizo hace +diez años, cuando me sorprendió en este mismo sitio en dulces coloquios +con mi señora doña Eulalia, que aún no había cumplido quince años. Yo +era entonces un rapazuelo de dieciséis, y vuesa merced me arrojó de aquí +a empellones nada paternales. Por amor de doña Eulalia, lo sufrí todo y +mayor afrenta hubiera sufrido a ser posible mayor afrenta. Harto he +demostrado después mi valor. Acrisolada está mi honra. La fortuna además +me ha favorecido. La satisfacción que espero y pido para los pasados +agravios es que vuesa merced me acepte como yerno. + +En este punto, apareció doña Eulalia al lado del galán. Estaba linda en +extremo, muy elegante y ricamente engalanada con magníficas joyas, y +manifestando en el rostro juvenil y ruboroso gran satisfacción y +contento. ¿Qué había de hacer don César? Consintió en todo y abrazó +cariñosamente a sus hijos, no sin exclamar, mirando al capitán +detenidamente: + +--Válgame Dios, muchacho, ¡y cómo has crecido y embarnecido en este +decenio! ¿Quién al pronto había de reconocer en ti al rubio y travieso +monaguillo de Capuchinos que repicaba tan bien las campanas? + + +III + +No bastó la respetuosa consideración que fray Antonio inspiraba al padre +guardián, para que éste se callase y no dijese claro que, si no había +habido demonio, tampoco había habido duende, y que todo había sido +farsa. + +Fray Antonio quiso entonces justificarse, y antes de volver a Madrid, +donde habitualmente residía, habló al padre guardián como sigue: + +--No sólo ha habido duende sino uno de los duendes más poéticos que en +este mundo sublunar puede darse. Era ella tan pura, tan cándida y tan +ignorante de lo malo, que a los quince años parecía ángel y no mujer. Él +era bueno y sencillo como ella. Ambos se amaban con la más ardiente +efusión de las almas, sin la menor malicia, sin que la dormida +sensualidad en ellos despertase. Anhelaban unirse en estrecho y santo +lazo: vivir unidos hasta la muerte, como en unión castísima habían +vivido desde la infancia. A esto se oponía el desnivel de posición +social. Menester era que Periquito ganase posición, nombre, gloria y +bienes de fortuna. Al separarse para irse él a dar cima a su empresa, +sin estímulo vicioso, con inocencia de niños y con fervoroso amor del +cielo, se unieron sus bocas en un beso prolongadísimo. Sin duda se +interpuso entre labios y labios una levísima chispa de éter, átomo +indivisible, germen de inteligencia y de vida. El fuego abrasador de +ambas almas enamoradas penetró en el átomo, le dio brillantez y tersura, +y cuanto hay de hermoso y de noble en el mundo, vino a reflejarse en él +como en espejo encantado que lo purifica y lo sublima todo. Los santos +anhelos de amor de él y de ella, se fundieron en uno; y, sin +desprenderse enteramente de ambas almas, tuvieron en la misteriosa unión +ser singular y substancial suyo y algo a modo de vaga, indecisa y propia +conciencia. Se separaron los amantes. Él fue muy lejos; peregrinó y +combatió. Durante diez años, no supieron ella de él, ni él de ella, por +los medios ordinarios y vulgares. Pero el unificado deseo de ambos, el +duende que nació del beso, con pintadas alas de mariposa y con la +rapidez del rayo, volaba de un extremo a otro de la tierra: y ya se +posaba en ella, ya en él, y hacía que se estrechasen como presentes, y +renovaba el casto beso de que había nacido, no como recuerdo vano, sino +como si nuevamente y con la misma o con mayor vehemencia ellos se +besaran. No dude, pues, vuestra reverencia de que el tal duende existe o +ha existido. ¿Cómo explicar sin él la tenaz persistencia, durante diez +años, de los mismos amores? El deseo no era sólo de ella. El deseo no +era sólo de él. En ambos estaba, pero, al unirse, se separó de ambos, +creando la unión un ser distinto. Este ser no tiene ya razón de ser: +desaparece, pero no muere. No debe decirse que ha muerto o que va a +morir la chispa inteligente, enriquecida con la viva representación de +toda la hermosura de la tierra y del cielo, cuando, cumplida la misión +para que fue creada, se diluye en el inmenso mar de la inteligencia y +del sentimiento, que presta vigor armónico, y crea la luz y hace +palpitar la vida en la indefinida multitud de mundos que llenan la +amplitud del éter. + +Fray Domingo oyó con atención todo esto y mucho más que dijo fray +Antonio, y acabó por convencerse de que había duendes; unos prosáicos, +otros poéticos como el de D. Pedro y doña Eulalia, sin que la teoría de +fray Antonio pugnase en manera alguna con la verdad católica, pues +redundaba en mayor gloria de Dios, hasta donde alcanza a concebirla el +limitado entendimiento humano. + + + + +EL ÚLTIMO PECADO + +(NOVELA CORTA) + + +I + +El Sr. D. Emilio Cotarelo es un erudito de notable ingenio y de muy buen +gusto, a quien debemos estar agradecidos y dar grandes alabanzas los +aficionados a la amena literatura y a todas las artes de la palabra. Sus +libros nos maravillan por la diligencia y el tino con que el autor ha +sabido recoger noticias. Sus libros enseñan mucho y deleitan más. +Natural es que sean leídos, comprados y celebrados. + +Los ha compuesto ya el Sr. Cotarelo sobre don Enrique de Villena, sobre +el conde de Villamediana y sobre el gran poeta Tirso. Pero lo que ahora +me mueve a hablar de este escritor es la serie de estudios que está +publicando sobre actores y actrices del siglo pasado. Ya han salido a +luz la vida de la divina María Ladvenant, y más recientemente la vida de +_La Tirana_. Ambas obras tienen mayor interés que las novelas, y más +que novelas parecen intrincadas selvas de aventuras, lances y casos +raros. Al leerlos, no podemos menos de exclamar casi con envidia. +¡Vamos, vamos, no dejaban de divertirse nuestros morigerados abuelos! + +Y lo que es para mí el mayor mérito que tienen los libros de que voy +hablando, es ser muy _sugestivos_. El autor no cuenta ni afirma nada sin +probar su exacta verdad con documentos fehacientes. Quedan, pues, por +contar o apenas indicados entre renglones, mil sucesos importantes y +ocultos, los cuales explican o pueden explicar otros cuyas causas no +vislumbramos, porque el Sr. Cotarelo, como historiador severísimo y +veraz, tiene que dejarnos a media miel, sin decir como cierto lo que no +está evidentemente demostrado, aunque se presuma y haya acerca de ello +rastros e indicios. Siguiéndolos, voy a permitirme yo poner aquí algo +muy importante de la vida de _La Caramba_, que el Sr. Cotarelo, por +virtud de su severidad histórica, no ha podido menos de dejarse en el +tintero, tal vez a pesar suyo. + + +II + +El 8 de Septiembre de 1785, día en que celebra la iglesia la Natividad +de la Virgen Santísima Nuestra Señora, en vez de acudir al templo a +rezar sus devociones, la desenfadada María Antonia Fernández bajó a +pasear en el Prado, a provocar a los galanes y a escandalizar, según +tenía de costumbre. Estaba en lo mejor de su edad, como sol que culmina +en el meridiano; famosa por sus conquistas y celebrada por su gracia, +por su primor en el vestir, por su gallardo cuerpo, por su andar airoso +y por su marcial y bulliciosa desenvoltura. Iba aquel día bizarramente +ataviada: brial de raso azul, justillo recamado de seda y oro y bien +peinada la negra y undosa mata de pelo, sujeta en rodete en lo alto de +la gentil cabeza por rascamoño de oro, lleno de piedras preciosas. + +Completaban su tocado el lindo adorno que ella inventó y al que dio su +nombre de guerra, llamándole _La Caramba_, y una mantilla blanca de +preciosa y ligera blonda de Almagro. + +De repente se obscureció el cielo; se levantó terrible tempestad; el +aire silbaba y formaba remolinos; deslumbraban los relámpagos, y los +truenos espantosos ensordecían y aterraban. Se abrieron luego las nubes +y abundante lluvia, un verdadero diluvio, empezó a caer sobre la tierra. +No había coche ni silla de manos en que irse, y María Antonia Fernández, +alias _La Caramba_, se refugió en la iglesia de Capuchinos del Prado, +donde se celebraba en aquel momento una solemne función religiosa. +Predicaba fray Atanasio, predicador tan elocuente como severo. El horror +de la tempestad que continuaba y crecía, las frases tremendas con que el +padre fustigaba los vicios y con que describía las penas eternas que +Dios justiciero les impone y tal vez asimismo el devoto cuadro de Lucas +Jordán, que en aquella iglesia se parecía, representando a la Magdalena +a los pies de Cristo, todo compungió por tal arte a la bella pecadora, +penetrando en sus entrañas como agudas saetas de fuego, que se llenó de +atrición y aun de contrición, sintió que el Altísimo la llamaba a sí y +como por milagro quedó convertida. + +María Antonia Fernández no volvió a pisar las tablas, hizo desde aquel +punto vida retirada y ejemplar; y la amargura de su arrepentimiento +tardío, las duras mortificaciones con que se castigó ella misma y la +vergüenza y el profundo pesar que el recuerdo de sus pecados le causaba, +acabaron pronto con la salud de su cuerpo, concediéndole en cambio la +salud del alma. + +Todo esto es perfectamente histórico, notorio y sabido entonces en +Madrid, y recordado ahora con puntualidad por el Sr. Cotarelo. Lo que yo +voy a referir como apéndice es lo que generalmente se ignora. + + +III + +Cualquier pecado mortal es abominable, pero cuando el pecado no +contamina a ningún sujeto inocente y puro y no le aparta de la senda de +la virtud, su malicia es mucho menor que cuando extiende su pernicioso +influjo sobre criaturas humanas, y cuando todo lo inficiona y corrompe. +María Antonia Fernández, aunque arrepentida y llorosa, tenía el consuelo +de no haber pecado nunca en este segundo sentido. Cuantos habían caído +en sus redes y habían sido con ella pecadores, estaban pervertidos muy +de antemano, de modo que ella no agostó ninguna virtud en flor, ni +remedando al demonio robó ángeles al cielo para llevárselos consigo. A +María Antonia no remordía la conciencia, sino de su propia perdición y +no de haber procurado la ajena. + +Sólo en una ocasión se mostró ella propicia a cometer tan doble y feo +delito, pero se frustró y quedó en conato, gracias a la entereza de un +sujeto y sobre todo, gracias a la misericordia divina. Con horror +recordaba _La Caramba_ aquel caso. + +El duque de Campoverde, a quien llamo así para ocultar su verdadero +título, protegía y albergaba en su casa a un sobrino suyo, tan ilustre +como pobre, llamado D. Jacinto de la Mota, gallardo mancebo en la +florida edad de veinticuatro años, elegantísimo, discreto y agradable +por todo extremo. Y lo más singular y raro que en él había era su +espiritual e inmaculada limpieza. No pocas damas desaforadas tenían el +descoco de reír y burlar sobre su condición arisca, apellidándole el +nuevo Hipólito y tal vez sintiendo el prurito de remedar a Fedra con +mejor éxito y ventura. + +El duque, viejo alegre y algo librepensador, y dos amigos suyos, muy +curtidos y versados en aventuras ligeras y galantes mortificaban de +continuo a D. Jacinto, ridiculizando su honesto recato y urdiendo tramas +y buscando ocasiones peligrosas en que de todo punto le perdiese. + +Conjurados para tan inicuo fin, buscaron el poderoso auxilio de _La +Caramba_. Hubo una cena, a la que asistió D. Jacinto, ignorando lo que +iba a haber en ella, y le sentaron al lado de la seductora actriz, bella +como nunca aquella noche, con leves y casi transparentes vestiduras, y +adornados sus brazos y su desnuda y cándida garganta con ricos +brazaletes y espléndido collar de perlas. + +Pasaré aquí de largo, a fin de que nadie tilde de licencioso este +escrito, sobre las infernales artes con que _La Caramba_, industriada +por los tres libertinos, excitado su amor propio, anhelante de la +victoria, y prendada además de la gallardía e inocencia del casto mozo +se esforzó por avasallarle y rendirle a todo su talante. Don Jacinto +estuvo más firme que una roca; eclipsó casi la memoria del hijo +predilecto del patriarca Jacob, todo ello con tal dignidad y tan sin +melindres ni remilgos, que la risa y la chacota, que el tío y sus dos +amigos empezaron a mostrar, hubo pronto de trocarse en admiración y +respeto. Desde entonces dejaron tranquilo al mozo, sin fastidiarle y sin +embromarle más con disolutas disertaciones e impuras acechanzas. + +Lo que resultó de este frustrado delito, del que no pudo menos de tener +noticia la sociedad elegante y aristocrática de Madrid, fue la fama casi +de santidad con que resplandeció D. Jacinto, a quien se dieron a +reverenciar las señoronas devotas, citándole como modelo. Y resultó +también, y este fue más profundo resultado, un alto aprecio, una amistad +sublime y una extraordinaria gratitud en el generoso corazón de la +mujer desdeñada. Porque el mozo, al rechazarla con energía, no faltó en +lo más mínimo a cuanto cumple a todo cortés caballero, y nada dijo ni +hizo que exacerbase el desdén y que pudiera ser considerado como +injuria. Antes bien, con dulces y piadosas palabras suavizó lo agrio del +desvío, y vertió en la herida que acababa de abrir bálsamo celestial de +consuelo. + +Con tal eficacia penetraron en el centro íntimo del alma de María +Antonia Fernández estos sentimientos delicados que me atrevo a sospechar +que predispusieron a aquella mujer para que a poco, estimulada por la +tempestad, por el sermón elocuentísimo del padre Atanasio, y hasta por +la pintura de la Magdalena, se obrase de súbito su conversión milagrosa. +Aquellos nobles sentimientos fueron como abejas, que empezaron por +clavar sus punzantes aguijones en el pecho de _La Caramba_, y después +labraron en su centro panal suave de místicas flores. + +Lo cierto es que María Antonia y D. Jacinto quedaron amigos y que la +amistad hubo de estrecharse no bien se convirtió María Antonia. Nadie la +veía ni en paseos, ni en teatros, ni en toros, ni en verbenas y veladas. +Iba solo a las iglesias, humildemente vestida con basquiña y negro manto +de beata. Sólo un hombre además de su confesor, hablaba ya en ocasiones +con ella. Este hombre era D. Jacinto. Ora se hablaban en la misma +iglesia de Capuchinos, donde fue la conversión de ella y donde ambos +solían asistir; ora acudía él a casa de la actriz, si bien con prudente +recato para evitar la maledicencia. + +No podía ésta tener el menor fundamento, pero la malicia humana levanta +en el aire castillos de torpes embustes, y conviene evitar que la +malicia los levante y se haga fuerte en ellos. + +María Antonia Fernández se sentía atraída hacia D. Jacinto por un afecto +angelical y todo del espíritu, y se lisonjeaba además de que afecto no +menos puro impulsaba a D. Jacinto a venir a visitarla. + +Sus pláticas eran edificantes y propendían a lo místico, pero María +Antonia distaba mucho de caer ni de tropezar siquiera en el error de los +_alumbrados_. Para precaverse, leía con frecuencia los _Desengaños_, del +Padre Arbiol. Y por otra parte, si algo había en su mente y en su +corazón de que, después de examinarlo, su conciencia pudiera tener +escrúpulos, era un leve asomo de complacencia, al imaginar o al notar +que, si no había triunfado pecaminosamente de aquel mozo por los +sentidos, había logrado elevar su alma ya purificada hasta el alma de +él, enlazándolas con amistoso y casto lazo. + +Aquel nuevo género de vida daba al espíritu de María Antonia grata paz y +regalo; pero la austera crueldad con que trataba ella su cuerpo, los +ayunos, las largas vigilias, el cilicio con que maceraba su carne, y +acaso la dura disciplina con que se atormentaba en su más secreto +retiro, quebrantaron tanto su salud, que cayó gravemente enferma, y +estuvo, durante tres meses, postrada en el lecho y a punto de exhalar +el último suspiro. + +La ciencia de un buen médico y el cuidadoso esmero de su criada Juana, +lograron conservar su vida y devolverle la salud. + +Durante la enfermedad y más aún en la convalecencia, en voz baja, al +oído, tiñéndose sus pálidas mejillas de leve color de rosa, preguntaba +ella con frecuencia a Juana: + +--¿Ha venido a saber cómo estoy? ¿No le has visto? ¿No ha hablado +contigo? + +Contrariada y afligida Juana, tenía que confesar que D. Jacinto no había +parecido por aquella casa; no había enviado, al menos a un criado, a +informarse de cómo estaba la enferma. + +Por último, _La Caramba_ supo una novedad imprevista. La marquesa viuda +de Montefrío, prendada de las virtudes de D. Jacinto, y después de oír +los consejos e informes del Padre Atanasio, su confesor, había decidido +tomar a don Jacinto para yerno, casándole con su hija, la marquesita, +heredada ya y señora de una renta anual de más de veinte mil ducados. Se +afirmaba que la marquesita era fea y tonta; pero prevaleció la razón de +estado; todo se concertó pronto y bien, y D. Jacinto de la Mota era ya +rico y marqués de Montefrío. + + +IV + +Honda melancolía se apoderó del alma de María Antonia. Y sin embargo, +ella se esforzaba por disculpar a su amigo. El matrimonio, pensaba, no +es para santificar por medio del Sacramento el deleite y la satisfacción +de una pasión amorosa: es, en todos los que le contraen, para cumplir +con una obligación y servir a Dios en aquel estado: y es, además, en los +nobles, para conservar y perpetuar el lustre y decoro de sus familias, y +sus apellidos y títulos, gloria y ejemplo de la patria e inmediato +sostén de las bien concertadas monarquías. Así se explicaba María +Antonia que D. Jacinto, severamente, sin amor y en cumplimiento de +deberes impuestos por su nobleza, se hubiese al fin casado. + +Esto discurría para disculpar a su amigo, pero se afligía de no verle, +de no conversar con él y de la soledad y del abandono en que la había +dejado. + +En medio de su pena, pudo tanto aún la briosa mocedad de María Antonia, +fortalecida por el modo de vivir, menos duro y penitente que su larga +convalecencia le había impuesto, que vino al cabo a encontrarse de nuevo +sana y hermosa. + +Vehemente deseo de volver a ver a D. Jacinto dominó entonces su alma. +Sin dejar su humilde traje de beata, pero, con extremada, pulcra e +inconsciente diligencia, peinado el undoso cabello y acicalada toda su +gentil persona, _La Caramba_ acudió de diario a rezar en la iglesia de +Capuchinos y a pasar allí largas horas. + +No se lo confesaba, no quería confesárselo; pero tal vez recelaba con +miedo que no era sólo la devoción la que allí le llevaba, sino también +la esperanza de volver a ver a D. Jacinto. + +Y la esperanza se cumplió. María Antonia volvió a verle; mas ¡ay! ¡cuán +diferente del que antes era! Había descendido de un coche lujoso y +llevaba al lado a la señora marquesa, su mujer, muy engalanada y muy +fea. + +María Antonia cerró involuntariamente los ojos para no ver aquello; y +para no ser vista, se echó muy a la cara el manto y se arrimó a la pared +en el lugar del templo que le pareció más sombrío. + +María Antonia volvió, no obstante, a la iglesia de Capuchinos. No +deseaba ya ver a D. Jacinto en compañía de la marquesa. Deseaba verle +solo y hablarle. Tardó en cumplirse su deseo, mas se cumplió por último. + +Don Jacinto, saliendo de la sacristía, atravesó el templo. Ella le vio y +salió antes que él y le aguardó a la puerta, entre varios mendigos que +pedían limosna. La palidez limpia y mate de su rostro tenía soberano +hechizo y sus negros y rasgados ojos brillaban como dos soles de luto. + +Iba tan distraído el flamante marqués que no reparó en ella, hasta que +al ir a pasar la tocó con el hombro. Viola entonces y se paró encarnado +como la grana. + +--Ingrato--exclamó ella--te aguardaba aquí para cerciorarme de que no me +has olvidado del todo y para pedirte la limosna de una mirada y el favor +y la honra de que te dignes hablarme todavía. + +--Estoy casado--dijo él, y en el tono con que pronunció aquellas +palabras, se mostraba el temor de que alguien le viese con ella. + +Don Jacinto, con todo, parecía más mundano y menos timorato que de +soltero. Se diría, y ella lo sospechó de repente, que D. Jacinto casi +había desechado su mogigatería, logrado ya el fin principal que le había +movido a tenerla. María Antonia, por primera vez después de su +conversación y olvidada de su conversión, le dirigió entonces una mirada +larga, fogosa, dulce y llena de promesas. Aproximando luego su rostro al +de él, hasta el punto de que penetró por su boca y por sus narices el +aliento de ella, dijo ella quedito y con desmayada dulzura: + +--Ven de noche a casa. Nadie te verá y no lo sabrá nadie. + +En seguida María Antonia le volvió la espalda y se apartó de aquel +sitio. + + +V + +Salieron a relucir las galas y las joyas que se custodiaban en el fondo +del arca. María Antonia no parecía ya la penitente. Estaba vestida, +harto ligeramente vestida, como en la noche de la tentación y de la +cena. Había vuelto la espalda a Dios y dádose de nuevo al diablo. Estaba +perfumada su estancia, y lucían en ella los primorosos presentes de sus +antiguos amadores y el lujo de la plata labrada. + +Don Jacinto no dejó de acudir a la cita. Era ya otro hombre. Había +desechado la máscara del misticismo. Hasta el recuerdo de la fealdad y +de la tontería de su consorte estimulaba su liviano deseo. Para +disculpar su ingratitud, brotaron de sus labios entrecortadas frases. +Después pronunció ardientes palabras de amor, y roto ya el freno de su +bien utilizada hipocresía, se abalanzó a María Antonia, que le atraía +con los ojos y le embelesaba con blanda risa, medio abierta la húmeda +boca y dejando ver los iguales y apretados dientes, que parecían dos +hilos de perlas. + +El la estrechó frenéticamente entre sus brazos y buscó los labios de +ella con sus labios. + +Con ambas manos, María Antonia le rechazó tan violentamente, que faltó +poco para que le derribase por el suelo. No parecía mujer, sino +furibunda leona. No era la lánguida y complaciente enamorada: ni era +tampoco la penitente mística; era la maja de rompe y rasga, insolente y +soberbia, capaz de herir con groseros y ponzoñosos insultos, y capaz de +matar con la llama fulmínea de sus ojos, cuando no con puñales. + +--Vete, huye--exclamó--apártate de mi presencia. No pienses que la +amistad y la admiración que me infundiste con tus embustes, se ha +trocado en amor lascivo. Se ha trocado en asco. Si continúas aquí +corres peligro de que te asesine. Sólo muriendo a mis manos y no +gozándome conseguirás ya arrojarme en el infierno. Vete, repito; es un +hurto ruin el que intentas, dándome tu alma y tu cuerpo vendidos ya para +siempre y sin rescate a ese espantajo de mujer que te da título y +dinero. + +Don Jacinto pensó que _La Caramba_ se había vuelto loca. Si no de su +material violencia, tuvo miedo del alboroto, del escándalo y de la +resonancia ridícula que podía tener aquella escena, si se prolongaba. +Huyó, pues, casi despavorido. Y como era hombre que entendía bien su +interés y su conveniencia, pero que de almas sabía poco, jamás llegó a +comprender ni a darse cuenta de las singulares transformaciones del alma +de María Antonia, convertida de súbito de libre cortesana en austera +penitente, y de austera penitente en algo a modo de vengadora y +aterradora Furia. + +Cuando María Antonia se vio libre de la presencia de D. Jacinto, quedó +inmóvil y de pie por algunos instantes: rompió luego en insana risa y en +descompuesta y nerviosa carcajada; y por último, se arrojó al suelo, +retorciéndose, derramando un mar de lágrimas y balbuceando entre dientes +el _yo, pecadora_. + +De allí en adelante no volvió a pecar María Antonia, ni en pensamiento +ni en acto. Persistió en sus rezos; redobló sus vigilias, ayunos y +mortificaciones y logró, pocos meses después, temprano y dichoso +tránsito a mejor vida. + + + + +EL SAN VICENTE FERRER DE TALLA + +(PALINODIA) + + +En la capilla de la hermosa quinta que posee el marqués de Montefico en +las cercanías de Valencia, hay una devota y diminuta imagen de San +Vicente Ferrer, esculpida en madera y bien pintada luego. Se debe esta +obra al ilustre escultor D. Manuel Alvarez, a quien sus contemporáneos +llamaron _el griego_, por su habilidad para imitar los grandes modelos +que del arte de Fidias nos dejó la antigüedad clásica. Elegante ornato +del Prado es aún la fuente del Apolo y de las cuatro estaciones, trabajo +del escultor susodicho; pero mayor talento e inspiración mostró en el +San Vicente de que voy hablando y que pocos conocen. El Santo está +representado muy joven aún. Su cabeza es hermosísima y tiene noble +expresión de triunfante alegría, como si acabase de alcanzar una gran +victoria. En el rostro de esta efigie, alta toda ella de poco más de +veinte centímetros, se diría que Alvarez ha procurado reproducir el +júbilo orgulloso del Apolo de Belvedere, después de haber dado muerte +con sus flechas a la serpiente monstruosa, si bien la humildad cristiana +refrena el orgullo y calma el júbilo del Santo con la consideración de +que él no ha vencido por su mérito propio, sino por la gracia y el favor +del cielo. Asimismo se nota en el rostro del Santo cierto vergonzoso +rubor, por donde se barrunta que la victoria que ha ganado ha sido en +combate espiritual contra el tercer enemigo del alma, según lo refiere +el Padre Rivadeneira, hablando de aquella hembra insolentísima, que +quiso tentar y rendir al Santo y dio ocasión para que se le llamase _el +que no se quemó en medio del fuego_ y para que se le comparase a los +tres mancebos del horno de Babilonia, de quienes habla Daniel profeta. + +La efigie, en suma, sobre poseer muy notable valer artístico, es digna +de consideración por causas nada comunes. En el pecho, en el sitio bajo +el cual debe de estar el corazón, lleva clavado un puñalito de fuerte +acero y agudísima punta. Todo él, menos la empuñadura de oro, ha +penetrado en la madera, impulsado por mano sacrílega. Y cuenta la gente +piadosa que, todavía a principios de este siglo, se realizaba en la +mencionada efigie un singular milagro. Todos los años, el 8 de +Septiembre, día de la Natividad de la Virgen Nuestra Señora, una gotita +de color rojo, a modo de sangre, manaba de la herida. No ha de +extrañarse que el prodigio no se realice hoy, porque no merecen verle +los que de fe carecen. + +Como quiera que ello sea, la linda efigie atrae mucho la atención, y más +cuando llega a saberse que entre los documentos existentes en el archivo +de la casa del marqués hay un escrito de don Melchor de la Mota, tío del +marqués actual y cuarto hijo del abuelo de éste, D. Jacinto, donde se +refiere la historia de la imagen y se explica el suceso de la herida que +lleva en el pecho. El escrito que pongo aquí, ya copiando y ya +extractando o saltando no pocos párrafos, es como sigue: + +La admirable escultura de D. Manuel Alvarez, que representa a San +Vicente Ferrer, vino a poder de mi madre en el año de 1801. Se la legó +al morir el reverendo padre capuchino fray Atanasio, que la custodiaba +en su celda desde el año de 1785. Mi madre, que era discreta y callada, +o no sabía o aparentaba no saber del San Vicente sino el nombre del +autor, su mérito como objeto de arte y la inmediata procedencia por +donde llegó a sus manos. De sobra reconocía además, y no lo disimulaba, +que el artista había tomado para modelo de su Santo el bello y noble +rostro del marqués, marido de ella, y le había retratado con fidelidad +pasmosa. + +En varias conversaciones que tuve con el Padre Atanasio, ya muy viejo y +que me estimaba y quería mucho, logré entender y rehacer en mi mente la +historia toda de la imagen y de cuanto a ella se refiere. Y como es +curioso y no redunda en perjuicio, sino más bien en honra de mi padre, +voy a dejarlo consignado por escrito en el archivo de nuestra casa. + +D. Jacinto de la Mota jamás fue hipócrita ni falso en sus devociones, ni +en la austeridad de su vida. Educado severamente, muy correcto en todo y +guiado por el santo temor de Dios, cumplía con sus deberes, sin el menor +asomo de jactancia. Así como no le arredraban las burlas que de él +pudieran hacer los libertinos, tampoco calculó jamás la honra y el +provecho mundanos que su recato y demás virtudes pudieran acarrearle. +Cuando se libró de los lazos que el duque de Campoverde y otros amigos +le tendieron, valiéndose de María Antonia Fernández, alias _la Caramba_, +hizo lo que hizo por su delicadeza de sentimientos y por repugnancia a +toda sensual grosería, sin pensar en la buena fama que ganaba. + +Tan convencida quedó _la Caramba_ de la sinceridad de D. Jacinto y tan +prendada de las dulces palabras con que él mitigó la amargura de su +desdén, que el vicioso prurito con que ella acudió a seducirle, se +transformó en verdadera y profunda pasión amorosa. + +Por aquel tiempo, el escultor D. Manuel Alvarez, que visitaba con +frecuencia al duque de Campoverde, oyó contar a éste lo que había pasado +entre D. Jacinto y _la Caramba_, e inspirado en aquel suceso, hizo la +diminuta imagen de San Vicente, poniéndole por rostro el de D. Jacinto, +que acertó a retratar fielmente de memoria. + +Hubo de saber María Antonia Fernández que D. Manuel Alvarez había +terminado tan linda obra y resolvió adquirirla a toda costa para sí, +como lo realizó en efecto, pagándosela bien al escultor, el cual no +quiso ni pudo negarse a ello. + +_La Caramba_, aunque ya sublimemente enamorada de D. Jacinto, distaba +mucho aún de haberse convertido. Como no pocas mujeres aventureras y de +vida muy rota, estaba llena de extravagantes supersticiones. Creía amar +y amaba con frenesí a D. Jacinto y aspiraba a ser amada de él por +cualquier medio. Su amor adquiría a veces la condición del odio y a +veces tomaba el aspecto de la abnegación y del sacrificio. _La Caramba_, +ya quería matarle, ya quería morir ella por amor de él; pero de todos +modos ansiaba ser amada. + +Consultó a una famosa gitana hechicera, que había entonces en Madrid, y +esta gitana le vendió el puñalito con puño de oro para que le clavase en +el corazón de la efigie, como _la Caramba_ lo hizo. No por eso conquistó +ella el vivo y verdadero corazón de D. Jacinto. Y movida, poco tiempo +después, de sus pasiones y desengaños, y de un muy elocuente sermón que +oyó por acaso al Padre Atanasio, en el convento de Capuchinos, abandonó +la desastrada vida que hasta entonces había seguido y se volvió a Dios +de todas veras. + +Pronto llegaron a oídos de D. Jacinto las nuevas de conversión tan +ejemplar y milagrosa, y de aquí nació la mayor falta que en su vida +cometió D. Jacinto, estimulado, sin duda, por el demonio del orgullo, +el cual demonio hubo de prevalerse de sentimientos, muy otros, llenos de +caridad y misericordia. + +Consistió el orgullo en no tener miedo de caer en la tentación y en +atreverse a arrostrar los peligros, y consistió la caridad +misericordiosa en admirarse del cambio repentino de aquella mujer +pecadora, en compadecer el dolor agudo y tremendo que para la conversión +la había apercibido, y en la irresistible simpatía de que se dejó +vencer, yendo a tratar con ella de cosas del espíritu y a darle amistad +pura y grato consuelo. + +Don Jacinto se alucinó de tal suerte, que ni por un instante pensó que +en esto pecaba; pero un día habló de ello al padre Atanasio, su +confesor, y habló, no como revelándole una culpa suya, sino para +ponderar la virtud penitente de _la Caramba_ y para tratar de que el +padre Atanasio la conociese y admirase. + +Entonces fue cuando el padre Atanasio pintó ante los ojos de su alma y +con colores muy vivos, el peligro espantoso de caer en pecado mortal a +que él y María Antonia Fernández se exponían, y le prohibió resuelta y +terminantemente que volviese a visitarla y a tratar con ella. + +Obedeció don Jacinto, no sin combatir enérgica y dolorosamente contra la +amistad y contra la pura simpatía que María Antonia Fernández le había +inspirado. + +Nada más natural; nada con menos premeditación y malicia que lo ocurrido +después de esto. + +La envidia calumniaba a la joven marquesita de Montefrío, sin otra +razón que la de ser ella rica e ilustre. Educada con el mayor +recogimiento, tímida y silenciosa, sin el menor esmero en trajes y +tocados de moda y sin desenfado alguno en sus ademanes y conversaciones, +la marquesita fue declarada harto injustamente tonta y fea. No era ni lo +uno ni lo otro. No avergonzarse, sino bien podía envanecerse quien +llegase a tenerla por suya. Y de cierto había entonces, en esta villa y +corte de Madrid, no pocas damas de alto copete, cuyo talento y cuya +hermosura eran muy inferiores a los de la marquesita; pero que +completaban con el desenfado la carencia o la escasez de tan altas +cualidades, e infundían vehementes pasiones y eran heroínas de mil +galantes aventuras. + +El casamiento, cristianamente considerado, no presupone historia +amorosa, por muy delicada y limpia que sea. Es más bien un contrato, +purificado, santificado y sancionado por la religión, cuyo fin principal +es la fundación de las familias, la educación de los hijos y la +conservación de los linajes. Tan cumplir con un deber es casarse como +entrar en religión. Esto prueba que puede la persona honrada y piadosa +servir a Dios en cualquier estado. Así lo entendió don Jacinto. +Respetables individuos de su familia y de la familia de la marquesita +concertaron la boda de ambos. Apenas se vieron ellos y apenas se +hablaron tres o cuatro veces: lo bastante para reconocer que no había +motivo para que ellos se repugnasen el uno al otro, sino que, por el +contrario, el mutuo agrado, la satisfacción vanidosa de tener por +consorte a una persona de gentil presencia y el pleno convencimiento de +la inmaculada reputación de esta persona, todo coincidía con la +conveniencia de intereses y de miras que había en el proyectado +casamiento, en cuyos conciertos intervino más que nadie el padre +Atanasio. + +En suma, don Jacinto se casó con la marquesita y de pobre hidalgo que +era se transformó en rico señor titulado; pero en cierto modo pudo +seguir llamándose pobre de espíritu, porque poseyó la riqueza como si no +la poseyese; cuidó de los bienes cuantiosos de su mujer, más como celoso +administrador que como propietario y dueño de ellos; y a su muerte, que +no fue tardía, porque murió a los trece años después de la boda, había +acrecentado de tal manera el caudal de la casa con su tino y su +economía, que de la parte de gananciales que a él tocaba pudo dejar y +dejó cerca de tres mil ducados de renta a cada uno de sus cuatro hijos. + +Yo, que redacto estos apuntes, soy el menor de ellos. Nada digo de mí +porque nada merezco; pero sí diré de mis tres hermanos que todos son muy +guapos, entendidos y capaces para la profesión que siguen; y que mi +hermana es el encanto y la gala de la corte, a quien ponderan y ensalzan +todos por su apacible y honesto trato, por su discreción y hermosura, +honrando y glorificando así la noble casa donde como cabeza y madre de +familia entró hace años. + +Bastaría mirar sin prevención todo esto, aunque se careciese de otras +pruebas, para entender que el marqués y la marquesa se amaron de verdad; +porque del enlace frío y por mero cumplimiento de un deber, no nace +jamás tan lucida y generosa prole. + +Asegurado esto, voy a declarar y a explicar aquí cuál fue la conducta +del marqués en sus relaciones con María Antonia Fernández, y cómo esta +conducta, si bien en ciertos puntos digna de censura, sólo en un momento +de vergonzoso extravío no dejó de conciliarse con el respeto y con el +verdadero y santo amor que consagró a su mujer la marquesa. Por lo +demás, la culpa del marqués fue castigada severamente por el cielo, +siendo el mismo marqués, con sus remordimientos y profundo y secreto +pesar, instrumento de aquel castigo. + +Mucho le amargaban y atormentaban las injuriosas frases, justas con él e +injustas con la marquesa, con que _la Caramba_ le arrojó de su casa; +pero más le compungió y más honda herida hizo en su corazón lastimado, +un escrito que le dirigió _la Caramba_, arrepentida de las injurias. + +_La Caramba_ redactó aquel escrito poco antes de morir; y, legándole +además el San Vicente Ferrer de talla, se lo confió todo al padre +Atanasio. Este consideró conveniente que el marqués tuviese noticia del +escrito, pero no se le comunicó y le guardó entre sus papeles. El padre +Atanasio consintió en que yo le leyera y en que sacase de él la copia +exacta que aquí traslado. + +«Ilustre señor marqués, a quien ya no me atrevo a llamar amigo: Creo +cumplir con un deber de conciencia dirigiéndome a usía, para pedirle +perdón de las muchas faltas que he cometido en su daño. Ni remotamente +tenía yo derecho a imaginar que las caritativas visitas que usía me +hizo, después de mi conversión, más aparente que real, le enlazaban +conmigo, por ningún estilo, y le ponían en la obligación de consagrarse +a mi persona con amistad exclusiva y única y de ser constante compañero +mío en la penitencia, cuando nunca lo fue en el pecado. Mi extraña +conversión y el refinamiento vicioso de quien, sin caer en ello, era aún +enamorada pecadora, me inducían a deleitarme con aquellas visitas, a +aliñarlas con el sabor picante de un falso misticismo y con las +mortificaciones y castigos que yo imponía a mi cuerpo, y a saborearlas +regalándome y alimentándome con la dulzura de ellas, como si usía fuese +mi Dios y no el que está en el cielo. + +»De aquí mi descompuesta furia y mi loca desesperación cuando usía, +advertido a tiempo del peligro, dejó con razón de visitarme. Mi enojo +fue mayor aún cuando supe que usía se había casado; enojo absurdo, +porque usía ni me había prometido ni podía prometerme no casarse, para +ser fiel a las relaciones indefinibles en que soñé yo que estábamos. De +aquí que, rabiosa yo, maldijese de la marquesa, y ciega con mis celos me +la figurase un monstruo. + +»Y de aquí, por último, que olvidando y echando a rodar todas mis +penitencias, mis cilicios, ayunos y disciplina, me entregase yo de +nuevo al demonio, cuya esclava y servidora había sido durante mucho +tiempo. Y el demonio me prestó, sin duda, el poder sobrenatural y los +medios de seducción casi irresistibles, con los cuales tendí a usía mis +infernales redes, donde por vez primera logré que usía cayese, para +insultarle y maltratarle luego con infamia. Y más vale así, porque peor +hubiera sido que hubiésemos caído ambos en más honda sima y en pecado +más grave. + +»No me arrepiento, pues, de haber rechazado a usía: de lo que me +arrepiento es de haberle atraído con inaudita perfidia para rechazarle +luego. Cuando en esto pienso me doy a cavilar y a recelar que tal vez, +al principio, no hubo en mí perfidia, sino que me movió otra pasión, +cuando no peor, más peligrosa. ¿Me movió tal vez amor frenético y +desesperado? ¿Fue repentino y súbito el cambio en odio de este amor, +cuando le vi triunfante? El corazón de la mujer es un abismo de malvadas +inconsecuencias. Para abrazarme a mi ídolo le derribé del altar, y +cuando le vi por tierra, me llené de orgullo, y la adoración se trocó en +desprecio, y le pisoteé en lugar de recibir con júbilo y con vehemente +gratitud su beso. + +»En fin, más vale que haya sucedido todo como ha sucedido. Dios tenga +piedad de mí y perdone mis culpas. Conozco que se acerca la hora en que +me llamará Dios a su tremendo tribunal. Aun así, no puedo menos de +pensar en usía y de anhelar que usía me perdone. Yo he sido su ángel +malo, y me arrepiento de ello y lo deploro. Compadézcame usía; pero no +me llore, porque descansaré con la muerte. Y no permita el cielo que la +paz del alma de usía se turbe y que se obscurezca su luz, al pensar usía +en mi último pecado y en el único sin duda que usía cometió por mi causa +e instigado por mí y por todos los espíritus del Averno que me +auxiliaban entonces.» + +Así terminaba el escrito de _la Caramba_. + +En cuanto al marqués, solo el padre Atanasio, su confesor, supo lo que +padecía, recordando su fea, aunque momentánea falta, y pensando, ya en +el misterioso afecto que _la Caramba_ le había inspirado, ya en la +singular pasión que tuvo por él aquella mujer, pasión que fue tomando +diversas formas y condiciones, que sin duda no extinguió el desengaño ni +la penitencia, y que no se desprendió del ser de ella hasta que se +desprendió de ella el alma al exhalar el postrer suspiro. + + + + +GARUDA O LA CIGÜEÑA BLANCA + + +I + +En las fértiles orillas del azul y caudaloso Danubio, no muy lejos de la +gran ciudad de Viena, vivía, hace ya cerca de medio siglo, la Condesa +viuda de Liebestein, nobilísima y fecundísima señora. Al morir el Conde, +su marido, le había dejado en herencia muchos pergaminos, poquísimo +dinero, escasas rentas, abundantes deudas, y once hijos, entre varones y +hembras, el mayor de dieciocho años. + +La Condesa, con admirable economía, fue poco a poco pagando todas las +deudas del Conde, y halló además recursos para dar carrera a sus hijos +varones, que fueron militares, unos al servicio de Prusia, otros al de +Austria, y otros al de Baviera. Casó además con caballeros de su clase, +que todos eran Condes, y el que menos tenía dieciséis cuarteles, a +cuatro de sus hijas, condesas también desde su nacimiento. + +Conseguido tan difícil triunfo, la Condesa viuda vivía tranquila y +retirada en el castillo o mansión señorial que le había dejado en +usufructo y de por vida su difunto esposo. + +Las hijas, casadas, se habían ido con sus respectivos consortes. Los +hijos, militares, andaban por los campamentos, o de guarnición, o +asistiendo y sirviendo en distintas residencias imperiales y regias. + +La Condesa se hubiera quedado sola con su servidumbre, si el cielo no +hubiera dispuesto que el más alegre y entendido de sus hijos, cuando +apenas tenía doce años, hiciese la travesura de montar en un potro +cerril, que se despeñó y rodó con él por un barranco, dejándole lisiado +para siempre, y tan cojo, que difícilmente podía salir de casa, a no +tomar muletas, en vez de tomar las armas. El conde Enrique vivía en el +castillo; acompañaba a su madre, y, pensador y estudioso, se iba +haciendo gran sabio y leía mucho, porque en el castillo daba pábulo a su +afición una copiosa y escogida biblioteca, fundada hacía siglos por sus +antepasados y acrecentada de continuo. + +No pequeña parte del castillo estaba muy cómoda, elegante y hasta +ricamente amueblada aún, gracias al esmero cuidadoso de la Condesa +viuda. Tapices flamencos cubrían las paredes de dos amplios salones. Los +antiguos muebles se hallaban en perfecto estado de conservación. En las +alcobas había camas de roble primorosamente esculpido y con colgaduras +de damasco. Varios retratos de familia, de pomposas damas y de +caballeros armados, prestaban autoridad a las habitaciones y les ponían +muy aristocrático sello. Durante los fríos y las nieves invernales se +estaba allí muy a gusto, gracias a enormes chimeneas donde podían arder +troncos enteros de encina y a colosales estufas de loza vidriada que +había también en no pocos cuartos. Pero el edificio era vastísimo, y +proporcionalmente era pequeña la porción de él que se conservaba +amueblada y habitada. Largas y desiertas galerías, salas sin muebles, +pasadizos misteriosos y estrechas y torcidas escaleras que bajaban a los +profundos sótanos o subían hasta lo más alto de las torres, prestaban al +conjunto del edificio muy medroso aspecto y a la imaginación fértil y +extenso espacio donde crear fantasmas y sobrenaturales prodigios. + +Acostumbrada y encariñada la Condesa viuda con su antigua vivienda, +nada, sin embargo, temía. Al contrario, tal vez se hubiera complacido +ella en ver con los ojos de su cuerpo mortal y en hablar y en oír hablar +a varias almas en pena de los progenitores de su marido, las cuales +almas, según afirmaba el vulgo, solían aparecerse durante la noche, y +andaban vagando por los más recónditos camaranchones y obscuros +escondrijos de aquel laberinto arquitectónico. + +Tampoco el conde Enrique, algo descreído y volteriano, tenía miedo de lo +sobrenatural. Casi sobrenatural se consideraba él mismo. Vivía +artificialmente, merced a un severo régimen y a la atinadísima ciencia +de su médico. En su primera mocedad, y, a pesar de su cojera, había +gozado de mejor salud relativa, y había podido pasar largas temporadas +en Viena, asistiendo a las aulas y dedicándose al estudio. Empeoró +después su salud y se encerró tan obstinadamente en el castillo, que +nunca salía de él y acompañaba siempre a su madre. Por su carácter era +un ángel, y por su facha, a no ser tan bondadoso, hubiera parecido un +demonio, aunque por lo feo y pequeñuelo no dejaba de parecer un duende. + +El ser que iluminaba el castillo con esplendores de poética hermosura, +era la gentil Poldy, única hija de la Condesa viuda que permanecía +soltera, aunque frisaba ya en los veintiocho años. + +Como era muy distraída y muy corta de vista, y tenía, si es lícito +valernos de una expresión gráfica aunque harto vulgar, grandes humos +aristocráticos, apenas había tratado ni fijado siquiera la mirada en +individuo alguno de la humanidad circunstante, como no tuviese por lo +menos dieciséis cuarteles de nobleza. A los criados, a los campesinos y +a los desvalidos y pobres, sí los miraba, pero los miraba para +protegerlos y ampararlos hasta donde alcanzaban sus medios y recursos. +Lo que es de igual a igual, la condesa Poldy no trataba a nadie, ni +fijaba su atención en nadie como no fuera de su clase. Para excitar su +caridad, para pedir consejo o auxilio, toda criatura humana, por +miserable y desvalida que fuese, podía llegar hasta ella, segura de que +ella le tendería sin repugnancia sus blancas y piadosas manos, como las +de Santa Isabel, reina de Hungría, sobre la inmunda cabeza del tiñoso; +pero, si Poldy había de recibir a una persona en su estrado y conversar +familiarmente con ella, esta persona necesitaba contar, entre sus +ascendientes, héroes y príncipes, y ser además por sí atildado, culto y +perfecto dechado de cortesía, de discreción, y de otras mil raras +prendas. + +Alguien calificará tal vez a esta señorita de engreída, fastidiosa y +hasta inaguantable. Yo ni la defiendo ni la injurio. La pinto como ella +fue, sin quitar ni poner nada. Su orgullo, a la verdad, aunque es falta +que no merece disculpa, no carecía de fundamento, porque, sobre ser +Poldy de nobilísima estirpe y contar entre sus ascendientes a un héroe +que peleó en Legnano, al lado de Federico Barba-roja, contra el ejército +de la liga lombarda, y a otro que estuvo de cruzado en Palestina, con el +impío Emperador Federico II, era ella de por sí hermosa y discreta y de +tan fino temple de carácter y de tales bríos, que parecía una reina y +avasallaba todas las voluntades. + +Habían bastado sus breves apariciones en Viena, en casa de una tía suya, +para que se llevase a las gentes tras de sí y la proclamasen +_hauptcomtesse_ o como si dijéramos Condesa capital o princesa y +capitana de las condesas todas. + +Es evidente que, siendo ella así, no había carecido de novios, entre los +señores de su clase; pero, como era tan descontentadiza y dificultosa de +gusto, ningún pretendiente le agradaba ni le satisfacía. Uno le parecía +tonto, otro ordinario, otro feo y otro vulgar. En suma, ninguno la +enamoró, y, repugnando casarse por casarse, sin estar enamorada, +permaneció soltera. + +Vivía casi siempre retraída en el castillo, donde no veía ni hablaba a +nadie más que a su madre, a su hermano y a las gentes que los servían. + +A fin de gozar, no obstante, de cierta libertad y de poder ir de vez en +cuando a Viena sin otra custodia que la de su doncella, a los veintidós +años se había hecho _stiftdame_ o sea canonesa. Ningún voto perpetuo la +ligaba, apenas tenía obligación de vivir algunos días en comunidad, y +alcanzaba en cambio no cortos privilegios, exenciones y autorizada +consideración. + +A pesar de estas facilidades y ventajas, hacía ya tiempo que la condesa +Poldy se había aficionado tanto a la soledad, que no iba a Viena, ni +salía del castillo y de sus rústicas cercanías. + +Su conversación con el conde Enrique acabó por infundir en su espíritu +idéntica curiosidad, igual afán de saber y no menos decidida afición a +toda clase de estudios. En ella, sin embargo, predominaba el amor a la +poesía, sobre todo, cuando tenía por objeto el examen de lo íntimo del +alma propia para sondear sus misteriosos abismos y buscar y hallar luego +en el lenguaje humano la expresión adecuada de sus ensueños, anhelos y +vagas creencias y esperanzas. + +El misticismo algo panteísta que llenaba y colmaba su espíritu, rebosaba +y trascendía a lo exterior convertido en hondo sentimiento de la +naturaleza y en arrobo contemplativo y extático de las remotas estrellas +del cielo y de las flores y plantas del intrincado y frondoso bosque que +casi rodeaba el castillo. + +Durante el invierno, la Condesa Poldy, retenida en el castillo por las +lluvias y los hielos, no daba tan largos paseos ni eran sus excursiones +tan reposadas y contemplativas como en la primavera y en el verano. +Pero, durante la primavera, se desquitaba bien de su forzada reclusión +permaneciendo largas horas en el bosque. Ya se paraba a meditar, ya iba +con lentitud y sin dirección determinada, y ya se detenía, o bien +mirando una flor, una mariposa, una libélula, o los caprichosos efectos +de la luz al través de las verdes ramas, o bien oyendo cantar los +pájaros, o el murmullo del agua del arroyo al quebrarse en las guijas, o +el manso susurrar del aura entre las verdes y tempranas hojas. + +Cuando la condesa Poldy daba estos paseos meditabundos, cuando salía, +como solía ella decir, a caza de impresiones poéticas, no gustaba de que +nadie la acompañase; siempre iba sola. + + +II + +En un hermoso día de los últimos del mes de Mayo, la condesa Poldy se +hallaba sola, en lo más intrincado del bosque, entre diez y once de la +mañana. Sencilla y elegantemente vestida, llevaba en la airosa cabeza un +gracioso sombrero de paja de Italia y pendiente del brazo izquierdo un +ligero canastillo de mimbre. Aquel día no eran la meditación y la +contemplación de las bellezas naturales el único propósito de su paseo. +Tenía otro más práctico. Iba ella a coger fresas silvestres, de las muy +delicadas que en abundancia producía aquel bosque, y a coger también +cierta florida hierbecilla, llamada _waldmeister_, que se pone y conque +se perfuma y sazona el _maitrank_, deliciosa bebida propia de aquella +estación y de la que gustaba muchísimo la Condesa viuda. + +Buscando fresas y _waldmeister_, Poldy se había alejado del castillo y +penetrado en la profundidad del bosque, harto más de lo que solía. Así +vino a encontrarse en sitio muy solitario y agreste, donde, rota la +espesura que los apiñados árboles formaban con su denso follaje, había +una pequeña laguna. En la orilla opuesta de aquélla a la que Poldy se +había acercado, se alzaba un obscuro y ruinoso torreón. Todo el terreno +que circundaba la laguna era húmedo y vicioso. Las emanaciones palúdicas +habían ahuyentado las aves de aquel sitio. Las aves no le alegraban con +sus trinos y gorjeos como hacían en otros lugares del mismo bosque. Casi +hundidas las raíces en el agua se veían a trechos espadañas y juncos en +muy pobladas matas. Sobre el haz del agua dormida, que no rizaba +entonces el más ligero soplo de viento, se extendían la verde lama y las +redondas y anchas hojas de nenúfar, cuyas blancas flores se levantaban +en el aire tranquilo. Los pies de Poldy se hundían en la hierba que +había crecido muy alta. Cada vez que fijaba en el suelo uno de sus +menudos pies, se espantaban las ranas que entre la hierba se hallaban +ocultas, y daban estupendos brincos, zambulléndose en el agua estancada. +El ruido que hacía el agua, al chapuzar en ella las ranas, era lo único +que interrumpía el maravilloso silencio que reinaba en torno. + +Poldy, por irreflexivo y curioso instinto, siguió andando por la margen +de la laguna hacia el sitio donde el torreón se parecía. Y estando ya +muy cerca de él, vio de improviso un objeto que, si bien ella no era +tímida, le produjo un sacudimiento nervioso, por mostrarse tan de +repente y cuando menos lo recelaba. Era una corpulenta cigüeña blanca, +que salió de detrás del torreón, y que sin el menor espanto, sino mansa +y serena, se vino hacia Poldy con paso lento, grave y majestuoso. De vez +en cuando movía la cabeza a un lado y a otro con graciosa coquetería. +Cuando estuvo más cerca, dio algunos saltitos, extendió y batió las +largas alas como en señal de júbilo, y abriendo y cerrando repetidas +veces el rojo pico, produjo un son muy semejante al de las castañuelas. +Volviendo luego a andar con mayor lentitud y con cierta vacilación, como +si el respeto le contuviera, siguió el pájaro peregrino caminando hacia +Poldy, y parándose a cada dos o tres pasos como si aguardase el permiso +de llegar hasta ella. + +Comprendió Poldy la intención del pájaro; no temió nada porque le +consideró inofensivo, pero extrañó que se le mostrase tan cariñoso y +que tan resueltamente y a largos trancos de sus zancas enjutas viniese +hacia ella como si fuese un antiguo amigo suyo. ¿Le habría conocido y +tratado antes y no lo recordaría entonces? Poldy buscaba en balde por +todos los más hondos y olvidados senos de su memoria algún vago recuerdo +de aquel conocimiento y trato. No hallaba el menor rastro ni la más +ligera huella de haberlos tenido jamás. La misma cigüeña dejaba ver que +nunca había conocido a Poldy, pues aunque no atinaba a expresarse en +ningún idioma humano sino sólo con los resonantes castañetazos de su +pico, la lentitud de su marcha, sus paradas frecuentes y cada una de las +miradas que sus pardos ojos dirigían a Poldy parecían significar +interrogación y súplica, como si dijesen: graciosa Condesa, ¿me permite +V. E. que me aproxime y la trate? Había además en la cigüeña un no +sabemos qué de exótico: cierto raro modo de ser, bastante parecido al +que se nota en un viajero de distinción, venido de muy remotos países, +con quien por dicha tropezamos y entablamos conversación sin pensarlo ni +pretenderlo y solamente a causa de súbita y misteriosa simpatía. + +Poldy, sin duda, simpatizó con la cigüeña. Le cayeron en gracia y le +ganaron la voluntad el respetuoso acatamiento y la amistosa dulzura +conque la cigüeña la miraba. Confesó, allá en sus adentros, que la +cigüeña sabía tratar a las gentes como merecían, y que, naturalmente, +estaba dotada de exquisita buena crianza, aunque por ser crianza no +aprendida, más bien debiera llamarse soltura fina o refinado tacto de +mundo. + +En fin, Poldy se allanó a tratar a la cigüeña sin que nadie se la +presentase y sin saber quién era ni cuántos cuarteles tenía; dio también +hacia ella algunos pasos, y extendió la mano y le tocó regaladamente la +cabeza. La cigüeña se dejó acariciar y mostró la satisfacción y el gusto +que aquellas nobles caricias le causaban, entornando los párpados como +si se adormeciese y restregando suavemente el largo cuello sobre la +vestidura de la linda dama. Pasó ésta la mano por el cuello de la +cigüeña, bajándola hasta el ancho buche, cubierto todo de abundantes y +blancas plumas. Entonces advirtió con sorpresa que la cigüeña tenía +allí, suspendido de listón muy sutil, un pequeño retazo de tela de seda, +que, flexible y apiñada, formaba poquísimo bulto. + +Poldy no pudo resistir la curiosidad ni vencer el deseo de apoderarse de +aquella prenda. Pronto desató el lazo conque por medio del listón +colgaba la prenda del cuello del pájaro y se quedó con la prenda en las +manos. + +No se sabe si espantada entonces la cigüeña o enojada del que pudo +considerar despojo, se apartó bruscamente de la dama, extendió las alas, +salió volando, se remontó en los aires y acabó por perderse de vista. + +Avergonzada quedó Poldy como si hubiese cometido un hurto villano, pero, +al fin, desechó los escrúpulos, pensando que no había ella tenido la +intención de quedarse con la prenda y que estaba dispuesta a +devolvérsela al pájaro, si el pájaro acudía de nuevo a ella y de algún +modo la reclamaba. + +Desenredó luego Poldy más de un metro de listón que estaba devanado en +la tela de seda, dándole forma de ovillo, y desenvuelta la tela, que era +del color de los albaricoques, vio escritos en ella con muy negra tinta +varios renglones en extrañas y menudas letras. Ella las miró y las +remiró, pero en vano, porque no conocía una sola. Y aunque era +medianamente sabia y aprovechada discípula de su hermano el conde +Enrique, no acertaba a determinar con fijeza a qué alfabeto y lengua +aquellos signos y palabras pertenecían. Sospechó, no obstante, que las +inscripciones de la tela de seda estaban en sanscrito, lengua que +estudiaba con asiduidad y provecho su hermano el conde Enrique. + + +III + +Volvió Poldy al castillo aguijoneada por la curiosidad y deseosa de que +le descifrase su hermano lo que la tela decía. Almorzó con muy buen +apetito, y luego, mientras que la Condesa viuda dormía después del +almuerzo, como tenía de costumbre, se fue a la biblioteca con su hermano +Enrique, le contó su encuentro con el pájaro zancudo, le enseñó la tela +de seda y le rogó que tradujese lo que en ella había escrito. + +El conde Enrique confesó que no estaba bastante versado en la lengua de +Valmiki para traducir de repente los versos, pues indudablemente eran +versos los que había en la tela; pero pidió tiempo y prometió a su +hermana presentarle una exacta traducción de todo en aquel mismo día. + +En efecto; pocas horas después buscó el conde a Poldy, la llevó de nuevo +a la biblioteca, y con aire de triunfo le mostró los versos ya +traducidos. + +--No se qué pensar, dijo a su hermana. A veces imagino que la cigüeña +vino de la India, donde pasó el invierno, y que los versos son obra de +algún brahman, Rajá o nababo muy ilustrado, y, a veces, sospecho que +bien puede ser algún erudito compatriota nuestro quien compuso los +versos y quien colgó la tela al cuello de la cigüeña para embromar al +que la encontrase. + +--¿Qué fin--contestó Poldy, había de proponerse algún compatriota +nuestro con ese engaño? Yo no conozco aún los versos, pero doy por +seguro que su autor vive en las orillas del Indo o del Ganges, y no en +las del Rin o del Danubio. A ver... lee. + +--Ya verás y notarás en los versos cierta inspiración más europea que +asiática. Las composiciones son tres: dos muy breves; y una de estas dos +parece calcada sobre cuatro versos del _Prólogo en el cielo_ del +_Fausto_. La coincidencia es inverosímil. Y, aunque no es imposible, yo +encuentro raro y sospechoso que un brahman lea a Goëthe y le imite. + +--Vamos, lee los versos sin más prólogo. + +--Los versos dicen: + + Pido al cielo su estrella más brillante; + Pido al suelo su dicha más completa; + Y ni cercano amor, ni amor distante + Mi conmovido corazón aquieta. + +--Es verdad, dijo Poldy; los versos son muy semejantes a los de Goëthe, +salvo que el poeta dice de sí mismo lo que dice Mefistófeles de Fausto. + +--Pues oye estos otros que tienen no se qué dejo de metafísica +cristiana; de misticismo por el estilo del de Tauler o del del maestro +Eckart: + + Sin alas y sin luz la mente humana + En balde en pos de lo ideal se lanza; + Pero la voluntad recorre ufana + La eterna inmensidad de la esperanza. + +--Eso es verdad,--exclamó Poldy, y lo mismo se le puede ocurrir a un +indio que a un cristiano. En la India hay desde muy antiguo, según he +oído decir, místicos tan profundos como los de Alemania. Además, en +todos los países, ha de haber habido pensadores y poetas que imaginaran +y expresaran que se podía penetrar y subir con el amor a donde nunca +sube y penetra el raciocinio por sutil y elevado que sea. + +--No quiero discutir. Convengo en que un brahman puede haber compuesto +la copla que acabo de decirte traducida. Tal vez yo en la traducción le +he prestado una apariencia europea que en el original no tiene. Oye +ahora la última composición. El poeta desciende en ella de las +elevaciones místicas, y se abate y se humana como cualquier enamorado +con el amor terrenal y sensual que las mujeres inspiran. Algo, no +obstante, queda aún en esta composición del misticismo de las otras. Es +como un pequeño fragmento de _El cantar de los cantares_, o mejor diré +del Gita-govinda, cuyos requiebros, ternuras y descripciones materiales +pueden interpretarse por estilo ultramundano y trascendente. La +composición además tiene en este caso una singularidad que no tiene ni +el idilio erótico de los hebreos ni el de los indios. Salomón y Crishna +veían, oían y tocaban a sus bellas y enamoradas amigas, pero este poeta +ni toca, ni ve, ni oye a la suya, si no se la imagina con indecisa +vaguedad, y de tal suerte, que lo mismo puede vivir en este planeta que +en otro remotísimo, y lo mismo puede ser nuestra contemporánea, que +haber nacido hace cuarenta siglos o que estar aguardando aún otros +cuarenta, en el mundo de las ideas, antes de que llegue el día de su +encarnación y de su aparición entre los seres de nuestra casta. + +--Muy curioso es lo que me cuentas, pero no es original ni nuevo. ¡Es +tan difícil ser nuevo y original! ¿No se enamora Fausto de Elena, que +vivió dos mil quinientos años antes de que él naciese? ¿No hay un cuento +árabe o persa, donde un príncipe musulmán, que vivió doscientos o +trescientos años después de Mahoma, está perdidamente enamorado de +cierta reina o infanta de Serendib o de Sabá, que floreció en tiempo de +Salomón y fue rival de la Sulamita? + +--Todo eso es así, pero aún es más vaga e indeterminada la señora de los +pensamientos de nuestro poeta indio. El príncipe musulmán enamorado de +la rival de la Sulamita, había hallado y admirado el retrato de ella en +el tesoro de su padre, mientras que no hay retrato ni hay el menor +indicio por donde pueda entrever o tener alguna idea o noción de su +dama, el autor de los versos que he traducido. Óyelos con atención. + +--Soy toda oídos. + +El conde Enrique leyó de esta suerte: + + ¿Dónde te escondes, hermosa mía, + que no consiguen verte mis ojos, + Como te sueña mi fantasía, + Llena de gracia, libre de enojos? + + Ven do el kokila dulce gorjea, + Do presta el loto su aroma al viento, + Ven que mi anhelo verte desea + Y comprenderte mi entendimiento. + + No eres ensueño, realidad eres; + No finge el alma hechizos tales, + Aunque más bella que las mujeres + Suya te llamen los inmortales. + + En la luz pura de tu mirada + Amor enciende sus dardos de oro, + y son tus labios urna sellada + De sus deleites fuente y tesoro. + + Ora residas lejos del suelo + Ora aparezcas en otra edad, + Por los tres mundos en raudo vuelo + Irá buscándote mi voluntad. + + Perla brillante, aunque escondida + En lo profundo del mar estés, + Yo sabré hallarte, bien de mi vida, + Para que excelso premio me des. + +Poldy oyó atentamente los versos y habló de ellos con su hermano y hasta +los juzgó con aparente frialdad crítica, concediéndoles algún mérito y +señalando sus muchos defectos. Lo que ella disimuló, y no reveló ni a su +hermano ni a nadie, fue el enjambre de suposiciones y de ensueños que +los versos suscitaron en su fantasía. Ya se figuraba ver escribiéndolos +a un elegantísimo y joven brahman, no lejos de su magnífica quinta, bajo +verde enramada, en las fértiles orillas del Kausikí, ya que los componía +en su propio alcázar el príncipe heredero de Ayosia, de Cachemira o de +cualquiera otro de los reinos y países que describen las antiguas +epopeyas. Pero el autor de los versos era contemporáneo de ella y se +parecía a ella en extremo por la dolencia y la pasión que le +atormentaban. Amaba o mejor dicho deseaba amar; nada veía en torno suyo +digno de su amor; y buscaba lejos, a ciegas y sin guía el raro y +precioso objeto que mereciese ser amado. + +En lo más íntimo de su alma caviló mucho Poldy sobre todo esto, y urdió +y tejió infinidad de historias, en su sentir bellísimas, con las que +ella se deleitaba en secreto sin comunicárselas a nadie, ni siquiera a +la anciana institutriz Justina que era su confidente. + + +IV + +Engolfadísimo en sus estudios, el Conde Enrique no tenía voluntad ni +entendimiento sino para continuarlos. En las demás cosas de la vida +estaba sometido siempre al entendimiento y a la voluntad de su hermana +Poldy, a quien él amaba en extremo. Prohibiole ésta que hablase con +nadie del encuentro de la cigüeña, de los versos y de la traducción, y +el Conde Enrique obedeció y se lo calló todo. + +No quería Poldy que su madre se enterase de nada. La Condesa viuda era +una señora dotada de un espíritu tan prosaicamente positivo, que sin +duda hubiera destruido con sus discursos todo el caramillo de +suposiciones poéticas que Poldy había levantado y que en manera alguna +quería ella que nadie derribase. + +La Condesa viuda acusaba además y zahería con frecuencia a su hija, +calificándola de extravagante, de soñadora, de alucinada, de acérrima +enemiga de lo juicioso y de lo razonable, y de temeraria perseguidora de +ideales inasequibles y absurdos. Si la Condesa viuda pensaba así de +Poldy ignorando el suceso de la cigüeña, ¿qué no pensaría y qué no diría +si lo supiese? + +Poldy no volvió, pues, a hablar de él ni con su mismo hermano, como si +su mismo hermano lo ignorara, o como si ella tuviese la pretensión de +que él lo olvidase. + +A solas, pues, y en toda libertad, Poldy se figuraba a medida de su +deseo, al autor de las tres poesías. Ya le suponía en Benarés, ya en +Delhi, ya en Calcuta, ya en otros lugares de la India, pero siempre +noble, joven y hermoso, y _chatria_ o brahman, cuando no príncipe. + +El incógnito personaje padecía una enfermedad mental semejante a la de +Poldy. Eran sus síntomas el desdén y el hastío de cuanto le rodeaba, y +la vaga aspiración a un bien remoto, confusamente trazado y medio +desvanecido entre las nieblas y vapores de mil ensueños. + +Poldy desechaba por vulgar y necia la creencia de su hermano, de que un +erudito alemán hubiese compuesto los versos sanscritos para entretenerse +o para mostrar su pericia. Para ella no cabía la menor duda: los versos +eran obra de un ilustre y joven señor de la India. + +Poldy iba amenudo más adelante en sus atrevidas imaginaciones. No creía +ella que el pájaro zancudo que se le había aparecido tuviese la menor +semejanza ni con el cisne de Leda ni con el toro blanco de la gallarda +hija de Agenor; pero ¿no podría la cigüeña ser instrumento de algún gran +sabio; acaso de un genio o de una hada, cuyas poderosas sugestiones +hubiese obedecido al venir a visitarla? ¿Quién se atreverá a limitar la +extensión de lo posible? Si no fuésemos a creer sino lo que +comprendemos, apenas creeríamos nada. + +Acudía a veces a la memoria de Poldy un cuento de las _Mil y una +noches_, y se deleitaba en presumir que lo que a ella le pasaba tenía +algún parecido con dicho cuento. En las más elevadas regiones del aire, +se encontraron una noche un hada y un genio que iban volando en opuestas +direcciones. Allí se hablaron y se confiaron que el hada venía de +visitar y dejar dormido al más hermoso príncipe que había en el mundo, y +que el genio, procedente del otro extremo de la tierra, venía de +contemplar y de admirar también a una maravillosa princesa dormida en su +lecho virginal, allá, en el más recóndito, elegante y perfumado camarín +de su magnífico palacio. Genio y hada se proponen que príncipe y +princesa se conozcan, se enamoren y se casen, y los medios a que +recurren para lograrlo constituyen el enredo de la mencionada historia. +Poldy, aunque suavizando mucho lo sobrenatural, así por modestia, como +por el escepticismo que es tan propio del siglo presente, se dio a +sospechar que en todo lo sucedido podría muy bien y casi naturalmente +haber algo que con el cuento oriental coincidiera. + +Ella había oído decir y hasta había leído en obras recientes que tratan +de Teosofía, que hay • en la India ciertos sabios llamados _mahatmas_, +que a fuerza de introinspección y de asiduo examen en las honduras del +propio ser, adquieren poder estupendo y descubren raros secretos de la +naturaleza, por cuya virtud realizan acciones que tienen apariencia de +milagrosas, aunque no lo sean. ¿No sería quizás el autor de las tres +poesías alguno de esos hábiles _mahatmas_ que había adivinado a Poldy, +que la había entrevisto mentalmente, que se había prendado de ella y +•que para comunicarle sus impresiones y enviarle sus versos sin +infundirle mucho asombro, se había valido del medio naturalísimo del +pájaro zancudo, cuya condición propia le lleva, sin nada de brujerías ni +de otras malas artes, a pasar el verano en Austria y el invierno en la +India? + +De esta suerte cavilaba Poldy, forjando y desbaratando casos +fantásticos. Era como el niño que se entretiene en levantar con esmero y +conservando bien el equilibrio un alto y complicado castillo de naipes, +y luego le derriba para divertirse y jugar levantando otros. + +En suma; Poldy no sabía a qué atenerse ni por qué decidirse. No se +declaraba a sí misma cuál de los castillos por ella levantados era el +que más le agradaba. Lo que no podía menos de reconocer era que la faena +de levantarlos y de •derribarlos la deleitaba no poco. + + +V + +Poldy buscaba la soledad entonces más que nunca. En las conversaciones +con su hermano, con su madre y con su aya, se mostraba distraída. Y +esquivando amenudo toda compañía, iba a dar por el bosque solitarios +paseos. + +Aunque sea ordinaria comparación, así como puede conjeturarse y preverse +que el sitio más apropósito de hallar a un goloso es una buena +confitería, así Poldy conjeturaba que de seguro volvería a hallar a la +cigüeña a orillas de la laguna donde la halló por vez primera. Había +allí tal abundancia de ranas, lagartos, sapos, escuerzos y otras +sabandijas, que era la tierra de promisión para aquel pájaro zancudo, el +cual, por su gran tamaño y por la extraordinaria longitud de sus alas, +cubiertas en los extremos de lustrosas y negras plumas, dejaba conocer +que era del género masculino. Lo que Poldy no acertaba a determinar era +si el pájaro estaba casado o soltero. Poldy le veía siempre solo y como +no entendía su lenguaje, no le preguntaba si era casado, como en España +solemos preguntar a los loros, que responden a la pregunta. + +Era también un misterio para Poldy el lugar donde anidaba la cigüeña. + +La veía a orillas de la laguna. El pájaro la saludaba con sonoros +castañetazos, dando saltitos y batiendo las alas, que abiertas abarcaban +más de dos metros y medio. Era en su especie un individuo de +notabilísimo mérito. + +Parecía meditabundo y pensativo, pero debía callarse muy buenas cosas. +En vano esperaba Poldy y hasta fantaseaba el milagro de que la cigüeña +hablase, pero la elocuencia de la cigüeña jamás iba más allá de los +castañetazos de costumbre y de algunos roncos y desentonados silbos, que +eran todo su lenguaje. + +Con esto nada podía ponerse en claro. + +La cigüeña se mostraba muy amiga y muy mansa con la joven Condesa. No le +guardaba rencor porque le hubiese quitado la tela de los versos. +Restregaba la cabeza y el cuello contra la vestidura de la linda dama, y +parecía gustar de que ella le pasase la mano por el largo cuello y por +las alas, y le alisase las plumas. + +Estas mudas conferencias, que tenían lugar dos o tres veces cada semana, +duraban poco y no se puede decir que fuesen muy amenas. Por lo demás, la +cigüeña tenía el instinto de no aburrir, y siempre terminaba las +conferencias pronto y de un modo brusco, lanzándose repentinamente en el +aire, trazando graciosas espirales en su sereno vuelo y al cabo +perdiéndose de vista. + +Pasó la primavera, pasó el verano, vino luego el otoño, como sucede +siempre, y empezó por último a aparecer el invierno. Poldy tuvo entonces +barruntos de que la cigüeña iba a emigrar y a volver sin duda al soñado +palacio, a la ciudad oriental, al templo o a la quinta, donde el autor +de los versos moraba. + +Irresistible fue la tentación que sintió de escribirle. ¿Porqué no había +de hacerlo por estilo prudente y decoroso que no la comprometiera? + +Poldy pensó además que, si bien no era inverosímil que por ministerio de +los genios o de las hadas o por virtud de la ciencia de los _mahaturas_, +el autor de los versos hubiera logrado tener clara visión de ella, nunca +estaría de sobra enviarle un buen retrato suyo en fotografía. En +nuestros tiempos no implica esto muy decidido favor. Cualquier sujeto, +el más plebeyo de los mortales, podía comprar por un florín el retrato +de Poldy, expuesto en los escaparates de muchas tiendas de Viena, entre +las bellezas de la corte y del teatro, entre princesas, actrices y +bailarinas. Si cualquier pelafustán compatriota de Poldy podía poseer su +imagen, ¿qué atrevimiento ni qué falta de decoro habría en enviársela +por medio del pájaro zancudo al poeta incógnito, que no podía menos de +ser príncipe, nababo, brahaman o _chatria_, allá en la tierra de Rama y +de Sita, de Nal y de Damayanti? + +Hechas estas reflexiones y otras por el mismo orden, que, se omiten aquí +para evitar prolijidad, Poldy, escribió una extensa carta, en papel muy +fino para que abultase poco; tomó un retrato suyo, sin cartón, en el +cual retrato estaba ella descotada y lindísima en su elegante traje de +baile; lo incluyó todo en un sobre con fuerte forro de tela que cerró y +selló con lacre; escribió encima: _al incógnito poeta indio_; agujereó +la carta con un punzón; pasó una fuerte cinta al través del agujero; y +así preparado todo, lo colgó al cuello de la cigüeña como si fuese la +insignia de comendador de cualquiera ilustre Orden. + +La cigüeña se estuvo muy quieta, aguardando que Poldy sujetase bien la +cinta a su cuello para que no se desatase y para que la carta no se +cayese. Y apenas comprendió que estaba ya bien condecorada, dio un +tremendo salto, alzó el vuelo, se remontó en el aire y voló con tanto +brío como si se largase ya a la India sin parar en rama. + +Dejémosla ir en paz, mientras nosotros, que estamos en todos los +secretos, nos adelantamos a copiar aquí lo que Poldy había escrito, que +era como sigue: + +«Irresistible impulso me lleva a escribiros sin conoceros. Sé que me +expongo a que me juzguéis poco circunspecta, muy atrevida y harto libre. +Ignoro vuestra condición en el mundo, vuestro linaje, vuestras creencias +religiosas, vuestra edad y vuestra patria. Mi espíritu, no obstante, se +siente arrebatado hacia donde vuestro espíritu se halla y se cree unido +a él por el estrecho y fuerte lazo de los mismos sentimientos y de las +mismas ideas. En torno mío todo me es indiferente, todo me parece +rastrero y mezquino. No es extraño, pues, que busque yo como vos, en +apartadas regiones, un alma que simpatice con la mía, aunque sea sólo +por sentirse atormentada de la misma dolencia. No acierto a explicarme +el fin que pueda tener yo enviándoos estos renglones y hasta enviándoos +mi retrato. Lo hago sin propósito, fatal e irreflexivamente. Mi único +anhelo es acaso que sepáis que pienso y siento como vos, que ardiente +sed de tiernos afectos agita y quema mi corazón sin que la satisfaga ser +alguno de cuantos miro cerca de mí. La clara nitidez del cielo poblado +de estrellas, el silencioso apartamiento del bosque, la belleza y la +gala de los campos floridos, todo embelesa mi alma, todo hasta cierto +grado la enamora, pero todo deja en ella inmenso vacío, que sólo otra +inteligencia y otra voluntad, humanas o divinas, iguales o superiores a +mi voluntad y a mi inteligencia, pueden llenar si me acuden; si prueban +el afán que yo pruebo y si logran infundirse en el abismo de mi +pensamiento, compenetrándole, fundiéndose con él y haciéndose con él uno +solo. No os conozco: no sé si sois vos a quien yo busco. Por esto mismo +declaro sin ruborizarme mi extraña pasión, de la que en realidad no sois +objeto. Criatura mortal sois sin duda como yo lo soy. En esta vida +terrenal, que vivimos ahora, únicamente podría yo amaros si se +cumpliesen determinadas condiciones de criatura mortal que en vos tal +vez no se cumplan. Tal vez las que yo poseo no respondan a vuestra +aspiración tampoco. Y sin embargo yo soy joven, de nobilísima estirpe, y +muy alabada de hermosa, aunque por modestia debiera callarlo. Os +confieso lo más íntimo, lo más oculto y delicado de mi sentir y de mi +pensar. Os declaro quien soy, donde vivo y como me llamo. La confesión y +la declaración van dirigidas a un ser que yo me finjo: a un ser que mi +imaginación ha forjado. ¿Querréis vos y podréis vos demostrar que +convenís sustancialmente con lo imaginado por mí; que sois la forma +material y visible del espectro etéreo por quien estoy obsesa, y el +astro luminoso cuyos matinales resplandores columbro, y el ansiado +aliento de primavera, que al venir el alba despierta y mueve a cantar a +las aves, y separa y extiende los pétalos de las flores para recoger su +aroma y darles en pago su rocío? Yo explico aquí mi sueño. Si tiene +algún fundamento real, a vos os toca manifestarlo. Si no estáis muy +seguro de la existencia de tal fundamento, lo mejor es que calléis. +Respondiéndome, sólo conseguiríais disipar la más bella de mis +ilusiones, reemplazándola con una realidad ruin y triste y con el +consiguiente desengaño. Pero si estáis seguro de que mi sueño no carece +de fundamento, respondedme, decidme quien sois, venid a mí y mostraos. A +orillas del azul y caudaloso Danubio, en el castillo de Liebestein, os +espera + +POLDY.» + + +VI + +Apresuradamente por el temor de que la cigüeña se fuese a la India sin +llevar prenda suya, y con vehemente exaltación, sublimada por la soledad +y como destilada en el encendido alambique de sus ocultas cavilaciones, +escribió Poldy la apasionada carta que acabamos de transcribir; mas no +bien voló la cigüeña, llevándosela colgada en el cuello, Poldy se +arrepintió y aun se avergonzó de haber escrito la carta, mostrándose tan +tierna y tan afectuosa con un desconocido. La suerte, sin embargo, +estaba echada. El mal no tenía ya remedio. Menester era resignarse y +callar. ¿Quién, desde la India, por poco sigiloso y por muy jactancioso +que fuese, había de tener el capricho de hacer saber en Viena que Poldy, +la orgullosa, la siempre esquiva, con condes, con príncipes y hasta con +archiduques, se había humillado a escribirle cosas de amor, sin saber +quien era e ignorando hasta su nombre? + +Poldy esperaba que permaneciese secreto su impremeditado desliz; el mal +paso que había dado y que por lo menos calificaba ya de imprudente +locura. + +Por otra parte, en ocasiones en que su humor era menos negro, Poldy se +juzgaba con alguna indulgencia y hasta llegaba a absolverse de su culpa, +dado que la hubiese. Porque, si el autor de los versos era un joven y +hermoso príncipe oriental o algo por el estilo, era muy cruel para el +príncipe y para ella no llevar adelante tan poética y misteriosa +aventura y destruir las vagas esperanzas de ambos, como quien arranca de +bien cultivado terreno una planta lozana a punto ya de cubrirse de +flores. + +Como quiera que fuese, Poldy vivió en adelante muy retraída y +melancólica. + +Aquel año fue el invierno muy crudo. Ni una vez sola, ni por muy breves +días, fue Poldy aquel invierno a Viena. + +Penoso y terrible cuidado vino a aumentar las causas de su retraimiento. +La condesa viuda, su anciana madre, agobiada, más que por el peso de la +edad, por las penas, los desengaños y hasta por las miserias y los +apuros económicos, enfermó gravemente. + +Hizo Poldy cerca de ella el oficio de la más vigilante, devota y +cariñosa enfermera; pero ni sus desvelos, ni sus fervientes oraciones, +ni la docta asistencia de un sabio médico, amigo de la casa, fueron +bastantes a retardar el cumplimiento de las inexorables leyes de la +naturaleza que tenía marcado el término de aquella trabajada vida. La +condesa viuda, llena de santa y dulce resignación, tuvo pronto una +muerte ejemplar y cristiana. + +Durante algunos días reinó muy lúgubre animación en el castillo. A +recoger los últimos suspiros de la egregia dama había acudido la mayor +parte de sus hijos, yernos y nueras. + +Pronto, no obstante, volvieron todos a sus respectivos destinos y +residencias, y el castillo quedó en abandono y en más honda soledad y +silencio. + +El conde Enrique, Poldy, su aya y tres criados, fueron ya los únicos +moradores del castillo. Poldy sintió profundamente la irreparable +pérdida que había tenido. Y sin que refrenase su dolor la inquebrantable +fe religiosa que daba vigor a su alma, la joven condesa, lloró durante +meses a su difunta madre sin hallar consuelo, y olvidada casi de cuantos +devaneos, ilusiones y esperanzas habían poetizado su solitaria +existencia en aquellos últimos tiempos. + +Poldy, sin embargo, aunque no se consoló, hubo al cabo de serenarse y +calmarse. Apacible tristeza endulzó el manantial de sus lágrimas y luego +logró represarle. + +Pesares de condición harto menos noble, y mil preocupaciones de un orden +tan rastrero como práctico, invadieron y ocuparon el corazón de Poldy, +como cuadrilla de desalmados e impíos bandoleros que entran a saco, +profanan y destrozan un augusto santuario. + +Dos meses hacía ya que había muerto la condesa viuda. Eran los primeros +días del mes de Febrero. El frío era intensísimo. Un manto de nieve +cubría en torno la tierra y coronaba a trechos con blancos penachos las +erguidas y sombrías copas de robles, abetos y pinos. Rara vez abandonaba +Poldy la abrigada habitación del castillo, donde apenas tenía más +persona con quien conversar que su hermano el conde Enrique. + +Él y ella, habían quedado morando allí provisionalmente, pero pronto +tendrían que abandonar su antigua vivienda de la que era propietario y +había tomado ya posesión el hermano mayor de ambos. + +Poldy, pues, cavilaba con tristeza y desesperanza sobre su suerte +futura. + +Su hermano Enrique, que gozaba de alta y merecida reputación de sabio, +muy versado en varias disciplinas, estaba llamado a ser profesor en una +Universidad, donde su ciencia y su trabajo, habrían de remediar la +escasez de su patrimonio, dándole para vivir honrada y decorosamente, si +bien con sobrada estrechez. + +Pero ¿cómo Poldy, que era pobre y desvalida también, había de irse con +su hermano y serle constantemente gravosa? Esto no era posible. A Poldy +además le dolía en el alma tener que abandonar aquellos lugares, tan +llenos para ella, de dulces y misteriosos recuerdos. + +Por otra parte, Poldy, que amaba la soledad, sentía invencible +repugnancia a irse a vivir vida conventual, entre otras canonesas, en la +casa de su instituto. Para vivir sola, según su clase, ya en Viena, ya +en otra ciudad, sus rentas eran insuficientes. Y por último, contra lo +que más se sublevaba era contra agregarse a la familia de cualquiera de +sus hermanos o hermanas y hacer allí el triste papel de huésped +perpetua, de tía y de acompañanta, viviendo en algo a modo de poco +airosa dependencia y de mal disimulada servidumbre. + +Horror causaba a Poldy cualquiera de estos planes en que trazaba y +representaba su porvenir. Aún tenía delante de sí todo aquel año que +empezaba entonces, y durante el cual ella y el conde Enrique, habían +concertado ya con su hermano mayor, permanecer en el castillo, mientras +duraba el riguroso luto y acababa de hacerse el deslinde y las +particiones de la muy corta hacienda, en la que todavía muy poco les +tocaba. + +Pasado el mencionado plazo, Poldy consideraba inevitable su salida del +castillo, así como tomar decidida resolución para vivir a su gusto y con +independencia y decoro. + +Tal era la desengañada posición de Poldy. Sólo negras nubes, que +presagiaban tempestad, columbraba, al mirar en todas direcciones, en el +horizonte de la vida. Sólo una luz incierta, vaga, errante, que bien +podía ser una estrella, pero que tenía más trazas de engañoso fuego +fatuo, iluminaba de vez en cuando el vacío y obscuro espacio de su +cielo. Poldy acababa además de cumplir veintinueve años. Estaba en el +apogeo de su belleza, en el mejor y más glorioso momento de su mocedad +briosa, y con la imaginación rica de ensueños y la voluntad movida y +solevantada por poderosos impulsos de ternura. + + +VII + +Pronto desaparecieron las nieves; se oyó el canto de la alondra; calentó +más el sol y vertió luz más clara; discurrió por el bosque que +circundaba el castillo un aura vital y fecunda; se tapizó el suelo de +nueva y menuda yerba, y en los sotos y umbrías de las hondonadas, en la +margen de los arroyos, comenzaron a brotar florecillas tempranas, +despuntando con timidez en los álamos, mimbrones y chopos, más +resguardados de los vientos del Norte, las primeras tiernas hojas. +Entonces Poldy salió de su retraimiento casero y se lanzó con más +frecuencia y por más largo tiempo que nunca a sus excursiones y +meditabundos paseos por los sitios más solitarios de aquellas cercanías. + +No poco gustaba ella de ir por intrincados senderos, por donde había más +flores, por donde era más tupida y frondosa la enramada. No poco gustaba +ella de sentarse en algún poyo rústico o de pararse a meditar al pie de +corpulento roble, cuyo añoso tronco estaba revestido de trepadera yedra +y de madreselva olorosa. Pero todo esto era para después y como recurso +y consuelo. Lo primero que Poldy hacía todas las mañanas, lo primero de +que gustaba y a donde iba precipitadamente apenas salía de paseo, era a +la margen de la laguna a ver si se le aparecía de nuevo la cigüeña +blanca. + +Y como no se le aparecía, ya se quedaba aguardándola largas horas, ya se +ponía a buscarla por uno y otro lado y hasta penetrando en el obscuro y +ruinoso torreón que pudiera acaso servirle de refugio. Luego que se +cansaba de sus vanas pesquisas, cesaba de hacerlas y se dirigía a otros +puntos del bosque; negra tristeza embargaba su alma, y a veces asomaban +a sus hermosos ojos, harto involuntariamente, algunas lágrimas que no +eran ya de las nacidas por el afectuoso recuerdo de su madre difunta. + +¿Por qué no volvía la cigüeña blanca? ¿Habría muerto en la India o +habría emigrado desde la India a otra región distante, olvidando con +ingratitud el bosque y castillo de Liebestein y la amistad de Poldy? + +En estas dudas angustiosas transcurrió todo el mes de Abril. + +Era el primer día de Mayo. Poldy, casi desesperada ya de volver a ver la +cigüeña, acudió, no obstante, como de costumbre, entre diez y once de la +mañana, a la orilla de la laguna. + +Apenas hacía dos minutos que estaba allí, absorta, pensativa y fijando +larga y melancólica mirada en la tranquila haz del agua, cuando un +precipitado sonar de alas que venía acercándose estremeció todo su +cuerpo y alborozó su alma con agradable susto. La cigüeña blanca había +venido volando, se había abatido a pocos pasos de ella, y ya se le +acercaba con su lento y majestuoso paso y dando con el pico los +castañetazos con que solía siempre saludarla. + +Indescriptible fue la alegría de Poldy. Su impaciencia fue mayor que su +alegría. Impulsada por su impaciencia, echó las manos al cuello del +pájaro zancudo, y empezó a buscar el cordón o la cinta de donde pendiese +la respuesta que a su carta esperaba. ¡Qué cruel aflicción tuvo +entonces! No hallaba carta pendiente. No hallaba cinta ni cordón de que +pendiera. A punto estuvo Poldy de llorar de rabia. Pero la cigüeña, como +si adivinase su sentimiento, abrió las largas alas y al punto con +alegría y sorpresa advirtió Poldy que la cigüeña tenía debajo del ala +izquierda y muy bien atado allí con un fuerte y sutil cordoncillo que +bajo las plumas se escondía, un largo y delgado canuto o rollo. + +Poldy se apoderó de él en seguida y notó que era ligerísimo, que estaba +precintado y sellado y que era tan fuerte la cuerda del precinto y +estaba tan bien anudada, que no podía romperse ni desatarse sin tijeras. +Sobre la exterior superficie del rollo, se veía escrito en lengua y +letras alemanas: _A su excelencia la graciosa señorita Condesa Poldy de +Liebestein_. + +Hizo Poldy algunos cariños a la cigüeña a fin de mostrar su gratitud, y +hasta hay quien dice que besó su cabeza en albricias del buen recado. +Luego Poldy se fue corriendo al castillo para encerrarse en su cuarto, +cortar el precinto con tijeras y ver lo que el rollo contenía. Había en +el rollo varios objetos que Poldy fue sucesivamente examinando. Era uno +la vista fotográfica, prolija y magistralmente iluminada con colores, de +un extenso y magnífico salón oriental, lleno de primores y de peregrinas +elegancias. En todo se advertían y se admiraban pasmoso lujo asiático y +muy acendrado buen gusto. Se diría que era aquello la prodigiosa cámara +subterránea, donde encontró Aladino la lámpara del Genio. Pendían de las +paredes armas brillantes, indias, chinas y japonesas; colgaban del techo +cinceladas lámparas de oro; se veían en torno jarrones, tibores y vasos, +artísticamente esculpidos, de metales preciosos, de jaspes rarísimos, de +antigua porcelana y de ataujía o menuda labor de pedrería, marfil, +bronce y otras materias ricas. Varios ídolos de extrañas cataduras y de +simbólicas formas, autorizaban y caracterizaban la estancia. Allí +estaban representados Agni, dios del fuego; Kamala o Kamela, Venus de la +India, de cuyo nombre proceden, en nuestro vulgar idioma _camama_, +_camelo_ y sus derivados; y allí estaban también Indra, Varuna y hasta +la misma Trimurti. + +En primer término, sobre una espléndida alcatifa de Persia, y sentado en +mullidos almohadones de seda, admirablemente bordados, se parecía un +señor, en la flor de la juventud, cubierto de blanca y rozagante +vestidura y coronada la gentil cabeza de un amplio turbante, cándido +también, sobre el cual se erguía un airón o copete de rizadas y lindas +plumas, sujeto el airón al turbante por una enorme piocha de perlas, +diamantes y rubíes, que debía valer un imperio. Delante del señor había +varias mesillas enanas, donde en aúreos y repujados azafates, en ligeros +canastillos, en esbeltas ánforas y en cálices esmaltados, se ofrecían +para regalo de la vista, del olfato y del paladar, licores, conservas y +sazonados frutos. A un lado y a cierta distancia del joven señor, se +hallaba un rico y elegantísimo narguilé, cuyo flexible y luengo tubo +tenía el joven señor asido por el extremo, dejando ver la gruesa +boquilla de ámbar, prendida al tubo por un anillo de refulgentes +esmeraldas. Al lado opuesto del narguilé, aunque mucho más cerca del +joven señor, se alzaba, en muy graciosa postura, nuestra ya conocida +amiga la cigüeña blanca, cuya vista complació a Poldy no poco. No la +complació tanto, sino que hubo de enojarla y de escandalizarla, aunque +reprimió el enojo, atribuyendo lo que veía a inveteradas e +imprescindibles modas orientales, que en el fondo del salón apareciesen +tres bayaderas, con traje de Apsaras o inmortales ninfas, las cuales +tejían voluptuosa danza, desceñido y leve el transparente ropaje, los +brazos y los pies desnudos, luciendo en las gargantas de los pies y en +los brazos, ajorcas y brazaletes, y dejando ver además las torneadas +espaldas y los firmes y redondos pechos. Varios músicos, vestidos como +dicen que se visten los Gandarbas o músicos del cielo de Indra, +acompañaban la danza con arpas, flautas y violines, y con eróticos +cantares. + +Poldy quedó deslumbrada al contemplar todo esto y formó el concepto más +alto del esplendor y de la riqueza del señor indio. De su traza personal +es de lo que aquella fotografía no le daba idea completamente +satisfactoria. Y no era ese tampoco el propósito de la fotografía, por +bajo de la cual había este letrero: _mi modo de vivir en Oriente_. + +En otra fotografía más pequeña, aparecía ya el joven señor con más +claros pormenores. Estaba él solo, de cuerpo entero, pero sin accesorio +ninguno. Su traje, aunque sobrado pintoresco, era más europeo que indio, +salvo el extraño sombrero que llevaba en la cabeza y que era de los que +llaman heroínas en Filipinas. La chaqueta o dormán, muy ceñido al cuerpo +y adornado con alamares, revelaba las formas robustas de su torso y de +sus brazos. Los calzones eran anchos y cortos. Desde la rodilla hasta la +planta de los pies calzaba botas de becerro. Pendientes de la ancha +charpa, de cuero también, que ceñía su cintura, había un revólver a un +lado y al otro lado un enorme cuchillo de monte. En la mano derecha +cubierta de guante de gamuza, tenía una escopeta de dos cañones, que +descansaba en el suelo y sobre la cual se apoyaba. Por bajo, había un +rótulo que decía: _al ir a caza de tigres_. + +Por último, había una tercera fotografía que no dejaba nada que desear. +Allí estaba el joven señor clara, fiel y nítidamente retratado. Su +rostro era hermosísimo. Los ojos eran grandes y expresivos; la barba +parecía sedosa, abundante y muy bien cuidada y atusada. La nariz, un +tanto cuanto aguileña, daba cierta majestad a su expresión. Y la anchura +y la rectitud de su frente revelaban poco común inteligencia. Se notaba +en todo su aspecto un no sé qué de bondadoso, de simpático y de +egregiamente distinguido. Sus manos sin guantes, aunque fuertes y +varoniles, eran aristocráticas, muy cuidadas y bonitas, con dedos +afilados en la extremidad y encanutadas las uñas, en vez de ser cortas y +chatas. En este retrato, el joven señor estaba vestido enteramente al +uso de Europa, de toda etiqueta, con corbata blanca y con un frac, tan +admirablemente cortado y que le caía tan bien, que no soñaría hacerle +mejor, ni Frank, el de Viena, ni el sastre más famoso de Londres. Por +bajo de este retrato había otro letrero que decía: _en traje de etiqueta +para ir a un baile del Lord Gobernador de la India_. + +Hechizada quedó Poldy al contemplar los mencionados retratos. Se prendó +de la hermosura y distinción de su remoto amigo. Y no pudo menos de +confirmarse en la creencia de que era un príncipe indio _mediatizado_, +un nababo, o por lo menos un brahman o un _chatria_ de primer orden y de +mucho fuste. + +Imagine ahora el lector el afán, el asombro, las palpitaciones de gozo y +el raro deleite con que leería Poldy la carta, que también venía en +rollo y que estaba concebida en estos términos: + + +VIII + +«Me repugna y hallo difícil escribir cartas dando tratamiento a quien +las dirijo, y así, adopto la antigua costumbre de los orientales. Tú me +permitirás, bella condesa Poldy, que desde luego te tutee sin +ceremonias. + +La cigüeña blanca, que anida años ha en el tejado de la espléndida +quinta que yo poseo en las floridas márgenes del Ganges, me ha traído +gratas noticias tuyas, tus dulces palabras y tu divina imagen. Bendita +sea la cigüeña blanca que tanto bien me ha hecho. Con razón la llamaba +yo antes Garuda. Ahora le confirmo este nombre sagrado, con el que se +designa en mi patria al Dios-rey de las aves todas, al alado destructor +de los dragones y de las serpientes. + +En extremo me complace saber que eres de noble extirpe y bastante +antigua hasta donde cabe en un pueblo que hace pocos siglos era salvaje +todavía, careciendo de documentos y de archivos que pudiesen acreditar +la nobleza de persona alguna, y las hazañas de sus progenitores. Estos, +errantes en las ásperas selvas y en el rudo clima de los países del +Norte, decayeron de su ilustre origen y olvidaron la primitiva cultura +de los arios del Paropamiso de donde proceden, y sólo recientemente se +han civilizado, aprovechándose de los estudios y progresos de los +hombres del Mediodía. Pero sea de lo dicho lo que se quiera, +relativamente tú eres noble y me basta, aunque mi clara nobleza preceda +a la tuya en dos mil años lo menos. + +Te hablo con franqueza y desecho adulaciones y galanterías. Así darás +mayor crédito a mis alabanzas sinceras. + +Garuda, por caprichosa y feliz inspiración mía, te llevó unos versos que +distaba yo mucho de imaginar que pudiesen caer en tan hermosas manos. En +ellos ponderaba yo mi hastío de cuanto me rodea y el anhelo vehemente, +que consume mi alma, de hallar objeto, escondido y lejano, que satisfaga +mis aspiraciones amorosas, las comprenda y las comparta. + +Tu retrato y tu escrito han colmado mis votos. Tú eres la mujer de mis +sueños. + +Venerandos brahmanes, antiguos sabios de por acá, que han escrito de +amores en el Kama Sutra y en otras disertaciones y tratados, exigen +sesenta y cuatro potencias, prendas o aptitudes, para que exista en +realidad la _Padmini_ o mujer perfecta. Yo te declaro que, al ver tu +imagen y al leer tus palabras, he descubierto en ti las sesenta y cuatro +aptitudes y te he entronizado en mi corazón como reina y señora y he +reconocido en ti mi _Padmini_, sin cuyo amor no podré tener nunca +bienaventuranza. Ámame pues, como yo te amo, y hazme dichoso como quiero +yo que tú lo seas. + +Nada puede oponerse a nuestra unión futura. La distancia importa poco. +No tardaré yo en salvar la distancia, y el día en que menos lo pienses, +apareceré a tu lado y me verás de hinojos a tus plantas, pidiéndote que +correspondas al inmenso amor que me inspiras. + +No hay ya en mí calidad exótica y peregrina que te prohíba amarme. Yo +poseo el antiquísimo saber de los brahmanes y de los _chatrias_, de +cuyas castas combinadas desciendo; pero, he estudiado también y he +logrado adquirir bastante del moderno saber de Europa. Y no le miro con +prevención injusta, sino con cariño paternal, como retoño lozano de +nuestras primeras, altas y fecundas doctrinas. Ya habrás notado que no +escribo muy mal tu idioma y hasta que he imitado y casi traducido en +sanscrito versos de Goëthe. No ignoro tampoco las literaturas francesa, +inglesa y de otros pueblos. Y en lo tocante a religión, te diré con todo +sigilo, pues no quiero aun escandalizar y alborotar a mis parientes y +amigos, brahmanes y _chatrias_, que he renegado, tres años ha, de la +religión brahmánica, y me he hecho, en secreto, tan católico cristiano, +como tú eres. Se debe esta conversión a cierto Padre jesuita, de nación +española, que llegó a esta ciudad, procedente de Filipinas y se detuvo +algún tiempo entre nosotros. Era varón tan ilustrado, tan piadoso y tan +elocuente y melifluo, que logró convencerme. Dios le bendiga y se lo +pague. Callo su nombre, porque de seguro no te importa y porque no +quiero lastimar su extremada modestia. Sólo añadiré que de mi trato +frecuente con este bendito Padre, ha nacido en mí grande afición a la +lengua castellana y que he adquirido y leído los mejores prosistas y +poetas, que en ella han escrito o escriben. + +Te callo también mi nombre indio, porque no quiero que le estropees y +porque es tan enrevesado, que sólo aprenderás bien a pronunciarle por +medio de la voz viva. Conténtate por ahora, con saber que el venerable +padre jesuita mi catequizador, me puso al bautizarme, el sevillano +nombre de Isidoro. No seas voluble: ámame y no me olvides: no te +enamores de ninguno de esos _dandies_ de la _Hof-Adel_ o nobleza +palatina de Viena: persuádete de que mi nobleza es por lo menos tan +clara y sin la menor duda muchísimo más rancia que la de ellos. La de +ellos constará acaso en antiguos pergaminos, pero la mía consta en +documentos fehacientes, redactados veinte siglos antes de que el +pergamino se inventase, y muchos más siglos antes de que en Austria se +usara y se contara entre los recados de escribir. + +Ámame, repito, y ten fe y esperanza en mi amor. No necesitas buscarme, +sino aguardarme. Pronto me verás a tus pies, adorándote rendido y +suplicándote con toda el alma que seas la _Padmini_ de tu + +ISIDORO.» + + +IX + +Contentísima estaba Poldy al inferir y considerar, por la lectura de la +carta, que su indio era ilustre y rico y que estaba perdidamente +enamorado de ella. Puntos había, no obstante, en la carta, que hacían +surgir en el espíritu de Poldy, reparos, contradicciones y hasta quejas. +Harto jactancioso y nada galante ni fino le pareció el encomio que hizo +el indio de su nobleza, con grave detrimento y aun menosprecio de la +nobleza austriaca; pero Poldy excusaba y hasta absolvía al indio, +conjeturando que en este particular había de estar un tanto cuanto +agriado su carácter, por que siendo él descendiente de Crishna, de Rama, +de los Pandues, o tal vez de algún Avatar, encarnación de Vishnú, de los +que el Mahavarata celebra, se veía sometido a la extranjera dominación +de los pícaros ingleses. + +Poldy disculpaba así a su amigo, pero distaba mucho de darle la razón. +Pensaba ella que los documentos nobiliarios valen solo cuando goza de +poder, alta posición y riqueza quien los exhibe, y que todo esto, salvo +la riqueza, estaba menoscabado y deteriorado en su indio, que al fin era +un humilde súbdito de S. M. Británica y cualquier inglés empleado de +Hacienda o cualquier coronel de caballería podría mirarle de alto a +bajo. + +Poldy discurría además, que el que vence y domina es siempre el heredero +legítimo del vencido y dominado. Y esto en todas las épocas y regiones. +En la Edad Media, por ejemplo, ya en una encrucijada, ya en abierto +palenque, topaba un caballero andante con otro, y para probar la +bizarría respectiva o para hacer confesar al contrario, que su dama era +la más hermosa, o por quítame allá esas pajas, se arremetían ambos con +furia y se daban de lanzadas. De resultas caía derribado de la silla uno +de los dos caballeros, y en el instante, toda la gloria de sus proezas, +toda la nombradía que sus aventuras y hazañas le habían granjeado, se +transferían al caballero vencedor como aditamento o apéndice. + +Poldy recordaba también haber leído que, allá en América, cuando un +cacique bisoño, que no había hecho aun cosa de provecho, se encontraba +de manos a boca con otro cacique veterano, enemigo suyo, y célebre autor +de doscientas mil ferocidades, y acertaba a darle tan terrible golpe con +la macana que le derribaba y vencía, la fama toda del cacique veterano +se trasladaba al cacique bisoño, y hasta era general creencia que en el +bisoño se transfundían los bríos y la audacia del veterano, sobre todo +si el bisoño le bebía la sangre o se le comía, crudo o guisado, después +de haberle muerto. + +Deducía Poldy de cuanto va dicho, que los verdaderos nobles del día, son +los europeos, y muy singularmente los alemanes, porque ejercen con los +adelantos y mejoras de nuestro siglo, todas las antiguas artes de la paz +y de la guerra, por donde se señalaron y dominaron el mundo asirios y +babilonios, medos y persas, egipcios, fenicios y cartagineses, y griegos +y romanos, cuyas glorias todas, excelencias y privilegios se hallan hoy, +según Poldy, en resumen, cifra y compendio, en sus egregios +compatriotas, y por consiguiente en ella también. + +A pesar de todo, y después de haber hecho la indispensable rebaja, Poldy +se complacía en que fuera noble su indio y hasta se figuraba llanísimo +que fuese él naturalizado, _hof-fähig_ sin la menor dificultad, y que +asistiese con ella a la corte cuando estuviesen casados. + +Como en Austria, además de la nobleza alemana, checa, polaca, húngara, +rumana, croata, serba, dálmata, etc., la hay de origen irlandés, +francés, español e italiano, claro está que podría haberla también de +origen brahmánico y _chatriesco_. + +Otra cosa, de las que enojaban algo a Poldy, era la presencia en la +fotografía de aquellas tres bayaderas tan ligeramente vestidas y tan +poco modestas y comedidas en sus bailes. Pero también Poldy se mostraba +indulgente con este desafuero del indio, y si no le disculpaba, le +explicaba y casi le perdonaba. El indio había tenido bayaderas, y había +hecho aquella vida rota, de puro oriental, cuando estaba aun sumido en +las tinieblas del paganismo, pero cuando, gracias al padre jesuita, se +convirtió a la verdadera religión, Poldy daba por segura su enmienda y +el abandono en que había dejado sus viciosos deportes. + +Lo único que en este negocio la apesadumbraba era que no hubiese sido el +indio su catecúmeno, porque ella le hubiera convertido mejor que el +padre jesuita, y no le hubiera dado en la pila bautismal un nombre tan +feo como el de Isidoro. Poldy ignoraba quizás que había habido un santo +arzobispo de dicho nombre, famosísimo sabio, que recogió y ordenó en +sus libros todo el saber de su tiempo, y se atenía a lo que había oído +decir a una vieja princesa, tía suya, terrible antisemita, la cual +princesa se empeñaba en afirmar que el nombre de Isidoro era muy común +entre judíos, por donde le repugnaba de tal suerte, que tuvo tentaciones +de despedir a un excelente criado suyo porque se llamaba Isidoro, y sólo +se resignó a conservarle en su servicio obligándole a llamarse Filidoro +en adelante. + +Por lo demás, Poldy no podía estar más alegre ni más satisfecha. El +istmo de Suez, acababa de abrirse y ya se presentía Poldy atravesando el +canal, salvando el estrecho de Bab-el-Mandeb, y navegando por el Mar +Eritreo, con rumbo hacia la India, para visitar las quintas, jardines y +palacios de su joven esposo. + +La venida de éste no podía ya tardar mucho, y Poldy se moría de +impaciencia por verle vivo y no pintado, en cuerpo y alma y no en +imagen. Lo que excitaba su curiosidad y le cosquilleaba suavemente las +telas del cerebro era la condición de _Padmini_, que el joven indio le +concedía. Ansiosa estaba de leer o de que le leyesen el _Kama Sutra_, y +de estudiar bien allí las sesenta y cuatro aptitudes o excelencias de la +_Padmini_, para buscarlas en ella y convencerse de que las poseía y de +que no era lisonja de su amigo. + +En resolución, Poldy estaba inquieta y alborozada, pero con inquietud y +alborozo, llenos de dulces esperanzas y de amorosas y poéticas +venturas. + + +X + +Muy distraída o muy afanada debía de andar Garuda, cuando no se mostraba +en la margen de la laguna a donde Poldy iba a buscarla de diario. + +El indio seguía también tan invisible como Garuda. + +Poldy languidecía de impaciencia, e imaginaba en ocasiones que iba a +marchitarse su juventud como entreabierta rosa, en cuyo seno, donde no +cayó el rocío, penetran los rayos del sol en la estación estiva. + +En efecto, estaba para acabar ya el mes de Junio y el indio no había +aparecido. + +Una mañana, como de costumbre, entre diez y once, volvía Poldy de la +laguna, donde en balde había buscado a la cigüeña. + +Fatigada y triste, en medio de la senda por donde se volvía al castillo, +Poldy se sentó, al pie de un olmo, en un asiento rústico, y en lo más +frondoso, intrincado y bonito del parque. Un arroyuelo cristalino corría +cerca murmurando. Crecían en su margen blancas y moradas violetas, y +otras no cultivadas florecillas, que embalsamaban el aire con suave y +grata fragancia. Floridos rosales de enredadera y otras plantas, que se +ceñían a los troncos, y pasaban de un árbol a otro, como festones y +guirnaldas, formaban allí misteriosa espesura y apartado recinto. + +Sentada ya Poldy, se puso a meditar, y hubo de distraerse por tal arte, +que, como vulgarmente se dice, se le fue el santo al cielo. Cual no +sería su asombro y cual no sería su júbilo, cuando de repente sintió +ruido y sin tener tiempo para recobrarse, vio llegar a un gentil +caballero, que se aproximó respetuoso y vino a ponerse de hinojos a sus +plantas. + +Imposible dudar. Era el original de los tres retratos en fotografía. +Vestido estaba con elegante traje de cazador, pero sin armas, porque no +iba ya a caza de tigres, sino de palomas. Y en vez del salacot oriental, +cubría su cabeza un airoso sombrero tirolés adornado con una pluma de +águila. + +El joven derribó por tierra el sombrero y descubrió los negros y +abundantes rizos de su cabeza, antes de postrarse de rodillas. + +Profunda fue la emoción de Poldy. El corazón le daba brincos en el +pecho. El joven le pareció mucho más bello en el original que en los +retratos, y cuando oyó su voz, argentina, melodiosa, y rica de tonos +persuasivos y suaves, que roban la prudencia y la calma, apenas pudo +sostenerse y pensó que se desmayaba. + +En aquella situación no era dable diálogo alguno. ¿Qué podían decirse +los dos enamorados? ¿Con qué frases, en qué sobrehumano idioma +acertarían a expresar sus agitadores sentimientos? + +Solo dijo él: + +--Aquí estoy, Poldy. Tuya es mi vida. Quiero ser y seré tuyo para +siempre. Yo te amo, yo te idolatro, yo te adoro. + +¿Qué había de contestar Poldy, muda de asombro, radiante de alegría, y +con el amor y el pudor luchando en su alma? + +Hizo, no obstante un esfuerzo y se puso de pie, aunque turbada y +vacilante. + +Entonces él se levantó también y la estrechó irresistible y +cariñosamente entre sus brazos. Luego, juntó su rostro al de ella y +cubrió de besos su frente, sus mejillas y su fresca boca. + +Conoció Poldy al fin el peligro en que se hallaba, se avergonzó de ceder +con tanta facilidad a quien veía y oía por vez primera; y, prestándole +fuerzas su lastimado decoro, rechazó con violencia a su amante, se +desprendió de entre sus brazos, y procuró guarecerse de su atrevimiento +huyendo desalada y refugiándose en el castillo. + +A solas en su estancia, se repuso Poldy de su temor, logró calmarse, y +en el fondo de su alma no pudo menos de conceder su perdón al príncipe +indio. ¿Qué no perdonará una mujer a un joven gallardo y elegante, +enamoradísimo de ella, y que viene a buscarla y a ofrecerle su mano +desde tan remotos países? Y por otra parte, ¿qué había de hacer él +cuando ella había enmudecido, trémula y palpitante, y no respondía a sus +palabras? Si el indio no hubiera hecho lo que hizo, o hubiera sido un +ente sobrehumano de los que no se estilan, o un mozalvete ruin, +desmedrado y muy para poco. + +Así pensó Poldy. Yo no digo si pensó bien o si pensó mal. Digo solo que +pensó así y que, en consecuencia de tales premisas, echó allá en su +mente la absolución al joven indio. + +Sacó luego de un cajón de su escritorio la fotografía iluminada y con +morosa delectación se puso a contemplarla. + +Tan embebecida estaba en esto, sentada junto a su bufete, donde había +extendido la fotografía, que no vio ni oyó lo que pasaba en torno suyo. + +De súbito, y cuando menos lo temía, oyó detrás de ella una estridente y +sonora carcajada, tan diabólica y tan burlona como puede darla el más +consumado cantante, haciendo el papel de Mefistófeles y atormentando a +Margarita, en la ópera del _Fausto_. Con mucho sobresalto volvió Poldy +la cara y vio apoyado en el respaldar de su silla a su hermano Enrique, +con su facha de duende maligno, que se reía a casquillo quitado. + +De ordinario era Poldy apacible y afectuosa con todas las gentes y +singularmente con su enfermizo hermano, para quien no tenía palabra +mala. Pero entonces la cegó la ira y dijo con cruel desabrimiento al +Conde Enrique: + +--¿De qué te ríes, imbécil? ¿De qué te ríes? + +--Pues me río, contestó el conde tartamudeando, pues me río... + +--Vamos... interrumpió ella. Di, explícate. Dios te dé habla. + +--Pues me río del enredo novelesco que has armado en tu cabeza, +convirtiendo en príncipe indio o en algo semejante... a mi antiguo amigo +y camarada de universidad, Isidoro Ziegesburg. + +--Esas son simplezas tuyas. El indio se parecerá a un estudiante que tú +conociste. ¿Pero de dónde había de sacar el tal estudiante todas las +magnificencias indostánicas, todos los peregrinos tesoros de que en esta +fotografía aparece rodeado? + +--Mira, hermana, mi amigo es tan rico y abundan tanto en su casa los +objetos de toda laya, que lo mismo que aparece como indostaní en la +fotografía, hubiera podido aparecer griego del tiempo de Pericles, +magnate egipcio de la época de los Faraones o de los Ptolomeos, Mirza +contemporáneo de Hafiz o señor feudal del siglo de la primera cruzada. Y +siempre con las alhajas, primores, requisitos y demás accesorios que a +cada personaje caracterizan y son propios. Isidoro Ziegesburg, en una +palabra, posee el más completo y admirable bazar de antiguallas y +curiosidades que hay en Viena. ¿Qué digo en Viena? en toda Europa no hay +otro que se le iguale. Isidoro, así por lo que heredó de su padre, como +por lo que ha traído de sus peregrinaciones por todo el mundo, durante +cuatro años, es el más notable y acreditado de todos los chamarileros. +Comprendo lo que ha pasado y por eso me río. Me río sin poderlo +remediar. + +Y el conde Enrique se reía, y Poldy poniéndose colorada como las +amapolas, estuvo a punto de darle de bofetones. + +El conde advirtió que su hermana estaba furiosa, refrenó su hilaridad y +siguió diciendo: + +--Lo comprendo todo, porque Isidoro posee una bonita casa de campo a +ocho kilómetros de este castillo. No extraño que lo ignores, porque tú +estás siempre en Babia, arrobada en tus ensueños y sin ver la realidad +de las cosas. Sin duda, en la citada casa de campo, ha de tener Isidoro +algunos animales domesticados, y entre ellos la cigüeña blanca. Tuvo un +día el capricho de colgar al cuello de la cigüeña las tres poesías +sanscritas, de cierto compuestas por él, porque es muy ingenioso y +aprovechado estudiante. El quiso embromar a alguien, sin prever a quien +embromaría. Y quiso la suerte que los versos cayesen en tus manos y +fueses tú la embromada. Lo demás que ha podido ocurrir, lo sabes tú +mejor que yo. + +--Sí que lo sé, dijo Poldy, más triste ya y más abatida que airada. Y +pregunto yo ahora: ¿es incompatible el ser chamarilero y el pertenecer a +la nobleza? + +--En manera alguna es incompatible. Sujetos de muchas campanillas gustan +en el día de hoy de hacer cambalaches y de comprar y vender antiguallas +y curiosidades de todo género. Yo he oído decir al mismo Isidoro, cuando +acababa de volver de sus peregrinaciones, que en Lisboa tenía un +estupendo baratillo nada menos que un Palha, individuo de una de las más +ilustres y antiguas familias portuguesas, según lo atestigua Cervantes +en el _Quijote_. Y sin ir tan lejos, en la misma capital de Austria, hay +un egregio conde que tiene tienda de cristalería, y otro muy distinguido +caballero que la tiene de tejidos de lana en la calle de Carintia. +¿Porqué pues, sin desdoro de sus timbres y blasones, no ha de tener un +baratillo un señor de noble prosapia? + +--Acaso, dijo Poldy, Isidoro de Ziegesburg entre en esa cuenta. Acaso +figure su nombre en el cuadro genealógico de las casas principescas, +ducales y comitales, que publica todos los años el almanaque de Gotha, o +por lo menos en el libro de los condes, que también da anualmente a la +estampa el mismo editor Justo Perthes. + +--Desengáñate, hermana. No te canses. Yo debo decirte la verdad, aunque +te aflijas. Y la verdad es que Isidoro Ziegesburg es un judío. + +No bien el conde Enrique hubo pronunciado aquella palabra, que sonó como +la trompeta del juicio en las encendidas orejas de Poldy, criada y +educada, por su madre y por su tía, desde la tierna infancia en el más +feroz antisemitismo, cuando Poldy empezó a temblar como una azogada y +tuvo un violento ataque de risa nerviosa. Tan violento fue que el conde +Enrique se llenó de miedo, llamó al aya e hizo que trajesen a Poldy una +taza de tila. + +Cuando al fin se calmó Poldy, y cuando pasó su risa insana, empezó a +suspirar y a sollozar, y derramó un mar de lágrimas. + +Todavía se notaba en ella un raro movimiento nervioso. Con el pañuelo se +secaba el llanto, pero se restregaba el pañuelo con violencia por las +mejillas y por los labios, como si quisiese arrancarse la piel y los +besos que en ella había estampado el príncipe indio, convertido ya en +chamarilero israelita. + + +XI + +Luego que Poldy consiguió sosegarse un poco, cayó en muda y honda +melancolía. Nada dijo a su hermano ni a su aya. Ellos no se atrevían a +interrogar a Poldy. Encerrada en su estancia, no iba ya a pasear por el +bosque. Apenas se dejaba ver y tratar por las personas que en el +castillo moraban. + +Entre tanto, el joven Isidoro fue tan audaz que se aventuró a venir a +visitarla, no ya recatadamente, sino en elegantísima victoria, tirada +por dos soberbios trotones rusos, con la cual llegó hasta la puerta del +castillo, subió las escaleras, y se empeñó en entrar a ver a la joven +condesa. Por fortuna se opuso el aya que le recibió en la antesala. +Isidoro dejó tarjeta y se retiró mal contento. + +No desistió sin embargo, y repitió otras tres veces la tentativa. A la +cuarta vez, por orden de Poldy, el aya salió a desengañar a Isidoro, le +afeó su tenacidad y atrevimiento, y le dijo que era inútil que volviese +por allí a enojar y a atormentar a Poldy, que nunca habría de recibirle +y a quien no volvería a ver en la vida. + +El horror antisemítico que embarga el ánimo de la nobleza austriaca +explica la conducta de Poldy, que parece extravagantísima y hasta +inexplicable en España. + +Poldy se había enamorado entrañablemente de Isidoro, pero, siendo él +judío, juzgaba ella imposible aceptarle primero por novio y luego por +esposo. El caso sería mirado como una abominación sin ejemplo. Los +hermanos de Poldy dejarían de reconocerla por hermana, sus tíos y tías, +por sobrina, y toda la _hig-life_ vienesa de dieciséis cuarteles, la +expulsaría de su seno como individuo degradado y corrompido. + +Al pensar Poldy en esto, los cabellos se le erizaban y temblaba y +tiritaba todo su cuerpo como si discurriese por él el frío que precede a +la calentura. + +Resuelta estaba Poldy a no volver a ver a Isidoro: pero no había +previsto otra cosa y no había formado sobre ella plan ni propósito. + +A los pocos días de haberse negado ya por completo y para siempre a ver +a Isidoro, Poldy recibió por el correo una carta suya. Tal vez, sin +reconocer la letra, abrió la carta, tal vez reconoció la letra del sobre +y sin embargo le rompió. De todos modos, una vez abierta la carta, Poldy +no pudo resistir a la curiosidad y al interés que le inspiraba lo que en +ella estaba escrito. Leyó pues, y vio que decía: «El enojado, el +quejoso, debía ser yo y no tú, hermosa Poldy: pero el amor que me +inspiras es tan alto que no se le sobreponen los enojos y es tan firme +que no hay queja que le hunda ni acabe. Sigo, pues, adorándote, apesar +de todos los agravios. No fui yo quién te solicitó. Tú me provocaste, tú +me excitaste a que te amara enviándome tu retrato con un apasionado +escrito. Me creiste brahman, nababo, príncipe de la India o cosa por el +estilo; y, no puedes negarlo, me amaste entonces. ¿Hay nada más +irracional, ni más absurdo que tu desamor y tu furor de ahora, porque +sabes que, en vez de ser brahman, soy israelita? Yo seguí tu humor al +principio, fingiéndome brahman, pero, en lo tocante a nobleza no fingí +nada. ¿Quién te ha dicho que un judío no puede ser noble? ¿De dónde +infieres que tengo yo menos cuarteles que tú? Yo puedo presentarte mi +evidente genealogía que se remonta hasta el mismo patriarca de Ur de los +caldeos, pasando por reyes, caudillos, jueces y profetas. ¿Dónde andaban +los germanos ni qué eran cuando el poderoso rey Salomón, mi pariente, +erigía suntuoso templo al Dios único? + +Creado su concepto en la mente de los hombres de mi casta, por ellos fue +revelado al resto del humano linaje, idólatra y ciego. También el rey +Salomón fundaba a Tadmor, espléndido oasis para las caravanas que iban a +las orillas del Eufrates, y mandaba sus triunfadoras naves juntas con +las de Hiram, a Ofir y a Lanka por un extremo, y a Gadir, a Tarsis y aún +a las remotas Casitérides por el otro. Desde allí le traían, para +autoridad, pasatiempo y deleite de él y de sus súbditos, cobre, estaño y +ámbar, cándidas pieles de armiños y de cisnes, jimios y papagayos, +especierías y perfumes, perlas y diamantes, marfil y oro. + +Alguien de mi familia privó con Ciro el Grande y volvió con Zorobabel a +reedificar la Ciudad Santa. De mi familia fue también el glorioso +pontífice que infundió en el ánimo engreído y triunfante del Macedón +Alejandro, súbito acatamiento y saludable temor de las cosas divinas. +Alguien de mi familia combatió gloriosamente por la patria al lado de +los Macabeos y derrotó al rey de Siria Antioco Epifanes. Ve tú pensando +mientras yo recuerdo estos sucesos que puedo demostrarte, en que pobre +choza o en que miserable zahurda estaba metida entonces tu desarrapada y +salvaje parentela. Las brutales persecuciones de Demetrio Soter, después +de la funesta batalla y de la heroica y gloriosísima muerte de los +Macabeos, movieron a mi familia a emigrar a España. No quiero pecar de +prolijo ni ser tildado de jactancioso, y por eso no cuento aquí por +menudo las cosas extraordinarias que en España hicimos. Te diré, no +obstante, que fue mi cercano pariente aquel gran rabino de Toledo que +redactó la exposición, y fue el primero en firmarla, dirigiéndose a +Caifás y tratando de convencerle, para que no condenase al santísimo +Hijo de María. Al lado del rey Alfonso VI de Castilla combatieron como +héroes mis antepasados, contra la bárbara invasión de los almoravides, +en la sangrienta rota de Zalaca. Yo cuento en mi familia inspirados +poetas y admirables filósofos y teólogos, gloria de la Sinagoga española +y de todo el judaísmo. Entre ellos descuella Jehuda Leví, el Castellano, +a quien Heine celebra con entusiasmo fervoroso. El beso que Dios, al +crearla, dio a su alma, viéndola tan bella, resuena aún en los cantares +de aquel trovador admirable y produce divino encanto en los nobles +espíritus que son capaces de sentirle y de comprenderle. Mi familia se +estableció más tarde en Lucena, provincia de Córdoba, centro floreciente +de las academias y liceos judaicos, donde las ciencias y las artes se +cultivaron con abundante fruto. De allí salieron médicos, astrónomos, +hombres de Estado y ministros de hacienda para multitud de monarcas, +cristianos y muslimes, de los que reinaron en la península. Nosotros +poseíamos un pintoresco castillo o quinta de recreo, en el ameno +nacimiento del río, cerca de la villa (hoy ciudad) de Cabra, y por eso +tomamos el apellido de Castillo de Cabra, que traducido al alemán llevo +ahora. Arrojados de España por el fanatismo antisemita, vinimos a parar +a Austria, donde somos hoy víctimas de no menor absurdo fanatismo. Y no +es lo peor el odio, sino el infundado desprecio con que nos tratáis. +¿Qué he hecho yo, qué ha hecho mi casta para que seamos así +menospreciados? El dinero que ha ganado mi padre y el dinero que he +ganado yo, ha sido ganado honradamente. Y para no cansarte, no digo aquí +nada más de mi nobleza. Sólo me atreveré a indicar que todavía hay en +España familias de las más altas clases, que se convirtieron a la +religión cristiana en el siglo XV, y con las cuales me sería harto fácil +probar mi parentesco. Baste lo dicho para que te inclines, oh hermosa +Poldy, a desechar tu loca repugnancia, impropia del clarísimo +entendimiento que Dios te ha dado, y para que vuelvas a recibirme, me +ames y seas mía.» + +En Austria nadie sabe de fijo lo que hizo Poldy después de leer tan +arrogante y disparatada carta. La general creencia es sin embargo la de +que Poldy, aunque perdidamente enamorada del judío, no cedió ni se +rindió a sus razones. Muy por el contrario, todos por allá dan un fin +trágico y misterioso a la presente historia. + +El castillo de Liebestein está solitario y ruinoso. En sus sombríos y +desapacibles salones, llenos de polvo y telarañas, se afirma que vagan y +circulan por la noche duendes y almas en pena. + +El conde Enrique se fue de profesor a no sé qué universidad, donde vive +aún. + +Y en cuanto a Poldy, unos aseguran que se ahogó bañándose, y dan otros +por cierto que, de propósito y movida por la desesperación, se arrojó +desde una barca en la vaguada o centro mismo de la corriente del +Danubio, y hasta añaden que con una gruesa piedra atada al cuello, para +hundirse en el fondo, para que nadie pudiera salvarla y para que no +resurgiese y se encontrase su cadáver. + + +XII + +Sin faltar descaradamente a la verdad, no hubiera podido tener mi cuento +fin menos lamentable y menos vago, a no ser por un dichoso encuentro +casual que tuve en Nueva York diez o doce años después de la +desaparición de Poldy. + +En el espléndido club, donde iba yo a comer casi de diario, me encontré +a un rico y amable comerciante de origen español, trabé con él amistad y +acabamos por hacernos muy íntimos. + +Era hombre de cuarenta y cinco años a lo más, pero parecía más joven por +lo muy guapo, alegre y elegante. + +Nos reconocimos como paisanos de la patria chica, o sea de determinada +comarca, porque si no él, no pocos de sus antepasados fueron cabreños. + +Ya adivinará o sospechará el lector que este amigo mío, aunque +naturalizado ciudadano de la Gran República, era y se llamaba Don +Isidoro Castillo de Cabra. + +Pronto me contó hasta los ápices y hasta los más escondidos lances de su +vida. Poldy había luchado, durante algunos meses, en espantosa +indecisión, entre el amor que Isidoro le inspiraba y los deberes más o +menos artificiales, que la ligaban a su patria, a su familia y a la alta +clase a que pertenecía. + +Por último, el amor triunfó en el alma de Poldy, mas no para quedarse en +Austria desdeñada y aborrecida de sus hermanos y parientes. No: esto era +imposible. Poldy tomó una resolución extrema, pero, en su caso, bastante +justificada. Hizo correr la voz de que había muerto, se casó +católicamente con el judío converso, y cambiando, o mejor dicho +traduciendo su nombre, se vino a vivir con él a los Estados Unidos. + +Isidoro se trajo todo el dinero que tenía y no pequeña parte de los +preciosos chirimbolos, joyas y antiguallas de su bazar. El resto, así +como los predios urbanos y rústicos de que en Austria era dueño, lo +dejó al cuidado de un tío suyo muy de fiar y muy hábil. + +En los Estados Unidos entró en grandes empresas y especulaciones y +aumentó sus bienes de fortuna en vez de disminuirlos. + +El venía a Nueva York dos o tres días cada semana para despachar sus +negocios que, por haber muy entendidos dependientes en su escritorio, no +requerían de continuo su presencia. De aquí que la mayor parte del +tiempo se le pasase en una quinta que había hecho construir a las +orillas del Hudson, imitando en lo posible la traza y arquitectura del +castillo de Liebestein. Como la quinta estaba sobre una peña, a +semejanza del castillo, tuvo Isidoro la ocurrencia de darle casi el +mismo nombre, aunque en lengua castellana y recordando un sitio muy +romántico que hay entre Antequera y Archidona. La quinta de Poldy se +llamó la _Peña de los Enamorados_. + +Distaba la quinta mucho más de Nueva York que de Albany, capital del +Estado de Nueva York, pero, como los trenes del ferrocarril van con +extraordinaria rapidez en aquella tierra, y es deliciosa la navegación +en los magníficos vapores que suben y bajan por el río, poco molestaba a +Isidoro para ir y venir que fuese algo mayor la distancia. En cambio +Poldy gustaba del sosiego y de la tranquilidad del campo y aborrecía el +bullicio malsano de las ciudades muy populosas. + +Rara vez Poldy iba a Albany y más rara vez aun iba a Nueva York. En su +quinta gozaba ella de todo el bienestar, lujo y regalo, que ofrece la +civilización moderna a los que son muy ricos. + +Poldy, aun saliendo poco, y para verse al espejo, y para que su marido +la viese, se vestía a la última moda, con esmero, buen gusto y acendrada +elegancia. + +Isidoro me llevó a la quinta, me presentó a Poldy y tuve el placer y la +satisfacción de admirarla. Aunque frisaba ya en los cuarenta años, el +sol de su hermosura brillaba en el cenit y ella parecía una diosa. + +Admirable era la hospitalidad conque acogía en su casa a los huéspedes, +contribuyendo a este fin el privilegiado talento de su cocinero, artista +de primer orden. + +Dos hijos tenía Poldy: una niña de ocho años y un niño de seis, que eran +dos ángeles de puro bonitos. + +Garuda, la cigüeña blanca, animal que goza de larguísima vida, vivía +mansa, doméstica y feliz en la quinta, como si para ella el tiempo no +corriese. Más bien había ganado que perdido, porque el plumaje de la +pechuga, que tenía antes un viso ceniciento, había adquirido el brillo y +la blancura de la nieve. Garuda parecía el genio familiar de la casa, el +vivo resumen de los lares y penates de aquel hogar transportado desde el +centro de Europa a la opuesta orilla del Atlántico. + +No quiero decir más para encarecer la felicidad de que Isidoro y Poldy +gozaban, a fin de no excitar la envidia de los que me lean. Voy, pues, +a terminar, haciendo una súplica a los lectores: que se callen lo que +aquí revelo y no se lo escriban a los treinta o cuarenta condes y +condesas, hermanos, tíos, cuñados y sobrinos de Poldy, para que no se +aflijan ni se escandalicen. + + + + +EL CAUTIVO DE DOÑA MENCÍA + + +I + +Pocos días ha recibí el prospecto de un libro muy curioso que va a +publicarse en Córdoba. Contendrá la historia de las ciudades, villas y +fortalezas de aquel antiguo reino. Me hizo esto recordar ciertos +sucesos, que me contó mi amigo D. Juan Fresco, como ocurridos hace ya +cuatrocientos treinta años en el castillo de la población en que él +vive. Ignoro si dichos sucesos serán todo ficción, o si tendrán algún +fundamento histórico. Ya se encargarán de dilucidarlo los que escriban +el mencionado libro, ora consultando otros antiguos que deben de andar +impresos, ora en vista de Memorias y demás documentos manuscritos que ha +de haber en abundancia. Yo no quiero meterme en semejantes honduras. Me +inclino, sin embargo, a creer que en mi historia, si hay alguna ficción, +hay también mucho de verdad en que la ficción se funda: el grave +testimonio de mi querido y erudito amigo D. Aureliano Fernández-Guerra, +a quien oí referir no pequeña parte de los sucesos cuya narración me +complazco en dedicar ahora a su inolvidable espíritu. + +D. Aureliano tenía hacienda de olivar y viña en el cercano lugar de +Zuheros; iba a menudo por allí, y se preciaba de saber, y había +investigado y de seguro sabía, todo cuanto desde muchos siglos atrás +había acontecido en aquella comarca. A pesar de todo, desisto de +averiguar, para no comprometerme, lo que hay de verdad y lo que hay de +mentira en el cuento, y voy a referirle aquí como me le contó mi tocayo. + +Los fuertes muros y las ocho altas torres están hoy como en el día en +que se edificaron. No falta ni una almena. Dentro de aquel recinto +pueden alojarse bien doscientos peones y más de ochenta caballos. De la +cómoda vivienda señorial no queda ni rastro. Han venido a sustituirla un +molino aceitero con alfarge, trojes y prensas, que durante la vendimia +sirven también de lagar, un grande alambique con agua corriente, y +extensas bodegas para aceite, aguardiente, vinagre y vino. + +Allá por los años de 1470 era todo aquello muy distinto. Extraordinaria +importancia estratégica tenía la fortaleza, como construida en una +altura, sobre enormes peñascos, que en gran parte le servían de +cimiento. En el centro había cómoda habitación, casi un palacio, donde +se albergaba el alcaide o señor que mandaba la hueste. Veinte años +hacía que dicho alcaide, lleno de ardor juvenil, había salido en +imprudente expedición contra los moros de Granada. Pasando por Alcalá la +Real, había entrado en la Vega por Pinos de la Puente, causando mucho +daño, talando algunos plantíos y sembrados, y cobrando no poco botín en +cortijadas y alquerías. Pero al volver rico y triunfante para su +castillo, en los agrios cerros y en el espeso bosque de encinas que hay +entre Pinos y Alcalá, cayó en una celada que los moros, más de mil en +número, le habían preparado, y allí murió combatiendo heroicamente +contra ellos. + +La viuda de D. Jaime, que así se llamaba el muerto adalid, quedó como +única señora y alcaidesa del castillo. + +Era su nombre doña Mencía. Sobrina del Conde de Cabra, se había criado +en la casa de aquel ilustre prócer. Apasionadamente enamorada del gentil +caballero D. Jaime, venido de Aragón a ponerse al servicio del Conde, y +muy señalado ya por su habilidad y su brío en todos los ejercicios +caballerescos, por sus notables proezas y hasta por su talento y +maestría en el gay saber, el Conde no tuvo que oponer razón alguna +contra la boda, y consintió en que don Jaime y doña Mencía se casasen, +dando en dote a la doncella el dominio y la alcaidía del castillo de que +voy hablando. + +Sin duda para mostrarse más digno de su encumbramiento, D. Jaime +acometió la arriesgadísima empresa que causó su muerte. Diecisiete años +acababa de cumplir doña Mencía cuando se quedó viuda. Amarga y +desconsoladamente lloró la muerte de su gentil e idolatrado esposo. +Vistió severísimo luto, hizo una vida retirada, y en los veinte años que +se siguieron hasta el día en que empieza esta historia, no salió del +castillo sino para dar solitarios paseos. + +En aquellos tiempos, las tierras todas del Rey de Castilla estaban +llenas de discordias y alborotos. No había paz ni seguridad en parte +alguna, sino robos, sangrientos combates, muertes y estragos. Los +grandes señores, por particulares rencillas y opuestos intereses, se +hacían cruda guerra unos a otros. El reino, además, estaba dividido en +dos opuestos y principales bandos. Fiel uno al rey D. Enrique, pugnaba +por sostenerle en el trono. El otro le había negado la obediencia, le +había depuesto en Avila con cruel e infamante ceremonia, y reconocía +como soberano al príncipe D. Alfonso, hermano menor del rey. El reino de +Córdoba ardía en disensiones, como todo el resto del país. Rara +prudencia y singular entereza supo mostrar doña Mencía para conservarse +en cierto modo neutral estando tan divididos los ánimos, sin dejar de +ser fiel y sin faltar al pleito homenaje que a los de su casa y familia +les era debido. + +Todos respetaban a doña Mencía, la cual, gracias a su austeridad y +recogimiento, estaba en opinión de santa. La hacía aún más respetable, +prestándole algo de misterioso y sobrenatural, el que hubiese pocas +personas que se jactasen de haberla visto, ni menos hablado. Se +aseguraba, no obstante, que era hermosísima mujer, de treinta y siete +años, pero que parecía mucho más joven por la esbeltez, elevación y +gallardía de su cuerpo. Se decía que sus cabellos eran negros como la +endrina, que sus ojos brillaban como dos soles, que tenía manos muy +bellas y señoriles, y que la palidez mate de su terso y blanco rostro +estaba suavemente mitigada por el sonrosado y vago matiz que arrebolaba +sus frescas mejillas. Doña Mencía apenas conversaba con más personas que +con el Padre Atanasio su capellán, con Nuño, su escudero y maestresala, +y con la hija de Nuño, Leonor, que era su íntima servidora y confidenta. + +Mucho lamentaba doña Mencía, en sus conversaciones con el Padre +Atanasio, los escándalos y las civiles contiendas que asolaban el país y +tenían a sus hombres de más valer armados unos contra otros. + +Doña Mencía había deplorado la violenta resolución tomada por D. Alonso +de Aguilar de prender en la misma casa del Ayuntamiento de Córdoba al +mariscal D. Diego, primo de ella, y de tenerle encerrado durante algunas +semanas en el castillo de Cañete; pero más deploraba aún el desafuero de +D. Diego desafiando a D. Alonso, contra la expresa voluntad y orden del +Rey, que quería paz entre ellos, y de llevar adelante el desafío bajo el +amparo del Rey moro, que le dio campo y palenque en la vega de Granada. +Allí citó y aguardó D. Diego a D. Alonso; y como éste no acudiese al +desafío, D. Diego, declarado vencedor por el Rey moro, ató a la cola de +su caballo un cartelón donde iba escrito el nombre de D. Alonso de +Aguilar con la calificación de alevoso, y le arrastró por el suelo con +ignominia. Terrible fue la afrenta; pero D. Alonso la sufrió con +paciencia magnánima, reservando su valor para más patrióticos y altos +empeños, según supo mostrarlo en el resto de su vida y en su muy +gloriosa y trágica muerte. + + +II + +La soledad y la monotonía de la existencia de la alcaidesa no habían +tenido la menor alteración a pesar de una extraña novedad que había en +el castillo desde hacía una semana. Doña Mencía custodiaba en él a un +huésped, o, mejor dicho, a un prisionero. Su primo D. Diego había +exigido que le custodiase, imponiéndole además como un deber el +abstenerse de preguntar el nombre del huésped, el cual, por su parte, +había prometido también no revelar su nombre. Don Diego tenía grande +interés en que no se supiese el nombre de su prisionero, y hasta en que +se ignorase que tenía prisionero alguno. Por eso no quiso llevarle ni a +Cabra ni a Baena, y le llevó al castillo de doña Mencía, donde no había +más gente que la guarnición, y bajo cuyo amparo no se había fundado aún +la villa que hoy existe. Doña Mencía tuvo que ceder a la imposición de +su primo; pero gustaba tanto de la soledad, y era tan poco lo que le +importaban los sucesos del mundo, que no quiso ver al cautivo que su +primo le trajo, y le confió a Nuño, para que éste le vigilase, alojase y +cuidase con esmero, como a persona principal, y según D. Diego quería. + +La dama del castillo supo sólo que su huésped o prisionero era un rapaz +imberbe, que tendría dieciséis años a lo más, y del que D. Diego se +había apoderado, sorprendiéndole sin armas y en compañía de otros +rapaces cazando pajarillos con red y con liga, cimbel y reclamos, en las +orillas de un arroyo no lejos de Monturque. + +En su estrado estaba doña Mencía, sola y entregada a sus rezos, en una +hermosa mañana del mes de Abril, cuando su doncella Leonor entró +precipitadamente, asustada y llorosa, y se echó a sus pies pidiendo +perdón y refugio. + +--Yo no tengo la culpa, señora; yo no tengo la culpa. Mi padre se enoja +contra mí, y quiere matarme sin justo motivo. El rapaz que está +prisionero es el más descomedido e insolente de los rapaces. Me +sorprendió al pasar yo sola por la galería, me requebró con +desenvoltura, me asió luego entre sus brazos, y a pesar de mi +resistencia y de mis gritos, me dio muchos besos. No sé cuántos, porque +me los dio tan de prisa que no tuve tiempo para contarlos. Llegó en esto +mi padre y agarró al rapaz de una oreja, tratando de castigarle; pero el +rapaz, que debe de ser fuerte y ágil, le echó la zancadilla, le derribó +por tierra y se largó con risa. Mi padre se levantó renqueando, y, +ansioso de vengar el agravio recibido, vino furioso contra mí. Yo, +señora, me refugio aquí, y me pongo bajo tu amparo. Defiéndeme, señora; +mira que soy inocente. + +La grave doña Mencía frunció el entrecejo al oír la narración de aquel +lance; pero en la cara, en el acento y en las frases de Leonor reconoció +su sinceridad y que no era culpada; la levantó del suelo en que estaba +de hinojos y le aseguró que la defendería. Toda su cólera estalló con +vehemencia contra el atrevido rapaz, que con tan liviano desacato +ofendía su casa. Llamó a Nuño, le exigió que absolviese a su hija de +culpas que en realidad no tenía, y le ordenó que, sin entrar en nueva +lucha con el rapaz, y sin acudir tampoco a otras personas para que no se +enterase nadie de lo ocurrido, trajese al rapaz a su presencia para que +ella le reprendiese duramente, como él merecía. + +Cumplió Nuño las órdenes, y pocos instantes después compareció el rapaz +ante la hermosa dama, que le recibió, como juez severísimo, con +imponente autoridad y compostura. Nuño y Leonor se retiraron a una señal +de la dama. Esta quedó sentada en un sillón de brazos, como si fuera +tribunal o trono. El rapaz estaba de pie enfrente de ella, con ademán +muy respetuoso por cierto, pero en manera alguna temeroso ni turbado. +Con enérgicas palabras la dama le echó en cara su fea conducta, le +amonestó para que se corrigiese, y le exigió que pidiera perdón de su +culpa. Él contestó de esta suerte: + +--Yo, señora mía, me confieso culpado, y estoy dispuesto a pedirte +humildemente perdón, de rodillas delante de ti. Si alguna disculpa +tengo, válganme como tal mis verdes mocedades y mi completa +inexperiencia de las cosas del mundo. Yo me figuré, señora, que me +hallaba en la cumbre de una montaña, y muy cerca de una nube que parecía +de carmín y de oro, por lo cual gusté tanto de ella que me atreví a +abrazarla y aun a besarla; pero la nube se me desvaneció y deshizo, y +entonces apareció el sol que la nube me ocultaba, y cuyos divinos +reflejos eran los que habían dado a la nube los brillantes matices que +me enamoraron, me sedujeron y me hicieron incurrir en la falta, que como +tal deploro, si bien, por otra parte, casi me alegro de haberla +cometido. Cometiéndola he apartado la nube y he logrado al fin ver el +sol, que desde hace una semana anhelaba yo ver y que ahora extasiado +contemplo. + +Colorada como la grana, en parte de ira y en parte de gustosa sorpresa, +se puso doña Mencía al oír el desenfadado discurso de aquel audaz +muchacho. A pesar de su austeridad, tan probada y acendrada durante +veinte años, sintió que en el fondo de su pecho pugnaba por salir y le +retozaba la risa al notar tanta juvenil desvergüenza; pero al fin +triunfó la condición austera de la egregia dama, y despidió al mancebo, +diciéndole: + +--Está bien, niño; pero mejor estaría si tu maestro o tu ayo te hubiera +enseñado menos retórica y más comedimiento y circunspección para no +faltar al respeto que a una ilustre dama se debe, y que se debe también +a su casa y a su servidumbre. Vete y corrígete, y haz de modo que no +tenga yo que apelar a dolorosos extremos para poner coto a la audaz +conducta de que parece que te jactas en vez de arrepentirte. + +Quiso replicar el rapaz, pero la dama hizo tan imperioso gesto de +desagrado y despedida, y fulminó contra él tan terrible mirada de sus +negros ojos, que le hizo enmudecer y que le arrojó de la estancia como +si lo hiciera a materiales empellones. + + +III + +Escarmentado el joven cautivo y acaso más cautivo aún de su propia +cortesía y de la veneración y del afecto que le había inspirado la dama +con sólo verla, se condujo durante los diez días que se siguieron con la +corrección más cumplida, mostrando paciencia ejemplar para sufrir sin +quejas su triste y enojoso cautiverio. La severa doña Mencía advirtió +entretanto que atormentaba a veces su alma cierto arrepentimiento de +haber empleado con el rapaz severidad sobrada. Allá a sus solas pensaba +en él casi de continuo, y se complacía en saber lo mucho que su +reprimenda había valido, y cuán juiciosamente se conducía el mozo. Luego +recordaba su rostro y toda su gentil figura, que no había dejado de +examinar cuando le tuvo delante de ella. Y por virtud de este recuerdo +vino a nacer en su alma la más singular alucinación, la más curiosa y +rara fantasía que puede soñarse. En balde procuraba apartar de su mente +aquel ensueño peligroso. El ensueño volvía con tenacidad sobre ella, y +ni dormida ni despierta la dejaba en libertad y en sosiego. Imaginó que +el insolente rapaz a quien había reprendido era el vivo retrato de D. +Jaime, su difunto esposo; y yendo más adelante en aquellas cavilaciones, +se dio a recelar o a sospechar que las hadas benéficas, o algunos otros +seres o genios sobrenaturales, para premiar sus largos años de rígida +viudez, le devolvían con vida al esposo a quien habían tenido durante +todo aquel tiempo encantado y oculto en un mágico submarino alcázar, no +ya conservándole joven, sino poniéndole más joven y más gallardo de lo +que antes era. Y como las imaginaciones no vienen solas, sino que nacen +unas de otras, enredándose y trabándose como áurea cadena, doña Mencía +no se contentó con fingir pasado lo que se acaba de decir, sino que se +creyó conocedora y zahorí de lo presente y aun inspirada profetisa para +ver a las claras las cosas futuras. Así dio por cierto que el rapaz, su +cautivo, llevaba en la frente la marca y el sello de un genio casi +sobrehumano, y que delante de él se abrían luminosos horizontes de +gloria y largo camino de triunfos y de grandezas. + +Como quiera que fuese, doña Mencía no pudo resistir a la tentación de +volver a ver al rapaz. Para cohonestarla, antes de caer en ella, se le +ofrecían tres razonables motivos. Era el primero que, en virtud de la +buena conducta del joven, debía ella endulzar lo amargo de su reprimenda +llamándole y dándole su absolución. Era el segundo que, por la gran +diferencia de edad que entre ambos mediaba, el afecto de ella hacia él +tenía mucho de maternal y muy poco o nada de pecaminoso. Y era el +tercero, que el recordar es siempre mil y mil veces más poético que el +mirar, por donde tal vez cuando ella mirase de nuevo al muchacho, caería +en la cuenta de que no se parecía a su difunto esposo, de que ni él +estaba encantado ni la encantaba a ella, y de que eran sueños vanos y +sin sustancia todos los pronósticos en que prestaba al rapaz las +grandezas y los triunfos que expresados quedan. En suma, doña Mencía se +humanó, se apiadó del aislamiento de su cautivo, y, en vez de dejarle +comer solo en la torre en que vivía, le convidó a comer a su mesa. + + +IV + +Con este trato familiar y diario, doña Mencía dio por seguro que pronto +acabarían por desvanecerse las ilusiones algo malsanas que había +concebido; pero, por desgracia, aconteció muy al revés de su buen +propósito y honradísimo intento. + +Don Juan Fresco pasa aquí como sobre ascuas, sin aclarar ni determinar +nada. Yo no he de ser más explícito y terminante que mi tocayo. Diré +sólo que, pocos días después, doña Mencía apareció más bella y remozada, +iluminando su rostro una alegría dulce y mucha satisfacción y contento, +vistiéndose con más primor y saliendo a caballo a dar largos paseos, por +los más solitarios y ásperos caminos, acompañada sólo del mancebo +cautivo y del anciano Nuño, a quien el mozo había ganado la voluntad y +con quien estaba muy bien avenido. Nuño tenía además la más completa +convicción de que el mancebo no perseguía ya ni inquietaba a Leonor, +cuya honestidad estaba segura. + +Harto había notado Nuño la fina devoción y el acendrado rendimiento con +que el mancebo cautivo miraba y servía a su señora; pero no se atrevía a +sospechar que ella pagase con amor tan delicados extremos, si bien +advertía que a veces, bajo la ardiente mirada del joven, doña Mencía +bajaba suave y lánguidamente los ojos, y tal vez se ponía encarnada como +las amapolas, y aun creyó percibir en ocasiones, por entre los párpados +y sedosas pestañas de ella, asomar una lágrima, que más que amarga +parecía ser de ternura. + +Tales observaciones daban vigor a sus sospechas; pero no tardaba en +disiparlas la consideración de que el P. Atanasio, grave y reverendo +siervo de Dios, comía siempre en la misma mesa con doña Mencía y el +mancebo, y terciaba al parecer en todos sus coloquios. + +Por otra parte, no cabía en la imaginación ni en el pensamiento de Nuño +que doña Mencía olvidase a su esposo D. Jaime y fuese infiel a su +memoria. + +La desproporción de edad hacía, por último, inverosímiles las relaciones +amorosas. Doña Mencía hubiera podido ser holgadamente madre de aquel +lindo muchacho. + +De aquí que Nuño desechase siempre como suposición maliciosa la idea que +a veces se le presentaba de que doña Mencía tuviese amores. Lo que tenía +era afecto casi maternal, y algo de satisfacción de amor propio y mucho +de gratitud al considerarse querida. De esto sí que no dudaba Nuño. La +admiración entusiasta y el vehemente enamoramiento del mozo estaban +harto poco disimulados y eran patentes a todos los ojos. + +Los guerreros de la hueste lo veían claro. Y muchos de ellos, menos +respetuosos que Nuño, y con muchísima menos fe en la probada austeridad +y virtud de la alcaidesa, afirmaban, con más malicia que respeto, que +aquella ilustre dama no desdeñaba las pretensiones del misterioso +cautivo casi adolescente. + +Provino de todo ello un germen de disturbio que hubiera podido terminar +en escándalo, si la prudencia de Nuño no le hubiera sofocado al nacer. + +Juan Moreno Güeto, uno de los cabos de la hueste, favorito de Nuño y +aspirante a la mano de su hija Leonor, a quien requería de amores, era +asimismo respetuoso y ferviente admirador de D.ª Mencía. Y como oyese en +cierta ocasión, en boca de algunos compañeros de armas, groseros +chistes en ofensa de su señora, no pudo contenerse y se decidió a +castigarlos de palabras y aun de obras. Por dicha, Nuño acudió a tiempo +y pudo evitar la inminente lucha, calmando los ánimos, restableciendo la +paz y procurando que no se divulgase lo que había ocurrido. + +Doña Mencía, no obstante, hubo de entrever algo del caso y de sentirse +lastimada y avergonzada de andar en lenguas de sus vasallos, y de ver +que empezaba a perderse la inmaculada reputación que ella tan justamente +había adquirido en veinte años de la vida más ejemplar y de las más +severas costumbres. + +Fuesen como fuesen sus relaciones con el rapaz misterioso, doña Mencía +comprendió que daban harto pábulo a la maledicencia. + +Sin duda el P. Atanasio, que era su director espiritual, y, según hemos +dicho, grave y severísimo, la amonestó o la reprendió, ora por el +peligro a que se exponía o por la ocasión que daba a que la censurasen, +si no había pecado, ora por el pecado mismo si, dejándose ella caer en +la tentación, había cometido alguno. + +En resolución, las causas por lo pronto permanecieron ocultas, y cuando +menos podía preverse hubo un suceso inesperado. + +Revestido con las armas del difunto D. Jaime, que parecían expresamente +forjadas a la medida del mancebo cautivo, apareció éste a la puerta del +castillo en una hermosa mañana del mes de Mayo, acompañado de Nuño y de +Juan Moreno Güeto, los tres en sendos caballos; tomaron el camino de +Cabra, y no tardaron mucho en salvar la cima de los cercanos alcores, +perdiéndose de vista. + +Alguien aseguró después que, hasta que de vista se perdieron, doña +Mencía estuvo en el balcón de su estancia, que se elevaba sobre el muro, +y desde donde se oteaba el circunstante paisaje, mirando a los que +partían, y dando al mancebo cautivo un postrer adiós con el blanco +pañizuelo de holanda que hacía ondear su diestra, cuando no se le +llevaba a los ojos para enjugarse el llanto delator que los humedecía. + +A la caída de la tarde del día siguiente, Nuño y Juan Moreno Güeto +volvieron al castillo, pero volvieron solos. Del mancebo nada se supo +después. Nuño y Juan Moreno Güeto no quisieron satisfacer nunca la +curiosidad de la gente de la guarnición diciendo dónde le habían dejado. + + +V + +Seis días pasaron después del suceso que acabamos de referir, durante +los cuales vivió doña Mencía en el más completo retraimiento. No salía +de sus apartadas estancias, y sólo la veían y hablaban con ella el P. +Atanasio, Leonor y Nuño. + +Un domingo por la mañana ocurrió algo que allí podría pasar por novedad, +ya que sólo de tarde en tarde recibía la alcaidesa visitas de sus +parientes. + +No se sabe si llamado por ella, o por iniciativa propia, vino el +mariscal D. Diego desde el castillo de Baena a visitar a su prima. De +todos modos, D. Diego no sabía, o aparentó no saber, que el mancebo +cautivo había recobrado su libertad. Preguntó por él a doña Mencía y +mostró deseo de verle. + +Doña Mencía contestó entonces: + +--No es posible que ahora le veas. Aborrezco el disimulo y el engaño. No +sólo le he dejado ir libre, sino que le he absuelto del compromiso que +contrajo y de la palabra que dio de permanecer en cautiverio. Él no se +hubiera ido si yo no le hubiera obligado a que se fuese, mandándoselo y +despidiéndole. Échame a mí toda la culpa; toda la culpa es mía. + +Don Diego no pudo reprimir su enojo, y exclamó con airado acento: + +--¡Vive Dios, prima, que te has conducido con fea deslealtad y te has +mostrado harto ingrata a los beneficios que a mi casa y familia debes! + +--Vuestras quejas--replicó ella--son harto infundadas, Sr. D. Diego, y +son además muy ofensivas para mí. Yo he dado libertad al joven por +respeto al honor de vuestra casa y familia, y para no ser cómplice de un +delito que la denigraba. El rapaz no ha sido maltratado en este +castillo; pero había sido robado y secuestrado por nosotros, como si +fuésemos bandidos. Yo no podía consentir largo tiempo en esto y +coadyuvar a vuestros planes. Supe que el ilustre hermano del cautivo le +buscaba inquieto y desolado, indagaba en balde su paradero y hasta +lamentaba y lloraba su por él imaginada temprana muerte. Lo mejor que +podía yo hacer, y eso he hecho, es enviarle a Montilla a que tranquilice +y aquiete a su hermano, exigiéndole, como le he exigido, y él cumplirá +su promesa, no revelar nunca a su hermano quien le robó y le tuvo +prisionero. Mi deseo es que se restablezca la concordia entre vuestra +casa y la de ellos, y sería nuevo inconveniente para que mi deseo se +lograse que D. Alonso supiera que el mariscal D. Diego, de quien tantos +agravios ha recibido, le había agraviado también siendo el raptor de su +hermano, a quien quiere con toda su alma. + +--No es de maravillar ese cariño--dijo don Diego,--porque el joven posee +extraordinarios atractivos, se gana la voluntad de las personas a quien +trata, aunque sean muy adustas, y si a él le roban toma represalias +terribles, y, según parece, roba los corazones, y los trastorna y los +hechiza por tal arte, que les hace olvidar los más sagrados deberes y el +conveniente decoro. + +Subió la sangre al rostro de doña Mencía y le tiñó de rojo al escuchar +aquellas palabras; pero con serenidad y calma, para que lo que había +resuelto no se atribuyese a momentáneo arrebato, sino a resolución +premeditada e irrevocable, dijo a D. Diego de esta suerte: + +--No hubiera yo presumido ni creído nunca, Sr. D. Diego, que faltando a +nuestro parentesco, a nuestra amistad de toda la vida y a cuanto un +caballero cortés y bien nacido debe de respeto a una dama, hubierais vos +venido a mi propia habitación y estrado a insultarme con injuriosas +reticencias. De nadie dependo, y sólo a Dios tengo que dar cuenta de mi +conducta. Aunque fuese mala, no tenéis derecho para afrentarme ni para +acusarme, siquiera sea en términos embozados y ambiguos. Respetad a una +mujer como a vuestra hidalguía conviene. Y ya que juzgáis que yo me he +conducido mal en lo que importa al servicio de vuestra casa y familia, +yo me extraño desde este instante de dicho servicio. Por lo pronto, os +ruego, dije mal, os exijo que salgáis de mi presencia. No tardaré yo en +evacuar el castillo y fortaleza cuya custodia me habíais confiado. El +alférez Calixto de Vargas quedará mandando la hueste, y dentro de +veinticuatro horas os hará entrega de todo. Yo me extraño, como acabo de +deciros. Mañana mismo saldré de aquí, llevando en mi compañía a Nuño, a +su hija Leonor y a Juan Moreno Güeto. El mayor favor que podéis hacerme +es no volver a acordaros de mí, y no empeñaros en averiguar ni adónde +voy, ni cuáles serán en lo futuro mis propósitos y las andanzas de mi +vida. + +Aunque harto sabía D. Diego que era irrevocable toda resolución que +tomaba su prima, y que su carácter era más firme que la roca en que +descansaba el castillo a que ella había dado su nombre, todavía D. Diego +hubiera querido contestar a aquel discurso y procurar amansar a la dama; +pero ella lo estorbó retirándose de súbito a su habitación más +reservada y cerrando la puerta de golpe. + +No se atrevió el Mariscal a seguirla: no quiso tampoco enterar a nadie +de los términos poco amistosos con que aquella entrevista había +terminado, y así, aparentando reposo y sin dejar traslucir lo que +pasaba, salió del castillo con los escuderos que le habían acompañado, y +se volvió a Baena. + + +VI + +Cruel y deshecha tempestad de encontrados sentimientos hubo de agitar +aquella noche el alma de doña Mencía. Durmió poco y se levantó del lecho +apenas rayaba la aurora. + +Como si le quedasen pocas horas de vida y estuviese a punto de +desaparecer de sobre el haz de la tierra, dispuso de todos sus bienes, +haciendo donación de las joyas, de los más ricos vestidos y de parte de +sus cuantiosos ahorros a favor de Leonor, su fiel camarera. + +Hallándose presente ésta, así como también el P. Atanasio, hizo venir a +Juan Moreno Güeto y le indujo a contraer con Leonor solemnes esponsales, +que autorizó el P. Atanasio, prometiendo, por su parte, ser pronto el +ministro que santificase por la virtud del sacramento la unión de los +novios. + +Confió doña Mencía al P. Atanasio una respetable suma de dinero para que +la repartiera con juicioso tino entre los soldados de la hueste y los +campesinos pobres de las cercanías. + +Y reservó, por último, buena porción de su caudal para entregarla a la +Superiora del convento de Santa Clara en Córdoba, antigua fundación del +rey D. Alonso _el Sabio_ y de su mujer la reina doña Violante, hija de +D. Jaime de Aragón, el que ganó a los moros la ciudad de Valencia. En +aquel convento había determinado doña Mencía encerrarse para siempre y +acabar su vida. + +A fin de cumplir tan devota determinación, de que sólo dio noticia +entonces al P. Atanasio, se despidió de la hueste como si tratase de +hacer una breve ausencia, y acompañada solamente del mencionado Padre, +de Nuño y del futuro yerno de éste, salió para Córdoba aquel mismo día. + +Como los cuatro iban en sendos caballos, ligeros y briosos, pudieron +llegar, y llegaron, antes de anochecer a la antigua capital del +califato. + +Doña Mencía tardó poco en cumplir su propósito. Abandonó el mundo, y se +retiró al convento de Santa Clara. El P. Atanasio y Juan Moreno Güeto +volvieron al castillo inmediatamente. Nuño tardó algo más en volver, +pues tuvo antes que llevar un mensaje a Montilla, cumpliendo las órdenes +de su señora y el último de sus encargos, en relación y enlace con +personas y cosas de esta vida mortal, del siglo y de la tierra que nos +sustenta. Nuño llevó a Montilla, y entregó recatada y secretamente al +hermano menor de D. Alonso de Aguilar, una extensa carta, escrita por +doña Mencía, y que decía de esta suerte: + + +VII + +«Cuando te despedí pocos días ha desde el castillo, devolviéndote la +libertad y mandándote y exigiéndote que la recobrases, no tuve valor aún +para despedirme también de la esperanza de volver a verte en este mundo, +¡oh mi dulce y joven amigo! Tomada estaba ya y escondida en el centro de +mi alma la firme resolución de no volver a verte nunca; pero no quise +decírtelo hasta ahora. Ahora que te lo digo, ahora que por última vez +voy a hacer que mi palabra llegue hasta ti, aunque sea desde lejos, Dios +habrá de perdonarme si me complazco en recordar mi extravío, no ya para +llorarle y lamentarle arrepentida, sino para deleitarme y glorificarme +con su recuerdo. Toda la austeridad de mi vida durante veinte años, todo +mi primer amor, suavemente conservado en la memoria con afán religioso y +puro como rescoldo del fuego sagrado entre las cenizas del ara, y mi +orgullo y el respeto debido al nombre que llevo y a mi decoro de honrada +y casta matrona, todo se desvaneció y falleció en mi alma al ver tu +rostro y al oír tus palabras, acaso desde la vez primera que me +hablastes. No creas que me ofusqué, que me cegué y que no comprendí +desde el primer momento la intensidad y la fealdad de mi delito y el +casi irresistible impulso que a cometerle me llevaba. Claro apareció en +mi conciencia el amor que me habías inspirado, y cuán abominable lo +hacía la gran diferencia de nuestra edad, más propia que para +convertirme en amiga o en esposa tuya, para prestarme, con relación a +ti, por manera espiritual, el casto y limpio carácter de madre. + +»Yo, con todo, no supe resistirme. Fue mi pasión tan vehemente que, no +ya inútil, necia y vulgar me pareció la resistencia. Hasta en la misma +tardanza vi yo algo de mezquino y grosero que aparecía en mi mente como +frío artificio y estudiado melindre de mujer que anhela vender más caras +sus finezas y realzar más de lo justo el precio y valer de sus favores +retardando el concederlos. No extrañes, pues, que, vencida y rendida yo, +cayese desde luego en tus brazos sin defenderme, y te diese mi corazón y +fuese toda tuya. + +»Había yo querido antes cohonestar la inclinación que hacia ti había +sentido, imaginándote vivo retrato del hombre a quien yo había amado en +mis primeras mocedades, y a quien había llorado largos años después de +muerto. Pero no tardé en desechar este pensamiento, considerándole +cobarde hipocresía con que mi entendimiento, más mentiroso que sutil, +trataba de atenuar el poderoso conato de mi voluntad viciosa. No: no me +pareciste semejante a D. Jaime, sino mil y mil veces mejor que él. Su +imagen, grabada en mi alma, se borró y desapareció no bien vino tu +imagen a estamparse en ella, como sello y marca de esclavitud que la +hace tuya para siempre. Ni el temor de la maledicencia; ni el odioso +pensamiento de que hasta tú mismo pudieras menospreciarme y tenerme por +liviana, nada me contuvo. La fuerza, no obstante, que no bastó para +detenerme al borde del abismo y para salvarme de la caída, me ha valido +luego para romper materialmente el lazo, para huir de ti, para +levantarme lastimada y penitente y refugiarme en este retiro. Yo no +podía ser legítimamente tuya. Vivir de otra suerte a tu lado, hubiera +sido escándalo, ignominia y vergüenza. Los sabios consejos de mi +confesor, a quien, dominando el rubor que encendía y quemaba mi rostro, +mostré la herida de mi alma para que la curase, y el bálsamo de nuestra +santa religión que él vertió en la herida, me prestaron aliento y brío +para desbaratar las cadenas en que me tuviste aprisionada, para +apartarte de mí y para tomar luego la determinación que he tomado. + +»Dios, en su infinita misericordia, habrá de perdonármelo. No acierto a +que así no sea. Ahora que me dirijo a ti, acuden a mi mente, la turban y +la llenan de amargo deleite aquellos momentos de embriaguez amorosa y de +completo abandono en que toda yo fui para ti y creí que eras tú todo +mío. + +»Resuelta estoy a restaurar con plegarias, cristianas meditaciones y +dura penitencia la espantosa ruina en que mi virtud se deshizo. +Humillada y contrita estoy, y con todo, no noto en mí el +arrepentimiento. A mi mente acuden en tropel ideas y razones, si no para +justificar, para disculpar en parte mi pecado, y, cuando no para +absolverme, para mitigar la sentencia que me condena. + +»A los indiferentes parecerá locura lo que voy a decirte. A pesar de tu +modestia, tú debes creerme. Algo de sobrenatural, del cielo sin duda en +su origen, aunque torcido y maleado después por el infierno, ha sido el +móvil principal de mi enamoramiento y de mi súbita flaqueza. He sentido, +al verte y al oírte, no atino a explicar qué extraño modo de profética +revelación, qué profundo convencimiento, qué fe y qué segura esperanza +en tus futuros y soberanos destinos. Sí, yo no he amado sólo en tu +persona al gallardo y floreciente mancebo en toda la frescura y lozanía +de su edad primera. Yo he amado y prefigurado en ti al héroe en flor, +gloria y grandeza de la patria, al que contribuirá más que nadie a que +Castilla, disuelta hoy en bandos y asolada por guerras civiles, con +España toda unida a Castilla, sea la primera de las naciones. Yo, no +sólo veía en tus ojos la llama del amor, sino la luz refulgente y el +fuego del entusiasmo con que un numen inspirador encendía tu alma. Yo +veía lucir en tu frente la estrella de la inmortalidad, y su resplandor +me cegaba: tus sienes se me mostraban circundadas de un nimbo luminoso. + +»Así explico yo y así disculpo mi inevitable rendimiento; así explico yo +y así disculpo también el valor cruel que he tenido para echarte lejos +de mí y para apartarme de ti, después y por siempre. Reteniéndote en mis +brazos me hubiera rebelado yo contra los designios y decretos del +cielo. La gloria te quiere para sí, y yo no quiero ni puedo ser rival de +la gloria. Básteme la que alcanzo con haber poseído tu corazón y con que +me hayas tributado las primicias de tu amoroso y juvenil afecto. +Básteme, sobre todo, la gloria de haber sido acaso el primer ser humano +que ha visto con toda claridad en tu frente el signo que Dios puso en +ella, señalándote así para que honres, prosperes y ensalces a tu pueblo, +y para que venzas y domines a los otros. + +»Adiós. No me llores por desventurada. ¿Por qué no confesártelo? Estoy +orgullosa y soy dichosa por mi propia falta. La única obligación tuya, +lo único que me debes es el cumplimiento de mi esperanza y de la fe que +puse en ti. No desmayes. Lánzate valerosamente en el sendero de la vida. +Sé grande, sé glorioso, como yo te he soñado, y paga así con usura todo +el amor que te tuve y que te tengo todavía, y cuantos sacrificios hice a +ese amor justificado por tu maravilloso valer y harto premiado por el +deleite supremo que logré al ser tu amada. + +»No quiero yo que me olvides, dueño mío. Tuya soy yo, toda yo y por toda +la vida. Recuérdame, pero más con ternura que con pena. Y adiós de nuevo +y para siempre.» + +Cuatro años después de escrita esta carta, doña Mencía, apartada del +mundo y de todo trato de gentes, salvo el de sus hermanas las +religiosas, se consumió como si un fuego interior la devorase, se +marchitó como rosa aromática en el ardor del estío, y entregó a Dios su +alma en el convento de Santa Clara de Córdoba, edificando con su +resignada, ejemplar y cristiana muerte a las pocas personas que por +entonces la trataban. + + +VIII + +Más de cuarenta años habían transcurrido desde la muerte de doña Mencía. + +Gonzalo Fernández de Córdoba se hallaba de paso para Granada en la +ciudad que se honra con darle su nombre por apellido. + +Todos los ensueños de doña Mencía se habían realizado. Estaba él +cubierto de gloria, era llamado el Gran Capitán. Su nombre se +pronunciaba y se oía con respeto en todas las regiones de Europa. De él +había dicho el más discreto y perfecto caballero cortesano que en +aquella edad tuvo Italia, que, «en paz y en guerra fue tan señalado, que +si la fama no es muy ingrata, siempre en el mundo publicará sus loores y +mostrará claramente que en nuestros días pocos reyes o señores grandes +hemos visto que en grandeza de ánimo, en saber y en toda virtud no hayan +quedado bajos en comparación de él». Él había combatido a los +portugueses en Toro, a los muslimes en Granada, en las Alpujarras a los +moriscos rebeldes, en Ostia al más feroz de los piratas, al turco en +Cefalonia, y en Italia a los franceses, desbaratando sus ejércitos, +venciendo a sus reyes y más ilustres caudillos y ganando para España lo +más hermoso de aquella península. Había adquirido y prodigado inmensas +riquezas, había ganado como trofeo de sus victorias más de doscientas +banderas y dos estandartes reales, y había conseguido que le celebrasen +y admirasen en toda España, así en Aragón como en Castilla. + +Víctima ya de la suspicacia, y tal vez de la envidia del Rey, se +retiraba harto desengañado a sus dominios de Loja, después de haber +visto arrasada la fortaleza de Montilla, que fue su cuna, y castigados +con dureza no pocos de sus parientes y amigos. + +Se cuenta que Gonzalo visitó un día a su anciana parienta doña Beatriz +Enríquez, que había sido amiga del ya difunto almirante D. Cristóbal +Colón, a quien retuvo largo tiempo en España a pesar de los desdenes de +la Corte. + +Contra la sentencia del Dante, tan a menudo citada, no siempre es +doloroso, sino sabroso y dulce, el recuerdo de la edad feliz, de los +amores juveniles y de los triunfos y venturas que entonces se lograron. +Doña Beatriz, en su vejez y en su aislamiento, se sintió consolada al +ver y al hablar a su glorioso deudo. Animada fue la conversación que con +él tuvo. + +Doña Beatriz se mostró expansiva y acabó por estar justamente +jactanciosa. Declaró con orgullo que tenía por gloria suya el haber +amado al aventurero genovés, el haber descubierto y reconocido todo el +valer de su espíritu y el haber creído y esperado en la alta misión que +le habían confiado los cielos, cuando todavía eran muy pocos los +hombres que no le desdeñaban. + +--Por mí--dijo--se quedó en España aquel hombre enviado de Dios. En gran +parte me debe España la gloria de haber roto ella el misterioso secreto +de los mares y de haber descubierto islas florecientes y extensa tierra +firme, rica en perlas y en oro, que todavía se pone como valladar para +impedirnos llegar a Cipango, al Catay y al imperio del preste Juan, por +donde ya penetran los portugueses, siguiendo opuestos caminos y +navegando hacia las regiones donde se pensaba que tenía su tálamo la +Aurora. + +El Gran Capitán comprendió y aplaudió el orgullo de su parienta; pero su +mismo aplauso hizo brotar en su alma otro orgullo muy parecido. Gonzalo +Fernández de Córdoba no supo contenerse, y dijo a doña Beatriz: + +--Yo admiro la perspicacia de vidente y la fe profunda y la esperanza +certera con que amaste y detuviste al inspirado piloto. Pero perdona mi +vanidad. No has sido tú en esta época la única cordobesa a quien hizo el +amor profetisa. Otra hubo antes que tú, que compitió en esto contigo. No +merece tanto, porque el hombre cuyo valer futuro descubrió ella en su +amorosa visión profética, vale mil y mil veces menos que el que por +esfuerzo de su reveladora inteligencia y de su enérgica voluntad ha +duplicado o triplicado la grandeza del mundo conocido, y ha magnificado +el concepto de la creación en toda mente humana. Comparada a la gloria +de ese hombre, vale poco la que se alcanza derrotando ejércitos, +conquistando reinos y avasallando y humillando a los príncipes más +poderosos. Merece, sin embargo, más que tú esta mujer de que te hablo, +porque tú no revelaste a Colón mismo lo que él ya sabía de su propio +valer. Tú le prestaste crédito, aliento y esperanza y confianza en los +hombres y en su fortuna; pero esta mujer de que te hablo, en su +exaltación de amor hacia mí, porque fue mi enamorada, no se limitó a +darme crédito, aliento y esperanza, sino que hizo patente a mi alma la +por ella soñada grandeza que mi alma tenía, me infundió la fe que en mí +puso, convirtió mi ambición en deber de gratitud hacia ella, y me obligó +a ser grande para que ella no fuese, ni motejada de ligera, ni tenida +por mentirosa. + +El Gran Capitán no supo callar entonces. Contó a doña Beatriz los +fugitivos amores de su mocedad primera. Y hasta hay quien dice que le +citó, asomando el llanto a sus ojos, algo de la carta que le había +escrito doña Mencía, y que él conservaba piadosamente en la memoria. + +Gonzalo dijo por último: + +--Quiero confesarte, con el debido sigilo, que después he amado a otras +mujeres y he sido amado por ellas. Ninguna, sin embargo, ha derribado y +arrojado del santuario de mi alma la venerada imagen, puesta allí sobre +todo lo terrenal y caduco, de la mujer que me reveló a mí mismo mi ser +propio: que tal vez con la virtud creadora de su amor sembró en mi +espíritu el germen de todo lo bueno y de todo lo noble que he podido +hacer en mi vida. + +Al referir esta historia que me contó D. Juan Fresco, y cuya certidumbre +confirmó, hasta cierto punto, mi querido amigo D. Aureliano, no puedo +menos de recordar un estudio que escribió y publicó, años ha, Rosa +Cleveland, hermana del que fue Presidente de los Estados Unidos. El +estudio se titula _Fe altruista_, y procura demostrar que la capital +misión de la mujer es la de revelar al hombre sus altos destinos, +alentarle en la lucha e inspirarle el brío y la confianza que son +menester para alcanzarlos. + + + + +EL MAESTRO RAIMUNDICO + + +I + +En varios tratados de Economía política he visto yo una cuenta, de la +que resulta que la industria de los zapateros en Francia ha producido, +desde el descubrimiento de América hasta hoy, seis o siete veces más +riqueza que todo el oro y la plata que han venido a Europa desde aquel +nuevo e inmenso continente. Esto me anima, sin recelo de pasar por +inventor de inverosímiles tramoyas, a hablar aquí del maestro +Raimundico. + +Haciendo zapatos empezó a ser rico; acrecentó luego su riqueza, dando +dinero a premio, aunque por ser hombre concienzudo, temeroso de Dios y +muy caritativo, nunca llevó más de 10 por 100 al año; después, fundó y +abrió una tienda o bazar, donde se vendía cuanto hay que vender: azúcar, +café, judías, bacalao, barajas, devocionarios, libros para los niños de +la escuela, y toda clase de tejidos y de adornos para la vestimenta de +hombres y mujeres. El maestro se fue quedando también con no pocas +fincas de sus deudores, y llegó a ser propietario de viñas, olivares, +huertas y cortijos. + +Ya no esgrimía la lezna, ni se ponía el tirapié, ni se ensuciaba los +dedos con cerote, pero fiel a su origen, conservaba la zapatería, donde +trabajaban expertos oficiales, discípulos suyos. El magnífico bazar +estaba contiguo. Y junto a la zapatería y al bazar podía contemplarse la +revocada y hermosa fachada de su casa, situada en la calle más ancha y +central del pueblo. A espaldas de esta casa y en no interrumpida +sucesión, había patios, corrales, caballerizas, tinados, bodegas, +graneros, lagar, molino de aceite, y en suma, todo cuanto puede poseer y +posee un acaudalado labrador y propietario de Andalucía. La puerta +falsa, que daba ingreso a estas dependencias agrícolas, pudiera decirse +que estaba extramuros del pueblo, si el pueblo tuviera muros, mientras +que la puerta principal, según queda dicho estaba en el centro. + +El maestro Raimundico nunca había querido comprometerse ni mezclarse en +política; pero de súbito acababa de cambiar. Se había hecho fusionista y +había consentido en ser jefe de aquel partido político y alcalde en +Villalegre. + +Era viudo, hacía ya quince años. Y hacía cerca de siete que tenía a su +único hijo, D. Raimundo Roldán de Cadenas, estudiando o paseando y +holgando en Madrid, pues sobre este punto, difieren no poco los +autores. Difieren asimismo sobre la causa de la larga y no interrumpida +ausencia del hijo, atribuyéndola unos a la viudez más alegre que +recoleta del padre, para la cual hubiera sido estorbo o escándalo la +presencia del hijo, y atribuyéndola otros al despego y a la soberbia de +éste, que vivía en Madrid como caballerito muy elegante e ilustre, que +hablaba de su casa solariega, y que repugnaba volver al lugar a ver la +plebeya ordinariez de su padre y la primitiva y fundamental zapatería +tenazmente conservada. + +Como quiera que ello fuese, D. Raimundo se daba en Madrid tono de muy +hidalgo, y su gentil presencia, su elegancia en el vestir y el dinero +que solía gastar con rumbo, prestaban a su hidalguía no corto crédito. +Él era además robusto y ágil en todos los ejercicios del cuerpo, gran +tirador de pistola, florete y sable, buen jinete, mejor bailarín, y muy +divertido, ocurrente y chistoso. Tenía multitud de amigos y estaba en +Madrid como el pez en el agua. + +Hacía muy poco que se había graduado de Doctor en Jurisprudencia, y +había enviado a su padre la tesis doctoral. El padre leyó con suma +atención las cuatro o cinco primeras páginas, pero no entendió palabra, +se mareó y dejó la lectura. Y como era muy escamón, se puso a cavilar +entonces, sobre si el no entender aquello, sería culpa de su ignorancia, +o si sería, según frase de Cánovas, que hasta aquel lugar había llegado, +porque su hijo era un tonto adulterado por el estudio o si sería porque +no había habido tal estudio ni tal adulteración, sino porque el chico +había estudiado poquísimo y para disimularlo, había llenado su discurso +de frases huecas, fiado en su audacia y en la simplicidad de muchas +personas que lo que no entienden es lo que más admiran. + +De todos modos, corregido ya el maestro Raimundico, morigerado por la +ancianidad, reverdeciendo en su corazón el amor paternal sobre los +restos de otros ya muertos y menos santos amores, y tal vez proyectando +que el muchacho, que había cumplido veinticinco años, ganase popularidad +y simpatías en el distrito, para que fuese elegido diputado, le mandó +llamar con términos harto imperativos y hasta dejando de enviarle +dinero, que era el medio más eficaz de que podía valerse. + +D. Raimundo, pues, no pudo menos de obedecer. Complació a su padre, vino +a Villalegre y se halló en Villalegre muy a gusto. + +Para que se vea la sinceridad de su contento y el placer y la +satisfacción que en el lugar tenía, vamos a poner aquí una +circunstanciada carta que, al mes de estar en Villalegre, escribió don +Raimundo a su mejor amigo de Madrid. La carta decía como sigue. + + +II + +«Mi querido Pepe: Muy a despecho mío vine por aquí para no rebelarme +contra los mandatos de mi señor padre; pero te declaro con franqueza que +ahora me alegro en el alma de haber venido. Este lugar es lindísimo; los +fértiles campos que le rodean hacen un paraíso de sus cercanías; y sus +habitantes son amenos y regocijados. Yo aquí me divierto la mar. Y no +sólo me divierto, sino que, ¿por qué no he de confesártelo? me siento +como nunca me sentí en Madrid, perdidamente enamorado de una mujer. Pero +¡qué mujer, chico! Es un encanto, un prodigio de bonita. Y no sé decir +si por desgracia o por fortuna, de la más pasmosa severidad de +costumbres. La llaman el Sol de Tarifa, porque de aquella ciudad salió +ella como el sol por oriente. Tal es su apodo significativo. Su +verdadero nombre es doña Marcela Gutiérrez de los Olivares, por ser +viuda del teniente de la clase de sargentos, del mismo apellido, muerto +en Cuba un año ha, a manos de los insurrectos. Llora ella aún a su +difunto marido, con cuya tía, doña Pepa, vive en este lugar en ejemplar +recogimiento, y desdeña y rechaza al enjambre de galanes que la +pretende. Tremendo es uno de ellos por su obstinación y ferocidad. Es su +nombre Currito el Guapo, y es hermano de la estanquera, mujer también de +notable mérito, muy joven aún y famosa por su hermosura y gallardía. +Currito, tan celoso de su honra como los galanes de Calderón en las +comedias de capa y espada, no consiente que nadie requiebre a la +estanquera si no viene con la buena fin. Y aplicando este modo de +proceder de su casa a la ajena y de su hermana a su pretendida novia, no +consiente tampoco que nadie se acerque a doña Marcela, ni le diga +chicoleos, celándola de suerte, que ella vive aislada, porque Currito +tiene metidos en un puño a casi todos los mozos del lugar. Navaja en +mano es tremendo, y ya que no quiera por piedad abrir a nadie una gatera +en el vientre, lo que es para pintar un jabeque en la cara al propio +lucero del alba, no tiene el menor escrúpulo si se enoja. + +»Doña Marcela está con esto que trina, porque gusta de ser desdeñosa sin +que el desdén parezca forzado, y porque no acepta la tutela o mejor +dicho el cautiverio en que galán tan crudo la tiene. + +»A fuerza de oír tales cosas, pues no es otro el principal asunto de las +más frecuentes conversaciones de por aquí, pronto comenzó a hervirme la +sangre contra la insolencia de Currito el Guapo. Me entraron ganas de +libertar de su cautiverio a doña Marcela. Y crecieron mis ganas y se +hicieron irresistibles cuando vi, primero en la iglesia y después en la +feria, a la recatada y joven viuda, con quien quise _timarme_, como +decimos por ahí; pero, por lo pronto fue en balde mi conato, porque sin +duda, no lo consentían la modestia y la honestidad de la dama. ¿Qué no +logran, sin embargo, la terquedad y la audacia de un mozo como yo, +curtido en toda clase de aventuras y acostumbrado a los más peligrosos +lances de amor y fortuna? Doña Marcela me miró al fin con mal disimulada +complacencia; yo le hablé, valiéndome de la tía Pepa que desde niño me +conoce, y, al fin logré, que en una de estas últimas noches, que fue de +las más calurosas del verano, doña Marcela saliese a la ventana a tomar +el fresco. + +»Me hice como por casualidad el encontradizo y me puse a hablar con +ella. No vayas a creer que es ninguna palurda. Culta y discretísima es +su conversación. Y no sólo habla buen castellano si bien con un gracioso +dejo tarifeño, sino que se explica corrientemente en inglés, por haber +estado algún tiempo en Gibraltar, cuando era ella mocita soltera, +acompañando a su padre, que iba allí para asuntos de comercio. Pero aquí +entra lo trágico. Embelesado y engolfado estaba yo charlando con doña +Marcela, a ratos en andaluz y a ratos en inglés, cuando la temerosa +aparición de Currito el Guapo, vino a interrumpir nuestro palique. + +»--¡Huya usted, por Dios!--exclamó ella con voz trémula y llena de +susto. Ahí viene ese monstruo que sin que yo le haya dado motivo es en +este lugar el tirano de mi vida. Sálvese usted, caballero. Currito viene +navaja en mano y puede escabechar a usted en un santiamén. Como es loco +frenético no repara en nada. No es cobardía sino prudencia, escapar de +ese forajido. + +»Ya te harás cargo Pepe de que yo no hice caso ninguno de aquellas +medrosas exhortaciones. Me enredé la capa en el brazo izquierdo y saqué +de la vaina una larga y recta espada de caballería que llevaba a +prevención conmigo. Currito no se arredró por eso, sino que cayó sobre +mí, ora agachándose, ora dando brincos, ora acometiéndome por un lado, +ora por otro. Por dicha, y si he de decir la verdad, yo sospecho que él +no tenía gana de herirme, sino de asustarme. Y como yo también tenía más +ganas de asustarle que de herirle, aquella a modo de danza, duraba ya +demasiado y se hubiera hecho interminable, a no ser por los gritos que +daba doña Marcela pidiendo socorro. + +»Los gritos no fueron inútiles. Aunque ya era tarde, acudieron muchos +vecinos y bastantes mozos que andaban de ronda, y Currito y yo nos vimos +forzados a poner término a nuestro descomunal combate, envainando yo la +espada sin ensangrentar todavía, y doblando él su truculenta navaja, que +era de virola y golpetillo, y produjo al cerrarse ruido muy temeroso. + +»Allí intervinieron y mediaron en nuestra contienda las personas de más +respeto, que habían acudido y que en torno nuestro formaban corro, y +casi nos obligaron a echar pelillos a la mar, a hacer las amistades y a +convertir las casi homicidas manos en cariñosas, enlazándolas y +apretándolas generosamente. + +»Desde entonces veo y hablo por la reja a doña Marcela todas las noches, +sin que Currito me perturbe. Y doña Marcela se me muestra +agradecidísima por haberla yo libertado de aquel espantajo o bu que sin +querer ella la defendía como el dragón en _Las tres toronjas del Vergel +de amor_ y en otros cuentos de hadas. + +»No imagines por eso que estoy más adelantatado en mis pretensiones. La +virtud de doña Marcela es más firme que una roca, aunque para mi amor +más que roca es _lata_. Erre que erre está ella siempre, volviendo por +su honor, también como las damas calderonianas, por donde me temo que +voy a sufrir constantemente el suplicio de Tántalo, o voy a tener que +hacer la barbaridad o digamos la _plancha_ de acudir al cura. Porque eso +sí, doña Marcela tiene poquísimo dinero, pero lo que es en punto a +conducta, ni las lenguas más maldicientes, y no son pocas las de este +lugar, se atreven a decir nada contra ella ni a empañar con ponzoñoso +aliento el terso y limpio espejo de su fama.» + +Este era el contenido de la epístola, salvo los saludos y cumplimientos +de costumbre que en obsequio de la brevedad se omiten. + + +III + +Se cuenta que el maestro Raimundico era escéptico por naturaleza; dudaba +mucho de todo y apenas se decidía a formar juicios, sin examinar antes +detenidamente las cosas y enterarse bien de ellas. Sobre su hijo hacía +tiempo que tenía su juicio en suspenso, sin decidir si el chico era +discreto o tonto. Tratar de ponerlo en claro era uno de los propósitos +que tuvo al llamarle al lugar. Desde que estaba en él, le espiaba, le +estudiaba y le seguía recatadamente los pasos. Prevalido además de su +posición de alcalde, interceptó la carta que acabamos de poner aquí, la +abrió y la leyó. El maestro se desconsoló con aquella lectura e imaginó +que al chico le faltaban por lo menos dos o tres tornillos en la cabeza. +Doña Ramona, hermana del maestro y viuda del pellejero, quería mucho al +chico, de quien había cuidado en la niñez, y sostenía que su candor no +debía calificarse de simplicidad, sino de exceso de imaginación poética. +Una vez cortados los vuelos de esta imaginación, el chico, según doña +Ramona, sería apto para todo, se abriría camino y subiría como la +espuma. + +--Cortemos, pues, los vuelos de la imaginación del chico, dijo para sí +el maestro, y mostrémosle la realidad tal cual es. + +Después de haber recapacitado, formado su plan, y hecho los convenientes +preparativos para realizarle, el maestro, a solas una noche con su hijo, +en la principal sala alta de la casa, al toque de ánimas, le habló de +este modo: + +--Mira, Raimundo, tú eres hijo de un zapatero y no puedes ni debes +presumir de aristócrata; pero no conviene tampoco que por seguir ciertas +opiniones, muy de moda en nuestros días, te des a creer que las almas +heroicas, el semillero de las virtudes y de las proezas y los corazones +donde brota el germen de los más nobles sentimientos, se hallan en las +tabernas y en los presidios, y que la educación esmerada más bien agosta +y comprime que desenvuelve tan excelentes facultades. Quien piensa así +es lo contrario de progresista, ya que debe entender que nada conduce +mejor a la virtud que retroceder al estado selvático. Tu padre, con su +zapatería, hubiera entonces contribuido no poco a la corrupción humana, +porque los hombres calzados deben de ser mil veces más perversos que los +descalzos. Pero no quiero aturrullarme. Ya no sé lo que te digo. +Discursos, pues, a un lado. Y así, en vez de abrir los oídos para oírme, +abre bien los ojos para ver lo que ocurra en la tertulia que voy a tener +aquí, echando una cana al aire y renovando esta noche, por +extraordinario, mis retozonas costumbres de otros días. + +Doña Ramona, hermana del alcalde y viuda como él, fue la primera que se +presentó en la sala. Tres años hacía que había muerto su esposo el +pellejero, pero la fabricación, la recomposición y el despacho de +corambres, seguían más florecientes que nunca, si bien, en aquellos +últimos meses, había surgido y continuaba una crisis en los asuntos de +doña Ramona. Currito el Guapo, su más aventajado oficial, hábil como +nadie en remendar y zurzir cueros y sobre todo en poner botanas, se +había despedido de casa de la maestra, y se había lanzado en la vida +heroica del jaque, buscando aventuras y aterrando a toda la gente +pacífica de la población. Naturalmente la pellejería de doña Ramona, se +resentía ya y empezaba a perder crédito y marchantes con la retirada de +Currito. + +Las malas lenguas del lugar daban por causa de esta retirada el sobrado +empeño de Currito en vigilar y celar a doña Ramona, aislándola de todo +pretendiente, y el amor de ésta a la libertad y su indómito +aborrecimiento a todo linaje de tutela. Currito salió, pues, de su casa, +como de estampía; y, según hemos visto, se puso a ejercer su misión +avasalladora y morigeradora de mujeres, en defensa y custodia de su +hermana la estanquera y del resplandeciente Sol de Tarifa, de quien +estaba o aparentaba estar enamorado. Se sonaba, no obstante, en el lugar +que el verdadero objeto del amor de Currito era la maestra doña Ramona, +la cual no había cumplido aún cuarenta años, estaba colorada y sana, y +por los bríos y robustez de sus frescas y apretadas carnes era una +bendición de Dios y daba gloria verla. Recelaba la gente que los amores +de Currito, por el Sol de Tarifa, eran fingidos o por lo menos fruto de +anterior despecho amoroso y que estos amores ponían la mira, más o menos +conscientemente, en dar picón a doña Ramona. + +La segunda persona que acudió a la tertulia fue el ciego organista, D. +Antonio, a par que gran músico y maestro en el órgano, hábil tocador de +guitarra, así rasgueando como de punteo. + +El Sol de Tarifa entró poco después en la sala, seguida de la tía Pepa. +Y vinieron por último, y según vulgarmente se dice, con este melón se +llenó el serón, Currito el Guapo, acompañado de Rosita la estanquera, su +linda hermana. + +No había ni vinieron más convidados, porque el alcalde quiso que su +tertulia fuese aquella noche de lo más íntimo, selecto y _cremoso_ que +en el lugar podía imaginarse. La sala, sin embargo, resplandecía como un +ascua de oro, porque estaba iluminada con tres magníficos velones de +Lucena de a cuatro mecheros cada uno y con algunas velas de cera que +ardían en los candeleros de media docena de hermosas cornucopias, +colgadas en las paredes sobre el rojo damasco que las tapizaba. + +El maestro Raimundico sabía vivir y vivía con todo el boato y la pompa +que conviene a un señor lugareño. Y ya se presentía por ciertos indicios +y hasta se olfateaba y casi se mascaba, merced al grato tufillo y a los +vapores crasos que al través de pasadizos llegaban desde la cocina a la +sala, que aquella noche iba a haber allí pavo en arrope, y no sólo +_refrescanda_, sino _papandina_ también, y de lo más delicado y costoso. + + +IV + +El maestro Raimundico había leído no pocos periódicos y algunos libros, +iniciándose en varias ciencias morales y políticas, y sobre todo en una +novísima, que las comprende casi todas, y que se llama Sociología. Mas +no por eso presumía de orador, de sabio o de hombre de consejos. Su +orgullo se cifraba en ser hombre de acción y completamente práctico. No +aseguraré yo que él hubiese leído los _Ensayos_ de Lord Macaulay, aunque +me parece que hay de ellos versión castellana; pero, si no los había +leído, su mérito era mayor, pues coincidía con el positivista noble Lord +en uno de sus más singulares pensamientos. Séneca había compuesto un +elocuentísimo discurso contra la ira, lo cual de nada sirvió, ya que no +se sabe de sujeto alguno que haya dejado de ponerse iracundo y de hacer +mil barbaridades, convencido y corregido por los razonamientos de +Séneca. Y como no se sabe que nadie haya ido con zapatos sin que los +haya hecho algún zapatero, así el Lord como el maestro Raimundico +inferían, con juiciosa dialéctica, que es más útil que Séneca, en toda +sociedad humana, el más humilde de los zapateros. El maestro Raimundico, +por consiguiente, como era o había sido zapatero y como nunca había sido +humilde, se estimaba en mucho más que Séneca, sobre todo en lo tocante a +utilidad y arte de la vida. + +Despreciaba o aparentaba despreciar la oratoria; pero, sin darse cuenta +de ello, y dejándose arrebatar de sus convicciones, echaba amenudo +discursos, si bien, más que floridos, enérgicos y breves. + +Veamos ahora lo que dijo a Currito el Guapo, hallándose presentes las +demás personas que hemos enumerado: + +--Tu modo de proceder, amigo Currito, me tiene ya harto, y como soy +alcalde no he de consentir que siga. Nadie te ha dado el encargo de +vigilar y de celar a las muchachas y de hacer el papel, navaja en mano, +de Catón censorino. Ya sabes tú que yo pertenezco al partido liberal, +que gusta ahora de la autonomía y la concede a varias provincias de +Ultramar. Considera, pues, si no quieres enojarme, a tu hermana Rosita y +a mi señora doña Marcela, y déjalas autónomas, o sea en completa +libertad de hacer cuanto se les antoje. Sólo así y no por violencia, +miedo o tutela constante, tendrá verdadero mérito que resplandezcan en +ellas la entereza y la persistencia con que mantienen su inmaculada +virtud, defendiéndola de todos los ataques y asechanzas de los galanes +seductores. Si ellas quieren de verdad que no entre en sus dominios +contrabando ni matute, no es menester que tú asustes ni que mates a los +contrabandistas y matuteros. Y si ellas quieren contrabando o matute le +habrá aunque mates a docenas a los matuteros y contrabandistas. No puede +ser el guardar a una mujer: ha dicho no sé qué sabio, y con sobrada +razón a lo que entiendo. En suma, aunque el sabio no tuviera razón ni yo +tampoco, yo tengo aquí la autoridad y la fuerza, que para el caso +importan más que la razón, y te declaro que si continúas amedrentando a +la gente, a mí no me amedrentas, y te empapelo, y si me empeño te envío +a Ceuta o a Melilla para que allí luzcas tu valor matando moros. Si eres +tan animoso, ¿por qué no te vas a Cuba o a Filipinas a espantar y a +vencer a los rebeldes en vez de espantar al pacífico vecindario que yo +gobierno ahora? + +--Yo, maestro, me hallo bien en este lugar, y maldita la gana que tengo +de ir a Cuba o a Filipinas. Con que así no me amenace usted, que ya +procuraré enmendarme. De todos mis furores tiene la culpa la penilla +negra, y de la penilla negra que hay en mi corazón, bien me sé yo quien +tiene la culpa. + +Aquí intervino doña Ramona y dijo: + +--Ea, hermano, déjate de sermones que aquí no hemos venido a sermonear +sino a divertirnos. Ya se enmendará Curro y se pondrá más suave que un +guante. D. Antonio, rasguee usted esa guitarra y que bailen el fandango +estas niñas. Currito tiene buena voz y mejor estilo y cantará las +coplas. + +No fue menester decir más. El organista tocó un fandango estrepitoso. + +Doña Marcela y Rosita bailaron con gracia y primor, repiqueteando las +castañuelas. + +El maestro Raimundico, la tía Pepa y doña Ramona batieron palmas. Fue +tal el estruendo que armaron que no parecía que hubiese allí siete sino +setecientas personas. + +Cuando las palmas y las castañuelas cesaron y sólo sonó la guitarra, +Currito cantó con voz sentimental y suave la copla siguiente: + + Atame con un cabello + a los palos de tu cama, + y aunque el cabello se rompa + no hay miedo que yo me vaya. + +Mostró Currito al cantar inspiración tan amorosa y miró con ojos tan de +carnero a medio morir a doña Ramona, que estaba sentada cerca de él, que +doña Ramona no acertó a dominarse por más tiempo; sintió que se derretía +y hasta que se evaporaba el hielo de sus desdenes; y, desechando sus +propósitos de resistencia y echando a rodar hasta cierto punto su +señoril o _magistral_ recato, dijo dirigiéndose a Currito: + +--Vamos, hombre, si al fin ha de ser, no quiero molerte más. Mejor es +vergüenza en rostro que mancilla en corazón. No te ataré con un cabello, +pero voy a atarte con este hilo, de la lana con que, sin que tú lo +supieses, te estaba haciendo calcetines y pensando en ti, ¡ingratón, +prófugo, arrastrado! + +Doña Ramona sacó entonces de la faltriquera de su delantal un enorme +ovillo de lana parda, que allí tenía, desenvolvió un par de metros, hizo +un lazo corredizo y se le echó a Currito cogiéndole por el pescuezo y +teniéndole por el otro extremo a modo de brida. + +Aplaudieron todos que al fin se hubiera humanado la maestra y +aplaudieron más aún que, en virtud de nuevas declaraciones y promesas de +Currito, se reconociese y se proclamase allí la autonomía de Rosita y de +doña Marcela. Para solemnizarla, ambas niñas bailaron unas sevillanas +con notable garbo y maestría. + +Tres doncellas, de la servidumbre del maestro Raimundico, las tres muy +aseadas y graciosas, sirvieron luego la cena en el comedor contiguo. + +En Villalegre se vive aún a la antigua usanza. Todos los vecinos +acomodados comían la sopa y el puchero a las dos de la tarde. No se ha +de extrañar, por consiguiente, que los asistentes en la tertulia +tuviesen voraz apetito a eso de las once de la noche en que se sirvió la +cena. + +En ella hubo lomo de cerdo en adobo, conservado en manteca, semejante a +líquidos rubíes por el color rojo que le prestaba el aliño. Hubo también +pavo asado y boquerones; exquisito vino de los Moriles; y, para postres, +frutas y piñonate. Por último, como apéndice y complemento de festín tan +opíparo, chocolate con hojaldres, mostachones y bizcotelas. + +El festín fue todavía más regocijado y alegre que suculento, +prolongándose hasta las dos de la madrugada. + +Como despedida, quiso el maestro Raimundico poner el sello y dar la +conveniente firmeza a lo que allí se había concertado. Impuso silencio y +habló de esta suerte: + +--Yo tengo en Chinchón un excelente amigo, llamado D. Arturo González, +el cual es tan profundo sociólogo como hábil fabricante o cosechero de +aguardiente de anís doble. De este producto suyo me ha enviado algunas +botellas, en cuyo marbete, que hoy se llama _etiqueta_, se lee con +asombro: _Espíritu-Sociológico o líquido altruista_. Yo he querido +competir con mi amigo D. Arturo, y sin robarle su _marca registrada_ he +hecho aguardiente de anís doble también, que es tan altruista y tiene un +espíritu tan sociológico como el suyo. Estas muchachas traerán en +sendas bandejas copas y aguardiente de Villalegre y de Chinchón. Cada +uno de nosotros se beberá dos copitas, una de cada clase, dirá cual le +parece mejor, y brindará luego, así por el futuro consorcio de mi +hermana y de Currito el Guapo, como por la gloriosa autonomía y plena +libertad de Rosita y de doña Marcela. + +En efecto, trajeron el aguardiente, y cada uno bebió dos copas. Los +pareceres se dividieron. Hubo quien votó por Chinchón, y hubo quien votó +por Villalegre: pero, como cada cual bebió por lo menos segunda copa del +aguardiente que le pareció mejor, el resultado vino a ser que salieron a +tres o a cuatro copas por barba. + +Todo fue luego regocijo y afecto mutuo, y quedó demostrado que ambos +aguardientes eran altruistas y estaban dotados de igual espíritu +sociológico. + +Entonces el cortesano D. Raimundo, merced a varios evidentes indicios, +no tardó en convencerse de que la virtud de doña Marcela no era cosa del +otro jueves, ni con autonomía, ni sin autonomía. + +Pocos días después, se volvió D. Raimundo a la corte, convencido ya de +que los inocentes idilios no son más fáciles que en ella en los más +rústicos y apartados lugares. En la corte se olvidó pronto de doña +Marcela, puso la mira en distinguirse como personaje político, logró +salir diputado, y hay quien asegura que es hombre de gran porvenir, que +llegará a ser Director General, Embajador o Ministro, y que al cabo el +Gobierno español, o cuando no el pontificio, le concederá el título de +Conde de Cartabón o de Hormabella. + +Doña Marcela, reconociendo que Villalegre es mezquino recinto para sus +expansiones y propósitos, se ha ido a Tarifa, su patria, y desde Tarifa +ha pasado a Gibraltar, cuya reconquista tal vez haga. Lo cierto es que +así como a los Escipiones y a otros héroes de la antigua Roma, los +apellidaron el Africano, el Numantino, el Británico y el Germánico, +según la ciudad de que se habían apoderado o según la nación que habían +subyugado, a ella, sin dejar de ser nunca el Sol de Tarifa, la apellidan +la Gibraltareña, y como tal es famosa y celebrada en las cinco partes +del mundo. + +Rosita se ha distinguido y ha prosperado menos desde que es autónoma; +pero tampoco se duerme en las pajas. Sigue con el estanco, y por +comprarle tabaco, hasta los que antes no fumaban, ya fuman, y la +Tabacalera hace en Villalegre doble o triple negocio. Por comprarle +sellos de correo no hay villalegrino que no escriba hoy más cartas de +las que solía escribir. Y por último, Rosita vende tanto papel sellado +que es una maravilla. Para explicarla racionalmente, hay quien da por +seguro que ella no recibe ni acepta declaración alguna amorosa si no +viene escrita en folios de a peseta. + +Entretanto doña Ramona y Currito, convertido ya en maestro, son cada día +más venturosos y prosperan mucho haciendo y vendiendo corambres. No +sabemos cómo se las compone Currito, pero es el caso que nunca sabe a +pez el vino que se echa en sus odres; que hace botas lindísimas; y que +también construye otra clase de cueros muy apropósito para llevar en +ellos aceite a las Alpujarras, porque los _mangurrinos_, que así llaman +en Villalegre a los alpujarreños, no producen aceite. En cambio producen +miel de caña o de prima, de la cual miel llenan los arrieros los odres +en que llevaron el aceite, y la traen a la provincia de Córdoba. Esta +miel hace las delicias de las golosas lugareñas cordobesas, que la sacan +del plato a pulso empapando en ella pedacitos de pan, y luciendo así las +lindas manos con los deditos engarabitados en forma de cresta de gallo. + +No acierto a decidir qué lección moral pueda sacarse, ni qué tesis pueda +probarse, en vista de los sucesos que he referido. Diré, pues, +sencillamente, que cada cual saque la lección moral o pruebe la tesis +que se le antoje, o no saque lección moral ni pruebe tesis alguna, con +tal de que no se fastidie demasiado leyéndome. + + + + +DOS CUENTOS JAPONESES + + +Mi cuñado el Excmo. Sr. D. José Delavat, siendo Ministro de España en el +Japón, tuvo la buena idea de enviarme de allí, por el correo, un lindo y +curioso presente. Consiste en doce tomitos, impresos en un papel tan +raro, que más parece tela que papel, y con multitud de preciosas +pinturas intercaladas en el texto. Lo pintado es mucho más que lo +escrito, y está pintado con grande originalidad y gracia. + +Si lo escrito estuviese en japonés, yo me quedaría con la gana de +entenderlo, porque no sé palabra de la lengua o lenguas que se hablan o +escriben en el Japón. Sólo sé que los japoneses tienen muchos libros, y +que algunos de ellos, novelas sobre todo, están ya traducidos en varias +lenguas europeas, y particularmente en inglés, francés y alemán. Por +dicha, los doce tomitos o cuadernitos que poseo, aunque impresos y +pintados en Tokio, están en lengua inglesa, y son cuentos para niños, a +fin de que los niños del Japón aprendan el inglés. Parece que estos +cuentos, enteramente populares, están tomados palabra por palabra de +boca de las niñeras japonesas; y debe de ser así porque la candidez de +la narración lo deja ver a las claras. + +Me han agradado tanto estos cuentos que no sé resistirme a la tentación +de poner un par de ellos en castellano. Elijo los dos que me parecen más +interesantes: uno porque se diferencia mucho de casi todos los cuentos +vulgares europeos; y otro por lo mucho que se asemeja a ciertas leyendas +cristianas; como la de San Amaro, la de otro santo, referida por el +Padre Arbiol en sus _Desengaños místicos_, y la que ha puesto en verso +el poeta americano Longfellow en su _Golden Legend_. Sin más +introducción allá van los cuentos. + + + + +EL ESPEJO DE MATSUYAMA + + +Mucho tiempo ha vivían dos jóvenes esposos en lugar muy apartado y +rústico. Tenían una hija y ambos la amaban de todo corazón. No diré los +nombres de marido y mujer, que ya cayeron en olvido, pero diré que el +sitio en que vivían se llamaba Matsuyama, en la provincia de Echigo. + +Hubo de acontecer, cuando la niña era aún muy pequeñita, que el padre se +vio obligado a ir a la gran ciudad, capital del Imperio. Como era tan +lejos, ni la madre ni la niña podían acompañarle, y él se fue solo, +despidiéndose de ellas y prometiendo traerles, a la vuelta, muy lindos +regalos. + +La madre no había ido nunca más allá de la cercana aldea, y así no podía +desechar cierto temor al considerar que su marido emprendía tan largo +viaje; pero al mismo tiempo sentía orgullosa satisfacción de que fuese +él, por todos aquellos contornos, el primer hombre que iba a la rica +ciudad, donde el rey y los magnates habitaban, y donde había que ver +tantos primores y maravillas. + +En fin, cuando supo la mujer que volvía su marido, vistió a la niña de +gala, lo mejor que pudo, y ella se vistió un precioso traje azul que +sabía que a él le gustaba en extremo. + +No atino a encarecer el contento de esta buena mujer cuando vio al +marido volver a casa sano y salvo. La chiquitina daba palmadas y sonreía +con deleite al ver los juguetes que su padre le trajo. Y él no se +hartaba de contar las cosas extraordinarias que había visto, durante la +peregrinación, y en la capital misma. + +--A ti--dijo a su mujer--te he traído un objeto de extraño mérito; se +llama espejo. Mírale y dime qué ves dentro. + +Le dio entonces una cajita chata, de madera blanca, donde, cuando la +abrió ella, encontró un disco de metal. Por un lado era blanco como +plata mate, con adornos en realce de pájaros y flores, y por el otro, +brillante y pulido como cristal. Allí miró la joven esposa con placer y +asombro, porque desde su profundidad vio que la miraba, con labios +entreabiertos y ojos animados, un rostro que alegre sonreía. + +--¿Qué ves?--preguntó el marido encantado del pasmo de ella y muy ufano +de mostrar que había aprendido algo durante su ausencia. + +--Veo a una linda moza, que me mira y que mueve los labios como si +hablase, y que lleva ¡caso extraño! un vestido azul, exactamente como el +mío. + +--Tonta, es tu propia cara la que ves;--le replicó el marido, muy +satisfecho de saber algo que su mujer no sabía.--Ese redondel de metal +se llama espejo. En la ciudad cada persona tiene uno, por más que +nosotros, aquí en el campo, no los hayamos visto hasta hoy. + +Encantada la mujer con el presente, pasó algunos días mirándose a cada +momento, porque, como ya dije, era la primera vez que había visto un +espejo, y por consiguiente, la imagen de su linda cara. Consideró, con +todo, que tan prodigiosa alhaja tenía sobrado precio para usada de +diario, y la guardó en su cajita y la ocultó con cuidado entre sus más +estimados tesoros. + +Pasaron años, y marido y mujer vivían aun muy dichosos. El hechizo de su +vida era la niña, que iba creciendo y era el vivo retrato de su madre, y +tan cariñosa y buena que todos la amaban. Pensando la madre en su propia +pasajera vanidad, al verse tan bonita, conservó escondido el espejo, +recelando que su uso pudiera engreír a la niña. Como no hablaba nunca +del espejo, el padre le olvidó del todo. De esta suerte se crió la +muchacha tan sencilla y candorosa como había sido su madre, ignorando su +propia hermosura, y que la reflejaba el espejo. + +Pero llegó un día en que sobrevino tremendo infortunio para esta familia +hasta entonces tan dichosa. La excelente y amorosa madre cayó enferma, y +aunque la hija la cuidó con tierno afecto y solícito desvelo, se fue +empeorando cada vez más, hasta que no quedó esperanza, sino la muerte. + +Cuando conoció ella que pronto debía abandonar a su marido y a su hija, +se puso muy triste, afligiéndose por los que dejaba en la tierra y sobre +todo por la niña. + +La llamó, pues, y le dijo: + +--Querida hija mía, ya ves que estoy muy enferma y que pronto voy a +morir y a dejaros solos a ti y a tu amado padre. Cuando yo desaparezca, +prométeme que mirarás en el espejo, todos los días, al despertar y al +acostarte. En él me verás y conocerás que estoy siempre velando por ti. + +Dichas estas palabras, le mostró el sitio donde estaba oculto el espejo. +La niña prometió con lágrimas lo que su madre pedía, y ésta, tranquila y +resignada, expiró a poco. + +En adelante, la obediente y virtuosa niña jamás olvidó el precepto +materno, y cada mañana y cada tarde tomaba el espejo del lugar en que +estaba oculto, y miraba en él, por largo rato e intensamente. Allí veía +la cara de su perdida madre, brillante y sonriendo. No estaba pálida y +enferma como en sus últimos días, sino hermosa y joven. A ella confiaba +de noche sus disgustos y penas del día, y en ella, al despertar, buscaba +aliento y cariño para cumplir con sus deberes. + +De esta manera vivió la niña, como vigilada por su madre, procurando +complacerla en todo como cuando vivía, y cuidando siempre de no hacer +cosa alguna que pudiera afligirla o enojarla. Su más puro contento era +mirar en el espejo y poder decir: + +--Madre, hoy he sido como tú quieres que yo sea. + +Advirtió el padre, al cabo, que la niña miraba sin falta en el espejo, +cada mañana y cada noche, y parecía que conversaba con él. Entonces le +preguntó la causa de tan extraña conducta. + +La niña contestó: + +--Padre, yo miro todos los días en el espejo para ver a mi querida madre +y hablar con ella. + +Le refirió además el deseo de su madre moribunda y que ella nunca había +dejado de cumplirle. + +Enternecido por tanta sencillez y tan fiel y amorosa obediencia, vertió +él lágrimas de piedad y de afecto, y nunca tuvo corazón para descubrir a +su hija que la imagen que veía en el espejo era el trasunto de su propia +dulce figura, que el poderoso y blando lazo del amor filial hacía cada +vez más semejante a la de su difunta madre. + + + + + + +EL PESCADORCITO URASHIMA + + +VIVÍA muchísimo tiempo hace, en la costa del mar del Japón, un +pescadorcito llamado Urashima, amable muchacho, y muy listo con la caña +y el anzuelo. + +Cierto día salió a pescar en su barca; pero en vez de coger un pez, ¿qué +piensas que cogió? Pues bien, cogió una grande tortuga con una concha +muy recia y una cara vieja, arrugada y fea, y un rabillo muy raro. Bueno +será que sepas una cosa, que sin duda no sabes, y es que las tortugas +viven mil años: al menos las japonesas los viven. + +Urashima, que no lo ignoraba, dijo para sí: + +--Un pez me sabrá tan bien para la comida y quizás mejor que la tortuga. +¿Para qué he de matar a este pobrecito animal y privarle de que viva aún +novecientos noventa y nueve años? No, no quiero ser tan cruel. Seguro +estoy de que mi madre aprobará lo que hago. + +Y en efecto, echó la tortuga de nuevo en la mar. + +Poco después aconteció que Urashima se quedó dormido en su barca. Era +tiempo muy caluroso de verano, cuando casi nadie se resiste al medio día +a echar una siesta. + +Apenas se durmió, salió del seno de las olas una hermosa dama que entró +en la barca y dijo: + +--Yo soy la hija del dios del mar y vivo con mi padre en el Palacio del +Dragón, allende los mares. No fue tortuga la que pescaste poco ha, y tan +generosamente pusiste de nuevo en el agua en vez de matarla. Era yo +misma, enviada por mi padre, el dios del mar, para ver si tú eras bueno +o malo. Ahora, como ya sabemos que eres bueno, un excelente muchacho, +que repugna toda crueldad, he venido para llevarte conmigo. Si quieres, +nos casaremos y viviremos felizmente juntos, más de mil años, en el +Palacio del Dragón, allende los mares azules. + +Tomó entonces Urashima un remo y la Princesa marina otro; y remaron, +remaron, hasta arribar por último al Palacio del Dragón, donde el dios +de la mar vivía e imperaba, como rey, sobre todos los dragones, tortugas +y peces. ¡Oh que sitio tan ameno era aquel! Los muros del Palacio eran +de coral; los árboles tenían esmeraldas por hojas, y rubíes por fruta; +las escamas de los peces eran plata, y las colas de los dragones, oro. +Piensa en todo lo más bonito, primoroso y luciente que viste en tu vida, +ponlo junto, y tal vez concebirás entonces lo que el Palacio parecía. Y +todo ello pertenecía a Urashima. Y ¿cómo no, si era el yerno del dios +de la mar y el marido de la adorable Princesa? + +Allí vivieron dichosos más de tres años, paseando todos los días por +entre aquellos árboles con hojas de esmeraldas y frutas de rubíes. + +Pero una mañana dijo Urashima a su mujer: + +--Muy contento y satisfecho estoy aquí. Necesito, no obstante, volver a +mi casa y ver a mi padre, a mi madre, a mis hermanos y a mis hermanas. +Déjame ir por poco tiempo y pronto volveré. + +--No gusto de que te vayas, contestó ella. Mucho temo que te suceda algo +terrible: pero vete, pues así lo deseas y no se puede evitar. Toma, con +todo, esta caja, y cuida mucho de no abrirla. Si la abres, no lograrás +nunca volver a verme. + +Prometió Urashima tener mucho cuidado con la caja y no abrirla por nada +del mundo. Luego entró en su barca, navegó mucho, y al fin desembarcó en +la costa de su país natal. + +Pero ¿qué había ocurrido durante su ausencia? ¿Dónde estaba la choza de +su padre? ¿Qué había sido de la aldea en que solía vivir? Las montañas, +por cierto, estaban allí como antes: pero los árboles habían sido +cortados. El arroyuelo, que corría junto a la choza de su padre, seguía +corriendo: pero ya no iban allí mujeres a lavar la ropa como antes. +Portentoso era que todo hubiese cambiado de tal suerte en sólo tres +años. + +Acertó entonces a pasar un hombre por allí cerca y Urashima le +preguntó: + +--¿Puedes decirme, te ruego, donde está la choza de Urashima, que se +hallaba aquí antes? + +El hombre contestó: + +--¿Urashima? ¿cómo preguntas por él, si hace cuatrocientos años que +desapareció pescando? Su padre, su madre, sus hermanos, los nietos de +sus hermanos, ha siglos que murieron. Esa es una historia muy antigua. +Loco debes de estar cuando buscas aún la tal choza. Hace centenares de +años que era escombros. + +De súbito acudió a la mente de Urashima la idea de que el Palacio del +Dragón, allende los mares, con sus muros de coral y su fruta de rubíes, +y sus dragones con colas de oro, había de ser parte del país de las +hadas, donde un día es más largo que un año en este mundo, y que sus +tres años, en compañía de la Princesa, habían sido cuatrocientos. De +nada le valía, pues, permanecer ya en su tierra, donde todos sus +parientes y amigos habían muerto, y donde hasta su propia aldea había +desaparecido. + +Con gran precipitación y atolondramiento pensó entonces Urashima en +volverse con su mujer, allende los mares. Pero ¿cuál era el rumbo que +debía seguir? ¿quién se le marcaría? + +--Tal vez, caviló él, si abro la caja que ella me dio, descubra el +secreto y el camino que busco. + +Así desobedeció las órdenes que le había dado la Princesa, o bien no las +recordó en aquel momento, por lo trastornado que estaba. + +Como quiera que fuese, Urashima abrió la caja. Y ¿qué piensas que salió +de allí? Salió una nube blanca que se fue flotando sobre la mar. +Gritaba él en balde a la nube que se parase. Entonces recordó con +tristeza lo que su mujer le había dicho de que, después de haber abierto +la caja, no habría ya medio de que volviese él al Palacio del dios de la +mar. + +Pronto ya no pudo Urashima ni gritar, ni correr, hacia la playa, en pos +de la nube. + +De repente, sus cabellos se pusieron blancos como la nieve, su rostro se +cubrió de arrugas, y sus espaldas se encorvaron como las de un hombre +decrépito. Después le faltó el aliento. Y al fin cayó muerto en la +playa. + +¡Pobre Urashima! Murió por atolondrado y desobediente. Si hubiera hecho +lo que le mandó la Princesa, hubiese vivido aún más de mil años. + +Dime: ¿no te agradaría ir a ver el Palacio del Dragón, allende los +mares, donde el dios vive y reina como soberano sobre dragones, tortugas +y peces, donde los árboles tienen esmeraldas por hojas y rubíes por +fruta, y donde las escamas son plata y las colas oro? + + + + +ESTRAGOS DE AMOR Y CELOS + +DRAMA TRÁGICO + + +ESTE drama, tan excesivamente trágico, carece de todo valer literario, +pero se publica aquí para satisfacer la curiosidad de no pocas personas +que deseaban verle cuando se representó y no lo consiguieron a causa de +la pequeñez del salón que sirvió de teatro. El autor compuso el drama a +petición de la graciosa y discreta señorita doña María de Valenzuela, +que prescribió determinadas condiciones a las que debía sujetarse la +obra. El drama no había de durar más de catorce o quince minutos, la +acción había de ser tan tremenda como rápida, y, salvo los comparsas y +personajes mudos, sólo habían de figurar en él seis interlocutores, tres +varones y tres hembras, todos los cuales habían de morir de desastrada y +violenta muerte en la misma escena. Tan espantoso desenlace no había de +tener por causa ni peste, ni hambre, ni fuego del cielo, ni ningún otro +medio sobrenatural, sino que todo había de ocurrir sencillamente por +efecto del truculento frenesí que el amor y los celos producen en el +alma de una mujer apasionada. Yo creo haber cumplido con las condiciones +que la mencionada señorita me impuso y de ello estoy orgulloso. +Reconozco, no obstante, que mi drama no hubiera sido tan aplaudido y +celebrado a no ser por el mérito de los actores y de las actrices que me +hicieron la honra de representarle. Fueron éstos la simpática señora +doña Rosario Conde y Luque de Rascón, las dos señoritas doña María y +doña Isabel de Valenzuela y los Sres. D. Alfonso Danvila, D. Javier de +la Pezuela y D. Silvio Vallín. A ellos, y no a la menguada y pobre +inspiración del poeta, se debe el éxito pasmoso que obtuvo el drama, en +el precioso teatro que el Sr. D. Fernando Bauer improvisó en su casa, y +cuya magnífica decoración mudéjar pintó lindamente el Sr. Conde del Real +Aprecio. Debo añadir aquí que no se prescindió de medio alguno, ni se +excusó diligencia para procurar que los trajes y la pompa y aparato +escénicos correspondiesen y hasta realzasen la grandeza y solemne +majestad del argumento. Despojada ahora mi producción de todos los +primores que entonces le prestaron valer, será muy difícil que agrade. +Yo, sin embargo, me atrevo a insertarla aquí, confiado en la indulgencia +del público y para complacer a varios amigos y conocidos míos que desean +tenerla en letra de molde. + + + + +ACTO ÚNICO + +Magnífico vestíbulo del Castillo. Gran puerta en el fondo. Puertas +laterales. Es de noche. Ruge la tempestad. Obscuridad profunda, +iluminada a veces por relámpagos vivísimos. Mucho trueno. + + +ESCENA PRIMERA + +Entra _D.ª Brianda_ vestida con traje de mediados del siglo XV, y con un +candil en la mano. + + _Doña Brianda_. + + ¡Ay que noche, Dios mío! + Siento a veces calor y a veces frío. + Truena y relampaguea, + y con furor tan bárbaro graniza + que el cabello en la frente se me eriza, + y tengo el corazón hecho jalea. + Y eso que soy valiente cual ninguna: + bien lo conoce D. Ramón, mi hermano, + que me abandona en noche tan fatal + y sale, confiado en su fortuna, + con todo el escuadrón fuerte y lozano + que manda y rige cual señor feudal. + Lo que piensan hacer es un misterio, + pero debe de ser lance muy serio. + A media legua de esta casa fuerte + está ya el reino moro de Granada, + donde estragos y muerte + van a llevar entrando en algarada. + Mas bien puede en el ínterin venir + a este castillo el moro, + y darme que sentir, + y hasta faltar un poco a mi decoro. + ¡Grandes son mis recelos! + (Dan fuertes aldabonazos a la puerta de entrada.) + ¡Qué horror! ¿Quién llamará? ¡Divinos cielos! + (Suena desde fuera una voz.) + + _Voz._ + + ¡Ah del castillo! ¡Hola! + + _Doña Brianda_. + + (Que se ha acercado a la puerta y ha mirado por el agujero de + la llave.) + Voz de mujer parece y está sola. + (Vuelve a mirar por el agujero.) + Mas no, que un negro bulto la acompaña. + ¿Quién es? + + _Voz de fuera_. + + ¡Ábreme! + + _Doña Brianda_. + + ¡Cielos! ¿Qué maraña + es aquesta? ¿qué voz ora me saca + el corazón de quicio? + o he perdido el juicio, + o esta es la propia voz de doña Urraca. + + _Doña Urraca_. + + Yo soy. Abre, Brianda. + + _Doña Brianda_. + + Entra. Ya estoy como la cera blanda. + + + ESCENA II + + + Dicha. _Doña Urraca_ y el moro _Tarfe_ embozado en su capa hasta los + ojos. + + _Doña Brianda_. + + ¿Tú por aquí a horas tales? + ¿Qué sucesos fatales + te hacen vagar en tan horrible noche, + sin pajes, sin caballos y sin coche + por esos andurriales? + + _Doña Urraca_. + + Decirlo todo quiero, + mas tu favor y tu indulgencia pido. + Es mi padre, D. Suero, + el padre más ruin y cicatero + que en el mundo ha nacido. + Por no dar dote no me da marido. + Para empapar dinero, + mas no para soltarle, es una esponja; + y en lugar de buscarme un buen partido, + se empeña cruel en que me meta monja. + Yo al vendaval de mi pasión amante + me doy sobreexcitada a todo trapo, + y con un novio tierno y arrogante + de la casa paterna al fin me escapo. + Con él huyendo voy a morería, + pero la tempestad nos extravía. + El bagaje, una tropa + de malhechores nos robó en la vía. + De mi amigo el valor me ha libertado, + mas hasta aquí con pena hemos llegado + cada cual con la lluvia hecho una sopa + y en lastimoso estado. + + _Doña Brianda_. + + ¿Y quién, oh mi señora, + es el tal novio con que vas ahora? + + _Doña Urraca_. + + Es Tarfe, un mahometano, + mas me promete que se hará cristiano. + + _Doña Brianda_. + + Entonces menos mal. + (El moro se desemboza. Doña Brianda le acerca el candil y le + mira con detención.) + ¡Es muy buen mozo! + + _Doña Urraca_. + + Ya lo creo. + + _Doña Brianda_. + + Yo aplaudo tu alborozo. + (Suenan clarines y se oyen muchas voces.) + ¡Ay Dios de los ejércitos! ya llega + mi fiero hermano de la atroz refriega. + Él considerará grave delito + fugarse con un moro, e infelices + seréis los dos, si os coge en el garlito. + Le cortará a tu moro las narices, + y a ti te mandará bien escoltada + de tu padre D. Suero a la morada. + + _Doña Urraca_. + + Pues escóndenos pronto, cara amiga. + + _Doña Brianda_. + + Venid a un escondite. + + _Doña Urraca_. + + Puede que así se evite + el presentido mal que me atosiga. + + (Queda por un momento la escena vacía. Vuelve a poco doña Brianda y abre + de nuevo la puerta principal. La trompetería ha sonado más cerca. Entra + D. Ramón con toda su hueste, armada de brillantes armas, y dos personas + cubiertas de negros capuces. Algunos de la comitiva traen antorchas o + candelabros, que colocados en lugar conveniente iluminan la escena.) + + + ESCENA III + + + _Doña Brianda_, _D. Ramón_, la hueste y los encubiertos. + + _D. Ramón_. + + Ya estás en salvo en mi casa. + Valientemente reñías + cuando acudí con mi hueste + y rechacé a la morisma, + haciendo tremendo estrago + en sus apretadas filas. + + _D. Tristán_. + + (Sin descubrirse.) + + Mucha gratitud te debo. + Sin ti perdiera la vida. + + _D. Ramón_. + + Descúbrete y di quién eres. + + _D. Tristán_. + + A estar oculto me obliga + la prudencia, mas a solas + te descubriré en seguida + quién soy y de dónde vengo. + Despide a tu comitiva. + + _D. Ramón_. + + ¡Despejad! + + (Vanse todos los guerreros y solo quedan los dos de los capuces y doña + Brianda.) + + _D. Tristán_. + + Aún queda alguien. + + _D. Ramón_. + + Esta es mi hermana querida. + + _D. Tristán_. + + Pues aunque sea tu hermana + haz que se vaya. + + _D. Ramón_. + + Hermanita + lárgate. + + _Doña Brianda_. + + Me largaré. + (Ap.) ¡qué sospecha, suerte impía! + ¡Qué fatal presentimiento + en mi corazón se agita! + La voz del encapuchado, + la de D. Tristán imita. + ¿Será D. Tristán acaso? + Yo me quedaré escondida + atisbando y escuchando + para descubrir la intriga. (Vase.) + + + ESCENA IV + + + _Don Tristán_, _D. Ramón_ y _Zulema_. _Doña Brianda_ entre bastidores + atisbando lo que pasa y asomando de vez en cuando la cabeza. + + _D. Ramón_. + + Solos ya, satisface mi deseo: + desembózate. + + _D. Tristán_. + + ¡Mira! + + _D. Ramón_. + + ¡Ay, Dios! ¡qué veo! + Don Tristán eres tú, mi amigo caro. + ¿Por qué caso tan raro + te encontré solo en la tremenda lid, + más valiente que el Cid, + entre fieros paganos? + + _D. Tristán_. + + Yo me volvía a tierra de cristianos + después de estar en la imperial Granada, + de donde traigo a esta mujer robada. + Es mi dicha suprema, + es mi esposa, es mi bien, + es la hermosa Zulema, + hija mayor del rey Muley Hacen. + Contempla su hermosura. + + (Don Tristán se dirige a Zulema, le quita el negro capuz y ella aparece + deslumbradora, con rico traje oriental, todo cuajado de oro y de piedras + preciosas.) + + _D. Ramón_. + + (Mirando a Zulema y como en éxtasis.) + + ¡Un sol en el zenit se me figura! + ¿qué vas a hacer con tan sin par doncella? + + _D. Tristán_. + + Me casaré con ella + cuando esté en mi lugar y busque al cura, + que de antemano le dará el bautismo: + Ya una esclava católica + le enseñó el catecismo. + Ella está melancólica + porque deja a su padre y a su grey + en la maldita ley + del Profeta Mahoma, + que sin fallar los llevará al infierno. + + _D. Ramón_. + + Harto pesada broma + das tú entretanto al rey + con hacerte su yerno. + + _D. Tristán_. + + Déjate de discursos y razones. + + _D. Ramón_. + + Me callo, pues. Di tú lo que dispones. + + _D. Tristán_. + + Aquí pernoctar quiero + hasta que raye el matinal lucero. + Entonces prosiguiendo en mi camino + me volveré al castillo de D. Suero, + mi padre muy amado, + conduciendo a mi dueño idolatrado + sobre las ancas de mi fiel rocino. + + _Zulema_. + + ¡Ah! sí, vámonos pronto, D. Tristán. + Temo que aún nos ocurra algún desmán. + + _D. Ramón_. + + No tema Vuestra Alteza, + que está segura en esta fortaleza. + Venid, pues, al mejor de mis salones + a descansar del hórrido combate, + y a lavaros también. + Después os servirán el chocolate, + con bollos de manteca, mojicones, + buñuelos y otras frutas de sartén. (Vanse.) + + + ESCENA V + + + _Doña Brianda_ sola. + + _Doña Brianda_. + + ¡Malvado! ¡traidor, infiel! + Por esa perversa mora + me deja quien me enamora + en abandono cruel. + Palabra de casamiento + me dio el impío hace un año. + ¡Espantoso desengaño! + ¡Todo se lo lleva el viento! + Pero no; ruda venganza + tomaré de ese salvaje. + Daré a la mora un brevaje + que le destroce la panza + y la vida le arrebate. + Mi criada, que es ladina, + esta esencia de estricnina + verterá en su chocolate. + + (Enseña un pomo que tiene en la mano y se va por donde ha entrado.) + + + ESCENA VI + + + Sale _D. Ramón_ por el lado opuesto, después de haber dejado lavándose a + sus dos huéspedes. + + _D. Ramón_. + + (Meditando.) + + Confieso que me escama + el empeño que tiene D. Tristán + de ocultar a mi hermana que el galán + es él, en esta novelesca trama. + Catástrofes barrunto; + pero será mejor no cavilar. + A mis huéspedes quiero agasajar. + Haré que lleven chocolate al punto. + + (Vase por el otro lado. Queda un momento la escena vacía.) + + + ESCENA VII + + + Aparece la criada con una bandeja, dos jícaras de chocolate y bollos, y + pasa de largo. Entra _Doña Brianda_. + + _Doña Brianda_. + + El veneno vertí ya + en la jícara espumante, + y dentro de breve instante + la mora le beberá. + De fijo reventará, + dando así satisfacción + a mi burlada pasión + y a mis espantosos celos, + y cumpliendo mis anhelos + de hacer a Tristán tristón. + + + ESCENA VIII + + + Dicha y _D. Tristán_ que trae entre los brazos medio desmayada a + _Zulema_. + + _D. Tristán_. + + ¡Qué espanto! ¡Qué maravilla! + Apenas bebe Zulema + el chocolate, se quema + cual si comiese morcilla + de la que echan a los perros + para darles cruda muerte. + ¡Qué bien castiga la suerte + mis enamorados yerros! + + _Zulema_. + + ¡Ay, D. Tristán! Yo reviento, + ¿qué chocolate endiablado + es el que ahora he tomado? + ¡Fuego en mis entrañas siento! + + _Doña Brianda_. + + ¿Qué es esto, señor, qué pasa? + + _D. Tristán_. + + ¡Que Zulema se me muere! + + _Doña Brianda_. + + Pues me alegro. Ella me hiere + y mi corazón traspasa + de los celos con la punta. + ¡Infiel Tristán, asesino, + de ti me venga el destino + al dejártela difunta! + + _Zulema_. + + ¡Yo me muero! + + (Hace una horrible mueca, se desprende de entre los brazos de don + Tristán y cae muerta en el suelo.) + + _Doña Brianda_. + + Ya espichó. (Con júbilo feroz.) + + _D. Tristán_. + + ¡Muerta está! ¡Trance funesto! (Tocándola.) + + _Doña Brianda_. + + Pues no me basta con esto. + Mi furia no se calmó, + y para vengarme más, + te haré saber que tu hermana + más que esa mora liviana + y peor que Barrabás, + se ha escapado con un moro + de la morada paterna + y está locamente tierna + ofendiendo tu decoro. + + _D. Tristán_. + + ¿Qué me dices? ¡Maldición! + ¡Ha de costarle la vida! + ¿Dónde se encuentra? + + _Doña Brianda_. + + Escondida + la tengo en esta mansión. + Ella y el alarbe juntos + se esconden en el granero. + + _D. Tristán_. + + Voy a buscarlos y espero + que pronto estarán difuntos. + + (Desenvaina la espada y echa a correr.) + + + ESCENA IX + + + _Doña Brianda_ sola. + + _Doña Brianda_. + + Muertes hoy y guerra ruda + los celos producirán. + Ya habrá subido al desván, + y habrá encontrado sin duda + al moro y a doña Urraca. + Ya está la pobre aviada... + Tristán no envaina la espada + sin sangre, cuando la saca. + + + ESCENA X + + + Entra huyendo _Doña Urraca_, y _D. Tristán_ persiguiéndola con la espada + desnuda. + + _Doña Urraca_. + + ¡No me mates, hermano! + Tarfe se hará cristiano + y será mi marido: + Así quedará todo corregido. + + _D. Tristán_. + + No puedo perdonarte tu pecado. + ¡Tú mi honor has manchado + con un perro sectario de Mahoma! + ¡Toma el castigo que mereces! ¡Toma! + + (Le da una tremenda estocada y doña Urraca cae muerta.) + + _Doña Brianda_. + + Mi agradable venganza va adelante. + + + ESCENA XI + + + Dichos y el moro _Tarfe_ que entra furioso y con el chafarote + desenvainado. + + _Tarfe_. + + ¿Dónde está ese tunante, + que por el intrincado laberinto + de esos mil corredores + se escabulló siguiendo a mis amores? + + _D. Tristán_. + + Aquí me tienes, moro majadero, + y ya en la sangre de tu amiga tinto + está mi fuerte acero. + + _Tarfe_. + + ¡Pues vivo no saldrás de este recinto! + Pague tu desalmada + sangre, la que vertiste de mi amada. + + (Riñen. Don Tristán atraviesa al moro de una estocada y el moro cae + muerto.) + + + ESCENA XII + + + Dichos y _D. Ramón_ que entra apresurado. + + _D. Ramón_. + + ¿Qué ocurre aquí? ¡Qué estruendo! + ¡Qué horror! ¡cuántos cadáveres! + + _D. Tristán_. + + ¡Oh, dura + inevitable ley del hado horrendo! + + _Doña Brianda_. + + ¡Ay don Ramón! El mostruo que estás viendo + me burló con infame travesura. + Su palabra me dio de matrimonio, + y engañándome luego, + de ángel que fui, me convirtió en demonio, + y del infierno me lanzó en el fuego. + ¡De mi horrible venganza estoy ufana! + + _D. Ramón_. + + (Dirigiéndose a D. Tristán.) + + D. Tristán, o te casas con mi hermana, + o tu maldad te costará muy cara. + + _D. Tristán_. + + No puedo: un mar de sangre nos separa. + + _D. Ramón_. + + Pues aun la sangre me parece poca, + y esa tu negativa del casorio + a derramar la tuya me provoca. + + _D. Tristán_. + + Esto va a ser sobrado mortuorio, + pero es irresistible mi arrebato... + Defiéndete o te mato. + + (Riñen los dos y ambos se hieren mortalmente y caen muertos en tierra.) + + _Doña Brianda_. + + Ya de mi celoso ahínco + el resultado me asombra; + en pie estoy como una sombra + entre cadáveres cinco. + De demonios un enjambre + muy pronto vendrá por mí. + Mi celoso frenesí + ha roto el vital estambre + de estos cinco personajes, + a quien yo tanto quería. + Ahora siente el alma mía + remordimientos salvajes. + No está bien, es indecente + que yo conserve el vivir, + cuando logré hacer morir + a tan buena y noble gente. + + (Dirigiéndose al cadáver de D. Ramón.) + + Perdona, hermano, perdona + si por mi culpa estás muerto. + + (Dirigiéndose a doña Urraca.) + + Aunque ya cadáver yerto, + estás, Urraca, muy mona. + + (Dirigiéndose a Zulema.) + + Y tú, gallarda Zulema, + ¿qué culpa de amar adquieres + a quien para las mujeres + fue más dulce que la crema? + + (A D. Tristán.) + + ¡Ay D. Tristán! de mi rabia + me arrepiento ya muy tarde. + ¡Aún te adoro! Asaz cobarde + fuera la que así te agravia, + si en tan solemne ocasión + a vivir se resignara, + y al punto no se matara + con firme resolución! + + (Saca el pomo del veneno.) + + Aún se esconde en este frasco + gran cantidad de veneno. + Valiente soy... Daré un trueno; + me lo beberé sin asco. + + (Apura todo el veneno que hay en el pomo.) + + Ya me lo bebí; ya miro + de feos demonios un bando, + que están en torno esperando + que yo dé el postrer suspiro, + para ir en procesión, + con horrenda algarabía, + a llevarme a la sombría + honda cárcel de Plutón. + Allí expiaré mi delito + con fieras penas, mas antes + no quieran los circunstantes + castigarme con el pito; + sino que, para consuelo + de mi agonía mortal, + con aplauso general + se dignen calmar mi anhelo. + + (Hace contorsiones horribles y cae muerta por virtud del veneno.) + +FIN + + +OBRAS DEL MISMO AUTOR + + +Pepita Jiménez; un vol. en 8.º, Ptas. 3. + +Doña Luz; un vol. en 8.º, 3. + +El comendador Mendoza; un vol. en 8.º, 3. + +Algo de todo; un vol. en 12.º, 2,50. + +Las ilusiones del doctor Faustino; dos vols. en 12.º, 5. + +Pasarse de listo; un vol. en 12.º, 2,50. + +La buena fama; un vol. en 16.º con grabados, 2,50. + +El hechicero. El bermejino prehistórico. Las salamandras azules; un vol. +en 16.º con grabados, 2,50. + +Dafnis y Cloe (traducción del griego); un vol. en 12.º, 3. + +Estudios críticos; tres vols. en 12.º, 9. + +Disertaciones y juicios literarios; dos vols. en 12.º, 6. + +Cuentos y diálogos; un vol. en 12.º, 2,50. + +Poesía y arte de los árabes en España y Sicilia; tres volúmenes en 12.º, +9. + +Tentativas dramáticas; un vol. en 12.º, 2,50. + +Canciones, romances y poemas; un vol. en 12.º, 5. + +Cuentos, diálogos y fantasías; un vol. en 12.º, 5. + +Nuevos estudios críticos; un vol. en 12.º, 5. + +Cartas americanas (primera serie); un vol. en 12.º, 1. + +Nuevas cartas americanas (segunda serie); un vol. en 8.º, 3. + +Pequeñeces... Currita Albornoz al P. Luis Coloma; un folleto en 8.º, 1. + +Las mujeres y las Academias, cuestión social inocente; un folleto en +8.º, 1. + +Ventura de la Vega, biografía y estudio crítico; un vol. en 8.º con el +retrato del biografiado, 1. + +Juanita la larga; un vol. en 8.º, 3,50. + +A vuela pluma, artículos literarios y artísticos; un vol. en 8.º. + +Genio y figura; un vol. en 8.º, 3. + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of De varios colores, by Juan Valera + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE VARIOS COLORES *** + +***** This file should be named 30986-8.txt or 30986-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/3/0/9/8/30986/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net); +produced from images of the Bibliothèque nationale de +France (BNF/Gallica) at http://gallica.bnf.fr + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. Special rules, +set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to +copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to +protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project +Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you +charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you +do not charge anything for copies of this eBook, complying with the +rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose +such as creation of derivative works, reports, performances and +research. They may be modified and printed and given away--you may do +practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is +subject to the trademark license, especially commercial +redistribution. + + + +*** START: FULL LICENSE *** + +THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE +PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK + +To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free +distribution of electronic works, by using or distributing this work +(or any other work associated in any way with the phrase "Project +Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project +Gutenberg-tm License (available with this file or online at +http://gutenberg.org/license). + + +Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm +electronic works + +1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm +electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to +and accept all the terms of this license and intellectual property +(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all +the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy +all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession. +If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project +Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the +terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or +entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8. + +1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be +used on or associated in any way with an electronic work by people who +agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few +things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works +even without complying with the full terms of this agreement. See +paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project +Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement +and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic +works. See paragraph 1.E below. + +1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation" +or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project +Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the +collection are in the public domain in the United States. If an +individual work is in the public domain in the United States and you are +located in the United States, we do not claim a right to prevent you from +copying, distributing, performing, displaying or creating derivative +works based on the work as long as all references to Project Gutenberg +are removed. Of course, we hope that you will support the Project +Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by +freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of +this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with +the work. You can easily comply with the terms of this agreement by +keeping this work in the same format with its attached full Project +Gutenberg-tm License when you share it without charge with others. + +1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern +what you can do with this work. Copyright laws in most countries are in +a constant state of change. If you are outside the United States, check +the laws of your country in addition to the terms of this agreement +before downloading, copying, displaying, performing, distributing or +creating derivative works based on this work or any other Project +Gutenberg-tm work. The Foundation makes no representations concerning +the copyright status of any work in any country outside the United +States. + +1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg: + +1.E.1. The following sentence, with active links to, or other immediate +access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear prominently +whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work on which the +phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the phrase "Project +Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed, +copied or distributed: + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + +1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is derived +from the public domain (does not contain a notice indicating that it is +posted with permission of the copyright holder), the work can be copied +and distributed to anyone in the United States without paying any fees +or charges. If you are redistributing or providing access to a work +with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the +work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1 +through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the +Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or +1.E.9. + +1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted +with the permission of the copyright holder, your use and distribution +must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional +terms imposed by the copyright holder. Additional terms will be linked +to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the +permission of the copyright holder found at the beginning of this work. + +1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm +License terms from this work, or any files containing a part of this +work or any other work associated with Project Gutenberg-tm. + +1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this +electronic work, or any part of this electronic work, without +prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with +active links or immediate access to the full terms of the Project +Gutenberg-tm License. + +1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary, +compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any +word processing or hypertext form. However, if you provide access to or +distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format other than +"Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official version +posted on the official Project Gutenberg-tm web site (www.gutenberg.org), +you must, at no additional cost, fee or expense to the user, provide a +copy, a means of exporting a copy, or a means of obtaining a copy upon +request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other +form. Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm +License as specified in paragraph 1.E.1. + +1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying, +performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works +unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9. + +1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing +access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works provided +that + +- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from + the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method + you already use to calculate your applicable taxes. The fee is + owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he + has agreed to donate royalties under this paragraph to the + Project Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments + must be paid within 60 days following each date on which you + prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax + returns. Royalty payments should be clearly marked as such and + sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the + address specified in Section 4, "Information about donations to + the Project Gutenberg Literary Archive Foundation." + +- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies + you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he + does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm + License. You must require such a user to return or + destroy all copies of the works possessed in a physical medium + and discontinue all use of and all access to other copies of + Project Gutenberg-tm works. + +- You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any + money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the + electronic work is discovered and reported to you within 90 days + of receipt of the work. + +- You comply with all other terms of this agreement for free + distribution of Project Gutenberg-tm works. + +1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm +electronic work or group of works on different terms than are set +forth in this agreement, you must obtain permission in writing from +both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael +Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the +Foundation as set forth in Section 3 below. + +1.F. + +1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable +effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread +public domain works in creating the Project Gutenberg-tm +collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic +works, and the medium on which they may be stored, may contain +"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or +corrupt data, transcription errors, a copyright or other intellectual +property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a +computer virus, or computer codes that damage or cannot be read by +your equipment. + +1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right +of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project +Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project +Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all +liability to you for damages, costs and expenses, including legal +fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT +LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE +PROVIDED IN PARAGRAPH F3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE +TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE +LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR +INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH +DAMAGE. + +1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a +defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can +receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a +written explanation to the person you received the work from. If you +received the work on a physical medium, you must return the medium with +your written explanation. The person or entity that provided you with +the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a +refund. If you received the work electronically, the person or entity +providing it to you may choose to give you a second opportunity to +receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy +is also defective, you may demand a refund in writing without further +opportunities to fix the problem. + +1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth +in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER +WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO +WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE. + +1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied +warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages. +If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the +law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be +interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by +the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any +provision of this agreement shall not void the remaining provisions. + +1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the +trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone +providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance +with this agreement, and any volunteers associated with the production, +promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works, +harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees, +that arise directly or indirectly from any of the following which you do +or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm +work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any +Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause. + + +Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm + +Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of +electronic works in formats readable by the widest variety of computers +including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact +information can be found at the Foundation's web site and official +page at http://pglaf.org + +For additional contact information: + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. Compliance requirements are not uniform and it takes a +considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up +with these requirements. We do not solicit donations in locations +where we have not received written confirmation of compliance. To +SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any +particular state visit http://pglaf.org + +While we cannot and do not solicit contributions from states where we +have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition +against accepting unsolicited donations from donors in such states who +approach us with offers to donate. + +International donations are gratefully accepted, but we cannot make +any statements concerning tax treatment of donations received from +outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. + +Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation +methods and addresses. Donations are accepted in a number of other +ways including checks, online payments and credit card donations. +To donate, please visit: http://pglaf.org/donate + + +Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic +works. + +Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm +concept of a library of electronic works that could be freely shared +with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project +Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support. + + +Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed +editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. +unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + http://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. diff --git a/30986-8.zip b/30986-8.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..ed5b4ad --- /dev/null +++ b/30986-8.zip diff --git a/30986-h.zip b/30986-h.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..70ded48 --- /dev/null +++ b/30986-h.zip diff --git a/30986-h/30986-h.htm b/30986-h/30986-h.htm new file mode 100644 index 0000000..47a7e0f --- /dev/null +++ b/30986-h/30986-h.htm @@ -0,0 +1,6801 @@ +<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" +"http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> + +<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" lang="es" xml:lang="es"> + <head> +<meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=iso-8859-1" /> +<title> + The Project Gutenberg eBook of De Varios Colores, por Juan Valera. +</title> +<style type="text/css"> + p {margin-top:.75em;text-align:justify;margin-bottom:.75em;text-indent:2%;} + +p.drama {margin-left:25%;white-space:nowrap;text-indent:0%;} + +.ast {letter-spacing:4px;margin:3% auto 3% auto;text-align:center;text-indent:0%;font-weight:bold;} + +.b {font-weight:bold;} + +.c {text-align:center;text-indent:0%;} + +.escena {text-align:center;text-indent:0%;font-size:120%;font-weight:bold;margin:5% auto 3%;} + +.hang {text-indent:-2%;margin-left:2%;font-size:85%;font-weight:bold;} + +.head {font-size:125%;text-align:center;text-indent:0%;font-weight:bold;margin:5% auto 5% auto;} + +.linea {text-align:center;text-indent:0%;font-weight:bold;font-size:70%;} + +.puntas {border-bottom:dotted gray 3px;padding-bottom:2%;} + +.r {text-align:right;margin-right:15%;} + + h1 {text-align:center;clear:both;margin:10% auto 8% auto;font-size:300%;} + + h2 {margin-top:15%;text-align:center;clear:both;} + +.top15 {margin-top:15%;} + + hr.pre {width:7%;margin:2em auto 2em auto;clear:both;color:black;} + + hr.full {width:100%;margin:5% auto 5% auto;border:4px double gray;} + +div.imagen {text-align:center;border:none;margin-top:15%;} + + table {margin-left:auto;margin-right:auto;border:none;} + + body{margin-left:10%;margin-right:10%;background:#fdfdfd;color:black;font-family:"Times New Roman", serif;font-size:medium;} + + ul {list-style-type:none;text-indent:-1em;} + +a:link {background-color:#ffffff;color:blue;text-decoration:none;} + + link {background-color:#ffffff;color:blue;text-decoration:none;} + +a:visited {background-color:#ffffff;color:purple;text-decoration:none;} + +a:hover {background-color:#ffffff;color:#FF0000;text-decoration:underline;} + +.smcap {font-variant:small-caps;font-family:"Times New Roman", serif;font-size:95%;} + +.poem {margin-left:25%;white-space:nowrap;text-indent:2%;} +</style> + </head> +<body> + + +<pre> + +The Project Gutenberg EBook of De varios colores, by Juan Valera + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: De varios colores + +Author: Juan Valera + +Release Date: January 16, 2010 [EBook #30986] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE VARIOS COLORES *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net); +produced from images of the Bibliothèque nationale de +France (BNF/Gallica) at http://gallica.bnf.fr + + + + + + +</pre> + +<hr class="full" /> + +<h2>JUAN VALERA</h2> + +<p class="linea">\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/</p> + +<h1>DE VARIOS COLORES</h1> + +<hr style="width:15%;" /> + +<p class="c b top15">BREVES HISTORIAS.<br />GARUDA O LA CIGÜEÑA BLANCA.<br />EL CAUTIVO DE DOÑA MENCÍA.<br />EL MAESTRO RAIMUNDICO.<br />CUENTOS JAPONESES.<br />UN DRAMA TRÁGICO.</p> + +<div class="imagen"><img src="images/ill_001.png" +width="150" +alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div> + +<p class="c b top15">MADRID<br /> +LIBRERÍA DE FERNANDO FÉ<br />Carrera de San Jerónimo, 2</p> +<hr class="pre" /> +<p class="c b">1898</p> + +<table summary="toc" +cellpadding="0" +cellspacing="0" +style="text-align:center;margin-top:15%; +border:6px gray double;padding:5%;"> +<tr><td><a href="#PROLOGO"><b>PRÓLOGO</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#EL_CABALLERO_DEL_AZOR"><b>EL CABALLERO DEL AZOR</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#LOS_CORDOBESES_EN_CRETA"><b>LOS CORDOBESES EN CRETA</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#EL_DOBLE_SACRIFICIO"><b>EL DOBLE SACRIFICIO</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#LOS_TELEFONEMAS_DE_MANOLITA"><b>LOS TELEFONEMAS DE MANOLITA</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#EL_DUENDE-BESO"><b>EL DUENDE-BESO</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#EL_ULTIMO_PECADO"><b>EL ÚLTIMO PECADO</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#EL_SAN_VICENTE_FERRER_DE_TALLA"><b>EL SAN VICENTE FERRER DE TALLA</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#GARUDA_O_LA_CIGUENA_BLANCA"><b>GARUDA O LA CIGÜEÑA BLANCA</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#EL_CAUTIVO_DE_DONA_MENCIA"><b>EL CAUTIVO DE DOÑA MENCÍA</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#EL_MAESTRO_RAIMUNDICO"><b>EL MAESTRO RAIMUNDICO</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#DOS_CUENTOS_JAPONESES"><b>DOS CUENTOS JAPONESES</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#EL_ESPEJO_DE_MATSUYAMA"><b>EL ESPEJO DE MATSUYAMA</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#EL_PESCADORCITO_URASHIMA"><b>EL PESCADORCITO URASHIMA</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#ESTRAGOS_DE_AMOR_Y_CELOS"><b>ESTRAGOS DE AMOR Y CELOS</b></a></td></tr> +</table> + +<div class="imagen"><a name="PROLOGO" id="PROLOGO"></a><img src="images/ill_002.png" +width="95%" +alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div> + +<h2>PRÓLOGO</h2> + +<hr class="pre" /> + +<p>D<span class="smcap">os</span> son los principales motivos que me llevan a escribir algunas +palabras al frente de esta colección de cuentos que doy al público +ahora.</p> + +<p>No todas las flores son frescas y bonitas; también las hay mustias y +feas. No se me culpe, pues, de presumido, si valiéndome de una figura +retórica llamo flores de mi pobre y agostado ingenio a los cuentos que +siguen. Y suponiendo ya que son flores, añadiré que carecen de relación +entre sí y que yo las reúno caprichosamente para formar con ellas un +ramillete o manojo. Sea este breve prólogo la cinta o el lazo que las +ate, para que cada una de las flores no se vaya por su lado.</p> + +<p>No soy yo quien debe elogiarlas. El benigno lector decidirá si valen +algo o si nada valen. Yo diré sólo para procurarme la indulgencia hasta +de los más severos, que mi propósito al escribir y al reunir los cuentos +es tan modesto como inocente. No me propongo enseñar nada, ni moralizar, +ni probar tesis, ni resolver problemas, ni censurar vicios y costumbres. +Lo único que me propuse al escribir los tales cuentos es distraerme o +divertirme en el casi forzoso retiro a que mi vejez y mis achaques me +condenan.</p> + +<p>No he de negar yo que me he divertido escribiendo los cuentos, pero me +guardo bien de inferir de ahí y de dar por seguro que se divertirá +también quien los lea. Los cuentos, sin embargo, no aspiran más que a +divertir. Si no divierten, la crítica no puede ni debe ir más allá que +hasta el extremo de calificarlos de fastidiosos, y en cambio, si +divierten o entretienen algo, su fin y su objeto están cumplidos. No son +ni quiero yo que sean sino una obra de mero pasatiempo, con cuya +lectura, sin la menor ofensa de Dios ni del prójimo, logren los +desocupados entretenerse durante algunas horas. Los que quieran aprender +algo, de sobra tienen libros a que acudir. Para saber de religión lean +los <i>Nombres de Cristo</i>, para saber de moral, lean la <i>Guía de +pecadores</i>, y para saber de filosofía, la que está publicando el Padre +Urraburu en muchos y muy gruesos tomos.</p> + +<p>Este librejo no pretende tampoco conmover hondamente el corazón de los +lectores. La musa que me le ha inspirado (suponiendo también que ha +habido musa) no ha sido melancólica, ni trágica, sino regocijada y +alegre, según convenía para consolarme de mis penas reales y no para +agravar su peso con otras penas imaginarias. Por lo demás, yo creo y +siempre he creído que toda producción artística o literaria implica buen +humor y no desabrimiento ni aflicciones. Hasta cuando un poeta o un +novelista toma por asunto los sucesos más lastimosos, importa que la +lástima y el pesar se hayan disipado ya casi del todo, a fin de que el +asunto, que estaba en el sujeto y que atormentaba al sujeto, salga fuera +de él, y él le contemple serenamente y sea el objeto o la primera +materia con que él compone o construye su obra, cincelándola y +puliéndola.</p> + +<p>Cada cual tiene su modo de hacer las cosas. Yo no he de dar reglas ni he +de disputar sobre esto. Diré sólo que no comprendo al que embargado de +un profundo dolor se pone a cantar o a escribir sobre el dolor que le +embarga. La muerte de un ser querido, las desventuras de la patria, las +tremendas luchas y los espantosos infortunios que suelen afligir al +linaje humano, todo esto, cuando llega a convertirse en materia para +nuestras creaciones literarias es cuando ya menos nos duele, porque si +nos doliera, no escribiríamos, sino trataríamos de remediar el mal por +medios prácticos, o le lloraríamos, informe e inefablemente y sin +literatura, si no acertásemos a remediarle.</p> + +<p>Acaso parezca sofisma; pero, si no lo fuese, y si no temiese yo hacerme +pesado, llegaría a demostrar por este camino que a fuerza de ser +sentimental cuando no escribo, soy poco sentimental en lo que escribo. +No gusto de afligirme ni de llorar, ni gusto de afligir ni de hacer +llorar a los otros. El que busque, pues, emociones terribles y profundas +que no lea ni compre este librejo. Si yo logro que el librejo no aburra, +cómprele y léale el que anhele deshechar u olvidar las terribles y +profundas emociones, por virtud de otras superficiales, amenas y gratas.</p> + + + +<div class="imagen"><a name="EL_CABALLERO_DEL_AZOR" id="EL_CABALLERO_DEL_AZOR"></a><img src="images/ill_003.png" +width="95%" +alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div> + + +<h2>EL CABALLERO DEL AZOR</h2> + +<hr class="pre" /> + +<p class="head">I</p> + + +<p>H<span class="smcap">ará</span> ya mucho más de rail afios, habla en lo más esquivo y fragoso de +los Pirineos una espléndida abadía de benedictinos. El abad Eulogio +pasaba por un prodigio de virtud y de ciencia.</p> + +<p>Las cosas del mundo andaban muy mal en aquella edad. Tremenda barbarie +había invadido casi todas las regiones de Europa. Por donde quiera +luchas feroces, robos y matanzas. Casi toda España estaba sujeta a la +ley de Mahoma, salvo dos o tres Estadillos nacientes, donde entre breñas +y riscos se guarecían los cristianos.</p> + +<p>En medio de aquel diluvio de males, pudiera compararse la abadía de que +hablamos al arca santa en que se custodiaban el saber y las buenas +costumbres y en que la humana cultura podía salvarse del universal +estrago. Gran fe tenían los monjes en sus rezos y en la misericordia de +Dios, pero no desdeñaban la mundana prudencia. Y a fin de poder +defenderse de las invasiones de bandidos, de barones poderosos y +desalmados o de infieles muslimes, habían fortificado la abadía como +casi inexpugnable castillo roquero, y mantenían a su servicio centenares +de hombres de armas de los más vigorosos, probados y hábiles para la +guerra.</p> + +<p>La abadía era muy rica y famosa: rica por los fertilísimos valles que en +sus contornos los monjes habían desmontado, cultivándolos con esmero y +recogiendo en ellos abundantes cosechas; y famosa, porque era como casa +de educación, donde muchos mozos de toda Francia y de la España que +permanecía cristiana acudían a instruirse en armas y en letras. Entre +los monjes había sabios filósofos y teólogos y no pocos que habían +militado con gloria en sus mocedades antes de retirarse del mundo. Estos +enseñaban indistintamente las artes de la paz y de la guerra; cuanto a +la sazón se sabía. Y luego, según la índole de cada educando, los +pacíficos y humildes se hacían sacerdotes o monjes, y los belicosos y +aficionados a la vida activa salían de allí para ser guerreros y aun +grandes capitanes.</p> + +<p>Cincuenta novicios había en la abadía de continuo. Y todos, salvo en las +horas consagradas a ejercicios caballerescos, vestían el hábito de la +orden.</p> + +<p>En una tarde de abril, terminadas las vísperas, salieron los novicios +del coro, donde habían estado entonando salmos, y fueron, según +costumbre, a pasar dos horas de recreo jugando en un gran patio.</p> + +<p>Había un novicio de origen obscuro, lo cual se contraponía a la alta +nobleza de que se jactaba con razón la mayoría de los otros. Este +novicio era español.</p> + +<p>Seis años hacía que había venido a refugiarse en el convento sin saber +de dónde. El caritativo abad le dio asilo, y él, con su humildad +profunda, con su aplicación constante, con la rara inteligencia que +desplegó en el estudio y con la robustez y agilidad que mostró en todos +los ejercicios corporales, se ganó la voluntad de aquel venerable siervo +de Dios, que le amaba como a un hijo y que candorosamente le admiraba. +De aquí la envidia que le tenían los otros novicios y especialmente los +franceses. Tratábanle con desdén, le hacían mil burlas y hasta le +dirigían improperios, que él sufría con resignación evangélica. Por esto +le llamaban Plácido.</p> + +<p>En aquella ocasión la envidia de los otros novicios había llegado a su +colmo. Plácido acababa de alcanzar brillante triunfo. Había compuesto un +devoto e inspirado himno latino a la Santísima Virgen María, tan lleno +de bellezas y tan rico de amor místico, que, entusiasmados los monjes, +le habían cantado en el coro, dando al joven poeta mil alabanzas y +bendiciones.</p> + +<p>Sus malos compañeros, deseosos de humillarle, y tal vez fiados en que +Plácido era pacífico y sufrido, se encararon con él, aunque él se +apartaba de ellos con mansedumbre y modestia, y llegaron dos de los más +insolentes al último extremo de la injuria. Recordando la obscuridad de +su origen, se la echaron en rostro y calificaron a su madre de la más +infame manera.</p> + +<p>El cordero se convirtió entonces de repente en bravo león. Por dicha, no +tenía armas, pero le valieron los puños. Con certero y fuerte golpe +derribó por tierra, maltrecho y con la boca ensangrentada, al primero +que le había ofendido. Después siguió peleando él solo contra otros tres +o cuatro, apoyado contra el muro y acosado por ellos.</p> + +<p>Fue todo tan rápido, que nadie había acudido a interponerse y a +restablecer la paz, cuando otro de los novicios, de nobilísima alcurnia +francesa, intervino en la contienda, diciendo:</p> + +<p>—Es cobardía que vayáis tantos contra él; apartáos; dejádmele a mi +solo; yo le castigaré como merece.</p> + +<p>Fue tan imperiosa la voz, fue tan imponente el ademán de aquel muchacho, +que se apartaron todos, formando ancho cerco en torno suyo.</p> + +<p>Cayó entonces el francés sobre Plácido, el cual paró los golpes que le +asestaba, sin recibir ninguno, y le ciñó con fuerza terrible en sus +nervudos brazos.</p> + +<p>Pasmosa fue la lucha. Firmes se mantenían ambos. Ninguno cejaba ni caía. +Hubieran semejado dos estatuas de bronce, si no se hubiera sentido el +resoplido de la fatigada respiración de los combatientes y si no se +hubiera visto correr abundante sudor por sus encendidas mejillas.</p> + +<p>¡Quién sabe cómo hubiera terminado aquel combate! Mal hubiera terminado, +sin duda, si no llega precipitadamente el abad y logra al punto +separarlos.</p> + +<p>Después de censurar con breves y enérgicas palabras la acción de todos, +ordenó a Plácido que le siguiese, y le llevó a su celda.</p> + + +<p class="head">II</p> + +<p>—En balde he esperado, hijo mío, hacer de ti un dechado de santidad y +de paciencia, para que con el tiempo llegases a ser mi sucesor en el +gobierno de esta abadía. Sé todo lo ocurrido y no me atrevo a culparte. +La afrenta que te han hecho era difícil, era casi imposible de tolerar. +Está visto, Dios no te quiere para la vida contemplativa. Imposible es +además que permanezcas ya ni una hora en esta santa casa, donde has +promovido un escándalo feroz, aunque disculpable. Por otra parte, el +mozo con quien luchabas es poderosísimo por su nacimiento y riqueza y tú +no puedes seguir viviendo donde él está. No me queda más recurso que el +de obligarte a salir inmediatamente de la abadía. Pero no saldrás +desvalido y sin prendas de mi afecto hacia ti. La abadía es rica, el +abad también lo es, y en nada mejor puede emplear su dinero. Toma esta +bolsa llena de oro; Hugo, el capitán de los arqueros, tiene orden mía +para entregarte enjaezado el mejor de los corceles que hay en nuestras +caballerizas. Corre, revístete a escape de tus armas, monta a caballo y +vete.</p> + +<p>Vertiendo muchas lágrimas de gratitud y besándole respetuosamente las +manos, Plácido se despidió del abad y éste le abrazó y le bendijo.</p> + +<p>Dos horas después cabalgaba Plácido, solo y armado, por medio de un +pinar espeso y por senda apenas trillada, que iba serpenteando junto a +la orilla de un arroyo, entre cerros altísimos.</p> + + +<p class="head">III</p> + +<p>Llegó la noche medrosa y sombría. En aquella soledad asaltaron a Plácido +mil ideas tristes. Los recuerdos de la niñez surgieron en su mente con +claridad extraña.</p> + +<p>Recordó que, seis años hacía, le habían arrojado de otro asilo con +severidad y dureza harto diferentes. Desde muy niño, desde el albor de +su vida, de que no tenía sino muy confusas memorias, se había criado en +el castillo del terrible D. Fruela, poderoso magnate de la montaña. El +castillo estaba en una altura muy cerca de la costa. Desde allí, ora +salía D. Fruela con buen golpe de gente a caballo para penetrar en +tierra de moros y talar y saquear cuanto podía, ora embarcaba a sus +satélites en algunas fustas y galeras de su propiedad, e iba a piratear +o a dar caza a otros más crueles piratas que infestaban aquellos mares +e invadían y asolaban a menudo las costas de España: eran los idólatras +normandos de Noruega y de la última Tule.</p> + +<p>Plácido, recogido por caridad en el castillo, e hijo de padres +desconocidos, había sido criado con amor por doña Aldonza, la mujer de +don Fruela. Hasta la edad de ocho años, vivió Plácido en fraternal +familiaridad con Elvira, la hija de doña Aldonza, que era de edad poco +menor que él. Juntos jugaban los niños, y juntos aprendieron a leer y la +doctrina cristiana.</p> + +<p>Plácido y Elvira sintieron que sus almas se habían unido con el lazo del +cariño más inocente.</p> + +<p>Algo hubo de recelar o de prever D. Fruela, y ordenó a su mujer que +alejase al expósito del trato y de la convivencia de su hija.</p> + +<p>Sumisa doña Aldonza, cumplió las órdenes de su marido; pero no hasta el +extremo de evitar por completo que el pajecillo y la niña se viesen y se +hablasen.</p> + +<p>La menor frecuencia en el trato produjo un efecto contrario al que D. +Fruela deseaba. En las mentes candorosas de él y de ella se trocó en +adoración el afecto, y se iluminó y hermoseó con las galas y el +esplendor de los sueños la imagen de la persona querida.</p> + +<p>Así llegaron ambos a cumplir catorce años. En un día en que salieron de +caza con D. Fruela, el caballo de Elvira corrió desbocado y fue a +perderse en la espesura de un bosque. Plácido la siguió para salvarla, y +acertó a llegar cuando el caballo que ella montaba tropezó y cayó, +derribándola por el suelo. Elvira, por fortuna, no se hizo el menor +daño. Plácido se apeó con ligereza, acudió en su auxilio y la levantó en +sus brazos.</p> + +<p>Instintivamente, sin saber qué hacían, cediendo ambos a un impulso +irreflexivo, tal vez movidos por los invisibles genios y espíritus de la +selva, acercaron sus rostros y se dieron un beso. Plácido se creyó por +breves instantes transportado al paraíso; pero la realidad más cruel +hubo de mostrarle en seguida que estaba en la dura y áspera tierra. Una +lluvia de infamantes latigazos cayó sobre sus espaldas. D. Fruela le +había sorprendido, le castigaba y le afrentaba furioso. La jauría de sus +podencos y lebreles y sus monteros se acercaban ya. Afrentado el mozo, +aunque en edad tan tierna, no reflexionó en el peligro ni en lo desigual +de la lucha, y venablo en mano se lanzó contra D. Fruela para matarle. +Elvira se interpuso, dispuesta a recibir las heridas y salvar a su +padre. Plácido dejó caer al suelo el venablo. La humillación le hizo +verter amargas lágrimas.</p> + +<p>El feroz D. Fruela, lejos de apiadarse, le azuzó los perros para que le +devoraran, y ordenó a los monteros que disparasen contra él sus agudas +flechas.</p> + +<p>—¡Sálvate, Plácido, sálvate!—dijo entonces Elvira.—Si no huyes, mi +cuerpo te servirá de escudo y me matarán antes de que te maten.</p> + +<p>Plácido conoció entonces lo peligroso, lo imposible de la defensa. Temió +más por la vida de ella que por la suya. Era ágil y ligero como un +gamo; conocía los más intrincados sitios y las más extraviadas sendas +del bosque, y pronto desapareció como por encanto, no sin exclamar antes +con su voz de niño, que se contraponía a la firmeza del tono:</p> + +<p>—Ser padre de ella te ha salvado de la muerte. Ahora huyo, pero tal vez +un día vuelva a buscarte y a exigirte su mano como sola satisfacción de +mi afrenta.</p> + +<p>Refugiado Plácido en la abadía, no olvidó la afrenta jamás, pero guardó +oculto su recuerdo en el lastimado centro del alma. El horror que le +causaba volver de nuevo contra el padre de Elvira, la humildad y la +resignación y otros sentimientos religiosos inclinaron su espíritu y le +excitaron a desistir de vengarse. Y como afrentado y sin venganza no +quería vivir en el mundo, se decidió a hacer la vida del claustro. Hasta +el día en que el insulto hecho a su madre despertó en él de nuevo la +ingénita fiereza, fue el más paciente y dulce de los cenobitas. Lanzado +ya al mundo de nuevo, con veinte años de edad, con aliento y brío y con +caballo y armas, ¿dónde había de ir Plácido sino al castillo de D. +Fruela a pedirle estrecha cuenta de todo?</p> + + +<p class="head">IV</p> + +<p>Sin detenerse sino para tomar el indispensable descanso, llegó Plácido a +la morada donde había pasado la niñez. Confiado en Dios, en su derecho +y en su valentía, sin arredrarse, se acercó a la puerta del castillo.</p> + +<p>Todo estaba mudado. En torno, soledad y silencio. Aunque era medio día, +Plácido no vio ni hombres de armas ni campesinos. El puente levadizo, +tendido sobre el foso, dejaba franca la entrada. El escudo de piedra +berroqueña, que había sobre la puerta principal, estaba cubierto de +negro paño de luto.</p> + +<p>Pronto, por un anciano criado, única persona que halló y que al +desmontar le tuvo el estribo, se enteró de la inmensa desventura que +abrumaba a aquella familia. D. Fruela, acusado de alta traición, estaba +en Oviedo y debía ser condenado a muerte. Su acusador era D. Raimundo, +mayordomo de Palacio. Tres caballeros de la casa de D. Raimundo estaban +prontos a sostener la acusación en palenque abierto contra los +defensores de D. Fruela, el cual había apelado al Juicio de Dios. Pero +D. Raimundo era tan poderoso y temido, y por su inaudita soberbia era D. +Fruela tan odiado, que nadie acudía a defenderle. Sólo faltaban tres +días para expirar el plazo. No bien Plácido supo todo esto, el rencor +antiguo se convirtió en lástima en su alma generosa, y resolvió ser el +campeón de quien tan rudamente le había ofendido, probad su inocencia y +librarle de la muerte. En el castillo no había nadie, sino el anciano +servidor. Doña Aldonza y Elvira habían ido a Oviedo a echarse a los pies +del rey y pedirle el perdón, si bien con poquísima esperanza, por ser +muy justiciero el soberano. De todos modos, la honra de la familia +quedaría manchada.</p> + +<p>Sin demora se dispuso Plácido a salir para Oviedo, pero antes el anciano +servidor le refirió y encareció lo mucho que doña Aldonza y Elvira +habían pensado en él durante su ausencia, y le dijo que habían dejado +para él un presente a fin de que le recibiese y se le llevase si por +dicha aparecía por el castillo.</p> + +<p>El anciano fue por el presente y se le entregó a Plácido. Era una fuerte +rodela, en cuya plancha de acero figuraba en esmalte, sobre campo de +gules, un azor, cubierta la cabeza por el capirote y asido por la +pihuela a una blanca mano que parecía de mujer.</p> + +<p>—Tú tienes en el hombro derecho—dijo el anciano—grabado con indeleble +marca, un azor semejante al del escudo. Por él serás un día reconocido y +se sabrá quiénes son tus padres. Entre tanto mi señora y su hija te +declaran y apellidan Caballero del Azor, y te dan en testimonio de ello +esa prenda. Concédate Dios, Caballero del Azor, la buena ventura en +lides y amores que ellas y yo te deseamos.</p> + + +<p class="head">V</p> + +<p>A los tres días, pocas horas antes de expirar el plazo, después de +reposar en Oviedo y de aprestarse para el combate, sonaron las +trompetas y entró en el palenque el Caballero del Azor, con la visera +calada y la lanza en la cuja.</p> + +<p>En alta y sonora voz proclamó la inocencia de D. Fruela, llamó +calumniadores a los que le acusaban, y retó a los tres, o sucesivamente +o juntos contra él solo. Los campeones de D. Raimundo fueron +sucesivamente apareciendo. Los combates fueron muy cortos.</p> + +<p>El Caballero del Azor, con pasmosa destreza y bizarría, logró que en +menos de media hora los tres mordiesen el polvo, muy mal herido uno de +ellos.</p> + +<p>El gentío que rodeaba el palenque rompió en estrepitosas aclamaciones y +vítores. El Caballero del Azor fue llevado en triunfo a palacio e +introducido en la regia cámara.</p> + +<p>El rey, informado de todo el suceso, ansiaba verle, y más lo ansiaba aún +su noble y desventurada hermana, la infanta doña Ximena, que estaba con +el rey en aquel momento.</p> + +<p>—Caballero del Azor—dijo la infanta antes de que el rey hablase—¿por +qué llevas un azor esmaltado en la rodela?</p> + +<p>—Alta señora—contestó Plácido—porque le tengo también estampado en el +hombro derecho, como indeleble marca.</p> + +<p>Doña Ximena puso entonces los ojos con cariñoso ahínco en el rostro +hermosísimo de Plácido, e imaginó que veía al Conde de Saldaña, como +estaba en su muy lozana juventud, veinte años hacía.</p> + +<p>Ya no pudo contenerse doña Ximena; se acercó al joven, le estrechó en +sus brazos y le cubrió el rostro de besos, exclamando:</p> + +<p>—¡Hijo mío, hijo mío!</p> + +<p>El rey depuso su severidad, y dirigiéndose al joven, le estrechó también +en sus brazos, y le dijo:</p> + +<p>—Yo te reconozco; eres mi sobrino Bernardo; te hago merced de la Casa +Fuerte y señorío del Carpio. Como Bernardo del Carpio serás en adelante +conocido y famoso en todos los países y en todas las edades. Perdonado +tu padre, saldrá de la prisión y será el legítimo esposo de mi hermana.</p> + +<p>En efecto; el rey cumplió su promesa. El Conde de Saldaña salió del +castillo de Luna donde estaba encerrado. Se aseó y se atavió con esmero, +de suerte que todavía tenía buen ver, a pesar de su prolongado martirio.</p> + +<p>Durante cinco días consecutivos hubo magníficas fiestas en Oviedo. Las +bodas de Bernardo del Carpio y de Elvira se celebraron al mismo tiempo +que las del Conde de Saldaña y doña Ximena.</p> + +<p>Pocos días después pudo averiguarse que don Raimundo, el mayordomo de +Palacio, había sido quien robó al niño Bernardo y quien le mandó matar, +furioso como desdeñado pretendiente que fue de doña Ximena. Los +sicarios, encargados de matar al niño, habían tenido piedad de él y le +habían expuesto a la puerta del castillo de D. Fruela. Por esta y por +otras muchas maldades que se descubrieron, se comprendió que don +Raimundo era un monstruo abominable, por lo cual el rey pudo ejercer +provechosamente su justicia mandándole ahorcar, como le ahorcaron con +general regocijo de los ciudadanos de Oviedo, porque D. Raimundo era muy +aborrecido y porque en aquella edad tan ruda la filantropía no era cosa +mayor y no infundía repugnancia la pena de muerte.</p> + +<p>Sólo queda por decir que Bernardo fue felicísimo con su Elvira y que +vivieron siempre muy enamorados ella de él y él de ella.</p> + +<p>Por los antiguos romances y por la historia se sabe que aquella lucha a +brazo partido, que interrumpió el abad en el convento de los Pirineos, +se reanudó más tarde no lejos de allí, y terminó gloriosamente para +Bernardo, muriendo ahogado entre sus brazos hercúleos el paladín D. +Roldán, pues no era otro quien había luchado con él, cuando los dos eran +novicios.</p> + +<p>Y aquí terminan los sucesos de la mocedad de Bernardo del Carpio, +ignorados hasta hace poco, y recientemente descubiertos en ciertos +vetustos e inéditos Anales de la orden de San Benito, escritos en latín +bárbaro en el siglo <span class="smcap">x</span> y conservados en el monasterio de la Cava, cerca +de Nápoles.</p> + + +<div class="imagen"><a name="LOS_CORDOBESES_EN_CRETA" id="LOS_CORDOBESES_EN_CRETA"></a><img src="images/ill_004.png" +width="95%" +alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div> + +<h2>LOS CORDOBESES EN CRETA</h2> + +<hr class="pre" /> + +<p class="head">NOVELA HISTÓRICA A GALOPE</p> + + +<p class="r smcap">Sr. D. Miguel Moya.</p> + +<p>M<span class="smcap">i</span> distinguido amigo: Para <i>El Liberal</i> del domingo próximo me pide +usted amablemente que escriba yo algo sobre las cosas que en las +antiguas edades pasaron en la isla de Creta. Grande es mi deseo de +complacer a usted, pero tropiezo con dos dificultades. En breves +palabras y ciñéndome a lo consignado por mitólogos e historiadores, ¿qué +podré yo decir que tenga alguna novedad, que no sea un extracto de lo +que ellos dijeron, y que no esté mejor dicho en cualquier Diccionario +enciclopédico? Y si acudo a mi imaginación y añado con ella algo a lo ya +sabido, no tendrá consistencia ni se entenderá lo que yo añada, si lo ya +sabido no se pone por base, lo cual no es posible que quepa en una o dos +columnas del apreciable periódico que usted dirige. De aquí que ni de +una suerte ni de otra pueda yo escribir con acierto para el fin que +usted quiere. No es esto, sin embargo, lo que más me aflige. Lo que más +me aflige es que, desde hace muchísimos años, desde antes que hubiese +pensado yo en escribir novelas de costumbres del día, se me había +ocurrido escribir una novela histórica sobre Creta, y hasta había +forjado el plan, aunque confusa y vagamente. Hubiera sido mi novela un +pasmoso tejido de extraordinarias aventuras, con un fundamento real del +que la historia da testimonio, aunque conciso. Mi deseo de escribir esta +novela no se ha disipado nunca. Lo que se ha disipado es mi esperanza. +Para escribirla como yo me la figuraba era menester reunir y formar un +inmenso aparato de erudición, y para esto me faltó siempre la paciencia. +Hoy, por mi desgracia, además de la paciencia, me falta la vista. No +puedo consultar la multitud de librotes, antiguos y modernos, y escritos +en diferentes lenguas, de donde sacaría yo el color <i>local</i> y <i>temporal</i> +que mi proyectada obra requiere. La obra, pues, tiene que quedarse en +proyecto. Y ya que en proyecto se queda, para libertarme de su obsesión +y para probarle a usted que si no puedo, quiero darle gusto, voy a poner +aquí el proyecto en muy breve resumen.</p> + +<p class="ast">*<br />* *</p> + +<p>En el reinado de Alhakem I, por los años 218 de la Egira, había en +Córdoba un rico mercader llamado Abu Hafáz el Goleith, natural del +cercano lugar de Fohs Albolut. En su bazar, situado en una de las calles +más céntricas, se veían reunidos los más preciosos objetos de la +industria humana, así de lo que en nuestra Península se producía como de +lo traído de remotas regiones; de Bagdad, de Damasco, de Bocara, de +Samarcanda, de la Persia, de la India y del apenas conocido inmenso +imperio del Catay. Abu Hafáz tenía naves propias, que iban a los puertos +de Levante a proveerse de mercancías.</p> + +<p>En una tarde de primavera entró en el bazar de Abu Hafáz una dama +tapada, acompañada de su sirvienta. Aunque él no le vio la cara, admiró +la gracia y gallardía de su andar, la esbeltez y elegancia de su talle, +cierto inefable prestigio seductor que como nimbo luminoso la +circundaba, y la aristocrática belleza de sus blancas, lindas y bien +cuidadas manos.</p> + +<p>La dama quiso ver cuanto de más rico en el bazar había. Abu Hafáz, lleno +de complacencia, fue ofreciendo ante sus ojos, y poniendo sobre el +mostrador, mil extraños primores en joyas y en telas. Ella no se saciaba +de mirarlas. Era muy curiosa. El mercader le dijo:</p> + +<p>—Aún no te he mostrado, sultana, lo más espléndido y peregrino que mi +tienda atesora.</p> + +<p>—¿Y para qué lo escondes y no me lo muestras?—dijo ella.</p> + +<p>—Porque soy interesado y no quiero trabajar en balde. Muéstrame tú la +cara y yo en pago te enseñaré mis mejores riquezas.</p> + +<p>La dama no se hizo mucho de rogar. Apartó el rebozo, y dejó ver el más +bello y agraciado semblante que el mercader había podido ver o soñar en +toda su vida. Agradecido y entusiasmado, trajo entonces perlas de Ormúz, +diamantes de Golconda y tejidos de seda, venidos del Catay y bordados +con tal esmero y maestría, que no parecía labor de seres humanos sino de +hadas y de genios.</p> + +<p>De la mejor y más estupenda de aquellas telas bordadas se prendó la dama +incógnita, quiso comprarla, y pidió el precio.</p> + +<p>—Es tan cara—dijo el mercader—que acaso no quieras o no puedas +pagarla; pero si tienes buena voluntad, la tela te saldrá baratísima.</p> + +<p>—Acaba. Di lo que me costará la tela.</p> + +<p>—Pues un beso de tu boca—replicó el mercader.</p> + +<p>Enojada la dama de aquella irrespetuosa osadía, se cubrió el rostro, +volvió las espaldas a Abu Hafáz y salió del bazar seguida de su sierva.</p> + +<p>Quiso el mercader seguirla para averiguar dónde moraba y quién era; pero +la dama había desaparecido en el laberinto de las estrechas calles.</p> + +<p>Pintaría luego la novela el furioso enamoramiento de Abu Hafáz y su +desesperación durante cinco o seis días, a pesar de mil cuidados y +misteriosos asuntos que le preocupaban y ocupaban.</p> + +<p>Al cabo la sierva viene al bazar y le dice que su señora no puede dormir +ni sosegar, pensando siempre en la tela y anhelando poseerla; que cede, +por lo tanto, y que al día siguiente, al anochecer, vendrá al bazar con +mucho recato y dará por la tela el precio que se le pide.</p> + +<p>La dama acude en efecto a la cita. El mercader averigua entonces que +ella está en el harén del sultán, de donde ha salido a hurtadillas, +mientras el sultán está en la sierra cazando jabalíes. Ella se llama +Gláfira. Es natural de una pequeña aldea situada en la falda del monte +Ida. Aunque su familia era pobre, presumía de alta y antigua nobleza. Su +estirpe se remontaba a las edades míticas. Contaba entre sus antepasados +curetes y dáctilos ideos, de los que tejiendo danzas guerreras al son de +los clarines y al estruendo de sus broqueles heridos por el pomo de las +espadas, rodearon a Zeus, cuando niño, e impidieron que Cronos le oyera +y le devorara.</p> + +<p>En su agreste retiro, la familia de Gláfira se había resistido a hacerse +cristiana y guardaba vivos y frescos, por tradición, los recuerdos del +paganismo. Hasta se jactaba de poseer virtudes mágicas y prendas +sobrenaturales, adquiridas por iniciación en venerandos y primitivos +misterios. Afirmaba Gláfira que uno de sus progenitores había sido +Epiménides, sabio, legislador, poeta y profeta, diestro en el arte de +suspender la vida, permaneciendo aletargado en profundas cavernas, para +conocer por experiencia el sesgo y tortuoso curso que llevan al través +de los siglos los sucesos humanos.</p> + +<p>Gláfira había perdido el secreto de las artes mágicas, pero tenía no +pocas habilidades. Cantaba o recitaba mil antiguas leyendas en verso de +las edades divinas, de héroes y semidioses: de la venida de Europa a su +isla, del furor amoroso de Pasifae y del triunfo y de la perfidia de +Teseo. Y bailaba aún, según ella aseguraba, la misma ingeniosa danza que +Dédalo compuso para la princesa Ariadna de las trenzas de oro.</p> + +<p>Acusado de hechicero y de gentil, y huyendo de la intolerante +persecución religiosa, el padre de Gláfira salió de Creta con su hija. +Anduvo errante por varios países y al fin murió dejándola abandonada. +Vagando como Io, Gláfira llegó a Hesperia, sin Argos que la vigilase, +pero también sin tábano o estro que la picase. No tenía más estro que su +voluntad ambiciosa.</p> + +<p>Alhakem, encantado y seducido por su talento y por su hermosura, la +había hospedado en su alcázar. Ella soñaba con ser la favorita y la +reina en el imperio de los Omniadas.</p> + +<p>El irresistible capricho de poseer la tela y cierto anhelo casi +inconsciente, que le había infundido el joven mercader, atrajeron a +Gláfira y la impulsaron a dar el precio que se le pedía.</p> + +<p>Llama más ardiente y más dominadora encendió el beso en el corazón de +Abu Hafáz en vez de aquietarle. El era atrevido y capaz de arriesgarlo y +de aventurarlo todo, confiado en la pujanza de su ánimo y juzgándose con +bríos para allanar montes de dificultades. Resolvió, pues, guardar a +Gláfira en su casa como prenda suya, sin soltar la esclava para que no +descubriese el secuestro.</p> + +<p>Al saber la determinación de Abu Hafáz, Gláfira se enfurece: dice que la +que espera ser reina de Hesperia, de las islas adyacentes y de parte del +Magreb, no puede resignarse a ser esposa o amiga de un mercader +cualquiera, de un plebeyo renegado de la vencida y dominada raza +española. Considera además delirio lo que Abu Hafáz pretende. Pronto +llegaría a saberlo el sultán y tomaría cruda venganza. En su rabia, +Gláfira insulta a Abu Hafáz y quiere matarle con un puñalito que lleva +en la cintura. El la desarma y le paga su beso y sus insultos con un +beso de vampiro. Se le ha dado en el blanco cuello; y a la luz de una +lámpara, en un espejo de acero bruñido, hace que ella mire la huella que +en su cuello ha dejado.</p> + +<p>—Es el sello—le dice—de que eres mi esclava.</p> + +<p>Gláfira tenía un círculo amoratado de la extensión de un <i>dirhem</i>.</p> + +<p>—Más de un año—dijo Abu Hafáz—tardará en borrarse ese signo. ¿Cómo +has de atreverte a volver con él a la presencia de tu antiguo amo? Ya +eres mía; pero antes de que se borre la marca con que te he sellado, +conquistaré un trono y serás reina conmigo.</p> + +<p class="ast">*<br />* *</p> + +<p>Hacía poco que Alhakem había hecho jurar a su hijo Abderahman como +<i>Vali-alahdi</i> o sucesor en el imperio. El hijo cuidaba de todo, +mientras que el padre se entregaba a los placeres y sólo intervenía en +el gobierno cuando le agitaban sus dos más tremendas pasiones: la ira y +la codicia. El pueblo gemía agobiado por enormes tributos y vejado y +humillado por la guardia personal del príncipe, compuesta de mercenarios +eslavos, de eunucos negros y de tres mil muzárabes andaluces. Una +reyerta entre gente del pueblo y varios cobradores de tributos, +sostenidos por hombres de la guardia del rey, promovió un motín que fue +sofocado mientras que Alhakem estaba de caza. Volvió de ella, y +dejándose llevar de su crueldad, dispuso que crucificasen a los diez +principales promovedores del motín.</p> + +<p>Tiempo hacía que se conspiraba contra Alhakem. El horroroso espectáculo +de los diez ajusticiados excitó la compasión y el furor del pueblo. La +conjuración estalló prematuramente. La rebelión fue vigorosa. Casi todos +los muladíes o renegados españoles tomaron parte en ella. Abu Hafáz los +dirigía y capitaneaba. Esto fue al día siguiente del secuestro de +Gláfira. La guardia del rey y los demás armados de la guarnición fueron +dos o tres veces vencidos y rechazados, teniendo que refugiarse en el +alcázar. La muchedumbre le sitiaba y se aprestaba a dar el asalto, +Alhakem receló que aquello iba a ser el fin de su reinado y de su vida. +Llamó a su paje favorito, le hizo verter sobre su cabeza y sus barbas un +pomo de olorosas esencias, para que por su fragancia se le reconociese +entre los muertos, y salió a morir o a vencer a los rebeldes.</p> + +<p>Por orden de Alhakem vadeó el Guadalquivir un buen golpe de sus +guerreros, fue a caer sobre el arrabal de los muladíes, que estaba del +otro lado del río, y le entregó al saqueo y a un voraz incendio. Los +muladíes vieron las llamas y el humo; pensaron que ardían sus casas y +tal vez sus mujeres y sus hijos, y abandonaron la pelea para acudir a +socorrerlos. La batalla entonces se convirtió en derrota y en atroz +carnicería y matanza de los muladíes, atacados por todas partes, así por +los que mandaba Alhakem como por los que, atravesando el puente, volvían +del arrabal después de haberle incendiado.</p> + +<p>Vencido Abu Hafáz, tuvo bastante fortuna y presencia de espíritu para +poder escapar con no pocos de los suyos, con lo mejor de su tesoro y +llevando a Gláfira consigo. Corriendo mil peligros y venciendo mil +obstáculos, llegó Abu Hafáz hasta Adra. Allí tenía diez grandes naves +suyas. Se embarcó en ellas y abandonó a España para siempre.</p> + +<p>Alhakem, después de la victoria, aún castigó fieramente a los rebeldes. +Más de cuatrocientas cabezas de los que habían caído vivos en sus manos +aparecieron cortadas y clavadas en sendas estacas en la orilla del +Guadalquivir. Después quiso mostrarse clemente, porque no había de matar +millares de personas: pero las expulsó de España a millares. Unas fueron +a Marruecos y poblaron un gran barrio de la ciudad de Fez. Otras +emigraron más lejos y se establecieron en Egipto.</p> + +<p>Abu Hafáz, entre tanto, con sus naves, y con los más valerosos entre los +forajidos, se hizo pirata.</p> + +<p>Aquí entraba en mi plan una serie de aventuras y de incursiones en la +Provenza, en Cerdeña, en las costas de Calabria y en otras comarcas.</p> + +<p>Abu Hafáz, cargado de botín y con mayor número de naves y de gente que +se le había allegado, aporta a Alejandría. Merced a las discordias +civiles que allí hubo entonces, logra apoderarse de aquella ciudad +magnífica y la conserva durante algún tiempo. El califa de Bagdad envía +contra él un poderoso ejército. Abu Hafáz se defiende, y si bien +capitula y abandona la ciudad, es después de una capitulación honrosa y +lucrativa, recibiendo cuantiosa suma por el rescate.</p> + +<p>Con veinte naves y con unos cuantos cientos de guerreros, Abu Hafáz se +dirigió, por último, a Creta. Llevaba siempre consigo a Gláfira, +mantenía su promesa jactanciosa de hacerla reina, y ahora esperaba +hacerla reina en su patria, mucho antes de que se le borrase el +apasionado signo de esclavitud que le había puesto en el cuello. Creta +estaba en poder de los bizantinos cuando los forajidos andaluces +desembarcaron en sus costas.</p> + +<p>Aquí pensaba yo lucirme describiendo las bellezas naturales de la isla, +sus antiguallas, sus famosas ciudades, como Gnosos y Gortina, los +vestigios del Laberinto donde estuvo encerrado el Minotauro, los +esquivos lugares en que los dáctilos y los curetes bailaban sus danzas +guerreras en torno del futuro monarca de los hombres y de los dioses, la +sagrada caverna en que durmió su sueño secular Epiménides, y el punto en +que se embarcó Ariadna con el falaz e ingrato Teseo, que luego la +abandonó en Naxos, de donde la sacó en triunfo el dios Ditirambo con +toda aquella comitiva estruendosa de faunos y de ménades, que tan +gallardamente nos describen los poetas.</p> + +<p>Sería menester relatar también cómo los guerreros de Abu Hafáz, después +de saquear algunos lugares de la isla, quisieron abandonarla para no +tener que luchar con el ejército del emperador de Grecia; y como Abu +Hafáz, precediendo en esto a los catalanes en Galípoli y a Hernán Cortés +en México, hizo incendiar las veinte naves, para que no quedase otro +recurso que vencer o morir a la gente de armas que llevaba consigo.</p> + +<p>Pintaría yo, por último, la guerra sostenida contra los soldados del +imperio griego y cómo fueron vencidos.</p> + +<p>Abu Hafáz entonces se enseñorea de la isla toda y pone su trono y la +capital de su dominio en una fortaleza, fundada por él y cuyo nombre fue +Candax. Así borró por espacio de siglos su antiguo nombre a la isla que +vino a llamarse Candía.</p> + +<p>Gláfira fue reina, como Abu Hafáz se lo había prometido. La marca no +desapareció hasta mucho después que Gláfira había subido al trono. Y el +hijo de Gláfira y su nieto y su biznieto reinaron en Creta, porque su +dinastía duró dos o tres siglos.</p> + +<p>Todo esto cantado aquí a escape, tal vez no tenga chiste; pero yo creo +que dándole la debida extensión e iluminándolo eruditamente con los +colores <i>locales</i> y <i>temporales</i> de que ya he hablado, sería +divertidísima novela, y pondría además de realce la hazaña de los +andaluces, musulmanes entonces en vez de ser católicos, y que fueron los +primeros en llevar a Creta el islamismo, de que ahora con tanta razón +quieren los cretenses libertarse. Dios se lo conceda y a mi la gracia de +no haber fastidiado a los lectores de <i>El Liberal</i> con este a manera de +aborto de mi seco ingenio. Válgame por disculpa que lo hago por +complacer a usted.</p> + + +<div class="imagen"><a name="EL_DOBLE_SACRIFICIO" id="EL_DOBLE_SACRIFICIO"></a><img src="images/ill_005.png" +width="95%" +alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div> + +<h2>EL DOBLE SACRIFICIO</h2> + +<hr class="pre" /> + +<p class="head">EL PADRE GUTIÉRREZ A DON PEPITO</p> + + +<p class="r"><i>Málaga, 4 de Abril de 1842</i>.</p> + +<p>M<span class="smcap">i</span> querido discípulo: Mi hermana, que ha vivido más de veinte años en +ese lugar, vive, hace dos, en mi casa, desde que quedó viuda y sin +hijos. Conserva muchas relaciones, recibe con frecuencia cartas de ahí y +está al corriente de todo. Por ella sé cosas que me inquietan y +apesadumbran en extremo. ¿Cómo es posible, me digo, que un joven tan +honrado y tan temeroso de Dios, y a quien enseñé yo tan bien la +metafísica y la moral, cuando él acudía a oír mis lecciones en el +Seminario, se conduzca ahora de un modo tan pecaminoso? Me horrorizo de +pensar en el peligro a que te expones de incurrir en los más espantosos +pecados, de amargar la existencia de un anciano venerable, deshonrando +sus canas, y de ser ocasión, si no causa, de irremediables infortunios. +Sé que frenéticamente enamorado de doña Juana, legítima esposa del rico +labrador D. Gregorio, la persigues con audaz imprudencia y procuras +triunfar de la virtud y de la entereza con que ella se te resiste. +Fingiéndote ingeniero o perito agrícola, estás ahí enseñando a preparar +los vinos y a enjertar las cepas en mejor vidueño; pero lo que tú +enjertas es tu viciosa travesura, y lo que tú preparas es la desolación +vergonzosa de un varón excelente, cuya sola culpa es la de haberse +casado, ya viejo, con una muchacha bonita y algo coqueta. ¡Ah, no, hijo +mío! Por amor de Dios y por tu bien, te lo ruego. Desiste de tu criminal +empresa y vuélvete a Málaga. Si en algo estimas mi cariño y el buen +concepto en que siempre te tuve, y si no quieres perderlos, no desoigas +mis amonestaciones.</p> + + +<p class="head">DE DON PEPITO AL PADRE GUTIÉRREZ</p> + +<p class="r"><i>Villalegre, 7 de Abril</i>.</p> + +<p>Mi querido y respetado maestro: El tío Paco, que lleva desde aquí vino y +aceite a esa ciudad, me acaba de entregar la carta de usted del 4, a la +que me apresuro a contestar para que usted se tranquilice y forme mejor +opinión de mí. Yo no estoy enamorado de doña Juana ni la persigo como +ella se figura. Doña Juana es una mujer singular y hasta cierto punto +peligrosa, lo confieso. Hará seis años, cuando ella tenía cerca de +treinta, logró casarse con el rico labrador D. Gregorio. Nadie la acusa +de infiel, pero sí de que tiene embaucado a su marido, de que le manda +a zapatazos y le trae y le lleva como un zarandillo. Es ella tan +presumida y tan vana, que cree y ha hecho creer a su marido que no hay +hombre que no se enamore de ella y que no la persiga. Si he de decir la +verdad, doña Juana no es fea, pero tampoco es muy bonita; y ni por alta, +ni por baja, ni por muy delgada ni por gruesa llama la atención de +nadie. Llama, sí, la atención por sus miradas, por sus movimientos y +porque, acaso sin darse cuenta de ello, se empeña en llamarla y en +provocar a la gente. Se pone carmín en las mejillas, se echa en la +frente y en el cuello polvos de arroz, y se pinta de negro los párpados +para que resplandezcan más sus negros ojos. Los esgrime de continuo, +como si desde ellos estuviesen los amores lanzando enherboladas flechas. +En suma; doña Juana, contra la cual nada tienen que decir las malas +lenguas, va sin querer alborotando y sacando de quicio a los mortales +del sexo fuerte, ya de paseo, ya en las tertulias, ya en la misma +iglesia. Así hace fáciles y abundantes conquistas. No pocos hombres, +sobre todo si son forasteros y no la conocen, se figuran lo que quieren, +se las prometen felices, y se atreven a requebrarla y hasta a hacerle +poco morales proposiciones. Ella entonces los despide con cajas +destempladas. En seguida va lamentándose jactanciosamente con todas sus +amigas de lo mucho que cunde la inmoralidad y de que ella es tan +desventurada y tiene tales atractivos, que no hay hombre que no la +requiebre, la pretenda, la acose y ponga asechanzas a su honestidad, +sin dejarla tranquila con su D. Gregorio.</p> + +<p>La locura de doña Juana ha llegado al extremo de suponer que hasta los +que nada le dicen están enamorados de ella. En este número me cuento, +por mi desgracia. El verano pasado vi y conocí a doña Juana en los baños +de Carratraca. Y como ahora estoy aquí, ella ha armado en su mente el +caramillo de que he venido persiguiéndola. No hallo modo de quitarle +esta ilusión, que me fastidia no poco, y no puedo ni quiero abandonar +este lugar y volver a Málaga, porque hay un asunto para mí de grande +interés, que aquí me retiene. Ya hablaré de él a usted otro día. Adiós +por hoy.</p> + + +<p class="head">DEL MISMO AL MISMO</p> + +<p class="r"><i>10 de Abril</i>.</p> + +<p>Mi querido y respetado maestro: Es verdad: estoy locamente enamorado; +pero ni por pienso de doña Juana. Mi novia se llama Isabelita. Es un +primor por su hermosura, discreción, candor y buena crianza. Imposible +parece que un tío tan ordinario y tan gordinflón como D. Gregorio, haya +tenido una hija tan esbelta, tan distinguida y tan guapa. La tuvo D. +Gregorio de su primera mujer. Y hoy su madrastra doña Juana la cela, la +muele, la domina y se empeña en que ha de casarla con su hermano D. +Ambrosio, que es un grandísimo perdido y a quien le conviene este +casamiento, porque Isabelita está heredada de su madre, y, para lo que +suele haber en pueblos como éste, es muy buen partido. Doña Juana aplica +a D. Ambrosio, que al fin es su sangre, el criterio que con ella misma +emplea, y da por seguro que Isabelita quiere ya de amor a D. Ambrosio y +está rabiando por casarse con él. Así se lo ha dicho a D. Gregorio, e +Isabelita, llena de miedo, no se atreve a contradecirla, ni menos a +declarar que gusta de mí, que yo soy su novio y que he venido a este +lagar por ella.</p> + +<p>Doña Juana anda siempre hecha un lince vigilando a Isabelita, a quien +nunca he podido hablar y a quien no me he atrevido a escribir, porque no +recibiría mis cartas.</p> + +<p>Desde Carratraca presumí, no obstante, que la muchacha me quería, porque +involuntaria y candorosamente me devolvía con gratitud y con amor las +tiernas y furtivas miradas que yo solía dirigirle.</p> + +<p>Fiado sólo en esto vine a este lugar con el pretexto que ya usted sabe.</p> + +<p>Haciendo estaría yo el papel de bobo, si no me hubiese deparado la +suerte un auxiliar poderosísimo. Es éste la chacha Ramoncica, vieja y +lejana parienta de D. Gregorio, que vive en su casa, como ama de llaves, +que ha criado a Isabelita y la adora, y que no puede sufrir a doña +Juana, así porque maltrata y tiraniza a su niña, como porque a ella le +ha quitado el mangoneo que antes tenía. Por la chacha Ramoncica, que se +ha puesto en relación conmigo, sé que Isabelita me quiere; pero que es +tan tímida y tan bien mandada, que no será mi novia formal, ni me +escribirá, ni consentirá en verme, ni se allanará a hablar conmigo por +una reja, dado que pudiera hacerlo, mientras no den su consentimiento su +padre y la que tiene hoy en lugar de madre. Yo he insistido con la +chacha Ramoncica para ver si lograba que Isabelita hablase conmigo por +una reja: pero la chacha me ha explicado que esto es imposible. +Isabelita duerme en un cuarto interior, para salir del cual tendría que +pasar forzosamente por la alcoba en que duerme su madrastra, y +apoderarse además de la llave, que su madrastra guarda después de haber +cerrado la puerta de la alcoba.</p> + +<p>En esta situación me hallo, mas no desisto ni pierdo la esperanza. La +chacha Ramoncica es muy ladina y tiene grandísimo empeño en fastidiar a +doña Juana. En la chacha Ramoncica confío.</p> + + +<p class="head">DEL MISMO AL MISMO</p> + +<p class="r"><i>15 de Abril</i>.</p> + +<p>Mi querido y respetado maestro: La chacha Ramoncica es el mismo demonio, +aunque, para mí, benéfico y socorrido. No sé cómo se las ha compuesto. +Lo cierto es que me ha proporcionado para mañana, a las diez de la +noche, una cita con mi novia. La chacha me abrirá la puerta y me entrará +en la casa. Ignoro a dónde se llevará a doña Juana para que no nos +sorprenda. La chacha dice que yo debo descuidar, que todo lo tiene +perfectamente arreglado y que no habrá el menor percance. En su +habilidad y discreción pongo mi confianza. Espero que la chacha no habrá +imaginado nada que esté mal; pero en todo caso, el fin justifica los +medios, y el fin que yo me propongo no puede ser mejor. Allá veremos lo +que sucede.</p> + +<p class="head">DEL MISMO AL MISMO</p> + +<p class="r"><i>17 de Abril</i>.</p> + +<p>Mi querido y respetado maestro: Acudí a la cita. La pícara de la chacha +cumplió lo prometido. Abrió la puerta de la calle con mucho tiento y +entré en la casa. Llevándome de la mano me hizo subir a obscuras las +escaleras y atravesar un largo corredor y dos salas. Luego penetró +conmigo en una grande estancia que estaba iluminada por un velón de dos +mecheros, y desde la cual se descubría la espaciosa alcoba contigua. La +chacha se había valido de una estratagema infernal. Si antes me hubiera +confiado su proyecto, jamás hubiera yo consentido en realizarle. +Vamos... si no es posible que adivine usted lo que allí pasó. D. +Gregorio se había quedado aquella noche a dormir en la casería, y la +perversa chacha Ramoncica, engañándome, acababa de introducirme en el +cuarto de doña Juana. ¡Qué asombro el mío cuando me encontré de manos a +boca con esta señora! Dejo de referir aquí, para no pecar de prolijo, +los lamentos y quejas de esta dama, las muestras de dolor y de enojo, +combinadas con las de piedad, al creerme víctima de un amor desesperado +por ella, y los demás extremos que hizo, y a los cuales todo atortolado +no sabía yo qué responder ni cómo justificarme. Pero no fue esto lo +peor, ni se limitó a tan poco la maldad de la chacha Ramoncica. A D. +Gregorio, varón pacífico, pero celoso de su honra, le escribió un +anónimo revelándole que su mujer tenía a las diez una cita conmigo. D. +Gregorio, aunque lo creyó una calumnia, por lo mucho que confiaba en la +virtud de su esposa, acudió con D. Ambrosio para cerciorarse de todo.</p> + +<p>Bajó del caballo, entró en la casa y subió las escaleras sin hacer +ruido, seguido de su cuñado. Por dicha o por providencia de la chacha, +que todo lo había arreglado muy bien, D. Gregorio tropezó en la +obscuridad con un banquillo que habían atravesado por medio y dio un +costalazo, haciendo bastante estrépito y lanzando algunos reniegos.</p> + +<p>Pronto se levantó sin haberse hecho daño y se dirigió precipitadamente +al cuarto de su mujer. Allí oímos el estrépito y los reniegos, y los +tres, más o menos criminales, nos llenamos de consternación. ¡Cielos +santos!—exclamó doña Juana con voz ahogada:—Huya usted, sálveme: mi +marido llega. No había medio de salir de allí sin encontrarse con D. +Gregorio, sin esconderse en la alcoba o sin refugiarse en el cuarto de +Isabelita, que estaba contiguo. La chacha Ramoncica, en aquel apuro, me +agarró de un brazo, tiró de mí, y me llevó al cuarto de Isabelita, con +agradable sorpresa por parte mía. Halló D. Gregorio tan turbada a su +mujer, que se acrecentaron sus recelos y quiso registrarlo todo, seguido +siempre de su cuñado. Así llegaron ambos al cuarto de Isabelita. Esta, +la chacha Ramoncica como tercera, y yo como novio, nos pusimos +humildemente de rodillas, confesamos nuestras faltas y declaramos que +queríamos remediarlo todo por medio del santo sacramento del matrimonio. +Después de las convenientes explicaciones y de saber D. Gregorio cuál es +mi familia y los bienes de fortuna que poseo, D. Gregorio, no sólo ha +consentido, sino que ha dispuesto que nos casemos cuanto antes. Doña +Juana, a regañadientes, ha tenido que consentir también, a lo que ella +entiende para salvar su honor. Y hasta me ha quedado muy agradecida, +porque me sacrifico para salvarla. Y más agradecida ha quedado a +Isabelita, que por el mismo motivo se sacrifica también, a pesar de lo +enamorada que está de D. Ambrosio.</p> + +<p>No he de negar yo, mi querido maestro, que la tramoya de que se ha +valido la chacha Ramoncica tiene mucho de censurable; pero tiene una +ventaja grandísima. Estando yo tan enamorado de doña Juana y estando +Isabelita tan enamorada de D. Ambrosio, los cuatro correríamos grave +peligro, si mi futura y yo nos quedásemos por aquí. Así tenemos razón +sobrada para largarnos de este lugar, no bien nos eche la bendición el +cura, y huir de dos tan apestosos personajes como son la madrastra de +Isabelita y su hermano.</p> + +<p class="head">DE DOÑA JUANA A DOÑA MICAELA,<br /> +HERMANA DEL PADRE GUTIÉRREZ</p> + +<p class="r"><i>4 de Mayo</i>.</p> + +<p>Mi bondadosa amiga: Para desahogo de mi corazón, he de contar a usted +cuanto ha ocurrido. Siempre he sido modesta. Disto mucho de creerme +linda y seductora. Y, sin embargo, yo no sé en qué consiste; sin duda, +sin quererlo yo y hasta sin sentirlo, se escapa de mis ojos un fuego +infernal que vuelve locos furiosos a los hombres. Ya dije a usted la +vehemente y criminal pasión que en Carratraca inspiré a D. Pepito, y lo +mucho que éste me ha solicitado, atormentado y perseguido viniéndose a +mi pueblo. Crea usted que yo no he dado a ese joven audaz motivo +bastante para el paso, o mejor diré, para el precipicio a que se arrojó +hace algunas noches. De rondón, y sin decir oste ni moste, se entró en +mi casa y en mi cuarto para asaltar mi honestidad, cuando estaba mi +marido ausente. ¡En qué peligro me he encontrado! ¡Qué compromiso el mío +y el suyo! D. Gregorio llegó cuando menos lo preveíamos. Y gracias a que +tropezó en un banquillo, dio un batacazo y soltó algunas de las feas +palabrotas que él suele soltar. Si no es por esto, nos sorprende. La +presencia de espíritu de la chacha Ramoncica nos salvó de un escándalo y +tal vez de un drama sangriento. ¿Qué hubiera sido de mi pobre D. +Gregorio, tan grueso como está y saliendo al campo en desafío? Sólo de +pensarlo se me erizan los cabellos. La chacha, por fortuna, se llevó a +D. Pepito al cuarto de Isabel. Así nos salvó. Yo le he quedado muy +agradecida. Pero aún es mayor mi gratitud hacia el apasionado D. Pepito, +que, por no comprometerme, ha fingido que era novio de Isabel, y hacia +mi propia hija política, que ha renunciado a su amor por D. Ambrosio y +ha dicho que era novia del joven malagueño. Ambos han consumado un doble +sacrificio para que yo no pierda mi tranquilidad ni mi crédito. Ayer se +casaron y se fueron en seguida para esa ciudad. Ojalá olviden, ahí, +lejos de nosotros, la pasión que mi hermano y yo les hemos inspirado. +Quiera el cielo que, ya que no se tengan un amor muy fervoroso, lo cual +no es posible cuando se ha amado con fogosidad a otras personas, se +cobren mutuamente aquel manso y tibio afecto, que es el que más dura y +el que mejor conviene a las personas casadas. A mí, entretanto, todavía +no me ha pasado el susto. Y estoy tan escarmentada y recelo tanto mal de +este involuntario fuego abrasador que brota a veces de mis ojos, que me +propongo no mirar a nadie e ir siempre con la vista clavada en el suelo.</p> + +<p>Consérvese usted bien, mi bondadosa amiga, y pídale a Dios en sus +oraciones que me devuelva el sosiego que tan espantoso lance me había +robado.</p> + + +<div class="imagen"><a name="LOS_TELEFONEMAS_DE_MANOLITA" id="LOS_TELEFONEMAS_DE_MANOLITA"></a><img src="images/ill_006.png" +width="95%" +alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div> + +<h2>LOS TELEFONEMAS DE MANOLITA</h2> + +<hr class="pre" /> + +<p class="head">(DRAMA EN DOS CUADROS)</p> + +<p class="head">Manolita, <i>personaje único</i>.</p> + + +<p class="head">CUADRO PRIMERO</p> + +<p class="hang">Salón elegante y rico. Es de noche. Lámparas y bujías encendidas. Hay +teléfono. Manolita sola. Inquieta, yendo y viniendo de un extremo a +otro, había consigo misma.</p> + +<p>M<span class="smcap">ucho</span> quiero a mamá. No faltaba más que yo no la quisiera. El cuarto +honrar padre y madre. Además, harto fácil es para mí cumplir este +mandamiento. No estoy resentida, sino agradecida de que me haya tenido +cerca de tres años en el colegio. Yo estaba imposible de mimada, de +traviesa y de voluntariosa. Yo era un diablillo y necesitaba que me +metiesen en costura. Ahora, que he vuelto de nuevo a casa, soy persona +de mucho juicio. ¿Y cómo no he de querer a mamá? Me mima, me celebra, me +idolatra. Mis caprichos son ley. Mamá me regala mil dijes; gasta un +dineral en mis vestidos y sombreros. Nunca rabia cuando vienen las +cuentas. Hasta le parece poco lo que paga. Y con todo, no puedo +negarlo: mamá me tiene quejosa.</p> + +<p>Buena y santa es la inocencia; sí, señor; muy buena y muy santa; pero yo +acabo de cumplir diecisiete años, y aunque apenas hace tres meses que +salí del Sagrado Corazón de Jesús, no por eso ha de imaginar mamá que +soy tonta y que no veo ni entiendo nada.</p> + +<p>Algo más de ocho años lleva ya de viuda. Mucho cuidó a mi padre en su +última enfermedad. Sintió su muerte y le lloró muy de veras; pero, en +fin, ella no tiene en el día más que treinta y seis años. Parece mi +hermanita mayor. A menudo me da envidia, aunque dulce y no amarga, +porque la encuentro y noto que la encuentran por ahí más bonita que a +mí. ¿Qué extraño es que mamá se haya consolado? Dios me lo perdone, si +es mal pensamiento. Sospecho que mamá se consuela con el general. No la +condeno. Sea en buen hora. Es libre: bien puede hacer lo que le agrade +sin ofender a Dios. Lo que a mí me ofende es la falta de confianza en +mí; que mamá me engañe sin necesidad.</p> + +<p>Que el general tiene cerca de cincuenta años: que era un antiguo amigo +de papá, o mejor dicho, del papá de mi papá; y que ya no está para +amoríos ni nadie puede suponer semejante cosa. Y entre tanto, tenemos +general a todo pasto. El es divertido y marrullero: pero ya me tiene +cargada. En el teatro, el general se viene a nuestro palco y está con +nosotras un entreacto y un acto entero y a veces hasta dos entreactos. +Dice una chuscada; eso sí, limpia siempre y sin olorcillo de cuartel, y +mamá se destornilla de risa. Mamá se entusiasma en el Real con la misma +música con que el general se entusiasma. Cuando mamá ríe en Lara los +chistes de la Valverde, el general los ríe también; y en el Español no +aplaude a la Guerrerito hasta que mamá la aplaude. En política ambos +están siempre de acuerdo. En lo único en que el general no conviene con +mamá y le arma hasta acaloradas disputas, es cuando mamá pondera la +elegancia, la discreción y la hermosura de otras señoras. Buen tunante +está el general, pero a mí no me la pega. Vamos a una tertulia y él es +la primera persona a quien veo. En la mesa de tresillo, en que mamá +juega, el general ha de estar siempre jugando. Salimos en coche, y no +bien llegamos al Retiro, diviso al general, hecho un pollo, trotanto y +haciendo corbetas en su fogoso caballo inglés. A casa viene todos los +días en que mamá recibe y no pocos días en que mamá no recibe. ¡Y que se +empeñe mamá en hacerme creer que esto es amistad pura! Ya, ya. Venga +Dios y lo vea.</p> + +<p>Yo lo hallo muy natural. Si yo no celebrara, disculparía hasta que ella +se casase. Lo que me enoja, es su falta de franqueza. Y también me +enoja, no ya el que no piense en mí y me busque novio, que tiempo hay de +sobra y yo no tengo priesa, sino que distraída ella con su general, no +me vigile y me deje confiada al adefesio de doña Rita, que, si bien fue +su aya, tiene más conchas que un galápago.</p> + +<p>Por fortuna, aunque me esté mal el decirlo, yo soy tan prudente que ni +el descuido de mamá ni el inútil amparo de doña Rita pueden +perjudicarme. Y cuenta que me he visto, desde que salí hace tres meses +al mundo, en ocasiones peligrosas.</p> + +<p>Si mamá tiene sus secretos y se los calla, yo también tengo el mío y me +le callo, usando de represalias. Mi secreto es un novio... y guapísimo.</p> + +<p>Aunque novicia, no he ido a ciegas ni he hecho ningún disparate. Y eso +que me encantó desde que le vi la vez primera. ¡Qué distinguido! ¡Qué +elegante! ¡Qué lindo muchacho! ¡Y qué respetuoso sin timidez ni +encogimiento! Siempre que salía yo con doña Rita, a la iglesia, de +paseo, o para ir en casa de alguna amiga, ¡zás! indefectiblemente, como +si le evocasen, se mostraba él y casi tropezaba con nosotras. Y me +miraba con unos ojos... ¡Válgame el cielo, qué ojos! Pero no se atrevía +a hablarme.</p> + +<p>Jamás le he visto ni en bailes, ni en tertulias, ni en teatros. Y sin +embargo, no es cursi: no hay más que verle para conocer que no lo es. +Será forastero; me decía yo. Y notando en él un no sé qué de peregrino, +imaginé que no venía de ninguna provincia, sino de tierras extrañas y +tal vez remotas.</p> + +<p>Así pasó más de un mes, largo para mí como un siglo, porque me +atormentaba la curiosidad de saber quién era este ser misterioso. Andaba +yo deseosa y temerosa a la vez de que él me hablase; deseosa por +hallarle tan de mi gusto, y temerosa porque si él me hubiese dirigido la +palabra sin conocerme, sin la previa y debida presentación, hubiera +tenido yo que atribuirlo a mala crianza o a falta de respeto.</p> + +<p>Parece providencial lo que ha ocurrido. El cielo ha premiado mi piedad y +lo mucho que quería yo a mi abuela. Era una santa. Pero, en fin, con +algunos pecadillos pudo irse al otro mundo cuando murió dos años ha. Tal +vez aún esté por ellos en el Purgatorio. No sobran, pues, las misas que +se digan por su alma. Pensando de este modo, hace ocho días justos entré +en la sacristía a encomendar al Padre González veinte misas, pagándolas +yo de mis ahorrillos. ¿Y a quién pensarán ustedes que me encontré allí? +Pues me encontré a mi perseguidor hablando familiarmente con el Padre. +Quise aguardar desde lejos a que terminase aquella plática, y el Padre +me vio, y me dijo: ¿Qué se le ofrece a usted, señorita doña Manuela? No +deje de hablarme ni se retraiga porque vea aquí a este caballero. El, su +madre y otros individuos de su ilustre familia, son amigos míos de toda +la vida. Permítame usted que le presente a D. Narciso Solís.</p> + +<p>De esta suerte, el Padre González ha tenido la culpa de que yo conozca a +Narcisito.</p> + +<p>Después, la verdadera culpada de que hable yo con Narcisito, de que me +ponga con él de acuerdo, y de que el <i>flirteo</i> se convierta en noviazgo, +ha sido esa hipocritona de doña Rita. Bien hacen algunas muchachas +desenfadadas en llamar <i>carabinas</i> a tales ayas o acompañantas: son la +carabina de Ambrosio.</p> + +<p>Por eso he dicho y lo repito, perdóneseme la inmodestia, que mi +prudencia me ha valido. Parece inverosímil que tenga yo tanto mundo y +tanta perspicacia. No, yo no me equivoco. Es persona muy digna. Por su +devoción a los santos merece la amistad del Padre González, y por la +devoción que me tiene a mí, que soy también una santa, merece que yo le +quiera. ¿Qué pecado hay en esto?</p> + +<p>Quedó ayer conmigo en que hablemos por teléfono, a las diez de la noche, +cuando mamá no esté en casa. Su número, el 4.500. Para impedir que, +oyendo mal y no reconociendo su voz, hable yo con otro sujeto, hemos +convenido en empezar por decirnos cuatro palabras mágicas: la primera y +la tercera, yo: él, la segunda y la cuarta. ¡Y qué palabras tan raras! +(<i>Sacando un papelito</i>). En este papelito me las escribió con lápiz. Van +a dar las diez. Como tengo una jaqueca atroz, sí, la tengo, no es todo +estratagema, no he podido acompañar a mamá, que se ha ido al teatro con +la vizcondesa. (<i>Suenan las diez en el reloj de la chimenea</i>.)</p> + +<p>Llegó la hora. Ea, miedo a un lado (<i>Se acerca al teléfono, toca el +timbre y a poco suena la campanilla.</i>) Central..... comunicación con el +4.500. (<i>Pausa. Vuelve a sonar la campanilla</i>.) <i>Logos</i>..... Reconozco +su voz; dice <i>Theos</i>... <i>Sares</i>... Ha contestado <i>Egéneto</i>.</p> + +<p>—¡Ay, Narcisito! ¡Qué locura! ¡Qué picardía! Razón tendría mamá de +reñirme si me sorprendiese hablando por teléfono con usted: con un +hombre a quien ella no conoce.—¡Qué desenvoltura! ¡Qué modo de sacar +los pies del plato! ¿Es esta la educación que en el convento te han dado +aquellas benditas madres?—exclamaría mamá.—Si usted me quiere de +veras, si es usted un joven formal y como Dios manda, y si quiere usted +que nuestras relaciones continúen, es indispensable que se haga usted +presentar a mamá lo más pronto posible. (<i>Nueva pausa. Las pausas serán +más o menos largas, según la contestación que se exprese o se presuma</i>.)</p> + +<p>No: lo que hemos hecho hasta ahora no puede ni debe seguir. A +hurtadillas de mamá, en paseo, en la calle, haciendo cómplice a doña +Rita, no he de hablar ya con usted sino muy de tarde en tarde. Hablar +así de diario sería muy feo. Usted mismo pensaría mal de mí. Las gentes +que nos viesen murmurarían. Mamá llegaría a saberlo y regañaría mucho y +con razón sobrada. (<i>Pausa</i>). Bueno, me alegro con toda el alma de que +esté usted decidido a hacerse presentar cuanto antes. Eso es lo recto y +lo leal.</p> + +<p>¿Qué?... No me atrevo a contestar a eso. Yo no entiendo bien esta +maquinaria. Temo que las mujeres de la Central me oigan y se rían. +(<i>Otra pausa</i>.)</p> + +<p>Pues ya que se empeña usted, ya que lo pide con tanto fervor, no hay más +remedio. Lo diré, aunque me oigan. Repetiré lo que ya le dije tres o +cuatro veces, cuando echábamos migajitas de pan a los patos y peces del +estanque del Retiro: para usted las migajitas de mi corazón, que será +todo suyo, si con amor me paga. (<i>Pausa</i>.)</p> + +<p>Mucha precipitación es esa. Mamá dirá, si no se niega, que conviene que +antes nos tratemos; que pedirme en seguidita, de sopetón, es puñalada de +pícaro...</p> + +<p>Adulador. ¿Con que mis ojos son los pícaros que dan las puñaladas? ¿Con +que usted es el herido? Pues yo declaro que el pícaro es usted. Si el +Padre González hubiera sospechado siquiera lo perverso que es usted y el +mal incurable que iba a causarme, de seguro que no le presenta a su hija +de confesión, que soy yo...</p> + +<p>Allá veremos si, como usted pronostica, de este mi mal incurable se dice +con toda verdad «que no hay mal que por bien no venga». Adiós; basta de +charla. Temo que nos sorprendan. Preséntese usted a mamá y venga a casa +pronto. Mamá recibe dos veces a la semana.</p> + + +<p class="head">CUADRO SEGUNDO</p> + +<p class="hang">La misma decoración del cuadro primero. Manolita sola, entrando en el +cuarto del teléfono y cerrando al entrar. (A fin de no repetir +acotaciones, se confía en la capacidad de quien lea o recite este +soliloquio para distinguir por el sentido, cuando Manolita se dirige al +público como si hablase para sí, y cuando se acerca al teléfono y habla +por él).</p> + +<p>Hoy estoy muy mal de salud. Estoy furiosa. Mamá, sin creer en mi mal, se +largó tranquilamente a su tertulia. Como no comí a la mesa, a poco de +irse mamá tuve mucha hambre y vengo de cenar. Me amenazan grandes penas +y trabajos y conviene restaurar las fuerzas.</p> + +<p>Me muero de impaciencia por hablar con Narcisito. Tengo mil cosas +tristes que decirle ¡Cuantas novedades desde ayer a hoy! Ya es inútil +que se presente a mamá. Sería muy mal recibido. Pero... (<i>Suenan las +diez en el reloj de la chimenea</i>). Las diez. Voy a hablarle. (<i>Toca el +timbre. Suena la campanilla</i>). Central... comunicación con el 4.500. +(<i>Nueva pausa. Vuelve a sonar la campanilla</i>). <i>Logos</i>... contestan +<i>Theos</i>. ¿Estará resfriado Narcisito? ¡Qué voz tan ronca tiene hoy! +<i>Sares</i>... Está bien. <i>Egéneto</i>. ¡Pero qué voz tan ronca!</p> + +<p>—Me quiere usted decir, Narcisito, ¿qué significan esas palabras +enrevesadas?...</p> + +<p>Mentira parece que haya idiomas tan concisos y que en solo cuatro +palabras se enjareten tantas cosas. De modo que las palabras son griegas +y significan: «Tú eres un ángel que bajaste del cielo a la tierra, +tomaste cuerpo gentil y te convertiste en Manolita.»</p> + +<p>Sospecho que usted se chancea. ¿Cómo han de decir tanto cuatro palabras +nada más?...</p> + +<p>¿Que es paráfrasis y no traducción? Entonces ya se comprende. Pero +dejémonos de paráfrasis. No estoy para ellas, ni para que me echen +piropos.</p> + +<p>Estoy desesperada. Tan desesperada estoy, que me inclino a creer que no +he tenido que fingir la enfermedad, sino que en realidad estoy enferma. +El doctor lo ha creído y ha dejado una receta muy larga, que doña Rita +ha leído y debe cumplir. Serán simplezas del doctor...</p> + +<p>¡Ay, Dios mío! ¿Qué burla pesada es esta? ¿Con que no me contesta +Narcisito? Me contesta el doctor, que está con él, y dice que para ver +que él no es tan simple, lea yo su receta, que, después de bien +estudiada, ha puesto doña Rita bajo la peana de aquel reloj de chimenea. +Veamos. (<i>Manolita busca, halla y lee la receta</i>.)</p> + +<p>«<i>Récipe</i>: A eso de las nueve, <i>consommé</i> con huevo fresco, <i>filet +mignon</i>, <i>chaud froid</i> de perdices, vino del marqués de Riscal, +panecillos de Viena, una chirimoya gruesa de las que gusta tanto la +enfermita, dulces, café y media copa de <i>chartreuse</i> para entonar el +estómago. De sobremesa, un rato de palique con Narcisito por teléfono o +más de cerca.»</p> + +<p>¿Habráse visto desvergüenza mayor? Esto es burlarse de mí a casquillo +quitado. En el pecado llevo la penitencia. El general llama griegos a +los fulleros. Hice muy mal en fiarme de un griego desconocido. Nada más +lógico que esta fullería y esta infame burla. (<i>Manolita acude al +teléfono, llena de ira</i>.)</p> + +<p>Narcisito, lo que está usted haciendo conmigo es una maldad. Se me acabó +el amor. Aborrezco a usted.</p> + +<p>Las circunstancias son, sin embargo, muy difíciles y escabrosas y me +obligan a refrenar mi enojo y a hablar aún con usted de asuntos +importantes.</p> + +<p>Dice mamá que la vizcondesa y otras muchas damas son cómplices e +instigadoras de un amor en que ella ni soñaba. El general, dirigiéndose +a mí en latín, y diciéndome <i>tu quoque, filia</i>, me acusa también de +complicidad y de provocación al delito. A fuerza de decir que tenían +ellos relaciones amorosas, aunque ni soñaban en tenerlas, les hemos +hecho creer que será verosímil, juicioso y gustoso el que las tengan. +Ambos han exclamado: Pues tengámoslas. En efecto; ayer se declararon y +ya las tienen. Y no queriendo que el hechizo y el deleite de tales +relaciones consistan en que se presten a la murmuración, han resuelto, +para evitarla, casarse a escape. Vea usted por dónde, echándome mamá +parte de la culpa, ha decidido darme padrastro y tirano, que, sin duda, +vendrá a instalarse, dentro de poco, en esta casa...</p> + +<p>¡Jesús, María y José! ¿Qué lío es este? No es Narcisito, es mamá quien +me responde muy picada. Afirma que no me trae el tirano a casa, sino que +se va ella a la casa del tirano y me deja aquí sola.</p> + +<p>(<i>Vuelve Manolita al teléfono</i>.)</p> + +<p>Oye, mamá. Por Dios no me dejes sola. Perdóname. Yo seré buena. Vuélvete +a casa y vive conmigo, aunque me traigas también a tu tirano. Solo te +ruego que me dejes a mí elegir el mío y que no te empeñes en que yo +acceda a lo que el general ayer me proponía. Te lo confieso; hay un tal +Narcisito, que a pesar de que ahora se está conduciendo conmigo muy mal, +y por ello debiera yo aborrecerle, me tiene perdidamente enamorada, y no +lo puedo remediar. Imagina tú, ¿cómo he de poder yo casarme con ese +sobrino del general, estando perdidamente enamorada de otro? Será rico, +será buen mozo, será conde, será todo lo que el general quiera, aunque +yo sospecho, no sé por qué, que ha de ser un señorito andaluz, nacido y +criado en un poblachón, ceceando mucho, echándola de gracioso, y más a +propósito para brillar en las ferias, vestido de majo, y cautivar el +corazón de las gitanas y de las chulas, que para mostrarse como conviene +en los salones elegantes, inspirar amor verdadero y profundo a una +señorita bien educada y hacerla luego dichosa. Ya ves, mamá, que tengo +razón para no querer a tu futuro sobrino político y para preferir a mi +griego. Y no me pongas la objeción de que mi griego ha de ser hereje o +cismático. De fijo que es muy buen católico. Si no lo fuera, no sería +tan amigo del Padre González, que me le presentó en la sacristía, hace +ya más de una semana. ¿Oyes, mamá?... ¿Qué?... ¿Ustedes me quieren +volver loca? Ahora es el propio Padre González quien me contesta. Dice +que Narcisito no es griego natural y de siempre, sino trashumante y +temporero. Dice que es el primer secretario de la legación de España en +Atenas y en Constantinopla, que ha venido a Madrid con cuatro meses de +real licencia.</p> + +<p>(<i>Vuelve Manolita a hablar por teléfono</i>.)</p> + +<p>Oiga usted, Padre González, como quiera que sea, usted tiene casi toda +la culpa de que yo haya conocido y tratado a Narcisito, me haya paseado +con él por las calles más solitarias del Retiro y por las orillas del +estanque, dejando a doña Rita a muy respetable distancia: conque así, +apiádese usted de nosotros y predique a mi madre y al general, para que +no persistan en que yo me case con ese abominable sobrino...</p> + +<p>¡Cielos santos! Qué tramoya horrible, qué complicada conspiración contra +una pobre niña inexperta. Ya no me habla el Padre González; me habla el +general. Es su casa y no la de Narcisito desde donde me habla.—¿Sí?... +¿Eh?... Hoy está conmigo más desaforado y más insolente que nunca.</p> + +<p>Mamá se ha puesto a jugar al tresillo con el doctor y con el Padre +González. El general aprovecha la ocasión para desatar la lengua contra +mí:</p> + +<p>Que su sobrino no es abominable, sino adorable; que yo presumo demasiado +de discreta y de lista, y que soy una criaturita mimada, voluntariosa y +terca; y que si él me hubiera presentado a Narcisito como sobrino, yo le +hubiera encontrado vulgar y feo y le hubiera dado calabazas; y que ha +sido menester armar toda esta tramoya y conjuración, en que han entrado +mamá, el general, el doctor, el Padre González y hasta doña Rita, para +que yo crea a Narcisito griego o turco y de él me enamore.</p> + +<p>Oiga usted, general; repórtese usted y no me insulte. Piense usted lo +que se le antoje. Lo que yo pienso y sostengo es que quiero y requiero a +Narcisito, aunque ya sé, no diré si con gusto o con rabia, que es +sobrino de usted, y que es casi tan insolente como usted, tan burlón y +tan desalmado. Usted me ofende de palabra, porque está lejos de mí. Si +estuviera yo ahí, se moriría usted de miedo al verme, porque estoy hecha +una fierecita...</p> + +<p>¡Hola, hola! Me desafía usted, me cita y me emplaza para que vaya a su +casa al punto. Pues iré... y nos veremos las caras. ¿Pero como ir?...</p> + +<p>Agradezco el deseo que usted muestra y la esperanza que me infunde de +que no sea a muerte nuestro duelo y de que a las doce de esta noche, que +es la de San Silvestre, bebamos un vaso de Champagne para celebrar +nuestra reconciliación y la entrada del nuevo año. También agradezco la +noticia que me da usted de que en esa casa se acaban de echar los +estrechos, y de que usted ha salido con mamá y yo con Narcisito. Pero +como usted todavía no es mi padrastro, bien puedo yo faltarle al +respeto, y así le digo, que eso es un embuste o una fullería para +burlarse de mí y para demostrar lo que ya no necesita demostración; que +es usted más griego y más trapacero que su sobrino. Y, sin embargo, ¡qué +corrupción la de los tiempos que corren!—como decían las benditas +madres que me han educado.—¡Qué perversa condición tenemos las mujeres! +¿Quiere usted creer que a pesar de todo, me es usted muy simpático y me +hace muchísima gracia? Lo que no apruebo, es que tenga usted tan +estrafalarias ocurrencias. Me pone usted en un apuro con que vengan ya a +buscarme la berlina de mamá y Narcisito en la berlina. Si fuera el +landó, si fuera al menos el <i>clarence</i>, no habría dificultad. Pero en la +berlina que es muy estrecha... ¿quiere usted decirme, diantre de general +y aborrecible padrastro, dónde voy a colocar yo a doña Rita, que pesa +doce arrobas y parece una urca holandesa?</p> + +<p>Más vale tomarlo a risa para no pelearme con todos, porque me están +tomando por juguete. El general se ha ido del teléfono a hacer el cuarto +en la mesa de tresillo. Dice que su hermana la condesa viuda, mamá de +Narcisito, estaba jugando por él, y como es una chambona, le lleva +perdida casi toda la paga del mes corriente. ¿Y quién me comunica todo +esto? La taimada de doña Rita, que está muy sofocada. Afirma que no es +urca y que no pesa tantas arrobas, y que de todos modos no puedo +llevarla conmigo, porque considerando que yo no la necesito para nada, +por lo prudente que soy, y que la califico de carabina de Ambrosio, se +fue con mamá, para acompañarla, desde esta calle de Don Pedro, donde +vivimos, hasta el último extremo de la fuente de la Castellana, donde el +general vive.</p> + +<p>(<i>Vuelve Manolita al teléfono</i>.)</p> + +<p>Explíquese usted, doña Rita. ¿Por qué no viene usted a buscarme?</p> + +<p class="puntas">(<i>Después de escuchar por el teléfono</i>.)</p> + +<p class="puntas">¡Conque usted no ha cumplido la orden de mamá! ¡Conque el general ha +tolerado que Narcisito deje a usted plantada y se venga él en la +berlina! ¡Doña Rita, es usted un monstruo!</p> + +<p><i>(No responde nadie. Doña Rita ha cortado la comunicación.)</i></p> + +<p>Pues, señor, meditemos con serenidad y con calma. Yo tengo muchísima +gana de conocer a la condesa viuda que va a ser mi suegra; tengo también +muchísima gana de brindar con Champagne en punto de las doce, en +compañía del general y de sus tertulianos; y como Narcisito no es un +galopín, sino un caballero, y no ha de querer empañar en lo más mínimo +el espejo en que su honra se mire, me parece que bien puedo irme con él +sin menoscabar mi decoro.</p> + +<p>No es necesario que el público sepa esta determinación que he tomado; +pero si la sabe...</p> + +<p><i>(Suena la campanilla de la puerta.)</i></p> + +<p>Ya está ahí Narcisito. Voy a ponerme el sombrero y el abrigo para irme +con él. <i>(Dirigiéndose al público.)</i> ¿Quieren ustedes ser indulgentes +conmigo, perdonar mi falta y aplaudirme antes de que me vaya?</p> + +<p><i>(El autor supone que el público aplaude.—Cae el telón.)</i></p> + +<div class="imagen"><a name="EL_DUENDE-BESO" id="EL_DUENDE-BESO"></a><img src="images/ill_007.png" +width="95%" +alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div> + + +<h2>EL DUENDE-BESO</h2> + +<hr class="pre" /> +<p class="head">I</p> + +<p>N<span class="smcap">otabilísimo</span> huésped había llegado al convento de Capuchinos de la +villa, allá por los años de 1672. Famoso era el huésped en todas partes +por la agudeza de su ingenio, por el profundo saber que había adquirido +y por las obras científicas en que le divulgaba. Baste decir, y está +todo dicho, que el huésped era el reverendísimo padre fray Antonio de +Fuente la Peña, ex-provincial de la Orden.</p> + +<p>Después de comer con excelente apetito y de dormir una buena siesta, +para reposar de las fatigas del viaje, fray Antonio recibió en su celda +al padre guardián, fray Domingo, y habló a solas con él sobre el +importante asunto que le había impulsado a ir a aquella santa casa.</p> + +<p>—Sé por fama—le dijo—el extraño caso de mi señora doña Eulalia, hija +única del ilustre caballero D. César del Robledal. Y considerado bien y +ponderado todo, me atrevo a sostener que la joven no está posesa ni +obsesa.</p> + +<p>—Vuestra reverencia me ha de perdonar si le contradigo. No veo prueba +en contra de la posesión o de la obsesión de la joven. Aunque me esté +mal el decirlo, sabido es que, a Dios gracias, ejerzo bastante imperio +sobre los espíritus malignos, y que he expulsado a no pocos de los +cuerpos que atormentaban. Si los que atormentan a la joven doña Eulalia +no me obedecen, no es porque no estén en ella o en torno de ella, sino +porque son muy ladinos y marrajos. Si están en ella, se esconden, se +recatan y se parapetan de tal suerte, que se hacen sordos a mis +conjuros; y si la cercan, para atormentarla, andan sobrado listos para +escapar cuando yo llego, y no volver a las andadas sino después que me +voy. Los síntomas del mal son, sin embargo, evidentes. Sobre lo único +que estoy indeciso y no disputo, es sobre si el mal es posesión u +obsesión.</p> + +<p>—Pues bien,—replicó fray Antonio,—mi conclusión es enteramente +contraria, y mientras más lo reflexiono más me afirmo en ella. Doña +Eulalia no habla nunca en latín ni en ningún otro idioma que no sea +nuestro castellano puro y castizo; sus pies se apoyan siempre en el +suelo cuando no está sentada o tendida; en vez de estar desmedrada, +pálida y ojerosa, sé que está muy guapa y de tan buen color que parece +una rosa de Mayo; y el que ella repugne casarse con ninguno de los +novios que su señor padre le ha buscado, y el que ande melancólica y +retraída, y el que tenga por las noches y a solas, en su retirada +estancia, coloquios misteriosos con seres invisibles, no prueba que esté +endemoniada ni mucho menos. Los demonios jamás son tan benignos y +apacibles con una criatura. Ser, por consiguiente, de menos perversa y +dañina condición, que los ángeles precitos, es quien tiene trato y +coloquios con mi señora doña Eulalia. <i>Ergo</i>, no es demonio, sino duende +quien la visita y habla con ella. Y conocedor yo de este suceso, y +empleándome como me empleo en el estudio de los duendes, según lo +testifica mi ya celebérrimo libro <i>El ente dilucidado</i>, he venido por +aquí a ver si me pongo en relación con el duende que visita a doña +Eulalia y logro arrojarle de su lado, valiéndome de los medios que me +suministra la ciencia.</p> + +<p>—Extraño es—dijo fray Domingo—que afirme todo eso vuestra reverencia +por meras conjeturas.</p> + +<p>—No son meras conjeturas—repuso fray Antonio.—Aunque por mis pecados +nunca he sido digno de tener revelaciones sobrenaturales, lo que es +naturales las tengo con frecuencia, y tal es el caso de ahora. Aquí +estamos solos y puedo hablar con libertad, confiando en el indispensable +sigilo.</p> + +<p>Fray Domingo hizo señal de que no descubriría lo que se le dijese y fray +Antonio continuó en voz misteriosa y baja:</p> + +<p>—El duende que visita a doña Eulalia se ha franqueado conmigo y me lo +ha explicado todo. Harto se comprende que sea yo estimado, querido y +familiar entre los duendes, a quienes he defendido de las injurias y +calumnias que propala contra ellos el vulgo ignorante. Yo he demostrado +que no son diablos, ni almas en pena, sino criaturas sutilísimas e +invisibles, casi siempre traviesas y alegres, que se engendran en lo más +delgado del aire. Agradecidos los duendes, ¿qué tiene de particular que +acudan a conversar conmigo? Además, que mis estudios y meditaciones +sobre todos los secretos de la madre Naturaleza y mi asídua +investigación acerca de los seres más menudos y casi incorpóreos, han +aguzado de tal suerte mis sentidos, que veo, toco y oigo lo que por +ingénita y grosera rudeza del sentir no notan ni descubren los otros +mortales. Perdóneseme la jactancia: yo descubro, al tender mi penetrante +mirada por el Universo, cien veces más vida y más inteligencia que la +que ve la inmensa mayoría de los hombres. En suma, y contrayéndonos al +presente singular caso, el duende, hará cerca de diez años, desde que +doña Eulalia cumplió quince, hasta dentro de tres días, que cumplirá +veinticinco, se entiende con ella, la aparta de la convivencia de la +gente y la hace arisca y zahareña: pero me ha predicho que desaparecerá +dentro de los indicados tres días, y hasta que antes se dejará ver bajo +la figura de un gallardo mancebo. Doña Eulalia quedará libre entonces de +toda molestia, y aunque siempre recatada, honestísima y decorosa, +depondrá sus desdenes, dejará de ser huraña y se hará para todo el mundo +conversable y mansa.</p> + +<p>Con acento irónico, aunque templado o velado por el respeto exclamó +entonces fray Domingo:</p> + +<p>—Sin duda que a fin de que la revelación no haya sido a medias, el +duende habrá pronosticado a vuestra reverencia el punto y la hora de su +desaparición y de la aparición del mancebo.</p> + +<p>—Sí que me lo ha pronosticado—respondió fray Antonio.—Ello ha de ser +a media noche, en la propia habitación de doña Eulalia, a donde hemos de +acudir, recatadamente y sin que doña Eulalia ni nadie se entere, el +padre de ella, desarmado para evitar un funesto rapto de ira, vuestra +reverencia con sus exorcismos y yo pertrechado de mi ciencia <i>duendina</i>. +Tengo la más perfecta seguridad de que todo tendrá allí desenlace +dichoso.</p> + + +<p class="head">II</p> + +<p>En la noche y hora prefijadas, de concierto ya D. César con los dos +reverendos, acudieron en misterioso silencio y de puntillas a la puerta +de la habitación de doña Eulalia, armado fray Domingo del libro de los +exorcismos y de un hisopo; armado fray Antonio de un turíbulo donde +quemaba hierbas mágicas, esparciendo el humo; y armado D. César de +paciencia, después de haberse comprometido solemnemente a no perderla y +a no enfurecerse, ocurriera lo que ocurriera.</p> + +<p>Celebrados ya sus ritos y evocaciones fray Antonio y fray Domingo +prescribieron a D. César que llamase con brío a la puerta de la +habitación de doña Eulalia, cerrada con llave y que ordenase que se +abriera de par en par, inmediatamente, sin excusa ni pretexto alguno.</p> + +<p>No hubo modo de evitarlo ni de retardarlo, y la puerta se abrió de par +en par y de súbito. En medio de ella, como magnífico retrato de Claudio +Coello, encerrado en su marco, apareció un galán muy bizarro y apuesto, +con traje e insignias de capitán, larga espada al cinto, airosas plumas +en el sombrero que llevaba en la diestra, rica cadena de oro y veneras +que en su pecho brillaban y espuelas, de oro también, asidas a sus +amplias botas de camino.</p> + +<p>D. César, que era muy violento y celoso de su honra, no hubiera sabido +contenerse y hubiera caído sobre el forastero, si ambos frailes, cada +uno de un lado, no le contienen.</p> + +<p>El galán con voz reposada y serena dijo entonces:</p> + +<p>—Sosiéguese mi Sr. D. César y no tome a mal que me presente tan a +deshora. Yo soy el capitán D. Pedro González de la Rivera, de cuya renta +y condiciones ha escrito a su señoría mi amigo el banquero genovés +Jusepe Salvago, y de cuyos altos hechos de armas en Portugal, en +Flandes, en Italia y en el remoto Oriente le han dado noticias otras +varias personas muy respetables. Aspiro a la mano de doña Eulalia; ella +me ha dado prueba de que me quiere para esposo; y sólo nos falta el +consentimiento paterno y después la bendición del reverendo Padre fray +Antonio, que está presente y que espero no ha de negarse a bendecirnos.</p> + +<p>—Todo eso estaría bien—respondió D. César con mal reprimida cólera—si +vuesa merced no lo pidiese, después de ofender mis canas, hollar mi casa +y atropellar todo respeto.</p> + +<p>—Yo, Sr. D. César—replicó el capitán sonriendo—tenía que vengar con +esta aparente injuria otra nada aparente que vuestra merced me hizo hace +diez años, cuando me sorprendió en este mismo sitio en dulces coloquios +con mi señora doña Eulalia, que aún no había cumplido quince años. Yo +era entonces un rapazuelo de dieciséis, y vuesa merced me arrojó de aquí +a empellones nada paternales. Por amor de doña Eulalia, lo sufrí todo y +mayor afrenta hubiera sufrido a ser posible mayor afrenta. Harto he +demostrado después mi valor. Acrisolada está mi honra. La fortuna además +me ha favorecido. La satisfacción que espero y pido para los pasados +agravios es que vuesa merced me acepte como yerno.</p> + +<p>En este punto, apareció doña Eulalia al lado del galán. Estaba linda en +extremo, muy elegante y ricamente engalanada con magníficas joyas, y +manifestando en el rostro juvenil y ruboroso gran satisfacción y +contento. ¿Qué había de hacer don César? Consintió en todo y abrazó +cariñosamente a sus hijos, no sin exclamar, mirando al capitán +detenidamente:</p> + +<p>—Válgame Dios, muchacho, ¡y cómo has crecido y embarnecido en este +decenio! ¿Quién al pronto había de reconocer en ti al rubio y travieso +monaguillo de Capuchinos que repicaba tan bien las campanas?</p> + + +<p class="head">III</p> + +<p>No bastó la respetuosa consideración que fray Antonio inspiraba al padre +guardián, para que éste se callase y no dijese claro que, si no había +habido demonio, tampoco había habido duende, y que todo había sido +farsa.</p> + +<p>Fray Antonio quiso entonces justificarse, y antes de volver a Madrid, +donde habitualmente residía, habló al padre guardián como sigue:</p> + +<p>—No sólo ha habido duende sino uno de los duendes más poéticos que en +este mundo sublunar puede darse. Era ella tan pura, tan cándida y tan +ignorante de lo malo, que a los quince años parecía ángel y no mujer. Él +era bueno y sencillo como ella. Ambos se amaban con la más ardiente +efusión de las almas, sin la menor malicia, sin que la dormida +sensualidad en ellos despertase. Anhelaban unirse en estrecho y santo +lazo: vivir unidos hasta la muerte, como en unión castísima habían +vivido desde la infancia. A esto se oponía el desnivel de posición +social. Menester era que Periquito ganase posición, nombre, gloria y +bienes de fortuna. Al separarse para irse él a dar cima a su empresa, +sin estímulo vicioso, con inocencia de niños y con fervoroso amor del +cielo, se unieron sus bocas en un beso prolongadísimo. Sin duda se +interpuso entre labios y labios una levísima chispa de éter, átomo +indivisible, germen de inteligencia y de vida. El fuego abrasador de +ambas almas enamoradas penetró en el átomo, le dio brillantez y tersura, +y cuanto hay de hermoso y de noble en el mundo, vino a reflejarse en él +como en espejo encantado que lo purifica y lo sublima todo. Los santos +anhelos de amor de él y de ella, se fundieron en uno; y, sin +desprenderse enteramente de ambas almas, tuvieron en la misteriosa unión +ser singular y substancial suyo y algo a modo de vaga, indecisa y propia +conciencia. Se separaron los amantes. Él fue muy lejos; peregrinó y +combatió. Durante diez años, no supieron ella de él, ni él de ella, por +los medios ordinarios y vulgares. Pero el unificado deseo de ambos, el +duende que nació del beso, con pintadas alas de mariposa y con la +rapidez del rayo, volaba de un extremo a otro de la tierra: y ya se +posaba en ella, ya en él, y hacía que se estrechasen como presentes, y +renovaba el casto beso de que había nacido, no como recuerdo vano, sino +como si nuevamente y con la misma o con mayor vehemencia ellos se +besaran. No dude, pues, vuestra reverencia de que el tal duende existe o +ha existido. ¿Cómo explicar sin él la tenaz persistencia, durante diez +años, de los mismos amores? El deseo no era sólo de ella. El deseo no +era sólo de él. En ambos estaba, pero, al unirse, se separó de ambos, +creando la unión un ser distinto. Este ser no tiene ya razón de ser: +desaparece, pero no muere. No debe decirse que ha muerto o que va a +morir la chispa inteligente, enriquecida con la viva representación de +toda la hermosura de la tierra y del cielo, cuando, cumplida la misión +para que fue creada, se diluye en el inmenso mar de la inteligencia y +del sentimiento, que presta vigor armónico, y crea la luz y hace +palpitar la vida en la indefinida multitud de mundos que llenan la +amplitud del éter.</p> + +<p>Fray Domingo oyó con atención todo esto y mucho más que dijo fray +Antonio, y acabó por convencerse de que había duendes; unos prosáicos, +otros poéticos como el de D. Pedro y doña Eulalia, sin que la teoría de +fray Antonio pugnase en manera alguna con la verdad católica, pues +redundaba en mayor gloria de Dios, hasta donde alcanza a concebirla el +limitado entendimiento humano.</p> + + +<div class="imagen"><a name="EL_ULTIMO_PECADO" id="EL_ULTIMO_PECADO"></a><img src="images/ill_008.png" +width="95%" +alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div> + +<h2>EL ÚLTIMO PECADO</h2> + +<hr class="pre" /> + +<p class="head">(NOVELA CORTA)</p> + + +<p class="head">I</p> + +<p>E<span class="smcap">l</span> Sr. D. Emilio Cotarelo es un erudito de notable ingenio y de muy buen +gusto, a quien debemos estar agradecidos y dar grandes alabanzas los +aficionados a la amena literatura y a todas las artes de la palabra. Sus +libros nos maravillan por la diligencia y el tino con que el autor ha +sabido recoger noticias. Sus libros enseñan mucho y deleitan más. +Natural es que sean leídos, comprados y celebrados.</p> + +<p>Los ha compuesto ya el Sr. Cotarelo sobre don Enrique de Villena, sobre +el conde de Villamediana y sobre el gran poeta Tirso. Pero lo que ahora +me mueve a hablar de este escritor es la serie de estudios que está +publicando sobre actores y actrices del siglo pasado. Ya han salido a +luz la vida de la divina María Ladvenant, y más recientemente la vida de +<i>La Tirana</i>. Ambas obras tienen mayor interés que las novelas, y más +que novelas parecen intrincadas selvas de aventuras, lances y casos +raros. Al leerlos, no podemos menos de exclamar casi con envidia. +¡Vamos, vamos, no dejaban de divertirse nuestros morigerados abuelos!</p> + +<p>Y lo que es para mí el mayor mérito que tienen los libros de que voy +hablando, es ser muy <i>sugestivos</i>. El autor no cuenta ni afirma nada sin +probar su exacta verdad con documentos fehacientes. Quedan, pues, por +contar o apenas indicados entre renglones, mil sucesos importantes y +ocultos, los cuales explican o pueden explicar otros cuyas causas no +vislumbramos, porque el Sr. Cotarelo, como historiador severísimo y +veraz, tiene que dejarnos a media miel, sin decir como cierto lo que no +está evidentemente demostrado, aunque se presuma y haya acerca de ello +rastros e indicios. Siguiéndolos, voy a permitirme yo poner aquí algo +muy importante de la vida de <i>La Caramba</i>, que el Sr. Cotarelo, por +virtud de su severidad histórica, no ha podido menos de dejarse en el +tintero, tal vez a pesar suyo.</p> + + +<p class="head">II</p> + +<p>El 8 de Septiembre de 1785, día en que celebra la iglesia la Natividad +de la Virgen Santísima Nuestra Señora, en vez de acudir al templo a +rezar sus devociones, la desenfadada María Antonia Fernández bajó a +pasear en el Prado, a provocar a los galanes y a escandalizar, según +tenía de costumbre. Estaba en lo mejor de su edad, como sol que culmina +en el meridiano; famosa por sus conquistas y celebrada por su gracia, +por su primor en el vestir, por su gallardo cuerpo, por su andar airoso +y por su marcial y bulliciosa desenvoltura. Iba aquel día bizarramente +ataviada: brial de raso azul, justillo recamado de seda y oro y bien +peinada la negra y undosa mata de pelo, sujeta en rodete en lo alto de +la gentil cabeza por rascamoño de oro, lleno de piedras preciosas.</p> + +<p>Completaban su tocado el lindo adorno que ella inventó y al que dio su +nombre de guerra, llamándole <i>La Caramba</i>, y una mantilla blanca de +preciosa y ligera blonda de Almagro.</p> + +<p>De repente se obscureció el cielo; se levantó terrible tempestad; el +aire silbaba y formaba remolinos; deslumbraban los relámpagos, y los +truenos espantosos ensordecían y aterraban. Se abrieron luego las nubes +y abundante lluvia, un verdadero diluvio, empezó a caer sobre la tierra. +No había coche ni silla de manos en que irse, y María Antonia Fernández, +alias <i>La Caramba</i>, se refugió en la iglesia de Capuchinos del Prado, +donde se celebraba en aquel momento una solemne función religiosa. +Predicaba fray Atanasio, predicador tan elocuente como severo. El horror +de la tempestad que continuaba y crecía, las frases tremendas con que el +padre fustigaba los vicios y con que describía las penas eternas que +Dios justiciero les impone y tal vez asimismo el devoto cuadro de Lucas +Jordán, que en aquella iglesia se parecía, representando a la Magdalena +a los pies de Cristo, todo compungió por tal arte a la bella pecadora, +penetrando en sus entrañas como agudas saetas de fuego, que se llenó de +atrición y aun de contrición, sintió que el Altísimo la llamaba a sí y +como por milagro quedó convertida.</p> + +<p>María Antonia Fernández no volvió a pisar las tablas, hizo desde aquel +punto vida retirada y ejemplar; y la amargura de su arrepentimiento +tardío, las duras mortificaciones con que se castigó ella misma y la +vergüenza y el profundo pesar que el recuerdo de sus pecados le causaba, +acabaron pronto con la salud de su cuerpo, concediéndole en cambio la +salud del alma.</p> + +<p>Todo esto es perfectamente histórico, notorio y sabido entonces en +Madrid, y recordado ahora con puntualidad por el Sr. Cotarelo. Lo que yo +voy a referir como apéndice es lo que generalmente se ignora.</p> + + +<p class="head">III</p> + +<p>Cualquier pecado mortal es abominable, pero cuando el pecado no +contamina a ningún sujeto inocente y puro y no le aparta de la senda de +la virtud, su malicia es mucho menor que cuando extiende su pernicioso +influjo sobre criaturas humanas, y cuando todo lo inficiona y corrompe. +María Antonia Fernández, aunque arrepentida y llorosa, tenía el consuelo +de no haber pecado nunca en este segundo sentido. Cuantos habían caído +en sus redes y habían sido con ella pecadores, estaban pervertidos muy +de antemano, de modo que ella no agostó ninguna virtud en flor, ni +remedando al demonio robó ángeles al cielo para llevárselos consigo. A +María Antonia no remordía la conciencia, sino de su propia perdición y +no de haber procurado la ajena.</p> + +<p>Sólo en una ocasión se mostró ella propicia a cometer tan doble y feo +delito, pero se frustró y quedó en conato, gracias a la entereza de un +sujeto y sobre todo, gracias a la misericordia divina. Con horror +recordaba <i>La Caramba</i> aquel caso.</p> + +<p>El duque de Campoverde, a quien llamo así para ocultar su verdadero +título, protegía y albergaba en su casa a un sobrino suyo, tan ilustre +como pobre, llamado D. Jacinto de la Mota, gallardo mancebo en la +florida edad de veinticuatro años, elegantísimo, discreto y agradable +por todo extremo. Y lo más singular y raro que en él había era su +espiritual e inmaculada limpieza. No pocas damas desaforadas tenían el +descoco de reír y burlar sobre su condición arisca, apellidándole el +nuevo Hipólito y tal vez sintiendo el prurito de remedar a Fedra con +mejor éxito y ventura.</p> + +<p>El duque, viejo alegre y algo librepensador, y dos amigos suyos, muy +curtidos y versados en aventuras ligeras y galantes mortificaban de +continuo a D. Jacinto, ridiculizando su honesto recato y urdiendo tramas +y buscando ocasiones peligrosas en que de todo punto le perdiese.</p> + +<p>Conjurados para tan inicuo fin, buscaron el poderoso auxilio de <i>La +Caramba</i>. Hubo una cena, a la que asistió D. Jacinto, ignorando lo que +iba a haber en ella, y le sentaron al lado de la seductora actriz, bella +como nunca aquella noche, con leves y casi transparentes vestiduras, y +adornados sus brazos y su desnuda y cándida garganta con ricos +brazaletes y espléndido collar de perlas.</p> + +<p>Pasaré aquí de largo, a fin de que nadie tilde de licencioso este +escrito, sobre las infernales artes con que <i>La Caramba</i>, industriada +por los tres libertinos, excitado su amor propio, anhelante de la +victoria, y prendada además de la gallardía e inocencia del casto mozo +se esforzó por avasallarle y rendirle a todo su talante. Don Jacinto +estuvo más firme que una roca; eclipsó casi la memoria del hijo +predilecto del patriarca Jacob, todo ello con tal dignidad y tan sin +melindres ni remilgos, que la risa y la chacota, que el tío y sus dos +amigos empezaron a mostrar, hubo pronto de trocarse en admiración y +respeto. Desde entonces dejaron tranquilo al mozo, sin fastidiarle y sin +embromarle más con disolutas disertaciones e impuras acechanzas.</p> + +<p>Lo que resultó de este frustrado delito, del que no pudo menos de tener +noticia la sociedad elegante y aristocrática de Madrid, fue la fama casi +de santidad con que resplandeció D. Jacinto, a quien se dieron a +reverenciar las señoronas devotas, citándole como modelo. Y resultó +también, y este fue más profundo resultado, un alto aprecio, una amistad +sublime y una extraordinaria gratitud en el generoso corazón de la +mujer desdeñada. Porque el mozo, al rechazarla con energía, no faltó en +lo más mínimo a cuanto cumple a todo cortés caballero, y nada dijo ni +hizo que exacerbase el desdén y que pudiera ser considerado como +injuria. Antes bien, con dulces y piadosas palabras suavizó lo agrio del +desvío, y vertió en la herida que acababa de abrir bálsamo celestial de +consuelo.</p> + +<p>Con tal eficacia penetraron en el centro íntimo del alma de María +Antonia Fernández estos sentimientos delicados que me atrevo a sospechar +que predispusieron a aquella mujer para que a poco, estimulada por la +tempestad, por el sermón elocuentísimo del padre Atanasio, y hasta por +la pintura de la Magdalena, se obrase de súbito su conversión milagrosa. +Aquellos nobles sentimientos fueron como abejas, que empezaron por +clavar sus punzantes aguijones en el pecho de <i>La Caramba</i>, y después +labraron en su centro panal suave de místicas flores.</p> + +<p>Lo cierto es que María Antonia y D. Jacinto quedaron amigos y que la +amistad hubo de estrecharse no bien se convirtió María Antonia. Nadie la +veía ni en paseos, ni en teatros, ni en toros, ni en verbenas y veladas. +Iba solo a las iglesias, humildemente vestida con basquiña y negro manto +de beata. Sólo un hombre además de su confesor, hablaba ya en ocasiones +con ella. Este hombre era D. Jacinto. Ora se hablaban en la misma +iglesia de Capuchinos, donde fue la conversión de ella y donde ambos +solían asistir; ora acudía él a casa de la actriz, si bien con prudente +recato para evitar la maledicencia.</p> + +<p>No podía ésta tener el menor fundamento, pero la malicia humana levanta +en el aire castillos de torpes embustes, y conviene evitar que la +malicia los levante y se haga fuerte en ellos.</p> + +<p>María Antonia Fernández se sentía atraída hacia D. Jacinto por un afecto +angelical y todo del espíritu, y se lisonjeaba además de que afecto no +menos puro impulsaba a D. Jacinto a venir a visitarla.</p> + +<p>Sus pláticas eran edificantes y propendían a lo místico, pero María +Antonia distaba mucho de caer ni de tropezar siquiera en el error de los +<i>alumbrados</i>. Para precaverse, leía con frecuencia los <i>Desengaños</i>, del +Padre Arbiol. Y por otra parte, si algo había en su mente y en su +corazón de que, después de examinarlo, su conciencia pudiera tener +escrúpulos, era un leve asomo de complacencia, al imaginar o al notar +que, si no había triunfado pecaminosamente de aquel mozo por los +sentidos, había logrado elevar su alma ya purificada hasta el alma de +él, enlazándolas con amistoso y casto lazo.</p> + +<p>Aquel nuevo género de vida daba al espíritu de María Antonia grata paz y +regalo; pero la austera crueldad con que trataba ella su cuerpo, los +ayunos, las largas vigilias, el cilicio con que maceraba su carne, y +acaso la dura disciplina con que se atormentaba en su más secreto +retiro, quebrantaron tanto su salud, que cayó gravemente enferma, y +estuvo, durante tres meses, postrada en el lecho y a punto de exhalar +el último suspiro.</p> + +<p>La ciencia de un buen médico y el cuidadoso esmero de su criada Juana, +lograron conservar su vida y devolverle la salud.</p> + +<p>Durante la enfermedad y más aún en la convalecencia, en voz baja, al +oído, tiñéndose sus pálidas mejillas de leve color de rosa, preguntaba +ella con frecuencia a Juana:</p> + +<p>—¿Ha venido a saber cómo estoy? ¿No le has visto? ¿No ha hablado +contigo?</p> + +<p>Contrariada y afligida Juana, tenía que confesar que D. Jacinto no había +parecido por aquella casa; no había enviado, al menos a un criado, a +informarse de cómo estaba la enferma.</p> + +<p>Por último, <i>La Caramba</i> supo una novedad imprevista. La marquesa viuda +de Montefrío, prendada de las virtudes de D. Jacinto, y después de oír +los consejos e informes del Padre Atanasio, su confesor, había decidido +tomar a don Jacinto para yerno, casándole con su hija, la marquesita, +heredada ya y señora de una renta anual de más de veinte mil ducados. Se +afirmaba que la marquesita era fea y tonta; pero prevaleció la razón de +estado; todo se concertó pronto y bien, y D. Jacinto de la Mota era ya +rico y marqués de Montefrío.</p> + + +<p class="head">IV</p> + +<p>Honda melancolía se apoderó del alma de María Antonia. Y sin embargo, +ella se esforzaba por disculpar a su amigo. El matrimonio, pensaba, no +es para santificar por medio del Sacramento el deleite y la satisfacción +de una pasión amorosa: es, en todos los que le contraen, para cumplir +con una obligación y servir a Dios en aquel estado: y es, además, en los +nobles, para conservar y perpetuar el lustre y decoro de sus familias, y +sus apellidos y títulos, gloria y ejemplo de la patria e inmediato +sostén de las bien concertadas monarquías. Así se explicaba María +Antonia que D. Jacinto, severamente, sin amor y en cumplimiento de +deberes impuestos por su nobleza, se hubiese al fin casado.</p> + +<p>Esto discurría para disculpar a su amigo, pero se afligía de no verle, +de no conversar con él y de la soledad y del abandono en que la había +dejado.</p> + +<p>En medio de su pena, pudo tanto aún la briosa mocedad de María Antonia, +fortalecida por el modo de vivir, menos duro y penitente que su larga +convalecencia le había impuesto, que vino al cabo a encontrarse de nuevo +sana y hermosa.</p> + +<p>Vehemente deseo de volver a ver a D. Jacinto dominó entonces su alma. +Sin dejar su humilde traje de beata, pero, con extremada, pulcra e +inconsciente diligencia, peinado el undoso cabello y acicalada toda su +gentil persona, <i>La Caramba</i> acudió de diario a rezar en la iglesia de +Capuchinos y a pasar allí largas horas.</p> + +<p>No se lo confesaba, no quería confesárselo; pero tal vez recelaba con +miedo que no era sólo la devoción la que allí le llevaba, sino también +la esperanza de volver a ver a D. Jacinto.</p> + +<p>Y la esperanza se cumplió. María Antonia volvió a verle; mas ¡ay! ¡cuán +diferente del que antes era! Había descendido de un coche lujoso y +llevaba al lado a la señora marquesa, su mujer, muy engalanada y muy +fea.</p> + +<p>María Antonia cerró involuntariamente los ojos para no ver aquello; y +para no ser vista, se echó muy a la cara el manto y se arrimó a la pared +en el lugar del templo que le pareció más sombrío.</p> + +<p>María Antonia volvió, no obstante, a la iglesia de Capuchinos. No +deseaba ya ver a D. Jacinto en compañía de la marquesa. Deseaba verle +solo y hablarle. Tardó en cumplirse su deseo, mas se cumplió por último.</p> + +<p>Don Jacinto, saliendo de la sacristía, atravesó el templo. Ella le vio y +salió antes que él y le aguardó a la puerta, entre varios mendigos que +pedían limosna. La palidez limpia y mate de su rostro tenía soberano +hechizo y sus negros y rasgados ojos brillaban como dos soles de luto.</p> + +<p>Iba tan distraído el flamante marqués que no reparó en ella, hasta que +al ir a pasar la tocó con el hombro. Viola entonces y se paró encarnado +como la grana.</p> + +<p>—Ingrato—exclamó ella—te aguardaba aquí para cerciorarme de que no me +has olvidado del todo y para pedirte la limosna de una mirada y el favor +y la honra de que te dignes hablarme todavía.</p> + +<p>—Estoy casado—dijo él, y en el tono con que pronunció aquellas +palabras, se mostraba el temor de que alguien le viese con ella.</p> + +<p>Don Jacinto, con todo, parecía más mundano y menos timorato que de +soltero. Se diría, y ella lo sospechó de repente, que D. Jacinto casi +había desechado su mogigatería, logrado ya el fin principal que le había +movido a tenerla. María Antonia, por primera vez después de su +conversación y olvidada de su conversión, le dirigió entonces una mirada +larga, fogosa, dulce y llena de promesas. Aproximando luego su rostro al +de él, hasta el punto de que penetró por su boca y por sus narices el +aliento de ella, dijo ella quedito y con desmayada dulzura:</p> + +<p>—Ven de noche a casa. Nadie te verá y no lo sabrá nadie.</p> + +<p>En seguida María Antonia le volvió la espalda y se apartó de aquel +sitio.</p> + + +<p class="head">V</p> + +<p>Salieron a relucir las galas y las joyas que se custodiaban en el fondo +del arca. María Antonia no parecía ya la penitente. Estaba vestida, +harto ligeramente vestida, como en la noche de la tentación y de la +cena. Había vuelto la espalda a Dios y dádose de nuevo al diablo. Estaba +perfumada su estancia, y lucían en ella los primorosos presentes de sus +antiguos amadores y el lujo de la plata labrada.</p> + +<p>Don Jacinto no dejó de acudir a la cita. Era ya otro hombre. Había +desechado la máscara del misticismo. Hasta el recuerdo de la fealdad y +de la tontería de su consorte estimulaba su liviano deseo. Para +disculpar su ingratitud, brotaron de sus labios entrecortadas frases. +Después pronunció ardientes palabras de amor, y roto ya el freno de su +bien utilizada hipocresía, se abalanzó a María Antonia, que le atraía +con los ojos y le embelesaba con blanda risa, medio abierta la húmeda +boca y dejando ver los iguales y apretados dientes, que parecían dos +hilos de perlas.</p> + +<p>El la estrechó frenéticamente entre sus brazos y buscó los labios de +ella con sus labios.</p> + +<p>Con ambas manos, María Antonia le rechazó tan violentamente, que faltó +poco para que le derribase por el suelo. No parecía mujer, sino +furibunda leona. No era la lánguida y complaciente enamorada: ni era +tampoco la penitente mística; era la maja de rompe y rasga, insolente y +soberbia, capaz de herir con groseros y ponzoñosos insultos, y capaz de +matar con la llama fulmínea de sus ojos, cuando no con puñales.</p> + +<p>—Vete, huye—exclamó—apártate de mi presencia. No pienses que la +amistad y la admiración que me infundiste con tus embustes, se ha +trocado en amor lascivo. Se ha trocado en asco. Si continúas aquí +corres peligro de que te asesine. Sólo muriendo a mis manos y no +gozándome conseguirás ya arrojarme en el infierno. Vete, repito; es un +hurto ruin el que intentas, dándome tu alma y tu cuerpo vendidos ya para +siempre y sin rescate a ese espantajo de mujer que te da título y +dinero.</p> + +<p>Don Jacinto pensó que <i>La Caramba</i> se había vuelto loca. Si no de su +material violencia, tuvo miedo del alboroto, del escándalo y de la +resonancia ridícula que podía tener aquella escena, si se prolongaba. +Huyó, pues, casi despavorido. Y como era hombre que entendía bien su +interés y su conveniencia, pero que de almas sabía poco, jamás llegó a +comprender ni a darse cuenta de las singulares transformaciones del alma +de María Antonia, convertida de súbito de libre cortesana en austera +penitente, y de austera penitente en algo a modo de vengadora y +aterradora Furia.</p> + +<p>Cuando María Antonia se vio libre de la presencia de D. Jacinto, quedó +inmóvil y de pie por algunos instantes: rompió luego en insana risa y en +descompuesta y nerviosa carcajada; y por último, se arrojó al suelo, +retorciéndose, derramando un mar de lágrimas y balbuceando entre dientes +el <i>yo, pecadora</i>.</p> + +<p>De allí en adelante no volvió a pecar María Antonia, ni en pensamiento +ni en acto. Persistió en sus rezos; redobló sus vigilias, ayunos y +mortificaciones y logró, pocos meses después, temprano y dichoso +tránsito a mejor vida.</p> + + +<div class="imagen"><a name="EL_SAN_VICENTE_FERRER_DE_TALLA" id="EL_SAN_VICENTE_FERRER_DE_TALLA"></a><img src="images/ill_009.png" +width="95%" +alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div> + +<h2>EL SAN VICENTE FERRER DE TALLA</h2> + +<hr class="pre" /> + +<p class="head">(PALINODIA)</p> + + +<p>E<span class="smcap">n</span> la capilla de la hermosa quinta que posee el marqués de Montefico en +las cercanías de Valencia, hay una devota y diminuta imagen de San +Vicente Ferrer, esculpida en madera y bien pintada luego. Se debe esta +obra al ilustre escultor D. Manuel Alvarez, a quien sus contemporáneos +llamaron <i>el griego</i>, por su habilidad para imitar los grandes modelos +que del arte de Fidias nos dejó la antigüedad clásica. Elegante ornato +del Prado es aún la fuente del Apolo y de las cuatro estaciones, trabajo +del escultor susodicho; pero mayor talento e inspiración mostró en el +San Vicente de que voy hablando y que pocos conocen. El Santo está +representado muy joven aún. Su cabeza es hermosísima y tiene noble +expresión de triunfante alegría, como si acabase de alcanzar una gran +victoria. En el rostro de esta efigie, alta toda ella de poco más de +veinte centímetros, se diría que Alvarez ha procurado reproducir el +júbilo orgulloso del Apolo de Belvedere, después de haber dado muerte +con sus flechas a la serpiente monstruosa, si bien la humildad cristiana +refrena el orgullo y calma el júbilo del Santo con la consideración de +que él no ha vencido por su mérito propio, sino por la gracia y el favor +del cielo. Asimismo se nota en el rostro del Santo cierto vergonzoso +rubor, por donde se barrunta que la victoria que ha ganado ha sido en +combate espiritual contra el tercer enemigo del alma, según lo refiere +el Padre Rivadeneira, hablando de aquella hembra insolentísima, que +quiso tentar y rendir al Santo y dio ocasión para que se le llamase <i>el +que no se quemó en medio del fuego</i> y para que se le comparase a los +tres mancebos del horno de Babilonia, de quienes habla Daniel profeta.</p> + +<p>La efigie, en suma, sobre poseer muy notable valer artístico, es digna +de consideración por causas nada comunes. En el pecho, en el sitio bajo +el cual debe de estar el corazón, lleva clavado un puñalito de fuerte +acero y agudísima punta. Todo él, menos la empuñadura de oro, ha +penetrado en la madera, impulsado por mano sacrílega. Y cuenta la gente +piadosa que, todavía a principios de este siglo, se realizaba en la +mencionada efigie un singular milagro. Todos los años, el 8 de +Septiembre, día de la Natividad de la Virgen Nuestra Señora, una gotita +de color rojo, a modo de sangre, manaba de la herida. No ha de +extrañarse que el prodigio no se realice hoy, porque no merecen verle +los que de fe carecen.</p> + +<p>Como quiera que ello sea, la linda efigie atrae mucho la atención, y más +cuando llega a saberse que entre los documentos existentes en el archivo +de la casa del marqués hay un escrito de don Melchor de la Mota, tío del +marqués actual y cuarto hijo del abuelo de éste, D. Jacinto, donde se +refiere la historia de la imagen y se explica el suceso de la herida que +lleva en el pecho. El escrito que pongo aquí, ya copiando y ya +extractando o saltando no pocos párrafos, es como sigue:</p> + +<p>La admirable escultura de D. Manuel Alvarez, que representa a San +Vicente Ferrer, vino a poder de mi madre en el año de 1801. Se la legó +al morir el reverendo padre capuchino fray Atanasio, que la custodiaba +en su celda desde el año de 1785. Mi madre, que era discreta y callada, +o no sabía o aparentaba no saber del San Vicente sino el nombre del +autor, su mérito como objeto de arte y la inmediata procedencia por +donde llegó a sus manos. De sobra reconocía además, y no lo disimulaba, +que el artista había tomado para modelo de su Santo el bello y noble +rostro del marqués, marido de ella, y le había retratado con fidelidad +pasmosa.</p> + +<p>En varias conversaciones que tuve con el Padre Atanasio, ya muy viejo y +que me estimaba y quería mucho, logré entender y rehacer en mi mente la +historia toda de la imagen y de cuanto a ella se refiere. Y como es +curioso y no redunda en perjuicio, sino más bien en honra de mi padre, +voy a dejarlo consignado por escrito en el archivo de nuestra casa.</p> + +<p>D. Jacinto de la Mota jamás fue hipócrita ni falso en sus devociones, ni +en la austeridad de su vida. Educado severamente, muy correcto en todo y +guiado por el santo temor de Dios, cumplía con sus deberes, sin el menor +asomo de jactancia. Así como no le arredraban las burlas que de él +pudieran hacer los libertinos, tampoco calculó jamás la honra y el +provecho mundanos que su recato y demás virtudes pudieran acarrearle. +Cuando se libró de los lazos que el duque de Campoverde y otros amigos +le tendieron, valiéndose de María Antonia Fernández, alias <i>la Caramba</i>, +hizo lo que hizo por su delicadeza de sentimientos y por repugnancia a +toda sensual grosería, sin pensar en la buena fama que ganaba.</p> + +<p>Tan convencida quedó <i>la Caramba</i> de la sinceridad de D. Jacinto y tan +prendada de las dulces palabras con que él mitigó la amargura de su +desdén, que el vicioso prurito con que ella acudió a seducirle, se +transformó en verdadera y profunda pasión amorosa.</p> + +<p>Por aquel tiempo, el escultor D. Manuel Alvarez, que visitaba con +frecuencia al duque de Campoverde, oyó contar a éste lo que había pasado +entre D. Jacinto y <i>la Caramba</i>, e inspirado en aquel suceso, hizo la +diminuta imagen de San Vicente, poniéndole por rostro el de D. Jacinto, +que acertó a retratar fielmente de memoria.</p> + +<p>Hubo de saber María Antonia Fernández que D. Manuel Alvarez había +terminado tan linda obra y resolvió adquirirla a toda costa para sí, +como lo realizó en efecto, pagándosela bien al escultor, el cual no +quiso ni pudo negarse a ello.</p> + +<p><i>La Caramba</i>, aunque ya sublimemente enamorada de D. Jacinto, distaba +mucho aún de haberse convertido. Como no pocas mujeres aventureras y de +vida muy rota, estaba llena de extravagantes supersticiones. Creía amar +y amaba con frenesí a D. Jacinto y aspiraba a ser amada de él por +cualquier medio. Su amor adquiría a veces la condición del odio y a +veces tomaba el aspecto de la abnegación y del sacrificio. <i>La Caramba</i>, +ya quería matarle, ya quería morir ella por amor de él; pero de todos +modos ansiaba ser amada.</p> + +<p>Consultó a una famosa gitana hechicera, que había entonces en Madrid, y +esta gitana le vendió el puñalito con puño de oro para que le clavase en +el corazón de la efigie, como <i>la Caramba</i> lo hizo. No por eso conquistó +ella el vivo y verdadero corazón de D. Jacinto. Y movida, poco tiempo +después, de sus pasiones y desengaños, y de un muy elocuente sermón que +oyó por acaso al Padre Atanasio, en el convento de Capuchinos, abandonó +la desastrada vida que hasta entonces había seguido y se volvió a Dios +de todas veras.</p> + +<p>Pronto llegaron a oídos de D. Jacinto las nuevas de conversión tan +ejemplar y milagrosa, y de aquí nació la mayor falta que en su vida +cometió D. Jacinto, estimulado, sin duda, por el demonio del orgullo, +el cual demonio hubo de prevalerse de sentimientos, muy otros, llenos de +caridad y misericordia.</p> + +<p>Consistió el orgullo en no tener miedo de caer en la tentación y en +atreverse a arrostrar los peligros, y consistió la caridad +misericordiosa en admirarse del cambio repentino de aquella mujer +pecadora, en compadecer el dolor agudo y tremendo que para la conversión +la había apercibido, y en la irresistible simpatía de que se dejó +vencer, yendo a tratar con ella de cosas del espíritu y a darle amistad +pura y grato consuelo.</p> + +<p>Don Jacinto se alucinó de tal suerte, que ni por un instante pensó que +en esto pecaba; pero un día habló de ello al padre Atanasio, su +confesor, y habló, no como revelándole una culpa suya, sino para +ponderar la virtud penitente de <i>la Caramba</i> y para tratar de que el +padre Atanasio la conociese y admirase.</p> + +<p>Entonces fue cuando el padre Atanasio pintó ante los ojos de su alma y +con colores muy vivos, el peligro espantoso de caer en pecado mortal a +que él y María Antonia Fernández se exponían, y le prohibió resuelta y +terminantemente que volviese a visitarla y a tratar con ella.</p> + +<p>Obedeció don Jacinto, no sin combatir enérgica y dolorosamente contra la +amistad y contra la pura simpatía que María Antonia Fernández le había +inspirado.</p> + +<p>Nada más natural; nada con menos premeditación y malicia que lo ocurrido +después de esto.</p> + +<p>La envidia calumniaba a la joven marquesita de Montefrío, sin otra +razón que la de ser ella rica e ilustre. Educada con el mayor +recogimiento, tímida y silenciosa, sin el menor esmero en trajes y +tocados de moda y sin desenfado alguno en sus ademanes y conversaciones, +la marquesita fue declarada harto injustamente tonta y fea. No era ni lo +uno ni lo otro. No avergonzarse, sino bien podía envanecerse quien +llegase a tenerla por suya. Y de cierto había entonces, en esta villa y +corte de Madrid, no pocas damas de alto copete, cuyo talento y cuya +hermosura eran muy inferiores a los de la marquesita; pero que +completaban con el desenfado la carencia o la escasez de tan altas +cualidades, e infundían vehementes pasiones y eran heroínas de mil +galantes aventuras.</p> + +<p>El casamiento, cristianamente considerado, no presupone historia +amorosa, por muy delicada y limpia que sea. Es más bien un contrato, +purificado, santificado y sancionado por la religión, cuyo fin principal +es la fundación de las familias, la educación de los hijos y la +conservación de los linajes. Tan cumplir con un deber es casarse como +entrar en religión. Esto prueba que puede la persona honrada y piadosa +servir a Dios en cualquier estado. Así lo entendió don Jacinto. +Respetables individuos de su familia y de la familia de la marquesita +concertaron la boda de ambos. Apenas se vieron ellos y apenas se +hablaron tres o cuatro veces: lo bastante para reconocer que no había +motivo para que ellos se repugnasen el uno al otro, sino que, por el +contrario, el mutuo agrado, la satisfacción vanidosa de tener por +consorte a una persona de gentil presencia y el pleno convencimiento de +la inmaculada reputación de esta persona, todo coincidía con la +conveniencia de intereses y de miras que había en el proyectado +casamiento, en cuyos conciertos intervino más que nadie el padre +Atanasio.</p> + +<p>En suma, don Jacinto se casó con la marquesita y de pobre hidalgo que +era se transformó en rico señor titulado; pero en cierto modo pudo +seguir llamándose pobre de espíritu, porque poseyó la riqueza como si no +la poseyese; cuidó de los bienes cuantiosos de su mujer, más como celoso +administrador que como propietario y dueño de ellos; y a su muerte, que +no fue tardía, porque murió a los trece años después de la boda, había +acrecentado de tal manera el caudal de la casa con su tino y su +economía, que de la parte de gananciales que a él tocaba pudo dejar y +dejó cerca de tres mil ducados de renta a cada uno de sus cuatro hijos.</p> + +<p>Yo, que redacto estos apuntes, soy el menor de ellos. Nada digo de mí +porque nada merezco; pero sí diré de mis tres hermanos que todos son muy +guapos, entendidos y capaces para la profesión que siguen; y que mi +hermana es el encanto y la gala de la corte, a quien ponderan y ensalzan +todos por su apacible y honesto trato, por su discreción y hermosura, +honrando y glorificando así la noble casa donde como cabeza y madre de +familia entró hace años.</p> + +<p>Bastaría mirar sin prevención todo esto, aunque se careciese de otras +pruebas, para entender que el marqués y la marquesa se amaron de verdad; +porque del enlace frío y por mero cumplimiento de un deber, no nace +jamás tan lucida y generosa prole.</p> + +<p>Asegurado esto, voy a declarar y a explicar aquí cuál fue la conducta +del marqués en sus relaciones con María Antonia Fernández, y cómo esta +conducta, si bien en ciertos puntos digna de censura, sólo en un momento +de vergonzoso extravío no dejó de conciliarse con el respeto y con el +verdadero y santo amor que consagró a su mujer la marquesa. Por lo +demás, la culpa del marqués fue castigada severamente por el cielo, +siendo el mismo marqués, con sus remordimientos y profundo y secreto +pesar, instrumento de aquel castigo.</p> + +<p>Mucho le amargaban y atormentaban las injuriosas frases, justas con él e +injustas con la marquesa, con que <i>la Caramba</i> le arrojó de su casa; +pero más le compungió y más honda herida hizo en su corazón lastimado, +un escrito que le dirigió <i>la Caramba</i>, arrepentida de las injurias.</p> + +<p><i>La Caramba</i> redactó aquel escrito poco antes de morir; y, legándole +además el San Vicente Ferrer de talla, se lo confió todo al padre +Atanasio. Este consideró conveniente que el marqués tuviese noticia del +escrito, pero no se le comunicó y le guardó entre sus papeles. El padre +Atanasio consintió en que yo le leyera y en que sacase de él la copia +exacta que aquí traslado.</p> + +<p>«Ilustre señor marqués, a quien ya no me atrevo a llamar amigo: Creo +cumplir con un deber de conciencia dirigiéndome a usía, para pedirle +perdón de las muchas faltas que he cometido en su daño. Ni remotamente +tenía yo derecho a imaginar que las caritativas visitas que usía me +hizo, después de mi conversión, más aparente que real, le enlazaban +conmigo, por ningún estilo, y le ponían en la obligación de consagrarse +a mi persona con amistad exclusiva y única y de ser constante compañero +mío en la penitencia, cuando nunca lo fue en el pecado. Mi extraña +conversión y el refinamiento vicioso de quien, sin caer en ello, era aún +enamorada pecadora, me inducían a deleitarme con aquellas visitas, a +aliñarlas con el sabor picante de un falso misticismo y con las +mortificaciones y castigos que yo imponía a mi cuerpo, y a saborearlas +regalándome y alimentándome con la dulzura de ellas, como si usía fuese +mi Dios y no el que está en el cielo.</p> + +<p>»De aquí mi descompuesta furia y mi loca desesperación cuando usía, +advertido a tiempo del peligro, dejó con razón de visitarme. Mi enojo +fue mayor aún cuando supe que usía se había casado; enojo absurdo, +porque usía ni me había prometido ni podía prometerme no casarse, para +ser fiel a las relaciones indefinibles en que soñé yo que estábamos. De +aquí que, rabiosa yo, maldijese de la marquesa, y ciega con mis celos me +la figurase un monstruo.</p> + +<p>»Y de aquí, por último, que olvidando y echando a rodar todas mis +penitencias, mis cilicios, ayunos y disciplina, me entregase yo de +nuevo al demonio, cuya esclava y servidora había sido durante mucho +tiempo. Y el demonio me prestó, sin duda, el poder sobrenatural y los +medios de seducción casi irresistibles, con los cuales tendí a usía mis +infernales redes, donde por vez primera logré que usía cayese, para +insultarle y maltratarle luego con infamia. Y más vale así, porque peor +hubiera sido que hubiésemos caído ambos en más honda sima y en pecado +más grave.</p> + +<p>»No me arrepiento, pues, de haber rechazado a usía: de lo que me +arrepiento es de haberle atraído con inaudita perfidia para rechazarle +luego. Cuando en esto pienso me doy a cavilar y a recelar que tal vez, +al principio, no hubo en mí perfidia, sino que me movió otra pasión, +cuando no peor, más peligrosa. ¿Me movió tal vez amor frenético y +desesperado? ¿Fue repentino y súbito el cambio en odio de este amor, +cuando le vi triunfante? El corazón de la mujer es un abismo de malvadas +inconsecuencias. Para abrazarme a mi ídolo le derribé del altar, y +cuando le vi por tierra, me llené de orgullo, y la adoración se trocó en +desprecio, y le pisoteé en lugar de recibir con júbilo y con vehemente +gratitud su beso.</p> + +<p>»En fin, más vale que haya sucedido todo como ha sucedido. Dios tenga +piedad de mí y perdone mis culpas. Conozco que se acerca la hora en que +me llamará Dios a su tremendo tribunal. Aun así, no puedo menos de +pensar en usía y de anhelar que usía me perdone. Yo he sido su ángel +malo, y me arrepiento de ello y lo deploro. Compadézcame usía; pero no +me llore, porque descansaré con la muerte. Y no permita el cielo que la +paz del alma de usía se turbe y que se obscurezca su luz, al pensar usía +en mi último pecado y en el único sin duda que usía cometió por mi causa +e instigado por mí y por todos los espíritus del Averno que me +auxiliaban entonces.»</p> + +<p>Así terminaba el escrito de <i>la Caramba</i>.</p> + +<p>En cuanto al marqués, solo el padre Atanasio, su confesor, supo lo que +padecía, recordando su fea, aunque momentánea falta, y pensando, ya en +el misterioso afecto que <i>la Caramba</i> le había inspirado, ya en la +singular pasión que tuvo por él aquella mujer, pasión que fue tomando +diversas formas y condiciones, que sin duda no extinguió el desengaño ni +la penitencia, y que no se desprendió del ser de ella hasta que se +desprendió de ella el alma al exhalar el postrer suspiro.</p> + + +<div class="imagen"><a name="GARUDA_O_LA_CIGUENA_BLANCA" id="GARUDA_O_LA_CIGUENA_BLANCA"></a><img src="images/ill_010.png" +width="95%" +alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div> + +<h2>GARUDA O LA CIGÜEÑA BLANCA</h2> + +<hr class="pre" /> +<p class="head">I</p> + +<p>E<span class="smcap">n</span> las fértiles orillas del azul y caudaloso Danubio, no muy lejos de la +gran ciudad de Viena, vivía, hace ya cerca de medio siglo, la Condesa +viuda de Liebestein, nobilísima y fecundísima señora. Al morir el Conde, +su marido, le había dejado en herencia muchos pergaminos, poquísimo +dinero, escasas rentas, abundantes deudas, y once hijos, entre varones y +hembras, el mayor de dieciocho años.</p> + +<p>La Condesa, con admirable economía, fue poco a poco pagando todas las +deudas del Conde, y halló además recursos para dar carrera a sus hijos +varones, que fueron militares, unos al servicio de Prusia, otros al de +Austria, y otros al de Baviera. Casó además con caballeros de su clase, +que todos eran Condes, y el que menos tenía dieciséis cuarteles, a +cuatro de sus hijas, condesas también desde su nacimiento.</p> + +<p>Conseguido tan difícil triunfo, la Condesa viuda vivía tranquila y +retirada en el castillo o mansión señorial que le había dejado en +usufructo y de por vida su difunto esposo.</p> + +<p>Las hijas, casadas, se habían ido con sus respectivos consortes. Los +hijos, militares, andaban por los campamentos, o de guarnición, o +asistiendo y sirviendo en distintas residencias imperiales y regias.</p> + +<p>La Condesa se hubiera quedado sola con su servidumbre, si el cielo no +hubiera dispuesto que el más alegre y entendido de sus hijos, cuando +apenas tenía doce años, hiciese la travesura de montar en un potro +cerril, que se despeñó y rodó con él por un barranco, dejándole lisiado +para siempre, y tan cojo, que difícilmente podía salir de casa, a no +tomar muletas, en vez de tomar las armas. El conde Enrique vivía en el +castillo; acompañaba a su madre, y, pensador y estudioso, se iba +haciendo gran sabio y leía mucho, porque en el castillo daba pábulo a su +afición una copiosa y escogida biblioteca, fundada hacía siglos por sus +antepasados y acrecentada de continuo.</p> + +<p>No pequeña parte del castillo estaba muy cómoda, elegante y hasta +ricamente amueblada aún, gracias al esmero cuidadoso de la Condesa +viuda. Tapices flamencos cubrían las paredes de dos amplios salones. Los +antiguos muebles se hallaban en perfecto estado de conservación. En las +alcobas había camas de roble primorosamente esculpido y con colgaduras +de damasco. Varios retratos de familia, de pomposas damas y de +caballeros armados, prestaban autoridad a las habitaciones y les ponían +muy aristocrático sello. Durante los fríos y las nieves invernales se +estaba allí muy a gusto, gracias a enormes chimeneas donde podían arder +troncos enteros de encina y a colosales estufas de loza vidriada que +había también en no pocos cuartos. Pero el edificio era vastísimo, y +proporcionalmente era pequeña la porción de él que se conservaba +amueblada y habitada. Largas y desiertas galerías, salas sin muebles, +pasadizos misteriosos y estrechas y torcidas escaleras que bajaban a los +profundos sótanos o subían hasta lo más alto de las torres, prestaban al +conjunto del edificio muy medroso aspecto y a la imaginación fértil y +extenso espacio donde crear fantasmas y sobrenaturales prodigios.</p> + +<p>Acostumbrada y encariñada la Condesa viuda con su antigua vivienda, +nada, sin embargo, temía. Al contrario, tal vez se hubiera complacido +ella en ver con los ojos de su cuerpo mortal y en hablar y en oír hablar +a varias almas en pena de los progenitores de su marido, las cuales +almas, según afirmaba el vulgo, solían aparecerse durante la noche, y +andaban vagando por los más recónditos camaranchones y obscuros +escondrijos de aquel laberinto arquitectónico.</p> + +<p>Tampoco el conde Enrique, algo descreído y volteriano, tenía miedo de lo +sobrenatural. Casi sobrenatural se consideraba él mismo. Vivía +artificialmente, merced a un severo régimen y a la atinadísima ciencia +de su médico. En su primera mocedad, y, a pesar de su cojera, había +gozado de mejor salud relativa, y había podido pasar largas temporadas +en Viena, asistiendo a las aulas y dedicándose al estudio. Empeoró +después su salud y se encerró tan obstinadamente en el castillo, que +nunca salía de él y acompañaba siempre a su madre. Por su carácter era +un ángel, y por su facha, a no ser tan bondadoso, hubiera parecido un +demonio, aunque por lo feo y pequeñuelo no dejaba de parecer un duende.</p> + +<p>El ser que iluminaba el castillo con esplendores de poética hermosura, +era la gentil Poldy, única hija de la Condesa viuda que permanecía +soltera, aunque frisaba ya en los veintiocho años.</p> + +<p>Como era muy distraída y muy corta de vista, y tenía, si es lícito +valernos de una expresión gráfica aunque harto vulgar, grandes humos +aristocráticos, apenas había tratado ni fijado siquiera la mirada en +individuo alguno de la humanidad circunstante, como no tuviese por lo +menos dieciséis cuarteles de nobleza. A los criados, a los campesinos y +a los desvalidos y pobres, sí los miraba, pero los miraba para +protegerlos y ampararlos hasta donde alcanzaban sus medios y recursos. +Lo que es de igual a igual, la condesa Poldy no trataba a nadie, ni +fijaba su atención en nadie como no fuera de su clase. Para excitar su +caridad, para pedir consejo o auxilio, toda criatura humana, por +miserable y desvalida que fuese, podía llegar hasta ella, segura de que +ella le tendería sin repugnancia sus blancas y piadosas manos, como las +de Santa Isabel, reina de Hungría, sobre la inmunda cabeza del tiñoso; +pero, si Poldy había de recibir a una persona en su estrado y conversar +familiarmente con ella, esta persona necesitaba contar, entre sus +ascendientes, héroes y príncipes, y ser además por sí atildado, culto y +perfecto dechado de cortesía, de discreción, y de otras mil raras +prendas.</p> + +<p>Alguien calificará tal vez a esta señorita de engreída, fastidiosa y +hasta inaguantable. Yo ni la defiendo ni la injurio. La pinto como ella +fue, sin quitar ni poner nada. Su orgullo, a la verdad, aunque es falta +que no merece disculpa, no carecía de fundamento, porque, sobre ser +Poldy de nobilísima estirpe y contar entre sus ascendientes a un héroe +que peleó en Legnano, al lado de Federico Barba-roja, contra el ejército +de la liga lombarda, y a otro que estuvo de cruzado en Palestina, con el +impío Emperador Federico II, era ella de por sí hermosa y discreta y de +tan fino temple de carácter y de tales bríos, que parecía una reina y +avasallaba todas las voluntades.</p> + +<p>Habían bastado sus breves apariciones en Viena, en casa de una tía suya, +para que se llevase a las gentes tras de sí y la proclamasen +<i>hauptcomtesse</i> o como si dijéramos Condesa capital o princesa y +capitana de las condesas todas.</p> + +<p>Es evidente que, siendo ella así, no había carecido de novios, entre los +señores de su clase; pero, como era tan descontentadiza y dificultosa de +gusto, ningún pretendiente le agradaba ni le satisfacía. Uno le parecía +tonto, otro ordinario, otro feo y otro vulgar. En suma, ninguno la +enamoró, y, repugnando casarse por casarse, sin estar enamorada, +permaneció soltera.</p> + +<p>Vivía casi siempre retraída en el castillo, donde no veía ni hablaba a +nadie más que a su madre, a su hermano y a las gentes que los servían.</p> + +<p>A fin de gozar, no obstante, de cierta libertad y de poder ir de vez en +cuando a Viena sin otra custodia que la de su doncella, a los veintidós +años se había hecho <i>stiftdame</i> o sea canonesa. Ningún voto perpetuo la +ligaba, apenas tenía obligación de vivir algunos días en comunidad, y +alcanzaba en cambio no cortos privilegios, exenciones y autorizada +consideración.</p> + +<p>A pesar de estas facilidades y ventajas, hacía ya tiempo que la condesa +Poldy se había aficionado tanto a la soledad, que no iba a Viena, ni +salía del castillo y de sus rústicas cercanías.</p> + +<p>Su conversación con el conde Enrique acabó por infundir en su espíritu +idéntica curiosidad, igual afán de saber y no menos decidida afición a +toda clase de estudios. En ella, sin embargo, predominaba el amor a la +poesía, sobre todo, cuando tenía por objeto el examen de lo íntimo del +alma propia para sondear sus misteriosos abismos y buscar y hallar luego +en el lenguaje humano la expresión adecuada de sus ensueños, anhelos y +vagas creencias y esperanzas.</p> + +<p>El misticismo algo panteísta que llenaba y colmaba su espíritu, rebosaba +y trascendía a lo exterior convertido en hondo sentimiento de la +naturaleza y en arrobo contemplativo y extático de las remotas estrellas +del cielo y de las flores y plantas del intrincado y frondoso bosque que +casi rodeaba el castillo.</p> + +<p>Durante el invierno, la Condesa Poldy, retenida en el castillo por las +lluvias y los hielos, no daba tan largos paseos ni eran sus excursiones +tan reposadas y contemplativas como en la primavera y en el verano. +Pero, durante la primavera, se desquitaba bien de su forzada reclusión +permaneciendo largas horas en el bosque. Ya se paraba a meditar, ya iba +con lentitud y sin dirección determinada, y ya se detenía, o bien +mirando una flor, una mariposa, una libélula, o los caprichosos efectos +de la luz al través de las verdes ramas, o bien oyendo cantar los +pájaros, o el murmullo del agua del arroyo al quebrarse en las guijas, o +el manso susurrar del aura entre las verdes y tempranas hojas.</p> + +<p>Cuando la condesa Poldy daba estos paseos meditabundos, cuando salía, +como solía ella decir, a caza de impresiones poéticas, no gustaba de que +nadie la acompañase; siempre iba sola.</p> + + +<p class="head">II</p> + +<p>En un hermoso día de los últimos del mes de Mayo, la condesa Poldy se +hallaba sola, en lo más intrincado del bosque, entre diez y once de la +mañana. Sencilla y elegantemente vestida, llevaba en la airosa cabeza un +gracioso sombrero de paja de Italia y pendiente del brazo izquierdo un +ligero canastillo de mimbre. Aquel día no eran la meditación y la +contemplación de las bellezas naturales el único propósito de su paseo. +Tenía otro más práctico. Iba ella a coger fresas silvestres, de las muy +delicadas que en abundancia producía aquel bosque, y a coger también +cierta florida hierbecilla, llamada <i>waldmeister</i>, que se pone y conque +se perfuma y sazona el <i>maitrank</i>, deliciosa bebida propia de aquella +estación y de la que gustaba muchísimo la Condesa viuda.</p> + +<p>Buscando fresas y <i>waldmeister</i>, Poldy se había alejado del castillo y +penetrado en la profundidad del bosque, harto más de lo que solía. Así +vino a encontrarse en sitio muy solitario y agreste, donde, rota la +espesura que los apiñados árboles formaban con su denso follaje, había +una pequeña laguna. En la orilla opuesta de aquélla a la que Poldy se +había acercado, se alzaba un obscuro y ruinoso torreón. Todo el terreno +que circundaba la laguna era húmedo y vicioso. Las emanaciones palúdicas +habían ahuyentado las aves de aquel sitio. Las aves no le alegraban con +sus trinos y gorjeos como hacían en otros lugares del mismo bosque. Casi +hundidas las raíces en el agua se veían a trechos espadañas y juncos en +muy pobladas matas. Sobre el haz del agua dormida, que no rizaba +entonces el más ligero soplo de viento, se extendían la verde lama y las +redondas y anchas hojas de nenúfar, cuyas blancas flores se levantaban +en el aire tranquilo. Los pies de Poldy se hundían en la hierba que +había crecido muy alta. Cada vez que fijaba en el suelo uno de sus +menudos pies, se espantaban las ranas que entre la hierba se hallaban +ocultas, y daban estupendos brincos, zambulléndose en el agua estancada. +El ruido que hacía el agua, al chapuzar en ella las ranas, era lo único +que interrumpía el maravilloso silencio que reinaba en torno.</p> + +<p>Poldy, por irreflexivo y curioso instinto, siguió andando por la margen +de la laguna hacia el sitio donde el torreón se parecía. Y estando ya +muy cerca de él, vio de improviso un objeto que, si bien ella no era +tímida, le produjo un sacudimiento nervioso, por mostrarse tan de +repente y cuando menos lo recelaba. Era una corpulenta cigüeña blanca, +que salió de detrás del torreón, y que sin el menor espanto, sino mansa +y serena, se vino hacia Poldy con paso lento, grave y majestuoso. De vez +en cuando movía la cabeza a un lado y a otro con graciosa coquetería. +Cuando estuvo más cerca, dio algunos saltitos, extendió y batió las +largas alas como en señal de júbilo, y abriendo y cerrando repetidas +veces el rojo pico, produjo un son muy semejante al de las castañuelas. +Volviendo luego a andar con mayor lentitud y con cierta vacilación, como +si el respeto le contuviera, siguió el pájaro peregrino caminando hacia +Poldy, y parándose a cada dos o tres pasos como si aguardase el permiso +de llegar hasta ella.</p> + +<p>Comprendió Poldy la intención del pájaro; no temió nada porque le +consideró inofensivo, pero extrañó que se le mostrase tan cariñoso y +que tan resueltamente y a largos trancos de sus zancas enjutas viniese +hacia ella como si fuese un antiguo amigo suyo. ¿Le habría conocido y +tratado antes y no lo recordaría entonces? Poldy buscaba en balde por +todos los más hondos y olvidados senos de su memoria algún vago recuerdo +de aquel conocimiento y trato. No hallaba el menor rastro ni la más +ligera huella de haberlos tenido jamás. La misma cigüeña dejaba ver que +nunca había conocido a Poldy, pues aunque no atinaba a expresarse en +ningún idioma humano sino sólo con los resonantes castañetazos de su +pico, la lentitud de su marcha, sus paradas frecuentes y cada una de las +miradas que sus pardos ojos dirigían a Poldy parecían significar +interrogación y súplica, como si dijesen: graciosa Condesa, ¿me permite +V. E. que me aproxime y la trate? Había además en la cigüeña un no +sabemos qué de exótico: cierto raro modo de ser, bastante parecido al +que se nota en un viajero de distinción, venido de muy remotos países, +con quien por dicha tropezamos y entablamos conversación sin pensarlo ni +pretenderlo y solamente a causa de súbita y misteriosa simpatía.</p> + +<p>Poldy, sin duda, simpatizó con la cigüeña. Le cayeron en gracia y le +ganaron la voluntad el respetuoso acatamiento y la amistosa dulzura +conque la cigüeña la miraba. Confesó, allá en sus adentros, que la +cigüeña sabía tratar a las gentes como merecían, y que, naturalmente, +estaba dotada de exquisita buena crianza, aunque por ser crianza no +aprendida, más bien debiera llamarse soltura fina o refinado tacto de +mundo.</p> + +<p>En fin, Poldy se allanó a tratar a la cigüeña sin que nadie se la +presentase y sin saber quién era ni cuántos cuarteles tenía; dio también +hacia ella algunos pasos, y extendió la mano y le tocó regaladamente la +cabeza. La cigüeña se dejó acariciar y mostró la satisfacción y el gusto +que aquellas nobles caricias le causaban, entornando los párpados como +si se adormeciese y restregando suavemente el largo cuello sobre la +vestidura de la linda dama. Pasó ésta la mano por el cuello de la +cigüeña, bajándola hasta el ancho buche, cubierto todo de abundantes y +blancas plumas. Entonces advirtió con sorpresa que la cigüeña tenía +allí, suspendido de listón muy sutil, un pequeño retazo de tela de seda, +que, flexible y apiñada, formaba poquísimo bulto.</p> + +<p>Poldy no pudo resistir la curiosidad ni vencer el deseo de apoderarse de +aquella prenda. Pronto desató el lazo conque por medio del listón +colgaba la prenda del cuello del pájaro y se quedó con la prenda en las +manos.</p> + +<p>No se sabe si espantada entonces la cigüeña o enojada del que pudo +considerar despojo, se apartó bruscamente de la dama, extendió las alas, +salió volando, se remontó en los aires y acabó por perderse de vista.</p> + +<p>Avergonzada quedó Poldy como si hubiese cometido un hurto villano, pero, +al fin, desechó los escrúpulos, pensando que no había ella tenido la +intención de quedarse con la prenda y que estaba dispuesta a +devolvérsela al pájaro, si el pájaro acudía de nuevo a ella y de algún +modo la reclamaba.</p> + +<p>Desenredó luego Poldy más de un metro de listón que estaba devanado en +la tela de seda, dándole forma de ovillo, y desenvuelta la tela, que era +del color de los albaricoques, vio escritos en ella con muy negra tinta +varios renglones en extrañas y menudas letras. Ella las miró y las +remiró, pero en vano, porque no conocía una sola. Y aunque era +medianamente sabia y aprovechada discípula de su hermano el conde +Enrique, no acertaba a determinar con fijeza a qué alfabeto y lengua +aquellos signos y palabras pertenecían. Sospechó, no obstante, que las +inscripciones de la tela de seda estaban en sanscrito, lengua que +estudiaba con asiduidad y provecho su hermano el conde Enrique.</p> + + +<p class="head">III</p> + +<p>Volvió Poldy al castillo aguijoneada por la curiosidad y deseosa de que +le descifrase su hermano lo que la tela decía. Almorzó con muy buen +apetito, y luego, mientras que la Condesa viuda dormía después del +almuerzo, como tenía de costumbre, se fue a la biblioteca con su hermano +Enrique, le contó su encuentro con el pájaro zancudo, le enseñó la tela +de seda y le rogó que tradujese lo que en ella había escrito.</p> + +<p>El conde Enrique confesó que no estaba bastante versado en la lengua de +Valmiki para traducir de repente los versos, pues indudablemente eran +versos los que había en la tela; pero pidió tiempo y prometió a su +hermana presentarle una exacta traducción de todo en aquel mismo día.</p> + +<p>En efecto; pocas horas después buscó el conde a Poldy, la llevó de nuevo +a la biblioteca, y con aire de triunfo le mostró los versos ya +traducidos.</p> + +<p>—No se qué pensar, dijo a su hermana. A veces imagino que la cigüeña +vino de la India, donde pasó el invierno, y que los versos son obra de +algún brahman, Rajá o nababo muy ilustrado, y, a veces, sospecho que +bien puede ser algún erudito compatriota nuestro quien compuso los +versos y quien colgó la tela al cuello de la cigüeña para embromar al +que la encontrase.</p> + +<p>—¿Qué fin—contestó Poldy, había de proponerse algún compatriota +nuestro con ese engaño? Yo no conozco aún los versos, pero doy por +seguro que su autor vive en las orillas del Indo o del Ganges, y no en +las del Rin o del Danubio. A ver... lee.</p> + +<p>—Ya verás y notarás en los versos cierta inspiración más europea que +asiática. Las composiciones son tres: dos muy breves; y una de estas dos +parece calcada sobre cuatro versos del <i>Prólogo en el cielo</i> del +<i>Fausto</i>. La coincidencia es inverosímil. Y, aunque no es imposible, yo +encuentro raro y sospechoso que un brahman lea a Goëthe y le imite.</p> + +<p>—Vamos, lee los versos sin más prólogo.</p> + +<p>—Los versos dicen:</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 2em;">Pido al cielo su estrella más brillante;</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Pido al suelo su dicha más completa;</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Y ni cercano amor, ni amor distante</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Mi conmovido corazón aquieta.</span><br /> +</p> + +<p>—Es verdad, dijo Poldy; los versos son muy semejantes a los de Goëthe, +salvo que el poeta dice de sí mismo lo que dice Mefistófeles de Fausto.</p> + +<p>—Pues oye estos otros que tienen no se qué dejo de metafísica +cristiana; de misticismo por el estilo del de Tauler o del del maestro +Eckart:</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 2em;">Sin alas y sin luz la mente humana</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">En balde en pos de lo ideal se lanza;</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Pero la voluntad recorre ufana</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">La eterna inmensidad de la esperanza.</span><br /> +</p> + +<p>—Eso es verdad,—exclamó Poldy, y lo mismo se le puede ocurrir a un +indio que a un cristiano. En la India hay desde muy antiguo, según he +oído decir, místicos tan profundos como los de Alemania. Además, en +todos los países, ha de haber habido pensadores y poetas que imaginaran +y expresaran que se podía penetrar y subir con el amor a donde nunca +sube y penetra el raciocinio por sutil y elevado que sea.</p> + +<p>—No quiero discutir. Convengo en que un brahman puede haber compuesto +la copla que acabo de decirte traducida. Tal vez yo en la traducción le +he prestado una apariencia europea que en el original no tiene. Oye +ahora la última composición. El poeta desciende en ella de las +elevaciones místicas, y se abate y se humana como cualquier enamorado +con el amor terrenal y sensual que las mujeres inspiran. Algo, no +obstante, queda aún en esta composición del misticismo de las otras. Es +como un pequeño fragmento de <i>El cantar de los cantares</i>, o mejor diré +del Gita-govinda, cuyos requiebros, ternuras y descripciones materiales +pueden interpretarse por estilo ultramundano y trascendente. La +composición además tiene en este caso una singularidad que no tiene ni +el idilio erótico de los hebreos ni el de los indios. Salomón y Crishna +veían, oían y tocaban a sus bellas y enamoradas amigas, pero este poeta +ni toca, ni ve, ni oye a la suya, si no se la imagina con indecisa +vaguedad, y de tal suerte, que lo mismo puede vivir en este planeta que +en otro remotísimo, y lo mismo puede ser nuestra contemporánea, que +haber nacido hace cuarenta siglos o que estar aguardando aún otros +cuarenta, en el mundo de las ideas, antes de que llegue el día de su +encarnación y de su aparición entre los seres de nuestra casta.</p> + +<p>—Muy curioso es lo que me cuentas, pero no es original ni nuevo. ¡Es +tan difícil ser nuevo y original! ¿No se enamora Fausto de Elena, que +vivió dos mil quinientos años antes de que él naciese? ¿No hay un cuento +árabe o persa, donde un príncipe musulmán, que vivió doscientos o +trescientos años después de Mahoma, está perdidamente enamorado de +cierta reina o infanta de Serendib o de Sabá, que floreció en tiempo de +Salomón y fue rival de la Sulamita?</p> + +<p>—Todo eso es así, pero aún es más vaga e indeterminada la señora de los +pensamientos de nuestro poeta indio. El príncipe musulmán enamorado de +la rival de la Sulamita, había hallado y admirado el retrato de ella en +el tesoro de su padre, mientras que no hay retrato ni hay el menor +indicio por donde pueda entrever o tener alguna idea o noción de su +dama, el autor de los versos que he traducido. Óyelos con atención.</p> + +<p>—Soy toda oídos.</p> + +<p>El conde Enrique leyó de esta suerte:</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 2em;">¿Dónde te escondes, hermosa mía,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">que no consiguen verte mis ojos,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Como te sueña mi fantasía,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Llena de gracia, libre de enojos?</span><br /> +</p><p class="poem"> +<span style="margin-left: 2em;">Ven do el kokila dulce gorjea,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Do presta el loto su aroma al viento,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Ven que mi anhelo verte desea</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Y comprenderte mi entendimiento.</span><br /> +</p><p class="poem"> +<span style="margin-left: 2em;">No eres ensueño, realidad eres;</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">No finge el alma hechizos tales,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Aunque más bella que las mujeres</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Suya te llamen los inmortales.</span><br /> +</p><p class="poem"> +<span style="margin-left: 2em;">En la luz pura de tu mirada</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Amor enciende sus dardos de oro,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y son tus labios urna sellada</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">De sus deleites fuente y tesoro.</span><br /> +</p><p class="poem"> +<span style="margin-left: 2em;">Ora residas lejos del suelo</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Ora aparezcas en otra edad,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Por los tres mundos en raudo vuelo</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Irá buscándote mi voluntad.</span><br /> +</p><p class="poem"> +<span style="margin-left: 2em;">Perla brillante, aunque escondida</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">En lo profundo del mar estés,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Yo sabré hallarte, bien de mi vida,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Para que excelso premio me des.</span><br /> +</p> + +<p>Poldy oyó atentamente los versos y habló de ellos con su hermano y hasta +los juzgó con aparente frialdad crítica, concediéndoles algún mérito y +señalando sus muchos defectos. Lo que ella disimuló, y no reveló ni a su +hermano ni a nadie, fue el enjambre de suposiciones y de ensueños que +los versos suscitaron en su fantasía. Ya se figuraba ver escribiéndolos +a un elegantísimo y joven brahman, no lejos de su magnífica quinta, bajo +verde enramada, en las fértiles orillas del Kausikí, ya que los componía +en su propio alcázar el príncipe heredero de Ayosia, de Cachemira o de +cualquiera otro de los reinos y países que describen las antiguas +epopeyas. Pero el autor de los versos era contemporáneo de ella y se +parecía a ella en extremo por la dolencia y la pasión que le +atormentaban. Amaba o mejor dicho deseaba amar; nada veía en torno suyo +digno de su amor; y buscaba lejos, a ciegas y sin guía el raro y +precioso objeto que mereciese ser amado.</p> + +<p>En lo más íntimo de su alma caviló mucho Poldy sobre todo esto, y urdió +y tejió infinidad de historias, en su sentir bellísimas, con las que +ella se deleitaba en secreto sin comunicárselas a nadie, ni siquiera a +la anciana institutriz Justina que era su confidente.</p> + + +<p class="head">IV</p> + +<p>Engolfadísimo en sus estudios, el Conde Enrique no tenía voluntad ni +entendimiento sino para continuarlos. En las demás cosas de la vida +estaba sometido siempre al entendimiento y a la voluntad de su hermana +Poldy, a quien él amaba en extremo. Prohibiole ésta que hablase con +nadie del encuentro de la cigüeña, de los versos y de la traducción, y +el Conde Enrique obedeció y se lo calló todo.</p> + +<p>No quería Poldy que su madre se enterase de nada. La Condesa viuda era +una señora dotada de un espíritu tan prosaicamente positivo, que sin +duda hubiera destruido con sus discursos todo el caramillo de +suposiciones poéticas que Poldy había levantado y que en manera alguna +quería ella que nadie derribase.</p> + +<p>La Condesa viuda acusaba además y zahería con frecuencia a su hija, +calificándola de extravagante, de soñadora, de alucinada, de acérrima +enemiga de lo juicioso y de lo razonable, y de temeraria perseguidora de +ideales inasequibles y absurdos. Si la Condesa viuda pensaba así de +Poldy ignorando el suceso de la cigüeña, ¿qué no pensaría y qué no diría +si lo supiese?</p> + +<p>Poldy no volvió, pues, a hablar de él ni con su mismo hermano, como si +su mismo hermano lo ignorara, o como si ella tuviese la pretensión de +que él lo olvidase.</p> + +<p>A solas, pues, y en toda libertad, Poldy se figuraba a medida de su +deseo, al autor de las tres poesías. Ya le suponía en Benarés, ya en +Delhi, ya en Calcuta, ya en otros lugares de la India, pero siempre +noble, joven y hermoso, y <i>chatria</i> o brahman, cuando no príncipe.</p> + +<p>El incógnito personaje padecía una enfermedad mental semejante a la de +Poldy. Eran sus síntomas el desdén y el hastío de cuanto le rodeaba, y +la vaga aspiración a un bien remoto, confusamente trazado y medio +desvanecido entre las nieblas y vapores de mil ensueños.</p> + +<p>Poldy desechaba por vulgar y necia la creencia de su hermano, de que un +erudito alemán hubiese compuesto los versos sanscritos para entretenerse +o para mostrar su pericia. Para ella no cabía la menor duda: los versos +eran obra de un ilustre y joven señor de la India.</p> + +<p>Poldy iba amenudo más adelante en sus atrevidas imaginaciones. No creía +ella que el pájaro zancudo que se le había aparecido tuviese la menor +semejanza ni con el cisne de Leda ni con el toro blanco de la gallarda +hija de Agenor; pero ¿no podría la cigüeña ser instrumento de algún gran +sabio; acaso de un genio o de una hada, cuyas poderosas sugestiones +hubiese obedecido al venir a visitarla? ¿Quién se atreverá a limitar la +extensión de lo posible? Si no fuésemos a creer sino lo que +comprendemos, apenas creeríamos nada.</p> + +<p>Acudía a veces a la memoria de Poldy un cuento de las <i>Mil y una +noches</i>, y se deleitaba en presumir que lo que a ella le pasaba tenía +algún parecido con dicho cuento. En las más elevadas regiones del aire, +se encontraron una noche un hada y un genio que iban volando en opuestas +direcciones. Allí se hablaron y se confiaron que el hada venía de +visitar y dejar dormido al más hermoso príncipe que había en el mundo, y +que el genio, procedente del otro extremo de la tierra, venía de +contemplar y de admirar también a una maravillosa princesa dormida en su +lecho virginal, allá, en el más recóndito, elegante y perfumado camarín +de su magnífico palacio. Genio y hada se proponen que príncipe y +princesa se conozcan, se enamoren y se casen, y los medios a que +recurren para lograrlo constituyen el enredo de la mencionada historia. +Poldy, aunque suavizando mucho lo sobrenatural, así por modestia, como +por el escepticismo que es tan propio del siglo presente, se dio a +sospechar que en todo lo sucedido podría muy bien y casi naturalmente +haber algo que con el cuento oriental coincidiera.</p> + +<p>Ella había oído decir y hasta había leído en obras recientes que tratan +de Teosofía, que hay • en la India ciertos sabios llamados <i>mahatmas</i>, +que a fuerza de introinspección y de asiduo examen en las honduras del +propio ser, adquieren poder estupendo y descubren raros secretos de la +naturaleza, por cuya virtud realizan acciones que tienen apariencia de +milagrosas, aunque no lo sean. ¿No sería quizás el autor de las tres +poesías alguno de esos hábiles <i>mahatmas</i> que había adivinado a Poldy, +que la había entrevisto mentalmente, que se había prendado de ella y +•que para comunicarle sus impresiones y enviarle sus versos sin +infundirle mucho asombro, se había valido del medio naturalísimo del +pájaro zancudo, cuya condición propia le lleva, sin nada de brujerías ni +de otras malas artes, a pasar el verano en Austria y el invierno en la +India?</p> + +<p>De esta suerte cavilaba Poldy, forjando y desbaratando casos +fantásticos. Era como el niño que se entretiene en levantar con esmero y +conservando bien el equilibrio un alto y complicado castillo de naipes, +y luego le derriba para divertirse y jugar levantando otros.</p> + +<p>En suma; Poldy no sabía a qué atenerse ni por qué decidirse. No se +declaraba a sí misma cuál de los castillos por ella levantados era el +que más le agradaba. Lo que no podía menos de reconocer era que la faena +de levantarlos y de •derribarlos la deleitaba no poco.</p> + + +<p class="head">V</p> + +<p>Poldy buscaba la soledad entonces más que nunca. En las conversaciones +con su hermano, con su madre y con su aya, se mostraba distraída. Y +esquivando amenudo toda compañía, iba a dar por el bosque solitarios +paseos.</p> + +<p>Aunque sea ordinaria comparación, así como puede conjeturarse y preverse +que el sitio más apropósito de hallar a un goloso es una buena +confitería, así Poldy conjeturaba que de seguro volvería a hallar a la +cigüeña a orillas de la laguna donde la halló por vez primera. Había +allí tal abundancia de ranas, lagartos, sapos, escuerzos y otras +sabandijas, que era la tierra de promisión para aquel pájaro zancudo, el +cual, por su gran tamaño y por la extraordinaria longitud de sus alas, +cubiertas en los extremos de lustrosas y negras plumas, dejaba conocer +que era del género masculino. Lo que Poldy no acertaba a determinar era +si el pájaro estaba casado o soltero. Poldy le veía siempre solo y como +no entendía su lenguaje, no le preguntaba si era casado, como en España +solemos preguntar a los loros, que responden a la pregunta.</p> + +<p>Era también un misterio para Poldy el lugar donde anidaba la cigüeña.</p> + +<p>La veía a orillas de la laguna. El pájaro la saludaba con sonoros +castañetazos, dando saltitos y batiendo las alas, que abiertas abarcaban +más de dos metros y medio. Era en su especie un individuo de +notabilísimo mérito.</p> + +<p>Parecía meditabundo y pensativo, pero debía callarse muy buenas cosas. +En vano esperaba Poldy y hasta fantaseaba el milagro de que la cigüeña +hablase, pero la elocuencia de la cigüeña jamás iba más allá de los +castañetazos de costumbre y de algunos roncos y desentonados silbos, que +eran todo su lenguaje.</p> + +<p>Con esto nada podía ponerse en claro.</p> + +<p>La cigüeña se mostraba muy amiga y muy mansa con la joven Condesa. No le +guardaba rencor porque le hubiese quitado la tela de los versos. +Restregaba la cabeza y el cuello contra la vestidura de la linda dama, y +parecía gustar de que ella le pasase la mano por el largo cuello y por +las alas, y le alisase las plumas.</p> + +<p>Estas mudas conferencias, que tenían lugar dos o tres veces cada semana, +duraban poco y no se puede decir que fuesen muy amenas. Por lo demás, la +cigüeña tenía el instinto de no aburrir, y siempre terminaba las +conferencias pronto y de un modo brusco, lanzándose repentinamente en el +aire, trazando graciosas espirales en su sereno vuelo y al cabo +perdiéndose de vista.</p> + +<p>Pasó la primavera, pasó el verano, vino luego el otoño, como sucede +siempre, y empezó por último a aparecer el invierno. Poldy tuvo entonces +barruntos de que la cigüeña iba a emigrar y a volver sin duda al soñado +palacio, a la ciudad oriental, al templo o a la quinta, donde el autor +de los versos moraba.</p> + +<p>Irresistible fue la tentación que sintió de escribirle. ¿Porqué no había +de hacerlo por estilo prudente y decoroso que no la comprometiera?</p> + +<p>Poldy pensó además que, si bien no era inverosímil que por ministerio de +los genios o de las hadas o por virtud de la ciencia de los <i>mahaturas</i>, +el autor de los versos hubiera logrado tener clara visión de ella, nunca +estaría de sobra enviarle un buen retrato suyo en fotografía. En +nuestros tiempos no implica esto muy decidido favor. Cualquier sujeto, +el más plebeyo de los mortales, podía comprar por un florín el retrato +de Poldy, expuesto en los escaparates de muchas tiendas de Viena, entre +las bellezas de la corte y del teatro, entre princesas, actrices y +bailarinas. Si cualquier pelafustán compatriota de Poldy podía poseer su +imagen, ¿qué atrevimiento ni qué falta de decoro habría en enviársela +por medio del pájaro zancudo al poeta incógnito, que no podía menos de +ser príncipe, nababo, brahaman o <i>chatria</i>, allá en la tierra de Rama y +de Sita, de Nal y de Damayanti?</p> + +<p>Hechas estas reflexiones y otras por el mismo orden, que, se omiten aquí +para evitar prolijidad, Poldy, escribió una extensa carta, en papel muy +fino para que abultase poco; tomó un retrato suyo, sin cartón, en el +cual retrato estaba ella descotada y lindísima en su elegante traje de +baile; lo incluyó todo en un sobre con fuerte forro de tela que cerró y +selló con lacre; escribió encima: <i>al incógnito poeta indio</i>; agujereó +la carta con un punzón; pasó una fuerte cinta al través del agujero; y +así preparado todo, lo colgó al cuello de la cigüeña como si fuese la +insignia de comendador de cualquiera ilustre Orden.</p> + +<p>La cigüeña se estuvo muy quieta, aguardando que Poldy sujetase bien la +cinta a su cuello para que no se desatase y para que la carta no se +cayese. Y apenas comprendió que estaba ya bien condecorada, dio un +tremendo salto, alzó el vuelo, se remontó en el aire y voló con tanto +brío como si se largase ya a la India sin parar en rama.</p> + +<p>Dejémosla ir en paz, mientras nosotros, que estamos en todos los +secretos, nos adelantamos a copiar aquí lo que Poldy había escrito, que +era como sigue:</p> + +<p>«Irresistible impulso me lleva a escribiros sin conoceros. Sé que me +expongo a que me juzguéis poco circunspecta, muy atrevida y harto libre. +Ignoro vuestra condición en el mundo, vuestro linaje, vuestras creencias +religiosas, vuestra edad y vuestra patria. Mi espíritu, no obstante, se +siente arrebatado hacia donde vuestro espíritu se halla y se cree unido +a él por el estrecho y fuerte lazo de los mismos sentimientos y de las +mismas ideas. En torno mío todo me es indiferente, todo me parece +rastrero y mezquino. No es extraño, pues, que busque yo como vos, en +apartadas regiones, un alma que simpatice con la mía, aunque sea sólo +por sentirse atormentada de la misma dolencia. No acierto a explicarme +el fin que pueda tener yo enviándoos estos renglones y hasta enviándoos +mi retrato. Lo hago sin propósito, fatal e irreflexivamente. Mi único +anhelo es acaso que sepáis que pienso y siento como vos, que ardiente +sed de tiernos afectos agita y quema mi corazón sin que la satisfaga ser +alguno de cuantos miro cerca de mí. La clara nitidez del cielo poblado +de estrellas, el silencioso apartamiento del bosque, la belleza y la +gala de los campos floridos, todo embelesa mi alma, todo hasta cierto +grado la enamora, pero todo deja en ella inmenso vacío, que sólo otra +inteligencia y otra voluntad, humanas o divinas, iguales o superiores a +mi voluntad y a mi inteligencia, pueden llenar si me acuden; si prueban +el afán que yo pruebo y si logran infundirse en el abismo de mi +pensamiento, compenetrándole, fundiéndose con él y haciéndose con él uno +solo. No os conozco: no sé si sois vos a quien yo busco. Por esto mismo +declaro sin ruborizarme mi extraña pasión, de la que en realidad no sois +objeto. Criatura mortal sois sin duda como yo lo soy. En esta vida +terrenal, que vivimos ahora, únicamente podría yo amaros si se +cumpliesen determinadas condiciones de criatura mortal que en vos tal +vez no se cumplan. Tal vez las que yo poseo no respondan a vuestra +aspiración tampoco. Y sin embargo yo soy joven, de nobilísima estirpe, y +muy alabada de hermosa, aunque por modestia debiera callarlo. Os +confieso lo más íntimo, lo más oculto y delicado de mi sentir y de mi +pensar. Os declaro quien soy, donde vivo y como me llamo. La confesión y +la declaración van dirigidas a un ser que yo me finjo: a un ser que mi +imaginación ha forjado. ¿Querréis vos y podréis vos demostrar que +convenís sustancialmente con lo imaginado por mí; que sois la forma +material y visible del espectro etéreo por quien estoy obsesa, y el +astro luminoso cuyos matinales resplandores columbro, y el ansiado +aliento de primavera, que al venir el alba despierta y mueve a cantar a +las aves, y separa y extiende los pétalos de las flores para recoger su +aroma y darles en pago su rocío? Yo explico aquí mi sueño. Si tiene +algún fundamento real, a vos os toca manifestarlo. Si no estáis muy +seguro de la existencia de tal fundamento, lo mejor es que calléis. +Respondiéndome, sólo conseguiríais disipar la más bella de mis +ilusiones, reemplazándola con una realidad ruin y triste y con el +consiguiente desengaño. Pero si estáis seguro de que mi sueño no carece +de fundamento, respondedme, decidme quien sois, venid a mí y mostraos. A +orillas del azul y caudaloso Danubio, en el castillo de Liebestein, os +espera</p> + +<p class="r smcap">Poldy.»</p> + + +<p class="head">VI</p> + +<p>Apresuradamente por el temor de que la cigüeña se fuese a la India sin +llevar prenda suya, y con vehemente exaltación, sublimada por la soledad +y como destilada en el encendido alambique de sus ocultas cavilaciones, +escribió Poldy la apasionada carta que acabamos de transcribir; mas no +bien voló la cigüeña, llevándosela colgada en el cuello, Poldy se +arrepintió y aun se avergonzó de haber escrito la carta, mostrándose tan +tierna y tan afectuosa con un desconocido. La suerte, sin embargo, +estaba echada. El mal no tenía ya remedio. Menester era resignarse y +callar. ¿Quién, desde la India, por poco sigiloso y por muy jactancioso +que fuese, había de tener el capricho de hacer saber en Viena que Poldy, +la orgullosa, la siempre esquiva, con condes, con príncipes y hasta con +archiduques, se había humillado a escribirle cosas de amor, sin saber +quien era e ignorando hasta su nombre?</p> + +<p>Poldy esperaba que permaneciese secreto su impremeditado desliz; el mal +paso que había dado y que por lo menos calificaba ya de imprudente +locura.</p> + +<p>Por otra parte, en ocasiones en que su humor era menos negro, Poldy se +juzgaba con alguna indulgencia y hasta llegaba a absolverse de su culpa, +dado que la hubiese. Porque, si el autor de los versos era un joven y +hermoso príncipe oriental o algo por el estilo, era muy cruel para el +príncipe y para ella no llevar adelante tan poética y misteriosa +aventura y destruir las vagas esperanzas de ambos, como quien arranca de +bien cultivado terreno una planta lozana a punto ya de cubrirse de +flores.</p> + +<p>Como quiera que fuese, Poldy vivió en adelante muy retraída y +melancólica.</p> + +<p>Aquel año fue el invierno muy crudo. Ni una vez sola, ni por muy breves +días, fue Poldy aquel invierno a Viena.</p> + +<p>Penoso y terrible cuidado vino a aumentar las causas de su retraimiento. +La condesa viuda, su anciana madre, agobiada, más que por el peso de la +edad, por las penas, los desengaños y hasta por las miserias y los +apuros económicos, enfermó gravemente.</p> + +<p>Hizo Poldy cerca de ella el oficio de la más vigilante, devota y +cariñosa enfermera; pero ni sus desvelos, ni sus fervientes oraciones, +ni la docta asistencia de un sabio médico, amigo de la casa, fueron +bastantes a retardar el cumplimiento de las inexorables leyes de la +naturaleza que tenía marcado el término de aquella trabajada vida. La +condesa viuda, llena de santa y dulce resignación, tuvo pronto una +muerte ejemplar y cristiana.</p> + +<p>Durante algunos días reinó muy lúgubre animación en el castillo. A +recoger los últimos suspiros de la egregia dama había acudido la mayor +parte de sus hijos, yernos y nueras.</p> + +<p>Pronto, no obstante, volvieron todos a sus respectivos destinos y +residencias, y el castillo quedó en abandono y en más honda soledad y +silencio.</p> + +<p>El conde Enrique, Poldy, su aya y tres criados, fueron ya los únicos +moradores del castillo. Poldy sintió profundamente la irreparable +pérdida que había tenido. Y sin que refrenase su dolor la inquebrantable +fe religiosa que daba vigor a su alma, la joven condesa, lloró durante +meses a su difunta madre sin hallar consuelo, y olvidada casi de cuantos +devaneos, ilusiones y esperanzas habían poetizado su solitaria +existencia en aquellos últimos tiempos.</p> + +<p>Poldy, sin embargo, aunque no se consoló, hubo al cabo de serenarse y +calmarse. Apacible tristeza endulzó el manantial de sus lágrimas y luego +logró represarle.</p> + +<p>Pesares de condición harto menos noble, y mil preocupaciones de un orden +tan rastrero como práctico, invadieron y ocuparon el corazón de Poldy, +como cuadrilla de desalmados e impíos bandoleros que entran a saco, +profanan y destrozan un augusto santuario.</p> + +<p>Dos meses hacía ya que había muerto la condesa viuda. Eran los primeros +días del mes de Febrero. El frío era intensísimo. Un manto de nieve +cubría en torno la tierra y coronaba a trechos con blancos penachos las +erguidas y sombrías copas de robles, abetos y pinos. Rara vez abandonaba +Poldy la abrigada habitación del castillo, donde apenas tenía más +persona con quien conversar que su hermano el conde Enrique.</p> + +<p>Él y ella, habían quedado morando allí provisionalmente, pero pronto +tendrían que abandonar su antigua vivienda de la que era propietario y +había tomado ya posesión el hermano mayor de ambos.</p> + +<p>Poldy, pues, cavilaba con tristeza y desesperanza sobre su suerte +futura.</p> + +<p>Su hermano Enrique, que gozaba de alta y merecida reputación de sabio, +muy versado en varias disciplinas, estaba llamado a ser profesor en una +Universidad, donde su ciencia y su trabajo, habrían de remediar la +escasez de su patrimonio, dándole para vivir honrada y decorosamente, si +bien con sobrada estrechez.</p> + +<p>Pero ¿cómo Poldy, que era pobre y desvalida también, había de irse con +su hermano y serle constantemente gravosa? Esto no era posible. A Poldy +además le dolía en el alma tener que abandonar aquellos lugares, tan +llenos para ella, de dulces y misteriosos recuerdos.</p> + +<p>Por otra parte, Poldy, que amaba la soledad, sentía invencible +repugnancia a irse a vivir vida conventual, entre otras canonesas, en la +casa de su instituto. Para vivir sola, según su clase, ya en Viena, ya +en otra ciudad, sus rentas eran insuficientes. Y por último, contra lo +que más se sublevaba era contra agregarse a la familia de cualquiera de +sus hermanos o hermanas y hacer allí el triste papel de huésped +perpetua, de tía y de acompañanta, viviendo en algo a modo de poco +airosa dependencia y de mal disimulada servidumbre.</p> + +<p>Horror causaba a Poldy cualquiera de estos planes en que trazaba y +representaba su porvenir. Aún tenía delante de sí todo aquel año que +empezaba entonces, y durante el cual ella y el conde Enrique, habían +concertado ya con su hermano mayor, permanecer en el castillo, mientras +duraba el riguroso luto y acababa de hacerse el deslinde y las +particiones de la muy corta hacienda, en la que todavía muy poco les +tocaba.</p> + +<p>Pasado el mencionado plazo, Poldy consideraba inevitable su salida del +castillo, así como tomar decidida resolución para vivir a su gusto y con +independencia y decoro.</p> + +<p>Tal era la desengañada posición de Poldy. Sólo negras nubes, que +presagiaban tempestad, columbraba, al mirar en todas direcciones, en el +horizonte de la vida. Sólo una luz incierta, vaga, errante, que bien +podía ser una estrella, pero que tenía más trazas de engañoso fuego +fatuo, iluminaba de vez en cuando el vacío y obscuro espacio de su +cielo. Poldy acababa además de cumplir veintinueve años. Estaba en el +apogeo de su belleza, en el mejor y más glorioso momento de su mocedad +briosa, y con la imaginación rica de ensueños y la voluntad movida y +solevantada por poderosos impulsos de ternura.</p> + + +<p class="head">VII</p> + +<p>Pronto desaparecieron las nieves; se oyó el canto de la alondra; calentó +más el sol y vertió luz más clara; discurrió por el bosque que +circundaba el castillo un aura vital y fecunda; se tapizó el suelo de +nueva y menuda yerba, y en los sotos y umbrías de las hondonadas, en la +margen de los arroyos, comenzaron a brotar florecillas tempranas, +despuntando con timidez en los álamos, mimbrones y chopos, más +resguardados de los vientos del Norte, las primeras tiernas hojas. +Entonces Poldy salió de su retraimiento casero y se lanzó con más +frecuencia y por más largo tiempo que nunca a sus excursiones y +meditabundos paseos por los sitios más solitarios de aquellas cercanías.</p> + +<p>No poco gustaba ella de ir por intrincados senderos, por donde había más +flores, por donde era más tupida y frondosa la enramada. No poco gustaba +ella de sentarse en algún poyo rústico o de pararse a meditar al pie de +corpulento roble, cuyo añoso tronco estaba revestido de trepadera yedra +y de madreselva olorosa. Pero todo esto era para después y como recurso +y consuelo. Lo primero que Poldy hacía todas las mañanas, lo primero de +que gustaba y a donde iba precipitadamente apenas salía de paseo, era a +la margen de la laguna a ver si se le aparecía de nuevo la cigüeña +blanca.</p> + +<p>Y como no se le aparecía, ya se quedaba aguardándola largas horas, ya se +ponía a buscarla por uno y otro lado y hasta penetrando en el obscuro y +ruinoso torreón que pudiera acaso servirle de refugio. Luego que se +cansaba de sus vanas pesquisas, cesaba de hacerlas y se dirigía a otros +puntos del bosque; negra tristeza embargaba su alma, y a veces asomaban +a sus hermosos ojos, harto involuntariamente, algunas lágrimas que no +eran ya de las nacidas por el afectuoso recuerdo de su madre difunta.</p> + +<p>¿Por qué no volvía la cigüeña blanca? ¿Habría muerto en la India o +habría emigrado desde la India a otra región distante, olvidando con +ingratitud el bosque y castillo de Liebestein y la amistad de Poldy?</p> + +<p>En estas dudas angustiosas transcurrió todo el mes de Abril.</p> + +<p>Era el primer día de Mayo. Poldy, casi desesperada ya de volver a ver la +cigüeña, acudió, no obstante, como de costumbre, entre diez y once de la +mañana, a la orilla de la laguna.</p> + +<p>Apenas hacía dos minutos que estaba allí, absorta, pensativa y fijando +larga y melancólica mirada en la tranquila haz del agua, cuando un +precipitado sonar de alas que venía acercándose estremeció todo su +cuerpo y alborozó su alma con agradable susto. La cigüeña blanca había +venido volando, se había abatido a pocos pasos de ella, y ya se le +acercaba con su lento y majestuoso paso y dando con el pico los +castañetazos con que solía siempre saludarla.</p> + +<p>Indescriptible fue la alegría de Poldy. Su impaciencia fue mayor que su +alegría. Impulsada por su impaciencia, echó las manos al cuello del +pájaro zancudo, y empezó a buscar el cordón o la cinta de donde pendiese +la respuesta que a su carta esperaba. ¡Qué cruel aflicción tuvo +entonces! No hallaba carta pendiente. No hallaba cinta ni cordón de que +pendiera. A punto estuvo Poldy de llorar de rabia. Pero la cigüeña, como +si adivinase su sentimiento, abrió las largas alas y al punto con +alegría y sorpresa advirtió Poldy que la cigüeña tenía debajo del ala +izquierda y muy bien atado allí con un fuerte y sutil cordoncillo que +bajo las plumas se escondía, un largo y delgado canuto o rollo.</p> + +<p>Poldy se apoderó de él en seguida y notó que era ligerísimo, que estaba +precintado y sellado y que era tan fuerte la cuerda del precinto y +estaba tan bien anudada, que no podía romperse ni desatarse sin tijeras. +Sobre la exterior superficie del rollo, se veía escrito en lengua y +letras alemanas: <i>A su excelencia la graciosa señorita Condesa Poldy de +Liebestein</i>.</p> + +<p>Hizo Poldy algunos cariños a la cigüeña a fin de mostrar su gratitud, y +hasta hay quien dice que besó su cabeza en albricias del buen recado. +Luego Poldy se fue corriendo al castillo para encerrarse en su cuarto, +cortar el precinto con tijeras y ver lo que el rollo contenía. Había en +el rollo varios objetos que Poldy fue sucesivamente examinando. Era uno +la vista fotográfica, prolija y magistralmente iluminada con colores, de +un extenso y magnífico salón oriental, lleno de primores y de peregrinas +elegancias. En todo se advertían y se admiraban pasmoso lujo asiático y +muy acendrado buen gusto. Se diría que era aquello la prodigiosa cámara +subterránea, donde encontró Aladino la lámpara del Genio. Pendían de las +paredes armas brillantes, indias, chinas y japonesas; colgaban del techo +cinceladas lámparas de oro; se veían en torno jarrones, tibores y vasos, +artísticamente esculpidos, de metales preciosos, de jaspes rarísimos, de +antigua porcelana y de ataujía o menuda labor de pedrería, marfil, +bronce y otras materias ricas. Varios ídolos de extrañas cataduras y de +simbólicas formas, autorizaban y caracterizaban la estancia. Allí +estaban representados Agni, dios del fuego; Kamala o Kamela, Venus de la +India, de cuyo nombre proceden, en nuestro vulgar idioma <i>camama</i>, +<i>camelo</i> y sus derivados; y allí estaban también Indra, Varuna y hasta +la misma Trimurti.</p> + +<p>En primer término, sobre una espléndida alcatifa de Persia, y sentado en +mullidos almohadones de seda, admirablemente bordados, se parecía un +señor, en la flor de la juventud, cubierto de blanca y rozagante +vestidura y coronada la gentil cabeza de un amplio turbante, cándido +también, sobre el cual se erguía un airón o copete de rizadas y lindas +plumas, sujeto el airón al turbante por una enorme piocha de perlas, +diamantes y rubíes, que debía valer un imperio. Delante del señor había +varias mesillas enanas, donde en aúreos y repujados azafates, en ligeros +canastillos, en esbeltas ánforas y en cálices esmaltados, se ofrecían +para regalo de la vista, del olfato y del paladar, licores, conservas y +sazonados frutos. A un lado y a cierta distancia del joven señor, se +hallaba un rico y elegantísimo narguilé, cuyo flexible y luengo tubo +tenía el joven señor asido por el extremo, dejando ver la gruesa +boquilla de ámbar, prendida al tubo por un anillo de refulgentes +esmeraldas. Al lado opuesto del narguilé, aunque mucho más cerca del +joven señor, se alzaba, en muy graciosa postura, nuestra ya conocida +amiga la cigüeña blanca, cuya vista complació a Poldy no poco. No la +complació tanto, sino que hubo de enojarla y de escandalizarla, aunque +reprimió el enojo, atribuyendo lo que veía a inveteradas e +imprescindibles modas orientales, que en el fondo del salón apareciesen +tres bayaderas, con traje de Apsaras o inmortales ninfas, las cuales +tejían voluptuosa danza, desceñido y leve el transparente ropaje, los +brazos y los pies desnudos, luciendo en las gargantas de los pies y en +los brazos, ajorcas y brazaletes, y dejando ver además las torneadas +espaldas y los firmes y redondos pechos. Varios músicos, vestidos como +dicen que se visten los Gandarbas o músicos del cielo de Indra, +acompañaban la danza con arpas, flautas y violines, y con eróticos +cantares.</p> + +<p>Poldy quedó deslumbrada al contemplar todo esto y formó el concepto más +alto del esplendor y de la riqueza del señor indio. De su traza personal +es de lo que aquella fotografía no le daba idea completamente +satisfactoria. Y no era ese tampoco el propósito de la fotografía, por +bajo de la cual había este letrero: <i>mi modo de vivir en Oriente</i>.</p> + +<p>En otra fotografía más pequeña, aparecía ya el joven señor con más +claros pormenores. Estaba él solo, de cuerpo entero, pero sin accesorio +ninguno. Su traje, aunque sobrado pintoresco, era más europeo que indio, +salvo el extraño sombrero que llevaba en la cabeza y que era de los que +llaman heroínas en Filipinas. La chaqueta o dormán, muy ceñido al cuerpo +y adornado con alamares, revelaba las formas robustas de su torso y de +sus brazos. Los calzones eran anchos y cortos. Desde la rodilla hasta la +planta de los pies calzaba botas de becerro. Pendientes de la ancha +charpa, de cuero también, que ceñía su cintura, había un revólver a un +lado y al otro lado un enorme cuchillo de monte. En la mano derecha +cubierta de guante de gamuza, tenía una escopeta de dos cañones, que +descansaba en el suelo y sobre la cual se apoyaba. Por bajo, había un +rótulo que decía: <i>al ir a caza de tigres</i>.</p> + +<p>Por último, había una tercera fotografía que no dejaba nada que desear. +Allí estaba el joven señor clara, fiel y nítidamente retratado. Su +rostro era hermosísimo. Los ojos eran grandes y expresivos; la barba +parecía sedosa, abundante y muy bien cuidada y atusada. La nariz, un +tanto cuanto aguileña, daba cierta majestad a su expresión. Y la anchura +y la rectitud de su frente revelaban poco común inteligencia. Se notaba +en todo su aspecto un no sé qué de bondadoso, de simpático y de +egregiamente distinguido. Sus manos sin guantes, aunque fuertes y +varoniles, eran aristocráticas, muy cuidadas y bonitas, con dedos +afilados en la extremidad y encanutadas las uñas, en vez de ser cortas y +chatas. En este retrato, el joven señor estaba vestido enteramente al +uso de Europa, de toda etiqueta, con corbata blanca y con un frac, tan +admirablemente cortado y que le caía tan bien, que no soñaría hacerle +mejor, ni Frank, el de Viena, ni el sastre más famoso de Londres. Por +bajo de este retrato había otro letrero que decía: <i>en traje de etiqueta +para ir a un baile del Lord Gobernador de la India</i>.</p> + +<p>Hechizada quedó Poldy al contemplar los mencionados retratos. Se prendó +de la hermosura y distinción de su remoto amigo. Y no pudo menos de +confirmarse en la creencia de que era un príncipe indio <i>mediatizado</i>, +un nababo, o por lo menos un brahman o un <i>chatria</i> de primer orden y de +mucho fuste.</p> + +<p>Imagine ahora el lector el afán, el asombro, las palpitaciones de gozo y +el raro deleite con que leería Poldy la carta, que también venía en +rollo y que estaba concebida en estos términos:</p> + + +<p class="head">VIII</p> + +<p>«Me repugna y hallo difícil escribir cartas dando tratamiento a quien +las dirijo, y así, adopto la antigua costumbre de los orientales. Tú me +permitirás, bella condesa Poldy, que desde luego te tutee sin +ceremonias.</p> + +<p>La cigüeña blanca, que anida años ha en el tejado de la espléndida +quinta que yo poseo en las floridas márgenes del Ganges, me ha traído +gratas noticias tuyas, tus dulces palabras y tu divina imagen. Bendita +sea la cigüeña blanca que tanto bien me ha hecho. Con razón la llamaba +yo antes Garuda. Ahora le confirmo este nombre sagrado, con el que se +designa en mi patria al Dios-rey de las aves todas, al alado destructor +de los dragones y de las serpientes.</p> + +<p>En extremo me complace saber que eres de noble extirpe y bastante +antigua hasta donde cabe en un pueblo que hace pocos siglos era salvaje +todavía, careciendo de documentos y de archivos que pudiesen acreditar +la nobleza de persona alguna, y las hazañas de sus progenitores. Estos, +errantes en las ásperas selvas y en el rudo clima de los países del +Norte, decayeron de su ilustre origen y olvidaron la primitiva cultura +de los arios del Paropamiso de donde proceden, y sólo recientemente se +han civilizado, aprovechándose de los estudios y progresos de los +hombres del Mediodía. Pero sea de lo dicho lo que se quiera, +relativamente tú eres noble y me basta, aunque mi clara nobleza preceda +a la tuya en dos mil años lo menos.</p> + +<p>Te hablo con franqueza y desecho adulaciones y galanterías. Así darás +mayor crédito a mis alabanzas sinceras.</p> + +<p>Garuda, por caprichosa y feliz inspiración mía, te llevó unos versos que +distaba yo mucho de imaginar que pudiesen caer en tan hermosas manos. En +ellos ponderaba yo mi hastío de cuanto me rodea y el anhelo vehemente, +que consume mi alma, de hallar objeto, escondido y lejano, que satisfaga +mis aspiraciones amorosas, las comprenda y las comparta.</p> + +<p>Tu retrato y tu escrito han colmado mis votos. Tú eres la mujer de mis +sueños.</p> + +<p>Venerandos brahmanes, antiguos sabios de por acá, que han escrito de +amores en el Kama Sutra y en otras disertaciones y tratados, exigen +sesenta y cuatro potencias, prendas o aptitudes, para que exista en +realidad la <i>Padmini</i> o mujer perfecta. Yo te declaro que, al ver tu +imagen y al leer tus palabras, he descubierto en ti las sesenta y cuatro +aptitudes y te he entronizado en mi corazón como reina y señora y he +reconocido en ti mi <i>Padmini</i>, sin cuyo amor no podré tener nunca +bienaventuranza. Ámame pues, como yo te amo, y hazme dichoso como quiero +yo que tú lo seas.</p> + +<p>Nada puede oponerse a nuestra unión futura. La distancia importa poco. +No tardaré yo en salvar la distancia, y el día en que menos lo pienses, +apareceré a tu lado y me verás de hinojos a tus plantas, pidiéndote que +correspondas al inmenso amor que me inspiras.</p> + +<p>No hay ya en mí calidad exótica y peregrina que te prohíba amarme. Yo +poseo el antiquísimo saber de los brahmanes y de los <i>chatrias</i>, de +cuyas castas combinadas desciendo; pero, he estudiado también y he +logrado adquirir bastante del moderno saber de Europa. Y no le miro con +prevención injusta, sino con cariño paternal, como retoño lozano de +nuestras primeras, altas y fecundas doctrinas. Ya habrás notado que no +escribo muy mal tu idioma y hasta que he imitado y casi traducido en +sanscrito versos de Goëthe. No ignoro tampoco las literaturas francesa, +inglesa y de otros pueblos. Y en lo tocante a religión, te diré con todo +sigilo, pues no quiero aun escandalizar y alborotar a mis parientes y +amigos, brahmanes y <i>chatrias</i>, que he renegado, tres años ha, de la +religión brahmánica, y me he hecho, en secreto, tan católico cristiano, +como tú eres. Se debe esta conversión a cierto Padre jesuita, de nación +española, que llegó a esta ciudad, procedente de Filipinas y se detuvo +algún tiempo entre nosotros. Era varón tan ilustrado, tan piadoso y tan +elocuente y melifluo, que logró convencerme. Dios le bendiga y se lo +pague. Callo su nombre, porque de seguro no te importa y porque no +quiero lastimar su extremada modestia. Sólo añadiré que de mi trato +frecuente con este bendito Padre, ha nacido en mí grande afición a la +lengua castellana y que he adquirido y leído los mejores prosistas y +poetas, que en ella han escrito o escriben.</p> + +<p>Te callo también mi nombre indio, porque no quiero que le estropees y +porque es tan enrevesado, que sólo aprenderás bien a pronunciarle por +medio de la voz viva. Conténtate por ahora, con saber que el venerable +padre jesuita mi catequizador, me puso al bautizarme, el sevillano +nombre de Isidoro. No seas voluble: ámame y no me olvides: no te +enamores de ninguno de esos <i>dandies</i> de la <i>Hof-Adel</i> o nobleza +palatina de Viena: persuádete de que mi nobleza es por lo menos tan +clara y sin la menor duda muchísimo más rancia que la de ellos. La de +ellos constará acaso en antiguos pergaminos, pero la mía consta en +documentos fehacientes, redactados veinte siglos antes de que el +pergamino se inventase, y muchos más siglos antes de que en Austria se +usara y se contara entre los recados de escribir.</p> + +<p>Ámame, repito, y ten fe y esperanza en mi amor. No necesitas buscarme, +sino aguardarme. Pronto me verás a tus pies, adorándote rendido y +suplicándote con toda el alma que seas la <i>Padmini</i> de tu</p> + +<p class="r">I<span class="smcap">sidoro</span>.»</p> + + +<p class="head">IX</p> + +<p>Contentísima estaba Poldy al inferir y considerar, por la lectura de la +carta, que su indio era ilustre y rico y que estaba perdidamente +enamorado de ella. Puntos había, no obstante, en la carta, que hacían +surgir en el espíritu de Poldy, reparos, contradicciones y hasta quejas. +Harto jactancioso y nada galante ni fino le pareció el encomio que hizo +el indio de su nobleza, con grave detrimento y aun menosprecio de la +nobleza austriaca; pero Poldy excusaba y hasta absolvía al indio, +conjeturando que en este particular había de estar un tanto cuanto +agriado su carácter, por que siendo él descendiente de Crishna, de Rama, +de los Pandues, o tal vez de algún Avatar, encarnación de Vishnú, de los +que el Mahavarata celebra, se veía sometido a la extranjera dominación +de los pícaros ingleses.</p> + +<p>Poldy disculpaba así a su amigo, pero distaba mucho de darle la razón. +Pensaba ella que los documentos nobiliarios valen solo cuando goza de +poder, alta posición y riqueza quien los exhibe, y que todo esto, salvo +la riqueza, estaba menoscabado y deteriorado en su indio, que al fin era +un humilde súbdito de S. M. Británica y cualquier inglés empleado de +Hacienda o cualquier coronel de caballería podría mirarle de alto a +bajo.</p> + +<p>Poldy discurría además, que el que vence y domina es siempre el heredero +legítimo del vencido y dominado. Y esto en todas las épocas y regiones. +En la Edad Media, por ejemplo, ya en una encrucijada, ya en abierto +palenque, topaba un caballero andante con otro, y para probar la +bizarría respectiva o para hacer confesar al contrario, que su dama era +la más hermosa, o por quítame allá esas pajas, se arremetían ambos con +furia y se daban de lanzadas. De resultas caía derribado de la silla uno +de los dos caballeros, y en el instante, toda la gloria de sus proezas, +toda la nombradía que sus aventuras y hazañas le habían granjeado, se +transferían al caballero vencedor como aditamento o apéndice.</p> + +<p>Poldy recordaba también haber leído que, allá en América, cuando un +cacique bisoño, que no había hecho aun cosa de provecho, se encontraba +de manos a boca con otro cacique veterano, enemigo suyo, y célebre autor +de doscientas mil ferocidades, y acertaba a darle tan terrible golpe con +la macana que le derribaba y vencía, la fama toda del cacique veterano +se trasladaba al cacique bisoño, y hasta era general creencia que en el +bisoño se transfundían los bríos y la audacia del veterano, sobre todo +si el bisoño le bebía la sangre o se le comía, crudo o guisado, después +de haberle muerto.</p> + +<p>Deducía Poldy de cuanto va dicho, que los verdaderos nobles del día, son +los europeos, y muy singularmente los alemanes, porque ejercen con los +adelantos y mejoras de nuestro siglo, todas las antiguas artes de la paz +y de la guerra, por donde se señalaron y dominaron el mundo asirios y +babilonios, medos y persas, egipcios, fenicios y cartagineses, y griegos +y romanos, cuyas glorias todas, excelencias y privilegios se hallan hoy, +según Poldy, en resumen, cifra y compendio, en sus egregios +compatriotas, y por consiguiente en ella también.</p> + +<p>A pesar de todo, y después de haber hecho la indispensable rebaja, Poldy +se complacía en que fuera noble su indio y hasta se figuraba llanísimo +que fuese él naturalizado, <i>hof-fähig</i> sin la menor dificultad, y que +asistiese con ella a la corte cuando estuviesen casados.</p> + +<p>Como en Austria, además de la nobleza alemana, checa, polaca, húngara, +rumana, croata, serba, dálmata, etc., la hay de origen irlandés, +francés, español e italiano, claro está que podría haberla también de +origen brahmánico y <i>chatriesco</i>.</p> + +<p>Otra cosa, de las que enojaban algo a Poldy, era la presencia en la +fotografía de aquellas tres bayaderas tan ligeramente vestidas y tan +poco modestas y comedidas en sus bailes. Pero también Poldy se mostraba +indulgente con este desafuero del indio, y si no le disculpaba, le +explicaba y casi le perdonaba. El indio había tenido bayaderas, y había +hecho aquella vida rota, de puro oriental, cuando estaba aun sumido en +las tinieblas del paganismo, pero cuando, gracias al padre jesuita, se +convirtió a la verdadera religión, Poldy daba por segura su enmienda y +el abandono en que había dejado sus viciosos deportes.</p> + +<p>Lo único que en este negocio la apesadumbraba era que no hubiese sido el +indio su catecúmeno, porque ella le hubiera convertido mejor que el +padre jesuita, y no le hubiera dado en la pila bautismal un nombre tan +feo como el de Isidoro. Poldy ignoraba quizás que había habido un santo +arzobispo de dicho nombre, famosísimo sabio, que recogió y ordenó en +sus libros todo el saber de su tiempo, y se atenía a lo que había oído +decir a una vieja princesa, tía suya, terrible antisemita, la cual +princesa se empeñaba en afirmar que el nombre de Isidoro era muy común +entre judíos, por donde le repugnaba de tal suerte, que tuvo tentaciones +de despedir a un excelente criado suyo porque se llamaba Isidoro, y sólo +se resignó a conservarle en su servicio obligándole a llamarse Filidoro +en adelante.</p> + +<p>Por lo demás, Poldy no podía estar más alegre ni más satisfecha. El +istmo de Suez, acababa de abrirse y ya se presentía Poldy atravesando el +canal, salvando el estrecho de Bab-el-Mandeb, y navegando por el Mar +Eritreo, con rumbo hacia la India, para visitar las quintas, jardines y +palacios de su joven esposo.</p> + +<p>La venida de éste no podía ya tardar mucho, y Poldy se moría de +impaciencia por verle vivo y no pintado, en cuerpo y alma y no en +imagen. Lo que excitaba su curiosidad y le cosquilleaba suavemente las +telas del cerebro era la condición de <i>Padmini</i>, que el joven indio le +concedía. Ansiosa estaba de leer o de que le leyesen el <i>Kama Sutra</i>, y +de estudiar bien allí las sesenta y cuatro aptitudes o excelencias de la +<i>Padmini</i>, para buscarlas en ella y convencerse de que las poseía y de +que no era lisonja de su amigo.</p> + +<p>En resolución, Poldy estaba inquieta y alborozada, pero con inquietud y +alborozo, llenos de dulces esperanzas y de amorosas y poéticas +venturas.</p> + + +<p class="head">X</p> + +<p>Muy distraída o muy afanada debía de andar Garuda, cuando no se mostraba +en la margen de la laguna a donde Poldy iba a buscarla de diario.</p> + +<p>El indio seguía también tan invisible como Garuda.</p> + +<p>Poldy languidecía de impaciencia, e imaginaba en ocasiones que iba a +marchitarse su juventud como entreabierta rosa, en cuyo seno, donde no +cayó el rocío, penetran los rayos del sol en la estación estiva.</p> + +<p>En efecto, estaba para acabar ya el mes de Junio y el indio no había +aparecido.</p> + +<p>Una mañana, como de costumbre, entre diez y once, volvía Poldy de la +laguna, donde en balde había buscado a la cigüeña.</p> + +<p>Fatigada y triste, en medio de la senda por donde se volvía al castillo, +Poldy se sentó, al pie de un olmo, en un asiento rústico, y en lo más +frondoso, intrincado y bonito del parque. Un arroyuelo cristalino corría +cerca murmurando. Crecían en su margen blancas y moradas violetas, y +otras no cultivadas florecillas, que embalsamaban el aire con suave y +grata fragancia. Floridos rosales de enredadera y otras plantas, que se +ceñían a los troncos, y pasaban de un árbol a otro, como festones y +guirnaldas, formaban allí misteriosa espesura y apartado recinto.</p> + +<p>Sentada ya Poldy, se puso a meditar, y hubo de distraerse por tal arte, +que, como vulgarmente se dice, se le fue el santo al cielo. Cual no +sería su asombro y cual no sería su júbilo, cuando de repente sintió +ruido y sin tener tiempo para recobrarse, vio llegar a un gentil +caballero, que se aproximó respetuoso y vino a ponerse de hinojos a sus +plantas.</p> + +<p>Imposible dudar. Era el original de los tres retratos en fotografía. +Vestido estaba con elegante traje de cazador, pero sin armas, porque no +iba ya a caza de tigres, sino de palomas. Y en vez del salacot oriental, +cubría su cabeza un airoso sombrero tirolés adornado con una pluma de +águila.</p> + +<p>El joven derribó por tierra el sombrero y descubrió los negros y +abundantes rizos de su cabeza, antes de postrarse de rodillas.</p> + +<p>Profunda fue la emoción de Poldy. El corazón le daba brincos en el +pecho. El joven le pareció mucho más bello en el original que en los +retratos, y cuando oyó su voz, argentina, melodiosa, y rica de tonos +persuasivos y suaves, que roban la prudencia y la calma, apenas pudo +sostenerse y pensó que se desmayaba.</p> + +<p>En aquella situación no era dable diálogo alguno. ¿Qué podían decirse +los dos enamorados? ¿Con qué frases, en qué sobrehumano idioma +acertarían a expresar sus agitadores sentimientos?</p> + +<p>Solo dijo él:</p> + +<p>—Aquí estoy, Poldy. Tuya es mi vida. Quiero ser y seré tuyo para +siempre. Yo te amo, yo te idolatro, yo te adoro.</p> + +<p>¿Qué había de contestar Poldy, muda de asombro, radiante de alegría, y +con el amor y el pudor luchando en su alma?</p> + +<p>Hizo, no obstante un esfuerzo y se puso de pie, aunque turbada y +vacilante.</p> + +<p>Entonces él se levantó también y la estrechó irresistible y +cariñosamente entre sus brazos. Luego, juntó su rostro al de ella y +cubrió de besos su frente, sus mejillas y su fresca boca.</p> + +<p>Conoció Poldy al fin el peligro en que se hallaba, se avergonzó de ceder +con tanta facilidad a quien veía y oía por vez primera; y, prestándole +fuerzas su lastimado decoro, rechazó con violencia a su amante, se +desprendió de entre sus brazos, y procuró guarecerse de su atrevimiento +huyendo desalada y refugiándose en el castillo.</p> + +<p>A solas en su estancia, se repuso Poldy de su temor, logró calmarse, y +en el fondo de su alma no pudo menos de conceder su perdón al príncipe +indio. ¿Qué no perdonará una mujer a un joven gallardo y elegante, +enamoradísimo de ella, y que viene a buscarla y a ofrecerle su mano +desde tan remotos países? Y por otra parte, ¿qué había de hacer él +cuando ella había enmudecido, trémula y palpitante, y no respondía a sus +palabras? Si el indio no hubiera hecho lo que hizo, o hubiera sido un +ente sobrehumano de los que no se estilan, o un mozalvete ruin, +desmedrado y muy para poco.</p> + +<p>Así pensó Poldy. Yo no digo si pensó bien o si pensó mal. Digo solo que +pensó así y que, en consecuencia de tales premisas, echó allá en su +mente la absolución al joven indio.</p> + +<p>Sacó luego de un cajón de su escritorio la fotografía iluminada y con +morosa delectación se puso a contemplarla.</p> + +<p>Tan embebecida estaba en esto, sentada junto a su bufete, donde había +extendido la fotografía, que no vio ni oyó lo que pasaba en torno suyo.</p> + +<p>De súbito, y cuando menos lo temía, oyó detrás de ella una estridente y +sonora carcajada, tan diabólica y tan burlona como puede darla el más +consumado cantante, haciendo el papel de Mefistófeles y atormentando a +Margarita, en la ópera del <i>Fausto</i>. Con mucho sobresalto volvió Poldy +la cara y vio apoyado en el respaldar de su silla a su hermano Enrique, +con su facha de duende maligno, que se reía a casquillo quitado.</p> + +<p>De ordinario era Poldy apacible y afectuosa con todas las gentes y +singularmente con su enfermizo hermano, para quien no tenía palabra +mala. Pero entonces la cegó la ira y dijo con cruel desabrimiento al +Conde Enrique:</p> + +<p>—¿De qué te ríes, imbécil? ¿De qué te ríes?</p> + +<p>—Pues me río, contestó el conde tartamudeando, pues me río...</p> + +<p>—Vamos... interrumpió ella. Di, explícate. Dios te dé habla.</p> + +<p>—Pues me río del enredo novelesco que has armado en tu cabeza, +convirtiendo en príncipe indio o en algo semejante... a mi antiguo amigo +y camarada de universidad, Isidoro Ziegesburg.</p> + +<p>—Esas son simplezas tuyas. El indio se parecerá a un estudiante que tú +conociste. ¿Pero de dónde había de sacar el tal estudiante todas las +magnificencias indostánicas, todos los peregrinos tesoros de que en esta +fotografía aparece rodeado?</p> + +<p>—Mira, hermana, mi amigo es tan rico y abundan tanto en su casa los +objetos de toda laya, que lo mismo que aparece como indostaní en la +fotografía, hubiera podido aparecer griego del tiempo de Pericles, +magnate egipcio de la época de los Faraones o de los Ptolomeos, Mirza +contemporáneo de Hafiz o señor feudal del siglo de la primera cruzada. Y +siempre con las alhajas, primores, requisitos y demás accesorios que a +cada personaje caracterizan y son propios. Isidoro Ziegesburg, en una +palabra, posee el más completo y admirable bazar de antiguallas y +curiosidades que hay en Viena. ¿Qué digo en Viena? en toda Europa no hay +otro que se le iguale. Isidoro, así por lo que heredó de su padre, como +por lo que ha traído de sus peregrinaciones por todo el mundo, durante +cuatro años, es el más notable y acreditado de todos los chamarileros. +Comprendo lo que ha pasado y por eso me río. Me río sin poderlo +remediar.</p> + +<p>Y el conde Enrique se reía, y Poldy poniéndose colorada como las +amapolas, estuvo a punto de darle de bofetones.</p> + +<p>El conde advirtió que su hermana estaba furiosa, refrenó su hilaridad y +siguió diciendo:</p> + +<p>—Lo comprendo todo, porque Isidoro posee una bonita casa de campo a +ocho kilómetros de este castillo. No extraño que lo ignores, porque tú +estás siempre en Babia, arrobada en tus ensueños y sin ver la realidad +de las cosas. Sin duda, en la citada casa de campo, ha de tener Isidoro +algunos animales domesticados, y entre ellos la cigüeña blanca. Tuvo un +día el capricho de colgar al cuello de la cigüeña las tres poesías +sanscritas, de cierto compuestas por él, porque es muy ingenioso y +aprovechado estudiante. El quiso embromar a alguien, sin prever a quien +embromaría. Y quiso la suerte que los versos cayesen en tus manos y +fueses tú la embromada. Lo demás que ha podido ocurrir, lo sabes tú +mejor que yo.</p> + +<p>—Sí que lo sé, dijo Poldy, más triste ya y más abatida que airada. Y +pregunto yo ahora: ¿es incompatible el ser chamarilero y el pertenecer a +la nobleza?</p> + +<p>—En manera alguna es incompatible. Sujetos de muchas campanillas gustan +en el día de hoy de hacer cambalaches y de comprar y vender antiguallas +y curiosidades de todo género. Yo he oído decir al mismo Isidoro, cuando +acababa de volver de sus peregrinaciones, que en Lisboa tenía un +estupendo baratillo nada menos que un Palha, individuo de una de las más +ilustres y antiguas familias portuguesas, según lo atestigua Cervantes +en el <i>Quijote</i>. Y sin ir tan lejos, en la misma capital de Austria, hay +un egregio conde que tiene tienda de cristalería, y otro muy distinguido +caballero que la tiene de tejidos de lana en la calle de Carintia. +¿Porqué pues, sin desdoro de sus timbres y blasones, no ha de tener un +baratillo un señor de noble prosapia?</p> + +<p>—Acaso, dijo Poldy, Isidoro de Ziegesburg entre en esa cuenta. Acaso +figure su nombre en el cuadro genealógico de las casas principescas, +ducales y comitales, que publica todos los años el almanaque de Gotha, o +por lo menos en el libro de los condes, que también da anualmente a la +estampa el mismo editor Justo Perthes.</p> + +<p>—Desengáñate, hermana. No te canses. Yo debo decirte la verdad, aunque +te aflijas. Y la verdad es que Isidoro Ziegesburg es un judío.</p> + +<p>No bien el conde Enrique hubo pronunciado aquella palabra, que sonó como +la trompeta del juicio en las encendidas orejas de Poldy, criada y +educada, por su madre y por su tía, desde la tierna infancia en el más +feroz antisemitismo, cuando Poldy empezó a temblar como una azogada y +tuvo un violento ataque de risa nerviosa. Tan violento fue que el conde +Enrique se llenó de miedo, llamó al aya e hizo que trajesen a Poldy una +taza de tila.</p> + +<p>Cuando al fin se calmó Poldy, y cuando pasó su risa insana, empezó a +suspirar y a sollozar, y derramó un mar de lágrimas.</p> + +<p>Todavía se notaba en ella un raro movimiento nervioso. Con el pañuelo se +secaba el llanto, pero se restregaba el pañuelo con violencia por las +mejillas y por los labios, como si quisiese arrancarse la piel y los +besos que en ella había estampado el príncipe indio, convertido ya en +chamarilero israelita.</p> + + +<p class="head">XI</p> + +<p>Luego que Poldy consiguió sosegarse un poco, cayó en muda y honda +melancolía. Nada dijo a su hermano ni a su aya. Ellos no se atrevían a +interrogar a Poldy. Encerrada en su estancia, no iba ya a pasear por el +bosque. Apenas se dejaba ver y tratar por las personas que en el +castillo moraban.</p> + +<p>Entre tanto, el joven Isidoro fue tan audaz que se aventuró a venir a +visitarla, no ya recatadamente, sino en elegantísima victoria, tirada +por dos soberbios trotones rusos, con la cual llegó hasta la puerta del +castillo, subió las escaleras, y se empeñó en entrar a ver a la joven +condesa. Por fortuna se opuso el aya que le recibió en la antesala. +Isidoro dejó tarjeta y se retiró mal contento.</p> + +<p>No desistió sin embargo, y repitió otras tres veces la tentativa. A la +cuarta vez, por orden de Poldy, el aya salió a desengañar a Isidoro, le +afeó su tenacidad y atrevimiento, y le dijo que era inútil que volviese +por allí a enojar y a atormentar a Poldy, que nunca habría de recibirle +y a quien no volvería a ver en la vida.</p> + +<p>El horror antisemítico que embarga el ánimo de la nobleza austriaca +explica la conducta de Poldy, que parece extravagantísima y hasta +inexplicable en España.</p> + +<p>Poldy se había enamorado entrañablemente de Isidoro, pero, siendo él +judío, juzgaba ella imposible aceptarle primero por novio y luego por +esposo. El caso sería mirado como una abominación sin ejemplo. Los +hermanos de Poldy dejarían de reconocerla por hermana, sus tíos y tías, +por sobrina, y toda la <i>hig-life</i> vienesa de dieciséis cuarteles, la +expulsaría de su seno como individuo degradado y corrompido.</p> + +<p>Al pensar Poldy en esto, los cabellos se le erizaban y temblaba y +tiritaba todo su cuerpo como si discurriese por él el frío que precede a +la calentura.</p> + +<p>Resuelta estaba Poldy a no volver a ver a Isidoro: pero no había +previsto otra cosa y no había formado sobre ella plan ni propósito.</p> + +<p>A los pocos días de haberse negado ya por completo y para siempre a ver +a Isidoro, Poldy recibió por el correo una carta suya. Tal vez, sin +reconocer la letra, abrió la carta, tal vez reconoció la letra del sobre +y sin embargo le rompió. De todos modos, una vez abierta la carta, Poldy +no pudo resistir a la curiosidad y al interés que le inspiraba lo que en +ella estaba escrito. Leyó pues, y vio que decía: «El enojado, el +quejoso, debía ser yo y no tú, hermosa Poldy: pero el amor que me +inspiras es tan alto que no se le sobreponen los enojos y es tan firme +que no hay queja que le hunda ni acabe. Sigo, pues, adorándote, apesar +de todos los agravios. No fui yo quién te solicitó. Tú me provocaste, tú +me excitaste a que te amara enviándome tu retrato con un apasionado +escrito. Me creiste brahman, nababo, príncipe de la India o cosa por el +estilo; y, no puedes negarlo, me amaste entonces. ¿Hay nada más +irracional, ni más absurdo que tu desamor y tu furor de ahora, porque +sabes que, en vez de ser brahman, soy israelita? Yo seguí tu humor al +principio, fingiéndome brahman, pero, en lo tocante a nobleza no fingí +nada. ¿Quién te ha dicho que un judío no puede ser noble? ¿De dónde +infieres que tengo yo menos cuarteles que tú? Yo puedo presentarte mi +evidente genealogía que se remonta hasta el mismo patriarca de Ur de los +caldeos, pasando por reyes, caudillos, jueces y profetas. ¿Dónde andaban +los germanos ni qué eran cuando el poderoso rey Salomón, mi pariente, +erigía suntuoso templo al Dios único?</p> + +<p>Creado su concepto en la mente de los hombres de mi casta, por ellos fue +revelado al resto del humano linaje, idólatra y ciego. También el rey +Salomón fundaba a Tadmor, espléndido oasis para las caravanas que iban a +las orillas del Eufrates, y mandaba sus triunfadoras naves juntas con +las de Hiram, a Ofir y a Lanka por un extremo, y a Gadir, a Tarsis y aún +a las remotas Casitérides por el otro. Desde allí le traían, para +autoridad, pasatiempo y deleite de él y de sus súbditos, cobre, estaño y +ámbar, cándidas pieles de armiños y de cisnes, jimios y papagayos, +especierías y perfumes, perlas y diamantes, marfil y oro.</p> + +<p>Alguien de mi familia privó con Ciro el Grande y volvió con Zorobabel a +reedificar la Ciudad Santa. De mi familia fue también el glorioso +pontífice que infundió en el ánimo engreído y triunfante del Macedón +Alejandro, súbito acatamiento y saludable temor de las cosas divinas. +Alguien de mi familia combatió gloriosamente por la patria al lado de +los Macabeos y derrotó al rey de Siria Antioco Epifanes. Ve tú pensando +mientras yo recuerdo estos sucesos que puedo demostrarte, en que pobre +choza o en que miserable zahurda estaba metida entonces tu desarrapada y +salvaje parentela. Las brutales persecuciones de Demetrio Soter, después +de la funesta batalla y de la heroica y gloriosísima muerte de los +Macabeos, movieron a mi familia a emigrar a España. No quiero pecar de +prolijo ni ser tildado de jactancioso, y por eso no cuento aquí por +menudo las cosas extraordinarias que en España hicimos. Te diré, no +obstante, que fue mi cercano pariente aquel gran rabino de Toledo que +redactó la exposición, y fue el primero en firmarla, dirigiéndose a +Caifás y tratando de convencerle, para que no condenase al santísimo +Hijo de María. Al lado del rey Alfonso VI de Castilla combatieron como +héroes mis antepasados, contra la bárbara invasión de los almoravides, +en la sangrienta rota de Zalaca. Yo cuento en mi familia inspirados +poetas y admirables filósofos y teólogos, gloria de la Sinagoga española +y de todo el judaísmo. Entre ellos descuella Jehuda Leví, el Castellano, +a quien Heine celebra con entusiasmo fervoroso. El beso que Dios, al +crearla, dio a su alma, viéndola tan bella, resuena aún en los cantares +de aquel trovador admirable y produce divino encanto en los nobles +espíritus que son capaces de sentirle y de comprenderle. Mi familia se +estableció más tarde en Lucena, provincia de Córdoba, centro floreciente +de las academias y liceos judaicos, donde las ciencias y las artes se +cultivaron con abundante fruto. De allí salieron médicos, astrónomos, +hombres de Estado y ministros de hacienda para multitud de monarcas, +cristianos y muslimes, de los que reinaron en la península. Nosotros +poseíamos un pintoresco castillo o quinta de recreo, en el ameno +nacimiento del río, cerca de la villa (hoy ciudad) de Cabra, y por eso +tomamos el apellido de Castillo de Cabra, que traducido al alemán llevo +ahora. Arrojados de España por el fanatismo antisemita, vinimos a parar +a Austria, donde somos hoy víctimas de no menor absurdo fanatismo. Y no +es lo peor el odio, sino el infundado desprecio con que nos tratáis. +¿Qué he hecho yo, qué ha hecho mi casta para que seamos así +menospreciados? El dinero que ha ganado mi padre y el dinero que he +ganado yo, ha sido ganado honradamente. Y para no cansarte, no digo aquí +nada más de mi nobleza. Sólo me atreveré a indicar que todavía hay en +España familias de las más altas clases, que se convirtieron a la +religión cristiana en el siglo <span class="smcap">xv</span>, y con las cuales me sería harto fácil +probar mi parentesco. Baste lo dicho para que te inclines, oh hermosa +Poldy, a desechar tu loca repugnancia, impropia del clarísimo +entendimiento que Dios te ha dado, y para que vuelvas a recibirme, me +ames y seas mía.»</p> + +<p>En Austria nadie sabe de fijo lo que hizo Poldy después de leer tan +arrogante y disparatada carta. La general creencia es sin embargo la de +que Poldy, aunque perdidamente enamorada del judío, no cedió ni se +rindió a sus razones. Muy por el contrario, todos por allá dan un fin +trágico y misterioso a la presente historia.</p> + +<p>El castillo de Liebestein está solitario y ruinoso. En sus sombríos y +desapacibles salones, llenos de polvo y telarañas, se afirma que vagan y +circulan por la noche duendes y almas en pena.</p> + +<p>El conde Enrique se fue de profesor a no sé qué universidad, donde vive +aún.</p> + +<p>Y en cuanto a Poldy, unos aseguran que se ahogó bañándose, y dan otros +por cierto que, de propósito y movida por la desesperación, se arrojó +desde una barca en la vaguada o centro mismo de la corriente del +Danubio, y hasta añaden que con una gruesa piedra atada al cuello, para +hundirse en el fondo, para que nadie pudiera salvarla y para que no +resurgiese y se encontrase su cadáver.</p> + + +<p class="head">XII</p> + +<p>Sin faltar descaradamente a la verdad, no hubiera podido tener mi cuento +fin menos lamentable y menos vago, a no ser por un dichoso encuentro +casual que tuve en Nueva York diez o doce años después de la +desaparición de Poldy.</p> + +<p>En el espléndido club, donde iba yo a comer casi de diario, me encontré +a un rico y amable comerciante de origen español, trabé con él amistad y +acabamos por hacernos muy íntimos.</p> + +<p>Era hombre de cuarenta y cinco años a lo más, pero parecía más joven por +lo muy guapo, alegre y elegante.</p> + +<p>Nos reconocimos como paisanos de la patria chica, o sea de determinada +comarca, porque si no él, no pocos de sus antepasados fueron cabreños.</p> + +<p>Ya adivinará o sospechará el lector que este amigo mío, aunque +naturalizado ciudadano de la Gran República, era y se llamaba Don +Isidoro Castillo de Cabra.</p> + +<p>Pronto me contó hasta los ápices y hasta los más escondidos lances de su +vida. Poldy había luchado, durante algunos meses, en espantosa +indecisión, entre el amor que Isidoro le inspiraba y los deberes más o +menos artificiales, que la ligaban a su patria, a su familia y a la alta +clase a que pertenecía.</p> + +<p>Por último, el amor triunfó en el alma de Poldy, mas no para quedarse en +Austria desdeñada y aborrecida de sus hermanos y parientes. No: esto era +imposible. Poldy tomó una resolución extrema, pero, en su caso, bastante +justificada. Hizo correr la voz de que había muerto, se casó +católicamente con el judío converso, y cambiando, o mejor dicho +traduciendo su nombre, se vino a vivir con él a los Estados Unidos.</p> + +<p>Isidoro se trajo todo el dinero que tenía y no pequeña parte de los +preciosos chirimbolos, joyas y antiguallas de su bazar. El resto, así +como los predios urbanos y rústicos de que en Austria era dueño, lo +dejó al cuidado de un tío suyo muy de fiar y muy hábil.</p> + +<p>En los Estados Unidos entró en grandes empresas y especulaciones y +aumentó sus bienes de fortuna en vez de disminuirlos.</p> + +<p>El venía a Nueva York dos o tres días cada semana para despachar sus +negocios que, por haber muy entendidos dependientes en su escritorio, no +requerían de continuo su presencia. De aquí que la mayor parte del +tiempo se le pasase en una quinta que había hecho construir a las +orillas del Hudson, imitando en lo posible la traza y arquitectura del +castillo de Liebestein. Como la quinta estaba sobre una peña, a +semejanza del castillo, tuvo Isidoro la ocurrencia de darle casi el +mismo nombre, aunque en lengua castellana y recordando un sitio muy +romántico que hay entre Antequera y Archidona. La quinta de Poldy se +llamó la <i>Peña de los Enamorados</i>.</p> + +<p>Distaba la quinta mucho más de Nueva York que de Albany, capital del +Estado de Nueva York, pero, como los trenes del ferrocarril van con +extraordinaria rapidez en aquella tierra, y es deliciosa la navegación +en los magníficos vapores que suben y bajan por el río, poco molestaba a +Isidoro para ir y venir que fuese algo mayor la distancia. En cambio +Poldy gustaba del sosiego y de la tranquilidad del campo y aborrecía el +bullicio malsano de las ciudades muy populosas.</p> + +<p>Rara vez Poldy iba a Albany y más rara vez aun iba a Nueva York. En su +quinta gozaba ella de todo el bienestar, lujo y regalo, que ofrece la +civilización moderna a los que son muy ricos.</p> + +<p>Poldy, aun saliendo poco, y para verse al espejo, y para que su marido +la viese, se vestía a la última moda, con esmero, buen gusto y acendrada +elegancia.</p> + +<p>Isidoro me llevó a la quinta, me presentó a Poldy y tuve el placer y la +satisfacción de admirarla. Aunque frisaba ya en los cuarenta años, el +sol de su hermosura brillaba en el cenit y ella parecía una diosa.</p> + +<p>Admirable era la hospitalidad conque acogía en su casa a los huéspedes, +contribuyendo a este fin el privilegiado talento de su cocinero, artista +de primer orden.</p> + +<p>Dos hijos tenía Poldy: una niña de ocho años y un niño de seis, que eran +dos ángeles de puro bonitos.</p> + +<p>Garuda, la cigüeña blanca, animal que goza de larguísima vida, vivía +mansa, doméstica y feliz en la quinta, como si para ella el tiempo no +corriese. Más bien había ganado que perdido, porque el plumaje de la +pechuga, que tenía antes un viso ceniciento, había adquirido el brillo y +la blancura de la nieve. Garuda parecía el genio familiar de la casa, el +vivo resumen de los lares y penates de aquel hogar transportado desde el +centro de Europa a la opuesta orilla del Atlántico.</p> + +<p>No quiero decir más para encarecer la felicidad de que Isidoro y Poldy +gozaban, a fin de no excitar la envidia de los que me lean. Voy, pues, +a terminar, haciendo una súplica a los lectores: que se callen lo que +aquí revelo y no se lo escriban a los treinta o cuarenta condes y +condesas, hermanos, tíos, cuñados y sobrinos de Poldy, para que no se +aflijan ni se escandalicen.</p> + +<div class="imagen"><a name="EL_CAUTIVO_DE_DONA_MENCIA" id="EL_CAUTIVO_DE_DONA_MENCIA"></a><img src="images/ill_011.png" +width="95%" +alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div> + + +<h2>EL CAUTIVO DE DOÑA MENCÍA</h2> + +<hr class="pre" /> +<p class="head">I</p> + +<p>P<span class="smcap">ocos</span> días ha recibí el prospecto de un libro muy curioso que va a +publicarse en Córdoba. Contendrá la historia de las ciudades, villas y +fortalezas de aquel antiguo reino. Me hizo esto recordar ciertos +sucesos, que me contó mi amigo D. Juan Fresco, como ocurridos hace ya +cuatrocientos treinta años en el castillo de la población en que él +vive. Ignoro si dichos sucesos serán todo ficción, o si tendrán algún +fundamento histórico. Ya se encargarán de dilucidarlo los que escriban +el mencionado libro, ora consultando otros antiguos que deben de andar +impresos, ora en vista de Memorias y demás documentos manuscritos que ha +de haber en abundancia. Yo no quiero meterme en semejantes honduras. Me +inclino, sin embargo, a creer que en mi historia, si hay alguna ficción, +hay también mucho de verdad en que la ficción se funda: el grave +testimonio de mi querido y erudito amigo D. Aureliano Fernández-Guerra, +a quien oí referir no pequeña parte de los sucesos cuya narración me +complazco en dedicar ahora a su inolvidable espíritu.</p> + +<p>D. Aureliano tenía hacienda de olivar y viña en el cercano lugar de +Zuheros; iba a menudo por allí, y se preciaba de saber, y había +investigado y de seguro sabía, todo cuanto desde muchos siglos atrás +había acontecido en aquella comarca. A pesar de todo, desisto de +averiguar, para no comprometerme, lo que hay de verdad y lo que hay de +mentira en el cuento, y voy a referirle aquí como me le contó mi tocayo.</p> + +<p>Los fuertes muros y las ocho altas torres están hoy como en el día en +que se edificaron. No falta ni una almena. Dentro de aquel recinto +pueden alojarse bien doscientos peones y más de ochenta caballos. De la +cómoda vivienda señorial no queda ni rastro. Han venido a sustituirla un +molino aceitero con alfarge, trojes y prensas, que durante la vendimia +sirven también de lagar, un grande alambique con agua corriente, y +extensas bodegas para aceite, aguardiente, vinagre y vino.</p> + +<p>Allá por los años de 1470 era todo aquello muy distinto. Extraordinaria +importancia estratégica tenía la fortaleza, como construida en una +altura, sobre enormes peñascos, que en gran parte le servían de +cimiento. En el centro había cómoda habitación, casi un palacio, donde +se albergaba el alcaide o señor que mandaba la hueste. Veinte años +hacía que dicho alcaide, lleno de ardor juvenil, había salido en +imprudente expedición contra los moros de Granada. Pasando por Alcalá la +Real, había entrado en la Vega por Pinos de la Puente, causando mucho +daño, talando algunos plantíos y sembrados, y cobrando no poco botín en +cortijadas y alquerías. Pero al volver rico y triunfante para su +castillo, en los agrios cerros y en el espeso bosque de encinas que hay +entre Pinos y Alcalá, cayó en una celada que los moros, más de mil en +número, le habían preparado, y allí murió combatiendo heroicamente +contra ellos.</p> + +<p>La viuda de D. Jaime, que así se llamaba el muerto adalid, quedó como +única señora y alcaidesa del castillo.</p> + +<p>Era su nombre doña Mencía. Sobrina del Conde de Cabra, se había criado +en la casa de aquel ilustre prócer. Apasionadamente enamorada del gentil +caballero D. Jaime, venido de Aragón a ponerse al servicio del Conde, y +muy señalado ya por su habilidad y su brío en todos los ejercicios +caballerescos, por sus notables proezas y hasta por su talento y +maestría en el gay saber, el Conde no tuvo que oponer razón alguna +contra la boda, y consintió en que don Jaime y doña Mencía se casasen, +dando en dote a la doncella el dominio y la alcaidía del castillo de que +voy hablando.</p> + +<p>Sin duda para mostrarse más digno de su encumbramiento, D. Jaime +acometió la arriesgadísima empresa que causó su muerte. Diecisiete años +acababa de cumplir doña Mencía cuando se quedó viuda. Amarga y +desconsoladamente lloró la muerte de su gentil e idolatrado esposo. +Vistió severísimo luto, hizo una vida retirada, y en los veinte años que +se siguieron hasta el día en que empieza esta historia, no salió del +castillo sino para dar solitarios paseos.</p> + +<p>En aquellos tiempos, las tierras todas del Rey de Castilla estaban +llenas de discordias y alborotos. No había paz ni seguridad en parte +alguna, sino robos, sangrientos combates, muertes y estragos. Los +grandes señores, por particulares rencillas y opuestos intereses, se +hacían cruda guerra unos a otros. El reino, además, estaba dividido en +dos opuestos y principales bandos. Fiel uno al rey D. Enrique, pugnaba +por sostenerle en el trono. El otro le había negado la obediencia, le +había depuesto en Avila con cruel e infamante ceremonia, y reconocía +como soberano al príncipe D. Alfonso, hermano menor del rey. El reino de +Córdoba ardía en disensiones, como todo el resto del país. Rara +prudencia y singular entereza supo mostrar doña Mencía para conservarse +en cierto modo neutral estando tan divididos los ánimos, sin dejar de +ser fiel y sin faltar al pleito homenaje que a los de su casa y familia +les era debido.</p> + +<p>Todos respetaban a doña Mencía, la cual, gracias a su austeridad y +recogimiento, estaba en opinión de santa. La hacía aún más respetable, +prestándole algo de misterioso y sobrenatural, el que hubiese pocas +personas que se jactasen de haberla visto, ni menos hablado. Se +aseguraba, no obstante, que era hermosísima mujer, de treinta y siete +años, pero que parecía mucho más joven por la esbeltez, elevación y +gallardía de su cuerpo. Se decía que sus cabellos eran negros como la +endrina, que sus ojos brillaban como dos soles, que tenía manos muy +bellas y señoriles, y que la palidez mate de su terso y blanco rostro +estaba suavemente mitigada por el sonrosado y vago matiz que arrebolaba +sus frescas mejillas. Doña Mencía apenas conversaba con más personas que +con el Padre Atanasio su capellán, con Nuño, su escudero y maestresala, +y con la hija de Nuño, Leonor, que era su íntima servidora y confidenta.</p> + +<p>Mucho lamentaba doña Mencía, en sus conversaciones con el Padre +Atanasio, los escándalos y las civiles contiendas que asolaban el país y +tenían a sus hombres de más valer armados unos contra otros.</p> + +<p>Doña Mencía había deplorado la violenta resolución tomada por D. Alonso +de Aguilar de prender en la misma casa del Ayuntamiento de Córdoba al +mariscal D. Diego, primo de ella, y de tenerle encerrado durante algunas +semanas en el castillo de Cañete; pero más deploraba aún el desafuero de +D. Diego desafiando a D. Alonso, contra la expresa voluntad y orden del +Rey, que quería paz entre ellos, y de llevar adelante el desafío bajo el +amparo del Rey moro, que le dio campo y palenque en la vega de Granada. +Allí citó y aguardó D. Diego a D. Alonso; y como éste no acudiese al +desafío, D. Diego, declarado vencedor por el Rey moro, ató a la cola de +su caballo un cartelón donde iba escrito el nombre de D. Alonso de +Aguilar con la calificación de alevoso, y le arrastró por el suelo con +ignominia. Terrible fue la afrenta; pero D. Alonso la sufrió con +paciencia magnánima, reservando su valor para más patrióticos y altos +empeños, según supo mostrarlo en el resto de su vida y en su muy +gloriosa y trágica muerte.</p> + + +<p class="head">II</p> + +<p>La soledad y la monotonía de la existencia de la alcaidesa no habían +tenido la menor alteración a pesar de una extraña novedad que había en +el castillo desde hacía una semana. Doña Mencía custodiaba en él a un +huésped, o, mejor dicho, a un prisionero. Su primo D. Diego había +exigido que le custodiase, imponiéndole además como un deber el +abstenerse de preguntar el nombre del huésped, el cual, por su parte, +había prometido también no revelar su nombre. Don Diego tenía grande +interés en que no se supiese el nombre de su prisionero, y hasta en que +se ignorase que tenía prisionero alguno. Por eso no quiso llevarle ni a +Cabra ni a Baena, y le llevó al castillo de doña Mencía, donde no había +más gente que la guarnición, y bajo cuyo amparo no se había fundado aún +la villa que hoy existe. Doña Mencía tuvo que ceder a la imposición de +su primo; pero gustaba tanto de la soledad, y era tan poco lo que le +importaban los sucesos del mundo, que no quiso ver al cautivo que su +primo le trajo, y le confió a Nuño, para que éste le vigilase, alojase y +cuidase con esmero, como a persona principal, y según D. Diego quería.</p> + +<p>La dama del castillo supo sólo que su huésped o prisionero era un rapaz +imberbe, que tendría dieciséis años a lo más, y del que D. Diego se +había apoderado, sorprendiéndole sin armas y en compañía de otros +rapaces cazando pajarillos con red y con liga, cimbel y reclamos, en las +orillas de un arroyo no lejos de Monturque.</p> + +<p>En su estrado estaba doña Mencía, sola y entregada a sus rezos, en una +hermosa mañana del mes de Abril, cuando su doncella Leonor entró +precipitadamente, asustada y llorosa, y se echó a sus pies pidiendo +perdón y refugio.</p> + +<p>—Yo no tengo la culpa, señora; yo no tengo la culpa. Mi padre se enoja +contra mí, y quiere matarme sin justo motivo. El rapaz que está +prisionero es el más descomedido e insolente de los rapaces. Me +sorprendió al pasar yo sola por la galería, me requebró con +desenvoltura, me asió luego entre sus brazos, y a pesar de mi +resistencia y de mis gritos, me dio muchos besos. No sé cuántos, porque +me los dio tan de prisa que no tuve tiempo para contarlos. Llegó en esto +mi padre y agarró al rapaz de una oreja, tratando de castigarle; pero el +rapaz, que debe de ser fuerte y ágil, le echó la zancadilla, le derribó +por tierra y se largó con risa. Mi padre se levantó renqueando, y, +ansioso de vengar el agravio recibido, vino furioso contra mí. Yo, +señora, me refugio aquí, y me pongo bajo tu amparo. Defiéndeme, señora; +mira que soy inocente.</p> + +<p>La grave doña Mencía frunció el entrecejo al oír la narración de aquel +lance; pero en la cara, en el acento y en las frases de Leonor reconoció +su sinceridad y que no era culpada; la levantó del suelo en que estaba +de hinojos y le aseguró que la defendería. Toda su cólera estalló con +vehemencia contra el atrevido rapaz, que con tan liviano desacato +ofendía su casa. Llamó a Nuño, le exigió que absolviese a su hija de +culpas que en realidad no tenía, y le ordenó que, sin entrar en nueva +lucha con el rapaz, y sin acudir tampoco a otras personas para que no se +enterase nadie de lo ocurrido, trajese al rapaz a su presencia para que +ella le reprendiese duramente, como él merecía.</p> + +<p>Cumplió Nuño las órdenes, y pocos instantes después compareció el rapaz +ante la hermosa dama, que le recibió, como juez severísimo, con +imponente autoridad y compostura. Nuño y Leonor se retiraron a una señal +de la dama. Esta quedó sentada en un sillón de brazos, como si fuera +tribunal o trono. El rapaz estaba de pie enfrente de ella, con ademán +muy respetuoso por cierto, pero en manera alguna temeroso ni turbado. +Con enérgicas palabras la dama le echó en cara su fea conducta, le +amonestó para que se corrigiese, y le exigió que pidiera perdón de su +culpa. Él contestó de esta suerte:</p> + +<p>—Yo, señora mía, me confieso culpado, y estoy dispuesto a pedirte +humildemente perdón, de rodillas delante de ti. Si alguna disculpa +tengo, válganme como tal mis verdes mocedades y mi completa +inexperiencia de las cosas del mundo. Yo me figuré, señora, que me +hallaba en la cumbre de una montaña, y muy cerca de una nube que parecía +de carmín y de oro, por lo cual gusté tanto de ella que me atreví a +abrazarla y aun a besarla; pero la nube se me desvaneció y deshizo, y +entonces apareció el sol que la nube me ocultaba, y cuyos divinos +reflejos eran los que habían dado a la nube los brillantes matices que +me enamoraron, me sedujeron y me hicieron incurrir en la falta, que como +tal deploro, si bien, por otra parte, casi me alegro de haberla +cometido. Cometiéndola he apartado la nube y he logrado al fin ver el +sol, que desde hace una semana anhelaba yo ver y que ahora extasiado +contemplo.</p> + +<p>Colorada como la grana, en parte de ira y en parte de gustosa sorpresa, +se puso doña Mencía al oír el desenfadado discurso de aquel audaz +muchacho. A pesar de su austeridad, tan probada y acendrada durante +veinte años, sintió que en el fondo de su pecho pugnaba por salir y le +retozaba la risa al notar tanta juvenil desvergüenza; pero al fin +triunfó la condición austera de la egregia dama, y despidió al mancebo, +diciéndole:</p> + +<p>—Está bien, niño; pero mejor estaría si tu maestro o tu ayo te hubiera +enseñado menos retórica y más comedimiento y circunspección para no +faltar al respeto que a una ilustre dama se debe, y que se debe también +a su casa y a su servidumbre. Vete y corrígete, y haz de modo que no +tenga yo que apelar a dolorosos extremos para poner coto a la audaz +conducta de que parece que te jactas en vez de arrepentirte.</p> + +<p>Quiso replicar el rapaz, pero la dama hizo tan imperioso gesto de +desagrado y despedida, y fulminó contra él tan terrible mirada de sus +negros ojos, que le hizo enmudecer y que le arrojó de la estancia como +si lo hiciera a materiales empellones.</p> + + +<p class="head">III</p> + +<p>Escarmentado el joven cautivo y acaso más cautivo aún de su propia +cortesía y de la veneración y del afecto que le había inspirado la dama +con sólo verla, se condujo durante los diez días que se siguieron con la +corrección más cumplida, mostrando paciencia ejemplar para sufrir sin +quejas su triste y enojoso cautiverio. La severa doña Mencía advirtió +entretanto que atormentaba a veces su alma cierto arrepentimiento de +haber empleado con el rapaz severidad sobrada. Allá a sus solas pensaba +en él casi de continuo, y se complacía en saber lo mucho que su +reprimenda había valido, y cuán juiciosamente se conducía el mozo. Luego +recordaba su rostro y toda su gentil figura, que no había dejado de +examinar cuando le tuvo delante de ella. Y por virtud de este recuerdo +vino a nacer en su alma la más singular alucinación, la más curiosa y +rara fantasía que puede soñarse. En balde procuraba apartar de su mente +aquel ensueño peligroso. El ensueño volvía con tenacidad sobre ella, y +ni dormida ni despierta la dejaba en libertad y en sosiego. Imaginó que +el insolente rapaz a quien había reprendido era el vivo retrato de D. +Jaime, su difunto esposo; y yendo más adelante en aquellas cavilaciones, +se dio a recelar o a sospechar que las hadas benéficas, o algunos otros +seres o genios sobrenaturales, para premiar sus largos años de rígida +viudez, le devolvían con vida al esposo a quien habían tenido durante +todo aquel tiempo encantado y oculto en un mágico submarino alcázar, no +ya conservándole joven, sino poniéndole más joven y más gallardo de lo +que antes era. Y como las imaginaciones no vienen solas, sino que nacen +unas de otras, enredándose y trabándose como áurea cadena, doña Mencía +no se contentó con fingir pasado lo que se acaba de decir, sino que se +creyó conocedora y zahorí de lo presente y aun inspirada profetisa para +ver a las claras las cosas futuras. Así dio por cierto que el rapaz, su +cautivo, llevaba en la frente la marca y el sello de un genio casi +sobrehumano, y que delante de él se abrían luminosos horizontes de +gloria y largo camino de triunfos y de grandezas.</p> + +<p>Como quiera que fuese, doña Mencía no pudo resistir a la tentación de +volver a ver al rapaz. Para cohonestarla, antes de caer en ella, se le +ofrecían tres razonables motivos. Era el primero que, en virtud de la +buena conducta del joven, debía ella endulzar lo amargo de su reprimenda +llamándole y dándole su absolución. Era el segundo que, por la gran +diferencia de edad que entre ambos mediaba, el afecto de ella hacia él +tenía mucho de maternal y muy poco o nada de pecaminoso. Y era el +tercero, que el recordar es siempre mil y mil veces más poético que el +mirar, por donde tal vez cuando ella mirase de nuevo al muchacho, caería +en la cuenta de que no se parecía a su difunto esposo, de que ni él +estaba encantado ni la encantaba a ella, y de que eran sueños vanos y +sin sustancia todos los pronósticos en que prestaba al rapaz las +grandezas y los triunfos que expresados quedan. En suma, doña Mencía se +humanó, se apiadó del aislamiento de su cautivo, y, en vez de dejarle +comer solo en la torre en que vivía, le convidó a comer a su mesa.</p> + + +<p class="head">IV</p> + +<p>Con este trato familiar y diario, doña Mencía dio por seguro que pronto +acabarían por desvanecerse las ilusiones algo malsanas que había +concebido; pero, por desgracia, aconteció muy al revés de su buen +propósito y honradísimo intento.</p> + +<p>Don Juan Fresco pasa aquí como sobre ascuas, sin aclarar ni determinar +nada. Yo no he de ser más explícito y terminante que mi tocayo. Diré +sólo que, pocos días después, doña Mencía apareció más bella y remozada, +iluminando su rostro una alegría dulce y mucha satisfacción y contento, +vistiéndose con más primor y saliendo a caballo a dar largos paseos, por +los más solitarios y ásperos caminos, acompañada sólo del mancebo +cautivo y del anciano Nuño, a quien el mozo había ganado la voluntad y +con quien estaba muy bien avenido. Nuño tenía además la más completa +convicción de que el mancebo no perseguía ya ni inquietaba a Leonor, +cuya honestidad estaba segura.</p> + +<p>Harto había notado Nuño la fina devoción y el acendrado rendimiento con +que el mancebo cautivo miraba y servía a su señora; pero no se atrevía a +sospechar que ella pagase con amor tan delicados extremos, si bien +advertía que a veces, bajo la ardiente mirada del joven, doña Mencía +bajaba suave y lánguidamente los ojos, y tal vez se ponía encarnada como +las amapolas, y aun creyó percibir en ocasiones, por entre los párpados +y sedosas pestañas de ella, asomar una lágrima, que más que amarga +parecía ser de ternura.</p> + +<p>Tales observaciones daban vigor a sus sospechas; pero no tardaba en +disiparlas la consideración de que el P. Atanasio, grave y reverendo +siervo de Dios, comía siempre en la misma mesa con doña Mencía y el +mancebo, y terciaba al parecer en todos sus coloquios.</p> + +<p>Por otra parte, no cabía en la imaginación ni en el pensamiento de Nuño +que doña Mencía olvidase a su esposo D. Jaime y fuese infiel a su +memoria.</p> + +<p>La desproporción de edad hacía, por último, inverosímiles las relaciones +amorosas. Doña Mencía hubiera podido ser holgadamente madre de aquel +lindo muchacho.</p> + +<p>De aquí que Nuño desechase siempre como suposición maliciosa la idea que +a veces se le presentaba de que doña Mencía tuviese amores. Lo que tenía +era afecto casi maternal, y algo de satisfacción de amor propio y mucho +de gratitud al considerarse querida. De esto sí que no dudaba Nuño. La +admiración entusiasta y el vehemente enamoramiento del mozo estaban +harto poco disimulados y eran patentes a todos los ojos.</p> + +<p>Los guerreros de la hueste lo veían claro. Y muchos de ellos, menos +respetuosos que Nuño, y con muchísima menos fe en la probada austeridad +y virtud de la alcaidesa, afirmaban, con más malicia que respeto, que +aquella ilustre dama no desdeñaba las pretensiones del misterioso +cautivo casi adolescente.</p> + +<p>Provino de todo ello un germen de disturbio que hubiera podido terminar +en escándalo, si la prudencia de Nuño no le hubiera sofocado al nacer.</p> + +<p>Juan Moreno Güeto, uno de los cabos de la hueste, favorito de Nuño y +aspirante a la mano de su hija Leonor, a quien requería de amores, era +asimismo respetuoso y ferviente admirador de D.ª Mencía. Y como oyese en +cierta ocasión, en boca de algunos compañeros de armas, groseros +chistes en ofensa de su señora, no pudo contenerse y se decidió a +castigarlos de palabras y aun de obras. Por dicha, Nuño acudió a tiempo +y pudo evitar la inminente lucha, calmando los ánimos, restableciendo la +paz y procurando que no se divulgase lo que había ocurrido.</p> + +<p>Doña Mencía, no obstante, hubo de entrever algo del caso y de sentirse +lastimada y avergonzada de andar en lenguas de sus vasallos, y de ver +que empezaba a perderse la inmaculada reputación que ella tan justamente +había adquirido en veinte años de la vida más ejemplar y de las más +severas costumbres.</p> + +<p>Fuesen como fuesen sus relaciones con el rapaz misterioso, doña Mencía +comprendió que daban harto pábulo a la maledicencia.</p> + +<p>Sin duda el P. Atanasio, que era su director espiritual, y, según hemos +dicho, grave y severísimo, la amonestó o la reprendió, ora por el +peligro a que se exponía o por la ocasión que daba a que la censurasen, +si no había pecado, ora por el pecado mismo si, dejándose ella caer en +la tentación, había cometido alguno.</p> + +<p>En resolución, las causas por lo pronto permanecieron ocultas, y cuando +menos podía preverse hubo un suceso inesperado.</p> + +<p>Revestido con las armas del difunto D. Jaime, que parecían expresamente +forjadas a la medida del mancebo cautivo, apareció éste a la puerta del +castillo en una hermosa mañana del mes de Mayo, acompañado de Nuño y de +Juan Moreno Güeto, los tres en sendos caballos; tomaron el camino de +Cabra, y no tardaron mucho en salvar la cima de los cercanos alcores, +perdiéndose de vista.</p> + +<p>Alguien aseguró después que, hasta que de vista se perdieron, doña +Mencía estuvo en el balcón de su estancia, que se elevaba sobre el muro, +y desde donde se oteaba el circunstante paisaje, mirando a los que +partían, y dando al mancebo cautivo un postrer adiós con el blanco +pañizuelo de holanda que hacía ondear su diestra, cuando no se le +llevaba a los ojos para enjugarse el llanto delator que los humedecía.</p> + +<p>A la caída de la tarde del día siguiente, Nuño y Juan Moreno Güeto +volvieron al castillo, pero volvieron solos. Del mancebo nada se supo +después. Nuño y Juan Moreno Güeto no quisieron satisfacer nunca la +curiosidad de la gente de la guarnición diciendo dónde le habían dejado.</p> + + +<p class="head">V</p> + +<p>Seis días pasaron después del suceso que acabamos de referir, durante +los cuales vivió doña Mencía en el más completo retraimiento. No salía +de sus apartadas estancias, y sólo la veían y hablaban con ella el P. +Atanasio, Leonor y Nuño.</p> + +<p>Un domingo por la mañana ocurrió algo que allí podría pasar por novedad, +ya que sólo de tarde en tarde recibía la alcaidesa visitas de sus +parientes.</p> + +<p>No se sabe si llamado por ella, o por iniciativa propia, vino el +mariscal D. Diego desde el castillo de Baena a visitar a su prima. De +todos modos, D. Diego no sabía, o aparentó no saber, que el mancebo +cautivo había recobrado su libertad. Preguntó por él a doña Mencía y +mostró deseo de verle.</p> + +<p>Doña Mencía contestó entonces:</p> + +<p>—No es posible que ahora le veas. Aborrezco el disimulo y el engaño. No +sólo le he dejado ir libre, sino que le he absuelto del compromiso que +contrajo y de la palabra que dio de permanecer en cautiverio. Él no se +hubiera ido si yo no le hubiera obligado a que se fuese, mandándoselo y +despidiéndole. Échame a mí toda la culpa; toda la culpa es mía.</p> + +<p>Don Diego no pudo reprimir su enojo, y exclamó con airado acento:</p> + +<p>—¡Vive Dios, prima, que te has conducido con fea deslealtad y te has +mostrado harto ingrata a los beneficios que a mi casa y familia debes!</p> + +<p>—Vuestras quejas—replicó ella—son harto infundadas, Sr. D. Diego, y +son además muy ofensivas para mí. Yo he dado libertad al joven por +respeto al honor de vuestra casa y familia, y para no ser cómplice de un +delito que la denigraba. El rapaz no ha sido maltratado en este +castillo; pero había sido robado y secuestrado por nosotros, como si +fuésemos bandidos. Yo no podía consentir largo tiempo en esto y +coadyuvar a vuestros planes. Supe que el ilustre hermano del cautivo le +buscaba inquieto y desolado, indagaba en balde su paradero y hasta +lamentaba y lloraba su por él imaginada temprana muerte. Lo mejor que +podía yo hacer, y eso he hecho, es enviarle a Montilla a que tranquilice +y aquiete a su hermano, exigiéndole, como le he exigido, y él cumplirá +su promesa, no revelar nunca a su hermano quien le robó y le tuvo +prisionero. Mi deseo es que se restablezca la concordia entre vuestra +casa y la de ellos, y sería nuevo inconveniente para que mi deseo se +lograse que D. Alonso supiera que el mariscal D. Diego, de quien tantos +agravios ha recibido, le había agraviado también siendo el raptor de su +hermano, a quien quiere con toda su alma.</p> + +<p>—No es de maravillar ese cariño—dijo don Diego,—porque el joven posee +extraordinarios atractivos, se gana la voluntad de las personas a quien +trata, aunque sean muy adustas, y si a él le roban toma represalias +terribles, y, según parece, roba los corazones, y los trastorna y los +hechiza por tal arte, que les hace olvidar los más sagrados deberes y el +conveniente decoro.</p> + +<p>Subió la sangre al rostro de doña Mencía y le tiñó de rojo al escuchar +aquellas palabras; pero con serenidad y calma, para que lo que había +resuelto no se atribuyese a momentáneo arrebato, sino a resolución +premeditada e irrevocable, dijo a D. Diego de esta suerte:</p> + +<p>—No hubiera yo presumido ni creído nunca, Sr. D. Diego, que faltando a +nuestro parentesco, a nuestra amistad de toda la vida y a cuanto un +caballero cortés y bien nacido debe de respeto a una dama, hubierais vos +venido a mi propia habitación y estrado a insultarme con injuriosas +reticencias. De nadie dependo, y sólo a Dios tengo que dar cuenta de mi +conducta. Aunque fuese mala, no tenéis derecho para afrentarme ni para +acusarme, siquiera sea en términos embozados y ambiguos. Respetad a una +mujer como a vuestra hidalguía conviene. Y ya que juzgáis que yo me he +conducido mal en lo que importa al servicio de vuestra casa y familia, +yo me extraño desde este instante de dicho servicio. Por lo pronto, os +ruego, dije mal, os exijo que salgáis de mi presencia. No tardaré yo en +evacuar el castillo y fortaleza cuya custodia me habíais confiado. El +alférez Calixto de Vargas quedará mandando la hueste, y dentro de +veinticuatro horas os hará entrega de todo. Yo me extraño, como acabo de +deciros. Mañana mismo saldré de aquí, llevando en mi compañía a Nuño, a +su hija Leonor y a Juan Moreno Güeto. El mayor favor que podéis hacerme +es no volver a acordaros de mí, y no empeñaros en averiguar ni adónde +voy, ni cuáles serán en lo futuro mis propósitos y las andanzas de mi +vida.</p> + +<p>Aunque harto sabía D. Diego que era irrevocable toda resolución que +tomaba su prima, y que su carácter era más firme que la roca en que +descansaba el castillo a que ella había dado su nombre, todavía D. Diego +hubiera querido contestar a aquel discurso y procurar amansar a la dama; +pero ella lo estorbó retirándose de súbito a su habitación más +reservada y cerrando la puerta de golpe.</p> + +<p>No se atrevió el Mariscal a seguirla: no quiso tampoco enterar a nadie +de los términos poco amistosos con que aquella entrevista había +terminado, y así, aparentando reposo y sin dejar traslucir lo que +pasaba, salió del castillo con los escuderos que le habían acompañado, y +se volvió a Baena.</p> + + +<p class="head">VI</p> + +<p>Cruel y deshecha tempestad de encontrados sentimientos hubo de agitar +aquella noche el alma de doña Mencía. Durmió poco y se levantó del lecho +apenas rayaba la aurora.</p> + +<p>Como si le quedasen pocas horas de vida y estuviese a punto de +desaparecer de sobre el haz de la tierra, dispuso de todos sus bienes, +haciendo donación de las joyas, de los más ricos vestidos y de parte de +sus cuantiosos ahorros a favor de Leonor, su fiel camarera.</p> + +<p>Hallándose presente ésta, así como también el P. Atanasio, hizo venir a +Juan Moreno Güeto y le indujo a contraer con Leonor solemnes esponsales, +que autorizó el P. Atanasio, prometiendo, por su parte, ser pronto el +ministro que santificase por la virtud del sacramento la unión de los +novios.</p> + +<p>Confió doña Mencía al P. Atanasio una respetable suma de dinero para que +la repartiera con juicioso tino entre los soldados de la hueste y los +campesinos pobres de las cercanías.</p> + +<p>Y reservó, por último, buena porción de su caudal para entregarla a la +Superiora del convento de Santa Clara en Córdoba, antigua fundación del +rey D. Alonso <i>el Sabio</i> y de su mujer la reina doña Violante, hija de +D. Jaime de Aragón, el que ganó a los moros la ciudad de Valencia. En +aquel convento había determinado doña Mencía encerrarse para siempre y +acabar su vida.</p> + +<p>A fin de cumplir tan devota determinación, de que sólo dio noticia +entonces al P. Atanasio, se despidió de la hueste como si tratase de +hacer una breve ausencia, y acompañada solamente del mencionado Padre, +de Nuño y del futuro yerno de éste, salió para Córdoba aquel mismo día.</p> + +<p>Como los cuatro iban en sendos caballos, ligeros y briosos, pudieron +llegar, y llegaron, antes de anochecer a la antigua capital del +califato.</p> + +<p>Doña Mencía tardó poco en cumplir su propósito. Abandonó el mundo, y se +retiró al convento de Santa Clara. El P. Atanasio y Juan Moreno Güeto +volvieron al castillo inmediatamente. Nuño tardó algo más en volver, +pues tuvo antes que llevar un mensaje a Montilla, cumpliendo las órdenes +de su señora y el último de sus encargos, en relación y enlace con +personas y cosas de esta vida mortal, del siglo y de la tierra que nos +sustenta. Nuño llevó a Montilla, y entregó recatada y secretamente al +hermano menor de D. Alonso de Aguilar, una extensa carta, escrita por +doña Mencía, y que decía de esta suerte:</p> + + +<p class="head">VII</p> + +<p>«Cuando te despedí pocos días ha desde el castillo, devolviéndote la +libertad y mandándote y exigiéndote que la recobrases, no tuve valor aún +para despedirme también de la esperanza de volver a verte en este mundo, +¡oh mi dulce y joven amigo! Tomada estaba ya y escondida en el centro de +mi alma la firme resolución de no volver a verte nunca; pero no quise +decírtelo hasta ahora. Ahora que te lo digo, ahora que por última vez +voy a hacer que mi palabra llegue hasta ti, aunque sea desde lejos, Dios +habrá de perdonarme si me complazco en recordar mi extravío, no ya para +llorarle y lamentarle arrepentida, sino para deleitarme y glorificarme +con su recuerdo. Toda la austeridad de mi vida durante veinte años, todo +mi primer amor, suavemente conservado en la memoria con afán religioso y +puro como rescoldo del fuego sagrado entre las cenizas del ara, y mi +orgullo y el respeto debido al nombre que llevo y a mi decoro de honrada +y casta matrona, todo se desvaneció y falleció en mi alma al ver tu +rostro y al oír tus palabras, acaso desde la vez primera que me +hablastes. No creas que me ofusqué, que me cegué y que no comprendí +desde el primer momento la intensidad y la fealdad de mi delito y el +casi irresistible impulso que a cometerle me llevaba. Claro apareció en +mi conciencia el amor que me habías inspirado, y cuán abominable lo +hacía la gran diferencia de nuestra edad, más propia que para +convertirme en amiga o en esposa tuya, para prestarme, con relación a +ti, por manera espiritual, el casto y limpio carácter de madre.</p> + +<p>»Yo, con todo, no supe resistirme. Fue mi pasión tan vehemente que, no +ya inútil, necia y vulgar me pareció la resistencia. Hasta en la misma +tardanza vi yo algo de mezquino y grosero que aparecía en mi mente como +frío artificio y estudiado melindre de mujer que anhela vender más caras +sus finezas y realzar más de lo justo el precio y valer de sus favores +retardando el concederlos. No extrañes, pues, que, vencida y rendida yo, +cayese desde luego en tus brazos sin defenderme, y te diese mi corazón y +fuese toda tuya.</p> + +<p>»Había yo querido antes cohonestar la inclinación que hacia ti había +sentido, imaginándote vivo retrato del hombre a quien yo había amado en +mis primeras mocedades, y a quien había llorado largos años después de +muerto. Pero no tardé en desechar este pensamiento, considerándole +cobarde hipocresía con que mi entendimiento, más mentiroso que sutil, +trataba de atenuar el poderoso conato de mi voluntad viciosa. No: no me +pareciste semejante a D. Jaime, sino mil y mil veces mejor que él. Su +imagen, grabada en mi alma, se borró y desapareció no bien vino tu +imagen a estamparse en ella, como sello y marca de esclavitud que la +hace tuya para siempre. Ni el temor de la maledicencia; ni el odioso +pensamiento de que hasta tú mismo pudieras menospreciarme y tenerme por +liviana, nada me contuvo. La fuerza, no obstante, que no bastó para +detenerme al borde del abismo y para salvarme de la caída, me ha valido +luego para romper materialmente el lazo, para huir de ti, para +levantarme lastimada y penitente y refugiarme en este retiro. Yo no +podía ser legítimamente tuya. Vivir de otra suerte a tu lado, hubiera +sido escándalo, ignominia y vergüenza. Los sabios consejos de mi +confesor, a quien, dominando el rubor que encendía y quemaba mi rostro, +mostré la herida de mi alma para que la curase, y el bálsamo de nuestra +santa religión que él vertió en la herida, me prestaron aliento y brío +para desbaratar las cadenas en que me tuviste aprisionada, para +apartarte de mí y para tomar luego la determinación que he tomado.</p> + +<p>»Dios, en su infinita misericordia, habrá de perdonármelo. No acierto a +que así no sea. Ahora que me dirijo a ti, acuden a mi mente, la turban y +la llenan de amargo deleite aquellos momentos de embriaguez amorosa y de +completo abandono en que toda yo fui para ti y creí que eras tú todo +mío.</p> + +<p>»Resuelta estoy a restaurar con plegarias, cristianas meditaciones y +dura penitencia la espantosa ruina en que mi virtud se deshizo. +Humillada y contrita estoy, y con todo, no noto en mí el +arrepentimiento. A mi mente acuden en tropel ideas y razones, si no para +justificar, para disculpar en parte mi pecado, y, cuando no para +absolverme, para mitigar la sentencia que me condena.</p> + +<p>»A los indiferentes parecerá locura lo que voy a decirte. A pesar de tu +modestia, tú debes creerme. Algo de sobrenatural, del cielo sin duda en +su origen, aunque torcido y maleado después por el infierno, ha sido el +móvil principal de mi enamoramiento y de mi súbita flaqueza. He sentido, +al verte y al oírte, no atino a explicar qué extraño modo de profética +revelación, qué profundo convencimiento, qué fe y qué segura esperanza +en tus futuros y soberanos destinos. Sí, yo no he amado sólo en tu +persona al gallardo y floreciente mancebo en toda la frescura y lozanía +de su edad primera. Yo he amado y prefigurado en ti al héroe en flor, +gloria y grandeza de la patria, al que contribuirá más que nadie a que +Castilla, disuelta hoy en bandos y asolada por guerras civiles, con +España toda unida a Castilla, sea la primera de las naciones. Yo, no +sólo veía en tus ojos la llama del amor, sino la luz refulgente y el +fuego del entusiasmo con que un numen inspirador encendía tu alma. Yo +veía lucir en tu frente la estrella de la inmortalidad, y su resplandor +me cegaba: tus sienes se me mostraban circundadas de un nimbo luminoso.</p> + +<p>»Así explico yo y así disculpo mi inevitable rendimiento; así explico yo +y así disculpo también el valor cruel que he tenido para echarte lejos +de mí y para apartarme de ti, después y por siempre. Reteniéndote en mis +brazos me hubiera rebelado yo contra los designios y decretos del +cielo. La gloria te quiere para sí, y yo no quiero ni puedo ser rival de +la gloria. Básteme la que alcanzo con haber poseído tu corazón y con que +me hayas tributado las primicias de tu amoroso y juvenil afecto. +Básteme, sobre todo, la gloria de haber sido acaso el primer ser humano +que ha visto con toda claridad en tu frente el signo que Dios puso en +ella, señalándote así para que honres, prosperes y ensalces a tu pueblo, +y para que venzas y domines a los otros.</p> + +<p>»Adiós. No me llores por desventurada. ¿Por qué no confesártelo? Estoy +orgullosa y soy dichosa por mi propia falta. La única obligación tuya, +lo único que me debes es el cumplimiento de mi esperanza y de la fe que +puse en ti. No desmayes. Lánzate valerosamente en el sendero de la vida. +Sé grande, sé glorioso, como yo te he soñado, y paga así con usura todo +el amor que te tuve y que te tengo todavía, y cuantos sacrificios hice a +ese amor justificado por tu maravilloso valer y harto premiado por el +deleite supremo que logré al ser tu amada.</p> + +<p>»No quiero yo que me olvides, dueño mío. Tuya soy yo, toda yo y por toda +la vida. Recuérdame, pero más con ternura que con pena. Y adiós de nuevo +y para siempre.»</p> + +<p>Cuatro años después de escrita esta carta, doña Mencía, apartada del +mundo y de todo trato de gentes, salvo el de sus hermanas las +religiosas, se consumió como si un fuego interior la devorase, se +marchitó como rosa aromática en el ardor del estío, y entregó a Dios su +alma en el convento de Santa Clara de Córdoba, edificando con su +resignada, ejemplar y cristiana muerte a las pocas personas que por +entonces la trataban.</p> + + +<p class="head">VIII</p> + +<p>Más de cuarenta años habían transcurrido desde la muerte de doña Mencía.</p> + +<p>Gonzalo Fernández de Córdoba se hallaba de paso para Granada en la +ciudad que se honra con darle su nombre por apellido.</p> + +<p>Todos los ensueños de doña Mencía se habían realizado. Estaba él +cubierto de gloria, era llamado el Gran Capitán. Su nombre se +pronunciaba y se oía con respeto en todas las regiones de Europa. De él +había dicho el más discreto y perfecto caballero cortesano que en +aquella edad tuvo Italia, que, «en paz y en guerra fue tan señalado, que +si la fama no es muy ingrata, siempre en el mundo publicará sus loores y +mostrará claramente que en nuestros días pocos reyes o señores grandes +hemos visto que en grandeza de ánimo, en saber y en toda virtud no hayan +quedado bajos en comparación de él». Él había combatido a los +portugueses en Toro, a los muslimes en Granada, en las Alpujarras a los +moriscos rebeldes, en Ostia al más feroz de los piratas, al turco en +Cefalonia, y en Italia a los franceses, desbaratando sus ejércitos, +venciendo a sus reyes y más ilustres caudillos y ganando para España lo +más hermoso de aquella península. Había adquirido y prodigado inmensas +riquezas, había ganado como trofeo de sus victorias más de doscientas +banderas y dos estandartes reales, y había conseguido que le celebrasen +y admirasen en toda España, así en Aragón como en Castilla.</p> + +<p>Víctima ya de la suspicacia, y tal vez de la envidia del Rey, se +retiraba harto desengañado a sus dominios de Loja, después de haber +visto arrasada la fortaleza de Montilla, que fue su cuna, y castigados +con dureza no pocos de sus parientes y amigos.</p> + +<p>Se cuenta que Gonzalo visitó un día a su anciana parienta doña Beatriz +Enríquez, que había sido amiga del ya difunto almirante D. Cristóbal +Colón, a quien retuvo largo tiempo en España a pesar de los desdenes de +la Corte.</p> + +<p>Contra la sentencia del Dante, tan a menudo citada, no siempre es +doloroso, sino sabroso y dulce, el recuerdo de la edad feliz, de los +amores juveniles y de los triunfos y venturas que entonces se lograron. +Doña Beatriz, en su vejez y en su aislamiento, se sintió consolada al +ver y al hablar a su glorioso deudo. Animada fue la conversación que con +él tuvo.</p> + +<p>Doña Beatriz se mostró expansiva y acabó por estar justamente +jactanciosa. Declaró con orgullo que tenía por gloria suya el haber +amado al aventurero genovés, el haber descubierto y reconocido todo el +valer de su espíritu y el haber creído y esperado en la alta misión que +le habían confiado los cielos, cuando todavía eran muy pocos los +hombres que no le desdeñaban.</p> + +<p>—Por mí—dijo—se quedó en España aquel hombre enviado de Dios. En gran +parte me debe España la gloria de haber roto ella el misterioso secreto +de los mares y de haber descubierto islas florecientes y extensa tierra +firme, rica en perlas y en oro, que todavía se pone como valladar para +impedirnos llegar a Cipango, al Catay y al imperio del preste Juan, por +donde ya penetran los portugueses, siguiendo opuestos caminos y +navegando hacia las regiones donde se pensaba que tenía su tálamo la +Aurora.</p> + +<p>El Gran Capitán comprendió y aplaudió el orgullo de su parienta; pero su +mismo aplauso hizo brotar en su alma otro orgullo muy parecido. Gonzalo +Fernández de Córdoba no supo contenerse, y dijo a doña Beatriz:</p> + +<p>—Yo admiro la perspicacia de vidente y la fe profunda y la esperanza +certera con que amaste y detuviste al inspirado piloto. Pero perdona mi +vanidad. No has sido tú en esta época la única cordobesa a quien hizo el +amor profetisa. Otra hubo antes que tú, que compitió en esto contigo. No +merece tanto, porque el hombre cuyo valer futuro descubrió ella en su +amorosa visión profética, vale mil y mil veces menos que el que por +esfuerzo de su reveladora inteligencia y de su enérgica voluntad ha +duplicado o triplicado la grandeza del mundo conocido, y ha magnificado +el concepto de la creación en toda mente humana. Comparada a la gloria +de ese hombre, vale poco la que se alcanza derrotando ejércitos, +conquistando reinos y avasallando y humillando a los príncipes más +poderosos. Merece, sin embargo, más que tú esta mujer de que te hablo, +porque tú no revelaste a Colón mismo lo que él ya sabía de su propio +valer. Tú le prestaste crédito, aliento y esperanza y confianza en los +hombres y en su fortuna; pero esta mujer de que te hablo, en su +exaltación de amor hacia mí, porque fue mi enamorada, no se limitó a +darme crédito, aliento y esperanza, sino que hizo patente a mi alma la +por ella soñada grandeza que mi alma tenía, me infundió la fe que en mí +puso, convirtió mi ambición en deber de gratitud hacia ella, y me obligó +a ser grande para que ella no fuese, ni motejada de ligera, ni tenida +por mentirosa.</p> + +<p>El Gran Capitán no supo callar entonces. Contó a doña Beatriz los +fugitivos amores de su mocedad primera. Y hasta hay quien dice que le +citó, asomando el llanto a sus ojos, algo de la carta que le había +escrito doña Mencía, y que él conservaba piadosamente en la memoria.</p> + +<p>Gonzalo dijo por último:</p> + +<p>—Quiero confesarte, con el debido sigilo, que después he amado a otras +mujeres y he sido amado por ellas. Ninguna, sin embargo, ha derribado y +arrojado del santuario de mi alma la venerada imagen, puesta allí sobre +todo lo terrenal y caduco, de la mujer que me reveló a mí mismo mi ser +propio: que tal vez con la virtud creadora de su amor sembró en mi +espíritu el germen de todo lo bueno y de todo lo noble que he podido +hacer en mi vida.</p> + +<p>Al referir esta historia que me contó D. Juan Fresco, y cuya certidumbre +confirmó, hasta cierto punto, mi querido amigo D. Aureliano, no puedo +menos de recordar un estudio que escribió y publicó, años ha, Rosa +Cleveland, hermana del que fue Presidente de los Estados Unidos. El +estudio se titula <i>Fe altruista</i>, y procura demostrar que la capital +misión de la mujer es la de revelar al hombre sus altos destinos, +alentarle en la lucha e inspirarle el brío y la confianza que son +menester para alcanzarlos.</p> + + +<div class="imagen"><a name="EL_MAESTRO_RAIMUNDICO" id="EL_MAESTRO_RAIMUNDICO"></a><img src="images/ill_012.png" +width="95%" +alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div> + +<h2>EL MAESTRO RAIMUNDICO</h2> + +<hr class="pre" /> +<p class="head">I</p> + +<p>E<span class="smcap">n</span> varios tratados de Economía política he visto yo una cuenta, de la +que resulta que la industria de los zapateros en Francia ha producido, +desde el descubrimiento de América hasta hoy, seis o siete veces más +riqueza que todo el oro y la plata que han venido a Europa desde aquel +nuevo e inmenso continente. Esto me anima, sin recelo de pasar por +inventor de inverosímiles tramoyas, a hablar aquí del maestro +Raimundico.</p> + +<p>Haciendo zapatos empezó a ser rico; acrecentó luego su riqueza, dando +dinero a premio, aunque por ser hombre concienzudo, temeroso de Dios y +muy caritativo, nunca llevó más de 10 por 100 al año; después, fundó y +abrió una tienda o bazar, donde se vendía cuanto hay que vender: azúcar, +café, judías, bacalao, barajas, devocionarios, libros para los niños de +la escuela, y toda clase de tejidos y de adornos para la vestimenta de +hombres y mujeres. El maestro se fue quedando también con no pocas +fincas de sus deudores, y llegó a ser propietario de viñas, olivares, +huertas y cortijos.</p> + +<p>Ya no esgrimía la lezna, ni se ponía el tirapié, ni se ensuciaba los +dedos con cerote, pero fiel a su origen, conservaba la zapatería, donde +trabajaban expertos oficiales, discípulos suyos. El magnífico bazar +estaba contiguo. Y junto a la zapatería y al bazar podía contemplarse la +revocada y hermosa fachada de su casa, situada en la calle más ancha y +central del pueblo. A espaldas de esta casa y en no interrumpida +sucesión, había patios, corrales, caballerizas, tinados, bodegas, +graneros, lagar, molino de aceite, y en suma, todo cuanto puede poseer y +posee un acaudalado labrador y propietario de Andalucía. La puerta +falsa, que daba ingreso a estas dependencias agrícolas, pudiera decirse +que estaba extramuros del pueblo, si el pueblo tuviera muros, mientras +que la puerta principal, según queda dicho estaba en el centro.</p> + +<p>El maestro Raimundico nunca había querido comprometerse ni mezclarse en +política; pero de súbito acababa de cambiar. Se había hecho fusionista y +había consentido en ser jefe de aquel partido político y alcalde en +Villalegre.</p> + +<p>Era viudo, hacía ya quince años. Y hacía cerca de siete que tenía a su +único hijo, D. Raimundo Roldán de Cadenas, estudiando o paseando y +holgando en Madrid, pues sobre este punto, difieren no poco los +autores. Difieren asimismo sobre la causa de la larga y no interrumpida +ausencia del hijo, atribuyéndola unos a la viudez más alegre que +recoleta del padre, para la cual hubiera sido estorbo o escándalo la +presencia del hijo, y atribuyéndola otros al despego y a la soberbia de +éste, que vivía en Madrid como caballerito muy elegante e ilustre, que +hablaba de su casa solariega, y que repugnaba volver al lugar a ver la +plebeya ordinariez de su padre y la primitiva y fundamental zapatería +tenazmente conservada.</p> + +<p>Como quiera que ello fuese, D. Raimundo se daba en Madrid tono de muy +hidalgo, y su gentil presencia, su elegancia en el vestir y el dinero +que solía gastar con rumbo, prestaban a su hidalguía no corto crédito. +Él era además robusto y ágil en todos los ejercicios del cuerpo, gran +tirador de pistola, florete y sable, buen jinete, mejor bailarín, y muy +divertido, ocurrente y chistoso. Tenía multitud de amigos y estaba en +Madrid como el pez en el agua.</p> + +<p>Hacía muy poco que se había graduado de Doctor en Jurisprudencia, y +había enviado a su padre la tesis doctoral. El padre leyó con suma +atención las cuatro o cinco primeras páginas, pero no entendió palabra, +se mareó y dejó la lectura. Y como era muy escamón, se puso a cavilar +entonces, sobre si el no entender aquello, sería culpa de su ignorancia, +o si sería, según frase de Cánovas, que hasta aquel lugar había llegado, +porque su hijo era un tonto adulterado por el estudio o si sería porque +no había habido tal estudio ni tal adulteración, sino porque el chico +había estudiado poquísimo y para disimularlo, había llenado su discurso +de frases huecas, fiado en su audacia y en la simplicidad de muchas +personas que lo que no entienden es lo que más admiran.</p> + +<p>De todos modos, corregido ya el maestro Raimundico, morigerado por la +ancianidad, reverdeciendo en su corazón el amor paternal sobre los +restos de otros ya muertos y menos santos amores, y tal vez proyectando +que el muchacho, que había cumplido veinticinco años, ganase popularidad +y simpatías en el distrito, para que fuese elegido diputado, le mandó +llamar con términos harto imperativos y hasta dejando de enviarle +dinero, que era el medio más eficaz de que podía valerse.</p> + +<p>D. Raimundo, pues, no pudo menos de obedecer. Complació a su padre, vino +a Villalegre y se halló en Villalegre muy a gusto.</p> + +<p>Para que se vea la sinceridad de su contento y el placer y la +satisfacción que en el lugar tenía, vamos a poner aquí una +circunstanciada carta que, al mes de estar en Villalegre, escribió don +Raimundo a su mejor amigo de Madrid. La carta decía como sigue.</p> + + +<p class="head">II</p> + +<p>«Mi querido Pepe: Muy a despecho mío vine por aquí para no rebelarme +contra los mandatos de mi señor padre; pero te declaro con franqueza que +ahora me alegro en el alma de haber venido. Este lugar es lindísimo; los +fértiles campos que le rodean hacen un paraíso de sus cercanías; y sus +habitantes son amenos y regocijados. Yo aquí me divierto la mar. Y no +sólo me divierto, sino que, ¿por qué no he de confesártelo? me siento +como nunca me sentí en Madrid, perdidamente enamorado de una mujer. Pero +¡qué mujer, chico! Es un encanto, un prodigio de bonita. Y no sé decir +si por desgracia o por fortuna, de la más pasmosa severidad de +costumbres. La llaman el Sol de Tarifa, porque de aquella ciudad salió +ella como el sol por oriente. Tal es su apodo significativo. Su +verdadero nombre es doña Marcela Gutiérrez de los Olivares, por ser +viuda del teniente de la clase de sargentos, del mismo apellido, muerto +en Cuba un año ha, a manos de los insurrectos. Llora ella aún a su +difunto marido, con cuya tía, doña Pepa, vive en este lugar en ejemplar +recogimiento, y desdeña y rechaza al enjambre de galanes que la +pretende. Tremendo es uno de ellos por su obstinación y ferocidad. Es su +nombre Currito el Guapo, y es hermano de la estanquera, mujer también de +notable mérito, muy joven aún y famosa por su hermosura y gallardía. +Currito, tan celoso de su honra como los galanes de Calderón en las +comedias de capa y espada, no consiente que nadie requiebre a la +estanquera si no viene con la buena fin. Y aplicando este modo de +proceder de su casa a la ajena y de su hermana a su pretendida novia, no +consiente tampoco que nadie se acerque a doña Marcela, ni le diga +chicoleos, celándola de suerte, que ella vive aislada, porque Currito +tiene metidos en un puño a casi todos los mozos del lugar. Navaja en +mano es tremendo, y ya que no quiera por piedad abrir a nadie una gatera +en el vientre, lo que es para pintar un jabeque en la cara al propio +lucero del alba, no tiene el menor escrúpulo si se enoja.</p> + +<p>»Doña Marcela está con esto que trina, porque gusta de ser desdeñosa sin +que el desdén parezca forzado, y porque no acepta la tutela o mejor +dicho el cautiverio en que galán tan crudo la tiene.</p> + +<p>»A fuerza de oír tales cosas, pues no es otro el principal asunto de las +más frecuentes conversaciones de por aquí, pronto comenzó a hervirme la +sangre contra la insolencia de Currito el Guapo. Me entraron ganas de +libertar de su cautiverio a doña Marcela. Y crecieron mis ganas y se +hicieron irresistibles cuando vi, primero en la iglesia y después en la +feria, a la recatada y joven viuda, con quien quise <i>timarme</i>, como +decimos por ahí; pero, por lo pronto fue en balde mi conato, porque sin +duda, no lo consentían la modestia y la honestidad de la dama. ¿Qué no +logran, sin embargo, la terquedad y la audacia de un mozo como yo, +curtido en toda clase de aventuras y acostumbrado a los más peligrosos +lances de amor y fortuna? Doña Marcela me miró al fin con mal disimulada +complacencia; yo le hablé, valiéndome de la tía Pepa que desde niño me +conoce, y, al fin logré, que en una de estas últimas noches, que fue de +las más calurosas del verano, doña Marcela saliese a la ventana a tomar +el fresco.</p> + +<p>»Me hice como por casualidad el encontradizo y me puse a hablar con +ella. No vayas a creer que es ninguna palurda. Culta y discretísima es +su conversación. Y no sólo habla buen castellano si bien con un gracioso +dejo tarifeño, sino que se explica corrientemente en inglés, por haber +estado algún tiempo en Gibraltar, cuando era ella mocita soltera, +acompañando a su padre, que iba allí para asuntos de comercio. Pero aquí +entra lo trágico. Embelesado y engolfado estaba yo charlando con doña +Marcela, a ratos en andaluz y a ratos en inglés, cuando la temerosa +aparición de Currito el Guapo, vino a interrumpir nuestro palique.</p> + +<p>»—¡Huya usted, por Dios!—exclamó ella con voz trémula y llena de +susto. Ahí viene ese monstruo que sin que yo le haya dado motivo es en +este lugar el tirano de mi vida. Sálvese usted, caballero. Currito viene +navaja en mano y puede escabechar a usted en un santiamén. Como es loco +frenético no repara en nada. No es cobardía sino prudencia, escapar de +ese forajido.</p> + +<p>»Ya te harás cargo Pepe de que yo no hice caso ninguno de aquellas +medrosas exhortaciones. Me enredé la capa en el brazo izquierdo y saqué +de la vaina una larga y recta espada de caballería que llevaba a +prevención conmigo. Currito no se arredró por eso, sino que cayó sobre +mí, ora agachándose, ora dando brincos, ora acometiéndome por un lado, +ora por otro. Por dicha, y si he de decir la verdad, yo sospecho que él +no tenía gana de herirme, sino de asustarme. Y como yo también tenía más +ganas de asustarle que de herirle, aquella a modo de danza, duraba ya +demasiado y se hubiera hecho interminable, a no ser por los gritos que +daba doña Marcela pidiendo socorro.</p> + +<p>»Los gritos no fueron inútiles. Aunque ya era tarde, acudieron muchos +vecinos y bastantes mozos que andaban de ronda, y Currito y yo nos vimos +forzados a poner término a nuestro descomunal combate, envainando yo la +espada sin ensangrentar todavía, y doblando él su truculenta navaja, que +era de virola y golpetillo, y produjo al cerrarse ruido muy temeroso.</p> + +<p>»Allí intervinieron y mediaron en nuestra contienda las personas de más +respeto, que habían acudido y que en torno nuestro formaban corro, y +casi nos obligaron a echar pelillos a la mar, a hacer las amistades y a +convertir las casi homicidas manos en cariñosas, enlazándolas y +apretándolas generosamente.</p> + +<p>»Desde entonces veo y hablo por la reja a doña Marcela todas las noches, +sin que Currito me perturbe. Y doña Marcela se me muestra +agradecidísima por haberla yo libertado de aquel espantajo o bu que sin +querer ella la defendía como el dragón en <i>Las tres toronjas del Vergel +de amor</i> y en otros cuentos de hadas.</p> + +<p>»No imagines por eso que estoy más adelantatado en mis pretensiones. La +virtud de doña Marcela es más firme que una roca, aunque para mi amor +más que roca es <i>lata</i>. Erre que erre está ella siempre, volviendo por +su honor, también como las damas calderonianas, por donde me temo que +voy a sufrir constantemente el suplicio de Tántalo, o voy a tener que +hacer la barbaridad o digamos la <i>plancha</i> de acudir al cura. Porque eso +sí, doña Marcela tiene poquísimo dinero, pero lo que es en punto a +conducta, ni las lenguas más maldicientes, y no son pocas las de este +lugar, se atreven a decir nada contra ella ni a empañar con ponzoñoso +aliento el terso y limpio espejo de su fama.»</p> + +<p>Este era el contenido de la epístola, salvo los saludos y cumplimientos +de costumbre que en obsequio de la brevedad se omiten.</p> + + +<p class="head">III</p> + +<p>Se cuenta que el maestro Raimundico era escéptico por naturaleza; dudaba +mucho de todo y apenas se decidía a formar juicios, sin examinar antes +detenidamente las cosas y enterarse bien de ellas. Sobre su hijo hacía +tiempo que tenía su juicio en suspenso, sin decidir si el chico era +discreto o tonto. Tratar de ponerlo en claro era uno de los propósitos +que tuvo al llamarle al lugar. Desde que estaba en él, le espiaba, le +estudiaba y le seguía recatadamente los pasos. Prevalido además de su +posición de alcalde, interceptó la carta que acabamos de poner aquí, la +abrió y la leyó. El maestro se desconsoló con aquella lectura e imaginó +que al chico le faltaban por lo menos dos o tres tornillos en la cabeza. +Doña Ramona, hermana del maestro y viuda del pellejero, quería mucho al +chico, de quien había cuidado en la niñez, y sostenía que su candor no +debía calificarse de simplicidad, sino de exceso de imaginación poética. +Una vez cortados los vuelos de esta imaginación, el chico, según doña +Ramona, sería apto para todo, se abriría camino y subiría como la +espuma.</p> + +<p>—Cortemos, pues, los vuelos de la imaginación del chico, dijo para sí +el maestro, y mostrémosle la realidad tal cual es.</p> + +<p>Después de haber recapacitado, formado su plan, y hecho los convenientes +preparativos para realizarle, el maestro, a solas una noche con su hijo, +en la principal sala alta de la casa, al toque de ánimas, le habló de +este modo:</p> + +<p>—Mira, Raimundo, tú eres hijo de un zapatero y no puedes ni debes +presumir de aristócrata; pero no conviene tampoco que por seguir ciertas +opiniones, muy de moda en nuestros días, te des a creer que las almas +heroicas, el semillero de las virtudes y de las proezas y los corazones +donde brota el germen de los más nobles sentimientos, se hallan en las +tabernas y en los presidios, y que la educación esmerada más bien agosta +y comprime que desenvuelve tan excelentes facultades. Quien piensa así +es lo contrario de progresista, ya que debe entender que nada conduce +mejor a la virtud que retroceder al estado selvático. Tu padre, con su +zapatería, hubiera entonces contribuido no poco a la corrupción humana, +porque los hombres calzados deben de ser mil veces más perversos que los +descalzos. Pero no quiero aturrullarme. Ya no sé lo que te digo. +Discursos, pues, a un lado. Y así, en vez de abrir los oídos para oírme, +abre bien los ojos para ver lo que ocurra en la tertulia que voy a tener +aquí, echando una cana al aire y renovando esta noche, por +extraordinario, mis retozonas costumbres de otros días.</p> + +<p>Doña Ramona, hermana del alcalde y viuda como él, fue la primera que se +presentó en la sala. Tres años hacía que había muerto su esposo el +pellejero, pero la fabricación, la recomposición y el despacho de +corambres, seguían más florecientes que nunca, si bien, en aquellos +últimos meses, había surgido y continuaba una crisis en los asuntos de +doña Ramona. Currito el Guapo, su más aventajado oficial, hábil como +nadie en remendar y zurzir cueros y sobre todo en poner botanas, se +había despedido de casa de la maestra, y se había lanzado en la vida +heroica del jaque, buscando aventuras y aterrando a toda la gente +pacífica de la población. Naturalmente la pellejería de doña Ramona, se +resentía ya y empezaba a perder crédito y marchantes con la retirada de +Currito.</p> + +<p>Las malas lenguas del lugar daban por causa de esta retirada el sobrado +empeño de Currito en vigilar y celar a doña Ramona, aislándola de todo +pretendiente, y el amor de ésta a la libertad y su indómito +aborrecimiento a todo linaje de tutela. Currito salió, pues, de su casa, +como de estampía; y, según hemos visto, se puso a ejercer su misión +avasalladora y morigeradora de mujeres, en defensa y custodia de su +hermana la estanquera y del resplandeciente Sol de Tarifa, de quien +estaba o aparentaba estar enamorado. Se sonaba, no obstante, en el lugar +que el verdadero objeto del amor de Currito era la maestra doña Ramona, +la cual no había cumplido aún cuarenta años, estaba colorada y sana, y +por los bríos y robustez de sus frescas y apretadas carnes era una +bendición de Dios y daba gloria verla. Recelaba la gente que los amores +de Currito, por el Sol de Tarifa, eran fingidos o por lo menos fruto de +anterior despecho amoroso y que estos amores ponían la mira, más o menos +conscientemente, en dar picón a doña Ramona.</p> + +<p>La segunda persona que acudió a la tertulia fue el ciego organista, D. +Antonio, a par que gran músico y maestro en el órgano, hábil tocador de +guitarra, así rasgueando como de punteo.</p> + +<p>El Sol de Tarifa entró poco después en la sala, seguida de la tía Pepa. +Y vinieron por último, y según vulgarmente se dice, con este melón se +llenó el serón, Currito el Guapo, acompañado de Rosita la estanquera, su +linda hermana.</p> + +<p>No había ni vinieron más convidados, porque el alcalde quiso que su +tertulia fuese aquella noche de lo más íntimo, selecto y <i>cremoso</i> que +en el lugar podía imaginarse. La sala, sin embargo, resplandecía como un +ascua de oro, porque estaba iluminada con tres magníficos velones de +Lucena de a cuatro mecheros cada uno y con algunas velas de cera que +ardían en los candeleros de media docena de hermosas cornucopias, +colgadas en las paredes sobre el rojo damasco que las tapizaba.</p> + +<p>El maestro Raimundico sabía vivir y vivía con todo el boato y la pompa +que conviene a un señor lugareño. Y ya se presentía por ciertos indicios +y hasta se olfateaba y casi se mascaba, merced al grato tufillo y a los +vapores crasos que al través de pasadizos llegaban desde la cocina a la +sala, que aquella noche iba a haber allí pavo en arrope, y no sólo +<i>refrescanda</i>, sino <i>papandina</i> también, y de lo más delicado y costoso.</p> + + +<p class="head">IV</p> + +<p>El maestro Raimundico había leído no pocos periódicos y algunos libros, +iniciándose en varias ciencias morales y políticas, y sobre todo en una +novísima, que las comprende casi todas, y que se llama Sociología. Mas +no por eso presumía de orador, de sabio o de hombre de consejos. Su +orgullo se cifraba en ser hombre de acción y completamente práctico. No +aseguraré yo que él hubiese leído los <i>Ensayos</i> de Lord Macaulay, aunque +me parece que hay de ellos versión castellana; pero, si no los había +leído, su mérito era mayor, pues coincidía con el positivista noble Lord +en uno de sus más singulares pensamientos. Séneca había compuesto un +elocuentísimo discurso contra la ira, lo cual de nada sirvió, ya que no +se sabe de sujeto alguno que haya dejado de ponerse iracundo y de hacer +mil barbaridades, convencido y corregido por los razonamientos de +Séneca. Y como no se sabe que nadie haya ido con zapatos sin que los +haya hecho algún zapatero, así el Lord como el maestro Raimundico +inferían, con juiciosa dialéctica, que es más útil que Séneca, en toda +sociedad humana, el más humilde de los zapateros. El maestro Raimundico, +por consiguiente, como era o había sido zapatero y como nunca había sido +humilde, se estimaba en mucho más que Séneca, sobre todo en lo tocante a +utilidad y arte de la vida.</p> + +<p>Despreciaba o aparentaba despreciar la oratoria; pero, sin darse cuenta +de ello, y dejándose arrebatar de sus convicciones, echaba amenudo +discursos, si bien, más que floridos, enérgicos y breves.</p> + +<p>Veamos ahora lo que dijo a Currito el Guapo, hallándose presentes las +demás personas que hemos enumerado:</p> + +<p>—Tu modo de proceder, amigo Currito, me tiene ya harto, y como soy +alcalde no he de consentir que siga. Nadie te ha dado el encargo de +vigilar y de celar a las muchachas y de hacer el papel, navaja en mano, +de Catón censorino. Ya sabes tú que yo pertenezco al partido liberal, +que gusta ahora de la autonomía y la concede a varias provincias de +Ultramar. Considera, pues, si no quieres enojarme, a tu hermana Rosita y +a mi señora doña Marcela, y déjalas autónomas, o sea en completa +libertad de hacer cuanto se les antoje. Sólo así y no por violencia, +miedo o tutela constante, tendrá verdadero mérito que resplandezcan en +ellas la entereza y la persistencia con que mantienen su inmaculada +virtud, defendiéndola de todos los ataques y asechanzas de los galanes +seductores. Si ellas quieren de verdad que no entre en sus dominios +contrabando ni matute, no es menester que tú asustes ni que mates a los +contrabandistas y matuteros. Y si ellas quieren contrabando o matute le +habrá aunque mates a docenas a los matuteros y contrabandistas. No puede +ser el guardar a una mujer: ha dicho no sé qué sabio, y con sobrada +razón a lo que entiendo. En suma, aunque el sabio no tuviera razón ni yo +tampoco, yo tengo aquí la autoridad y la fuerza, que para el caso +importan más que la razón, y te declaro que si continúas amedrentando a +la gente, a mí no me amedrentas, y te empapelo, y si me empeño te envío +a Ceuta o a Melilla para que allí luzcas tu valor matando moros. Si eres +tan animoso, ¿por qué no te vas a Cuba o a Filipinas a espantar y a +vencer a los rebeldes en vez de espantar al pacífico vecindario que yo +gobierno ahora?</p> + +<p>—Yo, maestro, me hallo bien en este lugar, y maldita la gana que tengo +de ir a Cuba o a Filipinas. Con que así no me amenace usted, que ya +procuraré enmendarme. De todos mis furores tiene la culpa la penilla +negra, y de la penilla negra que hay en mi corazón, bien me sé yo quien +tiene la culpa.</p> + +<p>Aquí intervino doña Ramona y dijo:</p> + +<p>—Ea, hermano, déjate de sermones que aquí no hemos venido a sermonear +sino a divertirnos. Ya se enmendará Curro y se pondrá más suave que un +guante. D. Antonio, rasguee usted esa guitarra y que bailen el fandango +estas niñas. Currito tiene buena voz y mejor estilo y cantará las +coplas.</p> + +<p>No fue menester decir más. El organista tocó un fandango estrepitoso.</p> + +<p>Doña Marcela y Rosita bailaron con gracia y primor, repiqueteando las +castañuelas.</p> + +<p>El maestro Raimundico, la tía Pepa y doña Ramona batieron palmas. Fue +tal el estruendo que armaron que no parecía que hubiese allí siete sino +setecientas personas.</p> + +<p>Cuando las palmas y las castañuelas cesaron y sólo sonó la guitarra, +Currito cantó con voz sentimental y suave la copla siguiente:</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 2em;">Atame con un cabello</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">a los palos de tu cama,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y aunque el cabello se rompa</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">no hay miedo que yo me vaya.</span><br /> +</p> + +<p>Mostró Currito al cantar inspiración tan amorosa y miró con ojos tan de +carnero a medio morir a doña Ramona, que estaba sentada cerca de él, que +doña Ramona no acertó a dominarse por más tiempo; sintió que se derretía +y hasta que se evaporaba el hielo de sus desdenes; y, desechando sus +propósitos de resistencia y echando a rodar hasta cierto punto su +señoril o <i>magistral</i> recato, dijo dirigiéndose a Currito:</p> + +<p>—Vamos, hombre, si al fin ha de ser, no quiero molerte más. Mejor es +vergüenza en rostro que mancilla en corazón. No te ataré con un cabello, +pero voy a atarte con este hilo, de la lana con que, sin que tú lo +supieses, te estaba haciendo calcetines y pensando en ti, ¡ingratón, +prófugo, arrastrado!</p> + +<p>Doña Ramona sacó entonces de la faltriquera de su delantal un enorme +ovillo de lana parda, que allí tenía, desenvolvió un par de metros, hizo +un lazo corredizo y se le echó a Currito cogiéndole por el pescuezo y +teniéndole por el otro extremo a modo de brida.</p> + +<p>Aplaudieron todos que al fin se hubiera humanado la maestra y +aplaudieron más aún que, en virtud de nuevas declaraciones y promesas de +Currito, se reconociese y se proclamase allí la autonomía de Rosita y de +doña Marcela. Para solemnizarla, ambas niñas bailaron unas sevillanas +con notable garbo y maestría.</p> + +<p>Tres doncellas, de la servidumbre del maestro Raimundico, las tres muy +aseadas y graciosas, sirvieron luego la cena en el comedor contiguo.</p> + +<p>En Villalegre se vive aún a la antigua usanza. Todos los vecinos +acomodados comían la sopa y el puchero a las dos de la tarde. No se ha +de extrañar, por consiguiente, que los asistentes en la tertulia +tuviesen voraz apetito a eso de las once de la noche en que se sirvió la +cena.</p> + +<p>En ella hubo lomo de cerdo en adobo, conservado en manteca, semejante a +líquidos rubíes por el color rojo que le prestaba el aliño. Hubo también +pavo asado y boquerones; exquisito vino de los Moriles; y, para postres, +frutas y piñonate. Por último, como apéndice y complemento de festín tan +opíparo, chocolate con hojaldres, mostachones y bizcotelas.</p> + +<p>El festín fue todavía más regocijado y alegre que suculento, +prolongándose hasta las dos de la madrugada.</p> + +<p>Como despedida, quiso el maestro Raimundico poner el sello y dar la +conveniente firmeza a lo que allí se había concertado. Impuso silencio y +habló de esta suerte:</p> + +<p>—Yo tengo en Chinchón un excelente amigo, llamado D. Arturo González, +el cual es tan profundo sociólogo como hábil fabricante o cosechero de +aguardiente de anís doble. De este producto suyo me ha enviado algunas +botellas, en cuyo marbete, que hoy se llama <i>etiqueta</i>, se lee con +asombro: <i>Espíritu-Sociológico o líquido altruista</i>. Yo he querido +competir con mi amigo D. Arturo, y sin robarle su <i>marca registrada</i> he +hecho aguardiente de anís doble también, que es tan altruista y tiene un +espíritu tan sociológico como el suyo. Estas muchachas traerán en +sendas bandejas copas y aguardiente de Villalegre y de Chinchón. Cada +uno de nosotros se beberá dos copitas, una de cada clase, dirá cual le +parece mejor, y brindará luego, así por el futuro consorcio de mi +hermana y de Currito el Guapo, como por la gloriosa autonomía y plena +libertad de Rosita y de doña Marcela.</p> + +<p>En efecto, trajeron el aguardiente, y cada uno bebió dos copas. Los +pareceres se dividieron. Hubo quien votó por Chinchón, y hubo quien votó +por Villalegre: pero, como cada cual bebió por lo menos segunda copa del +aguardiente que le pareció mejor, el resultado vino a ser que salieron a +tres o a cuatro copas por barba.</p> + +<p>Todo fue luego regocijo y afecto mutuo, y quedó demostrado que ambos +aguardientes eran altruistas y estaban dotados de igual espíritu +sociológico.</p> + +<p>Entonces el cortesano D. Raimundo, merced a varios evidentes indicios, +no tardó en convencerse de que la virtud de doña Marcela no era cosa del +otro jueves, ni con autonomía, ni sin autonomía.</p> + +<p>Pocos días después, se volvió D. Raimundo a la corte, convencido ya de +que los inocentes idilios no son más fáciles que en ella en los más +rústicos y apartados lugares. En la corte se olvidó pronto de doña +Marcela, puso la mira en distinguirse como personaje político, logró +salir diputado, y hay quien asegura que es hombre de gran porvenir, que +llegará a ser Director General, Embajador o Ministro, y que al cabo el +Gobierno español, o cuando no el pontificio, le concederá el título de +Conde de Cartabón o de Hormabella.</p> + +<p>Doña Marcela, reconociendo que Villalegre es mezquino recinto para sus +expansiones y propósitos, se ha ido a Tarifa, su patria, y desde Tarifa +ha pasado a Gibraltar, cuya reconquista tal vez haga. Lo cierto es que +así como a los Escipiones y a otros héroes de la antigua Roma, los +apellidaron el Africano, el Numantino, el Británico y el Germánico, +según la ciudad de que se habían apoderado o según la nación que habían +subyugado, a ella, sin dejar de ser nunca el Sol de Tarifa, la apellidan +la Gibraltareña, y como tal es famosa y celebrada en las cinco partes +del mundo.</p> + +<p>Rosita se ha distinguido y ha prosperado menos desde que es autónoma; +pero tampoco se duerme en las pajas. Sigue con el estanco, y por +comprarle tabaco, hasta los que antes no fumaban, ya fuman, y la +Tabacalera hace en Villalegre doble o triple negocio. Por comprarle +sellos de correo no hay villalegrino que no escriba hoy más cartas de +las que solía escribir. Y por último, Rosita vende tanto papel sellado +que es una maravilla. Para explicarla racionalmente, hay quien da por +seguro que ella no recibe ni acepta declaración alguna amorosa si no +viene escrita en folios de a peseta.</p> + +<p>Entretanto doña Ramona y Currito, convertido ya en maestro, son cada día +más venturosos y prosperan mucho haciendo y vendiendo corambres. No +sabemos cómo se las compone Currito, pero es el caso que nunca sabe a +pez el vino que se echa en sus odres; que hace botas lindísimas; y que +también construye otra clase de cueros muy apropósito para llevar en +ellos aceite a las Alpujarras, porque los <i>mangurrinos</i>, que así llaman +en Villalegre a los alpujarreños, no producen aceite. En cambio producen +miel de caña o de prima, de la cual miel llenan los arrieros los odres +en que llevaron el aceite, y la traen a la provincia de Córdoba. Esta +miel hace las delicias de las golosas lugareñas cordobesas, que la sacan +del plato a pulso empapando en ella pedacitos de pan, y luciendo así las +lindas manos con los deditos engarabitados en forma de cresta de gallo.</p> + +<p>No acierto a decidir qué lección moral pueda sacarse, ni qué tesis pueda +probarse, en vista de los sucesos que he referido. Diré, pues, +sencillamente, que cada cual saque la lección moral o pruebe la tesis +que se le antoje, o no saque lección moral ni pruebe tesis alguna, con +tal de que no se fastidie demasiado leyéndome.</p> + + +<div class="imagen"><a name="DOS_CUENTOS_JAPONESES" id="DOS_CUENTOS_JAPONESES"></a><img src="images/ill_013.png" +width="95%" +alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div> + +<h2>DOS CUENTOS JAPONESES</h2> + +<hr class="pre" /> + +<p>M<span class="smcap">i</span> cuñado el Excmo. Sr. D. José Delavat, siendo Ministro de España en el +Japón, tuvo la buena idea de enviarme de allí, por el correo, un lindo y +curioso presente. Consiste en doce tomitos, impresos en un papel tan +raro, que más parece tela que papel, y con multitud de preciosas +pinturas intercaladas en el texto. Lo pintado es mucho más que lo +escrito, y está pintado con grande originalidad y gracia.</p> + +<p>Si lo escrito estuviese en japonés, yo me quedaría con la gana de +entenderlo, porque no sé palabra de la lengua o lenguas que se hablan o +escriben en el Japón. Sólo sé que los japoneses tienen muchos libros, y +que algunos de ellos, novelas sobre todo, están ya traducidos en varias +lenguas europeas, y particularmente en inglés, francés y alemán. Por +dicha, los doce tomitos o cuadernitos que poseo, aunque impresos y +pintados en Tokio, están en lengua inglesa, y son cuentos para niños, a +fin de que los niños del Japón aprendan el inglés. Parece que estos +cuentos, enteramente populares, están tomados palabra por palabra de +boca de las niñeras japonesas; y debe de ser así porque la candidez de +la narración lo deja ver a las claras.</p> + +<p>Me han agradado tanto estos cuentos que no sé resistirme a la tentación +de poner un par de ellos en castellano. Elijo los dos que me parecen más +interesantes: uno porque se diferencia mucho de casi todos los cuentos +vulgares europeos; y otro por lo mucho que se asemeja a ciertas leyendas +cristianas; como la de San Amaro, la de otro santo, referida por el +Padre Arbiol en sus <i>Desengaños místicos</i>, y la que ha puesto en verso +el poeta americano Longfellow en su <i>Golden Legend</i>. Sin más +introducción allá van los cuentos.</p> + + +<div class="imagen"><a name="EL_ESPEJO_DE_MATSUYAMA" id="EL_ESPEJO_DE_MATSUYAMA"></a><img src="images/ill_014.png" +width="95%" +alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div> + +<h2>EL ESPEJO DE MATSUYAMA</h2> + +<hr class="pre" /> + +<p>M<span class="smcap">ucho</span> tiempo ha vivían dos jóvenes esposos en lugar muy apartado y +rústico. Tenían una hija y ambos la amaban de todo corazón. No diré los +nombres de marido y mujer, que ya cayeron en olvido, pero diré que el +sitio en que vivían se llamaba Matsuyama, en la provincia de Echigo.</p> + +<p>Hubo de acontecer, cuando la niña era aún muy pequeñita, que el padre se +vio obligado a ir a la gran ciudad, capital del Imperio. Como era tan +lejos, ni la madre ni la niña podían acompañarle, y él se fue solo, +despidiéndose de ellas y prometiendo traerles, a la vuelta, muy lindos +regalos.</p> + +<p>La madre no había ido nunca más allá de la cercana aldea, y así no podía +desechar cierto temor al considerar que su marido emprendía tan largo +viaje; pero al mismo tiempo sentía orgullosa satisfacción de que fuese +él, por todos aquellos contornos, el primer hombre que iba a la rica +ciudad, donde el rey y los magnates habitaban, y donde había que ver +tantos primores y maravillas.</p> + +<p>En fin, cuando supo la mujer que volvía su marido, vistió a la niña de +gala, lo mejor que pudo, y ella se vistió un precioso traje azul que +sabía que a él le gustaba en extremo.</p> + +<p>No atino a encarecer el contento de esta buena mujer cuando vio al +marido volver a casa sano y salvo. La chiquitina daba palmadas y sonreía +con deleite al ver los juguetes que su padre le trajo. Y él no se +hartaba de contar las cosas extraordinarias que había visto, durante la +peregrinación, y en la capital misma.</p> + +<p>—A ti—dijo a su mujer—te he traído un objeto de extraño mérito; se +llama espejo. Mírale y dime qué ves dentro.</p> + +<p>Le dio entonces una cajita chata, de madera blanca, donde, cuando la +abrió ella, encontró un disco de metal. Por un lado era blanco como +plata mate, con adornos en realce de pájaros y flores, y por el otro, +brillante y pulido como cristal. Allí miró la joven esposa con placer y +asombro, porque desde su profundidad vio que la miraba, con labios +entreabiertos y ojos animados, un rostro que alegre sonreía.</p> + +<p>—¿Qué ves?—preguntó el marido encantado del pasmo de ella y muy ufano +de mostrar que había aprendido algo durante su ausencia.</p> + +<p>—Veo a una linda moza, que me mira y que mueve los labios como si +hablase, y que lleva ¡caso extraño! un vestido azul, exactamente como el +mío.</p> + +<p>—Tonta, es tu propia cara la que ves;—le replicó el marido, muy +satisfecho de saber algo que su mujer no sabía.—Ese redondel de metal +se llama espejo. En la ciudad cada persona tiene uno, por más que +nosotros, aquí en el campo, no los hayamos visto hasta hoy.</p> + +<p>Encantada la mujer con el presente, pasó algunos días mirándose a cada +momento, porque, como ya dije, era la primera vez que había visto un +espejo, y por consiguiente, la imagen de su linda cara. Consideró, con +todo, que tan prodigiosa alhaja tenía sobrado precio para usada de +diario, y la guardó en su cajita y la ocultó con cuidado entre sus más +estimados tesoros.</p> + +<p>Pasaron años, y marido y mujer vivían aun muy dichosos. El hechizo de su +vida era la niña, que iba creciendo y era el vivo retrato de su madre, y +tan cariñosa y buena que todos la amaban. Pensando la madre en su propia +pasajera vanidad, al verse tan bonita, conservó escondido el espejo, +recelando que su uso pudiera engreír a la niña. Como no hablaba nunca +del espejo, el padre le olvidó del todo. De esta suerte se crió la +muchacha tan sencilla y candorosa como había sido su madre, ignorando su +propia hermosura, y que la reflejaba el espejo.</p> + +<p>Pero llegó un día en que sobrevino tremendo infortunio para esta familia +hasta entonces tan dichosa. La excelente y amorosa madre cayó enferma, y +aunque la hija la cuidó con tierno afecto y solícito desvelo, se fue +empeorando cada vez más, hasta que no quedó esperanza, sino la muerte.</p> + +<p>Cuando conoció ella que pronto debía abandonar a su marido y a su hija, +se puso muy triste, afligiéndose por los que dejaba en la tierra y sobre +todo por la niña.</p> + +<p>La llamó, pues, y le dijo:</p> + +<p>—Querida hija mía, ya ves que estoy muy enferma y que pronto voy a +morir y a dejaros solos a ti y a tu amado padre. Cuando yo desaparezca, +prométeme que mirarás en el espejo, todos los días, al despertar y al +acostarte. En él me verás y conocerás que estoy siempre velando por ti.</p> + +<p>Dichas estas palabras, le mostró el sitio donde estaba oculto el espejo. +La niña prometió con lágrimas lo que su madre pedía, y ésta, tranquila y +resignada, expiró a poco.</p> + +<p>En adelante, la obediente y virtuosa niña jamás olvidó el precepto +materno, y cada mañana y cada tarde tomaba el espejo del lugar en que +estaba oculto, y miraba en él, por largo rato e intensamente. Allí veía +la cara de su perdida madre, brillante y sonriendo. No estaba pálida y +enferma como en sus últimos días, sino hermosa y joven. A ella confiaba +de noche sus disgustos y penas del día, y en ella, al despertar, buscaba +aliento y cariño para cumplir con sus deberes.</p> + +<p>De esta manera vivió la niña, como vigilada por su madre, procurando +complacerla en todo como cuando vivía, y cuidando siempre de no hacer +cosa alguna que pudiera afligirla o enojarla. Su más puro contento era +mirar en el espejo y poder decir:</p> + +<p>—Madre, hoy he sido como tú quieres que yo sea.</p> + +<p>Advirtió el padre, al cabo, que la niña miraba sin falta en el espejo, +cada mañana y cada noche, y parecía que conversaba con él. Entonces le +preguntó la causa de tan extraña conducta.</p> + +<p>La niña contestó:</p> + +<p>—Padre, yo miro todos los días en el espejo para ver a mi querida madre +y hablar con ella.</p> + +<p>Le refirió además el deseo de su madre moribunda y que ella nunca había +dejado de cumplirle.</p> + +<p>Enternecido por tanta sencillez y tan fiel y amorosa obediencia, vertió +él lágrimas de piedad y de afecto, y nunca tuvo corazón para descubrir a +su hija que la imagen que veía en el espejo era el trasunto de su propia +dulce figura, que el poderoso y blando lazo del amor filial hacía cada +vez más semejante a la de su difunta madre.</p> + + +<div class="imagen"><a name="EL_PESCADORCITO_URASHIMA" id="EL_PESCADORCITO_URASHIMA"></a><img src="images/ill_016.png" +width="95%" +alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div> + + + +<h2>EL PESCADORCITO URASHIMA</h2> + +<hr class="pre" /> + +<p>V<span class="smcap">ivía</span> muchísimo tiempo hace, en la costa del mar del Japón, un +pescadorcito llamado Urashima, amable muchacho, y muy listo con la caña +y el anzuelo.</p> + +<p>Cierto día salió a pescar en su barca; pero en vez de coger un pez, ¿qué +piensas que cogió? Pues bien, cogió una grande tortuga con una concha +muy recia y una cara vieja, arrugada y fea, y un rabillo muy raro. Bueno +será que sepas una cosa, que sin duda no sabes, y es que las tortugas +viven mil años: al menos las japonesas los viven.</p> + +<p>Urashima, que no lo ignoraba, dijo para sí:</p> + +<p>—Un pez me sabrá tan bien para la comida y quizás mejor que la tortuga. +¿Para qué he de matar a este pobrecito animal y privarle de que viva aún +novecientos noventa y nueve años? No, no quiero ser tan cruel. Seguro +estoy de que mi madre aprobará lo que hago.</p> + +<p>Y en efecto, echó la tortuga de nuevo en la mar.</p> + +<p>Poco después aconteció que Urashima se quedó dormido en su barca. Era +tiempo muy caluroso de verano, cuando casi nadie se resiste al medio día +a echar una siesta.</p> + +<p>Apenas se durmió, salió del seno de las olas una hermosa dama que entró +en la barca y dijo:</p> + +<p>—Yo soy la hija del dios del mar y vivo con mi padre en el Palacio del +Dragón, allende los mares. No fue tortuga la que pescaste poco ha, y tan +generosamente pusiste de nuevo en el agua en vez de matarla. Era yo +misma, enviada por mi padre, el dios del mar, para ver si tú eras bueno +o malo. Ahora, como ya sabemos que eres bueno, un excelente muchacho, +que repugna toda crueldad, he venido para llevarte conmigo. Si quieres, +nos casaremos y viviremos felizmente juntos, más de mil años, en el +Palacio del Dragón, allende los mares azules.</p> + +<p>Tomó entonces Urashima un remo y la Princesa marina otro; y remaron, +remaron, hasta arribar por último al Palacio del Dragón, donde el dios +de la mar vivía e imperaba, como rey, sobre todos los dragones, tortugas +y peces. ¡Oh que sitio tan ameno era aquel! Los muros del Palacio eran +de coral; los árboles tenían esmeraldas por hojas, y rubíes por fruta; +las escamas de los peces eran plata, y las colas de los dragones, oro. +Piensa en todo lo más bonito, primoroso y luciente que viste en tu vida, +ponlo junto, y tal vez concebirás entonces lo que el Palacio parecía. Y +todo ello pertenecía a Urashima. Y ¿cómo no, si era el yerno del dios +de la mar y el marido de la adorable Princesa?</p> + +<p>Allí vivieron dichosos más de tres años, paseando todos los días por +entre aquellos árboles con hojas de esmeraldas y frutas de rubíes.</p> + +<p>Pero una mañana dijo Urashima a su mujer:</p> + +<p>—Muy contento y satisfecho estoy aquí. Necesito, no obstante, volver a +mi casa y ver a mi padre, a mi madre, a mis hermanos y a mis hermanas. +Déjame ir por poco tiempo y pronto volveré.</p> + +<p>—No gusto de que te vayas, contestó ella. Mucho temo que te suceda algo +terrible: pero vete, pues así lo deseas y no se puede evitar. Toma, con +todo, esta caja, y cuida mucho de no abrirla. Si la abres, no lograrás +nunca volver a verme.</p> + +<p>Prometió Urashima tener mucho cuidado con la caja y no abrirla por nada +del mundo. Luego entró en su barca, navegó mucho, y al fin desembarcó en +la costa de su país natal.</p> + +<p>Pero ¿qué había ocurrido durante su ausencia? ¿Dónde estaba la choza de +su padre? ¿Qué había sido de la aldea en que solía vivir? Las montañas, +por cierto, estaban allí como antes: pero los árboles habían sido +cortados. El arroyuelo, que corría junto a la choza de su padre, seguía +corriendo: pero ya no iban allí mujeres a lavar la ropa como antes. +Portentoso era que todo hubiese cambiado de tal suerte en sólo tres +años.</p> + +<p>Acertó entonces a pasar un hombre por allí cerca y Urashima le +preguntó:</p> + +<p>—¿Puedes decirme, te ruego, donde está la choza de Urashima, que se +hallaba aquí antes?</p> + +<p>El hombre contestó:</p> + +<p>—¿Urashima? ¿cómo preguntas por él, si hace cuatrocientos años que +desapareció pescando? Su padre, su madre, sus hermanos, los nietos de +sus hermanos, ha siglos que murieron. Esa es una historia muy antigua. +Loco debes de estar cuando buscas aún la tal choza. Hace centenares de +años que era escombros.</p> + +<p>De súbito acudió a la mente de Urashima la idea de que el Palacio del +Dragón, allende los mares, con sus muros de coral y su fruta de rubíes, +y sus dragones con colas de oro, había de ser parte del país de las +hadas, donde un día es más largo que un año en este mundo, y que sus +tres años, en compañía de la Princesa, habían sido cuatrocientos. De +nada le valía, pues, permanecer ya en su tierra, donde todos sus +parientes y amigos habían muerto, y donde hasta su propia aldea había +desaparecido.</p> + +<p>Con gran precipitación y atolondramiento pensó entonces Urashima en +volverse con su mujer, allende los mares. Pero ¿cuál era el rumbo que +debía seguir? ¿quién se le marcaría?</p> + +<p>—Tal vez, caviló él, si abro la caja que ella me dio, descubra el +secreto y el camino que busco.</p> + +<p>Así desobedeció las órdenes que le había dado la Princesa, o bien no las +recordó en aquel momento, por lo trastornado que estaba.</p> + +<p>Como quiera que fuese, Urashima abrió la caja. Y ¿qué piensas que salió +de allí? Salió una nube blanca que se fue flotando sobre la mar. +Gritaba él en balde a la nube que se parase. Entonces recordó con +tristeza lo que su mujer le había dicho de que, después de haber abierto +la caja, no habría ya medio de que volviese él al Palacio del dios de la +mar.</p> + +<p>Pronto ya no pudo Urashima ni gritar, ni correr, hacia la playa, en pos +de la nube.</p> + +<p>De repente, sus cabellos se pusieron blancos como la nieve, su rostro se +cubrió de arrugas, y sus espaldas se encorvaron como las de un hombre +decrépito. Después le faltó el aliento. Y al fin cayó muerto en la +playa.</p> + +<p>¡Pobre Urashima! Murió por atolondrado y desobediente. Si hubiera hecho +lo que le mandó la Princesa, hubiese vivido aún más de mil años.</p> + +<p>Dime: ¿no te agradaría ir a ver el Palacio del Dragón, allende los +mares, donde el dios vive y reina como soberano sobre dragones, tortugas +y peces, donde los árboles tienen esmeraldas por hojas y rubíes por +fruta, y donde las escamas son plata y las colas oro?</p> + + +<div class="imagen"><a name="ESTRAGOS_DE_AMOR_Y_CELOS" id="ESTRAGOS_DE_AMOR_Y_CELOS"></a><img src="images/ill_016.png" +width="95%" +alt="imagen (barra decorativa) no está disponible" /></div> + +<h2>ESTRAGOS DE AMOR Y CELOS</h2> + +<hr class="pre" /> + +<p class="head">DRAMA TRÁGICO</p> + + +<p>E<span class="smcap">ste</span> drama, tan excesivamente trágico, carece de todo valer literario, +pero se publica aquí para satisfacer la curiosidad de no pocas personas +que deseaban verle cuando se representó y no lo consiguieron a causa de +la pequeñez del salón que sirvió de teatro. El autor compuso el drama a +petición de la graciosa y discreta señorita doña María de Valenzuela, +que prescribió determinadas condiciones a las que debía sujetarse la +obra. El drama no había de durar más de catorce o quince minutos, la +acción había de ser tan tremenda como rápida, y, salvo los comparsas y +personajes mudos, sólo habían de figurar en él seis interlocutores, tres +varones y tres hembras, todos los cuales habían de morir de desastrada y +violenta muerte en la misma escena. Tan espantoso desenlace no había de +tener por causa ni peste, ni hambre, ni fuego del cielo, ni ningún otro +medio sobrenatural, sino que todo había de ocurrir sencillamente por +efecto del truculento frenesí que el amor y los celos producen en el +alma de una mujer apasionada. Yo creo haber cumplido con las condiciones +que la mencionada señorita me impuso y de ello estoy orgulloso. +Reconozco, no obstante, que mi drama no hubiera sido tan aplaudido y +celebrado a no ser por el mérito de los actores y de las actrices que me +hicieron la honra de representarle. Fueron éstos la simpática señora +doña Rosario Conde y Luque de Rascón, las dos señoritas doña María y +doña Isabel de Valenzuela y los Sres. D. Alfonso Danvila, D. Javier de +la Pezuela y D. Silvio Vallín. A ellos, y no a la menguada y pobre +inspiración del poeta, se debe el éxito pasmoso que obtuvo el drama, en +el precioso teatro que el Sr. D. Fernando Bauer improvisó en su casa, y +cuya magnífica decoración mudéjar pintó lindamente el Sr. Conde del Real +Aprecio. Debo añadir aquí que no se prescindió de medio alguno, ni se +excusó diligencia para procurar que los trajes y la pompa y aparato +escénicos correspondiesen y hasta realzasen la grandeza y solemne +majestad del argumento. Despojada ahora mi producción de todos los +primores que entonces le prestaron valer, será muy difícil que agrade. +Yo, sin embargo, me atrevo a insertarla aquí, confiado en la indulgencia +del público y para complacer a varios amigos y conocidos míos que desean +tenerla en letra de molde.</p> + + + + +<h2>ACTO ÚNICO</h2> + +<hr class="pre" /> + +<p class="hang">Magnífico vestíbulo del Castillo. Gran puerta en el fondo. Puertas +laterales. Es de noche. Ruge la tempestad. Obscuridad profunda, +iluminada a veces por relámpagos vivísimos. Mucho trueno.</p> + + +<p class="escena">ESCENA PRIMERA</p> + +<p class="c">Entra <i>D.ª Brianda</i> vestida con traje de mediados del siglo <span class="smcap">xv</span>, y con un +candil en la mano.</p> + +<p class="drama"> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Ay que noche, Dios mío!</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Siento a veces calor y a veces frío.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Truena y relampaguea,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y con furor tan bárbaro graniza</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">que el cabello en la frente se me eriza,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y tengo el corazón hecho jalea.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Y eso que soy valiente cual ninguna:</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">bien lo conoce D. Ramón, mi hermano,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">que me abandona en noche tan fatal</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y sale, confiado en su fortuna,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">con todo el escuadrón fuerte y lozano</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">que manda y rige cual señor feudal.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Lo que piensan hacer es un misterio,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">pero debe de ser lance muy serio.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">A media legua de esta casa fuerte</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">está ya el reino moro de Granada,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">donde estragos y muerte</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">van a llevar entrando en algarada.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Mas bien puede en el ínterin venir</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">a este castillo el moro,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y darme que sentir,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y hasta faltar un poco a mi decoro.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Grandes son mis recelos!</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Dan fuertes aldabonazos a la puerta de entrada.)</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Qué horror! ¿Quién llamará? ¡Divinos cielos!</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Suena desde fuera una voz.)</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Voz.</i></span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Ah del castillo! ¡Hola!</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Que se ha acercado a la puerta y ha mirado por el agujero de</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">la llave.)</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Voz de mujer parece y está sola.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Vuelve a mirar por el agujero.)</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Mas no, que un negro bulto la acompaña.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¿Quién es?</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Voz de fuera</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Ábreme!</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Cielos! ¿Qué maraña</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">es aquesta? ¿qué voz ora me saca</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">el corazón de quicio?</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">o he perdido el juicio,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">o esta es la propia voz de doña Urraca.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Urraca</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Yo soy. Abre, Brianda.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Entra. Ya estoy como la cera blanda.</span><br /> +<br /> +</p> +<p class="escena">ESCENA II</p> + +<p class="drama"> +<span style="margin-left: 0em;">Dicha. <i>Doña Urraca</i> y el moro <i>Tarfe</i> embozado en su capa hasta los +ojos.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¿Tú por aquí a horas tales?</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¿Qué sucesos fatales</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">te hacen vagar en tan horrible noche,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">sin pajes, sin caballos y sin coche</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">por esos andurriales?</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Urraca</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Decirlo todo quiero,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">mas tu favor y tu indulgencia pido.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Es mi padre, D. Suero,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">el padre más ruin y cicatero</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">que en el mundo ha nacido.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Por no dar dote no me da marido.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Para empapar dinero,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">mas no para soltarle, es una esponja;</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y en lugar de buscarme un buen partido,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">se empeña cruel en que me meta monja.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Yo al vendaval de mi pasión amante</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">me doy sobreexcitada a todo trapo,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y con un novio tierno y arrogante</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">de la casa paterna al fin me escapo.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Con él huyendo voy a morería,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">pero la tempestad nos extravía.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">El bagaje, una tropa</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">de malhechores nos robó en la vía.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">De mi amigo el valor me ha libertado,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">mas hasta aquí con pena hemos llegado</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">cada cual con la lluvia hecho una sopa</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y en lastimoso estado.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¿Y quién, oh mi señora,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">es el tal novio con que vas ahora?</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Urraca</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Es Tarfe, un mahometano,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">mas me promete que se hará cristiano.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Entonces menos mal.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">(El moro se desemboza. Doña Brianda le acerca el candil y le</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">mira con detención.)</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Es muy buen mozo!</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Urraca</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Ya lo creo.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Yo aplaudo tu alborozo.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Suenan clarines y se oyen muchas voces.)</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Ay Dios de los ejércitos! ya llega</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">mi fiero hermano de la atroz refriega.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Él considerará grave delito</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">fugarse con un moro, e infelices</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">seréis los dos, si os coge en el garlito.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Le cortará a tu moro las narices,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y a ti te mandará bien escoltada</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">de tu padre D. Suero a la morada.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Urraca</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Pues escóndenos pronto, cara amiga.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Venid a un escondite.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Urraca</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Puede que así se evite</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">el presentido mal que me atosiga.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Queda por un momento la escena vacía. Vuelve a poco doña Brianda y abre</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">de nuevo la puerta principal. La trompetería ha sonado más cerca. Entra</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">D. Ramón con toda su hueste, armada de brillantes armas, y dos personas</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">cubiertas de negros capuces. Algunos de la comitiva traen antorchas o</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">candelabros, que colocados en lugar conveniente iluminan la escena.)</span><br /> +<br /> +</p> +<p class="escena">ESCENA III</p> + +<p class="drama"> +<span style="margin-left: 0em;"><i>Doña Brianda</i>, <i>D. Ramón</i>, la hueste y los encubiertos.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Ya estás en salvo en mi casa.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Valientemente reñías</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">cuando acudí con mi hueste</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y rechacé a la morisma,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">haciendo tremendo estrago</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">en sus apretadas filas.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Sin descubrirse.)</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Mucha gratitud te debo. Sin ti perdiera la vida.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Descúbrete y di quién eres.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">A estar oculto me obliga</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">la prudencia, mas a solas</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">te descubriré en seguida</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">quién soy y de dónde vengo.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Despide a tu comitiva.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Despejad!</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Vanse todos los guerreros y solo quedan los dos de los capuces y doña</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Brianda.)</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Aún queda alguien.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Esta es mi hermana querida.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Pues aunque sea tu hermana</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">haz que se vaya.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Hermanita</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">lárgate.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Me largaré.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Ap.) ¡qué sospecha, suerte impía!</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Qué fatal presentimiento</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">en mi corazón se agita!</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">La voz del encapuchado,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">la de D. Tristán imita.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¿Será D. Tristán acaso?</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Yo me quedaré escondida</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">atisbando y escuchando</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">para descubrir la intriga. (Vase.)</span><br /> +</p> +<p class="escena">ESCENA IV</p> + +<p class="drama"> +<span style="margin-left: 0em;"><i>Don Tristán</i>, <i>D. Ramón</i> y <i>Zulema</i>. <i>Doña Brianda</i> entre bastidores<br /> +atisbando lo que pasa y asomando de vez en cuando la cabeza.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Solos ya, satisface mi deseo:</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">desembózate.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Mira!</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Ay, Dios! ¡qué veo!</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Don Tristán eres tú, mi amigo caro.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¿Por qué caso tan raro</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">te encontré solo en la tremenda lid,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">más valiente que el Cid,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">entre fieros paganos?</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Yo me volvía a tierra de cristianos</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">después de estar en la imperial Granada,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">de donde traigo a esta mujer robada.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Es mi dicha suprema,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">es mi esposa, es mi bien,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">es la hermosa Zulema,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">hija mayor del rey Muley Hacen.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Contempla su hermosura.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Don Tristán se dirige a Zulema, le quita el negro capuz y ella aparece</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">deslumbradora, con rico traje oriental, todo cuajado de oro y de piedras</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">preciosas.)</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Mirando a Zulema y como en éxtasis.)</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Un sol en el zenit se me figura!</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¿qué vas a hacer con tan sin par doncella?</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Me casaré con ella</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">cuando esté en mi lugar y busque al cura,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">que de antemano le dará el bautismo:</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Ya una esclava católica</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">le enseñó el catecismo.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Ella está melancólica</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">porque deja a su padre y a su grey</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">en la maldita ley</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">del Profeta Mahoma,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">que sin fallar los llevará al infierno.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Harto pesada broma</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">das tú entretanto al rey</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">con hacerte su yerno.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Déjate de discursos y razones.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Me callo, pues. Di tú lo que dispones.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Aquí pernoctar quiero</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">hasta que raye el matinal lucero.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Entonces prosiguiendo en mi camino</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">me volveré al castillo de D. Suero,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">mi padre muy amado,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">conduciendo a mi dueño idolatrado</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">sobre las ancas de mi fiel rocino.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Zulema</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Ah! sí, vámonos pronto, D. Tristán.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Temo que aún nos ocurra algún desmán.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">No tema Vuestra Alteza,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">que está segura en esta fortaleza.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Venid, pues, al mejor de mis salones</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">a descansar del hórrido combate,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y a lavaros también.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Después os servirán el chocolate,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">con bollos de manteca, mojicones,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">buñuelos y otras frutas de sartén. (Vanse.)</span><br /> +</p> +<p class="escena">ESCENA V</p> + +<p class="drama"> +<span style="margin-left: 0em;"><i>Doña Brianda</i> sola.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Malvado! ¡traidor, infiel!</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Por esa perversa mora</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">me deja quien me enamora</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">en abandono cruel.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Palabra de casamiento</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">me dio el impío hace un año.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Espantoso desengaño!</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Todo se lo lleva el viento!</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Pero no; ruda venganza</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">tomaré de ese salvaje.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Daré a la mora un brevaje</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">que le destroce la panza</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y la vida le arrebate.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Mi criada, que es ladina,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">esta esencia de estricnina</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">verterá en su chocolate.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Enseña un pomo que tiene en la mano y se va por donde ha entrado.)</span><br /> +</p> +<p class="escena">ESCENA VI</p> + +<p class="drama"> +<span style="margin-left: 0em;">Sale <i>D. Ramón</i> por el lado opuesto, después de haber dejado lavándose a</span><br /> +sus dos huéspedes.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Meditando.)</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Confieso que me escama</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">el empeño que tiene D. Tristán</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">de ocultar a mi hermana que el galán</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">es él, en esta novelesca trama.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Catástrofes barrunto;</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">pero será mejor no cavilar.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">A mis huéspedes quiero agasajar.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Haré que lleven chocolate al punto.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Vase por el otro lado. Queda un momento la escena vacía.)</span><br /> +</p> +<p class="escena">ESCENA VII</p> + +<p class="drama"> +<span style="margin-left: 0em;">Aparece la criada con una bandeja, dos jícaras de chocolate y bollos, y</span><br /> +pasa de largo. Entra <i>Doña Brianda</i>.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">El veneno vertí ya</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">en la jícara espumante,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y dentro de breve instante</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">la mora le beberá.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">De fijo reventará,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">dando así satisfacción</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">a mi burlada pasión</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y a mis espantosos celos,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y cumpliendo mis anhelos</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">de hacer a Tristán tristón.</span><br /> +</p> +<p class="escena">ESCENA VIII</p> + +<p class="drama"> +<span style="margin-left: 0em;">Dicha y <i>D. Tristán</i> que trae entre los brazos medio desmayada a</span><br /> +<i>Zulema</i>.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Qué espanto! ¡Qué maravilla!</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Apenas bebe Zulema</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">el chocolate, se quema</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">cual si comiese morcilla</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">de la que echan a los perros</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">para darles cruda muerte.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Qué bien castiga la suerte</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">mis enamorados yerros!</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Zulema</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Ay, D. Tristán! Yo reviento,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¿qué chocolate endiablado</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">es el que ahora he tomado?</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Fuego en mis entrañas siento!</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¿Qué es esto, señor, qué pasa?</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Que Zulema se me muere!</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Pues me alegro. Ella me hiere</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y mi corazón traspasa</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">de los celos con la punta.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Infiel Tristán, asesino,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">de ti me venga el destino</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">al dejártela difunta!</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Zulema</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Yo me muero!</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Hace una horrible mueca, se desprende de entre los brazos de don</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Tristán y cae muerta en el suelo.)</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Ya espichó. (Con júbilo feroz.)</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Muerta está! ¡Trance funesto! (Tocándola.)</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Pues no me basta con esto.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Mi furia no se calmó,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y para vengarme más,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">te haré saber que tu hermana</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">más que esa mora liviana</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y peor que Barrabás,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">se ha escapado con un moro</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">de la morada paterna</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y está locamente tierna</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">ofendiendo tu decoro.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¿Qué me dices? ¡Maldición!</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Ha de costarle la vida!</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¿Dónde se encuentra?</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Escondida</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">la tengo en esta mansión.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Ella y el alarbe juntos</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">se esconden en el granero.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Voy a buscarlos y espero</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">que pronto estarán difuntos.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Desenvaina la espada y echa a correr.)</span><br /> +</p> +<p class="escena">ESCENA IX</p> + +<p class="drama"> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i> sola.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Muertes hoy y guerra ruda</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">los celos producirán.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Ya habrá subido al desván,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y habrá encontrado sin duda</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">al moro y a doña Urraca.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Ya está la pobre aviada...</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Tristán no envaina la espada</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">sin sangre, cuando la saca.</span><br /> +</p> +<p class="escena">ESCENA X</p> + +<p class="drama"> +<span style="margin-left: 0em;">Entra huyendo <i>Doña Urraca</i>, y <i>D. Tristán</i> persiguiéndola con la espada</span><br /> +desnuda.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Urraca</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡No me mates, hermano!</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Tarfe se hará cristiano</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y será mi marido:</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Así quedará todo corregido.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">No puedo perdonarte tu pecado.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Tú mi honor has manchado</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">con un perro sectario de Mahoma!</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Toma el castigo que mereces! ¡Toma!</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Le da una tremenda estocada y doña Urraca cae muerta.)</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Mi agradable venganza va adelante.</span><br /> +</p> +<p class="escena">ESCENA XI</p> + +<p class="drama"> +<span style="margin-left: 0em;">Dichos y el moro <i>Tarfe</i> que entra furioso y con el chafarote</span><br /> +desenvainado.<br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Tarfe</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¿Dónde está ese tunante,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">que por el intrincado laberinto</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">de esos mil corredores</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">se escabulló siguiendo a mis amores?</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Aquí me tienes, moro majadero,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y ya en la sangre de tu amiga tinto</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">está mi fuerte acero.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Tarfe</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Pues vivo no saldrás de este recinto!</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Pague tu desalmada</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">sangre, la que vertiste de mi amada.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Riñen. Don Tristán atraviesa al moro de una estocada y el moro cae</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">muerto.)</span><br /> +</p> +<p class="escena">ESCENA XII</p> + +<p class="drama"> +<span style="margin-left: 0em;">Dichos y <i>D. Ramón</i> que entra apresurado.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¿Qué ocurre aquí? ¡Qué estruendo!</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Qué horror! ¡cuántos cadáveres!</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Oh, dura</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">inevitable ley del hado horrendo!</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Ay don Ramón! El mostruo que estás viendo</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">me burló con infame travesura.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Su palabra me dio de matrimonio,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y engañándome luego,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">de ángel que fui, me convirtió en demonio,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y del infierno me lanzó en el fuego.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡De mi horrible venganza estoy ufana!</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Dirigiéndose a D. Tristán.)</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">D. Tristán, o te casas con mi hermana,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">o tu maldad te costará muy cara.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">No puedo: un mar de sangre nos separa.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Ramón</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Pues aun la sangre me parece poca,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y esa tu negativa del casorio</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">a derramar la tuya me provoca.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>D. Tristán</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Esto va a ser sobrado mortuorio,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">pero es irresistible mi arrebato...</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Defiéndete o te mato.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Riñen los dos y ambos se hieren mortalmente y caen muertos en tierra.)</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>Doña Brianda</i>.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Ya de mi celoso ahínco</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">el resultado me asombra;</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">en pie estoy como una sombra</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">entre cadáveres cinco.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">De demonios un enjambre</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">muy pronto vendrá por mí.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Mi celoso frenesí</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">ha roto el vital estambre</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">de estos cinco personajes,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">a quien yo tanto quería.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Ahora siente el alma mía</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">remordimientos salvajes.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">No está bien, es indecente</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">que yo conserve el vivir,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">cuando logré hacer morir</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">a tan buena y noble gente.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Dirigiéndose al cadáver de D. Ramón.)</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Perdona, hermano, perdona</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">si por mi culpa estás muerto.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Dirigiéndose a doña Urraca.)</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Aunque ya cadáver yerto,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">estás, Urraca, muy mona.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Dirigiéndose a Zulema.)</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Y tú, gallarda Zulema,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¿qué culpa de amar adquieres</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">a quien para las mujeres</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">fue más dulce que la crema?</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">(A D. Tristán.)</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Ay D. Tristán! de mi rabia</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">me arrepiento ya muy tarde.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">¡Aún te adoro! Asaz cobarde</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">fuera la que así te agravia,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">si en tan solemne ocasión</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">a vivir se resignara,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">y al punto no se matara</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">con firme resolución!</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Saca el pomo del veneno.)</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Aún se esconde en este frasco</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">gran cantidad de veneno.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Valiente soy... Daré un trueno;</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">me lo beberé sin asco.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Apura todo el veneno que hay en el pomo.)</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">Ya me lo bebí; ya miro</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">de feos demonios un bando,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">que están en torno esperando</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">que yo dé el postrer suspiro,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">para ir en procesión,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">con horrenda algarabía,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">a llevarme a la sombría</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">honda cárcel de Plutón.</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Allí expiaré mi delito</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">con fieras penas, mas antes</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">no quieran los circunstantes</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">castigarme con el pito;</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">sino que, para consuelo</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">de mi agonía mortal,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">con aplauso general</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">se dignen calmar mi anhelo.</span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;">(Hace contorsiones horribles y cae muerta por virtud del veneno.)</span><br /> +</p> + +<p class="head">FIN</p> + +<hr /> + +<h2 style="font-family:sans-serif, serif;">OBRAS DEL MISMO AUTOR</h2> + +<ul> +<li>Pepita Jiménez; un vol. en 8.º, Ptas. 3.</li> +<li>Doña Luz; un vol. en 8.º, 3.</li> +<li>El comendador Mendoza; un vol. en 8.º, 3.</li> +<li>Algo de todo; un vol. en 12.º, 2,50.</li> +<li>Las ilusiones del doctor Faustino; dos vols. en 12.º, 5.</li> +<li>Pasarse de listo; un vol. en 12.º, 2,50.</li> +<li>La buena fama; un vol. en 16.º con grabados, 2,50.</li> +<li>El hechicero. El bermejino prehistórico. Las salamandras azules; un vol. +en 16.º con grabados, 2,50.</li> +<li>Dafnis y Cloe (traducción del griego); un vol. en 12.º, 3.</li> +<li>Estudios críticos; tres vols. en 12.º, 9.</li> +<li>Disertaciones y juicios literarios; dos vols. en 12.º, 6.</li> +<li>Cuentos y diálogos; un vol. en 12.º, 2,50.</li> +<li>Poesía y arte de los árabes en España y Sicilia; tres volúmenes en 12.º, +9.</li> +<li>Tentativas dramáticas; un vol. en 12.º, 2,50.</li> +<li>Canciones, romances y poemas; un vol. en 12.º, 5.</li> +<li>Cuentos, diálogos y fantasías; un vol. en 12.º, 5.</li> +<li>Nuevos estudios críticos; un vol. en 12.º, 5.</li> +<li>Cartas americanas (primera serie); un vol. en 12.º, 1.</li> +<li>Nuevas cartas americanas (segunda serie); un vol. en 8.º, 3.</li> +<li>Pequeñeces... Currita Albornoz al P. Luis Coloma; un folleto en 8.º, 1.</li> +<li>Las mujeres y las Academias, cuestión social inocente; un folleto en +8.º, 1.</li> +<li>Ventura de la Vega, biografía y estudio crítico; un vol. en 8.º con el +retrato del biografiado, 1.</li> +<li>Juanita la larga; un vol. en 8.º, 3,50.</li> +<li>A vuela pluma, artículos literarios y artísticos; un vol. en 8.º.</li> +<li>Genio y figura; un vol. en 8.º, 3.</li> +</ul> + +<hr class="full" /> + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of De varios colores, by Juan Valera + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE VARIOS COLORES *** + +***** This file should be named 30986-h.htm or 30986-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/3/0/9/8/30986/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net); +produced from images of the Bibliothèque nationale de +France (BNF/Gallica) at http://gallica.bnf.fr + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. Special rules, +set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to +copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to +protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project +Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you +charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you +do not charge anything for copies of this eBook, complying with the +rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose +such as creation of derivative works, reports, performances and +research. They may be modified and printed and given away--you may do +practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is +subject to the trademark license, especially commercial +redistribution. + + + +*** START: FULL LICENSE *** + +THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE +PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK + +To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free +distribution of electronic works, by using or distributing this work +(or any other work associated in any way with the phrase "Project +Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project +Gutenberg-tm License (available with this file or online at +http://gutenberg.org/license). + + +Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm +electronic works + +1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm +electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to +and accept all the terms of this license and intellectual property +(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all +the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy +all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession. +If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project +Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the +terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or +entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8. + +1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be +used on or associated in any way with an electronic work by people who +agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few +things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works +even without complying with the full terms of this agreement. See +paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project +Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement +and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic +works. See paragraph 1.E below. + +1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation" +or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project +Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the +collection are in the public domain in the United States. If an +individual work is in the public domain in the United States and you are +located in the United States, we do not claim a right to prevent you from +copying, distributing, performing, displaying or creating derivative +works based on the work as long as all references to Project Gutenberg +are removed. Of course, we hope that you will support the Project +Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by +freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of +this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with +the work. You can easily comply with the terms of this agreement by +keeping this work in the same format with its attached full Project +Gutenberg-tm License when you share it without charge with others. + +1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern +what you can do with this work. Copyright laws in most countries are in +a constant state of change. If you are outside the United States, check +the laws of your country in addition to the terms of this agreement +before downloading, copying, displaying, performing, distributing or +creating derivative works based on this work or any other Project +Gutenberg-tm work. The Foundation makes no representations concerning +the copyright status of any work in any country outside the United +States. + +1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg: + +1.E.1. The following sentence, with active links to, or other immediate +access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear prominently +whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work on which the +phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the phrase "Project +Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed, +copied or distributed: + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + +1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is derived +from the public domain (does not contain a notice indicating that it is +posted with permission of the copyright holder), the work can be copied +and distributed to anyone in the United States without paying any fees +or charges. If you are redistributing or providing access to a work +with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the +work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1 +through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the +Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or +1.E.9. + +1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted +with the permission of the copyright holder, your use and distribution +must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional +terms imposed by the copyright holder. Additional terms will be linked +to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the +permission of the copyright holder found at the beginning of this work. + +1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm +License terms from this work, or any files containing a part of this +work or any other work associated with Project Gutenberg-tm. + +1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this +electronic work, or any part of this electronic work, without +prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with +active links or immediate access to the full terms of the Project +Gutenberg-tm License. + +1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary, +compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any +word processing or hypertext form. However, if you provide access to or +distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format other than +"Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official version +posted on the official Project Gutenberg-tm web site (www.gutenberg.org), +you must, at no additional cost, fee or expense to the user, provide a +copy, a means of exporting a copy, or a means of obtaining a copy upon +request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other +form. Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm +License as specified in paragraph 1.E.1. + +1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying, +performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works +unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9. + +1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing +access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works provided +that + +- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from + the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method + you already use to calculate your applicable taxes. The fee is + owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he + has agreed to donate royalties under this paragraph to the + Project Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments + must be paid within 60 days following each date on which you + prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax + returns. Royalty payments should be clearly marked as such and + sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the + address specified in Section 4, "Information about donations to + the Project Gutenberg Literary Archive Foundation." + +- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies + you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he + does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm + License. You must require such a user to return or + destroy all copies of the works possessed in a physical medium + and discontinue all use of and all access to other copies of + Project Gutenberg-tm works. + +- You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any + money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the + electronic work is discovered and reported to you within 90 days + of receipt of the work. + +- You comply with all other terms of this agreement for free + distribution of Project Gutenberg-tm works. + +1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm +electronic work or group of works on different terms than are set +forth in this agreement, you must obtain permission in writing from +both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael +Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the +Foundation as set forth in Section 3 below. + +1.F. + +1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable +effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread +public domain works in creating the Project Gutenberg-tm +collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic +works, and the medium on which they may be stored, may contain +"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or +corrupt data, transcription errors, a copyright or other intellectual +property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a +computer virus, or computer codes that damage or cannot be read by +your equipment. + +1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right +of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project +Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project +Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all +liability to you for damages, costs and expenses, including legal +fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT +LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE +PROVIDED IN PARAGRAPH F3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE +TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE +LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR +INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH +DAMAGE. + +1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a +defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can +receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a +written explanation to the person you received the work from. If you +received the work on a physical medium, you must return the medium with +your written explanation. The person or entity that provided you with +the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a +refund. If you received the work electronically, the person or entity +providing it to you may choose to give you a second opportunity to +receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy +is also defective, you may demand a refund in writing without further +opportunities to fix the problem. + +1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth +in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER +WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO +WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE. + +1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied +warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages. +If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the +law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be +interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by +the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any +provision of this agreement shall not void the remaining provisions. + +1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the +trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone +providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance +with this agreement, and any volunteers associated with the production, +promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works, +harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees, +that arise directly or indirectly from any of the following which you do +or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm +work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any +Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause. + + +Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm + +Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of +electronic works in formats readable by the widest variety of computers +including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact +information can be found at the Foundation's web site and official +page at http://pglaf.org + +For additional contact information: + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. Compliance requirements are not uniform and it takes a +considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up +with these requirements. We do not solicit donations in locations +where we have not received written confirmation of compliance. To +SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any +particular state visit http://pglaf.org + +While we cannot and do not solicit contributions from states where we +have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition +against accepting unsolicited donations from donors in such states who +approach us with offers to donate. + +International donations are gratefully accepted, but we cannot make +any statements concerning tax treatment of donations received from +outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. + +Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation +methods and addresses. Donations are accepted in a number of other +ways including checks, online payments and credit card donations. +To donate, please visit: http://pglaf.org/donate + + +Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic +works. + +Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm +concept of a library of electronic works that could be freely shared +with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project +Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support. + + +Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed +editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. +unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + http://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. + + +</pre> + +</body> +</html> diff --git a/30986-h/images/ill_001.png b/30986-h/images/ill_001.png Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..3e73076 --- /dev/null +++ b/30986-h/images/ill_001.png diff --git a/30986-h/images/ill_002.png b/30986-h/images/ill_002.png Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..d4d7db5 --- /dev/null +++ b/30986-h/images/ill_002.png diff --git a/30986-h/images/ill_003.png b/30986-h/images/ill_003.png Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..d422189 --- /dev/null +++ b/30986-h/images/ill_003.png diff --git a/30986-h/images/ill_004.png b/30986-h/images/ill_004.png Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..b1aed84 --- /dev/null +++ b/30986-h/images/ill_004.png diff --git a/30986-h/images/ill_005.png b/30986-h/images/ill_005.png Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..73bd9e5 --- /dev/null +++ b/30986-h/images/ill_005.png diff --git a/30986-h/images/ill_006.png b/30986-h/images/ill_006.png Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..eb1fac6 --- /dev/null +++ b/30986-h/images/ill_006.png diff --git a/30986-h/images/ill_007.png b/30986-h/images/ill_007.png Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..48c9eb0 --- /dev/null +++ b/30986-h/images/ill_007.png diff --git a/30986-h/images/ill_008.png b/30986-h/images/ill_008.png Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..23d4994 --- /dev/null +++ b/30986-h/images/ill_008.png diff --git a/30986-h/images/ill_009.png b/30986-h/images/ill_009.png Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..5915283 --- /dev/null +++ b/30986-h/images/ill_009.png diff --git a/30986-h/images/ill_010.png b/30986-h/images/ill_010.png Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..ad25bf1 --- /dev/null +++ b/30986-h/images/ill_010.png diff --git a/30986-h/images/ill_011.png b/30986-h/images/ill_011.png Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..2eb6b88 --- /dev/null +++ b/30986-h/images/ill_011.png diff --git a/30986-h/images/ill_012.png b/30986-h/images/ill_012.png Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..f89f860 --- /dev/null +++ b/30986-h/images/ill_012.png diff --git a/30986-h/images/ill_013.png b/30986-h/images/ill_013.png Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..ff08ac2 --- /dev/null +++ b/30986-h/images/ill_013.png diff --git a/30986-h/images/ill_014.png b/30986-h/images/ill_014.png Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..263b290 --- /dev/null +++ b/30986-h/images/ill_014.png diff --git a/30986-h/images/ill_016.png b/30986-h/images/ill_016.png Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..c937d4b --- /dev/null +++ b/30986-h/images/ill_016.png diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. Anyone seeking to utilize +this eBook outside of the United States should confirm copyright +status under the laws that apply to them. diff --git a/README.md b/README.md new file mode 100644 index 0000000..5daf0be --- /dev/null +++ b/README.md @@ -0,0 +1,2 @@ +Project Gutenberg (https://www.gutenberg.org) public repository for +eBook #30986 (https://www.gutenberg.org/ebooks/30986) |
