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diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..6833f05 --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,3 @@ +* text=auto +*.txt text +*.md text diff --git a/28281-8.txt b/28281-8.txt new file mode 100644 index 0000000..6a3bc65 --- /dev/null +++ b/28281-8.txt @@ -0,0 +1,22185 @@ +Project Gutenberg's Cecilia Valds o la Loma del ngel, by Cirilo Villaverde + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Cecilia Valds o la Loma del ngel + +Author: Cirilo Villaverde + +Release Date: March 8, 2009 [EBook #28281] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CECILIA VALDS O LA LOMA DEL NGEL *** + + + + +Produced by Chuck Greif, Vctor Mon and the Online +Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net + + + + + + + + + +_CECILIA VALDES_ + +_O_ + +_LA LOMA DEL ANGEL_ + +NOVELA DE COSTUMBRES CUBANAS + +POR + +CIRILO VILLAVERDE + + + _Que tambin la hermosura + tiene fuerza de despertar + la caridad dormida._ + + CERVANTES + + + + +INDICE + + +INTRODUCCIN + +DEDICATORIA + +PRLOGO + + +PRIMERA PARTE + +Captulo I, Captulo II, Captulo III, Captulo IV, Captulo V, Captulo +VI, Captulo VII, Captulo VIII, Captulo IX, Captulo X, Captulo XI, +Captulo XII, + + +SEGUNDA PARTE + +Captulo I, Captulo II, Captulo III, Captulo IV, Captulo V, Captulo +VI, Captulo VII, Captulo VIII, Captulo IX, Captulo X, Captulo XI, +Captulo XII, Captulo XIII, Captulo XIV, Captulo XV, Captulo XVI, +Captulo XVII + + +TERCERA PARTE + +Captulo I, Captulo II, Captulo III, Captulo IV, Captulo V, Captulo +VI, Captulo VII, Captulo VIII, Captulo IX, + + +CUARTA PARTE + +Captulo I, Captulo II, Captulo III, Captulo IV, Captulo V, Captulo +VI, Captulo VII + +GLOSARIO + +BIBLIOGRAFA + + + + +_INTRODUCCION_ + + +_Cirilo Villaverde naci el 28 de octubre de 1812 en el ingenio_ +Santiago, _cercano al pueblo de San Diego de Nez (Pinar del Ro). Su +padre era mdico del ingenio y en ese medio pas sus primeros aos._ + +_En 1823 vino a La Habana, donde curs estudios de pintura, filosofa y +derecho. Se recibi de Bachiller en Leyes en 1832, pero apenas ejerci +esta profesin. Sus principales actividades fueron la enseanza y el +periodismo._ + +_Trabaj como maestro en los colegios Buenavista y Real Cubano de la +capital y La Empresa de Matanzas. Public para uso de las escuelas un +Compendio geogrfico de la isla de Cuba (1845), El librito de cuentos y +las conversaciones (1847) y El librito de los cuentos (1857)_. + +_Su obra es extensa y variada como periodista y literato. Colabor en +las principales publicaciones de la poca._ + +_Dio a conocer sus primeras narraciones--El ave muerta, La pea blanca, +El perjurio y La cueva de Taganana--en Miscelnea de til y Agradable +Recreo (1837) y en El Album, Engaar con la verdad, El espetn de oro y +la primera parte de Excursin a Vuelta Abajo, todas en 1838. La Cartera +Cubana insert en su seccin de folletines Amores y contratiempos de un +guajiro y Una cruz negra, en 1839. La Siempreviva en ese mismo ao +public la primera versin de Cecilia Valds o La loma del ngel._ + +_Mientras desempeaba su ctedra en el colegio_ La Empresa _comenz a +escribir para_ Faro Industrial de La Habana. _De regreso a la capital, +fue uno de sus principales redactores y condueo junto a Bachiller y +Morales. En este diario aparecieron entre 1842 y 1847 la segunda parte +de_ Excursin a Vuelta Abajo _(1842)_, El guajiro _(1842)_, La peineta +calada _(1843)_, Dos amores _(1843)_, El penitente _(1844)_, La tejedora +de sombreros de Yarey _(1844-45) y otras de menor importancia, as como +multitud de notas, crnicas y artculos de crtica literaria y de +costumbres calzados con su nombre o con los seudnimos de_ Sansuea, Yo, +El ambulante del oeste, Lola de la Habana _y otros_. + +_Villaverde, defensor de los ideales independentistas, particip como +propagandista activsimo en la conspiracin de_ La Mina de la Rosa +Cubana _de 1848. Al ser descubierta la misma por delacin de un +conjurado fue apresado en La Habana y condenado primero a muerte en +garrote vil y ms tarde a diez aos de prisin. Escap el 31 de marzo +de 1849 con otros presos y escondido en la bodega de una goleta costera, +lleg a los Estados Unidos._ + +_En Norteamrica continu luchando por sus principios polticos. Fue en +Nueva York secretario de Narciso Lpez, a quien conoca desde 1846, y +redactor en jefe de_ La verdad. _Public en Nueva Orleans entre 1853 y +1854 el peridico_ El independiente, _etc._ + +_Se traslad a Filadelfia en 1854, donde vivi como profesor de espaol +y contrajo matrimonio con Emilia Casanova, una destacada activista de la +independencia cubana._ + +_Regres a La Habana en 1858, acogido a la amnista. Aqu trabaj al +frente de la imprenta_ La Antilla, _que publicara algunas obras de +inters para nuestras letras, como los artculos de costumbres de +Anselmo Surez y Romero, y colabor en el peridico literario_ La Habana +_en compaa de Sterling y Calcagno, con importantes juicios crticos +sobre Betancourt y otros contemporneos. Volvi poco despus a Nueva +York, donde continu sus labores de maestro y periodista. Fue entonces +redactor de_ La Amrica _(1861-62)_, La Ilustracin Americana +_(1865-1869)_, El Espejo _y_ El Avisador Hispanoamericano. _En 1864 +fund con su mujer un colegio en Wechawken. Durante esta segunda +estancia en los Estados Unidos continu luchando por la independencia de +Cuba, como muchos otros cubanos de su tiempo. Slo regres a la Isla en +1888 por dos semanas._ + +_Muri en Nueva York el 20 de octubre de 1894. Su figura al morir +contaba con la admiracin y el reconocimiento de sus contemporneos por +su doble condicin de patriota y novelista._ + +_La novela que consolid su fama literaria fue_ Cecilia Valds o La loma +del ngel, _publicada en su forma definitiva en Nueva York en 1882. +Ninguna de sus obras anteriores respondi a empeo tan elevado ni +despert como sta el entusiasmo del pblico y la crtica. En ella +Villaverde recoge el panorama de la vida cubana desde 1812 hasta 1831. +Muestra sus categoras polticas, sociales y econmicas y las terribles +lacras que padecan. La obra, con sus clases poderosas y sus clases +oprimidas, con sus funcionarios venales y su burguesa indolente, con +sus mulatos discriminados y sus negros esclavos, con sus familias +enriquecidas por el rgimen esclavista y sus aristcratas de blasones +comprados a la decrpita monarqua espaola, sirve de esclarecedor +prlogo a nuestra historia republicana._ + +_El ambiente de esta poca colonial, trasladado con amplitud y +minuciosidad a las abundosas pginas del libro, es lo decisivo en la +obra, lo que determina su vigencia en la apreciacin de los crticos. +Porque_ Cecilia Valds _est muy lejos de ser una obra perfecta. El +autor explica en el prlogo su proceso de creacin; proceso que +indudablemente resinti el saldo final del trabajo. El asunto +central--drama de amor, celos, venganza y muerte--apenas difiere de los +usuales en los folletines de la poca; los personajes en su mayora no +trascienden de los rasgos externos; la accin es desarticulada y +digresiva, hurtada a la historia y los personajes principales por +criaturas y sucesos de menor cuanta; el estilo, hbrido, plagado de +debilidades romnticas entre las que alborean atisbos realistas; el +lenguaje, oscilante entre el arcasmo ms rebuscando y el espontneo +giro popular nuestro; el desenlace, atropellado, en contradiccin con +las dimensiones de la narracin._ + +_Pero_ Cecilia Valds _es en nuestra historia literaria, a pesar de esas +abundantes y graves deficiencias, la mejor creacin novelstica del +siglo_ XIX. + +_Muchos cubanos de hoy la conocen a travs de la adaptacin teatral de +Agustn Rodrguez y Jos Snchez Arcilla, musicalizada admirablemente +por Gonzalo Roig; versin que necesariamente fue vertebrada con la +historia de los protagonistas. Despojado del lujo descriptivo de su +ambiente, el asunto resulta endeble y melodramtico. Esta aplaudida +adaptacin confirma que lo fundamental en_ Cecilia Valds _es el +ambiente. Su costumbrismo, de vigorosa indagacin poltica, social y +econmica, es el que atena sus defectos y sita a la obra en las +puertas de la novelstica realista._ + +_A LAS CUBANAS_ + +_Lejos de Cuba y sin esperanza de volver a ver su sol, sus flores, ni +sus palmas, a quin, sino a vosotras, caras paisanas, reflejo del lado +ms bello de la patria, pudiera consagrar, con ms justicia, estas +tristes pginas?_ + +EL AUTOR + + + + +PROLOGO + + +Publiqu el primer tomo de esta novela, en la _Imprenta Literaria_ de +don Lino Valds a mediados del ao de 1839. Contemporneamente empec la +composicin del segundo tomo, que deba completarla; pero no trabaj +mucho en l, tanto porque me traslad poco despus a Matanzas como uno +de los maestros del colegio de _La Empresa_, fundado recientemente en +dicha ciudad, cuanto porque una vez all, emprend la composicin de +otra novela, _La joven de la flecha de oro_, que conclu e imprim en un +volumen el ao de 1841. + +De vuelta en la capital el ao de 1842, sin abandonar el ejercicio del +magisterio, entr a formar parte de la redaccin de _El Faro +Industrial_, al que consagr todos los trabajos literarios y novelescos +que se siguieron casi sin interrupcin hasta mediados de 1848. En sus +columnas, entre otros muchos escritos de diverso gnero, aparecieron en +la forma de folletines:--_El Ciego y su Perro_; _La Excursin a La +Vuelta Bajo_; _La Peineta Calada_; _El Guajiro_; _Dos Amores_; _El +Misionero del Caron_; _El Penitente_, etc. + +Pasada la media noche del 20 de octubre del ltimo ao citado, fui +sorprendido en la cama y preso, con gran golpe de soldados y alguaciles +por el comisario del barrio de Monserrate, Barreda; y conducido a la +crcel pblica, de orden del Capitn General de la Isla, don Federico +Roncaly. + +Encerrado cual fiera en una oscura y hmeda bartolina, permanec seis +meses consecutivos, al cabo de los cuales, despus de juzgado y +condenado a presidio por la Comisin Militar Permanente como conspirador +contra los derechos de la corona de Espaa, logr evadirme el 4 de abril +de 1849, en unin de don Vicente Fernndez Blanco, reo de delito comn y +del llavero de la crcel Garca Rey; quien de all a poco fue causa de +una grave dificultad entre los gobiernos de Espaa y de los Estados +Unidos. Por extraa casualidad los tres salimos juntos en barco de vela +del puerto de La Habana; pero nuestra compaa slo dur hasta la ra de +Apalachicola, en la costa meridional de Florida, desde donde me encamin +por tierra a Savannah y Nueva York. + +Fuera de Cuba, reform mi gnero de vida: troqu mis gustos literarios +por ms altos pensamientos; pas del mundo de las ilusiones, al mundo de +las realidades; abandon, en fin, las frvolas ocupaciones del esclavo +en tierra esclava, para tomar parte en las empresas del hombre libre en +tierra libre. Quedronse all mis manuscritos y libros, que si bien +recib algn tiempo despus, ya no me fue dado hacer nada con ellos; +puesto que primero como redactor de _La Verdad_, peridico separatista +cubano, luego como secretario militar del general Narciso Lpez, llev +vida muy activa y agitada, ajena por dems a los estudios y trabajos +sedentarios. + +Con el fracaso de la expedicin de Crdenas en 1850, el desastre de la +invasin de las Pozas y la muerte del ilustre caudillo de nuestra +intentona revolucionaria en 1851, no cesaron, antes revivieron nuevos +proyectos de libertar a cuba, que venan acariciando los patriotas +cubanos desde muy al principio del presente siglo. Todos, sin embargo, +cual los anteriores terminaron en desastres y desgracias por el ao de +1854. + +En 1858 me hallaba en La Habana tras nueve aos de ausencia. Reimpresa +entonces mi novela _Dos Amores_, en la imprenta del seor Prspero +Massana, por consejo suyo acomet la empresa de revisar, mejor todava, +de refundir la otra novela, _Cecilia Valds_, de la cual slo exista +impreso el primer tomo y manuscrita una pequea parte del segundo. Haba +trazado el nuevo plan hasta sus ms menudos detalles, escrito la +advertencia y proceda al desarrollo de la accin, cuando tuve de nuevo +que abandonar la patria. + +Las vicisitudes que se siguieron a esta segunda expatriacin voluntaria, +la necesidad de proveer a la subsistencia de familia en pas extranjero, +la agitacin poltica que desde 1865 empez a sentirse en Cuba, las +tareas periodsticas que luego emprend, no me concedieron nimo ni +vagar para entregarme a la obra larga, sin expectativa de lucro +inmediato, y por lo mismo tediosa--que demandaba el expurgo, ensanche y +refundicin de la ms voluminosa y complicada de mis obras literarias. + +Tras la nueva agitacin de 1865 a 1868 vino la revolucin del ltimo ao +nombrado y la guerra sangrienta por una dcada en Cuba, acompaada de +las escenas tumultuosas de los emigrados cubanos en todos los pases +circunvecinos a ella, especialmente en Nueva York. Como antes y como +siempre, troqu las ocupaciones literarias por la poltica militante, +siendo as que ac desplegaban la pluma y la palabra al menos la misma +vehemencia que all el rifle y el machete. + +Durante la mayor parte de esa poca de delirio y de sueos patriticos, +durmi, por supuesto, el manuscrito de la novela. Qu digo? no progres +ms all de una media decena de captulos, trazados a ratos perdidos, +cuando el recuerdo de la patria empapada en la sangre de sus mejores +hijos, se ofreca en todo su horror y toda su belleza y pareca que +demandaba de aqullos que bien y mucho la amaban, la fiel pintura de su +existencia bajo el triple punto de vista fsico, moral y social, antes +que su muerte o su exaltacin a la vida de los pueblos libres, cambiaran +enteramente los rasgos caractersticos de su anterior fisonoma. + +De suerte, que en ningn sentido puede decirse con verdad que he +empleado cuarenta aos (perodo cursado de 1839 a la fecha) en la +composicin de la novela. Cuando me resolv a concluirla, habr dos o +tres aos, lo ms que he podido hacer ha sido despachar un captulo, con +muchas interrupciones, cada quince das, a veces cada mes, trabajando +algunas horas entre semana y todo el da los domingos. + +Con esta manera de componer obras de imaginacin, no es fcil mantener +constante el inters de la narrativa, ni siempre animada y unida la +accin, ni el estilo parejo y natural, ni el tono templado y sostenido +que exigen las producciones del gnero novelesco. Y tal es uno de los +motivos que me impelen a hablar de la novela y de m. + +El otro es, que despus de todo, me ha salido el cuadro tan sombro y de +carcter tan trgico, que, cubano como soy hasta la mdula de los huesos +y hombre de moralidad, siento una especie de temor o vergenza +presentarlo al pblico sin una palabra explicativa de disculpa. Harto se +me alcanza que los extraos, dgase, las personas que no conozcan de +cerca las costumbres ni la poca de la historia de Cuba que he querido +pintar, tal vez crean que escog los colores ms oscuros y sobrecargu +de sombras el cuadro por el mero placer de causar efecto a la Rembrandt, +o a la Gustavo Dor. Nada ms distante de mi mente. Me precio de ser, +antes que otra cosa, escritor realista, tomando esta palabra en el +sentido artstico que se le da modernamente. + +Hace ms de treinta aos que no leo novela ninguna, siendo Walter Scott +y Manzoni los nicos modelos que he podido seguir al trazar los variados +cuadros de _Cecilia Valds_. Reconozco que habra sido mejor para mi +obra que yo hubiese escrito un idilio, un romance pastoril, siquiera un +cuento por el estilo de _Pablo y Virginia_[1] o de _Atala_ y +_Renato_;[2] pero esto, aunque ms entretenido y moral, no hubiera sido +el retrato de ningn personaje viviente, ni la descripcin de las +costumbres y pasiones de un pueblo de carne y hueso, sometido a +especiales leyes polticas y civiles, imbuido en cierto orden de ideas y +rodeado de influencias reales y positivas. Lejos de inventar o de fingir +caracteres y escenas fantasiosas e inverosmiles, he llevado el +realismo, segn entiendo, hasta el punto de presentar los principales +personajes de la novela con todos sus pelos y seales, como vulgarmente +se dice, vestidos con el traje que llevaron en vida, la mayor parte bajo +su nombre y apellido verdaderos, hablando el mismo lenguaje que usaron +en las escenas histricas en que figuraron, copiando en lo que caba, +_d'aprs nature_,[3] su fisonoma fsica y moral, a fin de que aqullos +que los conocieron de vista o por tradicin, los reconozcan sin +dificultad y digan cuando menos: el parecido es innegable. + +Apenas si he aspirado a otra cosa. Lo nico que debo agregar en descargo +de mi conciencia, por si alguien juzgare que la pintura no tiene nada de +santa ni de edificante, es que, al situar la accin de la novela en el +teatro habanero y poca corrida de 1812 a 1831, no encontr personajes +que pudieran representar con mediana fidelidad el papel, por ejemplo, +del payo Lorenzo, o el del pacato de don Abundio, o el del enrgico +padre Cristbal, o el del santo arzobispo Carlos Borromeo; al paso que +abundaban los que podan pasar, sin contradiccin, por fieles copias de +los Canoso, los Tramoya y los don Rodrigo, matones, bravos y +libertinos, cuya generacin parece ser de todos los pases y de todas +las pocas. + +Tampoco ha de achacarse a falta del autor si el cuadro no ilustra, no +escarmienta, no ensea deleitando. Lo ms que me ha sido dado hacer, es +abstenerme de toda pintura impdica o grosera, falta en que era fcil +incurrir, habida consideracin a las condiciones, al carcter y a las +pasiones de la mayora de los actores de la novela; porque nunca he +credo que el escritor pblico, en el afn de parecer fiel y exacto +pintor de las costumbres, haya de olvidar que le merecen respeto la +virtud y la modestia del lector. + +Por lo dems, si la obra que ahora sale a luz completa, no contiene +todos los defectos de lenguaje y de estilo que sac el primer tomo +impreso en La Habana, si hay mayor correccin y verdad en la pintura de +los caracteres, si resultan eliminadas ciertas escenas y frases de +escasa o dudosa moralidad, si el tono general de la composicin es ms +uniforme y animado, en mucha parte a los consejos de mi esposa, con +quien he podido consultar captulo tras captulo, a medida que los iba +concluyendo. + +C. VILLAVERDE + +Nueva York, mayo, 1879 + + + + +PRIMERA PARTE + + + + +CAPTULO I + + _Tal es el fruto de la culpa, + Tello, cosecha de dolor._ + + SOLS + + +Hacia el oscurecer de un da de noviembre del ao de 1812, segua la +calle de Compostela en direccin del norte de la ciudad, una calesa +tirada por un par de mulas, en una de las cuales, como era de costumbre, +cabalgaba el calesero negro. El traje de ste, las guarniciones de +aqullas y los ornamentos de plata maciza, mostraban a las claras que +era rica la persona a que perteneca tan lujoso equipaje. Prendida +estaba de los calamones, no slo por el frente, sino tambin por un +costado y hasta la mitad del otro,--la cortina o capacete de pao con +banda de vaqueta. Sea el que fuese quien ocupaba el carruaje a la sazn, +no puede negarse que tena inters en guardar la incgnita, aunque +pareca excusada la precaucin, por cuanto no haba alma viviente en las +calles, ni se divisaba otra luz que la de las estrellas, o la artificial +de algunas casas que se escapaba por las anchas rendijas de las puertas +cerradas. + +Pararon de repente las mulas al trote en la esquina del callejn de San +Juan de Dios y sali a espacio y con no poco trabajo de la calesa un +caballero alto, bien puesto, vestido de frac negro abotonado hasta el +cuello, dejando ver por debajo el chaleco o chupa de color claro, +pantalones de _carrancln_ de pie, corbatn de cerda y sombrero de +castor con copa enorme y ala angosta. Por lo que poda distinguirse en +aquella media luz de las estrellas, las facciones ms notables del +hombre eran la nariz, que tena aguilea, los ojos bastante vivos, el +rostro ovalado y la barba pequea. El color de sta y el del cabello, +las sombras del sombrero y de las paredes alterosas del convento vecino, +lo oscurecan tal vez sin ser negro. + +--Sigue hasta la calle de lo Empedrado--dijo el caballero en tono +imperioso, ms bajo, apoyando la mano izquierda en la silla de la mula +de varas--y espera inmediato a la esquina. En caso que diese la ronda +contigo, di que perteneces a don Joaqun Gmez y que aguardas sus +rdenes. Entiendes, Po? + +--S, seor, contest el calesero; quien desde que empez a hablar su +amo tena el sombrero en la mano. + +Y sigui al paso de las mulas hasta el punto que le indic aqul. + +El callejn de San Juan de Dios se compone de dos cuadras solamente, +cerrado por un extremo en las paredes del convento de Santa Catalina y +por el otro en las casas de la calle de la Habana. El hospital de San +Juan de Dios, que le da nombre, y que por sus altas y cuadradas +ventanas, siempre deja salir el vaho caliente de los enfermos, ocupa +todo un lado de la segunda cuadra y los otros tres, casitas pequeas de +tejas coloradas y un solo piso, el de las ltimas en particular ms alto +que el nivel de la calle, con uno y dos escalones de piedra a la puerta. +Las de mejor apariencia de ellas eran las de la primera cuadra entrando +de la calle de Compostela. Eran todas de un mismo tamao, poco ms o +menos, de una sola ventana y puerta, sta de cedro con clavos de cabeza +grande, pintadas de color de ladrillo, aqulla o de espejo o volada[4] y +de balaustres de madera gruesa. El piso de la calle se hallaba en su +estado primitivo y natural, pedregoso y sin banquetas. + +El caballero desconocido, arrimado a las paredes, debajo de los +salientes aleros de tejas, se detuvo a la puerta de la tercera casita de +su derecha y dio dos golpecitos con la punta de los dedos. All sin duda +le aguardaban, porque tardaron en abrir lo que tard en pasar de la +ventana a la puerta la persona que quit la tranca con que se cerraba +por dentro. Esa result ser la ama de la casa; mulata como de 40 aos de +edad, de estatura mediana, llena de carnes, aunque conservaba el talle +estrecho, los hombros redondos y desnudos, la cabeza hermosa, la nariz +algo gruesa, la boca expresiva y el cabello espeso y muy crespo. Vesta +camisa fina bordada, de manga corta, y enaguas de sarga sin pliegues ni +adorno ninguno. + +Haba pocos muebles en la sala: arrimada a la pared de la derecha una +mesa de caoba, sobre la cual arda una vela de cera, dentro de una +guardabrisa o fanal, y varias sillas pesadas de cedro con asiento y +respaldo de vaqueta, clavados con tachuelas de cobre. En aquella poca +esto se tena por lujo, mucho ms tratndose de una mujer de color, que +ocupaba aquella habitacin como ama y no como criada. El caballero no le +dio la mano al entrar, slo le hizo un saludo grave sin dejar de ser +gracioso y amable; lo que sin disputa era an ms extrao, pues aparte +de su diferencia de condicin y de raza, la de sus edades respectivas +era notable a primera vista y no caba entre ellos otra relacin que la +de la amistad, ms o menos sincera y desinteresada. Enseguida pregunt +en tono triste y acercndose a la mujer cuanto poda, a fin de no +levantar la voz, que la tena algo bronca: + +--Y qu tal la enferma? + +La mulata sacudi la cabeza con aire todava ms triste y contest con +tres monoslabos: + +--Ah! muy mal. + +Algo ms animada, aunque sin despejrsele el semblante, agreg poco +despus: + +--No se lo dije al seor? _Entodava_ ha de acabar con ella el golpe. + +--Pues qu, replic desazonado el caballero, no me dijo Vd. anoche que +estaba mejor y ms tranquila? + +--Lo estaba, s, seor; pero la maana la ha pasado muy _desinquieta_ y +agitada. Deca que le daban calor las sbanas, que le arda la cabeza, y +varias veces ha tratado de salirse de la cama buscando aire. De manera +que fue preciso mandar por el mdico. Vino y recet un calmante: lo +tom, porque la pobrecita toma cuanto le dan. De sus resultas ya se +duerme como una piedra, ya _dispierta_ sobresaltada. Ay, seor, su +sueo se parece tanto a la muerte! Me da miedo, mucho miedo. Yo se lo +deca al seor desde un principio, el golpe era demasiado para ella. Esa +muchacha no tiene fuerzas para soportarlo. Ah! mi seor, de esta hecha +la perdemos, lo estoy mirando; me lo ha dado el corazn. + +Y no dijo ms, porque la emocin le ahog la voz en la garganta. + +--Veo que Vd. se acobarda, _sea_ Josefa, dijo el desconocido con +dulzura y sentimiento. Pues no ha tratado Vd. de convencerla de que la +separacin es slo por muy corto tiempo? No es ella ninguna chiquilla... + +--Que si no he tratado! El seor parece que no la conoce _entodava_. +Ella no oye razones. Es la ms voluntariosa y cabecidura que ha nacido. +Adems, _dende_ ese lance no est en su cabal juicio y razn. El seor +mismo no trat aquella noche fatal de consolarla y tranquilizarla? Y +qu sac? Acurdese lo que _semos_: nada. El seor va a ver por sus +propios ojos que se escogi mal el momento de someterla a semejante +prueba. No se haban pasado los cuarenta das y luego tena una +calentura que volaba. S, concluy ya del todo conmovida y llorosa--me +tengo tragado que de sta no sale ella con juicio o con vida. + +--Dios querr, _sea_ Josefa, que no se realicen tan funestos +pronsticos, dijo el caballero preocupado. Despus de breve rato +aadi:--Ella es joven y robusta, y todava la naturaleza triunfar de +todos sus males y penas. Fo ms en esto que en la ciencia oscura de los +mdicos. Aparte de eso, Vd. sabe que se ha hecho lo hecho por el bien de +todos, mejor dicho... Ms adelante me lo agradecern, estoy seguro. Yo +no poda ni deba darla mi nombre. No, no, repiti como azorado del eco +de su propia voz. Nadie mejor que Vd. lo sabe. Vd. que es mujer de +razn, conocer y confesar que as tena que ser. Es preciso que la +chica lleve un nombre, nombre de que no tenga que avergonzarse maana, +ni esotro da, el de Valds, con que quizs haga un buen casamiento. +Para ello no haba ms remedio sino pasar por la Real Casa Cuna. Esto no +ha podido ser ms doloroso para la madre, bien lo s, que para... todos +nosotros. Pero dentro de breves das la habrn bautizado y entonces har +que la traiga aqu Mara de Regla, mi negra, que tres meses hace perdi +un hijo del mal de los siete das, y la est amamantando en la Casa Cuna +por orden ma. Ella la devolver sana, salva y cristiana a los brazos de +su madre. Yo tengo arreglado todo eso con Montes de Oca, el mdico de la +Real Casa, por quien a menudo s de la chica. Al principio lloraba mucho +y se negaba a tomar el pecho de Mara de Regla, por lo que enflaqueci +un poco. Pero ya todo eso ha pasado y ahora est gorda y rozagante, es +decir, segn me ha informado Montes de Oca, porque yo no la he visto +desde la noche en que la hice pasar por el torno... Los ojos se me +fueron tras ella. Es indecible cunto me cost ese paso... Pero, a otra +cosa. Vd. sabe, sin embargo, que no cabe equivocacin. + +--Demasiado que lo s--dijo la mulata enjugndose las lgrimas. No puede +equivocarse, no. Por lo tocante a eso estoy tranquila, como que a pesar +de sus chillidos, que me partan el alma, le hice la media luna azul en +el hombro izquierdo, segn el seor me orden. Yo no s a quin le +dolera ms, si a ella o a m... La madre, la madre, mi seor, es la que +me tiene sin sosiego. Ella no puede resistir. De por fuerza pierde el +juicio o la vida. Yo se lo repito al seor. + +_Sea_ Josefa, como la llam el desconocido, se conoca que era mujer +inteligente, si bien por el descuido de su educacin incurra a menudo +en las faltas de lenguaje comunes al vulgo de las gentes en Cuba. A +pesar de la madurez de sus aos y de sus pesares, conservaba las +muestras de una juventud bella y distinguida, buenos ojos, la expresin +amorosa de la boca y la redondez del cuello, de los hombros y de los +brazos. Tena el color cetrino que resulta de la mezcla de hembra negra +y varn indio; pero lo crespo del pelo y el valo del rostro no admitan +la probabilidad de semejante maridaje, sino el de madre negra y padre +blanco. Cuando joven llev vida acomodada, tuvo goces y se roz con +gente bien criada y de buenas maneras. Honda deba de ser la pesadumbre +que a la sazn la aquejaba, segn eran la frecuencia de sus suspiros, la +contraccin repetida de su entrecejo y la abundancia del humor acuoso en +que nadaban sus grandes ojos y le empaaban el brillo. Por lo dems, +haba en su actitud ms desesperacin que verdadero pesar. En efecto, +como luego veremos, tena razn sobrada para lo uno y no le faltaba para +lo otro. + +Haca ratos que ambos personajes estaban callados, cada cual a vueltas +con sus propios pensamientos, que de seguro no coincidan en ningn +punto, a tiempo que se oyeron un lamento y un grito desgarrador salidos +del interior de la casa. La mujer hizo una exclamacin dolorosa, se +llev ambas manos a la cabeza y corri como desalada por el primer +aposento al segundo cuarto. Maquinalmente el caballero hizo con las +manos el mismo movimiento y sigui sus pasos en silencio, aunque a +cierta distancia. All no haba ms luz que la mortecina de una +lamparita de aceite en una mesa, sobre la cual se vea un nicho o +retablo de titiritero, donde se veneraba una figura de talla, con traje +talar o de mujer, que miraba al cielo y tena clavada en el pecho una +espada, cuya empuadura pareca de plata. En el lado opuesto haba un +catre, con colgaduras de seda, ya ajadas, y a la cabecera una silla de +cuero, que en el momento que entr all _sea_ Josefa, la haba +desocupado una anciana negra, esculida, imagen de la muerte, cuya +cabeza blanca contrastaba con el bano de su cuello largo y huesoso. +Tena en la mano derecha un rosario y varios escapularios al pecho sobre +la camisa blanca; cindola el talle de la falda de caamazo, una correa +negra y larga a lo fraile agustino. Estaba como embebida o rezando con +gran fervor, y al tocarle en el hombro _sea_ Josefa, alz de repente la +cabeza, la volvi hacia la puerta del aposento, vio en ella de pie al +desconocido, hizo un movimiento de horror o de susto y desapareci por +la puerta del fondo sin decir palabra. + +Ocup su lugar _sea_ Josefa. Abri con tiento las cortinas del lecho, y +por seas indic al caballero que se acercara; lo que hizo ste, al +parecer, con repugnancia. Los ojos de ambos se clavaron en el rostro +plido de una muchacha de 20 aos, yaciente boca arriba y aparentemente +muerta. Porque no se mova a la sazn, tena los ojos hundidos y +cerrados los prpados, cuyas pestaas eran tan largas que daban sombra a +las mejillas. La cabeza era lo nico que tena fuera de las sbanas, y +eso casi enterrada en la almohada, la cual desapareca bajo una mata de +pelo negro, undoso y esparcido por todas partes en el mayor desorden. De +en medio de aquel fondo negro se destacaba el rostro ovalado, plido de +cera de la enferma, con la barba aguda, la frente cuadrada y alta, la +boca pequea, los labios belfos, y la nariz bastante bien hecha para +mujer de raza mezclada, como sin duda era aqulla de que ahora se trata. +El conjunto era bueno, femenil; pero haba tal expresin de angustia y +melancola en el semblante marchito por la enfermedad, que daba lstima +el contemplarle. Movida por este sentimiento tal vez _sea_ Josefa dijo +al odo del caballero:--Se ha dormido. + +La contestacin del caballero fue sacudir la cabeza negativamente, acaso +porque en aquel instante crey notar un temblor convulsivo que recorra +de pies a cabeza todo el cuerpo de la paciente. Tras el temblor empez a +levantrsele el pecho, movimiento fcil de percibir por encima de la +sbana, como una ola en mar sereno que repunta, de repente, y precursor +del suspiro que exhal enseguida del fondo del corazn, acompaado de un +gemido doloroso y agudo. Comprendiendo el caballero lo que deba +sobrevenir, sin poderlo remediar, apart primero la vista y disimulada y +paulatinamente se retir a los pies de la cama. Incorporada en aquel +instante la enferma, exclam con aire de espanto: + +--Mamita! Era su merced? + +--Hija ma! Qu quieres? Ests mejor? + +--Ah! Mamita! prosigui la muchacha en el mismo aire de azorada.--La +he visto, la acabo de ver. S, no me queda duda. Ah est! agreg +sealando al cielo. Se va! Me la llevan! Debe estar muerta. Ay!--Y se +le escap otro grito desgarrador. + +--Hija! le observ la madre afligida. _Dispierta._ T ests soando o +esas son ilusiones tuyas. + +--Venga ac, mamita, mire su merced misma. + +Diciendo esto la atraa a s por el brazo. + +--Vala! No es aquella la Virgen Santsima dentro de una nube dorada, +con los pies desnudos, apoyados en las alas de infinitos ngeles? Ella +es. Mire! Por aqu. All! Vea. Se eleva! + +--Visiones, hija ma. No hagas caso. Acustate y descansa. + +--Cmo quiere su merced que me acueste, si veo que se llevan a mi hija, +la hija de mis entraas? + +--Pero quin se la lleva, mi vida? + +--Quin se la lleva? Pues no lo ve su merced? La Virgen Santsima. Se +la lleva en los brazos. Debe estar muerta. Ah! + +--Ella no se ha muerto, no lo creas; le dijo dbilmente _sea_ Josefa, +pues sobre este punto no estaba ms segura que la enferma. Tu nia est +viva y pronto la vers. Esos son sueos tuyos. + +--Sueos, sueos, repiti la muchacha, distrada. Yo soaba? No ser +ms que un sueo? Pero, y mi hija? Dnde est? Por qu me la han +quitado? Y de que yo la perdiera su merced tiene la culpa, concluy +diciendo con iracundo ademn y acento. + +No tuvo valor _sea_ Josefa para replicar palabra, bien por no irritar +ms a la enferma con una contradiccin poco menos que intil, bien +porque la acusacin era directa y fundada. Slo acert a volver los ojos +hacia su derecha, con lo que los de la enferma naturalmente siguieron la +misma direccin y en consecuencia tropezaron con el bulto oscuro del +desconocido, que haca por ocultarse tras las colgaduras de la cama. + +--Quin est ah? pregunt apuntando con el dedo. Ah! El es, el +ladrn de mi hija! Mi verdugo! Qu vienes a buscar aqu? Vienes, +basilisco, a gozarte en tu obra? A tiempo llegas. Gzate a tus anchas. +Mi hija ha volado al cielo, lo s, de ello estoy convencida, yo la +seguir muy pronto; pero t, t, causa de nuestra condenacin y muerte, +t bajars... al infierno. + +--Jess! exclam _sea_ Josefa santigundose. T no sabes lo que dices. +Calla. + +Y anegada en lgrimas se arroj sobre su hija con el doble objeto de +impedirle que se levantara y de que siguiera en aquella terrible +increpacin contra el caballero desconocido. Por prudencia o por +remordimiento, ste callaba e inclin ms la cabeza. El, de todos modos, +estaba muy disgustado y luchaba consigo mismo a fin de tomar una +resolucin. Porque, previndolo, haba venido a ponerse al alcance de +las recriminaciones, al parecer justas, de la enferma, quien aunque +delirante, le echaba en cara la prdida de su hija y la ruina de su +razn. Mas no hizo por defenderse. Se senta, al contrario, humillado, +altamente ofendido por cuanto siendo sus intenciones las ms puras, +guiadas por el deseo del bien de todos los inmediatamente interesados, +las resultas llevaban camino de ser muy desastrosas. A los ojos de su +propia conciencia la justificacin era fcil; el mundo, sin embargo, +deba juzgarle por los hechos. Y a este juicio le tena l horror +cerval. + +Continuaba entre tanto la lucha entre la madre y la hija. Esta, con los +ojos de espantada, los cabellos desgreados, la frente cubierta de sudor +copioso, las mejillas encendidas por la fiebre, repela con ambas manos +a la madre y le repeta:--Djame, mamita, djame ver esa cara de hereje. +Quiero pedirle cuenta de mi hija. El me la ha quitado, l, entraas de +fiera. Y la madre, siempre inundada en lgrimas estrechndola en sus +brazos, le responda:--Por el amor de Dios, hija ma, por la Pursima +Concepcin de Mara Santsima, por tu salud, por la de tu hija, que vive +y est buena, cllate, tranquilzate. Yo te lo ruego por lo que ms +quiera. + +Pero como se prolongase demasiado aquella lucha, se acerc el caballero +a la cama, tom en la suya una mano de la enferma, la cual ella no +rechaz, y con voz grave, mas llena de exquisita ternura, le dijo: + +--Charo, yeme. Te prometo que maana vers a tu hija. Vuelve en ti. +Clmate! No ms locuras. + +Sase que de tanto bregar se le agotasen las fuerzas, sase que la +impusiese respeto la voz del desconocido, es lo cierto que la enferma, +exhalando un profundo suspiro, cay repentinamente de espaldas en la +almohada y all qued por breve rato sin movimiento. No crey menos la +madre, al pronto, sino que haba expirado. Psola con ese motivo la mano +en el corazn, y como, ya por el susto, ya porque en efecto se le haba +paralizado la sangre en las venas a la paciente, no sinti por unos +instantes las pulsaciones. As que, grandemente asustada, se volvi para +el caballero, que al parecer contemplaba impasible aquella escena muda, +y con acento de amarga reconvencin le dijo: + +--Lo ve el seor? Est muerta. + +No fue esto parte a hacerle perder al caballero su natural ecuanimidad. +Lejos de ello, con mucha calma y deliberacin le tom el pulso a la +muchacha, a guisa de mdico, y despus dijo: + +--Traiga Vd. ter. Se ha desmayado. Esta moza est muy dbil, necesita +alimento. + +--El mdico lo ha prohibido, observ _sea_ Josefa. + +--El mdico no sabe lo que se pesca. Dela Vd. caldo. Pero despache con +el ter. + +Trado el lcali voltil, se le aplicaron a la nariz; pero las nicas +seales de vida que dio la muchacha fue un estremecimiento de los +prpados, que no abri por cierto, y un llorar en silencio, o hilo a +hilo, segn reza la grfica expresin vulgar. Mientras esto pasaba +delante de la cama de la enferma, asom la cabeza blanca por entre la +puerta del fondo, medio abierta, la anciana negra antes mencionada; pero +la retir de golpe persignndose cual si viese al diablo, sin duda +porque an estaba all el caballero desconocido. Al fin, ste se alej +de aquel sitio de dolor y de tribulacin, salud a _sea_ Josefa con una +mera inclinacin de cabeza, y sali a la calle murmurando en su +despecho: + +--Y nadie ms que yo tiene la culpa! + + + + +CAPTULO II + + _Sola soy, sola nac,_ + _Sola me tuvo mi madre,_ + _Sola me tengo de andar,_ + _Como la pluma en el aire._ + + +Algunos aos adelante, mejor, uno o dos despus de la cada del segundo +breve perodo constitucional, en que qued establecido el estado de +sitio de la Isla de Cuba y Capitn General de la misma don Francisco +Dionisio Vives, sola verse por las calles del barrio del ngel una +muchacha de unos once a doce aos de edad, quien, ya por su hbito +andariego, ya por otras circunstancias de que hablaremos enseguida, +llamaba la atencin general. + +Era su tipo el de las vrgenes de los ms clebres pintores. Porque a +una frente alta, coronada de cabellos negros y copiosos, naturalmente +ondeados, una facciones muy regulares, nariz recta que arrancaba desde +el entrecejo, y por quedarse algo corta alzaba un si es no es el labio +superior, como para dejar ver dos sartas de dientes menudos y blancos. +Sus cejas describan un arco y daban mayor sombra a los ojos negros y +rasgados, los cuales eran todo movilidad y fuego. La boca tena chica y +los labios llenos, indicando ms voluptuosidad que firmeza de carcter. +Las mejillas llenas y redondas y un hoyuelo en medio de la barba, +formaban un conjunto bello, que para ser perfecto slo faltaba que la +expresin fuese menos maliciosa, si no maligna. + +De cuerpo era ms bien delgada que gruesa, para su edad antes baja que +crecida, y el torso, visto de espaldas, angosto en el cuello y ancho +hacia los hombros, formaba armona encantadora, aun bajo sus humildes +ropas, con el estrecho y flexible talle, que no hay medio de compararle +sino con la base de una copa. La complexin poda pasar por saludable, +la encarnacin viva, hablando en el sentido en que los pintores toman +esta palabra, aunque a poco que se fijaba la atencin, se adverta en el +color del rostro, que sin dejar de ser sanguneo haba demasiado ocre en +su composicin, y no resultaba difano ni libre. A qu raza, pues, +perteneca esta muchacha? Difcil es decirlo. Sin embargo, a un ojo +conocedor no poda esconderse que sus labios rojos tenan un borde o +filete oscuro, y que la iluminacin del rostro terminaba en una especie +de penumbra hacia el nacimiento del cabello. Su sangre no era pura y +bien poda asegurarse que all en la tercera o cuarta generacin estaba +mezclada con la etope. + +Pero de cualquier manera, tales eran su belleza peregrina, su alegra y +vivacidad, que la revestan de una especie de encanto, no dejando al +nimo vagar sino para admirarla y pasar de largo por las faltas o por +las sobras de su progenie. Nunca la haban visto triste, nunca de mal +humor, nunca reir con nadie; tampoco poda darse razn dnde moraba ni +de qu subsista. Qu haca, pues, una nia tan linda, azotando las +calles da y noche, como perro hambriento y sin dueo? No haba quien +por ella hiciera ni rigiera su ndole vagabunda? + +Entre tanto la chica creca gallarda y lozana, sin cuidarse de las +investigaciones y murmuraciones de que era objeto, y sin caer en la +cuenta de que su vida callejera, que a ella le pareca muy natural, +inspiraba sospechas y temores, si no compasin a algunas viejas; que sus +gracias nacientes y el descuido y libertad con que viva, alimentaban +esperanzas de bastardo linaje en mancebos corazones, que latan al verla +atravesar la plazuela del Cristo, cuando a la carrerita y con la +sutileza de la zorra hurtaba un bollo o un chicharrn a las negras que +de parte de noche all se ponen a frerlos; o cuando al descuido meta +la pequea mano en los cajones de pasas de los almacenes de vveres en +las esquinas de las calles; o cuando levantaba el pltano maduro, el +mango o la guayaba del tablero de la frutera; o cuando enredaba el perro +del ciego en el can de la esquina, o le encaminaba a San Juan de Dios, +si iba para Santa Clara:[5] que todas stas eran travesuras dignas de +celebracin en una nia de su edad y parecer. + +Su traje ordinario, no siempre aseado, consista en falda de zaraza, sin +ms paizuelo ni otro calzado que unas chancletas, las cuales anunciaban +de lejos su aproximacin, porque sonaban mucho en las banquetas de +piedra de las pocas calles que entonces tenan tales adornos. Llevaba +tambin el cabello siempre suelto y naturalmente rizado. El nico +ornamento de su cuello era un rosarito de filigrana, especie de +gargantilla, con una cruz de coral y oro pendiente, memoria de la madre +cara y desconocida. + +A pesar de aquella vida suya y de aquel traje, pareca tan pura y linda, +que estaba uno tentado a creer que jams dejara de ser lo que era, +cndida nia en cabello, que se preparaba a entrar en el mundo por una +puerta al parecer de oro, y que viva sin tener sospecha siquiera de su +existencia. Sin embargo, las calles de la ciudad, las plazas, los +establecimientos pblicos, como se apunt ms arriba, fueron su escuela, +y en tales sitios, segn es de presumir, su tierno corazn, formado +acaso para dar abrigo a las virtudes, que son el ms bello encanto de +las mujeres, bebi a torrentes las aguas emponzoadas del vicio, se +nutri desde temprano con las escenas de impudicia que ofrece +diariamente un pueblo soez y desmoralizado. Y cmo librarse de +semejante influjo? Cmo impedir que sus vivarachos ojos no viesen? Qu +sus orejas siempre alerta no oyesen? Que aquella alma rebosando vida y +juventud no se asomara antes de tiempo a los ojos y a los odos para +juzgar de cuanto pasaba en su derredor, en vez de dormir el sueo de la +inocencia? Bien temprano, a fe, llam a sus puertas la legin de +pasiones que gastan el corazn y abaten las frentes ms soberbias! + +Una tarde, entre otras, pasaba la chica, como de costumbre, a la +carrerita, por cierta calle de que no hay para qu mencionar ahora el +nombre. Asomadas a una de las altas y anchas rejas de hierro de las +ventanas de una casa de apariencia aristocrtica, estaban dos nias poco +ms o menos de su edad y una joven de 14 a 15, las cuales, como viesen +pasar aquella exhalacin, segn se expres una de ellas mismas, excitada +grandemente la curiosidad de todas, la llamaron con instancia. No se +hizo de rogar la mozuela, antes se entr, desde luego por el zagun, y +se present con mucho desembarazo a la puerta de la sala, donde ya la +esperaba el grupo de las tres jovencitas. All, stas la tomaron por la +mano y la llevaron delante de una seora algo gruesa, vestida con mucho +aseo, que estaba arrellanada en un ancho silln y descansaba los pies en +un escabel. + +--Ah! exclam sta cuando la hubo visto de cerca. Y qu mona es! Dicho +lo cual se enderez en el asiento, operacin que le cost un buen +esfuerzo, y agreg: + +--Cmo te llamas? + +--Cecilia, respondi vivamente. + +--Y tu madre? + +--Yo no tengo madre. + +--Pobrecita! Y tu padre? + +--Yo soy Valds, yo no tengo padre. + +--Esa est mejor, exclam la seora recapacitando. + +--Pap, pap, dijo la mayor de las seoritas dirigindose a un caballero +que estaba recostado en un sof a la derecha del estrado. Pap, ha +visto Vd. nia ms preciosa? + +--Ya, ya, contest el padre casi sin volver el rostro. Dejadla en paz. +Pero apenas salieron esas palabras de sus labios, repar en l Cecilia, +y entre admirada, y reda, dijo: + +--Ay! Yo conozco a ese hombre que est ah acostado. Este, por debajo +de las manos, con que ya se sombreaba la frente, le ech una mirada +fiera, en que iban pintados su mal humor y disgusto. Enseguida se +levant y dej la sala, sin decir ms palabra. Extrao es en verdad que +slo este hombre no sintiese simpata por la linda callejera. + +--Conque no tienes padre ni madre? Torn a preguntar la buena seora, +un si es no es preocupada por la anterior escena. Y cmo vives? Con +quin vives? Eres hija de la tierra o del aire? + +--Ave Mara Pursima! exclam la nia doblando la cabeza sobre el +hombro derecho y mirando fijamente a sus preguntadoras. Ay, Jess! Qu +gente tan curiosa! Yo vivo con mi abuela, que es una viejecita muy +buena, que me quiere mucho y que me deja hacer cuanto yo quiero. Mi +madre se muri hace mucho tiempo y... mi padre tambin. No s ms ni me +pregunten ms. + +Bien quisieran las jovencitas hacer ms preguntas, e informarse de otros +pormenores acerca de la vida y parentela de Cecilia; pero, por una +parte, su padre les haba dicho que la dejaran en paz, y, por otra, su +madre, ya incapaz de dominar su desazn, les indic por un gesto muy +significativo que era tiempo saliese de all mozuela tan procaz. Colmada +de regalos y despedida al fin, Cecilia, pasaba por el zagun en vuelta +de la calle, a sazn que bajaba de los altos un jovencito en traje +veraniego, es decir, de chupa y pantaln de Arabia quien apenas la vio, +la reconoci y le dijo desde lo alto: + +--Cecilia, eh, Cecilia! Oye, mira. + +Ella, sin contener el paso, mas sin dejar de mirar al que le daba voces, +le deca hasta la puerta de la calle: Cuico! Cuico! Y al mismo tiempo +abra la mano derecha, pona el dedo pulgar en la punta de la nariz y +mova los otros con gran rapidez. Que es una manera de burla que a +menudo se hacen los muchachos en nuestras calles, como diciendo: Ah! +que te enga! Ah! que me escap de tus majaderas. + +No es para referir aqu la escena que se sigui a la ida de la chica de +aquella casa. Del seor y de la seora puede decirse que no volvieron a +mencionar su nombre. Las seoritas, al contrario, an cuando tornaron a +la ventana para ver y saludar a sus amigas, que de vuelta del paseo +pasaban en sus lujosas volantas, no cesaron de hablar de Cecilia y de +repetir su nombre, ayudndoles entonces el hermano mayor, quien la +conoca y a menudo se encontraba con ella cuando iba a la clase de latn +del padre Morales, enfrente del convento de Santa Teresa. + +En el medio tiempo la chica, siguiendo por la calle adelante sali a la +plazuela de Santa Catalina, cuyo terrapln, que corre por todo el +frente, subi a saltos, y luego baj a la calle del Aguacate por una +escalera de mampostera. Una vez all, se dirigi derecho, aunque con +cierta cautela, a la casita inmediata a la esquina ocupada por una +taberna. No toc ni se detuvo delante de la puerta, sino que empuj con +suavidad la hoja de la derecha o macho, la cual estaba sujeta con una +media bala de hierro en el suelo. Haba sido de bermelln la pintura de +dicha puerta, pero lavada por las lluvias, el sol y el tiempo, no le +quedaban sino manchas oscuras en torno de la cabeza de los clavos y en +las molduras profundas de los tableros. La ventanilla, que era de espejo +y alta, slo tena tres o cuatro balaustres, haba perdido la pintura +primitiva, quedndole un bao ligero de color de plomo. Por lo que toca +al interior, su apariencia era ms ruin, si cabe, que el exterior. Se +compona de una salita, dividida por un biombo para formar una alcoba, +cuya puerta daba precisamente hacia la de la calle, y otra a la derecha +con salida al patio angosto y no ms largo que el fondo de la casita. A +la izquierda de la entrada y a la altura de una vara, haba un hueco en +la pared medianera, a modo de nicho, en cuyo fondo se vea una Madre +Dolorosa de cuerpo entero, aunque muy reducido, con una espada de fuego +que le atravesaba el pecho de parte a parte. Alumbraban da y noche tan +peregrina pintura dos mariposas, es decir, dos hornillas con su pabilo +correspondiente, flotando en tres partes de agua y una de aceite, dentro +de vasos ordinarios de vidrio. Una guirnalda de todas flores +artificiales y de pedazos de cartulina dorada y plateada, ajadas, +descoloridas y polvorosas adornaba el retablo. Y en torno, por las +paredes, en el biombo y detrs de las puertas y ventanas, gran nmero de +letreros, por ejemplo: Ave Mara Pursima! La Gracia de Dios sea en +esta casa! Viva Jess! Viva Mara! Viva la Gracia y muera el Pecado! +Con otros muchos por el estilo, que no hay para qu repetirlos. Las +estampas, sin cuadro, pegadas a las paredes con obleas o engrudo, eran +ms numerosas que los letreros, todas de santos, impresas por el +impresor Boloa[6] en papel comn y recogidas de manos de los +demandantes de los conventos a cambio de limosnas, o compradas a la +puerta de las iglesias en los das de fiestas. + +Reducase a bien poco el mueblaje, aunque en su poquedad y ruina se +conoca que haba visto mejores tiempos cuando nuevo. El ms apetecible +de la casa era una butaca de Campeche, ya coja, con orejas grandes y +desvencijada. Agregbanse tres o cuatro sillas de cedro con asiento y +respaldo de vaqueta, del mismo estilo, fuertes, macizas y antiqusimas. +Haca juego con ellas una rinconera de la propia madera, cuyos pies +estaban labrados en forma de pezua de stiro, con molduras y hojas de +parra. + +A pesar de la estrechez de aquel albergue, haba un gato dormiln, +varias palomas y gallinas, muy familiarizadas sin duda con sus dos +nicos huspedes humanos, pues que iban y venan, saltaban sobre los +respaldos de las sillas, maullaban, arrullaban y cacareaban sin +consideracin ni temor. A un lado de la alcoba haba una cama alta, +cuadrilonga, que siempre estaba de recibo, como que era de cuero sin +curtir, cuya dureza la suavizaba un colchn de plumas, cubierto +perennemente con una colcha de mil y un retazos o taracea. Las columnas +salomnicas, en vez de colgaduras, sostenan San Blases, escapularios, +cruces de cartn, piedras de vidrio y palmas benditas de los domingos de +ramos de muchos aos atrs. + +En realidad aqulla no era casa sino en cuanto daba abrigo a dos +personas, porque, fuera de las dos piezas mencionadas, no tena +comodidad ni ms desahogo que el patio dicho, donde estaba la cocina, +mejor, fogn, cajoncito de madera lleno de ceniza, montado sobre cuatro +pies derechos, y protegido de la lluvia por una especie de alero de +mesilla. Nos hemos detenido tanto en la descripcin de la casucha donde +entr Cecilia, porque pare su imaginacin el benigno lector en el +contraste que ofrecera una nia tan linda, rebosando vida y juventud, +en medio de tanta antigualla, que no pareca sino que el cielo la haba +colocado all para decirle a cada rato al odo:--Hija, contempla lo que +sers y s ms cuerda. + +Pero estamos seguros que eso era lo menos en que ella pensaba, y +entonces con doble motivo, cuanto que ms le importaba que no la +sintiese entrar cierta persona que, de espaldas en la butaca, frente al +nicho, pareca rezar o dormitar. Sin embargo, por ms tiento que pusiese +la picaruela en el modo de asentar la planta, no lo pudo hacer tan +callandito que no la oyese y sintiese distintamente la vieja, cuyos +odos eran muy finos, y que entonces no rezaba ni dorma, sino que lea, +hecha un arco, en un libro pequeo de oraciones con forro de pergamino. + +--Hola! le dijo mirndola de soslayo por encima de los aros +perfectamente redondos de sus gafas, enhorquilladas en la punta de la +nariz, a guisa de muchacho a la grupa de un caballo, Hola seorita! +Aqu est Vd? Eh? Qu bueno! Son stas horas de venir a pedir la +bendicin de su abuela? (Porque la chica se acercaba con los brazos +cruzados.) Dnde has estado hasta ahora, buena pieza? (Haban tocado ya +las oraciones.) Qu linda estabas para ir por los leos! Y echndole +mano de pronto, en cuyo acto se le cay el libro y se espantaron el gato +que pestaeaba a menudo sentado en una silla, las palomas y las +gallinas. Ven ac, espiritada, aadi; mariposa sin alas, oveja sin +grey, loca de cepo; ven, que he de averiguar dnde has estado hasta +estas horas. Qu, t no tienes rey ni Roque que te gobierne, ni Papa +que te excomulgue? Adnde se ha visto de eso? T no tienes ms vida +que correr por las calles? No se puede averiguar nadie contigo? Yo te +har entender que hay quien puede. No me quedaba que ver! + +Cecilia, lejos de asustarse, ni de huir, con mucha risa se ech en +brazos de la malhumorada y gruidora abuela, y, como para anudarle la +lengua, le entreg cuanto le haban regalado las seoritas donde haba +estado. + + + + +CAPTULO III + + _Malditas viejas, + Que a las mozas malamente + Enloquecen con consejas._ + + ZORRILLA + + +Con ms zalamera y astucia de las que caban en una nia de su edad, +Cecilia abraz y bes a su abuela, a la cual dio el nombre de Chepilla +(alteracin caprichosa de Josefa), que as generalmente la llamaban. +Bast eso para aplacar su enojo, y nada hay en ello que extraar, +porque, segn adelante veremos, haba sido tan infeliz aquella mujer, +senta tal necesidad de ser amada por el nico ser que la interesaba de +cerca en el mundo, que mantener seriedad con la nieta, hubiera sido lo +mismo que prolongar su propio martirio. Por supuesto que sell sus +labios de golpe, y no acert a otra cosa que a contemplarla, bien as +como momentos antes haba estado contemplando el dulce rostro de Mara +Santsima, en fervorosa oracin. + +Mientras la nia estrechaba por la cintura a la vieja con sus torneados +brazos y recostaba la hermosa cabeza en su pecho, semejante a la flor +que brota en un tronco seco y con sus hojas y fragancia ostenta la vida +junto a la misma muerte, la figura de _sea_ Josefa se mostraba ms +extraa y fea de lo que era naturalmente. Su rostro mismo formaba +contraste con lo dems del cuerpo. Ya fuese porque tena la costumbre de +llevarse el cabello atrs, ya porque lo sac de naturaleza, la verdad es +que le luca la frente demasiado ancha, la nariz grande y roma, la barba +aguda, y la cuenca de los ojos hundida. Esto daba aviesa expresin a su +semblante, no muy fcil de pasar por alto al menos avisado observador. +An haba morbidez en sus brazos, y sus manos podan calificarse de +lindas. Pero lo ms notable de su fisonoma eran sus ojos grandes, +oscuros y penetrantes, restos de una facciones que haban sido +agradables, desarmonizadas ahora por una vejez prematura. + +Mulata de origen, su color era cobrizo, y con los aos y las arrugas se +le haba vuelto atezado, o _achinado_; para valernos de la expresin +vulgar con que se designa en Cuba al hijo de mulato y negra, o al +contrario. Poda tener 60 aos de edad, aunque aparentaba ms, porque ya +empezaba a blanquearle el cabello, cosa que en las gentes de color suele +suceder ms tarde que en las de raza caucsica. Los padecimientos del +nimo aniquilan primero el semblante que el cuerpo mortal del hombre. +Como veremos despus, la resignacin cristiana, obra de su fe en Dios, +pasto con que al fin alimentaba su espritu en las largas horas +consagradas al rezo y a la meditacin, slo la hubiera mantenido en pie +contra los embates de su miserable suerte. Por otra parte, con el triste +convencimiento del que de una ojeada midi su pasado y su porvenir, y lo +que deba y poda esperar de su nieta, hermosa flor arrojada en mitad de +la plaza pblica, para ser hollada del primer transente, ya en el +ltimo tercio de su vida, con los remordimientos de la pasada, antes de +airarse, comprendi que le tocaba aplacar la clera de su juez invisible +y procurarse momentos de calma, nterin sonaba la hora postrimera. + +En aqulla en que la sorprende nuestra narracin, aunque hubiese +cumplido los 80 de su vida, habra credo que haba vivido muy poco +tiempo si llegaban sus ltimos momentos y dejaba tras s a la nieta +joven y desamparada en el mundo, y no le era dado asistir al desenlace +de un drama en que ella, bien a su pesar, sin ser la herona, +representaba, haca tiempo, papel muy importante. Acomodado el carcter +de _sea_ Josefa, naturalmente irascible, a la regla de conducta de que +antes se ha hablado, como medio de alcanzar el perdn de sus propias +culpas, fcil es comprender por qu, si bien justamente enojada con +Cecilia porque llegaba tarde, y por otras muchas faltas anteriores, se +senta ms bien dispuesta a disculparla que a reirla. Despus, como +ella le vino con sus zalameras, en vez de hurtarle el cuerpo, esto la +sirvi de pretexto plausible para confirmarse en su propsito. En su +virtud, cambiando prontamente de tono y aspecto, se content con +preguntarle por segunda vez dnde haba estado. + +--Yo? repiti la nia apoyando ambos codos en las rodillas de la abuela +y jugando con los escapularios que le pendan del pescuezo. Yo? En casa +de unas muchachas muy bonitas que me vieron pasar y me llamaron. All +estaba una seora gorda sentada en un silln, que me pregunt cmo me +llamaba yo, y cmo se llamaba mi madre, y quin era mi padre, y dnde +viva yo... + +--Jess! Jess! exclam _sea_ Josefa persignndose. + +--Ay! continu la chica sin parar mientes en la abuela. Qu gente tan +preguntona! Y no sabe su merced cmo una de las muchachas aquellas me +quera cortar el pelo para hacer una _cachucha_? S, seor. Pero yo me +zaf. + +--Vea Vd. espritu maligno y por dnde trepa! volvi a exclamar la +abuela como si hablase consigo misma. + +--Y si no es por un hombre, prosigui Cecilia, que estaba acostado en el +sof, y rega a las muchachas y les dijo que me dejaran quieta y luego +se fue para su cuarto bravsimo... Su merced no sabe quin es ese +hombre, abuelita? Yo lo he visto hablar con su merced algunas veces all +en Paula, cuando vamos a misa. S, s, l es, no me cabe duda. Y ahora +recuerdo que es el mismo que cada vez que me encuentra en la calle me +dice callejera, perdida, pilluela y muchas cosas. Ah! Y dice que +mandar a los soldados que me cojan y me lleven a la crcel. Qu s yo +cunto ms! Le tengo mucho miedo a ese hombre. Debe ser muy regan! + +--Nia! Nia! exclam sordamente la anciana apartndola un poco de su +pecho y mirndola de un modo extrao y fijo, ms enojada que +sorprendida. Pero como si le ocurriese un grave pensamiento o un +doloroso recuerdo y entre amonestarla y aconsejarla, lo que acaso +equivala a alumbrarle aquello de que deba estar ignorante toda la +vida, su nimo triste luchase en un mar de dudas, con sorpresa de la +nieta sell de golpe sus labios. Poco a poco fue serenndose el pilago +alborotado: se desvanecieron una despus de la otra las nubes apiadas +en aquel horizonte naturalmente sombro; y volviendo a estrechar la nia +en sus desnudos brazos, aadi con toda la dulzura que pudo dar a su +voz, por naturaleza bronca, con toda la calma de que pudo revestir su +semblante: + +--Cecilia! Hija de mi corazn, no vayas ms a esa casa. + +--Por qu, mamita? + +--Porque, contest la abuela como distrada, no s verdaderamente, mi +alma, no lo s, no podra decirlo si quisiera..., pero es claro y +constante, nia, que esa gente es muy mala. + +--Mala! repiti Cecilia azorada, y me hicieron tantas caricias, y me +dieron dulces, y raso para zapatos? Si t supieras lo que me +chiquearon...! + +--Pues no te fes, nia. T eres muy confiada y eso no est bien. Por lo +mismo que te chiquearon tanto debas de andar con cuatro ojos. Queran +atraerte para hacerte algn dao. Uno no puede decir de qu son capaces +las gentes. Tantas cosas suceden ahora que no se vean en mi tiempo...! +Cuando menos lo que procuraban era que te descuidaras, para coger unas +tijeras y tris! tumbarte el pelo. Sera una lstima, porque t lo +tienes muy hermoso. Adems, que ese pelo no te pertenece, sino a la +Virgen, que te salv de aquella grave enfermedad... Acurdate! Yo le +ofrec que si te ponas buena le dara tu cabellera para adornar su +efigie en Santa Catalina. No te fes te digo. + +Esto diciendo, le coga la cabeza a la nieta entre ambas manos y le +desparramaba los copiosos rizos por la espalda y los hombros. + +--S, replic Cecilia apretando los labios y levantando con aire de +desdn la frente, como yo soy tan boba para que me engaen as, as... + +--Sin embargo, hija, lo mejor de los dados es no jugarlos. Yo bien s +que t eres una muchacha dcil y entendida; pero estoy cierta que no +conoces a esa gente. Mira, no les hagas caso; aunque se les seque el +gaote llamndote, no vayas a donde estn. Mas ahora que me acuerdo: lo +mejor es que ni por cien leguas te acerques por su rededores. Luego, ese +hombre que t misma dices que donde quiera que te topa te pone mala +cara. Sabe Dios quin ser! Aunque no debemos pensar mal de nadie, con +todo, como puede ser un santo puede ser un de... (Y se persign sin +concluir la palabra.) El Seor sea con nosotras. Adems, Cecilia, t +eres muy inocente, algo atolondrada, y en esa casa... T no lo sabes? +hay una bruja que se roba a las muchachas bonitas. Por milagro de su +Divina Majestad has escapado. T estuviste all por la tarde, no? + +--Por la tardecita; todava no haban encendido las luces en las casas. + +--Ay de ti si llegas a entrar de noche! Vamos, no vayas ms en tu vida +a esa casa, ni pases tampoco por la cuadra. + +--Anj! Con que all vive tambin un muchacho ya grande, que a cada +rato lo topo por Santa Teresa con un libro debajo del brazo. Siempre que +me ve me quiere coger, me corre detrs y sabe mi nombre... + +--Estudiante, perverso, como todos ellos. Cuando menos se le cay de las +uas al mismo Barrabs. Pero voy viendo que t tienes una cabecita dura +como una piedra, y que por ms que me afano en aconsejarte no consigo +nada. En efecto, quin ha visto que una nia tan linda como t se ande +azotando calles, con la chancleta arrastro y el pelo suelto y +desgreado, hasta las tantas ms cuantas de la noche? De quin aprendes +estas malas maas? Por qu no me has de hacer caso? + +--Y Nemesia, la hija de _seo_ Pimienta el msico, no se est en la +calle hasta las diez? Antenoche nada menos la top en la plazuela del +Cristo jugando a la _lunita_ con una porcin de muchachos. + +--Y t te quieres comparar con la hija de _seo_ Pimienta, que es una +pardita andrajosa, callejera, y mal criada? El da menos pensado traen a +esa espiritada, a su casa en una tabla con la cabeza partida en dos +pedazos. La cabra, hija, siempre tira al monte. T eres mejor nacida que +ella. Tu padre es un caballero blanco, y algn da has de ser rica y +andar en carruaje. Quin sabe? Pero Nemesia no ser nunca ms de lo que +es. Se casar, si se casa, con un mulato como ella, porque su padre +tiene ms de negro que de otra cosa. T, al contrario, eres casi blanca +y puedes aspirar a casarte con un blanco. Por qu no? De menos nos hizo +Dios. Y has de saber que blanco, aunque pobre, sirve para marido; negro +o mulato ni el buey de oro. Hablo por experiencia... Como que fui casada +dos veces... No recordemos cosas pasadas. Si t supieras lo que le +sucedi a una muchachita, cuasi de tu misma edad, por no hacer caso de +los consejos de una abuela suya, la cual le pronostic que si daba en +andar por las calles tarde de la noche le iba a suceder una gran +desgracia... + +--Cuntemelo, cuntemelo, Chepilla, repiti la nia con la curiosidad de +tal. + +--Pues, seor: una noche muy _escura_, en que soplaba el viento recio, +por cierto que era da de San Bartolom, en que, como ya te he dicho +otras veces, se suelta el diablo desde las tres de la tarde, estaba la +muchacha Narcisa, que ste era su nombre, sentada cantando bajito en el +quicio de piedra de su casa, mientras su abuela rezaba arrinconada +detrs de la ventana... Me acuerdo como si fuera ahora mismo. Pues +seor, haban tocado nimas en el Espritu Santo, y como el viento haba +apagado los pocos faroles, las calles estaban muy _escuras_, silenciosas +y solitarias, como boca de lobo. Pues segn iba diciendo, la muchachita +cantaba y la vieja rezaba el rosario, cuando estando as, cate que se +oye tocar un violn por all en vuelta del ngel. Qu se figur la +Narcisa? Que era cosa de baile, y sin pedirle permiso a la abuela, sin +decir oste ni moste, ech a correr y no par hasta la loma. As que la +vieja acab de rezar, creyendo que su nieta estaba en la cama, segn era +natural, cerr la puerta. + +--Y dej en la calle a la pobrecita? interrumpi Cecilia a la contadora +con muestras de ansiedad y lstima. + +--Ahora vers. La viejecita, antes de acostarse, porque ya era tarde y +se caa del sueo, cogi una vela y fue al catre de la nieta para ver si +dorma. Figrate cul no se quedara ella que la amaba tanto, al +encontrarse con el catre vaco. Corri a la puerta de la calle, la +abri, llam a gritos a la nieta: Narcisa! Narcisa! Pero Narcisa no +responde. Ya se ve, cmo haba de responder la infeliz si el diablo se +la haba llevado? + +--Cmo fue eso? pregunt azorada la nia. + +--Yo te lo contar, prosigui _sea_ Chepa con calma, notando que +produca el efecto deseado su cuento de cuentos. Pues, seor, al llegar +Narcisa a las cinco esquinas del ngel, se le apareci un joven muy +galn, que le pregunt a dnde iba a aquella hora de la noche.--A ver un +baile, contest la inocente.--Yo te llevar, repuso el joven; y +cogindola por un brazo la sac a la muralla. Aunque era muy _escuro_, +repar Narcisa que segn iban andando el desconocido se pona prieto, +muy prieto, como carbn; que los pelos de la cabeza se le enderezaban +como lesnas; que al rer asomaba unos dientes tamaos como de cochino +jabal; que le nacan dos cuernos en la frente; que le arrastraba un +rabo peludo por el suelo, vamos, que echaba fuego por la boca como un +horno de hacer pan. Narcisa entonces dio un grito de horror y trat de +zafarse, pero la figura prieta le clav las uas en la garganta para que +no gritara, y, cargando con ella, se subi a la torre del ngel, que, +segn habrs reparado, no tiene cruz, y desde all la arroj en un pozo +hondsimo que se abri y volvi a cerrarse tragndosela en un instante. +Pues esto es, hija, lo que le sucede a las nias que no hacen caso de +los consejos de sus mayores. + +Dio aqu fin a su cuento _sea_ Chepa y comenz la admiracin, el pavor +de Cecilia, la cual se puso a temblar de pies a cabeza y a dar diente +con diente, aunque sin cesar de bostezar, porque ms era el sueo que el +miedo; con lo que, dando traspis, se fue a la cama, que es a lo que +tiraba la astuta vieja. Muchos otros cuentos por el estilo le hizo a la +andariega muchacha; pero estamos seguros que no sac otro fruto con +ellos que llenar su cabeza de supersticiones y amilanar su espritu. +Ello es, que no por eso dej la chica de hacer su gusto, escapndose a +veces por la ventana, aprovechndose otras del momento en que la +enviaban a la taberna de la esquina inmediata, para andarse de calle en +calle y de plaza en plaza: cundo en pos de la incitativa msica de un +baile; cundo tras los tambores de los relevos; cundo de los carruajes +del entierro; cundo, en fin, de la turba muchachil que arrebata el +medio de plata en el bautizo. + + + + +CAPTULO IV + + _Traen el pensamiento_ + _Lleno de impudicia, y lo derraman_ + _En torpes mil escandalosas voces,_ + _Que inficionan el viento_ + _Y altamente publican lo que aman._ + + GONZLEZ CARVAJAL + + +Cinco o seis aos despus de la poca a que nos hemos contrado en los +dos captulos anteriores, a fines del mes de setiembre, haba dado +principio el convento de la Merced a la serie de ferias con que hasta el +ao de 1832, acostumbraban a solemnizar en Cuba las fiestas titulares +religiosas, consagradas a los santos patrones de las iglesias y +conventos; novenarios coincidentes a veces con el circular del +Sacramento, introducido en el culto de Cuba desde los primeros aos del +siglo por el Seor Obispo Espada y Landa. + +El novenario, de paso diremos, comenzaba nueve das anteriores a aqul +en que caa el del santo patrono, prolongndose hasta otros nueve, con +lo que se completaban dos novenas seguidas. Es decir, dieciocho das de +fiesta, religiosas y profanas, que tenan ms de grotescas y de +irreverentes que de devotas y de edificantes. En ese tiempo se deca +misa mayor con sermn por la maana y se cantaba salve a prima noche +dentro de la iglesia, con procesin por la calle el da del santo. + +Fuera del templo haba lo que se entenda por feria en Cuba, que se +reduca a la acumulacin en la plazuela o en las calles inmediatas, de +innumerables puestos ambulantes, consistentes en una mesa o tablero de +tijeras, cubiertos con un toldo y alumbrados por uno o ms candiles de +quemar grasa, donde se venda, no ciertamente artculo alguno de +industria o comercio del pas, ni producto del suelo, caza, ave ni +ganado, sino meramente baratijas de escassimo valor, confituras de +varias clases, tortas, obra de masa, avellanas, alcorza, agua de Loja y +ponche de leche. Aquello no era feriar en el sentido recto de la +palabra. + +Pero esto no era por cierto el rasgo ms notable de nuestras fiestas +circulares. Haba en el espectculo algo que se haca notable por +demasiado grosero y procaz. Nos contraemos ahora a los juegos de envite +y de manos que hacan parte de la feria y que provocaban con sus +estupendas, aunque mentirosas ganancias, la codicia de los incautos. Los +dirigan y ejecutaban en su mayora hombres de color y de la peor ralea. +Si bien groseros los artificios, no dejaban de engaar a muchos que se +daban por muy avisados. Estos tenan lugar en la plazuela o en la calle, +a la luz mortecina de los candiles o de los faroles de papel, y tomaban +en ellos parte gentes de todas clases, condiciones, edades y sexos. Para +las de alta posicin social, queremos decir, para los blancos, haba +algo ms decente, haba la casa de bailes, donde un Farruco, un Brito, +un Illas o un Marqus de Casa Calvo tenan puesta la banca o juego del +monte desde el oscurecer hasta pasada la media noche, mientras duraban +los dieciocho das de la feria. + +Procurbase que la casa o casas de bailes estuviesen lo ms vecino que +se pudiera a la parroquia o convento en que se celebraba el novenario. +En la sala se bailaba, en el comedor tocaba la orquesta, y en el patio +se jugaba al juego conocido por del monte. La mesa era larga y angosta, +para que cupiesen los ms de los jugadores sentados a ambos lados, el +tallador a una cabeza y en la otra su ayudante, que dicen gurrupi. Para +la proteccin de los jugadores y de los naipes, en caso de lluvia, +frecuentes en el otoo, se tenda un toldo del alero de la casa al +caballete de la tapia divisoria de la vecina. No todos los tahures, para +vergenza nuestra sea dicho, eran del sexo fuerte, hombres ya maduros, +ni de la clase lega, que en el grupo apiado y afanoso de los que +arriesgaban a la suerte de una carta, quizs el sustento de su familia +el da siguiente, o el honor de la esposa, de la hija o de la hermana, +poda echarse de ver una dama ms ocupada del albur que de su propio +decoro, o un mozo todava imberbe, o un fraile mercenario en sus hbitos +de estamea color de pajuela, con el sombrero de ala ancha encasquetado, +las cuentas del largo rosario entre el ndice y el pulgar de la mano +izquierda, y la derecha ocupada en colocar la moneda de oro o plata en +el punto que ms se daba, perdiendo o ganando siempre con la misma +serenidad de nimo que de semblante. + +El banquero, para llamarle por su nombre ms decente, era quien haca el +gasto del alquiler de la casa, el de la msica y el de las velas de +esperma con que se alumbraban la sala de baile, el comedor y la mesa del +juego. Todo esto se haca para atraer a los jugadores. La entrada, por +supuesto, era libre, aunque el bastonero, que tambin tiraba sueldo, no +admita toda clase de persona. En aquella poca corra mucho la moneda +fuerte, los duros espaoles y las onzas de oro. La plata menuda +escaseaba, y era cosa de or el continuo retintn de los pesotes +columnarios y sonoras onzas, que maquinalmente dejaban caer los tahures +de una mano a otra o sobre la mesa, como para distraer el pensamiento y +de algn modo interrumpir el solemne silencio del azaroso juego. + +Que nada de lo que aqu se traza a grandes rasgos estaba prohibido o no +ms que tolerado por las autoridades constituidas, se desprende +claramente del hecho de que los garitos en Cuba pagaban una +contribucin al gobierno para supuestos objetos de caridad. Qu ms? La +publicidad con que se jugaba al monte en todas partes de la Isla +principalmente durante la ltima poca del mando del capitn general don +Francisco Dionisio Vives, anunciaba, a no dejar duda, que la poltica de +ste o de su gobierno se basaba en el principio maquiavlico de +corromper para dominar, copiando el otro clebre del estadista romano: +_divide et impera_. Porque equivala a dividir los nimos, el +corromperlos, cosa que no viese el pueblo su propia miseria y su +degradacin. + +Pero esta digresin, por ms necesaria que fuese, nos ha desviado un +tanto del punto objetivo de la presente historia. Nuestra atencin la +atraa por completo un baile de la clase baja que se daba en el recinto +de la ciudad por la parte que mira al Sur. La casa donde tena efecto, +ofreca run apariencia, no ya por su fachada gacha y sucia, como por el +sitio en que se hallaba, el cual no era otro que el de la garita de San +Jos, opuesto a la muralla, en una calle honda y pedregosa. Aunque de +puerta ancha con postigo, no formaba lo que se entiende en Cuba por +zagun, pues abra derecho a la sala. Tras sta vena el comedor con el +correspondiente tinajero, armazn piramidal de cedro, en que persianas +menudas encerraban la piedra de filtrar, la tinaja colorada barrigona, +los bcaros, de una especie de _terra cotta_ y las plidas alcarrazas de +Valencia, en Espaa. Al comedor dicho daba la puerta lateral del primer +aposento, ocupado en su mayor parte por dos rdenes de sillones de +vaqueta colorada, una cama con colgaduras de muselina blanca y un +armario, al que dicen en La Habana escaparate. Otros cuartos seguan a +se, atestados de muebles ordinarios, y paralelo a ellos un patio largo +y angosto, tambin obstruido en parte por el brocal alto de un pozo +cuyas aguas salobres divida con la casa contigua, terminando cuartos y +patio en una saleta atravesada y exenta. + +En esta ltima se hallaba una mesa de regular tamao, ya vestida y +preparada con cubiertos como para hasta diez personas; algunos refrescos +y manjares, agua de Loja, limonada, vinos dulces, confituras, panetelas +cubiertas, suspiros, merengues, un jamn adornado con lazos de cintas y +papel picado, y un gran pescado, nadando casi en una salsa espesa de +fuerte condimento. En la sala haba muchas sillas ordinarias de madera +arrimadas a las paredes, y a la derecha, como se entra de la calle, un +canap, con varios atriles de pie derecho por delante. Aqul, a la sazn +que principia nuestro cuento, le ocupaban hasta siete negros y mulatos +msicos, tres violines, un contrabajo, un flautn, un par de timbales y +un clarinete. El ltimo de los instrumentos aqu mencionados se hallaba +a cargo de un mulato joven, bien plantado y no mal parecido de rostro, +quien, no obstante sus pocos aos, diriga aquella pequea orquesta. + +Ese se vea de pie a la cabeza del canap por el lado de la calle. Sus +compaeros, casi todos mayores que l, le decan Pimienta, y ya fuese un +sobrenombre, ya su verdadero apellido, por ste lo designaremos de aqu +adelante. Su mirada distrada y aun sombra, no se apartaba de la puerta +de la calle, como si esperase algo o a alguien, en los momentos de que +hablamos ahora. + +Pero aquella puerta, lo mismo que la ventana de bastidor cuadrado, se +vea asediada de una multitud de curiosos de todas edades y condiciones, +que apenas permitan acceso a la sala a las mujeres y hombres con +derecho o voluntad de entrar. Y decimos con derecho o voluntad porque +nadie presentaba papeleta, ni haba bastonero que recibiese o +aposentase. El baile, conocidamente era uno de los que, sin que sepamos +su origen, llamaban _cuna_ en La Habana. Slo sabemos que se daban en +tiempo de ferias, que en ellos tenan entrada franca los individuos de +ambos sexos de la clase de color, sin que se le negase tampoco a los +jvenes blancos que solan honrarlos con su presencia. El hecho, sin +embargo, de tenerse preparado en el interior un buen refresco, prueba, +que si aquella era una _cuna_ en el sentido lato de la palabra, parte al +menos de la concurrencia haba recibido previa invitacin o esperaba ser +bien recibida. As era en efecto la verdad. La ama de la casa, mulata +rica y rumbosa, llamada Mercedes, celebraba su santo en unin de sus +amigos particulares, y abra las puertas para que disfrutaran del baile +los aficionados a esta diversin y contribuyeran con su presencia al +mayor lustre e inters de la reunin. + +Seran las ocho de la noche. Desde por la tarde haban estado cayendo +los primeros chubascos de otoo, y aunque haban suspendido hacia el +oscurecer, tras haber empapado el suelo, dejando las calles +intransitables, no haban refrescado la atmsfera. Lejos de ello, haba +quedado tan saturada de humedad, que se adhera a la piel y herva en +los poros. Pero no eran estos inconvenientes para los curiosos que, +segn hemos dicho antes, asediaban la puerta y la ventana, hasta llenar +casi la mitad de la angosta y torcida calle; ni para los concurrentes al +baile, que a medida que avanzaba la noche llegaban en mayor nmero, unos +a pie, otros en carruaje. Cosa de las nueve la sala de baile era un +hervidero de cabezas humanas; las mujeres sentadas en las sillas del +rededor y los hombres de pie en medio, formando grupo compacto, todos +con los sombreros puestos; por lo cual la cabeza que sobresala, de +seguro que tropezaba con la bomba de cristal, suspendida de una vigueta +por tres cadenas de cobre, en que arda la nica vela de esperma para +alumbrar a medias aquella tan extraa como heterognea multitud. + +Bastante era el nmero de negras y mulatas que haban entrado, en su +mayor parte vestidas estrafalariamente. Los hombres de la misma clase, +cuya concurrencia superaba a la de las mujeres, no vestan con mejor +gusto, aunque casi todos llevaban casaca de pao y chaleco de piqu, los +menos chupa de lienzo, dril o Arabia, que entonces se usaban +generalmente, y sombrero de pao. No escaseaban tampoco los jvenes +criollos de familias decentes y acomodadas, los cuales sin empacho se +rozaban con la gente de color y tomaban parte en su diversin ms +caracterstica, unos por mera aficin y otros movidos por motivos de +menos puro origen. Aparece que algunos de ellos, pocos en verdad, no se +recataban de las mujeres de su clase, si hemos de juzgar por el +desembarazo con que se detenan en la sala de baile y dirigan la +palabra a sus conocidas o amigas, a ciencia y presencia de aqullas que, +mudas espectadoras, los vean desde la ventana de la casa. + +Distinguase entre los jvenes dichos antes, as por su varonil belleza +de rostro y formas, como por sus maneras joviales, uno a quien sus +compaeros decan Leonardo. Vesta pantaln y chupa de dril crudo con +listas rosadas, chaleco blanco de piqu, corbata de seda ajustada al +cuello por un anillo de oro y las puntas sueltas, sombrero de yarey, tan +fino que pareca hecho de holn Cambray, calcetn de seda de color de +carne y zapato bajo con hebillita de oro al lado. Por debajo del +chaleco, asomaba una cinta de aguas rojo y blanco, doblada en dos y +sujetas las puntas con una hebilla tambin de oro. Esta serva de cadena +al reloj en el bolsillo del pantaln. Haba all otro hombre que se +distingua ms si cabe que Leonardo, aunque por distinto camino, esto +es, por lo que diferan a su opinin y se rean de sus chocarreras los +negros y mulatos, y por la familiaridad con que trataba a las mujeres, +sobre todas al ama de la casa. Frisaba ya en los cuarenta aos de edad +ese sujeto, no tena pelo de barba, era blanco de rostro, con ojos +grandes y alocados, la nariz larga, roja hacia la punta, indicio de su +poca sobriedad, la boca grande, ms expresiva. Portaba siempre debajo +del brazo izquierdo una caa de Indias con puo de oro y borlas de seda +negra. Le acompaaba a todas partes, como la sombra al cuerpo, un +hombre de facha ordinaria, notable por la estrechez de la frente, por +sus movibles y ardientes ojicos, y, sobre todo, por sus enormes patillas +negras, que le daban el aire antes de bandolero que de alguacil; empleo +que desempeaba entonces, pues el otro a quien segua era nada menos que +Cantalapiedra, comisario del barrio del ngel, el cual abandonaba por +andarse tras la tentadora cuna. + +Rato haca que la msica tocaba las sentimentales y bulliciosas +contradanzas cubanas, aunque todava el baile, para valernos de la frase +vulgar, no se haba rompido. Acomodaba afanosa el ama de la casa a sus +amigas particulares y de ms edad en los sillones del aposento, para que +a salvo de las pisadas y tropiezos pudiesen gozar de la fiesta al mismo +tiempo que no perder de vista a los objetos o de su cuidado, o de su +cario, que como jvenes quedaban en la sala. Pimienta, el clarinete, se +mantena en pie a la cabeza de la orquesta, tocando su instrumento +favorito, casi de frente para la calle, cual si no hubiese entrado an +la persona digna de su msica, o quisiera ser el primero en verla +entrar. Pareca, sin embargo, intil este cuidado, por cuanto no entraba +hombre ni mujer que no tuviera algo que decirle al paso. A todos estos +saludos contestaba l invariablemente con un movimiento de cabeza, si se +excepta que cuando le toc su vez al capitn Cantalapiedra, quien con +su acostumbrada familiaridad le puso la mano en el hombro y le habl en +secreto, contest quitndose el instrumento de la boca:--As parece, mi +capitn. + +Poda advertirse que cada vez que entraba una mujer notable por alguna +circunstancia, los violines, sin duda para hacerle honor, apretaban los +arcos, el flautn o requinto perforaba los odos con los sones agudos de +su instrumento, el timbalero repiqueteaba que era un primor, el +contrabajo, manejado por el despus clebre Brindis,[7] se haca un +arco con su cuerpo y sacaba los bajos ms profundos imaginables, y el +clarinete ejecutaba las ms difciles y melodiosas variaciones. Aquellos +hombres, es innegable, se inspiraban, y la contradanza cubana, creacin +suya, aun con tan pequea orquesta, no perda un pice de su gracia +picante ni de su carcter profundamente malicioso-sentimental. + + + + +CAPTULO V + + _--Habis visto en vuestra vida_ + _Mujer ms airosa?_ + _--No._ + _Ni al Parque jams sali_ + _Ms aseada y bien prendida_ + + CALDERN + + Maanas de Abril y Mayo + + +Despus de dar una vuelta por la sala, el comisario Cantalapiedra se +entr de rondn en el aposento, y en son de broma le tap por detrs los +ojos al ama de la casa, en los momentos en que ella se inclinaba sobre +la cama para depositar la _manta_ de una de sus amigas que acababa de +entrar de la calle. La tal ama de la casa, Mercedes Ayala, era una +mulata bastante vivaracha y alegre a pesar de sus treinta y pico +cumplidos, regordeta, baja de cuerpo y no mal parecida. Atrapada y todo +por detrs, no se cort ni turb por eso; antes por un movimiento +natural acudi con entrambas manos a tentar las del que la impeda ver, +y sin ms dilacin dijo:--Este no puede ser otro que Cantalapiedra. + +--Cmo me conociste, mulata? pregunt l. + +--Toma! repuso ella. Por el aquel de algunas gentes. + +--El aquel mo o tuyo? + +--El de los dos, seor, para que no haya disgusto. + +Tras lo cual el comisario la atrajo a s suavemente por la cintura con +el brazo derecho y le dijo una cosa al pao que la hizo rer mucho; +aunque, apartndole con ambas manos, repuso: + +--Quite all, lisonjero. La que trastorna el juicio est al caer. Ya yo +ya... Ctela Vd. + +Si con estas ltimas palabras aluda la Ayala a una de las dos muchachas +que en aquel mismo punto se apearon de un lujoso carruaje a la puerta de +la casa, hecho anunciado por el movimiento general de cabezas de dentro +y fuera de ella, no cabe duda que tena sobrada razn. No la haba ms +hermosa ni ms capaz de trastornar el juicio de un hombre enamorado. Era +la ms alta y esbelta de las dos, la que tom la delantera al descender +del carruaje lo mismo que al entrar en la sala de baile, de brazo con un +mulato que sali a recibirla al estribo, y la que, as por la +regularidad de sus facciones y simetra de sus formas, por lo estrecho +del talle, en contraste con la anchura de los hombros desnudos, por la +expresin amorosa de su cabeza, como por el color ligeramente bronceado, +bien poda pasar por la Venus de la raza hbrida etipico-caucsica. +Vesta traje de punto ilusin sobre viso de raso blanco, mangas cortas +con ahuecadores, que las hacan parecer dos globos pequeos, banda de +cinta ancha encarnada a travs del pecho, guantes de seda largos hasta +el codo, tres sartas de brillantes corales al cuello, y una pluma blanca +de marab con flores naturales, las que, con el pelo hecho un rodete +bajo y un orden de rizos de sien a sien, por detrs, daban a su cabeza +el aire de una gorra antigua de terciopelo negro, que es lo que ella o +su peluquero se haba propuesto contrahacer. La compaera iba vestida y +peinada con poco ms o menos como ella, pero no siendo ni con mucho tan +esbelta y bella, no atrajo tanto la atencin. + +Volvanse las mujeres todo ojos para verla, los hombres le abran paso, +le decan alguna lisonja o chocarrera, y en un instante el rumor sordo +de:--La _Virgencita de bronce, la Virgencita de bronce_, recorri de un +extremo a otro la casa del baile. Que la reina de ste acababa de +presentarse, sin la orquesta, dieron de ello claras muestras la +animacin y el movimiento difundidos por todas partes. Al pasar ella por +junto al clarinete Pimienta, le toc con el abanico en el brazo, +acompaando la accin con una sonrisa, que fueron parte para que el +artista, que por lo visto esperaba aquel instante con ansia devoradora, +sacara de su instrumento las melodas ms extraas y sensibles, cual si +la musa de sus sueos platnicos hubiese bajado a la tierra y adoptado +la forma de una mujer slo para inspirarle. Puede decirse en resumen que +el golpe del abanico surti en el msico el efecto de una descarga +elctrica cuya sensacin, si es dable expresarlo as, poda leerse lo +mismo en su rostro que en todo su cuerpo, desde el cabello a la planta. +No se cruzaron palabras entre ellos, por supuesto, ni parecan +necesarias tampoco, al menos por lo que a l tocaba, pues el lenguaje de +sus ojos y de su msica era el ms elocuente que poda emplear ser +alguno sensible, para expresar la vehemencia de su amorosa pasin. + +Tambin le toc con su abanico y se sonri con Pimienta la compaera de +la llamada _Virgencita de bronce_ pero el menos observador pudo advertir +que el toque y la sonrisa de la una no tuvieron sobre l, ni con mucho, +la influencia mgica de los de la otra. Al contrario, sus miradas se +encontraron con natural y sereno movimiento, por donde era fcil colegir +que haba inteligencia entre ella y el msico, pero aquella inteligencia +que tiene por origen la amistad o el parentesco, no el amor. Sea de esto +lo que se fuere, Pimienta sigui con la vista a las dos muchachas, en +cuanto se lo permitan las gentes, hasta que entraron en el primer +aposento, por la puerta del comedor, entonces ces de tocar y par la +msica. + +Los jvenes blancos, con Cantalapiedra a su cabeza, se haban situado al +fin en el comedor, cerca de esa puerta de comunicacin, para hallarse a +la mira, lo mismo de las mujeres que entraban de la calle, como de las +que salan a bailar en la sala. El que llamaban Leonardo, no bien not +la aproximacin del carruaje en que llegaban las dos muchachas arriba +mencionadas, se abri camino a la calle con alguna dificultad, y se +dirigi derecho al calesero, al cual le habl en baja voz. Este, para +orlo, se inclin desde la silla del caballo que montaba, se quit el +sombrero en seal de respeto, y diciendo,--s, seor,--al punto ech a +escape con el carruaje la vuelta del hospital de mujeres de Paula. + +Mientras las dos muchachas pasaban del comedor al cuarto, la ms hermosa +pregunt a su amiga en tono de voz que pudieron or algunos de los +circunstantes: + +--Lo has visto, Nene? + +--Te ciega el amor? contest la compaera con otra pregunta. + +--No es eso, china, sino que no lo he visto. Qu quieres? + +--Pues por tu lado pas como un reguilete, cuando nosotras entrbamos. + +Con esto la otra ech una rpida ojeada en torno del grupo de cabezas +que la rodeaban y se inclinaban sobre ella, en el afn de verla a su +sabor y de atraer sus miradas. Pero no cabe duda que sus ojos no +tropezaron con los del individuo, cuyo nombre ninguna de las dos +mencion, porque torci el ceo y dio claras muestras de su desazn. +Cantalapiedra, sin embargo, oyendo sus palabras y observando su +semblante, dijo: Cmo! Qu, no me ves? Aqu me tienes, cielo! + +La joven hizo un mohn muy sonoro y no replic palabra. Por el +contrario, Nemesia, que se pereca por los dimes y diretes, contest con +ms viveza que gracia: + +--Ah se poda estar el seor toda la vida. _Naide_ preguntaba por el +seor. + +--Ni yo hablaba contigo, poca sal. + +--Ni se necesita, cristiano. + +--Qu lengua, qu lengua! repiti el comisario. + +Todo esto pas en un instante, sin volver atrs la cara las muchachas, +ni pararse a conversar, sino el tiempo necesario para que los hombres +les abrieran paso. Ya en la puerta del aposento, la Ayala recibi a sus +amigas con los brazos abiertos y muchas demostraciones de alegra y de +cario. Y ya fuese por cumplimiento, ya porque as en efecto lo senta, +dijo casi a gritos:--Por ustedes se aguardaba para romper el baile. +Cmo est Chepilla? continu hablando con la ms joven. No ha venido? +Empezaba a creer que haba habido novedad. + +--Por poco no vengo, contest la preguntada. Chepilla no se senta +buena, y luego se ha puesto tan impertinente. El quitrn esper por +nosotras media hora por lo menos. + +--Ms vale que no haya venido, continu la Mercedes. Porque la cosa va a +durar hasta el alba y ella no podra resistir. Denme sus _mantas_. + +Tiempo era ya de que la fiesta comenzase. En efecto, no tard en +presentarse en el aposento ocupado por las matronas un mulato alto, +calvo, algo entrado en aos, aunque robusto, quien plantndose delante +de la Mercedes Ayala, le dijo en voz bronca y con los brazos levantados: + +--Vengo por la gracia y la sal para romper el baile. + +--Pues, hermano, a la otra puerta, que aqu no es, repuso la Ayala con +mucha risa. + +--No hay que venirme con sas, seora, porque yo soy porfiado. Adems, +que a nadie sino al ama de la casa corresponde el honor de romper el +baile; con ms que es su natalicio. + +--Eso sera bueno si no hubiera en esta selecta reunin muchachas +bonitas, a quienes de derecho corresponde el dominio y la gloria en +todas partes. + +--Ya se ve, agreg el calvo, que no faltan esta noche en tan selecta +reunin muchas y muy bonitas muchachas, pero esta circunstancia, que +concurre tambin en el ama de la casa, no les da derecho a romper el +baile. Hoy en el da de su santo, Merceditas, es Vd. el ama de la casa, +donde celebramos tan fausto da, y es Vd. la gracia y la sal del mundo. +He dicho algo? concluy recorriendo con la vista los circunstantes en +busca de su aprobacin. + +Todos, que ms que menos, ya con palabras, ya con la accin, +manifestaron su aquiescencia, de manera que la Ayala tuvo que ponerse en +pie, y mal su grado seguir al compaero a la sala. Por entonces ya +haban despejado los hombres, dejando un buen espacio libre en el +centro. El calvo llevaba de la mano a la Ayala, y con ella se cuadr de +frente para la orquesta, a la cual mand en tono imperioso que tocase un +minu de corte. Este baile serio y ceremonioso estaba en desuso en la +poca de que hablamos; pero por ser propio de seores o gente principal, +la de color de Cuba le reservaba siempre para dar principio a sus +fiestas. + +Bailaba aquella anticuada pieza con bastante gracia por parte de la +mujer y con aire grotesco por la del hombre, saludaron a la primera los +circunstantes con estrepitosos aplausos, y luego, sin ms demora, +comenz de veras el baile, es decir, la danza cubana, modificacin tan +especial y peregrina de la danza espaola, que apenas deja descubrir su +origen. Uno de tantos presentes se arrest a invitar a la joven de la +pluma blanca, como si dijramos, a la musa de aquella fiesta, y ella, +sin hacerse de rogar ni poner ningn reparo, acept de plano la +invitacin. Cuando pasaba del aposento a la sala, para ocupar su puesto +en las filas de la danza, se le escap a una de las mujeres la siguiente +audible exclamacin: + +--Qu linda! Dios la guarde y la bendiga. + +--El mismo retrato de su madre, que santa gloria haya, agreg otra. + +--Cmo! Que muri la madre de esa nia? pregunt muy azorada una +tercera. + +--Toma! Que ahora se desayuna Vd. de eso? repuso la que habl en +segundo lugar. Pues no oy Vd. decir que haba muerto de resultas de +haber perdido a su hija a los pocos das de nacida? + +--No entiendo cmo la perdi si vive. + +--No me ha dejado Vd. explicar, _sea_ Caridad. Perdi a su hija a los +pocos das de nacida porque se la quitaron cuando menos lo esperaba. Hay +quien diga que la abuela, para ponerla en la Real Casa Cuna y hacerla +pasar por blanca; hay quien diga que la abuela no fue la ladrona, sino +el padre de la muchacha, que era un caballero de muchas campanillas y ya +se haba arrepentido de sus tratos y contratos con la madre. Esta perdi +junto con la hija el juicio, y cuando le volvieron la hija, por consejo +de los mdicos, ya fue tarde, porque si recobr el juicio, que hay quien +lo duda, no recobr la salud, y muri en Paula. + +--Ha contado Vd. una historia, _sea_ Trinidad, dijo pasito la Ayala con +sonrisa de incredulidad a la mulata que acababa de hablar. + +--Hija, replic la Trinidad alto, como me la contaron la cuento; ni +quito ni pongo de mi caudal. + +--Pues segn mis informes, que son de buena tinta, continu la Ayala, +Vd. o la que le cont la historia aadi mucho de su propio caudal. Lo +digo porque no se sabe de cierto si la madre de la nia sta vive o +muere; lo nico que est bien averiguado es que la abuela oculta a la +nieta el nombre de su padre, aunque es preciso ser ciega para no verlo o +conocerlo. Cuando menos anda ahora mismo por las ventanas, siguindole +los pasos a la hija, como que no la pierde de vista un punto. Parece que +ese hombre ingrato y desnaturalizado, arrepentido de su conducta con la +infeliz Rosarito Alarcn, no halla otro medio de expiar su culpa que +seguir a la hija de cuna en cuna y de ponina en ponina, para ver si la +liberta de los peligros del mundo. No tenga cuidado. Trabajo le mando. +Como que as as se le cortan las alas al pjaro que una vez emprendi +el vuelo. + +--Pero se puede saber, pregunt la que dijeron Caridad, quin es el +seorn de que se trata? Porque aqu tiene Vd. una persona que no lo +conoce ni lo ha visto nunca, y no me parece que soy sorda ni ciega. + +--Como s lo que es una curiosidad no satisfecha, _sea_ Caridad, voy a +sacarla de dudas, dijo la Ayala acercndose. Creo que hablo con una +mujer de secreto, y por eso le digo todo lo que hay en el asunto. +Apuradamente no tengo por qu andar con tapujos a estas horas. Sepa que +el hombre es...; y ponindole ambas manos en los hombros a la curiosa, +le comunic en secreto el nombre del individuo. Lo conoce Vd. ahora? +concluy preguntando la Ayala. + +--Por supuesto que s, contest _sea_ Caridad. Como a mis manos. Lo ms +que yo conoca. Por cierto que...; pero cllate, lengua. + +Seran las diez de la noche y entonces estaba en su punto el baile. +Bailbase con furor. Decimos con furor porque no encontramos trmino que +pinte ms al vivo aquel mover incesante de pies, arrastrndolos +muellemente junto con el cuerpo al comps de la msica; aquel revolverse +y estrujarse en medio de la apiada multitud de bailadores y mirones, y +aquel subir y bajar la danza sin tregua ni respiro. Por sobre el ruido +de la orquesta con sus estrepitosos timbales, poda orse, en perfecto +tiempo con la msica, el montono y continuo chis, chas de los pies; sin +cuyo requisito no cree la gente de color que se puede llevar el comps +con exacta medida en la danza criolla. + +En la poca a que nos referimos, estaban en boga las contradanzas de +figuras, algunas difciles y complicadas, tanto que era preciso +aprenderlas por principio antes de ponerse a ejecutarlas, pues se +expona a la risa del pblico el que las equivocaba, equivocacin a que +decan _perderse_. Aquel que se colocaba a la cabeza de la danza pona +la figura, y las dems parejas deban ejecutarla o retirarse de las +filas. En todas las _cunas_ generalmente haba algn maestro a quien +cedan o se tomaba el derecho de _poner la figura_, la misma que al +volver a la cabeza de la danza la cambiaba a su antojo. El que ms raras +y complicadas figuras pona, ms crdito ganaba de excelente bailador, y +se tena a honra entre las mujeres el ser su compaera o pareja. Con el +maestro _per se_, fuera de esa distincin, que se disputaba a veces, +haba la seguridad de no _perderse_, ni verse en la triste necesidad de +sentarse, sin haber bailado, despus de haberse colocado en las filas de +la danza. + +En la noche en cuestin, bailaba el maestro con Nemesia, la amiga +predilecta de la joven de la pluma blanca. Haba l puesto muchas y muy +raras figuras, dejando conocidamente para lo ltimo la ms difcil y +complicada. La segunda, tercera, cuarta y quinta parejas salieron +airosas de la prueba, ejecutando la figura con los mismos enlaces, +desenlaces y actitudes del maestro; pero no obstante el espacio que tuvo +para estudiarla y aprenderla el compaero de la apellidada _Virgencita +de bronce_, pues ocupaba en las filas el sexto lugar, a medida que se +acercaba su turno, creca su ansiedad y volva el rostro hacia los +msicos, en ademn suplicatorio, como esperando que adivinaran su +aprieto y parasen la msica. Aquella inquietud se comunic a la +muchacha, la cual conoci que iba a pasar por la vergenza de tener que +sentarse en lo ms animado y divertido de la danza. El temor lleg a +dominar todo su ser, ponindola plida y nerviosa. Lo que pasaba en el +nimo de esa pareja no tard en hacerse visible a los ojos de las dems +parejas y de muchos de los espectadores del baile. + +La idea no ms de que la hasta all reina de la _cuna_ poda verse +obligada a retirarse, antes de tiempo, de las filas, haba llenado de +cruel y envidioso regocijo a las otras muchachas a quienes haban +mortificado sobre manera las preferencias y pblicos elogios que de +ella hacan los hombres desde el momento de su entrada en el baile. En +aquellas crticas circunstancias, Pimienta, que no la haba perdido +tampoco un punto de vista en medio de sus caprichosos giros y del +tumulto de la danza, comprendi al vuelo lo que pasaba, y sin advertir a +nadie de su intento, par la msica de golpe. Respir con desahogo el +compaero de la joven, y sta pag con una sonrisa celestial aquel +socorro tan a tiempo del director de la orquesta. + + + + +CAPTULO VI + + _Y del tumulto indiscreto_ + _Que ardiente en su torno gira,_ + _Ninguno le dijo: "mira,_ + _Aqul te adora en secreto._ + _Que oyendo y vindote est"._ + + RAMN DE PALMA + + Quince de Agosto + + +Habr comprendido ya el discreto lector, que la _Virgencita de bronce_ +de las anteriores pginas no es otra que Cecilia Valds, la misma +jovenzuela andariega que procuramos darle a conocer al principio de esta +verdica historia. Hallbase, pues, en la flor de su juventud y de su +belleza, y empezaba a recoger el idlatra tributo que a esas dos +deidades rinde siempre con largueza el pueblo sensual y desmoralizado. +Cuando se recuerde la descuidada crianza y se una a esto la soez +galantera que con ella usaban los hombres, por lo mismo que era de la +raza hbrida e inferior, se formar cualquier idea aproximada de su +orgullo y vanidad, mviles secretos de su carcter imperioso. As es +que, sin vergenza ni reparo, a menudo manifestaba sus preferencias por +los hombres de la raza blanca y superior, como que de ellos es de +quienes poda esperar distincin y goces, con cuyo motivo sola decir a +boca llena,--que en verbo de mulato slo quera las _mantas_ de +seda[8], de negro slo los ojos y el cabello. + +Fcil es de creer, que una opinin tan francamente emitida como +contraria a las aspiraciones de los hombres de las dos clases +ltimamente mencionadas, no les hara buena sangre, segn suele decirse. +Con todo eso, bien porque no se creyese sincera a su autora cuando la +expresaba, bien porque se esperaba que hiciera una excepcin, bien +porque siendo tan bella era imposible verla sin amarla, lo cierto es que +ms de un mulato estaba perdido de amores por ella, sobre todos +Pimienta, el msico, como habr podido advertirse. Este tal gozaba la +inapreciable ventaja sobre los dems pretendientes, de ser hermano de la +amiga ntima y compaera de la infancia de Cecilia, con cuyo motivo +poda verla a menudo, tratarla con intimidad, hacrsele necesario y +ganar tal vez su rebelde corazn a fuerza de devocin y de constancia. +A quin no ha halagado en su vida esperanza ms efmera? De todos +modos, l siempre tena presente aquel canto popular de los poetas +espaoles, que principia:--Labra el agua sin ser dura, un mrmol +endurecido,--y puede decirse, en honor de la verdad, que Cecilia le +distingua entre los hombres de su clase que se le acercaban a +celebrarla, si bien semejante distincin, hasta la fecha presente, no +haba pasado de uno que otro rasgo de amabilidad con un hombre por otra +parte muy amable, corts y atento con las mujeres. + +Acabada la danza, se inund de nuevo la sala y comenzaron a formarse los +grupos en torno de la mujer preferida por bella, por amable o por +coqueta. Pero en medio de la aparente confusin que entonces reinaba en +aquella casa, poda observar cualquiera que, al menos entre los hombres +de color y los blancos, se hallaba establecida una lnea divisoria que, +tcitamente y al parecer sin esfuerzo, respetaban de una y otra parte. +Verdad es que unos y otros se entregaban al goce del momento con tal +ahinco, que no es mucho de extraar olvidaran por entonces sus mutuos +celos y odio mutuo. Adems de eso, los blancos no abandonaron el comedor +y aposento principal, a cuyas piezas acudan las mulatas que con ellos +tenan amistad, o cualquier otro gnero de relacin, o deseaban tenerla; +lo cual no era ni nuevo ni extrao, atendida su marcada predileccin. +Cecilia y Nemesia, por uno u otro de estos motivos, o por su estrecha +amistad con el ama de la casa, no bien concluy la danza se fueron +derecho al aposento y ocuparon asiento detrs de las matronas hacia el +comedor. All, sin ms dilacin, se form el grupo de los jvenes +blancos, porque, ya se ha dicho, aquellas dos muchachas eran las ms +interesantes del baile. Las personas conspicuas de ese grupo, sin +disputa que eran tres: el comisario Cantalapiedra, Diego Meneses y su +amigo ntimo el joven conocido por Leonardo. Este ltimo tena apoyada +la mano derecha en el canto del respaldo de la silla ocupada por +Cecilia, quien, por casualidad o a posta, le estruj los dedos con la +espalda. + +--As trata Vd. a sus amigos? Le dijo Leonardo sin retirar la mano, +aunque le escoca bastante. + +Contentose Cecilia con mirarlo de soslayo y torcerle los ojos cual si la +palabra amigo sonase mal en quien deba saber que era tratado como +enemigo. + +--Esa nia est hoy muy desdeosa, dijo Cantalapiedra, que not la +accin y la mirada. + +--Y cundo no? dijo Nemesia sin volver la cara. + +--Nadie te ha dado vela en este entierro, repuso el comisario. + +--Y al seor quin se la ha dado? agreg Nemesia mirndole entonces de +reojo. + +--A m? Leonardo. + +--Pues a m, Cecilia. + +--No hagas caso, mujer, dijo esta ltima a su amiga. + +--Si no fuera por qu... yo te pona ms suave que un guante, aadi +Cantalapiedra hablando directamente con Cecilia. + +No ha nacido todava, dijo ella, el que me ha de hacer doblar el cocote. + +--Tienes esta noche palabras de poco vivir, le dijo entonces Leonardo, +inclinndose hasta ponerle la boca en el odo. + +--Me la debe Vd. y me la ha de pagar, le contest ella en el propio tono +y con gran rapidez. + +--Al buen pagador no le duelen prendas, dice a menudo mi padre. + +--Yo no entiendo de eso, repuso Cecilia. Slo s que Vd. me ha desairado +esta noche. + +--Yo...? Vida ma... + +En aquella misma sazn se acerc Pimienta por la puerta de la sala +saludando a un lado y a otro a sus amigas, y cuando se puso al alcance +de Cecilia sta le ech mano del brazo derecho con desacostumbrada +familiaridad, y le dijo, afectando tono y aire volubles:--Oiga! Qu +bien cumple un hombre su palabra empeada! + +--Nia--contest con solemne tono, aunque acaso no era para tanto--Jos +Dolores Pimienta siempre cumple su palabra. + +--Lo cierto es que la contradanza prometida an no se ha tocado. + +--Se tocar, Virgencita, se tocar, porque es preciso que sepa que a su +tiempo se maduran las uvas. + +--La esperaba en la primera danza. + +--Mal hecho. Las contradanzas dedicadas no se tocan en la primera, sino +en la segunda danza, y la ma no deba salir de la regla. + +--Qu nombre le ha puesto? pregunt Cecilia. + +--El que se merece por todos estilos la nia a quien va dedicada: +_Caramelo vendo_. + +--Ah! Esa no soy yo por cierto, dijo la joven corrida. + +--Quin sabe, nia! Qu tarde vinieron! agreg hablando con su hermana +Nemesia. + +--No me digas nada, Jos Dolores, repuso sta. Cost Dios y ayuda +persuadir a Chepilla el que nos dejase venir solas, porque lo que es +ella no poda acompaarnos. Consinti a lo ltimo porque vinimos en +quitrn. Y an as, (para aadir estas palabras mir a Cecilia como +consultando su semblante), si no tomamos la determinacin de meternos en +l, nos quedamos... Chepilla se puso furiosa en cuanto que se asom a la +puerta y conoci... + +--Chepilla no se puso _brava_ por nada de eso, mujer; interrumpi +Cecilia con gran viveza a su amiga. No quera que vinisemos porque la +noche estaba muy mala para baile. Y tena mucha razn, slo que yo haba +dado mi palabra... + +Por prudencia o por cualquier otro motivo, Pimienta se alej de all sin +aguardar a ms explicaciones. No sucedi lo mismo con Cantalapiedra, que +era hombre curioso si los hay, por lo que con sonrisa maliciosa le +pregunt a Nemesia:--Se puede saber por qu la Chepilla se puso furiosa +luego que reconoci el quitrn en que ustedes vinieron al baile? + +--Como que yo no soy bal de _naiden_, contest la Nemesia prontamente, +dir la verdad. (Cecilia le peg un pellizco, pero ella acab la frase.) +Claro, porque conoci que el quitrn era del caballero Leonardo. + +Naturalmente las miradas de Cantalapiedra y de los dems presentes al +alcance de las palabras de Nemesia, se concentraron en el individuo que +ella haba nombrado, y aqul, tocndole en el hombro, le dijo: + +--Vamos, no se ponga colorado, que el prestar el carruaje a dos reales +mozas como stas en noche tan fea, no es motivo para que nadie sospeche +malas intenciones de un caballero. + +--Ese quitrn, lo mismo que el corazn de su dueo, repuso Leonardo sin +cortarse, estn siempre a la orden de las bellas. + +Sala entonces Pimienta por la puerta del comedor y oy distintamente +las palabras del joven blanco, convencindole, desde luego, de quin era +el quitrn en que Cecilia y su hermana Nemesia haban venido al baile. +El desengao le hiri en lo ms vivo del alma; por lo que echando una +mirada triste al grupo de jvenes blancos, de seguidas pas a la sala +donde, despus de armar el clarinete, toc algunos registros a fin de +que entendieran sus compaeros que era tiempo de que se reuniera de +nuevo la orquesta. Afinados los instrumentos, sin ms dilacin rompi la +msica con una contradanza nueva, que a los pocos compases no pudo menos +de llamar la atencin general y arrancar una salva de aplausos, no slo +porque la pieza era buena, sino porque los oyentes eran conocedores; +aserto ste que creern sin esfuerzo los que sepan cun organizada para +la msica nace la gente de color. Se repitieron los aplausos luego que +se dijo el ttulo de la contradanza, _Caramelo vendo_, y a quin estaba +dedicada, a la _Virgencita de bronce_. De paso puede aadirse que la +fortuna de aquella pieza fue la ms notable de las de su especie y +poca, porque despus de recorrer los bailes de las ferias por el resto +del ao e invierno del subsecuente, pas a ser el canto popular de todas +las clases de la sociedad. + +Excusado parece decir que con una contradanza nueva, guiada por su mismo +autor y tocada con mucho sentimiento y gracia, los bailadores echaron el +resto, quiere decirse, que llevaron el comps con cuerpo y pies; cuyo +montono rumor en toda apariencia duplicaba el nmero de la orquesta. +Bien claro deca el clarinete en sus argentinas notas: _caramelo vendo, +vendo caramelo_; al paso que los violines y el contrabajo las repetan +en otro tono, y los timbales hacan coro estrepitoso a la voz +melanclica de la vendedora de ese dulce. Pero qu era del autor de la +pieza que tanta impresin causaba? En medio del delirio de la danza, +haba quien se acordara de su nombre? Ay! No. Como la noche avanzaba +sin seales de bonanza, desde temprano la gente curiosa de la calle +empez a desamparar la puerta y ventanas del baile, y a las once no +quedaba en ellas caras blancas, al menos de mujer. De esta circunstancia +se aprovecharon los jvenes de familias decentes, a que nos hemos +referido ms arriba, que abrigaban un cierto escrpulo para ponerse a +bailar con las mulatas amigas o conocidas. Cantalapiedra tom por pareja +a la ama de la casa, Mercedes Ayala; Diego Meneses, a Nemesia y Leonardo +a Cecilia; y parte por guardar en lo posible la lnea de separacin, +parte por un resto de ese mismo tardo escrpulo, establecieron la danza +en el comedor, no obstante la estrechez y desaseo de la pieza. + +Con semejante ocurrencia puede imaginar cualquiera la agona de alma de +Pimienta. Su musa inspiradora, la mujer adorada, se hallaba en brazos de +un joven blanco, tal vez del preferido de su corazn; pues como sabemos, +no ocultaba ella sus sentimientos, se entregaba toda al delirio del +baile, mientras l, atado a la orquesta cual una roca, la vea gozar y +contribua a sus goces sin participar de ellos en lo ms mnimo. La +turbacin de su espritu no fue, sin embargo, bastante a perjudicar su +direccin de la orquesta, ni a influir desfavorablemente en el manejo de +su instrumento favorito. Por el contrario, su inquietud y su pasin no +parece sino que encontraron desahogo por las llaves del clarinete; se +exhalaron, por decirlo as, segn lo peregrino y suave de las notas que +de l sacaba, esparciendo el encanto y la animacin entre los +bailadores. Como suele decirse, no qued ttere con cabeza que no +bailara, pues se arm la danza en la sala, en el comedor, en el aposento +principal y en el angosto y descubierto patio de la casa. Qu mucho, +pues, que entonces no pasara siquiera por la mente de los que tanto se +divertan y gozaban, que el autor y el alma de toda aquella alegra y +fiesta, Jos Dolores Pimienta, compositor de la contradanza nueva, +agonizaba de amor y de celos? + +Pasadas seran las doce de la noche cuando ces de nuevo la msica, con +lo que a poco empezaron a retirarse las personas que podan +considerarse extraas para el ama de casa, porque hasta entonces no +levant sta la voz diciendo que era hora de cenar. Y para apresurar la +marcha, agarr ella por el brazo a dos de sus mejores amigas y arrastro +casi las llev al fondo del patio donde dijimos que estaba puesta la +mesa del ambig. Tras ellas siguieron las dems mujeres y los hombres, +entre los segundos Pimienta y Brindis, los msicos; Cantalapiedra y su +inseparable corchete, el de las grandes patillas, Leonardo y su amigo +Diego Meneses. Tomaron asiento en torno de la mesa las mujeres, nicas +que cupieron, aunque eran pocas; los hombres se mantuvieron en pie cada +cual detrs de la silla de su amiga o preferida. Quedaron juntos a una +de las cabeceras Cantalapiedra y la Ayala, sin que sepamos decir si por +casualidad o por hacer honor al comisario y a su categora. + +No cabe duda sino que el ejercicio del baile haba aguzado el apetito de +los comensales de ambos sexos, porque apoderndose los unos del jamn, +los otros del pescado, aceitunas y dems manjares en algunos minutos, +todos coman y haban aliviado la mesa de una buena porcin de su peso. +Satisfecha la primera necesidad, hubo lugar a los rasgos de galantera y +cario que en todos los pases llevarn el sello de la educacin que +alcanzan las personas que los ejercen. Las de la verdica historia cuya +fisonoma trazamos ahora a grandes pinceladas, no eran, en general, de +la clase media siquiera, ni de la que mejor educacin recibe en Cuba, y +puede creerse sin esfuerzo que sus rasgos de galantera y de cario en +ninguna circunstancia tenan nada de delicados ni de finos. + +--Que diga algo Cantalapiedra, dijo alguien. + +--Cantalapiedra no dice nada cuando come, contest l mismo mientras ro +a la pierna del pavo. + +--Pues que no coma si ha de callar, salt otro. + +--Eso no, porque comer y dir hasta el juicio final, repuso el +comisario. Cmo quieren, sin embargo, que diga si an no he remojado la +garganta? + +--Ah va mi copa! Ah va la ma! Tome sta! exclamaron diez voces por +lo menos, y otros tantos brazos se cruzaron sobre la mesa en direccin +del comisario, quien, empuando una tras otra copa, cada cual llena de +un vino diferente, se las fue echando al coleto, sin presentar ms +muestra del efecto que le causaban que ponerse algo rubicundo y +agursele los ojos. Despus, llenando su propia copa de rico champaa, +tosi, levant el pecho, y en voz campanuda, aunque un si es no es +carrasposa, dijo: + +--Bomba! En los felices natales de mi amiga Merceditas Ayala, dcima: + + _Yo te digo en la ocasin,_ + _Merceditas de mis ojos,_ + _Que tu vista guarda abrojos,_ + _Pues que punza el corazn._ + + _Ten de un triste compasin,_ + _Que por tus ojos suspira,_ + _Que por tus ojos delira,_ + _Que por tus ojos alienta,_ + _Que por tus ojos sustenta_ + _Esta vida de mentira._ + +Tras esta improvisacin ramplona y de mal gusto, resonaron vivas y +aplausos repetidos y estrepitosos, con destemplado golpeo de los platos +con los cuchillos. Y como en recompensa de su potica labor, de sta +recibi una aceituna ensartada en el mismo tenedor con que acababa de +llevarse el alimento a la boca, de esotra una tajada de jamn, de la de +ms all un pedazo de pavo, de aqulla un caramelo, de su vecina una +yema azucarada, hasta que la Ayala puso trmino al torrente de obsequios +levantndose y pasando su copa, llena de Jerez, a Leonardo para que +improvisara tambin como lo haba hecho el complaciente comisario. +Aprovechose ste de la tregua que se le conceda tcitamente, para +levantarse de la mesa, ir derecho, aunque disimuladamente, hasta el +brocal del pozo, donde, introducindose dos dedos en la boca, arroj +cuanto haba comido y bebido, que no haba sido poco. Y muy fresco y +repuesto se volvi a la mesa. Merced a un medio tan sencillo como +expedito, pudo tornar a comer y a beber cual si no hubiera probado +bocado ni pasado gota en toda la noche. De los dems hombres que haban +bebido con exceso y no conocan el remedio eficaz de Cantalapiedra, que +ms que menos, pocos acertaban a tener firme la cabeza, sin exceptuar al +mismo joven Leonardo. + +A esa lamentable circunstancia debe atribuirse el que un mozo tan fino +como bien educado, se prestara tambin a hacer coplas y en obsequio de +aquella herona de la fiesta. Pero bien que mal las hizo, siendo no +menos aplaudido y regalado que el anterior coplero, aunque fue de +notarse que, lejos Cecilia Valds de celebrar, como los dems, su +esfuerzo potico, se mantuvo callada y visiblemente corrida. Tampoco +tom parte Nemesia en la celebracin, si bien por causa muy distinta, a +saber: por hallarse empeada en un dilogo rpido y secreto con su +hermano Jos Dolores Pimienta. + +--Pues no va desocupada la zaga? le deca l. + +--Tal vez no, le replicaba ella. + +--Y t cmo lo sabes? + +--Como s muchas cosas. Necesito yo tampoco que me den la comida con +cuchara? + +--Ya, pero t no te explicas. + +--Porque no hay tiempo ahora. + +--Sobrado, hermana. + +--Luego, las paredes oyen. + +--Vaya! Cuando se grita. + +--Vamos, no seas porfiado. Te digo que no lo hagas. + +--Yo no pierdo la ocasin. + +--Vas a pasar un mal rato. + +--Qu me importa si hago mi gusto? + +--Te repito, Jos Dolores, no te metas en camisa de once varas. No seas +cabezadura. Con esa porfa me quitas las ganas de ayudarte. Yo entiendo +de eso mejor que t, lo estoy viendo. + +Antes que se hubiese calmado el ruido de voces, de palmadas y de golpes +en los platos y la mesa, Leonardo le dijo algo en secreto a Cecilia, y +sali a la calle arrastrando a Meneses por el brazo, sin despedirse de +nadie, a la francesa, como dijo Cantalapiedra cuando los ech de menos. +Una vez fuera, a pesar de la lluvia menuda, ambos jvenes, siempre de +brazo, tomaron a pie la calle de La Habana hacia el centro de la ciudad, +y en la primera esquina, que era la de San Isidro, Meneses sigui +derecho y Leonardo tom la vuelta del hospital de Paula. + +Nubes ligeras, claro oscuras, despedazadas por el viento fresco del +nordeste, pasaban unas tras otras en procesin bastante regular por +delante de la luna menguante, que ya traspasaba el cenit, y a veces +dejaba caer rayos de luz blanquecina. La calle traviesa, angosta y +torcida que llevaba el joven Leonardo no se despej jams, ni vio l a +derechas su camino hasta que lleg a la plazuela del hospital antes +dicho, y entonces slo el lado izquierdo se alumbraba a ratos, pues las +paredes de la iglesia de Paula, elevadas y oscuras, proyectaban una +doble sombra sobre el espacio exento. Arrimado a ellas, sin embargo, +pudo distinguir su carruaje, los caballos del cual agachaban la cabeza y +las orejas, en su afn de evitar la lluvia y el viento que les heran de +frente. Estaba echado el capacete y no pareca el jinete por ninguna +parte, ni en la silla, su puesto acostumbrado, ni en la zaga, ni en el +vano de la ancha puerta de la iglesia, que poda servirle de abrigo. +Pero a la segunda ojeada comprendi Leonardo dnde estaba. Sentado en el +pesebrn del quitrn, le colgaban las piernas cubiertas con las botas +de campana, mientras descansaba la cabeza y los brazos, medio vuelto, en +los muelles cojines de marroqu. En el suelo yaca la _cuarta_ que en el +sueo se le haba desprendido de las manos, la recogi Leonardo al +punto, levant un canto del capacete y con todas sus fuerzas le peg dos +o tres zurriagazos a manteniente, por las espaldas presentadas. + +--Seor! exclam el calesero, entre asustado y dolorido, descolgndose. + +Ya de pie pudo verse que era un mozo mulato, bastante fornido, ancho de +hombros y de cara, ms fuerte si no ms alto que el que acababa de +calentarle las espaldas con el zurriago. Vesta a la usanza de los de su +oficio en la isla de Cuba, chaqueta de pao oscuro, galoneado de +pasamanera, chaleco de piqu, el cuello de la camisa a la marinera, +pantaln de hilo, botas enormes de campana, a guisa de polainas, y +sombrero negro redondo, galoneado de oro. Debemos mencionar tambin, +como signos caractersticos del calesero, las espuelas dobles de plata, +que no llevaba a la sazn el mulato de que ahora se habla. + +--Oiga! le dijo su amo, pues lo era en efecto el joven Leonardo; +dormas a pierna suelta, mientras los caballos quedaban a su albedro. +Eh? Qu hubiera sucedido si espantados por casualidad, echan a correr +por esas calles de Barrabs? + +--Yo no estaba _dormiendo_, nio; se atrevi a observar el calesero. + +--Conque no dormas? Aponte, Aponte, t parece que no me conoces, o que +crees que yo me mamo el dedo. Mira, monta, que ya ajustaremos cuentas. +Lleva el quitrn a la _cuna_, toma las dos muchachas que trajiste en l +y condcelas a su casa. Yo te espero en el paredn de Santa Clara, +esquina a la calle de La Habana. No consientas que nadie monte a la +zaga. Entiendes? + +--S, seor; contest Aponte, partiendo en direccin de la garita de San +Jos. En la puerta de la casa del baile, sin desmontarse, dijo a un +desconocido que entonces entraba: + +--Me hace el favor de decirle a la nia Cecilia que aqu est el +quitrn? + +A pesar del aditamento de _nia_ de que hizo uso el calesero hablando de +Cecilia, que slo se aplica en Cuba a las jvenes de la clase blanca, el +desconocido pas el recado sin equivocacin ni duda. Y ella incontinente +se levant de la mesa y fue a coger su _manta_, seguida de Nemesia y de +la Ayala. Esta ltima las acompa hasta la puerta de la calle, en donde +ya se haban agrupado los pocos hombres que an no se haban despedido. +All, teniendo todava por la cintura a Cecilia, en seal de amistad y +cario, la dijo: + +--No te fes de los hombres, china, porque llevas la de perder. + +--Y yo me he fiado de alguno a estas horas, Merceditas? repuso Cecilia +sorprendida. + +--Ya, pero ese quitrn tiene dueo, y nadie da palos de balde. Tenlo por +sabido. Me parece que me explico. + +Con esto y con fingir Cantalapiedra que lloraba por la partida de +Cecilia, cosa que caus mucha risa, sta y Nemesia subieron al carruaje +dndoles la mano Pimienta, y de hecho qued desbaratada la reunin. + +Poda ser entonces la una de la madrugada. El viento no haba abatido ni +cesado la llovizna que, de cuando en cuando, arrojaban las voladoras +nubes sobre la ciudad dormida y en tinieblas. Conforme reza la expresin +vulgar, la oscuridad era como boca de lobo. No por eso, sin embargo, +perdi el joven msico la pista del carruaje que conduca a su hermana y +a su amiga, antes por el ruido de las ruedas en el piso pedregoso de las +calles, le fue siguiendo las aguas, primero al paso redoblando y luego +al trote, hasta que le alcanz cerca de la calle de Acosta. Puso la mano +en la tabla de atrs, se impuls naturalmente con la carrera que +llevaba y qued montado a la mujeriega. Al punto le sinti el calesero +e hizo alto.--Apate, le dijo Nemesia por el postigo.--No hay para qu, +dijo Cecilia.--Yo les voy guardando las espaldas, dijo Pimienta.--Apese +Vd., dijo en aquella sazn Aponte, que ya haba echado pie a +tierra.--No te lo deca? aadi Nemesia, hablando con su hermano.--Aqu +dentro va mi hermana y mi amiga, observ el msico dirigindose al +calesero.--Ser as repuso ste; pero no consiento que nadie se monte +atrs de mi quitrn. Se echa a perder, camar; agreg notando que se las +haba con un mulato como l.--Apate, repiti Nemesia con insistencia. + +Obedeci Jos Dolores Pimienta, conocidamente despus de una lucha sorda +y terrible consigo mismo, en que triunf la prudencia; pero cediendo y +todo en aquella coyuntura, no renunci a la resolucin tomada de seguir +el carruaje. Volvi a montar el calesero y continu la carrera derecho +hasta desembocar en la calle de Luz, torciendo all a la izquierda hacia +la de La Habana. Cerca del can de la esquina estaba un hombre de pie, +guarecido del viento y de la menuda llovizna, con las elevadas tapias +del patio perteneciente al monasterio de las monjas Claras. En ese +punto, par Aponte por segunda vez el quitrn, el hombre en silencio +subi a la zaga, diciendo luego a media voz: Arrea! Parti entonces +aqul a escape, pero no sin dar tiempo a que se acercara lo bastante el +msico, para advertir que el individuo que le reemplaz en la zaga del +carruaje era el mismo joven blanco, Leonardo, que tantos celos le haba +inspirado en la _cuna_. + + + + +CAPTULO VII + + _Y qu modo de hombre es l,_ + _es negocio moscatel,_ + _es discreto vergonzoso,_ + _o dulce o acibaroso?_ + + LOPE DE VEGA + + La Buscona + +En el barrio de San Francisco y en una de las calles menos torcidas, con +banquetas o losas en una o dos cuadras, haba, entre otras, una casa de +azotea, que se distingua por el piso alto sobre el arco de la puerta, y +balconcito al poniente. La entrada general, como la de casi todas las +casas del pas--para los dueos, criados, bestias y carruajes, dos de +los cuales haba comnmente de plantn--era por el zagun; especie de +casapuerta o cochera, que conduca al comedor, patio y cuartos +escritorios. + +Llamaban bajo este ltimo nombre los que se vean a la derecha, a +continuacin del zagun, ocupados, el primero por una carpeta doble de +comerciante, con dos banquillos altos de madera, uno a cada frente, y +debajo una caja pequea de hierro, cuadrada, que en vez de puerta tena +tapa para abrirse o cerrarse, siempre que se guardaban en ella o se +sacaban los sacos de dinero. En el lado opuesto de la casa se vea la +hilera de cuartos bajos para la familia, con entrada comn por la sala, +puerta y ventana al comedor y al patio. + +Este formaba un cuadriltero, en cuyo centro sobresala el brocal de +piedra azul de un aljibe o cisterna, donde, por medio de canales de hoja +de lata y de caeras enterradas en el suelo, se vertan las aguas +llovedizas de los tejados. Una tapia de dos varas de elevacin, con un +arco hacia el extremo de la derecha, separaba el patio de la cocina, +caballeriza, letrina, cuarto de los caleseros y dems dependencias de la +casa. + +Entre el zagun y los cuartos llamados escritorios, descenda al +comedor, apoyada en la pared divisoria, una escalera de piedra tosca con +pasamanos de cedro, sin meseta ni ms descanso que la vuelta violenta +que hacan los ltimos escalones casi al pie. Esa escalera comunicaba +con las habitaciones altas, compuestas de dos piezas: la primera que +haca de antesala, tan grande como el zagun; la segunda, todava mayor, +como que tena las mismas dimensiones que los escritorios sobre los +cuales estaba construida y serva de dormitorio y estudio. Con efecto, +los muebles principales que la llenaban casi, eran una cama o catre de +armadura de caoba, cubierto con un mosquitero de rengue azul, un armario +de aquella propia madera, un casaquero o percha de lo mismo, un sof +negro de cerda, unas cuantas sillas con asiento de paja, una mesa a modo +de bufete, y una butaca campechana.[9] Sobre los tales muebles se +hallaban varios libros, unos abiertos, otros cerrados o con una o ms +hojas dobladas por la punta, empastados a la espaola, con canto rojo, +todos al parecer de leyes, segn poda notarse, leyendo los letreros +dorados en los lomos de algunos. En el sof nicamente dos peridicos en +forma de folletos: el ms voluminoso con un malsimo grabado que +representaba los figurines de un hombre, una mujer y un nio, y llevaba +por ttulo _La moda o Recreo Semanal_,[10] el otro _El Regan_.[11] + +Abajo, en el comedor haba una mesa de alas de caoba, capaz para doce +cubiertos, hasta seis butacas en dos hileras frente a la puerta del +aposento; en el ngulo el indispensable jarrero, mueble _sui generis_ en +el pas, y para proporcionar sombro a la pieza y protegerla contra la +reverberacin del sol en el patio, haba dos grandes cortinas de +caamazo, que se arrollaban y desarrollaban lo mismo que los telones de +teatro. En la pared medianera entre el zagun y la sala, haba una reja +de hierro, y para dar paso a la luz exterior en esta ltima, dos +ventanas de lo mismo voladizas, que desde el nivel del piso de la calle +suban hasta el alero del techo. De la viga principal colgaba por sus +cadenas una bomba de cristal; de la pared del costado dos retratos al +leo, representativos de una dama y de un caballero en la flor de su +edad, hechos por Escobar;[12] debajo de stos un sof, y en direccin +perpendicular al mismo, en dos filas, hasta seis sillones con asiento y +respaldo de marroqu rojo; en los cuatro ngulos, rinconeras de caoba, +adornadas con guardabrisas de cristal o con floreros de china. En la +pared, entre ventanas, una mesa alta con pies dorados y encima un espejo +cuadrilongo; llenando los huecos intermedios, sillas con profusin. + +Era de notarse la cortina de muselina blanca, con fleco de algodn, que +penda de los dinteles de las puertas y ventanas de los cuartos, como +para dar libre paso al aire y ocultar sus interioridades de las miradas +de los que pasaban por el comedor y el patio. En resumen, la casa +aquella, peculiarmente habanera, segn se habr echado de ver por la +menuda descripcin que de ella hemos hecho, respiraba por todas partes +aseo; limpieza y... lujo, porque tal puede llamarse, en efecto, si se +tiene en cuenta el pas, la poca de que se habla, el estilo y calidad +del mueblaje, los dos carruajes en el zagun y la capacidad misma de la +morada. Viva all una familia decente, bien educada y feliz? Vamos a +verlo en breve. + +A la hora en que principia nuestro cuento, entre seis y siete de la +maana de uno de los das de octubre, ocupaba una de las butacas del +comedor un caballero de hasta cincuenta aos de edad, alto, robusto, +entrecano, nariz grande aguilea, boca pequea, los ojos pardos y vivos, +la color del rostro rubicunda, la cabeza redonda por detrs; signos +stos caractersticos de pasiones fuertes y firmeza de carcter. Llevaba +el cabello corto, la barba rasurada completamente; vesta bata talar de +zaraza sobre chaleco largo de piqu blanco, pantalones de dril y +chinelas de ante. Descansaba los pies en una silla con asiento de paja y +con ambas manos se llevaba a los ojos un peridico impreso en papel +espaol de hilo del folio comn, titulado _El Diario de la Habana_.[13] + +Mientras lea se le present un muchacho como de doce aos de edad, +vestido de pantalones y camisa de listadillo, que vena del fondo del +patio y traa en la mano derecha una taza de caf con leche, puesta en +un plato, y en la otra un azucarero de plata. El caballero, sin +enderezarse en la butaca, tom la taza, endulz y se puso a sorber y +leer con toda calma, mientras el criado, con los brazos cruzados sobre +el pecho, se qued delante de l en pie, conservando en las manos +respectivas el plato y el azucarero. Concluida la pocin de caf con +leche, no obstante que el muchacho se hallaba a pocos pasos, le dijo en +tono de voz atronadora:--Tabaco y lumbre! Sali aqul de carrera a la +cocina y volvi a poco por los cuartos escritorios, trayendo entonces +una vejiga grande con algunos cigarros[14] arrollados en el fondo y un +braserillo de plata con una brasa de carbn vegetal, medio enterrada en +un montn de cenizas. El caballero encendi un cigarro y cuando el +muchacho se dispona a emprender de nuevo la carrera, le grit:--Tirso! + +--Seor! contest tambin en alta voz como si ya estuviera en la cocina +o hablara con sordo. + +--Has estado arriba? le pregunt el amo. + +--S, seor, _dende_ que lleg de la plaza el cocinero. + +--Y cmo es que el nio Leonardo no ha bajado todava? + +--Es querer decir a su merced que el nio Leonardo no quiere que lo +_dispierten_ cuando ha pasado mala noche. + +--Mala noche! repiti el caballero mentalmente. Anda (al esclavo), +despirtale y que baje. + +--Seor, dijo el muchacho titubeando y confuso. Seor, su merced sabe... + +--Qu sucede? volvi a tronar el amo, luego que ech de ver que el +esclavo se estaba parado y no le haba obedecido. + +--Seor, es querer decir a su merced, que el nio se pone bravo cuando +lo _dispiertan_, y... + +--Qu? Qu dices? Ah! Perro! Anda, corre si no quieres subir a +puntapis. + +Y como el caballero medio se incorporase para ejecutar la amenaza, no +esper a que se la repitieran para obedecer la orden. En cuatro saltos +se puso en lo alto de la escalera, desapareciendo en el dormitorio del +joven Leonardo. A tiempo mismo que el muchacho corra escaleras arriba, +asomaba por la puerta del aposento una seora algo gruesa, hermosa, de +amabilsimo aspecto, las facciones menudas, con el cabello todava +negro, aunque pasaba de los cuarenta de edad, vestida de holn clarn +blanco, y abrigada con una manta de burato color canario y toda ella muy +pulcra y de ademn reposado y seoril. Sentose al lado del caballero de +la bata, a quien, preguntndole por las noticias del da, dio el nombre +de Gamboa. Este le contest entre dientes que la nica importante que +traa _El Diario_ era la aparicin del clera morbus en Varsovia, donde +haca estragos espantosos. + +--Y dnde es eso? pregunt la seora bostezando. + +--Toma! contest Gamboa. Eso es muy lejos. Figrate, all, cerca del +Polo Norte, en Polonia. Ya tiene que rodar el seor clera para llegar +hasta nosotros, y entonces... quin sabe dnde estaremos t y yo! + +--Dios nos libre de horas menguadas, Cndido! volvi a exclamar la +seora con el mismo aire de indolencia de antes. + +Bajaba Tirso en este punto los escalones con doble precipitacin, si +cabe, de aquella con que los haba subido; y a no ser porque en tiempo +agacha la cabeza, le alcanza en ella un libro que le arrojaron de lo +alto, el cual, con la violencia del golpe se hizo pedazos en la puerta +del escritorio. Don Cndido alz la cabeza y la seora se levant y fue +hacia el pie de la escalera, preguntando:--Qu ha sido eso? Por toda +respuesta el muchacho, muy asustado, le indic con los ojos al joven +Leonardo, que se hallaba en lo alto, envuelto en la sbana, con los +puos apretados en seal de clera y de amenaza. Pero no bien descubri +a su madre, pues lo era aquella seora, cambi de actitud y de +semblante; e iba sin duda a explicarle la ocurrencia, cuando ella le +contuvo hacindole una sea muy significativa, que equivala, poco ms o +menos a decirle:--Calla, que ah est tu padre. Por lo que l, sin ms +demora, dio media vuelta y se volvi al dormitorio. + +--Viene el nio Leonardo? pregunt Gamboa al esclavo, cual si no +hubiera notado la carrera de ste, el librazo contra la puerta del +escritorio ni la accin de su esposa. + +--S, seor, contest Tirso. + +--Le diste mi recado? insisti don Cndido en tono de voz ms recio y +spero. + +--Es querer decir a su merced, repuso el esclavo todo turbado y +tembloroso, que... el nio... el nio Leonardo no me dio tiempo. + +La seora se haba vuelto a sentar, y segua llena de ansiedad las +palabras y los movimientos del semblante de su marido. Le vio ponerse +rojo a medida que Tirso soltaba las pocas frases de que en su turbacin +pudo hacer uso; an le pareci que iba a levantarse, acaso para pegarle +al esclavo, o hacer bajar por la fuerza a Leonardo; en cuya confusa +alternativa, a fin de ganar tiempo, le dej caer la mano derecha en el +brazo izquierdo y le dijo en voz muy baja y musical: + +--Cndido, Leonardito se viste para bajar. + +--Y t cmo lo sabes? replic don Cndido con gran viveza, volvindose +para su esposa. + +--Acabo de verle a medio vestir, en lo alto de la escalinata, contest +ella con calma. + +--Pues t siempre ests al tanto de cuando Leonardo cumple con su deber, +pero eres ciega para sus faltas. + +--No s yo que el porbrecito haya cometido ninguna, al menos +recientemente. + +--Ya! No lo deca yo? Ciega, cieguecita, Rosa, tus mamanteos van a +perder a ese muchacho. Tirso! tron don Cndido. + +Antes que volviese Tirso de la cocina, en donde se haba refugiado, +luego que sus amos entablaron el anterior, brevsimo dilogo, entr por +el zagun adelante el mulato calesero que ya conocen nuestros lectores, +por aquella escena en el barrio de San Isidro y noche del 24 de +setiembre. Vesta ahora solamente camisa y pantalones cuyas piernas +estaban arremangadas hasta poco ms abajo de las rodillas, como para +dejar ver el borde de los calzoncillos blancos, que formaba dientes en +vez de dobladillos. Los zapatos eran de vaqueta muy escotados, con +hebilla de plata al lado, y tena argollas de oro en las orejas, pauelo +atado en la cabeza, el sombrero de paja en la mano derecha, y en la +izquierda el ronzal de un caballo que traa rabiatado otro del mismo +color y estampa, ambos recin salidos del bao, pues aun escurran agua +o sudor, y el ltimo tena la cola hecha un nudo. El mulato haba +cabalgado en el primero desde la caballeriza al bao, cerca del Muelle +de Luz, porque todava llevaba el sudadero, a falta de silla. + +--Pero aqu est Aponte, agreg don Cndido vindole asomar. Aponte! + +--No hay necesidad de que preguntes a los criados interpuso doa Rosa. + +--Quiero que oigas una de las recientes gracias de tu hijo, insisti el +marido. A qu hora trajiste anoche (_hablando con Aponte_) a tu amo? + +--A las dos de la _madrug_, contest Aponte. + +--Dnde pas tu amo la noche? aadi don Cndido. + +--Es intil que lo diga, interrumpi la seora. Aponte, lleva esos +caballos al pesebre. + +--Dnde pas tu amo la noche? repiti don Cndido en voz de trueno, +viendo al calesero dispuesto a obedecer la orden de su ama. + +--Es dificultoso que yo le diga a su merced mi amo, dnde pas la noche +mi amo el nio Leonardito. + +--Qu! Cmo se entiende? + +--Le digo a su merced, mi amo, que es muy dificultoso, apresurse Aponte +a explicar, notando que don Cndido montaba en clera; porque +primeramente yo llev el nio Leonardito a Santa _Catarina, dispus_ lo +llev al muelle de Luz, _dispus_ lo estuve esperando en el muelle de +Luz hasta las doce de la noche, _dispus_ lo llev otra vuelta a Santa +_Catarina, dispus_... + +--Basta! dijo doa Rosa enojada. Quedo enterada. + +Aponte se retir con los caballos, pasando por el comedor y el patio en +direccin de la caballeriza, y don Cndido, volvindose para su mujer, +le dijo: + +--Qu te-a-ele-tal? No te parece reciente la de anoche? Yo no saba +nada, sospechaba nicamente, porque conozco a mi hijo mejor que t, y ya +has odo que se ha estado en Regla hasta las doce de la noche. Tal vez +no fue solo. Quires or ahora con quines y cmo pas la mitad del +tiempo en Regla? No lo adivinas? No lo sospechas? + +--Suponiendo que lo adivinase, que lo palpase, observ doa Rosa con +ligero desdn, qu aprovechara? Dejara yo por eso de quererlo como +lo quiero? + +--Pero si no se trata de quererle ni desquererle, Rosa; salt impaciente +don Cndido. Se trata de poner remedio a sus faltas, que ya rayan en lo +serio. + +--Sus faltas, si las comete, no pasan de calaveradas propias de la +juventud. + +--Es que las calaveradas, cuando son repetidas y no se les pone coto a +tiempo, suelen parar en cosas graves que dan mucho que llorar y que +sentir. + +--Pues tus calaveradas no te trajeron, que yo sepa, serios ni graves +resultados, y eso que las suyas, comparadas con las tuyas, son meros +pasatiempos juveniles; dijo doa Rosario con refinado sarcasmo. + +--Seora, repuso don Cndido irritado, por ms que hiciese esfuerzo +visible por ocultarlo: sean cuales fueren las locuras que yo haya podido +cometer en mi juventud, ellas no autorizan a Leonardo para que lleve la +vida que lleva con... aprobacin y aplauso de Vd. + +--Mi aprobacin! mi aplauso! Esa s que est buena. Nadie mejor que t +es testigo de que, lejos de aprobar y aplaudir las locuras de +Leonardito, siempre le estoy aconsejando y an reprendiendo. + +--Ya! Por un lado le aconsejas y le reprendes, y por otro le das +quitrn y calesero y caballos y media onza de oro todas las tardes para +que se divierta, triunfe y corra la tuna con sus amigos. No apruebas ni +aplaudes sus locuras, pero le facilitas el modo y medios de cometerlas. + +--Eso es, yo facilito el modo y medio cmo se pierda el muchacho. T no, +t eres un santo. Oh! S, tu vida ha sido ejemplar. + +--No s a qu conduce tan amarga stira. + +--Conduce a que eres muy duro con l, y a que estara buena tu aspereza +si fueses intachable, si no hubieses pecado... + +--Me tiene l en tan buen concepto como el que la merezco a Vd. seora? +Sabe que yo haya pecado? + +--Tal vez lo sepa. + +--Si Vd. no se lo ha contado... + +--No hay necesidad de que yo le ensee cosas malas. Sera madre +desnaturalizada si tal hiciera. Pero l no es ningn tonto, y luego fue +demasiado pblico, escandaloso lo de Mara de Regla. + +--No sera mucho que haya llegado a sus odos y le provoque a imitarte. +El mal ejemplo... + +--Basta, seora, dijo don Cndido ms desazonado que irritado. Crea, +tena razn para esperar que Vd. hubiese dado eso al olvido. + +--Mala creencia, porque hay cosas que no es posible olvidarlas jams. + +--Ya lo veo. Lo que quiere decir eso es, que me he engaado; quiere +decir que las mujeres, algunas mujeres, no olvidan ni perdonan ciertas +faltas de los hombres. Pero, Rosa, agreg cambiando de tono, nosotros +vamos fuera del carril y eso no est bien. La verdad es que si yo soy +muy duro, como dices, con Leonardo, t eres muy dbil, y no s yo qu +ser peor. El es un loco, voluntarioso y terco, necesita freno ms que +el pan que come. Advierto, sin embargo, con dolor, que, por pensar en mi +dureza, le llevas sin querer, por supuesto, como por la mano a su pronta +perdicin. De veras, Rosa, tiempo es ya de que sus locuras y sus +debilidades cesen; tiempo es ya de tomar una determinacin que le libre +a l de un presidio y a nosotros de llanto y de infamia eternos. + +--Y qu remedio adoptar, Cndido? Ya es tarde, ya l es un hombrecito. + +--Qu remedio? Varios. En los buques de guerra de S. M. hasta a los +hombronazos se les mete en cintura. Pensando estaba que no le vendra +mal oler a brea por corto tiempo. Apuradamente mi amigo Acha, comandante +de La Sabina, est empeado en ensearle la maniobra. Ayer nada menos me +dijo que me resolviera y se lo entregara, seguro de que le pondra ms +derecho que un mastelero de gavia. S, sa fue la expresin de que hizo +uso. De todos modos, estoy resuelto a poner freno a las demasas de ese +mozo. + +Conmoviose doa Rosa al or las ltimas palabras de su marido, mucho ms +al notar el tono de firme resolucin con que las emiti; y parte para +ocultar las lgrimas que le rebosaban en los ojos, parte por variar el +objeto de una conversacin que le hera en lo ms vivo del alma, se +levant otra vez y se dirigi al patio. En aquel momento mismo bajaba +Leonardo la escalera, vestido como para salir a la calle; y ella, que +sinti sus pasos, retrocedi al sitio que acababa de dejar al lado de su +marido, y en tono de humilde splica, con voz temblosa por la emocin, +le dijo: + +--Por el amor de ese mismo hijo, Gamboa, no le digas nada ahora. Tu +severidad le rebela y me mata a m. + +--Rosa! murmur don Cndido echndole una mirada de reconvencin. T le +pierdes. + +--Prudencia, Cndido! replic doa Rosa, respirando ms libremente; +porque comprendi que su esposo estaba inclinado por entonces a ejercer +aquella virtud. Advierte que ya es un hombre y que le tratas como si +fuera un nio. + +--Rosa! repiti don Cndido con otra mirada de reconvencin Hasta +cundo? + +--Ser sta la ltima vez que interceda por l, se apresur a decir doa +Rosa. Te lo prometo. + +En esto acababa de bajar la escalera el joven Gamboa y se encamin +derecho a su madre, la cual le sali al encuentro como para mejor +protegerle del enojo de su padre. Pero ste, silencioso y cabizbajo, ya +penetraba en el escritorio y no vio o se hizo que no vio al hijo besar a +la madre en la frente, ni la sea con que ella le indic que deba +saludar tambin a su padre. + +Leonardo no dijo palabra, ni hizo ademn de cumplir con la indicacin. +Slo se sonri, levant los hombros y se encamin a la calle, llevando +debajo del brazo izquierdo un libro empastado a la espaola, con los +cantos rojos, y en la mano derecha una caa de Indias cuyo puo de oro +figuraba una corona. + + + + +CAPTULO VIII + + _Para hacer bien por el alma_ + _Del que van a ajusticiar!_ + + ESPRONCEDA + + El reo de muerte + + +Tir el estudiante en direccin de la Plaza Vieja por la calle de San +Ignacio. En la esquina de la de Sol tropez con otros dos estudiantes +poco ms o menos de su edad, que en toda apariencia esperaban su +llegada. El uno de ellos no es desconocido para el lector, pues le ha +visto en la _cuna_ de la calle de San Jos. Nos referimos a Diego +Meneses. Era el otro de figura menos galana y esbelta, agregando a su +baja estatura un cuello muy corto y hombros bastante levantados, entre +los cuales llevaba como enterrada una cabeza redonda y chica. Haba +cierta confusin en su frente ms angosta y levantada; los ojos tena +pequeos y penetrantes, la nariz algo arremangada, la barba aguda y la +boca fresca y hmeda, por cierto la ms expresiva de sus menudas +facciones; el cabello crespo y as en su semblante como en su cuerpo se +descubra desde luego la gran malicia que animaba su travieso espritu. +Junto con una fuerte palmada en el hombro, Leonardo le dio el nombre de +Pancho Solfa. Este, medio sonredo, medio mal humorado del golpe dijo: + +--Cada animal tiene su lenguaje, y el tuyo, Leonardo, es a veces muy +expresivo. + +--Porque te quiero te aporreo, Pancho. Quieres otra caricia? + +--Basta, chico. Y se desvi, haciendo un movimiento con la mano +izquierda. + +--Qu hora es? pregunt Leonardo. Recuerdo que no le di cuerda anoche a +mi reloj y se ha parado. + +--Las siete acaban de dar en el reloj del Espritu Santo, respondi +Diego. Nos marchbamos sin ti, creyendo que se te haban pegado las +sbanas. + +--Por poco no me levanto en todo el da. Me acost tarde y mi padre me +hizo llamar al amanecer. l, como se acuesta con las gallinas, madruga +siempre. No les parece a ustedes que hay tiempo de dar una vueltecita +por la Loma del ngel? + +--Soy de opinin que no, dijo Pancho. A menos que t, cual otro Josu, +tengas la virtud de parar el sol. + +--Te pereces por una cita, Pancho, venga o no venga a pelo. Pues no +sabes que el sol no camina desde que Josu le mand parar su carrera? Si +hubieses estudiado astronoma sabras eso. + +--Di, ms bien, que si hubiera estudiado historia sagrada, dijo Meneses. + +--El cuento es, observ Pancho, que sin estudiar a fondo una cosa y +otra, s que el caso participa de ambas y no son ustedes los que me +corrigen la plana. + +--A todas stas, caballeros qu leccin tenemos hoy? No concurr a la +clase el viernes, ni he abierto el libro en todo este tiempo. + +--Govantes seal para hoy el ttulo tercero, que trata del derecho de +las personas, respondi Diego. Abre el libro y vers. + +--Pues no he saludado esa materia siquiera, agreg Leonardo. Slo s que +segn el derecho patrio, hay personas y hay cosas; que muchas de stas, +aunque hablan y piensan, no tienen los mismos derechos que aqullas. Por +ejemplo, Pancho, ya que te gustan los smiles, t a los ojos del Derecho +no eres persona, sino cosa. + +--No veo la similitud, porque no soy esclavo, que es a quien considera +cosa el derecho romano. + +--Ya. No eres esclavo, pero alguno de tus progenitores lo fue sin duda y +tanto vale. Tu pelo al menos es sospechoso. + +--Dichoso t que le tienes flechudo como los indios. Si vamos a +examinar, sin embargo, nuestros rboles genealgicos respectivos, +hallaremos que aqullos que pasan por ingenuos entre nosotros, son +cuando menos libertinos.[15] + +--Resuellas por la herida, compadre. Vamos, que no es ningn pecado +amarrar la mula tras de la puerta. Mi padre es espaol y no tiene mula; +mi madre s es criolla y no respondo que sea de sangre pura. + +--Es que tu padre por ser espaol, no est exento de la sospecha de +tener sangre mezclada, pues supongo que es andaluz, y de Sevilla +vinieron a Amrica los primeros esclavos negros. Tampoco los rabes, que +dominaron en Andaluca ms que en otras partes de Espaa, fueron de raza +pura caucsica, sino africana. Por otra parte, era comn ah, entonces, +la unin de blancos y negros, segn el testimonio de Cervantes y de +otros escritores contemporneos. + +--Ese rasguito histrico, don Pancho, vale un Potos. Se conoce que la +cuestin de razas te ha costado algunos quebraderos de cabeza. No paro +yo en eso la atencin, ni creo que hace bulto ni peso la sangre +mezclada. Lo que puedo decir es que, no s si porque tengo algo de +mulato me gustan un puado las mulatas. Lo confieso sin empacho. + +--La cabra siempre tira al monte. + +--El refrn no viene al caso; mas si lo dices para afirmar que no te +gusta la _canela_, peor para ti, Pancho, porque eso quiere decir que te +gusta el _carbn_, gnero mucho ms inferior. + +En este punto de su conversacin iban, cuando entraron por los portales +de la Plaza Vieja llamados del Rosario. Estos los forman unas cuatro o +cinco casas, pertenecientes a familias nobles o ricas de La Habana, con +anchos balcones, apoyados en altos arcos de piedra, cuyas luces cubren +durante el da unas cortinas de caamazo, a manera de velas mayores de +barcos. El piso superior de esas casas lo ocupan los dueos o +inquilinos, que viven de sus rentas; pero en los bajos, salones en +general oscuros y poco ventilados, tienen sus tiendas unos mercaderes al +por menor, que llaman baratilleros, quinquilleros propiamente dichos, +los cuales, en absoluto, son espaoles, por lo comn montaeses. Dentro +guardan el acopio de gneros y baratijas, y al frente, bajo los arcos de +piedra, exponen lo que se entiende por quincalla en unas vidrieras o +muestrarios porttiles, que descansan sobre una especie de tijeras. Por +la maana temprano los exponen y por la noche los guardan. + +Poco despus de las siete de la maana se principia generalmente la +primera de las operaciones aqu mencionadas. Los mercaderes, de dos en +dos, sacan las vidrieras, sujetando uno por una cabeza, otro por la +otra, como si fueran atades o que pesaran mucho para un solo hombre. + +Algunos estaban ya expuestos, y los vendedores se paseaban por delante +de ellos en mangas de camisa, a pesar del airecillo de la maana, cuando +entraron en los portales nuestros tres estudiantes. + +Llevaban la delantera Leonardo y Diego, riendo y charlando, sin hacer +caso de los mozos espaoles que iban y venan, afanados en la obra de +exponer sus mercancas a tiempo. Detrs, y a paso mesurado, inclinada la +cabeza y taciturno, los segua su condiscpulo Pancho, y ya por esto, ya +porque les chocase su facha, la verdad es que el primer buhonero con +quien tropez le ech mano por un brazo y le dijo: Hola, rubio! no +quieres comprar un par de navajas de primera? Se desprendi de ste con +un esguince y le cogi otro para decirle: Ac, primo, vendo gafas +excelentes. Adelante se le interpuso un tercero para ofrecerle tirantes +elsticos; un cuarto para meterle por los ojos cortaplumas vizcanos, +superiores a los ingleses. Rodando de uno para otro, ora sonrindose, +ora haciendo un gesto de enfado, el ya molesto estudiante logr +adelantar algunos pasos. Al fin, rodeado por varios baratilleros ms +dispuestos a la burla que a encarecer sus baratijas, se qued parado y +cruz los brazos. Por fortuna en aquel momento le echaron de menos sus +compaeros, volvieron la cara y notaron el cerco que le haban formado. +Ignorando la causa, Leonardo, que era intrpido, retrocedi a la +carrera, penetr por fuerza por el corrillo y sac a su amigo del apuro. +Mas as que se inform por l mismo de lo que haba pasado, ri de ganas +y le dijo: Te tomaron por montuno, Pancho. T tambin tienes una +figura... + +--Mi figura no tiene nada que ver con el asunto, le interrumpi Pancho +de mal talante; es que estos espaoles tienen ms de judos que de +caballeros. + +Siguiendo la calle de San Ignacio nuestros estudiantes, a poco andar +desembocaron en la Plazuela de la Catedral. Cuando llegaban a los +portales de la casa conocida por de Filomeno, les llam la atencin un +grupo numeroso y compacto de pueblo que entraba en la misma por el lado +opuesto, es decir, por la calle de Mercaderes y el Boquete. La +vanguardia, compuesta en su mayor parte de gente de color, hombres, +mujeres y muchachos sucios, harapientos y descalzos, ya marchaba, ya +haca alto, y de cuando en cuando volva atrs la cabeza, como por +resorte. Entre dos filas de soldados equipados a la ligera, pues su +uniforme consista de chaqueta de pao azul, pantaln blanco, canana +atada al cinto por delante, sombrero redondo y carabina corta, que +portaban por los tercios, iban hasta doce mulatos y negros vestidos en +traje talar de sarga negra, con caperuza de muselina blanca, cuya punta +larga flotaba por detrs de la cabeza, a guisa de gallardete; y cada +cual llevaba en la mano derecha una cruz negra de brazo corto y rbol +largo. Cuatro de esos lgubres hombres conducan al hombro, en silla de +mano, a una al parecer criatura humana, cuya cabeza y cuerpo +desaparecan bajo los pliegues de un pao negro (manto de estamea), +cayendo a plomo por fuera de todo el aparato. + +A un lado de este ser misterioso vena un sacerdote con sotana negra de +seda, bonete en la cabeza y un crucifijo en ambas manos; al otro un +negro bastante joven, robusto y gil. Este vesta pantaln blanco, +sombrero redondo y chaqueta de pao negro, en cuya espalda se le +descubra una como escalera bordada de seda amarilla. Eso indicaba su +oficio, y era nada menos que el verdugo. Andaba a paso medido y no +levantaba los ojos del suelo. Detrs vena un hombre blanco vestido de +calzn corto, medias de seda, chupa de pao y sombrero de tres picos, +todos de color negro. Este era el escribano. Inmediato a l marchaba un +militar de alta graduacin indicada por los tres entorchados de la +casaca y el sombrero de tres picos galoneado de oro, con pluma blanca de +avestruz. Cerraban el cortejo otros negros y mulatos en el traje negro +talar y caperuza blanca, ya descrito, y ms pueblo, todos movindose en +solemne y silenciosa procesin, pues no se oa otro ruido que los pasos +acompasados de la tropa y la voz gangosa del sacerdote recitando las +oraciones de los moribundos. + +Por esta rpida descripcin advertir el lector habanero que se trataba +de un reo de muerte que conducan al patbulo, acompandole los +hermanos de la Caridad y de la Fe, institucin religiosa compuesta +exclusivamente de gente de color que se ocupaba en asistir a los +enfermos y moribundos y en enterrar a los muertos, principalmente los +cadveres de los ajusticiados. Es bien sabido que la justicia espaola +lleva su saa hasta las puertas del sepulcro, y he ah la necesidad de +la institucin religiosa dicha, que se encarga de recoger el cadver del +criminal y de darle sepultura, en vez de los parientes y amigos, +privados de esos oficios por la ley o la costumbre. + +La tropa que custodiaba al reo en tales circunstancias, en La Habana al +menos, era un piquete de la clebre partida de Armona, especie de +guardia civil, establecida por Vives, que desempeaba el papel de la +polica de otras partes: el militar de alta graduacin, el mayor de +plaza, a la sazn coronel Molina, despus castellano del Morro, en cuyo +empleo muri cargado con el odio de aqullos a quienes haba oprimido y +explotado mientras desempe el primero de estos cargos: el individuo +que conducan al suplicio de la manera referida no era hombre, sino +mujer y blanca; la primera tal vez de su clase que ejecutaban en La +Habana. + + + + +CAPTULO IX + + _...Esta es la justicia_ + _Que facer el Rey ordena..._ + + EL DUQUE DE RIVAS + + D. Alvaro de Luna. + + +Contarse merece, siquiera sea brevemente, la historia de la mujer cuyo +delito se castigaba con la pena de muerte. Casada con un pobre +campesino, viva en los arrabales de la pequea poblacin del Mariel, no +sabemos cuanto tiempo haca, ni hace mucho al caso tampoco. Pero sin ser +joven ni hermosa, contrajo ella relaciones ilcitas con un hombre +soltero del mismo pueblo. Sase que el marido averiguara lo que pasaba y +amenazara tomar venganza, sase que los amantes quisieran librarse de +aquel estorbo, el hecho fue que entre los dos concertaron matarle. Y +conseguido esto, que no cuesta gran trabajo matar a un hombre, trataron +de ocultar las huellas del crimen descuartizando el cadver y arrojando +a un ro inmediato los cuartos ensangrentados, cosidos en un saco. Tales +fueron los hechos principales dilucidados en la causa. + +Ahora bien, qu papel desempe la mujer en el horrible drama? Eso no +se puso en claro. En su defensa despleg tan desinteresada como rara +elocuencia el joven y brillante abogado Anacleto Bermdez,[16] que +acababa de llegar de Espaa, en cuyos consejos se haba recibido de +abogado e hizo en esa causa su estreno como hbil criminalista. El hecho +era atroz, sin embargo, y la criminalidad de la mujer qued probada, +pues si no haba herido con su propia mano, haba tomado parte principal +en el asesinato y en la ocultacin del cadver. Se hizo, por tanto, +necesaria su condenacin a ltimo suplicio, aunque ste fuese el de +horca, pues que entonces slo se aplicaba el del garrote a la gente +noble, suceso todava ms raro en Cuba que el de ejecutar a una mujer +blanca. + +La pena de muerte en horca, en los dominios espaoles era, si cabe, ms +terrible que la del garrote, introducida o generalizada algn tiempo +despus de aquel a que nos referimos ahora. El verdugo, as que ataba +dos sogas al pescuezo del reo, le lanzaba desde lo alto de la escalera, +se le montaba a horcajadas en los hombros, y con los calcaales le +golpeaba el estmago para apresurar su fin; deslizndose por los pies +del ajusticiado, cuyo cadver, dentro de un traje talar, quedaba +mecindose al aire libre por ocho horas, a dos varas del suelo. +Semejante espectculo no deba presentarse en La Habana con una mujer +blanca, por vulgar que ella fuese u horrible su delito. + +En tal situacin, y cuando hubo fallado el recurso de una supuesta +preez, Bermdez solicit y obtuvo como gracia especial que se la +hiciera morir en garrote. Recordar el lector que siete u ocho aos +despus de aquel a que nos contraemos ahora, se aboli el suplicio de +horca en Cuba, y que hallndose la crcel en el ngulo occidental del +edificio conocido por la Casa de Gobierno, donde funcionaba asimismo el +Ayuntamiento con todas sus dependencias, donde resida el Capitn +General con las suyas, y existan las escribanas pblicas, tena el +reo que recorrer una larga y angustiosa carrera antes que se pusiera fin +a su vida en el campo de la Punta, inmediato a la mar. En efecto, por la +calle de Mercaderes pasaba a la plazuela de la Catedral, torca luego a +la de San Ignacio, luego a la de Chacn, luego a la de Cuba, enseguida +por la orilla de la muralla a pasar por debajo de la puerta abovedada y +oscura llamada de la Punta, en que haba cuerpo de guardia y daba salida +a los cadveres de la ciudad que llevaban a enterrar en el cementerio +general. + +Al salir por aquella puerta de plaza sitiada, poda distinguir el reo a +lo lejos, frente al arrecibe de la costa contra la cual se rompan las +olas del mar en menudos copos de brillante espuma, la mquina terrible, +horca, garrote o banquillo en que haba de tener fin su vida. Para los +de nimo apocado, la muerte con todos sus horrores era fuerza que se les +presentase mucho antes de recibirla. Por suerte, la mujer de que ahora +hablamos, desde el momento que la metieron en capilla perdi las +fuerzas, y con ellas la conciencia de su horrible situacin, siendo +preciso, como se ha visto, que la condujeran al lugar del suplicio en +silla de mano, sentarla a brazos en el banco del garrote, y, muerta ya, +dislocarle la vrtebra del cuello para sofocar en su pecho el ltimo +soplo de vida. + +Cinco o seis aos despus de los sucesos que acaban de referirse, haba +cambiado de un todo el aspecto del campo de la Punta. Al yermo desolado +y polvoroso que limitaba al oeste las primeras casas de madera de la +barriada de San Lzaro, por el sur rimeros de tablas y alfardas +importadas de los Estados Unidos del Norte de Amrica, por el norte la +mar y el castillo de la Punta, que asomaba sus enanas almenas detrs de +apiadas calderas frreas de Carrn para la elaboracin del azcar, +sucedi un edificio de tres cuerpos, macizo, cuadrangular, erigido por +el Capitn General don Miguel Tacn para crcel pblica, depsito +presidial y cuartel de infantera. + +El espacio descubierto que qued al lado septentrional de ese edificio, +todava se obstruy ms con la construccin de unos cobertizos de madera +para abrigo de una parte del presidio, empleada en picar piedra menuda a +martillo, con destino al empedrado de las calles de la ciudad, segn el +sistema de McAdam. Pero, de todos modos, as qued separada la prisin +de la Casa de Gobierno; los presos pasaron a un edificio, aunque +defectuoso en muchos respectos, fabricado expresamente para su desahogo +y seguridad; hubo ms conveniente separacin de sexos y de delitos, y, +en especial, se redujo a la tercera parte la _via crucis_ de los +infelices reos de muerte, pues que apenas se cuentan doscientos pasos de +la crcel nueva a la orilla del arrecife, donde se efectuaban las +ejecuciones capitales. De all y de la Punta, a la parte opuesta, +salieron a recibir la muerte del patriota y del hroe, aos adelante, +Montes de Oca y el joven Facciolo; el General Lpez y el espaol Pint; +el bravo Estrampes; y, en nuestros das, Medina y Len y los inocentes +estudiantes de la Universidad de La Habana. + +Incorporronse los tres amigos a la lgubre procesin, y la acompaaron +por el costado de la Catedral hasta la puerta del Seminario, edificio +que se extiende por el fondo de ella y da sobre el puerto. No haban +abierto an la entrada a las aulas, y el golpe como de doscientos +estudiantes de derecho, filosofa y latn, la flor de la juventud +cubana, se dilataba desde las gradas de piedra de la portera hasta el +cuartel de San Telmo por un lado, y por el otro largo trecho hacia las +bocacalles del Tejadillo y de San Ignacio, a causa de la estrechura de +la va. Por un movimiento espontneo, la muchedumbre estudiantil se +dividi en dos filas, dando paso franco por medio de la calle a la +extraa comitiva, a la cual preceda un rumor sordo como de enjambre de +abejas que busca donde posarse. + +Hizo alto por un momento ante la puerta del Seminario, para dar tiempo a +que cuatro hermanos de la Caridad y de la Fe relevasen a los que +portaban la silla de mano desde la crcel. La figura entre tanto, no +cambi de posicin ni hizo el menor movimiento; pero aunque los pliegues +del manto negro ocultaban por completo sus facciones, su nombre y la +historia de su crimen corrieron de boca en boca entre todos los +estudiantes. + +--Nadie dira que llevan ah a una mujer, dijo un estudiante de latn. + +--En efecto, ms parece la estatua de una llorona que ser viviente, +agreg otro. + +--El remordimiento la agobia, dijo un tercero. Por eso dobla la cabeza +sobre el pecho. + +--Ya, exclam un estudiante alto, de aspecto amulatado; el caso no es +para menos. Ahora supongo yo que est horrorizada de su propio crimen. + +--Pero est probado, como luz del medioda, segn reza la ley de +Partida, pregunt nuestro conocido Pancho, que Panchita mat a su +marido? + +--Tan cierto es que lo mat que le van a dar garrote, volvi a observar +el estudiante amulatado, con cierta sonrisa de desdn. Por ms seas que +despus de muerto le hizo tasajo, y, cosindole en un saco de henequn, +le arroj al ro para pasto de los peces. + +Todo eso no constitua un argumento de la criminalidad de Panchita +Tapia, y su tocayo iba a replicar cuando otro estudiante se interpuso +diciendo en voz campanuda y acento espaol: + +--Por un tris hace la chica con su consorte lo que dispone la ley de +Partida que se haga con el parricida. Slo falt que el saco fuera de +cuero, que tuviese pintadas llamas coloradas al exterior y que hubiese +puesto en el interior un gallo, una vbora y un mono, animales que no +conocen padre ni madre. + +--La ley de las Doce Tablas,[17] se apresur a decir Pancho alzando la +voz y empinndose un tanto, contento de poder corregirle la plana al +estudiante espaolado--copiada _pedem litterae_ en las Partidas, que +mand compilar don Alfonso el Sabio--no habla de gallos, sino de perro, +vbora y mono, y no porque estos animales conozcan o desconozcan padre o +madre, sino simplemente para entregar el criminal a su furor. El Cdigo +Alfonsino considera parricida an a la mujer que mata a su marido. La +prctica hoy da es arrastrar al reo en un sern atado a la cola de un +caballo hasta el pie del patbulo. De suerte que, si no arrastran a +Panchita Tapia, acusada de ese horrendo crimen, la razn es porque no lo +consienten nuestras costumbres. He dicho. + +Con esto Pancho se alej prontamente de aquel grupo, cosa de no dar +tiempo a una rplica de parte del estudiante espaolado. Pero ste se +content con decir, vindole alejarse: + +--Se conoce que el chico ha estudiado la leccin. + +En aquel mismo punto se abrieron las ponderosas hojas de cedro de la +puerta del Seminario, ms conocido entonces bajo el nombre de Colegio de +San Carlos. El gran patio lo constituan cuatro corredores anchos, de +columnas de piedra, formando un cuadrado. En el centro haba una fuente, +y por todo el derredor naranjos lozanos y frondosos. En el lado opuesto +a la entrada principal, a la izquierda, haba una escalera de piedra que +conduca a los claustros de los profesores; a la derecha, una reja que +separaba el corredor de un callejn oscuro y hmedo, por el cual se +penetraba en un saln lateral, largo y sucio, separado de las aguas del +puerto por un jardn o huerto de tapias elevadas. Hacia all daban unas +cuatro ventanillas altas por donde entraba la nica luz que a medias +alumbraba el saln. Contra la pared de enfrente, en el centro, se +poyaba una mala ctedra, y a ambos lados de ella haba muchos bancos de +madera, rudos, fuertes y de elevado respaldo, colocados +transversalmente. + +Ah se enseaba filosofa; ah ense por la primera vez esta ciencia a +la juventud cubana el ilustre padre Flix Varela, quien para ello +redact un texto, apartndose enteramente del aristotlico, nico +seguido en Cuba hasta entonces, desde la fundacin de la Universidad de +La Habana, en 1714, en el Convento de Santo Domingo. Cuando despus, en +1821, el padre Varela march de representante a las Cortes espaolas, +qued sustituyndole en la misma ctedra el ms aventajado de sus +discpulos, Jos Antonio Saco, y en los momentos de nuestra historia la +desempeaba el abogado Francisco Javier de la Cruz, por ausencia en el +norte de Amrica del propietario y expatriacin de su virtuoso fundador. + +En el ngulo de la izquierda haba otro saln, con entrada directamente +del corredor, donde enseaba latn el padre Plumas. Luego, ocupando casi +todo el otro lado, estaba el refectorio de los seminaristas y algunos +profesores que residan permanentemente en el mismo edificio, y a la +izquierda de la entrada principal estaba la ancha escalinata, dando +acceso a los corredores del piso alto. Por sta suban los estudiantes +de derecho no seminaristas; mientras los de filosofa y latn entraban +en los salones respectivos, ya mencionados, por las puertas al ras del +patio. + +En la maana del da que vamos refiriendo, cuando los estudiantes de +derecho ponan el pie en el primer escaln de la escalinata, se +detuvieron en masa como reparasen en un grupo de tres sujetos en animada +conversacin cerca de all, bajo el corredor. El que llevaba la palabra +poda tener de 28 a 30 aos de edad. Era de mediana estatura, de rostro +blanco, con la color bastante viva, los ojos azules y rasgados, boca +grande de labios gruesos y cabello castao y lacio, aunque copioso. +Haba cierta reserva en su aspecto y vesta elegantemente, a la inglesa. +El otro de los tres personajes se poda decir el reverso de la medalla +del ya descrito, pues a un cuerpo rechoncho, cabeza grande, cuello +corto, cabello crespo y muy negro: los ojos grandes y saltones, el labio +inferior belfo, dejando asomar dientes desiguales, anchos y mal puestos +agregaba un color de tabaco de hoja que haca dudar mucho de la pureza +de su sangre. El tercero difera en diverso sentido de los dos +mencionados, siendo ms delgado que ellos, de ms edad, de color plido +y aspecto muy amable y delicado. Este era el catedrtico de filosofa, +Francisco Javier de la Cruz; el anterior Jos Agustn Govantes, +distinguido jurisconsulto que regentaba la ctedra de derecho patrio; y +el primero, nombrado Jos Antonio Saco, recin llegado del Norte de +Amrica. + +Preceda a ste la fama de sus escritos en el _Mensajero Semanal_, que +publicaba en Nueva York, segn decan, con la cooperacin del muy amado +padre Varela, principalmente los que versaban acerca de los sucesos y +eminentes personajes de la revolucin de Mxico y de Colombia. Sobre +todo, acababa de leerse en La Habana, produciendo un vivo entusiasmo, su +polmica crtico-poltica con el encargado del Jardn Botnico, don +Ramn de la Sagra, en defensa del poeta matancero[18] Jos Mara +Heredia. + +De resultas de eso, los jvenes cubanos, que ya se daban a la poltica, +comenzaron a alejarse de la clase de botnica que pretenda ensear La +Sagra, burlndose de l a medida que admiraban a Saco, a quien tenan +por un insurgente decidido, con cuya opinin, cosa singular, concurra +de plano el gobierno de la colonia. + +Algunos de los estudiantes de derecho le reconoci, desde luego, por +haber estudiado filosofa con l en 1823 y murmur su nombre, lo que fue +bastante para que se pararan e hicieran una exclamacin ms bien de +curiosidad que de otra cosa. Esto hubo de atraer la atencin de +Govantes, el cual, por seas, orden a sus discpulos que salieran al +saln de clase, adonde l los seguira en breve. + +All, en efecto, se encaminaron de tropel y entraron en el saln con +gran algazara, hablando de Saco, de Heredia, de su clebre _Himno del +desterrado_ y su no menos famosa oda _Al Nigara_, inclusa en la +coleccin de sus poesas impresas en Toluca, Mxico; de las lecciones de +botnica de La Sagra, y de los hroes de la revolucin de Colombia, +aunque entonces imperfectamente conocida por la juventud habanera. +Cuando, poco despus, entr Govantes a paso tardo, con un libro debajo +del brazo y el semblante risueo y animado, callaron de golpe los +estudiantes y rein all completo silencio. Ascendi los tres o cuatro +escalones de la ctedra, puso el libro en el ancho pretil y se sent en +la silla de paja, a mano constantemente. + +No era el saln de la clase de derecho slo el ms amplio y extenso del +seminario, sino tambin el mejor situado bajo todos conceptos. Tena la +entrada por un extremo, con cuatro ventanas anchas abiertas al corredor, +y otras tantas al puerto de La Habana, que daban luz y aire, dejando ver +los valuartes de la ciudadela de la Cabaa y parte de los del Morro. +Apoyada en la pared medianera, entre las ventanas centrales, se elevaba +la ctedra; en frente haba dos rdenes de bancos paralelos y a +entrambos lados otros muchos colocados transversalmente, de modo que el +catedrtico, desde su elevado asiento, dominaba toda la clase, no +obstante su extensin. Probablemente habra all congregados hasta 150 +estudiantes de varios cursos. + +Los que haban estudiado la leccin y crean poder explicarla con alguna +claridad, presentaban el cuerpo y seguan los movimientos del +catedrtico. Los que no haban abierto siquiera el libro de texto, por +el contrario, no saban donde esconder la cara ni cmo encogerse. En +este caso se hallaba nuestro conocido Leonardo Gamboa, segn l mismo lo +haba dicho a sus amigos Meneses y Pancho Solfa. Como por su talla y su +carcter no le fuera fcil ocultarse, nunca se sentaba en frente de la +ctedra, sino a los costados, y eso en los ltimos bancos. El da que +vamos narrando ocup el asiento de la cabeza en el rincn, desalojando +para ello a su amigo Solfa. Despus de recorrer Govantes con la vista +toda la clase, se dirigi a un estudiante de su derecha, a quien llam +por el apellido de Martiartu, el espaolado antes dicho, y le orden +explicara la leccin, cosa que hizo con facilidad y an lucidez. Luego +orden hiciera lo mismo al amulatado, que llam Mena; enseguida a otro +de apellido Arredondo, el cual ocupaba puesto frente a frente de la +ctedra. Cuando ste hubo concluido la explicacin ms o menos textual, +Govantes volvi los ojos a su izquierda, los pas por encima de +Leonardo--el cual de golpe baj la cabeza con achaque de recoger el +pauelo dejado caer de intento y los detuvo en el joven que se sentaba +en la otra cabecera del mismo banco. No se saba ste la leccin y se +qued callado, por lo cual, tras breve rato, el amable profesor +dijo:--el otro, con idntico resultado. Salt enseguida al cuarto, luego +al sexto, que tampoco pudo responder, hasta que dejando tres o cuatro +por medio, dijo a Gamboa:--Usted. Disimul l cuanto pudo, hizo como que +no haba odo ni entendido, mas su amigo Pancho le llam la atencin, y +entonces, medio mohino, medio corrido, se puso en pie y dijo: + +--Maldito si he estudiado la leccin. + +Semejantes palabras produjeron una risa general. Gamboa, sin inmutarse, +continu: + +--Mas, por lo que han dicho los seores que me han precedido en el uso +de la palabra, saco en consecuencia que el asunto de que hoy se trata es +de los ms importantes, y creo que no se me olvidarn los puntos +principales para el caso de su aplicacin en nuestro foro. + +Con esto se sent de pronto, pegando al mismo tiempo un puntazo con el +dedo ndice al sufrido Pancho, por el costado, quien, ya de dolor, ya de +las cosquillas que le produjo, no pudo menos de dar un salto en el +asiento. Su discurso, lo mismo que su accin, por inesperados, causaron +una explosin de risa de que, no obstante su seriedad, particip el +mismo Govantes; quien, sin ms dilacin, comenz la explicacin del +texto, que versaba, como ya dicho, sobre el derecho de las personas. +Defini primero lo que se entenda por persona, segn el derecho romano; +luego por estado, que dijo se divida en natural y civil, y que este +ltimo poda ser de tres maneras, a saber: de libertad, de naturaleza y +de familia. Y entr de lleno en lo que poda denominarse historia de la +esclavitud, pintndola no ciertamente en sus relaciones con la sociedad +antigua o moderna, sino con el derecho romano, el de los godos y el +patrio; porque si bien reinaba bastante libertad de enseanza entonces +en Cuba, las ideas abolicionistas no haban empezado a propagarse en +ella. + +Govantes en aquel da, como sola, estuvo inspirado, elocuente, dando +muestras repetidas de su vasta erudicin; en lo cual sin duda no haba +tenido pequea parte su reciente entrevista con Saco, el traductor y +anotador de las _Recitaciones de Heinecio_,[19] de texto en el Colegio +San Carlos desde el ao anterior de 1829. Al ponerse l en pie, pues +haba sonado la hora de las nueve, los estudiantes imitaron su ejemplo, +prorrumpiendo en estrepitosos aplausos. + + + + +CAPTULO X + + _Enga al mezquino_ + _Mucha hermosura;_ + _Falt la ventura,_ + _Sobr el desatino;_ + _Errado el camino_ + _No pudo volver_ + _El que por amores_ + _Se dej prender._ + + D. HURTADO DE MENDOZA + + +Decamos que los estudiantes de derecho patrio imitaron el ejemplo de su +profesor ponindose todos de pie. Pero aunque ganosos de salir del aula, +segn es de suponerse, permanecieron en sus puestos respectivos hasta +que aqul descendi de la ctedra y se dirigi a la puerta de salida, +cabeza baja y libro de texto debajo del brazo; entonces desfilaron en +dos columnas tras l, en respetuoso silencio. + +Los pocos que le acompaaron hasta la puerta de su celda, al fondo de la +galera, fueron los seminaristas, pupilos del colegio, los cuales se +distinguan por la ropa talar de estamea color pardo que vestan y que +les daba la apariencia de monacillos; si bien es seguro que ninguno de +ellos seguira la carrera eclesistica. + +Los otros estudiantes no seminaristas, en el nmero ya dicho, luego que +se alej el catedrtico, deshicieron la formacin que traan, se +precipitaron por la ancha escalera de piedra, en tropel bajaron al +corredor y en el mismo desorden salieron a la calle, cual si los hubiera +vomitado de un golpe la amplia portera del Colegio de San Carlos. + +Ya en la calle, se derramaron por diferentes rumbos de la ciudad. Un +grupo bastante numeroso tom la vuelta del cuartel de San Telmo en que +termina la calle de San Ignacio, torci la de Chacn, enseguida a la de +Cuba, en fin, por la de Cuarteles se encamin a la Loma del ngel, que +era su destino. En este grupo estudiantil, marchando con gran algazara, +bien poda notar el curioso lector de anteriores pginas, a los tres +constantes amigos: Gamboa, Meneses y Solfa. El primero de stos sin duda +capitaneaba a los dems, porque iba a la cabeza blandiendo en la mano +derecha, a guisa de bastn de tambor mayor, la caa de Indias con puo +de oro y regatn de plata. A medida que se acercaban a la iglesia del +Santo ngel Custodio, que, como sabe el lector habanero, se halla +sentada en la planicie de la Peapobre, se estrechaba ms la va a causa +del declive y del golpe de gentes de ambos sexos, de todos colores y +condiciones que llevaban la misma direccin. + +Las mujeres blancas, al menos las que no se dirigan a la iglesia, iban +en quitrines, los cuales entonces empezaban a generalizarse y a +sustituir a las _volantes_ o calesas, que venan usndose desde fines +del siglo pasado. Casi todos los ocupaban tres seoras sentadas en el +nico asiento o de testera de esos carruajes, las mayores a los lados, +recostadas muellemente; la ms joven en medio y erguida siempre, porque +nuestros quitrines ni nuestras _volantes_ se construyen en realidad para +tres personas, sino para dos. Aunque pasadas las nueve de la maana, no +calentaba demasiado el sol, a causa de lo adelantado de la estacin; por +eso casi todos los quitrines llevaban el fuelle cado, mostrando a toda +su luz la preciosa carga de mujeres, jvenes en su mayor parte, +vestidas de blanco o colores claros, sin toca ni gorra, la trenza negra +de sus cabellos sujeta con el peine de carey llamado peineta de teja, y +los hombros y brazos descubiertos. + +Las mujeres blancas que iban a pie por aquellas calles pedregosas sin +aceras, de seguro se dirigan a la iglesia; lo que poda advertirse por +el traje negro y la mantilla de encaje. La gente de color de ambos +sexos, en doble nmero que la blanca, iba toda a pie, parte tambin a la +iglesia, parte paseando o vendiendo tortillas de maz en tableros de +cedro, que era uno de los motivos de la fiesta. Las que se hallaban +arrimadas a una u otra pared de la calle, eran por lo comn negras de +frica, pues las criollas desdeaban la ocupacin, sentadas en sillas +enanas de cuero, con una mesita por delante y el burn en el brasero a +un lado. En la tal losa de piedra oscura tendan con una cuchara de +madera la porcin de harina de maz mojada que constitua una torta de +tres o cuatro onzas de peso, y cuando estaba doradita con el calor del +burn, le esparcan por encima un poco de manteca de vacas, y as +calientita y jugosa la ofrecan de venta al transente a razn de medio +de plata el par. Muchas seoritas no tenan a menos parar el carruaje y +comparar las tortillas de San Rafael, segn las denominaban, calientes +todava del indiano burn, pues por lo que parece, era como saban +mejor. + +La ocasin de todo aquel bullicio y movimiento era la fiesta de San +Rafael, que cae el 24 de octubre, cuya celebracin se haba principiado, +segn ya indicamos, nueve das antes. En cada uno de ellos se deca una +misa rezada en las primeras horas de la maana, misa mayor y sermn de +diez a doce y salve a la hora de vspera. Durante la novena o circular +se mantena de manifiesto el Santsimo Sacramento, y con tal motivo la +iglesia nunca se vea desocupada de los fieles que acudan de todas +partes del barrio a ganar indulgencia plenaria. + +Como hemos dicho anteriormente, la pequea iglesia del Santo ngel +Custodio se halla asentada en la planicie estrecha de la Peapobre, +especie de arrecife de poca extensin, aunque bastante elevado respecto +al plano general de la ciudad. Para subir a ella haba, y hay ahora, dos +escalinatas de piedra oscura y tosca, con repechos de lo mismo: una que +arranca del fondo de la calle de los Cuarteles, la otra que desciende a +la de Compostela, siendo sta la ms larga y pendiente. + +En llegando a lo alto de la meseta, que tambin tiene repecho de piedra, +se est en el piso del templo, cuya nica nave, en los das de funcin, +como de la que ahora se trata, se descubre toda entera--el altar mayor +al fondo, retablo de madera de dos cuerpos--ms all de las dos puertas +laterales, casi oculto tras el bosque de cirios blancos, candelabros +dorados y plateados, macetas de flores artificiales y gran profusin de +relumbrantes cartulinas. A izquierda y derecha se vean dos retablos de +menos adornos, en el promedio de la puerta principal y las laterales, y +en la media naranja otros dos retablos, en cada uno de los cuales se +veneraba algn santo, por lo regular de madera de talla, encerrado en un +nicho de cristal. El techo, en forma de caballete, dejaba al desnudo el +maderamen de la armadura que estaba cubierta de tejas coloradas, y +encima del arco toral, dentro del que haba un pequeo coro, se +levantaba el cuadrado campanario de piedra de tres cuerpos en +disminucin ascendente. Hacia el oeste, detrs del cuerpo de la iglesia, +se hallaba la sacrista, la habitacin del cura enseguida, y otra +escalera de piedra menos espaciosa que las del frente, que daba salida a +la calle de Egido, especie de callejn hondo, torcido y desigual que +corre a lo largo de las paredes de las casas y los baluartes que +circundaban la ciudad por la parte de tierra. El patio, por el frente, +tiene un malecn de mampostera, al modo de muro de azotea. Pues en ese +malecn, en la maana del da que vamos refiriendo, el segundo o tercero +de la novena de San Rafael, varios negros carpinteros se entretenan en +levantar con tablas de pino, pintadas de color de cantos de piedra, algo +que se asemejaba a las almenas de un castillejo, habiendo ya plantado el +asta bandera y casi concluido la obra principal. + +Los estudiantes se haban apoderado de todo el repecho de las +escalinatas y mesetas; Leonardo Gamboa en lo ms alto, con su caa al +hombro dirigiendo la maniobra, y no suba por stas persona alguna, ni +pasaba por la calle mujer especialmente, en carruaje o a pie, sin que +tuvieran ellos algo que decirle y an hacerle. El ms conspicuo por su +voz, por el puesto que ocupaba y por su aventajada talla era Gamboa, +prodigando, sin cesar dichos y requiebros, sobre todo a las muchachas +bonitas, con sobra de galantera y lastimosa falta de buena crianza. +Ellas, sin embargo, ya por el hbito de orlos desde la cuna, ya porque +siempre halaga la celebracin, no se daban por ofendidas, antes stas se +sonrean; aqullas, con el abanico entreabierto, hacan un saludo +gracioso a los conocidos o amigos, y no faltaban quienes correspondan a +una pulla, con otra pulla, por cierto no de la mejor ley. + +Haba Leonardo arrebatado un pedazo de tortilla a uno de sus compaeros, +y, tenindole en la mano izquierda, lo brindaba a la joven que mejor le +pareca, sin nimo de drsela a ninguna, ni probarlo l, hasta que, de +tres que iban en un quitrn, crey reconocer la que ocupaba el lado +opuesto; por cuya razn, en vez de hacerle el mismo ofrecimiento que a +las dems, baj la mano de pronto y trat de ocultarse tras el repecho +de la meseta. La joven le haba visto, y reconocido desde luego; slo +que, lejos de sonrerse, como es natural cuando se divisa a un amigo +entre multitud de gentes extraas, se puso ms seria y plida de lo que +era, aunque mientras pudo estuvo mirando el sombrero y la frente del +estudiante, asomados a pesar suyo por encima del borde del muro de +piedra. A tiempo de agacharse Gamboa, por un movimiento involuntario, +le ech garra por un brazo a su amigo Meneses, y de modo le apret, que +ste no pudo menos de quejarse y preguntarle: + +--Qu sucede, Leonardo? Por Dios bendito, suelta, que me desprendes el +brazo. + +--No la conociste? repuso Leonardo enderezndose poco a poco. + +--A quin? Qu dices? + +--A la muchacha aquella del quitrn azul que va sentada a la parte +opuesta de nosotros. Pasa ahora las Cinco esquinas. Todava mira hacia +ac. De seguro me ha reconocido. Y yo que la haca a muchas leguas de +distancia! Si creer que todava duran los aguinaldos de pascuas? + +No s an de quin hablas. + +--De Isabel Ilincheta, hombre. No la conociste? Bien que te gustaba su +hermana Rosa. + +--Acabramos. No la conoc, en efecto. Me pareci muy delgada y +triguea, all era la ms linda del partido. + +--Todas las muchachas cuando van para tas se ponen delgadas y +palidecen; y lo que es Isabel tiene razn para ambas cosas, pues cuenta +mi edad y no abriga esperanzas de casarse pronto. + +--Todava te casas t con ella el da menos pensado. + +--Yo? Primero con una escopeta. La chica me gusta, no lo niego; pero +ms me gustaba all, en medio de las flores y del aire embalsamado, a la +sombra de los naranjos y de las palmas, en aquellas guardarrayas y +jardines del cafetal de su padre. Y luego, es una bailadora... de +primera. No menos que tu Rosa. + +--Deja tranquila a Rosa y volvamos a tu Isabel. Estaba lo que se llama +enamorada de ti. La pobre! no te conoce, a lo que entiendo. Porque si +vale decir verdad, eres el ms inconstante y voluble de los hombres. + +--Lo confieso, lo siento, mas no puedo remediarlo; me empeo por una +muchacha mientras me dice que no; en cuanto me dice que s, aunque sea +ms linda que Mara Santsima, se me caen a los pies las alas del +corazn. Desde mayo no le escribo. Qu pensar de m? Y es que estas +muchachas criadas en el campo son tan empalagosas con su querer... Se +figuran que nosotros los mozos de La Habana somos todo cera y miel. + +--Dnde parar ella? + +--De seguro en casa de las Gmez, sus primas, detrs del Convento de las +monjas Teresas. + +--Esperas tropezar ah con Rosa? Cuando no estaba en el quitrn con +Isabel, es claro que no ha venido del campo. En cuanto a m, te juro que +no deseo y temo encontrarme cara a cara con Isabel. Estar ella hecha un +moderno virago conmigo. No es mujer a quien se puede ofender +impunemente. + +--Razn tiene sobrada para estar enojada contigo, y en conciencia debes +hacer por aplacar su enojo... + +--Conciencia, conciencia, repiti Leonardo en tono desdeoso. Quin la +tuvo jams en tratndose de mujeres? + +--Hombre! No digas blasfemias, que hijo eres de mujer. + +Esta ltima observacin la hizo Pancho Solfa, que haba estado oyendo el +breve dilogo de los dos amigos. Leonardo le mir de alto a bajo; no por +desprecio, sino porque le sacaba al menos dos palmos de ventaja en +estatura, y le dijo serio: + +--T vas a parar en fraile capuchino. Luego, volvindose con viveza para +Meneses, aadi: Esa muchacha va a trastornar todos mis planes. + +--No lo comprendo, dijo Meneses. + +--Ya lo vers, repuso Leonardo pensativo. Caballeros, prosigui hablando +con los que le seguan desde el colegio; vmonos que ya esto fastidia. + +Conocidamente Leonardo se haba puesto de mal humor; algo le contrariaba +el nimo, y l no era hombre para sobrellevar estorbos. Pero apenas baj +a la calle por el lado de la de Compostela, y se vio una vez ms en +medio del bullicio popular, cuando volvi a su ser natural y a las +vivezas de su carcter. En efecto al llegar a las Cinco esquinas, +alcanz un caballero de mediana edad que llevaba la misma direccin que +los estudiantes. Leonardo le pas los brazos por debajo de los suyos, le +cubri los ojos con ambas manos y le dijo, variando el acento:--Adivina +quin soy. + +En vano el desconocido trat de desasirse de las garras del estudiante, +en la persuasin quizs de que el objeto de aquella violencia era +robarle a la claridad del da y a la vista del pueblo. Pero Leonardo, +luego que se le reunieron los compaeros y multitud de curiosos, solt +al hombre; y, con el sombrero en la mano y la cabeza inclinada, en seal +de respeto y arrepentimiento, le dijo:--Pido a Vd. mil perdones, +caballero. He sufrido una equivocacin lamentable, pero Vd. tiene la +culpa, porque se parece a mi to Antonio como un huevo a otro huevo. + +Los estudiantes soltaron la carcajada, por lo mismo que el caballero +desconocido, comprendiendo la burla, estall en expresiones de mal humor +y de enojo contra la juventud malcriada e insolente de la poca. Aquella +ridcula escena pas con ms rapidez de lo que hemos acertado a +pintarla, y, como para hacer contraste con ella, no bien pas Leonardo +la calle de Chacn, meti la punta de su caa de Indias en una rolliza +tortilla de maz que empezaba a dorarse al calor del burn de una negra +ms rolliza todava y casi desnuda, arrimada a la pared de la esquina y +rodeada de sus cachivaches, y la levant en el aire. Hizo la tortillera +una exclamacin de angustia, y al enderezarse en el enano asiento, como +era tan gorda y pesada, ech a rodar la mesita que tena delante, donde +haba otras tortillas ya cocidas, con lo cual se aument su disgusto y +se menudearon sus gritos. Todos rieron de la ocurrencia, Diego Meneses, +quien, por uno de aquellos impulsos nobles y generosos de su buen +corazn, sac del bolsillo del chaleco unos cuantos reales, se los +arroj al pecho abultado de la negra, y acert a depositrselos en el +seno, no obstante el bajo escote del cuerpo de su escassimo traje. + +Si con esto se le pas el enojo o cesaron sus lamentos, los estudiantes +no se detuvieron a averiguarlo. Adelante, en la calle del Tejadillo +corta la de Compostela en ngulo recto y luego se encuentra la del +Empedrado, dicha as por haber sido la primera en que se empez a +ensayar el sistema de pavimento de las calles de La Habana con chinas +rodadas y arroyo en medio. Por ella torci Leonardo a la derecha, y +despus de saludar a sus compaeros y decir a sus ntimos amigos Meneses +y Solfa que podan, si queran, esperarlo en la plazoleta inmediata de +Santa Catalina, donde se reunira con ellos dentro de un cuarto de hora. +Pero siendo ya la de almorzar, segn la costumbre de Cuba, ellos +prefirieron continuar a sus casas respectivas, y as se separaron de +Leonardo hasta la noche en la feria del Santo ngel Custodio. + +Una vez solo el estudiante de derecho, cambi de paso y de aspecto +repentinamente. Se puso serio y pensativo, mucho ms de lo que caba +esperar en un carcter tan alegre y vivaz. Era que le preocupaba +demasiado la aparicin en La Habana y en la feria, de la joven de +Alquzar a quien denomin Isabel Ilincheta. No obstante que lo negase, +estaba enamorado de ella, y recelaba que su repentina llegada diese +ocasin a revelaciones desagradables, sobre todo, al descubrimiento de +sus veleidades, que, por pervertido que tuviese el sentimiento de la +decencia, no podan hacerle honor ni dejar de sacarle los colores a la +cara. + +Varias veces se detuvo y peg con la punta del bastn en las angostas +losas de la acera, de cuyo lujo gozaba entonces, entre otras pocas, la +calle famosa de lo Empedrado. Entre seguir y volverse fluctuaban +grandemente, pues es bueno que se sepa que aquella no era la direccin +de su casa. Dio, al fin, un golpe ms recio que los dems con la caa, +se la ech al hombro, como sola, y apresur el paso, murmurando:--Qu +diablos! A lo hecho, pecho. Todo esto, para confirmarse en la resolucin +tomada. + +A poco andar se encontr en la esquina de la calle del Aguacate, y +arrimado a las alterosas paredes del Convento de Santa Catalina, no hizo +alto hasta cerca de la esquina en que la calle de O'Reilly corta la que +llevaba a la sazn. All, dirigi una mirada oblicua a la ventanilla +cuadrada y alta de una casucha en la acera opuesta, inmediata a la +esquina. Dicha casucha la hemos descrito minuciosamente al final del +captulo II de esta verdica historia. Las hojas de la ventanilla se +hallaban entornadas, y por entre los balaustres de cedro, se vean los +pliegues de una cortinilla de muselina blanca, la cual se agitaba +ligeramente entonces, ya a causa del airecillo de la maana, ya de los +movimientos de alguna persona que estuviese detrs. En la misma +disposicin, aunque inversa, se vea la desvencijada puerta: la media +bala de hierro, de que hemos hablado en otra parte, impeda que se +cerrase del todo. + +Que haba una persona apostada entre la hoja entornada de la ventanilla +y la cortina blanca, no cabe duda ninguna, porque apenas Leonardo cruz +y puso la mano derecha en el hueco que dejaba en el marco un balaustre +cado, cuando se asom la cara ms linda de mujer que quizs exista en +aquel tiempo en La Habana. A su vista, aunque los ojos de la mulata +despedan rayos, y no de amor, sino de clera, qued completamente +subyugado Leonardo, y se olvid de Isabel, de los bailes de Alquzar y +de los paseos por las guardarrayas de palmas y de naranjos en los +cafetales de esa comarca. El lector de los primeros captulos de esta +historia tiene delante a Cecilia Valds. Mantena los ardientes labios +apretados, la sangre quera brotarle de sus redondas mejillas, el +abultado seno con dificultad se contena dentro de las ligaduras del +traje de yoc. Al fin fue ella la primera a hablar, diciendo ms con el +semblante que con la voz: + +--Para qu ha venido? + +--Acabo de salir de la clase, contest Leonardo en tono humilde y bajo, +mas recio. + +Cecilia mir al soslayo para adentro, con la mano izquierda abierta hizo +sea a Leonardo que bajara algo ms la voz y aadi con vehemencia: + +--Le han visto hace poco en la loma del ngel. + +--Puede ser, vena para ac. + +--Pero se ha detenido mucho, la distancia no es tan grande. Ah! +Maldita la mujer que ama! + +--Nada se ha perdido, Cecilia. Heme aqu. + +--Ya. Mas quin sabe la causa de su demora? Tal vez una mujer... + +--Mujer no, te lo juro. + +--No me jure, porque entonces menos le creo. El caso es que Chepilla ya +est de vuelta de Paula y Vd. se aparece ahora. Ya no hay tiempo de +hablar. Hace rato que lleg. Rezaba y dormitaba, supongo que de cansada; +y ya levanta la cabeza y pone el odo de tico. (Esto lo dijo mirando +otra vez hacia dentro.) A Vd. no le interesa mi amistad, se conoce, y +soy una boba que le espero. Maldita sea la mujer que quiere como yo! + +--Tu desesperacin me asusta, alma ma. Siento el percance, ser maana. + +--Es que Chepilla no va todos los das a Paula. + +--Me levant cerca de las siete. T sabes a la hora que vinimos de +Regla, cerca de la una de la madrugada. + +--Eso no impidi que yo me despertase al amanecer. Me acost con el +cuidado y Vd. no, esto hace mucha diferencia. + +--Djate de ese tono irnico que no te sienta ni un poquito. Demasiado +sabes t que te idolatro. + +--Obras son amores y no buenas razones, y el hombre que no cumple con +una cita... + +--No me condenes de ligero. Ya te he dicho la causa de mi demora. Te +protesto, sin embargo, que lo siento en el alma, y ya te probar... + +--Malhaya viene tarde. En vano me protesta de su cario. La persona que +quiere bien no engaa. S, Vd. me est engaando. Me tiene muy herida. +Vyase. Truena Vd., no habla. + +Leonardo le cogi la mano y se la llev a los labios, sin que ella +opusiera la menor resistencia, por donde conoci que haba pasado el +furor de la tormenta y que la muchacha admitira su visita en primera +oportunidad. Con esto l sigui camino y al entrar en la calle de +O'Reilly, puso el pie izquierdo en el estribo de una volanta que bajaba +de la puerta del Monserrate, zarandendose dentro de dos largusimas +varas, pendientes de dos enormes ruedas y del lomo de un verdadero +Rocinante, y qued sentado en el cojn de vaqueta. El estremecimiento +producido por la repentina entrada del joven, llam la atencin del +calesero, quien incontinente volvi la cara a fin de ver la casta de +pasajero que haba conseguido sin solicitarlo ni esperarlo. Este, a +tiempo de caer en el asiento, tron en voz campanuda y de mando:--A +casa. + +--Y dnde vive el nio? naturalmente pregunt el azorado calesero. + +--Bruto! Que no lo sabes? Calle de San Ignacio esquina a Luz. Arrea. + +--Ah! exclam el calesero, y le peg tan fuerte latigazo a la pobre +bestia en los ijares, que se estremeci toda dentro de la armazn de +huesos, doblndose casi en dos, bien del dolor, bien del peso del +carruaje, del pasajero y del jinete. + +Mientras el estudiante, sacudido como una pelota va camino de su casa en +la desvencijada volante sannos permitidas algunas reflexiones. A qu +aspiraba Cecilia al cultivar relaciones amorosas con Leonardo Gamboa? El +era un joven blanco, de familia rica, emparentado con las primeras de La +Habana, que estudiaba para abogado y que, en caso de contraer +matrimonio, no sera ciertamente con una muchacha de la clase baja, cuyo +apellido slo bastaba para indicar lo oscuro de su origen, y cuya sangre +mezclada se descubra en su cabello ondeado y en el color bronceado de +su rostro. Su belleza incomparable era, pues, una cualidad relativa, la +nica quizs con que contaba para triunfar sobre el corazn de los +hombres; mas eso no constitua ttulo abonado para salir ella de la +esfera en que haba nacido y elevarse a aqulla en que giraban los +blancos de un pas de esclavos. Tal vez otras menos lindas que ella y de +sangre ms mezclada, se rozaban en aquella poca con lo ms granado de +la sociedad habanera, y an llevaban ttulos de nobleza; pero stas o +disimulaban su oscuro origen o haban nacido y se haban criado en la +abundancia; y ya se sabe que el oro purifica la sangre ms turbia y +cubre los mayores defectos, as fsicos como morales. + +Pero estas reflexiones, por naturales que parezcan, estamos seguros que +jams ocuparon la mente de Cecilia. Amaba por un sentimiento espontneo +de su ardiente naturaleza y slo vea en el joven blanco el amante +tierno, superior por muchas cualidades a todos los de su clase, que +podan aspirar a su corazn y a sus favores. A la sombra del blanco, por +ilcita que fuese su unin, crea y esperaba Cecilia ascender siempre, +salir de la humilde esfera en que haba nacido, si no ella, sus hijos. +Casada con un mulato, descendera en su propia estimacin y en la de sus +iguales: porque tales son las aberraciones de toda sociedad constituida +como la cubana. + +El calesero, entre tanto, baj por la calle de O'Reilly al trote, tom +la de Cuba, cruz diagonalmente la plazoleta de Santa Clara, torci +luego a la calle de San Ignacio, y sin adelantarse un paso par la +carrera a la puerta de la casa que le haban designado. Aqulla era una +prueba de que el negro calesero no mereca el dictado de bruto que le +dio Leonardo al entrar en la volante. No haba acabado de parar sta, +cuando el estudiante salt a la acera y con la misma rapidez le lanz +una moneda al calesero. Recibiola l en el aire, se la llev a los ojos, +vio que era una peseta columnaria, se persign con ella, pic espuelas y +sigui viaje, diciendo:--Mucha salud, nio. + + + + +CAPTULO XI + + _De mi patria_ + _bajo el desnublado cielo_ + _no pude resolverme a ser esclavo,_ + _ni consentir que todo en la natura_ + _fuese noble y feliz menos el hombre._ + + JOS MARA HEREDIA + + A Emilia. + + +Crey advertir Leonardo cuando salt de la volante a la acera, que un +militar, en completo uniforme, que caminaba de prisa hacia la Plaza +Vieja, se haba separado de la segunda ventana de su casa, y que +contemporneamente se haba desprendido de un postigo de la misma el +bien conocido rostro de una de sus hermanas. Apresur el paso, y, en +efecto, a travs de otro postigo de la reja del zagun, vio a su hermana +mayor Antonia, en el acto de alzar la cortina para entrar en el primer +aposento, por la puerta que daba a la sala. Le desazon ms de lo que +puede imaginarse este inesperado descubrimiento, porque atando cabos se +convenci, a no quedarle duda, de que mientras l galanteaba a la mulata +all por el barrio del ngel, un capitn del ejrcito espaol, a la +clara luz de una maana de octubre, le galanteaba la hermana ac por el +barrio de San Francisco. El recuerdo del momento placentero que haba +gozado y que an se cerna en su mente cual visin brillante, qued +enturbiado, se desvaneci del todo ante la desagradable escena a la +ventana de su casa. + +De la generacin que procuramos pintar ahora bajo el punto de vista +poltico-moral, y de la que eran muestra genuina Leonardo Gamboa y sus +compaeros de estudios, debemos repetir que alcanzaba nociones muy +superficiales sobre la situacin de su patria en el mundo de las ideas y +de los principios. Para decirlo de una vez, su patriotismo era de +carcter platnico, pues no se fundaba en el sentimiento del deber, ni +en el conocimiento de los propios derechos como ciudadano y como hombre +libre. + +El sistema constitucional que haba regido en Cuba, la primera vez de +1808 a 1813, la segunda de 1821 a 1823, nada le haba enseado a la +generacin de 1830. Para ella haban pasado como un sueo, como cosas +del otro mundo o de otro pas, la libertad de imprenta, la milicia +nacional, el ejercicio frecuente del derecho del sufragio, las reuniones +populares, las agitaciones y propaganda de los ms exaltados, los +concilibulos de las sociedades masnicas, las ctedras de Derecho y de +Economa Poltica, las lecciones de Constitucin del Padre Varela. +Despus de cada uno de esos dos breves perodos haba pasado sobre Cuba +la ola del despotismo metropolitano y borrado hasta las ideas y los +principios sembrados con tanto afn por ilustres maestros y eminentes +patriotas. Haban desaparecido los peridicos libres, los folletos y los +pocos libros publicados en las dos pocas memorables, de los cuales, si +exista uno que otro ejemplar, era en manos del bibligrafo, que tena +doble empeo en ocultarle. + +Sujeta a la previa censura, haba enmudecido la prensa en toda la Isla +desde 1824, no mereciendo ese nombre los poqusimos peridicos, que +despus se publicaban en una que otra poblacin grande de la misma. El +estado de sitio en que desde entonces qued avasallado el pas, no +consenta la discusin de las cuestiones que ms podan interesar al +pueblo. Delito grave era tratar de poltica en pblico y en privado, +hasta el uso de ciertos nombres de personas y an de cosas estaba +estrictamente prohibido. Los sucesos pasados, pues, as dentro como +fuera de Cuba, los conatos de revolucin en sta, las resultas de la +tremenda lucha por la libertad e independencia en el continente, todo +esto qued sepultado en el misterio y en el olvido para la generalidad +de los cubanos. La historia, adems, que todo recoge y guarda para la +ocasin oportuna, an no se haba escrito. + +No faltaban fuera quienes tratasen contemporneamente de la poltica +militante y se afanasen por hacer llegar a la patria la noticia de lo +que pasaba en torno de ella y que poda ensear al pueblo sus deberes y +recordarle sus derechos. A ese fin, entre otros, el virtuoso Padre +Varela public en Filadelfia _El Habanero_, de 1824 a 1826; pero el +gobierno espaol le declar papel subversivo y prohibi su entrada en +Cuba. De suerte que puede asegurarse que muy pocos ejemplares circularon +en ella. Ms tarde, es decir, de 1828 a 1830, emprendi Saco tambin en +el Norte de Amrica la publicacin de _El Mensajero Semanal_, peridico +cientfico-poltico-literario, el cual, por iguales motivos que el +anterior, tuvo escasa circulacin en La Habana y no ejerci influencia +apreciable en las ideas polticas. Lo nico que en ese peridico hizo +eco en la juventud habanera, segn se ha indicado anteriormente, fue la +polmica que su ilustre redactor sostuvo con el director del Jardn +Botnico de La Habana, don Ramn de la Sagra, por la apasionada crtica +que ste haba hecho del tomo de poesas dado a luz en Toluca, en el ao +de 1828, por el insigne Tirteo[20] cubano, Jos Mara Heredia. + +Mayor y ms general influencia ejercieron en el nimo de la juventud los +patriticos versos de ese clebre poeta. Sobre todos su oda _La Estrella +de Cuba_, octubre de 1823; su epstola _A Emilia_, 1824; su soneto a don +Toms Boves. Su _Himno del Desterrado_, 1825, caus un vivo entusiasmo +en La Habana; muchos lo aprendieron de memoria y no pocos lo repetan +cuando quiera que se ofreca la ocasin de hacerlo sin riesgo de la +libertad personal. Pero ni aquellos peridicos, ni estos fogosos versos, +mager que rebosando en ideas libres y patriticas, bastaban a inspirar +aquel sentimiento de patria y libertad que a veces impele a los hombres +hasta el propio sacrificio, que les pone la espada en la mano y los +lanza a la conquista de sus derechos. + +Quedaban, adems, confusas, si ya no tristes, reminiscencias de las +pasadas conjuraciones. De la del ao 12 slo sobreviva el nombre de +Aponte,[21] cabeza motn de ella, porque siempre que se ofreca pintar a +un individuo perverso o maldito, exclamaban las viejas:--Ms malo que +Aponte! De la del ao 23 se saba por tradicin, que Lemus, el +cabecilla, gema en un presidio de Espaa; que Peoli se haba escapado +del cuartel de Beln disfrazado de mujer; que Ferrety, el delator, +gozaba de la privanza o favores del Gobierno; y que Armona, el +aprehensor y perseguidor de los principales conjurados, continuaba +siendo el jefe de la nica gendarmera del Capitn General don Francisco +Dionisio Vives. + +Como rumor no ms haba corrido que el gobierno de Washington se haba +opuesto a la invasin de Cuba y Puerto Rico por las tropas de Mxico y +de Colombia, y que de esas resultas haban ahorcado all por Puerto +Prncipe en 1826, como emisarios de los insurgentes, a Snchez y a +Agero.[22] Pero a tal punto haban llegado el olvido y la indiferencia, +que en los mismos das a que nos referimos en las anteriores pginas, se +segua causa de infidencia a los cmplices de la conjuracin llamada del +_Aguila Negra_, muchos de los cuales estaban presos en el cuartel de +Dragones, en el de las Milicias de color, en el castillo de la Punta y +en otras partes, y no se echaban de ver sntomas de descontento, +siquiera de inters en el pueblo. + +Tambin los conjurados cubanos de anteriores intentonas malogradas, o se +hallaban an lejos de la patria, o haban muerto en el destierro, o se +les haba entibiado el ardor patritico y llevaban vida oscura y +pacfica, consagrados a la reparacin de los estragos que haban +producido en su salud y su fortuna, el tiempo y las contradicciones de +los hombres. No era, pues, ni poda ser ocupacin de los que haban +vuelto a la patria, la propaganda de las opiniones y proyectos polticos +concebidos y acariciados durante los das de la exaltacin y de la fe +ciega en la libertad. + +Por su parte, los criollos y peninsulares emigrados del continente, como +para subsanar su conducta cobarde, egosta o retrgrada en la guerra por +la independencia, a su llegada a Cuba, slo se ocuparon de falsear el +carcter de los sucesos, calificando de injustos, de perversos y de +innobles los motivos de los sacrificios patriticos de los +revolucionarios, amenguando sus hazaas, convirtiendo en ferocidad hasta +sus actos de justicia y de meras represalias. Para esos renegados el +republicano o patriota era un insurgente, esto es, un sedicioso, enemigo +de Dios y del rey; el corsario, un pirata o musulmn, como llamaba el +pueblo a los argelinos que hasta fines del siglo pasado infestaban las +costas del Mediterrneo. + +El lector habanero, conocedor de la juventud de la poca que procuramos +describir, nos creer fcilmente si le decimos que Gamboa no se cuidaba +de la poltica, y por ms que le ocurriese alguna vez que Cuba gema +esclava, no le pasaba por la mente siquiera entonces, que l o algn +otro cubano, deba poner los medios para libertarla. Como criollo que +empezaba a entrar en el roce de las gentes mayores y a estudiar +jurisprudencia, s se haba formado idea de un estado mejor de sociedad +y de un gobierno menos militar y opresivo para su patria. Sin embargo, +aunque hijo de padre espaol, que, siendo rico y del comercio visitaban +con preferencia paisanos suyos, ya senta odio hacia stos, mucho ms +hacia los militares, en cuyos hombros, a todas luces, descansaba la +complicada fbrica colonial de Cuba. No caba, por tanto, que le hiciera +buena sangre el que un militar le soplase la hermana querida, antes +fueron tan vivos los celos que experiment, como profundo era el odio +que le inspiraba el hombre en su doble carcter de soldado y de espaol. + +En consecuencia, entr en su casa disgustado. La mesa estaba puesta para +el almuerzo, y Leonardo, en vez de ir en busca de su madre, como sola, +sin ver a nadie se quit la casaca de pao y arroj el libro de clase en +un asilla, se quit la casaca de pao y se puso una chupa de dril de +rayitas de color. Por breve rato estuvo indeciso entre si se echara en +la cama, la cual con su frescura y mosquitero de rengue azul le +convidaba a reposar, o si sala al balcn, donde an haba sombra, se +apareci el negrito Tirso y dijo:--Nio, el almuerzo est en la mesa. Y +se apresur a bajar, encontrando ya sentados a su madre y a su padre. A +las calladas tom asiento al lado de la primera, quien desde lejos le +ech una mirada amorosa, cual si extraara y la tuviese desazonada el +que l no se le presentara cuando entr de la calle. El segundo ni +siquiera levant la vista del plato en que coma huevos fritos con salsa +de tomates, aunque a derechas no haba visto al hijo desde el da +anterior. + +Enseguida fueron saliendo una tras otra de las alcobas las hermanas de +Leonardo, preparadas para salir a la calle, y sentndose a la mesa, en +silencio, como monjas en el refectorio. Cada cual ocup en ella su +puesto respectivo, es decir, doa Rosa con su hijo preferido a un lado, +las tres hijas de esa seora al otro, y don Cndido y el mayordomo en +las opuestas cabeceras de la mesa. No era casual, pues, sino constante y +deliberada esta distribucin; salvo que se alterase por la aparicin de +algn comensal con quien deba usarse cumplimiento. Indicaba claramente +el carcter, los hbitos y predilecciones de la familia entre s y sobre +todo de los padres respecto de sus hijos. + +Las preferencias de doa Rosa no podan equivocarse: todas en favor de +Leonardo. Las de don Cndido, si algunas dejaba ver en ocasiones +sealadas, hacan foco en su hija mayor Antonia. + +Era l hombre de negocios, ms bien que de sociedad. Con escasa o +ninguna cultura, haba venido todava joven a Cuba de las serranas de +Ronda, y hecho caudal a fuerza de industria y de economa, especialmente +de la buena fortuna que le haba soplado en la riesgosa trata de +esclavos de la costa de frica. + +Su trfico principal en La Habana, aquel que le sirvi de peldao para +subir a la cima de la riqueza, consisti en la negociacin de maderas y +ripia del Norte de Amrica, teja colorada, ladrillos y cal del pas, si +bien en el da no se ocupaba de eso exclusiva ni personalmente, +sonndole mejor en los odos el ttulo de hacendado que le daban sus +amigos, por el ingenio de fabricar azcar, _La Tinaja_, que posea en la +jurisdiccin del Mariel, el cafetal _Las Mercedes_, en la Gira de +Melena, y el potrero o dehesa de Hoyo Colorado. + +Por hbito, antes que por ndole, era reservado y fro en el trato de su +familia, tenindole de ella alejado la naturaleza de sus primitivas +ocupaciones y el afn de acumular dinero que se apoder de su espritu, +luego que contrajo matrimonio con una criolla rica, y de las ms +encopetadas familias de La Habana. + +Al principio de su nueva vida no haba sido ejemplar su conducta, ni +digna de servir de gua a Leonardo, segn nos lo ha dado a entender doa +Rosa al final del VII captulo. Por uno y otro motivo, quizs por su +ignorancia supina, no se ocupaba de la educacin de sus hijos, mucho +menos de su moralidad. Ambos deberes corran a cargo de aquella discreta +seora que, si no posea la ciencia, s el instinto y el amor materno +ms acendrado, con los cuales bien se puede dar la mejor direccin a las +arrebatadas pasiones de la juventud. Sealadamente en materia de +educacin, la caridad es la fuente y el espejo de todas las virtudes. + +Como hombre ignorante y rudo, tena, adems, don Cndido, extrao modo +de reprender a sus hijos. Ya se ha visto que cuando Leonardo se present +en el comedor, ni siquiera le mir a la cara. Esta era seal infalible +que continuaba enojado con l. En efecto, siempre que alguno de ellos le +daba motivo de queja, cosa al parecer frecuente, le castigaba, o crea +castigarle, negndole la palabra por das y an meses seguidos. De +suerte que por el padre casi nunca averiguaban los hijos la causa real +de su enojo; la madre en estos casos, serva siempre de conducto o +intermediario para mantener la paz y la concordia en el seno de la +familia. + +Antonia, el vivo retrato de doa Rosa en lo fsico, contaba 22 aos de +edad. Leonardo pasaba de los 20, y fluctuaban entre los 18 y 17 sus +hermanas menores, Carmen y Adela. Esta ltima poda pasar en cualquier +parte por un modelo acabado de belleza. Posea todas las condiciones que +requeran los estatuarios griegos en la persona cuya estatua deba +tallarse: buena cabeza, facciones regulares, formas simtricas, airoso +porte, talla esbelta, frente alta y mirada de fuego. Con parecerse ella +a la Venus[23] griega ms bien que a una de las Parcas,[24] tena ms +semejanza con don Cndido que con doa Rosa. Haba entre la hija y el +padre algo ms de lo que se entiende generalmente por aire de familia: +la misma expresin fisonmica, el mismo espritu, llevaba impreso en el +rostro el sello de su progenie. + +Ocupaba Leonardo en la mesa sitio opuesto al de su hermana Adela, y +siempre que el padre se hallaba delante, mientras duraba el almuerzo, o +la comida, se cruzaban entre ellos miradas de inteligencia, se sonrean +a menudo, sostenan, en suma, conversaciones cariosas y fraternales con +los ojos y los labios, sin proferir una palabra. Que ligaban a los +hermanos fuertes lazos de simpata, pareca del todo evidente. Haba del +uno para la otra lo que se llama ngel. A no ser hermanos carnales se +habran amado, como se amaron los amantes ms clebres que ha conocido +el mundo. En la maana del da que vamos refiriendo no sucedi, sin +embargo, lo de costumbre. Leonardo estaba enojado o triste, o extraa y +honda preocupacin le dominaba el nimo; lo cierto es que en vano Adela, +cual sola, busc su mirada, puso el entrecejo y trat de quemarle la +frente con los rayos de sus divinos ojos, a travs de la mesa. Ni una +vez se cruzaron sus miradas, no hubo para ella en aquel rostro +repentinamente petrificado, un rasgo de cario. La inocente nia lleg a +afligirse. Habale dado motivo de enojo sin saberlo? Qu tena su +hermano querido? Por qu en las dos o tres veces que le sorprendi +mirndola en sorda y muda contemplacin, baj l los ojos de repente o +fingi perfecta abstraccin e indiferencia? Quizs Leonardo no se +explicaba claramente y Adela era muy joven para comprender que aqul +haca, sin quererlo, un estudio comparativo de la encantadora fisonoma +de su hermana. Qu pensamientos cruzaban entonces por su mente? Difcil +es decirlo; lo nico que puede asegurarse como cosa positiva es que +haba en la contemplacin de Leonardo ms embebecimiento que distraccin +mental, ms deleite que fra meditacin, cual si hubiese descubierto +ahora en el semblante de su hermana algo en que antes no haba reparado. + +Dur el almuerzo como una hora, reinando todo ese tiempo en la mesa el +mayor silencio, pues apenas se oa otro ruido que el de los cubiertos de +plata, ni ms voz que la del que peda ste o aquel plato distante al +negrito Tirso, que ya conocen nuestros Lectores, y a una negra joven y +bien parecida, los cuales, con los brazos cruzados sobre el pecho cuando +esperaban rdenes, estaban atentos a las exigencias del servicio. El +primero, con todo eso, serva principalmente a los hombres, la segunda a +las mujeres. Pero uno y otra, era de notarse, le adivinaban a don +Cndido hasta los pensamientos, ponindole delante el plato designado +con un mero movimiento de los ojos, a cuyo efecto no apartaban de l los +suyos Tirso ni la criada Dolores, mientras servan a los dems +comensales. Ay de ellos si esperaban la orden o equivocaban el plato +con que deseaba reemplazar el saboreado! El castigo no se haca esperar: +le arrojaba a la cabeza lo primero que se le vena a las manos. + +La abundancia de las viandas corra pareja con la variedad de los +platos. Adems de la carne de vaca y de puerco frita, guisada y +estofada, haba picadillo de ternera servido en una torta de casabe +mojado, pollo asado relumbrante con la manteca y los ajos, huevos fritos +casi anegados en una salsa de tomates, arroz cocido, pltano maduro +tambin frito, en luengas y melosas tajadas, y ensalada de berros y de +lechuga. Acabado el almuerzo, se present un tercer criado, en mangas de +camisa, y que por el pringue de su ropa pareca el cocinero, con una +cafetera de loza en cada mano y principi a llenar de caf y de leche, +primero la taza de don Cndido y sucesivamente la de doa Rosa, la de +Leonardo, las de las hermanas de ste, acabando por la del Mayordomo, +aunque no ocupaba el ltimo lugar en una mesa donde haca de cabeza el +amo y de cola la hija mayor. El Mayordomo no era sino un criado blanco, +y nadie mejor que los otros criados definan su posicin en aquella +casa. + +Tomaba la familia el caf con leche hirviendo cuando pas por el comedor +en direccin de la calle, nuestro conocido, el calesero Aponte. Aunque +todava en mangas de camisa, llevaba calzadas las altas botas de montar +y las macizas espuelas de plata. Conduca del diestro dos caballos +enjaezados, cuyas colas estaban cuidadosamente trenzadas y las puntas +atadas por un cordn de estambre a una argolla en el fuste de la silla +por detrs. Al entrar en el zagun solt Aponte la pareja, y sin ms +demora abri de par en par la ancha puerta de la calle, suspendi en +peso las varas del quitrn por las argollas plateadas que tenan +atornilladas al extremo, y gritando:--Atrs!, le sac rodando hasta el +medio de la calle, le hizo girar, y le arrim a la acera de su casa. +Enseguida volvi a tomar por la brida la misma caballera de antes, le +peg una fuerte palmada en el vientre con la mano izquierda, casi por +fuerza la meti entre varas, y luego colg stas por las argollas a unos +ganchos dobles de hierro que pendan de la silla, cubiertos por pequeos +faldones de vaqueta negra. La otra caballera, la de monta, qued atada +al carruaje por dos fuertes tirantes de cuero, adheridos por sus gazas a +un balancn. + +Despus del caf sac don Cndido la vejiga de los tabacos (cigarros) y +meti en ella el brazo hasta el codo; tan honda era. A su vista, Tirso +vol a la cocina en busca del braserillo de plata con la brasa del +carbn vegetal. Antes que el amo mordiera el remate del cigarro, sin +cuyo requisito no arde bien, ya el esclavo, con expresin humilde +mezclada de temor, le acercaba la lumbre para que encendiera de su mano. +Con la primera bocanada de humo azuloso y acre que sac del cigarro, se +puso en pie y, seguido del Mayordomo, se entr en el escritorio, tan +callado como cuando sali de l, una hora antes, para sentarse a la mesa +del almuerzo. + +La desaparicin del padre determin por s sola un cambio repentino y +completo en el nimo y conducta de la familia, sin excluir la madre. El +corazn de los hijos qued aliviado, por lo visto, del peso que lo haba +oprimido, siendo as que a todos ellos, como por concierto, se les +alegr el semblante y se les desat la lengua. Leonardo especialmente +llev el entusiasmo al punto de atraer a s a su madre con el brazo +izquierdo para darle uno y otro beso en la mejilla y decirle: + +--Y qu tiene? (indicando su padre). Est _bravo_? + +--Contigo; repuso concisamente su madre. + +--Conmigo? Pues ya le mando trabajo. + +A poco, sin embargo, se puso de nuevo serio porque, habiendo reparado en +su hermana Antonia, que no mostraba tanta expansin como los dems, +record el incidente en la ventana de la calle. + +--Mam, agreg con ms seriedad, se me figura que a ti te pasan la mota +y que no lo sientes. + +--Por qu me dices eso, hijo mo? replic doa Rosa en el tono de voz +ms blando imaginable. + +--Se lo digo, Antonia? pregunt a su hermana con aire malicioso. + +Antonia, en vez de contestar, se puso ms seria e hizo ademn de +levantarse de la mesa, con lo cual aadi Leonardo a la carrera: + +--Peor para ti, Antonia, si te levantas y me dejas con la palabra en la +boca. No dir nada a mam; pero es porque tengo ya hecha mi resolucin. +Se acabaron las visitas de los militares en mi casa. + +--Hablas como si fueras el amo, repuso Antonia con desdn. + +--No soy el amo, es cierto, mas puedo romperle las patas a uno el da +menos pensado, y tanto vale. + +--Te expones a que te la rompan a ti. + +--Eso lo veremos. + +--Supn que en vez de militar espaol fuera un cadete el que nos +visitase, tambin te opondras? + +--Cadete! Cadete! repiti Leonardo con marcado desprecio. Nadie habla +de cadetes, que cual los oficiales de milicia son nada entre dos platos. +Ya la moda de los cadetes pas; los ltimos quedaron enterrados en las +playas de Tampico, a donde, por dicha, se los llev Barradas. Los que de +ellos han sobrevivido a la desastrosa campaa, de seguro le han perdido +la aficin a las armas. Gracias a Dios que nos vemos libres de su +fatuidad. + +--De suerte que tu tirria es contra los espaoles, como si tu padre +fuese habanero. + +--Ese odio tuyo a los espaoles, dijo doa Rosa, todava ha de costarnos +caro, Leonardo. + +--Es que mi odio no es ciego, mam, ni general contra los espaoles, +sino contra los militares. Ellos se creen los amos del pas, nos tratan +con desprecio a nosotros los paisanos, y porque usan charreteras y sable +se figuran que se merecen y que lo pueden todo. Para meterse en +cualquier parte, no esperan a que los conviden y una vez dentro se +llevan las primeras muchachas y las ms lindas. Esto es insufrible. +Aunque si bien se mira, las muchachas son las que tienen la culpa. +Parece que les deslumbra el brillo de las charreteras. + +--Respecto de m, observ Carmen, la regla padece una excepcin. + +--Y respecto de m, aadi Adela, sucede la misma cosa. Los militares, +por decentes que sean, trascienden a cuartel. + +--No hables as, nia, le dijo su madre, que hay militares muy dignos, y +sin ir lejos, mi to Lzaro de Sandoval, que fue coronel del Regimiento +Fijo de La Habana, estuvo en el sitio de Pensacola y muri lleno de +honores y de cicatrices. + +--Pero no se habla de esos militares, mam, salt y dijo Leonardo. Se +habla de los militares que vinieron de Espaa para reconquistar a +Mxico, y que habiendo fracasado all vuelven aqu para que nosotros +paguemos el mal humor de la ignominiosa derrota. A estos militares son a +los que ahora me refiero. No es lo peor que trasciendan a cuartel, como +dice Adela, sino que son, como hombres, malditsimos maridos. Mientras +no llegan a brigadier, viven en los cuarteles o en los castillos, donde +tienen por casa pabellones; por criados, asistentes rudos y +desvergonzados; por diversin las palizas y carreras de baqueta que les +pegan a los soldados; por msica, el tambor de diana. Casi nunca se +fijan en ninguna parte, porque cuando menos lo esperan, tienen que salir +destacados, ya para Trinidad, ahora para Puerto Prncipe, luego para +Santiago de Cuba, despus para Bayamo... Y si son casados, la mujer y +los hijos y los penates, por supuesto, tienen que seguirlos de cuartel +en cuartel, de castillo en castillo, de destacamento en destacamento +cuando por motivos de economa no se queda ella con sus padres y l no +se marcha con sus soldados. Como su objeto es encontrar mujer rica con +quien casarse, poco se cuidan del carcter y de los antecedentes de las +que al cabo toman por esposa, tarde que temprano, ellas les araan la +cara y ellos las arrastran por el pelo. + +No pudo Antonia sufrir ms: se levant de la mesa y se fue a la sala, +callada y muy molesta. + +--Has zaherido a tu hermana sin motivo, le dijo doa Rosa. Ella no +piensa en militar alguno, por mucho que alguno la celebre. + +--No piensa en ellos, pero admite galanteos por la ventana, y he aqu lo +que me irrita. + +--Antonia no es de sas, por fortuna, hijo mo. + +--No?--Ay, mam! Parece vas perdiendo la vista del entendimiento y de +la cara... No quiero hablar, lo nico que digo y repito es que el da +menos pensado le rompo una pata a uno de esos soldados. + +Enseguida se levant y cual si nada hubiese ocurrido, o dicho que le +desazonara, fue para el puesto que ocupaba su hermana Adela, la estrech +con ambos brazos por la cintura y le dio muchos besos. + +--Quita, quita, dijo ella. Pues no estabas enojado conmigo? Me lastimas +con la barba. + +--A dnde bueno, tan emperifollada? le pregunt Leonardo esquivando el +asunto indicado por la hermana. + +--Vamos a la tienda de Madama Pitaux, que ahora vive en la calle de La +Habana nmero 153. Hace poco que ha llegado de Pars y, segn dicen, ha +trado mil curiosidades. De camino pensbamos dar una vuelta por la Loma +del ngel. + +Para ir a la Loma ya es muy tarde. Pasa de las once. Y ahora que me +acuerdo, han visto Vds. el nmero IV de _La Moda o Recreo Semanal_?[25] +Desde el sbado se reparti, y est muy interesante. + +--T le tienes ah? pregunt Carmen. Es extrao que no nos hayan +enviado nuestro ejemplar, estando suscritas. + +--En dnde se suscribieron ustedes? + +--En la librera de _La Coba_, calle de la Muralla, que es el punto ms +cercano. + +--Pues reclamen all. El ejemplar que yo le estaba en el mostrador de +la botica de San Feli, porque el mo me ha faltado tambin. No son nada +exactos, que digamos, los repartidores. + +--Has averiguado quin es la Matilde de que habla _La Moda_? pregunt +Adela a su hermano. Porque Carmen cree que es una que todos nosotros +conocemos. + +--A m se me figura, dijo Leonardo, que es un ente imaginario. Tal vez +Madama Pitaux sepa algo. + +--Pues a m se me ha puesto, dijo Carmen, que la Matilde de _La Moda_ no +es otra que Micaelita Junco. Sucede que ella es la ms elegante de La +Habana; que su hermano, un verdadero lechuguino, se llama Juanito; que +tiene una abuela de nombre doa Estefana de Menocal--apellido semejante +al de Moncada--que le dan en _La Moda_. + +--Voy creyendo que tienes razn, dijo Adela. No puedo negar que el +vestido y el peinado que llevaba anteayer en el Paseo Micaelita Junco +son idnticos al figurn de _La Moda_ del sbado antes pasado. Por +cierto que no me gust el peinado a la Jirafa. La trenza es demasiado +ancha y los bucles muy altos; luego, por detrs la cabeza luce +desairada. Las mangas cortas, aglobadas, con sobremangas de blonda, s +me parecen bonitas y le sientan bien a la que tiene el brazo torneado, +como Micaelita. Su hermano Juanito, que nos salud junto a la fuente de +Neptuno, te acuerdas?, iba tambin a la ltima moda igual al figurn. +Le sentaban los pantalones de Mahn sin pliegues, el chaleco blanco y la +casaca de pao verde sin carteras. Esa es la moda inglesa, segn dicen. +Reparaste en el sombrero? La copa tropezaba en las ramas de los rboles +de la Alameda con ser Juanito Junco un chiquirritn. + +--El corbatn es lo que no me peta, dijo Leonardo. Es tan alto que no +deja juego al pescuezo. No los usar jams. No me gustan esos collares +de perro. Tampoco me petan las casacas a _la dernier_;[26] parecen de +zacatecas. Los angostos faldones bajan hasta las corvas y se me figura +que con esa moda se ha querido imitar la cola de las golondrinas. Sobre +que se ha empeado Federico en vestirnos a la inglesa y nosotros estamos +mejor hallados con las modas francesas. Uribe tiene ms gracia, si no +ms hbil tijera. + +--No saques a Uribe, que es un sastre mulato de la calle de la Muralla y +no sabe jota de las modas de Pars ni de Londres, dijo Carmen con +marcado desprecio. + +--No piensa as la gente principal de La Habana, repuso Leonardo +prontamente. Los Montalvo, los Romero, los Valds Herrera de Guanajay, +el Conde de la Reunin, Filomeno, el Marqus Morales, Pealver, +Fernandina... no se visten con otro sastre. Yo le prefiero a Federico. +El, adems, recibe los peridicos de modas de Pars por todos los +paquetes[27] del Havre. + +Tan entretenida conversacin de los hermanos, la interrumpi el calesero +presentndose con la _cuarta_ engarzada en la mueca de la mano derecha +y el sombrero redondo en la izquierda, para anunciar que el quitrn +estaba listo a la puerta. Luego al punto las dos hermanas menores fueron +en busca de la mayor y de sus caractersticas _mantas_ y juntas rodearon +a la madre para pedirle sus rdenes. Esta seora les hizo el encargo de +algunas compras en las tiendas de lencera, o de ropa, y luego se +dirigieron ellas por el zagun a la calle. + +No ha de extraar el lector forastero ver a tres seoritas de la clase +que podemos llamar media, salir a las calles de La Habana sin duea, +padre, madre o hermano que las acompaase. Pero con tal que no fueran a +pie ni a pagar visita de etiqueta, bien podan dos, mucho ms tres +jvenes, recorrer toda la ciudad, hacer sus compras, picotear con los +mozos espaoles de las tiendas y en las noches de retreta en la Plaza de +Armas o en la Alameda de Paula, recibir al estribo del carruaje el +homenaje de sus amigos y la adoracin de sus amantes. Eso s, an para +hacer una visita en la vecindad de su casa y a pie, exiga la costumbre, +que la cubana, cuando no haba pariente de respeto, se acompaase +siquiera de su mismo esclavo. + +Al entrar Carmen en el quitrn, le dio la mano para subir un joven +desconocido que acert a pasar por all, despus a Adela y ltimamente a +Antonia, recibiendo de ellas, en pago de su galantera, una sonrisa de +agradecimiento. + +As, la ms joven y bella de las hermanas ocup el asiento de en medio, +el menos cmodo ciertamente, pero sin duda el ms conspicuo y propio +para desplegar la habanera sus gracias naturales a maravilla. Desde +luego, mont el calesero el caballo de fuera de varas, el que por su +suave paso, buena estampa y cola cuidadosamente trenzada, era al mismo +tiempo el descanso y el orgullo del jinete; y parti a escape el +carruaje en vuelta de la Plaza Vieja. + + + + +CAPTULO XII + + _Por sus juguetes se conoce el nio, + y se conjetura cuales han de ser sus obras._ + + Parbolas de Salomn + + +Quedaron al fin solos doa Rosa Sandoval de Gamboa y su hijo Leonardo. + +No haba sacado ste el talento de su padre para los negocios. Tampoco +anunciaba disposicin ninguna para la carrera literaria a que le +dedicaban, aunque sola hacer versos y escribir articulejos para el +_Diario_ y otros peridicos. Su madre, sin embargo, quera que fuese +abogado, doctor de la Universidad de La Habana, halagndola la esperanza +de que podra por este camino, llegar a oidor de la Audiencia de Puerto +Prncipe, y hasta a Teniente Gobernador, como llamaban entonces a los +jueces letrados de nombramiento real. Crea ella con razn que, mediante +el dinero y las relaciones de su marido en la Corte, bien poda +conseguirse para su primognito cualquier gracia, honor o ttulo, entre +los muchos que, merced a aquellos estmulos, es uso conceder la Corona. + +De comerciante, en concepto del padre, no haba esperanza de que el mozo +llegase a ms que alcalde municipal, a consiliario o diputado del +Tribunal de Comercio o Real Consulado, empleos de mala muerte, sin +honores ni emolumentos. Por otra parte, don Cndido, en realidad, no +haca hincapi en que su hijo estudiase y siguiese sta ni esotra +carrera literaria. Abogado? Ni pensarlo. Se aficionara a los pleitos, +y acabara con un caudal y con el de sus clientes. Tampoco don Cndido +conoca ms letras que las del Catn,[28] lo que no le haba impedido +acumular una fortuna respetable. + +Ahora, adems, le haba nacido el deseo de titular, y no le pareca bien +que su hijo, al menos, trocase los libros o la vara del mercader, ni el +bonete de doctor, por la corona del conde, aunque hubiese un Santovenia, +que por aquellos das precisamente, haba hecho el ltimo de los +trueques mencionados. No obstante su ignorancia, reconoca que Leonardo +no hara raya como hombre de letras, ni como de negocios, y deca para +s o cuando trataba del asunto con su esposa: + +--No debemos forjarnos ilusiones. El (su hijo) no dar nunca mucho de +s, por ms que uno se afane y gaste dinero en sus estudios. Ah no hay +cabeza sino para enamorar y correr la tuna. Eso se conoce a tiro de +ballesta. Pero necesita l tampoco de grandes conocimientos para hacer +papel en el mundo? + +--Ca! No, seor. Fortuna, esto es, dinero te d Dios, hijo, que el +saber poco te vale; reza el proverbio castellano. Y dinero no ha de +faltarle cuando yo muera. Luego si logro el ttulo de Conde de Casa +Gamboa, que pretendo en Madrid, reunir el monis con la nobleza, dos +adminculos stos con que el ms bruto puede figurar en primera lnea, +gozar fuero y echarse a roncar a pierna suelta, cierto y seguro de que +no le atropellarn por deudas, antes todos le sacarn el sombrero, le +traern en palmitas y le bailarn el agua delante, lo mismo los chicos +que los grandes, los hombres de copete que las mujeres bonitas. Ah! +Qu tiempo se ha perdido! Si yo hubiese titulado diez aos ha, otro +gallo nos cantara. + +En efecto, Leonardo descubra menos ambicin que talento. Por sentado, +la esperanza de ser algo por sus conocimientos, por sus estudios, o por +su industria, jams calent su corazn. Antes confiado en que a la +muerte de sus padres sera bastante rico, no haca esfuerzo ninguno por +saber, ni se apuraba por estudiar las lecciones de derecho, y se rea a +carcajadas cuando, en son de broma, se deca entre la familia que l +poda llegar a ser oidor o conde, o que su padre haca construir en +Espaa, con el fin de titular, un rbol genealgico en que no haba de +verse ni una gota de sangre de judo ni de moro. Por otra parte, tan +humildes eran a la sazn sus inclinaciones, como sus pasiones fuertes e +ingobernables. + +Gozar era, por aquel tiempo al menos, la suprema ley de su alma. Y es +que su madre, porque le quera demasiado, cualquiera creera que, lejos +de regir sus desapoderados impulsos, pareca complacerse en darles +rienda suelta. Qu necesidades poda experimentar un mozo de sus aos y +ocupaciones? Libros, trajes, caballos, carruajes, criados, dinero, todo +le sobraba; ni el trabajo de pedir casi nunca tena, porque desde la +cuna se haba acostumbrado a ver satisfechos sus deseos y an caprichos, +apenas indicados. Con todo eso, no pasaba da sin que le hiciera la +madre algn regalo costoso, teniendo adems la costumbre de ponerle +todas las tardes en la faltriquera del chaleco media onza de oro, a +veces una onza. Naturalmente, como entraba ese dinero, as sala, sin +conciencia de su valor, y era lo malo que jams pasaba por la mente del +hijo prdigo, que deba guardar para maana lo que no fuese necesario +para los gastos de hoy. Cmo derramaba el oro nuestro imberbe +estudiante? Adivinarlo puede el discreto lector, siendo como eran, el +juego, las mujeres y las orgas con los amigos la vorgine que consuma +el caudal de Gamboa y le agotaba el perfume del alma en la flor de su +vida. + +Estaba l, pues, sentado, luego que partieron las hermanas, en el puesto +que dej Adela, opuesto a su madre, a la que miraba de hito en hito, de +codos en la mesa, con la cara entre las manos y le dijo de repente: + +--Sabes una cosa, mam? + +--Si no me la dices... contest ella como distrada. + +--No creas que te voy a pedir. Yo no quiero nada. + +--Ya, dijo doa Rosa; y se sonri, pues que comprendi por el exordio +que quera algo su hijo muy amado. + +--Te res? Entonces me callo. + +--No lo tomes a mal, hijo; me sonro para que veas que te escucho con +complacencia. + +--Pues al pasar ayer tarde por la relojera de Dubois, en la calle del +Teniente Rey, me llam para ensearme... Te vuelves a sonrer? Vas a +creer que te voy a pedir alguna cosa. Desde ahora te digo que te +engaas. + +--No hagas caso de mis sonrisas. Contina. Deseo or el fin; qu te +ense Dubois? + +--Nada. Unos relojes de repeticin que acababa de recibir de Suiza. Son +los primeros que llegan a La Habana, segn me dijo, directamente de +Ginebra. + +Callose en diciendo esto Leonardo y su madre imit su ejemplo, aunque +sta, al parecer pensativa. Al fin ella fue la primera que rompi el +silencio diciendo: + +--Y qu tal los nuevos relojes de repeticin? Te gustaron, hijo mo? + +Se le ilumin al joven el semblante, el cual exclam: + +--Muchsimo. Son magnficos, ginebrinos..., pero yo no quiero reloj +nuevo, te lo advierto. Todava sirve el ingls que t me regalaste el +ao pasado, slo que ya no es de moda. Yo no he visto nunca un reloj de +repeticin y mucho menos ginebrino, que no hay que abrirlo para saber la +hora a cualesquiera del da o de la noche. Se empuja el botn de un +resorte que tiene dentro de la argolla, y una campanilla interior da la +hora y los cuartos. Qu ventaja! Eh, mam? + +--Por qu no me hablaste de eso antes de salir tus hermanas? Le habra +encargado a Antonia que se pasara por la relojera. + +--No me acord ni tuve ocasin. Pap, adems, estaba delante y luego +entramos en una conversacin... y me distraje. Bien que ellas no +entienden de relojes. + +Volvi a callar doa Rosa por corto rato, siempre con aire meditabundo, +aunque sin manifestar enfado ni seriedad. Entretanto, Leonardo finga no +advertir la actitud abstrada de su madre, ni dar indicios de +arrepentimiento por el embarazo en que la haba puesto con sus +antojadizas indicaciones. Por el contrario, mientras la pobre seora +meditaba y echaba clculos, l no cesaba de sobarse las mejillas con la +punta de los dedos y de mirar al techo, cual si contara las vigas del +colgadizo. + +--Te dijo Dubois, continu al cabo doa Rosa, el precio de sus nuevos +relojes? + +--S... No. Para qu quieres saber el precio? Para comprarme uno? Ya +te he dicho que no lo necesito, que no lo quiero. Para comprarles a mis +hermanas? No los tiene Dubois de mujer, de hombre nicamente. + +--Bien, pero cunto pide Dubois por sus relojes de repeticin para +hombre? + +--Poca cosa, dieciocho onzas de oro. No pueden ser ms baratos, porque +son de oro, legtimos ginebrinos y de repeticin. + +--Tu reloj ingls no sali bueno? + +--No tan bueno como crea al principio. Ese mismo Dubois te lo vendi, +bien me acuerdo; pero es claro que se enga o te enga, porque se +atrasa y se adelanta a cada rato, y ya le he llevado a la relojera ms +veces que onzas de oro pagaste por l. Y eso que te cost veinte, ms de +lo que piden por los ginebrinos. Dinero echado a la calle, mam. Est +visto, los relojes ingleses, an los de Tobas, fallan a menudo; al +contrario, los legtimos ginebrinos son otra cosa, casi todos salen +buenos, exactos. As al menos me dijo Dubois, que t sabes entiende de +relojes y es relojero de primera. Pero no hay que pensar ms en eso, +mam; olvidmoslo, lo pasar sin un reloj de confianza cmo ha de ser! + +--No te apures ni te aflijas, hijo, replic Doa Rosa bastante alarmada. +Ya veremos modo de que tengas el ginebrino si tan bueno es como dices y +como cree Dubois. Yo siempre pensaba hacerte un regalo de pascuas, ser +el reloj ese que tanto te ha gustado, aunque de aqu a Navidad va +todava una pila de das. Pero se presenta una seria dificultad. + +--Cul? pregunt Leonardo asustado, por ms que trat de dominarse. + +--Sucede, continu doa Rosa con suavidad, que en mi bolsa particular no +creo que haya ahora todo el dinero requerido para la compra, y se me +hace muy cuesta arriba acudir a la de tu padre. + +--Pues si depende de pap, debo dar desde ahora por perdida la esperanza +del reloj nuevo. El se ha vuelto ms tacao que un judo, al menos todo +para m le parece o caro o intil; que lo que es para Antonia, ya +sabemos que su bolsa siempre est abierta. Yo no s para qu guarda l +tanto dinero. + +--Eres injusto con tu padre. De quin es el dinero que t derrochas? +Quin provee al lujo en que vives? Quin trabaja para que t goces y +te diviertas? + +--El trabaja, es verdad; l se industria y ahorra, no cabe duda ninguna, +pero tendra ahora tanto dinero si cuando se cas con contigo hubieras +sido una mujer pobre? A que no? + +--Yo aport al matrimonio unos doscientos mil pesos, que no es ni la +cuarta parte de nuestro caudal hoy da. El aumento, ese gran aumento, se +debe a los afanes y economas de tu padre, quien no era un pobrete +tampoco cuando se cas conmigo; no, seor; tena sus reales, y t menos +que nadie debas censurar su conducta, la cual, por otra parte, es hija +de la tuya con l. + +--En eso haba de parar el sermn, en mi conducta con pap. El es seco y +duro conmigo, puedo yo ser carioso y blando con l? Vamos, di t. +Nunca me da tampoco ocasin de mostrarle mi cario, aunque quisiera. Mas +no hablemos del asunto, volvamos la hoja y tratemos de otra cosa, de lo +otro. Qu tena pap cuando se cas contigo? + +--Tena algo, tena bastante, s, seor. Tena un taller de maderas del +Norte, tejaman, ladrillos, cal..., all en la Alameda o Paseo, cerca de +la Punta. El terreno en que se hallaba tambin le perteneca, si bien +vala poco por ser muy pantanoso y bajo. Tena asimismo por all, donde +ahora se ha fabricado la casa del colegio de Buena Vista, un barracn. +Por cierto que de los ltimos bozales que se marcaron en el hombro +izquierdo con las letras _G_ y _B_ todava quedan algunos en el ingenio +_La Tinaja_, que hered de mi padre. Cndido, en sociedad con don Pedro +Blanco, suele traer todava negros de frica. Pero persiguen tanto los +ingleses la trata, que se pierden muchas ms expediciones que se +salvan... + +--Figrate, mam, dijo Leonardo con mucha risa, aunque bajando la voz, +un plagiario de hombres convertido en Conde... del Barracn, por +ejemplo. Qu lindo ttulo!--No te parece mam? + +--Qu quieres decir con esa salida de pie de banco? pregunt doa Rosa +molesta no menos que sorprendida. + +--Ay, mam! T no sabes que segn las leyes romanas son plagiarios +todos aquellos que roban hombres para venderlos? + +--Ya. En ese caso tu padre no es el verdadero plagiario, como dices, +sino don Pedro Blanco, quien es sabido, desde su factora en Gallinas, +en la costa de Guinea, (tantas veces he odo esos nombres que se me han +quedado impresos) trata negros por baratijas y otras cosas y remite los +cargamentos a esta Isla. Tu padre toma los que necesita para sus fincas +y los dems los vende a los hacendados, porque l hasta hace poco ha +estado actuando como consignatario y antes como socio de Blanco, cuando +no se tena por contrabando la trata de frica, o se toleraba. Por su +cuenta al menos, no ha despachado sino contadas expediciones. De un +momento a otro espera la vuelta de su bergantn _Veloz_. Dios quiera +que no haya cado en las garras de los ingleses! + +--T, sin querer, ests abogando en mi favor. Yo dije lo que dije en +broma, pero es claro, mam, que conforme a un principio de derecho tanto +delito comete el que mata la vaca como el que le sujeta la pata. + +--No me vengas con tus principios, tus fines ni tus leyes romanas. Digan +ellas y ellos lo que gustes, la verdad es que existe mucha diferencia +entre la conducta de tu padre y la de don Pedro Blanco. Este se halla +all, en la tierra de esos salvajes; l es quien los procura en trato, +l es quien los apresa y remite para su venta en este pas; de suerte +que, si hay en ello algn delito o culpa, suyo ser, en ningn caso de +tu padre. Y, si bien se mira, lejos de hacer Gamboa nada malo o feo, +hace un beneficio, una cosa digna de celebrarse, porque si recibe y +vende, como consignatario, se entiende, hombres salvajes, es para +bautizarlos y darles una religin que ciertamente no tienen en su +tierra. Conque si lo dices por esto, ya sabes que, en caso de titular, +en lo que por ahora no piensa, no le faltaran ttulos bonitos y sobre +todo, honrosos. Pues como te deca antes, esta vez no me ser dado +complacerte sin acudir a la bolsa de tu padre. + +--Por qu no acudes? + +--Porque tendra que decirle la verdad, esto es, que quera el dinero +para hacerte un regalo. + +--Bien, y qu? El nunca te niega nada. + +--Es cierto; pero como est tan enojado contigo, temo que me lo niegue. + +--Cundo no est l enojado conmigo, mam? Esa es enfermedad endmica +suya, crnica, mejor dicho. Si salgo, porque salgo; si no salgo, porque +me estoy en casa. De todos modos, entra el ao y sale el ao y pap +nunca est contento conmigo. Me ha cogido entre ojos, mam, sta es la +verdad pura y dura. Para qu andarnos con rodeos? El resultado es que +no le pareces bien nada de lo que yo hago o deshago. + +--No es tu padre tan injusto, ni tan falto de amor paternal, que si te +portaras bien, creera que te portabas mal. Mira, sin ir ms lejos, +anoche estuviste de correntn en Regla. A qu hora volviste? + +--Por quin lo ha sabido l? + +--Importa poco el conducto, pero sabe que se lo dijeron esta maana en +el muelle de Caballera. + +--Vamos! Esa no cuela. Al muelle no acuden temprano sino los +_tasajeros_ y husmeadores de noticias, porque se es su mentidero, +pasndose la maana esperando que el Morro seale el Correo de Espaa, +barco de Santander o de Montevideo, con harina o con tasajo. Semejantes +nenes no frecuentan los bailes del Palacio de Regla. El cuentista ya +caigo en quin fue, no pudo ser otro que Aponte. Te aseguro que ya me la +pagar el muy perro conversador. + +--No fue ese el sopln. Sin embargo, aunque lo hubiese sido, haras mal +en pegarle por eso, pues si tu padre le pregunt, no s yo cmo pudo +ocultarle la verdad. + +--Pudo decir que no saba, que no oy la campana del reloj del Espritu +Santo, que... cualquier cosa, menos que yo vine a tal o cul hora, ni +que estuve ac ni all. Tiene muy floja la lengua el taita Aponte y pap +le dio por la vena del gusto preguntndole. Milagro que no le cont... +Pero, en resumidas cuentas, qu estuve yo haciendo en Regla anoche? + +--No me lo digas, no quiero saberlo, supongo que no hacas nada malo. El +resultado es, Leonardito, que t no te aplicas a los estudios, que no +adelantas en nada bueno ni til, y que el tiempo que debas dedicar a +la lectura y a la meditacin, lo desperdicias en fiestas frvolas y en +correras tan dainas como peligrosas. Eso no puede gustarle a l, ni... +a m tampoco, por lo mismo que te quiero entraablemente. Quiere tu +padre y quiero yo que estudies ms y que pasees menos, que te diviertas, +pero que no te entregues a la disipacin, que no pases malas noches, que +te moderes, que..., en una palabra, te portes bien. + +La emocin que experiment doa Rosa la priv del uso de la palabra, +arrasndose de lgrimas sus hermosos ojos. + +--T no sirves para predicador, le dijo Leonardo, tal vez con nimo de +distraer su atencin, porque te posesionas demasiado del asunto. + +--Por lo que toca a Aponte, continu doa Rosa luego que se hubo +serenado, ya s que es un conversador, mas, en honor de la verdad, debo +decir que tu padre supo la hora a que volviste por el ruido que se hizo +en el zagun con la apertura de la puerta, la entrada del carruaje y las +pisadas de los caballos. Con el silencio de la noche, todo ruido es un +trueno. El despert, encendi un tabaco con el yesquero, consult el +reloj e hizo una exclamacin de enojo. Yo me hice la dormida. Eran las +dos y media de la madrugada... An se te conoce en la cara la mala +noche. + +Hubo otro breve intervalo de silencio entre aquellos dos interlocutores, +durante el cual Leonardo bostez y se esperez diferentes veces, hasta +que, puesto en pie, dijo: + +--Me voy a dormir... Si me compras el reloj, bueno; si no, poco importa. + +Dio media vuelta y emprendi la subida de la escalera de su dormitorio, +paso ante paso, cual si contara los escalones o le costara un grande +esfuerzo. La madre, entre tanto, le sigui con los ojos, sin decirle +otra palabra ni moverse de la silla; pero as que le perdi de vista en +los altos de la escalera, se agit con viveza y llam en voz +fuerte:--Reventos! + +A una llamada tan apremiante, no tard en responder en propia persona el +mayordomo mencionado en el anterior captulo. Era un hombre bajo de +cuerpo, rechoncho, trigueo, con la cara redonda y el pelo muy crespo, +que as en su aspecto como en sus maneras manifestaba resolucin y +agilidad. Aunque vestido de limpio, vena en chaleco, traslucindose a +leguas que proceda de Asturias, tipo no muy comn del espaol entonces +en La Habana. Haca de mayordomo en casa de don Cndido Gamboa, y si +llevaba ciertos libros, no se ocupaba tanto en el escritorio, como en +otras comisiones ms en consonancia con su empleo. Cuando se present +delante de doa Rosa, tena la pluma detrs de la oreja, y ella le dijo +en tono de mando: + +--Reventos, diga a Gamboa que me mande con Vd. veinte onzas. + +Fue el hombre y volvi sin demora con el dinero pedido, el cual sac de +la caja de hierro pequea, debajo de la carpeta, en que haba varios +sacos atestados de monedas de oro y plata. + +--Pngase la chaqueta, aadi doa Rosa derramando las onzas sobre la +mesa para contarlas, y vaya ahora mismo a la calle del Teniente Rey, a +la otra puerta de la botica de San Agustn, relojera de Dubois, y se +compra Vd. el mejor reloj de repeticin que haya recibido ltimamente de +Ginebra. Diga Vd. que es para m. Se ha enterado Vd.? + +--S, seora. + +--Supongo que Vd. no entiende de relojes. + +--No se me alcanza mucho, que digamos, pero en Gijn, donde yo nac y me +cri, hay ms de una relojera; y un to mo, hermano de mi madre, que +en paz descanse, tena en la ua, como quien dice, el mecanismo de los +relojes. + +--No lo deca por tanto, don Melitn, lo deca para prevenirle contra +cualesquier engao que pudieran practicar con Vd., si se creyese que el +reloj era para Vd. u otra persona as... Vd. me entiende? + +--Ya, ya, estoy enterado. + +--Oiga. Recalque Vd. a Dubois que el reloj es para m. El me conoce y +debe saber que le costara caro... + +--Dar a Vd. gato por liebre, interrumpi el mayordomo. Por sentado que +le costara un ojo de la cara, si tal hiciera el muy bellaco. Demasiado +lo s y lo sabe l. + +--Yo no le tengo por bellaco, como Vd. dice; sin embargo, bueno es estar +prevenido... + +--Porque el soldado prevenido nunca fue vencido, volvi a interrumpir el +mayordomo, interpretando a su modo el pensamiento del ama. + +--Ah! Haga que le pongan en una caja fina, como para un regalo. +Entiende Vd.? + +--Toma que si lo entiendo! Perfectamente. + +--Bien. Vaya Vd. + +--Volando. + +--Se acordar Vd.? Reloj de oro, de repeticin, suizo; quiero decir, +ginebrino, de los ltimamente recibidos de Ginebra por el relojero +Dubois, que vive en la calle del Teniente Rey, a la otra puerta de la +botica de San Agustn. + +--S, s, seora doa Rosa. Todo eso lo recuerdo y lo tendr presente. Y +en un salto... + +--Oiga! No me limito a 18 onzas. Se quiere el mejor reloj de +repeticin, ginebrino legtimo, cueste lo que cueste. Si ms dinero se +necesita, venga Vd. por l. + +--Ser servida la seora doa Rosa al pie de la letra. + +--Ah! Reventos! Reventos! Venga ac. Lo principal se me olvidaba. +Haga que le pongan por dentro de la tapa esta marca: L. G. S. oct. 24, +1830. No se olvide. + +En efecto, en poco ms de una hora el Mayordomo estuvo de vuelta y puso +en manos de doa Rosa un estuche pequeo, cuadrado, de tafilete, con +filetes de oro. Sin duda dicha seora le aguardaba impaciente, porque +tomarle, abrirle, contemplarle por breve rato con una especie de alegra +infantil, levantarse y meterse en su aposento, sin hacer ms caso del +Mayordomo, fue todo uno. + +No pas ms tiempo que el que acabamos de emplear en la relacin de la +cmica escena. + +Leonardo por su parte, tan seguro estaba de que no se pondra el sol de +aquel da, sin que un nuevo reloj viniese a adornar su traje en el +bolsillo de sus pantalones, que habiendo tendido stos en el sof, +enfrente de su cama, se acost tranquilo, resuelto a dormir y reparar +las fuerzas quebrantadas por la fatiga y la falta de sueo de la noche +anterior. Dormitaba solamente cuando el ruido de menudos pasos y de las +ropas de una mujer, vino a confirmarle en su esperanza. Era su madre. +Fingi que dorma y la vio acercarse quedito al sof, levantar en alto +los pantalones, meter en el bolsillo delantero algo redondo que +relumbraba mucho, pendiente de una cinta de seda rosada y azul, formando +aguas, de ms de una pulgada de ancho y seis de largo, sujetas las +puntas por una hebilla de oro. Sonriose de placer, y cerr los ojos, a +fin de que su madre se retirase en la persuasin que le haba preparado +una sorpresa. + +Al volver doa Rosa los pantalones al sof, cuidando de que la cinta del +reloj quedase visible y deslizar en la faltriquera del chaleco las dos +onzas que sobraron de la compra de aqul, le pareci que su hijo se +haba movido en la cama. Se sobresalt cual si hubiera estado cometiendo +un delito, y entonces, en efecto, entr un rayo de luz en su conciencia +de madre, record vivamente las palabras de su marido en la conversacin +de por la maana temprano, y sinti una especie de arrepentimiento. Algo +en su interior la dijo que si no haca actualmente mal, no resultara +tampoco un bien conocido y slido de sus demostraciones tiernas y +cariosas con Leonardo, cuando no nacan de mritos contrados por l, +sino de la efusin espontnea e indiscreta de su corazn de madre. + +Perpleja, entre recoger la prenda, cosa de guardarla para ocasin ms +oportuna, y arrostrar por ende la afliccin y el desagrado del hijo, se +qued inmvil, como transfigurada. Aqul, aunque brevsimo, fue un +momento supremo para la triste madre. Al fin ech una mirada furtiva +hacia el lecho, vio a Leonardo desnudo de medio cuerpo arriba, con los +brazos en la almohada y la hermosa cabeza apoyada en las palmas, el +pecho abierto y levantado, subiendo en la aspiracin y bajando en la +respiracin, cual la ola que no llega a romper, la nariz dilatada, la +boca entreabierta para dar franco paso a la entrada y salida del aire, +plido el semblante por el sueo y la agitacin del da, aunque lleno de +salud y de fuerza, un sentimiento de orgullo se apoder de todo su ser, +cambiando de golpe y por completo el orden de sus pensamientos. + +--Pobrecito! exclam en tono casi audible. Por qu haba yo de +privarle de nada, cuando est en la edad de gozar y de divertirse? Goza +y divirtete, pues, mientras te duran la salud y la mocedad, que ya +vendrn para ti, como han venido para todos nosotros, los das de los +disgustos y de los pesares. La Virgen Santsima, en quien tanto fo y +pongo toda mi esperanza, no dejar de or mis ruegos. Ella te proteja y +saque en bien de los peligros del mundo. Dios te haga un santo, hijo de +mi corazn. + +Movi los labios juntos, en seal de lanzar un beso, y fuese tan +callandito como vino. + + + + +SEGUNDA PARTE + + + + +CAPTULO I + + _Tarde venientibus ossa._ + (Los que llegan tarde al banquete roen los huesos.) + + +Tenemos que dejar por breve tiempo estos personajes, para ocuparnos de +otros que no por ser de inferior estofa, representan en nuestra verdica +historia papel menos importante. Nos referimos ahora al clebre tocador +de clarinete, Jos Dolores Pimienta. + +Para verle con la aguja en la mano sentado a la turca junto con otros +oficiales de sastre en una tarima baja, hilvanando una casaca de pao +verde oscuro, todava sin mangas ni faldones, fuerza es que pasemos a la +sastrera del maestro Uribe, en la calle de la Muralla, puerta inmediata +a la esquina de la de Villegas, donde hubo una tienda de merceras +llamada del Sol. + +El primero de estos establecimientos se compona de una sala cuadrilonga +con tres entradas: la de la primitiva puerta ancha y alta y las de las +dos ventanas, cuyas rejas haban arrancado. Frente a ellas, en sentido +longitudinal, haba una mesa larga y angosta en que se vean varias +piezas de dril, de piqu, de arabia, de un gnero de algodn que +llamaban coquillo, de raso y de pao fino, todas arrolladas y apiladas +en un extremo. Y hacia el opuesto, tendidos dos pedazos de tela de +Mahn, en que ya se haba trazado un par de pantalones de hombre con +una astilla de jabn cenizoso. + +Detrs de la mesa o mostrador, de pie, en mangas de camisa, con delantal +blanco atado a la cintura, la tijera en la mano derecha, y echada en +torno de los hombros, por medida, una cinta de papel doblada por medio +en toda su longitud, con piquetes de trecho en trecho, se hallaba el +maestro sastre Uribe, favorito en aquella poca de la juventud elegante +de La Habana. Aunque quisiera, no hubiera podido negar la raza negra, +mezclada con la blanca a que deba su origen. Era de elevada talla, +enjuto de carnes, carilargo, los brazos tena desproporcionados, la +nariz achatada, los ojos saltones, o a flor del rostro, la boca chica, y +tanto que apenas caban en ella dos sartas de dientes ralos, anchos y +belfos; los labios renegridos, muy gruesos y el color cobrizo plido. +Usaba patilla corta, a la clrigo, rala y crespa, lo mismo que el +cabello, si bien ste ms espeso y en mechones erectos que daban a su +cabeza la misma apariencia atribuida por la fbula a la de Medusa.[29] + +Como sastre que deba dar el tono en la moda, vesta Uribe pantalones de +mahn ajustados a las piernas, de tapa angosta, figurando una _M_ +cursiva, sin los finales de enlace, y las indispensables trabillas de +cuero. En vez del zapato de escarpn, entonces de uso general, llevaba +chancletas de cordobn, dejando al descubierto unos pies que no tenan +nada de chicos, ni bien conformados, porque sobre mostrar demasiado los +juanetes, apenas formaban puente. Por poco que previniese en su favor el +aspecto de Uribe, no cabe duda que era el ms amable de los sastres, muy +ceremonioso y un si es no es pagado de la habilidad de sus tijeras. +Estaba casado con una mulata como l, alta, gruesa, desenvuelta, quien +en casa al menos, gustaba tanto de ir en piernas, arrastrando la +chancleta de raso, como de ensear ms de lo que convena a la decencia, +las espaldas y los hombros rollizos y relucientes. + +Comenzaba la tarde de uno de los ltimos das del mes de octubre. Suban +y bajaban muchos carruajes, carretones y carretas la angosta calle de la +Muralla, tal vez la de ms trfico de la ciudad, por ser la ms central +y estar toda poblada de tiendas de varias clases. El ruido de las ruedas +y de las patas de los caballos en las piedras, resonaba como un trueno +continuado en el interior de las casas abiertas a todos los vientos. No +pocas veces chocaban unos contra otros, y obstruan el paso por largo +rato. En semejante caso, al trueno de los carruajes sucedan las voces y +los ternos de los carreteros y caleseros, sin consideracin ni respeto a +las seoras. El transente a pie, si no quera ser atropellado por los +caballos o estrujado contra las paredes de las casas con los bocines +salientes de los cubos de las ruedas, tena que refugiarse en las +tiendas hasta que se despejara la va. + +En la tarde de que hablamos ahora, ocurri una de esas frecuentes +colisiones entre un quitrn ocupado por tres seoritas, que bajaba, y un +carretn cargado con dos cajas de azcar, que suba. Chocaron con fuerza +los cubos opuestos de ambos vehculos, de cuyas resultas el del segundo +levant la rueda del primero y se entr por sus rayos, rindiendo uno. +Del choque los dos carruajes quedaron casi de travs en la calle, el +quitrn con la zaga hacia la puerta de la sastrera de Uribe, donde +penetr la cabeza de la mula del carretn. El carretonero, que vena +sentado a la mujeriega en una de las cajas de azcar, con un zurriago en +la mano derecha, perdi el equilibrio y dio en el lodo y piedras de la +calle un terrible costalazo. + +Y este hombre, africano de nacimiento, lo mismo que el otro, mulato de +La Habana, en vez de acudir cada cual a su vehculo respectivo, a fin de +deshacer el enredo y facilitar el pasaje, con atroces maldiciones y +denuestos se embistieron mutuamente, ciegos de furor salvaje. No era que +se conocan, estaban reidos o tenan anteriores agravios que vengar; +sino que siendo los dos esclavos, oprimidos y maltratados siempre por +sus amos, sin tiempo ni medio de satisfacer sus pasiones, se odiaban a +muerte por instinto y meramente desfogaban la ira de que estaban +posedos, en la primera ocasin que se les presentaba. En vano las +seoritas del quitrn, muy sobresaltadas, pusieron el grito en el cielo, +y la mayor de ellas amenaz repetidas veces al calesero con un fuerte +castigo si no desista de la ria y atenda a los inquietos caballos. +Pero los combatientes, en su furor y en la lluvia de zurriagazos que se +descargaban, no oan palabra. Luego los espaoles de las tiendas, los +oficiales de la sastrera, todos asomados a las puertas en mangas de +camisa, aumentaban el ruido y la confusin con su vocera y sus +risotadas, seales ciertas del jbilo con que presenciaban el combate. + +En esto, un hombre de mala catadura entr por una puerta de la +sastrera, como para evitar las ruedas del carruaje, y al salir por la +otra extendi el brazo por encima del fuelle cado y le desprendi la +peineta de teja de la cabeza de la ms joven de las seoritas; con lo +cual la larga y abundosa trenza de sus cabellos se desarroll y +desmadej toda, cubrindole la espalda con sus ondas sedosas y +brillantes cual las alas del tot. Dio ella un grito y se llev ambas +manos a la cabeza; en cuyo momento, Jos Dolores Pimienta, mero +espectador hasta entonces como los dems, hizo una exclamacin de +asombro, murmur el nombre de la Virgencita de bronce y se lanz sobre +el ratero, o ms bien sobre la presa, que se la llevaba en triunfo. +Logr echarle garra; mas como era de quebradizo carey y estaba, adems, +primorosamente calada, se le qued hecha pedazos en la mano: nica cosa +que pudo devolver a su afligida y asustada duea. A favor de la +confusin logr escapar el ratero, bien que ningn otro que el oficial +de sastre haba parado mientes en aquella ocurrencia. Sin embargo, la +exclamacin de ste, su accin generosa cuando la generalidad de los +espectadores slo pensaba en divertirse, llam la atencin de Uribe, que +volvindose de repente para l, le dijo: + +--Ests loco? Te figuraste que esa tambin era Cecilia Valds? Si digo +yo que t ves visiones. + +--No, contest secamente Jos Dolores. Yo s lo que me digo. Esas nias +son hermanas del caballero Gamboa. + +--Acabramos! exclam a su vez Uribe. Yo bien quera conocerlas. Se +parecen mucho. No pueden negar que son hermanos. Pues es preciso +ampararlas. Las hermanas de uno de mis rumbosos _clientes_! No faltaba +ms... + +En efecto, entre el maestro sastre, sus oficiales y otros, consiguieron +separar a los combatientes y desenredar las ruedas de los vehculos, +tras lo cual uno y otro pudieron seguir su camino, llevando el +carretonero las manchas de sangre de la _cuarta_ del calesero en la +camisa de listado azul. Protegi quizs las espaldas de este ltimo la +chaqueta de pao de su librea; a lo menos no se le vean en ella las +seales de la refriega. + +Y una vez despejado aquel campo de Agramonte y vueltos, el maestro +sastre a la mesa de cortar, los oficiales a su tarima, el primero sac +de pronto el reloj del bolsillo del pantaln y, con aire sorprendido, +dijo:--Las tres! aadiendo enseguida ms alto:--Jos Dolores! + +No tard ste en aparecer ante la presencia del maestro Uribe. Traa al +hombro dos madejas trenzadas, una de hilo blanco de lino, otra de seda +negra; clavadas en los tirantes de los pantalones varias agujas cortas, +no muy finas, y en el dedo del medio de la mano derecha un dedal de +acero, sin fondo. + +Al nacimiento de Jos Dolores Pimienta y de Francisco de Paula Uribe +concurrieron, sin duda, por igual las razas blanca y negra, con esta +esencial diferencia: que aqul sac ms sangre de la primera que de la +segunda, circunstancia a que deben atribuirse el color menos bilioso de +su rostro, aunque plido, la regularidad de sus facciones, la amplitud +de su frente, la casi perfeccin de las manos y la pequeez de los pies, +que as en la forma como en el arco del puente podan competir con los +de dama de raza caucsica. Ni con ser de constitucin delicada +sobresalan mucho los pmulos de su rostro ovalado, ni tena el cabello +tan lanudo como el de Uribe. En sus maneras, lo mismo que en la mirada, +y a veces hasta en el tono de la voz, haba aire marcado de timidez o +melancola, pues no siempre es fcil discernir entre ambas, que +revelaba, o mucha modestia o mucha ternura de afectos. + +De organizacin musical tena que hacerse gran violencia, cosa que no +poda echar a puerta ajena, para trocar el clarinete, su instrumento +favorito, por el dedal o la aguja del sastre, una de las artes bellas +por un oficio mecnico y sedentario. Pero la necesidad tiene cara de +hereje, segn reza el caracterstico adagio espaol, y Jos Dolores +Pimienta, aunque director de orquesta, ocupado a menudo en el coro de +las iglesias por el da y en los bailes de las ferias por la noche, no +le bastaba eso a cubrir sus propias necesidades y las de su hermana +Nemesia, desahogadamente. La msica en Cuba, como las dems bellas +artes, no haca ricos, ni siquiera proporcionaba comodidades a sus +adeptos. El clebre Brindis, Ulpiano, Vuelta y Flores y otros se +hallaban poco ms o menos en este caso. + +--Qu tal la casaca verde indivisible? le pregunt Uribe. Se halla en +estado de prueba? Son las tres y dentro de poco tendremos aqu al +caballero Gamboa, como el reloj. + +--Para el tiempo que hace que Vd. me la entreg, _se_ Uribe, repuso +Pimienta, la tengo bastante adelantada. + +--Cmo es eso? Pues no te la di desde tras de antier? + +--Perdone Vd., _se_ Uribe, yo no vine a recibir esa prenda, si hemos +de hablar claro, hasta ayer por la maana. Antier toqu la misa mayor +del Santo ngel Custodio, a prima toqu la salve y luego en el baile de +Farruco hasta ms de media noche. Conque no s... + +--Bien, bien, replic Uribe serio interrumpindole: Se halla o no en +estado de prueba? Eso es lo esencial. + +--Dir a Vd., lo que es probarse, puede ahora mismo. Las solapas estn +basteadas, lo propio que el cuello. Iba ahora a hilvanarle los forros de +seda, para abrirle los ojales. Los hombros se hilvanarn cuando venga el +caballero que Vd. dice, y las espaldas idem per idem. Las mangas las +est cerrando _sea_ Clara, su mujer de Vd., aunque con probar una +basta. De manera que a las ocho de la noche, cuando ms tarde, estar +concluida la casaca y lista para el baile, que no principiar hasta las +nueve. + +--El caso es que se quiere para mucho antes y no se dir nunca que +Pancho de Paula Uribe y Robirosa no cumple su palabra una vez empeada. + +--Entonces tendr Vd. que poner otro oficial que me ayude; mejor dicho, +que la concluya, porque a las seis debo tocar en la salve del Santo +ngel Custodio y luego despus en el baile de Brito. Farruco abre sus +bailes esta noche en la casa de Soto y yo no he querido llevar mi +orquesta hasta all. En la Filarmnica dirige Ulpiano con su violn y +Brindis est comprometido a tocar el contrabajo. Conque considere Vd. + +--Pues lo siento en el alma, Jos Dolores, y si hubiera sabido que t no +ibas a rematar esa pieza, no te la hubiera dado. Yo me estoy mirando en +ella. Temo que si otro oficial la coge ahora en sus manos, le echa a +perder el estilo. El caballerito Leonardo es el ms quisquilloso de +todos mis clientes. No ve Vd. que nada en riqueza? No ve cmo derrama +la plata? Para lo que le cuesta! Y vea Vd. su padre don Cndido, el +otro da como quien dice, andaba con la pata en el suelo. Me parece que +lo veo cuando lleg de su tierra: traa zapatos de empleita (quiso decir +_pleita_, mejor, _alpargatas_), chaqueta y calzones de bayeta y gorro +de pao. A poco ms puso taller de maderas y tejas, despus trajo negros +de frica a montones, despus se cas con una nia que tena ingenio, +despus le entr dinero por todos cuatro costados y hoy es un +caballerazo de primera, sus hijas ruedan quitrn de pareja y su hijo +bota las onzas de oro como quien bota agua. _E intertanto_ aquella pobre +muchacha... Mas, cllate lengua. Pues, segn te deca, Jos Dolores, el +caballerito Leonardo vino aqu la semana pasada y me dijo:--Maestro +Uribe, tenga Vd. este pao verde indivisible que he hecho traer de Pars +expresamente para que Vd. me haga una casaca como se debe. Pero djese +Vd. de vejeces, de talle encaramado en el cogote, ni de colas de +golondrinas. Yo no soy ningn zacateca, Juanito Junco, ni Pepe Montalvo. +Hgame una casaca como la gente, a la _dernier_, que yo s que Vd. sabe +pintarlas en el cuerpo, cuando le da la gana. Ese mozo tiene tanto +dinero, que es preciso darle gusto o reventar. Adems, como es tan +elegante y bien parecido, da el tono en la moda, y si acierto a hacerle +una cosa buena, me pongo las botas. Aunque a decir verdad, ya no tengo +manos para todo el trabajo que me ha cado. Por donde se ve claro que la +competencia del ingls Federico, lejos de daificarme, me ha favorecido. +Conque, mi querido Jos Dolores, al avo. + +--Ya le he dicho, _se_ Uribe, har lo que pueda; pero spalo, no +tendr tiempo para darle la ltima mano. Lo principal, sin embargo, est +hecho, esto es, las solapas y el cuello. La montura de los faldones y la +espalda Vd. puede dirigirla, y los ojales nadie los hace mejor que +_sea_ Clara. + +--Trae ac la casaca. + +Trjola el oficial, y con ella en la mano, para suspenderla a la altura +de sus ojos, Uribe se encamin a un espejo que haba en la pared +medianera de la primera ventana y la puerta. All le sigui +maquinalmente Jos Dolores. Cuando los dos estuvieron delante del +espejo, dijo el maestro a su oficial: + +--Vamos, Jos Dolores, sirve t de modelo... Apuradamente, tienes el +mismo cuerpo que el caballerito Leonardo. + +--Est bien, _se_ Uribe, contest Pimienta de malsimo humor. Pero sin +ejemplar eh? + +--Compadre, tienes hoy palabras de poco vivir. Qu te est labrando +all dentro? Antes tomaste una de las nias Gamboa por Cecilia Valds; +ahora te pones bravo porque, para ganar tiempo, pruebo la casaca del +hermano en tu cuerpo. Si lo haces porque ese blanco le pisa la sombra, +lo peor que puedes hacer es tomarlo tan a pecho. Qu remedio, Jos +Dolores? Disimula, aguanta. Haz como el perro con las avispas, ensear +los dientes para que crean que te res. No ves que _ellos_ son el +martillo y nosotros el yunque? Los blancos vinieron primero y se comen +las mejores tajadas; nosotros los de color vinimos despus y gracias que +roemos los huesos. Deja correr, chinito, que alguna vez nos ha de tocar +a nosotros. Esto no puede durar siempre as. Haz lo que yo. T no me +ves besar muchas manos que deseo ver cortadas? Te figurars que me sale +de adentro. Ni lo pienses, porque lo cierto y verdico es que, en verbo +de blanco, no quiero ni el papel. + +--Qu ley tan brava, _se_ Uribe! No pudo menos de exclamar por lo +bajo el oficial, sorprendido ms bien que alarmado de que abrigara +principios tan severos. + +--Pues qu, continu el maestro sastre, te figurabas que porque le hago +el _rande v_ a todos cuantos entran en esta casa, es que no s +distinguir y que no tengo orgullo? Te equivocas; en verbo de hombre, +nadie creo mejor que yo. Me estimara en menos porque soy de color? +Disparate. Cuntos condes, abogados y mdicos andan por ah, que se +avergonzaran de que su padre o su madre se les sentara al lado en el +quitrn, o los acompaara a los besamanos del Capitn General en los +das del rey o de la reina Cristina? Quizs t no ests tan enterado +como yo, porque no te rozas con la grandeza. Pero recapacita un poco y +recuerda. T conoces el padre del conde...? Pues fue el mayordomo de su +abuela. Y el padre de la marquesa...? Un talabartero de Matanzas, ms +sucio que el cerote que usaba para untarle a la pita con que cosa los +arneses. A que el marqus de... no ensea su madre a los que van a +visitarlo en su palacio de la Catedral? Y qu me dices del padre del +doctor de tantas campanillas...? Es un carnicero de ah al doblar. (Tuvo +Uribe la discrecin de pronunciar los nombres de las personas aludidas a +la oreja del oficial, como para que los dems no le oyeran.) Pues yo no +tengo por qu esconder mis progenitores. Mi padre fue un brigadier +espaol. A mucha honra lo tengo, y mi madre no fue ninguna esclavona, ni +ninguna mujer de nacin. Si los padres de esos seorones hubieran sido +siquiera sastres, pase, porque es notorio que S. M. el Rey ha declarado +noble nuestro arte, lo mismo que el oficio de los tabaqueros, y podemos +usar don. Tond, con ser moreno, tiene don por el rey. + +--Yo no me ocupo de eso, ni a derechas s quin es mi padre, slo s que +no fue negro, volvi Pimienta a interrumpir el torrente impetuoso del +maestro sastre. Lo que yo sostengo es, que ni a Vd., ni a m, ni... a +nuestros hijos, segn van las cosas, nos tocar ser martillo. Y es muy +duro, dursimo, insufrible, _se_ Uribe, agreg Jos Dolores, y se le +nubl la vista y le temblaron los labios, que _ellos_ nos arrebaten las +de color, y nosotros no podamos ni mirar para las mujeres blancas. + +--Y quin tiene la culpa de eso? continu Uribe hablando otra vez al +odo del oficial, como para que no le oyera su mujer: la culpa la tienen +_ellas_, no _ellos_. No te quepa gnero de duda, porque es claro, Jos +Dolores, que si a las pardas no les gustaran los blancos, a buen seguro +que los blancos no miraban para las pardas. + +--Puede ser, _se_ Uribe; pero, digo yo: no tienen los blancos +bastante con las suyas? Por qu han de venir a quitarnos las nuestras? +Con qu derecho hacen ellos eso? Con el derecho de blancos? Quin les +ha dado semejante derecho? Nadie. Desengese, _se_ Uribe, si los +blancos se contentaran con las blancas, las pardas no miraran para los +blancos. + +--Hablas como un Salomn, chinito, slo que eso no es lo que sucede, y +es preciso atenerse a cmo son las cosas y no como queremos que sean. Yo +me hago este cargo: qu vale quejarse ni esperar que todo ha de salir a +medida del deseo de uno? Ni qu puedo yo solo, qu puedes t, ni qu +puede el otro contra el torrente del mundo? Nada, nada. Pues deja ir. +Cuando son muchos contra uno, no hay remedio sino hacer que no se ve, ni +se oye, ni se entiende, y aguardar hasta que le llegue a uno su turno. +Que ya llegar, yo te lo aseguro. No todo ha de ser rigor, ni siempre ha +de rasgar el pao a lo largo. _Intertanto_ aprende de m, recibo las +cosas como vienen y no pretendo enderezar el mundo. Podra salir +crucificado. T todava vas a tragar mucha sangre, lo estoy mirando. + +--Qu importa? dijo el oficial con calor. Con tal que otros la traguen +al mismo tiempo que yo... + +--Ese es el caso, que si t te calientas y tomas las cosas por donde ms +queman, no logras que otros traguen sangre, sino que la tragas t a +borbollones. Y eso es lo que pretenden los pcaros de los blanquitos. +Bien, no te digo que te dejes sopetear de nadie, pues yo tampoco me he +dejado pasar la mota. Lo que te digo es que no pierdas los estribos y +aguardes la ocasin. Ves ah a Clara, tan formalota, tan seria? Ella +cuando moza tuvo tambin ms de un blanco tentador, y logr espantarlo +sin mucho trabajo ni quebradero de cabeza. As te digo, Jos Dolores, no +te apures, ni te pongas bravo, porque llevas la de perder: te comes los +hgados y sacas... lo que somos. Deja correr y aprenders a vivir. + +Durante esta larga y animada conversacin, no ces un punto la probadura +de la casaca. Ya coga Uribe una solapa con la mano derecha, la sacuda +y atraa a s, a tiempo que con la izquierda abierta comprima los +pliegues de la camisa del oficial por el pecho y el costado; ya mataba +las ondas de la espalda, de los hombros para el centro; ya con el jabn +de piedra trazaba crucetas a lo largo de las costuras de los costados; +ya, en fin, meta las tijeras por la orilla del cuello y de las +boca-mangas y sisaba el pao adherido por los hilvanes de hilo blanco a +las entretelas de caamazo. As el embrin de frac tomaba poco a poco la +forma del cuerpo del oficial bajo la tijera y la astilla de jabn de +Uribe, sin que a todas stas tuviese l la certidumbre de que le viniese +bien a su legtimo dueo; pero fiaba el maestro mucho en su experiencia +y conocida habilidad. Siempre que se le ofreca alguna duda respecto al +tamao, ocurra a la tira de papel doblada en dos con piquetes en ambas +orillas, que le serva de medida y rectificaba las dimensiones. + +Media hora larga se haba pasado en esta faena del maestro con su +oficial, cuando par una volante de alquiler a la puerta de la sastrera +y se ape de ella, de un salto, el intrpido joven que haba servido de +asunto, por la mayor parte, de su sazonada conversacin. + + + + +CAPTULO II + + _No es caballero el que nace, + sino el que lo sabe ser._ + + +La llegada repentina del joven mencionado al final del captulo +anterior, esperada y todo, sorprendi al maestro sastre, con tanto ms +motivo que su oficial aguardaba precisamente aquel momento para echar +atrs los brazos y soltarle en las manos la pieza de ropa en estado de +prueba. + +Esto, sin embargo, no fue parte para que l dejase de salir al encuentro +de Leonardo Gamboa y recibirle con muchas sonrisas y zalameras. + +Si el joven recin llegado observ o no la retirada precipitada de +Pimienta, o si adivin el motivo, es ms de lo que puede afirmarse con +probabilidad de acierto. Fuerza es decir, no obstante, que hasta all +Leonardo ignoraba que tuviese un enemigo acrrimo en el msico; y que, +adems, se crea superior para ocuparse de las simpatas o antipatas de +un hombre de baja esfera, mulato por aadidura. Lo seguro es que ni +siquiera sospech que haba acabado de ser el objeto casi exclusivo de +la conversacin del maestro sastre y de su oficial. Vena, adems, all +a hora fija y por cita expresa, slo se demorara el tiempo necesario. +No haba, por tanto, ocasin ni motivo de dar su atencin y pensamientos +a cosas ajenas al traje que haca el maestro Uribe. Tampoco ste le dio +lugar a divagaciones. + +Como tena por costumbre Leonardo, al apearse sac una peseta del +bolsillo del chaleco y se la arroj al calesero, el cual la recibi en +el aire. Luego, sin ms demora, se encamin derecho al sastre, +cortndole, en medio de sus obsequiosas demostraciones, con la pregunta: + +--Qu hay de mi ropa? Lista? + +--Casi concluida, seor don Leonardito. + +--Lo tema, lo esperaba, replic ste impaciente. Un zapatero remendn +tiene ms palabra que t, Uribe. + +--Pues qu hora es, caballero Gamboa? + +--Son las cuatro y ms de la tarde; y me prometiste la ropa para ayer +tarde. + +--Perdone el caballero, se la promet para hoy a las siete de la noche. +Es decir, concluida y planchada de un todo. Porque el caballero debe +estar enterado que de mi taller no sale pieza sin todos sus periquitos y +ringo rangos. Cuente el caballero que este pobre sastre no posee otra +cosa que su reputacin, como que viste, hace ms de diez aos, a la +grandeza de La Habana, y nadie podra decir en justicia que Francisco de +Paula Uribe y Robirosa... + +--Ah! Maestro Uribe! Maestro Uribe! volvi a interrumpirle el joven +con mayor impaciencia. El que no te conozca que te compre. Dale con la +palabra y vuelta con su reputacin y pocas veces, si alguna, cumpliendo +con exactitud. Dejemos toda esta palabrera para otra ocasin y vamos a +los hechos. Al fin tendr la ropa esta noche, en tiempo para el baile o +no? He aqu lo que importa saber. + +--La tendr el caballerito o pierdo el nombre que llevo. Por lo que toca +al chaleco, que es lo nico que se hace fuera de casa, lo espero por +momentos. Apuradamente, est en manos de una pardita que se pinta sola +para chalecos y es como el reloj. Ya que el caballero ha tenido la +bondad de honrar mi taller con su presencia, probaremos la casaca, +aunque estoy cierto y seguro que el caballero va a confesar que tengo +buen ojo, si no otra cosa. Le ruego que no repare en su estado presente, +porque s que para las personas que no son del arte aqu hay trabajo de +dos das, cuando para un oficial experto slo hay trabajo de dos horas. +Si alguna vez se me atrasa la obra, no es por culpa ma, ni por falta de +oficiales, sino porque me cae mucha de golpe. En el taller slo tengo +cinco oficiales, fuera, en sus casas, cuantos quiero, aunque yo prefiero +tener mi gente siempre a la vista. + +Por entonces, plantado Leonardo delante del espejo, se haba despojado +del frac con la ayuda del sastre, y mientras le probaban el nuevo, crey +ver reflejada en aqul la imagen de alguien que le miraba a hurtadillas +desde atrs de la puerta del comedor. Aunque le pas por la mente que +haba visto aquella cara en alguna parte, de pronto no pudo recordar +dnde ni cundo. En este esfuerzo de imaginacin se qued un rato +pensativo, completamente abstrado. Por supuesto, durante ese tiempo no +vio lo que pasaba, no oy ni entendi la charla del maestro Uribe. + +Acert a entrar en aquella sazn en la sastrera una muchacha de color, +medio cubierta la cabeza en la _manta_ de burato pardo oscuro, a la +usanza persa. Dio las buenas tardes, y como si no hubiese reparado en lo +que all se haca, pas de largo hacia el aposento, por detrs de la +mesa de cortar. Pero Uribe la esperaba impaciente y la detuvo antes de +alcanzar la puerta, preguntndole: + +--Traes el chaleco, Nene? + +--S, seor; contest ella con voz muy suave y musical, detenindose a +la cabeza de la mesa, en la cual deposit un lo pequeo que sac de +debajo de la manta. + +El nombre, lo mismo que la voz de la muchacha, sacaron a Leonardo de su +abstraccin; volvi a ella el rostro y le clav la vista. Ambos se +reconocieron desde luego, y cambiaron una mirada de inteligencia y una +sonrisa de cario, seales que por cierto no se escaparon a la +penetracin de Uribe.--Aqu hay gato encerrado, pens l. Pobre +muchacha! la compadezco! En qu garras has cado! Cuando menos sta es +la causa de las quemazones de sangre de Pimienta... Tiene razn,...Pero +no, debe ser por algo ms de eso. + +Despus sac el chaleco del pauelo de seda en que estaba envuelto, y +dndole ste a su dueo, aadi hablando con Gamboa. + +--No se lo dije al caballero? Aqu tiene la prenda. La costurera vale +un Potos. + +Era el chaleco de raso negro, sembrado de abejas color verde brillante, +entretejidas en la tela. No se lo prob Leonardo, ni lo juzg necesario +el sastre. Tampoco hubo desde all tiempo para mucho, porque, cual por +cita, acudi la mayor parte de los parroquianos de Uribe. Entre ellos, +Fernando O'Reilly, hermano menor del conde de este nombre; el +primognito de Filomeno, despus Marqus de Aguas Claras; el secretario +o confidente del Conde de Pealver; el joven Marqus de Villalta; el +Mayordomo del Conde de Lombillo; y uno que le decan Seiso Ferino, +protegido por la opulenta familia de Valds Herrera. Casi todos stos +haban ordenado piezas de ropa para s o para sus amos en la sastrera +del maestro Uribe, y, ya de paso para el Paseo de extramuros en sus +carruajes, ya ex profeso, entraban en ella y se detenan el tiempo +necesario para esa averiguacin. + +Al entrar el primero de los personajes arriba nombrados, le puso +familiarmente la mano en el hombro a Leonardo, le llam por este nombre, +y le trat de t por t. Haban sido condiscpulos de Filosofa en el +Colegio de San Carlos desde 1827 a 1828, en cuya ltima fecha O'Reilly +se haba separado para ir a Espaa y proseguir sus estudios hasta +recibirse de abogado, como se recibi, tornando a los patrios lares slo +unos pocos meses antes del da de que aqu hablamos, con el empleo de +Alcalde Mayor. Despus de dos aos de ausencia, aqulla era la primera +vez que se vean, no habiendo tenido Leonardo ocasin ni humor de ir a +saludarlo, quizs porque, si bien antiguos condiscpulos, no haba +dejado l de ser miembro de una familia la ms orgullosa de La Habana, +de la primera grandeza de Espaa. Por otra parte, parti soltero y +volvi casado con una madrilea, motivo de ms para que sus gustos y +aficiones ahora fuesen muy distintos de lo que fueron cuando juntos +concurran a or las elocuentes lecciones del amable filsofo Francisco +Javier de la Cruz. + +La ocasin de aquella afluencia de seores y sus criados no era otra que +el baile de tabla que se celebraba por la noche del mismo da, en los +altos del palacio situado en la calle de San Ignacio esquina a la del +Teniente Rey, alquilado para sus funciones por la Sociedad Filarmnica, +en 1828. Desde los das del carnaval, a fines de febrero, en que +coincidieron los festejos pblicos por el casamiento de la princesa de +Npoles, doa Mara Cristina con Fernando VII de Espaa, la Sociedad +antes dicha no haba vuelto a abrir sus salones. Ahora lo haca como +para despedir el ao de 1830, pues es sabido que la gente principal de +La Habana, nica con derecho a concurrir a sus funciones, se marchaba al +campo desde principios de diciembre y no volva a la ciudad sino hasta +mucho despus de Reyes. En vsperas del sarao, la juventud de ambos +sexos acuda en tropel a los establecimientos de modas y novedades para +hacerse de trajes nuevos, de adornos, joyas y guantes. Las sastreras +como la de Federico, Turla y Uribe, que eran las favoritas; los +almacenes como los del Palo Gordo y de Maravillas; las joyeras como +las de Rozan y La Llave de Oro; las tiendas de modistas como la de +madama Pitaux; las zapateras como la de Bar, en la calle de O'Reilly y +la de Las Damas en la calle de la Salud esquina a la de Manrique, +extramuros de la ciudad, varios das anteriores al sealado para el +baile se vean asediados a maana y tarde, por las seoritas y jvenes +ms distinguidos por su elegancia y el lujo de sus trajes. Las primeras +por esa poca empezaban a usar los zapatos o escarpines de raso blanco +a la China, con cintas para atarlos a la garganta del pie y mostrar las +medias de seda caladas, siendo as que el vestido se llevaba sobre lo +corto. Los hombres usaban tambin escarpines de becerro con hebillita de +oro al lado de fuera y calcetas de seda color de carne. + +Con los caballeros, Uribe ech el resto de la cortesa y de la +amabilidad, de que saba revestirse cada vez que le convena; con los +criados, aunque acudan en nombre de personas de elevada posicin, fue +seco y parco en demostraciones civiles. Pero tuvo habilidad bastante +para dejarlos a todos contentos y satisfechos, como que nada le costaba +prodigar promesas a diestro y a siniestro, que es moneda imaginaria con +que se pagan la mayor parte de las deudas en sociedad. De esta manera +cumpli exactamente con los que le hablaron gordo desde el principio; a +los restantes dio un solemne chasco, sin perder por eso su patrocinio. E +idos todos, porque ninguno calent asiento, se puso desde luego a +habilitar las piezas que se propona concluir para aquella noche. No +descuid, por supuesto, la casaca verde invisible de Gamboa; quien, +satisfecho de que no sera chasqueado de nuevo, cedi a las vivas +instancias de su amigo Fernando O'Reilly y le acompa en el quitrn al +paseo, llamado por imitacin del famoso de Madrid, el Prado. + +Ocupaba ste, y ocupa en el da, el espacio de terreno que se dilata +desde la calzada del Monte hasta el arrecife de la Punta al Norte, al +morir el glacis de los fosos de la ciudad por el lado del oeste. +Cienfuegos extendi el paseo de la calzada del Monte hasta el Arsenal +hacia el sur; pero jams se ha usado como tal esa parte sino como calle +Ancha, cuyo nombre lleva. Entre las obras de adorno que tuvieron origen +en el gobierno de don Luis de las Casas, se cuenta el _nuevo Prado_ (el +de que hablamos ahora). El Conde de Santa Clara concluy la primera +fuente que dej en proyecto las Casas, y construy otra ms al norte; +nos referimos a la de Neptuno en el promedio del Prado, y la de los +Leones al extremo. Ambas se surtan de agua de la Zanja real, que +atravesaba el paseo (y an le atraviesa) por el frente del Jardn +Botnico, hoy estacin principal del ferrocarril de La Habana a Gines, +y por la orilla del foso iba a verter sus turbias aguas en el fondo del +puerto, al costado del Arsenal. Mucho despus, al extremo meridional del +Prado, donde estuvo originalmente la estatua en mrmol de Carlos III, +que don Miguel Tacn traslad en 1835 a su paseo Militar, hizo construir +a su costa en 1837 el Conde de Villanueva la bella fuente de la India o +de La Habana. + +El nuevo Prado constaba de una milla de extensin, poco ms o menos, +formando un ngulo casi imperceptible de 80 grados, frente a la +plazoleta donde se elevaba la fuente rstica de Neptuno. Le constituan +cuatro hileras de rboles comunes del bosque de Cuba, algunos con la +edad muy corpulentos, e impropios todos de alamedas. Por la calle del +centro, la ms ancha, podan correr cuatro carruajes apareados; las dos +laterales, ms angostas, con unos pocos asientos de piedra, servan para +la gente de a pie, hombres solamente, quienes en los das de gala o +fiesta se formaban en filas interminables a lo largo del paseo. La mayor +parte de stos, especialmente los domingos, se componan de mozos +espaoles empleados en el comercio de pormenor de la ciudad, en las +oficinas del gobierno, en la marina de guerra y en el ejrcito, pues por +su calidad de solteros y por sus ocupaciones, no podan usar carruaje y +visitar el Prado en das comunes. Es de advertirse adems, que a la hora +del paseo, estaba prohibido atravesar siquiera el Prado en vehculo de +alquiler; y si algn extranjero lo haca por ignorancia de la regla o +consentimiento del sargento del piquete de dragones que daba all la +guardia, llamaba la atencin y excitaba la risa general del pblico. + +La juventud cubana o criolla tena a menos concurrir al Prado a pie; +sobre todo el confundirse con los espaoles en las filas de +espectadores domingueros. De suerte que all tomaba parte activa en el +paseo slo la gente principal: las mujeres invariablemente en quitrn, +algunas personas de edad en volante y ciertos jvenes de familias ricas, +a caballo. Ninguna otra especie de carruaje se usaba entonces en La +Habana, a excepcin del Obispo y del Capitn General que usaban coche. +El recreo se reduca a girar en torno de la estatua de Carlos III y la +fuente de Neptuno cuando la concurrencia era corta, que cuando era +mucha, se extenda hasta la de los Leones u otro cualquier punto +intermedio, donde el sargento del piquete calculaba que deba plantar +uno de sus dragones, a fin de mantener el orden y de que se guardase la +debida distancia entre carruaje y carruaje. Mientras mayor era la +afluencia de stos, menor era el paso a que se les permita moverse; de +que resultaba a menudo un ejercicio muy montono, no desaprovechado en +verdad por las seoritas, cuya diversin principal consista en ir +reconociendo a sus amigos y conocidos, entre los espectadores de las +calles laterales, y saludarlos con el abanico entreabierto, de la manera +graciosa y elegante que slo es dado a las habaneras. + +Por fortuna la monotona y la funrea gravedad de tan inocente recreo, a +que las autoridades espaolas daban el nombre arbitrario de orden, +duraban lo que la presencia de los dragones del piquete en la avenida +central del Prado, es decir, de las cinco a las seis de la tarde. Porque +es cosa sabida que, unas veces con la punta de la lanza, otras a +varazos, hacan que los caleseros guardasen el paso y la fila. Pero +despus de saludar el pabelln espaol en las fortalezas del contorno, +ceremonia previa para arriarlo, lo mismo que las seales del Morro, +desfilaba el piquete por la orilla de la Zanja, en direccin de la calle +y cuartel de su nombre, y al punto empezaban las carreras, el verdadero +ejercicio, la belleza y novedad de la diversin. Espectculo digno de +contemplarse era, en efecto, entonces, el paseo en carruaje y a caballo, +del nuevo Prado de La Habana, iluminado a medias por los ltimos rayos +de oro del sol poniente, que en las tardes de otoo o de invierno se +degradan en manojos de plata, antes de confundirse con el azul pursimo +de la bveda celeste. Los caleseros expertos se aprovechaban con ganas +de la ocasin que se les presentaba para hacer alarde de su habilidad y +destreza, no ya slo en el regir de los caballos, en el girar violento y +caprichoso de los quitrines, sino en el tino con que los metan por las +estrechuras y la confusin, y los sacaban sin choque ni roce siquiera de +unas ruedas con otras. An las tmidas seoritas, en el colmo del +entusiasmo por el torbellino de las carreras y giros, arrebatadas en sus +conchas areas, con la accin y a veces con la palabra, animaban a los +jinetes; con que unos y otros contribuan hasta donde ms al peligro y +grandeza del espectculo. Poco a poco desapareca la vaporosa luz +crepuscular; una polvareda sutil y cenicienta se elevaba remolinando +hasta las primeras ramas de los copudos rboles y cubra todo el paseo; +de manera que, cuando uno tras otro los quitrines, con su carga de +mujeres jvenes y bellas, dejaban el estadio en vuelta de la ciudad o de +los barrios extramuros, no crea menos el desapercibido espectador sino +que salan de las nubes, cual otras Venus, de la espuma de la mar. + +En aquellos tiempos en que la Metrpolis crea que la ciencia de +gobernar las colonias se encerraba en plantar unos cuantos caones de +batera, se ide la construccin de las murallas de La Habana, obra que +se comenz a principios del dcimo sptimo siglo y se termin casi al +finalizar el dcimo octavo. Las tales murallas eran parte de una +fortificacin vasta y completa, as por el lado de tierra como por el +del mar o el puerto; no faltndole cuatro puertas hacia el campo, +poternas hacia el agua, puentes levadizos, foso ancho y hondo, +terraplenes, almacenes, estacadas, aspilleras, y baluartes almenados; de +modo que la ciudad ms populosa de la Isla quedaba de hecho convertida +en una inmensa ciudadela. As existieron las cosas hasta la venida del +memorable don Miguel Tacn, quien abri tres puertas ms y sustituy +los puentes levadizos con puentes fijos de piedra. Pero en la poca de +la historia que vamos refiriendo, esto es, cuando slo existan las +cinco puertas originales, las tres del centro llamadas de Monserrate, de +la Muralla y de Tierra, eran para el uso del pblico en carruaje, a +caballo y a pie, y las de los extremos, denominadas de la Punta y de la +Tenaza estaban destinadas especialmente al trfico. Por ellas, pues, se +acarreaba el azcar, el caf y otros efectos pesados en el nico medio +de trasporte de entonces, a saber, las enormes primitivas carretas, +tiradas por cachazudos bueyes. La guarnicin de la plaza, numerosa en +los ltimos tiempos, daba la guardia en las puertas y en las poternas, +juntamente con el resguardo, constituido en todas ellas; pues nadie ni +nada entraba ni sala sin estar sujeto a un doble registro, todo segn +se acostumbra en las plazas sitiadas. + +Despus de entrado el carruaje en que iban O'Reilly y Gamboa, en el +rastrillo interior, donde se hallaba la garita del resguardo, asom, por +la parte opuesta del puente levadizo, un caballo tan cargado de forraje +verde de maz, a que llaman vulgarmente _maloja_, que no se vean ms +que los pies y la cabeza, la cual procuraba alzar cuanto poda, a causa +sin duda del demasiado peso. Sobre aquella montaa de hierba vena +montado a la mujeriega, mejor dicho, recostado a la grupa el conductor o +malojero, mozo natural de Islas Canarias, vestido a la usanza de los +campesinos cubanos. El centinela espaol, que se paseaba entre las dos +puertas con el fusil al brazo, mir primero hacia el puente, luego hacia +el rastrillo, y se plant en medio de la va en seal de que ambos +deban pararse, hasta que se resolviera cul de los dos tena que ciar o +desviarse. Pararse el caballo del forraje equivaldra a obstruir el +paso; volverse en el estrecho puente era imposible sin exponerse a una +cada; en tanto que al carruaje le era fcil arrendar los caballos sobre +el cuartel del cuerpo de guardia y dejar expedito el camino. A pesar de +su natural torpeza, esto lo vio claro, desde luego, el centinela; as +que orden con la mano al malojero que se parase y avanz a paso de +carga al carruaje y grit:--Atrs! + +Pero orgulloso el calesero de la nobleza y autoridad de su amo, +envanecido de los escudos de arma bordados en su librea, lo mismo que de +sus espuelas de plata, metal de que estaban sobrecargadas las +guarniciones, an el mismo carruaje, en vez de obedecer la orden del +centinela, plant los caballos delante de la puerta interior, y mir de +medio lado a su amo. Vena ste muy embebecido contndole a Gamboa los +peligros que haba corrido en su ascencin al monte Etna en Sicilia, y +hasta la parada repentina del carruaje no ech de ver que se haba +presentado un obstculo. Naturalmente los ojos del amo se encontraron +con los del esclavo que le peda rdenes:--Arrea! le dijo, y como si +nada ocurriese, continu la ntima conversacin que traa con su +condiscpulo y amigo. + +Movironse los caballos y entonces el centinela repiti la voz +de:--Atrs! presentando la bayoneta a sus pechos; a cuya vista +O'Reilly, que era soberbio, se puso rojo de la indignacin. Medio se +incorpor en el asiento, como para mostrar mejor la cruz roja de +Calatrava que llevaba bordada en la solapa de la casaca, y grit:--Cabo +de guardia! Y luego que ste se le present con la mano derecha abierta +sobre la frente, agreg:--Haga Vd. despejar el paso! + +Informose el cabo en un instante de lo que pasaba, y aunque no conoca +el sujeto que le haba hablado, por el tono imperioso que us y por la +cruz roja, supuso que era un seor principal, jefe, o cosa parecida, y +le contest, siempre con la mano abierta, a la altura de la frente:--El +malojero no puede retroceder. + +--Cmo es eso? exclam Fernando en el colmo de la clera. Sabe Vd. con +quien habla? Llame al oficial de guardia. + +--No hay para qu, repuso el cabo. Ya veremos modo de arreglarlo. No se +incomode V. E. + +--Haga ciar ese caballo de la maloja... Pronto. + +A las voces, acudieron el oficial de guardia, que se entretena en jugar +a los naipes con unos cuantos amigos, y los soldados de faccin, los +cuales esperaban rdenes sentados en un banco sin respaldo a la puerta +del cuartel, mientras los dems dorman a pierna suelta en las tarimas +fijas del interior. Aquel militar, que debamos suponer ms enterado que +el cabo de la nocin de lo justo y de lo injusto, no vio ms sino que un +caballero cruzado no poda proseguir su paseo porque se lo impeda un +paisano con su caballo cargado de forraje. As que dio la orden +perentoria de despejar el puente. Ejecutada en un dos por tres, el monte +de forraje verde qued montado en la barandilla del puente levadizo, +nica cosa que ocurri a los soldados hacederos en aquella +circunstancias. En efecto, as pudo pasar el carruaje, aunque llevndose +en el bocn del cubo parte de la maloja. Todo aquello sucedi tan +repentina como inesperadamente para el mozo conductor, que slo tuvo +tiempo de echarse al suelo, no para resistir el atropello, sino para no +ser lanzado al foso. Expres su sorpresa con algunos juramentos, y su +enojo con mudas demostraciones; mas nadie le hizo caso. Por el +contrario, temeroso de mayor violencia, se apresur a descargar parte de +la hierba, a fin de que el caballo pudiera enderezarse y seguir camino a +la ciudad. + +En saliendo de la cabeza del puente para coger el estrecho rastrillo de +la estacada, haba que orillar el foso por corto trecho, pasar por +encima de la esclusa de la Zanja, parte de cuyas aguas se verta en +aqul, formando un charco de regulares dimensiones. Pues en el borde del +alto terrapln, en el instante en que hablamos, haba un grupo de +hombres y muchachos en observacin de algo que ocurra abajo, en el +charco. + +--Qu es ello? pregunt O'Reilly. + +--No s, contest su amigo; supongo que gentes que se baan. + +Preguntado el calesero, inform a su amo sin titubear, que eran el +mulato Polanco y el negro Tond, clebres nadadores, riendo a +zapatazos. En efecto, desnudos completamente, cual salvajes del frica, +zambullan, giraban bajo del agua, y luego procuraban hacerse dao, +descargndose tremendos golpes con las piernas, al modo como dicen que +hace el cocodrilo cuando ataca la presa. Esto llamaban en Cuba tirar +zapatazos. Parece que el inmoral espectculo se repeta a menudo, +supuesto que el calesero de O'Reilly desde luego dijo los nombres de los +baistas y lo que hacan en el agua. El primero ms de una vez haba +acometido a un tiburn en el puerto y le haba rendido a pualadas; +adems de excelente nadador el segundo, era bien conocido en toda la +ciudad por su valor heroico y actividad desplegada en la persecucin de +los malhechores de su propia raza, con autoridad especial del mismo +capitn general don Francisco Dionisio Vives. + +El fcil triunfo obtenido sobre el mozo del forraje en la puerta de la +Muralla, haba envalentonado al calesero, el cual quiso entrar en el +paseo por la orilla de la Zanja; pero se lo impidi el dragn con lanza +en ristre. A pesar de las protestas de O'Reilly, quien invoc su +carcter de Alcalde Mayor, hubo que dar la vuelta a la estatua de Carlos +III y esperar all un claro para incorporarse en la fila. Este fue el +primer motivo de mortificacin para tan orgulloso joven; el segundo le +aguardaba en el punto donde la calle de San Rafael corta el Prado. +Desembocaban por ella el coche del general Vives con su escolta de a +caballo, todos a galope tendido; y mientras, para abrir campo, los +dragones del piquete interrumpan el movimiento de los quitrines de +ambas filas, en el paseo, entre los cuales se hallaba el de O'Reilly; +dos flanqueadores con sable desnudo detenan y arrollaban a los que +pretendan entrar o salir por la puerta del Monserrate, antes que su +excelencia el Capitn General. + +Probaba esto que haba en La Habana alguien superior y ms privilegiado +que un segundo gnito de conde, aunque Grande de Espaa de primera +clase. En la acepcin recta de la palabra, no era demcrata Leonardo, +mas le disgust mucho el atropello del malojero y casi se alegr de las +mortificaciones que experiment su amigo en el paseo, cual si hubiesen +querido humillarle el orgullo. Evidente, pues, apareca que las +distinciones sociales del pas, slo aprovechaban en todas +circunstancias a la autoridad militar, ante la cual nobles y plebeyos +deban doblar la cerviz. + + + + +CAPTULO III + + _Y al comps se agitaban mil bellezas + Que ropajes fantsticos vestan, + Y a m cual las visiones se ofrecan + De un poeta oriental._ + + R. PALMA + + +Aquella noche[30] el teatro de la elegancia habanera sent sus reales en +la Sociedad Filarmnica. Brillaron all con todo su esplendor el gusto y +la finura de las seoras, lo mismo que el porte decente de los +caballeros. Adems de los socios y convidados de costumbre, asistieron +los seores cnsules de las naciones extranjeras, los oficiales de la +guarnicin y de la real Marina, los ayudantes del Capitn General y +algunos otros personajes notables por su carcter y circunstancias, como +fueron el hijo del clebre Mariscal Ney, que estaba viajando, y el +cnsul de Holanda en Nueva York. + +Hicironse notables los vestidos de tul bordados de plata y oro sobre +fondo de raso blanco, por ser de ltima moda e iguales al que Mme. +Minette hizo en Pars para la actual soberana de Espaa. Las mangas de +este traje conocidas con el nombre de a la _Cristina_, eran cortas, +abobadas y guarnecidas su parte inferior con encaje muy ancho. Tambin +se vieron otros de tul bordados con muchsima delicadeza, sobre fondo +celeste. Llamaron as mismo la atencin general los vestidos de tul +sobre raso blanco con guarnicin en puntas encontradas, adornadas stas +de encaje estrecho y mangas a la _Cristina_. Otros iguales a estos +ltimos, pero con diferentes guarniciones, pudieron sealarse, sin que +dejase de haber muchos ms cuya elegancia y gusto en nada desmerecan de +los ya descritos. + +Los peinados armonizaban con los vestidos. Llevaban unas turbantes +egipcios, otras plumas blancas puestas con mucho donaire; las ms, +jirafas de todos tamaos, adornadas con flores azules o blancas, +guardando unin con el color del traje, y algunas tenan lazos de oro +graciosamente colocados. Era grandioso y bello el efecto que produca la +reunin de tantas y tan hermosas lechuguinas. Animaba la concurrencia +una completa alegra, y rebosaba la sonrisa en los labios de todos. La +etiqueta, que generalmente caracteriza a los bailes de la Sociedad, no +se vio ms que en los vestidos de las seoras y en los trajes de los +hombres, los cuales lucieron a porfa sus recamados uniformes de +gentiles-hombres, de generales, de brigadieres, de coroneles, de altos +empleados, Cadaval y Lemaur sus fajas rojas de seda, al paso que los que +no posean ttulo ni condecoraciones se contentaron con la ltima moda +de Pars en semejantes reuniones. + +Adornaba la testera principal de la sala el magnfico dosel, cuyo centro +ocupaba el retrato del rey Fernando VII. Los paos de la pared sostenan +cuadros histricos y de las cornisas penda una colgadura de damasco +azul con pabellones blancos guarnecidos de vistosos flecos de seda, +sostenida por adornos dorados y clavos romanos, de los cuales caan con +gracia cordones y borlones de seda. El cielo raso de la sala estaba +vestido de damasco del mismo color de la colgadura. + +Cosa de las diez empez el baile y a las once el saln principal estaba +completamente lleno. En los intermedios servan sorbetes y refrescos de +todas clases en grandes bandejas de plata sostenidas por lacayos. Las +seoras que preferan tomarlos fuera del saln tenan preparada para +este efecto una sala alumbrada perfectamente, en donde estaba la +repostera y criados prontos para servirlas; pero la poltica y la +urbanidad de los socios y convidados les ahorr un trabajo que para los +caballeros se convierte en placer cuando se emplea en servicio de las +damas. + +La cena se principi entre doce y una de la madrugada, y consista en +pavo fiambre, jamn de Westfalia, queso, gigote excelente, ropa-vieja, +dulces secos, conservas, vinos generosos de Espaa y extranjeros, +chocolate suculento, caf y frutas de todos los pases en comercio con +la isla de Cuba. Y fue lo ms notable que, compitiendo la esplendidez de +la mesa con su prdiga abundancia, los manjares no costaban sino el +trabajo de pedirlos. + +Puede afirmarse sin temor de ser desmentidos que la elegancia y la +belleza de La Habana se haban dado cita aquella noche en la Sociedad +Filarmnica. Porque all estaba la marquesa de Arcos, hija del famoso +marqus Pedro Calvo, con Luisa, su hija mayor, entonces de quince aos +de edad. Por sta haba improvisado Plcido aquellos versos que dicen: + + _Andaba revoloteando_ + _En el ambiente exquisito,_ + _Muerto de sed un mosquito,_ + _Jugo de flores buscando;_ + _Lleg a tu boca, y pensando_ + _Que era una rosa o clavel,_ + _Introducindose en l,_ + _Porque all el placer le encanta_ + _Muri en tu dulce garganta,_ + _Como en un vaso de miel._ + +All las hermanas Chacn, que merecieron por su hermosura figurar en el +gran lienzo pintado por Vermay[31] para perpetuar la memoria de la misa +que se celebr en la inauguracin del Templete de la Plaza de Armas. +All las Montalvo, de tipo teutnico, una de las cuales fue declarada +reina de la belleza, cuando la corrida de caas el ao anterior, en la +antigua plaza de Toros del Campo de Marte; all la Arango, clebre por +haber contribuido a la evasin del poeta Heredia, y que despus se cas +con un Ayudante de campo del Capitn General Ricafort; all las hermanas +Aceval, Venus de Milo en las formas, tan distinguidas por su talento +como desdichadas por sus pasiones; all las hermanas Alczar, modelos de +perfeccin, as por la simetra de sus menudas facciones, como por las +rosas de sus mejillas y el color negro de sus cabellos; all las Junco y +las Lamar, de Matanzas, conocidas bajo el potico vocativo de las Ninfas +del Yumur; all las tres hermanas de Gamboa, las cuales ya hemos tenido +ocasin de describir; all la Topete, hija del Comandante general del +Apostadero de La Habana, que ms adelante inspir a Palma su inmortal +_Quince de Agosto_, all la menor de las Gmez, Venus de Belvedere, +cuyo cabello castao, ondulante y copioso, llevaba suelto sembrado de +estrellas de oro; all, en fin, entre otras muchas que sera prolijo +enumerar, Isabel Ilincheta, hija del que haba sido asesor del Capitn +General Someruelos, quien posea los rasgos principales del tipo severo +y modesto celtbero, a que deba su origen. + +Como modelos de varonil belleza, entre los jvenes concurrentes al baile +de la Sociedad aquella noche, pudiera hacerse mencin del Teniente +coronel de Lanceros del Rey, Rafael de la Torre, quien unos das despus +muri estrellado contra las ruedas de los quitrines en el Paseo, junto +a la estatua de Carlos III, vctima de la fogosidad de su caballo; +Bernardo Echeverra y O'Gabn, que en los das de gala gustaba vestir el +uniforme de gentil-hombre de Cmara con entrada, por cuanto poda lucir +las bien hechas y rollizas piernas; Ramn Montalvo, en la flor de su +edad, bello como un ingls de la ms pura sangre; Jos Gastn, el +verdadero Apolo de Cuba; Dionisio Mantilla, recin llegado de Francia, +que vena hecho un cumplido parisiense; Diego Duarte, el feliz campen +de las corridas de caas celebradas el ao anterior, con motivo de las +nupcias de Fernando VII con Mara Cristina de Npoles; varios oficiales +de la marina y del ejrcito espaol en sus vistosos uniformes, ms +propios de una parada que de un baile particular. + +Tambin contribuy al lustre de la fiesta la presencia de algunos +jvenes que empezaban a distinguirse en el cultivo de las letras, a +saber: Palma, que haba sido uno de los competidores en la corrida de +caas; Echeverra empleado en la Hacienda, que el ao siguiente alcanz +el premio en el concurso potico abierto por la Comisin de Literatura, +con objeto de celebrar el nacimiento de la Infanta de Castilla, Isabel +de Borbn; Valds Machuca, conocido por _Desval_ en la repblica de las +letras; Policarpo Valds, que se firmaba _Polidoro_; Anacleto Bermdez, +que sola publicar versos bajo el nombre de _Delicio_; Manuel Garay y +Heredia, que imprima sus versos en _La Aurora_ de Matanzas; Vlez +Herrera, el autor del romance cubano _Elvira de Oquendo; Delio_, el +cantor de las ruinas del Alhambra; Domingo Andr, joven abogado, +elocuente y amable; Domingo del Monte, que introdujo el romance cubano, +de variados conocimientos y muy distinguido porte. + +Diego Meneses, Francisco Solfa, Leonardo Gamboa y otros varios, que +tambin se hallaban en el baile, si se exceptan el segundo que era dado +a los estudios filosficos, y el tercero que entraba ya en la clase +rica, no se hacan notables por su talento, aunque los tres solan +escribir en los peridicos literarios; y el ltimo pasaba, adems, por +mozo de buen parecer y varoniles formas. Los literatos, mejor dicho, los +aficionados a las letras, sobre todo los que cultivaban la poesa, +empezaban a tener entrada con la gente que poda tenerse por noble en +Cuba, o que aspiraba, por su caudal, a la nobleza y alternaba con ella. +Mostraban al menos distincin por ellos algunas familias tituladas de La +Habana y los atraan a sus fiestas y reuniones, entre otras, por +ejemplo, los condes de Fernandina, los de Casa Bayona, los de Casa +Pealver, los marqueses de Montehermoso y los de Arco. Dichas fiestas y +reuniones en los das de pascuas de navidad se trasladaban a los +lindsimos cafetales de San Antonio, de Alquzar, de San Andrs y de la +Artemisa, que pertenecan a la gente rica. + +No se presentaron en los salones de la Sociedad nuestros amigos Gamboa, +Meneses y Solfa, sino hasta cerca de las once de la noche. Durante las +primeras horas haban estado visitando los bailes de la feria del ngel, +el de Farruco y el de Brito, sin olvidar la _cuna_ de la gente de color, +en la calle del Empedrado, entre Compostela y Aguacate. En ninguno de +esos sitios haban tomado ellos parte activa, si se excepta el primero, +quien al juego del monte perdi en un instante las dos onzas de oro que +aquella misma tarde le haba metido su madre en el bolsillo del chaleco. +No conoca el valor del dinero, ni jugaba por amor a la ganancia, sino +por el placer de la excitacin del momento; pero sucedi que los bailes +no le prestaron atractivo ninguno, desertados de las muchachas bonitas; +que no logr ver a Cecilia Valds en la ventana de la casa, ni en la +_cuna_, cosas todas que se conspiraron para ponerle de malsimo humor. +Para remate de desdichas, cuando perdidoso y disgustado volva con sus +amigos en busca del quitrn, que haba dejado apostado en la calle del +Aguacate al abrigo de las altas paredes del convento de Santa Catalina, +descubri que no estaba all, ni fue posible encontrarle sino media hora +despus y en punto opuesto y distante. + +Por otra parte, preguntado el calesero sobre el motivo que le indujo a +desobedecer una orden terminante de su joven amo, dio al principio +respuestas evasivas, y al fin, apretado, dijo que un desconocido, medio +cubierto el rostro con un pauelo, le haba forzado a abandonar el +puesto y fingir que se volva a casa, valindose de amenazas terribles. +No pareca creble el cuento: hubo empero que aceptarlo como bueno y +verdico; lo que, si cabe, aument el mal humor de Leonardo, porque en +caso de ser cierta la relacin del calesero, quin poda ser ese +sujeto, ni qu inters tener en que el carruaje aguardase en una u otra +esquina de la calle? Por qu emplear amenazas? Qu autoridad tena +para ello? Aponte no pudo decir si el desconocido era militar o paisano, +comisario de barrio o magistrado, hombre blanco o de color. Tal vez era +un inesperado y desconocido rival que de aquel modo se preparaba a +disputarle el cario de Cecilia Valds. + +Corroboraba tan desagradable sospecha, el hecho de que ni ella, ni su +amiga Nemesia se haban presentado en parte alguna de la feria del +ngel. Adems de eso, la circunstancia de no haber abierto la ventana, +an cuando Gamboa hizo la seal convenida pasando la punta del bastn +por los pocos balaustres que an le quedaban, casi no dejaba duda de que +algo extraordinario haba ocurrido en el humilde y oscuro hogar. + +Mas sea de esto lo que se fuere, que no hay tiempo de verificarlo ahora, +Leonardo Gamboa entr en el baile de la Filarmnica preocupado y de muy +mal talante. Armada sin embargo la danza, en la sala principal y el +aposento del palacio, bastante espaciosos por cierto, segn dice el +poeta: + + _Una noche por fin: entre cristales_ + _La luz reverberaba en los salones;_ + _Y la sangre inflamaba con sus sones,_ + _La danza tropical;_ + +no pudo nuestro hroe sustraerse a su arrobadora influencia. La +orquesta, que diriga el clebre violinista Ulpiano, ocupaba el +anchsimo corredor sobre la mano izquierda, como se sube de la regia +escalera de piedra oscura. Luego, a la derecha, estaba la puerta del +saln, enfrente de otra que daba sobre los ms amplios balcones, que +formaban los portales llamados del Rosario. Dejados los sombreros y los +bastones en manos de un lacayo negro, a la puerta de un cuarto +entresuelo que abra al descanso de la escalera de doble tramo, y +tendiendo la vista por el soberbio saln, que poda tener la carrera de +un caballo, si se nos permite la exageracin, descubrieron los +estudiantes que las animadas parejas le llenaban de extremo a extremo. +Reciban los hombres de espalda, y las mujeres de frente, mientras +esperaban su turno para hacer cedazo, el aire fresco de la media noche, +que entraba por las puertas y ventanas abiertas de par en par. + +Como hemos dicho antes, all se hallaba reunido lo ms granado y florido +de la juventud cubana de ambos sexos, entregada, por el momento al +menos, con alma y cuerpo a su diversin favorita. Y a la luz +deslumbrante de las araas de cristal, en olas de una msica tan +plaidera como voluptuosa, pues que procede del corazn de un pueblo +esclavizado, al travs de la nube sutil de polvo que levantaban los +bailarines con los pies, las mujeres parecan ms hermosas, los hombres +ms bizarros. Poda, pues, entregarse el nimo de la juventud a otros +pensamientos que los que le sugeran los halagadores objetos que tena +delante? No es posible. + +Gamboa se ocup, desde luego, en buscar compaera para tomar parte en el +baile, aunque no le gustaba mucho; pero Meneses, que rara vez bailaba, y +Solfa, que no bailaba nunca, se quedaron de espectadores en el medio del +saln, observando el ltimo, con sonrisa amarga, que mientras aquella +loca juventud gozaba a sus anchas de los placeres del momento, el ms +estpido y brutal de los reyes de Espaa pareca contemplarla con aire +de profundo desprecio desde el dorado dosel donde se vea pintada su +imagen odiosa. + +Andando con algn trabajo entre las apiadas filas de espectadores y +bailarines, tropez Gamboa con la ms joven de las seoritas Gmez, cuyo +retrato hemos hecho arriba a vuela pluma, en lo ms empeado de la +danza. Por todo saludo, sin dejar de girar, como una slfide, en brazos +de su pareja, le dijo ella antes con los ojos que con la lengua:--Ah +est Isabel. + +--Bailando? pregunt el joven. + +--Qu bailar! Esperando por Vd. + +--Por m? Qu descanso el suyo. Pues por un tris no vengo al baile esta +noche. + +En efecto, aquella seorita se hallaba a la sazn en toda apariencia +comiendo pavo, segn reza la frase vulgar en Cuba, es decir, sentada a +la izquierda, cerca de la puerta del aposento entre una seora de +mediana edad y el culto abogado Domingo Andr, con quien sostena +animada conversacin. No obstante su natural despreocupacin, sinti +Gamboa un arranque de celos que le fue imposible reprimir, no ya porque +estuviese de veras enamorado, sino porque el caballero en cuya compaa +la encontraba, era asaz galn y saba insinuarse en el nimo de las +mujeres discretas. De paso debemos decir, sin embargo, que el norte de +las galanteras de Andr por aquella poca, se dirigan a otra beldad +muy distinta de Isabel Ilincheta, la misma que perdi por tmido y que +gan por osado el literato dominicano Domingo del Monte, si no estamos +muy equivocados, en la noche de que estamos hablando. Por lo que hace a +Isabel, recibi a Leonardo con una sonrisa adorable, lo cual, lejos de +tranquilizarle, fue parte a causarle mayor desazn. Cambiados los +saludos de costumbre, pues la compaera de Isabel, madre de las Gmez, +era amiga del joven estudiante, lo mismo que Andr, en prueba de que no +tena nada de coqueta, tampoco de vengativa, dijo muy risuea: + +--Deca a este caballero poco hace, que tena comprometida esta danza, y +no me quiere creer. + +--Es que Vd. no ha bailado ninguna todava, que yo sepa, repuso Andr. + +--Cierto que dos se han bailado solamente, replic Isabel sin cortarse, +pero hasta ahora que se baila la tercera, no ha venido Vd. a invitarme. + +--Lo que quiere decir en sustancia, continu Andr, que he llegado en +hora menguada. Cmo ha de ser! + +--Esta seorita tiene razn, interpuso Leonardo repuesto de su embarazo. +Por compromiso anterior, en cualquier baile donde nos encontremos, me +reserva ella la tercera danza. No he podido llegar, pues, a mejor hora +segn veo. Por eso se dice que ms vale llegar a tiempo que rondar un +ao. + +--Ya, exclam el galante abogado, el caso es que con las buenas mozas +pocos somos los que llegamos a tiempo. + +Andr salud y fue a formar coro a las dos hijas del potentado Aldama, +de las cuales la menor, de nombre Lola, ceda a muy pocas aquella noche +la palma codiciada de la belleza. Entretanto Leonardo e Isabel, cogidos +por la mano, se metieron en las filas de la danza, no distante de la +cabecera, mediante el favor de amigos mutuos, que, aunque llegaron +tarde, no les dejaron incorporarse a la cola, como era de rigor. La +cubana danza sin duda que se invent para hacerse la corte los +enamorados. En s el baile es muy sencillo, los movimientos cmodos y +fciles, siendo su objeto primordial la aproximacin de los sexos, en un +pas donde las costumbres moriscas tienden a su separacin; en una +palabra, la comunin de las almas. Porque el caballero lleva a la dama +casi siempre como en vilo, pues que mientras con el brazo derecho la +rodea el talle, con la mano izquierda la comprime la suya blandamente. +No es aquello bailar, puesto que el cuerpo sigue meramente los compases; +es mecerse como en sueos, al son de una msica gemidora y voluptuosa, +es conversar ntimamente dos personas queridas, es acariciarse dos seres +que se atraen mutuamente, y que el tiempo, el espacio, el estado, la +costumbre ha mantenido alejados. El estilo es el hombre, ha dicho +alguien oportunamente; el baile es un pueblo, decimos nosotros, y no hay +ninguno como la danza que pinte ms al vivo el carcter, los hbitos, el +estado social y poltico de los cubanos, ni que est en ms armona con +el clima de la Isla. + +La noche en cuestin luca Isabel Ilincheta a maravilla las gracias +naturales de que la haba dotado el cielo. Era alta, bien formada, +esbelta, y vesta elegantemente, conque siendo muy discreta y amable, +est dicho que deba llamar la atencin de la gente culta. Hasta la +suave palidez de su rostro, la expresin lnguida de sus claros ojos y +finos labios, contribua a hacer atractiva a una joven que, por otra +parte, no tena nada de hermosa. Su encanto consista en su palabra y en +sus modos. Entraba en la pubertad cuando perdi a su madre, y para +educarla, lo mismo que para libertarla de los peligros del mundo, su +padre la puso al cuidado de las religiosas Ursulinas, venidas de Nueva +Orleans y establecidas en su convento de puerta de Tierra desde +principios de este siglo. Despus de un pupilaje de ms de cuatro aos, +en que recibi una educacin antes religiosa que erudita y completa, se +retir al campo, en el cafetal de su padre, cerca de la poblacin de +Alquzar, junto con su hermana menor, Rosa y una ta, viuda de un +cirujano de marina, de nombre Bohorques. Este individuo haba hecho +varios viajes a la costa de frica en las expediciones despachadas por +cuenta de la sociedad de Gamboa y Blanco. Contrajo de esas resultas una +enfermedad terrible, muri en la travesa y le arrojaron al agua, cual +otros muchos de los infelices salvajes a quienes haba ayudado a plagiar +de su nativo suelo. En ms de una ocasin fue la viuda, con tal motivo, +el objeto de la munificencia de don Cndido Gamboa. Leonardo la visit +en el cafetal de Alquzar, y no pudo menos de enamorarse de la sobrina, +cuya modestia y gracias realzaban su clara inteligencia y fina +discrecin. + +No haba nada de redondez femenil, y, por supuesto, ni de voluptuosidad, +ya lo hemos indicado, en las formas de Isabel. Y la razn era obvia: el +ejercicio a caballo, su diversin favorita en el campo; el nadar +frecuentemente en el ro de San Andrs y en el de San Juan de Contreras, +donde todos los aos pasaba la temporada de baos; las caminatas casi +diarias en el cafetal de su padre y en los de los vecinos, su exposicin +frecuente a las intemperies por gusto y por razn de su vida activa, +haban robustecido y desarrollado su constitucin fsica al punto de +hacerle perder las formas suaves y redondas de las jvenes de su edad y +estado. Para que nada faltase al aire varonil y resuelto de su persona, +debe aadirse que sombreaba su boca expresiva un bozo oscuro y sedoso, +al cual slo faltaba una tonsura frecuente para convertirse en bigote +negro y poblado. Tras ese bozo asomaban a veces unos dientes blancos, +chicos y parejos, y he aqu lo que constitua la magia de la sonrisa de +Isabel. + +No debe extraarse que, siendo Leonardo un tanto descredo y despegado, +sintiese pasin por una joven tal como la que acaba de describirse. +Entraba l por las puertas doradas de la vida. A pesar de sus +connotaciones y de su riqueza, no haba tenido an trato con las mujeres +de su esfera y educacin, ni haba empezado a buscar en ellas tampoco la +compaera futura de su vida. La aspereza suya no era sino externa, +estaba en sus maneras bruscas, porque all en el fondo de su pecho, como +habr ocasin de observarlo, haba raudal inagotable de generosidad, +ternura de sentimientos. Dios, por dicha, no le haba negado la +capacidad de amar, slo que las mujeres con quienes hasta all haba +tropezado, o haban cedido a la fogosidad de sus afectos, a la +intrepidez de sus pocos aos, o a la influencia de su _lluvia de oro_. +Ninguno de estos mviles poda tener ascendiente en el nimo de una +joven rica, bien educada, modesta y virtuosa como Isabel Ilincheta. +Atrado Leonardo primero por sus prendas fsicas, seducido despus por +sus relevantes dotes morales, comprendi desde luego que para ganar su +afecto fuerza era tocar su corazn, hablar a su entendimiento. Por otra +parte, aquella mujer que se presentaba a los ojos de Leonardo bajo un +nuevo aspecto, habitaba el trasunto del paraso terrenal cuando la vio +por la primera vez. + +Si podemos prescindir del esclavo y de sus padecimientos, que son, sin +embargo, ms llevaderos en los cafetales, se convendr en que Isabel, su +hermana Rosa, su ta doa Juana, su padre y criados, llevaban una vida +de paz y quietud, lejos del bullicio de la ciudad, rodeados de olorosas +flores, de los cafetos y naranjos siempre verdes, de las airosas palmas, +del clsico pltano, embebecidos con el canto perenne de las aves y el +susurro melanclico de la brisa en los campos de Cuba. Hasta la estacin +de los aguinaldos y de los azahares, en que Leonardo conoci a Isabel, +contribuy a rodearla de encanto a sus ojos y a despertar en su pecho +algo que no haba sentido nunca a los 21 aos de su vida: el amor. + + + + +CAPTULO IV + + _Princesa.--Su nombre al menos_, + _Rey.--Nunca, nunca, nunca._ + + Sueos de amor y ambicin. + + +El callejn de la Bomba, como el de San Juan de Dios, que parece ser su +continuacin, se compone de dos cuadras. Es, si cabe, ms estrecho, +hondo y hmedo, an cuando sus casas son en general ms amplias. En una +de stas, inmediato a la calle del Aguacate, viva Nemesia Pimienta con +su hermano Jos Dolores, ocupando dos cuartos seguidos, cuyo mueblaje se +reduca a un par de sillas, un columpio, una mesita de pino y un catre +de viento, que se abra de noche y se cerraba de da, a fin de despejar +el campo. + +Anochecido ya, Nemesia sali de la sastrera de Uribe y se encamin a +paso menudo hacia el barrio del ngel. Prefiri para ello la calle del +Aguacate, que si bien ms solitaria y oscura, por la ausencia de +establecimientos pblicos, conduca derecho a dos puntos en donde de +paso quera detenerse. Cuando lleg a las cuatro esquinas formadas por +la calle de O'Reilly y la traviesa que llevaba, se detuvo un breve rato, +pensativa e indecisa. Mir primero atrs, luego a su derecha, despus +adelante, fijando la mirada en la ventanilla de la casucha inmediata a +la taberna de la izquierda, aunque por estar en lnea paralela a la +observadora, slo se distinguan las molduras de los balaustres que +sobresalan un poco del plano de la pared. Difcil era, pues, saber si +haba o no persona asomada all o a la puerta. En consecuencia, la +mulata se traslad a la esquina de abajo y dio un silbido peculiar muy +agudo, haciendo pasar el viento con fuerza por entre los dientes del +medio de la mandbula superior. + +Algunos segundos despus vio asomar por los balaustres de la ventana un +canto de la cortina blanca; pero al acudir al reclamo, not que +descenda del terrapln del convento un caballero a paso largo, que se +diriga derecho al punto objetivo de sus miradas. Estvose a observar lo +que pasaba. Quin sera ese sujeto? Quin le aguardaba en aquella +casa? Vesta de frac oscuro, pantaln claro y sombrero de ala angosta y +copa desproporcionadamente ancha, sobresalindole por detrs el cuello +blanco y recto de la camisa. No era joven, ni anciano, sino de mediana +edad. A pesar de la oscuridad, todo eso lo pudo notar Nemesia a la corta +distancia a que se encontraba, que no exceda de treinta pasos. Su +porte, sus movimientos acompasados y firmes, no podan confundirse con +los de un mozalbete ni de un viejo. + +Se dirigi, sin embargo, con aparente cautela al punto donde se vea el +canto de la cortina blanca, sostuvo un breve dilogo con la persona que +se hallaba oculta detrs de sus pliegues, y entonces, a paso largo +sigui al abrigo de las altas paredes del convento, la vuelta de la +Punta. Nemesia le perdi bien pronto de vista en la oscuridad; pero no +le qued duda de que le esperaba un carruaje a mediados de la cuadra, +porque oy distintamente el ruido de las ruedas en las piedras de la +calle, corriendo en sentido opuesto a aqul en que ella estaba, y +favorable al que segua el desconocido. + +Aguijada por la curiosidad, volvi la muchacha a silbar como lo haba +hecho antes; le contestaron desde la ventanilla moviendo la cortina +blanca, y acudi al punto; pero en vez de su querida amiga Cecilia, +slo encontr a la abuela. Cul de las dos mujeres haba recibido y +hablado con el caballero del frac oscuro y el sombrero de copa abultada? +Nuevo motivo de curiosidad y de mayor confusin. + +--Ah! Era Vd., Chepilla? exclam Nemesia. + +--Entra, le dijo sta, pasando a la puerta y quitando con la punta del +pie la media bala que la aseguraba. + +No se hizo de rogar la muchacha. Pareca seria y desazonada la abuela; y +la nieta, sentada en un rincn, con el traje flojo, el aspecto +desaliado, la cabeza doblada sobre el pecho, los brazos extendidos y +los dedos cruzados en la falda, era viva imagen del abatimiento y de la +desesperacin. + +--Entra, hija ma. Seas bienvenida, repiti Chepilla. Entra y sintate; +hazme el favor de sentarte, aadi notando que la moza se mantena en +pie, como azorada y confusa. + +--Ya es tarde y estoy de prisa, repuso sta dejndose caer maquinalmente +en la butaca de cuero delante del nicho en que se veneraba la imagen de +la Dolorosa. + +Iba Chepilla a repetir la instancia, pero visto que la recin llegada se +sentaba sin ms demora, se qued parada entre ella y su nieta. + +--Deca, agreg Nemesia a poco rato, que es tarde y vena de prisa. Fui +a llevar unas costuras al taller de _se_ Uribe, y _me se_ ha hecho de +noche. Porque resulta que Clarita su mujer es muy conservadora, y +despus quiso que la ayudara a cerrar la saya de un tnico que est +haciendo para la Nochebuena chiquita.[32] Jos Dolores debe de estar +esperndome. El sali del taller mucho antes que yo, pues tena que +tocar en la salve del Santo ngel Custodio. Por cierto que ha habido +mucha gente de fuste esta tarde en la sastrera, todos a buscar ropa +para un baile en la Filarmnica, y para las Pascuas de Navidad. A _se_ +Uribe hay que hacerle el encargo con tiempo. Bien que el trabajo le +llueve. Todos dicen que est haciendo mucho dinero, pero es ms +gastador... Mas ahora que me acuerdo, qu sucede por ac? Parecen Vds., +muy atribuladas, dijo Nemesia notando que ninguna de las dos mujeres le +prestaba atencin. + +Suspir Cecilia nicamente y la abuela dijo: + +--No es cosa lo que sucede; slo que esta muchacha (sealando para la +nieta con un movimiento de los labios) parece poseda... Dios nos +asista! (y se persign). Iba a decir un disparate. Quiero que seas el +juez y la consejera en este caso, aunque t puedes ser dos veces mi +hija. Por eso te he hecho entrar. Vamos, dime, hija ma, qu haras t +si tu protector, tu amigo constante, tu nico apoyo en el mundo, como si +dijramos, tu mismo padre, que es verdaderamente un padre para nosotras +pobres, desvalidas mujeres, sin otro amparo bajo el cielo, qu haras +t si te aconsejaba, vamos, si te prohiba el que hicieras una cosa? Di, +t lo haras? T le desobedeceras? + +--Mamita, salt y dijo Cecilia sin poder contenerse; su merced no ha +pintado el caso como es. + +--Cllate, replic la abuela con imperio. Deja que Nemesia conteste. + +--Pero su merced parte de un principio equivocado, y Nene no puede +contestar derecho, aunque quiera. Su merced dice que nuestro amigo, +nuestro protector, nuestro apoyo y qu s yo qu ms, ha rogado y ha +prohibido que hagan y deshagan. Y en primer lugar, la persona a que su +merced se refiere, no creo que es nada de lo que su merced dice para +nosotras, al menos para m. En segundo lugar, por ms que me devano los +sesos, no veo la razn ni el derecho que tenga para meterse en mis cosas +y ver si salgo, o si entro, si me ro o si lloro... Voy a acabar, +agreg Cecilia de pronto, advirtiendo que la abuela iba a cortarle la +palabra. Sobre todo, su merced no tena para qu haberme _rompido_ el +tnico de punto de ilusin y la peineta de teja, slo por darle gusto a +un viejo que me tiene ojeriza, y est celoso porque yo no lo quiero ni +lo querr nunca, as... + +--No creas nada de lo que dice esa chica, la interrumpi la anciana. + +--Pues no me rompi su merced el tnico y la peineta? Por culpa de +quin fue? No fue por culpa de ese viejo narizn que Dios...? + +--Calla, calla, le ataj la abuela. No blasfemes despus de haber +rabiado, porque creer que ests en pecado mortal. Si se rompi el vuelo +del vestido no fue porque te propusiste ponrtelo contra mi expresa +voluntad? Quin tuvo la culpa de que se cayera y se quebrara la +peineta? T, nadie ms que t, porque si no tuvieras esos actos de +soberbia, nada de eso hubiera sucedido. S, s, es preciso que te +confieses, es preciso que hagas penitencia, que te arrepientas de tus +pecados y que te enmiendes. Ests en pecado mortal, y si sigues as vas +a parar en mal. Hay que poner remedio a esto en tiempo. + +--Esa s que est mejor! continu Cecilia a pesar de los ojos que le +echaba la abuela. Nunca haba odo decir que era pecado no querer a +quien no le gusta a uno. + +--Y quin te dice que le quieras, espiritada? exclam la Chepilla con +vehemencia. El te enamora acaso? El pecado consiste en no agradecer los +favores que nos hacen y en morder la mano que nos acaricia. + +--Vamos a ver, cules son los favores de que habla su merced? La +mesada que nos pasa? Los regalos que me hace de Corpus a San Juan? Dios +y l slo saben el motivo que le gua. No es extrao, muy extrao, que +sea tan generoso con nosotras, pobres mujeres de color, un hombre +blanco y rico que no es nada de su merced, ni mo tampoco? + +--Y vuelta, Cecilia? No prosigas ni ensartes ms disparates. El enemigo +malo nicamente pudiera inspirarte unas ideas tan contrarias a la +humildad y a la caridad cristianas. Cmo puede ser buena hija, buena +esposa, buena madre, ni buena amiga, la mujer que no agradece favores ni +paga beneficios? Por pequeos que sean (que no lo son) los favores que +nos hace el caballero dicho, nuestro deber es agradecrselos, ya que no +podemos otra cosa. Es grave pecado pagar bien con mal. Tus murmuraciones +y tu ingratitud nos van a costar muy caro. + +--No s cmo su merced entiende mi conducta con l. Apenas le conozco. +Ni le doy ni le quito; lo que no quiero es que me mande y se meta en mis +cosas. + +--Es que t tampoco parece que lo entiendes a l. Si desea que no hagas +esto o aquello, es por su bien o por tu bien? Si aprueba o desaprueba +algo de lo que t dices o haces, qu mejor prueba puede darse de su +cario para contigo, y de su buen corazn? Figrate, Nemesia, que el +individuo de que hablamos (bueno es que t lo sepas) es una dama en su +trato, y su generosidad para nosotras tan grande como desinteresada, y +debe dolerle muchsimo... + +--Desinteresada? repiti Cecilia. He ah lo que no puedo... + +--No me interrumpas, nia; estoy hablando con Nemesia. Nos da cuanto +necesitamos y muchas cosas que apetecemos. Apenas le indico un deseo de +esta nia, cuando se apresura a complacerla. Di que no. Preciso es que +no tengas conciencia si lo niegas. + +--Y no lo niego. Todo eso es muy cierto, pero por qu lo hace? + +--Lo mejor de todo, prosigui la Chepilla, es que de m no exige nada, y +de ti no espera otra cosa que cario, gratitud, y... respeto. + +--Hete aqu la que me mata, salt otra vez Cecilia con vehemencia. +Sabes t, Nene, de alguna persona que d palos de balde? Yo no la +conozco. Que no exija nada de mamita, se comprende; pero que espere de +m slo cario, gratitud y respeto, como dice ella, eso que lo crean los +tontos. T sabes de quin hablamos. No es as? Pues bien, el tal no se +puede tener en rigor por viejo. Le sobra el dinero y ha sido toda su +vida, segn dice mamita, un correntn y enamorado como hay pocos. Hasta +ayer, como quien dice, segn me ha contado mamita, a pesar de ser casado +y con hijos, mantena mujeres, con preferencia las de color. Ha perdido +ms muchachas que pelos tiene en su cabeza; y mamita parece empeada en +hacerme creer que su generosidad conmigo es inocente y desinteresada. +Quien no lo conozca que lo compre. + +--Hablas por hablar, nia, dijo la abuela al cabo de un largo espacio de +meditacin y de silencio. Nada de lo que has dicho viene al caso, ni se +trata de eso tampoco. Se trata de que t no le complaces, ni le tienes +voluntad a una persona que es tan buena contigo y slo le lleva el bien +que te puede resultar de que hagas o no hagas ciertas cosas. _Verbi +gratia_: por qu habas de salir esta noche si l no quera que +salieras? Cuando l se opona, algn motivo tena. Ese motivo no puede +ser otro que tu bien. Considera, Nene, agreg la anciana en tono ms +blando, que poco antes de llegar t estuvo aqu el buen seor... No +entr. Qu! El nunca entra. Lo primero que hizo fue preguntar por +Cecilia. Siempre pregunta y se ocupa mucho de ella, por supuesto +desinteresadamente; quiero decir, sin otra mira que la de saber cmo va +de salud. T lo sabes, Nemesia; al menos me lo has odo decir muchas +veces... Estuvo por la ventana... Slo un momento. Luego que pregunt +por la salud de Cecilia, como te he dicho, con mucho inters, con el +inters de un... As que le dije que ella se preparaba para ir a la +_cuna_ del ngel, me dijo muy agitado, s, muy agitado, se le conoca, +porque hasta le temblaba la voz:--No la deje ir, _sea_ Chepa, no la +deje ir, detngala; esa chica busca su perdicin... (Ese es su modo de +hablar). No la deje ir, detngala, en otra ocasin le explicar lo que +pasa. Luego se fue, arrimadito a la pared como si temiera de que lo +viesen. Al irse me puso una onza de oro en la mano para zapatos para +Cecilia. Puede darse mayor generosidad ni nobleza de alma? Estar +enamorada una persona que siempre obra as? Vamos. Di. Ves en esto +inters malicioso, celos mundanos, amor? De esa manera enamoran los +hombres de su edad hoy en da? Bien, qu te parece, Nemesia? Qu +opinas? + +--Yo, en verdad, contest Nemesia, consultando con la vista el semblante +de su amiga, no s qu decir, ni me atrevo a dar una opinin franca. Sin +embargo, aadi luego ms animada: yo que Cecilia me rea de todo eso, +en vez de ponerme brava. Si el hombre estaba enamorado de veras, porque +lo estaba, y si no para burlarse de l y que me pagase por todo lo malo +que me hicieran los dems. A m no me importara un comino que uno como +se me hiciera la rueda y me celara a todas horas; mientras me daba +dinero, le pagaba con sonrisas. Y no se diga que yo proceda mal, ni +cometa un pecado, porque los hombres son todos falsos, fingen amor +cuando no lo sienten, y tienen tantas tretas que es difcil conocer +cuando quieren de verdad y cuando se proponen engaar a las pobres +mujeres. Piensa mal y acertars, dice el proverbio. Qu dao te puede +resultar tampoco, Celia, de no ir esta noche a la _cuna_? + +--Dao ni bien no me poda resultar de ir o no ir esta noche, claro +est, replic Cecilia. El caso es que el hombre de que habla mamita se +ha propuesto meterse en mis negocios y gobernarme, por puro capricho o +por gana de moler la paciencia, y eso es lo que hallo intolerable. + +--Est bien, mujer, observ Nemesia blandamente; mas no veo que te cause +ninguna extorsin con meterse. + +--Cmo que no? repuso Cecilia prontamente. Mamita toma su parte desde +luego, y me regaa, y me pelea, y me rompe el tnico para que me quede +en casa y le d gusto al viejo majadero. Te parece poco? + +--Ya, a m tampoco me gusta que se meta _naiden_ en mis negocios. Con +todo, a veces tiene una que hacerse la boba, a fin de sacar mejor +partido de ciertos hombres. A se se le ha metido en la cabeza mandarte +y celarte; djale seguir su capricho, mujer; haz que le das gusto; no le +deseches de una vez; sonrete con l, por lo menos mientras se muestra +dadivoso, y gozars y vivirs hasta ponerte vieja. + +Por entonces la conversacin se concretaba a Nemesia y su amiga, porque +la anciana haba vuelto a su butaca y a sus cavilaciones. + +--Mira, prosigui aqulla, que el que se apura se muere. Por otra parte, +ten por seguro que ningn viejo por marrullero que sea es peligroso para +una muchacha como t. + +--No, yo no lo creo peligroso, no le temo ni un tantico, dijo Cecilia. +Yo soy muy independiente y no consentir jams que nadie me gobierne, +mucho menos un extrao. + +--Extrao! repiti la abuela para s, con voz ronca y profunda. + +Las dos muchachas se miraron como azoradas, as por el tono como porque +ambas la creyeron absorbida completamente en sus tristes pensamientos. + +--Su hijo, prosigui Nemesia en baja voz. T me entiendes... Ese s que +es de temer... Joven, bien plantado, rebosndole la gracia por todas +partes, con mucha labia y dinero para derramarlo como quien derrama +agua... No hay mujer de corazn que se resista. Es verdad, china? No es +posible verlo y orlo sin quererlo. Yo me guardara de un hombre como l +como del diablo. Ya le ha dado quebraderos de cabeza a ms de una +muchacha. Tiene a quien salir. + +Continuaba la Chepilla en su abstraccin, sin or ni entender, en la +apariencia, las palabras de Nemesia. Cecilia al contrario, desde que su +amiga mencion a su amante, se volvi toda odos, comprendiendo que ella +se propona comunicarle alguna noticia importante. + +--Pues como te iba diciendo, aadi Nemesia, cuando sal de la sastrera +de _se_ Uribe, tom por la calle del Aguacate, y al enfrentar con la +casa de las Gmez, que sabes t est detrs del convento de las monjas +Teresas, o msica y voces de hombres y mujeres. Me arrim a una de las +ventanas que tiene el poyo alto. Estaban abiertas las hojas y las +cortinas echadas. Haba en la sala una gran reunin: tocaban, cantaban y +bailaban. Qu da es hoy? Ah! El 27 de Octubre. Toma! Si es el santo +de la ms chica de las Gmez, Florencia! Por eso estaba vestida de +blanco y tena el cabello suelto, y muy crespo para ser de mujer blanca. +Cuando menos... Eso s hermossimo, porque es largo y abundante, aunque +me gustara de color ms oscuro. + +Cecilia dio un suspiro y Nemesia continu ya sin ms rodeos: + +--Deca que rodeaban a Florencia delante del piano varias seoritas y +caballeros. Sabes quin estaba all tambin? S, no me cabe duda, era +ella. Te acuerdas de la muchacha alta, plida, buena moza, que te dije +pas por la Loma del ngel en el quitrn de las Gmez, la maana de San +Rafael? La misma. Conversaba con Meneses, el amigo de... t sabes. Por +all estaba el otro tambin, que siempre anda junto con los dos +individuos... Cmo se llama? Sola, Sofa. Ah! Ya, Solfa. Pero el +individuo no estaba, mencionaron su nombre nicamente. Estoy cierta que +lo mencionaron... + +--Quin lo mencion? pregunt Cecilia con ansiedad. + +--No te pudiera decir lo cierto; mas si no me engao, entre Meneses y la +muchacha plida. Ellos hablaban de l. Segn entend, todos iban al gran +baile que se da esta noche en la Filarmnica. + +--Lo tema, dijo Cecilia. + +--Ay! exclam Nemesia. Ahora caigo para quin era el chaleco de seda +que tuve que hacer con tanta premura. Oh! Si lo averiguo antes no me +apuro para acabarlo en tiempo. Cos hasta bien tarde de la noche, porque +me lo dieron ayer tardecita y se quera para hoy a las tres. Quin lo +hubiera adivinado! Al menos no hubiera ido l al baile de la gente +blanca con un chaleco hecho por m. Para lucrselo a Dios sabe quin. +Nadie sabe para quin trabaja. Digo esto por ti, chinita, porque a m no +me va ni me viene. El no me pertenece; slo me intereso por ti, que has +puesto tu cario... Cuidado que los hombres son ingratos! Pero ms vale +callar y no ponerle ms lea al fuego. + +Bastaba, en efecto, y sobraba lo dicho para poner en ascuas a una joven +menos fogosa que Cecilia. A medida que la amiga fue desarrollando su +pensamiento, pues lo haba de seguro en las noticias que comunic y an +en el modo de comunicarlas, fue creciendo su clera y desazn. Qu +hacer en aquellas circunstancias a fin de impedir, si era tiempo, que el +individuo, segn Nemesia, se viese en la Filarmnica con la seorita +desconocida? Eran celos, rabia, desesperacin lo que senta. No caba en +la silla, cerca de la ventana. Se levant varias veces en ademn de +entrar en el aposento, sin duda para mudarse de traje y salir a la +calle, y otras tantas volvi al asiento. La sangre estaba a punto de +ahogarla. + +La abuela entre tanto segua como absorbida en devotas oraciones, +sobando, al parecer, con el pulgar e ndice de la mano derecha, una tras +otra, las cuentas negras del rosario que tena en el regazo, y con los +ojos cerrados. Nemesia miraba de soslayo a su amiga, lea, como al +travs de un cristal pursimo, la fiera batalla que se libraba en su +pecho, y de cuando en cuando se sonrea ligeramente, cual si hubiera +previsto todo aquello, o no temiese que tuviera un resultado +desagradable. Al cabo Cecilia se desplom en la silla, exhal un suspiro +profundo y murmur: + +--Ms vale que no; yo s lo que he de hacer. De m no se burla nadie... +Casi me alegro... No salgo a ninguna parte. + +Chepilla alz entonces la vista y mir a la nieta con cierta alegra +mezclada de compasin. Por su parte Nemesia, en toda apariencia +satisfecha, ms diremos, orgullosa de que su venida hubiese surtido todo +el efecto deseado, se march, despidindose cariosamente de sus +amigas. + + + + +CAPTULO V + + _An pienso estaros mirando..._ + _La faz terrible y airada,_ + _La vista desencajada,_ + _El ltigo vil sonando._ + + J. PADREZ + + +Llegaba Nemesia a la puerta de su casa, a tiempo que sala de ella su +querido hermano Jos Dolores con el clarinete en la funda debajo del +brazo y un rollo de papeles de msica en la mano. Segn costumbre, +caminaba cabizbajo y meditabundo. Por esta razn y por estar muy oscura +la calle, no habiendo tampoco luz en la casa, por poco se cruzan los +hermanos sin reconocerse, a pesar de la proximidad. As como as, ella +le reconoci primero, se le atraves en el camino y le pregunt +repitiendo dos versos de una cancin tan popular entonces como llena de +malicia: + +--A dnde vas con ese gato y la noche tan oscura? + +--Qu! dijo Jos Dolores sorprendido. Ah! Eres t? Me cans de +esperarte. + +--Tan temprano para el baile? + +--Pues, qu hora es? + +--Tocaban a vsperas ahorita mismo en Santa _Catarina_, cuando pas por +el costado del convento. + +--Te equivocas; debe ser ms tarde de lo que t te figuras. + +--Puede ser, porque traigo la cabeza como un giro, y no s lo que me +pasa. + +--Pues qu sucede, hermana? Despacha que estoy de prisa. + +--Bien. No quiero detenerte mucho. Sin embargo, creo que tenas tiempo +de tomar un bocado... Una taza de caf. + +--Ya anduve yo ese camino. Tom caf con leche, pan y queso, y esto me +basta hasta media noche en que har por tomar gigote o cosa as. Di. + +--En la casita a la otra puerta de la taberna de la esquina de la calle +de O'Reilly, t me entiendes, ha habido una _San Francia_ esta noche. + +--Cmo as? Y t parece que te alegras. + +--Hay de todo. Te dir. Pasaba yo por all... _Sea_ Clara me detuvo ms +de lo regular en la sastrera. Pues pasaba por all, aunque era bastante +tarde, porque haba quedado con Cecilia en que daramos una vuelta por +el ngel despus de la salve. Ella sospechaba que el individuo que +estuvo esta tarde en la sastrera a buscar su ropa nueva iba al baile de +Farruco para verse con la muchacha del campo del da de San Rafael, y se +propona pillarlo _en fragante_. Clculos de mujer celosa. Apenas llegu +a la esquina vi acercarse un hombre a la ventana de la casita y hablar +con una persona que estaba detrs de la cortina. Aquello pic ms mi +curiosidad, y as que se separ el hombre me acerqu yo... Y con quin +te figuras t que me top? Con Chepilla. Me hizo entrar. Acababa de +haber all una de mar y morena. Parece que Cecilia se haba vestido para +salir conmigo; y la abuela, en la brega de impedrselo, le rompi el +tnico y la peineta de teja. Todo eso sucedi en un momento. + +--Pobre muchacha! exclam el msico compadecido. + +--Cecilia es muy cabezadura. Cuando se le pone una cosa, eso ha de ser; +de manera que la abuela vio los cielos abiertos luego que yo me +aparec. Ya ella no puede con la nieta. Pues bien, me hizo entrar para +ver si entre las dos logrbamos que Cecilia no saliera. + +--Lo lograron? pregunt Jos Dolores con muestras de inters. + +--Por supuesto, dijo Nemesia con intencin. Yo saba por donde atacarla +y no erre el golpe. La abuela no quera que la nieta saliera; yo tampoco +quera, y sucedi que el hombre del barrio de San Francisco que las +mantiene, lo haba prohibido. Ese fue, como luego supe, el que estuvo +por la ventana hablando con Chepilla antes que yo. + +--Qu es _l_ de _ella_? Quisiera saberlo. + +--Yo, verdaderamente, no lo s. A veces _me se_ figura que es mucho +cuidado el suyo para mero enamorado... + +--Si ser su padre! _Se_ Uribe cree a puo cerrado que lo es y +sostiene que la madre vive. Pero dnde est la madre? Quin la conoce? +Quin la ha visto? + +--Eso es lo que yo digo. + +--Ah tienes. Yo me tengo tragado que el padre y el hijo estn +enamorados de Cecilia hasta la punta del pelo. + +--Puede ser, hermana, porque se han visto muchos de esos casos en el +mundo. Ella preferir al hijo... + +--Se entiende, y quin no preferira el joven al viejo? + +--La hermosura de Cecilia ser al fin la causa de su perdicin. Qu +puede esperar ella de esos dos blancos? El viejo quizs le d dinero, +lujo y cuidados, mas el joven...? Este no es posible que se case con +ella; gracias si la toma de querida por algn tiempo, se fastidia y la +deja con dos o tres hijos el da menos pensado. Yo no s qu ser de m +si tal cosa sucede. No quiero pensar en eso. + +--Ella te tiene voluntad, pero no amor. Bien claro que lo veo. Sin +embargo, si yo pudiera hacer que olvidara a Leonardo, estaba vencida la +principal dificultad. + +--La que bien quiere, tarde o nunca olvida. + +--Hay sus excepciones, y Celia, que es muy soberbia, no es imposible que +por lo mismo que quiere mucho olvide pronto. Del amor al odio no hay ms +que el salto de una pulga. + +--Esa, al fin, es una esperanza. + +--Te juro que le ha de costar mucho trabajo engaarla y engaarme a m. +Yo conozco mejor que l el flaco de Celia y tengo esta ventaja. Ahora +poco le dije a ella una cosa que la puso como candela. Est que trina +contra el individuo. Ya se le pasar la rabieta, pero volver a la carga +y estoy segura que la har saltar las trancas... Todo lo que sea +alejarla de l, es acercarla a... + +No le dej concluir la frase Jos Dolores. Se sonri tristemente, y +diciendo a su hermana que no le esperase, se march en direccin de la +calle del Aguacate. Nemesia entr en su cuarto repitiendo cual si +hablara con otro: + +--Cmo que yo me mamo el dedo! No siempre haba de trabajar para el +ingls. Si no ha de ser para m, que no sea para ella tampoco. El es muy +enamorado y le gustan mucho las pardas. No es tan difcil la cosa como +parece. Veamos si de una va hago dos mandados. Ella para Jos Dolores y +_l_ para m. Se puede, se puede... + +Ahora corresponde que volvamos al sarao en la Filarmnica donde hemos +dejado a Leonardo Gamboa en las filas de la danza con Isabel Ilincheta. +Comprendiendo bien ella el carcter de su pareja, no le dio queja +ninguna sobre su falta de puntualidad en escribir, ni de su aparente +desvo; le habl, al contrario, de asuntos indiferentes: de los amigos +mutuos en el campo; de las ocurrencias en el partido de Alquzar; del +rosal rojo que l haba injertado en el rosal blanco del jardn +fronterizo del cafetal; del naranjo a cuya sombra, las pascuas pasadas, +haban comido tantas veces las naranjas ms dulces que produca la +finca; de la hija mayor del mayoral de su padre, que, para casarse, +como se cas, en la Ceiba del Agua, se haba fugado con un joven guajiro +del pueblo. + +--Ta Juana, aadi Isabel, se empe con el padre y lo hizo +reconciliarse con la hija. As es que los novios hoy da estn hechos +cargo del sitio de pap, en que sabe Vd. se cran gallinas y se ceban +algunos animales. La muchacha se qued con su marido, y su padre, +nuestro mayoral, tuvo que salir. Yo lo sent por su esposa, porque era +una buena mujer y nos acompaaba bastante; pero, desde que se cas la +hija, se le puso el humor atroz: no dejaba resollar a los negros, los +castigaba por cualquier falta, siempre con verdadera sevicia, hasta que +pap le despidi. Al presente pasamos algunas soledades, y nuestras +salidas en el cafetal se reducen a ir al sitio todas las tardes y volver +a las puestas del sol. Cuando hace luna... + +--Te acuerdas de m, no es eso? la interrumpi Leonardo, con indiscreto +despecho, al ver su glacial indiferencia. + +--Naturalmente, contest ella, al parecer sin notar lo que pasaba por su +compaero. No puedo olvidar que en tardes divinas, como son todas las de +invierno en el campo, ms de una vez hemos hecho juntos ese paseo en +compaa de Rosa y de ta Juana. + +--Te encuentro algo cambiada, observ el joven despus de breve rato de +silencio. + +--Yo cambiada? Pues est buena. Vamos, Vd. se chancea. + +--Hasta me tratas de Vd. + +--Creo que siempre le he tratado del mismo modo. + +--No al pie del naranjo dulce. + +Isabel se puso colorada, y luego dijo: + +--Es ya una costumbre en m el tratar de Vd. a todo el mundo. An con +mis propios esclavos, si son viejos sobre todo, se me escapa el decir +Vd. A pap le sucede lo mismo frecuentemente. + +--El _t_ es ms carioso. + +--Lo cree Vd. as? El _Vd._ es ms modesto. + +Cortbase a cada paso este chispeante dilogo, es decir, tantas veces +cuantas la pareja que bajaba haca figura con la pareja que suba la +danza. Al fin, hubo de cambiarse del todo el tema de la conversacin +cuando Meneses y Solfa, que haban venido saludando a las amigas, +llegaron al puesto ocupado por Isabel y Leonardo. Ambos haban visto a +la joven aquella misma tarde en casa de las Gmez. Poco tenan que +decirse que de nuevo fuera; Isabel, sin embargo, distingua a Meneses, y +se alegr de volver a verle. + +--Qu es eso? No baila Vd? le pregunt con inters. + +--Casi nunca bailo por mera cortesa. + +--Ay! Si le oyese Florencia se ofendera. + +--Me cae en gracia Florencia, me parece bonita, la quiero, pero si +bailase con ella ahora sera por mera galantera. Mi amiga del alma est +lejos de aqu, Vd. lo sabe, y es mucha crueldad en Vd. atribuirme +intenciones de galantear a otra. + +--Sobre que le voy cogiendo miedo al amigo Solfa, dijo ella volvindose +de repente para ste, con el doble objeto de atender a todos y de no +seguir la broma con Meneses. + +--Qu he hecho para inspirar temor a la impvida Isabelita? + +--No ve Vd.? Esa es una stira. + +--Lo sera, seorita, repiti Solfa prontamente, si la ma fuese una +opinin aislada, pero no lo es. De ella participan, estoy seguro, +Leonardo y Diego, juntamente con cuantos conocen a Vd. Cmo pues, puedo +inspirarle temor? + +--Porque voy viendo que es Vd. implacable, que no perdona enemigos ni +amigos. + +--Esa ms? Me aturde Vd. seorita. + +--S, hgase Vd. ahora el inocentico, el que no quiebra un plato. Cmo +que desde que asom Vd. a la puerta del saln no noto que ha venido +hasta m cortando cada traje que es un primor! Apelo al amigo Meneses; +l dir si me he equivocado o no. + +Solfa y Meneses cambiaron una mirada y una sonrisa, con que corroboraron +implcitamente la observacin aguda de Isabel, y el primero dijo: + +--Ya eso es distinto, lo declaro, me gusta la tijera; mas se me ha hecho +pedazos entre las manos al llegar a Vd. + +En esto ces la danza, y las diferentes parejas de bailarines, +deshaciendo la formacin, corrieron las unas a ocupar sus asientos en la +sala y cuartos, las otras a respirar el aire libre de los corredores. +Los hombres, por la mayor parte, se dividieron en grupos para hablar de +las conquistas amorosas de la noche, y casi todos para fumar un cigarro +puro o de papel. Leonardo dio un paseo por los corredores con su amable +compaera de baile, la cual, si hemos de juzgar por la frecuencia de sus +sonrisas, no tuvo a mal que se prolongara la entrevista, aunque haba +terminado el encanto de la msica. + +Continuando, entretanto, por su parte la revista de la fiesta que se +haban propuesto pasar Meneses y Solfa, se detuvieron por breve rato +ante la madre y hermanas de su amigo y condiscpulo Leonardo Gamboa. +Hallbanse ellas sentadas en el lado norte del saln, debajo del dosel +donde dijimos que se ostentaba el retrato colosal al leo de Fernando +VII de Borbn. Antonia, la mayor, tena a su derecha a un capitn del +ejrcito en completo uniforme, con quien cambiaba en tono bajo frases +breves de inteligencia; despus segua su madre, y a la izquierda de +sta, las dos hermanas Carmen y Adela. Con la primera de estas tres +hablaba el Mariscal de campo don Jos Cadaval; con las dos ltimas los +currutacos ms clebres que conoca La Habana entonces: Juanito Junco y +Pepe Montalvo, cadete del regimiento Fijo. Asom a poco Leonardo Gamboa, +y como por magia desapareci el capitn espaol del lado de Antonia, a +una insinuacin suya con el codo; Cadaval sigui adelante, y el +lechuguino y el cadete hicieron lo mismo con un profundo saludo. + +Al descubrir de lejos Leonardo al militar espaol mano a mano con su +hermana, se renov en su mente la memoria de las escenas de por la +maana, primero al postigo de la ventana y despus en la mesa del +almuerzo, sintiendo el mismo rapto de celos y de odio que ya haba +experimentado. Todo el deseo que tena de ver y hablar un rato con su +madre y hermanas en el baile, se enfri y apag en el instante, y slo +por respeto y cario a aqulla no les volvi la espalda. A un gesto +suyo, Antonia ocup el asiento que dej vacante el capitn, y as pudo +sentarse Leonardo y decir al odo de doa Rosa: + +--Es posible, mam, que t consientas que ese soldado pele la pava con +Antonia en tu presencia? + +--Cllate! replic doa Rosa seria. Ese caballero ha venido a traernos +un recado de tu padre, el cual no puede venir por nosotras hasta la una +y creo que t tendrs que acompaarnos. De la ocurrencia me alegro con +doble motivo; lo uno porque ya podr irme cuando quiera o me d sueo; +lo otro porque no te quedars t por detrs, ni me hars pasar otra mala +noche. + +--Debo acompaar a Isabel Ilincheta y a las Gmez a su casa, pues su +carruaje ha sufrido una avera y no pueden usarlo esta noche. + +--Cmo! Isabel est aqu y no ha venido a saludarnos? + +--No lo extraes, porque sin duda ella ignoraba que Vds. hubiesen venido +al baile, y luego ha habido una concurrencia extraordinaria. + +--Bien, manda en tu quitrn a tus amigas a su casa. + +--Antes, sin embargo, es preciso que Vds. vean a Isabel, o que Isabel +salude a Vds. + +--Ya te has enamorado de ella? Eres un veleta. No pienses en burlarte +de esa muchacha tambin. Trela aqu y la veremos. + +--No. He pensado que debemos tomar algo y en la mesa nos reuniremos +todos. El ambig dicen que no es menos abundante que exquisito. Qu te +parece, Adela? + +--Aprobado, contest sta alegre. + +--Pero es el caso, dijo Leonardo, que si alguna de Vds. no me saca de +apuros, no tendr con qu cubrir el gasto. + +--Pues, y las dos onzas de oro que te puse en el chaleco por la tarde +cuando dormas la siesta? pregunt doa Rosa con seriedad. + +--No he visto semejante dinero, mam. Bien que si lo pusiste en la +faltriquera del chaleco de esta maana, all en mi cuarto se qued. +Apenas tengo tres o cuatro pesos en este chaleco que me puse a la vuelta +del paseo para venir al baile. + +No hizo Leonardo esta explicacin con la franqueza que sola; se puso +colorado y titube varias veces. Lo advirti su madre y le pregunt: + +--Por qu te has aparecido en el baile tan tarde? Cre que ya no +venas, y eso que t saliste de casa antes que nosotras. Quin sabe por +donde has andado. + +--Haba reunin y piano en casa de las Gmez con motivo de ser el santo +de Florencia... + +--Ellas no vinieron contigo, que yo sepa. T no dices la verdad, +Leonardo, lo conozco y de veras te digo que haces mal, muy mal. Yo soy +tu mejor amiga, hijo, y tengo el desconsuelo de ver que cada da eres +menos franco conmigo. Vamos al ambig, aadi no poco desazonada; yo +pago los costos y aqu tienes mi bolsa, que contiene unas seis onzas de +oro. + +Era de punto de seda roja, formando dos senos separados por un nudo o +lazada en el medio, para dividir el oro entero del menudo y la plata. Se +la sac del seno, porque las seoras en esa poca no usaban bolsillos en +las faldas como al presente, sino que se colgaban la bolsa del cinto o +cordn del traje casero. Leonardo recibi el dinero con las mejillas +encendidas de la vergenza, porque a la humillacin de recibir dos veces +la suma que haba perdido al juego, se agregaban las mentiras conque +haba pretendido encubrir su falta. La madre, tal vez sin quererlo ni +saberlo tampoco, haba ledo en el fondo de su alma como a travs de un +cristal. Le servi eso de correctivo? No es tiempo todava de +examinarlo. Pero aquel incidente haba pasado para el hijo y la madre no +ms, para la ltima ciertamente no en toda su genuina deformidad, pues +puede decirse que sin conciencia de ello haba puesto el dedo en la +llaga. Del choque recibido trabajo le cost reponerse a Leonardo, quien +dijo a su madre luego que se puso en pie y le tom el brazo para +conducirla a la sala del ambig: + +--Y dnde quedaba pap? + +--Quedaba en casa de don Joaqun Gmez, a donde han concurrido varios +otros hacendados; entre ellos Sam, Martiartu, Maero, Surez Argudn, +Lombillo, Laza... + +--No se sabe cul es el objeto de semejante junta? + +--El capitn Miranda no ha podido explicarlo, sin duda porque l mismo +lo ignora; pero por lo poco que me dijo tu padre cuando sali de casa, +saco en consecuencia que va a tratarse de las expediciones a la costa de +frica. Vives est ya cansado de las quejas de Tolm y de las +impertinencias de los jueces de la maldita comisin mixta, y ha hecho +decir a Gmez por trasmano que procuren que las expediciones de bozales +no desembarquen por los alrededores de La Habana. Tambin lleg un +expreso del Mariel, participando que se ha presentado un bergantn +parecido al _Veloz_, que se esperaba con un buen cargamento, perseguido +por un buque ingls. + +--Tal vez lo ha apresado. + +--A la vista del torren del Mariel? Sera demasiado atrevimiento. Con +todo, esos ingleses protestantes se figuran que el mundo entero les +pertenece, y no lo extraara. Si la expedicin se pierde, tu padre +pierde un pico regular. Es la primera que l emprende en sociedad con +sus amigos de aqu por ser muy costosa. Cuando menos trae quinientos +negros. + +--Quin mete a pap en tales trotes, al cabo de sus aos? + +--Ay, hijo! Echaras t tanto lujo, ni gozaras de tantas comodidades, +si tu padre dejase de trabajar? Las tablas y las tejas no hacan rico a +nadie. Qu negocio deja ms ganancias que el de la trata? Di t que si +los egostas ingleses no dieran en perseguirla como la persiguen en el +da, por pura maldad, se entiende, pues ellos tienen muy pocos esclavos +y cada vez tendrn menos, no haba negocio mejor ni ms bonito en qu +emprender. + +--Convenido, mas son tantos los riesgos, que quitan las ganas de +emprender. + +--Los riesgos? No son muchos comparados con las ganancias que se +obtienen. El costo total de la expedicin del bergantn _Veloz_, por +ejemplo, segn me dijo tu padre, no ha pasado de 30,000 pesos, y como la +empresa es de varios, su cuota fue de algunos miles de pesos solamente. +Ahora bien, si se salva la expedicin, cunto no le tocar?... Saca la +cuenta. Pero aqu est Isabel. + +Doa Rosa la recibi con los brazos abiertos; excepto Antonia, las +hermanas de Leonardo con sinceras demostraciones de cario; sobre todas. +Adela la abraz y bes repetidas veces. Era sta la ms joven, +entusiasta y franca e Isabel la preferida de su hermano querido. Despus +de los saludos de costumbre y las quejas mutuas, juntas todas con las +Gmez, llevando Leonardo, Meneses y Solfa cada uno dos mujeres del +brazo, pasaron a la sala del ambig, esplndidamente iluminada, al fondo +del palacio. Eran muchos y no caban en una sola mesa, por cuya razn +ocuparon dos, aunque inmediata una de otra. + +Seoras y caballeros tomaron gigote de pechuga de pavo, fiambre de esta +ave, con rico jamn de Westfalia, algunos arroz y frijoles negros, +ninguno vinos ni espritus, todos caf con leche para terminacin de +cena. Esta, conforme al precio usual de los platos pedidos en funciones +semejantes, calcul Leonardo que no bajara el costo de onza y media de +oro, o veinticinco y medio duros, cuando menos. Deseoso de hacer alarde +del dinero, sacando la bolsa de seda roja, pregunt al mozo blanco, que +serva ambas mesas con destreza imponderable: + +--Cunto es? + +--Nada, contest el hombre con la misma brevedad, a tiempo que formaba +en el brazo izquierdo una _torre de porcelana_ con los platos y tazas. + +--Cmo se entiende? repuso el joven asombrado. Pues quin ha pagado +por m? + +--Se conoce que Vd. no pertenece a la junta directiva, dijo el mozo con +cierta impertinencia. La sociedad costea el ambig de esta noche, y si +yo fuese uno como hay muchos le haca pasar a Vd. plaza de primo. + +--Ah! exclam Leonardo, corrido como una mona y no poco mortificado. + +Se puso en pie murmurando: + +--Estos mozos espaoles son a veces demasiado impertinentes. + +Si l oy o no, es cosa que no se sabe, aunque por la mirada de travs +que le ech al joven, parece que reson en sus odos lo de espaol e +impertinente. Bien quisieran Adela y Florencia Gmez tomar parte en la +siguiente danza, la primera hasta se lo indic a su hermano; mas l se +sonri distradamente y no contest palabra. + +Entre tanto doa Rosa dispuso que las _nias_, segn se expres, pasaran +al camarn a recoger sus _mantas_ de seda. Al mismo tiempo los tres +jvenes bajaron al entresuelo a reclamar sus sombreros y bastones +respectivos; pero tanto aqu como en el camarn, ya se haban adelantado +otras muchas personas en demanda de sus prendas; de suerte que antes que +obtuvieran las suyas nuestros conocidos, se pas algn tiempo. Despus +baj Leonardo al portal para prevenir a su calesero que estuviese listo. + +De este intervalo se aprovecharon las ms jvenes de las seoritas para +acercarse a los sitios en que se haba armado la danza ltima, que dicen +es la que mejor acompaan los msicos. No falt quien las invitara, y +ellas, en son de marcha, se pusieron a bailar con ms gusto que nunca. +Doa Rosa, Isabel, Antonia, la seora de Gmez y la mayor de sus hijas +se sentaron en grupo a esperar la hora de la partida. + +Pasada era la una de la madrugada. Cuando Leonardo descenda las +escaleras de piedra del palacio de la Filarmnica, lo primero que hiri +sus odos fue el repiqueteo de las espuelas de plata de los caleseros en +las sonoras piedras del portal, bailando el zapateo al son del tiple +cubano. Tocaba uno, bailaban dos, haciendo uno de ellos de mujer; y de +los dems, quines batan las palmas de las manos, quines golpeaban la +dura losa con los puos de plata de los ltigos, sin perder el comps ni +cometer la ms mnima disonancia. Algunos de ellos cantaban las dcimas +de los campesinos, anunciando por esto, por el baile y por el tiple que +todos ellos eran criollos. + +An aqu se haban adelantado muchas familias que se retiraban del baile +lo ms temprano posible; y eran de orse los apellidos de las ms +distinguidas de La Habana repetidos de boca en boca, como ecos en +escala, por todos los caleseros:--Montalvo! gritaba una voz y Montalvo +repetan veinte sucesivamente, hasta que se perda a lo lejos o +contestaba el llamado acercando el carruaje; en cuyo acto ocurran +algunos choques, no pocas peloteras entre los esclavos, ms de un +varapalo asestado por el dragn que mantena el orden en la calle, todo +esto acompaado del estallido de los ltigos, del ruido de las ruedas, +cual truenos lejanos, y de las patadas de los caballos en las chinas +pelonas del pavimento. En medio de toda aquella batahola, no cesaba el +clamor de los caleseros por el nombre de las familias a que pertenecan. +A saber: Pealver! Crdenas! O'Farril! Fernandina! Arcos! Chacn! +Calvo! Herrera! Cadaval! repetido tantas veces cuantas era necesario +para que llegara la palabra al calesero que se quera; el cual, despus +de todo, si no estaba a la cabeza de la fila que rodeaba la manzana, +tena que esperar a que le tocara su turno para mover el carruaje si no +quera que el dragn de guardia le midiera las costillas con la vara de +su lanza. + +Apenas se pronunci el apellido de Gamboa, ces el baile del zapateo, +porque el tocador del agudo tiple no era otro que nuestro antiguo +conocido Aponte. El triste esclavo se diverta al parecer con todas +veras, o punteaba el instrumento primorosamente para distraccin suya y +de sus compaeros, porque pesaban sobre su espritu, nada obtuso por +cierto, dos amenazas terribles, la de su seorita por la tarde y la de +su joven amo a las diez y media de la noche; y saba, bien a su pesar, +que ellos no olvidaban ni perdonaban faltas de sus esclavos. Pero si +aquella era su suerte y no haba remedio, a qu apurarse ni afligirse +anticipadamente? As reflexionaba l, y as poco ms o menos +reflexionanban todos sus compaeros, a quienes Dios, en su santa merced, +no haba negado un alma pensante. + +Acabada la junta de hacendados, don Joaqun Gmez puso su carruaje a la +disposicin de don Cndido Gamboa, para retirarse a su casa, como lo +hizo, poco despus de la media noche; con lo que ste pudo despachar el +suyo a la familia en la Filarmnica, para que hiciera lo mismo cuando lo +tuviera por conveniente. Mediante aquel refuerzo inesperado, las Gmez y +su amiga Isabel pudieron trasladarse de una sola vez desde el baile a su +morada a espaldas del convento de Santa Teresa, y enseguida la familia +de Gamboa. + +Metieron los caleseros sus respectivos quitrines en el zagun, llevaron +los caballos a la caballeriza en el traspatio, pusieron las monturas en +sus burros, colgaron los arreos, libreas y sombreros en clavos fijos en +la pared de un cuartucho; y por lo que hace a Aponte, acabado el +trabajo, con la tarima a la espalda, cual Cristo con la cruz, volva al +zagun para ver de descansar de las fatigas del da, durmiendo las pocas +horas de la madrugada. Por entonces haban sonado las dos haca rato en +el reloj de la parroquia del Espritu Santo. La luna menguante traspona +el tejado de la casa por el lado de la calle, cuya sombra ganaba la +altura de la tapia divisoria entre ambos patios, de modo que reinaba +oscuridad en el primero, aunque no tanta que no se viesen los bultos ni +se reconociesen los rostros. De repente un hombre intercept el paso de +Aponte, quien levant los ojos y vio que agitaba el ltigo en la mano +derecha. Se par al instante, porque reconoci a su amo, el joven +Gamboa. + +--Suelta la tarima, le orden ste con voz bronca por la clera; +arrodllate y qutate la camisa. + +--Nio, su merced me va a castigar? dijo el atribulado esclavo, +ejecutando por parte lo que se le haba ordenado. + +--Vamos, despacha, agreg el amo acompaando a la vez el golpe, por la +va de apremio. + +--Espere su merced, nio. En qu le he faltado yo? + +--Ah! Perro! Y me lo preguntas? No te dije que te iba a castigar +porque no me esperaste como te mand, en la esquina del convento? + +--S, seor, nio; pero yo no tuve la culpa. + +--Pues quin la tuvo? Yo le probar que cuando te mando una cosa la has +de hacer o reventar. + +Y sin ms ni ms empezaron a llover zurriagazos en las espaldas desnudas +del infeliz esclavo. Se retorca, porque los golpes los descargaba un +brazo vigoroso, y deca:--Bueno est, mi amo (por basta). Por la nia +Adela, mi amo. Por Seorita (como llamaban los criados a doa Rosa +Sandoval de Gamboa), mi amito. Si yo pudiera decir la verdad, nio, su +merced vera que no tuve yo la culpa. Bueno est ya, nio Leonardito! + +Pero aquella boca haba callado, embargada por la clera; aquel corazn +se haba vuelto de piedra; aquella alma haba perdido el sentimiento; +aquel brazo slo pareca animado, de hierro, no se cansaba de descargar +golpes. Qu cansarse! los menudeaba cada vez con ms furor, si no con +ms fuerza. Dorma ya don Cndido, cuando le despertaron asustados los +estallidos del ltigo y los lamentos del calesero. + +--Qu es eso? pregunt a su esposa. + +--Nada, Leonardo que castiga a Aponte. + +--Pero qu escndalo! Qu horas son stas de castigar a los criados? +Di a ese muchacho de Barrabs que pare la mano, o por Dios bendito... + +--Acustate y duerme, repiti la mujer. Aponte est muy perro y necesita +un buen castigo. + +--S, mas estoy seguro que esta vez no ha cometido falta. Vase qu +pasada le han jugado a tu hijo y ahora se la paga el pobre mulato. + +--T no sabes lo que hizo por la tarde a las muchachas en la calle de la +Muralla. + +--Ser as, pero que pare el muchacho la mano o me levanto y le rompo +una costilla como me llamo Cndido. Hase visto mayor desvergenza? + +Claro vio doa Rosa que por poco que continuasen el vapuleo, los +clamores y las protestas de inocencia del calesero, se levantaba don +Cndido y haca una de las suyas, pues a la natural rudeza de quien no +haba recibido educacin, agregaba un carcter violento, se asom al +postigo de la ventana de su alcoba y dijo:--Leonardo, basta. + +Esto fue lo suficiente. Bien que ya era tiempo de que el joven hubiese +desfogado la clera que le dominaba, o de que se le desmayase el vigor. + +Despus de eso, cul de los dos, la vctima o el verdugo, encontr +primero reposo en la cama? Mejor dicho qu pasaba por el alma del amo +cuando se ech en la suya? Qu por el alma del esclavo cuando se +desplom en la rgida tarima? Difcil es que lo expliquen los que no han +sido una ni otra cosa, e imposible que lo entiendan en toda su fuerza, +aqullos que no han vivido jams en un pas de esclavos. + + + + +CAPTULO VI + + _Hola! del bergantn._ + _--Qu dir?--Cmo se llama?_ + _--El Condenado.--De dnde procede?_ + _--De Sarrapatn.--Qu carga trae?_ + _--Sacos vacos.--Cmo se llama el capitn?_ + _--Don Guindo Cerezo._ + + Escenas a la vista del Morro de la Habana. + + +Como es de suponer, a las nueve de la maana del da despus del baile +en la Filarmnica, con dos excepciones, todo el mundo dorma en casa de +Gamboa. Hablamos aqu del mundo de los amos, en cuyo nmero no entraban +los ocho o nueve criados de la familia, porque stos desde el amanecer +deban estar en pie, desempeando las obligaciones cotidianas, no +embargante el cmo haban pasado la noche. + +Don Cndido, a pesar del poco dormir y de los graves pensamientos que le +ocupaban a consecuencia de lo ocurrido en la junta en casa de don +Joaqun Gmez, se levant temprano y sali a la calle a pie, por pura +impaciencia de carcter. + +Su esposa, algo ms tarde, tomaba caf con leche muellemente arrellanada +en uno de los sillones del comedor. + +No careca de objeto el sentarse doa Rosa todas las maanas en ese +sitio. Registrbase desde all el interior de la casa, y se vea si las +lavanderas preparaban la leja para el lavado de la ropa, o el brasero +con carbn vegetal para el aplanchado desde temprano; si las costureras, +en vez de ponerse a coser las _esquifaciones_, perdan el tiempo en +conversaciones con los otros siervos; si los caleseros lavaban los +carruajes, daban sebo y limpiaban las correas de las monturas; si Aponte +volva temprano o tarde de baar los caballos, lo que probaba que haba +ido al muelle de Luz o a la Punta, ms distante; si Po, el anciano +calesero de Gamboa, haca zapatos de mujer en el zagun para uso de las +criadas de la casa y a veces hasta para las amas, al mismo tiempo que +desempeaba el oficio de portero, cuando no tena que ponerle el +carruaje a su amo; por ltimo, si el cocinero, negro de aire +aristocrtico, bien hablado y racional, segn dicen los esclavistas, +haba ido o no de madrugada al mercado inmediato de la Plaza Vieja, en +busca de las vituallas y hortalizas que se le haban encargado la noche +anterior. + +Era ste el que ms madrugaba en la casa. Deba hacer el fuego y +preparar el caf con leche, a fin de que Tirso y Dolores pudieran +servirlo tan luego como despertaran los amos. No siempre despachaba el +cocinero el mercado a la misma hora, ni en breve tiempo, aun cuando la +Plaza Vieja distaba poco de la casa de Gamboa. En la madrugada de que +hablamos ahora, por ejemplo, sali para all demasiado temprano. Pero +andando en esa direccin con el farolito en una mano, segn estaba +mandado por las Ordenanzas municipales desde los tiempos de Someruelos, +y un canasto en la otra, son el caonazo de las cuatro, el capitn de +llaves abri las puertas de la muralla y al silencio mortal de la ciudad +se sucedieron el tumulto y toda clase de ruidos tan disonantes como +desapacibles. + +A la vuelta del mercado haba siempre ajuste de cuentas del cocinero con +su ama, regaos y amenazas de castigo por el precio de las carnes, por +su calidad y aun peso; porque en vez de pollos trajo gallinas, por la +hortaliza, pues en vez de habichuelas trajo guisantes, y berros por +lechuga, o viceversa. Porque es condicin del esclavo no acertar nunca a +complacer a sus amos. Para doa Rosa, en suma, siempre haba motivo de +queja; su cocinero pecaba a menudo por torpe, por malicia o por +descuido. + +--Dionisio, no te encargu pollos tiernos? deca ella levantando del +canasto el par de aves atadas fuertemente por los pies, por qu me has +trado gallinas? Tu amo no come sino pollos. + +--Son pollonas, seorita, contestaba el cocinero; lo que tiene es que +estn gordas y parecen gallinas hechas. Tambin no se encuentran pollos +en la plaza. + +--No me vengas con esas, Dionisio, que no soy boba ni nac ayer. Si t +sabes mucho, yo s ms. Vamos, cunto te costaron? + +--Dos pesos, seorita. Las aves estn caras ahora. + +--Ave Mara Pursima! A que se las compraste a tu _carabela_, la negra +lucum ms carera de la plaza? + +--No, seorita, se las compr a un placero del campo. Mrelas su merced +bien, todava tienen las plumas sucias de tierra colorada. + +--Esa no es prueba, Dionisio, porque bien pudo tu comadre dejarles la +tierra para hacer creer que eran frescas del campo, y no de segunda +mano. + +--Seorita, la morena de los pollos no es mi comadre ni mi _carabela_ +tampoco. Ella es de nacin. + +--Yo s lo que me digo, Dionisio, y no vengas t a corregirme la plana. +Si t tienes leyes, yo s a dnde se enderezan a los doctores como t. +Ah est la maestranza de artillera[33] ah est el Vedado.[34] No +cuesta nada un curso de derecho en esos lugares. Eh! Conque ande Vd. +listo, taita Dionisio. Lo que no quiero es que Vd. se festeje ni festeje +a sus comadres con mi dinero. + +Al buen callar llaman Sancho, y por dolorosa experiencia de largos +treinta aos de esclavitud, saba bien Dionisio que deba guardar +silencio desde el punto en que sus amos empezaban a tratarle de Vd. +Aquella era seal segura de que suba la marea de la clera. Se +aproximaba la tempestad y en breve estallara el rayo. En tal virtud, el +cocinero recogi a toda prisa los avos de la comida y se refugi en su +cocina, como buen piloto que busca abrigo temporal en el primer puerto +que le depara el cielo. + +Este esclavo haba nacido y se haba criado en Jaruco, en el palacio de +los condes de ese ttulo. Saba leer y escribir casi por intuicin, +dones adquiridos que le revestan de mrito extraordinario a los ojos de +sus compaeros de esclavitud, mucho ms ignorantes que l, en general, +bajo esos respectos. Era aficionadsimo al baile, gran bailador de +minu, que aprendi en las suntuosas fiestas de sus amos, pues en su +calidad de paje, que fue su empleo primitivo, siempre estaba en contacto +con ellos; y all conoci a la despus Condesa de Merln, a varios +Capitanes Generales, al primer conde de Barreto y a otras notabilidades +de Cuba, de Espaa y del extranjero, por ejemplo, a Luis Felipe de +Orleans, despus rey de los franceses. + +A poder de tiempo, de industria y de economa, viviendo entre gente rica +y rumbosa, que visitaban personajes notables, logr Dionisio reunir +dinero suficiente para _coartarse_, quiere decir, para fijar el precio +en que se le vendera, si lo vendan, dando a su amo diez y ocho onzas +de oro, o 306 duros. Sacronle, sin embargo, a remate junto con otros +varios esclavos, por ante el Escribano pblico don Jos Salinas, a la +muerte del Conde, para cubrir las grandes costas que ocasionaron su +testamentara y divisin de bienes. La habilidad de Dionisio en la +cocina y la repostera, a que le aplicaron apenas lleg a la virilidad, +le daba ms valor en el mercado que a los otros esclavos sin oficio; de +consiguiente, la _coartacin_ slo le sirvi para que le vendieran en +500 pesos, en vez de los 800 en que le estim el amo cuando le acept la +suma arriba mencionada. En el _lote_, don Cndido le obtuvo por menos de +los 500 pesos en que qued coartado, aunque l no fue el mejor postor; +pero supo untarle en tiempo la mano al oficial de causas, y no +aparecieron las otras pujas. De dos graves faltas adoleca Dionisio, +graves por su triste condicin: era la una su aficin a las mujeres; la +otra ya se ha dicho, su aficin al baile propio de los blancos. + +Dadas las 9 de la maana, entr don Cndido Gamboa por el zagun de su +casa. Pareca cariacontecido, cansado y sudoso, no ya por el calor, que +no dejaba de sentirse, aunque estbamos a fines de octubre, sino por la +agitacin de las primeras horas del da y los pensamientos que ocupaban +su espritu. Sin reparar en su esposa, que inquieta le aguardaba junto a +la mesa del comedor, puesta ya para el almuerzo por el gil Tirso, de la +calle pas derecho al escritorio, donde estaba el Mayordomo don Melitn +Reventos encaramado en el banquillo, con la pluma detrs de la oreja y +de codos en la carpeta, meditando sobre un pliego de papel espaol, +escrito en renglones desiguales, a manera de versos de arte mayor, que +tena delante. + +--Qu hace? le pregunt entrando don Cndido, sin darle los buenos +das, acaso porque aqul era uno de los peores de su vida. + +--Haca el apunte de los efectos que ordena el Mayordomo de _La Tinaja_ +para la prxima molienda, y miraba si se me haba escapado algo. El +patrn Sierra estuvo aqu y dijo que sala... + +--Deje Vd. eso de la mano, que no precisa, y vamos a lo que importa. +Reventos, ahora mismo se pone Vd. la chaqueta y se va corriendito al +baratillo de Surez Argudn en el portal del Rosario, y recoge Vd. +cuantas camisas de listado y pantalones de rusia tenga hechos, y le dice +Vd. que los cargue en cuenta. Probable es que no tenga cuanto se +necesita, 400 mudas; pero l puede completar el nmero en los otros +baratillos de los paisanos. Mas en caso que ni as se consigan todas, +300, 250, 200, las que se puedan... Qu remedio? Si no salvamos tantos, +salvamos cuantos. + +--Cuntos qu? pregunt Reventos, demasiado curioso para dejarlo para +luego. + +--Bultos, hombre, bultos, repuso brevente don Cndido. No sabe Vd. que +ha llegado el _Veloz_? + +--S? A fe que no lo saba. + +--Pues ha llegado, mejor dicho, lo han trado al puerto. El nmero fijo +a bordo no se sabe todava. Las escotillas estn clavadas, y dice el +Capitn Carricarte que, aunque embarc sobre 500, con el largo viaje y +la atroz caza que le han dado los ingleses, se le han muerto algunos y +tenido que echar al agua... muchos, vamos, la broza por fortuna. Est +Vd.? Ahora bien, tome las mudas de ropa, forme tres o cuatro los, +segn; los conduce Vd. en un carretn al muelle de Caballera, frente a +Casa Blanca, y se los entrega al patrn del guadao _Flor de Regla_. Vd. +le conoce. Bien, le entrega Vd. todo, que l est ya avisado y sabe a +dnde ha de llevarse eso. Vd. le acompaa, pues que conoce al contador. +Eh! conque al avo. Se le guardar a Vd. el almuerzo si no da la +vuelta en tiempo. De cualquier modo, la ropa debe estar a bordo antes de +las once. Lo oye Vd.? + +El Mayodomo ido, de seguidas entr doa Rosa en el escritorio. Se +paseaba su marido arriba y abajo agitado; mas al verla se detuvo por un +instante esperando la pregunta, que, en efecto, no tard ella en +dirigirle:--Qu ocurre, Gamboa? Ah va Reventos que se desnuca y t +aqu inquieto. Di, por caridad, qu pasa? + +--Lo de siempre, hija; que si seguimos como vamos, todava los pcaros +de los ingleses han de causar la ruina de este hermoso florn de S. M. +C. el rey, que Dios guarde. + +--No me digas. + +--Como lo oyes, porque si los ingleses no nos dejan importar los brazos +que nos hacen tan suma falta, no s con qu ni cmo vamos a elaborar el +azcar. S, esto se lo lleva Barrabs, no me canso de decirlo. + +--Tal es mi tema, Cndido; pero al grano. + +--Al grano. Esta maana a las siete seal el Morro buque ingls de +guerra a sotavento. Nos hallbamos en el muelle varios: Gmez, Azopardo, +Sam, en fin, casi todos los de la junta de anoche. A poco el Morro +seal presa y media hora despus se present en la boca del puerto la +corbeta inglesa _Perla_, su comandante el Lord Pege o Pegete, segn nos +dijeron despus los que desde la Punta oyeron la contestacin que dio el +prctico al viga de seales.[35] Cul te figuras que era la presa? + +--El bergantn _Veloz_? + +--El mismo, Rosa; con casi todo el cargamento a bordo. + +--Luego se ha salvado el cargamento. Qu bueno! + +--Salvado? repiti don Cndido con amargo acento. Pluguiera a Dios. +Desde el punto que nuestro bello bergantn entra aqu como presa... + +--Estn perdido barco y cargamento, no? Sera una gran desgracia! + +--Lo que es perderse todo no ser si los que estamos interesados en la +salvacin de una cosa y otra no nos dormimos en las pajas. Por lo +pronto, los pasos que se han dado y que se darn ms adelante nos hacen +abrigar la esperanza de que cuando no todos los bultos, al menos las dos +terceras partes lograremos arrancarlos de las garras de los ingleses. +Has de creer, Rosa, que a veces se me figura que ms dolor me causara +la prdida del bergantn que la del cargamento, aunque es el ms valioso +de cuantos ha trado del frica, segn la factura del Capitn +Carricarte? Pues no te quepa duda ninguna. Con mi bergantn se pueden +traer con seguridad y en corto tiempo no uno, sino varios cargamentos, y +no hay muchos como l. Habr tres aos que se lo compr a Didier, de +Baltimore, y ya ha dado cuatro viajes felices al frica. Este era el +quinto viaje y ya me he reembolsado tres veces de su costo. Admrate, +Rosa, sali de Casa Blanca... te acuerdas? a mediados de julio y a los +cuatro meses no cabales ha dado la vuelta. Eso se llama andar. Quin +negar ahora que es el ms velero de cuantos se emplean en la carrera al +presente? Ah estn el _Feliz_, de Zuaznvar; la _Vencedora_, de +Abarzusa; la _Venus_, de Martnez; la _Nueva Amable Salom_ de Carballo; +el _Veterano_ de Gmez, y muchos otros de fama. Qu son en comparacin +de mi _Veloz_? Potalas, urcas. S, sentira mucho perderlo; no por el +dinero, aunque no son un grano de ans los diez mil pesos que di por l, +sino porque difcilmente se construye buque de ms pies. + +--Ah! Cndido, no te hagas ilusiones. T y tus amigos abrigan +esperanzas, yo no. Cuando los ingleses agarran, no sueltan, tenlo por +seguro. Cada vez me parecen ms odiosos esos judos protestantes. Vea +Vd. quin los mete en lo que no les va ni les viene? Yo me hago los +sesos agua y no atino a comprender por qu se ha de oponer Inglaterra a +que nosotros traigamos salvajes de Guinea. Por qu no se opone tambin +a que se traiga de Espaa aceite, pasas y vinos? Pues hallo ms +humanitario traer salvajes para convertirlos en cristianos y hombres que +vinos y esas cosas que slo sirven para satisfacer la gula y los vicios. + +--Rosa, los enemigos de nuestra prosperidad, quiero decir, los ingleses, +no entienden esa filosofa, no la quieren entender tampoco; de otra +manera tendran ms miramientos con nosotros los vasallos de una nacin +amiga y en otro tiempo aliada de la suya. Pero yo no les echo toda la +culpa a ellos, a quienes culpo principalmente es a los que aconsejaron a +nuestro augusto soberano don Fernando VII celebrar el tratado de 1817 +con Inglaterra. Aqu est el mal. Por la miserable suma de 500,000 +libras esterlinas los indiscretos consejeros del mejor de los monarcas +concedieron a la prfida Albin el derecho de visita de nuestros buques +mercantes y de insultar, como insulta un da con otro, impunemente, el +sagrado pabelln de la que no ha mucho fue seora de los mares y duea +de dos mundos. Qu vergenza! No s cmo toleramos... Mas al caso, +Rosa. Como te deca, la llamada repentina de Gmez ayer tardecita tuvo +por objeto or la historia de lo ocurrido con el _Veloz_, de boca del +capitn Carricarte, que lleg a revienta cinchas del Mariel, y ver lo +que se haca por si era posible jugarle una buena a los ingleses; porque +t sabes que, hecha la ley, hecha la trampa. Cuando llegu a casa de +Gmez, que seran cerca de las ocho... + +--Cmo as? le interrumpi su mujer. T saliste de ac antes de las +siete. En qu te demoraste? Cmo echaste ms de una hora en ir a casa +de Gmez? + +--No me demor en ninguna parte, no; repuso el marido, visiblemente +embarazado. Dije que seran cerca de las ocho? Pues cuenta que quise +decir poco despus de las siete, a las siete y cuarto, a las siete y +media... La hora precisa no importa. + +Pareca que no importaba; pero no dej de llamar la atencin de doa +Rosa, que, yendo en carruaje su marido, para trasladarse de la esquina +de la calle de San Ignacio y Luz, donde viva, al extremo de la de Cuba, +hacia el norte, donde se celebr la reunin, echase una hora, cuando +esta distancia puede recorrerse a pie en la mitad de ese tiempo +descansadamente. Natural fue que Doa Rosa, que parece no las tena +todas consigo, en tratndose de la lealtad conyugal de su marido, se +callase, es cierto, mas a todas luces perdi el entusiasmo, y con ste +el inters en lo que pensaba hacerse para salvar la presa y su +cargamento. Advirtindolo don Cndido, pues harto conoca a su mujer, +diose una palmada en la frente y dijo: + +--Tate! me dilat porque tuve que ver si Madrazo, el cual vive frente a +Santa Catalina, era o no de la junta o le haban avisado. El Capitn +Miranda puede decir la hora a que llegu a casa de Gmez. Esa fue la +nica parada que hice en el camino. Po tambin es testigo. Vamos ahora +al caso. Como te deca, cuando llegu a casa de Gmez, que t sabes est +all lejos, frente a la muralla, encontr toda la gente reunida. Madrazo +fue conmigo, Maero entr despus. Sam, Martiartu, Abrisqueta, Surez +Argudn y La Hera, sobrino de Lombillo, porque el to haba ido de +carrera a su cafetal _La Tentativa_ en la Puerta de la Gira; Martnez, +Carballo, Azopardo y otros varios que, si bien no inmediatamente +interesados en el cargamento del _Veloz_, como principales importadores +que son de esclavos, deseaban informarse a fondo de lo ocurrido en el +Mariel y de cmo nosotros pensbamos sacar el caballo del atolladero. +Carricarte se mudaba de ropa en los entresuelos de la casa de Gmez, y +baj as que todos estbamos reunidos. Formbamos una corte regular en +la sala baja. Deposit el Capitn unos papeles en la mesa del centro, y +luego, sin ms ceremonia, comenz la relacin de lo que le haba pasado +desde las costas de frica hasta las de nuestra Isla. Dice que desde que +sali de Gallinas, a fines de setiembre, naveg de bolina y mar +bonancible hasta reconocer a Puerto Rico. All, sin embargo, una vela +sospechosa por sotavento le hizo variar de rumbo. Durante la noche, +siempre con viento fresco, volvi a su derrota, esperando avistar el +_Pan de Matanzas_ el da siguiente por la tarde. Hacia el oscurecer, en +efecto, le avist; pero la misma vela de antes se le present en lo ms +estrecho del canal de Bahama, empezando desde luego la caza. Dice +Carricarte que su primera intencin fue entrar en Arcos de Canas. No +fue posible: el crucero ingls, porque result serlo, como que llevaba +la lnea recta y ms inmediata a la costa de Cuba, a pesar de los buenos +pies del bergantn, siempre se presentaba a su costado, mayormente a la +altura de las _Tetas de Camarioca_. Cerr la noche de nuevo, el _Veloz_ +se hizo mar a fuera y luego vir con nimo de meterse en Cojmar, en +Jaimanitas, en Banes, en el Mariel, en Cabaas, en el primer puerto +sobre el cual le amaneciese. Afloj el viento, por desgracia el terral +le fue contrario, as que, cuando torn a dar vista a la tierra, ya +asomaba el sol y el crucero amagaba ganarle el barlovento. Vio entonces +Carricarte que no poda escapar sino a milagros, por lo que resolvi +jugar el todo por el todo. Dio orden, pues, de despejar el puente, a fin +de facilitar la maniobra y aligerar el buque lo que se pudiese, y como +lo dijo lo hizo. En un santiamn fueron al mar los cascos del agua de +repuesto, no poca jarcia y los fardos que haba sobre cubierta... + +--Los bozales quieres decir? Qu horror! exclam doa Rosa, llevndose +ambas manos a la cabeza. + +--Pues es claro, continu Gamboa imperturbable. T no ves que por +salvar 80 100 fardos iba a exponer su libertad el Capitn, la de la +marinera y la del resto del cargamento, que era triple mayor en +nmero? El obr arreglado a sus instrucciones: salvar el barco y los +papeles a toda costa. Adems, haba que despejar el puente y aligerar, +como te he dicho. No haba tiempo que perder. Pues no faltaba otra +cosa! Eso s, dice Carricarte, y yo lo creo, porque l es mozo honrado y +a carta cabal, que en la hora del mayor peligro slo tena sobre +cubierta los muy enfermos, los enclenques, aqullos que de todos modos +moriran, mucho ms pronto si los volvan al sollado donde estaban como +sardinas, porque fue preciso clavar las escotillas. + +--Las escotillas! repiti doa Rosa. Es decir, las tapas de la bodega +del buque. De manera que los de abajo a estas horas han muerto +sofocados. Pobrecitos! + +--Ca! dijo don Cndido con el ms exquisito desprecio. Nada de eso, +mujer. Sobre que voy creyendo que t te has figurado que los sacos de +carbn sienten y padecen como nosotros. No hay tal. Vamos, dime, cmo +viven all en su tierra? En cuevas o pantanos. Y qu aire respiran en +esos lugares? Ninguno, o aire meftico. Y sabes cmo vienen? Barajados, +quiere decir, sentados uno dentro de las piernas de otro, en dos hileras +sucesivas, cosa de dejar calle en el medio y poder pasarles el alimento +y el agua. Y no se mueren por eso. A casi todos hay que ponerles +grillos, y a no pocos es fuerza meterlos en barras. + +--Qu son barras, Cndido? + +--Toma! Ahora te desayunas? El cepo, mujer. + +--No me quedaba que or. + +--A todo esto y mucho ms da lugar la persecucin arbitraria de los +ingleses. El nico sentimiento de Carricarte ahora es que con el afn y +la precipitacin de limpiar el puente, echaron al agua los marineros una +muleque de 12 aos, muy graciosa, que ya repeta palabras en espaol y +que le dio el rey de Gotto a cambio de un cuete de salchichas de Vich y +dos muleques de 7 a 8 aos que le regal la reina del propio lugar por +un pan de azcar y una caja de t para su mesa privada. + +--ngeles de Dios! volvi a exclamar doa Rosa sin poder contenerse. Y +reflexionando que acaso no estaban bautizados, aadi: de todos modos, +esas almas... + +--Y dale con creer que los fardos de frica tienen alma y que son +ngeles. Esas son blasfemias, Rosa; la interrumpi el marido con +brusquedad. Pues de ah nace el error de ciertas gentes... Cuando el +mundo se persuada que los negros son animales y no hombres, entonces +acabar uno de los motivos que alegan los ingleses para perseguir la +trata de frica. Cosa semejante ocurre en Espaa con el tabaco: prohben +su trfico, y los que viven de eso, cuando se ven apurados por los +carabineros, sueltan la carga y escapan con el pellejo y el caballo. +Crees t que el tabaco tiene alma? Hazte cuenta que no hay diferencia +entre un tercio y un negro, al menos en cuanto a sentir. + +No haba similitud ninguna en el ejemplo aducido, tampoco tiempo para +discutir, porque en aquella sazn se present Tirso en la puerta del +escritorio y dijo que el almuerzo estaba listo. Eran las diez y media de +la maana; por donde se ve claro que la conversacin de don Cndido con +su mujer haba durado largo tiempo; y, sin embargo, no le haba dicho +los medios de que pensaba valerse para arrancar el _Veloz_ y la mayor +parte de la carga, compuesta de seres humanos, diga l lo que quiera, de +las garras de los testarudos ingleses. + + + + +CAPTULO VII + + _"Por lo cual deberan poner tasa los magistrados, a quien toca, a + la codicia de los mercaderes, que ha introducido en Europa, y no + menos en estas Indias, caudalossimos empleos de esclavos, en tanto + grado, que se sustentan de irlos a traer de sus tierras, ya por + engao, ya por fuerza, como quien va a caza de conejos o perdices, + y los trajinan de unos puertos a otros como holandas o cariseas."_ + + FR. ALONSO DE SANDOVAL + + +Pasebase don Cndido Gamboa largo rato haca en su escritorio, despus +de levantado el mantel del almuerzo, cuando entr su Mayordomo don +Melitn Reventos. Vena con la cara hecha un ascua por el calor del da, +las carreras desde temprano, y la satisfaccin que experimentaba y que +se le conoca por encima del pelo de la ropa. De modo que, advirtindolo +el amo, par los paseos, se quit el tabaco de la boca y se apoy de +espaldas contra la carpeta, a fin de escuchar a sus anchas la relacin +de las diligencias practicadas en los baratillos y el puerto. Hasta doa +Rosa, cuyo inters en el asunto ceda tan slo ante el de su marido, +acudi ganosa al escritorio; y entre los tres personajes tuvo lugar la +siguiente escena. + +No vena, sin embargo, dispuesto don Melitn a satisfacer de plano la +ansiedad de sus seores. Crea, por el contrario, que acababa de vencer +una gran dificultad, mas que haba alcanzado una hazaa; y, como hombre +de poco seso, se daba importancia inmerecida. Despus de ir y venir +arriba y abajo del escritorio recogiendo papeles, arreglando las plumas +de ave en el tintero, abriendo y cerrando gavetas, se volvi para don +Cndido y su esposa, que seguan sus movimientos, no poco disgustados, y +dijo: + +--Qu calor! eh? + +Ninguno de sus oyentes le replic palabra, y l continu muy satisfecho: + +--Vea Vd. en Gijn. Por este mismo tiempo empieza a soplar un airecillo, +que ya... Es preciso abrigarse, so pena de coger un _costipado_...pero +esta Isla se ha hecho para los negros. Bien pudo el seor don Cristbal +haberla descubierto en otra parte, donde no hubiese tanto calor. Porque, +pongo por caso, llega aqu un mozo de Castilla, o de Santander, llega +robusto, con unos cachetes que parecen dos cerezas, vamos, rozagante, +fuerte como un toro, y en menos de seis meses, si escapa con vida del +vmito,[36] se queda escueto y desmazalado por el resto de su vida. Qu +tierra sta! S, digo a Vd. que es sta mucha tierra! + +En estos momentos sus ojos tropezaron con los de don Cndido y doa Rosa +que le miraban de hito en hito, y, cual si volviera en su acuerdo, +agreg en diferente tono: + +--Pues, seor, me parece, s, me parece que todo ha salido a pedir de +boca. + +--Acabramos! dijo don Cndido respirando fuerte. + +--All iba, prosigui don Melitn, respondiendo antes a la intencin que +a la palabra de Gamboa. All iba, pero Vd. me conoce, seor don Cndido, +y sabe que yo no soy escopeta catalana. + +--No tiene Vd. que repetirlo, replic don Cndido con nfasis. + +--Al caso, terci doa Rosa en tono blando, pues conoci que iba a +armarse una disputa interminable. + +--Al caso, repiti el Mayordomo, entonces ms en caja. Pues como deca, +ha salido la cosa mejor de lo que esperbamos. March, qu digo? part +como una saeta para el portal del Rosario y me entr de rondn en el +baratillo de don Jos a pesar que el mozo de las vidrieras, en el +portal, lo mismo que los otros dos detrs de los mostradores dentro, +creyendo que iba a comprarles la tienda en peso, me tira ste del brazo, +aqul de la chaqueta... Vd. sabe que ellos son bromistas y ms pillos, +que ya... + +--Lo que s, repuso don Cndido molesto, es que Vd. gasta una +pachorra... + +--Pues deca, continu como si no hubiese odo a su amo, que me cost +algn trabajillo deshacerme de esos bellacos. Dnde est don Jos? +pregunt a don Liberato. Quiero ver a don Jos. Traigo un recado urgente +para l. Chite! me dijo el mozo; ahora est muy entretenido para que +Vd. le vea. Venga ac, y me llev por la mano a la puerta del patio, y +agreg:--Vale. En efecto, muy acicalado estaba y arrimadito a la pared, +en interesante conversacin por seas y medias palabras, con la sombra +de una mujer que se entrevea a travs de las persianas del balcn en el +principal de la casa. Slo vi dos ojazos como dos carbones encendidos y +la punta de unos deditos de rosa asomndose de cuando en cuando por +entre los listoncillos verdes. Qu significa eso? pregunt a don +Liberato. No lo entiende Vd.? me contest. Nuestro don Jos que se +aprovecha de la ausencia del paisano y amigo en el campo para camelarle +la hermosa dama. + +Don Cndido y doa Rosa cambiaron una mirada de inteligencia y de +asombro, y el primero dijo: + +--Don Melitn de mis culpas qu tenemos que hacer nosotros con un +cuento con todos los visos de calumnia? + +--Calumnia! repiti el Mayordomo serio. Pluguiera al cielo. Nada de +eso; ya ver Vd. mis trabajos, ya. No se puede negar que es el ms buen +mozo que ha salido de Asturias. Y su pico de oro, porque sabe hablar, +que ya... Es cosa notoria que ahora aos, cuando el sistema +constitucional, le comparaban con el divino Argelles, y una vez le +pasearon en triunfo en esos mismos portales de la Plaza Vieja. Y, con +perdn de la seora doa Rosa, todo eso le peta mucho a las mujeres, y +la Gabriela que es joven y bella... ya, ya. La intencin, las ausencias +del marido, las galanteras, el diablo que nunca duerme... + +--Don Melitn, salt otra vez Gamboa muy molesto, de quin nos habla +Vd.? + +--Toma! Pues crea que me estaba Vd. atento. Le hablo de don Jos, mi +paisano, y de la Gabriela Arenas. No parece hija del pas por lo blanca +y rosada. + +Doa Rosa, que era criolla y que no lo tena a menos, se sonri al or +la grosera de su Mayordomo, el cual prosigui: + +--Pues el seor don Jos ni me hizo caso, sino que le dijo de muy mal +humor a don Liberato:--despache Vd. a ese mozo y no permita que me +molesten. Al punto nos pusimos a revolver los entrepaos y las cajas, y +con mucho trabajo conseguimos tres los de mudas de ropa, de 50 pares +cada uno. No era bastante. Corr al baratillo de Maero, donde slo +haba 30 mudas. Sabe Vd. que por esta poca empiezan las _refacciones_ +de los ingenios, segn se dice aqu. Los que se proveen por tierra, se +adelantan hasta dos meses. Las carretas echan semanas en andar cualquier +distancia, con que escasea la ropa hecha de los esclavos. Pues como +deca, del baratillo de Maero pas al del vizcano ese... Martiartu, +donde Aldama estuvo de mozo. Ah consegu 60 mudas ms, y por no perder +tiempo y porque juzgu que seran suficientes, llam a un carretonero, +cargu con todos los bultos y andando, andando para el muelle de +Caballera, hice cinco los, los at con unos cordeles, y al avo... +Pero cate Vd. que al pasar por delante de la casilla del resguardo, sale +el hombre y detiene la mula por la brida.--Cmo se entiende? Qu hace +Vd.? le grit encolerizado.--Se entiende, me dijo l con mucha sorna, +que si Vd. no trae gua, para embarcar estos efectos, yo no los dejo +pasar.--Gua, gua, le dije. Para qu diablos ese requisito? Estos los +no son para embarcar a ninguna parte. Son _esquifaciones_.--Sean lo que +fueren, prosigui el hombre sin soltar la presa. La gua al canto o no +hay paso.--Qu quera Vd. que hiciera en semejante aprieto? Eran +pasadas las once. Ya haba odo yo el reloj de la Aduana. Me registr +los bolsillos, encontr un dobloncejo de a dos, le saqu, se lo puse en +la mano al carabinero, dicindole: Vaya la gua, hombre; y sin ms ni +ms solt las bridas y dio paso franco. La cara del rey posee magia. + +--Eso es, dijo don Cndido en tono de aprobacin. + +--Pues es claro, aadi el Mayordomo satisfecho. Para ciertas gentes no +hay mejor lenguaje. Mas aqu no pararon mis trabajos. Llegados al +muelle, all estaba el botero. Sabe Vd. que el hombre es listo? En un +santiamn descargamos el carretn y luego dimos con los los en el bote. +Tom el timn bajo la carroza, y a viaje. Viramos, y en poco ms que lo +cuento nos pusimos en Casa Blanca, a vela y remo. Opuesto estaba el +famoso bergantn sobre las anclas y con la proa para Regla, tan ufano y +orgulloso cual si libre cortara las aguas del ocano y no se hallara +cautivo de los perros ingleses. En la cubierta se paseaban varios +soldados de marina; algunos de los cuales me pareci que no era de los +nuestros; pero alcanc a ver el cocinero Felipillo hacia popa, quien no +tard en conocerme y hacerme seas de que no atracara por el costado de +estribor, sino por el de babor, hacia la parte de tierra. As se hizo, +corriendo a un largo la vuelta de Triscornia y luego virando por redondo +a ganar la popa del bergantn, bajo la cual nos acoramos, y como quien +no quiere la cosa, bonitamente fuimos metiendo lo tras lo por un +ventanillo, donde el cocinero los reciba con toda seguridad. + +--Vamos! exclam don Cndido en un arranque de entusiasmo, rarsimo en +sujeto tan grave. Esa s que estuvo buena. Magnfico!, don Melitn. Ya +se puede dar por seguro que al menos se salvar una buena parte del +cargamento y habr para cubrir los gastos. No todo se ha perdido. Hecho, +hecho. + +Bien quisiera doa Rosa participar de la alegra y entusiasmo de su +marido; pero suceda que ella no entenda jota del bien que pudiera +traer a la salvacin del cargamento del bergantn _Veloz_, el hecho de +haber introducido a hurtadillas por un ventanillo de popa, las mudas de +ropa nueva compradas por don Melitn en los baratillos de los portales +de la Plaza Vieja. As es que se content con mirar primero a uno y +luego al otro de sus interlocutores, como si les pidiera una +explicacin. Entendiolo as Gamboa, porque continu con la misma +animacin: + +--Ciego el que no ve en da tan claro. Rosa, no comprendes que si +vestimos de limpio los bultos pueden pasar por ladinos, venidos de... de +Puerto Rico, de cualquier parte, menos de frica? Ests? No todo se ha +de decir. Estos son secretos... porque... hecha la ley, hecha la trampa. +Reventos, agreg con volubilidad, que le den de almorzar. Rosa, a Tirso +que le sirva el almuerzo... Debe traer hambre canina, y adems, quizs +tenga que volver a salir. Por lo que a m toca, a la una debo estar en +casa de Gmez, quien me espera en compaa de Madrazo, de Maero... Vaya +(empujando suavemente por el hombro a su Mayordomo), despache. + +--Corriendito, contest l. No necesito que me rueguen. Apuradamente, +tengo un hambre que ya... Pues no ando de ceca en meca desde las nueve +de la maana? Ya, ya... Se la doy al ms pintado. Lo extrao sera que +no sintiese una gazuza, que ya... + +Hacia el medio da don Cndido, que haba hecho venir al barbero para +que le afeitase, estaba listo para salir, y el quitrn le esperaba a la +puerta. Antonia, su hija mayor, le puso la corbata blanca con puntas +bordadas y colgantes, untndole aceite de Macastar, de olor fuerte, +especie de esencia de clavo, muy generalizado entonces, y peinndole a +la Napolen, es decir, con la punta del pelo trada sobre la frente +hasta tocar casi la unin de las cejas y la nariz. Adela le trajo la +caa de Indias con puo de oro y regatn de plata, y Tirso, que andaba +por all, vindole desdoblar la gran vejiga de los cigarros, le acerc +el braserillo. De seguidas, medio envuelto en la nube azulosa de su +exquisito habano, sin sonrerse ni decir palabra a ninguno de su +familia, sali con aire majestuoso por el zagun a la calle y se meti +en el carruaje. + +--A la Punta! fue lo nico que dijo en su voz bronca al viejo calesero +Po. + +No era un enigma este brevsimo lenguaje para el anciano calesero. +Significaba que deba dirigirse al trote a casa de don Joaqun Gmez, +que entonces viva en aquel pedazo de calle frente a una cortina de la +muralla que da hacia la entrada del puerto. + +All esperaban el amo de la casa, el hacendado Madrazo y el comerciante +Maero. Este ltimo era el ms inteligente de los cuatro; se ocupaba en +importar gneros y quincalla de Europa, que venda a plazos a mercaderes +de la plaza. Aquel era un medio muy tardo de hacer fortuna, fuera de +que los vendedores no siempre cumplan exactamente con sus compromisos, +de que resultaban prdidas en vez de ganancias. Maero, por esto, como +otros muchos paisanos suyos, haba emprendido en las expediciones a la +costa de frica, hasta all con mejor suerte que en el comercio de +gneros. + +Al salir, como salieron a poco para el palacio del Capitn General, +Gmez dijo a Maero que llevara la palabra, cosa que aprobaron de la +mejor gana Madrazo y Gamboa, reconocindose incapaces para desempear el +papel de orador siquiera con mediano lucimiento. Las dos de la tarde +seran cuando entraban ellos por el ancho y elevadsimo prtico de ese +edificio que, segn se sabe, ocupa todo el frente de la Plaza de Armas. +A aquella hora estaba lleno de gente no por cierto del mejor pelaje, +aunque no poda calificrsele, en general, como de la clase del pueblo +bajo de Cuba. El movimiento era incesante y activo. El rumor de pasos y +de voces ruidoso y an chilln. Unos iban, otros venan, observndose +que los que ms agilidad mostraban, mozos en su mayora y nada atildados +en su porte ni en su traje, llevaban debajo del brazo izquierdo, +doblados por la mitad en sentido longitudinal, unos legajos de papeles +del folio espaol. Por lo comn entraban en o salan de los cuartos o +covachuelas, que dicen en Cuba accesorias, cuya nica puerta y acaso +ventana daban al prtico, al ras del piso de chinas pelonas de que +estaba formado. A la primera ojeada, era de advertirse que esa multitud +de gente no acuda a solazarse ni por mera curiosidad; porque se +distribua en grupos y corrillos ms o menos numerosos, en los cuales se +hablaba a voz en cuello, mejor, a veces se gritaba, acompaando siempre +la accin a la palabra como si se discutieran asuntos de gran +importancia, o que mucho interesaban a los principales actores. Desde +luego, puede asegurarse que no se trataba de poltica; estaba +absolutamente prohibido, y el derecho de reunin no se practicaba en +Cuba desde al ao de 1824 en que acab el segundo perodo del sistema +constitucional. Y sin embargo, aquel era un Congreso en toda forma. + +Mientras esto pasaba en medio del prtico, arrimado a una de las macizas +y gruesas columnas, se vea un grupo compuesto de una negra y cuatro +nios de color, el mayor de doce aos de edad, la menor una mulatica de +7, todos cosidos a la falda de la primera, la cual tena la cabeza +doblada sobre el pecho y cubierto con una _manta_ de algodn. Enfrente +de este melanclico grupo se hallaba un negro en mangas de camisa, y a +su lado un hombre blanco, vestido decentemente, quien lea en voz baja +de un legajo de papeles abiertos, que a guisa de libro sostena en ambas +manos, y el primero repeta en voz alta, concluyendo siempre con la +frmula: + +--Se han de rematar: ste es el ltimo pregn. No hay quien d ms? + +Cada una de estas palabras pareca herir, como con un cuchillo, el +corazn de la pobre mujer, porque procuraba ocultar la cabeza ms y ms +bajo los pliegues del paoln, temblaba toda y se le cosan a la falda +los hermosos nios. Llam el grupo o la escena aquella la atencin de +Maero, se la indic con el dedo a Gmez, y le dijo al pao:--Ves? +Farsa, farsa. El remate ya est hecho aqu (sealando entonces para una +de las covachuelas a su derecha). Pero, tate, agreg dndose una palmada +en la frente y tocndole despus en el hombro a Madrazo, que iba por +delante al par de Gamboa, pues no es esa negra la Mara de la O de +Marzn que t tenas hace tiempo en depsito judicialmente? Yo que t la +remataba con sus cuatro hijos. Dentro de unos pocos aos valen ellos +cuatro tantos lo que te cuesten con la madre ahora. + +--Qu sabes t si no la ha rematado ya? observ Gmez con naturalidad. + +--Interesa a ustedes el asunto? dijo Madrazo desazonado, contestando a +Gmez y a Maero. + +--Me intereso por ti y por la mulatica, repuso este ltimo con malicia, +dndole un buen codazo a su compaero. La madre de los chicos es +excelente cocinera, lo s por experiencia propia, y luego la chica... +Sobre que se me figura mucho a su padre. + +--A Marzn querrs decir, dijo Madrazo. + +--Ba! No. Cunto tiempo hace del pleito de Marzn con don Diego del +Revollar y del depsito de los negros del primero en tu ingenio de +Manimn? pregunt Maero con aparente sencillez. + +--Cerca de ocho aos, dijo Gmez. Marzn es curro y del Revollar +montas como nosotros, y siempre han vivido como perro y gato en sus +cafetales del Cuzco. + +--No creo que hace tanto tiempo, interpuso Madrazo. + +--Sea como fuere, continu Maero, el caso es que la chicuela esa de +padre blanco y madre negra no tiene arriba de siete aos de edad y... + +No continu Maero, porque en aquel instante se acerc a Madrazo un +hombre sin sombrero, le toc en el brazo, le llam por su nombre y le +atrajo a una de las covachuelas de que antes hemos hablado. Madrazo con +la mano abierta indic a sus amigos que le esperaran, y desapareci +entre la multitud de gente, casi toda a pie, que llenaba la pieza. + +--No se los deca? aadi Maero hablando con Gmez y Gamboa. Madrazo +ha hecho el remate de Mara de la O con sus cuatro hijos, uno de los +cuales, o el diablo me lleve o es la mismsima efigie del rematador, y +el pregn no ha sido una farsa para guardar las apariencias y mostrar +imparcialidad con el amigo Marzn. Al fin tiene entraas de padre y se +porta como buen amo: no habr extraamiento ni dispersin de la familia. + +Segn debe haberlo comprendido el lector avisado, aquellas eran las +escribanas pblicas de la jurisdiccin judicial de La Habana. +Componanse de un saloncito cuadrilongo con puerta al prtico y ventana +de rejas de hierro al patio del palacio de la Capitana General de Cuba. +Eran unas diez o doce al frente, unas tres ms haba en el costado del +norte o calle de O'Reilly y otras tantas o ms en la de Mercaderes, +entre stas la de hipotecas. De medio da a las tres bajaba la +audiencia, como se deca all, y los oficiales de causa, junto con los +procuradores, que venan a tomar nota de los autos en los pleitos a su +cargo, los escribanos que daban fe, uno u otro abogado de poca clientela +y an bachilleres en derecho que comenzaban la prctica de los juicios +por su propia cuenta, llenaban las escribanas hasta el exceso. Fuera de +esto, el cuarto no era nada amplio y estaba flanqueado de mesas cargadas +de tinta y de papeles o procesos, y detrs de ellas, arrimados a las +paredes, haba anchos y altos armarios, con redes de alambre o cuerda +por puertas para que se viesen entre sus entrepaos los numerosos +protocolos forrados de pergamino cual cdices de antiguas bibliotecas. + +El hombre sin sombrero llev a Madrazo a la derecha de la escribana, +ante la primera mesa, algo ms grande y decente que las dems, pues +tena barandilla, y el tintero se conoca que era de plomo, es decir, +que no estaba tan cargado de tinta. El individuo que ocupaba una silla +de vaqueta detrs de dicha mesa, se puso en pie lleno de respeto luego +que vio al hacendado, le salud con amabilidad y en voz alta pidi los +autos de Revollar contra Marzn. Trados por el hombre del pregn y +abiertos por una hoja que estaba doblada longitudinalmente, apunt con +el ndice de la mano izquierda para una providencia compuesta de unos +pocos renglones manuscritos, y dijo a Madrazo que pusiera debajo su +firma. Hzolo as ste, con una pluma de ganso que le alcanz el +escribano, y saludando, fuese enseguida a reunirse con sus compaeros. + + + + +CAPTULO VIII + + _Hecha la ley, hecha la trampa._ + + Proverbio castellano. + + +Mira, como se sabe, hacia la Plaza de Armas o el Este el frontispicio +del palacio de la Capitana General de Cuba. La entrada es amplia, +especie de zagun, con cuartos a ambos lados, cuyas puertas abren al +mismo, y sirven, el de la izquierda para el oficial de guardia, el de la +derecha para cuartel del piquete. Los fusiles de los soldados +descansaban en su astillero, mientras la centinela, con el arma al +brazo, se paseaba por delante de la puerta. + +Tena Maero formas varoniles, maneras distinguidas y vesta traje de +etiqueta, como que deba presentarse con decencia ante la primera +autoridad de la Isla. No era, pues, mucho tomarle, a primera vista, por +un gran personaje. Adems, habiendo servido en la milicia nacional +durante el sitio de Cdiz por el ejrcito francs en 1823, haba +adquirido aire militar, al que daba mayor realce el cabo de una cinta +roja con crucecita de oro, que sola llevar en el segundo ojal del frac +negro. Luego que Madrazo se reuni con sus amigos, Maero se volvi de +pronto y a su cabeza march derecho a la entrada del palacio. + +Repar entonces en l la centinela, cuadrse, present el arma y grit: + +--La guardia! El Excelentsimo Seor Intendente. + +Armronse en un instante los soldados de faccin con su caa hueca, +psose a su cabeza el oficial con la espada desnuda, y la caja empez a +tocar llamada. El grito de la centinela y el movimiento de los soldados +llamaron la atencin de Maero y de sus amigos, los cuales, a fin de +despejar el campo, apresuraron el paso; pero como les presentasen armas +y el oficial hiciese el saludo de ordenanza, comprendieron que uno de +ellos, el que marchaba delante, haba sido tomado por el Superintendente +de Hacienda, don Claudio Martnez de Pinillos, con quien, en efecto, +tena alguna semejanza. No tard, sin embargo, en reconocer el error el +oficial de guardia, y en su enojo mand relevar la centinela y que +guardara arresto en el cuartel, por el resto del da. + +Los cuatro amigos entonces, reprimiendo la risa para no excitar ms la +clera del teniente de faccin, emprendieron la subida de la ancha +escalera del palacio. Una vez en los espaciosos corredores, a la +desfilada y con sombrero en mano, se dirigieron a la puerta del saln +llamado de los Gobernadores. En ella estaba constituido un negro de +aspecto respetable, quien a la vista de los extraos que se acercaban, +se puso en pie y se les atraves en el camino, como para pedirles el +santo y sea. + +En pocas palabras le manifest Maero el objeto de la embajada; pero +antes que el negro replicase, se present un ayudante del Capitn +General, e inform que S. E. no se hallaba en el palacio sino en el +patio de la Fuerza, probando la calidad de un par de gallos finos o +ingleses que haba recibido de regalo de la Vuelta-Abajo recientemente. + +--No tengan Vds. reparo en ir a verle all, si urge el asunto que les +trae a su presencia, aadi el ayudante notando la incertidumbre de los +recienvenidos; porque S. E. suele dar audiencia en medio de sus gallos +de pelea, hasta al general de marina, a los cnsules extranjeros... + +Aunque la cosa urga sin duda, pues iba a reunirse pronto la comisin +mixta para dar un fallo decisivo sobre si eran buena presa el bergantn +_Veloz_ y su cargamento, o no, gran alivio experimentaron Gmez Madrazo +y Gamboa especialmente, as que se convencieron de que poda verificarse +la entrevista con el Capitn General algo despus y en sitio menos +aristocrtico e imponente que su palacio. Entre la Fuerza y la +Intendencia de Hacienda, detrs de los pabellones en que ms adelante se +estableci la escribana de la misma, haba y hay un patio o plaza, +dependencia del primero de estos edificios, donde el Capitn General don +Francisco Dionisio Vives haba hecho construir en toda forma una _valla_ +o reidero de gallos con su piso de serrn, galera de bancos para los +espectadores, en suma, una verdadera _gallera_. All se cuidaban y se +adestraban hasta dos docenas de gallos ingleses, que son los ms +pugnaces, producto de cras famosas de la Isla y regalos todos que de +tiempo en tiempo haban hecho al general Vives individuos particulares, +bien conocida como era de todos su aficin a las rias de esa especie. Y +all tenan efecto tambin stas de cuando en cuando, sobre todo, +siempre que se le antojaba a S. E. obsequiar a sus amigos y subalternos +con uno de esos espectculos que, si no brbaro como el de las corridas +de toros, no dejan de ser crueles y sangrientos. + +El individuo a cuyo cargo corra el cuidado y doctrina de los gallos del +Capitn General de Cuba, era hombre de historia, como suele decirse. Le +llamaban Padrn. Haba cometido un homicidio alevoso, segn decan unos; +en defensa propia segn otros; lo cierto es que, preso, encausado y +condenado a presidio en La Habana, mediante los ruegos y +representaciones de una hermana suya, joven y no mal parecida, y la +influencia del Marqus don Pedro Calvo, que le abrigaba y protega, +vista su habilidad en el manejo de los gallos finos, Vives le hizo +quitar los grillos y le llev al patio de la Fuerza donde, a tiempo que +cuidaba de la gallera de S. E., poda cumplir el trmino de su condena, +sin el mal ejemplo ni los trabajos del presidio. Quieren decir que +Padrn haba cometido otras picardihuelas adems del homicidio dicho y +que los parientes del muerto haban jurado eterna venganza contra el +matador. Pero quin se atreva a sacarle del patio de la Fuerza, ni del +amparo del Capitn General de la Isla? Padrn, pues, el penado Padrn, +sin hiprbole, se hallaba all protegido por una doble fuerza. + +En el patio de aqulla de que ahora hablamos, se presentaron sin +anunciarse, con sombrero en mano y el cuerpo arqueado, en seal de +profundo respeto, nuestros conocidos, los asendereados tratantes en +esclavos, Maero y amigos. Ya los haban precedido en el mismo sitio +varios personajes de cuenta, entre otros el comandante de marina +Laborde, el mayor de plaza Zurita, el teniente de rey Cadaval, el +coronel del regimiento Fijo de La Habana Crdoba, el castellano del +Morro Molina, el clebre mdico Montes de Oca, y otros de menor cuanta. +Con excepcin de Laborde, Cadaval, Molina y un negro joven que cea +sable y luca dos charreteras doradas en los hombros de su chaqueta de +pao, los dems se mantenan a respetable distancia del Capitn General +Vives, quien a la sazn se hallaba arrimado a un pilar de madera que +sostena el techo de la valla por la parte de fuera de las graderas. + +La atencin de este personaje estaba toda concentrada en las carreras y +revuelos de un gallo cobrizo y muy arriscado, al cual Padrn provocaba +hasta el furor, dejando que otro gallo que tena por los encuentros en +la mano izquierda le pegara de cuando en cuando un picotazo en la cabeza +rapada y roja como sangre. Vesta Padrn a la usanza guajira, quiere +decirse: de camisa blanca y pantaln de listas azules ceido a la +cintura por detrs con una hebilla de plata, que recoga las dos tiras +en que remataba la pretina. No sabemos si por dolencia, por abrigo o por +costumbre, tena la cabeza envuelta en un pauelo de hilo a cuadros, +cuyas puntas formaban una lazada sobre la nuca. Los zapatos de vaqueta +apenas le cubran los pies pequeos y el empeine arqueado como de mujer, +y sin calcetines. Por respeto sin duda al Capitn General, sujetaba el +sombrero de paja con la mano derecha, apoyada por el dorso en la +espalda. Era de talla mediana, enjuto, musculoso, fuerte, plido, de +facciones menudas, y poda contar 34 aos de edad. + +No era mucho ms aventajada la talla del Capitn General don Francisco +Dionisio Vives, el cual vesta frac negro de pao, sobre chaleco blanco +de piqu, pantalones de mahn o nankn y sombrero redondo de castor, +siendo el nico distintivo del rango que ocupaba en el ejrcito espaol +y en la gobernacin poltico-militar de la colonia, la ancha y pesada +faja de seda roja con que se cea el abdomen por encima del chaleco. Ni +en su aspecto ni en su porte haba nada que revelara al militar. En la +poca de que hablamos poda tener l cincuenta aos de edad. Era de +mediana estatura, como ya se ha indicado, bastante enjuto de carnes, +aunque de formas redondeadas, como de persona que no haba llevado una +vida muy activa. Tena el rostro ms largo que ancho, casi cuadrado; las +facciones regulares, los ojos claros, el cutis fino y blanco, el cabello +crespo y negro todava, y no llevaba bigote, ni ms pie de barba a la +clrigo. S, aquel hombre no tena nada de guerrero, y, sin embargo, su +rey le haba confiado el mando en jefe de la mayor de sus colonias +insulares en Amrica, precisamente cuando parecan ms prximos a +romperse los tenues y anmalos lazos que an la tenan sujeta al trono +de su metrpolis. + +Aunque la traicin de don Agustn Ferrety haba puesto en manos de Vives +sin mayor dificultad los principales caudillos de la conspiracin +conocida por los _Soles de Bolvar_ en 1826, muchos afiliados de menos +metas, si bien no menos audaces, pudieron escapar al Continente y desde +all, por medio de emisarios celosos, mantenan viva la esperanza de los +partidarios de la independencia en la Isla y llevaban la zozobra al +nimo de las autoridades de la misma. + +La prensa haba enmudecido desde 1824, no exista la milicia ciudadana, +los ayuntamientos haban dejado de ser cuerpos populares, y no quedaba +ni la sombra de libertad, pues por decreto de 1825 se declar el pas en +estado de sitio, instituyndose la Comisin Militar permanente. El paso +repentino de las ms amplias franquicias a la ms opresiva de las +tiranas, fue harto rudo para no engendrar, como engendr, un profundo +descontento y un malestar general, con tanto ms motivo cuanto que en +los dos cortos perodos constitucionales el pueblo se haba acostumbrado +a las luchas de la vida poltica. Privado de esa atmsfera acudi con +ms ahinco que antes a las reuniones de las sociedades secretas, muchas +de las cuales an existan a fines del ao de 1830, no habindolas +podido suprimir el gobierno con la misma facilidad que haba suprimido +las garantas constitucionales. La conspiracin fue desde all un estado +normal y permanente de una buena parte de la juventud cubana. Tomaba +creces y se extenda a casi todas las clases sociales la agitacin ms +intensa en las grandes poblaciones, tales como La Habana, Matanzas, +Puerto Prncipe, Bayamo y Santiago de Cuba. + +En todas ellas hubo ms o menos alborotos y demostraciones de +resistencia, porque tard algn tiempo antes que el pueblo doblara la +cerviz y se sometiera al yugo de la tirana colonial. Numerosas +prisiones se haban efectuado en todas partes de la Isla, saliendo de +ellas para el extranjero cuantos pudieron eludir la vigilancia de la +polica, muy obtusa y de organizacin deficiente entonces. + +A todas stas la metrpolis no tena marina de guerra digna de este +nombre; se reduca a unos pocos buques de vela viejos, pesados y casi +podridos. Con excepcin de La Habana, no haba verdaderas plazas +fortificadas. Muy escasa era la guarnicin veterana, y sobre escasa +haba cundido en sus filas la insubordinacin. Componase de cumplidos y +de capitulados de Mxico y Costa-Firme, y ni todos sus jefes generales +eran espaoles; los haba tambin naturales del pas o criollos en las +tres armas, y stos nunca podan inspirar confianza al ms suspicaz de +los gobiernos que ha tenido Espaa, si se excepta el de Felipe II. + +Por otra parte, el desorden de la administracin de la colonia, la +penuria del erario, la venalidad y la corrupcin de los jueces y de los +empleados, la desmoralizacin de las costumbres y el atraso general, se +combinaban para amenazar de muerte aquella sociedad que ya vena +trabajada por toda suerte de males de muchos aos de desgobierno. +Durante los seis que dur el mando de Vives, ni la vida, ni la propiedad +estaban seguras, as en las poblaciones como en los campos. De stos se +enseoreaban cuadrillas de bandoleros feroces que todo lo ponan a +sangre y fuego. En los mares circunvecinos cruzaban triunfantes los +corsarios de las colonias que acababan de emanciparse y destruan el +mezquino comercio de Cuba. En las islitas adyacentes se abrigaban +piratas que para ejercer el contrabando apresaban los buques escapados +de los corsarios y, despus de robarles, mataban a los tripulantes y +hacan desaparecer toda huella del crimen con el fuego. + +Tal era, en resumen, el estado de cosas en la isla de Cuba hasta bien +entrado el ao de 1828. Y es perfectamente claro que, sin la oficiosa +intervencin de los Estados Unidos en 1826, se habra llevado a efecto +la invasin de las dos Antillas espaolas por las fuerzas combinadas de +Mxico y de Colombia, de acuerdo con los planes de Bolvar y los deseos +de los cubanos, una diputacin de los cuales fue a encontrarle con ese +objeto cuando volva vencedor de los famosos campos de Ayacucho. Suceso +ste que, realizado, infaliblemente hubiera sido el golpe de gracia al +dominio espaol en el Nuevo Mundo. En tan crticas circunstancias, al +menos para neutralizar las maquinaciones de los enemigos de Espaa en +el interior de la colonia, se requeran las artimaas de un diplomtico +ms bien que la espada de un guerrero; un hombre de astucia y de doblez, +ms bien que de accin; un hombre de intriga, ms bien que de violencia; +un gobernante humano por poltica, ms bien que severo por ndole; un +Maquiavelo, ms bien que un duque de Alba, y Vives fue ese hombre: +escogido con grande acierto por el ms desptico de los gobiernos que ha +tenido Espaa en lo que va del presente siglo, para la gobernacin de +Cuba. + +Mucho se alegr don Cndido Gamboa de encontrarse un conocido en el +grupo de los cortesanos que venan a saludar al Capitn General en su +gallera del patio de la Fuerza. El aspecto de ese sujeto no prevena +nada en su favor, porque sobre ser de baja estatura y raqutico, llevaba +la cabeza metida entre los hombros, tena la cara larga y el color +aceitunado, como la persona muy biliosa, siendo su desalio general, +casi repugnante. En sus ojos chicos y de hondas cuencas haba, sin +embargo, bastante para redimir las faltas y las sobras del cuerpo y del +semblante, haba fuego e inteligencia. Al saludarle don Cndido, le dio +el ttulo de Doctor. + +--Cmo est Vd.? contest l en voz chillona y risa que bien pudiera +llamarse fra. + +Para ello tuvo que levantar la cabeza, porque su interlocutor le sacaba +dos palmos, por lo menos, de altura. + +--Bien, si no fueran los trotes en que sin quererlo me veo ahora metido. + +--Y qu troles son esos? pregunt el Doctor como por mero cumplimiento. + +--Toma! Pues no sabe Vd. que los perros de los ingleses _nos_ acaban +de apresar un bergantn bajo los fuegos del torren del Mariel, como +quien dice en nuestras barbas, so pretexto de que era un buque negrero, +procedente de Guinea? Pero esta vez se han llevado solemne chasco: el +bergantn no vena de frica, sino de Puerto Rico, y no con negros +bozales, sino ladinos. + +--Qu me dice Vd.! Nada saba. Bien que con los enfermos, no tengo +tiempo aun para rascarme la cabeza, cunto ms para averiguar noticias +que no me tocan de cerca. Aunque si he de decir a Vd. la verdad, si a +alguno le causa perjuicio el celo exagerado de los ingleses es a m, +pues harta falta me hacen brazos para mi cafetal del Aguacate. + +--Y a quin no le hacen falta? Eso es lo que todos los hacendados +necesitamos como el pan. Sin brazos se arruinan nuestros ingenios y +cafetales. Y tal parece que es lo que buscan esos judos ingleses, que +Dios confunda. No le parece a Vd., Doctor, que el Capitn General, +sobre este punto es de la misma opinin que nosotros? + +--Hombre! Acerca de este particular no le he odo expresarse. + +--Ya, pero pudiera ser que Vd. le hubiese odo declamar... + +--Contra los ingleses? interpuso el Doctor. Mucho que s. Por cierto +que Tolm le carga y a duras penas le sufre sus impertinencias y +desmanes. + +--Eso, eso, repiti Gamboa alegre. No en vano se dice que Vd. tiene vara +alta con S. E. + +--S? Tal se corre? dijo el Doctor con muestras de que la especie +halagaba no poco su vanidad. Es cierto que le merezco a S. E. una buena +voluntad y aun distincin; pero nada de extrao tiene porque yo soy el +mdico de l y de su familia desde que vinieron de Espaa, y por otra +parte, es cosa sabida su llaneza. Me distingue bastante, mucho. + +--Lo s, lo oigo repetir a distintas personas y por lo mismo, estaba +pensando, me ocurre, mejor dicho, que, como Vd. se prestase a ejercer su +influjo todava podramos jugarle una buena pasada a los ingleses y +dejarlos con tamao palmo de narices. Estoy seguro que tampoco le +pesara a Vd., amigo Doctor, el darnos la mano en este aprieto. + +--No lo entiendo. Explquese Vd., don Cndido. + +--Hgase Vd. el cargo, Doctor, que la expedicin apresada por los +ingleses, salvada ntegra, nos vale a nosotros los dueos de ella, por +lo bajo dieciocho mil onzas de oro, libres de polvo y paja. En caso de +perderse la mitad, todava nos deja una ganancia lquida de nueve mil, +que no es ningn grano de ans. Con que vea Vd. si podemos ser liberales +con el que nos ayude. Escogera Vd. mismo media docena de mulecones +entre la partida, que es de lo mejor que viene de la costa de Gallinas, +y no le costara sino el trabajo de... + +--An no entiendo jota, seor don Cndido. + +--Pues me explicar ms. La expedicin consta de unos 500 bultos, 300 de +los cuales es posible hacerlos pasar por ladinos importados de Puerto +Rico, habindose remitido a bordo, desde esta maana, sobre 400 mudas de +ropa de caamazo. Ahora bien, si S. E. es de parecer que tenemos +necesidad de brazos para cultivar los campos, y que no debe permitirse +que los ingleses destruyan nuestra riqueza agrcola, es claro que, como +haya quien le hable y le pinte bien el caso, no podr menos de ponerse +de nuestra parte. Una palabra suya al seor don Juan Montalvo, de la +comisin mixta, bastara a decidir el pleito en favor nuestro; y ya ve +Vd. si nos sera fcil ser liberales con... Adems, cinco o seis bozales +no van a ninguna banda, ni nos haran ms ricos ni ms pobres a nosotros +los armadores, que por todos somos ocho... Comprende Vd. ahora mi idea? + +--Claro que s. Cuente Vd. con que pondr de mi parte cuanto est en mi +mano, aunque no me estimula tanto la oferta de Vd. como el deseo de +servirle y de contribuir al castigo de la ambicin y malas intenciones +de los ingleses. Supongo que Vd. viene a hablar con S. E. sobre el +asunto. + +--Si, vengo a eso con mis amigos Gmez, Maero y Madrazo. Creo que Vd. +los conoce. + +--Conozco de odas a Madrazo, cuyo ingenio de _Manimn_ est en la misma +jurisdiccin de Baha Honda que mi cafetal del Aguacate. + +--Pues bien, ellos y los otros interesados estarn y pasarn por todo lo +que yo acuerde con Vd. Si Vd. cree que S. E. acepte un regalito de unos +cuantos centenares de onzas... + +--Deje Vd. eso a mi cargo. Yo s como entrarle a S. E. Le hablar esta +noche misma. Vanle Vds. primero. Y ahora que me acuerdo, qu se hizo +de la chica aqulla?... + +--Cul? No atino, dijo Gamboa ponindose colorado. + +--Pobre memoria tiene Vd., segn parece. Bien que de eso hace ya algn +tiempo, pero Vd. estaba muy interesado, pues me recomend mucho la +asistencia de la chica. + +--Ya se es otro cantar... En Paula... + +--Cmo en Paula? Enferma? + +--Peor que eso, Doctor. Creo que ha perdido el juicio sin remedio. + +--Qu me cuenta Vd.! Tan joven? + +--No tanto. + +--Jovencita, digo. Veamos, qu tiempo hace? Diecisis o diecisiete +aos. Fue en 1812 1813. S, estoy seguro. No puede ser ms joven. + +--Pues no se refera Vd. a la madre? + +--Pregunto por la chica, la que conoc en la Real Casa Cuna. Prometa +ser un pimpollo cuando grande. + +--Ya, acabramos para maana. El enredo nace de que tengo por chica +cualquier moza, como sea de pocos aos, y la madre, en rigor, no +pertenece a esa categora. + +--Recordar Vd., dijo el Doctor, que yo no curaba a la mujer que Vd. +dice, sino Rosan, aunque me consult varias veces el caso. No tena +idea de que la enferma del callejn de San Juan de Dios tuviese nada +que ver con la chica de la Real Casa Cuna. Ahora me desengao. Padeca +de fiebre puerperal en combinacin con una meningitis aguda... + +En este punto Gamboa cort bruscamente la conversacin y volvi a +reunirse con sus amigos, y Maero le pregunt: + +--Qu ha sido ello? Gato encerrado? + +--No, gata, replic Gamboa prontamente. + +--Lo presuma, dijo Maero con naturalidad. T fuiste siempre aficionado +a las empresas gatunas. Pero quin es con mil de a caballo ese +hombrecito que llamas _Doctor_? + +--Pues qu, no le conoces, hombre?... El Doctor don Toms de Montes de +Oca. + +--Le haba odo mentar. No le haba visto la facha, sin embargo. Figura +asaz ridcula, y _ainda mais_...[37] + +--Buen medido y diestra cuchilla. + +--Dios me libre de sus manos. + +--Es el que cura a la familia del Capitn General. + +En este punto se not un movimiento en el grupo de las personas que +rodeaban a ese personaje ms de cerca, cesando desde luego los dilogos +en voz baja de las ms distantes. Padrn haba llevado los gallos a sus +respectivas casillas, y Vives saludaba afectuosamente a Laborde, a +Cadaval, a Zurita, a Molina y a Crdoba, pasando de uno a otro hasta que +lleg al joven negro, arriba mencionado, a quien dijo, sin darle la mano +ni ms saludarle: + +--Tond, presntate en Secretara a recibir rdenes. + +Tenemos que hacer un parntesis en este punto, para decir dos palabras +acerca de Tond. Era el protegido del Capitn General Vives, quien le +sac de la milicia de color donde tena el grado de teniente, y despus +de ascenderle a capitn, previa la venia de S. E. el rey, de facultarle +para usar el don y ceir sable, le dio comisin para perseguir +criminales de color en las afueras de la ciudad, sin duda por aquello de +que no hay peor cua que la del mismo palo. + +Y en este caso, como en otros muchos que pudieran citarse, se echaron +bien de ver el tacto y tino con que sola Vives escoger sus hombres. +Parece ocioso agregar que el protegido lleg en breve a distinguirse por +su actividad, celo y astucia en la averiguacin de los crmenes, la +persecucin y captura de los criminales. En estas empresas difciles +cuanto riesgosas, le ayudaron mucho su juventud y robustez, su +presencia, que era gallarda, su educacin regular, sus finas maneras y +modesto porte, en fin, su valor sereno, que a veces llevaba hasta la +temeridad; prendas stas que al paso que le ganaron la admiracin de las +mujeres, le dieron ascendencia mgica en el nimo fantasioso de las +gentes de su raza. Y como a menudo acontece con los personajes +novelescos, el pueblo le compuso y dedic canciones y danzas alusivas a +sus hechos ms notables, y le dio un apodo que de tal modo ha +oscurecido, apagado su nombre patronmico, que hoy, al cabo de cuarenta +aos, slo podemos decir que le llamaban Tond. + +Empleado activo y leal, tard en cumplir la orden recibida lo que tard +en pasar del patio de la Fuerza a los entresuelos del palacio de la +Capitana General. Desempeaba entonces la secretara poltica don Jos +M. de la Torre y Crdenas. Este, aunque recibi a Tond con semblante +risueo, no le brind asiento, ni a derechas contest a su respetuoso +saludo; slo se ocup de decirle que en la noche anterior, por parte del +Comisario del barrio de Guadalupe, Barredo, se saba que se haba +cometido un crimen atroz en la calle de Manrique esquina a la de la +Estrella, y que S. E. deseaba se hiciese la pronta averiguacin del +hecho, a fin de descubrir el autor o autores, y se pudiera perseguirlos +sin descanso hasta capturarlos y entregarlos a los tribunales; porque +estaba empeado en hacer un sealado escarmiento. + +Enseguida le lleg su turno a los de la comisin, y Maero expres su +embajada lisa y llanamente, reducida a decir que no proceda en ley ni +en justicia se declarase buena presa, si se declaraba por la comisin +mixta, la del bergantn _Veloz_, ahora mismo en el puerto de La Habana, +aunque traa un cargamento de negros, pues como atestaban sus papeles, +despachados en toda forma, vena de Puerto Rico y no de las costas de +frica directamente; y aun cuando se considerase contrabando el trfico +en esclavos con esta ltima, no lo era respecto de la primera, que por +fortuna an perteneca, al par de Cuba, a la corona de S. M. el rey de +Espaa e Indias, don Fernando VII, Q. D. G. + +Sonriose el General Vives y dijo al postulante que le presentara un +memorial expresivo de todas las razones y hechos alegados, que l lo +pasara a la comisin mixta con los papeles del buque; que ya tena +noticias de lo ocurrido, por boca del mismo cnsul ingls, el cual se le +haba presentado antes de la hora de audiencia en compaa del +comandante del apresador, el Lord Clarence Paget, y aadi con cierta +severidad de tono y de semblante: + +--Reconozco, seores, la injusticia y los daos que nos ocasiona un +tratado por el cual se concede a Inglaterra, la enemiga natural de +nuestras colonias, el derecho de visita sobre nuestros buques mercantes; +pero los ministros de S. M. en su alta sabidura tuvieron a bien +aprobarlo, y a nosotros, leales sbditos, slo nos toca acatar y +obedecer el mandato del augusto monarca Q. D. G. Y se me figura, +seores, que si Vds., estn dispuestos a respetar el tratado, no lo +estn ni poco ni mucho a cumplirlo. En vano me hago de la vista gorda +respecto de lo que Vds. hacen da tras da (seores, cuando hablo as no +me refiero a Vds., personalmente, sino a todos los que se ocupan en la +trata de frica), que segn va la cosa, no pararn hasta meter sus +expediciones en Banes, en Cojmar, en los Arcos de Canas y aun en este +mismo puerto. En vano he hecho cerrar y derribar los barracones del +Paseo, que Vds. no escarmientan y siguen introduciendo sus bozales en +esta plaza, persuadidos, sin duda, que no hay mejor mercado para esa +mercanca. En tal momento no se acuerdan Vds., del pobre Capitn +General, contra quien el cnsul ingls endereza sus tiros, porque no +bien entra aqu un saco de carbn, como Vds. dicen, cuando l lo huele y +viene hecho un energmeno a desahogar conmigo su mal humor. + +--Ea! Vayan Vds., con Dios y otra vez sean ms prudentes. Y a propsito +de prudencia: ayer tarde vino a m un joven dependiente de una casa de +comercio para quejarse de que a la luz del da, en la plaza de San +Francisco, le haban arrebatado un saco de dinero de su principal. Cabe +mayor imprudencia que la de ir por la calle enseando el dinero a todo +el mundo y tentando a la gente de mala ndole? Tambin se me quej de +que al oscurecer del da de ayer, dos negros con pual en mano le +pararon cerca de la estatua de Carlos III y le desvalijaron de cuanto +llevaba encima de valor, el reloj, etctera. Si Vd. hubiera tenido un +tantico de prudencia, le dije, no se habra expuesto a perder la vida +atravesando sitio tan solitario como ese del Paseo, a la entrada de la +noche, hora que escoge la gente mala para cometer sus fechoras. Aprenda +de m que no salgo de noche a la calle. Lo mismo digo a Vds.: no se +metan en las garras de los ingleses y salvarn sus expediciones, ni +comprometan la honra del Capitn General. La prudencia es la primera de +las virtudes en el mundo. + + + + +CAPTULO IX + + _En ti pensaba y en aquel instante + Me mandaba llorar naturaleza._ + + JOS MARA HEREDIA + + +Personaje de ms cuenta de lo que nadie puede imaginarse era en casa de +Gamboa su Mayordomo don Melitn Reventos. Tena en el manejo general +econmico ms voz que su amo, y a las veces se hombreaba en ese terreno +con doa Rosa. + +Pero donde ejerca un poderoso imperio era entre los esclavos. Corra +con su provisin de vestuario y de alimentos, tanto de los del servicio +domstico en La Habana, como de los de las fincas rurales. Para con los +primeros, sobre todo, se daba los aires de seor; ms que eso, de +dspota. Haca, sin embargo, respecto de stos, dos excepciones el feroz +Mayordomo. En primer lugar, no gustaba de estrechar lance con el +calesero Aponte. No ya slo era hombre serio y temible sino que +perteneca al hijo mimado de la casa, el cual no quera delegar en nadie +el derecho de castigarle. + +Tampoco tena don Melitn malas obras ni malas palabras para Dolores. +Lejos de eso, para ella reservaba sus sonrisas, sus agasajos y +atenciones. De cuando en cuando la haca regalos de pauelos y dijes, +que la muchacha aceptaba sin reparo, aunque para usarlos tuviese que +mentir a sus seoritas; porque, despus de todo, no halagaba poco su +vanidad el que un hombre blanco emplease con ella tales galanteras. + +No tenan origen estas distinciones del Mayordomo en favor de Dolores en +la circunstancia de que era la doncella de las seoritas de la casa, +tratada por ello con ciertas consideraciones por toda la familia, no; +tenan diverso origen, procedan de los mritos de la moza como mujer: +joven, bien formada y bonita para negra. + +Aquel da en que por llegar tarde de su comisin al bergantn _Veloz_, +almorzaba don Melitn a la cabecera de la mesa en el comedor, con todos +los aires de amo, servido atentamente por Tirso, acert a pasar Dolores +y tropezar con su codo en los momentos en que se llevaba un vaso de vino +a la boca. Fuese aquello por casualidad o de hecho pensado, el Mayordomo +se aprovech de la ocasin para pegarle un pellizco en el desnudo y bien +torneado brazo. + +--Ay, don Melitn! exclam ella sin alzar la voz, aunque llevndose la +mano al punto dolorido. + +--Ay, Dolores! remed l lleno de risa. + +--Eso duele, agreg la muchacha. + +--Ca! No hagas caso. Si todava te he de libertar. + +Dolores hizo con la boca el ruido onomatopyico que llaman frer un +huevo, cual si no creyera ni jota en la sinceridad de las ltimas +palabras del Mayordomo. No obstante, harto dulce es el nombre de la +libertad para que la joven esclava cerrase el odo a la promesa y el +corazn a la esperanza de verla realizada, fuera el que fuese el +sacrificio que la exigiese el donante. De cualquier modo, siguiola l +con la vista hasta que traspas el arco del patio, y entonces murmur: + +--Esta todava se casa con el bribn de Aponte. Sera una lstima! + +Mara de Regla, mencionada al principio de esta historia, tuvo Dolores +de su unin legtima con Dionisio el cocinero, quince aos antes de la +poca actual. Contemporneamente tuvo doa Rosa a Adela, su hija menor, +la cual entreg a Mara de Regla para que se la lactase, por no sentirse +ella en condiciones para desempear por entonces aqul, el ms dulce de +los deberes de madre. Por supuesto, para llenar encargo tan delicado, +necesario se hizo destetar a Dolores y criarla con leche de cabra o de +vaca, aparte enteramente de la hija de su seora y ama. + +Prohibisele explcitamente a Mara de Regla el dividir sus caricias y +el tesoro de su seno entre las dos nias, siquiera el tomarlas juntas en +brazos. Pero aunque esclava, temerosa del castigo con que la haban +amenazado, era madre, quera a su propia hija entraablemente, quizs +ms por lo mismo que no la permitan criarla; as que siempre que las +otras esclavas le proporcionaban la ocasin, tarde de la noche y fuera +del alcance de la vista de los amos, se pona ambas nias a los pechos y +las amamantaba con imponderable delicia. La robustez de la nodriza, al +parecer sin detrimento ni desmedro, provea ampliamente a aquella doble +lactancia. Cribanse las dos hermanas de leche sanas y fuertes. Mara de +Regla no haca diferencia entre ellas, y as en la mayor armona habra +corrido su infancia si tan luego como empez a disminuir el sustento no +trataran de disputrselo y armar llanto, en especial la blanca, no +acostumbrada a semejante divisin. + +Al cabo, atrada una noche doa Rosa por el llanto de su hija, +sorprendi a la nodriza dormida entre las dos nias, que, con ambos +brazos extendidos, se impedan el mutuo goce del delicioso lquido. Qu +hacer en aquellas circunstancias? Castigar a la esclava en el acto por +su desobediencia? Cambiar de nodriza? Tan malo sera lo uno como lo +otro, pens doa Rosa. Lo primero, porque el castigo envenenara la +leche de la esclava; y lo segundo, porque en el octavo mes de la +lactancia, el cambio repentino producira resultados no menos fatales a +la salud y tal vez a la existencia de Adela. Tan perpleja estaba que +consult a su marido, quien, hombre violento si los hay, aconsej la +prudencia y el disimulo hasta ocasin ms oportuna. Descubierta su +primera falta, dijo l, no es probable que Mara de Regla reincida. De +cualquier modo, as continuaron las cosas por un ao y medio ms, al +cabo de cuyo tiempo, el da menos pensado, se le orden al Mayordomo +echara por delante a la _criandera_ y la embarcara a bordo de una goleta +que haca viajes de La Habana al Mariel, dejndola en el ingenio de _La +Tinaja_, bien recomendada al Mayoral. All se hallaba de enfermera el +ao de 1830, es decir, purgando la culpa de ser madre amorosa, cometida +trece aos antes de esa fecha. + +Que la esclavitud tiene fuerza de trastornar la nocin de lo justo y de +lo injusto en el espritu del amo; que embota la sensibilidad humana; +que afloja los lazos sociales ms estrechos; que debilita el sentimiento +de la propia dignidad y aun oscurece las ideas del honor, se comprende; +pero que cierre el corazn al amor de padres o de hermanos a la simpata +espontnea de las almas tiernas, he aqu lo que no se ve a menudo. No +es, pues, extrao que Mara de Regla sintiese en lo profundo del pecho +su separacin a un tiempo de la hija, del padre de sta y de Adela +misma, para pasar el resto de sus das en el destierro del ingenio _La +Tinaja_. + +En el cdigo no escrito de los amos de esclavos no se reconoce +proporcin ni medida entre los delitos y las penas. Es que no se castiga +por corregir, sino por desfogar la pasin del momento; de que resulta +que casi siempre se le apliquen al esclavo varias penas por un solo +delito. Luego, llova sobre mojado, como vulgarmente se dice, en el caso +de Mara de Regla. Su destierro de La Habana, la separacin de la hija y +del marido, quizs para no verlos ms en la vida, el cambio de ocupacin +de ama de leche en la ciudad por el de enfermera en el campo, el +traspaso de dependencia bajo el capricho del Mayordomo en aqulla, al +del Mayoral en el ingenio, en concepto de doa Rosa no bastaban a purgar +la culpa de su triste esclava. + +No haba logrado averiguar esa seora a ciencia cierta de quin era la +nia que haba estado lactando Mara de Regla, cosa de ao y medio antes +de haber dado a luz a Dolores. Lo nico que pudo sacar de don Cndido +fue que el mdico Montes de Oca la haba contratado para lactar a la +hija ilegtima de un amigo, cuyo nombre no deba revelarse. El precio +del alquiler, dos onzas de oro, las recibi doa Rosa mes tras mes, con +la mayor puntualidad mientras dur la lactancia, por mano de don +Cndido. Esto poco no pudo bastar a satisfacer sus celos, antes fue a +sembrar fuertes sospechas en su nimo, siendo el misterio motivo +constante de quejas y disgustos entre ella y su marido, y, por rechazo, +de gran preocupacin, que a veces rayaba en odio, contra Mara de Regla. + +Por fortuna, tales ejemplos de injusticia y de crueldad ocurrieron +cuando ambas nias no tenan uso de razn, y como crecieran juntas, como +en realidad mamaran una misma leche, no obstante su opuesta condicin y +raza, se amaron con amor de hermanas. Adela entr en aos y concurri a +una escuela de nias poco distante de su casa en compaa de su hermana +Carmen, a donde Dolores les llevaba los libros junto con la fruta y el +refresco a medio da, y a las tres de la tarde las acompaaba en su +vuelta a la casa. Carmen y Adela alcanzaron la edad de la pubertad, +Dolores antes que ellas, y en dejando la escuela no se les separaba sta +ni de da ni de noche. Las vesta, las peinaba, les lavaba los pies a la +hora de acostarse; durante el da cosa al lado de sus seoritas, y de +noche, bien dorma en el duro suelo al lado de la cama de Adela, bien en +el cuarto inmediato sobre la rgida tarima, a la vista de otra criada, +la ms anciana de la servidumbre. + +Dolores y Tirso eran hermanos uterinos. La primera, nacida en La Habana, +sali negra, porque a esa raza perteneca su padre; el segundo, nacido +despus en el ingenio La Tinaja, sali mulato, porque su padre, fuera el +que fuese, era de la raza blanca. De aqu provena el que ellos no se +viesen como tales hermanos, y que Mara de Regla quisiese ms a Tirso, +que mejoraba la condicin, que a Dolores, la cual perpetuaba el odioso +color, causa aparente y principal, crea ella, de su inacabable +esclavitud. Pero aun en este particular estaba Mara de Regla condenada +a ver defraudadas sus ms risueas ilusiones de madre. Tirso, su +preferido, no la quera, mas se avergonzaba de haber nacido de negra, +enfermera del ingenio por aadidura. Al contrario, Dolores adoraba en su +madre. Cada vez que llegaba a sus odos la noticia del mal trato que le +daban en _La Tinaja_, era motivo de amargo llanto para ella y para +suplicar a Adela la hiciese venir a La Habana y la sacase de aquel +purgatorio donde la tenan penando, haca tanto tiempo, slo por haber +dado de mamar a la vez a su propia hija y a la hija de sus amos. Senta +Adela la fuerza de estas dolorosas quejas, y, no obstante sus pocos aos +y muchas distracciones, oyendo continuamente, en el silencio de la +noche, ella acostada y Dolores de rodillas junto a su cama, la triste +historia de los trabajos y padecimientos de Mara de Regla en el +ingenio, se conmova hasta verter lgrimas, y entre bostezo y bostezo la +prometa que al da siguiente hablara a doa Rosa sobre el asunto. As +se quedaban dormidas muchas veces aquellas hermanas de leche, casi +siempre con las mejillas an hmedas del llanto. + +Mas suceda que al da siguiente no encontraba Adela ocasin favorable +para hablarle a su madre, seora algo seria con sus hijos, con la sola +excepcin de Leonardo, el nio mimado de la casa, y harto severa con los +esclavos. De esta manera se pasaba el tiempo. Una tarde, al fin, +mientras se hallaba Adela recostada en el sof de la sala por un ligero +dolor de cabeza, como se le acercase la madre, se le sentase al lado y +empezase a pasarle la mano por la frente, en son de acariciarla o por +mera distraccin, cobr nimo la joven, y agarr la ocasin por los +cabellos, cual suele decirse: + +--Quisiera pedirte un favor, mam; dijo con voz trmula por la emocin o +el temor. + +Por breve rato no contest palabra doa Rosa; slo mir a su hija, entre +sorprendida y pensativa. Esto aument la turbacin de Adela, quien, no +embargante, aadi a la carrera: + +--T no me vas a decir que no. + +--Ests enferma, nia, dijo doa Rosa secamente. Tranquilzate. Y se +levant para marcharse. + +--Un favor, mam. Escucha un momento, prosigui Adela, ya con los ojos +humedecidos, deteniendo a su madre por la falda. + +Esta volvi a sentarse, tal vez porque le llamaron la atencin las +palabras, y ms la actitud de su hija, indicativas todas de +extraordinaria agitacin y zozobra. + +--Vamos, te escucho. Di. + +--Pero t no te negars a mi ruego. + +--No s qu quieres de m; mal puedo decir de antemano si me negar o +no. Supongo, sin embargo, que es una de tus boberas. Acaba. + +--No crees t, mam, que ya Mara de Regla ha purgado la culpa?... + +--No lo dije? la interrumpi doa Rosa enojada. Y para esa necesidad +me detienes y me ruegas que te oiga? Ni quin te ha dicho que esa negra +est purgando culpa alguna? + +--Por qu la tienen tanto tiempo en el ingenio? + +--Y dnde estara mejor la muy perra? + +--Jess, mam! Me duele que hables as de quien me cri. + +--Ojal que nunca te hubiera dado de mamar. No sabes t cunto me ha +pesado la hora en que te puse en sus manos. Pero bien sabe Dios que lo +hice a no poder ms. No me hables de Mara de Regla, no quiero saber de +ella. + +--Crea que la habas perdonado. + +--Perdonado! perdonado! repiti doa Rosa alzando la voz. Jams! Para +m ya ella ha muerto. + +--Qu te ha hecho para tanto rigor? + +--Quin la trata con rigor? + +--Te parecen pocos los trabajos del ingenio? El maltrato que le dan? + +--No s yo que la maltraten ms de lo que ella merece. + +--Pues todos dicen que s. + +--Quines son esos todos? + +--Uno de ellos creo que ha sido el patrn Sierra que estuvo aqu la +semana pasada, cuando vino por las _esquifaciones_ para el ingenio. + +--Lo que extrao es que el patrn hablase contigo. + +--Yo no, mam, sino otra persona, y como saben lo que quiero a Mara de +Regla, me contaron lo que ella deca. Me han afligido mucho las cosas +que all le pasan, y quisiera, de veras, que t hicieras algo por ella y +por m. Me ruega le sirva de madrina y haga que la saquen del ingenio... + +--Adela, dijo doa Rosa afectada con el tono de ingenuidad y de +exquisita ternura de su hija. Adela, t no sabes el sacrificio que +exiges de m. Pero se acercan las Pascuas, toda la familia ir al +ingenio y ya veremos lo que puede hacerse con esa negra de Barrabs. +Debo advertirte, sin embargo, que no esperes me ablande de pronto y sin +madura reflexin. Esa negra est perdida y muy sobre s. Lejos de +arrepentirse y enmendarse, como esperaba, para lavarse de la culpa de su +desobediencia a mi expreso mandato, la ha hecho peor desde su llegada a +_La Tinaja_. Va para doce aos que la tengo all, y cada vez me traen +ms quejas de ella y oigo cosas ms escandalosas. El Administrador que +tenamos all trinaba con la negra. Yo no te haba dicho nada, hija, +porque no se haba ofrecido la ocasin; pero me parece que ya Mara de +Regla no puede vivir con nosotros. Sera un mal ejemplo para ti, para +Carmen y aun para la misma Dolores. Desde que entr en el ingenio, entr +all la guerra civil; de cuyas resultas ha habido que cambiar a menudo +de mayordomos, de mayorales, de maestros de azcar, de carpinteros, en +fin, de cuantos tienen la cara blanca, pues no parece sino que la +maldita negra tiene un encanto para los hombres o que todos ellos son +fciles de infatuarse con cualquiera que lleva tnico. Tirso es una +acusacin viva contra la moralidad de Mara de Regla, pues su padre fue +un carpintero vizcano que tuvimos hace tiempo en _La Tinaja_... Los +_bocabajos_ que ha llevado no la han corregido... + +Las ltimas palabras de doa Rosa estremecieron a Adela de pies a +cabeza, pues a pesar de los lamentos de Dolores, ignoraba que le +hubiesen impuesto a su adorada ama de leche otro castigo que el dursimo +del destierro de La Habana y de las personas que ms quera en el mundo. +Pareciole or el chasquido del ltigo, los gritos de la vctima y el +crujido de las carnes; se llen de horror, se cubri la cara con ambas +manos, y por entre sus dedos de rosa saltaron dos lgrimas como dos +gotas de roco, y fueron a estrellarse en su casto y agitado seno, +exclamando solamente. + +--Pobrecita! + +Conoci entonces doa Rosa que haba ido muy lejos, y apresuradamente +aadi: + +--Lo ves? T tambin ests infatuada con la negra. Por desgracia te dio +de mamar, debes de tenerle algn cario, lo comprendo; no obstante, es +preciso que reconozcas que es muy mal empleado y ya te convencers que +ella no merece tu compasin. Espera: de aqu a Navidad no va mucho. Ya +veremos el medio de arreglar lo que haya de hacerse. + +De todos modos aquella era una esperanza, que Adela tard en impartirle +a su hermana de leche lo que tard la madre en alejarse de su lado. +Dolores no saba ms que amar a su joven seorita, siendo todava muy +joven para amar a otra persona de contrario sexo, y haca esfuerzos +constantes para identificarse con ella, imitar el tono de su voz, sus +modos, su aire de andar y de llevar el traje, sus coqueteras; de manera +que los compaeros de esclavitud, cuando queran decirle algo que la +complaciera mucho, la llamaban all entre ellos: Nia Adela. + + + + +CAPTULO X + + _--Ya s lo que me pides, + Llvate en l mi corazn y... toma._ + + RAMN MAYORGA + + +Promediaba el mes de noviembre de 1830. Los vientos del norte ya haban +arrojado sobre las playas cubanas las primeras aves de paso de la +Florida, probando as que se haba adelantado el invierno en el opuesto +continente. El mar a menudo se hinchaba y con bramidos atronadores +rompa contra los arrecifes de las costas que sembraba por largo trecho +de blanca espuma, de conchuelas y sedimentos salinos. + +A las cuatro de la maana no haba bastante claridad en las calles de La +Habana, ni a cierta distancia se reconocan las personas, excepto +aqullas, pocas en verdad, que llevaban un farolito encendido +balancendose en la mano, mientras a paso acelerado se dirigan, bien a +los mercados, bien a los templos; en algunos de los cuales se oa a +medias el rgano con que las monjas o los frailes acompaaban el canto +de los maitines. + +Haca an noche, decimos, y ya don Cndido Gamboa, en su bata de zaraza +y gorro de dormir, se hallaba asomado al postigo de la ventana de la +calle, abrigado tras de la cortina de muselina blanca, en espera de _El +Diario de la Habana_, o para respirar aire ms libre que el pesado de la +alcoba. + +A poco ms empez a orse el ruido, al principio sordo, despus ms +vivo, de los pasos de alguien que se acercaba de la parte de la Plaza +Vieja. Hacia all torn los ojos don Cndido; mas no vino a salir de +dudas hasta que tuvo delante la persona en cuestin. Vesta traje de +caamazo, compuesto de una especie de chal para cubrirse la cabeza y de +la falda corta que cea a la cintura con una correa de cuero larga y +negra. Contribua adems a disfrazarla, el color cobrizo mate del +rostro, propio de los mulatos, mayormente cuando van para viejos, que le +daba la apariencia de mujer de la raza india. + +--Buenos das, seor don Cndido, le dijo en tono gangoso. + +--Tngalos muy buenos la _sea_ Josefa, contest l procurando bajar la +voz. Temprano ha madrugado. + +--Qu quiere el seor? Quien tiene cuidados no duerme. + +--Pues, qu se ofrece de nuevo? Al grano. + +--Se ofrece mucho y me pareci que si me dilataba hasta la venida del +da, la cosa no tena remedio. + +--Entiendo. La orden que se ha dado el otro da por la Capitana General +sobre pordioseros y locos trae aqu a _sea_ Josefa. La esperaba. + +--Lo acert el seor. No s como tengo vida, ni cuando acabarn mis +tribulaciones. Se crea al principio que slo iban a recoger a los +pobres y los locos que andan por las calles. Pero ayer por la tarde me +dijo la madre de Paula que hasta los locos en las casas privadas y en +los hospitales van a ser trasladados a San Dionisio o a una casa que han +fabricado en el patio de la Beneficencia. El seor podr calcular cmo +estar mi espritu con tal noticia. No he cerrado los ojos en toda la +noche. _Dende_ que se public la orden el corazn me anunci una +desgracia. + +--Tal vez haya tiempo todava de remediarla. + +--Quiralo Dios, mi seor, porque si en el hospital la muchacha sufre, +qu no ser cuando la lleven a San Dionisio, o a la casa nueva, all +por San Lzaro? Ah no hay quien la cuide ni haga por ella. La tratarn +a palos. Y yo que no haba perdido la esperanza de verla en su sano +juicio y cabal salud! Ahora mi pobre Charito ir por delante, yo por +detrs. Acabaremos de pena... Hgase la voluntad de la Virgen Santsima. + +--Cree la _sea_ Josefa que se podr hacer algo de provecho en este +caso? + +--Creo, mejor dicho, _sea_ Soledad, la madre del hospital, cree que si +hay una persona de influjo que le hable al _Contralor_, sujeto muy +caritativo y temeroso de Dios, se har de la vista gorda y no se +cumplir la orden por lo tocante a Charito. Todo depende de l. Tal vez +_haiga_ que buscar un mdico que d una certificacin. El _Contralor_ es +bueno como el pan, y quiere servir, lo _mesmo_ sea Soledad. Conque, +para que vea el seor... + +--Entiendo, entiendo, repiti don Cndido pensativo. Digo a Vd., por lo +tanto, que he consultado a Montes de Oca, quien es de opinin lleven al +campo a la enferma y la hagan tomar baos de agua salada. Veremos lo que +puede hacerse... + +Pero como sintiera pasos en el zagun, se interrumpi e hizo seas a la +anciana mulata para que se alejara a toda prisa. + +El toque de diana primero y de seguidas el disparo de can a bordo del +navo _Soberano_ anclado junto al muelle de la Machina, estremeciendo +las ventanas del cuarto, hicieron despertar sobresaltado a Leonardo +Gamboa. Sac lumbre en el mechn de escarzo, y abriendo el reloj, vio +que eran las cuatro de la madrugada.--A tiempo, dijo entre s, y se +apresur a salir de la cama y vestirse. Para esto encendi una vela de +esperma, valindose de una pajuela, pues an no se conocan los cerillos +en La Habana. + +Mientras se peinaba delante del tocador, solt de repente el peine de +carey, volvi a requerir el reloj, y murmur: + +--Las cuatro y cuarto! Muy temprano todava y de aqu all no podr +echar arriba de quince minutos andando despacio. Ella me dijo que cerca +de las cinco... No sera mejor aguardar en la esquina? S, concluy +diciendo con resolucin. Y vestido y perfumado y con la caa de Indias, +sali de su cuarto y empez a bajar la escalera de piedra. + +Apoybase con la mano izquierda en el barandal de cedro, cosa de no dar +pisadas recias; mas as que descendi al zagun, donde no haba tal +apoyo, antes reinaba gran oscuridad, por ms cuidado que puso, aunque no +tuviesen tacones sus zapatos de escarpn, hizo demasiado ruido, aquel +ruido sordo que se oye cuando uno camina por encima de un suelo hueco, +abovedado. No parece sino que se haban despertado de improviso todos +los ecos del zagun y de la sala vecina, donde l sospechaba que poda +estar su padre, madrugador por excelencia. Andando a tienta paredes, +tropez con el viejo calesero, quien, acostumbrado a la oscuridad, vio +venir desde luego al joven y le sali al encuentro para servirle de gua +y evitar que se diera de narices contra la llanta frrea de uno de los +carruajes. + +--Po! Eres t? dijo l en voz muy baja. Abre. + +--El amo est _asomao_ en la ventana de la calle, contest el negro. + +--Diablos! Tiene cerrojo el postigo de la puerta? + +--No, seor. _Dende_ que sali Dionisio _pa_ la plaza quit el _serojo_. + +--Abre poco a poco. + +No crujieron los goznes; pero ya don Cndido haba odo los pasos en el +zagun, y arrimado a la reja tronaba: + +--Po, quin va? + +--El nio _Lionar_, mi amo. + +--Sal. Llmale. Detenle. Dile que yo le llamo. Corre, patas de plomo. + +Entre tanto volva el esclavo no ces don Cndido de ir y venir, muy +desazonado, de la ventana de la calle a la reja del zagun y vice versa, +murmurando: + +--A dnde ir el muy bribn a estas horas? A nada bueno por cierto. +All ha ido. Claro que s, por decontado. Le estoy mirando. Y no habr +dejado aquella santa mujer nadie al cuidado?... Tal vez no, lo ms +probable es que no. A ciertas gentes se les pasea el alma por el cuerpo, +se descuidan mucho, no toman precauciones y de aqu provienen las +desgracias... El demonio no ms podra imaginar un cmulo de +circunstancias... La ocasin, la edad, la tentacin, el enemigo malo que +no duerme... Yo tambin me he descuidado. Deb preverlo, evitarlo, s, +impedirlo... Pero cmo? Si yo pudiera dar la cara! Veremos. Le +desnuco, le meto en un buque de guerra como me llamo Cndido, y hago que +le den chicote a ver si suelta alguna de la sangre criolla que tiene en +las venas. No es hijo mo, no. Todo esto se hubiera evitado si le mando +a Espaa como tena pensado hace ms de cuatro aos. Su madre tiene la +culpa. Casi, casi me alegrara de que no le encontrase Po, porque +podra matarle. Tal me siento contra l. + +En esto volvi Po fatigado, sin aliento y dijo: + +_--Na, lamo, el nio no parece po ningn parte._ + +--Bruto! tron don Cndido. Por dnde fuiste a buscarle? + +_--Po la mano e larienda, lamo._ + +--Por la izquierda, quieres decir? Animal en dos pies! Si march por +la derecha cmo habas de dar con l, pedazo de bestia? Vete. Qutate +de mi presencia, porque si Dios no me tiene de su mano, me parece que te +destripo de una patada. + +A las voces destempladas de don Cndido se asom doa Rosa a la puerta +del aposento que daba a la sala, y asustada pregunt: + +--Qu ha sucedido, Gamboa? Por qu gritas? + +--Pregntale a tu hijo que acaba de salir por ah hecho un facineroso. + +--Un facineroso? No lo entiendo. Ha hecho algo malo? Va a hacerlo? + +--No s mucho ms que t; sin embargo, sospecho, temo, se me ha puesto +que el muy bribn va a hacer una de las suyas. Se necesita ser ganso +para no sospechar que ese muchacho no ha podido salir a la calle a estas +horas en que no se ven ni las manos, y recatndose de m, para or misa +ni confesarse. + +--Quizs ha ido a tomar el fresco, quizs ha querido darte gusto +levantndose de madrugada. No hay razn para sospechar nada malo. T, al +menos, no ests seguro, no lo sabes. Por qu has de pensar siempre mal +de tu hijo? + +--Porque dice el refrn espaol: piensa mal y acertars. + +--Te repito, l no ha ido a nada bueno. Le conozco mejor que t que le +pariste. Yo s lo que he de hacer con l. + +--El pobre muchacho no acierta nunca a complacerte. Ni que fuera tu +hijastro. Si lo fuera, tal vez seras ms indulgente... + +--Compadcele. Dios quiera que no tengas que llorarle antes de mucho. + +Luego que sali Leonardo a la calle not que, arrimado a la acera de la +izquierda caminaba en la direccin de Paula un bulto oscuro como de +mujer. Entre seguirlo hasta cerciorarse de quin poda ser y alejarse de +su destino, estuvo un momento titubeando, pero la voz de su padre, que +llamaba a Po, le decidi a marchar la vuelta contraria, a fin de ganar +lo ms pronto posible la esquina de la calle de Santa Clara. As lo hizo +en segundos de tiempo. Por esta casualidad no le dio alcance el esclavo. +En poco ms se puso en la calle de O'Reilly, y subi al alto terrapln +o terrado del convento de Santa Catalina, lo atraves de este a oeste y +descendi a la calle del Aguacate por la escalera de tres o cuatro +escalones mencionada al principio de esta historia, yendo derecho a la +casita enfrente de ella. + +Parecindole que la puerta no estaba cerrada con llave ni tranca, empuj +una hoja con la punta de los dedos. Cedi algo, en efecto; por lo cual +hizo mayor esfuerzo, rod la silla en que se apoyaba y se abri lo +bastante para que el joven se deslizara por entre las dos hojas y +quedase dentro, sin ms ni ms. De pronto no vio nada. All eran las +tinieblas tan espesas como el aire hmedo que llenaba la estrecha pieza. +Sin embargo, a favor de la lmpara que arda an en el poyo del nicho +sobre la izquierda, pudo al fin distinguir al alcance de su mano un par +de palomas caseras dormidas en el respaldo de una silla, un gato +enroscado en el fondo de un silln de vaqueta, y una gallina bajo una +mesa protegiendo con sus amorosas alas varios pollitos, que asomaban los +picos por entre las plumas y empezaron a piar del modo suave y repetido +que suelen siempre que sienten temor o fro. + +Gradualmente sus miradas fueron elevndose del suelo hasta la altura de +la puerta del cuarto del fondo, donde vio algo que le pareci una mujer +o visin, de pie, escasamente vestida con un ropaje blanco, y el copioso +cabello suelto hecho mil anillos y revueltas ondas, desparramadas por el +seno y los hombros sin alcanzar a ocultarlos, con ser tan abundoso y +largo. Reconocerse, correr el uno hacia la otra y abrazarse +estrechamente en medio de los besos ardientes y sonoros, fue todo uno. + +El hospital de Paula no es ms que la continuacin de la iglesia del +mismo nombre, inmediato al ngulo de la muralla, por la parte que da al +sudeste de la baha. Tiene la entrada al norte, abierta en una alterosa +tapia de una galera que sirve de pasaje entre la iglesia y el +hospital. Precede a la entrada un vestbulo con tejadillo, que ms +parece mampara de convento que otra cosa. All se estaciona un centinela +para impedir el escape de los presos o dementes que reciben asistencia +mdica en el hospital. Generalmente slo se admiten mujeres en uno u +otro estado, cuando ni el delito es grave, ni la demencia de carcter +furioso. + +La mujer que haba visto Leonardo caminando a paso vivo en la direccin +del sur de la ciudad, por la calle de San Ignacio abajo, no par hasta +llegar al vestbulo de que antes hemos hablado. Empezaba a clarear el +horizonte entonces por el lado de oriente. Era su nimo entrarse de +rondn, pero ya la centinela con el sable desnudo se paseaba de un +extremo al otro del tejadillo, y se le encar cerrandole el paso: + +--Buenos das tenga Vd., seor militar, dijo la anciana tratando de +congraciarse con la centinela. + +--Buenos o malos, contest con rudeza el soldado, hace ratos que ac los +tenemos. + +--El seor militar parece que no me conoce, agreg ella en tono y +actitud suplicatorios. + +--No tiene nada de extrao, porque el diablo me lleve si he tenido +tratos con brujas. + +Se persign la mujer y aadi que deseaba hablar con _sea_ Soledad, la +madre del hospital. + +--Tampoco conozco a esa ta, repuso la centinela reasumiendo sus paseos. +Por all dentro nadie se menea. Entrar, entrar y despejar el campo. + +En traspasando el umbral del vestbulo, se est en un gran patio +cuadrangular que lo forman, por la derecha el costado de la iglesia y +por los otros tres lados unos anchos pasadizos, de los cuales el de la +izquierda, por tres anchas puertas conduce a la sala de la enfermera. +Varias columnas cuadradas de fbrica de mampostera dividen sta en dos +naves longitudinales, llenas de camas, cuyas cabeceras se apoyan en las +paredes maestras del edificio, con lo que queda despejado el centro. No +haba all mamparas ni compartimientos, de manera que el observador +situado en cualquiera de las puertas, poda registrar con la vista todas +las camas. Hacia la baha o el este, lo mismo que hacia el sur y el +norte, haba ventanas altas que daban claridad y saludable ventilacin a +la espaciosa sala. + +Apenas la mujer con el cilicio de caamazo puso el pie en el patio, vio +asomar por el lado de la iglesia a la madre _sea_ Soledad, con un +farolito, y detrs de ella un clrigo en sotana negra de sarga, sin +bonete, llevando en ambas manos, a la altura de su pecho, un copn de +plata con tapadera de lo mismo. Ambos caminaban a paso largo y +murmuraban ciertos rezos que en el silencio del patio resonaban con los +zumbidos de muchos moscones. Se encaminaron derecho a la enfermera y +atravesaron la sala de un lado a otro. Al pasar los dos por junto a la +anciana, conoci sta de lo que se trataba y cay de rodillas +exclamando: + +--Los leos! Dios reciba en su seno el alma del moribundo. + +Rezado el credo con mucho fervor, recogi todas sus fuerzas hecha casi +un arco con su cuerpo y dando traspieses, continu hasta la puerta del +medio de la sala y volvi a caer de rodillas. Era que acababa de notar +que el clrigo de pie al lado de una cama enfrente, administraba la +extrema uncin a una de las enfermas, mientras la madre de rodillas en +el lado opuesto suspenda cuanto poda el farolito para alumbrar aquella +triste y desolada escena. + +De vuelta de la iglesia a donde haba acompaado al clrigo, la madre +torn a la sala y encontr todava de rodillas a la mujer del cilicio, +con la cabeza doblada sobre el pecho, absorbida en sus oraciones. Tocole +en el hombro _sea_ Soledad y le dio los buenos das, en cuyo momento +la mujer, en tono de voz casi ahogado por la angustia: + +--Conque ha muerto? pregunt. + +--Ya descansa en paz, contest la madre brevemente. + +--Ah! dijo la anciana y cay desplomada en el suelo. + +--Jess! _Sea_ Josefa! repiti la madre haciendo esfuerzos por +levantarla. Qu le pasa? Va que Vd., no me ha entendido! Mire que todo +ha sido una equivocacin de las dos. No comprend su pregunta de Vd., ni +Vd., tampoco comprendi mi _contesta_. La muerta no ha sido Charo. No, +seor, no ha sido ella, sino una pobre morena que haca pocos das haba +entrado en el hospital. Charo va mejor, est ms aliviada del pecho. S, +no cabe duda. As lo dice el mdico y yo lo veo. Vamos, venga, quiero +que Vd. se desengae por sus mismos ojos. + +Poco a poco, con tales seguridades, empez a volver en s _sea_ Josefa. +Despus de derramar un mar de lgrimas en silencio, se sinti en actitud +de seguir a la madre hasta la cama de la enferma por la cual se +interesaba tanto. Hallbase la tal a la sazn sentada, sin ms abrigo +que la sbana que le cubra las piernas encogidas, las cuales sujetaba +con ambos brazos desnudos, apoyando la frente en las rodillas. Tena +cortado el cabello casi de raz, como se hace generalmente con los +locos, y bajo la piel floja, descolorida y seca mostraba la armazn de +huesos, tanto ms cuanto que la camisa, sola pieza interior que llevaba, +no le cubra sino parte de la espalda. Por su posicin en la cama y por +una tos hueca y dbil que a veces le acometa, se conoca que estaba +viva. + +--Charo, Charito, le dijo la madre con amabilidad. Mira quin est aqu. +Levanta la cabeza, nia. Anmate. + +--Hija ma! se atrevi a decir _sea_ Josefa. Mrame. Me oyes? Me +conoces, mi vida? Soy tu madre, quiero verte la cara. Respndeme +siquiera. Te traigo buenas noticias; pronto vamos a sacarte de aqu. Te +llevaremos al campo para que te cures y tengas el gusto de conocer y +abrazar a tu hija. Ah! Si la vieras! Est lindsima. Es tu retrato +cuando eras de su edad. + +--Vala Vd. tan callada, dijo _sea_ Soledad. Cuando est as no habla, +no se mueve y cuesta Dios y ayuda que pase un bocado. Otras veces la +coge por gritar, como si la estuvieran matando, por llorar o por rerse +a carcajadas. + +Pero en vano emple _sea_ Josefa los medios que juzg ms eficaces para +moverla. En vano acudi a los ruegos, a las caricias, a las lgrimas; la +enferma se mostr insensible a todo, no contest palabra, no alz la +cabeza, no cambi la posicin acurrucada. Claro era que no haba tenido +conciencia de la escena de muerte que acababa de verificarse en una cama +opuesta a la suya, y, por supuesto, no dio seal alguna de haber +reconocido la voz familiar de _sea_ Soledad, ni la angustiosa de su +desconsolada madre. + +En fin, se adelantaba el da y era preciso que _sea_ Josefa se +apresurase a volver a su casa, donde haba dejado sola a la nieta. Dijo, +pues, a la carrera a _sea_ Soledad que el caballero que las protega a +ellas se propona hacer el ltimo esfuerzo para curar a Charo, si es que +an tena remedio, y que para ello la llevara al campo, cerca del mar, +en donde respirase otro aire y se baase a menudo, bajo la vigilancia de +un mdico. + +--Pues a ello, _sea_ Josefa, y que para bien sea, dijo alegre la madre. +Lo que es aqu, est visto que esa pobre muchacha no tiene cura. Adems, +es preciso sacarla o no hay modo de impedir que se la lleven para la +nueva casa en la Beneficencia. Todos estos das atrs han andado +recogiendo pobres y locos por las calles. Ayer se llevaron a Dolores +Santa Cruz, tan alborotosa. Y el Comisario Cantalapiedra ya me ha +notificado la orden de traslacin de todas las locas en disposicin de +moverse. + +Figurarse puede cualquiera cmo llevara el corazn _sea_ Josefa +despus de lo que haba visto, escuchado y sentido en el hospital de San +Francisco de Paula. + + + + +CAPTULO XI + + _...Pero si el vicio mancha su limpieza + Vertiendo en ella su funesto hielo, + Levanta el ngel de su guarda el vuelo, + Y Dios torna a otro lado la cabeza._ + + LUISA PREZ DE MONTES DE OCA + + +Era el da claro y calentaba bastante el sol cuando _sea_ Josefa volvi +a su casita de la calle del Aguacate. Al parecer nadie all se haba +movido, excepto la gallina con sus polluelos, que buscaban la salida al +patio por entre el cabio y el quicio de la puerta. El primer cuidado de +la anciana fue ver si la nieta reposaba en el alteroso lecho; y +satisfecha de que dorma tranquila, se quit el chal de caamazo, se +desci la correa y se dej caer en la butaca, desalojando para ello al +gato, que al ruido de la entrada de su ama entonces se esperezaba, abra +tamaa boca y mostraba la roja lengua con los afilados dientes. + +En desplomndose dio un profundo suspiro. Apuraba ahora el cliz ms +amargo que jams apuraron labios humanos. Su nica hija languideca en +un hospital, privada de los cuidados maternales, falta de juicio y +devorada por la consuncin, si que ella pudiera valerle en nada. Que no +tendra remedio ni alivio mientras continuara en ese lugar, plenamente +convencida qued en aquella maana _sea_ Josefa, si era que antes +abrigaba dudas. + +Por qu estaba la madre afligida separada haca tanto tiempo, de la +hija doliente y moribunda? Esta separacin tena diecisis aos de +fecha, porque, segn recordar el lector, Mara del Rosario Alarcn +haba perdido el juicio a consecuencia del sentimiento y sorpresa que le +produjo el secuestro de su hija recin nacida, para pasarla por la Casa +Cuna. Cuando se la devolvieron, bien amamantada y rolliza, ya era +demasiado tarde, ya se haba apagado en su mente el ltimo rayo de la +divina luz. Todava si su demencia hubiese tomado un carcter manso y +tranquilo, habra sido posible dejarla pasar el resto de su vida al lado +de la madre y de la hija; pero a veces le entraban accesos de furor, en +cuya disposicin era difcil sujetarla e impedir que se hiciera dao o +le hiciera a los suyos. + +Adems, aun cuando por no haber casa de dementes en La Habana, admitan +en los hospitales, por ejemplo, en el de Paula, algunas mujeres en ese +estado, aqullos cuyas familias no podan guardarlos en sus casas que +eran los ms, andaban sueltos por las calles, hechos el hazmerrer de +los muchachos y el escndalo de las gentes timoratas. Tal, entre otros, +Dolores Santa Cruz, a que hizo referencia la madre del hospital de +Paula. + +Esta negra haba sido esclava de la familia distinguida de Jaruco cuyo +apellido llevaba. Con su industria y economas haba logrado libertarse +y reunir un capital. Compr casa y esclavos, dedicndose a la reventa de +carnes y frutas, que entonces era negocio bastante lucrativo. + +Sin que sepamos el motivo, alguien le disput en juicio el dominio +directo a su pequea hacienda. Esto la enred en un pleito largo y +costoso, que si bien gan con costas, en honorarios, sobornos, propinas, +entre abogados, procuradores, escribanos, oficiales de causa, jueces y +asesores, se consumi el valor de la casita, juntamente con el de las +dos esclavas. El resultado fue, que el da menos pensado la pobre mujer +se qued literal, no figuradamente, por puertas. + +Golpe rudo debi de haber sido ste para quien amaba mucho el dinero y +las satisfacciones que procura. La que siendo esclava fue libre, duea +de esclavos y de fincas, y de nuevo se vio atada al poste de otra +esclavitud: la miseria; no era posible sobrellevar el cambio sin que su +razn perdiese el equilibrio. Se le desvaneci en efecto, y desde +entonces, vestida de harapos, y adornada la cabeza con flores +artificiales y pajas, a la Hamlet,[38] recorra da y noche las calles +apoyada en un palo largo, de que penda una jaba, gritando +desaforadamente por las esquinas: _Po! po! Aqu va Dolores Santa Cruz. +Yo no tiene dinero, no come, no duerme. Los ladrones me quitan cuanto +tiene. Po! po! Po!_ + +Figrese el lector la hija de _sea_ Josefa, madre a su vez desgraciada, +revelando al pueblo en sus arrebatos de locura los pasos, los medios y +el nombre, quizs, de la persona o personas por cuya agencia se vea en +aquel tristsimo estado. No deba darse, y no se dio semejante +espectculo; antes por doloroso que fuese el sacrificio hubo que hacerlo +todo entero, como que de ello dependan hasta cierto punto la salud y la +felicidad de la inocente nia que haba sido la causa indirecta de la +desgracia de su madre. Tampoco deba crecer y desarrollar su razn +viendo que sta la haba perdido y era el ludibrio de los extraos. Ni +haba llegado el tiempo, crea la abuela, de que la hija y la madre se +conociesen. La separacin, pues, poda ser eterna. + +Tales pensamientos ocupaban el nimo de la anciana con ms fijeza que +nunca en los momentos que llamaron a la puerta de la calle. Cual si +despertara de un sueo pesado, levantose a abrir y se encontr con el +lechero, isleo de Canarias que en el traje usual de los campesinos, con +una botija debajo del brazo y un jarrito de lata en la mano, la salud +en el tono peculiar de su pas, con las palabras: + +--Pues abriera para maana la casera. _Verficamente_ sta es la tercera +vez que le traigo la leche. + +--Yo estaba en misa, contest _sea_ Josefa trayendo la cazuela para +recibir la pocin lctea. + +--Como que iba creyendo que se haban muerto toditos en esta casa. + +--Acabo de entrar de la calle. + +Despus de mirar a la vieja con aire peculiar, aadi: + +--Andese con cuatro ojos la casera, continu el lechero; porque ensea +el refrn que el que tiene enemigos no duerme. + +--Yo no tengo enemigos, a Dios gracias. + +--Parcele a la casera. Toditos tenemos enemigos ocultos en este mundo. +No tiene la casera una hija bonita? + +--Hija? No, seor, nieta. + +--Es lo _mesmo_. Pues en el palmito de esta nieta est el enemigo del +reposo de la casera. No hay mozo que no se perezca por los buenos +palmitos. El _demongo_ me lleve si esta madrugada mesma no _vide_ por +aqu un lindo don Diego. Ahora no me atrevo a decir si estaba juntito a +la puerta o a la ventana... Pero _de que lo vide lo vide_. + +--El casero se engaa, observ la anciana desazonada y temblorosa. No +estuve fuera sino por corto tiempo, y mi nieta no tiene mozo que le +persiga el lindo palmito como dice el casero. + +--Dgole a la casera lo que le digo, ndese con cuatro ojos, y no se +duerma en las pajas, porque _de que lo vide lo vide_. + +Nuevo motivo de inquietud y de tormento para la desventurada abuela. +Saba que un joven blanco, de familia rica, segua a su nieta como la +sombra al cuerpo, que la haca regalos costosos, que la facilitaba su +carruaje para concurrir a los bailes de las ferias, que ella +decididamente se pagaba de esas atenciones y obsequios; pero estaba muy +distante de creer, siquiera de sospechar, que l se aprovechase de su +ausencia en la iglesia o el hospital para soplarle la nieta, corromperla +y malograr su porvenir. + +Entonces pens que la haba dejado sola, encomendada a la vecina de la +casa inmediata, y bien pudieron los dos amantes ponerse de acuerdo, +darse cita de antemano y reundose all mismo, mientras ella se andaba +por Paula. De cualquier modo, afirmaba el lechero haber visto temprano a +la puerta de su ventana o casita a un lindo don Diego.--Quin sabe si +estuvo dentro? Cya era la falta si ocurra una desgracia? Sera +posible que la nieta siguiese el mismo camino y casi por los mismos +medios se perdiese como su desventurada madre? + +--Ah! exclam _sea_ Josefa cayendo de rodillas al pie del nicho donde +se veneraba la imagen de la Dolorosa. Virgen Santsima! Qu he hecho +yo para este duro castigo? Cul ha sido mi grave culpa? Habr estado +toda la vida en pecado mortal sin saberlo? T sabes que he sido buena +hija, buena hermana y cariosa madre. Yo he procurado criar mis hijos en +el santo temor de Dios. Yo me he desvelado por infundirles sanos +principios de moral, de virtud y de religin. Yo cumplo estrictamente +con lo que manda la santa madre Iglesia. Por qu consientes, Virgen +pursima, amparo de los dbiles, madre de misericordia, por qu permites +que el Tentador en figura humana aleje a mi nieta, nia inocente, tierna +oveja del seor, del camino de la virtud, la empuje al pecado y la haga +caer de la gracia divina como a su infeliz madre? Me abandonars t +tambin, piadossima Seora, en ste el ms duro trance de mi vida? + +Aunque _sea_ Josefa haba tomado casi al pie de la letra las ideas y +hasta las palabras de los libros de devocin, nicos que lea, no cabe +duda ninguna sino que el fervor de su fe religiosa, la consideracin de +la nueva desgracia que le vena encima, la conciencia de la tremenda +responsabilidad que le caba en caso de salir ciertas sus sospechas, en +medio de su poca cultura, la haban inspirado, al punto de improvisar +una oracin elocuente, por cuanto expresaba con verdad los sentimientos +que la dominaban en aquellas circunstancias. Poco fue, no obstante, el +alivio que proporcion a su desgarrado corazn el ferviente desfogue. +Porque el aviso del canario, por oportuno y certero, haca en su pecho +el mismo efecto del cuchillo, hincado en las carnes, que si se mueve +lascera, si se clava, mata. Tampoco era fcil olvidar las ltimas +sentenciosas palabras de aqul, no pensar en ellas; antes continuamente +resonaban en sus odos: _De que lo vide lo vide._ + +Tambin resonaron en los odos de Cecilia, la cual no dorma desde mucho +antes que volviese su abuela de la iglesia; slo que le causaron +impresin muy distinta. Encendironle el pecho en clera e indignacin. +Porque, pensaba ella, quin mete al hombre a dar semejante aviso? Qu +le iba ni le vena conque ella tuviese o no tuviese un amante, en que se +viese con l o no por la puerta o por la ventana? Por qu insistir en +haberle visto? Maldito hombre! No se le hubiera secado la lengua antes +de decir lo que dijo! Seguramente tambin vio al joven entrar o salir, y +si no lo afirm con la misma pertinacia, fue porque la abuela no le dio +tiempo ni ocasin. + +Pero fuerza era atender a las demostraciones de dolor y sentimiento de +la abuela, que parecan extraordinarias y deban tener causa poderosa y +legtima. Cul poda ser sta? Ignoraba Cecilia lo ocurrido en Paula. +Su conciencia alarmada vino a descifrarle el enigma. Haba cometido una +grave falta admitiendo en su casa, a ocultas de la abuela y contra su +expresa orden, al joven blanco con quien cultivaba relaciones amorosas. + +Desde ese punto, la soberbia e independiente Cecilia experiment algo +que no haba experimentado nunca, algo que no atinaba a explicarse ella +misma, una revolucin en todo su ser. Es que ante la culpa empezaba a +verse dbil, temerosa, irresoluta, y tener vergenza de s, de su abuela +y de sus amigas. Con qu cara se les presentara ella? El hombre de la +leche iba a publicar su falta por todas partes aquella misma maana. +Cuando menos el vecindario ya estaba impuesto de todo, y en cuanto +saliera a la calle la sealaran con el dedo y diran de manera que lo +oyese:--Ah va la muchacha que se aprovecha de la ausencia de su abuela +en la iglesia para admitir en su casa al hombre que pblicamente la +corteja. + +Pero en medio de aquella confusin de ideas, comprendi Cecilia sin +mayor esfuerzo dos cosas importantes: la una, que tal vez la abuela no +estaba an convencida de su culpa; la otra, que a la tranquilidad de las +dos, pues que ya no haba remedio, convena disimular lo ms posible +hasta averiguar la verdad de lo que pasaba y tomar un partido. En esta +disposicin, se levant con tiento, se ech por encima de la camisa un +traje y se asom a la puerta de la alcoba. An se hallaba la anciana de +rodillas y conclua la improvisada plegaria. Corri a arrodillarse a su +lado, le pas un brazo por la cintura y, dndole un beso en la mejilla, +le pregunt con exquisita ternura:--Mamita, qu tiene su merced? Por +qu est tan afligida? + +No le respondi palabra la anciana, volvi a la butaca y rompi a llorar +en silencio. No hay cosa ms pegadiza que el llanto, y Cecilia estaba +predispuesta a contraer el mal. Se arroj en brazos de la abuela y +confundi sus lgrimas con las de ella; desahogo necesario de dolores +que, sin embargo, tenan contrapuesto origen. Tal vez habran +aprovechado aquella coyuntura para tener una explicacin que no poda +menos de ser satisfactoria para entrambas, porque as lo predispona el +estado de sus nimos; pero llamaron de nuevo a la puerta y _sea_ Josefa +se apresur a abrir, enjugndose de camino las mejillas empapadas. Era +la vendedora de carne, manteca y huevos, negra de frica, con tablero +cuadrilongo equilibrado en la cabeza sobre un rodete, y un +espanta-moscas, hecho de varetas de palma de coco, en la mano derecha. + +Bien por cierta tendencia a la obesidad, por el calor, o por el desalio +natural de la gente de color, el traje de la vendedora consista de +falda de listadillo y camisoln, que cuando limpio deba de ser blanco, +y apenas le llegaba a los hombros, quedndose ms corto por las +espaldas, cuyas partes, junto con los brazos desnudos a la griega o +romana y las mejillas redondas y rollizas, le brillaban cual si, a la +usanza de su tierra, se las hubiese untado con grasa. Por supuesto, no +calzaba zapatos, sino que al caminar arrastraba un par de chancletas con +la punta de los dedos. Luego que abri _sea_ Josefa, depuso el tablero +en el quicio de la puerta, y en tono de voz chillona, cuyo volumen no +corresponda con el de su cuerpo, dijo: + +--_Genos das, caserite. No me toma naa hoy? Entoava no ha hecho la +cru._ + +Contestado brevemente el saludo por la anciana, ayud a deponer el +tablero en el suelo, agregando de prisa que le diera un real de carne de +puerco, medio real de huevos y medio de manteca. La vendedora cort la +carne a ojo de buen cubero, y con los dems artculos pedidos la puso en +un plato que trajo Cecilia; y no bien la vio, parece que la entraron +ganas de hablar hasta por los codos. + + _--Labana et perda, nia. Toos son mataos y ladronisio. Ahora + mismito han desplumao un cristin alantre de mi sojo. Uno nio + blanca, muy bonite. Lo abayunca entre un pardo con jierre po atr y + un moreno po alantre, arrimao al can delasquina de Sant Terese. + De da crara, nio, lo quitan la rel y la dinere. Yo no queriba + mir. Pasa batante gente. Yo conose le moreno; e le sijo de mi + maro. Ah! Me da mieo. Entoava me tiembla la pecho._ + +Con semejante descuadernado e ininteligible relato, se asust mucho +Cecilia, porque le pas por la mente que el robado poda ser su amante; +pero disimul cuanto pudo y la carnicera prosigui: + + _--All por los Sitios ha habio la mar y la morene lotra noche. + Tond quiee prendr los mataores del bodeguer de la calle Manrico y + la Estreya. Elle estaba en un mortorio. El goberna manda + prendeslo. Dentra Tond, elle solito con su esp, coge dos; + Malanga, lo sijo de mi maro juye po patio y toava anda escondi. + Ese, ese, ma malo que toos. Conque pa que vea la caserite. No se + pue un fa de naide. Adis, caserite! Mucha sal._ + +Ida la carnicera vino el panadero con la cesta de pan a la cabeza de un +negro que le segua los pasos, como la sombra verdadera de su cuerpo. +Entonces _sea_ Josefa se acord que deba preparar el almuerzo. Segn +dijimos al principio de esta historia, el fogn se hallaba en el patio, +debajo de un alero de mesilla, sin chimenea ni cosa que lo valga. All +la anciana hizo lumbre valindose del eslabn, el pedernal, el azufre, +el cabo de vela y unos cuantos carbones vegetales, y en poco ms el +almuerzo qued listo. Entretanto Cecilia puso la mesa y ambas mujeres se +sentaron a ella. Por largo rato estuvieron sin probar bocado, levantar +los ojos del plato, ni hablar palabra. Es que a cada rato esperaba la +nieta que la abuela le leyese la culpa en el semblante, y no se atreva +a mirarla de frente; al paso que sta pareca muy nerviosa y +desazonada. Varias veces intent decir algo; harto se le conoci por el +movimiento de los labios, y otras tantas la voz se le atraves en la +garganta, porque en vez de sonidos articulados slo se le escaparon +sollozos. Por ltimo, hizo un esfuerzo y dijo: + +--Yo deba morirme ahora mismo. + +--Jess, mamita! No diga eso, exclam Cecilia sin alzar la cabeza. + +--Por qu no, si tal es lo que siento? Qu hago yo en el mundo? De +qu sirvo? De estorbo, nada ms que de estorbo. + +--Nunca haba hablado as su merced. + +--Puede ser, pero mis penas, aunque grandes, he podido sobrellevarlas +hasta ahora. Ya estoy vieja; sin embargo, me faltan las fuerzas, no +puedo ms. Estaba pensando que sera mejor echarme a morir. + +--No dice su merced que es pecado murmurar de los trabajos y penas que +Dios nos manda? Acurdese que Jesucristo llev la cruz hasta el +calvario. + +--Pobre de m! Mucho tiempo hace que he andado la _va crucis_, y que +estoy en el calvario. Slo falta mi crucificacin, y tal parece que me +la tienen decretada aquellos mismos que ms quiero en este mundo. + +--Si mamita lo dice por m, mire su merced que comete una verdadera +injusticia. Bien sabe Dios que por aliviarle los pesares, de buena gana +dara la sangre de mis venas. + +--No lo demuestras, no se te conoce. Al contrario, parece que te +complaces en hacer siempre lo que yo no quiero que hagas, lo mismo que +te prohbo. Si t me quisieras como dices no haras ciertas cosas... + +--Eh! Ya veo por donde va su merced. + +--Voy por donde debo ir, por donde va toda madre que estima en algo el +porvenir de sus hijos y su propio decoro. + +--Si su merced no diera odos a chismosos, lengua largas, se ahorrara +ms de un disgusto. + +--Sucede, nia, que esta vez el chisme viene bien con lo que yo vi con +estos ojos y o con estas orejas que se han de comer la tierra. + +En el calor de la discusin la muchacha haba cobrado aliento y dijo: + +--Qu ha podido ver ni or su merced que no sea un chisme? Vamos, +dgalo. + +--Cecilia, lo que yo veo claro como la luz del da es que a pesar de mis +amonestaciones y de mis consejos, t buscas tu perdicin como la +mariposa la luz de la vela. + +--Y si cierta persona, que es a quien su merced se refiere, se casa +conmigo, me colma de riquezas y me da muchos tnicos de seda, y me hace +una seora y me lleva a otra tierra donde nadie me conoce, qu dira su +merced? + +--Dira que ese es un sueo irrealizable, un disparate, una locura. En +primer lugar l es blanco y t de color, por ms que lo disimule tu +cutis de ncar y tus cabellos negros y sedosos. En segundo lugar, l es +de familia rica y conocida de La Habana, y t pobre y de origen +oscuro... En tercer lugar... Pero, a qu cansarme? Hay otro +inconveniente todava mayor, ms grande, insuperable... T eres una +chicuela casquivana... Mujer perdida, sin remedio. Dios mo! qu he +hecho yo para que me castiguen as? + +La ltima exclamacin la hizo _sea_ Josefa, ya en pie y con las manos +en los odos, como para no or por boca de la nieta la confirmacin del +mal juicio que se haba formado acerca de sus opiniones sobre el +matrimonio. Cecilia se puso tambin en pie y quiso seguir a la abuela, +sea con la intencin de calmarla, sea con la de justificarse, explicando +o ampliando su idea; pero se detuvo de repente porque en aquel momento +asom por la entreabierta puerta de la calle el bien conocido rostro de +Nemesia. + + + + +CAPTULO XII + + _...Pero ponme_ + _esa mano en este pecho._ + _No sientes en l, Matilde,_ + _Un volcn? Pues son mis celos!_ + + J. J. MILANS + +--Santos das por ac, entr diciendo muy risuea Nemesia sin llamar a +la puerta. + +Pero se qued callada e inmvil no bien ech de ver la cara y actitud de +sus dos amigas. La abuela haba vuelto a desplomarse en la butaca, su +sitio favorito; la nieta se mantena de pie, junto a la mesa, en la cual +apoyaba una mano, fluctuando visiblemente entre el dolor y la +desesperacin. + +No pudo ser ms oportuna la aparicin de la amiga en aquellas +circunstancias. La anciana haba dicho ms de lo que la prudencia +aconsejaba, y la joven tema averiguar el sentido ntimo de las ltimas +palabras de la abuela. Qu saba ella? Por qu usar un lenguaje tan +embozado? Abrigaba fundadas sospechas o slo pretenda intimidar? + +La verdad es que en la disputa, con la conciencia alarmada, si no en +posesin de hechos, ambas haban avanzado a un terreno resbaladizo, +hasta all vedado para ellas, donde la primera que entrase haba de +recoger larga cosecha de pesares y remordimientos. Por su parte, no +crea _sea_ Josefa llegado el momento de enterar a Cecilia de su +verdadera posicin en el mundo. Tal vez el lechero se haba equivocado +respecto de la identidad del joven; tal vez ste meramente pasaba por la +puerta de la casa. Si usted quiere conservar la inocencia de una +doncella, no la acuse, sin pruebas de haber pecado. Por estas razones +_sea_ Josefa, aunque desazonada, y llena de profundo pesar, desde lo +ntimo del pecho salud con alegra la venida inesperada de Nemesia. + +Por fortuna tambin, para sacar a las tres mujeres de su embarazosa +situacin, llamaron entonces a la puerta de la calle con un fuerte golpe +de aldaba, modo desusado de llamar. _Sea_ Josefa, siempre lista para +estos casos, corri a abrir, recibiendo, junto con un saludo profundo, +un papel que le alarg un negro ya canoso, vestido decentemente de +limpio. Tena todo el aire de calesero de casa principal. Dada la carta, +se march diciendo:--No contesta. + +No tena, en efecto, contestacin, ni vena dirigida a _sea_ Josefa, +sino al Dr. Don Toms de Montes de Oca. En mano propia. Llegaba a +tiempo de calmar la ansiedad mayor de su espritu atribulado. Con el +auxilio de las gafas, que le alcanz Cecilia, pudo ella mascullar para +s: + + Muy seor mo: De conformidad con lo que hemos hablado, doy la + presente a la portadora, que se le presentar hoy mismo, a fin de + que Vd. la explique lo que haya de hacerse en el asunto consabido. + Est de ms repetirle que responde a todo y que le vivir + eternamente reconocido S. S. S. y amigo Q. B. S. M.[39] + + _C. de Gamboa y Ruiz._ + +Leda una y otra vez la carta para enterarse mejor del contenido, mir +por encima de las gafas, primero a la nieta, luego a Nemesia, que se +estaba callada a esperar el resultado de aquella escena muda, +conocidamente absorbida, y como dudosa del partido que deba tomar. Pero +el hoy mismo de la carta la oblig a formar una resolucin +preguntando: + +--Qu hora es? + +--Son las ocho, contest Nemesia prontamente. Acaban de mudar las +guardias de la _suidad_. Como que oigo los tambores _entodava_. + +--Qu me alegro! repuso _sea_ Josefa. Ests t hoy muy de prisa, hija +ma? aadi hablando con Nemesia. + +--No, seora, ni un tantico. Iba a la sastrera de Uribe en busca de +costura. Pero si la vida dura, el tiempo es largo. Ir ms tarde. Lo +mismo da. + +--Ahora bien, hija, t me vas a hacer un favor: te quedas aqu en la +compaa de Cecilia, intertanto doy un saltico a la Merced y vuelvo en un +santiamn. Te quedars? + +Sin aguardar respuesta se ci de nuevo la correa, se ech el chal de +caamazo por la cabeza y sali a la calle. Y no bien lo hizo cuando +Nemesia se volvi de improviso para Cecilia, la cogi por ambas manos y +le dijo: + +--Qu te cuento, china? Acabo de toparme con l. + +--Con quin? pregunt Cecilia. + +--Con tu adorado tormento. + +--Y qu bienes nos vienen con esa gracia? + +--Es posible, mujer? Lo dices como si no te importara. Cuando digo que +me he topado con l es porque creo que te interesa saber cmo, cundo y +dnde lo he visto. Vengo a buscarte. + +--Yo no puedo salir. + +--Para estos casos siempre hacen un poder las mujeres de pelo en pecho +como t. + +--Mamita puede volver pronto y yo no quiero que me encuentre fuera. + +--Qu importa? Quin dijo miedo? No es lejos tampoco. Detrs de Santa +Teresa. + +--No s qu sacar yo con ir hasta all. + +--Tal vez un desengao. + +--Pues para eso no voy. No quiero desengaos tan temprano. + +--Es preciso que vengas, mujer. Te interesa, te lo repito. Pronto. + +--No estoy vestida ni peinada. + +--No le hace. En un momento te pones el tnico, te alisas el pelo, te +echas la manta por la cabeza y _naide_ te conoce. Yo te ayudar. + +--Nene, cmo dejamos la casa? + +--Le echamos la llave a la puerta, y ojos que te vieron ir, paloma +torcaza. Vamos, anda. No hay tiempo que perder. Podemos llegar tarde, +cuando _haygan_ volado los pjaros. + +--Me da vergenza salir a la calle de trapillos. + +--_Naide_ te ver. Hombre! Ni que fueras a perder por eso el +casamiento. Vienes? Sera una lstima llevarnos chasco. + +--Qu ser? pens Cecilia entrando en el cuarto para prepararse, como +lo hizo, en un dos por tres. + +Haba logrado Nemesia despertar la curiosidad y an la alarma en el +nimo de la amiga, y de antemano saboreaba el placer de verla morir de +celos. + +Bastante trabajo cost a las dos muchachas el cerrar la puerta con +llave. La oxidada cerradura estaba fija en el ngulo del marco y la +traviesa a un lado, el picolete adherido a su armella en la hoja macho +al otro, mal ajustado en la alcayata que le serva de apoyo, y de +consiguiente no entraba el cerradero en la hembrilla para que hiciera +presa el pestillo. Al fin, lograron su objeto, haciendo uso Cecilia de +ms maa que fuerza; y echaron a andar a paso menudo, bajo la sombra de +los tejados, en direccin del sur de la ciudad. + +Detrs de las tapias del convento de Santa Teresa, opuesto a una casa de +ventanas de poyo alto y rejas voladizas, haba parado un carruaje, al +cual se vean enganchados tres caballos apareados, de frente para la +calle de la Muralla. El calesero montaba el de la izquierda, armado de +machete largo y dems adminculos del oficio, en son de marcha. Al +estribo inmediato a la acera haba un joven dando los ltimos adioses a +una seorita en traje de viaje, que se hallaba sentada a la derecha de +un caballero entrado en aos y de aire respetable. + +Ocupaba el poyo de la ventana mencionada un grupo compuesto de varias +seoras y caballeros, todos conocidos nuestros; es decir, la familia +Gmez, Diego Meneses y Francisco Solfa, despidindose de Isabel +Ilincheta que, en unin de su padre, se volva para Alquzar. Casi a un +tiempo todos aqullos le dirigan la palabra desde la ventana y ella les +contestaba, asomando a veces la cabeza por debajo del capacete, sin +desatender el joven al estribo, que apoyaba en l un pie mientras asa +con la mano izquierda la abrazadera del quitrn. + +En esto llegaban las dos muchachas por la parte del norte de la calle. +Desde lejos reconoci Cecilia al joven que haca de lacayo, Leonardo +Gamboa. Y aunque no haba visto todava a la dama del carruaje, ni a +derechas la conoca tampoco, adivin quin poda ser. Andando, andando, +form la resolucin de dar un buen susto a los dos, tal que les sirviera +de castigo, si no de saludable escarmiento. Para ello, adelantose a su +compaera, le peg un fuerte empelln a Leonardo, que, por no estar +prevenido, perdi el equilibrio, resbal y dio de costado en la concha +del quitrn, a los pies de la sorprendida dama. Esta, ignorante de lo +que pasaba, o juzgando que aquello no era ms que una broma, aunque +pesada, sac la cabeza por debajo de la cortina para ver a la agresora, +en cuyo momento, creyendo reconocerla, entre asustada y reda, +exclamo:--Adela! + +En efecto, Cecilia, sin el disfraz, pues se le haba rodado el embozo a +los hombros, la negra cabellera flotando, slo sujeta a la altura de la +frente por una cinta roja, con las mejillas encendidas y los ojos +chispeantes de la clera, era el trasunto de la hermana menor de +Leonardo Gamboa, aunque de facciones ms pronunciadas y duras. Mas ay! +reconoci ella pronto su error. Apenas se cruzaron sus miradas, aquel +prototipo de la dulce y tierna amiga se transform en una verdadera +arpa, lanzndole una palabra, un solo epteto, pero tan indecente y +sucio que la hiri como una saeta y la oblig a esconder la cara en el +rincn del carruaje. El epteto constaba de dos slabas nicamente. +Cecilia lo pronunci a media voz, despacio, sin abrir casi los +labios:--Pu...! + +Nemesia se llev por fuerza a Cecilia, Leonardo se incorpor como pudo, +el seor Ilincheta dio la orden de marcha, el calesero peg con el pie +en los ijares del caballo de varas, dejando caer al mismo tiempo la +punta del ltigo en las espaldas del de fuera y el carruaje parti a +buen paso, con lo que a poco ms se perdi de vista en la esquina de la +calle inmediata, por donde torci a la derecha en direccin de la puerta +de las murallas de la ciudad, llamada _de Tierra_. En vano las seoras y +caballeros en el poyo de la ventana esperaron ver alzarse la cortina del +postigo posterior del quitrn y asomar el pauelo blanco para decir el +ltimo adis. Ni aqulla se movi, ni apareci ste tampoco, pregonando +el hecho, desde luego, la desagradable impresin que haba producido el +lance en el nimo de los desapercibidos viajeros. Mas todava cuando +recapacitaron en lo que acababa de suceder, ya no estaban all las +mulatas, ya haba desaparecido Leonardo juntamente con el carruaje. + +En la calle de la Merced, cerca del convento de este nombre, como quien +va para la alameda de Paula, sobre la mano derecha, hay una casa de +azotea, la nica de la cuadra. La entrada, aunque amplia, pues admita +hasta dos carruajes en fila, no era de las llamadas propiamente de +zagun. Delante de la puerta haba estacionada una mala volante a la que +se hallaba enganchado entre varas, un caballo que para no desdecir de +aqulla tena ms de Rocinante que de Bucfalo. Encaramado all en la +alterosa silla, hecha as por la multitud de sudaderos para mejor +resguardo de los lomos de la bestia, descansaba a horcajadas el calesero +negro, cuyo traje y aspecto no desdecan un punto del resto del +equipaje. Mientras esperaba por el dueo, o dorma, o tena en la +mollera ms aguardiente del necesario, porque le costaba trabajo +mantener la cabeza erecta y alta, antes daba a veces con la frente en el +pescuezo del caballo, que por su inmovilidad pareca de piedra. + +Se le acerc _sea_ Josefa por el lado de dentro y le dirigi la palabra +repetidas veces, sin lograr que despertara o diera seales de vida. Bien +es que ella, por respeto o por natural timidez, ni alzaba bastante la +voz, ni osaba tocarle. No saba su nombre tampoco, pero sospechando que +se llamaba Jos, le dijo ste repetidas veces en tono carioso:--Jos, +Jos, Joseto, est ah el Doctor? + +Medio se incorpor el negro en la silla, e hizo muecas horribles en el +afn de abrir los ojos, casi cegados por el polvo blanco de la calle, y +dijo al fin:--_Yo no me ama Jos, me ama Ciliro, y mi amo el Dotor +est ah aentro, si no ha salo. Dentre, dentre._ + +Despus de darle las gracias al amable calesero, entr, en efecto, la +anciana. Haba en la sala varias personas de aspecto pobre y ambos sexos +esperando por el mdico, el cual en aquel momento no se hallaba +presente. _Sea_ Josefa le conoca, y desde luego le busc por todas +partes con cierta inquietud, pues tal vez haba salido; aunque el hecho +de la volante a la puerta y la presencia de los pacientes en la sala, +indicaban que si estaba fuera de casa, no era para la visita ordinaria +de enfermos que giraba todos los das despus de almuerzo. Al fin +alcanz a verle en el patio, inclinado sobre un hombre que, sentado en +una silla, emita de cuando en cuando quejidos apagados, ms dolorosos, +por donde se conoca que el Doctor ejecutaba una operacin quirrgica +difcil. Era Montes de Oca cirujano hbil, no cabe duda, al menos +atrevidsimo en el manejo de la cuchilla, tajando carne humana como +quien taja hogazas de pan, siempre, es verdad, con acierto, tal vez por +la misma sangre fra con que ejecutaba esas operaciones carniceras. +Cuntase, en efecto que en cierta ocasin le abri el vientre a un +individuo para extirparle un absceso que se le haba formado en el +hgado, y que lo ejecut con la mayor fortuna, pues no se le muri el +paciente entre las manos, sino que san, al menos de aquella dolencia. +Eso s, era tan hbil como interesado y codicioso de dinero. A nadie +curaba de balde; ni se mova de su casa sino para hacer visitas de paga +al contado violento, o con promesa explcita de que se le pagara bien +su habilidad, reconocida generalmente, tarde que temprano. + +Conoci luego _sea_ Josefa que haba terminado la operacin, as porque +haba cesado de quejarse el paciente, como porque el Doctor, alzando el +instrumento con que la haba ejecutado, dijo: + +--Ea! ya est Vd., despachado. Vea lo que tena en el odo: un frijol, +como un garbanzo, pues con la humedad de esa parte creci dos tantos de +su natural tamao. + +--Gracias, Doctor, mil gracias. Dios se lo pague y le d mucha salud. No +sabe Vd. cunto me ha atormentado ese frijol en el odo. Haca ms de +diez das que no dorma, no coma ni... + +--Lo creo, le interrumpi el Doctor con aire triunfante y no poco +receloso. Buen trabajo me ha costado extraerle el cuerpo extrao. Luego, +la parte esa es tan delicada, que por poco que me fallase el pulso +podan resbalarse las pinzas y daarle el tmpano del odo y dejarle +sordo por el resto de sus das. Bien. Ahora me paga Vd. mi trabajo, se +marcha a casa y se da unos baitos de cocimiento de malvas con unas +gotas de ludano para calmar la irritacin... + +--Cunto le debo Doctor? pregunt el hombre temblando, no ya del dolor, +sino del recelo de que le pidiesen mucho dinero por una operacin +ejecutada, y eso brevemente. + +--Media onza de oro, contest Montes de Oca con sequedad e impaciencia. + +No tuvo el hombre ms remedio que meterse la mano en el pantaln y sacar +un pauelo nada limpio, en una de cuyas puntas tena atadas varias +monedas, que ciertamente no hacan mucha mayor suma de la que haba +exigido el cirujano por la curacin. Volva ste para la sala, como +acostumbraba con la cabeza baja y el hombro derecho derribado, cuando se +encontr de manos a boca, cual se dice, con _sea_ Josefa, a la que +pregunt con su voz gangosa: + +--Qu quiere Vd. buena mujer? + +Por toda respuesta _sea_ Josefa le alarg la carta de recomendacin. + +--Ah! agreg el cirujano despus de haberla ledo. Tena ya noticias de +esto. El mismo seor don Cndido estuvo aqu bien temprano y me habl +del asunto. Pero debo decirle a Vd. lo que a l le dije, a saber: que no +he visto an a la enferma, que no conozco el caso y que sin conocerlo +tendra que ser adivino para decidir lo que deba hacerse. + +--No le cont el seor don Cndido, se atrevi a observar la anciana, +toda temblorosa, que el caso es desesperado, digo, que no da espera, +porque depende la vida o la muerte...? + +--S, s, la interrumpi el cirujano. Algo me dijo sobre eso el seor +don Cndido. El caso es que no puedo atender a todo. Si me dividiese en +diez me parece que no daba avo. Ve Vd. los que aqu aguardan por mi? +Pues fuera me esperan muchos ms, y todos con premura. Estimo al seor +don Cndido, s que es generoso, desprendido y que sabe agradecer los +favores que se le hacen. Deseo, puedo y est en mi mano servirle; creo +que si le sirvo esta vez, ha de pagrmelo bien. Mas Vd. es mujer +racional, conocer que necesito tiempo, que debo examinar por m mismo +el caso antes de aventurar un diagnstico. Tal vez no tenga cura, tal +vez sea peor el remedio que la enfermedad. No soy el mdico brujo que a +ciegas decida y as sala ello. Sin embargo, quizs Vd. pueda darme +mejores informes de lo que ha podido el seor don Cndido, que, por lo +que entiendo, conoce el caso de odas. Quin es la enferma? + +--Mi hija!, seor don Toms. + +--Hija de Vd. eh? Qu edad tendr ahora? + +--Va en los treinta y siete. + +--Vamos, no es vieja. Hay ah cuerpo todava, y habr resistencia. Qu +tiempo hace que enferm? + +--Ay, seor! Mucho tiempo, la vida de un cristiano, har ahora +dieciocho aos ms bien ms que menos. + +--No, no quiero decir eso. Desde cundo entr en el hospital de Paula? + +--Poco despus de haber enfermado. Hace ahora algo menos de diecisiete +aos, porque la nia tendra unos dos meses de nacida cuando, por no +poderla sujetar en casa, me vi obligada a ponerla en el hospital de +Paula, segn me aconsej el mdico Rosan. Ya puede imaginar el seor +Doctor lo que me costara esta separacin. Se me arranc el alma... + +--De suerte, aadi pensativo Montes de Oca, de suerte que la nia... + +--Mi nieta? dijo _sea_ Josefa. + +--S, su nieta de Vd., hija de la enferma, tendr...? + +--Va en los dieciocho aos de edad. + +--Y qu tal? + +--A Dios gracias, buena y sana. + +--No, no es eso. Pregunto que qu figura tiene, qu tal parece la +muchacha. + +--Ay, seor Doctor! su figura y su parecer son los que van a acabar +conmigo antes de mucho tiempo. Aunque me est a mal el decirlo, es lo +ms lindo en verbo de mujer que se ha visto en el mundo. Nadie dira que +tiene de color ni un tantico. Parece blanca. Su lindura me tiene loca y +fuera de m. No vivo ni duermo por guardarla de los caballeritos blancos +que la persiguen como moscas a la miel. Me tiene sin sombra. + +--Y esa muchacha encantadora acompaara a la enferma si la sacamos del +hospital? + +--Si el seor Doctor lo cree conveniente, me parece que s la +acompaara. + +--De convenir, creo que convendra y mucho; pero se ofrece una +dificultad. Veamos. Qu tiempo hace que no se ven la madre y la hija? + +--Qu! Hace una pila de tiempo. Ms de diecisiete aos. + +--Tanto? Malo. Pero Vd. u otro le habr hablado a menudo a la madre de +la hija y a la hija de la madre? + +--A la madre s le he hablado frecuentemente de la hija, cada vez que he +ido a verla; a la hija nunca de su madre. Estoy por creer que no sabe +que existe. + +--Conque no se ha intentado nunca el que se vean la madre y la hija? + +--Nunca. + +--Mal hecho. + +--As cre yo, pero el seor Doctor Rosan, que fue quien la asisti en +el parto y despus del parto, me aconsej que las separase, y despus +que a la madre se le remat el juicio, me repiti que no le hablase de +eso a la hija, porque querra verla y era fcil que la loca en uno de +sus arrebatos la ahogase con sus propias manos. Pues es preciso que sepa +el seor Doctor don Toms, que tom la locura con la hija, diciendo que +como haba nacido blanca tena a menos el tener madre de color. + +--Vaya, pues. Se equivoc Rosan. Es un buen mdico, no se puede negar, +slo que en este caso me parece que perdi los papeles o que se le fue +el santo al cielo. Si la madre y la hija se ven de repente, despus de +una larga separacin, tal vez se efecte una reaccin, y las +enfermedades se curan con reacciones o revulsiones, no con medicinas, +particularmente aqullas en que aparece afectado el sistema nervioso. +Somos todo nervio, nada ms que nervio. Irritados los nervios cate Vd. +la locura. Estaba pensando... Se haba pensado llevar la enferma al +campo, a una finca que poseo cerca del puerto de Jaimanitas, a fin de +ver si cambiando el aire y dndose unos baos de agua salada, se lograba +la revulsin que se busca. Pero es que la hija no puede ir all con la +madre. Figrese Vd. que en esa finca, en el ingenio de Jaimanitas, digo, +tengo sociedad con los Padres Belenitas. Lo administran y muchos de +ellos se pasan en l buenas temporadas, en particular durante la +molienda. Qu escndalo no se armara con la aparicin de una joven tan +linda, como Vd. dice, en medio de aquellos benditos Padres? La +tentacin! Dios nos libre. Ms de uno de ellos perdera el juicio y se +dira que yo tena la culpa... Mas ya veremos modo de arreglar eso. +Vulvase Vd. por ac pasado maana, que yo ver a la enferma entre tanto +y dir a Vd. lo que haya de hacerse. Quiero servir al seor don Cndido, +puedo servirle, y me parece que ser con beneficio de todos los +interesados. + + + + +CAPTULO XIII + + _La alegra del corazn conserva + la edad florida, la tristeza seca + los huesos._ + + Parbolas de Salomn. + + +En la poca de que venimos hablando, eran _rara avis_ los dentistas de +profesin en La Habana. Siguiendo aquel refrn castellano que ensea: al +que le duele la muela que se la saque, el oficio o arte dental lo +ejercan, por la mayor parte, en las poblaciones, los barberos; en los +campos los cirujanos, quines armados con el potente gatillo de acero, +no dejaban diente ni muela con vida. + +Haba tambin sacamuelas intrusos o aficionados. Entre stos, uno de +nombre Fiayo se haba hecho clebre por la destreza y habilidad con que +pona las races al aire y sin dolores de esos apndices de la +masticacin. Su fama y popularidad, sin embargo, provenan del hecho, +primero, de no emplear instrumento quirrgico de ninguna clase; segundo, +de no llevar dinero por sus mgicas operaciones dentarias. + +La hija mayor de los seores Gamboa, Antonia, haca tiempo vena +padeciendo de una neurosis de carcter agudo a la cara, cuyo asiento en +la mandbula superior daba lugar a presumir tena por causa la carie de +un molar. Los mdicos consultados, despus de probar la aplicacin de +apsitos, sanguijuelas, enjuagues y cabezales, sin fruto aparente, +decidieron se hiciera la extraccin. Pero la idea no ms de que para +llevarse a efecto haba de emplearse el temible gatillo, ocasionaba +sudores y desmayos en la dolorida joven. + +Por aquellos das lleg a La Habana, desde el campo, el mgico dentista +Fiayo, y, como de costumbre se hosped[40] en casa del Doctor Montes de +Oca. No bien lleg a odos de doa Rosa la noticia, cuando dispuso la +engancharan el quitrn, y sola, con la hija doliente, se dirigi a la +calle de la Merced. Llena estaba la sala de pacientes, unos en solicitud +de los consejos o remedios del mdico, otros de los servicios del famoso +sacamuelas. Este ocupaba el segundo cuarto, cuya puerta y ventana daban +al patio, y era por eso el ms claro y a propsito para las operaciones +de la boca. All tena una silla comn de madera, en que haca sentar al +paciente con la cara para el este, y en un dos por tres pona al aire +las races de la muela o el diente que le indicaba el interesado. +Suceda a veces que encontraba mayor resistencia de la que poda vencer +con la fuerza del pulgar y del ndice de la mano derecha; en cuyo caso, +disimuladamente meta sta en la faltriquera del chaleco, cual si +pretendiera enjugrsela, se armaba de una llavecita de hierro, converta +el paletn en gatillo, el tronco en palanca, y el xito era instantneo +y seguro. + +La entrada de doa Rosa Sandoval de Gamboa con su hermosa hija Antonia +no caus poca sorpresa en las personas presentes en la sala, +principalmente en Montes de Oca, que si bien era el mdico de palacio y +gozaba de extensa y merecida fama, no estaba acostumbrado a que le +consultasen en su propia casa, seoras tan distinguidas y en la +apariencia ricas. Tamaa condescendencia y amabilidad no podan menos de +obligar a un mdico de las condiciones y calidades del que tratamos +ahora; as fue que, abandonando desde luego a sus pacientes, sali a +recibir y atender a las recin llegadas. No conoca l sino de nombre y +de vista a doa Rosa, a pesar de la estrecha y antigua amistad que le +ligaba con su marido. Pero a tiempo de acercrsele y hacrsela presente, +le pas por la mente que tal vez la inesperada venida de aquella +respetable seora tena que ver algo con la enferma del hospital de +Paula, de la cual hablaba precisamente con la anciana _sea_ Josefa, en +los momentos en que entr en la sala. Y una vez metido este extrao +pensamiento en su cabeza, ya no hubo forma de sacarle de ah. + +--La seora esposa de mi caro amigo el seor don Cndido Gamboa y Ruiz, +si no estoy equivocado, dijo Montes de Oca. + +--Servidora de Vd., contest secamente doa Rosa. + +--Yo lo soy de Vd. muy atento. Y sta es su seorita hija de Vd.? + +--S, seor. + +--Bien se conoce. Hermosa nia. Dios se la guarde. Tengan la bondad de +pasar adelante y sentarse. + +--No hay necesidad, dijo doa Rosa. Vd. es persona muy ocupada, y luego +vena solamente... + +--Lo adivino, lo s, mejor dicho, y perdone que la interrumpa, dijo +Montes de Oca con desusada oficiosidad. Me complace el ver que Vd., +tambin se interesa por la salud de la enferma en el hospital de Paula. +Tanta bondad y nobleza de alma son mucho de celebrarse. Lo veo, lo +comprendo perfectamente, desea Vd., conocer cuanto antes cul es mi +diagnstico acerca del estado de la pobre muchacha. Es de celebrarse. + +No teniendo noticias de semejante enferma, la madre y la hija se miraron +azoradas, azoramiento que el mdico no slo no entendi, sino que lo +interpret por uno de aquellos sentimientos de admiracin mezclados de +gratitud que sienten las personas bien criadas cuando les adivinan sus +pensamientos y se anticipan a sus caros deseos. Halagada de este modo +su vanidad, continu diciendo, cada vez ms satisfecho de su +penetracin: + +--Dir a Vd., seora ma, con gran sentimiento, lo mismo que acabo de +decirle a la anciana madre de la enferma, con quien me ha visto Vd., +hablando hace poco. No es nada favorable mi diagnstico. Con Vd. aun +puedo ser ms franco que con la madre. Ah no hay ya fuerzas, sujeto, +como decimos; quedan slo alma en boca y huesos en costal, segn se dice +de los bozales recin llegados de Guinea. Su mal trae origen de una +meningitis aguda, superveniente de un susto, que bajo el influjo de una +fiebre puerperal, la priv del juicio y produjo un desorden general del +sistema nervioso, cuyo estado ha pasado a crnico, para el que hasta +ahora no se conoce remedio en la ciencia mdica. En el da los sntomas +ms marcados son los de una consuncin lenta, ya en el ltimo perodo, +cuyo trmino puede ser ms o menos cercano, pero cierto y fatal que, o +mucho me engao, o no podra alargar una hora, un minuto el mismo +Galeno[41] si para ello solamente volviese al mundo. Esta clase de +enfermos acaban como las velas as que se evapora el sebo de que estn +hechas. Se apagar su vida el da y a la hora menos pensada. Lo peor de +todo, _misea_[42] Rosa, es que ya es demasiado tarde para sacarla del +hospital. Corremos riesgo de que se nos quede muerta entre las manos, +que se apague la vela en cuanto le d el aire libre del campo. Siento +mucho no poder llenar los deseos del seor don Cndido... + +En este punto hizo Rosa un movimiento de sorpresa que llam la atencin +aun del embebecido mdico, obligndole a dejar trunca la frase. No era +para menos la especie. Mujer ms joven, menos precavida que ella, habra +hecho una exclamacin demostrando mayor desazn y clera. De tal +naturaleza fue, sin embargo, la impresin que le causaron las ltimas +palabras de Montes de Oca, que cambi de color, ponindosele rojo en el +primer instante el rostro, y luego plido, y desapareci, por supuesto, +la plcida expresin con que haba estado escuchando el ininteligible +diagnstico. Aunque de origen bien diverso, la misma sensacin de +extraeza experiment Antonia. No comprenda sta, es cierto, por su +juventud y ninguna experiencia, toda la malicia que poda encerrar el +hecho de que su padre desease sacar del hospital de Paula a una muchacha +enferma y desconocida para toda la familia, con el objeto de que se +curase en alguna otra parte. Pero no se hallaba doa Rosa en el mismo +caso. Lo que era oscuro e insignificante para la hija, era un mar de luz +para la madre, la verificacin de continuas sospechas, el aguijn de +celos antiguos y siempre vivos. Quin poda ser aquella moza, ni qu +clase de relaciones tena o haba tenido con ella su esposo, que estaba +empeado en sacarla del hospital de Paula por medio del mdico Montes de +Oca? Deba de ser una mulata, pues que su madre era casi negra. Se +hallaba gravemente enferma, el mdico la haba desahuciado, estara +hecho un esqueleto, fea, asquerosa, morira ciertamente en breve; pero +haba sido su rival, haba gozado a la par con ella del amor y de las +caricias de Gamboa. + +Por qu disposicin del cielo averiguaba en la hora postrera un secreto +tras el cual vena corriendo haca ms de una dcada? Ya era poco menos +que intil la venganza. La muerte se interpondra en breve entre la +esposa y la manceba. Qu desesperacin! Qu tumulto de pasiones! Qu +atar y desatar de cabos sueltos, ocultos mas no olvidados en los +rincones del pensamiento! Quera hablar, gritar, desahogar de alguna +manera su corazn oprimido. Cunto alivio no la habran proporcionado +las lgrimas! Cristiana y discreta como era doa Rosa, sin duda hubiera +dado en aquel instante la mitad de su vida por retrotraer los sucesos +al ao 13 14, en que, joven todava, llena de fuerza y de encantos +personales, con menos cordura y calma, la hubiera sido fcil, plausible, +hacer valer sus derechos de esposa, de madre y de seora. + +Mientras revolva todas estas cuestiones en la cabeza, obra que no le +cost muchos minutos, sino segundos de tiempo, y senta que la sangre se +asomaba toda a sus mejillas, pasole por la mente lo de la nia en la +Casa Cuna y su lactancia por Mara de Regla, la esclava ahora de +enfermera en el ingenio _La Tinaja_; y dedujo, por necesaria +consecuencia, que esa historia se relacionaba estrechamente con la mujer +enferma en el hospital de Paula. Buscaba, pues, Gamboa salvarle la vida +a la madre de su hija bastarda? Quin sera sta? Viva an? La +reconoca como tal el padre? Fuerza era averiguarlo. Tal vez Montes de +Oca estaba enterado. Haciendo un esfuerzo supremo, logr dominar la +agitacin ya a punto de embargarle los sentidos; y decidi apurar hasta +las heces la copa de la curiosidad y de los celos. As, tomando de nuevo +el hilo de la conversacin con Montes de Oca, que mostraba deseos de +manifestar cuanto saba, dijo: + +--Yo tambin siento en el alma que no se pueda hacer nada de provecho +con la pobre... + +--Rosario Alarcn, sugiri el mdico, viendo que doa Rosa titubeaba. + +--Rosario Alarcn, repiti sta. Lo ms presente que yo tena. Mi +memoria es flaca en esto de recordar nombres. Se lo dije a Gamboa que ya +era demasiado tarde y no dudo que el desengao le causar un verdadero +pesar. Luego la hija, as que lo sepa... + +--En cuanto a eso, repuso prontamente Montes de Oca, pierda Vd. cuidado, +_misea_ Rosa. La abuela ha tenido la habilidad de ocultarle a la hija +hasta la existencia de la madre enferma. + +--Es posible! exclam doa Rosa. Parece increble... + +--Nada ms fcil, continu el mdico. Esto es, repito lo que me ha +contado la anciana que acaba de salir de aqu y que yo no hallo +absurdo. Supongo que Vd. no ignora que cuando pusieron en Paula a la +Rosario Alarcn, la hija era una chiquilla, sin uso de razn para echar +de menos a una madre a quien despus no ha visto. + +--Con que la hija, una mujer hecha y derecha... + +--Y muy linda, sin desdoro de los presentes, dijo Montes de Oca, +cortando otra vez la palabra a su interlocutora para interpretar a su +manera un pensamiento no ms que indicado. + +--Quiere decir, dijo doa Rosa, que Vd. conoce a la mozuela. Estara +aqu con la abuela. + +--No, seora, no la he visto nunca. Hablo por boca de ganso, repito lo +que me ha contado la abuela. Mejor dicho, no la veo desde el primero o +segundo mes de nacida, cuando la Real Casa Cuna o de Maternidad estaba +situada en la calle de San Luis Gonzaga, cerca de la esquina de la del +Campanario Viejo. + +--Luego tal es la nia para cuya crianza se tom en alquiler a mi +esclava Mara de Regla. + +--Puede ser, yo no s de eso jota. + +--Cmo que no, si por orden de Vd. se me pagaron las dos onzas +mensuales del alquiler mientras dur la lactancia de la susodicha nia? + +--Por orden ma? Perdone Vd. _misea_ Rosa. No tengo idea de semejante +inquilinato, y, por supuesto, de la tal mensualidad. No estar Vd. +equivocada? + +--Vaya, seor Doctor, repuso doa Rosa. Es olvido o pura modestia de +Vd.? + +--Ni lo uno ni lo otro, mi seora. Positivamente no tengo noticias de lo +que Vd. dice. + +--As ser, dijo al fin doa Rosa advirtiendo que el mdico se pona en +guardia. Comprendo lo que pasa por Vd.: no quiere que se hable ms de +este asunto. No aadir palabra. Eso no obsta para que yo le manifieste +mi complacencia por el uso que hizo Vd. de los servicios de mi esclava, +cuando se le ofreci sacar de apuros a un amigo. Permtame le agregue, +ya que se presenta la ocasin, que me negu a tomar un peso por el +alquiler de la criatura, y que si al fin recib el dinero fue porque se +me dijo que de otro modo Vd. no la aceptaba. + +Guard silencio Montes de Oca. nicamente inclin respetuoso la cabeza +como hombre que, cogido en un fallo, y sin salida plausible ni medios de +defensa, se resigna y aguarda la sentencia. Pero lo poco que neg fue +precisamente aquello de que deba estar ms convencida doa Rosa, es a +saber, del inquilinato de la nodriza y del salario que por ello la +abonaron mes a mes, durante cierto tiempo. En lo que s se equivocaba +lastimosamente era en dar por hecho que Montes de Oca haba sido el +contratante y pagado el dinero del supuesto alquiler. Sobre este +particular importante haba sufrido dicha seora un engao: su marido +no le haba dicho la verdad! + +Ahora bien: a la vista de la persistente negativa del mdico, sali +doa Rosa de su error? Difcil es la comprobacin en tales casos, y por +lo mismo nos limitamos a decir que, aclarados ciertos particulares +oscuros sobre la mujer enferma y las relaciones que con ella y con la +hija tena su marido, lo dems se caa de su peso, se infera sin +esfuerzo, y no era digno de una seora el informar a una persona extraa +de secretos de familia que quizs realmente ignoraba. Desisti, pues, +del ataque y concluy pidiendo al mdico que la perdonase las molestias +que le haba ocasionado, sirvindose decirla si Fiayo se hallaba +dispuesto a examinarle la boca a su hija Antonia. Por sentado que lo +estaba, y se ejecut la operacin con toda felicidad. Despus, don Toms +Montes de Oca tuvo la cortesa de acompaar a las dos seoras hasta el +estribo del carruaje y de ayudarlas a montar en l. Y una vez sentada y +emprendida la marcha en vuelta de la casa, doa Rosa se cubri la cara +con las manos y dio a llorar y sollozar sin medida ni consuelo; todo +esto con extraeza grande de la hija, quien, ocupada de su propio dolor +fsico, no haba echado de ver la transformacin del semblante de su +madre as que se alej de la presencia del mdico. + +Conviene advertir aqu que a consecuencia de un disgusto con su padre +por la salida a la calle tan de madrugada, segn hemos referido ya, +Leonardo haca tres o cuatro das que no paraba en su casa, sino en la +de una ta materna. Esto contribuy a aumentar el pesar de doa Rosa. No +slo se neg a sentarse a la mesa, lista para el almuerzo, sino a darle +explicacin alguna a don Cndido sobre los motivos de su sentimiento. En +medio del llanto y de los suspiros, pronunci varias veces el nombre del +hijo favorito, razn por qu las hijas, suponiendo que la ausencia de +ste era la causa original de sus lamentos, despacharon a Aponte en su +busca con el carruaje. Vino el joven, y al punto doa Rosa, rodendole +con sus brazos, le cubri la frente de besos y de lgrimas. Dbale entre +tanto los eptetos ms cariosos y le deca:--Hijo del alma, dnde +estabas? Por qu huas de las caricias de tu madre? Mi amor, mi +consuelo, no te apartes de mi lado. No sabes que tu triste madre no +tiene otro apoyo que el tuyo? T no mientes, t dices siempre verdad, t +eres el nico en esta casa que conoce lo que vale una madre y esposa +leal. Mi vida, mi corazn, mi fiel amigo, mi todo ya en el mundo, qu, +ni quin tendr bastante poder ahora para arrancarte de mis brazos? Slo +la muerte. + +Al fin esta seora, casada, madre de familia, halagada por los dones de +la fortuna y de la naturaleza, al llegar a su casa se encontr rodeada +de varias personas que le eran muy queridas, que la respetaban y que se +apresuraron a enjugar sus lgrimas, a ofrecerle consuelos y +distracciones. Al fin, aquella angustia suya, dado que legtima, naca +de un mero desengao en su vida conyugal, que por la poca en que le +recibi, bien se conoca que el ngel de su guarda se le haba apartado +de los ojos hasta la hora en que su conocimiento la fuese menos +doloroso. Hasta all un golpe de celos era lo nico que vena a turbar +la serenidad de sus das, por otra parte siempre plcidos e iguales. + +Pero qu haba de comn entre el pesar, el desengao ni los celos de +doa Rosa Sandoval de Gamboa, y el pesar, el desengao y la desolacin +de la pobre _sea_ Josefa, ms desamparada y sola que antes desde el +punto que se separ del mdico Montes de Oca y volvi a cruzar el umbral +de su casita en la calle del Aguacate? Con razn pudo entonces exclamar +con el salmista:--Venid, cielos y tierras, aves que poblis el aire, +peces que llenis las aguas, brutos que hollis los campos, y decidme: +Hay dolor comparable con el dolor mo? + +Nadie le pregunt por qu lloraba y se mostraba tan afligida. Cecilia, a +quien encontr all de vuelta, estaba harto disgustada para pensar en +los disgustos ajenos. Nemesia tambin guard un profundo silencio, +diciendo slo al despedirse de las dos:--Hasta despus. Aun la imagen de +la Virgen en el nicho, frente a su butaca, pareca que no deba +ofrecerla esta vez consuelo. Transida por el dolor de la espada que le +atravesaba el pecho, diriga hacia otra parte sus amorosos ojos. + +Y tal fue, despus de todo, la indicacin oportuna que recibiera _sea_ +Josefa en medio de su pavorosa soledad. La madre del Salvador del mundo, +en los momentos de perderle enclavado en una cruz, claramente le +enseaba con su resignada, sublime actitud, que hay dolores tan grandes +para los cuales no se encuentra consuelo aqu abajo, sino all arriba, +en el cielo! + + + + +CAPTULO XIV + + _Meditando su pena_ + _Dentro del pecho el corazn se abrasa:_ + _El fuego desordena_ + _Los lmites y pasa:_ + _Y suelta ya la lengua, habl sin tasa._ + + GONZLEZ CARVAJAL + + +La extraa conducta y las frases irnicas de su cara esposa traan +alarmado a don Cndido Gamboa. Nunca haba usado ella un lenguaje tan +sarcstico. Por el contrario, en sus arranques de celos siempre haba +pecado por franca y desembozada. Qu haba averiguado de nuevo? Dnde +haba estado aquella maana, que la produjo tal cambio? + +No entraban en el carcter, ni en las ideas de honor y dignidad de don +Cndido el pedir a su esposa la explicacin del misterio, menos a los +hijos con quienes pocas veces hablaba, mucho menos a los criados, alguno +de los cuales saba ms secretos de la familia de lo que convena a la +paz y a la dicha del hogar. Hombre de mundo y astuto, crey que poda +dejar al tiempo y a la indiscrecin de la mujer o de los hijos el salir +de dudas ms tarde o ms temprano. + +Adopt, eso s, mayor cautela, observ con doble atencin; y he aqu la +sola novedad que se oper en su conducta en adelante respecto de su +familia. Ni tuvo que mantener larga espectativa tampoco, porque das +despus, en la mesa del almuerzo, se habl de la neurosis facial de +Antonia y del alivio que senta despus de la extraccin de la muela por +Fiayo. No necesit de ms don Cndido: su mujer haba estado en casa de +Montes de Oca, donde era notorio que aqul paraba y ejecutaba sus +operaciones dentarias. + +Precioso dato ste; slo que, en vez de ayudarle a resolver el enigma, +contribuy a desorientarle y hasta cierto punto a adormecer sus recelos. +Porque no caba en su cabeza que el mdico hubiese hablado a su esposa +de la moza enferma en el hospital de Paula. Por flojo de lengua que le +supiese, no poda imaginar siquiera que llevase la candidez (malicia no +era) al extremo de comunicar a una persona extraa que vea por la +primera vez, un asunto con el cual no tena relacin ni inters alguno. +Con qu motivo, tampoco, suscitar la conversacin? Daba por hecho +Gamboa, adems, que l haba hablado al mdico sobre la enferma en +confianza, y aunque no le haba exigido el secreto, se entenda que +deba observarse en todas circunstancias. + +Ya se ha visto cun falaces eran todos estos razonamientos de don +Cndido. Del mismo errneo tenor fue la reflexin de que _sea_ Josefa, +encontrndose por casualidad con doa Rosa en casa de Montes de Oca, +tuvo una explicacin, o habl delante de ella de la enferma en el +hospital de Paula. En esta persuasin la esper varias maanas seguidas +al postigo de la ventana de su casa. + +Intilmente. El mdico haba sido todava ms franco, diramos ms rudo +con la anciana que con doa Rosa. De una vez le quit toda esperanza, +cuando en el lenguaje vulgar, no en el de la ciencia, le desahuci a la +hija. Para una mujer de sus aos, agobiada por los trabajos y los +pesares, cada vez ms descontenta de su nieta, que llevaba, al parecer, +el mismo camino de la madre moribunda, era aquella noticia ms de lo +que su espritu y su cuerpo podan sobrellevar. Para valernos de sus +propias palabras, ya haba ella andado la _via crucis_, se hallaba en la +cima del calvario, slo faltaba la _crucificacin_, la muerte que +compasiva, pondra fin a una existencia ya muy larga para lo que haba +sufrido, tela inacabable de privaciones y de sacrificios. + +De este golpe no se repuso ms. Tras el llanto y otras demostracciones +de dolor, acudi con doble ahinco que antes, al rezo, a la oracin, a la +confesin y comunin casi diarias, a la penitencia continua, recayendo +al cabo en aquel estado de indiferencia y apata mental y corporal para +los negocios del mundo, que tanto se asemeja a la fatuidad o a la +demencia. No parece sino que de repente se le haba apagado el fuego +misterioso que desde los primeros aos de su existencia vena +comunicando calor a su sangre, actividad a su espritu. Porque dej de +ser comunicativa, se encerr en s misma, descuid a la nieta, se ocup +solamente de los actos de devocin que eran en ella una segunda +naturaleza, un movimiento automtico, se ech a dormir, en una palabra, +desde entonces, el sueo de la vida. + +Tal y tan repentino cambio no pudo menos de llamar la atencin de +Cecilia, quien, si al principio se aprovech de l para satisfacer sus +pasiones y caprichos, sinti luego mayor compasin y ternura por su +abuela. Conociendo que sin enfermedad aparente, el da menos pensado +caera muerta, empez a asustarse y ocuparse ms de su propio porvenir. +En breve se quedara sola en el mundo, destituida de parientes, de +amigos respetables, de amparo, y redobl sus cuidados con la abuela, fue +con ella ms amable y servicial de lo que jams haba sido en su vida. +Pero sus caricias, sus palabras amorosas, sus asiduos oficios de hija +sumisa y tierna no obtenan correspondencia digna de este nombre, no +excitaban a veces ms que una sonrisa fra y... pavorosa para la +inexperta joven, que crea ver en eso un signo de anticipada +decrepitud, si no de demencia. Ni era que la anciana haba perdido ya la +facultad de sentir, porque ms de una vez la sorprendi la nieta con las +mejillas hmedas de las lgrimas. Si ste fue el estado de _sea_ Josefa +inmediatamente despus de su ltima entrevista con Montes de Oca, mal +pudo ella acercarse a don Cndido para hablarle de un asunto casi +borrado de su memoria. + +No era por cierto mucho ms llevadera la situacin de este caballero. +Segua guardando con l su esposa desusada reserva, tal que rayaba en +despego; al paso que, como por pique, haca con su hijo Leonardo dobles +extremos de cario y de ternura. Cada vez que sala a la calle, le +acompaaba hasta el zagun y all le despeda con besos y abrazos +repetidos. Si volva tarde de la noche, cosa frecuente, le esperaba +anhelosa a la reja de la ventana cual se espera a un amante, y lejos de +reirle cuando llegaba, le besaba y abrazaba de nuevo, como si hubiese +durado largo tiempo su ausencia, o corrido un grave peligro fuera de +casa. Todo le pareca poco a dicha seora para el hijo mimado. Ocioso es +aadir que se anticipaba a sus gustos, que le adivinaba los pensamientos +y que acuda a satisfacrselos, no como madre, sino como enamorada, con +apresuramiento y afn de prdiga, sin prdida de tiempo y costara lo que +costase. Si al volver de una de sus correras insinuaba siquiera que se +senta cansado o doliente, santo Dios! pona ella la casa toda en +movimiento, haciendo que las hermanas, los criados, el Mayordomo, todos, +no se ocupasen de otra cosa que del alivio y bienestar del enfermo. + +As tuviese don Cndido la calma del buey o la paciencia de Job, por +fuerza que haban de cargarle estas cosas; ms, hacerle hervir la +sangre, no tanto porque la madre contribua con sus halagos +intempestivos a la perversin del hijo, cuanto porque as tiraba a +mortificar al padre. Tan hostigado se vio, que la dijo un da: + +--Si de propsito te pusieras, Rosa, a perder al muchacho, me parece que +no lo haras mejor. + +--No eres t quien puede hacerme el cargo, contest ella con mucho +nfasis. + +--No obstante, te lo hago. + +--Lo veo, y lo atribuyo a que los hombres pierden a veces el... pudor. + +--Dura es la palabra, mas la paso en obsequio de la paz. + +--No la pases, si te parece. Lo mismo da. + +--Es que se me figura que olvidas que yo estoy tan interesado en este +asunto como t. + +--T interesado! T interesado como yo en la buena o mala conducta del +nio! Graciosa salida por cierto. Lo dudo, no lo creo, lo niego. + +--En vano es negarlo, seora; no sera su padre si otra cosa dijese. + +--Pues bien, yo que soy su madre, que le di el ser, que le cri en mis +brazos, digo a Vd. que puede excusarse el trabajo de velar por la suerte +del nio. El no tiene necesidad de los cuidados de padre, le bastan los +de su madre. + +--Eso no quita que yo mire con inquietud cmo la madre a posta echa a +perder cada vez ms al mozo. + +--No creo que le importe mucho al padre que se pierda o se salve. + +--Me importa ms de lo que Vd. se figura, seora ma. Si no llevase mi +nombre... + +--Lindo nombre en verdad, donoso! + +--Tan bueno es como el de otro cualquiera. Para m vale mucho. + +--Creera que eso era as si no hubiese visto que Vd. mismo le ha +arrastrado por el suelo. Lindo nombre, digo. Est Vd. seguro que si lo +que he sabido ahora lo hubiese sabido hace veinticuatro aos, mi hijo no +llevara el nombre que lleva. Pero yo tengo la culpa. No me sucedera +esto si me hubiera llevado por los consejos de mi madre, que santa +gloria haya. + +--Y qu os aconsej vuestra buena madre? Se puede saber? + +--No tengo embarazo en decirlo, pues me dijo: hija, no te cases con +hombre de opuesta religin o naturaleza a la tuya. + +--Lo que tanto vale como decir, me parece, agreg don Cndido bastante +mortificado, que a Vd. la pesa ya haberse casado conmigo. Hubiera Vd. +preferido a un criollo jugador y botarate? Por supuesto. + +Tal vez, repuso doa Rosa con mayor suavidad de tono mientras ms +punzantes eran sus palabras. Pero jugador o no, es probable que el +criollo, el paisano mo, se hubiera portado conmigo con ms lealtad y +decencia. De seguro que el criollo no me hubiera engaado por el espacio +de doce o trece aos... + +--Acabramos! exclam Gamboa respirando con ms libertad. Protesto +contra la acusacin. Yo no la he engaado nunca. + +--Y tiene Vd. valor de negarlo? Quin sino Vd. me asegur una y otra +vez que Mara de Regla criaba a la hija bastarda de un amigo de Montes +de Oca? Quin invent lo del alquiler de la negra? Quin pag las dos +onzas de oro del supuesto inquilinato mientras dur la crianza de la +chiquilla? No, no fue Vd. Fue otro, fue el amigo reservado de Montes de +Oca. El dinero, s, es verdad, no sali del bolsillo de Vd., sali del +mo; por mejor decir, me lo quit Vd., con una mano para devolvrmele +con la otra. + +--Ladrn, ladronazo; ni ms claro ni ms turbio, dijo don Cndido +tratando de echar la cosa a broma. + +--Lo ha dicho Vd. Y de que es exacta la calificacin, se prueba con el +hecho notorio de haber sido mi caudal mucho mayor y ms saneado que el +de Vd. cuando nos casamos. + +--No tiene Vd., necesidad de recordrmelo. + +--Cmo que no! estall doa Rosa con entereza. An tengo que recordarle +otras cosas. Pues debo decirle que en caso igual mi marido el criollo +quizs juega su dinero y el mo, pero de seguro que no hubiera gastado +un peso en amoros con mulatas. De seguro que no habra ido a Montes de +Oca para que le sacara la manceba del hospital de Paula y se la curase +en el campo. De seguro que no se desatinara por una mozuela cuyo padre +verdadero sabe Dios quin es. + +--Conque todo eso me tena reservado la seora doa Rosa Sandoval y +Rojas? + +--He aqu como me explico, continu sta sin hacer cuenta de la salida +burlona de su marido, el odio, s, el odio, ni ms ni menos, que Vd. +siempre le ha profesado a mi hijo. He aqu el verdadero motivo del +empeo de Vd., en separarlo de mi lado y mandarlo a comer cebollas y +garbanzos en Espaa. Tema Vd. que descubriese lo que su madre acaba de +descubrir por una rara casualidad. Tema que le despreciase y tuviese a +menos el llevar el nombre de Vd., al ver con sus ojos los cenagales por +donde Vd., ha venido arrastrndolo. Tema que se avergonzase e indignara +de que su padre, no un criollo jugador y botarate, sino todo un hidalgo +espaol, se la pegaba a su madre con una mulata sucia, que purga sus +penas y pecados en un hospital de caridad. + +--Espero que Vd. acabe para... + +--Que yo acabe espera Vd.? le interrumpi doa Rosa sonriendo +desdeosamente. No tengo cuando acabar. Para qu tampoco haba de +acabar? Ni qu puede decir Vd., si yo lo oyera, en atenuacin de su +mala conducta con la ms leal y consecuente de las esposas? Podra, se +atrevera Vd., a negar los hechos que le acusan? + +--Negarlos a bulto no, explicarlos s, y de manera que Vd. misma se +convenciese que no soy el malvado que su imaginacin la pinta. + +--No quiero or ms explicaciones. Sobrado tiempo me ha tenido Vd., +engaada con sus cuentos y enredos. + +--Veo, pues, que Vd., lo que se propone es desfogar su clera, no dar +odos a la razn y a la justicia. + +--Lo que yo me propongo, seor don Cndido Gamboa y Ruiz, dijo su mujer +alzando la voz y con ademn solemne, es que Vd. no contine derrochando +mi dinero ni el de mis hijos en _querindangos_ y en la familia de la +querida. Sobre esto y sobre lo de maltratar a mi hijo para que le pague +sus desengaos en amor, mi resolucin est tomada: o Vd., se enmienda o +yo me divorcio. + +Con lo dicho don Cndido se retir a su escritorio callado y serio. Y su +retirada la salud doa Rosa con sinceros aplausos desde el fondo de su +pecho. Porque es bueno que se sepa, que mientras dur el vivo dilogo +que acaba de leerse, estuvo ella haciendo un grande esfuerzo sobre s +misma, a fin de decir cuanto tena encerrado en largos aos de zozobras +y sospechas, antes que sus ms nobles sentimientos recobrasen el +acostumbrado imperio y se echase a perder la leccin que haba pensado +darle a su marido. Bueno es decir, adems, que ella se haba casado por +amor, no obstante la oposicin de su madre, y quizs por eso mismo; y no +quera romper con el padre de sus hijos y constante compaero. Despus, +en los veinticuatro aos de matrimonio, no haba tenido ocasin +plausible de arrepentirse, por mucho que no hubiese sido nunca ejemplar +la fidelidad de don Cndido. + +Tambin se habr echado de ver en el curso de la presente verdica +historia, que don Cndido, antes y despus de casado, como se dice +vulgarmente, no haba reservado pluma. Bastante galn y de apuesta +persona, en su mocedad haba sido muy enamorado o mujeriego; y tal era +su falta mas de bulto. Pero a pesar de la rudeza de sus maneras y de su +poca cultura, haba bondad e hidalgua en el fondo de su corazn, +prendas stas que rediman en gran parte aquel defecto. Precisamente +porque amaba mucho y bien y era hombre de conciencia, cuando contraa un +compromiso, fuera de la naturaleza que fuese, haca cuanto estaba en su +mano por cumplirlo, arrostrando a veces para ello con frente serena las +dificultades todas que se le presentaban. + +Dieciocho o veinte aos atrs, esto es, cuatro o cinco despus de +casado, va con dos hijos de su legtima mujer, tropez con una mozuela +de singular belleza. Sin saber cmo ni cundo contrajo con ella +relaciones clandestinas; lazo fcil de formar cuando el hombre es joven, +rico y buen mozo y la mujer bella, en los quince y de la raza mezclada. +De estos necios amoros result una nia, la cual don Cndido se empe +en salvar, primero de la muerte cuando infante, luego de la miseria, de +la oscuridad y de la degradacin cuando joven. Un compromiso le meti en +otro y otro, no ya slo respecto de esa nia, sino de su abuela, que +pronto tuvo que ejercer con ella los oficios de madre; aunque ninguna de +las tres estaba ya en aptitud ni situacin de apreciar sus favores ni de +reconocer sus costosos sacrificios. + +Pasado el tiempo de la efervescencia, el ms propicio para las locuras +de la mocedad, empez a turbarle no poco el nimo el recuerdo de sus +debilidades. De esa fecha datan sus luchas tremendas para llenar sus +obligaciones de amante y padre adltero, sin descuidar las sagradas de +esposo y honrado padre de familia. Pero los celos de doa Rosa, +excitados a lo sumo por el orgullo de raza y de seora casada, por sus +ideas sobre la virtud de la mujer y los deberes de la madre de familia, +la ocupaban de manera y ofuscaban hasta tal punto su razn, que no la +permitan notar que su marido estaba plenamente arrepentido de sus +anteriores faltas, y que para enmendarlas pona todos los medios que +estaban a su alcance. Mientras dicha seora, justamente ofendida, le +echaba en cara sus extravos de mozo, no vea que laceraba una a una +toda las fibras de su corazn; no vea que ya no existan ni podan +existir despus los motivos de celos que tanto la haban desazonado; no +vea, en fin, que deplorando el pasado desde el fondo de su alma, don +Cndido de algn tiempo a esta parte slo trataba de evitar un gran +escndalo, una catstrofe en no lejano porvenir. + + + + +CAPTULO XV + + _Perd el desamor + Con las libertades; + Qusele bien luego, + Bien le quise, madre. + Empec a quererle, + Empez a olvidarme: + Rabia le d, madre. + Rabia que le mate._ + + L. DE GNGORA + + +Cursaban las horas, los das y las semanas y no llegaban a la ciudad +letras ni noticias de Isabel Ilincheta, desde su partida para Alquzar. +Cierto que eran entonces difciles y raras las comunicaciones de la +capital, an con los pueblos de su misma jurisdiccin. Pero no +escaseaban los correos privados, trajinantes o buhoneros, que se +prestaban a llevar y traer cartas y los sin cargar porte. Y de stos +acostumbraba a valerse Isabel para mantener correspondencia con sus +primas las Gmez y con Leonardo. + +Sala ste bastante preocupado de casa de esas seoritas al oscurecer +del 6 7 de Diciembre, al propio tiempo que bajaba la calle en +direccin de la de Teniente Rey una mujer, cubierta la cabeza con una +manta oscura. Parecindole que la conoca, apresur el paso, le gan +pronto la delantera, la observ de soslayo y la detuvo, visto que era +Nemesia. + +--Qu prisa es sta? la pregunt Gamboa. + +--Ay, Jess! exclam la muchacha. Cuidado que el caballero me ha dado +un buen susto! + +--Como que te me queras escapar de rengue liso, dijo Leonardo haciendo +uso del lenguaje de la gente de color. + +--No es mi natural el escaparme de rengue liso ni labrado, y menos de +las personas de mi estimacin. + +--De tu estimacin. Soy yo por ventura de ese nmero? + +--El primerito. + +--El que te crea que le compre. + +--Lo duda el caballero? + +--Cmo que si lo dudo? No lo creo, porque dice el refrn que obras son +amores y no buenas razones. + +--Qu pruebas tiene el seor para decir eso? + +--Muchas. Te dar una, la ms reciente. El da en que me despeda de una +amiga a la puerta de la casa de donde acabo de salir, quin trajo a +Celia para que me viese y se encelara conmigo? T. Nadie ms que t. + +--Quin se lo dijo? + +--Nadie. Lo sospech entonces y ahora estoy convencido de ello. T eres +ms mala que Aponte, como deca mi abuela. + +--No lo crea el seor, dijo Nemesia retozndole la risa en los ngulos +de la boca. Crame el caballero, todo fue una pura casualidad. Yo iba a +buscar costura en la sastrera de _se_ Uribe y Celia quiso +acompaarme. + +--S, hazte ahora la santica y la inocente. Sbete que cometes un pecado +en declararme la guerra. Si lo haces porque te figuras que no hay en mi +corazn amor ms que para Celia, mira que te equivocas. Hay para ella, +para la amiga en el campo y todava queda para las malagradecidas como +t un mundo de cario. + +--Ahora s que yo digo que el que crea al caballero que lo compre. + +--Tienes que creerme, porque te lo digo y porque t eres la mulata ms +salerosa que pisa la tierra. + +--Lisonjero! Veleidoso! exclam Nemesia conocidamente pagada del +requiebro. Cuidado que los hombres son malos. Slo que a m no me gusta +partir con _naiden_ ni ser plato de segunda mesa. + +--En siendo plato, mujer, no importa de qu mesa. Ay de las que no son +plato de ninguna! porque es la prueba de que se quedaron para tas y +para vestir santos. Celebremos un trato: no me hagas la guerra. + +--Dale con la tema: yo no le hago la guerra al caballero. + +--S, s, me la haces. Lo veo, lo conozco. Celia est _brava_ conmigo +por ti. Pero has escogido un mal camino para alejarme de ella. No le +eches lea al fuego. Aqu, aqu, aadi oprimindose el lado izquierdo +del pecho con ambas manos, aqu hay lugar para Celia y para su ms +tierna amiga. + +--No. Para que yo _dentrara_ ah habra de ser sola, solita. No quiero +compaa en el corazn del hombre que yo ame. + +--Egosta! la dijo Leonardo echndole una mirada amorosa. Y se +separaron, tirando Nemesia hacia la calle de Villegas en direccin de su +casa en el callejn de la Bomba, y Leonardo todo derecho a la calle de +O'Reilly. + +Haba aqulla odo de los labios del joven, de quien estaba perdidamente +enamorada, que caba en su corazn juntamente con Cecilia. Tal vez la +cosa no pasaba de una mera galantera. Qu decimos? Leonardo slo se +propuso propiciarla, halagando de paso su vanidad femenil con la +esperanza de que en cierta contingencia podra ver realizado su amoroso +deseo. Mas ella reflexion que si caba, lo ms difcil en su concepto, +bien podra suceder que entrase acompaada y se quedase sola y duea del +campo. As que el descubrimiento, adems de causarla un regocijo +indecible, la confirm ms en el plan sobre cuya ejecucin vena +trabajando haca algn tiempo. Para llevarle a debido efecto, dos medios +se ofrecan a su traviesa imaginacin. Con el conocimiento que tena de +los rasgos ms marcados del carcter de su amiga, una ndole +eminentemente celosa, unida a una soberbia desapoderada, juzg Nemesia, +y juzg bien, que si excitaba a lo sumo ambas pasiones, an cuando no +lograse que rompiera con el amante, ni suplantarla en el amor de ste, +hara al menos que l la abandonase. + +En la escena deba jugar Jos Dolores su hermano un papel principal. +Daba por hecho que Cecilia no le amara nunca. Esto poco importaba, +porque una vez torcidos los amantes, no sera difcil infundir celos a +Gamboa, por lo mismo que en su pique con el blanco era natural que ella +se prestase a coquetear con el mulato. Ya veremos el desenlace fatal de +estas intrigas. + +Sucedi que al desembocar Leonardo Gamboa en la calle de O'Reilly, se +separaba de la ventanilla de la casa de Cecilia un hombre que tena toda +la traza del hermano de Nemesia. Pic aquello su curiosidad, por lo +cual, sin previo aviso, se acerc a media carrera, y con la punta de los +dedos levant el canto de la cortina blanca. Detrs se hallaba Cecilia +sentada en una silla, con el codo descansando en el poyo de la ventana y +la barba en la palma de la mano. Al reconocer a su amante en la persona +que haba levantado la cortinilla, no manifest sorpresa ni alegra. + +--S, la dijo l, muy mortificado por lo que haba visto y por la +indiferencia con que ella le reciba. S, disimula ahora. Quin no la +ve ah? Parece que no quiebra un plato. Qu haces? + +--Nada, contesto seca y lacnicamente. + +--Est fuera tu abuela? + +--S, seor. Ha ido a la salve, ah enfrente. + +--Abre pues. Djame entrar. + +--De ninguna manera. + +--De cundo ac tanto rigor? Quisiera saberlo. + +--No s. Vd. dir. + +--Lo que yo s es que de aqu acaba de salir un hombre. + +--No, seor. Aqu no ha estado nadie desde que sali Chepilla. + +--Le he visto con mis ojos. + +--Sus ojos le engaaron. Ha sido una ilusin. + +--Qu ilusin ni que nio _muerto_. Le vi, le vi, no me queda gnero de +duda. + +--Entonces creer que Vd. ve visiones. + +--No me hables ms con ese aire desdeoso, despreciativo dira, que me +parece intolerable y ajeno de ti y de m. No disimules tampoco ni +busques persuadirme que fue un duende y no un hombre de carne y hueso, +el que acaba de alejarse de esta ventana, tras de la cual te encuentro +sentada y al parecer muy tranquila. + +--Ah! Ya eso es otro cantar. Puede Vd. haber visto un hombre parado +donde est Vd., ahora. Lo que yo niego y negar siempre es que Vd. le +viera salir de aqu, porque l no puso los pies en esta casa. + +--De todos modos sali de aqu, de este lugar, estuvo conversando +contigo y necesito saber quin es y qu buscaba. + +--Necesito, repiti Cecilia con desdn. Qu _guapo_! Ha de ser a la +fuerza? Pues no lo digo. + +--Sea como fuere, tienes que decrmelo, o de lo contrario me peleo +contigo y no me vuelves a ver la cara en la vida. + +--Eso es lo que yo quisiera ver. + +--Lo vers. En fin, me dices quin es? + +--No lo digo. + +--T parece que quieres jugar conmigo. + +--No juego, hablo de veras. + +--Bien. Abre la puerta y djame entrar, porque me da vergenza que me +vea la gente que pasa. Van a figurarse que estamos peleando. + +--Y se figurarn lo cierto. + +--Vamos. Te dejas de retrecheras? + +--Yo digo lo que siento. + +Leonardo la mir un rato con fijeza, como para medir el alcance de sus +palabras, y trat luego de cogerla la mano que ella retir, y despus la +cara con igual resultado. Cecilia no pareca dispuesta a ceder un punto +de la actitud tomada desde el principio. Sera ella capaz de dejarle +por otro hombre? Era el preferido aqul que vio alejarse de la ventana? +Tanteemos un poco ms, se dijo para s, y enseguida aadi alto: + +--Qu tienes t en realidad? Se puede saber? + +--Yo? Nada. + +--Si te encierras en ese crculo vicioso de: no s nada, no lo digo, +creo que lo mejor ser que yo me vaya con la msica a otra parte. + +--Como Vd. guste. + +--Cada vez te entiendo menos, Celia. Sospecho, sin embargo, que no dices +ahora lo que sientes, y que si diera ascenso a tus palabras de poco +vivir y me marchase, habas de derramar lgrimas de sangre. Cmo! Te +quedas callada? Qu dices? Contesta. + +Iba siendo demasiado larga y violenta la posicin asumida por Cecilia +para que durase mucho tiempo. Amaba de veras. Si persista en su +desacostumbrada severidad, tal vez ahuyentaba al amante; fuera de que no +tena prueba patente de su inconstancia. Por todas estas razones, cuando +precisada a responder categricamente, inclin la cabeza y rompi a +llorar con grandes sollozos. + +--Lo ves? la dijo l bastante conmovido. Ya saba yo que en esto +vendran a parar tus bravezas. Tu corazn me quiere cuando tus labios me +desdean. Bah! Se acab todo. No llores ms, mi vida, porque concluir +por llorar contigo. Ahora lo que corresponde es: pelillos a la mar y tan +amigos como siempre. + +--Slo bajo una condicin hara yo las paces contigo, acert a decir +Cecilia entre sollozo y sollozo. + +--Admitido. Afuera con esa condicin. + +--No. Es preciso primero que prometas cumplirla. + +--Hombre! Eso es mucho pedir. Tal vez no est en mis facultades. Pero, +quin dijo miedo? S, prometo. + +--No vayas al campo en las prximas Pascuas... + +--Celia, por Dios!... qu caprichos tan extraos tienes t! De qu +nace tamaa exigencia? Sin duda te figuras que me alejo para siempre o +que te he de olvidar. Reflexiona y no me pidas imposibles. + +--Lo tengo bien pensado. Te vas o te quedas? + +--No me voy, ni me quedo; porque una ausencia de quince das en el campo +no va a ninguna banda, no es una ida ni una quedada formal. + +--Est bien, dijo Cecilia con firmeza, enjugndose las lgrimas. Ve. Yo +s lo que he de hacer. + +--No tomes resolucin que luego te pese. Te ruego de nuevo que +reflexiones y veas mi posicin tal cual es. Te parece fcil que yo +permanezca en La Habana mientras toda mi familia est en el ingenio de +_La Tinaja_ cerca del Mariel? Pues no lo es; en primer lugar no habr en +casa sino el mayordomo con algunos criados. En segundo lugar, aunque yo +pretendiera quedarme, mi madre no lo consentira, mucho menos mi padre. +La marcha ser del 20 al 22 para volver despus del domingo de Nio +Perdido. Comprendes ahora? + +--Lo que comprendo es que vas a divertirte en el campo con una mujer que +detesto sin conocerla a derechas, y que no puedo, no debo, ni quiero +consentirlo. + +--Eres muy celosa, Celia. He aqu tu nico defecto. Si yo te amo ms que +a mi vida, ms que a todas las mujeres del mundo, no te basta? qu ms +quieres? Por otra parte, esta corta ausencia nos conviene a los dos, +as nos querremos con mayor ternura a mi vuelta. Despus, en Abril +entrante me recibir de Bachiller en derecho y entonces tendr ms +libertad para hacer lo que me d la gana. Ya vers, ya vers cuanto +vamos a gozar. Yo para ti, t para m. + +Para este tiempo Cecilia se haba puesto en pie, esperando quizs la +retirada de su amante, callada y pensativa. Su hermoso busto, sus +hombros y brazos torneados cual los de una estatua, el estrechsimo +talle que casi se poda abarcar con ambas manos lucan a maravilla, +alumbrados a medias por la buja en el interior, en contraste con la +oscuridad ya reinante en la calle. Ms enamorado que nunca Leonardo de +tanta belleza, aadi con la mayor ternura: + +--Lo que falta ahora, cielo mo, es que me des un beso en seal de paz y +de amor. + +Cecilia no respondi palabra ni hizo el menor movimiento. Pareca +transfigurada. + +--Vaya con Dios!, dijo el joven desconsolado. Tampoco me dars la +mano? + +El mismo silencio, igual inmutabilidad. La conversin no poda ser ms +completa, pues si respiraba, no daba seales el redondo y levantado +seno, de agitacin ni de perceptible movimiento. + +--Tu abuela va a venir, agreg Gamboa. Oyes? Se concluye la salve en +Santa Catalina; yo no quiero que me vea. Adis, pues!... Ah! Me dirs +el nombre de la persona que hablaba contigo cuando yo llegu? + +--Jos Dolores Pimienta, contest Cecilia en tono tan breve como +solemne. + +Sinti Leonardo que toda la sangre se le agolpaba al rostro y que le +quemaba las mejillas; y como para mejor ocultar la impresin que le +haba causado aquel nombre en boca de Cecilia, se alej de all a toda +prisa, a la sazn que los fieles salan del convento vecino. + +Por su parte Cecilia se dej caer en la silla y llor amargamente. + + + + +CAPTULO XVI + + _Conciencia, nunca dormida, + mudo y pertinaz testigo + que no deja sin castigo + ningn crimen en la vida! + La ley calla, el mundo olvida; + mas quin sacude tu yugo? + Al Sumo Hacedor le plugo + que a solas con el pecado, + fueses t para el culpado + delator, juez y verdugo._ + + NEZ DE ARCE + + +Llega una poca en la vida de cada hombre culpable de falta grave, en +que el arrepentimiento es el tributo forzoso que se paga a la conciencia +alarmada; pero la enmienda, como sujeta a otras leyes y dependiente de +circunstancias externas, no siempre est el cumplirla en la voluntad +humana. Porque tiene eso de caracterstico la culpa, que, cual ciertas +manchas, mientras ms se lavan, ms clara presentan la haz. + +Bien quisiera don Cndido romper de una vez con el pasado, borrar de su +memoria hasta la huella de ciertos hechos. Pero sin saber cmo, sin +poderlo evitar, cuando ms libre se crea, senta, puede decirse as, en +sus carnes el peso de los grillos que le ataban al misterioso poste de +su primitiva culpa. Mucha parte tenan en esto los testigos y cmplices +de ella. Recordbansela sin cesar y se la ponan delante a doquiera que +tornase los ojos. + +Aqu tiene el lector algunas de las razones por qu, a raz del serio +altercado con doa Rosa, don Cndido se hizo el encontradizo con Montes +de Oca. No le ri por las indiscreciones que haba tenido con su +esposa. Qu reirle! Al contrario, nunca le apret con ms efusin la +mano. Es que le necesitaba para el arreglo de un proyecto en que vena +meditando de poco tiempo a esta parte. Quera que, como mdico, +certificase que sin riesgo de la vida no era posible la traslacin de la +enferma en el hospital de Paula, a la nueva casa de locos. Esto, en +primer lugar. En segundo lugar, pretenda que se prestara a servir de +conducto por medio del cual _sea_ Josefa, o en su defecto la nieta, +recibiera una pensin mensual de veinte y cinco duros y medio por tiempo +indefinido. + +Estimulada la codicia de Montes de Oca con un esplndido regalo, no hubo +dificultad en que despachara la certificacin, ni en que aceptara el +encargo de la mensualidad. Este era un modo, por parte de don Cndido, +de hacer del ladrn fiel; fuera de que sera quizs ms riesgoso probar +la discrecin de tercera persona en aquel asunto. + +As cortaba, crea Gamboa, toda directa relacin futura con las tres +cmplices de su grave culpa, sin fallar a los compromisos con ellas +contrados. Pero an quedaba el rabo por desollar. Cmo librar a +Cecilia Valds de los lazos que la tenda su hijo Leonardo? Ellos se +amaban con delirio, se vean a menudo, no bastaban a separarlos los +regaos a ella de la abuela, ni las amenazas a l, por medio de doa +Rosa, de don Cndido. No haba, pues, ms remedio que embarcar al galn +y echarlo del pas, o que secuestrar a la dama y ponerla donde no se +viese ni se comunicase con l. Lo primero no haba que pensarlo +siquiera: doa Rosa se opondra con todas sus fuerzas. Lo segundo, era +riesgoso en alto grado y estaba I rodeado de dificultades casi +insuperables. Tales eran los pensamientos que ms preocupaban el nimo +de don Cndido y le hacan sufrir las torturas del infierno por la poca +que vamos historiando. + +Ahora bien: convena proceder desde luego al secuestro de la muchacha? +Convena, mas no era de urgente necesidad en aquel momento, por dos +razones principales, a saber: porque viva la abuela, aunque achacosa y +decadente; y porque dentro de dos semanas marchara la familia a pasar +las Pascuas en el ingenio de _La Tinaja_, y se haba acordado que +Leonardo fuese de la partida. + +Efectivamente: una semana antes despachose al Mariel la goleta +_Vencedora_: su patrn Francisco Sierra con las vituallas, conservas y +vinos que no se encontraban por amor ni por dinero en aquellas partes, y +con los criados del servicio particular de la familia de Gamboa, entre +ellos Tirso y Dolores. Tambin deban ser de la partida la seorita +Ilincheta con su ta doa Juana; para lo cual Leonardo y Diego Meneses +les daran escolta desde Alquzar. + +El motivo de la prxima reunin de las dos familias en el ingenio de _La +Tinaja_, tena por objeto presenciar el estreno de una mquina de vapor +para auxilio de la molienda de la caa miel, en vez de la potencia de +sangre con que hasta all se vena operando el primitivo pesado +trapiche. + +No quiso partir Leonardo sin tener una entrevista con Cecilia. Obtvola +fcilmente, as porque ambos la deseaban como porque a la fecha pareca +que _sea_ Josefa haba perdido todo dominio sobre la nieta. Pero de +nada valieron ruegos, halagos, promesas de mayor ventura ni amenazas de +rompimiento. Cecilia cerr los odos a todo eso y se mantuvo firme, cual +una roca, en negar su consentimiento a la partida del amante para el +campo. El corazn leal la anunciaba que l corra a reunirse con su +temible rival; lo que equivala a perderle para siempre. Otro, que el +atolondrado joven habra parado mientes en la actitud y firmeza de la +muchacha, y le habra concedido admiracin ya que no simpata. Mas l, +ligero de cascos y soberbio, principi por creer que vencera su +resistencia y acab por darse por ofendido y retirarse despechado. + +Esta vez no llor Cecilia. Con el corazn partido de dolor, en silencio +vio alejarse a Leonardo. No abri los labios para llamarle ni consinti +que sus lgrimas, aun ido l, viniesen a revelar la angustia de su alma, +dando as, a sus propios ojos, muestra indigna de flaqueza. Antes que +rendirse al rigor de la suelte, crey la soberbia muchacha que deba +armarse de valor a fin de tomar sealada venganza de su ingrato amante. +Dicho y hecho, apenas se alej de su lado, se visti ella a la carrera, +dio un beso a la abuela, que, como sola, se hallaba hundida en el fondo +de enana butaca de Campeche y sali a la calle. Mas yendo en la +direccin de la casa de Nemesia, en el callejn de la Bomba, se encontr +en la esquina con Cantalapiedra, a quien no vea desde la noche del 24 +de Setiembre. No le vali inclinar la cabeza, ni estrechar en torno del +rostro los pliegues de la manta de burato. El Comisario la reconoci al +punto, y, quiera que no, la detuvo en medio de la calle dicindola: + +--Alto a la justicia. Date o te va la vida. + +--Con su licencia, replic Cecilia seria, en ademn de seguir camino. + +--Date presa, digo, o de lo contrario har uso de la autoridad que me +concede la ley. Respeta estas borlas (ensendole las del bastn que +llevaba bajo el brazo izquierdo) o le ordeno a Bonora (su esbirro, el de +las grandes patillas, que se mantena a respetable distancia) que +proceda a prenderte. + +--Como no he cometido ningn delito, contest Cecilia muy tranquila, es +intil que me ensee las borlas y me amenace con su teniente. Djeme +pasar, que no estoy para bromas. + +--Sin ver antes esa carita fuera de la manta, no esperes que te deje dar +un paso ms. + +--Tengo acaso monos pintados en la cara? + +--Muchachita! Jugate conmigo y todava te dan las doce sin campana. + +--Yo no me juego, no estoy para juegos. Djeme ir. + +--A dnde vas? + +--A una parte. + +--Es cosa de cita? + +--Yo no tengo citas con nadie, ni dejara mi casa por ver al rey de los +hombres. + +--Quien te oye, segurito que se traga que hablas de veras. + +--Sabe Vd., que yo haya hablado de mentira sobre estas cosas? + +--Bien, veremos si eso que dices es verdad. + +--De qu manera? + +--Fcilmente, siguindote las aguas. + +--Est Vd. loco, Capitn? + +--No, sino muy cuerdo. Soy el Comisario del barrio y qu se dira de m +si por descuido dejaba que una muchacha tan linda como t daba un mal +paso y luego andbamos de tribunales y pleitos? + +--No me doy por ofendida de sus palabras, porque s que Vd. es muy +_jaranero_. + +--Es que no jaraneo ahora. No deseo ofenderte ni en el negro de una ua; +pero, repito, que ni como Comisario, ni como hombre, debo consentir que +andes a estas horas por las calles sin galn que te gue y te defienda. + +--No me suceder nada. Est Vd. seguro. Voy aqu cerquita. + +--Est bien, quiero creerte. Ve con Dios y la Virgen. Mas no me dejars +verte la carita? + +--No la est Vd. viendo? + +--As no me gusta verla. Echa hacia atrs los malditos pliegues de esa +manta. + +Hizo Cecilia lo que la dijeron, quizs para verse libre de aquel +impertinente, descubriendo casi todo el busto con slo dejar caer la +manta sobre los hombros. En ese tiempo Cantalapiedra atiz el cigarro +puro que fumaba, y produjo mayor claridad de la que reinaba en torno, +puesto que no haba faroles por all, y las estrellas no alumbraban +bastante. + +--Ah! exclam el Comisario lleno de entusiasmo. Habr quien no se +muera de amor por ti? Maldito de Dios y de los hombres el que no te +adore de rodillas como a los santos del cielo! + +Ante el cmico ademn y las exageradas expresiones del Comisario, no +pudo menos de sonrerse Cecilia, la cual despus continu derecho a casa +de Nemesia, sin cuidarse de averiguar si aqul segua o no sus pasos. +Conociendo ella bien las entradas y salidas, no toc en ninguna puerta, +sino que pas de la calle al cuarto de su amiga, a quien sorprendi muy +afanada cosiendo una pieza de sastrera, delante de una mesita de pino, +a la luz dudosa de una vela de sebo de Flandes en un candelero de hoja +de lata. + +--Qu atareada que est una mujer! dijo entrando. + +--Hola! exclam Nemesia soltando la costura y yendo al encuentro de +Cecilia con los brazos abiertos. Tanto bueno por ac! Quin se querr +morir? Es preciso hacer una raya en el agua. + +--Ests sola? pregunt Cecilia antes de sentarse en el columpio de +madera que le present la amiga. + +--Solita en alma, aunque Jos Dolores no tardar mucho. + +--No quisiera que me encontrase aqu. + +--Por qu, china? + +--Porque los hombres luego se figuran que una los busca. + +--Mi hermano no es de esos, chinita. El te ama, te adora, te idolatra, +se le conoce, suspira siempre por ti; pero es tan vergonzoso que no se +atrevera a decirte negros ojos tienes, cuanto ms a figurarse que +vienes por l. + +--Ay, Nene! continu Cecilia desentendindose de las manifestaciones de +su amiga. La otra tarde me encontr Leonardo hablando con Jos Dolores +por la ventana de casa. En mala hora. Me ha costado una tragedia con l. + +--No me digas! repuso Nemesia sin poder ocultar del todo su contento. +Pero ya habrn hecho las paces. No? + +--Ojal! exclam Cecilia suspirando. Se puso _bravo_ y se ha ido +peleado conmigo. Quin sabe cundo nos Nez de Arce? Tal vez... nunca +ms. l es muy perro y yo poco menos. + +En diciendo estas palabras, callose por breve rato. Se le haba +atravesado la voz en la garganta, y en sus bellos ojos aparecieron +gruesas lgrimas. + +--Cmo! dijo Nemesia sorprendida. De veras t lloras? No te da +vergenza? + +--S, lloro, repuso Cecilia con visible sentimiento. Lloro, no de dolor, +lloro de rabia conmigo misma, porque conozco que he sido una tonta. + +--Anj! Me alegro orte. Ya te lo haba dicho yo muchas veces, no debe +fiarse una de ningn hombre. + +--No lo digo por eso, Nene. Llamas t fiarme de un hombre el amarlo +mucho? Puede ser; y yo te digo, acaso est en tu mano amar o no amar? +Conoces algn remedio contra el amor y los celos? Lo mejor sera, +china, no tener corazn. As no sentiramos cario por nadie. + +--Luego, parece que t te das por engaada. + +--Tal como engaada no. Dios me libre! Leonardo no me ha dejado por +otra ni creo que me deje. Si lo sospechase siquiera no estara +dicindotelo desde esta silla. + +--Y qu ms quieres, mujer? Mucho temo que ese peje no vuelva a picar +en tu anzuelo. + +--Qu sabes t? pregunt Cecilia asustada. + +--Nada, nada, repiti Nemesia. Mas no puedo olvidar el dicho de _sea_ +Clara, la mujer de Uribe: cada uno con su cada uno. + +--No entiendo. + +--Ms claro no puede ser. _Sea_ Clara no tiene ms experiencia que +nosotras? Desde luego. Es mayor de edad y ha visto doble mundo que t y +que yo. Pues si a menudo repite ese dicho, razn buena ha de tener. +Aqu, inter nos, _naiden_ me lo ha contado, pero yo s que a _sea_ +Clara siempre le gustaron ms los blancos que los pardos, y bien durita +ya se cas con _se_ Uribe. Por supuesto, llev ms quemadas y +desengaos que pelos tiene en la cabeza, y por eso ahora se consuela +repitiendo a las muchachas como t y como yo: cada uno con su cada uno. +Entiendes? + +--S, bastante, slo que no veo cmo me venga el refrn. + +--Te viene pintiparado, chinita; te coge por derecho. T no prefieres +los blancos a los pardos, como sea Clara? + +--No lo niego, mucho que s me gustan ms los blancos que los pardos. Se +me caera la cara de vergenza si me casara y tuviera un hijo +_saltoatrs_. + +--Desengate, mujer: bonitura, amor, cario, constancia, nada sujeta a +los blancos. Despus, Leonardo no se va a casar tampoco contigo por la +iglesia. + +--Por qu no? replic Cecilia con vehemencia. El me lo ha prometido y +cumplir su palabra. De otro modo yo no lo querra como lo quiero. + +--Ay! Me da mucha pena orte hablar as, mas no quisiera quitarte la +ilusin. Slo te digo que abras los ojos, no sea que mal haya venga muy +tarde. No te fes, no te fes, y ten siempre presente que la hormiga por +meterse a volar se quem las alas. + +--El que por su gusto muere, hasta la muerte le sabe. + +--Lo comprendo, mas si una muriese de repente, sin dolor, ni trabajos, +pase, sea todo por Dios. El caso es, china, que antes de morir se sufre +mucho. Ven ac, duele tanto cuando un hombre blanco nos deja por una +mujer de color, como cuando nos deja por una blanca? A que no? Eso s +que duele. Y _me se_ figura que a ti te est pasando eso ahora. Conque +no hables, ni digas de esta agua no beber. + +Disponase Cecilia a negar la exactitud del smil cuando apareci por la +puerta del patio Jos Dolores Pimienta, y si ella no pudo o no supo +decir lo que pensaba, l se qued mudo y esttico en el quicio del +cuarto. No esperaba semejante compaa, mucho menos a aquella hora de la +noche. Repuesto luego de su sorpresa, la manifest en breves y escogidas +frases cunto se alegraba de verla. Cecilia dijo que haba venido +solamente a darle una caradita a Nemesia, y se puso en pie para +marcharse. + +--Tengo una buena noticia que darles, dijo el msico. El baile de +etiqueta de la gente de color se ha convenido en darlo la vspera de la +Noche buena, en la casa de Soto, esquina a Jess Mara. Por supuesto, la +seorita est convidada en primera lnea, y se espera que vaya Nemesia y +_sea_ Clara, y Mercedita Ayala, y todas las amigas. + +Ser un baile de ringorrango. Har raya, yo se lo digo a la seorita. + +--Lo ms fcil es que yo no pueda asistir, dijo Cecilia. Chepilla no +est buena y temo dejarla sola. + +--Pues si falta la seorita, cuente que no habr luz para alumbrar el +baile. + +--No saba que Vd. era tan lisonjero, dijo Cecilia sonriendo y +movindose hacia la puerta. + +--No debe la seorita ir sola, dijo Jos Dolores. + +--Nadie me comer, pierda Vd. cuidado. No se moleste. Adis! + +No obstante su negativa, el msico y su hermana acompaaron a Cecilia +hasta la puerta de la casa en que viva. + + + + +CAPTULO XVII + + _Y al punto que el triunfo creyera posible_ + _De lcido acero se vio traspasar._ + + J. L. LUACES + + +Dijo Jos Dolores Pimienta que el baile de la gente de color se +celebrara en la casa de Soto. Ocupa la esquina occidental de la calle +de Jess Mara, en su encuentro con la calzada del Monte, opuesta al +Campo de Marte. + +Precede al zagun o entrada un ancho portal con barandilla de madera. +Desde ste, por las alterosas ventanas, enteramente abiertas, pudo el +pblico, sin derecho a entrar, presenciar a su sabor la fiesta. En el +cuadrado patio, que se cubri con un toldo, se pusieron las mesas del +ambig; en el comedor tocaba la orquesta; en la amplsima sala se +bailaba y en los cuartos se reposaba y tenan las conversaciones ntimas +de los amigos o los amantes. + +Los adornos de la sala se reducan a unas colgaduras de damasco rojo, el +color nacional, recogidas con cintas azules en pabellones, a la altura +de los dinteles de las puertas y ventanas. El alumbrado lo +proporcionaban bujas de pura esperma, ardiendo en grandes araas de +cristal, con profusin de prismas de lo mismo que reflejaban la luz, la +multiplicaban y descomponan en todos los colores del iris. + +Con la frase _baile de etiqueta o de corte_, se quiso dar a entender uno +muy ceremonioso, de alto tono, y tal, que ya no celebraban los blancos, +ni por las piezas bailables, ni por el traje singular de los hombres y +de las mujeres. Porque el de stas deba consistir y consisti en falda +de raso blanco, banda azul atravesada por el pecho y pluma de marab en +la cabeza. El de los hombres, en frac de pao negro, chaleco de piqu y +corbata de hilo blanco, calzn corto de Nankn, media de seda color de +carne y zapato bajo con hebilla de plata; todo segn la moda de Carlos +III, cuya estatua, hecha por Canova,[43] se hallaba al extremo del +Prado, donde hoy se ostenta la fuente de la India o de La Habana. + +Para entrar y tomar parte en la fiesta no bastaba el traje especial de +los hombres; era preciso venir provisto de papeleta, la que deba +presentarse en el zagun a la comisin all constituida para recibirla y +aposentar a las mujeres. Observose esta medida estrictamente al +principio; pero tan luego como lleg la hora de bailar, Brindis y +Pimienta, principales aposentadores, delegaron el encargo en sujetos +menos escrupulosos y rectos. A semejante descuido se debi el que, tarde +de la noche, penetrasen algunos individuos que, si bien en traje de +ceremonia, no presentaron papeleta ni eran artesanos tampoco. + +De este nmero fue un negro de talla mediana, algo grueso, de cara +redonda y llena, con grandes entradas en ambos lados de la frente, que +por poco que pasase l de los cuarenta aos de edad, terminaran en una +calva completa. Aunque se vesta como se haba dispuesto, el frac le +vena algo estrecho, el chaleco se le quedaba bastante corto, las medias +estaban descoloridas por viejas, carecan de hebillas sus zapatos, no +tena vuelos la camisa y el cuello le suba demasiado hasta cubrirle +casi las orejas, tal vez por ser l de pescuezo corto y morrudo. + +Sea por estas faltas, o sobras, de que no estamos bien enterados, el +negro de las entradas se hizo el blanco de las miradas de todos desde +que puso el pie en el baile. Advirtiolo l, que no era ningn tonto, y +naturalmente andaba al principio como azorado, esquivando la sala, donde +la luz era ms profusa y brillante; pero hacia las once de la noche hizo +por incorporarse en los corrillos que se formaban en torno de las +muchachas bonitas, hasta que se atrevi a invitar a una y bailar un +minu de corte, con tanto comps y donaire que llam por ello la +atencin general. Dos o tres veces se acerc al grupo que galanteaba o +adoraba en Cecilia Valds a la ms hermosa de las mujeres de aquella +reunin heterognea; la contempl de reojo largo rato y luego se alej +con visibles muestras de despecho. + +En uno de estos momentos, un oficial de la sastrera de Uribe que le +observaba de cerca, le sigui fuera de la sala, le puso la mano en el +hombro con alguna familiaridad y le dijo: + +--Oiga! Ests aqu? + +--Qu, qu se ofrece? contest l volvindose y estremecindose de pies +a cabeza. + +--Qu haces por estos barrios, chiquete? le pregunt el oficial con +mayor familiaridad. + +--Srvase decirme, seor mo, replic el de las entradas, enfadado: +cundo y dnde le he echado maloja? + +--Hombre! repuso el oficial bastante mortificado, esas son palabras +mayores. + +--Mayores o menores, son las que uso con los importunos como Vd. + +--No te vengas haciendo el misterioso y el seorn, que yo s quin eres +t y t sabes quin soy yo. Apate, compadre, del tablado. _Te se_ +puede desvanecer la cabeza, y si te caes, das en el fogn de la cocina. + +--Vamos, y qu quiere Vd. conmigo ahora? + +--Nada, no quiero nadita de este mundo. Repar slo que le hiciste el +feo a la nia ms linda del baile y esto pic mi curiosidad. + +--Le va o le viene a Vd. algo en este ajiaco? + +--Bastante, ms de lo que t te figuras. + +--Y Vd. se propone defender a esa nia, no? + +--Creo que t no las has injuriado. Las mujeres no son la cara del rey +para agradar a todos. En gustar o disgustar no hay ofensa. + +--Bien, entonces djeme Vd. el alma quieta. + +--Eres un mal agradecido, le dijo el oficial, serio. No tienes t la +culpa, sino yo que me ocupo de un individuo inferior a m, cocinero y... +esclavo. Llenose de ira el negro con esto y levant la mano para pegarle +una bofetada a su contrincante; pero, por razones que l se saba, no +descarg el golpe. Haba penetrado en aquella casa sin papeleta, no +conoca a nadie, era un intruso y todo escndalo que se armase deba +redundar en su dao. Contentse, pues, con amenazarle y decirle que +arreglara cuentas luego que terminase el baile; volvindole la espalda +con desprecio. Semejante salida excit a lo sumo la risa del oficial de +sastre, y dijo por burla: + +--Casaca, suelta a ese hombre. + +De seguidas busc a su amigo Jos Dolores Pimienta, le cont la +ocurrencia con el negro de las grandes entradas rieron los dos de la +ocurrencia y no se ocuparon ms del asunto. + +Desde temprano el baile estaba lleno, de bote en bote, segn reza la +frase familiar. El golpe de gente de todos colores, sexos y condiciones +que se apiaba ante ambas ventanas del ancho portal, presentaba aspecto +tan animado, como interesante y tumultuoso. En el gran saln no se caba +ni de pie, al menos mientras no se bailaba; los hombres se codeaban unos +con otros, y ocultaban casi del todo a las mujeres sentadas alrededor. +Cecilia, con Nemesia y _sea_ Clara, la mujer de Uribe, ocupaba un +asiento de frente para la calle, en el lienzo de pared medianero entre +la puerta del comedor y la del aposento, y siempre que lo permitan los +grupos de hombres que acudan a saludarla, podan orse las +exclamaciones de admiracin que su peregrina belleza excitaba en las +personas del portal. + +A veces, tras las ponderaciones de las gracias de la muchacha, podan +orse voces de compasin, pues tomndola por una joven de pura sangre, +era natural que les chocase de verla all y que creyesen de bajos +sentimientos a quien consenta en rozarse tan de cerca con la gente de +color. Cecilia, entretanto, saboreaba a sus anchas el triunfo mayor que +jams alcanz mujer alguna en la flor de su juventud y de su belleza. +Uno tras otro, cuantos hombres de cierto viso llenaban el baile aquella +noche, conocindola o no, vinieron a saludarla y rendirla homenaje, cual +saben rendirlo los negros criollos de Cuba que han recibido alguna +educacin y se precian de finos y atentos con las damas. Entre stos +podemos citar a Brindis, msico, elegante y bien criado; a Tond +protegido del Capitn General Vives, negro joven, inteligente y bravo +como un len; a Vargas y a Dodge, ambos de Matanzas, barbero el uno, +carpintero el otro, que fueron comprendidos en la supuesta conspiracin +de la gente de color en 1844 y fusilados en el paseo de Versalles de la +misma ciudad; a Jos de la Concepcin Valds, alias _Plcido_, el poeta +de ms estro que ha visto Cuba, y que tuvo la misma desastrada suerte de +los dos precedentes; a Toms Vuelta y Flores, insigne violinista y +compositor de notables contradanzas, el cual en dicho ao pereci en la +Escalera, tormento a que le sometieron sus jueces para arrancarle la +confesin de complicidad en un delito cuya existencia jams se ha +probado lo suficiente; al propio Francisco de Paula Uribe, sastre +habilsimo, que por no correr la suerte del anterior, se quit la vida +con una navaja de barbear en los momentos que le encerraban en uno de +los calabozos de la ciudadela de la Cabaa; a Juan Francisco Manzano, +tierno poeta que acababa de recibir la libertad, gracias a la +filantropa de algunos literatos habaneros; a Jos Dolores Pimienta, +sastre y diestro tocador de clarinete, tan agraciado de rostro como +modesto y atildado en su persona. + +Con este ltimo y con Vargas se dign Cecilia bailar danza, minu de +corte con Brindis, otro con Dodge; convers amablemente con Plcido, +contest con un saludo gracioso al que le hizo Tond, habl de +contradanzas con Vuelta y Flores, y celebr mucho el talento msico de +Ulpiano, que dirigi la orquesta del baile. + +Cualquiera mediano observador pudo advertir que, a vueltas de la +amabilidad empleada por Cecilia con todos los que se le acercaban, haba +marcada diferencia entre los negros y los mulatos. Con stos, por +ejemplo, bail dos contradanzas, con los primeros slo minus +ceremoniosos. Pero dio amplia rienda a su innato exclusivismo cuando se +le present el negro de las entradas profundas y la rog le admitiera +como pareja para una danza o un minu. Eso s, no llev su negativa +hasta el no spero y seco; le dio sus razones para no bailar con l, que +tena comprometida la siguiente pieza, que se senta muy cansada, etc. +El hombre no se dio por satisfecho, antes se mortific lo que es +indecible y se alej murmurando frases groseras y amenazantes. + +No par mucho en esto la atencin Cecilia; pero cuando poco despus se +paseaba con Nemesia y _sea_ Clara en torno de las mesas del ambig y +tropez con el negro de las entradas, que pareca en acecho reclinado en +la jamba de la puerta de uno de los cuartos laterales, tuvo miedo; y +apretando el brazo de su amiga la dijo en voz baja y apresurada:--Ah +est! + +--Quin? pregunt Nemesia volviendo el rostro. + +--Mira, agreg Cecilia. Por ac. Ese. + +En este momento el hombre se desprendi de la puerta y avanz hasta +tocar con la barba en el hombro de Cecilia, a la cual sin ms preliminar +le dijo: + +--Conque no me ha credo la nia digno de ser su compaero esta noche? + +--Qu dice Vd.? pregunt Cecilia ms asustada que antes. + +--Digo, continu el negro echando una mirada siniestra a Cecilia, digo +que la nia me ha hecho un desaire. + +--Si lo cree Vd. as le pido mil perdones, porque no be tenido tal +intencin. + +--La nia me dijo que estaba cansada y enseguida sali a bailar con +otro. No busque disculpa la nia (aadi de carrera conociendo que +Cecilia quera replicar), comprendo la razn por qu la nia me ha +desairado. La nia me ve prieto, pobremente vestido, sin amigos en esta +selecta reunin y se ha figurado que soy un cualquiera, un malcriado, un +pelagatos. + +--Se equivoca Vd. + +--Yo no me equivoco. S lo que digo, como s quin es la nia. + +--Seor, Vd. me toma por otra. + +--La conozco ms de lo que imagina la nia. La conozco desde que la nia +mamaba y gateaba. Conoc a su madre, conozco a su padre como a mis manos +y tengo muchos motivos para conocer a la mujer que la cri por ms de un +ao seguido. + +--Pues yo no lo conozco a Vd., ni... + +--Ni le importa tampoco a la nia? Lo comprendo. Debo decirle a la +nia, sin embargo, que la nia me desprecia porque se figura que como +tiene el pellejo blanco es blanca. La nia no lo es. Si a otros puede +engaar, a m no. + +--Me ha detenido Vd. para insultarme? + +--No, seorita. Yo no estoy acostumbrado a insultar a las personas que +gastan tnico. Si como lleva tnico la nia, lleva calzones, crea que +no le hablara as. Me molesta tanto ms el orgullo que la nia gasta +conmigo... + +--Bastante hemos hablado, le interrumpi Cecilia volvindole la espalda. + +--Como la nia guste, continu l altamente irritado, mas djeme decirle +que baje un poco el cocote, porque si su padre es blanco, su madre no es +ms blanca que yo, y adems, la nia es la causa de que me vea separado +de mi mujer por ms de doce aos. + +--Y yo qu tengo que ver con eso? + +--Deba de tener algo, pues mi mujer ha sido la verdadera madre de la +nia, como que la cri desde que naci, no pudiendo criar a la nia su +madre por estar loca... + +--El loco es Vd., exclam Cecilia en alta voz. + +Nemesia y _sea_ Clara rodearon entonces a su amiga y trataron de +llevrsela para la sala. Pero se detuvieron al ver a Tond, a Uribe, al +oficial de ste y al mismo Jos Dolores Pimienta (bajo cuya proteccin +implcita estaba Cecilia), que oyeron el grito y acudieron presurosos +para averiguar lo que pasaba. El ltimo nombrado fue el primero a +preguntarla. + +--Nada. Ese moreno, dijo ella con soberano desprecio, se ha empeado en +tener un lance conmigo... como me ve mujer. + +--Cobarde! grit Pimienta, convertido de repente en len el modesto +cordero. + +Y se avalanz al desconocido para castigarle; pero hurt el cuerpo y se +puso en guardia. + +Jos Dolores estaba desarmado y se content con aadir: + +--Quin es Vd.? + +--Soy quien soy, contest el otro con impavidez. + +--Qu busca Vd. aqu? + +--Lo que me da la gana. + +--Pues ahora mismo sale Vd. de la casa o lo echo a patadas. + +--Quisiera verlo. + +--A, perro! Habas de ser esclavo. Afuera! + +En ese punto intervinieron Tond, Uribe y el oficial de sastre, sin cuya +presencia de seguro que se arma una ria sangrienta entre el galante +msico y el desconocido de las grandes entradas. El oficial dicho le dio +el nombre de Dionisio Gamboa, y habindole rodeado todos poco a poco, +fueron empujndole hasta ponerle materialmente de patitas en la calle. +Mientras se le llevaban as, volva con frecuencia la cara y deca, +dirigindose a Cecilia:--Se figura que es blanca y es parda. Su madre +vive y est loca. Hablando despus con Pimienta, deca:--Seor defensor +de las nias, sangre de _chincha_, el que la debe la paga. No se ha de +quedar riendo. Ya nos veremos las caras. Al oficial de sastre, que le +repeta:--Cllate la boca, Dionisio Gamboa, vete a cocinar a casa de tu +amo, no te metas a farolero, porque pueden darte un bocabajo que te +chupes los dedos; casaca, suelta a ese hombre, le deca:--Yo no me llamo +Gamboa me llamo Jaruco. Y acurdate que tambin me la debes. + +Afectaron un tanto a Cecilia la conducta y sobre todo las palabras del +negro de las entradas. Daba la casualidad que cuanto dijo respecto de +sus padres, coincida extraamente con lo que ella misma haba antes +odo y sospechado. El lenguaje misterioso que empleaba la abuela siempre +que del caballero que las favoreca se trataba, era bastante para +hacerla pensar a veces que deba de tener con ella alguna otra relacin +que la de un mero galanteo, aun cuando no le pasara por la mente que +fuese su padre el padre de su amante. Este no la amara ni la prometera +unin eterna si supiera, como deba saberlo, que ligaba a los dos tan +cercano parentesco. Por lo tocante a su madre, la abuela, mejor +autoridad que el cocinero de Gamboa, si bien no la asegur jams que +hubiese muerto, no la afirm tampoco que viviese, menos aun que +estuviese loca. La mujer a quien _sea_ Josefa sola visitar en el +hospital de Paula, segn lo poco que se le haba escapado de los labios +en momentos de vivo pesar y honda tristeza, no era hija suya, siquiera +sobrina; tal vez pariente de pariente de una amiga ntima de la mocedad. +El cocinero Dionisio Gamboa o Jaruco estaba por fuerza equivocado, +repeta meros rumores, hablaba de memoria. + +En tal virtud, y teniendo en cuenta la edad y carcter alegre de +Cecilia, no es de extraarse que, tras pasajera preocupacin, se +entregase de nuevo en brazos de los placeres que le brindaba el baile. +Sin embargo, en medio del torbellino de la danza y del incienso de +adulacin con que los hombres pretendan embebecerla, la inquietaba a +veces el pensamiento del riesgo que corra el hermano de su amiga +Nemesia, por haberla defendido de los insultos de un loco o de un +asesino. + +Por eso, como mujer agradecida, desde aquel punto empez a sentir por +Jos Dolores una especie de simpata que no haba sentido nunca, y en +descuento de la deuda contrada no tuvo empacho en manifestarle sus +temores. Riose l de ganas al orla, replicndole, quizs para +tranquilizarla que el Dionisio Gamboa, Jaruco o lo que fuese, era un +miserable esclavo, muy bocn para parrsele delante fuera del baile, +porque dice el refrn que perro que mucho ladra no muerde. Observole +Cecilia que siendo esclavo y cobarde era ms de temer, pues atacara a +traicin, no cara a cara. Replic a esto Jos Dolores, que, +efectivamente, tena que ir prevenido y con los ojos muy abiertos, no +fuera que le dieran por la espalda; pero que por lo dems ya l se haba +armado con un cuchillo que le acababa de prestar un amigo, y que tena +que ser lince el hombre que le matase del primer _viaje_. + +Despus del ambig y de otra danza entre las doce y la una de la +madrugada, termin el baile y cada cual march para su casa. _Sea_ +Clara, de brazo con Uribe, su marido; Cecilia y Nemesia con el hermano +de sta, en unin agradable se dirigieron a lo largo de las casuchas que +haba por aquel lado de la calzada, en direccin de la puerta de la +muralla, llamada _de Tierra_ por ser la ms inmediata. Al acercarse a +la primera esquina de la calle de Cienfuegos o Ancha, not Cecilia la +sombra de un hombre que, ganndoles la delantera, torci por all a la +derecha. Sospech desde luego quin podra ser y trat de llamarle la +atencin a su compaero, al lado opuesto, indicndole el caf nombrado +de Atenas, solitario y oscuro, cerca de la estatua de Carlos III, a la +entrada del paseo. Pero el hombre no pas de largo cual ella esperaba; +se plant en la esquina y dijo alto:--Sinvergenza, sangre de _chincha_, +ven para ac, si eres guapo. + +Preciso era que Jos Dolores tuviese sangre de ese insecto para que se +desentendiese de un desafo semejante, hecho delante de la dama de sus +pensamientos. Hizo, pues, por desprenderse de sus compaeras, las +cuales, sujetndole cada una por un brazo, habran conseguido el intento +si no acude en su ayuda Uribe diciendo a las muchachas: + +--Dejen que le d una _mojada_. + +As fue. Jos Dolores sac el cuchillo, tom el sombrero en la mano +izquierda para usarle como la capa el matador delante del toro, y sigui +los pasos del contrario sin acercarse demasiado. + +Cecilia, con Nemesia y _sea_ Clara, agarradas de las manos y de Uribe, +todas temblorosas y con la ansiedad que es de imaginar, se estuvieron a +esperar cerca de la esquina el resultado de una lucha que no poda menos +de ser sangrienta. A poco ms oyeron la voz argentina de Jos Dolores +que dijo:--Aqu; y la ronca del negro que respondi:--Aqu. Y comenz +sin ms la horrible brega. + +La carencia absoluta del alumbrado pblico, junto con la oscuridad de +una noche sin luna, impedan ver claro los movimientos de los +combatientes, no obstante la proximidad a que estaban del grupo +espectador. Suponiendo que Dionisio tuviese el valor sereno de Jos +Dolores, no tena su agilidad y mucho menos su destreza en el manejo del +cuchillo. Esto se ech de ver pronto, porque tras unos pocos esguinces y +quites con el sombrero, se oy primero un ruido extrao, como de tela +nueva que se rasga con fuerza, y de seguidas el bronco de un cuerpo +pesado que da en tierra. Cecilia y Nemesia dieron un grito penetrante y +cerraron los ojos. Quin de los dos haba cado? Momento de terrible +ansiedad! + +Mientras el cado continuaba gimiendo sordamente, el otro pareci +acercarse a paso menudo hacia la calzada. En segundos, que no en +minutos, sali de la densa oscuridad que le rodeaba, mucho ms densa +para los ojos de los que le aguardaban y que del sobresalto no podan +ver claro. Vena riente, ligero como un gamo, envainaba el cuchillo y se +pona el sombrero hecho trizas. Era Jos Dolores Pimienta. Cecilia fue +la primera a recibirle, y sin saber lo que haca, por un impulso de su +alma generosa y sensible, le ech los brazos al cuello, preguntndole +con cario:--Te han herido? + +--Ni un araazo! contest l, tanto ms orgulloso cuanto que senta +sobre su corazn la cabeza de la mujer a quien adoraba sin esperanza de +correspondencia. En oyndole ella, llor de pura alegra cual la nia +que recupera su mueca cuando la juzgaba irrevocablemente perdida. + + + + +TERCERA PARTE + + + + +CAPTULO I + + _T vistes de jazmines Al arbusto sabeo, + Y el perfume le das que en los jardines + La fiebre insana templar a Lieo._ + + A. BELLO + + +Separose Leonardo Gamboa de su familia despus de almuerzo en la dehesa +o potrero de Hoyo Colorado, y en la amable compaa de Diego Meneses +tom por entre Vereda Nueva y San Antonio de los Baos, la vuelta de +Alquzar, rumbo al sudoeste de su punto de partida. + +A pocas leguas se hallaron en lo que llaman por ah _Tierra Llana_, +planicie extensa e igual, cuyo centro por esa parte lo ocupa la +poblacin ltimamente nombrada. Su fondo es un calcreo muy poroso y +puro, cubierto de una capa de tierra rojiza, o color de ladrillo, a +trechos bastante espesa y suelta, acusando el xido de hierro de que +est cargada y de una fertilidad prodigiosa. Con algunas interrupciones +de nivel se dilata hacia el oeste hasta Callajabos, al pie de las +serranas de la Vuelta Abajo y hacia el este hasta los ltimos lmites +de Coln, siendo su latitud general estrecha. + +Por supuesto, en las porciones ms elevadas de dicha mesa, no se ven +fuentes naturales, ni llueve tampoco a menudo; pero es tan copioso el +roco nocturno, que moja el suelo y refresca la vegetacin. No +conocindose en el pas ningn sistema de regado, a ese fenmeno +meteorolgico hay que atribuir la lozana con que crecen y el verde +esmeralda con que se visten las plantas en todas las estaciones del ao. +En cambio, el descuaje del arbolado, el cultivo general de la mesa, +particularmente de aquella parte que iban recorriendo nuestros dos +viajeros, haban ahuyentado los pjaros de cuenta, y apenas si se vean +uno que otro grupo de judo de vuelo pesado y penetrante graznido, un +par de tmidas tojosas, una fugaz bijirita y pequeos tomeguines +escondidos en los arbustos inmediatos. + +Mientras ms se alejaban de Hoyo Colorado, ms cafetales encontraban a +uno y otro lado del camino; como que esas eran las nicas fincas rurales +de cierta importancia en la porcin occidental de la mesa, al menos +hasta el ao de 1840. Hablamos ahora del famoso jardn de Cuba, +circunscrito entre las jurisdicciones de Guanajay, Gira de Melena, San +Marcos, Alquzar, Ceiba del Agua y San Antonio de los Baos. No se +fundaban entonces ah granjas para la explotacin agronmica, en el +sentido estricto de la palabra, sino verdaderos jardines para la +recreacin de sus sibaritas propietarios, mientras se mantuvo alto el +precio del caf. + +Contra el sistema legal de mensuras observado en Cuba desde _ab initio_, +estaban divididas esas bellsimas fincas en figuras regulares, +prevaleciendo el cuadrado, y acotadas todas con setos de limoneros +enanos, con zarzas y ms comnmente con tapias de piedra seca, o cercas +primorosas y artsticamente construidas. Cubranse stas de enredaderas +o aguinaldos, especialmente de campanilla blanca, los cuales abran por +Pascuas de Navidad, daban aspecto risueo a la campia con sus nveas +flores, en contraste con el verdor fuerte del arbolado cercano, mientras +que con su exquisito y trascendental perfume embalsamaban el ambiente +por millas y millas a la redonda. + +Sus ostentosas y cmodas viviendas no caan en las anchas calles o +calzadas que separaban entre s los diferentes predios. Ms bien +buscaban la reclusin y el sombro que brindaba el interior, como que +creca ah ms frondoso el naranjo de globos de oro, el limonero +indgena y extico, el mango y la manga de la India, el rbol del pan, +de ancha hoja; el ciruelo de varias especies, el copudo tamarindo de +cidas vainas, el guanbano de fruta acorazonada y dulcsima, la +gallarda palma, en fin, notable entre la gran familia vegetal por su +tronco recto, cilndrico, liso y grueso como el fuste de una columna +drica, y por el hermoso cerco de _pencas_ con que se corona +perennemente. + +A flor del camino s erigan la entrada, portal, mejor, arco triunfal, +bajo cuya sombra, como por las horcas caudinas, haba que pasar para +coger la ancha avenida, flanqueada de palmas y naranjos, que conduca a +la apartada vivienda seorial, oculta all en el espeso arbolado. An +despus de haber avanzado bien adentro, no siempre descubra de lleno el +casero, ni se llegaba a l derecho; porque a menudo ocurra dividirse +la avenida en dos ramales, describiendo dos medios crculos, uno de +entrada, otro de salida, que limitaban de un lado los cafetos o setos de +zarzas, y del opuesto los jardines de flores, desplegados a un tiempo a +la vista del sorprendido viajero. Siguiendo por cualquiera de esos +medios crculos, de seguro que se daba con la morada de los dueos y sus +dependencias inmediatas en primer trmino; despus con la casa, por lo +general exenta, del molino, en el centro de una como plaza o batey, en +torno del cual se hallaban los tendales o secaderos de caf, los +almacenes o graneros, las caballerizas, palomar, corral de gallinas y la +aldea formada por las cabaas de paja de los esclavos. + +Leonardo Gamboa y su amigo, con los caballos algo sofocados, cubiertos +ya unos y otros del polvo bermejo y sutil de la tierra llana, avistaron +los linderos del cafetal _La Luz_, perteneciente a don Toms Ilincheta, +cosa de media legua distante del pueblo de Alquzar, pasadas las cuatro +de la tarde del 22 de Diciembre de 1830. Por la derecha de los viajeros, +bajo un cielo azul y sin nubes, se pona entonces el glorioso sol de los +trpicos, cuyos abrasadores rayos lanzaban manojos de luz a travs de +las ramas de los rboles, tendiendo cada vez ms larga la sombra de las +palmas sobre el campo verde, tachonado de gayadas flores, a tiempo que +encendan el tomo trreo impalpable que se cerna en el tranquilo +ambiente. + +Resonaba a lo lejos con las pisadas de las caballeras el fondo poroso y +hueco de la tierra llana; de manera que, mucho antes de que los jinetes +tocaran el portal de la finca, ya se hallaba en la reja de hierro, +dispuesto para abrirla, el portero negro, que acababa de salir de una +especie de garita grande de mampostera y teja plana, hacia la +izquierda. Reconoci desde luego a aqullos y los recibi con los +escorrozos tan propios de las gentes de su raza y condicin diciendo: + +--_Oj! oj!_ Nio Leonardito _ya sumerce vini_? Ah! Ah!, y el +nio Dieguito _asina_ mismo. + +--Cmo est la familia, congo? le pregunt Leonardo. + +--_Toos genos, grasi Di._ Ahorita _dentraron_ las nias con doa +Juanita. _Vinan_ del _protero_. Milagro que no se toparon con ellas los +nios. Si susmercs _jarrean_ un poco _entoava_ las alcanzan ms _pac_ +de la casa. + +Y agreg luego hablando con Leonardo:--Ah! _Qu si va a legr_ la nia +Isabelita! Y la nia Rosita! (hablando con Meneses). _No mi diga!_ + +Los dos jvenes se sonrieron y continuaron al paso de sus caballeras +por el centro de la magnfica alameda, deseando en secreto, por extraa +coincidencia de sentimientos, que se alargase algo ms el trmino de su +camino. Es que en los momentos de comparecer ante las damas de sus +amores, tema Leonardo que le recibiese la suya, no cual sola, como +amiga y amante tierna, sino como juez severo y duro, por sus pasadas +flaquezas y veleidades. Para decir verdad, senta algo que se pareca +ms a la vergenza que al contento. Diego, por su parte, prximo a +realizar el deseo ms vivo e ntimo de su pecho, el de volver a ver a +Rosa en su paraso de Alquzar, despus de un ao de ausencia, quera +probar si retardando el momento apetecido, se calmaba un tanto el +tumulto de su sangre y poda saludarla con la compostura del respetuoso +caballero. + +Pero por ahora, ni la satisfaccin de este capricho les fue dado +realizarlo a nuestros amigos. Porque en desvindose de la avenida que +traan, alcanzaron a ver a las hermanas penetrando en lo ms intrincado +del jardn, all donde los rosales de Alejandra, los jazmines del Cabo +y las clavellinas, competidores de los ms bellos de que se precian +Turqua y Persia, si no acertaban a envolverlas con sus ramas, sin duda +que las envolvan con sus emanaciones aromticas. + +Tambin las jvenes, por las pisadas de los caballos, se apercibieron de +la presencia de los viajeros, reconocindolos, especialmente al primero +que puso pie a tierra, abandonando la montura a su albedro, y fue +Leonardo Gamboa. Rosa, ms joven y cndida que la hermana, hizo una +exclamacin involuntaria de alegra; Isabel experiment sentimiento +opuesto. Recordaba que su despedida de La Habana no fue agradable ni +cordial, y crea que antes de dar entrada en su pecho al placer con que +sola recibir a Leonardo, necesitaba cuando menos una explicacin suya +satisfactoria de lo pasado. + +Ni Leonardo ni Diego se hallaban en aptitud de leer claro en el +semblante de sus amigas lo que pasaba en sus espritus cuando lleg el +momento de saludarse, segn el modo fro y rgido que piden las +costumbres cubanas, esto es, sin el significativo apretn de manos. Fue +bien marcado, no obstante, el cambio que se oper en el rostro de las +dos hermanas. El de Isabel asumi aspecto serio y plido; el de Rosa +tom el color de la flor de su nombre; y por breve rato, ellos ni ellas +supieron qu hacerse ni qu decir. Toc al cabo a la ms avisada de las +mujeres el advertir la embarazosa posicin de todos, y, para salir +pronto del paso, acudi a una de las coqueteras caractersticas de su +edad y sexo. Tena Isabel en la mano una rosa de Alejandra, abierta +aquella misma tarde, y se la prometi a Meneses diciendo: + +--No es sta su flor preferida? + +Asomronsele los colores a la cara del agraciado, y se puso ms colorada +que antes la de Rosa, quien, ya quisiese ocultar su propio rubor, ya +enmendar el aparente desaire hecho a Gamboa, se quit un clavel que se +haba prendido en el cabello y se lo dio balbuceando:--No es sta la +flor que prefiere el amigo Leonardo? + +Bast esto poco a romper el encanto; slo que por aquella tarde y noche +Isabel se dedic a obsequiar y atender a Meneses, aunque no vea el +momento de conciliacin con Leonardo. Entre tanto, juntos los cuatro +fueron al encuentro de doa Juana y del seor Ilincheta que venan a +saludar a los recin llegados. + +Desapareca por entonces la claridad del da, y el airecillo de la +noche, por ms que viniese cargado de los perfumes de las flores y de +las emanaciones gratas que emite el campo a esa hora, empez a dejarse +sentir. Las seoras, sobre todo, tuvieron que apelar al abrigo +acostumbrado, el paoln de seda, echado al desgaire sobre los hombros. +Pero en los momentos de trasladarse a la sala, reson el melanclico +taido de la campana de la queda en los cafetales circunvecinos y en el +de _La Luz_, llamando a amos y esclavos a la oracin y al recogimiento. +En oyndolo doa Juana, sus sobrinas, los dos jvenes y don Toms +Ilincheta, stos con los sombreros en la mano, y los criados del +servicio inmediato de la familia con los brazos cruzados, todos de pie, +aquella seora comenz diciendo:--Ave Mara Pursima!; a que +contestaron los circunstantes en coro: Sin pecado concebida.--El ngel +del Seor (prosigui la seora) anunci a Mara que el Hijo de Dios +Padre encarnara en sus entraas, para redencin del mundo. Ave Mara! +Mara Santsima lo admiti diciendo: ves aqu la esclava del Seor, +hgase en m segn tu palabra Ave Mara! El Hijo de Dios se hizo +hombre, y vivi entre nosotros. Ave Mara! + +Dadas las buenas noches, las hijas primero y tras ellas los criados, +besaron la mano de doa Juana y de don Toms, y recibieron en +contestacin el usual _Dios te haga una santa_, o _un santo_. + +De seguidas una criada avis a Isabel que el Contramayoral la esperaba +en el otro lado del prtico. Pidi ella permiso a los huspedes. Su +padre, hablando con stos, explic el motivo de su ausencia +diciendo:--Es mi Mayordoma, cajera y tenedora de libros, y cree que +primero es la obligacin que la devocin. Lleva cuenta del caf que se +recolecta, del que se descascara, escoge y ensaca, del que se remite a +La Habana. Cuando se vende, glosa ella las cuentas del refaccionista, +cobra y paga. Todo como un hombre. En una palabra, desde que muri mi +esposa, que santa gloria haya, mi Isabel est hecho cargo de la casa, +del cafetal y de todos mis negocios. Ay! No s qu sera de m si +tambin ella me faltase. + +Quin era el Contramayoral? Un negro como un trinquete, del color de la +pez, cari-ancho, de aspecto franco y mirada inteligente. No bien se +apareci su ama, la hizo una genuflexin para pedirla su bendicin, +porque l mismo acababa de dirigir el rezo de sus treinta o ms +compaeros en medio del batey, a la luz de las estrellas. + +--Nia, la dijo, aqu est la cuenta de _lo barr llenao_ hoy. Y le +alarg un papel? La hoja de una planta con signos caligrficos o +aritmticos? Nada de eso. Aunque aquel esclavo haba aprendido de coro +ciertas oraciones del catecismo que le ensearon para bautizarle, no +saba escribir ni pintar guarismos. La cuenta de que hablaba se reduca +a dos o tres varas cortas de un arbusto del campo, con muchos cortes o +muescas de travs, tarjas o quipos modernos para indicar el nmero de +barriles de caf recolectados durante ocho horas de trabajo. + +Con pasar Isabel las yemas de los dedos por las muescas de las tarjas, +conoci que no haba sido abundante la recoleccin, y as se lo dijo al +esclavo. + +--Nia, se apresur l a explicar en su guirigay especial la causa de la +deficiencia. _Nia, la safra va de venca_, no queda caf _maro_ en la +mata, _ni pa remedia. Brujuliando po aqu y po all se ha llenao 25 +barr._ + +--Est bien, Pedro, repuso Isabel. No hay para qu estropear las matas, +ni que tumbar el grano verde. Sera mucho menor la zafra el ao entrante +si eso se hiciera. Escchame Pedro, con atencin. Maana bien temprano +pon toda la gente a limpiar el batey y las guardarrayas principales +hasta las nueve. Tenemos visitas y quiero que todo est aseado y bonito. +Por la tarde es preciso que unos pilen y avienten el caf seco, y que +otros, las mujeres y los ms dbiles, a escoger. El caso es aviar todo +el pilado y aventado, maana mismo si es posible. + +--_Asina si jar, nia._ + +--Ah! Lo principal se me olvidaba, agreg Isabel en tono triste. A +Leocadio que d bastante maz y yerba al tro moro y al tro dorado, +porque tienen que emprender largo viaje pasado maana. + +--_Va a sal lamo?_ + +--No, ta Juana, Rosita y yo, que vamos a pasar las Pascuas en la Vuelta +Abajo. + +--_Anj! La nia si va otra vuelta, la casa parece rob._ + +--Papa se queda. Estamos convidados a pasar las Pascuas como digo, con +la familia del seor Gamboa en su ingenio _La Tinaja_, all lejos, muy +lejos, por el Mariel. Han puesto una gran mquina de vapor para moler +caa; romper la molienda la vspera de Pascuas y aguardan por nosotros. +Aqu han llegado a buscarme el nio Leonardito y el nio Diego Meneses, +que t conoces. + +--_Con que si va otra vuelta?_, repiti el Contramayoral pensativo. + +--Estaremos ausentes muy poco tiempo, cuando ms hasta despus del +domingo de Nio perdido. Me da mucha pena dejar a pap solo. Pero espero +en Dios que no le suceder nada, antes me prometo que Vds. le cuidarn +bien. + +--_Asina si jar nia._ + +--Pero si por desgracia se enfermare en nuestra ausencia, te encargo, +Pedro, que sin prdida de tiempo me despaches un propio al ingenio _La +Tinaja_, cerca del pueblo de Quiebrahacha. Acurdate de estos dos +nombres: _Tinaja_ y _Quiebrahacha_. + +--_Asina si jar, nia._ + +--Rafael o Celedonio, cualquiera de los dos, sirve para el mandado. +Ellos conocen el camino de aqu a Guanajay; de all al Quiebra Hacha se +sabe que quien tiene lengua a Roma va. + +--_Asina si jar, nia._ + +--Bueno, confo en ti, Pedro. Es un gran descanso para nosotros, cuando +salimos, dejar el cuidado de la casa y de la finca a un hombre tan +racional y honrado como t. + +Ni porque le hicieron este elogio franco cuanto sincero, hizo uso el +negro de su conocida muletilla. Slo sacudi la cabeza cual si quisiera +desterrar una idea enojosa, y volvi a un lado el rostro, sin darle la +espalda a su seorita, lo cual habra sido una falta de respeto. + +--Atiende, Pedro, continu Isabel. Hay que traer del potrero el caballo +careto para llevar a Guanajay uno de los dos tros. El que le lleve, sea +Rafael o Celedonio, debe salir al Ave Mara o con los primeros claros +del da de pasado maana, apearse en la posada de Ochandarena, frente a +la plaza, hacer que baen y den un buen pienso a los caballos y aguardar +por nosotros, pues tendr que regresar con el tro que saquemos de ac. +Recordars todas estas cosas, Pedro? + +--_Mi ricorde, nia_, dijo el Contramayoral afectado; aadiendo a la +carrera: _Le pobre negre va a ten una Pacua mu magu._ + +--Por qu? pregunt Isabel con exagerada sorpresa. Le dir a pap que +les deje tocar tambor en los dos das de Pascuas y el da de Reyes. + +--_Ma como la nia no et allante, le negre no se diviete._ + +--Qu bobera! Nada, a bailar, a divertirse para que est contenta la +nia cuando vuelva del paseo. Eh! Nada ms, Pedro. + +Se retiraba ste despacio y de mala gana, e Isabel, que quedaba +pensativa apoyada en el barandal del prtico, llamole luego, +diciendo:--Pedro, ya lo ves? Por tus interrupciones y majaderas se me +iba o olvidar una de las cosas que tena ms presente. Debo hacerte otro +encargo, mi ltimo encargo. Mira, Pedro, estoy pensando que por s o por +no, lo mejor ser que guardes el ltigo en tu boho hasta despus de +Pascuas. S, s, mejor ser pues mientras le tengas en la mano has de +querer usarlo, y yo no quiero que se levante el ltigo para nadie, lo +oyes, Pedro? Que no suene el ltigo en mi ausencia. + +--_Le negre et perdo_, dijo Pedro sonrindose, _por mor de la nia_. + +--Me importa poco, replic Isabel con firmeza. T sabes que pap bot al +mayoral en abril porque daba mucho cuero. Recuerda que la cogi contigo. +No ha de orse un latigazo en el cafetal en mi ausencia. Lo repito, lo +quiero as, lo mando, Pedro. + +Volviendo de su breve dilogo con el Contramayoral, encontr Isabel +puesta la mesa para la cena en medio de la sala. Seran las ocho de la +noche. El lujo de la vajilla de plata, de cuyo metal eran hasta los +grandes macizos candeleros, pareca competir con la abundancia de los +manjares. Mas nada de esto se haca por vano alarde. En primer lugar, +porque habiendo comido la familia a las tres de la tarde, segn la +costumbre del campo entonces, suponan que los dos huspedes tuviesen +hambre y querran satisfacerla. En efecto, las seoritas, la ta y el +seor Ilincheta, que por cumplimiento haban ocupado juntos un costado +de la mesa, participaron nicamente del chocolate o del caf con leche; +haciendo, eso s, Isabel, los honores con gracia y naturalidad +caractersticas. + +Tras la cena y una conversacin agradable, se levant don Toms y se +retir a su cuarto, recomendando a sus hijas no detuvieran mucho a los +huspedes, quienes por fuerza estaran cansados y desearan reposar de +las fatigas del viaje. + +La casa vivienda del cafetal _La Luz_ estaba hecha a la francesa, es +decir, conforme al sistema que para habitaciones tales se segua en las +fincas de igual naturaleza por los criollos de la Guadalupe y Martinica; +pues de hecho la haba trazado y dirigido un arquitecto natural de una +de esas islas. El plano figuraba una cruz con dobles brazos, cuyo centro +lo ocupaba la sala, y las ocho alcobas, ambos brazos de la misma, +formadas por dos pasillos que terminaban en dos saletas, debajo de los +cobertizos de las culatas de la casa. En los ngulos de los prticos +haba cuatro cuartos que interiormente se comunicaban con las saletas +dichas, y exteriormente con los jardines y aqullos. Los prticos, pues, +se extendan cuanto la sala, corran paralelos a ella y estaban cerrados +por barandillas de madera y por cortinas de caamazo en vez de +persianas. El techo del cuerpo principal estaba formado con las hojas de +la palma llamada _cana_, por su espesor, duracin y frescura; y el de +los prticos o cobertizos con teja plana. Las puertas y ventanas, en +nmero por cierto excesivo, abran todas hacia afuera, dejando entrar a +raudales, al menos de da, la luz y el aire siempre cargado con el +perfume de las flores o de las frutas en que tanto abundaba aquella +morada encantadora. + +Por razones que es fcil colegir, las seoras no siguieron desde luego +el ejemplo del amo de la casa. Los jvenes no sentan inclinacin +ninguna a separarse por el resto de la noche, sin comunicarse con una +palabra, con una mirada aunque fuese algo de lo mucho que bulla en sus +cabezas. As es que, por instinto casi, despus de la cena volvieron al +prtico fronterizo y emprendieron paseos de arriba a abajo, en dos +grupos: el de Isabel con su ta y Meneses y el de Rosa y Leonardo a +retaguardia. A la primera vuelta pregunt ste a aqulla, en tono bajo, +indicando a la hermana mayor: + +--Qu tiene la nia? + +Este era casualmente el primer verso de una cancin muy popular +entonces; y Rosa, que era viva y traviesa, contest al punto con el +segundo verso que la daba nombre: + +--Sarampin. + +--Con qu se le cura?, volvi a preguntar Leonardo con el tercer verso. + +--Con coscorrn; concluy Rosa sin poder tener la risa. + +--De qu se ren Vds.?, pregunt Isabel muy atenta a lo que pasaba a +sus espaldas. + +--No le diga, Gamboa, dijo Rosa. Djela con su curiosidad. Ella no es de +nuestro bando. + +Pareca que Isabel se propona monopolizar por el resto de la velada la +conversacin y la sociedad de Diego Meneses. De aqu el motivo aparente +del pique de Rosa con ella, segn lo revelaban sus ltimas palabras. La +misma sospecha y con igual copia de razones poda abrigar Isabel +respecto de su hermana menor, dado que desde el principio se apropi las +atenciones y compaa de Leonardo. Mas ninguno de los jvenes estaba +satisfecho de s mismo ni del otro. Esta era la verdad; de suerte que se +cansaron de los paseos ms pronto de lo que poda razonablemente +esperarse, slo que en vez de sentarse se apoyaron como por acaso en la +barandilla, quedando, tambin casualmente, cual deseaban en secreto: +Isabel al lado de Leonardo. Rosa al de Meneses, y doa Juana fuera del +grupo. Amaba sta a sus sobrinas con amor de madre, como quien las haba +criado desde pequeuelas; deseaba su establecimiento, y, siendo ella +casamentera de ndole, claro est que no tom a mal una eliminacin +mediante la cual aqullas podan tener un rato de ntima comunicacin +con sus galanes. + +Reinaba en torno de la casa la calma ms profunda, habiendo abatido el +airecillo que se levantara a las puestas del sol. No se movan las ramas +de los rboles, ni era bastante la luz de las estrellas, ni la +transparencia del cielo para reflejarse en las anchas hojas del pltano, +cuyo tallo fibroso sobresala entre los enanos y espesos cafetos. El +nico rumor que se aperciba era el distante y sordo procedente de +esclavos, los cuales, antes de entregarse al descanso, preparaban la +frugal cena a la lumbre de sus bohos mientras discutan la novedad de +la noche, a saber: la prxima ausencia de su seorita. Pero ms cerca de +nuestros jvenes no puede decirse con exactitud que formaban ruido +apreciable el chirriar de los grillos ocultos en la yerba, ni el aleteo +de las mariposillas nocturnas que con fugaz zumbido pasaban del jardn a +la casa, atradas por la luz de la vela dentro de la guardabrisa o fanal +en la mesa del centro de la sala. + +El sitio, pues, la hora, el silencio de la tierra y del cielo, el +aspecto sombro del prtico ancho, gacho y de limitado horizonte por el +espeso arbolado inmediato, la misma lucha de la dbil claridad +artificial interior con la oscuridad exterior, todo predispona a la +exaltacin de las pasiones de los jvenes, arrobadas sus almas en la +contemplacin del bellsimo cuadro que los rodeaba por todas partes. En +tales momentos, las mujeres menos agraciadas parecen areas y adorables; +los hombres ms tmidos se atreven a todo, y sintiendo ms se expresan +con mayor elocuencia. + +--Isabel, dijo Leonardo, me extraa tu conducta conmigo. + +--Califquela, repuso Isabel sonriendo. + +--No me corresponde calificarla, por la sencilla razn de que soy el +agraviado. + +--Eso ms? Pues era lo que faltaba. + +--Te sorprende? Cmo se compagina, si no, nuestra amigable despedida +de La Habana (por mi parte, se entiende), con tu silencio e indiferencia +enseguidas...? + +--Sin motivo que justificara el cambio? + +--Sin motivo que lo justificara. Yo al menos no he podido penetrarlo +todava. + +--Refresque Vd. la memoria de los hechos. + +--Nada, Isabel, no alcanzo, desconozco el motivo. + +--De vers? + +--De veras. + +--Entonces he sido una loca, una tonta, he visto visiones. + +--Tanto como eso no, Isabel. No te ocurre que hayas podido interpretar +mal un acto inocente mo o de otra persona hacia m? + +--Si no se trata de interpretaciones, seor don Leonardo, se trata de lo +que yo vi con mis ojos. + +--Sepamos lo que vio mi seora doa Isabel con sus ojos. + +--Vi lo que Vd. vio, mejor dicho, lo que le pas Vd. al estribo del +quitrn. + +--Y se era motivo suficiente para que t me perdieras el cario y +estuvieras a punto de olvidarme? + +--Lo era y grande, para enojarse cualquier mujer de vergenza, por mucho +que la cegara la pasin. + +--Veo claro, Isabel, que en todo ello ha habido una equivocacin de tu +parte, y que, sin quererlo has sido injusta conmigo. + +--Explquese Vd., dijo Isabel con aparente ansiedad. + +--Te dir en pocas palabras lo que pas, continu Leonardo, ponindose +colorado, porque de hecho pensado iba a mentir. Mientras te deca el +ltimo adis, naturalmente extend un pie sobre la acera. Una de las dos +mulatas que pasaban tropez conmigo, y, creyendo que le haba armado una +zancadilla, llena de ira me dio un empelln. T sabes lo insolente que +son esas mujerzuelas cuando se creen ofendidas. + +--S, dijo Isabel pensativa. Despus de un breve rato aadi: Mas qu +motivo le di yo para que me dijese la palabra indecente que an me zumba +en los odos? + +--Tu exclamacin, Isabel, y luego el llamarla Adela, cuando tal vez se +llamaba Nicolasa o Rosario fue sin duda lo que aument su clera. + +--Si la llam por el nombre de Adela, mejor dicho, si en mi exclamacin +solt ese nombre, fue porque me figur que era ella su hermana de Vd. +Adems de tomarla por el vivo retrato de Adela, no pude, ni deb +imaginar que otra mujer tuviese con Vd. semejantes bromas. + +--Toma! El cuento es que no hubo broma de su parte. + +--Luego ella le conoce a Vd. y le maltrat por... celos. + +--La conozco de vista, lo confieso, ya me haba llamado la atencin su +semejanza con mi hermana Adela; mas no la he dado jams ocasin a +encelarse de m. + +--Quiz le ama a Vd. en secreto. + +--No tendra nada de particular, slo que en mi vida le he dicho ojos +negros tienes. + +--Sentira hacer a Vd. una injusticia, Leonardo. Las apariencias, sin +embargo, le condenan. + +--No, Isabel, no. Soy inocente. Si te engaase en este momento, si no te +dijese toda verdad, si te pintara una pasin que no senta, si en +consecuencia te hubiese dado justo motivo de agravio, sera el ms malo +de los hombres... + +--Est bien; doblemos la hoja, le interrumpi Isabel convencida. + +--Pelillos a la mar?, le pregunt Leonardo con amoroso acento. + +--Pelillos a la mar, contest ella con celestial sonrisa. No habra +dicha para m si me viese condenada a dudar de la palabra del hombre a +quien tena por amigo y caballero. + +--Bien, agreg Leonardo ms animado. No crees t que debamos sellar +esta dulce reconciliacin...? + +Diciendo esto dejaba correr disimuladamente la mano por el barandal para +coger la de Isabel, que se apoyaba en el mismo. Pero ella, evitando la +ocasin, evit el peligro. Se puso seria y pas al lado de su ta, a +quien dijo alto que era hora de recogerse. El reloj de Leonardo marcaba +las once de la noche. + +Haba volado el tiempo. Diego Meneses, no obstante sabedor de que la +ocasin la pintan calva, supo aprovecharla lo que bastaba para hacer a +Rosa una formal declaracin de amor; habiendo encontrado el tema o +pretexto de la conversacin en el regalo del clavel que esa joven hizo a +Leonardo en el jardn. Cndida paloma del vergel de Alquzar! Ella, que +no haba escuchado antes un te amo, Rosa dicho con intencin y con +fuego. Ella, que se senta atrada hacia aquel joven como la aguja al +imn, como la avecica a la serpiente, no pudo desviar la atraccin, +deshacer el encanto; no encontr a mano gesto, palabra ni ardid para +negar que haba sucumbido y que tambin amaba a su tentador desde la +primer temporada que pasaron juntos en el cafetal _La Luz_. + + + + +CAPTULO II + + _Y en los bellos cafetales + todo es frescura y olores, + besadas sus blancas flores + por las brisas tropicales._ + + J. PADREZ + + +Como novia de Cupido desde la vspera, Rosa Ilincheta, por el temor +pudoroso de encararse con su cmplice a la clara luz del da, retard +cuanto pudo su salida del tocador. Pero Isabel tena obligaciones que +llenar y bien temprano apareci en el prtico del sur de la casa con la +sombrilla en la mano derecha, una cestita calada al brazo izquierdo por +el aro, y por todo abrigo el paoln de seda bordado de realce. + +Asomaba entonces el sol por un ngulo de la casa, alumbrando una parte +del jardn y proyectando la sombra de aqulla y de los rboles, por +largo trecho, sobre el espacioso batey de la finca. Haba sido abundante +el roco de la madrugada. Empapado estaba el csped, apagado el polvo +bermejo de los caminos y las hojas de las plantas y las corolas de las +flores cuajadas de menudos aljfares; otros tantos prismas que +descomponan la luz del almo sol, al recibirla de soslayo. + +Ech Isabel una mirada inquisitiva por todo el pas desplegado ante +ella, y se aventur fuera del prtico; porque desde all ech a ver una +rosa de Alejandra que acababa de abrirse al dulce calor solar, en el +cuadro del sudeste del jardn. Cortola sin punzarse ni mojarse, y cuando +se adornaba con ella la esplndida trenza de sus cabellos, volvi +maquinalmente los ojos hacia la casa y le pareci que uno de sus +huspedes la observaba desde el postigo de la ventana del cuarto, en el +extremo del prtico, donde en efecto se haban los dos alojado. Era +Diego Meneses, que por no haber disfrutado de sueo tranquilo, dej la +cama desde el amanecer y aspiraba el puro ambiente del campo, a la sazn +que Isabel apareci en medio de sus gayadas flores. + +De tal modo la turb este incidente, que por breve rato estuvo indecisa +entre si volva atrs o seguira adelante, porque los actos de adornarse +el cabello y de mirar para la casa, mager que inocentes y casuales, +podan interpretarse de diversas maneras, y ella hua tanto de la +frivolidad como de la necia coquetera. Pero tena que salir y sali con +firme paso. + +Por el lado del sur, una cerca de piedra separaba el campo del cuadrado +en que se comprenda el variado casero de la finca. En el centro se +alzaba el molino del caf, entre los dos pares de tendales, capaces de +contener a un tiempo, secndose, la mitad de la cosecha. Ms lejos, +cerrando el gran espacio por la izquierda, se vea el grueso y oscuro +brocal del pozo con su horca y garrucha para la extraccin del agua; el +palomar despus, el corral de las aves y algunos chiqueros; al fondo y a +la derecha, el campanario, o ms bien el pilar de madera de cuyo brazo +cubierto con un tejadillo, penda la campana; los graneros o almacenes, +las caballerizas, el establo de las vacas y las otras dependencias. Los +bohos de los esclavos figuraban una aldea de regular tamao. + +Ni estaba desprovisto de vegetacin el magnfico batey que hemos venido +describiendo, pues muchos rboles, y sin duda los ms copudos y +corpulentos de toda aquella hacienda, le adornaban y daban sombra. Entre +ellos varios aguacates, mameyes colorados, mangos y caimitos; sobre todo +los primeros, cual las conferas del continente, parecan escalar el +cielo con la cspide de sus ramas. Aqullos ms empinados y coposos eran +los escogidos por las gallinas de Guinea (_Numidas Meneagris_ de +Cuvier), conocida la huraa de esas aves exticas, para sus querencias +de noche. La banda, que bien poda componerse de cien, desde antes de +aparecer el sol empezaron a removerse y a repetir el clamor o cacareo +peculiar suyo, en que parece que una dice _pascual_ y la otra contesta, +_pascual_, hasta que todas despiertan y se preparan para descender de +sus elevadsimas y naturales alcndaras. Ni los pichones ni las gallinas +daban an seales de vida: aqullos por no ser madrugadores, stas por +el encierro y la oscuridad de su casa. + +Por lo dems, se notaba bastante movimiento en todo el batey. De los +esclavos de ambos sexos, quines recogan con sus guatacas o azadones +las hojas secas y briznas del suelo; quines con los mismos instrumentos +rozaban la yerba de los caminos; quines con ambas manos abiertas +levantaban la basura amontonada y la metan en canastas que otros +conducan fuera a la cabeza; quines a brazo sacaban agua del profundo +pozo y la vertan en una amplia cubeta de piedra al pie del brocal para +que otros, en unos baldes rsticos hechos del pecolo de la palma, la +distribuyesen en los depsitos de los varios departamentos de la +hacienda. A la vera del pozo daba agua y baaba los caballos de dos en +dos o de tres en tres, el calesero Leocadio. Dentro del molino resonaba +la voz penetrante del negrito, que, sentado al extremo del eje de la +rueda vertical, con que girando en la solera se descascaraba el caf, +aguijaba sin cesar a la caballera que serva de motor. Cuatro esclavas, +entre tanto, tendan el grano, an no bien seco; mientras otros +conducan el _pilado_ o descortezado al aventador, cuyas paletas hacan +un ruido tremendo y despertaban los ecos doquiera que la ola sonora +encontraba obstculo elstico en su trayecto. Y una vez limpio de toda +paja o polvo, era llevado a los almacenes para que all se escogiese y +clasificase por otros esclavos. + +Ninguno de los que pasaban al alcance de Isabel dejaba de darla los +buenos das y de pedirla su bendicin, doblando la rodilla en seal de +sumisin y respeto. Pedro, el Contramayoral, sin la insignia ominosa de +su oficio, yendo de un lado a otro, animaba a sus compaeros al trabajo +y daba la mano en muchos casos, como para imprimir mayor peso a la +palabra con la obra. La subida o aparicin de Isabel en los tendales fue +la seal para que el negrito del molino alzase la voz argentinada y +aguda con la cancin, tan ruda como sencilla, improvisada quizs la +noche anterior, la cual principiaba con esta especie de verso: _La nia +sen va_, y terminaba con este otro, repetido en coro por todos los dems +negros: _Probe cravo llor_. Entre la primera letra y el estribillo o +pie insertaba el gua, no obstante que criollo, nacido en el cafetal, +frases en congo puro, a que tambin contestaba el coro con el obligado: +_Probe cravo llor_. + +Intil fuera pedir armona, siquiera msica a una cancin, ni civilizada +ni salvaje del todo; pero si pareca asaz montona a odos delicados, +tambin es verdad que el tono y la letra rebosaban en melanclico +sentimiento. As lo estim Isabel, aunque hizo como que no oa ni +entenda palabra, y sigui adelante hasta el pie de los rboles, donde +ya bullan y corran en todas direcciones las aborotosas gallinas de +Guinea. Algunas, las ms ariscas, al verla quisieron emprender vuelo, +estallando en el grito nasal, chilln y alto con que suelen dar la voz +de alarma a sus compaeras. Mas conocida la voracidad de esas aves, +bastaron a tranquilizarlas y contenerlas unos granos de maz que Isabel +sac de la cestita que llevaba al brazo y que tuvo cuidado de arrojarlos +en un punto dado, cerca de s. La banda en masa se ech sobre el escaso +alimento, depuesta la vigilancia, olvidado el peligro, y slo ocupada +de egullir granos o pedrezuelas. De esta circunstancia se aprovech una +de las esclavas, a una seal de su seorita, para arrastrarse por el +suelo y pillar dos, sin que lo echaran de ver las otras. Muy gustosa es +la carne de estas aves, tan gustosa como la de la perdiz, razn por qu +Isabel se propuso obsequiar a sus huspedes con un par de ellas, asadas, +en el almuerzo. + +A la vista del alimento, arrojado ahora a puados, acudieron presurosos +los pichones. Estos, menos huraos que las guineas, a las cuales teman, +y ms capaces de simpata que ellas, revolotearon al principio en torno +de la joven, luego se posaron en su cabeza, en sus hombros y en el brazo +de la cesta, acabando por arrebatarle el maz de las manos y aun picarle +en la boca. Tales y tan tiernas demostraciones de inocentes avecicas, +por ms que repetidas un da con otro, siempre la enternecan, y jams, +sino en casos extraordinarios, consinti que las matasen fuera de su +vista. Por ste y otros actos parecidos en que se pona de manifiesto la +influencia ejercida por Isabel sobre cuantos seres se le acercaban, no +crean menos sus esclavos sino que Dios la haba dotado de una especie +de encanto o poder secreto, el cual no caba aludir ni repeler. + +Segua Diego Meneses con la vista los pasos de su amiga, y, bien que, a +fuer de hombre civilizado, no estaba dispuesto a conceder nada +sobrenatural en ella, s crea, como los dems, que era una mujer +extraordinaria. Desde su puesto de observacin daba cuenta fiel de lo +que vea u oa, a Leonardo, quien continuaba en la cama descansando y +gozando de las finsimas sbanas cargadas de encajes y perfumadas con +los ptalos de las rosas de Alejandra, obra toda de las industriosas +manos de Isabel. Deca Meneses a Gamboa, entre otras cosas: + +--Es mucha mujer sa, amigo. + +--No te lo deca yo?, contestaba ste satisfecho. + +--Vale un Per. No se ven muchas como ella por ah. + +--Quieres cambiar? La cambio pelo a pelo por Rosa. Vamos. + +--No te burles, compadre, contestaba Diego serio. Que reconozca en +Isabel prendas raras, dignas de encomio, no quiere decir que me guste +ms que otras mujeres, ni que est prendado de ella. Pero la verdad es +que cada vez me convenzo ms de que t no te la mereces. + +--Pues qu! Te figuras que ella es mejor que yo? replicaba Leonardo, +herido de la observacin de su amigo. Te equivocas, chico, de medio a +medio. Ten presente que Isabel es hija de un antiguo empleado del +gobierno, empleado cesante, un cafetalista arruinado, un pobretn, en +suma; mientras que mis padres tienen potreros, cafetal, ingenio, son +hacendados ricos y hacen diferente papel en La Habana. Est Vd.? + +--Estoy, slo que no me refer a nada de eso cuando te dije que no te +merecas esa muchacha. Hablando en plata, Leonardo, t no la quieres. + +--Por qu supones que no la quiero? + +--Qu! Acaso no tengo ojos? Desde que llegamos vengo observando tus +acciones y palabras, y nada en ti me persuade que amas a Isabel. + +--Hombre, Diego! Te dir francamente lo que me pas, dijo Gamboa tras +breve rato de silencio. No siento por Isabel aquella pasin ciega y +ardiente que sientes t, por ejemplo... por Rosa. + +--Di mejor, le ataj prontamente Meneses, que la que t sientes por +Cec... + +--Calla! exclam Leonardo alarmado, y medio incorporado en la cama. No +se mienta la soga en casa del ahorcado. Te pueden or: las paredes oyen. +Ese nombre es vedado aqu. + +--Poco importa un nombre. Es muy comn y no creo que Isabel lo haya odo +en su vida. + +--Probable es que no, pero por el hilo se saca el ovillo, cuanto ms que +Isabel no tiene pelo de tonta. + +--Y ahora que viene al caso, cmo te has compuesto respecto a la escena +delante de la casa de las Gmez en el momento de la partida de Isabel? + +--Creo que sospecha algo y tengo para m que sus primas le han contado o +escrito sobre eso algn cuento. Ello es que Isabel se muestra recelosa y +al parecer muy sentida conmigo. + +--No dudo que las primas hayan despertado sus celos. La cosa fue, no +obstante, muy clara para que se dejase de alarmar Isabel y sospechar lo +mismo que t y yo sabemos. Qu osada la de aquella muchacha! + +--Qu quieres? La ceg el demonio de los celos, comprometindome a los +ojos de Isabel y de sus primas. No puedes imaginarte cunta fue mi +vergenza. + +--Lo considero. Yo, en tu lugar, escondo la cara bajo siete estados de +tierra. Mas de dnde sac Isabel que poda haber sido tu hermana Adela? + +--Ah vers, Diego. Con todo, si bien recuerdas, se parecen mucho a +primera vista. + +--Ya haba hecho yo la misma observacin. Qu malo que tu padre tuviese +que ver con semejante parecido! + +--Quin sabe? A l le gusta la _canela_ tanto como a m. No tendra +nada de extrao que, andando a salto de mata, como sola cuando mozo, +hubiese dado un tropezn... Lo que es de C... est que se le cae la +baba. Me consta. + +--Luego no puede ser su padre. + +--Qu haba de serlo! Ni pensarlo. Disparate! + +--Pues por ah se corre que lo es. + +--Habladuras de las gentes, Diego. Conciben que estara enamorado de +C... si le ligasen esas relaciones de parentesco con ella? + +--Quizs lo ignore, porque t dices, fue todo a consecuencia de un +tropezn. Quizs tambin la cela de ti, sabedor del parentesco que media +entre Vds. dos. Cuando el ro suena!... + +--En este caso el ro no lleva agua, ni piedra. Slo porque da la +casualidad que se parecen mucho C... y Adela se encapricha la gente y +habla... Lo que te s decir es que l me ha hecho pasar ms sustos que +pelos tengo en la cabeza. Cuando menos lo espero me doy con l de manos +a boca. Casi, y sin casi, me causa doble inquietud que el msico +Pimienta. Lo nico que me tranquiliza por esta parte, es que ella +desdea tanto a los viejos como desprecia a los mulatos. + +--No te fes, sin embargo. Cosa sabida es que hijo de gato ratn caza, y +que por donde salta la madre salta la hija. Mas volviendo a nuestro +cuento, el resultado de estas misas es que t no ests en el mejor pie +con Isabel. + +--No. Como te deca, ella sospecha algo, o alguien la ha predispuesto +contra m. Isabel es, adems, muy perra para explicarse con franqueza; +yo soy punto menos, de modo que as iremos pasando hasta que Dios +quiera, o ella deponga el orgullo y se reconcilie conmigo. + +--Esa misma conformidad tuya, observ Meneses, me confirma en la +creencia de que t no amas a Isabel. + +--O yo no me he sabido explicar, o t no me entiendes, Diego. No +habiendo puntos de comparacin bajo ningn concepto entre las dos +mujeres, no puedo querer a la una como quiero a la otra. La de all me +trae siempre loco, me ha hecho cometer ms de una locura y todava me +har cometer muchas ms. Con todo, no la amo, ni la amar nunca como amo +a la de ac... Aqulla es toda pasin y fuego, es mi tentadora, un +diablito en figura de mujer, la Venus de las mula... Quin es bastante +fuerte para resistrsele? Quin puede acercrsele sin quemarse? Quin +al verla no ms no siente hervirle la sangre en las venas? Quin la oye +decir: _te quiero_, y no se le trastorna el cerebro cual si bebiera +vino? Ninguna de esas sensaciones es fcil experimentar al lado de +Isabel. Bella, elegante, amable, instruida, severa, posee la virtud del +erizo, que punza con sus espinas al que osa tocarla. Estatua, en fin, +de mrmol por lo rgida y por lo fra, inspira respeto, admiracin, +cario tal vez, no amor loco, no una pasin volcnica. + +--Y pensando como piensas, Leonardo, te casars con Isabel? + +--Por qu no? Precisamente as es como debe buscarse la mujer para +esposa. El que se casa con Isabel est seguro de que no padecer de... +quebraderos de cabeza, aunque sea ms celoso que un turco. Con las +mujeres como C... el peligro es constante, es fuerza andar siempre cual +vendedor de yesca. No me ha pasado jams por la mente casarme con la de +all, ni con ninguna que se le parezca, y sin embargo, aqu me tienes +que me entran sudores cada vez que pienso que ella puede estar +coqueteando ahora mismo con un pisaverde o con el mulato msico. + +--Lo que prueba, amigo mo, que no hay forma de servir a dos amos. + +--En negocios de amores, o galanteos, se puede servir hasta a veinte, +cuanto y ms a dos. La de La Habana ser mi Venus citerea,[44] la de +Alquzar mi ngel custodio, mi monjita Ursulina, mi hermana de la +caridad. + +--Es que no se trata aqu de amores ni de meros galanteos, se trata de +amar mucho a una y de casarse con otra que no se ama tanto. + +Ya veo que t no entiendes de la misa la media. Para gozar mucho en la +vida el hombre no debe casarse con la mujer que adora, sino con la mujer +que quiere. Entiendes ahora? + +--Entiendo que t no has nacido para casado. + +Prosiguiendo Isabel en su excursin matutina, muy ajena de la +conversacin que se tenan los jvenes habaneros sobre ella, se lleg al +pozo. All, como en todas partes, impuso respeto su presencia. Por lo +que toca al aguador, suspendi el trabajo, no fuera que al verter el +agua en la cubeta salpicase el traje de su seorita, que se haba +acercado demasiado. Al contrario, el calesero criollo, poco ms o menos +de la edad de aqulla, y que por haberse criado a su vista la trataba +con ms confianza, no detuvo el baado de los caballos, dado que se +quit el sombrero. Tampoco dobl la rodilla, cual su compaero, al +desearla los buenos das, circunstancia que estamos seguros no advirti +Isabel, ya por estar acostumbrada, ya por no concordar con sus +sentimientos filantrpicos la humillacin, ni en el esclavo. + +--Blas, dijo dirigindose al aguador, tiene mucha agua el pozo? + +--_A bombn_ (por mucha), _nia._ + +--Cmo lo sabes t?, le pregunt ella. + +--_Ah, nia! Yo oye siempre bu, bu, bu._ + +--Luego se podr ver el movimiento del agua. + +--_Se pue, nia, se pue. Yo mira jervir._ + +--Veamos, dijo Isabel acercndose todava ms al brocal. + +--_Sumels mira?_, pregunt el negro muy asustado. _No, no mira. Mu +jondo. Diablo rempuja la nia._ + +De los aspavientos del compaero riose Leocadio y sugiri que la +seorita poda satisfacer su curiosidad sin riesgo si se afirmaba de un +ramal de la soga mientras ellos dos sujetaban el otro cabo. De esta +manera se hizo; pero Isabel no alcanz a ver el fondo por la demasiada +profundidad, por el espesor del brocal de mampostera y por los +innumerables helechos adheridos a las paredes interiores, que con sus +graciosas palmas casi cerraban la boca del pozo. + +Enseguida Isabel pregunt al calesero si los caballos estaban en +disposicin de emprender el viaje del da siguiente: + +--Nia Isabelita, contest l en lenguaje ms inteligente que el de su +compaero: _Pajarito_ y _Venao_ necesitan _herraura_ nueva. + +--Por qu no me lo habas dicho, Leocadio de mis culpas? + +--Y yo he teno tiempo? Hasta anoche no supe na del viaje. _Dispus_ de +baar los caballos iba a decrselo a la nia. + +--Pues tienes que ir al pueblo a herrarlos. + +--Ir _dispus_ de almuerzo. Deme la nia la papeleta para el _herraor_. +Si no se ha _emborrachao_, estamos bien. + +--Por eso, ve lo ms temprano que puedas. Y echa ahora a correr y +sofocar los caballos antes de tiempo. + +--La nia siempre se figura que uno mata los caballos. + +--Debas llamarte mata-caballos, no Leocadio. + +No se detuvo Isabel en las otras dependencias de la finca por aquel lado +del batey; mas al cruzar al opuesto, ech de menos a uno de los esclavos +de campo y la inform el Contramayoral que por enfermo no se haba +presentado en la fila la noche anterior. Reprendi a Pedro que no le dio +el aviso oportuno, siguiendo derecho a la enfermera. Se hallaba sentado +el enfermo en el suelo, junto a la lumbre, abatido y con un pauelo +atado en la cabeza. Por pronta providencia la enfermera le haba +suministrado sendas jcaras de infusin de corteza de naranja, endulzada +con azcar de _raspaduras_. Isabel le tom el pulso, comprendi que +tena fiebre y dispuso se recogiera entre tanto vena el mdico. De +vuelta a la casa de vivienda, examin la caballeriza y el saln en que +se escoga el caf. + +La esperaban en el prtico los huspedes, junto con su hermana, su ta y +su padre. Pareca natural que quien tan puntualmente haba desempeado +las obligaciones de administradora de la heredad y de las _cosas_ a ella +adscritas, se sintiese satisfecha de s misma y ms dispuesta para el +desempeo de sus deberes como ama de casa. En el semblante risueo y +animado con que torn al lado de la familia, se ech bien de ver que la +duea cariosa y blanda de esclavos sumisos, saba ser amable y atenta +con sus iguales y amigos. Desde ese momento se consagr a obsequiarlos +y a hacerles cuanto agradable se pudiese su corta estada en el cafetal. + +Como la maana siguiese siendo fresca y de poco sol, propuso Isabel a +sus amigos una breve visita al jardn fronterizo de la casa. Ese era su +Edn. Poca cosa se le alcanzaba del arte de la jardinera, mucho menos +de botnica; tampoco se haba propagado en Cuba el gusto por la +floricultura, ni Pedregal u otros jardineros franceses haban importado +de Francia la gran variedad de rosas que adelante trajeron la invasin +rosada a La Habana. Pero Isabel era florista por instinto y por aficin +decidida, y como haba plantado con sus manos, saba de coro la historia +de todas las flores que crecan en su delicioso pensil. Guardse, no +obstante, de mencionar siquiera el rosal de flores plidas en que +Leonardo, haca un ao cabal, haba injertado de pa el rosal de flores +encarnadas. Vigoroso y lozano se mostraba, ostentando en cada nudo rosas +de uno y otro color; remedo fiel y potico de dos seres sensibles +ligados por la ms humana de las humanas pasiones: el amor. + +Ms tarde la visita a los jardines la extendi Isabel a una excursin a +caballo de los cuatro jvenes por los cafetales vecinos. Senta ella la +necesidad de distraerse, ms an, de aturdirse con el continuo +movimiento. Aparte de que no la haba dejado satisfecha su explicacin +de la vspera con Leonardo, le dola alejarse del apacible hogar y del +amoroso padre, y ya la acometa aquella especie de fiebre, sntoma +infalible de la extrema dolencia conocida por nostalgia. + +As curs el 2 de diciembre y vino la melanclica maana del 24. Mucho +antes de aclarar haba partido para Guanajay el postilln con el relevo +de las tres caballeras. En la silla, y armado al uso general con el +ltigo y largo machete de cabo de carey y plata, aguardaba por las +viajeras el apuesto calesero Leocadio. Cerca de all se vean varias +esclavas y algo ms distante los otros siervos, aparentemente +preparndose para emprender las faenas del nuevo da, en realidad, como +despus se vio, en expectativa de la tristsima escena que all se +representara. + +Deseosa Isabel de abreviar el doloroso momento de la separacin, abraz +a su padre de carrera, tom el brazo que le brindaba Gamboa y, con los +ojos empaados por las lgrimas, sali a la avenida del este para tomar +el carruaje. Las seoras iban en el traje riguroso de camino, de seda +oscuro y el sombrerito de paja o gorra al estilo francs. A su aparicin +se observ un movimiento general seguido de un murmullo entre los +esclavos espectadores, quienes prorrumpieron a una en el clamor o canto +montono de la vspera: _La nia sen va, probe cravo llor_, repetido en +coro solemne a la luz matinal del nuevo da, que apenas alumbraba la +cspide de los ms empinados rboles. + +Este inesperado saludo acab de desconcertar a Isabel. Flame el pauelo +hacia el grupo de esclavos en seal de despedida y apresur ms el paso. +Entonces repar en el Contramayoral. + +A pie firme, callado, la cabeza erguida, dejando ver a travs de los +cabezones de la camisa el cuello rollizo y parte del membrudo pecho, +Espartaco por su varonil musculatura, flaca mujer por la sensibilidad de +su inculto espritu, tena de la cama del freno de plata el inquieto +caballo de Gamboa. Junto a l se hallaba su mujer, tambin inmvil y +callada, con un nio en los brazos, hondamente afligida, segn lo +mostraban las gruesas gotas de lgrimas que rodaban por sus mejillas de +bano. Tan conmovida como ella, Isabel le puso la mano en el hombro, +imprimi un dulce beso en la frente del nio y dijo a su marido: + +--Pedro, Pedro!, no le olvides de mis encargos. + +Sin aguardar respuesta tom refugio en el carruaje. + +En ese asilo comenzaron las que pudieran llamarse cariosas +importunidades de los esclavos. Las negras especialmente, convencidas de +que se marchaba su seorita, rodearon el quitrn y las ms expresivas +se agolparon al estribo, metan la cabeza por debajo de la cortina o +capacete, y, segn su costumbre, clamaban a grito herido: + +--Adis, nia! Vuelva pronto, nia! No se quede por all, niita ma! +Dios y la Virgen lleven con bien a la nia! Acompaando estas frases, +que hemos traducido en gracia del lector, con sus extravagantes +demostraciones, como oprimirle suavemente los pies, besrselos cien +veces, lo mismo que las manos con que ella quera rechazarlas. Todo esto +dicho y expresado con verdadero sentimiento, con exquisita ternura, y +sin dejar de contemplar su angelical semblante, cual el de un dolo o de +una imagen sagrada. + +Pobres, sensibles, aunque ignorantes y sencillos esclavos, tenan a su +ama por la ms hermosa y buena de las mujeres, por un ser delicado y +sobrenatural, y se lo demostraban a su manera ruda e idlatra. + +Poco a poco, ya por ruegos, ora por amonestaciones suaves, logr Isabel +apartar de s a las ms petulantes, dio la orden de partir, y anegada en +llanto exclam:--Yo no sirvo para estas escenas. + +A tiempo de montar ech Gamboa una mirada desdeosa al espectculo en +torno del carruaje, y dijo alto, de modo que lo oy Pedro, que le tena +el estribo: + +--Ay! Qu falta haca aqu un buen _cuero_! + +El calesero llam la atencin hacia las riendas del caballo de fuera, y +cuando Isabel pudo tomarlas en la mano ya el quitrn y los viajeros +haban salvado la portada y se hallaban casi en los lmites, por el +oeste, del cafetal _La Luz_. + + + + +CAPTULO III + + _Dulce Cuba!, en tu seno se miran + en el grado ms alto y profundo, + las bellezas del fsico mundo, + los horrores del mundo moral._ + + JOS MARA HEREDIA + + +Llaman Vuelta Abajo o Vuelta Bajo en la isla de Cuba, a aquella regin +que cae a la parte poniente del meridiano de La Habana, y que, +principiando en las cercanas de Guanajay, termina en el cabo de San +Antonio. Se ha hecho famosa por el excelente tabaco que se produce en +las frtiles vegas de sus numerosos ros, principalmente sobre la +vertiente meridional de la cordillera de los Organos. Para darla +semejante dictado parece que hay una razn de mucho peso, a saber: la +baja nivelacin del suelo de ese territorio, comparada con la alta del +ya descrito. + +Empieza el descenso a pocas millas al oeste de Guanajay, advirtindose +desde luego un cambio brusco en el aspecto del pas. El color del suelo, +sus elementos componentes, la vegetacin, el clima y el gnero de +cultivo en general son del todo diferentes. As es que el rpido declive +constituye una rampa para el que va y un cerro para el que viene de la +Vuelta Abajo. + +Al borde de esta precipitosa rampa se desplega ante los ojos del viajero +un cuadro inmenso, magnfico, que no hay lienzo que le contenga, ni ojos +humanos que le abarquen en toda su grandeza. Figuraos una aparente +planicie, limitada al oeste por las brumas del lejano horizonte, al +norte por las colinas peladas que corren a lo largo de la costa, y al +sur por las speras y alterosas sierras que forman parte de la extensa +cordillera de montaas de la Vuelta Abajo. Y hemos dicho aparente +llanura, porque de hecho es una serie sucesiva de valles transversales, +estrechos y hondos, formados por otros tantos riachuelos, arroyos y +torrentes que descienden de las laderas septentrionales de los montes y, +despus de un curso torcido y manso, se pierden en las grandes e +insalubres cuencas paludosas del Mariel y de Cabaas. + +A la vista del grandioso cuadro, Isabel, que era artista por sentimiento +y que amaba todo lo bueno y bello en la naturaleza, mand parar los +caballos a los bordes de la rampa y ech pie a tierra, sin aguardar a +que se aceptara la proposicin por sus compaeros. Seran las ocho de la +maana. Ensanchbase all el camino, describiendo una zeda para +disminuir en lo posible lo precipitoso de la bajada. Por esta razn, +aunque ambas laderas se hallaban cubiertas largo trecho de un arbolado +crecido y hojoso, ni sus copas sobresalan mucho del nivel de la +planicie que ocupaban los viajeros, ni obstruan, que digamos, la vista +panormica de ms all. Asombrosa era la vegetacin. A pesar de lo +avanzado de la estacin invernal, parece que haba vestido sus mejores +galas y que orgullosa sonrea a los primeros rayos del almo sol. Do +quiera que no haba hollado la planta del hombre ni el casco de la +bestia, all brotaba, por decirlo as, a raudales el modesto csped o +rastrera grama, el dulce romerillo, el gracioso arbusto, el serpentino +bejuco y el membrudo rbol. Hasta de las ramas verdes y gajos secos, +cual cabelleras de seres invisibles, pendan las parsitas de todas +clases y formas, que viven de la humedad de que est constantemente +saturada la atmsfera de los trpicos. El suelo y la floresta, en una +palabra, cuajados de flores, ya en ramilletes, ya en festones de variada +apariencia y diversidad de matices, formaban un conjunto tan gallardo +como pintoresco, aun para aquellas personas acostumbradas a la vista de +los campos feracsimos de Cuba. + +Para mayor novedad y encanto, se ofreca all la vida bajo sus formas +ms bizarras: bulla materialmente el bosque vecino con todos los +insectos y pjaros casi que cra la prolfica tierra cubana. Todos a una +zumbaban, silbaban o trinaban entre el sombro ramaje o la espesa yerba, +y hacan concierto tal y tan armonioso como no podrn jams hacerlo los +hombres con la voz ni los instrumentos msicos. Dichosos ellos que de +puro pequeos e inermes no excitaban la codicia del cazador, ni teman +ser interrumpidos en sus inocentes correras y revoloteos mientras +recogiendo la miel en el cliz de las flores, o saltando de rama en +rama, hacan temblar las hojas, desprendan el roco cuajado en ellas y +las gotas, al dar en la hojarasca seca del suelo, remendaban una lluvia +en que no tenan parte las nubes. + +No hay paridad ninguna en la fisonoma del pas visto por ambos lados de +las montaas. Por el del sur, la llanura con sus cafetales, dehesas y +plantaciones de tabaco, contina casi hasta el extremo de la isla y es +lo ms ameno y risueo que puede imaginarse. Al contrario por el lado +del Norte, en el mismo paralelo se ofrece tan hondo, spero y lgubre a +las miradas del viajero que cree pisar otra tierra y otro clima. Ni +porque est ahora cultivado en su mayor parte hasta ms all de Baha +Honda, se desvanece esa mala impresin. Quizs porque sus labranzas son +ingenios azucareros, porque el clima es sin duda ms hmedo y clido, +porque el suelo es negro y barroso, porque la atmsfera es ms pesada, +porque el hombre y la bestia se hallan ah ms oprimidos y maltratados +que en otras partes de la Isla, a su aspecto slo la admiracin se +trueca luego en disgusto y la alegra en lstima. + +Tal, poco ms o menos, sinti Isabel en presencia de aquel pedazo de la +famosa Vuelta Abajo. Sus puertas, que eran de hecho las alturas en que +se hallaban detenidos los viajeros, no podan ser ms esplndidas; +podan calificarse de doradas. Pero qu pasaba por all abajo? Sera +aqulla la morada siquiera de la paz? Habra dicha para el blanco, +reposo y contentamiento alguna vez en su vida para el negro, en un pas +insalubre y donde el trabajo recio e incesante se impona como un +castigo y no como un deber del hombre en sociedad? A qu aspiraba ni +qu poda esperar tanto ser afanoso cuando pasado el da y venida la +noche se entregaba al sueo que Dios, en su santa merced, concede a la +ms miserable de sus criaturas? Ganaba alguno, entre tanto trabajador, +el pan libre y honradamente para sostener una familia virtuosa y +cristiana? Aquellas fincas colosales que representaban la mayor riqueza +en el pas, eran los signos del contento y de los puros placeres de sus +dueos? Habra dicha, tranquilidad de espritu para quienes a sabiendas +cristalizaban el jugo de la caa-miel con la sangre de millares de +esclavos? + +Y la ocurri naturalmente que si se casaba con Gamboa, tarde que +temprano tendra que residir por ms o menos tiempo en el ingenio de _La +Tinaja_, a donde ahora se dirigan en son de paseo. Naturalmente +tambin, se agolparon a su mente, como en procesin fantstica, los +rasgos principales de su breve existencia. Record su estada en el +convento de las monjas Ursulinas de La Habana, donde en medio del +silencio y de la paz se nutri su corazn de los principios ms sanos de +virtud y caridad cristiana. Como en contraste record la muerte de su +piadosa madre; la orfandad en que qued sumida; su desolacin y hondo +pesar; los das serenos e iguales que despus haba venido pasando en el +cafetal _La Luz_, bello jardn, remedo del que perdieron nuestros +primeros padres, acariciada por sus ms allegados e idolatrada por sus +esclavos como no lo fue reina alguna sobre la tierra. Record, en fin, +la situacin aflictiva en que dej a su padre, achacoso y ya entrado en +aos, el cual no aprobaba del todo aquel viaje, tal vez porque poda ser +el preludio de separacin ms grave y prolongada. + +Brevsimos fueron el silencio y recogimiento de la joven; pero tan +intensa, tan viva su emocin, que no pudo evitar se le llenaran de +lgrimas los ojos. Leonardo se hallaba a su lado, teniendo por la brida +el brioso caballo, y ya por divertirla de sus tristes ideas, ya por +echarla de _cicerone_, comenz a describir los puntos culminantes del +magnfico panorama que tenan a la vista. Haba pasado l varias veces +por aquellos lugares; conoca a palmos el terreno que pisaba y quera +dar muestras a las amigas de su buena memoria. El primer ingenio a +nuestros pies, dijo, es el de Zayas. Los rboles de esta parte de la +loma nos impiden ver las fbricas, pero aqullos son sus ltimos +caaverales. Debe de estar moliendo, porque hasta ac llega el olor del +melado. Muele todava con trapiche y mulas. Tenemos que pasar por el +mismo batey. Despus, en el centro de este gran valle, un poco hacia +nuestra derecha, por junto al tronco de aquella ceiba, pueden verse las +tejas coloradas de la casa de calderas del viejsimo ingenio de Escobar +o del Mariel. Segn me cuenta mam, fue el primero que se _foment_ en +esta parte de la Vuelta Abajo. Tambin debe de estar moliendo pues veo +salir humo de entre la arboleda del batey. Luego, no ven Vds., una nube +blanca que atraviesa el valle en toda su latitud a la altura de los +rboles describiendo una porcin de vueltas y revueltas? Un poeta dira +que era un cendal de gasa. A m me parece la piel de una culebra soltada +en la huida del monstruo de las montaas al mar. Pues no es otra cosa, +si bien reparan Vds., que los vapores que van marcando el curso torcido +del ro Hondo, notable por lo estrecho de su cause y por las grandes +avenidas que hace en tiempo de lluvias. Ahora estar bajo y habr +puentes para pasarlo sin necesidad de mojarnos los pies. Del otro lado, +por aqu derecho, en vuelta del noroeste, divisan Vds., un bosque muy +verde y tupido del cual asoman unas torres que parecen redondas? Ese es +el ingenio _Valvanera_, de don Claudio Martnez de Pinillos, recin +creado Conde de Villanueva. A la izquierda, al pie del monte de Rubn o +Rub, se ven los caaverales del ingenio _La Begoa_, y a la derecha, +an no discernible, _La Tinaja_, cerca de una legua del pueblo de +Quiebra Hacha. + +Muy pendiente era la bajada por aquel lado al vastsimo valle de los +ingenios de azcar, y aunque trazada en zig zag, todava trabajaban +mucho los caballos para mantener el carruaje en el conveniente nivel. +Acortaba el calesero las riendas del de varas, temeroso de un resbaln; +y se abata de nalgas y se deslizaba que no marchaba de firme. Con esto +crujan las sopandas de cuero, sobre las cuales se meca la caja del +quitrn a guisa de zaranda, y el sudor empezaba a brotar del tronco de +las orejas y de los ijares de las fatigadas bestias. + +--Poco a poco, Leocadio, dijo Isabel en llegando a lo ms agrio de la +cuesta. No haba visto yo camino ms pendiente. + +Cabalgaba Leonardo al estribo derecho del carruaje, y dijo en son de +broma: + +--Es Isabel la que habla? La crea yo ms guapa que eso. + +--Si se figura Vd. que tengo miedo, repuso ella prontamente, se engaa +de medio a medio. No temo ni pizca por m, temo por los caballos. Mire +Vd., el de barras: la carga es mucha y la bajada precipitosa; se ha +baado en sudor, y estoy esperando verle caer y rodar. S, mejor ser +apearnos. Para Leocadio. + +--No, no se apee, nia, dijo el calesero con instancia, arriesgando un +choque con sus amas. Como su merced se apee en este paraje, tendr que +apearse en todas las lomas. _Pajarito_ es _mu_ resabioso y sabe ms que +las bibijaguas. Djeme su merced darle _cuarta_ y ver cmo no se hace +ms el chiquito. + +--Eso es lo que t quisieras, que te dejase maltratar al pobre caballo. +No sabes que no est acostumbrado a las lomas? De ningn modo +consentir que le pegues. Para, te digo. + +--La nia tiene _perdos_ los animales y la gente, murmura Leocadio +recogiendo las riendas para parar. Cuando estaba viva la seora estos +caballos volaban como pjaros. A ella s que le gustaba _jarrear_ de +duro. + +En este punto intervino Leonardo, oponindose al propsito anunciado por +su amiga, no ya slo porque de hacerlo as el tronco adquirira el vicio +de que hablaba el calesero, sino porque de resultas de la sombra del +arbolado de la derecha aun no haba enjugado el sol la humedad del suelo +barroso del camino. Cedi ella con visible repugnancia, y como para no +tomar parte directa en el martirio, segn dijo, de los caballos, entreg +los cordones del de la pluma a su hermana Rosa y cerr los ojos mientras +dur la bajada. + +No deseaba sta cosa mejor. Joven y viva de carcter, amaba el peligro y +se pereca por manejar, fueran las que fuesen las fatigas que +experimentasen las caballeras en trasportarla por aquellos +derrocaderos, como al nio en su cuna de viento. + +Mola Zayas en efecto. Las pilas de caa miel recin segada cerraban +casi los costados exentos de la casa de ingenio, pues slo dejaban un +pasaje bastante amplio, eso s, por el lado del batey, o camino que +traan los viajeros. Notbase all gran vocero y movimiento, lo mismo +dentro que fuera. Dentro, las mulas del trapiche pasaban y repasaban por +delante del espacio abierto en su precipitado giro, azotadas +despiadadamente por los mozos negros que corran a par de ellas con ese +nico propsito. Por entre aquel estrpito infernal se oa distintamente +el crujir de los haces de caa que otros esclavos desnudos de medio +cuerpo arriba metan de una vez y sin descanso en las masas cilndricas +de hierro. Al otro lado del trapiche, aunque eran mayores si cabe la +batahola y la algaraba, por decirlo as, de los ruidos confusos, no se +vea cosa alguna; impedalo completamente el denso humo revuelto con el +vapor que se desprenda de las hirvientes calderas, donde se coca el +dulcsimo jugo de la caa y llenaba con sus inmensas olorosas columnas +todo el interior del gran laboratorio. + +Afuera, una doble fila de carretas, o se acercaban cargadas a dicha +casa, o se alejaban de vaco en direccin del campo o del _corte_ de +caa, como se dice; todas tiradas por un par de bueyes no menos flacos +que tardos en sus movimientos. Pie a pie de cada yunta marchaba el +conductor o carretero esclavo, armado de ahijada larga y pincho agudo de +hierro; y a todo lo largo de la doble fila de carretas, ya en una +direccin, ya en otra opuesta, cabalgaba en su mula marchadora el bovero +blanco, armado tambin, mas no de vara, sino del indispensable _cuero_, +con el que de cuando en cuando cruzaba las espaldas de aquel negro que +crea remiso en el uso de la frrea ahijada. + +La hechura de las carretas era lo ms zurdo y primitivo que puede +imaginarse; el engrase de los ejes por darse, con lo que las cargadas +chirriaban sin cesar; al paso que las de vaco, con sus desmesuradas +ruedas y holgura de manga, sobre no guardar jams la perpendicular, +fuera cual fuese la nivelacin del piso, hacan un retintn +desagradable, chocando de continuo las sueltas bilortas contra los +sotrozos de hierros fijos, y salindose de su sitio las tablas de la +cama. Por largo trecho en una y otra direccin, el batey y las +guardarrayas desaparecan bajo las hojas pajizas y aun los trozos tiles +de caa dejados caer por incuria, por exceso de carga o por defecto +material de los vehculos empleados en su trasporte. A este lamentable +desperdicio contribuan como los que ms los conductores. No bien se +alejaba el boyero de un punto dado, se aprovechaba el conductor +inmediato para sacar de la carga el trozo de caa que mejor le pareca, +en cuyo acto arrastraba otros varios que se caan en el camino y all +quedaban para ser hollados y molidos por las carretas que venan detrs. +No se cuidaba de eso, antes se llevaba a la boca por un extremo el trozo +de caa y le chupaba afanoso, sin dejar de animar a los bueyes con voces +descompasadas y repetidos pinchazos hasta sacarles sangre: puede ser en +desquite por la que el boyero haca saltar de sus espaldas con la pita, +o llmese punta, del terrible ltigo. + +Tales escenas u otras muy parecidas a stas se repitieron a la vista de +los viajeros, a su paso por los ingenios de _Jabaco_, _Tibotibo_, _El +Mariel_ o antiguo de _Escobar_, _Rohondo_ y _Valvanera._ + +Entre las dos plantaciones ltimamente mencionadas, slo avistaron una +pequea _sitiera_, a la margen derecha del camino, quiere decir, de un +grupo de cabaas pajizas donde algunas familias pobres cultivaban un +corto pao de tierra y criaban animales domsticos. No poda drsele +siquiera el nombre de aldea, dado que all, ni en muchas millas a la +redonda, haba escuela ni iglesia. Los ingenios de fabricar azcar no +consentan, por lo general, en su inmediata vecindad, esos smbolos del +progreso y de la civilizacin. + +Para librarse de aquellos amargos pensamientos procuraba separar los +ojos del suelo negro, duro y sin lustre, cual hierro dulce, del camino, +y los pasaba por cima de las flores o gines color violado claro, de las +caas en sazn, hasta tropezar en la zona azulosa donde se una el +horizonte con las cumbres oscursimas de las distantes montaas. + +Pero por ms de un motivo poderoso no la era dable a Isabel aquella +concentracin que demandaba el espritu en su agona. Bruscas cuanto +frecuentes eran las ondulaciones del terreno; el camino, aunque ancho, +necesariamente torcido; las caadas estrechas y hondas; la mayor parte +de las cuales haba que pasarlas por puentes hechos sin arte ni +solidez, con maderos rollizos, o con tablas sacadas de los troncos de +las palmas. Tena que ser la marcha, en consecuencia, lenta y cautelosa, +y luego no saba Rosa regir el caballo de fuera; razn por qu ms bien +que de ayuda serva de estorbo al de varas, ya atravesndosele delante, +ya no tirando a la par, o tirando en direccin opuesta a la del +movimiento del carruaje. Quejose ms de una vez el calesero de estos +tropiezos, hasta que Isabel, para acallarle y evitar un contratiempo +serio, reasumi los cordones del caballo de la pluma. + +Si Rosa supiera, no habra podido manejar mejor en aquella alegre maana +de viaje. A la izquierda del quitrn, donde lo permita la amplitud del +camino, iba Diego Meneses, tan galn a caballo como decidor y amable a +pie y entonces inspirado y elocuente, dispuesto ms que otras veces a +ver las escenas que recorran slo por su lado potico y brillante. A +cada paso hallaba motivo para empear la atencin de su entusiasta +amiga, ya indicndole los festones de aguinaldos blancos o campanillas +pendientes de todos los arbustos a orillas de los caaverales, ya los +gines de las caas, que comparaba con las garzotas de innumerables +guerreros en marcial arreo, mecidos blandamente por la gentil brisa de +la maana; ora los grupos de tomeguines que con rumor sordo, cual de +viento rastrero y en gran tropel, seguan por algn trecho la direccin +de los viajeros, rozando con las yerbas y luego desapareciendo por entre +los troncos de las caas; o el vivaracho sabanero de tardo vuelo, que +sala con estrpito del espeso matorral y se posaba con mucha dificultad +en la primer hoja de caa con que tropezaba en su desatentada fuga; o la +esquiva garza blanca que se abra paso por entre las ramas del roble +ribereo, y con el largo cuello replegado a la espalda y los pies +colgando segua en su huida el curso del arroyo; o la bandada de +alborotosas cotorras que cubran los naranjos silvestres y slo se vean +cuando se aferraban a la dorada fruta para extraerle la simiente; o el +gaviln, en fin, guila de Cuba, que daba gritos y gritos penetrantes +mientras se cerna por encima de las palmas ms alterosas, entre la +tierra y el cielo. + +Finalmente, pasadas las diez de la maana, atravesaron los viajeros los +caaverales del ingenio _Valvanera_, a la vista de sus grandes fbricas. +Dos millas adelante se acercaron al pueblo de Quiebra Hacha. Aqu se +divida en dos el camino que traan, uno que torca al oeste y era el +carretero de la Vuelta Abajo, y el otro, el de La Angosta, que serva de +entrada a los ingenios de azcar, ya establecidos en esa regin de la +costa. Este tomaron nuestros viajeros. A su paso por el pueblo varias +personas reconocieron y saludaron con amistoso respeto a Leonardo +Gamboa. + +Presentbase adelante el pas tan spero, desigual y montuoso como el +anterior recorrido, aunque el arbolado era ms frondoso y lozano, casi +primitivo, y el suelo surcado de arroyos bulliciosos y de limpias aguas +que corran a perderse al fondo de la baha del Mariel, o en el mar +abierto al Norte. Tras media hora de camino debajo del bosque, donde no +penetraban los rayos del sol, se avistaron los caaverales de un ingenio +en el repecho de una colina, acotados por una cerca rstica hecha de +gajos, que mantenan en posicin horizontal rajas de lea o estacas con +horquilla hincadas en tierra y atados juntos de trecho en trecho, para +mayor seguridad, con un bejuco que, cuando verde, es bastante flexible y +elstico, conocido en la Vuelta Abajo con el nombre vulgar de colorado, +_Bauchinis heterophyllas_. + +Luego que, siguiendo por breve espacio, paralelo a dicha ruda cerca, en +cuyo tiempo ganaron los viajeros la altura de la colina, se les +ofrecieron en toda su extensin y grandeza los campos de caa y all, en +el centro del cuadro, el variado grupo de sus fbricas, coronando otra +colina de mayor planicie y ms ancha base. Aqul era el ingenio de _La +Tinaja_, y Leonardo Gamboa, que serva de gua, se las mostr a sus +amigos con cierto sentimiento de orgullo. Para ello haba motivo +sobrado, no ya slo por el valor en dinero que representaba la finca, y +por las consideraciones sociales que se les guardaban a sus dueos, mas +tambin por el cuadro bello y pintoresco del conjunto, contemplado a +buena distancia; encubridora eficaz de los lunares y manchas inherentes +a casi todas las obras, as humanas como divinas. + +El camino por donde se haban internado los viajeros hasta all era el +denominado de la Playa, porque serva para el acarreo de los azcares al +pueblo del Mariel, desde el cual se embarcaban y conducan en goletas al +mercado de La Habana. Cruzaba la colina por su cspide y haba +establecida en ella una talanquera no menos rstica que la cerca, pues +se reduca a unas varas en bruto, metidas por sus cabezas en los +orificios de dos largueros paralelos. Arrimada a la cerca, y en su +encuentro con la talanquera, se alzaba una cabaa o boho de los de vara +en tierra o de dos aguas, tan gacho que la techumbre se compona de +hojas enteras de la palma tendidas en los costados o vertientes, con las +puntas descansando en el suelo. + +Adelantose Leonardo para ver por qu no se hallaba en su puesto el negro +guardiero y abra la talanquera. Con tal objeto, plant su caballo ante +la nica entrada del boho, e inclinando el cuerpo, trat de registrar +el interior. Intil trabajo: la puerta o boca era muy estrecha y baja, y +ms all de dos pies del umbral no podan penetrar ojos humanos, no +tanto por la viva claridad del da afuera, cuanto por la densa nube de +humo de lea que arda dentro y no tena otro medio de escape que se. + +--No veo nada y dudo que haya alma viviente en el boho, dijo Gamboa +hablando con las seoras en el quitrn, parado en medio del camino. +Maldito negro! + +--Tal vez duerme, dijo Isabel. + +--Si no es el sueo de la muerte, repuso Gamboa, juro que no le salva +nadie de un bocabajo. + +--De qu se trata? pregunt Meneses. De abrir la talanquera? Yo abrir +y no perder el casamiento por eso. + +--No hars tal, replic Leonardo colrico. No lo consiento. + +--Bien, sugiri Isabel con su voz argentina y dulce. Abrir el calesero; +los caballos estn harto cansados para echar a correr. Leocadio, apate. + +--No, no, Isabel, replic Leonardo, cada vez ms colrico. Tampoco puedo +consentir en eso, no debo consentirlo. Si el guardiero est vivo abrir +la talanquera, que para eso y para ms le han puesto ah. + +Sac el reloj y aadi enseguida: + +--Ya han dado las doce, hora en que sueltan la negrada para que coma. Si +hubiramos llegado aqu un poco antes, habramos odo la campana del +ingenio. Apostara a que el _taita_ guardiero se ha metido en el +caaveral para verse con alguna de sus carabelas. Por Dios vivo que la +paga! Nada, no est en parte alguna. Caimn! Caimn!, grit a todo +torrente. + +Los montes del rededor fueron los nicos que le devolvieron el eco de +sus voces con temblor continuado, hondo y siniestro; y luego empez a +ladrar un perrillo dogo dentro del boho. Ah est el guardiero, pens +el joven, y se hace el dormido para no tomarse el trabajo de abrir la +talanquera. Lo har salir a patadas, agreg alto, dando un puetazo en +el pomo de la silla. Ech pie a tierra sin ms demora y se meti en el +boho, teniendo siempre el caballo de la brida. + +Muy mal sonaron estas palabras y aquellos juramentos en los odos de la +modesta Isabel, aun cuando para no avergonzar a su amigo ni irritarle +ms contra el pobre esclavo, se guard de representarle lo absurdo y aun +el riesgo de su final propsito, si a posta ste se esconda por tener +oculto algn compaero en el boho o por otra causa cualquiera. +Afortunadamente, nada de eso ocurra. En aquel mismo instante las +seoras del carruaje, Meneses y el calesero a caballo oyeron un ruido de +ramas en el bosque vecino, agitadas por una persona o animal que se +abra paso con alguna dificultad, y despus apareci en la orilla un +negro anciano mal vestido, con un gorro de lana en la cabeza, un palo +largo y nudoso en la mano, que le serva de apoyo, tal vez para no besar +la tierra con la frente, pues tena el cuerpo hecho un arco por la edad, +por los trabajos o por la costumbre inveterada de vivir en casas de +techo bajo. Ech de ver a los viajeros apenas sali del bosque, porque +se detuvo un momento indeciso del partido que deba tomar, y en soltando +entre las altas yerbas algo que brillaba a los rayos del sol y pareca +botella u otra vasija por el estilo, despus continu andando derecho al +carruaje por la parte opuesta al boho. + +Esta circunstancia casual le salv del primer choque de la ira de su +amo, el cual, no bien sali del boho, le reconoci desde lejos y se +lanz sobre l a carrera tendida. Pero mientras mont a caballo y salv +la distancia que le separaba de su intentada vctima, dio tiempo para +que ste se pusiera inconscientemente al amparo de las seoras. Lo +probable es que el infeliz esclavo no tuviese noticias de que aquellas +personas eran esperadas en el ingenio, ni que entre ellas viniese +guindolas su joven amo. A derechas no le conoca tampoco. Pero al notar +que se le vena encima a todo correr, y que gritaba:--Ah, perro! Ahora +lo vers!, no pudo desconocerle ni dejar de caer de rodillas a los pies +del caballo, quien, contenindose y todo, le ech a rodar con el solo +bote del pecho. + +El susto de las seoras fue grande. Rosa hizo una exclamacin de horror; +doa Juana repiti:--Jess! Jess! e Isabel medio que se incorpor en +el asiento, sac el brazo fuera del carruaje y dijo ms indignada que +asustada:--No le mate, Leonardo! + +--Agradecer debe que estn Vds. delante, dijo Leonardo; de otro modo me +parece que le mataba. Tan indignado me siento contra l. + +--Ah, mi _suamito_!, exclam el viejo incorporndose trabajosamente +hasta ponerse otra vez de rodillas, como humildsimo pecador en +presencia de su airado juez. + +--Dnde te habas metido, perro brujo? le pregunt el joven, y sin +aguardar por la respuesta continu preguntando o diciendo: Qu hacas +en el monte? Por qu no estabas en tu boho? A que habas ido a +_cambalachar_ por aguardiente con el tabernero del pueblo la raspadura +que robas en el ingenio? S, s. Lo jurara. + +--_No, mi suamito, no si, sumerc! Caimn no roba rapara! Caimn +no bebe aguaurdiente!_ + +--Cllate, perro viejo! Anda, corre a abrir la talanquera. No corres +todava? No sabes correr? Ya har que el Mayoral te avive un poco con +el cuero. Anda! Vuela!... y trat de pegarle (sin alcanzarle por +fortuna) un puntapi en la cabeza desde el caballo. + +Pareca ser el guardiero hombre de ms de sesenta aos de edad. Tena al +menos encanecida la cabeza, y aun la escasa barba, que le cubra el +labio superior, seal segura de vejez en las gentes de su raza. A unos +brazos desproporcionadamente largos y huesosos, una dedos crispados, +cual si padeciese lepra; ojos chicos de expresin hosca y triste, nunca +ms triste que, cuando despus de abierta la talanquera, ech una mirada +a las seoras del quitrn y pareci rogarles le protegieran de la clera +de su amo. + +Pasado el primer momento de irritacin y de ceguedad, comprendi ste +que haba mostrado demasiado apasionamiento y bastante grosera delante +de seoras que, adems de hallarse bajo su proteccin, iban a disfrutar +de su hospitalidad en el ingenio. El caballo haba sido ms generoso que +l puesto que, pudindolo, no atropell al esclavo cuando le hall +postrado en su camino. Tuvo vergenza Gamboa de su conducta, pero muy +soberbio para reconocer su falta y enmendarla con la franqueza que +demandaba el caso, se limit a referir los rasgos principales de la vida +del guardiero, por supuesto, calumnindole de paso. + +--No se figuren Vds., dijo, que el _taita_ Caimn es lo que parece, un +viejo inerme y manso o esclavo leal y humilde. Han de saber Vds. que el +sobrenombre que lleva no se lo han puesto a humo de paja; es lo ms +astuto, maligno, con ribetes de taimado que existe; ni tan ignorante que +no practique ciertas artes, que le dan importante consideracin entre +los suyos. Pasa por brujo y por hacerse invisible cuando le conviene o +se halla en peligro. Construye dolos y encantos que tienen propiedades +mgicas en ciertos casos. Nadie dira que ve, oye ni entiende, y sin +embargo, tanto de da como de noche nada ni nadie se le escapa; y sabe, +como el caimn, hacerse el dormido para asegurar mejor la presa. La +juventud la ha pasado en el monte huido, y en sus repetidas fugas ha +visitado todos los palenques del Cuzco y hecho amistad con los negros +cimarrones ms famosos de la Vuelta Abajo. Ahora est muy viejo para +tales trotes, y, en consideracin a haber sido uno de los fundadores del +ingenio de _La Tinaja_, el nico que sobrevive de los que tumbaron aqu +los primeros palos, mam hizo que lo pusieran de guardiero, y le +conserva en ese puesto contra la opinin de los empleados que conocen su +historia y sus malas maas. Cuando quiere o le conviene no le gana a +vigilante ni el perro ms fino. Puede decirse que es libre: cra +gallinas, engorda todos los aos uno o dos cochinos que vende, y +entierra el dinero en alguna parte, y posee una yegua, en la cual puede +dar vueltas de noche a los linderos de la finca. Pero como digo, es muy +taimado y maligno y apostara cualquier cosa a que no se hallaba lejos +del boho y de su puesto sin algn objeto doloso y reprobado a la mira. +Por el caaveral se ve con sus compaeros del ingenio; por el monte +slo con los cimarrones o con los taberneros del pueblo para cambiar +azcar por tabaco, aguardiente u otra cosa por el estilo. + +--As debe de ser, Leonardo, comenz diciendo Rosa, pues me pareci que +traa una... + +La ta y la hermana, ms avisadas que ella, no la dejaron terminar la +frase; y nadie ms habl en el resto del camino. + +Entre la una y las dos de la tarde, bajo un sol de fuego cuyos rayos los +reflejaban las hojas de la caa cual si fueran bruidas espadas, se +desmontaron los viajeros en la gran casa de vivienda de La Tinaja. + + + + +CAPTULO IV + + _Lo ms negro de la esclavitud + no es el negro._ + + JOS DE LA LUZ Y CABALLERO + + +Bajo ms de un concepto era una finca soberbia el ingenio de _La +Tinaja_, calificativo que tena bien merecido por sus dilatados y +lozanos campos de caa-miel, por los trescientos o ms brazos para +cultivarlos, por su gran boyada, su numeroso material mvil, su mquina +de vapor con hasta veinticinco caballos de fuerza, recin importada de +la Amrica del Norte, el costo de veinte y tantos mil pesos, sin contar +el trapiche horizontal, tambin nuevo y que armado all haba costado la +mitad de aquella suma. + +La casa de calderas o de ingenio era tan fuerte como vasta: edificio +exento casi enteramente, cuya armadura se compona de pares rollizos, +apoyados en soleras pesadas y stas en pilares, dichos horcones en el +pas, sin escuadra ninguna ni ms pulimento que el que pudo darles con +la zuela el vizcano carpintero-arquitecto contratado en la finca para +esos trabajos. Tena el aire imponente y rstico que pareca demandar su +destino. Debajo de su cubierta de tejas coloradas se abrigaban el +trapiche, la mquina de vapor y el tren Jamaiquino de elaborar el +azcar, montado sobre tres hornos o fornallas. No se hallaban en el +mismo nivel todos estos aparatos: el de las calderas era varios pies ms +bajo; y para pasar de un departamento a otro haba que descender dos +anchas escalinatas de piedra, flanqueando el plano del trapiche y +mquina de vapor. Esto se haca as para que tuviese una cada fcil el +guarapo, que al salir de las masas corra por una canal de madera a la +artesa, llamada all mansera, donde algo se limpiaba y segua al tacho o +paila para recibir el primer hervor. + +Paralelo con este edificio haba otro tan grande y ms gacho, cerrado +por sus costados con paredes de mampostera y una sola entrada, haciendo +frente a la parte de las calderas mencionadas. Este era la casa para la +purga y el secado del azcar. En otros separados se hallaban la +carpintera, la herrera, la enfermera, y la que puede llamarse casa de +maternidad; las habitaciones del mayoral, del boyero, carpintero, +mayordomo y maestro de azcar, quien temporalmente resida tambin en el +ingenio. Para el maquinista, cuyo oficio a la sazn desempeaba un joven +americano, se haba construido una habitacin provisional con tablas de +cedro, cerca de la mquina de vapor; nico sitio abrigado en aquel feo +casern. Seguan despus, formando grupo, sobre doscientas cabaas o +bohos de paja, con sus correspondientes corrales y gallineros adjuntos, +para la morada de los trescientos esclavos, o dotacin del ingenio. Las +otras casas exentas, a saber: las del bagazo, la de batir el barro para +la purificacin del azcar, y otras de menos importancia, se hallaban +erigidas en el espacio medianero entre la de calderas y la de purga. + +La planta de aqulla, denominada por antonomasia de vivienda, figuraba +en paralelogramo trapezoidad, sentada en el suave declive de una colina, +cuya diferencia de nivel se haba procurado remediar alzando el piso por +el frente. Era de un solo cuerpo de fbrica de manipostera gruesa con +cubierta de tejas huecas coloradas, amplio prtico, la sala cuadrada al +medio, flanqueada a ambos lados por dos crujas de cuartos, pasadizos +corridos por el interior, patio rectangular en el centro, cerrado por +una tapia alta con caballete de vidrios, y una portada en el lienzo del +fondo, que se cerraba con cerrojo y cerradura y serva para la +comunicacin interior de la servidumbre de la casa. En el patio crecan +muchas flores, algunos naranjos, higueras y parras, que no contribuan +poco con su verdor y su sombro a la frescura de los cuartos; aunque +para quebrar la reflexin de los rayos solares en puntos de medio da, +haban puesto cortinas de caamazo en todo el derredor de los pasadizos. +Arreglo igual se adverta en el prtico, que por su elevacin y +amplitud, se hallaba ms expuesto a los embates del viento y a los +efectos desagradables de la reflexin solar en el extenso y desolado +batey. + +Desde lo alto de la escalinata del prtico se registraba de un extremo a +otro la casa de calderas al frente, la de purga algo ms a la derecha, +aunque slo por el lado de las gavetas para secar el azcar; el barracn +de los negros o la estacada que encerraba sus habitaciones rsticas; en +suma, la mayor parte de las que componan la vasta poblacin del +ingenio; los campos de caa hacia el oeste, los techos pajizos de las +casas del potrero, y ms all un palmar inmenso, un codo del ro y luego +la selva alterosa y primitiva, que formaba como el fondo oscuro de este +variado cuadro campestre. + +Cosa del medio da del 24 de diciembre de 1830, arrellanados en cmodas +butacas de vaqueta, se hallaban los amos del ingenio en cmodas butacas +de vaqueta colorada, se hallaban los amos del ingenio _La Tinaja_, junto +con otras varias personas, al abrigo de la reflexin solar, tras las +cortinas de caamazo. Casi todos los caballeros, don Cndido Valds, +cura de Quiebra Hacha, el capitn del partido y el mdico fumaban +tabaco; doa Rosa, la esposa del capitn antes dicho, la mujer y cuada +del mayoral del potrero y las seoritas Gamboa, coman unas dulces caas +de la tierra, otras, naranjas de China y guayaba del Per, etc., +productos stos de la estancia del ingenio. Por all andaban nuestros +conocidos de La Habana: Tirso, Aponte, Dolores, junto con otra de las +negras que haban venido por mar, y dos o tres ms de la dotacin del +ingenio, que por criollas y de mejor apariencia las haban destinado al +servicio domstico, todos hacindose tiles. + +De las seoritas Gamboa, Carmen y Adela no calentaban asiento, picaban +un pedazo de guayaba o de naranja y emprendan luego largos paseos, +enlazadas de las manos, de un extremo a otro del prtico, con +manifiestas seales de impaciencia por la tardanza, a su juicio, de las +amigas de Alquzar. Adela en particular, cada vez que tocaba en el +ngulo del sur, levantaba un canto de cortina de caamazo y echaba una +ansiosa mirada por toda la guardarraya maestra adelante hasta su +intercepcin en el camino de la Playa. Al fin, poco despus de la una de +la tarde, se oy a lo lejos ruido de ruedas de un carruaje y la marcha +precipitada de varias caballeras; y Adela, sin ver nada an, exclam +alegre:--Ah estn! + +No se enga esta vez. A poco ms llegaron al pie de la escalinata del +prtico las seoritas Ilincheta en su carruaje, el cual, junto con sus +ocupantes, los caballos y los jinetes, venan cubiertos con el polvo de +la tierra colorada. Intil sera detenernos a describir punto por punto +las variadas escenas del encuentro de ambas familias en medio de las +soledades de la Vuelta Abajo. Ms de un motivo haba para que, al menos +algunos de los presentes, mirasen aquel instante como un evento +verdadero, digno de nota. Sucede, adems, que los jvenes, y tambin a +veces las personas mayores, cuando se renen en un sitio de campo con +nimo de pasar slo unos das en franca y cordial sociedad, lejos de los +lugares donde se han acostumbrado a vivir y divertirse, se sienten +fuertemente atrados; si son amigos lo son y lo expresan ms; si +parientes, se persuaden que los unen ms estrechos lazos; si amantes, +ah!, su amor les parece eterno, la dicha de amarse, celestial. + +Las mujeres se estrecharon fuertemente entre los brazos. Adela llor de +alegra al apretar entre los suyos a Isabel, por la cual senta aficin +extraordinaria. Para ella era la ms modesta y amorosa de las mujeres. +Tambin doa Rosa distingua a la mayor de las Ilincheta, y en la +ocasin de que hablamos la mostr sealada cordialidad. Hasta don +Cndido tan seriote y desmaado, que no tuvo ni una sonrisa para su hijo +cuando ste se acerc a pedirle la bendicin, recibi a las seoritas +Ilincheta con desusadas demostraciones de cario, y se las present a +los caballeros que estaban de visita, diciendo:--Tambin stas son mis +hijas. Y hablando con Isabel aadi: He aqu tu casa; espero que goces y +te diviertas en ella como en la tuya encantadora de Alquzar. + +Ya no dur el recibimiento en el prtico sino corto rato. Sobre +estropeadas las seoras del viaje, necesitaban algn reposo, asearse, +cambiar de traje, antes de sentarse a la mesa. Doa Rosa, o la mujer del +Mayoral Moya, que haca de ama de llaves para ahorrarle trabajo a esa +seora, haba hecho preparar alojamientos para las seoritas Ilincheta y +para su ta, inmediatos a los aposentos ocupados por la familia de +Gamboa en la cruja de la derecha, despus de la sala. + +Ya de tardecita se sentaron a la mesa en la gran sala de la casa de +vivienda, entre seoras y caballeros, unas diecisis personas, atendidas +por la mitad de ese nmero de siervos. Doa Rosa hizo los honores. La +secund cuanto era compatible con su carcter don Cndido, aunque ste +guard sus cumplimientos para el administrador de _Valvanera_ en primer +lugar, en segundo lugar para el cura de Quiebra Hacha, en tercero para +el mdico de su finca y para el Capitn del partido. Todos deban pasar +la noche en el ingenio para tomar parte en las ceremonias que iban a +celebrarse al da siguiente, o primero de Pascua de Navidad. Fuera de +la esposa y de la cuada del Mayoral del potrero, ninguno de los +empleados del ingenio fue invitado a comer en la casa de vivienda; y el +mismo Moya, que tena vara alta con los amos actuales de _La Tinaja_, no +tom asiento, an invitado por don Cndido, so pretexto de haber comido. + +Reinaron en el banquete la jovialidad y animacin, templadas por las +maneras decentes propias de la buena crianza, aunque excepto Meneses, el +joven Gamboa y el cura, nadie de los presentes haba recibido educacin +esmerada ni frecuentado el trato de la alta sociedad cubana. El ltimo +nombrado, don Cndido Valds, criollo, se haba educado en el Seminario +de San Carlos, de La Habana. En materias religiosas era tolerante hasta +la despreocupacin; en poltica profesaba opiniones liberales que sola +llevar hasta la exaltacin.[45] El mdico Mateu, de Galicia, haba hecho +la prctica de su profesin a bordo de los buques negreros, y ahora +curaba por iguala en varios ingenios de la comarca. Pasaba por buen +mozo; pero su bien parecer corra parejas con su necedad y pedantera. +Crea que todas las mujeres se enamoraban de l, y desde su puesto en la +mesa le lanzaba miradas a hurtadillas a Rosa Ilincheta, cuya graciosa +figura, viveza y fogocidad de carcter sobraban para volverle el juicio +a hombre de ms seso que l. El cura simpatiz desde luego con Isabel, +que en todas sus palabras y acciones revelaba las altas prendas de su +espritu. Don Manuel Pea, asturiano, casado con una criolla buena moza, +desde el mostrador o taberna del pueblo haba ascendido a Capitn +pedneo, especie de Juez de paz, y nica circunstancia por la cual los +amos del ingenio de _La Tinaja_ le sentaban a su mesa. Don Jos de Cocco +era otra especie de hombre; natural de Cdiz, tena fina apariencia, +los dientes muy blancos y los ojos azules, poca talla, bastante chiste y +escasa instruccin. + +Este se dedic a obsequiar a la segunda de las seoritas Gamboa, a cuyo +lado qued en la mesa, con la conciencia, sin embargo, de bajo ninguna +circunstancia una de las amas del ingenio _La Tinaja_ dara su corazn +ni su mano al Administrador del ingenio _Valvanera_. Por lo que toca a +Adela, la ms linda de todas, su extremada juventud la pona a cubierto +de los galanteos de los hombres all reunidos. + +Circul entre stos libremente la copa del vino desde el principio hasta +el fin de la comida; terminada la cual, se levantaron los manteles para +servir los postres sobre la tabla desnuda, de bruida caoba. Trjose +enseguida el caf puro en tazas de trasluciente China, la espumosa +champaa, el coac francs y el ron de Jamaica. Despus don Cndido +Gamboa sac a relucir su gran vejiga olorosa y dorada, y reparti sendos +tabacos, cual brevas, entre el Capitn, el Mdico y el Cura, pues Cocco +no fumaba, tampoco Meneses, y Leonardo no se hubiera atrevido a tocar un +cigarro delante de su padre. + +Puesto el sol termin el banquete. Pero pasando la familia y las visitas +al amplsimo prtico donde ya los criados haban enrollado las cortinas +de caamazo, pudo echarse de ver que haca suficiente claridad en el +campo circunvecino. Era que por un lado surga la luna creciente de +entre el bosque lejano y hera oblicuamente las hojas y flores de las +caas y los troncos blancos de las palmas, al paso que desde lo alto del +cielo azul y difano como el cristal, vertan innumerables estrellas +chispas de plata y oro. + +Por sus pasos contados, despus del banquete, todas las personas +reunidas en la casa de vivienda se dividieron en tres grupos. Doa Rosa, +en compaa de doa Juana, la Moya, la mujer del Capitn y Antonia, la +mayor de las seoritas Gamboa, volvieron a ocupar los sillones de +vaqueta colorada. Don Cndido, con el Cura, el Capitn y el Mayoral del +potrero, para digerir mejor la comida y saborear sus olorosos tabacos, +daban cortos paseos y conversaban en una cabeza del portal. El primero, +sobre todo, aprovech la ocasin de tomar algunos informes, ms +imparciales que los de su mayoral, acerca de las ocurrencias en la finca +durante los quince o ms das que precedieron al de su llegada a ella. +Con este motivo dirigi como de paso varias preguntas a Moya, el cual, +honrado con aquella distincin por el amo del ingenio delante del Cura y +del Capitn pedneo, se apresur a contestarlas con lisura y no poca +satisfaccin. Por ejemplo, preguntado: + +--No se ha sabido nada, Moya, acerca de los negros que se fugaron la +semana pasada? El Mayodomo me ha dicho que son siete, entre ellos una +negra. + +--_Verficamente_, seor don Cndido, no se ha _sabo naitica_ entre dos +platos, contest. + +--Pero, se ha hecho alguna diligencia? + +--Pues no, seor don Cndido! Se han _registrao_ los montes de Santo +Toms y los montes de La Angosta. En _toas_ partes se han _encontrao_ +rastros frescos, mas como los perros de don Liborio Snchez no son +_buscaores_ sino _mordeores_, _anque_ le tienen gran inters a los +negros no han _dao_ con ellos. Y _me se_ ha puesto que no han _salo_ de +los linderos del ingenio, porque no se han _juo en denantes_ y no saben +andar por el monte. Con buenos perros ya se hubieran _topao_, segurito. +Ah! Dios me d perros que huelan un negro _dende_ una legua... + +--Por lo que a m toca, dijo el capitn Pea cortndole la palabra a +Moya, debo informar al seor don Cndido que he hecho en su obsequio +cuanto caba en mis facultades. En efecto, apenas tuve aviso de la +ocurrencia por parte que me dio su mayoral de Vd., don Liborio Snchez, +no perd tiempo en pasar atento oficio, valindome del correo de Baha +Honda, a los seores don Lucas Villaverde y don Mximo Arosarena, +inspectores en San Diego de Nez, de la partida que capitanea don +Francisco Estvez, que acaba de formarse por disposicin de la Real +Junta de Fomento, para perseguir negros cimarrones en las jurisdicciones +desde el muelle de Tablas o el Mariel, Callajabos, Quiebra Hacha, etc., +hasta los lmites occidentales de Baha Honda. Con mi oficio a los +seores inspectores inclu la filiacin, edad y naturaleza (poco ms o +menos, se entiende, pues Vd. sabe que todos los negros se parecen) de +los siete que se le han fugado a Vd. Espero, pues, que si tropieza con +ellos la partida, cosa factible, porque sospecho que han tirado hacia +las sierras cercanas del Cuzco, que los capture y... Ni debe extraar al +seor don Cndido que se le hayan fugado siete negros, cuando por la +misma poca se han alzado 12 de _Santo Toms_, 8 de _Valvanera_, 6 de +_Santa Isabel_, 20 de _La Begoa_, y 40, s seor, 40, como Vd. lo oye, +de _La Angosta_, el ingenio aqu inmediato, perteneciente al Excmo. +Seor Conde de Fernandina. La lista de todos stos obra ya en poder de +los seores inspectores, y, supongo tambin, del capitn Estvez. + +--No me extraa la fuga de mis siervos, dijo don Cndido pensativo. Ni +son stos los primeros negros que se me huyen. Ah estn, si no, +Chilala, Jos, Sixto, Juan, Lino, Nicols, Picapica, etc., que no me +dejarn mentir. Esos, cuando no se hallan alzados en los montes, sufren, +como ahora, una condena ms o menos larga en la finca, y llevan grillos +de doble ramal, o arrastran cadena con maza. Goyo, o Caimn, el +guardiero de la talanquera en el camino de la Playa, se sabe que ha +pasado su juventud entre esas serranas que se ven desde aqu... Mas +todos sos son congo real, congo loango o congo musundi, raza humilde, +sumisa, leal, la ms propia para la esclavitud, que parece su condicin +natural. Slo tiene un defecto, eso s, grave, capital: es la raza ms +holgazana que sale del frica. Si pudieran los congos vivir sin comer, +no habra fuerzas humanas que les obligaran a doblar el lomo y trabajar. +Seran capaces de pasarse la vida echados panciarriba... Y por no +trabajar, a menudo se huyen... Lo que me extraa mucho, lo que no +acierto a explicarme es el por qu han seguido el ejemplo de los congos +Pedro y Pablo carabal, Julin arar, Andrs bib, Tomasa suama, Antonio +briche ni Cleto gang. Estos negros industriosos, incansables para el +trabajo, fuertes, robustos, formales, stos no se fugan sin causa. No, +negros que siempre tienen tiempo para sus amos y para s, que juntan +dinero y a menudo se libertan, no se huyen por poca cosa. Son muy +soberbios, tal es su nico defecto, para alzarse sin causa poderosa. +Antes se ahorcan que fugarse al bosque... + +Poda echarse de ver por esto poco que algo se le alcanzaba a don +Cndido Gamboa de achaque de etnologa africana. Ya se ve, el trfico +constante en esclavos por muchos aos, la posesin de dos o tres +centenas de stos, le haban enseado que segn su raza eran ms sumisos +o levantiscos, ms o menos a propsito para llevar hasta la muerte el +pesado yugo de la esclavitud. Suceda, sin embargo, que otra cosa le +haba enseado a Moya su larga experiencia en el manejo de negros suyos +y ajenos, y todo su ser se sublevaba cuando oa decir que los haba +buenos y malos, y que algunos no se huan jams sin causa poderosa, ms +bien se quitaban la vida. Por eso Moya, a riesgo de quebrar pajita con +el amo, dijo: + +--Se conoce que el seor don Cndido ha visto negros y sabe los que +sirven _pa_ esto y no sirven _pa_ lo otro. Con permiso del seor don +Cndido yo digo que _toos_ los negros son lo _mesmo_ cuando la Guinea se +les mete en la cabeza. Entonces _toos jalan pa_ atrs como los mulos y +es preciso _jarrearlos_ con el cuero. Vamos a ver. Por qu se han +_juo_ los siete de ac? Por falta de _coma_? Por falta de _fras_? +Por falta de cochino? Por falta de conuco? _Naa_ de eso les hace +falta. _Too_ eso lo tienen ellos a bombn. Por el mucho trabajo? Por +el mucho cuero? Ahora no trabajan, como quien dice, y _verficamente_ +don Liborio de Corpus a San Juan da un bocabajo. + +--Si me es dado decir lo que pienso, terci en este punto el Cura +modestamente, mi opinin es que no debe esperarse de gente tan ignorante +como son los negros, el que juzguen y acten cual las criaturas +racionales. Sera excusado buscar la razn de sus alzamientos y delitos +en los instintos de la justicia y el derecho. No. La causa ha sido +quizs la ms quimrica, la ms absurda, la menos justificada... Es, sin +embargo, coincidencia rara que a un tiempo se hayan alzado tantos negros +y de aquellas fincas precisamente que han cambiado de poco ac su +sistema de moler caa. Ser que esas estpidas criaturas se han +figurado que se les aumenta el trabajo porque en vez de moler con bueyes +o mulas se muele con mquina de vapor? Qu sabemos? Vale la pena +investigarlo. + +--Ya, dijo don Cndido, siempre pensativo, siguiendo con los ojos +entreabiertos las columnas de humo cenizoso que se le escapaban de la +boca. El argumento de mi tocayo es bueno tratndose de negros congos, +falso, hablndose de negros de otras naciones de frica. He observado de +cerca sus ndoles diversas y s lo que digo. El trato ms que otra cosa +tiene que ver con la conducta de ciertos negros. Todos han nacido para +la esclavitud, sa es su condicin natural; en su mismo pas no son otra +cosa que esclavos, o de unos pocos amos o del demonio. Los hay, no +obstante, que necesitan rigor, mucho rigor, el ltigo siempre encima +para que trabajen; los hay que por las buenas se saca de ellos cuanto se +quiere. + +--_Asina_ es, como dice el seor don Cndido, volvi Moya a meter la +cucharada. Mas yo digo que si hay negros que no se _pueen_ quejar del +trato, sos son los del seor don Cndido. Ellos estn como las flores: +bien _comos_, bien _vestos_, _ca_ uno con su conuco y su cochino, +muchos _casaos_, no trabajan ms que de sol a sol, y no se les da cuero +por _na_ y _na_, como yo he visto que se hace en otros ingenios. Sacan +_mu_ poca fajina: dos o tres horas los domingos. Y cuando no se muele +caa casi _too_ el resto del tiempo es suyo para hacer canasta, engordar +sus cochinos, guataquear sus conucos... Casi todas las ascuas tienen un +da de tambor. Qu ms quieren esos _endinos_? Ni el obispo est mejor. + +--Y vuelta a la misma tema, dijo don Cndido molesto. Moya, est bien lo +que Vd. asegura y repite; pero nada de eso me convence, ni me explica la +causa, la causa real y verdadera de la fuga de mis carabales. Lo peor +es que sospecho que Vd. sabe algo y no quiere decirlo delante del seor +Cura y del Capitn. + +--Pues por _toas_ stas y por la en que Jesucristo muri, dijo Moya con +vehemencia besando las cinco cruces que haba formado con los diez dedos +de las manos enlazadas, que no s _naitica_ ms. Y si dejo algo +_embuchao_, que aqu _mesmo_ me parta un rayo, y _ustees_ perdonen mi +_moo_ de hablar. + +--No hay que maldecir por tan poca cosa, dijo el Cura. + +--Registre Vd. su memoria, Moya, dijo sonriendo don Cndido al ver su +apuro. + +--El caso es, repuso ste despus de breve detencin, que yo no s que +_pue_ ser la causa y que no _pue_ ser causa _pa_ que se _juya_ un +negro. El seor don Cndido dice que unos negros se _ajorcan_ y no se +_juyen_; y _dispus_ dice que el mal trato es la causa de los +cimarrones. Bueno. Tambin dice el seor don Cndido que los _carabal_ +son _mu_ soberbios. Yo digo que son _mu_ perros y ms perros que _toos_ +los negros juntos. Pedro briche es el cabecilla de sus carabelas en el +ingenio. Siempre habla lengua con ellos, y el Mayoral est _quemao_ con +l. Yo lo s; pero no le haba puesto nunca la mano encima, ni _dende_ +que vino de frica creo yo que _naiden_ le sac sangre con el cuero. +Pues, seor, la semana antes _pasa_, Pedro briche no se present en la +_jila_, ni _dormi_ por la noche en el barracn. Qu queran que +hiciera don Liborio? Al da siguiente va y lo coge _sotaventao_, y le da +unos cuerazos por arriba de la camisa, lo puso en el cepo por dos das, +le quit el mando de contramayoral y lo sopl al campo a chapear. Se +emperr ms. Yo le dije que le diera un buen bocabajo, pero temi que le +levantara _toa_ la _negra_. Y ya se ha visto el _resultao_, se fue al +monte con seis compaeros porque no se le castig bastante. + +--No lo deca? dijo don Cndido con aire satisfecho. Y aadi, antes +que Moya le quitara la palabra:--Y qu dice de todo eso Goyo, el +guardiero del camino de la Playa? Sabe Vd. si le han sondeado? + +--Cmo que no? contest Moya prontamente. El primerito que se vio _pa_ +eso. No ve el seor don Cndido que hasta la puerta _mesma_ de su +_bujo_ se encontr rastro fresco de negros que venan del monte, del +lado de all? Pero l jur por _toos_ los santos del cielo que no vio, +oy ni sinti _na_ en _too_ este tiempo. Se calent don Liborio contra +l y quiso arrimarle unos cuerazos _pa_ que cantara; mas yo se lo quit +de la cabeza, porque pens que se iba a poner brava la seora doa Rosa +en cuanto que supiera que haban _castigao_ al taita Caimn. + +Con esto don Cndido menude sus paseos sin curarse de las personas que +le hacan compaa, quizs para que no le interrumpieran en sus +meditaciones. Luego, volvindose de improviso para Moya, en tono breve e +imperioso le pregunt por el Mayoral. + +--Cuando yo vena del potrero, contest Moya, estaba l con la gente en +el corte de caa, enfrente de la tumba nueva. No debe de tardar ya, +pues como no hay que cortar yerba de Guinea pa la coma de los caballos, +porque hay _cojollo_, soltar la gente ms temprano. Mire, ah vienen +las carretas con las ltimas caas _pa_ probar la mquina... All lejos +se ve el boyero en su mula, y ms lejos _entoava_, por la otra +guardarraya, veo ahora a don Liborio. El caaveral me tapa sus perros y +yo no _pueo_ decir si va solo o con la gente. El viene a caballo. + + + + +CAPTULO V + + _9. Limpio soy yo, y sin delito..._ + + _10. Por cuanto ha hallado achaques + contra m, por eso me ha tenido + por enemigo suyo._ + + _11. Ha puesto en un cepo mis pies, + ha guardado todas mis sendas._ + + JOB, XXXIV + + +Mientras en un extremo del prtico ocurra la escena trazada ya, tena +lugar en el opuesto otra muy diversa. Formaban all grupo animado e +interesante las seoritas Ilincheta, junto con las dos ms jvenes de +Gamboa, rodeadas por el medio crculo de los caballeros que las +galanteaban o admiraban. Todos en pie. Las seoras apoyadas de espaldas +en la barandilla, y los caballeros pendientes de los labios de Rosa +Ilincheta que, en pocas palabras, llenas de gracia y grfica expresin, +describa los pequeos incidentes del viaje, su mal manejo parte del +camino, y sus propias impresiones. + +Leonardo se sonrea, Cocco aplauda, Mateu el mdico haca piruetas de +gusto, y Meneses se mantena serio de celos, porque crecan con esto los +admiradores de su linda amante. Adela e Isabel, dadas las manos, +escuchaban y callaban. De pronto alguien le tir de la falda a Adela por +el lado de fuera del prtico. Volvi ella el rostro con viveza y vio a +una negra de buen aspecto, en traje muy diferente del que usaban las +dems esclavas de la finca. + +--Qu quieres?--pregunt Adela bastante asustada. + +--Su merced me dispense, nia. Vena por el mdico. (No le vea por la +oscuridad y las faldas de las seoras interpuestas.) + +--Y quin eres t? + +--Soy la enfermera, criada de su merced. + +--La enfermera! repiti Adela sorprendida. + +--S, nia, la enfermera Mara Regla. Y su merced no es la nia +Adelita? + +--La misma que viste y calza. + +--Ah! exclam la esclava, apretndole suavemente los pies a la joven, +ya que no poda otra parte de su cuerpo. Me lo deca el corazn. Ayer la +vi pasar por el batey desde la ventana de la enfermera. Qued en dudas +de cul sera mi nia, si la nia Carmen o su merced. Cunto ha +cambiado! Qu linda se ha puesto mi hija, Virgen Santa! + +--Me lo deca el corazn, linda, mi hija, remed Adela. Si soy tu hija, +si me quieres tanto, por qu no has venido a verme? Te avis con +Dolores. Por qu no saliste a hablarme? Me tienes muy brava. + +--Ay! exclam la negra. No me diga eso, nia, que me mata... Su merced +no iba sola. + +--No. Iba con mam, Carmen, la mujer de Moya y su cuada Panchita. Qu +tena eso de particular? + +--Bastante, nia de mis ojos. + +--Habla, explcate. + +--No puedo ahora, nia ma. + +--Qu! T no piensas pedirle la bendicin a mam? + +--S, nia. Debo, lo deseo en el alma, vena... Desde el punto que lleg +Seorita de La Habana, pens correr y echarme a sus pies... + +--Por qu no lo has hecho as? Quin te lo ha impedido? + +--Seorita misma. + +--Mam? No, no puede ser. Te engaas, sueas, Mara de Regla. + +--Ni me engao, ni sueo, nia Adelita. Ojal! Seorita ha prohibido +que ponga los pies en esta casa. + +--Cmo es que yo no s nada de eso? Quin te ha ido con semejante +cuento? + +--No ha sido cuento, nia Adelita. Dolores me refiri una conversacin +que Seorita tuvo con el amo sobre m... + +--Ya lo ves? Dolores entendi mal. Mam no est brava contigo. Y si no, +ahora mismo voy a averiguarlo. + +--No lo haga, nia Adelita, no, por el amor de Dios, replic la esclava +muy asustada, deteniendo a la joven por un canto del vestido. Por s, o +por no, ser mejor que Seorita no me vea ahora. Est ah el mdico? + +--Pues yo quiero verte a solas. Arreglaremos el modo. Con Dolores te +avisar. Y para qu quieres al mdico? + +--Para un moreno que han trado del monte mordido por los perros. + +--Mordido por los perros! repiti Adela. Ay! Debe de ser muy serio el +caso cuando llaman al mdico. Si le habrn despedazado! Es probable. +Esos perros son como fieras. Qu horror, Dios mo! Mateu, aadi en +alta voz, ah le buscan. + +Cosas bien extraas en verdad empezaba Isabel a averiguar respecto de la +familia bajo cuyo techo se hallaba hospedada y del ingenio tan ponderado +de _La Tinaja_. Interesada vivamente en la suerte de la enfermera, +antigua nodriza de su tierna amiga, ahora desterrada de la casa +solariega, y conmovida, horrorizada con lo que haba odo respecto del +esclavo, mordido por perros feroces, cosas todas inauditas para ella, +no pudo ocultar Isabel de Leonardo, ni su intenso disgusto ni sus hondas +emociones. + +--Qu tienes? Qu te ha dado? le pregunt l. + +--No s, contest ella. Me siento mal. + +--Me pareci, continu Leonardo, que te haba afectado el cuento del +negro herido. No seas boba. Qu apostamos a que no ha sido mayor la +cosa? A que no pasa de unos cuantos rasguos? Si conocieras a la +enfermera pensaras como yo. Mam no la puede ver por escandalosa. Ni +hay que dar nunca entero crdito a lo que dicen los negros. Todo lo +exageran y abultan. + +--Qu fue, Adela? pregunt doa Rosa desde su asiento oyndola llamar +al mdico. + +La enfermera desapareci en un instante, y antes que Adela contestase a +su madre se apareci el Mayoral a caballo, precedido por sus dos +hermosos alanos, para dar cuenta en voz campanuda de todo lo que haba +pasado. Era ste hombre alto, enjuto de carnes, mas de recios miembros, +muy moreno de rostro, ojinegro, el cabello crespo y poblado de barba, +cuyas grandes patillas le cubran ambos lados de la cara hasta tocar en +los ngulos de la boca, que por esto pareca ms chica. A pesar del +sombrero de ala ancha que llevaba siempre puesto, lo mismo en el campo +que en la casa, al aire libre que bajo techo, pues muchas veces haca +uso de l como de gorro de dormir, cuando se lo quit para hablar con +don Cndido viose que mientras la parte superior de su frente pareca de +un hombre blanco, la nariz, las mejillas y las manos nadie dira sino +que eran de un mulato; tan quemadas estaban del sol. Vena armado, como +suele decirse, hasta los dientes, de machete de cinta, pual con cabo de +plata o que brillaba como tal, y el ponderoso ltigo, cuyo mango, hecho +de un gajo de naranjo silvestre, no era arma menos terrible por ser slo +contundente. + +Comenz diciendo: + +--Santas tardes tenga el seor don Cndido con _toa la compaa_. Yo soy +_veno a participasle_ que han _trao_ a Pedro brichi con algunas +_mordas_. Se _arresisti_ y fue preciso atojarle los perros. + +--Quin le ha capturado? pregunt el amo con mucha calma. + +--La _parta_ de don Francisco Estvez, _nombra pa_ coger negros +cimarrones. + +--Sabe Vd. dnde le han capturado? + +--En los caaverales de _La Begoa_, cerquitica de las sierras. + +--Estaba l solo? Y los compaeros? + +--_Na_ se sabe de ellos, seor don Cndido, ni Pedro _quie decislo_ +tampoco. _Me se_ figura que ser preciso _biraslo pa que cante_. Por eso +vengo a donde el seor don Cndido _pa_ que me diga qu hago con Pedro. +Est muy _emperrao_... + +Dnde le tiene Vd. don Liborio? pregunt el amo despus de larga pausa. + +--En la enfermera. + +--Qu, tan estropeado est? + +--No por eso, seor don Cndido. Lo tengo en el cepo de la enfermera +_pa_ mayor _seguri_, y no he _quero ponesle_ grillos por las _heras_; +y luego _dispus me se_ figura que tiene malas intenciones. Sus ojos son +dos tomates _maros_, y he _reparao_ que cuando se le ponen _asina_ los +ojos a los negros es que _quieen_ hacer una _fechura_. Yo le digo al +seor que est _mu emperrao_ ese negro. Mire el seor si es perro, que +cuando lo met en el cepo me dijo:--el hombre no muere ms que una vez, +y que ya estaba _cansao_ de trabajar _pa_ su amo. El seor debe de +saber que luego que los negros cogen y hablan _asina_ es porque, como +dice mi compadre Moya, que est presente, se les ha _meto_ la Guinea en +la cabeza. _Apuramente_ ellos se tienen _trago_ que cuando se +_ajorcan_ aqu van derechitos a su tierra. + +--Aberraciones de la ignorancia! exclam el Cura. + +--S, seor don Cndido, continu el Mayoral, ese negro est pidiendo +cuero como los muertos misa. + +Se sonrieron el Cura y don Cndido, y ste dijo: + +--A su tiempo, don Liborio, a su tiempo se maduran las uvas. Por lo +pronto no me parece conveniente azotarle. Se pondr bueno de las +mordidas, y entonces habr lugar de castigarle por su falta, una de las +ms graves que pueden cometerse en estas fincas. Alzarse, fugarse el +esclavo, privar al amo de sus servicios sin causa poderosa y bastante, +por ms o menos tiempo, es imperdonable; no slo por l mismo, sino por +el mal ejemplo a sus compaeros. Se le castigar, no lo dude. No habr +quien le apadrine. En otro negro cualquiera esa misma falta aparecera +leve. A bien que Pedro puede resistir un novenario... Tiene buenos +jarretes. A otra cosa. No saba la partida de Estvez que ese negro era +mo? No la inform Vd. que estaba yo aqu? + +--S, seor, saba _toito_ y yo le dije que viniera a la casa de +vivienda _pa_ entregar el cimarrn y _recebir_ la captura, que es un +dobln de a cuatro. Mas me contestaba y dice que prefera dormir en el +monte. Adems, que no quera que lo viesen los negros mansos, porque +_le_ daban el soplo a los cimarrones; adems que tena que _dir_ donde +_La Angosta_ a ver si coga los cuarenta negros que se le _juyeron_ a +_suescelencia_ el seor Conde la Fernandina la semana _pasa_ arriba, y +el Mayoral lo haba _mandao_ a _amar_... + +En aquel punto desfilaban en el batey del ingenio de _La Tinaja_, entre +la casa de vivienda y la de calderas, los 300 y ms esclavos de su +dotacin, y el Mayoral diciendo, con licencia, fue a ponerse a su +cabeza para pasarles revista y darles las ltimas rdenes por medio de +los contramayorales, que eran tambin esclavos. Desde buena distancia +les haba precedido el rumor de sus conversaciones y el sonido de las +prisiones de los penados. Dos de ellos llevaban grillos, con barra +atravesada y cadena de dos ramales suspendida a la cintura, y caminaban +con mucho trabajo, pues para avanzar tenan que describir medios +crculos, ya con un pie, ya con el otro. Uno llevaba grillete, del cual +penda una cadena como de unos seis pies de largo, cuyo extremo inferior +iba engarzado al anillo de una masa frrea como pesa de reloj, la que, +al caminar, era fuerza que llevara al brazo, so pena de que el roce de +la argolla moliera el hueso de la canilla, aunque se lo haba abrigado +con un trapo. Este mismo se detena de cuando en cuando y alzaba la voz +en tono melanclico y timbre argentino, que resonaba por todas partes +diciendo:--Aqu va Chilala, cimarrn. + +Penados o no, varones o hembras, todos traan algo a la cabeza, ya haces +de cogollo, ya de ramas de ramn de que tanto gustan las caballeras en +Cuba, ora racimos de pltanos verdes o maduros, ora de _palmiche_ para +los cerdos; ste una calabaza, aquel un brazado de lea. Unos pocos, +quince o veinte, llevaban camisa y calzn de caamazo nuevos o de pocos +meses de uso y estaban enteros; el traje de los restantes se compona de +harapos, a travs de cuyos agujeros se les vean las carnes negras y sin +lustre. Ninguno calzaba zapatos, uno que otro, abarcas de cuero sin +curtir, ajustadas al pie por cordones de majagua, bien de arique de +yagua que no son menos resistentes. Las hembras, de treinta a treinta y +cinco por todas, sobre andar revueltas entre los hombres, apenas se +distinguan por otra cosa que por la especie de saco talar de caamazo +con que se cubran el cuerpo desde los hombros hasta un poco ms abajo +de las rodillas, sin mangas; para que no faltase nada a la tosca +imitacin de la tnica romana. + +--_Ajilar!_ grit don Liborio con su voz de trueno, recorriendo a +caballo las desordenadas filas como un general que ordena una evolucin. +Con lo cual, sin tropiezo, por el mero hbito, la mayor parte form; +pero los perezosos, los torpes, los impedidos por las prisiones, por la +demasiada carga o por la prisa que se dieron los delanteros a cerrar las +filas, sos se quedaron detrs, menos visibles que los otros. Contra +estos infelices estall la clera del Mayoral. Enarbol el ltigo y +empez a repartir latigazos a diestro y a siniestro, sin distinguir +inocente de culpable, hasta lograr la formacin deseada. + +Si as es como se ha razonado con el esclavo en todos tiempos y pases, +podra esperarse que fuesen una excepcin a esta regla general los +seores del ingenio de _La Tinaja_? De ninguna manera. En su opinin, +como en la de la mayora de los amos, no era el negro la _cosa_ de que +habla el derecho romano. Haba bastante diferencia. Para ellos, que +entendan por derecho nicamente aquello que no torca el cumplimiento +de sus pasiones y caprichos, el hombre-cosa de la antigua Roma tal vez +no pensaba, era una mquina de trabajo; al paso que el hombre-cosa +actual, estaban plenamente convencidos, pensaba al menos en tres cosas: +en el modo de sustraerse al trabajo, en quemarle la sangre a su +detentor, y en obrar siempre en oposicin a sus miras, deseos e +intereses. + +Para el amo en general, el negro es un compuesto monstruoso de +estupidez, de cinismo, de hipocresa, de bajeza y de maldad; y el solo +medio de hacerle llenar sin murmuracin, reparo ni retraso la tarea que +tiene a bien imponerle, es el de la fuerza, la violencia, el ltigo. El +negro quiere por mal, es dicho comn entre los amos. Por eso, en +concepto de stos, aquel Mayoral que no disimula ni perdona falta, que +como rayo hiere al que delinque, que en todas ocasiones tiene entereza +bastante y valor para meter en cintura a gente tan perversa e +ingobernable, se es ms meritorio, ms digno de consideracin y +respeto. Siempre se ha admirado ms al inquisidor que ms herejes +mandaba al quemadero. + +As se explica por qu, luego que el Mayoral dio la orden de _tumba_, y +todos soltaron la carga a sus pies, no importa si de forraje o de +frutos, de cuyas resultas stos se reventaron con la cada, dando +ocasin a que el Mayoral hiciese nuevo uso del ltigo, los seores del +ingenio de _La Tinaja_ aprobaron y celebraron el _castigo_; porque era +claro que los culpables haban procedido de malicia y no por torpeza y +ofuscacin a causa del anterior vapuleo. + +Doa Rosa, mujer cristiana y amable con sus iguales, que se confesaba a +menudo, que daba limosna a los pobres, que adoraba en sus hijos, que en +abstracto al menos estaba dispuesta a perdonar las faltas ajenas para +que Dios, que est en el cielo, la perdonara las suyas; doa Rosa, +sentimos decirlo, al ver las contorsiones de aqullos a quienes la punta +del ltigo de cuero trenzado del mayoral abra surcos en sus espaldas o +brazos, se sonrea, tal vez por creer grotesco el espectculo, o +exclamaba, exclamacin en que la hacan coro las personas de que se +hallaba rodeadas:--Hase visto gente ms bruta! + +Tambin se sonrieron los caleseros Aponte y Leocadio, junto con dos +mozos ms, que desde el colgadizo de la gran caballeriza del ingenio, +atrados por el continuo estallar del temible cuero, presenciaban a +salvo la escena y esperaban se despejase el campo para salir y recoger +el forraje destinado a las caballeras de que estaban hecho cargo +inmediatamente. + +Si aadimos que en estas circunstancias hasta los perros del Mayoral +mostraron a su modo una alegra desusada, no creemos decir nada nuevo. +Ello, mientras don Liborio hablaba con los amos del ingenio, se +mantuvieron echados a los pies de su caballo; pero apenas se dirigi a +los negros, se colocaron a sus flancos y no perdieron de vista ni sus +ojos ni los movimientos de su brazo derecho, aguardando sin duda la +orden de echarse sobre la vctima y rematarla. + +Es de consignarse aqu, sin embargo, que no todas las seoras presentes +se unieron al coro a que antes se ha aludido. Doa Juana, al contrario, +apart los ojos para no ver, ya que la poltica la vedaba retirarse y +era fatal el or los latigazos y los quejidos sordos de las vctimas. En +igual caso se hallaban las sobrinas de esta seora y las dos hijas +menores de Gamboa; pero stas tuvieron siquiera el arbitrio de +refugiarse en el patio. All las seguan Meneses, Cocco y Leonardo, a +tiempo que don Cndido llam a este ltimo y le orden acompaase al +mdico al hospital y se informase menudamente de lo ocurrido con el +preso. En conversacin ntima a poco con el cura y el capitn, agreg: + +--Quiero acostumbrarle (a su hijo) a estas cosas desde temprano, porque +yo maana o esotro da me muero y l por necesidad habr de reemplazarme +en el manejo del caudal; sobre todo en la administracin de esta finca, +que por ms de un motivo le pertenece. Este ha de ser su mayorazgo. + +De aquel mandato imperioso de don Cndido naci el que Leonardo, +repugnndole y todo la visita, ya que no le era dado desobedecer, ni +excusarse tampoco, pretendiera le acompaasen sus amigas y hermanas. +Cedieron stas sin dificultad, lo mismo que Rosa, tanto ms cuanto que +se brindaron a ir de la mejor gana Meneses y Cocco. Isabel de pronto se +neg; mas instada y reflexionando que tal vez habra ocasin de ejercer +en aquella visita uno de los actos de misericordia, cedi tambin, y +cuando sala del brazo con Leonardo, dijo al paso a doa Rosa en tono +amable y risueo:--Me llevan. + +--Bien hecho, repuso doa Rosa. + +--Buena pareja! dijo doa Teresa, la mujer del capitn Pea, a tiempo +que Leonardo e Isabel descendan por las gradas del prtico al batey. + +--Hermosa! dijo doa Nicolasa, la mujer de Moya. + +--No crees, Rosa, (dijo don Cndido a la suya al pao, concordando +mentalmente con la oportuna observacin de aquellas dos mujeres), cada +vez ms acertada la idea de casar cuanto antes a Leonardo con Isabel? + +--S, contest doa Rosa distradamente. + +--A ella la tengo por una buena cosa. Y se conoce que est enamorada de +Leonardo. Luego el matrimonio es un freno... + +No saba don Liborio contar de _clamo currente_[46] ms de una decena. +Pero tena feliz memoria y era buen fisonomista; de modo que, +exceptuando los siete esclavos prfugos, ocho enfermos en el hospital y +los veintiocho adscritos a las diversas dependencias de la finca, +carpinteros, albailes, herreros, mozos de cuadra y sirvientes, los +dems, hasta el nmero de 306, varones, hembras, solteros, casados, +grandes y chicos, no le qued gnero de duda que uno tras otro haban +pasado por delante de sus ojos y entrado en el barracn. Satisfecho +sobre este particular cerr la portada, pas el cerrojo horizontal de +figura de T, y le ech la llave; la cual, junto con el ltigo colg de +un clavo fijo en la jamba de la puerta de su casa, por la parte fuera, +debajo del colgadizo. + +Si hubiera ledo el _Quijote_, habra podido decir con el caballero +andante: Nadie las mueva, que estar no pueda con Roldn a prueba. +Porque al pie de esos smbolos del poder seorial cubano, lloviese, +ventease, hiciese calor o fro, dorman los feroces alanos del Mayoral y +ay del sin ventura que osase acercarse para desprender la llave o el +ltigo! + +Despus de comer solo, porque la familia estaba de visita en la +estancia, don Liborio a pie, con machete y pual al cinto, acompaado de +sus perros, se dirigi de prisa a reunirse con el mdico en el hospital. +Para llegar a l, all en los confines del plano o cuadrado donde se +haban erigido todas las fbricas del ingenio, haba que pasar por junto +al ngulo de un seto de piones que protega un caaveral en flor. All +los perros se separaron de su amo y en el vano empeo de traspasar el +obstculo, grueron, o ms bien gimieron de aquel modo que suelen cuando +husmean la presa cercana. Pero ya hemos dicho que el Mayoral estaba de +prisa, y sigui adelante llamando a sus perros. + +Apenas penetr en la enfermera, baj por la guardarraya al batey un +negro a caballo, lo atraves de un lado a otro, entr en el colgadizo de +la casa del Mayoral, observ bien por todas partes, vio que no haba luz +ni gente, y sin apearse de la yegua flaca y desvencijada que montaba en +pelo, cogi la llave, descorri con ella el pestillo de la cerradura y +la volvi a su sitio. Despus de esta hazaa, sigui a la casa de +vivienda y solicit ver a sus amos, los cuales, hallndose an en el +prtico, no tuvieron embarazo en recibirle. + +No se desmont, se desliz por los costados de la bestia al suelo no +teniendo estribo en que apoyar el pie. Su primer cuidado fue quitarse el +gorro de lana con que se cubra la cabeza, y hecho todo un arco su +cuerpo y tembloso, se ech de rodillas delante de doa Rosa, y en su mal +espaol dijo: + +--_La bendici, mi suamita._ + +--Ah! exclam dicha seora algo asustada. Eres t, Goyo? Dios te haga +un santo. Cmo ests? + +--_Mala, mi suamita._ + +--Qu te duele, Goyo? + +Contest con muchos rodeos y perfrasis ininteligibles las ms, que ya +le pesaba el cuerpo demasiado; que le faltaban las fuerzas y deseaba +descansar en el cementerio; que estaba muy viejo; que el padre de doa +Rosa le haba sacado del barracn de La Habana cuando esta seora no +haba nacido; que fue uno de los esclavos fundadores del ingenio _La +Tinaja_, uno de los primeros en derribar los montes con el hacha. Todo +esto, que se tena harto sabido la seora con quien hablaba, para +informarla, en medio de aspavientos y circunloquios, que saba donde se +hallaban ocultos algunos de los esclavos prfugos, quienes deseaban +presentarse desde que supieron que sus amos haban llegado de La Habana, +porque estaban casi seguros que no se les castigara por la falta +cometida, en gracia de ser la primera vez; mayormente si el guardiero, +que tan largos servicios haba prestado en la finca, peda perdn para +ellos a la seora. + +--Bien, dijo doa Rosa habiendo consultado con una mirada la opinin de +su marido. Est bien, Goyo. Ve. Di a tus ahijados que pueden presentarse +sin miedo; que por ti se les har justicia... Oyes? + +Con dirigirse a doa Rosa para pedirla el perdn de los prfugos, dio a +entender el guardiero que a lo menos poda concebir su cerebro dos ideas +bien definidas. La una, que juzgaba ms capaz de caridad el corazn de +doa Rosa, por el hecho de ser mujer, que el de don Cndido; la otra, +que siquiera por ama legtima del ingenio, pues le haba heredado de su +padre, haba de ser ella ms indulgente con las faltas de sus esclavos +que l, quien, aunque seor de hecho, no lo era de derecho. + +El pensamiento as expuesto parece demasiado abstruso para caber en la +cabeza de un negro doblemente estpido por sus largos aos de +esclavitud. Pero furalo o no en efecto, de esta manera fue como don +Cndido interpret el discurso del esclavo, hirindole en lo vivo, de un +lado, que prescindiera de l en su embajada; del otro, la odiosa +diferencia que marc entre ama y amo. Es que llova sobre mojado, como +suele decirse, y cogi la ocasin por los cabellos para vengarse del +insulto y recobrar, ante las personas testigos de la escena, la que l +crea rebajada dignidad del seor amo. En esta disposicin de nimo, y +cuando el anciano todo tembloso haca los mayores esfuerzos para ganar +de nuevo el lomo desnudo de su manssima yegua, dijo don Cndido: + +--Lindos estaramos si por el primer zopenco que se interpone, +hubisemos de perdonar, no ya slo las faltas ms graves, sino hasta los +delitos de nuestros esclavos. + +Mirole asombrada doa Rosa, y luego dijo con aparente calma: + +--Pues no estabas t de acuerdo con mi decisin? + +--Tal vez. + +--Luego...? + +--Luego es preciso que se haga justicia a esos bribones que osaron +fugarse cuando ms necesidad tenamos de sus servicios. + +--Qu entiendes, Gamboa, por hacer justicia? + +--Entiendo, repuso l con sorna, dar a cada quisque su merecido, +castigar cual se debe al que delinque. + +--Pero eso no sera hacer justicia. + +--Cmo que no? pregntale a tu hijo que estudia leyes, qu se entiende +por hacer justicia. Recuerda, si no, cmo rezan los edictos de los +fiscales de la comisin militar permanente que publica con frecuencia +_El Diario_. Yo, Fulano de tal, capitn del ejrcito por S. M., etc., +cito, llamo y emplazo por ste mi primer edicto, a Zutano de Cual, para +que se presente en la crcel pblica de esta ciudad dentro del +improrrogable plazo de tantos das, a descargarse de la culpa que le +resulta en la causa que le sigo por asalto y robo en despoblado o por +infidencia; cierto y seguro de que si compareciere dentro del trmino +sealado, _se le har cumplida justicia_... Oste? Cumplida justicia. +Me le s de memoria. + +--No creo yo que la comisin militar, o como se llame, castigue a todo +el que cita para hacerle justicia. + +--Tienes que creerlo, porque por fas o por nefas, as sucede. Cmo es +que por ms que le citen, llamen y emplacen, nadie se presenta de _motu +proprio_? Claro, porque lo de _hacer justicia_ no pasa de ser jarabe de +pico. Puede ser el emplazado tan inocente como un recin nacido; con +todo, si le pillan, de seguro que mam crcel por tres o cuatro aos, y +ya esto es un castigo... que de buena gana le dara a todos los que me +quieren mal. + +--Bien, Cndido, est bien todo eso; el caso es que yo no habl en el +sentido que dices. En resumidas cuentas, promet el perdn que Goyo vino +a pedirme para sus compaeros. + +--Pues ah est el engao tuyo, Rosa. T no has prometido tal perdn ni +calabazas. Ni si hubieras prometido era posible cumplir... + +--Pero es que mi palabra est empeada. + +--Ese es el ajo, mi cara Rosa. En pocas palabras, t no has prometido +nada y tal fue lo que me propuse probarte para evitar mayores males. Por +el mero hecho de decir _se les har justicia_ no se deduce que +prometiste el perdn, lisa y llanamente... sin condiciones. + +--S, pero Goyo creer otra cosa, creer que le he engaado. + +--Y qu importa el quedar mal con el negro en la apariencia? Nadie +tampoco guard lealtad con los desleales _a nativitate_.[47] + +--Tal vez no importe mucho por Goyo, que al fin es un negro viejo e +ignorante, y de seguro no me entendi. Pero, y mi conciencia, Cndido? +Mi intencin fue... + +--Tu intencin fue perdonar, la interrumpi don Cndido. Lo s. Por lo +que respecta a tu conciencia, aadi con exquisita irona, debe estar +ms tranquila y serena que una balsa de aceite, en este caso. Y si hay +en ello alguna culpa, chala sobre m. T sabes que el diablo las carga. +Quien sinti alguna vez escrpulos de conciencia respecto de lo que dijo +o no dijo, hizo o no hizo a los negros, ese santo varn, o esa santa +mujer no ha debido tener esclavos jams. Escrpulos de conciencia por +semejantes bestias! Ja! Ja! + +A este tiempo volvieron de la enfermera las seoritas y caballeros. El +mdico dijo que el negro haba recibido varias mordeduras de carcter +grave, no peligroso, en los brazos, antebrazos, canillas y carpos de las +manos y de los pies. Pareca desgarrada la epidermis de algunos de los +dedos de la mano derecha.--Pero por fortuna, agreg en su lenguaje +peculiar, los incisivos de la fiera no han interesado lo bastante para +romper ningn vaso principal y no hay temor de hematosis, aunque se ha +presentado la hemalopia consiguiente a la exasperacin fsica y moral, +bajo la cual viene laborando hace tiempo el enfermo. Esto es preciso +combatirlo con aplicaciones de sanguijuelas a las sienes; las que, de +paso sea dicho, habr que traer del pueblo, pues faltan en el botiqun +de la finca. Por lo que hace al ttano, fcil es que se presente +mediante a que el negro se ha mojado despus de recibir las heridas. Con +este motivo he dispuesto se le den unturas frecuentes de sebo y aceite +con unas cabecitas de ajo majadas. Puedo decir, sin embargo, que hasta +ahora no aparece daado ningn nervio... + +Leonardo fue ms conciso. Hablando con su madre, dijo de manera que lo +oyese su padre: que Pedro apenas le haba reconocido a l como su amo; +que estaba negado a declarar; que nada saba de sus compaeros; que, +como para intimidarle y obligarle a hablar le dijese don Liborio que +ahora s no se escapara del cepo y que ah le tendra hasta que doblase +el cogote, contest riendo que no haba nacido el hombre capaz de +sujetarle en ninguna parte contra su voluntad. Leonardo, lleno de +indignacin, le haba vuelto la espalda; y, cosa extraa, agreg ste, +luego que nos retirbamos, me llam para decirme que deseaba ver a su +amo, a pap. + +--Lo esperaba, murmur don Cndido alejndose. Hay tiempo maana; no me +molestar ahora por su seora. + +Si se hubiera pedido informe a las seoritas sobre lo que haban visto +en la enfermera, habran referido muy diferente historia de la relatada +por el mdico y Leonardo. Hubieran dicho que el Hrcules africano +tendido boca-arriba en la dura tarima, con ambos pies en el cepo, con +los hoyos cnicos de los dientes de los perros an abiertos en sus +carnes cenizosas, con los vestidos hechos trizas, por toda almohada para +descansar la cabeza, las palmas de las manos, a pesar de tener rasgados +los dedos y, necesariamente doloridos, Jesucristo de bano en la cruz, +como alguna de ellas observ, era espectculo digno de conmiseracin y +de respeto. Su arrepentimiento de haber concurrido a aquel lugar no +poda compararse sino con el dolor que experimentaron, singularmente la +piadosa Isabel, cuando se desengaaron que no podan hacer nada en +alivio de esta otra vctima de la tirana civil en su desventurada +patria. + + + + +CAPTULO VI + + _Los negros... Oh! mi lengua se resiste + A formular de su miseria el nombre!_ + + D. V. TEJERA + + +Por mostrar celo y actividad a los dueos, o por equivocar la hora +precisa, como se gui por el canto de los gallos, el Mayoral del ingenio +de _La Tinaja_, en la maana de Pascua, puso la _gente_ en pie mucho ms +temprano de lo acostumbrado. + +Con el ltimo solemne taido de la campana, despus de tomar sendas +tazas de caf, de encender un tabaco y de armarse, descolg la llave, +llam a sus perros y se encamin a pie al barracn para abrir la reja de +hierro. Meti resueltamente la ponderosa llave en la cerradura, quiso +hacerla girar en la guarda y no pudo: Qu _demongo_! dijo para s. Aqu +han _andao_. Me parece que voy a dar ms cuero... que Dios toca a +juicio. + +Alumbr con el tabaco el ojo de la llave, dio media vuelta en sentido de +cerrar y oy distintamente correr el pestillo y entrar en el cerradero +del cerrojo.--Voto a Dios! exclam. Si estaba abierta la puerta y yo he +_so_ tan caballo que la he _cerrao_. Va que la dej abierta anoche! +Estaba yo _bebi_, o loco, o _trastornao_? O ha _habo_ aqu brujera? +Qu pasa, Liborio? + +Salan en aquel punto los negros de sus bohos y fue preciso que don +Liborio pensase en lo que haba de hacer con ellos. Descorrido el +cerrojo, se plant junto a la jamba de la puerta para verlos desfilar +uno a uno, segn tena ordenado. Por eso, aunque haca bastante oscuro, +pudo observar que una negra se parapetaba del compaero y quera pasar +desapercibida. Malicioso y vigilante, no necesit de ms para echrsele +encima, cogerla por un brazo y acercarle la lumbre del tabaco a la cara. +Con sorpresa mezclada de alegra vio que era la negra Tomasa suama, +prfuga haca entonces precisamente dos semanas. Mientras sujetaba sta, +apareci recatndose tambin Cleto gang, y tras l Julin arar, Andrs +bib y Antonio Macu, los cuales detuvo y coloc a un lado. + +As que pasaron todos los dems y que formaron en medio del batey, ech +por delante a los cinco presos y les orden hacer alto frente a frente +del centro de la fila, tanto ms larga cuanto que era sencilla. +Seguidamente empez el interrogatorio: + +--Venga ac, mam Tomasa, y dgame por _va_ suyita, de _ande_ viene +la nia ahora? + +--_De la monte_, contest ella imperturbable. + +--Oiga! Y qu fue a buscar al monte la nia Tomasa? + +--_Si...?_ + +--No lo diga. No se tome ese trabajo la nia; lo s: fue a _pajariar_. +Yo le dar pajareo. Pero, cmo es que se aparece ahora doa Tomasa +suama? + +--_Venga a presentarse a la suamos._ + +--Bueno! _Asina_ se hace. Pero por _ande dentraron_ ustedes en el +barracn? + +--_Po la pueta._ + +--Quin abri la puerta a la nia? + +--_Naide._ Tena la _pueta abieta_. + +Aqu se remat la paciencia del cmitre. + +--Conque estaba abierta la puerta, eh? Ah, pedazo de p...! + +Y sin ms ni ms la peg tan fuerte bofetn, que la tendi en el suelo +aturdida. Mientras ella se pona en pie, dirigi poco ms o menos las +mismas preguntas a los cuatro compaeros de la negra y obtuvo poco ms o +menos idnticas respuestas. + +--_Vrate_!,[48] dijo a la esclava echndole garra por un hombro con el +objeto de derribarla de bruces. + +Mas ella joven, robusta y ya prevenida, se mantuvo firme y dijo: + +--_Sumec no me catiga, mi suama mi madrina._ + +--Ja! Ja! djame rer. La seora tu madrina? Pues dile que se levante +de la cama y que venga a salvarte del bocabajo. Mira, negra de Barrabs, +vrate o te mato... + +--_Mata!_ repuso ella con arrogancia. + +--Agrrala t. Tmbala t, grit el Mayoral, ya en el paroxismo de la +ira, a los compaeros de la esclava. + +Tres de stos obedecieron sin tardanza. Dos la cogieron por un brazo y +el otro por un pie, con lo que fue fcil hacerla perder el equilibrio y +dar con ella en tierra boca abajo. + +De presumir es que la misma ciega obediencia con que los tres se +prestaron a ejecutar la orden perentoria del Mayoral, excitara ms la +clera de ste respecto a Julin arar, que pareca dispuesto a +desobedecer. Midiole don Liborio de alto a bajo con ojos en que se +trasluca algo de la rabia que le dominaba, no poco de sorpresa y un +mundo de recelos, porque era amenazadora la actitud del negro y, como la +mayora de sus compaeros all presentes, estaba armado de machete corto +o calabozo y azadn. Vino a comprender entonces que haba andado algo +imprudente, y que estaba perdido como flaquease en el momento crtico. +As que, haciendo de tripas corazn, grit con ms aparente bro que +nunca: + +--Y t qu haces, perro? Por qu no metes mano? Dobla el lomo... +(soltando uno de los ternos que acostumbraba, a falta de mejor +expletivo). + +Acompa, adems, las palabras con tan fuerte garrotazo con el mango del +ltigo en la cabeza del esclavo, que le hizo titubear y caer luego de +rodillas a los pies de Tomasa. Aun all, abatido y todo, no dio muestras +Julin de que iba a obedecer; antes temiendo el Mayoral que se recobrara +del golpe y se pusiera de nuevo en pie, agreg: + +--Sujeta por la pata a esa grandsima p... o vive Dios! que te muelo a +palos. + +Y por va de apremio le asest un segundo garrotazo, que no por ms +fuerte que el primero, sino porque quizs acert a darle en lugar donde +el cabello lanudo no protega completamente el crneo, le dividi la +piel como con un cuchillo y brot un chorro de sangre de la herida. +Julin a tientas apoy la mano abierta en la garganta del pie de su +compaera, y... empez el bocabajo. + +Tan singular conducta de parte de aquel negro en tales circunstancias, +habra llamado la atencin imparcial de persona menos estpida o menos +cegada por la pasin que don Liborio; habra inspirado consideracin, ya +que no respeto, en toda alma noble y generosa; habra excitado siquiera +la curiosidad de averiguar el origen de un sentimiento que no dejaba de +ser bello porque se abrigase en el pecho de un hombre semi-salvaje. + +Varias circunstancias, adems, concurran en el caso del negro y de la +negra, que servan para explicar la conducta de ambos en estos momentos +de prueba. Y es de creerse que porque estaba al cabo de ellas don +Liborio, mostraba tanta saa con la pareja. Julin y Tomasa eran poco +ms o menos de la misma edad; joven, robusta, agraciada ella; joven, +atltico y gallardo l; procedan del mismo pas en frica; se tenan +por paisanos o carabelas, segn dicen. Qu extrao sera que se amasen? + +Tomasa, por su juventud, alegre humor y buena presencia era la favorita +de sus camaradas y de los empleados blancos de la finca. La esclavitud +no pesaba tanto para ella, ni tena motivo para quejarse de su suerte, +comparativamente hablando. Por qu se haba fugado? Pareca claro: por +seguir a Julin, que, arrastrado por Pedro, su padrino de bautismo, el +cabecilla del motn, adopt esa malhadada resolucin. Hizo ms Tomasa: +luego que cay prisionero Pedro, del modo trgico referido, recab de +Julin el que se presentase y solicitase perdn de los amos por medio de +Caimn, que ellos saban tena ascendiente en doa Rosa. + +Para mayor abrigo, llevaba don Liborio atado a la cabeza un pauelo de +algodn, dos puntas de la lazada del cual le caan por detrs, y encima +se haba encasquetado el sombrero de paja. Traa la camisa suelta por +fuera o faldeta, el pual en la cinta y el machete en su puesto, +asegurado con una faja de lienzo blanco. Apoy la mano izquierda en la +empuadura, y con la extremidad del mango del ltigo arroll las faldas +del vestido de la esclava hasta ms arriba de las caderas y solt la +trenza del cuero crudo, que haba sujetado en el hueco de la misma mano +derecha. Todo esto por su orden, bien calculado con calma y formalidad, +como quien no tena prisa, antes se propona saborear goce exquisito, a +cuyo efecto no deba precipitar los sucesos. + +Clareaba el horizonte por el este con las pursimas luces del alba. +Descargado el primer latigazo con el aplomo y tino de quien posee brazo +experimentado y de hierro, pudo convencerse el Mayoral que la _pajuela_ +o punta de camo torcida y nudosa, con chasquido peculiar, haba +trazado un surco ceniciento en las carnes de la muchacha. Enseguida +descarg otros y otros en ms rpida sucesin hasta saltar pedazos de +la piel y fluir la sangre; sin que a todas stas la vctima exhalase una +queja, ni hiciese otro movimiento que contraer los msculos y morderse +los labios. + +As tuvo un desfogue momentneo la ira del Mayoral, mas el estoicismo de +la muchacha le priv en mucha parte del placer que se prometa al +azotarla. El dolor, sensacin fatal en todo ser animado, no la redujo, +como l esperaba, al extremo de pedir perdn a su verdugo. Por eso, y +porque deseaba concluir antes de salir el sol, encomend a los dos +contramayorales el castigo de Julin y de sus compaeros, contentndose +l con observarlos de cerca para hacerles apretar la mano cada vez que +por compasin o por otro motivo cualquiera supona que no daban bastante +recio. Tan pronto como se despachaba uno, le haca lavar la llaga con +orines en que se haban echado de antemano unas puntas de tabaco, a fin +de evitar el _pasmo_ o ttano, ordenando que los herreros les pusieran +los grillos que para eso se hicieron venir de la mayordoma de la finca. +Por lo que respecta a Julin, que se haba desmayado dos o tres veces, o +por el rigor del castigo, o por la prdida de la sangre, juzg prudente +fuese trasladado a la enfermera para que le curasen la herida de la +cabeza. A los dems penados, impedidos por el peso de los grillos y el +dolor de los crueles azotes, los oblig a trabajar, junto con los +restantes negros, en el _chapeo_ de las guardarrayas alrededor del +_casero_ del ingenio, que fue la _fajina_ que desde el principio se +propuso sacar don Liborio. + +--Escuchas, Cndido? dijo doa Rosa entre sbanas a su marido. Me +parece que oigo el cuero. Temprano ha madrugado hoy don Liborio. + +Dorma profundamente don Cndido para que le despertase la msica de los +latigazos de su Mayoral, no obstante que por el vigor con que los +descargaba y la calma de la naturaleza, resonaban por millas a la +redonda. Pero repetida la pregunta a sus odos, entre bostezo y bostezo, +contest luego con esta otra: + +--Qu tengo de or, Rosa? + +--El _cuero_ del Mayoral. Ni que fueras sordo. + +--Ya, ya. Como que oigo algo. S. Est castigando. Y qu? + +--Alabo tu sangre fra. Aparte de otras cosas, te parece poco habernos +quitado el sueo tan temprano? De seguro voy a tener hoy un dolor de +cabeza de los bravos. Me ha puesto nerviosa ese maldito hombre. Lo peor +es que voy creyendo que el tal don Liborio no tiene ni pizca de +consideracin con nosotros. Nunca me gust su cara de bandolero. + +--Y qu queras que hiciera el hombre? + +--Lo que toda persona decente hubiera hecho en su lugar. Irse a otra +parte, lejos de la casa de vivienda a castigar los negros, si es que han +cometido una gran falta y no poda dejar el castigo para luego. + +--Quizs no ha podido remediarlo. Los negros a veces se empean en que +los azoten y fuerza es darles gusto o se expone uno a que se le vayan a +las barbas. Tambin suele convenir en muchos casos que la pena siga al +delito sobre la marcha para que surta el debido efecto. + +--Pero t no sabes mejor que yo la causa de este escndalo tan de +madrugada? + +--La supongo, Rosa, y es lo mismo. Me basta saber que los negros se le +cayeron de las uas al diablo. + +--Sean o no malos los negros en general, y los nuestros en particular, +la verdad es que don Liborio no para la mano desde ayer. Y si esto hace +estando nosotros aqu, qu no ser cuando estamos lejos? Crucifica +vivos a los negros. + +--Pues t le celebrabas anoche de hombre recto, y... + +--Qu queras que dijera delante de la gente? Por dentro estaba que me +coma los hgados. Tambin no haba l enseado todas las uas. Mas ya +esto es demasiado. Qu no sabr el muy bestia que tenemos visitas? Qu +dir Meneses, joven instruido, casi extrao para nosotros, no +acostumbrado a estas escenas? Lo menos que se figurar es que ste es un +presidio, el Vedado, y que somos de alma negra... + +--No te d cuidado por el mozo, dijo don Cndido. Apostara cualquier +cosa a que duerme a pierna suelta, arrullado con la msica de los +latigazos... + +--S, pero ahora que me acuerdo, qu dir Isabelita si ha despertado? +Por fuerza que ha de haber despertado. Deben orse los cuerazos en el +muelle de Tablas. Resuenan en mis odos como caonazos. Vea Vd.; y esa +muchacha que es tan delicada, tan enemiga de los castigos. No ser mucho +que de esta hecha rompa con tu hijo, creyendo que sus padres son dos +verdugos y que l le ha bebido los vientos. Lo sentira por ti que ests +tan empeado en que se casen... + +--Poco a poco, mi cara Rosa, la interrumpi don Cndido con ms viveza +que de costumbre. Hablas cual si no aprobaras el matrimonio en proyecto. + +--De dnde has sacado t que yo lo apruebo? + +--Hombre! Hasta habamos acordado el da de la boda, poco ms o menos. + +--T has arreglado eso, yo no. Si consiento en el matrimonio no es que +lo apruebo de corazn, no es que me empeo en que se casen. Por una +parte, no podr aprobar nunca que mi hijo querido deje mi abrigo y se +vaya a vivir en otra casa. Por otra parte, no conozco mujer bastante +buena para mi Leonardo. Ni Isabelita, a quien tengo por una santa, ni la +diosa Venus que bajara de nuevo a la tierra, me parecera digna de l. +Si consiento en que se casen (todava puede que se arrepientan) es por +ti, es porque no te cansas de repetirme y cantaletearme noche y da que +el mozo se va a perder, que tendr mal fin, que es preciso sujetarlo, +que es muy enamorado (el pobrecito hasta ahora no ha mirado sino para +Isabel), que asoma inclinaciones bajas... Me pones la cabeza tamaa con +tales ageros, me asustas y digo para m: no es mal sastre el que conoce +el pao: tal padre, tal hijo, y desaprobando, doy el consentimiento. El +es un nio todava, necesita de mis caricias; pero t eres implacable, +quieres casarlo y te saldrs con la tuya. Se casar, si es que la +muchacha no se vuelve atrs... A veces creo contigo que el matrimonio es +un freno, aunque si hemos de juzgar por ti... las mayores locuras las +has cometido despus de casado, y sabe Dios... + +--En esto haba de venir a parar la cerrazn, volvi a interrumpir don +Cndido a su mujer. Ms vale as. Al fin te has distrado y dejado en +paz a don Liborio. + +--Lo que es a ese pcaro no parar hasta botarlo... + +--Sera mala poltica despedir a don Liborio a raz de haber castigado +con mano fuerte las desvergenzas de los esclavos. A dnde ira a parar +el prestigio de la autoridad? El Mayoral representa aqu el mismo papel +que el coronel delante de su reglamento, o que el capitn general +delante de los vasallos de S. M. en esta colonia. Cmo, si no, se +conservaran el orden, la paz ni la disciplina en el ingenio, en el +cuartel o en la Capitana General de la isla de Cuba? Nada, Rosa, el +prestigio de la autoridad lo primero. + +--De manera, repuso doa Rosa con la lgica parda de las mujeres, que +por conservar el prestigio de la autoridad de don Liborio vas a dejar +que acabe con los negros? + +--Acabar con los negros! repiti don Cndido fingiendo sorpresa. No +har tal, por la sencilla razn de que de ellos est llena el frica. + +--All se pueden estar todos los negros del mundo; el caso es que cada +vez se dificulta ms la reposicin de los que se pierden por causa de +los ingleses. + +--Tampoco es eso como suena, Rosa. Aparte de que por un bocabajo ms o +menos no se muere negro ninguno, rete de que los ingleses lleguen a +impedir la trata al punto de hacer escasear los brazos. Ya ves cmo les +pasamos por los bigotes los de la ltima partida del _Veloz_, +hacindoles creer que eran ladinos de Puerto Rico. + +--Contina el cuero, Cndido. Es preciso averiguar qu es eso. Haz que +venga el Mayordomo. Levntate, dispn alguna cosa. + +--Ah llaman. Dile a Dolores que pregunte entre tanto me visto. + +Esta dorma en el cuarto inmediato con las seoritas. A las voces de su +ama se asom a un postigo y dijo: + +--Es Tirso, con el caf para el amo y para Seorita. + +--Pregntale qu pasa all por el batey, dijo sta a la esclava. Qu +da de ascuas se nos depara! Y luego la mala noche... y el bochorno! +Qu prestigio de autoridad ni qu calabazas! Al infierno con don +Liborio! + +Inform Tirso, temblando del fro o del miedo, que se haban aparecido +los negros fugados, que el Mayoral los estaba castigando y que haba +matado a Julin porque no haba querido _virarse_. + +--No te lo deca? dijo doa Rosa. Ni siquiera ha respetado que yo les +serva de madrina. + +--Probable es que l no lo supiera. + +--Ellos han debido decrselo. + +--No los ha credo sobre su palabra. Adems, Tirso miente como un +bellaco. Me levantar, sin embargo, por darte gusto. Cuando se te pone +una cosa en la cabeza, eso ha de ser. + +--Me da no s qu tu santa calma. Te estn matando a los negros y no +corres. Cmo si no costaran dinero! + +--Ahora s que has hablado como un Salomn, dijo don Cndido saliendo al +prtico. + +Segn es de suponer, mucho antes que de costumbre estaban en movimiento +toda la familia y las visitas en la casa de vivienda del ingenio de _La +Tinaja_. El sitio que ofreca ms desahogo y sombro era el prtico, y +all acudieron todos. El sol hera la casa por la espalda, proyectando +la sombra por largo trecho adentro del batey donde, entre las ocho y las +nueve de la maana, se hallaba tendida la dotacin de esclavos de la +finca, en su traje ordinario, sucio y harapiento. + +Acercose don Liborio al prtico a caballo, se desmont, le at por el +ronzal a la barandilla y ascendi la escalinata hasta situarse en el +ltimo escaln. Desde all, quitndose respetuosamente el sombrero, +salud a la compaa en general, y en particular a doa Rosa, quien, +sentada con mucha gravedad en el silln ms conspicuo, cual reina en su +trono, y rodeada de sus hijas y amigas, contest con un murmullo +inaudible. No poda perdonarle esta seora a aquel hombre el mal rato, +si es que don Cndido se haba dado por satisfecho despus de orle el +relato parcial de lo sucedido por la madrugada. + +Las criadas al inmediato servicio de la familia presenciaban el +espectculo desde la puerta de la sala, y doa Rosa, por conducto de la +ms anciana, hizo decir al Mayoral que llamara a los dos +contramayorales. Venidos, hicieron la genuflexin de costumbre en +presencia de sus amos, cruzndose de brazos y permaneciendo en silencio, +cual dos estatuas de piedra negra. El aire de dignidad con que se +presentaron aquellos dos hombres, indicaba claramente que no eran +congos. Eran lucumes, raza guerrera del frica y est dicho todo. + +--Qu tal les va? fue la primera pregunta que les dirigi doa Rosa. + +Se miraron el uno al otro y de soslayo a don Liborio, como si se +animaran mutuamente a decir algo, o dar algn desahogo a su espritu +atribulado. Adivin doa Rosa el motivo del embarazo de sus esclavos: se +moran por hablar, mas temerosos de las consecuencias, por la presencia +del Mayoral, juzgaron ms cuerdo callarse. No necesit ella de ms para +hacerles salir de su reserva. Cambi la pregunta. + +--Tienen bastante comida? + +--S, _siora_, contestaron a una sin titubear. + +--Mucho trabajo? + +--No, _siora_. + +--Estn Vds. contentos? + +Volvi a sucederse la escena mmica de antes. Despus de mirarse el uno +al otro, y de reojo al Mayoral, que empezaba a manifestar bastante +inquietud, quizs se dispona el ms viejo de los dos a hacer la breve +cuanto dolorosa relacin de sus trabajos y miserias, cuando don Cndido +los ataj ordenando en alta voz que les entregaran la ropa nueva trada +de La Habana para regalo de Pascua de la dotacin del ingenio. + +Constaba cada muda para los varones, de camisa de caamazo o rusia, nada +cumplida, pantaln de lo mismo, gorro y frazada de lana; para las +hembras, de una como camisa talar llamada tnica, tambin de rusia, +pauelo de algodn de colores y frazada. Estas piezas constituan lo que +en lenguaje marino de Cuba se entenda por la _esquifacin_ de los +negros que trabajan en el campo. + +Buena dosis de soberbia haba en el carcter de doa Rosa, no siendo de +aquellas mujeres a quienes es fcil desviar de sus propsitos con +subterfugios ni sutilezas dialcticas. La mera suposicin de que don +Cndido, con achaque de proteger el prestigio de la autoridad investida +en el Mayoral, tenda a rebajar sus derechos de ama, delante de personas +extraas, bast a poner espuelas a su deseo de afirmarlos, y de un modo +sealado. En tal virtud, no bien se retiraron los contramayorales +cargados con las esquifaciones para ellos y sus compaeros, siempre por +medio del Mayoral hizo comparecer en su presencia al negro que +denominaban Chilala. Acercose despacio y con bastante trabajo, clamando, +como le estaba ordenado:--Aqu va Chilala, cimarrn. + +As que deposit la masa de hierro en el piso del prtico, se arrodill +delante de doa Rosa, cruz los brazos sobre el pecho, y con gran +humildad en su peculiar lenguaje, dijo: + +--_La bendici, mi suama sumec._ + +--Dios te haga un santo, Isidoro, contest doa Rosa amablemente. +Levntate. + +--_Asi ta mij mi suama sumec._ + +--Por qu te huyes, Isidoro? le pregunt el ama en tono compasivo. + +Extrema era la flacura de este esclavo. Apenas tena otra cosa que +huesos y nervios. Luego, el color rojizo de sus cabellos, la palidez +cenicienta del rostro, su mirar vagaroso e inquieto, comunicaban a su +semblante una expresin de azoramiento como de animal montaraz. + +--_Ah, mi suama sumec!_ exclam dando un suspiro. _Tlabaja, tlabaja; +poco coma; no conuca; no cuchina; no muj: cuera, cuera, cuera..._ + +--De modo, replic doa Rosa con mucho reposo y cierta sonrisa de +satisfaccin, de modo que si te acortan el trabajo y te dan mejor +comida y un conuco, y un cochino, y mujer con quien casarte y no te +castigan tanto, t no te huyes ms y te portas bien? + +--Si, _si, mi suama sumec. Chilala no juye ma: Chilala tlabaja; +Chilala fino, fino_. + +--Pues bien, Isidoro, ya que t me prometes que no te huirs ms y que +te portars como hombre formal, har que no te castiguen tanto, que no +te hagan trabajar mucho, que te den bastante comida, y un cochino, y un +conuco, y mujer con quien casarte. Ests contento? + +--_S, siora, mi suama sumec; Chilala contente, mu contente._ + +--Ms todava quiero hacer por ti, segura de que no me has de engaar. +Don Liborio, aadi en tono alto e imperioso: qutenle ahora mismo los +grillos a este negro. + +La larga esclavitud, la ignorancia crasa en que haba vivido, el +dursimo trato del ingenio, nada haba podido borrar la sensibilidad, el +sentimiento de la gratitud en el pecho del esclavo. Costole trabajo y +esfuerzo de imaginacin entender lo que su ama le deca; mas tan luego +como entendi que iban a quitarle los grillos, faltndole las palabras +apel a las demostraciones para expresar su inmenso agradecimiento. Se +ech de bruces a las plantas de doa Rosa, cual lo hiciera delante de un +fetiche en su pas natal, y con grandes aspavientos y exclamaciones +incoherentes de una alegra loca, bes muchas veces el suelo que ella +haba hollado. + +En todo son extremadas las mujeres de la ndole de Isabel: o aman, o +aborrecen; las medias tintas de sus pasiones se quedan para casos raros. +En las pocas horas de su estada en el ingenio, haba podido observar +cosas que, aunque odas antes, no las crey nunca reales y verdaderas. +Vio, con sus ojos, que all reinaba un estado permanente de guerra, +guerra sangrienta, cruel, implacable, del negro contra el blanco, del +amo contra el esclavo. Vio que el ltigo estaba siempre suspendido +sobre la cabeza de ste como el solo argumento y el solo estmulo para +hacerle trabajar y someterle a los horrores de la esclavitud. Vio que se +aplicaban castigos injustos y atroces por toda cosa y a todas horas; que +jams la averiguacin del tanto de la culpa preceda a la aplicacin de +la pena; y que a menudo se aplicaban dos y tres penas diferentes por una +misma falta o delito; que el trato era inicuo, sin motivo que le +aplacara ni freno que le moderase; que apelaba el esclavo a la fuga o al +suicidio en horca como el nico medio para librarse de un mal que no +tena cura ni intermitencia. He aqu la sntesis de la vida en el +ingenio, segn se ofreci a los ojos del alma de Isabel, en toda su +desnudez. + +Pero nada de esto era lo peor; lo peor, en opinin de Isabel, era la +extraa apata, la impasibilidad, la inhumana indiferencia con que amos +o no, miraban los sufrimientos, las enfermedades y an la muerte de los +esclavos. Como si a nadie importara su vida bajo ningn concepto. Como +si no fuera nunca el propsito de los amos corregir y reformar a los +esclavos, sino meramente el deseo de satisfacer una venganza. Como si el +negro fuese malvado por negro y no por esclavo. Como si tratado como +bestia se extraara que se portara a veces como fiera. + +Cul poda ser la causa original de un estado de cosas tan opuesto a +todo sentimiento de justicia y moralidad? Tendra el hbito o la +educacin, fuerza bastante para sofocar en el corazn, sobre todo de la +mujer, el sentimiento de la piedad? La costumbre de presenciar actos +crueles sera capaz de encallecer la sensibilidad natural del hombre y +de la mujer ilustrada y cristiana? Tena algo que ver en el asunto la +antipata instintiva de raza? No estaba en el inters del amo la +conservacin o la prolongacin de la vida del esclavo, capital viviente? +S lo estaba, a no quedar gnero de duda; pero eso tena de perversa la +esclavitud, que poco a poco e insensiblemente infiltraba su veneno en +el alma de los amos, trastornaba todas sus ideas de lo justo y de lo +injusto, converta al hombre en un ser todo iracundia y soberbia, +destruyendo de rechazo la parte ms bella de la segunda naturaleza de la +mujer: la caridad. + +Repasando Isabel todas estas cosas en la mente, mientras los dems +contraan su atencin a las escenas que se representaban en el prtico y +en el batey, la ocurri preguntarse:--Por qu quiero yo a Leonardo? +Qu hay de comn entre mis ideas y las suyas? Llegaremos alguna vez a +ponernos de acuerdo sobre el trato que ha de darse a los negros? +Suponiendo que sobre este particular cupiera concordancia entre +nosotros, me resignara a seguirle a este infierno? Y siguindole, +vera yo, cual doa Rosa, con impasibilidad, los horrores e injusticias +que aqu se cometen da y noche impunemente?... + +En este punto del soliloquio de Isabel, empezaba doa Rosa a mostrar el +lado bello de su carcter, que aqulla ni muchas otras personas an +haban visto. Como va dicho, a su voz cayeron las prisiones del ms +infeliz, por humilde, de sus esclavos. Y una vez empeada en esta lnea +de conducta, la prosigui hasta el fin. Era que la impelia la especie de +fiebre que produce el deseo de las buenas o las malas acciones, y +proceda a ciegas en la obra del bien. An tena de bruces a sus pies a +Isidoro, cuando orden se quitaran los grillos a los seis compaeros del +mismo, y no contenta con esta trascendental medida, hizo comparecer a su +presencia a Tomasa y a los tres castigados por la madrugada; oy con +paciencia sus quejas, les dio algunos consejos, los consol cuanto pudo +en aquellas circunstancias y acab por decir en tono airado:--Contra mi +voluntad y expreso mandato los han azotado a Vds hoy. Ea, don Liborio!, +qutenle los grillos a estos negros. + +Fuera el que fuese el motivo secreto que impela a doa Rosa a reasumir +_coram populi_[49] la autoridad domnica en su ingenio de _La Tinaja_, +los actos piadosos con que la afirm produjeron honda y sincera +impresin en el nimo de la concurrencia. Los hombres aprobaron y +aplaudieron; las mujeres, conmovidas, derramaron lgrimas de alegra. A +los ojos de Isabel, la seora de Gamboa se transfigur, pasando de +golpe, all en su noble corazn, de las profundidades del desprecio a la +ms alta cima de la admiracin. La vio entonces la ms hermosa y buena +de las mujeres. La hubiera estrechado en sus brazos con el mismo cario +que sola estrechar a su madre sana y risuea tras das y horas de +ausencia; la hubiera adorado de rodillas con el mismo fervor que el +primer esclavo, objeto de la piedad del ama, la haba mostrado su +agradecimiento. + +--Qu dulce es, exclam, perdonar las faltas de aquellos que dependen +de nosotros! Para esto nicamente es una dicha ser ama de esclavos! Y +dio a llorar ya sin fuerzas para dominar su emocin. + +--Qu! Llora Vd., seorita? la pregunt el cura compadecido. + +--No me es dado, contest ella sollozando, contemplar las acciones +generosas y caritativas con los ojos enjutos. + +--Muchas ms lgrimas derramara Vd. tal vez por motivos opuestos, si +continuase en el ingenio. + +--No me parece que pudiera vivir aqu mucho tiempo. + +--Seorita, observ el cura admirado de tanta sensibilidad y discrecin: +veo que no es Vd. de carne y de los huesos de los amos de esclavos. + +--No, no lo soy. Si me viera en el caso forzoso de escoger entre ama y +esclava, preferira la esclavitud, por la sencilla razn de que creo ms +llevadera la vida de la vctima que la del victimario. + +Adela, en su entusiasmo, rode el cuello de su madre con los brazos, +imprimi una porcin de amorosos besos en sus mejillas y la dijo: + +--Pues que es hoy da de perdones, llamo a...? No dio el nombre en voz +alta. + +--Quin? pregunt doa Rosa torciendo el ceo. + +Con mayor timidez que antes repiti Adela al odo de su madre el nombre +reprobado. + +Cambi doa Rosa de repente de semblante y de actitud, pasando del +fervor piadoso a la seriedad y... a la ira. + +--No, no. Ella no merece perdn... Tampoco se ha dignado pedrmelo. + +--Ah cerca est para pedrtelo. Slo aguarda mi aviso. + +--No, no, hija. Que no se me presente. Me hara arrepentir de lo que he +estado haciendo. No, que no se me presente. + +Alejose Adela del lado de su madre afligida y llorosa. + +Enseguida se procedi al bautizo de los 27 negros bozales de la +expedicin del bergantn _Veloz_ que le tocaron en suerte a don Cndido +Gamboa; luego al casamiento de tres o cuatro esclavas, cuya voluntad no +se explor ni por mera forma; en fin, se dio permiso para que hubiera +tambor (baile) en la finca hasta la puesta del sol. + +Por disposicin de doa Rosa, el boyero tom interinamente el bastn, +quiere decir, el ltigo, mejor, el mando de los esclavos del ingenio de +_La Tinaja_. + + + + +CAPTULO VII + + _15. En dnde, pues, est ahora mi + esperanza?_ + + _16. A lo ms profundo del sepulcro + descendern mis cosas, crees t + que siquiera all tendr yo reposo?_ + + JOB. XVII + + +Declinaba a toda prisa la tarde. All, por el rincn ms apartado del +batey, an se oa el rudo tambor con que los negros se acompaaban el +melanclico canto y el baile salvaje de su pas natal. + +Ac, por la casa de ingenio, haba gran agitacin y ruido. Las torres o +chimeneas de los hornos para hacer vapor y calentar las pailas del tren +Jamaiquino,[50] lanzaban al aire columnas de humo negruzco y espeso. + +El bozal del maquinista, recin llegado del grantico Maine, en los +Estados Unidos de Norte Amrica, con la alcuza de cuello largo y corvo +en la mano, iba del trapiche para la mquina y de sta para aqul, +dando aceite a las juntas y ejes, a fin de moderar la friccin, causa +fatal de las prdidas de fuerza. + +Impaciente y desazonado el maestro de azcar, aguardaba la corriente del +guarapo que deba poner a prueba su habilidad en hacer ese dulce con +caa molida segn un nuevo sistema. Por su parte los negros del cuarto +de prima miraban recelosos y azorados los preparativos que se hacan +para resolver el problema de hacer azcar sin necesidad de las ariscas +mulas ni de los cachazudos bueyes. + +Se pona el sol, redondo y encendido cual bala roja, por detrs del +inmenso palmar del potrero, cuando invadieron la casa de calderas los +dueos de la finca, en compaa de su familia, amigos y empleados. +Guiaba la procesin el cura de Quiebra Hacha, revestido de la sotana y +el bonete de ceremonia. Marchaban a su lado dos caballeros conduciendo +cada uno un haz de caas, atados con cintas de seda blanca y azul, que +sujetaban por la punta cuatro seoritas. Llegados delante del trapiche, +murmur el cura una breve oracin en latn, roci los cilindros con agua +bendita, valindose para ello del hisopo de plata, los caballeros +colocaron enseguida las caas en el tablero de alimentacin y dio +comienzo la primer molienda con mquina de vapor el clebre ingenio de +_La Tinaja_. + +Ms tarde, o entre dos luces, se sirvi el banquete de tabla en la casa +de vivienda. En el intermedio de la comida a los postres vinieron a +avisar al mdico que su presencia era necesaria en la enfermera. Fue, y +volvi al cabo de media hora un si es no es cariacontecido, saliendo a +recibirle don Cndido con desusada solicitud para preguntarle: + +--Novedad, Mateu? + +--Novedad y gorda, seor don Cndido, contest el mdico con el mismo +laconismo. + +--Bien vengas, mal, si vienes slo, dijo don Cndido revestido de toda +su calma. Afuera con el embuchado. + +--Acaba Vd. de perder su mejor negro. + +--Sea todo por Dios. Cul? + +--Pedro carabal. Se ha suicidado en el cepo. + +--Bah! Ms ha perdido l que yo. Qu arma ha empleado? + +--Ninguna. + +--Cmo! Entonces ha hecho uso del dogal. + +--Menos. En pocas palabras, seor don Cndido, el negro se ha tragado la +lengua. + +--Qu me dice Vd.! Ahora menos lo entiendo! + +--Lo entender Vd., cuando le diga que este es un caso de asfixia por +causa mecnica. + +--Si creer Vd., doctor, que yo hablo el griego! + +--Dir a Vd., seor don Cndido. Ora haya hecho uso el negro de los +dedos, ora de un poderoso esfuerzo de absorcin, evidente es que, +doblando la punta de la lengua hacia dentro, empuj la glotis sobre la +trquea y qued sta obliterada, impidiendo la entrada y salida del aire +en los pulmones, o cesando la inspiracin y la expiracin. He aqu lo +que el vulgo llama tragarse la lengua, y que nosotros llamamos asfixia +por causa mecnica. Durante mis viajes a la costa del frica he tenido +ocasin de observar varios casos; pero en mi larga prctica de los +ingenios de la Isla, ste es el primero que se me presenta. Tal gnero +de muerte, lo mismo que el del ahogado, debe ser muy doloroso, peor que +el de estrangulacin en horca, porque no se produce la asfixia +instantneamente, sino por grados, en todo su conocimiento, y despus de +una agona atroz. Si hiciramos la autopsia del cadver, veramos que el +sistema venoso est ingurgitado de sangre de color negruzco muy oscuro, +lo mismo el pulmn y el cerebro. + +--A fe que no haba odo en mi vida semejante cosa, dijo Cndido. Vamos +a la enfermera. + +En esta excursin (no fue otra cosa) acompaaron a don Cndido sus +huspedes y algunos empleados. El Cura y el Capitn del partido +meramente por hacerle honor, pues para el primero ya haba pasado la +ocasin de ejercer su santo ministerio con el suicida; para el segundo, +ni antes ni despus de la muerte del esclavo habra tenido ocasin de +ejercer el suyo, mediante a que dentro de los lmites de sus haciendas o +dominios era _ipso jure_ seor de horca y cuchillo don Cndido Gamboa. + +Dispuso ste retiraran el cadver del cepo. Horrorosa era su vista, +habiendo adquirido ya la rigidez de la muerte. Tendido de espaldas en la +tarima, su lecho de agona, an apretaba los bordes con los dedos +crispados. A consecuencia de las mordidas de los perros, tena hinchados +los brazos, las piernas y el levantado pecho; los ojos casi fuera de sus +cuencas e inyectados de sangre, de la cual estaban salpicadas sus ropas +en girones. + +Contribua a darle un aspecto feroz el tener la piel de la frente +arrollada desde la lnea de las cejas hasta el nacimiento de la pasa, y +zajadas las mejillas verticalmente desde el prpado inferior hasta la +orilla de la quijada, a usanza de la tribu en su pas natal. Parte de +esa costumbre era el aguzarse los dientes superiores, que dejaba ver a +travs de los labios entreabiertos, trabados con los de la mandbula +inferior: nueva prueba sta de la lucha entre la vida y la muerte. No +acusaba su semblante ms de 27 30 aos de edad; de modo que se hallaba +entonces en todo el vigor y desarrollo de su juventud. + +--Lstima de negro!, dijo Cocco. + +--Vala lo que pesaba en oro para el trabajo, dijo don Cndido +interpretando en su verdadero sentido la exclamacin del administrador +de _Valvanera_. + +--He ah la vera efigie de un salvaje africano, dijo el Cura. Dios tenga +piedad de su alma. + +--Debi haber sido ese negro la pura soberbia, dijo el Capitn Pea con +aire sentencioso. + +--Y dgalo, dijo Moya satisfecho, porque haba all uno que diera forma +a su pensamiento en aquel instante. Ms cachorro no ha _salo_ de la +Guinea. + +--Ha muerto en su ley, dijo el gallego mayordomo de la finca. Dios no le +tome en cuenta sus muchos pecados. + +--Veamos lo que dice Mara de Regla, dijo don Cndido sin mirar de lleno +a la cara de la enfermera. + +Insensiblemente las personas que acababan de hablar se haban situado en +torno del cadver, que entonces alumbraba a medias con la vela de cera +amarilla, desde el pie de la tarima, la negra mencionada por don +Cndido. Ella, con los ojos bajos, dijo: + +--Le contar a mi seor lo que ha pasado. + +La precisin y claridad de las pocas palabras vertidas, junto con el +acento argentino y medido de su voz, pregonndola como mujer de talento +y de algn trato social, le ganaron desde luego la atencin de los +circunstantes. Posea ella ambas cosas en grado notable, relativamente a +su falta de escuela y a su condicin de esclava desde la cuna. A la +natural perspicacia y carcter dulce y simptico, combinados con un +exterior agradable y fino, se agregaba el haber servido de doncella a +sus primeros amos; teniendo ocasin de rozarse ms con stos y con las +personas decentes que visitaban la casa que con las ignorantes de su +misma condicin, y de aprender, no ya slo las maneras, sino el modo de +decir y de portarse en sociedad la gente blanca y educada. Frisaba en +los 36 40 de la edad, como la atestaban sus formas redondeadas y +voluptuosas. Dos medias lunas grandes de oro pendan de sus orejas, y +para ocultar las pasas, que detestaba, se cubra la cabeza con un +pauelo de algodn, dicho de Bayaj, atado con bastante gracia y +coquetera, a guisa de turbante turco. En el momento de que hablamos, su +aspecto y tono de voz revelaban mucho disgusto y tristeza. + +--Le contar a mi seor lo que ha pasado a mi vista, dijo ella cual si +hablara con el muerto y no con su amo. Pedro, desde que le pusieron en +el cepo, se neg a comer y hablar. Slo esta madrugada bebi un poco de +sambumbia, que le hice tragar, como quien dice, de por fuerza. El hambre +se aguanta, la sed no hay quien la entretenga siquiera, y l, por las +mordidas, deba de sentir una sed ardiente. Despus, como haca +veinticuatro horas que no pasaba bocado, como haba ya perdido mucha +sangre y se le haban inflamado las heridas, a pesar de las unturas que +orden el mdico, estaba muy dbil, irritado, no poda reconciliar el +sueo. Se calm un poco luego que apag la sed. Pero no ladraba un +perro, no cantaba un gallo, no se oan pasos de gente o de animales en +el batey sin que l se moviera, le crujieran los huesos en la tarima y +se pusiera a escuchar. Los primeros cuerazos de don Liborio esta +maanita le causaron un sobresalto grandsimo y no tuvo un momento de +reposo. A cada cuerazo se estremeca de pies a cabeza, lo mismito que +hace el caballo (y perdonen sus mercedes la comparacin) cuando le +quitan la silla despus de un largo viaje. + +Estoy segura, aadi la enfermera con cierta timidez, que ms le +dolieron los bocabajos a Pedro que a aqullos a quienes se los dieron. +Le entr una especie de furia. Murmuraba en su lengua palabras que yo no +entenda. Pareca loco. En esto trajeron a Julin ms muerto que vivo, +entre cuatro morenos. Pedro lo vio. Era su ahijado de bautismo y se +convenci de que estaban castigando a sus compaeros de fuga. Entonces +se remat. Estoy persuadida que si hubiera podido, hace aicos el cepo. +Le cog miedo. Trataba de sacar los pies de los agujeros; dej la cura +de Julin y me acerqu cuanto pude a la tarima de Pedro. Le encontr +sentado, mirando para todas partes, cual si esperara que vinieran por l +a cada rato para darle un bocabajo. + +Qu tienes, Pedro?, le pregunt. Qu sientes? qu te duele? qu +quieres? Me mir fijamente, dio un gran suspiro y dijo con la garganta, +no con la lengua:--_Lamo._ Llamo?, le pregunt. A quin llamo, al +mdico? Se qued callado. Di, Pedro, quieres que mande por el amo? +Abri tamaos ojos, ense los dientes y repiti: _Lamo, lamo... su +mercea_, concluy diciendo Mara de Regla con mayor timidez, sin +levantar la vista para don Cndido. + +Este no hizo ms que sonrerse ligeramente y la enfermera prosigui su +grfica narracin. + +Yo le contest: todava no, Pedro; todo el mundo duerme en la casa de +vivienda; velar, y as que salga el amo, le avisar que quieres verlo. +Duerme, descansa un rato. Por fortuna en aquella misma hora se oy +alejarse a la gente y Pedro dio un suspiro. No venan por l. Despus me +pareci intil avisar al amo. Estaban ocupados con la reparticin de las +esquifaciones, el bautismo de los bozales... Seorita estaba quitando +grillos y perdonando a todos; quin no creera que se haba pasado el +peligro? Pero en mala hora entr aqu don Liborio a buscar algo que se +le haba quedado anoche. Vena furioso. Dijo que lo haban botado por +culpa de Pedro, pero que no se quedara riendo el muy cachorro, pues +haba ordenado el seor don Cndido que le dieran un novenario luego que +se pusiera bueno, y que si l no tena el gusto de drselo se lo dara +el otro Mayoral. No se apareca el amo y Pedro crey que estaba bravo y +que don Liborio deca verdad. Desde este momento decidi quitarse la +vida. Me asom a la ventana para ver el baile de tambor por un instante, +cuando sent que Pedro se mova; volva la cara y not que se andaba en +la boca con los dedos. No pens nada malo, pero hizo un movimiento cual +si le entraran nuseas. Corr a su lado... Acababa de sacarse los dedos +de la boca, apretaba los dientes y procuraba agarrarse de la tarima con +las dos manos. Entonces le entraron convulsiones. Me dio horror; mand +llamar al mdico, y sin saber cmo ni cundo se me qued muerto entre +los brazos. As como est ahora le encontr el seor don Jos (el +mdico). Muchos he visto morir desde que estoy aqu, pero ningn muerto +me ha causado tanto horror. + +--Se explica la negra, dijo Cocco a don Cndido cuando salan de la +enfermera. + +--No sabe Vd., todas las letras menudas que tiene, repuso don Cndido a +media voz. He aqu la causa de su perdicin. Si fuese menos bachillera +estara quizs ms contenta con su suerte. + +--Pues qu, es mujer de aspiraciones? + +--Que si es! Demasiado. Apresurmonos no sea que perdamos el plus caf. +Luego Rosa extraar nuestra demora y no conviene todava que sepa la +muerte del negro. + +Conocidamente pasaba don Cndido por el carcter de la enfermera como +por sobre ascuas. No era indiferencia la suya, tampoco desdn, menos +desprecio: era miedo, puro miedo no fuera que se averiguase la posicin +en que se hallaba colocado respecto de sa su humilde esclava. Porque es +bueno se diga una vez ms, que don Cndido Gamboa y Ruiz, caballero +espaol, rico hacendado de Cuba, fundador de una familia distinguida que +llevara su preclaro nombre quin sabe hasta qu generacin, con nfulas +de noble, ya en camino de titular y ganoso de rozarse con la gente +encopetada y aristocrtica de La Habana, se senta atado a la enfermera +de su ingenio de _La Tinaja_ por lazos que, no por invisibles eran menos +fuertes e inquebrantables. Mara de Regla posea el nico secreto de su +vida libertina que le avergonzaba y haca infeliz en medio de la +grandeza y el boato de que ahora se vea rodeado. + +El da siguiente armose en _La Tinaja_ divertida cabalgata, compuesta de +las seoritas Ilincheta y las dos ms jvenes de Gamboa, escoltadas por +el hermano de stas, por Meneses y por Coceo. + +Haca tiempo hermoso, quiere decir, que las nubes aplomadas que +encapotaban el cielo, impedan el brillo del sol en toda su fuerza, +mientras el aire seco del norte, que a su paso por el angosto brazo del +Golfo no haba podido despojarse de los fros vapores del vecino +continente, refrescaba que era una delicia la atmsfera de toda esa +costa cubana. Isabel, diestra jinete, orgullosa de su habilidad, amaba +el ejercicio a caballo y se haca la ilusin que dominara a su sabor el +campo desde la silla, respirara aire ms puro y ms libre y ensanchara +los horizontes de su existencia, cruelmente circunscritos en el ingenio +de _La Tinaja_. Este inesperado desahogo lo demandaban a una su cuerpo, +su espritu y su corazn. + +El tropel de las caballeras, esguazando el ro, camino de la estancia, +hizo levantar a los vocingleros totes y a las huraas palomas rabiches +que haban bajado a beber o a baarse a la lengua del agua, abrigadas +por las tendidas ramas de los robles. + +--Qu sombro! exclam Isabel. Convida ese charco a baarse. + +--Es muy hondo al pie de la palma sobre la margen derecha, observ +Gamboa. + +--Cmo que hondo? pregunt la joven. + +--Tapa a un hombre. + +--Entonces se podr nadar con desembarazo. + +--S, pero es muy peligroso baarse all a causa de los caimanes que +suelen ascender el ro desde la boca. En ese mismo charco que tanto +incita a Isabel, perdi pap un perdiguero que quera mucho. Yo era un +chicuelo entonces y le acompaaba en la caza. Le dispar un tiro a un +aguaitacaimn y cay en mitad del charco; tras l se lanz el perro para +traerle a la orilla, pero sin darle alcance se hundi bajo de las aguas +cual si le faltaran las fuerzas de repente. Luego apareci en la +superficie un borbolln de sangre, por donde conoci pap que le haba +atrapado un caimn. + +Buen efecto producan el arrozal en lo ms hondo de un vallecito, +irguiendo sus innumerables espigas, todava verdes, en busca del calor +solar y el campo de maz en las laderas de las colinas, con sus flores +de color morado y las barbas rubias de sus mazorcas. + +En el platanal inmediato abundaban los racimos amarillos, que por su +mucho peso hacan inclinar la cepa hasta besar la tierra con la punta de +sus anchas y largas hojas, cual lminas de acero. + +Corriendo a la ventura, sin detenerse en ninguna parte, nuestros +paseantes repasaron el ro por un vado ms abajo del anterior, dejando +tras s los terrenos de la estancia y entrando en los del potrero, por +medio de un dilatadsimo palmar. Sus enhiestos y blancos troncos +remedaban las gigantes columnas de un templo antiguo arruinado. Tena +establecido en l su campamento una banda de aquellas aves, especie de +cuervos que en su canto o grito expresan por onomatopeya el nombre bajo +el cual se les conoce vulgarmente en Cuba: cao, cao. + +En tan gran nmero se haban juntado que ennegrecan el racimo de la +palma o la penca donde se posaban; y lejos de asustarlas o hacerlas +abandonar el puesto las pisadas de las caballeras o las voces alegres +de los jinetes, eso mismo pareci aumentar su algaraba y desfachatez, +expresada en las miradas de soslayo que lanzaban desde sus naturales +alcndaras, cual si poseyeran inteligencia y quisieran burlarse de +quienes no tenan alas para llegar hasta ellas. + +--No se reiran Vds. de m, dijo Gamboa, si tuviera a mano mi escopeta. +Yo hara descender ms que de prisa a algunos de esos bribones. + +--Tan dudoso es lo que Vd. dice, dijo Cocco con sorna, que viene bien +aqu aquello de al mejor cazador se le va una liebre. + +--Por qu as? pregunt Isabel, que se daba por diestra tiradora. + +--Dir a Vd., seorita, repuso Cocco con su vocecilla gangosa e innata +cortesa. Porque con el calor del da se le pone la pluma muy +resbaladiza lo mismo al cao que a la paloma torcaz, y no le entra +fcilmente la municin. + +Luego cambiaron de rumbo los paseantes, rodeando la finca por el lado +norte, que era la porcin ms elevada del terreno. Desde una de sus +alturitas se alcanzaba a ver un pedazo del mar azul, en la apariencia +sereno, y all en el horizonte algunas velas blancas como otras tantas +aves acuticas rizando la linfa de un manso lago. + +Cerraba la guardarraya que recorran los paseantes, un bosque alteroso +que serva de lnea divisoria entre el ingenio de _La Tinaja_ y el de +_La Angosta_ del otro lado. Segn recordaba Leonardo deba de haber una +vereda que atravesaba dicho bosque, y siguiendo la cual poda llegarse a +la finca del Conde de Fernandina en la mitad del tiempo que se empleara +en caso de ir por el camino real o de la Playa. La va naturalmente era +muy estrecha y estara en parte obstruida por ramas bajas y espinosas de +los rboles y plantas trepadoras, en las cuales bien podan dejar las +seoras, como se descuidasen, girones de sus vestidos. Esto entendido, +les propuso acometer la ardua empresa. + +Haba novedad en la propuesta, por lo mismo que se corra peligro; razn +de ms para que las seoritas, ganosas de aventuras, la aceptasen de +plano y aun con entusiasmo. Qu importaba un araazo ms o menos si se +prolongaba un poco aquel rato de libertad y de expansin? La intrpida +Isabel, sobre todas, a quien el aire del campo y el ejercicio ecuestre +haban devuelto las rosas a sus mejillas, el fuego a sus ojos y la +sonrisa a sus labios, exclam:--Quin dijo miedo? Adelante. No se dira +nunca que por donde pas un hombre a caballo Isabel se qued atrs. + +Penetraron todos en el sombro bosque, llenos de alegra. Pero apenas +anduvieron corto trecho, uno detrs de otro, abrindose paso a veces con +las manos, cuando tuvieron que detenerse. Empez a sentirse un hedor +fuerte, como de cuerpo muerto; y de seguidas descubriose una vasta +congregacin de _auras tiosas_, rindiendo con su peso las ramas de los +rboles que servan como de arcos triunfales a la vereda. Algunas de +esas asquerosas aves, las ms cercanas, a la vista de los caminantes +emprendieron el vuelo, y haciendo un ruido tremendo con sus amplias y +pesadas alas, fueron a posarse algo ms lejos. Otras, las ms distantes, +no slo no se movieron de sus perchas naturales, sino que se pusieron a +ojear en todas direcciones con aire siniestro. La causa de su +amenazadora actitud se ech luego de ver: se entretenan en devorar el +cadver de un negro, colgado por el pescuezo de la rama de un rbol a +orillas de la vereda, e interrumpidas en lo ms interesante del festn, +manifestaban su indignacin de la manera dicha. + +En los momentos de acercarse los jvenes, oscilaba ligeramente el +cuerpo. Esta circunstancia enga de pronto a Leonardo, que llevaba la +delantera, respecto de su estado actual; pero la reflexin de que las +auras al abandonarle le haban impreso el movimiento oscilatorio, aun +observable, le sac prontamente del error. Habanle extrado los ojos y +la lengua, y cuando fueron interrumpidas buscaban afanosas el corazn +con sus encorvados picos. + +--Mira! dijo Gamboa a Isabel, que le segua de cerca indicndola, con +el brazo tendido, el horrible cadver contra el cual estuvo l mismo a +punto de tropezar. + +--Ay, Leonardo! exclam ella horrorizada. + +Perdi el color y el habla, y hubiera perdido tambin el conocimiento y +cado de la silla al suelo si Leonardo, advirtiendo su imprudencia, no +revuelve a toda prisa el caballo, la coge de la mano, le da los dictados +ms cariosos, le pide mil perdones y la saca al limpio, invirtiendo el +orden de la marcha. + +Mientras Leonardo despachaba el guardiero Caimn al bosque para +identificar, si era posible, la persona del suicida, Meneses acudi por +agua al arroyo inmediato, la trajo y se la hizo beber a Isabel en un +vaso rstico, de forma de cartucho, hecho de una yagua recin +desprendida de la palma. + +Averiguose que el muerto era Pablo, compaero de Pedro, que se qued en +el bosque cuando los otros cinco prfugos, inducidos por Tomasa y con el +apoyo de Caimn, resolvieron presentarse a los amos. + +La estaba reservado a Isabel, en su breve correra por los campos del +ingenio de _La Tinaja_, encuentro no menos desagradable que el anterior. +Dando la vuelta con lento paso por una guardarraya paralela a la que +llevaron antes, no a fin de alargar el paseo, sino con el de distraer a +Isabel, aun no repuesta del choque, avistaron un cercado de regular +tamao, con puerta de tablas mal unidas y una cruz tosca de madera +sobrepuesta en el centro. Pareca indicar su destino este signo de la fe +del cristiano; pero ante la ausencia absoluta de monumentos, losas o +camellones de sepulturas, ante la lujosa vegetacin herbcea del suelo, +costaba creer que era el cementerio donde se enterraban los esclavos que +moran en el ingenio de _La Tinaja_. El seor Obispo Espada haba +concedido su establecimiento en aquellas fincas rurales que por su +lejana de los centros de poblacin o de las parroquias haca difcil a +la salud pblica la conduccin de los cadveres. + +Sin duda porque todos, o casi todos, saban el destino del cercado, +nadie habl de l. Pasaron de largo y tomaron otra guardarraya en +direccin del ingenio. Descendan luego una cuesta suave y prolongada a +medida que la suban tres negros a pie. Dos caminaban delante, cada cual +con su azadn al hombro. El otro algo ms atrs, conduca del diestro un +caballo de mal pelaje. A cierta distancia no era fcil conocer, al menos +por las seoritas de la cabalgata, el objeto de la procesin ni la +naturaleza de la carga. + +Descubranse solamente dos como cilindros o trozos de cepa de pltano, +asegurados longitudinalmente en los lados del aparejo comn de carga en +el pas, a guisa de caones de campaa trasportados a lomos de acmilas. +Para Leonardo todo este misterio desapareci desde el momento que pudo +ligar la idea de los tres negros que marchaban en esa direccin, +preparados para abrir una sepultura. + +Pero, quin era el muerto? dnde estaba? Iba de espaldas en lo que +puede llamarse la batalla del aparejo encajonado entre las dos cepas de +pltano. Por ms seas que, sobresaliendo el cuerpo, la cabeza cubierta +con un pauelo a cuadros, bata colgando un lado del pescuezo del +caballo, por ms despacio que marchaba; al mismo tiempo que le golpeaba +las ancas con los calcaales de los pies desnudos. + +La guardarraya era muy angosta. A un lado y otro se desplegaban +caaverales extensos y cerrados. El encuentro se haca inevitable. En +tal aprieto, y deseoso Leonardo de ahorrar a sus amigos, en cuanto +caba, el nuevo mal rato que se les esperaba, mand picar el paso so +pretexto de que se haca tarde, y l mismo procur tomar la derecha de +Isabel y divertir su atencin hacia el otro lado del campo. Intil +cuidado. Todas las jvenes, que entonces marchaban de dos en fondo, +vieron y entendieron perfectamente de lo que se trataba, tributando +quien un pobrecito! quien una lgrima silenciosa a la memoria del +muerto Pedro; el cual, por ser negro y esclavo, no era menos digno de su +compasin. Porque ellas, aunque criadas a la leche de la esclavitud, +como tiernas flores que abran sus ptalos a los primeros rayos del sol +de la vida, bien podan exclamar con el orador latino: _homo sum; humani +nihil a me alienum puto_.[51] + +Recibi doa Rosa a los paseantes con vivas muestras de cario y +regocijo. Tom a Isabel por la mano y dijo hablando en general: + +--Gracias a Dios que han vuelto. Sobre que ya iba entrando en cuidado. +Me pareci que les haba sucedido algo. Luego, me acaban de decir que +sta (Isabel) pierde el juicio en cuanto monta a caballo. Supongo que se +han divertido mucho. + +Isabel se sonri meramente y se retir a su cuarto con Adela; pero +Leonardo, Meneses y Cocco protestaron del juicio con que todas las +seoritas se haban portado en el largo paseo. + +--Me alegro, me alegro, dijo doa Rosa. Mas luego, dirigindose en +particular a su hijo, aadi: Qu tiene? (Se refera a Isabel.) + +--Nada, que yo sepa, replic Leonardo. + +--Me parece que ha venido ms triste. Se ha enfermado en el paseo? O +t le has hecho algo? + +--Yo, mam? Jams he estado ms amable y cumplido con ella. + +Entonces Leonardo refiri a su madre cuanto haban visto en su malhadado +paseo; su encuentro con el negro ahorcado en el bosque y con el entierro +de Pedro. + +--Pero hombre! a quin se le ocurre llevar a las muchachas por +semejantes andurriales? + +--Y yo qu saba, mam? Para adivino, Dios. + +--No lo deca yo? De esta hecha Isabel no vuelve a poner los pies en el +ingenio. Se figurar que siempre es lo mismo. + +--Ella no se ha quejado. + +--Sabe mucho Isabel y es demasiado discreta para decir lo que siente, +sin ton ni son; pero se conoce que esto no le ha gustado ni un poquito. +Y tu padre est credo que cuando te cases con ella vendrn Vds. a +menudo a _La Tinaja_ a pasar largas temporadas. El dice que t tarde que +temprano, has de ser el administrador, y parecera muy feo que tu mujer +se quedase en La Habana... + +--Han arreglado ya Vds. el plan? + +--Cmo! Qu! No te gusta? + +--El plan o la novia? + +--La novia y el plan, hijo. + +--La novia me gusta un puado, no lo puedo negar; pero, es hora de +casarme, mam? El casamiento es cosa seria, t lo sabes. No ha de +hacerse cochiherviti. En cuanto a la administracin del ingenio, crees +t que yo deba encerrarme en este desierto, cuando empiezo a gozar? + +--No sabes cunto gusto me da el orte hablar as, hijo mo. Salomn no +se expresara con ms juicio. Eso mismo le deca yo a tu padre anoche. +Para qu tanta prisa? Pero l es muy porfiado, testarudo y caprichoso, +ms que un vizcano. Se le ha puesto que te cases el ao entrante y eso +ha de ser. T, sin embargo, no tienes por qu apurarte ni afligirte. +Como t eres quien se casa y no tu padre, se har el casamiento cuando +convenga. Mas si bien se mira, Leonardito, tu padre no deja de tener +razn. El me ha hecho sus reflexiones, y... casi, casi que me ha +convencido. Porque dice: Maana es otro da nos morimos nosotros. Qu +ser de todo esto? Qu de nuestros cuantiosos bienes? qu de tus +hermanas si an no se han casado? Soltero t no podrs cuidarlas, +dirigirlas ni protegerlas. Todo andar manga por hombro, vendrn a menos +los bienes cada da, y, sobre todo, se destruir la casa que tanto +trabajo nos ha costado fundar... El cree que en el primer correo de +Espaa le viene el ttulo de Conde de La Tinaja o de Casa Gamboa. Ha +dejado el nombre a la eleccin de su agente en Madrid. El ttulo pasar +a ti, mejor dicho, t lo disfrutars, pues para ti verdaderamente se ha +pedido. Entonces, adems que sera una vergenza que trabajaras +personalmente, como tu padre ha trabajado toda su vida, qu necesidad, +tampoco tendras t de ello? Al contrario, si nuestra muerte y el +condado te encuentran casado y firmemente establecido, cun diferente +no ser tu suerte y la de tus hermanas? Ni con quin pudieras enlazarte +mejor que con Isabel que es tan buena y virtuosa? Cada vez me gusta ms +esa muchacha. Si yo fuera hombre me parece que la enamoraba y me casaba +con ella. Por otra parte, hijo mo, quin atendera esto mejor que t +que eres su dueo y que te duele? Mira, cada vez que me acuerdo que por +debilidad ma... No tal, por majaderas de tu padre, se dej tanto +tiempo de Mayoral de esta finca a don Liborio, a ese bandolero, cara de +hereje, me da clera de m misma. Para qu serva ese condenado? Nada +ms que para enamorar las negras y desollar los negros con el cuero. Se +deleitaba en dar bocabajos, segn me ha contado la mujer de Moya. Tena +convertido el ingenio en un presidio. Por nada y nada cargaba de grillos +al mejor negro despus de arrancarle la tira del pellejo. Creo +firmemente que si no le boto no me deja uno vivo. El tuvo la culpa de +que se huyeran tantos; por l es fcil que se muera de pasmo todava +Julin. Le dio un bocabajo a Tomasa sabiendo que yo le serva de +madrina, lo mismo que a los otros que se haban huido con ella. +Brbaro! Estamos de malas. Dios quiera que el ao venidero sea mejor +para nosotros. Para complemento de desgracias, acaba de recibirse carta +de La Habana en que participa don Melitn que desapareci Dionisio desde +el da 24, y que ha odo decir lo mataron de una pualada por el barrio +de Jess Mara. Descerraj el escaparate de tu padre y se llev la +casaca, el calzn corto de pao, las medias de seda y los zapatos con +hebillas de oro que usaba antes de la Constitucin del ao 12. Qu se +propuso hacer con esa ropa? Venderla? Nadie se la comprara. Has visto +qu pcaro? Qu malvado! Y despus de esto crea Vd. en la honradez y +formalidad de los negros! Dios me perdone, pero el mejor... merece que +lo quemen vivo. Cunta ingratitud contra amos tan buenos! + + + + +CAPTULO VIII + + _Ay del seor, que sus vasallos deja + Al cielo remitir su justa queja!_ + + LOPE DE VEGA + + +La familia de Gamboa, en unin de sus huspedes, pas la mayor parte de +la noche del segundo da de Pascuas en la casa de calderas. + +Alumbraban el trapiche unas fogatas que haban encendido los negros, no +tanto para obtener claridad en aquel ancho y tenebroso edificio, como +para calentarse; pues se senta un relente desapacible y ellos carecan +de abrigo, excepto el gorro de lana que algunos llevaban puesto. Ruidos +distintos y gran batahola reinaban por todas partes. Hombres y mujeres +pasaban y repasaban del tablero de alimentacin del trapiche a las pilas +de caas, ya con los brazados a la cabeza, ya de vaco, segn era el +caso; todos siempre de carrera, estimulados por el ltigo del +contramayoral, que no les conceda momentos de descanso ni de respiro. +En sus idas y venidas pasaban lo ms cerca que podan de las fogatas, +as para atizarlas con el pie como para recibir de lleno el calor, en +cuyas ocasiones la llama rojiza, cual siniestro relmpago en medio de +una noche tempestuosa, sola iluminarlos de pies a cabeza, con lo que +se poda echar de ver que eran seres humanos y no fantasmas de las +regiones infernales quienes desempeaban tan recias faenas en horas que +la mayora de los obreros se entrega al sueo. + +En esta parte de la casa de calderas no se oan, pues, ms que los +estallidos de los ramos verdes y del bagazo todava hmedo con que los +negros alimentaban el fuego, o el crujido de los haces de caa al pasar +por entre los cilindros macizos y relucientes del trapiche, o el zumbido +sordo, peculiar del volante de la mquina de vapor en sus vertiginosos +giros. Con este afanoso trabajar, desaparecan una tras otra las pilas +de caa, especie de murallas verdes, que al principio circunvalaban casi +la casa de ingenio; de suerte que la corriente del guarapo en la canal +de madera haca el mismo murmurio que un arroyuelo ordinario. + +El departamento propio de las calderas estaba pobremente alumbrado por +unos cuantos candiles de grasa comn colgados a trechos de las gruesas +vigas, en derredor del laboratorio o tren Jamaiquino. Ms humo que luz +emitan, soltando de cuando en cuando gotas de grasa encendidas, que se +apagaban luego que tocaban en el suelo de ladrillos. Por su parte, el +vapor que desprenda la miel en cocimiento, cargaba ms la espesa +atmsfera de aquel sitio, disminuyendo a comps la poca fuerza luminosa +de los candiles. De tal modo era esto as, que pisando el suelo caliente +y pegajoso de las calderas, por largo rato las personas recin venidas +slo vean a los fabricantes del azcar como a travs de un espeso velo +de gasa. A veces un rayo de luz penetraba la nube de humo y vapor, hera +el busto de los negros y del maestro de azcar afanados en torno de las +calderas; y entonces se repeta aqu al vivo uno de aquellos cuadros en +que suelen representar a las nimas del purgatorio. + +Trajronse sillas y se estableci el estrado en la parte opuesta a los +hornos o fornallas, que era la ms despejada y la menos calurosa. La +reunin se aument con la presencia de los empleados blancos, los cuales +acudieron presurosos para saludar a los amos del ingenio. El maestro de +azcar hizo traer tazas y servir guarapo hirviendo con algunas gotas de +aguardiente a las seoras y a los caballeros. El mismo, echndola de +corts, sirvi del dulcsimo brebaje con su propia mano a doa Rosa y +doa Juana, y habra servido a las dems seoras si Cocco y Meneses, +modelos de cortesa, no se le anticipan y le ahorran el trabajo. +Leonardo e Isabel no se haban sentado; continuaron de bracero +pasendose arriba y abajo, en cuanto lo permitan la estrechez relativa +y los inconvenientes del sitio. Tampoco se sentaron Adela y Rosa +Ilincheta, prefiriendo registrar, acompaadas de Dolores, los diversos +departamentos de la casa de calderas, sin aventurarse, no obstante, en +los rincones muy oscuros. + +No pareca mal el maestro de azcar. Era mozo arriscado y despierto, +bastante joven y de apuesta persona, aunque vesta el traje puro de los +guajiros, el cual no contribuye por cierto al bien parecer de todos los +que le llevan. Llambase Isidro Bolmey y haba nacido en Guanajay, de +padres pobres, quienes careciendo de letras y no habiendo escuelas en el +pueblo, mal pudieron dejar al hijo, al morir, ni la ms comn educacin. +Apenas si saba leer y escribir su nombre. No profesaba religin +ninguna, aun cuando le haban bautizado y confirmado en la catlica, +apostlica, romana, durante la visita que gir por el lugar de su +nacimiento el seor Obispo Espada y Landa el ao de 1818. Lo cierto es +que, a los 26 de su vida no recordaba haber entrado en una iglesia a or +misa, menos haber rezado alguna vez, por no saber ni la ms breve de las +oraciones cristianas: el Padre nuestro. Pues este mozo ignorante, +demasiado joven para haber aprendido algo por la prctica, era, haca +algn tiempo, el maestro de azcar del famoso ingenio de _La Tinaja_, +finca que representaba en aquella poca un capital cuando menos de medio +milln de duros. + +El estallido repentino del ltigo en la parte opuesta de la casa de +calderas, en el acto de llevarse Isabel la bebida a la boca, la hizo +estremecer de pies a cabeza, y, perdido el tino, se le desliz la taza +de las manos. + +--Se ha manchado la nia el tnico, dijo el maestro de azcar como +pesaroso. + +--No le hace, dijo Isabel sacudindose la falda. + +--Diga Vd. al contramayoral, dijo Leonardo serio, que no vuelva a sonar +el ltigo. + +--Si la nia quisiera otra taza, agreg Bolmey con acento en que se +revelaba un gran fondo de tierna solicitud. _Entodava_ est el guarapo +en estado de beberse. + +--No, no, repiti Isabel. No se moleste. Para qu, tampoco? No me +gusta, que digamos, esa bebida. + +Sin duda que no agrad al mozo de Guanajay la negativa de Isabel, porque +murmur en tono que pudo orsele: + +--Parece que los cuerazos le han _queitado_ las ganas a la nia. Vea +Vd., y nosotros nos dormimos con esa msica. + +Tom Leonardo como una impertinencia la observacin del maestro de +azcar y le volvi la espalda disgustado. Al contrario Isabel, no +atendi sino a su penetracin y suaves modales, y sintiendo hacia l una +especie de gratitud, la pes de que su amante no participara del mismo +noble sentimiento. Mas, tuvo la candidez de decrselo al pao. Por lo +que Leonardo, picado ahora, se propuso _quinar_ y poner en ridculo al +maestro de azcar, examinando all mismo los puntos que calzaba en el +arte de fabricar ese dulce. + +Para ejercer el cargo de examinador, no posea Leonardo otras +condiciones que aqullas de que le revestan por el momento el despecho +y la osada de quien compara su propia alteza y superioridad casuales, +con la bajeza y la humildad relativas del primer contrincante con quien +acontece medir sus fuerzas morales e intelectuales. La clase de +educacin que su estado social y caudales le haban procurado a +Leonardo, estaba muy lejos de ser cientfica; haba sido puramente +literaria y nada profunda por cierto. No haba saludado siquiera ninguna +de las ciencias naturales, puesto que no existan en su patria entonces +ctedras libres de ellas. Verdaderamente slo se enseaba filosofa, +jurisprudencia y medicina, sin otros ramos principales que tanto +contribuyen a su complemento. Leonardo Gamboa, como la mayora de los +estudiantes de su poca, no entenda jota de Agronoma, por supuesto, ni +de Geologa, ni tampoco de Qumica, menos de Botnica, aunque de esta +ltima ciencia daba a la sazn, o pretenda dar lecciones don Ramn de +la Sagra en el Jardn Botnico de La Habana. Mas sea de esto lo que se +fuese, ello es que la ndole buena y la ignorancia supina del maestro de +azcar concedieron esta vez triunfo fcil y sealado al futuro dueo del +ingenio de _La Tinaja_. + +--Dnde aprendi Vd. a hacer azcar, don Isidro? le pregunt de +improviso y con cierto tono arrogante. + +--En el ingenio del Sr. don Rafael de Zayas, aquel que topamos como se +viene de Guanajay al pie de la loma de la Yaya. + +Ah estaba de maestro de azcar mi padre, que en paz descanse, y yo lo +acompa y lo ayud a hacer bastantes zafras. + +--Es decir, que su padre le ense a Vd. el oficio de maestro de azcar. +No es eso? + +--Pues, l haca azcar delante de m y yo aprend por mi gusto haciendo +lo que l haca. + +--Qu haca su padre de Vd.? En otras palabras, cmo haca el azcar? +Esto es lo que deseo que Vd. me explique; diciendo lo cual apret el +brazo de Isabel. + +--Dir al seor don Leonardito, repuso Bolmey revolviendo all en su +mente por si daba con las palabras que pudieran ser nuevas para su joven +amo. Si vale decir verdad, no se necesita _cencia_ para hacer la azcar; +basta un poco de prctica y un buen ojo. Yo vea que mi padre, que en +paz descanse, en cuanto que se llenaba de guarapo fresco el tacho de la +torre, lo dejaba _sentar_ un poco y le quitaba la basura; que despus lo +bombeaba de ese tacho a la paila del medio, y que despus mandaba meter +candela de duro. Verbi gracia, as como yo voy a hacer ahora. + +Mientras hablaba, dos negros con sus bombas y una canal movible +trasegaron el guarapo _desfecado_ de la segunda paila de la izquierda a +otra de la derecha, y el joven Bolmey agreg: + +--Ve el nio? Ahora quito la basura y _vaceo_ el guarapo de este tacho +en este otro y le echo un poco de cal viva... + +--Bien, para qu le echa Vd. cal?--le interrumpi preguntndole +Leonardo, con regocijo secreto de tenerlo cogido en un renuncio +ridculo. + +--Eso s que no sabr decir al nio, contest el mozo con naturalidad. +(Y como se sonriera Leonardo, agreg)--Yo no s por qu se le echa cal, +slo s que si no se le echa no se puede sacar una templa buena. Dios +solamente sabe eso. La azcar se pone agria, no se hace cuando le falta +la cal. As haca mi padre, que en paz descanse, y yo hago lo _mesmo_, +aunque si vale decir verdad, yo creo que va en suerte ms que en otra +cosa, el hacer o no la azcar. Lo que puedo decir al nio es que parece +que yo tengo suerte, que ya llevo hechas cinco zafras en este ingenio, y +sta ser la quinta, y est por la primera vez que se me _hayga_ +perdido una templa. Tambin yo conozco los caaverales de _La Tinaja_. + +--Qu diferencia encuentra Vd. entre un caaveral y otro caaveral? La +caa es la misma en todos. + +--Le parece al nio, pero no es as; y perdone que le contradiga. + +--Cmo! exclam Leonardo sorprendido y visiblemente mortificado, pues +no estaba seguro de que saba sobre este punto ms que su maestro de +azcar. Si querr Vd. venir ahora a darme lecciones acerca de la +naturaleza y calidades de las caas de azcar! Las hay de varias +especies, y aqu las tenemos de Otahit, de la cinta o morada, de la +cristalina, que es la ltima introduccin en el pas y de la criolla o +de la tierra, que no sirve para moler. Todas dan ms o menos jugo +sacarino, y sta es la nica diferencia digna de notar entre ellas. La +ms recia y menos a propsito para moler es la morada o de la cinta, +porque contiene ms parte leosa y menos jugo sacarino. No sabe Vd., por +supuesto, lo que estos trminos significan, pero tengo que usarlos, a +falta de otros que sean inteligibles para Vd. En mi ingenio abunda ms +la de Otahit que las otras pues se ha probado que es todo jugo +sacarino, todo dulce, y es, adems, la que mejor se da en la tierra +negra. Cada carretada de esta caa da pan y medio o dos arrobas y media +de azcar blanco, y tan sabroso como no se hace en ningn otro ingenio +de la Vuelta Abajo. + +--Dice mucha verdad el nio, tiene muchsima razn el seor don +Leonardito... pero... yo no hablaba de las caas, hablaba de los +caaverales. + +--Esa s que est mejor, dijo el joven, cuadrado y cruzado de brazos +delante de su maestro de azcar, esperando orle tan solemne disparate, +que hiciese rer a Isabel, la cual mantena una extraa +imperturbabilidad. Veamos la diferencia que Vd. descubre entre los +caaverales... + +--La _diferiencia_ que yo encuentro (repuso Bolmey con gran aplomo), +mejor dicho, que mi padre, que en paz descanse, encontraba entre los +caaverales, era sta: que los de tierra baja y pantanosa son ms agrios +y salados que los de lometicas, y mientras ms agrio el caaveral ms +cal necesita para que no se revenga el azcar. + +Sin ms volvi Leonardo la espalda, y as que se puso a buena distancia +de Bolmey, dijo: + +--Ser buen sastre, pero a m no me trabaja, lo juro. Quiero decir, que +cuando yo mande aqu, que ser pronto, no es ese zopenco el que me hace +el azcar. Lo primero que haga es ponerlo de patitas en el camino real. + +En su rpida excursin tuvieron tambin su aventura Adela, Rosa y +Dolores. Muy entretenidas se hallaban las tres, viendo batir la miel en +una de las refriaderas, a tiempo que se les acerc por la espalda una +negra desconocida, que les pregunt con mucho misterio: + +--Quin de las nias es la nia Adelita? + +--Yo, contest la misma precipitadamente y algo asustada. + +--Pues ah fuera, detrs de aquel horcn, aguarda por su merced su +madre... + +--Mi madre! repiti Adela sorprendida. Seorita, querrs decir... + +--No, nia, digo la enfermera. + +--Ah! Dile que se acerque, que entre. + +--Ella no quiere que la vean los amos. No se atreve a _dentrar_. + +--Ve, Dolores. Mira qu quiere tu madre. Si ella tiene miedo de entrar, +ms miedo tengo yo de salir. Qu! Si eso est tan oscuro! Como boca de +lobo. Ni pensarlo. + +A la vuelta dijo Dolores que su madre slo deseaba darle un abrazo muy +apretado a la nia Adela y decirle una cosa que no poda comunicrsela +por una tercera persona. Entonces la joven dio cita a la antigua nodriza +para ms tarde de la noche en su aposento de la casa de vivienda. +Dolores qued encargada de esperar a su madre en la puerta falsa para +descorrer el cerrojo con que cerraba por dentro y conducirla a presencia +de su joven ama e hija de leche. + +Efectivamente, entre once y doce de la noche mencionada, las dos +seoritas ms jvenes de Gamboa se hallaban reunidas con las dos +hermanas Ilincheta y su ta doa Juana Bohorques, en el cuarto de la +casa de vivienda, asignado a stas desde el principio. A medida que se +acercaba la hora de la cita aumentaba la inquietud de Adela; de modo +que, cuando llamaron a la puerta, arrastrando las yemas de los dedos en +uno de sus tableros, de un salto se puso en pie y acudi a abrir. +Dolores se present tan asustada como su ama, y dijo:--Ah est. + +--Que entre, repuso sta; y en busca de conhorte por la falta que al +parecer cometa, hablando con Isabel agreg:--Ma no es la culpa si doy +este paso... No veo otro medio de averiguar por qu mam est tan brava +con la mujer que me cri... + +En este momento entr Mara de Regla conducida de la mano por su hija +Dolores, e interrumpi Adela un acto de contricin. Una sola vela de +esperma dentro de su guardabrisa alumbraba a medias el cuarto, que si +bien espacioso, reducan bastante los diversos muebles de que se hallaba +atestado. Las seoras, sentadas en un medio crculo, aguardaban con +bastante ansiedad la entrada de la enfermera. Vena vestida del modo +como la describimos la ltima vez en la enfermera. Pasando de un medio +oscuro a otro relativamente claro, qued por un instante como +deslumbrada y confusa ante el improvisado congreso femenil. Examin uno +a uno los rostros, y de pronto se lanz sobre la seorita que ocupaba el +centro del medio crculo, Adela, y diciendo:--Esta es mi hija, la +levant en sus robustos brazos, y mientras la estrechaba en ellos y +giraba como loca, la cubra de besos y repeta:--Mi cielo! mi lindura! +mi pimpollo! mi hija idolatrada! + +Despus la volvi a la silla, se arrodill a sus pies, la rode con los +brazos por la cintura, dobl la cabeza sobre sus rodillas y llor a +sollozos sin consuelo por largo rato. + +--Qu haces, Mara de Regla? le dijo Adela conmovida a la vista de +tanto sentimiento y tan afectuosamente expresado. Clmate, mujer. Ni +hagas bulla, porque puede orte mam y entonces s que la habremos hecho +buena. Levntate, tranquilzate... + +--Ay, nia del alma!, exclam la negra enjugndose las lgrimas con la +palma de las manos. Djeme llorar, djeme desahogar el corazn dolorido +a los pies de mi adorada hija. No creo que si me ve Seorita se ponga +brava conmigo y me eche de aqu. Ah! Y cmo deseaba este momento, +justo Dios del cielo y de la tierra! Haca tanto tiempo que no vea a +su merced y he pasado tantos trabajos en este destierro, que ha sido mi +verdadero valle de lgrimas... que si me matasen ahora me dejara matar +con la sonrisa en los labios! Qu vale la vida en medio de tantas +penas? Y esto no es vivir, esto es morir todos los das y a cada hora. +Su merced no comprende la causa de mi llanto. Su merced es muy joven, es +blanca, es libre, es la nia bonita de la casa. Si su merced se casa y +tiene hijos, quin se atrever a quebrar su gusto ni a separarla de su +marido, ni de sus hijos? Su merced no sabe, ni Dios quiera que sepa +nunca lo que pasa por una esclava. Si es soltera porque es soltera; si +es casada porque es casada; si madre porque es madre, no tiene voluntad +propia. No le dejan hacer su gusto en ningn caso. Parta su merced del +principio que no le permiten casarse con el hombre que le gusta o que +quiere. Los amos le dan y le quitan el marido. Tampoco est segura de +que podr vivir siempre a su lado, ni de que criar a los hijos. Cuando +menos lo espera, los amos la divorcian, le venden el marido, y a los +hijos tambin, y separan la familia para no volver a juntarse en este +mundo. Luego, si la mujer es joven y busca a otro hombre y no se muere +de dolor por la prdida de los hijos, entonces dicen los amos que la +mujer no siente, ni padece, ni le tiene cario a nadie. Piense su merced +en lo que pasa por m. Hace ms de doce aos, como quien dice la vida de +un cristiano, que no veo a mi marido, y casi otro tiempo que he estado +separada de mis hijos. No ve su merced la injusticia, nia? Est bien +que se me castigue si he pecado; pero, por qu han de castigar tambin +a mi marido y a mis hijos? Y no digan que no es castigo esta larga +separacin; lo es, nia y de los ms duros. S que el objeto no ha sido +castigar en mi esposo, ni en los hijos de mis entraas la culpa que yo +haya podido cometer. No; mis seores no son tan malos; pero Dionisio es +un buen cocinero y haca falta en La Habana; Tirso y Dolores son buenos +criados de mano, y se necesitaban tambin all. No me quejo porque +sirven a los amos, son esclavos y tienen que servir. A dnde ir el +buey que no are? Y, servir por servir, mejor lo pasarn all que ac. Me +quejo porque estamos separados. La ausencia mata. Unidos, las penas son +menos. Adems, yo y Dionisio nos queramos... + +--Dionisio, Dionisio, repiti Adela con nfasis, cortndole la palabra a +su nodriza. Buen pjaro es Dionisio. El no te quiere, te ha olvidado. +Mira lo que acaba de hacer. Don Melitn le escribe a pap que Dionisio +se huy de casa desde la vspera de Nochebuena, y no se ha sabido ms de +l. Dicen que tuvo una tragedia y sali mal herido. + +--Lo saba, nia, dijo Mara de Regla con sentimiento. Dolores estaba +presente cuando Seorita ley la carta y me lo cont todo. Mas, quin +tiene la culpa de eso? Por qu Dionisio parece que no me quiere y que +me ha olvidado? Por nuestra separacin. A mi lado l no hubiera +cometido esa locura. Siempre fue tierno y fiel esposo para conmigo. Tan +querendn...! Yo fui cariossima esposa para con l. Mientras vivimos +juntos, mientras pudimos decir que ramos casados, no tuvimos un s ni +un no. Porque ha de ver la nia que nosotros nos casamos por amor. +Nuestro casamiento se celebr con un gran baile en el mismo palacio de +los seores conde de Santa Cruz en Jaruco. Se hizo venir al cura para +casarnos. La seora Condesa se miraba en m y se empe en que me +casara... para quitarme con tiempo de los peligros... Aqu interns, +nias (agreg la enfermera con aire malicioso), aunque me est mal el +decirlo, yo, para mujer de color, cuando muchacha, era bien parecida, +bonita, y la seora Condesa sospech que le caa en gracia a mi amo el +seor Conde... Era tan enamorado! Vaya que si lo era...! Ms enamorado +que Cupido... Hizo bien la seora Condesa en casarme con Dionisio. Pero +qu me dicen las nias del condecito? Ese pareca que deca a su seor +padre, que en paz descanse: aparta, que aqu estoy yo. No poda negar la +casta. Estaba que se beba los vientos por m. No me dejaba ni a sol ni +a sombra. + +Pero, en fin, nos casamos y fuimos los ms felices esposos del mundo. +Muri de repente al salir del bao mi amo, el seor Conde; hubo pleito +por la herencia; se hicieron costas por castigo, y para pagarlas se +sacaron a remate varios esclavos, y a m y a Dionisio nos toc en suerte +el ser vendidos juntos. Desde ese momento se nubl nuestra felicidad. Si +mi amo el seor Conde no se muere de repente, estoy persuadida que nos +deja libres en su testamento, a m y a Dionisio. Pasamos a poder de mi +amo el seor don Cndido y de Seorita, yo para servir a la mano y +peinarla, Dionisio para cocinero. Su merced no haba nacido. Todo fue +bien hasta que tuve un hijo, el cual se me muri del mal de los siete +das... + +Mi amo el seor don Cndido me alquil con el mdico don Toms Montes +de Oca para criar a una nia de una persona que jams pude averiguar +quin fuese, cmo se llamaba... nada. Y aqu est, nia ma, el origen y +el principio de todos nuestros males, quiero decir, mos y de Dionisio. + +Tendra yo a todo tirar veinte aos y Dionisio veinticuatro cuando nos +separaron. ramos dos muchachos sin juicio ni experiencia del mundo. Por +mucho que nos quisiramos, y cuente, nia, que nos queramos muchsimo, +si no nos veamos, si nos hallbamos muy lejos uno de otro, si pareca +eterna nuestra separacin, si estbamos destinados a morir, yo de +enfermera en este ingenio de mis culpas, l de cocinero en La Habana; si +Dionisio era joven y bien parecido, segn decan las mujeres, yo joven y +bonita, segn decan los hombres, qu queran que hiciramos? Echarnos +a morir o pasarnos la vida llorando la ausencia? Preciso era ser santo, +o hecho de palo, para haber sido consecuente. Supongo que Dionisio, +perseguido por mujeres bonitas, no ha podido imitar al casto Jos. Yo, +aqu donde sus mercedes me ven, hecha una vieja antes de tiempo, +lidiando con enfermos y con muertos, yo, he sido solicitada por cuantos +han llevado calzones en este infernal ingenio. + +El Mayoral que me recibi a mi llegada de La Habana no fue don Liborio +Snchez, sino don Anacleto Puales. Alto l, flaco, prieto, patilludo, +con una voz de campana mayor que pareca que iba a tragarse el mundo. +Estaba armado de machete, pual y cuero, y recostado contra un horcn +del colgadizo de su casa, fumando un tabaco, y con el sombrero puesto. +Lo rodeaban sus perros, y a la puerta se hallaba su mujer sentada en una +silla de cuero. Me pareci bonita y fina para guajira. En cuanto me +columbr el Mayoral, se enderez y le brillaron los ojos como al gato +cuando siente ratn. Hasta sus perros se levantaron del suelo. Yo me +dej rodar por el aparejo a bajo, temblando de pies a cabeza, porque me +dio en el corazn lo que iba a pasar.--Acerqese, mam, me dijo; y sin +ms, con la punta del palo me vol el pauelo de la cabeza. Moos! +moos! grit furioso. Ah! Perra! A ver. Sac el pual, me agarr las +trenzas, y tras! de un viaje me las cort _arrente_ del pellejo. Hasta +aqu no pareca tan mal; pero me vio los zapatos y las medias y se puso +ms furioso.--Oiga! grit de nuevo casi sin poder hablar. T con +zapatos? Quin ha visto negra con zapatos y medias? Venas a bailar, +no? Yo te dar baile. Apuradamente la seora dice que t no vienes aqu +de paseo, sino para que te enderecen y aprendas a obedecer. Vamos, +qutate pronto todos esos fferes. Aqu no se se necesitan zapatos para +bailar. Despacha. + +Ay, nias! no quisiera acordarme. Se me erizan las carnes cada vez que +me acuerdo. Nadie, ninguno de mis amos me haba puesto la mano encima +todava. El Mayoral me tumb en el suelo de un galletazo, hizo que dos +morenos me sujetasen por los pies y las manos y me estuvo dando cuero +hasta cansarse, creo yo, porque a los pocos cuerazos me desmay y no +supe ms de m. Ni volv en mi acuerdo hasta la noche en la tarima de la +enfermera, donde estuve sin poder moverme como dos semanas. Pues para +que vean las nias, ese mismo Mayoral que me haba recibido tan mal, +despus me llev a su casa para que sirviera de criada de mano, y me +echaba unos ojitos... Se puso celosa su mujer y entonces me mand don +Anacleto de enfermera a la enfermera, habindose muerto la vieja que +era antes que yo. Despus me solicit y me solicit con instancia, mas +yo no poda quererlo. Qu quererlo, si me haba desollado viva! Se me +revesta el demonio cada vez que lo vea. No me le negu por lo claro, +me zaf de l con diferentes pretextos, pues tema que se pusiera bravo +y me diera otro bocabajo. La mujer me ayud mucho en este caso sin +saberlo. Le dio tal fraterna de celos conmigo, que el hombre, aburrido, +pidi su cuenta y se coloc de Mayoral en otro ingenio. + +Qu lucha, nias! Se la doy a la ms pintada. Aqu quisiera haber +visto a la mujer ms virtuosa del mundo. Ningn hombre se ha acercado a +m sino para hablarme de amores. Lo primerito que me ha dicho es:--T no +mereces pasar tu juventud en esta soledad, quireme y te liberto. As me +habl Sierra, el patrn de la goleta en que vine de La Habana; as me +habl el mandadero zarrapastroso que me trajo delante del aparejo del +caballo desde el muelle; as me hablaron el tejero, el maestro de +azcar, el Mayordomo, todos. Pareca que no haban visto mujer en su +vida y que ninguno era casado ni tena hijos. + +Mas, qu me dicen las nias del seor don Jos, el mdico del ingenio? +Ese tambin me ha enamorado y sigue enamorndome con otra msica. No se +ran, nias, es la pura verdad. Ah donde sus mercedes lo ven tan +blanco, andando siempre en puntillas, credo que es un real mozo, y que +todas las mujeres se mueren por l..., pues est que se le cae la baba +por m. No lo he querido nunca. Es ms agarrado...! Don Alejandro en +puo.[52] No le dar una sed de agua ni a la paloma del Espritu Santo. +Yo! Ni saber de l. + +--Luego, dijo Adela enfadada, t quieres a los hombres por dinero? + +--No, niita, no me haga su merced esa injusticia. Yo no poda querer; +no me sala de adentro el querer a nadie. No se quiere ms que una vez +en la vida. Mi corazn se haba secado. Tampoco quera dinero para echar +lujo, lo quera para libertarme. Resist, resist...; pero la juventud, +el deseo de mejorar de suerte, de salir de este infierno; el diablo que +pone el fuego junto a la estopa y luego sopla. Qu s yo! Lo cierto +fue, nia... Se me cae la cara de vergenza. Entre todos mis +pretendientes, el carpintero vizcano que estaba aqu a mi llegada, cre +que me cumplira la palabra de libertarme; y en mal hora le fui infiel a +Dionisio. Entonces naci Tirso, ese cuervo que todava me ha de sacar +los ojos. + +Las seoras del auditorio, escandalizadas del descoco de la negra, +manifestaron su desaprobacin con un murmullo general y marcado. La +nodriza, tirando a enmendar la falta, aadi a la carrera: + +--Las nias me han de dispensar si he dicho algo malo. Pero pnganse en +mi lugar por un momento. Vamos a ver: si por una desgracia impensada, +por un trastorno de la naturaleza cualquiera de las nias que me +escuchan se vuelve mujer de color, y cuando ms dura le parece la +esclavitud viene un individuo, sea blanco, mulato o negro, feo o bonito, +y le dice: no llores ms, consulate, anmate, te compadezco, voy a +libertarte. Pensara como piensa ahora de m? A que no! Qu dulce no +le parecera la palabra! Qu buena, qu amable, qu angelical no le +parecera a la persona! Te voy a libertar! Ay, nias! Yo no he odo +nunca esas palabras sin estremecerme, sin un regocijo interior +inexplicable, como si me entraran calofros... La libertad! Qu +esclavo no la desea? Cada vez que la oigo pierdo el juicio, sueo con +ella de da y de noche, formo castillos, me veo en La Habana rodeada de +mi marido y de mis hijos, que voy a los bailes vestida de ringo rango, +con manillas de oro, aretes de coral, zapatos de raso y medias de seda; +todo como haca cuando muchacha en el palacio de los seores condes de +Jaruco. + +Pero, siguiendo mi cuento, nias, lo peor de todo era que si yo me +sonrea con el maestro de azcar se pona bravo el boyero, o el tejero, +o el Mayordomo, o el mdico, o el Mayoral, don Liborio Snchez quiero +decir, se que acaba de botar Seorita por fiera con los negros, y que +entr cuando sali don Anacleto Puales. Ese era el ms temible de mis +enamorados. Quera que le quisieran a la fuerza, y si me negaba, all +iba el cuerazo. Por celos y piques me ha dado dos bocabajos y me ha +crucificado las espaldas con el cuero. No saben sus mercedes cunto me +he alegrado de que lo botara Seorita. Tiente, nia, tiente aqu en los +hombros y las paletas. Meta la mano. + +La desliz Adela, con cierto recelo, por entre la piel y las ropas de la +negra y las retir precipitadamente porque sus dedos de rosa fueron +tropezando con verdugn tras verdugn, trazados en todos los sentidos, a +la manera de los camellones del terreno recin arado, por la punta del +ltigo del celoso capataz. Entonces comprendi la joven una parte del +martirio de su ama de leche. Doa Juana e Isabel se horrorizaron y +vertieron ms de una lgrima de simpata por la martirizada esclava. + +Y de contra, nias, prosigui ella su interesante relacin, don Liborio +haca que el Mayordomo le escribiera una carta al amo, donde le deca +mil cosas de m; que yo era una tal por cual; que traa revuelta la +finca con mis enamoramientos; que por m tena que cambiar de operarios +a cada rato. En efecto, botaba a los que supona que me gustaban. +Tambin deca que apenas entraba un nuevo operario, yo me daba mi arte +para _vajearlo_, y hacer que descuidara sus obligaciones por enamorarme. +En fin, que yo sonsacaba a los hombres. Yo sonsacadora! Qu culpa +tena de que los blancos se enamoraran de m? Si les corresponda, malo; +si los rechazaba, peor. Vaya mirando, nia, qu triste era mi +situacin! + +La _contesta_ a la carta del Mayoral era siempre: Castigue a esa perra. +Por supuesto, l se vengaba a su gusto de los desaires que yo le haca. +Pobre de m! No tena ni a quien quejarme! Vinieron unas Pascuas el +amo y el nio Leonardo, ms ninguno de los dos quiso orme ni verme +tampoco. Otra vez le dije al patrn Sierra lo que me pasaba: fue a La +Habana, volvi y me cont que no pudo hablar con Seorita ni con su +merced; slo logr decir algo a Dolores. Confirm Adela en todos sus +detalles esta ltima circunstancia, refiriendo brevemente la escena con +su madre, descrita al final del Captulo IX, Segunda parte. + + + + +CAPTULO IX + + _Por sorda y ciega haber sido + Aquellos breves instantes, + La mitad diera gustosa + De sus das miserables._ + + EL DUQUE DE RIVAS + + +Enseguida, la antigua nodriza continu diciendo: + +--Ver ahora la nia la causa verdadera del rigor con que he sido +tratada. Un da... no me acuerdo bien, slo s que hace mucho tiempo, +despus de la tormenta grande de Santa Teresa, o el ao en que ahorcaron +a Aponte,[53] me llam el amo al comedor. Estaba solo, y me dijo: + +--Mara de Regla, como has perdido al chico y tienes buena y abundante +leche, he pensado que debe aprovecharse. En tal virtud, te he alquilado +por medio del seor doctor don Toms Montes de Oca, con un amigo suyo +para dar de mamar a una nia de algunos das de nacida. Ea! con que +estar lista para despus de almuerzo. + +Despus de almorzar, el amo sali y se meti en la calesa. Yo segu +detrs de l para ir a pie. Pero me hizo subir y me sent a su lado. Me +qued sorprendida. Sentarme el amo en los cojines de la calesa, cuando +los negros slo se sientan en el pesebrn! Luego orden a Po que +arreara para all fuera. Qu ser? qu ser? pensaba yo. Salimos por +la puerta de Tierra, cogimos la calzada de San Luis Gonzaga todo +derecho, y no paramos hasta unas pocas casas de esquina del Campanario +Viejo. Delante de una de dos ventanas de hierro y zagun, mand parar el +amo junto a otra calesa vaca que se hallaba a la puerta. Cre que all +viva el mdico o el padre de la nia a quien iba a criar. El amo se +ape y me dijo:--Apate. Entr en el zagun y yo atrs de l. Entonces +vi que haba un torno grande, como para meter nios, en la pared de la +derecha y que la vista del patio la ocultaba un cancel alto, con una +puerta en medio. + +Se par el amo y me dijo bajito y muy serio:--Mara de Regla, llamars +a esa puerta, preguntars por el seor doctor Montes de Oca, y hars al +pie de la letra cuanto l te ordenare. Oye bien lo que voy a decirte. +Cuidado como hablas palabra con alma viviente de lo que aqu vieres, +oyeres o entendieres. Tampoco, mientras dure la lactancia (s, lactancia +dijo) de la nia, pienses en ver a Dionisio ni a ningn otro de casa. +Sobre todo, nadie ha de saber por tu boca quines son tus amos ni quien +te trajo a esta casa. Para todo el mundo, lo oyes? vas a ser de aqu +adelante sorda, muda y tonta respecto de m, de Seorita, de la nia que +has de criar y de las personas que la rodearn en esta casa y en +cualquiera otra a donde la llevaren, me has odo? Me has entendido? +Eh! No te digo ms. Llama. + +All me dej el amo hecha un mar de confusiones. Aunque el amo se +retir de prisa, no subi a la calesa hasta que vio que yo son el +aldabn y abrieron la puerta. Si se figurara que me iba a huir! Me +abri una morena vieja, y en cuanto que puse el pie dentro, conoc donde +me hallaba. De todas partes o llantos y chillidos de muchos nios. Me +hallaba en la Casa Cuna. Haba de todo en ella, quiero decir, nios +blancos y mulatos y crianderas casi todas negras como yo. No tuve que +preguntar por el seor de Montes de Oca, pues estaba en el comedor +examinando un nio enfermo en los brazos de su criandera, y, sin ms ni +ms, me dijo:--Mara de Regla Santa Cruz, eh? Antes que yo pudiera +contestarle s, seor, o no, seor, me cogi por la mueca, me tom el +pulso, me hizo sacar la lengua y me abri los prpados con dos dedos +para ver el color de los ojos. Todo esto callado o por seas. Luego me +llev al primer aposento. En el medio haba una camita de caoba tapada +con un mantn o velo grande de punto blanco, que el mdico levant con +una mano, mientras que con la otra me sealaba para una nia blanca +dormida entre paales de holn batista, bordados o con encajes anchos. +Qu lujos, nias, qu lujos! Me qued boba. Deban ser muy ricos sus +padres, ms ricos que el Buey de Oro. El mdico, con su vocecita faosa, +me dijo:--Esta es la nia que vas a criar. Cudala como si fuera hija +tuya, que no te pesar. T eres joven, eres buena y sana y debes tener +mucha leche. Ve la marca azul que tiene en el hombro izquierdo. No se ha +bautizado todava. + +Me hice cargo de la niita y me propuse criarla como si fuera mi hija, +no tanto por la amenaza del amo como por la promesa del mdico y porque +me pareci una divinidad. Me encant. Mejorando los presentes, no haba +visto nia ms linda en la vida. Slo poda compararse con su merced +cuando naci. Se pareca tanto a su merced entonces, que si vive y no se +ha descompuesto, es el mismo retrato de su merced. Ni jimaguas se +hubieran parecido ms. + +Qu blanca! aadi la nodriza, trazando a grandes rasgos el retrato de +la chica en la Casa Cuna. Blanca como coco, nias: la cara redonda, la +barba puntiaguda, la nariz afilada, la boca un botn de rosa, chiquita +y colorada. Y los ojos? No me diga nada: hermossimos; las pestaas +tamaas. No me cansaba de mirarla. Lo primero que hice en cuanto +_dispert_ fue registrarle los hombros para verle la marca. Tena una +media luna pintada con aguja, salva sea la parte (sentando Mara de +Regla la mano abierta en el omplato izquierdo) aqu... + +Al principio la nia no quera darse conmigo: extraaba el olor de la +madre o de la primera mujer que le dio de mamar. Los das que estuve en +la Casa me trataron como una princesa... Ah! Qu cuidado tenan +conmigo! Eso s, no me dejaban salir a la calle. El mdico estuvo tres o +cuatro veces a ver a la niita y l fue quien trajo al padre Manjn, +cura de la Salud, para que la bautizara. Le pusieron por nombre Cecilia +Mara del Rosario, de padres no conocidos, y, por supuesto, Valds. + +--Cecilia Valds! repiti asombrada Carmen. Ese nombre no suena en mis +odos por la primera vez. + +Confirm Adela el parecer de su hermana, si bien ninguna de las dos pudo +recordar la poca precisa, la ocasin ni el lugar. Con esto se despert +ms vivamente la curiosidad y el inters de las seoras. + +Por todas estas cosas, dijo la enfermera, me pas ms de una vez por la +idea que poda ser el mdico el padre de la niita. Pero era tan feo, +que me convenc que de l no poda nacer nia tan preciosa, aunque la +hubiese tenido con la misma diosa Venus. Unos pocos das despus de +bautizada la nia vinieron a buscarla en un carruaje muy lujoso, de +orden del mdico. Entramos en La Habana por la puerta de la Muralla, +dimos muchas vueltas y fuimos a parar a una casita del callejn de San +Juan de Dios. Al apearme le pregunt al calesero de quin era, y me +contest:--De Montes de Oca. Pero cuando le pregunt quin viva en +aquella casita, echando a correr dijo:--Yo no s. + +Me recibi a la puerta una mulata gorda, bien vestida y hermosa. +Dicindome:--Entra, Mara de Regla (saba mi nombre), me arrebat la +nia de los brazos y por poco se la come a besos. Esta es la madre, +pens yo. Mas luego me desenga que no lo era, pues sigui con la nia +hasta el segundo cuarto y se la present a otra mulata ms joven, ms +bonita que ella, que se hallaba en una cama.--Charito! Charito! le +dijo. _Dispierta!_ Algrate. Mira a quien tienes aqu, a tu Cecilita. +Mira qu linda est! + +Aunque estaba plida como muerta, casi desnuda, flaca, con el pelo +alborotado, se me dio aire a Cecilia, s, se me pareci mucho a ella, me +convenc de que era su madre. + +Tard mucho en _dispertar_ la tal Charito, pero ms vala que no, +porque se arm all la San Francia. Abri los ojos, mir para todas +partes como azorada y se sent en la cama. Me pareci que haca como si +estuviera loca; y lo estaba, nias, no me qued duda. Cuando la mulata +gorda, que la llamaban Chepilla, le meti la nia por los ojos, ella +empuj a las dos y se ech fuera de la cama furiosa. Agarr a Cecilita +por el pezcuezo con las dos manos y trat de ahogarla, y la hubiera +ahogado si Chepilla no echa a correr para la sala con la nia y cierra +la puerta del primer aposento. Tambin entre una negra vieja, alta, que +pareca un esqueleto andando que se apareci de repente por la puerta de +la cocina, y yo, logramos sujetar a la loca y tumbarla en la cama. +Tumbada y todo peleaba con nosotras, valindose de las uas y de los +pies, sin decir palabra, hasta que la negra esqueleto, hecha un mar de +lgrimas, me dijo por seas que la amarrara con una sbana en el catre. +As lo hice y... remedio santo; la loca se qued como en misa. Por eso, +bien deca mi amo el seor Conde, que el loco por la pena es cuerdo. + +Quieta por aqu la gente, fui a coger la nia, pues la o llorar; y +encontr las puertas cerradas por dentro con la aldaba de garabato, y +aunque toqu varias veces, no vino _sea_ Chepilla a abrirme. Supuse que +por miedo de la loca, y trat de _aguaitar_ por un agujero, por si vea +lo que estaba haciendo. La vi efectivamente de espaldas, asomada a un +postigo de la ventana, presentndole la nia a un caballero que se +hallaba en la calle y del cual slo alcanc a verle el sombrero negro de +ala angosta y copa como campana. Era de los llamados del _situayn_, que +estaba de moda y me pareci haberlo visto antes. + +Sin duda con ese caballero hizo _sea_ Chepilla venir al mdico Rosan, +pues se apareci en la casa de buenas a primeras y derecho pas al +cuarto de la enferma y la estuvo examinando despacio. Su _pronstico_ +fue fatal. Charito est loca de cepo, le dijo sin rodeos a _sea_ +Chepilla; y lo que es peor, hay que separar cuanto antes la hija de la +madre o la madre de la hija. Ha tomado con ella el tema de su locura y +es muy fcil que la ahogue en uno de sus arrebatos. _Sea_ Chepilla, +afligidsima, como deben figurarse sus mercedes, dijo que aunque vea el +riesgo de que durmieran bajo el mismo techo la madre y la hija, no se +atreva a tomar una determinacin hasta consultar a un caballero con +quien ella consultaba todas sus cosas.--Ser ese sujeto con quien Vd. +me mand a llamar? pregunt el mdico. + +--El mismo, contest la mulata gorda. + +--Pues me espera en la esquina, agreg el seor de Rosan, para or de +mi boca el pronstico del estado de la enfermedad de la doliente, y como +el caso urge y no hay tiempo que perder, le har venir para que Vd. le +consulte...--No, no seor, repuso _sea_ Chepilla asustada. Se perder +ms tiempo. El no vendra ahora aqu. Mejor ser que si Vd. tiene la +bondad le haga por m la consulta all mismo y me diga despus su +resolucin. Fue a la esquina el mdico, a poco volvi y comenz a +decir:--Don Cn...--Calle, seor doctor, le ataj ms azorada que nunca +_sea_ Chepilla. Calle, por vida suya, no diga ms, yo s su nombre y +basta. + +--Bien est, continu el mdico con toda su calma; el caballero de la +esquina es de opinin que se lleve a Charito a Paula, ahora mismo +dispondr que la conduzcan en una litera. Ah! Tambin es de opinin que +se quede la nia con su criandera en esta casa. + +--Quin era el caballero de la esquina? preguntaron a una Carmen y +Adela. + +--Yo no lo s verdaderamente, nias mas; contest titubeante la antigua +nodriza. No me atrevera a jurar que el mdico dijo don Cn. Bien pudo +decir en vez de don Cn, don Juan, don San u otra palabra acabada en an. +Me hallaba distante, tema que me sintieran, y luego la nia continuaba +llorando. Me pusieron en sospechas, lo confieso, los aspavientos de +_sea_ Chepilla, y el recuerdo del sombrero de moda que vi por el +postigo de la ventana. + +--Anj! exclam Carmen. Segn eso, si no sabes de cierto quin fue el +caballero que no acab de nombrar Rosan, lo sospechas. Cmo crees t +que se llamaba? + +--Yo no creo ninguna cosa, nia Carmita, contest Mara de Regla +turbada. Tampoco me atrever a decir esta boca es ma. + +--Qu temes? le pregunt Adela en tono blando. + +--Ay, nia Adelita! Temo mucho, temo todo. Los negros han de mirar +primero cmo hablan. + +--Tu temor es vano. Qu puede sucederte? Tanto tiempo hace de lo que +vas a referir, que ya casi se ha olvidado. Adems, el sospechar no es +malo, la sospecha es natural algunas veces. + +--Pero, nia, su merced parece que se olvida que lleva siempre la de +perder el esclavo que sospecha de sus amos. + +--Cmo! Qu! interrumpi a la negra, Carmen, visiblemente enojada. +Acaso sospechas que fue pap? + +--Yo no, nia de mi corazn, se apresur a decir la antigua nodriza. +Dios me libre de sospechar nada malo del amo. Me equivoqu, nia +Carmita, se me trabuc la lengua. Yo no quise decir amos, yo quise decir +blancos. Los esclavos no deben pensar nada malo de los blancos. +Entiende ahora la nia lo que quise decir? + +--No, repuso Carmen con marcada seriedad. No quiero creer lo que dices +ahora para disculparte y no referir lisa y llanamente lo que sucedi. Te +haces la mosquita muerta cuando te conviene, y crees que sabes ms que +nosotras. Pero te engaas, y lo peor es que te contradices a las claras. +Voy a probrtelo. No te pareci malo contar que al mdico don Jos Mateu +se le caa la baba por ti, que lo mismo o poco menos le sucedi al Conde +de Jaruco y a su hijo, y que la Condesa, por celos, se apresur a +casarte con Dionisio. Qu ms podas decir de unos caballeros blancos? + +Hubo un momento de silencio, si penoso para la narradora, mucho ms para +Isabel, cuya viva imaginacin traspasaba los lmites del presente, junto +con los del lugar; y, atando cabos, vea, como a travs de un cristal, +el cuadro nada limpio ni edificante de la familia con la cual iba a +contraer lazos que no se rompen sino con la existencia. Nada pregunt, +no despleg los labios para hacer una exclamacin o exhalar un suspiro; +con lo que haba referido la negra tuvo bastante para adivinar lo dems. +En el mismo caso no se hallaban Carmen y Adela. Estas no posean el +talento, la edad ni la experiencia de su amiga, y fue natural que, lejos +de asustarse, disgustarse o darse por satisfechas, sintieran mayor +curiosidad y desearan averiguar hasta los ms menudos incidentes de una +historia que tena todos los visos de escandalosa, si no de altamente +inmoral. + +--Vamos a ver, volvi a la carga Adela con su voz melosa y persuasiva +expresin. Di de una vez, quin te figuras que fue el caballero que +viste por el postigo de la ventana? + +--Voy a decirlo porque sus mercedes me lo exigen, no porque me sale de +adentro. Dios me castigue si digo mentira, y no me tome en cuenta mis +palabras si levanto un falso testimonio. Pero me figur, nias, que el +caballero que vi al postigo de la ventana besando a la nia era... el +amo. Se pareca mucho. + +--Pap! exclamaron a una, ahora indignadas, Carmen y Adela. Eso no +puede ser. Te engaaron tus ojos. Pap no ha tenido que ver nunca con +mulatas y gente sucia. + +--Mentira! recalc Carmen, que no senta ningn gnero de consideracin +por Mara de Regla. No fue pap. No, no, no. Pap, tan serio, tan +caballeroso, noble por nacimiento y por carcter, pap besar a +hurtadillas, desvivirse por una muchachuela de la Cuna, una mulatica +quizs! Es imposible! Lo niego, lo rechazo con indignacin. Si me lo +juran por todos los santos del cielo no lo creo. + +--Me enga, nias, dijo la negra compungida. Sus mercedes no deben dar +crdito a mis palabras. Me enga, vi mal. Tom a otro caballero por el +amo. Me confunda. Hganse cargo sus mercedes que yo estaba sofocada por +la pelea con la loca, y de contra, que vi lo que pasaba en la ventana de +la sala, por un agujerito en la puerta del aposento. No es mi culpa que +yo haya guardado esa figuracin tanto tiempo en el pecho. Qu culpa +tuve yo de que el amo me alquilara para criar la niita? qu culpa tuve +yo de que el amo me llevara en su calesa a la Casa Cuna? qu culpa tuve +yo de que el amo me encargara el mayor silencio sobre lo que iba a ver y +or en la Cuna y en toda otra parte a donde llevaran la cra? Sus +mercedes no ven el misterio? Luego, quin era el padre legtimo y +verdadero de Cecilia? El mdico Montes de Oca no era; el mdico Rosan +no era; el amo no era, porque estaba casado con Seorita. Quin era? +Claro, el hombre que vena a menudo a ver la niita, siempre +escondindose de m. Por qu se esconda de la criandera de su hija y +no de la ama de la casa? Yo cavilaba en esto, y luego daba la casualidad +que ese hombre se pareca tanto al amo, que muchas veces me tragu que +los dos eran uno. Pero sus mercedes me han sacado de la duda. + +--Por supuesto, dijo Carmen, en quien la diplomacia de ama empezaba a +ejercer su imperio sobre la pasin de hija. Por supuesto, t estabas +equivocada. Pap no ha tenido ms arte ni parte en ese enredo que el +buen deseo de sacar al mdico Montes de Oca de un compromiso con un +amigo suyo que necesitaba una negra para criar a una nia ilegtima. Tan +claro se ve esto como la luz del da. Lo extrao es, muy extrao, agreg +dirigiendo la palabra a sus amigas, que esta negra, la ms despierta y +resabida de las negras, no hubiese procurado averiguar quines eran las +mujeres de la casita en el callejn de San Juan de Dios; ni cmo se +llamaba el caballero que sola venir a ver la muchachita por el postigo +de la ventana. He aqu la cosa ms incomprensible para m. + +--Ah! exclam la taimada enfermera. Conque su merced cree eso? Pues +mire la nia que trabaj todo el tiempo lo que fue bueno para averiguar +lo ms mnimo; y unas cosas supe y otras cosas no logr saberlas. Vaya +que si met los dedos! Vaya que si _escarbat_! Ms que una gallina con +pollitos. Pero nada, no haba modo de sacarles una palabra. Las dos +mujeres, o eran muy sabichosas, o las haban _alicionado_ gentes que +saban ms que nosotras. Lo nico que logr averiguar de cierto fue que +la morena esqueleto se llamaba Madalena Morales y era madre de _sea_ +Chepilla, que _sea_ Chepilla Alarcn era madre de _sea_ Charito, y +_sea_ Charito era madre de Cecilia Valds. Es querer decir, que +Madalena, negra como yo, tuvo con un blanco a _sea_ Chepilla, parda; +que _sea_ Chepilla tuvo con otro blanco a _sea_ Charito Alarcn, parda +clara, y que _sea_ Charito tuvo con otro blanco a Cecilia Valds, +blanca. Ahora, quin mantena a esas mujeres? quin pagaba la casa, la +comida, el mdico y el lujo? Quin era el padre de la nia? Nunca pude +averiguar lo cierto. No me vala meter los dedos con mucho disimulo. +_Sea_ Chepilla siempre estaba alerta. Porque si yo le haca una +pregunta, por inocente que fuera, de seguro que me sala con otra +pregunta:--A dnde aprendiste esa labia? + +Una vez le pregunt a Madalena cmo se volvi loca Charito. En mala +hora. No habl ni una palabra; se _dimud_, se puso ceniza; resopl como +un animal espantado; solt muchos ufs y afs y sali disparada y se meti +en la cocina. Otra vez le pregunt quin meti a Cecilita en la Casa +Cuna. Jess! acab de rematarse. No pudo hablar. Le pregunt otra vez: +cmo es la gracia del padre de Cecilita? Pareci que le pegaron +candela; materialmente ech chispas por todo el cuerpo; se le pararon +como culebras los moitos de pasas en la cabeza; dijo:--oh! ah! abri +los brazos, uno para ac, otro para all, form dos cruces con los dedos +cual si hubiera visto al diablo y me dej con tamaa boca abierta. Le +digo a las nias que no me descuidaba. + +Lo malo es que yo, partiendo por la primera, cre que el caballero +blanco, que vena casi todas las semanas a ver la niita a escondidas +mas, era el amo, y se lo dije a Dionisio en cuanto nos vimos. Por Po +supo l que el amo se apeaba a menudo en al callejn de San Juan de +Dios, y que segua luego a tomar el carruaje, o en la calle del +Empedrado, o enfrente de la casa de don Joaqun Gmez, donde jugaba +todas las noches al tresillo. Con estas seas, tanto hizo Dionisio hasta +que dio conmigo. _Sea_ Chepilla no me dejaba salir a la calle ni para +hacer los mandados; pero yo y Dionisio nos veamos, o de madrugada +cuando l iba a la plaza, o tarde de la noche mientras todos dorman en +la casa. Entonces conoci Dionisio a Cecilia y le tom un odio... +mortal, porque ella era la causante de nuestra separacin. Para salir +Dionisio de casa tarde de la noche, haca que la vieja Mamerta robara la +llave de la puerta de la calle, que se guardaba en el aposento de +Seorita. + +Por fin, una madrugada nos pill _sea_ Chepilla a m y a Dionisio +conversando en la sala, y se puso tan brava que me quit la nia y me +prohibi darle de mamar. Por fortuna esto fue como a los nueve o diez +meses de estarla criando, en que ya caminaba y poda mantenerse con +mascaditos... A los pocos das _sea_ Chepilla me dijo que ya no me +necesitaba ms y que poda irme para mi casa. Yo le contest que no +saba las calles de La Habana y tema perderme. Admrense, nias, al da +siguiente vino Po por m. Quin le avis? El me dijo que el amo haba +mandado a buscarme. Pero, cmo supo el amo que me haban botado? + +En casa me aguardaba Seorita con espada en mano. Yo, sin embargo, no +tema nada, porque esperaba que me defendera el amo. Qu haba de +defenderme! Al contrario, me pareci que se puso en contra ma y que +atiz a Seorita para que me mandara al ingenio, sin hacer ninguna +averiguacin. Dionisio me haba contado que Seorita y el amo haban +tenido muchas pendencias por mi causa, por la nia que yo criaba, por +haberme llevado el amo en la calesa a la Casa Cuna, porque no crea que +el mdico Montes de Oca me haba alquilado; en fin, por otras mil cosas. +Lo cierto es, que apenas entr por la puerta del zagun, me llev +Seorita al cuarto escritorio donde estaba el amo sacando cuentas, y +all me puso en confesin. No recuerdo todo lo que me pregunt, ni lo +que yo le contest; lo que yo recuerdo bien es que le dije muchas +mentiras y que me amenaz con mandarme al ingenio. El amo no dijo ni j, +ni j. + +Pero ya estaba yo embarazada de Dolores y Seorita de su merced. Ella +se enferm de estas resultas, y cuando naci su merced, como estaba +delicada y yo haba salido felizmente de mi cuidado, tuve que criar a su +merced para que la vieja Mamerta criara a Dolores con leche de vaca y +migas. + +Vean ahora, nias, mi mala suerte. Yo, madre querendona, obligada a +criar la hija de mi seora, mientras a la hija de mis entraas, la +primera que se me lograba, no poda darle de mamar, tan siquiera cogerla +en mis brazos para besarla y calentarla en mi seno. Bien sabe Dios que a +m siempre me han gustado los nios; que si cri bien a Cecilia, con ms +veras la cri a su merced y la quise y la quiero como si la hubier +aparido. Pero pngase en mi lugar, nia Adela, y considere cmo no +sufrira yo cuando vea a su merced sanita, sonrosada, rolliza, limpia, +con mucho birrete de punto, mucha faja bordada, mucha camisita de holn, +faldellines con encajes, mediecitas de hilo y zapaticos de seda, +durmiendo en cuna de caoba que la mandaron al amo de regalo desde el +Norte, siempre en mis brazos o en los de Seorita, en los de la nia +Antoica, hasta en los del amo, porque su merced era muy chiqueada por +todas las personas; porque su merced lloraba, o se quejaba de algo, se +vena la casa abajo y eran pocos los amos, los amigos y los criados para +correr por el mdico, para ir a la botica y atender a la nia, hasta que +se le pasaba el dolorcito y se pona buena. La mayor parte de las veces +yo tena la culpa, segn deca Seorita, del llanto de su merced, porque +la haba pellizcado al fajarla, porque el agua del lebrillo en que la +ba estaba muy fra o muy caliente, porque le prend mal un alfiler y +le araaba, y por otras mil cosas. E intertanto qu era de mi hija +Dolores? Figrese su merced cmo no me partira el corazn de verla +flaca, enfermiza, mocosa, sucia, casi desnuda, arrastrndose por el +suelo, entre las gallinas del patio o entre las patas de los caballos +en la caballeriza, o al lado del anafe de las planchadoras, o en la +cocina salpicada de manteca caliente; chupando en una muequita el pan o +el arroz mojado en leche que para entretener el hambre le envolva en un +trapo sucio la mujer que la criaba. Si lloraba... Jess! En vez de +consolarla, Seorita era la primera que deca:--Llvense esa negrita +para la cocina! Me atormentan sus chillidos. Dionisio no saba manejar +nios, ni poda tampoco abandonar sus obligaciones. Mamerta, la +encargada, era una solterona vieja que tampoco saba cuidar nios, que +no haba tenido hijos en su vida y... no conoca el amor de madre. + +Yo me pasaba los das y las noches llorando. Me qued en la espina. No +me falt por eso la leche, al contrario, luego que Seorita me haca +comer ms de lo regular, se me derramaba en el seno. Poda haber criado +a las dos nias con descanso si me hubieran dejado. Pero qu haba de +consentirlo Seorita! Ni pensarlo. Viendo Mamerta mi afliccin y mi +tristeza, me trajo una noche a Dolores al cuarto donde yo dorma junto a +la cuna de su merced. Ah! Con qu gusto le di de mamar! No he sentido +en mi vida mayor delicia! Aquella noche sali bien la trampa. Luego, +Dolores se engri conmigo; como que conoci la diferencia que haba de +chupar arroz mojado en la muequita de trapo, a chupar leche en el seno +de su madre. Para librarse Mamerta del llanto de Dolores y que la dejara +dormir, me la trajo otras noches, cuando crea que todos dorman en +casa. Mas tanto va el jarro al pozo hasta que se rompe. Una noche, +estando conmigo en la tarima, despert su merced, y fue preciso sacarla +de la cuna para que no oyera Seorita y nos pillara a todos juntos. +Coloqu a su merced a mi derecha, y a Dolores a mi izquierda y acostada +boca arriba entre las dos, dej que, como dos alacrancitos me chuparan +hasta la ltima gota de leche. Pero sucedi, supongo, porque yo me dorm +pronto, que Dolores se cans de mamar por un lado, trat de chupar por +el otro, y de buenas a primeras tropez con las manos y la cabeza de su +merced, abrazada con su parte. All fue Troya. Armaron las dos tal +pelotera, que dispert Seorita, vino al cuarto con una vela en la mano +y nos pill en el acto. + +Mamerta fue la que pag el pato, porque le dio una de chuchos el +Mayordomo, por mandato de Seorita, que no le quedaron ms ganas de +traerme a Dolores a la tarima. A m no me dijeron nada; pero al mes +siguiente o por ah, Seorita consult con el amo lo que haba de +hacerse conmigo; dio orden de embarcarme en la goleta de _se_ Pancho +Sierra y me soplaron en el ingenio de _La Tinaja_ el da menos pensado, +para que purgara mis culpas y pecados. + + _Ellos en aquesto estando, + Su marido que lleg._ + +Pasadas las doce de la noche, entreoy doa Rosa un murmullo de voces en +el interior de la casa, y no creyendo menos sino que ocurra alguna +novedad entre sus hijas, se levant, y empujando puerta tras puerta por +toda la cruja de los cuartos, no par hasta el tercero, donde se +celebraba el congreso femenil. Su primer impulso fue reprender a sus +hijas, pero se contuvo a la vista de las seoritas Ilincheta y de su +respetable ta doa Juana Bohorques. Entonces trat de averiguar el +motivo de la velada. + +Todas las seoras, ms que menos asustadas, no acertaron a decir palabra +en justificacin de la desusada escena. No as Adela. Lejos de turbarse, +sali con mucha risa a recibir a su madre, procurando ocultarle la +antigua ama de leche con los pliegues de la falda; y en pocas palabras +la explic el objeto de la reunin y sus resultas. Enseguida +agreg:--Aqu tienes a Mara de Regla. Te pide perdn (se haba echado a +los pies de su seora) y nosotras todas nos unimos a su ruego para que +la dejes ir a La Habana al lado de Dionisio. + +Cogida de sorpresa doa Rosa entre los brazos de su hija y la esclava a +los pies, no supo qu responder; mas luego dijo con sentimiento. + +--Ay, hija! qu me pides! Eso es ms, mucho ms de lo que yo puedo +concederte si he de cumplir con mi deber y mirar por mi tranquilidad y +la de algn otro de la familia. + +--Mam! repuso Adela, ella nos ha contado su historia y la creemos +inocente de todo cuanto la acusan. Oyndola hemos llorado como unas +nias. + +--Inocente, t, dijo doa Rosa con sarcasmo, que has credo en sus +cuentos y lgrimas de cocodrilo. No ha nacido negra ms hipcrita y +maligna que sta. Me ha causado ms disgustos que pasas tiene en la +cabeza. Nunca me ha dicho palabra de verdad; ha tratado siempre de +engaarme y me ha desobedecido muchas veces. S, aqu est donde merece. +En ninguna otra parte podran aguantarla, y me da lstima cuando te +empeas por semejante negra. Lo peor es, nia, que ella no te quiere, +porque es incapaz de querer a nadie. + +--Pero yo la quiero, mam. Ella me cri y siempre me llora y me pide que +le sirva de madrina contigo. No tengo ya fuerzas para resistir sus +lgrimas y sus ruegos. + +--Est bien, Adela, replic doa Rosa despus de breve rato de +reflexin. Por ti y por Isabelita (que no poda reprimir el llanto) +perdono a Mara de Regla. Que vuelva a La Habana, pero no a servirme, ni +a vivir en casa, sino para que se alquile por su cuenta. Yo le dar +papel. Con eso, el jornal que gane ser para que t y Carmen tengan +todos los meses algn dinerito con que comprar alfileres. + + + + +CUARTA PARTE + + + + +CAPTULO I + + _Del contrario el pecho roto + Lanza ya de sangre un ro..._ + + EL DUQUE DE RIVAS + + +Por necesidad mortal no result la herida que en ria al cuchillo con el +msico Jos Dolores Pimienta, recibi Dionisio Jaruco o Gamboa. No le +asestaron el golpe de punta, sino de corte, y aunque el hierro dividi +diagonalmente los msculos del lado izquierdo del pecho, a la altura de +la tetilla, no lastim parte ninguna delicada en su largo trayecto. De +manera que, si cay de espaldas, no fue porque la herida le priv de +hecho de las fuerzas. Tropez con una piedra de la calle al esquivar el +golpe, abatindole el susto y el fluir de la sangre. + +Postrado y lamentoso, oprimindose la herida con ambas manos, se hallaba +en medio de la calle Ancha cuando acert a pasar un hombre de color, de +formas atlticas. Iba descalzo y llevaba una correa de cuero crudo que, +pasndole por el hombro derecho, se una por las dos gazas de las +extremidades en el costado izquierdo, a manera de tahal. Era aguador o +carretillero, como dicen en La Habana. Se acerc al or los quejidos y +se retir luego de prisa, murmurando:--_Mat! Dio mi libra._ + +Enseguida pas otro, tambin hombre de color, aunque ms civilizado que +el precedente, si hemos de juzgar por el traje. Traa al brazo algo que +pareca un instrumento msico, envainado en una funda de bayeta. Par la +atencin en los lamentos del herido, se detuvo a respetable distancia, +y, cerciorado de lo que pasaba, exclam compadecido:--Pobre! _Qu +moja le han dao!_ No se ha _muelto entuava_. Pero quin me mete a mi +en honduras? La justicia!... _All su arma su parma!_ + +Este sigui camino a toda prisa, volviendo la cara atrs de cuando en +cuando, no fuera que alguien le hubiese visto y le siguiera las huellas +para achacarle el homicidio maana o esotro da. + +El tercero de los transentes, hombre as mismo de color, era un tipo +_sui generis_; marcado, tanto por el traje que vesta como por sus +acciones y su aspecto. Componase aqul de pantalones llamados de +campana, anchotes por la parte de la pierna, estrechos a la garganta del +pie, lo mismo que hacia el muslo y las caderas; camisa blanca con cuello +ancho y dientes de perro en vez de borde; pauelo de algodn tendido en +ngulo a la espalda y atado por delante sobre el pecho; zapatos tan +escotados de pala y taln, que apenas le cubran los dedos ni le +abrigaban el calcaar, de modo que los arrastraba cual si fueran +chancletas; y un sombrero de paja montado en un zarzal de trenzas de +pasas, que tras de abultarle la cabeza demasiado, afectaban la forma de +los cuernos retorcidos de un borrego padre. Pendan del lbulo de sus +orejas dos lunas menguantes que parecan de oro, pero que, tocadas en la +piedra de toque, estamos seguros, el ms inexperto platero las habra +declarado de ordinaria tumbaga. + +Trazamos ahora aqu con brocha gorda la vera efigie de un _curro_ del +Manglar, en las afueras de la culta Habana, por aquella poca memorable +de nuestra historia. No es nuestro original el majo que viste traje +andaluz. Es, ni ms ni menos, el negro o mulato joven, oriundo del +barrio dicho o de otros dos o tres de la misma ciudad, matn perdulario, +sin oficio ni beneficio, camorrista por ndole y por hbito, ladronzuelo +de profesin, que se cra en la calle, que vive de la rapia, y que +desde su nacimiento parece destinado a la penca, al grillete o a una +muerte violenta. + +Si hubiera cabido en la naturaleza del que naci curro, el aplicarse a +alguna cosa buena o de provecho, no cabe duda que el de que hablamos +ahora habra aprendido cuando menos las primeras letras; pues es un +hecho histrico que en la poca de su muchachez haba en La Habana ms +escuelas de ese grado servidas por maestros de color que por blancos, y +su padre, bien intencionado africano, tuvo siempre particular empeo en +que recibiera alguna educacin su callejero hijo. + +Ah cerca de la calle de los Corrales, donde naci y se cri nuestro +curro, estaba la escuela de Lorenzo Melndez, Teniente de granaderos de +la milicia de color, concurrida de nios pardos, negros y blancos, donde +se distribua la enseanza casi de balde, como que la pensin consista, +por la mayor parte, en legumbres, aves, huevos y velas de cera. Pero en +vano el padre le condujo muchas veces en persona; en vano recomend al +maestro que le sentara la mano, porque el rapaz era de mala cabeza; en +vano l por propia cuenta le propin castigos atroces; no aprendi ni el +_cristus_,[54] en las poqusimas visitas que hizo a la escuela del +venerable maestro Melndez. + +Prefiri siempre la pesca de sardinas en Tallapiedra, o la de camarones +en la Zanja Real, o el juego de papalotes en el placer de Pealver, o +el de mates en la plazuela de San Nicols, o el del picado en las +paredes de la iglesia de Jess Mara. Esto, en el lenguaje vulgar de los +chicos de la escuela, se llamaba _fugitivarse_. La fuga de ella traa +consigo la necesidad de pasarse los das enteros al sol y al agua en las +calles, hecho la piedra de escndalo de todo transente pacfico, cuando +no haba oportunidad para guarecerse de algn cobertizo, como el del +matadero de cerdos, o de una taberna, donde infaliblemente se sobraban +las ocasiones de birlar algo con que entretener el hambre. Pero ya en +una, ya en otra parte, lo ms cierto era que sacaba siempre la cabeza +descalabrada, bien a manos del compaero curro con quien jugaba, bien a +las del tabernero, que no buscaba nunca en los tribunales de justicia la +defensa y amparo de su propiedad. + +As aprenda l a fuerte, as se curta desde pequeo, en la pillera y +la maldad. Y como no era el nico curro, pues abundaba la especie en la +poca mencionada, aconteca muchas veces el reunirse con otros varios de +su edad y de sus aficiones, en cuyos casos sus correras tomaban +carcter ms agresivo y malvolo. Formaba, en efecto, partido o bando +con los de su barrio para batirse a pedradas con los del vecino, sus +enemigos mortales; para arrebatar los medios que los padrinos solan +arrojarles a la calle despus del bautizo; para atarle mazas de lata a +la cola de algunos perros y soltarlos en los sitios ms concurridos de +paseantes; para lanzar piedras a los tejados o patios de ciertas casas +cuyos moradores les eran antipticos: para hurgar con pinchos y +embravecer en los corrales a los cerdos y toros destinados a la matanza; +en fin, para esgrimir el cuchillo de palo hasta araarse y sacarse +sangre unos a otros, cosa de aprender y adquirir agilidad en el manejo +de esa arma traidora. + +Rayaba en la adolescencia cuando su padre, desengaado de que las letras +no le entraban ni con sangre, le puso de aprendiz con el maestro +zapatero Gabriel Sosa, que tena su obrador en la calle de Manrique +esquina a la de la Maloja, dndole carta blanca para tratar al mozo en +todo conforme a la medida de sus merecimientos. Era el maestro Sosa +hombre duro de carcter y recio de mano, por lo que, a fuerza de golpes +con las hormas, de correazos con el tirapi y de atarle con cadena de +hierro, cual animal indmito y montaraz, para quebrantarle la propensin +a la fuga, al cabo de cuatro aos logr que aprendiese siquiera a hacer +zapatos de mujer. Despus de cumplido el trmino del aprendizaje, sola +concurrir dos o tres veces por semana a la misma zapatera con el objeto +de ganarse la subsistencia, siempre que no se le presentaban las +ocasiones de ganrsela por medios, si no ms honrosos, a lo menos ms +cmodos y de acuerdo con sus innatas inclinaciones. + +La zapatera del maestro Sosa se hallaba en la cresta de una barranca +cavada por las aguas llovedizas. Descendan por la calle de Manrique, y, +despus de recoger las de la calzada de San Luis Gonzaga, las de la +Estrella y la Maloja, se precipitaban en cascada por entre los patios de +las casas de ms abajo, formando arroyo caudaloso. Haba, pues, un +desnivel grande entre el piso de la casa y el de la calle, y, +consiguientemente, dificultad mucha de acceso por la altura del umbral. + +Al entrar en la calle Ancha, traa nuestro curro la vuelta del Campo de +Marte. Vena a paso largo, mejor a trancos, formando con los brazos un +ngulo de 45 grados (tal vez para disimular su demasiada largura), a +guisa de cigeas de piedra de afilar. No bien oy los quejidos y ech +de ver el bulto en el suelo, par de repente el trote. Luego de llevarse +ambas manos a las orejas, por si permanecan en su sitio las dos +menguantes de tumbaga, diciendo para s:--_no estn rompa, no me va a +sucedel na_, resueltamente se dirigi al herido. + +--Anj! Paisano, le pregunt en su lenguaje y tonillo peculiares, +quin es _ust_? + +--Yo soy Dionisio Jaruco, contest l con voz apagada as que se +cercior que se las haba con un moro de paz. + +--_Yo no ha odo ese nombre en mi va._ + +--No es extrao, seor, porque soy medio forastero en esta ciudad. Y +cul es su gracia de Vd.? + +-Qu? + +--Que cmo se llama Vd. + +--_Me aman Malanga._ + +--Malanga? repiti Dionisio cual si no hubiese odo bien. + +--Malanga. Aunque ste no es mi nombre, sino Polanco. _Er_ amo de mi +_paire_ era un _tar_ Polanco. Pero _asina_ me _aman_ en el _Manglal_, +_polque_ mi _paire_ es de nacin, y mi _maire tambi_, y yo soy +_crioyo_. _Dende_ chiquito me _aman asina_. + +Menta el bellaco. Dbanle en el barrio del Manglar el apodo de Malanga +por ser l desmalazado de porte y de carcter, por tener las zancas y +brazos largos, en contraste con el tronco, que era corto, y sobre todo +los pies grandes y gruesos. + +--_Y que hace el seol ah tendi pansa arriba?_ Se le ha _subi el +aseite a la chola_? + +--Yo no estoy borracho, Malanga, estoy mal herido. + +--_Jero!_ Y quin le ha hecho ese flaco _selvisio_? + +--Un pardito que no vale una guayaba. Mire aqu. + +--_Gea jeria! Se conoce que el paidito sabe su oficio. Pero ande ha +estao el seol?_ En un entierro? + +--No he estado en ningn entierro. Yo vena de un baile, cuando me top +con el pardito; tuvimos unas palabras y en la pendencia me hiri a +traicin. Mas por qu me hace Vd., esa pregunta? + +--_Pol na._ Como lo veo _vesto de sacateca_... + +--Mi traje no es de zacateca, es traje de corte. + +--Si es de _colte arto_ o _colte bajo_, yo no s, _ma_ estoy mirando que +si no es _pol_ la bota, digo, la casaca, le _coltan_ al _seol_ la pata, +digo, lo viran como cangrejo. _Dispu_, me _paese_ que el _seol_ es +_argo goldo pa pelial_ con _cuchiyo_. _Dispu_, es _mu fatible_ que el +_seol hayga aprendi_ ya grande, y se es un _alte_ que debe de +_aprendeise dende_ que uno es chiquito. _Dispu_, _ust_ tiene _mu +colto_ el brazo y no _pu defendeise_ de los _goipes_ de arriba. +_Dispu_... + +--Hombre!, le interrumpi el herido con voz desmayada. Por el amor de +Dios y la Virgen Santsima! no hablemos ms de eso. Si Vd. es una +persona caritativa y quiere favorecerme que sea pronto, porque me voy en +sangre. + +--Le amarrar un pauelo _pa_ que no _saiga_ la sangre. + +--No, es preciso lavar primero la herida. + +--_Laval!_ Est loco _er seol_? Y si se pasma? Y si se muere? +_Dispu_ dir el _seol_ que _pol mor de m_. + +--No, no lo dir, est Vd. seguro de ello. Si muero, no ser por culpa +de Vd., sino porque me lleg la hora. Vaya, seor Malanga, corra a la +taberna de la esquina y trigame una botella de vino seco y un vaso de +aguardiente. + +--S, _seol_, yo _dir_ corriendo, _ma_ el _tabelnero_ ha _serrao_. Ya +es _mu talde_. _Dispu_ est l ms _escamao colmigo quel_ diablo, +_polque_ me _conose_ y sabe que, _anque mest mar_ en _desislo_, he +_birao_ ms de uno de esos cangrejos. Yo no _pueo miral pa_ un cataln +sin que _me se_ suba la sangre... + +--Bien, hombre, vaya, haga la diligencia. Tal vez abre. Toque recio. + +--Es que... paisano, _el seol_ no entiende? digo que... que siel +_seol no pinta_, le hago _sabel_ que no tengo ni _Jilacha_. No he hecho +ni la cruz esta noche. + +--Vamos, amigo, por qu no me lo dijo antes con antes? Aqu hay dinero. +Meta Vd., la mano en esta _faldriquera_ del chaleco. Ah debe haber una +amarilla, dos doblones y un dobloncito. Coja Vd. el ms chico y corra, +que se me va la cabeza... no veo nada. + +Y se desmay el herido. El curro, sin embargo, no hizo alto en ello. +Slo se ocup de registrar el sitio designado y de coger en la mano la +moneda de oro que rara vez, si alguna haba posedo en su vida, con +permiso del dueo. Enseguida parti para la taberna que, cual esperaba, +encontr cerrada a cal y canto; y se puso a tocar con las falanges de +los dedos, al principio a la sordina, luego con el puo a golpes recios +y repetidos. De suerte que as fuera sordo de can el tabernero, hubo +de or y acudir presuroso al llamado, a fin de evitar que le echaran la +puerta abajo. No haba de ser un ladrn quien le sacaba de la cama de +aquel modo en hora tan avanzada de la noche. Por precaucin, sin +embargo, no abri ni el postiguillo enrejado; contentose con echar la +voz con acento puro cataln por el ojo de la llave, preguntando: + +--_Oya! Qui ets?_ + +--_Yo, o Juan._ + +--_Ma, qui est jo?_ + +--_Malanga, o Juan, no me conose?_ Abra la _puelta_. + +--_Abrit le porta! Vota va Deus! y per questa embajat m'ha fet salir +del cama? Andat, andat tu camin, Malangue. Jo no abrirat le porta. Qu +cinich descaro!_ + +--Abra, _o_ Juan, pol _er amol de su maire_. Ah est un _probe_ moreno +_jero_. + +--_Ferido dises? Pera el diable que te abra. Mare de Deu! la +justicia! Perderat cuant jo tinga! Meus dins! Bona nit, noy._ + +--Oiga, oiga, _o_ Juan. Yo no _dentrar_. Abra la gatera. Aqu hay +_mejengue_. + +--_Ah! Ese's altre contare. Vinga lo din._ + +--Dando y dando, _o_ Juan. Deme una _boteya_ de _bino_ seco. No +_mojao_. Entiende? Y un _baso_ del que quema. + +--_Done, done._ + +--Cunto? + +--_Un pese fort et mitje._ + +--Tenga una _amariya_ chiquita. + +--_Ten la boutelle et ten lo vaso. Et ten el volte. Per caridat te sirve +esta vegada, noy._ + +Con la botella en una mano y el vaso en la otra, que recibi por el +ventanillo enrejado, sin pararse a contar el cambio que le dio el +tabernero, acudi en socorro del cocinero. Luego que le lav la herida, +es decir, que se la empap por encima de la camisa, que se la vend lo +mejor que supo y pudo con dos pauelos, que le dio a beber el +aguardiente, le ayud a levantarse y por la mano le condujo hasta un +cuarto de tablas en el interior de una ciudadela o casa de vecindad que +haba a la puerta inmediata del teatro de Jess Mara. Por fortuna, +mientras dur esta cmico-trgica escena, no pas por all alma +viviente, si exceptuarse puede uno que otro gato o perro que, lejos de +emprenderla con nuestros personajes, o huy despavorido, o se retir +ladrando. + +Pero de dnde naca la no vista amabilidad que despleg aquella alma de +cntaro, el malvado Malanga, en tan crtica ocasin? Proceda del hecho +que, habiendo tocado las monedas de oro en la faltriquera del chaleco de +Dionisio, calcul con razn que, ora muriese de la herida, ora sanase, +sera l su heredero forzoso, o se valdra de la fuerza o del engao +para heredarle en vida. A este fin primordial llev Malanga ms adelante +todava sus buenos oficios para con un hombre que le era enteramente +desconocido. Cediole la cama, consistente de un catre de viento, sucio y +desvencijado, sin ms ropa ni manta con que cubrir las _mataduras_; y a +la maana siguiente muy temprano fue hasta la esquina de la calle de la +Maloja y la del Campanario Viejo, donde viva el cirujano romancista +Zarza, le despert, y, quiera que no, le condujo ante el enfermo, +encargndole inviolable secreto. Servicios tales se pagan slo con +dinero entre gente honrada y leal. As lo comprendi Dionisio, quien, +tanto por gratitud cuanto por precaucin, se apresur a pagar la deuda, +dando al nuevo amigo que se haba echado, la mayor parte de la suma que +posea, no fuera que se cobrase de mano poderosa. + +Durante la convalecencia de Dionisio, le entretuvo Malanga con la +grfica relacin de su arrastrada vida y de sus aventuras. Nada le +ocult: sus trabajos de muchacho; sus rateras de mayorcito; sus +pualadas dadas y recibidas en rias desiguales; por ltimo, sus +maravillosas escapadas de las persecuciones de la justicia. +Especialmente refiri, por cierto con feroz complacencia, llevando la +cuenta con marcas hechas en el brazo izquierdo, el nmero de los +_cangrejos_ (segn llamaba a los taberneros o pulperos, en su mayora +catalanes), que haba _birado_ en sus pocos aos de vida; esto es, +asesinado a sangre fra. + +Como hiciese Malanga en estos casos frecuente uso de los vocativos +Dionisio y an Jaruco, prevnole ste no le diera ninguno de estos +dictados, exponindole las razones que tena para aquella precaucin. + +--Llmame paisano, prosigui. As me dirigi Vd. la palabra cuando me +encontr ms muerto que vivo en medio de la calle. Desgraciadamente soy +esclavo, amigo mo, y no me hallo aqu con licencia de mis amos. Yo me +aprovech de su ausencia en el campo para coger del escaparate de la +seora la ropa que Vd. se figur era de zacateca. Ah _tom_ tambin el +dinerito con que nos hemos venido bandeando. Dentro de dos das no queda +ni para encenderle una vela a las nimas del purgatorio. Gana Vd. poco y +eso con mucho riesgo. As, es necesario pensar en salir a la calle y +ver cmo se hace por la vida. + +--No se aflija _er seol_, dijo Malanga en confianza, que _entuava_ +tengo yo una prenda con que se _pue haseil_ plata. + +--Venga la prenda, repuso Dionisio alegre. + +Desenvain el matn el buido cuchillo, que siempre llevaba consigo +debajo de la camisa, escarbat el suelo natural del cuarto hacia un +rincn, oculto por el catre, y sac algo pesado, envuelto en un trapo. +Enseguida, teniendo el bulto alto, aadi: + +--_Es querei desisde ar seol, que dende el ao pasao, entre yo, un +paidito amao Picapica y un morenito amao Cayuco, paranos de maanita +temprano, junto a la plasoleta de Santa Teresa, a un blanquito mu +currutaco que en cuanto que le ense el jierro me se qued muelto entre +las manos y mos dio toas las prendas que tena arriba de su cueipo. +Misamigos se cogieron la plata y yo me cog esta prenda. Dispu se la +yeb a un platero de la Calsa pa vel si me la meicaba; ma en cuanto que +la mir bien, va y me dise: Esta prenda es roba, y yo no doy poleya ni +un cabo de tabaco. Me, paisano, cog piche, y dende ese da la tengo +enterra. Es factible quer seol puea vendesta._ + +--Daca la prenda dichosa, dijo Dionisio con gran prosopopeya. + +Pero no bien la tuvo en la mano, exclam sorprendido: + +--Yo conozco este reloj, amigo Polanco! + +--_Beld? dijo Malanga, me que caso!_ + +Era de oro, y de la argolla penda, doblada en dos, en vez de cadena o +cordn, una cinta moar azul y encarnado, cuyas extremidades recoga una +hebilla, as mismo de oro. + +--Conozco este reloj, repiti Dionisio. Seorita, quiero decir, mi +seora, se lo regal al nio Leonardo en octubre del ao pasado. Debe +tener una marca. + +Abierta la contratapa, el ex-cocinero ley: L. G. S., oct. 24-1830; +Leonardo Gamboa y Sandoval, que pasa las Pascuas con su familia en el +campo. + +--Y qu _endivos_ son sos?, pregunt Malanga desconcertado. + +--Mis amos, contest Dionisio. La seora chiquea mucho a su hijo y le +hace cada da un regalo. + +--_Pue me ha de peidon er seol_, agreg el curro apesarado. _Yo no +saba que esos endivos eran conosos der seol._ + +--No hay para qu perdonarle, amigo Malanga. Si para hacer uno por la +vida tuviera que pararse en melindres, se morira de hambre. Estoy +seguro, prosigui Dionisio, que a estas horas se hallan mis amos muy +descansados en La Habana, y su primer cuidado ha sido pregonarme por el +_Diario_. Me parece que leo el edicto en que se ofrece pagar bien por mi +captura. No faltar quien, por ganarse la propina, me siga los pasos, y +desde ahora digo, que bien puede amarrarse los calzones el que pretenda +echarme garra... Yo no me entrego vivo, tendrn que hacerme picadillo. +Tal vez Tond, que me conoce, se habr hecho cargo de la comisin... No +le arriendo la ganancia. Pero no hay necesidad de comprometer un lance, +porque dice el refrn que el que evita la ocasin evita el peligro, y yo +estoy resuelto a vivir y ser libre ahora que me he escapado. Yo no nac +para ser esclavo toda la vida, seor Malanga. No. Yo me cri en medio de +la grandeza y de la abundancia; ni conoc los rigores de la esclavitud +mientras estuve con mis primeros amos. Esos s que eran caballeros. +Ahora estoy casado y tengo dos hijos. Digo mal. La mujer hace muchos que +me la tienen desterrada all en las quimbmbulas del silencio, en un +ingenio, y ha tenido un mulato con un blanco. Pero yo la quiero y quiero +con el alma a mi hija, y debo trabajar para comprarles su libertad y la +ma. Con que vaya viendo, amigo Malanga, si conviene que no me llame +Dionisio, ni Jaruco, los dos nicos nombres por los cuales soy conocido +en esta ciudad. Mientras Tond no oiga mi nombre, ni me vea la cara, +estoy seguro. + +--_Pa_ eso que a m no me vale _er_ que me _amen_ Polanco o Malanga, +dijo ste con cierta resignacin. Lo mismito da. _Tos_ me _conosen pol_ +los dos nombres. Yo soy ms _conoso_ en esta _suid_ que los perros. Y +_me er_ caso, yo _tambi_ estoy _pregonao_. _Mes cap_ de las uas de +Tond _pol_ un milagro. _Pue, seol, dentr_ yo una noche _der_ ao +_pasao_ con dos amigos, _argo talde_, en la _tabelna_ que est en la +esquina de Manrique y la _Estreya_. Pedimos un poco _der_ que quema, +_bebinos_ y _salinos_ de rengue liso, cuando _er tabelnero_ va y me coge +_pol_ la camisa _pa_ que le _pagranos_ la _beba_. _Me_, paisano, _me +se_ subi el diablo: met mano _ar jierro_ y le di una _moja na_ ms +aqu (pasndose el ndice por la garganta) _sarva_ sea la _paite_. _Der_ +viaje _sort_ un cao de sangre como un toro _jero_, y _pa_ que vea _er +seol_, _sart_ el _mostral_ y nos corri atrs hasta la esquina, donde +_tubo_ que _agarraise_, cay y dej _maicaos_ los _deos_ con sangre en +la _par_.[55] _Dispu_, Tond se oli que _habanos_ sido nosotros, y +tanto nos busc hasta que dio con los tres en un velorio, all _pol lo_ +Sitios. Yo sal _safando_, _ma_ mis dos amigos cayeron en _er laso_, y +_entuava maman cisel_. _Dende entonce_ ando sin sombra, _polque_ Tond +es _m jbilo_. No ve? _Sargo_ solo de noche y _a pena_ ni paso _pol_ +la tienda. + +--Qu tienda? + +--La tienda _der_ maestro Sosa. + +--Maestro de qu? + +--De _sapatos_. + +--Zapatos de hombre? + +--De _to_. Yo trabajo ah cuando no _pueo ganai_ la _va_ de otra +manera. Yo hago _sapatos_ de _muj_. + +--Y yo tambin los hago, dijo Dionisio animndosele el semblante. +Aprend a hacerlos con el calesero Po, de mi casa. No soy un chambn en +el oficio. Y me ocurre una idea: que si Vd. tiene la bondad de hablarle +al maestro Sosa, quizs me tome, en cuyo caso nos hemos salvado. No +podr sospechar siquiera Tond, que me he refugiado en una zapatera. + +--_Geno_, si _er seol qui_ lo _yebar_ una _talde destas_, _mejol_, +una maanita, _polque_ como Tond anda siempre en _cabayo_, no sale +nunca temprano a la calle. + +Efectivamente, Malanga, as que su amigo recobr la salud y se hall en +disposicin de trabajar, lo condujo a presencia del maestro Gabriel Sosa +y se lo recomend de todas veras, no ya slo como oficial experto en +zapatos de seora, sino como persona distinguida y hombre honrado a +carta cabal; que haba cado en desgracia y apelaba al oficio para no +morirse de hambre. Por donde vino a repetirse aqu el cuento, algo +parecido, del len herido a quien recogi un esclavo prfugo en las +soledades del frica, para que despus el animal alimentara al hombre y +le protegiera contra las dems fieras, cuando al cabo de muchos aos se +encontraron los dos en el circo de Roma. + + + + +CAPTULO II + + _Ille dolet tere qui sine teste dolet + Verdadero es el dolor del que + sin testigos llora._ + + MARCIAL + + +Hasta la puerta de la casita en la calle del Aguacate, acompaaron a +Cecilia el sastre Uribe, Clara su mujer, Pimienta y su hermana Nemesia. + +As que llam Cecilia del modo particular convenido, rod la tranca y se +abri por s misma la puerta. Es que la abuela, muy enferma para esperar +en pie a la nieta, haba atado el cabo de una cuerdecita al extremo de +la tranca, cerca de su punto de apoyo, y el otro cabo a uno de los +pilares de la cama, al alcance de su mano. Por lo pronto no se hablaron +una palabra. + +Mientras Cecilia se desnudaba casi a tientas, por la poca claridad de la +mariposa en el nicho, se le escaparon uno tras otro involuntarios y +hondos suspiros. Esos eran los amargusimos dejos de la fiesta. All +haba corrido para aturdirse con el movimiento de la danza, las armonas +de la msica y las adulaciones de los hombres; para ahogar en el tumulto +de las vastas y heterognea reunin el recuerdo del amante ausente, +desdeoso y quizs olvidadizo, para ver de vengarse de su ingratitud, +para probar, en fin, si podra olvidarle en caso de ms indefinida y +seria separacin. + +Todo le sali al revs. Repas en la mente las peripecias de la +diversin, y hall que haba sido demasiado prolongada, la msica +ruidosa y chillona, las mujeres desgarbadas y feas, los hombres +petulantes y necios, la reunin harto vulgar e inspida para haberla +alegrado y entretenido. Compar esa fiesta con la del 24 de setiembre en +casa de la Ayala, donde goz como reina del amor y de la hermosura en +brazos de su amado, hoy ausente, y se le oprimi el corazn y estuvo a +punto de que la ahogara el sentimiento. Pens en su suerte, deduciendo, +por necesaria consecuencia, que peor haba sido el remedio que la +enfermedad, y que la venganza entre los amantes terminan siempre en el +castigo de una de las partes contendientes, en la muerte para la dicha o +para la vida terrenal. + +Tan triste y miserable se senta Cecilia, que hasta el momento de +meterse en la cama no advirti que la abuela era presa de una desazn +terrible. La pobre anciana se retorca y gema sordamente, cual si +estuviera a punto de acabrsele la vida. Busc entonces su frente, y no +bien le puso la mano encima, la retir exclamando: + +--Ay, mamita! Su merced tiene calentura. + +--Ya viniste? replic la anciana con voz moribunda. Si tardas un +poquito ms no me encuentras viva. + +--Su merced no estaba as cuando yo sal para el baile. Vase qu +disparate ha hecho en mi ausencia. + +--Ninguno. Me pas la prima rezndole a la Virgen; pero desde por la +maana me siento malsima. Me ha dado en el corazn que se acerca mi +fin. Qu hora es? + +--Son las dos. Acabo de or el reloj del convento. + +--Crees t que est levantado el padre Aparicio? + +--No lo creo, mamita. El no llega al convento antes de las cuatro, que +es cuando principian los maitines. Pero para qu quiere su merced el +padre a estas horas? + +--Hija ma!, para confesarme. Siento que se me acaba la vida y no +quiero morir como un perro. + +--Su merced no se confes y comulg ayer por la maana? + +--S, nia. Y qu? + +--Bien. Pues eso basta. + +--No basta. Somos pecadores. A cada momento pecamos y debemos estar +preparados para que cuando llegue la hora, nuestra alma comparezca ante +su Divina Majestad, limpia como una patena. + +--No estaba su merced anoche de cuidado. Si lo sospecho cmo hubiera +ido al maldito baile? Nunca. Lo que no comprendo es por qu se ha puesto +su merced tan mala que le haga temer la muerte en horas. + +--De la salud a la enfermedad no hay ms que un paso, y lo mismo se vive +que se muere. + +--Podra su merced explicar lo que siente ahora? + +--Es imposible, mi vida. Lo nico que te dir es que se me arranca el +alma, y que mientras ms pronto vayas por el padre... + +--El padre no va a curarle la calentura, y su merced no tiene otra cosa. +Es muy aprensiva su merced. Mejor ser que vaya por el mdico. Si ir +por l en cuanto amanezca. Entretanto le dar un bao de pies y le +pondr unos sinapismos para que se le quite el dolor de cabeza. Ver, +ver su merced cmo la alivia, si no la pongo buena. Su merced no puede +estar tan mala que no tenga cura. Todava su merced me entierra a m. + +--Nuestro ngel custodio San Rafael y la Virgen Santsima te oigan, hija +ma. Sentira morir por ti, no por m. T principias a vivir, ya yo +termin la jornada... Pero, ve, haz como gustes y sea lo que Dios +quiera... Se me parte la cabeza, agreg, oprimindose con ambas manos la +frente... + +Con esto se apresur Cecilia a hacer lumbre en el fogn, debajo del +cobertizo en el patio, valindose de la usual pajuela y de unos pocos +carbones. As, en minutos qued listo el bao y puesto en un lebrillo +grande. Enseguida procedi a darle el bao a la abuela con no menos fe y +cariosa humildad que la mujer que le lav los pies a Jesucristo en casa +de Simn. Mientras se los enjugaba, mejor dicho, enjugndoselos, se los +sobaba blandamente, y de cuando en cuando les imprima un ardiente beso, +o se los arrimaba a las mejillas para comunicarles algo del calor que +arda en sus venas. + +Conmovida la abuela, puso una mano en la cabeza de la nieta, y +dijo:--Pobre Cecilia! Esto quiere decir, mi vida, que t misma conoces +que mis horas estn contadas. Digo mis horas, cuando pueden ser mis +minutos, mis segundos... y me preparas para la cena antes de +emprender... + +No prosigui; la emocin o el dolor le ahog la voz en la garganta. Por +su parte Cecilia, al sentir la mano de la abuela en la cabeza, +experiment una sensacin muy parecida a la que se experimenta cuando +recibimos una descarga elctrica, y sus lgrimas, hasta entonces +contenidas por fuerza, empezaron a correr hilo a hilo por sus mejillas, +aumentando el agua del lebrillo. + +Advirtiolo la anciana, y sacando fuerzas de flaqueza, como suele +decirse, agreg: + +--No llores, alma ma, que me afliges ms de lo que estoy. Consulate. +T eres una nia todava: tienes delante un porvenir risueo. Aunque no +te cases nunca, todo te sobrar. Siempre habr quien mire por ti y te +proteja. Y si no, all est Dios en el cielo que no le falta a nadie. Ya +siento algn alivio. Tal vez el mal da tiempo... Qu sabemos? Vamos, +hijita, clmate. Valor. Necesitas descanso. Si te acuestas ahora mismo, +de aqu al da tienes dos horas de sueo para recuperar las fuerzas... +Las muchachas de tu edad son como la flor de la maravilla: ctala +muerta, ctala viva. Ven, dame un beso, y... hasta maana. El ngel de +la guarda te proteja con sus amorosas alas. + +Qu haba de dormir ni de reposar Cecilia! No bien abrieron las puertas +de la ciudad y comenz a orse, en las calles el cencerro desconchado de +los arrieros de carbn, dej furtivamente la cama y corri en demanda de +su cara amiga Nemesia, para que se quedara al cuidado de la enferma +mientras ella iba por el mdico en la calle de la Merced. Das antes le +haba dado la abuela, a prevencin, las seas de la morada del galeno +con estas palabras: casa de azotea con una ventana de reja de hierro, +puerta colorada de zagun, en medio de la cuadra, acera del Sur. No se +equivoc la nieta, pero estaba cerrada y en silencio. Qu hacer en +aquellas circunstancias? El caso urga y se decidi a llamar. Peg un +aldabazo y esper en grande ansiedad el resultado. + +Al cabo de corto espacio de mortal silencio, se abri un postiguillo de +la ventana y asom por l el rostro de una dama tan por extremo hermoso +y sonrosado, que se qued Cecilia estupefacta. Figrese el lector unos +ojos negros y rasgados, a los que dan sombras cejas espesas en arco, una +boca pequea de labios encendidos, una nariz aguilea y muy expresiva, +una cabeza amorosa poblada de profusa cabellera negra que azuleaba, el +todo encuadrado y puesto de relieve por una graciosa papalina de +batista, cual la nieve blanca, guarnecida de un vuelo menudo de tiras +bordadas. Tales eran los rasgos fisonmicos que ms sobresalan en doa +Agueda Valds, joven esposa del clebre cirujano don Toms Montes de +Oca. + +Este bosquejo a la pluma es copia del retrato al leo de esa dama, hecho +por el pintor Escobar,[56] que cuando jvenes pudimos contemplar +extasiados, pendiente de las desmanteladas paredes de la sala de su +casa, en la calle de la Merced. Respecto de su fisonoma moral, el rasgo +ms prominente, a lo menos aqul de que nos es dado hablar en estas +pginas, eran los celos. Su propia sombra se los inspiraba, no +embargante que su marido careca de aquellas prendas fsicas que hacen +atractivo al hombre a los ojos de las mujeres. Pero era mdico, clebre +y rico, y ella tena muy pobre opinin de las hembras, diciendo a menudo +que no haba hombre feo para la enamorada y ambiciosa. + +Movida por los malditos celos, ejerca una vigilancia constante sobre su +marido, sobre los clientes que l visitaba y sobre los que acudan en +demanda de sus profundos conocimientos mdico-quirrgicos, especialmente +si arrastraban faldas. Por eso madrugaba tanto; por eso cuando no poda +adquirir informes por s misma, cometa la debilidad de poner en +confesin al estpido y malicioso calesero, su esclavo, el cual, aun +cuando a veces la revelaba hechos reales y positivos, casi siempre la +llenaba la cabeza de un centn de cuentos de brujas. + +Es de suponer cul no sera el regocijo interior de doa Agueda al +descubrir que la que haba llamado a la puerta era una moza de medio +pelo que, pues se recataba bajo la _manta_ de burato bordada de colores +y, por supuesto, costosa, de lujo, no poda menos de ser alguna de sus +amigas con el disfraz de paciente. + +--Qu quieres?, le pregunt la celosa seora con cierta aspereza y +precipitacin, no fuera que volviese a tocar. + +--Vengo por el seor doctor, contest tmidamente Cecilia, acercandse a +la ventana y levantando entonces los ojos de lleno a la desconocida +seora. + +--Tate! dijo ella entre s, luego que not el buen parecer de la +muchacha. Aqu hay gato encerrado. El mdico, aadi alto, ha pasado +mala noche, y duerme... + +--Qu lo siento! exclam Cecilia dando un suspiro desgarrador. + +--Qu mdico es el que buscas, muchacha? pregunt la seora sonriendo +maliciosamente. Porque podra ser que estuvieses equivocada. + +--Vengo por el seor doctor don Toms Montes de Oca, repuso Cecilia en +voz alta, aunque temblosa. No vive aqu el caballero? + +--S, aqu vive Montes de Oca. T le conoces? + +--Lo he visto muy pocas veces. + +--Dnde vives t? + +--En la calle del Aguacate, al costado del convento de Santa Catalina. + +--Eres t la enferma? + +--No, seora, mi abuela. + +--Es l su mdico? + +--No, seora. + +--Entonces, por qu vienes por este mdico en vez de solicitar +cualquiera otro que quizs vive ms cerca de tu casa? + +--Porque mi abuela conoce al seor don Toms y el seor don Toms la +conoce a ella. + +--Dnde se han visto? + +--En casa y aqu tambin. + +--T vives con tu abuela? + +--S, seora. + +--T abuela es casada? + +--Viuda. Enviud mucho antes de que yo naciera. + +--Cuntas veces ha estado Montes de Oca en casa de tu abuela? + +--Yo no las he contado. Pocas veces. + +--Ni ms claro ni ms turbio. Te conoce a ti Montes de Oca? + +--No lo creo. Es decir a la seora, no creo que me haya visto nunca cara +a cara. + +--Dnde has estado t cuando l ha ido a visitarlas? + +--En casa, pero mi abuela es quien siempre le ha recibido, yo no me le +he presentado... + +--Cosa extraa! Qu motivo has tenido para esconderte de l? + +--Ninguno, seora, slo que ha dado la casualidad de no estar yo bien +vestida cuando l ha ido a ver a mi abuela. + +--Oiga! Conque pretendas coquetear con l? T no sabes que es feo y +viejo para ti? + +--Yo no he pretendido coquetear con el seor doctor. + +--Qu tratos y contratos tiene Montes de Oca con tu abuela? + +--Yo no s, seora. Nada malo. + +--Eres casada? + +--No, seora. + +--Pero tendrs novio y te casars pronto, no es as? + +--No tengo novio ni me voy a casar pronto. En fin, tendr la seora la +bondad de decirme si el seor doctor... + +--Ya te he dicho, interrumpi doa Agueda, que Montes de Oca ha pasado +mala noche y dio orden de que no lo despertaran hasta las diez. + +--Ay de m! exclam Cecilia profundamente afligida. Qu desgracia! + +Tocado con esto a lo vivo el corazn amoroso de doa Agueda, pregunt +con intencin: + +--Y t quin eres? + +--Yo soy Cecilia Valds, contest la joven llorando. + +--Cecilia Valds! repiti doa Agueda entre sorprendida y cavilosa. +Despus aadi con vivacidad: Ven, entra. + +Sin aguardar respuesta ni esperar objecin ninguna de parte de la +muchacha, fue por s misma a correr el cerrojo de te con que se cerraba +el postigo de la puerta, y la dio franca y amable entrada en su casa. + +En medio de su afliccin crey notar Cecilia algo extrao en la hermosa +seora, algo que tena semejas con la locura. Pero no la inspir eso el +ms leve temor, antes se sinti fuertemente atrada hacia ella, no ya +slo por la naturalidad de sus palabras, sino tambin por la gracia de +sus acciones y la dulzura imponderable de su voz. Ello es, que como +dominada por una poderosa fuerza magntica, callada y sumisa se dej +llevar hasta el comedor, donde penetraba alguna claridad, gracias a su +inmediacin al patio, y donde su conductora tom asiento de espaldas +contra una mesa grande de bruida caoba. All, teniendo a la joven (que +se conserv en pie) por ambas manos, muy cerca de sus rodillas, la +estuvo contemplando y examinando desde el cabello a la planta un buen +espacio, y, cual si hablara con una estatua, o con una persona que no +entenda su idioma, repeta con nfasis: No se parece! Qu! Nada, no +se parece. No puede ser hija suya. Tal vez ha salido a la madre, que es +la cierta. + +--Sabes quin es tu padre? le pregunt de repente. + +--No, seora, contest Cecilia con la mansedumbre de antes. + +--No te lo ha dicho nunca tu madre? + +--No, seora. Yo no conoc a mi madre. Ella se muri poco tiempo despus +de nacer yo. + +--Quin te ha contado ese cuento? + +--Qu cuento? + +--Pues, el de que muri tu madre despus de nacer t. + +--No es cuento, seora, lo de la muerte de mi madre. No tengo ni el ms +mnimo recuerdo de ella. + +--Qu edad tienes t ahora? + +--Yo nac, segn me ha dicho mi abuela, en el mes de octubre de 1812. +Haga la seora la cuenta. + +--Y cmo es que tu abuela no te ha dicho quin es tu padre? No lo +conoce ella? Sabes que te echaron a la Casa Cuna? + +--S, seora. Me pusieron en la Casa Cuna para que me bautizaran con el +apellido de Valds. + +--Pues yo no soy inclusera y tambin llevo ese apellido. De suerte que +tu padre, aun sin pasarte por la Casa Cuna bien pudo bautizarte, +ponindote en la fe de bautismo de padres no conocidos, como es +costumbre. Se conoce que tena malas entraas. Te cri tu madre?, esto +es, te dio el pecho? + +--Creo que no. A m me cri una negra. + +--Dnde te cri? En la Casa Cuna? + +--No, seora, en casa de mi abuela. + +--Cmo se llamaba tu criandera? + +--Me parece que Mara de Regla Santacruz. + +--Vive? En dnde est ahora? + +Despus de titubear por breve rato, contest Cecilia conocidamente +confusa: + +--Entiendo que mi madre de leche se halla desterrada en el campo por sus +amos. Al menos as me lo dijo un negro con quien tuve anoche unas +palabras en el baile de la gente de color, all afuera. + +--Otro cuento tenemos. Mentira. Tu criandera no es esclava de los condes +de Jaruco. El que alquil a esa negra para que te diera de mamar en la +Casa Cuna y en casa de tu abuela, se es tu padre. Mralo! + +Aprovechose doa Agueda del momento en que Cecilia buscaba el objeto que +ella le haba indicado con la palabra y la mano, para levantarse y +desaparecer en el cuarto ms prximo, empujando la puerta que daba al +patio. Perpleja y azorada la muchacha, gir en torno y casi se le escapa +un grito del susto, cuando repar que un hombre de cara larga y plida, +sin pelo de barba, cual si fuera de la raza india, cuya cabeza cubra +hasta las orejas un gorro mugriento de seda, la miraba fijamente con +ojicos de mono, a travs de la reja de hierro, medianera entre el +aposento y el comedor. + +--Qu traes?, la pregunt el hombre en voz gangosa de falsete. + +--Caballero, repuso Cecilia dudosa, vengo por el seor don Toms +Montes... + +--Yo soy, la interrumpi l. Qu se ofrece? + +--Ay! Es el caballero? Pues no deca la seora...? + +--No hagas caso. La seora est... (e hizo un movimiento rotatorio con +el ndice de la mano derecha, apuntando para su propia cabeza) Para +quin? + +--Para mi abuela. + +--Qu tiene tu abuela? + +--Ay! seor doctor, est muy mala. Se muere... Si el seor doctor +tuviera la bondad de ir ahora mismo... + +--Quin es tu abuela? + +--Crea que el seor doctor me haba conocido... Josefa Alarcn, criada +del seor doctor... + +--Ah! La madre de... S, s, ya, protegida por el seor don... Qu! +tengo la cabeza!... Ah! y t eres su hija... Toma! Tu nombre es... +Cecilia. Yo bien deca. Cecilia, Cecilia Gam... Pues, Cecilia Valds. No +era posible que yo me olvidase. Slo que como tengo la cabeza hecha un +giro, se me haban trabucado las especies. Tu abuela y t me estn muy +recomendadas. Pero aqu entrens (aadi en tono ms bajo), no hagas +caso de lo que ha ensartado mi mujer de m, de ti, de tu madre, de tu +padre, de tu criandera, etctera, porque todas sas son cosas de su +cabeza. Ella est... (y volvi a barrenarse las sienes con el dedo +ndice de la mano derecha). T no entiendes. No creas nada. Cecilia +Gam... quiero decir, Valds. Te pareces bastante, te pareces mucho... +Ah! Dile a tu abuela que para all ir as que me pongan la volante. +El calesero debe haber ido a baar los caballos al muelle de Luz... Si +no ha tomado un trago por el camino, ahorita est de vuelta; y detrs de +ti... Ve. Di a tu abuela que para all voy. El seor don, don, don... +digo, que paga bien los servicios... Es generoso, esplndido... Ve +pronto. + +Al retirarse Cecilia despechada y firmemente persuadida de que aqulla +era una casa de orates en toda la acepcin de la palabra, echole el +mdico una mirada intensa y escudriadora, y se qued clavado a la reja, +repitiendo a media voz:--Se parece bastante, mucho, muchsimo! Estaba +por decir que es su vivo retrato. No crea yo que fuese tan linda como +me la pintaban. Guapa muchacha! S, guapa, muy guapa! Mira! Si la +mandamos con su madre al ingenio _Jaimanita_, all con los padres de +Beln... Qu beln no se habra formado! Ja, ja, ja!--Y ri como un +verdadero loco. + +Puntual fue Montes de Oca a la promesa hecha a Cecilia, presentndose en +su casa a las nueve de la maana; con lo cual dio, adems, prueba +palmaria de que saba llenar los compromisos que contraa con sus +amigos. + +Para asistir a la enferma, pues que no entendan de eso Cecilia ni +Nemesia, ya se haba constituido en la casita _sea_ Clara, la mujer de +Uribe, a quien no tuvo empacho Montes de Oca de comunicar en secreto el +juicio que haba formado acerca de la enfermedad, segn el breve examen +hecho. En una palabra, pronostic adversamente. Y aunque no dio las +razones en que se fundara para pronosticar con la franqueza y +certidumbre que sola, era claro que, dados los aos, las desventuras y +la rigurosa vida asctica y de mortificacin de la enferma, deba +esperarse un fin prximo y fatal. En tales sujetos adquiere, adems, +carcter grave cualquier dolencia, por ligera que sea en su origen. + +Lo nico que dijo en general Montes de Oca fue, que ante todo y sobre +todo era preciso combatir con mano fuerte el sntoma comatoso que +presentaba la enfermedad (con cuya palabra es seguro que dej +completamente a oscuras a sus oyentes), y, en consecuencia, siguiendo al +pie de la letra el mtodo antiflogstico de curar, muy en boga entonces, +recet al exterior tres vejigatorios bien cargados de cantridas, una a +la nuca y los otros dos a las pantorrillas; al interior una opiota para +calmar los nervios y ver de provocar el sueo restaurador, y nada de +alimento hasta que no declinase el estado inflamatorio de la calentura +cerebral. + +Cecilia, anegada en llanto, acompa al mdico hasta la puerta de la +calle, esperando sin duda una palabra suya de consuelo antes de +marcharse, pero l, o no la entendi, o estaba embebida su mente en +cosas muy ajenas a la enfermedad de la abuela y al dolor de la nieta. +Ello es, que slo se ocup de decirla que no la sentaba tamaa +afliccin, que _su amigo_ (con nfasis en esta frase de doble sentido) +la tena muy presente, y que volvera por la tarde para ver qu tal +segua la enferma. + +La tom una mano, puso en ella, sin explicar de quien proceda, una onza +de oro, y a tiempo de partir le dio un apretn que poda traducirse de +diversos modos. En nada de eso par la atencin Cecilia; pero hecho todo +a ciencia y paciencia del malicioso calesero, aunque al parecer no vea, +oa ni entenda, poda apostarse cualquier cosa a que le fue con el +canutazo a su ama doa Agueda Valds de Montes de Oca. + +Menude el mdico las visitas profesionales. Y cmo no? Nada tema por +lo que respectaba a la paga de su trabajo ni por el monto tampoco, que +poda ser cuantioso; y luego las lgrimas de Cecilia, realzando sus +naturales encantos, eran capaces de ablandar las piedras, cuanto y ms +que el corazn de Montes de Oca no tena nada de duro ni de piedra. +Pero si de veras se propuso acertar esta vez y curar al enfermo, la +err, y muy probablemente por carta de ms. Record infinidad de casos +parecidos e iguales que haba tratado felizmente en su larga prctica; +registr todos sus libros de medicina, entre otros el publicado +ltimamente en Pars por Broussais, padre del mtodo antiflogstico, +titulado La irritacin y la locura, que haba hecho tanto eco en el +mundo; prob las tisanas ms aceptadas, las cataplasmas, las unturas, +las ventosas, los vomitivos, los purgantes, las sanguijuelas; como +ltimo recurso propin la pldora de Ugarte, con cuyo heroico remedio +haba salvado ms de un moribundo de las garras de la muerte. No cabe +duda ninguna que si hubiese habido ms resistencia y jugo vital en el +cuerpo descarnado de la triste _sea_ Josefa, ms pruebas y experimentos +habra hecho en l Montes de Oca. A los doce o quince das de lucha +incesante y fiera, al menos por su parte, convencido de que el momento +final se acercaba al galope, entreg la enferma en brazos de la religin +y se retir con sus honores. + +Su retirada repentina naturalmente caus sorpresa, con mayora de razn +que en las primeras horas de la noche del 12 de enero, noche nublada y +fra por cierto, haba abierto los ojos la enferma y dado otras seales +de vida. Con todo, habiendo ordenado que se dispusiese _sea_ Josefa, +pues que haba vuelto en su acuerdo, no haba mas que obedecerle. +Cecilia, en tal virtud, rog a Jos Dolores Pimienta, que velaba con +ella mientras dorman Nemesia y _sea_ Clara Uribe, fuese por los santos +leos a la iglesia de San Juan de Dios. Entretanto la joven, sin prdida +de tiempo, ni de valor, improvis un altar de su propia cmoda en el +cuarto de la enferma, poniendo sobre la empolvada tabla un lienzo +blanco, a falta de mejor mantel, y un crucifijo entre dos velas de cera +en sus respectivos candeleros de cobre. + +Como advirtiese la abuela los preparativos de la nieta, le pregunt en +tono de voz casi inaudible: + +--Qu haces ah, nia? + +--No lo ve su merced?, contest ella temblando del susto y de la +pesadumbre. Compongo el altar. + +--Para qu? + +--Para el padre. + +--Han llamado a misa? + +--Todava. Mas el padre ha de venir pronto... + +--Por qu no me has _dispertado_ en tiempo? Yo no estoy vestida. + +--Su merced puede confesarse como est. + +--Confesarme! + +--S, mamita, confesarse. No se acuerda su merced que me pidi el +confesor? + +--Ah! S, es verdad! Ya me acuerdo. Bien, nia, chame una _manta_ por +encima. Qu hora es? + +--Son las siete o las ocho. + +--Tan tarde? + +En esto se oy el sonido peculiar de la campanilla tocada por un +muchacho, anunciando desde lejos la aproximacin de los santos leos. +Conducalos el padre Llpiz en las manos juntas y altas, caminando a pie +entre Jos Dolores y el sacristn de la iglesia, cada cual con un farol +encendido para hacer reverencia al Sacramento y alumbrar la va. A su +paso por las calles se asomaban los vecinos a la puerta de sus casas, se +postraban en tierra y alumbraban tambin con una vela en la mano. Todos +estos ruidos y rumores llegaron a los odos de Cecilia, a tiempo que la +procesin desemboc en la calle de O'Reilly, viniendo por la de +Compostela. An las monjas en el convento de Santa Catalina, enteradas +de lo que pasaba en su vecindario, hicieron tocar agonas, y en sus +fervientes oraciones encomendaron el alma del moribundo a la merced de +su munfico creador. + +Puede afirmarse con verdad que _sea_ Josefa no estaba en su cabal +juicio y sentidos cuando se confes, comulg y recibi la extremauncin. +A haber vivido horas no ms despus de esos actos solemnes e imponentes, +de nada de ello habra sabido darse cuenta. Fue todo para ella el +resultado de un hbito inveterado. De otra manera, la vista del cuadro +que se ofreci en torno de su lecho de agona, mientras el padre la +auxiliaba a bien morir, habra sido bastante conmovedor para apresurarle +la muerte. Cecilia y Nemesia de un lado, _sea_ Clara y Jos Dolores del +otro, un oficial de la sastrera de Uribe que lleg en aquellos momentos +y el sacristn a los pies, todos arrodillados, murmurando devotas +oraciones y alumbrando la triste escena con un farol o una buja, +formaban grupo interesante, original y digno del pincel de un inspirado +artista. + +A la conclusin de la tristsima ceremonia, todos los circunstantes, que +ms que menos, experimentaron una especie de alivio interior, porque se +cree en general que trae aparejada la muerte. Aun la enferma pareci +reanimada, en vista de que sac el brazo derecho de debajo de las +sbanas y empez a tentar por varias partes del lecho, como si buscase +algo que se le haba perdido. Le detuvo la mano Cecilia, y pregunt: + +--Qu buscas, mamita? + +--A ti, mi corazn, respondi la abuela con mucho trabajo. + +Esta tierna solicitud, esta salida inesperada hizo saltar las lgrimas +de Cecilia, quien, para que la abuela no se impresionara, volvi el +rostro a otro lado. + +--Pues aqu me tiene su merced, dijo, apretando la mano de la enferma. + +--No te vea, agreg ella con sentimiento. Est esto tan _escuro_...! + +--Apagu las luces por su merced. + +--Ests sola?, pregunt la anciana despus de largo silencio. + +--S, mamita. + +Dijo verdad, porque en oyndola, prudentemente se retiraron a la sala +las otras dos mujeres; y los hombres an no haban vuelto de la iglesia, +a donde haban ido para acompaar al vitico. + +--Querra... decirte una... cosa, dijo _sea_ Josefa muy despacio, +despus de otra larga pausa. + +--Pues diga, mamita, diga. Ya escucho. + +--Acrcate. Por qu te alejas, mi vida? + +--Yo no me alejo. No. Estoy cerquita de su merced. + +--Pobre Charito! Qu ser de ella? Me voy primero... me voy. + +--Jess, mamita! No se aflija ahora su merced pensando en eso. Le hace +dao, mucho dao. Sosiguese. + +--Pobrecita! Pero t... rompe... relaciones... el caballerito... Ese es +tu... + +--Mi qu, mamita?, pregunt Cecilia sobresaltada y con instancia, pues +la abuela tardaba en terminar la frase. Mi qu, mamita del alma? Hable, +diga; por la Virgen Santsima, no me deje en esta terrible indecisin. +Es mi enemigo? Mi tormento? Mi infiel amante? Mi que? + +--Es tu... tu... tu... t..., continu repitiendo _sea_ Josefa, cada vez +a ms largos intervalos y ms bajo tono, hasta que el ruido de la slaba +misteriosa se convirti en lgubre murmullo y el murmullo en un mero +movimiento de los labios, que no dur mucho tampoco. La enfermedad tuvo +su crisis. Haba expirado. + +No haba visto Cecilia morir a nadie, as que, al convencerse por el +tacto de que la abuela no alentaba precisamente cuando la crea ms +viva, el horror ms bien que el pesar le arranc un grito terrible y le +priv del sentido. Acudieron _sea_ Clara y Nemesia, y la encontraron +en la cama abrazada con el cadver, del cual les cost trabajo +separarla. Justo era su inmenso dolor. Desde aquel momento le faltaron +de una vez su protectora, su compaera, su tierna amiga, su pariente, su +madre adorada; y para mayor desesperacin, quedole siempre despus el +remordimiento de que en la confusin haba olvidado poner en la mano de +la moribunda la vela del alma, preparada con tanta anticipacin para ese +mismo caso. + +Mientras dur la enfermedad de la Josefa Alarcn, fue entregando el +mdico a Cecilia, siempre sin decirla palabra de quien procedan, +diversas cantidades de dinero, las mismas que ella reciba con una mano +y con la otra pasaba a las de Jos Dolores Pimienta, creado de hecho su +mayordomo y cajero. Corri l, en efecto por ese breve tiempo (brevsimo +para quien ansiaba se repitieran las ocasiones de acercarse a Cecilia y +de prestarle cada da nuevos servicios), con todos los gastos que +ocasion la enferma; y muerta, ajust con el conocido muidor Barroso +los preparativos para el entierro. Siendo muy estrecha la casita de la +calle del Aguacate para recibir a las visitas que vendran a dar el +psame a Cecilia, y para celebrar el velorio, dispuso Pimienta se +trasladara el cadver a la sala de la casa en que l y su hermana +vivan, en la calle de la Bomba, donde estuvo de cuerpo presente desde +las diez de la noche hasta las tres de la tarde del siguiente da. No se +erigi catafalco: vestida de muerta con el hbito mercedario, color de +pajuela, que cea la correa negra usual de la Orden de la Merced, y +metida en su caja forrada de pao negro, se deposit en unas andas +comunes, entre grandes cirios de cera y candelabros plateados. + +El maestro Uribe, con sus oficiales y amigos y los numerosos de +Pimienta, velaron toda la noche, y a la hora del entierro condujeron las +andas a hombro, relevndose de cuatro en cuatro hasta el cementerio, +situado en el pequeo arrabal de San Lzaro, al extremo de la calzada de +este nombre. + +El nico incidente que en cierto modo marr la solemnidad del acto, fue +el que en breves palabras vamos a referir. Distaba la casa mortuoria del +cementerio sobre media legua, y la va ms corta no conduca por las +calles de la poblacin, sino por veredas tortuosas, sombreadas del +lujoso arbolado de las quintas y jardines, que entonces ocupaban el rea +toda del hoy extenso barrio titulado del Monserrate. + +All donde se alza la moderna iglesia que le da nombre, se uni de +repente a la fnebre comitiva, procurando confundirse con ella, un negro +desconocido y de mala catadura, que pareca cansado de mucho correr. +Tras ste se apareci a poco otro a caballo en traje militar, de +chaqueta de pao, con dos charreteras de oro y sable de caballera. Era +joven y de ademn bizarro. Sin andarse en chiquitas, se precipit sobre +el fugitivo, y, apuntndole con el arma al pecho, grit:--Date, Malanga, +o te mato. + +--Tond! Tond! exclamaron los de la comitiva que le conocan de vista +o de trato. + +Cogido, pues, Malanga entre la punta del sable y las andas en que iba la +difunta, no tuvo ms remedio que entregarse a merced del captor; el +cual, sin desmontarse, le amarr codo con codo, le ech por delante, y +saludando a la militar con el arma al aire, dijo a los del +duelo:--Seores, espero me dispensen el mal rato. Tena orden de Su +Excelencia el Capitn General, de coger a este pcaro, vivo o muerto, y +la he cumplido. Que siga el entierro. Salud, seores. + +La primera parada de la fnebre procesin se hizo a la reja grande que +mira al azulado mar Atlntico de la casa de la Beneficencia, a fin de +que los nios hospicianos de ambos sexos cantasen un responso por el +alma del difunto, mediante el pago de una moneda de oro, en calidad de +limosna. + +La segunda parada se efectu delante de la reja del cementerio, debajo +del gracioso arco de entrada, para que el capelln hiciese la aspersin +del atad con agua bendita, antes de consignarle al sepulcro. Cuando se +ejecutaba este acto final y siempre triste, los acompaantes, en actitud +reverente, permanecieron de pie y descubiertos, formando grupo en torno +de la huesa. + +Jos Dolores Pimienta, Uribe y algunos otros arrojaron un puado de +tierra sobre el atad de la que fue en vida Josefa Alarcn y Alconado, +no menos distinguida por su belleza que por sus desgracias, su ardiente +amor de madre y prcticas religiosas de sus ltimos aos; y el primero, +que haca de cabeza del duelo, al darles las gracias a sus amigos y +despedirlos, no pudo evitar que se le humedecieran los ojos, acaso +porque se le vino a la mente en aquel instante el cuadro de su +idolatrada Cecilia, transida del dolor y desmayada en brazos de +Nemesia. + + + + +CAPTULO III + + _Qu es la vida? Por perdida + Ya la di, + Cuando el yugo + Del esclavo, + Como un bravo Sacud._ + + J. DE ESPRONCEDA + + +A mediados de enero volvi del campo la familia de Gamboa: los criados +por mar, los amos por tierra. Leonardo lleg algunos das despus. + +Lo primero que hizo doa Rosa en la ciudad fue darle licencia o papel a +Mara de Regla para buscar acomodo o amo. El papel (as se le llama por +antonomasia en Cuba) en cuestin, firmado por don Cndido, rezaba poco +ms o menos como sigue: Concedo papel a mi esclava Mara de Regla, para +que en el trmino de diez das de la fecha busque acomodo o amo en la +ciudad. Es criolla, racional, inteligente y gil, sana, robusta, no ha +padecido nunca enfermedad, no tiene tacha conocida, sabe coser de llano, +entiende de lavar y aplanchar, de cuidar nios y enfermos. Se le da +papel porque ella lo ha pedido. No ha conocido ms amos que aqul donde +naci y el que ahora la vende. Habana, etc. + +Despachado este asunto, que doa Rosa juzgaba de mucha importancia, se +ocup del negro fugado. Achacaba toda la culpa del suceso al Mayordomo, +motivo por el cual en la primera oportunidad se le fue a las barbas con +la irnica inquisicin de: + +--Supongo que Vd. ha hecho muchas diligencias para averiguar el paradero +de Dionisio. + +--S, mi seora doa Rosa, varias, muchas diligencias, contest l +embarazado, pues menta como un turco. Slo que estos negros... vamos, +son el mismo dianche. Saben agazaparse... Vaya que si saben! + +--Veamos qu ha sacado Vd. en limpio. + +--Poca cosa, mi seora, casi nada. Se dijo que le haban muerto de una +pualada, y... pare Vd. de contar. Porque no habindose levantado +sumaria del hecho, que yo sepa, ni aprehendido al hechor, ni enterrado +al muerto, he supuesto, suposicin bien fundada, me parece, que lo de la +pualada ha sido mero rumor, una farsa, esparcido quizs por el mismo +Dionisio para desorientar y evitar que le sigan la pista. Digo a Vd., mi +seora doa Rosa, que saben mucho estos negros, mucho... + +--Quedo enterada, dijo la seora en su despecho. Luego aadi: Pues es +preciso que aparezca ese negro. + +--Preciso, repiti don Melitn. + +--Muerto o vivo ha de estar en alguna parte, agreg doa Rosa. + +--Eso digo yo, dijo el Mayordomo. + +--Nada ha dicho Vd. de provecho, exclam doa Rosa incomodada. Cmo es +que no se le ha ocurrido poner un avisito en el _Diario_? + +--Vaya que s se me ha ocurrido, seora doa Rosa, replic el hombre, +contento de poder vindicarse. Se me ha ocurrido ms de una vez, muchas. +S, seora, se me ha ocurrido. + +--Entonces, por qu no lo ha puesto en planta? + +--Pues ah est el ajo de la dificultad, mi seora doa Rosa. Es que no +s como redactar esos avisos. Jams las he visto ms gordas. Cosa +natural; en mi pueblo no haba gacetas. + +--La cosa es lo ms fcil del mundo. No recuerda Vd. las seas de +Dionisio? Su figura? Su empaque? Negro criollo, prieto rechocho, +marcado de viruelas, cara redonda, grandes entradas, boca grande, nariz +chata, buenos dientes, ojos saltones, cuello corto, aire aristocrtico, +oficio cocinero, sabe leer, debe darse por libre, falta de la casa de +sus amos desde _tal_ fecha; se dar una buena gratificacin al que lo +capture y entregue en _tal_ parte, haciendo responsable a daos y +perjuicios, etc., etc. Todo como se lee cada da en el _Diario_, bajo el +epgrafe o como se llame, de... _Esclavos prfugos._ + +--Ya, ya, me parece bien dicho todo eso, seora doa Rosa. Suena +lindamente de palabra, mas cjase la pluma y pngase en el papel... +Declaro sin vergenza, mi seora, que no me da el naipe en achaque de +escritos para gacetas. Claro, yo no nac para gacetillero, y el que no +naci para casado, dice el refrn, que no engae a la mujer. + +--En muy poca agua se ahoga Vd., don Melitn. Se atrevera Vd. a +repetir lo que acabo de decirle? + +--Creo que s. Talento me falta, memoria no, me sobra. + +--Est bien. Pues para que no se olvide, ahora mismo se va Vd. a la +imprenta del Diario. Se halla en esta calle, pasados los portales del +Rosario, una casa de zagun, con dos ventanas de espejo, donde antes se +jugaba a la lotera de cartones... Ah. Entra Vd. y busca a don Toribio +Arazoza, el redactor. No puede Vd. equivocarse: es hombre de facha +ordinaria, gordifln, barbudo... Casi nunca se afeita, siempre se re +con los labios, no con el semblante... Vd. me entiende. Pues a se le +relata Vd. cuanto le he dicho de Dionisio, que l sabe cmo se redactan +los avisos sobre esclavos prfugos. + +Apenas sali don Melitn, doa Rosa levant los ojos y las manos juntas +al cielo, y exclam:--Ah! Qu Mayordomo tan bruto tiene mi marido! Por +milagro anda en dos pies. + +A la vuelta de ste de la imprenta, le despach el ama en una volante de +alquiler, camino del Cerro, para inquirir si ya haba sido conducido +Dionisio al depsito de negros cimarrones que tena establecido el +Consulado de Agricultura y Comercio de La Habana e isla de Cuba, +contiguo al elegante sitio de recreo de los seores condes de +Fernandina. No se hallaba all el prfugo, por la sencilla razn de que +slo se remitan a ese depsito general aquellos negros de las fincas +rurales que, alzados a los montes, se cogan vivos con perros, y que, +por su ignorancia o malicia, no poda averiguarse de pronto el nombre de +sus legtimos dueos. + +Pesquisas tan infructuosas empezaban a sembrar el desaliento en el nimo +de doa Rosa, cuando se present en su casa un negro en traje militar +para pedirla con la mayor cortesa una audiencia de pocos minutos. Le +midi ella de alto a bajo con una mirada inquisitiva, y dijo: + +--Tond? + +--Muy humilde criado de la seora, contest l haciendo un arco de su +esbelto cuerpo. + +--Qu se ofrece? pregunt seria doa Rosa. + +--No es de la seora un aviso sobre un moreno huido?... + +--S. + +--Cmo se llama el moreno? y perdone la seora... + +--Dionisio. + +--Dionisio Jaruco? + +--No, Gamboa, pues es mi esclavo. Bien que, como criollo de Jaruco, no +es extrao que pretenda pasar por ese apellido. + +--El mismo que yo sospechaba. En el baile de corte que dio la gente de +color all afuera la antevspera de Nochebuena, conoc a un moreno que +se deca Dionisio Jaruco. Sus seas corresponden fielmente con las que +le dan en el _Diario_, y creo no me ser difcil cogerlo, si la seora +me concede el permiso para buscarlo. + +--Regalara dos onzas de oro al que lo capturase, tres, cuatro, +cualquier dinero. Ha cometido una gran falta y deseo castigarlo cual +merece. Temo que se resista. El la echa de guapetn. + +--No tenga la seora pena por eso. Se lo voy a traer amarrado codo con +codo. + +--Mi regala es segura. + +--No me lleva el dinero, me lleva solamente aquello de que quien la debe +que la pague. Cumplo con las rdenes de mi jefe, el Excelentsimo seor +don Francisco Dionisio Vives, que, con la aprobacin de S. M. el Rey, +que Dios guarde muchos aos, me ha comisionado para prender a los +delincuentes de color. + +Sala temprano Mara de Regla de la casa en la calle de San Ignacio; +llamaba a la puerta de la de mejor apariencia, mandaba el papel a la +seora, y sentada en el umbral, mientras descansaba vena la respuesta, +reducida invariablemente a que el ama tena bastantes criados y no +necesitaba ninguna de alquiler. Tenase por denigrativo entre la gente +de color el servir a otra persona que el amo, gnero de idiosincrasia de +que no tuvo Mara de Regla ni sospecha sino al cabo de muchos chascos y +desengaos parecidos al que acaba de mencionarse. En realidad no +abrigaba ella intencin ni esperanza de obtener alquilador o amo: ambas +cosas la repugnaban altamente, estimando uno u otro extremo como la +mayor desgracia que podra sobrevenirla. Si hubiera sido mujer capaz de +mostrar en el rostro a primera vista las emociones del espritu, el ms +miope habra podido observar cmo se enrojeca de la vergenza cada vez +que sacaba el papel del seno para darlo al criado que vena a abrirla la +puerta. + +Su intencin, su esperanza, el deseo ms vehemente de su alma al +solicitar la vuelta a La Habana, fue buscar a Dionisio para unirse a l +si estaba vivo, o quitarse la vida si haba muerto. Por eso, lejos de +sentirlo, experimentaba una especie de regocijo secreto siempre que la +devolvan el papel acompaado de un no, seco y decisivo. Pero el plazo +que la haban concedido era, sobre corto, fijo; ya haban cursado varios +das en vanas diligencias; si se cumpla y no presentaba alquilador ni +amo, qu hara su seora, mujer de carcter tan firme y severo con sus +esclavos? En estos crticos momentos su hija Dolores la revel la +substancia de la conversacin que doa Rosa acababa de tener con Tond, +cuyo nombre y hechos andaban en boca de todos; y aguijada por el temor +de perder de una vez a su adorado Dionisio, resolvi dedicar los pocos +das que del plazo fatal la restaban, a la consecuencia del que ya era +el nico objeto de su existencia. + +Tomando lengua, se dirigi una maana temprano al mercado de la Plaza +Vieja, uno de los dos que entonces existan dentro de los muros de la +ciudad. Era aquel un hervidero de animales y cosas diversas, de gentes +de todas condiciones y colores, en que prevaleca el negro; recinto +harto estrecho, desaseado, hmedo y sombro, circunscrito por cuatro +hileras de casas, quizs las ms alterosas de la poblacin; todas, o la +mayor parte, de dos cuerpos, el bajo con anchos portales de alto puntal, +que sostenan balcones corridos de madera. + +Al pie de uno de los pilares de aqullos se apoy Mara de Regla y se +estuvo largo rato contemplando en melanclico silencio el abigarrado y +revuelto cuadro del mercado. Todo all era nuevo para ella. En el +centro se alzaba una fuente de piedra, compuesta de un tazn y cuatro +delfines que vertan con intermitencias chorros de agua turbia y gruesa +que, sin embargo, recogan afanosos los aguadores negros en barriles +para venderla por la ciudad a razn de medio real de plata uno. De ese +centro partan radios o senderos, nada rectos por cierto, en varias +direcciones, marcados por los puestos de los placeros, al ras del piso, +en la apariencia sin orden ni clasificacin ninguna, pues al lado de uno +donde se vendan verduras u hortalizas, haba otro de aves vivas, o de +frutas, o de caza, o de races comestibles, o de pjaros de jaula, o de +legumbres, o de pescados de ro y de mar, todava en la cesta o nasa del +bote pescador; o de carnes frescas servidas en tablas ordinarias +montadas por sus cabezas en barriles o en tijeras movibles; y todo +respirando humedad; sembrado de hojas, cascaras de frutas y de maz +verde, plumas y barro; sin un cobertizo ni un toldo, ni una cara +decente; campesinos y negros, mal vestidos unos, casi desnudos otros; +vaharadas de varios olores por todas partes; un guirigay chilln y +desapacible, y encima el cielo azul, visto como a travs de una +claraboya, en que apareca uno que otro volador celaje, imitando, ya +transparente cendal, ora las alas de ngeles invisibles. + +Entraban en la plaza y salan de ella negros y negras; stas con el +propsito de hacer la provisin diaria de casa de sus amos, aqullos con +el de procurarse al precio de por mayor las carnes, verduras o frutas +que revendan al por menor dentro de la ciudad o en sus barrios +extramuros: trfico ste, de paso sea dicho, bastante lucrativo en no +pocos casos. + +Haba algo en el traje nuevo de prusiana que vesta Mara de Regla; en +el modo de llevar el pauelo de seda con que se velaba a medias los +mrbidos hombros y el de Bayaj con que se cubra las pasas; en el color +negro lustroso de la cara y brazos desnudos y torneados, anunciando +salud y robustez; en su aspecto general de forastera; en la tristeza o +timidez que su semblante y actitud revelaban, haba algo, decimos, en +todo esto, que no poda menos de llamar la atencin, an de las personas +indiferentes y muy ocupadas de sus propios quehaceres. + +Pero todas, quier curiosas, quier compasivas o naturalmente +observadoras, ya entrando en la plaza, ya saliendo de ella, le echaban +una mirada de travs a la ex enfermera, y seguan de largo. Su actitud +aparentemente contemplativa (de ningn modo su traje) haca sospechar a +primera vista que la aquejaba una dolencia extraa, o que, siendo +demasiado novicia o corta de genio, no acababa de tender la mano y pedir +una limosna por el amor de Dios al transente. Cualquiera de estos +motivos era bastante para enfriar la compasin y apagar la curiosidad en +la clase de gente que acuda al mercado. Solamente una negra gruesa, con +tendencia a la obesidad, y de fisonoma franca y alegre, que sala con +un tablero lleno de carne a la cabeza, tuvo suficiente resolucin para +detenerse delante de la cuitada forastera, preguntndole de un modo +brusco, mas benvola expresin: + +--Ah! _Critiana!_ Qu hace ah _par_? Qu ha _perdi_? + +--Mi marido, contest de plano Mara de Regla. + +Lo inopinado de la pregunta no la dio tiempo a ocultar aquello que ms +fijo tena en el pensamiento. + +--Su _maro_! replic asombrada la carnicera. _Pu chatelo a busc._ + +Remed con esto el dicho de los muchachos en el juego de la gallina +ciega. + +--En eso ando (repuso la ex enfermera con un suspiro lastimero) hace +mucho tiempo. + +--Cmo _cuanta_? + +--Uf! Como doce aos. + +--_Oj! La va de un critiana. Cmo ama su maro?_ + +--Dionisio. + +--_Dionisia! Dionisia! No mi ricorda. Ande viva?_ + +--Yo no s. Por eso lo busco. + +--_Ut no e de la suid?_ + +--No, no soy de la ciudad. He vivido en el campo ms de doce aos. + +--_Anj! Ut deja su maro atr?_ + +--Yo no lo dej, mis amos me separaron de l. + +--_Ut e cravo, no?_ + +--S, esclava soy por desgracia. Me han tenido desterrada en la Vuelta +Bajo por todo el tiempo que le he dicho, y hace pocos das que me +trajeron a la ciudad para buscar amo o una persona que me alquile. Aqu +en el seno tengo el papel. De tanto guardarlo ya est sucio. He andado +de ceca en meca y no he encontrado quien me compre, ni me tome en +alquiler. Estoy cansada, aburrida, y ahora busco a mi marido que +desapareci de casa en los das de Pascuas. + +--Venga _colmga_, dijo la carnicera; y mientras suban por la calle del +Teniente Rey o Santa Teresa, pregunt:--_Cmo ama ut?_ + +--Yo soy Mara de Regla Santa Cruz, para servir a usted. + +--_Ah! Ut e sija de Dolore Santacr?_ + +--No. Dolores y yo fuimos esclavas de los seores condes de Jaruco. A la +muerte del seor Conde, viejo, nos vendieron en pblica subasta para +pagar las costas de la testamentara y las deudas. Yo estaba recin +casada con Dionisio, y por fortuna nos compr juntos don Cndido Gamboa, +comerciante de esclavos de frica. Desde entonces no s de Dolores. La +conoce Vd.? + +--_La conoca bien, bien. Dolore vende carne, vende fruta, vende to, y +Dolore se liberta. Depu, Dolore me saca del barrac. Aqu tiene la +jierre entoava._ (Sobre el homplato derecho se le vean las iniciales +G. B. marcadas con un hierro candente) _Dolore compra un casite y yo +vende carne, vende duse y vende to pa elle. Yo trabaja, trabaja y mi +liberta tambi. Lo branco mete pleito con Dolore, Dolore mete pleito con +lo branco y le ecribn, y le ajob, y le procura y se ju se come le +dinero, la casite, to que Dolore tien. Dolore se pone loco y ahora elle +et serr a San Dionisia._ + +--Pobrecita! No saba su triste suerte. Loca! Qu llama Vd. San +Dionisio? + +--_La casa de lo loca que ha jecho la goberna._ + +--Me parece que si las cosas siguen como van, un da de stos voy a +hacerle compaa a Dolores en la nueva casa de San Dionisio. + +--_Si ut quie trabaj, yo le da trabaja pa jace dinera._ + +--Estoy dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de ganar dinero y ver +si puedo libertarme con mi marido y mis hijos. Dnde vive Vd.? + +--_Vive ne la calle Ancho._ + +--Dnde es eso? + +--_All fuer. Yo tien maro. Mosotro no son cas por le iglese. Elle e +carretiller, que vende agua, y yo vende carne, mantec, geve, frute, to +que pu._ + +--Cmo se llama Vd.? + +--_Me ama Ginoveve Santa Cr. Mi maro e Tribusio Polanca. Elle tien +uno sijo amao Malanga que ha sacao mala cabesa. Ha matao ma branco!... +Tond lo coge como ratn con quesa le dominga depu de Nio perdo, +cuando diba nel entierre de a Chepa Alarc._ + +--Chepilla Alarcn? repiti preguntando Mara de Regla. + +--_S, s, agrego Genoveva. Le meme. Asn se amaba. Ha perdo un gen +caserite._ + +--Tena una nieta? + +--_S, tube un. Ma linde! Ah! qu bunite! No la ha vito ma bunite en +la va._ + +En este punto, trayendo la calle del Aguacate, las dos negras cruzaron +la de O'Reilly, e indic de paso Genoveva, con el dedo, a Mara de Regla +la casita, entonces cerrada, donde haba fallecido la anciana de que +hablaban. En la inmediata calle de la Bomba, la gua torci a la +izquierda y llam a la tercer puerta de la derecha con el acostumbrado +pregn de: _Caserite! No mi toma na hoy?_ + +Respondi al llamado nada menos que Nemesia Pimienta, slo conocida de +la vendedora como su parroquiana reciente, desconocida del todo para la +ex enfermera del ingenio de _La Tinaja_. Mientras aquella serva la +carne de puerco, la manteca y los huevos que le pidieron, sta que se +haba quedado algo atrs, cosida al batiente cerrado, registr a su +sabor una buena porcin de la sala. Arrimada a la testera de frente para +la calle, se hallaba sentada en un columpio con los pies apoyados en el +travesao de la silla que tena delante, una joven que a Mara de Regla +le pareci blanca. De este color era su vestido; pero negro el del +pauelo de batista que cea su torneado cuello; negro el del copioso +cabello hecho dos trenzas que coronaba la bien modelada cabeza; negro el +de los zapatos de carro de oro que aprisionaban sus piececitos de +elevado empeine y arqueado puente; la hermosa desconocida vesta luto en +el cuerpo y en el corazn, segn la honda tristeza que anunciaban, tanto +su semblante como su actitud. Por las prendas de ropa que se vean en el +suelo, en el respaldo de la silla y en su mismo regazo, se echaba de ver +que cosa; de cuya labor no levant los ojos sino en los momentos en que +su compaera, que se ocupaba del mismo modo, abra la puerta de la calle +y ayudaba a deponer en el quicio el tablero pesado de la vendedora. + +Para que se fijara la imagen hechicera de la enlutada en la viva memoria +de Mara de Regla, no pudo ser ms propicia la ocasin; y de tal modo +fue as, que luego repeta a media voz, paso a paso detrs de su +protectora:--La nia Adela! la nia Adela!, comparando all en su +mente la fisonoma de aqulla con la de la ms joven de sus amas. + +Como oyese la carnicera la cantinela, dijo en tono de represin: + +--_Ah! Ese nie no ama Adel, ama Sesil._ + +Ms vale callar, pens Mara de Regla, y no replic palabra; pero se +qued en sus trece, por cuanto sigui creyendo en que haba singular +semejanza entre su nia y la enlutada de la casa en la calle de la +Bomba, cuyas seas guard para la primera oportunidad. + +Hasta las dos de la tarde anduvieron las negras vagando por las calles +de la ciudad; y en el medio tiempo logr la carnicera reducir a plata +los efectos que llevaba en el tablero. Por la puerta llamada +popularmente de la Muralla, salieron a la Alameda y se sentaron en un +asiento de piedra, protegido por un rbol frondoso, entre el antiguo +caf de Atenas y la estatua de Carlos III. + +De una mugrienta bolsita de caamazo cuya boca se recoga con un +bramante, y que Genoveva llevaba en el seno, sac y cont hasta doce +pesos en pesetas sevillanas, reales y medios de plata, de los cuales, +deducidos los siete, poco ms o menos, costo de las mercancas +negociadas, rest una ganancia neta de cinco duros. No se requera +conocimiento de los nmeros para hacer la cuenta, ni de ms convincente +argumento para probar lo remunerativa de aquella industria. Convencida +de ello, se decidi a adoptarla Mara de Regla. + +Hablaba despus ella de lo que se deca respecto de su marido, de la +herida que haba recibido en ria, por aquel mismo barrio, y de su +desaparicin desde la vspera de Nochebuena. Entonces record Genoveva +haber odo decir a Malanga, que por esa fecha haba amparado a un moreno +que encontr mal herido a la entrada de la calle Ancha. Esta especie la +haba corroborado en todas sus partes el carretillero aguador, quien +momentos antes que su malvolo hijo, segn se recordar, pas por all y +no se detuvo porque juzg muerto al herido. Preso en la crcel Malanga, +no era fcil averiguar de pronto quin fuese, ni qu se haba hecho el +moreno herido; pero Mara de Regla se convenci que no poda ser otro +que Dionisio, y se propuso explotar en todos sus alcances datos tan +preciosos. + +En este punto de la conversacin de las dos mujeres, pas a caballo por +delante de ellas, y atraves el centro del Campo de Marte, en direccin +de la calzada de San Luis Gonzaga, el joven negro militar, de que hemos +hablado varias veces. + +--Tond!, dijo Genoveva indicndoselo a su compaera. + +Sin poderlo remediar, a su vista diole un vuelco el corazn a Mara de +Regla. Es que crey ver a Dionisio en las garras de aquel joven +intrpido que portaba sable, que la ley protega, y que el prestigio de +sus muchos actos de valor heroico haca casi invulnerable. Se puso en +pie por un impulso desconocido, dio algunos pasos en la direccin que +llevaba cuando le perdi de vista tras la nube de polvo que levantaban +las patas de su veloz caballo en la distante calzada, retrocedi al +asiento y se desplom sin habla junto a su asombrada amiga. + +Fue causa este ligero incidente para que las dos mujeres tardaran +todava algn tiempo antes de ponerse de nuevo en camino. Pero no bien +entraron en la calle Ancha, echaron de ver desusada agitacin y extrao +movimiento de pueblo. Hombres, mujeres y muchachos corran como +desatentados en opuestas direcciones. Los ms se refugiaban en sus +casas, cerraban las puertas con estrpito y se asomaban a los postigos +de las ventanas para preguntar al vecino o al transente el motivo de +aquellas carreras, cerramientos de puertas y exclamaciones. Este +contestaba:--Un fuego en Jess del Monte; el otro:--Un levantamiento de +negros en la tenera de Xifr; aqul:--Un robo en la calle de las +Figuras; quin:--Un _matado_. + +El ltimo en hablar fue el nico que se acerc a la verdad, confirmando +la noticia algo despus de las tres de la tarde, con muchos aspavientos +y palabras inconexas, el carretillero o aguador Polanco. Muy conocido en +el barrio, su aparicin en la calle Ancha fue saludada con un escopeteo +graneado y cruzado de preguntas de ventana a ventana. Ocioso era aquel +trabajo, porque l de _motu propio_ vena anunciando la muerte alevosa +de Tond, delante de la zapatera de la calle de Manrique esquina a la +de la Maloja. + +Por Malanga, preso en la crcel pblica, haba averiguado Tond el asilo +de Dionisio Gamboa, y corri a prenderlo con aquella confianza y +descuido que nacen del valor llevado hasta la temeridad. Llamado a la +puerta del obrador por un hombre tan conocido como Tond, no pudo +Dionisio equivocar sus intenciones, y desde luego, form su resolucin. +Se levant del banco en que trabajaba, y se acerc con las manos a la +espalda, en ademn de entregarse. + +El movimiento de avance por parte del prfugo determin otro opuesto por +parte del perseguidor, que le fue fatal. Grande, como se ha dicho, era +el desnivel de la calle, y haba adems detenida entonces a la puerta de +la zapatera una volante alquilona que obstrua el paso. Para hacer +campo, Tond, ya desmontado, retrocedi corto trecho; descuido ste de +que se aprovech en el instante el astuto cocinero, para metrsele +dentro y abrirle el vientre de lado a lado con el mismo trinchete de que +se serva para las reparaciones de la suela de los zapatos. Herido y +todo el heroico Tond, persigui al asesino, cayendo exnime a poco +andar en medio de la honda calle. + +El hecho es histrico en casi todos sus pormenores. + + + + +CAPTULO IV + + _Qu soar con el que adora, + y qu sufrir cuando tarda, + y qu temer cuando llega, + y qu llorar si se marcha?_ + + J. VELARDE + + +En una maana del benigno enero diole a Cecilia un vuelco el corazn, y +dijo entre s:--Eh! Viene l hoy. Y desde ese momento no pudo pensar en +otra cosa, ni hacer nada de provecho. Veces infinitas se asom al +postigo de la ventana, creyendo la cuitada que as apresurara la venida +del objeto de sus ansias; y otras tantas se dej caer, desfallecida de +alma y cuerpo, en el columpio arrimado a la testera opuesta. + +De poco le vali el volverse toda odos y ojos. Por el contrario, tal +era la ofuscacin de sus sentidos, que escuchando no oa, mirando +intensamente no vea. Esto explica por qu se pasaron algunos segundos +antes que ella realizase la presencia del amante, llenando el hueco de +la entornada puerta de la calle, cual en un espejo su imagen adorada. +Entonces, olvidada por completo de sus propsitos de venganza, de los +desdenes anteriores, de los supuestos agravios recibidos con sus +veleidades y su marcha al campo, corri a su encuentro con los brazos +abiertos, le bes y se dej besar por l en el delirio de la pasin. No +cabe duda, el hecho de la corta ausencia haba obrado el milagro de +convertirlos en ntimos amigos, en cariosos hermanos, en ternsimos +amantes. + +--Ests sola? la pregunt l. + +--Sola, contest ella con lnguida expresin. + +--Me esperabas? agreg tiernamente tenindola estrechada todava por la +cintura. + +--Con el alma y con la vida, repuso la joven en su amoroso entusiasmo. + +--Quin te dijo que yo vena hoy? + +--El corazn! + +La bes de nuevo en los ojos y en la boca, y aadi: + +--Te hallo plida y ms delgada que a mi partida para el campo. + +--Le parecen poco las noches y los das que he pasado sin pegar los +ojos velando a mamita? Tampoco han faltado otros sinsabores... + +--Cundo se enferm tu abuela? + +--Desde el ao pasado mamita no gozaba de salud. Pero su gravedad se +puede decir que principi la vspera de Nochebuena. Cuando yo llegu, a +eso de las dos de la madrugada, la encontr con una calentura que +volaba... No se levant ms. + +--Dnde habas estado t hasta esa hora?, pregunt el joven +sorprendido. + +--En una parte. + +--En qu parte? + +--Oh! En una parte. + +--Me dirs dnde?, la pregunt Leonardo ponindose serio. + +--Espero que me diga Vd., antes dnde ha estado todo ese tiempo, replic +ella no menos seria, tratando de herir por los mismos filos. + +--Yo he estado donde t sabes. + +--Ya, en el campo, Vd. me lo dijo, pero se fue Vd. por mi voluntad? + +--Ah! Vengativa! Esas teniendo? Segn eso, t has estado en _una +parte_ por pique conmigo. + +--Por pique no. No tengo nada de vengativa. Ni un tantico. Lo que yo no +quiero, lo que no puedo aguantar es que me la den de boba. Fue Vd. a +divertirse con sus amigas en el campo, haba de quedarme en casa +encerrada como monja? No faltara ms. + +--Fui de mala gana. Hubiera preferido quedarme, pero mam se propuso +llevarme... No te lo dije as? + +--Me lo dijo con la lengua. + +--Yo no digo mentira. + +--No tiene Vd. la boca debajo de la nariz como los dems hombres? Va +que s. Ninguno dice mentira. Qu! Sera un pecado. Pero cul de Vds., +si se ofrece, no engaa a la mujer ms buena del mundo? + +--Qu sabes t de eso? + +--Mucho ms de lo que Vd. se figura. Muy lpero ha de ser el que se +burle de m. + +--No hables boberas y dejmonos de cosas que no tienen fundamento. Es +gana que busques motivos de quejas. T no puedes ponerte _brava_ +conmigo. Dime, en dnde estuviste la vspera de Nochebuena? + +--De mal a mal? + +--De bien a bien, cielo mo. De ti no quiero ni la gloria de por fuerza. + +--Eso s. Pues vena del baile de etiqueta que dio la gente de color en +la casa de Soto, all afuera. + +--Cmo fuiste? + +--A pie. + +--No quiero decir eso. Quin te convid? Con quin fuiste al baile? + +--Me convid Uribe el sastre, que fue uno de la comisin, y fui al baile +con Clara su mujer, con Nemesia y con Jos Dolores su hermano... + +Leonardo torci el ceo y no supo ni pudo ocultar su disgusto. + +--El que se pica ajos come, dijo Cecilia sonriendo. Qu dir yo cuando +recuerde que Vd. fue al campo para seguir a una guajira? + +--Veo que no pierdes la ocasin de zaherirme, dijo Leonardo disimulando +su desazn. Y me parece que seras capaz de querer a cualquier hombre +con tal de darme _caritate_. + +--No tanto, ni tan calvo que se le vean los sesos. Hay muchos hombres a +quien no podra querer por ms picada que estuviese con el preferido de +mi corazn. + +--Malo es que t seas de naturaleza celosa y vengativa. + +--Sea Vd. leal y constante y nada tendr que temer de la mujer ms +vengativa y celosa nacida. + +--Con las celosas no valen la lealtad ni la constancia del amante ms +fino. Mucho menos valen si t das entrada a hombres con quien no debes +ligarte. + +--A quin he dado yo entrada? Vamos, explquese. + +--Quieres orlo de mi boca? Quin te acompa al baile estando yo +ausente? Con quin bailaste? En casa de quin vives ahora? + +--Y eso es lo que Vd. llama darle entrada a los hombres? + +--Por ese camino al menos se va derecho al corazn de las mujeres. + +--No al mo que est forrado y claveteado en cobre. Pero si de alguno no +debe Vd. abrigar recelo es del hermano de Nene. Entre nosotros no ha +cabido nunca, creo yo, ms que una sincera y desinteresada amistad. +Nosotros nos conocemos y tratamos desde chiquitos. Hemos jugado juntos a +la gallina ciega y a la lunita, hemos crecido el uno al lado del otro +sin pensar en amores, al menos por mi parte. S que siente por m un +cario entraable; s que se desvive por m; s que su mayor delicia es +serme til; s que tiene orgullo en adivinar mis pensamientos; s que si +le pido un favor se aflige y se culpa a s mismo porque no se adelant a +mi deseo; s que no consentir me ofendan ni las moscas; s que es capaz +de cometer cualquier locura por agradarme; s que me cree el _non plus +ultra_ de las mujeres; s que tiene celos de Vd. que se lo comen vivo; +pero an no me ha hecho una declaracin de amor. Sabe, el pobre, porque +no tiene un pelo de tonto, que yo no he de quererlo, ni casarme con l +en la vida. Muchas veces lo he sorprendido mirndome cual se mira a las +santas; yo he hecho como si no lo notase o entendiese y l no se ha +atrevido a declararse. De aqu no ha pasado desde que nos conocemos. En +su trato es una dama, muy galn y respetuoso con las mujeres, bien +criado con los hombres; slo le falta la cara blanca para ser un +caballero en cualquier parte. Le hablo con esta claridad de Jos Dolores +porque se me figura que a Vd. no le cae en gracia, qu no lo ve con +buenos ojos. + +--Te engaas, dijo Leonardo alarmado por el hermoso retrato que acababa +de trazar Cecilia de Jos Dolores Pimienta. No tengo prevencin ninguna +contra _tu amigo_. No lo miro con buenos ni con malos ojos, por la +sencilla razn de que no me cuido si vive o si muere. A m no puede +hacerme sombra semejante sastrecito. Siento, s, que en estas +circunstancias hayas credo necesario explicarme la clase de relaciones +que han existido y existen entre Vds. dos. No me interesa eso en lo ms +mnimo. + +--A Vd. le corresponde hablar as, a m no. Sera la ms descastada de +las mujeres si olvidara por un momento los muchos favores que le debo a +Jos Dolores. El fue mis pies y mis manos, mi todo, durante la +enfermedad de mamita; l hizo los mandados; l llam varias veces al +mdico; l trajo las medicinas de la botica; l hizo caldos de gallina +para la enferma; l vel conmigo a su cabecera; l fue por los leos a +San Juan de Dios; l corri con el entierro; l llor tanto como yo la +muerte... + +En este punto los sollozos y las lgrimas le cortaron la palabra a +Cecilia. Despus continu como ofendida por el tono y las frases +despreciativas que haba empleado Leonardo respecto de Jos Dolores: + +--Hay favores que no se pueden pagar bastantemente; la mujer que los +olvida no merece el pan que come. Jos Dolores siempre me ha distinguido +y respetado, y lo que es en el baile sac la cara por m, exponindose a +la muerte. + +--Con qu motivo sac la cara por ti? + +--Con motivo de haberme ofendido un negro. + +--Por qu te ofendi? + +--Porque me negu a bailar con l. + +--Le desairaste? + +--No. Yo no le conoca. Era un intruso, por qu haba de bailar con l? +Adems, tena comprometido el minu con Brindis. Tampoco quera yo +bailar pieza con los negros. Las dos o tres que bail con ellos fue por +compromiso. + +--El mal estuvo en tu concurrencia a un baile de gente de color... + +--Lo s, lo confieso, me pesar toda la vida haber ido. Eso me parece +que le apresur la muerte a mamita. + +Volvi a llorar Cecilia; y Leonardo, para alejar de su mente aquella +idea, o para averiguar lo que haba ocurrido dentro y fuera del baile, +la pregunt: + +--Qu casta de negro era el que te ofendi? + +--No s. En mi vida le haba visto. Tampoco me conoca l a m sino por +mera inferencia. Creo que me invit a bailar para tener la ocasin de +insultarme y vengar as un agravio que supuso alguien le haba hecho por +mi causa. + +--Quin le hizo el agravio? + +--No lo dijo. Slo dijo a gritos que yo tena la culpa de que se viera +separado de su mujer. + +--Deba estar loco o borracho. + +--Borracho no, ms bien loco. Daba miedo. Tambin me dijo que me vio +cuando yo gateaba; que saba quien era mi madre y que conoca a mi padre +como a sus manos. + +--Mal pudo conocer a tus padres, observ Leonardo con aire sentencioso, +siendo as que eres hija de la Cuna. Disparate! + +--Ah! Escuche, agreg Cecilia recordando: dijo que su mujer fue quien +me cri, que yo era mulata y que mi madre viva y estaba loca. + +--No se averigu cmo se llamaba ese diablo de negro? + +--S, se supo al fin. Lo reconoci un oficial de la sastrera de Uribe. +Lo llam por el nombre de Dionisio Gamboa, aunque l sostuvo que no se +llamaba as, sino Dionisio Jaruco. + +--Ah! Perro! exclam Leonardo apretando los puos al mismo tiempo que +los dientes. Qu buen novenario merece! Lo llevar, como hay un Dios en +el cielo, en cuanto se le capture. A bien que ya Tond le sigue la +pista. No hay tal Dionisio Jaruco ni calabaza. Su nombre s es Dionisio, +pero su apellido debe ser Gamboa, porque pertenece a mam. El muy +indigno, mal agradecido, infame, al robo de la ropa antigua de pap ha +aadido la fuga y dejado a mam sin cocinero. A ningn negro se le han +consentido en casa ms desvergenzas que a l. Y vase el resultado. La +pagar. Que se esconda bajo siete estados de tierra, de ah le sacarn. +Se le castigar cual merece, lo juro. Me parece que si le desuellan vivo +no paga las que debe. Despus, atreverse a insultarte...! + +Arrebatado por la clera, tard algn tiempo en comprender Leonardo que +haba asustado a Cecilia con tan inoportunas amenazas, adems de ponerse +en ridculo a sus ojos, pues sta advirti sin esfuerzo que el furor de +su amante contra el negro no proceda tanto del agravio a ella inferido, +cuanto de haber dejado la familia sin cocinero. Volviendo sobre sus +pasos, aunque tarde, aadi el joven: + +--Pero, a todas stas, qu has tenido t que ver con la separacin de +Dionisio de su mujer? Nada, absolutamente nada. Dudo que fueses nacida +cuando mam zamp a Mara de Regla, la mujer de Dionisio, por +escandalosa y desobediente, en el ingenio de _La Tinaja_. Y si no habas +nacido, cmo pudo criarte? Ella s cri a mi hermana Adela. Vamos, es +un disparate, una equivocacin suya, pretexto para desfogarse contigo +que no podas devolverle el insulto. + +--Para eso, dijo Cecilia con satisfaccin, que le cost caro el meterse +conmigo. A la salida del baile esper a Jos Dolores en la esquina de la +calle Ancha. Pelearon con cuchillo y el negro cay a los primeros +golpes... + +--Muerto? exclam Leonardo, que no esperaba semejante desenlace. + +--Me parece que no. El qued en el suelo quejndose mucho. Le duele a +Vd. que se le hubiese castigado tan pronto la falta? + +--No, no, se apresur Gamboa a corregir la falta de galantera que +acababa de cometer manifestando sentimiento por la herida de su esclavo. +No me duele perder un negro. Tenemos muchos. Siento s que t hayas +estado por medio. Fue un escndalo. T complicada en un homicidio! Mas +hablando de otra cosa, qu mdico asisti a tu abuela en su enfermedad? + +--Montes de Oca. + +--Cmo vino l a curarla? + +--Yo fui por l. + +--Le conocas? + +--De vista. + +--Le conoca tu abuela? + +--Ella s. Mamita fue a verlo a su casa y l vena a verla todos los +meses. + +--Para curarla? + +--No. Mamita no haba estado casi nunca enferma de mdico. + +--Qu dares o tomares se traan ellos? + +--Mamita reciba una mesada por conducto de Montes de Oca. + +--Una mesada! Ahora recuerdo que hace mucho tiempo Montes de Oca le +tom a pap en alquiler esa misma Mara de Regla, mujer del cocinero, +para criar a una nia, hija ilegtima de un amigo suyo. Y he aqu +descifrado el por qu de la equivocacin de Dionisio. Seguro, se figur +que t eres la tal nia. Por supuesto, t no fuiste, pero quin saca al +muy bestia del error? Ni habas nacido entonces. Mira t, despus de eso +Mara de Regla cri a Adela por cerca de dos aos. Lo que te s decir es +que esa crianza le ha costado muchos disgustos a mam. Montes de Oca se +comprometi a pagarle dos onzas de oro a pap por el precio del alquiler +de Mara de Regla. Sospecho que nunca cumpli, porque l es mal pagador. +Hallo, pues, extrao, incomprensible, que Montes de Oca le pasara una +mesada a Vds. No sabes t su origen? + +--No entiendo, contest Cecilia dudosa. + +--Quiero decir, repuso Leonardo, que si t sabes el motivo, la razn, o +como se llame, del por qu le pasaban la mesada a tu abuela. + +--No lo s; mejor dicho, no me he puesto jams a averiguarlo. + +--T lo sabes y no quieres decrmelo. Lo leo en tus ojos. + +--Mal lector es Vd. entonces. + +--Niego a pie puntillas que Montes de Oca pasaba la mesada por cuenta +propia. + +--Tambin lo niego yo. + +--Ah! Ves? T sabas y me lo negabas. + +--Vd. no me pregunt eso. Vd. me pregunt que si yo saba el origen o el +motivo de la mesada, y todava estoy en ayunas. Lo nico que s es que +Montes de Oca la pasaba por cuenta de un amigo... + +--Que t conoces. No? la interrumpi Leonardo. + +--De vista, contest Cecilia a medias. + +Su nombre. + +--Ay! Ese se queda para el curioso lector. + +--Dilo, dilo, la inst el joven cogindole la mano. No deseo saberlo por +mera curiosidad, sino por algo que te dir despus. + +--Vd. lo conoce como a sus manos. + +--Quin, pues? + +--Su padre de Vd. + +--Mi padre! exclam Leonardo asombrado de la revelacin. Ser posible +que mi padre lleve la pertinacia....! (Se contuvo y agreg luego:) +Ests segura? + +--Segursima. + +--Desde cundo le conoces t? + +--Uf! Desde que yo era chiquitica. + +--Cmo le conocas? + +--De verlo en las calles. A cada rato tropezaba con l. Cuando menos lo +esperaba lo tena encima. Se pona _bravo_ y me deca muchas cosas: que +estaba hecha una mataperros, perdida, mal criada, y que iba a hacer que +me prendieran los soldados. + +--Sabas t su nombre entonces? + +--No, ni lo supe hasta mucho despus, cuando me haba hecho una mujer. +Conmigo no ha tenido l amistad, con mamita s. De Corpus a San Juan, +sola hablarle por la ventana, siempre de m. + +--Qu la deca? + +--Nada bueno, por cierto. Le deca, por ejemplo, que me celara de Vd.; +que no me dejara ir a bailes con Vd., que Vd. era muy enamorado; que +tarde que temprano me dejara Vd. por otra; en fin, que Vd. estaba para +casarse con una muchacha muy rica y slo aguardaba a recibirse de +Bachiller en Leyes. + +--Me sorprende or eso de mi padre. No lo creera si otra persona me lo +dijera. Qu objeto le lleva verdaderamente en el asunto? Su conducta +contigo aleja la idea del amor. No est enamorado de ti, no. Tampoco ha +sido l hombre de enamorarse por andar alegre. Ahora me desengao... + +--Es que mamita tambin estaba opuesta a nuestras relaciones. A la hora +de su muerte me mand que no lo quisiera a Vd. + +--T no piensas en obedecerla, no es as?, dijo el joven +apasionadamente. + +--Ya es demasiado tarde, contest Cecilia ponindose colorada. (Despus +aadi en voz baja:) Dios quiera que no me pese haber desobedecido a +mamita. + +--Nunca te pesar, repuso Gamboa con calor, te lo juro por lo ms +sagrado, el haberme querido bien. Veo, entre tanto, que nada de lo que +me has dicho explica el enredo de la mesada. Por qu, a santo de qu se +la pasaba mi padre a tu abuela? Ve aqu lo que me encalabrina y +desespera. Es posible que no contine pasndotela a ti... + +--Tal pienso yo, dijo Cecilia bastante afectada. + +--No es eso lo peor, agreg el joven reflexionando, sino que el mdico +te cobrar la cura de la enferma. Del rbol cado todos hacen lea. + +--Por esa parte estoy tranquila. En toda la enfermedad de mamita, en vez +de pedirme estuvo el mdico dndome dinero para los gastos. + +--Cmo cunto te dio? + +--Como quince onzas de oro. Yo no llev la cuenta... Jos Dolores. + +--Dale con Jos Dolores. No quisiera volver a or su nombre en tu boca. + +--Qu tienes? + +Interrumpiose a lo mejor el prolongado dilogo de los amantes por la +llegada de Nemesia, con grande disgusto de los tres. De Cecilia, porque +as quedaba sumergida en el mar de confusiones respecto de su suerte +futura, do la haba arrojado la muerte repentina de su abuela. Con +disgusto de Leonardo, porque despus de lo averiguado acerca de la +posicin de Cecilia en aquella casa, comprendi que deba sacarla de +ella cuanto antes, so pena de perderla para siempre, y no haba tenido +tiempo de arreglar con su acuerdo el nuevo plan de vida. + +Por su parte Nemesia tambin experiment un vivo disgusto; porque sin +ms argumento ni prueba que la presencia all del temible rival de su +hermano, cuando le crea ms distante y olvidado de Cecilia, qued +convencida que ni los celos en ella, ni la ausencia en l, haban obrado +el milagro de trocar en odio, siquiera en indiferencia, el profundo +afecto que se profesaban los dos. Pobre Jos Dolores! exclam Nemesia +entre s. De sta la perdiste. Tontos de nosotros que nos habamos +halagado con la esperanza de que se quedara en el monte! + +--Est de Dios, hijo, que no ha de ser tuya Celia, dijo Nemesia con gran +sentimiento, a su hermano cuando volvi de la sastrera. + +--En qu te fundas para darme tan mala noticia?, pregunt el hermano +alarmado. + +--Me fundo en que _l_ ha vuelto. Los top a los dos esta maana como +ua y carne. + +--A dnde? + +--En esta sala. Solitos... + +--Luego _l_ no fue al campo para casarse. + +--Casarse! Tal vez se ha casado y ahora anda atrs de la querida. + +--Qu! Crees t que va a sacarla de aqu pronto? + +--Cuando menos... Para ponerle casa. + +--Cuando menos no, dijo Jos Dolores irritado a lo sumo. + +--No. Si la destina para querida, mientras ms pronto se la lleve mejor; +porque primero me dejo escupir a la cara que hacer el papel de tapa. No +es _l_ hombre para pasarme la mota y rerse de m. Que no se ponga en +mi camino. Dnde est ella? + +--Vistindose all dentro. Eso es que lo espera esta noche. + +--Es posible. As ser bueno que me arrime a un lado por ahora. Una +tragedia le causara ms pesar a ella que a l. + +--Todava no se ha perdido todo, Jos Dolores, dijo Nemesia pensativa. +Mientras la vida dura, hay esperanza. + +--Qu esperanza, hermana? O l o yo. Los dos juntos no cabemos. Me +resignara yo a servir de tapa tampoco? Creo que no, Nene. + +--Bobera, Jos Dolores: del lobo aunque sea un pelo. Quin puede decir +con verdad que es el primero en el corazn de una mujer? _Naiden._ Ten +por sabido que ella no es firme ni de ley. Dice una cosa ahora y luego +otra. Se dobla como la hoja del caimito: ctala colorada, ctala blanca. +Si t la hubieras odo cuando l se fue para el monte atrs de la +muchacha blanca..., sabras quin es ella.--No lo _quedr_ ms en mi +vida! No volver a verme la cara. Aunque _me se_ arrodille, aunque me +bese los pies, no le perdonar la que me ha hecho. De m no se burla ni +el sol de los hombres. Apuradamente, con l no se acabaron para mi. Hay +muchos, _me se_ sobran. Cuntos, cuntos tan buenos mozos como l no se +daran santos con una piedra en el pecho con tal que yo los quisiera? No +ser de las que se quedan para vestir santos o cuidar sobrinos. Juro que +el primero que me diga j, le digo j. Y veremos quin pierde ms, si l +o yo. + + + + +CAPTULO V + + _El que excusa la vara, quiere mal + a su hijo; y el que lo ama, con + muchas varas lo corrige._ + + Proverbios, XIV, v. 24 + + +Llegado haba inopinadamente el momento de poner en planta el plan +ideado por don Cndido antes de su marcha al campo. + +La muerte de _sea_ Josefa haba arrojado a Cecilia en brazos de +Leonardo, el cual, saba su padre, no era tan simple ni tan virtuoso que +desaprovechase la ocasin que se le presentaba de tomarla por manceba, +con achaque de ampararla. + +Miraba don Cndido este evento casi como una catstrofe, cuyo nico +medio de evitarla, en su concepto, consista en sustraer a Cecilia de la +vista y comercio de Leonardo, an cuando para lograrlo fuese necesario +usar de fuerza. Pero le ocurri que tal vez podra ejecutarse la misma +cosa sin ruido ni responsabilidad como se le diese una apariencia legal. +Movido por esta idea feliz, decidi aconsejarse con el abogado y Alcalde +mayor don Fernando O'Reilly, amigo y condiscpulo de Leonardo, con quien +l tena bastante amistad. + +Mientras caminaba en la direccin de la calle de los Oficios, compona +mentalmente un discurso regular en forma de dilogo para presentar su +caso bajo la mejor y ms plausible luz, ante el seor Alcalde Mayor. +Sucedi, sin embargo, que en presencia de Su Seora se le fueron de la +mente las especies, cual pichones espantados del palomar, y slo acert +a decir:--que la Valds le sonsacaba a su hijo Leonardo, le seduca con +sus artimaas, y no le dejaba seguir los estudios de derecho, y quera +saber qu remedio poda poner la justicia a tamao escndalo. + +Oyole el Alcalde con una sonrisa de satisfaccin y de marcada +condescendencia, y dijo: + +--Cunto me alegro, seor don Cndido, de orle! Estoy encantado, +sorprendido! Pues no ha de llamarme la atencin y complacerme, si desde +que presido en este tribunal de justicia, por disposicin soberana, ha +ms de un ao, es Vd. el primero que se acerca a l en queja semejante? +No es que no ocurran en La Habana casos iguales, no; ocurren a millares; +es que tales son la ignorancia y la relajacin de las costumbres, que +slo se consideran delitos los atentados contra la vida y la propiedad +ajena, aqullos a que se sigue dao inmediato de la persona o de los +bienes del vecino. Los ataques a la moral, a la honestidad, a las buenas +costumbres, a la religin, stos no son delitos, son meras faltas, +pecados veniales, deslices que no tienen pena sealada en ningn cdigo +escrito. Qu error, amigo don Cndido! Qu confusin de ideas sobre lo +que es bueno y lo que es malo, lo que es honesto y lo que es deshonesto, +lo que es permisible y lo que es vedado, lo que es loable y lo que es +reprehensible! + +Saco, en su _Memoria sobre la Vagancia_, que acaba de premiar la +Sociedad Patritica, atribuye al juego, que llama guarida de nuestros +hombres ociosos, la escuela de corrupcin para la juventud, el sepulcro +de las fortunas de las familias, el origen funesto de la mayor parte de +los delitos que infestan la sociedad en que vivimos. + +Yo difiero de tan autorizado parecer, y opino que reconocen dos causas +principales los males de que todos nos quejamos, a saber: la ignorancia +y la poltica de gobierno de Vives. No hay escuelas. Y cules son los +resultados? Los robos frecuentes a la luz del da, los asesinatos sin +causa ni provocacin, los pleitos interminables, las injusticias +notorias, la prostitucin de las mujeres, el desorden social. La +poltica de gobierno de Vives es tambin causa de corrupcin y extravos +sin trmino ni paralelo en el mundo. Se pudren los presos en la crcel y +no se castiga a los grandes delincuentes. Tampoco se averigua sino rara +vez el origen de los crmenes ms atroces, gracias, si alguna se atrapa +a los malhechores. Quin ha matado a Tond? + +--Cmo! exclam don Cndido, interrumpiendo al Alcalde. Han muerto a +Tond? + +--Ayer tarde le abrieron el vientre de una cuchillada. + +--Tiene V. S.[57] los pormenores del lamentable suceso? + +--No, seor. Anoche se me comunic la noticia en el teatro, +extrajudicialmente. Se dice slo que el matador fue un negro prfugo a +quien l trat de prender. + +--Tengo motivos para sospechar que el asesino ha sido mi cocinero. Das +pasados encarg mi mujer su captura a Tond... + +--No tendra nada de extrao, prosigui el Alcalde. En caso que le +prendan, caso dudoso en estos tiempos que corren, me tomo la libertad de +darle a Vd. un consejo: entregue el esclavo a la noxa... + +--A la qu seor don Fernando? + +--A la noxa, digo. + +--Estamos. Mas quin es esa dama? + +--Natural es que no lo sepa Vd., puesto que no ha estudiado leyes. Se +entiende en derecho entregar el esclavo a la noxa, al acto de la +renuncia del dominio directo que sobre l tiene el amo, en favor del +tribunal de justicia que le juzga por el delito o dao cometido. Pierde +Vd., de este modo un negro que cuando ms y mucho vale en buena venta +500 pesos; pero ahorra Vd. los costos y las costas del proceso, los +cuales suelen montar al doble de esa suma, si el amo se hace parte en el +juicio. Sbese que si no se le unta la mano al juez pedneo, levanta una +sumaria negra contra el reo. Luego hay que hacer lo mismo con el +escribano que da fe, con el oficial de causas que provee a veces a su +antojo, con el fiscal que acusa y no quiere trabajar de balde, con el +juez, con el asesor, etctera, etctera. + +--Pleitos yo, seor don Fernando? No en mis das. Valdra mejor +colgarse de un farol. + +--Hace Vd. bien... Pero volviendo a la pretensin... Deca Vd.? + +--Deca, seor Alcalde, repuso don Cndido cual si saliera de un sueo, +que una mozuela trae loco a mi hijo Leonardo, le seduce y encanta con +sus maas y no le deja concluir sus estudios de abogado... + +--Vamos por partes, dijo O'Reilly con calma. Cmo se llama la +seductora? + +--Cecilia Valds, contest tmidamente el querellante. + +--Bueno. Qu casta de mujer es sa? + +--No entiendo. + +--Quiero decir: es joven o de edad mediana? Casada o soltera? Bonita +o fea? Blanca o de color? Todo esto es fuerza que sepamos antes de +proceder a la graduacin del tanto de culpa y a la aplicacin de la pena +que en justicia le quepa. + +--Dir a V. S., seor Alcalde, con lealtad cuanto s en el particular, +dijo Gamboa titubeando y con las orejas encendidas de la vergenza. La +chica es joven, bastante joven, como que apenas contar 18 aos de edad. +No ha sido casada; tampoco, a lo que entiendo, puede calificrsela de +fea, ms bien de bonita, de real moza, dira. Es pobre, s, pobre, +pobrecita, y de color, aunque pasar por blanca donde quiera que no +conozcan sus antecedentes... + +--Muy bien, perfectamente, replic el Alcalde pensativo. Se conoce que +est Vd. enterado del caso. As me gusta. Ya podremos juzgar con pleno +conocimiento... Slo ocurre un vaco, llammosla duda, a saber: conoce +Vd. los hechos que expone, por s mismo o por referencia de tercera +persona? + +--Unos conozco por m mismo, otros, digamos, por inferencia. + +--Entendmonos. En primer lugar, diga Vd. si sabe con quin vive la +joven. + +--Ahora, supongo que con alguna amiga suya. + +--Nada de suposiciones, seor don Cndido. Le consta a Vd.? S o no? + +--No, seor, no me consta, lo infiero. + +--Eso me gusta. En esta clase de negocios la franqueza es lo primero. Al +abogado y al juez hay que hablarles como se le habla al confesor, con el +corazn en la mano. Y antes, con quin viva la pardita? + +--Con la abuela. + +--Viven sus padres? Tiene parientes, allegados, protectores en suma, +alguien que haga por ella? Siendo tan linda, como Vd. dice, bueno es +saber todo eso, averiguarlo en tiempo. + +--Poco ha muri la abuela. La madre (aadi balbuciente y ms enrojecido +que nunca), la madre... Verdaderamente no s a estas horas si vive o si +muere. De cualquier modo, de nada le valdra si viviera. En cuanto al +padre... ella no le tiene conocido... Es hija de la Real Casa Cuna. +Est V. S.? + +--Bien. Conoci Vd. a la abuela de persona? + +--S, seor, la conoc, aunque nunca tuve trato ntimo con ella. Sera +largo de referir y ajeno de este lugar el detenerme en detalles. Me +consta, sin embargo, que para mujer de color (era parda) llev vida +ejemplar, que practicaba la virtud, que se confesaba y comulgaba a +menudo, que criaba a la nieta en el santo temor de Dios, que la vigilaba +estrechamente, y, sobre todo, que no la consenta holgorios, devaneos +con mozuelos ni cortejos de ventana. + +--Luego la muchacha de que se trata es bien criada, de vida honesta y no +ha dado an qu decir. + +--As es la verdad; slo que, como de raza hbrida, no hay que fiar +mucho en su virtud. Es mulatilla y ya se sabe que hija de gata, ratones +mata, y que por do salta la cabra, salta la que la mama. + +--Bien dicho. Confesemos que nuestros refranes encierran gran fondo de +sabidura. Confesemos tambin que nuestras mulatas, generalmente +hablando, son frgiles por naturaleza y por el deseo, ingnito en las +criaturas humanas, de ascender o mejorar de condicin. Y he aqu la +clave para descifrar el por qu de su aficin a los blancos y de su +esquivez para con los hombres de su propia raza. A bien que hablo con +persona que debe entenderme. Nadie como Vd. que, por su larga residencia +en el pas, ya se ha _aplatanado_, habr tenido mejores oportunidades de +observar la idiosincrasia de nuestra clase de color libre. Pero una +regla general, una fuerte presuncin, una teora, por plausible y +brillante que parezca, sobre la ndole o aficiones de stas o de esotras +gentes, no constituye hecho, no denuncia delito, siquiera cuasi-delito, +que es lo que penan las leyes y juzgan y castigan los tribunales de +justicia. + +Resumamos. Comparece Vd. ante m, el Alcalde Mayor, en queja contra la +Valds a quien acusa Vd. del cuasi delito de seduccin y distraccin +inferido a su primognito de Vd., que se halla aun bajo la patria +potestad. Por ende, pide Vd. se lance un mandamiento de prisin contra +la seductora, y que, sin orla, se la castigue, privndola de su +libertad. De acuerdo. Hasta aqu no hay irregularidad aparente, la +querella est fundada en derecho y Vd. le tiene excelente para no +consentir en que una pelandusca extrave y pervierta a su hijo, mucho +ms cuando sigue una carrera tan honrosa y noble como es la de la toga. +Aplaudo la vigilancia y severidad de principios que Vd. mantiene. + +--Me confunde V. S., exclam don Cndido, contento por la vuelta que, al +parecer, tomaba su pretensin. No merezco esos elogios. Ca! No los +merezco ni por cien leguas. + +--Pero (continu con seriedad el Alcalde) como juez recto y de +conciencia, demando las pruebas del delito; espero que el actor haga +buena la acusacin, interrogo para conocer los antecedentes y +consecuencias del reo, y lejos de provocar una sumaria condenatoria, +obtengo la ms brillante declaracin absolutoria. Permtame Vd., seor +don Cndido, que le diga con la franqueza que me caracteriza que Vd. +mismo, llevado sin duda del amor innato a la verdad y a la justicia, +abona la conducta de la acusada, hace cumplido elogio de su carcter, y +la vindica de toda imputacin o mala fama; atndome las manos, por +supuesto, para proceder en justicia. + +Abrumado don Cndido por la salida inesperada del juez, durante un buen +espacio de tiempo no atin a decir palabra, slo a estrujarse los dedos +e inclinar la cabeza. Luego dijo en voz tmida y confusa: + +--Por mi madre, seor Alcalde, que nunca pude pensar fuese tan seria la +cosa. Vaya que si lo es! Pues no estaba yo engaado! De medio a medio. +Y supona que no haba ms sino llegar y besar. O no es que V. S. toma +el asunto por donde ms quema, cual si dijramos, a punta de lanza? No +estoy seguro, lo pienso nada ms, seor don Fernando. + +--Aun cuando sea siempre cosa seria (dijo el Alcalde con su acostumbrada +ecuanimidad), el lanzar mandamiento de prisin contra un individuo +cualquiera que slo se sospecha haber cometido un delito, no es eso lo +que me detiene en el caso presente; me detiene el hecho de que Vd. mismo +con su franca declaracin me ha quitado el asidero de que se podra +echar mano para proceder con las apariencias de legalidad. Deme Vd. el +asidero y le sirvo de la mejor gana, no obstante que s le voy a causar +disgusto al amigo Leonardo, contribuyendo al plagio de su amiga. + +--Maldito asidero! dijo don Cndido para s. Pues no se aparece a la +hora nona? Luego aadi alto: Tratrase de tablas sin nudos ni alabeos, +seor don Fernando, o de ladrillos sin caliches, o de tejas sin marras, +y me tendra V. S. ms listo que un gerifalte. Qu se me alcanza a m +de asideros judiciales? Ni jota. Por qu V. S. que sabe tanto, no le da +un corte al negocio y me saca del atolladero? + +--Porque no sera eso legal, ni quedaran cubiertas las apariencias, a +lo menos en el fuero interno del juez. La sugestin debe venir de Vd. +Estaba entretanto pensando, seor don Cndido, suponga Vd. que doy orden +de arresto, que Vd. prende a la muchacha, que la mete en la crcel o +logra Vd. esconderla por algn tiempo. Ha meditado Vd. en las +consecuencias? + +--Consecuencias! repiti el hacendado sorprendido. A fe que no he +pensado en ello. Ni me ocurre que me traiga consecuencias el paso... a +menos que haya un tonto que salga a su defensa. + +--Precisamente, porque creo que le sobrarn los defensores, digo lo que +digo. + +--Pues, no he dicho a V. S. que es pobre, oscura, desconocida, +hurfana, sola en el mundo...? + +--Tambin me ha dicho Vd. de ella dos cosas que valen ms que el dinero, +el nacimiento, el parentesco y las buenas relaciones: me contraigo a su +juventud y a su belleza. Recuerde Vd. las palabras de Cervantes; vienen +aqu de molde: que tambin la hermosura tiene fuerza de despertar la +caridad dormida. Con tales adminculos no estar ella nunca sola en el +mundo. + +--Contra esa sentencia de don Quijote, hay esta otra que no s de quin +es: Santo que no es visto, no es adorado. Dgolo, porque si logro +atraparla, cuenta V. S. con que la pondr donde no la vean ni los +pjaros. + +--Repito a Vd. que la cosa no es tan fcil como parece a primera vista. +Ni dnde la pondra Vd. que nadie la oyese, la viese, la compadeciese y +la amparase? Leonardo, si est de veras enamorado de ella, ser el +primero en declararse su campen, la buscar, la encontrar y la +salvar, mal que les pese a sus captores. No sera, por tanto, ms +derecho, ms cuerdo y puesto en razn, que se deje quieta a la muchacha +en su casa y no provoque un conflicto? Quizs l la corteje por +pasatiempo, por capricho o porque no ha tropezado con otra que le guste +ms. Qu sabemos? + +--Lo que yo me s de memoria, seor don Fernando, es que mi hijo es muy +terco, tan terco como un vizcano, y que aunque no sea ms que por +terquedad, todava comete una locura y trae una desgracia a la familia. + +--Desgracia! repiti el Alcalde admirado. No lo concibo. Dice Vd. que +la chica es bien criada, de estado honesto, linda, que puede pasar por +blanca, qu mayor desgracia podra sobrevenirle a Vd., a la familia, a +Leonardo, en una palabra, si olvidado de s mismo, cegado por la pasin, +en un momento de extravo toma por esposa a la Valds? + +--Por esposa dice V. S.? exclam don Cndido con ademn fiero y tono +resuelto. Antes que tal haga, por Dios vivo que le desnuco de un +trancazo. No, no, yo se lo aseguro a V. S., l no se casar con la +Valds. + +--Cul es, entonces, la desgracia que Vd. tanto teme? + +--Para hablarle en plata, seor don Fernando, no recelo, ni me pasa por +la cabeza, que mi hijo lleve su fatuidad hasta el punto de tomar por +esposa a la Valds; lo que temo, lo que miro como una gran desgracia +para la familia es que se la eche de querida. Estas mulatas son el +diablo. + +--Conque no es otra la desgracia a que Vd. alude? pregunt el Alcalde +sonriendo. Mrese el asunto bajo el punto de vista que se quiera, o yo +soy muy obtuso que no alcanzo a descubrir el lado malo, o no es, ni ha +sido nunca, causa original de desgracia para una familia, sea cual fuere +su posicin social, el que uno de los hijos solteros se eche de querida +a una moza de la clase inferior a la suya. Si no fuese as, seor don +Cndido, qu familia sera feliz en la tierra? Todas tendran que +lamentar igual o peor desgracia. En todo pas de esclavos no es uno ni +elevado el tipo de la moralidad; las costumbres tienden, al contrario, a +la laxitud, y reinan, adems, ideas raras, tergiversadas, monstruosas, +por decirlo as, respecto al honor y a la virtud de las mujeres. +Especialmente no se cree, ni se espera tampoco, que las de la raza +mezclada sean capaces de guardar recato, de ser honestas o esposas +legtimas de nadie. En concepto del vulgo, nacen predestinadas para +concubinas de los hombres de raza superior. Tal, en efecto, parece que +es su destino. Gracias, pues, debe Vd. dar a Dios de que no se le haya +metido en la cabeza a su hijo de Vd., que parece ser testarudo y +voluntarioso, el enredarse con una _negrita_. Esa s que sera una +desgracia para la familia. Ahora bien, seor don Cndido, por qu no +prohbe Vd. a Leonardo que visite a la Valds? Esto lo hallo ms fcil y +puesto en razn, sobre todo, no tan ocasionado a escndalo. El culpable +es l que la solicita y persigue, no ella que se est quieta en su casa. +Y aqu entre nos, amigo don Cndido, tiene todos los visos de una +injusticia que Vd. pretenda el castigo de la vctima y la absolucin del +victimario. + +--El error nace de que V. S. supone inocente a la Valds. + +--Qu pruebas hay para suponer lo contrario? + +--Varias. Entre otras, la de habrsela avisado que desistiera de esos +amores. + +--Por medio de quin se la avis? + +--Por medio de la abuela. + +--En nombre de quin? + +--En... mi nombre. + +--Y ella no hizo caso? + +--Qu haba de hacer la muy pizpireta! Peor la ha hecho desde entonces. + +--La ha hecho divinamente. + +--Cmo! La apoya V. S. en su maldad? + +--No tal, no la apoyo, le hago la justicia de creer que ama bien y +mucho, y opino que en los negocios del corazn no mandan las abuelas, ni +los padres de los amantes. Nada: es preciso darle un corte a este +asunto. Prohbale Vd. a Leonardo que visite a la Valds. No es Vd. su +padre? No tiene Vd. autoridad sobre l? S? Prohibicin absoluta; no +ms visitas a la Valds, y asunto concluido. + +Quedose estupefacto don Cndido. + +--Eh! Aqu te quiero ver, escopeta, pens l. Vea Vd.; las mismsimas +preguntas que yo esperaba;--No es Vd. su padre? No tiene Vd. +autoridad sobre su hijo? Y es que tena preparada una respuesta. Se ha +marchado. S, chale un galgo. Cabeza de chorlito, chorlito, chorlito... + +--Seor don Fernando, aadi resueltamente, cortando de pronto el +monlogo. Carezco de palabras para explicarme con la debida claridad, +pero tratar de darme a entender. La prohibicin que V. S. aconseja +no... puede hacerse... + +--No sera impertinencia el preguntar?... + +--Me expongo a que me desobedezca el muchacho. + +--Es posible? + +--Cierto. Sabe V. S., sin duda, cmo son las madres criollas con sus +hijos, principalmente con el primognito, como sucede en mi caso. El +varn es la idolatra de Rosa. De tanto mimarle le tiene perdido, hecho +un badulaque, un camueso, irrespetuoso con los mayores y desobediente +conmigo. Su madre, sin embargo, se ha tragado que es un ngel, una +paloma sin hiel; no cree nada malo de l, y no consiente que nadie, +incluso yo, le toque a un pelo de la ropa. Por m ya estara en un barco +de guerra aguantando chicote. Apuradamente, no le da el naipe para los +estudios; y quiere la madre hacerle abogado, doctor de la Universidad, +oidor de la Audiencia de Puerto Prncipe. Qu s yo cunto ms! En vano +la digo que, con nuestro caudal y el ttulo de Casa Gamboa que espero de +un da a otro de Madrid, nuestro hijo no tiene necesidad de quebrarse la +cabeza con los libros. Aunque no sepa ni el cristus, ha de hacer papel +en el mundo. Pero ella est empeada en hacerle hombre de letras menudas +y se saldr con ello, o... revienta. Yo le digo, primero que tu hijo +llegue a abogado a doctor y oidor, tiene que hacerse Bachiller. Los +exmenes son en abril, y el mozo, por seguir tras la mozuela, no abre un +libro de derecho, no asiste a las clases. Luego, quisiramos casarle, su +madre y yo, este mismo ao, con una seorita muy virtuosa y agraciada, +hija de un paisano y antiguo amigo mo. Quizs sienta la cabeza y se +dedica a la administracin de nuestros cuantiosos bienes. Ya vamos para +viejos mi mujer y yo, maana o esotro da morimos los dos, que somos +hijos de la muerte. Quin entonces tomar el timn? El, que es hombre, +no ninguna de sus hermanas, dbiles mujeres y solteras an. Comprende +ahora V. S. cul no ser nuestra desgracia si nuestro primognito, el +hijo que ha de llevar el nombre de la familia, el ttulo de nobleza, la +administracin de los bienes, etc., no estudia, no se recibe de +Bachiller, no se casa con la seorita con quien est comprometido, e +infatuado con la Valds se la echa de querida? Sin el auxilio de V. S., +en estas circunstancias aflictivas, qu sern de la paz y de la +felicidad de mi familia? + +--Pues hablara para maana, seor don Cndido, exclam el Alcalde. Por +qu no hizo uso Vd. de esos argumentos desde el principio? El ltimo, +sobre todo, no tiene rplica, lleva el convencimiento al nimo ms +reacio y fro. Me doy por vencido, y desde este punto me tiene Vd. a sus +rdenes. Qu quiere Vd. que haga con la Valds? + +Extraa y honda impresin produjeron en el rico hacendado las ltimas +palabras del Alcalde. Parado y cariacontecido se qued por largo rato, +incapaz de bullir ni de hablar. Qu le pasaba? Haba realizado el +objeto de su solicitud. Qu ms poda apetecer? Se haba arrepentido +de la pretensin? Empezaba a sentir el peso de la responsabilidad que +se iba a echar encima? Dudaba del buen xito de la medida? Senta +causarle gran pesar al hijo? Hacerle grave injusticia a la moza? Tema +ahora al escndalo? No es fcil explicarlo. El mismo, si le hubiesen +preguntado, no habra podido dar cuenta de sus sentimientos. + +Como notase el Alcalde su perplejidad, repiti la anterior pregunta con +mayor nfasis. + +--No s, respondi don Cndido a espacio; no s verdaderamente. Lo que +es en la crcel... lo pensara mucho. Sera demasiado para la pobre +muchacha. Estaba pensando que en mi potrero de Hoyo Colorado... El +Mayoral es casado, con hijos pequeos, y ese punto dista buen trecho; +pero se ofrecen varias dificultades, grandes, insuperables. No, no, tal +vez convendra ms ponerla en el ingenio de un amigo mo que ya conoce a +la chica y est enterado... Aqu cerca: en Jaimanita. El tambin es +casado... entrado en aos. Incapaz... Qu cree V. S.? + +--Yo no creo nada, seor don Cndido; Vd. es el que debe pensar y +resolver. A m me toca dar la orden de arresto tan luego como se me pida +en toda forma. + +--Qu quiere decir V. S. con toda forma? + +--Quiero decir, espero que la parte interesada me presente la queja por +escrito. + +--Pues no ha odo V. S. mi queja en toda forma? + +--No basta eso, es preciso reducirla a escrito. + +--Y tendra que firmarse? + +--Por supuesto. + +--Que me emplumen si me haba pasado por la mente que se exigan tantos +requisitos... No podra hacerse la cosa de otra manera, +extrajudicialmente? Le tengo miedo a las formalidades judiciales. + +--En esta clase de delitos no se puede proceder de oficio. Para que Vd. +vea que deseo servirle, voy a indicarle un medio. + +--Veamos. V. S. sabe de estas cosas ms que yo. + +--En qu barrio reside la Valds? + +--En el del ngel. + +--Conoce Vd. al Comisario? + +--S, seor. Entiendo que es Cantalapiedra. + +--El mismo. Ahora bien. Vale Vd., presntele la queja y dgale que me +pase un oficio comprensivo del caso. El sabe cmo se redactan esos +documentos. + +--Bien, le ver hoy mismo; mas no habra modo de evitar que apareciera +mi nombre? + +--No importa, hombre, replic O'Reilly casi enfadado. La cosa no pasar +de nosotros tres. Al oficio le doy yo carpetazo apenas lo leo; al +Comisario se le tapa la boca y se le estimula a obrar con discrecin y +celo ponindole unas cuantas amarillas en la mano, y Vd., sabido se +tiene que al buen callar llaman Sancho. + +--Entiendo. Dnde ponemos a la chica? + +--Eso corre de mi cuenta. Ser en un lugar donde no corra peligro su +honestidad ni su persona, al mismo tiempo que est segura y nadie pueda +extraerla sin mi permiso, o el de Vd. + +--No ser en la crcel. + +--No, de seguro que ah no. + +--Menos en Paula. + +--Tampoco en Paula, y por obvias razones. En fin, la pondr en las +Recogidas, en el barrio de San Isidro, bien recomendada a la madre. + +--Est bien. Ah no entran mozuelos, supongo. + +--No, que yo sepa. Tal vez uno que otro empleado. Ahora bien, por +cunto tiempo se la encierra? + +--Por seis meses. + +--Corriente: por seis meses. + +--A ver. Pienso que ser mejor un ao. Largo tiempo es; pero mi hijo no +se recibir de Bachiller hasta abril y no se casar hasta noviembre. S, +por un ao... + +--Hecho. En cuanto a m, concluy diciendo el Alcalde con solemnidad, lo +de menos es el trmino del encierro, lo dems es la sinrazn, la +tropela, la arbitrariedad que se comete con esa muchacha. Entindalo +Vd., don Cndido, no hago esto por consideraciones a Vd., con cuya +amistad me honro, hgolo por respeto a las frases finales de su anterior +peroracin, por la paz y la felicidad de la familia, cosas para m +sagradas. + + + + +CAPTULO VI + + _Querer estorbar el paso + a dos que se quieren bien, + es echarle lea al fuego + y sentarse a verlo arder._ + + Cancin popular + + +A pretexto de tener que sacar a cierto amigo de un compromiso de honor, +logr Leonardo que su bonsima madre le hiciese un prstamo irredimible +de cincuenta onzas de oro, de su caja particular. + +Con este dinerillo se apresur el joven a tomar en alquiler una pequea +casa en la calle de Las Damas, y con la misma premura se ocup del +ajuar. Nada olvid; ni se hizo de las cosas que crey necesarias en un +solo establecimiento central, que no los haba entonces en La Habana. +Para ello visit los baratillos de la Plaza Vieja; las ferreteras de la +calle de Mercaderes; las hojalateras de la de San Ignacio; las loceras +de la de Riela o Muralla; una mueblera de segunda mano de la de San +Isidro y otros ms cercanos a su nueva casa. + +Cosa extraa en verdad que este mozo, viva encarnacin de la pereza, la +volubilidad y el egosmo, en un momento dado desplegase la actividad, la +delicadeza, el tino y la inteligencia de la hacendosa y ms consumada +ama de llaves. Pero era que le mova una pasin desaforada y que le +inspiraba la imagen hechicera de la joven cuya ruina haba decidido en +los recesos ms oscuros de su corazn salaz. + +Completados estos arreglos y altamente satisfecho de su obra, sali una +tardecita del ventoso marzo, cerr la puerta, se meti la ponderosa +llave de hierro en la faltriquera de la casaca, y a paso ligero, +palpitndole el corazn ms de lo usual, fue en busca del ave rara que +deca adornar con su bello plumaje aquella jaula y convertirla en un +paraso con sus trinos de amor. + +Pero en vez del ave rara, tras la cual corra en alas del deseo, se +encontr con una especie de arpa, con Nemesia, parada y fra en medio +de la sala de la casa, en el callejn de la Bomba, cual estatua de +llorona en el cementerio. Reprimi l cuanto le fue dable su disgusto, y +se esforz en ser ms amable y fino con la compaera y amiga de Cecilia. + +--Qu dice mi mulata santa?, la pregunt hacindola una rendida +cortesa. + +--Esta mulata no dice nada porque no es santa, contest ella sin +moverse. + +--Entonces dir yo, agreg Leonardo risueo. + +--El caballero puede decir lo que guste. + +--Tienes t hoy el moo tuerto?, pregunt el joven examinndole la cara +de cerca. + +--No ms que ayer ni que otras veces. + +--Nene, sa es grilla, y si la pisan chilla. Tienes la cara ms seria +que un _chico_ de especias.[58] + +--Alabo la penetracin del caballero. + +--Sobre que pasa de castao oscuro. + +--No siempre est la marea para tafetanes. (Quiso decir la Magdalena). + +--Habla, canta claro, mulata de mis culpas, aadi alto Leonardo para +que le oyese Cecilia si estaba en el aposento inmediato. No me gustan +los tapujos. + +--Ni a m tampoco, repuso Nemesia. + +--En fin, Nene, si tu enfurruamiento es conmigo, desembucha, +desembucha. Mientras ms pronto mejor, porque temo ms tu enojo que a +una espada desnuda. + +--No se le conoce al caballero, pues hace lo que hace. + +--Y qu hago yo? + +--Me lo pregunta a m? Meta la mano en su pecho. + +--La meto hasta el codo y nada me revela, al menos contra ti. + +--Contra m no, contra Dios y la Virgen, que miran al caballero desde el +cielo. + +--Hablas de veras? Ni que hubiera yo cometido un gran pecado sin +saberlo. + +--As parece cuando acabado de hacer lo que ha hecho, se presenta el +caballero en esta casa tan fresco como si no hubiera _rompido_ un plato. + +--Pues no voy entrando en cuidado? + +--Menos lo da a entender el caballero. + +--Uno de los dos ha debido perder el juicio. Acabemos de una vez: llama +a Celia. + +--Qu la llame, eh?, exclam Nemesia con sarcstica sonrisa. Qu valor +tiene el caballero! + +--Se necesita de valor acaso para rogarte que llames a tu queridsima +amiga? + +--Para lo que se necesita de valor, de mucho valor, es para preguntar +por Celia la persona que sabe donde est ella. + +--Y yo lo s mejor que t? Vamos, doa Josefa o doa Nemesia, no me +haga eso. T te burlas. + +--Quien tiene la sangre como agua para chocolate no puede burlarse. + +--Pues si no est aqu Celia, dnde se halla? pregunt Leonardo +verdaderamente alarmado. + +--Le digo al caballero, repuso Nemesia enfadada, que yo no nac ayer, ni +me mamo el dedo. + +--Por Dios bendito, Nene, te juro que no s de Celia desde hace cuatro +das. Se han peleado Vds.? La ha mortificado tu hermano? Ah! Dime, +dime, por lo que ms quieras en este mundo, qu ha pasado entre Vds.? +Qu sabes t? + +Empez Nemesia entonces a creer en la sinceridad de las palabras +angustiosas del joven, y dijo llorando: + +--No me hallaba presente, y me alegro ahora, porque no s qu hubiera +hecho yo para impedir que se llevaran a Celia. + +--Qu se la llevaran! repiti Leonardo aterrado y colrico. Quin ha +podido llevrsela contra su voluntad? + +--_Me se_ figura que ella del susto perdi las fuerzas. + +--Susto! Por qu? De quin? + +--Del Comisario. + +--Qu tena que ver el Comisario con Celia? + +--Vino a prenderla. + +--A prenderla sin haber cometido delito? No puede ser... Ah! Aqu ha +habido un engao, una intriga, un complot infame para arrebatarme a mi +Celia. Cuntame lo sucedido, todo. + +--No me hallaba presente, repiti, pero una mujer de la casa, que vio +cmo pas la cosa, me cont que ayer por la tarde entr de repente +Cantalapiedra, pregunt por Celia, y en cuanto ella sali, le dijo que +estaba presa, la cogi por un brazo, y sin ms se la llev para no se +sabe donde. + +--Lo extrao es que Celia se dejara prender sin defenderse, sin +averiguar el motivo de la prisin. Ni que hubiera estado ella de +acuerdo y avisada! Cosa que me resisto a creer. Ay del miserable +esbirro que le puso la mano encima! No sabes a donde la llevaron? + +--Nada hemos podido averiguar yo y Jos Dolores. El Comisario se llev a +Celia en una volante. + +--Qu intriga! Tan infame como audaz. Pero averiguar la verdad, y sea +el que fuere el autor del ultraje, me la pagar con las setenas. + +Sin ms, parti Leonardo a la carrera en busca del comisario +Cantalapiedra, quien, segn hemos dicho, viva en el recuesto de la loma +del ngel, por el lado que mira a la Muralla. No se hallaba en casa, y +la querida inform al joven que era posible estuviese en el palacio de +Gobierno recibiendo rdenes. + +Yendo, pues, Leonardo en esa direccin, ocurriole que, si Cecilia haba +sido presa por mandamiento del juez, no podan haberla conducido a otro +lugar que a la crcel (situada entonces en el ngulo sudoeste del +palacio de la Capitana General) y se detuvo delante de la reja. + +Detrs de ella, mejor, en la jaula formada por las dos rejas de hierro, +haba de pie un hombre mal vestido y de peor catadura. A fin de obtener +una respuesta categrica, se encar con l Leonardo y le pregunt con +aire y tono de autoridad: + +--Sabe Vd. si han trado ayer presa a esta Real Crcel a una muchacha +blanca, bonita, vestida de luto...? + +--No s, contest el hombre. Soy el segundo llavero y ayer no estaba de +guardia. Vea el seor en el libro del Alcaide. + +--La alcaida est cerrada. + +--Eso es que el Alcaide ha ido a manducar. Tendr el seor que esperar +hasta maana. Porque yo slo aguardo por el campanazo de la Fuerza para +entregar la crcel al oficial del retn y guiarme. + +--Quin es aquel negro que sostiene una viva conversacin con otros +presos en medio del patio? + +--Cul dice el seor? El de la chupa blanca? + +--S, ese mismo. + +--A se lo denominan Jaruco. + +--Nombre supuesto, no? + +--Pues, su nombre legtimo no es Jaruco, es pegado; pero _asina_ se le +puso en el libro y _asina_ se denominar mientras est en esta Real +Crcel. _Dende_ antier entr en _gayola_. Lo conoce el seor? + +--Me parece que s. Llmele Vd. a la reja, si no hay inconveniente. + +--No hay embarazo, porque aunque est incomunicado, ya no tenemos +bartolinas para tantos presos. Eh de Jaruco! grit el llavero desde su +puesto. + +Y repetida la palabra por otros presos en el mismo tono de voz, se +acerc Jaruco; reconocindose sin dificultad el amo y el esclavo. +Entrole a ste tan fuerte temblor convulsivo, que tuvo que agarrarse con +entrambas manos a la reja. + +--Sumerced me eche la bendicin, balbuce anegado en lgrimas. + +--Por qu lloras?, le pregunt Leonardo colrico. + +--Lloro, nio Leonardito, recordando el mal rato que le habr dado a la +familia con mi ausencia. + +--Con tu ausencia, perro? Con tu fuga. + +--Nio, yo no me hu. Mi salida de casa la vspera de Nochebuena tuvo +por objeto asistir a un baile de la gente de color all afuera. A la +vuelta para la ciudad tuve una tragedia con un mulato. Fui herido en el +pecho, me recogi un conocido en la calle y me llev al cuarto en que +viva. Mientras me curaba se pas el tiempo. Despus me sucedi esta +desgracia. + +--Qu desgracia? + +--La de esta prisin injusta. Todos los hombres estamos expuestos a un +golpe de mala suerte. + +--De mala suerte, no, de mala cabeza. Est visto, Dionisio, que ustedes +los negros no quieren por bien sino por mal. Si mam te hubiera +despachado para el ingenio cuando hiciste aquella perrada de marras, no +te veras ahora en la crcel. De qu delito te acusan? + +--Todava ignoro la causa de mi prisin, nio Leonardito. + +--La ignoras, eh? No ser por la muerte de Tond? + +--Puede ser que me levanten ese falso testimonio, nio; porque quien +est de mala se cae de sus pies y se mata. Hgase el cargo, nio, que yo +estaba muy tranquilo, cosiendo zapatos en una zapatera de la calle de +Manrique, cuando se present a la puerta el capitn Tond. Desde que lo +vi llegar conoc que vena a buscarme, y trat de escabullirme. Se ape +del caballo y me fui para l como si quisiera entregarme. A la puerta de +la tienda haba una volante parada y me escurr por entre ella y la +pared de la casa. Tond me cay atrs gritando:--Date, date! Ataja! +Tropez con una piedra, cay sobre el sable que llevaba desnudo y se +hiri en la barriga. Tuve la culpa de su muerte? + +--Quin te prendi? + +--El Capitn pedneo de la Salud. Me cogi cuando yo sala para mi +trabajo. + +--Supongo que te dijo por qu te prenda. + +--Ni palabra. Slo me dijo que tena orden de cogerme, vivo o muerto. + +--En buena te has metido, Dionisio. Ser mucho y dars gracias a Dios si +de sta escapas con el pellejo. + +--Sea lo que Dios y la Virgen quieran. Fo en mi inocencia. Pero no +cree el nio que el amo y Seorita harn algo por m? + +--Hacer? Nada. No lo esperes. Por cierto que te has portado +decentemente con tus amos! Por ellos, por la familia toda, por ti mismo, +Dionisio, ser mejor que te tuerzan el pescuezo en el campo de la Punta. +Con eso no volvers a insultar a las nias blancas. + +--Yo, nio yo he insultado a alguna nia blanca o de color? No, nio +Leonardito, no tengo conciencia de haber insultado a ninguna. + +--Y aqulla que fue la causa de tu ria con el mulato a la salida del +baile? + +--Yo no la insult, nio. Por los huesos de mi madre que yo no le dije +una mala palabra. Le ped un minu, me dijo que estaba cansada y luego +sali a bailar con Jos Dolores Pimienta. Me quej a ella del desaire, +tom l su defensa, nos trabamos de palabras y nos batimos en la calle. + +--Si te dejan hablar no te ahorcan. A otra cosa. Sabes si han trado +aqu presa a la misma joven de tu tragedia con Pimienta? + +--Estoy seguro que no est aqu. Apenas pone un preso el pie en el +patio, se publica y circula su nombre a gritos. + +--Dios te proteja, Dionisio. + +--Nio, por caridad, una palabra ms. Recuerdo que debo entregar a su +merced una prenda que le pertenece. + +--Qu prenda? Acaba pronto, prontito. + +--Tena yo en la faltriquera, con la esperanza de entregrselo algn +da, el reloj que Seorita le regal a su merced el ao pasado; pero me +lo quitaron al entrar en esta crcel. Debe de estar en manos del +Alcaide. + +Cont Dionisio, en las menos palabras, el cmo y cundo vino a su poder +el reloj, y dijo conmovido al retirarse su joven amo: + +--Podra decirme el nio cmo est Mara de Regla? + +--Mam la trajo del ingenio. Se halla ahora en la ciudad ganando jornal. +No la has visto? + +--No, seor. Esta es la primera noticia que tengo de su venida. Por qu +Dios no quiso que tropezara con ella? No me vera hoy en esta crcel. Me +hubiera servido de madrina para con Seorita y estara cocinando en +casa. + +Ya de noche volvi Leonardo a casa del Comisario y le sorprendi en el +acto de sentarse a la mesa a cenar con su querida. + +--Hola! Tanto bueno por aqu! exclam Cantalapiedra muy risueo, yendo +al encuentro de Leonardo, con la mano abierta y tendida. + +--Me alegro de encontrarle, dijo ste serio y fro, haciendo como que no +haba reparado en la demostracin amistosa del Comisario. + +--Le aguardaba, aadi Cantalapiedra disimulando la mala impresin del +desaire hecho. Fermina acababa de decirme que Vd. haba honrado con su +presencia este humilde albergue. + +--Puedo hablar dos palabras con Vd.? + +--Y doscientas tambin, seor don Leonardito. Sabe Vd. que soy su ms +obediente servidor. Sent no hallarme en la comisara cuando Vd. estuvo +al oscurecer. Haba tenido que ir de carrera a la Secretara Poltica. +De suerte que no s como no nos encontramos en el camino, si viene de +all. Bonora! grit; una silla para este caballero. + +--Excuse los cumplimientos, dijo Leonardo con altivez. No es cosa de +sentarse. Hablemos de pie con tal que sea a solas. + +--Por qu no aqu mismo delante de Fermina? Yo no tengo secretos para +ella. Somos ua y carne. + +--Con qu autoridad prendi Vd. a Cecilia Valds? pregunt el joven +imperiosamente. + +--No con la que me ha investido S. M. el Rey don Fernando VII, Q. D. G., +sino con la del seor Alcalde Mayor que firm la orden de arresto, a +queja de un padre de familia. + +--Qu Alcalde y qu padre de familia se servir Vd. decirme? + +--Ese es demasiado pan por medio, seor Gamboa, contest el Comisario +riendo. Parceme como que est Vd. algo ofuscado... Sintese y clmese. + +--La muchacha no ha cometido delito ninguno, as que es improcedente e +ilegal su prisin, si es que todo no ha sido ms que una farsa, o cosa +peor, sabe Dios con qu fines. + +--Nada de eso va contra m, que he sido un mero instrumento en este +asunto. + +--Diga Vd. si no el nombre del querellante. + +--Vd. lo sabe mejor que yo, y si no lo sabe lo sabr en breve. + +--Estar Vd. autorizado para revelar el del Alcalde? + +--No hay inconveniencia: el seor don Fernando de O'Reilly, grande de +Espaa de primera clase, Alcalde Mayor del distrito de San Francisco... + +--A dnde llev Vd. a la muchacha? Ella no est en la crcel pblica. + +--No me es lcito revelarlo ahora. La conduje a donde se me orden. + +--Luego Vd. la oculta con fines deshonestos. + +--De mi negativa a satisfacer la curiosidad de Vd. no se desprende +semejante injuriosa deduccin. Lgica, lgica, seor estudiante de +Filosofa. + +--Importa poco que quiera Vd. echarle del reservado y del misterioso +conmigo. He de averiguar la verdad, y puede que todava les pese al +autor y al instrumento de esta intriga grosera e indecente. + +Dicho lo cual, parti enojadsimo camino de su casa. La familia tena +visita en la sala. Sin entrar en ella dispuso le alistaran el carruaje, +mud de traje, y cuando por seas le pregunt su madre a la reja del +zagun el motivo de aquella precipitacin: + +--Voy a la pera, contest brevemente. + +Cantbase la pera del maestro Rossini _Ricardo y Zoraida_, a beneficio +de la Santa Marta, en el lindo teatro Principal.[59] Era entonces +empresario de la compaa don Eugenio Arriaza, y director de la orquesta +don Manuel Cocco, hermano de don Jos, que ya vimos en el ingenio de _La +Tinaja_. El patio o corral y los palcos se hallaban medianamente +ocupados por un pblico nada aficionado entonces a las funciones +lricas. Leonardo entr algo despus de alzado el teln. Por supuesto, +no oy la obertura del _Tancredo_, que precedi a la pera aquella +noche. + +Buscaba a un hombre cuyo puesto en el teatro saba de antemano, pues +como Alcalde Mayor deba presidir la funcin desde el palco central, en +el segundo piso. Sentado estaba al par de su madrilea esposa, embebido +en la msica y el canto, mientras le guardaba las espaldas, de pie junto +a la puerta, el paje mulato, de rigurosa librea cubierta de castillos y +leones bordados de oro. Todo esto lo observ a travs del ojo de buey de +la puerta del palco, cerrada contra el pasillo. Pudo haber llamado, +seguro de obtener entrada y un amable recibimiento; pero prefiri +esperar en el balcn de la sala de refresco que daba sobre la alameda de +Paula. + +Segn calcul Leonardo, a poco de concluido el primer acto, sinti pasos +mesurados a travs del saln, luego una mano que se posaba en sus +hombros y de seguidas una voz que en tono dramtico declamaba:--Qu +dice el amigo del valiente Otelo? + +--Ah! Eres t, Fernando? Lo ms distante que tena de mi mente. + +--Qu haces aqu tan solitario y _pensieroso_? + +--Acabo de entrar. + +--No te vi en las lunetas. Por qu no viniste desde luego a mi palco? + +--Supuse que no haba lugar para m. + +--Para ti siempre lo hay a mi lado. + +--Gracias. + +--Ests en los momentos de la inspiracin? La pitonisa en el trpode? +lo celebro. Sentira interrumpirte. + +--Yo inspirado! Puede ser: del demonio. + +--No tendra nada de extrao que te inspirase la escena urbano-marina +que se desplega ante este balcn. Va que componas all en la mente un +artculo descriptivo? De seguro. En efecto, quin que abriga un alma de +poeta no se inspira a la vista de esa hilera de casas desiguales de +nuestra derecha, en que sobresalen los altos balcones de la solariega +del Conde de Pealver? O a la de esta alameda sin rboles que termina +en el caf de Paula, ahora a oscuras y desierto? O a la del hospital +del mismo nombre en el fondo, que parece una pirmide egipcia, desde +cuya ennegrecida cima, segn dijo Bonaparte, nos contemplan los siglos? +O del lado opuesto, la de la oscursima masa del navo _Soberano_, +clavado, por decirlo as, en las serenas aguas de la baha? No ves cmo +se destaca del cielo, donde chispean las estrellas? Quin no dira que +stas, en vez de luz derraman lgrimas por la prxima desaparicin del +ltimo resto de nuestras glorias navales? + +--Fernando, esa escena tan potica para ti, no tiene para mi +significacin ninguna. Quizs porque me la s de memoria, o porque estoy +de un humor negro. + +--Para m, chico, siempre tiene encantos la naturaleza. En presencia de +ella olvido todas mis penas. Y a propsito has ledo en _El Diario_ Un +rasgo de mi visita al Etna? Arazoza estuvo el otro da en casa en +solicitud de algo original... Se empe y le di esos borrones. + +--Casi nunca veo _El Diario_. + +--Pues bscalo y lelo. El artculo es corto. Se public hace tres o +cuatro das. Lo escrib en Palermo. No quise ponerle mi nombre, porque +dice mal de un Alcalde Mayor... T me entiendes. Sali con mis iniciales +solamente y has de creer que ya han venido a darme la enhorabuena ms +de veinte amigos? S. Pedro Jos Morillas me dio un abrazo y me puso el +artculo por las nubes. Deseo or tu opinin. + +--Tarde ser que pueda drtela, Fernando. Mi cabeza se abrasa y estoy +ms para pegarme un tiro, o pegrselo a alguien, que para lecturas. + +--Hombre! Me sorprende. Te desconozco. Eres t el mismo estudiante de +la clase de Filosofa en el Colegio de San Carlos, u otro en tu figura? +Qu ha sido de aquel buen humor y de aquella alegra pegadiza con que +te ganabas el afecto de todos tus condiscpulos? Djate de necedades y +nieces. Ests enamorado? Podas dar en semejante gansada al cabo de +tus veinte y ms abriles y de tu experiencia... + +--No es la pasin del amor la que me devora el pecho al presente. Es la +clera, es el dolor, es la desesperacin que produce el primer desengao +de lo que son el mundo, los hombres y la amistad. + +--Vamos. A qu negarlo? T ests enamorado y mal correspondido. Los +sntomas lodos son de amor. Cul es el origen real de tus cuitas? +Confamelas. Sabes que soy tu amigo. + +--Mi amigo! exclam el joven con sonrisa irnica. Crea que lo eras, +pero me he desengaado que eres mi peor enemigo. + +--Qu fecha tiene su desengao? + +--La misma del flaco servicio que me has hecho. No s cmo su memoria no +te roe las entraas. + +--Va que has perdido el juicio? Vamos, hombre! Ya caigo. Todo tu +coraje nace... Ja, ja! + +--No te ras, dijo serio Leonardo. No es ste paso de risa. + +--Pues de qu es? recalc el Alcalde. He aqu la primera vez, desde que +nos conocemos, que te veo grave y... bobo. + +--No llames gravedad ni bobera a lo que toca en furor. + +--Djate de niadas a estas horas. Tu enojo principal parece que es +conmigo, y si no estuvieras encalabrinado, veras que, lejos de odio, me +debes gratitud. + +--No faltaba otra cosa, sino que tras de haberme herido por donde ms me +duele, esperes mi agradecimiento. Qu frescura la tuya! Sabas t que +Cecilia Valds era mi muchacha? + +--Lo supe el mismo da en que, segn dices, te hice el flaco servicio... + +--Pero antes de eso, tenas t noticias de su existencia? Conocas su +carcter y antecedentes? + +--Qu haba de conocer! Ni jota. + +--Luego, cmo sin conocimiento de los hechos, sin formacin de sumaria, +diste el mandamiento de prisin? + +--Porque hubo quien lo pidiera sin tales requisitos. + +--Y a semejante proceder llamas amistad hacia m? + +--Ah vers. + +--Qu delito achacan a la muchacha para el atropello? + +--Ningn otro, a lo que entiendo, que el de quererte demasiado. + +--As, t a sabiendas has cometido una injusticia; digmoslo por lo +claro, una arbitrariedad. + +--Me confieso culpable de ese pecado. + +--Pecado dices? Es ms que eso. En nuestras leyes se conoce como un +cuasi delito, que todava puede que te salga a la cara. Si se han +figurado que la triste hurfana no tiene quien la defienda, se engaan +de medio a medio. Aqu estoy yo, que pondr el asunto en tela de juicio. + +--Mal hars, Leonardo, replic el Alcalde con calma y dignidad. Mal +hars, te repito. Por lo que a m toca, tus lanzadas no me haran dao +ninguno, rebotaran en la cota de malla de mi elevada posicin, de mis +ttulos de nobleza y de mi valimiento aqu y en la corte. Por este lado +soy inmune. Pero t, con tomar el camino que dices, (te hablo como +compaero y amigo), no conseguiras otra cosa que escandalizar un poco y +poner en berlina a tu padre, en cuya queja formal y escrita me apoy +para el procedimiento... arbitrario que me imputas. Tu padre, tu bueno y +honrado padre, vino a mi tribunal y estableci querella en toda forma +contra esa muchacha, por seductora de un menor, hijo de familia rica y +decente, con sus encantos y trapaceras. En la discusin que tuvimos, se +lament, casi con lgrimas en los ojos, de que estabas hecho un perdido, +jugador, mujeriego; que no estudiabas ni podras recibirte en abril como +l y tu madre esperaban, para que tomaras la administracin de los +bienes el ao entrante, es decir, despus de casarte con la bella y +virtuosa seorita de Alquzar, como estabas comprometido, todo por esa +mozuela casquivana, cuyas relaciones amorosas desdoran sin duda a un +joven que ha de ser Conde antes de mucho. + +--Conque tal es el eptome de la historia que te ha contado mi padre? +Escucha, o contempla ahora el reverso de la medalla. No hay tal +seduccin, engao ni calabazas en este negocio. La muchacha es lindsima +y me idolatra. Por qu no haba de corresponder a su amor? Pero resulta +que desde chiquita viene pap siguindole los pasos, mantenindola, +vistindola, calzndola, celndola, rondndola, cuidndola mucho ms y +mejor de lo que jams ha mantenido, vestido, calzado, rondado y cuidado +a ninguna de sus hijas. Para qu? Con qu fines preguntars t. Slo +Dios y l lo saben. No quiero pensar mal todava; pero el hecho de +secuestrarla precisamente cuando acaba de morir la abuela, nica persona +que poda oponer obstculo serio a la realizacin de torcidos deseos, me +hace sospechar que no abriga mi padre las mejores intenciones... Me +tranquiliza y complace, sin embargo, que sea cual fuere la lluvia de oro +que l derrame a los pies de la joven, no conseguir ms de lo que ha +conseguido de ella hasta aqu: un odio acrrimo. Pero t, mi amigo, por +hacerme bien me la arrebatas y la entregas atada de pies y manos en +poder de mi padre. Habr yo de perdonarte esta mala partida? Jams. + +--Eres injusto, muy injusto con tu padre y conmigo. Con l, porque no +acced a sus ruegos sino cuando me convenc plenamente de que eran +rectas y santas sus intenciones respecto de ti, de la familia y de la +misma Valds. Conmigo eres injusto, porque viendo que tu padre estaba +resuelto a cortar de cualquier modo, costara lo que costara, tus +relaciones clandestinas con la muchacha, decid encerrarla en las +Recogidas por un corto tiempo, digamos, hasta tanto que te recibes de +Bachiller y te cases como Dios manda y como conviene a tu clase y al +caudal de tu familia. Que despus, si te parece, volvers... a los +primeros amores. + +Leonardo se qued callado y pensativo, y dijo luego con +tibieza:--Adis, Fernando! + +Este le detuvo por el brazo y repuso:--No has de irte de esa manera, +cual si hubisemos reido. Ven a mi palco: saludars a mi esposa y oirs +a mi lado el segundo acto de la pera. Para aliviar ciertos dolores no +hay blsamo comparable con el de una buena msica. + + + + +CAPTULO VII + + _El mayor monstruo, los celos._ + + CALDERN + + +--Qu enredo te traes t con una muchachuela de los arrabales?, le +pregunt doa Rosa a su marido todava en la cama.--Di, contesta, aadi +codendole por las espaldas, porque le pareci que se hacia el sueco o +el dormido. + +--Yo no me traigo ni me llevo enredo con nadie, Rosa, contest don +Cndido entre sueos. + +--Tu s, t s. Me lo han dicho, lo s de buena tinta. + +--Quin te ha contado ese cuento? + +--No es cuento, es verdad. T has sacado de su casa a una muchacha hace +pocos das... El autor no es del caso. + +--Lo es, Rosa. Hay quien influya en ti poderosamente. + +--Luego aclararemos ese punto. Nadie me quita que t has vuelto a las +andadas... + +--Ves lo que yo deca? Ya te han preparado contra m. Tu hijo... + +--Pues chale ahora el muerto a mi hijo. + +--Tu hijo, digo, continu don Cndido sin turbarse, estaba a punto de +cometer la mayor de las calaveradas que ha cometido hasta el presente. +Me interpuse, porque al fin soy su padre, y evit la comisin... T no +quieres que le toquen a _l_, qu otro recurso me quedaba sino tocarle +a _ella_? Hete, en resumen, el monto de mis _andadas_. + +--No me quedaba que or! Conque para evitar que el hijo cometiera una +calaverada, va el padre y da un escndalo? + +--En este caso no ha habido escndalo ninguno. + +--Cmo! Se ha hecho la cosa a ocultas? Tanto peor. Vase qu inters +tienes t en ello. + +--No otro, a fe ma, que el de impedir la comisin de una verdadera +infamia por una persona que nos toca tan de cerca como es nuestro hijo. + +--Qu infamia? T usas unas palabrotas... + +--Tiempo ha que Leonardo viene persiguiendo a una chica de color... + +--Y t cmo lo sabes? + +--Lo s por la misma razn que t lo ignoras. + +--Nada me dices con eso. Es natural que Leonardito, joven y bien +parecido, persiga a las chicas, como dices t. Lo que no parece natural +es que t, ya viejo y feo, ests tan enterado de las persecuciones +mujeriles del muchacho. Te da envidia? Quisieras que se metiera a +fraile? Por qu le celas? + +--Porque soy responsable de su conducta ante Dios y el mundo. + +--Qu virtuoso! No hacas t lo mismo y aun peor cuando eras de su +edad? + +--Quizs hice lo mismo que l cuando mozo, peor no; al menos no me +remuerde la conciencia de haber corrompido a ninguna joven honesta o de +su casa. + +--Haces bien: santificate. Pero me parece excusado el trabajo que te +tomas... Siempre creer que, respecto a mujeres, Leonardito a tu lado es +nio de teta. + +--Dejmonos de recriminaciones, Rosa, y vamos al grano, a lo que nos +toca ms de cerca, como padres del mozo... La cosa es muy seria, es +grave... Supe... Importa un bledo el cmo, el dnde, el cundo. Supe que +haca grandes compras de muebles y de cachivaches caseros. Ha debido +gastar un dineral. De dnde lo ha habido? Ha contrado deudas? Le ha +ganado al juego? O... es que t, tan bonaza como siempre, le has +facilitado los medios? + +Don Cndido haba dado en el hito. Negara doa Rosa el prstamo, por +haberlo hecho a ocultas del marido? Equivaldra a desacreditar al hijo a +los ojos del padre, siempre dispuesto a mirar sus faltas por el lado ms +negro. Por eso, aunque convencida y mortificada por el engao que con +ella se haba practicado, prefiri declarar la verdad y cargar con la +culpa de la disipacin del hijo predilecto. + +--Ves ahora, Rosa, dijo don Cndido sin acrimonia, las malas resultas +del cario ciego de ciertas madres para con sus hijos? No reconoces que +en algunos casos ms vale pecar con ellos por duro que por blando? +Leonardo te pide dinero y t se lo prestas, porque no puedes decirle que +no, y porque te figuras que si se lo niegas se muere del pesar... Y l +coge el dinero, compra muebles, alquila casa... Para qu diablos? +Claro, clarito, para llevar a ella la querida. No se necesita gran +penetracin... De suerte que, si no me anticipo, adis, estudios! +Adis, bachillerato! Adis, casamiento en noviembre!, como t y yo +habamos acordado, de acuerdo con l. + +--Bueno est todo cuanto dices, mas estoy esperando que digas dnde +tienes oculta a la muchacha. + +--En las Recogidas. Parceme, agreg a la carrera viendo que la esposa +callaba y se agitaba en el lecho; parceme que ste ha sido el partido +mejor y menos riesgoso que pudiera haberse escogido para salvar al mozo +del precipicio y a la moza de su ruina... + +--S, dijo doa Rosa; te figuras que porque has metido a la muchacha en +las Recogidas, ya todo qued arreglado y concluido? Sbete que no has +conseguido nada. El nio ha tomado la cosa muy a pecho. Est ciego de +amor. + +--Qui! exclam don Cndido en tono despreciativo. Amor, amor! Ni +gota. Lo que siente ese mozo es hervor de la sangre, calentura de +cabeza. Nada tiene que ver en ello el corazn. Se le pasar. Pierde +cuidado. + +--Se le pasar, eh? Tal vez. Pero el nio no come, no duerme, sufre, +padece, se aflige, llora. Temo que le cueste una enfermedad el +sentimiento. Ya, como t no lo ves, no lo oyes, no lo entiendes, hablas +del modo que hablas. + +--Pon t algo de tu parte. A ti, que tienes ms influencia en l que yo, +a ti te corresponde consolarle y hacerle entrar por vereda. Va que no +le has dicho que por el prximo correo de Espaa espero el ttulo de +Conde de Casa Gamboa, con que se ha servido agraciarme nuestro augusto +soberano? A que no? Puede que la noticia le alegrase. + +--Alegrarle! Qu poco conoces a tu hijo! Le di la noticia. Y sabes lo +que me contest? Que la nobleza comprada con la sangre de los negros que +t y los dems espaoles robaban en frica para condenarlos a eterna +esclavitud, no era nobleza, sino infamia, y que miraba el ttulo como el +mayor baldn... + +--Ah! El bribn, el insurgente, el desorejado! estall don Cndido en +un paroxismo de indignacin. Vaya si le hierve la sangre criolla en las +venas! Todava sera capaz el muy trompeta de principiar por su padre la +degollina como se armara en esta Isla el desbarajuste de la Tierra +Firme. Y quieren libertad porque les pesa el yugo! porque no pueden +soportar la tirana! Que trabajen los muy holgazanes y no tendrn +tiempo ni ocasin de quejarse del mejor de los gobiernos. Yo les dara +palo entre oreja y oreja como a los mulos... + +--Basta de sandeces y de vituperios, le ataj doa Rosa incomodada. +Tiras de los criollos como si mis hijos y yo furamos de tu tierra. +Odias a los habaneros, por qu te duele que te paguen en la misma +moneda? Leonardito en parte tiene razn. Le privas de todos sus gustos y +placeres... No s cmo no se desespera. Cuenta con que l har cuanto +est en su mano para sacar a la muchacha del encierro... + +--Como t no le des el dinero, dijo don Cndido sobresaltado, para +sobornos, dudo mucho que se salga con el intento. No le des dinero, no +se lo des a tontas y a locas. Mas ya que tu cario consiste en +atragantarle a regalos, hagmosle uno de tal calidad que le llene de +orgullo y le haga avergonzarse de la sima de bajeza a que se propona +descender. + +--Cul es el regalo que esperas obre el milagro...? + +--La casa de Soler que Abreu se sac en rifa est de venta. Comprmosla, +alhajmosla para Leonardo cuando se case con Isabel. La venden en 60,000 +duros. + +--Casi el valor de un ingenio. + +--La casa vale ese dinero. Es un palacio; como no hay otro en La Habana. +No debes pararte en pelillos: se trata de la salvacin de tu hijo ms +querido. De mi cuenta corren la compra y la habilitacin de la jaula, de +la tuya corre la domesticacin del pjaro que ha de ocuparla. + +Arreglado el plan y distribuidos los papeles, don Cndido desempe el +suyo sin tardanza ni dificultad. Doa Rosa, al contrario, en +consecuencia de su carcter peculiar, desde los primeros pasos puso +obstculo invencible a la realizacin del proyecto. + +Entraban por mucho en la composicin de carcter de doa Rosa la altivez +y la suspicacia para que dejase de ser a menudo injusta e imprudente en +sus relaciones domsticas... Nadie mejor que Leonardo conoca ese flaco +de su madre. No bien le declar ella las condiciones del proyecto de +domesticacin, fundadas todas en su renuncia a la posesin de Cecilia, +resolvi predisponerla contra el marido atizando los celos de la esposa +a lo sumo. Bastle para ello el que la refiriese, sin nombrarla, cuanto +haba odo de boca de Cecilia, referente a los tratos clandestinos y +sospechosos de don Cndido con la joven y la anciana del barrio del +ngel desde mucho tiempo atrs; a los dineros que en ellas vena +gastando con la largueza o la prodigalidad del viejo enamorado; al +extrao inters que siempre haba tomado en el sostenimiento y bienestar +de las dos mujeres; a la vigilancia con que haba celado a la muchacha y +cuidado de la salud de la anciana; en una palabra, a los eficaces y +constantes servicios que en estos negocios de dudosa moralidad le haba +prestado Montes de Oca. + +Todas y cada una de estas noticias, junto con otras ya mencionadas, +haban llegado a odos de doa Rosa en diferentes pocas y por diversos +conductos. La relacin tarda y amaada del hijo slo sirvi de +complemento y confirmacin de lo mismo que ella se saba de memoria o +que meramente sospechaba. + +Ocioso parece aadir que en este caso, como en todos los de su ndole, +surti la cizaa su maligno efecto. Pues que irritada la madre contra el +padre por la supuesta persistente violacin de la fe conyugal, en +venganza o represalia tram en secreto con el hijo la mina que deba +hacer saltar los parapetos levantados por don Cndido en defensa del +honor de Cecilia Valds. A su ejecucin comprometi doa Rosa su dinero +y su influjo. + +Para ayudarla en la ardua empresa, tres condiciones nicamente exigi +ella: una, que el hijo continuara los estudios hasta graduarse de +Bachiller en leyes; otra, que se casara con Isabel Ilincheta a fin de +ao; y la tercera, que aceptara, sin murmurar, el regalo del palacio +que, con ese preciso objeto, le haca su padre. Todo lo prometi de +plano Leonardo. + +El primer paso dado fue el de solicitar los servicios de Mara de Regla, +aquella enfermera del ingenio de _La Tinaja_, cuya astucia y talento la +madre y el hijo reconocan de consuno, a pesar de la ojeriza con que la +miraban. Prestose ella de la mejor gana, tanto porque estaba en su +ndole el papel de conspiradora, cuanto que se prometa pagar con bienes +los muchos males recibidos de manos de los dos. De luego a luego +comenzaron los trabajos de zapa. + +Produjo una verdadera revolucin la entrada de Cecilia en la casa de las +Recogidas. Su juventud, su belleza, sus lamentos, sus lgrimas, los +motivos mismos de su prisin, supuestos hechizos empleados para seducir +a un joven blanco de familia millonaria de La Habana, todo concurri +para inspirar curiosidad, simpata o admiracin en las mujeres de varios +colores y condiciones que cumplan trminos ms o menos largos de +condena. + +Por vulgares que ellas fuesen, por apagado que estuviese en su pecho el +sentimiento de la dignidad personal, imposible les fuera sustraerse al +influjo de unas circunstancias cuya magia ejercer su imperio en este +mundo sublunar mientras refleje la luz del sol. Al parecer, de poco +podan valerle a Cecilia sus simpatas y arranques de admiracin; con +todo eso, fuerza bastante tuvieron para crear en torno suyo aquella +atmsfera de respeto y de consideracin que tanto contribuy al alivio +de sus penas mientras estuvo en las Recogidas, y que al cabo le abri +las puertas. + +El guardador de estas ovejas descarriladas era un soltern verde, suerte +de monigote con quien los aos ni las penitencias haban domado las +humanas pasiones. Hasta la fecha presente, slo haban ingresado en el +establecimiento a su cargo mujeres de baja extraccin, viejas, feas y +gastadas por los vicios. En condiciones bien diferentes vino Cecilia a +aumentar su nmero. Tal vez haba pecado; pero de seguro que no por +vicio ni mala inclinacin. Esto abonaban sus pocos aos, su porte +decente y modesto, su donoso aspecto y el ncar de sus tersas mejillas. +El dolor, la vergenza de verse encerrada y confundida entre unas +mujeres conocidamente de mala conducta, era sin duda lo que la haca +prorrumpir en lgrimas y quejas continuas. Tantos y tales extremos de +genuino pesar eran incompatibles con el delito. + +As razon el portero de la Casa de las Recogidas, y sin ms reparo se +declar el campen y el amigo de Cecilia. Su placer era ir a deshoras +hasta la ventana del cuarto que la haban asignado, para sorprenderla, a +ocultas, en sus demostraciones de sentimiento, enamorarse ms de ella y +encenderse en ira contra sus perseguidores. A veces la encontraba en la +silla con la cabeza y los brazos descansando en la mesa, mientras dejaba +a la abundosa mata de sus cabellos sueltos el cuidado de cubrir aquellas +partes de su espalda que no acertaba a vedar de miradas profanas el +traje flojo. Otras veces levantaba ella de repente los ojos y las manos +juntas al cielo y exclamaba en la mayor angustia: + +--Dios mo! Dios mo! Por qu culpas he merecido yo este tremendo +castigo? + +En todos estos casos se retiraba el guardin a su portera hecho un +basilisco. + +En uno de esos momentos de indignacin filantrpica, se le apareci como +llovida Mara de Regla, con achaque de venderle frutas del tiempo y +conservas, negocio en que se ocupaba entonces. El hombre no quera +comprar ni enredarse en una conversacin que poda distraerle de sus +agridulces pensamientos. Pero no por eso desisti de su propsito la +vendedora. Esperaba, al contrario, repulsa ms terminante. Djole en el +tono meloso que sola: + +--Le duele al seor la cabeza o las muelas? (No le dio el tratamiento +de su merced). + +--Nada me duele, gru l. + +--Me alegro, porque sos son los dolores de los dolores. Vea el seor si +las recogidas quieren frutas o dulces en almbar. + +--No estamos para frutas ni dulces ahora. Tampoco hay plata en casa. + +--Yo fo. + +--Anda con Dios y djame en paz. + +--Otras veces me han comprado aqu frutas y dulces. + +--No en mi tiempo. Sera cuando estaba el papanatas que suele +reemplazarme. + +--Quizs. + +--Yo no permito trfico con las presas. El reglamento prohbe todo +tejemaneje por la portera. + +--Pues me han dicho que el seor era ms bueno que el pan con las pobres +recogidas. + +--Te han engaado. Yo soy malo, malsimo. + +--El seor no es malo. Qu va! Le conozco en la cara que no lo es. + +--Basta. No quiero palique. + +--Est bien. El que manda, manda. Me ir; pero antes no tendra la +bondad de orme el recado que acaba de darme un caballerito para el +seor? + +--Qu recado? Despacha, replic con rudeza el hombre despus de mirar +fijamente a la vendedora. + +--Tiene aqu el seor presa a una nia blanca? + +--No tengo preso a nadie. No soy carcelero; soy un mero guardin de las +recogidas, por delegacin del ilustrsimo seor Obispo Espada y Landa. + +--Perdneme el seor. Quise decir que si no haba aqu recogida una nia +blanca. + +--Blanca al parecer. S. Y qu? + +--Pues el caballerito que le digo se interesa mucho por esa nia. + +--Qu me importa a m su inters? No vamos a comer con eso. + +--Nunca debe decirse de esta agua no beber. Porque el caballerito que +digo es riqusimo y est muy enamorado de la nia. Y el seor sabe de lo +que es capaz un caballerito rico cuando est loco de amor y le impiden +ver y hablar a su adorado tormento. + +--Estamos, dijo el portero algo ms aplacable. Qu pretende el tal +caballerito? + +--Poca cosa. Quiere que el seor d a la nia de su parte estas naranjas +(escogiendo seis entre las ms hermosas del tablero), y que le diga que +l est metiendo empeo y gastando mucho dinero para sacarla cuanto +antes de esta prisin. + +--Hombre!, dijo el guardin titubeando; yo no he hecho jams el papel +de corre-ve-y dile. + +--Vamos, seor, que no le pesar. Spalo: el caballerito es muy rico, +muy agradecido y est muy enamorado. + +El portero asustado, tembloroso, indeciso, se estuvo largo rato parado, +mirando, ya a la negra, ya a las naranjas. Al cabo pregunt con voz +ronca por el temor o la vergenza: + +--Cmo se llama el caballerito? + +--La nia sabe, replic Mara de Regla, marchndose bruscamente. + +Quedose el portero pensativo, como clavado a la reja de la portera. A +poco le pas el cerrojo a la puerta, le ech llave, y con tres naranjas +en cada mano entrose en el amplio patio de la Casa de las Recogidas. + +Hubo de todo lo que puede llenar de ilusiones a un hombre enamorado, y +de esperanza a una mujer afligida, en la breve entrevista que tuvo el +portero con Cecilia. Hubo aquello de:--Vd. es mi salvador. Qu ngel le +trajo a esta pobre mujer perseguida? Soy inocente. Mi nico delito es +amar mucho a un joven que se muere por m. Aqu me ha puesto el padre +del caballerito de quien Vd. me habla. Toda su rabia contra m es porque +no lo quiero a l y quiero a su hijo. Tenga Vd. piedad de una mujer +injustamente perseguida. + +Sali de all el portero otro hombre.--A quin se le ocurre traer aqu +una muchacha como sta?--se preguntaba a s mismo. Al demonio, solamente +al espritu maligno para tentar y sacar de sus casillas a la gente +pacfica. Aqu quisiera ver a los varones fuertes, a los mismos santos. +Resistiran? Se ablandaran, se derretiran, se entregaran de patas en +las garras de Satans. Habr quien tenga valor para verla llorar, para +orla quejarse y suplicar y no tomar su parte? Har de m lo que se le +antoje. Es claro. Y quedar mal con el seor Obispo, mi protector, caer +de su gracia, perder el puesto que ocupo en esta casa. Mas, qu +remedio? Ella es muy linda, llora, y yo no soy de palo. Maldita +frutera! + +Dos o tres das despus volvi sta, y el portero de las Recogidas no la +recibi mal. Traa nueva pretensin: la de hablar a solas con la presa +en la prisin. Estaban prohibidas las visitas dentro de la casa; slo +poda hablarse con las recogidas en presencia del guardin, a la reja de +la portera. Pero Mara de Regla arguy el punto con habilidad diciendo, +entre otras cosas, que no era de esperarse, el portero ayudara a matar +de tristeza a una nia inocente, y se hiciera cmplice de la mayor de +las injusticias que se haban cometido hasta entonces en La Habana. Que +el caballerito, amante de la nia, ya tena muy adelantadas las +diligencias para sacarla del encierro, y, por supuesto, excluira de su +gratitud a todos los que haban oprimido a su adorado tormento. +Enseguida aadi, cual si de pronto recordara: + +--El caballerito me dio para el seor esta media docena de onzas de oro, +por si la nia necesitaba algo de comer, o de vestir, o cualquier +antojo... + +Este ltimo argumento acab por dar al traste con el resto de virtud o +empacho del portero. Concedi la entrada. En pocas palabras +describiremos ahora la escena que se sigui a la entrevista de la +mensajera con la presa. + +Mara de Regla encontr a Cecilia en la misma posicin en que dijimos la +haba sorprendido el guardin das antes; slo que esta vez no la cubra +el cabello aquella parte de la espalda que daba a la entrada de la +celda. Algo ech de ver ah la antigua enfermera, que le llam +grandemente la atencin. + +--Jess! dijo. Qu veo? Ser posible que esta nia sea la misma que +yo sospechaba? Qu cosas pasan en este mundo! + +A aquella voz y aquellas incoherentes exclamaciones, levant Cecilia la +cabeza y pregunt en tono desmayado y doliente: + +--Qu quiere usted? + +--Quiero que me diga su merced su nombre de pila. + +--Cecilia Valds. + +--Jess! volvi a exclamar la negra. La propia que yo me imaginaba! +Parece un sueo. Sabe su merced quin le pint esa media luna? + +--Qu media luna? + +--La que su merced lleva en este hombro (tocando con el ndice el +izquierdo de la muchacha). + +--Esta no es pintura, es un lunar, mejor dicho, una marca que me ha +quedado ah de resultas de un golpe recibido en mi niez. + +--No, si su merced es de verdad verdad la Cecilia Valds que yo +conozco, se no es lunar, ni marca de golpe: es la media luna que la +abuela de su merced le pint con aguja y ail antes de echarla en la +Real Casa Cuna. + +--Oh! Mamita nunca me habl de semejante cosa. + +--Yo lo s porque sa fue la seal que me dieron para reconocerla entre +las dems nias de la Real Cuna. + +--Quin es Vd. que sabe tanto de m? + +--Es posible que su merced no me conozca todava? Deba acordarse de +m. + +--No, por cierto. + +--Pues yo le di de mamar a su merced, primeramente en la Real Casa Cuna, +y despus, por cerca de un ao, en casa de la abuela de su merced, +cuando ella viva en el callejn de San Juan de Dios. Su merced ya haca +_peninos_ y hablaba _champurriado_, no le digo ms, en los das en que +me la quitaron de los brazos. Ay! No sabe su merced las lgrimas y +pesares que me ha costado su crianza; no slo a m, tambin a mi marido. +S, su merced ha sido la causa primera y principal de nuestras +desgracias. + +--Qu les ha pasado a Vds.? + +--A m me desterraron de La Habana habr doce aos, y mi marido est +preso en la crcel. Le achacan la muerte del Capitn Tond. + +--Conque eso es as como Vd. dice! Conque yo soy la mujer ms infeliz +que pisa la tierra! Ay de m, que sin haberle hecho mal a nadie todos +me caen encima! + +--No llore, ni se lamente, nia. Aunque causante de nuestras desgracias, +su merced es inocente, no tiene culpa ninguna. + +--Cmo no he de llorar y lamentarme, si tras de verme perseguida +injustamente, hecha la piedra de escndalo de las mujeres de esta casa, +que me atosigan con sus preguntas y majaderas, por remate de cuenta +viene Vd., que dice me cri, y me echa en cara las desgracias de Vd. y +de su marido? Cabe mayor infelicidad que la ma? + +--Cuando yo le relate mi historia, tejida con la de su merced, se +convencer de que tengo mucha razn. + +--Pero quin es Vd.? + +--Mi nombre es Mara de Regla, humilde criada de su merced y esclava del +nio Leonardo Gamboa. + +--Ah! exclam Cecilia ponindose en pie y abrazando a su interlocutora. + +--Oiga! dijo sta con sentimiento. La nia me reconoce y abraza como +esclava del nio Leonardo, no como la madre de leche que soy de su +merced. + +--No, la abrazo por ambos motivos, sobre todo porque su venida es nuncio +de salvacin para m. + +La negra se cruz de brazos y se puso a contemplar a Cecilia faz a faz. +De tiempo en tiempo murmuraba en tono bajo: Vea Vd.! La misma frente! +La misma nariz! La misma boca! Los mismos ojos! Hasta el hoyito en +la barba! S, su pelo, su cuerpo, su aire, su propio ngel! Qu! Su +vivo retrato! + +--De quin? pregunt Cecilia. + +--De mi nia Adela. + +--Y quin es esa nia? + +--Mi otra hija de leche, hermana de padre y madre del nio Leonardo. + +--Conque tanto me parezco a ella? Ya me lo haban dicho algunos amigos +que la conocen de vista. + +--Y dgalo que se parece. Jimaguas no se pareceran ms. Si ser por +esto porque el nio Leonardo est tan enamorado de su merced? Pero l +peca y su merced peca con quererse como se quieren. Si se quisieran como +amigos o hermanos, pase; como hombre y mujer es un pecado. Los dos estn +en pecado mortal. + +--Por qu me dice Vd. eso? pregunt Cecilia sorprendida. En quererse +mucho un hombre y una mujer, no s yo que haya pecado. + +--S, lo hay, nia; a veces hay hasta pecado prieto. Por una parte, l +es blanco; mas, dentro de poco ser de sangre azul, porque su padre ya +es Conde de Casa Gamboa. Y tiene un palacio para vivir con la que haya +de ser su esposa legtima. Y su merced... Perdone, nia, que sea tan +_clariosa_. Su merced es pobre, no tiene ni gota de sangre azul y es +hija... de la Casa Cuna. No es posible que lo dejen casarse con su +merced. + +--Todo sea que se le ponga en la cabeza. A bien que l es hombre y hace +lo que quiere. Y aunque no, estoy segura que cumplir la palabra que me +ha dado. + +--No podr cumplirla, nia. Desengese, no podr cumplirla aunque +quiera. + +--Por qu no? + +--Porque no. A su tiempo lo sabr su merced. Ese casamiento es un sueo, +no se verificar... + +--Luego Vd. se opone. No comprendo la razn. + +--Yo no me opongo, nia ma. No soy yo quien se opone, es otro, es la +naturaleza, son las leyes divinas y humanas. Sera un sacrilegio... +Pero, qu es lo que digo? Cuando menos ya es tarde. Dgame, nia, qu +tiene en los ojos? + +--Nada tengo en los ojos, repuso Cecilia restregndoselos inocentemente. + +--S, veo algo en ellos que es mala seal. Me parece que tiene amarillo +el globo del ojo. No cabe duda. Esas ojeras, esa palidez, ese rostro +desencajado... Pobrecita! Su merced est enferma. + +--Yo enferma! No, no, dijo ella muy apurada. + +--Su merced ya es mujer del nio Leonardo. + +--No entiendo lo que Vd. dice. + +--Ha sentido su merced nuseas? As como ganas de provocar? + +--S, varias veces. Ms a menudo desde que estoy en esta casa. Lo +atribuyo a los sustos y pesares de mi injusta prisin. + +--Tate. Cierto son los toros. No lo dije? La causa de la enfermedad de +su merced es otra. Yo la s, la adivino. No sabe la nia que he sido +enfermera por muchos aos? Qu soy casada? Ya no hay remedio. +Ninguno... Pobre nia! Inocente! Desgraciada! A su merced le ha hecho +mucho dao esa carita tan linda que Dios le ha dado. Si su merced +hubiera nacido fea, tal vez no le pasara lo que le pasa ahora. Estara +libre y sera feliz. Mas... lo que remedio no tiene, olvidarlo es lo +mejor. En fin, dir al nio Leonardo el estado de su merced y segurito +que se apresurar a sacar a la nia de esta maldita casa. + +Afectaron fuertemente a Leonardo Gamboa las ltimas nuevas que de +Cecilia le trajo la esclava. Sin prdida de tiempo, como lo haba +previsto sta, se aboc con su condiscpulo y amigo el Alcalde Mayor, +que haba decretado la orden arbitraria de prisin, ante el cual hizo +valer aquellos ttulos, junto con esta circunstancia. Le revel +igualmente en secreto el estado delicado de la muchacha. Derram por +todas partes el oro a manos llenas y tuvo la inefable satisfaccin de +ver coronados sus esfuerzos con el xito ms completo hacia los +postrimeros das del mes de abril. + +Fue al cabo suya Cecilia, a pesar de la tenaz oposicin de su padre. De +la prisin la condujo a la casa que haban alquilado en la calle de las +Damas, dndole por cocinera, sirviente de confianza y duea a la Mara +de Regla de siempre. No pareca que hubiese hombre ms feliz sobre la +haz de la tierra. + +An cuando todo esto se ejecut con entera reserva de don Cndido, nada +ocult Leonardo de doa Rosa. Desde el principio al fin la mantuvo +informada de los pasos que daba, a medida que se daban. Y, sentimos +decirlo, no sabemos en quin produjo ms regocijo el desenlace del +drama, si en su hijo o en la madre. As se alzaba una barrera +insuperable, crea ella sinceramente, entre la muchacha y las +imprudentes pretensiones de su marido. + +En medio de estas escenas, despleg Leonardo tino y fuerza de voluntad +sin ejemplo, poniendo el mayor esmero en llenar las condiciones del +contrato secreto celebrado con su madre. Asisti a las clases de derecho +regularmente, y cuando lleg la hora de graduarse, visit uno por uno a +los doctores que deban examinarle, principalmente a don Diego de la +Torre, que gozaba de fama de muy rgido con los graduados; le pas la +mano a Fray Ambrosio Herrera, secretario de la Universidad, a quien +comunic en secreto que en vez de los tres duros de las propinas de +costumbre, se propona meter tres onzas de oro en cada cartucho. As +allan el camino de la recepcin; as logr calarse la muceta de +ordenanza, ascender a la ctedra del aula magna, ponerse en la coronilla +de la cabeza la birreta colorada, pronunciar un ininteligible discurso +en latn, y obtener el ttulo de Bachiller en Leyes nmine +dissentiente[60] el 12 de abril de 1831. + +Satisfechos por este lado sus compromisos, todava tuvo tiempo para +tomar formal posesin del palacio que le haba regalado su padre. +Enseguida, con el nimo de adormecer la vigilancia de ste, corri a +darle una caradita a Isabel en su paraso de Alquzar, y ver de +concertar con ella, si era posible, la manera y la poca del casamiento. + +La encontr bastante fra y desanimada. Repugnbale en alto grado la +idea de presenciar, por segunda vez, las escenas horrorosas del ingenio. +Como visita, porque faltara la ocasin juntamente con el deseo; como +ama, porque si de amante no logr suspender los terribles castigos +impuestos all a los negros, por una necesidad fatal de la institucin, +mal poda prometerse que de casada se aboliesen. Y ora tomase Leonardo +estas razones de su amiga cual meros escrpulos monjiles, ora se +persuadiese que ellas quizs le relevaran de una promesa en que ya no +se interesaba mucho su corazn, torn a La Habana sin haber tratado de +allanar el inesperado inconveniente. + +Volado haba el tiempo con inconcebible rapidez. A fines de agosto tuvo +Cecilia una hermosa nia; suceso que, lejos de alegrar a Leonardo, +parece que slo le hizo sentir todo el peso de la grave responsabilidad +que se haba echado encima en un momento de amoroso arrebato. Aquella no +era su esposa, mucho menos su igual. Podra presentarla sin sonrojo, +mager que bella como un sol, en ninguna parte? No haba l descendido +tanto todava por la cuesta suave del vicio, que hiciese del sambenito +gala. + +Se desvaneca, sin duda, la ilusin con la fcil posesin del objeto +codiciado que consista tan slo en la cualidad deleznable antes +mencionada. Al amor hizo en breve lugar la vergenza. Tras sta deba +presentarse el arrepentimiento, y se present al galope, mucho antes de +lo que era de esperarse, supuestas las condiciones de alma fra y moral +laxa de que haba dado pruebas el joven Gamboa. + +Los primeros sntomas del cambio no tard Cecilia en descubrirlos con +dolor; en pos vino el tropel de los celos a complicar la situacin de +las cosas. A los tres o cuatro meses de unin ilcita fueron menos +frecuentes y menos prolongadas las visitas de Leonardo a la casa de la +calle de las Damas. De qu vala que l colmase de regalos a la +querida, que se adelantase a todos sus gustos y aun caprichos, si era +cada vez ms fro y reservado con ella, si no mostraba orgullo ni +alegra por la hija, si no pudo lograr jams que trocara siquiera por +una noche la casa de los padres por la suya propia? + +Explcase la extraa conducta de Leonardo con Cecilia, por la grande +influencia que sobre l ejerca su enrgica madre. Porque era cosa +cierta que si del mozo haban huido todas las virtudes a la temprana +edad de 22 aos, como huyen las tmidas palomas del palomar herido por +el rayo, no era menos cierto que an calentaba su corazn marmreo el +dulce amor filial. + +Doa Rosa, adems, haba averiguado por aquellos das la historia +verdadera del nacimiento, bautizo, crianza y paternidad de Cecilia +Valds, contado ahora por Mara de Regla con el objeto de obtener el +completo perdn de sus pecados y alguna ayuda en favor de Dionisio, que +segua en estrecha prisin. Espantada dicha seora del abismo a que +haba empujado a su hijo, le dijo con aparente calma: + +--Estaba pensando, Leonardito, que es hora de que sueltes el perutano +de la muchachuela... Qu te parece? + +--Jess, mam! replic escandalizado el joven. Sera una atrocidad. + +--S, es preciso, aadi la madre en tono resuelto. Ahora, a casarte con +Isabel. + +--Tambin sa? Isabel ya no me quiere. T has ledo sus ltimas cartas. +En ellas no habla de amores, habla nicamente de monjo. + +--Disparate! No hagas caso. Yo arreglo el negocio en dos palotadas. Han +cambiado las cosas. Conviene que se case temprano el mayorazgo, siquiera +no sea con otro fin que el de asegurar sucesin legtima para el ttulo. +A casarte con Isabel, digo. + +Por carta de don Cndido a don Toms Ilincheta, pidi doa Rosa la mano +de Isabel para su hijo Leonardo, heredero presunto del condado de Casa +Gamboa. + +En respuesta, la presunta novia, acompaada de su padre, hermana y ta, +vino a su tiempo a La Habana y se desmont en casa de sus primas, las +seoritas Gmez. Qued, pues, aplazado el matrimonio para los primeros +das de noviembre, en la pintoresca iglesia del ngel, por ser la ms +decente, si no la ms cercana a la feligresa propia. La primera de las +tres velaciones regulares se corri el ltimo domingo del mes de +octubre, pasadas las ferias de San Rafael. + +No falt quien comunicara a Cecilia la nueva del prximo enlace de su +amante con Isabel Ilincheta. Renunciamos a pintar el tumulto de pasiones +que despert en el pecho de la orgullosa y vengativa mulata. Baste decir +que la oveja, de hecho, se transform en leona. + +Al oscurecer del 10 de noviembre llam a la puerta de Cecilia un antiguo +amigo suyo, a quien no vea desde su concubinaje con Leonardo. + +--Jos Dolores! exclam ella echndole los brazos al cuello, anegada en +lgrimas. Qu buen ngel te enva a m? + +--Vengo, repuso l con hosco semblante y tono de voz terrible, porque me +dio el corazn que Celia poda necesitarme. + +--Jos Dolores! Jos Dolores de mi alma! Ese casamiento no debe +efectuarse. + +--No? + +--No. + +--Pues cuente mi Celia que no se efectuar. + +--Sin ms se desprendi l de sus brazos y sali a la calle. Cecilia, a +poco, con el pelo desmadejado y el traje suelto, corri a la puerta y +grit de nuevo: Jos! Jos Dolores! A _ella_, a _l_ no! + +Intil advertencia. El msico ya haba doblado la esquina de la calle de +las Damas. + +Ardan numerosos cirios y bujas en el altar mayor de la iglesia del +Santo ngel Custodio. Algunas personas se vean de pie, apoyadas en el +pretil de la ancha meseta en que terminan las dos escalinatas de piedra. +Por la mira a la calle de Compostela suba un grupo numeroso de seoras +y caballeros cuyos carruajes quedaban abajo. Ponan los novios el pie en +el ltimo escaln, cuando un hombre que vena por la parte contraria, +con el sombrero calado hasta las orejas, cruz la meseta en sentido +diagonal y tropez con Leonardo, un el esfuerzo de ganar antes que ste +el costado del sur de la iglesia, por donde al fin desapareci. + +Llevose el joven la mano al lado izquierdo, dio un gemido sordo, quiso +apoyarse en el brazo de Isabel, rod y cay a sus pies, salpicndole de +sangre el brillante traje de seda blanco. + +Rozndole el brazo a la altura de la telilla, le entr la punta del +cuchillo camino derecho al corazn. + + + + +CONCLUSIN + + +Lejos de aplacar a doa Rosa el convencimiento de que Cecilia Valds era +hija adltera de su marido y medio hermana por ende de su desgraciado +hijo, eso mismo pareci encenderla en ira y en el deseo desapoderado de +venganza. Persigui, pues, a la muchacha con verdadero encarnizamiento, +y no le fue difcil hacer que la condenaran como cmplice en el +asesinato de Leonardo, a un ao de encierro en el hospital de Paula. Por +estos caminos llegaron a reconocerse y abrazarse la hija y la madre, +habiendo sta recobrado el juicio, como suelen los locos, pocos momentos +antes de que su espritu abandonase la msera envoltura humana. + +Por lo que hace a Isabel Ilincheta, desengaada de que no encontrara la +dicha ni la quietud del alma en la sociedad dentro de la cual le toc +nacer, se retir al convento de las monjas Teresas o carmelitas, y all +profes al cabo de un ao de noviciado. + +Casada Rosa con Diego Metieses, se esforz en reemplazar a la hermana +mayor en el cario del padre y de la ta, yendo a morar con ellos en el +edn de Alquzar. + +La causa criminal formada a Dionisio por el homicidio de Tond, no vino +a fallarse sino cinco aos despus de los sucesos aqu relatados. El +tribunal le conden a diez de cadena y el clebre don Miguel Tacn le +destin al presidio de La Habana para la composicin de calles. + +FIN + + + + +GLOSARIO + +A + +_abarca_: calzado rstico de cuero de buey que cubre la planta, los +dedos o la mayor parte del pie y se sujeta con cuerdas o correas. + +_Agramante, campo de_: lugar de mucha confusin, donde nadie se +entiende. + +_Agua de Lonja_: agualoja, aloja, bebida refrescante preparada con agua, +azcar o miel, canela, clavo y algn otro ingrediente. + +_aguaitar_: acechar. + +_alcndara_: percha o varal donde se ponan las aves de cetrera. + +_alcarraza_: vasija de barro poroso, que por evaporacin del agua que +rezuma, enfra la que queda dentro. + +_alcorza_: pasta blanca de azcar y almidn con la cual se suelen cubrir +varios gneros de dulces y se hacen en confiteras diversas figurillas. + +_aljfar_: perla de forma irregular y comnmente pequea; cosas +parecidas al aljfar, como las gotas de roco. + +_almo_: nutricio, vivificante. + +_amarilla_: moneda de oro y especialmente onza. + +_ambig_: comida, por lo regular nocturna, compuesta de manjares +calientes y fros con que se cubre a una vez la mesa. + +_armella_: anillo de metal con espiga o tornillo para clavarlo en un +cuerpo slido. + +_arrente_: a raz del casco. + +_asendereado_: agobiado de trabajo. + +_aspillera_: abertura larga y estrecha en un muro para disparar por +ella. + +_azuela_: herramienta de carpintera compuesta de una plancha de hierro +acerada y cortante, con mango corto de madera. + + +B + +_badulaque_: persona necia e informal. + +_ballesta_: arma para disparar flechas y saetas. + +_banqueta_: acera de calle. + +_belfo_: cualquiera de los labios del caballo y otros animales. + +_bilorta_: vilorta, pequeas arandelas de hierro que se usaban en el eje +de los carruajes para impedir que el cubo de la rueda se saliera de su +sitio. + +_bocabajo_: castigo de azotes que se aplicaba a los negros esclavos +hacindolos acostar boca abajo. + +_bocn_: pieza redonda de esparto que se pone por defensa alrededor de +los cubos de las ruedas de carros. + +_bozal_: negro recin sacado de su pas. + +_bronco_: dcese de la voz y de los instrumentos que tienen sonido +desagradable y spero; tupido, spero. + +_broza_: desperdicio de alguna cosa. + + +C + +_cabio_: travesao superior e inferior que con los largueros forman el +marco de las puertas y ventanas. + +_cachucha_: moo o peinado para el cual se necesita algn relleno o +postizo, que se usaba en la poca y todava hoy en varias provincias +espaolas. + +_caja_: tambor. + +_calamn_: clavo de cabeza en forma de botn que se usa para tapizar y +adornar. + +_cambalachar_: hacer trueque de objetos de poco valor. + +_camueso_: hombre muy necio e ignorante. + +_can_: cao o conducto grande de aguas. + +_carabela_: nombre que daban los esclavos a sus compaeros o camaradas +que haban venido de frica en el mismo barco negrero, fueran hombres o +mujeres. + +_caradita_: caricia, palmadita en la cara. + +_caritate, dar_: causar envidia o celos. + +_carrancln_: pao de lana. + +_catar_: ver, examinar. + +_caudinas, horcas; pasar uno por las_: someterse al ms fuerte. + +_ciar_: andar hacia atrs, retroceder. + +_cicerone_: persona que ensea y explica las curiosidades de una +localidad, edificio, etc. + +_ciudadela_: modernamente se le llama _solar_. + +_cochiherviti_: atropelladamente, con precipitacin. + +_coleto_: interior de una persona. + +_columpio_: balance, mecedora, silln. + +_contralor_: oficio honorfico de la casa real equivalente a lo que en +Castilla llamaban veedor. Intervena las cuentas, los gastos y ejerca +otras funciones importantes. + +_correr la tuna_: correrla, divertirse, gozar la vida vagando de aqu +para all en fiestas, rumbas y jolgorios. + +_cortar un traje_: murmurar de otro, censurar veladamente. + +_cruja_: trnsito largo en los edificios en cuyos lados hay piezas, +para las cuales sirve de paso. + +_cuarta_: ltigo. + +_currutaco_: muy afectado en el uso riguroso de las modas. + + +CH + +_chicote_: ltigo. + +_china pelona_: piedra muy dura que abunda en los ros y arroyos que +serva como balas de todos los calibres y para empedrar las calles. + +_chupa_: casaca de lienzo muy usada a principios del siglo XIX en Cuba. + + +D + +_dianche_: diantre, diablo. + +_dragn_: soldado que hace el servicio alternativamente a pie o a +caballo. + + +E + +_escabel_: tarima pequea para que descansen los pies del que se sienta. + +_escarzo_: especie vegetal muy comn en Espaa, que crece al pie de los +robles y encinas, de donde se saca yesca. + +_escuadra_: las dos dimensiones de la seccin transversal de una pieza +de madera labrada a escuadra. + +_esguazar_: vadear. + +_espiritada_: endemoniada, poseda por el demonio. + +_esquifaciones_: ropas y objetos con que se provea a los esclavos para +cubrir sus necesidades. + +_estrado_: conjunto de muebles en la pieza en que las seoras reciban +las visitas y por extensin, la pieza. + + +G + +_gaote_: gaznate. + +_garzota_: plumaje o penacho que se usa para adorno de los sombreros o +turbantes y en los jaeces de los caballos. + +_gayola_: crcel. + +_gazuza_: hambre. + +_gaza_: lazo que se hace en un cabo. + +_gerifalte, como un_: muy bien, de una manera superior. + +_gigote_: guisado de carne picada rehogada en manteca. + +_glacis_: explanada, declive que se contina desde el camino cubierto +hacia la montaa. + +_guadao_: bote pequeo usado en los puertos. + +_guardabrisa_: cilindro de cristal ms o menos abombado al centro, con +que se cubra la vela para proteger del viento la llama. + +_guiarse_: irse, huir, marcharse. + + +H + +_hembrilla_: piececita pequea en que otra se introduce o asegura. + +_hormilla_: pieza circular y pequea de madera u otra materia. + + +J + +_jarrero_: mueble no slo para colocar los jarros, sino tambin los +vasos y otras vasijas para tomar agua, como la tinaja donde se +depositaba el lquido. + + +L + +_ladino, negro_: aquel esclavo que hablaba ya el espaol, por hacer +tiempo que se encontraba en Amrica. + +_lechuguina, o_: persona joven que se compone mucho y sigue +rigurosamente la moda. + +_lesna_: instrumento punzante que usan los zapateros y otros artesanos +para agujerear, coser y pespuntar. Se compone de un hierrecillo con +punta muy sutil y un mango de madera. + +_lebrillo_: vasija de boca ancha. + +_ludibrio_: escarnio, desprecio, burla. + +_lunita_: juego infantil en que las nias gritaban dando saltos: +_lunita, lunera_, / cascabelera, / cinco toritos / y una ternera. + + +M + +_mager_: aunque, a pesar de. + +_manducar_: comer. + +_manteniente_: en el momento, al instante. + +_mastelero de gavia_: palo que va sobre el palo mayor de las +embarcaciones de vela. + +_monacillo_: nio que sirve en los monasterios e iglesias para ayudar a +misa y otros ministerios del altar. + +_monis_: dinero. + +_muceta_: capa corta que cubre el pecho y la espalda; suele ser insignia +de prelados, doctores, licenciados y ciertos eclesisticos. + +_mujeriega, a la_: cabalgando como ordinariamente lo hacen las mujeres, +sentadas en la silla y no a horcajadas como los hombres. + +_mulecn_: dcese del negro que ya pasa de la infancia, sin llegar a la +pubertad. + +_muleque_: nombre que se daba a los esclavos entre siete y doce aos de +edad. + +_muidor_: persona que gestiona activamente para concertar tratos; +criado de cofrada que sirve para avisar a los hermanos las fiestas, +entierros y otros ejercicios a que deben concurrir. + + +N + +_no embargante_: no obstante, sin embargo. + +_novenario_: castigo que se aplicaba a los esclavos negros que consista +en nueve azotes diarios por espacio de nueve das. + + +O + +_obrador_: taller. + +_opiata_: medicina en la que entra como uno de sus ingredientes el opio. + + +P + +_papalina_: cofia de mujer, generalmente de tela ligera y con adornos. + +_penates_: dioses domsticos de los etruscos y los romanos. +Pertenencias, habitacin, vivienda. + +_perutano_: porcin saliente y puntiaguda de una cosa. + +_petar_: agradar, complacer. + +_picolete_: grapa dentro de la cerradura para sostener el pestillo. + +_picotear_: chacharear, darle mucho al pico, hablar de cosas +insubstanciales. + +_ponina_: diversiones en que se distribuan los gastos entre los +concurrentes. + +_potala o potada_: tipo de embarcaciones pesadas, de poco andar. + +_poterna_: puerta ms pequea que las principales en el sistema de +fortificaciones. + +_pretina_: parte de los pantalones que ajusta a la cintura. + +_pringue_: grasa. + + +Q + +_quinar_: vencer al contrario con argumentos y razones definitivas. + +_quipo_: ramales de cuerdas con nudos en las cuales llevaban sus cuentas +los aborgenes. + + +R + +_rastrillo_: compuerta formada por una reja o verja fuerte y espesa que +se echa en las puertas de las plazas de armas para defender la entrada y +que, por estar afianzada en unas cuerdas fuertes o cadenas, se levantan +cuando se quiere dejar libre el paso. + +_realce, bordar de_: hacer un bordado que sobresale de la superficie de +la tela. + +_refaccin_: toda cantidad que en dinero o efectos se ofrece como +auxilio o ayuda anticipada para un negocio o para reparaciones, mejoras, +etc. + +_regatn_: casquillo que se pone en el extremo inferior de las lanzas, +bastones, etc. + +_rengue liso, escapar de_: irse de modo oculto o disimuladamente. + +_retrechera_: artificio disimulado y maoso para eludir la confesin de +la verdad. + +_rinconera_: mesita, armario o estante pequeos, comnmente de figura +triangular, que se colocaban en un rincn o ngulo de una sala o +habitacin. + +_romper el baile_: dar comienzo al baile. + + +S + +_sambumbia_: bebida cubana hecha con miel de caa, agua y aj. + +_Sanfrancia o San Francia_: pelea, trifulca, pendencia, reyerta. + +_setena_: pena o castigo que consista en pagar el sptuplo de una +cantidad determinada. + +_sollado_: pisos y cubiertas inferiores de las embarcaciones. + +_sopanda_: cada una de las correas anchas y gruesas empleadas para +suspender la caja de los coches antiguos. + +_sotrozo_: pasador de hierro que atravesaba un eje del carruaje para +contener o impedir que se saliera la rueda que giraba del mismo. + +_sudadero_: manta pequea que se pone a las cabalgaduras debajo de la +silla o aparejo. + +_suspiro_: dulce hecho de harina, azcar y huevo. + + +T + +_tahal_: tira de cuero u otra materia, que se cruza desde el hombro +derecho por el lado izquierdo hasta la cintura donde se juntan los dos +cabos y se pone la espada. + +_taracea_: tela hecha con retazos pequeos de colores diferentes, +llamada tambin _ensaladilla_. + +_tendal_: espacio solado donde se pone el caf para que se seque al sol. + +_tiple_: guitarrita de voces muy agudas. + +_tumbaga_: aleacin de oro y cobre con que se hacen ciertas obras de +arte, principalmente joyera barata, como anillos, pendientes, etc. + +_tnico_: traje femenino completo. + + +U + +_urca_: tipo de embarcaciones pesadas, de poco andar. + + +V + +_vaharada_: olor vivo y fuerte que se percibe de pronto. + +_vaqueta_: cuero de ternera curtido. + +_varapalo_: golpe dado con palo o vara. + +_vejiga_: vejiga disecada de buey o toro en donde se guardaban los +tabacos del gastos o consumo diario de la persona. + +_verficamente_: verdicamente, de modo verdico. + +_virago_: marimacho, mujer varonil. + +_volante_: volanta, carruaje de dos ruedas y de dos asientos puestos +sobre dos varas, de que regularmente tiraba un caballo. + + +Z + +_zacatecas_: sepulturero. + +_zaga_: parle posterior, trasera de una cosa. + +_zeda_: zeta, letra del alfabeto (Z). + +_zurriagazo_: golpe dado con el zurriago o ltigo. + +_zurriago_: ltigo con que se castiga o zurra, el cual por lo comn +suele ser de cuero, cordel o cosa semejante. + + + + +BIBLIOGRAFIA--EDICIONES + + + + +NARRACIONES + + +_El ave muerta._ En: Miscelnea de til y agradable Recreo. Habana. +Imprenta de Boloa. Tomo I, p. 7-80; agosto, 1837. + +_La pea Blanca._ En: Miscelnea... Habana. Impr. de Boloa. Tomo I, +p. 195-250; agosto, 1837. + +_La cueva de Taganana._ En: Miscelnea... Habana. Impr. de Boloa. +Tomo II, p. 79-202: septiembre, 1837. + +_El perjurio._ _Recuerdo de Alquzar._ En: Miscelnea... Habana. Impr. +Palmer. Tomo II, p. 5-29; septiembre, 1837. + +----. En: Ideas. La Habana. Vol. I, nm. I, 1929. + +_Engaar con la verdad._ En: El Album. Habana. Impr. de Boloa. Tomo +II, p. 65-90; mayo, 1838. + +_El espetn de oro._ En: El Album. Habana. Impr. de Boloa. Tomo IV, +p. 15-116; julio, 1838. + +----. Habana. Impr. Oliva. 1838. + +----. En: Coleccin de novelas, cuentos, leyendas, etc., de autores +cubanos. Habana. Revista de la Habana. p. 47-84. 1855. + +----. Habana. Impr. Massana. 1859. + +----. En: La Familia, nm. 12, p. 187 y ss., 1878. + +----. Habana. Impr. La Discusin. 1903. + +_Excursin a la Vuelta Abajo._ (Primera parte.) En: El Album. 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Quirs y Estrada. Tomo I, nm. 4, p. +432-439. 1917. + +_Elementos de Cronologa Universal._ En: Flores del Siglo. Habana. +Tipografa de la V. de Torres. 1 serie, tomo I, p. 69-76. 1846. + +_Suceso notable del siglo_ XVIII _en La Habana._ En: Flores... Habana. +Tipografa de la V. de Torres. 1 serie, tomo I, p. 125-138. 1846. + +_Crtica literaria._ Gan Eden or Pintures of Cuba, por Maturin M. +Ballou. En: Revista de La Habana. Habana. Impr. del Tiempo. Tomo I, p. +1-8, 1855. + +_Juicio crtico._ Una feria de la Caridad en 183... En: La Habana. +Habana. Impr. La Antilla, tomo 3, p. 7-10, 45-48, 55-59 y 81-85. 1859. +Reproducido al frente de: _Una feria de la Caridad en 183..._ de Jos R. +de Betancourt. Barcelona. Impr. Tasso Serra, p. 11-34. 1885. (Biblioteca +de La Ilustracin Cubana.) + +_Narciso Lpez._ En: Revista Cubana. Habana. Tomo XIII, p. 106-115. +1891. El Fgaro. Habana. Ao VII, nm. 43, p. 3. 1891. + +_Cartas literarias._ (Sobre Ultimas pginas, novela por Ramn Meza.) +En: _La voz del pasado_. (Pensamientos.) En: El Fgaro. Habana. Ao +XXXV, nm. 34, p. 1040. 1918. + + + + +ARTICULOS EN EL DIARIO FARO INDUSTRIAL DE LA HABANA + + +1841 + +_Noticias de Matanzas._ (Con el seudnimo _Sansuea_.) Diciembre 18. + + +1842 + +_La Habana en 1841._ Enero 1. + +_Crtica teatral._ Teatro Tacn. Enero 9. + +_Santa Cecilia._ Sarao en la noche del 7 de enero corriente. +(_Sansuea._) Enero 9. + +_Mesa revuelta._ (_Sansuea._) Enero 12. + +_Visita del buque de vapor Forth de la Real Compaa Inglesa._ +(_Sansuea._) Enero 16. + +_Teatro Principal._ Luca de Lamemoore. (_Sansuea._) Enero 18. + +_Teatro del Diorama._ Primera representacin de los Raveles. (_Sin +firma._) Enero 19. + +_Sansueas a sus presuntuosos y gratuitos maestros del Lucero._ Enero +22. + +_Mesa revuelta._ (_Sansuea._) Enero 22. + +_Tertulia de Santa Cecilia la noche del 22._ (_Sansuea._) Enero 24. + +_Represalias._ (_Con el seudnimo Cualquiera._) Enero 25. + +_Represalias._ (_Cualquiera._) Enero 26, 28, 29, 30 y 31. + +_Paseos en Matanzas._ Enero 30. + +_Mesa revuelta._ (_Sansuea._) Enero 31. + +_Represalias._ (_Sin firma._) Febrero 1, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 12 y +13. + +_Teatro Principal._ Clara Rosemberg. Febrero 4. + +_Nuevos peridicos._ (_Sansuea._) Febrero 4. + +_Sociedades._ (_Sansuea._) Febrero 10. + +_Sociedades habaneras._ (_Sansuea._) Bailes de Carnaval. Febrero 15. + +_Modas._ (_Sansuea._) Marzo 6. + +_Qu osada! Qu ignorancia!_ (Con el seudnimo _Yo_, que utiliza por +primera vez.) Marzo 21. + +_Comunicado._ Crtica de la novela noticiera La mano negra. (Con el +seudnimo _C. Critilo_.) Marzo 15 y 16. + +_Viaje a Mariel y a Cabaas por los barcos de vapor._ Marzo 23 y 24. + +_San Diego de Nez._ Abril 6. + +_Exposicin de la Academia de San Alejandro en los salones de la +Filarmnica._ Abril 16. + +_Exposicin de San Alejandro._ Abril 22. + +_Academia gratuita de dibujo San Alejandro._ Mayo 4. + +_Al seor comunicante del peridico. Noticioso y Lucero. D. N. Gmez +Coln._ Mayo 13. + +_La misma seorita aficionada que tuvo la bondad de contribuir con sus +obras de dibujo._ Mayo 12. + +_Un paseo por Canmar._ Mayo 12. + +_Represalias._ (_Sin firma._) Junio 3. + +_Declaracin de un marinero nufrago._ Agosto 1. + +_El amante sombra de hogao._ Agosto 1 y 2. + +_Estaciones del ao._ Agosto 17. + +_Una loca y un guajiro._ (_Yo._) Agosto 19. + +_Beneficio para los desgraciados de Vuelta Abajo._ Agosto 22. + +_El depsito._ (_Yo._) Septiembre 18. + +_Escenas domsticas._ (_Yo._) Octubre 9. + +_La escuela de los casados._ (_Yo._) Octubre 12. + +_Charlatanismo._ Octubre 16 y 20. + +_Bibliografa cubana._ Octubre 24. + +_Las apariencias._ Cuatro artculos de costumbres. (_Yo._) Octubre +23-27. + +_Crtica literaria._ Octubre 24. + +_El da 1 de noviembre._ Historia y Tradicin. (_Yo._) Noviembre 1. + +_Santa Cecilia._ Noviembre 2. + +_Teatro Tacn. Lucrecia Borgia._ Noviembre 5. + +_Mi eleccin de cortijo._ (_Yo._) Noviembre 13. + +_Una familia instruida y dichosa o La lectura de la biblia._ Noviembre +16 y 18. + +_Lectura amena._ De las bailadoras y de los bailadores o el naufragio en +tierra. Diciembre 1. + +_El velo._ Diciembre 12. + +_Los inocentes._ (_Yo._) Diciembre 28. + + +1843 + +_Aguinaldos._ (_Yo._) Enero 1. + +_Amelia y Enrique._ (_Yo._) Marzo 30. + +_Fragmentos de la Pasin._ (_Yo._) Abril 13. + +_Mi paseo a Carraguao._ (_Yo._) Abril 30. + +_Viaje de Mr. J. Colson y D. Juan Peoli a Francial._ Mayo 12. + +_Costumbres._ (_Yo._) Mayo 14. + +_Compra y venta._ (_Yo._) Mayo 14. + +_Literatura crtica._ Ensayos polticos de Francisco J. Anguelo y +Guridi. Septiembre 20-24. (Cuatro artculos). + +_El nmero 325._ (_Yo._) Julio 3. + +_Los pollitos._ (_Yo._) Julio 30. + +_A Lola la de Puentes grandes._ (Con el seudnimo _Lola de la Habana_.) +Agosto 27, septiembre 12 y octubre 2. + +_Contestacin al seor A. de A. y G._ Noviembre 6-9. (Cuatro artculos.) + +_Crtica literaria. Amarguras del Corazn, por D. Jos Gell y Rent._ +Noviembre 28. + +_El Faro y Don Farito._ (_Yo._) Noviembre 11. + +_Rplica al generoso defensor de don Jos Gell y Rent._ Diciembre 11. + +_Al paladn de don Jos Gell y Rent._ Diciembre 22. + +_Seccin literaria. Cuentos de mi abuelo._ Diciembre 23. + +_Sermn predicado por el muy humilde hermano de la cofrada periodstica +Don Yo, maestro lego de la facultad redactorial con motivo de la +festividad del da._ Diciembre 31. + +_Residencia del ao 1843._ (_Yo._) Diciembre 31. + + +1844 + +_Una mudada._ (_Yo._) Agosto 4. + +_Monetario._ (_Yo._) Agosto 25-31. (Seis artculos.) + +_El viaje misterioso._ (_Yo._) Noviembre 28. + +_Matilde la cubana o La vctima del amor._ (_Yo._) Diciembre 28. + + +1845 + +_Reloj de repeticin._ Crnica del da de Reyes. (_Yo._) Enero 6. + +_Mscaras._ (_Yo._) Febrero 25. + +_Los sngaros..._ Poesa de los gitanos. Nueva York, 1845. Agosto 14. + +_Guanabacoa._ (_Yo._) Agosto 15. + +_Navidad._ Septiembre 25-octubre 1. (Cuatro artculos.) + +_El viaje misterioso._ (_Yo._) Noviembre 28. + + +1846 + +_Aguinaldos._ (_Yo._) Enero 1. + +_La cueva._ (Con el seudnimo _El ambulante del oeste_.) Enero 8. + +_Charadas._ (_Yo._) Enero 10. + +_Amar hasta fracasar, trazada para la A._ (_Yo._) Enero 28. + +_Polmica con Jos Mara de la Torre._ Marzo 6, 7, 8 y 11. (Cuatro +artculos.) + +_Geografa._ Abril 6 y 23. (Dos artculos.) + +_Caracteres y tendencias de la poesa en Cuba_ (_Milans_, _Palma_, +_Toln Orgaz_, _Turla_, _Blanchi_). Agosto 15. + +_Lo que somos._ (_Yo._) Diciembre 6. + + +1847 + +_Cartas._ (Con el seudnimo _El ambulante del oeste_.). Enero 3 y 6. + + + + +OBRAS DE TEXTO + + +_Compendio geogrfico de la isla de Cuba._ Habana. Impreso por V. de +Torres. 1845. + +_El librito de cuentos y las conversaciones._ Habana. 1847. + +_El librito de los cuentos._ Obra escrita expresamente para servir de +texto de lectura a los nios de siete a 10 aos de edad. Habana. +Imprenta de Soler. 1857. + + + + +FOLLETOS + + +_El seor Saco con respecto a la revolucin de Cuba._ Nueva York. +Imprenta La Verdad. 1852. + +_La revolucin de Cuba vista desde Nueva York._ Nueva York, noviembre, +1869. + + + + +TRADUCCIONES + + +_Fragmentos_, de Lord Byron. En: Faro... Habana. Octubre 12, 1843. + +_Cales, Rebeca y sus hijos._ Traducido de Revue de deux mondes. En: +Faro... Habana. Diciembre 3, 1843. + +_La luna de miel y la luna de sangre_, de J. Koening de Metz. En: +Miscelnea... Impr. de Boloa. Tomo II, p. 34-70. 1857. + +_La hija del avaro, de William Harrison Ainsworth._ (Con el seudnimo de +_Simn Judas de la Paz_.) Habana. Impr. La Antilla. 1859. + +_Historia del primer ao de la guerra del sur_, por Eduardo A. Pollard. +Nueva York. 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Director de la orquesta _La Concha de +Oro_, conjunto de 150 msicos y cantantes. (_N. de la E._) + +[8] La manta de burato (paoln grande de seda) era la moda general en +la poca a que se alude en la novela y las mulatas la usaban de color +carmelita pardo. (_N. del A._) + +[9] Butaca campechana o de Campeche: silla grande con brazos, asiento +bajo y espaldar alto comnmente de caoba forrada de marroqu. (_N. de la +E._) + +[10] _La moda_ o _Recreo Semanal del Bello sexo_, peridico que apareci +en 1829 y se public hasta 1831. Su principal redactor fue Domingo +Delmonte. (_N. de la E._) + +[11] _El Nuevo Regan de la Habana_, que empez a publicarse en 1829, y +trataba fundamentalmente de las costumbres de entonces y de crtica +literaria. En sus pginas se inici como escritor Antonio Bachiller y +Morales. (_N. de la E._) + +[12] Vicente Escobar, pintor mulato nacido en La Habana en 1757, que +sobresali como retratista de los capitanes generales y de los miembros +de las familias adineradas de la poca. Fue protegido del capitn +general Vives. Visit Europa para perfeccionar su arte y en Espaa +obtuvo el ttulo de pintor de la Real Cmara. Muri en La Habana en +1834. (_N. de la E._) + +[13] _El Diario de la Habana_, peridico fundado por Toms A. Cervantes, +que dur hasta 1846. (_N de la E._) + +[14] _Cigarro_ aqu se refiere a lo que en Cuba se llamaba _tabaco_ o +_habano_. (_N. de la E._) + +[15] Entre los romanos, e igual por derecho espaol antiguo, los hombres +libres podan ser _ingenuos_ o _libertinos_. Los primeros eran los que +habiendo nacido libres no haban cado jams en esclavitud o +servidumbre; los _libertinos_ eran los que habiendo padecido +servidumbre, haban sido puestos en libertad. Tambin los hijos de +libertos decanse _libertinos_. (_N. de la E._) + +[16] Anacleto Bermdes (1806-1852), destacado abogado habanero, de igual +nombre que el estudiante de Medicina fusilado en 1871. _(N. de la E.)_ + +[17] La ley de las Doce Tablas, el cuerpo de leyes criminales ms +importante del pueblo romano en la antigedad. (_N. de la E._) + +[18] Errneamente Villaverde considera que Jos Mara Heredia, el autor +de la oda "Al Nigara" y del "Himno del Desterrado", era natural de +Matanzas. Heredia naci el 31 de diciembre de 1803 en Santiago de Cuba, +pero vivi muchos aos en la ciudad de Matanzas. (_N. de la E_). + +[19] Juan Tefilo Heinecio, jurisconsulto alemn. Saco no tradujo la +obra que cita Villaverde, sino sus "Elementos de derecho romano" +(Filadelfia, 1826). (_N. de la E._) + +[20] Tirteo, poeta griego cuyos cantos arengaban a los espartanos a +combatir a los enemigos en la segunda guerra de Mesenia (siglo VII a. N. +E.). (_N. de la E._) + +[21] Jos Antonio Aponte, negro libre natural de La Habana, que en 1812 +fragu una conspiracin entre los negros de la Isla para establecer un +gobierno similar al de Hait. Fue ajusticiado ese mismo ao por el +gobierno espaol. (_N de la E._) + +[22] Manuel Andrs Snchez y Francisco Agero Velazco, jvenes +camageyanos que organizaron una conspiracin contra el gobierno espaol +en Camagey. Descubiertos por los agentes de Vives fueron condenados a +muerte por la Comisin Militar Permanente. Se les considera los primeros +mrtires de la independencia de Cuba. (_N. de la E._) + +[23] Venus, diosa de la belleza y el amor que segn cuenta la leyenda +haba nacido de las espumas del mar cerca de la isla de Chipre. (_N. de +la E._) + +[24] Las Parcas, tres divinidades infernales de la mitologa latina que +eran dueas de la vida de los hombres, cuya trama hilaban. (_N. de la +E._) + +[25] Ver nota de la pg. 87. (_N. de la E._) + +[26] En francs, _a la ltima moda_. (_N. de la E._) + +[27] El autor se refiere a los _paquebots_ o _paquebotes_, tipo de +embarcacin que antiguamente se destinaba al transporte de +correspondencia, principalmente la pblica. (_N. de la E._) + +[28] _Catn_ constitua un grado superior, el siguiente, al de la +cartilla, pues se compona de frases sencillas que iniciaban la prctica +de la lectura. Fue muy usado en Cuba para la enseanza de la lectura. Su +nombre provena del clebre gramtico latino de ese apellido: Dionisio +Catn. (_N. de la E._) + +[29] Medusa: una de las tres gorgonas. En un principio era muy hermosa y +tena una cabellera magnfica, pero, habiendo ofendido a la diosa +Minerva, sta irritada cambi sus cabellos en espantosas serpientes. +(_N. de la E._) + +[30] La relacin que sigue la tomamos casi al pie de la letra de un +Semanario que se publicaba en La Habana en 1830, titulado _La Moda_. +(_N. del A._) + +[31] Juan Bautista Vermay (1784-1833), pintor de origen francs que vino +a Cuba para restaurar algunos cuadros de la catedral habanera. Protegido +por el obispo Espada, el Capitn general Vives y otras personas +influyentes, se estableci en La Habana. Fue el fundador y primer +director de la Academia de San Alejandro. (_N. de la E._) + +[32] Nochebuena chiquita, as llamaban muchos a la noche del da 7 de +diciembre, vspera de la fiesta de la Santsima Concepcin de la Iglesia +Catlica, que se celebraba con bastante animacin por parte del pueblo. +(_N. de la E._) + +[33] En la Maestranza de artillera de La Habana, situada detrs del +palacio de la Intendencia, haba una especie de presidio correccional, +cuyo capataz, sargento cumplido del Cuerpo, se haca cargo de castigar +al esclavo que, habiendo cometido una falta, se lo remitan los amos con +ese objeto. Le azotaba ms o menos fuertemente, segn la orden escrita, +que a veces portaba la misma vctima, siempre a condicin o en cambio de +los trabajos que poda desempear en la Maestranza por dos o tres +semanas. El salario se le cargaba al gobierno y lo pagaba la Hacienda +pblica aunque no rezaba que la deuda proceda de la aplicacin de unos +cuantos azotes. (_N. del A._) + +[34] Lo mismo ocurra en el Vedado, terrenos pertenecientes a la familia +de Fras, dedicados por su aridez, exclusivamente a la explotacin de +cantos y de cal para la fabricacin de casas. Aqu tambin distribuan +azotes a cambio de trabajo del esclavo castigado por cuenta y riesgo del +amo. (_N. del A._) + +[35] H. B. M. Sloop of war Pearl, Captain Lord Clarence Paget. (_N. del +A._) + +[36] Vmito, vmito negro o fiebre amarilla. (_N. de la E._) + +[37] _Ainda mais_, en gallego, algo ms. (_N. de la E._) + +[38] A la Hamlet, el autor alude a la figura de Ofelia, personaje de esa +obra, que enloquecida a la muerte de su padre, vagaba adornada con +flores y cantando. (_N. de la E._) + +[39] Abreviatura de: "Que Besa Su Mano", muy usada en el siglo pasado. +(_N. de la E._) + +[40] Histrico. (_N. del A._) + +[41] Galeno, clebre mdico griego que ejerca su arte en Roma, siglo II +de N. E. (_N. de la E._) + +[42] Este tratamiento no es ni fue usual en Cuba. Se dice que es de +origen gallego. Equivale a _mi seora_ o _seora ma_. (_N. de la E._) + +[43] Canova, se refiere a Antonio Canova (1757-1822), clebre escultor +italiano. (_N. de la E._) + +[44] Venus citerea: referencia a la isla de Chipre, llamada por los +griegos _Citeres_. (_N. de la E._) + +[45] Por sus ideas liberales le trasport el Capitn General Dulce en +1869 a Fernando Poo, junto con otros 250 compaeros reos de igual +delito. (_N. del A._) + +[46] _Clamo currente_, expresin latina que equivale en espaol a _al +correr de la pluma_ o _a vuela pluma_. (_N. de la E._) + +[47] _A nativitate_, locucin latina que significa _de nacimiento_. (_N. +de la E._) + +[48] _Virar_, en su acepcin activa, significa poner boca-abajo, en la +recproca, _revelarse_. (_N. del A._) + +[49] _Coram populi_, en vez de _coram populo_, locucin latina que +equivale a _en pblico_, _pblicamente_. (_N. de la E._) + +[50] _Tren jamaiquino._ En los ingenios antiguos decase _tren_ al +conjunto de calderas o pailas por el que haba de pasar el guarapo para +clarificarse, descachazarse y adquirir el punto de meladura. Haba +varios tipos o modelos de _trenes_: _A la Pacheca_, _de Reverbero_ y el +_jamaicano_, que aqu vulgarmente se nombra _jamaiquino_. (_N. de la +E._) + +[51] Verso del poeta cmico latino Terencio: Hombre soy y nada humano me +es ajeno. (_N. de la E._) + +[52] _Don Alejandro en puo_, expresin popular que se aplica a las +personas tacaas. (_N. de la E._) + +[53] Ver nota en la pg. 134. (_N. de la E._) + +[54]...No aprendi ni el _cristus_... equivale a "ni la primera letra +del alfabeto", porque las antiguas cartillas para aprender a leer +comenzaban con el alfabeto, y ste se iniciaba con una cruz, que +simbolizaba a Cristo, despus seguan la A, B, C, etc. (_N. de la E._) + +[55] Histrico. (_N. del A._) + +[56] Ver nota en pg. 87. + +[57] V. S. abreviatura de _Vuestra Seora_. (_N. de la E._) + +[58] _Chico_ de especias, se hace referencia aqu a la moneda de menos +valor que circulaba entonces en La Habana. (_N. de la E._) + +[59] El Teatro _Principal_, llamado anteriormente _Coliseo_, fue el +primero que se construy en la Isla. Se edific en tiempos del Marqus +de la Torre, al final de la Alameda de Paula, donde hoy se encuentra el +Hotel Luz. (_N. de la E._) + +[60] Nmine dissentiente: locucin latina que significa: sin oposicin, +sin obstculo alguno. (_N. de la E._) + + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Cecilia Valds o la Loma del ngel, by +Cirilo Villaverde + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CECILIA VALDS O LA LOMA DEL NGEL *** + +***** This file should be named 28281-8.txt or 28281-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + https://www.gutenberg.org/2/8/2/8/28281/ + +Produced by Chuck Greif, Vctor Mon and the Online +Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + https://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. diff --git a/28281-8.zip b/28281-8.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..cca8b8b --- /dev/null +++ b/28281-8.zip diff --git a/28281-h.zip b/28281-h.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..e8ca16a --- /dev/null +++ b/28281-h.zip diff --git a/28281-h/28281-h.htm b/28281-h/28281-h.htm new file mode 100644 index 0000000..3efe8cc --- /dev/null +++ b/28281-h/28281-h.htm @@ -0,0 +1,22267 @@ +<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" + "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> + +<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" lang="es" xml:lang="es"> + <head> + <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=iso-8859-1" /> + <title> + The Project Gutenberg eBook of Cecilia Valdes, por Cirilo Villaverde. + </title> + <style type="text/css"> + p { margin-top: .75em; + text-align: justify; + margin-bottom: .75em; + text-indent: 2%; + } + .c {text-align: center; + text-indent: 0%; + } + .hang {text-indent:-2%; + margin-left:2%; + } + .ltr {text-align: center;font-size:120%; + text-indent: 0%;font-weight:800;margin-top:3%; + } + .non {text-indent: 0%;} + .r {text-align: right; + margin-right:15%; + } + h1,h2 { + text-align: center; + clear: both; + } + h3 {margin-top:15%; + text-align: center; + clear: both; + } + .top5 {margin-top: 5%;} + .top15 {margin-top: 15%;} + hr { width: 90%; + margin: 2em auto 2em auto; + clear: both;border:3px solid gray; + color:black; + } + hr.full { width: 100%; + margin-top: 5%; + margin-bottom: 5%; + border: solid black; + height: 5px; } + table {margin-left: auto; margin-right: auto;} + body{margin-left: 10%; + margin-right: 10%; + background:#fdfdfd; + color:black; + font-family: "Times New Roman", serif; + font-size: large; + } + a:link {background-color: #ffffff; color: blue; text-decoration: none; } + link {background-color: #ffffff; color: blue; text-decoration: none; } + a:visited {background-color: #ffffff; color: blue; text-decoration: none; } + a:hover {background-color: #ffffff; color: red; text-decoration:underline; } + .smcap {font-variant: small-caps; + font-family: "Times New Roman", serif; + font-size: large; + } + .block1 {margin:5% 15% 5% 60%;font-size:80%;} + .block2 {margin:5% 25% 5% 33%;font-size:80%;} + .block3 {margin:3% 5% 3% 10%;} + sup {font-size: 75%;} + .footnotes {border: dashed 1px;margin-top:15%;} + .footnote {margin-left: 10%; margin-right: 10%;} + .footnote .label {position: absolute; right: 84%; text-align: right; font-size: 0.7em;} + .fnanchor {vertical-align: super; font-size: .6em; text-decoration: none;} + .poem {margin-left:25%; + white-space:nowrap; + text-indent: 2%; + } + .poem1 {margin-left:25%; + white-space:nowrap; + text-indent: 0%; + } + </style> + </head> +<body> + + +<pre> + +Project Gutenberg's Cecilia Valds o la Loma del ngel, by Cirilo Villaverde + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Cecilia Valds o la Loma del ngel + +Author: Cirilo Villaverde + +Release Date: March 8, 2009 [EBook #28281] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CECILIA VALDS O LA LOMA DEL NGEL *** + + + + +Produced by Chuck Greif, Vctor Mon and the Online +Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net + + + + + + +</pre> + +<hr class="full" /> + +<h1 class="top15"><i>CECILIA VALDES</i></h1> + +<h2><i>O</i></h2> + +<h2><i>LA LOMA DEL ANGEL</i></h2> + +<p class="c top5">NOVELA DE COSTUMBRES CUBANAS</p> + +<p class="c top5">POR</p> + +<h3 class="top5">CIRILO VILLAVERDE</h3> + + +<div class="block1"><p class="non"><i>Que tambin la hermosura<br /> +tiene fuerza de despertar<br /> +la caridad dormida.</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">Cervantes</span></p> +</div> + +<hr /> + +<h3>NDICE</h3> +<table summary="indice" +cellspacing="2" +cellpadding="2" +style="text-align:center;"> + +<tr><td style="line-height:50px;"><a href="#INTRODUCCION"><b><span class="smcap">Introduccin</span></b></a></td></tr> +<tr><td style="line-height:50px;"><a href="#PROLOGO"><b><span class="smcap">Prlogo</span></b></a></td></tr> + +<tr><td style="line-height:50px;"><a href="#PRIMERA_PARTE"><b>PRIMERA PARTE</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#Capitulo_Ia"><b>Captulo I, </b></a> +<a href="#Capitulo_IIa"><b>Captulo II, </b></a> +<a href="#Capitulo_IIIa"><b>Captulo III, </b></a> +<a href="#Capitulo_IVa"><b>Captulo IV, </b></a> +<a href="#Capitulo_Va"><b>Captulo V, </b></a> +<a href="#Capitulo_VIa"><b>Captulo VI, </b></a> +<a href="#Capitulo_VIIa"><b>Captulo VII, </b></a> +<a href="#Capitulo_VIIIa"><b>Captulo VIII, </b></a> +<a href="#Capitulo_IXa"><b>Captulo IX, </b></a> +<a href="#Capitulo_Xa"><b>Captulo X, </b></a> +<a href="#Capitulo_XIa"><b>Captulo XI, </b></a> +<a href="#Capitulo_XIIa"><b>Captulo XII</b></a></td></tr> + +<tr><td style="line-height:50px;"><a href="#SEGUNDA_PARTE"><b>SEGUNDA PARTE</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#Capitulo_Ib"><b>Captulo I, </b></a> +<a href="#Capitulo_IIb"><b>Captulo II, </b></a> +<a href="#Capitulo_IIIb"><b>Captulo III, </b></a> +<a href="#Capitulo_IVb"><b>Captulo IV, </b></a> +<a href="#Capitulo_Vb"><b>Captulo V, </b></a> +<a href="#Capitulo_VIb"><b>Captulo VI, </b></a> +<a href="#Capitulo_VIIb"><b>Captulo VII, </b></a> +<a href="#Capitulo_VIIIb"><b>Captulo VIII, </b></a> +<a href="#Capitulo_IXb"><b>Captulo IX, </b></a> +<a href="#Capitulo_Xb"><b>Captulo X, </b></a> +<a href="#Capitulo_XIb"><b>Captulo XI, </b></a> +<a href="#Capitulo_XIIb"><b>Captulo XII, </b></a> +<a href="#Capitulo_XIIIb"><b>Captulo XIII, </b></a> +<a href="#Capitulo_XIVb"><b>Captulo XIV, </b></a> +<a href="#Capitulo_XVb"><b>Captulo XV, </b></a> +<a href="#Capitulo_XVIb"><b>Captulo XVI, </b></a> +<a href="#Capitulo_XVIIb"><b>Captulo XVII</b></a></td></tr> + +<tr><td style="line-height:50px;"><a href="#TERCERA_PARTE"><b>TERCERA PARTE</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#Capitulo_Ic"><b>Captulo I, </b></a> +<a href="#Capitulo_IIc"><b>Captulo II, </b></a> +<a href="#Capitulo_IIIc"><b>Captulo III, </b></a> +<a href="#Capitulo_IVc"><b>Captulo IV, </b></a> +<a href="#Capitulo_Vc"><b>Captulo V, </b></a> +<a href="#Capitulo_VIc"><b>Captulo VI, </b></a> +<a href="#Capitulo_VIIc"><b>Captulo VII, </b></a> +<a href="#Capitulo_VIIIc"><b>Captulo VIII, </b></a> +<a href="#Capitulo_IXc"><b>Captulo IX</b></a></td></tr> + +<tr><td style="line-height:50px;"><a href="#CUARTA_PARTE"><b>CUARTA PARTE</b></a></td></tr> +<tr><td><a href="#Capitulo_Id"><b>Captulo I, </b></a> +<a href="#Capitulo_IId"><b>Captulo II, </b></a> +<a href="#Capitulo_IIId"><b>Captulo III, </b></a> +<a href="#Capitulo_IVd"><b>Captulo IV, </b></a> +<a href="#Capitulo_Vd"><b>Captulo V, </b></a> +<a href="#Capitulo_VId"><b>Captulo VI, </b></a> +<a href="#Capitulo_VIId"><b>Captulo VII</b></a> +<a href="#CONCLUSION"><b>Conclusin</b></a></td></tr> +<tr><td style="line-height:50px;"><a href="#GLOSARIO"><b><span class="smcap">Glosario</span></b></a></td></tr> +<tr><td style="line-height:50px;"><a href="#BIBLIOGRAFIA"><b><span class="smcap">Bibliografa</span></b></a></td></tr> +<tr><td style="line-height:50px;"><a href="#FOOTNOTES"><b><span class="smcap">Notas</span></b></a></td></tr> +</table> + +<hr /> + +<h3><a name="INTRODUCCION" id="INTRODUCCION"></a><i>INTRODUCCION</i></h3> + + +<p><i>Cirilo Villaverde naci el 28 de octubre de 1812 en el ingenio</i> +Santiago, <i>cercano al pueblo de San Diego de Nez (Pinar del Ro). Su +padre era mdico del ingenio y en ese medio pas sus primeros aos.</i></p> + +<p><i>En 1823 vino a La Habana, donde curs estudios de pintura, filosofa y +derecho. Se recibi de Bachiller en Leyes en 1832, pero apenas ejerci +esta profesin. Sus principales actividades fueron la enseanza y el +periodismo.</i></p> + +<p><i>Trabaj como maestro en los colegios Buenavista y Real Cubano de la +capital y La Empresa de Matanzas. Public para uso de las escuelas un +Compendio geogrfico de la isla de Cuba (1845), El librito de cuentos y +las conversaciones (1847) y El librito de los cuentos (1857)</i>.</p> + +<p><i>Su obra es extensa y variada como periodista y literato. Colabor en +las principales publicaciones de la poca.</i></p> + +<p><i>Dio a conocer sus primeras narraciones—El ave muerta, La pea blanca, +El perjurio y La cueva de Taganana—en Miscelnea de til y Agradable +Recreo (1837) y en El Album, Engaar con la verdad, El espetn de oro y +la primera parte de Excursin a Vuelta Abajo, todas en 1838. La Cartera +Cubana insert en su seccin de folletines Amores y contratiempos de un +guajiro y Una cruz negra, en 1839. La Siempreviva en ese mismo ao +public la primera versin de Cecilia Valds o La loma del ngel.</i></p> + +<p><i>Mientras desempeaba su ctedra en el colegio</i> La Empresa <i>comenz a +escribir para</i> Faro Industrial de La Habana. <i>De regreso a la capital, +fue uno de sus principales redactores y condueo junto a Bachiller y +Morales. En este diario aparecieron entre 1842 y 1847 la segunda parte +de</i> Excursin a Vuelta Abajo <i>(1842)</i>, El guajiro <i>(1842)</i>, La peineta +calada <i>(1843)</i>, Dos amores <i>(1843)</i>, El penitente <i>(1844)</i>, La tejedora +de sombreros de Yarey <i>(1844-45) y otras de menor importancia, as como +multitud de notas, crnicas y artculos de crtica literaria y de +costumbres calzados con su nombre o con los seudnimos de</i> Sansuea, Yo, +El ambulante del oeste, Lola de la Habana <i>y otros</i>.</p> + +<p><i>Villaverde, defensor de los ideales independentistas, particip como +propagandista activsimo en la conspiracin de</i> La Mina de la Rosa +Cubana <i>de 1848. Al ser descubierta la misma por delacin de un +conjurado fue apresado en La Habana y condenado primero a muerte en +garrote vil y ms tarde a diez aos de prisin. Escap el 31 de marzo +de 1849 con otros presos y escondido en la bodega de una goleta costera, +lleg a los Estados Unidos.</i></p> + +<p><i>En Norteamrica continu luchando por sus principios polticos. Fue en +Nueva York secretario de Narciso Lpez, a quien conoca desde 1846, y +redactor en jefe de</i> La verdad. <i>Public en Nueva Orleans entre 1853 y +1854 el peridico</i> El independiente, <i>etc.</i></p> + +<p><i>Se traslad a Filadelfia en 1854, donde vivi como profesor de espaol +y contrajo matrimonio con Emilia Casanova, una destacada activista de la +independencia cubana.</i></p> + +<p><i>Regres a La Habana en 1858, acogido a la amnista. Aqu trabaj al +frente de la imprenta</i> La Antilla, <i>que publicara algunas obras de +inters para nuestras letras, como los artculos de costumbres de +Anselmo Surez y Romero, y colabor en el peridico literario</i> La Habana +<i>en compaa de Sterling y Calcagno, con importantes juicios crticos +sobre Betancourt y otros contemporneos. Volvi poco despus a Nueva +York, donde continu sus labores de maestro y periodista. Fue entonces +redactor de</i> La Amrica <i>(1861-62)</i>, La Ilustracin Americana +<i>(1865-1869)</i>, El Espejo <i>y</i> El Avisador Hispanoamericano. <i>En 1864 +fund con su mujer un colegio en Wechawken. Durante esta segunda +estancia en los Estados Unidos continu luchando por la independencia de +Cuba, como muchos otros cubanos de su tiempo. Slo regres a la Isla en +1888 por dos semanas.</i></p> + +<p><i>Muri en Nueva York el 20 de octubre de 1894. Su figura al morir +contaba con la admiracin y el reconocimiento de sus contemporneos por +su doble condicin de patriota y novelista.</i></p> + +<p><i>La novela que consolid su fama literaria fue</i> Cecilia Valds o La loma +del ngel, <i>publicada en su forma definitiva en Nueva York en 1882. +Ninguna de sus obras anteriores respondi a empeo tan elevado ni +despert como sta el entusiasmo del pblico y la crtica. En ella +Villaverde recoge el panorama de la vida cubana desde 1812 hasta 1831. +Muestra sus categoras polticas, sociales y econmicas y las terribles +lacras que padecan. La obra, con sus clases poderosas y sus clases +oprimidas, con sus funcionarios venales y su burguesa indolente, con +sus mulatos discriminados y sus negros esclavos, con sus familias +enriquecidas por el rgimen esclavista y sus aristcratas de blasones +comprados a la decrpita monarqua espaola, sirve de esclarecedor +prlogo a nuestra historia republicana.</i></p> + +<p><i>El ambiente de esta poca colonial, trasladado con amplitud y +minuciosidad a las abundosas pginas del libro, es lo decisivo en la +obra, lo que determina su vigencia en la apreciacin de los crticos. +Porque</i> Cecilia Valds <i>est muy lejos de ser una obra perfecta. El +autor explica en el prlogo su proceso de creacin; proceso que +indudablemente resinti el saldo final del trabajo. El asunto +central—drama de amor, celos, venganza y muerte—apenas difiere de los +usuales en los folletines de la poca; los personajes en su mayora no +trascienden de los rasgos externos; la accin es desarticulada y +digresiva, hurtada a la historia y los personajes principales por +criaturas y sucesos de menor cuanta; el estilo, hbrido, plagado de +debilidades romnticas entre las que alborean atisbos realistas; el +lenguaje, oscilante entre el arcasmo ms rebuscando y el espontneo +giro popular nuestro; el desenlace, atropellado, en contradiccin con +las dimensiones de la narracin.</i></p> + +<p><i>Pero</i> Cecilia Valds <i>es en nuestra historia literaria, a pesar de esas +abundantes y graves deficiencias, la mejor creacin novelstica del +siglo</i> <span class="smcap">XIX</span>.</p> + +<p><i>Muchos cubanos de hoy la conocen a travs de la adaptacin teatral de +Agustn Rodrguez y Jos Snchez Arcilla, musicalizada admirablemente +por Gonzalo Roig; versin que necesariamente fue vertebrada con la +historia de los protagonistas. Despojado del lujo descriptivo de su +ambiente, el asunto resulta endeble y melodramtico. Esta aplaudida +adaptacin confirma que lo fundamental en</i> Cecilia Valds <i>es el +ambiente. Su costumbrismo, de vigorosa indagacin poltica, social y +econmica, es el que atena sus defectos y sita a la obra en las +puertas de la novelstica realista.</i></p> + +<hr /> + +<div class="block2"> +<p><i>A LAS CUBANAS</i></p> + +<p><i>Lejos de Cuba y sin esperanza de volver a ver su sol, sus flores, ni +sus palmas, a quin, sino a vosotras, caras paisanas, reflejo del lado +ms bello de la patria, pudiera consagrar, con ms justicia, estas +tristes pginas?</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">El autor</span></p> +</div> + +<hr /> + +<h3><a name="PROLOGO" id="PROLOGO"></a>PROLOGO</h3> + + +<p>Publiqu el primer tomo de esta novela, en la <i>Imprenta Literaria</i> de +don Lino Valds a mediados del ao de 1839. Contemporneamente empec la +composicin del segundo tomo, que deba completarla; pero no trabaj +mucho en l, tanto porque me traslad poco despus a Matanzas como uno +de los maestros del colegio de <i>La Empresa</i>, fundado recientemente en +dicha ciudad, cuanto porque una vez all, emprend la composicin de +otra novela, <i>La joven de la flecha de oro</i>, que conclu e imprim en un +volumen el ao de 1841.</p> + +<p>De vuelta en la capital el ao de 1842, sin abandonar el ejercicio del +magisterio, entr a formar parte de la redaccin de <i>El Faro +Industrial</i>, al que consagr todos los trabajos literarios y novelescos +que se siguieron casi sin interrupcin hasta mediados de 1848. En sus +columnas, entre otros muchos escritos de diverso gnero, aparecieron en +la forma de folletines:—<i>El Ciego y su Perro</i>; <i>La Excursin a La +Vuelta Bajo</i>; <i>La Peineta Calada</i>; <i>El Guajiro</i>; <i>Dos Amores</i>; <i>El +Misionero del Caron</i>; <i>El Penitente</i>, etc.</p> + +<p>Pasada la media noche del 20 de octubre del ltimo ao citado, fui +sorprendido en la cama y preso, con gran golpe de soldados y alguaciles +por el comisario del barrio de Monserrate, Barreda; y conducido a la +crcel pblica, de orden del Capitn General de la Isla, don Federico +Roncaly.</p> + +<p>Encerrado cual fiera en una oscura y hmeda bartolina, permanec seis +meses consecutivos, al cabo de los cuales, despus de juzgado y +condenado a presidio por la Comisin Militar Permanente como conspirador +contra los derechos de la corona de Espaa, logr evadirme el 4 de abril +de 1849, en unin de don Vicente Fernndez Blanco, reo de delito comn y +del llavero de la crcel Garca Rey; quien de all a poco fue causa de +una grave dificultad entre los gobiernos de Espaa y de los Estados +Unidos. Por extraa casualidad los tres salimos juntos en barco de vela +del puerto de La Habana; pero nuestra compaa slo dur hasta la ra de +Apalachicola, en la costa meridional de Florida, desde donde me encamin +por tierra a Savannah y Nueva York.</p> + +<p>Fuera de Cuba, reform mi gnero de vida: troqu mis gustos literarios +por ms altos pensamientos; pas del mundo de las ilusiones, al mundo de +las realidades; abandon, en fin, las frvolas ocupaciones del esclavo +en tierra esclava, para tomar parte en las empresas del hombre libre en +tierra libre. Quedronse all mis manuscritos y libros, que si bien +recib algn tiempo despus, ya no me fue dado hacer nada con ellos; +puesto que primero como redactor de <i>La Verdad</i>, peridico separatista +cubano, luego como secretario militar del general Narciso Lpez, llev +vida muy activa y agitada, ajena por dems a los estudios y trabajos +sedentarios.</p> + +<p>Con el fracaso de la expedicin de Crdenas en 1850, el desastre de la +invasin de las Pozas y la muerte del ilustre caudillo de nuestra +intentona revolucionaria en 1851, no cesaron, antes revivieron nuevos +proyectos de libertar a cuba, que venan acariciando los patriotas +cubanos desde muy al principio del presente siglo. Todos, sin embargo, +cual los anteriores terminaron en desastres y desgracias por el ao de +1854.</p> + +<p>En 1858 me hallaba en La Habana tras nueve aos de ausencia. Reimpresa +entonces mi novela <i>Dos Amores</i>, en la imprenta del seor Prspero +Massana, por consejo suyo acomet la empresa de revisar, mejor todava, +de refundir la otra novela, <i>Cecilia Valds</i>, de la cual slo exista +impreso el primer tomo y manuscrita una pequea parte del segundo. Haba +trazado el nuevo plan hasta sus ms menudos detalles, escrito la +advertencia y proceda al desarrollo de la accin, cuando tuve de nuevo +que abandonar la patria.</p> + +<p>Las vicisitudes que se siguieron a esta segunda expatriacin voluntaria, +la necesidad de proveer a la subsistencia de familia en pas extranjero, +la agitacin poltica que desde 1865 empez a sentirse en Cuba, las +tareas periodsticas que luego emprend, no me concedieron nimo ni +vagar para entregarme a la obra larga, sin expectativa de lucro +inmediato, y por lo mismo tediosa—que demandaba el expurgo, ensanche y +refundicin de la ms voluminosa y complicada de mis obras literarias.</p> + +<p>Tras la nueva agitacin de 1865 a 1868 vino la revolucin del ltimo ao +nombrado y la guerra sangrienta por una dcada en Cuba, acompaada de +las escenas tumultuosas de los emigrados cubanos en todos los pases +circunvecinos a ella, especialmente en Nueva York. Como antes y como +siempre, troqu las ocupaciones literarias por la poltica militante, +siendo as que ac desplegaban la pluma y la palabra al menos la misma +vehemencia que all el rifle y el machete.</p> + +<p>Durante la mayor parte de esa poca de delirio y de sueos patriticos, +durmi, por supuesto, el manuscrito de la novela. Qu digo? no progres +ms all de una media decena de captulos, trazados a ratos perdidos, +cuando el recuerdo de la patria empapada en la sangre de sus mejores +hijos, se ofreca en todo su horror y toda su belleza y pareca que +demandaba de aqullos que bien y mucho la amaban, la fiel pintura de su +existencia bajo el triple punto de vista fsico, moral y social, antes +que su muerte o su exaltacin a la vida de los pueblos libres, cambiaran +enteramente los rasgos caractersticos de su anterior fisonoma.</p> + +<p>De suerte, que en ningn sentido puede decirse con verdad que he +empleado cuarenta aos (perodo cursado de 1839 a la fecha) en la +composicin de la novela. Cuando me resolv a concluirla, habr dos o +tres aos, lo ms que he podido hacer ha sido despachar un captulo, con +muchas interrupciones, cada quince das, a veces cada mes, trabajando +algunas horas entre semana y todo el da los domingos.</p> + +<p>Con esta manera de componer obras de imaginacin, no es fcil mantener +constante el inters de la narrativa, ni siempre animada y unida la +accin, ni el estilo parejo y natural, ni el tono templado y sostenido +que exigen las producciones del gnero novelesco. Y tal es uno de los +motivos que me impelen a hablar de la novela y de m.</p> + +<p>El otro es, que despus de todo, me ha salido el cuadro tan sombro y de +carcter tan trgico, que, cubano como soy hasta la mdula de los huesos +y hombre de moralidad, siento una especie de temor o vergenza +presentarlo al pblico sin una palabra explicativa de disculpa. Harto se +me alcanza que los extraos, dgase, las personas que no conozcan de +cerca las costumbres ni la poca de la historia de Cuba que he querido +pintar, tal vez crean que escog los colores ms oscuros y sobrecargu +de sombras el cuadro por el mero placer de causar efecto a la Rembrandt, +o a la Gustavo Dor. Nada ms distante de mi mente. Me precio de ser, +antes que otra cosa, escritor realista, tomando esta palabra en el +sentido artstico que se le da modernamente.</p> + +<p>Hace ms de treinta aos que no leo novela ninguna, siendo Walter Scott +y Manzoni los nicos modelos que he podido seguir al trazar los variados +cuadros de <i>Cecilia Valds</i>. Reconozco que habra sido mejor para mi +obra que yo hubiese escrito un idilio, un romance pastoril, siquiera un +cuento por el estilo de <i>Pablo y Virginia</i><a name="FNanchor_1_1" id="FNanchor_1_1"></a><a href="#Footnote_1_1" class="fnanchor">[1]</a> o de <i>Atala</i> y +<i>Renato</i>;<a name="FNanchor_2_2" id="FNanchor_2_2"></a><a href="#Footnote_2_2" class="fnanchor">[2]</a> pero esto, aunque ms entretenido y moral, no hubiera sido +el retrato de ningn personaje viviente, ni la descripcin de las +costumbres y pasiones de un pueblo de carne y hueso, sometido a +especiales leyes polticas y civiles, imbuido en cierto orden de ideas y +rodeado de influencias reales y positivas. Lejos de inventar o de fingir +caracteres y escenas fantasiosas e inverosmiles, he llevado el +realismo, segn entiendo, hasta el punto de presentar los principales +personajes de la novela con todos sus pelos y seales, como vulgarmente +se dice, vestidos con el traje que llevaron en vida, la mayor parte bajo +su nombre y apellido verdaderos, hablando el mismo lenguaje que usaron +en las escenas histricas en que figuraron, copiando en lo que caba, +<i>d'aprs nature</i>,<a name="FNanchor_3_3" id="FNanchor_3_3"></a><a href="#Footnote_3_3" class="fnanchor">[3]</a> su fisonoma fsica y moral, a fin de que aqullos +que los conocieron de vista o por tradicin, los reconozcan sin +dificultad y digan cuando menos: el parecido es innegable.</p> + +<p>Apenas si he aspirado a otra cosa. Lo nico que debo agregar en descargo +de mi conciencia, por si alguien juzgare que la pintura no tiene nada de +santa ni de edificante, es que, al situar la accin de la novela en el +teatro habanero y poca corrida de 1812 a 1831, no encontr personajes +que pudieran representar con mediana fidelidad el papel, por ejemplo, +del payo Lorenzo, o el del pacato de don Abundio, o el del enrgico +padre Cristbal, o el del santo arzobispo Carlos Borromeo; al paso que +abundaban los que podan pasar, sin contradiccin, por fieles copias de +los Canoso, los Tramoya y los don Rodrigo, matones, bravos y +libertinos, cuya generacin parece ser de todos los pases y de todas +las pocas.</p> + +<p>Tampoco ha de achacarse a falta del autor si el cuadro no ilustra, no +escarmienta, no ensea deleitando. Lo ms que me ha sido dado hacer, es +abstenerme de toda pintura impdica o grosera, falta en que era fcil +incurrir, habida consideracin a las condiciones, al carcter y a las +pasiones de la mayora de los actores de la novela; porque nunca he +credo que el escritor pblico, en el afn de parecer fiel y exacto +pintor de las costumbres, haya de olvidar que le merecen respeto la +virtud y la modestia del lector.</p> + +<p>Por lo dems, si la obra que ahora sale a luz completa, no contiene +todos los defectos de lenguaje y de estilo que sac el primer tomo +impreso en La Habana, si hay mayor correccin y verdad en la pintura de +los caracteres, si resultan eliminadas ciertas escenas y frases de +escasa o dudosa moralidad, si el tono general de la composicin es ms +uniforme y animado, en mucha parte a los consejos de mi esposa, con +quien he podido consultar captulo tras captulo, a medida que los iba +concluyendo.</p> + +<p class="r smcap">C. Villaverde</p> + +<p>Nueva York, mayo, 1879</p> + +<hr /> + +<h3><a name="PRIMERA_PARTE" id="PRIMERA_PARTE"></a>PRIMERA PARTE</h3> + + + +<h3><a name="Capitulo_Ia" id="Capitulo_Ia"></a><span class="smcap">Captulo</span> I</h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Tal es el fruto de la culpa,<br /> +Tello, cosecha de dolor.</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">Sols</span></p></div> + + +<p>Hacia el oscurecer de un da de noviembre del ao de 1812, segua la +calle de Compostela en direccin del norte de la ciudad, una calesa +tirada por un par de mulas, en una de las cuales, como era de costumbre, +cabalgaba el calesero negro. El traje de ste, las guarniciones de +aqullas y los ornamentos de plata maciza, mostraban a las claras que +era rica la persona a que perteneca tan lujoso equipaje. Prendida +estaba de los calamones, no slo por el frente, sino tambin por un +costado y hasta la mitad del otro,—la cortina o capacete de pao con +banda de vaqueta. Sea el que fuese quien ocupaba el carruaje a la sazn, +no puede negarse que tena inters en guardar la incgnita, aunque +pareca excusada la precaucin, por cuanto no haba alma viviente en las +calles, ni se divisaba otra luz que la de las estrellas, o la artificial +de algunas casas que se escapaba por las anchas rendijas de las puertas +cerradas.</p> + +<p>Pararon de repente las mulas al trote en la esquina del callejn de San +Juan de Dios y sali a espacio y con no poco trabajo de la calesa un +caballero alto, bien puesto, vestido de frac negro abotonado hasta el +cuello, dejando ver por debajo el chaleco o chupa de color claro, +pantalones de <i>carrancln</i> de pie, corbatn de cerda y sombrero de +castor con copa enorme y ala angosta. Por lo que poda distinguirse en +aquella media luz de las estrellas, las facciones ms notables del +hombre eran la nariz, que tena aguilea, los ojos bastante vivos, el +rostro ovalado y la barba pequea. El color de sta y el del cabello, +las sombras del sombrero y de las paredes alterosas del convento vecino, +lo oscurecan tal vez sin ser negro.</p> + +<p>—Sigue hasta la calle de lo Empedrado—dijo el caballero en tono +imperioso, ms bajo, apoyando la mano izquierda en la silla de la mula +de varas—y espera inmediato a la esquina. En caso que diese la ronda +contigo, di que perteneces a don Joaqun Gmez y que aguardas sus +rdenes. Entiendes, Po?</p> + +<p>—S, seor, contest el calesero; quien desde que empez a hablar su +amo tena el sombrero en la mano.</p> + +<p>Y sigui al paso de las mulas hasta el punto que le indic aqul.</p> + +<p>El callejn de San Juan de Dios se compone de dos cuadras solamente, +cerrado por un extremo en las paredes del convento de Santa Catalina y +por el otro en las casas de la calle de la Habana. El hospital de San +Juan de Dios, que le da nombre, y que por sus altas y cuadradas +ventanas, siempre deja salir el vaho caliente de los enfermos, ocupa +todo un lado de la segunda cuadra y los otros tres, casitas pequeas de +tejas coloradas y un solo piso, el de las ltimas en particular ms alto +que el nivel de la calle, con uno y dos escalones de piedra a la puerta. +Las de mejor apariencia de ellas eran las de la primera cuadra entrando +de la calle de Compostela. Eran todas de un mismo tamao, poco ms o +menos, de una sola ventana y puerta, sta de cedro con clavos de cabeza +grande, pintadas de color de ladrillo, aqulla o de espejo o volada<a name="FNanchor_4_4" id="FNanchor_4_4"></a><a href="#Footnote_4_4" class="fnanchor">[4]</a> +y +de balaustres de madera gruesa. El piso de la calle se hallaba en su +estado primitivo y natural, pedregoso y sin banquetas.</p> + +<p>El caballero desconocido, arrimado a las paredes, debajo de los +salientes aleros de tejas, se detuvo a la puerta de la tercera casita de +su derecha y dio dos golpecitos con la punta de los dedos. All sin duda +le aguardaban, porque tardaron en abrir lo que tard en pasar de la +ventana a la puerta la persona que quit la tranca con que se cerraba +por dentro. Esa result ser la ama de la casa; mulata como de 40 aos de +edad, de estatura mediana, llena de carnes, aunque conservaba el talle +estrecho, los hombros redondos y desnudos, la cabeza hermosa, la nariz +algo gruesa, la boca expresiva y el cabello espeso y muy crespo. Vesta +camisa fina bordada, de manga corta, y enaguas de sarga sin pliegues ni +adorno ninguno.</p> + +<p>Haba pocos muebles en la sala: arrimada a la pared de la derecha una +mesa de caoba, sobre la cual arda una vela de cera, dentro de una +guardabrisa o fanal, y varias sillas pesadas de cedro con asiento y +respaldo de vaqueta, clavados con tachuelas de cobre. En aquella poca +esto se tena por lujo, mucho ms tratndose de una mujer de color, que +ocupaba aquella habitacin como ama y no como criada. El caballero no le +dio la mano al entrar, slo le hizo un saludo grave sin dejar de ser +gracioso y amable; lo que sin disputa era an ms extrao, pues aparte +de su diferencia de condicin y de raza, la de sus edades respectivas +era notable a primera vista y no caba entre ellos otra relacin que la +de la amistad, ms o menos sincera y desinteresada. Enseguida pregunt +en tono triste y acercndose a la mujer cuanto poda, a fin de no +levantar la voz, que la tena algo bronca:</p> + +<p>—Y qu tal la enferma?</p> + +<p>La mulata sacudi la cabeza con aire todava ms triste y contest con +tres monoslabos:</p> + +<p>—Ah! muy mal.</p> + +<p>Algo ms animada, aunque sin despejrsele el semblante, agreg poco +despus:</p> + +<p>—No se lo dije al seor? <i>Entodava</i> ha de acabar con ella el golpe.</p> + +<p>—Pues qu, replic desazonado el caballero, no me dijo Vd. anoche que +estaba mejor y ms tranquila?</p> + +<p>—Lo estaba, s, seor; pero la maana la ha pasado muy <i>desinquieta</i> y +agitada. Deca que le daban calor las sbanas, que le arda la cabeza, y +varias veces ha tratado de salirse de la cama buscando aire. De manera +que fue preciso mandar por el mdico. Vino y recet un calmante: lo +tom, porque la pobrecita toma cuanto le dan. De sus resultas ya se +duerme como una piedra, ya <i>dispierta</i> sobresaltada. Ay, seor, su +sueo se parece tanto a la muerte! Me da miedo, mucho miedo. Yo se lo +deca al seor desde un principio, el golpe era demasiado para ella. Esa +muchacha no tiene fuerzas para soportarlo. Ah! mi seor, de esta hecha +la perdemos, lo estoy mirando; me lo ha dado el corazn.</p> + +<p>Y no dijo ms, porque la emocin le ahog la voz en la garganta.</p> + +<p>—Veo que Vd. se acobarda, <i>sea</i> Josefa, dijo el desconocido con +dulzura y sentimiento. Pues no ha tratado Vd. de convencerla de que la +separacin es slo por muy corto tiempo? No es ella ninguna chiquilla...</p> + +<p>—Que si no he tratado! El seor parece que no la conoce <i>entodava</i>. +Ella no oye razones. Es la ms voluntariosa y cabecidura que ha nacido. +Adems, <i>dende</i> ese lance no est en su cabal juicio y razn. El seor +mismo no trat aquella noche fatal de consolarla y tranquilizarla? Y +qu sac? Acurdese lo que <i>semos</i>: nada. El seor va a ver por sus +propios ojos que se escogi mal el momento de someterla a semejante +prueba. No se haban pasado los cuarenta das y luego tena una +calentura que volaba. S, concluy ya del todo conmovida y llorosa—me +tengo tragado que de sta no sale ella con juicio o con vida.</p> + +<p>—Dios querr, <i>sea</i> Josefa, que no se realicen tan funestos +pronsticos, dijo el caballero preocupado. Despus de breve rato +aadi:—Ella es joven y robusta, y todava la naturaleza triunfar de +todos sus males y penas. Fo ms en esto que en la ciencia oscura de los +mdicos. Aparte de eso, Vd. sabe que se ha hecho lo hecho por el bien de +todos, mejor dicho... Ms adelante me lo agradecern, estoy seguro. Yo +no poda ni deba darla mi nombre. No, no, repiti como azorado del eco +de su propia voz. Nadie mejor que Vd. lo sabe. Vd. que es mujer de +razn, conocer y confesar que as tena que ser. Es preciso que la +chica lleve un nombre, nombre de que no tenga que avergonzarse maana, +ni esotro da, el de Valds, con que quizs haga un buen casamiento. +Para ello no haba ms remedio sino pasar por la Real Casa Cuna. Esto no +ha podido ser ms doloroso para la madre, bien lo s, que para... todos +nosotros. Pero dentro de breves das la habrn bautizado y entonces har +que la traiga aqu Mara de Regla, mi negra, que tres meses hace perdi +un hijo del mal de los siete das, y la est amamantando en la Casa Cuna +por orden ma. Ella la devolver sana, salva y cristiana a los brazos de +su madre. Yo tengo arreglado todo eso con Montes de Oca, el mdico de la +Real Casa, por quien a menudo s de la chica. Al principio lloraba mucho +y se negaba a tomar el pecho de Mara de Regla, por lo que enflaqueci +un poco. Pero ya todo eso ha pasado y ahora est gorda y rozagante, es +decir, segn me ha informado Montes de Oca, porque yo no la he visto +desde la noche en que la hice pasar por el torno... Los ojos se me +fueron tras ella. Es indecible cunto me cost ese paso... Pero, a otra +cosa. Vd. sabe, sin embargo, que no cabe equivocacin.</p> + +<p>—Demasiado que lo s—dijo la mulata enjugndose las lgrimas. No puede +equivocarse, no. Por lo tocante a eso estoy tranquila, como que a pesar +de sus chillidos, que me partan el alma, le hice la media luna azul en +el hombro izquierdo, segn el seor me orden. Yo no s a quin le +dolera ms, si a ella o a m... La madre, la madre, mi seor, es la que +me tiene sin sosiego. Ella no puede resistir. De por fuerza pierde el +juicio o la vida. Yo se lo repito al seor.</p> + +<p><i>Sea</i> Josefa, como la llam el desconocido, se conoca que era mujer +inteligente, si bien por el descuido de su educacin incurra a menudo +en las faltas de lenguaje comunes al vulgo de las gentes en Cuba. A +pesar de la madurez de sus aos y de sus pesares, conservaba las +muestras de una juventud bella y distinguida, buenos ojos, la expresin +amorosa de la boca y la redondez del cuello, de los hombros y de los +brazos. Tena el color cetrino que resulta de la mezcla de hembra negra +y varn indio; pero lo crespo del pelo y el valo del rostro no admitan +la probabilidad de semejante maridaje, sino el de madre negra y padre +blanco. Cuando joven llev vida acomodada, tuvo goces y se roz con +gente bien criada y de buenas maneras. Honda deba de ser la pesadumbre +que a la sazn la aquejaba, segn eran la frecuencia de sus suspiros, la +contraccin repetida de su entrecejo y la abundancia del humor acuoso en +que nadaban sus grandes ojos y le empaaban el brillo. Por lo dems, +haba en su actitud ms desesperacin que verdadero pesar. En efecto, +como luego veremos, tena razn sobrada para lo uno y no le faltaba para +lo otro.</p> + +<p>Haca ratos que ambos personajes estaban callados, cada cual a vueltas +con sus propios pensamientos, que de seguro no coincidan en ningn +punto, a tiempo que se oyeron un lamento y un grito desgarrador salidos +del interior de la casa. La mujer hizo una exclamacin dolorosa, se +llev ambas manos a la cabeza y corri como desalada por el primer +aposento al segundo cuarto. Maquinalmente el caballero hizo con las +manos el mismo movimiento y sigui sus pasos en silencio, aunque a +cierta distancia. All no haba ms luz que la mortecina de una +lamparita de aceite en una mesa, sobre la cual se vea un nicho o +retablo de titiritero, donde se veneraba una figura de talla, con traje +talar o de mujer, que miraba al cielo y tena clavada en el pecho una +espada, cuya empuadura pareca de plata. En el lado opuesto haba un +catre, con colgaduras de seda, ya ajadas, y a la cabecera una silla de +cuero, que en el momento que entr all <i>sea</i> Josefa, la haba +desocupado una anciana negra, esculida, imagen de la muerte, cuya +cabeza blanca contrastaba con el bano de su cuello largo y huesoso. +Tena en la mano derecha un rosario y varios escapularios al pecho sobre +la camisa blanca; cindola el talle de la falda de caamazo, una correa +negra y larga a lo fraile agustino. Estaba como embebida o rezando con +gran fervor, y al tocarle en el hombro <i>sea</i> Josefa, alz de repente la +cabeza, la volvi hacia la puerta del aposento, vio en ella de pie al +desconocido, hizo un movimiento de horror o de susto y desapareci por +la puerta del fondo sin decir palabra.</p> + +<p>Ocup su lugar <i>sea</i> Josefa. Abri con tiento las cortinas del lecho, y +por seas indic al caballero que se acercara; lo que hizo ste, al +parecer, con repugnancia. Los ojos de ambos se clavaron en el rostro +plido de una muchacha de 20 aos, yaciente boca arriba y aparentemente +muerta. Porque no se mova a la sazn, tena los ojos hundidos y +cerrados los prpados, cuyas pestaas eran tan largas que daban sombra a +las mejillas. La cabeza era lo nico que tena fuera de las sbanas, y +eso casi enterrada en la almohada, la cual desapareca bajo una mata de +pelo negro, undoso y esparcido por todas partes en el mayor desorden. De +en medio de aquel fondo negro se destacaba el rostro ovalado, plido de +cera de la enferma, con la barba aguda, la frente cuadrada y alta, la +boca pequea, los labios belfos, y la nariz bastante bien hecha para +mujer de raza mezclada, como sin duda era aqulla de que ahora se trata. +El conjunto era bueno, femenil; pero haba tal expresin de angustia y +melancola en el semblante marchito por la enfermedad, que daba lstima +el contemplarle. Movida por este sentimiento tal vez <i>sea</i> Josefa dijo +al odo del caballero:—Se ha dormido.</p> + +<p>La contestacin del caballero fue sacudir la cabeza negativamente, acaso +porque en aquel instante crey notar un temblor convulsivo que recorra +de pies a cabeza todo el cuerpo de la paciente. Tras el temblor empez a +levantrsele el pecho, movimiento fcil de percibir por encima de la +sbana, como una ola en mar sereno que repunta, de repente, y precursor +del suspiro que exhal enseguida del fondo del corazn, acompaado de un +gemido doloroso y agudo. Comprendiendo el caballero lo que deba +sobrevenir, sin poderlo remediar, apart primero la vista y disimulada y +paulatinamente se retir a los pies de la cama. Incorporada en aquel +instante la enferma, exclam con aire de espanto:</p> + +<p>—Mamita! Era su merced?</p> + +<p>—Hija ma! Qu quieres? Ests mejor?</p> + +<p>—Ah! Mamita! prosigui la muchacha en el mismo aire de azorada.—La +he visto, la acabo de ver. S, no me queda duda. Ah est! agreg +sealando al cielo. Se va! Me la llevan! Debe estar muerta. Ay!—Y se +le escap otro grito desgarrador.</p> + +<p>—Hija! le observ la madre afligida. <i>Dispierta.</i> T ests soando o +esas son ilusiones tuyas.</p> + +<p>—Venga ac, mamita, mire su merced misma.</p> + +<p>Diciendo esto la atraa a s por el brazo.</p> + +<p>—Vala! No es aquella la Virgen Santsima dentro de una nube dorada, +con los pies desnudos, apoyados en las alas de infinitos ngeles? Ella +es. Mire! Por aqu. All! Vea. Se eleva!</p> + +<p>—Visiones, hija ma. No hagas caso. Acustate y descansa.</p> + +<p>—Cmo quiere su merced que me acueste, si veo que se llevan a mi hija, +la hija de mis entraas?</p> + +<p>—Pero quin se la lleva, mi vida?</p> + +<p>—Quin se la lleva? Pues no lo ve su merced? La Virgen Santsima. Se +la lleva en los brazos. Debe estar muerta. Ah!</p> + +<p>—Ella no se ha muerto, no lo creas; le dijo dbilmente <i>sea</i> Josefa, +pues sobre este punto no estaba ms segura que la enferma. Tu nia est +viva y pronto la vers. Esos son sueos tuyos.</p> + +<p>—Sueos, sueos, repiti la muchacha, distrada. Yo soaba? No ser +ms que un sueo? Pero, y mi hija? Dnde est? Por qu me la han +quitado? Y de que yo la perdiera su merced tiene la culpa, concluy +diciendo con iracundo ademn y acento.</p> + +<p>No tuvo valor <i>sea</i> Josefa para replicar palabra, bien por no irritar +ms a la enferma con una contradiccin poco menos que intil, bien +porque la acusacin era directa y fundada. Slo acert a volver los ojos +hacia su derecha, con lo que los de la enferma naturalmente siguieron la +misma direccin y en consecuencia tropezaron con el bulto oscuro del +desconocido, que haca por ocultarse tras las colgaduras de la cama.</p> + +<p>—Quin est ah? pregunt apuntando con el dedo. Ah! El es, el +ladrn de mi hija! Mi verdugo! Qu vienes a buscar aqu? Vienes, +basilisco, a gozarte en tu obra? A tiempo llegas. Gzate a tus anchas. +Mi hija ha volado al cielo, lo s, de ello estoy convencida, yo la +seguir muy pronto; pero t, t, causa de nuestra condenacin y muerte, +t bajars... al infierno.</p> + +<p>—Jess! exclam <i>sea</i> Josefa santigundose. T no sabes lo que dices. +Calla.</p> + +<p>Y anegada en lgrimas se arroj sobre su hija con el doble objeto de +impedirle que se levantara y de que siguiera en aquella terrible +increpacin contra el caballero desconocido. Por prudencia o por +remordimiento, ste callaba e inclin ms la cabeza. El, de todos modos, +estaba muy disgustado y luchaba consigo mismo a fin de tomar una +resolucin. Porque, previndolo, haba venido a ponerse al alcance de +las recriminaciones, al parecer justas, de la enferma, quien aunque +delirante, le echaba en cara la prdida de su hija y la ruina de su +razn. Mas no hizo por defenderse. Se senta, al contrario, humillado, +altamente ofendido por cuanto siendo sus intenciones las ms puras, +guiadas por el deseo del bien de todos los inmediatamente interesados, +las resultas llevaban camino de ser muy desastrosas. A los ojos de su +propia conciencia la justificacin era fcil; el mundo, sin embargo, +deba juzgarle por los hechos. Y a este juicio le tena l horror +cerval.</p> + +<p>Continuaba entre tanto la lucha entre la madre y la hija. Esta, con los +ojos de espantada, los cabellos desgreados, la frente cubierta de sudor +copioso, las mejillas encendidas por la fiebre, repela con ambas manos +a la madre y le repeta:—Djame, mamita, djame ver esa cara de hereje. +Quiero pedirle cuenta de mi hija. El me la ha quitado, l, entraas de +fiera. Y la madre, siempre inundada en lgrimas estrechndola en sus +brazos, le responda:—Por el amor de Dios, hija ma, por la Pursima +Concepcin de Mara Santsima, por tu salud, por la de tu hija, que vive +y est buena, cllate, tranquilzate. Yo te lo ruego por lo que ms +quiera.</p> + +<p>Pero como se prolongase demasiado aquella lucha, se acerc el caballero +a la cama, tom en la suya una mano de la enferma, la cual ella no +rechaz, y con voz grave, mas llena de exquisita ternura, le dijo:</p> + +<p>—Charo, yeme. Te prometo que maana vers a tu hija. Vuelve en ti. +Clmate! No ms locuras.</p> + +<p>Sase que de tanto bregar se le agotasen las fuerzas, sase que la +impusiese respeto la voz del desconocido, es lo cierto que la enferma, +exhalando un profundo suspiro, cay repentinamente de espaldas en la +almohada y all qued por breve rato sin movimiento. No crey menos la +madre, al pronto, sino que haba expirado. Psola con ese motivo la mano +en el corazn, y como, ya por el susto, ya porque en efecto se le haba +paralizado la sangre en las venas a la paciente, no sinti por unos +instantes las pulsaciones. As que, grandemente asustada, se volvi para +el caballero, que al parecer contemplaba impasible aquella escena muda, +y con acento de amarga reconvencin le dijo:</p> + +<p>—Lo ve el seor? Est muerta.</p> + +<p>No fue esto parte a hacerle perder al caballero su natural ecuanimidad. +Lejos de ello, con mucha calma y deliberacin le tom el pulso a la +muchacha, a guisa de mdico, y despus dijo:</p> + +<p>—Traiga Vd. ter. Se ha desmayado. Esta moza est muy dbil, necesita +alimento.</p> + +<p>—El mdico lo ha prohibido, observ <i>sea</i> Josefa.</p> + +<p>—El mdico no sabe lo que se pesca. Dela Vd. caldo. Pero despache con +el ter.</p> + +<p>Trado el lcali voltil, se le aplicaron a la nariz; pero las nicas +seales de vida que dio la muchacha fue un estremecimiento de los +prpados, que no abri por cierto, y un llorar en silencio, o hilo a +hilo, segn reza la grfica expresin vulgar. Mientras esto pasaba +delante de la cama de la enferma, asom la cabeza blanca por entre la +puerta del fondo, medio abierta, la anciana negra antes mencionada; pero +la retir de golpe persignndose cual si viese al diablo, sin duda +porque an estaba all el caballero desconocido. Al fin, ste se alej +de aquel sitio de dolor y de tribulacin, salud a <i>sea</i> Josefa con una +mera inclinacin de cabeza, y sali a la calle murmurando en su +despecho:</p> + +<p>—Y nadie ms que yo tiene la culpa!</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_IIa" id="Capitulo_IIa"></a><span class="smcap">Captulo</span> II</h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Sola soy, sola nac,</i><br /> +<i>Sola me tuvo mi madre,</i><br /> +<i>Sola me tengo de andar,</i><br /> +<i>Como la pluma en el aire.</i></p></div> + + +<p>Algunos aos adelante, mejor, uno o dos despus de la cada del segundo +breve perodo constitucional, en que qued establecido el estado de +sitio de la Isla de Cuba y Capitn General de la misma don Francisco +Dionisio Vives, sola verse por las calles del barrio del ngel una +muchacha de unos once a doce aos de edad, quien, ya por su hbito +andariego, ya por otras circunstancias de que hablaremos enseguida, +llamaba la atencin general.</p> + +<p>Era su tipo el de las vrgenes de los ms clebres pintores. Porque a +una frente alta, coronada de cabellos negros y copiosos, naturalmente +ondeados, una facciones muy regulares, nariz recta que arrancaba desde +el entrecejo, y por quedarse algo corta alzaba un si es no es el labio +superior, como para dejar ver dos sartas de dientes menudos y blancos. +Sus cejas describan un arco y daban mayor sombra a los ojos negros y +rasgados, los cuales eran todo movilidad y fuego. La boca tena chica y +los labios llenos, indicando ms voluptuosidad que firmeza de carcter. +Las mejillas llenas y redondas y un hoyuelo en medio de la barba, +formaban un conjunto bello, que para ser perfecto slo faltaba que la +expresin fuese menos maliciosa, si no maligna.</p> + +<p>De cuerpo era ms bien delgada que gruesa, para su edad antes baja que +crecida, y el torso, visto de espaldas, angosto en el cuello y ancho +hacia los hombros, formaba armona encantadora, aun bajo sus humildes +ropas, con el estrecho y flexible talle, que no hay medio de compararle +sino con la base de una copa. La complexin poda pasar por saludable, +la encarnacin viva, hablando en el sentido en que los pintores toman +esta palabra, aunque a poco que se fijaba la atencin, se adverta en el +color del rostro, que sin dejar de ser sanguneo haba demasiado ocre en +su composicin, y no resultaba difano ni libre. A qu raza, pues, +perteneca esta muchacha? Difcil es decirlo. Sin embargo, a un ojo +conocedor no poda esconderse que sus labios rojos tenan un borde o +filete oscuro, y que la iluminacin del rostro terminaba en una especie +de penumbra hacia el nacimiento del cabello. Su sangre no era pura y +bien poda asegurarse que all en la tercera o cuarta generacin estaba +mezclada con la etope.</p> + +<p>Pero de cualquier manera, tales eran su belleza peregrina, su alegra y +vivacidad, que la revestan de una especie de encanto, no dejando al +nimo vagar sino para admirarla y pasar de largo por las faltas o por +las sobras de su progenie. Nunca la haban visto triste, nunca de mal +humor, nunca reir con nadie; tampoco poda darse razn dnde moraba ni +de qu subsista. Qu haca, pues, una nia tan linda, azotando las +calles da y noche, como perro hambriento y sin dueo? No haba quien +por ella hiciera ni rigiera su ndole vagabunda?</p> + +<p>Entre tanto la chica creca gallarda y lozana, sin cuidarse de las +investigaciones y murmuraciones de que era objeto, y sin caer en la +cuenta de que su vida callejera, que a ella le pareca muy natural, +inspiraba sospechas y temores, si no compasin a algunas viejas; que sus +gracias nacientes y el descuido y libertad con que viva, alimentaban +esperanzas de bastardo linaje en mancebos corazones, que latan al verla +atravesar la plazuela del Cristo, cuando a la carrerita y con la +sutileza de la zorra hurtaba un bollo o un chicharrn a las negras que +de parte de noche all se ponen a frerlos; o cuando al descuido meta +la pequea mano en los cajones de pasas de los almacenes de vveres en +las esquinas de las calles; o cuando levantaba el pltano maduro, el +mango o la guayaba del tablero de la frutera; o cuando enredaba el perro +del ciego en el can de la esquina, o le encaminaba a San Juan de Dios, +si iba para Santa Clara:<a name="FNanchor_5_5" id="FNanchor_5_5"></a><a href="#Footnote_5_5" class="fnanchor">[5]</a> que todas stas eran travesuras dignas de +celebracin en una nia de su edad y parecer.</p> + +<p>Su traje ordinario, no siempre aseado, consista en falda de zaraza, sin +ms paizuelo ni otro calzado que unas chancletas, las cuales anunciaban +de lejos su aproximacin, porque sonaban mucho en las banquetas de +piedra de las pocas calles que entonces tenan tales adornos. Llevaba +tambin el cabello siempre suelto y naturalmente rizado. El nico +ornamento de su cuello era un rosarito de filigrana, especie de +gargantilla, con una cruz de coral y oro pendiente, memoria de la madre +cara y desconocida.</p> + +<p>A pesar de aquella vida suya y de aquel traje, pareca tan pura y linda, +que estaba uno tentado a creer que jams dejara de ser lo que era, +cndida nia en cabello, que se preparaba a entrar en el mundo por una +puerta al parecer de oro, y que viva sin tener sospecha siquiera de su +existencia. Sin embargo, las calles de la ciudad, las plazas, los +establecimientos pblicos, como se apunt ms arriba, fueron su escuela, +y en tales sitios, segn es de presumir, su tierno corazn, formado +acaso para dar abrigo a las virtudes, que son el ms bello encanto de +las mujeres, bebi a torrentes las aguas emponzoadas del vicio, se +nutri desde temprano con las escenas de impudicia que ofrece +diariamente un pueblo soez y desmoralizado. Y cmo librarse de +semejante influjo? Cmo impedir que sus vivarachos ojos no viesen? Qu +sus orejas siempre alerta no oyesen? Que aquella alma rebosando vida y +juventud no se asomara antes de tiempo a los ojos y a los odos para +juzgar de cuanto pasaba en su derredor, en vez de dormir el sueo de la +inocencia? Bien temprano, a fe, llam a sus puertas la legin de +pasiones que gastan el corazn y abaten las frentes ms soberbias!</p> + +<p>Una tarde, entre otras, pasaba la chica, como de costumbre, a la +carrerita, por cierta calle de que no hay para qu mencionar ahora el +nombre. Asomadas a una de las altas y anchas rejas de hierro de las +ventanas de una casa de apariencia aristocrtica, estaban dos nias poco +ms o menos de su edad y una joven de 14 a 15, las cuales, como viesen +pasar aquella exhalacin, segn se expres una de ellas mismas, excitada +grandemente la curiosidad de todas, la llamaron con instancia. No se +hizo de rogar la mozuela, antes se entr, desde luego por el zagun, y +se present con mucho desembarazo a la puerta de la sala, donde ya la +esperaba el grupo de las tres jovencitas. All, stas la tomaron por la +mano y la llevaron delante de una seora algo gruesa, vestida con mucho +aseo, que estaba arrellanada en un ancho silln y descansaba los pies en +un escabel.</p> + +<p>—Ah! exclam sta cuando la hubo visto de cerca. Y qu mona es! Dicho +lo cual se enderez en el asiento, operacin que le cost un buen +esfuerzo, y agreg:</p> + +<p>—Cmo te llamas?</p> + +<p>—Cecilia, respondi vivamente.</p> + +<p>—Y tu madre?</p> + +<p>—Yo no tengo madre.</p> + +<p>—Pobrecita! Y tu padre?</p> + +<p>—Yo soy Valds, yo no tengo padre.</p> + +<p>—Esa est mejor, exclam la seora recapacitando.</p> + +<p>—Pap, pap, dijo la mayor de las seoritas dirigindose a un caballero +que estaba recostado en un sof a la derecha del estrado. Pap, ha +visto Vd. nia ms preciosa?</p> + +<p>—Ya, ya, contest el padre casi sin volver el rostro. Dejadla en paz. +Pero apenas salieron esas palabras de sus labios, repar en l Cecilia, +y entre admirada, y reda, dijo:</p> + +<p>—Ay! Yo conozco a ese hombre que est ah acostado. Este, por debajo +de las manos, con que ya se sombreaba la frente, le ech una mirada +fiera, en que iban pintados su mal humor y disgusto. Enseguida se +levant y dej la sala, sin decir ms palabra. Extrao es en verdad que +slo este hombre no sintiese simpata por la linda callejera.</p> + +<p>—Conque no tienes padre ni madre? Torn a preguntar la buena seora, +un si es no es preocupada por la anterior escena. Y cmo vives? Con +quin vives? Eres hija de la tierra o del aire?</p> + +<p>—Ave Mara Pursima! exclam la nia doblando la cabeza sobre el +hombro derecho y mirando fijamente a sus preguntadoras. Ay, Jess! Qu +gente tan curiosa! Yo vivo con mi abuela, que es una viejecita muy +buena, que me quiere mucho y que me deja hacer cuanto yo quiero. Mi +madre se muri hace mucho tiempo y... mi padre tambin. No s ms ni me +pregunten ms.</p> + +<p>Bien quisieran las jovencitas hacer ms preguntas, e informarse de otros +pormenores acerca de la vida y parentela de Cecilia; pero, por una +parte, su padre les haba dicho que la dejaran en paz, y, por otra, su +madre, ya incapaz de dominar su desazn, les indic por un gesto muy +significativo que era tiempo saliese de all mozuela tan procaz. Colmada +de regalos y despedida al fin, Cecilia, pasaba por el zagun en vuelta +de la calle, a sazn que bajaba de los altos un jovencito en traje +veraniego, es decir, de chupa y pantaln de Arabia quien apenas la vio, +la reconoci y le dijo desde lo alto:</p> + +<p>—Cecilia, eh, Cecilia! Oye, mira.</p> + +<p>Ella, sin contener el paso, mas sin dejar de mirar al que le daba voces, +le deca hasta la puerta de la calle: Cuico! Cuico! Y al mismo tiempo +abra la mano derecha, pona el dedo pulgar en la punta de la nariz y +mova los otros con gran rapidez. Que es una manera de burla que a +menudo se hacen los muchachos en nuestras calles, como diciendo: Ah! +que te enga! Ah! que me escap de tus majaderas.</p> + +<p>No es para referir aqu la escena que se sigui a la ida de la chica de +aquella casa. Del seor y de la seora puede decirse que no volvieron a +mencionar su nombre. Las seoritas, al contrario, an cuando tornaron a +la ventana para ver y saludar a sus amigas, que de vuelta del paseo +pasaban en sus lujosas volantas, no cesaron de hablar de Cecilia y de +repetir su nombre, ayudndoles entonces el hermano mayor, quien la +conoca y a menudo se encontraba con ella cuando iba a la clase de latn +del padre Morales, enfrente del convento de Santa Teresa.</p> + +<p>En el medio tiempo la chica, siguiendo por la calle adelante sali a la +plazuela de Santa Catalina, cuyo terrapln, que corre por todo el +frente, subi a saltos, y luego baj a la calle del Aguacate por una +escalera de mampostera. Una vez all, se dirigi derecho, aunque con +cierta cautela, a la casita inmediata a la esquina ocupada por una +taberna. No toc ni se detuvo delante de la puerta, sino que empuj con +suavidad la hoja de la derecha o macho, la cual estaba sujeta con una +media bala de hierro en el suelo. Haba sido de bermelln la pintura de +dicha puerta, pero lavada por las lluvias, el sol y el tiempo, no le +quedaban sino manchas oscuras en torno de la cabeza de los clavos y en +las molduras profundas de los tableros. La ventanilla, que era de espejo +y alta, slo tena tres o cuatro balaustres, haba perdido la pintura +primitiva, quedndole un bao ligero de color de plomo. Por lo que toca +al interior, su apariencia era ms ruin, si cabe, que el exterior. Se +compona de una salita, dividida por un biombo para formar una alcoba, +cuya puerta daba precisamente hacia la de la calle, y otra a la derecha +con salida al patio angosto y no ms largo que el fondo de la casita. A +la izquierda de la entrada y a la altura de una vara, haba un hueco en +la pared medianera, a modo de nicho, en cuyo fondo se vea una Madre +Dolorosa de cuerpo entero, aunque muy reducido, con una espada de fuego +que le atravesaba el pecho de parte a parte. Alumbraban da y noche tan +peregrina pintura dos mariposas, es decir, dos hornillas con su pabilo +correspondiente, flotando en tres partes de agua y una de aceite, dentro +de vasos ordinarios de vidrio. Una guirnalda de todas flores +artificiales y de pedazos de cartulina dorada y plateada, ajadas, +descoloridas y polvorosas adornaba el retablo. Y en torno, por las +paredes, en el biombo y detrs de las puertas y ventanas, gran nmero de +letreros, por ejemplo: Ave Mara Pursima! La Gracia de Dios sea en +esta casa! Viva Jess! Viva Mara! Viva la Gracia y muera el Pecado! +Con otros muchos por el estilo, que no hay para qu repetirlos. Las +estampas, sin cuadro, pegadas a las paredes con obleas o engrudo, eran +ms numerosas que los letreros, todas de santos, impresas por el +impresor Boloa<a name="FNanchor_6_6" id="FNanchor_6_6"></a><a href="#Footnote_6_6" class="fnanchor">[6]</a> en papel comn y recogidas de manos de los +demandantes de los conventos a cambio de limosnas, o compradas a la +puerta de las iglesias en los das de fiestas.</p> + +<p>Reducase a bien poco el mueblaje, aunque en su poquedad y ruina se +conoca que haba visto mejores tiempos cuando nuevo. El ms apetecible +de la casa era una butaca de Campeche, ya coja, con orejas grandes y +desvencijada. Agregbanse tres o cuatro sillas de cedro con asiento y +respaldo de vaqueta, del mismo estilo, fuertes, macizas y antiqusimas. +Haca juego con ellas una rinconera de la propia madera, cuyos pies +estaban labrados en forma de pezua de stiro, con molduras y hojas de +parra.</p> + +<p>A pesar de la estrechez de aquel albergue, haba un gato dormiln, +varias palomas y gallinas, muy familiarizadas sin duda con sus dos +nicos huspedes humanos, pues que iban y venan, saltaban sobre los +respaldos de las sillas, maullaban, arrullaban y cacareaban sin +consideracin ni temor. A un lado de la alcoba haba una cama alta, +cuadrilonga, que siempre estaba de recibo, como que era de cuero sin +curtir, cuya dureza la suavizaba un colchn de plumas, cubierto +perennemente con una colcha de mil y un retazos o taracea. Las columnas +salomnicas, en vez de colgaduras, sostenan San Blases, escapularios, +cruces de cartn, piedras de vidrio y palmas benditas de los domingos de +ramos de muchos aos atrs.</p> + +<p>En realidad aqulla no era casa sino en cuanto daba abrigo a dos +personas, porque, fuera de las dos piezas mencionadas, no tena +comodidad ni ms desahogo que el patio dicho, donde estaba la cocina, +mejor, fogn, cajoncito de madera lleno de ceniza, montado sobre cuatro +pies derechos, y protegido de la lluvia por una especie de alero de +mesilla. Nos hemos detenido tanto en la descripcin de la casucha donde +entr Cecilia, porque pare su imaginacin el benigno lector en el +contraste que ofrecera una nia tan linda, rebosando vida y juventud, +en medio de tanta antigualla, que no pareca sino que el cielo la haba +colocado all para decirle a cada rato al odo:—Hija, contempla lo que +sers y s ms cuerda.</p> + +<p>Pero estamos seguros que eso era lo menos en que ella pensaba, y +entonces con doble motivo, cuanto que ms le importaba que no la +sintiese entrar cierta persona que, de espaldas en la butaca, frente al +nicho, pareca rezar o dormitar. Sin embargo, por ms tiento que pusiese +la picaruela en el modo de asentar la planta, no lo pudo hacer tan +callandito que no la oyese y sintiese distintamente la vieja, cuyos +odos eran muy finos, y que entonces no rezaba ni dorma, sino que lea, +hecha un arco, en un libro pequeo de oraciones con forro de pergamino.</p> + +<p>—Hola! le dijo mirndola de soslayo por encima de los aros +perfectamente redondos de sus gafas, enhorquilladas en la punta de la +nariz, a guisa de muchacho a la grupa de un caballo, Hola seorita! +Aqu est Vd? Eh? Qu bueno! Son stas horas de venir a pedir la +bendicin de su abuela? (Porque la chica se acercaba con los brazos +cruzados.) Dnde has estado hasta ahora, buena pieza? (Haban tocado ya +las oraciones.) Qu linda estabas para ir por los leos! Y echndole +mano de pronto, en cuyo acto se le cay el libro y se espantaron el gato +que pestaeaba a menudo sentado en una silla, las palomas y las +gallinas. Ven ac, espiritada, aadi; mariposa sin alas, oveja sin +grey, loca de cepo; ven, que he de averiguar dnde has estado hasta +estas horas. Qu, t no tienes rey ni Roque que te gobierne, ni Papa +que te excomulgue? Adnde se ha visto de eso? T no tienes ms vida +que correr por las calles? No se puede averiguar nadie contigo? Yo te +har entender que hay quien puede. No me quedaba que ver!</p> + +<p>Cecilia, lejos de asustarse, ni de huir, con mucha risa se ech en +brazos de la malhumorada y gruidora abuela, y, como para anudarle la +lengua, le entreg cuanto le haban regalado las seoritas donde haba +estado.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_IIIa" id="Capitulo_IIIa"></a><span class="smcap">Captulo</span> III</h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Malditas viejas,<br /> +Que a las mozas malamente<br /> +Enloquecen con consejas.</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">Zorrilla</span></p></div> + + +<p>Con ms zalamera y astucia de las que caban en una nia de su edad, +Cecilia abraz y bes a su abuela, a la cual dio el nombre de Chepilla +(alteracin caprichosa de Josefa), que as generalmente la llamaban. +Bast eso para aplacar su enojo, y nada hay en ello que extraar, +porque, segn adelante veremos, haba sido tan infeliz aquella mujer, +senta tal necesidad de ser amada por el nico ser que la interesaba de +cerca en el mundo, que mantener seriedad con la nieta, hubiera sido lo +mismo que prolongar su propio martirio. Por supuesto que sell sus +labios de golpe, y no acert a otra cosa que a contemplarla, bien as +como momentos antes haba estado contemplando el dulce rostro de Mara +Santsima, en fervorosa oracin.</p> + +<p>Mientras la nia estrechaba por la cintura a la vieja con sus torneados +brazos y recostaba la hermosa cabeza en su pecho, semejante a la flor +que brota en un tronco seco y con sus hojas y fragancia ostenta la vida +junto a la misma muerte, la figura de <i>sea</i> Josefa se mostraba ms +extraa y fea de lo que era naturalmente. Su rostro mismo formaba +contraste con lo dems del cuerpo. Ya fuese porque tena la costumbre de +llevarse el cabello atrs, ya porque lo sac de naturaleza, la verdad es +que le luca la frente demasiado ancha, la nariz grande y roma, la barba +aguda, y la cuenca de los ojos hundida. Esto daba aviesa expresin a su +semblante, no muy fcil de pasar por alto al menos avisado observador. +An haba morbidez en sus brazos, y sus manos podan calificarse de +lindas. Pero lo ms notable de su fisonoma eran sus ojos grandes, +oscuros y penetrantes, restos de una facciones que haban sido +agradables, desarmonizadas ahora por una vejez prematura.</p> + +<p>Mulata de origen, su color era cobrizo, y con los aos y las arrugas se +le haba vuelto atezado, o <i>achinado</i>; para valernos de la expresin +vulgar con que se designa en Cuba al hijo de mulato y negra, o al +contrario. Poda tener 60 aos de edad, aunque aparentaba ms, porque ya +empezaba a blanquearle el cabello, cosa que en las gentes de color suele +suceder ms tarde que en las de raza caucsica. Los padecimientos del +nimo aniquilan primero el semblante que el cuerpo mortal del hombre. +Como veremos despus, la resignacin cristiana, obra de su fe en Dios, +pasto con que al fin alimentaba su espritu en las largas horas +consagradas al rezo y a la meditacin, slo la hubiera mantenido en pie +contra los embates de su miserable suerte. Por otra parte, con el triste +convencimiento del que de una ojeada midi su pasado y su porvenir, y lo +que deba y poda esperar de su nieta, hermosa flor arrojada en mitad de +la plaza pblica, para ser hollada del primer transente, ya en el +ltimo tercio de su vida, con los remordimientos de la pasada, antes de +airarse, comprendi que le tocaba aplacar la clera de su juez invisible +y procurarse momentos de calma, nterin sonaba la hora postrimera.</p> + +<p>En aqulla en que la sorprende nuestra narracin, aunque hubiese +cumplido los 80 de su vida, habra credo que haba vivido muy poco +tiempo si llegaban sus ltimos momentos y dejaba tras s a la nieta +joven y desamparada en el mundo, y no le era dado asistir al desenlace +de un drama en que ella, bien a su pesar, sin ser la herona, +representaba, haca tiempo, papel muy importante. Acomodado el carcter +de <i>sea</i> Josefa, naturalmente irascible, a la regla de conducta de que +antes se ha hablado, como medio de alcanzar el perdn de sus propias +culpas, fcil es comprender por qu, si bien justamente enojada con +Cecilia porque llegaba tarde, y por otras muchas faltas anteriores, se +senta ms bien dispuesta a disculparla que a reirla. Despus, como +ella le vino con sus zalameras, en vez de hurtarle el cuerpo, esto la +sirvi de pretexto plausible para confirmarse en su propsito. En su +virtud, cambiando prontamente de tono y aspecto, se content con +preguntarle por segunda vez dnde haba estado.</p> + +<p>—Yo? repiti la nia apoyando ambos codos en las rodillas de la abuela +y jugando con los escapularios que le pendan del pescuezo. Yo? En casa +de unas muchachas muy bonitas que me vieron pasar y me llamaron. All +estaba una seora gorda sentada en un silln, que me pregunt cmo me +llamaba yo, y cmo se llamaba mi madre, y quin era mi padre, y dnde +viva yo...</p> + +<p>—Jess! Jess! exclam <i>sea</i> Josefa persignndose.</p> + +<p>—Ay! continu la chica sin parar mientes en la abuela. Qu gente tan +preguntona! Y no sabe su merced cmo una de las muchachas aquellas me +quera cortar el pelo para hacer una <i>cachucha</i>? S, seor. Pero yo me +zaf.</p> + +<p>—Vea Vd. espritu maligno y por dnde trepa! volvi a exclamar la +abuela como si hablase consigo misma.</p> + +<p>—Y si no es por un hombre, prosigui Cecilia, que estaba acostado en el +sof, y rega a las muchachas y les dijo que me dejaran quieta y luego +se fue para su cuarto bravsimo... Su merced no sabe quin es ese +hombre, abuelita? Yo lo he visto hablar con su merced algunas veces all +en Paula, cuando vamos a misa. S, s, l es, no me cabe duda. Y ahora +recuerdo que es el mismo que cada vez que me encuentra en la calle me +dice callejera, perdida, pilluela y muchas cosas. Ah! Y dice que +mandar a los soldados que me cojan y me lleven a la crcel. Qu s yo +cunto ms! Le tengo mucho miedo a ese hombre. Debe ser muy regan!</p> + +<p>—Nia! Nia! exclam sordamente la anciana apartndola un poco de su +pecho y mirndola de un modo extrao y fijo, ms enojada que +sorprendida. Pero como si le ocurriese un grave pensamiento o un +doloroso recuerdo y entre amonestarla y aconsejarla, lo que acaso +equivala a alumbrarle aquello de que deba estar ignorante toda la +vida, su nimo triste luchase en un mar de dudas, con sorpresa de la +nieta sell de golpe sus labios. Poco a poco fue serenndose el pilago +alborotado: se desvanecieron una despus de la otra las nubes apiadas +en aquel horizonte naturalmente sombro; y volviendo a estrechar la nia +en sus desnudos brazos, aadi con toda la dulzura que pudo dar a su +voz, por naturaleza bronca, con toda la calma de que pudo revestir su +semblante:</p> + +<p>—Cecilia! Hija de mi corazn, no vayas ms a esa casa.</p> + +<p>—Por qu, mamita?</p> + +<p>—Porque, contest la abuela como distrada, no s verdaderamente, mi +alma, no lo s, no podra decirlo si quisiera..., pero es claro y +constante, nia, que esa gente es muy mala.</p> + +<p>—Mala! repiti Cecilia azorada, y me hicieron tantas caricias, y me +dieron dulces, y raso para zapatos? Si t supieras lo que me +chiquearon...!</p> + +<p>—Pues no te fes, nia. T eres muy confiada y eso no est bien. Por lo +mismo que te chiquearon tanto debas de andar con cuatro ojos. Queran +atraerte para hacerte algn dao. Uno no puede decir de qu son capaces +las gentes. Tantas cosas suceden ahora que no se vean en mi tiempo...! +Cuando menos lo que procuraban era que te descuidaras, para coger unas +tijeras y tris! tumbarte el pelo. Sera una lstima, porque t lo +tienes muy hermoso. Adems, que ese pelo no te pertenece, sino a la +Virgen, que te salv de aquella grave enfermedad... Acurdate! Yo le +ofrec que si te ponas buena le dara tu cabellera para adornar su +efigie en Santa Catalina. No te fes te digo.</p> + +<p>Esto diciendo, le coga la cabeza a la nieta entre ambas manos y le +desparramaba los copiosos rizos por la espalda y los hombros.</p> + +<p>—S, replic Cecilia apretando los labios y levantando con aire de +desdn la frente, como yo soy tan boba para que me engaen as, as...</p> + +<p>—Sin embargo, hija, lo mejor de los dados es no jugarlos. Yo bien s +que t eres una muchacha dcil y entendida; pero estoy cierta que no +conoces a esa gente. Mira, no les hagas caso; aunque se les seque el +gaote llamndote, no vayas a donde estn. Mas ahora que me acuerdo: lo +mejor es que ni por cien leguas te acerques por su rededores. Luego, ese +hombre que t misma dices que donde quiera que te topa te pone mala +cara. Sabe Dios quin ser! Aunque no debemos pensar mal de nadie, con +todo, como puede ser un santo puede ser un de... (Y se persign sin +concluir la palabra.) El Seor sea con nosotras. Adems, Cecilia, t +eres muy inocente, algo atolondrada, y en esa casa... T no lo sabes? +hay una bruja que se roba a las muchachas bonitas. Por milagro de su +Divina Majestad has escapado. T estuviste all por la tarde, no?</p> + +<p>—Por la tardecita; todava no haban encendido las luces en las casas.</p> + +<p>—Ay de ti si llegas a entrar de noche! Vamos, no vayas ms en tu vida +a esa casa, ni pases tampoco por la cuadra.</p> + +<p>—Anj! Con que all vive tambin un muchacho ya grande, que a cada +rato lo topo por Santa Teresa con un libro debajo del brazo. Siempre que +me ve me quiere coger, me corre detrs y sabe mi nombre...</p> + +<p>—Estudiante, perverso, como todos ellos. Cuando menos se le cay de las +uas al mismo Barrabs. Pero voy viendo que t tienes una cabecita dura +como una piedra, y que por ms que me afano en aconsejarte no consigo +nada. En efecto, quin ha visto que una nia tan linda como t se ande +azotando calles, con la chancleta arrastro y el pelo suelto y +desgreado, hasta las tantas ms cuantas de la noche? De quin aprendes +estas malas maas? Por qu no me has de hacer caso?</p> + +<p>—Y Nemesia, la hija de <i>seo</i> Pimienta el msico, no se est en la +calle hasta las diez? Antenoche nada menos la top en la plazuela del +Cristo jugando a la <i>lunita</i> con una porcin de muchachos.</p> + +<p>—Y t te quieres comparar con la hija de <i>seo</i> Pimienta, que es una +pardita andrajosa, callejera, y mal criada? El da menos pensado traen a +esa espiritada, a su casa en una tabla con la cabeza partida en dos +pedazos. La cabra, hija, siempre tira al monte. T eres mejor nacida que +ella. Tu padre es un caballero blanco, y algn da has de ser rica y +andar en carruaje. Quin sabe? Pero Nemesia no ser nunca ms de lo que +es. Se casar, si se casa, con un mulato como ella, porque su padre +tiene ms de negro que de otra cosa. T, al contrario, eres casi blanca +y puedes aspirar a casarte con un blanco. Por qu no? De menos nos hizo +Dios. Y has de saber que blanco, aunque pobre, sirve para marido; negro +o mulato ni el buey de oro. Hablo por experiencia... Como que fui casada +dos veces... No recordemos cosas pasadas. Si t supieras lo que le +sucedi a una muchachita, cuasi de tu misma edad, por no hacer caso de +los consejos de una abuela suya, la cual le pronostic que si daba en +andar por las calles tarde de la noche le iba a suceder una gran +desgracia...</p> + +<p>—Cuntemelo, cuntemelo, Chepilla, repiti la nia con la curiosidad de +tal.</p> + +<p>—Pues, seor: una noche muy <i>escura</i>, en que soplaba el viento recio, +por cierto que era da de San Bartolom, en que, como ya te he dicho +otras veces, se suelta el diablo desde las tres de la tarde, estaba la +muchacha Narcisa, que ste era su nombre, sentada cantando bajito en el +quicio de piedra de su casa, mientras su abuela rezaba arrinconada +detrs de la ventana... Me acuerdo como si fuera ahora mismo. Pues +seor, haban tocado nimas en el Espritu Santo, y como el viento haba +apagado los pocos faroles, las calles estaban muy <i>escuras</i>, silenciosas +y solitarias, como boca de lobo. Pues segn iba diciendo, la muchachita +cantaba y la vieja rezaba el rosario, cuando estando as, cate que se +oye tocar un violn por all en vuelta del ngel. Qu se figur la +Narcisa? Que era cosa de baile, y sin pedirle permiso a la abuela, sin +decir oste ni moste, ech a correr y no par hasta la loma. As que la +vieja acab de rezar, creyendo que su nieta estaba en la cama, segn era +natural, cerr la puerta.</p> + +<p>—Y dej en la calle a la pobrecita? interrumpi Cecilia a la contadora +con muestras de ansiedad y lstima.</p> + +<p>—Ahora vers. La viejecita, antes de acostarse, porque ya era tarde y +se caa del sueo, cogi una vela y fue al catre de la nieta para ver si +dorma. Figrate cul no se quedara ella que la amaba tanto, al +encontrarse con el catre vaco. Corri a la puerta de la calle, la +abri, llam a gritos a la nieta: Narcisa! Narcisa! Pero Narcisa no +responde. Ya se ve, cmo haba de responder la infeliz si el diablo se +la haba llevado?</p> + +<p>—Cmo fue eso? pregunt azorada la nia.</p> + +<p>—Yo te lo contar, prosigui <i>sea</i> Chepa con calma, notando que +produca el efecto deseado su cuento de cuentos. Pues, seor, al llegar +Narcisa a las cinco esquinas del ngel, se le apareci un joven muy +galn, que le pregunt a dnde iba a aquella hora de la noche.—A ver un +baile, contest la inocente.—Yo te llevar, repuso el joven; y +cogindola por un brazo la sac a la muralla. Aunque era muy <i>escuro</i>, +repar Narcisa que segn iban andando el desconocido se pona prieto, +muy prieto, como carbn; que los pelos de la cabeza se le enderezaban +como lesnas; que al rer asomaba unos dientes tamaos como de cochino +jabal; que le nacan dos cuernos en la frente; que le arrastraba un +rabo peludo por el suelo, vamos, que echaba fuego por la boca como un +horno de hacer pan. Narcisa entonces dio un grito de horror y trat de +zafarse, pero la figura prieta le clav las uas en la garganta para que +no gritara, y, cargando con ella, se subi a la torre del ngel, que, +segn habrs reparado, no tiene cruz, y desde all la arroj en un pozo +hondsimo que se abri y volvi a cerrarse tragndosela en un instante. +Pues esto es, hija, lo que le sucede a las nias que no hacen caso de +los consejos de sus mayores.</p> + +<p>Dio aqu fin a su cuento <i>sea</i> Chepa y comenz la admiracin, el pavor +de Cecilia, la cual se puso a temblar de pies a cabeza y a dar diente +con diente, aunque sin cesar de bostezar, porque ms era el sueo que el +miedo; con lo que, dando traspis, se fue a la cama, que es a lo que +tiraba la astuta vieja. Muchos otros cuentos por el estilo le hizo a la +andariega muchacha; pero estamos seguros que no sac otro fruto con +ellos que llenar su cabeza de supersticiones y amilanar su espritu. +Ello es, que no por eso dej la chica de hacer su gusto, escapndose a +veces por la ventana, aprovechndose otras del momento en que la +enviaban a la taberna de la esquina inmediata, para andarse de calle en +calle y de plaza en plaza: cundo en pos de la incitativa msica de un +baile; cundo tras los tambores de los relevos; cundo de los carruajes +del entierro; cundo, en fin, de la turba muchachil que arrebata el +medio de plata en el bautizo.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_IVa" id="Capitulo_IVa"></a><span class="smcap">Captulo</span> IV</h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Traen el pensamiento</i><br /> +<i>Lleno de impudicia, y lo derraman</i><br /> +<i>En torpes mil escandalosas voces,</i><br /> +<i>Que inficionan el viento</i><br /> +<i>Y altamente publican lo que aman.</i></p> + +<p class="r smcap">Gonzlez Carvajal</p></div> + + +<p>Cinco o seis aos despus de la poca a que nos hemos contrado en los +dos captulos anteriores, a fines del mes de setiembre, haba dado +principio el convento de la Merced a la serie de ferias con que hasta el +ao de 1832, acostumbraban a solemnizar en Cuba las fiestas titulares +religiosas, consagradas a los santos patrones de las iglesias y +conventos; novenarios coincidentes a veces con el circular del +Sacramento, introducido en el culto de Cuba desde los primeros aos del +siglo por el Seor Obispo Espada y Landa.</p> + +<p>El novenario, de paso diremos, comenzaba nueve das anteriores a aqul +en que caa el del santo patrono, prolongndose hasta otros nueve, con +lo que se completaban dos novenas seguidas. Es decir, dieciocho das de +fiesta, religiosas y profanas, que tenan ms de grotescas y de +irreverentes que de devotas y de edificantes. En ese tiempo se deca +misa mayor con sermn por la maana y se cantaba salve a prima noche +dentro de la iglesia, con procesin por la calle el da del santo.</p> + +<p>Fuera del templo haba lo que se entenda por feria en Cuba, que se +reduca a la acumulacin en la plazuela o en las calles inmediatas, de +innumerables puestos ambulantes, consistentes en una mesa o tablero de +tijeras, cubiertos con un toldo y alumbrados por uno o ms candiles de +quemar grasa, donde se venda, no ciertamente artculo alguno de +industria o comercio del pas, ni producto del suelo, caza, ave ni +ganado, sino meramente baratijas de escassimo valor, confituras de +varias clases, tortas, obra de masa, avellanas, alcorza, agua de Loja y +ponche de leche. Aquello no era feriar en el sentido recto de la +palabra.</p> + +<p>Pero esto no era por cierto el rasgo ms notable de nuestras fiestas +circulares. Haba en el espectculo algo que se haca notable por +demasiado grosero y procaz. Nos contraemos ahora a los juegos de envite +y de manos que hacan parte de la feria y que provocaban con sus +estupendas, aunque mentirosas ganancias, la codicia de los incautos. Los +dirigan y ejecutaban en su mayora hombres de color y de la peor ralea. +Si bien groseros los artificios, no dejaban de engaar a muchos que se +daban por muy avisados. Estos tenan lugar en la plazuela o en la calle, +a la luz mortecina de los candiles o de los faroles de papel, y tomaban +en ellos parte gentes de todas clases, condiciones, edades y sexos. Para +las de alta posicin social, queremos decir, para los blancos, haba +algo ms decente, haba la casa de bailes, donde un Farruco, un Brito, +un Illas o un Marqus de Casa Calvo tenan puesta la banca o juego del +monte desde el oscurecer hasta pasada la media noche, mientras duraban +los dieciocho das de la feria.</p> + +<p>Procurbase que la casa o casas de bailes estuviesen lo ms vecino que +se pudiera a la parroquia o convento en que se celebraba el novenario. +En la sala se bailaba, en el comedor tocaba la orquesta, y en el patio +se jugaba al juego conocido por del monte. La mesa era larga y angosta, +para que cupiesen los ms de los jugadores sentados a ambos lados, el +tallador a una cabeza y en la otra su ayudante, que dicen gurrupi. Para +la proteccin de los jugadores y de los naipes, en caso de lluvia, +frecuentes en el otoo, se tenda un toldo del alero de la casa al +caballete de la tapia divisoria de la vecina. No todos los tahures, para +vergenza nuestra sea dicho, eran del sexo fuerte, hombres ya maduros, +ni de la clase lega, que en el grupo apiado y afanoso de los que +arriesgaban a la suerte de una carta, quizs el sustento de su familia +el da siguiente, o el honor de la esposa, de la hija o de la hermana, +poda echarse de ver una dama ms ocupada del albur que de su propio +decoro, o un mozo todava imberbe, o un fraile mercenario en sus hbitos +de estamea color de pajuela, con el sombrero de ala ancha encasquetado, +las cuentas del largo rosario entre el ndice y el pulgar de la mano +izquierda, y la derecha ocupada en colocar la moneda de oro o plata en +el punto que ms se daba, perdiendo o ganando siempre con la misma +serenidad de nimo que de semblante.</p> + +<p>El banquero, para llamarle por su nombre ms decente, era quien haca el +gasto del alquiler de la casa, el de la msica y el de las velas de +esperma con que se alumbraban la sala de baile, el comedor y la mesa del +juego. Todo esto se haca para atraer a los jugadores. La entrada, por +supuesto, era libre, aunque el bastonero, que tambin tiraba sueldo, no +admita toda clase de persona. En aquella poca corra mucho la moneda +fuerte, los duros espaoles y las onzas de oro. La plata menuda +escaseaba, y era cosa de or el continuo retintn de los pesotes +columnarios y sonoras onzas, que maquinalmente dejaban caer los tahures +de una mano a otra o sobre la mesa, como para distraer el pensamiento y +de algn modo interrumpir el solemne silencio del azaroso juego.</p> + +<p>Que nada de lo que aqu se traza a grandes rasgos estaba prohibido o no +ms que tolerado por las autoridades constituidas, se desprende +claramente del hecho de que los garitos en Cuba pagaban una +contribucin al gobierno para supuestos objetos de caridad. Qu ms? La +publicidad con que se jugaba al monte en todas partes de la Isla +principalmente durante la ltima poca del mando del capitn general don +Francisco Dionisio Vives, anunciaba, a no dejar duda, que la poltica de +ste o de su gobierno se basaba en el principio maquiavlico de +corromper para dominar, copiando el otro clebre del estadista romano: +<i>divide et impera</i>. Porque equivala a dividir los nimos, el +corromperlos, cosa que no viese el pueblo su propia miseria y su +degradacin.</p> + +<p>Pero esta digresin, por ms necesaria que fuese, nos ha desviado un +tanto del punto objetivo de la presente historia. Nuestra atencin la +atraa por completo un baile de la clase baja que se daba en el recinto +de la ciudad por la parte que mira al Sur. La casa donde tena efecto, +ofreca run apariencia, no ya por su fachada gacha y sucia, como por el +sitio en que se hallaba, el cual no era otro que el de la garita de San +Jos, opuesto a la muralla, en una calle honda y pedregosa. Aunque de +puerta ancha con postigo, no formaba lo que se entiende en Cuba por +zagun, pues abra derecho a la sala. Tras sta vena el comedor con el +correspondiente tinajero, armazn piramidal de cedro, en que persianas +menudas encerraban la piedra de filtrar, la tinaja colorada barrigona, +los bcaros, de una especie de <i>terra cotta</i> y las plidas alcarrazas de +Valencia, en Espaa. Al comedor dicho daba la puerta lateral del primer +aposento, ocupado en su mayor parte por dos rdenes de sillones de +vaqueta colorada, una cama con colgaduras de muselina blanca y un +armario, al que dicen en La Habana escaparate. Otros cuartos seguan a +se, atestados de muebles ordinarios, y paralelo a ellos un patio largo +y angosto, tambin obstruido en parte por el brocal alto de un pozo +cuyas aguas salobres divida con la casa contigua, terminando cuartos y +patio en una saleta atravesada y exenta.</p> + +<p>En esta ltima se hallaba una mesa de regular tamao, ya vestida y +preparada con cubiertos como para hasta diez personas; algunos refrescos +y manjares, agua de Loja, limonada, vinos dulces, confituras, panetelas +cubiertas, suspiros, merengues, un jamn adornado con lazos de cintas y +papel picado, y un gran pescado, nadando casi en una salsa espesa de +fuerte condimento. En la sala haba muchas sillas ordinarias de madera +arrimadas a las paredes, y a la derecha, como se entra de la calle, un +canap, con varios atriles de pie derecho por delante. Aqul, a la sazn +que principia nuestro cuento, le ocupaban hasta siete negros y mulatos +msicos, tres violines, un contrabajo, un flautn, un par de timbales y +un clarinete. El ltimo de los instrumentos aqu mencionados se hallaba +a cargo de un mulato joven, bien plantado y no mal parecido de rostro, +quien, no obstante sus pocos aos, diriga aquella pequea orquesta.</p> + +<p>Ese se vea de pie a la cabeza del canap por el lado de la calle. Sus +compaeros, casi todos mayores que l, le decan Pimienta, y ya fuese un +sobrenombre, ya su verdadero apellido, por ste lo designaremos de aqu +adelante. Su mirada distrada y aun sombra, no se apartaba de la puerta +de la calle, como si esperase algo o a alguien, en los momentos de que +hablamos ahora.</p> + +<p>Pero aquella puerta, lo mismo que la ventana de bastidor cuadrado, se +vea asediada de una multitud de curiosos de todas edades y condiciones, +que apenas permitan acceso a la sala a las mujeres y hombres con +derecho o voluntad de entrar. Y decimos con derecho o voluntad porque +nadie presentaba papeleta, ni haba bastonero que recibiese o +aposentase. El baile, conocidamente era uno de los que, sin que sepamos +su origen, llamaban <i>cuna</i> en La Habana. Slo sabemos que se daban en +tiempo de ferias, que en ellos tenan entrada franca los individuos de +ambos sexos de la clase de color, sin que se le negase tampoco a los +jvenes blancos que solan honrarlos con su presencia. El hecho, sin +embargo, de tenerse preparado en el interior un buen refresco, prueba, +que si aquella era una <i>cuna</i> en el sentido lato de la palabra, parte al +menos de la concurrencia haba recibido previa invitacin o esperaba ser +bien recibida. As era en efecto la verdad. La ama de la casa, mulata +rica y rumbosa, llamada Mercedes, celebraba su santo en unin de sus +amigos particulares, y abra las puertas para que disfrutaran del baile +los aficionados a esta diversin y contribuyeran con su presencia al +mayor lustre e inters de la reunin.</p> + +<p>Seran las ocho de la noche. Desde por la tarde haban estado cayendo +los primeros chubascos de otoo, y aunque haban suspendido hacia el +oscurecer, tras haber empapado el suelo, dejando las calles +intransitables, no haban refrescado la atmsfera. Lejos de ello, haba +quedado tan saturada de humedad, que se adhera a la piel y herva en +los poros. Pero no eran estos inconvenientes para los curiosos que, +segn hemos dicho antes, asediaban la puerta y la ventana, hasta llenar +casi la mitad de la angosta y torcida calle; ni para los concurrentes al +baile, que a medida que avanzaba la noche llegaban en mayor nmero, unos +a pie, otros en carruaje. Cosa de las nueve la sala de baile era un +hervidero de cabezas humanas; las mujeres sentadas en las sillas del +rededor y los hombres de pie en medio, formando grupo compacto, todos +con los sombreros puestos; por lo cual la cabeza que sobresala, de +seguro que tropezaba con la bomba de cristal, suspendida de una vigueta +por tres cadenas de cobre, en que arda la nica vela de esperma para +alumbrar a medias aquella tan extraa como heterognea multitud.</p> + +<p>Bastante era el nmero de negras y mulatas que haban entrado, en su +mayor parte vestidas estrafalariamente. Los hombres de la misma clase, +cuya concurrencia superaba a la de las mujeres, no vestan con mejor +gusto, aunque casi todos llevaban casaca de pao y chaleco de piqu, los +menos chupa de lienzo, dril o Arabia, que entonces se usaban +generalmente, y sombrero de pao. No escaseaban tampoco los jvenes +criollos de familias decentes y acomodadas, los cuales sin empacho se +rozaban con la gente de color y tomaban parte en su diversin ms +caracterstica, unos por mera aficin y otros movidos por motivos de +menos puro origen. Aparece que algunos de ellos, pocos en verdad, no se +recataban de las mujeres de su clase, si hemos de juzgar por el +desembarazo con que se detenan en la sala de baile y dirigan la +palabra a sus conocidas o amigas, a ciencia y presencia de aqullas que, +mudas espectadoras, los vean desde la ventana de la casa.</p> + +<p>Distinguase entre los jvenes dichos antes, as por su varonil belleza +de rostro y formas, como por sus maneras joviales, uno a quien sus +compaeros decan Leonardo. Vesta pantaln y chupa de dril crudo con +listas rosadas, chaleco blanco de piqu, corbata de seda ajustada al +cuello por un anillo de oro y las puntas sueltas, sombrero de yarey, tan +fino que pareca hecho de holn Cambray, calcetn de seda de color de +carne y zapato bajo con hebillita de oro al lado. Por debajo del +chaleco, asomaba una cinta de aguas rojo y blanco, doblada en dos y +sujetas las puntas con una hebilla tambin de oro. Esta serva de cadena +al reloj en el bolsillo del pantaln. Haba all otro hombre que se +distingua ms si cabe que Leonardo, aunque por distinto camino, esto +es, por lo que diferan a su opinin y se rean de sus chocarreras los +negros y mulatos, y por la familiaridad con que trataba a las mujeres, +sobre todas al ama de la casa. Frisaba ya en los cuarenta aos de edad +ese sujeto, no tena pelo de barba, era blanco de rostro, con ojos +grandes y alocados, la nariz larga, roja hacia la punta, indicio de su +poca sobriedad, la boca grande, ms expresiva. Portaba siempre debajo +del brazo izquierdo una caa de Indias con puo de oro y borlas de seda +negra. Le acompaaba a todas partes, como la sombra al cuerpo, un +hombre de facha ordinaria, notable por la estrechez de la frente, por +sus movibles y ardientes ojicos, y, sobre todo, por sus enormes patillas +negras, que le daban el aire antes de bandolero que de alguacil; empleo +que desempeaba entonces, pues el otro a quien segua era nada menos que +Cantalapiedra, comisario del barrio del ngel, el cual abandonaba por +andarse tras la tentadora cuna.</p> + +<p>Rato haca que la msica tocaba las sentimentales y bulliciosas +contradanzas cubanas, aunque todava el baile, para valernos de la frase +vulgar, no se haba rompido. Acomodaba afanosa el ama de la casa a sus +amigas particulares y de ms edad en los sillones del aposento, para que +a salvo de las pisadas y tropiezos pudiesen gozar de la fiesta al mismo +tiempo que no perder de vista a los objetos o de su cuidado, o de su +cario, que como jvenes quedaban en la sala. Pimienta, el clarinete, se +mantena en pie a la cabeza de la orquesta, tocando su instrumento +favorito, casi de frente para la calle, cual si no hubiese entrado an +la persona digna de su msica, o quisiera ser el primero en verla +entrar. Pareca, sin embargo, intil este cuidado, por cuanto no entraba +hombre ni mujer que no tuviera algo que decirle al paso. A todos estos +saludos contestaba l invariablemente con un movimiento de cabeza, si se +excepta que cuando le toc su vez al capitn Cantalapiedra, quien con +su acostumbrada familiaridad le puso la mano en el hombro y le habl en +secreto, contest quitndose el instrumento de la boca:—As parece, mi +capitn.</p> + +<p>Poda advertirse que cada vez que entraba una mujer notable por alguna +circunstancia, los violines, sin duda para hacerle honor, apretaban los +arcos, el flautn o requinto perforaba los odos con los sones agudos de +su instrumento, el timbalero repiqueteaba que era un primor, el +contrabajo, manejado por el despus clebre Brindis,<a name="FNanchor_7_7" id="FNanchor_7_7"></a><a href="#Footnote_7_7" class="fnanchor">[7]</a> se haca un +arco con su cuerpo y sacaba los bajos ms profundos imaginables, y el +clarinete ejecutaba las ms difciles y melodiosas variaciones. Aquellos +hombres, es innegable, se inspiraban, y la contradanza cubana, creacin +suya, aun con tan pequea orquesta, no perda un pice de su gracia +picante ni de su carcter profundamente malicioso-sentimental.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_Va" id="Capitulo_Va"></a><span class="smcap">Captulo</span> V</h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>—Habis visto en vuestra vida</i><br /> +<i>Mujer ms airosa?</i><br /> +<i>—No.</i><br /> +<i>Ni al Parque jams sali</i><br /> +<i>Ms aseada y bien prendida</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">Caldern</span></p> + +<p>Maanas de Abril y Mayo</p></div> + + +<p>Despus de dar una vuelta por la sala, el comisario Cantalapiedra se +entr de rondn en el aposento, y en son de broma le tap por detrs los +ojos al ama de la casa, en los momentos en que ella se inclinaba sobre +la cama para depositar la <i>manta</i> de una de sus amigas que acababa de +entrar de la calle. La tal ama de la casa, Mercedes Ayala, era una +mulata bastante vivaracha y alegre a pesar de sus treinta y pico +cumplidos, regordeta, baja de cuerpo y no mal parecida. Atrapada y todo +por detrs, no se cort ni turb por eso; antes por un movimiento +natural acudi con entrambas manos a tentar las del que la impeda ver, +y sin ms dilacin dijo:—Este no puede ser otro que Cantalapiedra.</p> + +<p>—Cmo me conociste, mulata? pregunt l.</p> + +<p>—Toma! repuso ella. Por el aquel de algunas gentes.</p> + +<p>—El aquel mo o tuyo?</p> + +<p>—El de los dos, seor, para que no haya disgusto.</p> + +<p>Tras lo cual el comisario la atrajo a s suavemente por la cintura con +el brazo derecho y le dijo una cosa al pao que la hizo rer mucho; +aunque, apartndole con ambas manos, repuso:</p> + +<p>—Quite all, lisonjero. La que trastorna el juicio est al caer. Ya yo +ya... Ctela Vd.</p> + +<p>Si con estas ltimas palabras aluda la Ayala a una de las dos muchachas +que en aquel mismo punto se apearon de un lujoso carruaje a la puerta de +la casa, hecho anunciado por el movimiento general de cabezas de dentro +y fuera de ella, no cabe duda que tena sobrada razn. No la haba ms +hermosa ni ms capaz de trastornar el juicio de un hombre enamorado. Era +la ms alta y esbelta de las dos, la que tom la delantera al descender +del carruaje lo mismo que al entrar en la sala de baile, de brazo con un +mulato que sali a recibirla al estribo, y la que, as por la +regularidad de sus facciones y simetra de sus formas, por lo estrecho +del talle, en contraste con la anchura de los hombros desnudos, por la +expresin amorosa de su cabeza, como por el color ligeramente bronceado, +bien poda pasar por la Venus de la raza hbrida etipico-caucsica. +Vesta traje de punto ilusin sobre viso de raso blanco, mangas cortas +con ahuecadores, que las hacan parecer dos globos pequeos, banda de +cinta ancha encarnada a travs del pecho, guantes de seda largos hasta +el codo, tres sartas de brillantes corales al cuello, y una pluma blanca +de marab con flores naturales, las que, con el pelo hecho un rodete +bajo y un orden de rizos de sien a sien, por detrs, daban a su cabeza +el aire de una gorra antigua de terciopelo negro, que es lo que ella o +su peluquero se haba propuesto contrahacer. La compaera iba vestida y +peinada con poco ms o menos como ella, pero no siendo ni con mucho tan +esbelta y bella, no atrajo tanto la atencin.</p> + +<p>Volvanse las mujeres todo ojos para verla, los hombres le abran paso, +le decan alguna lisonja o chocarrera, y en un instante el rumor sordo +de:—La <i>Virgencita de bronce, la Virgencita de bronce</i>, recorri de un +extremo a otro la casa del baile. Que la reina de ste acababa de +presentarse, sin la orquesta, dieron de ello claras muestras la +animacin y el movimiento difundidos por todas partes. Al pasar ella por +junto al clarinete Pimienta, le toc con el abanico en el brazo, +acompaando la accin con una sonrisa, que fueron parte para que el +artista, que por lo visto esperaba aquel instante con ansia devoradora, +sacara de su instrumento las melodas ms extraas y sensibles, cual si +la musa de sus sueos platnicos hubiese bajado a la tierra y adoptado +la forma de una mujer slo para inspirarle. Puede decirse en resumen que +el golpe del abanico surti en el msico el efecto de una descarga +elctrica cuya sensacin, si es dable expresarlo as, poda leerse lo +mismo en su rostro que en todo su cuerpo, desde el cabello a la planta. +No se cruzaron palabras entre ellos, por supuesto, ni parecan +necesarias tampoco, al menos por lo que a l tocaba, pues el lenguaje de +sus ojos y de su msica era el ms elocuente que poda emplear ser +alguno sensible, para expresar la vehemencia de su amorosa pasin.</p> + +<p>Tambin le toc con su abanico y se sonri con Pimienta la compaera de +la llamada <i>Virgencita de bronce</i> pero el menos observador pudo advertir +que el toque y la sonrisa de la una no tuvieron sobre l, ni con mucho, +la influencia mgica de los de la otra. Al contrario, sus miradas se +encontraron con natural y sereno movimiento, por donde era fcil colegir +que haba inteligencia entre ella y el msico, pero aquella inteligencia +que tiene por origen la amistad o el parentesco, no el amor. Sea de esto +lo que se fuere, Pimienta sigui con la vista a las dos muchachas, en +cuanto se lo permitan las gentes, hasta que entraron en el primer +aposento, por la puerta del comedor, entonces ces de tocar y par la +msica.</p> + +<p>Los jvenes blancos, con Cantalapiedra a su cabeza, se haban situado al +fin en el comedor, cerca de esa puerta de comunicacin, para hallarse a +la mira, lo mismo de las mujeres que entraban de la calle, como de las +que salan a bailar en la sala. El que llamaban Leonardo, no bien not +la aproximacin del carruaje en que llegaban las dos muchachas arriba +mencionadas, se abri camino a la calle con alguna dificultad, y se +dirigi derecho al calesero, al cual le habl en baja voz. Este, para +orlo, se inclin desde la silla del caballo que montaba, se quit el +sombrero en seal de respeto, y diciendo,—s, seor,—al punto ech a +escape con el carruaje la vuelta del hospital de mujeres de Paula.</p> + +<p>Mientras las dos muchachas pasaban del comedor al cuarto, la ms hermosa +pregunt a su amiga en tono de voz que pudieron or algunos de los +circunstantes:</p> + +<p>—Lo has visto, Nene?</p> + +<p>—Te ciega el amor? contest la compaera con otra pregunta.</p> + +<p>—No es eso, china, sino que no lo he visto. Qu quieres?</p> + +<p>—Pues por tu lado pas como un reguilete, cuando nosotras entrbamos.</p> + +<p>Con esto la otra ech una rpida ojeada en torno del grupo de cabezas +que la rodeaban y se inclinaban sobre ella, en el afn de verla a su +sabor y de atraer sus miradas. Pero no cabe duda que sus ojos no +tropezaron con los del individuo, cuyo nombre ninguna de las dos +mencion, porque torci el ceo y dio claras muestras de su desazn. +Cantalapiedra, sin embargo, oyendo sus palabras y observando su +semblante, dijo: Cmo! Qu, no me ves? Aqu me tienes, cielo!</p> + +<p>La joven hizo un mohn muy sonoro y no replic palabra. Por el +contrario, Nemesia, que se pereca por los dimes y diretes, contest con +ms viveza que gracia:</p> + +<p>—Ah se poda estar el seor toda la vida. <i>Naide</i> preguntaba por el +seor.</p> + +<p>—Ni yo hablaba contigo, poca sal.</p> + +<p>—Ni se necesita, cristiano.</p> + +<p>—Qu lengua, qu lengua! repiti el comisario.</p> + +<p>Todo esto pas en un instante, sin volver atrs la cara las muchachas, +ni pararse a conversar, sino el tiempo necesario para que los hombres +les abrieran paso. Ya en la puerta del aposento, la Ayala recibi a sus +amigas con los brazos abiertos y muchas demostraciones de alegra y de +cario. Y ya fuese por cumplimiento, ya porque as en efecto lo senta, +dijo casi a gritos:—Por ustedes se aguardaba para romper el baile. +Cmo est Chepilla? continu hablando con la ms joven. No ha venido? +Empezaba a creer que haba habido novedad.</p> + +<p>—Por poco no vengo, contest la preguntada. Chepilla no se senta +buena, y luego se ha puesto tan impertinente. El quitrn esper por +nosotras media hora por lo menos.</p> + +<p>—Ms vale que no haya venido, continu la Mercedes. Porque la cosa va a +durar hasta el alba y ella no podra resistir. Denme sus <i>mantas</i>.</p> + +<p>Tiempo era ya de que la fiesta comenzase. En efecto, no tard en +presentarse en el aposento ocupado por las matronas un mulato alto, +calvo, algo entrado en aos, aunque robusto, quien plantndose delante +de la Mercedes Ayala, le dijo en voz bronca y con los brazos levantados:</p> + +<p>—Vengo por la gracia y la sal para romper el baile.</p> + +<p>—Pues, hermano, a la otra puerta, que aqu no es, repuso la Ayala con +mucha risa.</p> + +<p>—No hay que venirme con sas, seora, porque yo soy porfiado. Adems, +que a nadie sino al ama de la casa corresponde el honor de romper el +baile; con ms que es su natalicio.</p> + +<p>—Eso sera bueno si no hubiera en esta selecta reunin muchachas +bonitas, a quienes de derecho corresponde el dominio y la gloria en +todas partes.</p> + +<p>—Ya se ve, agreg el calvo, que no faltan esta noche en tan selecta +reunin muchas y muy bonitas muchachas, pero esta circunstancia, que +concurre tambin en el ama de la casa, no les da derecho a romper el +baile. Hoy en el da de su santo, Merceditas, es Vd. el ama de la casa, +donde celebramos tan fausto da, y es Vd. la gracia y la sal del mundo. +He dicho algo? concluy recorriendo con la vista los circunstantes en +busca de su aprobacin.</p> + +<p>Todos, que ms que menos, ya con palabras, ya con la accin, +manifestaron su aquiescencia, de manera que la Ayala tuvo que ponerse en +pie, y mal su grado seguir al compaero a la sala. Por entonces ya +haban despejado los hombres, dejando un buen espacio libre en el +centro. El calvo llevaba de la mano a la Ayala, y con ella se cuadr de +frente para la orquesta, a la cual mand en tono imperioso que tocase un +minu de corte. Este baile serio y ceremonioso estaba en desuso en la +poca de que hablamos; pero por ser propio de seores o gente principal, +la de color de Cuba le reservaba siempre para dar principio a sus +fiestas.</p> + +<p>Bailaba aquella anticuada pieza con bastante gracia por parte de la +mujer y con aire grotesco por la del hombre, saludaron a la primera los +circunstantes con estrepitosos aplausos, y luego, sin ms demora, +comenz de veras el baile, es decir, la danza cubana, modificacin tan +especial y peregrina de la danza espaola, que apenas deja descubrir su +origen. Uno de tantos presentes se arrest a invitar a la joven de la +pluma blanca, como si dijramos, a la musa de aquella fiesta, y ella, +sin hacerse de rogar ni poner ningn reparo, acept de plano la +invitacin. Cuando pasaba del aposento a la sala, para ocupar su puesto +en las filas de la danza, se le escap a una de las mujeres la siguiente +audible exclamacin:</p> + +<p>—Qu linda! Dios la guarde y la bendiga.</p> + +<p>—El mismo retrato de su madre, que santa gloria haya, agreg otra.</p> + +<p>—Cmo! Que muri la madre de esa nia? pregunt muy azorada una +tercera.</p> + +<p>—Toma! Que ahora se desayuna Vd. de eso? repuso la que habl en +segundo lugar. Pues no oy Vd. decir que haba muerto de resultas de +haber perdido a su hija a los pocos das de nacida?</p> + +<p>—No entiendo cmo la perdi si vive.</p> + +<p>—No me ha dejado Vd. explicar, <i>sea</i> Caridad. Perdi a su hija a los +pocos das de nacida porque se la quitaron cuando menos lo esperaba. Hay +quien diga que la abuela, para ponerla en la Real Casa Cuna y hacerla +pasar por blanca; hay quien diga que la abuela no fue la ladrona, sino +el padre de la muchacha, que era un caballero de muchas campanillas y ya +se haba arrepentido de sus tratos y contratos con la madre. Esta perdi +junto con la hija el juicio, y cuando le volvieron la hija, por consejo +de los mdicos, ya fue tarde, porque si recobr el juicio, que hay quien +lo duda, no recobr la salud, y muri en Paula.</p> + +<p>—Ha contado Vd. una historia, <i>sea</i> Trinidad, dijo pasito la Ayala con +sonrisa de incredulidad a la mulata que acababa de hablar.</p> + +<p>—Hija, replic la Trinidad alto, como me la contaron la cuento; ni +quito ni pongo de mi caudal.</p> + +<p>—Pues segn mis informes, que son de buena tinta, continu la Ayala, +Vd. o la que le cont la historia aadi mucho de su propio caudal. Lo +digo porque no se sabe de cierto si la madre de la nia sta vive o +muere; lo nico que est bien averiguado es que la abuela oculta a la +nieta el nombre de su padre, aunque es preciso ser ciega para no verlo o +conocerlo. Cuando menos anda ahora mismo por las ventanas, siguindole +los pasos a la hija, como que no la pierde de vista un punto. Parece que +ese hombre ingrato y desnaturalizado, arrepentido de su conducta con la +infeliz Rosarito Alarcn, no halla otro medio de expiar su culpa que +seguir a la hija de cuna en cuna y de ponina en ponina, para ver si la +liberta de los peligros del mundo. No tenga cuidado. Trabajo le mando. +Como que as as se le cortan las alas al pjaro que una vez emprendi +el vuelo.</p> + +<p>—Pero se puede saber, pregunt la que dijeron Caridad, quin es el +seorn de que se trata? Porque aqu tiene Vd. una persona que no lo +conoce ni lo ha visto nunca, y no me parece que soy sorda ni ciega.</p> + +<p>—Como s lo que es una curiosidad no satisfecha, <i>sea</i> Caridad, voy a +sacarla de dudas, dijo la Ayala acercndose. Creo que hablo con una +mujer de secreto, y por eso le digo todo lo que hay en el asunto. +Apuradamente no tengo por qu andar con tapujos a estas horas. Sepa que +el hombre es...; y ponindole ambas manos en los hombros a la curiosa, +le comunic en secreto el nombre del individuo. Lo conoce Vd. ahora? +concluy preguntando la Ayala.</p> + +<p>—Por supuesto que s, contest <i>sea</i> Caridad. Como a mis manos. Lo ms +que yo conoca. Por cierto que...; pero cllate, lengua.</p> + +<p>Seran las diez de la noche y entonces estaba en su punto el baile. +Bailbase con furor. Decimos con furor porque no encontramos trmino que +pinte ms al vivo aquel mover incesante de pies, arrastrndolos +muellemente junto con el cuerpo al comps de la msica; aquel revolverse +y estrujarse en medio de la apiada multitud de bailadores y mirones, y +aquel subir y bajar la danza sin tregua ni respiro. Por sobre el ruido +de la orquesta con sus estrepitosos timbales, poda orse, en perfecto +tiempo con la msica, el montono y continuo chis, chas de los pies; sin +cuyo requisito no cree la gente de color que se puede llevar el comps +con exacta medida en la danza criolla.</p> + +<p>En la poca a que nos referimos, estaban en boga las contradanzas de +figuras, algunas difciles y complicadas, tanto que era preciso +aprenderlas por principio antes de ponerse a ejecutarlas, pues se +expona a la risa del pblico el que las equivocaba, equivocacin a que +decan <i>perderse</i>. Aquel que se colocaba a la cabeza de la danza pona +la figura, y las dems parejas deban ejecutarla o retirarse de las +filas. En todas las <i>cunas</i> generalmente haba algn maestro a quien +cedan o se tomaba el derecho de <i>poner la figura</i>, la misma que al +volver a la cabeza de la danza la cambiaba a su antojo. El que ms raras +y complicadas figuras pona, ms crdito ganaba de excelente bailador, y +se tena a honra entre las mujeres el ser su compaera o pareja. Con el +maestro <i>per se</i>, fuera de esa distincin, que se disputaba a veces, +haba la seguridad de no <i>perderse</i>, ni verse en la triste necesidad de +sentarse, sin haber bailado, despus de haberse colocado en las filas de +la danza.</p> + +<p>En la noche en cuestin, bailaba el maestro con Nemesia, la amiga +predilecta de la joven de la pluma blanca. Haba l puesto muchas y muy +raras figuras, dejando conocidamente para lo ltimo la ms difcil y +complicada. La segunda, tercera, cuarta y quinta parejas salieron +airosas de la prueba, ejecutando la figura con los mismos enlaces, +desenlaces y actitudes del maestro; pero no obstante el espacio que tuvo +para estudiarla y aprenderla el compaero de la apellidada <i>Virgencita +de bronce</i>, pues ocupaba en las filas el sexto lugar, a medida que se +acercaba su turno, creca su ansiedad y volva el rostro hacia los +msicos, en ademn suplicatorio, como esperando que adivinaran su +aprieto y parasen la msica. Aquella inquietud se comunic a la +muchacha, la cual conoci que iba a pasar por la vergenza de tener que +sentarse en lo ms animado y divertido de la danza. El temor lleg a +dominar todo su ser, ponindola plida y nerviosa. Lo que pasaba en el +nimo de esa pareja no tard en hacerse visible a los ojos de las dems +parejas y de muchos de los espectadores del baile.</p> + +<p>La idea no ms de que la hasta all reina de la <i>cuna</i> poda verse +obligada a retirarse, antes de tiempo, de las filas, haba llenado de +cruel y envidioso regocijo a las otras muchachas a quienes haban +mortificado sobre manera las preferencias y pblicos elogios que de +ella hacan los hombres desde el momento de su entrada en el baile. En +aquellas crticas circunstancias, Pimienta, que no la haba perdido +tampoco un punto de vista en medio de sus caprichosos giros y del +tumulto de la danza, comprendi al vuelo lo que pasaba, y sin advertir a +nadie de su intento, par la msica de golpe. Respir con desahogo el +compaero de la joven, y sta pag con una sonrisa celestial aquel +socorro tan a tiempo del director de la orquesta.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_VIa" id="Capitulo_VIa"></a><span class="smcap">Captulo</span> VI</h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Y del tumulto indiscreto</i><br /> +<i>Que ardiente en su torno gira,</i><br /> +<i>Ninguno le dijo: "mira,</i><br /> +<i>Aqul te adora en secreto.</i><br /> +<i>Que oyendo y vindote est".</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">Ramn de Palma</span></p> + +<p>Quince de Agosto</p></div> + + +<p>Habr comprendido ya el discreto lector, que la <i>Virgencita de bronce</i> +de las anteriores pginas no es otra que Cecilia Valds, la misma +jovenzuela andariega que procuramos darle a conocer al principio de esta +verdica historia. Hallbase, pues, en la flor de su juventud y de su +belleza, y empezaba a recoger el idlatra tributo que a esas dos +deidades rinde siempre con largueza el pueblo sensual y desmoralizado. +Cuando se recuerde la descuidada crianza y se una a esto la soez +galantera que con ella usaban los hombres, por lo mismo que era de la +raza hbrida e inferior, se formar cualquier idea aproximada de su +orgullo y vanidad, mviles secretos de su carcter imperioso. As es +que, sin vergenza ni reparo, a menudo manifestaba sus preferencias por +los hombres de la raza blanca y superior, como que de ellos es de +quienes poda esperar distincin y goces, con cuyo motivo sola decir a +boca llena,—que en verbo de mulato slo quera las <i>mantas</i> de +seda<a name="FNanchor_8_8" id="FNanchor_8_8"></a><a href="#Footnote_8_8" class="fnanchor">[8]</a>, de negro slo los ojos y el cabello.</p> + +<p>Fcil es de creer, que una opinin tan francamente emitida como +contraria a las aspiraciones de los hombres de las dos clases +ltimamente mencionadas, no les hara buena sangre, segn suele decirse. +Con todo eso, bien porque no se creyese sincera a su autora cuando la +expresaba, bien porque se esperaba que hiciera una excepcin, bien +porque siendo tan bella era imposible verla sin amarla, lo cierto es que +ms de un mulato estaba perdido de amores por ella, sobre todos +Pimienta, el msico, como habr podido advertirse. Este tal gozaba la +inapreciable ventaja sobre los dems pretendientes, de ser hermano de la +amiga ntima y compaera de la infancia de Cecilia, con cuyo motivo +poda verla a menudo, tratarla con intimidad, hacrsele necesario y +ganar tal vez su rebelde corazn a fuerza de devocin y de constancia. +A quin no ha halagado en su vida esperanza ms efmera? De todos +modos, l siempre tena presente aquel canto popular de los poetas +espaoles, que principia:—Labra el agua sin ser dura, un mrmol +endurecido,—y puede decirse, en honor de la verdad, que Cecilia le +distingua entre los hombres de su clase que se le acercaban a +celebrarla, si bien semejante distincin, hasta la fecha presente, no +haba pasado de uno que otro rasgo de amabilidad con un hombre por otra +parte muy amable, corts y atento con las mujeres.</p> + +<p>Acabada la danza, se inund de nuevo la sala y comenzaron a formarse los +grupos en torno de la mujer preferida por bella, por amable o por +coqueta. Pero en medio de la aparente confusin que entonces reinaba en +aquella casa, poda observar cualquiera que, al menos entre los hombres +de color y los blancos, se hallaba establecida una lnea divisoria que, +tcitamente y al parecer sin esfuerzo, respetaban de una y otra parte. +Verdad es que unos y otros se entregaban al goce del momento con tal +ahinco, que no es mucho de extraar olvidaran por entonces sus mutuos +celos y odio mutuo. Adems de eso, los blancos no abandonaron el comedor +y aposento principal, a cuyas piezas acudan las mulatas que con ellos +tenan amistad, o cualquier otro gnero de relacin, o deseaban tenerla; +lo cual no era ni nuevo ni extrao, atendida su marcada predileccin. +Cecilia y Nemesia, por uno u otro de estos motivos, o por su estrecha +amistad con el ama de la casa, no bien concluy la danza se fueron +derecho al aposento y ocuparon asiento detrs de las matronas hacia el +comedor. All, sin ms dilacin, se form el grupo de los jvenes +blancos, porque, ya se ha dicho, aquellas dos muchachas eran las ms +interesantes del baile. Las personas conspicuas de ese grupo, sin +disputa que eran tres: el comisario Cantalapiedra, Diego Meneses y su +amigo ntimo el joven conocido por Leonardo. Este ltimo tena apoyada +la mano derecha en el canto del respaldo de la silla ocupada por +Cecilia, quien, por casualidad o a posta, le estruj los dedos con la +espalda.</p> + +<p>—As trata Vd. a sus amigos? Le dijo Leonardo sin retirar la mano, +aunque le escoca bastante.</p> + +<p>Contentose Cecilia con mirarlo de soslayo y torcerle los ojos cual si la +palabra amigo sonase mal en quien deba saber que era tratado como +enemigo.</p> + +<p>—Esa nia est hoy muy desdeosa, dijo Cantalapiedra, que not la +accin y la mirada.</p> + +<p>—Y cundo no? dijo Nemesia sin volver la cara.</p> + +<p>—Nadie te ha dado vela en este entierro, repuso el comisario.</p> + +<p>—Y al seor quin se la ha dado? agreg Nemesia mirndole entonces de +reojo.</p> + +<p>—A m? Leonardo.</p> + +<p>—Pues a m, Cecilia.</p> + +<p>—No hagas caso, mujer, dijo esta ltima a su amiga.</p> + +<p>—Si no fuera por qu... yo te pona ms suave que un guante, aadi +Cantalapiedra hablando directamente con Cecilia.</p> + +<p>No ha nacido todava, dijo ella, el que me ha de hacer doblar el cocote.</p> + +<p>—Tienes esta noche palabras de poco vivir, le dijo entonces Leonardo, +inclinndose hasta ponerle la boca en el odo.</p> + +<p>—Me la debe Vd. y me la ha de pagar, le contest ella en el propio tono +y con gran rapidez.</p> + +<p>—Al buen pagador no le duelen prendas, dice a menudo mi padre.</p> + +<p>—Yo no entiendo de eso, repuso Cecilia. Slo s que Vd. me ha desairado +esta noche.</p> + +<p>—Yo...? Vida ma...</p> + +<p>En aquella misma sazn se acerc Pimienta por la puerta de la sala +saludando a un lado y a otro a sus amigas, y cuando se puso al alcance +de Cecilia sta le ech mano del brazo derecho con desacostumbrada +familiaridad, y le dijo, afectando tono y aire volubles:—Oiga! Qu +bien cumple un hombre su palabra empeada!</p> + +<p>—Nia—contest con solemne tono, aunque acaso no era para tanto—Jos +Dolores Pimienta siempre cumple su palabra.</p> + +<p>—Lo cierto es que la contradanza prometida an no se ha tocado.</p> + +<p>—Se tocar, Virgencita, se tocar, porque es preciso que sepa que a su +tiempo se maduran las uvas.</p> + +<p>—La esperaba en la primera danza.</p> + +<p>—Mal hecho. Las contradanzas dedicadas no se tocan en la primera, sino +en la segunda danza, y la ma no deba salir de la regla.</p> + +<p>—Qu nombre le ha puesto? pregunt Cecilia.</p> + +<p>—El que se merece por todos estilos la nia a quien va dedicada: +<i>Caramelo vendo</i>.</p> + +<p>—Ah! Esa no soy yo por cierto, dijo la joven corrida.</p> + +<p>—Quin sabe, nia! Qu tarde vinieron! agreg hablando con su hermana +Nemesia.</p> + +<p>—No me digas nada, Jos Dolores, repuso sta. Cost Dios y ayuda +persuadir a Chepilla el que nos dejase venir solas, porque lo que es +ella no poda acompaarnos. Consinti a lo ltimo porque vinimos en +quitrn. Y an as, (para aadir estas palabras mir a Cecilia como +consultando su semblante), si no tomamos la determinacin de meternos en +l, nos quedamos... Chepilla se puso furiosa en cuanto que se asom a la +puerta y conoci...</p> + +<p>—Chepilla no se puso <i>brava</i> por nada de eso, mujer; interrumpi +Cecilia con gran viveza a su amiga. No quera que vinisemos porque la +noche estaba muy mala para baile. Y tena mucha razn, slo que yo haba +dado mi palabra...</p> + +<p>Por prudencia o por cualquier otro motivo, Pimienta se alej de all sin +aguardar a ms explicaciones. No sucedi lo mismo con Cantalapiedra, que +era hombre curioso si los hay, por lo que con sonrisa maliciosa le +pregunt a Nemesia:—Se puede saber por qu la Chepilla se puso furiosa +luego que reconoci el quitrn en que ustedes vinieron al baile?</p> + +<p>—Como que yo no soy bal de <i>naiden</i>, contest la Nemesia prontamente, +dir la verdad. (Cecilia le peg un pellizco, pero ella acab la frase.) +Claro, porque conoci que el quitrn era del caballero Leonardo.</p> + +<p>Naturalmente las miradas de Cantalapiedra y de los dems presentes al +alcance de las palabras de Nemesia, se concentraron en el individuo que +ella haba nombrado, y aqul, tocndole en el hombro, le dijo:</p> + +<p>—Vamos, no se ponga colorado, que el prestar el carruaje a dos reales +mozas como stas en noche tan fea, no es motivo para que nadie sospeche +malas intenciones de un caballero.</p> + +<p>—Ese quitrn, lo mismo que el corazn de su dueo, repuso Leonardo sin +cortarse, estn siempre a la orden de las bellas.</p> + +<p>Sala entonces Pimienta por la puerta del comedor y oy distintamente +las palabras del joven blanco, convencindole, desde luego, de quin era +el quitrn en que Cecilia y su hermana Nemesia haban venido al baile. +El desengao le hiri en lo ms vivo del alma; por lo que echando una +mirada triste al grupo de jvenes blancos, de seguidas pas a la sala +donde, despus de armar el clarinete, toc algunos registros a fin de +que entendieran sus compaeros que era tiempo de que se reuniera de +nuevo la orquesta. Afinados los instrumentos, sin ms dilacin rompi la +msica con una contradanza nueva, que a los pocos compases no pudo menos +de llamar la atencin general y arrancar una salva de aplausos, no slo +porque la pieza era buena, sino porque los oyentes eran conocedores; +aserto ste que creern sin esfuerzo los que sepan cun organizada para +la msica nace la gente de color. Se repitieron los aplausos luego que +se dijo el ttulo de la contradanza, <i>Caramelo vendo</i>, y a quin estaba +dedicada, a la <i>Virgencita de bronce</i>. De paso puede aadirse que la +fortuna de aquella pieza fue la ms notable de las de su especie y +poca, porque despus de recorrer los bailes de las ferias por el resto +del ao e invierno del subsecuente, pas a ser el canto popular de todas +las clases de la sociedad.</p> + +<p>Excusado parece decir que con una contradanza nueva, guiada por su mismo +autor y tocada con mucho sentimiento y gracia, los bailadores echaron el +resto, quiere decirse, que llevaron el comps con cuerpo y pies; cuyo +montono rumor en toda apariencia duplicaba el nmero de la orquesta. +Bien claro deca el clarinete en sus argentinas notas: <i>caramelo vendo, +vendo caramelo</i>; al paso que los violines y el contrabajo las repetan +en otro tono, y los timbales hacan coro estrepitoso a la voz +melanclica de la vendedora de ese dulce. Pero qu era del autor de la +pieza que tanta impresin causaba? En medio del delirio de la danza, +haba quien se acordara de su nombre? Ay! No. Como la noche avanzaba +sin seales de bonanza, desde temprano la gente curiosa de la calle +empez a desamparar la puerta y ventanas del baile, y a las once no +quedaba en ellas caras blancas, al menos de mujer. De esta circunstancia +se aprovecharon los jvenes de familias decentes, a que nos hemos +referido ms arriba, que abrigaban un cierto escrpulo para ponerse a +bailar con las mulatas amigas o conocidas. Cantalapiedra tom por pareja +a la ama de la casa, Mercedes Ayala; Diego Meneses, a Nemesia y Leonardo +a Cecilia; y parte por guardar en lo posible la lnea de separacin, +parte por un resto de ese mismo tardo escrpulo, establecieron la danza +en el comedor, no obstante la estrechez y desaseo de la pieza.</p> + +<p>Con semejante ocurrencia puede imaginar cualquiera la agona de alma de +Pimienta. Su musa inspiradora, la mujer adorada, se hallaba en brazos de +un joven blanco, tal vez del preferido de su corazn; pues como sabemos, +no ocultaba ella sus sentimientos, se entregaba toda al delirio del +baile, mientras l, atado a la orquesta cual una roca, la vea gozar y +contribua a sus goces sin participar de ellos en lo ms mnimo. La +turbacin de su espritu no fue, sin embargo, bastante a perjudicar su +direccin de la orquesta, ni a influir desfavorablemente en el manejo de +su instrumento favorito. Por el contrario, su inquietud y su pasin no +parece sino que encontraron desahogo por las llaves del clarinete; se +exhalaron, por decirlo as, segn lo peregrino y suave de las notas que +de l sacaba, esparciendo el encanto y la animacin entre los +bailadores. Como suele decirse, no qued ttere con cabeza que no +bailara, pues se arm la danza en la sala, en el comedor, en el aposento +principal y en el angosto y descubierto patio de la casa. Qu mucho, +pues, que entonces no pasara siquiera por la mente de los que tanto se +divertan y gozaban, que el autor y el alma de toda aquella alegra y +fiesta, Jos Dolores Pimienta, compositor de la contradanza nueva, +agonizaba de amor y de celos?</p> + +<p>Pasadas seran las doce de la noche cuando ces de nuevo la msica, con +lo que a poco empezaron a retirarse las personas que podan +considerarse extraas para el ama de casa, porque hasta entonces no +levant sta la voz diciendo que era hora de cenar. Y para apresurar la +marcha, agarr ella por el brazo a dos de sus mejores amigas y arrastro +casi las llev al fondo del patio donde dijimos que estaba puesta la +mesa del ambig. Tras ellas siguieron las dems mujeres y los hombres, +entre los segundos Pimienta y Brindis, los msicos; Cantalapiedra y su +inseparable corchete, el de las grandes patillas, Leonardo y su amigo +Diego Meneses. Tomaron asiento en torno de la mesa las mujeres, nicas +que cupieron, aunque eran pocas; los hombres se mantuvieron en pie cada +cual detrs de la silla de su amiga o preferida. Quedaron juntos a una +de las cabeceras Cantalapiedra y la Ayala, sin que sepamos decir si por +casualidad o por hacer honor al comisario y a su categora.</p> + +<p>No cabe duda sino que el ejercicio del baile haba aguzado el apetito de +los comensales de ambos sexos, porque apoderndose los unos del jamn, +los otros del pescado, aceitunas y dems manjares en algunos minutos, +todos coman y haban aliviado la mesa de una buena porcin de su peso. +Satisfecha la primera necesidad, hubo lugar a los rasgos de galantera y +cario que en todos los pases llevarn el sello de la educacin que +alcanzan las personas que los ejercen. Las de la verdica historia cuya +fisonoma trazamos ahora a grandes pinceladas, no eran, en general, de +la clase media siquiera, ni de la que mejor educacin recibe en Cuba, y +puede creerse sin esfuerzo que sus rasgos de galantera y de cario en +ninguna circunstancia tenan nada de delicados ni de finos.</p> + +<p>—Que diga algo Cantalapiedra, dijo alguien.</p> + +<p>—Cantalapiedra no dice nada cuando come, contest l mismo mientras ro +a la pierna del pavo.</p> + +<p>—Pues que no coma si ha de callar, salt otro.</p> + +<p>—Eso no, porque comer y dir hasta el juicio final, repuso el +comisario. Cmo quieren, sin embargo, que diga si an no he remojado la +garganta?</p> + +<p>—Ah va mi copa! Ah va la ma! Tome sta! exclamaron diez voces por +lo menos, y otros tantos brazos se cruzaron sobre la mesa en direccin +del comisario, quien, empuando una tras otra copa, cada cual llena de +un vino diferente, se las fue echando al coleto, sin presentar ms +muestra del efecto que le causaban que ponerse algo rubicundo y +agursele los ojos. Despus, llenando su propia copa de rico champaa, +tosi, levant el pecho, y en voz campanuda, aunque un si es no es +carrasposa, dijo:</p> + +<p>—Bomba! En los felices natales de mi amiga Merceditas Ayala, dcima:</p> + +<p class="poem1"> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Yo te digo en la ocasin,</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Merceditas de mis ojos,</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Que tu vista guarda abrojos,</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Pues que punza el corazn.</i></span><br /> +<br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Ten de un triste compasin,</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Que por tus ojos suspira,</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Que por tus ojos delira,</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Que por tus ojos alienta,</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Que por tus ojos sustenta</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Esta vida de mentira.</i></span><br /> +</p> + +<p>Tras esta improvisacin ramplona y de mal gusto, resonaron vivas y +aplausos repetidos y estrepitosos, con destemplado golpeo de los platos +con los cuchillos. Y como en recompensa de su potica labor, de sta +recibi una aceituna ensartada en el mismo tenedor con que acababa de +llevarse el alimento a la boca, de esotra una tajada de jamn, de la de +ms all un pedazo de pavo, de aqulla un caramelo, de su vecina una +yema azucarada, hasta que la Ayala puso trmino al torrente de obsequios +levantndose y pasando su copa, llena de Jerez, a Leonardo para que +improvisara tambin como lo haba hecho el complaciente comisario. +Aprovechose ste de la tregua que se le conceda tcitamente, para +levantarse de la mesa, ir derecho, aunque disimuladamente, hasta el +brocal del pozo, donde, introducindose dos dedos en la boca, arroj +cuanto haba comido y bebido, que no haba sido poco. Y muy fresco y +repuesto se volvi a la mesa. Merced a un medio tan sencillo como +expedito, pudo tornar a comer y a beber cual si no hubiera probado +bocado ni pasado gota en toda la noche. De los dems hombres que haban +bebido con exceso y no conocan el remedio eficaz de Cantalapiedra, que +ms que menos, pocos acertaban a tener firme la cabeza, sin exceptuar al +mismo joven Leonardo.</p> + +<p>A esa lamentable circunstancia debe atribuirse el que un mozo tan fino +como bien educado, se prestara tambin a hacer coplas y en obsequio de +aquella herona de la fiesta. Pero bien que mal las hizo, siendo no +menos aplaudido y regalado que el anterior coplero, aunque fue de +notarse que, lejos Cecilia Valds de celebrar, como los dems, su +esfuerzo potico, se mantuvo callada y visiblemente corrida. Tampoco +tom parte Nemesia en la celebracin, si bien por causa muy distinta, a +saber: por hallarse empeada en un dilogo rpido y secreto con su +hermano Jos Dolores Pimienta.</p> + +<p>—Pues no va desocupada la zaga? le deca l.</p> + +<p>—Tal vez no, le replicaba ella.</p> + +<p>—Y t cmo lo sabes?</p> + +<p>—Como s muchas cosas. Necesito yo tampoco que me den la comida con +cuchara?</p> + +<p>—Ya, pero t no te explicas.</p> + +<p>—Porque no hay tiempo ahora.</p> + +<p>—Sobrado, hermana.</p> + +<p>—Luego, las paredes oyen.</p> + +<p>—Vaya! Cuando se grita.</p> + +<p>—Vamos, no seas porfiado. Te digo que no lo hagas.</p> + +<p>—Yo no pierdo la ocasin.</p> + +<p>—Vas a pasar un mal rato.</p> + +<p>—Qu me importa si hago mi gusto?</p> + +<p>—Te repito, Jos Dolores, no te metas en camisa de once varas. No seas +cabezadura. Con esa porfa me quitas las ganas de ayudarte. Yo entiendo +de eso mejor que t, lo estoy viendo.</p> + +<p>Antes que se hubiese calmado el ruido de voces, de palmadas y de golpes +en los platos y la mesa, Leonardo le dijo algo en secreto a Cecilia, y +sali a la calle arrastrando a Meneses por el brazo, sin despedirse de +nadie, a la francesa, como dijo Cantalapiedra cuando los ech de menos. +Una vez fuera, a pesar de la lluvia menuda, ambos jvenes, siempre de +brazo, tomaron a pie la calle de La Habana hacia el centro de la ciudad, +y en la primera esquina, que era la de San Isidro, Meneses sigui +derecho y Leonardo tom la vuelta del hospital de Paula.</p> + +<p>Nubes ligeras, claro oscuras, despedazadas por el viento fresco del +nordeste, pasaban unas tras otras en procesin bastante regular por +delante de la luna menguante, que ya traspasaba el cenit, y a veces +dejaba caer rayos de luz blanquecina. La calle traviesa, angosta y +torcida que llevaba el joven Leonardo no se despej jams, ni vio l a +derechas su camino hasta que lleg a la plazuela del hospital antes +dicho, y entonces slo el lado izquierdo se alumbraba a ratos, pues las +paredes de la iglesia de Paula, elevadas y oscuras, proyectaban una +doble sombra sobre el espacio exento. Arrimado a ellas, sin embargo, +pudo distinguir su carruaje, los caballos del cual agachaban la cabeza y +las orejas, en su afn de evitar la lluvia y el viento que les heran de +frente. Estaba echado el capacete y no pareca el jinete por ninguna +parte, ni en la silla, su puesto acostumbrado, ni en la zaga, ni en el +vano de la ancha puerta de la iglesia, que poda servirle de abrigo. +Pero a la segunda ojeada comprendi Leonardo dnde estaba. Sentado en el +pesebrn del quitrn, le colgaban las piernas cubiertas con las botas +de campana, mientras descansaba la cabeza y los brazos, medio vuelto, en +los muelles cojines de marroqu. En el suelo yaca la <i>cuarta</i> que en el +sueo se le haba desprendido de las manos, la recogi Leonardo al +punto, levant un canto del capacete y con todas sus fuerzas le peg dos +o tres zurriagazos a manteniente, por las espaldas presentadas.</p> + +<p>—Seor! exclam el calesero, entre asustado y dolorido, descolgndose.</p> + +<p>Ya de pie pudo verse que era un mozo mulato, bastante fornido, ancho de +hombros y de cara, ms fuerte si no ms alto que el que acababa de +calentarle las espaldas con el zurriago. Vesta a la usanza de los de su +oficio en la isla de Cuba, chaqueta de pao oscuro, galoneado de +pasamanera, chaleco de piqu, el cuello de la camisa a la marinera, +pantaln de hilo, botas enormes de campana, a guisa de polainas, y +sombrero negro redondo, galoneado de oro. Debemos mencionar tambin, +como signos caractersticos del calesero, las espuelas dobles de plata, +que no llevaba a la sazn el mulato de que ahora se habla.</p> + +<p>—Oiga! le dijo su amo, pues lo era en efecto el joven Leonardo; +dormas a pierna suelta, mientras los caballos quedaban a su albedro. +Eh? Qu hubiera sucedido si espantados por casualidad, echan a correr +por esas calles de Barrabs?</p> + +<p>—Yo no estaba <i>dormiendo</i>, nio; se atrevi a observar el calesero.</p> + +<p>—Conque no dormas? Aponte, Aponte, t parece que no me conoces, o que +crees que yo me mamo el dedo. Mira, monta, que ya ajustaremos cuentas. +Lleva el quitrn a la <i>cuna</i>, toma las dos muchachas que trajiste en l +y condcelas a su casa. Yo te espero en el paredn de Santa Clara, +esquina a la calle de La Habana. No consientas que nadie monte a la +zaga. Entiendes?</p> + +<p>—S, seor; contest Aponte, partiendo en direccin de la garita de San +Jos. En la puerta de la casa del baile, sin desmontarse, dijo a un +desconocido que entonces entraba:</p> + +<p>—Me hace el favor de decirle a la nia Cecilia que aqu est el +quitrn?</p> + +<p>A pesar del aditamento de <i>nia</i> de que hizo uso el calesero hablando de +Cecilia, que slo se aplica en Cuba a las jvenes de la clase blanca, el +desconocido pas el recado sin equivocacin ni duda. Y ella incontinente +se levant de la mesa y fue a coger su <i>manta</i>, seguida de Nemesia y de +la Ayala. Esta ltima las acompa hasta la puerta de la calle, en donde +ya se haban agrupado los pocos hombres que an no se haban despedido. +All, teniendo todava por la cintura a Cecilia, en seal de amistad y +cario, la dijo:</p> + +<p>—No te fes de los hombres, china, porque llevas la de perder.</p> + +<p>—Y yo me he fiado de alguno a estas horas, Merceditas? repuso Cecilia +sorprendida.</p> + +<p>—Ya, pero ese quitrn tiene dueo, y nadie da palos de balde. Tenlo por +sabido. Me parece que me explico.</p> + +<p>Con esto y con fingir Cantalapiedra que lloraba por la partida de +Cecilia, cosa que caus mucha risa, sta y Nemesia subieron al carruaje +dndoles la mano Pimienta, y de hecho qued desbaratada la reunin.</p> + +<p>Poda ser entonces la una de la madrugada. El viento no haba abatido ni +cesado la llovizna que, de cuando en cuando, arrojaban las voladoras +nubes sobre la ciudad dormida y en tinieblas. Conforme reza la expresin +vulgar, la oscuridad era como boca de lobo. No por eso, sin embargo, +perdi el joven msico la pista del carruaje que conduca a su hermana y +a su amiga, antes por el ruido de las ruedas en el piso pedregoso de las +calles, le fue siguiendo las aguas, primero al paso redoblando y luego +al trote, hasta que le alcanz cerca de la calle de Acosta. Puso la mano +en la tabla de atrs, se impuls naturalmente con la carrera que +llevaba y qued montado a la mujeriega. Al punto le sinti el calesero +e hizo alto.—Apate, le dijo Nemesia por el postigo.—No hay para qu, +dijo Cecilia.—Yo les voy guardando las espaldas, dijo Pimienta.—Apese +Vd., dijo en aquella sazn Aponte, que ya haba echado pie a +tierra.—No te lo deca? aadi Nemesia, hablando con su hermano.—Aqu +dentro va mi hermana y mi amiga, observ el msico dirigindose al +calesero.—Ser as repuso ste; pero no consiento que nadie se monte +atrs de mi quitrn. Se echa a perder, camar; agreg notando que se las +haba con un mulato como l.—Apate, repiti Nemesia con insistencia.</p> + +<p>Obedeci Jos Dolores Pimienta, conocidamente despus de una lucha sorda +y terrible consigo mismo, en que triunf la prudencia; pero cediendo y +todo en aquella coyuntura, no renunci a la resolucin tomada de seguir +el carruaje. Volvi a montar el calesero y continu la carrera derecho +hasta desembocar en la calle de Luz, torciendo all a la izquierda hacia +la de La Habana. Cerca del can de la esquina estaba un hombre de pie, +guarecido del viento y de la menuda llovizna, con las elevadas tapias +del patio perteneciente al monasterio de las monjas Claras. En ese +punto, par Aponte por segunda vez el quitrn, el hombre en silencio +subi a la zaga, diciendo luego a media voz: Arrea! Parti entonces +aqul a escape, pero no sin dar tiempo a que se acercara lo bastante el +msico, para advertir que el individuo que le reemplaz en la zaga del +carruaje era el mismo joven blanco, Leonardo, que tantos celos le haba +inspirado en la <i>cuna</i>.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_VIIa" id="Capitulo_VIIa"></a><span class="smcap">Captulo VII</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Y qu modo de hombre es l,</i><br /> +<i>es negocio moscatel,</i><br /> +<i>es discreto vergonzoso,</i><br /> +<i>o dulce o acibaroso?</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">Lope de Vega</span></p> + +<p>La Buscona</p></div> + +<p>En el barrio de San Francisco y en una de las calles menos torcidas, con +banquetas o losas en una o dos cuadras, haba, entre otras, una casa de +azotea, que se distingua por el piso alto sobre el arco de la puerta, y +balconcito al poniente. La entrada general, como la de casi todas las +casas del pas—para los dueos, criados, bestias y carruajes, dos de +los cuales haba comnmente de plantn—era por el zagun; especie de +casapuerta o cochera, que conduca al comedor, patio y cuartos +escritorios.</p> + +<p>Llamaban bajo este ltimo nombre los que se vean a la derecha, a +continuacin del zagun, ocupados, el primero por una carpeta doble de +comerciante, con dos banquillos altos de madera, uno a cada frente, y +debajo una caja pequea de hierro, cuadrada, que en vez de puerta tena +tapa para abrirse o cerrarse, siempre que se guardaban en ella o se +sacaban los sacos de dinero. En el lado opuesto de la casa se vea la +hilera de cuartos bajos para la familia, con entrada comn por la sala, +puerta y ventana al comedor y al patio.</p> + +<p>Este formaba un cuadriltero, en cuyo centro sobresala el brocal de +piedra azul de un aljibe o cisterna, donde, por medio de canales de hoja +de lata y de caeras enterradas en el suelo, se vertan las aguas +llovedizas de los tejados. Una tapia de dos varas de elevacin, con un +arco hacia el extremo de la derecha, separaba el patio de la cocina, +caballeriza, letrina, cuarto de los caleseros y dems dependencias de la +casa.</p> + +<p>Entre el zagun y los cuartos llamados escritorios, descenda al +comedor, apoyada en la pared divisoria, una escalera de piedra tosca con +pasamanos de cedro, sin meseta ni ms descanso que la vuelta violenta +que hacan los ltimos escalones casi al pie. Esa escalera comunicaba +con las habitaciones altas, compuestas de dos piezas: la primera que +haca de antesala, tan grande como el zagun; la segunda, todava mayor, +como que tena las mismas dimensiones que los escritorios sobre los +cuales estaba construida y serva de dormitorio y estudio. Con efecto, +los muebles principales que la llenaban casi, eran una cama o catre de +armadura de caoba, cubierto con un mosquitero de rengue azul, un armario +de aquella propia madera, un casaquero o percha de lo mismo, un sof +negro de cerda, unas cuantas sillas con asiento de paja, una mesa a modo +de bufete, y una butaca campechana.<a name="FNanchor_9_9" id="FNanchor_9_9"></a><a href="#Footnote_9_9" class="fnanchor">[9]</a> Sobre los tales muebles se +hallaban varios libros, unos abiertos, otros cerrados o con una o ms +hojas dobladas por la punta, empastados a la espaola, con canto rojo, +todos al parecer de leyes, segn poda notarse, leyendo los letreros +dorados en los lomos de algunos. En el sof nicamente dos peridicos en +forma de folletos: el ms voluminoso con un malsimo grabado que +representaba los figurines de un hombre, una mujer y un nio, y llevaba +por ttulo <i>La moda o Recreo Semanal</i>,<a name="FNanchor_10_10" id="FNanchor_10_10"></a><a href="#Footnote_10_10" class="fnanchor">[10]</a> el otro <i>El Regan</i>.<a name="FNanchor_11_11" id="FNanchor_11_11"></a><a href="#Footnote_11_11" class="fnanchor">[11]</a></p> + +<p>Abajo, en el comedor haba una mesa de alas de caoba, capaz para doce +cubiertos, hasta seis butacas en dos hileras frente a la puerta del +aposento; en el ngulo el indispensable jarrero, mueble <i>sui generis</i> en +el pas, y para proporcionar sombro a la pieza y protegerla contra la +reverberacin del sol en el patio, haba dos grandes cortinas de +caamazo, que se arrollaban y desarrollaban lo mismo que los telones de +teatro. En la pared medianera entre el zagun y la sala, haba una reja +de hierro, y para dar paso a la luz exterior en esta ltima, dos +ventanas de lo mismo voladizas, que desde el nivel del piso de la calle +suban hasta el alero del techo. De la viga principal colgaba por sus +cadenas una bomba de cristal; de la pared del costado dos retratos al +leo, representativos de una dama y de un caballero en la flor de su +edad, hechos por Escobar;<a name="FNanchor_12_12" id="FNanchor_12_12"></a><a href="#Footnote_12_12" class="fnanchor">[12]</a> debajo de stos un sof, y en direccin +perpendicular al mismo, en dos filas, hasta seis sillones con asiento y +respaldo de marroqu rojo; en los cuatro ngulos, rinconeras de caoba, +adornadas con guardabrisas de cristal o con floreros de china. En la +pared, entre ventanas, una mesa alta con pies dorados y encima un espejo +cuadrilongo; llenando los huecos intermedios, sillas con profusin.</p> + +<p>Era de notarse la cortina de muselina blanca, con fleco de algodn, que +penda de los dinteles de las puertas y ventanas de los cuartos, como +para dar libre paso al aire y ocultar sus interioridades de las miradas +de los que pasaban por el comedor y el patio. En resumen, la casa +aquella, peculiarmente habanera, segn se habr echado de ver por la +menuda descripcin que de ella hemos hecho, respiraba por todas partes +aseo; limpieza y... lujo, porque tal puede llamarse, en efecto, si se +tiene en cuenta el pas, la poca de que se habla, el estilo y calidad +del mueblaje, los dos carruajes en el zagun y la capacidad misma de la +morada. Viva all una familia decente, bien educada y feliz? Vamos a +verlo en breve.</p> + +<p>A la hora en que principia nuestro cuento, entre seis y siete de la +maana de uno de los das de octubre, ocupaba una de las butacas del +comedor un caballero de hasta cincuenta aos de edad, alto, robusto, +entrecano, nariz grande aguilea, boca pequea, los ojos pardos y vivos, +la color del rostro rubicunda, la cabeza redonda por detrs; signos +stos caractersticos de pasiones fuertes y firmeza de carcter. Llevaba +el cabello corto, la barba rasurada completamente; vesta bata talar de +zaraza sobre chaleco largo de piqu blanco, pantalones de dril y +chinelas de ante. Descansaba los pies en una silla con asiento de paja y +con ambas manos se llevaba a los ojos un peridico impreso en papel +espaol de hilo del folio comn, titulado <i>El Diario de la Habana</i>.<a name="FNanchor_13_13" id="FNanchor_13_13"></a><a href="#Footnote_13_13" class="fnanchor">[13]</a></p> + +<p>Mientras lea se le present un muchacho como de doce aos de edad, +vestido de pantalones y camisa de listadillo, que vena del fondo del +patio y traa en la mano derecha una taza de caf con leche, puesta en +un plato, y en la otra un azucarero de plata. El caballero, sin +enderezarse en la butaca, tom la taza, endulz y se puso a sorber y +leer con toda calma, mientras el criado, con los brazos cruzados sobre +el pecho, se qued delante de l en pie, conservando en las manos +respectivas el plato y el azucarero. Concluida la pocin de caf con +leche, no obstante que el muchacho se hallaba a pocos pasos, le dijo en +tono de voz atronadora:—Tabaco y lumbre! Sali aqul de carrera a la +cocina y volvi a poco por los cuartos escritorios, trayendo entonces +una vejiga grande con algunos cigarros<a name="FNanchor_14_14" id="FNanchor_14_14"></a><a href="#Footnote_14_14" class="fnanchor">[14]</a> arrollados en el fondo y un +braserillo de plata con una brasa de carbn vegetal, medio enterrada en +un montn de cenizas. El caballero encendi un cigarro y cuando el +muchacho se dispona a emprender de nuevo la carrera, le grit:—Tirso!</p> + +<p>—Seor! contest tambin en alta voz como si ya estuviera en la cocina +o hablara con sordo.</p> + +<p>—Has estado arriba? le pregunt el amo.</p> + +<p>—S, seor, <i>dende</i> que lleg de la plaza el cocinero.</p> + +<p>—Y cmo es que el nio Leonardo no ha bajado todava?</p> + +<p>—Es querer decir a su merced que el nio Leonardo no quiere que lo +<i>dispierten</i> cuando ha pasado mala noche.</p> + +<p>—Mala noche! repiti el caballero mentalmente. Anda (al esclavo), +despirtale y que baje.</p> + +<p>—Seor, dijo el muchacho titubeando y confuso. Seor, su merced sabe...</p> + +<p>—Qu sucede? volvi a tronar el amo, luego que ech de ver que el +esclavo se estaba parado y no le haba obedecido.</p> + +<p>—Seor, es querer decir a su merced, que el nio se pone bravo cuando +lo <i>dispiertan</i>, y...</p> + +<p>—Qu? Qu dices? Ah! Perro! Anda, corre si no quieres subir a +puntapis.</p> + +<p>Y como el caballero medio se incorporase para ejecutar la amenaza, no +esper a que se la repitieran para obedecer la orden. En cuatro saltos +se puso en lo alto de la escalera, desapareciendo en el dormitorio del +joven Leonardo. A tiempo mismo que el muchacho corra escaleras arriba, +asomaba por la puerta del aposento una seora algo gruesa, hermosa, de +amabilsimo aspecto, las facciones menudas, con el cabello todava +negro, aunque pasaba de los cuarenta de edad, vestida de holn clarn +blanco, y abrigada con una manta de burato color canario y toda ella muy +pulcra y de ademn reposado y seoril. Sentose al lado del caballero de +la bata, a quien, preguntndole por las noticias del da, dio el nombre +de Gamboa. Este le contest entre dientes que la nica importante que +traa <i>El Diario</i> era la aparicin del clera morbus en Varsovia, donde +haca estragos espantosos.</p> + +<p>—Y dnde es eso? pregunt la seora bostezando.</p> + +<p>—Toma! contest Gamboa. Eso es muy lejos. Figrate, all, cerca del +Polo Norte, en Polonia. Ya tiene que rodar el seor clera para llegar +hasta nosotros, y entonces... quin sabe dnde estaremos t y yo!</p> + +<p>—Dios nos libre de horas menguadas, Cndido! volvi a exclamar la +seora con el mismo aire de indolencia de antes.</p> + +<p>Bajaba Tirso en este punto los escalones con doble precipitacin, si +cabe, de aquella con que los haba subido; y a no ser porque en tiempo +agacha la cabeza, le alcanza en ella un libro que le arrojaron de lo +alto, el cual, con la violencia del golpe se hizo pedazos en la puerta +del escritorio. Don Cndido alz la cabeza y la seora se levant y fue +hacia el pie de la escalera, preguntando:—Qu ha sido eso? Por toda +respuesta el muchacho, muy asustado, le indic con los ojos al joven +Leonardo, que se hallaba en lo alto, envuelto en la sbana, con los +puos apretados en seal de clera y de amenaza. Pero no bien descubri +a su madre, pues lo era aquella seora, cambi de actitud y de +semblante; e iba sin duda a explicarle la ocurrencia, cuando ella le +contuvo hacindole una sea muy significativa, que equivala, poco ms o +menos a decirle:—Calla, que ah est tu padre. Por lo que l, sin ms +demora, dio media vuelta y se volvi al dormitorio.</p> + +<p>—Viene el nio Leonardo? pregunt Gamboa al esclavo, cual si no +hubiera notado la carrera de ste, el librazo contra la puerta del +escritorio ni la accin de su esposa.</p> + +<p>—S, seor, contest Tirso.</p> + +<p>—Le diste mi recado? insisti don Cndido en tono de voz ms recio y +spero.</p> + +<p>—Es querer decir a su merced, repuso el esclavo todo turbado y +tembloroso, que... el nio... el nio Leonardo no me dio tiempo.</p> + +<p>La seora se haba vuelto a sentar, y segua llena de ansiedad las +palabras y los movimientos del semblante de su marido. Le vio ponerse +rojo a medida que Tirso soltaba las pocas frases de que en su turbacin +pudo hacer uso; an le pareci que iba a levantarse, acaso para pegarle +al esclavo, o hacer bajar por la fuerza a Leonardo; en cuya confusa +alternativa, a fin de ganar tiempo, le dej caer la mano derecha en el +brazo izquierdo y le dijo en voz muy baja y musical:</p> + +<p>—Cndido, Leonardito se viste para bajar.</p> + +<p>—Y t cmo lo sabes? replic don Cndido con gran viveza, volvindose +para su esposa.</p> + +<p>—Acabo de verle a medio vestir, en lo alto de la escalinata, contest +ella con calma.</p> + +<p>—Pues t siempre ests al tanto de cuando Leonardo cumple con su deber, +pero eres ciega para sus faltas.</p> + +<p>—No s yo que el porbrecito haya cometido ninguna, al menos +recientemente.</p> + +<p>—Ya! No lo deca yo? Ciega, cieguecita, Rosa, tus mamanteos van a +perder a ese muchacho. Tirso! tron don Cndido.</p> + +<p>Antes que volviese Tirso de la cocina, en donde se haba refugiado, +luego que sus amos entablaron el anterior, brevsimo dilogo, entr por +el zagun adelante el mulato calesero que ya conocen nuestros lectores, +por aquella escena en el barrio de San Isidro y noche del 24 de +setiembre. Vesta ahora solamente camisa y pantalones cuyas piernas +estaban arremangadas hasta poco ms abajo de las rodillas, como para +dejar ver el borde de los calzoncillos blancos, que formaba dientes en +vez de dobladillos. Los zapatos eran de vaqueta muy escotados, con +hebilla de plata al lado, y tena argollas de oro en las orejas, pauelo +atado en la cabeza, el sombrero de paja en la mano derecha, y en la +izquierda el ronzal de un caballo que traa rabiatado otro del mismo +color y estampa, ambos recin salidos del bao, pues aun escurran agua +o sudor, y el ltimo tena la cola hecha un nudo. El mulato haba +cabalgado en el primero desde la caballeriza al bao, cerca del Muelle +de Luz, porque todava llevaba el sudadero, a falta de silla.</p> + +<p>—Pero aqu est Aponte, agreg don Cndido vindole asomar. Aponte!</p> + +<p>—No hay necesidad de que preguntes a los criados interpuso doa Rosa.</p> + +<p>—Quiero que oigas una de las recientes gracias de tu hijo, insisti el +marido. A qu hora trajiste anoche (<i>hablando con Aponte</i>) a tu amo?</p> + +<p>—A las dos de la <i>madrug</i>, contest Aponte.</p> + +<p>—Dnde pas tu amo la noche? aadi don Cndido.</p> + +<p>—Es intil que lo diga, interrumpi la seora. Aponte, lleva esos +caballos al pesebre.</p> + +<p>—Dnde pas tu amo la noche? repiti don Cndido en voz de trueno, +viendo al calesero dispuesto a obedecer la orden de su ama.</p> + +<p>—Es dificultoso que yo le diga a su merced mi amo, dnde pas la noche +mi amo el nio Leonardito.</p> + +<p>—Qu! Cmo se entiende?</p> + +<p>—Le digo a su merced, mi amo, que es muy dificultoso, apresurse Aponte +a explicar, notando que don Cndido montaba en clera; porque +primeramente yo llev el nio Leonardito a Santa <i>Catarina, dispus</i> lo +llev al muelle de Luz, <i>dispus</i> lo estuve esperando en el muelle de +Luz hasta las doce de la noche, <i>dispus</i> lo llev otra vuelta a Santa +<i>Catarina, dispus</i>...</p> + +<p>—Basta! dijo doa Rosa enojada. Quedo enterada.</p> + +<p>Aponte se retir con los caballos, pasando por el comedor y el patio en +direccin de la caballeriza, y don Cndido, volvindose para su mujer, +le dijo:</p> + +<p>—Qu te-a-ele-tal? No te parece reciente la de anoche? Yo no saba +nada, sospechaba nicamente, porque conozco a mi hijo mejor que t, y ya +has odo que se ha estado en Regla hasta las doce de la noche. Tal vez +no fue solo. Quires or ahora con quines y cmo pas la mitad del +tiempo en Regla? No lo adivinas? No lo sospechas?</p> + +<p>—Suponiendo que lo adivinase, que lo palpase, observ doa Rosa con +ligero desdn, qu aprovechara? Dejara yo por eso de quererlo como +lo quiero?</p> + +<p>—Pero si no se trata de quererle ni desquererle, Rosa; salt impaciente +don Cndido. Se trata de poner remedio a sus faltas, que ya rayan en lo +serio.</p> + +<p>—Sus faltas, si las comete, no pasan de calaveradas propias de la +juventud.</p> + +<p>—Es que las calaveradas, cuando son repetidas y no se les pone coto a +tiempo, suelen parar en cosas graves que dan mucho que llorar y que +sentir.</p> + +<p>—Pues tus calaveradas no te trajeron, que yo sepa, serios ni graves +resultados, y eso que las suyas, comparadas con las tuyas, son meros +pasatiempos juveniles; dijo doa Rosario con refinado sarcasmo.</p> + +<p>—Seora, repuso don Cndido irritado, por ms que hiciese esfuerzo +visible por ocultarlo: sean cuales fueren las locuras que yo haya podido +cometer en mi juventud, ellas no autorizan a Leonardo para que lleve la +vida que lleva con... aprobacin y aplauso de Vd.</p> + +<p>—Mi aprobacin! mi aplauso! Esa s que est buena. Nadie mejor que t +es testigo de que, lejos de aprobar y aplaudir las locuras de +Leonardito, siempre le estoy aconsejando y an reprendiendo.</p> + +<p>—Ya! Por un lado le aconsejas y le reprendes, y por otro le das +quitrn y calesero y caballos y media onza de oro todas las tardes para +que se divierta, triunfe y corra la tuna con sus amigos. No apruebas ni +aplaudes sus locuras, pero le facilitas el modo y medios de cometerlas.</p> + +<p>—Eso es, yo facilito el modo y medio cmo se pierda el muchacho. T no, +t eres un santo. Oh! S, tu vida ha sido ejemplar.</p> + +<p>—No s a qu conduce tan amarga stira.</p> + +<p>—Conduce a que eres muy duro con l, y a que estara buena tu aspereza +si fueses intachable, si no hubieses pecado...</p> + +<p>—Me tiene l en tan buen concepto como el que la merezco a Vd. seora? +Sabe que yo haya pecado?</p> + +<p>—Tal vez lo sepa.</p> + +<p>—Si Vd. no se lo ha contado...</p> + +<p>—No hay necesidad de que yo le ensee cosas malas. Sera madre +desnaturalizada si tal hiciera. Pero l no es ningn tonto, y luego fue +demasiado pblico, escandaloso lo de Mara de Regla.</p> + +<p>—No sera mucho que haya llegado a sus odos y le provoque a imitarte. +El mal ejemplo...</p> + +<p>—Basta, seora, dijo don Cndido ms desazonado que irritado. Crea, +tena razn para esperar que Vd. hubiese dado eso al olvido.</p> + +<p>—Mala creencia, porque hay cosas que no es posible olvidarlas jams.</p> + +<p>—Ya lo veo. Lo que quiere decir eso es, que me he engaado; quiere +decir que las mujeres, algunas mujeres, no olvidan ni perdonan ciertas +faltas de los hombres. Pero, Rosa, agreg cambiando de tono, nosotros +vamos fuera del carril y eso no est bien. La verdad es que si yo soy +muy duro, como dices, con Leonardo, t eres muy dbil, y no s yo qu +ser peor. El es un loco, voluntarioso y terco, necesita freno ms que +el pan que come. Advierto, sin embargo, con dolor, que, por pensar en mi +dureza, le llevas sin querer, por supuesto, como por la mano a su pronta +perdicin. De veras, Rosa, tiempo es ya de que sus locuras y sus +debilidades cesen; tiempo es ya de tomar una determinacin que le libre +a l de un presidio y a nosotros de llanto y de infamia eternos.</p> + +<p>—Y qu remedio adoptar, Cndido? Ya es tarde, ya l es un hombrecito.</p> + +<p>—Qu remedio? Varios. En los buques de guerra de S. M. hasta a los +hombronazos se les mete en cintura. Pensando estaba que no le vendra +mal oler a brea por corto tiempo. Apuradamente mi amigo Acha, comandante +de La Sabina, est empeado en ensearle la maniobra. Ayer nada menos me +dijo que me resolviera y se lo entregara, seguro de que le pondra ms +derecho que un mastelero de gavia. S, sa fue la expresin de que hizo +uso. De todos modos, estoy resuelto a poner freno a las demasas de ese +mozo.</p> + +<p>Conmoviose doa Rosa al or las ltimas palabras de su marido, mucho ms +al notar el tono de firme resolucin con que las emiti; y parte para +ocultar las lgrimas que le rebosaban en los ojos, parte por variar el +objeto de una conversacin que le hera en lo ms vivo del alma, se +levant otra vez y se dirigi al patio. En aquel momento mismo bajaba +Leonardo la escalera, vestido como para salir a la calle; y ella, que +sinti sus pasos, retrocedi al sitio que acababa de dejar al lado de su +marido, y en tono de humilde splica, con voz temblosa por la emocin, +le dijo:</p> + +<p>—Por el amor de ese mismo hijo, Gamboa, no le digas nada ahora. Tu +severidad le rebela y me mata a m.</p> + +<p>—Rosa! murmur don Cndido echndole una mirada de reconvencin. T le +pierdes.</p> + +<p>—Prudencia, Cndido! replic doa Rosa, respirando ms libremente; +porque comprendi que su esposo estaba inclinado por entonces a ejercer +aquella virtud. Advierte que ya es un hombre y que le tratas como si +fuera un nio.</p> + +<p>—Rosa! repiti don Cndido con otra mirada de reconvencin Hasta +cundo?</p> + +<p>—Ser sta la ltima vez que interceda por l, se apresur a decir doa +Rosa. Te lo prometo.</p> + +<p>En esto acababa de bajar la escalera el joven Gamboa y se encamin +derecho a su madre, la cual le sali al encuentro como para mejor +protegerle del enojo de su padre. Pero ste, silencioso y cabizbajo, ya +penetraba en el escritorio y no vio o se hizo que no vio al hijo besar a +la madre en la frente, ni la sea con que ella le indic que deba +saludar tambin a su padre.</p> + +<p>Leonardo no dijo palabra, ni hizo ademn de cumplir con la indicacin. +Slo se sonri, levant los hombros y se encamin a la calle, llevando +debajo del brazo izquierdo un libro empastado a la espaola, con los +cantos rojos, y en la mano derecha una caa de Indias cuyo puo de oro +figuraba una corona.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_VIIIa" id="Capitulo_VIIIa"></a><span class="smcap">Captulo VIII</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Para hacer bien por el alma</i><br /> +<i>Del que van a ajusticiar!</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">Espronceda</span></p> + +<p>El reo de muerte</p></div> + + +<p>Tir el estudiante en direccin de la Plaza Vieja por la calle de San +Ignacio. En la esquina de la de Sol tropez con otros dos estudiantes +poco ms o menos de su edad, que en toda apariencia esperaban su +llegada. El uno de ellos no es desconocido para el lector, pues le ha +visto en la <i>cuna</i> de la calle de San Jos. Nos referimos a Diego +Meneses. Era el otro de figura menos galana y esbelta, agregando a su +baja estatura un cuello muy corto y hombros bastante levantados, entre +los cuales llevaba como enterrada una cabeza redonda y chica. Haba +cierta confusin en su frente ms angosta y levantada; los ojos tena +pequeos y penetrantes, la nariz algo arremangada, la barba aguda y la +boca fresca y hmeda, por cierto la ms expresiva de sus menudas +facciones; el cabello crespo y as en su semblante como en su cuerpo se +descubra desde luego la gran malicia que animaba su travieso espritu. +Junto con una fuerte palmada en el hombro, Leonardo le dio el nombre de +Pancho Solfa. Este, medio sonredo, medio mal humorado del golpe dijo:</p> + +<p>—Cada animal tiene su lenguaje, y el tuyo, Leonardo, es a veces muy +expresivo.</p> + +<p>—Porque te quiero te aporreo, Pancho. Quieres otra caricia?</p> + +<p>—Basta, chico. Y se desvi, haciendo un movimiento con la mano +izquierda.</p> + +<p>—Qu hora es? pregunt Leonardo. Recuerdo que no le di cuerda anoche a +mi reloj y se ha parado.</p> + +<p>—Las siete acaban de dar en el reloj del Espritu Santo, respondi +Diego. Nos marchbamos sin ti, creyendo que se te haban pegado las +sbanas.</p> + +<p>—Por poco no me levanto en todo el da. Me acost tarde y mi padre me +hizo llamar al amanecer. l, como se acuesta con las gallinas, madruga +siempre. No les parece a ustedes que hay tiempo de dar una vueltecita +por la Loma del ngel?</p> + +<p>—Soy de opinin que no, dijo Pancho. A menos que t, cual otro Josu, +tengas la virtud de parar el sol.</p> + +<p>—Te pereces por una cita, Pancho, venga o no venga a pelo. Pues no +sabes que el sol no camina desde que Josu le mand parar su carrera? Si +hubieses estudiado astronoma sabras eso.</p> + +<p>—Di, ms bien, que si hubiera estudiado historia sagrada, dijo Meneses.</p> + +<p>—El cuento es, observ Pancho, que sin estudiar a fondo una cosa y +otra, s que el caso participa de ambas y no son ustedes los que me +corrigen la plana.</p> + +<p>—A todas stas, caballeros qu leccin tenemos hoy? No concurr a la +clase el viernes, ni he abierto el libro en todo este tiempo.</p> + +<p>—Govantes seal para hoy el ttulo tercero, que trata del derecho de +las personas, respondi Diego. Abre el libro y vers.</p> + +<p>—Pues no he saludado esa materia siquiera, agreg Leonardo. Slo s que +segn el derecho patrio, hay personas y hay cosas; que muchas de stas, +aunque hablan y piensan, no tienen los mismos derechos que aqullas. Por +ejemplo, Pancho, ya que te gustan los smiles, t a los ojos del Derecho +no eres persona, sino cosa.</p> + +<p>—No veo la similitud, porque no soy esclavo, que es a quien considera +cosa el derecho romano.</p> + +<p>—Ya. No eres esclavo, pero alguno de tus progenitores lo fue sin duda y +tanto vale. Tu pelo al menos es sospechoso.</p> + +<p>—Dichoso t que le tienes flechudo como los indios. Si vamos a +examinar, sin embargo, nuestros rboles genealgicos respectivos, +hallaremos que aqullos que pasan por ingenuos entre nosotros, son +cuando menos libertinos.<a name="FNanchor_15_15" id="FNanchor_15_15"></a><a href="#Footnote_15_15" class="fnanchor">[15]</a></p> + +<p>—Resuellas por la herida, compadre. Vamos, que no es ningn pecado +amarrar la mula tras de la puerta. Mi padre es espaol y no tiene mula; +mi madre s es criolla y no respondo que sea de sangre pura.</p> + +<p>—Es que tu padre por ser espaol, no est exento de la sospecha de +tener sangre mezclada, pues supongo que es andaluz, y de Sevilla +vinieron a Amrica los primeros esclavos negros. Tampoco los rabes, que +dominaron en Andaluca ms que en otras partes de Espaa, fueron de raza +pura caucsica, sino africana. Por otra parte, era comn ah, entonces, +la unin de blancos y negros, segn el testimonio de Cervantes y de +otros escritores contemporneos.</p> + +<p>—Ese rasguito histrico, don Pancho, vale un Potos. Se conoce que la +cuestin de razas te ha costado algunos quebraderos de cabeza. No paro +yo en eso la atencin, ni creo que hace bulto ni peso la sangre +mezclada. Lo que puedo decir es que, no s si porque tengo algo de +mulato me gustan un puado las mulatas. Lo confieso sin empacho.</p> + +<p>—La cabra siempre tira al monte.</p> + +<p>—El refrn no viene al caso; mas si lo dices para afirmar que no te +gusta la <i>canela</i>, peor para ti, Pancho, porque eso quiere decir que te +gusta el <i>carbn</i>, gnero mucho ms inferior.</p> + +<p>En este punto de su conversacin iban, cuando entraron por los portales +de la Plaza Vieja llamados del Rosario. Estos los forman unas cuatro o +cinco casas, pertenecientes a familias nobles o ricas de La Habana, con +anchos balcones, apoyados en altos arcos de piedra, cuyas luces cubren +durante el da unas cortinas de caamazo, a manera de velas mayores de +barcos. El piso superior de esas casas lo ocupan los dueos o +inquilinos, que viven de sus rentas; pero en los bajos, salones en +general oscuros y poco ventilados, tienen sus tiendas unos mercaderes al +por menor, que llaman baratilleros, quinquilleros propiamente dichos, +los cuales, en absoluto, son espaoles, por lo comn montaeses. Dentro +guardan el acopio de gneros y baratijas, y al frente, bajo los arcos de +piedra, exponen lo que se entiende por quincalla en unas vidrieras o +muestrarios porttiles, que descansan sobre una especie de tijeras. Por +la maana temprano los exponen y por la noche los guardan.</p> + +<p>Poco despus de las siete de la maana se principia generalmente la +primera de las operaciones aqu mencionadas. Los mercaderes, de dos en +dos, sacan las vidrieras, sujetando uno por una cabeza, otro por la +otra, como si fueran atades o que pesaran mucho para un solo hombre.</p> + +<p>Algunos estaban ya expuestos, y los vendedores se paseaban por delante +de ellos en mangas de camisa, a pesar del airecillo de la maana, cuando +entraron en los portales nuestros tres estudiantes.</p> + +<p>Llevaban la delantera Leonardo y Diego, riendo y charlando, sin hacer +caso de los mozos espaoles que iban y venan, afanados en la obra de +exponer sus mercancas a tiempo. Detrs, y a paso mesurado, inclinada la +cabeza y taciturno, los segua su condiscpulo Pancho, y ya por esto, ya +porque les chocase su facha, la verdad es que el primer buhonero con +quien tropez le ech mano por un brazo y le dijo: Hola, rubio! no +quieres comprar un par de navajas de primera? Se desprendi de ste con +un esguince y le cogi otro para decirle: Ac, primo, vendo gafas +excelentes. Adelante se le interpuso un tercero para ofrecerle tirantes +elsticos; un cuarto para meterle por los ojos cortaplumas vizcanos, +superiores a los ingleses. Rodando de uno para otro, ora sonrindose, +ora haciendo un gesto de enfado, el ya molesto estudiante logr +adelantar algunos pasos. Al fin, rodeado por varios baratilleros ms +dispuestos a la burla que a encarecer sus baratijas, se qued parado y +cruz los brazos. Por fortuna en aquel momento le echaron de menos sus +compaeros, volvieron la cara y notaron el cerco que le haban formado. +Ignorando la causa, Leonardo, que era intrpido, retrocedi a la +carrera, penetr por fuerza por el corrillo y sac a su amigo del apuro. +Mas as que se inform por l mismo de lo que haba pasado, ri de ganas +y le dijo: Te tomaron por montuno, Pancho. T tambin tienes una +figura...</p> + +<p>—Mi figura no tiene nada que ver con el asunto, le interrumpi Pancho +de mal talante; es que estos espaoles tienen ms de judos que de +caballeros.</p> + +<p>Siguiendo la calle de San Ignacio nuestros estudiantes, a poco andar +desembocaron en la Plazuela de la Catedral. Cuando llegaban a los +portales de la casa conocida por de Filomeno, les llam la atencin un +grupo numeroso y compacto de pueblo que entraba en la misma por el lado +opuesto, es decir, por la calle de Mercaderes y el Boquete. La +vanguardia, compuesta en su mayor parte de gente de color, hombres, +mujeres y muchachos sucios, harapientos y descalzos, ya marchaba, ya +haca alto, y de cuando en cuando volva atrs la cabeza, como por +resorte. Entre dos filas de soldados equipados a la ligera, pues su +uniforme consista de chaqueta de pao azul, pantaln blanco, canana +atada al cinto por delante, sombrero redondo y carabina corta, que +portaban por los tercios, iban hasta doce mulatos y negros vestidos en +traje talar de sarga negra, con caperuza de muselina blanca, cuya punta +larga flotaba por detrs de la cabeza, a guisa de gallardete; y cada +cual llevaba en la mano derecha una cruz negra de brazo corto y rbol +largo. Cuatro de esos lgubres hombres conducan al hombro, en silla de +mano, a una al parecer criatura humana, cuya cabeza y cuerpo +desaparecan bajo los pliegues de un pao negro (manto de estamea), +cayendo a plomo por fuera de todo el aparato.</p> + +<p>A un lado de este ser misterioso vena un sacerdote con sotana negra de +seda, bonete en la cabeza y un crucifijo en ambas manos; al otro un +negro bastante joven, robusto y gil. Este vesta pantaln blanco, +sombrero redondo y chaqueta de pao negro, en cuya espalda se le +descubra una como escalera bordada de seda amarilla. Eso indicaba su +oficio, y era nada menos que el verdugo. Andaba a paso medido y no +levantaba los ojos del suelo. Detrs vena un hombre blanco vestido de +calzn corto, medias de seda, chupa de pao y sombrero de tres picos, +todos de color negro. Este era el escribano. Inmediato a l marchaba un +militar de alta graduacin indicada por los tres entorchados de la +casaca y el sombrero de tres picos galoneado de oro, con pluma blanca de +avestruz. Cerraban el cortejo otros negros y mulatos en el traje negro +talar y caperuza blanca, ya descrito, y ms pueblo, todos movindose en +solemne y silenciosa procesin, pues no se oa otro ruido que los pasos +acompasados de la tropa y la voz gangosa del sacerdote recitando las +oraciones de los moribundos.</p> + +<p>Por esta rpida descripcin advertir el lector habanero que se trataba +de un reo de muerte que conducan al patbulo, acompandole los +hermanos de la Caridad y de la Fe, institucin religiosa compuesta +exclusivamente de gente de color que se ocupaba en asistir a los +enfermos y moribundos y en enterrar a los muertos, principalmente los +cadveres de los ajusticiados. Es bien sabido que la justicia espaola +lleva su saa hasta las puertas del sepulcro, y he ah la necesidad de +la institucin religiosa dicha, que se encarga de recoger el cadver del +criminal y de darle sepultura, en vez de los parientes y amigos, +privados de esos oficios por la ley o la costumbre.</p> + +<p>La tropa que custodiaba al reo en tales circunstancias, en La Habana al +menos, era un piquete de la clebre partida de Armona, especie de +guardia civil, establecida por Vives, que desempeaba el papel de la +polica de otras partes: el militar de alta graduacin, el mayor de +plaza, a la sazn coronel Molina, despus castellano del Morro, en cuyo +empleo muri cargado con el odio de aqullos a quienes haba oprimido y +explotado mientras desempe el primero de estos cargos: el individuo +que conducan al suplicio de la manera referida no era hombre, sino +mujer y blanca; la primera tal vez de su clase que ejecutaban en La +Habana.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_IXa" id="Capitulo_IXa"></a><span class="smcap">Captulo IX</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>...Esta es la justicia</i><br /> +<i>Que facer el Rey ordena...</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">El Duque de Rivas</span></p> + +<p>D. Alvaro de Luna.</p></div> + + +<p>Contarse merece, siquiera sea brevemente, la historia de la mujer cuyo +delito se castigaba con la pena de muerte. Casada con un pobre +campesino, viva en los arrabales de la pequea poblacin del Mariel, no +sabemos cuanto tiempo haca, ni hace mucho al caso tampoco. Pero sin ser +joven ni hermosa, contrajo ella relaciones ilcitas con un hombre +soltero del mismo pueblo. Sase que el marido averiguara lo que pasaba y +amenazara tomar venganza, sase que los amantes quisieran librarse de +aquel estorbo, el hecho fue que entre los dos concertaron matarle. Y +conseguido esto, que no cuesta gran trabajo matar a un hombre, trataron +de ocultar las huellas del crimen descuartizando el cadver y arrojando +a un ro inmediato los cuartos ensangrentados, cosidos en un saco. Tales +fueron los hechos principales dilucidados en la causa.</p> + +<p>Ahora bien, qu papel desempe la mujer en el horrible drama? Eso no +se puso en claro. En su defensa despleg tan desinteresada como rara +elocuencia el joven y brillante abogado Anacleto Bermdez,<a name="FNanchor_16_16" id="FNanchor_16_16"></a><a href="#Footnote_16_16" class="fnanchor">[16]</a> que +acababa de llegar de Espaa, en cuyos consejos se haba recibido de +abogado e hizo en esa causa su estreno como hbil criminalista. El hecho +era atroz, sin embargo, y la criminalidad de la mujer qued probada, +pues si no haba herido con su propia mano, haba tomado parte principal +en el asesinato y en la ocultacin del cadver. Se hizo, por tanto, +necesaria su condenacin a ltimo suplicio, aunque ste fuese el de +horca, pues que entonces slo se aplicaba el del garrote a la gente +noble, suceso todava ms raro en Cuba que el de ejecutar a una mujer +blanca.</p> + +<p>La pena de muerte en horca, en los dominios espaoles era, si cabe, ms +terrible que la del garrote, introducida o generalizada algn tiempo +despus de aquel a que nos referimos ahora. El verdugo, as que ataba +dos sogas al pescuezo del reo, le lanzaba desde lo alto de la escalera, +se le montaba a horcajadas en los hombros, y con los calcaales le +golpeaba el estmago para apresurar su fin; deslizndose por los pies +del ajusticiado, cuyo cadver, dentro de un traje talar, quedaba +mecindose al aire libre por ocho horas, a dos varas del suelo. +Semejante espectculo no deba presentarse en La Habana con una mujer +blanca, por vulgar que ella fuese u horrible su delito.</p> + +<p>En tal situacin, y cuando hubo fallado el recurso de una supuesta +preez, Bermdez solicit y obtuvo como gracia especial que se la +hiciera morir en garrote. Recordar el lector que siete u ocho aos +despus de aquel a que nos contraemos ahora, se aboli el suplicio de +horca en Cuba, y que hallndose la crcel en el ngulo occidental del +edificio conocido por la Casa de Gobierno, donde funcionaba asimismo el +Ayuntamiento con todas sus dependencias, donde resida el Capitn +General con las suyas, y existan las escribanas pblicas, tena el +reo que recorrer una larga y angustiosa carrera antes que se pusiera fin +a su vida en el campo de la Punta, inmediato a la mar. En efecto, por la +calle de Mercaderes pasaba a la plazuela de la Catedral, torca luego a +la de San Ignacio, luego a la de Chacn, luego a la de Cuba, enseguida +por la orilla de la muralla a pasar por debajo de la puerta abovedada y +oscura llamada de la Punta, en que haba cuerpo de guardia y daba salida +a los cadveres de la ciudad que llevaban a enterrar en el cementerio +general.</p> + +<p>Al salir por aquella puerta de plaza sitiada, poda distinguir el reo a +lo lejos, frente al arrecibe de la costa contra la cual se rompan las +olas del mar en menudos copos de brillante espuma, la mquina terrible, +horca, garrote o banquillo en que haba de tener fin su vida. Para los +de nimo apocado, la muerte con todos sus horrores era fuerza que se les +presentase mucho antes de recibirla. Por suerte, la mujer de que ahora +hablamos, desde el momento que la metieron en capilla perdi las +fuerzas, y con ellas la conciencia de su horrible situacin, siendo +preciso, como se ha visto, que la condujeran al lugar del suplicio en +silla de mano, sentarla a brazos en el banco del garrote, y, muerta ya, +dislocarle la vrtebra del cuello para sofocar en su pecho el ltimo +soplo de vida.</p> + +<p>Cinco o seis aos despus de los sucesos que acaban de referirse, haba +cambiado de un todo el aspecto del campo de la Punta. Al yermo desolado +y polvoroso que limitaba al oeste las primeras casas de madera de la +barriada de San Lzaro, por el sur rimeros de tablas y alfardas +importadas de los Estados Unidos del Norte de Amrica, por el norte la +mar y el castillo de la Punta, que asomaba sus enanas almenas detrs de +apiadas calderas frreas de Carrn para la elaboracin del azcar, +sucedi un edificio de tres cuerpos, macizo, cuadrangular, erigido por +el Capitn General don Miguel Tacn para crcel pblica, depsito +presidial y cuartel de infantera.</p> + +<p>El espacio descubierto que qued al lado septentrional de ese edificio, +todava se obstruy ms con la construccin de unos cobertizos de madera +para abrigo de una parte del presidio, empleada en picar piedra menuda a +martillo, con destino al empedrado de las calles de la ciudad, segn el +sistema de McAdam. Pero, de todos modos, as qued separada la prisin +de la Casa de Gobierno; los presos pasaron a un edificio, aunque +defectuoso en muchos respectos, fabricado expresamente para su desahogo +y seguridad; hubo ms conveniente separacin de sexos y de delitos, y, +en especial, se redujo a la tercera parte la <i>via crucis</i> de los +infelices reos de muerte, pues que apenas se cuentan doscientos pasos de +la crcel nueva a la orilla del arrecife, donde se efectuaban las +ejecuciones capitales. De all y de la Punta, a la parte opuesta, +salieron a recibir la muerte del patriota y del hroe, aos adelante, +Montes de Oca y el joven Facciolo; el General Lpez y el espaol Pint; +el bravo Estrampes; y, en nuestros das, Medina y Len y los inocentes +estudiantes de la Universidad de La Habana.</p> + +<p>Incorporronse los tres amigos a la lgubre procesin, y la acompaaron +por el costado de la Catedral hasta la puerta del Seminario, edificio +que se extiende por el fondo de ella y da sobre el puerto. No haban +abierto an la entrada a las aulas, y el golpe como de doscientos +estudiantes de derecho, filosofa y latn, la flor de la juventud +cubana, se dilataba desde las gradas de piedra de la portera hasta el +cuartel de San Telmo por un lado, y por el otro largo trecho hacia las +bocacalles del Tejadillo y de San Ignacio, a causa de la estrechura de +la va. Por un movimiento espontneo, la muchedumbre estudiantil se +dividi en dos filas, dando paso franco por medio de la calle a la +extraa comitiva, a la cual preceda un rumor sordo como de enjambre de +abejas que busca donde posarse.</p> + +<p>Hizo alto por un momento ante la puerta del Seminario, para dar tiempo a +que cuatro hermanos de la Caridad y de la Fe relevasen a los que +portaban la silla de mano desde la crcel. La figura entre tanto, no +cambi de posicin ni hizo el menor movimiento; pero aunque los pliegues +del manto negro ocultaban por completo sus facciones, su nombre y la +historia de su crimen corrieron de boca en boca entre todos los +estudiantes.</p> + +<p>—Nadie dira que llevan ah a una mujer, dijo un estudiante de latn.</p> + +<p>—En efecto, ms parece la estatua de una llorona que ser viviente, +agreg otro.</p> + +<p>—El remordimiento la agobia, dijo un tercero. Por eso dobla la cabeza +sobre el pecho.</p> + +<p>—Ya, exclam un estudiante alto, de aspecto amulatado; el caso no es +para menos. Ahora supongo yo que est horrorizada de su propio crimen.</p> + +<p>—Pero est probado, como luz del medioda, segn reza la ley de +Partida, pregunt nuestro conocido Pancho, que Panchita mat a su +marido?</p> + +<p>—Tan cierto es que lo mat que le van a dar garrote, volvi a observar +el estudiante amulatado, con cierta sonrisa de desdn. Por ms seas que +despus de muerto le hizo tasajo, y, cosindole en un saco de henequn, +le arroj al ro para pasto de los peces.</p> + +<p>Todo eso no constitua un argumento de la criminalidad de Panchita +Tapia, y su tocayo iba a replicar cuando otro estudiante se interpuso +diciendo en voz campanuda y acento espaol:</p> + +<p>—Por un tris hace la chica con su consorte lo que dispone la ley de +Partida que se haga con el parricida. Slo falt que el saco fuera de +cuero, que tuviese pintadas llamas coloradas al exterior y que hubiese +puesto en el interior un gallo, una vbora y un mono, animales que no +conocen padre ni madre.</p> + +<p>—La ley de las Doce Tablas,<a name="FNanchor_17_17" id="FNanchor_17_17"></a><a href="#Footnote_17_17" class="fnanchor">[17]</a> se apresur a decir Pancho alzando la +voz y empinndose un tanto, contento de poder corregirle la plana al +estudiante espaolado—copiada <i>pedem litterae</i> en las Partidas, que +mand compilar don Alfonso el Sabio—no habla de gallos, sino de perro, +vbora y mono, y no porque estos animales conozcan o desconozcan padre o +madre, sino simplemente para entregar el criminal a su furor. El Cdigo +Alfonsino considera parricida an a la mujer que mata a su marido. La +prctica hoy da es arrastrar al reo en un sern atado a la cola de un +caballo hasta el pie del patbulo. De suerte que, si no arrastran a +Panchita Tapia, acusada de ese horrendo crimen, la razn es porque no lo +consienten nuestras costumbres. He dicho.</p> + +<p>Con esto Pancho se alej prontamente de aquel grupo, cosa de no dar +tiempo a una rplica de parte del estudiante espaolado. Pero ste se +content con decir, vindole alejarse:</p> + +<p>—Se conoce que el chico ha estudiado la leccin.</p> + +<p>En aquel mismo punto se abrieron las ponderosas hojas de cedro de la +puerta del Seminario, ms conocido entonces bajo el nombre de Colegio de +San Carlos. El gran patio lo constituan cuatro corredores anchos, de +columnas de piedra, formando un cuadrado. En el centro haba una fuente, +y por todo el derredor naranjos lozanos y frondosos. En el lado opuesto +a la entrada principal, a la izquierda, haba una escalera de piedra que +conduca a los claustros de los profesores; a la derecha, una reja que +separaba el corredor de un callejn oscuro y hmedo, por el cual se +penetraba en un saln lateral, largo y sucio, separado de las aguas del +puerto por un jardn o huerto de tapias elevadas. Hacia all daban unas +cuatro ventanillas altas por donde entraba la nica luz que a medias +alumbraba el saln. Contra la pared de enfrente, en el centro, se +poyaba una mala ctedra, y a ambos lados de ella haba muchos bancos de +madera, rudos, fuertes y de elevado respaldo, colocados +transversalmente.</p> + +<p>Ah se enseaba filosofa; ah ense por la primera vez esta ciencia a +la juventud cubana el ilustre padre Flix Varela, quien para ello +redact un texto, apartndose enteramente del aristotlico, nico +seguido en Cuba hasta entonces, desde la fundacin de la Universidad de +La Habana, en 1714, en el Convento de Santo Domingo. Cuando despus, en +1821, el padre Varela march de representante a las Cortes espaolas, +qued sustituyndole en la misma ctedra el ms aventajado de sus +discpulos, Jos Antonio Saco, y en los momentos de nuestra historia la +desempeaba el abogado Francisco Javier de la Cruz, por ausencia en el +norte de Amrica del propietario y expatriacin de su virtuoso fundador.</p> + +<p>En el ngulo de la izquierda haba otro saln, con entrada directamente +del corredor, donde enseaba latn el padre Plumas. Luego, ocupando casi +todo el otro lado, estaba el refectorio de los seminaristas y algunos +profesores que residan permanentemente en el mismo edificio, y a la +izquierda de la entrada principal estaba la ancha escalinata, dando +acceso a los corredores del piso alto. Por sta suban los estudiantes +de derecho no seminaristas; mientras los de filosofa y latn entraban +en los salones respectivos, ya mencionados, por las puertas al ras del +patio.</p> + +<p>En la maana del da que vamos refiriendo, cuando los estudiantes de +derecho ponan el pie en el primer escaln de la escalinata, se +detuvieron en masa como reparasen en un grupo de tres sujetos en animada +conversacin cerca de all, bajo el corredor. El que llevaba la palabra +poda tener de 28 a 30 aos de edad. Era de mediana estatura, de rostro +blanco, con la color bastante viva, los ojos azules y rasgados, boca +grande de labios gruesos y cabello castao y lacio, aunque copioso. +Haba cierta reserva en su aspecto y vesta elegantemente, a la inglesa. +El otro de los tres personajes se poda decir el reverso de la medalla +del ya descrito, pues a un cuerpo rechoncho, cabeza grande, cuello +corto, cabello crespo y muy negro: los ojos grandes y saltones, el labio +inferior belfo, dejando asomar dientes desiguales, anchos y mal puestos +agregaba un color de tabaco de hoja que haca dudar mucho de la pureza +de su sangre. El tercero difera en diverso sentido de los dos +mencionados, siendo ms delgado que ellos, de ms edad, de color plido +y aspecto muy amable y delicado. Este era el catedrtico de filosofa, +Francisco Javier de la Cruz; el anterior Jos Agustn Govantes, +distinguido jurisconsulto que regentaba la ctedra de derecho patrio; y +el primero, nombrado Jos Antonio Saco, recin llegado del Norte de +Amrica.</p> + +<p>Preceda a ste la fama de sus escritos en el <i>Mensajero Semanal</i>, que +publicaba en Nueva York, segn decan, con la cooperacin del muy amado +padre Varela, principalmente los que versaban acerca de los sucesos y +eminentes personajes de la revolucin de Mxico y de Colombia. Sobre +todo, acababa de leerse en La Habana, produciendo un vivo entusiasmo, su +polmica crtico-poltica con el encargado del Jardn Botnico, don +Ramn de la Sagra, en defensa del poeta matancero<a name="FNanchor_18_18" id="FNanchor_18_18"></a><a href="#Footnote_18_18" class="fnanchor">[18]</a> Jos Mara +Heredia.</p> + +<p>De resultas de eso, los jvenes cubanos, que ya se daban a la poltica, +comenzaron a alejarse de la clase de botnica que pretenda ensear La +Sagra, burlndose de l a medida que admiraban a Saco, a quien tenan +por un insurgente decidido, con cuya opinin, cosa singular, concurra +de plano el gobierno de la colonia.</p> + +<p>Algunos de los estudiantes de derecho le reconoci, desde luego, por +haber estudiado filosofa con l en 1823 y murmur su nombre, lo que fue +bastante para que se pararan e hicieran una exclamacin ms bien de +curiosidad que de otra cosa. Esto hubo de atraer la atencin de +Govantes, el cual, por seas, orden a sus discpulos que salieran al +saln de clase, adonde l los seguira en breve.</p> + +<p>All, en efecto, se encaminaron de tropel y entraron en el saln con +gran algazara, hablando de Saco, de Heredia, de su clebre <i>Himno del +desterrado</i> y su no menos famosa oda <i>Al Nigara</i>, inclusa en la +coleccin de sus poesas impresas en Toluca, Mxico; de las lecciones de +botnica de La Sagra, y de los hroes de la revolucin de Colombia, +aunque entonces imperfectamente conocida por la juventud habanera. +Cuando, poco despus, entr Govantes a paso tardo, con un libro debajo +del brazo y el semblante risueo y animado, callaron de golpe los +estudiantes y rein all completo silencio. Ascendi los tres o cuatro +escalones de la ctedra, puso el libro en el ancho pretil y se sent en +la silla de paja, a mano constantemente.</p> + +<p>No era el saln de la clase de derecho slo el ms amplio y extenso del +seminario, sino tambin el mejor situado bajo todos conceptos. Tena la +entrada por un extremo, con cuatro ventanas anchas abiertas al corredor, +y otras tantas al puerto de La Habana, que daban luz y aire, dejando ver +los valuartes de la ciudadela de la Cabaa y parte de los del Morro. +Apoyada en la pared medianera, entre las ventanas centrales, se elevaba +la ctedra; en frente haba dos rdenes de bancos paralelos y a +entrambos lados otros muchos colocados transversalmente, de modo que el +catedrtico, desde su elevado asiento, dominaba toda la clase, no +obstante su extensin. Probablemente habra all congregados hasta 150 +estudiantes de varios cursos.</p> + +<p>Los que haban estudiado la leccin y crean poder explicarla con alguna +claridad, presentaban el cuerpo y seguan los movimientos del +catedrtico. Los que no haban abierto siquiera el libro de texto, por +el contrario, no saban donde esconder la cara ni cmo encogerse. En +este caso se hallaba nuestro conocido Leonardo Gamboa, segn l mismo lo +haba dicho a sus amigos Meneses y Pancho Solfa. Como por su talla y su +carcter no le fuera fcil ocultarse, nunca se sentaba en frente de la +ctedra, sino a los costados, y eso en los ltimos bancos. El da que +vamos narrando ocup el asiento de la cabeza en el rincn, desalojando +para ello a su amigo Solfa. Despus de recorrer Govantes con la vista +toda la clase, se dirigi a un estudiante de su derecha, a quien llam +por el apellido de Martiartu, el espaolado antes dicho, y le orden +explicara la leccin, cosa que hizo con facilidad y an lucidez. Luego +orden hiciera lo mismo al amulatado, que llam Mena; enseguida a otro +de apellido Arredondo, el cual ocupaba puesto frente a frente de la +ctedra. Cuando ste hubo concluido la explicacin ms o menos textual, +Govantes volvi los ojos a su izquierda, los pas por encima de +Leonardo—el cual de golpe baj la cabeza con achaque de recoger el +pauelo dejado caer de intento y los detuvo en el joven que se sentaba +en la otra cabecera del mismo banco. No se saba ste la leccin y se +qued callado, por lo cual, tras breve rato, el amable profesor +dijo:—el otro, con idntico resultado. Salt enseguida al cuarto, luego +al sexto, que tampoco pudo responder, hasta que dejando tres o cuatro +por medio, dijo a Gamboa:—Usted. Disimul l cuanto pudo, hizo como que +no haba odo ni entendido, mas su amigo Pancho le llam la atencin, y +entonces, medio mohino, medio corrido, se puso en pie y dijo:</p> + +<p>—Maldito si he estudiado la leccin.</p> + +<p>Semejantes palabras produjeron una risa general. Gamboa, sin inmutarse, +continu:</p> + +<p>—Mas, por lo que han dicho los seores que me han precedido en el uso +de la palabra, saco en consecuencia que el asunto de que hoy se trata es +de los ms importantes, y creo que no se me olvidarn los puntos +principales para el caso de su aplicacin en nuestro foro.</p> + +<p>Con esto se sent de pronto, pegando al mismo tiempo un puntazo con el +dedo ndice al sufrido Pancho, por el costado, quien, ya de dolor, ya de +las cosquillas que le produjo, no pudo menos de dar un salto en el +asiento. Su discurso, lo mismo que su accin, por inesperados, causaron +una explosin de risa de que, no obstante su seriedad, particip el +mismo Govantes; quien, sin ms dilacin, comenz la explicacin del +texto, que versaba, como ya dicho, sobre el derecho de las personas. +Defini primero lo que se entenda por persona, segn el derecho romano; +luego por estado, que dijo se divida en natural y civil, y que este +ltimo poda ser de tres maneras, a saber: de libertad, de naturaleza y +de familia. Y entr de lleno en lo que poda denominarse historia de la +esclavitud, pintndola no ciertamente en sus relaciones con la sociedad +antigua o moderna, sino con el derecho romano, el de los godos y el +patrio; porque si bien reinaba bastante libertad de enseanza entonces +en Cuba, las ideas abolicionistas no haban empezado a propagarse en +ella.</p> + +<p>Govantes en aquel da, como sola, estuvo inspirado, elocuente, dando +muestras repetidas de su vasta erudicin; en lo cual sin duda no haba +tenido pequea parte su reciente entrevista con Saco, el traductor y +anotador de las <i>Recitaciones de Heinecio</i>,<a name="FNanchor_19_19" id="FNanchor_19_19"></a><a href="#Footnote_19_19" class="fnanchor">[19]</a> de texto en el Colegio +San Carlos desde el ao anterior de 1829. Al ponerse l en pie, pues +haba sonado la hora de las nueve, los estudiantes imitaron su ejemplo, +prorrumpiendo en estrepitosos aplausos.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_Xa" id="Capitulo_Xa"></a><span class="smcap">Captulo X</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Enga al mezquino</i><br /> +<i>Mucha hermosura;</i><br /> +<i>Falt la ventura,</i><br /> +<i>Sobr el desatino;</i><br /> +<i>Errado el camino</i><br /> +<i>No pudo volver</i><br /> +<i>El que por amores</i><br /> +<i>Se dej prender.</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">D. Hurtado de Mendoza</span></p></div> + + +<p>Decamos que los estudiantes de derecho patrio imitaron el ejemplo de su +profesor ponindose todos de pie. Pero aunque ganosos de salir del aula, +segn es de suponerse, permanecieron en sus puestos respectivos hasta +que aqul descendi de la ctedra y se dirigi a la puerta de salida, +cabeza baja y libro de texto debajo del brazo; entonces desfilaron en +dos columnas tras l, en respetuoso silencio.</p> + +<p>Los pocos que le acompaaron hasta la puerta de su celda, al fondo de la +galera, fueron los seminaristas, pupilos del colegio, los cuales se +distinguan por la ropa talar de estamea color pardo que vestan y que +les daba la apariencia de monacillos; si bien es seguro que ninguno de +ellos seguira la carrera eclesistica.</p> + +<p>Los otros estudiantes no seminaristas, en el nmero ya dicho, luego que +se alej el catedrtico, deshicieron la formacin que traan, se +precipitaron por la ancha escalera de piedra, en tropel bajaron al +corredor y en el mismo desorden salieron a la calle, cual si los hubiera +vomitado de un golpe la amplia portera del Colegio de San Carlos.</p> + +<p>Ya en la calle, se derramaron por diferentes rumbos de la ciudad. Un +grupo bastante numeroso tom la vuelta del cuartel de San Telmo en que +termina la calle de San Ignacio, torci la de Chacn, enseguida a la de +Cuba, en fin, por la de Cuarteles se encamin a la Loma del ngel, que +era su destino. En este grupo estudiantil, marchando con gran algazara, +bien poda notar el curioso lector de anteriores pginas, a los tres +constantes amigos: Gamboa, Meneses y Solfa. El primero de stos sin duda +capitaneaba a los dems, porque iba a la cabeza blandiendo en la mano +derecha, a guisa de bastn de tambor mayor, la caa de Indias con puo +de oro y regatn de plata. A medida que se acercaban a la iglesia del +Santo ngel Custodio, que, como sabe el lector habanero, se halla +sentada en la planicie de la Peapobre, se estrechaba ms la va a causa +del declive y del golpe de gentes de ambos sexos, de todos colores y +condiciones que llevaban la misma direccin.</p> + +<p>Las mujeres blancas, al menos las que no se dirigan a la iglesia, iban +en quitrines, los cuales entonces empezaban a generalizarse y a +sustituir a las <i>volantes</i> o calesas, que venan usndose desde fines +del siglo pasado. Casi todos los ocupaban tres seoras sentadas en el +nico asiento o de testera de esos carruajes, las mayores a los lados, +recostadas muellemente; la ms joven en medio y erguida siempre, porque +nuestros quitrines ni nuestras <i>volantes</i> se construyen en realidad para +tres personas, sino para dos. Aunque pasadas las nueve de la maana, no +calentaba demasiado el sol, a causa de lo adelantado de la estacin; por +eso casi todos los quitrines llevaban el fuelle cado, mostrando a toda +su luz la preciosa carga de mujeres, jvenes en su mayor parte, +vestidas de blanco o colores claros, sin toca ni gorra, la trenza negra +de sus cabellos sujeta con el peine de carey llamado peineta de teja, y +los hombros y brazos descubiertos.</p> + +<p>Las mujeres blancas que iban a pie por aquellas calles pedregosas sin +aceras, de seguro se dirigan a la iglesia; lo que poda advertirse por +el traje negro y la mantilla de encaje. La gente de color de ambos +sexos, en doble nmero que la blanca, iba toda a pie, parte tambin a la +iglesia, parte paseando o vendiendo tortillas de maz en tableros de +cedro, que era uno de los motivos de la fiesta. Las que se hallaban +arrimadas a una u otra pared de la calle, eran por lo comn negras de +frica, pues las criollas desdeaban la ocupacin, sentadas en sillas +enanas de cuero, con una mesita por delante y el burn en el brasero a +un lado. En la tal losa de piedra oscura tendan con una cuchara de +madera la porcin de harina de maz mojada que constitua una torta de +tres o cuatro onzas de peso, y cuando estaba doradita con el calor del +burn, le esparcan por encima un poco de manteca de vacas, y as +calientita y jugosa la ofrecan de venta al transente a razn de medio +de plata el par. Muchas seoritas no tenan a menos parar el carruaje y +comparar las tortillas de San Rafael, segn las denominaban, calientes +todava del indiano burn, pues por lo que parece, era como saban +mejor.</p> + +<p>La ocasin de todo aquel bullicio y movimiento era la fiesta de San +Rafael, que cae el 24 de octubre, cuya celebracin se haba principiado, +segn ya indicamos, nueve das antes. En cada uno de ellos se deca una +misa rezada en las primeras horas de la maana, misa mayor y sermn de +diez a doce y salve a la hora de vspera. Durante la novena o circular +se mantena de manifiesto el Santsimo Sacramento, y con tal motivo la +iglesia nunca se vea desocupada de los fieles que acudan de todas +partes del barrio a ganar indulgencia plenaria.</p> + +<p>Como hemos dicho anteriormente, la pequea iglesia del Santo ngel +Custodio se halla asentada en la planicie estrecha de la Peapobre, +especie de arrecife de poca extensin, aunque bastante elevado respecto +al plano general de la ciudad. Para subir a ella haba, y hay ahora, dos +escalinatas de piedra oscura y tosca, con repechos de lo mismo: una que +arranca del fondo de la calle de los Cuarteles, la otra que desciende a +la de Compostela, siendo sta la ms larga y pendiente.</p> + +<p>En llegando a lo alto de la meseta, que tambin tiene repecho de piedra, +se est en el piso del templo, cuya nica nave, en los das de funcin, +como de la que ahora se trata, se descubre toda entera—el altar mayor +al fondo, retablo de madera de dos cuerpos—ms all de las dos puertas +laterales, casi oculto tras el bosque de cirios blancos, candelabros +dorados y plateados, macetas de flores artificiales y gran profusin de +relumbrantes cartulinas. A izquierda y derecha se vean dos retablos de +menos adornos, en el promedio de la puerta principal y las laterales, y +en la media naranja otros dos retablos, en cada uno de los cuales se +veneraba algn santo, por lo regular de madera de talla, encerrado en un +nicho de cristal. El techo, en forma de caballete, dejaba al desnudo el +maderamen de la armadura que estaba cubierta de tejas coloradas, y +encima del arco toral, dentro del que haba un pequeo coro, se +levantaba el cuadrado campanario de piedra de tres cuerpos en +disminucin ascendente. Hacia el oeste, detrs del cuerpo de la iglesia, +se hallaba la sacrista, la habitacin del cura enseguida, y otra +escalera de piedra menos espaciosa que las del frente, que daba salida a +la calle de Egido, especie de callejn hondo, torcido y desigual que +corre a lo largo de las paredes de las casas y los baluartes que +circundaban la ciudad por la parte de tierra. El patio, por el frente, +tiene un malecn de mampostera, al modo de muro de azotea. Pues en ese +malecn, en la maana del da que vamos refiriendo, el segundo o tercero +de la novena de San Rafael, varios negros carpinteros se entretenan en +levantar con tablas de pino, pintadas de color de cantos de piedra, algo +que se asemejaba a las almenas de un castillejo, habiendo ya plantado el +asta bandera y casi concluido la obra principal.</p> + +<p>Los estudiantes se haban apoderado de todo el repecho de las +escalinatas y mesetas; Leonardo Gamboa en lo ms alto, con su caa al +hombro dirigiendo la maniobra, y no suba por stas persona alguna, ni +pasaba por la calle mujer especialmente, en carruaje o a pie, sin que +tuvieran ellos algo que decirle y an hacerle. El ms conspicuo por su +voz, por el puesto que ocupaba y por su aventajada talla era Gamboa, +prodigando, sin cesar dichos y requiebros, sobre todo a las muchachas +bonitas, con sobra de galantera y lastimosa falta de buena crianza. +Ellas, sin embargo, ya por el hbito de orlos desde la cuna, ya porque +siempre halaga la celebracin, no se daban por ofendidas, antes stas se +sonrean; aqullas, con el abanico entreabierto, hacan un saludo +gracioso a los conocidos o amigos, y no faltaban quienes correspondan a +una pulla, con otra pulla, por cierto no de la mejor ley.</p> + +<p>Haba Leonardo arrebatado un pedazo de tortilla a uno de sus compaeros, +y, tenindole en la mano izquierda, lo brindaba a la joven que mejor le +pareca, sin nimo de drsela a ninguna, ni probarlo l, hasta que, de +tres que iban en un quitrn, crey reconocer la que ocupaba el lado +opuesto; por cuya razn, en vez de hacerle el mismo ofrecimiento que a +las dems, baj la mano de pronto y trat de ocultarse tras el repecho +de la meseta. La joven le haba visto, y reconocido desde luego; slo +que, lejos de sonrerse, como es natural cuando se divisa a un amigo +entre multitud de gentes extraas, se puso ms seria y plida de lo que +era, aunque mientras pudo estuvo mirando el sombrero y la frente del +estudiante, asomados a pesar suyo por encima del borde del muro de +piedra. A tiempo de agacharse Gamboa, por un movimiento involuntario, +le ech garra por un brazo a su amigo Meneses, y de modo le apret, que +ste no pudo menos de quejarse y preguntarle:</p> + +<p>—Qu sucede, Leonardo? Por Dios bendito, suelta, que me desprendes el +brazo.</p> + +<p>—No la conociste? repuso Leonardo enderezndose poco a poco.</p> + +<p>—A quin? Qu dices?</p> + +<p>—A la muchacha aquella del quitrn azul que va sentada a la parte +opuesta de nosotros. Pasa ahora las Cinco esquinas. Todava mira hacia +ac. De seguro me ha reconocido. Y yo que la haca a muchas leguas de +distancia! Si creer que todava duran los aguinaldos de pascuas?</p> + +<p>No s an de quin hablas.</p> + +<p>—De Isabel Ilincheta, hombre. No la conociste? Bien que te gustaba su +hermana Rosa.</p> + +<p>—Acabramos. No la conoc, en efecto. Me pareci muy delgada y +triguea, all era la ms linda del partido.</p> + +<p>—Todas las muchachas cuando van para tas se ponen delgadas y +palidecen; y lo que es Isabel tiene razn para ambas cosas, pues cuenta +mi edad y no abriga esperanzas de casarse pronto.</p> + +<p>—Todava te casas t con ella el da menos pensado.</p> + +<p>—Yo? Primero con una escopeta. La chica me gusta, no lo niego; pero +ms me gustaba all, en medio de las flores y del aire embalsamado, a la +sombra de los naranjos y de las palmas, en aquellas guardarrayas y +jardines del cafetal de su padre. Y luego, es una bailadora... de +primera. No menos que tu Rosa.</p> + +<p>—Deja tranquila a Rosa y volvamos a tu Isabel. Estaba lo que se llama +enamorada de ti. La pobre! no te conoce, a lo que entiendo. Porque si +vale decir verdad, eres el ms inconstante y voluble de los hombres.</p> + +<p>—Lo confieso, lo siento, mas no puedo remediarlo; me empeo por una +muchacha mientras me dice que no; en cuanto me dice que s, aunque sea +ms linda que Mara Santsima, se me caen a los pies las alas del +corazn. Desde mayo no le escribo. Qu pensar de m? Y es que estas +muchachas criadas en el campo son tan empalagosas con su querer... Se +figuran que nosotros los mozos de La Habana somos todo cera y miel.</p> + +<p>—Dnde parar ella?</p> + +<p>—De seguro en casa de las Gmez, sus primas, detrs del Convento de las +monjas Teresas.</p> + +<p>—Esperas tropezar ah con Rosa? Cuando no estaba en el quitrn con +Isabel, es claro que no ha venido del campo. En cuanto a m, te juro que +no deseo y temo encontrarme cara a cara con Isabel. Estar ella hecha un +moderno virago conmigo. No es mujer a quien se puede ofender +impunemente.</p> + +<p>—Razn tiene sobrada para estar enojada contigo, y en conciencia debes +hacer por aplacar su enojo...</p> + +<p>—Conciencia, conciencia, repiti Leonardo en tono desdeoso. Quin la +tuvo jams en tratndose de mujeres?</p> + +<p>—Hombre! No digas blasfemias, que hijo eres de mujer.</p> + +<p>Esta ltima observacin la hizo Pancho Solfa, que haba estado oyendo el +breve dilogo de los dos amigos. Leonardo le mir de alto a bajo; no por +desprecio, sino porque le sacaba al menos dos palmos de ventaja en +estatura, y le dijo serio:</p> + +<p>—T vas a parar en fraile capuchino. Luego, volvindose con viveza para +Meneses, aadi: Esa muchacha va a trastornar todos mis planes.</p> + +<p>—No lo comprendo, dijo Meneses.</p> + +<p>—Ya lo vers, repuso Leonardo pensativo. Caballeros, prosigui hablando +con los que le seguan desde el colegio; vmonos que ya esto fastidia.</p> + +<p>Conocidamente Leonardo se haba puesto de mal humor; algo le contrariaba +el nimo, y l no era hombre para sobrellevar estorbos. Pero apenas baj +a la calle por el lado de la de Compostela, y se vio una vez ms en +medio del bullicio popular, cuando volvi a su ser natural y a las +vivezas de su carcter. En efecto al llegar a las Cinco esquinas, +alcanz un caballero de mediana edad que llevaba la misma direccin que +los estudiantes. Leonardo le pas los brazos por debajo de los suyos, le +cubri los ojos con ambas manos y le dijo, variando el acento:—Adivina +quin soy.</p> + +<p>En vano el desconocido trat de desasirse de las garras del estudiante, +en la persuasin quizs de que el objeto de aquella violencia era +robarle a la claridad del da y a la vista del pueblo. Pero Leonardo, +luego que se le reunieron los compaeros y multitud de curiosos, solt +al hombre; y, con el sombrero en la mano y la cabeza inclinada, en seal +de respeto y arrepentimiento, le dijo:—Pido a Vd. mil perdones, +caballero. He sufrido una equivocacin lamentable, pero Vd. tiene la +culpa, porque se parece a mi to Antonio como un huevo a otro huevo.</p> + +<p>Los estudiantes soltaron la carcajada, por lo mismo que el caballero +desconocido, comprendiendo la burla, estall en expresiones de mal humor +y de enojo contra la juventud malcriada e insolente de la poca. Aquella +ridcula escena pas con ms rapidez de lo que hemos acertado a +pintarla, y, como para hacer contraste con ella, no bien pas Leonardo +la calle de Chacn, meti la punta de su caa de Indias en una rolliza +tortilla de maz que empezaba a dorarse al calor del burn de una negra +ms rolliza todava y casi desnuda, arrimada a la pared de la esquina y +rodeada de sus cachivaches, y la levant en el aire. Hizo la tortillera +una exclamacin de angustia, y al enderezarse en el enano asiento, como +era tan gorda y pesada, ech a rodar la mesita que tena delante, donde +haba otras tortillas ya cocidas, con lo cual se aument su disgusto y +se menudearon sus gritos. Todos rieron de la ocurrencia, Diego Meneses, +quien, por uno de aquellos impulsos nobles y generosos de su buen +corazn, sac del bolsillo del chaleco unos cuantos reales, se los +arroj al pecho abultado de la negra, y acert a depositrselos en el +seno, no obstante el bajo escote del cuerpo de su escassimo traje.</p> + +<p>Si con esto se le pas el enojo o cesaron sus lamentos, los estudiantes +no se detuvieron a averiguarlo. Adelante, en la calle del Tejadillo +corta la de Compostela en ngulo recto y luego se encuentra la del +Empedrado, dicha as por haber sido la primera en que se empez a +ensayar el sistema de pavimento de las calles de La Habana con chinas +rodadas y arroyo en medio. Por ella torci Leonardo a la derecha, y +despus de saludar a sus compaeros y decir a sus ntimos amigos Meneses +y Solfa que podan, si queran, esperarlo en la plazoleta inmediata de +Santa Catalina, donde se reunira con ellos dentro de un cuarto de hora. +Pero siendo ya la de almorzar, segn la costumbre de Cuba, ellos +prefirieron continuar a sus casas respectivas, y as se separaron de +Leonardo hasta la noche en la feria del Santo ngel Custodio.</p> + +<p>Una vez solo el estudiante de derecho, cambi de paso y de aspecto +repentinamente. Se puso serio y pensativo, mucho ms de lo que caba +esperar en un carcter tan alegre y vivaz. Era que le preocupaba +demasiado la aparicin en La Habana y en la feria, de la joven de +Alquzar a quien denomin Isabel Ilincheta. No obstante que lo negase, +estaba enamorado de ella, y recelaba que su repentina llegada diese +ocasin a revelaciones desagradables, sobre todo, al descubrimiento de +sus veleidades, que, por pervertido que tuviese el sentimiento de la +decencia, no podan hacerle honor ni dejar de sacarle los colores a la +cara.</p> + +<p>Varias veces se detuvo y peg con la punta del bastn en las angostas +losas de la acera, de cuyo lujo gozaba entonces, entre otras pocas, la +calle famosa de lo Empedrado. Entre seguir y volverse fluctuaban +grandemente, pues es bueno que se sepa que aquella no era la direccin +de su casa. Dio, al fin, un golpe ms recio que los dems con la caa, +se la ech al hombro, como sola, y apresur el paso, murmurando:—Qu +diablos! A lo hecho, pecho. Todo esto, para confirmarse en la resolucin +tomada.</p> + +<p>A poco andar se encontr en la esquina de la calle del Aguacate, y +arrimado a las alterosas paredes del Convento de Santa Catalina, no hizo +alto hasta cerca de la esquina en que la calle de O'Reilly corta la que +llevaba a la sazn. All, dirigi una mirada oblicua a la ventanilla +cuadrada y alta de una casucha en la acera opuesta, inmediata a la +esquina. Dicha casucha la hemos descrito minuciosamente al final del +captulo II de esta verdica historia. Las hojas de la ventanilla se +hallaban entornadas, y por entre los balaustres de cedro, se vean los +pliegues de una cortinilla de muselina blanca, la cual se agitaba +ligeramente entonces, ya a causa del airecillo de la maana, ya de los +movimientos de alguna persona que estuviese detrs. En la misma +disposicin, aunque inversa, se vea la desvencijada puerta: la media +bala de hierro, de que hemos hablado en otra parte, impeda que se +cerrase del todo.</p> + +<p>Que haba una persona apostada entre la hoja entornada de la ventanilla +y la cortina blanca, no cabe duda ninguna, porque apenas Leonardo cruz +y puso la mano derecha en el hueco que dejaba en el marco un balaustre +cado, cuando se asom la cara ms linda de mujer que quizs exista en +aquel tiempo en La Habana. A su vista, aunque los ojos de la mulata +despedan rayos, y no de amor, sino de clera, qued completamente +subyugado Leonardo, y se olvid de Isabel, de los bailes de Alquzar y +de los paseos por las guardarrayas de palmas y de naranjos en los +cafetales de esa comarca. El lector de los primeros captulos de esta +historia tiene delante a Cecilia Valds. Mantena los ardientes labios +apretados, la sangre quera brotarle de sus redondas mejillas, el +abultado seno con dificultad se contena dentro de las ligaduras del +traje de yoc. Al fin fue ella la primera a hablar, diciendo ms con el +semblante que con la voz:</p> + +<p>—Para qu ha venido?</p> + +<p>—Acabo de salir de la clase, contest Leonardo en tono humilde y bajo, +mas recio.</p> + +<p>Cecilia mir al soslayo para adentro, con la mano izquierda abierta hizo +sea a Leonardo que bajara algo ms la voz y aadi con vehemencia:</p> + +<p>—Le han visto hace poco en la loma del ngel.</p> + +<p>—Puede ser, vena para ac.</p> + +<p>—Pero se ha detenido mucho, la distancia no es tan grande. Ah! +Maldita la mujer que ama!</p> + +<p>—Nada se ha perdido, Cecilia. Heme aqu.</p> + +<p>—Ya. Mas quin sabe la causa de su demora? Tal vez una mujer...</p> + +<p>—Mujer no, te lo juro.</p> + +<p>—No me jure, porque entonces menos le creo. El caso es que Chepilla ya +est de vuelta de Paula y Vd. se aparece ahora. Ya no hay tiempo de +hablar. Hace rato que lleg. Rezaba y dormitaba, supongo que de cansada; +y ya levanta la cabeza y pone el odo de tico. (Esto lo dijo mirando +otra vez hacia dentro.) A Vd. no le interesa mi amistad, se conoce, y +soy una boba que le espero. Maldita sea la mujer que quiere como yo!</p> + +<p>—Tu desesperacin me asusta, alma ma. Siento el percance, ser maana.</p> + +<p>—Es que Chepilla no va todos los das a Paula.</p> + +<p>—Me levant cerca de las siete. T sabes a la hora que vinimos de +Regla, cerca de la una de la madrugada.</p> + +<p>—Eso no impidi que yo me despertase al amanecer. Me acost con el +cuidado y Vd. no, esto hace mucha diferencia.</p> + +<p>—Djate de ese tono irnico que no te sienta ni un poquito. Demasiado +sabes t que te idolatro.</p> + +<p>—Obras son amores y no buenas razones, y el hombre que no cumple con +una cita...</p> + +<p>—No me condenes de ligero. Ya te he dicho la causa de mi demora. Te +protesto, sin embargo, que lo siento en el alma, y ya te probar...</p> + +<p>—Malhaya viene tarde. En vano me protesta de su cario. La persona que +quiere bien no engaa. S, Vd. me est engaando. Me tiene muy herida. +Vyase. Truena Vd., no habla.</p> + +<p>Leonardo le cogi la mano y se la llev a los labios, sin que ella +opusiera la menor resistencia, por donde conoci que haba pasado el +furor de la tormenta y que la muchacha admitira su visita en primera +oportunidad. Con esto l sigui camino y al entrar en la calle de +O'Reilly, puso el pie izquierdo en el estribo de una volanta que bajaba +de la puerta del Monserrate, zarandendose dentro de dos largusimas +varas, pendientes de dos enormes ruedas y del lomo de un verdadero +Rocinante, y qued sentado en el cojn de vaqueta. El estremecimiento +producido por la repentina entrada del joven, llam la atencin del +calesero, quien incontinente volvi la cara a fin de ver la casta de +pasajero que haba conseguido sin solicitarlo ni esperarlo. Este, a +tiempo de caer en el asiento, tron en voz campanuda y de mando:—A +casa.</p> + +<p>—Y dnde vive el nio? naturalmente pregunt el azorado calesero.</p> + +<p>—Bruto! Que no lo sabes? Calle de San Ignacio esquina a Luz. Arrea.</p> + +<p>—Ah! exclam el calesero, y le peg tan fuerte latigazo a la pobre +bestia en los ijares, que se estremeci toda dentro de la armazn de +huesos, doblndose casi en dos, bien del dolor, bien del peso del +carruaje, del pasajero y del jinete.</p> + +<p>Mientras el estudiante, sacudido como una pelota va camino de su casa en +la desvencijada volante sannos permitidas algunas reflexiones. A qu +aspiraba Cecilia al cultivar relaciones amorosas con Leonardo Gamboa? El +era un joven blanco, de familia rica, emparentado con las primeras de La +Habana, que estudiaba para abogado y que, en caso de contraer +matrimonio, no sera ciertamente con una muchacha de la clase baja, cuyo +apellido slo bastaba para indicar lo oscuro de su origen, y cuya sangre +mezclada se descubra en su cabello ondeado y en el color bronceado de +su rostro. Su belleza incomparable era, pues, una cualidad relativa, la +nica quizs con que contaba para triunfar sobre el corazn de los +hombres; mas eso no constitua ttulo abonado para salir ella de la +esfera en que haba nacido y elevarse a aqulla en que giraban los +blancos de un pas de esclavos. Tal vez otras menos lindas que ella y de +sangre ms mezclada, se rozaban en aquella poca con lo ms granado de +la sociedad habanera, y an llevaban ttulos de nobleza; pero stas o +disimulaban su oscuro origen o haban nacido y se haban criado en la +abundancia; y ya se sabe que el oro purifica la sangre ms turbia y +cubre los mayores defectos, as fsicos como morales.</p> + +<p>Pero estas reflexiones, por naturales que parezcan, estamos seguros que +jams ocuparon la mente de Cecilia. Amaba por un sentimiento espontneo +de su ardiente naturaleza y slo vea en el joven blanco el amante +tierno, superior por muchas cualidades a todos los de su clase, que +podan aspirar a su corazn y a sus favores. A la sombra del blanco, por +ilcita que fuese su unin, crea y esperaba Cecilia ascender siempre, +salir de la humilde esfera en que haba nacido, si no ella, sus hijos. +Casada con un mulato, descendera en su propia estimacin y en la de sus +iguales: porque tales son las aberraciones de toda sociedad constituida +como la cubana.</p> + +<p>El calesero, entre tanto, baj por la calle de O'Reilly al trote, tom +la de Cuba, cruz diagonalmente la plazoleta de Santa Clara, torci +luego a la calle de San Ignacio, y sin adelantarse un paso par la +carrera a la puerta de la casa que le haban designado. Aqulla era una +prueba de que el negro calesero no mereca el dictado de bruto que le +dio Leonardo al entrar en la volante. No haba acabado de parar sta, +cuando el estudiante salt a la acera y con la misma rapidez le lanz +una moneda al calesero. Recibiola l en el aire, se la llev a los ojos, +vio que era una peseta columnaria, se persign con ella, pic espuelas y +sigui viaje, diciendo:—Mucha salud, nio.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_XIa" id="Capitulo_XIa"></a><span class="smcap">Captulo XI</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>De mi patria</i><br /> +<i>bajo el desnublado cielo</i><br /> +<i>no pude resolverme a ser esclavo,</i><br /> +<i>ni consentir que todo en la natura</i><br /> +<i>fuese noble y feliz menos el hombre.</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">Jos Mara Heredia</span></p> + +<p>A Emilia.</p></div> + + +<p>Crey advertir Leonardo cuando salt de la volante a la acera, que un +militar, en completo uniforme, que caminaba de prisa hacia la Plaza +Vieja, se haba separado de la segunda ventana de su casa, y que +contemporneamente se haba desprendido de un postigo de la misma el +bien conocido rostro de una de sus hermanas. Apresur el paso, y, en +efecto, a travs de otro postigo de la reja del zagun, vio a su hermana +mayor Antonia, en el acto de alzar la cortina para entrar en el primer +aposento, por la puerta que daba a la sala. Le desazon ms de lo que +puede imaginarse este inesperado descubrimiento, porque atando cabos se +convenci, a no quedarle duda, de que mientras l galanteaba a la mulata +all por el barrio del ngel, un capitn del ejrcito espaol, a la +clara luz de una maana de octubre, le galanteaba la hermana ac por el +barrio de San Francisco. El recuerdo del momento placentero que haba +gozado y que an se cerna en su mente cual visin brillante, qued +enturbiado, se desvaneci del todo ante la desagradable escena a la +ventana de su casa.</p> + +<p>De la generacin que procuramos pintar ahora bajo el punto de vista +poltico-moral, y de la que eran muestra genuina Leonardo Gamboa y sus +compaeros de estudios, debemos repetir que alcanzaba nociones muy +superficiales sobre la situacin de su patria en el mundo de las ideas y +de los principios. Para decirlo de una vez, su patriotismo era de +carcter platnico, pues no se fundaba en el sentimiento del deber, ni +en el conocimiento de los propios derechos como ciudadano y como hombre +libre.</p> + +<p>El sistema constitucional que haba regido en Cuba, la primera vez de +1808 a 1813, la segunda de 1821 a 1823, nada le haba enseado a la +generacin de 1830. Para ella haban pasado como un sueo, como cosas +del otro mundo o de otro pas, la libertad de imprenta, la milicia +nacional, el ejercicio frecuente del derecho del sufragio, las reuniones +populares, las agitaciones y propaganda de los ms exaltados, los +concilibulos de las sociedades masnicas, las ctedras de Derecho y de +Economa Poltica, las lecciones de Constitucin del Padre Varela. +Despus de cada uno de esos dos breves perodos haba pasado sobre Cuba +la ola del despotismo metropolitano y borrado hasta las ideas y los +principios sembrados con tanto afn por ilustres maestros y eminentes +patriotas. Haban desaparecido los peridicos libres, los folletos y los +pocos libros publicados en las dos pocas memorables, de los cuales, si +exista uno que otro ejemplar, era en manos del bibligrafo, que tena +doble empeo en ocultarle.</p> + +<p>Sujeta a la previa censura, haba enmudecido la prensa en toda la Isla +desde 1824, no mereciendo ese nombre los poqusimos peridicos, que +despus se publicaban en una que otra poblacin grande de la misma. El +estado de sitio en que desde entonces qued avasallado el pas, no +consenta la discusin de las cuestiones que ms podan interesar al +pueblo. Delito grave era tratar de poltica en pblico y en privado, +hasta el uso de ciertos nombres de personas y an de cosas estaba +estrictamente prohibido. Los sucesos pasados, pues, as dentro como +fuera de Cuba, los conatos de revolucin en sta, las resultas de la +tremenda lucha por la libertad e independencia en el continente, todo +esto qued sepultado en el misterio y en el olvido para la generalidad +de los cubanos. La historia, adems, que todo recoge y guarda para la +ocasin oportuna, an no se haba escrito.</p> + +<p>No faltaban fuera quienes tratasen contemporneamente de la poltica +militante y se afanasen por hacer llegar a la patria la noticia de lo +que pasaba en torno de ella y que poda ensear al pueblo sus deberes y +recordarle sus derechos. A ese fin, entre otros, el virtuoso Padre +Varela public en Filadelfia <i>El Habanero</i>, de 1824 a 1826; pero el +gobierno espaol le declar papel subversivo y prohibi su entrada en +Cuba. De suerte que puede asegurarse que muy pocos ejemplares circularon +en ella. Ms tarde, es decir, de 1828 a 1830, emprendi Saco tambin en +el Norte de Amrica la publicacin de <i>El Mensajero Semanal</i>, peridico +cientfico-poltico-literario, el cual, por iguales motivos que el +anterior, tuvo escasa circulacin en La Habana y no ejerci influencia +apreciable en las ideas polticas. Lo nico que en ese peridico hizo +eco en la juventud habanera, segn se ha indicado anteriormente, fue la +polmica que su ilustre redactor sostuvo con el director del Jardn +Botnico de La Habana, don Ramn de la Sagra, por la apasionada crtica +que ste haba hecho del tomo de poesas dado a luz en Toluca, en el ao +de 1828, por el insigne Tirteo<a name="FNanchor_20_20" id="FNanchor_20_20"></a><a href="#Footnote_20_20" class="fnanchor">[20]</a> cubano, Jos Mara Heredia.</p> + +<p>Mayor y ms general influencia ejercieron en el nimo de la juventud los +patriticos versos de ese clebre poeta. Sobre todos su oda <i>La Estrella +de Cuba</i>, octubre de 1823; su epstola <i>A Emilia</i>, 1824; su soneto a don +Toms Boves. Su <i>Himno del Desterrado</i>, 1825, caus un vivo entusiasmo +en La Habana; muchos lo aprendieron de memoria y no pocos lo repetan +cuando quiera que se ofreca la ocasin de hacerlo sin riesgo de la +libertad personal. Pero ni aquellos peridicos, ni estos fogosos versos, +mager que rebosando en ideas libres y patriticas, bastaban a inspirar +aquel sentimiento de patria y libertad que a veces impele a los hombres +hasta el propio sacrificio, que les pone la espada en la mano y los +lanza a la conquista de sus derechos.</p> + +<p>Quedaban, adems, confusas, si ya no tristes, reminiscencias de las +pasadas conjuraciones. De la del ao 12 slo sobreviva el nombre de +Aponte,<a name="FNanchor_21_21" id="FNanchor_21_21"></a><a href="#Footnote_21_21" class="fnanchor">[21]</a> cabeza motn de ella, porque siempre que se ofreca pintar a +un individuo perverso o maldito, exclamaban las viejas:—Ms malo que +Aponte! De la del ao 23 se saba por tradicin, que Lemus, el +cabecilla, gema en un presidio de Espaa; que Peoli se haba escapado +del cuartel de Beln disfrazado de mujer; que Ferrety, el delator, +gozaba de la privanza o favores del Gobierno; y que Armona, el +aprehensor y perseguidor de los principales conjurados, continuaba +siendo el jefe de la nica gendarmera del Capitn General don Francisco +Dionisio Vives.</p> + +<p>Como rumor no ms haba corrido que el gobierno de Washington se haba +opuesto a la invasin de Cuba y Puerto Rico por las tropas de Mxico y +de Colombia, y que de esas resultas haban ahorcado all por Puerto +Prncipe en 1826, como emisarios de los insurgentes, a Snchez y a +Agero.<a name="FNanchor_22_22" id="FNanchor_22_22"></a><a href="#Footnote_22_22" class="fnanchor">[22]</a> Pero a tal punto haban llegado el olvido y la indiferencia, +que en los mismos das a que nos referimos en las anteriores pginas, se +segua causa de infidencia a los cmplices de la conjuracin llamada del +<i>Aguila Negra</i>, muchos de los cuales estaban presos en el cuartel de +Dragones, en el de las Milicias de color, en el castillo de la Punta y +en otras partes, y no se echaban de ver sntomas de descontento, +siquiera de inters en el pueblo.</p> + +<p>Tambin los conjurados cubanos de anteriores intentonas malogradas, o se +hallaban an lejos de la patria, o haban muerto en el destierro, o se +les haba entibiado el ardor patritico y llevaban vida oscura y +pacfica, consagrados a la reparacin de los estragos que haban +producido en su salud y su fortuna, el tiempo y las contradicciones de +los hombres. No era, pues, ni poda ser ocupacin de los que haban +vuelto a la patria, la propaganda de las opiniones y proyectos polticos +concebidos y acariciados durante los das de la exaltacin y de la fe +ciega en la libertad.</p> + +<p>Por su parte, los criollos y peninsulares emigrados del continente, como +para subsanar su conducta cobarde, egosta o retrgrada en la guerra por +la independencia, a su llegada a Cuba, slo se ocuparon de falsear el +carcter de los sucesos, calificando de injustos, de perversos y de +innobles los motivos de los sacrificios patriticos de los +revolucionarios, amenguando sus hazaas, convirtiendo en ferocidad hasta +sus actos de justicia y de meras represalias. Para esos renegados el +republicano o patriota era un insurgente, esto es, un sedicioso, enemigo +de Dios y del rey; el corsario, un pirata o musulmn, como llamaba el +pueblo a los argelinos que hasta fines del siglo pasado infestaban las +costas del Mediterrneo.</p> + +<p>El lector habanero, conocedor de la juventud de la poca que procuramos +describir, nos creer fcilmente si le decimos que Gamboa no se cuidaba +de la poltica, y por ms que le ocurriese alguna vez que Cuba gema +esclava, no le pasaba por la mente siquiera entonces, que l o algn +otro cubano, deba poner los medios para libertarla. Como criollo que +empezaba a entrar en el roce de las gentes mayores y a estudiar +jurisprudencia, s se haba formado idea de un estado mejor de sociedad +y de un gobierno menos militar y opresivo para su patria. Sin embargo, +aunque hijo de padre espaol, que, siendo rico y del comercio visitaban +con preferencia paisanos suyos, ya senta odio hacia stos, mucho ms +hacia los militares, en cuyos hombros, a todas luces, descansaba la +complicada fbrica colonial de Cuba. No caba, por tanto, que le hiciera +buena sangre el que un militar le soplase la hermana querida, antes +fueron tan vivos los celos que experiment, como profundo era el odio +que le inspiraba el hombre en su doble carcter de soldado y de espaol.</p> + +<p>En consecuencia, entr en su casa disgustado. La mesa estaba puesta para +el almuerzo, y Leonardo, en vez de ir en busca de su madre, como sola, +sin ver a nadie se quit la casaca de pao y arroj el libro de clase en +un asilla, se quit la casaca de pao y se puso una chupa de dril de +rayitas de color. Por breve rato estuvo indeciso entre si se echara en +la cama, la cual con su frescura y mosquitero de rengue azul le +convidaba a reposar, o si sala al balcn, donde an haba sombra, se +apareci el negrito Tirso y dijo:—Nio, el almuerzo est en la mesa. Y +se apresur a bajar, encontrando ya sentados a su madre y a su padre. A +las calladas tom asiento al lado de la primera, quien desde lejos le +ech una mirada amorosa, cual si extraara y la tuviese desazonada el +que l no se le presentara cuando entr de la calle. El segundo ni +siquiera levant la vista del plato en que coma huevos fritos con salsa +de tomates, aunque a derechas no haba visto al hijo desde el da +anterior.</p> + +<p>Enseguida fueron saliendo una tras otra de las alcobas las hermanas de +Leonardo, preparadas para salir a la calle, y sentndose a la mesa, en +silencio, como monjas en el refectorio. Cada cual ocup en ella su +puesto respectivo, es decir, doa Rosa con su hijo preferido a un lado, +las tres hijas de esa seora al otro, y don Cndido y el mayordomo en +las opuestas cabeceras de la mesa. No era casual, pues, sino constante y +deliberada esta distribucin; salvo que se alterase por la aparicin de +algn comensal con quien deba usarse cumplimiento. Indicaba claramente +el carcter, los hbitos y predilecciones de la familia entre s y sobre +todo de los padres respecto de sus hijos.</p> + +<p>Las preferencias de doa Rosa no podan equivocarse: todas en favor de +Leonardo. Las de don Cndido, si algunas dejaba ver en ocasiones +sealadas, hacan foco en su hija mayor Antonia.</p> + +<p>Era l hombre de negocios, ms bien que de sociedad. Con escasa o +ninguna cultura, haba venido todava joven a Cuba de las serranas de +Ronda, y hecho caudal a fuerza de industria y de economa, especialmente +de la buena fortuna que le haba soplado en la riesgosa trata de +esclavos de la costa de frica.</p> + +<p>Su trfico principal en La Habana, aquel que le sirvi de peldao para +subir a la cima de la riqueza, consisti en la negociacin de maderas y +ripia del Norte de Amrica, teja colorada, ladrillos y cal del pas, si +bien en el da no se ocupaba de eso exclusiva ni personalmente, +sonndole mejor en los odos el ttulo de hacendado que le daban sus +amigos, por el ingenio de fabricar azcar, <i>La Tinaja</i>, que posea en la +jurisdiccin del Mariel, el cafetal <i>Las Mercedes</i>, en la Gira de +Melena, y el potrero o dehesa de Hoyo Colorado.</p> + +<p>Por hbito, antes que por ndole, era reservado y fro en el trato de su +familia, tenindole de ella alejado la naturaleza de sus primitivas +ocupaciones y el afn de acumular dinero que se apoder de su espritu, +luego que contrajo matrimonio con una criolla rica, y de las ms +encopetadas familias de La Habana.</p> + +<p>Al principio de su nueva vida no haba sido ejemplar su conducta, ni +digna de servir de gua a Leonardo, segn nos lo ha dado a entender doa +Rosa al final del VII captulo. Por uno y otro motivo, quizs por su +ignorancia supina, no se ocupaba de la educacin de sus hijos, mucho +menos de su moralidad. Ambos deberes corran a cargo de aquella discreta +seora que, si no posea la ciencia, s el instinto y el amor materno +ms acendrado, con los cuales bien se puede dar la mejor direccin a las +arrebatadas pasiones de la juventud. Sealadamente en materia de +educacin, la caridad es la fuente y el espejo de todas las virtudes.</p> + +<p>Como hombre ignorante y rudo, tena, adems, don Cndido, extrao modo +de reprender a sus hijos. Ya se ha visto que cuando Leonardo se present +en el comedor, ni siquiera le mir a la cara. Esta era seal infalible +que continuaba enojado con l. En efecto, siempre que alguno de ellos le +daba motivo de queja, cosa al parecer frecuente, le castigaba, o crea +castigarle, negndole la palabra por das y an meses seguidos. De +suerte que por el padre casi nunca averiguaban los hijos la causa real +de su enojo; la madre en estos casos, serva siempre de conducto o +intermediario para mantener la paz y la concordia en el seno de la +familia.</p> + +<p>Antonia, el vivo retrato de doa Rosa en lo fsico, contaba 22 aos de +edad. Leonardo pasaba de los 20, y fluctuaban entre los 18 y 17 sus +hermanas menores, Carmen y Adela. Esta ltima poda pasar en cualquier +parte por un modelo acabado de belleza. Posea todas las condiciones que +requeran los estatuarios griegos en la persona cuya estatua deba +tallarse: buena cabeza, facciones regulares, formas simtricas, airoso +porte, talla esbelta, frente alta y mirada de fuego. Con parecerse ella +a la Venus<a name="FNanchor_23_23" id="FNanchor_23_23"></a><a href="#Footnote_23_23" class="fnanchor">[23]</a> griega ms bien que a una de las Parcas,<a name="FNanchor_24_24" id="FNanchor_24_24"></a><a href="#Footnote_24_24" class="fnanchor">[24]</a> tena ms +semejanza con don Cndido que con doa Rosa. Haba entre la hija y el +padre algo ms de lo que se entiende generalmente por aire de familia: +la misma expresin fisonmica, el mismo espritu, llevaba impreso en el +rostro el sello de su progenie.</p> + +<p>Ocupaba Leonardo en la mesa sitio opuesto al de su hermana Adela, y +siempre que el padre se hallaba delante, mientras duraba el almuerzo, o +la comida, se cruzaban entre ellos miradas de inteligencia, se sonrean +a menudo, sostenan, en suma, conversaciones cariosas y fraternales con +los ojos y los labios, sin proferir una palabra. Que ligaban a los +hermanos fuertes lazos de simpata, pareca del todo evidente. Haba del +uno para la otra lo que se llama ngel. A no ser hermanos carnales se +habran amado, como se amaron los amantes ms clebres que ha conocido +el mundo. En la maana del da que vamos refiriendo no sucedi, sin +embargo, lo de costumbre. Leonardo estaba enojado o triste, o extraa y +honda preocupacin le dominaba el nimo; lo cierto es que en vano Adela, +cual sola, busc su mirada, puso el entrecejo y trat de quemarle la +frente con los rayos de sus divinos ojos, a travs de la mesa. Ni una +vez se cruzaron sus miradas, no hubo para ella en aquel rostro +repentinamente petrificado, un rasgo de cario. La inocente nia lleg a +afligirse. Habale dado motivo de enojo sin saberlo? Qu tena su +hermano querido? Por qu en las dos o tres veces que le sorprendi +mirndola en sorda y muda contemplacin, baj l los ojos de repente o +fingi perfecta abstraccin e indiferencia? Quizs Leonardo no se +explicaba claramente y Adela era muy joven para comprender que aqul +haca, sin quererlo, un estudio comparativo de la encantadora fisonoma +de su hermana. Qu pensamientos cruzaban entonces por su mente? Difcil +es decirlo; lo nico que puede asegurarse como cosa positiva es que +haba en la contemplacin de Leonardo ms embebecimiento que distraccin +mental, ms deleite que fra meditacin, cual si hubiese descubierto +ahora en el semblante de su hermana algo en que antes no haba reparado.</p> + +<p>Dur el almuerzo como una hora, reinando todo ese tiempo en la mesa el +mayor silencio, pues apenas se oa otro ruido que el de los cubiertos de +plata, ni ms voz que la del que peda ste o aquel plato distante al +negrito Tirso, que ya conocen nuestros Lectores, y a una negra joven y +bien parecida, los cuales, con los brazos cruzados sobre el pecho cuando +esperaban rdenes, estaban atentos a las exigencias del servicio. El +primero, con todo eso, serva principalmente a los hombres, la segunda a +las mujeres. Pero uno y otra, era de notarse, le adivinaban a don +Cndido hasta los pensamientos, ponindole delante el plato designado +con un mero movimiento de los ojos, a cuyo efecto no apartaban de l los +suyos Tirso ni la criada Dolores, mientras servan a los dems +comensales. Ay de ellos si esperaban la orden o equivocaban el plato +con que deseaba reemplazar el saboreado! El castigo no se haca esperar: +le arrojaba a la cabeza lo primero que se le vena a las manos.</p> + +<p>La abundancia de las viandas corra pareja con la variedad de los +platos. Adems de la carne de vaca y de puerco frita, guisada y +estofada, haba picadillo de ternera servido en una torta de casabe +mojado, pollo asado relumbrante con la manteca y los ajos, huevos fritos +casi anegados en una salsa de tomates, arroz cocido, pltano maduro +tambin frito, en luengas y melosas tajadas, y ensalada de berros y de +lechuga. Acabado el almuerzo, se present un tercer criado, en mangas de +camisa, y que por el pringue de su ropa pareca el cocinero, con una +cafetera de loza en cada mano y principi a llenar de caf y de leche, +primero la taza de don Cndido y sucesivamente la de doa Rosa, la de +Leonardo, las de las hermanas de ste, acabando por la del Mayordomo, +aunque no ocupaba el ltimo lugar en una mesa donde haca de cabeza el +amo y de cola la hija mayor. El Mayordomo no era sino un criado blanco, +y nadie mejor que los otros criados definan su posicin en aquella +casa.</p> + +<p>Tomaba la familia el caf con leche hirviendo cuando pas por el comedor +en direccin de la calle, nuestro conocido, el calesero Aponte. Aunque +todava en mangas de camisa, llevaba calzadas las altas botas de montar +y las macizas espuelas de plata. Conduca del diestro dos caballos +enjaezados, cuyas colas estaban cuidadosamente trenzadas y las puntas +atadas por un cordn de estambre a una argolla en el fuste de la silla +por detrs. Al entrar en el zagun solt Aponte la pareja, y sin ms +demora abri de par en par la ancha puerta de la calle, suspendi en +peso las varas del quitrn por las argollas plateadas que tenan +atornilladas al extremo, y gritando:—Atrs!, le sac rodando hasta el +medio de la calle, le hizo girar, y le arrim a la acera de su casa. +Enseguida volvi a tomar por la brida la misma caballera de antes, le +peg una fuerte palmada en el vientre con la mano izquierda, casi por +fuerza la meti entre varas, y luego colg stas por las argollas a unos +ganchos dobles de hierro que pendan de la silla, cubiertos por pequeos +faldones de vaqueta negra. La otra caballera, la de monta, qued atada +al carruaje por dos fuertes tirantes de cuero, adheridos por sus gazas a +un balancn.</p> + +<p>Despus del caf sac don Cndido la vejiga de los tabacos (cigarros) y +meti en ella el brazo hasta el codo; tan honda era. A su vista, Tirso +vol a la cocina en busca del braserillo de plata con la brasa del +carbn vegetal. Antes que el amo mordiera el remate del cigarro, sin +cuyo requisito no arde bien, ya el esclavo, con expresin humilde +mezclada de temor, le acercaba la lumbre para que encendiera de su mano. +Con la primera bocanada de humo azuloso y acre que sac del cigarro, se +puso en pie y, seguido del Mayordomo, se entr en el escritorio, tan +callado como cuando sali de l, una hora antes, para sentarse a la mesa +del almuerzo.</p> + +<p>La desaparicin del padre determin por s sola un cambio repentino y +completo en el nimo y conducta de la familia, sin excluir la madre. El +corazn de los hijos qued aliviado, por lo visto, del peso que lo haba +oprimido, siendo as que a todos ellos, como por concierto, se les +alegr el semblante y se les desat la lengua. Leonardo especialmente +llev el entusiasmo al punto de atraer a s a su madre con el brazo +izquierdo para darle uno y otro beso en la mejilla y decirle:</p> + +<p>—Y qu tiene? (indicando su padre). Est <i>bravo</i>?</p> + +<p>—Contigo; repuso concisamente su madre.</p> + +<p>—Conmigo? Pues ya le mando trabajo.</p> + +<p>A poco, sin embargo, se puso de nuevo serio porque, habiendo reparado en +su hermana Antonia, que no mostraba tanta expansin como los dems, +record el incidente en la ventana de la calle.</p> + +<p>—Mam, agreg con ms seriedad, se me figura que a ti te pasan la mota +y que no lo sientes.</p> + +<p>—Por qu me dices eso, hijo mo? replic doa Rosa en el tono de voz +ms blando imaginable.</p> + +<p>—Se lo digo, Antonia? pregunt a su hermana con aire malicioso.</p> + +<p>Antonia, en vez de contestar, se puso ms seria e hizo ademn de +levantarse de la mesa, con lo cual aadi Leonardo a la carrera:</p> + +<p>—Peor para ti, Antonia, si te levantas y me dejas con la palabra en la +boca. No dir nada a mam; pero es porque tengo ya hecha mi resolucin. +Se acabaron las visitas de los militares en mi casa.</p> + +<p>—Hablas como si fueras el amo, repuso Antonia con desdn.</p> + +<p>—No soy el amo, es cierto, mas puedo romperle las patas a uno el da +menos pensado, y tanto vale.</p> + +<p>—Te expones a que te la rompan a ti.</p> + +<p>—Eso lo veremos.</p> + +<p>—Supn que en vez de militar espaol fuera un cadete el que nos +visitase, tambin te opondras?</p> + +<p>—Cadete! Cadete! repiti Leonardo con marcado desprecio. Nadie habla +de cadetes, que cual los oficiales de milicia son nada entre dos platos. +Ya la moda de los cadetes pas; los ltimos quedaron enterrados en las +playas de Tampico, a donde, por dicha, se los llev Barradas. Los que de +ellos han sobrevivido a la desastrosa campaa, de seguro le han perdido +la aficin a las armas. Gracias a Dios que nos vemos libres de su +fatuidad.</p> + +<p>—De suerte que tu tirria es contra los espaoles, como si tu padre +fuese habanero.</p> + +<p>—Ese odio tuyo a los espaoles, dijo doa Rosa, todava ha de costarnos +caro, Leonardo.</p> + +<p>—Es que mi odio no es ciego, mam, ni general contra los espaoles, +sino contra los militares. Ellos se creen los amos del pas, nos tratan +con desprecio a nosotros los paisanos, y porque usan charreteras y sable +se figuran que se merecen y que lo pueden todo. Para meterse en +cualquier parte, no esperan a que los conviden y una vez dentro se +llevan las primeras muchachas y las ms lindas. Esto es insufrible. +Aunque si bien se mira, las muchachas son las que tienen la culpa. +Parece que les deslumbra el brillo de las charreteras.</p> + +<p>—Respecto de m, observ Carmen, la regla padece una excepcin.</p> + +<p>—Y respecto de m, aadi Adela, sucede la misma cosa. Los militares, +por decentes que sean, trascienden a cuartel.</p> + +<p>—No hables as, nia, le dijo su madre, que hay militares muy dignos, y +sin ir lejos, mi to Lzaro de Sandoval, que fue coronel del Regimiento +Fijo de La Habana, estuvo en el sitio de Pensacola y muri lleno de +honores y de cicatrices.</p> + +<p>—Pero no se habla de esos militares, mam, salt y dijo Leonardo. Se +habla de los militares que vinieron de Espaa para reconquistar a +Mxico, y que habiendo fracasado all vuelven aqu para que nosotros +paguemos el mal humor de la ignominiosa derrota. A estos militares son a +los que ahora me refiero. No es lo peor que trasciendan a cuartel, como +dice Adela, sino que son, como hombres, malditsimos maridos. Mientras +no llegan a brigadier, viven en los cuarteles o en los castillos, donde +tienen por casa pabellones; por criados, asistentes rudos y +desvergonzados; por diversin las palizas y carreras de baqueta que les +pegan a los soldados; por msica, el tambor de diana. Casi nunca se +fijan en ninguna parte, porque cuando menos lo esperan, tienen que salir +destacados, ya para Trinidad, ahora para Puerto Prncipe, luego para +Santiago de Cuba, despus para Bayamo... Y si son casados, la mujer y +los hijos y los penates, por supuesto, tienen que seguirlos de cuartel +en cuartel, de castillo en castillo, de destacamento en destacamento +cuando por motivos de economa no se queda ella con sus padres y l no +se marcha con sus soldados. Como su objeto es encontrar mujer rica con +quien casarse, poco se cuidan del carcter y de los antecedentes de las +que al cabo toman por esposa, tarde que temprano, ellas les araan la +cara y ellos las arrastran por el pelo.</p> + +<p>No pudo Antonia sufrir ms: se levant de la mesa y se fue a la sala, +callada y muy molesta.</p> + +<p>—Has zaherido a tu hermana sin motivo, le dijo doa Rosa. Ella no +piensa en militar alguno, por mucho que alguno la celebre.</p> + +<p>—No piensa en ellos, pero admite galanteos por la ventana, y he aqu lo +que me irrita.</p> + +<p>—Antonia no es de sas, por fortuna, hijo mo.</p> + +<p>—No?—Ay, mam! Parece vas perdiendo la vista del entendimiento y de +la cara... No quiero hablar, lo nico que digo y repito es que el da +menos pensado le rompo una pata a uno de esos soldados.</p> + +<p>Enseguida se levant y cual si nada hubiese ocurrido, o dicho que le +desazonara, fue para el puesto que ocupaba su hermana Adela, la estrech +con ambos brazos por la cintura y le dio muchos besos.</p> + +<p>—Quita, quita, dijo ella. Pues no estabas enojado conmigo? Me lastimas +con la barba.</p> + +<p>—A dnde bueno, tan emperifollada? le pregunt Leonardo esquivando el +asunto indicado por la hermana.</p> + +<p>—Vamos a la tienda de Madama Pitaux, que ahora vive en la calle de La +Habana nmero 153. Hace poco que ha llegado de Pars y, segn dicen, ha +trado mil curiosidades. De camino pensbamos dar una vuelta por la Loma +del ngel.</p> + +<p>Para ir a la Loma ya es muy tarde. Pasa de las once. Y ahora que me +acuerdo, han visto Vds. el nmero IV de <i>La Moda o Recreo Semanal</i>?<a name="FNanchor_25_25" id="FNanchor_25_25"></a><a href="#Footnote_25_25" class="fnanchor">[25]</a> +Desde el sbado se reparti, y est muy interesante.</p> + +<p>—T le tienes ah? pregunt Carmen. Es extrao que no nos hayan +enviado nuestro ejemplar, estando suscritas.</p> + +<p>—En dnde se suscribieron ustedes?</p> + +<p>—En la librera de <i>La Coba</i>, calle de la Muralla, que es el punto ms +cercano.</p> + +<p>—Pues reclamen all. El ejemplar que yo le estaba en el mostrador de +la botica de San Feli, porque el mo me ha faltado tambin. No son nada +exactos, que digamos, los repartidores.</p> + +<p>—Has averiguado quin es la Matilde de que habla <i>La Moda</i>? pregunt +Adela a su hermano. Porque Carmen cree que es una que todos nosotros +conocemos.</p> + +<p>—A m se me figura, dijo Leonardo, que es un ente imaginario. Tal vez +Madama Pitaux sepa algo.</p> + +<p>—Pues a m se me ha puesto, dijo Carmen, que la Matilde de <i>La Moda</i> no +es otra que Micaelita Junco. Sucede que ella es la ms elegante de La +Habana; que su hermano, un verdadero lechuguino, se llama Juanito; que +tiene una abuela de nombre doa Estefana de Menocal—apellido semejante +al de Moncada—que le dan en <i>La Moda</i>.</p> + +<p>—Voy creyendo que tienes razn, dijo Adela. No puedo negar que el +vestido y el peinado que llevaba anteayer en el Paseo Micaelita Junco +son idnticos al figurn de <i>La Moda</i> del sbado antes pasado. Por +cierto que no me gust el peinado a la Jirafa. La trenza es demasiado +ancha y los bucles muy altos; luego, por detrs la cabeza luce +desairada. Las mangas cortas, aglobadas, con sobremangas de blonda, s +me parecen bonitas y le sientan bien a la que tiene el brazo torneado, +como Micaelita. Su hermano Juanito, que nos salud junto a la fuente de +Neptuno, te acuerdas?, iba tambin a la ltima moda igual al figurn. +Le sentaban los pantalones de Mahn sin pliegues, el chaleco blanco y la +casaca de pao verde sin carteras. Esa es la moda inglesa, segn dicen. +Reparaste en el sombrero? La copa tropezaba en las ramas de los rboles +de la Alameda con ser Juanito Junco un chiquirritn.</p> + +<p>—El corbatn es lo que no me peta, dijo Leonardo. Es tan alto que no +deja juego al pescuezo. No los usar jams. No me gustan esos collares +de perro. Tampoco me petan las casacas a <i>la dernier</i>;<a name="FNanchor_26_26" id="FNanchor_26_26"></a><a href="#Footnote_26_26" class="fnanchor">[26]</a> parecen de +zacatecas. Los angostos faldones bajan hasta las corvas y se me figura +que con esa moda se ha querido imitar la cola de las golondrinas. Sobre +que se ha empeado Federico en vestirnos a la inglesa y nosotros estamos +mejor hallados con las modas francesas. Uribe tiene ms gracia, si no +ms hbil tijera.</p> + +<p>—No saques a Uribe, que es un sastre mulato de la calle de la Muralla y +no sabe jota de las modas de Pars ni de Londres, dijo Carmen con +marcado desprecio.</p> + +<p>—No piensa as la gente principal de La Habana, repuso Leonardo +prontamente. Los Montalvo, los Romero, los Valds Herrera de Guanajay, +el Conde de la Reunin, Filomeno, el Marqus Morales, Pealver, +Fernandina... no se visten con otro sastre. Yo le prefiero a Federico. +El, adems, recibe los peridicos de modas de Pars por todos los +paquetes<a name="FNanchor_27_27" id="FNanchor_27_27"></a><a href="#Footnote_27_27" class="fnanchor">[27]</a> del Havre.</p> + +<p>Tan entretenida conversacin de los hermanos, la interrumpi el calesero +presentndose con la <i>cuarta</i> engarzada en la mueca de la mano derecha +y el sombrero redondo en la izquierda, para anunciar que el quitrn +estaba listo a la puerta. Luego al punto las dos hermanas menores fueron +en busca de la mayor y de sus caractersticas <i>mantas</i> y juntas rodearon +a la madre para pedirle sus rdenes. Esta seora les hizo el encargo de +algunas compras en las tiendas de lencera, o de ropa, y luego se +dirigieron ellas por el zagun a la calle.</p> + +<p>No ha de extraar el lector forastero ver a tres seoritas de la clase +que podemos llamar media, salir a las calles de La Habana sin duea, +padre, madre o hermano que las acompaase. Pero con tal que no fueran a +pie ni a pagar visita de etiqueta, bien podan dos, mucho ms tres +jvenes, recorrer toda la ciudad, hacer sus compras, picotear con los +mozos espaoles de las tiendas y en las noches de retreta en la Plaza de +Armas o en la Alameda de Paula, recibir al estribo del carruaje el +homenaje de sus amigos y la adoracin de sus amantes. Eso s, an para +hacer una visita en la vecindad de su casa y a pie, exiga la costumbre, +que la cubana, cuando no haba pariente de respeto, se acompaase +siquiera de su mismo esclavo.</p> + +<p>Al entrar Carmen en el quitrn, le dio la mano para subir un joven +desconocido que acert a pasar por all, despus a Adela y ltimamente a +Antonia, recibiendo de ellas, en pago de su galantera, una sonrisa de +agradecimiento.</p> + +<p>As, la ms joven y bella de las hermanas ocup el asiento de en medio, +el menos cmodo ciertamente, pero sin duda el ms conspicuo y propio +para desplegar la habanera sus gracias naturales a maravilla. Desde +luego, mont el calesero el caballo de fuera de varas, el que por su +suave paso, buena estampa y cola cuidadosamente trenzada, era al mismo +tiempo el descanso y el orgullo del jinete; y parti a escape el +carruaje en vuelta de la Plaza Vieja.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_XIIa" id="Capitulo_XIIa"></a><span class="smcap">Captulo</span> XII</h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Por sus juguetes se conoce el nio,<br /> +y se conjetura cuales han de ser sus obras.</i></p> + +<p class="r">Parbolas de Salomn</p></div> + + +<p>Quedaron al fin solos doa Rosa Sandoval de Gamboa y su hijo Leonardo.</p> + +<p>No haba sacado ste el talento de su padre para los negocios. Tampoco +anunciaba disposicin ninguna para la carrera literaria a que le +dedicaban, aunque sola hacer versos y escribir articulejos para el +<i>Diario</i> y otros peridicos. Su madre, sin embargo, quera que fuese +abogado, doctor de la Universidad de La Habana, halagndola la esperanza +de que podra por este camino, llegar a oidor de la Audiencia de Puerto +Prncipe, y hasta a Teniente Gobernador, como llamaban entonces a los +jueces letrados de nombramiento real. Crea ella con razn que, mediante +el dinero y las relaciones de su marido en la Corte, bien poda +conseguirse para su primognito cualquier gracia, honor o ttulo, entre +los muchos que, merced a aquellos estmulos, es uso conceder la Corona.</p> + +<p>De comerciante, en concepto del padre, no haba esperanza de que el mozo +llegase a ms que alcalde municipal, a consiliario o diputado del +Tribunal de Comercio o Real Consulado, empleos de mala muerte, sin +honores ni emolumentos. Por otra parte, don Cndido, en realidad, no +haca hincapi en que su hijo estudiase y siguiese sta ni esotra +carrera literaria. Abogado? Ni pensarlo. Se aficionara a los pleitos, +y acabara con un caudal y con el de sus clientes. Tampoco don Cndido +conoca ms letras que las del Catn,<a name="FNanchor_28_28" id="FNanchor_28_28"></a><a href="#Footnote_28_28" class="fnanchor">[28]</a> lo que no le haba impedido +acumular una fortuna respetable.</p> + +<p>Ahora, adems, le haba nacido el deseo de titular, y no le pareca bien +que su hijo, al menos, trocase los libros o la vara del mercader, ni el +bonete de doctor, por la corona del conde, aunque hubiese un Santovenia, +que por aquellos das precisamente, haba hecho el ltimo de los +trueques mencionados. No obstante su ignorancia, reconoca que Leonardo +no hara raya como hombre de letras, ni como de negocios, y deca para +s o cuando trataba del asunto con su esposa:</p> + +<p>—No debemos forjarnos ilusiones. El (su hijo) no dar nunca mucho de +s, por ms que uno se afane y gaste dinero en sus estudios. Ah no hay +cabeza sino para enamorar y correr la tuna. Eso se conoce a tiro de +ballesta. Pero necesita l tampoco de grandes conocimientos para hacer +papel en el mundo?</p> + +<p>—Ca! No, seor. Fortuna, esto es, dinero te d Dios, hijo, que el +saber poco te vale; reza el proverbio castellano. Y dinero no ha de +faltarle cuando yo muera. Luego si logro el ttulo de Conde de Casa +Gamboa, que pretendo en Madrid, reunir el monis con la nobleza, dos +adminculos stos con que el ms bruto puede figurar en primera lnea, +gozar fuero y echarse a roncar a pierna suelta, cierto y seguro de que +no le atropellarn por deudas, antes todos le sacarn el sombrero, le +traern en palmitas y le bailarn el agua delante, lo mismo los chicos +que los grandes, los hombres de copete que las mujeres bonitas. Ah! +Qu tiempo se ha perdido! Si yo hubiese titulado diez aos ha, otro +gallo nos cantara.</p> + +<p>En efecto, Leonardo descubra menos ambicin que talento. Por sentado, +la esperanza de ser algo por sus conocimientos, por sus estudios, o por +su industria, jams calent su corazn. Antes confiado en que a la +muerte de sus padres sera bastante rico, no haca esfuerzo ninguno por +saber, ni se apuraba por estudiar las lecciones de derecho, y se rea a +carcajadas cuando, en son de broma, se deca entre la familia que l +poda llegar a ser oidor o conde, o que su padre haca construir en +Espaa, con el fin de titular, un rbol genealgico en que no haba de +verse ni una gota de sangre de judo ni de moro. Por otra parte, tan +humildes eran a la sazn sus inclinaciones, como sus pasiones fuertes e +ingobernables.</p> + +<p>Gozar era, por aquel tiempo al menos, la suprema ley de su alma. Y es +que su madre, porque le quera demasiado, cualquiera creera que, lejos +de regir sus desapoderados impulsos, pareca complacerse en darles +rienda suelta. Qu necesidades poda experimentar un mozo de sus aos y +ocupaciones? Libros, trajes, caballos, carruajes, criados, dinero, todo +le sobraba; ni el trabajo de pedir casi nunca tena, porque desde la +cuna se haba acostumbrado a ver satisfechos sus deseos y an caprichos, +apenas indicados. Con todo eso, no pasaba da sin que le hiciera la +madre algn regalo costoso, teniendo adems la costumbre de ponerle +todas las tardes en la faltriquera del chaleco media onza de oro, a +veces una onza. Naturalmente, como entraba ese dinero, as sala, sin +conciencia de su valor, y era lo malo que jams pasaba por la mente del +hijo prdigo, que deba guardar para maana lo que no fuese necesario +para los gastos de hoy. Cmo derramaba el oro nuestro imberbe +estudiante? Adivinarlo puede el discreto lector, siendo como eran, el +juego, las mujeres y las orgas con los amigos la vorgine que consuma +el caudal de Gamboa y le agotaba el perfume del alma en la flor de su +vida.</p> + +<p>Estaba l, pues, sentado, luego que partieron las hermanas, en el puesto +que dej Adela, opuesto a su madre, a la que miraba de hito en hito, de +codos en la mesa, con la cara entre las manos y le dijo de repente:</p> + +<p>—Sabes una cosa, mam?</p> + +<p>—Si no me la dices... contest ella como distrada.</p> + +<p>—No creas que te voy a pedir. Yo no quiero nada.</p> + +<p>—Ya, dijo doa Rosa; y se sonri, pues que comprendi por el exordio +que quera algo su hijo muy amado.</p> + +<p>—Te res? Entonces me callo.</p> + +<p>—No lo tomes a mal, hijo; me sonro para que veas que te escucho con +complacencia.</p> + +<p>—Pues al pasar ayer tarde por la relojera de Dubois, en la calle del +Teniente Rey, me llam para ensearme... Te vuelves a sonrer? Vas a +creer que te voy a pedir alguna cosa. Desde ahora te digo que te +engaas.</p> + +<p>—No hagas caso de mis sonrisas. Contina. Deseo or el fin; qu te +ense Dubois?</p> + +<p>—Nada. Unos relojes de repeticin que acababa de recibir de Suiza. Son +los primeros que llegan a La Habana, segn me dijo, directamente de +Ginebra.</p> + +<p>Callose en diciendo esto Leonardo y su madre imit su ejemplo, aunque +sta, al parecer pensativa. Al fin ella fue la primera que rompi el +silencio diciendo:</p> + +<p>—Y qu tal los nuevos relojes de repeticin? Te gustaron, hijo mo?</p> + +<p>Se le ilumin al joven el semblante, el cual exclam:</p> + +<p>—Muchsimo. Son magnficos, ginebrinos..., pero yo no quiero reloj +nuevo, te lo advierto. Todava sirve el ingls que t me regalaste el +ao pasado, slo que ya no es de moda. Yo no he visto nunca un reloj de +repeticin y mucho menos ginebrino, que no hay que abrirlo para saber la +hora a cualesquiera del da o de la noche. Se empuja el botn de un +resorte que tiene dentro de la argolla, y una campanilla interior da la +hora y los cuartos. Qu ventaja! Eh, mam?</p> + +<p>—Por qu no me hablaste de eso antes de salir tus hermanas? Le habra +encargado a Antonia que se pasara por la relojera.</p> + +<p>—No me acord ni tuve ocasin. Pap, adems, estaba delante y luego +entramos en una conversacin... y me distraje. Bien que ellas no +entienden de relojes.</p> + +<p>Volvi a callar doa Rosa por corto rato, siempre con aire meditabundo, +aunque sin manifestar enfado ni seriedad. Entretanto, Leonardo finga no +advertir la actitud abstrada de su madre, ni dar indicios de +arrepentimiento por el embarazo en que la haba puesto con sus +antojadizas indicaciones. Por el contrario, mientras la pobre seora +meditaba y echaba clculos, l no cesaba de sobarse las mejillas con la +punta de los dedos y de mirar al techo, cual si contara las vigas del +colgadizo.</p> + +<p>—Te dijo Dubois, continu al cabo doa Rosa, el precio de sus nuevos +relojes?</p> + +<p>—S... No. Para qu quieres saber el precio? Para comprarme uno? Ya +te he dicho que no lo necesito, que no lo quiero. Para comprarles a mis +hermanas? No los tiene Dubois de mujer, de hombre nicamente.</p> + +<p>—Bien, pero cunto pide Dubois por sus relojes de repeticin para +hombre?</p> + +<p>—Poca cosa, dieciocho onzas de oro. No pueden ser ms baratos, porque +son de oro, legtimos ginebrinos y de repeticin.</p> + +<p>—Tu reloj ingls no sali bueno?</p> + +<p>—No tan bueno como crea al principio. Ese mismo Dubois te lo vendi, +bien me acuerdo; pero es claro que se enga o te enga, porque se +atrasa y se adelanta a cada rato, y ya le he llevado a la relojera ms +veces que onzas de oro pagaste por l. Y eso que te cost veinte, ms de +lo que piden por los ginebrinos. Dinero echado a la calle, mam. Est +visto, los relojes ingleses, an los de Tobas, fallan a menudo; al +contrario, los legtimos ginebrinos son otra cosa, casi todos salen +buenos, exactos. As al menos me dijo Dubois, que t sabes entiende de +relojes y es relojero de primera. Pero no hay que pensar ms en eso, +mam; olvidmoslo, lo pasar sin un reloj de confianza cmo ha de ser!</p> + +<p>—No te apures ni te aflijas, hijo, replic Doa Rosa bastante alarmada. +Ya veremos modo de que tengas el ginebrino si tan bueno es como dices y +como cree Dubois. Yo siempre pensaba hacerte un regalo de pascuas, ser +el reloj ese que tanto te ha gustado, aunque de aqu a Navidad va +todava una pila de das. Pero se presenta una seria dificultad.</p> + +<p>—Cul? pregunt Leonardo asustado, por ms que trat de dominarse.</p> + +<p>—Sucede, continu doa Rosa con suavidad, que en mi bolsa particular no +creo que haya ahora todo el dinero requerido para la compra, y se me +hace muy cuesta arriba acudir a la de tu padre.</p> + +<p>—Pues si depende de pap, debo dar desde ahora por perdida la esperanza +del reloj nuevo. El se ha vuelto ms tacao que un judo, al menos todo +para m le parece o caro o intil; que lo que es para Antonia, ya +sabemos que su bolsa siempre est abierta. Yo no s para qu guarda l +tanto dinero.</p> + +<p>—Eres injusto con tu padre. De quin es el dinero que t derrochas? +Quin provee al lujo en que vives? Quin trabaja para que t goces y +te diviertas?</p> + +<p>—El trabaja, es verdad; l se industria y ahorra, no cabe duda ninguna, +pero tendra ahora tanto dinero si cuando se cas con contigo hubieras +sido una mujer pobre? A que no?</p> + +<p>—Yo aport al matrimonio unos doscientos mil pesos, que no es ni la +cuarta parte de nuestro caudal hoy da. El aumento, ese gran aumento, se +debe a los afanes y economas de tu padre, quien no era un pobrete +tampoco cuando se cas conmigo; no, seor; tena sus reales, y t menos +que nadie debas censurar su conducta, la cual, por otra parte, es hija +de la tuya con l.</p> + +<p>—En eso haba de parar el sermn, en mi conducta con pap. El es seco y +duro conmigo, puedo yo ser carioso y blando con l? Vamos, di t. +Nunca me da tampoco ocasin de mostrarle mi cario, aunque quisiera. Mas +no hablemos del asunto, volvamos la hoja y tratemos de otra cosa, de lo +otro. Qu tena pap cuando se cas contigo?</p> + +<p>—Tena algo, tena bastante, s, seor. Tena un taller de maderas del +Norte, tejaman, ladrillos, cal..., all en la Alameda o Paseo, cerca de +la Punta. El terreno en que se hallaba tambin le perteneca, si bien +vala poco por ser muy pantanoso y bajo. Tena asimismo por all, donde +ahora se ha fabricado la casa del colegio de Buena Vista, un barracn. +Por cierto que de los ltimos bozales que se marcaron en el hombro +izquierdo con las letras <i>G</i> y <i>B</i> todava quedan algunos en el ingenio +<i>La Tinaja</i>, que hered de mi padre. Cndido, en sociedad con don Pedro +Blanco, suele traer todava negros de frica. Pero persiguen tanto los +ingleses la trata, que se pierden muchas ms expediciones que se +salvan...</p> + +<p>—Figrate, mam, dijo Leonardo con mucha risa, aunque bajando la voz, +un plagiario de hombres convertido en Conde... del Barracn, por +ejemplo. Qu lindo ttulo!—No te parece mam?</p> + +<p>—Qu quieres decir con esa salida de pie de banco? pregunt doa Rosa +molesta no menos que sorprendida.</p> + +<p>—Ay, mam! T no sabes que segn las leyes romanas son plagiarios +todos aquellos que roban hombres para venderlos?</p> + +<p>—Ya. En ese caso tu padre no es el verdadero plagiario, como dices, +sino don Pedro Blanco, quien es sabido, desde su factora en Gallinas, +en la costa de Guinea, (tantas veces he odo esos nombres que se me han +quedado impresos) trata negros por baratijas y otras cosas y remite los +cargamentos a esta Isla. Tu padre toma los que necesita para sus fincas +y los dems los vende a los hacendados, porque l hasta hace poco ha +estado actuando como consignatario y antes como socio de Blanco, cuando +no se tena por contrabando la trata de frica, o se toleraba. Por su +cuenta al menos, no ha despachado sino contadas expediciones. De un +momento a otro espera la vuelta de su bergantn <i>Veloz</i>. Dios quiera +que no haya cado en las garras de los ingleses!</p> + +<p>—T, sin querer, ests abogando en mi favor. Yo dije lo que dije en +broma, pero es claro, mam, que conforme a un principio de derecho tanto +delito comete el que mata la vaca como el que le sujeta la pata.</p> + +<p>—No me vengas con tus principios, tus fines ni tus leyes romanas. Digan +ellas y ellos lo que gustes, la verdad es que existe mucha diferencia +entre la conducta de tu padre y la de don Pedro Blanco. Este se halla +all, en la tierra de esos salvajes; l es quien los procura en trato, +l es quien los apresa y remite para su venta en este pas; de suerte +que, si hay en ello algn delito o culpa, suyo ser, en ningn caso de +tu padre. Y, si bien se mira, lejos de hacer Gamboa nada malo o feo, +hace un beneficio, una cosa digna de celebrarse, porque si recibe y +vende, como consignatario, se entiende, hombres salvajes, es para +bautizarlos y darles una religin que ciertamente no tienen en su +tierra. Conque si lo dices por esto, ya sabes que, en caso de titular, +en lo que por ahora no piensa, no le faltaran ttulos bonitos y sobre +todo, honrosos. Pues como te deca antes, esta vez no me ser dado +complacerte sin acudir a la bolsa de tu padre.</p> + +<p>—Por qu no acudes?</p> + +<p>—Porque tendra que decirle la verdad, esto es, que quera el dinero +para hacerte un regalo.</p> + +<p>—Bien, y qu? El nunca te niega nada.</p> + +<p>—Es cierto; pero como est tan enojado contigo, temo que me lo niegue.</p> + +<p>—Cundo no est l enojado conmigo, mam? Esa es enfermedad endmica +suya, crnica, mejor dicho. Si salgo, porque salgo; si no salgo, porque +me estoy en casa. De todos modos, entra el ao y sale el ao y pap +nunca est contento conmigo. Me ha cogido entre ojos, mam, sta es la +verdad pura y dura. Para qu andarnos con rodeos? El resultado es que +no le pareces bien nada de lo que yo hago o deshago.</p> + +<p>—No es tu padre tan injusto, ni tan falto de amor paternal, que si te +portaras bien, creera que te portabas mal. Mira, sin ir ms lejos, +anoche estuviste de correntn en Regla. A qu hora volviste?</p> + +<p>—Por quin lo ha sabido l?</p> + +<p>—Importa poco el conducto, pero sabe que se lo dijeron esta maana en +el muelle de Caballera.</p> + +<p>—Vamos! Esa no cuela. Al muelle no acuden temprano sino los +<i>tasajeros</i> y husmeadores de noticias, porque se es su mentidero, +pasndose la maana esperando que el Morro seale el Correo de Espaa, +barco de Santander o de Montevideo, con harina o con tasajo. Semejantes +nenes no frecuentan los bailes del Palacio de Regla. El cuentista ya +caigo en quin fue, no pudo ser otro que Aponte. Te aseguro que ya me la +pagar el muy perro conversador.</p> + +<p>—No fue ese el sopln. Sin embargo, aunque lo hubiese sido, haras mal +en pegarle por eso, pues si tu padre le pregunt, no s yo cmo pudo +ocultarle la verdad.</p> + +<p>—Pudo decir que no saba, que no oy la campana del reloj del Espritu +Santo, que... cualquier cosa, menos que yo vine a tal o cul hora, ni +que estuve ac ni all. Tiene muy floja la lengua el taita Aponte y pap +le dio por la vena del gusto preguntndole. Milagro que no le cont... +Pero, en resumidas cuentas, qu estuve yo haciendo en Regla anoche?</p> + +<p>—No me lo digas, no quiero saberlo, supongo que no hacas nada malo. El +resultado es, Leonardito, que t no te aplicas a los estudios, que no +adelantas en nada bueno ni til, y que el tiempo que debas dedicar a +la lectura y a la meditacin, lo desperdicias en fiestas frvolas y en +correras tan dainas como peligrosas. Eso no puede gustarle a l, ni... +a m tampoco, por lo mismo que te quiero entraablemente. Quiere tu +padre y quiero yo que estudies ms y que pasees menos, que te diviertas, +pero que no te entregues a la disipacin, que no pases malas noches, que +te moderes, que..., en una palabra, te portes bien.</p> + +<p>La emocin que experiment doa Rosa la priv del uso de la palabra, +arrasndose de lgrimas sus hermosos ojos.</p> + +<p>—T no sirves para predicador, le dijo Leonardo, tal vez con nimo de +distraer su atencin, porque te posesionas demasiado del asunto.</p> + +<p>—Por lo que toca a Aponte, continu doa Rosa luego que se hubo +serenado, ya s que es un conversador, mas, en honor de la verdad, debo +decir que tu padre supo la hora a que volviste por el ruido que se hizo +en el zagun con la apertura de la puerta, la entrada del carruaje y las +pisadas de los caballos. Con el silencio de la noche, todo ruido es un +trueno. El despert, encendi un tabaco con el yesquero, consult el +reloj e hizo una exclamacin de enojo. Yo me hice la dormida. Eran las +dos y media de la madrugada... An se te conoce en la cara la mala +noche.</p> + +<p>Hubo otro breve intervalo de silencio entre aquellos dos interlocutores, +durante el cual Leonardo bostez y se esperez diferentes veces, hasta +que, puesto en pie, dijo:</p> + +<p>—Me voy a dormir... Si me compras el reloj, bueno; si no, poco importa.</p> + +<p>Dio media vuelta y emprendi la subida de la escalera de su dormitorio, +paso ante paso, cual si contara los escalones o le costara un grande +esfuerzo. La madre, entre tanto, le sigui con los ojos, sin decirle +otra palabra ni moverse de la silla; pero as que le perdi de vista en +los altos de la escalera, se agit con viveza y llam en voz +fuerte:—Reventos!</p> + +<p>A una llamada tan apremiante, no tard en responder en propia persona el +mayordomo mencionado en el anterior captulo. Era un hombre bajo de +cuerpo, rechoncho, trigueo, con la cara redonda y el pelo muy crespo, +que as en su aspecto como en sus maneras manifestaba resolucin y +agilidad. Aunque vestido de limpio, vena en chaleco, traslucindose a +leguas que proceda de Asturias, tipo no muy comn del espaol entonces +en La Habana. Haca de mayordomo en casa de don Cndido Gamboa, y si +llevaba ciertos libros, no se ocupaba tanto en el escritorio, como en +otras comisiones ms en consonancia con su empleo. Cuando se present +delante de doa Rosa, tena la pluma detrs de la oreja, y ella le dijo +en tono de mando:</p> + +<p>—Reventos, diga a Gamboa que me mande con Vd. veinte onzas.</p> + +<p>Fue el hombre y volvi sin demora con el dinero pedido, el cual sac de +la caja de hierro pequea, debajo de la carpeta, en que haba varios +sacos atestados de monedas de oro y plata.</p> + +<p>—Pngase la chaqueta, aadi doa Rosa derramando las onzas sobre la +mesa para contarlas, y vaya ahora mismo a la calle del Teniente Rey, a +la otra puerta de la botica de San Agustn, relojera de Dubois, y se +compra Vd. el mejor reloj de repeticin que haya recibido ltimamente de +Ginebra. Diga Vd. que es para m. Se ha enterado Vd.?</p> + +<p>—S, seora.</p> + +<p>—Supongo que Vd. no entiende de relojes.</p> + +<p>—No se me alcanza mucho, que digamos, pero en Gijn, donde yo nac y me +cri, hay ms de una relojera; y un to mo, hermano de mi madre, que +en paz descanse, tena en la ua, como quien dice, el mecanismo de los +relojes.</p> + +<p>—No lo deca por tanto, don Melitn, lo deca para prevenirle contra +cualesquier engao que pudieran practicar con Vd., si se creyese que el +reloj era para Vd. u otra persona as... Vd. me entiende?</p> + +<p>—Ya, ya, estoy enterado.</p> + +<p>—Oiga. Recalque Vd. a Dubois que el reloj es para m. El me conoce y +debe saber que le costara caro...</p> + +<p>—Dar a Vd. gato por liebre, interrumpi el mayordomo. Por sentado que +le costara un ojo de la cara, si tal hiciera el muy bellaco. Demasiado +lo s y lo sabe l.</p> + +<p>—Yo no le tengo por bellaco, como Vd. dice; sin embargo, bueno es estar +prevenido...</p> + +<p>—Porque el soldado prevenido nunca fue vencido, volvi a interrumpir el +mayordomo, interpretando a su modo el pensamiento del ama.</p> + +<p>—Ah! Haga que le pongan en una caja fina, como para un regalo. +Entiende Vd.?</p> + +<p>—Toma que si lo entiendo! Perfectamente.</p> + +<p>—Bien. Vaya Vd.</p> + +<p>—Volando.</p> + +<p>—Se acordar Vd.? Reloj de oro, de repeticin, suizo; quiero decir, +ginebrino, de los ltimamente recibidos de Ginebra por el relojero +Dubois, que vive en la calle del Teniente Rey, a la otra puerta de la +botica de San Agustn.</p> + +<p>—S, s, seora doa Rosa. Todo eso lo recuerdo y lo tendr presente. Y +en un salto...</p> + +<p>—Oiga! No me limito a 18 onzas. Se quiere el mejor reloj de +repeticin, ginebrino legtimo, cueste lo que cueste. Si ms dinero se +necesita, venga Vd. por l.</p> + +<p>—Ser servida la seora doa Rosa al pie de la letra.</p> + +<p>—Ah! Reventos! Reventos! Venga ac. Lo principal se me olvidaba. +Haga que le pongan por dentro de la tapa esta marca: L. G. S. oct. 24, +1830. No se olvide.</p> + +<p>En efecto, en poco ms de una hora el Mayordomo estuvo de vuelta y puso +en manos de doa Rosa un estuche pequeo, cuadrado, de tafilete, con +filetes de oro. Sin duda dicha seora le aguardaba impaciente, porque +tomarle, abrirle, contemplarle por breve rato con una especie de alegra +infantil, levantarse y meterse en su aposento, sin hacer ms caso del +Mayordomo, fue todo uno.</p> + +<p>No pas ms tiempo que el que acabamos de emplear en la relacin de la +cmica escena.</p> + +<p>Leonardo por su parte, tan seguro estaba de que no se pondra el sol de +aquel da, sin que un nuevo reloj viniese a adornar su traje en el +bolsillo de sus pantalones, que habiendo tendido stos en el sof, +enfrente de su cama, se acost tranquilo, resuelto a dormir y reparar +las fuerzas quebrantadas por la fatiga y la falta de sueo de la noche +anterior. Dormitaba solamente cuando el ruido de menudos pasos y de las +ropas de una mujer, vino a confirmarle en su esperanza. Era su madre. +Fingi que dorma y la vio acercarse quedito al sof, levantar en alto +los pantalones, meter en el bolsillo delantero algo redondo que +relumbraba mucho, pendiente de una cinta de seda rosada y azul, formando +aguas, de ms de una pulgada de ancho y seis de largo, sujetas las +puntas por una hebilla de oro. Sonriose de placer, y cerr los ojos, a +fin de que su madre se retirase en la persuasin que le haba preparado +una sorpresa.</p> + +<p>Al volver doa Rosa los pantalones al sof, cuidando de que la cinta del +reloj quedase visible y deslizar en la faltriquera del chaleco las dos +onzas que sobraron de la compra de aqul, le pareci que su hijo se +haba movido en la cama. Se sobresalt cual si hubiera estado cometiendo +un delito, y entonces, en efecto, entr un rayo de luz en su conciencia +de madre, record vivamente las palabras de su marido en la conversacin +de por la maana temprano, y sinti una especie de arrepentimiento. Algo +en su interior la dijo que si no haca actualmente mal, no resultara +tampoco un bien conocido y slido de sus demostraciones tiernas y +cariosas con Leonardo, cuando no nacan de mritos contrados por l, +sino de la efusin espontnea e indiscreta de su corazn de madre.</p> + +<p>Perpleja, entre recoger la prenda, cosa de guardarla para ocasin ms +oportuna, y arrostrar por ende la afliccin y el desagrado del hijo, se +qued inmvil, como transfigurada. Aqul, aunque brevsimo, fue un +momento supremo para la triste madre. Al fin ech una mirada furtiva +hacia el lecho, vio a Leonardo desnudo de medio cuerpo arriba, con los +brazos en la almohada y la hermosa cabeza apoyada en las palmas, el +pecho abierto y levantado, subiendo en la aspiracin y bajando en la +respiracin, cual la ola que no llega a romper, la nariz dilatada, la +boca entreabierta para dar franco paso a la entrada y salida del aire, +plido el semblante por el sueo y la agitacin del da, aunque lleno de +salud y de fuerza, un sentimiento de orgullo se apoder de todo su ser, +cambiando de golpe y por completo el orden de sus pensamientos.</p> + +<p>—Pobrecito! exclam en tono casi audible. Por qu haba yo de +privarle de nada, cuando est en la edad de gozar y de divertirse? Goza +y divirtete, pues, mientras te duran la salud y la mocedad, que ya +vendrn para ti, como han venido para todos nosotros, los das de los +disgustos y de los pesares. La Virgen Santsima, en quien tanto fo y +pongo toda mi esperanza, no dejar de or mis ruegos. Ella te proteja y +saque en bien de los peligros del mundo. Dios te haga un santo, hijo de +mi corazn.</p> + +<p>Movi los labios juntos, en seal de lanzar un beso, y fuese tan +callandito como vino.</p> + +<hr /> + +<h3><a name="SEGUNDA_PARTE" id="SEGUNDA_PARTE"></a>SEGUNDA PARTE</h3> + + + +<h3><a name="Capitulo_Ib" id="Capitulo_Ib"></a><span class="smcap">Captulo I</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Tarde venientibus ossa.</i><br /> +(Los que llegan tarde al banquete roen los huesos.)</p></div> + + +<p>Tenemos que dejar por breve tiempo estos personajes, para ocuparnos de +otros que no por ser de inferior estofa, representan en nuestra verdica +historia papel menos importante. Nos referimos ahora al clebre tocador +de clarinete, Jos Dolores Pimienta.</p> + +<p>Para verle con la aguja en la mano sentado a la turca junto con otros +oficiales de sastre en una tarima baja, hilvanando una casaca de pao +verde oscuro, todava sin mangas ni faldones, fuerza es que pasemos a la +sastrera del maestro Uribe, en la calle de la Muralla, puerta inmediata +a la esquina de la de Villegas, donde hubo una tienda de merceras +llamada del Sol.</p> + +<p>El primero de estos establecimientos se compona de una sala cuadrilonga +con tres entradas: la de la primitiva puerta ancha y alta y las de las +dos ventanas, cuyas rejas haban arrancado. Frente a ellas, en sentido +longitudinal, haba una mesa larga y angosta en que se vean varias +piezas de dril, de piqu, de arabia, de un gnero de algodn que +llamaban coquillo, de raso y de pao fino, todas arrolladas y apiladas +en un extremo. Y hacia el opuesto, tendidos dos pedazos de tela de +Mahn, en que ya se haba trazado un par de pantalones de hombre con +una astilla de jabn cenizoso.</p> + +<p>Detrs de la mesa o mostrador, de pie, en mangas de camisa, con delantal +blanco atado a la cintura, la tijera en la mano derecha, y echada en +torno de los hombros, por medida, una cinta de papel doblada por medio +en toda su longitud, con piquetes de trecho en trecho, se hallaba el +maestro sastre Uribe, favorito en aquella poca de la juventud elegante +de La Habana. Aunque quisiera, no hubiera podido negar la raza negra, +mezclada con la blanca a que deba su origen. Era de elevada talla, +enjuto de carnes, carilargo, los brazos tena desproporcionados, la +nariz achatada, los ojos saltones, o a flor del rostro, la boca chica, y +tanto que apenas caban en ella dos sartas de dientes ralos, anchos y +belfos; los labios renegridos, muy gruesos y el color cobrizo plido. +Usaba patilla corta, a la clrigo, rala y crespa, lo mismo que el +cabello, si bien ste ms espeso y en mechones erectos que daban a su +cabeza la misma apariencia atribuida por la fbula a la de Medusa.<a name="FNanchor_29_29" id="FNanchor_29_29"></a><a href="#Footnote_29_29" class="fnanchor">[29]</a></p> + +<p>Como sastre que deba dar el tono en la moda, vesta Uribe pantalones de +mahn ajustados a las piernas, de tapa angosta, figurando una <i>M</i> +cursiva, sin los finales de enlace, y las indispensables trabillas de +cuero. En vez del zapato de escarpn, entonces de uso general, llevaba +chancletas de cordobn, dejando al descubierto unos pies que no tenan +nada de chicos, ni bien conformados, porque sobre mostrar demasiado los +juanetes, apenas formaban puente. Por poco que previniese en su favor el +aspecto de Uribe, no cabe duda que era el ms amable de los sastres, muy +ceremonioso y un si es no es pagado de la habilidad de sus tijeras. +Estaba casado con una mulata como l, alta, gruesa, desenvuelta, quien +en casa al menos, gustaba tanto de ir en piernas, arrastrando la +chancleta de raso, como de ensear ms de lo que convena a la decencia, +las espaldas y los hombros rollizos y relucientes.</p> + +<p>Comenzaba la tarde de uno de los ltimos das del mes de octubre. Suban +y bajaban muchos carruajes, carretones y carretas la angosta calle de la +Muralla, tal vez la de ms trfico de la ciudad, por ser la ms central +y estar toda poblada de tiendas de varias clases. El ruido de las ruedas +y de las patas de los caballos en las piedras, resonaba como un trueno +continuado en el interior de las casas abiertas a todos los vientos. No +pocas veces chocaban unos contra otros, y obstruan el paso por largo +rato. En semejante caso, al trueno de los carruajes sucedan las voces y +los ternos de los carreteros y caleseros, sin consideracin ni respeto a +las seoras. El transente a pie, si no quera ser atropellado por los +caballos o estrujado contra las paredes de las casas con los bocines +salientes de los cubos de las ruedas, tena que refugiarse en las +tiendas hasta que se despejara la va.</p> + +<p>En la tarde de que hablamos ahora, ocurri una de esas frecuentes +colisiones entre un quitrn ocupado por tres seoritas, que bajaba, y un +carretn cargado con dos cajas de azcar, que suba. Chocaron con fuerza +los cubos opuestos de ambos vehculos, de cuyas resultas el del segundo +levant la rueda del primero y se entr por sus rayos, rindiendo uno. +Del choque los dos carruajes quedaron casi de travs en la calle, el +quitrn con la zaga hacia la puerta de la sastrera de Uribe, donde +penetr la cabeza de la mula del carretn. El carretonero, que vena +sentado a la mujeriega en una de las cajas de azcar, con un zurriago en +la mano derecha, perdi el equilibrio y dio en el lodo y piedras de la +calle un terrible costalazo.</p> + +<p>Y este hombre, africano de nacimiento, lo mismo que el otro, mulato de +La Habana, en vez de acudir cada cual a su vehculo respectivo, a fin de +deshacer el enredo y facilitar el pasaje, con atroces maldiciones y +denuestos se embistieron mutuamente, ciegos de furor salvaje. No era que +se conocan, estaban reidos o tenan anteriores agravios que vengar; +sino que siendo los dos esclavos, oprimidos y maltratados siempre por +sus amos, sin tiempo ni medio de satisfacer sus pasiones, se odiaban a +muerte por instinto y meramente desfogaban la ira de que estaban +posedos, en la primera ocasin que se les presentaba. En vano las +seoritas del quitrn, muy sobresaltadas, pusieron el grito en el cielo, +y la mayor de ellas amenaz repetidas veces al calesero con un fuerte +castigo si no desista de la ria y atenda a los inquietos caballos. +Pero los combatientes, en su furor y en la lluvia de zurriagazos que se +descargaban, no oan palabra. Luego los espaoles de las tiendas, los +oficiales de la sastrera, todos asomados a las puertas en mangas de +camisa, aumentaban el ruido y la confusin con su vocera y sus +risotadas, seales ciertas del jbilo con que presenciaban el combate.</p> + +<p>En esto, un hombre de mala catadura entr por una puerta de la +sastrera, como para evitar las ruedas del carruaje, y al salir por la +otra extendi el brazo por encima del fuelle cado y le desprendi la +peineta de teja de la cabeza de la ms joven de las seoritas; con lo +cual la larga y abundosa trenza de sus cabellos se desarroll y +desmadej toda, cubrindole la espalda con sus ondas sedosas y +brillantes cual las alas del tot. Dio ella un grito y se llev ambas +manos a la cabeza; en cuyo momento, Jos Dolores Pimienta, mero +espectador hasta entonces como los dems, hizo una exclamacin de +asombro, murmur el nombre de la Virgencita de bronce y se lanz sobre +el ratero, o ms bien sobre la presa, que se la llevaba en triunfo. +Logr echarle garra; mas como era de quebradizo carey y estaba, adems, +primorosamente calada, se le qued hecha pedazos en la mano: nica cosa +que pudo devolver a su afligida y asustada duea. A favor de la +confusin logr escapar el ratero, bien que ningn otro que el oficial +de sastre haba parado mientes en aquella ocurrencia. Sin embargo, la +exclamacin de ste, su accin generosa cuando la generalidad de los +espectadores slo pensaba en divertirse, llam la atencin de Uribe, que +volvindose de repente para l, le dijo:</p> + +<p>—Ests loco? Te figuraste que esa tambin era Cecilia Valds? Si digo +yo que t ves visiones.</p> + +<p>—No, contest secamente Jos Dolores. Yo s lo que me digo. Esas nias +son hermanas del caballero Gamboa.</p> + +<p>—Acabramos! exclam a su vez Uribe. Yo bien quera conocerlas. Se +parecen mucho. No pueden negar que son hermanos. Pues es preciso +ampararlas. Las hermanas de uno de mis rumbosos <i>clientes</i>! No faltaba +ms...</p> + +<p>En efecto, entre el maestro sastre, sus oficiales y otros, consiguieron +separar a los combatientes y desenredar las ruedas de los vehculos, +tras lo cual uno y otro pudieron seguir su camino, llevando el +carretonero las manchas de sangre de la <i>cuarta</i> del calesero en la +camisa de listado azul. Protegi quizs las espaldas de este ltimo la +chaqueta de pao de su librea; a lo menos no se le vean en ella las +seales de la refriega.</p> + +<p>Y una vez despejado aquel campo de Agramonte y vueltos, el maestro +sastre a la mesa de cortar, los oficiales a su tarima, el primero sac +de pronto el reloj del bolsillo del pantaln y, con aire sorprendido, +dijo:—Las tres! aadiendo enseguida ms alto:—Jos Dolores!</p> + +<p>No tard ste en aparecer ante la presencia del maestro Uribe. Traa al +hombro dos madejas trenzadas, una de hilo blanco de lino, otra de seda +negra; clavadas en los tirantes de los pantalones varias agujas cortas, +no muy finas, y en el dedo del medio de la mano derecha un dedal de +acero, sin fondo.</p> + +<p>Al nacimiento de Jos Dolores Pimienta y de Francisco de Paula Uribe +concurrieron, sin duda, por igual las razas blanca y negra, con esta +esencial diferencia: que aqul sac ms sangre de la primera que de la +segunda, circunstancia a que deben atribuirse el color menos bilioso de +su rostro, aunque plido, la regularidad de sus facciones, la amplitud +de su frente, la casi perfeccin de las manos y la pequeez de los pies, +que as en la forma como en el arco del puente podan competir con los +de dama de raza caucsica. Ni con ser de constitucin delicada +sobresalan mucho los pmulos de su rostro ovalado, ni tena el cabello +tan lanudo como el de Uribe. En sus maneras, lo mismo que en la mirada, +y a veces hasta en el tono de la voz, haba aire marcado de timidez o +melancola, pues no siempre es fcil discernir entre ambas, que +revelaba, o mucha modestia o mucha ternura de afectos.</p> + +<p>De organizacin musical tena que hacerse gran violencia, cosa que no +poda echar a puerta ajena, para trocar el clarinete, su instrumento +favorito, por el dedal o la aguja del sastre, una de las artes bellas +por un oficio mecnico y sedentario. Pero la necesidad tiene cara de +hereje, segn reza el caracterstico adagio espaol, y Jos Dolores +Pimienta, aunque director de orquesta, ocupado a menudo en el coro de +las iglesias por el da y en los bailes de las ferias por la noche, no +le bastaba eso a cubrir sus propias necesidades y las de su hermana +Nemesia, desahogadamente. La msica en Cuba, como las dems bellas +artes, no haca ricos, ni siquiera proporcionaba comodidades a sus +adeptos. El clebre Brindis, Ulpiano, Vuelta y Flores y otros se +hallaban poco ms o menos en este caso.</p> + +<p>—Qu tal la casaca verde indivisible? le pregunt Uribe. Se halla en +estado de prueba? Son las tres y dentro de poco tendremos aqu al +caballero Gamboa, como el reloj.</p> + +<p>—Para el tiempo que hace que Vd. me la entreg, <i>se</i> Uribe, repuso +Pimienta, la tengo bastante adelantada.</p> + +<p>—Cmo es eso? Pues no te la di desde tras de antier?</p> + +<p>—Perdone Vd., <i>se</i> Uribe, yo no vine a recibir esa prenda, si hemos +de hablar claro, hasta ayer por la maana. Antier toqu la misa mayor +del Santo ngel Custodio, a prima toqu la salve y luego en el baile de +Farruco hasta ms de media noche. Conque no s...</p> + +<p>—Bien, bien, replic Uribe serio interrumpindole: Se halla o no en +estado de prueba? Eso es lo esencial.</p> + +<p>—Dir a Vd., lo que es probarse, puede ahora mismo. Las solapas estn +basteadas, lo propio que el cuello. Iba ahora a hilvanarle los forros de +seda, para abrirle los ojales. Los hombros se hilvanarn cuando venga el +caballero que Vd. dice, y las espaldas idem per idem. Las mangas las +est cerrando <i>sea</i> Clara, su mujer de Vd., aunque con probar una +basta. De manera que a las ocho de la noche, cuando ms tarde, estar +concluida la casaca y lista para el baile, que no principiar hasta las +nueve.</p> + +<p>—El caso es que se quiere para mucho antes y no se dir nunca que +Pancho de Paula Uribe y Robirosa no cumple su palabra una vez empeada.</p> + +<p>—Entonces tendr Vd. que poner otro oficial que me ayude; mejor dicho, +que la concluya, porque a las seis debo tocar en la salve del Santo +ngel Custodio y luego despus en el baile de Brito. Farruco abre sus +bailes esta noche en la casa de Soto y yo no he querido llevar mi +orquesta hasta all. En la Filarmnica dirige Ulpiano con su violn y +Brindis est comprometido a tocar el contrabajo. Conque considere Vd.</p> + +<p>—Pues lo siento en el alma, Jos Dolores, y si hubiera sabido que t no +ibas a rematar esa pieza, no te la hubiera dado. Yo me estoy mirando en +ella. Temo que si otro oficial la coge ahora en sus manos, le echa a +perder el estilo. El caballerito Leonardo es el ms quisquilloso de +todos mis clientes. No ve Vd. que nada en riqueza? No ve cmo derrama +la plata? Para lo que le cuesta! Y vea Vd. su padre don Cndido, el +otro da como quien dice, andaba con la pata en el suelo. Me parece que +lo veo cuando lleg de su tierra: traa zapatos de empleita (quiso decir +<i>pleita</i>, mejor, <i>alpargatas</i>), chaqueta y calzones de bayeta y gorro +de pao. A poco ms puso taller de maderas y tejas, despus trajo negros +de frica a montones, despus se cas con una nia que tena ingenio, +despus le entr dinero por todos cuatro costados y hoy es un +caballerazo de primera, sus hijas ruedan quitrn de pareja y su hijo +bota las onzas de oro como quien bota agua. <i>E intertanto</i> aquella pobre +muchacha... Mas, cllate lengua. Pues, segn te deca, Jos Dolores, el +caballerito Leonardo vino aqu la semana pasada y me dijo:—Maestro +Uribe, tenga Vd. este pao verde indivisible que he hecho traer de Pars +expresamente para que Vd. me haga una casaca como se debe. Pero djese +Vd. de vejeces, de talle encaramado en el cogote, ni de colas de +golondrinas. Yo no soy ningn zacateca, Juanito Junco, ni Pepe Montalvo. +Hgame una casaca como la gente, a la <i>dernier</i>, que yo s que Vd. sabe +pintarlas en el cuerpo, cuando le da la gana. Ese mozo tiene tanto +dinero, que es preciso darle gusto o reventar. Adems, como es tan +elegante y bien parecido, da el tono en la moda, y si acierto a hacerle +una cosa buena, me pongo las botas. Aunque a decir verdad, ya no tengo +manos para todo el trabajo que me ha cado. Por donde se ve claro que la +competencia del ingls Federico, lejos de daificarme, me ha favorecido. +Conque, mi querido Jos Dolores, al avo.</p> + +<p>—Ya le he dicho, <i>se</i> Uribe, har lo que pueda; pero spalo, no +tendr tiempo para darle la ltima mano. Lo principal, sin embargo, est +hecho, esto es, las solapas y el cuello. La montura de los faldones y la +espalda Vd. puede dirigirla, y los ojales nadie los hace mejor que +<i>sea</i> Clara.</p> + +<p>—Trae ac la casaca.</p> + +<p>Trjola el oficial, y con ella en la mano, para suspenderla a la altura +de sus ojos, Uribe se encamin a un espejo que haba en la pared +medianera de la primera ventana y la puerta. All le sigui +maquinalmente Jos Dolores. Cuando los dos estuvieron delante del +espejo, dijo el maestro a su oficial:</p> + +<p>—Vamos, Jos Dolores, sirve t de modelo... Apuradamente, tienes el +mismo cuerpo que el caballerito Leonardo.</p> + +<p>—Est bien, <i>se</i> Uribe, contest Pimienta de malsimo humor. Pero sin +ejemplar eh?</p> + +<p>—Compadre, tienes hoy palabras de poco vivir. Qu te est labrando +all dentro? Antes tomaste una de las nias Gamboa por Cecilia Valds; +ahora te pones bravo porque, para ganar tiempo, pruebo la casaca del +hermano en tu cuerpo. Si lo haces porque ese blanco le pisa la sombra, +lo peor que puedes hacer es tomarlo tan a pecho. Qu remedio, Jos +Dolores? Disimula, aguanta. Haz como el perro con las avispas, ensear +los dientes para que crean que te res. No ves que <i>ellos</i> son el +martillo y nosotros el yunque? Los blancos vinieron primero y se comen +las mejores tajadas; nosotros los de color vinimos despus y gracias que +roemos los huesos. Deja correr, chinito, que alguna vez nos ha de tocar +a nosotros. Esto no puede durar siempre as. Haz lo que yo. T no me +ves besar muchas manos que deseo ver cortadas? Te figurars que me sale +de adentro. Ni lo pienses, porque lo cierto y verdico es que, en verbo +de blanco, no quiero ni el papel.</p> + +<p>—Qu ley tan brava, <i>se</i> Uribe! No pudo menos de exclamar por lo +bajo el oficial, sorprendido ms bien que alarmado de que abrigara +principios tan severos.</p> + +<p>—Pues qu, continu el maestro sastre, te figurabas que porque le hago +el <i>rande v</i> a todos cuantos entran en esta casa, es que no s +distinguir y que no tengo orgullo? Te equivocas; en verbo de hombre, +nadie creo mejor que yo. Me estimara en menos porque soy de color? +Disparate. Cuntos condes, abogados y mdicos andan por ah, que se +avergonzaran de que su padre o su madre se les sentara al lado en el +quitrn, o los acompaara a los besamanos del Capitn General en los +das del rey o de la reina Cristina? Quizs t no ests tan enterado +como yo, porque no te rozas con la grandeza. Pero recapacita un poco y +recuerda. T conoces el padre del conde...? Pues fue el mayordomo de su +abuela. Y el padre de la marquesa...? Un talabartero de Matanzas, ms +sucio que el cerote que usaba para untarle a la pita con que cosa los +arneses. A que el marqus de... no ensea su madre a los que van a +visitarlo en su palacio de la Catedral? Y qu me dices del padre del +doctor de tantas campanillas...? Es un carnicero de ah al doblar. (Tuvo +Uribe la discrecin de pronunciar los nombres de las personas aludidas a +la oreja del oficial, como para que los dems no le oyeran.) Pues yo no +tengo por qu esconder mis progenitores. Mi padre fue un brigadier +espaol. A mucha honra lo tengo, y mi madre no fue ninguna esclavona, ni +ninguna mujer de nacin. Si los padres de esos seorones hubieran sido +siquiera sastres, pase, porque es notorio que S. M. el Rey ha declarado +noble nuestro arte, lo mismo que el oficio de los tabaqueros, y podemos +usar don. Tond, con ser moreno, tiene don por el rey.</p> + +<p>—Yo no me ocupo de eso, ni a derechas s quin es mi padre, slo s que +no fue negro, volvi Pimienta a interrumpir el torrente impetuoso del +maestro sastre. Lo que yo sostengo es, que ni a Vd., ni a m, ni... a +nuestros hijos, segn van las cosas, nos tocar ser martillo. Y es muy +duro, dursimo, insufrible, <i>se</i> Uribe, agreg Jos Dolores, y se le +nubl la vista y le temblaron los labios, que <i>ellos</i> nos arrebaten las +de color, y nosotros no podamos ni mirar para las mujeres blancas.</p> + +<p>—Y quin tiene la culpa de eso? continu Uribe hablando otra vez al +odo del oficial, como para que no le oyera su mujer: la culpa la tienen +<i>ellas</i>, no <i>ellos</i>. No te quepa gnero de duda, porque es claro, Jos +Dolores, que si a las pardas no les gustaran los blancos, a buen seguro +que los blancos no miraban para las pardas.</p> + +<p>—Puede ser, <i>se</i> Uribe; pero, digo yo: no tienen los blancos +bastante con las suyas? Por qu han de venir a quitarnos las nuestras? +Con qu derecho hacen ellos eso? Con el derecho de blancos? Quin les +ha dado semejante derecho? Nadie. Desengese, <i>se</i> Uribe, si los +blancos se contentaran con las blancas, las pardas no miraran para los +blancos.</p> + +<p>—Hablas como un Salomn, chinito, slo que eso no es lo que sucede, y +es preciso atenerse a cmo son las cosas y no como queremos que sean. Yo +me hago este cargo: qu vale quejarse ni esperar que todo ha de salir a +medida del deseo de uno? Ni qu puedo yo solo, qu puedes t, ni qu +puede el otro contra el torrente del mundo? Nada, nada. Pues deja ir. +Cuando son muchos contra uno, no hay remedio sino hacer que no se ve, ni +se oye, ni se entiende, y aguardar hasta que le llegue a uno su turno. +Que ya llegar, yo te lo aseguro. No todo ha de ser rigor, ni siempre ha +de rasgar el pao a lo largo. <i>Intertanto</i> aprende de m, recibo las +cosas como vienen y no pretendo enderezar el mundo. Podra salir +crucificado. T todava vas a tragar mucha sangre, lo estoy mirando.</p> + +<p>—Qu importa? dijo el oficial con calor. Con tal que otros la traguen +al mismo tiempo que yo...</p> + +<p>—Ese es el caso, que si t te calientas y tomas las cosas por donde ms +queman, no logras que otros traguen sangre, sino que la tragas t a +borbollones. Y eso es lo que pretenden los pcaros de los blanquitos. +Bien, no te digo que te dejes sopetear de nadie, pues yo tampoco me he +dejado pasar la mota. Lo que te digo es que no pierdas los estribos y +aguardes la ocasin. Ves ah a Clara, tan formalota, tan seria? Ella +cuando moza tuvo tambin ms de un blanco tentador, y logr espantarlo +sin mucho trabajo ni quebradero de cabeza. As te digo, Jos Dolores, no +te apures, ni te pongas bravo, porque llevas la de perder: te comes los +hgados y sacas... lo que somos. Deja correr y aprenders a vivir.</p> + +<p>Durante esta larga y animada conversacin, no ces un punto la probadura +de la casaca. Ya coga Uribe una solapa con la mano derecha, la sacuda +y atraa a s, a tiempo que con la izquierda abierta comprima los +pliegues de la camisa del oficial por el pecho y el costado; ya mataba +las ondas de la espalda, de los hombros para el centro; ya con el jabn +de piedra trazaba crucetas a lo largo de las costuras de los costados; +ya, en fin, meta las tijeras por la orilla del cuello y de las +boca-mangas y sisaba el pao adherido por los hilvanes de hilo blanco a +las entretelas de caamazo. As el embrin de frac tomaba poco a poco la +forma del cuerpo del oficial bajo la tijera y la astilla de jabn de +Uribe, sin que a todas stas tuviese l la certidumbre de que le viniese +bien a su legtimo dueo; pero fiaba el maestro mucho en su experiencia +y conocida habilidad. Siempre que se le ofreca alguna duda respecto al +tamao, ocurra a la tira de papel doblada en dos con piquetes en ambas +orillas, que le serva de medida y rectificaba las dimensiones.</p> + +<p>Media hora larga se haba pasado en esta faena del maestro con su +oficial, cuando par una volante de alquiler a la puerta de la sastrera +y se ape de ella, de un salto, el intrpido joven que haba servido de +asunto, por la mayor parte, de su sazonada conversacin.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_IIb" id="Capitulo_IIb"></a><span class="smcap">Captulo II</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>No es caballero el que nace,<br /> +sino el que lo sabe ser.</i></p></div> + + +<p>La llegada repentina del joven mencionado al final del captulo +anterior, esperada y todo, sorprendi al maestro sastre, con tanto ms +motivo que su oficial aguardaba precisamente aquel momento para echar +atrs los brazos y soltarle en las manos la pieza de ropa en estado de +prueba.</p> + +<p>Esto, sin embargo, no fue parte para que l dejase de salir al encuentro +de Leonardo Gamboa y recibirle con muchas sonrisas y zalameras.</p> + +<p>Si el joven recin llegado observ o no la retirada precipitada de +Pimienta, o si adivin el motivo, es ms de lo que puede afirmarse con +probabilidad de acierto. Fuerza es decir, no obstante, que hasta all +Leonardo ignoraba que tuviese un enemigo acrrimo en el msico; y que, +adems, se crea superior para ocuparse de las simpatas o antipatas de +un hombre de baja esfera, mulato por aadidura. Lo seguro es que ni +siquiera sospech que haba acabado de ser el objeto casi exclusivo de +la conversacin del maestro sastre y de su oficial. Vena, adems, all +a hora fija y por cita expresa, slo se demorara el tiempo necesario. +No haba, por tanto, ocasin ni motivo de dar su atencin y pensamientos +a cosas ajenas al traje que haca el maestro Uribe. Tampoco ste le dio +lugar a divagaciones.</p> + +<p>Como tena por costumbre Leonardo, al apearse sac una peseta del +bolsillo del chaleco y se la arroj al calesero, el cual la recibi en +el aire. Luego, sin ms demora, se encamin derecho al sastre, +cortndole, en medio de sus obsequiosas demostraciones, con la pregunta:</p> + +<p>—Qu hay de mi ropa? Lista?</p> + +<p>—Casi concluida, seor don Leonardito.</p> + +<p>—Lo tema, lo esperaba, replic ste impaciente. Un zapatero remendn +tiene ms palabra que t, Uribe.</p> + +<p>—Pues qu hora es, caballero Gamboa?</p> + +<p>—Son las cuatro y ms de la tarde; y me prometiste la ropa para ayer +tarde.</p> + +<p>—Perdone el caballero, se la promet para hoy a las siete de la noche. +Es decir, concluida y planchada de un todo. Porque el caballero debe +estar enterado que de mi taller no sale pieza sin todos sus periquitos y +ringo rangos. Cuente el caballero que este pobre sastre no posee otra +cosa que su reputacin, como que viste, hace ms de diez aos, a la +grandeza de La Habana, y nadie podra decir en justicia que Francisco de +Paula Uribe y Robirosa...</p> + +<p>—Ah! Maestro Uribe! Maestro Uribe! volvi a interrumpirle el joven +con mayor impaciencia. El que no te conozca que te compre. Dale con la +palabra y vuelta con su reputacin y pocas veces, si alguna, cumpliendo +con exactitud. Dejemos toda esta palabrera para otra ocasin y vamos a +los hechos. Al fin tendr la ropa esta noche, en tiempo para el baile o +no? He aqu lo que importa saber.</p> + +<p>—La tendr el caballerito o pierdo el nombre que llevo. Por lo que toca +al chaleco, que es lo nico que se hace fuera de casa, lo espero por +momentos. Apuradamente, est en manos de una pardita que se pinta sola +para chalecos y es como el reloj. Ya que el caballero ha tenido la +bondad de honrar mi taller con su presencia, probaremos la casaca, +aunque estoy cierto y seguro que el caballero va a confesar que tengo +buen ojo, si no otra cosa. Le ruego que no repare en su estado presente, +porque s que para las personas que no son del arte aqu hay trabajo de +dos das, cuando para un oficial experto slo hay trabajo de dos horas. +Si alguna vez se me atrasa la obra, no es por culpa ma, ni por falta de +oficiales, sino porque me cae mucha de golpe. En el taller slo tengo +cinco oficiales, fuera, en sus casas, cuantos quiero, aunque yo prefiero +tener mi gente siempre a la vista.</p> + +<p>Por entonces, plantado Leonardo delante del espejo, se haba despojado +del frac con la ayuda del sastre, y mientras le probaban el nuevo, crey +ver reflejada en aqul la imagen de alguien que le miraba a hurtadillas +desde atrs de la puerta del comedor. Aunque le pas por la mente que +haba visto aquella cara en alguna parte, de pronto no pudo recordar +dnde ni cundo. En este esfuerzo de imaginacin se qued un rato +pensativo, completamente abstrado. Por supuesto, durante ese tiempo no +vio lo que pasaba, no oy ni entendi la charla del maestro Uribe.</p> + +<p>Acert a entrar en aquella sazn en la sastrera una muchacha de color, +medio cubierta la cabeza en la <i>manta</i> de burato pardo oscuro, a la +usanza persa. Dio las buenas tardes, y como si no hubiese reparado en lo +que all se haca, pas de largo hacia el aposento, por detrs de la +mesa de cortar. Pero Uribe la esperaba impaciente y la detuvo antes de +alcanzar la puerta, preguntndole:</p> + +<p>—Traes el chaleco, Nene?</p> + +<p>—S, seor; contest ella con voz muy suave y musical, detenindose a +la cabeza de la mesa, en la cual deposit un lo pequeo que sac de +debajo de la manta.</p> + +<p>El nombre, lo mismo que la voz de la muchacha, sacaron a Leonardo de su +abstraccin; volvi a ella el rostro y le clav la vista. Ambos se +reconocieron desde luego, y cambiaron una mirada de inteligencia y una +sonrisa de cario, seales que por cierto no se escaparon a la +penetracin de Uribe.—Aqu hay gato encerrado, pens l. Pobre +muchacha! la compadezco! En qu garras has cado! Cuando menos sta es +la causa de las quemazones de sangre de Pimienta... Tiene razn,...Pero +no, debe ser por algo ms de eso.</p> + +<p>Despus sac el chaleco del pauelo de seda en que estaba envuelto, y +dndole ste a su dueo, aadi hablando con Gamboa.</p> + +<p>—No se lo dije al caballero? Aqu tiene la prenda. La costurera vale +un Potos.</p> + +<p>Era el chaleco de raso negro, sembrado de abejas color verde brillante, +entretejidas en la tela. No se lo prob Leonardo, ni lo juzg necesario +el sastre. Tampoco hubo desde all tiempo para mucho, porque, cual por +cita, acudi la mayor parte de los parroquianos de Uribe. Entre ellos, +Fernando O'Reilly, hermano menor del conde de este nombre; el +primognito de Filomeno, despus Marqus de Aguas Claras; el secretario +o confidente del Conde de Pealver; el joven Marqus de Villalta; el +Mayordomo del Conde de Lombillo; y uno que le decan Seiso Ferino, +protegido por la opulenta familia de Valds Herrera. Casi todos stos +haban ordenado piezas de ropa para s o para sus amos en la sastrera +del maestro Uribe, y, ya de paso para el Paseo de extramuros en sus +carruajes, ya ex profeso, entraban en ella y se detenan el tiempo +necesario para esa averiguacin.</p> + +<p>Al entrar el primero de los personajes arriba nombrados, le puso +familiarmente la mano en el hombro a Leonardo, le llam por este nombre, +y le trat de t por t. Haban sido condiscpulos de Filosofa en el +Colegio de San Carlos desde 1827 a 1828, en cuya ltima fecha O'Reilly +se haba separado para ir a Espaa y proseguir sus estudios hasta +recibirse de abogado, como se recibi, tornando a los patrios lares slo +unos pocos meses antes del da de que aqu hablamos, con el empleo de +Alcalde Mayor. Despus de dos aos de ausencia, aqulla era la primera +vez que se vean, no habiendo tenido Leonardo ocasin ni humor de ir a +saludarlo, quizs porque, si bien antiguos condiscpulos, no haba +dejado l de ser miembro de una familia la ms orgullosa de La Habana, +de la primera grandeza de Espaa. Por otra parte, parti soltero y +volvi casado con una madrilea, motivo de ms para que sus gustos y +aficiones ahora fuesen muy distintos de lo que fueron cuando juntos +concurran a or las elocuentes lecciones del amable filsofo Francisco +Javier de la Cruz.</p> + +<p>La ocasin de aquella afluencia de seores y sus criados no era otra que +el baile de tabla que se celebraba por la noche del mismo da, en los +altos del palacio situado en la calle de San Ignacio esquina a la del +Teniente Rey, alquilado para sus funciones por la Sociedad Filarmnica, +en 1828. Desde los das del carnaval, a fines de febrero, en que +coincidieron los festejos pblicos por el casamiento de la princesa de +Npoles, doa Mara Cristina con Fernando VII de Espaa, la Sociedad +antes dicha no haba vuelto a abrir sus salones. Ahora lo haca como +para despedir el ao de 1830, pues es sabido que la gente principal de +La Habana, nica con derecho a concurrir a sus funciones, se marchaba al +campo desde principios de diciembre y no volva a la ciudad sino hasta +mucho despus de Reyes. En vsperas del sarao, la juventud de ambos +sexos acuda en tropel a los establecimientos de modas y novedades para +hacerse de trajes nuevos, de adornos, joyas y guantes. Las sastreras +como la de Federico, Turla y Uribe, que eran las favoritas; los +almacenes como los del Palo Gordo y de Maravillas; las joyeras como +las de Rozan y La Llave de Oro; las tiendas de modistas como la de +madama Pitaux; las zapateras como la de Bar, en la calle de O'Reilly y +la de Las Damas en la calle de la Salud esquina a la de Manrique, +extramuros de la ciudad, varios das anteriores al sealado para el +baile se vean asediados a maana y tarde, por las seoritas y jvenes +ms distinguidos por su elegancia y el lujo de sus trajes. Las primeras +por esa poca empezaban a usar los zapatos o escarpines de raso blanco +a la China, con cintas para atarlos a la garganta del pie y mostrar las +medias de seda caladas, siendo as que el vestido se llevaba sobre lo +corto. Los hombres usaban tambin escarpines de becerro con hebillita de +oro al lado de fuera y calcetas de seda color de carne.</p> + +<p>Con los caballeros, Uribe ech el resto de la cortesa y de la +amabilidad, de que saba revestirse cada vez que le convena; con los +criados, aunque acudan en nombre de personas de elevada posicin, fue +seco y parco en demostraciones civiles. Pero tuvo habilidad bastante +para dejarlos a todos contentos y satisfechos, como que nada le costaba +prodigar promesas a diestro y a siniestro, que es moneda imaginaria con +que se pagan la mayor parte de las deudas en sociedad. De esta manera +cumpli exactamente con los que le hablaron gordo desde el principio; a +los restantes dio un solemne chasco, sin perder por eso su patrocinio. E +idos todos, porque ninguno calent asiento, se puso desde luego a +habilitar las piezas que se propona concluir para aquella noche. No +descuid, por supuesto, la casaca verde invisible de Gamboa; quien, +satisfecho de que no sera chasqueado de nuevo, cedi a las vivas +instancias de su amigo Fernando O'Reilly y le acompa en el quitrn al +paseo, llamado por imitacin del famoso de Madrid, el Prado.</p> + +<p>Ocupaba ste, y ocupa en el da, el espacio de terreno que se dilata +desde la calzada del Monte hasta el arrecife de la Punta al Norte, al +morir el glacis de los fosos de la ciudad por el lado del oeste. +Cienfuegos extendi el paseo de la calzada del Monte hasta el Arsenal +hacia el sur; pero jams se ha usado como tal esa parte sino como calle +Ancha, cuyo nombre lleva. Entre las obras de adorno que tuvieron origen +en el gobierno de don Luis de las Casas, se cuenta el <i>nuevo Prado</i> (el +de que hablamos ahora). El Conde de Santa Clara concluy la primera +fuente que dej en proyecto las Casas, y construy otra ms al norte; +nos referimos a la de Neptuno en el promedio del Prado, y la de los +Leones al extremo. Ambas se surtan de agua de la Zanja real, que +atravesaba el paseo (y an le atraviesa) por el frente del Jardn +Botnico, hoy estacin principal del ferrocarril de La Habana a Gines, +y por la orilla del foso iba a verter sus turbias aguas en el fondo del +puerto, al costado del Arsenal. Mucho despus, al extremo meridional del +Prado, donde estuvo originalmente la estatua en mrmol de Carlos III, +que don Miguel Tacn traslad en 1835 a su paseo Militar, hizo construir +a su costa en 1837 el Conde de Villanueva la bella fuente de la India o +de La Habana.</p> + +<p>El nuevo Prado constaba de una milla de extensin, poco ms o menos, +formando un ngulo casi imperceptible de 80 grados, frente a la +plazoleta donde se elevaba la fuente rstica de Neptuno. Le constituan +cuatro hileras de rboles comunes del bosque de Cuba, algunos con la +edad muy corpulentos, e impropios todos de alamedas. Por la calle del +centro, la ms ancha, podan correr cuatro carruajes apareados; las dos +laterales, ms angostas, con unos pocos asientos de piedra, servan para +la gente de a pie, hombres solamente, quienes en los das de gala o +fiesta se formaban en filas interminables a lo largo del paseo. La mayor +parte de stos, especialmente los domingos, se componan de mozos +espaoles empleados en el comercio de pormenor de la ciudad, en las +oficinas del gobierno, en la marina de guerra y en el ejrcito, pues por +su calidad de solteros y por sus ocupaciones, no podan usar carruaje y +visitar el Prado en das comunes. Es de advertirse adems, que a la hora +del paseo, estaba prohibido atravesar siquiera el Prado en vehculo de +alquiler; y si algn extranjero lo haca por ignorancia de la regla o +consentimiento del sargento del piquete de dragones que daba all la +guardia, llamaba la atencin y excitaba la risa general del pblico.</p> + +<p>La juventud cubana o criolla tena a menos concurrir al Prado a pie; +sobre todo el confundirse con los espaoles en las filas de +espectadores domingueros. De suerte que all tomaba parte activa en el +paseo slo la gente principal: las mujeres invariablemente en quitrn, +algunas personas de edad en volante y ciertos jvenes de familias ricas, +a caballo. Ninguna otra especie de carruaje se usaba entonces en La +Habana, a excepcin del Obispo y del Capitn General que usaban coche. +El recreo se reduca a girar en torno de la estatua de Carlos III y la +fuente de Neptuno cuando la concurrencia era corta, que cuando era +mucha, se extenda hasta la de los Leones u otro cualquier punto +intermedio, donde el sargento del piquete calculaba que deba plantar +uno de sus dragones, a fin de mantener el orden y de que se guardase la +debida distancia entre carruaje y carruaje. Mientras mayor era la +afluencia de stos, menor era el paso a que se les permita moverse; de +que resultaba a menudo un ejercicio muy montono, no desaprovechado en +verdad por las seoritas, cuya diversin principal consista en ir +reconociendo a sus amigos y conocidos, entre los espectadores de las +calles laterales, y saludarlos con el abanico entreabierto, de la manera +graciosa y elegante que slo es dado a las habaneras.</p> + +<p>Por fortuna la monotona y la funrea gravedad de tan inocente recreo, a +que las autoridades espaolas daban el nombre arbitrario de orden, +duraban lo que la presencia de los dragones del piquete en la avenida +central del Prado, es decir, de las cinco a las seis de la tarde. Porque +es cosa sabida que, unas veces con la punta de la lanza, otras a +varazos, hacan que los caleseros guardasen el paso y la fila. Pero +despus de saludar el pabelln espaol en las fortalezas del contorno, +ceremonia previa para arriarlo, lo mismo que las seales del Morro, +desfilaba el piquete por la orilla de la Zanja, en direccin de la calle +y cuartel de su nombre, y al punto empezaban las carreras, el verdadero +ejercicio, la belleza y novedad de la diversin. Espectculo digno de +contemplarse era, en efecto, entonces, el paseo en carruaje y a caballo, +del nuevo Prado de La Habana, iluminado a medias por los ltimos rayos +de oro del sol poniente, que en las tardes de otoo o de invierno se +degradan en manojos de plata, antes de confundirse con el azul pursimo +de la bveda celeste. Los caleseros expertos se aprovechaban con ganas +de la ocasin que se les presentaba para hacer alarde de su habilidad y +destreza, no ya slo en el regir de los caballos, en el girar violento y +caprichoso de los quitrines, sino en el tino con que los metan por las +estrechuras y la confusin, y los sacaban sin choque ni roce siquiera de +unas ruedas con otras. An las tmidas seoritas, en el colmo del +entusiasmo por el torbellino de las carreras y giros, arrebatadas en sus +conchas areas, con la accin y a veces con la palabra, animaban a los +jinetes; con que unos y otros contribuan hasta donde ms al peligro y +grandeza del espectculo. Poco a poco desapareca la vaporosa luz +crepuscular; una polvareda sutil y cenicienta se elevaba remolinando +hasta las primeras ramas de los copudos rboles y cubra todo el paseo; +de manera que, cuando uno tras otro los quitrines, con su carga de +mujeres jvenes y bellas, dejaban el estadio en vuelta de la ciudad o de +los barrios extramuros, no crea menos el desapercibido espectador sino +que salan de las nubes, cual otras Venus, de la espuma de la mar.</p> + +<p>En aquellos tiempos en que la Metrpolis crea que la ciencia de +gobernar las colonias se encerraba en plantar unos cuantos caones de +batera, se ide la construccin de las murallas de La Habana, obra que +se comenz a principios del dcimo sptimo siglo y se termin casi al +finalizar el dcimo octavo. Las tales murallas eran parte de una +fortificacin vasta y completa, as por el lado de tierra como por el +del mar o el puerto; no faltndole cuatro puertas hacia el campo, +poternas hacia el agua, puentes levadizos, foso ancho y hondo, +terraplenes, almacenes, estacadas, aspilleras, y baluartes almenados; de +modo que la ciudad ms populosa de la Isla quedaba de hecho convertida +en una inmensa ciudadela. As existieron las cosas hasta la venida del +memorable don Miguel Tacn, quien abri tres puertas ms y sustituy +los puentes levadizos con puentes fijos de piedra. Pero en la poca de +la historia que vamos refiriendo, esto es, cuando slo existan las +cinco puertas originales, las tres del centro llamadas de Monserrate, de +la Muralla y de Tierra, eran para el uso del pblico en carruaje, a +caballo y a pie, y las de los extremos, denominadas de la Punta y de la +Tenaza estaban destinadas especialmente al trfico. Por ellas, pues, se +acarreaba el azcar, el caf y otros efectos pesados en el nico medio +de trasporte de entonces, a saber, las enormes primitivas carretas, +tiradas por cachazudos bueyes. La guarnicin de la plaza, numerosa en +los ltimos tiempos, daba la guardia en las puertas y en las poternas, +juntamente con el resguardo, constituido en todas ellas; pues nadie ni +nada entraba ni sala sin estar sujeto a un doble registro, todo segn +se acostumbra en las plazas sitiadas.</p> + +<p>Despus de entrado el carruaje en que iban O'Reilly y Gamboa, en el +rastrillo interior, donde se hallaba la garita del resguardo, asom, por +la parte opuesta del puente levadizo, un caballo tan cargado de forraje +verde de maz, a que llaman vulgarmente <i>maloja</i>, que no se vean ms +que los pies y la cabeza, la cual procuraba alzar cuanto poda, a causa +sin duda del demasiado peso. Sobre aquella montaa de hierba vena +montado a la mujeriega, mejor dicho, recostado a la grupa el conductor o +malojero, mozo natural de Islas Canarias, vestido a la usanza de los +campesinos cubanos. El centinela espaol, que se paseaba entre las dos +puertas con el fusil al brazo, mir primero hacia el puente, luego hacia +el rastrillo, y se plant en medio de la va en seal de que ambos +deban pararse, hasta que se resolviera cul de los dos tena que ciar o +desviarse. Pararse el caballo del forraje equivaldra a obstruir el +paso; volverse en el estrecho puente era imposible sin exponerse a una +cada; en tanto que al carruaje le era fcil arrendar los caballos sobre +el cuartel del cuerpo de guardia y dejar expedito el camino. A pesar de +su natural torpeza, esto lo vio claro, desde luego, el centinela; as +que orden con la mano al malojero que se parase y avanz a paso de +carga al carruaje y grit:—Atrs!</p> + +<p>Pero orgulloso el calesero de la nobleza y autoridad de su amo, +envanecido de los escudos de arma bordados en su librea, lo mismo que de +sus espuelas de plata, metal de que estaban sobrecargadas las +guarniciones, an el mismo carruaje, en vez de obedecer la orden del +centinela, plant los caballos delante de la puerta interior, y mir de +medio lado a su amo. Vena ste muy embebecido contndole a Gamboa los +peligros que haba corrido en su ascencin al monte Etna en Sicilia, y +hasta la parada repentina del carruaje no ech de ver que se haba +presentado un obstculo. Naturalmente los ojos del amo se encontraron +con los del esclavo que le peda rdenes:—Arrea! le dijo, y como si +nada ocurriese, continu la ntima conversacin que traa con su +condiscpulo y amigo.</p> + +<p>Movironse los caballos y entonces el centinela repiti la voz +de:—Atrs! presentando la bayoneta a sus pechos; a cuya vista +O'Reilly, que era soberbio, se puso rojo de la indignacin. Medio se +incorpor en el asiento, como para mostrar mejor la cruz roja de +Calatrava que llevaba bordada en la solapa de la casaca, y grit:—Cabo +de guardia! Y luego que ste se le present con la mano derecha abierta +sobre la frente, agreg:—Haga Vd. despejar el paso!</p> + +<p>Informose el cabo en un instante de lo que pasaba, y aunque no conoca +el sujeto que le haba hablado, por el tono imperioso que us y por la +cruz roja, supuso que era un seor principal, jefe, o cosa parecida, y +le contest, siempre con la mano abierta, a la altura de la frente:—El +malojero no puede retroceder.</p> + +<p>—Cmo es eso? exclam Fernando en el colmo de la clera. Sabe Vd. con +quien habla? Llame al oficial de guardia.</p> + +<p>—No hay para qu, repuso el cabo. Ya veremos modo de arreglarlo. No se +incomode V. E.</p> + +<p>—Haga ciar ese caballo de la maloja... Pronto.</p> + +<p>A las voces, acudieron el oficial de guardia, que se entretena en jugar +a los naipes con unos cuantos amigos, y los soldados de faccin, los +cuales esperaban rdenes sentados en un banco sin respaldo a la puerta +del cuartel, mientras los dems dorman a pierna suelta en las tarimas +fijas del interior. Aquel militar, que debamos suponer ms enterado que +el cabo de la nocin de lo justo y de lo injusto, no vio ms sino que un +caballero cruzado no poda proseguir su paseo porque se lo impeda un +paisano con su caballo cargado de forraje. As que dio la orden +perentoria de despejar el puente. Ejecutada en un dos por tres, el monte +de forraje verde qued montado en la barandilla del puente levadizo, +nica cosa que ocurri a los soldados hacederos en aquella +circunstancias. En efecto, as pudo pasar el carruaje, aunque llevndose +en el bocn del cubo parte de la maloja. Todo aquello sucedi tan +repentina como inesperadamente para el mozo conductor, que slo tuvo +tiempo de echarse al suelo, no para resistir el atropello, sino para no +ser lanzado al foso. Expres su sorpresa con algunos juramentos, y su +enojo con mudas demostraciones; mas nadie le hizo caso. Por el +contrario, temeroso de mayor violencia, se apresur a descargar parte de +la hierba, a fin de que el caballo pudiera enderezarse y seguir camino a +la ciudad.</p> + +<p>En saliendo de la cabeza del puente para coger el estrecho rastrillo de +la estacada, haba que orillar el foso por corto trecho, pasar por +encima de la esclusa de la Zanja, parte de cuyas aguas se verta en +aqul, formando un charco de regulares dimensiones. Pues en el borde del +alto terrapln, en el instante en que hablamos, haba un grupo de +hombres y muchachos en observacin de algo que ocurra abajo, en el +charco.</p> + +<p>—Qu es ello? pregunt O'Reilly.</p> + +<p>—No s, contest su amigo; supongo que gentes que se baan.</p> + +<p>Preguntado el calesero, inform a su amo sin titubear, que eran el +mulato Polanco y el negro Tond, clebres nadadores, riendo a +zapatazos. En efecto, desnudos completamente, cual salvajes del frica, +zambullan, giraban bajo del agua, y luego procuraban hacerse dao, +descargndose tremendos golpes con las piernas, al modo como dicen que +hace el cocodrilo cuando ataca la presa. Esto llamaban en Cuba tirar +zapatazos. Parece que el inmoral espectculo se repeta a menudo, +supuesto que el calesero de O'Reilly desde luego dijo los nombres de los +baistas y lo que hacan en el agua. El primero ms de una vez haba +acometido a un tiburn en el puerto y le haba rendido a pualadas; +adems de excelente nadador el segundo, era bien conocido en toda la +ciudad por su valor heroico y actividad desplegada en la persecucin de +los malhechores de su propia raza, con autoridad especial del mismo +capitn general don Francisco Dionisio Vives.</p> + +<p>El fcil triunfo obtenido sobre el mozo del forraje en la puerta de la +Muralla, haba envalentonado al calesero, el cual quiso entrar en el +paseo por la orilla de la Zanja; pero se lo impidi el dragn con lanza +en ristre. A pesar de las protestas de O'Reilly, quien invoc su +carcter de Alcalde Mayor, hubo que dar la vuelta a la estatua de Carlos +III y esperar all un claro para incorporarse en la fila. Este fue el +primer motivo de mortificacin para tan orgulloso joven; el segundo le +aguardaba en el punto donde la calle de San Rafael corta el Prado. +Desembocaban por ella el coche del general Vives con su escolta de a +caballo, todos a galope tendido; y mientras, para abrir campo, los +dragones del piquete interrumpan el movimiento de los quitrines de +ambas filas, en el paseo, entre los cuales se hallaba el de O'Reilly; +dos flanqueadores con sable desnudo detenan y arrollaban a los que +pretendan entrar o salir por la puerta del Monserrate, antes que su +excelencia el Capitn General.</p> + +<p>Probaba esto que haba en La Habana alguien superior y ms privilegiado +que un segundo gnito de conde, aunque Grande de Espaa de primera +clase. En la acepcin recta de la palabra, no era demcrata Leonardo, +mas le disgust mucho el atropello del malojero y casi se alegr de las +mortificaciones que experiment su amigo en el paseo, cual si hubiesen +querido humillarle el orgullo. Evidente, pues, apareca que las +distinciones sociales del pas, slo aprovechaban en todas +circunstancias a la autoridad militar, ante la cual nobles y plebeyos +deban doblar la cerviz.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_IIIb" id="Capitulo_IIIb"></a><span class="smcap">Captulo III</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Y al comps se agitaban mil bellezas<br /> +Que ropajes fantsticos vestan,<br /> +Y a m cual las visiones se ofrecan<br /> +De un poeta oriental.</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">R. Palma</span></p></div> + + +<p>Aquella noche<a name="FNanchor_30_30" id="FNanchor_30_30"></a><a href="#Footnote_30_30" class="fnanchor">[30]</a> el teatro de la elegancia habanera sent sus reales en +la Sociedad Filarmnica. Brillaron all con todo su esplendor el gusto y +la finura de las seoras, lo mismo que el porte decente de los +caballeros. Adems de los socios y convidados de costumbre, asistieron +los seores cnsules de las naciones extranjeras, los oficiales de la +guarnicin y de la real Marina, los ayudantes del Capitn General y +algunos otros personajes notables por su carcter y circunstancias, como +fueron el hijo del clebre Mariscal Ney, que estaba viajando, y el +cnsul de Holanda en Nueva York.</p> + +<p>Hicironse notables los vestidos de tul bordados de plata y oro sobre +fondo de raso blanco, por ser de ltima moda e iguales al que Mme. +Minette hizo en Pars para la actual soberana de Espaa. Las mangas de +este traje conocidas con el nombre de a la <i>Cristina</i>, eran cortas, +abobadas y guarnecidas su parte inferior con encaje muy ancho. Tambin +se vieron otros de tul bordados con muchsima delicadeza, sobre fondo +celeste. Llamaron as mismo la atencin general los vestidos de tul +sobre raso blanco con guarnicin en puntas encontradas, adornadas stas +de encaje estrecho y mangas a la <i>Cristina</i>. Otros iguales a estos +ltimos, pero con diferentes guarniciones, pudieron sealarse, sin que +dejase de haber muchos ms cuya elegancia y gusto en nada desmerecan de +los ya descritos.</p> + +<p>Los peinados armonizaban con los vestidos. Llevaban unas turbantes +egipcios, otras plumas blancas puestas con mucho donaire; las ms, +jirafas de todos tamaos, adornadas con flores azules o blancas, +guardando unin con el color del traje, y algunas tenan lazos de oro +graciosamente colocados. Era grandioso y bello el efecto que produca la +reunin de tantas y tan hermosas lechuguinas. Animaba la concurrencia +una completa alegra, y rebosaba la sonrisa en los labios de todos. La +etiqueta, que generalmente caracteriza a los bailes de la Sociedad, no +se vio ms que en los vestidos de las seoras y en los trajes de los +hombres, los cuales lucieron a porfa sus recamados uniformes de +gentiles-hombres, de generales, de brigadieres, de coroneles, de altos +empleados, Cadaval y Lemaur sus fajas rojas de seda, al paso que los que +no posean ttulo ni condecoraciones se contentaron con la ltima moda +de Pars en semejantes reuniones.</p> + +<p>Adornaba la testera principal de la sala el magnfico dosel, cuyo centro +ocupaba el retrato del rey Fernando VII. Los paos de la pared sostenan +cuadros histricos y de las cornisas penda una colgadura de damasco +azul con pabellones blancos guarnecidos de vistosos flecos de seda, +sostenida por adornos dorados y clavos romanos, de los cuales caan con +gracia cordones y borlones de seda. El cielo raso de la sala estaba +vestido de damasco del mismo color de la colgadura.</p> + +<p>Cosa de las diez empez el baile y a las once el saln principal estaba +completamente lleno. En los intermedios servan sorbetes y refrescos de +todas clases en grandes bandejas de plata sostenidas por lacayos. Las +seoras que preferan tomarlos fuera del saln tenan preparada para +este efecto una sala alumbrada perfectamente, en donde estaba la +repostera y criados prontos para servirlas; pero la poltica y la +urbanidad de los socios y convidados les ahorr un trabajo que para los +caballeros se convierte en placer cuando se emplea en servicio de las +damas.</p> + +<p>La cena se principi entre doce y una de la madrugada, y consista en +pavo fiambre, jamn de Westfalia, queso, gigote excelente, ropa-vieja, +dulces secos, conservas, vinos generosos de Espaa y extranjeros, +chocolate suculento, caf y frutas de todos los pases en comercio con +la isla de Cuba. Y fue lo ms notable que, compitiendo la esplendidez de +la mesa con su prdiga abundancia, los manjares no costaban sino el +trabajo de pedirlos.</p> + +<p>Puede afirmarse sin temor de ser desmentidos que la elegancia y la +belleza de La Habana se haban dado cita aquella noche en la Sociedad +Filarmnica. Porque all estaba la marquesa de Arcos, hija del famoso +marqus Pedro Calvo, con Luisa, su hija mayor, entonces de quince aos +de edad. Por sta haba improvisado Plcido aquellos versos que dicen:</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 3em;"><i>Andaba revoloteando</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>En el ambiente exquisito,</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Muerto de sed un mosquito,</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Jugo de flores buscando;</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Lleg a tu boca, y pensando</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Que era una rosa o clavel,</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Introducindose en l,</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Porque all el placer le encanta</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Muri en tu dulce garganta,</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Como en un vaso de miel.</i></span><br /> +</p> + +<p>All las hermanas Chacn, que merecieron por su hermosura figurar en el +gran lienzo pintado por Vermay<a name="FNanchor_31_31" id="FNanchor_31_31"></a><a href="#Footnote_31_31" class="fnanchor">[31]</a> para perpetuar la memoria de la misa +que se celebr en la inauguracin del Templete de la Plaza de Armas. +All las Montalvo, de tipo teutnico, una de las cuales fue declarada +reina de la belleza, cuando la corrida de caas el ao anterior, en la +antigua plaza de Toros del Campo de Marte; all la Arango, clebre por +haber contribuido a la evasin del poeta Heredia, y que despus se cas +con un Ayudante de campo del Capitn General Ricafort; all las hermanas +Aceval, Venus de Milo en las formas, tan distinguidas por su talento +como desdichadas por sus pasiones; all las hermanas Alczar, modelos de +perfeccin, as por la simetra de sus menudas facciones, como por las +rosas de sus mejillas y el color negro de sus cabellos; all las Junco y +las Lamar, de Matanzas, conocidas bajo el potico vocativo de las Ninfas +del Yumur; all las tres hermanas de Gamboa, las cuales ya hemos tenido +ocasin de describir; all la Topete, hija del Comandante general del +Apostadero de La Habana, que ms adelante inspir a Palma su inmortal +<i>Quince de Agosto</i>, all la menor de las Gmez, Venus de Belvedere, +cuyo cabello castao, ondulante y copioso, llevaba suelto sembrado de +estrellas de oro; all, en fin, entre otras muchas que sera prolijo +enumerar, Isabel Ilincheta, hija del que haba sido asesor del Capitn +General Someruelos, quien posea los rasgos principales del tipo severo +y modesto celtbero, a que deba su origen.</p> + +<p>Como modelos de varonil belleza, entre los jvenes concurrentes al baile +de la Sociedad aquella noche, pudiera hacerse mencin del Teniente +coronel de Lanceros del Rey, Rafael de la Torre, quien unos das despus +muri estrellado contra las ruedas de los quitrines en el Paseo, junto +a la estatua de Carlos III, vctima de la fogosidad de su caballo; +Bernardo Echeverra y O'Gabn, que en los das de gala gustaba vestir el +uniforme de gentil-hombre de Cmara con entrada, por cuanto poda lucir +las bien hechas y rollizas piernas; Ramn Montalvo, en la flor de su +edad, bello como un ingls de la ms pura sangre; Jos Gastn, el +verdadero Apolo de Cuba; Dionisio Mantilla, recin llegado de Francia, +que vena hecho un cumplido parisiense; Diego Duarte, el feliz campen +de las corridas de caas celebradas el ao anterior, con motivo de las +nupcias de Fernando VII con Mara Cristina de Npoles; varios oficiales +de la marina y del ejrcito espaol en sus vistosos uniformes, ms +propios de una parada que de un baile particular.</p> + +<p>Tambin contribuy al lustre de la fiesta la presencia de algunos +jvenes que empezaban a distinguirse en el cultivo de las letras, a +saber: Palma, que haba sido uno de los competidores en la corrida de +caas; Echeverra empleado en la Hacienda, que el ao siguiente alcanz +el premio en el concurso potico abierto por la Comisin de Literatura, +con objeto de celebrar el nacimiento de la Infanta de Castilla, Isabel +de Borbn; Valds Machuca, conocido por <i>Desval</i> en la repblica de las +letras; Policarpo Valds, que se firmaba <i>Polidoro</i>; Anacleto Bermdez, +que sola publicar versos bajo el nombre de <i>Delicio</i>; Manuel Garay y +Heredia, que imprima sus versos en <i>La Aurora</i> de Matanzas; Vlez +Herrera, el autor del romance cubano <i>Elvira de Oquendo; Delio</i>, el +cantor de las ruinas del Alhambra; Domingo Andr, joven abogado, +elocuente y amable; Domingo del Monte, que introdujo el romance cubano, +de variados conocimientos y muy distinguido porte.</p> + +<p>Diego Meneses, Francisco Solfa, Leonardo Gamboa y otros varios, que +tambin se hallaban en el baile, si se exceptan el segundo que era dado +a los estudios filosficos, y el tercero que entraba ya en la clase +rica, no se hacan notables por su talento, aunque los tres solan +escribir en los peridicos literarios; y el ltimo pasaba, adems, por +mozo de buen parecer y varoniles formas. Los literatos, mejor dicho, los +aficionados a las letras, sobre todo los que cultivaban la poesa, +empezaban a tener entrada con la gente que poda tenerse por noble en +Cuba, o que aspiraba, por su caudal, a la nobleza y alternaba con ella. +Mostraban al menos distincin por ellos algunas familias tituladas de La +Habana y los atraan a sus fiestas y reuniones, entre otras, por +ejemplo, los condes de Fernandina, los de Casa Bayona, los de Casa +Pealver, los marqueses de Montehermoso y los de Arco. Dichas fiestas y +reuniones en los das de pascuas de navidad se trasladaban a los +lindsimos cafetales de San Antonio, de Alquzar, de San Andrs y de la +Artemisa, que pertenecan a la gente rica.</p> + +<p>No se presentaron en los salones de la Sociedad nuestros amigos Gamboa, +Meneses y Solfa, sino hasta cerca de las once de la noche. Durante las +primeras horas haban estado visitando los bailes de la feria del ngel, +el de Farruco y el de Brito, sin olvidar la <i>cuna</i> de la gente de color, +en la calle del Empedrado, entre Compostela y Aguacate. En ninguno de +esos sitios haban tomado ellos parte activa, si se excepta el primero, +quien al juego del monte perdi en un instante las dos onzas de oro que +aquella misma tarde le haba metido su madre en el bolsillo del chaleco. +No conoca el valor del dinero, ni jugaba por amor a la ganancia, sino +por el placer de la excitacin del momento; pero sucedi que los bailes +no le prestaron atractivo ninguno, desertados de las muchachas bonitas; +que no logr ver a Cecilia Valds en la ventana de la casa, ni en la +<i>cuna</i>, cosas todas que se conspiraron para ponerle de malsimo humor. +Para remate de desdichas, cuando perdidoso y disgustado volva con sus +amigos en busca del quitrn, que haba dejado apostado en la calle del +Aguacate al abrigo de las altas paredes del convento de Santa Catalina, +descubri que no estaba all, ni fue posible encontrarle sino media hora +despus y en punto opuesto y distante.</p> + +<p>Por otra parte, preguntado el calesero sobre el motivo que le indujo a +desobedecer una orden terminante de su joven amo, dio al principio +respuestas evasivas, y al fin, apretado, dijo que un desconocido, medio +cubierto el rostro con un pauelo, le haba forzado a abandonar el +puesto y fingir que se volva a casa, valindose de amenazas terribles. +No pareca creble el cuento: hubo empero que aceptarlo como bueno y +verdico; lo que, si cabe, aument el mal humor de Leonardo, porque en +caso de ser cierta la relacin del calesero, quin poda ser ese +sujeto, ni qu inters tener en que el carruaje aguardase en una u otra +esquina de la calle? Por qu emplear amenazas? Qu autoridad tena +para ello? Aponte no pudo decir si el desconocido era militar o paisano, +comisario de barrio o magistrado, hombre blanco o de color. Tal vez era +un inesperado y desconocido rival que de aquel modo se preparaba a +disputarle el cario de Cecilia Valds.</p> + +<p>Corroboraba tan desagradable sospecha, el hecho de que ni ella, ni su +amiga Nemesia se haban presentado en parte alguna de la feria del +ngel. Adems de eso, la circunstancia de no haber abierto la ventana, +an cuando Gamboa hizo la seal convenida pasando la punta del bastn +por los pocos balaustres que an le quedaban, casi no dejaba duda de que +algo extraordinario haba ocurrido en el humilde y oscuro hogar.</p> + +<p>Mas sea de esto lo que se fuere, que no hay tiempo de verificarlo ahora, +Leonardo Gamboa entr en el baile de la Filarmnica preocupado y de muy +mal talante. Armada sin embargo la danza, en la sala principal y el +aposento del palacio, bastante espaciosos por cierto, segn dice el +poeta:</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 2.5em;"><i>Una noche por fin: entre cristales</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>La luz reverberaba en los salones;</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Y la sangre inflamaba con sus sones,</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>La danza tropical;</i></span><br /> +</p> + +<p>no pudo nuestro hroe sustraerse a su arrobadora influencia. La +orquesta, que diriga el clebre violinista Ulpiano, ocupaba el +anchsimo corredor sobre la mano izquierda, como se sube de la regia +escalera de piedra oscura. Luego, a la derecha, estaba la puerta del +saln, enfrente de otra que daba sobre los ms amplios balcones, que +formaban los portales llamados del Rosario. Dejados los sombreros y los +bastones en manos de un lacayo negro, a la puerta de un cuarto +entresuelo que abra al descanso de la escalera de doble tramo, y +tendiendo la vista por el soberbio saln, que poda tener la carrera de +un caballo, si se nos permite la exageracin, descubrieron los +estudiantes que las animadas parejas le llenaban de extremo a extremo. +Reciban los hombres de espalda, y las mujeres de frente, mientras +esperaban su turno para hacer cedazo, el aire fresco de la media noche, +que entraba por las puertas y ventanas abiertas de par en par.</p> + +<p>Como hemos dicho antes, all se hallaba reunido lo ms granado y florido +de la juventud cubana de ambos sexos, entregada, por el momento al +menos, con alma y cuerpo a su diversin favorita. Y a la luz +deslumbrante de las araas de cristal, en olas de una msica tan +plaidera como voluptuosa, pues que procede del corazn de un pueblo +esclavizado, al travs de la nube sutil de polvo que levantaban los +bailarines con los pies, las mujeres parecan ms hermosas, los hombres +ms bizarros. Poda, pues, entregarse el nimo de la juventud a otros +pensamientos que los que le sugeran los halagadores objetos que tena +delante? No es posible.</p> + +<p>Gamboa se ocup, desde luego, en buscar compaera para tomar parte en el +baile, aunque no le gustaba mucho; pero Meneses, que rara vez bailaba, y +Solfa, que no bailaba nunca, se quedaron de espectadores en el medio del +saln, observando el ltimo, con sonrisa amarga, que mientras aquella +loca juventud gozaba a sus anchas de los placeres del momento, el ms +estpido y brutal de los reyes de Espaa pareca contemplarla con aire +de profundo desprecio desde el dorado dosel donde se vea pintada su +imagen odiosa.</p> + +<p>Andando con algn trabajo entre las apiadas filas de espectadores y +bailarines, tropez Gamboa con la ms joven de las seoritas Gmez, cuyo +retrato hemos hecho arriba a vuela pluma, en lo ms empeado de la +danza. Por todo saludo, sin dejar de girar, como una slfide, en brazos +de su pareja, le dijo ella antes con los ojos que con la lengua:—Ah +est Isabel.</p> + +<p>—Bailando? pregunt el joven.</p> + +<p>—Qu bailar! Esperando por Vd.</p> + +<p>—Por m? Qu descanso el suyo. Pues por un tris no vengo al baile esta +noche.</p> + +<p>En efecto, aquella seorita se hallaba a la sazn en toda apariencia +comiendo pavo, segn reza la frase vulgar en Cuba, es decir, sentada a +la izquierda, cerca de la puerta del aposento entre una seora de +mediana edad y el culto abogado Domingo Andr, con quien sostena +animada conversacin. No obstante su natural despreocupacin, sinti +Gamboa un arranque de celos que le fue imposible reprimir, no ya porque +estuviese de veras enamorado, sino porque el caballero en cuya compaa +la encontraba, era asaz galn y saba insinuarse en el nimo de las +mujeres discretas. De paso debemos decir, sin embargo, que el norte de +las galanteras de Andr por aquella poca, se dirigan a otra beldad +muy distinta de Isabel Ilincheta, la misma que perdi por tmido y que +gan por osado el literato dominicano Domingo del Monte, si no estamos +muy equivocados, en la noche de que estamos hablando. Por lo que hace a +Isabel, recibi a Leonardo con una sonrisa adorable, lo cual, lejos de +tranquilizarle, fue parte a causarle mayor desazn. Cambiados los +saludos de costumbre, pues la compaera de Isabel, madre de las Gmez, +era amiga del joven estudiante, lo mismo que Andr, en prueba de que no +tena nada de coqueta, tampoco de vengativa, dijo muy risuea:</p> + +<p>—Deca a este caballero poco hace, que tena comprometida esta danza, y +no me quiere creer.</p> + +<p>—Es que Vd. no ha bailado ninguna todava, que yo sepa, repuso Andr.</p> + +<p>—Cierto que dos se han bailado solamente, replic Isabel sin cortarse, +pero hasta ahora que se baila la tercera, no ha venido Vd. a invitarme.</p> + +<p>—Lo que quiere decir en sustancia, continu Andr, que he llegado en +hora menguada. Cmo ha de ser!</p> + +<p>—Esta seorita tiene razn, interpuso Leonardo repuesto de su embarazo. +Por compromiso anterior, en cualquier baile donde nos encontremos, me +reserva ella la tercera danza. No he podido llegar, pues, a mejor hora +segn veo. Por eso se dice que ms vale llegar a tiempo que rondar un +ao.</p> + +<p>—Ya, exclam el galante abogado, el caso es que con las buenas mozas +pocos somos los que llegamos a tiempo.</p> + +<p>Andr salud y fue a formar coro a las dos hijas del potentado Aldama, +de las cuales la menor, de nombre Lola, ceda a muy pocas aquella noche +la palma codiciada de la belleza. Entretanto Leonardo e Isabel, cogidos +por la mano, se metieron en las filas de la danza, no distante de la +cabecera, mediante el favor de amigos mutuos, que, aunque llegaron +tarde, no les dejaron incorporarse a la cola, como era de rigor. La +cubana danza sin duda que se invent para hacerse la corte los +enamorados. En s el baile es muy sencillo, los movimientos cmodos y +fciles, siendo su objeto primordial la aproximacin de los sexos, en un +pas donde las costumbres moriscas tienden a su separacin; en una +palabra, la comunin de las almas. Porque el caballero lleva a la dama +casi siempre como en vilo, pues que mientras con el brazo derecho la +rodea el talle, con la mano izquierda la comprime la suya blandamente. +No es aquello bailar, puesto que el cuerpo sigue meramente los compases; +es mecerse como en sueos, al son de una msica gemidora y voluptuosa, +es conversar ntimamente dos personas queridas, es acariciarse dos seres +que se atraen mutuamente, y que el tiempo, el espacio, el estado, la +costumbre ha mantenido alejados. El estilo es el hombre, ha dicho +alguien oportunamente; el baile es un pueblo, decimos nosotros, y no hay +ninguno como la danza que pinte ms al vivo el carcter, los hbitos, el +estado social y poltico de los cubanos, ni que est en ms armona con +el clima de la Isla.</p> + +<p>La noche en cuestin luca Isabel Ilincheta a maravilla las gracias +naturales de que la haba dotado el cielo. Era alta, bien formada, +esbelta, y vesta elegantemente, conque siendo muy discreta y amable, +est dicho que deba llamar la atencin de la gente culta. Hasta la +suave palidez de su rostro, la expresin lnguida de sus claros ojos y +finos labios, contribua a hacer atractiva a una joven que, por otra +parte, no tena nada de hermosa. Su encanto consista en su palabra y en +sus modos. Entraba en la pubertad cuando perdi a su madre, y para +educarla, lo mismo que para libertarla de los peligros del mundo, su +padre la puso al cuidado de las religiosas Ursulinas, venidas de Nueva +Orleans y establecidas en su convento de puerta de Tierra desde +principios de este siglo. Despus de un pupilaje de ms de cuatro aos, +en que recibi una educacin antes religiosa que erudita y completa, se +retir al campo, en el cafetal de su padre, cerca de la poblacin de +Alquzar, junto con su hermana menor, Rosa y una ta, viuda de un +cirujano de marina, de nombre Bohorques. Este individuo haba hecho +varios viajes a la costa de frica en las expediciones despachadas por +cuenta de la sociedad de Gamboa y Blanco. Contrajo de esas resultas una +enfermedad terrible, muri en la travesa y le arrojaron al agua, cual +otros muchos de los infelices salvajes a quienes haba ayudado a plagiar +de su nativo suelo. En ms de una ocasin fue la viuda, con tal motivo, +el objeto de la munificencia de don Cndido Gamboa. Leonardo la visit +en el cafetal de Alquzar, y no pudo menos de enamorarse de la sobrina, +cuya modestia y gracias realzaban su clara inteligencia y fina +discrecin.</p> + +<p>No haba nada de redondez femenil, y, por supuesto, ni de voluptuosidad, +ya lo hemos indicado, en las formas de Isabel. Y la razn era obvia: el +ejercicio a caballo, su diversin favorita en el campo; el nadar +frecuentemente en el ro de San Andrs y en el de San Juan de Contreras, +donde todos los aos pasaba la temporada de baos; las caminatas casi +diarias en el cafetal de su padre y en los de los vecinos, su exposicin +frecuente a las intemperies por gusto y por razn de su vida activa, +haban robustecido y desarrollado su constitucin fsica al punto de +hacerle perder las formas suaves y redondas de las jvenes de su edad y +estado. Para que nada faltase al aire varonil y resuelto de su persona, +debe aadirse que sombreaba su boca expresiva un bozo oscuro y sedoso, +al cual slo faltaba una tonsura frecuente para convertirse en bigote +negro y poblado. Tras ese bozo asomaban a veces unos dientes blancos, +chicos y parejos, y he aqu lo que constitua la magia de la sonrisa de +Isabel.</p> + +<p>No debe extraarse que, siendo Leonardo un tanto descredo y despegado, +sintiese pasin por una joven tal como la que acaba de describirse. +Entraba l por las puertas doradas de la vida. A pesar de sus +connotaciones y de su riqueza, no haba tenido an trato con las mujeres +de su esfera y educacin, ni haba empezado a buscar en ellas tampoco la +compaera futura de su vida. La aspereza suya no era sino externa, +estaba en sus maneras bruscas, porque all en el fondo de su pecho, como +habr ocasin de observarlo, haba raudal inagotable de generosidad, +ternura de sentimientos. Dios, por dicha, no le haba negado la +capacidad de amar, slo que las mujeres con quienes hasta all haba +tropezado, o haban cedido a la fogosidad de sus afectos, a la +intrepidez de sus pocos aos, o a la influencia de su <i>lluvia de oro</i>. +Ninguno de estos mviles poda tener ascendiente en el nimo de una +joven rica, bien educada, modesta y virtuosa como Isabel Ilincheta. +Atrado Leonardo primero por sus prendas fsicas, seducido despus por +sus relevantes dotes morales, comprendi desde luego que para ganar su +afecto fuerza era tocar su corazn, hablar a su entendimiento. Por otra +parte, aquella mujer que se presentaba a los ojos de Leonardo bajo un +nuevo aspecto, habitaba el trasunto del paraso terrenal cuando la vio +por la primera vez.</p> + +<p>Si podemos prescindir del esclavo y de sus padecimientos, que son, sin +embargo, ms llevaderos en los cafetales, se convendr en que Isabel, su +hermana Rosa, su ta doa Juana, su padre y criados, llevaban una vida +de paz y quietud, lejos del bullicio de la ciudad, rodeados de olorosas +flores, de los cafetos y naranjos siempre verdes, de las airosas palmas, +del clsico pltano, embebecidos con el canto perenne de las aves y el +susurro melanclico de la brisa en los campos de Cuba. Hasta la estacin +de los aguinaldos y de los azahares, en que Leonardo conoci a Isabel, +contribuy a rodearla de encanto a sus ojos y a despertar en su pecho +algo que no haba sentido nunca a los 21 aos de su vida: el amor.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_IVb" id="Capitulo_IVb"></a><span class="smcap">Captulo IV</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Princesa.—Su nombre al menos</i>,<br /> +<i>Rey.—Nunca, nunca, nunca.</i></p> + +<p>Sueos de amor y ambicin.</p></div> + + +<p>El callejn de la Bomba, como el de San Juan de Dios, que parece ser su +continuacin, se compone de dos cuadras. Es, si cabe, ms estrecho, +hondo y hmedo, an cuando sus casas son en general ms amplias. En una +de stas, inmediato a la calle del Aguacate, viva Nemesia Pimienta con +su hermano Jos Dolores, ocupando dos cuartos seguidos, cuyo mueblaje se +reduca a un par de sillas, un columpio, una mesita de pino y un catre +de viento, que se abra de noche y se cerraba de da, a fin de despejar +el campo.</p> + +<p>Anochecido ya, Nemesia sali de la sastrera de Uribe y se encamin a +paso menudo hacia el barrio del ngel. Prefiri para ello la calle del +Aguacate, que si bien ms solitaria y oscura, por la ausencia de +establecimientos pblicos, conduca derecho a dos puntos en donde de +paso quera detenerse. Cuando lleg a las cuatro esquinas formadas por +la calle de O'Reilly y la traviesa que llevaba, se detuvo un breve rato, +pensativa e indecisa. Mir primero atrs, luego a su derecha, despus +adelante, fijando la mirada en la ventanilla de la casucha inmediata a +la taberna de la izquierda, aunque por estar en lnea paralela a la +observadora, slo se distinguan las molduras de los balaustres que +sobresalan un poco del plano de la pared. Difcil era, pues, saber si +haba o no persona asomada all o a la puerta. En consecuencia, la +mulata se traslad a la esquina de abajo y dio un silbido peculiar muy +agudo, haciendo pasar el viento con fuerza por entre los dientes del +medio de la mandbula superior.</p> + +<p>Algunos segundos despus vio asomar por los balaustres de la ventana un +canto de la cortina blanca; pero al acudir al reclamo, not que +descenda del terrapln del convento un caballero a paso largo, que se +diriga derecho al punto objetivo de sus miradas. Estvose a observar lo +que pasaba. Quin sera ese sujeto? Quin le aguardaba en aquella +casa? Vesta de frac oscuro, pantaln claro y sombrero de ala angosta y +copa desproporcionadamente ancha, sobresalindole por detrs el cuello +blanco y recto de la camisa. No era joven, ni anciano, sino de mediana +edad. A pesar de la oscuridad, todo eso lo pudo notar Nemesia a la corta +distancia a que se encontraba, que no exceda de treinta pasos. Su +porte, sus movimientos acompasados y firmes, no podan confundirse con +los de un mozalbete ni de un viejo.</p> + +<p>Se dirigi, sin embargo, con aparente cautela al punto donde se vea el +canto de la cortina blanca, sostuvo un breve dilogo con la persona que +se hallaba oculta detrs de sus pliegues, y entonces, a paso largo +sigui al abrigo de las altas paredes del convento, la vuelta de la +Punta. Nemesia le perdi bien pronto de vista en la oscuridad; pero no +le qued duda de que le esperaba un carruaje a mediados de la cuadra, +porque oy distintamente el ruido de las ruedas en las piedras de la +calle, corriendo en sentido opuesto a aqul en que ella estaba, y +favorable al que segua el desconocido.</p> + +<p>Aguijada por la curiosidad, volvi la muchacha a silbar como lo haba +hecho antes; le contestaron desde la ventanilla moviendo la cortina +blanca, y acudi al punto; pero en vez de su querida amiga Cecilia, +slo encontr a la abuela. Cul de las dos mujeres haba recibido y +hablado con el caballero del frac oscuro y el sombrero de copa abultada? +Nuevo motivo de curiosidad y de mayor confusin.</p> + +<p>—Ah! Era Vd., Chepilla? exclam Nemesia.</p> + +<p>—Entra, le dijo sta, pasando a la puerta y quitando con la punta del +pie la media bala que la aseguraba.</p> + +<p>No se hizo de rogar la muchacha. Pareca seria y desazonada la abuela; y +la nieta, sentada en un rincn, con el traje flojo, el aspecto +desaliado, la cabeza doblada sobre el pecho, los brazos extendidos y +los dedos cruzados en la falda, era viva imagen del abatimiento y de la +desesperacin.</p> + +<p>—Entra, hija ma. Seas bienvenida, repiti Chepilla. Entra y sintate; +hazme el favor de sentarte, aadi notando que la moza se mantena en +pie, como azorada y confusa.</p> + +<p>—Ya es tarde y estoy de prisa, repuso sta dejndose caer maquinalmente +en la butaca de cuero delante del nicho en que se veneraba la imagen de +la Dolorosa.</p> + +<p>Iba Chepilla a repetir la instancia, pero visto que la recin llegada se +sentaba sin ms demora, se qued parada entre ella y su nieta.</p> + +<p>—Deca, agreg Nemesia a poco rato, que es tarde y vena de prisa. Fui +a llevar unas costuras al taller de <i>se</i> Uribe, y <i>me se</i> ha hecho de +noche. Porque resulta que Clarita su mujer es muy conservadora, y +despus quiso que la ayudara a cerrar la saya de un tnico que est +haciendo para la Nochebuena chiquita.<a name="FNanchor_32_32" id="FNanchor_32_32"></a><a href="#Footnote_32_32" class="fnanchor">[32]</a> Jos Dolores debe de estar +esperndome. El sali del taller mucho antes que yo, pues tena que +tocar en la salve del Santo ngel Custodio. Por cierto que ha habido +mucha gente de fuste esta tarde en la sastrera, todos a buscar ropa +para un baile en la Filarmnica, y para las Pascuas de Navidad. A <i>se</i> +Uribe hay que hacerle el encargo con tiempo. Bien que el trabajo le +llueve. Todos dicen que est haciendo mucho dinero, pero es ms +gastador... Mas ahora que me acuerdo, qu sucede por ac? Parecen Vds., +muy atribuladas, dijo Nemesia notando que ninguna de las dos mujeres le +prestaba atencin.</p> + +<p>Suspir Cecilia nicamente y la abuela dijo:</p> + +<p>—No es cosa lo que sucede; slo que esta muchacha (sealando para la +nieta con un movimiento de los labios) parece poseda... Dios nos +asista! (y se persign). Iba a decir un disparate. Quiero que seas el +juez y la consejera en este caso, aunque t puedes ser dos veces mi +hija. Por eso te he hecho entrar. Vamos, dime, hija ma, qu haras t +si tu protector, tu amigo constante, tu nico apoyo en el mundo, como si +dijramos, tu mismo padre, que es verdaderamente un padre para nosotras +pobres, desvalidas mujeres, sin otro amparo bajo el cielo, qu haras +t si te aconsejaba, vamos, si te prohiba el que hicieras una cosa? Di, +t lo haras? T le desobedeceras?</p> + +<p>—Mamita, salt y dijo Cecilia sin poder contenerse; su merced no ha +pintado el caso como es.</p> + +<p>—Cllate, replic la abuela con imperio. Deja que Nemesia conteste.</p> + +<p>—Pero su merced parte de un principio equivocado, y Nene no puede +contestar derecho, aunque quiera. Su merced dice que nuestro amigo, +nuestro protector, nuestro apoyo y qu s yo qu ms, ha rogado y ha +prohibido que hagan y deshagan. Y en primer lugar, la persona a que su +merced se refiere, no creo que es nada de lo que su merced dice para +nosotras, al menos para m. En segundo lugar, por ms que me devano los +sesos, no veo la razn ni el derecho que tenga para meterse en mis cosas +y ver si salgo, o si entro, si me ro o si lloro... Voy a acabar, +agreg Cecilia de pronto, advirtiendo que la abuela iba a cortarle la +palabra. Sobre todo, su merced no tena para qu haberme <i>rompido</i> el +tnico de punto de ilusin y la peineta de teja, slo por darle gusto a +un viejo que me tiene ojeriza, y est celoso porque yo no lo quiero ni +lo querr nunca, as...</p> + +<p>—No creas nada de lo que dice esa chica, la interrumpi la anciana.</p> + +<p>—Pues no me rompi su merced el tnico y la peineta? Por culpa de +quin fue? No fue por culpa de ese viejo narizn que Dios...?</p> + +<p>—Calla, calla, le ataj la abuela. No blasfemes despus de haber +rabiado, porque creer que ests en pecado mortal. Si se rompi el vuelo +del vestido no fue porque te propusiste ponrtelo contra mi expresa +voluntad? Quin tuvo la culpa de que se cayera y se quebrara la +peineta? T, nadie ms que t, porque si no tuvieras esos actos de +soberbia, nada de eso hubiera sucedido. S, s, es preciso que te +confieses, es preciso que hagas penitencia, que te arrepientas de tus +pecados y que te enmiendes. Ests en pecado mortal, y si sigues as vas +a parar en mal. Hay que poner remedio a esto en tiempo.</p> + +<p>—Esa s que est mejor! continu Cecilia a pesar de los ojos que le +echaba la abuela. Nunca haba odo decir que era pecado no querer a +quien no le gusta a uno.</p> + +<p>—Y quin te dice que le quieras, espiritada? exclam la Chepilla con +vehemencia. El te enamora acaso? El pecado consiste en no agradecer los +favores que nos hacen y en morder la mano que nos acaricia.</p> + +<p>—Vamos a ver, cules son los favores de que habla su merced? La +mesada que nos pasa? Los regalos que me hace de Corpus a San Juan? Dios +y l slo saben el motivo que le gua. No es extrao, muy extrao, que +sea tan generoso con nosotras, pobres mujeres de color, un hombre +blanco y rico que no es nada de su merced, ni mo tampoco?</p> + +<p>—Y vuelta, Cecilia? No prosigas ni ensartes ms disparates. El enemigo +malo nicamente pudiera inspirarte unas ideas tan contrarias a la +humildad y a la caridad cristianas. Cmo puede ser buena hija, buena +esposa, buena madre, ni buena amiga, la mujer que no agradece favores ni +paga beneficios? Por pequeos que sean (que no lo son) los favores que +nos hace el caballero dicho, nuestro deber es agradecrselos, ya que no +podemos otra cosa. Es grave pecado pagar bien con mal. Tus murmuraciones +y tu ingratitud nos van a costar muy caro.</p> + +<p>—No s cmo su merced entiende mi conducta con l. Apenas le conozco. +Ni le doy ni le quito; lo que no quiero es que me mande y se meta en mis +cosas.</p> + +<p>—Es que t tampoco parece que lo entiendes a l. Si desea que no hagas +esto o aquello, es por su bien o por tu bien? Si aprueba o desaprueba +algo de lo que t dices o haces, qu mejor prueba puede darse de su +cario para contigo, y de su buen corazn? Figrate, Nemesia, que el +individuo de que hablamos (bueno es que t lo sepas) es una dama en su +trato, y su generosidad para nosotras tan grande como desinteresada, y +debe dolerle muchsimo...</p> + +<p>—Desinteresada? repiti Cecilia. He ah lo que no puedo...</p> + +<p>—No me interrumpas, nia; estoy hablando con Nemesia. Nos da cuanto +necesitamos y muchas cosas que apetecemos. Apenas le indico un deseo de +esta nia, cuando se apresura a complacerla. Di que no. Preciso es que +no tengas conciencia si lo niegas.</p> + +<p>—Y no lo niego. Todo eso es muy cierto, pero por qu lo hace?</p> + +<p>—Lo mejor de todo, prosigui la Chepilla, es que de m no exige nada, y +de ti no espera otra cosa que cario, gratitud, y... respeto.</p> + +<p>—Hete aqu la que me mata, salt otra vez Cecilia con vehemencia. +Sabes t, Nene, de alguna persona que d palos de balde? Yo no la +conozco. Que no exija nada de mamita, se comprende; pero que espere de +m slo cario, gratitud y respeto, como dice ella, eso que lo crean los +tontos. T sabes de quin hablamos. No es as? Pues bien, el tal no se +puede tener en rigor por viejo. Le sobra el dinero y ha sido toda su +vida, segn dice mamita, un correntn y enamorado como hay pocos. Hasta +ayer, como quien dice, segn me ha contado mamita, a pesar de ser casado +y con hijos, mantena mujeres, con preferencia las de color. Ha perdido +ms muchachas que pelos tiene en su cabeza; y mamita parece empeada en +hacerme creer que su generosidad conmigo es inocente y desinteresada. +Quien no lo conozca que lo compre.</p> + +<p>—Hablas por hablar, nia, dijo la abuela al cabo de un largo espacio de +meditacin y de silencio. Nada de lo que has dicho viene al caso, ni se +trata de eso tampoco. Se trata de que t no le complaces, ni le tienes +voluntad a una persona que es tan buena contigo y slo le lleva el bien +que te puede resultar de que hagas o no hagas ciertas cosas. <i>Verbi +gratia</i>: por qu habas de salir esta noche si l no quera que +salieras? Cuando l se opona, algn motivo tena. Ese motivo no puede +ser otro que tu bien. Considera, Nene, agreg la anciana en tono ms +blando, que poco antes de llegar t estuvo aqu el buen seor... No +entr. Qu! El nunca entra. Lo primero que hizo fue preguntar por +Cecilia. Siempre pregunta y se ocupa mucho de ella, por supuesto +desinteresadamente; quiero decir, sin otra mira que la de saber cmo va +de salud. T lo sabes, Nemesia; al menos me lo has odo decir muchas +veces... Estuvo por la ventana... Slo un momento. Luego que pregunt +por la salud de Cecilia, como te he dicho, con mucho inters, con el +inters de un... As que le dije que ella se preparaba para ir a la +<i>cuna</i> del ngel, me dijo muy agitado, s, muy agitado, se le conoca, +porque hasta le temblaba la voz:—No la deje ir, <i>sea</i> Chepa, no la +deje ir, detngala; esa chica busca su perdicin... (Ese es su modo de +hablar). No la deje ir, detngala, en otra ocasin le explicar lo que +pasa. Luego se fue, arrimadito a la pared como si temiera de que lo +viesen. Al irse me puso una onza de oro en la mano para zapatos para +Cecilia. Puede darse mayor generosidad ni nobleza de alma? Estar +enamorada una persona que siempre obra as? Vamos. Di. Ves en esto +inters malicioso, celos mundanos, amor? De esa manera enamoran los +hombres de su edad hoy en da? Bien, qu te parece, Nemesia? Qu +opinas?</p> + +<p>—Yo, en verdad, contest Nemesia, consultando con la vista el semblante +de su amiga, no s qu decir, ni me atrevo a dar una opinin franca. Sin +embargo, aadi luego ms animada: yo que Cecilia me rea de todo eso, +en vez de ponerme brava. Si el hombre estaba enamorado de veras, porque +lo estaba, y si no para burlarse de l y que me pagase por todo lo malo +que me hicieran los dems. A m no me importara un comino que uno como +se me hiciera la rueda y me celara a todas horas; mientras me daba +dinero, le pagaba con sonrisas. Y no se diga que yo proceda mal, ni +cometa un pecado, porque los hombres son todos falsos, fingen amor +cuando no lo sienten, y tienen tantas tretas que es difcil conocer +cuando quieren de verdad y cuando se proponen engaar a las pobres +mujeres. Piensa mal y acertars, dice el proverbio. Qu dao te puede +resultar tampoco, Celia, de no ir esta noche a la <i>cuna</i>?</p> + +<p>—Dao ni bien no me poda resultar de ir o no ir esta noche, claro +est, replic Cecilia. El caso es que el hombre de que habla mamita se +ha propuesto meterse en mis negocios y gobernarme, por puro capricho o +por gana de moler la paciencia, y eso es lo que hallo intolerable.</p> + +<p>—Est bien, mujer, observ Nemesia blandamente; mas no veo que te cause +ninguna extorsin con meterse.</p> + +<p>—Cmo que no? repuso Cecilia prontamente. Mamita toma su parte desde +luego, y me regaa, y me pelea, y me rompe el tnico para que me quede +en casa y le d gusto al viejo majadero. Te parece poco?</p> + +<p>—Ya, a m tampoco me gusta que se meta <i>naiden</i> en mis negocios. Con +todo, a veces tiene una que hacerse la boba, a fin de sacar mejor +partido de ciertos hombres. A se se le ha metido en la cabeza mandarte +y celarte; djale seguir su capricho, mujer; haz que le das gusto; no le +deseches de una vez; sonrete con l, por lo menos mientras se muestra +dadivoso, y gozars y vivirs hasta ponerte vieja.</p> + +<p>Por entonces la conversacin se concretaba a Nemesia y su amiga, porque +la anciana haba vuelto a su butaca y a sus cavilaciones.</p> + +<p>—Mira, prosigui aqulla, que el que se apura se muere. Por otra parte, +ten por seguro que ningn viejo por marrullero que sea es peligroso para +una muchacha como t.</p> + +<p>—No, yo no lo creo peligroso, no le temo ni un tantico, dijo Cecilia. +Yo soy muy independiente y no consentir jams que nadie me gobierne, +mucho menos un extrao.</p> + +<p>—Extrao! repiti la abuela para s, con voz ronca y profunda.</p> + +<p>Las dos muchachas se miraron como azoradas, as por el tono como porque +ambas la creyeron absorbida completamente en sus tristes pensamientos.</p> + +<p>—Su hijo, prosigui Nemesia en baja voz. T me entiendes... Ese s que +es de temer... Joven, bien plantado, rebosndole la gracia por todas +partes, con mucha labia y dinero para derramarlo como quien derrama +agua... No hay mujer de corazn que se resista. Es verdad, china? No es +posible verlo y orlo sin quererlo. Yo me guardara de un hombre como l +como del diablo. Ya le ha dado quebraderos de cabeza a ms de una +muchacha. Tiene a quien salir.</p> + +<p>Continuaba la Chepilla en su abstraccin, sin or ni entender, en la +apariencia, las palabras de Nemesia. Cecilia al contrario, desde que su +amiga mencion a su amante, se volvi toda odos, comprendiendo que ella +se propona comunicarle alguna noticia importante.</p> + +<p>—Pues como te iba diciendo, aadi Nemesia, cuando sal de la sastrera +de <i>se</i> Uribe, tom por la calle del Aguacate, y al enfrentar con la +casa de las Gmez, que sabes t est detrs del convento de las monjas +Teresas, o msica y voces de hombres y mujeres. Me arrim a una de las +ventanas que tiene el poyo alto. Estaban abiertas las hojas y las +cortinas echadas. Haba en la sala una gran reunin: tocaban, cantaban y +bailaban. Qu da es hoy? Ah! El 27 de Octubre. Toma! Si es el santo +de la ms chica de las Gmez, Florencia! Por eso estaba vestida de +blanco y tena el cabello suelto, y muy crespo para ser de mujer blanca. +Cuando menos... Eso s hermossimo, porque es largo y abundante, aunque +me gustara de color ms oscuro.</p> + +<p>Cecilia dio un suspiro y Nemesia continu ya sin ms rodeos:</p> + +<p>—Deca que rodeaban a Florencia delante del piano varias seoritas y +caballeros. Sabes quin estaba all tambin? S, no me cabe duda, era +ella. Te acuerdas de la muchacha alta, plida, buena moza, que te dije +pas por la Loma del ngel en el quitrn de las Gmez, la maana de San +Rafael? La misma. Conversaba con Meneses, el amigo de... t sabes. Por +all estaba el otro tambin, que siempre anda junto con los dos +individuos... Cmo se llama? Sola, Sofa. Ah! Ya, Solfa. Pero el +individuo no estaba, mencionaron su nombre nicamente. Estoy cierta que +lo mencionaron...</p> + +<p>—Quin lo mencion? pregunt Cecilia con ansiedad.</p> + +<p>—No te pudiera decir lo cierto; mas si no me engao, entre Meneses y la +muchacha plida. Ellos hablaban de l. Segn entend, todos iban al gran +baile que se da esta noche en la Filarmnica.</p> + +<p>—Lo tema, dijo Cecilia.</p> + +<p>—Ay! exclam Nemesia. Ahora caigo para quin era el chaleco de seda +que tuve que hacer con tanta premura. Oh! Si lo averiguo antes no me +apuro para acabarlo en tiempo. Cos hasta bien tarde de la noche, porque +me lo dieron ayer tardecita y se quera para hoy a las tres. Quin lo +hubiera adivinado! Al menos no hubiera ido l al baile de la gente +blanca con un chaleco hecho por m. Para lucrselo a Dios sabe quin. +Nadie sabe para quin trabaja. Digo esto por ti, chinita, porque a m no +me va ni me viene. El no me pertenece; slo me intereso por ti, que has +puesto tu cario... Cuidado que los hombres son ingratos! Pero ms vale +callar y no ponerle ms lea al fuego.</p> + +<p>Bastaba, en efecto, y sobraba lo dicho para poner en ascuas a una joven +menos fogosa que Cecilia. A medida que la amiga fue desarrollando su +pensamiento, pues lo haba de seguro en las noticias que comunic y an +en el modo de comunicarlas, fue creciendo su clera y desazn. Qu +hacer en aquellas circunstancias a fin de impedir, si era tiempo, que el +individuo, segn Nemesia, se viese en la Filarmnica con la seorita +desconocida? Eran celos, rabia, desesperacin lo que senta. No caba en +la silla, cerca de la ventana. Se levant varias veces en ademn de +entrar en el aposento, sin duda para mudarse de traje y salir a la +calle, y otras tantas volvi al asiento. La sangre estaba a punto de +ahogarla.</p> + +<p>La abuela entre tanto segua como absorbida en devotas oraciones, +sobando, al parecer, con el pulgar e ndice de la mano derecha, una tras +otra, las cuentas negras del rosario que tena en el regazo, y con los +ojos cerrados. Nemesia miraba de soslayo a su amiga, lea, como al +travs de un cristal pursimo, la fiera batalla que se libraba en su +pecho, y de cuando en cuando se sonrea ligeramente, cual si hubiera +previsto todo aquello, o no temiese que tuviera un resultado +desagradable. Al cabo Cecilia se desplom en la silla, exhal un suspiro +profundo y murmur:</p> + +<p>—Ms vale que no; yo s lo que he de hacer. De m no se burla nadie... +Casi me alegro... No salgo a ninguna parte.</p> + +<p>Chepilla alz entonces la vista y mir a la nieta con cierta alegra +mezclada de compasin. Por su parte Nemesia, en toda apariencia +satisfecha, ms diremos, orgullosa de que su venida hubiese surtido todo +el efecto deseado, se march, despidindose cariosamente de sus +amigas.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_Vb" id="Capitulo_Vb"></a><span class="smcap">Captulo V</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>An pienso estaros mirando...</i><br /> +<i>La faz terrible y airada,</i><br /> +<i>La vista desencajada,</i><br /> +<i>El ltigo vil sonando.</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">J. Padrez</span></p></div> + + +<p>Llegaba Nemesia a la puerta de su casa, a tiempo que sala de ella su +querido hermano Jos Dolores con el clarinete en la funda debajo del +brazo y un rollo de papeles de msica en la mano. Segn costumbre, +caminaba cabizbajo y meditabundo. Por esta razn y por estar muy oscura +la calle, no habiendo tampoco luz en la casa, por poco se cruzan los +hermanos sin reconocerse, a pesar de la proximidad. As como as, ella +le reconoci primero, se le atraves en el camino y le pregunt +repitiendo dos versos de una cancin tan popular entonces como llena de +malicia:</p> + +<p>—A dnde vas con ese gato y la noche tan oscura?</p> + +<p>—Qu! dijo Jos Dolores sorprendido. Ah! Eres t? Me cans de +esperarte.</p> + +<p>—Tan temprano para el baile?</p> + +<p>—Pues, qu hora es?</p> + +<p>—Tocaban a vsperas ahorita mismo en Santa <i>Catarina</i>, cuando pas por +el costado del convento.</p> + +<p>—Te equivocas; debe ser ms tarde de lo que t te figuras.</p> + +<p>—Puede ser, porque traigo la cabeza como un giro, y no s lo que me +pasa.</p> + +<p>—Pues qu sucede, hermana? Despacha que estoy de prisa.</p> + +<p>—Bien. No quiero detenerte mucho. Sin embargo, creo que tenas tiempo +de tomar un bocado... Una taza de caf.</p> + +<p>—Ya anduve yo ese camino. Tom caf con leche, pan y queso, y esto me +basta hasta media noche en que har por tomar gigote o cosa as. Di.</p> + +<p>—En la casita a la otra puerta de la taberna de la esquina de la calle +de O'Reilly, t me entiendes, ha habido una <i>San Francia</i> esta noche.</p> + +<p>—Cmo as? Y t parece que te alegras.</p> + +<p>—Hay de todo. Te dir. Pasaba yo por all... <i>Sea</i> Clara me detuvo ms +de lo regular en la sastrera. Pues pasaba por all, aunque era bastante +tarde, porque haba quedado con Cecilia en que daramos una vuelta por +el ngel despus de la salve. Ella sospechaba que el individuo que +estuvo esta tarde en la sastrera a buscar su ropa nueva iba al baile de +Farruco para verse con la muchacha del campo del da de San Rafael, y se +propona pillarlo <i>en fragante</i>. Clculos de mujer celosa. Apenas llegu +a la esquina vi acercarse un hombre a la ventana de la casita y hablar +con una persona que estaba detrs de la cortina. Aquello pic ms mi +curiosidad, y as que se separ el hombre me acerqu yo... Y con quin +te figuras t que me top? Con Chepilla. Me hizo entrar. Acababa de +haber all una de mar y morena. Parece que Cecilia se haba vestido para +salir conmigo; y la abuela, en la brega de impedrselo, le rompi el +tnico y la peineta de teja. Todo eso sucedi en un momento.</p> + +<p>—Pobre muchacha! exclam el msico compadecido.</p> + +<p>—Cecilia es muy cabezadura. Cuando se le pone una cosa, eso ha de ser; +de manera que la abuela vio los cielos abiertos luego que yo me +aparec. Ya ella no puede con la nieta. Pues bien, me hizo entrar para +ver si entre las dos logrbamos que Cecilia no saliera.</p> + +<p>—Lo lograron? pregunt Jos Dolores con muestras de inters.</p> + +<p>—Por supuesto, dijo Nemesia con intencin. Yo saba por donde atacarla +y no erre el golpe. La abuela no quera que la nieta saliera; yo tampoco +quera, y sucedi que el hombre del barrio de San Francisco que las +mantiene, lo haba prohibido. Ese fue, como luego supe, el que estuvo +por la ventana hablando con Chepilla antes que yo.</p> + +<p>—Qu es <i>l</i> de <i>ella</i>? Quisiera saberlo.</p> + +<p>—Yo, verdaderamente, no lo s. A veces <i>me se</i> figura que es mucho +cuidado el suyo para mero enamorado...</p> + +<p>—Si ser su padre! <i>Se</i> Uribe cree a puo cerrado que lo es y +sostiene que la madre vive. Pero dnde est la madre? Quin la conoce? +Quin la ha visto?</p> + +<p>—Eso es lo que yo digo.</p> + +<p>—Ah tienes. Yo me tengo tragado que el padre y el hijo estn +enamorados de Cecilia hasta la punta del pelo.</p> + +<p>—Puede ser, hermana, porque se han visto muchos de esos casos en el +mundo. Ella preferir al hijo...</p> + +<p>—Se entiende, y quin no preferira el joven al viejo?</p> + +<p>—La hermosura de Cecilia ser al fin la causa de su perdicin. Qu +puede esperar ella de esos dos blancos? El viejo quizs le d dinero, +lujo y cuidados, mas el joven...? Este no es posible que se case con +ella; gracias si la toma de querida por algn tiempo, se fastidia y la +deja con dos o tres hijos el da menos pensado. Yo no s qu ser de m +si tal cosa sucede. No quiero pensar en eso.</p> + +<p>—Ella te tiene voluntad, pero no amor. Bien claro que lo veo. Sin +embargo, si yo pudiera hacer que olvidara a Leonardo, estaba vencida la +principal dificultad.</p> + +<p>—La que bien quiere, tarde o nunca olvida.</p> + +<p>—Hay sus excepciones, y Celia, que es muy soberbia, no es imposible que +por lo mismo que quiere mucho olvide pronto. Del amor al odio no hay ms +que el salto de una pulga.</p> + +<p>—Esa, al fin, es una esperanza.</p> + +<p>—Te juro que le ha de costar mucho trabajo engaarla y engaarme a m. +Yo conozco mejor que l el flaco de Celia y tengo esta ventaja. Ahora +poco le dije a ella una cosa que la puso como candela. Est que trina +contra el individuo. Ya se le pasar la rabieta, pero volver a la carga +y estoy segura que la har saltar las trancas... Todo lo que sea +alejarla de l, es acercarla a...</p> + +<p>No le dej concluir la frase Jos Dolores. Se sonri tristemente, y +diciendo a su hermana que no le esperase, se march en direccin de la +calle del Aguacate. Nemesia entr en su cuarto repitiendo cual si +hablara con otro:</p> + +<p>—Cmo que yo me mamo el dedo! No siempre haba de trabajar para el +ingls. Si no ha de ser para m, que no sea para ella tampoco. El es muy +enamorado y le gustan mucho las pardas. No es tan difcil la cosa como +parece. Veamos si de una va hago dos mandados. Ella para Jos Dolores y +<i>l</i> para m. Se puede, se puede...</p> + +<p>Ahora corresponde que volvamos al sarao en la Filarmnica donde hemos +dejado a Leonardo Gamboa en las filas de la danza con Isabel Ilincheta. +Comprendiendo bien ella el carcter de su pareja, no le dio queja +ninguna sobre su falta de puntualidad en escribir, ni de su aparente +desvo; le habl, al contrario, de asuntos indiferentes: de los amigos +mutuos en el campo; de las ocurrencias en el partido de Alquzar; del +rosal rojo que l haba injertado en el rosal blanco del jardn +fronterizo del cafetal; del naranjo a cuya sombra, las pascuas pasadas, +haban comido tantas veces las naranjas ms dulces que produca la +finca; de la hija mayor del mayoral de su padre, que, para casarse, +como se cas, en la Ceiba del Agua, se haba fugado con un joven guajiro +del pueblo.</p> + +<p>—Ta Juana, aadi Isabel, se empe con el padre y lo hizo +reconciliarse con la hija. As es que los novios hoy da estn hechos +cargo del sitio de pap, en que sabe Vd. se cran gallinas y se ceban +algunos animales. La muchacha se qued con su marido, y su padre, +nuestro mayoral, tuvo que salir. Yo lo sent por su esposa, porque era +una buena mujer y nos acompaaba bastante; pero, desde que se cas la +hija, se le puso el humor atroz: no dejaba resollar a los negros, los +castigaba por cualquier falta, siempre con verdadera sevicia, hasta que +pap le despidi. Al presente pasamos algunas soledades, y nuestras +salidas en el cafetal se reducen a ir al sitio todas las tardes y volver +a las puestas del sol. Cuando hace luna...</p> + +<p>—Te acuerdas de m, no es eso? la interrumpi Leonardo, con indiscreto +despecho, al ver su glacial indiferencia.</p> + +<p>—Naturalmente, contest ella, al parecer sin notar lo que pasaba por su +compaero. No puedo olvidar que en tardes divinas, como son todas las de +invierno en el campo, ms de una vez hemos hecho juntos ese paseo en +compaa de Rosa y de ta Juana.</p> + +<p>—Te encuentro algo cambiada, observ el joven despus de breve rato de +silencio.</p> + +<p>—Yo cambiada? Pues est buena. Vamos, Vd. se chancea.</p> + +<p>—Hasta me tratas de Vd.</p> + +<p>—Creo que siempre le he tratado del mismo modo.</p> + +<p>—No al pie del naranjo dulce.</p> + +<p>Isabel se puso colorada, y luego dijo:</p> + +<p>—Es ya una costumbre en m el tratar de Vd. a todo el mundo. An con +mis propios esclavos, si son viejos sobre todo, se me escapa el decir +Vd. A pap le sucede lo mismo frecuentemente.</p> + +<p>—El <i>t</i> es ms carioso.</p> + +<p>—Lo cree Vd. as? El <i>Vd.</i> es ms modesto.</p> + +<p>Cortbase a cada paso este chispeante dilogo, es decir, tantas veces +cuantas la pareja que bajaba haca figura con la pareja que suba la +danza. Al fin, hubo de cambiarse del todo el tema de la conversacin +cuando Meneses y Solfa, que haban venido saludando a las amigas, +llegaron al puesto ocupado por Isabel y Leonardo. Ambos haban visto a +la joven aquella misma tarde en casa de las Gmez. Poco tenan que +decirse que de nuevo fuera; Isabel, sin embargo, distingua a Meneses, y +se alegr de volver a verle.</p> + +<p>—Qu es eso? No baila Vd? le pregunt con inters.</p> + +<p>—Casi nunca bailo por mera cortesa.</p> + +<p>—Ay! Si le oyese Florencia se ofendera.</p> + +<p>—Me cae en gracia Florencia, me parece bonita, la quiero, pero si +bailase con ella ahora sera por mera galantera. Mi amiga del alma est +lejos de aqu, Vd. lo sabe, y es mucha crueldad en Vd. atribuirme +intenciones de galantear a otra.</p> + +<p>—Sobre que le voy cogiendo miedo al amigo Solfa, dijo ella volvindose +de repente para ste, con el doble objeto de atender a todos y de no +seguir la broma con Meneses.</p> + +<p>—Qu he hecho para inspirar temor a la impvida Isabelita?</p> + +<p>—No ve Vd.? Esa es una stira.</p> + +<p>—Lo sera, seorita, repiti Solfa prontamente, si la ma fuese una +opinin aislada, pero no lo es. De ella participan, estoy seguro, +Leonardo y Diego, juntamente con cuantos conocen a Vd. Cmo pues, puedo +inspirarle temor?</p> + +<p>—Porque voy viendo que es Vd. implacable, que no perdona enemigos ni +amigos.</p> + +<p>—Esa ms? Me aturde Vd. seorita.</p> + +<p>—S, hgase Vd. ahora el inocentico, el que no quiebra un plato. Cmo +que desde que asom Vd. a la puerta del saln no noto que ha venido +hasta m cortando cada traje que es un primor! Apelo al amigo Meneses; +l dir si me he equivocado o no.</p> + +<p>Solfa y Meneses cambiaron una mirada y una sonrisa, con que corroboraron +implcitamente la observacin aguda de Isabel, y el primero dijo:</p> + +<p>—Ya eso es distinto, lo declaro, me gusta la tijera; mas se me ha hecho +pedazos entre las manos al llegar a Vd.</p> + +<p>En esto ces la danza, y las diferentes parejas de bailarines, +deshaciendo la formacin, corrieron las unas a ocupar sus asientos en la +sala y cuartos, las otras a respirar el aire libre de los corredores. +Los hombres, por la mayor parte, se dividieron en grupos para hablar de +las conquistas amorosas de la noche, y casi todos para fumar un cigarro +puro o de papel. Leonardo dio un paseo por los corredores con su amable +compaera de baile, la cual, si hemos de juzgar por la frecuencia de sus +sonrisas, no tuvo a mal que se prolongara la entrevista, aunque haba +terminado el encanto de la msica.</p> + +<p>Continuando, entretanto, por su parte la revista de la fiesta que se +haban propuesto pasar Meneses y Solfa, se detuvieron por breve rato +ante la madre y hermanas de su amigo y condiscpulo Leonardo Gamboa. +Hallbanse ellas sentadas en el lado norte del saln, debajo del dosel +donde dijimos que se ostentaba el retrato colosal al leo de Fernando +VII de Borbn. Antonia, la mayor, tena a su derecha a un capitn del +ejrcito en completo uniforme, con quien cambiaba en tono bajo frases +breves de inteligencia; despus segua su madre, y a la izquierda de +sta, las dos hermanas Carmen y Adela. Con la primera de estas tres +hablaba el Mariscal de campo don Jos Cadaval; con las dos ltimas los +currutacos ms clebres que conoca La Habana entonces: Juanito Junco y +Pepe Montalvo, cadete del regimiento Fijo. Asom a poco Leonardo Gamboa, +y como por magia desapareci el capitn espaol del lado de Antonia, a +una insinuacin suya con el codo; Cadaval sigui adelante, y el +lechuguino y el cadete hicieron lo mismo con un profundo saludo.</p> + +<p>Al descubrir de lejos Leonardo al militar espaol mano a mano con su +hermana, se renov en su mente la memoria de las escenas de por la +maana, primero al postigo de la ventana y despus en la mesa del +almuerzo, sintiendo el mismo rapto de celos y de odio que ya haba +experimentado. Todo el deseo que tena de ver y hablar un rato con su +madre y hermanas en el baile, se enfri y apag en el instante, y slo +por respeto y cario a aqulla no les volvi la espalda. A un gesto +suyo, Antonia ocup el asiento que dej vacante el capitn, y as pudo +sentarse Leonardo y decir al odo de doa Rosa:</p> + +<p>—Es posible, mam, que t consientas que ese soldado pele la pava con +Antonia en tu presencia?</p> + +<p>—Cllate! replic doa Rosa seria. Ese caballero ha venido a traernos +un recado de tu padre, el cual no puede venir por nosotras hasta la una +y creo que t tendrs que acompaarnos. De la ocurrencia me alegro con +doble motivo; lo uno porque ya podr irme cuando quiera o me d sueo; +lo otro porque no te quedars t por detrs, ni me hars pasar otra mala +noche.</p> + +<p>—Debo acompaar a Isabel Ilincheta y a las Gmez a su casa, pues su +carruaje ha sufrido una avera y no pueden usarlo esta noche.</p> + +<p>—Cmo! Isabel est aqu y no ha venido a saludarnos?</p> + +<p>—No lo extraes, porque sin duda ella ignoraba que Vds. hubiesen venido +al baile, y luego ha habido una concurrencia extraordinaria.</p> + +<p>—Bien, manda en tu quitrn a tus amigas a su casa.</p> + +<p>—Antes, sin embargo, es preciso que Vds. vean a Isabel, o que Isabel +salude a Vds.</p> + +<p>—Ya te has enamorado de ella? Eres un veleta. No pienses en burlarte +de esa muchacha tambin. Trela aqu y la veremos.</p> + +<p>—No. He pensado que debemos tomar algo y en la mesa nos reuniremos +todos. El ambig dicen que no es menos abundante que exquisito. Qu te +parece, Adela?</p> + +<p>—Aprobado, contest sta alegre.</p> + +<p>—Pero es el caso, dijo Leonardo, que si alguna de Vds. no me saca de +apuros, no tendr con qu cubrir el gasto.</p> + +<p>—Pues, y las dos onzas de oro que te puse en el chaleco por la tarde +cuando dormas la siesta? pregunt doa Rosa con seriedad.</p> + +<p>—No he visto semejante dinero, mam. Bien que si lo pusiste en la +faltriquera del chaleco de esta maana, all en mi cuarto se qued. +Apenas tengo tres o cuatro pesos en este chaleco que me puse a la vuelta +del paseo para venir al baile.</p> + +<p>No hizo Leonardo esta explicacin con la franqueza que sola; se puso +colorado y titube varias veces. Lo advirti su madre y le pregunt:</p> + +<p>—Por qu te has aparecido en el baile tan tarde? Cre que ya no +venas, y eso que t saliste de casa antes que nosotras. Quin sabe por +donde has andado.</p> + +<p>—Haba reunin y piano en casa de las Gmez con motivo de ser el santo +de Florencia...</p> + +<p>—Ellas no vinieron contigo, que yo sepa. T no dices la verdad, +Leonardo, lo conozco y de veras te digo que haces mal, muy mal. Yo soy +tu mejor amiga, hijo, y tengo el desconsuelo de ver que cada da eres +menos franco conmigo. Vamos al ambig, aadi no poco desazonada; yo +pago los costos y aqu tienes mi bolsa, que contiene unas seis onzas de +oro.</p> + +<p>Era de punto de seda roja, formando dos senos separados por un nudo o +lazada en el medio, para dividir el oro entero del menudo y la plata. Se +la sac del seno, porque las seoras en esa poca no usaban bolsillos en +las faldas como al presente, sino que se colgaban la bolsa del cinto o +cordn del traje casero. Leonardo recibi el dinero con las mejillas +encendidas de la vergenza, porque a la humillacin de recibir dos veces +la suma que haba perdido al juego, se agregaban las mentiras conque +haba pretendido encubrir su falta. La madre, tal vez sin quererlo ni +saberlo tampoco, haba ledo en el fondo de su alma como a travs de un +cristal. Le servi eso de correctivo? No es tiempo todava de +examinarlo. Pero aquel incidente haba pasado para el hijo y la madre no +ms, para la ltima ciertamente no en toda su genuina deformidad, pues +puede decirse que sin conciencia de ello haba puesto el dedo en la +llaga. Del choque recibido trabajo le cost reponerse a Leonardo, quien +dijo a su madre luego que se puso en pie y le tom el brazo para +conducirla a la sala del ambig:</p> + +<p>—Y dnde quedaba pap?</p> + +<p>—Quedaba en casa de don Joaqun Gmez, a donde han concurrido varios +otros hacendados; entre ellos Sam, Martiartu, Maero, Surez Argudn, +Lombillo, Laza...</p> + +<p>—No se sabe cul es el objeto de semejante junta?</p> + +<p>—El capitn Miranda no ha podido explicarlo, sin duda porque l mismo +lo ignora; pero por lo poco que me dijo tu padre cuando sali de casa, +saco en consecuencia que va a tratarse de las expediciones a la costa de +frica. Vives est ya cansado de las quejas de Tolm y de las +impertinencias de los jueces de la maldita comisin mixta, y ha hecho +decir a Gmez por trasmano que procuren que las expediciones de bozales +no desembarquen por los alrededores de La Habana. Tambin lleg un +expreso del Mariel, participando que se ha presentado un bergantn +parecido al <i>Veloz</i>, que se esperaba con un buen cargamento, perseguido +por un buque ingls.</p> + +<p>—Tal vez lo ha apresado.</p> + +<p>—A la vista del torren del Mariel? Sera demasiado atrevimiento. Con +todo, esos ingleses protestantes se figuran que el mundo entero les +pertenece, y no lo extraara. Si la expedicin se pierde, tu padre +pierde un pico regular. Es la primera que l emprende en sociedad con +sus amigos de aqu por ser muy costosa. Cuando menos trae quinientos +negros.</p> + +<p>—Quin mete a pap en tales trotes, al cabo de sus aos?</p> + +<p>—Ay, hijo! Echaras t tanto lujo, ni gozaras de tantas comodidades, +si tu padre dejase de trabajar? Las tablas y las tejas no hacan rico a +nadie. Qu negocio deja ms ganancias que el de la trata? Di t que si +los egostas ingleses no dieran en perseguirla como la persiguen en el +da, por pura maldad, se entiende, pues ellos tienen muy pocos esclavos +y cada vez tendrn menos, no haba negocio mejor ni ms bonito en qu +emprender.</p> + +<p>—Convenido, mas son tantos los riesgos, que quitan las ganas de +emprender.</p> + +<p>—Los riesgos? No son muchos comparados con las ganancias que se +obtienen. El costo total de la expedicin del bergantn <i>Veloz</i>, por +ejemplo, segn me dijo tu padre, no ha pasado de 30,000 pesos, y como la +empresa es de varios, su cuota fue de algunos miles de pesos solamente. +Ahora bien, si se salva la expedicin, cunto no le tocar?... Saca la +cuenta. Pero aqu est Isabel.</p> + +<p>Doa Rosa la recibi con los brazos abiertos; excepto Antonia, las +hermanas de Leonardo con sinceras demostraciones de cario; sobre todas. +Adela la abraz y bes repetidas veces. Era sta la ms joven, +entusiasta y franca e Isabel la preferida de su hermano querido. Despus +de los saludos de costumbre y las quejas mutuas, juntas todas con las +Gmez, llevando Leonardo, Meneses y Solfa cada uno dos mujeres del +brazo, pasaron a la sala del ambig, esplndidamente iluminada, al fondo +del palacio. Eran muchos y no caban en una sola mesa, por cuya razn +ocuparon dos, aunque inmediata una de otra.</p> + +<p>Seoras y caballeros tomaron gigote de pechuga de pavo, fiambre de esta +ave, con rico jamn de Westfalia, algunos arroz y frijoles negros, +ninguno vinos ni espritus, todos caf con leche para terminacin de +cena. Esta, conforme al precio usual de los platos pedidos en funciones +semejantes, calcul Leonardo que no bajara el costo de onza y media de +oro, o veinticinco y medio duros, cuando menos. Deseoso de hacer alarde +del dinero, sacando la bolsa de seda roja, pregunt al mozo blanco, que +serva ambas mesas con destreza imponderable:</p> + +<p>—Cunto es?</p> + +<p>—Nada, contest el hombre con la misma brevedad, a tiempo que formaba +en el brazo izquierdo una <i>torre de porcelana</i> con los platos y tazas.</p> + +<p>—Cmo se entiende? repuso el joven asombrado. Pues quin ha pagado +por m?</p> + +<p>—Se conoce que Vd. no pertenece a la junta directiva, dijo el mozo con +cierta impertinencia. La sociedad costea el ambig de esta noche, y si +yo fuese uno como hay muchos le haca pasar a Vd. plaza de primo.</p> + +<p>—Ah! exclam Leonardo, corrido como una mona y no poco mortificado.</p> + +<p>Se puso en pie murmurando:</p> + +<p>—Estos mozos espaoles son a veces demasiado impertinentes.</p> + +<p>Si l oy o no, es cosa que no se sabe, aunque por la mirada de travs +que le ech al joven, parece que reson en sus odos lo de espaol e +impertinente. Bien quisieran Adela y Florencia Gmez tomar parte en la +siguiente danza, la primera hasta se lo indic a su hermano; mas l se +sonri distradamente y no contest palabra.</p> + +<p>Entre tanto doa Rosa dispuso que las <i>nias</i>, segn se expres, pasaran +al camarn a recoger sus <i>mantas</i> de seda. Al mismo tiempo los tres +jvenes bajaron al entresuelo a reclamar sus sombreros y bastones +respectivos; pero tanto aqu como en el camarn, ya se haban adelantado +otras muchas personas en demanda de sus prendas; de suerte que antes que +obtuvieran las suyas nuestros conocidos, se pas algn tiempo. Despus +baj Leonardo al portal para prevenir a su calesero que estuviese listo.</p> + +<p>De este intervalo se aprovecharon las ms jvenes de las seoritas para +acercarse a los sitios en que se haba armado la danza ltima, que dicen +es la que mejor acompaan los msicos. No falt quien las invitara, y +ellas, en son de marcha, se pusieron a bailar con ms gusto que nunca. +Doa Rosa, Isabel, Antonia, la seora de Gmez y la mayor de sus hijas +se sentaron en grupo a esperar la hora de la partida.</p> + +<p>Pasada era la una de la madrugada. Cuando Leonardo descenda las +escaleras de piedra del palacio de la Filarmnica, lo primero que hiri +sus odos fue el repiqueteo de las espuelas de plata de los caleseros en +las sonoras piedras del portal, bailando el zapateo al son del tiple +cubano. Tocaba uno, bailaban dos, haciendo uno de ellos de mujer; y de +los dems, quines batan las palmas de las manos, quines golpeaban la +dura losa con los puos de plata de los ltigos, sin perder el comps ni +cometer la ms mnima disonancia. Algunos de ellos cantaban las dcimas +de los campesinos, anunciando por esto, por el baile y por el tiple que +todos ellos eran criollos.</p> + +<p>An aqu se haban adelantado muchas familias que se retiraban del baile +lo ms temprano posible; y eran de orse los apellidos de las ms +distinguidas de La Habana repetidos de boca en boca, como ecos en +escala, por todos los caleseros:—Montalvo! gritaba una voz y Montalvo +repetan veinte sucesivamente, hasta que se perda a lo lejos o +contestaba el llamado acercando el carruaje; en cuyo acto ocurran +algunos choques, no pocas peloteras entre los esclavos, ms de un +varapalo asestado por el dragn que mantena el orden en la calle, todo +esto acompaado del estallido de los ltigos, del ruido de las ruedas, +cual truenos lejanos, y de las patadas de los caballos en las chinas +pelonas del pavimento. En medio de toda aquella batahola, no cesaba el +clamor de los caleseros por el nombre de las familias a que pertenecan. +A saber: Pealver! Crdenas! O'Farril! Fernandina! Arcos! Chacn! +Calvo! Herrera! Cadaval! repetido tantas veces cuantas era necesario +para que llegara la palabra al calesero que se quera; el cual, despus +de todo, si no estaba a la cabeza de la fila que rodeaba la manzana, +tena que esperar a que le tocara su turno para mover el carruaje si no +quera que el dragn de guardia le midiera las costillas con la vara de +su lanza.</p> + +<p>Apenas se pronunci el apellido de Gamboa, ces el baile del zapateo, +porque el tocador del agudo tiple no era otro que nuestro antiguo +conocido Aponte. El triste esclavo se diverta al parecer con todas +veras, o punteaba el instrumento primorosamente para distraccin suya y +de sus compaeros, porque pesaban sobre su espritu, nada obtuso por +cierto, dos amenazas terribles, la de su seorita por la tarde y la de +su joven amo a las diez y media de la noche; y saba, bien a su pesar, +que ellos no olvidaban ni perdonaban faltas de sus esclavos. Pero si +aquella era su suerte y no haba remedio, a qu apurarse ni afligirse +anticipadamente? As reflexionaba l, y as poco ms o menos +reflexionanban todos sus compaeros, a quienes Dios, en su santa merced, +no haba negado un alma pensante.</p> + +<p>Acabada la junta de hacendados, don Joaqun Gmez puso su carruaje a la +disposicin de don Cndido Gamboa, para retirarse a su casa, como lo +hizo, poco despus de la media noche; con lo que ste pudo despachar el +suyo a la familia en la Filarmnica, para que hiciera lo mismo cuando lo +tuviera por conveniente. Mediante aquel refuerzo inesperado, las Gmez y +su amiga Isabel pudieron trasladarse de una sola vez desde el baile a su +morada a espaldas del convento de Santa Teresa, y enseguida la familia +de Gamboa.</p> + +<p>Metieron los caleseros sus respectivos quitrines en el zagun, llevaron +los caballos a la caballeriza en el traspatio, pusieron las monturas en +sus burros, colgaron los arreos, libreas y sombreros en clavos fijos en +la pared de un cuartucho; y por lo que hace a Aponte, acabado el +trabajo, con la tarima a la espalda, cual Cristo con la cruz, volva al +zagun para ver de descansar de las fatigas del da, durmiendo las pocas +horas de la madrugada. Por entonces haban sonado las dos haca rato en +el reloj de la parroquia del Espritu Santo. La luna menguante traspona +el tejado de la casa por el lado de la calle, cuya sombra ganaba la +altura de la tapia divisoria entre ambos patios, de modo que reinaba +oscuridad en el primero, aunque no tanta que no se viesen los bultos ni +se reconociesen los rostros. De repente un hombre intercept el paso de +Aponte, quien levant los ojos y vio que agitaba el ltigo en la mano +derecha. Se par al instante, porque reconoci a su amo, el joven +Gamboa.</p> + +<p>—Suelta la tarima, le orden ste con voz bronca por la clera; +arrodllate y qutate la camisa.</p> + +<p>—Nio, su merced me va a castigar? dijo el atribulado esclavo, +ejecutando por parte lo que se le haba ordenado.</p> + +<p>—Vamos, despacha, agreg el amo acompaando a la vez el golpe, por la +va de apremio.</p> + +<p>—Espere su merced, nio. En qu le he faltado yo?</p> + +<p>—Ah! Perro! Y me lo preguntas? No te dije que te iba a castigar +porque no me esperaste como te mand, en la esquina del convento?</p> + +<p>—S, seor, nio; pero yo no tuve la culpa.</p> + +<p>—Pues quin la tuvo? Yo le probar que cuando te mando una cosa la has +de hacer o reventar.</p> + +<p>Y sin ms ni ms empezaron a llover zurriagazos en las espaldas desnudas +del infeliz esclavo. Se retorca, porque los golpes los descargaba un +brazo vigoroso, y deca:—Bueno est, mi amo (por basta). Por la nia +Adela, mi amo. Por Seorita (como llamaban los criados a doa Rosa +Sandoval de Gamboa), mi amito. Si yo pudiera decir la verdad, nio, su +merced vera que no tuve yo la culpa. Bueno est ya, nio Leonardito!</p> + +<p>Pero aquella boca haba callado, embargada por la clera; aquel corazn +se haba vuelto de piedra; aquella alma haba perdido el sentimiento; +aquel brazo slo pareca animado, de hierro, no se cansaba de descargar +golpes. Qu cansarse! los menudeaba cada vez con ms furor, si no con +ms fuerza. Dorma ya don Cndido, cuando le despertaron asustados los +estallidos del ltigo y los lamentos del calesero.</p> + +<p>—Qu es eso? pregunt a su esposa.</p> + +<p>—Nada, Leonardo que castiga a Aponte.</p> + +<p>—Pero qu escndalo! Qu horas son stas de castigar a los criados? +Di a ese muchacho de Barrabs que pare la mano, o por Dios bendito...</p> + +<p>—Acustate y duerme, repiti la mujer. Aponte est muy perro y necesita +un buen castigo.</p> + +<p>—S, mas estoy seguro que esta vez no ha cometido falta. Vase qu +pasada le han jugado a tu hijo y ahora se la paga el pobre mulato.</p> + +<p>—T no sabes lo que hizo por la tarde a las muchachas en la calle de la +Muralla.</p> + +<p>—Ser as, pero que pare el muchacho la mano o me levanto y le rompo +una costilla como me llamo Cndido. Hase visto mayor desvergenza?</p> + +<p>Claro vio doa Rosa que por poco que continuasen el vapuleo, los +clamores y las protestas de inocencia del calesero, se levantaba don +Cndido y haca una de las suyas, pues a la natural rudeza de quien no +haba recibido educacin, agregaba un carcter violento, se asom al +postigo de la ventana de su alcoba y dijo:—Leonardo, basta.</p> + +<p>Esto fue lo suficiente. Bien que ya era tiempo de que el joven hubiese +desfogado la clera que le dominaba, o de que se le desmayase el vigor.</p> + +<p>Despus de eso, cul de los dos, la vctima o el verdugo, encontr +primero reposo en la cama? Mejor dicho qu pasaba por el alma del amo +cuando se ech en la suya? Qu por el alma del esclavo cuando se +desplom en la rgida tarima? Difcil es que lo expliquen los que no han +sido una ni otra cosa, e imposible que lo entiendan en toda su fuerza, +aqullos que no han vivido jams en un pas de esclavos.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_VIb" id="Capitulo_VIb"></a><span class="smcap">Captulo VI</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Hola! del bergantn.</i><br /> +<i>—Qu dir?—Cmo se llama?</i><br /> +<i>—El Condenado.—De dnde procede?</i><br /> +<i>—De Sarrapatn.—Qu carga trae?</i><br /> +<i>—Sacos vacos.—Cmo se llama el capitn?</i><br /> +<i>—Don Guindo Cerezo.</i></p> + +<p>Escenas a la vista del Morro de la Habana.</p></div> + + +<p>Como es de suponer, a las nueve de la maana del da despus del baile +en la Filarmnica, con dos excepciones, todo el mundo dorma en casa de +Gamboa. Hablamos aqu del mundo de los amos, en cuyo nmero no entraban +los ocho o nueve criados de la familia, porque stos desde el amanecer +deban estar en pie, desempeando las obligaciones cotidianas, no +embargante el cmo haban pasado la noche.</p> + +<p>Don Cndido, a pesar del poco dormir y de los graves pensamientos que le +ocupaban a consecuencia de lo ocurrido en la junta en casa de don +Joaqun Gmez, se levant temprano y sali a la calle a pie, por pura +impaciencia de carcter.</p> + +<p>Su esposa, algo ms tarde, tomaba caf con leche muellemente arrellanada +en uno de los sillones del comedor.</p> + +<p>No careca de objeto el sentarse doa Rosa todas las maanas en ese +sitio. Registrbase desde all el interior de la casa, y se vea si las +lavanderas preparaban la leja para el lavado de la ropa, o el brasero +con carbn vegetal para el aplanchado desde temprano; si las costureras, +en vez de ponerse a coser las <i>esquifaciones</i>, perdan el tiempo en +conversaciones con los otros siervos; si los caleseros lavaban los +carruajes, daban sebo y limpiaban las correas de las monturas; si Aponte +volva temprano o tarde de baar los caballos, lo que probaba que haba +ido al muelle de Luz o a la Punta, ms distante; si Po, el anciano +calesero de Gamboa, haca zapatos de mujer en el zagun para uso de las +criadas de la casa y a veces hasta para las amas, al mismo tiempo que +desempeaba el oficio de portero, cuando no tena que ponerle el +carruaje a su amo; por ltimo, si el cocinero, negro de aire +aristocrtico, bien hablado y racional, segn dicen los esclavistas, +haba ido o no de madrugada al mercado inmediato de la Plaza Vieja, en +busca de las vituallas y hortalizas que se le haban encargado la noche +anterior.</p> + +<p>Era ste el que ms madrugaba en la casa. Deba hacer el fuego y +preparar el caf con leche, a fin de que Tirso y Dolores pudieran +servirlo tan luego como despertaran los amos. No siempre despachaba el +cocinero el mercado a la misma hora, ni en breve tiempo, aun cuando la +Plaza Vieja distaba poco de la casa de Gamboa. En la madrugada de que +hablamos ahora, por ejemplo, sali para all demasiado temprano. Pero +andando en esa direccin con el farolito en una mano, segn estaba +mandado por las Ordenanzas municipales desde los tiempos de Someruelos, +y un canasto en la otra, son el caonazo de las cuatro, el capitn de +llaves abri las puertas de la muralla y al silencio mortal de la ciudad +se sucedieron el tumulto y toda clase de ruidos tan disonantes como +desapacibles.</p> + +<p>A la vuelta del mercado haba siempre ajuste de cuentas del cocinero con +su ama, regaos y amenazas de castigo por el precio de las carnes, por +su calidad y aun peso; porque en vez de pollos trajo gallinas, por la +hortaliza, pues en vez de habichuelas trajo guisantes, y berros por +lechuga, o viceversa. Porque es condicin del esclavo no acertar nunca a +complacer a sus amos. Para doa Rosa, en suma, siempre haba motivo de +queja; su cocinero pecaba a menudo por torpe, por malicia o por +descuido.</p> + +<p>—Dionisio, no te encargu pollos tiernos? deca ella levantando del +canasto el par de aves atadas fuertemente por los pies, por qu me has +trado gallinas? Tu amo no come sino pollos.</p> + +<p>—Son pollonas, seorita, contestaba el cocinero; lo que tiene es que +estn gordas y parecen gallinas hechas. Tambin no se encuentran pollos +en la plaza.</p> + +<p>—No me vengas con esas, Dionisio, que no soy boba ni nac ayer. Si t +sabes mucho, yo s ms. Vamos, cunto te costaron?</p> + +<p>—Dos pesos, seorita. Las aves estn caras ahora.</p> + +<p>—Ave Mara Pursima! A que se las compraste a tu <i>carabela</i>, la negra +lucum ms carera de la plaza?</p> + +<p>—No, seorita, se las compr a un placero del campo. Mrelas su merced +bien, todava tienen las plumas sucias de tierra colorada.</p> + +<p>—Esa no es prueba, Dionisio, porque bien pudo tu comadre dejarles la +tierra para hacer creer que eran frescas del campo, y no de segunda +mano.</p> + +<p>—Seorita, la morena de los pollos no es mi comadre ni mi <i>carabela</i> +tampoco. Ella es de nacin.</p> + +<p>—Yo s lo que me digo, Dionisio, y no vengas t a corregirme la plana. +Si t tienes leyes, yo s a dnde se enderezan a los doctores como t. +Ah est la maestranza de artillera<a name="FNanchor_33_33" id="FNanchor_33_33"></a><a href="#Footnote_33_33" class="fnanchor">[33]</a> ah est el Vedado.<a name="FNanchor_34_34" id="FNanchor_34_34"></a><a href="#Footnote_34_34" class="fnanchor">[34]</a> No +cuesta nada un curso de derecho en esos lugares. Eh! Conque ande Vd. +listo, taita Dionisio. Lo que no quiero es que Vd. se festeje ni festeje +a sus comadres con mi dinero.</p> + +<p>Al buen callar llaman Sancho, y por dolorosa experiencia de largos +treinta aos de esclavitud, saba bien Dionisio que deba guardar +silencio desde el punto en que sus amos empezaban a tratarle de Vd. +Aquella era seal segura de que suba la marea de la clera. Se +aproximaba la tempestad y en breve estallara el rayo. En tal virtud, el +cocinero recogi a toda prisa los avos de la comida y se refugi en su +cocina, como buen piloto que busca abrigo temporal en el primer puerto +que le depara el cielo.</p> + +<p>Este esclavo haba nacido y se haba criado en Jaruco, en el palacio de +los condes de ese ttulo. Saba leer y escribir casi por intuicin, +dones adquiridos que le revestan de mrito extraordinario a los ojos de +sus compaeros de esclavitud, mucho ms ignorantes que l, en general, +bajo esos respectos. Era aficionadsimo al baile, gran bailador de +minu, que aprendi en las suntuosas fiestas de sus amos, pues en su +calidad de paje, que fue su empleo primitivo, siempre estaba en contacto +con ellos; y all conoci a la despus Condesa de Merln, a varios +Capitanes Generales, al primer conde de Barreto y a otras notabilidades +de Cuba, de Espaa y del extranjero, por ejemplo, a Luis Felipe de +Orleans, despus rey de los franceses.</p> + +<p>A poder de tiempo, de industria y de economa, viviendo entre gente rica +y rumbosa, que visitaban personajes notables, logr Dionisio reunir +dinero suficiente para <i>coartarse</i>, quiere decir, para fijar el precio +en que se le vendera, si lo vendan, dando a su amo diez y ocho onzas +de oro, o 306 duros. Sacronle, sin embargo, a remate junto con otros +varios esclavos, por ante el Escribano pblico don Jos Salinas, a la +muerte del Conde, para cubrir las grandes costas que ocasionaron su +testamentara y divisin de bienes. La habilidad de Dionisio en la +cocina y la repostera, a que le aplicaron apenas lleg a la virilidad, +le daba ms valor en el mercado que a los otros esclavos sin oficio; de +consiguiente, la <i>coartacin</i> slo le sirvi para que le vendieran en +500 pesos, en vez de los 800 en que le estim el amo cuando le acept la +suma arriba mencionada. En el <i>lote</i>, don Cndido le obtuvo por menos de +los 500 pesos en que qued coartado, aunque l no fue el mejor postor; +pero supo untarle en tiempo la mano al oficial de causas, y no +aparecieron las otras pujas. De dos graves faltas adoleca Dionisio, +graves por su triste condicin: era la una su aficin a las mujeres; la +otra ya se ha dicho, su aficin al baile propio de los blancos.</p> + +<p>Dadas las 9 de la maana, entr don Cndido Gamboa por el zagun de su +casa. Pareca cariacontecido, cansado y sudoso, no ya por el calor, que +no dejaba de sentirse, aunque estbamos a fines de octubre, sino por la +agitacin de las primeras horas del da y los pensamientos que ocupaban +su espritu. Sin reparar en su esposa, que inquieta le aguardaba junto a +la mesa del comedor, puesta ya para el almuerzo por el gil Tirso, de la +calle pas derecho al escritorio, donde estaba el Mayordomo don Melitn +Reventos encaramado en el banquillo, con la pluma detrs de la oreja y +de codos en la carpeta, meditando sobre un pliego de papel espaol, +escrito en renglones desiguales, a manera de versos de arte mayor, que +tena delante.</p> + +<p>—Qu hace? le pregunt entrando don Cndido, sin darle los buenos +das, acaso porque aqul era uno de los peores de su vida.</p> + +<p>—Haca el apunte de los efectos que ordena el Mayordomo de <i>La Tinaja</i> +para la prxima molienda, y miraba si se me haba escapado algo. El +patrn Sierra estuvo aqu y dijo que sala...</p> + +<p>—Deje Vd. eso de la mano, que no precisa, y vamos a lo que importa. +Reventos, ahora mismo se pone Vd. la chaqueta y se va corriendito al +baratillo de Surez Argudn en el portal del Rosario, y recoge Vd. +cuantas camisas de listado y pantalones de rusia tenga hechos, y le dice +Vd. que los cargue en cuenta. Probable es que no tenga cuanto se +necesita, 400 mudas; pero l puede completar el nmero en los otros +baratillos de los paisanos. Mas en caso que ni as se consigan todas, +300, 250, 200, las que se puedan... Qu remedio? Si no salvamos tantos, +salvamos cuantos.</p> + +<p>—Cuntos qu? pregunt Reventos, demasiado curioso para dejarlo para +luego.</p> + +<p>—Bultos, hombre, bultos, repuso brevente don Cndido. No sabe Vd. que +ha llegado el <i>Veloz</i>?</p> + +<p>—S? A fe que no lo saba.</p> + +<p>—Pues ha llegado, mejor dicho, lo han trado al puerto. El nmero fijo +a bordo no se sabe todava. Las escotillas estn clavadas, y dice el +Capitn Carricarte que, aunque embarc sobre 500, con el largo viaje y +la atroz caza que le han dado los ingleses, se le han muerto algunos y +tenido que echar al agua... muchos, vamos, la broza por fortuna. Est +Vd.? Ahora bien, tome las mudas de ropa, forme tres o cuatro los, +segn; los conduce Vd. en un carretn al muelle de Caballera, frente a +Casa Blanca, y se los entrega al patrn del guadao <i>Flor de Regla</i>. Vd. +le conoce. Bien, le entrega Vd. todo, que l est ya avisado y sabe a +dnde ha de llevarse eso. Vd. le acompaa, pues que conoce al contador. +Eh! conque al avo. Se le guardar a Vd. el almuerzo si no da la +vuelta en tiempo. De cualquier modo, la ropa debe estar a bordo antes de +las once. Lo oye Vd.?</p> + +<p>El Mayodomo ido, de seguidas entr doa Rosa en el escritorio. Se +paseaba su marido arriba y abajo agitado; mas al verla se detuvo por un +instante esperando la pregunta, que, en efecto, no tard ella en +dirigirle:—Qu ocurre, Gamboa? Ah va Reventos que se desnuca y t +aqu inquieto. Di, por caridad, qu pasa?</p> + +<p>—Lo de siempre, hija; que si seguimos como vamos, todava los pcaros +de los ingleses han de causar la ruina de este hermoso florn de S. M. +C. el rey, que Dios guarde.</p> + +<p>—No me digas.</p> + +<p>—Como lo oyes, porque si los ingleses no nos dejan importar los brazos +que nos hacen tan suma falta, no s con qu ni cmo vamos a elaborar el +azcar. S, esto se lo lleva Barrabs, no me canso de decirlo.</p> + +<p>—Tal es mi tema, Cndido; pero al grano.</p> + +<p>—Al grano. Esta maana a las siete seal el Morro buque ingls de +guerra a sotavento. Nos hallbamos en el muelle varios: Gmez, Azopardo, +Sam, en fin, casi todos los de la junta de anoche. A poco el Morro +seal presa y media hora despus se present en la boca del puerto la +corbeta inglesa <i>Perla</i>, su comandante el Lord Pege o Pegete, segn nos +dijeron despus los que desde la Punta oyeron la contestacin que dio el +prctico al viga de seales.<a name="FNanchor_35_35" id="FNanchor_35_35"></a><a href="#Footnote_35_35" class="fnanchor">[35]</a> Cul te figuras que era la presa?</p> + +<p>—El bergantn <i>Veloz</i>?</p> + +<p>—El mismo, Rosa; con casi todo el cargamento a bordo.</p> + +<p>—Luego se ha salvado el cargamento. Qu bueno!</p> + +<p>—Salvado? repiti don Cndido con amargo acento. Pluguiera a Dios. +Desde el punto que nuestro bello bergantn entra aqu como presa...</p> + +<p>—Estn perdido barco y cargamento, no? Sera una gran desgracia!</p> + +<p>—Lo que es perderse todo no ser si los que estamos interesados en la +salvacin de una cosa y otra no nos dormimos en las pajas. Por lo +pronto, los pasos que se han dado y que se darn ms adelante nos hacen +abrigar la esperanza de que cuando no todos los bultos, al menos las dos +terceras partes lograremos arrancarlos de las garras de los ingleses. +Has de creer, Rosa, que a veces se me figura que ms dolor me causara +la prdida del bergantn que la del cargamento, aunque es el ms valioso +de cuantos ha trado del frica, segn la factura del Capitn +Carricarte? Pues no te quepa duda ninguna. Con mi bergantn se pueden +traer con seguridad y en corto tiempo no uno, sino varios cargamentos, y +no hay muchos como l. Habr tres aos que se lo compr a Didier, de +Baltimore, y ya ha dado cuatro viajes felices al frica. Este era el +quinto viaje y ya me he reembolsado tres veces de su costo. Admrate, +Rosa, sali de Casa Blanca... te acuerdas? a mediados de julio y a los +cuatro meses no cabales ha dado la vuelta. Eso se llama andar. Quin +negar ahora que es el ms velero de cuantos se emplean en la carrera al +presente? Ah estn el <i>Feliz</i>, de Zuaznvar; la <i>Vencedora</i>, de +Abarzusa; la <i>Venus</i>, de Martnez; la <i>Nueva Amable Salom</i> de Carballo; +el <i>Veterano</i> de Gmez, y muchos otros de fama. Qu son en comparacin +de mi <i>Veloz</i>? Potalas, urcas. S, sentira mucho perderlo; no por el +dinero, aunque no son un grano de ans los diez mil pesos que di por l, +sino porque difcilmente se construye buque de ms pies.</p> + +<p>—Ah! Cndido, no te hagas ilusiones. T y tus amigos abrigan +esperanzas, yo no. Cuando los ingleses agarran, no sueltan, tenlo por +seguro. Cada vez me parecen ms odiosos esos judos protestantes. Vea +Vd. quin los mete en lo que no les va ni les viene? Yo me hago los +sesos agua y no atino a comprender por qu se ha de oponer Inglaterra a +que nosotros traigamos salvajes de Guinea. Por qu no se opone tambin +a que se traiga de Espaa aceite, pasas y vinos? Pues hallo ms +humanitario traer salvajes para convertirlos en cristianos y hombres que +vinos y esas cosas que slo sirven para satisfacer la gula y los vicios.</p> + +<p>—Rosa, los enemigos de nuestra prosperidad, quiero decir, los ingleses, +no entienden esa filosofa, no la quieren entender tampoco; de otra +manera tendran ms miramientos con nosotros los vasallos de una nacin +amiga y en otro tiempo aliada de la suya. Pero yo no les echo toda la +culpa a ellos, a quienes culpo principalmente es a los que aconsejaron a +nuestro augusto soberano don Fernando VII celebrar el tratado de 1817 +con Inglaterra. Aqu est el mal. Por la miserable suma de 500,000 +libras esterlinas los indiscretos consejeros del mejor de los monarcas +concedieron a la prfida Albin el derecho de visita de nuestros buques +mercantes y de insultar, como insulta un da con otro, impunemente, el +sagrado pabelln de la que no ha mucho fue seora de los mares y duea +de dos mundos. Qu vergenza! No s cmo toleramos... Mas al caso, +Rosa. Como te deca, la llamada repentina de Gmez ayer tardecita tuvo +por objeto or la historia de lo ocurrido con el <i>Veloz</i>, de boca del +capitn Carricarte, que lleg a revienta cinchas del Mariel, y ver lo +que se haca por si era posible jugarle una buena a los ingleses; porque +t sabes que, hecha la ley, hecha la trampa. Cuando llegu a casa de +Gmez, que seran cerca de las ocho...</p> + +<p>—Cmo as? le interrumpi su mujer. T saliste de ac antes de las +siete. En qu te demoraste? Cmo echaste ms de una hora en ir a casa +de Gmez?</p> + +<p>—No me demor en ninguna parte, no; repuso el marido, visiblemente +embarazado. Dije que seran cerca de las ocho? Pues cuenta que quise +decir poco despus de las siete, a las siete y cuarto, a las siete y +media... La hora precisa no importa.</p> + +<p>Pareca que no importaba; pero no dej de llamar la atencin de doa +Rosa, que, yendo en carruaje su marido, para trasladarse de la esquina +de la calle de San Ignacio y Luz, donde viva, al extremo de la de Cuba, +hacia el norte, donde se celebr la reunin, echase una hora, cuando +esta distancia puede recorrerse a pie en la mitad de ese tiempo +descansadamente. Natural fue que Doa Rosa, que parece no las tena +todas consigo, en tratndose de la lealtad conyugal de su marido, se +callase, es cierto, mas a todas luces perdi el entusiasmo, y con ste +el inters en lo que pensaba hacerse para salvar la presa y su +cargamento. Advirtindolo don Cndido, pues harto conoca a su mujer, +diose una palmada en la frente y dijo:</p> + +<p>—Tate! me dilat porque tuve que ver si Madrazo, el cual vive frente a +Santa Catalina, era o no de la junta o le haban avisado. El Capitn +Miranda puede decir la hora a que llegu a casa de Gmez. Esa fue la +nica parada que hice en el camino. Po tambin es testigo. Vamos ahora +al caso. Como te deca, cuando llegu a casa de Gmez, que t sabes est +all lejos, frente a la muralla, encontr toda la gente reunida. Madrazo +fue conmigo, Maero entr despus. Sam, Martiartu, Abrisqueta, Surez +Argudn y La Hera, sobrino de Lombillo, porque el to haba ido de +carrera a su cafetal <i>La Tentativa</i> en la Puerta de la Gira; Martnez, +Carballo, Azopardo y otros varios que, si bien no inmediatamente +interesados en el cargamento del <i>Veloz</i>, como principales importadores +que son de esclavos, deseaban informarse a fondo de lo ocurrido en el +Mariel y de cmo nosotros pensbamos sacar el caballo del atolladero. +Carricarte se mudaba de ropa en los entresuelos de la casa de Gmez, y +baj as que todos estbamos reunidos. Formbamos una corte regular en +la sala baja. Deposit el Capitn unos papeles en la mesa del centro, y +luego, sin ms ceremonia, comenz la relacin de lo que le haba pasado +desde las costas de frica hasta las de nuestra Isla. Dice que desde que +sali de Gallinas, a fines de setiembre, naveg de bolina y mar +bonancible hasta reconocer a Puerto Rico. All, sin embargo, una vela +sospechosa por sotavento le hizo variar de rumbo. Durante la noche, +siempre con viento fresco, volvi a su derrota, esperando avistar el +<i>Pan de Matanzas</i> el da siguiente por la tarde. Hacia el oscurecer, en +efecto, le avist; pero la misma vela de antes se le present en lo ms +estrecho del canal de Bahama, empezando desde luego la caza. Dice +Carricarte que su primera intencin fue entrar en Arcos de Canas. No +fue posible: el crucero ingls, porque result serlo, como que llevaba +la lnea recta y ms inmediata a la costa de Cuba, a pesar de los buenos +pies del bergantn, siempre se presentaba a su costado, mayormente a la +altura de las <i>Tetas de Camarioca</i>. Cerr la noche de nuevo, el <i>Veloz</i> +se hizo mar a fuera y luego vir con nimo de meterse en Cojmar, en +Jaimanitas, en Banes, en el Mariel, en Cabaas, en el primer puerto +sobre el cual le amaneciese. Afloj el viento, por desgracia el terral +le fue contrario, as que, cuando torn a dar vista a la tierra, ya +asomaba el sol y el crucero amagaba ganarle el barlovento. Vio entonces +Carricarte que no poda escapar sino a milagros, por lo que resolvi +jugar el todo por el todo. Dio orden, pues, de despejar el puente, a fin +de facilitar la maniobra y aligerar el buque lo que se pudiese, y como +lo dijo lo hizo. En un santiamn fueron al mar los cascos del agua de +repuesto, no poca jarcia y los fardos que haba sobre cubierta...</p> + +<p>—Los bozales quieres decir? Qu horror! exclam doa Rosa, llevndose +ambas manos a la cabeza.</p> + +<p>—Pues es claro, continu Gamboa imperturbable. T no ves que por +salvar 80 100 fardos iba a exponer su libertad el Capitn, la de la +marinera y la del resto del cargamento, que era triple mayor en +nmero? El obr arreglado a sus instrucciones: salvar el barco y los +papeles a toda costa. Adems, haba que despejar el puente y aligerar, +como te he dicho. No haba tiempo que perder. Pues no faltaba otra +cosa! Eso s, dice Carricarte, y yo lo creo, porque l es mozo honrado y +a carta cabal, que en la hora del mayor peligro slo tena sobre +cubierta los muy enfermos, los enclenques, aqullos que de todos modos +moriran, mucho ms pronto si los volvan al sollado donde estaban como +sardinas, porque fue preciso clavar las escotillas.</p> + +<p>—Las escotillas! repiti doa Rosa. Es decir, las tapas de la bodega +del buque. De manera que los de abajo a estas horas han muerto +sofocados. Pobrecitos!</p> + +<p>—Ca! dijo don Cndido con el ms exquisito desprecio. Nada de eso, +mujer. Sobre que voy creyendo que t te has figurado que los sacos de +carbn sienten y padecen como nosotros. No hay tal. Vamos, dime, cmo +viven all en su tierra? En cuevas o pantanos. Y qu aire respiran en +esos lugares? Ninguno, o aire meftico. Y sabes cmo vienen? Barajados, +quiere decir, sentados uno dentro de las piernas de otro, en dos hileras +sucesivas, cosa de dejar calle en el medio y poder pasarles el alimento +y el agua. Y no se mueren por eso. A casi todos hay que ponerles +grillos, y a no pocos es fuerza meterlos en barras.</p> + +<p>—Qu son barras, Cndido?</p> + +<p>—Toma! Ahora te desayunas? El cepo, mujer.</p> + +<p>—No me quedaba que or.</p> + +<p>—A todo esto y mucho ms da lugar la persecucin arbitraria de los +ingleses. El nico sentimiento de Carricarte ahora es que con el afn y +la precipitacin de limpiar el puente, echaron al agua los marineros una +muleque de 12 aos, muy graciosa, que ya repeta palabras en espaol y +que le dio el rey de Gotto a cambio de un cuete de salchichas de Vich y +dos muleques de 7 a 8 aos que le regal la reina del propio lugar por +un pan de azcar y una caja de t para su mesa privada.</p> + +<p>—ngeles de Dios! volvi a exclamar doa Rosa sin poder contenerse. Y +reflexionando que acaso no estaban bautizados, aadi: de todos modos, +esas almas...</p> + +<p>—Y dale con creer que los fardos de frica tienen alma y que son +ngeles. Esas son blasfemias, Rosa; la interrumpi el marido con +brusquedad. Pues de ah nace el error de ciertas gentes... Cuando el +mundo se persuada que los negros son animales y no hombres, entonces +acabar uno de los motivos que alegan los ingleses para perseguir la +trata de frica. Cosa semejante ocurre en Espaa con el tabaco: prohben +su trfico, y los que viven de eso, cuando se ven apurados por los +carabineros, sueltan la carga y escapan con el pellejo y el caballo. +Crees t que el tabaco tiene alma? Hazte cuenta que no hay diferencia +entre un tercio y un negro, al menos en cuanto a sentir.</p> + +<p>No haba similitud ninguna en el ejemplo aducido, tampoco tiempo para +discutir, porque en aquella sazn se present Tirso en la puerta del +escritorio y dijo que el almuerzo estaba listo. Eran las diez y media de +la maana; por donde se ve claro que la conversacin de don Cndido con +su mujer haba durado largo tiempo; y, sin embargo, no le haba dicho +los medios de que pensaba valerse para arrancar el <i>Veloz</i> y la mayor +parte de la carga, compuesta de seres humanos, diga l lo que quiera, de +las garras de los testarudos ingleses.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_VIIb" id="Capitulo_VIIb"></a><span class="smcap">Captulo VII</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>"Por lo cual deberan poner tasa los magistrados, a quien toca, a +la codicia de los mercaderes, que ha introducido en Europa, y no +menos en estas Indias, caudalossimos empleos de esclavos, en tanto +grado, que se sustentan de irlos a traer de sus tierras, ya por +engao, ya por fuerza, como quien va a caza de conejos o perdices, +y los trajinan de unos puertos a otros como holandas o cariseas."</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">Fr. Alonso de Sandoval</span></p></div> + + +<p>Pasebase don Cndido Gamboa largo rato haca en su escritorio, despus +de levantado el mantel del almuerzo, cuando entr su Mayordomo don +Melitn Reventos. Vena con la cara hecha un ascua por el calor del da, +las carreras desde temprano, y la satisfaccin que experimentaba y que +se le conoca por encima del pelo de la ropa. De modo que, advirtindolo +el amo, par los paseos, se quit el tabaco de la boca y se apoy de +espaldas contra la carpeta, a fin de escuchar a sus anchas la relacin +de las diligencias practicadas en los baratillos y el puerto. Hasta doa +Rosa, cuyo inters en el asunto ceda tan slo ante el de su marido, +acudi ganosa al escritorio; y entre los tres personajes tuvo lugar la +siguiente escena.</p> + +<p>No vena, sin embargo, dispuesto don Melitn a satisfacer de plano la +ansiedad de sus seores. Crea, por el contrario, que acababa de vencer +una gran dificultad, mas que haba alcanzado una hazaa; y, como hombre +de poco seso, se daba importancia inmerecida. Despus de ir y venir +arriba y abajo del escritorio recogiendo papeles, arreglando las plumas +de ave en el tintero, abriendo y cerrando gavetas, se volvi para don +Cndido y su esposa, que seguan sus movimientos, no poco disgustados, y +dijo:</p> + +<p>—Qu calor! eh?</p> + +<p>Ninguno de sus oyentes le replic palabra, y l continu muy satisfecho:</p> + +<p>—Vea Vd. en Gijn. Por este mismo tiempo empieza a soplar un airecillo, +que ya... Es preciso abrigarse, so pena de coger un <i>costipado</i>...pero +esta Isla se ha hecho para los negros. Bien pudo el seor don Cristbal +haberla descubierto en otra parte, donde no hubiese tanto calor. Porque, +pongo por caso, llega aqu un mozo de Castilla, o de Santander, llega +robusto, con unos cachetes que parecen dos cerezas, vamos, rozagante, +fuerte como un toro, y en menos de seis meses, si escapa con vida del +vmito,<a name="FNanchor_36_36" id="FNanchor_36_36"></a><a href="#Footnote_36_36" class="fnanchor">[36]</a> se queda escueto y desmazalado por el resto de su vida. Qu +tierra sta! S, digo a Vd. que es sta mucha tierra!</p> + +<p>En estos momentos sus ojos tropezaron con los de don Cndido y doa Rosa +que le miraban de hito en hito, y, cual si volviera en su acuerdo, +agreg en diferente tono:</p> + +<p>—Pues, seor, me parece, s, me parece que todo ha salido a pedir de +boca.</p> + +<p>—Acabramos! dijo don Cndido respirando fuerte.</p> + +<p>—All iba, prosigui don Melitn, respondiendo antes a la intencin que +a la palabra de Gamboa. All iba, pero Vd. me conoce, seor don Cndido, +y sabe que yo no soy escopeta catalana.</p> + +<p>—No tiene Vd. que repetirlo, replic don Cndido con nfasis.</p> + +<p>—Al caso, terci doa Rosa en tono blando, pues conoci que iba a +armarse una disputa interminable.</p> + +<p>—Al caso, repiti el Mayordomo, entonces ms en caja. Pues como deca, +ha salido la cosa mejor de lo que esperbamos. March, qu digo? part +como una saeta para el portal del Rosario y me entr de rondn en el +baratillo de don Jos a pesar que el mozo de las vidrieras, en el +portal, lo mismo que los otros dos detrs de los mostradores dentro, +creyendo que iba a comprarles la tienda en peso, me tira ste del brazo, +aqul de la chaqueta... Vd. sabe que ellos son bromistas y ms pillos, +que ya...</p> + +<p>—Lo que s, repuso don Cndido molesto, es que Vd. gasta una +pachorra...</p> + +<p>—Pues deca, continu como si no hubiese odo a su amo, que me cost +algn trabajillo deshacerme de esos bellacos. Dnde est don Jos? +pregunt a don Liberato. Quiero ver a don Jos. Traigo un recado urgente +para l. Chite! me dijo el mozo; ahora est muy entretenido para que +Vd. le vea. Venga ac, y me llev por la mano a la puerta del patio, y +agreg:—Vale. En efecto, muy acicalado estaba y arrimadito a la pared, +en interesante conversacin por seas y medias palabras, con la sombra +de una mujer que se entrevea a travs de las persianas del balcn en el +principal de la casa. Slo vi dos ojazos como dos carbones encendidos y +la punta de unos deditos de rosa asomndose de cuando en cuando por +entre los listoncillos verdes. Qu significa eso? pregunt a don +Liberato. No lo entiende Vd.? me contest. Nuestro don Jos que se +aprovecha de la ausencia del paisano y amigo en el campo para camelarle +la hermosa dama.</p> + +<p>Don Cndido y doa Rosa cambiaron una mirada de inteligencia y de +asombro, y el primero dijo:</p> + +<p>—Don Melitn de mis culpas qu tenemos que hacer nosotros con un +cuento con todos los visos de calumnia?</p> + +<p>—Calumnia! repiti el Mayordomo serio. Pluguiera al cielo. Nada de +eso; ya ver Vd. mis trabajos, ya. No se puede negar que es el ms buen +mozo que ha salido de Asturias. Y su pico de oro, porque sabe hablar, +que ya... Es cosa notoria que ahora aos, cuando el sistema +constitucional, le comparaban con el divino Argelles, y una vez le +pasearon en triunfo en esos mismos portales de la Plaza Vieja. Y, con +perdn de la seora doa Rosa, todo eso le peta mucho a las mujeres, y +la Gabriela que es joven y bella... ya, ya. La intencin, las ausencias +del marido, las galanteras, el diablo que nunca duerme...</p> + +<p>—Don Melitn, salt otra vez Gamboa muy molesto, de quin nos habla +Vd.?</p> + +<p>—Toma! Pues crea que me estaba Vd. atento. Le hablo de don Jos, mi +paisano, y de la Gabriela Arenas. No parece hija del pas por lo blanca +y rosada.</p> + +<p>Doa Rosa, que era criolla y que no lo tena a menos, se sonri al or +la grosera de su Mayordomo, el cual prosigui:</p> + +<p>—Pues el seor don Jos ni me hizo caso, sino que le dijo de muy mal +humor a don Liberato:—despache Vd. a ese mozo y no permita que me +molesten. Al punto nos pusimos a revolver los entrepaos y las cajas, y +con mucho trabajo conseguimos tres los de mudas de ropa, de 50 pares +cada uno. No era bastante. Corr al baratillo de Maero, donde slo +haba 30 mudas. Sabe Vd. que por esta poca empiezan las <i>refacciones</i> +de los ingenios, segn se dice aqu. Los que se proveen por tierra, se +adelantan hasta dos meses. Las carretas echan semanas en andar cualquier +distancia, con que escasea la ropa hecha de los esclavos. Pues como +deca, del baratillo de Maero pas al del vizcano ese... Martiartu, +donde Aldama estuvo de mozo. Ah consegu 60 mudas ms, y por no perder +tiempo y porque juzgu que seran suficientes, llam a un carretonero, +cargu con todos los bultos y andando, andando para el muelle de +Caballera, hice cinco los, los at con unos cordeles, y al avo... +Pero cate Vd. que al pasar por delante de la casilla del resguardo, sale +el hombre y detiene la mula por la brida.—Cmo se entiende? Qu hace +Vd.? le grit encolerizado.—Se entiende, me dijo l con mucha sorna, +que si Vd. no trae gua, para embarcar estos efectos, yo no los dejo +pasar.—Gua, gua, le dije. Para qu diablos ese requisito? Estos los +no son para embarcar a ninguna parte. Son <i>esquifaciones</i>.—Sean lo que +fueren, prosigui el hombre sin soltar la presa. La gua al canto o no +hay paso.—Qu quera Vd. que hiciera en semejante aprieto? Eran +pasadas las once. Ya haba odo yo el reloj de la Aduana. Me registr +los bolsillos, encontr un dobloncejo de a dos, le saqu, se lo puse en +la mano al carabinero, dicindole: Vaya la gua, hombre; y sin ms ni +ms solt las bridas y dio paso franco. La cara del rey posee magia.</p> + +<p>—Eso es, dijo don Cndido en tono de aprobacin.</p> + +<p>—Pues es claro, aadi el Mayordomo satisfecho. Para ciertas gentes no +hay mejor lenguaje. Mas aqu no pararon mis trabajos. Llegados al +muelle, all estaba el botero. Sabe Vd. que el hombre es listo? En un +santiamn descargamos el carretn y luego dimos con los los en el bote. +Tom el timn bajo la carroza, y a viaje. Viramos, y en poco ms que lo +cuento nos pusimos en Casa Blanca, a vela y remo. Opuesto estaba el +famoso bergantn sobre las anclas y con la proa para Regla, tan ufano y +orgulloso cual si libre cortara las aguas del ocano y no se hallara +cautivo de los perros ingleses. En la cubierta se paseaban varios +soldados de marina; algunos de los cuales me pareci que no era de los +nuestros; pero alcanc a ver el cocinero Felipillo hacia popa, quien no +tard en conocerme y hacerme seas de que no atracara por el costado de +estribor, sino por el de babor, hacia la parte de tierra. As se hizo, +corriendo a un largo la vuelta de Triscornia y luego virando por redondo +a ganar la popa del bergantn, bajo la cual nos acoramos, y como quien +no quiere la cosa, bonitamente fuimos metiendo lo tras lo por un +ventanillo, donde el cocinero los reciba con toda seguridad.</p> + +<p>—Vamos! exclam don Cndido en un arranque de entusiasmo, rarsimo en +sujeto tan grave. Esa s que estuvo buena. Magnfico!, don Melitn. Ya +se puede dar por seguro que al menos se salvar una buena parte del +cargamento y habr para cubrir los gastos. No todo se ha perdido. Hecho, +hecho.</p> + +<p>Bien quisiera doa Rosa participar de la alegra y entusiasmo de su +marido; pero suceda que ella no entenda jota del bien que pudiera +traer a la salvacin del cargamento del bergantn <i>Veloz</i>, el hecho de +haber introducido a hurtadillas por un ventanillo de popa, las mudas de +ropa nueva compradas por don Melitn en los baratillos de los portales +de la Plaza Vieja. As es que se content con mirar primero a uno y +luego al otro de sus interlocutores, como si les pidiera una +explicacin. Entendiolo as Gamboa, porque continu con la misma +animacin:</p> + +<p>—Ciego el que no ve en da tan claro. Rosa, no comprendes que si +vestimos de limpio los bultos pueden pasar por ladinos, venidos de... de +Puerto Rico, de cualquier parte, menos de frica? Ests? No todo se ha +de decir. Estos son secretos... porque... hecha la ley, hecha la trampa. +Reventos, agreg con volubilidad, que le den de almorzar. Rosa, a Tirso +que le sirva el almuerzo... Debe traer hambre canina, y adems, quizs +tenga que volver a salir. Por lo que a m toca, a la una debo estar en +casa de Gmez, quien me espera en compaa de Madrazo, de Maero... Vaya +(empujando suavemente por el hombro a su Mayordomo), despache.</p> + +<p>—Corriendito, contest l. No necesito que me rueguen. Apuradamente, +tengo un hambre que ya... Pues no ando de ceca en meca desde las nueve +de la maana? Ya, ya... Se la doy al ms pintado. Lo extrao sera que +no sintiese una gazuza, que ya...</p> + +<p>Hacia el medio da don Cndido, que haba hecho venir al barbero para +que le afeitase, estaba listo para salir, y el quitrn le esperaba a la +puerta. Antonia, su hija mayor, le puso la corbata blanca con puntas +bordadas y colgantes, untndole aceite de Macastar, de olor fuerte, +especie de esencia de clavo, muy generalizado entonces, y peinndole a +la Napolen, es decir, con la punta del pelo trada sobre la frente +hasta tocar casi la unin de las cejas y la nariz. Adela le trajo la +caa de Indias con puo de oro y regatn de plata, y Tirso, que andaba +por all, vindole desdoblar la gran vejiga de los cigarros, le acerc +el braserillo. De seguidas, medio envuelto en la nube azulosa de su +exquisito habano, sin sonrerse ni decir palabra a ninguno de su +familia, sali con aire majestuoso por el zagun a la calle y se meti +en el carruaje.</p> + +<p>—A la Punta! fue lo nico que dijo en su voz bronca al viejo calesero +Po.</p> + +<p>No era un enigma este brevsimo lenguaje para el anciano calesero. +Significaba que deba dirigirse al trote a casa de don Joaqun Gmez, +que entonces viva en aquel pedazo de calle frente a una cortina de la +muralla que da hacia la entrada del puerto.</p> + +<p>All esperaban el amo de la casa, el hacendado Madrazo y el comerciante +Maero. Este ltimo era el ms inteligente de los cuatro; se ocupaba en +importar gneros y quincalla de Europa, que venda a plazos a mercaderes +de la plaza. Aquel era un medio muy tardo de hacer fortuna, fuera de +que los vendedores no siempre cumplan exactamente con sus compromisos, +de que resultaban prdidas en vez de ganancias. Maero, por esto, como +otros muchos paisanos suyos, haba emprendido en las expediciones a la +costa de frica, hasta all con mejor suerte que en el comercio de +gneros.</p> + +<p>Al salir, como salieron a poco para el palacio del Capitn General, +Gmez dijo a Maero que llevara la palabra, cosa que aprobaron de la +mejor gana Madrazo y Gamboa, reconocindose incapaces para desempear el +papel de orador siquiera con mediano lucimiento. Las dos de la tarde +seran cuando entraban ellos por el ancho y elevadsimo prtico de ese +edificio que, segn se sabe, ocupa todo el frente de la Plaza de Armas. +A aquella hora estaba lleno de gente no por cierto del mejor pelaje, +aunque no poda calificrsele, en general, como de la clase del pueblo +bajo de Cuba. El movimiento era incesante y activo. El rumor de pasos y +de voces ruidoso y an chilln. Unos iban, otros venan, observndose +que los que ms agilidad mostraban, mozos en su mayora y nada atildados +en su porte ni en su traje, llevaban debajo del brazo izquierdo, +doblados por la mitad en sentido longitudinal, unos legajos de papeles +del folio espaol. Por lo comn entraban en o salan de los cuartos o +covachuelas, que dicen en Cuba accesorias, cuya nica puerta y acaso +ventana daban al prtico, al ras del piso de chinas pelonas de que +estaba formado. A la primera ojeada, era de advertirse que esa multitud +de gente no acuda a solazarse ni por mera curiosidad; porque se +distribua en grupos y corrillos ms o menos numerosos, en los cuales se +hablaba a voz en cuello, mejor, a veces se gritaba, acompaando siempre +la accin a la palabra como si se discutieran asuntos de gran +importancia, o que mucho interesaban a los principales actores. Desde +luego, puede asegurarse que no se trataba de poltica; estaba +absolutamente prohibido, y el derecho de reunin no se practicaba en +Cuba desde al ao de 1824 en que acab el segundo perodo del sistema +constitucional. Y sin embargo, aquel era un Congreso en toda forma.</p> + +<p>Mientras esto pasaba en medio del prtico, arrimado a una de las macizas +y gruesas columnas, se vea un grupo compuesto de una negra y cuatro +nios de color, el mayor de doce aos de edad, la menor una mulatica de +7, todos cosidos a la falda de la primera, la cual tena la cabeza +doblada sobre el pecho y cubierto con una <i>manta</i> de algodn. Enfrente +de este melanclico grupo se hallaba un negro en mangas de camisa, y a +su lado un hombre blanco, vestido decentemente, quien lea en voz baja +de un legajo de papeles abiertos, que a guisa de libro sostena en ambas +manos, y el primero repeta en voz alta, concluyendo siempre con la +frmula:</p> + +<p>—Se han de rematar: ste es el ltimo pregn. No hay quien d ms?</p> + +<p>Cada una de estas palabras pareca herir, como con un cuchillo, el +corazn de la pobre mujer, porque procuraba ocultar la cabeza ms y ms +bajo los pliegues del paoln, temblaba toda y se le cosan a la falda +los hermosos nios. Llam el grupo o la escena aquella la atencin de +Maero, se la indic con el dedo a Gmez, y le dijo al pao:—Ves? +Farsa, farsa. El remate ya est hecho aqu (sealando entonces para una +de las covachuelas a su derecha). Pero, tate, agreg dndose una palmada +en la frente y tocndole despus en el hombro a Madrazo, que iba por +delante al par de Gamboa, pues no es esa negra la Mara de la O de +Marzn que t tenas hace tiempo en depsito judicialmente? Yo que t la +remataba con sus cuatro hijos. Dentro de unos pocos aos valen ellos +cuatro tantos lo que te cuesten con la madre ahora.</p> + +<p>—Qu sabes t si no la ha rematado ya? observ Gmez con naturalidad.</p> + +<p>—Interesa a ustedes el asunto? dijo Madrazo desazonado, contestando a +Gmez y a Maero.</p> + +<p>—Me intereso por ti y por la mulatica, repuso este ltimo con malicia, +dndole un buen codazo a su compaero. La madre de los chicos es +excelente cocinera, lo s por experiencia propia, y luego la chica... +Sobre que se me figura mucho a su padre.</p> + +<p>—A Marzn querrs decir, dijo Madrazo.</p> + +<p>—Ba! No. Cunto tiempo hace del pleito de Marzn con don Diego del +Revollar y del depsito de los negros del primero en tu ingenio de +Manimn? pregunt Maero con aparente sencillez.</p> + +<p>—Cerca de ocho aos, dijo Gmez. Marzn es curro y del Revollar +montas como nosotros, y siempre han vivido como perro y gato en sus +cafetales del Cuzco.</p> + +<p>—No creo que hace tanto tiempo, interpuso Madrazo.</p> + +<p>—Sea como fuere, continu Maero, el caso es que la chicuela esa de +padre blanco y madre negra no tiene arriba de siete aos de edad y...</p> + +<p>No continu Maero, porque en aquel instante se acerc a Madrazo un +hombre sin sombrero, le toc en el brazo, le llam por su nombre y le +atrajo a una de las covachuelas de que antes hemos hablado. Madrazo con +la mano abierta indic a sus amigos que le esperaran, y desapareci +entre la multitud de gente, casi toda a pie, que llenaba la pieza.</p> + +<p>—No se los deca? aadi Maero hablando con Gmez y Gamboa. Madrazo +ha hecho el remate de Mara de la O con sus cuatro hijos, uno de los +cuales, o el diablo me lleve o es la mismsima efigie del rematador, y +el pregn no ha sido una farsa para guardar las apariencias y mostrar +imparcialidad con el amigo Marzn. Al fin tiene entraas de padre y se +porta como buen amo: no habr extraamiento ni dispersin de la familia.</p> + +<p>Segn debe haberlo comprendido el lector avisado, aquellas eran las +escribanas pblicas de la jurisdiccin judicial de La Habana. +Componanse de un saloncito cuadrilongo con puerta al prtico y ventana +de rejas de hierro al patio del palacio de la Capitana General de Cuba. +Eran unas diez o doce al frente, unas tres ms haba en el costado del +norte o calle de O'Reilly y otras tantas o ms en la de Mercaderes, +entre stas la de hipotecas. De medio da a las tres bajaba la +audiencia, como se deca all, y los oficiales de causa, junto con los +procuradores, que venan a tomar nota de los autos en los pleitos a su +cargo, los escribanos que daban fe, uno u otro abogado de poca clientela +y an bachilleres en derecho que comenzaban la prctica de los juicios +por su propia cuenta, llenaban las escribanas hasta el exceso. Fuera de +esto, el cuarto no era nada amplio y estaba flanqueado de mesas cargadas +de tinta y de papeles o procesos, y detrs de ellas, arrimados a las +paredes, haba anchos y altos armarios, con redes de alambre o cuerda +por puertas para que se viesen entre sus entrepaos los numerosos +protocolos forrados de pergamino cual cdices de antiguas bibliotecas.</p> + +<p>El hombre sin sombrero llev a Madrazo a la derecha de la escribana, +ante la primera mesa, algo ms grande y decente que las dems, pues +tena barandilla, y el tintero se conoca que era de plomo, es decir, +que no estaba tan cargado de tinta. El individuo que ocupaba una silla +de vaqueta detrs de dicha mesa, se puso en pie lleno de respeto luego +que vio al hacendado, le salud con amabilidad y en voz alta pidi los +autos de Revollar contra Marzn. Trados por el hombre del pregn y +abiertos por una hoja que estaba doblada longitudinalmente, apunt con +el ndice de la mano izquierda para una providencia compuesta de unos +pocos renglones manuscritos, y dijo a Madrazo que pusiera debajo su +firma. Hzolo as ste, con una pluma de ganso que le alcanz el +escribano, y saludando, fuese enseguida a reunirse con sus compaeros.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_VIIIb" id="Capitulo_VIIIb"></a><span class="smcap">Captulo VIII</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Hecha la ley, hecha la trampa.</i></p> + +<p>Proverbio castellano.</p></div> + + +<p>Mira, como se sabe, hacia la Plaza de Armas o el Este el frontispicio +del palacio de la Capitana General de Cuba. La entrada es amplia, +especie de zagun, con cuartos a ambos lados, cuyas puertas abren al +mismo, y sirven, el de la izquierda para el oficial de guardia, el de la +derecha para cuartel del piquete. Los fusiles de los soldados +descansaban en su astillero, mientras la centinela, con el arma al +brazo, se paseaba por delante de la puerta.</p> + +<p>Tena Maero formas varoniles, maneras distinguidas y vesta traje de +etiqueta, como que deba presentarse con decencia ante la primera +autoridad de la Isla. No era, pues, mucho tomarle, a primera vista, por +un gran personaje. Adems, habiendo servido en la milicia nacional +durante el sitio de Cdiz por el ejrcito francs en 1823, haba +adquirido aire militar, al que daba mayor realce el cabo de una cinta +roja con crucecita de oro, que sola llevar en el segundo ojal del frac +negro. Luego que Madrazo se reuni con sus amigos, Maero se volvi de +pronto y a su cabeza march derecho a la entrada del palacio.</p> + +<p>Repar entonces en l la centinela, cuadrse, present el arma y grit:</p> + +<p>—La guardia! El Excelentsimo Seor Intendente.</p> + +<p>Armronse en un instante los soldados de faccin con su caa hueca, +psose a su cabeza el oficial con la espada desnuda, y la caja empez a +tocar llamada. El grito de la centinela y el movimiento de los soldados +llamaron la atencin de Maero y de sus amigos, los cuales, a fin de +despejar el campo, apresuraron el paso; pero como les presentasen armas +y el oficial hiciese el saludo de ordenanza, comprendieron que uno de +ellos, el que marchaba delante, haba sido tomado por el Superintendente +de Hacienda, don Claudio Martnez de Pinillos, con quien, en efecto, +tena alguna semejanza. No tard, sin embargo, en reconocer el error el +oficial de guardia, y en su enojo mand relevar la centinela y que +guardara arresto en el cuartel, por el resto del da.</p> + +<p>Los cuatro amigos entonces, reprimiendo la risa para no excitar ms la +clera del teniente de faccin, emprendieron la subida de la ancha +escalera del palacio. Una vez en los espaciosos corredores, a la +desfilada y con sombrero en mano, se dirigieron a la puerta del saln +llamado de los Gobernadores. En ella estaba constituido un negro de +aspecto respetable, quien a la vista de los extraos que se acercaban, +se puso en pie y se les atraves en el camino, como para pedirles el +santo y sea.</p> + +<p>En pocas palabras le manifest Maero el objeto de la embajada; pero +antes que el negro replicase, se present un ayudante del Capitn +General, e inform que S. E. no se hallaba en el palacio sino en el +patio de la Fuerza, probando la calidad de un par de gallos finos o +ingleses que haba recibido de regalo de la Vuelta-Abajo recientemente.</p> + +<p>—No tengan Vds. reparo en ir a verle all, si urge el asunto que les +trae a su presencia, aadi el ayudante notando la incertidumbre de los +recienvenidos; porque S. E. suele dar audiencia en medio de sus gallos +de pelea, hasta al general de marina, a los cnsules extranjeros...</p> + +<p>Aunque la cosa urga sin duda, pues iba a reunirse pronto la comisin +mixta para dar un fallo decisivo sobre si eran buena presa el bergantn +<i>Veloz</i> y su cargamento, o no, gran alivio experimentaron Gmez Madrazo +y Gamboa especialmente, as que se convencieron de que poda verificarse +la entrevista con el Capitn General algo despus y en sitio menos +aristocrtico e imponente que su palacio. Entre la Fuerza y la +Intendencia de Hacienda, detrs de los pabellones en que ms adelante se +estableci la escribana de la misma, haba y hay un patio o plaza, +dependencia del primero de estos edificios, donde el Capitn General don +Francisco Dionisio Vives haba hecho construir en toda forma una <i>valla</i> +o reidero de gallos con su piso de serrn, galera de bancos para los +espectadores, en suma, una verdadera <i>gallera</i>. All se cuidaban y se +adestraban hasta dos docenas de gallos ingleses, que son los ms +pugnaces, producto de cras famosas de la Isla y regalos todos que de +tiempo en tiempo haban hecho al general Vives individuos particulares, +bien conocida como era de todos su aficin a las rias de esa especie. Y +all tenan efecto tambin stas de cuando en cuando, sobre todo, +siempre que se le antojaba a S. E. obsequiar a sus amigos y subalternos +con uno de esos espectculos que, si no brbaro como el de las corridas +de toros, no dejan de ser crueles y sangrientos.</p> + +<p>El individuo a cuyo cargo corra el cuidado y doctrina de los gallos del +Capitn General de Cuba, era hombre de historia, como suele decirse. Le +llamaban Padrn. Haba cometido un homicidio alevoso, segn decan unos; +en defensa propia segn otros; lo cierto es que, preso, encausado y +condenado a presidio en La Habana, mediante los ruegos y +representaciones de una hermana suya, joven y no mal parecida, y la +influencia del Marqus don Pedro Calvo, que le abrigaba y protega, +vista su habilidad en el manejo de los gallos finos, Vives le hizo +quitar los grillos y le llev al patio de la Fuerza donde, a tiempo que +cuidaba de la gallera de S. E., poda cumplir el trmino de su condena, +sin el mal ejemplo ni los trabajos del presidio. Quieren decir que +Padrn haba cometido otras picardihuelas adems del homicidio dicho y +que los parientes del muerto haban jurado eterna venganza contra el +matador. Pero quin se atreva a sacarle del patio de la Fuerza, ni del +amparo del Capitn General de la Isla? Padrn, pues, el penado Padrn, +sin hiprbole, se hallaba all protegido por una doble fuerza.</p> + +<p>En el patio de aqulla de que ahora hablamos, se presentaron sin +anunciarse, con sombrero en mano y el cuerpo arqueado, en seal de +profundo respeto, nuestros conocidos, los asendereados tratantes en +esclavos, Maero y amigos. Ya los haban precedido en el mismo sitio +varios personajes de cuenta, entre otros el comandante de marina +Laborde, el mayor de plaza Zurita, el teniente de rey Cadaval, el +coronel del regimiento Fijo de La Habana Crdoba, el castellano del +Morro Molina, el clebre mdico Montes de Oca, y otros de menor cuanta. +Con excepcin de Laborde, Cadaval, Molina y un negro joven que cea +sable y luca dos charreteras doradas en los hombros de su chaqueta de +pao, los dems se mantenan a respetable distancia del Capitn General +Vives, quien a la sazn se hallaba arrimado a un pilar de madera que +sostena el techo de la valla por la parte de fuera de las graderas.</p> + +<p>La atencin de este personaje estaba toda concentrada en las carreras y +revuelos de un gallo cobrizo y muy arriscado, al cual Padrn provocaba +hasta el furor, dejando que otro gallo que tena por los encuentros en +la mano izquierda le pegara de cuando en cuando un picotazo en la cabeza +rapada y roja como sangre. Vesta Padrn a la usanza guajira, quiere +decirse: de camisa blanca y pantaln de listas azules ceido a la +cintura por detrs con una hebilla de plata, que recoga las dos tiras +en que remataba la pretina. No sabemos si por dolencia, por abrigo o por +costumbre, tena la cabeza envuelta en un pauelo de hilo a cuadros, +cuyas puntas formaban una lazada sobre la nuca. Los zapatos de vaqueta +apenas le cubran los pies pequeos y el empeine arqueado como de mujer, +y sin calcetines. Por respeto sin duda al Capitn General, sujetaba el +sombrero de paja con la mano derecha, apoyada por el dorso en la +espalda. Era de talla mediana, enjuto, musculoso, fuerte, plido, de +facciones menudas, y poda contar 34 aos de edad.</p> + +<p>No era mucho ms aventajada la talla del Capitn General don Francisco +Dionisio Vives, el cual vesta frac negro de pao, sobre chaleco blanco +de piqu, pantalones de mahn o nankn y sombrero redondo de castor, +siendo el nico distintivo del rango que ocupaba en el ejrcito espaol +y en la gobernacin poltico-militar de la colonia, la ancha y pesada +faja de seda roja con que se cea el abdomen por encima del chaleco. Ni +en su aspecto ni en su porte haba nada que revelara al militar. En la +poca de que hablamos poda tener l cincuenta aos de edad. Era de +mediana estatura, como ya se ha indicado, bastante enjuto de carnes, +aunque de formas redondeadas, como de persona que no haba llevado una +vida muy activa. Tena el rostro ms largo que ancho, casi cuadrado; las +facciones regulares, los ojos claros, el cutis fino y blanco, el cabello +crespo y negro todava, y no llevaba bigote, ni ms pie de barba a la +clrigo. S, aquel hombre no tena nada de guerrero, y, sin embargo, su +rey le haba confiado el mando en jefe de la mayor de sus colonias +insulares en Amrica, precisamente cuando parecan ms prximos a +romperse los tenues y anmalos lazos que an la tenan sujeta al trono +de su metrpolis.</p> + +<p>Aunque la traicin de don Agustn Ferrety haba puesto en manos de Vives +sin mayor dificultad los principales caudillos de la conspiracin +conocida por los <i>Soles de Bolvar</i> en 1826, muchos afiliados de menos +metas, si bien no menos audaces, pudieron escapar al Continente y desde +all, por medio de emisarios celosos, mantenan viva la esperanza de los +partidarios de la independencia en la Isla y llevaban la zozobra al +nimo de las autoridades de la misma.</p> + +<p>La prensa haba enmudecido desde 1824, no exista la milicia ciudadana, +los ayuntamientos haban dejado de ser cuerpos populares, y no quedaba +ni la sombra de libertad, pues por decreto de 1825 se declar el pas en +estado de sitio, instituyndose la Comisin Militar permanente. El paso +repentino de las ms amplias franquicias a la ms opresiva de las +tiranas, fue harto rudo para no engendrar, como engendr, un profundo +descontento y un malestar general, con tanto ms motivo cuanto que en +los dos cortos perodos constitucionales el pueblo se haba acostumbrado +a las luchas de la vida poltica. Privado de esa atmsfera acudi con +ms ahinco que antes a las reuniones de las sociedades secretas, muchas +de las cuales an existan a fines del ao de 1830, no habindolas +podido suprimir el gobierno con la misma facilidad que haba suprimido +las garantas constitucionales. La conspiracin fue desde all un estado +normal y permanente de una buena parte de la juventud cubana. Tomaba +creces y se extenda a casi todas las clases sociales la agitacin ms +intensa en las grandes poblaciones, tales como La Habana, Matanzas, +Puerto Prncipe, Bayamo y Santiago de Cuba.</p> + +<p>En todas ellas hubo ms o menos alborotos y demostraciones de +resistencia, porque tard algn tiempo antes que el pueblo doblara la +cerviz y se sometiera al yugo de la tirana colonial. Numerosas +prisiones se haban efectuado en todas partes de la Isla, saliendo de +ellas para el extranjero cuantos pudieron eludir la vigilancia de la +polica, muy obtusa y de organizacin deficiente entonces.</p> + +<p>A todas stas la metrpolis no tena marina de guerra digna de este +nombre; se reduca a unos pocos buques de vela viejos, pesados y casi +podridos. Con excepcin de La Habana, no haba verdaderas plazas +fortificadas. Muy escasa era la guarnicin veterana, y sobre escasa +haba cundido en sus filas la insubordinacin. Componase de cumplidos y +de capitulados de Mxico y Costa-Firme, y ni todos sus jefes generales +eran espaoles; los haba tambin naturales del pas o criollos en las +tres armas, y stos nunca podan inspirar confianza al ms suspicaz de +los gobiernos que ha tenido Espaa, si se excepta el de Felipe II.</p> + +<p>Por otra parte, el desorden de la administracin de la colonia, la +penuria del erario, la venalidad y la corrupcin de los jueces y de los +empleados, la desmoralizacin de las costumbres y el atraso general, se +combinaban para amenazar de muerte aquella sociedad que ya vena +trabajada por toda suerte de males de muchos aos de desgobierno. +Durante los seis que dur el mando de Vives, ni la vida, ni la propiedad +estaban seguras, as en las poblaciones como en los campos. De stos se +enseoreaban cuadrillas de bandoleros feroces que todo lo ponan a +sangre y fuego. En los mares circunvecinos cruzaban triunfantes los +corsarios de las colonias que acababan de emanciparse y destruan el +mezquino comercio de Cuba. En las islitas adyacentes se abrigaban +piratas que para ejercer el contrabando apresaban los buques escapados +de los corsarios y, despus de robarles, mataban a los tripulantes y +hacan desaparecer toda huella del crimen con el fuego.</p> + +<p>Tal era, en resumen, el estado de cosas en la isla de Cuba hasta bien +entrado el ao de 1828. Y es perfectamente claro que, sin la oficiosa +intervencin de los Estados Unidos en 1826, se habra llevado a efecto +la invasin de las dos Antillas espaolas por las fuerzas combinadas de +Mxico y de Colombia, de acuerdo con los planes de Bolvar y los deseos +de los cubanos, una diputacin de los cuales fue a encontrarle con ese +objeto cuando volva vencedor de los famosos campos de Ayacucho. Suceso +ste que, realizado, infaliblemente hubiera sido el golpe de gracia al +dominio espaol en el Nuevo Mundo. En tan crticas circunstancias, al +menos para neutralizar las maquinaciones de los enemigos de Espaa en +el interior de la colonia, se requeran las artimaas de un diplomtico +ms bien que la espada de un guerrero; un hombre de astucia y de doblez, +ms bien que de accin; un hombre de intriga, ms bien que de violencia; +un gobernante humano por poltica, ms bien que severo por ndole; un +Maquiavelo, ms bien que un duque de Alba, y Vives fue ese hombre: +escogido con grande acierto por el ms desptico de los gobiernos que ha +tenido Espaa en lo que va del presente siglo, para la gobernacin de +Cuba.</p> + +<p>Mucho se alegr don Cndido Gamboa de encontrarse un conocido en el +grupo de los cortesanos que venan a saludar al Capitn General en su +gallera del patio de la Fuerza. El aspecto de ese sujeto no prevena +nada en su favor, porque sobre ser de baja estatura y raqutico, llevaba +la cabeza metida entre los hombros, tena la cara larga y el color +aceitunado, como la persona muy biliosa, siendo su desalio general, +casi repugnante. En sus ojos chicos y de hondas cuencas haba, sin +embargo, bastante para redimir las faltas y las sobras del cuerpo y del +semblante, haba fuego e inteligencia. Al saludarle don Cndido, le dio +el ttulo de Doctor.</p> + +<p>—Cmo est Vd.? contest l en voz chillona y risa que bien pudiera +llamarse fra.</p> + +<p>Para ello tuvo que levantar la cabeza, porque su interlocutor le sacaba +dos palmos, por lo menos, de altura.</p> + +<p>—Bien, si no fueran los trotes en que sin quererlo me veo ahora metido.</p> + +<p>—Y qu troles son esos? pregunt el Doctor como por mero cumplimiento.</p> + +<p>—Toma! Pues no sabe Vd. que los perros de los ingleses <i>nos</i> acaban +de apresar un bergantn bajo los fuegos del torren del Mariel, como +quien dice en nuestras barbas, so pretexto de que era un buque negrero, +procedente de Guinea? Pero esta vez se han llevado solemne chasco: el +bergantn no vena de frica, sino de Puerto Rico, y no con negros +bozales, sino ladinos.</p> + +<p>—Qu me dice Vd.! Nada saba. Bien que con los enfermos, no tengo +tiempo aun para rascarme la cabeza, cunto ms para averiguar noticias +que no me tocan de cerca. Aunque si he de decir a Vd. la verdad, si a +alguno le causa perjuicio el celo exagerado de los ingleses es a m, +pues harta falta me hacen brazos para mi cafetal del Aguacate.</p> + +<p>—Y a quin no le hacen falta? Eso es lo que todos los hacendados +necesitamos como el pan. Sin brazos se arruinan nuestros ingenios y +cafetales. Y tal parece que es lo que buscan esos judos ingleses, que +Dios confunda. No le parece a Vd., Doctor, que el Capitn General, +sobre este punto es de la misma opinin que nosotros?</p> + +<p>—Hombre! Acerca de este particular no le he odo expresarse.</p> + +<p>—Ya, pero pudiera ser que Vd. le hubiese odo declamar...</p> + +<p>—Contra los ingleses? interpuso el Doctor. Mucho que s. Por cierto +que Tolm le carga y a duras penas le sufre sus impertinencias y +desmanes.</p> + +<p>—Eso, eso, repiti Gamboa alegre. No en vano se dice que Vd. tiene vara +alta con S. E.</p> + +<p>—S? Tal se corre? dijo el Doctor con muestras de que la especie +halagaba no poco su vanidad. Es cierto que le merezco a S. E. una buena +voluntad y aun distincin; pero nada de extrao tiene porque yo soy el +mdico de l y de su familia desde que vinieron de Espaa, y por otra +parte, es cosa sabida su llaneza. Me distingue bastante, mucho.</p> + +<p>—Lo s, lo oigo repetir a distintas personas y por lo mismo, estaba +pensando, me ocurre, mejor dicho, que, como Vd. se prestase a ejercer su +influjo todava podramos jugarle una buena pasada a los ingleses y +dejarlos con tamao palmo de narices. Estoy seguro que tampoco le +pesara a Vd., amigo Doctor, el darnos la mano en este aprieto.</p> + +<p>—No lo entiendo. Explquese Vd., don Cndido.</p> + +<p>—Hgase Vd. el cargo, Doctor, que la expedicin apresada por los +ingleses, salvada ntegra, nos vale a nosotros los dueos de ella, por +lo bajo dieciocho mil onzas de oro, libres de polvo y paja. En caso de +perderse la mitad, todava nos deja una ganancia lquida de nueve mil, +que no es ningn grano de ans. Con que vea Vd. si podemos ser liberales +con el que nos ayude. Escogera Vd. mismo media docena de mulecones +entre la partida, que es de lo mejor que viene de la costa de Gallinas, +y no le costara sino el trabajo de...</p> + +<p>—An no entiendo jota, seor don Cndido.</p> + +<p>—Pues me explicar ms. La expedicin consta de unos 500 bultos, 300 de +los cuales es posible hacerlos pasar por ladinos importados de Puerto +Rico, habindose remitido a bordo, desde esta maana, sobre 400 mudas de +ropa de caamazo. Ahora bien, si S. E. es de parecer que tenemos +necesidad de brazos para cultivar los campos, y que no debe permitirse +que los ingleses destruyan nuestra riqueza agrcola, es claro que, como +haya quien le hable y le pinte bien el caso, no podr menos de ponerse +de nuestra parte. Una palabra suya al seor don Juan Montalvo, de la +comisin mixta, bastara a decidir el pleito en favor nuestro; y ya ve +Vd. si nos sera fcil ser liberales con... Adems, cinco o seis bozales +no van a ninguna banda, ni nos haran ms ricos ni ms pobres a nosotros +los armadores, que por todos somos ocho... Comprende Vd. ahora mi idea?</p> + +<p>—Claro que s. Cuente Vd. con que pondr de mi parte cuanto est en mi +mano, aunque no me estimula tanto la oferta de Vd. como el deseo de +servirle y de contribuir al castigo de la ambicin y malas intenciones +de los ingleses. Supongo que Vd. viene a hablar con S. E. sobre el +asunto.</p> + +<p>—Si, vengo a eso con mis amigos Gmez, Maero y Madrazo. Creo que Vd. +los conoce.</p> + +<p>—Conozco de odas a Madrazo, cuyo ingenio de <i>Manimn</i> est en la misma +jurisdiccin de Baha Honda que mi cafetal del Aguacate.</p> + +<p>—Pues bien, ellos y los otros interesados estarn y pasarn por todo lo +que yo acuerde con Vd. Si Vd. cree que S. E. acepte un regalito de unos +cuantos centenares de onzas...</p> + +<p>—Deje Vd. eso a mi cargo. Yo s como entrarle a S. E. Le hablar esta +noche misma. Vanle Vds. primero. Y ahora que me acuerdo, qu se hizo +de la chica aqulla?...</p> + +<p>—Cul? No atino, dijo Gamboa ponindose colorado.</p> + +<p>—Pobre memoria tiene Vd., segn parece. Bien que de eso hace ya algn +tiempo, pero Vd. estaba muy interesado, pues me recomend mucho la +asistencia de la chica.</p> + +<p>—Ya se es otro cantar... En Paula...</p> + +<p>—Cmo en Paula? Enferma?</p> + +<p>—Peor que eso, Doctor. Creo que ha perdido el juicio sin remedio.</p> + +<p>—Qu me cuenta Vd.! Tan joven?</p> + +<p>—No tanto.</p> + +<p>—Jovencita, digo. Veamos, qu tiempo hace? Diecisis o diecisiete +aos. Fue en 1812 1813. S, estoy seguro. No puede ser ms joven.</p> + +<p>—Pues no se refera Vd. a la madre?</p> + +<p>—Pregunto por la chica, la que conoc en la Real Casa Cuna. Prometa +ser un pimpollo cuando grande.</p> + +<p>—Ya, acabramos para maana. El enredo nace de que tengo por chica +cualquier moza, como sea de pocos aos, y la madre, en rigor, no +pertenece a esa categora.</p> + +<p>—Recordar Vd., dijo el Doctor, que yo no curaba a la mujer que Vd. +dice, sino Rosan, aunque me consult varias veces el caso. No tena +idea de que la enferma del callejn de San Juan de Dios tuviese nada +que ver con la chica de la Real Casa Cuna. Ahora me desengao. Padeca +de fiebre puerperal en combinacin con una meningitis aguda...</p> + +<p>En este punto Gamboa cort bruscamente la conversacin y volvi a +reunirse con sus amigos, y Maero le pregunt:</p> + +<p>—Qu ha sido ello? Gato encerrado?</p> + +<p>—No, gata, replic Gamboa prontamente.</p> + +<p>—Lo presuma, dijo Maero con naturalidad. T fuiste siempre aficionado +a las empresas gatunas. Pero quin es con mil de a caballo ese +hombrecito que llamas <i>Doctor</i>?</p> + +<p>—Pues qu, no le conoces, hombre?... El Doctor don Toms de Montes de +Oca.</p> + +<p>—Le haba odo mentar. No le haba visto la facha, sin embargo. Figura +asaz ridcula, y <i>ainda mais</i>...<a name="FNanchor_37_37" id="FNanchor_37_37"></a><a href="#Footnote_37_37" class="fnanchor">[37]</a></p> + +<p>—Buen medido y diestra cuchilla.</p> + +<p>—Dios me libre de sus manos.</p> + +<p>—Es el que cura a la familia del Capitn General.</p> + +<p>En este punto se not un movimiento en el grupo de las personas que +rodeaban a ese personaje ms de cerca, cesando desde luego los dilogos +en voz baja de las ms distantes. Padrn haba llevado los gallos a sus +respectivas casillas, y Vives saludaba afectuosamente a Laborde, a +Cadaval, a Zurita, a Molina y a Crdoba, pasando de uno a otro hasta que +lleg al joven negro, arriba mencionado, a quien dijo, sin darle la mano +ni ms saludarle:</p> + +<p>—Tond, presntate en Secretara a recibir rdenes.</p> + +<p>Tenemos que hacer un parntesis en este punto, para decir dos palabras +acerca de Tond. Era el protegido del Capitn General Vives, quien le +sac de la milicia de color donde tena el grado de teniente, y despus +de ascenderle a capitn, previa la venia de S. E. el rey, de facultarle +para usar el don y ceir sable, le dio comisin para perseguir +criminales de color en las afueras de la ciudad, sin duda por aquello de +que no hay peor cua que la del mismo palo.</p> + +<p>Y en este caso, como en otros muchos que pudieran citarse, se echaron +bien de ver el tacto y tino con que sola Vives escoger sus hombres. +Parece ocioso agregar que el protegido lleg en breve a distinguirse por +su actividad, celo y astucia en la averiguacin de los crmenes, la +persecucin y captura de los criminales. En estas empresas difciles +cuanto riesgosas, le ayudaron mucho su juventud y robustez, su +presencia, que era gallarda, su educacin regular, sus finas maneras y +modesto porte, en fin, su valor sereno, que a veces llevaba hasta la +temeridad; prendas stas que al paso que le ganaron la admiracin de las +mujeres, le dieron ascendencia mgica en el nimo fantasioso de las +gentes de su raza. Y como a menudo acontece con los personajes +novelescos, el pueblo le compuso y dedic canciones y danzas alusivas a +sus hechos ms notables, y le dio un apodo que de tal modo ha +oscurecido, apagado su nombre patronmico, que hoy, al cabo de cuarenta +aos, slo podemos decir que le llamaban Tond.</p> + +<p>Empleado activo y leal, tard en cumplir la orden recibida lo que tard +en pasar del patio de la Fuerza a los entresuelos del palacio de la +Capitana General. Desempeaba entonces la secretara poltica don Jos +M. de la Torre y Crdenas. Este, aunque recibi a Tond con semblante +risueo, no le brind asiento, ni a derechas contest a su respetuoso +saludo; slo se ocup de decirle que en la noche anterior, por parte del +Comisario del barrio de Guadalupe, Barredo, se saba que se haba +cometido un crimen atroz en la calle de Manrique esquina a la de la +Estrella, y que S. E. deseaba se hiciese la pronta averiguacin del +hecho, a fin de descubrir el autor o autores, y se pudiera perseguirlos +sin descanso hasta capturarlos y entregarlos a los tribunales; porque +estaba empeado en hacer un sealado escarmiento.</p> + +<p>Enseguida le lleg su turno a los de la comisin, y Maero expres su +embajada lisa y llanamente, reducida a decir que no proceda en ley ni +en justicia se declarase buena presa, si se declaraba por la comisin +mixta, la del bergantn <i>Veloz</i>, ahora mismo en el puerto de La Habana, +aunque traa un cargamento de negros, pues como atestaban sus papeles, +despachados en toda forma, vena de Puerto Rico y no de las costas de +frica directamente; y aun cuando se considerase contrabando el trfico +en esclavos con esta ltima, no lo era respecto de la primera, que por +fortuna an perteneca, al par de Cuba, a la corona de S. M. el rey de +Espaa e Indias, don Fernando VII, Q. D. G.</p> + +<p>Sonriose el General Vives y dijo al postulante que le presentara un +memorial expresivo de todas las razones y hechos alegados, que l lo +pasara a la comisin mixta con los papeles del buque; que ya tena +noticias de lo ocurrido, por boca del mismo cnsul ingls, el cual se le +haba presentado antes de la hora de audiencia en compaa del +comandante del apresador, el Lord Clarence Paget, y aadi con cierta +severidad de tono y de semblante:</p> + +<p>—Reconozco, seores, la injusticia y los daos que nos ocasiona un +tratado por el cual se concede a Inglaterra, la enemiga natural de +nuestras colonias, el derecho de visita sobre nuestros buques mercantes; +pero los ministros de S. M. en su alta sabidura tuvieron a bien +aprobarlo, y a nosotros, leales sbditos, slo nos toca acatar y +obedecer el mandato del augusto monarca Q. D. G. Y se me figura, +seores, que si Vds., estn dispuestos a respetar el tratado, no lo +estn ni poco ni mucho a cumplirlo. En vano me hago de la vista gorda +respecto de lo que Vds. hacen da tras da (seores, cuando hablo as no +me refiero a Vds., personalmente, sino a todos los que se ocupan en la +trata de frica), que segn va la cosa, no pararn hasta meter sus +expediciones en Banes, en Cojmar, en los Arcos de Canas y aun en este +mismo puerto. En vano he hecho cerrar y derribar los barracones del +Paseo, que Vds. no escarmientan y siguen introduciendo sus bozales en +esta plaza, persuadidos, sin duda, que no hay mejor mercado para esa +mercanca. En tal momento no se acuerdan Vds., del pobre Capitn +General, contra quien el cnsul ingls endereza sus tiros, porque no +bien entra aqu un saco de carbn, como Vds. dicen, cuando l lo huele y +viene hecho un energmeno a desahogar conmigo su mal humor.</p> + +<p>—Ea! Vayan Vds., con Dios y otra vez sean ms prudentes. Y a propsito +de prudencia: ayer tarde vino a m un joven dependiente de una casa de +comercio para quejarse de que a la luz del da, en la plaza de San +Francisco, le haban arrebatado un saco de dinero de su principal. Cabe +mayor imprudencia que la de ir por la calle enseando el dinero a todo +el mundo y tentando a la gente de mala ndole? Tambin se me quej de +que al oscurecer del da de ayer, dos negros con pual en mano le +pararon cerca de la estatua de Carlos III y le desvalijaron de cuanto +llevaba encima de valor, el reloj, etctera. Si Vd. hubiera tenido un +tantico de prudencia, le dije, no se habra expuesto a perder la vida +atravesando sitio tan solitario como ese del Paseo, a la entrada de la +noche, hora que escoge la gente mala para cometer sus fechoras. Aprenda +de m que no salgo de noche a la calle. Lo mismo digo a Vds.: no se +metan en las garras de los ingleses y salvarn sus expediciones, ni +comprometan la honra del Capitn General. La prudencia es la primera de +las virtudes en el mundo.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_IXb" id="Capitulo_IXb"></a><span class="smcap">Captulo IX</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>En ti pensaba y en aquel instante<br /> +Me mandaba llorar naturaleza.</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">Jos Mara Heredia</span></p></div> + + +<p>Personaje de ms cuenta de lo que nadie puede imaginarse era en casa de +Gamboa su Mayordomo don Melitn Reventos. Tena en el manejo general +econmico ms voz que su amo, y a las veces se hombreaba en ese terreno +con doa Rosa.</p> + +<p>Pero donde ejerca un poderoso imperio era entre los esclavos. Corra +con su provisin de vestuario y de alimentos, tanto de los del servicio +domstico en La Habana, como de los de las fincas rurales. Para con los +primeros, sobre todo, se daba los aires de seor; ms que eso, de +dspota. Haca, sin embargo, respecto de stos, dos excepciones el feroz +Mayordomo. En primer lugar, no gustaba de estrechar lance con el +calesero Aponte. No ya slo era hombre serio y temible sino que +perteneca al hijo mimado de la casa, el cual no quera delegar en nadie +el derecho de castigarle.</p> + +<p>Tampoco tena don Melitn malas obras ni malas palabras para Dolores. +Lejos de eso, para ella reservaba sus sonrisas, sus agasajos y +atenciones. De cuando en cuando la haca regalos de pauelos y dijes, +que la muchacha aceptaba sin reparo, aunque para usarlos tuviese que +mentir a sus seoritas; porque, despus de todo, no halagaba poco su +vanidad el que un hombre blanco emplease con ella tales galanteras.</p> + +<p>No tenan origen estas distinciones del Mayordomo en favor de Dolores en +la circunstancia de que era la doncella de las seoritas de la casa, +tratada por ello con ciertas consideraciones por toda la familia, no; +tenan diverso origen, procedan de los mritos de la moza como mujer: +joven, bien formada y bonita para negra.</p> + +<p>Aquel da en que por llegar tarde de su comisin al bergantn <i>Veloz</i>, +almorzaba don Melitn a la cabecera de la mesa en el comedor, con todos +los aires de amo, servido atentamente por Tirso, acert a pasar Dolores +y tropezar con su codo en los momentos en que se llevaba un vaso de vino +a la boca. Fuese aquello por casualidad o de hecho pensado, el Mayordomo +se aprovech de la ocasin para pegarle un pellizco en el desnudo y bien +torneado brazo.</p> + +<p>—Ay, don Melitn! exclam ella sin alzar la voz, aunque llevndose la +mano al punto dolorido.</p> + +<p>—Ay, Dolores! remed l lleno de risa.</p> + +<p>—Eso duele, agreg la muchacha.</p> + +<p>—Ca! No hagas caso. Si todava te he de libertar.</p> + +<p>Dolores hizo con la boca el ruido onomatopyico que llaman frer un +huevo, cual si no creyera ni jota en la sinceridad de las ltimas +palabras del Mayordomo. No obstante, harto dulce es el nombre de la +libertad para que la joven esclava cerrase el odo a la promesa y el +corazn a la esperanza de verla realizada, fuera el que fuese el +sacrificio que la exigiese el donante. De cualquier modo, siguiola l +con la vista hasta que traspas el arco del patio, y entonces murmur:</p> + +<p>—Esta todava se casa con el bribn de Aponte. Sera una lstima!</p> + +<p>Mara de Regla, mencionada al principio de esta historia, tuvo Dolores +de su unin legtima con Dionisio el cocinero, quince aos antes de la +poca actual. Contemporneamente tuvo doa Rosa a Adela, su hija menor, +la cual entreg a Mara de Regla para que se la lactase, por no sentirse +ella en condiciones para desempear por entonces aqul, el ms dulce de +los deberes de madre. Por supuesto, para llenar encargo tan delicado, +necesario se hizo destetar a Dolores y criarla con leche de cabra o de +vaca, aparte enteramente de la hija de su seora y ama.</p> + +<p>Prohibisele explcitamente a Mara de Regla el dividir sus caricias y +el tesoro de su seno entre las dos nias, siquiera el tomarlas juntas en +brazos. Pero aunque esclava, temerosa del castigo con que la haban +amenazado, era madre, quera a su propia hija entraablemente, quizs +ms por lo mismo que no la permitan criarla; as que siempre que las +otras esclavas le proporcionaban la ocasin, tarde de la noche y fuera +del alcance de la vista de los amos, se pona ambas nias a los pechos y +las amamantaba con imponderable delicia. La robustez de la nodriza, al +parecer sin detrimento ni desmedro, provea ampliamente a aquella doble +lactancia. Cribanse las dos hermanas de leche sanas y fuertes. Mara de +Regla no haca diferencia entre ellas, y as en la mayor armona habra +corrido su infancia si tan luego como empez a disminuir el sustento no +trataran de disputrselo y armar llanto, en especial la blanca, no +acostumbrada a semejante divisin.</p> + +<p>Al cabo, atrada una noche doa Rosa por el llanto de su hija, +sorprendi a la nodriza dormida entre las dos nias, que, con ambos +brazos extendidos, se impedan el mutuo goce del delicioso lquido. Qu +hacer en aquellas circunstancias? Castigar a la esclava en el acto por +su desobediencia? Cambiar de nodriza? Tan malo sera lo uno como lo +otro, pens doa Rosa. Lo primero, porque el castigo envenenara la +leche de la esclava; y lo segundo, porque en el octavo mes de la +lactancia, el cambio repentino producira resultados no menos fatales a +la salud y tal vez a la existencia de Adela. Tan perpleja estaba que +consult a su marido, quien, hombre violento si los hay, aconsej la +prudencia y el disimulo hasta ocasin ms oportuna. Descubierta su +primera falta, dijo l, no es probable que Mara de Regla reincida. De +cualquier modo, as continuaron las cosas por un ao y medio ms, al +cabo de cuyo tiempo, el da menos pensado, se le orden al Mayordomo +echara por delante a la <i>criandera</i> y la embarcara a bordo de una goleta +que haca viajes de La Habana al Mariel, dejndola en el ingenio de <i>La +Tinaja</i>, bien recomendada al Mayoral. All se hallaba de enfermera el +ao de 1830, es decir, purgando la culpa de ser madre amorosa, cometida +trece aos antes de esa fecha.</p> + +<p>Que la esclavitud tiene fuerza de trastornar la nocin de lo justo y de +lo injusto en el espritu del amo; que embota la sensibilidad humana; +que afloja los lazos sociales ms estrechos; que debilita el sentimiento +de la propia dignidad y aun oscurece las ideas del honor, se comprende; +pero que cierre el corazn al amor de padres o de hermanos a la simpata +espontnea de las almas tiernas, he aqu lo que no se ve a menudo. No +es, pues, extrao que Mara de Regla sintiese en lo profundo del pecho +su separacin a un tiempo de la hija, del padre de sta y de Adela +misma, para pasar el resto de sus das en el destierro del ingenio <i>La +Tinaja</i>.</p> + +<p>En el cdigo no escrito de los amos de esclavos no se reconoce +proporcin ni medida entre los delitos y las penas. Es que no se castiga +por corregir, sino por desfogar la pasin del momento; de que resulta +que casi siempre se le apliquen al esclavo varias penas por un solo +delito. Luego, llova sobre mojado, como vulgarmente se dice, en el caso +de Mara de Regla. Su destierro de La Habana, la separacin de la hija y +del marido, quizs para no verlos ms en la vida, el cambio de ocupacin +de ama de leche en la ciudad por el de enfermera en el campo, el +traspaso de dependencia bajo el capricho del Mayordomo en aqulla, al +del Mayoral en el ingenio, en concepto de doa Rosa no bastaban a purgar +la culpa de su triste esclava.</p> + +<p>No haba logrado averiguar esa seora a ciencia cierta de quin era la +nia que haba estado lactando Mara de Regla, cosa de ao y medio antes +de haber dado a luz a Dolores. Lo nico que pudo sacar de don Cndido +fue que el mdico Montes de Oca la haba contratado para lactar a la +hija ilegtima de un amigo, cuyo nombre no deba revelarse. El precio +del alquiler, dos onzas de oro, las recibi doa Rosa mes tras mes, con +la mayor puntualidad mientras dur la lactancia, por mano de don +Cndido. Esto poco no pudo bastar a satisfacer sus celos, antes fue a +sembrar fuertes sospechas en su nimo, siendo el misterio motivo +constante de quejas y disgustos entre ella y su marido, y, por rechazo, +de gran preocupacin, que a veces rayaba en odio, contra Mara de Regla.</p> + +<p>Por fortuna, tales ejemplos de injusticia y de crueldad ocurrieron +cuando ambas nias no tenan uso de razn, y como crecieran juntas, como +en realidad mamaran una misma leche, no obstante su opuesta condicin y +raza, se amaron con amor de hermanas. Adela entr en aos y concurri a +una escuela de nias poco distante de su casa en compaa de su hermana +Carmen, a donde Dolores les llevaba los libros junto con la fruta y el +refresco a medio da, y a las tres de la tarde las acompaaba en su +vuelta a la casa. Carmen y Adela alcanzaron la edad de la pubertad, +Dolores antes que ellas, y en dejando la escuela no se les separaba sta +ni de da ni de noche. Las vesta, las peinaba, les lavaba los pies a la +hora de acostarse; durante el da cosa al lado de sus seoritas, y de +noche, bien dorma en el duro suelo al lado de la cama de Adela, bien en +el cuarto inmediato sobre la rgida tarima, a la vista de otra criada, +la ms anciana de la servidumbre.</p> + +<p>Dolores y Tirso eran hermanos uterinos. La primera, nacida en La Habana, +sali negra, porque a esa raza perteneca su padre; el segundo, nacido +despus en el ingenio La Tinaja, sali mulato, porque su padre, fuera el +que fuese, era de la raza blanca. De aqu provena el que ellos no se +viesen como tales hermanos, y que Mara de Regla quisiese ms a Tirso, +que mejoraba la condicin, que a Dolores, la cual perpetuaba el odioso +color, causa aparente y principal, crea ella, de su inacabable +esclavitud. Pero aun en este particular estaba Mara de Regla condenada +a ver defraudadas sus ms risueas ilusiones de madre. Tirso, su +preferido, no la quera, mas se avergonzaba de haber nacido de negra, +enfermera del ingenio por aadidura. Al contrario, Dolores adoraba en su +madre. Cada vez que llegaba a sus odos la noticia del mal trato que le +daban en <i>La Tinaja</i>, era motivo de amargo llanto para ella y para +suplicar a Adela la hiciese venir a La Habana y la sacase de aquel +purgatorio donde la tenan penando, haca tanto tiempo, slo por haber +dado de mamar a la vez a su propia hija y a la hija de sus amos. Senta +Adela la fuerza de estas dolorosas quejas, y, no obstante sus pocos aos +y muchas distracciones, oyendo continuamente, en el silencio de la +noche, ella acostada y Dolores de rodillas junto a su cama, la triste +historia de los trabajos y padecimientos de Mara de Regla en el +ingenio, se conmova hasta verter lgrimas, y entre bostezo y bostezo la +prometa que al da siguiente hablara a doa Rosa sobre el asunto. As +se quedaban dormidas muchas veces aquellas hermanas de leche, casi +siempre con las mejillas an hmedas del llanto.</p> + +<p>Mas suceda que al da siguiente no encontraba Adela ocasin favorable +para hablarle a su madre, seora algo seria con sus hijos, con la sola +excepcin de Leonardo, el nio mimado de la casa, y harto severa con los +esclavos. De esta manera se pasaba el tiempo. Una tarde, al fin, +mientras se hallaba Adela recostada en el sof de la sala por un ligero +dolor de cabeza, como se le acercase la madre, se le sentase al lado y +empezase a pasarle la mano por la frente, en son de acariciarla o por +mera distraccin, cobr nimo la joven, y agarr la ocasin por los +cabellos, cual suele decirse:</p> + +<p>—Quisiera pedirte un favor, mam; dijo con voz trmula por la emocin o +el temor.</p> + +<p>Por breve rato no contest palabra doa Rosa; slo mir a su hija, entre +sorprendida y pensativa. Esto aument la turbacin de Adela, quien, no +embargante, aadi a la carrera:</p> + +<p>—T no me vas a decir que no.</p> + +<p>—Ests enferma, nia, dijo doa Rosa secamente. Tranquilzate. Y se +levant para marcharse.</p> + +<p>—Un favor, mam. Escucha un momento, prosigui Adela, ya con los ojos +humedecidos, deteniendo a su madre por la falda.</p> + +<p>Esta volvi a sentarse, tal vez porque le llamaron la atencin las +palabras, y ms la actitud de su hija, indicativas todas de +extraordinaria agitacin y zozobra.</p> + +<p>—Vamos, te escucho. Di.</p> + +<p>—Pero t no te negars a mi ruego.</p> + +<p>—No s qu quieres de m; mal puedo decir de antemano si me negar o +no. Supongo, sin embargo, que es una de tus boberas. Acaba.</p> + +<p>—No crees t, mam, que ya Mara de Regla ha purgado la culpa?...</p> + +<p>—No lo dije? la interrumpi doa Rosa enojada. Y para esa necesidad +me detienes y me ruegas que te oiga? Ni quin te ha dicho que esa negra +est purgando culpa alguna?</p> + +<p>—Por qu la tienen tanto tiempo en el ingenio?</p> + +<p>—Y dnde estara mejor la muy perra?</p> + +<p>—Jess, mam! Me duele que hables as de quien me cri.</p> + +<p>—Ojal que nunca te hubiera dado de mamar. No sabes t cunto me ha +pesado la hora en que te puse en sus manos. Pero bien sabe Dios que lo +hice a no poder ms. No me hables de Mara de Regla, no quiero saber de +ella.</p> + +<p>—Crea que la habas perdonado.</p> + +<p>—Perdonado! perdonado! repiti doa Rosa alzando la voz. Jams! Para +m ya ella ha muerto.</p> + +<p>—Qu te ha hecho para tanto rigor?</p> + +<p>—Quin la trata con rigor?</p> + +<p>—Te parecen pocos los trabajos del ingenio? El maltrato que le dan?</p> + +<p>—No s yo que la maltraten ms de lo que ella merece.</p> + +<p>—Pues todos dicen que s.</p> + +<p>—Quines son esos todos?</p> + +<p>—Uno de ellos creo que ha sido el patrn Sierra que estuvo aqu la +semana pasada, cuando vino por las <i>esquifaciones</i> para el ingenio.</p> + +<p>—Lo que extrao es que el patrn hablase contigo.</p> + +<p>—Yo no, mam, sino otra persona, y como saben lo que quiero a Mara de +Regla, me contaron lo que ella deca. Me han afligido mucho las cosas +que all le pasan, y quisiera, de veras, que t hicieras algo por ella y +por m. Me ruega le sirva de madrina y haga que la saquen del ingenio...</p> + +<p>—Adela, dijo doa Rosa afectada con el tono de ingenuidad y de +exquisita ternura de su hija. Adela, t no sabes el sacrificio que +exiges de m. Pero se acercan las Pascuas, toda la familia ir al +ingenio y ya veremos lo que puede hacerse con esa negra de Barrabs. +Debo advertirte, sin embargo, que no esperes me ablande de pronto y sin +madura reflexin. Esa negra est perdida y muy sobre s. Lejos de +arrepentirse y enmendarse, como esperaba, para lavarse de la culpa de su +desobediencia a mi expreso mandato, la ha hecho peor desde su llegada a +<i>La Tinaja</i>. Va para doce aos que la tengo all, y cada vez me traen +ms quejas de ella y oigo cosas ms escandalosas. El Administrador que +tenamos all trinaba con la negra. Yo no te haba dicho nada, hija, +porque no se haba ofrecido la ocasin; pero me parece que ya Mara de +Regla no puede vivir con nosotros. Sera un mal ejemplo para ti, para +Carmen y aun para la misma Dolores. Desde que entr en el ingenio, entr +all la guerra civil; de cuyas resultas ha habido que cambiar a menudo +de mayordomos, de mayorales, de maestros de azcar, de carpinteros, en +fin, de cuantos tienen la cara blanca, pues no parece sino que la +maldita negra tiene un encanto para los hombres o que todos ellos son +fciles de infatuarse con cualquiera que lleva tnico. Tirso es una +acusacin viva contra la moralidad de Mara de Regla, pues su padre fue +un carpintero vizcano que tuvimos hace tiempo en <i>La Tinaja</i>... Los +<i>bocabajos</i> que ha llevado no la han corregido...</p> + +<p>Las ltimas palabras de doa Rosa estremecieron a Adela de pies a +cabeza, pues a pesar de los lamentos de Dolores, ignoraba que le +hubiesen impuesto a su adorada ama de leche otro castigo que el dursimo +del destierro de La Habana y de las personas que ms quera en el mundo. +Pareciole or el chasquido del ltigo, los gritos de la vctima y el +crujido de las carnes; se llen de horror, se cubri la cara con ambas +manos, y por entre sus dedos de rosa saltaron dos lgrimas como dos +gotas de roco, y fueron a estrellarse en su casto y agitado seno, +exclamando solamente.</p> + +<p>—Pobrecita!</p> + +<p>Conoci entonces doa Rosa que haba ido muy lejos, y apresuradamente +aadi:</p> + +<p>—Lo ves? T tambin ests infatuada con la negra. Por desgracia te dio +de mamar, debes de tenerle algn cario, lo comprendo; no obstante, es +preciso que reconozcas que es muy mal empleado y ya te convencers que +ella no merece tu compasin. Espera: de aqu a Navidad no va mucho. Ya +veremos el medio de arreglar lo que haya de hacerse.</p> + +<p>De todos modos aquella era una esperanza, que Adela tard en impartirle +a su hermana de leche lo que tard la madre en alejarse de su lado. +Dolores no saba ms que amar a su joven seorita, siendo todava muy +joven para amar a otra persona de contrario sexo, y haca esfuerzos +constantes para identificarse con ella, imitar el tono de su voz, sus +modos, su aire de andar y de llevar el traje, sus coqueteras; de manera +que los compaeros de esclavitud, cuando queran decirle algo que la +complaciera mucho, la llamaban all entre ellos: Nia Adela.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_Xb" id="Capitulo_Xb"></a><span class="smcap">Captulo X</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>—Ya s lo que me pides,<br /> +Llvate en l mi corazn y... toma.</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">Ramn Mayorga</span></p></div> + + +<p>Promediaba el mes de noviembre de 1830. Los vientos del norte ya haban +arrojado sobre las playas cubanas las primeras aves de paso de la +Florida, probando as que se haba adelantado el invierno en el opuesto +continente. El mar a menudo se hinchaba y con bramidos atronadores +rompa contra los arrecifes de las costas que sembraba por largo trecho +de blanca espuma, de conchuelas y sedimentos salinos.</p> + +<p>A las cuatro de la maana no haba bastante claridad en las calles de La +Habana, ni a cierta distancia se reconocan las personas, excepto +aqullas, pocas en verdad, que llevaban un farolito encendido +balancendose en la mano, mientras a paso acelerado se dirigan, bien a +los mercados, bien a los templos; en algunos de los cuales se oa a +medias el rgano con que las monjas o los frailes acompaaban el canto +de los maitines.</p> + +<p>Haca an noche, decimos, y ya don Cndido Gamboa, en su bata de zaraza +y gorro de dormir, se hallaba asomado al postigo de la ventana de la +calle, abrigado tras de la cortina de muselina blanca, en espera de <i>El +Diario de la Habana</i>, o para respirar aire ms libre que el pesado de la +alcoba.</p> + +<p>A poco ms empez a orse el ruido, al principio sordo, despus ms +vivo, de los pasos de alguien que se acercaba de la parte de la Plaza +Vieja. Hacia all torn los ojos don Cndido; mas no vino a salir de +dudas hasta que tuvo delante la persona en cuestin. Vesta traje de +caamazo, compuesto de una especie de chal para cubrirse la cabeza y de +la falda corta que cea a la cintura con una correa de cuero larga y +negra. Contribua adems a disfrazarla, el color cobrizo mate del +rostro, propio de los mulatos, mayormente cuando van para viejos, que le +daba la apariencia de mujer de la raza india.</p> + +<p>—Buenos das, seor don Cndido, le dijo en tono gangoso.</p> + +<p>—Tngalos muy buenos la <i>sea</i> Josefa, contest l procurando bajar la +voz. Temprano ha madrugado.</p> + +<p>—Qu quiere el seor? Quien tiene cuidados no duerme.</p> + +<p>—Pues, qu se ofrece de nuevo? Al grano.</p> + +<p>—Se ofrece mucho y me pareci que si me dilataba hasta la venida del +da, la cosa no tena remedio.</p> + +<p>—Entiendo. La orden que se ha dado el otro da por la Capitana General +sobre pordioseros y locos trae aqu a <i>sea</i> Josefa. La esperaba.</p> + +<p>—Lo acert el seor. No s como tengo vida, ni cuando acabarn mis +tribulaciones. Se crea al principio que slo iban a recoger a los +pobres y los locos que andan por las calles. Pero ayer por la tarde me +dijo la madre de Paula que hasta los locos en las casas privadas y en +los hospitales van a ser trasladados a San Dionisio o a una casa que han +fabricado en el patio de la Beneficencia. El seor podr calcular cmo +estar mi espritu con tal noticia. No he cerrado los ojos en toda la +noche. <i>Dende</i> que se public la orden el corazn me anunci una +desgracia.</p> + +<p>—Tal vez haya tiempo todava de remediarla.</p> + +<p>—Quiralo Dios, mi seor, porque si en el hospital la muchacha sufre, +qu no ser cuando la lleven a San Dionisio, o a la casa nueva, all +por San Lzaro? Ah no hay quien la cuide ni haga por ella. La tratarn +a palos. Y yo que no haba perdido la esperanza de verla en su sano +juicio y cabal salud! Ahora mi pobre Charito ir por delante, yo por +detrs. Acabaremos de pena... Hgase la voluntad de la Virgen Santsima.</p> + +<p>—Cree la <i>sea</i> Josefa que se podr hacer algo de provecho en este +caso?</p> + +<p>—Creo, mejor dicho, <i>sea</i> Soledad, la madre del hospital, cree que si +hay una persona de influjo que le hable al <i>Contralor</i>, sujeto muy +caritativo y temeroso de Dios, se har de la vista gorda y no se +cumplir la orden por lo tocante a Charito. Todo depende de l. Tal vez +<i>haiga</i> que buscar un mdico que d una certificacin. El <i>Contralor</i> es +bueno como el pan, y quiere servir, lo <i>mesmo</i> sea Soledad. Conque, +para que vea el seor...</p> + +<p>—Entiendo, entiendo, repiti don Cndido pensativo. Digo a Vd., por lo +tanto, que he consultado a Montes de Oca, quien es de opinin lleven al +campo a la enferma y la hagan tomar baos de agua salada. Veremos lo que +puede hacerse...</p> + +<p>Pero como sintiera pasos en el zagun, se interrumpi e hizo seas a la +anciana mulata para que se alejara a toda prisa.</p> + +<p>El toque de diana primero y de seguidas el disparo de can a bordo del +navo <i>Soberano</i> anclado junto al muelle de la Machina, estremeciendo +las ventanas del cuarto, hicieron despertar sobresaltado a Leonardo +Gamboa. Sac lumbre en el mechn de escarzo, y abriendo el reloj, vio +que eran las cuatro de la madrugada.—A tiempo, dijo entre s, y se +apresur a salir de la cama y vestirse. Para esto encendi una vela de +esperma, valindose de una pajuela, pues an no se conocan los cerillos +en La Habana.</p> + +<p>Mientras se peinaba delante del tocador, solt de repente el peine de +carey, volvi a requerir el reloj, y murmur:</p> + +<p>—Las cuatro y cuarto! Muy temprano todava y de aqu all no podr +echar arriba de quince minutos andando despacio. Ella me dijo que cerca +de las cinco... No sera mejor aguardar en la esquina? S, concluy +diciendo con resolucin. Y vestido y perfumado y con la caa de Indias, +sali de su cuarto y empez a bajar la escalera de piedra.</p> + +<p>Apoybase con la mano izquierda en el barandal de cedro, cosa de no dar +pisadas recias; mas as que descendi al zagun, donde no haba tal +apoyo, antes reinaba gran oscuridad, por ms cuidado que puso, aunque no +tuviesen tacones sus zapatos de escarpn, hizo demasiado ruido, aquel +ruido sordo que se oye cuando uno camina por encima de un suelo hueco, +abovedado. No parece sino que se haban despertado de improviso todos +los ecos del zagun y de la sala vecina, donde l sospechaba que poda +estar su padre, madrugador por excelencia. Andando a tienta paredes, +tropez con el viejo calesero, quien, acostumbrado a la oscuridad, vio +venir desde luego al joven y le sali al encuentro para servirle de gua +y evitar que se diera de narices contra la llanta frrea de uno de los +carruajes.</p> + +<p>—Po! Eres t? dijo l en voz muy baja. Abre.</p> + +<p>—El amo est <i>asomao</i> en la ventana de la calle, contest el negro.</p> + +<p>—Diablos! Tiene cerrojo el postigo de la puerta?</p> + +<p>—No, seor. <i>Dende</i> que sali Dionisio <i>pa</i> la plaza quit el <i>serojo</i>.</p> + +<p>—Abre poco a poco.</p> + +<p>No crujieron los goznes; pero ya don Cndido haba odo los pasos en el +zagun, y arrimado a la reja tronaba:</p> + +<p>—Po, quin va?</p> + +<p>—El nio <i>Lionar</i>, mi amo.</p> + +<p>—Sal. Llmale. Detenle. Dile que yo le llamo. Corre, patas de plomo.</p> + +<p>Entre tanto volva el esclavo no ces don Cndido de ir y venir, muy +desazonado, de la ventana de la calle a la reja del zagun y vice versa, +murmurando:</p> + +<p>—A dnde ir el muy bribn a estas horas? A nada bueno por cierto. +All ha ido. Claro que s, por decontado. Le estoy mirando. Y no habr +dejado aquella santa mujer nadie al cuidado?... Tal vez no, lo ms +probable es que no. A ciertas gentes se les pasea el alma por el cuerpo, +se descuidan mucho, no toman precauciones y de aqu provienen las +desgracias... El demonio no ms podra imaginar un cmulo de +circunstancias... La ocasin, la edad, la tentacin, el enemigo malo que +no duerme... Yo tambin me he descuidado. Deb preverlo, evitarlo, s, +impedirlo... Pero cmo? Si yo pudiera dar la cara! Veremos. Le +desnuco, le meto en un buque de guerra como me llamo Cndido, y hago que +le den chicote a ver si suelta alguna de la sangre criolla que tiene en +las venas. No es hijo mo, no. Todo esto se hubiera evitado si le mando +a Espaa como tena pensado hace ms de cuatro aos. Su madre tiene la +culpa. Casi, casi me alegrara de que no le encontrase Po, porque +podra matarle. Tal me siento contra l.</p> + +<p>En esto volvi Po fatigado, sin aliento y dijo:</p> + +<p><i>—Na, lamo, el nio no parece po ningn parte.</i></p> + +<p>—Bruto! tron don Cndido. Por dnde fuiste a buscarle?</p> + +<p><i>—Po la mano e larienda, lamo.</i></p> + +<p>—Por la izquierda, quieres decir? Animal en dos pies! Si march por +la derecha cmo habas de dar con l, pedazo de bestia? Vete. Qutate +de mi presencia, porque si Dios no me tiene de su mano, me parece que te +destripo de una patada.</p> + +<p>A las voces destempladas de don Cndido se asom doa Rosa a la puerta +del aposento que daba a la sala, y asustada pregunt:</p> + +<p>—Qu ha sucedido, Gamboa? Por qu gritas?</p> + +<p>—Pregntale a tu hijo que acaba de salir por ah hecho un facineroso.</p> + +<p>—Un facineroso? No lo entiendo. Ha hecho algo malo? Va a hacerlo?</p> + +<p>—No s mucho ms que t; sin embargo, sospecho, temo, se me ha puesto +que el muy bribn va a hacer una de las suyas. Se necesita ser ganso +para no sospechar que ese muchacho no ha podido salir a la calle a estas +horas en que no se ven ni las manos, y recatndose de m, para or misa +ni confesarse.</p> + +<p>—Quizs ha ido a tomar el fresco, quizs ha querido darte gusto +levantndose de madrugada. No hay razn para sospechar nada malo. T, al +menos, no ests seguro, no lo sabes. Por qu has de pensar siempre mal +de tu hijo?</p> + +<p>—Porque dice el refrn espaol: piensa mal y acertars.</p> + +<p>—Te repito, l no ha ido a nada bueno. Le conozco mejor que t que le +pariste. Yo s lo que he de hacer con l.</p> + +<p>—El pobre muchacho no acierta nunca a complacerte. Ni que fuera tu +hijastro. Si lo fuera, tal vez seras ms indulgente...</p> + +<p>—Compadcele. Dios quiera que no tengas que llorarle antes de mucho.</p> + +<p>Luego que sali Leonardo a la calle not que, arrimado a la acera de la +izquierda caminaba en la direccin de Paula un bulto oscuro como de +mujer. Entre seguirlo hasta cerciorarse de quin poda ser y alejarse de +su destino, estuvo un momento titubeando, pero la voz de su padre, que +llamaba a Po, le decidi a marchar la vuelta contraria, a fin de ganar +lo ms pronto posible la esquina de la calle de Santa Clara. As lo hizo +en segundos de tiempo. Por esta casualidad no le dio alcance el esclavo. +En poco ms se puso en la calle de O'Reilly, y subi al alto terrapln +o terrado del convento de Santa Catalina, lo atraves de este a oeste y +descendi a la calle del Aguacate por la escalera de tres o cuatro +escalones mencionada al principio de esta historia, yendo derecho a la +casita enfrente de ella.</p> + +<p>Parecindole que la puerta no estaba cerrada con llave ni tranca, empuj +una hoja con la punta de los dedos. Cedi algo, en efecto; por lo cual +hizo mayor esfuerzo, rod la silla en que se apoyaba y se abri lo +bastante para que el joven se deslizara por entre las dos hojas y +quedase dentro, sin ms ni ms. De pronto no vio nada. All eran las +tinieblas tan espesas como el aire hmedo que llenaba la estrecha pieza. +Sin embargo, a favor de la lmpara que arda an en el poyo del nicho +sobre la izquierda, pudo al fin distinguir al alcance de su mano un par +de palomas caseras dormidas en el respaldo de una silla, un gato +enroscado en el fondo de un silln de vaqueta, y una gallina bajo una +mesa protegiendo con sus amorosas alas varios pollitos, que asomaban los +picos por entre las plumas y empezaron a piar del modo suave y repetido +que suelen siempre que sienten temor o fro.</p> + +<p>Gradualmente sus miradas fueron elevndose del suelo hasta la altura de +la puerta del cuarto del fondo, donde vio algo que le pareci una mujer +o visin, de pie, escasamente vestida con un ropaje blanco, y el copioso +cabello suelto hecho mil anillos y revueltas ondas, desparramadas por el +seno y los hombros sin alcanzar a ocultarlos, con ser tan abundoso y +largo. Reconocerse, correr el uno hacia la otra y abrazarse +estrechamente en medio de los besos ardientes y sonoros, fue todo uno.</p> + +<p>El hospital de Paula no es ms que la continuacin de la iglesia del +mismo nombre, inmediato al ngulo de la muralla, por la parte que da al +sudeste de la baha. Tiene la entrada al norte, abierta en una alterosa +tapia de una galera que sirve de pasaje entre la iglesia y el +hospital. Precede a la entrada un vestbulo con tejadillo, que ms +parece mampara de convento que otra cosa. All se estaciona un centinela +para impedir el escape de los presos o dementes que reciben asistencia +mdica en el hospital. Generalmente slo se admiten mujeres en uno u +otro estado, cuando ni el delito es grave, ni la demencia de carcter +furioso.</p> + +<p>La mujer que haba visto Leonardo caminando a paso vivo en la direccin +del sur de la ciudad, por la calle de San Ignacio abajo, no par hasta +llegar al vestbulo de que antes hemos hablado. Empezaba a clarear el +horizonte entonces por el lado de oriente. Era su nimo entrarse de +rondn, pero ya la centinela con el sable desnudo se paseaba de un +extremo al otro del tejadillo, y se le encar cerrandole el paso:</p> + +<p>—Buenos das tenga Vd., seor militar, dijo la anciana tratando de +congraciarse con la centinela.</p> + +<p>—Buenos o malos, contest con rudeza el soldado, hace ratos que ac los +tenemos.</p> + +<p>—El seor militar parece que no me conoce, agreg ella en tono y +actitud suplicatorios.</p> + +<p>—No tiene nada de extrao, porque el diablo me lleve si he tenido +tratos con brujas.</p> + +<p>Se persign la mujer y aadi que deseaba hablar con <i>sea</i> Soledad, la +madre del hospital.</p> + +<p>—Tampoco conozco a esa ta, repuso la centinela reasumiendo sus paseos. +Por all dentro nadie se menea. Entrar, entrar y despejar el campo.</p> + +<p>En traspasando el umbral del vestbulo, se est en un gran patio +cuadrangular que lo forman, por la derecha el costado de la iglesia y +por los otros tres lados unos anchos pasadizos, de los cuales el de la +izquierda, por tres anchas puertas conduce a la sala de la enfermera. +Varias columnas cuadradas de fbrica de mampostera dividen sta en dos +naves longitudinales, llenas de camas, cuyas cabeceras se apoyan en las +paredes maestras del edificio, con lo que queda despejado el centro. No +haba all mamparas ni compartimientos, de manera que el observador +situado en cualquiera de las puertas, poda registrar con la vista todas +las camas. Hacia la baha o el este, lo mismo que hacia el sur y el +norte, haba ventanas altas que daban claridad y saludable ventilacin a +la espaciosa sala.</p> + +<p>Apenas la mujer con el cilicio de caamazo puso el pie en el patio, vio +asomar por el lado de la iglesia a la madre <i>sea</i> Soledad, con un +farolito, y detrs de ella un clrigo en sotana negra de sarga, sin +bonete, llevando en ambas manos, a la altura de su pecho, un copn de +plata con tapadera de lo mismo. Ambos caminaban a paso largo y +murmuraban ciertos rezos que en el silencio del patio resonaban con los +zumbidos de muchos moscones. Se encaminaron derecho a la enfermera y +atravesaron la sala de un lado a otro. Al pasar los dos por junto a la +anciana, conoci sta de lo que se trataba y cay de rodillas +exclamando:</p> + +<p>—Los leos! Dios reciba en su seno el alma del moribundo.</p> + +<p>Rezado el credo con mucho fervor, recogi todas sus fuerzas hecha casi +un arco con su cuerpo y dando traspieses, continu hasta la puerta del +medio de la sala y volvi a caer de rodillas. Era que acababa de notar +que el clrigo de pie al lado de una cama enfrente, administraba la +extrema uncin a una de las enfermas, mientras la madre de rodillas en +el lado opuesto suspenda cuanto poda el farolito para alumbrar aquella +triste y desolada escena.</p> + +<p>De vuelta de la iglesia a donde haba acompaado al clrigo, la madre +torn a la sala y encontr todava de rodillas a la mujer del cilicio, +con la cabeza doblada sobre el pecho, absorbida en sus oraciones. Tocole +en el hombro <i>sea</i> Soledad y le dio los buenos das, en cuyo momento +la mujer, en tono de voz casi ahogado por la angustia:</p> + +<p>—Conque ha muerto? pregunt.</p> + +<p>—Ya descansa en paz, contest la madre brevemente.</p> + +<p>—Ah! dijo la anciana y cay desplomada en el suelo.</p> + +<p>—Jess! <i>Sea</i> Josefa! repiti la madre haciendo esfuerzos por +levantarla. Qu le pasa? Va que Vd., no me ha entendido! Mire que todo +ha sido una equivocacin de las dos. No comprend su pregunta de Vd., ni +Vd., tampoco comprendi mi <i>contesta</i>. La muerta no ha sido Charo. No, +seor, no ha sido ella, sino una pobre morena que haca pocos das haba +entrado en el hospital. Charo va mejor, est ms aliviada del pecho. S, +no cabe duda. As lo dice el mdico y yo lo veo. Vamos, venga, quiero +que Vd. se desengae por sus mismos ojos.</p> + +<p>Poco a poco, con tales seguridades, empez a volver en s <i>sea</i> Josefa. +Despus de derramar un mar de lgrimas en silencio, se sinti en actitud +de seguir a la madre hasta la cama de la enferma por la cual se +interesaba tanto. Hallbase la tal a la sazn sentada, sin ms abrigo +que la sbana que le cubra las piernas encogidas, las cuales sujetaba +con ambos brazos desnudos, apoyando la frente en las rodillas. Tena +cortado el cabello casi de raz, como se hace generalmente con los +locos, y bajo la piel floja, descolorida y seca mostraba la armazn de +huesos, tanto ms cuanto que la camisa, sola pieza interior que llevaba, +no le cubra sino parte de la espalda. Por su posicin en la cama y por +una tos hueca y dbil que a veces le acometa, se conoca que estaba +viva.</p> + +<p>—Charo, Charito, le dijo la madre con amabilidad. Mira quin est aqu. +Levanta la cabeza, nia. Anmate.</p> + +<p>—Hija ma! se atrevi a decir <i>sea</i> Josefa. Mrame. Me oyes? Me +conoces, mi vida? Soy tu madre, quiero verte la cara. Respndeme +siquiera. Te traigo buenas noticias; pronto vamos a sacarte de aqu. Te +llevaremos al campo para que te cures y tengas el gusto de conocer y +abrazar a tu hija. Ah! Si la vieras! Est lindsima. Es tu retrato +cuando eras de su edad.</p> + +<p>—Vala Vd. tan callada, dijo <i>sea</i> Soledad. Cuando est as no habla, +no se mueve y cuesta Dios y ayuda que pase un bocado. Otras veces la +coge por gritar, como si la estuvieran matando, por llorar o por rerse +a carcajadas.</p> + +<p>Pero en vano emple <i>sea</i> Josefa los medios que juzg ms eficaces para +moverla. En vano acudi a los ruegos, a las caricias, a las lgrimas; la +enferma se mostr insensible a todo, no contest palabra, no alz la +cabeza, no cambi la posicin acurrucada. Claro era que no haba tenido +conciencia de la escena de muerte que acababa de verificarse en una cama +opuesta a la suya, y, por supuesto, no dio seal alguna de haber +reconocido la voz familiar de <i>sea</i> Soledad, ni la angustiosa de su +desconsolada madre.</p> + +<p>En fin, se adelantaba el da y era preciso que <i>sea</i> Josefa se +apresurase a volver a su casa, donde haba dejado sola a la nieta. Dijo, +pues, a la carrera a <i>sea</i> Soledad que el caballero que las protega a +ellas se propona hacer el ltimo esfuerzo para curar a Charo, si es que +an tena remedio, y que para ello la llevara al campo, cerca del mar, +en donde respirase otro aire y se baase a menudo, bajo la vigilancia de +un mdico.</p> + +<p>—Pues a ello, <i>sea</i> Josefa, y que para bien sea, dijo alegre la madre. +Lo que es aqu, est visto que esa pobre muchacha no tiene cura. Adems, +es preciso sacarla o no hay modo de impedir que se la lleven para la +nueva casa en la Beneficencia. Todos estos das atrs han andado +recogiendo pobres y locos por las calles. Ayer se llevaron a Dolores +Santa Cruz, tan alborotosa. Y el Comisario Cantalapiedra ya me ha +notificado la orden de traslacin de todas las locas en disposicin de +moverse.</p> + +<p>Figurarse puede cualquiera cmo llevara el corazn <i>sea</i> Josefa +despus de lo que haba visto, escuchado y sentido en el hospital de San +Francisco de Paula.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_XIb" id="Capitulo_XIb"></a><span class="smcap">Captulo XI</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>...Pero si el vicio mancha su limpieza<br /> +Vertiendo en ella su funesto hielo,<br /> +Levanta el ngel de su guarda el vuelo,<br /> +Y Dios torna a otro lado la cabeza.</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">Luisa Prez de Montes de Oca</span></p></div> + + +<p>Era el da claro y calentaba bastante el sol cuando <i>sea</i> Josefa volvi +a su casita de la calle del Aguacate. Al parecer nadie all se haba +movido, excepto la gallina con sus polluelos, que buscaban la salida al +patio por entre el cabio y el quicio de la puerta. El primer cuidado de +la anciana fue ver si la nieta reposaba en el alteroso lecho; y +satisfecha de que dorma tranquila, se quit el chal de caamazo, se +desci la correa y se dej caer en la butaca, desalojando para ello al +gato, que al ruido de la entrada de su ama entonces se esperezaba, abra +tamaa boca y mostraba la roja lengua con los afilados dientes.</p> + +<p>En desplomndose dio un profundo suspiro. Apuraba ahora el cliz ms +amargo que jams apuraron labios humanos. Su nica hija languideca en +un hospital, privada de los cuidados maternales, falta de juicio y +devorada por la consuncin, si que ella pudiera valerle en nada. Que no +tendra remedio ni alivio mientras continuara en ese lugar, plenamente +convencida qued en aquella maana <i>sea</i> Josefa, si era que antes +abrigaba dudas.</p> + +<p>Por qu estaba la madre afligida separada haca tanto tiempo, de la +hija doliente y moribunda? Esta separacin tena diecisis aos de +fecha, porque, segn recordar el lector, Mara del Rosario Alarcn +haba perdido el juicio a consecuencia del sentimiento y sorpresa que le +produjo el secuestro de su hija recin nacida, para pasarla por la Casa +Cuna. Cuando se la devolvieron, bien amamantada y rolliza, ya era +demasiado tarde, ya se haba apagado en su mente el ltimo rayo de la +divina luz. Todava si su demencia hubiese tomado un carcter manso y +tranquilo, habra sido posible dejarla pasar el resto de su vida al lado +de la madre y de la hija; pero a veces le entraban accesos de furor, en +cuya disposicin era difcil sujetarla e impedir que se hiciera dao o +le hiciera a los suyos.</p> + +<p>Adems, aun cuando por no haber casa de dementes en La Habana, admitan +en los hospitales, por ejemplo, en el de Paula, algunas mujeres en ese +estado, aqullos cuyas familias no podan guardarlos en sus casas que +eran los ms, andaban sueltos por las calles, hechos el hazmerrer de +los muchachos y el escndalo de las gentes timoratas. Tal, entre otros, +Dolores Santa Cruz, a que hizo referencia la madre del hospital de +Paula.</p> + +<p>Esta negra haba sido esclava de la familia distinguida de Jaruco cuyo +apellido llevaba. Con su industria y economas haba logrado libertarse +y reunir un capital. Compr casa y esclavos, dedicndose a la reventa de +carnes y frutas, que entonces era negocio bastante lucrativo.</p> + +<p>Sin que sepamos el motivo, alguien le disput en juicio el dominio +directo a su pequea hacienda. Esto la enred en un pleito largo y +costoso, que si bien gan con costas, en honorarios, sobornos, propinas, +entre abogados, procuradores, escribanos, oficiales de causa, jueces y +asesores, se consumi el valor de la casita, juntamente con el de las +dos esclavas. El resultado fue, que el da menos pensado la pobre mujer +se qued literal, no figuradamente, por puertas.</p> + +<p>Golpe rudo debi de haber sido ste para quien amaba mucho el dinero y +las satisfacciones que procura. La que siendo esclava fue libre, duea +de esclavos y de fincas, y de nuevo se vio atada al poste de otra +esclavitud: la miseria; no era posible sobrellevar el cambio sin que su +razn perdiese el equilibrio. Se le desvaneci en efecto, y desde +entonces, vestida de harapos, y adornada la cabeza con flores +artificiales y pajas, a la Hamlet,<a name="FNanchor_38_38" id="FNanchor_38_38"></a><a href="#Footnote_38_38" class="fnanchor">[38]</a> recorra da y noche las calles +apoyada en un palo largo, de que penda una jaba, gritando +desaforadamente por las esquinas: <i>Po! po! Aqu va Dolores Santa Cruz. +Yo no tiene dinero, no come, no duerme. Los ladrones me quitan cuanto +tiene. Po! po! Po!</i></p> + +<p>Figrese el lector la hija de <i>sea</i> Josefa, madre a su vez desgraciada, +revelando al pueblo en sus arrebatos de locura los pasos, los medios y +el nombre, quizs, de la persona o personas por cuya agencia se vea en +aquel tristsimo estado. No deba darse, y no se dio semejante +espectculo; antes por doloroso que fuese el sacrificio hubo que hacerlo +todo entero, como que de ello dependan hasta cierto punto la salud y la +felicidad de la inocente nia que haba sido la causa indirecta de la +desgracia de su madre. Tampoco deba crecer y desarrollar su razn +viendo que sta la haba perdido y era el ludibrio de los extraos. Ni +haba llegado el tiempo, crea la abuela, de que la hija y la madre se +conociesen. La separacin, pues, poda ser eterna.</p> + +<p>Tales pensamientos ocupaban el nimo de la anciana con ms fijeza que +nunca en los momentos que llamaron a la puerta de la calle. Cual si +despertara de un sueo pesado, levantose a abrir y se encontr con el +lechero, isleo de Canarias que en el traje usual de los campesinos, con +una botija debajo del brazo y un jarrito de lata en la mano, la salud +en el tono peculiar de su pas, con las palabras:</p> + +<p>—Pues abriera para maana la casera. <i>Verficamente</i> sta es la tercera +vez que le traigo la leche.</p> + +<p>—Yo estaba en misa, contest <i>sea</i> Josefa trayendo la cazuela para +recibir la pocin lctea.</p> + +<p>—Como que iba creyendo que se haban muerto toditos en esta casa.</p> + +<p>—Acabo de entrar de la calle.</p> + +<p>Despus de mirar a la vieja con aire peculiar, aadi:</p> + +<p>—Andese con cuatro ojos la casera, continu el lechero; porque ensea +el refrn que el que tiene enemigos no duerme.</p> + +<p>—Yo no tengo enemigos, a Dios gracias.</p> + +<p>—Parcele a la casera. Toditos tenemos enemigos ocultos en este mundo. +No tiene la casera una hija bonita?</p> + +<p>—Hija? No, seor, nieta.</p> + +<p>—Es lo <i>mesmo</i>. Pues en el palmito de esta nieta est el enemigo del +reposo de la casera. No hay mozo que no se perezca por los buenos +palmitos. El <i>demongo</i> me lleve si esta madrugada mesma no <i>vide</i> por +aqu un lindo don Diego. Ahora no me atrevo a decir si estaba juntito a +la puerta o a la ventana... Pero <i>de que lo vide lo vide</i>.</p> + +<p>—El casero se engaa, observ la anciana desazonada y temblorosa. No +estuve fuera sino por corto tiempo, y mi nieta no tiene mozo que le +persiga el lindo palmito como dice el casero.</p> + +<p>—Dgole a la casera lo que le digo, ndese con cuatro ojos, y no se +duerma en las pajas, porque <i>de que lo vide lo vide</i>.</p> + +<p>Nuevo motivo de inquietud y de tormento para la desventurada abuela. +Saba que un joven blanco, de familia rica, segua a su nieta como la +sombra al cuerpo, que la haca regalos costosos, que la facilitaba su +carruaje para concurrir a los bailes de las ferias, que ella +decididamente se pagaba de esas atenciones y obsequios; pero estaba muy +distante de creer, siquiera de sospechar, que l se aprovechase de su +ausencia en la iglesia o el hospital para soplarle la nieta, corromperla +y malograr su porvenir.</p> + +<p>Entonces pens que la haba dejado sola, encomendada a la vecina de la +casa inmediata, y bien pudieron los dos amantes ponerse de acuerdo, +darse cita de antemano y reundose all mismo, mientras ella se andaba +por Paula. De cualquier modo, afirmaba el lechero haber visto temprano a +la puerta de su ventana o casita a un lindo don Diego.—Quin sabe si +estuvo dentro? Cya era la falta si ocurra una desgracia? Sera +posible que la nieta siguiese el mismo camino y casi por los mismos +medios se perdiese como su desventurada madre?</p> + +<p>—Ah! exclam <i>sea</i> Josefa cayendo de rodillas al pie del nicho donde +se veneraba la imagen de la Dolorosa. Virgen Santsima! Qu he hecho +yo para este duro castigo? Cul ha sido mi grave culpa? Habr estado +toda la vida en pecado mortal sin saberlo? T sabes que he sido buena +hija, buena hermana y cariosa madre. Yo he procurado criar mis hijos en +el santo temor de Dios. Yo me he desvelado por infundirles sanos +principios de moral, de virtud y de religin. Yo cumplo estrictamente +con lo que manda la santa madre Iglesia. Por qu consientes, Virgen +pursima, amparo de los dbiles, madre de misericordia, por qu permites +que el Tentador en figura humana aleje a mi nieta, nia inocente, tierna +oveja del seor, del camino de la virtud, la empuje al pecado y la haga +caer de la gracia divina como a su infeliz madre? Me abandonars t +tambin, piadossima Seora, en ste el ms duro trance de mi vida?</p> + +<p>Aunque <i>sea</i> Josefa haba tomado casi al pie de la letra las ideas y +hasta las palabras de los libros de devocin, nicos que lea, no cabe +duda ninguna sino que el fervor de su fe religiosa, la consideracin de +la nueva desgracia que le vena encima, la conciencia de la tremenda +responsabilidad que le caba en caso de salir ciertas sus sospechas, en +medio de su poca cultura, la haban inspirado, al punto de improvisar +una oracin elocuente, por cuanto expresaba con verdad los sentimientos +que la dominaban en aquellas circunstancias. Poco fue, no obstante, el +alivio que proporcion a su desgarrado corazn el ferviente desfogue. +Porque el aviso del canario, por oportuno y certero, haca en su pecho +el mismo efecto del cuchillo, hincado en las carnes, que si se mueve +lascera, si se clava, mata. Tampoco era fcil olvidar las ltimas +sentenciosas palabras de aqul, no pensar en ellas; antes continuamente +resonaban en sus odos: <i>De que lo vide lo vide.</i></p> + +<p>Tambin resonaron en los odos de Cecilia, la cual no dorma desde mucho +antes que volviese su abuela de la iglesia; slo que le causaron +impresin muy distinta. Encendironle el pecho en clera e indignacin. +Porque, pensaba ella, quin mete al hombre a dar semejante aviso? Qu +le iba ni le vena conque ella tuviese o no tuviese un amante, en que se +viese con l o no por la puerta o por la ventana? Por qu insistir en +haberle visto? Maldito hombre! No se le hubiera secado la lengua antes +de decir lo que dijo! Seguramente tambin vio al joven entrar o salir, y +si no lo afirm con la misma pertinacia, fue porque la abuela no le dio +tiempo ni ocasin.</p> + +<p>Pero fuerza era atender a las demostraciones de dolor y sentimiento de +la abuela, que parecan extraordinarias y deban tener causa poderosa y +legtima. Cul poda ser sta? Ignoraba Cecilia lo ocurrido en Paula. +Su conciencia alarmada vino a descifrarle el enigma. Haba cometido una +grave falta admitiendo en su casa, a ocultas de la abuela y contra su +expresa orden, al joven blanco con quien cultivaba relaciones amorosas.</p> + +<p>Desde ese punto, la soberbia e independiente Cecilia experiment algo +que no haba experimentado nunca, algo que no atinaba a explicarse ella +misma, una revolucin en todo su ser. Es que ante la culpa empezaba a +verse dbil, temerosa, irresoluta, y tener vergenza de s, de su abuela +y de sus amigas. Con qu cara se les presentara ella? El hombre de la +leche iba a publicar su falta por todas partes aquella misma maana. +Cuando menos el vecindario ya estaba impuesto de todo, y en cuanto +saliera a la calle la sealaran con el dedo y diran de manera que lo +oyese:—Ah va la muchacha que se aprovecha de la ausencia de su abuela +en la iglesia para admitir en su casa al hombre que pblicamente la +corteja.</p> + +<p>Pero en medio de aquella confusin de ideas, comprendi Cecilia sin +mayor esfuerzo dos cosas importantes: la una, que tal vez la abuela no +estaba an convencida de su culpa; la otra, que a la tranquilidad de las +dos, pues que ya no haba remedio, convena disimular lo ms posible +hasta averiguar la verdad de lo que pasaba y tomar un partido. En esta +disposicin, se levant con tiento, se ech por encima de la camisa un +traje y se asom a la puerta de la alcoba. An se hallaba la anciana de +rodillas y conclua la improvisada plegaria. Corri a arrodillarse a su +lado, le pas un brazo por la cintura y, dndole un beso en la mejilla, +le pregunt con exquisita ternura:—Mamita, qu tiene su merced? Por +qu est tan afligida?</p> + +<p>No le respondi palabra la anciana, volvi a la butaca y rompi a llorar +en silencio. No hay cosa ms pegadiza que el llanto, y Cecilia estaba +predispuesta a contraer el mal. Se arroj en brazos de la abuela y +confundi sus lgrimas con las de ella; desahogo necesario de dolores +que, sin embargo, tenan contrapuesto origen. Tal vez habran +aprovechado aquella coyuntura para tener una explicacin que no poda +menos de ser satisfactoria para entrambas, porque as lo predispona el +estado de sus nimos; pero llamaron de nuevo a la puerta y <i>sea</i> Josefa +se apresur a abrir, enjugndose de camino las mejillas empapadas. Era +la vendedora de carne, manteca y huevos, negra de frica, con tablero +cuadrilongo equilibrado en la cabeza sobre un rodete, y un +espanta-moscas, hecho de varetas de palma de coco, en la mano derecha.</p> + +<p>Bien por cierta tendencia a la obesidad, por el calor, o por el desalio +natural de la gente de color, el traje de la vendedora consista de +falda de listadillo y camisoln, que cuando limpio deba de ser blanco, +y apenas le llegaba a los hombros, quedndose ms corto por las +espaldas, cuyas partes, junto con los brazos desnudos a la griega o +romana y las mejillas redondas y rollizas, le brillaban cual si, a la +usanza de su tierra, se las hubiese untado con grasa. Por supuesto, no +calzaba zapatos, sino que al caminar arrastraba un par de chancletas con +la punta de los dedos. Luego que abri <i>sea</i> Josefa, depuso el tablero +en el quicio de la puerta, y en tono de voz chillona, cuyo volumen no +corresponda con el de su cuerpo, dijo:</p> + +<p>—<i>Genos das, caserite. No me toma naa hoy? Entoava no ha hecho la +cru.</i></p> + +<p>Contestado brevemente el saludo por la anciana, ayud a deponer el +tablero en el suelo, agregando de prisa que le diera un real de carne de +puerco, medio real de huevos y medio de manteca. La vendedora cort la +carne a ojo de buen cubero, y con los dems artculos pedidos la puso en +un plato que trajo Cecilia; y no bien la vio, parece que la entraron +ganas de hablar hasta por los codos.</p> + +<p><i>—Labana et perda, nia. Toos son mataos y ladronisio. Ahora +mismito han desplumao un cristin alantre de mi sojo. Uno nio +blanca, muy bonite. Lo abayunca entre un pardo con jierre po atr y +un moreno po alantre, arrimao al can delasquina de Sant Terese. +De da crara, nio, lo quitan la rel y la dinere. Yo no queriba +mir. Pasa batante gente. Yo conose le moreno; e le sijo de mi +maro. Ah! Me da mieo. Entoava me tiembla la pecho.</i></p> + +<p>Con semejante descuadernado e ininteligible relato, se asust mucho +Cecilia, porque le pas por la mente que el robado poda ser su amante; +pero disimul cuanto pudo y la carnicera prosigui:</p> + +<p><i>—All por los Sitios ha habio la mar y la morene lotra noche. +Tond quiee prendr los mataores del bodeguer de la calle Manrico y +la Estreya. Elle estaba en un mortorio. El goberna manda +prendeslo. Dentra Tond, elle solito con su esp, coge dos; +Malanga, lo sijo de mi maro juye po patio y toava anda escondi. +Ese, ese, ma malo que toos. Conque pa que vea la caserite. No se +pue un fa de naide. Adis, caserite! Mucha sal.</i></p> + +<p>Ida la carnicera vino el panadero con la cesta de pan a la cabeza de un +negro que le segua los pasos, como la sombra verdadera de su cuerpo. +Entonces <i>sea</i> Josefa se acord que deba preparar el almuerzo. Segn +dijimos al principio de esta historia, el fogn se hallaba en el patio, +debajo de un alero de mesilla, sin chimenea ni cosa que lo valga. All +la anciana hizo lumbre valindose del eslabn, el pedernal, el azufre, +el cabo de vela y unos cuantos carbones vegetales, y en poco ms el +almuerzo qued listo. Entretanto Cecilia puso la mesa y ambas mujeres se +sentaron a ella. Por largo rato estuvieron sin probar bocado, levantar +los ojos del plato, ni hablar palabra. Es que a cada rato esperaba la +nieta que la abuela le leyese la culpa en el semblante, y no se atreva +a mirarla de frente; al paso que sta pareca muy nerviosa y +desazonada. Varias veces intent decir algo; harto se le conoci por el +movimiento de los labios, y otras tantas la voz se le atraves en la +garganta, porque en vez de sonidos articulados slo se le escaparon +sollozos. Por ltimo, hizo un esfuerzo y dijo:</p> + +<p>—Yo deba morirme ahora mismo.</p> + +<p>—Jess, mamita! No diga eso, exclam Cecilia sin alzar la cabeza.</p> + +<p>—Por qu no, si tal es lo que siento? Qu hago yo en el mundo? De +qu sirvo? De estorbo, nada ms que de estorbo.</p> + +<p>—Nunca haba hablado as su merced.</p> + +<p>—Puede ser, pero mis penas, aunque grandes, he podido sobrellevarlas +hasta ahora. Ya estoy vieja; sin embargo, me faltan las fuerzas, no +puedo ms. Estaba pensando que sera mejor echarme a morir.</p> + +<p>—No dice su merced que es pecado murmurar de los trabajos y penas que +Dios nos manda? Acurdese que Jesucristo llev la cruz hasta el +calvario.</p> + +<p>—Pobre de m! Mucho tiempo hace que he andado la <i>va crucis</i>, y que +estoy en el calvario. Slo falta mi crucificacin, y tal parece que me +la tienen decretada aquellos mismos que ms quiero en este mundo.</p> + +<p>—Si mamita lo dice por m, mire su merced que comete una verdadera +injusticia. Bien sabe Dios que por aliviarle los pesares, de buena gana +dara la sangre de mis venas.</p> + +<p>—No lo demuestras, no se te conoce. Al contrario, parece que te +complaces en hacer siempre lo que yo no quiero que hagas, lo mismo que +te prohbo. Si t me quisieras como dices no haras ciertas cosas...</p> + +<p>—Eh! Ya veo por donde va su merced.</p> + +<p>—Voy por donde debo ir, por donde va toda madre que estima en algo el +porvenir de sus hijos y su propio decoro.</p> + +<p>—Si su merced no diera odos a chismosos, lengua largas, se ahorrara +ms de un disgusto.</p> + +<p>—Sucede, nia, que esta vez el chisme viene bien con lo que yo vi con +estos ojos y o con estas orejas que se han de comer la tierra.</p> + +<p>En el calor de la discusin la muchacha haba cobrado aliento y dijo:</p> + +<p>—Qu ha podido ver ni or su merced que no sea un chisme? Vamos, +dgalo.</p> + +<p>—Cecilia, lo que yo veo claro como la luz del da es que a pesar de mis +amonestaciones y de mis consejos, t buscas tu perdicin como la +mariposa la luz de la vela.</p> + +<p>—Y si cierta persona, que es a quien su merced se refiere, se casa +conmigo, me colma de riquezas y me da muchos tnicos de seda, y me hace +una seora y me lleva a otra tierra donde nadie me conoce, qu dira su +merced?</p> + +<p>—Dira que ese es un sueo irrealizable, un disparate, una locura. En +primer lugar l es blanco y t de color, por ms que lo disimule tu +cutis de ncar y tus cabellos negros y sedosos. En segundo lugar, l es +de familia rica y conocida de La Habana, y t pobre y de origen +oscuro... En tercer lugar... Pero, a qu cansarme? Hay otro +inconveniente todava mayor, ms grande, insuperable... T eres una +chicuela casquivana... Mujer perdida, sin remedio. Dios mo! qu he +hecho yo para que me castiguen as?</p> + +<p>La ltima exclamacin la hizo <i>sea</i> Josefa, ya en pie y con las manos +en los odos, como para no or por boca de la nieta la confirmacin del +mal juicio que se haba formado acerca de sus opiniones sobre el +matrimonio. Cecilia se puso tambin en pie y quiso seguir a la abuela, +sea con la intencin de calmarla, sea con la de justificarse, explicando +o ampliando su idea; pero se detuvo de repente porque en aquel momento +asom por la entreabierta puerta de la calle el bien conocido rostro de +Nemesia.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_XIIb" id="Capitulo_XIIb"></a><span class="smcap">Captulo XII</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>...Pero ponme</i><br /> +<i>esa mano en este pecho.</i><br /> +<i>No sientes en l, Matilde,</i><br /> +<i>Un volcn? Pues son mis celos!</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">J. J. Milans</span></p></div> + +<p>—Santos das por ac, entr diciendo muy risuea Nemesia sin llamar a +la puerta.</p> + +<p>Pero se qued callada e inmvil no bien ech de ver la cara y actitud de +sus dos amigas. La abuela haba vuelto a desplomarse en la butaca, su +sitio favorito; la nieta se mantena de pie, junto a la mesa, en la cual +apoyaba una mano, fluctuando visiblemente entre el dolor y la +desesperacin.</p> + +<p>No pudo ser ms oportuna la aparicin de la amiga en aquellas +circunstancias. La anciana haba dicho ms de lo que la prudencia +aconsejaba, y la joven tema averiguar el sentido ntimo de las ltimas +palabras de la abuela. Qu saba ella? Por qu usar un lenguaje tan +embozado? Abrigaba fundadas sospechas o slo pretenda intimidar?</p> + +<p>La verdad es que en la disputa, con la conciencia alarmada, si no en +posesin de hechos, ambas haban avanzado a un terreno resbaladizo, +hasta all vedado para ellas, donde la primera que entrase haba de +recoger larga cosecha de pesares y remordimientos. Por su parte, no +crea <i>sea</i> Josefa llegado el momento de enterar a Cecilia de su +verdadera posicin en el mundo. Tal vez el lechero se haba equivocado +respecto de la identidad del joven; tal vez ste meramente pasaba por la +puerta de la casa. Si usted quiere conservar la inocencia de una +doncella, no la acuse, sin pruebas de haber pecado. Por estas razones +<i>sea</i> Josefa, aunque desazonada, y llena de profundo pesar, desde lo +ntimo del pecho salud con alegra la venida inesperada de Nemesia.</p> + +<p>Por fortuna tambin, para sacar a las tres mujeres de su embarazosa +situacin, llamaron entonces a la puerta de la calle con un fuerte golpe +de aldaba, modo desusado de llamar. <i>Sea</i> Josefa, siempre lista para +estos casos, corri a abrir, recibiendo, junto con un saludo profundo, +un papel que le alarg un negro ya canoso, vestido decentemente de +limpio. Tena todo el aire de calesero de casa principal. Dada la carta, +se march diciendo:—No contesta.</p> + +<p>No tena, en efecto, contestacin, ni vena dirigida a <i>sea</i> Josefa, +sino al Dr. Don Toms de Montes de Oca. En mano propia. Llegaba a +tiempo de calmar la ansiedad mayor de su espritu atribulado. Con el +auxilio de las gafas, que le alcanz Cecilia, pudo ella mascullar para +s:</p> + +<div class="block3"><p>Muy seor mo: De conformidad con lo que hemos hablado, doy la +presente a la portadora, que se le presentar hoy mismo, a fin de +que Vd. la explique lo que haya de hacerse en el asunto consabido. +Est de ms repetirle que responde a todo y que le vivir +eternamente reconocido S. S. S. y amigo Q. B. S. M.<a name="FNanchor_39_39" id="FNanchor_39_39"></a><a href="#Footnote_39_39" class="fnanchor">[39]</a></p> + +<p class="r"><i>C. de Gamboa y Ruiz.</i></p></div> + +<p>Leda una y otra vez la carta para enterarse mejor del contenido, mir +por encima de las gafas, primero a la nieta, luego a Nemesia, que se +estaba callada a esperar el resultado de aquella escena muda, +conocidamente absorbida, y como dudosa del partido que deba tomar. Pero +el hoy mismo de la carta la oblig a formar una resolucin +preguntando:</p> + +<p>—Qu hora es?</p> + +<p>—Son las ocho, contest Nemesia prontamente. Acaban de mudar las +guardias de la <i>suidad</i>. Como que oigo los tambores <i>entodava</i>.</p> + +<p>—Qu me alegro! repuso <i>sea</i> Josefa. Ests t hoy muy de prisa, hija +ma? aadi hablando con Nemesia.</p> + +<p>—No, seora, ni un tantico. Iba a la sastrera de Uribe en busca de +costura. Pero si la vida dura, el tiempo es largo. Ir ms tarde. Lo +mismo da.</p> + +<p>—Ahora bien, hija, t me vas a hacer un favor: te quedas aqu en la +compaa de Cecilia, intertanto doy un saltico a la Merced y vuelvo en un +santiamn. Te quedars?</p> + +<p>Sin aguardar respuesta se ci de nuevo la correa, se ech el chal de +caamazo por la cabeza y sali a la calle. Y no bien lo hizo cuando +Nemesia se volvi de improviso para Cecilia, la cogi por ambas manos y +le dijo:</p> + +<p>—Qu te cuento, china? Acabo de toparme con l.</p> + +<p>—Con quin? pregunt Cecilia.</p> + +<p>—Con tu adorado tormento.</p> + +<p>—Y qu bienes nos vienen con esa gracia?</p> + +<p>—Es posible, mujer? Lo dices como si no te importara. Cuando digo que +me he topado con l es porque creo que te interesa saber cmo, cundo y +dnde lo he visto. Vengo a buscarte.</p> + +<p>—Yo no puedo salir.</p> + +<p>—Para estos casos siempre hacen un poder las mujeres de pelo en pecho +como t.</p> + +<p>—Mamita puede volver pronto y yo no quiero que me encuentre fuera.</p> + +<p>—Qu importa? Quin dijo miedo? No es lejos tampoco. Detrs de Santa +Teresa.</p> + +<p>—No s qu sacar yo con ir hasta all.</p> + +<p>—Tal vez un desengao.</p> + +<p>—Pues para eso no voy. No quiero desengaos tan temprano.</p> + +<p>—Es preciso que vengas, mujer. Te interesa, te lo repito. Pronto.</p> + +<p>—No estoy vestida ni peinada.</p> + +<p>—No le hace. En un momento te pones el tnico, te alisas el pelo, te +echas la manta por la cabeza y <i>naide</i> te conoce. Yo te ayudar.</p> + +<p>—Nene, cmo dejamos la casa?</p> + +<p>—Le echamos la llave a la puerta, y ojos que te vieron ir, paloma +torcaza. Vamos, anda. No hay tiempo que perder. Podemos llegar tarde, +cuando <i>haygan</i> volado los pjaros.</p> + +<p>—Me da vergenza salir a la calle de trapillos.</p> + +<p>—<i>Naide</i> te ver. Hombre! Ni que fueras a perder por eso el +casamiento. Vienes? Sera una lstima llevarnos chasco.</p> + +<p>—Qu ser? pens Cecilia entrando en el cuarto para prepararse, como +lo hizo, en un dos por tres.</p> + +<p>Haba logrado Nemesia despertar la curiosidad y an la alarma en el +nimo de la amiga, y de antemano saboreaba el placer de verla morir de +celos.</p> + +<p>Bastante trabajo cost a las dos muchachas el cerrar la puerta con +llave. La oxidada cerradura estaba fija en el ngulo del marco y la +traviesa a un lado, el picolete adherido a su armella en la hoja macho +al otro, mal ajustado en la alcayata que le serva de apoyo, y de +consiguiente no entraba el cerradero en la hembrilla para que hiciera +presa el pestillo. Al fin, lograron su objeto, haciendo uso Cecilia de +ms maa que fuerza; y echaron a andar a paso menudo, bajo la sombra de +los tejados, en direccin del sur de la ciudad.</p> + +<p>Detrs de las tapias del convento de Santa Teresa, opuesto a una casa de +ventanas de poyo alto y rejas voladizas, haba parado un carruaje, al +cual se vean enganchados tres caballos apareados, de frente para la +calle de la Muralla. El calesero montaba el de la izquierda, armado de +machete largo y dems adminculos del oficio, en son de marcha. Al +estribo inmediato a la acera haba un joven dando los ltimos adioses a +una seorita en traje de viaje, que se hallaba sentada a la derecha de +un caballero entrado en aos y de aire respetable.</p> + +<p>Ocupaba el poyo de la ventana mencionada un grupo compuesto de varias +seoras y caballeros, todos conocidos nuestros; es decir, la familia +Gmez, Diego Meneses y Francisco Solfa, despidindose de Isabel +Ilincheta que, en unin de su padre, se volva para Alquzar. Casi a un +tiempo todos aqullos le dirigan la palabra desde la ventana y ella les +contestaba, asomando a veces la cabeza por debajo del capacete, sin +desatender el joven al estribo, que apoyaba en l un pie mientras asa +con la mano izquierda la abrazadera del quitrn.</p> + +<p>En esto llegaban las dos muchachas por la parte del norte de la calle. +Desde lejos reconoci Cecilia al joven que haca de lacayo, Leonardo +Gamboa. Y aunque no haba visto todava a la dama del carruaje, ni a +derechas la conoca tampoco, adivin quin poda ser. Andando, andando, +form la resolucin de dar un buen susto a los dos, tal que les sirviera +de castigo, si no de saludable escarmiento. Para ello, adelantose a su +compaera, le peg un fuerte empelln a Leonardo, que, por no estar +prevenido, perdi el equilibrio, resbal y dio de costado en la concha +del quitrn, a los pies de la sorprendida dama. Esta, ignorante de lo +que pasaba, o juzgando que aquello no era ms que una broma, aunque +pesada, sac la cabeza por debajo de la cortina para ver a la agresora, +en cuyo momento, creyendo reconocerla, entre asustada y reda, +exclamo:—Adela!</p> + +<p>En efecto, Cecilia, sin el disfraz, pues se le haba rodado el embozo a +los hombros, la negra cabellera flotando, slo sujeta a la altura de la +frente por una cinta roja, con las mejillas encendidas y los ojos +chispeantes de la clera, era el trasunto de la hermana menor de +Leonardo Gamboa, aunque de facciones ms pronunciadas y duras. Mas ay! +reconoci ella pronto su error. Apenas se cruzaron sus miradas, aquel +prototipo de la dulce y tierna amiga se transform en una verdadera +arpa, lanzndole una palabra, un solo epteto, pero tan indecente y +sucio que la hiri como una saeta y la oblig a esconder la cara en el +rincn del carruaje. El epteto constaba de dos slabas nicamente. +Cecilia lo pronunci a media voz, despacio, sin abrir casi los +labios:—Pu...!</p> + +<p>Nemesia se llev por fuerza a Cecilia, Leonardo se incorpor como pudo, +el seor Ilincheta dio la orden de marcha, el calesero peg con el pie +en los ijares del caballo de varas, dejando caer al mismo tiempo la +punta del ltigo en las espaldas del de fuera y el carruaje parti a +buen paso, con lo que a poco ms se perdi de vista en la esquina de la +calle inmediata, por donde torci a la derecha en direccin de la puerta +de las murallas de la ciudad, llamada <i>de Tierra</i>. En vano las seoras y +caballeros en el poyo de la ventana esperaron ver alzarse la cortina del +postigo posterior del quitrn y asomar el pauelo blanco para decir el +ltimo adis. Ni aqulla se movi, ni apareci ste tampoco, pregonando +el hecho, desde luego, la desagradable impresin que haba producido el +lance en el nimo de los desapercibidos viajeros. Mas todava cuando +recapacitaron en lo que acababa de suceder, ya no estaban all las +mulatas, ya haba desaparecido Leonardo juntamente con el carruaje.</p> + +<p>En la calle de la Merced, cerca del convento de este nombre, como quien +va para la alameda de Paula, sobre la mano derecha, hay una casa de +azotea, la nica de la cuadra. La entrada, aunque amplia, pues admita +hasta dos carruajes en fila, no era de las llamadas propiamente de +zagun. Delante de la puerta haba estacionada una mala volante a la que +se hallaba enganchado entre varas, un caballo que para no desdecir de +aqulla tena ms de Rocinante que de Bucfalo. Encaramado all en la +alterosa silla, hecha as por la multitud de sudaderos para mejor +resguardo de los lomos de la bestia, descansaba a horcajadas el calesero +negro, cuyo traje y aspecto no desdecan un punto del resto del +equipaje. Mientras esperaba por el dueo, o dorma, o tena en la +mollera ms aguardiente del necesario, porque le costaba trabajo +mantener la cabeza erecta y alta, antes daba a veces con la frente en el +pescuezo del caballo, que por su inmovilidad pareca de piedra.</p> + +<p>Se le acerc <i>sea</i> Josefa por el lado de dentro y le dirigi la palabra +repetidas veces, sin lograr que despertara o diera seales de vida. Bien +es que ella, por respeto o por natural timidez, ni alzaba bastante la +voz, ni osaba tocarle. No saba su nombre tampoco, pero sospechando que +se llamaba Jos, le dijo ste repetidas veces en tono carioso:—Jos, +Jos, Joseto, est ah el Doctor?</p> + +<p>Medio se incorpor el negro en la silla, e hizo muecas horribles en el +afn de abrir los ojos, casi cegados por el polvo blanco de la calle, y +dijo al fin:—<i>Yo no me ama Jos, me ama Ciliro, y mi amo el Dotor +est ah aentro, si no ha salo. Dentre, dentre.</i></p> + +<p>Despus de darle las gracias al amable calesero, entr, en efecto, la +anciana. Haba en la sala varias personas de aspecto pobre y ambos sexos +esperando por el mdico, el cual en aquel momento no se hallaba +presente. <i>Sea</i> Josefa le conoca, y desde luego le busc por todas +partes con cierta inquietud, pues tal vez haba salido; aunque el hecho +de la volante a la puerta y la presencia de los pacientes en la sala, +indicaban que si estaba fuera de casa, no era para la visita ordinaria +de enfermos que giraba todos los das despus de almuerzo. Al fin +alcanz a verle en el patio, inclinado sobre un hombre que, sentado en +una silla, emita de cuando en cuando quejidos apagados, ms dolorosos, +por donde se conoca que el Doctor ejecutaba una operacin quirrgica +difcil. Era Montes de Oca cirujano hbil, no cabe duda, al menos +atrevidsimo en el manejo de la cuchilla, tajando carne humana como +quien taja hogazas de pan, siempre, es verdad, con acierto, tal vez por +la misma sangre fra con que ejecutaba esas operaciones carniceras. +Cuntase, en efecto que en cierta ocasin le abri el vientre a un +individuo para extirparle un absceso que se le haba formado en el +hgado, y que lo ejecut con la mayor fortuna, pues no se le muri el +paciente entre las manos, sino que san, al menos de aquella dolencia. +Eso s, era tan hbil como interesado y codicioso de dinero. A nadie +curaba de balde; ni se mova de su casa sino para hacer visitas de paga +al contado violento, o con promesa explcita de que se le pagara bien +su habilidad, reconocida generalmente, tarde que temprano.</p> + +<p>Conoci luego <i>sea</i> Josefa que haba terminado la operacin, as porque +haba cesado de quejarse el paciente, como porque el Doctor, alzando el +instrumento con que la haba ejecutado, dijo:</p> + +<p>—Ea! ya est Vd., despachado. Vea lo que tena en el odo: un frijol, +como un garbanzo, pues con la humedad de esa parte creci dos tantos de +su natural tamao.</p> + +<p>—Gracias, Doctor, mil gracias. Dios se lo pague y le d mucha salud. No +sabe Vd. cunto me ha atormentado ese frijol en el odo. Haca ms de +diez das que no dorma, no coma ni...</p> + +<p>—Lo creo, le interrumpi el Doctor con aire triunfante y no poco +receloso. Buen trabajo me ha costado extraerle el cuerpo extrao. Luego, +la parte esa es tan delicada, que por poco que me fallase el pulso +podan resbalarse las pinzas y daarle el tmpano del odo y dejarle +sordo por el resto de sus das. Bien. Ahora me paga Vd. mi trabajo, se +marcha a casa y se da unos baitos de cocimiento de malvas con unas +gotas de ludano para calmar la irritacin...</p> + +<p>—Cunto le debo Doctor? pregunt el hombre temblando, no ya del dolor, +sino del recelo de que le pidiesen mucho dinero por una operacin +ejecutada, y eso brevemente.</p> + +<p>—Media onza de oro, contest Montes de Oca con sequedad e impaciencia.</p> + +<p>No tuvo el hombre ms remedio que meterse la mano en el pantaln y sacar +un pauelo nada limpio, en una de cuyas puntas tena atadas varias +monedas, que ciertamente no hacan mucha mayor suma de la que haba +exigido el cirujano por la curacin. Volva ste para la sala, como +acostumbraba con la cabeza baja y el hombro derecho derribado, cuando se +encontr de manos a boca, cual se dice, con <i>sea</i> Josefa, a la que +pregunt con su voz gangosa:</p> + +<p>—Qu quiere Vd. buena mujer?</p> + +<p>Por toda respuesta <i>sea</i> Josefa le alarg la carta de recomendacin.</p> + +<p>—Ah! agreg el cirujano despus de haberla ledo. Tena ya noticias de +esto. El mismo seor don Cndido estuvo aqu bien temprano y me habl +del asunto. Pero debo decirle a Vd. lo que a l le dije, a saber: que no +he visto an a la enferma, que no conozco el caso y que sin conocerlo +tendra que ser adivino para decidir lo que deba hacerse.</p> + +<p>—No le cont el seor don Cndido, se atrevi a observar la anciana, +toda temblorosa, que el caso es desesperado, digo, que no da espera, +porque depende la vida o la muerte...?</p> + +<p>—S, s, la interrumpi el cirujano. Algo me dijo sobre eso el seor +don Cndido. El caso es que no puedo atender a todo. Si me dividiese en +diez me parece que no daba avo. Ve Vd. los que aqu aguardan por mi? +Pues fuera me esperan muchos ms, y todos con premura. Estimo al seor +don Cndido, s que es generoso, desprendido y que sabe agradecer los +favores que se le hacen. Deseo, puedo y est en mi mano servirle; creo +que si le sirvo esta vez, ha de pagrmelo bien. Mas Vd. es mujer +racional, conocer que necesito tiempo, que debo examinar por m mismo +el caso antes de aventurar un diagnstico. Tal vez no tenga cura, tal +vez sea peor el remedio que la enfermedad. No soy el mdico brujo que a +ciegas decida y as sala ello. Sin embargo, quizs Vd. pueda darme +mejores informes de lo que ha podido el seor don Cndido, que, por lo +que entiendo, conoce el caso de odas. Quin es la enferma?</p> + +<p>—Mi hija!, seor don Toms.</p> + +<p>—Hija de Vd. eh? Qu edad tendr ahora?</p> + +<p>—Va en los treinta y siete.</p> + +<p>—Vamos, no es vieja. Hay ah cuerpo todava, y habr resistencia. Qu +tiempo hace que enferm?</p> + +<p>—Ay, seor! Mucho tiempo, la vida de un cristiano, har ahora +dieciocho aos ms bien ms que menos.</p> + +<p>—No, no quiero decir eso. Desde cundo entr en el hospital de Paula?</p> + +<p>—Poco despus de haber enfermado. Hace ahora algo menos de diecisiete +aos, porque la nia tendra unos dos meses de nacida cuando, por no +poderla sujetar en casa, me vi obligada a ponerla en el hospital de +Paula, segn me aconsej el mdico Rosan. Ya puede imaginar el seor +Doctor lo que me costara esta separacin. Se me arranc el alma...</p> + +<p>—De suerte, aadi pensativo Montes de Oca, de suerte que la nia...</p> + +<p>—Mi nieta? dijo <i>sea</i> Josefa.</p> + +<p>—S, su nieta de Vd., hija de la enferma, tendr...?</p> + +<p>—Va en los dieciocho aos de edad.</p> + +<p>—Y qu tal?</p> + +<p>—A Dios gracias, buena y sana.</p> + +<p>—No, no es eso. Pregunto que qu figura tiene, qu tal parece la +muchacha.</p> + +<p>—Ay, seor Doctor! su figura y su parecer son los que van a acabar +conmigo antes de mucho tiempo. Aunque me est a mal el decirlo, es lo +ms lindo en verbo de mujer que se ha visto en el mundo. Nadie dira que +tiene de color ni un tantico. Parece blanca. Su lindura me tiene loca y +fuera de m. No vivo ni duermo por guardarla de los caballeritos blancos +que la persiguen como moscas a la miel. Me tiene sin sombra.</p> + +<p>—Y esa muchacha encantadora acompaara a la enferma si la sacamos del +hospital?</p> + +<p>—Si el seor Doctor lo cree conveniente, me parece que s la +acompaara.</p> + +<p>—De convenir, creo que convendra y mucho; pero se ofrece una +dificultad. Veamos. Qu tiempo hace que no se ven la madre y la hija?</p> + +<p>—Qu! Hace una pila de tiempo. Ms de diecisiete aos.</p> + +<p>—Tanto? Malo. Pero Vd. u otro le habr hablado a menudo a la madre de +la hija y a la hija de la madre?</p> + +<p>—A la madre s le he hablado frecuentemente de la hija, cada vez que he +ido a verla; a la hija nunca de su madre. Estoy por creer que no sabe +que existe.</p> + +<p>—Conque no se ha intentado nunca el que se vean la madre y la hija?</p> + +<p>—Nunca.</p> + +<p>—Mal hecho.</p> + +<p>—As cre yo, pero el seor Doctor Rosan, que fue quien la asisti en +el parto y despus del parto, me aconsej que las separase, y despus +que a la madre se le remat el juicio, me repiti que no le hablase de +eso a la hija, porque querra verla y era fcil que la loca en uno de +sus arrebatos la ahogase con sus propias manos. Pues es preciso que sepa +el seor Doctor don Toms, que tom la locura con la hija, diciendo que +como haba nacido blanca tena a menos el tener madre de color.</p> + +<p>—Vaya, pues. Se equivoc Rosan. Es un buen mdico, no se puede negar, +slo que en este caso me parece que perdi los papeles o que se le fue +el santo al cielo. Si la madre y la hija se ven de repente, despus de +una larga separacin, tal vez se efecte una reaccin, y las +enfermedades se curan con reacciones o revulsiones, no con medicinas, +particularmente aqullas en que aparece afectado el sistema nervioso. +Somos todo nervio, nada ms que nervio. Irritados los nervios cate Vd. +la locura. Estaba pensando... Se haba pensado llevar la enferma al +campo, a una finca que poseo cerca del puerto de Jaimanitas, a fin de +ver si cambiando el aire y dndose unos baos de agua salada, se lograba +la revulsin que se busca. Pero es que la hija no puede ir all con la +madre. Figrese Vd. que en esa finca, en el ingenio de Jaimanitas, digo, +tengo sociedad con los Padres Belenitas. Lo administran y muchos de +ellos se pasan en l buenas temporadas, en particular durante la +molienda. Qu escndalo no se armara con la aparicin de una joven tan +linda, como Vd. dice, en medio de aquellos benditos Padres? La +tentacin! Dios nos libre. Ms de uno de ellos perdera el juicio y se +dira que yo tena la culpa... Mas ya veremos modo de arreglar eso. +Vulvase Vd. por ac pasado maana, que yo ver a la enferma entre tanto +y dir a Vd. lo que haya de hacerse. Quiero servir al seor don Cndido, +puedo servirle, y me parece que ser con beneficio de todos los +interesados.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_XIIIb" id="Capitulo_XIIIb"></a><span class="smcap">Captulo XIII</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>La alegra del corazn conserva +la edad florida, la tristeza seca +los huesos.</i></p> + +<p>Parbolas de Salomn.</p></div> + + +<p>En la poca de que venimos hablando, eran <i>rara avis</i> los dentistas de +profesin en La Habana. Siguiendo aquel refrn castellano que ensea: al +que le duele la muela que se la saque, el oficio o arte dental lo +ejercan, por la mayor parte, en las poblaciones, los barberos; en los +campos los cirujanos, quines armados con el potente gatillo de acero, +no dejaban diente ni muela con vida.</p> + +<p>Haba tambin sacamuelas intrusos o aficionados. Entre stos, uno de +nombre Fiayo se haba hecho clebre por la destreza y habilidad con que +pona las races al aire y sin dolores de esos apndices de la +masticacin. Su fama y popularidad, sin embargo, provenan del hecho, +primero, de no emplear instrumento quirrgico de ninguna clase; segundo, +de no llevar dinero por sus mgicas operaciones dentarias.</p> + +<p>La hija mayor de los seores Gamboa, Antonia, haca tiempo vena +padeciendo de una neurosis de carcter agudo a la cara, cuyo asiento en +la mandbula superior daba lugar a presumir tena por causa la carie de +un molar. Los mdicos consultados, despus de probar la aplicacin de +apsitos, sanguijuelas, enjuagues y cabezales, sin fruto aparente, +decidieron se hiciera la extraccin. Pero la idea no ms de que para +llevarse a efecto haba de emplearse el temible gatillo, ocasionaba +sudores y desmayos en la dolorida joven.</p> + +<p>Por aquellos das lleg a La Habana, desde el campo, el mgico dentista +Fiayo, y, como de costumbre se hosped<a name="FNanchor_40_40" id="FNanchor_40_40"></a><a href="#Footnote_40_40" class="fnanchor">[40]</a> en casa del Doctor Montes de +Oca. No bien lleg a odos de doa Rosa la noticia, cuando dispuso la +engancharan el quitrn, y sola, con la hija doliente, se dirigi a la +calle de la Merced. Llena estaba la sala de pacientes, unos en solicitud +de los consejos o remedios del mdico, otros de los servicios del famoso +sacamuelas. Este ocupaba el segundo cuarto, cuya puerta y ventana daban +al patio, y era por eso el ms claro y a propsito para las operaciones +de la boca. All tena una silla comn de madera, en que haca sentar al +paciente con la cara para el este, y en un dos por tres pona al aire +las races de la muela o el diente que le indicaba el interesado. +Suceda a veces que encontraba mayor resistencia de la que poda vencer +con la fuerza del pulgar y del ndice de la mano derecha; en cuyo caso, +disimuladamente meta sta en la faltriquera del chaleco, cual si +pretendiera enjugrsela, se armaba de una llavecita de hierro, converta +el paletn en gatillo, el tronco en palanca, y el xito era instantneo +y seguro.</p> + +<p>La entrada de doa Rosa Sandoval de Gamboa con su hermosa hija Antonia +no caus poca sorpresa en las personas presentes en la sala, +principalmente en Montes de Oca, que si bien era el mdico de palacio y +gozaba de extensa y merecida fama, no estaba acostumbrado a que le +consultasen en su propia casa, seoras tan distinguidas y en la +apariencia ricas. Tamaa condescendencia y amabilidad no podan menos de +obligar a un mdico de las condiciones y calidades del que tratamos +ahora; as fue que, abandonando desde luego a sus pacientes, sali a +recibir y atender a las recin llegadas. No conoca l sino de nombre y +de vista a doa Rosa, a pesar de la estrecha y antigua amistad que le +ligaba con su marido. Pero a tiempo de acercrsele y hacrsela presente, +le pas por la mente que tal vez la inesperada venida de aquella +respetable seora tena que ver algo con la enferma del hospital de +Paula, de la cual hablaba precisamente con la anciana <i>sea</i> Josefa, en +los momentos en que entr en la sala. Y una vez metido este extrao +pensamiento en su cabeza, ya no hubo forma de sacarle de ah.</p> + +<p>—La seora esposa de mi caro amigo el seor don Cndido Gamboa y Ruiz, +si no estoy equivocado, dijo Montes de Oca.</p> + +<p>—Servidora de Vd., contest secamente doa Rosa.</p> + +<p>—Yo lo soy de Vd. muy atento. Y sta es su seorita hija de Vd.?</p> + +<p>—S, seor.</p> + +<p>—Bien se conoce. Hermosa nia. Dios se la guarde. Tengan la bondad de +pasar adelante y sentarse.</p> + +<p>—No hay necesidad, dijo doa Rosa. Vd. es persona muy ocupada, y luego +vena solamente...</p> + +<p>—Lo adivino, lo s, mejor dicho, y perdone que la interrumpa, dijo +Montes de Oca con desusada oficiosidad. Me complace el ver que Vd., +tambin se interesa por la salud de la enferma en el hospital de Paula. +Tanta bondad y nobleza de alma son mucho de celebrarse. Lo veo, lo +comprendo perfectamente, desea Vd., conocer cuanto antes cul es mi +diagnstico acerca del estado de la pobre muchacha. Es de celebrarse.</p> + +<p>No teniendo noticias de semejante enferma, la madre y la hija se miraron +azoradas, azoramiento que el mdico no slo no entendi, sino que lo +interpret por uno de aquellos sentimientos de admiracin mezclados de +gratitud que sienten las personas bien criadas cuando les adivinan sus +pensamientos y se anticipan a sus caros deseos. Halagada de este modo +su vanidad, continu diciendo, cada vez ms satisfecho de su +penetracin:</p> + +<p>—Dir a Vd., seora ma, con gran sentimiento, lo mismo que acabo de +decirle a la anciana madre de la enferma, con quien me ha visto Vd., +hablando hace poco. No es nada favorable mi diagnstico. Con Vd. aun +puedo ser ms franco que con la madre. Ah no hay ya fuerzas, sujeto, +como decimos; quedan slo alma en boca y huesos en costal, segn se dice +de los bozales recin llegados de Guinea. Su mal trae origen de una +meningitis aguda, superveniente de un susto, que bajo el influjo de una +fiebre puerperal, la priv del juicio y produjo un desorden general del +sistema nervioso, cuyo estado ha pasado a crnico, para el que hasta +ahora no se conoce remedio en la ciencia mdica. En el da los sntomas +ms marcados son los de una consuncin lenta, ya en el ltimo perodo, +cuyo trmino puede ser ms o menos cercano, pero cierto y fatal que, o +mucho me engao, o no podra alargar una hora, un minuto el mismo +Galeno<a name="FNanchor_41_41" id="FNanchor_41_41"></a><a href="#Footnote_41_41" class="fnanchor">[41]</a> si para ello solamente volviese al mundo. Esta clase de +enfermos acaban como las velas as que se evapora el sebo de que estn +hechas. Se apagar su vida el da y a la hora menos pensada. Lo peor de +todo, <i>misea</i><a name="FNanchor_42_42" id="FNanchor_42_42"></a><a href="#Footnote_42_42" class="fnanchor">[42]</a> Rosa, es que ya es demasiado tarde para sacarla del +hospital. Corremos riesgo de que se nos quede muerta entre las manos, +que se apague la vela en cuanto le d el aire libre del campo. Siento +mucho no poder llenar los deseos del seor don Cndido...</p> + +<p>En este punto hizo Rosa un movimiento de sorpresa que llam la atencin +aun del embebecido mdico, obligndole a dejar trunca la frase. No era +para menos la especie. Mujer ms joven, menos precavida que ella, habra +hecho una exclamacin demostrando mayor desazn y clera. De tal +naturaleza fue, sin embargo, la impresin que le causaron las ltimas +palabras de Montes de Oca, que cambi de color, ponindosele rojo en el +primer instante el rostro, y luego plido, y desapareci, por supuesto, +la plcida expresin con que haba estado escuchando el ininteligible +diagnstico. Aunque de origen bien diverso, la misma sensacin de +extraeza experiment Antonia. No comprenda sta, es cierto, por su +juventud y ninguna experiencia, toda la malicia que poda encerrar el +hecho de que su padre desease sacar del hospital de Paula a una muchacha +enferma y desconocida para toda la familia, con el objeto de que se +curase en alguna otra parte. Pero no se hallaba doa Rosa en el mismo +caso. Lo que era oscuro e insignificante para la hija, era un mar de luz +para la madre, la verificacin de continuas sospechas, el aguijn de +celos antiguos y siempre vivos. Quin poda ser aquella moza, ni qu +clase de relaciones tena o haba tenido con ella su esposo, que estaba +empeado en sacarla del hospital de Paula por medio del mdico Montes de +Oca? Deba de ser una mulata, pues que su madre era casi negra. Se +hallaba gravemente enferma, el mdico la haba desahuciado, estara +hecho un esqueleto, fea, asquerosa, morira ciertamente en breve; pero +haba sido su rival, haba gozado a la par con ella del amor y de las +caricias de Gamboa.</p> + +<p>Por qu disposicin del cielo averiguaba en la hora postrera un secreto +tras el cual vena corriendo haca ms de una dcada? Ya era poco menos +que intil la venganza. La muerte se interpondra en breve entre la +esposa y la manceba. Qu desesperacin! Qu tumulto de pasiones! Qu +atar y desatar de cabos sueltos, ocultos mas no olvidados en los +rincones del pensamiento! Quera hablar, gritar, desahogar de alguna +manera su corazn oprimido. Cunto alivio no la habran proporcionado +las lgrimas! Cristiana y discreta como era doa Rosa, sin duda hubiera +dado en aquel instante la mitad de su vida por retrotraer los sucesos +al ao 13 14, en que, joven todava, llena de fuerza y de encantos +personales, con menos cordura y calma, la hubiera sido fcil, plausible, +hacer valer sus derechos de esposa, de madre y de seora.</p> + +<p>Mientras revolva todas estas cuestiones en la cabeza, obra que no le +cost muchos minutos, sino segundos de tiempo, y senta que la sangre se +asomaba toda a sus mejillas, pasole por la mente lo de la nia en la +Casa Cuna y su lactancia por Mara de Regla, la esclava ahora de +enfermera en el ingenio <i>La Tinaja</i>; y dedujo, por necesaria +consecuencia, que esa historia se relacionaba estrechamente con la mujer +enferma en el hospital de Paula. Buscaba, pues, Gamboa salvarle la vida +a la madre de su hija bastarda? Quin sera sta? Viva an? La +reconoca como tal el padre? Fuerza era averiguarlo. Tal vez Montes de +Oca estaba enterado. Haciendo un esfuerzo supremo, logr dominar la +agitacin ya a punto de embargarle los sentidos; y decidi apurar hasta +las heces la copa de la curiosidad y de los celos. As, tomando de nuevo +el hilo de la conversacin con Montes de Oca, que mostraba deseos de +manifestar cuanto saba, dijo:</p> + +<p>—Yo tambin siento en el alma que no se pueda hacer nada de provecho +con la pobre...</p> + +<p>—Rosario Alarcn, sugiri el mdico, viendo que doa Rosa titubeaba.</p> + +<p>—Rosario Alarcn, repiti sta. Lo ms presente que yo tena. Mi +memoria es flaca en esto de recordar nombres. Se lo dije a Gamboa que ya +era demasiado tarde y no dudo que el desengao le causar un verdadero +pesar. Luego la hija, as que lo sepa...</p> + +<p>—En cuanto a eso, repuso prontamente Montes de Oca, pierda Vd. cuidado, +<i>misea</i> Rosa. La abuela ha tenido la habilidad de ocultarle a la hija +hasta la existencia de la madre enferma.</p> + +<p>—Es posible! exclam doa Rosa. Parece increble...</p> + +<p>—Nada ms fcil, continu el mdico. Esto es, repito lo que me ha +contado la anciana que acaba de salir de aqu y que yo no hallo +absurdo. Supongo que Vd. no ignora que cuando pusieron en Paula a la +Rosario Alarcn, la hija era una chiquilla, sin uso de razn para echar +de menos a una madre a quien despus no ha visto.</p> + +<p>—Con que la hija, una mujer hecha y derecha...</p> + +<p>—Y muy linda, sin desdoro de los presentes, dijo Montes de Oca, +cortando otra vez la palabra a su interlocutora para interpretar a su +manera un pensamiento no ms que indicado.</p> + +<p>—Quiere decir, dijo doa Rosa, que Vd. conoce a la mozuela. Estara +aqu con la abuela.</p> + +<p>—No, seora, no la he visto nunca. Hablo por boca de ganso, repito lo +que me ha contado la abuela. Mejor dicho, no la veo desde el primero o +segundo mes de nacida, cuando la Real Casa Cuna o de Maternidad estaba +situada en la calle de San Luis Gonzaga, cerca de la esquina de la del +Campanario Viejo.</p> + +<p>—Luego tal es la nia para cuya crianza se tom en alquiler a mi +esclava Mara de Regla.</p> + +<p>—Puede ser, yo no s de eso jota.</p> + +<p>—Cmo que no, si por orden de Vd. se me pagaron las dos onzas +mensuales del alquiler mientras dur la lactancia de la susodicha nia?</p> + +<p>—Por orden ma? Perdone Vd. <i>misea</i> Rosa. No tengo idea de semejante +inquilinato, y, por supuesto, de la tal mensualidad. No estar Vd. +equivocada?</p> + +<p>—Vaya, seor Doctor, repuso doa Rosa. Es olvido o pura modestia de +Vd.?</p> + +<p>—Ni lo uno ni lo otro, mi seora. Positivamente no tengo noticias de lo +que Vd. dice.</p> + +<p>—As ser, dijo al fin doa Rosa advirtiendo que el mdico se pona en +guardia. Comprendo lo que pasa por Vd.: no quiere que se hable ms de +este asunto. No aadir palabra. Eso no obsta para que yo le manifieste +mi complacencia por el uso que hizo Vd. de los servicios de mi esclava, +cuando se le ofreci sacar de apuros a un amigo. Permtame le agregue, +ya que se presenta la ocasin, que me negu a tomar un peso por el +alquiler de la criatura, y que si al fin recib el dinero fue porque se +me dijo que de otro modo Vd. no la aceptaba.</p> + +<p>Guard silencio Montes de Oca. nicamente inclin respetuoso la cabeza +como hombre que, cogido en un fallo, y sin salida plausible ni medios de +defensa, se resigna y aguarda la sentencia. Pero lo poco que neg fue +precisamente aquello de que deba estar ms convencida doa Rosa, es a +saber, del inquilinato de la nodriza y del salario que por ello la +abonaron mes a mes, durante cierto tiempo. En lo que s se equivocaba +lastimosamente era en dar por hecho que Montes de Oca haba sido el +contratante y pagado el dinero del supuesto alquiler. Sobre este +particular importante haba sufrido dicha seora un engao: su marido +no le haba dicho la verdad!</p> + +<p>Ahora bien: a la vista de la persistente negativa del mdico, sali +doa Rosa de su error? Difcil es la comprobacin en tales casos, y por +lo mismo nos limitamos a decir que, aclarados ciertos particulares +oscuros sobre la mujer enferma y las relaciones que con ella y con la +hija tena su marido, lo dems se caa de su peso, se infera sin +esfuerzo, y no era digno de una seora el informar a una persona extraa +de secretos de familia que quizs realmente ignoraba. Desisti, pues, +del ataque y concluy pidiendo al mdico que la perdonase las molestias +que le haba ocasionado, sirvindose decirla si Fiayo se hallaba +dispuesto a examinarle la boca a su hija Antonia. Por sentado que lo +estaba, y se ejecut la operacin con toda felicidad. Despus, don Toms +Montes de Oca tuvo la cortesa de acompaar a las dos seoras hasta el +estribo del carruaje y de ayudarlas a montar en l. Y una vez sentada y +emprendida la marcha en vuelta de la casa, doa Rosa se cubri la cara +con las manos y dio a llorar y sollozar sin medida ni consuelo; todo +esto con extraeza grande de la hija, quien, ocupada de su propio dolor +fsico, no haba echado de ver la transformacin del semblante de su +madre as que se alej de la presencia del mdico.</p> + +<p>Conviene advertir aqu que a consecuencia de un disgusto con su padre +por la salida a la calle tan de madrugada, segn hemos referido ya, +Leonardo haca tres o cuatro das que no paraba en su casa, sino en la +de una ta materna. Esto contribuy a aumentar el pesar de doa Rosa. No +slo se neg a sentarse a la mesa, lista para el almuerzo, sino a darle +explicacin alguna a don Cndido sobre los motivos de su sentimiento. En +medio del llanto y de los suspiros, pronunci varias veces el nombre del +hijo favorito, razn por qu las hijas, suponiendo que la ausencia de +ste era la causa original de sus lamentos, despacharon a Aponte en su +busca con el carruaje. Vino el joven, y al punto doa Rosa, rodendole +con sus brazos, le cubri la frente de besos y de lgrimas. Dbale entre +tanto los eptetos ms cariosos y le deca:—Hijo del alma, dnde +estabas? Por qu huas de las caricias de tu madre? Mi amor, mi +consuelo, no te apartes de mi lado. No sabes que tu triste madre no +tiene otro apoyo que el tuyo? T no mientes, t dices siempre verdad, t +eres el nico en esta casa que conoce lo que vale una madre y esposa +leal. Mi vida, mi corazn, mi fiel amigo, mi todo ya en el mundo, qu, +ni quin tendr bastante poder ahora para arrancarte de mis brazos? Slo +la muerte.</p> + +<p>Al fin esta seora, casada, madre de familia, halagada por los dones de +la fortuna y de la naturaleza, al llegar a su casa se encontr rodeada +de varias personas que le eran muy queridas, que la respetaban y que se +apresuraron a enjugar sus lgrimas, a ofrecerle consuelos y +distracciones. Al fin, aquella angustia suya, dado que legtima, naca +de un mero desengao en su vida conyugal, que por la poca en que le +recibi, bien se conoca que el ngel de su guarda se le haba apartado +de los ojos hasta la hora en que su conocimiento la fuese menos +doloroso. Hasta all un golpe de celos era lo nico que vena a turbar +la serenidad de sus das, por otra parte siempre plcidos e iguales.</p> + +<p>Pero qu haba de comn entre el pesar, el desengao ni los celos de +doa Rosa Sandoval de Gamboa, y el pesar, el desengao y la desolacin +de la pobre <i>sea</i> Josefa, ms desamparada y sola que antes desde el +punto que se separ del mdico Montes de Oca y volvi a cruzar el umbral +de su casita en la calle del Aguacate? Con razn pudo entonces exclamar +con el salmista:—Venid, cielos y tierras, aves que poblis el aire, +peces que llenis las aguas, brutos que hollis los campos, y decidme: +Hay dolor comparable con el dolor mo?</p> + +<p>Nadie le pregunt por qu lloraba y se mostraba tan afligida. Cecilia, a +quien encontr all de vuelta, estaba harto disgustada para pensar en +los disgustos ajenos. Nemesia tambin guard un profundo silencio, +diciendo slo al despedirse de las dos:—Hasta despus. Aun la imagen de +la Virgen en el nicho, frente a su butaca, pareca que no deba +ofrecerla esta vez consuelo. Transida por el dolor de la espada que le +atravesaba el pecho, diriga hacia otra parte sus amorosos ojos.</p> + +<p>Y tal fue, despus de todo, la indicacin oportuna que recibiera <i>sea</i> +Josefa en medio de su pavorosa soledad. La madre del Salvador del mundo, +en los momentos de perderle enclavado en una cruz, claramente le +enseaba con su resignada, sublime actitud, que hay dolores tan grandes +para los cuales no se encuentra consuelo aqu abajo, sino all arriba, +en el cielo!</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_XIVb" id="Capitulo_XIVb"></a><span class="smcap">Captulo XIV</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Meditando su pena</i><br /> +<i>Dentro del pecho el corazn se abrasa:</i><br /> +<i>El fuego desordena</i><br /> +<i>Los lmites y pasa:</i><br /> +<i>Y suelta ya la lengua, habl sin tasa.</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">Gonzlez Carvajal</span></p></div> + + +<p>La extraa conducta y las frases irnicas de su cara esposa traan +alarmado a don Cndido Gamboa. Nunca haba usado ella un lenguaje tan +sarcstico. Por el contrario, en sus arranques de celos siempre haba +pecado por franca y desembozada. Qu haba averiguado de nuevo? Dnde +haba estado aquella maana, que la produjo tal cambio?</p> + +<p>No entraban en el carcter, ni en las ideas de honor y dignidad de don +Cndido el pedir a su esposa la explicacin del misterio, menos a los +hijos con quienes pocas veces hablaba, mucho menos a los criados, alguno +de los cuales saba ms secretos de la familia de lo que convena a la +paz y a la dicha del hogar. Hombre de mundo y astuto, crey que poda +dejar al tiempo y a la indiscrecin de la mujer o de los hijos el salir +de dudas ms tarde o ms temprano.</p> + +<p>Adopt, eso s, mayor cautela, observ con doble atencin; y he aqu la +sola novedad que se oper en su conducta en adelante respecto de su +familia. Ni tuvo que mantener larga espectativa tampoco, porque das +despus, en la mesa del almuerzo, se habl de la neurosis facial de +Antonia y del alivio que senta despus de la extraccin de la muela por +Fiayo. No necesit de ms don Cndido: su mujer haba estado en casa de +Montes de Oca, donde era notorio que aqul paraba y ejecutaba sus +operaciones dentarias.</p> + +<p>Precioso dato ste; slo que, en vez de ayudarle a resolver el enigma, +contribuy a desorientarle y hasta cierto punto a adormecer sus recelos. +Porque no caba en su cabeza que el mdico hubiese hablado a su esposa +de la moza enferma en el hospital de Paula. Por flojo de lengua que le +supiese, no poda imaginar siquiera que llevase la candidez (malicia no +era) al extremo de comunicar a una persona extraa que vea por la +primera vez, un asunto con el cual no tena relacin ni inters alguno. +Con qu motivo, tampoco, suscitar la conversacin? Daba por hecho +Gamboa, adems, que l haba hablado al mdico sobre la enferma en +confianza, y aunque no le haba exigido el secreto, se entenda que +deba observarse en todas circunstancias.</p> + +<p>Ya se ha visto cun falaces eran todos estos razonamientos de don +Cndido. Del mismo errneo tenor fue la reflexin de que <i>sea</i> Josefa, +encontrndose por casualidad con doa Rosa en casa de Montes de Oca, +tuvo una explicacin, o habl delante de ella de la enferma en el +hospital de Paula. En esta persuasin la esper varias maanas seguidas +al postigo de la ventana de su casa.</p> + +<p>Intilmente. El mdico haba sido todava ms franco, diramos ms rudo +con la anciana que con doa Rosa. De una vez le quit toda esperanza, +cuando en el lenguaje vulgar, no en el de la ciencia, le desahuci a la +hija. Para una mujer de sus aos, agobiada por los trabajos y los +pesares, cada vez ms descontenta de su nieta, que llevaba, al parecer, +el mismo camino de la madre moribunda, era aquella noticia ms de lo +que su espritu y su cuerpo podan sobrellevar. Para valernos de sus +propias palabras, ya haba ella andado la <i>via crucis</i>, se hallaba en la +cima del calvario, slo faltaba la <i>crucificacin</i>, la muerte que +compasiva, pondra fin a una existencia ya muy larga para lo que haba +sufrido, tela inacabable de privaciones y de sacrificios.</p> + +<p>De este golpe no se repuso ms. Tras el llanto y otras demostracciones +de dolor, acudi con doble ahinco que antes, al rezo, a la oracin, a la +confesin y comunin casi diarias, a la penitencia continua, recayendo +al cabo en aquel estado de indiferencia y apata mental y corporal para +los negocios del mundo, que tanto se asemeja a la fatuidad o a la +demencia. No parece sino que de repente se le haba apagado el fuego +misterioso que desde los primeros aos de su existencia vena +comunicando calor a su sangre, actividad a su espritu. Porque dej de +ser comunicativa, se encerr en s misma, descuid a la nieta, se ocup +solamente de los actos de devocin que eran en ella una segunda +naturaleza, un movimiento automtico, se ech a dormir, en una palabra, +desde entonces, el sueo de la vida.</p> + +<p>Tal y tan repentino cambio no pudo menos de llamar la atencin de +Cecilia, quien, si al principio se aprovech de l para satisfacer sus +pasiones y caprichos, sinti luego mayor compasin y ternura por su +abuela. Conociendo que sin enfermedad aparente, el da menos pensado +caera muerta, empez a asustarse y ocuparse ms de su propio porvenir. +En breve se quedara sola en el mundo, destituida de parientes, de +amigos respetables, de amparo, y redobl sus cuidados con la abuela, fue +con ella ms amable y servicial de lo que jams haba sido en su vida. +Pero sus caricias, sus palabras amorosas, sus asiduos oficios de hija +sumisa y tierna no obtenan correspondencia digna de este nombre, no +excitaban a veces ms que una sonrisa fra y... pavorosa para la +inexperta joven, que crea ver en eso un signo de anticipada +decrepitud, si no de demencia. Ni era que la anciana haba perdido ya la +facultad de sentir, porque ms de una vez la sorprendi la nieta con las +mejillas hmedas de las lgrimas. Si ste fue el estado de <i>sea</i> Josefa +inmediatamente despus de su ltima entrevista con Montes de Oca, mal +pudo ella acercarse a don Cndido para hablarle de un asunto casi +borrado de su memoria.</p> + +<p>No era por cierto mucho ms llevadera la situacin de este caballero. +Segua guardando con l su esposa desusada reserva, tal que rayaba en +despego; al paso que, como por pique, haca con su hijo Leonardo dobles +extremos de cario y de ternura. Cada vez que sala a la calle, le +acompaaba hasta el zagun y all le despeda con besos y abrazos +repetidos. Si volva tarde de la noche, cosa frecuente, le esperaba +anhelosa a la reja de la ventana cual se espera a un amante, y lejos de +reirle cuando llegaba, le besaba y abrazaba de nuevo, como si hubiese +durado largo tiempo su ausencia, o corrido un grave peligro fuera de +casa. Todo le pareca poco a dicha seora para el hijo mimado. Ocioso es +aadir que se anticipaba a sus gustos, que le adivinaba los pensamientos +y que acuda a satisfacrselos, no como madre, sino como enamorada, con +apresuramiento y afn de prdiga, sin prdida de tiempo y costara lo que +costase. Si al volver de una de sus correras insinuaba siquiera que se +senta cansado o doliente, santo Dios! pona ella la casa toda en +movimiento, haciendo que las hermanas, los criados, el Mayordomo, todos, +no se ocupasen de otra cosa que del alivio y bienestar del enfermo.</p> + +<p>As tuviese don Cndido la calma del buey o la paciencia de Job, por +fuerza que haban de cargarle estas cosas; ms, hacerle hervir la +sangre, no tanto porque la madre contribua con sus halagos +intempestivos a la perversin del hijo, cuanto porque as tiraba a +mortificar al padre. Tan hostigado se vio, que la dijo un da:</p> + +<p>—Si de propsito te pusieras, Rosa, a perder al muchacho, me parece que +no lo haras mejor.</p> + +<p>—No eres t quien puede hacerme el cargo, contest ella con mucho +nfasis.</p> + +<p>—No obstante, te lo hago.</p> + +<p>—Lo veo, y lo atribuyo a que los hombres pierden a veces el... pudor.</p> + +<p>—Dura es la palabra, mas la paso en obsequio de la paz.</p> + +<p>—No la pases, si te parece. Lo mismo da.</p> + +<p>—Es que se me figura que olvidas que yo estoy tan interesado en este +asunto como t.</p> + +<p>—T interesado! T interesado como yo en la buena o mala conducta del +nio! Graciosa salida por cierto. Lo dudo, no lo creo, lo niego.</p> + +<p>—En vano es negarlo, seora; no sera su padre si otra cosa dijese.</p> + +<p>—Pues bien, yo que soy su madre, que le di el ser, que le cri en mis +brazos, digo a Vd. que puede excusarse el trabajo de velar por la suerte +del nio. El no tiene necesidad de los cuidados de padre, le bastan los +de su madre.</p> + +<p>—Eso no quita que yo mire con inquietud cmo la madre a posta echa a +perder cada vez ms al mozo.</p> + +<p>—No creo que le importe mucho al padre que se pierda o se salve.</p> + +<p>—Me importa ms de lo que Vd. se figura, seora ma. Si no llevase mi +nombre...</p> + +<p>—Lindo nombre en verdad, donoso!</p> + +<p>—Tan bueno es como el de otro cualquiera. Para m vale mucho.</p> + +<p>—Creera que eso era as si no hubiese visto que Vd. mismo le ha +arrastrado por el suelo. Lindo nombre, digo. Est Vd. seguro que si lo +que he sabido ahora lo hubiese sabido hace veinticuatro aos, mi hijo no +llevara el nombre que lleva. Pero yo tengo la culpa. No me sucedera +esto si me hubiera llevado por los consejos de mi madre, que santa +gloria haya.</p> + +<p>—Y qu os aconsej vuestra buena madre? Se puede saber?</p> + +<p>—No tengo embarazo en decirlo, pues me dijo: hija, no te cases con +hombre de opuesta religin o naturaleza a la tuya.</p> + +<p>—Lo que tanto vale como decir, me parece, agreg don Cndido bastante +mortificado, que a Vd. la pesa ya haberse casado conmigo. Hubiera Vd. +preferido a un criollo jugador y botarate? Por supuesto.</p> + +<p>Tal vez, repuso doa Rosa con mayor suavidad de tono mientras ms +punzantes eran sus palabras. Pero jugador o no, es probable que el +criollo, el paisano mo, se hubiera portado conmigo con ms lealtad y +decencia. De seguro que el criollo no me hubiera engaado por el espacio +de doce o trece aos...</p> + +<p>—Acabramos! exclam Gamboa respirando con ms libertad. Protesto +contra la acusacin. Yo no la he engaado nunca.</p> + +<p>—Y tiene Vd. valor de negarlo? Quin sino Vd. me asegur una y otra +vez que Mara de Regla criaba a la hija bastarda de un amigo de Montes +de Oca? Quin invent lo del alquiler de la negra? Quin pag las dos +onzas de oro del supuesto inquilinato mientras dur la crianza de la +chiquilla? No, no fue Vd. Fue otro, fue el amigo reservado de Montes de +Oca. El dinero, s, es verdad, no sali del bolsillo de Vd., sali del +mo; por mejor decir, me lo quit Vd., con una mano para devolvrmele +con la otra.</p> + +<p>—Ladrn, ladronazo; ni ms claro ni ms turbio, dijo don Cndido +tratando de echar la cosa a broma.</p> + +<p>—Lo ha dicho Vd. Y de que es exacta la calificacin, se prueba con el +hecho notorio de haber sido mi caudal mucho mayor y ms saneado que el +de Vd. cuando nos casamos.</p> + +<p>—No tiene Vd., necesidad de recordrmelo.</p> + +<p>—Cmo que no! estall doa Rosa con entereza. An tengo que recordarle +otras cosas. Pues debo decirle que en caso igual mi marido el criollo +quizs juega su dinero y el mo, pero de seguro que no hubiera gastado +un peso en amoros con mulatas. De seguro que no habra ido a Montes de +Oca para que le sacara la manceba del hospital de Paula y se la curase +en el campo. De seguro que no se desatinara por una mozuela cuyo padre +verdadero sabe Dios quin es.</p> + +<p>—Conque todo eso me tena reservado la seora doa Rosa Sandoval y +Rojas?</p> + +<p>—He aqu como me explico, continu sta sin hacer cuenta de la salida +burlona de su marido, el odio, s, el odio, ni ms ni menos, que Vd. +siempre le ha profesado a mi hijo. He aqu el verdadero motivo del +empeo de Vd., en separarlo de mi lado y mandarlo a comer cebollas y +garbanzos en Espaa. Tema Vd. que descubriese lo que su madre acaba de +descubrir por una rara casualidad. Tema que le despreciase y tuviese a +menos el llevar el nombre de Vd., al ver con sus ojos los cenagales por +donde Vd., ha venido arrastrndolo. Tema que se avergonzase e indignara +de que su padre, no un criollo jugador y botarate, sino todo un hidalgo +espaol, se la pegaba a su madre con una mulata sucia, que purga sus +penas y pecados en un hospital de caridad.</p> + +<p>—Espero que Vd. acabe para...</p> + +<p>—Que yo acabe espera Vd.? le interrumpi doa Rosa sonriendo +desdeosamente. No tengo cuando acabar. Para qu tampoco haba de +acabar? Ni qu puede decir Vd., si yo lo oyera, en atenuacin de su +mala conducta con la ms leal y consecuente de las esposas? Podra, se +atrevera Vd., a negar los hechos que le acusan?</p> + +<p>—Negarlos a bulto no, explicarlos s, y de manera que Vd. misma se +convenciese que no soy el malvado que su imaginacin la pinta.</p> + +<p>—No quiero or ms explicaciones. Sobrado tiempo me ha tenido Vd., +engaada con sus cuentos y enredos.</p> + +<p>—Veo, pues, que Vd., lo que se propone es desfogar su clera, no dar +odos a la razn y a la justicia.</p> + +<p>—Lo que yo me propongo, seor don Cndido Gamboa y Ruiz, dijo su mujer +alzando la voz y con ademn solemne, es que Vd. no contine derrochando +mi dinero ni el de mis hijos en <i>querindangos</i> y en la familia de la +querida. Sobre esto y sobre lo de maltratar a mi hijo para que le pague +sus desengaos en amor, mi resolucin est tomada: o Vd., se enmienda o +yo me divorcio.</p> + +<p>Con lo dicho don Cndido se retir a su escritorio callado y serio. Y su +retirada la salud doa Rosa con sinceros aplausos desde el fondo de su +pecho. Porque es bueno que se sepa, que mientras dur el vivo dilogo +que acaba de leerse, estuvo ella haciendo un grande esfuerzo sobre s +misma, a fin de decir cuanto tena encerrado en largos aos de zozobras +y sospechas, antes que sus ms nobles sentimientos recobrasen el +acostumbrado imperio y se echase a perder la leccin que haba pensado +darle a su marido. Bueno es decir, adems, que ella se haba casado por +amor, no obstante la oposicin de su madre, y quizs por eso mismo; y no +quera romper con el padre de sus hijos y constante compaero. Despus, +en los veinticuatro aos de matrimonio, no haba tenido ocasin +plausible de arrepentirse, por mucho que no hubiese sido nunca ejemplar +la fidelidad de don Cndido.</p> + +<p>Tambin se habr echado de ver en el curso de la presente verdica +historia, que don Cndido, antes y despus de casado, como se dice +vulgarmente, no haba reservado pluma. Bastante galn y de apuesta +persona, en su mocedad haba sido muy enamorado o mujeriego; y tal era +su falta mas de bulto. Pero a pesar de la rudeza de sus maneras y de su +poca cultura, haba bondad e hidalgua en el fondo de su corazn, +prendas stas que rediman en gran parte aquel defecto. Precisamente +porque amaba mucho y bien y era hombre de conciencia, cuando contraa un +compromiso, fuera de la naturaleza que fuese, haca cuanto estaba en su +mano por cumplirlo, arrostrando a veces para ello con frente serena las +dificultades todas que se le presentaban.</p> + +<p>Dieciocho o veinte aos atrs, esto es, cuatro o cinco despus de +casado, va con dos hijos de su legtima mujer, tropez con una mozuela +de singular belleza. Sin saber cmo ni cundo contrajo con ella +relaciones clandestinas; lazo fcil de formar cuando el hombre es joven, +rico y buen mozo y la mujer bella, en los quince y de la raza mezclada. +De estos necios amoros result una nia, la cual don Cndido se empe +en salvar, primero de la muerte cuando infante, luego de la miseria, de +la oscuridad y de la degradacin cuando joven. Un compromiso le meti en +otro y otro, no ya slo respecto de esa nia, sino de su abuela, que +pronto tuvo que ejercer con ella los oficios de madre; aunque ninguna de +las tres estaba ya en aptitud ni situacin de apreciar sus favores ni de +reconocer sus costosos sacrificios.</p> + +<p>Pasado el tiempo de la efervescencia, el ms propicio para las locuras +de la mocedad, empez a turbarle no poco el nimo el recuerdo de sus +debilidades. De esa fecha datan sus luchas tremendas para llenar sus +obligaciones de amante y padre adltero, sin descuidar las sagradas de +esposo y honrado padre de familia. Pero los celos de doa Rosa, +excitados a lo sumo por el orgullo de raza y de seora casada, por sus +ideas sobre la virtud de la mujer y los deberes de la madre de familia, +la ocupaban de manera y ofuscaban hasta tal punto su razn, que no la +permitan notar que su marido estaba plenamente arrepentido de sus +anteriores faltas, y que para enmendarlas pona todos los medios que +estaban a su alcance. Mientras dicha seora, justamente ofendida, le +echaba en cara sus extravos de mozo, no vea que laceraba una a una +toda las fibras de su corazn; no vea que ya no existan ni podan +existir despus los motivos de celos que tanto la haban desazonado; no +vea, en fin, que deplorando el pasado desde el fondo de su alma, don +Cndido de algn tiempo a esta parte slo trataba de evitar un gran +escndalo, una catstrofe en no lejano porvenir.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_XVb" id="Capitulo_XVb"></a><span class="smcap">Captulo XV</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Perd el desamor<br /> +Con las libertades;<br /> +Qusele bien luego,<br /> +Bien le quise, madre.<br /> +Empec a quererle,<br /> +Empez a olvidarme:<br /> +Rabia le d, madre.<br /> +Rabia que le mate.</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">L. de Gngora</span></p></div> + + +<p>Cursaban las horas, los das y las semanas y no llegaban a la ciudad +letras ni noticias de Isabel Ilincheta, desde su partida para Alquzar. +Cierto que eran entonces difciles y raras las comunicaciones de la +capital, an con los pueblos de su misma jurisdiccin. Pero no +escaseaban los correos privados, trajinantes o buhoneros, que se +prestaban a llevar y traer cartas y los sin cargar porte. Y de stos +acostumbraba a valerse Isabel para mantener correspondencia con sus +primas las Gmez y con Leonardo.</p> + +<p>Sala ste bastante preocupado de casa de esas seoritas al oscurecer +del 6 7 de Diciembre, al propio tiempo que bajaba la calle en +direccin de la de Teniente Rey una mujer, cubierta la cabeza con una +manta oscura. Parecindole que la conoca, apresur el paso, le gan +pronto la delantera, la observ de soslayo y la detuvo, visto que era +Nemesia.</p> + +<p>—Qu prisa es sta? la pregunt Gamboa.</p> + +<p>—Ay, Jess! exclam la muchacha. Cuidado que el caballero me ha dado +un buen susto!</p> + +<p>—Como que te me queras escapar de rengue liso, dijo Leonardo haciendo +uso del lenguaje de la gente de color.</p> + +<p>—No es mi natural el escaparme de rengue liso ni labrado, y menos de +las personas de mi estimacin.</p> + +<p>—De tu estimacin. Soy yo por ventura de ese nmero?</p> + +<p>—El primerito.</p> + +<p>—El que te crea que le compre.</p> + +<p>—Lo duda el caballero?</p> + +<p>—Cmo que si lo dudo? No lo creo, porque dice el refrn que obras son +amores y no buenas razones.</p> + +<p>—Qu pruebas tiene el seor para decir eso?</p> + +<p>—Muchas. Te dar una, la ms reciente. El da en que me despeda de una +amiga a la puerta de la casa de donde acabo de salir, quin trajo a +Celia para que me viese y se encelara conmigo? T. Nadie ms que t.</p> + +<p>—Quin se lo dijo?</p> + +<p>—Nadie. Lo sospech entonces y ahora estoy convencido de ello. T eres +ms mala que Aponte, como deca mi abuela.</p> + +<p>—No lo crea el seor, dijo Nemesia retozndole la risa en los ngulos +de la boca. Crame el caballero, todo fue una pura casualidad. Yo iba a +buscar costura en la sastrera de <i>se</i> Uribe y Celia quiso +acompaarme.</p> + +<p>—S, hazte ahora la santica y la inocente. Sbete que cometes un pecado +en declararme la guerra. Si lo haces porque te figuras que no hay en mi +corazn amor ms que para Celia, mira que te equivocas. Hay para ella, +para la amiga en el campo y todava queda para las malagradecidas como +t un mundo de cario.</p> + +<p>—Ahora s que yo digo que el que crea al caballero que lo compre.</p> + +<p>—Tienes que creerme, porque te lo digo y porque t eres la mulata ms +salerosa que pisa la tierra.</p> + +<p>—Lisonjero! Veleidoso! exclam Nemesia conocidamente pagada del +requiebro. Cuidado que los hombres son malos. Slo que a m no me gusta +partir con <i>naiden</i> ni ser plato de segunda mesa.</p> + +<p>—En siendo plato, mujer, no importa de qu mesa. Ay de las que no son +plato de ninguna! porque es la prueba de que se quedaron para tas y +para vestir santos. Celebremos un trato: no me hagas la guerra.</p> + +<p>—Dale con la tema: yo no le hago la guerra al caballero.</p> + +<p>—S, s, me la haces. Lo veo, lo conozco. Celia est <i>brava</i> conmigo +por ti. Pero has escogido un mal camino para alejarme de ella. No le +eches lea al fuego. Aqu, aqu, aadi oprimindose el lado izquierdo +del pecho con ambas manos, aqu hay lugar para Celia y para su ms +tierna amiga.</p> + +<p>—No. Para que yo <i>dentrara</i> ah habra de ser sola, solita. No quiero +compaa en el corazn del hombre que yo ame.</p> + +<p>—Egosta! la dijo Leonardo echndole una mirada amorosa. Y se +separaron, tirando Nemesia hacia la calle de Villegas en direccin de su +casa en el callejn de la Bomba, y Leonardo todo derecho a la calle de +O'Reilly.</p> + +<p>Haba aqulla odo de los labios del joven, de quien estaba perdidamente +enamorada, que caba en su corazn juntamente con Cecilia. Tal vez la +cosa no pasaba de una mera galantera. Qu decimos? Leonardo slo se +propuso propiciarla, halagando de paso su vanidad femenil con la +esperanza de que en cierta contingencia podra ver realizado su amoroso +deseo. Mas ella reflexion que si caba, lo ms difcil en su concepto, +bien podra suceder que entrase acompaada y se quedase sola y duea del +campo. As que el descubrimiento, adems de causarla un regocijo +indecible, la confirm ms en el plan sobre cuya ejecucin vena +trabajando haca algn tiempo. Para llevarle a debido efecto, dos medios +se ofrecan a su traviesa imaginacin. Con el conocimiento que tena de +los rasgos ms marcados del carcter de su amiga, una ndole +eminentemente celosa, unida a una soberbia desapoderada, juzg Nemesia, +y juzg bien, que si excitaba a lo sumo ambas pasiones, an cuando no +lograse que rompiera con el amante, ni suplantarla en el amor de ste, +hara al menos que l la abandonase.</p> + +<p>En la escena deba jugar Jos Dolores su hermano un papel principal. +Daba por hecho que Cecilia no le amara nunca. Esto poco importaba, +porque una vez torcidos los amantes, no sera difcil infundir celos a +Gamboa, por lo mismo que en su pique con el blanco era natural que ella +se prestase a coquetear con el mulato. Ya veremos el desenlace fatal de +estas intrigas.</p> + +<p>Sucedi que al desembocar Leonardo Gamboa en la calle de O'Reilly, se +separaba de la ventanilla de la casa de Cecilia un hombre que tena toda +la traza del hermano de Nemesia. Pic aquello su curiosidad, por lo +cual, sin previo aviso, se acerc a media carrera, y con la punta de los +dedos levant el canto de la cortina blanca. Detrs se hallaba Cecilia +sentada en una silla, con el codo descansando en el poyo de la ventana y +la barba en la palma de la mano. Al reconocer a su amante en la persona +que haba levantado la cortinilla, no manifest sorpresa ni alegra.</p> + +<p>—S, la dijo l, muy mortificado por lo que haba visto y por la +indiferencia con que ella le reciba. S, disimula ahora. Quin no la +ve ah? Parece que no quiebra un plato. Qu haces?</p> + +<p>—Nada, contesto seca y lacnicamente.</p> + +<p>—Est fuera tu abuela?</p> + +<p>—S, seor. Ha ido a la salve, ah enfrente.</p> + +<p>—Abre pues. Djame entrar.</p> + +<p>—De ninguna manera.</p> + +<p>—De cundo ac tanto rigor? Quisiera saberlo.</p> + +<p>—No s. Vd. dir.</p> + +<p>—Lo que yo s es que de aqu acaba de salir un hombre.</p> + +<p>—No, seor. Aqu no ha estado nadie desde que sali Chepilla.</p> + +<p>—Le he visto con mis ojos.</p> + +<p>—Sus ojos le engaaron. Ha sido una ilusin.</p> + +<p>—Qu ilusin ni que nio <i>muerto</i>. Le vi, le vi, no me queda gnero de +duda.</p> + +<p>—Entonces creer que Vd. ve visiones.</p> + +<p>—No me hables ms con ese aire desdeoso, despreciativo dira, que me +parece intolerable y ajeno de ti y de m. No disimules tampoco ni +busques persuadirme que fue un duende y no un hombre de carne y hueso, +el que acaba de alejarse de esta ventana, tras de la cual te encuentro +sentada y al parecer muy tranquila.</p> + +<p>—Ah! Ya eso es otro cantar. Puede Vd. haber visto un hombre parado +donde est Vd., ahora. Lo que yo niego y negar siempre es que Vd. le +viera salir de aqu, porque l no puso los pies en esta casa.</p> + +<p>—De todos modos sali de aqu, de este lugar, estuvo conversando +contigo y necesito saber quin es y qu buscaba.</p> + +<p>—Necesito, repiti Cecilia con desdn. Qu <i>guapo</i>! Ha de ser a la +fuerza? Pues no lo digo.</p> + +<p>—Sea como fuere, tienes que decrmelo, o de lo contrario me peleo +contigo y no me vuelves a ver la cara en la vida.</p> + +<p>—Eso es lo que yo quisiera ver.</p> + +<p>—Lo vers. En fin, me dices quin es?</p> + +<p>—No lo digo.</p> + +<p>—T parece que quieres jugar conmigo.</p> + +<p>—No juego, hablo de veras.</p> + +<p>—Bien. Abre la puerta y djame entrar, porque me da vergenza que me +vea la gente que pasa. Van a figurarse que estamos peleando.</p> + +<p>—Y se figurarn lo cierto.</p> + +<p>—Vamos. Te dejas de retrecheras?</p> + +<p>—Yo digo lo que siento.</p> + +<p>Leonardo la mir un rato con fijeza, como para medir el alcance de sus +palabras, y trat luego de cogerla la mano que ella retir, y despus la +cara con igual resultado. Cecilia no pareca dispuesta a ceder un punto +de la actitud tomada desde el principio. Sera ella capaz de dejarle +por otro hombre? Era el preferido aqul que vio alejarse de la ventana? +Tanteemos un poco ms, se dijo para s, y enseguida aadi alto:</p> + +<p>—Qu tienes t en realidad? Se puede saber?</p> + +<p>—Yo? Nada.</p> + +<p>—Si te encierras en ese crculo vicioso de: no s nada, no lo digo, +creo que lo mejor ser que yo me vaya con la msica a otra parte.</p> + +<p>—Como Vd. guste.</p> + +<p>—Cada vez te entiendo menos, Celia. Sospecho, sin embargo, que no dices +ahora lo que sientes, y que si diera ascenso a tus palabras de poco +vivir y me marchase, habas de derramar lgrimas de sangre. Cmo! Te +quedas callada? Qu dices? Contesta.</p> + +<p>Iba siendo demasiado larga y violenta la posicin asumida por Cecilia +para que durase mucho tiempo. Amaba de veras. Si persista en su +desacostumbrada severidad, tal vez ahuyentaba al amante; fuera de que no +tena prueba patente de su inconstancia. Por todas estas razones, cuando +precisada a responder categricamente, inclin la cabeza y rompi a +llorar con grandes sollozos.</p> + +<p>—Lo ves? la dijo l bastante conmovido. Ya saba yo que en esto +vendran a parar tus bravezas. Tu corazn me quiere cuando tus labios me +desdean. Bah! Se acab todo. No llores ms, mi vida, porque concluir +por llorar contigo. Ahora lo que corresponde es: pelillos a la mar y tan +amigos como siempre.</p> + +<p>—Slo bajo una condicin hara yo las paces contigo, acert a decir +Cecilia entre sollozo y sollozo.</p> + +<p>—Admitido. Afuera con esa condicin.</p> + +<p>—No. Es preciso primero que prometas cumplirla.</p> + +<p>—Hombre! Eso es mucho pedir. Tal vez no est en mis facultades. Pero, +quin dijo miedo? S, prometo.</p> + +<p>—No vayas al campo en las prximas Pascuas...</p> + +<p>—Celia, por Dios!... qu caprichos tan extraos tienes t! De qu +nace tamaa exigencia? Sin duda te figuras que me alejo para siempre o +que te he de olvidar. Reflexiona y no me pidas imposibles.</p> + +<p>—Lo tengo bien pensado. Te vas o te quedas?</p> + +<p>—No me voy, ni me quedo; porque una ausencia de quince das en el campo +no va a ninguna banda, no es una ida ni una quedada formal.</p> + +<p>—Est bien, dijo Cecilia con firmeza, enjugndose las lgrimas. Ve. Yo +s lo que he de hacer.</p> + +<p>—No tomes resolucin que luego te pese. Te ruego de nuevo que +reflexiones y veas mi posicin tal cual es. Te parece fcil que yo +permanezca en La Habana mientras toda mi familia est en el ingenio de +<i>La Tinaja</i> cerca del Mariel? Pues no lo es; en primer lugar no habr en +casa sino el mayordomo con algunos criados. En segundo lugar, aunque yo +pretendiera quedarme, mi madre no lo consentira, mucho menos mi padre. +La marcha ser del 20 al 22 para volver despus del domingo de Nio +Perdido. Comprendes ahora?</p> + +<p>—Lo que comprendo es que vas a divertirte en el campo con una mujer que +detesto sin conocerla a derechas, y que no puedo, no debo, ni quiero +consentirlo.</p> + +<p>—Eres muy celosa, Celia. He aqu tu nico defecto. Si yo te amo ms que +a mi vida, ms que a todas las mujeres del mundo, no te basta? qu ms +quieres? Por otra parte, esta corta ausencia nos conviene a los dos, +as nos querremos con mayor ternura a mi vuelta. Despus, en Abril +entrante me recibir de Bachiller en derecho y entonces tendr ms +libertad para hacer lo que me d la gana. Ya vers, ya vers cuanto +vamos a gozar. Yo para ti, t para m.</p> + +<p>Para este tiempo Cecilia se haba puesto en pie, esperando quizs la +retirada de su amante, callada y pensativa. Su hermoso busto, sus +hombros y brazos torneados cual los de una estatua, el estrechsimo +talle que casi se poda abarcar con ambas manos lucan a maravilla, +alumbrados a medias por la buja en el interior, en contraste con la +oscuridad ya reinante en la calle. Ms enamorado que nunca Leonardo de +tanta belleza, aadi con la mayor ternura:</p> + +<p>—Lo que falta ahora, cielo mo, es que me des un beso en seal de paz y +de amor.</p> + +<p>Cecilia no respondi palabra ni hizo el menor movimiento. Pareca +transfigurada.</p> + +<p>—Vaya con Dios!, dijo el joven desconsolado. Tampoco me dars la +mano?</p> + +<p>El mismo silencio, igual inmutabilidad. La conversin no poda ser ms +completa, pues si respiraba, no daba seales el redondo y levantado +seno, de agitacin ni de perceptible movimiento.</p> + +<p>—Tu abuela va a venir, agreg Gamboa. Oyes? Se concluye la salve en +Santa Catalina; yo no quiero que me vea. Adis, pues!... Ah! Me dirs +el nombre de la persona que hablaba contigo cuando yo llegu?</p> + +<p>—Jos Dolores Pimienta, contest Cecilia en tono tan breve como +solemne.</p> + +<p>Sinti Leonardo que toda la sangre se le agolpaba al rostro y que le +quemaba las mejillas; y como para mejor ocultar la impresin que le +haba causado aquel nombre en boca de Cecilia, se alej de all a toda +prisa, a la sazn que los fieles salan del convento vecino.</p> + +<p>Por su parte Cecilia se dej caer en la silla y llor amargamente.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_XVIb" id="Capitulo_XVIb"></a><span class="smcap">Captulo XVI</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Conciencia, nunca dormida,<br /> +mudo y pertinaz testigo<br /> +que no deja sin castigo<br /> +ningn crimen en la vida!<br /> +La ley calla, el mundo olvida;<br /> +mas quin sacude tu yugo?<br /> +Al Sumo Hacedor le plugo<br /> +que a solas con el pecado,<br /> +fueses t para el culpado<br /> +delator, juez y verdugo.</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">Nez de Arce</span></p></div> + + +<p>Llega una poca en la vida de cada hombre culpable de falta grave, en +que el arrepentimiento es el tributo forzoso que se paga a la conciencia +alarmada; pero la enmienda, como sujeta a otras leyes y dependiente de +circunstancias externas, no siempre est el cumplirla en la voluntad +humana. Porque tiene eso de caracterstico la culpa, que, cual ciertas +manchas, mientras ms se lavan, ms clara presentan la haz.</p> + +<p>Bien quisiera don Cndido romper de una vez con el pasado, borrar de su +memoria hasta la huella de ciertos hechos. Pero sin saber cmo, sin +poderlo evitar, cuando ms libre se crea, senta, puede decirse as, en +sus carnes el peso de los grillos que le ataban al misterioso poste de +su primitiva culpa. Mucha parte tenan en esto los testigos y cmplices +de ella. Recordbansela sin cesar y se la ponan delante a doquiera que +tornase los ojos.</p> + +<p>Aqu tiene el lector algunas de las razones por qu, a raz del serio +altercado con doa Rosa, don Cndido se hizo el encontradizo con Montes +de Oca. No le ri por las indiscreciones que haba tenido con su +esposa. Qu reirle! Al contrario, nunca le apret con ms efusin la +mano. Es que le necesitaba para el arreglo de un proyecto en que vena +meditando de poco tiempo a esta parte. Quera que, como mdico, +certificase que sin riesgo de la vida no era posible la traslacin de la +enferma en el hospital de Paula, a la nueva casa de locos. Esto, en +primer lugar. En segundo lugar, pretenda que se prestara a servir de +conducto por medio del cual <i>sea</i> Josefa, o en su defecto la nieta, +recibiera una pensin mensual de veinte y cinco duros y medio por tiempo +indefinido.</p> + +<p>Estimulada la codicia de Montes de Oca con un esplndido regalo, no hubo +dificultad en que despachara la certificacin, ni en que aceptara el +encargo de la mensualidad. Este era un modo, por parte de don Cndido, +de hacer del ladrn fiel; fuera de que sera quizs ms riesgoso probar +la discrecin de tercera persona en aquel asunto.</p> + +<p>As cortaba, crea Gamboa, toda directa relacin futura con las tres +cmplices de su grave culpa, sin fallar a los compromisos con ellas +contrados. Pero an quedaba el rabo por desollar. Cmo librar a +Cecilia Valds de los lazos que la tenda su hijo Leonardo? Ellos se +amaban con delirio, se vean a menudo, no bastaban a separarlos los +regaos a ella de la abuela, ni las amenazas a l, por medio de doa +Rosa, de don Cndido. No haba, pues, ms remedio que embarcar al galn +y echarlo del pas, o que secuestrar a la dama y ponerla donde no se +viese ni se comunicase con l. Lo primero no haba que pensarlo +siquiera: doa Rosa se opondra con todas sus fuerzas. Lo segundo, era +riesgoso en alto grado y estaba I rodeado de dificultades casi +insuperables. Tales eran los pensamientos que ms preocupaban el nimo +de don Cndido y le hacan sufrir las torturas del infierno por la poca +que vamos historiando.</p> + +<p>Ahora bien: convena proceder desde luego al secuestro de la muchacha? +Convena, mas no era de urgente necesidad en aquel momento, por dos +razones principales, a saber: porque viva la abuela, aunque achacosa y +decadente; y porque dentro de dos semanas marchara la familia a pasar +las Pascuas en el ingenio de <i>La Tinaja</i>, y se haba acordado que +Leonardo fuese de la partida.</p> + +<p>Efectivamente: una semana antes despachose al Mariel la goleta +<i>Vencedora</i>: su patrn Francisco Sierra con las vituallas, conservas y +vinos que no se encontraban por amor ni por dinero en aquellas partes, y +con los criados del servicio particular de la familia de Gamboa, entre +ellos Tirso y Dolores. Tambin deban ser de la partida la seorita +Ilincheta con su ta doa Juana; para lo cual Leonardo y Diego Meneses +les daran escolta desde Alquzar.</p> + +<p>El motivo de la prxima reunin de las dos familias en el ingenio de <i>La +Tinaja</i>, tena por objeto presenciar el estreno de una mquina de vapor +para auxilio de la molienda de la caa miel, en vez de la potencia de +sangre con que hasta all se vena operando el primitivo pesado +trapiche.</p> + +<p>No quiso partir Leonardo sin tener una entrevista con Cecilia. Obtvola +fcilmente, as porque ambos la deseaban como porque a la fecha pareca +que <i>sea</i> Josefa haba perdido todo dominio sobre la nieta. Pero de +nada valieron ruegos, halagos, promesas de mayor ventura ni amenazas de +rompimiento. Cecilia cerr los odos a todo eso y se mantuvo firme, cual +una roca, en negar su consentimiento a la partida del amante para el +campo. El corazn leal la anunciaba que l corra a reunirse con su +temible rival; lo que equivala a perderle para siempre. Otro, que el +atolondrado joven habra parado mientes en la actitud y firmeza de la +muchacha, y le habra concedido admiracin ya que no simpata. Mas l, +ligero de cascos y soberbio, principi por creer que vencera su +resistencia y acab por darse por ofendido y retirarse despechado.</p> + +<p>Esta vez no llor Cecilia. Con el corazn partido de dolor, en silencio +vio alejarse a Leonardo. No abri los labios para llamarle ni consinti +que sus lgrimas, aun ido l, viniesen a revelar la angustia de su alma, +dando as, a sus propios ojos, muestra indigna de flaqueza. Antes que +rendirse al rigor de la suelte, crey la soberbia muchacha que deba +armarse de valor a fin de tomar sealada venganza de su ingrato amante. +Dicho y hecho, apenas se alej de su lado, se visti ella a la carrera, +dio un beso a la abuela, que, como sola, se hallaba hundida en el fondo +de enana butaca de Campeche y sali a la calle. Mas yendo en la +direccin de la casa de Nemesia, en el callejn de la Bomba, se encontr +en la esquina con Cantalapiedra, a quien no vea desde la noche del 24 +de Setiembre. No le vali inclinar la cabeza, ni estrechar en torno del +rostro los pliegues de la manta de burato. El Comisario la reconoci al +punto, y, quiera que no, la detuvo en medio de la calle dicindola:</p> + +<p>—Alto a la justicia. Date o te va la vida.</p> + +<p>—Con su licencia, replic Cecilia seria, en ademn de seguir camino.</p> + +<p>—Date presa, digo, o de lo contrario har uso de la autoridad que me +concede la ley. Respeta estas borlas (ensendole las del bastn que +llevaba bajo el brazo izquierdo) o le ordeno a Bonora (su esbirro, el de +las grandes patillas, que se mantena a respetable distancia) que +proceda a prenderte.</p> + +<p>—Como no he cometido ningn delito, contest Cecilia muy tranquila, es +intil que me ensee las borlas y me amenace con su teniente. Djeme +pasar, que no estoy para bromas.</p> + +<p>—Sin ver antes esa carita fuera de la manta, no esperes que te deje dar +un paso ms.</p> + +<p>—Tengo acaso monos pintados en la cara?</p> + +<p>—Muchachita! Jugate conmigo y todava te dan las doce sin campana.</p> + +<p>—Yo no me juego, no estoy para juegos. Djeme ir.</p> + +<p>—A dnde vas?</p> + +<p>—A una parte.</p> + +<p>—Es cosa de cita?</p> + +<p>—Yo no tengo citas con nadie, ni dejara mi casa por ver al rey de los +hombres.</p> + +<p>—Quien te oye, segurito que se traga que hablas de veras.</p> + +<p>—Sabe Vd., que yo haya hablado de mentira sobre estas cosas?</p> + +<p>—Bien, veremos si eso que dices es verdad.</p> + +<p>—De qu manera?</p> + +<p>—Fcilmente, siguindote las aguas.</p> + +<p>—Est Vd. loco, Capitn?</p> + +<p>—No, sino muy cuerdo. Soy el Comisario del barrio y qu se dira de m +si por descuido dejaba que una muchacha tan linda como t daba un mal +paso y luego andbamos de tribunales y pleitos?</p> + +<p>—No me doy por ofendida de sus palabras, porque s que Vd. es muy +<i>jaranero</i>.</p> + +<p>—Es que no jaraneo ahora. No deseo ofenderte ni en el negro de una ua; +pero, repito, que ni como Comisario, ni como hombre, debo consentir que +andes a estas horas por las calles sin galn que te gue y te defienda.</p> + +<p>—No me suceder nada. Est Vd. seguro. Voy aqu cerquita.</p> + +<p>—Est bien, quiero creerte. Ve con Dios y la Virgen. Mas no me dejars +verte la carita?</p> + +<p>—No la est Vd. viendo?</p> + +<p>—As no me gusta verla. Echa hacia atrs los malditos pliegues de esa +manta.</p> + +<p>Hizo Cecilia lo que la dijeron, quizs para verse libre de aquel +impertinente, descubriendo casi todo el busto con slo dejar caer la +manta sobre los hombros. En ese tiempo Cantalapiedra atiz el cigarro +puro que fumaba, y produjo mayor claridad de la que reinaba en torno, +puesto que no haba faroles por all, y las estrellas no alumbraban +bastante.</p> + +<p>—Ah! exclam el Comisario lleno de entusiasmo. Habr quien no se +muera de amor por ti? Maldito de Dios y de los hombres el que no te +adore de rodillas como a los santos del cielo!</p> + +<p>Ante el cmico ademn y las exageradas expresiones del Comisario, no +pudo menos de sonrerse Cecilia, la cual despus continu derecho a casa +de Nemesia, sin cuidarse de averiguar si aqul segua o no sus pasos. +Conociendo ella bien las entradas y salidas, no toc en ninguna puerta, +sino que pas de la calle al cuarto de su amiga, a quien sorprendi muy +afanada cosiendo una pieza de sastrera, delante de una mesita de pino, +a la luz dudosa de una vela de sebo de Flandes en un candelero de hoja +de lata.</p> + +<p>—Qu atareada que est una mujer! dijo entrando.</p> + +<p>—Hola! exclam Nemesia soltando la costura y yendo al encuentro de +Cecilia con los brazos abiertos. Tanto bueno por ac! Quin se querr +morir? Es preciso hacer una raya en el agua.</p> + +<p>—Ests sola? pregunt Cecilia antes de sentarse en el columpio de +madera que le present la amiga.</p> + +<p>—Solita en alma, aunque Jos Dolores no tardar mucho.</p> + +<p>—No quisiera que me encontrase aqu.</p> + +<p>—Por qu, china?</p> + +<p>—Porque los hombres luego se figuran que una los busca.</p> + +<p>—Mi hermano no es de esos, chinita. El te ama, te adora, te idolatra, +se le conoce, suspira siempre por ti; pero es tan vergonzoso que no se +atrevera a decirte negros ojos tienes, cuanto ms a figurarse que +vienes por l.</p> + +<p>—Ay, Nene! continu Cecilia desentendindose de las manifestaciones de +su amiga. La otra tarde me encontr Leonardo hablando con Jos Dolores +por la ventana de casa. En mala hora. Me ha costado una tragedia con l.</p> + +<p>—No me digas! repuso Nemesia sin poder ocultar del todo su contento. +Pero ya habrn hecho las paces. No?</p> + +<p>—Ojal! exclam Cecilia suspirando. Se puso <i>bravo</i> y se ha ido +peleado conmigo. Quin sabe cundo nos Nez de Arce? Tal vez... nunca +ms. l es muy perro y yo poco menos.</p> + +<p>En diciendo estas palabras, callose por breve rato. Se le haba +atravesado la voz en la garganta, y en sus bellos ojos aparecieron +gruesas lgrimas.</p> + +<p>—Cmo! dijo Nemesia sorprendida. De veras t lloras? No te da +vergenza?</p> + +<p>—S, lloro, repuso Cecilia con visible sentimiento. Lloro, no de dolor, +lloro de rabia conmigo misma, porque conozco que he sido una tonta.</p> + +<p>—Anj! Me alegro orte. Ya te lo haba dicho yo muchas veces, no debe +fiarse una de ningn hombre.</p> + +<p>—No lo digo por eso, Nene. Llamas t fiarme de un hombre el amarlo +mucho? Puede ser; y yo te digo, acaso est en tu mano amar o no amar? +Conoces algn remedio contra el amor y los celos? Lo mejor sera, +china, no tener corazn. As no sentiramos cario por nadie.</p> + +<p>—Luego, parece que t te das por engaada.</p> + +<p>—Tal como engaada no. Dios me libre! Leonardo no me ha dejado por +otra ni creo que me deje. Si lo sospechase siquiera no estara +dicindotelo desde esta silla.</p> + +<p>—Y qu ms quieres, mujer? Mucho temo que ese peje no vuelva a picar +en tu anzuelo.</p> + +<p>—Qu sabes t? pregunt Cecilia asustada.</p> + +<p>—Nada, nada, repiti Nemesia. Mas no puedo olvidar el dicho de <i>sea</i> +Clara, la mujer de Uribe: cada uno con su cada uno.</p> + +<p>—No entiendo.</p> + +<p>—Ms claro no puede ser. <i>Sea</i> Clara no tiene ms experiencia que +nosotras? Desde luego. Es mayor de edad y ha visto doble mundo que t y +que yo. Pues si a menudo repite ese dicho, razn buena ha de tener. +Aqu, inter nos, <i>naiden</i> me lo ha contado, pero yo s que a <i>sea</i> +Clara siempre le gustaron ms los blancos que los pardos, y bien durita +ya se cas con <i>se</i> Uribe. Por supuesto, llev ms quemadas y +desengaos que pelos tiene en la cabeza, y por eso ahora se consuela +repitiendo a las muchachas como t y como yo: cada uno con su cada uno. +Entiendes?</p> + +<p>—S, bastante, slo que no veo cmo me venga el refrn.</p> + +<p>—Te viene pintiparado, chinita; te coge por derecho. T no prefieres +los blancos a los pardos, como sea Clara?</p> + +<p>—No lo niego, mucho que s me gustan ms los blancos que los pardos. Se +me caera la cara de vergenza si me casara y tuviera un hijo +<i>saltoatrs</i>.</p> + +<p>—Desengate, mujer: bonitura, amor, cario, constancia, nada sujeta a +los blancos. Despus, Leonardo no se va a casar tampoco contigo por la +iglesia.</p> + +<p>—Por qu no? replic Cecilia con vehemencia. El me lo ha prometido y +cumplir su palabra. De otro modo yo no lo querra como lo quiero.</p> + +<p>—Ay! Me da mucha pena orte hablar as, mas no quisiera quitarte la +ilusin. Slo te digo que abras los ojos, no sea que mal haya venga muy +tarde. No te fes, no te fes, y ten siempre presente que la hormiga por +meterse a volar se quem las alas.</p> + +<p>—El que por su gusto muere, hasta la muerte le sabe.</p> + +<p>—Lo comprendo, mas si una muriese de repente, sin dolor, ni trabajos, +pase, sea todo por Dios. El caso es, china, que antes de morir se sufre +mucho. Ven ac, duele tanto cuando un hombre blanco nos deja por una +mujer de color, como cuando nos deja por una blanca? A que no? Eso s +que duele. Y <i>me se</i> figura que a ti te est pasando eso ahora. Conque +no hables, ni digas de esta agua no beber.</p> + +<p>Disponase Cecilia a negar la exactitud del smil cuando apareci por la +puerta del patio Jos Dolores Pimienta, y si ella no pudo o no supo +decir lo que pensaba, l se qued mudo y esttico en el quicio del +cuarto. No esperaba semejante compaa, mucho menos a aquella hora de la +noche. Repuesto luego de su sorpresa, la manifest en breves y escogidas +frases cunto se alegraba de verla. Cecilia dijo que haba venido +solamente a darle una caradita a Nemesia, y se puso en pie para +marcharse.</p> + +<p>—Tengo una buena noticia que darles, dijo el msico. El baile de +etiqueta de la gente de color se ha convenido en darlo la vspera de la +Noche buena, en la casa de Soto, esquina a Jess Mara. Por supuesto, la +seorita est convidada en primera lnea, y se espera que vaya Nemesia y +<i>sea</i> Clara, y Mercedita Ayala, y todas las amigas.</p> + +<p>Ser un baile de ringorrango. Har raya, yo se lo digo a la seorita.</p> + +<p>—Lo ms fcil es que yo no pueda asistir, dijo Cecilia. Chepilla no +est buena y temo dejarla sola.</p> + +<p>—Pues si falta la seorita, cuente que no habr luz para alumbrar el +baile.</p> + +<p>—No saba que Vd. era tan lisonjero, dijo Cecilia sonriendo y +movindose hacia la puerta.</p> + +<p>—No debe la seorita ir sola, dijo Jos Dolores.</p> + +<p>—Nadie me comer, pierda Vd. cuidado. No se moleste. Adis!</p> + +<p>No obstante su negativa, el msico y su hermana acompaaron a Cecilia +hasta la puerta de la casa en que viva.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_XVIIb" id="Capitulo_XVIIb"></a><span class="smcap">Captulo XVII</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Y al punto que el triunfo creyera posible</i><br /> +<i>De lcido acero se vio traspasar.</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">J. L. Luaces</span></p></div> + + +<p>Dijo Jos Dolores Pimienta que el baile de la gente de color se +celebrara en la casa de Soto. Ocupa la esquina occidental de la calle +de Jess Mara, en su encuentro con la calzada del Monte, opuesta al +Campo de Marte.</p> + +<p>Precede al zagun o entrada un ancho portal con barandilla de madera. +Desde ste, por las alterosas ventanas, enteramente abiertas, pudo el +pblico, sin derecho a entrar, presenciar a su sabor la fiesta. En el +cuadrado patio, que se cubri con un toldo, se pusieron las mesas del +ambig; en el comedor tocaba la orquesta; en la amplsima sala se +bailaba y en los cuartos se reposaba y tenan las conversaciones ntimas +de los amigos o los amantes.</p> + +<p>Los adornos de la sala se reducan a unas colgaduras de damasco rojo, el +color nacional, recogidas con cintas azules en pabellones, a la altura +de los dinteles de las puertas y ventanas. El alumbrado lo +proporcionaban bujas de pura esperma, ardiendo en grandes araas de +cristal, con profusin de prismas de lo mismo que reflejaban la luz, la +multiplicaban y descomponan en todos los colores del iris.</p> + +<p>Con la frase <i>baile de etiqueta o de corte</i>, se quiso dar a entender uno +muy ceremonioso, de alto tono, y tal, que ya no celebraban los blancos, +ni por las piezas bailables, ni por el traje singular de los hombres y +de las mujeres. Porque el de stas deba consistir y consisti en falda +de raso blanco, banda azul atravesada por el pecho y pluma de marab en +la cabeza. El de los hombres, en frac de pao negro, chaleco de piqu y +corbata de hilo blanco, calzn corto de Nankn, media de seda color de +carne y zapato bajo con hebilla de plata; todo segn la moda de Carlos +III, cuya estatua, hecha por Canova,<a name="FNanchor_43_43" id="FNanchor_43_43"></a><a href="#Footnote_43_43" class="fnanchor">[43]</a> se hallaba al extremo del +Prado, donde hoy se ostenta la fuente de la India o de La Habana.</p> + +<p>Para entrar y tomar parte en la fiesta no bastaba el traje especial de +los hombres; era preciso venir provisto de papeleta, la que deba +presentarse en el zagun a la comisin all constituida para recibirla y +aposentar a las mujeres. Observose esta medida estrictamente al +principio; pero tan luego como lleg la hora de bailar, Brindis y +Pimienta, principales aposentadores, delegaron el encargo en sujetos +menos escrupulosos y rectos. A semejante descuido se debi el que, tarde +de la noche, penetrasen algunos individuos que, si bien en traje de +ceremonia, no presentaron papeleta ni eran artesanos tampoco.</p> + +<p>De este nmero fue un negro de talla mediana, algo grueso, de cara +redonda y llena, con grandes entradas en ambos lados de la frente, que +por poco que pasase l de los cuarenta aos de edad, terminaran en una +calva completa. Aunque se vesta como se haba dispuesto, el frac le +vena algo estrecho, el chaleco se le quedaba bastante corto, las medias +estaban descoloridas por viejas, carecan de hebillas sus zapatos, no +tena vuelos la camisa y el cuello le suba demasiado hasta cubrirle +casi las orejas, tal vez por ser l de pescuezo corto y morrudo.</p> + +<p>Sea por estas faltas, o sobras, de que no estamos bien enterados, el +negro de las entradas se hizo el blanco de las miradas de todos desde +que puso el pie en el baile. Advirtiolo l, que no era ningn tonto, y +naturalmente andaba al principio como azorado, esquivando la sala, donde +la luz era ms profusa y brillante; pero hacia las once de la noche hizo +por incorporarse en los corrillos que se formaban en torno de las +muchachas bonitas, hasta que se atrevi a invitar a una y bailar un +minu de corte, con tanto comps y donaire que llam por ello la +atencin general. Dos o tres veces se acerc al grupo que galanteaba o +adoraba en Cecilia Valds a la ms hermosa de las mujeres de aquella +reunin heterognea; la contempl de reojo largo rato y luego se alej +con visibles muestras de despecho.</p> + +<p>En uno de estos momentos, un oficial de la sastrera de Uribe que le +observaba de cerca, le sigui fuera de la sala, le puso la mano en el +hombro con alguna familiaridad y le dijo:</p> + +<p>—Oiga! Ests aqu?</p> + +<p>—Qu, qu se ofrece? contest l volvindose y estremecindose de pies +a cabeza.</p> + +<p>—Qu haces por estos barrios, chiquete? le pregunt el oficial con +mayor familiaridad.</p> + +<p>—Srvase decirme, seor mo, replic el de las entradas, enfadado: +cundo y dnde le he echado maloja?</p> + +<p>—Hombre! repuso el oficial bastante mortificado, esas son palabras +mayores.</p> + +<p>—Mayores o menores, son las que uso con los importunos como Vd.</p> + +<p>—No te vengas haciendo el misterioso y el seorn, que yo s quin eres +t y t sabes quin soy yo. Apate, compadre, del tablado. <i>Te se</i> +puede desvanecer la cabeza, y si te caes, das en el fogn de la cocina.</p> + +<p>—Vamos, y qu quiere Vd. conmigo ahora?</p> + +<p>—Nada, no quiero nadita de este mundo. Repar slo que le hiciste el +feo a la nia ms linda del baile y esto pic mi curiosidad.</p> + +<p>—Le va o le viene a Vd. algo en este ajiaco?</p> + +<p>—Bastante, ms de lo que t te figuras.</p> + +<p>—Y Vd. se propone defender a esa nia, no?</p> + +<p>—Creo que t no las has injuriado. Las mujeres no son la cara del rey +para agradar a todos. En gustar o disgustar no hay ofensa.</p> + +<p>—Bien, entonces djeme Vd. el alma quieta.</p> + +<p>—Eres un mal agradecido, le dijo el oficial, serio. No tienes t la +culpa, sino yo que me ocupo de un individuo inferior a m, cocinero y... +esclavo. Llenose de ira el negro con esto y levant la mano para pegarle +una bofetada a su contrincante; pero, por razones que l se saba, no +descarg el golpe. Haba penetrado en aquella casa sin papeleta, no +conoca a nadie, era un intruso y todo escndalo que se armase deba +redundar en su dao. Contentse, pues, con amenazarle y decirle que +arreglara cuentas luego que terminase el baile; volvindole la espalda +con desprecio. Semejante salida excit a lo sumo la risa del oficial de +sastre, y dijo por burla:</p> + +<p>—Casaca, suelta a ese hombre.</p> + +<p>De seguidas busc a su amigo Jos Dolores Pimienta, le cont la +ocurrencia con el negro de las grandes entradas rieron los dos de la +ocurrencia y no se ocuparon ms del asunto.</p> + +<p>Desde temprano el baile estaba lleno, de bote en bote, segn reza la +frase familiar. El golpe de gente de todos colores, sexos y condiciones +que se apiaba ante ambas ventanas del ancho portal, presentaba aspecto +tan animado, como interesante y tumultuoso. En el gran saln no se caba +ni de pie, al menos mientras no se bailaba; los hombres se codeaban unos +con otros, y ocultaban casi del todo a las mujeres sentadas alrededor. +Cecilia, con Nemesia y <i>sea</i> Clara, la mujer de Uribe, ocupaba un +asiento de frente para la calle, en el lienzo de pared medianero entre +la puerta del comedor y la del aposento, y siempre que lo permitan los +grupos de hombres que acudan a saludarla, podan orse las +exclamaciones de admiracin que su peregrina belleza excitaba en las +personas del portal.</p> + +<p>A veces, tras las ponderaciones de las gracias de la muchacha, podan +orse voces de compasin, pues tomndola por una joven de pura sangre, +era natural que les chocase de verla all y que creyesen de bajos +sentimientos a quien consenta en rozarse tan de cerca con la gente de +color. Cecilia, entretanto, saboreaba a sus anchas el triunfo mayor que +jams alcanz mujer alguna en la flor de su juventud y de su belleza. +Uno tras otro, cuantos hombres de cierto viso llenaban el baile aquella +noche, conocindola o no, vinieron a saludarla y rendirla homenaje, cual +saben rendirlo los negros criollos de Cuba que han recibido alguna +educacin y se precian de finos y atentos con las damas. Entre stos +podemos citar a Brindis, msico, elegante y bien criado; a Tond +protegido del Capitn General Vives, negro joven, inteligente y bravo +como un len; a Vargas y a Dodge, ambos de Matanzas, barbero el uno, +carpintero el otro, que fueron comprendidos en la supuesta conspiracin +de la gente de color en 1844 y fusilados en el paseo de Versalles de la +misma ciudad; a Jos de la Concepcin Valds, alias <i>Plcido</i>, el poeta +de ms estro que ha visto Cuba, y que tuvo la misma desastrada suerte de +los dos precedentes; a Toms Vuelta y Flores, insigne violinista y +compositor de notables contradanzas, el cual en dicho ao pereci en la +Escalera, tormento a que le sometieron sus jueces para arrancarle la +confesin de complicidad en un delito cuya existencia jams se ha +probado lo suficiente; al propio Francisco de Paula Uribe, sastre +habilsimo, que por no correr la suerte del anterior, se quit la vida +con una navaja de barbear en los momentos que le encerraban en uno de +los calabozos de la ciudadela de la Cabaa; a Juan Francisco Manzano, +tierno poeta que acababa de recibir la libertad, gracias a la +filantropa de algunos literatos habaneros; a Jos Dolores Pimienta, +sastre y diestro tocador de clarinete, tan agraciado de rostro como +modesto y atildado en su persona.</p> + +<p>Con este ltimo y con Vargas se dign Cecilia bailar danza, minu de +corte con Brindis, otro con Dodge; convers amablemente con Plcido, +contest con un saludo gracioso al que le hizo Tond, habl de +contradanzas con Vuelta y Flores, y celebr mucho el talento msico de +Ulpiano, que dirigi la orquesta del baile.</p> + +<p>Cualquiera mediano observador pudo advertir que, a vueltas de la +amabilidad empleada por Cecilia con todos los que se le acercaban, haba +marcada diferencia entre los negros y los mulatos. Con stos, por +ejemplo, bail dos contradanzas, con los primeros slo minus +ceremoniosos. Pero dio amplia rienda a su innato exclusivismo cuando se +le present el negro de las entradas profundas y la rog le admitiera +como pareja para una danza o un minu. Eso s, no llev su negativa +hasta el no spero y seco; le dio sus razones para no bailar con l, que +tena comprometida la siguiente pieza, que se senta muy cansada, etc. +El hombre no se dio por satisfecho, antes se mortific lo que es +indecible y se alej murmurando frases groseras y amenazantes.</p> + +<p>No par mucho en esto la atencin Cecilia; pero cuando poco despus se +paseaba con Nemesia y <i>sea</i> Clara en torno de las mesas del ambig y +tropez con el negro de las entradas, que pareca en acecho reclinado en +la jamba de la puerta de uno de los cuartos laterales, tuvo miedo; y +apretando el brazo de su amiga la dijo en voz baja y apresurada:—Ah +est!</p> + +<p>—Quin? pregunt Nemesia volviendo el rostro.</p> + +<p>—Mira, agreg Cecilia. Por ac. Ese.</p> + +<p>En este momento el hombre se desprendi de la puerta y avanz hasta +tocar con la barba en el hombro de Cecilia, a la cual sin ms preliminar +le dijo:</p> + +<p>—Conque no me ha credo la nia digno de ser su compaero esta noche?</p> + +<p>—Qu dice Vd.? pregunt Cecilia ms asustada que antes.</p> + +<p>—Digo, continu el negro echando una mirada siniestra a Cecilia, digo +que la nia me ha hecho un desaire.</p> + +<p>—Si lo cree Vd. as le pido mil perdones, porque no be tenido tal +intencin.</p> + +<p>—La nia me dijo que estaba cansada y enseguida sali a bailar con +otro. No busque disculpa la nia (aadi de carrera conociendo que +Cecilia quera replicar), comprendo la razn por qu la nia me ha +desairado. La nia me ve prieto, pobremente vestido, sin amigos en esta +selecta reunin y se ha figurado que soy un cualquiera, un malcriado, un +pelagatos.</p> + +<p>—Se equivoca Vd.</p> + +<p>—Yo no me equivoco. S lo que digo, como s quin es la nia.</p> + +<p>—Seor, Vd. me toma por otra.</p> + +<p>—La conozco ms de lo que imagina la nia. La conozco desde que la nia +mamaba y gateaba. Conoc a su madre, conozco a su padre como a mis manos +y tengo muchos motivos para conocer a la mujer que la cri por ms de un +ao seguido.</p> + +<p>—Pues yo no lo conozco a Vd., ni...</p> + +<p>—Ni le importa tampoco a la nia? Lo comprendo. Debo decirle a la +nia, sin embargo, que la nia me desprecia porque se figura que como +tiene el pellejo blanco es blanca. La nia no lo es. Si a otros puede +engaar, a m no.</p> + +<p>—Me ha detenido Vd. para insultarme?</p> + +<p>—No, seorita. Yo no estoy acostumbrado a insultar a las personas que +gastan tnico. Si como lleva tnico la nia, lleva calzones, crea que +no le hablara as. Me molesta tanto ms el orgullo que la nia gasta +conmigo...</p> + +<p>—Bastante hemos hablado, le interrumpi Cecilia volvindole la espalda.</p> + +<p>—Como la nia guste, continu l altamente irritado, mas djeme decirle +que baje un poco el cocote, porque si su padre es blanco, su madre no es +ms blanca que yo, y adems, la nia es la causa de que me vea separado +de mi mujer por ms de doce aos.</p> + +<p>—Y yo qu tengo que ver con eso?</p> + +<p>—Deba de tener algo, pues mi mujer ha sido la verdadera madre de la +nia, como que la cri desde que naci, no pudiendo criar a la nia su +madre por estar loca...</p> + +<p>—El loco es Vd., exclam Cecilia en alta voz.</p> + +<p>Nemesia y <i>sea</i> Clara rodearon entonces a su amiga y trataron de +llevrsela para la sala. Pero se detuvieron al ver a Tond, a Uribe, al +oficial de ste y al mismo Jos Dolores Pimienta (bajo cuya proteccin +implcita estaba Cecilia), que oyeron el grito y acudieron presurosos +para averiguar lo que pasaba. El ltimo nombrado fue el primero a +preguntarla.</p> + +<p>—Nada. Ese moreno, dijo ella con soberano desprecio, se ha empeado en +tener un lance conmigo... como me ve mujer.</p> + +<p>—Cobarde! grit Pimienta, convertido de repente en len el modesto +cordero.</p> + +<p>Y se avalanz al desconocido para castigarle; pero hurt el cuerpo y se +puso en guardia.</p> + +<p>Jos Dolores estaba desarmado y se content con aadir:</p> + +<p>—Quin es Vd.?</p> + +<p>—Soy quien soy, contest el otro con impavidez.</p> + +<p>—Qu busca Vd. aqu?</p> + +<p>—Lo que me da la gana.</p> + +<p>—Pues ahora mismo sale Vd. de la casa o lo echo a patadas.</p> + +<p>—Quisiera verlo.</p> + +<p>—A, perro! Habas de ser esclavo. Afuera!</p> + +<p>En ese punto intervinieron Tond, Uribe y el oficial de sastre, sin cuya +presencia de seguro que se arma una ria sangrienta entre el galante +msico y el desconocido de las grandes entradas. El oficial dicho le dio +el nombre de Dionisio Gamboa, y habindole rodeado todos poco a poco, +fueron empujndole hasta ponerle materialmente de patitas en la calle. +Mientras se le llevaban as, volva con frecuencia la cara y deca, +dirigindose a Cecilia:—Se figura que es blanca y es parda. Su madre +vive y est loca. Hablando despus con Pimienta, deca:—Seor defensor +de las nias, sangre de <i>chincha</i>, el que la debe la paga. No se ha de +quedar riendo. Ya nos veremos las caras. Al oficial de sastre, que le +repeta:—Cllate la boca, Dionisio Gamboa, vete a cocinar a casa de tu +amo, no te metas a farolero, porque pueden darte un bocabajo que te +chupes los dedos; casaca, suelta a ese hombre, le deca:—Yo no me llamo +Gamboa me llamo Jaruco. Y acurdate que tambin me la debes.</p> + +<p>Afectaron un tanto a Cecilia la conducta y sobre todo las palabras del +negro de las entradas. Daba la casualidad que cuanto dijo respecto de +sus padres, coincida extraamente con lo que ella misma haba antes +odo y sospechado. El lenguaje misterioso que empleaba la abuela siempre +que del caballero que las favoreca se trataba, era bastante para +hacerla pensar a veces que deba de tener con ella alguna otra relacin +que la de un mero galanteo, aun cuando no le pasara por la mente que +fuese su padre el padre de su amante. Este no la amara ni la prometera +unin eterna si supiera, como deba saberlo, que ligaba a los dos tan +cercano parentesco. Por lo tocante a su madre, la abuela, mejor +autoridad que el cocinero de Gamboa, si bien no la asegur jams que +hubiese muerto, no la afirm tampoco que viviese, menos aun que +estuviese loca. La mujer a quien <i>sea</i> Josefa sola visitar en el +hospital de Paula, segn lo poco que se le haba escapado de los labios +en momentos de vivo pesar y honda tristeza, no era hija suya, siquiera +sobrina; tal vez pariente de pariente de una amiga ntima de la mocedad. +El cocinero Dionisio Gamboa o Jaruco estaba por fuerza equivocado, +repeta meros rumores, hablaba de memoria.</p> + +<p>En tal virtud, y teniendo en cuenta la edad y carcter alegre de +Cecilia, no es de extraarse que, tras pasajera preocupacin, se +entregase de nuevo en brazos de los placeres que le brindaba el baile. +Sin embargo, en medio del torbellino de la danza y del incienso de +adulacin con que los hombres pretendan embebecerla, la inquietaba a +veces el pensamiento del riesgo que corra el hermano de su amiga +Nemesia, por haberla defendido de los insultos de un loco o de un +asesino.</p> + +<p>Por eso, como mujer agradecida, desde aquel punto empez a sentir por +Jos Dolores una especie de simpata que no haba sentido nunca, y en +descuento de la deuda contrada no tuvo empacho en manifestarle sus +temores. Riose l de ganas al orla, replicndole, quizs para +tranquilizarla que el Dionisio Gamboa, Jaruco o lo que fuese, era un +miserable esclavo, muy bocn para parrsele delante fuera del baile, +porque dice el refrn que perro que mucho ladra no muerde. Observole +Cecilia que siendo esclavo y cobarde era ms de temer, pues atacara a +traicin, no cara a cara. Replic a esto Jos Dolores, que, +efectivamente, tena que ir prevenido y con los ojos muy abiertos, no +fuera que le dieran por la espalda; pero que por lo dems ya l se haba +armado con un cuchillo que le acababa de prestar un amigo, y que tena +que ser lince el hombre que le matase del primer <i>viaje</i>.</p> + +<p>Despus del ambig y de otra danza entre las doce y la una de la +madrugada, termin el baile y cada cual march para su casa. <i>Sea</i> +Clara, de brazo con Uribe, su marido; Cecilia y Nemesia con el hermano +de sta, en unin agradable se dirigieron a lo largo de las casuchas que +haba por aquel lado de la calzada, en direccin de la puerta de la +muralla, llamada <i>de Tierra</i> por ser la ms inmediata. Al acercarse a +la primera esquina de la calle de Cienfuegos o Ancha, not Cecilia la +sombra de un hombre que, ganndoles la delantera, torci por all a la +derecha. Sospech desde luego quin podra ser y trat de llamarle la +atencin a su compaero, al lado opuesto, indicndole el caf nombrado +de Atenas, solitario y oscuro, cerca de la estatua de Carlos III, a la +entrada del paseo. Pero el hombre no pas de largo cual ella esperaba; +se plant en la esquina y dijo alto:—Sinvergenza, sangre de <i>chincha</i>, +ven para ac, si eres guapo.</p> + +<p>Preciso era que Jos Dolores tuviese sangre de ese insecto para que se +desentendiese de un desafo semejante, hecho delante de la dama de sus +pensamientos. Hizo, pues, por desprenderse de sus compaeras, las +cuales, sujetndole cada una por un brazo, habran conseguido el intento +si no acude en su ayuda Uribe diciendo a las muchachas:</p> + +<p>—Dejen que le d una <i>mojada</i>.</p> + +<p>As fue. Jos Dolores sac el cuchillo, tom el sombrero en la mano +izquierda para usarle como la capa el matador delante del toro, y sigui +los pasos del contrario sin acercarse demasiado.</p> + +<p>Cecilia, con Nemesia y <i>sea</i> Clara, agarradas de las manos y de Uribe, +todas temblorosas y con la ansiedad que es de imaginar, se estuvieron a +esperar cerca de la esquina el resultado de una lucha que no poda menos +de ser sangrienta. A poco ms oyeron la voz argentina de Jos Dolores +que dijo:—Aqu; y la ronca del negro que respondi:—Aqu. Y comenz +sin ms la horrible brega.</p> + +<p>La carencia absoluta del alumbrado pblico, junto con la oscuridad de +una noche sin luna, impedan ver claro los movimientos de los +combatientes, no obstante la proximidad a que estaban del grupo +espectador. Suponiendo que Dionisio tuviese el valor sereno de Jos +Dolores, no tena su agilidad y mucho menos su destreza en el manejo del +cuchillo. Esto se ech de ver pronto, porque tras unos pocos esguinces y +quites con el sombrero, se oy primero un ruido extrao, como de tela +nueva que se rasga con fuerza, y de seguidas el bronco de un cuerpo +pesado que da en tierra. Cecilia y Nemesia dieron un grito penetrante y +cerraron los ojos. Quin de los dos haba cado? Momento de terrible +ansiedad!</p> + +<p>Mientras el cado continuaba gimiendo sordamente, el otro pareci +acercarse a paso menudo hacia la calzada. En segundos, que no en +minutos, sali de la densa oscuridad que le rodeaba, mucho ms densa +para los ojos de los que le aguardaban y que del sobresalto no podan +ver claro. Vena riente, ligero como un gamo, envainaba el cuchillo y se +pona el sombrero hecho trizas. Era Jos Dolores Pimienta. Cecilia fue +la primera a recibirle, y sin saber lo que haca, por un impulso de su +alma generosa y sensible, le ech los brazos al cuello, preguntndole +con cario:—Te han herido?</p> + +<p>—Ni un araazo! contest l, tanto ms orgulloso cuanto que senta +sobre su corazn la cabeza de la mujer a quien adoraba sin esperanza de +correspondencia. En oyndole ella, llor de pura alegra cual la nia +que recupera su mueca cuando la juzgaba irrevocablemente perdida.</p> + +<hr /> + +<h3><a name="TERCERA_PARTE" id="TERCERA_PARTE"></a>TERCERA PARTE</h3> + + + +<h3><a name="Capitulo_Ic" id="Capitulo_Ic"></a><span class="smcap">Captulo I</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>T vistes de jazmines Al arbusto sabeo,<br /> +Y el perfume le das que en los jardines<br /> +La fiebre insana templar a Lieo.</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">A. Bello</span></p></div> + + +<p>Separose Leonardo Gamboa de su familia despus de almuerzo en la dehesa +o potrero de Hoyo Colorado, y en la amable compaa de Diego Meneses +tom por entre Vereda Nueva y San Antonio de los Baos, la vuelta de +Alquzar, rumbo al sudoeste de su punto de partida.</p> + +<p>A pocas leguas se hallaron en lo que llaman por ah <i>Tierra Llana</i>, +planicie extensa e igual, cuyo centro por esa parte lo ocupa la +poblacin ltimamente nombrada. Su fondo es un calcreo muy poroso y +puro, cubierto de una capa de tierra rojiza, o color de ladrillo, a +trechos bastante espesa y suelta, acusando el xido de hierro de que +est cargada y de una fertilidad prodigiosa. Con algunas interrupciones +de nivel se dilata hacia el oeste hasta Callajabos, al pie de las +serranas de la Vuelta Abajo y hacia el este hasta los ltimos lmites +de Coln, siendo su latitud general estrecha.</p> + +<p>Por supuesto, en las porciones ms elevadas de dicha mesa, no se ven +fuentes naturales, ni llueve tampoco a menudo; pero es tan copioso el +roco nocturno, que moja el suelo y refresca la vegetacin. No +conocindose en el pas ningn sistema de regado, a ese fenmeno +meteorolgico hay que atribuir la lozana con que crecen y el verde +esmeralda con que se visten las plantas en todas las estaciones del ao. +En cambio, el descuaje del arbolado, el cultivo general de la mesa, +particularmente de aquella parte que iban recorriendo nuestros dos +viajeros, haban ahuyentado los pjaros de cuenta, y apenas si se vean +uno que otro grupo de judo de vuelo pesado y penetrante graznido, un +par de tmidas tojosas, una fugaz bijirita y pequeos tomeguines +escondidos en los arbustos inmediatos.</p> + +<p>Mientras ms se alejaban de Hoyo Colorado, ms cafetales encontraban a +uno y otro lado del camino; como que esas eran las nicas fincas rurales +de cierta importancia en la porcin occidental de la mesa, al menos +hasta el ao de 1840. Hablamos ahora del famoso jardn de Cuba, +circunscrito entre las jurisdicciones de Guanajay, Gira de Melena, San +Marcos, Alquzar, Ceiba del Agua y San Antonio de los Baos. No se +fundaban entonces ah granjas para la explotacin agronmica, en el +sentido estricto de la palabra, sino verdaderos jardines para la +recreacin de sus sibaritas propietarios, mientras se mantuvo alto el +precio del caf.</p> + +<p>Contra el sistema legal de mensuras observado en Cuba desde <i>ab initio</i>, +estaban divididas esas bellsimas fincas en figuras regulares, +prevaleciendo el cuadrado, y acotadas todas con setos de limoneros +enanos, con zarzas y ms comnmente con tapias de piedra seca, o cercas +primorosas y artsticamente construidas. Cubranse stas de enredaderas +o aguinaldos, especialmente de campanilla blanca, los cuales abran por +Pascuas de Navidad, daban aspecto risueo a la campia con sus nveas +flores, en contraste con el verdor fuerte del arbolado cercano, mientras +que con su exquisito y trascendental perfume embalsamaban el ambiente +por millas y millas a la redonda.</p> + +<p>Sus ostentosas y cmodas viviendas no caan en las anchas calles o +calzadas que separaban entre s los diferentes predios. Ms bien +buscaban la reclusin y el sombro que brindaba el interior, como que +creca ah ms frondoso el naranjo de globos de oro, el limonero +indgena y extico, el mango y la manga de la India, el rbol del pan, +de ancha hoja; el ciruelo de varias especies, el copudo tamarindo de +cidas vainas, el guanbano de fruta acorazonada y dulcsima, la +gallarda palma, en fin, notable entre la gran familia vegetal por su +tronco recto, cilndrico, liso y grueso como el fuste de una columna +drica, y por el hermoso cerco de <i>pencas</i> con que se corona +perennemente.</p> + +<p>A flor del camino s erigan la entrada, portal, mejor, arco triunfal, +bajo cuya sombra, como por las horcas caudinas, haba que pasar para +coger la ancha avenida, flanqueada de palmas y naranjos, que conduca a +la apartada vivienda seorial, oculta all en el espeso arbolado. An +despus de haber avanzado bien adentro, no siempre descubra de lleno el +casero, ni se llegaba a l derecho; porque a menudo ocurra dividirse +la avenida en dos ramales, describiendo dos medios crculos, uno de +entrada, otro de salida, que limitaban de un lado los cafetos o setos de +zarzas, y del opuesto los jardines de flores, desplegados a un tiempo a +la vista del sorprendido viajero. Siguiendo por cualquiera de esos +medios crculos, de seguro que se daba con la morada de los dueos y sus +dependencias inmediatas en primer trmino; despus con la casa, por lo +general exenta, del molino, en el centro de una como plaza o batey, en +torno del cual se hallaban los tendales o secaderos de caf, los +almacenes o graneros, las caballerizas, palomar, corral de gallinas y la +aldea formada por las cabaas de paja de los esclavos.</p> + +<p>Leonardo Gamboa y su amigo, con los caballos algo sofocados, cubiertos +ya unos y otros del polvo bermejo y sutil de la tierra llana, avistaron +los linderos del cafetal <i>La Luz</i>, perteneciente a don Toms Ilincheta, +cosa de media legua distante del pueblo de Alquzar, pasadas las cuatro +de la tarde del 22 de Diciembre de 1830. Por la derecha de los viajeros, +bajo un cielo azul y sin nubes, se pona entonces el glorioso sol de los +trpicos, cuyos abrasadores rayos lanzaban manojos de luz a travs de +las ramas de los rboles, tendiendo cada vez ms larga la sombra de las +palmas sobre el campo verde, tachonado de gayadas flores, a tiempo que +encendan el tomo trreo impalpable que se cerna en el tranquilo +ambiente.</p> + +<p>Resonaba a lo lejos con las pisadas de las caballeras el fondo poroso y +hueco de la tierra llana; de manera que, mucho antes de que los jinetes +tocaran el portal de la finca, ya se hallaba en la reja de hierro, +dispuesto para abrirla, el portero negro, que acababa de salir de una +especie de garita grande de mampostera y teja plana, hacia la +izquierda. Reconoci desde luego a aqullos y los recibi con los +escorrozos tan propios de las gentes de su raza y condicin diciendo:</p> + +<p>—<i>Oj! oj!</i> Nio Leonardito <i>ya sumerce vini</i>? Ah! Ah!, y el +nio Dieguito <i>asina</i> mismo.</p> + +<p>—Cmo est la familia, congo? le pregunt Leonardo.</p> + +<p>—<i>Toos genos, grasi Di.</i> Ahorita <i>dentraron</i> las nias con doa +Juanita. <i>Vinan</i> del <i>protero</i>. Milagro que no se toparon con ellas los +nios. Si susmercs <i>jarrean</i> un poco <i>entoava</i> las alcanzan ms <i>pac</i> +de la casa.</p> + +<p>Y agreg luego hablando con Leonardo:—Ah! <i>Qu si va a legr</i> la nia +Isabelita! Y la nia Rosita! (hablando con Meneses). <i>No mi diga!</i></p> + +<p>Los dos jvenes se sonrieron y continuaron al paso de sus caballeras +por el centro de la magnfica alameda, deseando en secreto, por extraa +coincidencia de sentimientos, que se alargase algo ms el trmino de su +camino. Es que en los momentos de comparecer ante las damas de sus +amores, tema Leonardo que le recibiese la suya, no cual sola, como +amiga y amante tierna, sino como juez severo y duro, por sus pasadas +flaquezas y veleidades. Para decir verdad, senta algo que se pareca +ms a la vergenza que al contento. Diego, por su parte, prximo a +realizar el deseo ms vivo e ntimo de su pecho, el de volver a ver a +Rosa en su paraso de Alquzar, despus de un ao de ausencia, quera +probar si retardando el momento apetecido, se calmaba un tanto el +tumulto de su sangre y poda saludarla con la compostura del respetuoso +caballero.</p> + +<p>Pero por ahora, ni la satisfaccin de este capricho les fue dado +realizarlo a nuestros amigos. Porque en desvindose de la avenida que +traan, alcanzaron a ver a las hermanas penetrando en lo ms intrincado +del jardn, all donde los rosales de Alejandra, los jazmines del Cabo +y las clavellinas, competidores de los ms bellos de que se precian +Turqua y Persia, si no acertaban a envolverlas con sus ramas, sin duda +que las envolvan con sus emanaciones aromticas.</p> + +<p>Tambin las jvenes, por las pisadas de los caballos, se apercibieron de +la presencia de los viajeros, reconocindolos, especialmente al primero +que puso pie a tierra, abandonando la montura a su albedro, y fue +Leonardo Gamboa. Rosa, ms joven y cndida que la hermana, hizo una +exclamacin involuntaria de alegra; Isabel experiment sentimiento +opuesto. Recordaba que su despedida de La Habana no fue agradable ni +cordial, y crea que antes de dar entrada en su pecho al placer con que +sola recibir a Leonardo, necesitaba cuando menos una explicacin suya +satisfactoria de lo pasado.</p> + +<p>Ni Leonardo ni Diego se hallaban en aptitud de leer claro en el +semblante de sus amigas lo que pasaba en sus espritus cuando lleg el +momento de saludarse, segn el modo fro y rgido que piden las +costumbres cubanas, esto es, sin el significativo apretn de manos. Fue +bien marcado, no obstante, el cambio que se oper en el rostro de las +dos hermanas. El de Isabel asumi aspecto serio y plido; el de Rosa +tom el color de la flor de su nombre; y por breve rato, ellos ni ellas +supieron qu hacerse ni qu decir. Toc al cabo a la ms avisada de las +mujeres el advertir la embarazosa posicin de todos, y, para salir +pronto del paso, acudi a una de las coqueteras caractersticas de su +edad y sexo. Tena Isabel en la mano una rosa de Alejandra, abierta +aquella misma tarde, y se la prometi a Meneses diciendo:</p> + +<p>—No es sta su flor preferida?</p> + +<p>Asomronsele los colores a la cara del agraciado, y se puso ms colorada +que antes la de Rosa, quien, ya quisiese ocultar su propio rubor, ya +enmendar el aparente desaire hecho a Gamboa, se quit un clavel que se +haba prendido en el cabello y se lo dio balbuceando:—No es sta la +flor que prefiere el amigo Leonardo?</p> + +<p>Bast esto poco a romper el encanto; slo que por aquella tarde y noche +Isabel se dedic a obsequiar y atender a Meneses, aunque no vea el +momento de conciliacin con Leonardo. Entre tanto, juntos los cuatro +fueron al encuentro de doa Juana y del seor Ilincheta que venan a +saludar a los recin llegados.</p> + +<p>Desapareca por entonces la claridad del da, y el airecillo de la +noche, por ms que viniese cargado de los perfumes de las flores y de +las emanaciones gratas que emite el campo a esa hora, empez a dejarse +sentir. Las seoras, sobre todo, tuvieron que apelar al abrigo +acostumbrado, el paoln de seda, echado al desgaire sobre los hombros. +Pero en los momentos de trasladarse a la sala, reson el melanclico +taido de la campana de la queda en los cafetales circunvecinos y en el +de <i>La Luz</i>, llamando a amos y esclavos a la oracin y al recogimiento. +En oyndolo doa Juana, sus sobrinas, los dos jvenes y don Toms +Ilincheta, stos con los sombreros en la mano, y los criados del +servicio inmediato de la familia con los brazos cruzados, todos de pie, +aquella seora comenz diciendo:—Ave Mara Pursima!; a que +contestaron los circunstantes en coro: Sin pecado concebida.—El ngel +del Seor (prosigui la seora) anunci a Mara que el Hijo de Dios +Padre encarnara en sus entraas, para redencin del mundo. Ave Mara! +Mara Santsima lo admiti diciendo: ves aqu la esclava del Seor, +hgase en m segn tu palabra Ave Mara! El Hijo de Dios se hizo +hombre, y vivi entre nosotros. Ave Mara!</p> + +<p>Dadas las buenas noches, las hijas primero y tras ellas los criados, +besaron la mano de doa Juana y de don Toms, y recibieron en +contestacin el usual <i>Dios te haga una santa</i>, o <i>un santo</i>.</p> + +<p>De seguidas una criada avis a Isabel que el Contramayoral la esperaba +en el otro lado del prtico. Pidi ella permiso a los huspedes. Su +padre, hablando con stos, explic el motivo de su ausencia +diciendo:—Es mi Mayordoma, cajera y tenedora de libros, y cree que +primero es la obligacin que la devocin. Lleva cuenta del caf que se +recolecta, del que se descascara, escoge y ensaca, del que se remite a +La Habana. Cuando se vende, glosa ella las cuentas del refaccionista, +cobra y paga. Todo como un hombre. En una palabra, desde que muri mi +esposa, que santa gloria haya, mi Isabel est hecho cargo de la casa, +del cafetal y de todos mis negocios. Ay! No s qu sera de m si +tambin ella me faltase.</p> + +<p>Quin era el Contramayoral? Un negro como un trinquete, del color de la +pez, cari-ancho, de aspecto franco y mirada inteligente. No bien se +apareci su ama, la hizo una genuflexin para pedirla su bendicin, +porque l mismo acababa de dirigir el rezo de sus treinta o ms +compaeros en medio del batey, a la luz de las estrellas.</p> + +<p>—Nia, la dijo, aqu est la cuenta de <i>lo barr llenao</i> hoy. Y le +alarg un papel? La hoja de una planta con signos caligrficos o +aritmticos? Nada de eso. Aunque aquel esclavo haba aprendido de coro +ciertas oraciones del catecismo que le ensearon para bautizarle, no +saba escribir ni pintar guarismos. La cuenta de que hablaba se reduca +a dos o tres varas cortas de un arbusto del campo, con muchos cortes o +muescas de travs, tarjas o quipos modernos para indicar el nmero de +barriles de caf recolectados durante ocho horas de trabajo.</p> + +<p>Con pasar Isabel las yemas de los dedos por las muescas de las tarjas, +conoci que no haba sido abundante la recoleccin, y as se lo dijo al +esclavo.</p> + +<p>—Nia, se apresur l a explicar en su guirigay especial la causa de la +deficiencia. <i>Nia, la safra va de venca</i>, no queda caf <i>maro</i> en la +mata, <i>ni pa remedia. Brujuliando po aqu y po all se ha llenao 25 +barr.</i></p> + +<p>—Est bien, Pedro, repuso Isabel. No hay para qu estropear las matas, +ni que tumbar el grano verde. Sera mucho menor la zafra el ao entrante +si eso se hiciera. Escchame Pedro, con atencin. Maana bien temprano +pon toda la gente a limpiar el batey y las guardarrayas principales +hasta las nueve. Tenemos visitas y quiero que todo est aseado y bonito. +Por la tarde es preciso que unos pilen y avienten el caf seco, y que +otros, las mujeres y los ms dbiles, a escoger. El caso es aviar todo +el pilado y aventado, maana mismo si es posible.</p> + +<p>—<i>Asina si jar, nia.</i></p> + +<p>—Ah! Lo principal se me olvidaba, agreg Isabel en tono triste. A +Leocadio que d bastante maz y yerba al tro moro y al tro dorado, +porque tienen que emprender largo viaje pasado maana.</p> + +<p>—<i>Va a sal lamo?</i></p> + +<p>—No, ta Juana, Rosita y yo, que vamos a pasar las Pascuas en la Vuelta +Abajo.</p> + +<p>—<i>Anj! La nia si va otra vuelta, la casa parece rob.</i></p> + +<p>—Papa se queda. Estamos convidados a pasar las Pascuas como digo, con +la familia del seor Gamboa en su ingenio <i>La Tinaja</i>, all lejos, muy +lejos, por el Mariel. Han puesto una gran mquina de vapor para moler +caa; romper la molienda la vspera de Pascuas y aguardan por nosotros. +Aqu han llegado a buscarme el nio Leonardito y el nio Diego Meneses, +que t conoces.</p> + +<p>—<i>Con que si va otra vuelta?</i>, repiti el Contramayoral pensativo.</p> + +<p>—Estaremos ausentes muy poco tiempo, cuando ms hasta despus del +domingo de Nio perdido. Me da mucha pena dejar a pap solo. Pero espero +en Dios que no le suceder nada, antes me prometo que Vds. le cuidarn +bien.</p> + +<p>—<i>Asina si jar nia.</i></p> + +<p>—Pero si por desgracia se enfermare en nuestra ausencia, te encargo, +Pedro, que sin prdida de tiempo me despaches un propio al ingenio <i>La +Tinaja</i>, cerca del pueblo de Quiebrahacha. Acurdate de estos dos +nombres: <i>Tinaja</i> y <i>Quiebrahacha</i>.</p> + +<p>—<i>Asina si jar, nia.</i></p> + +<p>—Rafael o Celedonio, cualquiera de los dos, sirve para el mandado. +Ellos conocen el camino de aqu a Guanajay; de all al Quiebra Hacha se +sabe que quien tiene lengua a Roma va.</p> + +<p>—<i>Asina si jar, nia.</i></p> + +<p>—Bueno, confo en ti, Pedro. Es un gran descanso para nosotros, cuando +salimos, dejar el cuidado de la casa y de la finca a un hombre tan +racional y honrado como t.</p> + +<p>Ni porque le hicieron este elogio franco cuanto sincero, hizo uso el +negro de su conocida muletilla. Slo sacudi la cabeza cual si quisiera +desterrar una idea enojosa, y volvi a un lado el rostro, sin darle la +espalda a su seorita, lo cual habra sido una falta de respeto.</p> + +<p>—Atiende, Pedro, continu Isabel. Hay que traer del potrero el caballo +careto para llevar a Guanajay uno de los dos tros. El que le lleve, sea +Rafael o Celedonio, debe salir al Ave Mara o con los primeros claros +del da de pasado maana, apearse en la posada de Ochandarena, frente a +la plaza, hacer que baen y den un buen pienso a los caballos y aguardar +por nosotros, pues tendr que regresar con el tro que saquemos de ac. +Recordars todas estas cosas, Pedro?</p> + +<p>—<i>Mi ricorde, nia</i>, dijo el Contramayoral afectado; aadiendo a la +carrera: <i>Le pobre negre va a ten una Pacua mu magu.</i></p> + +<p>—Por qu? pregunt Isabel con exagerada sorpresa. Le dir a pap que +les deje tocar tambor en los dos das de Pascuas y el da de Reyes.</p> + +<p>—<i>Ma como la nia no et allante, le negre no se diviete.</i></p> + +<p>—Qu bobera! Nada, a bailar, a divertirse para que est contenta la +nia cuando vuelva del paseo. Eh! Nada ms, Pedro.</p> + +<p>Se retiraba ste despacio y de mala gana, e Isabel, que quedaba +pensativa apoyada en el barandal del prtico, llamole luego, +diciendo:—Pedro, ya lo ves? Por tus interrupciones y majaderas se me +iba o olvidar una de las cosas que tena ms presente. Debo hacerte otro +encargo, mi ltimo encargo. Mira, Pedro, estoy pensando que por s o por +no, lo mejor ser que guardes el ltigo en tu boho hasta despus de +Pascuas. S, s, mejor ser pues mientras le tengas en la mano has de +querer usarlo, y yo no quiero que se levante el ltigo para nadie, lo +oyes, Pedro? Que no suene el ltigo en mi ausencia.</p> + +<p>—<i>Le negre et perdo</i>, dijo Pedro sonrindose, <i>por mor de la nia</i>.</p> + +<p>—Me importa poco, replic Isabel con firmeza. T sabes que pap bot al +mayoral en abril porque daba mucho cuero. Recuerda que la cogi contigo. +No ha de orse un latigazo en el cafetal en mi ausencia. Lo repito, lo +quiero as, lo mando, Pedro.</p> + +<p>Volviendo de su breve dilogo con el Contramayoral, encontr Isabel +puesta la mesa para la cena en medio de la sala. Seran las ocho de la +noche. El lujo de la vajilla de plata, de cuyo metal eran hasta los +grandes macizos candeleros, pareca competir con la abundancia de los +manjares. Mas nada de esto se haca por vano alarde. En primer lugar, +porque habiendo comido la familia a las tres de la tarde, segn la +costumbre del campo entonces, suponan que los dos huspedes tuviesen +hambre y querran satisfacerla. En efecto, las seoritas, la ta y el +seor Ilincheta, que por cumplimiento haban ocupado juntos un costado +de la mesa, participaron nicamente del chocolate o del caf con leche; +haciendo, eso s, Isabel, los honores con gracia y naturalidad +caractersticas.</p> + +<p>Tras la cena y una conversacin agradable, se levant don Toms y se +retir a su cuarto, recomendando a sus hijas no detuvieran mucho a los +huspedes, quienes por fuerza estaran cansados y desearan reposar de +las fatigas del viaje.</p> + +<p>La casa vivienda del cafetal <i>La Luz</i> estaba hecha a la francesa, es +decir, conforme al sistema que para habitaciones tales se segua en las +fincas de igual naturaleza por los criollos de la Guadalupe y Martinica; +pues de hecho la haba trazado y dirigido un arquitecto natural de una +de esas islas. El plano figuraba una cruz con dobles brazos, cuyo centro +lo ocupaba la sala, y las ocho alcobas, ambos brazos de la misma, +formadas por dos pasillos que terminaban en dos saletas, debajo de los +cobertizos de las culatas de la casa. En los ngulos de los prticos +haba cuatro cuartos que interiormente se comunicaban con las saletas +dichas, y exteriormente con los jardines y aqullos. Los prticos, pues, +se extendan cuanto la sala, corran paralelos a ella y estaban cerrados +por barandillas de madera y por cortinas de caamazo en vez de +persianas. El techo del cuerpo principal estaba formado con las hojas de +la palma llamada <i>cana</i>, por su espesor, duracin y frescura; y el de +los prticos o cobertizos con teja plana. Las puertas y ventanas, en +nmero por cierto excesivo, abran todas hacia afuera, dejando entrar a +raudales, al menos de da, la luz y el aire siempre cargado con el +perfume de las flores o de las frutas en que tanto abundaba aquella +morada encantadora.</p> + +<p>Por razones que es fcil colegir, las seoras no siguieron desde luego +el ejemplo del amo de la casa. Los jvenes no sentan inclinacin +ninguna a separarse por el resto de la noche, sin comunicarse con una +palabra, con una mirada aunque fuese algo de lo mucho que bulla en sus +cabezas. As es que, por instinto casi, despus de la cena volvieron al +prtico fronterizo y emprendieron paseos de arriba a abajo, en dos +grupos: el de Isabel con su ta y Meneses y el de Rosa y Leonardo a +retaguardia. A la primera vuelta pregunt ste a aqulla, en tono bajo, +indicando a la hermana mayor:</p> + +<p>—Qu tiene la nia?</p> + +<p>Este era casualmente el primer verso de una cancin muy popular +entonces; y Rosa, que era viva y traviesa, contest al punto con el +segundo verso que la daba nombre:</p> + +<p>—Sarampin.</p> + +<p>—Con qu se le cura?, volvi a preguntar Leonardo con el tercer verso.</p> + +<p>—Con coscorrn; concluy Rosa sin poder tener la risa.</p> + +<p>—De qu se ren Vds.?, pregunt Isabel muy atenta a lo que pasaba a +sus espaldas.</p> + +<p>—No le diga, Gamboa, dijo Rosa. Djela con su curiosidad. Ella no es de +nuestro bando.</p> + +<p>Pareca que Isabel se propona monopolizar por el resto de la velada la +conversacin y la sociedad de Diego Meneses. De aqu el motivo aparente +del pique de Rosa con ella, segn lo revelaban sus ltimas palabras. La +misma sospecha y con igual copia de razones poda abrigar Isabel +respecto de su hermana menor, dado que desde el principio se apropi las +atenciones y compaa de Leonardo. Mas ninguno de los jvenes estaba +satisfecho de s mismo ni del otro. Esta era la verdad; de suerte que se +cansaron de los paseos ms pronto de lo que poda razonablemente +esperarse, slo que en vez de sentarse se apoyaron como por acaso en la +barandilla, quedando, tambin casualmente, cual deseaban en secreto: +Isabel al lado de Leonardo. Rosa al de Meneses, y doa Juana fuera del +grupo. Amaba sta a sus sobrinas con amor de madre, como quien las haba +criado desde pequeuelas; deseaba su establecimiento, y, siendo ella +casamentera de ndole, claro est que no tom a mal una eliminacin +mediante la cual aqullas podan tener un rato de ntima comunicacin +con sus galanes.</p> + +<p>Reinaba en torno de la casa la calma ms profunda, habiendo abatido el +airecillo que se levantara a las puestas del sol. No se movan las ramas +de los rboles, ni era bastante la luz de las estrellas, ni la +transparencia del cielo para reflejarse en las anchas hojas del pltano, +cuyo tallo fibroso sobresala entre los enanos y espesos cafetos. El +nico rumor que se aperciba era el distante y sordo procedente de +esclavos, los cuales, antes de entregarse al descanso, preparaban la +frugal cena a la lumbre de sus bohos mientras discutan la novedad de +la noche, a saber: la prxima ausencia de su seorita. Pero ms cerca de +nuestros jvenes no puede decirse con exactitud que formaban ruido +apreciable el chirriar de los grillos ocultos en la yerba, ni el aleteo +de las mariposillas nocturnas que con fugaz zumbido pasaban del jardn a +la casa, atradas por la luz de la vela dentro de la guardabrisa o fanal +en la mesa del centro de la sala.</p> + +<p>El sitio, pues, la hora, el silencio de la tierra y del cielo, el +aspecto sombro del prtico ancho, gacho y de limitado horizonte por el +espeso arbolado inmediato, la misma lucha de la dbil claridad +artificial interior con la oscuridad exterior, todo predispona a la +exaltacin de las pasiones de los jvenes, arrobadas sus almas en la +contemplacin del bellsimo cuadro que los rodeaba por todas partes. En +tales momentos, las mujeres menos agraciadas parecen areas y adorables; +los hombres ms tmidos se atreven a todo, y sintiendo ms se expresan +con mayor elocuencia.</p> + +<p>—Isabel, dijo Leonardo, me extraa tu conducta conmigo.</p> + +<p>—Califquela, repuso Isabel sonriendo.</p> + +<p>—No me corresponde calificarla, por la sencilla razn de que soy el +agraviado.</p> + +<p>—Eso ms? Pues era lo que faltaba.</p> + +<p>—Te sorprende? Cmo se compagina, si no, nuestra amigable despedida +de La Habana (por mi parte, se entiende), con tu silencio e indiferencia +enseguidas...?</p> + +<p>—Sin motivo que justificara el cambio?</p> + +<p>—Sin motivo que lo justificara. Yo al menos no he podido penetrarlo +todava.</p> + +<p>—Refresque Vd. la memoria de los hechos.</p> + +<p>—Nada, Isabel, no alcanzo, desconozco el motivo.</p> + +<p>—De vers?</p> + +<p>—De veras.</p> + +<p>—Entonces he sido una loca, una tonta, he visto visiones.</p> + +<p>—Tanto como eso no, Isabel. No te ocurre que hayas podido interpretar +mal un acto inocente mo o de otra persona hacia m?</p> + +<p>—Si no se trata de interpretaciones, seor don Leonardo, se trata de lo +que yo vi con mis ojos.</p> + +<p>—Sepamos lo que vio mi seora doa Isabel con sus ojos.</p> + +<p>—Vi lo que Vd. vio, mejor dicho, lo que le pas Vd. al estribo del +quitrn.</p> + +<p>—Y se era motivo suficiente para que t me perdieras el cario y +estuvieras a punto de olvidarme?</p> + +<p>—Lo era y grande, para enojarse cualquier mujer de vergenza, por mucho +que la cegara la pasin.</p> + +<p>—Veo claro, Isabel, que en todo ello ha habido una equivocacin de tu +parte, y que, sin quererlo has sido injusta conmigo.</p> + +<p>—Explquese Vd., dijo Isabel con aparente ansiedad.</p> + +<p>—Te dir en pocas palabras lo que pas, continu Leonardo, ponindose +colorado, porque de hecho pensado iba a mentir. Mientras te deca el +ltimo adis, naturalmente extend un pie sobre la acera. Una de las dos +mulatas que pasaban tropez conmigo, y, creyendo que le haba armado una +zancadilla, llena de ira me dio un empelln. T sabes lo insolente que +son esas mujerzuelas cuando se creen ofendidas.</p> + +<p>—S, dijo Isabel pensativa. Despus de un breve rato aadi: Mas qu +motivo le di yo para que me dijese la palabra indecente que an me zumba +en los odos?</p> + +<p>—Tu exclamacin, Isabel, y luego el llamarla Adela, cuando tal vez se +llamaba Nicolasa o Rosario fue sin duda lo que aument su clera.</p> + +<p>—Si la llam por el nombre de Adela, mejor dicho, si en mi exclamacin +solt ese nombre, fue porque me figur que era ella su hermana de Vd. +Adems de tomarla por el vivo retrato de Adela, no pude, ni deb +imaginar que otra mujer tuviese con Vd. semejantes bromas.</p> + +<p>—Toma! El cuento es que no hubo broma de su parte.</p> + +<p>—Luego ella le conoce a Vd. y le maltrat por... celos.</p> + +<p>—La conozco de vista, lo confieso, ya me haba llamado la atencin su +semejanza con mi hermana Adela; mas no la he dado jams ocasin a +encelarse de m.</p> + +<p>—Quiz le ama a Vd. en secreto.</p> + +<p>—No tendra nada de particular, slo que en mi vida le he dicho ojos +negros tienes.</p> + +<p>—Sentira hacer a Vd. una injusticia, Leonardo. Las apariencias, sin +embargo, le condenan.</p> + +<p>—No, Isabel, no. Soy inocente. Si te engaase en este momento, si no te +dijese toda verdad, si te pintara una pasin que no senta, si en +consecuencia te hubiese dado justo motivo de agravio, sera el ms malo +de los hombres...</p> + +<p>—Est bien; doblemos la hoja, le interrumpi Isabel convencida.</p> + +<p>—Pelillos a la mar?, le pregunt Leonardo con amoroso acento.</p> + +<p>—Pelillos a la mar, contest ella con celestial sonrisa. No habra +dicha para m si me viese condenada a dudar de la palabra del hombre a +quien tena por amigo y caballero.</p> + +<p>—Bien, agreg Leonardo ms animado. No crees t que debamos sellar +esta dulce reconciliacin...?</p> + +<p>Diciendo esto dejaba correr disimuladamente la mano por el barandal para +coger la de Isabel, que se apoyaba en el mismo. Pero ella, evitando la +ocasin, evit el peligro. Se puso seria y pas al lado de su ta, a +quien dijo alto que era hora de recogerse. El reloj de Leonardo marcaba +las once de la noche.</p> + +<p>Haba volado el tiempo. Diego Meneses, no obstante sabedor de que la +ocasin la pintan calva, supo aprovecharla lo que bastaba para hacer a +Rosa una formal declaracin de amor; habiendo encontrado el tema o +pretexto de la conversacin en el regalo del clavel que esa joven hizo a +Leonardo en el jardn. Cndida paloma del vergel de Alquzar! Ella, que +no haba escuchado antes un te amo, Rosa dicho con intencin y con +fuego. Ella, que se senta atrada hacia aquel joven como la aguja al +imn, como la avecica a la serpiente, no pudo desviar la atraccin, +deshacer el encanto; no encontr a mano gesto, palabra ni ardid para +negar que haba sucumbido y que tambin amaba a su tentador desde la +primer temporada que pasaron juntos en el cafetal <i>La Luz</i>.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_IIc" id="Capitulo_IIc"></a><span class="smcap">Captulo II</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Y en los bellos cafetales<br /> +todo es frescura y olores,<br /> +besadas sus blancas flores<br /> +por las brisas tropicales.</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">J. Padrez</span></p></div> + + +<p>Como novia de Cupido desde la vspera, Rosa Ilincheta, por el temor +pudoroso de encararse con su cmplice a la clara luz del da, retard +cuanto pudo su salida del tocador. Pero Isabel tena obligaciones que +llenar y bien temprano apareci en el prtico del sur de la casa con la +sombrilla en la mano derecha, una cestita calada al brazo izquierdo por +el aro, y por todo abrigo el paoln de seda bordado de realce.</p> + +<p>Asomaba entonces el sol por un ngulo de la casa, alumbrando una parte +del jardn y proyectando la sombra de aqulla y de los rboles, por +largo trecho, sobre el espacioso batey de la finca. Haba sido abundante +el roco de la madrugada. Empapado estaba el csped, apagado el polvo +bermejo de los caminos y las hojas de las plantas y las corolas de las +flores cuajadas de menudos aljfares; otros tantos prismas que +descomponan la luz del almo sol, al recibirla de soslayo.</p> + +<p>Ech Isabel una mirada inquisitiva por todo el pas desplegado ante +ella, y se aventur fuera del prtico; porque desde all ech a ver una +rosa de Alejandra que acababa de abrirse al dulce calor solar, en el +cuadro del sudeste del jardn. Cortola sin punzarse ni mojarse, y cuando +se adornaba con ella la esplndida trenza de sus cabellos, volvi +maquinalmente los ojos hacia la casa y le pareci que uno de sus +huspedes la observaba desde el postigo de la ventana del cuarto, en el +extremo del prtico, donde en efecto se haban los dos alojado. Era +Diego Meneses, que por no haber disfrutado de sueo tranquilo, dej la +cama desde el amanecer y aspiraba el puro ambiente del campo, a la sazn +que Isabel apareci en medio de sus gayadas flores.</p> + +<p>De tal modo la turb este incidente, que por breve rato estuvo indecisa +entre si volva atrs o seguira adelante, porque los actos de adornarse +el cabello y de mirar para la casa, mager que inocentes y casuales, +podan interpretarse de diversas maneras, y ella hua tanto de la +frivolidad como de la necia coquetera. Pero tena que salir y sali con +firme paso.</p> + +<p>Por el lado del sur, una cerca de piedra separaba el campo del cuadrado +en que se comprenda el variado casero de la finca. En el centro se +alzaba el molino del caf, entre los dos pares de tendales, capaces de +contener a un tiempo, secndose, la mitad de la cosecha. Ms lejos, +cerrando el gran espacio por la izquierda, se vea el grueso y oscuro +brocal del pozo con su horca y garrucha para la extraccin del agua; el +palomar despus, el corral de las aves y algunos chiqueros; al fondo y a +la derecha, el campanario, o ms bien el pilar de madera de cuyo brazo +cubierto con un tejadillo, penda la campana; los graneros o almacenes, +las caballerizas, el establo de las vacas y las otras dependencias. Los +bohos de los esclavos figuraban una aldea de regular tamao.</p> + +<p>Ni estaba desprovisto de vegetacin el magnfico batey que hemos venido +describiendo, pues muchos rboles, y sin duda los ms copudos y +corpulentos de toda aquella hacienda, le adornaban y daban sombra. Entre +ellos varios aguacates, mameyes colorados, mangos y caimitos; sobre todo +los primeros, cual las conferas del continente, parecan escalar el +cielo con la cspide de sus ramas. Aqullos ms empinados y coposos eran +los escogidos por las gallinas de Guinea (<i>Numidas Meneagris</i> de +Cuvier), conocida la huraa de esas aves exticas, para sus querencias +de noche. La banda, que bien poda componerse de cien, desde antes de +aparecer el sol empezaron a removerse y a repetir el clamor o cacareo +peculiar suyo, en que parece que una dice <i>pascual</i> y la otra contesta, +<i>pascual</i>, hasta que todas despiertan y se preparan para descender de +sus elevadsimas y naturales alcndaras. Ni los pichones ni las gallinas +daban an seales de vida: aqullos por no ser madrugadores, stas por +el encierro y la oscuridad de su casa.</p> + +<p>Por lo dems, se notaba bastante movimiento en todo el batey. De los +esclavos de ambos sexos, quines recogan con sus guatacas o azadones +las hojas secas y briznas del suelo; quines con los mismos instrumentos +rozaban la yerba de los caminos; quines con ambas manos abiertas +levantaban la basura amontonada y la metan en canastas que otros +conducan fuera a la cabeza; quines a brazo sacaban agua del profundo +pozo y la vertan en una amplia cubeta de piedra al pie del brocal para +que otros, en unos baldes rsticos hechos del pecolo de la palma, la +distribuyesen en los depsitos de los varios departamentos de la +hacienda. A la vera del pozo daba agua y baaba los caballos de dos en +dos o de tres en tres, el calesero Leocadio. Dentro del molino resonaba +la voz penetrante del negrito, que, sentado al extremo del eje de la +rueda vertical, con que girando en la solera se descascaraba el caf, +aguijaba sin cesar a la caballera que serva de motor. Cuatro esclavas, +entre tanto, tendan el grano, an no bien seco; mientras otros +conducan el <i>pilado</i> o descortezado al aventador, cuyas paletas hacan +un ruido tremendo y despertaban los ecos doquiera que la ola sonora +encontraba obstculo elstico en su trayecto. Y una vez limpio de toda +paja o polvo, era llevado a los almacenes para que all se escogiese y +clasificase por otros esclavos.</p> + +<p>Ninguno de los que pasaban al alcance de Isabel dejaba de darla los +buenos das y de pedirla su bendicin, doblando la rodilla en seal de +sumisin y respeto. Pedro, el Contramayoral, sin la insignia ominosa de +su oficio, yendo de un lado a otro, animaba a sus compaeros al trabajo +y daba la mano en muchos casos, como para imprimir mayor peso a la +palabra con la obra. La subida o aparicin de Isabel en los tendales fue +la seal para que el negrito del molino alzase la voz argentinada y +aguda con la cancin, tan ruda como sencilla, improvisada quizs la +noche anterior, la cual principiaba con esta especie de verso: <i>La nia +sen va</i>, y terminaba con este otro, repetido en coro por todos los dems +negros: <i>Probe cravo llor</i>. Entre la primera letra y el estribillo o +pie insertaba el gua, no obstante que criollo, nacido en el cafetal, +frases en congo puro, a que tambin contestaba el coro con el obligado: +<i>Probe cravo llor</i>.</p> + +<p>Intil fuera pedir armona, siquiera msica a una cancin, ni civilizada +ni salvaje del todo; pero si pareca asaz montona a odos delicados, +tambin es verdad que el tono y la letra rebosaban en melanclico +sentimiento. As lo estim Isabel, aunque hizo como que no oa ni +entenda palabra, y sigui adelante hasta el pie de los rboles, donde +ya bullan y corran en todas direcciones las aborotosas gallinas de +Guinea. Algunas, las ms ariscas, al verla quisieron emprender vuelo, +estallando en el grito nasal, chilln y alto con que suelen dar la voz +de alarma a sus compaeras. Mas conocida la voracidad de esas aves, +bastaron a tranquilizarlas y contenerlas unos granos de maz que Isabel +sac de la cestita que llevaba al brazo y que tuvo cuidado de arrojarlos +en un punto dado, cerca de s. La banda en masa se ech sobre el escaso +alimento, depuesta la vigilancia, olvidado el peligro, y slo ocupada +de egullir granos o pedrezuelas. De esta circunstancia se aprovech una +de las esclavas, a una seal de su seorita, para arrastrarse por el +suelo y pillar dos, sin que lo echaran de ver las otras. Muy gustosa es +la carne de estas aves, tan gustosa como la de la perdiz, razn por qu +Isabel se propuso obsequiar a sus huspedes con un par de ellas, asadas, +en el almuerzo.</p> + +<p>A la vista del alimento, arrojado ahora a puados, acudieron presurosos +los pichones. Estos, menos huraos que las guineas, a las cuales teman, +y ms capaces de simpata que ellas, revolotearon al principio en torno +de la joven, luego se posaron en su cabeza, en sus hombros y en el brazo +de la cesta, acabando por arrebatarle el maz de las manos y aun picarle +en la boca. Tales y tan tiernas demostraciones de inocentes avecicas, +por ms que repetidas un da con otro, siempre la enternecan, y jams, +sino en casos extraordinarios, consinti que las matasen fuera de su +vista. Por ste y otros actos parecidos en que se pona de manifiesto la +influencia ejercida por Isabel sobre cuantos seres se le acercaban, no +crean menos sus esclavos sino que Dios la haba dotado de una especie +de encanto o poder secreto, el cual no caba aludir ni repeler.</p> + +<p>Segua Diego Meneses con la vista los pasos de su amiga, y, bien que, a +fuer de hombre civilizado, no estaba dispuesto a conceder nada +sobrenatural en ella, s crea, como los dems, que era una mujer +extraordinaria. Desde su puesto de observacin daba cuenta fiel de lo +que vea u oa, a Leonardo, quien continuaba en la cama descansando y +gozando de las finsimas sbanas cargadas de encajes y perfumadas con +los ptalos de las rosas de Alejandra, obra toda de las industriosas +manos de Isabel. Deca Meneses a Gamboa, entre otras cosas:</p> + +<p>—Es mucha mujer sa, amigo.</p> + +<p>—No te lo deca yo?, contestaba ste satisfecho.</p> + +<p>—Vale un Per. No se ven muchas como ella por ah.</p> + +<p>—Quieres cambiar? La cambio pelo a pelo por Rosa. Vamos.</p> + +<p>—No te burles, compadre, contestaba Diego serio. Que reconozca en +Isabel prendas raras, dignas de encomio, no quiere decir que me guste +ms que otras mujeres, ni que est prendado de ella. Pero la verdad es +que cada vez me convenzo ms de que t no te la mereces.</p> + +<p>—Pues qu! Te figuras que ella es mejor que yo? replicaba Leonardo, +herido de la observacin de su amigo. Te equivocas, chico, de medio a +medio. Ten presente que Isabel es hija de un antiguo empleado del +gobierno, empleado cesante, un cafetalista arruinado, un pobretn, en +suma; mientras que mis padres tienen potreros, cafetal, ingenio, son +hacendados ricos y hacen diferente papel en La Habana. Est Vd.?</p> + +<p>—Estoy, slo que no me refer a nada de eso cuando te dije que no te +merecas esa muchacha. Hablando en plata, Leonardo, t no la quieres.</p> + +<p>—Por qu supones que no la quiero?</p> + +<p>—Qu! Acaso no tengo ojos? Desde que llegamos vengo observando tus +acciones y palabras, y nada en ti me persuade que amas a Isabel.</p> + +<p>—Hombre, Diego! Te dir francamente lo que me pas, dijo Gamboa tras +breve rato de silencio. No siento por Isabel aquella pasin ciega y +ardiente que sientes t, por ejemplo... por Rosa.</p> + +<p>—Di mejor, le ataj prontamente Meneses, que la que t sientes por +Cec...</p> + +<p>—Calla! exclam Leonardo alarmado, y medio incorporado en la cama. No +se mienta la soga en casa del ahorcado. Te pueden or: las paredes oyen. +Ese nombre es vedado aqu.</p> + +<p>—Poco importa un nombre. Es muy comn y no creo que Isabel lo haya odo +en su vida.</p> + +<p>—Probable es que no, pero por el hilo se saca el ovillo, cuanto ms que +Isabel no tiene pelo de tonta.</p> + +<p>—Y ahora que viene al caso, cmo te has compuesto respecto a la escena +delante de la casa de las Gmez en el momento de la partida de Isabel?</p> + +<p>—Creo que sospecha algo y tengo para m que sus primas le han contado o +escrito sobre eso algn cuento. Ello es que Isabel se muestra recelosa y +al parecer muy sentida conmigo.</p> + +<p>—No dudo que las primas hayan despertado sus celos. La cosa fue, no +obstante, muy clara para que se dejase de alarmar Isabel y sospechar lo +mismo que t y yo sabemos. Qu osada la de aquella muchacha!</p> + +<p>—Qu quieres? La ceg el demonio de los celos, comprometindome a los +ojos de Isabel y de sus primas. No puedes imaginarte cunta fue mi +vergenza.</p> + +<p>—Lo considero. Yo, en tu lugar, escondo la cara bajo siete estados de +tierra. Mas de dnde sac Isabel que poda haber sido tu hermana Adela?</p> + +<p>—Ah vers, Diego. Con todo, si bien recuerdas, se parecen mucho a +primera vista.</p> + +<p>—Ya haba hecho yo la misma observacin. Qu malo que tu padre tuviese +que ver con semejante parecido!</p> + +<p>—Quin sabe? A l le gusta la <i>canela</i> tanto como a m. No tendra +nada de extrao que, andando a salto de mata, como sola cuando mozo, +hubiese dado un tropezn... Lo que es de C... est que se le cae la +baba. Me consta.</p> + +<p>—Luego no puede ser su padre.</p> + +<p>—Qu haba de serlo! Ni pensarlo. Disparate!</p> + +<p>—Pues por ah se corre que lo es.</p> + +<p>—Habladuras de las gentes, Diego. Conciben que estara enamorado de +C... si le ligasen esas relaciones de parentesco con ella?</p> + +<p>—Quizs lo ignore, porque t dices, fue todo a consecuencia de un +tropezn. Quizs tambin la cela de ti, sabedor del parentesco que media +entre Vds. dos. Cuando el ro suena!...</p> + +<p>—En este caso el ro no lleva agua, ni piedra. Slo porque da la +casualidad que se parecen mucho C... y Adela se encapricha la gente y +habla... Lo que te s decir es que l me ha hecho pasar ms sustos que +pelos tengo en la cabeza. Cuando menos lo espero me doy con l de manos +a boca. Casi, y sin casi, me causa doble inquietud que el msico +Pimienta. Lo nico que me tranquiliza por esta parte, es que ella +desdea tanto a los viejos como desprecia a los mulatos.</p> + +<p>—No te fes, sin embargo. Cosa sabida es que hijo de gato ratn caza, y +que por donde salta la madre salta la hija. Mas volviendo a nuestro +cuento, el resultado de estas misas es que t no ests en el mejor pie +con Isabel.</p> + +<p>—No. Como te deca, ella sospecha algo, o alguien la ha predispuesto +contra m. Isabel es, adems, muy perra para explicarse con franqueza; +yo soy punto menos, de modo que as iremos pasando hasta que Dios +quiera, o ella deponga el orgullo y se reconcilie conmigo.</p> + +<p>—Esa misma conformidad tuya, observ Meneses, me confirma en la +creencia de que t no amas a Isabel.</p> + +<p>—O yo no me he sabido explicar, o t no me entiendes, Diego. No +habiendo puntos de comparacin bajo ningn concepto entre las dos +mujeres, no puedo querer a la una como quiero a la otra. La de all me +trae siempre loco, me ha hecho cometer ms de una locura y todava me +har cometer muchas ms. Con todo, no la amo, ni la amar nunca como amo +a la de ac... Aqulla es toda pasin y fuego, es mi tentadora, un +diablito en figura de mujer, la Venus de las mula... Quin es bastante +fuerte para resistrsele? Quin puede acercrsele sin quemarse? Quin +al verla no ms no siente hervirle la sangre en las venas? Quin la oye +decir: <i>te quiero</i>, y no se le trastorna el cerebro cual si bebiera +vino? Ninguna de esas sensaciones es fcil experimentar al lado de +Isabel. Bella, elegante, amable, instruida, severa, posee la virtud del +erizo, que punza con sus espinas al que osa tocarla. Estatua, en fin, +de mrmol por lo rgida y por lo fra, inspira respeto, admiracin, +cario tal vez, no amor loco, no una pasin volcnica.</p> + +<p>—Y pensando como piensas, Leonardo, te casars con Isabel?</p> + +<p>—Por qu no? Precisamente as es como debe buscarse la mujer para +esposa. El que se casa con Isabel est seguro de que no padecer de... +quebraderos de cabeza, aunque sea ms celoso que un turco. Con las +mujeres como C... el peligro es constante, es fuerza andar siempre cual +vendedor de yesca. No me ha pasado jams por la mente casarme con la de +all, ni con ninguna que se le parezca, y sin embargo, aqu me tienes +que me entran sudores cada vez que pienso que ella puede estar +coqueteando ahora mismo con un pisaverde o con el mulato msico.</p> + +<p>—Lo que prueba, amigo mo, que no hay forma de servir a dos amos.</p> + +<p>—En negocios de amores, o galanteos, se puede servir hasta a veinte, +cuanto y ms a dos. La de La Habana ser mi Venus citerea,<a name="FNanchor_44_44" id="FNanchor_44_44"></a><a href="#Footnote_44_44" class="fnanchor">[44]</a> la de +Alquzar mi ngel custodio, mi monjita Ursulina, mi hermana de la +caridad.</p> + +<p>—Es que no se trata aqu de amores ni de meros galanteos, se trata de +amar mucho a una y de casarse con otra que no se ama tanto.</p> + +<p>Ya veo que t no entiendes de la misa la media. Para gozar mucho en la +vida el hombre no debe casarse con la mujer que adora, sino con la mujer +que quiere. Entiendes ahora?</p> + +<p>—Entiendo que t no has nacido para casado.</p> + +<p>Prosiguiendo Isabel en su excursin matutina, muy ajena de la +conversacin que se tenan los jvenes habaneros sobre ella, se lleg al +pozo. All, como en todas partes, impuso respeto su presencia. Por lo +que toca al aguador, suspendi el trabajo, no fuera que al verter el +agua en la cubeta salpicase el traje de su seorita, que se haba +acercado demasiado. Al contrario, el calesero criollo, poco ms o menos +de la edad de aqulla, y que por haberse criado a su vista la trataba +con ms confianza, no detuvo el baado de los caballos, dado que se +quit el sombrero. Tampoco dobl la rodilla, cual su compaero, al +desearla los buenos das, circunstancia que estamos seguros no advirti +Isabel, ya por estar acostumbrada, ya por no concordar con sus +sentimientos filantrpicos la humillacin, ni en el esclavo.</p> + +<p>—Blas, dijo dirigindose al aguador, tiene mucha agua el pozo?</p> + +<p>—<i>A bombn</i> (por mucha), <i>nia.</i></p> + +<p>—Cmo lo sabes t?, le pregunt ella.</p> + +<p>—<i>Ah, nia! Yo oye siempre bu, bu, bu.</i></p> + +<p>—Luego se podr ver el movimiento del agua.</p> + +<p>—<i>Se pue, nia, se pue. Yo mira jervir.</i></p> + +<p>—Veamos, dijo Isabel acercndose todava ms al brocal.</p> + +<p>—<i>Sumels mira?</i>, pregunt el negro muy asustado. <i>No, no mira. Mu +jondo. Diablo rempuja la nia.</i></p> + +<p>De los aspavientos del compaero riose Leocadio y sugiri que la +seorita poda satisfacer su curiosidad sin riesgo si se afirmaba de un +ramal de la soga mientras ellos dos sujetaban el otro cabo. De esta +manera se hizo; pero Isabel no alcanz a ver el fondo por la demasiada +profundidad, por el espesor del brocal de mampostera y por los +innumerables helechos adheridos a las paredes interiores, que con sus +graciosas palmas casi cerraban la boca del pozo.</p> + +<p>Enseguida Isabel pregunt al calesero si los caballos estaban en +disposicin de emprender el viaje del da siguiente:</p> + +<p>—Nia Isabelita, contest l en lenguaje ms inteligente que el de su +compaero: <i>Pajarito</i> y <i>Venao</i> necesitan <i>herraura</i> nueva.</p> + +<p>—Por qu no me lo habas dicho, Leocadio de mis culpas?</p> + +<p>—Y yo he teno tiempo? Hasta anoche no supe na del viaje. <i>Dispus</i> de +baar los caballos iba a decrselo a la nia.</p> + +<p>—Pues tienes que ir al pueblo a herrarlos.</p> + +<p>—Ir <i>dispus</i> de almuerzo. Deme la nia la papeleta para el <i>herraor</i>. +Si no se ha <i>emborrachao</i>, estamos bien.</p> + +<p>—Por eso, ve lo ms temprano que puedas. Y echa ahora a correr y +sofocar los caballos antes de tiempo.</p> + +<p>—La nia siempre se figura que uno mata los caballos.</p> + +<p>—Debas llamarte mata-caballos, no Leocadio.</p> + +<p>No se detuvo Isabel en las otras dependencias de la finca por aquel lado +del batey; mas al cruzar al opuesto, ech de menos a uno de los esclavos +de campo y la inform el Contramayoral que por enfermo no se haba +presentado en la fila la noche anterior. Reprendi a Pedro que no le dio +el aviso oportuno, siguiendo derecho a la enfermera. Se hallaba sentado +el enfermo en el suelo, junto a la lumbre, abatido y con un pauelo +atado en la cabeza. Por pronta providencia la enfermera le haba +suministrado sendas jcaras de infusin de corteza de naranja, endulzada +con azcar de <i>raspaduras</i>. Isabel le tom el pulso, comprendi que +tena fiebre y dispuso se recogiera entre tanto vena el mdico. De +vuelta a la casa de vivienda, examin la caballeriza y el saln en que +se escoga el caf.</p> + +<p>La esperaban en el prtico los huspedes, junto con su hermana, su ta y +su padre. Pareca natural que quien tan puntualmente haba desempeado +las obligaciones de administradora de la heredad y de las <i>cosas</i> a ella +adscritas, se sintiese satisfecha de s misma y ms dispuesta para el +desempeo de sus deberes como ama de casa. En el semblante risueo y +animado con que torn al lado de la familia, se ech bien de ver que la +duea cariosa y blanda de esclavos sumisos, saba ser amable y atenta +con sus iguales y amigos. Desde ese momento se consagr a obsequiarlos +y a hacerles cuanto agradable se pudiese su corta estada en el cafetal.</p> + +<p>Como la maana siguiese siendo fresca y de poco sol, propuso Isabel a +sus amigos una breve visita al jardn fronterizo de la casa. Ese era su +Edn. Poca cosa se le alcanzaba del arte de la jardinera, mucho menos +de botnica; tampoco se haba propagado en Cuba el gusto por la +floricultura, ni Pedregal u otros jardineros franceses haban importado +de Francia la gran variedad de rosas que adelante trajeron la invasin +rosada a La Habana. Pero Isabel era florista por instinto y por aficin +decidida, y como haba plantado con sus manos, saba de coro la historia +de todas las flores que crecan en su delicioso pensil. Guardse, no +obstante, de mencionar siquiera el rosal de flores plidas en que +Leonardo, haca un ao cabal, haba injertado de pa el rosal de flores +encarnadas. Vigoroso y lozano se mostraba, ostentando en cada nudo rosas +de uno y otro color; remedo fiel y potico de dos seres sensibles +ligados por la ms humana de las humanas pasiones: el amor.</p> + +<p>Ms tarde la visita a los jardines la extendi Isabel a una excursin a +caballo de los cuatro jvenes por los cafetales vecinos. Senta ella la +necesidad de distraerse, ms an, de aturdirse con el continuo +movimiento. Aparte de que no la haba dejado satisfecha su explicacin +de la vspera con Leonardo, le dola alejarse del apacible hogar y del +amoroso padre, y ya la acometa aquella especie de fiebre, sntoma +infalible de la extrema dolencia conocida por nostalgia.</p> + +<p>As curs el 2 de diciembre y vino la melanclica maana del 24. Mucho +antes de aclarar haba partido para Guanajay el postilln con el relevo +de las tres caballeras. En la silla, y armado al uso general con el +ltigo y largo machete de cabo de carey y plata, aguardaba por las +viajeras el apuesto calesero Leocadio. Cerca de all se vean varias +esclavas y algo ms distante los otros siervos, aparentemente +preparndose para emprender las faenas del nuevo da, en realidad, como +despus se vio, en expectativa de la tristsima escena que all se +representara.</p> + +<p>Deseosa Isabel de abreviar el doloroso momento de la separacin, abraz +a su padre de carrera, tom el brazo que le brindaba Gamboa y, con los +ojos empaados por las lgrimas, sali a la avenida del este para tomar +el carruaje. Las seoras iban en el traje riguroso de camino, de seda +oscuro y el sombrerito de paja o gorra al estilo francs. A su aparicin +se observ un movimiento general seguido de un murmullo entre los +esclavos espectadores, quienes prorrumpieron a una en el clamor o canto +montono de la vspera: <i>La nia sen va, probe cravo llor</i>, repetido en +coro solemne a la luz matinal del nuevo da, que apenas alumbraba la +cspide de los ms empinados rboles.</p> + +<p>Este inesperado saludo acab de desconcertar a Isabel. Flame el pauelo +hacia el grupo de esclavos en seal de despedida y apresur ms el paso. +Entonces repar en el Contramayoral.</p> + +<p>A pie firme, callado, la cabeza erguida, dejando ver a travs de los +cabezones de la camisa el cuello rollizo y parte del membrudo pecho, +Espartaco por su varonil musculatura, flaca mujer por la sensibilidad de +su inculto espritu, tena de la cama del freno de plata el inquieto +caballo de Gamboa. Junto a l se hallaba su mujer, tambin inmvil y +callada, con un nio en los brazos, hondamente afligida, segn lo +mostraban las gruesas gotas de lgrimas que rodaban por sus mejillas de +bano. Tan conmovida como ella, Isabel le puso la mano en el hombro, +imprimi un dulce beso en la frente del nio y dijo a su marido:</p> + +<p>—Pedro, Pedro!, no le olvides de mis encargos.</p> + +<p>Sin aguardar respuesta tom refugio en el carruaje.</p> + +<p>En ese asilo comenzaron las que pudieran llamarse cariosas +importunidades de los esclavos. Las negras especialmente, convencidas de +que se marchaba su seorita, rodearon el quitrn y las ms expresivas +se agolparon al estribo, metan la cabeza por debajo de la cortina o +capacete, y, segn su costumbre, clamaban a grito herido:</p> + +<p>—Adis, nia! Vuelva pronto, nia! No se quede por all, niita ma! +Dios y la Virgen lleven con bien a la nia! Acompaando estas frases, +que hemos traducido en gracia del lector, con sus extravagantes +demostraciones, como oprimirle suavemente los pies, besrselos cien +veces, lo mismo que las manos con que ella quera rechazarlas. Todo esto +dicho y expresado con verdadero sentimiento, con exquisita ternura, y +sin dejar de contemplar su angelical semblante, cual el de un dolo o de +una imagen sagrada.</p> + +<p>Pobres, sensibles, aunque ignorantes y sencillos esclavos, tenan a su +ama por la ms hermosa y buena de las mujeres, por un ser delicado y +sobrenatural, y se lo demostraban a su manera ruda e idlatra.</p> + +<p>Poco a poco, ya por ruegos, ora por amonestaciones suaves, logr Isabel +apartar de s a las ms petulantes, dio la orden de partir, y anegada en +llanto exclam:—Yo no sirvo para estas escenas.</p> + +<p>A tiempo de montar ech Gamboa una mirada desdeosa al espectculo en +torno del carruaje, y dijo alto, de modo que lo oy Pedro, que le tena +el estribo:</p> + +<p>—Ay! Qu falta haca aqu un buen <i>cuero</i>!</p> + +<p>El calesero llam la atencin hacia las riendas del caballo de fuera, y +cuando Isabel pudo tomarlas en la mano ya el quitrn y los viajeros +haban salvado la portada y se hallaban casi en los lmites, por el +oeste, del cafetal <i>La Luz</i>.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_IIIc" id="Capitulo_IIIc"></a><span class="smcap">Captulo III</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Dulce Cuba!, en tu seno se miran<br /> +en el grado ms alto y profundo,<br /> +las bellezas del fsico mundo,<br /> +los horrores del mundo moral.</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">Jos Mara Heredia</span></p></div> + + +<p>Llaman Vuelta Abajo o Vuelta Bajo en la isla de Cuba, a aquella regin +que cae a la parte poniente del meridiano de La Habana, y que, +principiando en las cercanas de Guanajay, termina en el cabo de San +Antonio. Se ha hecho famosa por el excelente tabaco que se produce en +las frtiles vegas de sus numerosos ros, principalmente sobre la +vertiente meridional de la cordillera de los Organos. Para darla +semejante dictado parece que hay una razn de mucho peso, a saber: la +baja nivelacin del suelo de ese territorio, comparada con la alta del +ya descrito.</p> + +<p>Empieza el descenso a pocas millas al oeste de Guanajay, advirtindose +desde luego un cambio brusco en el aspecto del pas. El color del suelo, +sus elementos componentes, la vegetacin, el clima y el gnero de +cultivo en general son del todo diferentes. As es que el rpido declive +constituye una rampa para el que va y un cerro para el que viene de la +Vuelta Abajo.</p> + +<p>Al borde de esta precipitosa rampa se desplega ante los ojos del viajero +un cuadro inmenso, magnfico, que no hay lienzo que le contenga, ni ojos +humanos que le abarquen en toda su grandeza. Figuraos una aparente +planicie, limitada al oeste por las brumas del lejano horizonte, al +norte por las colinas peladas que corren a lo largo de la costa, y al +sur por las speras y alterosas sierras que forman parte de la extensa +cordillera de montaas de la Vuelta Abajo. Y hemos dicho aparente +llanura, porque de hecho es una serie sucesiva de valles transversales, +estrechos y hondos, formados por otros tantos riachuelos, arroyos y +torrentes que descienden de las laderas septentrionales de los montes y, +despus de un curso torcido y manso, se pierden en las grandes e +insalubres cuencas paludosas del Mariel y de Cabaas.</p> + +<p>A la vista del grandioso cuadro, Isabel, que era artista por sentimiento +y que amaba todo lo bueno y bello en la naturaleza, mand parar los +caballos a los bordes de la rampa y ech pie a tierra, sin aguardar a +que se aceptara la proposicin por sus compaeros. Seran las ocho de la +maana. Ensanchbase all el camino, describiendo una zeda para +disminuir en lo posible lo precipitoso de la bajada. Por esta razn, +aunque ambas laderas se hallaban cubiertas largo trecho de un arbolado +crecido y hojoso, ni sus copas sobresalan mucho del nivel de la +planicie que ocupaban los viajeros, ni obstruan, que digamos, la vista +panormica de ms all. Asombrosa era la vegetacin. A pesar de lo +avanzado de la estacin invernal, parece que haba vestido sus mejores +galas y que orgullosa sonrea a los primeros rayos del almo sol. Do +quiera que no haba hollado la planta del hombre ni el casco de la +bestia, all brotaba, por decirlo as, a raudales el modesto csped o +rastrera grama, el dulce romerillo, el gracioso arbusto, el serpentino +bejuco y el membrudo rbol. Hasta de las ramas verdes y gajos secos, +cual cabelleras de seres invisibles, pendan las parsitas de todas +clases y formas, que viven de la humedad de que est constantemente +saturada la atmsfera de los trpicos. El suelo y la floresta, en una +palabra, cuajados de flores, ya en ramilletes, ya en festones de variada +apariencia y diversidad de matices, formaban un conjunto tan gallardo +como pintoresco, aun para aquellas personas acostumbradas a la vista de +los campos feracsimos de Cuba.</p> + +<p>Para mayor novedad y encanto, se ofreca all la vida bajo sus formas +ms bizarras: bulla materialmente el bosque vecino con todos los +insectos y pjaros casi que cra la prolfica tierra cubana. Todos a una +zumbaban, silbaban o trinaban entre el sombro ramaje o la espesa yerba, +y hacan concierto tal y tan armonioso como no podrn jams hacerlo los +hombres con la voz ni los instrumentos msicos. Dichosos ellos que de +puro pequeos e inermes no excitaban la codicia del cazador, ni teman +ser interrumpidos en sus inocentes correras y revoloteos mientras +recogiendo la miel en el cliz de las flores, o saltando de rama en +rama, hacan temblar las hojas, desprendan el roco cuajado en ellas y +las gotas, al dar en la hojarasca seca del suelo, remendaban una lluvia +en que no tenan parte las nubes.</p> + +<p>No hay paridad ninguna en la fisonoma del pas visto por ambos lados de +las montaas. Por el del sur, la llanura con sus cafetales, dehesas y +plantaciones de tabaco, contina casi hasta el extremo de la isla y es +lo ms ameno y risueo que puede imaginarse. Al contrario por el lado +del Norte, en el mismo paralelo se ofrece tan hondo, spero y lgubre a +las miradas del viajero que cree pisar otra tierra y otro clima. Ni +porque est ahora cultivado en su mayor parte hasta ms all de Baha +Honda, se desvanece esa mala impresin. Quizs porque sus labranzas son +ingenios azucareros, porque el clima es sin duda ms hmedo y clido, +porque el suelo es negro y barroso, porque la atmsfera es ms pesada, +porque el hombre y la bestia se hallan ah ms oprimidos y maltratados +que en otras partes de la Isla, a su aspecto slo la admiracin se +trueca luego en disgusto y la alegra en lstima.</p> + +<p>Tal, poco ms o menos, sinti Isabel en presencia de aquel pedazo de la +famosa Vuelta Abajo. Sus puertas, que eran de hecho las alturas en que +se hallaban detenidos los viajeros, no podan ser ms esplndidas; +podan calificarse de doradas. Pero qu pasaba por all abajo? Sera +aqulla la morada siquiera de la paz? Habra dicha para el blanco, +reposo y contentamiento alguna vez en su vida para el negro, en un pas +insalubre y donde el trabajo recio e incesante se impona como un +castigo y no como un deber del hombre en sociedad? A qu aspiraba ni +qu poda esperar tanto ser afanoso cuando pasado el da y venida la +noche se entregaba al sueo que Dios, en su santa merced, concede a la +ms miserable de sus criaturas? Ganaba alguno, entre tanto trabajador, +el pan libre y honradamente para sostener una familia virtuosa y +cristiana? Aquellas fincas colosales que representaban la mayor riqueza +en el pas, eran los signos del contento y de los puros placeres de sus +dueos? Habra dicha, tranquilidad de espritu para quienes a sabiendas +cristalizaban el jugo de la caa-miel con la sangre de millares de +esclavos?</p> + +<p>Y la ocurri naturalmente que si se casaba con Gamboa, tarde que +temprano tendra que residir por ms o menos tiempo en el ingenio de <i>La +Tinaja</i>, a donde ahora se dirigan en son de paseo. Naturalmente +tambin, se agolparon a su mente, como en procesin fantstica, los +rasgos principales de su breve existencia. Record su estada en el +convento de las monjas Ursulinas de La Habana, donde en medio del +silencio y de la paz se nutri su corazn de los principios ms sanos de +virtud y caridad cristiana. Como en contraste record la muerte de su +piadosa madre; la orfandad en que qued sumida; su desolacin y hondo +pesar; los das serenos e iguales que despus haba venido pasando en el +cafetal <i>La Luz</i>, bello jardn, remedo del que perdieron nuestros +primeros padres, acariciada por sus ms allegados e idolatrada por sus +esclavos como no lo fue reina alguna sobre la tierra. Record, en fin, +la situacin aflictiva en que dej a su padre, achacoso y ya entrado en +aos, el cual no aprobaba del todo aquel viaje, tal vez porque poda ser +el preludio de separacin ms grave y prolongada.</p> + +<p>Brevsimos fueron el silencio y recogimiento de la joven; pero tan +intensa, tan viva su emocin, que no pudo evitar se le llenaran de +lgrimas los ojos. Leonardo se hallaba a su lado, teniendo por la brida +el brioso caballo, y ya por divertirla de sus tristes ideas, ya por +echarla de <i>cicerone</i>, comenz a describir los puntos culminantes del +magnfico panorama que tenan a la vista. Haba pasado l varias veces +por aquellos lugares; conoca a palmos el terreno que pisaba y quera +dar muestras a las amigas de su buena memoria. El primer ingenio a +nuestros pies, dijo, es el de Zayas. Los rboles de esta parte de la +loma nos impiden ver las fbricas, pero aqullos son sus ltimos +caaverales. Debe de estar moliendo, porque hasta ac llega el olor del +melado. Muele todava con trapiche y mulas. Tenemos que pasar por el +mismo batey. Despus, en el centro de este gran valle, un poco hacia +nuestra derecha, por junto al tronco de aquella ceiba, pueden verse las +tejas coloradas de la casa de calderas del viejsimo ingenio de Escobar +o del Mariel. Segn me cuenta mam, fue el primero que se <i>foment</i> en +esta parte de la Vuelta Abajo. Tambin debe de estar moliendo pues veo +salir humo de entre la arboleda del batey. Luego, no ven Vds., una nube +blanca que atraviesa el valle en toda su latitud a la altura de los +rboles describiendo una porcin de vueltas y revueltas? Un poeta dira +que era un cendal de gasa. A m me parece la piel de una culebra soltada +en la huida del monstruo de las montaas al mar. Pues no es otra cosa, +si bien reparan Vds., que los vapores que van marcando el curso torcido +del ro Hondo, notable por lo estrecho de su cause y por las grandes +avenidas que hace en tiempo de lluvias. Ahora estar bajo y habr +puentes para pasarlo sin necesidad de mojarnos los pies. Del otro lado, +por aqu derecho, en vuelta del noroeste, divisan Vds., un bosque muy +verde y tupido del cual asoman unas torres que parecen redondas? Ese es +el ingenio <i>Valvanera</i>, de don Claudio Martnez de Pinillos, recin +creado Conde de Villanueva. A la izquierda, al pie del monte de Rubn o +Rub, se ven los caaverales del ingenio <i>La Begoa</i>, y a la derecha, +an no discernible, <i>La Tinaja</i>, cerca de una legua del pueblo de +Quiebra Hacha.</p> + +<p>Muy pendiente era la bajada por aquel lado al vastsimo valle de los +ingenios de azcar, y aunque trazada en zig zag, todava trabajaban +mucho los caballos para mantener el carruaje en el conveniente nivel. +Acortaba el calesero las riendas del de varas, temeroso de un resbaln; +y se abata de nalgas y se deslizaba que no marchaba de firme. Con esto +crujan las sopandas de cuero, sobre las cuales se meca la caja del +quitrn a guisa de zaranda, y el sudor empezaba a brotar del tronco de +las orejas y de los ijares de las fatigadas bestias.</p> + +<p>—Poco a poco, Leocadio, dijo Isabel en llegando a lo ms agrio de la +cuesta. No haba visto yo camino ms pendiente.</p> + +<p>Cabalgaba Leonardo al estribo derecho del carruaje, y dijo en son de +broma:</p> + +<p>—Es Isabel la que habla? La crea yo ms guapa que eso.</p> + +<p>—Si se figura Vd. que tengo miedo, repuso ella prontamente, se engaa +de medio a medio. No temo ni pizca por m, temo por los caballos. Mire +Vd., el de barras: la carga es mucha y la bajada precipitosa; se ha +baado en sudor, y estoy esperando verle caer y rodar. S, mejor ser +apearnos. Para Leocadio.</p> + +<p>—No, no se apee, nia, dijo el calesero con instancia, arriesgando un +choque con sus amas. Como su merced se apee en este paraje, tendr que +apearse en todas las lomas. <i>Pajarito</i> es <i>mu</i> resabioso y sabe ms que +las bibijaguas. Djeme su merced darle <i>cuarta</i> y ver cmo no se hace +ms el chiquito.</p> + +<p>—Eso es lo que t quisieras, que te dejase maltratar al pobre caballo. +No sabes que no est acostumbrado a las lomas? De ningn modo +consentir que le pegues. Para, te digo.</p> + +<p>—La nia tiene <i>perdos</i> los animales y la gente, murmura Leocadio +recogiendo las riendas para parar. Cuando estaba viva la seora estos +caballos volaban como pjaros. A ella s que le gustaba <i>jarrear</i> de +duro.</p> + +<p>En este punto intervino Leonardo, oponindose al propsito anunciado por +su amiga, no ya slo porque de hacerlo as el tronco adquirira el vicio +de que hablaba el calesero, sino porque de resultas de la sombra del +arbolado de la derecha aun no haba enjugado el sol la humedad del suelo +barroso del camino. Cedi ella con visible repugnancia, y como para no +tomar parte directa en el martirio, segn dijo, de los caballos, entreg +los cordones del de la pluma a su hermana Rosa y cerr los ojos mientras +dur la bajada.</p> + +<p>No deseaba sta cosa mejor. Joven y viva de carcter, amaba el peligro y +se pereca por manejar, fueran las que fuesen las fatigas que +experimentasen las caballeras en trasportarla por aquellos +derrocaderos, como al nio en su cuna de viento.</p> + +<p>Mola Zayas en efecto. Las pilas de caa miel recin segada cerraban +casi los costados exentos de la casa de ingenio, pues slo dejaban un +pasaje bastante amplio, eso s, por el lado del batey, o camino que +traan los viajeros. Notbase all gran vocero y movimiento, lo mismo +dentro que fuera. Dentro, las mulas del trapiche pasaban y repasaban por +delante del espacio abierto en su precipitado giro, azotadas +despiadadamente por los mozos negros que corran a par de ellas con ese +nico propsito. Por entre aquel estrpito infernal se oa distintamente +el crujir de los haces de caa que otros esclavos desnudos de medio +cuerpo arriba metan de una vez y sin descanso en las masas cilndricas +de hierro. Al otro lado del trapiche, aunque eran mayores si cabe la +batahola y la algaraba, por decirlo as, de los ruidos confusos, no se +vea cosa alguna; impedalo completamente el denso humo revuelto con el +vapor que se desprenda de las hirvientes calderas, donde se coca el +dulcsimo jugo de la caa y llenaba con sus inmensas olorosas columnas +todo el interior del gran laboratorio.</p> + +<p>Afuera, una doble fila de carretas, o se acercaban cargadas a dicha +casa, o se alejaban de vaco en direccin del campo o del <i>corte</i> de +caa, como se dice; todas tiradas por un par de bueyes no menos flacos +que tardos en sus movimientos. Pie a pie de cada yunta marchaba el +conductor o carretero esclavo, armado de ahijada larga y pincho agudo de +hierro; y a todo lo largo de la doble fila de carretas, ya en una +direccin, ya en otra opuesta, cabalgaba en su mula marchadora el bovero +blanco, armado tambin, mas no de vara, sino del indispensable <i>cuero</i>, +con el que de cuando en cuando cruzaba las espaldas de aquel negro que +crea remiso en el uso de la frrea ahijada.</p> + +<p>La hechura de las carretas era lo ms zurdo y primitivo que puede +imaginarse; el engrase de los ejes por darse, con lo que las cargadas +chirriaban sin cesar; al paso que las de vaco, con sus desmesuradas +ruedas y holgura de manga, sobre no guardar jams la perpendicular, +fuera cual fuese la nivelacin del piso, hacan un retintn +desagradable, chocando de continuo las sueltas bilortas contra los +sotrozos de hierros fijos, y salindose de su sitio las tablas de la +cama. Por largo trecho en una y otra direccin, el batey y las +guardarrayas desaparecan bajo las hojas pajizas y aun los trozos tiles +de caa dejados caer por incuria, por exceso de carga o por defecto +material de los vehculos empleados en su trasporte. A este lamentable +desperdicio contribuan como los que ms los conductores. No bien se +alejaba el boyero de un punto dado, se aprovechaba el conductor +inmediato para sacar de la carga el trozo de caa que mejor le pareca, +en cuyo acto arrastraba otros varios que se caan en el camino y all +quedaban para ser hollados y molidos por las carretas que venan detrs. +No se cuidaba de eso, antes se llevaba a la boca por un extremo el trozo +de caa y le chupaba afanoso, sin dejar de animar a los bueyes con voces +descompasadas y repetidos pinchazos hasta sacarles sangre: puede ser en +desquite por la que el boyero haca saltar de sus espaldas con la pita, +o llmese punta, del terrible ltigo.</p> + +<p>Tales escenas u otras muy parecidas a stas se repitieron a la vista de +los viajeros, a su paso por los ingenios de <i>Jabaco</i>, <i>Tibotibo</i>, <i>El +Mariel</i> o antiguo de <i>Escobar</i>, <i>Rohondo</i> y <i>Valvanera.</i></p> + +<p>Entre las dos plantaciones ltimamente mencionadas, slo avistaron una +pequea <i>sitiera</i>, a la margen derecha del camino, quiere decir, de un +grupo de cabaas pajizas donde algunas familias pobres cultivaban un +corto pao de tierra y criaban animales domsticos. No poda drsele +siquiera el nombre de aldea, dado que all, ni en muchas millas a la +redonda, haba escuela ni iglesia. Los ingenios de fabricar azcar no +consentan, por lo general, en su inmediata vecindad, esos smbolos del +progreso y de la civilizacin.</p> + +<p>Para librarse de aquellos amargos pensamientos procuraba separar los +ojos del suelo negro, duro y sin lustre, cual hierro dulce, del camino, +y los pasaba por cima de las flores o gines color violado claro, de las +caas en sazn, hasta tropezar en la zona azulosa donde se una el +horizonte con las cumbres oscursimas de las distantes montaas.</p> + +<p>Pero por ms de un motivo poderoso no la era dable a Isabel aquella +concentracin que demandaba el espritu en su agona. Bruscas cuanto +frecuentes eran las ondulaciones del terreno; el camino, aunque ancho, +necesariamente torcido; las caadas estrechas y hondas; la mayor parte +de las cuales haba que pasarlas por puentes hechos sin arte ni +solidez, con maderos rollizos, o con tablas sacadas de los troncos de +las palmas. Tena que ser la marcha, en consecuencia, lenta y cautelosa, +y luego no saba Rosa regir el caballo de fuera; razn por qu ms bien +que de ayuda serva de estorbo al de varas, ya atravesndosele delante, +ya no tirando a la par, o tirando en direccin opuesta a la del +movimiento del carruaje. Quejose ms de una vez el calesero de estos +tropiezos, hasta que Isabel, para acallarle y evitar un contratiempo +serio, reasumi los cordones del caballo de la pluma.</p> + +<p>Si Rosa supiera, no habra podido manejar mejor en aquella alegre maana +de viaje. A la izquierda del quitrn, donde lo permita la amplitud del +camino, iba Diego Meneses, tan galn a caballo como decidor y amable a +pie y entonces inspirado y elocuente, dispuesto ms que otras veces a +ver las escenas que recorran slo por su lado potico y brillante. A +cada paso hallaba motivo para empear la atencin de su entusiasta +amiga, ya indicndole los festones de aguinaldos blancos o campanillas +pendientes de todos los arbustos a orillas de los caaverales, ya los +gines de las caas, que comparaba con las garzotas de innumerables +guerreros en marcial arreo, mecidos blandamente por la gentil brisa de +la maana; ora los grupos de tomeguines que con rumor sordo, cual de +viento rastrero y en gran tropel, seguan por algn trecho la direccin +de los viajeros, rozando con las yerbas y luego desapareciendo por entre +los troncos de las caas; o el vivaracho sabanero de tardo vuelo, que +sala con estrpito del espeso matorral y se posaba con mucha dificultad +en la primer hoja de caa con que tropezaba en su desatentada fuga; o la +esquiva garza blanca que se abra paso por entre las ramas del roble +ribereo, y con el largo cuello replegado a la espalda y los pies +colgando segua en su huida el curso del arroyo; o la bandada de +alborotosas cotorras que cubran los naranjos silvestres y slo se vean +cuando se aferraban a la dorada fruta para extraerle la simiente; o el +gaviln, en fin, guila de Cuba, que daba gritos y gritos penetrantes +mientras se cerna por encima de las palmas ms alterosas, entre la +tierra y el cielo.</p> + +<p>Finalmente, pasadas las diez de la maana, atravesaron los viajeros los +caaverales del ingenio <i>Valvanera</i>, a la vista de sus grandes fbricas. +Dos millas adelante se acercaron al pueblo de Quiebra Hacha. Aqu se +divida en dos el camino que traan, uno que torca al oeste y era el +carretero de la Vuelta Abajo, y el otro, el de La Angosta, que serva de +entrada a los ingenios de azcar, ya establecidos en esa regin de la +costa. Este tomaron nuestros viajeros. A su paso por el pueblo varias +personas reconocieron y saludaron con amistoso respeto a Leonardo +Gamboa.</p> + +<p>Presentbase adelante el pas tan spero, desigual y montuoso como el +anterior recorrido, aunque el arbolado era ms frondoso y lozano, casi +primitivo, y el suelo surcado de arroyos bulliciosos y de limpias aguas +que corran a perderse al fondo de la baha del Mariel, o en el mar +abierto al Norte. Tras media hora de camino debajo del bosque, donde no +penetraban los rayos del sol, se avistaron los caaverales de un ingenio +en el repecho de una colina, acotados por una cerca rstica hecha de +gajos, que mantenan en posicin horizontal rajas de lea o estacas con +horquilla hincadas en tierra y atados juntos de trecho en trecho, para +mayor seguridad, con un bejuco que, cuando verde, es bastante flexible y +elstico, conocido en la Vuelta Abajo con el nombre vulgar de colorado, +<i>Bauchinis heterophyllas</i>.</p> + +<p>Luego que, siguiendo por breve espacio, paralelo a dicha ruda cerca, en +cuyo tiempo ganaron los viajeros la altura de la colina, se les +ofrecieron en toda su extensin y grandeza los campos de caa y all, en +el centro del cuadro, el variado grupo de sus fbricas, coronando otra +colina de mayor planicie y ms ancha base. Aqul era el ingenio de <i>La +Tinaja</i>, y Leonardo Gamboa, que serva de gua, se las mostr a sus +amigos con cierto sentimiento de orgullo. Para ello haba motivo +sobrado, no ya slo por el valor en dinero que representaba la finca, y +por las consideraciones sociales que se les guardaban a sus dueos, mas +tambin por el cuadro bello y pintoresco del conjunto, contemplado a +buena distancia; encubridora eficaz de los lunares y manchas inherentes +a casi todas las obras, as humanas como divinas.</p> + +<p>El camino por donde se haban internado los viajeros hasta all era el +denominado de la Playa, porque serva para el acarreo de los azcares al +pueblo del Mariel, desde el cual se embarcaban y conducan en goletas al +mercado de La Habana. Cruzaba la colina por su cspide y haba +establecida en ella una talanquera no menos rstica que la cerca, pues +se reduca a unas varas en bruto, metidas por sus cabezas en los +orificios de dos largueros paralelos. Arrimada a la cerca, y en su +encuentro con la talanquera, se alzaba una cabaa o boho de los de vara +en tierra o de dos aguas, tan gacho que la techumbre se compona de +hojas enteras de la palma tendidas en los costados o vertientes, con las +puntas descansando en el suelo.</p> + +<p>Adelantose Leonardo para ver por qu no se hallaba en su puesto el negro +guardiero y abra la talanquera. Con tal objeto, plant su caballo ante +la nica entrada del boho, e inclinando el cuerpo, trat de registrar +el interior. Intil trabajo: la puerta o boca era muy estrecha y baja, y +ms all de dos pies del umbral no podan penetrar ojos humanos, no +tanto por la viva claridad del da afuera, cuanto por la densa nube de +humo de lea que arda dentro y no tena otro medio de escape que se.</p> + +<p>—No veo nada y dudo que haya alma viviente en el boho, dijo Gamboa +hablando con las seoras en el quitrn, parado en medio del camino. +Maldito negro!</p> + +<p>—Tal vez duerme, dijo Isabel.</p> + +<p>—Si no es el sueo de la muerte, repuso Gamboa, juro que no le salva +nadie de un bocabajo.</p> + +<p>—De qu se trata? pregunt Meneses. De abrir la talanquera? Yo abrir +y no perder el casamiento por eso.</p> + +<p>—No hars tal, replic Leonardo colrico. No lo consiento.</p> + +<p>—Bien, sugiri Isabel con su voz argentina y dulce. Abrir el calesero; +los caballos estn harto cansados para echar a correr. Leocadio, apate.</p> + +<p>—No, no, Isabel, replic Leonardo, cada vez ms colrico. Tampoco puedo +consentir en eso, no debo consentirlo. Si el guardiero est vivo abrir +la talanquera, que para eso y para ms le han puesto ah.</p> + +<p>Sac el reloj y aadi enseguida:</p> + +<p>—Ya han dado las doce, hora en que sueltan la negrada para que coma. Si +hubiramos llegado aqu un poco antes, habramos odo la campana del +ingenio. Apostara a que el <i>taita</i> guardiero se ha metido en el +caaveral para verse con alguna de sus carabelas. Por Dios vivo que la +paga! Nada, no est en parte alguna. Caimn! Caimn!, grit a todo +torrente.</p> + +<p>Los montes del rededor fueron los nicos que le devolvieron el eco de +sus voces con temblor continuado, hondo y siniestro; y luego empez a +ladrar un perrillo dogo dentro del boho. Ah est el guardiero, pens +el joven, y se hace el dormido para no tomarse el trabajo de abrir la +talanquera. Lo har salir a patadas, agreg alto, dando un puetazo en +el pomo de la silla. Ech pie a tierra sin ms demora y se meti en el +boho, teniendo siempre el caballo de la brida.</p> + +<p>Muy mal sonaron estas palabras y aquellos juramentos en los odos de la +modesta Isabel, aun cuando para no avergonzar a su amigo ni irritarle +ms contra el pobre esclavo, se guard de representarle lo absurdo y aun +el riesgo de su final propsito, si a posta ste se esconda por tener +oculto algn compaero en el boho o por otra causa cualquiera. +Afortunadamente, nada de eso ocurra. En aquel mismo instante las +seoras del carruaje, Meneses y el calesero a caballo oyeron un ruido de +ramas en el bosque vecino, agitadas por una persona o animal que se +abra paso con alguna dificultad, y despus apareci en la orilla un +negro anciano mal vestido, con un gorro de lana en la cabeza, un palo +largo y nudoso en la mano, que le serva de apoyo, tal vez para no besar +la tierra con la frente, pues tena el cuerpo hecho un arco por la edad, +por los trabajos o por la costumbre inveterada de vivir en casas de +techo bajo. Ech de ver a los viajeros apenas sali del bosque, porque +se detuvo un momento indeciso del partido que deba tomar, y en soltando +entre las altas yerbas algo que brillaba a los rayos del sol y pareca +botella u otra vasija por el estilo, despus continu andando derecho al +carruaje por la parte opuesta al boho.</p> + +<p>Esta circunstancia casual le salv del primer choque de la ira de su +amo, el cual, no bien sali del boho, le reconoci desde lejos y se +lanz sobre l a carrera tendida. Pero mientras mont a caballo y salv +la distancia que le separaba de su intentada vctima, dio tiempo para +que ste se pusiera inconscientemente al amparo de las seoras. Lo +probable es que el infeliz esclavo no tuviese noticias de que aquellas +personas eran esperadas en el ingenio, ni que entre ellas viniese +guindolas su joven amo. A derechas no le conoca tampoco. Pero al notar +que se le vena encima a todo correr, y que gritaba:—Ah, perro! Ahora +lo vers!, no pudo desconocerle ni dejar de caer de rodillas a los pies +del caballo, quien, contenindose y todo, le ech a rodar con el solo +bote del pecho.</p> + +<p>El susto de las seoras fue grande. Rosa hizo una exclamacin de horror; +doa Juana repiti:—Jess! Jess! e Isabel medio que se incorpor en +el asiento, sac el brazo fuera del carruaje y dijo ms indignada que +asustada:—No le mate, Leonardo!</p> + +<p>—Agradecer debe que estn Vds. delante, dijo Leonardo; de otro modo me +parece que le mataba. Tan indignado me siento contra l.</p> + +<p>—Ah, mi <i>suamito</i>!, exclam el viejo incorporndose trabajosamente +hasta ponerse otra vez de rodillas, como humildsimo pecador en +presencia de su airado juez.</p> + +<p>—Dnde te habas metido, perro brujo? le pregunt el joven, y sin +aguardar por la respuesta continu preguntando o diciendo: Qu hacas +en el monte? Por qu no estabas en tu boho? A que habas ido a +<i>cambalachar</i> por aguardiente con el tabernero del pueblo la raspadura +que robas en el ingenio? S, s. Lo jurara.</p> + +<p>—<i>No, mi suamito, no si, sumerc! Caimn no roba rapara! Caimn +no bebe aguaurdiente!</i></p> + +<p>—Cllate, perro viejo! Anda, corre a abrir la talanquera. No corres +todava? No sabes correr? Ya har que el Mayoral te avive un poco con +el cuero. Anda! Vuela!... y trat de pegarle (sin alcanzarle por +fortuna) un puntapi en la cabeza desde el caballo.</p> + +<p>Pareca ser el guardiero hombre de ms de sesenta aos de edad. Tena al +menos encanecida la cabeza, y aun la escasa barba, que le cubra el +labio superior, seal segura de vejez en las gentes de su raza. A unos +brazos desproporcionadamente largos y huesosos, una dedos crispados, +cual si padeciese lepra; ojos chicos de expresin hosca y triste, nunca +ms triste que, cuando despus de abierta la talanquera, ech una mirada +a las seoras del quitrn y pareci rogarles le protegieran de la clera +de su amo.</p> + +<p>Pasado el primer momento de irritacin y de ceguedad, comprendi ste +que haba mostrado demasiado apasionamiento y bastante grosera delante +de seoras que, adems de hallarse bajo su proteccin, iban a disfrutar +de su hospitalidad en el ingenio. El caballo haba sido ms generoso que +l puesto que, pudindolo, no atropell al esclavo cuando le hall +postrado en su camino. Tuvo vergenza Gamboa de su conducta, pero muy +soberbio para reconocer su falta y enmendarla con la franqueza que +demandaba el caso, se limit a referir los rasgos principales de la vida +del guardiero, por supuesto, calumnindole de paso.</p> + +<p>—No se figuren Vds., dijo, que el <i>taita</i> Caimn es lo que parece, un +viejo inerme y manso o esclavo leal y humilde. Han de saber Vds. que el +sobrenombre que lleva no se lo han puesto a humo de paja; es lo ms +astuto, maligno, con ribetes de taimado que existe; ni tan ignorante que +no practique ciertas artes, que le dan importante consideracin entre +los suyos. Pasa por brujo y por hacerse invisible cuando le conviene o +se halla en peligro. Construye dolos y encantos que tienen propiedades +mgicas en ciertos casos. Nadie dira que ve, oye ni entiende, y sin +embargo, tanto de da como de noche nada ni nadie se le escapa; y sabe, +como el caimn, hacerse el dormido para asegurar mejor la presa. La +juventud la ha pasado en el monte huido, y en sus repetidas fugas ha +visitado todos los palenques del Cuzco y hecho amistad con los negros +cimarrones ms famosos de la Vuelta Abajo. Ahora est muy viejo para +tales trotes, y, en consideracin a haber sido uno de los fundadores del +ingenio de <i>La Tinaja</i>, el nico que sobrevive de los que tumbaron aqu +los primeros palos, mam hizo que lo pusieran de guardiero, y le +conserva en ese puesto contra la opinin de los empleados que conocen su +historia y sus malas maas. Cuando quiere o le conviene no le gana a +vigilante ni el perro ms fino. Puede decirse que es libre: cra +gallinas, engorda todos los aos uno o dos cochinos que vende, y +entierra el dinero en alguna parte, y posee una yegua, en la cual puede +dar vueltas de noche a los linderos de la finca. Pero como digo, es muy +taimado y maligno y apostara cualquier cosa a que no se hallaba lejos +del boho y de su puesto sin algn objeto doloso y reprobado a la mira. +Por el caaveral se ve con sus compaeros del ingenio; por el monte +slo con los cimarrones o con los taberneros del pueblo para cambiar +azcar por tabaco, aguardiente u otra cosa por el estilo.</p> + +<p>—As debe de ser, Leonardo, comenz diciendo Rosa, pues me pareci que +traa una...</p> + +<p>La ta y la hermana, ms avisadas que ella, no la dejaron terminar la +frase; y nadie ms habl en el resto del camino.</p> + +<p>Entre la una y las dos de la tarde, bajo un sol de fuego cuyos rayos los +reflejaban las hojas de la caa cual si fueran bruidas espadas, se +desmontaron los viajeros en la gran casa de vivienda de La Tinaja.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_IVc" id="Capitulo_IVc"></a><span class="smcap">Captulo IV</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Lo ms negro de la esclavitud +no es el negro.</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">Jos de la Luz y Caballero</span></p></div> + + +<p>Bajo ms de un concepto era una finca soberbia el ingenio de <i>La +Tinaja</i>, calificativo que tena bien merecido por sus dilatados y +lozanos campos de caa-miel, por los trescientos o ms brazos para +cultivarlos, por su gran boyada, su numeroso material mvil, su mquina +de vapor con hasta veinticinco caballos de fuerza, recin importada de +la Amrica del Norte, el costo de veinte y tantos mil pesos, sin contar +el trapiche horizontal, tambin nuevo y que armado all haba costado la +mitad de aquella suma.</p> + +<p>La casa de calderas o de ingenio era tan fuerte como vasta: edificio +exento casi enteramente, cuya armadura se compona de pares rollizos, +apoyados en soleras pesadas y stas en pilares, dichos horcones en el +pas, sin escuadra ninguna ni ms pulimento que el que pudo darles con +la zuela el vizcano carpintero-arquitecto contratado en la finca para +esos trabajos. Tena el aire imponente y rstico que pareca demandar su +destino. Debajo de su cubierta de tejas coloradas se abrigaban el +trapiche, la mquina de vapor y el tren Jamaiquino de elaborar el +azcar, montado sobre tres hornos o fornallas. No se hallaban en el +mismo nivel todos estos aparatos: el de las calderas era varios pies ms +bajo; y para pasar de un departamento a otro haba que descender dos +anchas escalinatas de piedra, flanqueando el plano del trapiche y +mquina de vapor. Esto se haca as para que tuviese una cada fcil el +guarapo, que al salir de las masas corra por una canal de madera a la +artesa, llamada all mansera, donde algo se limpiaba y segua al tacho o +paila para recibir el primer hervor.</p> + +<p>Paralelo con este edificio haba otro tan grande y ms gacho, cerrado +por sus costados con paredes de mampostera y una sola entrada, haciendo +frente a la parte de las calderas mencionadas. Este era la casa para la +purga y el secado del azcar. En otros separados se hallaban la +carpintera, la herrera, la enfermera, y la que puede llamarse casa de +maternidad; las habitaciones del mayoral, del boyero, carpintero, +mayordomo y maestro de azcar, quien temporalmente resida tambin en el +ingenio. Para el maquinista, cuyo oficio a la sazn desempeaba un joven +americano, se haba construido una habitacin provisional con tablas de +cedro, cerca de la mquina de vapor; nico sitio abrigado en aquel feo +casern. Seguan despus, formando grupo, sobre doscientas cabaas o +bohos de paja, con sus correspondientes corrales y gallineros adjuntos, +para la morada de los trescientos esclavos, o dotacin del ingenio. Las +otras casas exentas, a saber: las del bagazo, la de batir el barro para +la purificacin del azcar, y otras de menos importancia, se hallaban +erigidas en el espacio medianero entre la de calderas y la de purga.</p> + +<p>La planta de aqulla, denominada por antonomasia de vivienda, figuraba +en paralelogramo trapezoidad, sentada en el suave declive de una colina, +cuya diferencia de nivel se haba procurado remediar alzando el piso por +el frente. Era de un solo cuerpo de fbrica de manipostera gruesa con +cubierta de tejas huecas coloradas, amplio prtico, la sala cuadrada al +medio, flanqueada a ambos lados por dos crujas de cuartos, pasadizos +corridos por el interior, patio rectangular en el centro, cerrado por +una tapia alta con caballete de vidrios, y una portada en el lienzo del +fondo, que se cerraba con cerrojo y cerradura y serva para la +comunicacin interior de la servidumbre de la casa. En el patio crecan +muchas flores, algunos naranjos, higueras y parras, que no contribuan +poco con su verdor y su sombro a la frescura de los cuartos; aunque +para quebrar la reflexin de los rayos solares en puntos de medio da, +haban puesto cortinas de caamazo en todo el derredor de los pasadizos. +Arreglo igual se adverta en el prtico, que por su elevacin y +amplitud, se hallaba ms expuesto a los embates del viento y a los +efectos desagradables de la reflexin solar en el extenso y desolado +batey.</p> + +<p>Desde lo alto de la escalinata del prtico se registraba de un extremo a +otro la casa de calderas al frente, la de purga algo ms a la derecha, +aunque slo por el lado de las gavetas para secar el azcar; el barracn +de los negros o la estacada que encerraba sus habitaciones rsticas; en +suma, la mayor parte de las que componan la vasta poblacin del +ingenio; los campos de caa hacia el oeste, los techos pajizos de las +casas del potrero, y ms all un palmar inmenso, un codo del ro y luego +la selva alterosa y primitiva, que formaba como el fondo oscuro de este +variado cuadro campestre.</p> + +<p>Cosa del medio da del 24 de diciembre de 1830, arrellanados en cmodas +butacas de vaqueta, se hallaban los amos del ingenio en cmodas butacas +de vaqueta colorada, se hallaban los amos del ingenio <i>La Tinaja</i>, junto +con otras varias personas, al abrigo de la reflexin solar, tras las +cortinas de caamazo. Casi todos los caballeros, don Cndido Valds, +cura de Quiebra Hacha, el capitn del partido y el mdico fumaban +tabaco; doa Rosa, la esposa del capitn antes dicho, la mujer y cuada +del mayoral del potrero y las seoritas Gamboa, coman unas dulces caas +de la tierra, otras, naranjas de China y guayaba del Per, etc., +productos stos de la estancia del ingenio. Por all andaban nuestros +conocidos de La Habana: Tirso, Aponte, Dolores, junto con otra de las +negras que haban venido por mar, y dos o tres ms de la dotacin del +ingenio, que por criollas y de mejor apariencia las haban destinado al +servicio domstico, todos hacindose tiles.</p> + +<p>De las seoritas Gamboa, Carmen y Adela no calentaban asiento, picaban +un pedazo de guayaba o de naranja y emprendan luego largos paseos, +enlazadas de las manos, de un extremo a otro del prtico, con +manifiestas seales de impaciencia por la tardanza, a su juicio, de las +amigas de Alquzar. Adela en particular, cada vez que tocaba en el +ngulo del sur, levantaba un canto de cortina de caamazo y echaba una +ansiosa mirada por toda la guardarraya maestra adelante hasta su +intercepcin en el camino de la Playa. Al fin, poco despus de la una de +la tarde, se oy a lo lejos ruido de ruedas de un carruaje y la marcha +precipitada de varias caballeras; y Adela, sin ver nada an, exclam +alegre:—Ah estn!</p> + +<p>No se enga esta vez. A poco ms llegaron al pie de la escalinata del +prtico las seoritas Ilincheta en su carruaje, el cual, junto con sus +ocupantes, los caballos y los jinetes, venan cubiertos con el polvo de +la tierra colorada. Intil sera detenernos a describir punto por punto +las variadas escenas del encuentro de ambas familias en medio de las +soledades de la Vuelta Abajo. Ms de un motivo haba para que, al menos +algunos de los presentes, mirasen aquel instante como un evento +verdadero, digno de nota. Sucede, adems, que los jvenes, y tambin a +veces las personas mayores, cuando se renen en un sitio de campo con +nimo de pasar slo unos das en franca y cordial sociedad, lejos de los +lugares donde se han acostumbrado a vivir y divertirse, se sienten +fuertemente atrados; si son amigos lo son y lo expresan ms; si +parientes, se persuaden que los unen ms estrechos lazos; si amantes, +ah!, su amor les parece eterno, la dicha de amarse, celestial.</p> + +<p>Las mujeres se estrecharon fuertemente entre los brazos. Adela llor de +alegra al apretar entre los suyos a Isabel, por la cual senta aficin +extraordinaria. Para ella era la ms modesta y amorosa de las mujeres. +Tambin doa Rosa distingua a la mayor de las Ilincheta, y en la +ocasin de que hablamos la mostr sealada cordialidad. Hasta don +Cndido tan seriote y desmaado, que no tuvo ni una sonrisa para su hijo +cuando ste se acerc a pedirle la bendicin, recibi a las seoritas +Ilincheta con desusadas demostraciones de cario, y se las present a +los caballeros que estaban de visita, diciendo:—Tambin stas son mis +hijas. Y hablando con Isabel aadi: He aqu tu casa; espero que goces y +te diviertas en ella como en la tuya encantadora de Alquzar.</p> + +<p>Ya no dur el recibimiento en el prtico sino corto rato. Sobre +estropeadas las seoras del viaje, necesitaban algn reposo, asearse, +cambiar de traje, antes de sentarse a la mesa. Doa Rosa, o la mujer del +Mayoral Moya, que haca de ama de llaves para ahorrarle trabajo a esa +seora, haba hecho preparar alojamientos para las seoritas Ilincheta y +para su ta, inmediatos a los aposentos ocupados por la familia de +Gamboa en la cruja de la derecha, despus de la sala.</p> + +<p>Ya de tardecita se sentaron a la mesa en la gran sala de la casa de +vivienda, entre seoras y caballeros, unas diecisis personas, atendidas +por la mitad de ese nmero de siervos. Doa Rosa hizo los honores. La +secund cuanto era compatible con su carcter don Cndido, aunque ste +guard sus cumplimientos para el administrador de <i>Valvanera</i> en primer +lugar, en segundo lugar para el cura de Quiebra Hacha, en tercero para +el mdico de su finca y para el Capitn del partido. Todos deban pasar +la noche en el ingenio para tomar parte en las ceremonias que iban a +celebrarse al da siguiente, o primero de Pascua de Navidad. Fuera de +la esposa y de la cuada del Mayoral del potrero, ninguno de los +empleados del ingenio fue invitado a comer en la casa de vivienda; y el +mismo Moya, que tena vara alta con los amos actuales de <i>La Tinaja</i>, no +tom asiento, an invitado por don Cndido, so pretexto de haber comido.</p> + +<p>Reinaron en el banquete la jovialidad y animacin, templadas por las +maneras decentes propias de la buena crianza, aunque excepto Meneses, el +joven Gamboa y el cura, nadie de los presentes haba recibido educacin +esmerada ni frecuentado el trato de la alta sociedad cubana. El ltimo +nombrado, don Cndido Valds, criollo, se haba educado en el Seminario +de San Carlos, de La Habana. En materias religiosas era tolerante hasta +la despreocupacin; en poltica profesaba opiniones liberales que sola +llevar hasta la exaltacin.<a name="FNanchor_45_45" id="FNanchor_45_45"></a><a href="#Footnote_45_45" class="fnanchor">[45]</a> El mdico Mateu, de Galicia, haba hecho +la prctica de su profesin a bordo de los buques negreros, y ahora +curaba por iguala en varios ingenios de la comarca. Pasaba por buen +mozo; pero su bien parecer corra parejas con su necedad y pedantera. +Crea que todas las mujeres se enamoraban de l, y desde su puesto en la +mesa le lanzaba miradas a hurtadillas a Rosa Ilincheta, cuya graciosa +figura, viveza y fogocidad de carcter sobraban para volverle el juicio +a hombre de ms seso que l. El cura simpatiz desde luego con Isabel, +que en todas sus palabras y acciones revelaba las altas prendas de su +espritu. Don Manuel Pea, asturiano, casado con una criolla buena moza, +desde el mostrador o taberna del pueblo haba ascendido a Capitn +pedneo, especie de Juez de paz, y nica circunstancia por la cual los +amos del ingenio de <i>La Tinaja</i> le sentaban a su mesa. Don Jos de Cocco +era otra especie de hombre; natural de Cdiz, tena fina apariencia, +los dientes muy blancos y los ojos azules, poca talla, bastante chiste y +escasa instruccin.</p> + +<p>Este se dedic a obsequiar a la segunda de las seoritas Gamboa, a cuyo +lado qued en la mesa, con la conciencia, sin embargo, de bajo ninguna +circunstancia una de las amas del ingenio <i>La Tinaja</i> dara su corazn +ni su mano al Administrador del ingenio <i>Valvanera</i>. Por lo que toca a +Adela, la ms linda de todas, su extremada juventud la pona a cubierto +de los galanteos de los hombres all reunidos.</p> + +<p>Circul entre stos libremente la copa del vino desde el principio hasta +el fin de la comida; terminada la cual, se levantaron los manteles para +servir los postres sobre la tabla desnuda, de bruida caoba. Trjose +enseguida el caf puro en tazas de trasluciente China, la espumosa +champaa, el coac francs y el ron de Jamaica. Despus don Cndido +Gamboa sac a relucir su gran vejiga olorosa y dorada, y reparti sendos +tabacos, cual brevas, entre el Capitn, el Mdico y el Cura, pues Cocco +no fumaba, tampoco Meneses, y Leonardo no se hubiera atrevido a tocar un +cigarro delante de su padre.</p> + +<p>Puesto el sol termin el banquete. Pero pasando la familia y las visitas +al amplsimo prtico donde ya los criados haban enrollado las cortinas +de caamazo, pudo echarse de ver que haca suficiente claridad en el +campo circunvecino. Era que por un lado surga la luna creciente de +entre el bosque lejano y hera oblicuamente las hojas y flores de las +caas y los troncos blancos de las palmas, al paso que desde lo alto del +cielo azul y difano como el cristal, vertan innumerables estrellas +chispas de plata y oro.</p> + +<p>Por sus pasos contados, despus del banquete, todas las personas +reunidas en la casa de vivienda se dividieron en tres grupos. Doa Rosa, +en compaa de doa Juana, la Moya, la mujer del Capitn y Antonia, la +mayor de las seoritas Gamboa, volvieron a ocupar los sillones de +vaqueta colorada. Don Cndido, con el Cura, el Capitn y el Mayoral del +potrero, para digerir mejor la comida y saborear sus olorosos tabacos, +daban cortos paseos y conversaban en una cabeza del portal. El primero, +sobre todo, aprovech la ocasin de tomar algunos informes, ms +imparciales que los de su mayoral, acerca de las ocurrencias en la finca +durante los quince o ms das que precedieron al de su llegada a ella. +Con este motivo dirigi como de paso varias preguntas a Moya, el cual, +honrado con aquella distincin por el amo del ingenio delante del Cura y +del Capitn pedneo, se apresur a contestarlas con lisura y no poca +satisfaccin. Por ejemplo, preguntado:</p> + +<p>—No se ha sabido nada, Moya, acerca de los negros que se fugaron la +semana pasada? El Mayodomo me ha dicho que son siete, entre ellos una +negra.</p> + +<p>—<i>Verficamente</i>, seor don Cndido, no se ha <i>sabo naitica</i> entre dos +platos, contest.</p> + +<p>—Pero, se ha hecho alguna diligencia?</p> + +<p>—Pues no, seor don Cndido! Se han <i>registrao</i> los montes de Santo +Toms y los montes de La Angosta. En <i>toas</i> partes se han <i>encontrao</i> +rastros frescos, mas como los perros de don Liborio Snchez no son +<i>buscaores</i> sino <i>mordeores</i>, <i>anque</i> le tienen gran inters a los +negros no han <i>dao</i> con ellos. Y <i>me se</i> ha puesto que no han <i>salo</i> de +los linderos del ingenio, porque no se han <i>juo en denantes</i> y no saben +andar por el monte. Con buenos perros ya se hubieran <i>topao</i>, segurito. +Ah! Dios me d perros que huelan un negro <i>dende</i> una legua...</p> + +<p>—Por lo que a m toca, dijo el capitn Pea cortndole la palabra a +Moya, debo informar al seor don Cndido que he hecho en su obsequio +cuanto caba en mis facultades. En efecto, apenas tuve aviso de la +ocurrencia por parte que me dio su mayoral de Vd., don Liborio Snchez, +no perd tiempo en pasar atento oficio, valindome del correo de Baha +Honda, a los seores don Lucas Villaverde y don Mximo Arosarena, +inspectores en San Diego de Nez, de la partida que capitanea don +Francisco Estvez, que acaba de formarse por disposicin de la Real +Junta de Fomento, para perseguir negros cimarrones en las jurisdicciones +desde el muelle de Tablas o el Mariel, Callajabos, Quiebra Hacha, etc., +hasta los lmites occidentales de Baha Honda. Con mi oficio a los +seores inspectores inclu la filiacin, edad y naturaleza (poco ms o +menos, se entiende, pues Vd. sabe que todos los negros se parecen) de +los siete que se le han fugado a Vd. Espero, pues, que si tropieza con +ellos la partida, cosa factible, porque sospecho que han tirado hacia +las sierras cercanas del Cuzco, que los capture y... Ni debe extraar al +seor don Cndido que se le hayan fugado siete negros, cuando por la +misma poca se han alzado 12 de <i>Santo Toms</i>, 8 de <i>Valvanera</i>, 6 de +<i>Santa Isabel</i>, 20 de <i>La Begoa</i>, y 40, s seor, 40, como Vd. lo oye, +de <i>La Angosta</i>, el ingenio aqu inmediato, perteneciente al Excmo. +Seor Conde de Fernandina. La lista de todos stos obra ya en poder de +los seores inspectores, y, supongo tambin, del capitn Estvez.</p> + +<p>—No me extraa la fuga de mis siervos, dijo don Cndido pensativo. Ni +son stos los primeros negros que se me huyen. Ah estn, si no, +Chilala, Jos, Sixto, Juan, Lino, Nicols, Picapica, etc., que no me +dejarn mentir. Esos, cuando no se hallan alzados en los montes, sufren, +como ahora, una condena ms o menos larga en la finca, y llevan grillos +de doble ramal, o arrastran cadena con maza. Goyo, o Caimn, el +guardiero de la talanquera en el camino de la Playa, se sabe que ha +pasado su juventud entre esas serranas que se ven desde aqu... Mas +todos sos son congo real, congo loango o congo musundi, raza humilde, +sumisa, leal, la ms propia para la esclavitud, que parece su condicin +natural. Slo tiene un defecto, eso s, grave, capital: es la raza ms +holgazana que sale del frica. Si pudieran los congos vivir sin comer, +no habra fuerzas humanas que les obligaran a doblar el lomo y trabajar. +Seran capaces de pasarse la vida echados panciarriba... Y por no +trabajar, a menudo se huyen... Lo que me extraa mucho, lo que no +acierto a explicarme es el por qu han seguido el ejemplo de los congos +Pedro y Pablo carabal, Julin arar, Andrs bib, Tomasa suama, Antonio +briche ni Cleto gang. Estos negros industriosos, incansables para el +trabajo, fuertes, robustos, formales, stos no se fugan sin causa. No, +negros que siempre tienen tiempo para sus amos y para s, que juntan +dinero y a menudo se libertan, no se huyen por poca cosa. Son muy +soberbios, tal es su nico defecto, para alzarse sin causa poderosa. +Antes se ahorcan que fugarse al bosque...</p> + +<p>Poda echarse de ver por esto poco que algo se le alcanzaba a don +Cndido Gamboa de achaque de etnologa africana. Ya se ve, el trfico +constante en esclavos por muchos aos, la posesin de dos o tres +centenas de stos, le haban enseado que segn su raza eran ms sumisos +o levantiscos, ms o menos a propsito para llevar hasta la muerte el +pesado yugo de la esclavitud. Suceda, sin embargo, que otra cosa le +haba enseado a Moya su larga experiencia en el manejo de negros suyos +y ajenos, y todo su ser se sublevaba cuando oa decir que los haba +buenos y malos, y que algunos no se huan jams sin causa poderosa, ms +bien se quitaban la vida. Por eso Moya, a riesgo de quebrar pajita con +el amo, dijo:</p> + +<p>—Se conoce que el seor don Cndido ha visto negros y sabe los que +sirven <i>pa</i> esto y no sirven <i>pa</i> lo otro. Con permiso del seor don +Cndido yo digo que <i>toos</i> los negros son lo <i>mesmo</i> cuando la Guinea se +les mete en la cabeza. Entonces <i>toos jalan pa</i> atrs como los mulos y +es preciso <i>jarrearlos</i> con el cuero. Vamos a ver. Por qu se han +<i>juo</i> los siete de ac? Por falta de <i>coma</i>? Por falta de <i>fras</i>? +Por falta de cochino? Por falta de conuco? <i>Naa</i> de eso les hace +falta. <i>Too</i> eso lo tienen ellos a bombn. Por el mucho trabajo? Por +el mucho cuero? Ahora no trabajan, como quien dice, y <i>verficamente</i> +don Liborio de Corpus a San Juan da un bocabajo.</p> + +<p>—Si me es dado decir lo que pienso, terci en este punto el Cura +modestamente, mi opinin es que no debe esperarse de gente tan ignorante +como son los negros, el que juzguen y acten cual las criaturas +racionales. Sera excusado buscar la razn de sus alzamientos y delitos +en los instintos de la justicia y el derecho. No. La causa ha sido +quizs la ms quimrica, la ms absurda, la menos justificada... Es, sin +embargo, coincidencia rara que a un tiempo se hayan alzado tantos negros +y de aquellas fincas precisamente que han cambiado de poco ac su +sistema de moler caa. Ser que esas estpidas criaturas se han +figurado que se les aumenta el trabajo porque en vez de moler con bueyes +o mulas se muele con mquina de vapor? Qu sabemos? Vale la pena +investigarlo.</p> + +<p>—Ya, dijo don Cndido, siempre pensativo, siguiendo con los ojos +entreabiertos las columnas de humo cenizoso que se le escapaban de la +boca. El argumento de mi tocayo es bueno tratndose de negros congos, +falso, hablndose de negros de otras naciones de frica. He observado de +cerca sus ndoles diversas y s lo que digo. El trato ms que otra cosa +tiene que ver con la conducta de ciertos negros. Todos han nacido para +la esclavitud, sa es su condicin natural; en su mismo pas no son otra +cosa que esclavos, o de unos pocos amos o del demonio. Los hay, no +obstante, que necesitan rigor, mucho rigor, el ltigo siempre encima +para que trabajen; los hay que por las buenas se saca de ellos cuanto se +quiere.</p> + +<p>—<i>Asina</i> es, como dice el seor don Cndido, volvi Moya a meter la +cucharada. Mas yo digo que si hay negros que no se <i>pueen</i> quejar del +trato, sos son los del seor don Cndido. Ellos estn como las flores: +bien <i>comos</i>, bien <i>vestos</i>, <i>ca</i> uno con su conuco y su cochino, +muchos <i>casaos</i>, no trabajan ms que de sol a sol, y no se les da cuero +por <i>na</i> y <i>na</i>, como yo he visto que se hace en otros ingenios. Sacan +<i>mu</i> poca fajina: dos o tres horas los domingos. Y cuando no se muele +caa casi <i>too</i> el resto del tiempo es suyo para hacer canasta, engordar +sus cochinos, guataquear sus conucos... Casi todas las ascuas tienen un +da de tambor. Qu ms quieren esos <i>endinos</i>? Ni el obispo est mejor.</p> + +<p>—Y vuelta a la misma tema, dijo don Cndido molesto. Moya, est bien lo +que Vd. asegura y repite; pero nada de eso me convence, ni me explica la +causa, la causa real y verdadera de la fuga de mis carabales. Lo peor +es que sospecho que Vd. sabe algo y no quiere decirlo delante del seor +Cura y del Capitn.</p> + +<p>—Pues por <i>toas</i> stas y por la en que Jesucristo muri, dijo Moya con +vehemencia besando las cinco cruces que haba formado con los diez dedos +de las manos enlazadas, que no s <i>naitica</i> ms. Y si dejo algo +<i>embuchao</i>, que aqu <i>mesmo</i> me parta un rayo, y <i>ustees</i> perdonen mi +<i>moo</i> de hablar.</p> + +<p>—No hay que maldecir por tan poca cosa, dijo el Cura.</p> + +<p>—Registre Vd. su memoria, Moya, dijo sonriendo don Cndido al ver su +apuro.</p> + +<p>—El caso es, repuso ste despus de breve detencin, que yo no s que +<i>pue</i> ser la causa y que no <i>pue</i> ser causa <i>pa</i> que se <i>juya</i> un +negro. El seor don Cndido dice que unos negros se <i>ajorcan</i> y no se +<i>juyen</i>; y <i>dispus</i> dice que el mal trato es la causa de los +cimarrones. Bueno. Tambin dice el seor don Cndido que los <i>carabal</i> +son <i>mu</i> soberbios. Yo digo que son <i>mu</i> perros y ms perros que <i>toos</i> +los negros juntos. Pedro briche es el cabecilla de sus carabelas en el +ingenio. Siempre habla lengua con ellos, y el Mayoral est <i>quemao</i> con +l. Yo lo s; pero no le haba puesto nunca la mano encima, ni <i>dende</i> +que vino de frica creo yo que <i>naiden</i> le sac sangre con el cuero. +Pues, seor, la semana antes <i>pasa</i>, Pedro briche no se present en la +<i>jila</i>, ni <i>dormi</i> por la noche en el barracn. Qu queran que +hiciera don Liborio? Al da siguiente va y lo coge <i>sotaventao</i>, y le da +unos cuerazos por arriba de la camisa, lo puso en el cepo por dos das, +le quit el mando de contramayoral y lo sopl al campo a chapear. Se +emperr ms. Yo le dije que le diera un buen bocabajo, pero temi que le +levantara <i>toa</i> la <i>negra</i>. Y ya se ha visto el <i>resultao</i>, se fue al +monte con seis compaeros porque no se le castig bastante.</p> + +<p>—No lo deca? dijo don Cndido con aire satisfecho. Y aadi, antes +que Moya le quitara la palabra:—Y qu dice de todo eso Goyo, el +guardiero del camino de la Playa? Sabe Vd. si le han sondeado?</p> + +<p>—Cmo que no? contest Moya prontamente. El primerito que se vio <i>pa</i> +eso. No ve el seor don Cndido que hasta la puerta <i>mesma</i> de su +<i>bujo</i> se encontr rastro fresco de negros que venan del monte, del +lado de all? Pero l jur por <i>toos</i> los santos del cielo que no vio, +oy ni sinti <i>na</i> en <i>too</i> este tiempo. Se calent don Liborio contra +l y quiso arrimarle unos cuerazos <i>pa</i> que cantara; mas yo se lo quit +de la cabeza, porque pens que se iba a poner brava la seora doa Rosa +en cuanto que supiera que haban <i>castigao</i> al taita Caimn.</p> + +<p>Con esto don Cndido menude sus paseos sin curarse de las personas que +le hacan compaa, quizs para que no le interrumpieran en sus +meditaciones. Luego, volvindose de improviso para Moya, en tono breve e +imperioso le pregunt por el Mayoral.</p> + +<p>—Cuando yo vena del potrero, contest Moya, estaba l con la gente en +el corte de caa, enfrente de la tumba nueva. No debe de tardar ya, +pues como no hay que cortar yerba de Guinea pa la coma de los caballos, +porque hay <i>cojollo</i>, soltar la gente ms temprano. Mire, ah vienen +las carretas con las ltimas caas <i>pa</i> probar la mquina... All lejos +se ve el boyero en su mula, y ms lejos <i>entoava</i>, por la otra +guardarraya, veo ahora a don Liborio. El caaveral me tapa sus perros y +yo no <i>pueo</i> decir si va solo o con la gente. El viene a caballo.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_Vc" id="Capitulo_Vc"></a><span class="smcap">Captulo V</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i> 9. Limpio soy yo, y sin delito...</i></p> + +<p class="non"><i>10. Por cuanto ha hallado achaques<br /> +contra m, por eso me ha tenido<br /> +por enemigo suyo.</i></p> + +<p class="non"><i>11. Ha puesto en un cepo mis pies,<br /> +ha guardado todas mis sendas.</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">Job</span>, XXXIV</p></div> + + +<p>Mientras en un extremo del prtico ocurra la escena trazada ya, tena +lugar en el opuesto otra muy diversa. Formaban all grupo animado e +interesante las seoritas Ilincheta, junto con las dos ms jvenes de +Gamboa, rodeadas por el medio crculo de los caballeros que las +galanteaban o admiraban. Todos en pie. Las seoras apoyadas de espaldas +en la barandilla, y los caballeros pendientes de los labios de Rosa +Ilincheta que, en pocas palabras, llenas de gracia y grfica expresin, +describa los pequeos incidentes del viaje, su mal manejo parte del +camino, y sus propias impresiones.</p> + +<p>Leonardo se sonrea, Cocco aplauda, Mateu el mdico haca piruetas de +gusto, y Meneses se mantena serio de celos, porque crecan con esto los +admiradores de su linda amante. Adela e Isabel, dadas las manos, +escuchaban y callaban. De pronto alguien le tir de la falda a Adela por +el lado de fuera del prtico. Volvi ella el rostro con viveza y vio a +una negra de buen aspecto, en traje muy diferente del que usaban las +dems esclavas de la finca.</p> + +<p>—Qu quieres?—pregunt Adela bastante asustada.</p> + +<p>—Su merced me dispense, nia. Vena por el mdico. (No le vea por la +oscuridad y las faldas de las seoras interpuestas.)</p> + +<p>—Y quin eres t?</p> + +<p>—Soy la enfermera, criada de su merced.</p> + +<p>—La enfermera! repiti Adela sorprendida.</p> + +<p>—S, nia, la enfermera Mara Regla. Y su merced no es la nia +Adelita?</p> + +<p>—La misma que viste y calza.</p> + +<p>—Ah! exclam la esclava, apretndole suavemente los pies a la joven, +ya que no poda otra parte de su cuerpo. Me lo deca el corazn. Ayer la +vi pasar por el batey desde la ventana de la enfermera. Qued en dudas +de cul sera mi nia, si la nia Carmen o su merced. Cunto ha +cambiado! Qu linda se ha puesto mi hija, Virgen Santa!</p> + +<p>—Me lo deca el corazn, linda, mi hija, remed Adela. Si soy tu hija, +si me quieres tanto, por qu no has venido a verme? Te avis con +Dolores. Por qu no saliste a hablarme? Me tienes muy brava.</p> + +<p>—Ay! exclam la negra. No me diga eso, nia, que me mata... Su merced +no iba sola.</p> + +<p>—No. Iba con mam, Carmen, la mujer de Moya y su cuada Panchita. Qu +tena eso de particular?</p> + +<p>—Bastante, nia de mis ojos.</p> + +<p>—Habla, explcate.</p> + +<p>—No puedo ahora, nia ma.</p> + +<p>—Qu! T no piensas pedirle la bendicin a mam?</p> + +<p>—S, nia. Debo, lo deseo en el alma, vena... Desde el punto que lleg +Seorita de La Habana, pens correr y echarme a sus pies...</p> + +<p>—Por qu no lo has hecho as? Quin te lo ha impedido?</p> + +<p>—Seorita misma.</p> + +<p>—Mam? No, no puede ser. Te engaas, sueas, Mara de Regla.</p> + +<p>—Ni me engao, ni sueo, nia Adelita. Ojal! Seorita ha prohibido +que ponga los pies en esta casa.</p> + +<p>—Cmo es que yo no s nada de eso? Quin te ha ido con semejante +cuento?</p> + +<p>—No ha sido cuento, nia Adelita. Dolores me refiri una conversacin +que Seorita tuvo con el amo sobre m...</p> + +<p>—Ya lo ves? Dolores entendi mal. Mam no est brava contigo. Y si no, +ahora mismo voy a averiguarlo.</p> + +<p>—No lo haga, nia Adelita, no, por el amor de Dios, replic la esclava +muy asustada, deteniendo a la joven por un canto del vestido. Por s, o +por no, ser mejor que Seorita no me vea ahora. Est ah el mdico?</p> + +<p>—Pues yo quiero verte a solas. Arreglaremos el modo. Con Dolores te +avisar. Y para qu quieres al mdico?</p> + +<p>—Para un moreno que han trado del monte mordido por los perros.</p> + +<p>—Mordido por los perros! repiti Adela. Ay! Debe de ser muy serio el +caso cuando llaman al mdico. Si le habrn despedazado! Es probable. +Esos perros son como fieras. Qu horror, Dios mo! Mateu, aadi en +alta voz, ah le buscan.</p> + +<p>Cosas bien extraas en verdad empezaba Isabel a averiguar respecto de la +familia bajo cuyo techo se hallaba hospedada y del ingenio tan ponderado +de <i>La Tinaja</i>. Interesada vivamente en la suerte de la enfermera, +antigua nodriza de su tierna amiga, ahora desterrada de la casa +solariega, y conmovida, horrorizada con lo que haba odo respecto del +esclavo, mordido por perros feroces, cosas todas inauditas para ella, +no pudo ocultar Isabel de Leonardo, ni su intenso disgusto ni sus hondas +emociones.</p> + +<p>—Qu tienes? Qu te ha dado? le pregunt l.</p> + +<p>—No s, contest ella. Me siento mal.</p> + +<p>—Me pareci, continu Leonardo, que te haba afectado el cuento del +negro herido. No seas boba. Qu apostamos a que no ha sido mayor la +cosa? A que no pasa de unos cuantos rasguos? Si conocieras a la +enfermera pensaras como yo. Mam no la puede ver por escandalosa. Ni +hay que dar nunca entero crdito a lo que dicen los negros. Todo lo +exageran y abultan.</p> + +<p>—Qu fue, Adela? pregunt doa Rosa desde su asiento oyndola llamar +al mdico.</p> + +<p>La enfermera desapareci en un instante, y antes que Adela contestase a +su madre se apareci el Mayoral a caballo, precedido por sus dos +hermosos alanos, para dar cuenta en voz campanuda de todo lo que haba +pasado. Era ste hombre alto, enjuto de carnes, mas de recios miembros, +muy moreno de rostro, ojinegro, el cabello crespo y poblado de barba, +cuyas grandes patillas le cubran ambos lados de la cara hasta tocar en +los ngulos de la boca, que por esto pareca ms chica. A pesar del +sombrero de ala ancha que llevaba siempre puesto, lo mismo en el campo +que en la casa, al aire libre que bajo techo, pues muchas veces haca +uso de l como de gorro de dormir, cuando se lo quit para hablar con +don Cndido viose que mientras la parte superior de su frente pareca de +un hombre blanco, la nariz, las mejillas y las manos nadie dira sino +que eran de un mulato; tan quemadas estaban del sol. Vena armado, como +suele decirse, hasta los dientes, de machete de cinta, pual con cabo de +plata o que brillaba como tal, y el ponderoso ltigo, cuyo mango, hecho +de un gajo de naranjo silvestre, no era arma menos terrible por ser slo +contundente.</p> + +<p>Comenz diciendo:</p> + +<p>—Santas tardes tenga el seor don Cndido con <i>toa la compaa</i>. Yo soy +<i>veno a participasle</i> que han <i>trao</i> a Pedro brichi con algunas +<i>mordas</i>. Se <i>arresisti</i> y fue preciso atojarle los perros.</p> + +<p>—Quin le ha capturado? pregunt el amo con mucha calma.</p> + +<p>—La <i>parta</i> de don Francisco Estvez, <i>nombra pa</i> coger negros +cimarrones.</p> + +<p>—Sabe Vd. dnde le han capturado?</p> + +<p>—En los caaverales de <i>La Begoa</i>, cerquitica de las sierras.</p> + +<p>—Estaba l solo? Y los compaeros?</p> + +<p>—<i>Na</i> se sabe de ellos, seor don Cndido, ni Pedro <i>quie decislo</i> +tampoco. <i>Me se</i> figura que ser preciso <i>biraslo pa que cante</i>. Por eso +vengo a donde el seor don Cndido <i>pa</i> que me diga qu hago con Pedro. +Est muy <i>emperrao</i>...</p> + +<p>Dnde le tiene Vd. don Liborio? pregunt el amo despus de larga pausa.</p> + +<p>—En la enfermera.</p> + +<p>—Qu, tan estropeado est?</p> + +<p>—No por eso, seor don Cndido. Lo tengo en el cepo de la enfermera +<i>pa</i> mayor <i>seguri</i>, y no he <i>quero ponesle</i> grillos por las <i>heras</i>; +y luego <i>dispus me se</i> figura que tiene malas intenciones. Sus ojos son +dos tomates <i>maros</i>, y he <i>reparao</i> que cuando se le ponen <i>asina</i> los +ojos a los negros es que <i>quieen</i> hacer una <i>fechura</i>. Yo le digo al +seor que est <i>mu emperrao</i> ese negro. Mire el seor si es perro, que +cuando lo met en el cepo me dijo:—el hombre no muere ms que una vez, +y que ya estaba <i>cansao</i> de trabajar <i>pa</i> su amo. El seor debe de +saber que luego que los negros cogen y hablan <i>asina</i> es porque, como +dice mi compadre Moya, que est presente, se les ha <i>meto</i> la Guinea en +la cabeza. <i>Apuramente</i> ellos se tienen <i>trago</i> que cuando se +<i>ajorcan</i> aqu van derechitos a su tierra.</p> + +<p>—Aberraciones de la ignorancia! exclam el Cura.</p> + +<p>—S, seor don Cndido, continu el Mayoral, ese negro est pidiendo +cuero como los muertos misa.</p> + +<p>Se sonrieron el Cura y don Cndido, y ste dijo:</p> + +<p>—A su tiempo, don Liborio, a su tiempo se maduran las uvas. Por lo +pronto no me parece conveniente azotarle. Se pondr bueno de las +mordidas, y entonces habr lugar de castigarle por su falta, una de las +ms graves que pueden cometerse en estas fincas. Alzarse, fugarse el +esclavo, privar al amo de sus servicios sin causa poderosa y bastante, +por ms o menos tiempo, es imperdonable; no slo por l mismo, sino por +el mal ejemplo a sus compaeros. Se le castigar, no lo dude. No habr +quien le apadrine. En otro negro cualquiera esa misma falta aparecera +leve. A bien que Pedro puede resistir un novenario... Tiene buenos +jarretes. A otra cosa. No saba la partida de Estvez que ese negro era +mo? No la inform Vd. que estaba yo aqu?</p> + +<p>—S, seor, saba <i>toito</i> y yo le dije que viniera a la casa de +vivienda <i>pa</i> entregar el cimarrn y <i>recebir</i> la captura, que es un +dobln de a cuatro. Mas me contestaba y dice que prefera dormir en el +monte. Adems, que no quera que lo viesen los negros mansos, porque +<i>le</i> daban el soplo a los cimarrones; adems que tena que <i>dir</i> donde +<i>La Angosta</i> a ver si coga los cuarenta negros que se le <i>juyeron</i> a +<i>suescelencia</i> el seor Conde la Fernandina la semana <i>pasa</i> arriba, y +el Mayoral lo haba <i>mandao</i> a <i>amar</i>...</p> + +<p>En aquel punto desfilaban en el batey del ingenio de <i>La Tinaja</i>, entre +la casa de vivienda y la de calderas, los 300 y ms esclavos de su +dotacin, y el Mayoral diciendo, con licencia, fue a ponerse a su +cabeza para pasarles revista y darles las ltimas rdenes por medio de +los contramayorales, que eran tambin esclavos. Desde buena distancia +les haba precedido el rumor de sus conversaciones y el sonido de las +prisiones de los penados. Dos de ellos llevaban grillos, con barra +atravesada y cadena de dos ramales suspendida a la cintura, y caminaban +con mucho trabajo, pues para avanzar tenan que describir medios +crculos, ya con un pie, ya con el otro. Uno llevaba grillete, del cual +penda una cadena como de unos seis pies de largo, cuyo extremo inferior +iba engarzado al anillo de una masa frrea como pesa de reloj, la que, +al caminar, era fuerza que llevara al brazo, so pena de que el roce de +la argolla moliera el hueso de la canilla, aunque se lo haba abrigado +con un trapo. Este mismo se detena de cuando en cuando y alzaba la voz +en tono melanclico y timbre argentino, que resonaba por todas partes +diciendo:—Aqu va Chilala, cimarrn.</p> + +<p>Penados o no, varones o hembras, todos traan algo a la cabeza, ya haces +de cogollo, ya de ramas de ramn de que tanto gustan las caballeras en +Cuba, ora racimos de pltanos verdes o maduros, ora de <i>palmiche</i> para +los cerdos; ste una calabaza, aquel un brazado de lea. Unos pocos, +quince o veinte, llevaban camisa y calzn de caamazo nuevos o de pocos +meses de uso y estaban enteros; el traje de los restantes se compona de +harapos, a travs de cuyos agujeros se les vean las carnes negras y sin +lustre. Ninguno calzaba zapatos, uno que otro, abarcas de cuero sin +curtir, ajustadas al pie por cordones de majagua, bien de arique de +yagua que no son menos resistentes. Las hembras, de treinta a treinta y +cinco por todas, sobre andar revueltas entre los hombres, apenas se +distinguan por otra cosa que por la especie de saco talar de caamazo +con que se cubran el cuerpo desde los hombros hasta un poco ms abajo +de las rodillas, sin mangas; para que no faltase nada a la tosca +imitacin de la tnica romana.</p> + +<p>—<i>Ajilar!</i> grit don Liborio con su voz de trueno, recorriendo a +caballo las desordenadas filas como un general que ordena una evolucin. +Con lo cual, sin tropiezo, por el mero hbito, la mayor parte form; +pero los perezosos, los torpes, los impedidos por las prisiones, por la +demasiada carga o por la prisa que se dieron los delanteros a cerrar las +filas, sos se quedaron detrs, menos visibles que los otros. Contra +estos infelices estall la clera del Mayoral. Enarbol el ltigo y +empez a repartir latigazos a diestro y a siniestro, sin distinguir +inocente de culpable, hasta lograr la formacin deseada.</p> + +<p>Si as es como se ha razonado con el esclavo en todos tiempos y pases, +podra esperarse que fuesen una excepcin a esta regla general los +seores del ingenio de <i>La Tinaja</i>? De ninguna manera. En su opinin, +como en la de la mayora de los amos, no era el negro la <i>cosa</i> de que +habla el derecho romano. Haba bastante diferencia. Para ellos, que +entendan por derecho nicamente aquello que no torca el cumplimiento +de sus pasiones y caprichos, el hombre-cosa de la antigua Roma tal vez +no pensaba, era una mquina de trabajo; al paso que el hombre-cosa +actual, estaban plenamente convencidos, pensaba al menos en tres cosas: +en el modo de sustraerse al trabajo, en quemarle la sangre a su +detentor, y en obrar siempre en oposicin a sus miras, deseos e +intereses.</p> + +<p>Para el amo en general, el negro es un compuesto monstruoso de +estupidez, de cinismo, de hipocresa, de bajeza y de maldad; y el solo +medio de hacerle llenar sin murmuracin, reparo ni retraso la tarea que +tiene a bien imponerle, es el de la fuerza, la violencia, el ltigo. El +negro quiere por mal, es dicho comn entre los amos. Por eso, en +concepto de stos, aquel Mayoral que no disimula ni perdona falta, que +como rayo hiere al que delinque, que en todas ocasiones tiene entereza +bastante y valor para meter en cintura a gente tan perversa e +ingobernable, se es ms meritorio, ms digno de consideracin y +respeto. Siempre se ha admirado ms al inquisidor que ms herejes +mandaba al quemadero.</p> + +<p>As se explica por qu, luego que el Mayoral dio la orden de <i>tumba</i>, y +todos soltaron la carga a sus pies, no importa si de forraje o de +frutos, de cuyas resultas stos se reventaron con la cada, dando +ocasin a que el Mayoral hiciese nuevo uso del ltigo, los seores del +ingenio de <i>La Tinaja</i> aprobaron y celebraron el <i>castigo</i>; porque era +claro que los culpables haban procedido de malicia y no por torpeza y +ofuscacin a causa del anterior vapuleo.</p> + +<p>Doa Rosa, mujer cristiana y amable con sus iguales, que se confesaba a +menudo, que daba limosna a los pobres, que adoraba en sus hijos, que en +abstracto al menos estaba dispuesta a perdonar las faltas ajenas para +que Dios, que est en el cielo, la perdonara las suyas; doa Rosa, +sentimos decirlo, al ver las contorsiones de aqullos a quienes la punta +del ltigo de cuero trenzado del mayoral abra surcos en sus espaldas o +brazos, se sonrea, tal vez por creer grotesco el espectculo, o +exclamaba, exclamacin en que la hacan coro las personas de que se +hallaba rodeadas:—Hase visto gente ms bruta!</p> + +<p>Tambin se sonrieron los caleseros Aponte y Leocadio, junto con dos +mozos ms, que desde el colgadizo de la gran caballeriza del ingenio, +atrados por el continuo estallar del temible cuero, presenciaban a +salvo la escena y esperaban se despejase el campo para salir y recoger +el forraje destinado a las caballeras de que estaban hecho cargo +inmediatamente.</p> + +<p>Si aadimos que en estas circunstancias hasta los perros del Mayoral +mostraron a su modo una alegra desusada, no creemos decir nada nuevo. +Ello, mientras don Liborio hablaba con los amos del ingenio, se +mantuvieron echados a los pies de su caballo; pero apenas se dirigi a +los negros, se colocaron a sus flancos y no perdieron de vista ni sus +ojos ni los movimientos de su brazo derecho, aguardando sin duda la +orden de echarse sobre la vctima y rematarla.</p> + +<p>Es de consignarse aqu, sin embargo, que no todas las seoras presentes +se unieron al coro a que antes se ha aludido. Doa Juana, al contrario, +apart los ojos para no ver, ya que la poltica la vedaba retirarse y +era fatal el or los latigazos y los quejidos sordos de las vctimas. En +igual caso se hallaban las sobrinas de esta seora y las dos hijas +menores de Gamboa; pero stas tuvieron siquiera el arbitrio de +refugiarse en el patio. All las seguan Meneses, Cocco y Leonardo, a +tiempo que don Cndido llam a este ltimo y le orden acompaase al +mdico al hospital y se informase menudamente de lo ocurrido con el +preso. En conversacin ntima a poco con el cura y el capitn, agreg:</p> + +<p>—Quiero acostumbrarle (a su hijo) a estas cosas desde temprano, porque +yo maana o esotro da me muero y l por necesidad habr de reemplazarme +en el manejo del caudal; sobre todo en la administracin de esta finca, +que por ms de un motivo le pertenece. Este ha de ser su mayorazgo.</p> + +<p>De aquel mandato imperioso de don Cndido naci el que Leonardo, +repugnndole y todo la visita, ya que no le era dado desobedecer, ni +excusarse tampoco, pretendiera le acompaasen sus amigas y hermanas. +Cedieron stas sin dificultad, lo mismo que Rosa, tanto ms cuanto que +se brindaron a ir de la mejor gana Meneses y Cocco. Isabel de pronto se +neg; mas instada y reflexionando que tal vez habra ocasin de ejercer +en aquella visita uno de los actos de misericordia, cedi tambin, y +cuando sala del brazo con Leonardo, dijo al paso a doa Rosa en tono +amable y risueo:—Me llevan.</p> + +<p>—Bien hecho, repuso doa Rosa.</p> + +<p>—Buena pareja! dijo doa Teresa, la mujer del capitn Pea, a tiempo +que Leonardo e Isabel descendan por las gradas del prtico al batey.</p> + +<p>—Hermosa! dijo doa Nicolasa, la mujer de Moya.</p> + +<p>—No crees, Rosa, (dijo don Cndido a la suya al pao, concordando +mentalmente con la oportuna observacin de aquellas dos mujeres), cada +vez ms acertada la idea de casar cuanto antes a Leonardo con Isabel?</p> + +<p>—S, contest doa Rosa distradamente.</p> + +<p>—A ella la tengo por una buena cosa. Y se conoce que est enamorada de +Leonardo. Luego el matrimonio es un freno...</p> + +<p>No saba don Liborio contar de <i>clamo currente</i><a name="FNanchor_46_46" id="FNanchor_46_46"></a><a href="#Footnote_46_46" class="fnanchor">[46]</a> ms de una decena. +Pero tena feliz memoria y era buen fisonomista; de modo que, +exceptuando los siete esclavos prfugos, ocho enfermos en el hospital y +los veintiocho adscritos a las diversas dependencias de la finca, +carpinteros, albailes, herreros, mozos de cuadra y sirvientes, los +dems, hasta el nmero de 306, varones, hembras, solteros, casados, +grandes y chicos, no le qued gnero de duda que uno tras otro haban +pasado por delante de sus ojos y entrado en el barracn. Satisfecho +sobre este particular cerr la portada, pas el cerrojo horizontal de +figura de T, y le ech la llave; la cual, junto con el ltigo colg de +un clavo fijo en la jamba de la puerta de su casa, por la parte fuera, +debajo del colgadizo.</p> + +<p>Si hubiera ledo el <i>Quijote</i>, habra podido decir con el caballero +andante: Nadie las mueva, que estar no pueda con Roldn a prueba. +Porque al pie de esos smbolos del poder seorial cubano, lloviese, +ventease, hiciese calor o fro, dorman los feroces alanos del Mayoral y +ay del sin ventura que osase acercarse para desprender la llave o el +ltigo!</p> + +<p>Despus de comer solo, porque la familia estaba de visita en la +estancia, don Liborio a pie, con machete y pual al cinto, acompaado de +sus perros, se dirigi de prisa a reunirse con el mdico en el hospital. +Para llegar a l, all en los confines del plano o cuadrado donde se +haban erigido todas las fbricas del ingenio, haba que pasar por junto +al ngulo de un seto de piones que protega un caaveral en flor. All +los perros se separaron de su amo y en el vano empeo de traspasar el +obstculo, grueron, o ms bien gimieron de aquel modo que suelen cuando +husmean la presa cercana. Pero ya hemos dicho que el Mayoral estaba de +prisa, y sigui adelante llamando a sus perros.</p> + +<p>Apenas penetr en la enfermera, baj por la guardarraya al batey un +negro a caballo, lo atraves de un lado a otro, entr en el colgadizo de +la casa del Mayoral, observ bien por todas partes, vio que no haba luz +ni gente, y sin apearse de la yegua flaca y desvencijada que montaba en +pelo, cogi la llave, descorri con ella el pestillo de la cerradura y +la volvi a su sitio. Despus de esta hazaa, sigui a la casa de +vivienda y solicit ver a sus amos, los cuales, hallndose an en el +prtico, no tuvieron embarazo en recibirle.</p> + +<p>No se desmont, se desliz por los costados de la bestia al suelo no +teniendo estribo en que apoyar el pie. Su primer cuidado fue quitarse el +gorro de lana con que se cubra la cabeza, y hecho todo un arco su +cuerpo y tembloso, se ech de rodillas delante de doa Rosa, y en su mal +espaol dijo:</p> + +<p>—<i>La bendici, mi suamita.</i></p> + +<p>—Ah! exclam dicha seora algo asustada. Eres t, Goyo? Dios te haga +un santo. Cmo ests?</p> + +<p>—<i>Mala, mi suamita.</i></p> + +<p>—Qu te duele, Goyo?</p> + +<p>Contest con muchos rodeos y perfrasis ininteligibles las ms, que ya +le pesaba el cuerpo demasiado; que le faltaban las fuerzas y deseaba +descansar en el cementerio; que estaba muy viejo; que el padre de doa +Rosa le haba sacado del barracn de La Habana cuando esta seora no +haba nacido; que fue uno de los esclavos fundadores del ingenio <i>La +Tinaja</i>, uno de los primeros en derribar los montes con el hacha. Todo +esto, que se tena harto sabido la seora con quien hablaba, para +informarla, en medio de aspavientos y circunloquios, que saba donde se +hallaban ocultos algunos de los esclavos prfugos, quienes deseaban +presentarse desde que supieron que sus amos haban llegado de La Habana, +porque estaban casi seguros que no se les castigara por la falta +cometida, en gracia de ser la primera vez; mayormente si el guardiero, +que tan largos servicios haba prestado en la finca, peda perdn para +ellos a la seora.</p> + +<p>—Bien, dijo doa Rosa habiendo consultado con una mirada la opinin de +su marido. Est bien, Goyo. Ve. Di a tus ahijados que pueden presentarse +sin miedo; que por ti se les har justicia... Oyes?</p> + +<p>Con dirigirse a doa Rosa para pedirla el perdn de los prfugos, dio a +entender el guardiero que a lo menos poda concebir su cerebro dos ideas +bien definidas. La una, que juzgaba ms capaz de caridad el corazn de +doa Rosa, por el hecho de ser mujer, que el de don Cndido; la otra, +que siquiera por ama legtima del ingenio, pues le haba heredado de su +padre, haba de ser ella ms indulgente con las faltas de sus esclavos +que l, quien, aunque seor de hecho, no lo era de derecho.</p> + +<p>El pensamiento as expuesto parece demasiado abstruso para caber en la +cabeza de un negro doblemente estpido por sus largos aos de +esclavitud. Pero furalo o no en efecto, de esta manera fue como don +Cndido interpret el discurso del esclavo, hirindole en lo vivo, de un +lado, que prescindiera de l en su embajada; del otro, la odiosa +diferencia que marc entre ama y amo. Es que llova sobre mojado, como +suele decirse, y cogi la ocasin por los cabellos para vengarse del +insulto y recobrar, ante las personas testigos de la escena, la que l +crea rebajada dignidad del seor amo. En esta disposicin de nimo, y +cuando el anciano todo tembloso haca los mayores esfuerzos para ganar +de nuevo el lomo desnudo de su manssima yegua, dijo don Cndido:</p> + +<p>—Lindos estaramos si por el primer zopenco que se interpone, +hubisemos de perdonar, no ya slo las faltas ms graves, sino hasta los +delitos de nuestros esclavos.</p> + +<p>Mirole asombrada doa Rosa, y luego dijo con aparente calma:</p> + +<p>—Pues no estabas t de acuerdo con mi decisin?</p> + +<p>—Tal vez.</p> + +<p>—Luego...?</p> + +<p>—Luego es preciso que se haga justicia a esos bribones que osaron +fugarse cuando ms necesidad tenamos de sus servicios.</p> + +<p>—Qu entiendes, Gamboa, por hacer justicia?</p> + +<p>—Entiendo, repuso l con sorna, dar a cada quisque su merecido, +castigar cual se debe al que delinque.</p> + +<p>—Pero eso no sera hacer justicia.</p> + +<p>—Cmo que no? pregntale a tu hijo que estudia leyes, qu se entiende +por hacer justicia. Recuerda, si no, cmo rezan los edictos de los +fiscales de la comisin militar permanente que publica con frecuencia +<i>El Diario</i>. Yo, Fulano de tal, capitn del ejrcito por S. M., etc., +cito, llamo y emplazo por ste mi primer edicto, a Zutano de Cual, para +que se presente en la crcel pblica de esta ciudad dentro del +improrrogable plazo de tantos das, a descargarse de la culpa que le +resulta en la causa que le sigo por asalto y robo en despoblado o por +infidencia; cierto y seguro de que si compareciere dentro del trmino +sealado, <i>se le har cumplida justicia</i>... Oste? Cumplida justicia. +Me le s de memoria.</p> + +<p>—No creo yo que la comisin militar, o como se llame, castigue a todo +el que cita para hacerle justicia.</p> + +<p>—Tienes que creerlo, porque por fas o por nefas, as sucede. Cmo es +que por ms que le citen, llamen y emplacen, nadie se presenta de <i>motu +proprio</i>? Claro, porque lo de <i>hacer justicia</i> no pasa de ser jarabe de +pico. Puede ser el emplazado tan inocente como un recin nacido; con +todo, si le pillan, de seguro que mam crcel por tres o cuatro aos, y +ya esto es un castigo... que de buena gana le dara a todos los que me +quieren mal.</p> + +<p>—Bien, Cndido, est bien todo eso; el caso es que yo no habl en el +sentido que dices. En resumidas cuentas, promet el perdn que Goyo vino +a pedirme para sus compaeros.</p> + +<p>—Pues ah est el engao tuyo, Rosa. T no has prometido tal perdn ni +calabazas. Ni si hubieras prometido era posible cumplir...</p> + +<p>—Pero es que mi palabra est empeada.</p> + +<p>—Ese es el ajo, mi cara Rosa. En pocas palabras, t no has prometido +nada y tal fue lo que me propuse probarte para evitar mayores males. Por +el mero hecho de decir <i>se les har justicia</i> no se deduce que +prometiste el perdn, lisa y llanamente... sin condiciones.</p> + +<p>—S, pero Goyo creer otra cosa, creer que le he engaado.</p> + +<p>—Y qu importa el quedar mal con el negro en la apariencia? Nadie +tampoco guard lealtad con los desleales <i>a nativitate</i>.<a name="FNanchor_47_47" id="FNanchor_47_47"></a><a href="#Footnote_47_47" class="fnanchor">[47]</a></p> + +<p>—Tal vez no importe mucho por Goyo, que al fin es un negro viejo e +ignorante, y de seguro no me entendi. Pero, y mi conciencia, Cndido? +Mi intencin fue...</p> + +<p>—Tu intencin fue perdonar, la interrumpi don Cndido. Lo s. Por lo +que respecta a tu conciencia, aadi con exquisita irona, debe estar +ms tranquila y serena que una balsa de aceite, en este caso. Y si hay +en ello alguna culpa, chala sobre m. T sabes que el diablo las carga. +Quien sinti alguna vez escrpulos de conciencia respecto de lo que dijo +o no dijo, hizo o no hizo a los negros, ese santo varn, o esa santa +mujer no ha debido tener esclavos jams. Escrpulos de conciencia por +semejantes bestias! Ja! Ja!</p> + +<p>A este tiempo volvieron de la enfermera las seoritas y caballeros. El +mdico dijo que el negro haba recibido varias mordeduras de carcter +grave, no peligroso, en los brazos, antebrazos, canillas y carpos de las +manos y de los pies. Pareca desgarrada la epidermis de algunos de los +dedos de la mano derecha.—Pero por fortuna, agreg en su lenguaje +peculiar, los incisivos de la fiera no han interesado lo bastante para +romper ningn vaso principal y no hay temor de hematosis, aunque se ha +presentado la hemalopia consiguiente a la exasperacin fsica y moral, +bajo la cual viene laborando hace tiempo el enfermo. Esto es preciso +combatirlo con aplicaciones de sanguijuelas a las sienes; las que, de +paso sea dicho, habr que traer del pueblo, pues faltan en el botiqun +de la finca. Por lo que hace al ttano, fcil es que se presente +mediante a que el negro se ha mojado despus de recibir las heridas. Con +este motivo he dispuesto se le den unturas frecuentes de sebo y aceite +con unas cabecitas de ajo majadas. Puedo decir, sin embargo, que hasta +ahora no aparece daado ningn nervio...</p> + +<p>Leonardo fue ms conciso. Hablando con su madre, dijo de manera que lo +oyese su padre: que Pedro apenas le haba reconocido a l como su amo; +que estaba negado a declarar; que nada saba de sus compaeros; que, +como para intimidarle y obligarle a hablar le dijese don Liborio que +ahora s no se escapara del cepo y que ah le tendra hasta que doblase +el cogote, contest riendo que no haba nacido el hombre capaz de +sujetarle en ninguna parte contra su voluntad. Leonardo, lleno de +indignacin, le haba vuelto la espalda; y, cosa extraa, agreg ste, +luego que nos retirbamos, me llam para decirme que deseaba ver a su +amo, a pap.</p> + +<p>—Lo esperaba, murmur don Cndido alejndose. Hay tiempo maana; no me +molestar ahora por su seora.</p> + +<p>Si se hubiera pedido informe a las seoritas sobre lo que haban visto +en la enfermera, habran referido muy diferente historia de la relatada +por el mdico y Leonardo. Hubieran dicho que el Hrcules africano +tendido boca-arriba en la dura tarima, con ambos pies en el cepo, con +los hoyos cnicos de los dientes de los perros an abiertos en sus +carnes cenizosas, con los vestidos hechos trizas, por toda almohada para +descansar la cabeza, las palmas de las manos, a pesar de tener rasgados +los dedos y, necesariamente doloridos, Jesucristo de bano en la cruz, +como alguna de ellas observ, era espectculo digno de conmiseracin y +de respeto. Su arrepentimiento de haber concurrido a aquel lugar no +poda compararse sino con el dolor que experimentaron, singularmente la +piadosa Isabel, cuando se desengaaron que no podan hacer nada en +alivio de esta otra vctima de la tirana civil en su desventurada +patria.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_VIc" id="Capitulo_VIc"></a><span class="smcap">Captulo VI</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Los negros... Oh! mi lengua se resiste<br /> +A formular de su miseria el nombre!</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">D. V. Tejera</span></p></div> + + +<p>Por mostrar celo y actividad a los dueos, o por equivocar la hora +precisa, como se gui por el canto de los gallos, el Mayoral del ingenio +de <i>La Tinaja</i>, en la maana de Pascua, puso la <i>gente</i> en pie mucho ms +temprano de lo acostumbrado.</p> + +<p>Con el ltimo solemne taido de la campana, despus de tomar sendas +tazas de caf, de encender un tabaco y de armarse, descolg la llave, +llam a sus perros y se encamin a pie al barracn para abrir la reja de +hierro. Meti resueltamente la ponderosa llave en la cerradura, quiso +hacerla girar en la guarda y no pudo: Qu <i>demongo</i>! dijo para s. Aqu +han <i>andao</i>. Me parece que voy a dar ms cuero... que Dios toca a +juicio.</p> + +<p>Alumbr con el tabaco el ojo de la llave, dio media vuelta en sentido de +cerrar y oy distintamente correr el pestillo y entrar en el cerradero +del cerrojo.—Voto a Dios! exclam. Si estaba abierta la puerta y yo he +<i>so</i> tan caballo que la he <i>cerrao</i>. Va que la dej abierta anoche! +Estaba yo <i>bebi</i>, o loco, o <i>trastornao</i>? O ha <i>habo</i> aqu brujera? +Qu pasa, Liborio?</p> + +<p>Salan en aquel punto los negros de sus bohos y fue preciso que don +Liborio pensase en lo que haba de hacer con ellos. Descorrido el +cerrojo, se plant junto a la jamba de la puerta para verlos desfilar +uno a uno, segn tena ordenado. Por eso, aunque haca bastante oscuro, +pudo observar que una negra se parapetaba del compaero y quera pasar +desapercibida. Malicioso y vigilante, no necesit de ms para echrsele +encima, cogerla por un brazo y acercarle la lumbre del tabaco a la cara. +Con sorpresa mezclada de alegra vio que era la negra Tomasa suama, +prfuga haca entonces precisamente dos semanas. Mientras sujetaba sta, +apareci recatndose tambin Cleto gang, y tras l Julin arar, Andrs +bib y Antonio Macu, los cuales detuvo y coloc a un lado.</p> + +<p>As que pasaron todos los dems y que formaron en medio del batey, ech +por delante a los cinco presos y les orden hacer alto frente a frente +del centro de la fila, tanto ms larga cuanto que era sencilla. +Seguidamente empez el interrogatorio:</p> + +<p>—Venga ac, mam Tomasa, y dgame por <i>va</i> suyita, de <i>ande</i> viene +la nia ahora?</p> + +<p>—<i>De la monte</i>, contest ella imperturbable.</p> + +<p>—Oiga! Y qu fue a buscar al monte la nia Tomasa?</p> + +<p>—<i>Si...?</i></p> + +<p>—No lo diga. No se tome ese trabajo la nia; lo s: fue a <i>pajariar</i>. +Yo le dar pajareo. Pero, cmo es que se aparece ahora doa Tomasa +suama?</p> + +<p>—<i>Venga a presentarse a la suamos.</i></p> + +<p>—Bueno! <i>Asina</i> se hace. Pero por <i>ande dentraron</i> ustedes en el +barracn?</p> + +<p>—<i>Po la pueta.</i></p> + +<p>—Quin abri la puerta a la nia?</p> + +<p>—<i>Naide.</i> Tena la <i>pueta abieta</i>.</p> + +<p>Aqu se remat la paciencia del cmitre.</p> + +<p>—Conque estaba abierta la puerta, eh? Ah, pedazo de p...!</p> + +<p>Y sin ms ni ms la peg tan fuerte bofetn, que la tendi en el suelo +aturdida. Mientras ella se pona en pie, dirigi poco ms o menos las +mismas preguntas a los cuatro compaeros de la negra y obtuvo poco ms o +menos idnticas respuestas.</p> + +<p>—<i>Vrate</i>!,<a name="FNanchor_48_48" id="FNanchor_48_48"></a><a href="#Footnote_48_48" class="fnanchor">[48]</a> dijo a la esclava echndole garra por un hombro con el +objeto de derribarla de bruces.</p> + +<p>Mas ella joven, robusta y ya prevenida, se mantuvo firme y dijo:</p> + +<p>—<i>Sumec no me catiga, mi suama mi madrina.</i></p> + +<p>—Ja! Ja! djame rer. La seora tu madrina? Pues dile que se levante +de la cama y que venga a salvarte del bocabajo. Mira, negra de Barrabs, +vrate o te mato...</p> + +<p>—<i>Mata!</i> repuso ella con arrogancia.</p> + +<p>—Agrrala t. Tmbala t, grit el Mayoral, ya en el paroxismo de la +ira, a los compaeros de la esclava.</p> + +<p>Tres de stos obedecieron sin tardanza. Dos la cogieron por un brazo y +el otro por un pie, con lo que fue fcil hacerla perder el equilibrio y +dar con ella en tierra boca abajo.</p> + +<p>De presumir es que la misma ciega obediencia con que los tres se +prestaron a ejecutar la orden perentoria del Mayoral, excitara ms la +clera de ste respecto a Julin arar, que pareca dispuesto a +desobedecer. Midiole don Liborio de alto a bajo con ojos en que se +trasluca algo de la rabia que le dominaba, no poco de sorpresa y un +mundo de recelos, porque era amenazadora la actitud del negro y, como la +mayora de sus compaeros all presentes, estaba armado de machete corto +o calabozo y azadn. Vino a comprender entonces que haba andado algo +imprudente, y que estaba perdido como flaquease en el momento crtico. +As que, haciendo de tripas corazn, grit con ms aparente bro que +nunca:</p> + +<p>—Y t qu haces, perro? Por qu no metes mano? Dobla el lomo... +(soltando uno de los ternos que acostumbraba, a falta de mejor +expletivo).</p> + +<p>Acompa, adems, las palabras con tan fuerte garrotazo con el mango del +ltigo en la cabeza del esclavo, que le hizo titubear y caer luego de +rodillas a los pies de Tomasa. Aun all, abatido y todo, no dio muestras +Julin de que iba a obedecer; antes temiendo el Mayoral que se recobrara +del golpe y se pusiera de nuevo en pie, agreg:</p> + +<p>—Sujeta por la pata a esa grandsima p... o vive Dios! que te muelo a +palos.</p> + +<p>Y por va de apremio le asest un segundo garrotazo, que no por ms +fuerte que el primero, sino porque quizs acert a darle en lugar donde +el cabello lanudo no protega completamente el crneo, le dividi la +piel como con un cuchillo y brot un chorro de sangre de la herida. +Julin a tientas apoy la mano abierta en la garganta del pie de su +compaera, y... empez el bocabajo.</p> + +<p>Tan singular conducta de parte de aquel negro en tales circunstancias, +habra llamado la atencin imparcial de persona menos estpida o menos +cegada por la pasin que don Liborio; habra inspirado consideracin, ya +que no respeto, en toda alma noble y generosa; habra excitado siquiera +la curiosidad de averiguar el origen de un sentimiento que no dejaba de +ser bello porque se abrigase en el pecho de un hombre semi-salvaje.</p> + +<p>Varias circunstancias, adems, concurran en el caso del negro y de la +negra, que servan para explicar la conducta de ambos en estos momentos +de prueba. Y es de creerse que porque estaba al cabo de ellas don +Liborio, mostraba tanta saa con la pareja. Julin y Tomasa eran poco +ms o menos de la misma edad; joven, robusta, agraciada ella; joven, +atltico y gallardo l; procedan del mismo pas en frica; se tenan +por paisanos o carabelas, segn dicen. Qu extrao sera que se amasen?</p> + +<p>Tomasa, por su juventud, alegre humor y buena presencia era la favorita +de sus camaradas y de los empleados blancos de la finca. La esclavitud +no pesaba tanto para ella, ni tena motivo para quejarse de su suerte, +comparativamente hablando. Por qu se haba fugado? Pareca claro: por +seguir a Julin, que, arrastrado por Pedro, su padrino de bautismo, el +cabecilla del motn, adopt esa malhadada resolucin. Hizo ms Tomasa: +luego que cay prisionero Pedro, del modo trgico referido, recab de +Julin el que se presentase y solicitase perdn de los amos por medio de +Caimn, que ellos saban tena ascendiente en doa Rosa.</p> + +<p>Para mayor abrigo, llevaba don Liborio atado a la cabeza un pauelo de +algodn, dos puntas de la lazada del cual le caan por detrs, y encima +se haba encasquetado el sombrero de paja. Traa la camisa suelta por +fuera o faldeta, el pual en la cinta y el machete en su puesto, +asegurado con una faja de lienzo blanco. Apoy la mano izquierda en la +empuadura, y con la extremidad del mango del ltigo arroll las faldas +del vestido de la esclava hasta ms arriba de las caderas y solt la +trenza del cuero crudo, que haba sujetado en el hueco de la misma mano +derecha. Todo esto por su orden, bien calculado con calma y formalidad, +como quien no tena prisa, antes se propona saborear goce exquisito, a +cuyo efecto no deba precipitar los sucesos.</p> + +<p>Clareaba el horizonte por el este con las pursimas luces del alba. +Descargado el primer latigazo con el aplomo y tino de quien posee brazo +experimentado y de hierro, pudo convencerse el Mayoral que la <i>pajuela</i> +o punta de camo torcida y nudosa, con chasquido peculiar, haba +trazado un surco ceniciento en las carnes de la muchacha. Enseguida +descarg otros y otros en ms rpida sucesin hasta saltar pedazos de +la piel y fluir la sangre; sin que a todas stas la vctima exhalase una +queja, ni hiciese otro movimiento que contraer los msculos y morderse +los labios.</p> + +<p>As tuvo un desfogue momentneo la ira del Mayoral, mas el estoicismo de +la muchacha le priv en mucha parte del placer que se prometa al +azotarla. El dolor, sensacin fatal en todo ser animado, no la redujo, +como l esperaba, al extremo de pedir perdn a su verdugo. Por eso, y +porque deseaba concluir antes de salir el sol, encomend a los dos +contramayorales el castigo de Julin y de sus compaeros, contentndose +l con observarlos de cerca para hacerles apretar la mano cada vez que +por compasin o por otro motivo cualquiera supona que no daban bastante +recio. Tan pronto como se despachaba uno, le haca lavar la llaga con +orines en que se haban echado de antemano unas puntas de tabaco, a fin +de evitar el <i>pasmo</i> o ttano, ordenando que los herreros les pusieran +los grillos que para eso se hicieron venir de la mayordoma de la finca. +Por lo que respecta a Julin, que se haba desmayado dos o tres veces, o +por el rigor del castigo, o por la prdida de la sangre, juzg prudente +fuese trasladado a la enfermera para que le curasen la herida de la +cabeza. A los dems penados, impedidos por el peso de los grillos y el +dolor de los crueles azotes, los oblig a trabajar, junto con los +restantes negros, en el <i>chapeo</i> de las guardarrayas alrededor del +<i>casero</i> del ingenio, que fue la <i>fajina</i> que desde el principio se +propuso sacar don Liborio.</p> + +<p>—Escuchas, Cndido? dijo doa Rosa entre sbanas a su marido. Me +parece que oigo el cuero. Temprano ha madrugado hoy don Liborio.</p> + +<p>Dorma profundamente don Cndido para que le despertase la msica de los +latigazos de su Mayoral, no obstante que por el vigor con que los +descargaba y la calma de la naturaleza, resonaban por millas a la +redonda. Pero repetida la pregunta a sus odos, entre bostezo y bostezo, +contest luego con esta otra:</p> + +<p>—Qu tengo de or, Rosa?</p> + +<p>—El <i>cuero</i> del Mayoral. Ni que fueras sordo.</p> + +<p>—Ya, ya. Como que oigo algo. S. Est castigando. Y qu?</p> + +<p>—Alabo tu sangre fra. Aparte de otras cosas, te parece poco habernos +quitado el sueo tan temprano? De seguro voy a tener hoy un dolor de +cabeza de los bravos. Me ha puesto nerviosa ese maldito hombre. Lo peor +es que voy creyendo que el tal don Liborio no tiene ni pizca de +consideracin con nosotros. Nunca me gust su cara de bandolero.</p> + +<p>—Y qu queras que hiciera el hombre?</p> + +<p>—Lo que toda persona decente hubiera hecho en su lugar. Irse a otra +parte, lejos de la casa de vivienda a castigar los negros, si es que han +cometido una gran falta y no poda dejar el castigo para luego.</p> + +<p>—Quizs no ha podido remediarlo. Los negros a veces se empean en que +los azoten y fuerza es darles gusto o se expone uno a que se le vayan a +las barbas. Tambin suele convenir en muchos casos que la pena siga al +delito sobre la marcha para que surta el debido efecto.</p> + +<p>—Pero t no sabes mejor que yo la causa de este escndalo tan de +madrugada?</p> + +<p>—La supongo, Rosa, y es lo mismo. Me basta saber que los negros se le +cayeron de las uas al diablo.</p> + +<p>—Sean o no malos los negros en general, y los nuestros en particular, +la verdad es que don Liborio no para la mano desde ayer. Y si esto hace +estando nosotros aqu, qu no ser cuando estamos lejos? Crucifica +vivos a los negros.</p> + +<p>—Pues t le celebrabas anoche de hombre recto, y...</p> + +<p>—Qu queras que dijera delante de la gente? Por dentro estaba que me +coma los hgados. Tambin no haba l enseado todas las uas. Mas ya +esto es demasiado. Qu no sabr el muy bestia que tenemos visitas? Qu +dir Meneses, joven instruido, casi extrao para nosotros, no +acostumbrado a estas escenas? Lo menos que se figurar es que ste es un +presidio, el Vedado, y que somos de alma negra...</p> + +<p>—No te d cuidado por el mozo, dijo don Cndido. Apostara cualquier +cosa a que duerme a pierna suelta, arrullado con la msica de los +latigazos...</p> + +<p>—S, pero ahora que me acuerdo, qu dir Isabelita si ha despertado? +Por fuerza que ha de haber despertado. Deben orse los cuerazos en el +muelle de Tablas. Resuenan en mis odos como caonazos. Vea Vd.; y esa +muchacha que es tan delicada, tan enemiga de los castigos. No ser mucho +que de esta hecha rompa con tu hijo, creyendo que sus padres son dos +verdugos y que l le ha bebido los vientos. Lo sentira por ti que ests +tan empeado en que se casen...</p> + +<p>—Poco a poco, mi cara Rosa, la interrumpi don Cndido con ms viveza +que de costumbre. Hablas cual si no aprobaras el matrimonio en proyecto.</p> + +<p>—De dnde has sacado t que yo lo apruebo?</p> + +<p>—Hombre! Hasta habamos acordado el da de la boda, poco ms o menos.</p> + +<p>—T has arreglado eso, yo no. Si consiento en el matrimonio no es que +lo apruebo de corazn, no es que me empeo en que se casen. Por una +parte, no podr aprobar nunca que mi hijo querido deje mi abrigo y se +vaya a vivir en otra casa. Por otra parte, no conozco mujer bastante +buena para mi Leonardo. Ni Isabelita, a quien tengo por una santa, ni la +diosa Venus que bajara de nuevo a la tierra, me parecera digna de l. +Si consiento en que se casen (todava puede que se arrepientan) es por +ti, es porque no te cansas de repetirme y cantaletearme noche y da que +el mozo se va a perder, que tendr mal fin, que es preciso sujetarlo, +que es muy enamorado (el pobrecito hasta ahora no ha mirado sino para +Isabel), que asoma inclinaciones bajas... Me pones la cabeza tamaa con +tales ageros, me asustas y digo para m: no es mal sastre el que conoce +el pao: tal padre, tal hijo, y desaprobando, doy el consentimiento. El +es un nio todava, necesita de mis caricias; pero t eres implacable, +quieres casarlo y te saldrs con la tuya. Se casar, si es que la +muchacha no se vuelve atrs... A veces creo contigo que el matrimonio es +un freno, aunque si hemos de juzgar por ti... las mayores locuras las +has cometido despus de casado, y sabe Dios...</p> + +<p>—En esto haba de venir a parar la cerrazn, volvi a interrumpir don +Cndido a su mujer. Ms vale as. Al fin te has distrado y dejado en +paz a don Liborio.</p> + +<p>—Lo que es a ese pcaro no parar hasta botarlo...</p> + +<p>—Sera mala poltica despedir a don Liborio a raz de haber castigado +con mano fuerte las desvergenzas de los esclavos. A dnde ira a parar +el prestigio de la autoridad? El Mayoral representa aqu el mismo papel +que el coronel delante de su reglamento, o que el capitn general +delante de los vasallos de S. M. en esta colonia. Cmo, si no, se +conservaran el orden, la paz ni la disciplina en el ingenio, en el +cuartel o en la Capitana General de la isla de Cuba? Nada, Rosa, el +prestigio de la autoridad lo primero.</p> + +<p>—De manera, repuso doa Rosa con la lgica parda de las mujeres, que +por conservar el prestigio de la autoridad de don Liborio vas a dejar +que acabe con los negros?</p> + +<p>—Acabar con los negros! repiti don Cndido fingiendo sorpresa. No +har tal, por la sencilla razn de que de ellos est llena el frica.</p> + +<p>—All se pueden estar todos los negros del mundo; el caso es que cada +vez se dificulta ms la reposicin de los que se pierden por causa de +los ingleses.</p> + +<p>—Tampoco es eso como suena, Rosa. Aparte de que por un bocabajo ms o +menos no se muere negro ninguno, rete de que los ingleses lleguen a +impedir la trata al punto de hacer escasear los brazos. Ya ves cmo les +pasamos por los bigotes los de la ltima partida del <i>Veloz</i>, +hacindoles creer que eran ladinos de Puerto Rico.</p> + +<p>—Contina el cuero, Cndido. Es preciso averiguar qu es eso. Haz que +venga el Mayordomo. Levntate, dispn alguna cosa.</p> + +<p>—Ah llaman. Dile a Dolores que pregunte entre tanto me visto.</p> + +<p>Esta dorma en el cuarto inmediato con las seoritas. A las voces de su +ama se asom a un postigo y dijo:</p> + +<p>—Es Tirso, con el caf para el amo y para Seorita.</p> + +<p>—Pregntale qu pasa all por el batey, dijo sta a la esclava. Qu +da de ascuas se nos depara! Y luego la mala noche... y el bochorno! +Qu prestigio de autoridad ni qu calabazas! Al infierno con don +Liborio!</p> + +<p>Inform Tirso, temblando del fro o del miedo, que se haban aparecido +los negros fugados, que el Mayoral los estaba castigando y que haba +matado a Julin porque no haba querido <i>virarse</i>.</p> + +<p>—No te lo deca? dijo doa Rosa. Ni siquiera ha respetado que yo les +serva de madrina.</p> + +<p>—Probable es que l no lo supiera.</p> + +<p>—Ellos han debido decrselo.</p> + +<p>—No los ha credo sobre su palabra. Adems, Tirso miente como un +bellaco. Me levantar, sin embargo, por darte gusto. Cuando se te pone +una cosa en la cabeza, eso ha de ser.</p> + +<p>—Me da no s qu tu santa calma. Te estn matando a los negros y no +corres. Cmo si no costaran dinero!</p> + +<p>—Ahora s que has hablado como un Salomn, dijo don Cndido saliendo al +prtico.</p> + +<p>Segn es de suponer, mucho antes que de costumbre estaban en movimiento +toda la familia y las visitas en la casa de vivienda del ingenio de <i>La +Tinaja</i>. El sitio que ofreca ms desahogo y sombro era el prtico, y +all acudieron todos. El sol hera la casa por la espalda, proyectando +la sombra por largo trecho adentro del batey donde, entre las ocho y las +nueve de la maana, se hallaba tendida la dotacin de esclavos de la +finca, en su traje ordinario, sucio y harapiento.</p> + +<p>Acercose don Liborio al prtico a caballo, se desmont, le at por el +ronzal a la barandilla y ascendi la escalinata hasta situarse en el +ltimo escaln. Desde all, quitndose respetuosamente el sombrero, +salud a la compaa en general, y en particular a doa Rosa, quien, +sentada con mucha gravedad en el silln ms conspicuo, cual reina en su +trono, y rodeada de sus hijas y amigas, contest con un murmullo +inaudible. No poda perdonarle esta seora a aquel hombre el mal rato, +si es que don Cndido se haba dado por satisfecho despus de orle el +relato parcial de lo sucedido por la madrugada.</p> + +<p>Las criadas al inmediato servicio de la familia presenciaban el +espectculo desde la puerta de la sala, y doa Rosa, por conducto de la +ms anciana, hizo decir al Mayoral que llamara a los dos +contramayorales. Venidos, hicieron la genuflexin de costumbre en +presencia de sus amos, cruzndose de brazos y permaneciendo en silencio, +cual dos estatuas de piedra negra. El aire de dignidad con que se +presentaron aquellos dos hombres, indicaba claramente que no eran +congos. Eran lucumes, raza guerrera del frica y est dicho todo.</p> + +<p>—Qu tal les va? fue la primera pregunta que les dirigi doa Rosa.</p> + +<p>Se miraron el uno al otro y de soslayo a don Liborio, como si se +animaran mutuamente a decir algo, o dar algn desahogo a su espritu +atribulado. Adivin doa Rosa el motivo del embarazo de sus esclavos: se +moran por hablar, mas temerosos de las consecuencias, por la presencia +del Mayoral, juzgaron ms cuerdo callarse. No necesit ella de ms para +hacerles salir de su reserva. Cambi la pregunta.</p> + +<p>—Tienen bastante comida?</p> + +<p>—S, <i>siora</i>, contestaron a una sin titubear.</p> + +<p>—Mucho trabajo?</p> + +<p>—No, <i>siora</i>.</p> + +<p>—Estn Vds. contentos?</p> + +<p>Volvi a sucederse la escena mmica de antes. Despus de mirarse el uno +al otro, y de reojo al Mayoral, que empezaba a manifestar bastante +inquietud, quizs se dispona el ms viejo de los dos a hacer la breve +cuanto dolorosa relacin de sus trabajos y miserias, cuando don Cndido +los ataj ordenando en alta voz que les entregaran la ropa nueva trada +de La Habana para regalo de Pascua de la dotacin del ingenio.</p> + +<p>Constaba cada muda para los varones, de camisa de caamazo o rusia, nada +cumplida, pantaln de lo mismo, gorro y frazada de lana; para las +hembras, de una como camisa talar llamada tnica, tambin de rusia, +pauelo de algodn de colores y frazada. Estas piezas constituan lo que +en lenguaje marino de Cuba se entenda por la <i>esquifacin</i> de los +negros que trabajan en el campo.</p> + +<p>Buena dosis de soberbia haba en el carcter de doa Rosa, no siendo de +aquellas mujeres a quienes es fcil desviar de sus propsitos con +subterfugios ni sutilezas dialcticas. La mera suposicin de que don +Cndido, con achaque de proteger el prestigio de la autoridad investida +en el Mayoral, tenda a rebajar sus derechos de ama, delante de personas +extraas, bast a poner espuelas a su deseo de afirmarlos, y de un modo +sealado. En tal virtud, no bien se retiraron los contramayorales +cargados con las esquifaciones para ellos y sus compaeros, siempre por +medio del Mayoral hizo comparecer en su presencia al negro que +denominaban Chilala. Acercose despacio y con bastante trabajo, clamando, +como le estaba ordenado:—Aqu va Chilala, cimarrn.</p> + +<p>As que deposit la masa de hierro en el piso del prtico, se arrodill +delante de doa Rosa, cruz los brazos sobre el pecho, y con gran +humildad en su peculiar lenguaje, dijo:</p> + +<p>—<i>La bendici, mi suama sumec.</i></p> + +<p>—Dios te haga un santo, Isidoro, contest doa Rosa amablemente. +Levntate.</p> + +<p>—<i>Asi ta mij mi suama sumec.</i></p> + +<p>—Por qu te huyes, Isidoro? le pregunt el ama en tono compasivo.</p> + +<p>Extrema era la flacura de este esclavo. Apenas tena otra cosa que +huesos y nervios. Luego, el color rojizo de sus cabellos, la palidez +cenicienta del rostro, su mirar vagaroso e inquieto, comunicaban a su +semblante una expresin de azoramiento como de animal montaraz.</p> + +<p>—<i>Ah, mi suama sumec!</i> exclam dando un suspiro. <i>Tlabaja, tlabaja; +poco coma; no conuca; no cuchina; no muj: cuera, cuera, cuera...</i></p> + +<p>—De modo, replic doa Rosa con mucho reposo y cierta sonrisa de +satisfaccin, de modo que si te acortan el trabajo y te dan mejor +comida y un conuco, y un cochino, y mujer con quien casarte y no te +castigan tanto, t no te huyes ms y te portas bien?</p> + +<p>—Si, <i>si, mi suama sumec. Chilala no juye ma: Chilala tlabaja; +Chilala fino, fino</i>.</p> + +<p>—Pues bien, Isidoro, ya que t me prometes que no te huirs ms y que +te portars como hombre formal, har que no te castiguen tanto, que no +te hagan trabajar mucho, que te den bastante comida, y un cochino, y un +conuco, y mujer con quien casarte. Ests contento?</p> + +<p>—<i>S, siora, mi suama sumec; Chilala contente, mu contente.</i></p> + +<p>—Ms todava quiero hacer por ti, segura de que no me has de engaar. +Don Liborio, aadi en tono alto e imperioso: qutenle ahora mismo los +grillos a este negro.</p> + +<p>La larga esclavitud, la ignorancia crasa en que haba vivido, el +dursimo trato del ingenio, nada haba podido borrar la sensibilidad, el +sentimiento de la gratitud en el pecho del esclavo. Costole trabajo y +esfuerzo de imaginacin entender lo que su ama le deca; mas tan luego +como entendi que iban a quitarle los grillos, faltndole las palabras +apel a las demostraciones para expresar su inmenso agradecimiento. Se +ech de bruces a las plantas de doa Rosa, cual lo hiciera delante de un +fetiche en su pas natal, y con grandes aspavientos y exclamaciones +incoherentes de una alegra loca, bes muchas veces el suelo que ella +haba hollado.</p> + +<p>En todo son extremadas las mujeres de la ndole de Isabel: o aman, o +aborrecen; las medias tintas de sus pasiones se quedan para casos raros. +En las pocas horas de su estada en el ingenio, haba podido observar +cosas que, aunque odas antes, no las crey nunca reales y verdaderas. +Vio, con sus ojos, que all reinaba un estado permanente de guerra, +guerra sangrienta, cruel, implacable, del negro contra el blanco, del +amo contra el esclavo. Vio que el ltigo estaba siempre suspendido +sobre la cabeza de ste como el solo argumento y el solo estmulo para +hacerle trabajar y someterle a los horrores de la esclavitud. Vio que se +aplicaban castigos injustos y atroces por toda cosa y a todas horas; que +jams la averiguacin del tanto de la culpa preceda a la aplicacin de +la pena; y que a menudo se aplicaban dos y tres penas diferentes por una +misma falta o delito; que el trato era inicuo, sin motivo que le +aplacara ni freno que le moderase; que apelaba el esclavo a la fuga o al +suicidio en horca como el nico medio para librarse de un mal que no +tena cura ni intermitencia. He aqu la sntesis de la vida en el +ingenio, segn se ofreci a los ojos del alma de Isabel, en toda su +desnudez.</p> + +<p>Pero nada de esto era lo peor; lo peor, en opinin de Isabel, era la +extraa apata, la impasibilidad, la inhumana indiferencia con que amos +o no, miraban los sufrimientos, las enfermedades y an la muerte de los +esclavos. Como si a nadie importara su vida bajo ningn concepto. Como +si no fuera nunca el propsito de los amos corregir y reformar a los +esclavos, sino meramente el deseo de satisfacer una venganza. Como si el +negro fuese malvado por negro y no por esclavo. Como si tratado como +bestia se extraara que se portara a veces como fiera.</p> + +<p>Cul poda ser la causa original de un estado de cosas tan opuesto a +todo sentimiento de justicia y moralidad? Tendra el hbito o la +educacin, fuerza bastante para sofocar en el corazn, sobre todo de la +mujer, el sentimiento de la piedad? La costumbre de presenciar actos +crueles sera capaz de encallecer la sensibilidad natural del hombre y +de la mujer ilustrada y cristiana? Tena algo que ver en el asunto la +antipata instintiva de raza? No estaba en el inters del amo la +conservacin o la prolongacin de la vida del esclavo, capital viviente? +S lo estaba, a no quedar gnero de duda; pero eso tena de perversa la +esclavitud, que poco a poco e insensiblemente infiltraba su veneno en +el alma de los amos, trastornaba todas sus ideas de lo justo y de lo +injusto, converta al hombre en un ser todo iracundia y soberbia, +destruyendo de rechazo la parte ms bella de la segunda naturaleza de la +mujer: la caridad.</p> + +<p>Repasando Isabel todas estas cosas en la mente, mientras los dems +contraan su atencin a las escenas que se representaban en el prtico y +en el batey, la ocurri preguntarse:—Por qu quiero yo a Leonardo? +Qu hay de comn entre mis ideas y las suyas? Llegaremos alguna vez a +ponernos de acuerdo sobre el trato que ha de darse a los negros? +Suponiendo que sobre este particular cupiera concordancia entre +nosotros, me resignara a seguirle a este infierno? Y siguindole, +vera yo, cual doa Rosa, con impasibilidad, los horrores e injusticias +que aqu se cometen da y noche impunemente?...</p> + +<p>En este punto del soliloquio de Isabel, empezaba doa Rosa a mostrar el +lado bello de su carcter, que aqulla ni muchas otras personas an +haban visto. Como va dicho, a su voz cayeron las prisiones del ms +infeliz, por humilde, de sus esclavos. Y una vez empeada en esta lnea +de conducta, la prosigui hasta el fin. Era que la impelia la especie de +fiebre que produce el deseo de las buenas o las malas acciones, y +proceda a ciegas en la obra del bien. An tena de bruces a sus pies a +Isidoro, cuando orden se quitaran los grillos a los seis compaeros del +mismo, y no contenta con esta trascendental medida, hizo comparecer a su +presencia a Tomasa y a los tres castigados por la madrugada; oy con +paciencia sus quejas, les dio algunos consejos, los consol cuanto pudo +en aquellas circunstancias y acab por decir en tono airado:—Contra mi +voluntad y expreso mandato los han azotado a Vds hoy. Ea, don Liborio!, +qutenle los grillos a estos negros.</p> + +<p>Fuera el que fuese el motivo secreto que impela a doa Rosa a reasumir +<i>coram populi</i><a name="FNanchor_49_49" id="FNanchor_49_49"></a><a href="#Footnote_49_49" class="fnanchor">[49]</a> la autoridad domnica en su ingenio de <i>La Tinaja</i>, +los actos piadosos con que la afirm produjeron honda y sincera +impresin en el nimo de la concurrencia. Los hombres aprobaron y +aplaudieron; las mujeres, conmovidas, derramaron lgrimas de alegra. A +los ojos de Isabel, la seora de Gamboa se transfigur, pasando de +golpe, all en su noble corazn, de las profundidades del desprecio a la +ms alta cima de la admiracin. La vio entonces la ms hermosa y buena +de las mujeres. La hubiera estrechado en sus brazos con el mismo cario +que sola estrechar a su madre sana y risuea tras das y horas de +ausencia; la hubiera adorado de rodillas con el mismo fervor que el +primer esclavo, objeto de la piedad del ama, la haba mostrado su +agradecimiento.</p> + +<p>—Qu dulce es, exclam, perdonar las faltas de aquellos que dependen +de nosotros! Para esto nicamente es una dicha ser ama de esclavos! Y +dio a llorar ya sin fuerzas para dominar su emocin.</p> + +<p>—Qu! Llora Vd., seorita? la pregunt el cura compadecido.</p> + +<p>—No me es dado, contest ella sollozando, contemplar las acciones +generosas y caritativas con los ojos enjutos.</p> + +<p>—Muchas ms lgrimas derramara Vd. tal vez por motivos opuestos, si +continuase en el ingenio.</p> + +<p>—No me parece que pudiera vivir aqu mucho tiempo.</p> + +<p>—Seorita, observ el cura admirado de tanta sensibilidad y discrecin: +veo que no es Vd. de carne y de los huesos de los amos de esclavos.</p> + +<p>—No, no lo soy. Si me viera en el caso forzoso de escoger entre ama y +esclava, preferira la esclavitud, por la sencilla razn de que creo ms +llevadera la vida de la vctima que la del victimario.</p> + +<p>Adela, en su entusiasmo, rode el cuello de su madre con los brazos, +imprimi una porcin de amorosos besos en sus mejillas y la dijo:</p> + +<p>—Pues que es hoy da de perdones, llamo a...? No dio el nombre en voz +alta.</p> + +<p>—Quin? pregunt doa Rosa torciendo el ceo.</p> + +<p>Con mayor timidez que antes repiti Adela al odo de su madre el nombre +reprobado.</p> + +<p>Cambi doa Rosa de repente de semblante y de actitud, pasando del +fervor piadoso a la seriedad y... a la ira.</p> + +<p>—No, no. Ella no merece perdn... Tampoco se ha dignado pedrmelo.</p> + +<p>—Ah cerca est para pedrtelo. Slo aguarda mi aviso.</p> + +<p>—No, no, hija. Que no se me presente. Me hara arrepentir de lo que he +estado haciendo. No, que no se me presente.</p> + +<p>Alejose Adela del lado de su madre afligida y llorosa.</p> + +<p>Enseguida se procedi al bautizo de los 27 negros bozales de la +expedicin del bergantn <i>Veloz</i> que le tocaron en suerte a don Cndido +Gamboa; luego al casamiento de tres o cuatro esclavas, cuya voluntad no +se explor ni por mera forma; en fin, se dio permiso para que hubiera +tambor (baile) en la finca hasta la puesta del sol.</p> + +<p>Por disposicin de doa Rosa, el boyero tom interinamente el bastn, +quiere decir, el ltigo, mejor, el mando de los esclavos del ingenio de +<i>La Tinaja</i>.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_VIIc" id="Capitulo_VIIc"></a><span class="smcap">Captulo VII</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>15. En dnde, pues, est ahora mi +esperanza?</i></p> + +<p class="non"><i>16. A lo ms profundo del sepulcro +descendern mis cosas, crees t +que siquiera all tendr yo reposo?</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">Job.</span> XVII</p></div> + + +<p>Declinaba a toda prisa la tarde. All, por el rincn ms apartado del +batey, an se oa el rudo tambor con que los negros se acompaaban el +melanclico canto y el baile salvaje de su pas natal.</p> + +<p>Ac, por la casa de ingenio, haba gran agitacin y ruido. Las torres o +chimeneas de los hornos para hacer vapor y calentar las pailas del tren +Jamaiquino,<a name="FNanchor_50_50" id="FNanchor_50_50"></a><a href="#Footnote_50_50" class="fnanchor">[50]</a> lanzaban al aire columnas de humo negruzco y espeso.</p> + +<p>El bozal del maquinista, recin llegado del grantico Maine, en los +Estados Unidos de Norte Amrica, con la alcuza de cuello largo y corvo +en la mano, iba del trapiche para la mquina y de sta para aqul, +dando aceite a las juntas y ejes, a fin de moderar la friccin, causa +fatal de las prdidas de fuerza.</p> + +<p>Impaciente y desazonado el maestro de azcar, aguardaba la corriente del +guarapo que deba poner a prueba su habilidad en hacer ese dulce con +caa molida segn un nuevo sistema. Por su parte los negros del cuarto +de prima miraban recelosos y azorados los preparativos que se hacan +para resolver el problema de hacer azcar sin necesidad de las ariscas +mulas ni de los cachazudos bueyes.</p> + +<p>Se pona el sol, redondo y encendido cual bala roja, por detrs del +inmenso palmar del potrero, cuando invadieron la casa de calderas los +dueos de la finca, en compaa de su familia, amigos y empleados. +Guiaba la procesin el cura de Quiebra Hacha, revestido de la sotana y +el bonete de ceremonia. Marchaban a su lado dos caballeros conduciendo +cada uno un haz de caas, atados con cintas de seda blanca y azul, que +sujetaban por la punta cuatro seoritas. Llegados delante del trapiche, +murmur el cura una breve oracin en latn, roci los cilindros con agua +bendita, valindose para ello del hisopo de plata, los caballeros +colocaron enseguida las caas en el tablero de alimentacin y dio +comienzo la primer molienda con mquina de vapor el clebre ingenio de +<i>La Tinaja</i>.</p> + +<p>Ms tarde, o entre dos luces, se sirvi el banquete de tabla en la casa +de vivienda. En el intermedio de la comida a los postres vinieron a +avisar al mdico que su presencia era necesaria en la enfermera. Fue, y +volvi al cabo de media hora un si es no es cariacontecido, saliendo a +recibirle don Cndido con desusada solicitud para preguntarle:</p> + +<p>—Novedad, Mateu?</p> + +<p>—Novedad y gorda, seor don Cndido, contest el mdico con el mismo +laconismo.</p> + +<p>—Bien vengas, mal, si vienes slo, dijo don Cndido revestido de toda +su calma. Afuera con el embuchado.</p> + +<p>—Acaba Vd. de perder su mejor negro.</p> + +<p>—Sea todo por Dios. Cul?</p> + +<p>—Pedro carabal. Se ha suicidado en el cepo.</p> + +<p>—Bah! Ms ha perdido l que yo. Qu arma ha empleado?</p> + +<p>—Ninguna.</p> + +<p>—Cmo! Entonces ha hecho uso del dogal.</p> + +<p>—Menos. En pocas palabras, seor don Cndido, el negro se ha tragado la +lengua.</p> + +<p>—Qu me dice Vd.! Ahora menos lo entiendo!</p> + +<p>—Lo entender Vd., cuando le diga que este es un caso de asfixia por +causa mecnica.</p> + +<p>—Si creer Vd., doctor, que yo hablo el griego!</p> + +<p>—Dir a Vd., seor don Cndido. Ora haya hecho uso el negro de los +dedos, ora de un poderoso esfuerzo de absorcin, evidente es que, +doblando la punta de la lengua hacia dentro, empuj la glotis sobre la +trquea y qued sta obliterada, impidiendo la entrada y salida del aire +en los pulmones, o cesando la inspiracin y la expiracin. He aqu lo +que el vulgo llama tragarse la lengua, y que nosotros llamamos asfixia +por causa mecnica. Durante mis viajes a la costa del frica he tenido +ocasin de observar varios casos; pero en mi larga prctica de los +ingenios de la Isla, ste es el primero que se me presenta. Tal gnero +de muerte, lo mismo que el del ahogado, debe ser muy doloroso, peor que +el de estrangulacin en horca, porque no se produce la asfixia +instantneamente, sino por grados, en todo su conocimiento, y despus de +una agona atroz. Si hiciramos la autopsia del cadver, veramos que el +sistema venoso est ingurgitado de sangre de color negruzco muy oscuro, +lo mismo el pulmn y el cerebro.</p> + +<p>—A fe que no haba odo en mi vida semejante cosa, dijo Cndido. Vamos +a la enfermera.</p> + +<p>En esta excursin (no fue otra cosa) acompaaron a don Cndido sus +huspedes y algunos empleados. El Cura y el Capitn del partido +meramente por hacerle honor, pues para el primero ya haba pasado la +ocasin de ejercer su santo ministerio con el suicida; para el segundo, +ni antes ni despus de la muerte del esclavo habra tenido ocasin de +ejercer el suyo, mediante a que dentro de los lmites de sus haciendas o +dominios era <i>ipso jure</i> seor de horca y cuchillo don Cndido Gamboa.</p> + +<p>Dispuso ste retiraran el cadver del cepo. Horrorosa era su vista, +habiendo adquirido ya la rigidez de la muerte. Tendido de espaldas en la +tarima, su lecho de agona, an apretaba los bordes con los dedos +crispados. A consecuencia de las mordidas de los perros, tena hinchados +los brazos, las piernas y el levantado pecho; los ojos casi fuera de sus +cuencas e inyectados de sangre, de la cual estaban salpicadas sus ropas +en girones.</p> + +<p>Contribua a darle un aspecto feroz el tener la piel de la frente +arrollada desde la lnea de las cejas hasta el nacimiento de la pasa, y +zajadas las mejillas verticalmente desde el prpado inferior hasta la +orilla de la quijada, a usanza de la tribu en su pas natal. Parte de +esa costumbre era el aguzarse los dientes superiores, que dejaba ver a +travs de los labios entreabiertos, trabados con los de la mandbula +inferior: nueva prueba sta de la lucha entre la vida y la muerte. No +acusaba su semblante ms de 27 30 aos de edad; de modo que se hallaba +entonces en todo el vigor y desarrollo de su juventud.</p> + +<p>—Lstima de negro!, dijo Cocco.</p> + +<p>—Vala lo que pesaba en oro para el trabajo, dijo don Cndido +interpretando en su verdadero sentido la exclamacin del administrador +de <i>Valvanera</i>.</p> + +<p>—He ah la vera efigie de un salvaje africano, dijo el Cura. Dios tenga +piedad de su alma.</p> + +<p>—Debi haber sido ese negro la pura soberbia, dijo el Capitn Pea con +aire sentencioso.</p> + +<p>—Y dgalo, dijo Moya satisfecho, porque haba all uno que diera forma +a su pensamiento en aquel instante. Ms cachorro no ha <i>salo</i> de la +Guinea.</p> + +<p>—Ha muerto en su ley, dijo el gallego mayordomo de la finca. Dios no le +tome en cuenta sus muchos pecados.</p> + +<p>—Veamos lo que dice Mara de Regla, dijo don Cndido sin mirar de lleno +a la cara de la enfermera.</p> + +<p>Insensiblemente las personas que acababan de hablar se haban situado en +torno del cadver, que entonces alumbraba a medias con la vela de cera +amarilla, desde el pie de la tarima, la negra mencionada por don +Cndido. Ella, con los ojos bajos, dijo:</p> + +<p>—Le contar a mi seor lo que ha pasado.</p> + +<p>La precisin y claridad de las pocas palabras vertidas, junto con el +acento argentino y medido de su voz, pregonndola como mujer de talento +y de algn trato social, le ganaron desde luego la atencin de los +circunstantes. Posea ella ambas cosas en grado notable, relativamente a +su falta de escuela y a su condicin de esclava desde la cuna. A la +natural perspicacia y carcter dulce y simptico, combinados con un +exterior agradable y fino, se agregaba el haber servido de doncella a +sus primeros amos; teniendo ocasin de rozarse ms con stos y con las +personas decentes que visitaban la casa que con las ignorantes de su +misma condicin, y de aprender, no ya slo las maneras, sino el modo de +decir y de portarse en sociedad la gente blanca y educada. Frisaba en +los 36 40 de la edad, como la atestaban sus formas redondeadas y +voluptuosas. Dos medias lunas grandes de oro pendan de sus orejas, y +para ocultar las pasas, que detestaba, se cubra la cabeza con un +pauelo de algodn, dicho de Bayaj, atado con bastante gracia y +coquetera, a guisa de turbante turco. En el momento de que hablamos, su +aspecto y tono de voz revelaban mucho disgusto y tristeza.</p> + +<p>—Le contar a mi seor lo que ha pasado a mi vista, dijo ella cual si +hablara con el muerto y no con su amo. Pedro, desde que le pusieron en +el cepo, se neg a comer y hablar. Slo esta madrugada bebi un poco de +sambumbia, que le hice tragar, como quien dice, de por fuerza. El hambre +se aguanta, la sed no hay quien la entretenga siquiera, y l, por las +mordidas, deba de sentir una sed ardiente. Despus, como haca +veinticuatro horas que no pasaba bocado, como haba ya perdido mucha +sangre y se le haban inflamado las heridas, a pesar de las unturas que +orden el mdico, estaba muy dbil, irritado, no poda reconciliar el +sueo. Se calm un poco luego que apag la sed. Pero no ladraba un +perro, no cantaba un gallo, no se oan pasos de gente o de animales en +el batey sin que l se moviera, le crujieran los huesos en la tarima y +se pusiera a escuchar. Los primeros cuerazos de don Liborio esta +maanita le causaron un sobresalto grandsimo y no tuvo un momento de +reposo. A cada cuerazo se estremeca de pies a cabeza, lo mismito que +hace el caballo (y perdonen sus mercedes la comparacin) cuando le +quitan la silla despus de un largo viaje.</p> + +<p>Estoy segura, aadi la enfermera con cierta timidez, que ms le +dolieron los bocabajos a Pedro que a aqullos a quienes se los dieron. +Le entr una especie de furia. Murmuraba en su lengua palabras que yo no +entenda. Pareca loco. En esto trajeron a Julin ms muerto que vivo, +entre cuatro morenos. Pedro lo vio. Era su ahijado de bautismo y se +convenci de que estaban castigando a sus compaeros de fuga. Entonces +se remat. Estoy persuadida que si hubiera podido, hace aicos el cepo. +Le cog miedo. Trataba de sacar los pies de los agujeros; dej la cura +de Julin y me acerqu cuanto pude a la tarima de Pedro. Le encontr +sentado, mirando para todas partes, cual si esperara que vinieran por l +a cada rato para darle un bocabajo.</p> + +<p>Qu tienes, Pedro?, le pregunt. Qu sientes? qu te duele? qu +quieres? Me mir fijamente, dio un gran suspiro y dijo con la garganta, +no con la lengua:—<i>Lamo.</i> Llamo?, le pregunt. A quin llamo, al +mdico? Se qued callado. Di, Pedro, quieres que mande por el amo? +Abri tamaos ojos, ense los dientes y repiti: <i>Lamo, lamo... su +mercea</i>, concluy diciendo Mara de Regla con mayor timidez, sin +levantar la vista para don Cndido.</p> + +<p>Este no hizo ms que sonrerse ligeramente y la enfermera prosigui su +grfica narracin.</p> + +<p>Yo le contest: todava no, Pedro; todo el mundo duerme en la casa de +vivienda; velar, y as que salga el amo, le avisar que quieres verlo. +Duerme, descansa un rato. Por fortuna en aquella misma hora se oy +alejarse a la gente y Pedro dio un suspiro. No venan por l. Despus me +pareci intil avisar al amo. Estaban ocupados con la reparticin de las +esquifaciones, el bautismo de los bozales... Seorita estaba quitando +grillos y perdonando a todos; quin no creera que se haba pasado el +peligro? Pero en mala hora entr aqu don Liborio a buscar algo que se +le haba quedado anoche. Vena furioso. Dijo que lo haban botado por +culpa de Pedro, pero que no se quedara riendo el muy cachorro, pues +haba ordenado el seor don Cndido que le dieran un novenario luego que +se pusiera bueno, y que si l no tena el gusto de drselo se lo dara +el otro Mayoral. No se apareca el amo y Pedro crey que estaba bravo y +que don Liborio deca verdad. Desde este momento decidi quitarse la +vida. Me asom a la ventana para ver el baile de tambor por un instante, +cuando sent que Pedro se mova; volva la cara y not que se andaba en +la boca con los dedos. No pens nada malo, pero hizo un movimiento cual +si le entraran nuseas. Corr a su lado... Acababa de sacarse los dedos +de la boca, apretaba los dientes y procuraba agarrarse de la tarima con +las dos manos. Entonces le entraron convulsiones. Me dio horror; mand +llamar al mdico, y sin saber cmo ni cundo se me qued muerto entre +los brazos. As como est ahora le encontr el seor don Jos (el +mdico). Muchos he visto morir desde que estoy aqu, pero ningn muerto +me ha causado tanto horror.</p> + +<p>—Se explica la negra, dijo Cocco a don Cndido cuando salan de la +enfermera.</p> + +<p>—No sabe Vd., todas las letras menudas que tiene, repuso don Cndido a +media voz. He aqu la causa de su perdicin. Si fuese menos bachillera +estara quizs ms contenta con su suerte.</p> + +<p>—Pues qu, es mujer de aspiraciones?</p> + +<p>—Que si es! Demasiado. Apresurmonos no sea que perdamos el plus caf. +Luego Rosa extraar nuestra demora y no conviene todava que sepa la +muerte del negro.</p> + +<p>Conocidamente pasaba don Cndido por el carcter de la enfermera como +por sobre ascuas. No era indiferencia la suya, tampoco desdn, menos +desprecio: era miedo, puro miedo no fuera que se averiguase la posicin +en que se hallaba colocado respecto de sa su humilde esclava. Porque es +bueno se diga una vez ms, que don Cndido Gamboa y Ruiz, caballero +espaol, rico hacendado de Cuba, fundador de una familia distinguida que +llevara su preclaro nombre quin sabe hasta qu generacin, con nfulas +de noble, ya en camino de titular y ganoso de rozarse con la gente +encopetada y aristocrtica de La Habana, se senta atado a la enfermera +de su ingenio de <i>La Tinaja</i> por lazos que, no por invisibles eran menos +fuertes e inquebrantables. Mara de Regla posea el nico secreto de su +vida libertina que le avergonzaba y haca infeliz en medio de la +grandeza y el boato de que ahora se vea rodeado.</p> + +<p>El da siguiente armose en <i>La Tinaja</i> divertida cabalgata, compuesta de +las seoritas Ilincheta y las dos ms jvenes de Gamboa, escoltadas por +el hermano de stas, por Meneses y por Coceo.</p> + +<p>Haca tiempo hermoso, quiere decir, que las nubes aplomadas que +encapotaban el cielo, impedan el brillo del sol en toda su fuerza, +mientras el aire seco del norte, que a su paso por el angosto brazo del +Golfo no haba podido despojarse de los fros vapores del vecino +continente, refrescaba que era una delicia la atmsfera de toda esa +costa cubana. Isabel, diestra jinete, orgullosa de su habilidad, amaba +el ejercicio a caballo y se haca la ilusin que dominara a su sabor el +campo desde la silla, respirara aire ms puro y ms libre y ensanchara +los horizontes de su existencia, cruelmente circunscritos en el ingenio +de <i>La Tinaja</i>. Este inesperado desahogo lo demandaban a una su cuerpo, +su espritu y su corazn.</p> + +<p>El tropel de las caballeras, esguazando el ro, camino de la estancia, +hizo levantar a los vocingleros totes y a las huraas palomas rabiches +que haban bajado a beber o a baarse a la lengua del agua, abrigadas +por las tendidas ramas de los robles.</p> + +<p>—Qu sombro! exclam Isabel. Convida ese charco a baarse.</p> + +<p>—Es muy hondo al pie de la palma sobre la margen derecha, observ +Gamboa.</p> + +<p>—Cmo que hondo? pregunt la joven.</p> + +<p>—Tapa a un hombre.</p> + +<p>—Entonces se podr nadar con desembarazo.</p> + +<p>—S, pero es muy peligroso baarse all a causa de los caimanes que +suelen ascender el ro desde la boca. En ese mismo charco que tanto +incita a Isabel, perdi pap un perdiguero que quera mucho. Yo era un +chicuelo entonces y le acompaaba en la caza. Le dispar un tiro a un +aguaitacaimn y cay en mitad del charco; tras l se lanz el perro para +traerle a la orilla, pero sin darle alcance se hundi bajo de las aguas +cual si le faltaran las fuerzas de repente. Luego apareci en la +superficie un borbolln de sangre, por donde conoci pap que le haba +atrapado un caimn.</p> + +<p>Buen efecto producan el arrozal en lo ms hondo de un vallecito, +irguiendo sus innumerables espigas, todava verdes, en busca del calor +solar y el campo de maz en las laderas de las colinas, con sus flores +de color morado y las barbas rubias de sus mazorcas.</p> + +<p>En el platanal inmediato abundaban los racimos amarillos, que por su +mucho peso hacan inclinar la cepa hasta besar la tierra con la punta de +sus anchas y largas hojas, cual lminas de acero.</p> + +<p>Corriendo a la ventura, sin detenerse en ninguna parte, nuestros +paseantes repasaron el ro por un vado ms abajo del anterior, dejando +tras s los terrenos de la estancia y entrando en los del potrero, por +medio de un dilatadsimo palmar. Sus enhiestos y blancos troncos +remedaban las gigantes columnas de un templo antiguo arruinado. Tena +establecido en l su campamento una banda de aquellas aves, especie de +cuervos que en su canto o grito expresan por onomatopeya el nombre bajo +el cual se les conoce vulgarmente en Cuba: cao, cao.</p> + +<p>En tan gran nmero se haban juntado que ennegrecan el racimo de la +palma o la penca donde se posaban; y lejos de asustarlas o hacerlas +abandonar el puesto las pisadas de las caballeras o las voces alegres +de los jinetes, eso mismo pareci aumentar su algaraba y desfachatez, +expresada en las miradas de soslayo que lanzaban desde sus naturales +alcndaras, cual si poseyeran inteligencia y quisieran burlarse de +quienes no tenan alas para llegar hasta ellas.</p> + +<p>—No se reiran Vds. de m, dijo Gamboa, si tuviera a mano mi escopeta. +Yo hara descender ms que de prisa a algunos de esos bribones.</p> + +<p>—Tan dudoso es lo que Vd. dice, dijo Cocco con sorna, que viene bien +aqu aquello de al mejor cazador se le va una liebre.</p> + +<p>—Por qu as? pregunt Isabel, que se daba por diestra tiradora.</p> + +<p>—Dir a Vd., seorita, repuso Cocco con su vocecilla gangosa e innata +cortesa. Porque con el calor del da se le pone la pluma muy +resbaladiza lo mismo al cao que a la paloma torcaz, y no le entra +fcilmente la municin.</p> + +<p>Luego cambiaron de rumbo los paseantes, rodeando la finca por el lado +norte, que era la porcin ms elevada del terreno. Desde una de sus +alturitas se alcanzaba a ver un pedazo del mar azul, en la apariencia +sereno, y all en el horizonte algunas velas blancas como otras tantas +aves acuticas rizando la linfa de un manso lago.</p> + +<p>Cerraba la guardarraya que recorran los paseantes, un bosque alteroso +que serva de lnea divisoria entre el ingenio de <i>La Tinaja</i> y el de +<i>La Angosta</i> del otro lado. Segn recordaba Leonardo deba de haber una +vereda que atravesaba dicho bosque, y siguiendo la cual poda llegarse a +la finca del Conde de Fernandina en la mitad del tiempo que se empleara +en caso de ir por el camino real o de la Playa. La va naturalmente era +muy estrecha y estara en parte obstruida por ramas bajas y espinosas de +los rboles y plantas trepadoras, en las cuales bien podan dejar las +seoras, como se descuidasen, girones de sus vestidos. Esto entendido, +les propuso acometer la ardua empresa.</p> + +<p>Haba novedad en la propuesta, por lo mismo que se corra peligro; razn +de ms para que las seoritas, ganosas de aventuras, la aceptasen de +plano y aun con entusiasmo. Qu importaba un araazo ms o menos si se +prolongaba un poco aquel rato de libertad y de expansin? La intrpida +Isabel, sobre todas, a quien el aire del campo y el ejercicio ecuestre +haban devuelto las rosas a sus mejillas, el fuego a sus ojos y la +sonrisa a sus labios, exclam:—Quin dijo miedo? Adelante. No se dira +nunca que por donde pas un hombre a caballo Isabel se qued atrs.</p> + +<p>Penetraron todos en el sombro bosque, llenos de alegra. Pero apenas +anduvieron corto trecho, uno detrs de otro, abrindose paso a veces con +las manos, cuando tuvieron que detenerse. Empez a sentirse un hedor +fuerte, como de cuerpo muerto; y de seguidas descubriose una vasta +congregacin de <i>auras tiosas</i>, rindiendo con su peso las ramas de los +rboles que servan como de arcos triunfales a la vereda. Algunas de +esas asquerosas aves, las ms cercanas, a la vista de los caminantes +emprendieron el vuelo, y haciendo un ruido tremendo con sus amplias y +pesadas alas, fueron a posarse algo ms lejos. Otras, las ms distantes, +no slo no se movieron de sus perchas naturales, sino que se pusieron a +ojear en todas direcciones con aire siniestro. La causa de su +amenazadora actitud se ech luego de ver: se entretenan en devorar el +cadver de un negro, colgado por el pescuezo de la rama de un rbol a +orillas de la vereda, e interrumpidas en lo ms interesante del festn, +manifestaban su indignacin de la manera dicha.</p> + +<p>En los momentos de acercarse los jvenes, oscilaba ligeramente el +cuerpo. Esta circunstancia enga de pronto a Leonardo, que llevaba la +delantera, respecto de su estado actual; pero la reflexin de que las +auras al abandonarle le haban impreso el movimiento oscilatorio, aun +observable, le sac prontamente del error. Habanle extrado los ojos y +la lengua, y cuando fueron interrumpidas buscaban afanosas el corazn +con sus encorvados picos.</p> + +<p>—Mira! dijo Gamboa a Isabel, que le segua de cerca indicndola, con +el brazo tendido, el horrible cadver contra el cual estuvo l mismo a +punto de tropezar.</p> + +<p>—Ay, Leonardo! exclam ella horrorizada.</p> + +<p>Perdi el color y el habla, y hubiera perdido tambin el conocimiento y +cado de la silla al suelo si Leonardo, advirtiendo su imprudencia, no +revuelve a toda prisa el caballo, la coge de la mano, le da los dictados +ms cariosos, le pide mil perdones y la saca al limpio, invirtiendo el +orden de la marcha.</p> + +<p>Mientras Leonardo despachaba el guardiero Caimn al bosque para +identificar, si era posible, la persona del suicida, Meneses acudi por +agua al arroyo inmediato, la trajo y se la hizo beber a Isabel en un +vaso rstico, de forma de cartucho, hecho de una yagua recin +desprendida de la palma.</p> + +<p>Averiguose que el muerto era Pablo, compaero de Pedro, que se qued en +el bosque cuando los otros cinco prfugos, inducidos por Tomasa y con el +apoyo de Caimn, resolvieron presentarse a los amos.</p> + +<p>La estaba reservado a Isabel, en su breve correra por los campos del +ingenio de <i>La Tinaja</i>, encuentro no menos desagradable que el anterior. +Dando la vuelta con lento paso por una guardarraya paralela a la que +llevaron antes, no a fin de alargar el paseo, sino con el de distraer a +Isabel, aun no repuesta del choque, avistaron un cercado de regular +tamao, con puerta de tablas mal unidas y una cruz tosca de madera +sobrepuesta en el centro. Pareca indicar su destino este signo de la fe +del cristiano; pero ante la ausencia absoluta de monumentos, losas o +camellones de sepulturas, ante la lujosa vegetacin herbcea del suelo, +costaba creer que era el cementerio donde se enterraban los esclavos que +moran en el ingenio de <i>La Tinaja</i>. El seor Obispo Espada haba +concedido su establecimiento en aquellas fincas rurales que por su +lejana de los centros de poblacin o de las parroquias haca difcil a +la salud pblica la conduccin de los cadveres.</p> + +<p>Sin duda porque todos, o casi todos, saban el destino del cercado, +nadie habl de l. Pasaron de largo y tomaron otra guardarraya en +direccin del ingenio. Descendan luego una cuesta suave y prolongada a +medida que la suban tres negros a pie. Dos caminaban delante, cada cual +con su azadn al hombro. El otro algo ms atrs, conduca del diestro un +caballo de mal pelaje. A cierta distancia no era fcil conocer, al menos +por las seoritas de la cabalgata, el objeto de la procesin ni la +naturaleza de la carga.</p> + +<p>Descubranse solamente dos como cilindros o trozos de cepa de pltano, +asegurados longitudinalmente en los lados del aparejo comn de carga en +el pas, a guisa de caones de campaa trasportados a lomos de acmilas. +Para Leonardo todo este misterio desapareci desde el momento que pudo +ligar la idea de los tres negros que marchaban en esa direccin, +preparados para abrir una sepultura.</p> + +<p>Pero, quin era el muerto? dnde estaba? Iba de espaldas en lo que +puede llamarse la batalla del aparejo encajonado entre las dos cepas de +pltano. Por ms seas que, sobresaliendo el cuerpo, la cabeza cubierta +con un pauelo a cuadros, bata colgando un lado del pescuezo del +caballo, por ms despacio que marchaba; al mismo tiempo que le golpeaba +las ancas con los calcaales de los pies desnudos.</p> + +<p>La guardarraya era muy angosta. A un lado y otro se desplegaban +caaverales extensos y cerrados. El encuentro se haca inevitable. En +tal aprieto, y deseoso Leonardo de ahorrar a sus amigos, en cuanto +caba, el nuevo mal rato que se les esperaba, mand picar el paso so +pretexto de que se haca tarde, y l mismo procur tomar la derecha de +Isabel y divertir su atencin hacia el otro lado del campo. Intil +cuidado. Todas las jvenes, que entonces marchaban de dos en fondo, +vieron y entendieron perfectamente de lo que se trataba, tributando +quien un pobrecito! quien una lgrima silenciosa a la memoria del +muerto Pedro; el cual, por ser negro y esclavo, no era menos digno de su +compasin. Porque ellas, aunque criadas a la leche de la esclavitud, +como tiernas flores que abran sus ptalos a los primeros rayos del sol +de la vida, bien podan exclamar con el orador latino: <i>homo sum; humani +nihil a me alienum puto</i>.<a name="FNanchor_51_51" id="FNanchor_51_51"></a><a href="#Footnote_51_51" class="fnanchor">[51]</a></p> + +<p>Recibi doa Rosa a los paseantes con vivas muestras de cario y +regocijo. Tom a Isabel por la mano y dijo hablando en general:</p> + +<p>—Gracias a Dios que han vuelto. Sobre que ya iba entrando en cuidado. +Me pareci que les haba sucedido algo. Luego, me acaban de decir que +sta (Isabel) pierde el juicio en cuanto monta a caballo. Supongo que se +han divertido mucho.</p> + +<p>Isabel se sonri meramente y se retir a su cuarto con Adela; pero +Leonardo, Meneses y Cocco protestaron del juicio con que todas las +seoritas se haban portado en el largo paseo.</p> + +<p>—Me alegro, me alegro, dijo doa Rosa. Mas luego, dirigindose en +particular a su hijo, aadi: Qu tiene? (Se refera a Isabel.)</p> + +<p>—Nada, que yo sepa, replic Leonardo.</p> + +<p>—Me parece que ha venido ms triste. Se ha enfermado en el paseo? O +t le has hecho algo?</p> + +<p>—Yo, mam? Jams he estado ms amable y cumplido con ella.</p> + +<p>Entonces Leonardo refiri a su madre cuanto haban visto en su malhadado +paseo; su encuentro con el negro ahorcado en el bosque y con el entierro +de Pedro.</p> + +<p>—Pero hombre! a quin se le ocurre llevar a las muchachas por +semejantes andurriales?</p> + +<p>—Y yo qu saba, mam? Para adivino, Dios.</p> + +<p>—No lo deca yo? De esta hecha Isabel no vuelve a poner los pies en el +ingenio. Se figurar que siempre es lo mismo.</p> + +<p>—Ella no se ha quejado.</p> + +<p>—Sabe mucho Isabel y es demasiado discreta para decir lo que siente, +sin ton ni son; pero se conoce que esto no le ha gustado ni un poquito. +Y tu padre est credo que cuando te cases con ella vendrn Vds. a +menudo a <i>La Tinaja</i> a pasar largas temporadas. El dice que t tarde que +temprano, has de ser el administrador, y parecera muy feo que tu mujer +se quedase en La Habana...</p> + +<p>—Han arreglado ya Vds. el plan?</p> + +<p>—Cmo! Qu! No te gusta?</p> + +<p>—El plan o la novia?</p> + +<p>—La novia y el plan, hijo.</p> + +<p>—La novia me gusta un puado, no lo puedo negar; pero, es hora de +casarme, mam? El casamiento es cosa seria, t lo sabes. No ha de +hacerse cochiherviti. En cuanto a la administracin del ingenio, crees +t que yo deba encerrarme en este desierto, cuando empiezo a gozar?</p> + +<p>—No sabes cunto gusto me da el orte hablar as, hijo mo. Salomn no +se expresara con ms juicio. Eso mismo le deca yo a tu padre anoche. +Para qu tanta prisa? Pero l es muy porfiado, testarudo y caprichoso, +ms que un vizcano. Se le ha puesto que te cases el ao entrante y eso +ha de ser. T, sin embargo, no tienes por qu apurarte ni afligirte. +Como t eres quien se casa y no tu padre, se har el casamiento cuando +convenga. Mas si bien se mira, Leonardito, tu padre no deja de tener +razn. El me ha hecho sus reflexiones, y... casi, casi que me ha +convencido. Porque dice: Maana es otro da nos morimos nosotros. Qu +ser de todo esto? Qu de nuestros cuantiosos bienes? qu de tus +hermanas si an no se han casado? Soltero t no podrs cuidarlas, +dirigirlas ni protegerlas. Todo andar manga por hombro, vendrn a menos +los bienes cada da, y, sobre todo, se destruir la casa que tanto +trabajo nos ha costado fundar... El cree que en el primer correo de +Espaa le viene el ttulo de Conde de La Tinaja o de Casa Gamboa. Ha +dejado el nombre a la eleccin de su agente en Madrid. El ttulo pasar +a ti, mejor dicho, t lo disfrutars, pues para ti verdaderamente se ha +pedido. Entonces, adems que sera una vergenza que trabajaras +personalmente, como tu padre ha trabajado toda su vida, qu necesidad, +tampoco tendras t de ello? Al contrario, si nuestra muerte y el +condado te encuentran casado y firmemente establecido, cun diferente +no ser tu suerte y la de tus hermanas? Ni con quin pudieras enlazarte +mejor que con Isabel que es tan buena y virtuosa? Cada vez me gusta ms +esa muchacha. Si yo fuera hombre me parece que la enamoraba y me casaba +con ella. Por otra parte, hijo mo, quin atendera esto mejor que t +que eres su dueo y que te duele? Mira, cada vez que me acuerdo que por +debilidad ma... No tal, por majaderas de tu padre, se dej tanto +tiempo de Mayoral de esta finca a don Liborio, a ese bandolero, cara de +hereje, me da clera de m misma. Para qu serva ese condenado? Nada +ms que para enamorar las negras y desollar los negros con el cuero. Se +deleitaba en dar bocabajos, segn me ha contado la mujer de Moya. Tena +convertido el ingenio en un presidio. Por nada y nada cargaba de grillos +al mejor negro despus de arrancarle la tira del pellejo. Creo +firmemente que si no le boto no me deja uno vivo. El tuvo la culpa de +que se huyeran tantos; por l es fcil que se muera de pasmo todava +Julin. Le dio un bocabajo a Tomasa sabiendo que yo le serva de +madrina, lo mismo que a los otros que se haban huido con ella. +Brbaro! Estamos de malas. Dios quiera que el ao venidero sea mejor +para nosotros. Para complemento de desgracias, acaba de recibirse carta +de La Habana en que participa don Melitn que desapareci Dionisio desde +el da 24, y que ha odo decir lo mataron de una pualada por el barrio +de Jess Mara. Descerraj el escaparate de tu padre y se llev la +casaca, el calzn corto de pao, las medias de seda y los zapatos con +hebillas de oro que usaba antes de la Constitucin del ao 12. Qu se +propuso hacer con esa ropa? Venderla? Nadie se la comprara. Has visto +qu pcaro? Qu malvado! Y despus de esto crea Vd. en la honradez y +formalidad de los negros! Dios me perdone, pero el mejor... merece que +lo quemen vivo. Cunta ingratitud contra amos tan buenos!</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_VIIIc" id="Capitulo_VIIIc"></a><span class="smcap">Captulo VIII</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Ay del seor, que sus vasallos deja<br /> +Al cielo remitir su justa queja!</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">Lope de Vega</span></p></div> + + +<p>La familia de Gamboa, en unin de sus huspedes, pas la mayor parte de +la noche del segundo da de Pascuas en la casa de calderas.</p> + +<p>Alumbraban el trapiche unas fogatas que haban encendido los negros, no +tanto para obtener claridad en aquel ancho y tenebroso edificio, como +para calentarse; pues se senta un relente desapacible y ellos carecan +de abrigo, excepto el gorro de lana que algunos llevaban puesto. Ruidos +distintos y gran batahola reinaban por todas partes. Hombres y mujeres +pasaban y repasaban del tablero de alimentacin del trapiche a las pilas +de caas, ya con los brazados a la cabeza, ya de vaco, segn era el +caso; todos siempre de carrera, estimulados por el ltigo del +contramayoral, que no les conceda momentos de descanso ni de respiro. +En sus idas y venidas pasaban lo ms cerca que podan de las fogatas, +as para atizarlas con el pie como para recibir de lleno el calor, en +cuyas ocasiones la llama rojiza, cual siniestro relmpago en medio de +una noche tempestuosa, sola iluminarlos de pies a cabeza, con lo que +se poda echar de ver que eran seres humanos y no fantasmas de las +regiones infernales quienes desempeaban tan recias faenas en horas que +la mayora de los obreros se entrega al sueo.</p> + +<p>En esta parte de la casa de calderas no se oan, pues, ms que los +estallidos de los ramos verdes y del bagazo todava hmedo con que los +negros alimentaban el fuego, o el crujido de los haces de caa al pasar +por entre los cilindros macizos y relucientes del trapiche, o el zumbido +sordo, peculiar del volante de la mquina de vapor en sus vertiginosos +giros. Con este afanoso trabajar, desaparecan una tras otra las pilas +de caa, especie de murallas verdes, que al principio circunvalaban casi +la casa de ingenio; de suerte que la corriente del guarapo en la canal +de madera haca el mismo murmurio que un arroyuelo ordinario.</p> + +<p>El departamento propio de las calderas estaba pobremente alumbrado por +unos cuantos candiles de grasa comn colgados a trechos de las gruesas +vigas, en derredor del laboratorio o tren Jamaiquino. Ms humo que luz +emitan, soltando de cuando en cuando gotas de grasa encendidas, que se +apagaban luego que tocaban en el suelo de ladrillos. Por su parte, el +vapor que desprenda la miel en cocimiento, cargaba ms la espesa +atmsfera de aquel sitio, disminuyendo a comps la poca fuerza luminosa +de los candiles. De tal modo era esto as, que pisando el suelo caliente +y pegajoso de las calderas, por largo rato las personas recin venidas +slo vean a los fabricantes del azcar como a travs de un espeso velo +de gasa. A veces un rayo de luz penetraba la nube de humo y vapor, hera +el busto de los negros y del maestro de azcar afanados en torno de las +calderas; y entonces se repeta aqu al vivo uno de aquellos cuadros en +que suelen representar a las nimas del purgatorio.</p> + +<p>Trajronse sillas y se estableci el estrado en la parte opuesta a los +hornos o fornallas, que era la ms despejada y la menos calurosa. La +reunin se aument con la presencia de los empleados blancos, los cuales +acudieron presurosos para saludar a los amos del ingenio. El maestro de +azcar hizo traer tazas y servir guarapo hirviendo con algunas gotas de +aguardiente a las seoras y a los caballeros. El mismo, echndola de +corts, sirvi del dulcsimo brebaje con su propia mano a doa Rosa y +doa Juana, y habra servido a las dems seoras si Cocco y Meneses, +modelos de cortesa, no se le anticipan y le ahorran el trabajo. +Leonardo e Isabel no se haban sentado; continuaron de bracero +pasendose arriba y abajo, en cuanto lo permitan la estrechez relativa +y los inconvenientes del sitio. Tampoco se sentaron Adela y Rosa +Ilincheta, prefiriendo registrar, acompaadas de Dolores, los diversos +departamentos de la casa de calderas, sin aventurarse, no obstante, en +los rincones muy oscuros.</p> + +<p>No pareca mal el maestro de azcar. Era mozo arriscado y despierto, +bastante joven y de apuesta persona, aunque vesta el traje puro de los +guajiros, el cual no contribuye por cierto al bien parecer de todos los +que le llevan. Llambase Isidro Bolmey y haba nacido en Guanajay, de +padres pobres, quienes careciendo de letras y no habiendo escuelas en el +pueblo, mal pudieron dejar al hijo, al morir, ni la ms comn educacin. +Apenas si saba leer y escribir su nombre. No profesaba religin +ninguna, aun cuando le haban bautizado y confirmado en la catlica, +apostlica, romana, durante la visita que gir por el lugar de su +nacimiento el seor Obispo Espada y Landa el ao de 1818. Lo cierto es +que, a los 26 de su vida no recordaba haber entrado en una iglesia a or +misa, menos haber rezado alguna vez, por no saber ni la ms breve de las +oraciones cristianas: el Padre nuestro. Pues este mozo ignorante, +demasiado joven para haber aprendido algo por la prctica, era, haca +algn tiempo, el maestro de azcar del famoso ingenio de <i>La Tinaja</i>, +finca que representaba en aquella poca un capital cuando menos de medio +milln de duros.</p> + +<p>El estallido repentino del ltigo en la parte opuesta de la casa de +calderas, en el acto de llevarse Isabel la bebida a la boca, la hizo +estremecer de pies a cabeza, y, perdido el tino, se le desliz la taza +de las manos.</p> + +<p>—Se ha manchado la nia el tnico, dijo el maestro de azcar como +pesaroso.</p> + +<p>—No le hace, dijo Isabel sacudindose la falda.</p> + +<p>—Diga Vd. al contramayoral, dijo Leonardo serio, que no vuelva a sonar +el ltigo.</p> + +<p>—Si la nia quisiera otra taza, agreg Bolmey con acento en que se +revelaba un gran fondo de tierna solicitud. <i>Entodava</i> est el guarapo +en estado de beberse.</p> + +<p>—No, no, repiti Isabel. No se moleste. Para qu, tampoco? No me +gusta, que digamos, esa bebida.</p> + +<p>Sin duda que no agrad al mozo de Guanajay la negativa de Isabel, porque +murmur en tono que pudo orsele:</p> + +<p>—Parece que los cuerazos le han <i>queitado</i> las ganas a la nia. Vea +Vd., y nosotros nos dormimos con esa msica.</p> + +<p>Tom Leonardo como una impertinencia la observacin del maestro de +azcar y le volvi la espalda disgustado. Al contrario Isabel, no +atendi sino a su penetracin y suaves modales, y sintiendo hacia l una +especie de gratitud, la pes de que su amante no participara del mismo +noble sentimiento. Mas, tuvo la candidez de decrselo al pao. Por lo +que Leonardo, picado ahora, se propuso <i>quinar</i> y poner en ridculo al +maestro de azcar, examinando all mismo los puntos que calzaba en el +arte de fabricar ese dulce.</p> + +<p>Para ejercer el cargo de examinador, no posea Leonardo otras +condiciones que aqullas de que le revestan por el momento el despecho +y la osada de quien compara su propia alteza y superioridad casuales, +con la bajeza y la humildad relativas del primer contrincante con quien +acontece medir sus fuerzas morales e intelectuales. La clase de +educacin que su estado social y caudales le haban procurado a +Leonardo, estaba muy lejos de ser cientfica; haba sido puramente +literaria y nada profunda por cierto. No haba saludado siquiera ninguna +de las ciencias naturales, puesto que no existan en su patria entonces +ctedras libres de ellas. Verdaderamente slo se enseaba filosofa, +jurisprudencia y medicina, sin otros ramos principales que tanto +contribuyen a su complemento. Leonardo Gamboa, como la mayora de los +estudiantes de su poca, no entenda jota de Agronoma, por supuesto, ni +de Geologa, ni tampoco de Qumica, menos de Botnica, aunque de esta +ltima ciencia daba a la sazn, o pretenda dar lecciones don Ramn de +la Sagra en el Jardn Botnico de La Habana. Mas sea de esto lo que se +fuese, ello es que la ndole buena y la ignorancia supina del maestro de +azcar concedieron esta vez triunfo fcil y sealado al futuro dueo del +ingenio de <i>La Tinaja</i>.</p> + +<p>—Dnde aprendi Vd. a hacer azcar, don Isidro? le pregunt de +improviso y con cierto tono arrogante.</p> + +<p>—En el ingenio del Sr. don Rafael de Zayas, aquel que topamos como se +viene de Guanajay al pie de la loma de la Yaya.</p> + +<p>Ah estaba de maestro de azcar mi padre, que en paz descanse, y yo lo +acompa y lo ayud a hacer bastantes zafras.</p> + +<p>—Es decir, que su padre le ense a Vd. el oficio de maestro de azcar. +No es eso?</p> + +<p>—Pues, l haca azcar delante de m y yo aprend por mi gusto haciendo +lo que l haca.</p> + +<p>—Qu haca su padre de Vd.? En otras palabras, cmo haca el azcar? +Esto es lo que deseo que Vd. me explique; diciendo lo cual apret el +brazo de Isabel.</p> + +<p>—Dir al seor don Leonardito, repuso Bolmey revolviendo all en su +mente por si daba con las palabras que pudieran ser nuevas para su joven +amo. Si vale decir verdad, no se necesita <i>cencia</i> para hacer la azcar; +basta un poco de prctica y un buen ojo. Yo vea que mi padre, que en +paz descanse, en cuanto que se llenaba de guarapo fresco el tacho de la +torre, lo dejaba <i>sentar</i> un poco y le quitaba la basura; que despus lo +bombeaba de ese tacho a la paila del medio, y que despus mandaba meter +candela de duro. Verbi gracia, as como yo voy a hacer ahora.</p> + +<p>Mientras hablaba, dos negros con sus bombas y una canal movible +trasegaron el guarapo <i>desfecado</i> de la segunda paila de la izquierda a +otra de la derecha, y el joven Bolmey agreg:</p> + +<p>—Ve el nio? Ahora quito la basura y <i>vaceo</i> el guarapo de este tacho +en este otro y le echo un poco de cal viva...</p> + +<p>—Bien, para qu le echa Vd. cal?—le interrumpi preguntndole +Leonardo, con regocijo secreto de tenerlo cogido en un renuncio +ridculo.</p> + +<p>—Eso s que no sabr decir al nio, contest el mozo con naturalidad. +(Y como se sonriera Leonardo, agreg)—Yo no s por qu se le echa cal, +slo s que si no se le echa no se puede sacar una templa buena. Dios +solamente sabe eso. La azcar se pone agria, no se hace cuando le falta +la cal. As haca mi padre, que en paz descanse, y yo hago lo <i>mesmo</i>, +aunque si vale decir verdad, yo creo que va en suerte ms que en otra +cosa, el hacer o no la azcar. Lo que puedo decir al nio es que parece +que yo tengo suerte, que ya llevo hechas cinco zafras en este ingenio, y +sta ser la quinta, y est por la primera vez que se me <i>hayga</i> +perdido una templa. Tambin yo conozco los caaverales de <i>La Tinaja</i>.</p> + +<p>—Qu diferencia encuentra Vd. entre un caaveral y otro caaveral? La +caa es la misma en todos.</p> + +<p>—Le parece al nio, pero no es as; y perdone que le contradiga.</p> + +<p>—Cmo! exclam Leonardo sorprendido y visiblemente mortificado, pues +no estaba seguro de que saba sobre este punto ms que su maestro de +azcar. Si querr Vd. venir ahora a darme lecciones acerca de la +naturaleza y calidades de las caas de azcar! Las hay de varias +especies, y aqu las tenemos de Otahit, de la cinta o morada, de la +cristalina, que es la ltima introduccin en el pas y de la criolla o +de la tierra, que no sirve para moler. Todas dan ms o menos jugo +sacarino, y sta es la nica diferencia digna de notar entre ellas. La +ms recia y menos a propsito para moler es la morada o de la cinta, +porque contiene ms parte leosa y menos jugo sacarino. No sabe Vd., por +supuesto, lo que estos trminos significan, pero tengo que usarlos, a +falta de otros que sean inteligibles para Vd. En mi ingenio abunda ms +la de Otahit que las otras pues se ha probado que es todo jugo +sacarino, todo dulce, y es, adems, la que mejor se da en la tierra +negra. Cada carretada de esta caa da pan y medio o dos arrobas y media +de azcar blanco, y tan sabroso como no se hace en ningn otro ingenio +de la Vuelta Abajo.</p> + +<p>—Dice mucha verdad el nio, tiene muchsima razn el seor don +Leonardito... pero... yo no hablaba de las caas, hablaba de los +caaverales.</p> + +<p>—Esa s que est mejor, dijo el joven, cuadrado y cruzado de brazos +delante de su maestro de azcar, esperando orle tan solemne disparate, +que hiciese rer a Isabel, la cual mantena una extraa +imperturbabilidad. Veamos la diferencia que Vd. descubre entre los +caaverales...</p> + +<p>—La <i>diferiencia</i> que yo encuentro (repuso Bolmey con gran aplomo), +mejor dicho, que mi padre, que en paz descanse, encontraba entre los +caaverales, era sta: que los de tierra baja y pantanosa son ms agrios +y salados que los de lometicas, y mientras ms agrio el caaveral ms +cal necesita para que no se revenga el azcar.</p> + +<p>Sin ms volvi Leonardo la espalda, y as que se puso a buena distancia +de Bolmey, dijo:</p> + +<p>—Ser buen sastre, pero a m no me trabaja, lo juro. Quiero decir, que +cuando yo mande aqu, que ser pronto, no es ese zopenco el que me hace +el azcar. Lo primero que haga es ponerlo de patitas en el camino real.</p> + +<p>En su rpida excursin tuvieron tambin su aventura Adela, Rosa y +Dolores. Muy entretenidas se hallaban las tres, viendo batir la miel en +una de las refriaderas, a tiempo que se les acerc por la espalda una +negra desconocida, que les pregunt con mucho misterio:</p> + +<p>—Quin de las nias es la nia Adelita?</p> + +<p>—Yo, contest la misma precipitadamente y algo asustada.</p> + +<p>—Pues ah fuera, detrs de aquel horcn, aguarda por su merced su +madre...</p> + +<p>—Mi madre! repiti Adela sorprendida. Seorita, querrs decir...</p> + +<p>—No, nia, digo la enfermera.</p> + +<p>—Ah! Dile que se acerque, que entre.</p> + +<p>—Ella no quiere que la vean los amos. No se atreve a <i>dentrar</i>.</p> + +<p>—Ve, Dolores. Mira qu quiere tu madre. Si ella tiene miedo de entrar, +ms miedo tengo yo de salir. Qu! Si eso est tan oscuro! Como boca de +lobo. Ni pensarlo.</p> + +<p>A la vuelta dijo Dolores que su madre slo deseaba darle un abrazo muy +apretado a la nia Adela y decirle una cosa que no poda comunicrsela +por una tercera persona. Entonces la joven dio cita a la antigua nodriza +para ms tarde de la noche en su aposento de la casa de vivienda. +Dolores qued encargada de esperar a su madre en la puerta falsa para +descorrer el cerrojo con que cerraba por dentro y conducirla a presencia +de su joven ama e hija de leche.</p> + +<p>Efectivamente, entre once y doce de la noche mencionada, las dos +seoritas ms jvenes de Gamboa se hallaban reunidas con las dos +hermanas Ilincheta y su ta doa Juana Bohorques, en el cuarto de la +casa de vivienda, asignado a stas desde el principio. A medida que se +acercaba la hora de la cita aumentaba la inquietud de Adela; de modo +que, cuando llamaron a la puerta, arrastrando las yemas de los dedos en +uno de sus tableros, de un salto se puso en pie y acudi a abrir. +Dolores se present tan asustada como su ama, y dijo:—Ah est.</p> + +<p>—Que entre, repuso sta; y en busca de conhorte por la falta que al +parecer cometa, hablando con Isabel agreg:—Ma no es la culpa si doy +este paso... No veo otro medio de averiguar por qu mam est tan brava +con la mujer que me cri...</p> + +<p>En este momento entr Mara de Regla conducida de la mano por su hija +Dolores, e interrumpi Adela un acto de contricin. Una sola vela de +esperma dentro de su guardabrisa alumbraba a medias el cuarto, que si +bien espacioso, reducan bastante los diversos muebles de que se hallaba +atestado. Las seoras, sentadas en un medio crculo, aguardaban con +bastante ansiedad la entrada de la enfermera. Vena vestida del modo +como la describimos la ltima vez en la enfermera. Pasando de un medio +oscuro a otro relativamente claro, qued por un instante como +deslumbrada y confusa ante el improvisado congreso femenil. Examin uno +a uno los rostros, y de pronto se lanz sobre la seorita que ocupaba el +centro del medio crculo, Adela, y diciendo:—Esta es mi hija, la +levant en sus robustos brazos, y mientras la estrechaba en ellos y +giraba como loca, la cubra de besos y repeta:—Mi cielo! mi lindura! +mi pimpollo! mi hija idolatrada!</p> + +<p>Despus la volvi a la silla, se arrodill a sus pies, la rode con los +brazos por la cintura, dobl la cabeza sobre sus rodillas y llor a +sollozos sin consuelo por largo rato.</p> + +<p>—Qu haces, Mara de Regla? le dijo Adela conmovida a la vista de +tanto sentimiento y tan afectuosamente expresado. Clmate, mujer. Ni +hagas bulla, porque puede orte mam y entonces s que la habremos hecho +buena. Levntate, tranquilzate...</p> + +<p>—Ay, nia del alma!, exclam la negra enjugndose las lgrimas con la +palma de las manos. Djeme llorar, djeme desahogar el corazn dolorido +a los pies de mi adorada hija. No creo que si me ve Seorita se ponga +brava conmigo y me eche de aqu. Ah! Y cmo deseaba este momento, +justo Dios del cielo y de la tierra! Haca tanto tiempo que no vea a +su merced y he pasado tantos trabajos en este destierro, que ha sido mi +verdadero valle de lgrimas... que si me matasen ahora me dejara matar +con la sonrisa en los labios! Qu vale la vida en medio de tantas +penas? Y esto no es vivir, esto es morir todos los das y a cada hora. +Su merced no comprende la causa de mi llanto. Su merced es muy joven, es +blanca, es libre, es la nia bonita de la casa. Si su merced se casa y +tiene hijos, quin se atrever a quebrar su gusto ni a separarla de su +marido, ni de sus hijos? Su merced no sabe, ni Dios quiera que sepa +nunca lo que pasa por una esclava. Si es soltera porque es soltera; si +es casada porque es casada; si madre porque es madre, no tiene voluntad +propia. No le dejan hacer su gusto en ningn caso. Parta su merced del +principio que no le permiten casarse con el hombre que le gusta o que +quiere. Los amos le dan y le quitan el marido. Tampoco est segura de +que podr vivir siempre a su lado, ni de que criar a los hijos. Cuando +menos lo espera, los amos la divorcian, le venden el marido, y a los +hijos tambin, y separan la familia para no volver a juntarse en este +mundo. Luego, si la mujer es joven y busca a otro hombre y no se muere +de dolor por la prdida de los hijos, entonces dicen los amos que la +mujer no siente, ni padece, ni le tiene cario a nadie. Piense su merced +en lo que pasa por m. Hace ms de doce aos, como quien dice la vida de +un cristiano, que no veo a mi marido, y casi otro tiempo que he estado +separada de mis hijos. No ve su merced la injusticia, nia? Est bien +que se me castigue si he pecado; pero, por qu han de castigar tambin +a mi marido y a mis hijos? Y no digan que no es castigo esta larga +separacin; lo es, nia y de los ms duros. S que el objeto no ha sido +castigar en mi esposo, ni en los hijos de mis entraas la culpa que yo +haya podido cometer. No; mis seores no son tan malos; pero Dionisio es +un buen cocinero y haca falta en La Habana; Tirso y Dolores son buenos +criados de mano, y se necesitaban tambin all. No me quejo porque +sirven a los amos, son esclavos y tienen que servir. A dnde ir el +buey que no are? Y, servir por servir, mejor lo pasarn all que ac. Me +quejo porque estamos separados. La ausencia mata. Unidos, las penas son +menos. Adems, yo y Dionisio nos queramos...</p> + +<p>—Dionisio, Dionisio, repiti Adela con nfasis, cortndole la palabra a +su nodriza. Buen pjaro es Dionisio. El no te quiere, te ha olvidado. +Mira lo que acaba de hacer. Don Melitn le escribe a pap que Dionisio +se huy de casa desde la vspera de Nochebuena, y no se ha sabido ms de +l. Dicen que tuvo una tragedia y sali mal herido.</p> + +<p>—Lo saba, nia, dijo Mara de Regla con sentimiento. Dolores estaba +presente cuando Seorita ley la carta y me lo cont todo. Mas, quin +tiene la culpa de eso? Por qu Dionisio parece que no me quiere y que +me ha olvidado? Por nuestra separacin. A mi lado l no hubiera +cometido esa locura. Siempre fue tierno y fiel esposo para conmigo. Tan +querendn...! Yo fui cariossima esposa para con l. Mientras vivimos +juntos, mientras pudimos decir que ramos casados, no tuvimos un s ni +un no. Porque ha de ver la nia que nosotros nos casamos por amor. +Nuestro casamiento se celebr con un gran baile en el mismo palacio de +los seores conde de Santa Cruz en Jaruco. Se hizo venir al cura para +casarnos. La seora Condesa se miraba en m y se empe en que me +casara... para quitarme con tiempo de los peligros... Aqu interns, +nias (agreg la enfermera con aire malicioso), aunque me est mal el +decirlo, yo, para mujer de color, cuando muchacha, era bien parecida, +bonita, y la seora Condesa sospech que le caa en gracia a mi amo el +seor Conde... Era tan enamorado! Vaya que si lo era...! Ms enamorado +que Cupido... Hizo bien la seora Condesa en casarme con Dionisio. Pero +qu me dicen las nias del condecito? Ese pareca que deca a su seor +padre, que en paz descanse: aparta, que aqu estoy yo. No poda negar la +casta. Estaba que se beba los vientos por m. No me dejaba ni a sol ni +a sombra.</p> + +<p>Pero, en fin, nos casamos y fuimos los ms felices esposos del mundo. +Muri de repente al salir del bao mi amo, el seor Conde; hubo pleito +por la herencia; se hicieron costas por castigo, y para pagarlas se +sacaron a remate varios esclavos, y a m y a Dionisio nos toc en suerte +el ser vendidos juntos. Desde ese momento se nubl nuestra felicidad. Si +mi amo el seor Conde no se muere de repente, estoy persuadida que nos +deja libres en su testamento, a m y a Dionisio. Pasamos a poder de mi +amo el seor don Cndido y de Seorita, yo para servir a la mano y +peinarla, Dionisio para cocinero. Su merced no haba nacido. Todo fue +bien hasta que tuve un hijo, el cual se me muri del mal de los siete +das...</p> + +<p>Mi amo el seor don Cndido me alquil con el mdico don Toms Montes +de Oca para criar a una nia de una persona que jams pude averiguar +quin fuese, cmo se llamaba... nada. Y aqu est, nia ma, el origen y +el principio de todos nuestros males, quiero decir, mos y de Dionisio.</p> + +<p>Tendra yo a todo tirar veinte aos y Dionisio veinticuatro cuando nos +separaron. ramos dos muchachos sin juicio ni experiencia del mundo. Por +mucho que nos quisiramos, y cuente, nia, que nos queramos muchsimo, +si no nos veamos, si nos hallbamos muy lejos uno de otro, si pareca +eterna nuestra separacin, si estbamos destinados a morir, yo de +enfermera en este ingenio de mis culpas, l de cocinero en La Habana; si +Dionisio era joven y bien parecido, segn decan las mujeres, yo joven y +bonita, segn decan los hombres, qu queran que hiciramos? Echarnos +a morir o pasarnos la vida llorando la ausencia? Preciso era ser santo, +o hecho de palo, para haber sido consecuente. Supongo que Dionisio, +perseguido por mujeres bonitas, no ha podido imitar al casto Jos. Yo, +aqu donde sus mercedes me ven, hecha una vieja antes de tiempo, +lidiando con enfermos y con muertos, yo, he sido solicitada por cuantos +han llevado calzones en este infernal ingenio.</p> + +<p>El Mayoral que me recibi a mi llegada de La Habana no fue don Liborio +Snchez, sino don Anacleto Puales. Alto l, flaco, prieto, patilludo, +con una voz de campana mayor que pareca que iba a tragarse el mundo. +Estaba armado de machete, pual y cuero, y recostado contra un horcn +del colgadizo de su casa, fumando un tabaco, y con el sombrero puesto. +Lo rodeaban sus perros, y a la puerta se hallaba su mujer sentada en una +silla de cuero. Me pareci bonita y fina para guajira. En cuanto me +columbr el Mayoral, se enderez y le brillaron los ojos como al gato +cuando siente ratn. Hasta sus perros se levantaron del suelo. Yo me +dej rodar por el aparejo a bajo, temblando de pies a cabeza, porque me +dio en el corazn lo que iba a pasar.—Acerqese, mam, me dijo; y sin +ms, con la punta del palo me vol el pauelo de la cabeza. Moos! +moos! grit furioso. Ah! Perra! A ver. Sac el pual, me agarr las +trenzas, y tras! de un viaje me las cort <i>arrente</i> del pellejo. Hasta +aqu no pareca tan mal; pero me vio los zapatos y las medias y se puso +ms furioso.—Oiga! grit de nuevo casi sin poder hablar. T con +zapatos? Quin ha visto negra con zapatos y medias? Venas a bailar, +no? Yo te dar baile. Apuradamente la seora dice que t no vienes aqu +de paseo, sino para que te enderecen y aprendas a obedecer. Vamos, +qutate pronto todos esos fferes. Aqu no se se necesitan zapatos para +bailar. Despacha.</p> + +<p>Ay, nias! no quisiera acordarme. Se me erizan las carnes cada vez que +me acuerdo. Nadie, ninguno de mis amos me haba puesto la mano encima +todava. El Mayoral me tumb en el suelo de un galletazo, hizo que dos +morenos me sujetasen por los pies y las manos y me estuvo dando cuero +hasta cansarse, creo yo, porque a los pocos cuerazos me desmay y no +supe ms de m. Ni volv en mi acuerdo hasta la noche en la tarima de la +enfermera, donde estuve sin poder moverme como dos semanas. Pues para +que vean las nias, ese mismo Mayoral que me haba recibido tan mal, +despus me llev a su casa para que sirviera de criada de mano, y me +echaba unos ojitos... Se puso celosa su mujer y entonces me mand don +Anacleto de enfermera a la enfermera, habindose muerto la vieja que +era antes que yo. Despus me solicit y me solicit con instancia, mas +yo no poda quererlo. Qu quererlo, si me haba desollado viva! Se me +revesta el demonio cada vez que lo vea. No me le negu por lo claro, +me zaf de l con diferentes pretextos, pues tema que se pusiera bravo +y me diera otro bocabajo. La mujer me ayud mucho en este caso sin +saberlo. Le dio tal fraterna de celos conmigo, que el hombre, aburrido, +pidi su cuenta y se coloc de Mayoral en otro ingenio.</p> + +<p>Qu lucha, nias! Se la doy a la ms pintada. Aqu quisiera haber +visto a la mujer ms virtuosa del mundo. Ningn hombre se ha acercado a +m sino para hablarme de amores. Lo primerito que me ha dicho es:—T no +mereces pasar tu juventud en esta soledad, quireme y te liberto. As me +habl Sierra, el patrn de la goleta en que vine de La Habana; as me +habl el mandadero zarrapastroso que me trajo delante del aparejo del +caballo desde el muelle; as me hablaron el tejero, el maestro de +azcar, el Mayordomo, todos. Pareca que no haban visto mujer en su +vida y que ninguno era casado ni tena hijos.</p> + +<p>Mas, qu me dicen las nias del seor don Jos, el mdico del ingenio? +Ese tambin me ha enamorado y sigue enamorndome con otra msica. No se +ran, nias, es la pura verdad. Ah donde sus mercedes lo ven tan +blanco, andando siempre en puntillas, credo que es un real mozo, y que +todas las mujeres se mueren por l..., pues est que se le cae la baba +por m. No lo he querido nunca. Es ms agarrado...! Don Alejandro en +puo.<a name="FNanchor_52_52" id="FNanchor_52_52"></a><a href="#Footnote_52_52" class="fnanchor">[52]</a> No le dar una sed de agua ni a la paloma del Espritu Santo. +Yo! Ni saber de l.</p> + +<p>—Luego, dijo Adela enfadada, t quieres a los hombres por dinero?</p> + +<p>—No, niita, no me haga su merced esa injusticia. Yo no poda querer; +no me sala de adentro el querer a nadie. No se quiere ms que una vez +en la vida. Mi corazn se haba secado. Tampoco quera dinero para echar +lujo, lo quera para libertarme. Resist, resist...; pero la juventud, +el deseo de mejorar de suerte, de salir de este infierno; el diablo que +pone el fuego junto a la estopa y luego sopla. Qu s yo! Lo cierto +fue, nia... Se me cae la cara de vergenza. Entre todos mis +pretendientes, el carpintero vizcano que estaba aqu a mi llegada, cre +que me cumplira la palabra de libertarme; y en mal hora le fui infiel a +Dionisio. Entonces naci Tirso, ese cuervo que todava me ha de sacar +los ojos.</p> + +<p>Las seoras del auditorio, escandalizadas del descoco de la negra, +manifestaron su desaprobacin con un murmullo general y marcado. La +nodriza, tirando a enmendar la falta, aadi a la carrera:</p> + +<p>—Las nias me han de dispensar si he dicho algo malo. Pero pnganse en +mi lugar por un momento. Vamos a ver: si por una desgracia impensada, +por un trastorno de la naturaleza cualquiera de las nias que me +escuchan se vuelve mujer de color, y cuando ms dura le parece la +esclavitud viene un individuo, sea blanco, mulato o negro, feo o bonito, +y le dice: no llores ms, consulate, anmate, te compadezco, voy a +libertarte. Pensara como piensa ahora de m? A que no! Qu dulce no +le parecera la palabra! Qu buena, qu amable, qu angelical no le +parecera a la persona! Te voy a libertar! Ay, nias! Yo no he odo +nunca esas palabras sin estremecerme, sin un regocijo interior +inexplicable, como si me entraran calofros... La libertad! Qu +esclavo no la desea? Cada vez que la oigo pierdo el juicio, sueo con +ella de da y de noche, formo castillos, me veo en La Habana rodeada de +mi marido y de mis hijos, que voy a los bailes vestida de ringo rango, +con manillas de oro, aretes de coral, zapatos de raso y medias de seda; +todo como haca cuando muchacha en el palacio de los seores condes de +Jaruco.</p> + +<p>Pero, siguiendo mi cuento, nias, lo peor de todo era que si yo me +sonrea con el maestro de azcar se pona bravo el boyero, o el tejero, +o el Mayordomo, o el mdico, o el Mayoral, don Liborio Snchez quiero +decir, se que acaba de botar Seorita por fiera con los negros, y que +entr cuando sali don Anacleto Puales. Ese era el ms temible de mis +enamorados. Quera que le quisieran a la fuerza, y si me negaba, all +iba el cuerazo. Por celos y piques me ha dado dos bocabajos y me ha +crucificado las espaldas con el cuero. No saben sus mercedes cunto me +he alegrado de que lo botara Seorita. Tiente, nia, tiente aqu en los +hombros y las paletas. Meta la mano.</p> + +<p>La desliz Adela, con cierto recelo, por entre la piel y las ropas de la +negra y las retir precipitadamente porque sus dedos de rosa fueron +tropezando con verdugn tras verdugn, trazados en todos los sentidos, a +la manera de los camellones del terreno recin arado, por la punta del +ltigo del celoso capataz. Entonces comprendi la joven una parte del +martirio de su ama de leche. Doa Juana e Isabel se horrorizaron y +vertieron ms de una lgrima de simpata por la martirizada esclava.</p> + +<p>Y de contra, nias, prosigui ella su interesante relacin, don Liborio +haca que el Mayordomo le escribiera una carta al amo, donde le deca +mil cosas de m; que yo era una tal por cual; que traa revuelta la +finca con mis enamoramientos; que por m tena que cambiar de operarios +a cada rato. En efecto, botaba a los que supona que me gustaban. +Tambin deca que apenas entraba un nuevo operario, yo me daba mi arte +para <i>vajearlo</i>, y hacer que descuidara sus obligaciones por enamorarme. +En fin, que yo sonsacaba a los hombres. Yo sonsacadora! Qu culpa +tena de que los blancos se enamoraran de m? Si les corresponda, malo; +si los rechazaba, peor. Vaya mirando, nia, qu triste era mi +situacin!</p> + +<p>La <i>contesta</i> a la carta del Mayoral era siempre: Castigue a esa perra. +Por supuesto, l se vengaba a su gusto de los desaires que yo le haca. +Pobre de m! No tena ni a quien quejarme! Vinieron unas Pascuas el +amo y el nio Leonardo, ms ninguno de los dos quiso orme ni verme +tampoco. Otra vez le dije al patrn Sierra lo que me pasaba: fue a La +Habana, volvi y me cont que no pudo hablar con Seorita ni con su +merced; slo logr decir algo a Dolores. Confirm Adela en todos sus +detalles esta ltima circunstancia, refiriendo brevemente la escena con +su madre, descrita al final del Captulo IX, Segunda parte.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_IXc" id="Capitulo_IXc"></a><span class="smcap">Captulo IX</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Por sorda y ciega haber sido<br /> +Aquellos breves instantes,<br /> +La mitad diera gustosa<br /> +De sus das miserables.</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">El Duque de Rivas</span></p></div> + + +<p>Enseguida, la antigua nodriza continu diciendo:</p> + +<p>—Ver ahora la nia la causa verdadera del rigor con que he sido +tratada. Un da... no me acuerdo bien, slo s que hace mucho tiempo, +despus de la tormenta grande de Santa Teresa, o el ao en que ahorcaron +a Aponte,<a name="FNanchor_53_53" id="FNanchor_53_53"></a><a href="#Footnote_53_53" class="fnanchor">[53]</a> me llam el amo al comedor. Estaba solo, y me dijo:</p> + +<p>—Mara de Regla, como has perdido al chico y tienes buena y abundante +leche, he pensado que debe aprovecharse. En tal virtud, te he alquilado +por medio del seor doctor don Toms Montes de Oca, con un amigo suyo +para dar de mamar a una nia de algunos das de nacida. Ea! con que +estar lista para despus de almuerzo.</p> + +<p>Despus de almorzar, el amo sali y se meti en la calesa. Yo segu +detrs de l para ir a pie. Pero me hizo subir y me sent a su lado. Me +qued sorprendida. Sentarme el amo en los cojines de la calesa, cuando +los negros slo se sientan en el pesebrn! Luego orden a Po que +arreara para all fuera. Qu ser? qu ser? pensaba yo. Salimos por +la puerta de Tierra, cogimos la calzada de San Luis Gonzaga todo +derecho, y no paramos hasta unas pocas casas de esquina del Campanario +Viejo. Delante de una de dos ventanas de hierro y zagun, mand parar el +amo junto a otra calesa vaca que se hallaba a la puerta. Cre que all +viva el mdico o el padre de la nia a quien iba a criar. El amo se +ape y me dijo:—Apate. Entr en el zagun y yo atrs de l. Entonces +vi que haba un torno grande, como para meter nios, en la pared de la +derecha y que la vista del patio la ocultaba un cancel alto, con una +puerta en medio.</p> + +<p>Se par el amo y me dijo bajito y muy serio:—Mara de Regla, llamars +a esa puerta, preguntars por el seor doctor Montes de Oca, y hars al +pie de la letra cuanto l te ordenare. Oye bien lo que voy a decirte. +Cuidado como hablas palabra con alma viviente de lo que aqu vieres, +oyeres o entendieres. Tampoco, mientras dure la lactancia (s, lactancia +dijo) de la nia, pienses en ver a Dionisio ni a ningn otro de casa. +Sobre todo, nadie ha de saber por tu boca quines son tus amos ni quien +te trajo a esta casa. Para todo el mundo, lo oyes? vas a ser de aqu +adelante sorda, muda y tonta respecto de m, de Seorita, de la nia que +has de criar y de las personas que la rodearn en esta casa y en +cualquiera otra a donde la llevaren, me has odo? Me has entendido? +Eh! No te digo ms. Llama.</p> + +<p>All me dej el amo hecha un mar de confusiones. Aunque el amo se +retir de prisa, no subi a la calesa hasta que vio que yo son el +aldabn y abrieron la puerta. Si se figurara que me iba a huir! Me +abri una morena vieja, y en cuanto que puse el pie dentro, conoc donde +me hallaba. De todas partes o llantos y chillidos de muchos nios. Me +hallaba en la Casa Cuna. Haba de todo en ella, quiero decir, nios +blancos y mulatos y crianderas casi todas negras como yo. No tuve que +preguntar por el seor de Montes de Oca, pues estaba en el comedor +examinando un nio enfermo en los brazos de su criandera, y, sin ms ni +ms, me dijo:—Mara de Regla Santa Cruz, eh? Antes que yo pudiera +contestarle s, seor, o no, seor, me cogi por la mueca, me tom el +pulso, me hizo sacar la lengua y me abri los prpados con dos dedos +para ver el color de los ojos. Todo esto callado o por seas. Luego me +llev al primer aposento. En el medio haba una camita de caoba tapada +con un mantn o velo grande de punto blanco, que el mdico levant con +una mano, mientras que con la otra me sealaba para una nia blanca +dormida entre paales de holn batista, bordados o con encajes anchos. +Qu lujos, nias, qu lujos! Me qued boba. Deban ser muy ricos sus +padres, ms ricos que el Buey de Oro. El mdico, con su vocecita faosa, +me dijo:—Esta es la nia que vas a criar. Cudala como si fuera hija +tuya, que no te pesar. T eres joven, eres buena y sana y debes tener +mucha leche. Ve la marca azul que tiene en el hombro izquierdo. No se ha +bautizado todava.</p> + +<p>Me hice cargo de la niita y me propuse criarla como si fuera mi hija, +no tanto por la amenaza del amo como por la promesa del mdico y porque +me pareci una divinidad. Me encant. Mejorando los presentes, no haba +visto nia ms linda en la vida. Slo poda compararse con su merced +cuando naci. Se pareca tanto a su merced entonces, que si vive y no se +ha descompuesto, es el mismo retrato de su merced. Ni jimaguas se +hubieran parecido ms.</p> + +<p>Qu blanca! aadi la nodriza, trazando a grandes rasgos el retrato de +la chica en la Casa Cuna. Blanca como coco, nias: la cara redonda, la +barba puntiaguda, la nariz afilada, la boca un botn de rosa, chiquita +y colorada. Y los ojos? No me diga nada: hermossimos; las pestaas +tamaas. No me cansaba de mirarla. Lo primero que hice en cuanto +<i>dispert</i> fue registrarle los hombros para verle la marca. Tena una +media luna pintada con aguja, salva sea la parte (sentando Mara de +Regla la mano abierta en el omplato izquierdo) aqu...</p> + +<p>Al principio la nia no quera darse conmigo: extraaba el olor de la +madre o de la primera mujer que le dio de mamar. Los das que estuve en +la Casa me trataron como una princesa... Ah! Qu cuidado tenan +conmigo! Eso s, no me dejaban salir a la calle. El mdico estuvo tres o +cuatro veces a ver a la niita y l fue quien trajo al padre Manjn, +cura de la Salud, para que la bautizara. Le pusieron por nombre Cecilia +Mara del Rosario, de padres no conocidos, y, por supuesto, Valds.</p> + +<p>—Cecilia Valds! repiti asombrada Carmen. Ese nombre no suena en mis +odos por la primera vez.</p> + +<p>Confirm Adela el parecer de su hermana, si bien ninguna de las dos pudo +recordar la poca precisa, la ocasin ni el lugar. Con esto se despert +ms vivamente la curiosidad y el inters de las seoras.</p> + +<p>Por todas estas cosas, dijo la enfermera, me pas ms de una vez por la +idea que poda ser el mdico el padre de la niita. Pero era tan feo, +que me convenc que de l no poda nacer nia tan preciosa, aunque la +hubiese tenido con la misma diosa Venus. Unos pocos das despus de +bautizada la nia vinieron a buscarla en un carruaje muy lujoso, de +orden del mdico. Entramos en La Habana por la puerta de la Muralla, +dimos muchas vueltas y fuimos a parar a una casita del callejn de San +Juan de Dios. Al apearme le pregunt al calesero de quin era, y me +contest:—De Montes de Oca. Pero cuando le pregunt quin viva en +aquella casita, echando a correr dijo:—Yo no s.</p> + +<p>Me recibi a la puerta una mulata gorda, bien vestida y hermosa. +Dicindome:—Entra, Mara de Regla (saba mi nombre), me arrebat la +nia de los brazos y por poco se la come a besos. Esta es la madre, +pens yo. Mas luego me desenga que no lo era, pues sigui con la nia +hasta el segundo cuarto y se la present a otra mulata ms joven, ms +bonita que ella, que se hallaba en una cama.—Charito! Charito! le +dijo. <i>Dispierta!</i> Algrate. Mira a quien tienes aqu, a tu Cecilita. +Mira qu linda est!</p> + +<p>Aunque estaba plida como muerta, casi desnuda, flaca, con el pelo +alborotado, se me dio aire a Cecilia, s, se me pareci mucho a ella, me +convenc de que era su madre.</p> + +<p>Tard mucho en <i>dispertar</i> la tal Charito, pero ms vala que no, +porque se arm all la San Francia. Abri los ojos, mir para todas +partes como azorada y se sent en la cama. Me pareci que haca como si +estuviera loca; y lo estaba, nias, no me qued duda. Cuando la mulata +gorda, que la llamaban Chepilla, le meti la nia por los ojos, ella +empuj a las dos y se ech fuera de la cama furiosa. Agarr a Cecilita +por el pezcuezo con las dos manos y trat de ahogarla, y la hubiera +ahogado si Chepilla no echa a correr para la sala con la nia y cierra +la puerta del primer aposento. Tambin entre una negra vieja, alta, que +pareca un esqueleto andando que se apareci de repente por la puerta de +la cocina, y yo, logramos sujetar a la loca y tumbarla en la cama. +Tumbada y todo peleaba con nosotras, valindose de las uas y de los +pies, sin decir palabra, hasta que la negra esqueleto, hecha un mar de +lgrimas, me dijo por seas que la amarrara con una sbana en el catre. +As lo hice y... remedio santo; la loca se qued como en misa. Por eso, +bien deca mi amo el seor Conde, que el loco por la pena es cuerdo.</p> + +<p>Quieta por aqu la gente, fui a coger la nia, pues la o llorar; y +encontr las puertas cerradas por dentro con la aldaba de garabato, y +aunque toqu varias veces, no vino <i>sea</i> Chepilla a abrirme. Supuse que +por miedo de la loca, y trat de <i>aguaitar</i> por un agujero, por si vea +lo que estaba haciendo. La vi efectivamente de espaldas, asomada a un +postigo de la ventana, presentndole la nia a un caballero que se +hallaba en la calle y del cual slo alcanc a verle el sombrero negro de +ala angosta y copa como campana. Era de los llamados del <i>situayn</i>, que +estaba de moda y me pareci haberlo visto antes.</p> + +<p>Sin duda con ese caballero hizo <i>sea</i> Chepilla venir al mdico Rosan, +pues se apareci en la casa de buenas a primeras y derecho pas al +cuarto de la enferma y la estuvo examinando despacio. Su <i>pronstico</i> +fue fatal. Charito est loca de cepo, le dijo sin rodeos a <i>sea</i> +Chepilla; y lo que es peor, hay que separar cuanto antes la hija de la +madre o la madre de la hija. Ha tomado con ella el tema de su locura y +es muy fcil que la ahogue en uno de sus arrebatos. <i>Sea</i> Chepilla, +afligidsima, como deben figurarse sus mercedes, dijo que aunque vea el +riesgo de que durmieran bajo el mismo techo la madre y la hija, no se +atreva a tomar una determinacin hasta consultar a un caballero con +quien ella consultaba todas sus cosas.—Ser ese sujeto con quien Vd. +me mand a llamar? pregunt el mdico.</p> + +<p>—El mismo, contest la mulata gorda.</p> + +<p>—Pues me espera en la esquina, agreg el seor de Rosan, para or de +mi boca el pronstico del estado de la enfermedad de la doliente, y como +el caso urge y no hay tiempo que perder, le har venir para que Vd. le +consulte...—No, no seor, repuso <i>sea</i> Chepilla asustada. Se perder +ms tiempo. El no vendra ahora aqu. Mejor ser que si Vd. tiene la +bondad le haga por m la consulta all mismo y me diga despus su +resolucin. Fue a la esquina el mdico, a poco volvi y comenz a +decir:—Don Cn...—Calle, seor doctor, le ataj ms azorada que nunca +<i>sea</i> Chepilla. Calle, por vida suya, no diga ms, yo s su nombre y +basta.</p> + +<p>—Bien est, continu el mdico con toda su calma; el caballero de la +esquina es de opinin que se lleve a Charito a Paula, ahora mismo +dispondr que la conduzcan en una litera. Ah! Tambin es de opinin que +se quede la nia con su criandera en esta casa.</p> + +<p>—Quin era el caballero de la esquina? preguntaron a una Carmen y +Adela.</p> + +<p>—Yo no lo s verdaderamente, nias mas; contest titubeante la antigua +nodriza. No me atrevera a jurar que el mdico dijo don Cn. Bien pudo +decir en vez de don Cn, don Juan, don San u otra palabra acabada en an. +Me hallaba distante, tema que me sintieran, y luego la nia continuaba +llorando. Me pusieron en sospechas, lo confieso, los aspavientos de +<i>sea</i> Chepilla, y el recuerdo del sombrero de moda que vi por el +postigo de la ventana.</p> + +<p>—Anj! exclam Carmen. Segn eso, si no sabes de cierto quin fue el +caballero que no acab de nombrar Rosan, lo sospechas. Cmo crees t +que se llamaba?</p> + +<p>—Yo no creo ninguna cosa, nia Carmita, contest Mara de Regla +turbada. Tampoco me atrever a decir esta boca es ma.</p> + +<p>—Qu temes? le pregunt Adela en tono blando.</p> + +<p>—Ay, nia Adelita! Temo mucho, temo todo. Los negros han de mirar +primero cmo hablan.</p> + +<p>—Tu temor es vano. Qu puede sucederte? Tanto tiempo hace de lo que +vas a referir, que ya casi se ha olvidado. Adems, el sospechar no es +malo, la sospecha es natural algunas veces.</p> + +<p>—Pero, nia, su merced parece que se olvida que lleva siempre la de +perder el esclavo que sospecha de sus amos.</p> + +<p>—Cmo! Qu! interrumpi a la negra, Carmen, visiblemente enojada. +Acaso sospechas que fue pap?</p> + +<p>—Yo no, nia de mi corazn, se apresur a decir la antigua nodriza. +Dios me libre de sospechar nada malo del amo. Me equivoqu, nia +Carmita, se me trabuc la lengua. Yo no quise decir amos, yo quise decir +blancos. Los esclavos no deben pensar nada malo de los blancos. +Entiende ahora la nia lo que quise decir?</p> + +<p>—No, repuso Carmen con marcada seriedad. No quiero creer lo que dices +ahora para disculparte y no referir lisa y llanamente lo que sucedi. Te +haces la mosquita muerta cuando te conviene, y crees que sabes ms que +nosotras. Pero te engaas, y lo peor es que te contradices a las claras. +Voy a probrtelo. No te pareci malo contar que al mdico don Jos Mateu +se le caa la baba por ti, que lo mismo o poco menos le sucedi al Conde +de Jaruco y a su hijo, y que la Condesa, por celos, se apresur a +casarte con Dionisio. Qu ms podas decir de unos caballeros blancos?</p> + +<p>Hubo un momento de silencio, si penoso para la narradora, mucho ms para +Isabel, cuya viva imaginacin traspasaba los lmites del presente, junto +con los del lugar; y, atando cabos, vea, como a travs de un cristal, +el cuadro nada limpio ni edificante de la familia con la cual iba a +contraer lazos que no se rompen sino con la existencia. Nada pregunt, +no despleg los labios para hacer una exclamacin o exhalar un suspiro; +con lo que haba referido la negra tuvo bastante para adivinar lo dems. +En el mismo caso no se hallaban Carmen y Adela. Estas no posean el +talento, la edad ni la experiencia de su amiga, y fue natural que, lejos +de asustarse, disgustarse o darse por satisfechas, sintieran mayor +curiosidad y desearan averiguar hasta los ms menudos incidentes de una +historia que tena todos los visos de escandalosa, si no de altamente +inmoral.</p> + +<p>—Vamos a ver, volvi a la carga Adela con su voz melosa y persuasiva +expresin. Di de una vez, quin te figuras que fue el caballero que +viste por el postigo de la ventana?</p> + +<p>—Voy a decirlo porque sus mercedes me lo exigen, no porque me sale de +adentro. Dios me castigue si digo mentira, y no me tome en cuenta mis +palabras si levanto un falso testimonio. Pero me figur, nias, que el +caballero que vi al postigo de la ventana besando a la nia era... el +amo. Se pareca mucho.</p> + +<p>—Pap! exclamaron a una, ahora indignadas, Carmen y Adela. Eso no +puede ser. Te engaaron tus ojos. Pap no ha tenido que ver nunca con +mulatas y gente sucia.</p> + +<p>—Mentira! recalc Carmen, que no senta ningn gnero de consideracin +por Mara de Regla. No fue pap. No, no, no. Pap, tan serio, tan +caballeroso, noble por nacimiento y por carcter, pap besar a +hurtadillas, desvivirse por una muchachuela de la Cuna, una mulatica +quizs! Es imposible! Lo niego, lo rechazo con indignacin. Si me lo +juran por todos los santos del cielo no lo creo.</p> + +<p>—Me enga, nias, dijo la negra compungida. Sus mercedes no deben dar +crdito a mis palabras. Me enga, vi mal. Tom a otro caballero por el +amo. Me confunda. Hganse cargo sus mercedes que yo estaba sofocada por +la pelea con la loca, y de contra, que vi lo que pasaba en la ventana de +la sala, por un agujerito en la puerta del aposento. No es mi culpa que +yo haya guardado esa figuracin tanto tiempo en el pecho. Qu culpa +tuve yo de que el amo me alquilara para criar la niita? qu culpa tuve +yo de que el amo me llevara en su calesa a la Casa Cuna? qu culpa tuve +yo de que el amo me encargara el mayor silencio sobre lo que iba a ver y +or en la Cuna y en toda otra parte a donde llevaran la cra? Sus +mercedes no ven el misterio? Luego, quin era el padre legtimo y +verdadero de Cecilia? El mdico Montes de Oca no era; el mdico Rosan +no era; el amo no era, porque estaba casado con Seorita. Quin era? +Claro, el hombre que vena a menudo a ver la niita, siempre +escondindose de m. Por qu se esconda de la criandera de su hija y +no de la ama de la casa? Yo cavilaba en esto, y luego daba la casualidad +que ese hombre se pareca tanto al amo, que muchas veces me tragu que +los dos eran uno. Pero sus mercedes me han sacado de la duda.</p> + +<p>—Por supuesto, dijo Carmen, en quien la diplomacia de ama empezaba a +ejercer su imperio sobre la pasin de hija. Por supuesto, t estabas +equivocada. Pap no ha tenido ms arte ni parte en ese enredo que el +buen deseo de sacar al mdico Montes de Oca de un compromiso con un +amigo suyo que necesitaba una negra para criar a una nia ilegtima. Tan +claro se ve esto como la luz del da. Lo extrao es, muy extrao, agreg +dirigiendo la palabra a sus amigas, que esta negra, la ms despierta y +resabida de las negras, no hubiese procurado averiguar quines eran las +mujeres de la casita en el callejn de San Juan de Dios; ni cmo se +llamaba el caballero que sola venir a ver la muchachita por el postigo +de la ventana. He aqu la cosa ms incomprensible para m.</p> + +<p>—Ah! exclam la taimada enfermera. Conque su merced cree eso? Pues +mire la nia que trabaj todo el tiempo lo que fue bueno para averiguar +lo ms mnimo; y unas cosas supe y otras cosas no logr saberlas. Vaya +que si met los dedos! Vaya que si <i>escarbat</i>! Ms que una gallina con +pollitos. Pero nada, no haba modo de sacarles una palabra. Las dos +mujeres, o eran muy sabichosas, o las haban <i>alicionado</i> gentes que +saban ms que nosotras. Lo nico que logr averiguar de cierto fue que +la morena esqueleto se llamaba Madalena Morales y era madre de <i>sea</i> +Chepilla, que <i>sea</i> Chepilla Alarcn era madre de <i>sea</i> Charito, y +<i>sea</i> Charito era madre de Cecilia Valds. Es querer decir, que +Madalena, negra como yo, tuvo con un blanco a <i>sea</i> Chepilla, parda; +que <i>sea</i> Chepilla tuvo con otro blanco a <i>sea</i> Charito Alarcn, parda +clara, y que <i>sea</i> Charito tuvo con otro blanco a Cecilia Valds, +blanca. Ahora, quin mantena a esas mujeres? quin pagaba la casa, la +comida, el mdico y el lujo? Quin era el padre de la nia? Nunca pude +averiguar lo cierto. No me vala meter los dedos con mucho disimulo. +<i>Sea</i> Chepilla siempre estaba alerta. Porque si yo le haca una +pregunta, por inocente que fuera, de seguro que me sala con otra +pregunta:—A dnde aprendiste esa labia?</p> + +<p>Una vez le pregunt a Madalena cmo se volvi loca Charito. En mala +hora. No habl ni una palabra; se <i>dimud</i>, se puso ceniza; resopl como +un animal espantado; solt muchos ufs y afs y sali disparada y se meti +en la cocina. Otra vez le pregunt quin meti a Cecilita en la Casa +Cuna. Jess! acab de rematarse. No pudo hablar. Le pregunt otra vez: +cmo es la gracia del padre de Cecilita? Pareci que le pegaron +candela; materialmente ech chispas por todo el cuerpo; se le pararon +como culebras los moitos de pasas en la cabeza; dijo:—oh! ah! abri +los brazos, uno para ac, otro para all, form dos cruces con los dedos +cual si hubiera visto al diablo y me dej con tamaa boca abierta. Le +digo a las nias que no me descuidaba.</p> + +<p>Lo malo es que yo, partiendo por la primera, cre que el caballero +blanco, que vena casi todas las semanas a ver la niita a escondidas +mas, era el amo, y se lo dije a Dionisio en cuanto nos vimos. Por Po +supo l que el amo se apeaba a menudo en al callejn de San Juan de +Dios, y que segua luego a tomar el carruaje, o en la calle del +Empedrado, o enfrente de la casa de don Joaqun Gmez, donde jugaba +todas las noches al tresillo. Con estas seas, tanto hizo Dionisio hasta +que dio conmigo. <i>Sea</i> Chepilla no me dejaba salir a la calle ni para +hacer los mandados; pero yo y Dionisio nos veamos, o de madrugada +cuando l iba a la plaza, o tarde de la noche mientras todos dorman en +la casa. Entonces conoci Dionisio a Cecilia y le tom un odio... +mortal, porque ella era la causante de nuestra separacin. Para salir +Dionisio de casa tarde de la noche, haca que la vieja Mamerta robara la +llave de la puerta de la calle, que se guardaba en el aposento de +Seorita.</p> + +<p>Por fin, una madrugada nos pill <i>sea</i> Chepilla a m y a Dionisio +conversando en la sala, y se puso tan brava que me quit la nia y me +prohibi darle de mamar. Por fortuna esto fue como a los nueve o diez +meses de estarla criando, en que ya caminaba y poda mantenerse con +mascaditos... A los pocos das <i>sea</i> Chepilla me dijo que ya no me +necesitaba ms y que poda irme para mi casa. Yo le contest que no +saba las calles de La Habana y tema perderme. Admrense, nias, al da +siguiente vino Po por m. Quin le avis? El me dijo que el amo haba +mandado a buscarme. Pero, cmo supo el amo que me haban botado?</p> + +<p>En casa me aguardaba Seorita con espada en mano. Yo, sin embargo, no +tema nada, porque esperaba que me defendera el amo. Qu haba de +defenderme! Al contrario, me pareci que se puso en contra ma y que +atiz a Seorita para que me mandara al ingenio, sin hacer ninguna +averiguacin. Dionisio me haba contado que Seorita y el amo haban +tenido muchas pendencias por mi causa, por la nia que yo criaba, por +haberme llevado el amo en la calesa a la Casa Cuna, porque no crea que +el mdico Montes de Oca me haba alquilado; en fin, por otras mil cosas. +Lo cierto es, que apenas entr por la puerta del zagun, me llev +Seorita al cuarto escritorio donde estaba el amo sacando cuentas, y +all me puso en confesin. No recuerdo todo lo que me pregunt, ni lo +que yo le contest; lo que yo recuerdo bien es que le dije muchas +mentiras y que me amenaz con mandarme al ingenio. El amo no dijo ni j, +ni j.</p> + +<p>Pero ya estaba yo embarazada de Dolores y Seorita de su merced. Ella +se enferm de estas resultas, y cuando naci su merced, como estaba +delicada y yo haba salido felizmente de mi cuidado, tuve que criar a su +merced para que la vieja Mamerta criara a Dolores con leche de vaca y +migas.</p> + +<p>Vean ahora, nias, mi mala suerte. Yo, madre querendona, obligada a +criar la hija de mi seora, mientras a la hija de mis entraas, la +primera que se me lograba, no poda darle de mamar, tan siquiera cogerla +en mis brazos para besarla y calentarla en mi seno. Bien sabe Dios que a +m siempre me han gustado los nios; que si cri bien a Cecilia, con ms +veras la cri a su merced y la quise y la quiero como si la hubier +aparido. Pero pngase en mi lugar, nia Adela, y considere cmo no +sufrira yo cuando vea a su merced sanita, sonrosada, rolliza, limpia, +con mucho birrete de punto, mucha faja bordada, mucha camisita de holn, +faldellines con encajes, mediecitas de hilo y zapaticos de seda, +durmiendo en cuna de caoba que la mandaron al amo de regalo desde el +Norte, siempre en mis brazos o en los de Seorita, en los de la nia +Antoica, hasta en los del amo, porque su merced era muy chiqueada por +todas las personas; porque su merced lloraba, o se quejaba de algo, se +vena la casa abajo y eran pocos los amos, los amigos y los criados para +correr por el mdico, para ir a la botica y atender a la nia, hasta que +se le pasaba el dolorcito y se pona buena. La mayor parte de las veces +yo tena la culpa, segn deca Seorita, del llanto de su merced, porque +la haba pellizcado al fajarla, porque el agua del lebrillo en que la +ba estaba muy fra o muy caliente, porque le prend mal un alfiler y +le araaba, y por otras mil cosas. E intertanto qu era de mi hija +Dolores? Figrese su merced cmo no me partira el corazn de verla +flaca, enfermiza, mocosa, sucia, casi desnuda, arrastrndose por el +suelo, entre las gallinas del patio o entre las patas de los caballos +en la caballeriza, o al lado del anafe de las planchadoras, o en la +cocina salpicada de manteca caliente; chupando en una muequita el pan o +el arroz mojado en leche que para entretener el hambre le envolva en un +trapo sucio la mujer que la criaba. Si lloraba... Jess! En vez de +consolarla, Seorita era la primera que deca:—Llvense esa negrita +para la cocina! Me atormentan sus chillidos. Dionisio no saba manejar +nios, ni poda tampoco abandonar sus obligaciones. Mamerta, la +encargada, era una solterona vieja que tampoco saba cuidar nios, que +no haba tenido hijos en su vida y... no conoca el amor de madre.</p> + +<p>Yo me pasaba los das y las noches llorando. Me qued en la espina. No +me falt por eso la leche, al contrario, luego que Seorita me haca +comer ms de lo regular, se me derramaba en el seno. Poda haber criado +a las dos nias con descanso si me hubieran dejado. Pero qu haba de +consentirlo Seorita! Ni pensarlo. Viendo Mamerta mi afliccin y mi +tristeza, me trajo una noche a Dolores al cuarto donde yo dorma junto a +la cuna de su merced. Ah! Con qu gusto le di de mamar! No he sentido +en mi vida mayor delicia! Aquella noche sali bien la trampa. Luego, +Dolores se engri conmigo; como que conoci la diferencia que haba de +chupar arroz mojado en la muequita de trapo, a chupar leche en el seno +de su madre. Para librarse Mamerta del llanto de Dolores y que la dejara +dormir, me la trajo otras noches, cuando crea que todos dorman en +casa. Mas tanto va el jarro al pozo hasta que se rompe. Una noche, +estando conmigo en la tarima, despert su merced, y fue preciso sacarla +de la cuna para que no oyera Seorita y nos pillara a todos juntos. +Coloqu a su merced a mi derecha, y a Dolores a mi izquierda y acostada +boca arriba entre las dos, dej que, como dos alacrancitos me chuparan +hasta la ltima gota de leche. Pero sucedi, supongo, porque yo me dorm +pronto, que Dolores se cans de mamar por un lado, trat de chupar por +el otro, y de buenas a primeras tropez con las manos y la cabeza de su +merced, abrazada con su parte. All fue Troya. Armaron las dos tal +pelotera, que dispert Seorita, vino al cuarto con una vela en la mano +y nos pill en el acto.</p> + +<p>Mamerta fue la que pag el pato, porque le dio una de chuchos el +Mayordomo, por mandato de Seorita, que no le quedaron ms ganas de +traerme a Dolores a la tarima. A m no me dijeron nada; pero al mes +siguiente o por ah, Seorita consult con el amo lo que haba de +hacerse conmigo; dio orden de embarcarme en la goleta de <i>se</i> Pancho +Sierra y me soplaron en el ingenio de <i>La Tinaja</i> el da menos pensado, +para que purgara mis culpas y pecados.</p> + +<p class="poem1"> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Ellos en aquesto estando</i>,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Su marido que lleg.</i></span><br /> +</p> + +<p>Pasadas las doce de la noche, entreoy doa Rosa un murmullo de voces en +el interior de la casa, y no creyendo menos sino que ocurra alguna +novedad entre sus hijas, se levant, y empujando puerta tras puerta por +toda la cruja de los cuartos, no par hasta el tercero, donde se +celebraba el congreso femenil. Su primer impulso fue reprender a sus +hijas, pero se contuvo a la vista de las seoritas Ilincheta y de su +respetable ta doa Juana Bohorques. Entonces trat de averiguar el +motivo de la velada.</p> + +<p>Todas las seoras, ms que menos asustadas, no acertaron a decir palabra +en justificacin de la desusada escena. No as Adela. Lejos de turbarse, +sali con mucha risa a recibir a su madre, procurando ocultarle la +antigua ama de leche con los pliegues de la falda; y en pocas palabras +la explic el objeto de la reunin y sus resultas. Enseguida +agreg:—Aqu tienes a Mara de Regla. Te pide perdn (se haba echado a +los pies de su seora) y nosotras todas nos unimos a su ruego para que +la dejes ir a La Habana al lado de Dionisio.</p> + +<p>Cogida de sorpresa doa Rosa entre los brazos de su hija y la esclava a +los pies, no supo qu responder; mas luego dijo con sentimiento.</p> + +<p>—Ay, hija! qu me pides! Eso es ms, mucho ms de lo que yo puedo +concederte si he de cumplir con mi deber y mirar por mi tranquilidad y +la de algn otro de la familia.</p> + +<p>—Mam! repuso Adela, ella nos ha contado su historia y la creemos +inocente de todo cuanto la acusan. Oyndola hemos llorado como unas +nias.</p> + +<p>—Inocente, t, dijo doa Rosa con sarcasmo, que has credo en sus +cuentos y lgrimas de cocodrilo. No ha nacido negra ms hipcrita y +maligna que sta. Me ha causado ms disgustos que pasas tiene en la +cabeza. Nunca me ha dicho palabra de verdad; ha tratado siempre de +engaarme y me ha desobedecido muchas veces. S, aqu est donde merece. +En ninguna otra parte podran aguantarla, y me da lstima cuando te +empeas por semejante negra. Lo peor es, nia, que ella no te quiere, +porque es incapaz de querer a nadie.</p> + +<p>—Pero yo la quiero, mam. Ella me cri y siempre me llora y me pide que +le sirva de madrina contigo. No tengo ya fuerzas para resistir sus +lgrimas y sus ruegos.</p> + +<p>—Est bien, Adela, replic doa Rosa despus de breve rato de +reflexin. Por ti y por Isabelita (que no poda reprimir el llanto) +perdono a Mara de Regla. Que vuelva a La Habana, pero no a servirme, ni +a vivir en casa, sino para que se alquile por su cuenta. Yo le dar +papel. Con eso, el jornal que gane ser para que t y Carmen tengan +todos los meses algn dinerito con que comprar alfileres.</p> + +<hr /> + +<h3><a name="CUARTA_PARTE" id="CUARTA_PARTE"></a>CUARTA PARTE</h3> + + + +<h3><a name="Capitulo_Id" id="Capitulo_Id"></a><span class="smcap">Captulo I</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Del contrario el pecho roto<br /> +Lanza ya de sangre un ro...</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">El Duque de Rivas</span></p></div> + + +<p>Por necesidad mortal no result la herida que en ria al cuchillo con el +msico Jos Dolores Pimienta, recibi Dionisio Jaruco o Gamboa. No le +asestaron el golpe de punta, sino de corte, y aunque el hierro dividi +diagonalmente los msculos del lado izquierdo del pecho, a la altura de +la tetilla, no lastim parte ninguna delicada en su largo trayecto. De +manera que, si cay de espaldas, no fue porque la herida le priv de +hecho de las fuerzas. Tropez con una piedra de la calle al esquivar el +golpe, abatindole el susto y el fluir de la sangre.</p> + +<p>Postrado y lamentoso, oprimindose la herida con ambas manos, se hallaba +en medio de la calle Ancha cuando acert a pasar un hombre de color, de +formas atlticas. Iba descalzo y llevaba una correa de cuero crudo que, +pasndole por el hombro derecho, se una por las dos gazas de las +extremidades en el costado izquierdo, a manera de tahal. Era aguador o +carretillero, como dicen en La Habana. Se acerc al or los quejidos y +se retir luego de prisa, murmurando:—<i>Mat! Dio mi libra.</i></p> + +<p>Enseguida pas otro, tambin hombre de color, aunque ms civilizado que +el precedente, si hemos de juzgar por el traje. Traa al brazo algo que +pareca un instrumento msico, envainado en una funda de bayeta. Par la +atencin en los lamentos del herido, se detuvo a respetable distancia, +y, cerciorado de lo que pasaba, exclam compadecido:—Pobre! <i>Qu +moja le han dao!</i> No se ha <i>muelto entuava</i>. Pero quin me mete a mi +en honduras? La justicia!... <i>All su arma su parma!</i></p> + +<p>Este sigui camino a toda prisa, volviendo la cara atrs de cuando en +cuando, no fuera que alguien le hubiese visto y le siguiera las huellas +para achacarle el homicidio maana o esotro da.</p> + +<p>El tercero de los transentes, hombre as mismo de color, era un tipo +<i>sui generis</i>; marcado, tanto por el traje que vesta como por sus +acciones y su aspecto. Componase aqul de pantalones llamados de +campana, anchotes por la parte de la pierna, estrechos a la garganta del +pie, lo mismo que hacia el muslo y las caderas; camisa blanca con cuello +ancho y dientes de perro en vez de borde; pauelo de algodn tendido en +ngulo a la espalda y atado por delante sobre el pecho; zapatos tan +escotados de pala y taln, que apenas le cubran los dedos ni le +abrigaban el calcaar, de modo que los arrastraba cual si fueran +chancletas; y un sombrero de paja montado en un zarzal de trenzas de +pasas, que tras de abultarle la cabeza demasiado, afectaban la forma de +los cuernos retorcidos de un borrego padre. Pendan del lbulo de sus +orejas dos lunas menguantes que parecan de oro, pero que, tocadas en la +piedra de toque, estamos seguros, el ms inexperto platero las habra +declarado de ordinaria tumbaga.</p> + +<p>Trazamos ahora aqu con brocha gorda la vera efigie de un <i>curro</i> del +Manglar, en las afueras de la culta Habana, por aquella poca memorable +de nuestra historia. No es nuestro original el majo que viste traje +andaluz. Es, ni ms ni menos, el negro o mulato joven, oriundo del +barrio dicho o de otros dos o tres de la misma ciudad, matn perdulario, +sin oficio ni beneficio, camorrista por ndole y por hbito, ladronzuelo +de profesin, que se cra en la calle, que vive de la rapia, y que +desde su nacimiento parece destinado a la penca, al grillete o a una +muerte violenta.</p> + +<p>Si hubiera cabido en la naturaleza del que naci curro, el aplicarse a +alguna cosa buena o de provecho, no cabe duda que el de que hablamos +ahora habra aprendido cuando menos las primeras letras; pues es un +hecho histrico que en la poca de su muchachez haba en La Habana ms +escuelas de ese grado servidas por maestros de color que por blancos, y +su padre, bien intencionado africano, tuvo siempre particular empeo en +que recibiera alguna educacin su callejero hijo.</p> + +<p>Ah cerca de la calle de los Corrales, donde naci y se cri nuestro +curro, estaba la escuela de Lorenzo Melndez, Teniente de granaderos de +la milicia de color, concurrida de nios pardos, negros y blancos, donde +se distribua la enseanza casi de balde, como que la pensin consista, +por la mayor parte, en legumbres, aves, huevos y velas de cera. Pero en +vano el padre le condujo muchas veces en persona; en vano recomend al +maestro que le sentara la mano, porque el rapaz era de mala cabeza; en +vano l por propia cuenta le propin castigos atroces; no aprendi ni el +<i>cristus</i>,<a name="FNanchor_54_54" id="FNanchor_54_54"></a><a href="#Footnote_54_54" class="fnanchor">[54]</a> en las poqusimas visitas que hizo a la escuela del +venerable maestro Melndez.</p> + +<p>Prefiri siempre la pesca de sardinas en Tallapiedra, o la de camarones +en la Zanja Real, o el juego de papalotes en el placer de Pealver, o +el de mates en la plazuela de San Nicols, o el del picado en las +paredes de la iglesia de Jess Mara. Esto, en el lenguaje vulgar de los +chicos de la escuela, se llamaba <i>fugitivarse</i>. La fuga de ella traa +consigo la necesidad de pasarse los das enteros al sol y al agua en las +calles, hecho la piedra de escndalo de todo transente pacfico, cuando +no haba oportunidad para guarecerse de algn cobertizo, como el del +matadero de cerdos, o de una taberna, donde infaliblemente se sobraban +las ocasiones de birlar algo con que entretener el hambre. Pero ya en +una, ya en otra parte, lo ms cierto era que sacaba siempre la cabeza +descalabrada, bien a manos del compaero curro con quien jugaba, bien a +las del tabernero, que no buscaba nunca en los tribunales de justicia la +defensa y amparo de su propiedad.</p> + +<p>As aprenda l a fuerte, as se curta desde pequeo, en la pillera y +la maldad. Y como no era el nico curro, pues abundaba la especie en la +poca mencionada, aconteca muchas veces el reunirse con otros varios de +su edad y de sus aficiones, en cuyos casos sus correras tomaban +carcter ms agresivo y malvolo. Formaba, en efecto, partido o bando +con los de su barrio para batirse a pedradas con los del vecino, sus +enemigos mortales; para arrebatar los medios que los padrinos solan +arrojarles a la calle despus del bautizo; para atarle mazas de lata a +la cola de algunos perros y soltarlos en los sitios ms concurridos de +paseantes; para lanzar piedras a los tejados o patios de ciertas casas +cuyos moradores les eran antipticos: para hurgar con pinchos y +embravecer en los corrales a los cerdos y toros destinados a la matanza; +en fin, para esgrimir el cuchillo de palo hasta araarse y sacarse +sangre unos a otros, cosa de aprender y adquirir agilidad en el manejo +de esa arma traidora.</p> + +<p>Rayaba en la adolescencia cuando su padre, desengaado de que las letras +no le entraban ni con sangre, le puso de aprendiz con el maestro +zapatero Gabriel Sosa, que tena su obrador en la calle de Manrique +esquina a la de la Maloja, dndole carta blanca para tratar al mozo en +todo conforme a la medida de sus merecimientos. Era el maestro Sosa +hombre duro de carcter y recio de mano, por lo que, a fuerza de golpes +con las hormas, de correazos con el tirapi y de atarle con cadena de +hierro, cual animal indmito y montaraz, para quebrantarle la propensin +a la fuga, al cabo de cuatro aos logr que aprendiese siquiera a hacer +zapatos de mujer. Despus de cumplido el trmino del aprendizaje, sola +concurrir dos o tres veces por semana a la misma zapatera con el objeto +de ganarse la subsistencia, siempre que no se le presentaban las +ocasiones de ganrsela por medios, si no ms honrosos, a lo menos ms +cmodos y de acuerdo con sus innatas inclinaciones.</p> + +<p>La zapatera del maestro Sosa se hallaba en la cresta de una barranca +cavada por las aguas llovedizas. Descendan por la calle de Manrique, y, +despus de recoger las de la calzada de San Luis Gonzaga, las de la +Estrella y la Maloja, se precipitaban en cascada por entre los patios de +las casas de ms abajo, formando arroyo caudaloso. Haba, pues, un +desnivel grande entre el piso de la casa y el de la calle, y, +consiguientemente, dificultad mucha de acceso por la altura del umbral.</p> + +<p>Al entrar en la calle Ancha, traa nuestro curro la vuelta del Campo de +Marte. Vena a paso largo, mejor a trancos, formando con los brazos un +ngulo de 45 grados (tal vez para disimular su demasiada largura), a +guisa de cigeas de piedra de afilar. No bien oy los quejidos y ech +de ver el bulto en el suelo, par de repente el trote. Luego de llevarse +ambas manos a las orejas, por si permanecan en su sitio las dos +menguantes de tumbaga, diciendo para s:—<i>no estn rompa, no me va a +sucedel na</i>, resueltamente se dirigi al herido.</p> + +<p>—Anj! Paisano, le pregunt en su lenguaje y tonillo peculiares, +quin es <i>ust</i>?</p> + +<p>—Yo soy Dionisio Jaruco, contest l con voz apagada as que se +cercior que se las haba con un moro de paz.</p> + +<p>—<i>Yo no ha odo ese nombre en mi va.</i></p> + +<p>—No es extrao, seor, porque soy medio forastero en esta ciudad. Y +cul es su gracia de Vd.?</p> + +<p>-Qu?</p> + +<p>—Que cmo se llama Vd.</p> + +<p>—<i>Me aman Malanga.</i></p> + +<p>—Malanga? repiti Dionisio cual si no hubiese odo bien.</p> + +<p>—Malanga. Aunque ste no es mi nombre, sino Polanco. <i>Er</i> amo de mi +<i>paire</i> era un <i>tar</i> Polanco. Pero <i>asina</i> me <i>aman</i> en el <i>Manglal</i>, +<i>polque</i> mi <i>paire</i> es de nacin, y mi <i>maire tambi</i>, y yo soy +<i>crioyo</i>. <i>Dende</i> chiquito me <i>aman asina</i>.</p> + +<p>Menta el bellaco. Dbanle en el barrio del Manglar el apodo de Malanga +por ser l desmalazado de porte y de carcter, por tener las zancas y +brazos largos, en contraste con el tronco, que era corto, y sobre todo +los pies grandes y gruesos.</p> + +<p>—<i>Y que hace el seol ah tendi pansa arriba?</i> Se le ha <i>subi el +aseite a la chola</i>?</p> + +<p>—Yo no estoy borracho, Malanga, estoy mal herido.</p> + +<p>—<i>Jero!</i> Y quin le ha hecho ese flaco <i>selvisio</i>?</p> + +<p>—Un pardito que no vale una guayaba. Mire aqu.</p> + +<p>—<i>Gea jeria! Se conoce que el paidito sabe su oficio. Pero ande ha +estao el seol?</i> En un entierro?</p> + +<p>—No he estado en ningn entierro. Yo vena de un baile, cuando me top +con el pardito; tuvimos unas palabras y en la pendencia me hiri a +traicin. Mas por qu me hace Vd., esa pregunta?</p> + +<p>—<i>Pol na.</i> Como lo veo <i>vesto de sacateca</i>...</p> + +<p>—Mi traje no es de zacateca, es traje de corte.</p> + +<p>—Si es de <i>colte arto</i> o <i>colte bajo</i>, yo no s, <i>ma</i> estoy mirando que +si no es <i>pol</i> la bota, digo, la casaca, le <i>coltan</i> al <i>seol</i> la pata, +digo, lo viran como cangrejo. <i>Dispu</i>, me <i>paese</i> que el <i>seol</i> es +<i>argo goldo pa pelial</i> con <i>cuchiyo</i>. <i>Dispu</i>, es <i>mu fatible</i> que el +<i>seol hayga aprendi</i> ya grande, y se es un <i>alte</i> que debe de +<i>aprendeise dende</i> que uno es chiquito. <i>Dispu</i>, <i>ust</i> tiene <i>mu +colto</i> el brazo y no <i>pu defendeise</i> de los <i>goipes</i> de arriba. +<i>Dispu</i>...</p> + +<p>—Hombre!, le interrumpi el herido con voz desmayada. Por el amor de +Dios y la Virgen Santsima! no hablemos ms de eso. Si Vd. es una +persona caritativa y quiere favorecerme que sea pronto, porque me voy en +sangre.</p> + +<p>—Le amarrar un pauelo <i>pa</i> que no <i>saiga</i> la sangre.</p> + +<p>—No, es preciso lavar primero la herida.</p> + +<p>—<i>Laval!</i> Est loco <i>er seol</i>? Y si se pasma? Y si se muere? +<i>Dispu</i> dir el <i>seol</i> que <i>pol mor de m</i>.</p> + +<p>—No, no lo dir, est Vd. seguro de ello. Si muero, no ser por culpa +de Vd., sino porque me lleg la hora. Vaya, seor Malanga, corra a la +taberna de la esquina y trigame una botella de vino seco y un vaso de +aguardiente.</p> + +<p>—S, <i>seol</i>, yo <i>dir</i> corriendo, <i>ma</i> el <i>tabelnero</i> ha <i>serrao</i>. Ya +es <i>mu talde</i>. <i>Dispu</i> est l ms <i>escamao colmigo quel</i> diablo, +<i>polque</i> me <i>conose</i> y sabe que, <i>anque mest mar</i> en <i>desislo</i>, he +<i>birao</i> ms de uno de esos cangrejos. Yo no <i>pueo miral pa</i> un cataln +sin que <i>me se</i> suba la sangre...</p> + +<p>—Bien, hombre, vaya, haga la diligencia. Tal vez abre. Toque recio.</p> + +<p>—Es que... paisano, <i>el seol</i> no entiende? digo que... que siel +<i>seol no pinta</i>, le hago <i>sabel</i> que no tengo ni <i>Jilacha</i>. No he hecho +ni la cruz esta noche.</p> + +<p>—Vamos, amigo, por qu no me lo dijo antes con antes? Aqu hay dinero. +Meta Vd., la mano en esta <i>faldriquera</i> del chaleco. Ah debe haber una +amarilla, dos doblones y un dobloncito. Coja Vd. el ms chico y corra, +que se me va la cabeza... no veo nada.</p> + +<p>Y se desmay el herido. El curro, sin embargo, no hizo alto en ello. +Slo se ocup de registrar el sitio designado y de coger en la mano la +moneda de oro que rara vez, si alguna haba posedo en su vida, con +permiso del dueo. Enseguida parti para la taberna que, cual esperaba, +encontr cerrada a cal y canto; y se puso a tocar con las falanges de +los dedos, al principio a la sordina, luego con el puo a golpes recios +y repetidos. De suerte que as fuera sordo de can el tabernero, hubo +de or y acudir presuroso al llamado, a fin de evitar que le echaran la +puerta abajo. No haba de ser un ladrn quien le sacaba de la cama de +aquel modo en hora tan avanzada de la noche. Por precaucin, sin +embargo, no abri ni el postiguillo enrejado; contentose con echar la +voz con acento puro cataln por el ojo de la llave, preguntando:</p> + +<p>—<i>Oya! Qui ets?</i></p> + +<p>—<i>Yo, o Juan.</i></p> + +<p>—<i>Ma, qui est jo?</i></p> + +<p>—<i>Malanga, o Juan, no me conose?</i> Abra la <i>puelta</i>.</p> + +<p>—<i>Abrit le porta! Vota va Deus! y per questa embajat m'ha fet salir +del cama? Andat, andat tu camin, Malangue. Jo no abrirat le porta. Qu +cinich descaro!</i></p> + +<p>—Abra, <i>o</i> Juan, pol <i>er amol de su maire</i>. Ah est un <i>probe</i> moreno +<i>jero</i>.</p> + +<p>—<i>Ferido dises? Pera el diable que te abra. Mare de Deu! la +justicia! Perderat cuant jo tinga! Meus dins! Bona nit, noy.</i></p> + +<p>—Oiga, oiga, <i>o</i> Juan. Yo no <i>dentrar</i>. Abra la gatera. Aqu hay +<i>mejengue</i>.</p> + +<p>—<i>Ah! Ese's altre contare. Vinga lo din.</i></p> + +<p>—Dando y dando, <i>o</i> Juan. Deme una <i>boteya</i> de <i>bino</i> seco. No +<i>mojao</i>. Entiende? Y un <i>baso</i> del que quema.</p> + +<p>—<i>Done, done.</i></p> + +<p>—Cunto?</p> + +<p>—<i>Un pese fort et mitje.</i></p> + +<p>—Tenga una <i>amariya</i> chiquita.</p> + +<p>—<i>Ten la boutelle et ten lo vaso. Et ten el volte. Per caridat te sirve +esta vegada, noy.</i></p> + +<p>Con la botella en una mano y el vaso en la otra, que recibi por el +ventanillo enrejado, sin pararse a contar el cambio que le dio el +tabernero, acudi en socorro del cocinero. Luego que le lav la herida, +es decir, que se la empap por encima de la camisa, que se la vend lo +mejor que supo y pudo con dos pauelos, que le dio a beber el +aguardiente, le ayud a levantarse y por la mano le condujo hasta un +cuarto de tablas en el interior de una ciudadela o casa de vecindad que +haba a la puerta inmediata del teatro de Jess Mara. Por fortuna, +mientras dur esta cmico-trgica escena, no pas por all alma +viviente, si exceptuarse puede uno que otro gato o perro que, lejos de +emprenderla con nuestros personajes, o huy despavorido, o se retir +ladrando.</p> + +<p>Pero de dnde naca la no vista amabilidad que despleg aquella alma de +cntaro, el malvado Malanga, en tan crtica ocasin? Proceda del hecho +que, habiendo tocado las monedas de oro en la faltriquera del chaleco de +Dionisio, calcul con razn que, ora muriese de la herida, ora sanase, +sera l su heredero forzoso, o se valdra de la fuerza o del engao +para heredarle en vida. A este fin primordial llev Malanga ms adelante +todava sus buenos oficios para con un hombre que le era enteramente +desconocido. Cediole la cama, consistente de un catre de viento, sucio y +desvencijado, sin ms ropa ni manta con que cubrir las <i>mataduras</i>; y a +la maana siguiente muy temprano fue hasta la esquina de la calle de la +Maloja y la del Campanario Viejo, donde viva el cirujano romancista +Zarza, le despert, y, quiera que no, le condujo ante el enfermo, +encargndole inviolable secreto. Servicios tales se pagan slo con +dinero entre gente honrada y leal. As lo comprendi Dionisio, quien, +tanto por gratitud cuanto por precaucin, se apresur a pagar la deuda, +dando al nuevo amigo que se haba echado, la mayor parte de la suma que +posea, no fuera que se cobrase de mano poderosa.</p> + +<p>Durante la convalecencia de Dionisio, le entretuvo Malanga con la +grfica relacin de su arrastrada vida y de sus aventuras. Nada le +ocult: sus trabajos de muchacho; sus rateras de mayorcito; sus +pualadas dadas y recibidas en rias desiguales; por ltimo, sus +maravillosas escapadas de las persecuciones de la justicia. +Especialmente refiri, por cierto con feroz complacencia, llevando la +cuenta con marcas hechas en el brazo izquierdo, el nmero de los +<i>cangrejos</i> (segn llamaba a los taberneros o pulperos, en su mayora +catalanes), que haba <i>birado</i> en sus pocos aos de vida; esto es, +asesinado a sangre fra.</p> + +<p>Como hiciese Malanga en estos casos frecuente uso de los vocativos +Dionisio y an Jaruco, prevnole ste no le diera ninguno de estos +dictados, exponindole las razones que tena para aquella precaucin.</p> + +<p>—Llmame paisano, prosigui. As me dirigi Vd. la palabra cuando me +encontr ms muerto que vivo en medio de la calle. Desgraciadamente soy +esclavo, amigo mo, y no me hallo aqu con licencia de mis amos. Yo me +aprovech de su ausencia en el campo para coger del escaparate de la +seora la ropa que Vd. se figur era de zacateca. Ah <i>tom</i> tambin el +dinerito con que nos hemos venido bandeando. Dentro de dos das no queda +ni para encenderle una vela a las nimas del purgatorio. Gana Vd. poco y +eso con mucho riesgo. As, es necesario pensar en salir a la calle y +ver cmo se hace por la vida.</p> + +<p>—No se aflija <i>er seol</i>, dijo Malanga en confianza, que <i>entuava</i> +tengo yo una prenda con que se <i>pue haseil</i> plata.</p> + +<p>—Venga la prenda, repuso Dionisio alegre.</p> + +<p>Desenvain el matn el buido cuchillo, que siempre llevaba consigo +debajo de la camisa, escarbat el suelo natural del cuarto hacia un +rincn, oculto por el catre, y sac algo pesado, envuelto en un trapo. +Enseguida, teniendo el bulto alto, aadi:</p> + +<p>—<i>Es querei desisde ar seol, que dende el ao pasao, entre yo, un +paidito amao Picapica y un morenito amao Cayuco, paranos de maanita +temprano, junto a la plasoleta de Santa Teresa, a un blanquito mu +currutaco que en cuanto que le ense el jierro me se qued muelto entre +las manos y mos dio toas las prendas que tena arriba de su cueipo. +Misamigos se cogieron la plata y yo me cog esta prenda. Dispu se la +yeb a un platero de la Calsa pa vel si me la meicaba; ma en cuanto que +la mir bien, va y me dise: Esta prenda es roba, y yo no doy poleya ni +un cabo de tabaco. Me, paisano, cog piche, y dende ese da la tengo +enterra. Es factible quer seol puea vendesta.</i></p> + +<p>—Daca la prenda dichosa, dijo Dionisio con gran prosopopeya.</p> + +<p>Pero no bien la tuvo en la mano, exclam sorprendido:</p> + +<p>—Yo conozco este reloj, amigo Polanco!</p> + +<p>—<i>Beld? dijo Malanga, me que caso!</i></p> + +<p>Era de oro, y de la argolla penda, doblada en dos, en vez de cadena o +cordn, una cinta moar azul y encarnado, cuyas extremidades recoga una +hebilla, as mismo de oro.</p> + +<p>—Conozco este reloj, repiti Dionisio. Seorita, quiero decir, mi +seora, se lo regal al nio Leonardo en octubre del ao pasado. Debe +tener una marca.</p> + +<p>Abierta la contratapa, el ex-cocinero ley: L. G. S., oct. 24-1830; +Leonardo Gamboa y Sandoval, que pasa las Pascuas con su familia en el +campo.</p> + +<p>—Y qu <i>endivos</i> son sos?, pregunt Malanga desconcertado.</p> + +<p>—Mis amos, contest Dionisio. La seora chiquea mucho a su hijo y le +hace cada da un regalo.</p> + +<p>—<i>Pue me ha de peidon er seol</i>, agreg el curro apesarado. <i>Yo no +saba que esos endivos eran conosos der seol.</i></p> + +<p>—No hay para qu perdonarle, amigo Malanga. Si para hacer uno por la +vida tuviera que pararse en melindres, se morira de hambre. Estoy +seguro, prosigui Dionisio, que a estas horas se hallan mis amos muy +descansados en La Habana, y su primer cuidado ha sido pregonarme por el +<i>Diario</i>. Me parece que leo el edicto en que se ofrece pagar bien por mi +captura. No faltar quien, por ganarse la propina, me siga los pasos, y +desde ahora digo, que bien puede amarrarse los calzones el que pretenda +echarme garra... Yo no me entrego vivo, tendrn que hacerme picadillo. +Tal vez Tond, que me conoce, se habr hecho cargo de la comisin... No +le arriendo la ganancia. Pero no hay necesidad de comprometer un lance, +porque dice el refrn que el que evita la ocasin evita el peligro, y yo +estoy resuelto a vivir y ser libre ahora que me he escapado. Yo no nac +para ser esclavo toda la vida, seor Malanga. No. Yo me cri en medio de +la grandeza y de la abundancia; ni conoc los rigores de la esclavitud +mientras estuve con mis primeros amos. Esos s que eran caballeros. +Ahora estoy casado y tengo dos hijos. Digo mal. La mujer hace muchos que +me la tienen desterrada all en las quimbmbulas del silencio, en un +ingenio, y ha tenido un mulato con un blanco. Pero yo la quiero y quiero +con el alma a mi hija, y debo trabajar para comprarles su libertad y la +ma. Con que vaya viendo, amigo Malanga, si conviene que no me llame +Dionisio, ni Jaruco, los dos nicos nombres por los cuales soy conocido +en esta ciudad. Mientras Tond no oiga mi nombre, ni me vea la cara, +estoy seguro.</p> + +<p>—<i>Pa</i> eso que a m no me vale <i>er</i> que me <i>amen</i> Polanco o Malanga, +dijo ste con cierta resignacin. Lo mismito da. <i>Tos</i> me <i>conosen pol</i> +los dos nombres. Yo soy ms <i>conoso</i> en esta <i>suid</i> que los perros. Y +<i>me er</i> caso, yo <i>tambi</i> estoy <i>pregonao</i>. <i>Mes cap</i> de las uas de +Tond <i>pol</i> un milagro. <i>Pue, seol, dentr</i> yo una noche <i>der</i> ao +<i>pasao</i> con dos amigos, <i>argo talde</i>, en la <i>tabelna</i> que est en la +esquina de Manrique y la <i>Estreya</i>. Pedimos un poco <i>der</i> que quema, +<i>bebinos</i> y <i>salinos</i> de rengue liso, cuando <i>er tabelnero</i> va y me coge +<i>pol</i> la camisa <i>pa</i> que le <i>pagranos</i> la <i>beba</i>. <i>Me</i>, paisano, <i>me +se</i> subi el diablo: met mano <i>ar jierro</i> y le di una <i>moja na</i> ms +aqu (pasndose el ndice por la garganta) <i>sarva</i> sea la <i>paite</i>. <i>Der</i> +viaje <i>sort</i> un cao de sangre como un toro <i>jero</i>, y <i>pa</i> que vea <i>er +seol</i>, <i>sart</i> el <i>mostral</i> y nos corri atrs hasta la esquina, donde +<i>tubo</i> que <i>agarraise</i>, cay y dej <i>maicaos</i> los <i>deos</i> con sangre en +la <i>par</i>.<a name="FNanchor_55_55" id="FNanchor_55_55"></a><a href="#Footnote_55_55" class="fnanchor">[55]</a> <i>Dispu</i>, Tond se oli que <i>habanos</i> sido nosotros, y +tanto nos busc hasta que dio con los tres en un velorio, all <i>pol lo</i> +Sitios. Yo sal <i>safando</i>, <i>ma</i> mis dos amigos cayeron en <i>er laso</i>, y +<i>entuava maman cisel</i>. <i>Dende entonce</i> ando sin sombra, <i>polque</i> Tond +es <i>m jbilo</i>. No ve? <i>Sargo</i> solo de noche y <i>a pena</i> ni paso <i>pol</i> +la tienda.</p> + +<p>—Qu tienda?</p> + +<p>—La tienda <i>der</i> maestro Sosa.</p> + +<p>—Maestro de qu?</p> + +<p>—De <i>sapatos</i>.</p> + +<p>—Zapatos de hombre?</p> + +<p>—De <i>to</i>. Yo trabajo ah cuando no <i>pueo ganai</i> la <i>va</i> de otra +manera. Yo hago <i>sapatos</i> de <i>muj</i>.</p> + +<p>—Y yo tambin los hago, dijo Dionisio animndosele el semblante. +Aprend a hacerlos con el calesero Po, de mi casa. No soy un chambn en +el oficio. Y me ocurre una idea: que si Vd. tiene la bondad de hablarle +al maestro Sosa, quizs me tome, en cuyo caso nos hemos salvado. No +podr sospechar siquiera Tond, que me he refugiado en una zapatera.</p> + +<p>—<i>Geno</i>, si <i>er seol qui</i> lo <i>yebar</i> una <i>talde destas</i>, <i>mejol</i>, +una maanita, <i>polque</i> como Tond anda siempre en <i>cabayo</i>, no sale +nunca temprano a la calle.</p> + +<p>Efectivamente, Malanga, as que su amigo recobr la salud y se hall en +disposicin de trabajar, lo condujo a presencia del maestro Gabriel Sosa +y se lo recomend de todas veras, no ya slo como oficial experto en +zapatos de seora, sino como persona distinguida y hombre honrado a +carta cabal; que haba cado en desgracia y apelaba al oficio para no +morirse de hambre. Por donde vino a repetirse aqu el cuento, algo +parecido, del len herido a quien recogi un esclavo prfugo en las +soledades del frica, para que despus el animal alimentara al hombre y +le protegiera contra las dems fieras, cuando al cabo de muchos aos se +encontraron los dos en el circo de Roma.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_IId" id="Capitulo_IId"></a><span class="smcap">Captulo II</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Ille dolet tere qui sine teste dolet<br /> +Verdadero es el dolor del que +sin testigos llora.</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">Marcial</span></p></div> + + +<p>Hasta la puerta de la casita en la calle del Aguacate, acompaaron a +Cecilia el sastre Uribe, Clara su mujer, Pimienta y su hermana Nemesia.</p> + +<p>As que llam Cecilia del modo particular convenido, rod la tranca y se +abri por s misma la puerta. Es que la abuela, muy enferma para esperar +en pie a la nieta, haba atado el cabo de una cuerdecita al extremo de +la tranca, cerca de su punto de apoyo, y el otro cabo a uno de los +pilares de la cama, al alcance de su mano. Por lo pronto no se hablaron +una palabra.</p> + +<p>Mientras Cecilia se desnudaba casi a tientas, por la poca claridad de la +mariposa en el nicho, se le escaparon uno tras otro involuntarios y +hondos suspiros. Esos eran los amargusimos dejos de la fiesta. All +haba corrido para aturdirse con el movimiento de la danza, las armonas +de la msica y las adulaciones de los hombres; para ahogar en el tumulto +de las vastas y heterognea reunin el recuerdo del amante ausente, +desdeoso y quizs olvidadizo, para ver de vengarse de su ingratitud, +para probar, en fin, si podra olvidarle en caso de ms indefinida y +seria separacin.</p> + +<p>Todo le sali al revs. Repas en la mente las peripecias de la +diversin, y hall que haba sido demasiado prolongada, la msica +ruidosa y chillona, las mujeres desgarbadas y feas, los hombres +petulantes y necios, la reunin harto vulgar e inspida para haberla +alegrado y entretenido. Compar esa fiesta con la del 24 de setiembre en +casa de la Ayala, donde goz como reina del amor y de la hermosura en +brazos de su amado, hoy ausente, y se le oprimi el corazn y estuvo a +punto de que la ahogara el sentimiento. Pens en su suerte, deduciendo, +por necesaria consecuencia, que peor haba sido el remedio que la +enfermedad, y que la venganza entre los amantes terminan siempre en el +castigo de una de las partes contendientes, en la muerte para la dicha o +para la vida terrenal.</p> + +<p>Tan triste y miserable se senta Cecilia, que hasta el momento de +meterse en la cama no advirti que la abuela era presa de una desazn +terrible. La pobre anciana se retorca y gema sordamente, cual si +estuviera a punto de acabrsele la vida. Busc entonces su frente, y no +bien le puso la mano encima, la retir exclamando:</p> + +<p>—Ay, mamita! Su merced tiene calentura.</p> + +<p>—Ya viniste? replic la anciana con voz moribunda. Si tardas un +poquito ms no me encuentras viva.</p> + +<p>—Su merced no estaba as cuando yo sal para el baile. Vase qu +disparate ha hecho en mi ausencia.</p> + +<p>—Ninguno. Me pas la prima rezndole a la Virgen; pero desde por la +maana me siento malsima. Me ha dado en el corazn que se acerca mi +fin. Qu hora es?</p> + +<p>—Son las dos. Acabo de or el reloj del convento.</p> + +<p>—Crees t que est levantado el padre Aparicio?</p> + +<p>—No lo creo, mamita. El no llega al convento antes de las cuatro, que +es cuando principian los maitines. Pero para qu quiere su merced el +padre a estas horas?</p> + +<p>—Hija ma!, para confesarme. Siento que se me acaba la vida y no +quiero morir como un perro.</p> + +<p>—Su merced no se confes y comulg ayer por la maana?</p> + +<p>—S, nia. Y qu?</p> + +<p>—Bien. Pues eso basta.</p> + +<p>—No basta. Somos pecadores. A cada momento pecamos y debemos estar +preparados para que cuando llegue la hora, nuestra alma comparezca ante +su Divina Majestad, limpia como una patena.</p> + +<p>—No estaba su merced anoche de cuidado. Si lo sospecho cmo hubiera +ido al maldito baile? Nunca. Lo que no comprendo es por qu se ha puesto +su merced tan mala que le haga temer la muerte en horas.</p> + +<p>—De la salud a la enfermedad no hay ms que un paso, y lo mismo se vive +que se muere.</p> + +<p>—Podra su merced explicar lo que siente ahora?</p> + +<p>—Es imposible, mi vida. Lo nico que te dir es que se me arranca el +alma, y que mientras ms pronto vayas por el padre...</p> + +<p>—El padre no va a curarle la calentura, y su merced no tiene otra cosa. +Es muy aprensiva su merced. Mejor ser que vaya por el mdico. Si ir +por l en cuanto amanezca. Entretanto le dar un bao de pies y le +pondr unos sinapismos para que se le quite el dolor de cabeza. Ver, +ver su merced cmo la alivia, si no la pongo buena. Su merced no puede +estar tan mala que no tenga cura. Todava su merced me entierra a m.</p> + +<p>—Nuestro ngel custodio San Rafael y la Virgen Santsima te oigan, hija +ma. Sentira morir por ti, no por m. T principias a vivir, ya yo +termin la jornada... Pero, ve, haz como gustes y sea lo que Dios +quiera... Se me parte la cabeza, agreg, oprimindose con ambas manos la +frente...</p> + +<p>Con esto se apresur Cecilia a hacer lumbre en el fogn, debajo del +cobertizo en el patio, valindose de la usual pajuela y de unos pocos +carbones. As, en minutos qued listo el bao y puesto en un lebrillo +grande. Enseguida procedi a darle el bao a la abuela con no menos fe y +cariosa humildad que la mujer que le lav los pies a Jesucristo en casa +de Simn. Mientras se los enjugaba, mejor dicho, enjugndoselos, se los +sobaba blandamente, y de cuando en cuando les imprima un ardiente beso, +o se los arrimaba a las mejillas para comunicarles algo del calor que +arda en sus venas.</p> + +<p>Conmovida la abuela, puso una mano en la cabeza de la nieta, y +dijo:—Pobre Cecilia! Esto quiere decir, mi vida, que t misma conoces +que mis horas estn contadas. Digo mis horas, cuando pueden ser mis +minutos, mis segundos... y me preparas para la cena antes de +emprender...</p> + +<p>No prosigui; la emocin o el dolor le ahog la voz en la garganta. Por +su parte Cecilia, al sentir la mano de la abuela en la cabeza, +experiment una sensacin muy parecida a la que se experimenta cuando +recibimos una descarga elctrica, y sus lgrimas, hasta entonces +contenidas por fuerza, empezaron a correr hilo a hilo por sus mejillas, +aumentando el agua del lebrillo.</p> + +<p>Advirtiolo la anciana, y sacando fuerzas de flaqueza, como suele +decirse, agreg:</p> + +<p>—No llores, alma ma, que me afliges ms de lo que estoy. Consulate. +T eres una nia todava: tienes delante un porvenir risueo. Aunque no +te cases nunca, todo te sobrar. Siempre habr quien mire por ti y te +proteja. Y si no, all est Dios en el cielo que no le falta a nadie. Ya +siento algn alivio. Tal vez el mal da tiempo... Qu sabemos? Vamos, +hijita, clmate. Valor. Necesitas descanso. Si te acuestas ahora mismo, +de aqu al da tienes dos horas de sueo para recuperar las fuerzas... +Las muchachas de tu edad son como la flor de la maravilla: ctala +muerta, ctala viva. Ven, dame un beso, y... hasta maana. El ngel de +la guarda te proteja con sus amorosas alas.</p> + +<p>Qu haba de dormir ni de reposar Cecilia! No bien abrieron las puertas +de la ciudad y comenz a orse, en las calles el cencerro desconchado de +los arrieros de carbn, dej furtivamente la cama y corri en demanda de +su cara amiga Nemesia, para que se quedara al cuidado de la enferma +mientras ella iba por el mdico en la calle de la Merced. Das antes le +haba dado la abuela, a prevencin, las seas de la morada del galeno +con estas palabras: casa de azotea con una ventana de reja de hierro, +puerta colorada de zagun, en medio de la cuadra, acera del Sur. No se +equivoc la nieta, pero estaba cerrada y en silencio. Qu hacer en +aquellas circunstancias? El caso urga y se decidi a llamar. Peg un +aldabazo y esper en grande ansiedad el resultado.</p> + +<p>Al cabo de corto espacio de mortal silencio, se abri un postiguillo de +la ventana y asom por l el rostro de una dama tan por extremo hermoso +y sonrosado, que se qued Cecilia estupefacta. Figrese el lector unos +ojos negros y rasgados, a los que dan sombras cejas espesas en arco, una +boca pequea de labios encendidos, una nariz aguilea y muy expresiva, +una cabeza amorosa poblada de profusa cabellera negra que azuleaba, el +todo encuadrado y puesto de relieve por una graciosa papalina de +batista, cual la nieve blanca, guarnecida de un vuelo menudo de tiras +bordadas. Tales eran los rasgos fisonmicos que ms sobresalan en doa +Agueda Valds, joven esposa del clebre cirujano don Toms Montes de +Oca.</p> + +<p>Este bosquejo a la pluma es copia del retrato al leo de esa dama, hecho +por el pintor Escobar,<a name="FNanchor_56_56" id="FNanchor_56_56"></a><a href="#Footnote_56_56" class="fnanchor">[56]</a> que cuando jvenes pudimos contemplar +extasiados, pendiente de las desmanteladas paredes de la sala de su +casa, en la calle de la Merced. Respecto de su fisonoma moral, el rasgo +ms prominente, a lo menos aqul de que nos es dado hablar en estas +pginas, eran los celos. Su propia sombra se los inspiraba, no +embargante que su marido careca de aquellas prendas fsicas que hacen +atractivo al hombre a los ojos de las mujeres. Pero era mdico, clebre +y rico, y ella tena muy pobre opinin de las hembras, diciendo a menudo +que no haba hombre feo para la enamorada y ambiciosa.</p> + +<p>Movida por los malditos celos, ejerca una vigilancia constante sobre su +marido, sobre los clientes que l visitaba y sobre los que acudan en +demanda de sus profundos conocimientos mdico-quirrgicos, especialmente +si arrastraban faldas. Por eso madrugaba tanto; por eso cuando no poda +adquirir informes por s misma, cometa la debilidad de poner en +confesin al estpido y malicioso calesero, su esclavo, el cual, aun +cuando a veces la revelaba hechos reales y positivos, casi siempre la +llenaba la cabeza de un centn de cuentos de brujas.</p> + +<p>Es de suponer cul no sera el regocijo interior de doa Agueda al +descubrir que la que haba llamado a la puerta era una moza de medio +pelo que, pues se recataba bajo la <i>manta</i> de burato bordada de colores +y, por supuesto, costosa, de lujo, no poda menos de ser alguna de sus +amigas con el disfraz de paciente.</p> + +<p>—Qu quieres?, le pregunt la celosa seora con cierta aspereza y +precipitacin, no fuera que volviese a tocar.</p> + +<p>—Vengo por el seor doctor, contest tmidamente Cecilia, acercandse a +la ventana y levantando entonces los ojos de lleno a la desconocida +seora.</p> + +<p>—Tate! dijo ella entre s, luego que not el buen parecer de la +muchacha. Aqu hay gato encerrado. El mdico, aadi alto, ha pasado +mala noche, y duerme...</p> + +<p>—Qu lo siento! exclam Cecilia dando un suspiro desgarrador.</p> + +<p>—Qu mdico es el que buscas, muchacha? pregunt la seora sonriendo +maliciosamente. Porque podra ser que estuvieses equivocada.</p> + +<p>—Vengo por el seor doctor don Toms Montes de Oca, repuso Cecilia en +voz alta, aunque temblosa. No vive aqu el caballero?</p> + +<p>—S, aqu vive Montes de Oca. T le conoces?</p> + +<p>—Lo he visto muy pocas veces.</p> + +<p>—Dnde vives t?</p> + +<p>—En la calle del Aguacate, al costado del convento de Santa Catalina.</p> + +<p>—Eres t la enferma?</p> + +<p>—No, seora, mi abuela.</p> + +<p>—Es l su mdico?</p> + +<p>—No, seora.</p> + +<p>—Entonces, por qu vienes por este mdico en vez de solicitar +cualquiera otro que quizs vive ms cerca de tu casa?</p> + +<p>—Porque mi abuela conoce al seor don Toms y el seor don Toms la +conoce a ella.</p> + +<p>—Dnde se han visto?</p> + +<p>—En casa y aqu tambin.</p> + +<p>—T vives con tu abuela?</p> + +<p>—S, seora.</p> + +<p>—T abuela es casada?</p> + +<p>—Viuda. Enviud mucho antes de que yo naciera.</p> + +<p>—Cuntas veces ha estado Montes de Oca en casa de tu abuela?</p> + +<p>—Yo no las he contado. Pocas veces.</p> + +<p>—Ni ms claro ni ms turbio. Te conoce a ti Montes de Oca?</p> + +<p>—No lo creo. Es decir a la seora, no creo que me haya visto nunca cara +a cara.</p> + +<p>—Dnde has estado t cuando l ha ido a visitarlas?</p> + +<p>—En casa, pero mi abuela es quien siempre le ha recibido, yo no me le +he presentado...</p> + +<p>—Cosa extraa! Qu motivo has tenido para esconderte de l?</p> + +<p>—Ninguno, seora, slo que ha dado la casualidad de no estar yo bien +vestida cuando l ha ido a ver a mi abuela.</p> + +<p>—Oiga! Conque pretendas coquetear con l? T no sabes que es feo y +viejo para ti?</p> + +<p>—Yo no he pretendido coquetear con el seor doctor.</p> + +<p>—Qu tratos y contratos tiene Montes de Oca con tu abuela?</p> + +<p>—Yo no s, seora. Nada malo.</p> + +<p>—Eres casada?</p> + +<p>—No, seora.</p> + +<p>—Pero tendrs novio y te casars pronto, no es as?</p> + +<p>—No tengo novio ni me voy a casar pronto. En fin, tendr la seora la +bondad de decirme si el seor doctor...</p> + +<p>—Ya te he dicho, interrumpi doa Agueda, que Montes de Oca ha pasado +mala noche y dio orden de que no lo despertaran hasta las diez.</p> + +<p>—Ay de m! exclam Cecilia profundamente afligida. Qu desgracia!</p> + +<p>Tocado con esto a lo vivo el corazn amoroso de doa Agueda, pregunt +con intencin:</p> + +<p>—Y t quin eres?</p> + +<p>—Yo soy Cecilia Valds, contest la joven llorando.</p> + +<p>—Cecilia Valds! repiti doa Agueda entre sorprendida y cavilosa. +Despus aadi con vivacidad: Ven, entra.</p> + +<p>Sin aguardar respuesta ni esperar objecin ninguna de parte de la +muchacha, fue por s misma a correr el cerrojo de te con que se cerraba +el postigo de la puerta, y la dio franca y amable entrada en su casa.</p> + +<p>En medio de su afliccin crey notar Cecilia algo extrao en la hermosa +seora, algo que tena semejas con la locura. Pero no la inspir eso el +ms leve temor, antes se sinti fuertemente atrada hacia ella, no ya +slo por la naturalidad de sus palabras, sino tambin por la gracia de +sus acciones y la dulzura imponderable de su voz. Ello es, que como +dominada por una poderosa fuerza magntica, callada y sumisa se dej +llevar hasta el comedor, donde penetraba alguna claridad, gracias a su +inmediacin al patio, y donde su conductora tom asiento de espaldas +contra una mesa grande de bruida caoba. All, teniendo a la joven (que +se conserv en pie) por ambas manos, muy cerca de sus rodillas, la +estuvo contemplando y examinando desde el cabello a la planta un buen +espacio, y, cual si hablara con una estatua, o con una persona que no +entenda su idioma, repeta con nfasis: No se parece! Qu! Nada, no +se parece. No puede ser hija suya. Tal vez ha salido a la madre, que es +la cierta.</p> + +<p>—Sabes quin es tu padre? le pregunt de repente.</p> + +<p>—No, seora, contest Cecilia con la mansedumbre de antes.</p> + +<p>—No te lo ha dicho nunca tu madre?</p> + +<p>—No, seora. Yo no conoc a mi madre. Ella se muri poco tiempo despus +de nacer yo.</p> + +<p>—Quin te ha contado ese cuento?</p> + +<p>—Qu cuento?</p> + +<p>—Pues, el de que muri tu madre despus de nacer t.</p> + +<p>—No es cuento, seora, lo de la muerte de mi madre. No tengo ni el ms +mnimo recuerdo de ella.</p> + +<p>—Qu edad tienes t ahora?</p> + +<p>—Yo nac, segn me ha dicho mi abuela, en el mes de octubre de 1812. +Haga la seora la cuenta.</p> + +<p>—Y cmo es que tu abuela no te ha dicho quin es tu padre? No lo +conoce ella? Sabes que te echaron a la Casa Cuna?</p> + +<p>—S, seora. Me pusieron en la Casa Cuna para que me bautizaran con el +apellido de Valds.</p> + +<p>—Pues yo no soy inclusera y tambin llevo ese apellido. De suerte que +tu padre, aun sin pasarte por la Casa Cuna bien pudo bautizarte, +ponindote en la fe de bautismo de padres no conocidos, como es +costumbre. Se conoce que tena malas entraas. Te cri tu madre?, esto +es, te dio el pecho?</p> + +<p>—Creo que no. A m me cri una negra.</p> + +<p>—Dnde te cri? En la Casa Cuna?</p> + +<p>—No, seora, en casa de mi abuela.</p> + +<p>—Cmo se llamaba tu criandera?</p> + +<p>—Me parece que Mara de Regla Santacruz.</p> + +<p>—Vive? En dnde est ahora?</p> + +<p>Despus de titubear por breve rato, contest Cecilia conocidamente +confusa:</p> + +<p>—Entiendo que mi madre de leche se halla desterrada en el campo por sus +amos. Al menos as me lo dijo un negro con quien tuve anoche unas +palabras en el baile de la gente de color, all afuera.</p> + +<p>—Otro cuento tenemos. Mentira. Tu criandera no es esclava de los condes +de Jaruco. El que alquil a esa negra para que te diera de mamar en la +Casa Cuna y en casa de tu abuela, se es tu padre. Mralo!</p> + +<p>Aprovechose doa Agueda del momento en que Cecilia buscaba el objeto que +ella le haba indicado con la palabra y la mano, para levantarse y +desaparecer en el cuarto ms prximo, empujando la puerta que daba al +patio. Perpleja y azorada la muchacha, gir en torno y casi se le escapa +un grito del susto, cuando repar que un hombre de cara larga y plida, +sin pelo de barba, cual si fuera de la raza india, cuya cabeza cubra +hasta las orejas un gorro mugriento de seda, la miraba fijamente con +ojicos de mono, a travs de la reja de hierro, medianera entre el +aposento y el comedor.</p> + +<p>—Qu traes?, la pregunt el hombre en voz gangosa de falsete.</p> + +<p>—Caballero, repuso Cecilia dudosa, vengo por el seor don Toms +Montes...</p> + +<p>—Yo soy, la interrumpi l. Qu se ofrece?</p> + +<p>—Ay! Es el caballero? Pues no deca la seora...?</p> + +<p>—No hagas caso. La seora est... (e hizo un movimiento rotatorio con +el ndice de la mano derecha, apuntando para su propia cabeza) Para +quin?</p> + +<p>—Para mi abuela.</p> + +<p>—Qu tiene tu abuela?</p> + +<p>—Ay! seor doctor, est muy mala. Se muere... Si el seor doctor +tuviera la bondad de ir ahora mismo...</p> + +<p>—Quin es tu abuela?</p> + +<p>—Crea que el seor doctor me haba conocido... Josefa Alarcn, criada +del seor doctor...</p> + +<p>—Ah! La madre de... S, s, ya, protegida por el seor don... Qu! +tengo la cabeza!... Ah! y t eres su hija... Toma! Tu nombre es... +Cecilia. Yo bien deca. Cecilia, Cecilia Gam... Pues, Cecilia Valds. No +era posible que yo me olvidase. Slo que como tengo la cabeza hecha un +giro, se me haban trabucado las especies. Tu abuela y t me estn muy +recomendadas. Pero aqu entrens (aadi en tono ms bajo), no hagas +caso de lo que ha ensartado mi mujer de m, de ti, de tu madre, de tu +padre, de tu criandera, etctera, porque todas sas son cosas de su +cabeza. Ella est... (y volvi a barrenarse las sienes con el dedo +ndice de la mano derecha). T no entiendes. No creas nada. Cecilia +Gam... quiero decir, Valds. Te pareces bastante, te pareces mucho... +Ah! Dile a tu abuela que para all ir as que me pongan la volante. +El calesero debe haber ido a baar los caballos al muelle de Luz... Si +no ha tomado un trago por el camino, ahorita est de vuelta; y detrs de +ti... Ve. Di a tu abuela que para all voy. El seor don, don, don... +digo, que paga bien los servicios... Es generoso, esplndido... Ve +pronto.</p> + +<p>Al retirarse Cecilia despechada y firmemente persuadida de que aqulla +era una casa de orates en toda la acepcin de la palabra, echole el +mdico una mirada intensa y escudriadora, y se qued clavado a la reja, +repitiendo a media voz:—Se parece bastante, mucho, muchsimo! Estaba +por decir que es su vivo retrato. No crea yo que fuese tan linda como +me la pintaban. Guapa muchacha! S, guapa, muy guapa! Mira! Si la +mandamos con su madre al ingenio <i>Jaimanita</i>, all con los padres de +Beln... Qu beln no se habra formado! Ja, ja, ja!—Y ri como un +verdadero loco.</p> + +<p>Puntual fue Montes de Oca a la promesa hecha a Cecilia, presentndose en +su casa a las nueve de la maana; con lo cual dio, adems, prueba +palmaria de que saba llenar los compromisos que contraa con sus +amigos.</p> + +<p>Para asistir a la enferma, pues que no entendan de eso Cecilia ni +Nemesia, ya se haba constituido en la casita <i>sea</i> Clara, la mujer de +Uribe, a quien no tuvo empacho Montes de Oca de comunicar en secreto el +juicio que haba formado acerca de la enfermedad, segn el breve examen +hecho. En una palabra, pronostic adversamente. Y aunque no dio las +razones en que se fundara para pronosticar con la franqueza y +certidumbre que sola, era claro que, dados los aos, las desventuras y +la rigurosa vida asctica y de mortificacin de la enferma, deba +esperarse un fin prximo y fatal. En tales sujetos adquiere, adems, +carcter grave cualquier dolencia, por ligera que sea en su origen.</p> + +<p>Lo nico que dijo en general Montes de Oca fue, que ante todo y sobre +todo era preciso combatir con mano fuerte el sntoma comatoso que +presentaba la enfermedad (con cuya palabra es seguro que dej +completamente a oscuras a sus oyentes), y, en consecuencia, siguiendo al +pie de la letra el mtodo antiflogstico de curar, muy en boga entonces, +recet al exterior tres vejigatorios bien cargados de cantridas, una a +la nuca y los otros dos a las pantorrillas; al interior una opiota para +calmar los nervios y ver de provocar el sueo restaurador, y nada de +alimento hasta que no declinase el estado inflamatorio de la calentura +cerebral.</p> + +<p>Cecilia, anegada en llanto, acompa al mdico hasta la puerta de la +calle, esperando sin duda una palabra suya de consuelo antes de +marcharse, pero l, o no la entendi, o estaba embebida su mente en +cosas muy ajenas a la enfermedad de la abuela y al dolor de la nieta. +Ello es, que slo se ocup de decirla que no la sentaba tamaa +afliccin, que <i>su amigo</i> (con nfasis en esta frase de doble sentido) +la tena muy presente, y que volvera por la tarde para ver qu tal +segua la enferma.</p> + +<p>La tom una mano, puso en ella, sin explicar de quien proceda, una onza +de oro, y a tiempo de partir le dio un apretn que poda traducirse de +diversos modos. En nada de eso par la atencin Cecilia; pero hecho todo +a ciencia y paciencia del malicioso calesero, aunque al parecer no vea, +oa ni entenda, poda apostarse cualquier cosa a que le fue con el +canutazo a su ama doa Agueda Valds de Montes de Oca.</p> + +<p>Menude el mdico las visitas profesionales. Y cmo no? Nada tema por +lo que respectaba a la paga de su trabajo ni por el monto tampoco, que +poda ser cuantioso; y luego las lgrimas de Cecilia, realzando sus +naturales encantos, eran capaces de ablandar las piedras, cuanto y ms +que el corazn de Montes de Oca no tena nada de duro ni de piedra. +Pero si de veras se propuso acertar esta vez y curar al enfermo, la +err, y muy probablemente por carta de ms. Record infinidad de casos +parecidos e iguales que haba tratado felizmente en su larga prctica; +registr todos sus libros de medicina, entre otros el publicado +ltimamente en Pars por Broussais, padre del mtodo antiflogstico, +titulado La irritacin y la locura, que haba hecho tanto eco en el +mundo; prob las tisanas ms aceptadas, las cataplasmas, las unturas, +las ventosas, los vomitivos, los purgantes, las sanguijuelas; como +ltimo recurso propin la pldora de Ugarte, con cuyo heroico remedio +haba salvado ms de un moribundo de las garras de la muerte. No cabe +duda ninguna que si hubiese habido ms resistencia y jugo vital en el +cuerpo descarnado de la triste <i>sea</i> Josefa, ms pruebas y experimentos +habra hecho en l Montes de Oca. A los doce o quince das de lucha +incesante y fiera, al menos por su parte, convencido de que el momento +final se acercaba al galope, entreg la enferma en brazos de la religin +y se retir con sus honores.</p> + +<p>Su retirada repentina naturalmente caus sorpresa, con mayora de razn +que en las primeras horas de la noche del 12 de enero, noche nublada y +fra por cierto, haba abierto los ojos la enferma y dado otras seales +de vida. Con todo, habiendo ordenado que se dispusiese <i>sea</i> Josefa, +pues que haba vuelto en su acuerdo, no haba mas que obedecerle. +Cecilia, en tal virtud, rog a Jos Dolores Pimienta, que velaba con +ella mientras dorman Nemesia y <i>sea</i> Clara Uribe, fuese por los santos +leos a la iglesia de San Juan de Dios. Entretanto la joven, sin prdida +de tiempo, ni de valor, improvis un altar de su propia cmoda en el +cuarto de la enferma, poniendo sobre la empolvada tabla un lienzo +blanco, a falta de mejor mantel, y un crucifijo entre dos velas de cera +en sus respectivos candeleros de cobre.</p> + +<p>Como advirtiese la abuela los preparativos de la nieta, le pregunt en +tono de voz casi inaudible:</p> + +<p>—Qu haces ah, nia?</p> + +<p>—No lo ve su merced?, contest ella temblando del susto y de la +pesadumbre. Compongo el altar.</p> + +<p>—Para qu?</p> + +<p>—Para el padre.</p> + +<p>—Han llamado a misa?</p> + +<p>—Todava. Mas el padre ha de venir pronto...</p> + +<p>—Por qu no me has <i>dispertado</i> en tiempo? Yo no estoy vestida.</p> + +<p>—Su merced puede confesarse como est.</p> + +<p>—Confesarme!</p> + +<p>—S, mamita, confesarse. No se acuerda su merced que me pidi el +confesor?</p> + +<p>—Ah! S, es verdad! Ya me acuerdo. Bien, nia, chame una <i>manta</i> por +encima. Qu hora es?</p> + +<p>—Son las siete o las ocho.</p> + +<p>—Tan tarde?</p> + +<p>En esto se oy el sonido peculiar de la campanilla tocada por un +muchacho, anunciando desde lejos la aproximacin de los santos leos. +Conducalos el padre Llpiz en las manos juntas y altas, caminando a pie +entre Jos Dolores y el sacristn de la iglesia, cada cual con un farol +encendido para hacer reverencia al Sacramento y alumbrar la va. A su +paso por las calles se asomaban los vecinos a la puerta de sus casas, se +postraban en tierra y alumbraban tambin con una vela en la mano. Todos +estos ruidos y rumores llegaron a los odos de Cecilia, a tiempo que la +procesin desemboc en la calle de O'Reilly, viniendo por la de +Compostela. An las monjas en el convento de Santa Catalina, enteradas +de lo que pasaba en su vecindario, hicieron tocar agonas, y en sus +fervientes oraciones encomendaron el alma del moribundo a la merced de +su munfico creador.</p> + +<p>Puede afirmarse con verdad que <i>sea</i> Josefa no estaba en su cabal +juicio y sentidos cuando se confes, comulg y recibi la extremauncin. +A haber vivido horas no ms despus de esos actos solemnes e imponentes, +de nada de ello habra sabido darse cuenta. Fue todo para ella el +resultado de un hbito inveterado. De otra manera, la vista del cuadro +que se ofreci en torno de su lecho de agona, mientras el padre la +auxiliaba a bien morir, habra sido bastante conmovedor para apresurarle +la muerte. Cecilia y Nemesia de un lado, <i>sea</i> Clara y Jos Dolores del +otro, un oficial de la sastrera de Uribe que lleg en aquellos momentos +y el sacristn a los pies, todos arrodillados, murmurando devotas +oraciones y alumbrando la triste escena con un farol o una buja, +formaban grupo interesante, original y digno del pincel de un inspirado +artista.</p> + +<p>A la conclusin de la tristsima ceremonia, todos los circunstantes, que +ms que menos, experimentaron una especie de alivio interior, porque se +cree en general que trae aparejada la muerte. Aun la enferma pareci +reanimada, en vista de que sac el brazo derecho de debajo de las +sbanas y empez a tentar por varias partes del lecho, como si buscase +algo que se le haba perdido. Le detuvo la mano Cecilia, y pregunt:</p> + +<p>—Qu buscas, mamita?</p> + +<p>—A ti, mi corazn, respondi la abuela con mucho trabajo.</p> + +<p>Esta tierna solicitud, esta salida inesperada hizo saltar las lgrimas +de Cecilia, quien, para que la abuela no se impresionara, volvi el +rostro a otro lado.</p> + +<p>—Pues aqu me tiene su merced, dijo, apretando la mano de la enferma.</p> + +<p>—No te vea, agreg ella con sentimiento. Est esto tan <i>escuro</i>...!</p> + +<p>—Apagu las luces por su merced.</p> + +<p>—Ests sola?, pregunt la anciana despus de largo silencio.</p> + +<p>—S, mamita.</p> + +<p>Dijo verdad, porque en oyndola, prudentemente se retiraron a la sala +las otras dos mujeres; y los hombres an no haban vuelto de la iglesia, +a donde haban ido para acompaar al vitico.</p> + +<p>—Querra... decirte una... cosa, dijo <i>sea</i> Josefa muy despacio, +despus de otra larga pausa.</p> + +<p>—Pues diga, mamita, diga. Ya escucho.</p> + +<p>—Acrcate. Por qu te alejas, mi vida?</p> + +<p>—Yo no me alejo. No. Estoy cerquita de su merced.</p> + +<p>—Pobre Charito! Qu ser de ella? Me voy primero... me voy.</p> + +<p>—Jess, mamita! No se aflija ahora su merced pensando en eso. Le hace +dao, mucho dao. Sosiguese.</p> + +<p>—Pobrecita! Pero t... rompe... relaciones... el caballerito... Ese es +tu...</p> + +<p>—Mi qu, mamita?, pregunt Cecilia sobresaltada y con instancia, pues +la abuela tardaba en terminar la frase. Mi qu, mamita del alma? Hable, +diga; por la Virgen Santsima, no me deje en esta terrible indecisin. +Es mi enemigo? Mi tormento? Mi infiel amante? Mi que?</p> + +<p>—Es tu... tu... tu... t..., continu repitiendo <i>sea</i> Josefa, cada vez +a ms largos intervalos y ms bajo tono, hasta que el ruido de la slaba +misteriosa se convirti en lgubre murmullo y el murmullo en un mero +movimiento de los labios, que no dur mucho tampoco. La enfermedad tuvo +su crisis. Haba expirado.</p> + +<p>No haba visto Cecilia morir a nadie, as que, al convencerse por el +tacto de que la abuela no alentaba precisamente cuando la crea ms +viva, el horror ms bien que el pesar le arranc un grito terrible y le +priv del sentido. Acudieron <i>sea</i> Clara y Nemesia, y la encontraron +en la cama abrazada con el cadver, del cual les cost trabajo +separarla. Justo era su inmenso dolor. Desde aquel momento le faltaron +de una vez su protectora, su compaera, su tierna amiga, su pariente, su +madre adorada; y para mayor desesperacin, quedole siempre despus el +remordimiento de que en la confusin haba olvidado poner en la mano de +la moribunda la vela del alma, preparada con tanta anticipacin para ese +mismo caso.</p> + +<p>Mientras dur la enfermedad de la Josefa Alarcn, fue entregando el +mdico a Cecilia, siempre sin decirla palabra de quien procedan, +diversas cantidades de dinero, las mismas que ella reciba con una mano +y con la otra pasaba a las de Jos Dolores Pimienta, creado de hecho su +mayordomo y cajero. Corri l, en efecto por ese breve tiempo (brevsimo +para quien ansiaba se repitieran las ocasiones de acercarse a Cecilia y +de prestarle cada da nuevos servicios), con todos los gastos que +ocasion la enferma; y muerta, ajust con el conocido muidor Barroso +los preparativos para el entierro. Siendo muy estrecha la casita de la +calle del Aguacate para recibir a las visitas que vendran a dar el +psame a Cecilia, y para celebrar el velorio, dispuso Pimienta se +trasladara el cadver a la sala de la casa en que l y su hermana +vivan, en la calle de la Bomba, donde estuvo de cuerpo presente desde +las diez de la noche hasta las tres de la tarde del siguiente da. No se +erigi catafalco: vestida de muerta con el hbito mercedario, color de +pajuela, que cea la correa negra usual de la Orden de la Merced, y +metida en su caja forrada de pao negro, se deposit en unas andas +comunes, entre grandes cirios de cera y candelabros plateados.</p> + +<p>El maestro Uribe, con sus oficiales y amigos y los numerosos de +Pimienta, velaron toda la noche, y a la hora del entierro condujeron las +andas a hombro, relevndose de cuatro en cuatro hasta el cementerio, +situado en el pequeo arrabal de San Lzaro, al extremo de la calzada de +este nombre.</p> + +<p>El nico incidente que en cierto modo marr la solemnidad del acto, fue +el que en breves palabras vamos a referir. Distaba la casa mortuoria del +cementerio sobre media legua, y la va ms corta no conduca por las +calles de la poblacin, sino por veredas tortuosas, sombreadas del +lujoso arbolado de las quintas y jardines, que entonces ocupaban el rea +toda del hoy extenso barrio titulado del Monserrate.</p> + +<p>All donde se alza la moderna iglesia que le da nombre, se uni de +repente a la fnebre comitiva, procurando confundirse con ella, un negro +desconocido y de mala catadura, que pareca cansado de mucho correr. +Tras ste se apareci a poco otro a caballo en traje militar, de +chaqueta de pao, con dos charreteras de oro y sable de caballera. Era +joven y de ademn bizarro. Sin andarse en chiquitas, se precipit sobre +el fugitivo, y, apuntndole con el arma al pecho, grit:—Date, Malanga, +o te mato.</p> + +<p>—Tond! Tond! exclamaron los de la comitiva que le conocan de vista +o de trato.</p> + +<p>Cogido, pues, Malanga entre la punta del sable y las andas en que iba la +difunta, no tuvo ms remedio que entregarse a merced del captor; el +cual, sin desmontarse, le amarr codo con codo, le ech por delante, y +saludando a la militar con el arma al aire, dijo a los del +duelo:—Seores, espero me dispensen el mal rato. Tena orden de Su +Excelencia el Capitn General, de coger a este pcaro, vivo o muerto, y +la he cumplido. Que siga el entierro. Salud, seores.</p> + +<p>La primera parada de la fnebre procesin se hizo a la reja grande que +mira al azulado mar Atlntico de la casa de la Beneficencia, a fin de +que los nios hospicianos de ambos sexos cantasen un responso por el +alma del difunto, mediante el pago de una moneda de oro, en calidad de +limosna.</p> + +<p>La segunda parada se efectu delante de la reja del cementerio, debajo +del gracioso arco de entrada, para que el capelln hiciese la aspersin +del atad con agua bendita, antes de consignarle al sepulcro. Cuando se +ejecutaba este acto final y siempre triste, los acompaantes, en actitud +reverente, permanecieron de pie y descubiertos, formando grupo en torno +de la huesa.</p> + +<p>Jos Dolores Pimienta, Uribe y algunos otros arrojaron un puado de +tierra sobre el atad de la que fue en vida Josefa Alarcn y Alconado, +no menos distinguida por su belleza que por sus desgracias, su ardiente +amor de madre y prcticas religiosas de sus ltimos aos; y el primero, +que haca de cabeza del duelo, al darles las gracias a sus amigos y +despedirlos, no pudo evitar que se le humedecieran los ojos, acaso +porque se le vino a la mente en aquel instante el cuadro de su +idolatrada Cecilia, transida del dolor y desmayada en brazos de +Nemesia.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_IIId" id="Capitulo_IIId"></a><span class="smcap">Captulo III</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Qu es la vida? Por perdida<br /> +Ya la di,<br /> +Cuando el yugo<br /> +Del esclavo,<br /> +Como un bravo Sacud.</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">J. de Espronceda</span></p></div> + + +<p>A mediados de enero volvi del campo la familia de Gamboa: los criados +por mar, los amos por tierra. Leonardo lleg algunos das despus.</p> + +<p>Lo primero que hizo doa Rosa en la ciudad fue darle licencia o papel a +Mara de Regla para buscar acomodo o amo. El papel (as se le llama por +antonomasia en Cuba) en cuestin, firmado por don Cndido, rezaba poco +ms o menos como sigue: Concedo papel a mi esclava Mara de Regla, para +que en el trmino de diez das de la fecha busque acomodo o amo en la +ciudad. Es criolla, racional, inteligente y gil, sana, robusta, no ha +padecido nunca enfermedad, no tiene tacha conocida, sabe coser de llano, +entiende de lavar y aplanchar, de cuidar nios y enfermos. Se le da +papel porque ella lo ha pedido. No ha conocido ms amos que aqul donde +naci y el que ahora la vende. Habana, etc.</p> + +<p>Despachado este asunto, que doa Rosa juzgaba de mucha importancia, se +ocup del negro fugado. Achacaba toda la culpa del suceso al Mayordomo, +motivo por el cual en la primera oportunidad se le fue a las barbas con +la irnica inquisicin de:</p> + +<p>—Supongo que Vd. ha hecho muchas diligencias para averiguar el paradero +de Dionisio.</p> + +<p>—S, mi seora doa Rosa, varias, muchas diligencias, contest l +embarazado, pues menta como un turco. Slo que estos negros... vamos, +son el mismo dianche. Saben agazaparse... Vaya que si saben!</p> + +<p>—Veamos qu ha sacado Vd. en limpio.</p> + +<p>—Poca cosa, mi seora, casi nada. Se dijo que le haban muerto de una +pualada, y... pare Vd. de contar. Porque no habindose levantado +sumaria del hecho, que yo sepa, ni aprehendido al hechor, ni enterrado +al muerto, he supuesto, suposicin bien fundada, me parece, que lo de la +pualada ha sido mero rumor, una farsa, esparcido quizs por el mismo +Dionisio para desorientar y evitar que le sigan la pista. Digo a Vd., mi +seora doa Rosa, que saben mucho estos negros, mucho...</p> + +<p>—Quedo enterada, dijo la seora en su despecho. Luego aadi: Pues es +preciso que aparezca ese negro.</p> + +<p>—Preciso, repiti don Melitn.</p> + +<p>—Muerto o vivo ha de estar en alguna parte, agreg doa Rosa.</p> + +<p>—Eso digo yo, dijo el Mayordomo.</p> + +<p>—Nada ha dicho Vd. de provecho, exclam doa Rosa incomodada. Cmo es +que no se le ha ocurrido poner un avisito en el <i>Diario</i>?</p> + +<p>—Vaya que s se me ha ocurrido, seora doa Rosa, replic el hombre, +contento de poder vindicarse. Se me ha ocurrido ms de una vez, muchas. +S, seora, se me ha ocurrido.</p> + +<p>—Entonces, por qu no lo ha puesto en planta?</p> + +<p>—Pues ah est el ajo de la dificultad, mi seora doa Rosa. Es que no +s como redactar esos avisos. Jams las he visto ms gordas. Cosa +natural; en mi pueblo no haba gacetas.</p> + +<p>—La cosa es lo ms fcil del mundo. No recuerda Vd. las seas de +Dionisio? Su figura? Su empaque? Negro criollo, prieto rechocho, +marcado de viruelas, cara redonda, grandes entradas, boca grande, nariz +chata, buenos dientes, ojos saltones, cuello corto, aire aristocrtico, +oficio cocinero, sabe leer, debe darse por libre, falta de la casa de +sus amos desde <i>tal</i> fecha; se dar una buena gratificacin al que lo +capture y entregue en <i>tal</i> parte, haciendo responsable a daos y +perjuicios, etc., etc. Todo como se lee cada da en el <i>Diario</i>, bajo el +epgrafe o como se llame, de... <i>Esclavos prfugos.</i></p> + +<p>—Ya, ya, me parece bien dicho todo eso, seora doa Rosa. Suena +lindamente de palabra, mas cjase la pluma y pngase en el papel... +Declaro sin vergenza, mi seora, que no me da el naipe en achaque de +escritos para gacetas. Claro, yo no nac para gacetillero, y el que no +naci para casado, dice el refrn, que no engae a la mujer.</p> + +<p>—En muy poca agua se ahoga Vd., don Melitn. Se atrevera Vd. a +repetir lo que acabo de decirle?</p> + +<p>—Creo que s. Talento me falta, memoria no, me sobra.</p> + +<p>—Est bien. Pues para que no se olvide, ahora mismo se va Vd. a la +imprenta del Diario. Se halla en esta calle, pasados los portales del +Rosario, una casa de zagun, con dos ventanas de espejo, donde antes se +jugaba a la lotera de cartones... Ah. Entra Vd. y busca a don Toribio +Arazoza, el redactor. No puede Vd. equivocarse: es hombre de facha +ordinaria, gordifln, barbudo... Casi nunca se afeita, siempre se re +con los labios, no con el semblante... Vd. me entiende. Pues a se le +relata Vd. cuanto le he dicho de Dionisio, que l sabe cmo se redactan +los avisos sobre esclavos prfugos.</p> + +<p>Apenas sali don Melitn, doa Rosa levant los ojos y las manos juntas +al cielo, y exclam:—Ah! Qu Mayordomo tan bruto tiene mi marido! Por +milagro anda en dos pies.</p> + +<p>A la vuelta de ste de la imprenta, le despach el ama en una volante de +alquiler, camino del Cerro, para inquirir si ya haba sido conducido +Dionisio al depsito de negros cimarrones que tena establecido el +Consulado de Agricultura y Comercio de La Habana e isla de Cuba, +contiguo al elegante sitio de recreo de los seores condes de +Fernandina. No se hallaba all el prfugo, por la sencilla razn de que +slo se remitan a ese depsito general aquellos negros de las fincas +rurales que, alzados a los montes, se cogan vivos con perros, y que, +por su ignorancia o malicia, no poda averiguarse de pronto el nombre de +sus legtimos dueos.</p> + +<p>Pesquisas tan infructuosas empezaban a sembrar el desaliento en el nimo +de doa Rosa, cuando se present en su casa un negro en traje militar +para pedirla con la mayor cortesa una audiencia de pocos minutos. Le +midi ella de alto a bajo con una mirada inquisitiva, y dijo:</p> + +<p>—Tond?</p> + +<p>—Muy humilde criado de la seora, contest l haciendo un arco de su +esbelto cuerpo.</p> + +<p>—Qu se ofrece? pregunt seria doa Rosa.</p> + +<p>—No es de la seora un aviso sobre un moreno huido?...</p> + +<p>—S.</p> + +<p>—Cmo se llama el moreno? y perdone la seora...</p> + +<p>—Dionisio.</p> + +<p>—Dionisio Jaruco?</p> + +<p>—No, Gamboa, pues es mi esclavo. Bien que, como criollo de Jaruco, no +es extrao que pretenda pasar por ese apellido.</p> + +<p>—El mismo que yo sospechaba. En el baile de corte que dio la gente de +color all afuera la antevspera de Nochebuena, conoc a un moreno que +se deca Dionisio Jaruco. Sus seas corresponden fielmente con las que +le dan en el <i>Diario</i>, y creo no me ser difcil cogerlo, si la seora +me concede el permiso para buscarlo.</p> + +<p>—Regalara dos onzas de oro al que lo capturase, tres, cuatro, +cualquier dinero. Ha cometido una gran falta y deseo castigarlo cual +merece. Temo que se resista. El la echa de guapetn.</p> + +<p>—No tenga la seora pena por eso. Se lo voy a traer amarrado codo con +codo.</p> + +<p>—Mi regala es segura.</p> + +<p>—No me lleva el dinero, me lleva solamente aquello de que quien la debe +que la pague. Cumplo con las rdenes de mi jefe, el Excelentsimo seor +don Francisco Dionisio Vives, que, con la aprobacin de S. M. el Rey, +que Dios guarde muchos aos, me ha comisionado para prender a los +delincuentes de color.</p> + +<p>Sala temprano Mara de Regla de la casa en la calle de San Ignacio; +llamaba a la puerta de la de mejor apariencia, mandaba el papel a la +seora, y sentada en el umbral, mientras descansaba vena la respuesta, +reducida invariablemente a que el ama tena bastantes criados y no +necesitaba ninguna de alquiler. Tenase por denigrativo entre la gente +de color el servir a otra persona que el amo, gnero de idiosincrasia de +que no tuvo Mara de Regla ni sospecha sino al cabo de muchos chascos y +desengaos parecidos al que acaba de mencionarse. En realidad no +abrigaba ella intencin ni esperanza de obtener alquilador o amo: ambas +cosas la repugnaban altamente, estimando uno u otro extremo como la +mayor desgracia que podra sobrevenirla. Si hubiera sido mujer capaz de +mostrar en el rostro a primera vista las emociones del espritu, el ms +miope habra podido observar cmo se enrojeca de la vergenza cada vez +que sacaba el papel del seno para darlo al criado que vena a abrirla la +puerta.</p> + +<p>Su intencin, su esperanza, el deseo ms vehemente de su alma al +solicitar la vuelta a La Habana, fue buscar a Dionisio para unirse a l +si estaba vivo, o quitarse la vida si haba muerto. Por eso, lejos de +sentirlo, experimentaba una especie de regocijo secreto siempre que la +devolvan el papel acompaado de un no, seco y decisivo. Pero el plazo +que la haban concedido era, sobre corto, fijo; ya haban cursado varios +das en vanas diligencias; si se cumpla y no presentaba alquilador ni +amo, qu hara su seora, mujer de carcter tan firme y severo con sus +esclavos? En estos crticos momentos su hija Dolores la revel la +substancia de la conversacin que doa Rosa acababa de tener con Tond, +cuyo nombre y hechos andaban en boca de todos; y aguijada por el temor +de perder de una vez a su adorado Dionisio, resolvi dedicar los pocos +das que del plazo fatal la restaban, a la consecuencia del que ya era +el nico objeto de su existencia.</p> + +<p>Tomando lengua, se dirigi una maana temprano al mercado de la Plaza +Vieja, uno de los dos que entonces existan dentro de los muros de la +ciudad. Era aquel un hervidero de animales y cosas diversas, de gentes +de todas condiciones y colores, en que prevaleca el negro; recinto +harto estrecho, desaseado, hmedo y sombro, circunscrito por cuatro +hileras de casas, quizs las ms alterosas de la poblacin; todas, o la +mayor parte, de dos cuerpos, el bajo con anchos portales de alto puntal, +que sostenan balcones corridos de madera.</p> + +<p>Al pie de uno de los pilares de aqullos se apoy Mara de Regla y se +estuvo largo rato contemplando en melanclico silencio el abigarrado y +revuelto cuadro del mercado. Todo all era nuevo para ella. En el +centro se alzaba una fuente de piedra, compuesta de un tazn y cuatro +delfines que vertan con intermitencias chorros de agua turbia y gruesa +que, sin embargo, recogan afanosos los aguadores negros en barriles +para venderla por la ciudad a razn de medio real de plata uno. De ese +centro partan radios o senderos, nada rectos por cierto, en varias +direcciones, marcados por los puestos de los placeros, al ras del piso, +en la apariencia sin orden ni clasificacin ninguna, pues al lado de uno +donde se vendan verduras u hortalizas, haba otro de aves vivas, o de +frutas, o de caza, o de races comestibles, o de pjaros de jaula, o de +legumbres, o de pescados de ro y de mar, todava en la cesta o nasa del +bote pescador; o de carnes frescas servidas en tablas ordinarias +montadas por sus cabezas en barriles o en tijeras movibles; y todo +respirando humedad; sembrado de hojas, cascaras de frutas y de maz +verde, plumas y barro; sin un cobertizo ni un toldo, ni una cara +decente; campesinos y negros, mal vestidos unos, casi desnudos otros; +vaharadas de varios olores por todas partes; un guirigay chilln y +desapacible, y encima el cielo azul, visto como a travs de una +claraboya, en que apareca uno que otro volador celaje, imitando, ya +transparente cendal, ora las alas de ngeles invisibles.</p> + +<p>Entraban en la plaza y salan de ella negros y negras; stas con el +propsito de hacer la provisin diaria de casa de sus amos, aqullos con +el de procurarse al precio de por mayor las carnes, verduras o frutas +que revendan al por menor dentro de la ciudad o en sus barrios +extramuros: trfico ste, de paso sea dicho, bastante lucrativo en no +pocos casos.</p> + +<p>Haba algo en el traje nuevo de prusiana que vesta Mara de Regla; en +el modo de llevar el pauelo de seda con que se velaba a medias los +mrbidos hombros y el de Bayaj con que se cubra las pasas; en el color +negro lustroso de la cara y brazos desnudos y torneados, anunciando +salud y robustez; en su aspecto general de forastera; en la tristeza o +timidez que su semblante y actitud revelaban, haba algo, decimos, en +todo esto, que no poda menos de llamar la atencin, an de las personas +indiferentes y muy ocupadas de sus propios quehaceres.</p> + +<p>Pero todas, quier curiosas, quier compasivas o naturalmente +observadoras, ya entrando en la plaza, ya saliendo de ella, le echaban +una mirada de travs a la ex enfermera, y seguan de largo. Su actitud +aparentemente contemplativa (de ningn modo su traje) haca sospechar a +primera vista que la aquejaba una dolencia extraa, o que, siendo +demasiado novicia o corta de genio, no acababa de tender la mano y pedir +una limosna por el amor de Dios al transente. Cualquiera de estos +motivos era bastante para enfriar la compasin y apagar la curiosidad en +la clase de gente que acuda al mercado. Solamente una negra gruesa, con +tendencia a la obesidad, y de fisonoma franca y alegre, que sala con +un tablero lleno de carne a la cabeza, tuvo suficiente resolucin para +detenerse delante de la cuitada forastera, preguntndole de un modo +brusco, mas benvola expresin:</p> + +<p>—Ah! <i>Critiana!</i> Qu hace ah <i>par</i>? Qu ha <i>perdi</i>?</p> + +<p>—Mi marido, contest de plano Mara de Regla.</p> + +<p>Lo inopinado de la pregunta no la dio tiempo a ocultar aquello que ms +fijo tena en el pensamiento.</p> + +<p>—Su <i>maro</i>! replic asombrada la carnicera. <i>Pu chatelo a busc.</i></p> + +<p>Remed con esto el dicho de los muchachos en el juego de la gallina +ciega.</p> + +<p>—En eso ando (repuso la ex enfermera con un suspiro lastimero) hace +mucho tiempo.</p> + +<p>—Cmo <i>cuanta</i>?</p> + +<p>—Uf! Como doce aos.</p> + +<p>—<i>Oj! La va de un critiana. Cmo ama su maro?</i></p> + +<p>—Dionisio.</p> + +<p>—<i>Dionisia! Dionisia! No mi ricorda. Ande viva?</i></p> + +<p>—Yo no s. Por eso lo busco.</p> + +<p>—<i>Ut no e de la suid?</i></p> + +<p>—No, no soy de la ciudad. He vivido en el campo ms de doce aos.</p> + +<p>—<i>Anj! Ut deja su maro atr?</i></p> + +<p>—Yo no lo dej, mis amos me separaron de l.</p> + +<p>—<i>Ut e cravo, no?</i></p> + +<p>—S, esclava soy por desgracia. Me han tenido desterrada en la Vuelta +Bajo por todo el tiempo que le he dicho, y hace pocos das que me +trajeron a la ciudad para buscar amo o una persona que me alquile. Aqu +en el seno tengo el papel. De tanto guardarlo ya est sucio. He andado +de ceca en meca y no he encontrado quien me compre, ni me tome en +alquiler. Estoy cansada, aburrida, y ahora busco a mi marido que +desapareci de casa en los das de Pascuas.</p> + +<p>—Venga <i>colmga</i>, dijo la carnicera; y mientras suban por la calle del +Teniente Rey o Santa Teresa, pregunt:—<i>Cmo ama ut?</i></p> + +<p>—Yo soy Mara de Regla Santa Cruz, para servir a usted.</p> + +<p>—<i>Ah! Ut e sija de Dolore Santacr?</i></p> + +<p>—No. Dolores y yo fuimos esclavas de los seores condes de Jaruco. A la +muerte del seor Conde, viejo, nos vendieron en pblica subasta para +pagar las costas de la testamentara y las deudas. Yo estaba recin +casada con Dionisio, y por fortuna nos compr juntos don Cndido Gamboa, +comerciante de esclavos de frica. Desde entonces no s de Dolores. La +conoce Vd.?</p> + +<p>—<i>La conoca bien, bien. Dolore vende carne, vende fruta, vende to, y +Dolore se liberta. Depu, Dolore me saca del barrac. Aqu tiene la +jierre entoava.</i> (Sobre el homplato derecho se le vean las iniciales +G. B. marcadas con un hierro candente) <i>Dolore compra un casite y yo +vende carne, vende duse y vende to pa elle. Yo trabaja, trabaja y mi +liberta tambi. Lo branco mete pleito con Dolore, Dolore mete pleito con +lo branco y le ecribn, y le ajob, y le procura y se ju se come le +dinero, la casite, to que Dolore tien. Dolore se pone loco y ahora elle +et serr a San Dionisia.</i></p> + +<p>—Pobrecita! No saba su triste suerte. Loca! Qu llama Vd. San +Dionisio?</p> + +<p>—<i>La casa de lo loca que ha jecho la goberna.</i></p> + +<p>—Me parece que si las cosas siguen como van, un da de stos voy a +hacerle compaa a Dolores en la nueva casa de San Dionisio.</p> + +<p>—<i>Si ut quie trabaj, yo le da trabaja pa jace dinera.</i></p> + +<p>—Estoy dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de ganar dinero y ver +si puedo libertarme con mi marido y mis hijos. Dnde vive Vd.?</p> + +<p>—<i>Vive ne la calle Ancho.</i></p> + +<p>—Dnde es eso?</p> + +<p>—<i>All fuer. Yo tien maro. Mosotro no son cas por le iglese. Elle e +carretiller, que vende agua, y yo vende carne, mantec, geve, frute, to +que pu.</i></p> + +<p>—Cmo se llama Vd.?</p> + +<p>—<i>Me ama Ginoveve Santa Cr. Mi maro e Tribusio Polanca. Elle tien +uno sijo amao Malanga que ha sacao mala cabesa. Ha matao ma branco!... +Tond lo coge como ratn con quesa le dominga depu de Nio perdo, +cuando diba nel entierre de a Chepa Alarc.</i></p> + +<p>—Chepilla Alarcn? repiti preguntando Mara de Regla.</p> + +<p>—<i>S, s, agrego Genoveva. Le meme. Asn se amaba. Ha perdo un gen +caserite.</i></p> + +<p>—Tena una nieta?</p> + +<p>—<i>S, tube un. Ma linde! Ah! qu bunite! No la ha vito ma bunite en +la va.</i></p> + +<p>En este punto, trayendo la calle del Aguacate, las dos negras cruzaron +la de O'Reilly, e indic de paso Genoveva, con el dedo, a Mara de Regla +la casita, entonces cerrada, donde haba fallecido la anciana de que +hablaban. En la inmediata calle de la Bomba, la gua torci a la +izquierda y llam a la tercer puerta de la derecha con el acostumbrado +pregn de: <i>Caserite! No mi toma na hoy?</i></p> + +<p>Respondi al llamado nada menos que Nemesia Pimienta, slo conocida de +la vendedora como su parroquiana reciente, desconocida del todo para la +ex enfermera del ingenio de <i>La Tinaja</i>. Mientras aquella serva la +carne de puerco, la manteca y los huevos que le pidieron, sta que se +haba quedado algo atrs, cosida al batiente cerrado, registr a su +sabor una buena porcin de la sala. Arrimada a la testera de frente para +la calle, se hallaba sentada en un columpio con los pies apoyados en el +travesao de la silla que tena delante, una joven que a Mara de Regla +le pareci blanca. De este color era su vestido; pero negro el del +pauelo de batista que cea su torneado cuello; negro el del copioso +cabello hecho dos trenzas que coronaba la bien modelada cabeza; negro el +de los zapatos de carro de oro que aprisionaban sus piececitos de +elevado empeine y arqueado puente; la hermosa desconocida vesta luto en +el cuerpo y en el corazn, segn la honda tristeza que anunciaban, tanto +su semblante como su actitud. Por las prendas de ropa que se vean en el +suelo, en el respaldo de la silla y en su mismo regazo, se echaba de ver +que cosa; de cuya labor no levant los ojos sino en los momentos en que +su compaera, que se ocupaba del mismo modo, abra la puerta de la calle +y ayudaba a deponer en el quicio el tablero pesado de la vendedora.</p> + +<p>Para que se fijara la imagen hechicera de la enlutada en la viva memoria +de Mara de Regla, no pudo ser ms propicia la ocasin; y de tal modo +fue as, que luego repeta a media voz, paso a paso detrs de su +protectora:—La nia Adela! la nia Adela!, comparando all en su +mente la fisonoma de aqulla con la de la ms joven de sus amas.</p> + +<p>Como oyese la carnicera la cantinela, dijo en tono de represin:</p> + +<p>—<i>Ah! Ese nie no ama Adel, ama Sesil.</i></p> + +<p>Ms vale callar, pens Mara de Regla, y no replic palabra; pero se +qued en sus trece, por cuanto sigui creyendo en que haba singular +semejanza entre su nia y la enlutada de la casa en la calle de la +Bomba, cuyas seas guard para la primera oportunidad.</p> + +<p>Hasta las dos de la tarde anduvieron las negras vagando por las calles +de la ciudad; y en el medio tiempo logr la carnicera reducir a plata +los efectos que llevaba en el tablero. Por la puerta llamada +popularmente de la Muralla, salieron a la Alameda y se sentaron en un +asiento de piedra, protegido por un rbol frondoso, entre el antiguo +caf de Atenas y la estatua de Carlos III.</p> + +<p>De una mugrienta bolsita de caamazo cuya boca se recoga con un +bramante, y que Genoveva llevaba en el seno, sac y cont hasta doce +pesos en pesetas sevillanas, reales y medios de plata, de los cuales, +deducidos los siete, poco ms o menos, costo de las mercancas +negociadas, rest una ganancia neta de cinco duros. No se requera +conocimiento de los nmeros para hacer la cuenta, ni de ms convincente +argumento para probar lo remunerativa de aquella industria. Convencida +de ello, se decidi a adoptarla Mara de Regla.</p> + +<p>Hablaba despus ella de lo que se deca respecto de su marido, de la +herida que haba recibido en ria, por aquel mismo barrio, y de su +desaparicin desde la vspera de Nochebuena. Entonces record Genoveva +haber odo decir a Malanga, que por esa fecha haba amparado a un moreno +que encontr mal herido a la entrada de la calle Ancha. Esta especie la +haba corroborado en todas sus partes el carretillero aguador, quien +momentos antes que su malvolo hijo, segn se recordar, pas por all y +no se detuvo porque juzg muerto al herido. Preso en la crcel Malanga, +no era fcil averiguar de pronto quin fuese, ni qu se haba hecho el +moreno herido; pero Mara de Regla se convenci que no poda ser otro +que Dionisio, y se propuso explotar en todos sus alcances datos tan +preciosos.</p> + +<p>En este punto de la conversacin de las dos mujeres, pas a caballo por +delante de ellas, y atraves el centro del Campo de Marte, en direccin +de la calzada de San Luis Gonzaga, el joven negro militar, de que hemos +hablado varias veces.</p> + +<p>—Tond!, dijo Genoveva indicndoselo a su compaera.</p> + +<p>Sin poderlo remediar, a su vista diole un vuelco el corazn a Mara de +Regla. Es que crey ver a Dionisio en las garras de aquel joven +intrpido que portaba sable, que la ley protega, y que el prestigio de +sus muchos actos de valor heroico haca casi invulnerable. Se puso en +pie por un impulso desconocido, dio algunos pasos en la direccin que +llevaba cuando le perdi de vista tras la nube de polvo que levantaban +las patas de su veloz caballo en la distante calzada, retrocedi al +asiento y se desplom sin habla junto a su asombrada amiga.</p> + +<p>Fue causa este ligero incidente para que las dos mujeres tardaran +todava algn tiempo antes de ponerse de nuevo en camino. Pero no bien +entraron en la calle Ancha, echaron de ver desusada agitacin y extrao +movimiento de pueblo. Hombres, mujeres y muchachos corran como +desatentados en opuestas direcciones. Los ms se refugiaban en sus +casas, cerraban las puertas con estrpito y se asomaban a los postigos +de las ventanas para preguntar al vecino o al transente el motivo de +aquellas carreras, cerramientos de puertas y exclamaciones. Este +contestaba:—Un fuego en Jess del Monte; el otro:—Un levantamiento de +negros en la tenera de Xifr; aqul:—Un robo en la calle de las +Figuras; quin:—Un <i>matado</i>.</p> + +<p>El ltimo en hablar fue el nico que se acerc a la verdad, confirmando +la noticia algo despus de las tres de la tarde, con muchos aspavientos +y palabras inconexas, el carretillero o aguador Polanco. Muy conocido en +el barrio, su aparicin en la calle Ancha fue saludada con un escopeteo +graneado y cruzado de preguntas de ventana a ventana. Ocioso era aquel +trabajo, porque l de <i>motu propio</i> vena anunciando la muerte alevosa +de Tond, delante de la zapatera de la calle de Manrique esquina a la +de la Maloja.</p> + +<p>Por Malanga, preso en la crcel pblica, haba averiguado Tond el asilo +de Dionisio Gamboa, y corri a prenderlo con aquella confianza y +descuido que nacen del valor llevado hasta la temeridad. Llamado a la +puerta del obrador por un hombre tan conocido como Tond, no pudo +Dionisio equivocar sus intenciones, y desde luego, form su resolucin. +Se levant del banco en que trabajaba, y se acerc con las manos a la +espalda, en ademn de entregarse.</p> + +<p>El movimiento de avance por parte del prfugo determin otro opuesto por +parte del perseguidor, que le fue fatal. Grande, como se ha dicho, era +el desnivel de la calle, y haba adems detenida entonces a la puerta de +la zapatera una volante alquilona que obstrua el paso. Para hacer +campo, Tond, ya desmontado, retrocedi corto trecho; descuido ste de +que se aprovech en el instante el astuto cocinero, para metrsele +dentro y abrirle el vientre de lado a lado con el mismo trinchete de que +se serva para las reparaciones de la suela de los zapatos. Herido y +todo el heroico Tond, persigui al asesino, cayendo exnime a poco +andar en medio de la honda calle.</p> + +<p>El hecho es histrico en casi todos sus pormenores.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_IVd" id="Capitulo_IVd"></a><span class="smcap">Captulo IV</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Qu soar con el que adora,<br /> +y qu sufrir cuando tarda,<br /> +y qu temer cuando llega,<br /> +y qu llorar si se marcha?</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">J. Velarde</span></p></div> + + +<p>En una maana del benigno enero diole a Cecilia un vuelco el corazn, y +dijo entre s:—Eh! Viene l hoy. Y desde ese momento no pudo pensar en +otra cosa, ni hacer nada de provecho. Veces infinitas se asom al +postigo de la ventana, creyendo la cuitada que as apresurara la venida +del objeto de sus ansias; y otras tantas se dej caer, desfallecida de +alma y cuerpo, en el columpio arrimado a la testera opuesta.</p> + +<p>De poco le vali el volverse toda odos y ojos. Por el contrario, tal +era la ofuscacin de sus sentidos, que escuchando no oa, mirando +intensamente no vea. Esto explica por qu se pasaron algunos segundos +antes que ella realizase la presencia del amante, llenando el hueco de +la entornada puerta de la calle, cual en un espejo su imagen adorada. +Entonces, olvidada por completo de sus propsitos de venganza, de los +desdenes anteriores, de los supuestos agravios recibidos con sus +veleidades y su marcha al campo, corri a su encuentro con los brazos +abiertos, le bes y se dej besar por l en el delirio de la pasin. No +cabe duda, el hecho de la corta ausencia haba obrado el milagro de +convertirlos en ntimos amigos, en cariosos hermanos, en ternsimos +amantes.</p> + +<p>—Ests sola? la pregunt l.</p> + +<p>—Sola, contest ella con lnguida expresin.</p> + +<p>—Me esperabas? agreg tiernamente tenindola estrechada todava por la +cintura.</p> + +<p>—Con el alma y con la vida, repuso la joven en su amoroso entusiasmo.</p> + +<p>—Quin te dijo que yo vena hoy?</p> + +<p>—El corazn!</p> + +<p>La bes de nuevo en los ojos y en la boca, y aadi:</p> + +<p>—Te hallo plida y ms delgada que a mi partida para el campo.</p> + +<p>—Le parecen poco las noches y los das que he pasado sin pegar los +ojos velando a mamita? Tampoco han faltado otros sinsabores...</p> + +<p>—Cundo se enferm tu abuela?</p> + +<p>—Desde el ao pasado mamita no gozaba de salud. Pero su gravedad se +puede decir que principi la vspera de Nochebuena. Cuando yo llegu, a +eso de las dos de la madrugada, la encontr con una calentura que +volaba... No se levant ms.</p> + +<p>—Dnde habas estado t hasta esa hora?, pregunt el joven +sorprendido.</p> + +<p>—En una parte.</p> + +<p>—En qu parte?</p> + +<p>—Oh! En una parte.</p> + +<p>—Me dirs dnde?, la pregunt Leonardo ponindose serio.</p> + +<p>—Espero que me diga Vd., antes dnde ha estado todo ese tiempo, replic +ella no menos seria, tratando de herir por los mismos filos.</p> + +<p>—Yo he estado donde t sabes.</p> + +<p>—Ya, en el campo, Vd. me lo dijo, pero se fue Vd. por mi voluntad?</p> + +<p>—Ah! Vengativa! Esas teniendo? Segn eso, t has estado en <i>una +parte</i> por pique conmigo.</p> + +<p>—Por pique no. No tengo nada de vengativa. Ni un tantico. Lo que yo no +quiero, lo que no puedo aguantar es que me la den de boba. Fue Vd. a +divertirse con sus amigas en el campo, haba de quedarme en casa +encerrada como monja? No faltara ms.</p> + +<p>—Fui de mala gana. Hubiera preferido quedarme, pero mam se propuso +llevarme... No te lo dije as?</p> + +<p>—Me lo dijo con la lengua.</p> + +<p>—Yo no digo mentira.</p> + +<p>—No tiene Vd. la boca debajo de la nariz como los dems hombres? Va +que s. Ninguno dice mentira. Qu! Sera un pecado. Pero cul de Vds., +si se ofrece, no engaa a la mujer ms buena del mundo?</p> + +<p>—Qu sabes t de eso?</p> + +<p>—Mucho ms de lo que Vd. se figura. Muy lpero ha de ser el que se +burle de m.</p> + +<p>—No hables boberas y dejmonos de cosas que no tienen fundamento. Es +gana que busques motivos de quejas. T no puedes ponerte <i>brava</i> +conmigo. Dime, en dnde estuviste la vspera de Nochebuena?</p> + +<p>—De mal a mal?</p> + +<p>—De bien a bien, cielo mo. De ti no quiero ni la gloria de por fuerza.</p> + +<p>—Eso s. Pues vena del baile de etiqueta que dio la gente de color en +la casa de Soto, all afuera.</p> + +<p>—Cmo fuiste?</p> + +<p>—A pie.</p> + +<p>—No quiero decir eso. Quin te convid? Con quin fuiste al baile?</p> + +<p>—Me convid Uribe el sastre, que fue uno de la comisin, y fui al baile +con Clara su mujer, con Nemesia y con Jos Dolores su hermano...</p> + +<p>Leonardo torci el ceo y no supo ni pudo ocultar su disgusto.</p> + +<p>—El que se pica ajos come, dijo Cecilia sonriendo. Qu dir yo cuando +recuerde que Vd. fue al campo para seguir a una guajira?</p> + +<p>—Veo que no pierdes la ocasin de zaherirme, dijo Leonardo disimulando +su desazn. Y me parece que seras capaz de querer a cualquier hombre +con tal de darme <i>caritate</i>.</p> + +<p>—No tanto, ni tan calvo que se le vean los sesos. Hay muchos hombres a +quien no podra querer por ms picada que estuviese con el preferido de +mi corazn.</p> + +<p>—Malo es que t seas de naturaleza celosa y vengativa.</p> + +<p>—Sea Vd. leal y constante y nada tendr que temer de la mujer ms +vengativa y celosa nacida.</p> + +<p>—Con las celosas no valen la lealtad ni la constancia del amante ms +fino. Mucho menos valen si t das entrada a hombres con quien no debes +ligarte.</p> + +<p>—A quin he dado yo entrada? Vamos, explquese.</p> + +<p>—Quieres orlo de mi boca? Quin te acompa al baile estando yo +ausente? Con quin bailaste? En casa de quin vives ahora?</p> + +<p>—Y eso es lo que Vd. llama darle entrada a los hombres?</p> + +<p>—Por ese camino al menos se va derecho al corazn de las mujeres.</p> + +<p>—No al mo que est forrado y claveteado en cobre. Pero si de alguno no +debe Vd. abrigar recelo es del hermano de Nene. Entre nosotros no ha +cabido nunca, creo yo, ms que una sincera y desinteresada amistad. +Nosotros nos conocemos y tratamos desde chiquitos. Hemos jugado juntos a +la gallina ciega y a la lunita, hemos crecido el uno al lado del otro +sin pensar en amores, al menos por mi parte. S que siente por m un +cario entraable; s que se desvive por m; s que su mayor delicia es +serme til; s que tiene orgullo en adivinar mis pensamientos; s que si +le pido un favor se aflige y se culpa a s mismo porque no se adelant a +mi deseo; s que no consentir me ofendan ni las moscas; s que es capaz +de cometer cualquier locura por agradarme; s que me cree el <i>non plus +ultra</i> de las mujeres; s que tiene celos de Vd. que se lo comen vivo; +pero an no me ha hecho una declaracin de amor. Sabe, el pobre, porque +no tiene un pelo de tonto, que yo no he de quererlo, ni casarme con l +en la vida. Muchas veces lo he sorprendido mirndome cual se mira a las +santas; yo he hecho como si no lo notase o entendiese y l no se ha +atrevido a declararse. De aqu no ha pasado desde que nos conocemos. En +su trato es una dama, muy galn y respetuoso con las mujeres, bien +criado con los hombres; slo le falta la cara blanca para ser un +caballero en cualquier parte. Le hablo con esta claridad de Jos Dolores +porque se me figura que a Vd. no le cae en gracia, qu no lo ve con +buenos ojos.</p> + +<p>—Te engaas, dijo Leonardo alarmado por el hermoso retrato que acababa +de trazar Cecilia de Jos Dolores Pimienta. No tengo prevencin ninguna +contra <i>tu amigo</i>. No lo miro con buenos ni con malos ojos, por la +sencilla razn de que no me cuido si vive o si muere. A m no puede +hacerme sombra semejante sastrecito. Siento, s, que en estas +circunstancias hayas credo necesario explicarme la clase de relaciones +que han existido y existen entre Vds. dos. No me interesa eso en lo ms +mnimo.</p> + +<p>—A Vd. le corresponde hablar as, a m no. Sera la ms descastada de +las mujeres si olvidara por un momento los muchos favores que le debo a +Jos Dolores. El fue mis pies y mis manos, mi todo, durante la +enfermedad de mamita; l hizo los mandados; l llam varias veces al +mdico; l trajo las medicinas de la botica; l hizo caldos de gallina +para la enferma; l vel conmigo a su cabecera; l fue por los leos a +San Juan de Dios; l corri con el entierro; l llor tanto como yo la +muerte...</p> + +<p>En este punto los sollozos y las lgrimas le cortaron la palabra a +Cecilia. Despus continu como ofendida por el tono y las frases +despreciativas que haba empleado Leonardo respecto de Jos Dolores:</p> + +<p>—Hay favores que no se pueden pagar bastantemente; la mujer que los +olvida no merece el pan que come. Jos Dolores siempre me ha distinguido +y respetado, y lo que es en el baile sac la cara por m, exponindose a +la muerte.</p> + +<p>—Con qu motivo sac la cara por ti?</p> + +<p>—Con motivo de haberme ofendido un negro.</p> + +<p>—Por qu te ofendi?</p> + +<p>—Porque me negu a bailar con l.</p> + +<p>—Le desairaste?</p> + +<p>—No. Yo no le conoca. Era un intruso, por qu haba de bailar con l? +Adems, tena comprometido el minu con Brindis. Tampoco quera yo +bailar pieza con los negros. Las dos o tres que bail con ellos fue por +compromiso.</p> + +<p>—El mal estuvo en tu concurrencia a un baile de gente de color...</p> + +<p>—Lo s, lo confieso, me pesar toda la vida haber ido. Eso me parece +que le apresur la muerte a mamita.</p> + +<p>Volvi a llorar Cecilia; y Leonardo, para alejar de su mente aquella +idea, o para averiguar lo que haba ocurrido dentro y fuera del baile, +la pregunt:</p> + +<p>—Qu casta de negro era el que te ofendi?</p> + +<p>—No s. En mi vida le haba visto. Tampoco me conoca l a m sino por +mera inferencia. Creo que me invit a bailar para tener la ocasin de +insultarme y vengar as un agravio que supuso alguien le haba hecho por +mi causa.</p> + +<p>—Quin le hizo el agravio?</p> + +<p>—No lo dijo. Slo dijo a gritos que yo tena la culpa de que se viera +separado de su mujer.</p> + +<p>—Deba estar loco o borracho.</p> + +<p>—Borracho no, ms bien loco. Daba miedo. Tambin me dijo que me vio +cuando yo gateaba; que saba quien era mi madre y que conoca a mi padre +como a sus manos.</p> + +<p>—Mal pudo conocer a tus padres, observ Leonardo con aire sentencioso, +siendo as que eres hija de la Cuna. Disparate!</p> + +<p>—Ah! Escuche, agreg Cecilia recordando: dijo que su mujer fue quien +me cri, que yo era mulata y que mi madre viva y estaba loca.</p> + +<p>—No se averigu cmo se llamaba ese diablo de negro?</p> + +<p>—S, se supo al fin. Lo reconoci un oficial de la sastrera de Uribe. +Lo llam por el nombre de Dionisio Gamboa, aunque l sostuvo que no se +llamaba as, sino Dionisio Jaruco.</p> + +<p>—Ah! Perro! exclam Leonardo apretando los puos al mismo tiempo que +los dientes. Qu buen novenario merece! Lo llevar, como hay un Dios en +el cielo, en cuanto se le capture. A bien que ya Tond le sigue la +pista. No hay tal Dionisio Jaruco ni calabaza. Su nombre s es Dionisio, +pero su apellido debe ser Gamboa, porque pertenece a mam. El muy +indigno, mal agradecido, infame, al robo de la ropa antigua de pap ha +aadido la fuga y dejado a mam sin cocinero. A ningn negro se le han +consentido en casa ms desvergenzas que a l. Y vase el resultado. La +pagar. Que se esconda bajo siete estados de tierra, de ah le sacarn. +Se le castigar cual merece, lo juro. Me parece que si le desuellan vivo +no paga las que debe. Despus, atreverse a insultarte...!</p> + +<p>Arrebatado por la clera, tard algn tiempo en comprender Leonardo que +haba asustado a Cecilia con tan inoportunas amenazas, adems de ponerse +en ridculo a sus ojos, pues sta advirti sin esfuerzo que el furor de +su amante contra el negro no proceda tanto del agravio a ella inferido, +cuanto de haber dejado la familia sin cocinero. Volviendo sobre sus +pasos, aunque tarde, aadi el joven:</p> + +<p>—Pero, a todas stas, qu has tenido t que ver con la separacin de +Dionisio de su mujer? Nada, absolutamente nada. Dudo que fueses nacida +cuando mam zamp a Mara de Regla, la mujer de Dionisio, por +escandalosa y desobediente, en el ingenio de <i>La Tinaja</i>. Y si no habas +nacido, cmo pudo criarte? Ella s cri a mi hermana Adela. Vamos, es +un disparate, una equivocacin suya, pretexto para desfogarse contigo +que no podas devolverle el insulto.</p> + +<p>—Para eso, dijo Cecilia con satisfaccin, que le cost caro el meterse +conmigo. A la salida del baile esper a Jos Dolores en la esquina de la +calle Ancha. Pelearon con cuchillo y el negro cay a los primeros +golpes...</p> + +<p>—Muerto? exclam Leonardo, que no esperaba semejante desenlace.</p> + +<p>—Me parece que no. El qued en el suelo quejndose mucho. Le duele a +Vd. que se le hubiese castigado tan pronto la falta?</p> + +<p>—No, no, se apresur Gamboa a corregir la falta de galantera que +acababa de cometer manifestando sentimiento por la herida de su esclavo. +No me duele perder un negro. Tenemos muchos. Siento s que t hayas +estado por medio. Fue un escndalo. T complicada en un homicidio! Mas +hablando de otra cosa, qu mdico asisti a tu abuela en su enfermedad?</p> + +<p>—Montes de Oca.</p> + +<p>—Cmo vino l a curarla?</p> + +<p>—Yo fui por l.</p> + +<p>—Le conocas?</p> + +<p>—De vista.</p> + +<p>—Le conoca tu abuela?</p> + +<p>—Ella s. Mamita fue a verlo a su casa y l vena a verla todos los +meses.</p> + +<p>—Para curarla?</p> + +<p>—No. Mamita no haba estado casi nunca enferma de mdico.</p> + +<p>—Qu dares o tomares se traan ellos?</p> + +<p>—Mamita reciba una mesada por conducto de Montes de Oca.</p> + +<p>—Una mesada! Ahora recuerdo que hace mucho tiempo Montes de Oca le +tom a pap en alquiler esa misma Mara de Regla, mujer del cocinero, +para criar a una nia, hija ilegtima de un amigo suyo. Y he aqu +descifrado el por qu de la equivocacin de Dionisio. Seguro, se figur +que t eres la tal nia. Por supuesto, t no fuiste, pero quin saca al +muy bestia del error? Ni habas nacido entonces. Mira t, despus de eso +Mara de Regla cri a Adela por cerca de dos aos. Lo que te s decir es +que esa crianza le ha costado muchos disgustos a mam. Montes de Oca se +comprometi a pagarle dos onzas de oro a pap por el precio del alquiler +de Mara de Regla. Sospecho que nunca cumpli, porque l es mal pagador. +Hallo, pues, extrao, incomprensible, que Montes de Oca le pasara una +mesada a Vds. No sabes t su origen?</p> + +<p>—No entiendo, contest Cecilia dudosa.</p> + +<p>—Quiero decir, repuso Leonardo, que si t sabes el motivo, la razn, o +como se llame, del por qu le pasaban la mesada a tu abuela.</p> + +<p>—No lo s; mejor dicho, no me he puesto jams a averiguarlo.</p> + +<p>—T lo sabes y no quieres decrmelo. Lo leo en tus ojos.</p> + +<p>—Mal lector es Vd. entonces.</p> + +<p>—Niego a pie puntillas que Montes de Oca pasaba la mesada por cuenta +propia.</p> + +<p>—Tambin lo niego yo.</p> + +<p>—Ah! Ves? T sabas y me lo negabas.</p> + +<p>—Vd. no me pregunt eso. Vd. me pregunt que si yo saba el origen o el +motivo de la mesada, y todava estoy en ayunas. Lo nico que s es que +Montes de Oca la pasaba por cuenta de un amigo...</p> + +<p>—Que t conoces. No? la interrumpi Leonardo.</p> + +<p>—De vista, contest Cecilia a medias.</p> + +<p>Su nombre.</p> + +<p>—Ay! Ese se queda para el curioso lector.</p> + +<p>—Dilo, dilo, la inst el joven cogindole la mano. No deseo saberlo por +mera curiosidad, sino por algo que te dir despus.</p> + +<p>—Vd. lo conoce como a sus manos.</p> + +<p>—Quin, pues?</p> + +<p>—Su padre de Vd.</p> + +<p>—Mi padre! exclam Leonardo asombrado de la revelacin. Ser posible +que mi padre lleve la pertinacia....! (Se contuvo y agreg luego:) +Ests segura?</p> + +<p>—Segursima.</p> + +<p>—Desde cundo le conoces t?</p> + +<p>—Uf! Desde que yo era chiquitica.</p> + +<p>—Cmo le conocas?</p> + +<p>—De verlo en las calles. A cada rato tropezaba con l. Cuando menos lo +esperaba lo tena encima. Se pona <i>bravo</i> y me deca muchas cosas: que +estaba hecha una mataperros, perdida, mal criada, y que iba a hacer que +me prendieran los soldados.</p> + +<p>—Sabas t su nombre entonces?</p> + +<p>—No, ni lo supe hasta mucho despus, cuando me haba hecho una mujer. +Conmigo no ha tenido l amistad, con mamita s. De Corpus a San Juan, +sola hablarle por la ventana, siempre de m.</p> + +<p>—Qu la deca?</p> + +<p>—Nada bueno, por cierto. Le deca, por ejemplo, que me celara de Vd.; +que no me dejara ir a bailes con Vd., que Vd. era muy enamorado; que +tarde que temprano me dejara Vd. por otra; en fin, que Vd. estaba para +casarse con una muchacha muy rica y slo aguardaba a recibirse de +Bachiller en Leyes.</p> + +<p>—Me sorprende or eso de mi padre. No lo creera si otra persona me lo +dijera. Qu objeto le lleva verdaderamente en el asunto? Su conducta +contigo aleja la idea del amor. No est enamorado de ti, no. Tampoco ha +sido l hombre de enamorarse por andar alegre. Ahora me desengao...</p> + +<p>—Es que mamita tambin estaba opuesta a nuestras relaciones. A la hora +de su muerte me mand que no lo quisiera a Vd.</p> + +<p>—T no piensas en obedecerla, no es as?, dijo el joven +apasionadamente.</p> + +<p>—Ya es demasiado tarde, contest Cecilia ponindose colorada. (Despus +aadi en voz baja:) Dios quiera que no me pese haber desobedecido a +mamita.</p> + +<p>—Nunca te pesar, repuso Gamboa con calor, te lo juro por lo ms +sagrado, el haberme querido bien. Veo, entre tanto, que nada de lo que +me has dicho explica el enredo de la mesada. Por qu, a santo de qu se +la pasaba mi padre a tu abuela? Ve aqu lo que me encalabrina y +desespera. Es posible que no contine pasndotela a ti...</p> + +<p>—Tal pienso yo, dijo Cecilia bastante afectada.</p> + +<p>—No es eso lo peor, agreg el joven reflexionando, sino que el mdico +te cobrar la cura de la enferma. Del rbol cado todos hacen lea.</p> + +<p>—Por esa parte estoy tranquila. En toda la enfermedad de mamita, en vez +de pedirme estuvo el mdico dndome dinero para los gastos.</p> + +<p>—Cmo cunto te dio?</p> + +<p>—Como quince onzas de oro. Yo no llev la cuenta... Jos Dolores.</p> + +<p>—Dale con Jos Dolores. No quisiera volver a or su nombre en tu boca.</p> + +<p>—Qu tienes?</p> + +<p>Interrumpiose a lo mejor el prolongado dilogo de los amantes por la +llegada de Nemesia, con grande disgusto de los tres. De Cecilia, porque +as quedaba sumergida en el mar de confusiones respecto de su suerte +futura, do la haba arrojado la muerte repentina de su abuela. Con +disgusto de Leonardo, porque despus de lo averiguado acerca de la +posicin de Cecilia en aquella casa, comprendi que deba sacarla de +ella cuanto antes, so pena de perderla para siempre, y no haba tenido +tiempo de arreglar con su acuerdo el nuevo plan de vida.</p> + +<p>Por su parte Nemesia tambin experiment un vivo disgusto; porque sin +ms argumento ni prueba que la presencia all del temible rival de su +hermano, cuando le crea ms distante y olvidado de Cecilia, qued +convencida que ni los celos en ella, ni la ausencia en l, haban obrado +el milagro de trocar en odio, siquiera en indiferencia, el profundo +afecto que se profesaban los dos. Pobre Jos Dolores! exclam Nemesia +entre s. De sta la perdiste. Tontos de nosotros que nos habamos +halagado con la esperanza de que se quedara en el monte!</p> + +<p>—Est de Dios, hijo, que no ha de ser tuya Celia, dijo Nemesia con gran +sentimiento, a su hermano cuando volvi de la sastrera.</p> + +<p>—En qu te fundas para darme tan mala noticia?, pregunt el hermano +alarmado.</p> + +<p>—Me fundo en que <i>l</i> ha vuelto. Los top a los dos esta maana como +ua y carne.</p> + +<p>—A dnde?</p> + +<p>—En esta sala. Solitos...</p> + +<p>—Luego <i>l</i> no fue al campo para casarse.</p> + +<p>—Casarse! Tal vez se ha casado y ahora anda atrs de la querida.</p> + +<p>—Qu! Crees t que va a sacarla de aqu pronto?</p> + +<p>—Cuando menos... Para ponerle casa.</p> + +<p>—Cuando menos no, dijo Jos Dolores irritado a lo sumo.</p> + +<p>—No. Si la destina para querida, mientras ms pronto se la lleve mejor; +porque primero me dejo escupir a la cara que hacer el papel de tapa. No +es <i>l</i> hombre para pasarme la mota y rerse de m. Que no se ponga en +mi camino. Dnde est ella?</p> + +<p>—Vistindose all dentro. Eso es que lo espera esta noche.</p> + +<p>—Es posible. As ser bueno que me arrime a un lado por ahora. Una +tragedia le causara ms pesar a ella que a l.</p> + +<p>—Todava no se ha perdido todo, Jos Dolores, dijo Nemesia pensativa. +Mientras la vida dura, hay esperanza.</p> + +<p>—Qu esperanza, hermana? O l o yo. Los dos juntos no cabemos. Me +resignara yo a servir de tapa tampoco? Creo que no, Nene.</p> + +<p>—Bobera, Jos Dolores: del lobo aunque sea un pelo. Quin puede decir +con verdad que es el primero en el corazn de una mujer? <i>Naiden.</i> Ten +por sabido que ella no es firme ni de ley. Dice una cosa ahora y luego +otra. Se dobla como la hoja del caimito: ctala colorada, ctala blanca. +Si t la hubieras odo cuando l se fue para el monte atrs de la +muchacha blanca..., sabras quin es ella.—No lo <i>quedr</i> ms en mi +vida! No volver a verme la cara. Aunque <i>me se</i> arrodille, aunque me +bese los pies, no le perdonar la que me ha hecho. De m no se burla ni +el sol de los hombres. Apuradamente, con l no se acabaron para mi. Hay +muchos, <i>me se</i> sobran. Cuntos, cuntos tan buenos mozos como l no se +daran santos con una piedra en el pecho con tal que yo los quisiera? No +ser de las que se quedan para vestir santos o cuidar sobrinos. Juro que +el primero que me diga j, le digo j. Y veremos quin pierde ms, si l +o yo.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_Vd" id="Capitulo_Vd"></a><span class="smcap">Captulo V</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>El que excusa la vara, quiere mal +a su hijo; y el que lo ama, con +muchas varas lo corrige.</i></p> + +<p class="r">Proverbios, XIV, v. 24</p></div> + + +<p>Llegado haba inopinadamente el momento de poner en planta el plan +ideado por don Cndido antes de su marcha al campo.</p> + +<p>La muerte de <i>sea</i> Josefa haba arrojado a Cecilia en brazos de +Leonardo, el cual, saba su padre, no era tan simple ni tan virtuoso que +desaprovechase la ocasin que se le presentaba de tomarla por manceba, +con achaque de ampararla.</p> + +<p>Miraba don Cndido este evento casi como una catstrofe, cuyo nico +medio de evitarla, en su concepto, consista en sustraer a Cecilia de la +vista y comercio de Leonardo, an cuando para lograrlo fuese necesario +usar de fuerza. Pero le ocurri que tal vez podra ejecutarse la misma +cosa sin ruido ni responsabilidad como se le diese una apariencia legal. +Movido por esta idea feliz, decidi aconsejarse con el abogado y Alcalde +mayor don Fernando O'Reilly, amigo y condiscpulo de Leonardo, con quien +l tena bastante amistad.</p> + +<p>Mientras caminaba en la direccin de la calle de los Oficios, compona +mentalmente un discurso regular en forma de dilogo para presentar su +caso bajo la mejor y ms plausible luz, ante el seor Alcalde Mayor. +Sucedi, sin embargo, que en presencia de Su Seora se le fueron de la +mente las especies, cual pichones espantados del palomar, y slo acert +a decir:—que la Valds le sonsacaba a su hijo Leonardo, le seduca con +sus artimaas, y no le dejaba seguir los estudios de derecho, y quera +saber qu remedio poda poner la justicia a tamao escndalo.</p> + +<p>Oyole el Alcalde con una sonrisa de satisfaccin y de marcada +condescendencia, y dijo:</p> + +<p>—Cunto me alegro, seor don Cndido, de orle! Estoy encantado, +sorprendido! Pues no ha de llamarme la atencin y complacerme, si desde +que presido en este tribunal de justicia, por disposicin soberana, ha +ms de un ao, es Vd. el primero que se acerca a l en queja semejante? +No es que no ocurran en La Habana casos iguales, no; ocurren a millares; +es que tales son la ignorancia y la relajacin de las costumbres, que +slo se consideran delitos los atentados contra la vida y la propiedad +ajena, aqullos a que se sigue dao inmediato de la persona o de los +bienes del vecino. Los ataques a la moral, a la honestidad, a las buenas +costumbres, a la religin, stos no son delitos, son meras faltas, +pecados veniales, deslices que no tienen pena sealada en ningn cdigo +escrito. Qu error, amigo don Cndido! Qu confusin de ideas sobre lo +que es bueno y lo que es malo, lo que es honesto y lo que es deshonesto, +lo que es permisible y lo que es vedado, lo que es loable y lo que es +reprehensible!</p> + +<p>Saco, en su <i>Memoria sobre la Vagancia</i>, que acaba de premiar la +Sociedad Patritica, atribuye al juego, que llama guarida de nuestros +hombres ociosos, la escuela de corrupcin para la juventud, el sepulcro +de las fortunas de las familias, el origen funesto de la mayor parte de +los delitos que infestan la sociedad en que vivimos.</p> + +<p>Yo difiero de tan autorizado parecer, y opino que reconocen dos causas +principales los males de que todos nos quejamos, a saber: la ignorancia +y la poltica de gobierno de Vives. No hay escuelas. Y cules son los +resultados? Los robos frecuentes a la luz del da, los asesinatos sin +causa ni provocacin, los pleitos interminables, las injusticias +notorias, la prostitucin de las mujeres, el desorden social. La +poltica de gobierno de Vives es tambin causa de corrupcin y extravos +sin trmino ni paralelo en el mundo. Se pudren los presos en la crcel y +no se castiga a los grandes delincuentes. Tampoco se averigua sino rara +vez el origen de los crmenes ms atroces, gracias, si alguna se atrapa +a los malhechores. Quin ha matado a Tond?</p> + +<p>—Cmo! exclam don Cndido, interrumpiendo al Alcalde. Han muerto a +Tond?</p> + +<p>—Ayer tarde le abrieron el vientre de una cuchillada.</p> + +<p>—Tiene V. S.<a name="FNanchor_57_57" id="FNanchor_57_57"></a><a href="#Footnote_57_57" class="fnanchor">[57]</a> los pormenores del lamentable suceso?</p> + +<p>—No, seor. Anoche se me comunic la noticia en el teatro, +extrajudicialmente. Se dice slo que el matador fue un negro prfugo a +quien l trat de prender.</p> + +<p>—Tengo motivos para sospechar que el asesino ha sido mi cocinero. Das +pasados encarg mi mujer su captura a Tond...</p> + +<p>—No tendra nada de extrao, prosigui el Alcalde. En caso que le +prendan, caso dudoso en estos tiempos que corren, me tomo la libertad de +darle a Vd. un consejo: entregue el esclavo a la noxa...</p> + +<p>—A la qu seor don Fernando?</p> + +<p>—A la noxa, digo.</p> + +<p>—Estamos. Mas quin es esa dama?</p> + +<p>—Natural es que no lo sepa Vd., puesto que no ha estudiado leyes. Se +entiende en derecho entregar el esclavo a la noxa, al acto de la +renuncia del dominio directo que sobre l tiene el amo, en favor del +tribunal de justicia que le juzga por el delito o dao cometido. Pierde +Vd., de este modo un negro que cuando ms y mucho vale en buena venta +500 pesos; pero ahorra Vd. los costos y las costas del proceso, los +cuales suelen montar al doble de esa suma, si el amo se hace parte en el +juicio. Sbese que si no se le unta la mano al juez pedneo, levanta una +sumaria negra contra el reo. Luego hay que hacer lo mismo con el +escribano que da fe, con el oficial de causas que provee a veces a su +antojo, con el fiscal que acusa y no quiere trabajar de balde, con el +juez, con el asesor, etctera, etctera.</p> + +<p>—Pleitos yo, seor don Fernando? No en mis das. Valdra mejor +colgarse de un farol.</p> + +<p>—Hace Vd. bien... Pero volviendo a la pretensin... Deca Vd.?</p> + +<p>—Deca, seor Alcalde, repuso don Cndido cual si saliera de un sueo, +que una mozuela trae loco a mi hijo Leonardo, le seduce y encanta con +sus maas y no le deja concluir sus estudios de abogado...</p> + +<p>—Vamos por partes, dijo O'Reilly con calma. Cmo se llama la +seductora?</p> + +<p>—Cecilia Valds, contest tmidamente el querellante.</p> + +<p>—Bueno. Qu casta de mujer es sa?</p> + +<p>—No entiendo.</p> + +<p>—Quiero decir: es joven o de edad mediana? Casada o soltera? Bonita +o fea? Blanca o de color? Todo esto es fuerza que sepamos antes de +proceder a la graduacin del tanto de culpa y a la aplicacin de la pena +que en justicia le quepa.</p> + +<p>—Dir a V. S., seor Alcalde, con lealtad cuanto s en el particular, +dijo Gamboa titubeando y con las orejas encendidas de la vergenza. La +chica es joven, bastante joven, como que apenas contar 18 aos de edad. +No ha sido casada; tampoco, a lo que entiendo, puede calificrsela de +fea, ms bien de bonita, de real moza, dira. Es pobre, s, pobre, +pobrecita, y de color, aunque pasar por blanca donde quiera que no +conozcan sus antecedentes...</p> + +<p>—Muy bien, perfectamente, replic el Alcalde pensativo. Se conoce que +est Vd. enterado del caso. As me gusta. Ya podremos juzgar con pleno +conocimiento... Slo ocurre un vaco, llammosla duda, a saber: conoce +Vd. los hechos que expone, por s mismo o por referencia de tercera +persona?</p> + +<p>—Unos conozco por m mismo, otros, digamos, por inferencia.</p> + +<p>—Entendmonos. En primer lugar, diga Vd. si sabe con quin vive la +joven.</p> + +<p>—Ahora, supongo que con alguna amiga suya.</p> + +<p>—Nada de suposiciones, seor don Cndido. Le consta a Vd.? S o no?</p> + +<p>—No, seor, no me consta, lo infiero.</p> + +<p>—Eso me gusta. En esta clase de negocios la franqueza es lo primero. Al +abogado y al juez hay que hablarles como se le habla al confesor, con el +corazn en la mano. Y antes, con quin viva la pardita?</p> + +<p>—Con la abuela.</p> + +<p>—Viven sus padres? Tiene parientes, allegados, protectores en suma, +alguien que haga por ella? Siendo tan linda, como Vd. dice, bueno es +saber todo eso, averiguarlo en tiempo.</p> + +<p>—Poco ha muri la abuela. La madre (aadi balbuciente y ms enrojecido +que nunca), la madre... Verdaderamente no s a estas horas si vive o si +muere. De cualquier modo, de nada le valdra si viviera. En cuanto al +padre... ella no le tiene conocido... Es hija de la Real Casa Cuna. +Est V. S.?</p> + +<p>—Bien. Conoci Vd. a la abuela de persona?</p> + +<p>—S, seor, la conoc, aunque nunca tuve trato ntimo con ella. Sera +largo de referir y ajeno de este lugar el detenerme en detalles. Me +consta, sin embargo, que para mujer de color (era parda) llev vida +ejemplar, que practicaba la virtud, que se confesaba y comulgaba a +menudo, que criaba a la nieta en el santo temor de Dios, que la vigilaba +estrechamente, y, sobre todo, que no la consenta holgorios, devaneos +con mozuelos ni cortejos de ventana.</p> + +<p>—Luego la muchacha de que se trata es bien criada, de vida honesta y no +ha dado an qu decir.</p> + +<p>—As es la verdad; slo que, como de raza hbrida, no hay que fiar +mucho en su virtud. Es mulatilla y ya se sabe que hija de gata, ratones +mata, y que por do salta la cabra, salta la que la mama.</p> + +<p>—Bien dicho. Confesemos que nuestros refranes encierran gran fondo de +sabidura. Confesemos tambin que nuestras mulatas, generalmente +hablando, son frgiles por naturaleza y por el deseo, ingnito en las +criaturas humanas, de ascender o mejorar de condicin. Y he aqu la +clave para descifrar el por qu de su aficin a los blancos y de su +esquivez para con los hombres de su propia raza. A bien que hablo con +persona que debe entenderme. Nadie como Vd. que, por su larga residencia +en el pas, ya se ha <i>aplatanado</i>, habr tenido mejores oportunidades de +observar la idiosincrasia de nuestra clase de color libre. Pero una +regla general, una fuerte presuncin, una teora, por plausible y +brillante que parezca, sobre la ndole o aficiones de stas o de esotras +gentes, no constituye hecho, no denuncia delito, siquiera cuasi-delito, +que es lo que penan las leyes y juzgan y castigan los tribunales de +justicia.</p> + +<p>Resumamos. Comparece Vd. ante m, el Alcalde Mayor, en queja contra la +Valds a quien acusa Vd. del cuasi delito de seduccin y distraccin +inferido a su primognito de Vd., que se halla aun bajo la patria +potestad. Por ende, pide Vd. se lance un mandamiento de prisin contra +la seductora, y que, sin orla, se la castigue, privndola de su +libertad. De acuerdo. Hasta aqu no hay irregularidad aparente, la +querella est fundada en derecho y Vd. le tiene excelente para no +consentir en que una pelandusca extrave y pervierta a su hijo, mucho +ms cuando sigue una carrera tan honrosa y noble como es la de la toga. +Aplaudo la vigilancia y severidad de principios que Vd. mantiene.</p> + +<p>—Me confunde V. S., exclam don Cndido, contento por la vuelta que, al +parecer, tomaba su pretensin. No merezco esos elogios. Ca! No los +merezco ni por cien leguas.</p> + +<p>—Pero (continu con seriedad el Alcalde) como juez recto y de +conciencia, demando las pruebas del delito; espero que el actor haga +buena la acusacin, interrogo para conocer los antecedentes y +consecuencias del reo, y lejos de provocar una sumaria condenatoria, +obtengo la ms brillante declaracin absolutoria. Permtame Vd., seor +don Cndido, que le diga con la franqueza que me caracteriza que Vd. +mismo, llevado sin duda del amor innato a la verdad y a la justicia, +abona la conducta de la acusada, hace cumplido elogio de su carcter, y +la vindica de toda imputacin o mala fama; atndome las manos, por +supuesto, para proceder en justicia.</p> + +<p>Abrumado don Cndido por la salida inesperada del juez, durante un buen +espacio de tiempo no atin a decir palabra, slo a estrujarse los dedos +e inclinar la cabeza. Luego dijo en voz tmida y confusa:</p> + +<p>—Por mi madre, seor Alcalde, que nunca pude pensar fuese tan seria la +cosa. Vaya que si lo es! Pues no estaba yo engaado! De medio a medio. +Y supona que no haba ms sino llegar y besar. O no es que V. S. toma +el asunto por donde ms quema, cual si dijramos, a punta de lanza? No +estoy seguro, lo pienso nada ms, seor don Fernando.</p> + +<p>—Aun cuando sea siempre cosa seria (dijo el Alcalde con su acostumbrada +ecuanimidad), el lanzar mandamiento de prisin contra un individuo +cualquiera que slo se sospecha haber cometido un delito, no es eso lo +que me detiene en el caso presente; me detiene el hecho de que Vd. mismo +con su franca declaracin me ha quitado el asidero de que se podra +echar mano para proceder con las apariencias de legalidad. Deme Vd. el +asidero y le sirvo de la mejor gana, no obstante que s le voy a causar +disgusto al amigo Leonardo, contribuyendo al plagio de su amiga.</p> + +<p>—Maldito asidero! dijo don Cndido para s. Pues no se aparece a la +hora nona? Luego aadi alto: Tratrase de tablas sin nudos ni alabeos, +seor don Fernando, o de ladrillos sin caliches, o de tejas sin marras, +y me tendra V. S. ms listo que un gerifalte. Qu se me alcanza a m +de asideros judiciales? Ni jota. Por qu V. S. que sabe tanto, no le da +un corte al negocio y me saca del atolladero?</p> + +<p>—Porque no sera eso legal, ni quedaran cubiertas las apariencias, a +lo menos en el fuero interno del juez. La sugestin debe venir de Vd. +Estaba entretanto pensando, seor don Cndido, suponga Vd. que doy orden +de arresto, que Vd. prende a la muchacha, que la mete en la crcel o +logra Vd. esconderla por algn tiempo. Ha meditado Vd. en las +consecuencias?</p> + +<p>—Consecuencias! repiti el hacendado sorprendido. A fe que no he +pensado en ello. Ni me ocurre que me traiga consecuencias el paso... a +menos que haya un tonto que salga a su defensa.</p> + +<p>—Precisamente, porque creo que le sobrarn los defensores, digo lo que +digo.</p> + +<p>—Pues, no he dicho a V. S. que es pobre, oscura, desconocida, +hurfana, sola en el mundo...?</p> + +<p>—Tambin me ha dicho Vd. de ella dos cosas que valen ms que el dinero, +el nacimiento, el parentesco y las buenas relaciones: me contraigo a su +juventud y a su belleza. Recuerde Vd. las palabras de Cervantes; vienen +aqu de molde: que tambin la hermosura tiene fuerza de despertar la +caridad dormida. Con tales adminculos no estar ella nunca sola en el +mundo.</p> + +<p>—Contra esa sentencia de don Quijote, hay esta otra que no s de quin +es: Santo que no es visto, no es adorado. Dgolo, porque si logro +atraparla, cuenta V. S. con que la pondr donde no la vean ni los +pjaros.</p> + +<p>—Repito a Vd. que la cosa no es tan fcil como parece a primera vista. +Ni dnde la pondra Vd. que nadie la oyese, la viese, la compadeciese y +la amparase? Leonardo, si est de veras enamorado de ella, ser el +primero en declararse su campen, la buscar, la encontrar y la +salvar, mal que les pese a sus captores. No sera, por tanto, ms +derecho, ms cuerdo y puesto en razn, que se deje quieta a la muchacha +en su casa y no provoque un conflicto? Quizs l la corteje por +pasatiempo, por capricho o porque no ha tropezado con otra que le guste +ms. Qu sabemos?</p> + +<p>—Lo que yo me s de memoria, seor don Fernando, es que mi hijo es muy +terco, tan terco como un vizcano, y que aunque no sea ms que por +terquedad, todava comete una locura y trae una desgracia a la familia.</p> + +<p>—Desgracia! repiti el Alcalde admirado. No lo concibo. Dice Vd. que +la chica es bien criada, de estado honesto, linda, que puede pasar por +blanca, qu mayor desgracia podra sobrevenirle a Vd., a la familia, a +Leonardo, en una palabra, si olvidado de s mismo, cegado por la pasin, +en un momento de extravo toma por esposa a la Valds?</p> + +<p>—Por esposa dice V. S.? exclam don Cndido con ademn fiero y tono +resuelto. Antes que tal haga, por Dios vivo que le desnuco de un +trancazo. No, no, yo se lo aseguro a V. S., l no se casar con la +Valds.</p> + +<p>—Cul es, entonces, la desgracia que Vd. tanto teme?</p> + +<p>—Para hablarle en plata, seor don Fernando, no recelo, ni me pasa por +la cabeza, que mi hijo lleve su fatuidad hasta el punto de tomar por +esposa a la Valds; lo que temo, lo que miro como una gran desgracia +para la familia es que se la eche de querida. Estas mulatas son el +diablo.</p> + +<p>—Conque no es otra la desgracia a que Vd. alude? pregunt el Alcalde +sonriendo. Mrese el asunto bajo el punto de vista que se quiera, o yo +soy muy obtuso que no alcanzo a descubrir el lado malo, o no es, ni ha +sido nunca, causa original de desgracia para una familia, sea cual fuere +su posicin social, el que uno de los hijos solteros se eche de querida +a una moza de la clase inferior a la suya. Si no fuese as, seor don +Cndido, qu familia sera feliz en la tierra? Todas tendran que +lamentar igual o peor desgracia. En todo pas de esclavos no es uno ni +elevado el tipo de la moralidad; las costumbres tienden, al contrario, a +la laxitud, y reinan, adems, ideas raras, tergiversadas, monstruosas, +por decirlo as, respecto al honor y a la virtud de las mujeres. +Especialmente no se cree, ni se espera tampoco, que las de la raza +mezclada sean capaces de guardar recato, de ser honestas o esposas +legtimas de nadie. En concepto del vulgo, nacen predestinadas para +concubinas de los hombres de raza superior. Tal, en efecto, parece que +es su destino. Gracias, pues, debe Vd. dar a Dios de que no se le haya +metido en la cabeza a su hijo de Vd., que parece ser testarudo y +voluntarioso, el enredarse con una <i>negrita</i>. Esa s que sera una +desgracia para la familia. Ahora bien, seor don Cndido, por qu no +prohbe Vd. a Leonardo que visite a la Valds? Esto lo hallo ms fcil y +puesto en razn, sobre todo, no tan ocasionado a escndalo. El culpable +es l que la solicita y persigue, no ella que se est quieta en su casa. +Y aqu entre nos, amigo don Cndido, tiene todos los visos de una +injusticia que Vd. pretenda el castigo de la vctima y la absolucin del +victimario.</p> + +<p>—El error nace de que V. S. supone inocente a la Valds.</p> + +<p>—Qu pruebas hay para suponer lo contrario?</p> + +<p>—Varias. Entre otras, la de habrsela avisado que desistiera de esos +amores.</p> + +<p>—Por medio de quin se la avis?</p> + +<p>—Por medio de la abuela.</p> + +<p>—En nombre de quin?</p> + +<p>—En... mi nombre.</p> + +<p>—Y ella no hizo caso?</p> + +<p>—Qu haba de hacer la muy pizpireta! Peor la ha hecho desde entonces.</p> + +<p>—La ha hecho divinamente.</p> + +<p>—Cmo! La apoya V. S. en su maldad?</p> + +<p>—No tal, no la apoyo, le hago la justicia de creer que ama bien y +mucho, y opino que en los negocios del corazn no mandan las abuelas, ni +los padres de los amantes. Nada: es preciso darle un corte a este +asunto. Prohbale Vd. a Leonardo que visite a la Valds. No es Vd. su +padre? No tiene Vd. autoridad sobre l? S? Prohibicin absoluta; no +ms visitas a la Valds, y asunto concluido.</p> + +<p>Quedose estupefacto don Cndido.</p> + +<p>—Eh! Aqu te quiero ver, escopeta, pens l. Vea Vd.; las mismsimas +preguntas que yo esperaba;—No es Vd. su padre? No tiene Vd. +autoridad sobre su hijo? Y es que tena preparada una respuesta. Se ha +marchado. S, chale un galgo. Cabeza de chorlito, chorlito, chorlito...</p> + +<p>—Seor don Fernando, aadi resueltamente, cortando de pronto el +monlogo. Carezco de palabras para explicarme con la debida claridad, +pero tratar de darme a entender. La prohibicin que V. S. aconseja +no... puede hacerse...</p> + +<p>—No sera impertinencia el preguntar?...</p> + +<p>—Me expongo a que me desobedezca el muchacho.</p> + +<p>—Es posible?</p> + +<p>—Cierto. Sabe V. S., sin duda, cmo son las madres criollas con sus +hijos, principalmente con el primognito, como sucede en mi caso. El +varn es la idolatra de Rosa. De tanto mimarle le tiene perdido, hecho +un badulaque, un camueso, irrespetuoso con los mayores y desobediente +conmigo. Su madre, sin embargo, se ha tragado que es un ngel, una +paloma sin hiel; no cree nada malo de l, y no consiente que nadie, +incluso yo, le toque a un pelo de la ropa. Por m ya estara en un barco +de guerra aguantando chicote. Apuradamente, no le da el naipe para los +estudios; y quiere la madre hacerle abogado, doctor de la Universidad, +oidor de la Audiencia de Puerto Prncipe. Qu s yo cunto ms! En vano +la digo que, con nuestro caudal y el ttulo de Casa Gamboa que espero de +un da a otro de Madrid, nuestro hijo no tiene necesidad de quebrarse la +cabeza con los libros. Aunque no sepa ni el cristus, ha de hacer papel +en el mundo. Pero ella est empeada en hacerle hombre de letras menudas +y se saldr con ello, o... revienta. Yo le digo, primero que tu hijo +llegue a abogado a doctor y oidor, tiene que hacerse Bachiller. Los +exmenes son en abril, y el mozo, por seguir tras la mozuela, no abre un +libro de derecho, no asiste a las clases. Luego, quisiramos casarle, su +madre y yo, este mismo ao, con una seorita muy virtuosa y agraciada, +hija de un paisano y antiguo amigo mo. Quizs sienta la cabeza y se +dedica a la administracin de nuestros cuantiosos bienes. Ya vamos para +viejos mi mujer y yo, maana o esotro da morimos los dos, que somos +hijos de la muerte. Quin entonces tomar el timn? El, que es hombre, +no ninguna de sus hermanas, dbiles mujeres y solteras an. Comprende +ahora V. S. cul no ser nuestra desgracia si nuestro primognito, el +hijo que ha de llevar el nombre de la familia, el ttulo de nobleza, la +administracin de los bienes, etc., no estudia, no se recibe de +Bachiller, no se casa con la seorita con quien est comprometido, e +infatuado con la Valds se la echa de querida? Sin el auxilio de V. S., +en estas circunstancias aflictivas, qu sern de la paz y de la +felicidad de mi familia?</p> + +<p>—Pues hablara para maana, seor don Cndido, exclam el Alcalde. Por +qu no hizo uso Vd. de esos argumentos desde el principio? El ltimo, +sobre todo, no tiene rplica, lleva el convencimiento al nimo ms +reacio y fro. Me doy por vencido, y desde este punto me tiene Vd. a sus +rdenes. Qu quiere Vd. que haga con la Valds?</p> + +<p>Extraa y honda impresin produjeron en el rico hacendado las ltimas +palabras del Alcalde. Parado y cariacontecido se qued por largo rato, +incapaz de bullir ni de hablar. Qu le pasaba? Haba realizado el +objeto de su solicitud. Qu ms poda apetecer? Se haba arrepentido +de la pretensin? Empezaba a sentir el peso de la responsabilidad que +se iba a echar encima? Dudaba del buen xito de la medida? Senta +causarle gran pesar al hijo? Hacerle grave injusticia a la moza? Tema +ahora al escndalo? No es fcil explicarlo. El mismo, si le hubiesen +preguntado, no habra podido dar cuenta de sus sentimientos.</p> + +<p>Como notase el Alcalde su perplejidad, repiti la anterior pregunta con +mayor nfasis.</p> + +<p>—No s, respondi don Cndido a espacio; no s verdaderamente. Lo que +es en la crcel... lo pensara mucho. Sera demasiado para la pobre +muchacha. Estaba pensando que en mi potrero de Hoyo Colorado... El +Mayoral es casado, con hijos pequeos, y ese punto dista buen trecho; +pero se ofrecen varias dificultades, grandes, insuperables. No, no, tal +vez convendra ms ponerla en el ingenio de un amigo mo que ya conoce a +la chica y est enterado... Aqu cerca: en Jaimanita. El tambin es +casado... entrado en aos. Incapaz... Qu cree V. S.?</p> + +<p>—Yo no creo nada, seor don Cndido; Vd. es el que debe pensar y +resolver. A m me toca dar la orden de arresto tan luego como se me pida +en toda forma.</p> + +<p>—Qu quiere decir V. S. con toda forma?</p> + +<p>—Quiero decir, espero que la parte interesada me presente la queja por +escrito.</p> + +<p>—Pues no ha odo V. S. mi queja en toda forma?</p> + +<p>—No basta eso, es preciso reducirla a escrito.</p> + +<p>—Y tendra que firmarse?</p> + +<p>—Por supuesto.</p> + +<p>—Que me emplumen si me haba pasado por la mente que se exigan tantos +requisitos... No podra hacerse la cosa de otra manera, +extrajudicialmente? Le tengo miedo a las formalidades judiciales.</p> + +<p>—En esta clase de delitos no se puede proceder de oficio. Para que Vd. +vea que deseo servirle, voy a indicarle un medio.</p> + +<p>—Veamos. V. S. sabe de estas cosas ms que yo.</p> + +<p>—En qu barrio reside la Valds?</p> + +<p>—En el del ngel.</p> + +<p>—Conoce Vd. al Comisario?</p> + +<p>—S, seor. Entiendo que es Cantalapiedra.</p> + +<p>—El mismo. Ahora bien. Vale Vd., presntele la queja y dgale que me +pase un oficio comprensivo del caso. El sabe cmo se redactan esos +documentos.</p> + +<p>—Bien, le ver hoy mismo; mas no habra modo de evitar que apareciera +mi nombre?</p> + +<p>—No importa, hombre, replic O'Reilly casi enfadado. La cosa no pasar +de nosotros tres. Al oficio le doy yo carpetazo apenas lo leo; al +Comisario se le tapa la boca y se le estimula a obrar con discrecin y +celo ponindole unas cuantas amarillas en la mano, y Vd., sabido se +tiene que al buen callar llaman Sancho.</p> + +<p>—Entiendo. Dnde ponemos a la chica?</p> + +<p>—Eso corre de mi cuenta. Ser en un lugar donde no corra peligro su +honestidad ni su persona, al mismo tiempo que est segura y nadie pueda +extraerla sin mi permiso, o el de Vd.</p> + +<p>—No ser en la crcel.</p> + +<p>—No, de seguro que ah no.</p> + +<p>—Menos en Paula.</p> + +<p>—Tampoco en Paula, y por obvias razones. En fin, la pondr en las +Recogidas, en el barrio de San Isidro, bien recomendada a la madre.</p> + +<p>—Est bien. Ah no entran mozuelos, supongo.</p> + +<p>—No, que yo sepa. Tal vez uno que otro empleado. Ahora bien, por +cunto tiempo se la encierra?</p> + +<p>—Por seis meses.</p> + +<p>—Corriente: por seis meses.</p> + +<p>—A ver. Pienso que ser mejor un ao. Largo tiempo es; pero mi hijo no +se recibir de Bachiller hasta abril y no se casar hasta noviembre. S, +por un ao...</p> + +<p>—Hecho. En cuanto a m, concluy diciendo el Alcalde con solemnidad, lo +de menos es el trmino del encierro, lo dems es la sinrazn, la +tropela, la arbitrariedad que se comete con esa muchacha. Entindalo +Vd., don Cndido, no hago esto por consideraciones a Vd., con cuya +amistad me honro, hgolo por respeto a las frases finales de su anterior +peroracin, por la paz y la felicidad de la familia, cosas para m +sagradas.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_VId" id="Capitulo_VId"></a><span class="smcap">Captulo VI</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>Querer estorbar el paso<br /> +a dos que se quieren bien,<br /> +es echarle lea al fuego<br /> +y sentarse a verlo arder.</i></p> + +<p class="r">Cancin popular</p></div> + + +<p>A pretexto de tener que sacar a cierto amigo de un compromiso de honor, +logr Leonardo que su bonsima madre le hiciese un prstamo irredimible +de cincuenta onzas de oro, de su caja particular.</p> + +<p>Con este dinerillo se apresur el joven a tomar en alquiler una pequea +casa en la calle de Las Damas, y con la misma premura se ocup del +ajuar. Nada olvid; ni se hizo de las cosas que crey necesarias en un +solo establecimiento central, que no los haba entonces en La Habana. +Para ello visit los baratillos de la Plaza Vieja; las ferreteras de la +calle de Mercaderes; las hojalateras de la de San Ignacio; las loceras +de la de Riela o Muralla; una mueblera de segunda mano de la de San +Isidro y otros ms cercanos a su nueva casa.</p> + +<p>Cosa extraa en verdad que este mozo, viva encarnacin de la pereza, la +volubilidad y el egosmo, en un momento dado desplegase la actividad, la +delicadeza, el tino y la inteligencia de la hacendosa y ms consumada +ama de llaves. Pero era que le mova una pasin desaforada y que le +inspiraba la imagen hechicera de la joven cuya ruina haba decidido en +los recesos ms oscuros de su corazn salaz.</p> + +<p>Completados estos arreglos y altamente satisfecho de su obra, sali una +tardecita del ventoso marzo, cerr la puerta, se meti la ponderosa +llave de hierro en la faltriquera de la casaca, y a paso ligero, +palpitndole el corazn ms de lo usual, fue en busca del ave rara que +deca adornar con su bello plumaje aquella jaula y convertirla en un +paraso con sus trinos de amor.</p> + +<p>Pero en vez del ave rara, tras la cual corra en alas del deseo, se +encontr con una especie de arpa, con Nemesia, parada y fra en medio +de la sala de la casa, en el callejn de la Bomba, cual estatua de +llorona en el cementerio. Reprimi l cuanto le fue dable su disgusto, y +se esforz en ser ms amable y fino con la compaera y amiga de Cecilia.</p> + +<p>—Qu dice mi mulata santa?, la pregunt hacindola una rendida +cortesa.</p> + +<p>—Esta mulata no dice nada porque no es santa, contest ella sin +moverse.</p> + +<p>—Entonces dir yo, agreg Leonardo risueo.</p> + +<p>—El caballero puede decir lo que guste.</p> + +<p>—Tienes t hoy el moo tuerto?, pregunt el joven examinndole la cara +de cerca.</p> + +<p>—No ms que ayer ni que otras veces.</p> + +<p>—Nene, sa es grilla, y si la pisan chilla. Tienes la cara ms seria +que un <i>chico</i> de especias.<a name="FNanchor_58_58" id="FNanchor_58_58"></a><a href="#Footnote_58_58" class="fnanchor">[58]</a></p> + +<p>—Alabo la penetracin del caballero.</p> + +<p>—Sobre que pasa de castao oscuro.</p> + +<p>—No siempre est la marea para tafetanes. (Quiso decir la Magdalena).</p> + +<p>—Habla, canta claro, mulata de mis culpas, aadi alto Leonardo para +que le oyese Cecilia si estaba en el aposento inmediato. No me gustan +los tapujos.</p> + +<p>—Ni a m tampoco, repuso Nemesia.</p> + +<p>—En fin, Nene, si tu enfurruamiento es conmigo, desembucha, +desembucha. Mientras ms pronto mejor, porque temo ms tu enojo que a +una espada desnuda.</p> + +<p>—No se le conoce al caballero, pues hace lo que hace.</p> + +<p>—Y qu hago yo?</p> + +<p>—Me lo pregunta a m? Meta la mano en su pecho.</p> + +<p>—La meto hasta el codo y nada me revela, al menos contra ti.</p> + +<p>—Contra m no, contra Dios y la Virgen, que miran al caballero desde el +cielo.</p> + +<p>—Hablas de veras? Ni que hubiera yo cometido un gran pecado sin +saberlo.</p> + +<p>—As parece cuando acabado de hacer lo que ha hecho, se presenta el +caballero en esta casa tan fresco como si no hubiera <i>rompido</i> un plato.</p> + +<p>—Pues no voy entrando en cuidado?</p> + +<p>—Menos lo da a entender el caballero.</p> + +<p>—Uno de los dos ha debido perder el juicio. Acabemos de una vez: llama +a Celia.</p> + +<p>—Qu la llame, eh?, exclam Nemesia con sarcstica sonrisa. Qu valor +tiene el caballero!</p> + +<p>—Se necesita de valor acaso para rogarte que llames a tu queridsima +amiga?</p> + +<p>—Para lo que se necesita de valor, de mucho valor, es para preguntar +por Celia la persona que sabe donde est ella.</p> + +<p>—Y yo lo s mejor que t? Vamos, doa Josefa o doa Nemesia, no me +haga eso. T te burlas.</p> + +<p>—Quien tiene la sangre como agua para chocolate no puede burlarse.</p> + +<p>—Pues si no est aqu Celia, dnde se halla? pregunt Leonardo +verdaderamente alarmado.</p> + +<p>—Le digo al caballero, repuso Nemesia enfadada, que yo no nac ayer, ni +me mamo el dedo.</p> + +<p>—Por Dios bendito, Nene, te juro que no s de Celia desde hace cuatro +das. Se han peleado Vds.? La ha mortificado tu hermano? Ah! Dime, +dime, por lo que ms quieras en este mundo, qu ha pasado entre Vds.? +Qu sabes t?</p> + +<p>Empez Nemesia entonces a creer en la sinceridad de las palabras +angustiosas del joven, y dijo llorando:</p> + +<p>—No me hallaba presente, y me alegro ahora, porque no s qu hubiera +hecho yo para impedir que se llevaran a Celia.</p> + +<p>—Qu se la llevaran! repiti Leonardo aterrado y colrico. Quin ha +podido llevrsela contra su voluntad?</p> + +<p>—<i>Me se</i> figura que ella del susto perdi las fuerzas.</p> + +<p>—Susto! Por qu? De quin?</p> + +<p>—Del Comisario.</p> + +<p>—Qu tena que ver el Comisario con Celia?</p> + +<p>—Vino a prenderla.</p> + +<p>—A prenderla sin haber cometido delito? No puede ser... Ah! Aqu ha +habido un engao, una intriga, un complot infame para arrebatarme a mi +Celia. Cuntame lo sucedido, todo.</p> + +<p>—No me hallaba presente, repiti, pero una mujer de la casa, que vio +cmo pas la cosa, me cont que ayer por la tarde entr de repente +Cantalapiedra, pregunt por Celia, y en cuanto ella sali, le dijo que +estaba presa, la cogi por un brazo, y sin ms se la llev para no se +sabe donde.</p> + +<p>—Lo extrao es que Celia se dejara prender sin defenderse, sin +averiguar el motivo de la prisin. Ni que hubiera estado ella de +acuerdo y avisada! Cosa que me resisto a creer. Ay del miserable +esbirro que le puso la mano encima! No sabes a donde la llevaron?</p> + +<p>—Nada hemos podido averiguar yo y Jos Dolores. El Comisario se llev a +Celia en una volante.</p> + +<p>—Qu intriga! Tan infame como audaz. Pero averiguar la verdad, y sea +el que fuere el autor del ultraje, me la pagar con las setenas.</p> + +<p>Sin ms, parti Leonardo a la carrera en busca del comisario +Cantalapiedra, quien, segn hemos dicho, viva en el recuesto de la loma +del ngel, por el lado que mira a la Muralla. No se hallaba en casa, y +la querida inform al joven que era posible estuviese en el palacio de +Gobierno recibiendo rdenes.</p> + +<p>Yendo, pues, Leonardo en esa direccin, ocurriole que, si Cecilia haba +sido presa por mandamiento del juez, no podan haberla conducido a otro +lugar que a la crcel (situada entonces en el ngulo sudoeste del +palacio de la Capitana General) y se detuvo delante de la reja.</p> + +<p>Detrs de ella, mejor, en la jaula formada por las dos rejas de hierro, +haba de pie un hombre mal vestido y de peor catadura. A fin de obtener +una respuesta categrica, se encar con l Leonardo y le pregunt con +aire y tono de autoridad:</p> + +<p>—Sabe Vd. si han trado ayer presa a esta Real Crcel a una muchacha +blanca, bonita, vestida de luto...?</p> + +<p>—No s, contest el hombre. Soy el segundo llavero y ayer no estaba de +guardia. Vea el seor en el libro del Alcaide.</p> + +<p>—La alcaida est cerrada.</p> + +<p>—Eso es que el Alcaide ha ido a manducar. Tendr el seor que esperar +hasta maana. Porque yo slo aguardo por el campanazo de la Fuerza para +entregar la crcel al oficial del retn y guiarme.</p> + +<p>—Quin es aquel negro que sostiene una viva conversacin con otros +presos en medio del patio?</p> + +<p>—Cul dice el seor? El de la chupa blanca?</p> + +<p>—S, ese mismo.</p> + +<p>—A se lo denominan Jaruco.</p> + +<p>—Nombre supuesto, no?</p> + +<p>—Pues, su nombre legtimo no es Jaruco, es pegado; pero <i>asina</i> se le +puso en el libro y <i>asina</i> se denominar mientras est en esta Real +Crcel. <i>Dende</i> antier entr en <i>gayola</i>. Lo conoce el seor?</p> + +<p>—Me parece que s. Llmele Vd. a la reja, si no hay inconveniente.</p> + +<p>—No hay embarazo, porque aunque est incomunicado, ya no tenemos +bartolinas para tantos presos. Eh de Jaruco! grit el llavero desde su +puesto.</p> + +<p>Y repetida la palabra por otros presos en el mismo tono de voz, se +acerc Jaruco; reconocindose sin dificultad el amo y el esclavo. +Entrole a ste tan fuerte temblor convulsivo, que tuvo que agarrarse con +entrambas manos a la reja.</p> + +<p>—Sumerced me eche la bendicin, balbuce anegado en lgrimas.</p> + +<p>—Por qu lloras?, le pregunt Leonardo colrico.</p> + +<p>—Lloro, nio Leonardito, recordando el mal rato que le habr dado a la +familia con mi ausencia.</p> + +<p>—Con tu ausencia, perro? Con tu fuga.</p> + +<p>—Nio, yo no me hu. Mi salida de casa la vspera de Nochebuena tuvo +por objeto asistir a un baile de la gente de color all afuera. A la +vuelta para la ciudad tuve una tragedia con un mulato. Fui herido en el +pecho, me recogi un conocido en la calle y me llev al cuarto en que +viva. Mientras me curaba se pas el tiempo. Despus me sucedi esta +desgracia.</p> + +<p>—Qu desgracia?</p> + +<p>—La de esta prisin injusta. Todos los hombres estamos expuestos a un +golpe de mala suerte.</p> + +<p>—De mala suerte, no, de mala cabeza. Est visto, Dionisio, que ustedes +los negros no quieren por bien sino por mal. Si mam te hubiera +despachado para el ingenio cuando hiciste aquella perrada de marras, no +te veras ahora en la crcel. De qu delito te acusan?</p> + +<p>—Todava ignoro la causa de mi prisin, nio Leonardito.</p> + +<p>—La ignoras, eh? No ser por la muerte de Tond?</p> + +<p>—Puede ser que me levanten ese falso testimonio, nio; porque quien +est de mala se cae de sus pies y se mata. Hgase el cargo, nio, que yo +estaba muy tranquilo, cosiendo zapatos en una zapatera de la calle de +Manrique, cuando se present a la puerta el capitn Tond. Desde que lo +vi llegar conoc que vena a buscarme, y trat de escabullirme. Se ape +del caballo y me fui para l como si quisiera entregarme. A la puerta de +la tienda haba una volante parada y me escurr por entre ella y la +pared de la casa. Tond me cay atrs gritando:—Date, date! Ataja! +Tropez con una piedra, cay sobre el sable que llevaba desnudo y se +hiri en la barriga. Tuve la culpa de su muerte?</p> + +<p>—Quin te prendi?</p> + +<p>—El Capitn pedneo de la Salud. Me cogi cuando yo sala para mi +trabajo.</p> + +<p>—Supongo que te dijo por qu te prenda.</p> + +<p>—Ni palabra. Slo me dijo que tena orden de cogerme, vivo o muerto.</p> + +<p>—En buena te has metido, Dionisio. Ser mucho y dars gracias a Dios si +de sta escapas con el pellejo.</p> + +<p>—Sea lo que Dios y la Virgen quieran. Fo en mi inocencia. Pero no +cree el nio que el amo y Seorita harn algo por m?</p> + +<p>—Hacer? Nada. No lo esperes. Por cierto que te has portado +decentemente con tus amos! Por ellos, por la familia toda, por ti mismo, +Dionisio, ser mejor que te tuerzan el pescuezo en el campo de la Punta. +Con eso no volvers a insultar a las nias blancas.</p> + +<p>—Yo, nio yo he insultado a alguna nia blanca o de color? No, nio +Leonardito, no tengo conciencia de haber insultado a ninguna.</p> + +<p>—Y aqulla que fue la causa de tu ria con el mulato a la salida del +baile?</p> + +<p>—Yo no la insult, nio. Por los huesos de mi madre que yo no le dije +una mala palabra. Le ped un minu, me dijo que estaba cansada y luego +sali a bailar con Jos Dolores Pimienta. Me quej a ella del desaire, +tom l su defensa, nos trabamos de palabras y nos batimos en la calle.</p> + +<p>—Si te dejan hablar no te ahorcan. A otra cosa. Sabes si han trado +aqu presa a la misma joven de tu tragedia con Pimienta?</p> + +<p>—Estoy seguro que no est aqu. Apenas pone un preso el pie en el +patio, se publica y circula su nombre a gritos.</p> + +<p>—Dios te proteja, Dionisio.</p> + +<p>—Nio, por caridad, una palabra ms. Recuerdo que debo entregar a su +merced una prenda que le pertenece.</p> + +<p>—Qu prenda? Acaba pronto, prontito.</p> + +<p>—Tena yo en la faltriquera, con la esperanza de entregrselo algn +da, el reloj que Seorita le regal a su merced el ao pasado; pero me +lo quitaron al entrar en esta crcel. Debe de estar en manos del +Alcaide.</p> + +<p>Cont Dionisio, en las menos palabras, el cmo y cundo vino a su poder +el reloj, y dijo conmovido al retirarse su joven amo:</p> + +<p>—Podra decirme el nio cmo est Mara de Regla?</p> + +<p>—Mam la trajo del ingenio. Se halla ahora en la ciudad ganando jornal. +No la has visto?</p> + +<p>—No, seor. Esta es la primera noticia que tengo de su venida. Por qu +Dios no quiso que tropezara con ella? No me vera hoy en esta crcel. Me +hubiera servido de madrina para con Seorita y estara cocinando en +casa.</p> + +<p>Ya de noche volvi Leonardo a casa del Comisario y le sorprendi en el +acto de sentarse a la mesa a cenar con su querida.</p> + +<p>—Hola! Tanto bueno por aqu! exclam Cantalapiedra muy risueo, yendo +al encuentro de Leonardo, con la mano abierta y tendida.</p> + +<p>—Me alegro de encontrarle, dijo ste serio y fro, haciendo como que no +haba reparado en la demostracin amistosa del Comisario.</p> + +<p>—Le aguardaba, aadi Cantalapiedra disimulando la mala impresin del +desaire hecho. Fermina acababa de decirme que Vd. haba honrado con su +presencia este humilde albergue.</p> + +<p>—Puedo hablar dos palabras con Vd.?</p> + +<p>—Y doscientas tambin, seor don Leonardito. Sabe Vd. que soy su ms +obediente servidor. Sent no hallarme en la comisara cuando Vd. estuvo +al oscurecer. Haba tenido que ir de carrera a la Secretara Poltica. +De suerte que no s como no nos encontramos en el camino, si viene de +all. Bonora! grit; una silla para este caballero.</p> + +<p>—Excuse los cumplimientos, dijo Leonardo con altivez. No es cosa de +sentarse. Hablemos de pie con tal que sea a solas.</p> + +<p>—Por qu no aqu mismo delante de Fermina? Yo no tengo secretos para +ella. Somos ua y carne.</p> + +<p>—Con qu autoridad prendi Vd. a Cecilia Valds? pregunt el joven +imperiosamente.</p> + +<p>—No con la que me ha investido S. M. el Rey don Fernando VII, Q. D. G., +sino con la del seor Alcalde Mayor que firm la orden de arresto, a +queja de un padre de familia.</p> + +<p>—Qu Alcalde y qu padre de familia se servir Vd. decirme?</p> + +<p>—Ese es demasiado pan por medio, seor Gamboa, contest el Comisario +riendo. Parceme como que est Vd. algo ofuscado... Sintese y clmese.</p> + +<p>—La muchacha no ha cometido delito ninguno, as que es improcedente e +ilegal su prisin, si es que todo no ha sido ms que una farsa, o cosa +peor, sabe Dios con qu fines.</p> + +<p>—Nada de eso va contra m, que he sido un mero instrumento en este +asunto.</p> + +<p>—Diga Vd. si no el nombre del querellante.</p> + +<p>—Vd. lo sabe mejor que yo, y si no lo sabe lo sabr en breve.</p> + +<p>—Estar Vd. autorizado para revelar el del Alcalde?</p> + +<p>—No hay inconveniencia: el seor don Fernando de O'Reilly, grande de +Espaa de primera clase, Alcalde Mayor del distrito de San Francisco...</p> + +<p>—A dnde llev Vd. a la muchacha? Ella no est en la crcel pblica.</p> + +<p>—No me es lcito revelarlo ahora. La conduje a donde se me orden.</p> + +<p>—Luego Vd. la oculta con fines deshonestos.</p> + +<p>—De mi negativa a satisfacer la curiosidad de Vd. no se desprende +semejante injuriosa deduccin. Lgica, lgica, seor estudiante de +Filosofa.</p> + +<p>—Importa poco que quiera Vd. echarle del reservado y del misterioso +conmigo. He de averiguar la verdad, y puede que todava les pese al +autor y al instrumento de esta intriga grosera e indecente.</p> + +<p>Dicho lo cual, parti enojadsimo camino de su casa. La familia tena +visita en la sala. Sin entrar en ella dispuso le alistaran el carruaje, +mud de traje, y cuando por seas le pregunt su madre a la reja del +zagun el motivo de aquella precipitacin:</p> + +<p>—Voy a la pera, contest brevemente.</p> + +<p>Cantbase la pera del maestro Rossini <i>Ricardo y Zoraida</i>, a beneficio +de la Santa Marta, en el lindo teatro Principal.<a name="FNanchor_59_59" id="FNanchor_59_59"></a><a href="#Footnote_59_59" class="fnanchor">[59]</a> Era entonces +empresario de la compaa don Eugenio Arriaza, y director de la orquesta +don Manuel Cocco, hermano de don Jos, que ya vimos en el ingenio de <i>La +Tinaja</i>. El patio o corral y los palcos se hallaban medianamente +ocupados por un pblico nada aficionado entonces a las funciones +lricas. Leonardo entr algo despus de alzado el teln. Por supuesto, +no oy la obertura del <i>Tancredo</i>, que precedi a la pera aquella +noche.</p> + +<p>Buscaba a un hombre cuyo puesto en el teatro saba de antemano, pues +como Alcalde Mayor deba presidir la funcin desde el palco central, en +el segundo piso. Sentado estaba al par de su madrilea esposa, embebido +en la msica y el canto, mientras le guardaba las espaldas, de pie junto +a la puerta, el paje mulato, de rigurosa librea cubierta de castillos y +leones bordados de oro. Todo esto lo observ a travs del ojo de buey de +la puerta del palco, cerrada contra el pasillo. Pudo haber llamado, +seguro de obtener entrada y un amable recibimiento; pero prefiri +esperar en el balcn de la sala de refresco que daba sobre la alameda de +Paula.</p> + +<p>Segn calcul Leonardo, a poco de concluido el primer acto, sinti pasos +mesurados a travs del saln, luego una mano que se posaba en sus +hombros y de seguidas una voz que en tono dramtico declamaba:—Qu +dice el amigo del valiente Otelo?</p> + +<p>—Ah! Eres t, Fernando? Lo ms distante que tena de mi mente.</p> + +<p>—Qu haces aqu tan solitario y <i>pensieroso</i>?</p> + +<p>—Acabo de entrar.</p> + +<p>—No te vi en las lunetas. Por qu no viniste desde luego a mi palco?</p> + +<p>—Supuse que no haba lugar para m.</p> + +<p>—Para ti siempre lo hay a mi lado.</p> + +<p>—Gracias.</p> + +<p>—Ests en los momentos de la inspiracin? La pitonisa en el trpode? +lo celebro. Sentira interrumpirte.</p> + +<p>—Yo inspirado! Puede ser: del demonio.</p> + +<p>—No tendra nada de extrao que te inspirase la escena urbano-marina +que se desplega ante este balcn. Va que componas all en la mente un +artculo descriptivo? De seguro. En efecto, quin que abriga un alma de +poeta no se inspira a la vista de esa hilera de casas desiguales de +nuestra derecha, en que sobresalen los altos balcones de la solariega +del Conde de Pealver? O a la de esta alameda sin rboles que termina +en el caf de Paula, ahora a oscuras y desierto? O a la del hospital +del mismo nombre en el fondo, que parece una pirmide egipcia, desde +cuya ennegrecida cima, segn dijo Bonaparte, nos contemplan los siglos? +O del lado opuesto, la de la oscursima masa del navo <i>Soberano</i>, +clavado, por decirlo as, en las serenas aguas de la baha? No ves cmo +se destaca del cielo, donde chispean las estrellas? Quin no dira que +stas, en vez de luz derraman lgrimas por la prxima desaparicin del +ltimo resto de nuestras glorias navales?</p> + +<p>—Fernando, esa escena tan potica para ti, no tiene para mi +significacin ninguna. Quizs porque me la s de memoria, o porque estoy +de un humor negro.</p> + +<p>—Para m, chico, siempre tiene encantos la naturaleza. En presencia de +ella olvido todas mis penas. Y a propsito has ledo en <i>El Diario</i> Un +rasgo de mi visita al Etna? Arazoza estuvo el otro da en casa en +solicitud de algo original... Se empe y le di esos borrones.</p> + +<p>—Casi nunca veo <i>El Diario</i>.</p> + +<p>—Pues bscalo y lelo. El artculo es corto. Se public hace tres o +cuatro das. Lo escrib en Palermo. No quise ponerle mi nombre, porque +dice mal de un Alcalde Mayor... T me entiendes. Sali con mis iniciales +solamente y has de creer que ya han venido a darme la enhorabuena ms +de veinte amigos? S. Pedro Jos Morillas me dio un abrazo y me puso el +artculo por las nubes. Deseo or tu opinin.</p> + +<p>—Tarde ser que pueda drtela, Fernando. Mi cabeza se abrasa y estoy +ms para pegarme un tiro, o pegrselo a alguien, que para lecturas.</p> + +<p>—Hombre! Me sorprende. Te desconozco. Eres t el mismo estudiante de +la clase de Filosofa en el Colegio de San Carlos, u otro en tu figura? +Qu ha sido de aquel buen humor y de aquella alegra pegadiza con que +te ganabas el afecto de todos tus condiscpulos? Djate de necedades y +nieces. Ests enamorado? Podas dar en semejante gansada al cabo de +tus veinte y ms abriles y de tu experiencia...</p> + +<p>—No es la pasin del amor la que me devora el pecho al presente. Es la +clera, es el dolor, es la desesperacin que produce el primer desengao +de lo que son el mundo, los hombres y la amistad.</p> + +<p>—Vamos. A qu negarlo? T ests enamorado y mal correspondido. Los +sntomas lodos son de amor. Cul es el origen real de tus cuitas? +Confamelas. Sabes que soy tu amigo.</p> + +<p>—Mi amigo! exclam el joven con sonrisa irnica. Crea que lo eras, +pero me he desengaado que eres mi peor enemigo.</p> + +<p>—Qu fecha tiene su desengao?</p> + +<p>—La misma del flaco servicio que me has hecho. No s cmo su memoria no +te roe las entraas.</p> + +<p>—Va que has perdido el juicio? Vamos, hombre! Ya caigo. Todo tu +coraje nace... Ja, ja!</p> + +<p>—No te ras, dijo serio Leonardo. No es ste paso de risa.</p> + +<p>—Pues de qu es? recalc el Alcalde. He aqu la primera vez, desde que +nos conocemos, que te veo grave y... bobo.</p> + +<p>—No llames gravedad ni bobera a lo que toca en furor.</p> + +<p>—Djate de niadas a estas horas. Tu enojo principal parece que es +conmigo, y si no estuvieras encalabrinado, veras que, lejos de odio, me +debes gratitud.</p> + +<p>—No faltaba otra cosa, sino que tras de haberme herido por donde ms me +duele, esperes mi agradecimiento. Qu frescura la tuya! Sabas t que +Cecilia Valds era mi muchacha?</p> + +<p>—Lo supe el mismo da en que, segn dices, te hice el flaco servicio...</p> + +<p>—Pero antes de eso, tenas t noticias de su existencia? Conocas su +carcter y antecedentes?</p> + +<p>—Qu haba de conocer! Ni jota.</p> + +<p>—Luego, cmo sin conocimiento de los hechos, sin formacin de sumaria, +diste el mandamiento de prisin?</p> + +<p>—Porque hubo quien lo pidiera sin tales requisitos.</p> + +<p>—Y a semejante proceder llamas amistad hacia m?</p> + +<p>—Ah vers.</p> + +<p>—Qu delito achacan a la muchacha para el atropello?</p> + +<p>—Ningn otro, a lo que entiendo, que el de quererte demasiado.</p> + +<p>—As, t a sabiendas has cometido una injusticia; digmoslo por lo +claro, una arbitrariedad.</p> + +<p>—Me confieso culpable de ese pecado.</p> + +<p>—Pecado dices? Es ms que eso. En nuestras leyes se conoce como un +cuasi delito, que todava puede que te salga a la cara. Si se han +figurado que la triste hurfana no tiene quien la defienda, se engaan +de medio a medio. Aqu estoy yo, que pondr el asunto en tela de juicio.</p> + +<p>—Mal hars, Leonardo, replic el Alcalde con calma y dignidad. Mal +hars, te repito. Por lo que a m toca, tus lanzadas no me haran dao +ninguno, rebotaran en la cota de malla de mi elevada posicin, de mis +ttulos de nobleza y de mi valimiento aqu y en la corte. Por este lado +soy inmune. Pero t, con tomar el camino que dices, (te hablo como +compaero y amigo), no conseguiras otra cosa que escandalizar un poco y +poner en berlina a tu padre, en cuya queja formal y escrita me apoy +para el procedimiento... arbitrario que me imputas. Tu padre, tu bueno y +honrado padre, vino a mi tribunal y estableci querella en toda forma +contra esa muchacha, por seductora de un menor, hijo de familia rica y +decente, con sus encantos y trapaceras. En la discusin que tuvimos, se +lament, casi con lgrimas en los ojos, de que estabas hecho un perdido, +jugador, mujeriego; que no estudiabas ni podras recibirte en abril como +l y tu madre esperaban, para que tomaras la administracin de los +bienes el ao entrante, es decir, despus de casarte con la bella y +virtuosa seorita de Alquzar, como estabas comprometido, todo por esa +mozuela casquivana, cuyas relaciones amorosas desdoran sin duda a un +joven que ha de ser Conde antes de mucho.</p> + +<p>—Conque tal es el eptome de la historia que te ha contado mi padre? +Escucha, o contempla ahora el reverso de la medalla. No hay tal +seduccin, engao ni calabazas en este negocio. La muchacha es lindsima +y me idolatra. Por qu no haba de corresponder a su amor? Pero resulta +que desde chiquita viene pap siguindole los pasos, mantenindola, +vistindola, calzndola, celndola, rondndola, cuidndola mucho ms y +mejor de lo que jams ha mantenido, vestido, calzado, rondado y cuidado +a ninguna de sus hijas. Para qu? Con qu fines preguntars t. Slo +Dios y l lo saben. No quiero pensar mal todava; pero el hecho de +secuestrarla precisamente cuando acaba de morir la abuela, nica persona +que poda oponer obstculo serio a la realizacin de torcidos deseos, me +hace sospechar que no abriga mi padre las mejores intenciones... Me +tranquiliza y complace, sin embargo, que sea cual fuere la lluvia de oro +que l derrame a los pies de la joven, no conseguir ms de lo que ha +conseguido de ella hasta aqu: un odio acrrimo. Pero t, mi amigo, por +hacerme bien me la arrebatas y la entregas atada de pies y manos en +poder de mi padre. Habr yo de perdonarte esta mala partida? Jams.</p> + +<p>—Eres injusto, muy injusto con tu padre y conmigo. Con l, porque no +acced a sus ruegos sino cuando me convenc plenamente de que eran +rectas y santas sus intenciones respecto de ti, de la familia y de la +misma Valds. Conmigo eres injusto, porque viendo que tu padre estaba +resuelto a cortar de cualquier modo, costara lo que costara, tus +relaciones clandestinas con la muchacha, decid encerrarla en las +Recogidas por un corto tiempo, digamos, hasta tanto que te recibes de +Bachiller y te cases como Dios manda y como conviene a tu clase y al +caudal de tu familia. Que despus, si te parece, volvers... a los +primeros amores.</p> + +<p>Leonardo se qued callado y pensativo, y dijo luego con +tibieza:—Adis, Fernando!</p> + +<p>Este le detuvo por el brazo y repuso:—No has de irte de esa manera, +cual si hubisemos reido. Ven a mi palco: saludars a mi esposa y oirs +a mi lado el segundo acto de la pera. Para aliviar ciertos dolores no +hay blsamo comparable con el de una buena msica.</p> + + + +<h3><a name="Capitulo_VIId" id="Capitulo_VIId"></a><span class="smcap">Captulo VII</span></h3> + +<div class="block1"><p class="non"><i>El mayor monstruo, los celos.</i></p> + +<p class="r"><span class="smcap">Caldern</span></p></div> + + +<p>—Qu enredo te traes t con una muchachuela de los arrabales?, le +pregunt doa Rosa a su marido todava en la cama.—Di, contesta, aadi +codendole por las espaldas, porque le pareci que se hacia el sueco o +el dormido.</p> + +<p>—Yo no me traigo ni me llevo enredo con nadie, Rosa, contest don +Cndido entre sueos.</p> + +<p>—Tu s, t s. Me lo han dicho, lo s de buena tinta.</p> + +<p>—Quin te ha contado ese cuento?</p> + +<p>—No es cuento, es verdad. T has sacado de su casa a una muchacha hace +pocos das... El autor no es del caso.</p> + +<p>—Lo es, Rosa. Hay quien influya en ti poderosamente.</p> + +<p>—Luego aclararemos ese punto. Nadie me quita que t has vuelto a las +andadas...</p> + +<p>—Ves lo que yo deca? Ya te han preparado contra m. Tu hijo...</p> + +<p>—Pues chale ahora el muerto a mi hijo.</p> + +<p>—Tu hijo, digo, continu don Cndido sin turbarse, estaba a punto de +cometer la mayor de las calaveradas que ha cometido hasta el presente. +Me interpuse, porque al fin soy su padre, y evit la comisin... T no +quieres que le toquen a <i>l</i>, qu otro recurso me quedaba sino tocarle +a <i>ella</i>? Hete, en resumen, el monto de mis <i>andadas</i>.</p> + +<p>—No me quedaba que or! Conque para evitar que el hijo cometiera una +calaverada, va el padre y da un escndalo?</p> + +<p>—En este caso no ha habido escndalo ninguno.</p> + +<p>—Cmo! Se ha hecho la cosa a ocultas? Tanto peor. Vase qu inters +tienes t en ello.</p> + +<p>—No otro, a fe ma, que el de impedir la comisin de una verdadera +infamia por una persona que nos toca tan de cerca como es nuestro hijo.</p> + +<p>—Qu infamia? T usas unas palabrotas...</p> + +<p>—Tiempo ha que Leonardo viene persiguiendo a una chica de color...</p> + +<p>—Y t cmo lo sabes?</p> + +<p>—Lo s por la misma razn que t lo ignoras.</p> + +<p>—Nada me dices con eso. Es natural que Leonardito, joven y bien +parecido, persiga a las chicas, como dices t. Lo que no parece natural +es que t, ya viejo y feo, ests tan enterado de las persecuciones +mujeriles del muchacho. Te da envidia? Quisieras que se metiera a +fraile? Por qu le celas?</p> + +<p>—Porque soy responsable de su conducta ante Dios y el mundo.</p> + +<p>—Qu virtuoso! No hacas t lo mismo y aun peor cuando eras de su +edad?</p> + +<p>—Quizs hice lo mismo que l cuando mozo, peor no; al menos no me +remuerde la conciencia de haber corrompido a ninguna joven honesta o de +su casa.</p> + +<p>—Haces bien: santificate. Pero me parece excusado el trabajo que te +tomas... Siempre creer que, respecto a mujeres, Leonardito a tu lado es +nio de teta.</p> + +<p>—Dejmonos de recriminaciones, Rosa, y vamos al grano, a lo que nos +toca ms de cerca, como padres del mozo... La cosa es muy seria, es +grave... Supe... Importa un bledo el cmo, el dnde, el cundo. Supe que +haca grandes compras de muebles y de cachivaches caseros. Ha debido +gastar un dineral. De dnde lo ha habido? Ha contrado deudas? Le ha +ganado al juego? O... es que t, tan bonaza como siempre, le has +facilitado los medios?</p> + +<p>Don Cndido haba dado en el hito. Negara doa Rosa el prstamo, por +haberlo hecho a ocultas del marido? Equivaldra a desacreditar al hijo a +los ojos del padre, siempre dispuesto a mirar sus faltas por el lado ms +negro. Por eso, aunque convencida y mortificada por el engao que con +ella se haba practicado, prefiri declarar la verdad y cargar con la +culpa de la disipacin del hijo predilecto.</p> + +<p>—Ves ahora, Rosa, dijo don Cndido sin acrimonia, las malas resultas +del cario ciego de ciertas madres para con sus hijos? No reconoces que +en algunos casos ms vale pecar con ellos por duro que por blando? +Leonardo te pide dinero y t se lo prestas, porque no puedes decirle que +no, y porque te figuras que si se lo niegas se muere del pesar... Y l +coge el dinero, compra muebles, alquila casa... Para qu diablos? +Claro, clarito, para llevar a ella la querida. No se necesita gran +penetracin... De suerte que, si no me anticipo, adis, estudios! +Adis, bachillerato! Adis, casamiento en noviembre!, como t y yo +habamos acordado, de acuerdo con l.</p> + +<p>—Bueno est todo cuanto dices, mas estoy esperando que digas dnde +tienes oculta a la muchacha.</p> + +<p>—En las Recogidas. Parceme, agreg a la carrera viendo que la esposa +callaba y se agitaba en el lecho; parceme que ste ha sido el partido +mejor y menos riesgoso que pudiera haberse escogido para salvar al mozo +del precipicio y a la moza de su ruina...</p> + +<p>—S, dijo doa Rosa; te figuras que porque has metido a la muchacha en +las Recogidas, ya todo qued arreglado y concluido? Sbete que no has +conseguido nada. El nio ha tomado la cosa muy a pecho. Est ciego de +amor.</p> + +<p>—Qui! exclam don Cndido en tono despreciativo. Amor, amor! Ni +gota. Lo que siente ese mozo es hervor de la sangre, calentura de +cabeza. Nada tiene que ver en ello el corazn. Se le pasar. Pierde +cuidado.</p> + +<p>—Se le pasar, eh? Tal vez. Pero el nio no come, no duerme, sufre, +padece, se aflige, llora. Temo que le cueste una enfermedad el +sentimiento. Ya, como t no lo ves, no lo oyes, no lo entiendes, hablas +del modo que hablas.</p> + +<p>—Pon t algo de tu parte. A ti, que tienes ms influencia en l que yo, +a ti te corresponde consolarle y hacerle entrar por vereda. Va que no +le has dicho que por el prximo correo de Espaa espero el ttulo de +Conde de Casa Gamboa, con que se ha servido agraciarme nuestro augusto +soberano? A que no? Puede que la noticia le alegrase.</p> + +<p>—Alegrarle! Qu poco conoces a tu hijo! Le di la noticia. Y sabes lo +que me contest? Que la nobleza comprada con la sangre de los negros que +t y los dems espaoles robaban en frica para condenarlos a eterna +esclavitud, no era nobleza, sino infamia, y que miraba el ttulo como el +mayor baldn...</p> + +<p>—Ah! El bribn, el insurgente, el desorejado! estall don Cndido en +un paroxismo de indignacin. Vaya si le hierve la sangre criolla en las +venas! Todava sera capaz el muy trompeta de principiar por su padre la +degollina como se armara en esta Isla el desbarajuste de la Tierra +Firme. Y quieren libertad porque les pesa el yugo! porque no pueden +soportar la tirana! Que trabajen los muy holgazanes y no tendrn +tiempo ni ocasin de quejarse del mejor de los gobiernos. Yo les dara +palo entre oreja y oreja como a los mulos...</p> + +<p>—Basta de sandeces y de vituperios, le ataj doa Rosa incomodada. +Tiras de los criollos como si mis hijos y yo furamos de tu tierra. +Odias a los habaneros, por qu te duele que te paguen en la misma +moneda? Leonardito en parte tiene razn. Le privas de todos sus gustos y +placeres... No s cmo no se desespera. Cuenta con que l har cuanto +est en su mano para sacar a la muchacha del encierro...</p> + +<p>—Como t no le des el dinero, dijo don Cndido sobresaltado, para +sobornos, dudo mucho que se salga con el intento. No le des dinero, no +se lo des a tontas y a locas. Mas ya que tu cario consiste en +atragantarle a regalos, hagmosle uno de tal calidad que le llene de +orgullo y le haga avergonzarse de la sima de bajeza a que se propona +descender.</p> + +<p>—Cul es el regalo que esperas obre el milagro...?</p> + +<p>—La casa de Soler que Abreu se sac en rifa est de venta. Comprmosla, +alhajmosla para Leonardo cuando se case con Isabel. La venden en 60,000 +duros.</p> + +<p>—Casi el valor de un ingenio.</p> + +<p>—La casa vale ese dinero. Es un palacio; como no hay otro en La Habana. +No debes pararte en pelillos: se trata de la salvacin de tu hijo ms +querido. De mi cuenta corren la compra y la habilitacin de la jaula, de +la tuya corre la domesticacin del pjaro que ha de ocuparla.</p> + +<p>Arreglado el plan y distribuidos los papeles, don Cndido desempe el +suyo sin tardanza ni dificultad. Doa Rosa, al contrario, en +consecuencia de su carcter peculiar, desde los primeros pasos puso +obstculo invencible a la realizacin del proyecto.</p> + +<p>Entraban por mucho en la composicin de carcter de doa Rosa la altivez +y la suspicacia para que dejase de ser a menudo injusta e imprudente en +sus relaciones domsticas... Nadie mejor que Leonardo conoca ese flaco +de su madre. No bien le declar ella las condiciones del proyecto de +domesticacin, fundadas todas en su renuncia a la posesin de Cecilia, +resolvi predisponerla contra el marido atizando los celos de la esposa +a lo sumo. Bastle para ello el que la refiriese, sin nombrarla, cuanto +haba odo de boca de Cecilia, referente a los tratos clandestinos y +sospechosos de don Cndido con la joven y la anciana del barrio del +ngel desde mucho tiempo atrs; a los dineros que en ellas vena +gastando con la largueza o la prodigalidad del viejo enamorado; al +extrao inters que siempre haba tomado en el sostenimiento y bienestar +de las dos mujeres; a la vigilancia con que haba celado a la muchacha y +cuidado de la salud de la anciana; en una palabra, a los eficaces y +constantes servicios que en estos negocios de dudosa moralidad le haba +prestado Montes de Oca.</p> + +<p>Todas y cada una de estas noticias, junto con otras ya mencionadas, +haban llegado a odos de doa Rosa en diferentes pocas y por diversos +conductos. La relacin tarda y amaada del hijo slo sirvi de +complemento y confirmacin de lo mismo que ella se saba de memoria o +que meramente sospechaba.</p> + +<p>Ocioso parece aadir que en este caso, como en todos los de su ndole, +surti la cizaa su maligno efecto. Pues que irritada la madre contra el +padre por la supuesta persistente violacin de la fe conyugal, en +venganza o represalia tram en secreto con el hijo la mina que deba +hacer saltar los parapetos levantados por don Cndido en defensa del +honor de Cecilia Valds. A su ejecucin comprometi doa Rosa su dinero +y su influjo.</p> + +<p>Para ayudarla en la ardua empresa, tres condiciones nicamente exigi +ella: una, que el hijo continuara los estudios hasta graduarse de +Bachiller en leyes; otra, que se casara con Isabel Ilincheta a fin de +ao; y la tercera, que aceptara, sin murmurar, el regalo del palacio +que, con ese preciso objeto, le haca su padre. Todo lo prometi de +plano Leonardo.</p> + +<p>El primer paso dado fue el de solicitar los servicios de Mara de Regla, +aquella enfermera del ingenio de <i>La Tinaja</i>, cuya astucia y talento la +madre y el hijo reconocan de consuno, a pesar de la ojeriza con que la +miraban. Prestose ella de la mejor gana, tanto porque estaba en su +ndole el papel de conspiradora, cuanto que se prometa pagar con bienes +los muchos males recibidos de manos de los dos. De luego a luego +comenzaron los trabajos de zapa.</p> + +<p>Produjo una verdadera revolucin la entrada de Cecilia en la casa de las +Recogidas. Su juventud, su belleza, sus lamentos, sus lgrimas, los +motivos mismos de su prisin, supuestos hechizos empleados para seducir +a un joven blanco de familia millonaria de La Habana, todo concurri +para inspirar curiosidad, simpata o admiracin en las mujeres de varios +colores y condiciones que cumplan trminos ms o menos largos de +condena.</p> + +<p>Por vulgares que ellas fuesen, por apagado que estuviese en su pecho el +sentimiento de la dignidad personal, imposible les fuera sustraerse al +influjo de unas circunstancias cuya magia ejercer su imperio en este +mundo sublunar mientras refleje la luz del sol. Al parecer, de poco +podan valerle a Cecilia sus simpatas y arranques de admiracin; con +todo eso, fuerza bastante tuvieron para crear en torno suyo aquella +atmsfera de respeto y de consideracin que tanto contribuy al alivio +de sus penas mientras estuvo en las Recogidas, y que al cabo le abri +las puertas.</p> + +<p>El guardador de estas ovejas descarriladas era un soltern verde, suerte +de monigote con quien los aos ni las penitencias haban domado las +humanas pasiones. Hasta la fecha presente, slo haban ingresado en el +establecimiento a su cargo mujeres de baja extraccin, viejas, feas y +gastadas por los vicios. En condiciones bien diferentes vino Cecilia a +aumentar su nmero. Tal vez haba pecado; pero de seguro que no por +vicio ni mala inclinacin. Esto abonaban sus pocos aos, su porte +decente y modesto, su donoso aspecto y el ncar de sus tersas mejillas. +El dolor, la vergenza de verse encerrada y confundida entre unas +mujeres conocidamente de mala conducta, era sin duda lo que la haca +prorrumpir en lgrimas y quejas continuas. Tantos y tales extremos de +genuino pesar eran incompatibles con el delito.</p> + +<p>As razon el portero de la Casa de las Recogidas, y sin ms reparo se +declar el campen y el amigo de Cecilia. Su placer era ir a deshoras +hasta la ventana del cuarto que la haban asignado, para sorprenderla, a +ocultas, en sus demostraciones de sentimiento, enamorarse ms de ella y +encenderse en ira contra sus perseguidores. A veces la encontraba en la +silla con la cabeza y los brazos descansando en la mesa, mientras dejaba +a la abundosa mata de sus cabellos sueltos el cuidado de cubrir aquellas +partes de su espalda que no acertaba a vedar de miradas profanas el +traje flojo. Otras veces levantaba ella de repente los ojos y las manos +juntas al cielo y exclamaba en la mayor angustia:</p> + +<p>—Dios mo! Dios mo! Por qu culpas he merecido yo este tremendo +castigo?</p> + +<p>En todos estos casos se retiraba el guardin a su portera hecho un +basilisco.</p> + +<p>En uno de esos momentos de indignacin filantrpica, se le apareci como +llovida Mara de Regla, con achaque de venderle frutas del tiempo y +conservas, negocio en que se ocupaba entonces. El hombre no quera +comprar ni enredarse en una conversacin que poda distraerle de sus +agridulces pensamientos. Pero no por eso desisti de su propsito la +vendedora. Esperaba, al contrario, repulsa ms terminante. Djole en el +tono meloso que sola:</p> + +<p>—Le duele al seor la cabeza o las muelas? (No le dio el tratamiento +de su merced).</p> + +<p>—Nada me duele, gru l.</p> + +<p>—Me alegro, porque sos son los dolores de los dolores. Vea el seor si +las recogidas quieren frutas o dulces en almbar.</p> + +<p>—No estamos para frutas ni dulces ahora. Tampoco hay plata en casa.</p> + +<p>—Yo fo.</p> + +<p>—Anda con Dios y djame en paz.</p> + +<p>—Otras veces me han comprado aqu frutas y dulces.</p> + +<p>—No en mi tiempo. Sera cuando estaba el papanatas que suele +reemplazarme.</p> + +<p>—Quizs.</p> + +<p>—Yo no permito trfico con las presas. El reglamento prohbe todo +tejemaneje por la portera.</p> + +<p>—Pues me han dicho que el seor era ms bueno que el pan con las pobres +recogidas.</p> + +<p>—Te han engaado. Yo soy malo, malsimo.</p> + +<p>—El seor no es malo. Qu va! Le conozco en la cara que no lo es.</p> + +<p>—Basta. No quiero palique.</p> + +<p>—Est bien. El que manda, manda. Me ir; pero antes no tendra la +bondad de orme el recado que acaba de darme un caballerito para el +seor?</p> + +<p>—Qu recado? Despacha, replic con rudeza el hombre despus de mirar +fijamente a la vendedora.</p> + +<p>—Tiene aqu el seor presa a una nia blanca?</p> + +<p>—No tengo preso a nadie. No soy carcelero; soy un mero guardin de las +recogidas, por delegacin del ilustrsimo seor Obispo Espada y Landa.</p> + +<p>—Perdneme el seor. Quise decir que si no haba aqu recogida una nia +blanca.</p> + +<p>—Blanca al parecer. S. Y qu?</p> + +<p>—Pues el caballerito que le digo se interesa mucho por esa nia.</p> + +<p>—Qu me importa a m su inters? No vamos a comer con eso.</p> + +<p>—Nunca debe decirse de esta agua no beber. Porque el caballerito que +digo es riqusimo y est muy enamorado de la nia. Y el seor sabe de lo +que es capaz un caballerito rico cuando est loco de amor y le impiden +ver y hablar a su adorado tormento.</p> + +<p>—Estamos, dijo el portero algo ms aplacable. Qu pretende el tal +caballerito?</p> + +<p>—Poca cosa. Quiere que el seor d a la nia de su parte estas naranjas +(escogiendo seis entre las ms hermosas del tablero), y que le diga que +l est metiendo empeo y gastando mucho dinero para sacarla cuanto +antes de esta prisin.</p> + +<p>—Hombre!, dijo el guardin titubeando; yo no he hecho jams el papel +de corre-ve-y dile.</p> + +<p>—Vamos, seor, que no le pesar. Spalo: el caballerito es muy rico, +muy agradecido y est muy enamorado.</p> + +<p>El portero asustado, tembloroso, indeciso, se estuvo largo rato parado, +mirando, ya a la negra, ya a las naranjas. Al cabo pregunt con voz +ronca por el temor o la vergenza:</p> + +<p>—Cmo se llama el caballerito?</p> + +<p>—La nia sabe, replic Mara de Regla, marchndose bruscamente.</p> + +<p>Quedose el portero pensativo, como clavado a la reja de la portera. A +poco le pas el cerrojo a la puerta, le ech llave, y con tres naranjas +en cada mano entrose en el amplio patio de la Casa de las Recogidas.</p> + +<p>Hubo de todo lo que puede llenar de ilusiones a un hombre enamorado, y +de esperanza a una mujer afligida, en la breve entrevista que tuvo el +portero con Cecilia. Hubo aquello de:—Vd. es mi salvador. Qu ngel le +trajo a esta pobre mujer perseguida? Soy inocente. Mi nico delito es +amar mucho a un joven que se muere por m. Aqu me ha puesto el padre +del caballerito de quien Vd. me habla. Toda su rabia contra m es porque +no lo quiero a l y quiero a su hijo. Tenga Vd. piedad de una mujer +injustamente perseguida.</p> + +<p>Sali de all el portero otro hombre.—A quin se le ocurre traer aqu +una muchacha como sta?—se preguntaba a s mismo. Al demonio, solamente +al espritu maligno para tentar y sacar de sus casillas a la gente +pacfica. Aqu quisiera ver a los varones fuertes, a los mismos santos. +Resistiran? Se ablandaran, se derretiran, se entregaran de patas en +las garras de Satans. Habr quien tenga valor para verla llorar, para +orla quejarse y suplicar y no tomar su parte? Har de m lo que se le +antoje. Es claro. Y quedar mal con el seor Obispo, mi protector, caer +de su gracia, perder el puesto que ocupo en esta casa. Mas, qu +remedio? Ella es muy linda, llora, y yo no soy de palo. Maldita +frutera!</p> + +<p>Dos o tres das despus volvi sta, y el portero de las Recogidas no la +recibi mal. Traa nueva pretensin: la de hablar a solas con la presa +en la prisin. Estaban prohibidas las visitas dentro de la casa; slo +poda hablarse con las recogidas en presencia del guardin, a la reja de +la portera. Pero Mara de Regla arguy el punto con habilidad diciendo, +entre otras cosas, que no era de esperarse, el portero ayudara a matar +de tristeza a una nia inocente, y se hiciera cmplice de la mayor de +las injusticias que se haban cometido hasta entonces en La Habana. Que +el caballerito, amante de la nia, ya tena muy adelantadas las +diligencias para sacarla del encierro, y, por supuesto, excluira de su +gratitud a todos los que haban oprimido a su adorado tormento. +Enseguida aadi, cual si de pronto recordara:</p> + +<p>—El caballerito me dio para el seor esta media docena de onzas de oro, +por si la nia necesitaba algo de comer, o de vestir, o cualquier +antojo...</p> + +<p>Este ltimo argumento acab por dar al traste con el resto de virtud o +empacho del portero. Concedi la entrada. En pocas palabras +describiremos ahora la escena que se sigui a la entrevista de la +mensajera con la presa.</p> + +<p>Mara de Regla encontr a Cecilia en la misma posicin en que dijimos la +haba sorprendido el guardin das antes; slo que esta vez no la cubra +el cabello aquella parte de la espalda que daba a la entrada de la +celda. Algo ech de ver ah la antigua enfermera, que le llam +grandemente la atencin.</p> + +<p>—Jess! dijo. Qu veo? Ser posible que esta nia sea la misma que +yo sospechaba? Qu cosas pasan en este mundo!</p> + +<p>A aquella voz y aquellas incoherentes exclamaciones, levant Cecilia la +cabeza y pregunt en tono desmayado y doliente:</p> + +<p>—Qu quiere usted?</p> + +<p>—Quiero que me diga su merced su nombre de pila.</p> + +<p>—Cecilia Valds.</p> + +<p>—Jess! volvi a exclamar la negra. La propia que yo me imaginaba! +Parece un sueo. Sabe su merced quin le pint esa media luna?</p> + +<p>—Qu media luna?</p> + +<p>—La que su merced lleva en este hombro (tocando con el ndice el +izquierdo de la muchacha).</p> + +<p>—Esta no es pintura, es un lunar, mejor dicho, una marca que me ha +quedado ah de resultas de un golpe recibido en mi niez.</p> + +<p>—No, si su merced es de verdad verdad la Cecilia Valds que yo +conozco, se no es lunar, ni marca de golpe: es la media luna que la +abuela de su merced le pint con aguja y ail antes de echarla en la +Real Casa Cuna.</p> + +<p>—Oh! Mamita nunca me habl de semejante cosa.</p> + +<p>—Yo lo s porque sa fue la seal que me dieron para reconocerla entre +las dems nias de la Real Cuna.</p> + +<p>—Quin es Vd. que sabe tanto de m?</p> + +<p>—Es posible que su merced no me conozca todava? Deba acordarse de +m.</p> + +<p>—No, por cierto.</p> + +<p>—Pues yo le di de mamar a su merced, primeramente en la Real Casa Cuna, +y despus, por cerca de un ao, en casa de la abuela de su merced, +cuando ella viva en el callejn de San Juan de Dios. Su merced ya haca +<i>peninos</i> y hablaba <i>champurriado</i>, no le digo ms, en los das en que +me la quitaron de los brazos. Ay! No sabe su merced las lgrimas y +pesares que me ha costado su crianza; no slo a m, tambin a mi marido. +S, su merced ha sido la causa primera y principal de nuestras +desgracias.</p> + +<p>—Qu les ha pasado a Vds.?</p> + +<p>—A m me desterraron de La Habana habr doce aos, y mi marido est +preso en la crcel. Le achacan la muerte del Capitn Tond.</p> + +<p>—Conque eso es as como Vd. dice! Conque yo soy la mujer ms infeliz +que pisa la tierra! Ay de m, que sin haberle hecho mal a nadie todos +me caen encima!</p> + +<p>—No llore, ni se lamente, nia. Aunque causante de nuestras desgracias, +su merced es inocente, no tiene culpa ninguna.</p> + +<p>—Cmo no he de llorar y lamentarme, si tras de verme perseguida +injustamente, hecha la piedra de escndalo de las mujeres de esta casa, +que me atosigan con sus preguntas y majaderas, por remate de cuenta +viene Vd., que dice me cri, y me echa en cara las desgracias de Vd. y +de su marido? Cabe mayor infelicidad que la ma?</p> + +<p>—Cuando yo le relate mi historia, tejida con la de su merced, se +convencer de que tengo mucha razn.</p> + +<p>—Pero quin es Vd.?</p> + +<p>—Mi nombre es Mara de Regla, humilde criada de su merced y esclava del +nio Leonardo Gamboa.</p> + +<p>—Ah! exclam Cecilia ponindose en pie y abrazando a su interlocutora.</p> + +<p>—Oiga! dijo sta con sentimiento. La nia me reconoce y abraza como +esclava del nio Leonardo, no como la madre de leche que soy de su +merced.</p> + +<p>—No, la abrazo por ambos motivos, sobre todo porque su venida es nuncio +de salvacin para m.</p> + +<p>La negra se cruz de brazos y se puso a contemplar a Cecilia faz a faz. +De tiempo en tiempo murmuraba en tono bajo: Vea Vd.! La misma frente! +La misma nariz! La misma boca! Los mismos ojos! Hasta el hoyito en +la barba! S, su pelo, su cuerpo, su aire, su propio ngel! Qu! Su +vivo retrato!</p> + +<p>—De quin? pregunt Cecilia.</p> + +<p>—De mi nia Adela.</p> + +<p>—Y quin es esa nia?</p> + +<p>—Mi otra hija de leche, hermana de padre y madre del nio Leonardo.</p> + +<p>—Conque tanto me parezco a ella? Ya me lo haban dicho algunos amigos +que la conocen de vista.</p> + +<p>—Y dgalo que se parece. Jimaguas no se pareceran ms. Si ser por +esto porque el nio Leonardo est tan enamorado de su merced? Pero l +peca y su merced peca con quererse como se quieren. Si se quisieran como +amigos o hermanos, pase; como hombre y mujer es un pecado. Los dos estn +en pecado mortal.</p> + +<p>—Por qu me dice Vd. eso? pregunt Cecilia sorprendida. En quererse +mucho un hombre y una mujer, no s yo que haya pecado.</p> + +<p>—S, lo hay, nia; a veces hay hasta pecado prieto. Por una parte, l +es blanco; mas, dentro de poco ser de sangre azul, porque su padre ya +es Conde de Casa Gamboa. Y tiene un palacio para vivir con la que haya +de ser su esposa legtima. Y su merced... Perdone, nia, que sea tan +<i>clariosa</i>. Su merced es pobre, no tiene ni gota de sangre azul y es +hija... de la Casa Cuna. No es posible que lo dejen casarse con su +merced.</p> + +<p>—Todo sea que se le ponga en la cabeza. A bien que l es hombre y hace +lo que quiere. Y aunque no, estoy segura que cumplir la palabra que me +ha dado.</p> + +<p>—No podr cumplirla, nia. Desengese, no podr cumplirla aunque +quiera.</p> + +<p>—Por qu no?</p> + +<p>—Porque no. A su tiempo lo sabr su merced. Ese casamiento es un sueo, +no se verificar...</p> + +<p>—Luego Vd. se opone. No comprendo la razn.</p> + +<p>—Yo no me opongo, nia ma. No soy yo quien se opone, es otro, es la +naturaleza, son las leyes divinas y humanas. Sera un sacrilegio... +Pero, qu es lo que digo? Cuando menos ya es tarde. Dgame, nia, qu +tiene en los ojos?</p> + +<p>—Nada tengo en los ojos, repuso Cecilia restregndoselos inocentemente.</p> + +<p>—S, veo algo en ellos que es mala seal. Me parece que tiene amarillo +el globo del ojo. No cabe duda. Esas ojeras, esa palidez, ese rostro +desencajado... Pobrecita! Su merced est enferma.</p> + +<p>—Yo enferma! No, no, dijo ella muy apurada.</p> + +<p>—Su merced ya es mujer del nio Leonardo.</p> + +<p>—No entiendo lo que Vd. dice.</p> + +<p>—Ha sentido su merced nuseas? As como ganas de provocar?</p> + +<p>—S, varias veces. Ms a menudo desde que estoy en esta casa. Lo +atribuyo a los sustos y pesares de mi injusta prisin.</p> + +<p>—Tate. Cierto son los toros. No lo dije? La causa de la enfermedad de +su merced es otra. Yo la s, la adivino. No sabe la nia que he sido +enfermera por muchos aos? Qu soy casada? Ya no hay remedio. +Ninguno... Pobre nia! Inocente! Desgraciada! A su merced le ha hecho +mucho dao esa carita tan linda que Dios le ha dado. Si su merced +hubiera nacido fea, tal vez no le pasara lo que le pasa ahora. Estara +libre y sera feliz. Mas... lo que remedio no tiene, olvidarlo es lo +mejor. En fin, dir al nio Leonardo el estado de su merced y segurito +que se apresurar a sacar a la nia de esta maldita casa.</p> + +<p>Afectaron fuertemente a Leonardo Gamboa las ltimas nuevas que de +Cecilia le trajo la esclava. Sin prdida de tiempo, como lo haba +previsto sta, se aboc con su condiscpulo y amigo el Alcalde Mayor, +que haba decretado la orden arbitraria de prisin, ante el cual hizo +valer aquellos ttulos, junto con esta circunstancia. Le revel +igualmente en secreto el estado delicado de la muchacha. Derram por +todas partes el oro a manos llenas y tuvo la inefable satisfaccin de +ver coronados sus esfuerzos con el xito ms completo hacia los +postrimeros das del mes de abril.</p> + +<p>Fue al cabo suya Cecilia, a pesar de la tenaz oposicin de su padre. De +la prisin la condujo a la casa que haban alquilado en la calle de las +Damas, dndole por cocinera, sirviente de confianza y duea a la Mara +de Regla de siempre. No pareca que hubiese hombre ms feliz sobre la +haz de la tierra.</p> + +<p>An cuando todo esto se ejecut con entera reserva de don Cndido, nada +ocult Leonardo de doa Rosa. Desde el principio al fin la mantuvo +informada de los pasos que daba, a medida que se daban. Y, sentimos +decirlo, no sabemos en quin produjo ms regocijo el desenlace del +drama, si en su hijo o en la madre. As se alzaba una barrera +insuperable, crea ella sinceramente, entre la muchacha y las +imprudentes pretensiones de su marido.</p> + +<p>En medio de estas escenas, despleg Leonardo tino y fuerza de voluntad +sin ejemplo, poniendo el mayor esmero en llenar las condiciones del +contrato secreto celebrado con su madre. Asisti a las clases de derecho +regularmente, y cuando lleg la hora de graduarse, visit uno por uno a +los doctores que deban examinarle, principalmente a don Diego de la +Torre, que gozaba de fama de muy rgido con los graduados; le pas la +mano a Fray Ambrosio Herrera, secretario de la Universidad, a quien +comunic en secreto que en vez de los tres duros de las propinas de +costumbre, se propona meter tres onzas de oro en cada cartucho. As +allan el camino de la recepcin; as logr calarse la muceta de +ordenanza, ascender a la ctedra del aula magna, ponerse en la coronilla +de la cabeza la birreta colorada, pronunciar un ininteligible discurso +en latn, y obtener el ttulo de Bachiller en Leyes nmine +dissentiente<a name="FNanchor_60_60" id="FNanchor_60_60"></a><a href="#Footnote_60_60" class="fnanchor">[60]</a> el 12 de abril de 1831.</p> + +<p>Satisfechos por este lado sus compromisos, todava tuvo tiempo para +tomar formal posesin del palacio que le haba regalado su padre. +Enseguida, con el nimo de adormecer la vigilancia de ste, corri a +darle una caradita a Isabel en su paraso de Alquzar, y ver de +concertar con ella, si era posible, la manera y la poca del casamiento.</p> + +<p>La encontr bastante fra y desanimada. Repugnbale en alto grado la +idea de presenciar, por segunda vez, las escenas horrorosas del ingenio. +Como visita, porque faltara la ocasin juntamente con el deseo; como +ama, porque si de amante no logr suspender los terribles castigos +impuestos all a los negros, por una necesidad fatal de la institucin, +mal poda prometerse que de casada se aboliesen. Y ora tomase Leonardo +estas razones de su amiga cual meros escrpulos monjiles, ora se +persuadiese que ellas quizs le relevaran de una promesa en que ya no +se interesaba mucho su corazn, torn a La Habana sin haber tratado de +allanar el inesperado inconveniente.</p> + +<p>Volado haba el tiempo con inconcebible rapidez. A fines de agosto tuvo +Cecilia una hermosa nia; suceso que, lejos de alegrar a Leonardo, +parece que slo le hizo sentir todo el peso de la grave responsabilidad +que se haba echado encima en un momento de amoroso arrebato. Aquella no +era su esposa, mucho menos su igual. Podra presentarla sin sonrojo, +mager que bella como un sol, en ninguna parte? No haba l descendido +tanto todava por la cuesta suave del vicio, que hiciese del sambenito +gala.</p> + +<p>Se desvaneca, sin duda, la ilusin con la fcil posesin del objeto +codiciado que consista tan slo en la cualidad deleznable antes +mencionada. Al amor hizo en breve lugar la vergenza. Tras sta deba +presentarse el arrepentimiento, y se present al galope, mucho antes de +lo que era de esperarse, supuestas las condiciones de alma fra y moral +laxa de que haba dado pruebas el joven Gamboa.</p> + +<p>Los primeros sntomas del cambio no tard Cecilia en descubrirlos con +dolor; en pos vino el tropel de los celos a complicar la situacin de +las cosas. A los tres o cuatro meses de unin ilcita fueron menos +frecuentes y menos prolongadas las visitas de Leonardo a la casa de la +calle de las Damas. De qu vala que l colmase de regalos a la +querida, que se adelantase a todos sus gustos y aun caprichos, si era +cada vez ms fro y reservado con ella, si no mostraba orgullo ni +alegra por la hija, si no pudo lograr jams que trocara siquiera por +una noche la casa de los padres por la suya propia?</p> + +<p>Explcase la extraa conducta de Leonardo con Cecilia, por la grande +influencia que sobre l ejerca su enrgica madre. Porque era cosa +cierta que si del mozo haban huido todas las virtudes a la temprana +edad de 22 aos, como huyen las tmidas palomas del palomar herido por +el rayo, no era menos cierto que an calentaba su corazn marmreo el +dulce amor filial.</p> + +<p>Doa Rosa, adems, haba averiguado por aquellos das la historia +verdadera del nacimiento, bautizo, crianza y paternidad de Cecilia +Valds, contado ahora por Mara de Regla con el objeto de obtener el +completo perdn de sus pecados y alguna ayuda en favor de Dionisio, que +segua en estrecha prisin. Espantada dicha seora del abismo a que +haba empujado a su hijo, le dijo con aparente calma:</p> + +<p>—Estaba pensando, Leonardito, que es hora de que sueltes el perutano +de la muchachuela... Qu te parece?</p> + +<p>—Jess, mam! replic escandalizado el joven. Sera una atrocidad.</p> + +<p>—S, es preciso, aadi la madre en tono resuelto. Ahora, a casarte con +Isabel.</p> + +<p>—Tambin sa? Isabel ya no me quiere. T has ledo sus ltimas cartas. +En ellas no habla de amores, habla nicamente de monjo.</p> + +<p>—Disparate! No hagas caso. Yo arreglo el negocio en dos palotadas. Han +cambiado las cosas. Conviene que se case temprano el mayorazgo, siquiera +no sea con otro fin que el de asegurar sucesin legtima para el ttulo. +A casarte con Isabel, digo.</p> + +<p>Por carta de don Cndido a don Toms Ilincheta, pidi doa Rosa la mano +de Isabel para su hijo Leonardo, heredero presunto del condado de Casa +Gamboa.</p> + +<p>En respuesta, la presunta novia, acompaada de su padre, hermana y ta, +vino a su tiempo a La Habana y se desmont en casa de sus primas, las +seoritas Gmez. Qued, pues, aplazado el matrimonio para los primeros +das de noviembre, en la pintoresca iglesia del ngel, por ser la ms +decente, si no la ms cercana a la feligresa propia. La primera de las +tres velaciones regulares se corri el ltimo domingo del mes de +octubre, pasadas las ferias de San Rafael.</p> + +<p>No falt quien comunicara a Cecilia la nueva del prximo enlace de su +amante con Isabel Ilincheta. Renunciamos a pintar el tumulto de pasiones +que despert en el pecho de la orgullosa y vengativa mulata. Baste decir +que la oveja, de hecho, se transform en leona.</p> + +<p>Al oscurecer del 10 de noviembre llam a la puerta de Cecilia un antiguo +amigo suyo, a quien no vea desde su concubinaje con Leonardo.</p> + +<p>—Jos Dolores! exclam ella echndole los brazos al cuello, anegada en +lgrimas. Qu buen ngel te enva a m?</p> + +<p>—Vengo, repuso l con hosco semblante y tono de voz terrible, porque me +dio el corazn que Celia poda necesitarme.</p> + +<p>—Jos Dolores! Jos Dolores de mi alma! Ese casamiento no debe +efectuarse.</p> + +<p>—No?</p> + +<p>—No.</p> + +<p>—Pues cuente mi Celia que no se efectuar.</p> + +<p>—Sin ms se desprendi l de sus brazos y sali a la calle. Cecilia, a +poco, con el pelo desmadejado y el traje suelto, corri a la puerta y +grit de nuevo: Jos! Jos Dolores! A <i>ella</i>, a <i>l</i> no!</p> + +<p>Intil advertencia. El msico ya haba doblado la esquina de la calle de +las Damas.</p> + +<p>Ardan numerosos cirios y bujas en el altar mayor de la iglesia del +Santo ngel Custodio. Algunas personas se vean de pie, apoyadas en el +pretil de la ancha meseta en que terminan las dos escalinatas de piedra. +Por la mira a la calle de Compostela suba un grupo numeroso de seoras +y caballeros cuyos carruajes quedaban abajo. Ponan los novios el pie en +el ltimo escaln, cuando un hombre que vena por la parte contraria, +con el sombrero calado hasta las orejas, cruz la meseta en sentido +diagonal y tropez con Leonardo, un el esfuerzo de ganar antes que ste +el costado del sur de la iglesia, por donde al fin desapareci.</p> + +<p>Llevose el joven la mano al lado izquierdo, dio un gemido sordo, quiso +apoyarse en el brazo de Isabel, rod y cay a sus pies, salpicndole de +sangre el brillante traje de seda blanco.</p> + +<p>Rozndole el brazo a la altura de la telilla, le entr la punta del +cuchillo camino derecho al corazn.</p> + + + +<h3 class="top5"><a name="CONCLUSION" id="CONCLUSION"></a>CONCLUSIN</h3> + + +<p>Lejos de aplacar a doa Rosa el convencimiento de que Cecilia Valds era +hija adltera de su marido y medio hermana por ende de su desgraciado +hijo, eso mismo pareci encenderla en ira y en el deseo desapoderado de +venganza. Persigui, pues, a la muchacha con verdadero encarnizamiento, +y no le fue difcil hacer que la condenaran como cmplice en el +asesinato de Leonardo, a un ao de encierro en el hospital de Paula. Por +estos caminos llegaron a reconocerse y abrazarse la hija y la madre, +habiendo sta recobrado el juicio, como suelen los locos, pocos momentos +antes de que su espritu abandonase la msera envoltura humana.</p> + +<p>Por lo que hace a Isabel Ilincheta, desengaada de que no encontrara la +dicha ni la quietud del alma en la sociedad dentro de la cual le toc +nacer, se retir al convento de las monjas Teresas o carmelitas, y all +profes al cabo de un ao de noviciado.</p> + +<p>Casada Rosa con Diego Metieses, se esforz en reemplazar a la hermana +mayor en el cario del padre y de la ta, yendo a morar con ellos en el +edn de Alquzar.</p> + +<p>La causa criminal formada a Dionisio por el homicidio de Tond, no vino +a fallarse sino cinco aos despus de los sucesos aqu relatados. El +tribunal le conden a diez de cadena y el clebre don Miguel Tacn le +destin al presidio de La Habana para la composicin de calles.</p> + +<p class="c">FIN</p> + +<hr /> + +<h3><a name="GLOSARIO" id="GLOSARIO"></a>GLOSARIO</h3> + +<p class="ltr">A</p> + +<p class="hang"><i>abarca</i>: calzado rstico de cuero de buey que cubre la planta, los +dedos o la mayor parte del pie y se sujeta con cuerdas o correas.</p> + +<p class="hang"><i>Agramante, campo de</i>: lugar de mucha confusin, donde nadie se +entiende.</p> + +<p class="hang"><i>Agua de Lonja</i>: agualoja, aloja, bebida refrescante preparada con agua, +azcar o miel, canela, clavo y algn otro ingrediente.</p> + +<p class="hang"><i>aguaitar</i>: acechar.</p> + +<p class="hang"><i>alcndara</i>: percha o varal donde se ponan las aves de cetrera.</p> + +<p class="hang"><i>alcarraza</i>: vasija de barro poroso, que por evaporacin del agua que +rezuma, enfra la que queda dentro.</p> + +<p class="hang"><i>alcorza</i>: pasta blanca de azcar y almidn con la cual se suelen cubrir +varios gneros de dulces y se hacen en confiteras diversas figurillas.</p> + +<p class="hang"><i>aljfar</i>: perla de forma irregular y comnmente pequea; cosas +parecidas al aljfar, como las gotas de roco.</p> + +<p class="hang"><i>almo</i>: nutricio, vivificante.</p> + +<p class="hang"><i>amarilla</i>: moneda de oro y especialmente onza.</p> + +<p class="hang"><i>ambig</i>: comida, por lo regular nocturna, compuesta de manjares +calientes y fros con que se cubre a una vez la mesa.</p> + +<p class="hang"><i>armella</i>: anillo de metal con espiga o tornillo para clavarlo en un +cuerpo slido.</p> + +<p class="hang"><i>arrente</i>: a raz del casco.</p> + +<p class="hang"><i>asendereado</i>: agobiado de trabajo.</p> + +<p class="hang"><i>aspillera</i>: abertura larga y estrecha en un muro para disparar por +ella.</p> + +<p class="hang"><i>azuela</i>: herramienta de carpintera compuesta de una plancha de hierro +acerada y cortante, con mango corto de madera.</p> + + +<p class="ltr">B</p> + +<p class="hang"><i>badulaque</i>: persona necia e informal.</p> + +<p class="hang"><i>ballesta</i>: arma para disparar flechas y saetas.</p> + +<p class="hang"><i>banqueta</i>: acera de calle.</p> + +<p class="hang"><i>belfo</i>: cualquiera de los labios del caballo y otros animales.</p> + +<p class="hang"><i>bilorta</i>: vilorta, pequeas arandelas de hierro que se usaban en el eje +de los carruajes para impedir que el cubo de la rueda se saliera de su +sitio.</p> + +<p class="hang"><i>bocabajo</i>: castigo de azotes que se aplicaba a los negros esclavos +hacindolos acostar boca abajo.</p> + +<p class="hang"><i>bocn</i>: pieza redonda de esparto que se pone por defensa alrededor de +los cubos de las ruedas de carros.</p> + +<p class="hang"><i>bozal</i>: negro recin sacado de su pas.</p> + +<p class="hang"><i>bronco</i>: dcese de la voz y de los instrumentos que tienen sonido +desagradable y spero; tupido, spero.</p> + +<p class="hang"><i>broza</i>: desperdicio de alguna cosa.</p> + + +<p class="ltr">C</p> + +<p class="hang"><i>cabio</i>: travesao superior e inferior que con los largueros forman el +marco de las puertas y ventanas.</p> + +<p class="hang"><i>cachucha</i>: moo o peinado para el cual se necesita algn relleno o +postizo, que se usaba en la poca y todava hoy en varias provincias +espaolas.</p> + +<p class="hang"><i>caja</i>: tambor.</p> + +<p class="hang"><i>calamn</i>: clavo de cabeza en forma de botn que se usa para tapizar y +adornar.</p> + +<p class="hang"><i>cambalachar</i>: hacer trueque de objetos de poco valor.</p> + +<p class="hang"><i>camueso</i>: hombre muy necio e ignorante.</p> + +<p class="hang"><i>can</i>: cao o conducto grande de aguas.</p> + +<p class="hang"><i>carabela</i>: nombre que daban los esclavos a sus compaeros o camaradas +que haban venido de frica en el mismo barco negrero, fueran hombres o +mujeres.</p> + +<p class="hang"><i>caradita</i>: caricia, palmadita en la cara.</p> + +<p class="hang"><i>caritate, dar</i>: causar envidia o celos.</p> + +<p class="hang"><i>carrancln</i>: pao de lana.</p> + +<p class="hang"><i>catar</i>: ver, examinar.</p> + +<p class="hang"><i>caudinas, horcas; pasar uno por las</i>: someterse al ms fuerte.</p> + +<p class="hang"><i>ciar</i>: andar hacia atrs, retroceder.</p> + +<p class="hang"><i>cicerone</i>: persona que ensea y explica las curiosidades de una +localidad, edificio, etc.</p> + +<p class="hang"><i>ciudadela</i>: modernamente se le llama <i>solar</i>.</p> + +<p class="hang"><i>cochiherviti</i>: atropelladamente, con precipitacin.</p> + +<p class="hang"><i>coleto</i>: interior de una persona.</p> + +<p class="hang"><i>columpio</i>: balance, mecedora, silln.</p> + +<p class="hang"><i>contralor</i>: oficio honorfico de la casa real equivalente a lo que en +Castilla llamaban veedor. Intervena las cuentas, los gastos y ejerca +otras funciones importantes.</p> + +<p class="hang"><i>correr la tuna</i>: correrla, divertirse, gozar la vida vagando de aqu +para all en fiestas, rumbas y jolgorios.</p> + +<p class="hang"><i>cortar un traje</i>: murmurar de otro, censurar veladamente.</p> + +<p class="hang"><i>cruja</i>: trnsito largo en los edificios en cuyos lados hay piezas, +para las cuales sirve de paso.</p> + +<p class="hang"><i>cuarta</i>: ltigo.</p> + +<p class="hang"><i>currutaco</i>: muy afectado en el uso riguroso de las modas.</p> + + +<p class="ltr">CH</p> + +<p class="hang"><i>chicote</i>: ltigo.</p> + +<p class="hang"><i>china pelona</i>: piedra muy dura que abunda en los ros y arroyos que +serva como balas de todos los calibres y para empedrar las calles.</p> + +<p class="hang"><i>chupa</i>: casaca de lienzo muy usada a principios del siglo <span class="smcap">XIX</span> en Cuba.</p> + + +<p class="ltr">D</p> + +<p class="hang"><i>dianche</i>: diantre, diablo.</p> + +<p class="hang"><i>dragn</i>: soldado que hace el servicio alternativamente a pie o a +caballo.</p> + + +<p class="ltr">E</p> + +<p class="hang"><i>escabel</i>: tarima pequea para que descansen los pies del que se sienta.</p> + +<p class="hang"><i>escarzo</i>: especie vegetal muy comn en Espaa, que crece al pie de los +robles y encinas, de donde se saca yesca.</p> + +<p class="hang"><i>escuadra</i>: las dos dimensiones de la seccin transversal de una pieza +de madera labrada a escuadra.</p> + +<p class="hang"><i>esguazar</i>: vadear.</p> + +<p class="hang"><i>espiritada</i>: endemoniada, poseda por el demonio.</p> + +<p class="hang"><i>esquifaciones</i>: ropas y objetos con que se provea a los esclavos para +cubrir sus necesidades.</p> + +<p class="hang"><i>estrado</i>: conjunto de muebles en la pieza en que las seoras reciban +las visitas y por extensin, la pieza.</p> + + +<p class="ltr">G</p> + +<p class="hang"><i>gaote</i>: gaznate.</p> + +<p class="hang"><i>garzota</i>: plumaje o penacho que se usa para adorno de los sombreros o +turbantes y en los jaeces de los caballos.</p> + +<p class="hang"><i>gayola</i>: crcel.</p> + +<p class="hang"><i>gazuza</i>: hambre.</p> + +<p class="hang"><i>gaza</i>: lazo que se hace en un cabo.</p> + +<p class="hang"><i>gerifalte, como un</i>: muy bien, de una manera superior.</p> + +<p class="hang"><i>gigote</i>: guisado de carne picada rehogada en manteca.</p> + +<p class="hang"><i>glacis</i>: explanada, declive que se contina desde el camino cubierto +hacia la montaa.</p> + +<p class="hang"><i>guadao</i>: bote pequeo usado en los puertos.</p> + +<p class="hang"><i>guardabrisa</i>: cilindro de cristal ms o menos abombado al centro, con +que se cubra la vela para proteger del viento la llama.</p> + +<p class="hang"><i>guiarse</i>: irse, huir, marcharse.</p> + + +<p class="ltr">H</p> + +<p class="hang"><i>hembrilla</i>: piececita pequea en que otra se introduce o asegura.</p> + +<p class="hang"><i>hormilla</i>: pieza circular y pequea de madera u otra materia.</p> + + +<p class="ltr">J</p> + +<p class="hang"><i>jarrero</i>: mueble no slo para colocar los jarros, sino tambin los +vasos y otras vasijas para tomar agua, como la tinaja donde se +depositaba el lquido.</p> + + +<p class="ltr">L</p> + +<p class="hang"><i>ladino, negro</i>: aquel esclavo que hablaba ya el espaol, por hacer +tiempo que se encontraba en Amrica.</p> + +<p class="hang"><i>lechuguina, o</i>: persona joven que se compone mucho y sigue +rigurosamente la moda.</p> + +<p class="hang"><i>lesna</i>: instrumento punzante que usan los zapateros y otros artesanos +para agujerear, coser y pespuntar. Se compone de un hierrecillo con +punta muy sutil y un mango de madera.</p> + +<p class="hang"><i>lebrillo</i>: vasija de boca ancha.</p> + +<p class="hang"><i>ludibrio</i>: escarnio, desprecio, burla.</p> + +<p class="hang"><i>lunita</i>: juego infantil en que las nias gritaban dando saltos: +<i>lunita, lunera</i>, / cascabelera, / cinco toritos / y una ternera.</p> + + +<p class="ltr">M</p> + +<p class="hang"><i>mager</i>: aunque, a pesar de.</p> + +<p class="hang"><i>manducar</i>: comer.</p> + +<p class="hang"><i>manteniente</i>: en el momento, al instante.</p> + +<p class="hang"><i>mastelero de gavia</i>: palo que va sobre el palo mayor de las +embarcaciones de vela.</p> + +<p class="hang"><i>monacillo</i>: nio que sirve en los monasterios e iglesias para ayudar a +misa y otros ministerios del altar.</p> + +<p class="hang"><i>monis</i>: dinero.</p> + +<p class="hang"><i>muceta</i>: capa corta que cubre el pecho y la espalda; suele ser insignia +de prelados, doctores, licenciados y ciertos eclesisticos.</p> + +<p class="hang"><i>mujeriega, a la</i>: cabalgando como ordinariamente lo hacen las mujeres, +sentadas en la silla y no a horcajadas como los hombres.</p> + +<p class="hang"><i>mulecn</i>: dcese del negro que ya pasa de la infancia, sin llegar a la +pubertad.</p> + +<p class="hang"><i>muleque</i>: nombre que se daba a los esclavos entre siete y doce aos de +edad.</p> + +<p class="hang"><i>muidor</i>: persona que gestiona activamente para concertar tratos; +criado de cofrada que sirve para avisar a los hermanos las fiestas, +entierros y otros ejercicios a que deben concurrir.</p> + + +<p class="ltr">N</p> + +<p class="hang"><i>no embargante</i>: no obstante, sin embargo.</p> + +<p class="hang"><i>novenario</i>: castigo que se aplicaba a los esclavos negros que consista +en nueve azotes diarios por espacio de nueve das.</p> + + +<p class="ltr">O</p> + +<p class="hang"><i>obrador</i>: taller.</p> + +<p class="hang"><i>opiata</i>: medicina en la que entra como uno de sus ingredientes el opio.</p> + + +<p class="ltr">P</p> + +<p class="hang"><i>papalina</i>: cofia de mujer, generalmente de tela ligera y con adornos.</p> + +<p class="hang"><i>penates</i>: dioses domsticos de los etruscos y los romanos. +Pertenencias, habitacin, vivienda.</p> + +<p class="hang"><i>perutano</i>: porcin saliente y puntiaguda de una cosa.</p> + +<p class="hang"><i>petar</i>: agradar, complacer.</p> + +<p class="hang"><i>picolete</i>: grapa dentro de la cerradura para sostener el pestillo.</p> + +<p class="hang"><i>picotear</i>: chacharear, darle mucho al pico, hablar de cosas +insubstanciales.</p> + +<p class="hang"><i>ponina</i>: diversiones en que se distribuan los gastos entre los +concurrentes.</p> + +<p class="hang"><i>potala o potada</i>: tipo de embarcaciones pesadas, de poco andar.</p> + +<p class="hang"><i>poterna</i>: puerta ms pequea que las principales en el sistema de +fortificaciones.</p> + +<p class="hang"><i>pretina</i>: parte de los pantalones que ajusta a la cintura.</p> + +<p class="hang"><i>pringue</i>: grasa.</p> + + +<p class="ltr">Q</p> + +<p class="hang"><i>quinar</i>: vencer al contrario con argumentos y razones definitivas.</p> + +<p class="hang"><i>quipo</i>: ramales de cuerdas con nudos en las cuales llevaban sus cuentas +los aborgenes.</p> + + +<p class="ltr">R</p> + +<p class="hang"><i>rastrillo</i>: compuerta formada por una reja o verja fuerte y espesa que +se echa en las puertas de las plazas de armas para defender la entrada y +que, por estar afianzada en unas cuerdas fuertes o cadenas, se levantan +cuando se quiere dejar libre el paso.</p> + +<p class="hang"><i>realce, bordar de</i>: hacer un bordado que sobresale de la superficie de +la tela.</p> + +<p class="hang"><i>refaccin</i>: toda cantidad que en dinero o efectos se ofrece como +auxilio o ayuda anticipada para un negocio o para reparaciones, mejoras, +etc.</p> + +<p class="hang"><i>regatn</i>: casquillo que se pone en el extremo inferior de las lanzas, +bastones, etc.</p> + +<p class="hang"><i>rengue liso, escapar de</i>: irse de modo oculto o disimuladamente.</p> + +<p class="hang"><i>retrechera</i>: artificio disimulado y maoso para eludir la confesin de +la verdad.</p> + +<p class="hang"><i>rinconera</i>: mesita, armario o estante pequeos, comnmente de figura +triangular, que se colocaban en un rincn o ngulo de una sala o +habitacin.</p> + +<p class="hang"><i>romper el baile</i>: dar comienzo al baile.</p> + + +<p class="ltr">S</p> + +<p class="hang"><i>sambumbia</i>: bebida cubana hecha con miel de caa, agua y aj.</p> + +<p class="hang"><i>Sanfrancia o San Francia</i>: pelea, trifulca, pendencia, reyerta.</p> + +<p class="hang"><i>setena</i>: pena o castigo que consista en pagar el sptuplo de una +cantidad determinada.</p> + +<p class="hang"><i>sollado</i>: pisos y cubiertas inferiores de las embarcaciones.</p> + +<p class="hang"><i>sopanda</i>: cada una de las correas anchas y gruesas empleadas para +suspender la caja de los coches antiguos.</p> + +<p class="hang"><i>sotrozo</i>: pasador de hierro que atravesaba un eje del carruaje para +contener o impedir que se saliera la rueda que giraba del mismo.</p> + +<p class="hang"><i>sudadero</i>: manta pequea que se pone a las cabalgaduras debajo de la +silla o aparejo.</p> + +<p class="hang"><i>suspiro</i>: dulce hecho de harina, azcar y huevo.</p> + + +<p class="ltr">T</p> + +<p class="hang"><i>tahal</i>: tira de cuero u otra materia, que se cruza desde el hombro +derecho por el lado izquierdo hasta la cintura donde se juntan los dos +cabos y se pone la espada.</p> + +<p class="hang"><i>taracea</i>: tela hecha con retazos pequeos de colores diferentes, +llamada tambin <i>ensaladilla</i>.</p> + +<p class="hang"><i>tendal</i>: espacio solado donde se pone el caf para que se seque al sol.</p> + +<p class="hang"><i>tiple</i>: guitarrita de voces muy agudas.</p> + +<p class="hang"><i>tumbaga</i>: aleacin de oro y cobre con que se hacen ciertas obras de +arte, principalmente joyera barata, como anillos, pendientes, etc.</p> + +<p class="hang"><i>tnico</i>: traje femenino completo.</p> + + +<p class="ltr">U</p> + +<p class="hang"><i>urca</i>: tipo de embarcaciones pesadas, de poco andar.</p> + + +<p class="ltr">V</p> + +<p class="hang"><i>vaharada</i>: olor vivo y fuerte que se percibe de pronto.</p> + +<p class="hang"><i>vaqueta</i>: cuero de ternera curtido.</p> + +<p class="hang"><i>varapalo</i>: golpe dado con palo o vara.</p> + +<p class="hang"><i>vejiga</i>: vejiga disecada de buey o toro en donde se guardaban los +tabacos del gastos o consumo diario de la persona.</p> + +<p class="hang"><i>verficamente</i>: verdicamente, de modo verdico.</p> + +<p class="hang"><i>virago</i>: marimacho, mujer varonil.</p> + +<p class="hang"><i>volante</i>: volanta, carruaje de dos ruedas y de dos asientos puestos +sobre dos varas, de que regularmente tiraba un caballo.</p> + + +<p class="ltr">Z</p> + +<p class="hang"><i>zacatecas</i>: sepulturero.</p> + +<p class="hang"><i>zaga</i>: parle posterior, trasera de una cosa.</p> + +<p class="hang"><i>zeda</i>: zeta, letra del alfabeto (Z).</p> + +<p class="hang"><i>zurriagazo</i>: golpe dado con el zurriago o ltigo.</p> + +<p class="hang"><i>zurriago</i>: ltigo con que se castiga o zurra, el cual por lo comn +suele ser de cuero, cordel o cosa semejante.</p> + +<hr /> + +<h3><a name="BIBLIOGRAFIA" id="BIBLIOGRAFIA"></a>BIBLIOGRAFIA—EDICIONES</h3> + + +<h3>NARRACIONES</h3> + + +<p class="hang"><i>El ave muerta.</i> En: Miscelnea de til y agradable Recreo. Habana. +Imprenta de Boloa. Tomo I, p. 7-80; agosto, 1837.</p> + +<p class="hang"><i>La pea Blanca.</i> En: Miscelnea... Habana. Impr. de Boloa. Tomo I, +p. 195-250; agosto, 1837.</p> + +<p class="hang"><i>La cueva de Taganana.</i> En: Miscelnea... Habana. Impr. de Boloa. +Tomo II, p. 79-202: septiembre, 1837.</p> + +<p class="hang"><i>El perjurio.</i> <i>Recuerdo de Alquzar.</i> En: Miscelnea... Habana. Impr. +Palmer. Tomo II, p. 5-29; septiembre, 1837.</p> + +<p class="hang">——. En: Ideas. La Habana. Vol. I, nm. I, 1929.</p> + +<p class="hang"><i>Engaar con la verdad.</i> En: El Album. Habana. Impr. de Boloa. Tomo +II, p. 65-90; mayo, 1838.</p> + +<p class="hang"><i>El espetn de oro.</i> En: El Album. Habana. Impr. de Boloa. Tomo IV, +p. 15-116; julio, 1838.</p> + +<p class="hang">——. Habana. Impr. Oliva. 1838.</p> + +<p class="hang">——. En: Coleccin de novelas, cuentos, leyendas, etc., de autores +cubanos. Habana. Revista de la Habana. p. 47-84. 1855.</p> + +<p class="hang">——. Habana. Impr. Massana. 1859.</p> + +<p class="hang">——. En: La Familia, nm. 12, p. 187 y ss., 1878.</p> + +<p class="hang">——. Habana. Impr. La Discusin. 1903.</p> + +<p class="hang"><i>Excursin a la Vuelta Abajo.</i> (Primera parte.) En: El Album. Habana. +Impr. de Boloa. Tomo V, p. 37-59; Tomo VI, p. 11-46; Tomo VIII, p. +89-108; Tomo X, p. 79-108; Tomo XI, p. 97-120; Tomo XII, p. 7-33. 1838.</p> + +<p class="hang">——. (Segunda Parte.) En: Faro industrial de La Habana. Habana, julio +11 y ss. 1842.</p> + +<p class="hang">——. (Primera y segunda parte. Habana. M. de Armas. 1891. Biblioteca +Selecta Habanera.)</p> + +<p class="hang">——. (Primera y segunda parte.) La Habana. Consejo Nacional de Cultura, +Ministerio de Educacin. 1961. (Biblioteca Bsica de Cultura Cubana.)</p> + +<p class="hang"><i>Amoros y contratiempos de un guajiro</i> (Con el seudnimo de +<i>Sansuea</i>). En: La Cartera Cubana. Habana. Impr. Literaria. Tomo II, +p. 229-238; enero, 1839.</p> + +<p class="hang"><i>Una cruz negra</i> (Con el seudnimo de <i>Sansuea</i>). En: La Cartera +Cubana. Habana. Impr. Palmer. Tomo II, p. 187-198; 311-320. Tomo III, +p. 117-126 y 309-324; enero y julio, 1839.</p> + +<p class="hang"><i>Teresa.</i> Habana. Impr. Oliva. 1839.</p> + +<p class="hang"><i>Cecilia Valds o La loma del ngel.</i> En: La Siempreviva. Habana. +Impr. del Gobierno. Tomo II, primera parte, p. 76-87: segunda parte, p. +242-254. 1839.</p> + +<p class="hang">——. (Tomo primero.) Habana. Impr. Literaria. 1839.</p> + +<p class="hang">——. Nueva York. Impr. El Espejo. 1882.</p> + +<p class="hang">——. Habana. Impr. La Discusin. 1903.</p> + +<p class="hang">——. Habana. Impr. La Discusin. 1908.</p> + +<p class="hang">——. (La primitiva.) Habana. Impr. Cuba Intelectual. 1910.</p> + +<p class="hang">——. Habana. Impr. La Discusin. 1915.</p> + +<p class="hang">——. Habana. Academia Amrica Arias. 1923.</p> + +<p class="hang">——. Crdenas. Impr. El Encanto. 1926.</p> + +<p class="hang">——. Habana. Ed. Excelsior, s/f.</p> + +<p class="hang">——. En: Perfiles. Habana. 1933.</p> + +<p class="hang"><i>The Quadroon or Cecilia Valds.</i> Traduccin al ingls de Mariano J. +Lorente. Boston. 1935.</p> + +<p class="hang"><i>Cecilia Valds o La loma del ngel.</i> Habana. Impr. P. Fernndez y +Ca.. 1941.</p> + +<p class="hang">——. Habana. Cultural, S. A., 1941.</p> + +<p class="hang">——. Edicin crtica y notas por Esteban Rodrguez Herrera. Habana. +Editorial Lex. 1953.</p> + +<p class="hang">——. Lima. Impr. Torres Aguirre. 1959. (Primer Festival del Libro +Cubano.)</p> + +<p class="hang"><i>Lola y su periquito.</i> En: Obsequio a las Damas. Habana. 1839.</p> + +<p class="hang"><i>La joven de la flecha de oro.</i> En: La Cartera Cubana. Habana. +Imprenta Tern. Tomo IV, p. 307-326; Tomo V, p. 41-69, 109-132, 181-197, +240-264, 301-326, 357-398, 18-40.</p> + +<p class="hang">——. Habana. Impr. Oliva. 1841.</p> + +<p class="hang">——. Prl. de Mario Parajn. La Habana. Comisin Nacional Cubana de la +UNESCO. 1962.</p> + +<p class="hang"><i>El ciego y su perro.</i> En: Faro Industrial de la Habana. Habana, enero +4, 5 y 8, 1842.</p> + +<p class="hang"><i>Cartas de Isaura a Indiana.</i> En: Faro... Habana, febrero 9 y 18; +marzo 3 y 10; abril 19 y 27; mayo 3, 1842.</p> + +<p class="hang"><i>Generosidad fraternal.</i> En: Faro Industrial de la Habana. Habana, +agosto 27-29, 1842.</p> + +<p class="hang"><i>El guajiro.</i> En: Faro... Habana, diciembre 5-7, 9-12, 14, 15, 17, 18 +y 20, 1842.</p> + +<p class="hang">——. Habana. Impr. La Lucha. 1890.</p> + +<p class="hang">——. En: La Discusin. Habana, octubre 27, 29-31 y noviembre 1-3, +5-10, 12-17, 19-21, 1894.</p> + +<p class="hang">——. Habana. Folletines La Caricatura. Junio 29, 1903.</p> + +<p class="hang">——. En: El teatro cubano de R. G.. Habana. Cuaderno I, p. 67, 1904.</p> + +<p class="hang">——. Habana. Folletines El Triunfo. Enero 5, 1908.</p> + +<p class="hang"><i>La peineta calada.</i> En: Faro... Habana, marzo 4, 5, 7-10 y 14, 1843.</p> + +<p class="hang">——. La Habana. Comisin Nacional Cubana de la UNESCO. 1962.</p> + +<p class="hang"><i>Comunidad de nombres y apellidos.</i> En: Faro... Habana, junio 5 y ss. +1843.</p> + +<p class="hang"><i>Dos amores.</i> En: Faro... Habana, julio 16-31 y agosto 2-5, 8-11, 17, +19-20, 1843.</p> + +<p class="hang">——. Habana. Impr. Massana. 1858.</p> + +<p class="hang">——. El Pilareo. 1888.</p> + +<p class="hang">——. Barcelona. Gorgas. 1887. (Biblioteca de La Ilustracin +Cubana.)</p> + +<p class="hang">——. Introduccin de A. M. Eligio de la Puente. Habana. Cultural, S. +A. 1930. (Coleccin de Libros Cubanos, vol. XIV.)</p> + +<p class="hang"><i>El penitente.</i> En: Faro... Habana, febrero 23-29 y marzo 1-15 y 17, +1844.</p> + +<p class="hang">——. New York. Impr. M. M. Hernndez, 1889. (Cuentos de mi abuelo.)</p> + +<p class="hang">——. Habana. Impr. Cuba Intelectual. 1909-1912.</p> + +<p class="hang">——. Habana. Impr. El Dante. 1925.</p> + +<p class="hang">——. En: Perfiles. Habana. Nms. 1-4. Enero-abril, 1934.</p> + +<p class="hang">——. En: Mujeres. La Habana. Ao 2. nm. 9; p. 78-109; mayo 10, 1962.</p> + +<p class="hang"><i>La tejedora de sombreros de yarey.</i> En Faro... Habana, noviembre 28, +diciembre 1, 6, 7, 12, 15 y 16, 1844; enero 9 y 31, 1845.</p> + +<p class="hang">——. En: La peineta calada. La Habana. Comisin Nacional Cubana de la +UNESCO. 1962.</p> + +<p class="hang"><i>Vanidad.</i> En: Faro... Habana, septiembre 26-30 y octubre 1, 1845.</p> + +<p class="hang"><i>El misionero de Caron.</i> En: Faro... Habana, noviembre 28-30 y +diciembre 1 y 2, 1846.</p> + +<p class="hang"><i>Fragmento de una novela indita.</i> En: Faro... Habana, noviembre 28, +1847.</p> + + + +<h3>ARTICULOS EN REVISTAS</h3> + + +<p class="hang"><i>A Don Jos Quintn Suzarte desde las Sierras del Aguacate.</i> En: La +Siempreviva. Habana. Impr. del Gobierno. Tomo I, p. 301-310. 1838.</p> + +<p class="hang"><i>Un pensamiento.</i> En: La Cartera... Habana. Impr. Palmer. Tomo III, p. +72. 1839.</p> + +<p class="hang"><i>Periodismo.</i> En: Aurora de Matanzas. Matanzas, febrero 24, 1846. +Reproducido con el ttulo de <i>El Periodismo, causa del atraso de las +letras en Cuba</i>. En: Revista histrica, crtica y bibliogrfica de la +literatura cubana. Matanzas. Impr. Quirs y Estrada. Tomo I, nm. 4, p. +432-439. 1917.</p> + +<p class="hang"><i>Elementos de Cronologa Universal.</i> En: Flores del Siglo. Habana. +Tipografa de la V. de Torres. 1<sup>a</sup> serie, tomo I, p. 69-76. 1846.</p> + +<p class="hang"><i>Suceso notable del siglo</i> <span class="smcap">xviii</span> <i>en La Habana.</i> En: Flores... Habana. +Tipografa de la V. de Torres. 1<sup>a</sup> serie, tomo I, p. 125-138. 1846.</p> + +<p class="hang"><i>Crtica literaria.</i> Gan Eden or Pintures of Cuba, por Maturin M. +Ballou. En: Revista de La Habana. Habana. Impr. del Tiempo. Tomo I, p. +1-8, 1855.</p> + +<p class="hang"><i>Juicio crtico.</i> Una feria de la Caridad en 183... En: La Habana. +Habana. Impr. La Antilla, tomo 3, p. 7-10, 45-48, 55-59 y 81-85. 1859. +Reproducido al frente de: <i>Una feria de la Caridad en 183...</i> de Jos R. +de Betancourt. Barcelona. Impr. Tasso Serra, p. 11-34. 1885. (Biblioteca +de La Ilustracin Cubana.)</p> + +<p class="hang"><i>Narciso Lpez.</i> En: Revista Cubana. Habana. Tomo XIII, p. 106-115. +1891. El Fgaro. Habana. Ao VII, nm. 43, p. 3. 1891.</p> + +<p class="hang"><i>Cartas literarias.</i> (Sobre Ultimas pginas, novela por Ramn Meza.) +En: <i>La voz del pasado</i>. (Pensamientos.) En: El Fgaro. Habana. Ao +XXXV, nm. 34, p. 1040. 1918.</p> + + + +<h3>ARTICULOS EN EL DIARIO FARO INDUSTRIAL DE LA HABANA</h3> + + +<p class="ltr">1841</p> + +<p><i>Noticias de Matanzas.</i> (Con el seudnimo <i>Sansuea</i>.) Diciembre 18.</p> + + +<p class="ltr">1842</p> + +<p><i>La Habana en 1841.</i> Enero 1.</p> + +<p><i>Crtica teatral.</i> Teatro Tacn. Enero 9.</p> + +<p><i>Santa Cecilia.</i> Sarao en la noche del 7 de enero corriente. +(<i>Sansuea.</i>) Enero 9.</p> + +<p><i>Mesa revuelta.</i> (<i>Sansuea.</i>) Enero 12.</p> + +<p><i>Visita del buque de vapor Forth de la Real Compaa Inglesa.</i> +(<i>Sansuea.</i>) Enero 16.</p> + +<p><i>Teatro Principal.</i> Luca de Lamemoore. (<i>Sansuea.</i>) Enero 18.</p> + +<p><i>Teatro del Diorama.</i> Primera representacin de los Raveles. (<i>Sin +firma.</i>) Enero 19.</p> + +<p><i>Sansueas a sus presuntuosos y gratuitos maestros del Lucero.</i> Enero +22.</p> + +<p><i>Mesa revuelta.</i> (<i>Sansuea.</i>) Enero 22.</p> + +<p><i>Tertulia de Santa Cecilia la noche del 22.</i> (<i>Sansuea.</i>) Enero 24.</p> + +<p><i>Represalias.</i> (<i>Con el seudnimo Cualquiera.</i>) Enero 25.</p> + +<p><i>Represalias.</i> (<i>Cualquiera.</i>) Enero 26, 28, 29, 30 y 31.</p> + +<p><i>Paseos en Matanzas.</i> Enero 30.</p> + +<p><i>Mesa revuelta.</i> (<i>Sansuea.</i>) Enero 31.</p> + +<p><i>Represalias.</i> (<i>Sin firma.</i>) Febrero 1, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 12 y +13.</p> + +<p><i>Teatro Principal.</i> Clara Rosemberg. Febrero 4.</p> + +<p><i>Nuevos peridicos.</i> (<i>Sansuea.</i>) Febrero 4.</p> + +<p><i>Sociedades.</i> (<i>Sansuea.</i>) Febrero 10.</p> + +<p><i>Sociedades habaneras.</i> (<i>Sansuea.</i>) Bailes de Carnaval. Febrero 15.</p> + +<p><i>Modas.</i> (<i>Sansuea.</i>) Marzo 6.</p> + +<p><i>Qu osada! Qu ignorancia!</i> (Con el seudnimo <i>Yo</i>, que utiliza por +primera vez.) Marzo 21.</p> + +<p><i>Comunicado.</i> Crtica de la novela noticiera La mano negra. (Con el +seudnimo <i>C. Critilo</i>.) Marzo 15 y 16.</p> + +<p><i>Viaje a Mariel y a Cabaas por los barcos de vapor.</i> Marzo 23 y 24.</p> + +<p><i>San Diego de Nez.</i> Abril 6.</p> + +<p><i>Exposicin de la Academia de San Alejandro en los salones de la +Filarmnica.</i> Abril 16.</p> + +<p><i>Exposicin de San Alejandro.</i> Abril 22.</p> + +<p><i>Academia gratuita de dibujo San Alejandro.</i> Mayo 4.</p> + +<p><i>Al seor comunicante del peridico. Noticioso y Lucero. D. N. Gmez +Coln.</i> Mayo 13.</p> + +<p><i>La misma seorita aficionada que tuvo la bondad de contribuir con sus +obras de dibujo.</i> Mayo 12.</p> + +<p><i>Un paseo por Canmar.</i> Mayo 12.</p> + +<p><i>Represalias.</i> (<i>Sin firma.</i>) Junio 3.</p> + +<p><i>Declaracin de un marinero nufrago.</i> Agosto 1.</p> + +<p><i>El amante sombra de hogao.</i> Agosto 1 y 2.</p> + +<p><i>Estaciones del ao.</i> Agosto 17.</p> + +<p><i>Una loca y un guajiro.</i> (<i>Yo.</i>) Agosto 19.</p> + +<p><i>Beneficio para los desgraciados de Vuelta Abajo.</i> Agosto 22.</p> + +<p><i>El depsito.</i> (<i>Yo.</i>) Septiembre 18.</p> + +<p><i>Escenas domsticas.</i> (<i>Yo.</i>) Octubre 9.</p> + +<p><i>La escuela de los casados.</i> (<i>Yo.</i>) Octubre 12.</p> + +<p><i>Charlatanismo.</i> Octubre 16 y 20.</p> + +<p><i>Bibliografa cubana.</i> Octubre 24.</p> + +<p><i>Las apariencias.</i> Cuatro artculos de costumbres. (<i>Yo.</i>) Octubre +23-27.</p> + +<p><i>Crtica literaria.</i> Octubre 24.</p> + +<p><i>El da 1 de noviembre.</i> Historia y Tradicin. (<i>Yo.</i>) Noviembre 1.</p> + +<p><i>Santa Cecilia.</i> Noviembre 2.</p> + +<p><i>Teatro Tacn. Lucrecia Borgia.</i> Noviembre 5.</p> + +<p><i>Mi eleccin de cortijo.</i> (<i>Yo.</i>) Noviembre 13.</p> + +<p><i>Una familia instruida y dichosa o La lectura de la biblia.</i> Noviembre +16 y 18.</p> + +<p><i>Lectura amena.</i> De las bailadoras y de los bailadores o el naufragio en +tierra. Diciembre 1.</p> + +<p><i>El velo.</i> Diciembre 12.</p> + +<p><i>Los inocentes.</i> (<i>Yo.</i>) Diciembre 28.</p> + + +<p class="ltr">1843</p> + +<p><i>Aguinaldos.</i> (<i>Yo.</i>) Enero 1.</p> + +<p><i>Amelia y Enrique.</i> (<i>Yo.</i>) Marzo 30.</p> + +<p><i>Fragmentos de la Pasin.</i> (<i>Yo.</i>) Abril 13.</p> + +<p><i>Mi paseo a Carraguao.</i> (<i>Yo.</i>) Abril 30.</p> + +<p><i>Viaje de Mr. J. Colson y D. Juan Peoli a Francial.</i> Mayo 12.</p> + +<p><i>Costumbres.</i> (<i>Yo.</i>) Mayo 14.</p> + +<p><i>Compra y venta.</i> (<i>Yo.</i>) Mayo 14.</p> + +<p><i>Literatura crtica.</i> Ensayos polticos de Francisco J. Anguelo y +Guridi. Septiembre 20-24. (Cuatro artculos).</p> + +<p><i>El nmero 325.</i> (<i>Yo.</i>) Julio 3.</p> + +<p><i>Los pollitos.</i> (<i>Yo.</i>) Julio 30.</p> + +<p><i>A Lola la de Puentes grandes.</i> (Con el seudnimo <i>Lola de la Habana</i>.) +Agosto 27, septiembre 12 y octubre 2.</p> + +<p><i>Contestacin al seor A. de A. y G.</i> Noviembre 6-9. (Cuatro artculos.)</p> + +<p><i>Crtica literaria. Amarguras del Corazn, por D. Jos Gell y Rent.</i> +Noviembre 28.</p> + +<p><i>El Faro y Don Farito.</i> (<i>Yo.</i>) Noviembre 11.</p> + +<p><i>Rplica al generoso defensor de don Jos Gell y Rent.</i> Diciembre 11.</p> + +<p><i>Al paladn de don Jos Gell y Rent.</i> Diciembre 22.</p> + +<p><i>Seccin literaria. Cuentos de mi abuelo.</i> Diciembre 23.</p> + +<p><i>Sermn predicado por el muy humilde hermano de la cofrada periodstica +Don Yo, maestro lego de la facultad redactorial con motivo de la +festividad del da.</i> Diciembre 31.</p> + +<p><i>Residencia del ao 1843.</i> (<i>Yo.</i>) Diciembre 31.</p> + + +<p class="ltr">1844</p> + +<p><i>Una mudada.</i> (<i>Yo.</i>) Agosto 4.</p> + +<p><i>Monetario.</i> (<i>Yo.</i>) Agosto 25-31. (Seis artculos.)</p> + +<p><i>El viaje misterioso.</i> (<i>Yo.</i>) Noviembre 28.</p> + +<p><i>Matilde la cubana o La vctima del amor.</i> (<i>Yo.</i>) Diciembre 28.</p> + + +<p class="ltr">1845</p> + +<p><i>Reloj de repeticin.</i> Crnica del da de Reyes. (<i>Yo.</i>) Enero 6.</p> + +<p><i>Mscaras.</i> (<i>Yo.</i>) Febrero 25.</p> + +<p><i>Los sngaros...</i> Poesa de los gitanos. Nueva York, 1845. Agosto 14.</p> + +<p><i>Guanabacoa.</i> (<i>Yo.</i>) Agosto 15.</p> + +<p><i>Navidad.</i> Septiembre 25-octubre 1. (Cuatro artculos.)</p> + +<p><i>El viaje misterioso.</i> (<i>Yo.</i>) Noviembre 28.</p> + + +<p class="ltr">1846</p> + +<p><i>Aguinaldos.</i> (<i>Yo.</i>) Enero 1.</p> + +<p><i>La cueva.</i> (Con el seudnimo <i>El ambulante del oeste</i>.) Enero 8.</p> + +<p><i>Charadas.</i> (<i>Yo.</i>) Enero 10.</p> + +<p><i>Amar hasta fracasar, trazada para la A.</i> (<i>Yo.</i>) Enero 28.</p> + +<p><i>Polmica con Jos Mara de la Torre.</i> Marzo 6, 7, 8 y 11. (Cuatro +artculos.)</p> + +<p><i>Geografa.</i> Abril 6 y 23. (Dos artculos.)</p> + +<p><i>Caracteres y tendencias de la poesa en Cuba</i> (<i>Milans</i>, <i>Palma</i>, +<i>Toln Orgaz</i>, <i>Turla</i>, <i>Blanchi</i>). Agosto 15.</p> + +<p><i>Lo que somos.</i> (<i>Yo.</i>) Diciembre 6.</p> + + +<p class="ltr">1847</p> + +<p><i>Cartas.</i> (Con el seudnimo <i>El ambulante del oeste</i>.). Enero 3 y 6.</p> + + + +<h3>OBRAS DE TEXTO</h3> + + +<p class="hang"><i>Compendio geogrfico de la isla de Cuba.</i> Habana. Impreso por V. de +Torres. 1845.</p> + +<p class="hang"><i>El librito de cuentos y las conversaciones.</i> Habana. 1847.</p> + +<p class="hang"><i>El librito de los cuentos.</i> Obra escrita expresamente para servir de +texto de lectura a los nios de siete a 10 aos de edad. Habana. +Imprenta de Soler. 1857.</p> + + + +<h3>FOLLETOS</h3> + + +<p class="hang"><i>El seor Saco con respecto a la revolucin de Cuba.</i> Nueva York. +Imprenta La Verdad. 1852.</p> + +<p class="hang"><i>La revolucin de Cuba vista desde Nueva York.</i> Nueva York, noviembre, +1869.</p> + + + +<h3>TRADUCCIONES</h3> + + +<p class="hang"><i>Fragmentos</i>, de Lord Byron. En: Faro... Habana. Octubre 12, 1843.</p> + +<p class="hang"><i>Cales, Rebeca y sus hijos.</i> Traducido de Revue de deux mondes. En: +Faro... Habana. Diciembre 3, 1843.</p> + +<p class="hang"><i>La luna de miel y la luna de sangre</i>, de J. Koening de Metz. En: +Miscelnea... Impr. de Boloa. Tomo II, p. 34-70. 1857.</p> + +<p class="hang"><i>La hija del avaro, de William Harrison Ainsworth.</i> (Con el seudnimo de +<i>Simn Judas de la Paz</i>.) Habana. Impr. La Antilla. 1859.</p> + +<p class="hang"><i>Historia del primer ao de la guerra del sur</i>, por Eduardo A. Pollard. +Nueva York. Impr. de L. Hauser. 1863.</p> + +<p class="hang"><i>Mara Antonieta y su hijo.</i> Novela histrica por Luisa Mhlbach. Nueva +York. D. Appleton y Ca. 1909.</p> + + + +<h3>ADAPTACIONES</h3> + + +<p class="hang"><span class="smcap">Rodrguez, A. y Snchez Arcilla, J.</span> <i>Cecilia Valds</i>, comedia lrica, +con msica de Gonzalo Roig. Habana. Hermes. 1932.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Sant-Andreu, Jaime.</span> <i>Cecilia Valds</i>, versin flmica llevada a la +pantalla por Habana Films. Habana. Impr. P. Fernndez. 1950.</p> + + + +<h3>ESTUDIOS</h3> + + +<p class="hang"><span class="smcap">Anderson Imbert, E.</span> <i>Historia de la literatura hispanoamericana.</i> +Mxico. Fondo de Cultura Econmica, Breviario nm. 89, p. 177 y 178. +1957.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Baraona, Javier.</span> <i>Itinerario de Cecilia Valds.</i> En: Carteles. La +Habana, nm. 18, p. 14-17 y nm. 19, p. 25-28; abril 30 y mayo 7, 1950.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Bueno, Salvador.</span> <i>Historia de la literatura cubana.</i> La Habana. Ed. +Minerva, p. 139-144. 1954.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Bustamante, Luis J.</span> <i>Enciclopedia popular cubana.</i> La Habana. Ed. Lex. +p. 660. 1948.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Calcagno, Francisco.</span> <i>Diccionario Biogrfico Cubano.</i> New York. Impr. de +N. Ponce de Len, p. 687-689. 1878.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Carbonell, Jos Manuel.</span> <i>Evolucin de la cultura cubana (1608-1927).</i> La +Habana. Impr. Montalvo y Crdenas. Vol. XIII. <i>La prosa en Cuba</i>, tomo +II, p. 17-18. 1928.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Carricarte, Arturo.</span> <i>La novela en Cuba.</i> Bibliografa. En: La Prensa, +1912 y El Heraldo de Cuba, 1915.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Castellanos, Jos Francisco.</span> <i>Del Monte y Villaverde en Cecilia +Valds.</i> En: Revista de La Habana. La Habana. Tomo X, nm. 58, p. +307, junio, 1947.</p> + +<p class="hang"><i>Cirilo Villaverde y Diego Vicente Tejera.</i> En: Revista Cubana. +Habana. Tomo IV, p. 471-480. 1886.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Cruz, Manuel de la.</span> <i>Cecilia Valds: artculo crtico.</i> En: La +Ilustracin Cubana. Barcelona. Tomo III, nm. 7 p. 186-188, junio 20, +1887.</p> + +<p class="hang">——. <i>Cromitos Cubanos.</i> (Bocetos de autores hispanoamericanos.) +Habana. La Lucha, p. (189)-211. 1892.</p> + +<p class="hang">——. <i>Obras.</i> Tomo III, p. 189-200; Tomo V, p. 163-183. Madrid. E. +Saturnino Calleja. 1924 y 1926, resp.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Chacn y Calvo, Jos Mara.</span> <i>La literatura en Cuba.</i> En: Historia +Universal de la Literatura, de Santiago Prompolini. Buenos Aires. +UTEHA. Argentina. Tomo XII. 1941.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Eligio de la Puente, A. M.</span> <i>Introduccin.</i> En: Dos amores. Habana. +Cultural, S. A., p. I-XXXIV. 1930. Coleccin de Libros Cubanos, v. 14.</p> + +<p class="hang"><i>Cuba en la mano.</i> Enciclopedia Popular Ilustrada. La Habana. Impr. Ucar +Garca y Ca., p. 1030. 1940.</p> + +<p class="hang"><i>Ensayo de un diccionario de la literatura.</i> Madrid. Aguilar. Tomo II, +p. 1202-1203. 1953.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Fernndez de Castro, Jos A.</span> <i>Esquema histrico de las letras en Cuba +(1548-1902).</i> Habana. Departamento de Intercambio Cultural de la +Universidad de la Habana, p. 76-77. 1948.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Fernndez de la Vega, Oscar y Carvajal, Juan F.</span> <i>Literatura Cubana.</i> La +Habana. Ed. Selecta, p. 193-206. 1947. (Espaol Curso II.)</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Fernndez Villa-Urrutia, Rafael.</span> <i>Para una lectura de Cecilia Valds.</i> +En: Revista Cubana. La Habana. Instituto Nacional de Cultura. +Ministerio de Educacin. Vol XXXI, nm. I, enero-marzo, p. 31-43. 1957.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Figuerola Caneda, Domingo.</span> <i>C. Villaverde (Prrafos de un libro de +viajes).</i> En El Fgaro. Ao VII, nm. I, p. 3. 1891.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Garca Vega, Lorenzo.</span> <i>Campo y paisaje en la literatura cubana.</i> En: +Islas. Santa Clara. Universidad Central de Las Villas. Vol. II, nms. +2-3, p. 432-436. 1960.</p> + +<p class="hang">——. <i>Antologa de la novela cubana.</i> La Habana, Direccin General de +Cultura. Ministerio de Educacin, p. 23-47. 1960.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Gay Calb, Enrique.</span> <i>Nuestra literatura.</i> En: Revista Bimestre Cubana. +La Habana. Sociedad Econmica de Amigos del Pas. Vol. XXX, p. 59, 181 y +440. 1932.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Geada, J. J.</span> <i>Un novelista pinareo.</i> Habana. 1929.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Gonzlez del Valle, Jos Z.</span> <i>La vida literaria en Cuba (1836-1840).</i> +Cuadernos de Cultura. Ministerio de Educacin. 1938.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Henrquez Urea, Max.</span> <i>Panorama histrico de la literatura cubana.</i> +Primer tomo. New York. Las Amricas Publishing Co., p. 226-232. 1963.</p> + +<p class="hang"><i>Historia de la Nacin Cubana.</i> La Habana, Impr. Cultural, S. A. Tomo +IV, p. 360-361. 1952.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Mart, Jos.</span> <i>Cirilo Villaverde.</i> En: Patria. New York, octubre 30, +1894. Repr. en Obras completas. La Habana. Ed. Lex. Tomo I, p. 833. +1946.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Meza, Ramn.</span> <i>Cirilo Villaverde.</i> En Revista de la Facultad de Letras y +Ciencias de la Universidad de la Habana. Habana. Vol. XII, nm. 2, p. +210-217, marzo, 1911.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Mitjans, Aurelio.</span> <i>Estudio sobre el movimiento cientfico y literario de +Cuba.</i> La Habana. Consejo Nacional de Cultura, p. 44-45 y 190-192. 1963.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Mora Delgado, M.</span> <i>Las novelas del seor Villaverde.</i> Habana. Impr. +Alvarez y Ca. 1892.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Piedra-Bueno, Andrs.</span> <i>Literatura cubana. Sntesis histrica.</i> La +Habana. Ed. Amrica, p. 72-73. 1945.</p> + +<p class="hang"><i>Pocos ejemplares.</i> En: Revista de Cuba. Habana. Tomo XV, p. 384. +1884.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Portuondo, Jos Antonio.</span> <i>El contenido social de la literatura cubana.</i> +Mxico. El Colegio de Mxico. 1944.</p> + +<p class="hang">——. <i>Bosquejo histrico de las letras cubanas.</i> La Habana. Ministerio +de Relaciones Exteriores, p. 26 y 39. 1960.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Remos, Juan J.</span> <i>Resumen de historia de la literatura cubana.</i> Habana. +Tipos-Molina y Ca., p. 129-135. 1930.</p> + +<p class="hang">——. <i>Historia de la literatura cubana.</i> La Habana. Crdenas y Ca. +Tomo II. 166-189. 1945.</p> + +<p class="hang">——. <i>Proceso histrico de las letras cubanas.</i> Madrid. Ediciones +Guadarrama, p. 134-137. 1958.</p> + +<p class="hang"><i>Revista de libros.</i> En: Revista Cubana. Habana. Tomo VII, p. 84-92. +1888.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Rodrguez Garca, Jos A.</span> <i>Sobre Villaverde y su Cecilia Valds.</i> En: +Cuba Intelectual. Habana, junio, 1909.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Rodrguez Herrera, Esteban.</span> <i>Estudio crtico preliminar de Cecilia +Valds.</i> En: Cecilia Valds. Habana. Ed. Lex, p. XXI-LXVIII. 1953.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Salazar y Roig, Salvador.</span> <i>Historia de la literatura cubana.</i> Habana. +Imprenta Avisador Comercial, p. 179-182. 1929.</p> + +<p class="hang">——. <i>La novela en Cuba: sus manifestaciones, ideales y posibilidades.</i> +En: Anales de la Academia Nacional de Artes y Letras Habana. Imprenta +El Siglo XX, p. 20-22. Tomo XVI, enero 1931; junio 1935.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Tejera, Diego Vicente.</span> <i>Una novela cubana.</i> En: Un poco de prosa. +Habana. Impr. El Fgaro, p. 27-34. 1895.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Torriente, Lol de la.</span> <i>La Habana de Cecilia Valds</i>, 1946.</p> + +<p class="hang"><i>Un contemporneo. Apuntes biogrficos de Emilia Casanovas de +Villaverde.</i> Nueva York. 1874.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Valds Codina, Carlos.</span> <i>Apuntes de literatura histrica cubana.</i> Pinar +del Ro. Impr. Villalba, p. 23. 1921.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Varona, Enrique Jos.</span> <i>El autor de Cecilia Valds.</i> En: El Fgaro. +Habana. Ao X, nm. 39, p. 514. 1894.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Ximeno, Jos M. de.</span> <i>Papeletas bibliogrficas de Cirilo Villaverde.</i> En +Revista de la Biblioteca Nacional. Habana. P. Fernndez y Ca. 2. +serie, tomo 4, nm. 2, p. 133-153; abril-junio, 1953.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap">Young, Robert James.</span> <i>La novela costumbrista de Cirilo Villaverde.</i> +Mxico. Universidad Nacional Autnoma de Mxico. 1949.</p> + + +<div class="footnotes"> +<h3><a name="FOOTNOTES" id="FOOTNOTES"></a>NOTAS:</h3> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_1_1" id="Footnote_1_1"></a><a href="#FNanchor_1_1"><span class="label">[1]</span></a> Famosa novela del francs Bernardino de Saint-Pierre +(1737-1814). (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_2_2" id="Footnote_2_2"></a><a href="#FNanchor_2_2"><span class="label">[2]</span></a> Famosas novelas del francs Franois Ren Chateaubriand +(1768-1848). (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_3_3" id="Footnote_3_3"></a><a href="#FNanchor_3_3"><span class="label">[3]</span></a> (francs) del natural. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_4_4" id="Footnote_4_4"></a><a href="#FNanchor_4_4"><span class="label">[4]</span></a> Ventana voladiza, que volaba o sobresala de lo macizo de +las paredes o edificios. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_5_5" id="Footnote_5_5"></a><a href="#FNanchor_5_5"><span class="label">[5]</span></a> El hospital de San Juan de Dios estaba al oeste de la +ciudad; el convento y calle de Santa Clara se encontraban al este de la +ciudad. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_6_6" id="Footnote_6_6"></a><a href="#FNanchor_6_6"><span class="label">[6]</span></a> Jos Severino Boloa; impresor famoso de la poca, uno de +los precursores del arte tipogrfico en Cuba. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_7_7" id="Footnote_7_7"></a><a href="#FNanchor_7_7"><span class="label">[7]</span></a> Claudio Brindis de Salas (1800-1872), padre del famoso +violinista cubano. Fue compositor popular. Director de la orquesta <i>La +Concha de Oro</i>, conjunto de 150 msicos y cantantes. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_8_8" id="Footnote_8_8"></a><a href="#FNanchor_8_8"><span class="label">[8]</span></a> La manta de burato (paoln grande de seda) era la moda +general en la poca a que se alude en la novela y las mulatas la usaban +de color carmelita pardo. (<i>N. del A.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_9_9" id="Footnote_9_9"></a><a href="#FNanchor_9_9"><span class="label">[9]</span></a> Butaca campechana o de Campeche: silla grande con brazos, +asiento bajo y espaldar alto comnmente de caoba forrada de marroqu. +(<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_10_10" id="Footnote_10_10"></a><a href="#FNanchor_10_10"><span class="label">[10]</span></a> <i>La moda</i> o <i>Recreo Semanal del Bello sexo</i>, peridico que +apareci en 1829 y se public hasta 1831. Su principal redactor fue +Domingo Delmonte. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_11_11" id="Footnote_11_11"></a><a href="#FNanchor_11_11"><span class="label">[11]</span></a> <i>El Nuevo Regan de la Habana</i>, que empez a publicarse +en 1829, y trataba fundamentalmente de las costumbres de entonces y de +crtica literaria. En sus pginas se inici como escritor Antonio +Bachiller y Morales. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_12_12" id="Footnote_12_12"></a><a href="#FNanchor_12_12"><span class="label">[12]</span></a> Vicente Escobar, pintor mulato nacido en La Habana en +1757, que sobresali como retratista de los capitanes generales y de los +miembros de las familias adineradas de la poca. Fue protegido del +capitn general Vives. Visit Europa para perfeccionar su arte y en +Espaa obtuvo el ttulo de pintor de la Real Cmara. Muri en La Habana +en 1834. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_13_13" id="Footnote_13_13"></a><a href="#FNanchor_13_13"><span class="label">[13]</span></a> <i>El Diario de la Habana</i>, peridico fundado por Toms A. +Cervantes, que dur hasta 1846. (<i>N de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_14_14" id="Footnote_14_14"></a><a href="#FNanchor_14_14"><span class="label">[14]</span></a> <i>Cigarro</i> aqu se refiere a lo que en Cuba se llamaba +<i>tabaco</i> o <i>habano</i>. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_15_15" id="Footnote_15_15"></a><a href="#FNanchor_15_15"><span class="label">[15]</span></a> Entre los romanos, e igual por derecho espaol antiguo, +los hombres libres podan ser <i>ingenuos</i> o <i>libertinos</i>. Los primeros +eran los que habiendo nacido libres no haban cado jams en esclavitud +o servidumbre; los <i>libertinos</i> eran los que habiendo padecido +servidumbre, haban sido puestos en libertad. Tambin los hijos de +libertos decanse <i>libertinos</i>. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_16_16" id="Footnote_16_16"></a><a href="#FNanchor_16_16"><span class="label">[16]</span></a> Anacleto Bermdes (1806-1852), destacado abogado habanero, +de igual nombre que el estudiante de Medicina fusilado en 1871. <i>(N. de +la E.)</i></p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_17_17" id="Footnote_17_17"></a><a href="#FNanchor_17_17"><span class="label">[17]</span></a> La ley de las Doce Tablas, el cuerpo de leyes criminales +ms importante del pueblo romano en la antigedad. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_18_18" id="Footnote_18_18"></a><a href="#FNanchor_18_18"><span class="label">[18]</span></a> Errneamente Villaverde considera que Jos Mara Heredia, +el autor de la oda "Al Nigara" y del "Himno del Desterrado", era +natural de Matanzas. Heredia naci el 31 de diciembre de 1803 en +Santiago de Cuba, pero vivi muchos aos en la ciudad de Matanzas. (<i>N. +de la E</i>).</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_19_19" id="Footnote_19_19"></a><a href="#FNanchor_19_19"><span class="label">[19]</span></a> Juan Tefilo Heinecio, jurisconsulto alemn. Saco no +tradujo la obra que cita Villaverde, sino sus "Elementos de derecho +romano" (Filadelfia, 1826). (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_20_20" id="Footnote_20_20"></a><a href="#FNanchor_20_20"><span class="label">[20]</span></a> Tirteo, poeta griego cuyos cantos arengaban a los +espartanos a combatir a los enemigos en la segunda guerra de Mesenia +(siglo <span class="smcap">VII</span> a. N. E.). (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_21_21" id="Footnote_21_21"></a><a href="#FNanchor_21_21"><span class="label">[21]</span></a> Jos Antonio Aponte, negro libre natural de La Habana, que +en 1812 fragu una conspiracin entre los negros de la Isla para +establecer un gobierno similar al de Hait. Fue ajusticiado ese mismo +ao por el gobierno espaol. (<i>N de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_22_22" id="Footnote_22_22"></a><a href="#FNanchor_22_22"><span class="label">[22]</span></a> Manuel Andrs Snchez y Francisco Agero Velazco, jvenes +camageyanos que organizaron una conspiracin contra el gobierno espaol +en Camagey. Descubiertos por los agentes de Vives fueron condenados a +muerte por la Comisin Militar Permanente. Se les considera los primeros +mrtires de la independencia de Cuba. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_23_23" id="Footnote_23_23"></a><a href="#FNanchor_23_23"><span class="label">[23]</span></a> Venus, diosa de la belleza y el amor que segn cuenta la +leyenda haba nacido de las espumas del mar cerca de la isla de Chipre. +(<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_24_24" id="Footnote_24_24"></a><a href="#FNanchor_24_24"><span class="label">[24]</span></a> Las Parcas, tres divinidades infernales de la mitologa +latina que eran dueas de la vida de los hombres, cuya trama hilaban. +(<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_25_25" id="Footnote_25_25"></a><a href="#FNanchor_25_25"><span class="label">[25]</span></a> Ver nota de la pg. 87. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_26_26" id="Footnote_26_26"></a><a href="#FNanchor_26_26"><span class="label">[26]</span></a> En francs, <i>a la ltima moda</i>. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_27_27" id="Footnote_27_27"></a><a href="#FNanchor_27_27"><span class="label">[27]</span></a> El autor se refiere a los <i>paquebots</i> o <i>paquebotes</i>, tipo +de embarcacin que antiguamente se destinaba al transporte de +correspondencia, principalmente la pblica. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_28_28" id="Footnote_28_28"></a><a href="#FNanchor_28_28"><span class="label">[28]</span></a> <i>Catn</i> constitua un grado superior, el siguiente, al de +la cartilla, pues se compona de frases sencillas que iniciaban la +prctica de la lectura. Fue muy usado en Cuba para la enseanza de la +lectura. Su nombre provena del clebre gramtico latino de ese +apellido: Dionisio Catn. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_29_29" id="Footnote_29_29"></a><a href="#FNanchor_29_29"><span class="label">[29]</span></a> Medusa: una de las tres gorgonas. En un principio era muy +hermosa y tena una cabellera magnfica, pero, habiendo ofendido a la +diosa Minerva, sta irritada cambi sus cabellos en espantosas +serpientes. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_30_30" id="Footnote_30_30"></a><a href="#FNanchor_30_30"><span class="label">[30]</span></a> La relacin que sigue la tomamos casi al pie de la letra +de un Semanario que se publicaba en La Habana en 1830, titulado <i>La +Moda</i>. (<i>N. del A.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_31_31" id="Footnote_31_31"></a><a href="#FNanchor_31_31"><span class="label">[31]</span></a> Juan Bautista Vermay (1784-1833), pintor de origen francs +que vino a Cuba para restaurar algunos cuadros de la catedral habanera. +Protegido por el obispo Espada, el Capitn general Vives y otras +personas influyentes, se estableci en La Habana. Fue el fundador y +primer director de la Academia de San Alejandro. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_32_32" id="Footnote_32_32"></a><a href="#FNanchor_32_32"><span class="label">[32]</span></a> Nochebuena chiquita, as llamaban muchos a la noche del +da 7 de diciembre, vspera de la fiesta de la Santsima Concepcin de +la Iglesia Catlica, que se celebraba con bastante animacin por parte +del pueblo. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_33_33" id="Footnote_33_33"></a><a href="#FNanchor_33_33"><span class="label">[33]</span></a> En la Maestranza de artillera de La Habana, situada +detrs del palacio de la Intendencia, haba una especie de presidio +correccional, cuyo capataz, sargento cumplido del Cuerpo, se haca cargo +de castigar al esclavo que, habiendo cometido una falta, se lo remitan +los amos con ese objeto. Le azotaba ms o menos fuertemente, segn la +orden escrita, que a veces portaba la misma vctima, siempre a condicin +o en cambio de los trabajos que poda desempear en la Maestranza por +dos o tres semanas. El salario se le cargaba al gobierno y lo pagaba la +Hacienda pblica aunque no rezaba que la deuda proceda de la aplicacin +de unos cuantos azotes. (<i>N. del A.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_34_34" id="Footnote_34_34"></a><a href="#FNanchor_34_34"><span class="label">[34]</span></a> Lo mismo ocurra en el Vedado, terrenos pertenecientes a +la familia de Fras, dedicados por su aridez, exclusivamente a la +explotacin de cantos y de cal para la fabricacin de casas. Aqu +tambin distribuan azotes a cambio de trabajo del esclavo castigado por +cuenta y riesgo del amo. (<i>N. del A.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_35_35" id="Footnote_35_35"></a><a href="#FNanchor_35_35"><span class="label">[35]</span></a> H. B. M. Sloop of war Pearl, Captain Lord Clarence Paget. +(<i>N. del A.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_36_36" id="Footnote_36_36"></a><a href="#FNanchor_36_36"><span class="label">[36]</span></a> Vmito, vmito negro o fiebre amarilla. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_37_37" id="Footnote_37_37"></a><a href="#FNanchor_37_37"><span class="label">[37]</span></a> <i>Ainda mais</i>, en gallego, algo ms. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_38_38" id="Footnote_38_38"></a><a href="#FNanchor_38_38"><span class="label">[38]</span></a> A la Hamlet, el autor alude a la figura de Ofelia, +personaje de esa obra, que enloquecida a la muerte de su padre, vagaba +adornada con flores y cantando. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_39_39" id="Footnote_39_39"></a><a href="#FNanchor_39_39"><span class="label">[39]</span></a> Abreviatura de: "Que Besa Su Mano", muy usada en el siglo +pasado. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_40_40" id="Footnote_40_40"></a><a href="#FNanchor_40_40"><span class="label">[40]</span></a> Histrico. (<i>N. del A.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_41_41" id="Footnote_41_41"></a><a href="#FNanchor_41_41"><span class="label">[41]</span></a> Galeno, clebre mdico griego que ejerca su arte en Roma, +siglo II de N. E. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_42_42" id="Footnote_42_42"></a><a href="#FNanchor_42_42"><span class="label">[42]</span></a> Este tratamiento no es ni fue usual en Cuba. Se dice que +es de origen gallego. Equivale a <i>mi seora</i> o <i>seora ma</i>. (<i>N. de la +E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_43_43" id="Footnote_43_43"></a><a href="#FNanchor_43_43"><span class="label">[43]</span></a> Canova, se refiere a Antonio Canova (1757-1822), clebre +escultor italiano. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_44_44" id="Footnote_44_44"></a><a href="#FNanchor_44_44"><span class="label">[44]</span></a> Venus citerea: referencia a la isla de Chipre, llamada por +los griegos <i>Citeres</i>. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_45_45" id="Footnote_45_45"></a><a href="#FNanchor_45_45"><span class="label">[45]</span></a> Por sus ideas liberales le trasport el Capitn General +Dulce en 1869 a Fernando Poo, junto con otros 250 compaeros reos de +igual delito. (<i>N. del A.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_46_46" id="Footnote_46_46"></a><a href="#FNanchor_46_46"><span class="label">[46]</span></a> <i>Clamo currente</i>, expresin latina que equivale en +espaol a <i>al correr de la pluma</i> o <i>a vuela pluma</i>. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_47_47" id="Footnote_47_47"></a><a href="#FNanchor_47_47"><span class="label">[47]</span></a> <i>A nativitate</i>, locucin latina que significa <i>de +nacimiento</i>. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_48_48" id="Footnote_48_48"></a><a href="#FNanchor_48_48"><span class="label">[48]</span></a> <i>Virar</i>, en su acepcin activa, significa poner +boca-abajo, en la recproca, <i>revelarse</i>. (<i>N. del A.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_49_49" id="Footnote_49_49"></a><a href="#FNanchor_49_49"><span class="label">[49]</span></a> <i>Coram populi</i>, en vez de <i>coram populo</i>, locucin latina +que equivale a <i>en pblico</i>, <i>pblicamente</i>. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_50_50" id="Footnote_50_50"></a><a href="#FNanchor_50_50"><span class="label">[50]</span></a> <i>Tren jamaiquino.</i> En los ingenios antiguos decase <i>tren</i> +al conjunto de calderas o pailas por el que haba de pasar el guarapo +para clarificarse, descachazarse y adquirir el punto de meladura. Haba +varios tipos o modelos de <i>trenes</i>: <i>A la Pacheca</i>, <i>de Reverbero</i> y el +<i>jamaicano</i>, que aqu vulgarmente se nombra <i>jamaiquino</i>. (<i>N. de la +E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_51_51" id="Footnote_51_51"></a><a href="#FNanchor_51_51"><span class="label">[51]</span></a> Verso del poeta cmico latino Terencio: Hombre soy y nada +humano me es ajeno. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_52_52" id="Footnote_52_52"></a><a href="#FNanchor_52_52"><span class="label">[52]</span></a> <i>Don Alejandro en puo</i>, expresin popular que se aplica a +las personas tacaas. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_53_53" id="Footnote_53_53"></a><a href="#FNanchor_53_53"><span class="label">[53]</span></a> Ver nota en la pg. 134. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_54_54" id="Footnote_54_54"></a><a href="#FNanchor_54_54"><span class="label">[54]</span></a>...No aprendi ni el <i>cristus</i>... equivale a "ni la primera +letra del alfabeto", porque las antiguas cartillas para aprender a leer +comenzaban con el alfabeto, y ste se iniciaba con una cruz, que +simbolizaba a Cristo, despus seguan la A, B, C, etc. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_55_55" id="Footnote_55_55"></a><a href="#FNanchor_55_55"><span class="label">[55]</span></a> Histrico. (<i>N. del A.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_56_56" id="Footnote_56_56"></a><a href="#FNanchor_56_56"><span class="label">[56]</span></a> Ver nota en pg. 87.</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_57_57" id="Footnote_57_57"></a><a href="#FNanchor_57_57"><span class="label">[57]</span></a> V. S. abreviatura de <i>Vuestra Seora</i>. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_58_58" id="Footnote_58_58"></a><a href="#FNanchor_58_58"><span class="label">[58]</span></a> <i>Chico</i> de especias, se hace referencia aqu a la moneda +de menos valor que circulaba entonces en La Habana. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_59_59" id="Footnote_59_59"></a><a href="#FNanchor_59_59"><span class="label">[59]</span></a> El Teatro <i>Principal</i>, llamado anteriormente <i>Coliseo</i>, +fue el primero que se construy en la Isla. Se edific en tiempos del +Marqus de la Torre, al final de la Alameda de Paula, donde hoy se +encuentra el Hotel Luz. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> + +<div class="footnote"><p><a name="Footnote_60_60" id="Footnote_60_60"></a><a href="#FNanchor_60_60"><span class="label">[60]</span></a> Nmine dissentiente: locucin latina que significa: sin +oposicin, sin obstculo alguno. (<i>N. de la E.</i>)</p></div> +</div> +<hr class="full" /> + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Cecilia Valds o la Loma del ngel, by +Cirilo Villaverde + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CECILIA VALDS O LA LOMA DEL NGEL *** + +***** This file should be named 28281-h.htm or 28281-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + https://www.gutenberg.org/2/8/2/8/28281/ + +Produced by Chuck Greif, Vctor Mon and the Online +Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at https://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. 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Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + https://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. + + +</pre> + +</body> +</html> diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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