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+The Project Gutenberg EBook of Cuentos y diálogos, by Juan Valera
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Cuentos y diálogos
+
+Author: Juan Valera
+
+Release Date: November 9, 2008 [EBook #27214]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS Y DIÁLOGOS ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net)
+
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+
+
+
+
+
+JUAN VALERA
+
+CUENTOS Y DIÁLOGOS
+
+
+SEVILLA: 1882
+
+FRANCISCO ALVAREZ Y C.ª, EDITORES Tetuán 24.
+
+
+AL EXCMO. SR.
+D. ENRIQUE R. DE SAAVEDRA,
+DUQUE DE RIVAS.
+
+
+Mi querido amigo: Bien hubiera querido yo escribir algo nuevo
+expresamente para dedicárselo a V., pero mi pobre ingenio está marchito
+y seco desde hace dos o tres años, y empiezo a perder toda esperanza de
+que reverdezca y vuelva a florecer algún día.
+
+En tan desengañada situación y urgiéndome pagar la deuda de la lindísima
+_fantasía_ que tuvo V. la bondad de dedicarme, me decido a dedicar a V.
+esta colección de CUENTOS Y DIÁLOGOS, que, si bien publicados antes
+aisladamente, salen hoy por vez primera reunidos en un tomo.
+
+Ahí van _Parsondes_, que V. tanto celebra; _El pájaro verde_, cuento
+vulgar que me contó con singular talento su señora madre de usted y que
+yo no he hecho sino poner por escrito, procurando competir con Perrault,
+Andersen y Musaus; _El bermejino prehistórico_, que yo encuentro
+gracioso en fuerza de ser disparatado; y los diálogos de _Asclepigenia y
+Gopa_, el primero de los cuales sigo creyendo que es lo más elegante y
+discreto, o si se quiere lo menos tonto, que he escrito en mi vida.
+
+Acoja V. con benignidad estas obrillas ligeras, sobre las cuales nada
+más se me ocurre que decir, pues las escribí sin intención de enseñar y
+sólo con el fin de pasar el tiempo y de ver si lograba divertirme yo y
+divertir también a quien me leyese.
+
+Lo primero lo he conseguido. ¿Por qué no confesarlo? Como me quiero
+bien, me río a mí mismo las gracias. Así es que CUENTOS Y DIÁLOGOS me
+han encantado al escribirlos y aun al leerlos y releerlos después de
+escritos. Ya esto es bastante triunfo, aunque el encanto de la
+diversión no pase de mí ni se transmita a otros. Harto lo sentiré, pero
+me consolaré imaginando, porque el amor propio es muy sutil inventor,
+que si no me ríen las gracias los demás es porque las tales gracias
+están disimuladas y escondidas en el texto, y así no las ve quien no le
+penetra y ahonda. Yo procuraré, en otra ocasión, poner las gracias, si
+las tengo, algo más superficiales. Entretanto, conténtese V. o mejor
+dicho no se disguste con esto que le dedico, pues bien sé yo que, si
+vale algo y si tiene chiste, V. habrá de hallarle, sin que tenga yo
+necesidad de indicar dónde está lo chistoso para que V. lo ría.
+
+Créame V. siempre su buen amigo
+
+_J. Valera_.
+
+Lisboa 20 de Febrero de 1882.
+
+
+
+
+ ÍNDICE
+
+
+ El pájaro verde
+ Parsondes
+ El bermejino prehistórico o las salamandras azules
+ Asclepigenia
+ Gopa
+ Santa
+
+
+
+
+EL PÁJARO VERDE.
+
+
+
+
+I.
+
+
+Hubo, en época muy remota de esta en que vivimos, un poderoso Rey, amado
+con extremo de sus vasallos, y poseedor de un fertilísimo, dilatado y
+populoso reino, allá en las regiones de Oriente. Tenía este Rey inmensos
+tesoros y daba fiestas espléndidas. Asistían en su corte las más
+gentiles damas y los más discretos y valientes caballeros que entonces
+había en el mundo. Su ejército era numeroso y aguerrido. Sus naves
+recorrían como en triunfo el Océano. Los parques y jardines, donde solía
+cazar y holgarse, eran maravillosos por su grandeza y frondosidad, y por
+la copia de alimañas y de aves que en ellos se alimentaban y vivían.
+
+Pero ¿qué diremos de sus palacios y de lo que en sus palacios se
+encerraba, cuya magnificencia excede a toda ponderación? Allí muebles
+riquísimos, tronos de oro y de plata, y vajillas de porcelana, que era
+entonces menos común que ahora; allí enanos, jigantes, bufones y otros
+monstruos para solaz y entretenimiento de S. M.; allí cocineros y
+reposteros profundos y eminentes, que cuidaban de su alimento corporal,
+y allí no menos profundos y eminentes filósofos, poetas y
+jurisconsultos, que cuidaban de dar pasto a su espíritu, que concurrían
+a su consejo privado, que decidían las cuestiones más arduas de derecho,
+que aguzaban y ejercitaban el ingenio con charadas y logogrifos, y que
+cantaban las glorias de la dinastía en colosales epopeyas.
+
+Los vasallos de este Rey le llamaban con razón _el Venturoso_. Todo iba
+de bien en mejor durante su reinado. Su vida había sido un tejido de
+felicidades, cuya brillantez empañaba solamente con negra sombra de
+dolor la temprana muerte de la señora Reina, persona muy cabal y hermosa
+a quien S. M. había querido con todo su corazón. Imagínate, lector, lo
+que la lloraría, y más habiendo sido él, por el mismo acendrado cariño
+que le tenía, causa inocente de su muerte.
+
+Cuentan las historias de aquel país que ya llevaba el Rey siete años de
+matrimonio sin lograr sucesión, aunque vehementemente la deseaba, cuando
+ocurrieron unas guerras en país vecino. El Rey partió con sus tropas;
+pero antes se despidió de la señora Reina con mucho afecto. Esta,
+dándole un abrazo, le dijo al oído:--No se lo digas a nadie para que no
+se rían si mis esperanzas no se logran, pero me parece que estoy en
+cinta.
+
+La alegría del Rey con esta nueva no tuvo límites, y como todo le sale
+bien al que está alegre, él triunfó de sus enemigos en la guerra, mató
+por su propia mano a tres o cuatro reyes que le habían hecho no sabemos
+qué mala pasada, asoló ciudades, hizo cautivos, y volvió cargado de
+botín y de gloria a la hermosa capital de su monarquía.
+
+Habían pasado en esto algunos meses; así es que al atravesar el Rey con
+gran pompa la ciudad, entre las aclamaciones y el aplauso de la multitud
+y el repiqueteo de las campanas, la Reina estaba pariendo, y parió con
+felicidad y facilidad, a pesar del ruido y agitación y aunque era
+primeriza.
+
+¡Qué gusto tan pasmoso no tendría S. M. cuando, al entrar en la real
+cámara, el comadrón mayor del reino le presentó a una hermosa princesa
+que acababa de nacer! El Rey dio un beso a su hija y se dirigió lleno de
+júbilo, de amor y de satisfacción, al cuarto de la señora Reina, que
+estaba en la cama tan colorada, tan fresca y tan bonita como una rosa de
+Mayo.
+
+--¡Esposa mía!--exclamó el Rey, y la estrechó entre sus brazos. Pero el
+Rey era tan robusto y era tan viva la efusión de su ternura, que sin más
+ni menos ahogó sin querer a la Reina. Entonces fueron los gritos, la
+desesperación y el llamarse a sí propio animal, con otras elocuentes
+muestras de doloroso sentimiento. Mas no por esto resucitó la Reina, la
+cual, aunque muerta, estaba divina. Una sonrisa de inefable deleite se
+diría que aún vagaba sobre sus labios. Por ellos, sin duda, había volado
+el alma envuelta en un suspiro de amor, y orgullosa de haber sabido
+inspirar cariño bastante para producir aquel abrazo. ¡Qué mujer
+verdaderamente enamorada no envidiará la suerte de esta Reina!
+
+El Rey probó el mucho cariño que le tenía, no sólo en vida de ella, sino
+después de su muerte. Hizo voto de viudez y de castidad perpetuas, y
+supo cumplirle. Mandó componer a los poetas una corona fúnebre, que aun
+dicen que se tiene en aquel reino como la más preciosa joya de la
+literatura nacional. La corte estuvo tres años de luto. Del mausoleo que
+se levantó a la Reina sólo fue posteriormente el de Caria un mezquino
+remedo.
+
+Pero como, según dice el refrán, no hay mal que dure cien años, el Rey,
+al cabo de un par de ellos, sacudió la melancolía, y se creyó tan
+venturoso o más venturoso que antes. La Reina se le aparecía en sueños,
+y le decía que estaba gozando de Dios, y la Princesita crecía y se
+desarrollaba que era un contento.
+
+Al cumplir la Princesita los quince años, era, por su hermosura,
+entendimiento y buen trato, la admiración de cuantos la miraban y el
+asombro de cuantos la oían. El Rey la hizo jurar heredera del trono, y
+trató luego de casarla.
+
+Más de quinientos correos de gabinete, caballeros en sendas cebras de
+posta, salieron a la vez de la capital del reino con despachos para
+otras tantas cortes, invitando a todos los príncipes a que viniesen a
+pretender la mano de la Princesa, la cual había de escoger entre ellos
+al que más le gustase.
+
+La fama de su portentosa hermosura había recorrido ya el mundo todo; de
+suerte que, apenas fueron llegando los correos a las diferentes cortes,
+no había príncipe, por ruin y para poco que fuese, que no se decidiera a
+ir a la capital del _Rey Venturoso_, a competir en justos, torneos y
+ejercicios de ingenio por la mano de la Princesa. Cada cual pedía al Rey
+su padre armas, caballos, su bendición y algún dinero, con lo cual al
+frente de una brillante comitiva, se ponía en camino.
+
+Era de ver cómo iban llegando a la corte de la Princesita todos estos
+altos señores. Eran de ver los saraos que había entonces en los palacios
+reales. Eran de admirar, por último, los enigmas que los príncipes se
+proponían para mostrar la respectiva agudeza; los versos que escribían;
+las serenatas que daban; los combates del arco, del pugilato y de la
+lucha, y las carreras de carros y de caballos, en que procuraba cada
+cual salir vencedor de los otros y ganarse el amor de la pretendida
+novia.
+
+Pero ésta, que a pesar de su modestia y discreción, estaba dotada, sin
+poderlo remediar, de una índole arisca, descontentadiza y desamorada,
+abrumaba a los príncipes con su desdén, y de ninguno de ellos se le
+importaba un ardite. Sus discreciones le parecían frialdades, simplezas
+sus enigmas, arrogancia sus rendimientos y vanidad o codicia de sus
+riquezas el amor que le mostraban. Apenas se dignaba mirar sus
+ejercicios caballerescos, ni oír sus serenatas, ni sonreír agradecida a
+sus versos de amor. Los magníficos regalos, que cada cual le había
+traído de su tierra, estaban arrinconados en un zaquizamí del regio
+alcázar.
+
+La indiferencia de la Princesa era glacial para todos los pretendientes.
+Sólo uno, el hijo del Kan de Tartaria, había logrado salvarse de su
+indiferencia para incurrir en su odio. Este Príncipe adolecía de una
+fealdad sublime. Sus ojos eran oblicuos, las mejillas y la barba
+salientes, crespo y enmarañado el pelo, rechoncho y pequeño el cuerpo,
+aunque de titánica pujanza, y el genio intranquilo, mofador y orgulloso.
+Ni las personas más inofensivas estaban libres de sus burlas, siendo
+principal blanco de ellas el Ministro de Negocios extranjeros del _Rey
+Venturoso_, cuya gravedad, entono y cortas luces, así como lo
+detestablemente que hablaba el _sanscrito_, lengua diplomática de
+entonces, se prestaban algo al escarnio y a los chistes.
+
+Así andaban las cosas, y las fiestas de la corte eran más brillantes
+cada día. Los Príncipes, sin embargo, se desesperaban de no ser
+queridos; el _Rey Venturoso_ rabiaba al ver que su hija no acababa de
+decidirse; y ésta continuaba erre que erre en no hacer caso de ninguno,
+salvo del Príncipe tártaro, de quien sus pullas y declarado
+aborrecimiento vengaban con usura al famoso ministro de su padre.
+
+
+II
+
+
+Aconteció, pues, que la Princesa, en una hermosa mañana de primavera,
+estaba en su tocador. La doncella favorita peinaba sus dorados, largos y
+suavísimos cabellos. Las puertas de un balcón, que daba al jardín,
+estaban abiertas para dejar entrar el vientecillo fresco y con él el
+aroma de las flores.
+
+Parecía la Princesa melancólica y pensativa y no dirigía ni una palabra
+a su sierva.
+
+Ésta tenía ya entre sus manos el cordón con que se disponía a enlazar la
+áurea crencha de su ama, cuando a deshora entró por el balcón un
+preciosísimo pájaro, cuyas plumas parecían de esmeralda, y cuya gracia
+en el vuelo dejó absortas a la señora y a su sirvienta. El pájaro,
+lanzándose rápidamente sobre esta última, le arrebató de las manos el
+cordón, y volvió a salir volando de aquella estancia.
+
+Todo fue tan instantáneo que la Princesa apenas tuvo tiempo de ver al
+pájaro, pero su atrevimiento y su hermosura le causaron la más extraña
+impresión.
+
+Pocos días después, la Princesa, para distraer sus melancolías, tejía
+una danza con sus doncellas, en presencia de los Príncipes. Estaban
+todos en los jardines y la miraban embelesados. De pronto sintió la
+Princesa que se le desataba una liga, y suspendiendo el baile, se
+dirigió con disimulo a un bosquecillo cercano para atársela de nuevo.
+Descubierta tenía ya S. A. la bien torneada pierna, había estirado ya la
+blanca media de seda, y se preparaba a sujetarla con la liga que tenía
+en la mano, cuando oyó un ruido de alas, y vio venir hacia ella el
+pájaro verde, que le arrebató la liga en el ebúrneo pico y desapareció
+al punto. La Princesa dio un grito y cayó desmayada.
+
+Acudieron los pretendientes y su padre. Ella volvió en sí, y lo primero
+que dijo fue:--«¡Que me busquen al pájaro verde... que me le traigan
+vivo... que no le maten... yo quiero poseer vivo al pájaro verde!»
+
+Mas en balde le buscaron los Príncipes. En balde, a pesar de lo
+mandado por la Princesa de que no se pensase en matar al pájaro verde,
+se soltaron contra él neblíes, sacres, gerifaltes y hasta águilas
+caudales, domesticadas y adiestradas en la cetrería. El pájaro verde no
+pareció ni vivo ni muerto.
+
+El deseo no cumplido de poseerle atormentaba a la Princesa y acrecentaba
+su mal humor. Aquella noche no pudo dormir. Lo mejor que pensaba de los
+Príncipes era que no valían para nada.
+
+Apenas vino el día, se alzó del lecho, y en ligeras ropas de levantar,
+sin corsé ni miriñaque, más hermosa e interesante en aquel _deshabillé_,
+pálida y ojerosa, se dirigió con su doncella, favorita a lo más frondoso
+del bosque que estaba a la espalda de palacio, y donde se alzaba el
+sepulcro de su madre. Allí se puso a llorar y a lamentar su suerte.--¿De
+qué me sirven, decía, todas mis riquezas, si las desprecio; todos los
+Príncipes del mundo, si no los amo; de qué mi reino, si no te tengo a
+ti, madre mía; y de qué todos mis primores y joyas, si no poseo el
+hermoso pájaro verde?
+
+Con esto, y como para consolarse algo, desenlazó el cordón de su vestido
+y sacó del pecho un rico guardapelo, donde guardaba un rizo de su madre,
+que se puso a besar. Mas apenas empezó a besarle, cuando acudió más
+rápido que nunca el pájaro verde, tocó con su ebúrneo pico los labios de
+la Princesa, y arrebató el guardapelo, que durante tantos años había
+reposado contra su corazón, y en tan oculto y deseado lugar había
+permanecido. El robador desapareció en seguida, remontando el vuelo y
+perdiéndose en las nubes.
+
+Esta vez no se desmayó la Princesa; antes bien se paró muy colorada y
+dijo a la doncella:--Mírame, mírame los labios; ese pájaro insolente me
+los ha herido, porque me arden.
+
+La doncella los miró y no notó picadura ninguna; pero indudablemente el
+pájaro había puesto en ellos algo de ponzoña, porque el traidor no
+volvió a aparecer en adelante, y la Princesa fue desmejorándose por
+grados, hasta caer enferma de mucho peligro. Una fiebre singular la
+consumía, y casino hablaba sino para decir:--Que no le maten... que me
+le traigan vivo... yo quiero poseerle.
+
+Los médicos estaban de acuerdo en que la única medicina para curar a la
+Princesa, era traerle vivo el pájaro verde. Mas ¿dónde hallarle? Inútil
+fue que le buscasen los más hábiles cazadores. Inútil que se ofreciesen
+sumas enormes a quien le trajera.
+
+El _Rey Venturoso_ reunió un gran congreso de sabios a fin de que
+averiguasen, so pena de incurrir en su justa indignación, quién era y
+dónde vivía el pájaro verde, cuyo recuerdo atormentaba a su hija.
+
+Cuarenta días y cuarenta noches estuvieron lo sabios reunidos, sin cesar
+de meditar y disertar sino para dormir un poco y alimentarse.
+Pronunciaron muy doctos y elocuentes discursos, pero nada
+averiguaron.--Señor, dijeron al cabo todos ellos al Rey, postrándose
+humildemente a sus pies e hiriendo el polvo con las respetables frentes,
+somos unos mentecatos; haz que nos ahorquen; nuestra ciencia es una
+mentira: ignoramos quién sea el pájaro verde, y sólo nos atrevemos a
+sospechar si será acaso el ave fénix del Arabia.
+
+--Levantaos, contestó el Rey con notable magnanimidad, yo os perdono y
+os agradezco la indicación sobre el ave fénix. Sin tardanza saldrán
+siete de vosotros con ricos presentes para la reina de Sabá, y con todos
+los recursos de que yo puedo disponer para cazar pájaros vivos. El fénix
+debe de tener su nido en el país sabeo, y de allí habéis de traérmele,
+si no queréis que mi cólera regia os castigue aunque tratéis de evitarla
+escondiéndoos en las entrañas de la tierra.
+
+En efecto, salieron para el Arabia siete sabios de los más versados en
+lingüística, y entre ellos el Ministro de Negocios extranjeros, sobre lo
+cual tuvo mucho que reír el Príncipe tártaro.
+
+Este príncipe envió también cartas a su padre, que era el más famoso
+encantador de aquella edad, consultándole sobre el caso del pájaro
+verde.
+
+La Princesa, en el ínterin, seguía muy mal de salud y lloraba tan
+abundantes lágrimas, que diariamente empapaba en ellas más de cincuenta
+pañuelos. Las lavanderas de palacio estaban con esto muy afanadas, y
+como entonces ni la persona más poderosa tenía tanta ropa blanca como
+ahora se usa, no hacían más que ir a lavar al río.
+
+
+III
+
+
+Una de estas lavanderas, que era, valiéndonos de cierta expresión a la
+moda, una pollita muy simpática, volvía un día, al anochecer, de lavar
+en el río los lacrimosos pañuelos de la Princesa.
+
+En medio del camino, y muy distante aún de las puertas de la ciudad, se
+sintió algo cansada y se sentó al pié de un árbol. Sacó del bolsillo una
+naranja; y ya iba a mondarla para comérsela, cuando se le escapó de las
+manos y empezó a rodar por aquella cuesta abajo con singular ligereza.
+La muchachuela corrió en pos de su naranja; pero mientras más corría,
+más la naranja se adelantaba, sin que jamás se parase y sin que ella
+llegase a alcanzarla en la carrera, si bien no la perdía de vista.
+Cansada de correr, y sospechando, aunque poco experimentada en las
+cosas del mundo, que aquella naranja tan corredora no era del todo
+natural, la pobre se detenía a veces y pensaba en desistir de su empeño;
+pero la naranja al punto se detenía también, como si ya hubiese cesado
+en su movimiento y convidase a su dueño a que de nuevo la cogiese.
+Llegaba ella a tocarla con la mano, y la naranja se le deslizaba otra
+vez y continuaba su camino.
+
+Embelesada estaba la lavanderilla en tan inaudita persecución, cuando
+notó al fin que se hallaba en un bosque intrincado, y que la noche se le
+venía encima, oscura como boca de lobo. Entonces tuvo miedo, y rompió en
+desconsoladísimo llanto. La oscuridad creció rápidamente, y ya no le
+permitió ni ver la naranja, ni orientarse, ni dar con el camino para
+volverse atrás.
+
+Iba pues, vagando a la ventura, afligidísima y muerta de hambre y
+cansancio, cuando columbró no muy lejos unas brillantes lucecitas.
+Imaginó ser las de la ciudad; dio gracias a Dios, y enderezó sus pasos
+hacia aquellas luces. Pero cuán grande no sería su sorpresa al
+encontrarse, a poco trecho y sin salir del intrincado bosque, a las
+puertas de un suntuosísimo palacio, que parecía un ascua de oro por lo
+que brillaba, y en cuya comparación pasaría por una pobre choza el
+espléndido alcázar del _Rey Venturoso_.
+
+No había guardia, ni portero, ni criados que impidiesen la entrada, y la
+chica, que no era corta, y que además sentía el estímulo de la
+curiosidad y el deseo de albergarse y de comer algo, traspasó los
+umbrales, subió por una ancha y lujosa escalera de bruñido jaspe, y
+empezó a discurrir por los más ricos y elegantes salones que imaginarse
+pueden, aunque siempre sin ver a nadie. Los salones estaban, sin
+embargo, profusamente iluminados por mil lámparas de oro, cuyo perfumado
+aceite difundía suavísima fragancia. Los primorosos objetos, que en los
+salones había, eran para espantar por su riqueza y exquisito gusto, no
+ya a la lavanderilla, que poco de esto había disfrutado, sino a la
+mismísima reina Victoria, que hubiera confesado la relativa inferioridad
+de la industria inglesa, y hubiera dado patentes y medallas a los
+inventores y fabricantes de todos aquellos artículos.
+
+La lavandera los admiró a su sabor, y admirándolos se fue poco a poco
+hacia un sitio de donde salía un rico olorcillo de viandas muy suculento
+y delicioso. De esta suerte llegó a la cocina; pero ni jefe, ni
+sota-cocineros, ni pinches, ni fregatrices había en ella; todo estaba
+desierto, como el resto del palacio. Ardían, no obstante, el fogón, el
+horno y las hornillas, y en ellos estaban al fuego infinito número de
+peroles, cacerolas y otras vasijas. Levantó nuestra aventurera la
+cubierta de una cacerola y vio en ella unas anguilas; levantó otra y vio
+una cabeza de jabalí desosada y rellena de pechugas de faisanes y de
+trufas; en resolución, vio los manjares más exquisitos que se presentan
+en las mesas de los reyes, emperadores y papas: y hasta vio algunos
+platos, al lado de los cuales los imperiales, papales y regios, serían
+tan groseros, como al lado de estos un potaje de judías o un gazpacho.
+
+Animada la chica con lo que veía y olía, se armó de un cuchillo y de un
+trinchante, y se lanzó con resolución sobre la cabeza de jabalí. Mas
+apenas hubo llegado a ella, recibió en sus manos un golpe, dado al
+parecer por otra poderosa e invisible, y oyó una voz que le decía, tan
+de cerca que sintió la agitación del aire y el aliento caliente y vivo
+de las palabras:
+
+--¡Tate... que es para mi señor el Príncipe!
+
+Se dirigió entonces a unas truchas salmonadas, creyéndolas manjar menos
+principesco y que le dejarían comer; pero la mano invisible vino de
+nuevo a castigar su atrevimiento, y la voz misteriosa a repetirle:
+
+--¡Tate... que es para mi señor el Príncipe!
+
+Tentó, por último, mejor fortuna en tercero, cuarto y quinto plato, pero
+siempre le aconteció lo propio; así tuvo con harta pena que resignarse a
+ayunar, y se salió despechada de la cocina.
+
+Volvió luego a recorrer los salones, donde reinaba siempre la misma
+misteriosa soledad y donde el más profundo silencio parecía tener su
+morada, y llegó a una alcoba lindísima, en la cual sólo dos o tres
+luces, encerradas y amortecidas en vasos de alabastro, derramaban una
+claridad indecisa y voluptuosa, que estaba convidando al reposo y al
+sueño. Había en esta alcoba una cama tan cómoda y mullida, que nuestra
+lavandera, que estaba cansadísima, no pudo resistir a la tentación de
+tenderse en ella y descansar. Iba a poner en ejecución su propósito, y
+ya se había sentado y se disponía a tenderse, cuando en la parte misma
+de su cuerpo con que acababa de tocar la cama, sintió una dolorosa
+picadura, como si con un alfiler de a ochavo la punzasen, y oyó de nuevo
+una voz que decía:
+
+--¡Tate... que es para mi señor el Príncipe!
+
+No hay que decir que la lavanderilla se asustó y afligió con esto,
+resignándose a no dormir, como a no comer se había ya resignado; y para
+distraer el hambre y el sueño se puso a registrar cuantos objetos había
+en la alcoba, llevando su curiosidad hasta levantar las colgaduras y los
+tapices.
+
+Detrás de uno de éstos descubrió nuestra heroína una primorosa
+puertecilla secreta de sándalo, con embutidos de nácar. La empujó
+suavemente, y cediendo la puerta, se encontró en una escalera de
+caracol, de mármol blanco. Por ella bajó sin detenerse a uno como
+invernáculo, donde crecían las plantas y las flores más aromáticas y
+extrañas, y en cuyo centro había una taza inmensa, hecha, al parecer, de
+un solo, limpio y diáfano topacio. Se levantaba del medio de la taza un
+surtidor tan gigantesco como el que hay ahora en la Puerta del Sol, pero
+con la diferencia de que el agua del de la Puerta del Sol es natural y
+ordinaria, y la de éste era agua de olor, y tenía, además, en sí misma
+todos las colores del iris y luz propia, lo cual, como ya calculará el
+lector, le daba un aspecto sumamente agradable.--Hasta el murmullo que
+hacía esta agua al caer tenía algo de más musical y acordado que el que
+producen otras, y se diría que aquel surtidor cantaba alguna de las más
+enamoradas canciones de Mozart o de Bellini.
+
+Absorta estaba la lavandera mirando aquellas bellezas y gozando de
+aquella armonía, cuando oyó un grande estrépito y vio abrirse una
+ventana de cristales.
+
+La lavandera se escondió precipitadamente detrás de una masa de verdura,
+a fin de no ser vista y poder ver a las personas o seres, que sin duda
+se acercaban.
+
+Éstos eran tres pájaros rarísimos y lindísimos, uno de ellos todo verde,
+y brillante como una esmeralda. En él creyó ver la lavandera, con
+notable contento, al que era causa, según todo el mundo aseguraba, de la
+pertinaz dolencia de la __Princesa Venturosa__. Los otros dos pájaros no
+eran, ni con mucho, tan bellos; pero tampoco carecían de mérito
+singular. Los tres venían con muy ligero vuelo, y los tres se abatieron
+sobre la taza de topacio y se zambulleron en ella.
+
+A poco rato vio la lavandera que del seno diáfano del agua salían tres
+mancebos tan lindos, bien formados y blancos, que parecían estatuas
+peregrinas hechas por mano maestra, con mármol teñido de rosas. La
+chica, que en honor de la verdad se debe decir que jamás había visto
+hombres desnudos, y que de ver a su padre, a sus hermanos y a otros
+amigos, vestidos y mal vestidos, no podía deducir hasta dónde era capaz
+de elevarse la hermosura humana masculina, se figuró que miraba a tres
+genios inmortales o a tres ángeles del cielo. Así es, que sin
+ruborizarse, los siguió mirando con bastante complacencia, como objetos
+santos y nada pecaminosos. Pero los tres salieron al punto del agua, y
+pronto se vistieron de elegantes ropas.
+
+Uno de ellos, el más hermoso de los tres, llevaba sobre la cabeza una
+diadema de esmeraldas y era acatado de los otros, como señor soberano.
+Si desnudo le pareció a la lavanderilla un ángel o un genio por la
+hermosura, ya vestido la deslumbró con su majestad, y le pareció el
+emperador del mundo y el príncipe más adorable de la tierra.
+
+Aquellos señores se dirigieron en seguida al comedor y se sentaron en
+una espléndida mesa, donde había tres cubiertos preparados. Una música
+sumisa e invisible les hizo salva al llegar y les regaló los oídos
+mientras comían. Criados, invisibles también, iban trayendo los platos
+y sirviendo admirablemente la mesa. Todo esto lo veía y notaba la
+lavanderilla, que sin ser vista ni oída, había seguido a aquellos
+señores, y estaba escondida en el comedor detrás de un cortinaje.
+
+Desde allí pudo oír algo de la conversación, y comprender que el más
+hermoso de los mancebos era el Príncipe heredero del grande imperio de
+la China, y los otros dos, el uno su secretario y el otro su escudero
+más querido; los cuales estaban encantados y transformados en pájaros
+durante todo el día, y sólo por la noche recobraban su ser natural,
+previo el baño de la fuente.
+
+Notó, asimismo, la curiosa lavandera que el Príncipe de las esmeraldas
+apenas comía, aunque sus familiares le rogaban que comiese, y que se
+mostraba melancólico y arrobado, exhalando a veces delo más hondo del
+hermosísimo pecho un ardiente suspiro.
+
+
+IV.
+
+
+Refieren las crónicas que vamos extractando que, terminado ya aquel
+opíparo y poco alegre festín, el Príncipe de las esmeraldas, volviendo
+en sí como de un sueño, alzó la voz y dijo:
+
+--Secretario, tráeme la cajita de mis entretenimientos.
+
+El secretario se levantó de la mesa y volvió de allí a poco con la
+cajita más preciosa que han visto ojos mortales. Aquella en que encerró
+Alejandro la _Iliada_ era, en comparación de ésta, más chapucera y pobre
+que una caja de turrón de Jijona.
+
+El Príncipe tomó la cajita en sus manos, la abrió y estuvo largo rato
+contemplando con ojos amorosos lo que había en el fondo de ella. Metió
+luego la mano en la cajita y sacó un cordón. Lo besó apasionadamente,
+derramó sobre él lágrimas de ternura y prorrumpió en estas palabras:
+
+ ¡Ay cordoncito de mi señora!
+ ¡Quién la viera ahora!
+
+Colocó de nuevo el cordón en la cajita, y sacó de ella una liga bordada
+y muy limpia. La besó, la acarició también y exclamó al besarla:
+
+ ¡Ay linda liga de mi señora!
+ ¡Quién la viera ahora!
+
+Sacó, por último, un precioso guardapelo, y si mucho había besado cordón
+y liga, más le besó y más le acarició aún, diciendo con acento
+tristísimo, que partía los corazones y hasta las peñas:
+
+ ¡Ay guardapelo de mi señora!
+ ¡Quién la viera ahora!
+
+A poco el Príncipe y los dos familiares se retiraron a sus alcobas, y la
+lavanderilla no se atrevió a seguirlos. Viéndose sola en el comedor, se
+acercó a la mesa, donde aún estaban casi intactos los ricos manjares,
+los confites, las frutas y los generosos y chispeantes vinos; pero el
+recuerdo de la voz misteriosa y de la mano invisible la detenían, y la
+obligaban a contentarse con mirar y oler.
+
+Para gozar de este incompleto deleite, se acercó tanto a los manjares,
+que vino a ponerse entre la mesa y la silla del Príncipe. Entonces
+sintió, no ya una, sino dos manos invisibles que le caían sobre los
+hombros oprimiéndola. La voz misteriosa le dijo:
+
+--Siéntate y come.
+
+En efecto, se bailó sentada en la misma silla del Príncipe; y, ya
+autorizada por la voz, se puso a comer con un apetito extraordinario,
+que la novedad y lo exquisito de la comida hacían mayor aún, y comiendo
+se quedó profundamente dormida.
+
+Cuando despertó, era muy de día. Abrió los ojos, y se encontró en medio
+del campo, tendida al pié del árbol donde había querido comerse la
+naranja. Allí estaba la ropa que había traído del río, y hasta la
+naranja corredora estaba allí también.
+
+--¿Si habrá sido todo un sueño? dijo para sí la lavanderilla. Quisiera
+volver al palacio del Príncipe de la China para cerciorarme de que
+aquellas magnificencias son reales y no soñadas.
+
+Diciendo esto, tiró al suelo la naranja para ver si le mostraba
+nuevamente el camino; pero la naranja rodaba un poco, y luego se detenía
+en cualquiera hoyo o tropiezo, o cuando el impulso con que se movía
+dejaba de ser eficaz. En suma, la naranja hacía lo que hacen de
+ordinario, en idénticas circunstancias, todas las naranjas naturales. Su
+conducta no tenía nada de extraño ni de maravilloso.
+
+Despechada entonces la muchacha, partió la naranja y vio que por dentro
+era como las demás. Se la comió, y le supo a lo mismo que cuantas
+naranjas había comido antes.
+
+Ya apenas dudó de que había soñado.--Ningún objeto tengo, añadió, con
+que convencerme a mí propia de la realidad de lo que he visto; mas iré a
+ver a la Princesa y se lo contaré todo, por lo que pueda importarle.
+
+
+V.
+
+
+Mientras acontecían, en sueño o en realidad los poco ordinarios sucesos
+que quedan referidos, la __Princesa Venturosa__, fatigada de tanto llorar,
+estaba durmiendo tranquilamente, y aunque eran ya las ocho de la mañana,
+hora en que todo el mundo solía estar levantado y aun almorzado en
+aquella época, la Princesita, sin dar acuerdo de su persona, seguía en
+la cama.
+
+Muy interesante juzgó, sin duda, su doncella favorita las nuevas que le
+traía, cuando se atrevió a despertarla. Entró en su alcoba, abrió la
+ventana y exclamó con alborozo:
+
+--Señora, señora, despertad y alegraos, que ya hay quien os traiga
+nuevas del pájaro verde.
+
+La Princesa se despertó, se restregó los ojos, se incorporó y dijo:
+
+--¿Han vuelto los siete sabios que fueron al país sabeo?
+
+--Nada de eso, contestó la doncella; quien trae las nuevas es una de las
+lavanderillas que lavan los lacrimosos pañuelos de V. A.
+
+--Pues hazla entrar al momento.
+
+Entró la lavanderilla, que estaba ya detrás de una puerta aguardando
+este permiso, y empezó a referir con gran puntualidad y despejo cuanto
+le había pasado.
+
+Al oír la aparición del pájaro verde, la Princesa se llenó de júbilo, y
+al escuchar su salida del agua convertido en hermoso Príncipe, se puso
+encendida como la grana, una celestial y amorosa sonrisa vagó sobre sus
+labios, y sus ojos se cerraron blandamente como para reconcentrarse ella
+en sí misma y ver al Príncipe con los ojos del alma. Por último, al
+saber la mucha estima, veneración y afecto que el Príncipe le tenía, y
+el amor y cuidado con que guardaba las tres prendas robadas en la
+preciosa cajita de sus entretenimientos, la Princesita, a pesar de su
+modestia, no pudo contenerse, abrazó y besó a la lavanderilla y a la
+doncella, e hizo otros extremos no menos disculpables, inocentes y
+delicados.
+
+--Ahora sí, decía, que puedo llamarme propiamente la Princesa
+Venturosa. Este capricho de poseer el pájaro verde no era capricho, era
+amor. Era, y es un amor, que por oculto y no acostumbrado camino, ha
+penetrado en mi corazón. No he visto al Príncipe, y creo que es hermoso.
+No le he hablado, y presumo que es discreto. No sé de los sucesos de su
+vida, sino que está encantado y que me tiene encantada, y doy por cierto
+que es valiente, generoso y leal.
+
+--Señora, dijo la lavanderilla, yo puedo asegurar a V. A. que el
+Príncipe, si mi visión no es un sueño vano, parece un pino de oro, y
+tiene una cara tan bondadosa y dulce que da gloria verla. El secretario
+no es mal mozo tampoco; pero al que yo, no sé por qué, le he tomado
+afición, es al escudero.
+
+--Tú te casarás con el escudero, replicó la Princesa. Mi doncella, si
+gusta, se casará con el secretario, y ambas seréis mandarinas y damas de
+mi corte. Tu sueño no ha sido sueño, sino realidad. El corazón me lo
+dice. Lo que importa ahora es desencantar a los tres pájaros mancebos.
+
+--¿Y cómo podremos desencantarlos? dijo la doncella favorita.
+
+--Yo misma, contestó la Princesa, iré al palacio en que viven y allí
+veremos. Tú me guiarás, lavanderilla.
+
+Ésta, que no había terminado su narración, la terminó entonces, e hizo
+ver que no podía servir de guía.
+
+La Princesa la escuchó con mucha atención, estuvo meditando un rato, y
+dijo luego a la doncella.
+
+--Ve a mi biblioteca y tráeme el libro de _Los Reyes contemporáneos_ y el
+_Almanaque astronómico_.
+
+Venidos que fueron estos volúmenes, hojeó la Princesa el de Los Reyes, y
+leyó en alta voz los siguientes renglones:
+
+«El mismo día en que murió el Emperador chinesco, su único hijo, que
+debía heredarle, desapareció de la corte y de todo el imperio. Sus
+súbditos, creyéndole muerto, han tenido que someterse al Kan de
+Tartaria.»
+
+--¿Qué deducís de eso, señora? dijo la doncella.
+
+--¿Qué he de deducir, respondió la __Princesa Venturosa__, sino que el Kan
+de Tartaria es quien tiene encantado a mi Príncipe para usurparle la
+corona? He ahí por qué aborrezco yo tanto al Príncipe tártaro. Ahora me
+lo explico todo.
+
+--Pero no basta explicarlo; menester es remediarlo, dijo la lavandera.
+
+--De ello trato--añadió la Princesa--y para ello conviene que al
+instante se manden hombres armados, que inspiren la mayor confianza, a
+todos los caminos y encrucijadas por donde puedan venir los correos que
+envió el Príncipe tártaro al Rey su padre, para consultarle sobre el
+caso del pájaro verde. Las cartas que trajeren les serán arrebatadas y
+se me entregarán. Si los mensajeros se resisten, serán muertos; si
+ceden, serán aprisionados e incomunicados, a fin de que nadie sepa lo
+que acontece. Ni el Rey mi padre ha de saberlo. Todo lo dispondremos
+entre las tres con el mayor sigilo. Aquí tenéis dinero bastante para
+comprar el silencio, la fidelidad y la energía de los hombres que han de
+ejecutar mi proyecto.
+
+Y efectivamente, la Princesa, que ya se había levantado y estaba de bata
+y en babuchas, sacó de un escaparate dos grandes bolsas llenas de oro, y
+se las dio a sus confidentas.
+
+Éstas partieron sin tardanza a poner en ejecución lo convenido, y la
+__Princesa Venturosa__ se quedó estudiando profundamente el _Almanaque
+astronómico_.
+
+
+VI.
+
+
+Cinco días habían pasado desde el momento en que tuvo lugar la escena
+anterior. La Princesa no había llorado en todo ese tiempo, causando no
+poco asombro y placer al Rey su padre. La Princesa había estado hasta
+jovial y bromista, dando leves esperanzas a los Príncipes pretendientes
+de que al fin se decidiría por uno de ellos, porque los pretendientes se
+las prometen siempre felices.
+
+Nadie había sospechado la causa de tan repentina mudanza y de tan
+inesperado alivio en la Princesa.
+
+Sólo el Príncipe tártaro, que era diabólicamente sagaz, recelaba, aunque
+de una manera muy vaga, que la Princesa había recibido alguna noticia
+del pájaro verde. Tenía, además, el Príncipe tártaro el misterioso
+presentimiento de una gran desgracia, y había adivinado por el arte
+mágica, que su padre le enseñara, que en el pájaro verde debía mirar un
+enemigo. Calculando, además, como sabedor del camino y del tiempo que en
+él debe emplearse, que aquel día debían llegar los mensajeros que envió
+a su padre, y ansioso de saber lo que respondía éste a la consulta que
+le hizo, montó a caballo al amanecer, y con cuarenta de los suyos, todos
+bien armados, salió en busca de los mensajeros referidos.
+
+Mas aunque el Príncipe tártaro salió con gran secreto, la Princesa
+Venturosa, que tenía espías, y estaba, como vulgarmente se dice, con la
+barba sobre el hombro, supo al instante su partida, y llamó a consejo a
+la lavanderilla y a la doncella.
+
+Luego que las tuvo presentes, les dijo muy angustiada:
+
+--Mi situación es terrible. Tres veces he ido inútilmente a tirar la
+naranja debajo del árbol, desde donde la tiró la lavanderilla; pero la
+naranja no ha querido guiarme al alcázar de mi amante. Ni le he visto,
+ni he podido averiguar el modo de desencantarle. Sólo he averiguado, por
+el _Almanaque astronómico_, que la noche en que la lavanderilla le vio,
+era el equinoccio de primavera. Acaso no sea posible volver a verle
+hasta el próximo equinoccio de la misma estación, y ya para entonces el
+Príncipe tártaro me le habrá muerto. El Príncipe tártaro le matará en
+cuanto reciba la carta de su padre, y ya ha salido a buscarla con
+cuarenta de los suyos.
+
+--No os aflijáis, hermosa Princesa--dijo la doncella favorita;--tres
+partidas de cien hombres están esperando a los mensajeros en diferentes
+puntos para arrebatarles la carta y traérosla. Los trescientos son
+briosos, llevan armas de finísimo temple, y no se dejarán vencer por el
+Príncipe tártaro a pesar de sus artes mágicas.
+
+--Sin embargo, yo soy de opinión--añadió la lavandera--de que se envíen
+más hombres contra el Príncipe tártaro. Aunque éste, a la verdad, sólo
+lleva cuarenta consigo, todos ellos, según se dice, tienen corazas y
+flechas encantadas, que a cada uno le hacen valer por diez.
+
+El prudente consejo de la lavandera fue adoptado en seguida. La Princesa
+hizo venir secretamente a su estancia al más bizarro y entendido general
+de su padre. Le contó todo lo que pasaba, le confió sus penas, y le
+pidió su apoyo. Éste se le otorgó, y reuniendo apresuradamente un
+numeroso escuadrón de soldados, salió de la capital decidido a morir en
+la demanda o traer a la Princesa la carta del Kan de Tartaria y al hijo
+del Kan, vivo o muerto.
+
+Después de la partida del general, la Princesa juzgó conveniente
+informar al _Rey Venturoso_ de cuanto había acontecido. El Rey se puso
+fuera de sí. Dijo que toda la historia del pájaro verde era un sueño
+ridículo de su hija y de la lavandera, y se lamentó de que, fundada su
+hija en un sueño, enviase a tantos asesinos contra un Príncipe ilustre,
+faltando a las leyes de la hospitalidad, al derecho de gentes y a todos
+los preceptos morales.
+
+--¡Ay hija!--exclamaba--tú has echado un sangriento borrón sobre mi
+claro nombre, si esto no se remedia.
+
+La Princesa se acongojó también, y se arrepintió de lo que había hecho.
+A pesar de su vehemente amor al Príncipe de la China, prefería ya
+dejarle eternamente encantado a que por su amor se derramase una sola
+gota de sangre.
+
+Así es que enviaron despachos al general para que no empeñase una
+batalla; pero todo fue inútil. El general había ido tan veloz, que no
+hubo medio de alcanzarle. Entonces aún no había telégrafos, y los
+despachos no pudieron entregarse. Cuando llegaron los correos donde
+estaba el general, vieron venir huyendo a todos los soldados del Rey y
+los imitaron. Los cuarenta de la escolta tártara, que eran otros tantos
+genios, corrían en su persecución trasformados en espantosos vestiglos,
+que arrojaban fuego por la boca.
+
+Sólo el general, cuya bizarría, serenidad y destreza en las armas rayaba
+en lo sobrehumano, permaneció impávido en medio de aquel terror harto
+disculpable. El general se fue hacia el Príncipe, único enemigo no
+fantástico con quien podía habérselas, y empezó a reñir con él la más
+brava y descomunal pelea. Pero las armas del Príncipe tártaro estaban
+encantadas, y el general no podía herirle. Conociendo entonces que era
+imposible acabar con él si no recurría a una estratajema, se apartó un
+buen trecho de su contrario, se desató rápidamente una larga y fuerte
+faja de seda que le ceñía el talle, hizo con ella, sin ser notado, un
+lazo escurridizo, y revolviendo sobre el Príncipe con inaudita
+velocidad, le echó al cuello el lazo, y siguió con su caballo a todo
+correr, haciendo caer al Príncipe y arrastrándole en la carrera.
+
+De esta suerte ahogó el general al Príncipe tártaro. No bien murió, los
+genios desaparecieron, y los soldados del _Rey Venturoso_ se rehicieron
+y reunieron a su jefe. Este esperó con ellos a los enviados que traían
+la carta del Kan de Tartaria, y que no se hicieron esperar mucho tiempo.
+
+Al anochecer de aquel mismo día volvió a entrar el general en el palacio
+del _Rey Venturoso_ con la carta del Kan de Tartaria entre las manos.
+Haciendo un gentil y respetuoso saludo, se la entregó a la Princesa.
+
+Rompió ésta el sello y se puso a leer, pero inútilmente: no entendió una
+palabra. Al _Rey Venturoso_ le sucedió lo mismo. Llamaron a todos los
+empleados en la interpretación de lenguas, que no descifraron tampoco
+aquella escritura. Los individuos de las doce reales academias vinieron
+luego y no se mostraron más hábiles.
+
+Los siete sabios, tan profundos en lingüística, que acababan de llegar
+sin el ave fénix, y que _por ende_ estaban condenados a morir, acudieron
+también; mas, aunque se les prometió el perdón si leían aquella carta,
+no acertaron a leerla, ni pudieron decir en qué lengua estaba escrita.
+
+El _Rey Venturoso_ se creyó entonces el más desventurado de todos los
+reyes; se lamentó de haber sido cómplice en un crimen inútil, y temió la
+venganza del poderoso Kan de Tartaria. Aquella noche no pudo pegar los
+ojos hasta muy tarde.
+
+Su dolor fue, con todo, mucho más desesperado, cuando al despertarse al
+otro día muy de mañana supo que la Princesa había desaparecido,
+dejándole escritas las siguientes palabras:
+
+«Padre, ni me busques, ni pretendas averiguar adonde voy, si no quieres
+verme muerta. Bástete saber que vivo y que estoy bien de salud, aunque
+no volverás a verme hasta que tenga descifrada la carta misteriosa del
+Kan y desencantado a mi querido Príncipe. Adiós.»
+
+
+VII.
+
+
+La __Princesa Venturosa__ había ido con sus dos amigas a pié, y en
+romería, a visitar a un santo ermitaño que vivía en las soledades y
+asperezas de unas montañas altísimas que a corta distancia de la capital
+se parecían.
+
+Aunque la Princesa y sus amigas hubiesen querido ir caballeras hasta la
+ermita, no hubiera sido posible. El camino era más propio de cabras que
+de camellos, elefantes, caballos, mulos y asnos, que, con perdón sea
+dicho, eran los cuadrúpedos en que se solía cabalgar en aquel reino. Por
+esto y por devoción fue la Princesa a pió y sin otra comitiva que sus
+dos confidentas.
+
+El ermitaño que iban a visitar era un varón muy penitente y estaba en
+olor de santidad. El vulgo pretendía también que el ermitaño era
+inmortal, y no dejaba de tener razonables fundamentos para esta
+pretensión. En toda la comarca no había memoria de cuándo fue el
+ermitaño a establecerse en lo recóndito de aquella sierra, en la cual
+raras veces se dejaba ver de ojos humanos.
+
+La Princesa y sus amigas, atraídas por la fama de su virtud y de su
+ciencia anduvieron buscándole siete días por aquellos vericuetos y
+andurriales. Durante el día caminaban en su busca entre breñas y
+malezas. Por la noche se guarecían en las concavidades de los peñascos.
+Nadie había que las guiase, así por lo fragoso del sitio, ni de los
+cabrerizos frecuentado, como por el temor que inspiraba la maldición del
+ermitaño, pronto a echarla a quien invadía su dominio temporal, o a
+quien le perturbaba en sus oraciones. Ya se entiende que este ermitaño,
+tan maldiciente, era pagano. A pesar de la natural bondad de su alma, su
+religión sombría y terrible le obligaba a maldecir y a lanzar anatemas.
+
+Pero las tres amigas, imaginando, como por inspiración, que sólo el
+ermitaño podía descifrarles la carta, se decidieron a arrostrar sus
+maldiciones y le buscaron, según queda dicho, por espacio de siete
+días.
+
+En la noche del séptimo iban ya las tres peregrinas a guarecerse en una
+caverna para reposar, cuando descubrieron al ermitaño mismo, orando en
+el fondo. Una lámpara iluminaba con luz incierta y melancólica aquel
+misterioso retiro.
+
+Las tres temblaron de ser maldecidas, y casi se arrepintieron de haber
+ido hasta allí. Pero el ermitaño, cuya barba era más blanca que la
+nieve, cuya piel estaba más arrugada que una pasa, y cuyo cuerpo se
+asemejaba a un consunto esqueleto, echó sobre ellas una mirada
+penetrante con unos ojos, aunque hundidos, relucientes como dos acuas, y
+dijo con voz entera, alegre y suave:
+
+--Gracias al cielo que al fin estáis aquí. Cien años ha que os espero.
+Deseaba la muerte, y no podía morir hasta cumplir con vosotras un deber
+que me ha impuesto el rey de los genios. Yo soy el único sabio que habla
+aún y entiende la lengua riquísima que se hablaba en Babel antes de la
+confusión. Cada palabra de esta lengua es un conjuro eficaz que fuerza y
+mueve a las potestades infernales a servir a quien le pronuncia. Las
+palabras de esta lengua tienen la virtud de atar y desatar todos los
+lazos y leyes que unen y gobiernan las cosas naturales. La cabala no es
+sino un remedo groserísimo de esta lengua incomunicable y fecunda.
+Dialectos pobrísimos e imperfectísimos de ella son los más hermosos y
+completos idiomas del día. La ciencia de ahora, mentira y charlatanería,
+en comparación de la ciencia que aquella lengua llevaba en sí misma.
+Cada nombre de esta lengua contiene en sus letras la esencia de la cosa
+nombrada y sus ocultas calidades. Las cosas todas, al oírse llamar por
+su verdadero nombre, obedecen a quien las llama. Era tal el poder del
+linaje humano cuando poseía esta lengua, que pretendió escalar el cielo,
+y lo hubiera indudablemente conseguido, si el cielo no hubiese dispuesto
+que la lengua primitiva se olvidase.
+
+Sólo tres sabios bien intencionados, de los cuales han muerto ya dos,
+guardaron en la memoria aquel idioma. Le guardaron asimismo, por
+especial privilegio de los diablos, Nembrot y sus descendientes. El
+último, de éstos murió, una semana ha, por disposición tuya, ¡oh
+__Princesa Venturosa__! y ya no queda en el mundo sino una sola persona
+que pueda descifrarte la carta del Kan de Tartaria. Esa persona soy yo;
+y para hacerte ese servicio, el rey de los genios ha conservado siglos
+mi vida.
+
+--Pues aquí tienes la carta, ¡oh venerable y profundo sabio! dijo la
+Princesa, poniendo en manos del ermitaño el misterioso escrito.
+
+--Al punto voy a descifrártela, contestó el ermitaño, y se caló los
+espejuelos, y se acercó a la lámpara para leer. Has de dos horas estuvo
+leyendo en alta voz en la lengua en que la carta estaba escrita. A cada
+palabra que pronunciaba, el universo se conmovía, las estrellas se
+cubrían de mortal palidez, la luna temblaba en el cielo, como tiembla su
+imagen entre las olas del Océano, y la Princesa y sus amigas tenían que
+cerrar los ojos y que taparse los oídos para no ver los espectros que se
+mostraban, y para no oír las voces portentosas, terribles o dolientes,
+que partían de las entrañas mismas de la conturbada naturaleza.
+
+Acabada la lectura, se quitó el ermitaño los espejuelos, y dijo con voz
+reposada:
+
+--No es justo, ni conveniente, ni posible ¡oh _Princesa Venturosa_! que
+sepas todo lo que en esta abominable carta se encierra. No es justo ni
+conveniente, porque hay en ella tremebundos y endemoniados misterios. No
+es posible, porque en cuantas lenguas humanas se hablan en el día son
+estos misterios inefables, inenarrables y hasta inexplicables. El linaje
+humano por medio de su incompleta y enfermiza razón llegará a conocer,
+cuando pasen millares de años, algunos accidentes de las cosas; pero
+siempre ignorará la sustancia que yo conozco, que conoce el Kan de
+Tartaria y que han conocido los sabios primitivos que se valieron, para
+sus _elocubraciones_, de esta lengua perfectísima e intransmisible ya por
+nuestros pecados.
+
+--Pues estamos frescas, dijo la lavanderilla; si después de lo que hemos
+pasado para encontraros, y siendo vos el único que podéis traducir esa
+enmarañada carta, salís ahora con que no queréis traducirla.
+
+--Ni quiero ni debo, replicó el vetusto y secular ermitaño; pero sí os
+diré lo que la carta contiene de interesante para vosotras, y os lo diré
+en brevísimas palabras, sin pararme en dibujos, porque los momentos de
+mi vida están contados y mi muerte se acerca.
+
+El Príncipe de la China es por sus virtudes, talento y hermosura, el
+favorito del rey de los genios, el cual le ha salvado mil veces de las
+asechanzas que el Kan de Tartaria ponía contra su vida. Viendo el Kan
+que le era imposible matarle, determinó valerse de un encanto para
+tenerle lejos de sus súbditos y reinar en lugar suyo en el celeste
+imperio. Bien hubiera querido el Kan que este encanto fuera
+indestructible y eterno, mas no pudo lograrlo a pesar de sus
+maravillosos conocimientos en la magia. El rey de los genios se opuso a
+su mal deseo, y si bien no pudo hacer completamente ineficaces sus
+encantamentos y conjuros, supo despojarlos de gran parte de su malicia.
+
+Al Príncipe, aunque convertido en pájaro, se le dio facultad para
+recobrar por la noche su verdadera figura. Tuvo también el Príncipe un
+palacio, donde vivir y ser tratado con todo el miramiento, honores y
+regalo debidos a su augusta categoría. Se acordó, por último, su
+desencanto, si se cumplían las siguientes condiciones, que el Kan, así
+por la mala opinión que tienen de las mujeres, como por lo pervertida y
+viciosa qué está la raza humana en general, juzgó imposibles de cumplir.
+
+Fue la primera condición, ya cumplida, que una mujer de veinte años,
+discreta, briosa y apasionada y de la más baja clase del pueblo, viese a
+los tres mancebos encantados, que son los más hermosos que hay en el
+mundo, salir desnudos del baño, y que la limpieza y castidad de su alma
+fuesen tales que no se turbasen ni empañasen con el más ligero estímulo
+de liviandad. Esta prueba había de hacerse en el equinoccio de
+primavera, cuando la naturaleza toda excita al amor. La mujer debía
+sentirle por la hermosura y admirarla vivamente; pero de un modo
+espiritual y santísimo.
+
+Fue la segunda condición, ya cumplida también, que el Príncipe sin poder
+mostrarse sino tres instantes, y esto bajo la forma de pájaro verde,
+inspirase un amor tan vehemente y casto, cuanto invencible, a una
+Princesa de su clase.
+
+La tercera condición, que ahora se está acabando de cumplir, fue que la
+Princesa se apoderase de esta carta, y que yo la interpretara.
+
+La cuarta y última condición, en cuyo cumplimiento habéis de intervenir
+las tres doncellas que me estáis oyendo, es como sigue. Sólo me quedan
+dos minutos de vida, mas antes de morir os pondré en el palacio del
+Príncipe al lado de la taza de topacio. Allí irán los pájaros y se
+zambullirán y se transformarán en hermosísimos mancebos. Vosotras tres
+los veréis; mas habéis de conservar, viéndolos, toda la castidad de
+vuestros pensamientos, y toda la virginidad de vuestras almas, amando,
+empero, cada una a uno de los tres, con un amor santo e inocente. La
+Princesa ama ya al Príncipe de la China y la lavanderilla al escudero, y
+ambas han mostrado la inocencia de su amor: ahora falta que la doncella
+favorita de la Princesa se enamore del secretario por idéntico estilo.
+Cuando los tres mancebos encantados vayan al comedor, los seguiréis sin
+ser vistas, y allí permaneceréis hasta que el Príncipe pida la cajita de
+sus entretenimientos y diga, besando el cordoncito:
+
+ ¡Ay, cordoncito de mi señora!
+ ¡Quién la viera ahora!
+
+La Princesa, entonces, y vosotras con la Princesa, os mostrareis al
+punto, y cada una dará un tierno beso en la mejilla izquierda al objeto
+de su amor. El encanto quedará deshecho en el acto, el Kan de Tartaria
+morirá de repente, y el Príncipe de la China, no sólo poseerá el celeste
+imperio, sino que heredará asimismo todos los kanatos, reinos y
+provincias, que por derecho propio posee aquel encantador endiablado.
+
+Apenas el ermitaño acabó de decir estas palabras, hizo una mueca muy
+rara, entreabrió la boca, estiró las piernas y se quedó muerto.
+
+La Princesa y sus amigas se encontraron de súbito detrás de una masa de
+verdura, al lado de la taza de topacio.
+
+Todo se cumplió como el ermitaño había dicho.
+
+Las tres estaban enamoradas; las tres eran castísimas o inocentes. Ni
+siquiera en el punto comprometido de dar el regalado y apretado beso
+sintieron más que una profunda conmoción toda mística y pura.
+
+Así es que inmediatamente quedaron desencantados los tres mancebos. La
+China y la Tartaria fueron dichosas bajo el cetro del Príncipe. La
+Princesa y sus amigas lo fueron más aún casadas con aquellos hombres tan
+lindos. El _Rey Venturoso_ abdicó, y se fue a vivir a la corte de su
+yerno, que estaba en Pekín. El general que mató al Príncipe Tártaro
+obtuvo todas las condecoraciones de China, el título de primer mandarín
+y una pensión de miles de miles para él y sus herederos.
+
+Se cuenta, por último, que la __Princesa Venturosa__ y el ya Emperador de
+China vivieron largos y felices años, y tuvieron media docena de
+chiquillos a cual más hermosos. La lavanderilla y la doncella, con sus
+respectivos maridos, siguieron siempre gozando del favor de Sus
+Majestades, y siendo los señores más principales de toda aquella
+tierra.
+
+
+
+
+PARSONDES
+
+
+Aunque se ame y se respete la virtud, no se debe creer que sea tan
+vocinglera y tan espantadiza como la de ciertos censores del día. Si
+hubiéramos de escribir a gusto de ellos, si hubiéramos de tomar su
+rigidez por valedera y no fingida, y si hubiéramos de ajustar a ella
+nuestros escritos, tal vez ni las _Agonías del tránsito de la muerte_,
+de Venegas, ni los _Gritos del infierno_, del padre Boneta, serían
+edificantes modelos que imitar.
+
+Por desgracia, la rigidez es sólo aparente. La rigidez no tiene otro
+resultado que el de exasperar los ánimos, haciéndoles dudar y burlarse,
+aunque sólo sea en sueños, de la hipocresía farisaica que ahora se usa.
+
+Véase, si no, el sueño que ha tenido un amigo nuestro, y que trasladamos
+aquí íntegro, cuando no para recreo, para instrucción de los lectores.
+
+Nuestro amigo soñó lo que sigue:
+
+--Más de dos mil seiscientos años ha, era yo en Susa un sátrapa muy
+querido del gran Rey Arteo, y el más rígido, grave y moral de todos los
+sátrapas. El santo varón Parsondes había sido mi maestro, y me había
+comunicado todo lo comunicable de la ciencia y de la virtud del primer
+Zoroastro.
+
+Siete años hacía ya que Parsondes, después de iluminar el mundo con su
+doctrina, y de formar varios discípulos dignos de él, había
+desaparecido, sin que le volviese a ver nadie, ni vivo ni muerto. Los
+buenos creyentes daban, pues, por seguro que Parsondes había subido a la
+región de la luz increada, cerca de Ahura-Mazda, donde brillaba casi
+tanto como los Amschaspandes y los Izeds, y donde eclipsaba, a su propio
+_feruer_ con beatíficos resplandores. Allí militaba aún en el ejército
+de los espíritus luminosos contra el príncipe de las tinieblas
+Ahrimanes, cuya soberbia había humillado en esta vida terrenal, y cuyo
+imperio contribuía, poderosamente a destruir en la otra vida,
+procurando, que se realizase la santa esperanza del triunfo definitivo
+del bien sobre el mal. Los sectarios de la religión de Ahura-Mazda
+creían, pues, a puño cerrado, que Parsondes debía contarse en el número
+de los veinte o treinta grandes profetas, precursores y continuadores de
+Zoroastro hasta la consumación de los siglos. Aunque en Susa y en todo
+el imperio de los medos, con los reinos tributarios, había hombres de
+otras varias religiones y creencias, todos respetaban y casi divinizaban
+igualmente a Parsondes, si bien por diversos estilos. Unos decían que
+había encontrado la flecha de Abaris y se había ido por el aire, montado
+en ella; otros, que se había elevado al empíreo en el trono flotante de
+Salomón o en un carro de fuego; otros, que el dragón Musaros, que en la
+antigüedad más remota civilizó a los asirios, y que tenía cuerpo de pez,
+cabeza de hombre y piernas de mujer, se le había llevado consigo a su
+palacio submarino, en el fondo del golfo pérsico. En resolución, aunque
+por distinta manera, todos convenían en que Parsondes, el virtuoso y el
+sabio, estaba viviendo con los dioses. En las plazas públicas de Susa se
+veneraba su imagen, coronada la cabeza de una mitra con quince cuernos,
+en razón de las quince virtudes capitales que resplandecieron en él, y
+vestido el cuerpo de un ropaje talar lleno de otros símbolos más
+extraños aún en nuestros días, aunque entonces no lo fuesen.
+
+Entre tanto, las malas costumbres, el lujo, la disipación, los galanteos
+y las fiestas dispendiosas iban en aumento desde la muerte o
+desaparición de Parsondes, el cual, mientras vivió entre nosotros, no
+hizo más que condenar aquellos abusos.
+
+El Rey de Babilonia, Nanar, tributario de mi augusto amo Arteo, Rey de
+Media, había roto todo freno y corría desbocado por el camino de los
+deleites. Nosotros acusábamos a Nanar, como Parsondes le había acusado
+antes; pero nuestra voz, menos autorizada que la suya, no tocaba el
+corazón de Arteo, ni le decidía a destronar a Nanar, y a poner otro Rey
+más morigerado en Babilonia. Nanar era más descreído y libertino que
+Sardanápalo, y en Babilonia no se adoraba ya a otro dios que al interés
+y a Milita, o como si dijéramos, a Venus. En vano mis camaradas y yo
+predicábamos contra la corrupción. El vulgo y la nobleza se nos reían en
+las narices. Nosotros nos vengábamos con hablar de la santa vida de
+Parsondes y con ponerla en contraposición de la vida que ellos llevaban.
+
+Así iban las cosas, cuando una mañanita Arteo me hizo llamar muy
+temprano a su presencia.
+
+--Hay esperanzas, me dijo, de que Parsondes viva aún; pero, si ha
+muerto, es menester vengarle y castigar a su matador, que no puede ser
+otro que el rey Nanar.
+
+--Tu sabiduría, señor, le contesté, es como la luz, que lo penetra y
+descubre todo. Vences al cocodrilo en prudencia y al lince en
+perspicacia; pero, ¿cómo has sabido que Parsondes puede vivir aún, y
+que, si ha muerto, Nanar ha sido su asesino? ¿No han asegurado los magos
+que Parsondes está en el cielo? ¿No han descubierto los astrólogos en la
+bóveda azul una estrella, antes nunca vista, y no han reconocido en esa
+estrella el alma de Parsondes?
+
+--Así es la verdad, replicó el Rey, pero yo he llegado a averiguar, por
+revelación de algunos caballeros babilonios descontentos de Nanar, que
+éste, furioso de lo que Parsondes clamaba contra él, envió siete años ha
+emisarios por todas partes para que ocultamente le prendiesen y llevasen
+a su alcázar; y allí debe de estar Parsondes, o muerto, o padeciendo
+tormentos horribles.
+
+--¡Ah, señor! exclamé yo al punto, postrándome a los pies del Rey, justo
+es vengar una maldad tan espantosa. Permite que yo sea el instrumento
+de tu venganza, y que salve a mi querido maestro del cautiverio en que,
+si no ha muerto, se halla.
+
+El Rey me dijo que con ese fin me había llamado, y que al instante me
+preparase a partir con el acompañamiento debido, y órdenes terminantes
+suyas para que Nanar me respondiese con su vida de la del santo varón, o
+le pusiese en libertad.
+
+Aquel mismo día, que era uno de los más calurosos del estío, salí de
+Susa en un magnífico carro tirado por cuatro caballos árabes. Un hábil
+cochero iba dirigiéndole, y dos esclavos etíopes me acompañaban también
+en el carro, haciendo aire el uno con un abanico de plumas de avestruz,
+y sosteniendo el otro, sobre rico varal de marfil, prolijamente labrado,
+el ancho parasol de seda. Cuatrocientos jinetes, todos con aljabas,
+arcos y flechas, vestidos de malla y cubierta la cabeza con sendos
+capacetes de bronce, nielado de refulgentes colores, me seguían y me
+daban mayor autoridad y decoro. Seis batidores, montados en rayadas y
+velocísimas cebras, iban delante de mí, a fin de anunciarme en las
+diversas poblaciones. Las vituallas y refrescos que traíamos para suplir
+las faltas del camino, venían sobre los lomos de veinte poderosos
+elefantes.
+
+Por no pecar de prolijo, no refiero aquí menudamente los sucesos de mi
+viaje. Baste saber que el décimo día descubrimos a lo lejos los muros
+ingentes de Babilonia, obra de Nabucodonosor y de Nitócris. Tenían
+treinta varas de espesor, circundaban la ciudad, formando una zona de
+veintidós leguas de bojeo, y se elevaban, por la parte más baja, ciento
+veinte varas sobre la tierra; tanto como los campanarios de las
+catedrales de ahora. Un copete de verdura coronaba los muros. Eran los
+jardines pensiles. Sobre los muros y sobre los jardines descollaban
+algunos edificios, como los palacios reales, el templo de Belo y la
+famosa torre de Nemrod, que constaba de ocho pisos, de más de doscientas
+varas de alto el primero. Desde la cima de esta torre, que parecía tocar
+la bóveda celeste, presumían tratar los sabios antiguos con los dioses,
+secretas inteligencias o genios que mueven los astros. Aunque tan
+distantes aún, y de un modo confuso, creíamos ya percibir las colosales
+figuras esculpidas y pintadas en las paredes exteriores de palacios y
+templos; aquellos toros con cabeza de hombre y aquellos hombres con
+cabeza de león; aquellos próceres y aquellos guerreros, ceñidos los
+riñones de talabartes, de que se enamoraron Oala y Oliba. El sol
+reflejaba desde Oriente sobre los gigantescos edificios y sobre las cien
+puertas enormes de la ciudad, que eran de bronce dorado. El resplandor
+que despedían deslumbraba los ojos. El Eufrates y el Tígris,
+serpenteando y heridos también por los rayos del sol que rielaba en sus
+ondas, se asemejaban a dos cintas de oro en fusión que formaban un lazo.
+
+Los batidores se habían adelantado a anunciar mi llegada. De repente
+vimos levantarse en la extensa y fértil llanura, entre las huertas,
+jardines y verdes sotos, por donde estaba abierto el camino, una
+nubecilla blanca que se iba agrandando. Luego vimos una mancha oscura
+que se movía hacia nosotros. Poco después llegó a todo correr uno de mis
+batidores a decirme que Nanar se acercaba a recibirme con numerosa
+comitiva. En esto la mancha oscura se había agrandado en extremo, y
+empezamos a oír distintamente el son de los instrumentos músicos, el
+relinchar de los caballos y el resonar de las armas. Notamos, por
+último, el resplandor del oro y de la plata, el lujo de las vestiduras y
+la magnificencia de los que a recibirnos venían.
+
+Hice entonces que el cochero aguijase los caballos, y pronto estuve
+cerca del Rey Nanar, que venía en un soberbio palanquí de bambú, sándalo
+y nácar, sostenido por doce gallardos mancebos. El Rey bajó del
+palanquín y yo del carro, y nos saludamos y abrazamos con mutua
+cordialidad.
+
+La túnica del Rey era de tisú de oro, bordada de seda de mil colores. En
+el bordado se representaban todas las flores del campo y todos los
+pájaros del aire y todas las estrellas del éter. Llevaba el Rey una
+tiara no menos estupenda, ajorcas y brazaletes, y por zarcillos dos
+redondas perlas, del tamaño cada una de un huevo de perdiz.
+
+Su cabellera le caía en bucles perfumados sobre la espalda, y la barba
+formaba menudísimos rizos, artística y simétricamente ordenados. Su
+vestido y su persona despedían delicada fragancia. A pesar de mi
+severidad, no pude menos de admirarme de la finura del Rey Nanar, y
+confesé, allá en mis adentros, que era la persona más _comm'il faut_ que
+había yo tratado en mi vida.
+
+El Rey me alojó en su alcázar, me dio fiestas espléndidas, y me distrajo
+de tal suerte que casi me hizo olvidar el objeto de mi misión. Ya
+teníamos un concierto, ya un baile, ya una cena por el estilo de la que
+dio Baltasar muchos años después. Yo no me atrevía a preguntar al Rey
+qué había hecho de Parsondes. Yo no comprendía que un señor tan
+excelente, que agasajaba y regalaba a los huéspedes con aquella
+elegancia y cortesanía, hubiese dado muerte o tuviese en duro cautiverio
+a mi querido maestro.
+
+Por último, una noche me armé de toda mi austeridad y resolución, y dije
+a Nanar, en nombre del Rey mi amo, que en el momento mismo iba a decir
+dónde estaba el virtuoso Parsondes, si no quería perder el reino y la
+vida. Nanar, en vez de contestarme, hizo venir al punto a todas las
+bayaderas y cantatrices que había en el alcázar: se entiende que fuera
+del recinto, harén o como quiera llamarse, reservado a sus mujeres. Las
+tales sacerdotisas de Milita pasaban de novecientas, y eran de lo más
+bello y habilidoso que a duras penas pudiera encontrarse en toda el
+Asia. Las muchachas llegaron bailando, cantando y tocando flautas,
+crótalos y salterios, que era cosa de gusto el verlas y el oírlas. Yo me
+quedé absorto. Nanar me dijo, y aquí fue mayor mi estupefacción:
+
+--Ahí tienes al santo Parsondes en medio de esas mujeres. Parsondes,
+ven acá y saluda a tu antiguo discípulo.
+
+Salió entonces del centro de aquella turba femenina uno que, a no ser
+por la barba, hubiera podido confundirse con las mujeres. Traía pintadas
+las cejas de negro, de azul los párpados, a fin de que brillasen más los
+ojos, y las mejillas cubiertas de colorete. Estaba todo perfumado, su
+traje era casi tan rico como el del Rey, su andar afeminado y lánguido;
+de sus orejas pendían zarcillos primorosos; de su garganta un collar de
+perlas; ceñía su frente una guirnalda de flores. Era el mismo Parsondes,
+que me echó los brazos al cuello.
+
+--Yo soy, me dijo, muy otro del que antes era. Vuélvete, si quieres, a
+Susa, pero no digas que vivo aún, para que no se escandalicen los magos,
+y para que sigan teniendo un ejemplo reciente de santidad a que
+recurrir. Nanar se vengó de mi ruda y desaliñada virtud haciéndome
+prisionero y mandando que me enjabonasen y fregasen con un estropajo.
+Después han seguido lavándome y perfumándome dos veces al día,
+regalándome a pedir de boca, y obligándome a estar en compañía de todas
+estas alegres señoritas, donde he acabado por olvidarme de Zoroastro y
+de mis austeras predicaciones, y por convencerme de que en esta vida se
+ha de procurar pasarlo lo mejor posible, sin ocuparse en la vida de los
+otros. Cuidados agenos matan al asno, y nadie lo es más que quien se
+mezcla en censurar los vicios de los otros, cuando sólo le ha faltado la
+ocasión para caer en ellos, o cuando, si en ellos no ha caído, se lo
+debe a su ignorancia, mal gusto y rustiqueza.
+
+Las manos me puse en los oídos para no oír semejantes blasfemias en boca
+de aquel sabio admirable. Desesperado y rabioso estaba yo de verle
+convertido en _bon vivant_, con sus puntas y collar de bribón
+desvergonzado; mas para evitar habladurías escandalosas, determiné
+aconsejar al colegio de los magos que siguiese sosteniendo que Parsondes
+había subido al empíreo, y que siguiese venerando su imagen, sin
+descubrir nunca, antes negando rotundamente, que Parsondes vivía con las
+bailarinas de Babilonia, en el alcázar de Nanar.
+
+En esto desperté de mi sueño y me volví a encontrar en mi pobre casita
+de esta corte.
+
+--Creo, añadía nuestro amigo al terminar su cuento, que con menos
+riqueza y a menos costa pueden los Nanares del día seducir a los
+Parsondes que zahieren su inmoralidad y sus vicios, movidos, no de la
+caridad, sino de la envidia. Los que no estén seguros de la propia
+virtud y entereza de ánimo han de ser, pues, más indulgentes con los
+Nanares. ¡Desdichado aquel que hace alarde de virtud sin tenerla
+probadísima!
+
+¡Dichoso aquel que la practica y calla!
+
+
+
+
+EL BERMEJINO PREHISTÓRICO
+
+O LAS SALAMANDRAS AZULES
+
+I
+
+
+Siempre he sido aficionado a las ciencias. Cuando mozo, tenía yo otras
+mil aficiones; pero como ya soy viejo, la afición científica prevalece y
+triunfa en mi alma. Por desgracia o por fortuna me sucede algo de muy
+singular. Las ciencias me gustan en razón inversa delas verdades que van
+demostrando con exactitud. Así es que apenas me interesan las ciencias
+exactas, y las inexactas me enamoran. De aquí mi inclinación a la
+filosofía.
+
+No es la verdad lo que me seduce, sino el esfuerzo de discurso, de
+sutileza y de imaginación que se emplea en descubrir la verdad, aunque
+no se descubra. Una vez la verdad descubierta, bien demostrada y
+patente, suele dejarme frío. Así, un mancebo galante, cuando va por la
+calle en pos de una mujer, cuyo andar airoso y cuyo talle le
+entusiasman, y luego se adelanta, la mira el rostro, y ve que es vieja,
+o tuerta, o tiene hocico de mona.
+
+El hombre además sería un mueble si conociera la verdad, aunque la
+verdad fuese bonita. Se aquietarla en su posesión y goce y se volvería
+tonto. Mejores, pues, que sepamos pocas cosas. Lo que importa es saber
+lo bastante para que aparezca o se columbre el misterio, y nunca lo
+bastante para que se explique o se aclare. De esta suerte se excita la
+curiosidad, se aviva la fantasía y se inventan teorías, dogmas y otras
+ingeniosidades, que nos entretienen y consuelan durante nuestra
+existencia terrestre; de todo lo cual careceríamos, siendo mil veces más
+infelices, si de puro rudos no se nos presentase el misterio, o si de
+puro hábiles llegásemos a desentrañar su hondo y verdadero significado.
+
+Entre estas ciencias inexactas, que tanto me deleitan, hay una, muy en
+moda ahora, que es objeto de mi predilección. Hablo de la prehistoria.
+
+Yo, sin saber si hago bien, divido en dos partes esta ciencia. Una, que
+me atrevería a llamar prehistoria geológica, está fundada en el
+descubrimiento de calaveras, canillas, flechas y lanzas, pucheretes y
+otros cacharros, que suponen los sabios que son de una edad remotísima,
+que llaman de piedra. Esta prehistoria me divierte menos, y tiene, a mi
+ver muchísimos menos lances que oirá prehistoria que llamaremos
+filológica, fundada en el estudio de los primitivos idiomas y en los
+documentos que en ellos se conservan escritos. Esta es la prehistoria
+que a mí me hace más gracia.
+
+¡Qué variedad de opiniones! ¡Qué agudas conjeturas! ¡Con qué arte se
+disponen y ordenan los hechos conocidos para que se adapten al sistema
+que forja cada sabio! Ya toda la civilización nace de Egipto; ya de los
+acadies en el centro del Asia; ya viene de la India; ya de un continente
+que llaman Lemuria, hundido en el seno del mar, al Sur, entre África y
+Asia; ya de otro continente, que hubo entre Europa y América, y que se
+llamó la Atlántida.
+
+Sobre el idioma primitivo, así como sobre la primitiva civilización, se
+sigue disputando. Hasta se disputa sobre si fue uno o fueron varios los
+idiomas: esto es, sobre si los hombres empezaron a dispersarse por el
+mundo _alalos_, o digamos, sin habla aún, y en manadas, y luego fueron
+inventando diversos idiomas en diversos puntos, o sobre si antes de la
+dispersión hablaban ya todos una sola lengua.
+
+Mi prurito de curiosear me induce a leer cuantos libros nuevos van
+saliendo sobre esta materia, que no son pocos; y mientras más
+desatinados son, miradas las cosas por el vulgo de los timoratos, más me
+divierten los tales libros.
+
+En estos últimos días los libros que he leído van en contra de los
+arios, de los egipcios, de los semitas y de otras naciones y castas, que
+antes pasaban por las civilizadoras en grado superior. Si los libros
+antiguos han sostenido que la civilización, como la luz solar, se
+difundió de Oriente hacia Occidente, estos nuevos libros afirman que se
+difundió en sentido inverso, de Occidente hacia Oriente. Todo el saber
+de los magos de Irán y de Caldea, de los brahmanes de las orillas del
+Ganges, de los sacerdotes de Isis y Osiris, de los iniciados en
+Samotracia y de los pueblos de Fenicia y Frigia, no vale un pito,
+comparado al saber de ciertos galos primitivos, cuyo centro de luz
+estuvo en un París prehistórico.
+
+Los galos y sus bardos y druidas, poetas y sacerdotes, lo enseñaron
+todo; pero su misma, ciencia era ya reflejo confuso y recuerdo no
+completo de la ciencia que poseyeron, en el centro del país fértil y
+hermoso que hoy se llama Francia, antes de la venida de los celtas,
+otros hombres más primitivos y excelentes que llamaremos hiperbóreos o
+protoscitas.
+
+Pero ¿qué lengua hablaban estos protoscitas o hiperbóreos, cuyo centro y
+foco civilizador fue un París de hace seis o siete mil años lo menos?
+Hablaban la lengua euskara, vulgo vascuence. ¿De dónde habían venido?
+Habían venido de la Atlántida, que se hundió. ¿Qué conocimientos tenían?
+Tenían todos los conocimientos que hoy poseemos y muchos más que se han
+ofuscado por medio de fábulas y de otras niñerías. Así, pues, los
+arimaspes, que tenían un ojo solo y miraban al cielo, eran los
+astrónomos de entonces, que ya conocían el telescopio; y la flecha en
+que Abaris iba cabalgando de un extremo a otro de la tierra, era el
+globo aerostático o un artificio para volar con dirección y brújula,
+etc., etc., etc. Ya se entiende que la época de los arimaspes y la de
+Abaris son de decadencia para la civilización hiperbórea.
+
+Confieso que todo este sistema me encantó. No es mi propósito exponerle
+aquí. Paso volando sobre él y voy a mi asunto.
+
+Digo, no obstante, que me encantó por dos razones. Es la primera lo
+mucho que Francia me agrada. ¿Cuanto más natural es que el germen de la
+civilización europea haya nacido y florecido, desde antiguo, en aquel
+feraz y riquísimo jardín, en aquel suelo privilegiado, que no en la
+Mesopotamia o en las orillas del Nilo? Y es la segunda razón, la de que
+tengo amigos guipuzcoanos, que habrán de alegrarse mucho, si se prueba
+bien que su lengua y su casta fueron el instrumento de que se valió la
+Providencia para acabar con la barbarie, iluminar el mundo y adoctrinar
+a las demás naciones.
+
+¡Cuánto se holgará de esto, si vive aún, como deseo, mi docto y querido
+amigo D. Joaquín de Irizar y Moya, que ha escrito obras tan notables
+sobre la lengua vascuence, echando la zancadilla a los Erros,
+Larramendis y Astarloas! Algo aprovechará él de las flamantes
+invenciones para dar más vigor a su sistema, arreglándole de suerte que
+se ajuste y cuadre con la más perfecta ortodoxia católica.
+
+Sea como sea, para mí es evidente que antes de que penetraran en España
+los celtas, los fenicios, los griegos y otras gentes, hubo en España un
+pueblo civilizado, que llamaremos los iberos. Este pueblo se extendía
+por toda nuestra península, y aun tenía colonias en Cerdeña, en Italia y
+en otras partes, como Guillermo Humbolt lo ha demostrado. Eran vascos y
+hablaban la lengua euskara. La nación y estado más culto e ilustre
+entre ellos fue la república de los turdetanos, quienes, según
+testimonio de Estrabon, tuvieron letras y leyes y lindos poemas en
+verso, que contaban seis mil años de antigüedad. Ahora bien, los
+alfabetos celtibérico y turdetano, que ha reconstruido y publica don
+Luis José Velázquez, son muy modernos en comparación de la fecha
+anteriormente citada. Dichos alfabetos son un trasunto del fenicio o del
+griego, y debe suponerse, por lo tanto, que antes de la venida a España
+de griegos y de fenicios, los turdetanos tuvieron alfabeto propio, con
+el cual escribieron sus poemas y demás obras.
+
+A mi ver, el Sr. D. Manuel de Góngora y Martinez ha tenido la gloria de
+descubrir este alfabeto. Véanse las inscripciones que Osiris en sus
+_Antigüedades prehistóricas de Andalucía_, de la _Cueva de los letreros_
+y de otras cuevas y escondites, algunos de los cuales se hallan cerca
+del lugar de Villabermeja, lugar que yo he tratado de hacer famoso, así
+como a su más conspicuo habitante el Sr. D. Juan Fresco.
+
+A corta distancia de Villabermeja hay un sitio, que apellidan el
+Laderon, donde cada día se descubren vestigios y reliquias de una
+antiquísima y floreciente ciudad.
+
+El erudito y sagaz anticuario D. Aureliano Fernandez Guerra prueba que
+allí estuvo Favencia, en tiempo de los romanos, ciudad que desde época
+muy anterior se llamaba Vesci.
+
+Don Juan Fresco, excitada su curiosidad y estimulada su actividad
+infatigable, desde que el Sr. Góngora, publicando en 1868 sus
+_Antigüedades_, le puso sobre la pista, se ha dado a buscar letreros en
+_Cuevas escritas_ y en otros monumentos que hay cerca de Vesci, y los ha
+hallado y reunido en mucha copia.
+
+Emulo de Champollion Figeac, Anquetil Duperron, Burnouf, Grotefend,
+Oppert y Lassen, mi referido amigo D. Juan Fresco cree haber descifrado
+estos garrapatos ibéricos primitivos, como aquellos otros sabios, los
+hieroglíficos, la escritura cuneiforme y demás reconditeces.
+
+Yo no intento abogar aquí por el descubrimiento de mi tocayo y paisano y
+demostrar que es evidente. Esto ya lo hará él en su día. Yo voy a
+limitarme a referir una historia que Don Juan Fresco dice haber leído en
+ciertas inscripciones semejantes a las de la _Cueva de los letreros_.
+Entendidas las letras, parece que lo demás es llano, pues el idioma
+ibero primitivo es casi el vascuence de ahora.
+
+Me pesa de no dar aquí la traducción exacta del texto original. Don
+Juan Fresco no ha querido comunicármela. Haré, pues, la narración con
+las pausas, explicaciones y comentarios intercalados que él la ha hecho.
+De otro modo no se comprendería.
+
+La historia es relativamente moderna; pues, según mi amigo, todavía han
+de descubrirse leyendas e historias en lengua proto-ibérica, más
+antiguas y venerables que el poema egipcio de Pentaur sobre una hazaña
+de Sesóstris o Ransés II, y que los poemas hallados por nuestro conocido
+el diplomático Sr. Layard en la biblioteca de Asurbanipal en Nínive:
+poemas ya arcaicos ocho siglos antes de Cristo, y traducidos los más de
+la lengua sagrada de los acadies, entonces tan muerta como el latín
+ahora entre nosotros.
+
+Y esto no debe maravillarnos, porque según Roisel, en _Los Atlantes_,
+toda cultura viene de éstos, antes de que la hubiera en Caldea, en
+Asiria, en Egipto o en punto alguno de Oriente.
+
+Es una lástima que no tengamos aún documentos del siglo de oro o de los
+siglos de oro de la literatura atlántica parisina, de hará unos ocho mil
+años, ni de la emanación bética de aquella cultura, implantada a orillas
+del Guadalquivir por los turdetanos.
+
+El documento hallado, descifrado, explicado y comentado por Don Juan
+Fresco es de época relativamente fresca: como si dijéramos de ayer de
+mañana. Ya la cultura ibérica indígena había decaído, y España se veía
+llena de colonias fenicias y aun griegas. Los de Zazinto habían ya
+fundado a Sagunto, y hacía más de un siglo que habían fundado los tirios
+a Málaga, Abdera, Hispalis y Gades. Era por los años de 1000, antes de
+nuestra era vulgar, sobre poco más o menos.
+
+
+
+
+II
+
+
+Vesci era una ciudad importante de la confederación de los túrdulos. En
+el tiempo a que nos referimos, los vescianos tenían ya la misma calidad
+que a sus descendientes del día les ha valido el dictado de bermejinos:
+casi todos eran rubios como unas candelas. Descollaba entre todos, así
+por lo rubio como por lo buen mozo y gallardo, el elegante y noble
+mancebo Mutileder. Disparaba la honda con habilidad extraordinaria y
+mataba a pedradas los aviones que pasaban volando; montaba bien a
+caballo; guiaba como pocos un carro de guerra; sabía de memoria los
+mejores versos turdetanos y los componía también muy regulares; con un
+garrote en la poderosa diestra era un hombre tremendo; con las mujeres
+era más dulce que una arropía y más sin hiel que una paloma; corría
+como un gamo; luchaba a brazo partido como los osos, y poseía otra
+multitud de prendas que le hacían recomendable. Casi se puede asegurar
+que su único defecto era el de ser pobre.
+
+Mutileder, huérfano de padre y madre, no tenía predios urbanos ni
+rústicos, vivía como de caridad en casa de unos tíos suyos, y en Vesci
+no sabía en qué emplearse para ganarse la vida. Era un señor, como
+vulgarmente se dice, sin oficio ni beneficio.
+
+Frisaba ya en los veinticuatro años, y harto de aquella vida, y ansiando
+ver mundo, pidió la bendición a sus tíos, quienes se la dieron
+acompañada de algún dinero, y tomando además armas y caballo, salió de
+Vesci a buscar aventuras y modo de mejorar de condición.
+
+Como Mutileder tenía tan hermosa presencia, y era además simpático y
+alegre, por todas partes iba agradando mucho. Los sugetos de suposición
+y campanillas le convidaban a bailes y fiestas, y las damas más
+graciosas y encopetadas le ponían ojos amorosos; pero él era bueno,
+pudibundo e inocentón, y nada útil sacaba de todo esto. El dinero que le
+dieron sus tíos se iba consumiendo, y no acudía nuevo dinero a
+reemplazarle.
+
+Así, deteniéndose en diferentes poblaciones, como, por ejemplo, en
+Igábron; pasando luego el Síngilis, hoy Genil; entrando en la tierra de
+los turdetanos, y parando también en Ventipo, llegó a un lugar de los
+bástulos que se llamaba entonces Aratispi, y que yo sospecho que ha de
+ser la Alora de nuestros tiempos, tan famosa por sus _juegos llanos_.
+Allí tenía Mutileder una prima, que era un sol de belleza, con diez y
+ocho años de edad, y más rubia que él, si cabe. Esta prima se llamaba
+Echeloría. Su padre, viudo y muy rico, la idolatraba.
+
+Mutileder y Echeloría eran de casta ibera purísima, sin mezcla alguna de
+celtas ni de fenicios. Sus familias, o mejor diré su familia, pues era
+una misma la de ambos, se jactaba, no sin fundamento, de descender de
+los primitivos atlantes, que habían emigrado muchos siglos hacía, cuando
+se hundió en el mar la Atlántida, y que, yendo unos por mar siempre,
+habían llevado a Egipto la cultura, mucho antes de la civilizadora
+expedición de Osiris, mientras que otros, conocidos después con el
+nombre de hiperbóreos, desembarcando en Francia, habían difundido la luz
+y fundado florecientes Estados, caminando hacia Oriente hasta más allá
+de las montañas Rifeas, e influyendo, por último, en el despertar a la
+vida política y culta de los arios y de los semitas.
+
+En suma, Echeloría y Mutileder eran dos personas ilustres y dignas de
+serlo por su mérito.
+
+Apenas se vieron, se amaron... ¿Qué digo se amaron? Se enamoraron
+perdidamente el uno de la otra y el otro de la una.
+
+El padre de Echeloría, que no tenía nada de lerdo, notó en seguida el
+amor de la muchacha y procuró acabar con él, porque el primito no poseía
+otro patrimonio que su apasionado corazón; pero Echeloría estaba
+prendada de veras, y el padre, que en el fondo era un bendito, se avino
+y se resignó al cabo a que Mutileder aspirase a ser su yerno.
+
+Ambos amantes se juraron eterna fidelidad. «Antes morir que ser de
+otro», dijo ella. «Antes morir que ser de otra», respondió él. Y esta
+promesa se hizo repetidas veces y se solemnizó y corroboró con los
+juramentos más terribles.
+
+Después de esto, ¿qué remedio había sino casar cuanto antes a los primos
+novios? Así lo resolvió el padre, y se empezaron a hacer los
+preparativos para la boda, que debía verificarse en el próximo otoño.
+
+Era ya el fin de la primavera, y en aquellas edades antiquísimas
+sucedía lo propio que ahora que a la primavera seguía el verano.
+
+Aratispi era lugar más bonito que lo es Alora al presente. En torno
+había, como hay aún, fértiles huertas y frondosos y siempre verdes
+bosques de naranjos y limoneros; pero los cerros que limitaban aquel
+valle amenísimo, en vez de estar pelados, como ahora, estaban cubiertos
+de encinas, alcornoques, algarrobos, castaños y otros árboles, entre
+cuyos troncos y a cuya sombra crecían brezos, helechos, tomillo,
+mejorana, mastranzo y otras plantas y hierbas olorosas.
+
+Era tal entonces la generosidad de aquel suelo, que las palmas enanas,
+que hoy suelen cubrirle y que apenas sirven para más que para hacer
+escobas y esportillas, se alzaban a grande altura, mientras que las
+crestas más empinadas de los montes, calvas ahora, se veían cubiertas de
+una verde diadema de abetos, de pinos y de cipreses.
+
+A pesar de todo, fuerza es confesar que en verano hacía entonces en
+Aratispi un calor de todos los demonios.
+
+Echeloría quiso, con razón, tomar algunos baños de mar, y su padre la
+llevó a un puerto muy bonito, cerca de Málaga, que D. Juan Fresco y yo
+calculamos que debió de ser Churriana.
+
+Naturalmente Mutileder fue a Churriana también, acompañando a su futura.
+
+Los primos estaban como dos tortolitas, arrullándose siempre. Mientras
+más miraba él a Echeloría, más linda y angelical la encontraba y más
+melifluo se ponía con ella. Y mientras más miraba Echeloría a Mutileder,
+mayor número de perfecciones y de excelencias hallaba en él.
+
+Pues no digamos nada, porque sería cuento de nunca acabar, de la mutua
+admiración que nacía en ambas almas al considerar el talento o la
+habilidad del objeto de su amor. Cada pedrada que tiraba Mutileder
+mataba un pajarillo y partía el corazón de Echeloría, a fuerza de
+entusiasmo. Y Echeloría, por su parte, a más de encantar a Mutileder con
+los cantares que sabía entonar, le había hecho una honda de pita, tan
+llena de sutiles y primorosas labores, que él se quedaba horas enteras
+embobado contemplando la honda.
+
+Los dos enamorados gozaban de la más completa libertad y se iban solos
+de paseo por aquellos vericuetos y andurriales; ya por la orilla del
+resonante mar; ya por los encinares y olivares que vestían aquellos
+alcores; ya por los verjeles, sotos y alamedas del valle, regado por un
+riachuelo cristalino. Pero uno y otro eran tan como Dios manda, que a
+pesar de lo mucho que se querían, no se propasaron nunca a otra cosa
+sino a estrecharse afectuosamente las manos, y una o dos veces a lo más,
+a consentir ella en recibir un casto beso en la tersa y cándida frente,
+y a lograr él estamparle.
+
+La suma virtud y exquisita delicadeza de estos primos lo ponía todo en
+reserva para el día dichoso en que la religión y las leyes consagrasen
+su unión indisoluble.
+
+Entre tanto se decían doscientas mil ternuras a cada momento. «Tu nombre
+es un sello que he puesto sobre mi corazón», exclamaba Echeloría. «Mi
+corazón es tuyo para siempre: antes dejará de latir que de amarte a ti
+sola», contestaba Mutileder.
+
+En estos coloquios se pasaban las horas, y de continuo estaban juntos
+ambos amantes, menos cuando Echeloría se retiraba a dormir al lado de su
+anciana nodriza y en estancia muy resguardada, o bien cuando iba a la
+playa a bañarse; pues entonces, a fin de evitar el qué dirán y las
+murmuraciones, Mutileder no se bañaba con ella, tal vez por no usarse
+aún trajes de baño, tan complicados y encubridores de las formas como
+los que se llevan ahora en Biarritz y en otros sitios.
+
+
+
+
+III
+
+
+Málaga era ciudad fenicia de mucho comercio. Casi competía con Cádiz. Su
+puerto estaba lleno de naves tirias, pelasgas, griegas y etruscas. En
+sus tiendas se vendían mil primores traídos de lejanos países: telas de
+lana, teñidas de púrpura en Tiro; joyas de oro, hechas en Ménfis, en
+Sais y en otras ciudades egipcias; piedras preciosas y tejidos de
+algodón del Indostán; alfombras de Persia, y hasta sedería del casi
+ignorado país de los Seras.
+
+Echeloría fue a Málaga varias veces, con su padre y con su novio, a
+recorrer dichas tiendas y a comprar galas para el suspirado día del
+casamiento.
+
+Hallábase a la sazón en Málaga uno de los más audaces y sabios marinos
+que había entonces en el mundo: el célebre Adherbal.
+
+Acababa de hacer una navegación felicísima, y su nave se parecía,
+anclada en el puerto, cargada de estaño, ámbar, hierro, pieles de
+armiños y de castores, y otros objetos de valor que él había ido a
+buscar a las costas de Francia, Inglaterra y otras regiones del Norte de
+Europa, a donde sólo los fenicios se aventuraban a llegar en aquella
+época.
+
+Adherbal pensaba volver pronto a Tiro; pero antes debía tomar en Málaga
+cobre, vino, azogue y oro en polvo de las arenas de nuestros ríos,
+dejando allí en cambio parte de su cargamento.
+
+Paseando un día por el muelle vio Adherbal a Echeloría, y al verla juró
+por Melcart y por Astoret, como si dijéramos por Hércules y por Venus,
+que jamás había visto criatura más linda y salada. Ganas tuvo de
+llegarse de súbito a la muchacha y de soltarle el pavo, esto es, de
+decirle sin ceremonia sus atrevidos pensamientos: pero Mutileder iba al
+lado de ella, mirando receloso a todas partes, con la barba sobre el
+hombro, en actitud desconfiada y hostil, y blandiendo un enorme y fiero
+garrote.
+
+La prudencia refrenó los ímpetus del marino fenicio. Bastaba ver de
+refilón a Mutileder para hacerse cargo de que era capaz de deslomar a
+cualquiera de un garrotazo, si llegaba a descomponerse un poco con la
+hermosa y cándida Echeloría.
+
+Adherbal, como queda dicho, era prudente, pero era obstinado también,
+emprendedor y ladino. Echeloría no produjo en él una impresión fugaz y
+ligera, sino profunda y durable. Así fue que determinó averiguar quién
+era y dónde vivía, y lo consiguió con discreción y recato.
+
+Dos o tres veces fue después a caballo a Churriana con disimulo, y
+volvió a ver a la niña, quedando cautivo de su singular donaire.
+
+Por último, por medio de personas listas del país, se informó de la vida
+de Echeloría, supo que iba a casarse con Mutileder, y no quedó pormenor
+de que no llegase a tener cabal noticia.
+
+Con estos elementos formó Adherbal un plan diabólico, el cual le salió
+bien, como por desgracia salen bien casi todos los planes diabólicos.
+
+Una mañana muy temprano levó anclas su nave y zarpó del puerto de
+Málaga, después de despedirse él para Tiro. Fuera ya la nave del puerto,
+se quedó, muy cerca de la costa, hacia el Oeste, dando bordeadas como
+para ganar mejor viento. Así trascurrieron algunas horas, hasta que
+llegó aquélla en que la gentil Echeloría bajaba a bañarse en la mar.
+Entonces saltó Adherbal en una lancha ligerísima con ocho remeros
+pujantes y otros dos hombres de la tripulación, grandes nadadores y
+buzos, y de los más ágiles y devotos a su persona. Con la lancha se
+acercó cautelosamente, ocultándose en las sinuosidades de la costa y al
+abrigo de las peñas y montecillos, hasta que llegó cerca del lugar donde
+Echeloría se bañaba, creyéndose segura y con el más completo descuido.
+Los nadadores se echaron entonces al agua, zambulleron, surgieron de
+improviso donde Echeloría estaba bañándose, se apoderaron de ella a
+pesar de sus gritos, que pronto terminaron en desmayo causado por el
+suato, y en aquella disposición, hermosa e interesante como una ondina,
+se la llevaron a la lancha, donde Adherbal la recibió en sus brazos, y
+luego la condujo a bordo de su nave. Ésta desplegó al punto todas sus
+velas, y aprovechándose de un viento fresco de Poniente, que acababa de
+levantarse, no corría, sino que volaba sobre las ondas azules del
+Mediterráneo.
+
+Varias muchachas, que se bañaban con Echeloría, huyeron con espanto de
+aquella zalagarda, y, saltando en tierra, alarmaron con sus gemidos y
+sollozos a la nodriza, que estaba en éxtasis y de nada se había
+percatado. En cambio, apenas se enteró de lo ocurrido, se extremó en
+hacer muestras de su dolor. Allí fue el mesarse las venerables canas, el
+revolcarse por el suelo, y el dar tan formidables chillidos, que
+Mutileder, aunque estaba lejos, acudió al sitio, oyéndolos. El infeliz
+amante supo entonces toda la enormidad de su infortunio, mas demasiado
+tarde por desgracia. La nave del raptor se percibía aún, pero lejos, y
+navegando con tal rapidez que pronto iba a perderse detrás de la comba
+que forma el mar, marcando una curva de azul profundo en el cielo más
+claro.
+
+El furor de Mutileder fue indescriptible, aunque a nada conducía. Ni
+siquiera supo a punto fijo el infeliz amante quién había sido el raptor,
+por más que sospechase de aquel marino que en Málaga había puesto en
+Echeloría los lascivos y codiciosos ojos.
+
+Estos raptos de mujeres eran frecuentísimos en aquellas edades heroicas,
+y habían dado ya y debían seguir dando ocasión a no pocos disturbios y
+guerras. Los fenicios habían robado a Io, hija de Inaco; los griegos
+habían robado a Europa de Fenicia, a Medea de Coicos, y a Ariadna de
+Creta; y por último, un príncipe frigio había robado a la bella Helena,
+mujer del rey de Esparta, Menelao, motivando así una lucha larga y
+mortífera, y al cabo la destrucción de Troya.
+
+Don Juan Fresco explica, a mi ver, de un modo satisfactorio estos raptos
+de mujeres. Supone que la mujer, por lo mismo que su belleza es tan
+delicada, no se cría naturalmente. Lo único que se cría es la hembra del
+hombre. La verdadera mujer es producto artificial, que resulta de grande
+esmero y cuidado y de exquisito y alambicado cultivo. De aquí la rareza
+entonces de la verdadera mujer y el mágico y portentoso efecto que
+producía en el alma de guerreros bárbaros y briosos, avezados a ver
+hembras solamente.
+
+Cuando los hombres se recobraban de su pasmo volvían a hacer a la mujer
+de peor condición que al esclavo más humilde; pero, en ocasiones, una
+mujer bien lavada, cuidada y compuesta, infundía amor ferviente,
+frenético entusiasmo y cierta adoración como si fuese algo divino. De
+aquí las patrañas o _mitos_ de las hadas y encantadoras como Circe y
+Calipso, que convertían a los hombres en bestias; la _ginecocracia_,
+esto es, el imperio de la mujer, establecido en muchas partes, como en
+el país de las Amazonas y en la Arabia Feliz; y el omnímodo influjo, ora
+funesto, ora útil, que ejercieron algunas damas en los varones más
+crudos y valerosos, como Onfale en Hércules, Dálila en Sansón, Betzabé
+en David, Egeria en Numa, y Judit en Holofernes. De aquí, por último,
+que ganasen tanto crédito las sibilas, las pitonisas y las druidisas;
+todo ello, sin duda, porque cuidaban más de sus personas, y lograban
+pulir y descubrir la escondida hermosura, invisible por lo general en la
+hembra por falta de pulimento y aseo.
+
+Además, el entender la hermosura y el afanarse por lograrla hacían
+hermosa a la mujer. Hoy, mucho de esta cualidad, domeñada ya la
+naturaleza rebelde, suele trasmitirse por herencia; pero en los tiempos
+heroicos, la hermosura era como inspirada creación que la mujer artista
+realizaba en su propio cuerpo, a fuerza de esmerarse. Todavía, cinco
+siglos después de la época en que ocurre nuestra historia, asombran el
+estudio, la prolijidad y los preparativos minuciosos de que se valían
+las mujeres para presentarse de una manera digna. A fin de agradar al
+rey Asnero, que buscaba reina, después de repudiada Vastí, se pasaban
+las chicas un año entero frotándose con linimentos y pomadas,
+saumándose, lavándose, perfilándose y acicalándose. En el día, con una
+hora de preparación bastarla para presentar ante el sibarita más
+refinado a la más ruda de las campesinas: prueba irrefragable de que lo
+adquirido por arte y educación se trasmite de madres a hijas. Verdad es
+que, en cambio, la naturaleza es menos dúctil ahora, y la hotentota,
+aunque se friegue y se adobe más que las que iban a presentarse a
+Asuero, hotentota permanece; de donde, sin duda, el refrán que dice:
+«Aunque la mona se vista de seda mona se queda.»
+
+Dejemos, no obstante, refranes y digresiones a un lado, y prosigamos
+nuestro cuento.
+
+Echeloría, por naturaleza y por arte, por herencia y por conquista, era
+un primor. Y Mutileder, que con razón la adoraba, no la lloró perdida,
+con femenil amargura, sino que, agitando su garrote y haciendo crujir la
+honda con chasquidos estruendosos, juró buscar a su amada, librarla del
+raptor, y vengarse de éste descalabrándole de una buena pedrada o
+moliéndole a palos.
+
+Cuenta la historia que Mutileder, en el instante de hacer aquel
+juramento, estaba tan hermoso que no podía ser más. Sus ojos azules,
+dulces de ordinario, lanzaban centellas luminosas; su afilada y recta
+nariz, hinchada por la cólera, mostraba muy dilatadas las ventanillas;
+las cejas, frunciéndose en el centro, daban mayor majestad a su frente;
+la boca entreabierta dejaba ver unos dientes blancos, iguales y firmes,
+y sana frescura y vivo color de carmín en encías y lengua. Su cabeza,
+echada atrás con arrogancia, y destocada, lucía copiosa y rubia
+cabellera, que flotaba en rizos graciosos a merced de la brisa; sus
+piernas y sus brazos desnudos, contraída entonces la musculatura por la
+energía de la actitud, daban envidia a los de Hércules mancebo. Todo en
+Mutileder era beldad, elegancia, brío y donosura. Su voz, alterada por
+la pasión, penetraba en los corazones, aunque sus palabras no se
+entendiesen.
+
+En aquel instante ¡oh fuerza del destino! acertó a pasar por allí la
+graciosa y distinguida Chemed, que en fenicio significa _belleza_, la
+viuda más coqueta y caprichosa que había en Málaga. Su marido la había
+dejado joven y con muchos bienes de fortuna. Ella seguía con la casa de
+comercio de su marido, bajo la razón insocial de _la viuda Chemed_. En
+aquella ocasión volvía de solazarse de una quinta que tenía en
+Churriana.
+
+Seis atezados etíopes la llevaban en silla de manos, y dos escuderos,
+una dueña y cuatro pajecillos egipcios la acompañaban también para más
+autoridad y decoro.
+
+Chemed oyó a Mutileder, le miró y se maravilló; volvió a mirarle y se
+quedó más maravillada. Entonces dijo para sí: «Divinos cielos, ¿qué es
+lo que miro? ¿Será éste dios o será mortal? ¿Resplandecería más Adonis
+cuando Astoret se prendó de él?»
+
+Pero, prosiguiendo su soliloquio de preguntas, Chemed prosiguió también
+su camino, sin interrogar al mancebo, que parecía estar furioso, y sin
+atreverse siquiera a pararse y a bajar de la silla de manos, en medio de
+gente extraña, cuya lengua no entendía, porque hablaban el ibero, que,
+como ya queda dicho, era lo que se llama hoy el vascuence. Si Chemed
+hubiera sabido que Mutileder hablaba corrientemente el fenicio, como en
+efecto le hablaba, sin duda que se hubiera detenido; pero, no sabiéndolo
+ni sospechándolo, Chemed pasó de largo.
+
+
+
+
+IV.
+
+
+Luego que Mutileder echó sapos y culebras por la boca y se desahogó
+cuanto pudo, acudió a dar a su presunto suegro la mala noticia del
+rapto, y a consolarle, si cabía consuelo en tamaño dolor.
+
+Para evitar prolijidad no se ponen aquí las lamentaciones que hicieron
+ambos a dúo. Lo que importa saber es que Mutileder y su suegro, después
+de maduro examen, reconocieron que era inútil quejarse del rapto a las
+autoridades de Málaga, las cuales no les harían caso, o si les hacían
+caso, nada podrían contra un marino tan mimado en Tiro, como Adherbal lo
+era. A cualquiera exhorto, que los sufetes o jueces de Málaga enviasen
+contra Adherbal, era evidente que los sufetes tirios habían de dar
+carpetazo, haciendo la vista gorda. No había más recurso que resignarse
+y aguantarse, o tomar la venganza y la satisfacción por la propia mano.
+Esto último fue lo que decidió Mutileder con varonil energía.
+
+Se despidió de su presunto suegro, y sin pensar en recursos pecuniarios
+ni en nada que lo valiese, se fue a Málaga a tomar lenguas, a
+cerciorarse de que era Adherbal el raptor, como ya lo sospechaba, y a
+buscar modo de irse a Tiro en la primera nave que para Tiro saliese, a
+fin de arrancar a Echeloría del cautiverio o secuestro en que estaba y
+de hacer en Adherbal un ejemplar y justo castigo.
+
+En medio de todo, Mutileder sentía cierto consuelo. Pensaba en que
+Echeloría había jurado serle fiel o morir, y daba por seguro que moriría
+antes que faltar a su promesa. Él mismo había hecho igual juramento, y
+se sentía con la suficiente firmeza para cumplirle.
+
+Con estas ideas en la mente y con el bizarro propósito de irse a Tiro
+cuanto antes, recorrió Mutileder las calles de Málaga hasta que empezó a
+anochecer. Todas las noticias que adquirió le confirmaron en que era
+Adherbal el raptor de Echeloría. En lo que no adelantó mucho fue en
+concertarse con algún patrón de buque que saliese pronto y le llevase
+para Fenicia.
+
+Llegó la noche, como queda apuntado, y ya Mutileder se retiraba a su
+posada, cuando sintió que le tiraban suavemente de la capa por detrás.
+Volvió el rostro, y vio a un pajecillo egipcio que le dijo:
+
+--Señor Mutileder, sígame vuestra merced, que hay persona que desea
+hablarle sobre asuntos que le interesan.
+
+--¿Y quién puede ser esa persona? contestó él. Yo, en Málaga, no conozco
+a nadie.
+
+Entonces replicó el pajecillo:
+
+--Aunque vuestra merced no conozca a esta persona, esta persona le
+conoce. Hoy, de mañana, pasó junto al lugar del rapto protervo, y oyó y
+vio a vuestra merced cuando de él se lamentaba. La persona es compasiva
+y excelente, y se enterneció. Ha tomado informes sobre todo lo ocurrido,
+y su enternecimiento se ha hecho mayor. Desea remediar el mal de vuestra
+merced, con quien le importa conferenciar en seguida. ¿Quiere vuestra
+merced seguirme?
+
+Mutileder no halló motivo razonable para decir que no, y siguió al
+pajecillo.
+
+Siguiéndole por calles y callejuelas, que atravesaron rápidamente, llegó
+nuestro héroe protobermejino a una puertecilla falsa y cerrada, en el
+extremo de un callejón sin salida.
+
+El paje aplicó una llave a la cerradura, le dio dos vueltas, y la puerta
+se abrió sin ruido. Entró el paje, y le siguió Mutileder.
+
+Cerró el paje la puerta de nuevo, y quedaron él y nuestro amigo en la
+más completa oscuridad. El paje asió de la mano a Mutileder, y le guió
+por las tinieblas. Al cabo de poco tiempo vieron luz y una linterna que
+estaba en el suelo. La tomó el paje, y, ya con ella, alumbró a
+Mutileder, y mostrándole el camino, le dijo que le siguiera. Subieron
+ambos por una estrecha y larga escalera de caracol: llegaron luego a
+otra puertecilla; la abrió el paje; levantó un tapiz que había detrás, y
+él y Mutileder penetraron en una sala espaciosa y bien iluminada.
+
+El paje entonces se escabulló sin saber cómo, y Mutileder se encontró
+frente a frente de una anciana y venerable dueña, la cual, con voz
+meliflua, le dijo:
+
+--Sígueme, hermoso.
+
+Y Mutileder la siguió, algo ruborizado del intempestivo requiebro.
+
+No refiero aquí, porque estoy de prisa, y no debo ni puedo pararme en
+dibujos, los primores estupendos, las alhajas rarísimas, los lindos
+objetos de arte y los cómodos asientos y divanes que había en varias
+salas por donde iban pasando la dueña y nuestro héroe, que atortolado
+la seguía. Baste saber que allí se veía reunido de cuanto había podido
+inventar el lujo asiático de entonces y de cuanto la activa solicitud de
+los navegantes fenicios había podido traer de todas las comarcas a que
+solían ellos aportar, desde las bocas del Indo hasta las bocas del Rhin,
+puntos extremos de sus _periplos_ o navegaciones.
+
+Lo que sí diré, es que si una sala era lujosa, otra lo era más, y que el
+primor iba en aumento conforme se pasaban salas. Maravilloso silencio y
+sosiego apacible reinaban en todas ellas. No se veía ni un alma. Soledad
+y dulce misterio. Rica y leve fragancia de perfumes sabeos impregnaba el
+tibio ambiente.
+
+«--¿Qué será esto? decía Mutileder para su coleto. ¿Dónde me llevará
+esta buena señora?»
+
+Y la admiración y la duda se pintaban en su candoroso y bello semblante.
+
+Por último, la dueña tocó a una puerta, que no estaba abierta como las
+demás que habían dado paso de un salón a otro salón, sino que estaba
+cerrada. La dueña la abrió un poco, lo suficiente para que cupiese por
+ella una persona, empujó a Mutileder, le hizo entrar, y quedándose
+fuera, cerró otra vez la puerta, dejándole solo.
+
+Mutileder, que venía de salones donde había mucha luz, nada veía al
+principio, e imaginó que el salón en que acababa de entrar estaba a
+oscuras; pero sus pupilas se dilataron muy pronto, y notó que una luz
+velada y dulce iluminaba aquella estancia, difundiéndose desde el seno
+de tres lámparas de alabastro.
+
+Aun no había tenido vagar para ver todo lo que le circundaba, cuando oyó
+Mutileder una voz blanda y argentina, que parecía salir de una garganta
+humana nueva y de una boca fresca, colorada y sana, porque todo esto se
+conoce en la voz, la cual le decía:
+
+--Perdóname, amigo, que te haya hecho venir hasta aquí, deseosa de
+hablarte.
+
+Dirigió Mutileder la vista hacia el punto de donde la voz procedía, y
+vio recostada lánguidamente en un ancho sofá a una dama morena y
+majestuosa como una emperatriz, vestida de blanca y flotante vestidura,
+con una cabellera abundante, lustrosa y negra como la endrina, y con
+unos ojos que parecían dos soles de luto, así por el fuego y los rayos
+que despedían, como por su oscuro color y por el color, no menos oscuro,
+de las cejas, de las largas y rizadas pestañas, y aun de los párpados
+suaves, cuyas sombras acrecentaban el resplandor fulmíneo de los
+referidos ojos. En los brazos desnudos, casi junto al hombro, tenía la
+dama brazaletes de oro de prolija y costosa labor; sobre el pecho y en
+las orejas, collar y zarcillos de esmeraldas; y sendas ajorcas, por el
+estilo de los brazaletes, en las gargantas de sus pequeños pies,
+calzados por coturnos de seda roja. Lazos de idéntica seda adornaban la
+falda y el corpiño y ceñían el airoso talle. Sobre el negrísimo cabello
+lucía, prendido con gracia, un ramo de flores de granado.
+
+En todo esto reparó en conjunto Mutileder, pero sin analizar, como
+nosotros, porque estaba algo cortado y sin saber lo que le sucedía. La
+cosa no era para menos; sobre todo, tratándose de un mozuelo que, si
+bien despejado y audaz, carecía de experiencia y jamás se había visto en
+lances de aquel género.
+
+Absorto, mudo, con la boca abierta, estaba Mutileder, cuando la dama se
+levantó y mostró de pié su gallarda estatura, esbelta y cimbreante como
+las palmas de Tadmor; y vino a él, y tomándole la mano, en la que él
+sintió como una conmoción eléctrica, le llevó a sí y le dijo:
+
+--Siéntate. ¿Qué te asusta?
+
+Y Mutileder se sentó, al lado de la dama, en un taburete bajito.
+
+Luego que Mutileder se hubo serenado, oyó a la dama con la debida
+atención, y le respondió con concierto.
+
+Ella le dijo que se llamaba Chemed, que era viuda y rica y natural de
+Tiro, que había sabido su dolor, que se interesaba por él, a causa de
+una súbita e irresistible simpatía, y que anhelaba dar consuelo y
+remedio a sus males.
+
+Aunque Chemed lo había averiguado todo, quiso que Mutileder le refiriese
+su historia. Mutileder la refirió con elocuencia. Al hablar de
+Echeloría, aunque era hombre recio, se le saltaron las lágrimas. Con las
+lágrimas sobre sus mejillas y velando sus ojos azules, estaba el
+muchacho lo más bonito que puede imaginarse. Chemed no se hartaba de
+mirarle; pero ¡con qué miradas! Vamos, no es posible explicar cómo eran.
+
+Chemed tenía cerca de treinta y cinco años. Mutileder no había conocido
+a su madre. No sabía lo que era la amistad y el cariño de la mujer.
+
+--¡Pobrecito mío! exclamaba Chemed. ¡Pícaro Adherbal! No paga con la
+vida el mal que te ha hecho. Haces bien en querer vengarte y salvar a
+Echeloría de las garras de ese monstruo. Mira, Mutileder: dentro de
+cuatro días debo yo salir para Tiro, donde tengo que arreglar mis
+asuntos, muy desordenados desde que mi marido murió. Tú vendrás en mi
+compañía. Considérame como a tu amiga más leal.
+
+Y sencillamente Chemed tomaba la mano del inocente mozo, y la estrechaba
+entre las suyas y la retenía en cautividad, equilibrando el calor
+superior que había en las de ella con el calor que él tenía en su mano.
+
+Todavía se puso más interesante y bonito Mutileder cuando habló con
+efusión del eterno amor y de la fidelidad que él y Echeloría se habían
+jurado. Chemed celebraba todo esto, y lo hallaba muy a su gusto.
+
+--Sí, hijo mío, decía a Mutileder, así debe ser. Dichosa Echeloría, que
+encontró en ti un modelo de amantes. No suelen ser como tú los demás
+hombres, sino volubles y perjuros. Todas mis riquezas, toda mi posición
+daría yo si hubiese encontrado un amante tan resuelto y fino como tú.
+
+En suma, esta conversación siguió largo rato, y yo tengo notas y apuntes
+que me ha suministrado D. Juan Fresco y que me harían muy fácil
+referirla con todos sus pormenores; pero, como mi historia tiene que ir
+en un ALMANAQUE sin excitar a nadie a que los haga, y no puede
+extenderse mucho, sino ser a modo de breve compendio, me limitaré a lo
+más esencial, deslizándome algunas veces, con rapidez y como quien
+patina, en aquellos pasajes que más se presten a ello por lo
+resbaladizos.
+
+
+
+
+V.
+
+
+Cuatro días después de la conferencia primera entre Chemed y Mutileder,
+salían ambos de Málaga para Tiro en una magnífica nave. Mutileder iba en
+calidad de secretario privado de la dama para llevarle la
+correspondencia en lengua ibérica.
+
+La amistad de ambos era íntima, y Mutileder, siempre que se veía en
+presencia de Chemed, estaba contento y como orgulloso de tener tan
+elegante y discreta amiga. Chemed tenía además mucho chiste y
+felicísimas ocurrencias: decía mil graciosos disparates; y Mutileder se
+regocijaba y reía sin poderlo remediar; pero, cuando estaba sólo, amarga
+melancolía se apoderaba de su alma, pensamientos crueles le
+atormentaban, y algo parecido a remordimientos le arañaba el corazón,
+como si fueran las uñas de un gato, o digamos mejor, de un tigre.
+
+Mutileder hablaba entre dientes, lanzaba desconsolados suspiros,
+manoteaba y hasta se golpeaba y pellizcaba sin compasión, y solía
+exclamar:
+
+«¡Qué diablura! ¡Qué diablura!»
+
+En presencia de Chemed o se olvidaba de su dolor o le refrenaba y
+disimulaba. Ésta, a no dudarlo, era la diablura, a que su exclamación
+aludía.
+
+Mutileder había tenido ya tiempo para meditar, reflexionar y hacer
+severo examen de conciencia, y no se absolvía, sino que se condenaba por
+débil, perjuro y desleal, en grado superlativo.
+
+A veces quería disculparse consigo mismo, y no lo lograba.
+
+«Yo, decía, sigo amando a Echeloría, y Chemed no obsta para ello. Voy a
+buscar a Echeloría, a libertarla y a vengarla, y Chemed me ayuda en mi
+empresa. El cariño de Chemed tiene algo de maternal. ¡Es tan buena
+conmigo!--¡Es tan alegre y chistosa! ¡Qué tonterías tan saladas se le
+ocurren! ¿Cómo no he de reírme al oírlas? ¿He de estar siempre llorando?
+No: no es menester llorar: no es menester negarse a todo consuelo, como
+una bestia feroz, para demostrar que es uno fiel y consecuente. Ya
+veremos cuando me encuentre con Adherbal si amo a Echeloría o si no la
+amo.»
+
+Estas y otras sutilezas y quintas esencias alambicaba, fraguaba y se
+representaba Mutileder para justificarse; pero, como hemos dicho, no lo
+lograba nunca.
+
+De aquí su pena cuando estaba solo: y no sé de dónde, el olvido de su
+pena cuando de Chemed estaba acompañado. ¡Contradicciones inexplicables,
+raras antinomias de los corazones de los mortales!
+
+De esta suerte, en soliloquios románticos, acerbos y dignos de Hamlet,
+siempre que estaba sin Chemed; y en coloquios amenos, en pláticas
+tiernas, y en juegos y risas, cuando Chemed aparecía, vivió Mutileder; y
+así se pasó el tiempo, caminó la nave, se detuvo en varios puntos de
+África y en algunas islas del archipiélago de Grecia, y llegó al fin a
+Tiro, capital entonces de Fenicia desde la ruina de Sidon, cuando los
+filisteos, rubios descendientes de Jafet, vinieron de Creta por mar,
+mientras que del lado del desierto de Arabia entraban los israelitas en
+la tierra de Canaan y lo llevaban todo a sangre y fuego. Tiro había
+hecho después renacer el poder cananeo o fenicio y estaba en toda su
+gloria y florecimiento. Sobre el trono de Tiro resplandecía el rey
+Hiram, amigo de Salomón, hijo de David. Israelitas y fenicios eran
+estrechos y felices aliados.
+
+Muy largo sería describir aquí la grandeza de Tiro. Dejémoslo para mejor
+ocasión. Lo que importa es decir que Mutileder buscó a Adherbal en
+seguida y no le halló. Pronto supo con rabia que el infatigable marino,
+sin reposar casi, se había encargado del mando de la flota, que Hiram y
+Salomón expedían con frecuencia a la India, desde el puerto de
+Aziongaber en el mar Rojo. Tres días antes de la llegada de Mutileder y
+de Chemed, Adherbal se había puesto en marcha para tomar el mando
+referido.
+
+Adherbal debía pasar por Jerusalén. Mutileder no pensó más que en
+perseguirle y alcanzarle, antes de que se embarcara para tan larga
+navegación, de la que sabe Dios cuándo volvería.
+
+Temiendo que le faltasen las fuerzas y el valor para despedirse de
+Chemed, Mutileder preparó su viaje con el mayor sigilo, aprovechando la
+salida de una caravana; y, montado en un ligero dromedario, salió para
+Jerusalén, cuando Chemed menos lo sospechaba.
+
+Chemed lo supo y lo lloró al leer una carta que él escribió antes de
+partir y que entregó a Chemed una persona de toda confianza. La carta
+decía como sigue:
+
+«Mi querida Chemed: Yo soy el más débil y el más malvado de los hombres.
+Debí huir de ti desde el primer momento y no entregarte nunca un corazón
+que no te pertenecía, que era de otra mujer y que jamás podía ser tuyo.
+Todo el afecto, toda la ternura que te he dado, ha sido falsía, perjurio
+e infamia. Y no porque yo fingiese esa ternura y ese afecto, que al
+contrario brotaban a borbotones, con toda sinceridad y con vehemente
+efusión, del fondo de mi pecho, sino porque, al consagrártelos, faltaba
+a la fe jurada, rompía el sello de la fidelidad que había puesto
+Echeloría sobre mi alma, y me rebajaba hasta la vileza. De aquí mi lucha
+interior; de aquí mis contradicciones y extravagancias. A veces reía yo,
+jugaba y me deleitaba contigo; pero, cuando más contento estaba, surgía
+como espectro, como aterrador fantasma, de las profundidades de mi ser,
+el mismo amor ultrajado, el cual me azotaba rudamente con el azote de
+los remordimientos. Otros amantes, mientras más aman, se hacen más
+dignos del amor, porque el amor hermosea y sublima los espíritus; pero
+yo, amándote, me degradaba en vez de elevarme, porque pisoteaba
+juramentos y promesas, y no amándote, me degradaba también, porque
+recibía de ti inmensos e inestimables tesoros de cariño que no acertaba
+a pagar. Si olvidaba a Echeloría para amarte era yo un perjuro, y si no
+te amaba, para seguir amando a Echeloría, un falso, un estafador y un
+ingrato. Situación tan horrible y poco digna no podía durar. El cielo ha
+estado benigno conmigo, aunque no lo merezco, proporcionándome ocasión
+de dejarte con razonable motivo, sin que puedas tú tildarme de galán sin
+entrañas. Adherbal no está en Tiro. Mi deber es perseguirle. La ofensa
+que me ha hecho no puede quedar impune. Tú misma me tendrías por vil y
+cobarde si yo no me vengara. No extrañes, pues, que te deje para cumplir
+con esta obligación.--Adiós; adiós para siempre, ¡oh generosa y dulce
+amiga!»
+
+Tal era la carta que escribió Mutileder, en buen fenicio, sin ninguna
+falta de gramática ni de ortografía. Chemed la leyó con lágrimas en los
+ojos y haciendo otros mil extremos de amoroso sentimiento.
+
+Mutileder, entre tanto, caballero en su dromedario y lleno de
+impaciencia, iba trotando y galopando hacia Jerusalén. Harto de la pausa
+con que la caravana marchaba, tomó un guía, poseedor de otro dromedario
+tan ligero como el suyo, y se adelantó al resto de sus compañeros de
+viaje. Así llegó en pocas jornadas a la ciudad que casi había creado
+David, y que Salomón acababa de fortificar y hermosear con admirables
+monumentos. La había ceñido de altas torres almenadas y de fuertes y
+gruesos muros; había edificado, sobre gigantescos sillares, en la cumbre
+del monte Moria, donde fue el sacrificio de Abraham, el maravilloso y
+único templo del Dios único, y había coronado las alturas de Sion con
+inexpugnable ciudadela y con alcázar suntuoso.
+
+Dilatando Salomón sus conquistas al Sur del mar Muerto, domeñando a los
+hijos de Edom, de Amalec y de Madian, y enseñoreándose de Elath y de
+Aziongaber, abrió puertos para comerciar con el Hadramauth y el Yemen,
+con el alto Egipto, con la Nubia y con las Indias orientales. Cortando
+luego las corpulentas hayas y los pinos y cedros seculares del Líbano,
+haciéndolos llevar en hombros de los más robustos varones de las
+naciones vencidas, como de los _refaim_, por ejemplo, raza descomedida
+de gigantes, que casi ladraban en vez de hablar; y trabando entre sí los
+leños con arte y maestría, hizo formar Salomón flotantes castillos que
+resistiesen el ímpetu de los huracanes y el furor de las olas. En medio
+del desierto, Salomón había fundado a Tadmor, célebre después con el
+nombre de Palmira, en un oasis lleno de palmas, a fin de que fuese
+emporio riquísimo y lugar de reposo de las caravanas que iban desde las
+orillas del Jordan a las del Eufrates y del Tígris; a Damasco, a Nínive
+y a Babilonia. Estaba, por último, interesado Salomón en el comercio de
+los fenicios con Társis o Iberia, patria de Mutileder, y aun de más
+allá, hacia el Occidente y Norte del mundo; bastante más allá, porque
+las naves tirias llegaban hasta el Báltico. Por todo lo cual refluía
+sobre Jerusalén cuanto Dios crió de bienes temporales. La plata era tan
+común, que se miraba con desprecio. Todo se fabricaba de oro purísimo,
+hasta los trastos de cocina. De Arabia venían perfumes; de Egipto, telas
+de lino, caballos y carros; esclavos negros y marfil, de Nubia; y
+especierías y madera de sándalo, y perlas, y diamantes, y papagayos y
+jimios y pavos reales, y telas de algodón y de seda, de allá de la
+desembocadura del Indo. Oro venía de todas partes, ya de Tíbar, ya de
+Ofir; ámbar y estaño, del Norte de Europa; cobre y hierro, de España. De
+esta suerte abundaba todo en Jerusalén. La fama del rey volaba por el
+mundo, porque el rey excedió a los demás reyes, habidos y por haber, en
+ciencia y en riqueza; y no había persona de buen gusto que no desease
+ver su cara, y sobre todo, los hijos de Israel, a quienes las naciones
+extranjeras respetaban y temían, por donde vivieron ellos tranquilos y
+venturosos, a la sombra de sus parras y de sus higueras, desde Dan hasta
+Beersebá, durante todos los días de aquel reinado.
+
+Pues, como íbamos diciendo, a esta espléndida ciudad de Jerusalén llegó
+nuestro bermejino prehistórico, acompañado de su guía, pero más confiado
+en su fiero garrote y en la primorosa honda que le había regalado
+Echeloría, y con la cual, según suele decirse, no se le cocía el pan
+hasta que vengase a su primer amor, descalabrando al raptor injusto de
+una violenta y certera pedrada.
+
+Preocupado con estos pensamientos de venganza, y como hombre que va a su
+negocio y que no viaja a lo _touriste_, Mutileder no quiso visitar las
+curiosidades de Jerusalén ni enterarse de nada de lo que allí sucedía, a
+no ser del paradero de Adherbal.
+
+Imagine el pío lector qué desesperación no sería la de Mutileder cuando
+en seguida supo de buena tinta que Adherbal, viendo que urgía darse a
+la vela, y llegar pronto al Océano, para no desperdiciar la monzón,
+favorable entonces a los que iban a la India, había salido en posta, con
+dromedarios que de trecho en trecho estaban ya preparados y escalonados
+en el camino, a fin de verse cuanto antes en el puerto de Aziongaber,
+orillas del mar Bermejo.
+
+Imposible de toda imposibilidad era ya que Mutileder llegase a donde
+estaba el marino fenicio, quien se sustraía así a su venganza. Tiempo
+había de pasar, pampanitos había de haber, antes de que dicho marino se
+pusiese a tiro de su honda o al alcance de su garrote.
+
+Creyó entonces Mutileder que Adherbal se había llevado consigo a
+Echeloría para que fuese ornamento principal de la nave capitana, desde
+donde había de mandar la flota; y su rabia rayó en tal extremo, que
+pateó, juró, bufó, blasfemó, y hasta hubo de arrancarse a tirones
+algunos de los rizos hermosos y rubios que coronaban su cabeza.
+
+En medio de todo, fue grande su consolación cuando logró saber que el
+pícaro y cortesano marino, rastrero adulador de príncipes, había hecho
+presente a Salomón de la preciosa Echeloría.
+
+
+
+
+VI
+
+
+¿Cómo resistir aquí a la tentación de encarecer lo mucho que D. Juan
+Fresco se ensoberbece y ufana, y lo orondo que se pone, y lo por bien
+pagado que se da de haberse pelado las cejas descifrando y leyendo las
+inscripciones y papiros manuscritos de donde está sacada esta historia?
+Por ella consta que un bermejino, pues al cabo bermejino era Mutileder,
+ya que Vesci era la Villabermeja de entonces, rivaliza con Salomón y
+viene a hacer el brillante y extraordinario papel que verá el que
+siguiere leyendo.
+
+Mutileder no se amilanó al saber que Echeloría estaba en el harén
+salomónico; antes dispuso quedarse en Jerusalén, espiar ocasión
+oportuna, y, no bien se presentase, asirla por el copete, arrebatando a
+la linda moza de entre las manos del Rey Sabio. No por eso pensó en
+hacer el más leve daño a Salomón. Mutileder era muy monárquico, y el
+Rey, por ser rey y por su ciencia infusa y demás virtudes, le infundía
+respeto. Salomón, además, no tenía culpa ninguna ni había ofendido a
+Mutileder. Había aceptado el presente que le habían traído, y había dado
+prueba de buen gusto al aceptarle y guardarle.
+
+A veces concebía Mutileder cierta halagüeña esperanza. Imaginaba que
+Echeloría había de llorar por él y había de decir a Salomón, con todo
+miramiento y finura, que no le amaba porque amaba a otro; y daba por
+cierto que Salomón, que era benigno con las mujeres, y tan galante y
+condescendiente que las consentía tener ídolos de la tierra de cada una
+de ellas no debía de ser feroz con Echeloría, sino que, no bien supiese
+que su ídolo era Mutileder, había de ceder en sus pretensiones.
+Mutileder llegaba a columbrar como probable que el Rey le hiciera buscar
+para entregarle a la muchacha, y hasta que quizá se allanase a ser
+padrino de la boda.
+
+La entereza, constancia y resistencia de Echeloría habían de mover a
+todo esto, y a más, el ánimo generoso de Salomón. ¿Qué le importaba a
+este gran Rey una mujer más o menos, cuando tenía en su harén
+setecientas reinas, ochocientas concubinas e infinito número de
+princesas? Así, pues, lo natural era que, viendo Salomón a Echeloría
+enamorada de otro, afligida y llorosa, y rechazándole por estilo arisco
+y montaraz, había de mostrarse desprendido.
+
+Al hacer esta suposición, muy plausible, Mutileder se ponía colorado de
+vergüenza. Se presentaba en su imaginación lo bien que se portaba
+Echeloría, huraña como un gato y firme como una roca, veía el
+desprendimiento regio y la nobilísima conducta de Salomón, y se
+consideraba indigno, y quería, al recordar sus infidelidades con Chemed,
+que se abriese la tierra y le tragase.
+
+Estos remordimientos, esta compunción y este sonrojo por la culpa
+tenían, sin embargo, bastante de sabroso y de dulce. ¡Ay, cuán pronto se
+trocó todo ello en amargura cuando oyó Mutileder lo que en Jerusalén se
+decía de público en calles y plazas!
+
+Para saber lo que se decía conviene tomar las cosas de atrás y entrar en
+algunas explicaciones.
+
+El palacio de Salomón era inmenso, y la sociedad en él muy amena.
+Multitud de poetas y de tocadores de arpas, tímpanos y salterios, le
+regocijaban de continuo. Allí había diestras bailarinas, artistas
+ingeniosos que hacían muebles elegantes y otras obras de extremado
+primor, y los mejores cocineros que entonces se conocían. Aquello era,
+en grado superlativo, en elevación a la quinta potencia, perpetua boda,
+de Camacho. Salomón y sus mujeres y servidumbre devoraban cada día
+treinta bueyes cebados, cien ovejas y multitud de ciervos, búfalos,
+gacelas y aves. Y no se crea que porque comiesen poco pan. El consumo
+diario de harina empleada en hacer pan, tortas, bollos y pasta _frolla o
+flora_, era de noventa coros, o sea cuarenta y cinco cahíces, de doce
+fanegas se entiende.
+
+Así es que en el palacio de Salomón hasta el último pinche se regalaba a
+pedir de boca y estaba gordo y lucio.
+
+Las mujeres, tanto por naturaleza cuanto por los afeites que usaban,
+parecían celestiales y de variadísimo mérito. En aquella época no
+llevaban nombres puestos a la ventura, sino nombres significativos de
+sus más egregias cualidades, por donde sólo con mentarlas se puede
+colegir, lo que valían. Entonces no se llamaba Doña Sol una fea, ni
+Blanca una negra, ni Dolores una regocijada, ni Rosa la que olía mal o
+era áspera como cardo ajonjero.
+
+Las favoritas de Salomón lo habían sido y llevaban los nombres que
+llevaban porque lo merecían. La hija del Faraón, que fue, a no dudarlo,
+Meneftá II, se llamaba Uom-anhet, esto es, Destroza-corazones. Ella
+inspiró a Salomón el primer amor, profundo y suave. Salomón era muy
+muchacho cuando se casó con ella, y ella le trajo en dote a Gezer y doce
+mil caballos para la remonta de su caballería. Después amó Salomón con
+locura a Anahid, Lucero de la mañana, hija del Rey de Armenia. Se
+refiere que, repudiada ésta, hubo de volver a su patria, donde tuvo un
+hijo de Salomón, de quien procede el famoso Abagaro, a quien Cristo
+escribió una carta y envió su efigie. Después amó Salomón con no menor
+locura a Leliti, la Noche, princesa de Etiopía. Luego amó
+apasionadamente a Vahar, a quien trajeron de la India las primeras naves
+tirio-hebreas que fueron por allí. Esta Vahar, o dígase Primavera, era
+de la familia de los Sakias, reyes de Kapilavastu, y por consiguiente,
+parienta del ilustre Sakiamúni, que había de ser Buda, y fundar una
+religión en que creyese cerca de la mitad del humano linaje.
+
+Por último, pasión más durable que todas había concebido, alimentado y
+guardado Salomón por la Sulamita, en cuya alabanza dejó compuestas las
+poesías amatorias más bellas que habían sonado hasta entonces en lengua
+humana.
+
+Pero Salomón, en medio de tantos deleites y triunfos, estaba hastiado.
+Nada le satisfacía. Todo era para él vanidad de vanidades y aflicción de
+espíritu. Ni siquiera tenía el goce del amor propio y del orgullo,
+porque sostenía que su grandeza se debía al acaso y no a su carácter ni
+a su entendimiento y prudencia. Salomón había recapacitado y había visto
+que, debajo del sol, ni la carrera era de los ligeros, ni la guerra era
+de los fuertes, ni el bienestar de los listos, ni de los prudentes la
+riqueza, ni de los elocuentes el favor, sino que todo era caprichoso
+resultado de la ciega fortuna.
+
+Y hallándose su alma en tan doloroso estado, fue cuando Adherbal le
+presentó a Echeloría.
+
+Y el pueblo de Jerusalén afirmaba que Salomón la había conocido y la
+había amado. Y que la había hallado rosa de Saron y lirio de los valles.
+Y que había comparado su cabeza rubia, por la majestad, con el Carmelo,
+y el olor de sus vestidos al olor del almizcle y al de las silvestres
+flores que crecen en el Líbano.
+
+La ternura de Salomón por Echeloría se aseguraba que excedía a la de
+Jacob por Raquel y a la de Isaac por Rebeca. Se daba por cierto que la
+amaba mil veces más que había amado a las otras mujeres: que sentía por
+ella todo género de afecto; que con el espíritu puro la estimaba y
+quería como su padre David había estimado y querido a Jonatás, muerto en
+las alturas de Gelboé por los filisteos; y que de un modo tempestuoso la
+idolatraba como el príncipe de Siquen había idolatrado a Dina.
+
+Todos estos rumores llegaban cada vez con más consistencia a los oídos
+de Mutileder y le iban dando mucho que sentir y no poco que sospechar:
+le iban dando, permítaseme lo vulgar de la frase en gracia de lo
+gráfico, muy mala espina.
+
+¿Cómo era posible que Echeloría resistiese a tantas seducciones? ¿Cómo
+había de entenderse el amor de Salomón, si la muchacha, en vez de estar
+amable, estuviese zahareña y cogotuda?
+
+En vista de estas y de otras reflexiones, y de no pocos indicios y
+pruebas que vinieron después, el pobre Mutileder tuvo al fin que abrir
+los ojos, y que reconocer que Echeloría se había dejado querer, y hasta
+que pagaba a Salomón su cariño, queriéndole y siendo infiel y perjura a
+su Mutileder y a los juramentos hechos en Aratispi y en Churriana.
+
+Por falta de elocuencia dejo de pintar aquí el furor de Mutileder cuando
+de esto se hubo cerciorado. Ni Otelo ni el Tetrarca estuvieron después
+más celosos y furiosos.
+
+Pero nuestro bermejino no se limitaba a lamentos estériles. Siempre
+tomaba resoluciones y procuraba darles cima. La que ahora tomó fue la de
+matar a puñaladas a Echeloría y matarse él a renglón seguido con el
+propio puñal. Lo difícil era ver a Echeloría para matarla.
+
+Chemed, ocupada en Tiro con sus asuntos, se había consolado de la
+ausencia de Mutileder, pero le conservaba buena amistad, y le había
+enviado cartas de recomendación para Adoniram, que era el mayordomo de
+Salomón, y para otros personajes de la Córte. Con estas cartas y con su
+hermoso rostro, gentil presencia y gallardo cuerpo, que más que nada le
+recomendaban, Mutileder pretendió y consiguió sin dificultad entrar en
+la guardia personal del rey.
+
+Componíase dicha guardia de sugetos de no poco fuste; de señores y hasta
+de príncipes de las dinastías destronadas, cuyos reinos se habían
+anexionado Salomón y su padre, y de cuyos bienes habían ido
+incautándose. Allí había heteos, amorreos y jebuseos; caballeros de la
+casa de Abinadab, rey de Kiriath-Yarin; dos sobrinitos de Og, rey de
+Basan, a quienes apenas apuntaba el bozo y tenían ocho codos de
+estatura; varios nietos de Hamnon, rey de los Amonitas; y _para
+complemento de hermosura_, como dice Ezequiel, hablando de los pigmeos
+de Tiro, una pequeña tropa de idénticos pigmeos, que no se levantaban un
+codo de la tierra, pero que eran certeros y terribles disparando
+ponzoñosos dardos.
+
+Encubriendo siempre en los abismos oscuros del alma su terrible
+propósito de matar a Echeloría y de matarse él, Mutileder se ingenió de
+suerte que se ganó la voluntad de sus jefes inmediatos y hasta del
+General Benaya, tan ágil para cortar cabezas, según lo demostró a
+principios de aquel reinado, enviando al otro mundo, a fin de cimentar
+bien el trono, a Adonia, hermano mayor del rey, y a otros personajes.
+
+Con este favor, pronto subió Mutileder a capitán de una compañía de
+filisteos, rubios casi tanto como él, y que formaban parte de la guardia
+real.
+
+Lo que no pudo conseguir fue ver a Echeloría. Lo que no pudo inspirar
+fue la absoluta e indispensable confianza para llegar a ser uno de
+aquellos sesenta valientes, los más probados y selectos, que rodeaban el
+tálamo de Salomón por la noche (algo parecido a nuestros Monteros de
+Espinosa), y que andaban siempre con la espada sobre el muslo, por temor
+de los duendes y vestiglos, que eran traviesos, traían revuelto el
+alcázar, y no hubieran dejado, sin la citada precaución, un instante de
+sosiego a las reinas y demás señoras.
+
+¿Quién sabe si la misma gentileza de Mutileder sería óbice para que
+entrase él en el número de los sesenta, no hiciera el diablo que
+inquietase a las damas en vez de aquietarlas? Lo cierto es que su
+gentileza ya mencionada, su discreción, despejo y buen trato, se
+hicieron notorios en Jerusalén, y que las damas le ponían en las nubes.
+Hasta un no sé qué de torvo, de melancólico y de trágicamente distraído,
+que había en su lindo semblante, le hacía más grato a las damas.
+
+Así las cosas, cuando ocurrió una novedad grandísima, que contribuyó a
+glorificar el reinado de Salomón más todavía.
+
+
+
+
+VII
+
+
+Además de los libros que conocemos, Salomón escribió otros muchos que se
+han perdido. Compuso tres mil parábolas y mil y cinco cantares, y
+disertó sobre árboles y plantas, desde el cedro hasta el hisopo que nace
+en la pared, y sobre aves, cuadrúpedos, reptiles y peces. Quieren decir
+que supo muchas cosas que después se olvidaron; unas han vuelto a
+descubrirse; otras quizá no se descubran nunca de nuevo. Así, por
+ejemplo, parece que atraía por medio de pinchos de metal los rayos y las
+centellas; que entendía la lengua de los pájaros; que conocía la fuerza
+oculta de la palabra humana y obraba por ella mil prodigios; que los
+genios le obedecían; y que era sabedor de todas las doctrinas mágicas de
+Enoch y de las que Abraham había aprendido en su patria, Ur de los
+caldeos, y de las que estudió Moises en los colegios sacerdotales de las
+orillas del Nilo.
+
+Sea de esto lo que se quiera, no puede negarse que su fama de sabio se
+extendió por todas partes.
+
+La reina de Sabá, cuyo nombre, según hemos llegado a averiguar, era
+Guadé, que en el idioma hymiárico, hablado entonces en su reino,
+equivale a _Amor_ o _Amistad_, oyó hablar de Salomón y quiso probarle
+con preguntas y acertijos.
+
+Embarcóse, pues, esta augusta señora en Aden, que era el mejor puerto de
+sus Estados, y con próspero viento, navegando por el mar Bermejo, aportó
+a Aziongaber, y desde allí, por Sela, Beersebá y otras poblaciones,
+llegó hasta Hebron, donde el Rey Sabio salió a recibirla con mucha
+cortesía y aparato.
+
+No entro aquí en descripciones del viaje de esta reina, de la pompa con
+que venía, de su entrada en Jerusalén, acompañada ya de Salomón, que la
+hospedó en su palacio, y de las fiestas que hubo con este motivo. Sería
+muy largo contar todo esto. Contentémonos con decir que los regalos que
+dio la reina a Salomón fueron magníficos, y no inferiores los que de
+Salomón recibió ella; que ella se quedó pasmada del lujo que gastaba
+Salomón; y que, como Salomón le adivinó de tenazón todos sus más
+enmarañados acertijos, ella se quedó doblemente pasmada de su sabiduría.
+
+Salomón, que era fino y discreto, creyó que el mayor obsequio que podía
+hacer a Guadé, mientras morase en su alcázar, y siendo ella de un moreno
+muy subido de punto, era darle para guardia de su persona a los
+filisteos que mandaba Mutileder, todos rubios, blancos y sonrosados. En
+efecto, los filisteos la impresionaron agradablemente; pero Mutileder,
+su capitán, le pareció una divinidad y no un hombre cualquiera.
+
+Era Guadé tan hermosa como las noches serenas del estío; sus ojos
+brillaban como carbunclos, y en oposición a su rostro, algo tostado,
+relucían como perlas sus dientes blanquísimos. Sabía mucho. Era un
+Salomón con faldas. Pronto con sus miradas fulmíneas derritió la triple
+placa de bronce que el empeño de ser consecuente había puesto en torno
+del corazón de Mutileder. Y Mutileder y Guadé se amaron, a pesar de
+Chemed y de Echeloría.
+
+Guadé, a quien importaba desengañar por completo a Mutileder, el cual le
+había contado toda su historia, menos su plan de tragedia; Guadé, que
+hablaba en toda confianza con Salomón y sabía los secretos del harem,
+reveló y probó a su joven amigo que Echeloría amaba a Salomón con
+delirio.
+
+Esto indujo más a Mutileder a amar con delirio también a Guadé, no sólo
+porque ella se lo merecía, sino para no ser menos y tomar represalias y
+desquite.
+
+Y sin embargo, y aquí entra lo más patético de mi cuento, si bien era
+cierto que Echeloría y Mutileder estaban enamorados el uno de su reina y
+de su rey la otra, ambos sentían, en medio de la embriaguez del nuevo
+amor, pesar tremendo, torcedor horrible en la conciencia, y pasión de
+ánimo, que amenazaban matarlos.
+
+Las mismas imaginaciones, las mismas ideas acudían al alma de los dos,
+aunque no se veían ni se hablaban. Se sentían rebajados y humillados.
+Eran juguetes de la casualidad. La voluntad de ellos carecía de firmeza.
+¿Había sido ensueño infantil el amor que se tuvieron? ¿Había sido burla
+ridícula el juramento que se hicieron repetidas veces? O no había sido
+santa y hermosa aquella primera pasión, y entonces lo más poético de la
+vida de ambos se desvanecía; o si la pasión había sido santa y hermosa,
+ellos habían sido sacrílegos e infames, profanándola y hollándola.
+
+Mutileder desistió ya de matar a Echeloría y de matarse; pero aquel
+dolor oculto iba a matar a los dos. Y mientras más notaban ambos que el
+amor que tenían a Salomón y a Guadé era su encanto y su delicia, más
+culpados y viles se juzgaban y más ganas tenían de morirse, porque el
+sonrojo y la humillación destrozaban sus pechos, no bien dejaban de
+embargarlos y cautivarlos el frenesí y el vivo deleite que nacen de los
+coloquios y caricias en el amor bien correspondido.
+
+Salomón advirtió el mal de Echeloría, y Guadé advirtió el mal de
+Mutileder. Conferenciaron sobre ello. Se lo contaron todo. Buscaron
+remedio y no pudieron hallarle. ¿Qué hierba, qué elixir, qué talismán
+sería poderoso contra tan rara dolencia, que designaron con el nombre de
+_dolencia de los dos amores_?
+
+Presintieron los reyes que iban a perecer sus dulces amigos y se
+desconsolaron. Todo era cavilar en balde qué habían de hacer para
+salvarlos. Llegaron hasta a ser tan generosos que proyectaron ceder él a
+Echeloría y ella a Mutileder para que se casasen. Pero luego
+consideraron que esto sería peor. Al verse, se avergonzarían de verse;
+no dejarían de amar de otro modo a Salomón y a Guadé; no podrían amarse
+entre sí del mismo amor que los amaban, y morirían más pronto y más
+desesperadamente.
+
+El lance no tenía otra solución que la más lúgubre, a no ocurrir algo
+con visos de milagro, como ocurrió en efecto.
+
+
+
+
+VIII
+
+
+Años atrás, en los últimos del reinado de David, había venido a
+Jerusalén un príncipe hiperbóreo, a quien de fama conocen sin duda mis
+lectores. Hablo del sapientísimo Abaris, que caminaba montado en una
+flecha. Si era la aguja de marear aplicada a la navegación aérea o algo
+por el mismo orden, no acertaré yo a decirlo en este momento. Lo que
+hace al caso es saber que Abaris viajaba con facilidad prodigiosa.
+
+David estaba viejísimo, y los sabios de Israel resolvieron que, para
+aliviar sus dolencias y hacer menos crueles los postreros años de su
+vida, era menester casarle con una jovencita bella e inocente; la flor
+de las doce tribus. Eligieron para esto los sabios a Abisag de Sunam, de
+quien, por una maldita coincidencia, Abaris, muy joven entonces, andaba
+perdidamente enamorado.
+
+Abaris hizo esfuerzos inauditos para disuadir a Abisag de sacrificarse a
+aquel viejo; pero ella, teniéndolo a mucha honra, y creyendo que cumplía
+con un deber en ser útil al Rey Profeta, desdeñó a Abaris y se unió con
+el Rey.
+
+Abaris montó en su flecha y se fue de Jerusalén hecho un veneno. A fin
+de vengarse del desdén de Abisag, ya que no en ella, en otras mujeres,
+se convirtió en seductor desaforado, en el D. Juan Tenorio o Lovelace de
+aquel siglo. Los medios de que disponía eran enormes. Era guapísimo,
+ágil y divertido en la conversación; y desde que, siglos antes, había
+venido su compatriota Olen a civilizar a tracios y pelasgos, no se había
+visto hiperbóreo de más doctrina en el Mediodía de Europa. Con esto, con
+su astucia, con sus chistes y con su atrevimiento, Abaris iba por todas
+partes haciendo estragos en los corazones femeninos.
+
+Entre tanto, murió David, subió Salomón al trono, y Abisag quedó en
+palacio como una de las reinas viudas, aunque en realidad no se podía
+decir que hubiese sido esposa del Santo Rey.
+
+Sabido es, no obstante, que Salomón quería que la tuviesen por tal y que
+asimismo viviese ella consagrada sólo a la memoria de David, cuyo
+último suspiro había recogido. Por esto se enfadó tanto Salomón cuando
+Adonia se atrevió a pedirle por mujer a Abisag. Y habiéndole perdonado
+que conspirase contra él, no le perdonó aquella insolencia, e hizo que
+Benaya le matase sin que pudiera valerle el haberse asido al cuerno del
+altar, en el templo mismo.
+
+Abaris, que tuvo noticia de todo esto, y que aun estaba enojado contra
+Abisag, tardó en volver a Jerusalén; pero volvió al cabo y precisamente
+en los días en que Salomón y la reina de Sabá andaban más afligidos con
+la dolencia de Echeloría y de Mutileder.
+
+Ignorábase qué proyectos traía Abaris, pero Salomón le recibió bien,
+porque Salomón apreciaba mucho la ciencia. Además, como Abaris era
+hombre de mundo, lo que se llama un rodaballo muy corrido, Salomón le
+puso al corriente de todo, a ver si él hallaba remedio para aquel mal.
+
+Abaris aseguró que curaría a los dos jóvenes iberos; pero que, en
+cambio, deseaba que Salomón le prometiese que había de otorgarle un don
+que intentaba pedirle. Salomón se lo prometió.
+
+Pasaron después tres días, durante los cuales Abaris pareció como que
+estaba estudiando. Al terminar los tres días, fue Abaris al regio
+alcázar, hizo que Salomón le presentase a Echeloría, y, no bien la hubo
+visto, Abaris dio un grito y se echó en los brazos de la joven,
+exclamando:
+
+--¡Gracias, gracias, benignos cielos: al fin he hallado a mi hija!
+
+Explicó entonces Abaris que él había estado en Aratispi; que allí había
+tenido amores con la madre de Echeloría, y que Echeloría era el fruto de
+dichos amores. Añadió luego que como entonces era él tan peregrino
+seductor, había tenido también amores en Vesci con la madre de
+Mutileder; y que por lo tanto, Mutileder era su hijo. En prueba de esto
+dio no pocos datos y razones, y la más sorprendente fue la de afirmar
+que ambos jóvenes iberos estaban sellados por él, en la espalda, desde
+el día en que nacieron, con una salamandra azul.
+
+Con la alegría que produjo tan fausto descubrimiento, se prescindió de
+la etiqueta de palacio. Vino Guadé y trajo consigo a Mutileder.
+Desnudaron las espaldas de ambos jóvenes y se vieron estampadas en ellas
+las salamandras. No cabía duda; eran hijos de Abaris, y por consiguiente
+hermanos.
+
+Todo se aclaraba y se justificaba así. El amor que se habían tenido era
+fraternal: nacido de la fuerza del parentesco. En vez de afligirse de
+haber sido ella robada por Adherbal y enamorada luego de Salomón, y él
+de sus infidelidades con Chemed y con Guadé, dieron gracias a los
+propicios hados que de aquella manera y por tan ocultos caminos los
+habían salvado de un crimen feísimo, que tal le hubieran cometido si
+llegan a casarse.
+
+Se disiparon, pues, las melancolías de Echeloría y de Mutileder; se
+abrazaron fraternalmente y más contentos que unas pascuas, y se
+encontraron muy a gusto de ser ella favorita de Salomón y él príncipe
+consorte en el reino sabeo, para donde se fue con su Guadé, cuatro días
+después de saber que era hijo de Abaris y de haber descubierto que tenía
+una salamandra azul en la espalda.
+
+Echeloría se quedó en Jerusalén, ya sin remordimientos y muy alegre.
+
+Abaris fue a ver a Salomón y a pedirle el don que había prometido
+otorgarle; pero como era hombre de mundo y precavido, llevaba preparada
+la flecha debajo del manto filosófico, poniéndose cerca del balcón
+abierto para hacer su petición, no fuera caso que Salomón se enfadase y
+tuviese él que salir volando, antes de que Benaya le hiciese pasar a
+mejor vida.
+
+La petición no era otra que la mano de Abisag.
+
+Salomón estaba de tan buen talante con la radical curación de Echeloría,
+que en seguida consintió en que Abisag se casara. Además, Abisag iba ya
+pasando de la juventud a la edad madura, y como la mayoría de las
+solteras algo pasadas, estaba tan jaquecosa, que Salomón no la podía
+aguantar, y se alegró de salir de ella.
+
+Todos, pues, fueron felices.
+
+Salomón tuvo una curiosidad y quiso que Abaris con el mayor sigilo la
+satisficiese.
+
+--¿Hay algo de verdad, le dijo, en lo que afirmas de que eres padre de
+Echeloría y de Mutileder?
+
+--En mi vida estuve en Iberia, contestó riendo Abaris. Confiesa que mi
+remedio ha sido ingenioso y eficaz. Sin él no se hubieran curado los
+chicos y hubieran sido capaces de morirse. Para hacer mas verosímil la
+historia, puse yo mismo por arte mágica en las espaldas de ambos las
+salamandras. Todo ha sido lo que allá en los tiempos venideros, dentro
+de cerca de tres mil años, llamarán los sabios y pulidos un _mito_, y
+los ignorantes y rudos, un _camelo_ o una _filfa_.
+
+
+
+
+ASCLEPIGENIA
+
+DIÁLOGO FILOSÓFICO-AMOROSO.
+
+_La escena es en Constantinopla. Siglo V de la Era Cristiana._
+
+Habitación de Proclo. Es de noche. Una lámpara de siete mecheros, puesta
+sobre un trípode o candelabro de bronce, ilumina la estancia. Puertas al
+fondo y a los lados.
+
+
+ESCENA I.
+
+PROCLO, de edad de cincuenta años, seco, escuálido, consumido por
+vigilias, ayunos, estudios y mortificaciones, aparece sentado en un
+sitial. Su discípulo, MARINO, está de pié, junto a él.
+
+
+MARINO.--¡Maestro! ¿Estás decidido a recibir esta noche?
+
+PROCLO.--Lo estoy. En cualquiera otra ciudad podría yo excusarme: en
+Byzancio no, que es mi patria. ¿Cómo privar a mis paisanos del auxilio y
+consuelo de la sabiduría?
+
+MARINO.--Difícil es; pero debieras reposar y cuidarte. Estás que parece
+el espíritu de la golosina, de puro desmedrado. Te vas a matar con
+tantos afanes.
+
+PROCLO.--Lléveme el cuerpo donde quiero ir, y luego que muera.
+
+MARINO.--Me afliges al decir eso. ¿Qué haré yo sin ti en este mundo?
+Pero dime, y perdona mi atrevida curiosidad; los que vienen a
+consultarte hablan siempre a solas contigo: no extrañes que note una
+contradicción...
+
+PROCLO.--Di cuál es, y te demostraré que es aparente.
+
+MARINO.--¿No afirmas tú que se requieren largos preparativos antes de
+comunicar la sabiduría? ¿Qué revelas entonces a los que te consultan?
+
+PROCLO.--No toda la verdad, cuyo resplandor los cegaría, sino algo de la
+verdad, velado en símbolos. Así el sol se vela entre nubes, a fin de que
+ojos mortales puedan fijarse en su disco glorioso.
+
+MARINO.--Veo que esta noche estás expansivo. ¿Me permites que te haga
+vanas preguntas?
+
+PROCLO.--Haz las que se te antojen. Si me es lícito, contestaré.
+
+MARINO.--Pues con tu venia: ¿qué nos trae aquí desde el fondo del Asia,
+donde estabas estudiando los más oscuros ritos y misterios del Oriente,
+y desentrañando su oculto sentido? ¿Es capricho de tu alma o mandato de
+un numen?
+
+PROCLO.--Hace ya años que mi alma no tiene caprichos. Es mandato de un
+numen.
+
+MARINO.--¿Puedo saber de cuál?
+
+PROCLO.--De Venus Urania.
+
+MARINO.--¿La evocaste?
+
+PROCLO.--No la evoqué. Ya sabes tú que en el día rara vez me tomo el
+trabajo de evocar a los númenes. Ellos mismos bajan del Olimpo y vienen
+a verme, enamorados de mi afable trato. Es verdad que en la escala de la
+vida ocupo lugar inferior al de ellos. Si quiero elevarme a la
+inteligencia y a la causa soberanas, a través de todas las
+manifestaciones corpóreas de su omnipotencia, tengo primero que subir
+por mil grados hasta llegar a dichos númenes, y aun después, desde los
+númenes hasta el manantial inexhausto de lo celeste y terrenal, del
+espíritu y la naturaleza, hay una peregrinación harto penosa. Por dicha,
+yo tengo un atajo, una trocha, un sendero recóndito y breve, por donde
+llego, no ya a la inteligencia y a la causa, sino más hondo: por donde
+llego al Uno. Me abstraigo de todo lo exterior; echo a un lado sentidos
+y potencias; borro imágenes de la fantasía; cubro con niebla densa todo
+lo escrito en la memoria; y, hundiéndome en el abismo del alma, hallo al
+que es. Allí nos juntamos él y yo. Allí él y yo no somos más que el Uno.
+De este modo se explica que, siendo yo simple mortal, sea tan
+considerado por los dioses. En la ligereza de carácter, propia de la
+serena beatitud de ellos, no caben estas reconcentraciones poderosas de
+la mente que me llevan al Uno. Ya te lo he dicho mil veces: por el
+principio vital, que gobierna mis sentidos, no valgo más que un perro;
+por el alma racional me quedo por bajo de las divinidades olímpicas; mas
+por la inteligencia especulativa e intuitiva, llego al Uno y dejo muy
+detrás de mí a los ángeles, a los demonios, a los genios y a los
+númenes. Por la unidad esencial que en mí hay, y de la cual hasta la
+inteligencia es emanado atributo, soy el Uno mismo. El Uno soy yo en los
+instantes dichosos de entusiasmo, de conjunción y de éxtasis.
+
+MARINO.--Por Hércules vivo, maestro, que me lleno de envidia siempre que
+te oigo afirmar esa unión, por la cual te pones en el Uno o te
+identificas con el Uno. Se me ocurre, no obstante, cierta dificultad.
+
+PROCLO.--Explánala y te la resolveré.
+
+MARINO.--¿Por qué, si hallas al Uno, hundiéndote en el abismo del alma,
+te allanas a buscarle en la naturaleza? ¿Por qué no estás siempre
+reconcentrado y como viviendo en la eternidad?
+
+PROCLO.--Para imitar al propio Uno. Porque el Uno y yo, además de ser el
+Uno, somos el Bien. Es nuestra ley no quedar en el centro, absortos en
+el absoluto egoísmo y en la inefable contemplación de nuestra esencia.
+Tenemos que salir fuera a crear y mostrarnos activos. De él y de mí
+emanan la voluntad, la inteligencia y la palabra, y ellas crean el
+mundo. Desenvuelve el Uno su idea, y van apareciendo el ser, la vida y
+la armonía y el movimiento, y cuanto es y será. Desenvuelvo yo mi idea,
+y nacen el arte, las religiones y la ciencia. Y la creación del Uno y mi
+creación se compenetran y confunden y vienen a ser la misma. ¿Me
+entiendes ahora?
+
+MARINO.--Me pasmo de tu claridad. Con sobrada razón mereces apellidarte
+el sumo pontífice de todas las creencias, el gran ciudadano de todas las
+repúblicas y el archi-metafísico de todas las metafísicas. No, Proclo,
+tú no eres un mortal.
+
+PROCLO.--En la esencia no lo soy. En la esencia soy eterno. Considerado
+en mi unidad, vivo en la eternidad primitiva: esto es, en un punto
+inmóvil, en el cual toda la duración infinita de los siglos se halla
+parada, cifrada y reconcentrada. Considerado en el ápice de mi mente, en
+la inteligencia, vivo en la eternidad secundaria; torrente de las
+existencias sucesivas, perpetuo tránsito, movimiento sin término,
+carrera sin meta, mudanza y proceso que no acaban.
+
+MARINO.--Y dime, maestro, el sacrificio que sin duda haces al salirte
+del Uno y penetrar con la mente y con el discurso y con el afecto en
+este universo visible, ¿qué principal propósito lleva?
+
+PROCLO.--Lleva varios propósitos; pero el principal es de la mayor
+trascendencia. La ley divina que sigue la historia me ha suscitado en el
+tiempo debido para una función importantísima. Mi espíritu toma carne
+hacia el fin de la civilización antigua para comprenderla toda en
+conjunto armónico. El genio de la Grecia, con sus castizas o peculiares
+creaciones, con los sueños de sus poetas desde Lino y Orfeo hasta ahora,
+con su pensamiento filosófico desde Pitágoras hasta Jámblico, con los
+descubrimientos de sus matemáticos, astrónomos y físicos, y con las
+enseñanzas arcanas de Samotracia y de Eleusis; el genio de la Grecia,
+con los despojos ópimos que trajo de Egipto, de Persia y hasta de la
+India, después de las conquistas del Macedón; todo este trabajo, toda
+esta aglomeración de doctrinas, experimentos y especulaciones, han
+venido a fundirse en mi cabeza como en horno o crisol candente. Ya
+fundido todo, he desechado la escoria por los bríos de mi virtud
+crítica, y he guardado sólo el metal limpio y puro. Por último, por otra
+virtud plasmante que hay en mí he vaciado ese metal como en un molde, y
+he sacado a la luz el refulgente y completo sistema de la antigua
+sabiduría. Los pueblos del Norte acabaron ya con el imperio de
+Occidente. El imperio de Oriente sucumbirá también. Pronto vendrá la
+barbarie. Las tinieblas de la ignorancia cubrirán el mundo. Yo seré,
+desde entonces hasta que aparezca la aurora de una nueva y tal vez más
+rica civilización, faro luminoso que alumbre y guie al humano linaje.
+
+MARINO.--Reconozco la importancia de tu vida y de tus obras. Pero,
+concretándonos al caso singular de tu venida a Byzancio, ¿qué es lo que
+a ello te mueve?
+
+PROCLO.--Muéveme amor.
+
+MARINO.--¿Amor de patria? ¿Amor de gloria?
+
+PROCLO.--Amor de una mujer.
+
+MARINO.--¡De una mujer! Me dejas turulato. ¿Quién había de suponer que
+pensabas en tales cosas?
+
+PROCLO.--No hay motivo para que te quedes turulato. ¿Qué tiene de
+absurdo que yo ame a una mujer? La amo desde que la vi: desde hace
+quince años. Ella tenía entonces diez y siete. Hoy tiene treinta y dos.
+Entonces era como capullo de rosa: hoy debe de brillar con toda la pompa
+y el esplendor de la hermosura, en la plenitud de su vida. Claro está
+que si yo estuviese siempre reconcentrado en el Uno, no la amaría; pero,
+volviéndome, y no puedo menos de volverme, al mundo exterior, ¿qué
+hallaré en todo él que represente mejor al Bien y al Uno mismo? ¿Qué
+imagen, qué trasunto, qué destello de la belleza increada descubrirá el
+sabio que valga más que la mujer hermosa? Cuando el artista quiere
+representar a la ciencia, a la poesía, a la virtud, ¿no les da forma de
+mujer?
+
+MARINO.--Es cierto.
+
+PROCLO.--No debes, pues, maravillarte de que yo ame en esta mujer a la
+ciencia, a la poesía y a la virtud con forma visible.
+
+MARINO.--Ya no me maravillo. ¿Y puedo saber cómo se llama tu amada?
+
+PROCLO.--Se llama Asclepigenia. Es la hija de mi maestro Plutarco. Ya te
+he dicho que la conocí quince años ha. La conocí en Atenas. Plutarco me
+acabó de enseñar la filosofía. Asclepigenia me inició en los misterios
+caldeos, en los ritos de las orgías sagradas y en los procedimientos más
+eficaces de la teurgia. Desde entonces estamos ella y yo ligados por
+amor espiritual y sublime. Su gallardo y lindo cuerpo ha sido sólo para
+mí como dorada nube, donde se me aparecía, en reflejos fugitivos, el sol
+eterno: toda la perfección del Ser.
+
+MARINO.--Nobilísima manera de amar fue la tuya... ¿Y ella, cómo te
+amaba?
+
+PROCLO.--Me amaba también con el alma y andaba enamorada del alma mía.
+
+MARINO.--¿Y por qué te separaste de ella?
+
+PROCLO.--Por mil razones. Ni ella ni yo queríamos contaminar la pureza
+del amor que para siempre nos une. Ambos anhelábamos seguir sin tropiezo
+el camino ascendente que hacia el bien y hacia la luz nos encumbraba.
+Éramos demasiado jóvenes. No estábamos aún a toda la altura a que nos
+importaba estar. Decidimos, pues, separarnos por amor de nuestro mismo
+amor. Prometimos reunirnos cuando ya no hubiese peligro alguno. Venus
+Urania me ha revelado que ya no le hay, y por eso vengo en busca de
+Asclepigenia.
+
+MARINO.--Notable revelación estuvo. No hay más que verte, maestro, para
+conocer que no estás peligroso.
+
+PROCLO.--Tienes razón que te sobra.
+
+MARINO.--La fama ha difundido, por esta gran capital, que la honras con
+tu presencia y que recibirás en consulta a tres personas cada noche. Por
+medio del senador Marciano, a fin de que la casa no se te llene de
+gente, han sido repartidos los billetes de entrada. Pronto irán llegando
+por su orden los que vienen hoy a verte. Tus siervos los detendrán en la
+antesala. Yo los conduciré luego hasta ti.
+
+PROCLO.--Aunque Marciano profesa la religión de Cristo, es muy amigo mío
+y se parece a mí en muchas cosas. Ama a la virgen emperatriz Pulqueria,
+como yo amo a la hija de Plutarco. Marciano, que pronto va a cumplir
+doce lustros, dos más que yo, dicen que se casará con Pulqueria, con
+quien ha de compartir, en honestidad santísima, el trono y el imperio de
+Oriente. Del mismo modo, Asclepigenia compartirá conmigo el trono y el
+imperio de la filosofía. Pero oigo ruido en la antesala. Ve y mira si ha
+venido alguien.
+
+(Sale Marino y vuelve un instante después.)
+
+MARINO.--¡Maestro! el primero que acude a consultarte es un bellísimo y
+elegante mancebo, llamado Eumorfo. Nadie se viste con tanto lujo y
+primor, nadie monta mejor a caballo, nadie baila con tanta gracia y
+gallardía. Por estas y otras prendas es el encanto de las damas más
+encopetadas.
+
+PROCLO.--¿Qué pretenderá de mí ese pisaverde? Dile que pase adelante.
+
+
+ESCENA II.
+
+PROCLO y EUMORFO a quien Marino acompaña, yéndose luego.
+
+EUMORFO.--Abismo del saber, lucero de la filosofía, archivo de todas las
+noticias divinas y humanas...
+
+PROCLO.--Amable mancebo, déjate de lisonjas y di lo que pretendes.
+
+EUMORFO.--Pretendo que me ilustres un poco.
+
+PROCLO (Con cierto desdén.)--¿Y para qué?
+
+EUMORFO.--No me desdeñes así. Confieso que no tengo por las ciencias la
+vocación más decidida. A ti, que todo lo penetras, ¿cómo he de intentar
+engañarte? Pero, francamente, mis chistes y agudezas, mis habilidades,
+mis talentos de sociedad, todo queda deslucido sin algo de filosofía.
+La filosofía se ha puesto en moda entre las señoras de los círculos
+aristocráticos, a quienes sirvo, pretendo y tal vez enamoro. Me falta
+este charol; dámele, y seré irresistible.
+
+PROCLO.--Aunque es vulgar, mezquino y un tanto cuanto pecaminoso el
+fundamento de tu deseo, tu deseo es bueno en sí, y me decido a
+satisfacerle; pero la empresa es ardua. Por más que no quieras tomar
+sino una ligerísima tintura, necesitas varias lecciones: necesitas
+asimismo consagrar a mi servicio y asistencia un par de horas diarias, a
+fin de que vayas recogiendo sentencias de las que se escapan de mis
+labios muy a menudo.
+
+EUMORFO.--Consagraré a tu servicio y asistencia ese par de horas diarias
+que dices.
+
+
+ESCENA III.
+
+DICHOS, MARINO.
+
+MARINO.--Una dama, que, si bien envuelta en velo argentino, deja
+traslucir que está dotada de majestuosa hermosura; una dama, cuyo traje
+de seda y cuyas joyas riquísimas manifiestan lo elevado de su clase,
+acaba de bajar de una silla de manos y se halla en la antesala
+aguardando que la recibas. Parece una diosa por el ritmo y la nobleza de
+su andar entonado y por el olor de ambrosia con que satura en torno el
+ambiente. ¿Le digo que aguarde?
+
+EUMORFO.--¡Venerando maestro! La galantería exige que recibas luego a
+esa dama. Yo aguardaré en otro cuarto.
+
+PROCLO.--Bien está. (Señalando a Eumorfo la puerta de la izquierda.)
+Entra en aquel. (A Marino.) Di a la dama que no se detenga.
+
+(Vanse Eumorfo y Marino.)
+
+
+ESCENA IV.
+
+PROCLO, ASCLEPIGENIA.
+
+(Eumorfo asoma la cabeza de vez en cuando, ve, escucha y hace gestos de
+asombro durante toda esta escena.)
+
+PROCLO.--¡Deslumbrante aparición! ¿Quién eres? ¿Eres mortal o diosa?
+
+ASCLEPIGENIA. (Alzando el velo y descubriendo el rostro.)--¿No me
+reconoces, Proclo?
+
+PROCLO.--¡Asclepigenia de mi corazón! ¡Cuán bella estás! Como el medio
+día vence al albor de la mañana, tu beldad de hoy vence a la beldad con
+que hace quince años resplandeciste en Atenas. No dudo que tu alma se
+habrá mejorado y hermoseado también.
+
+ASCLEPIGENIA.--No lo dudes. También mi alma se ha mejorado y hermoseado.
+
+PROCLO.--Sea mil veces enhorabuena. ¿Y de quién es tu alma?
+
+ASCLEPIGENIA.--En su unidad es del Uno. En todas sus facultades,
+virtudes, potencias y demás atributos, es siempre tuya.
+
+PROCLO.--¿Conque me amas?
+
+ASCLEPIGENIA.--Te amo. Apenas supe que estabas aquí, he venido a
+buscarte.
+
+PROCLO.--Ya no hay peligro.
+
+ASCLEPIGENIA.--Lo veo.
+
+PROCLO.--¿Viviremos juntos?
+
+ASCLEPIGENIA.--¿Y por qué no? Poseo un magnífico palacio donde
+albergarte. Serás mi filósofo. Contigo, por medio de la contemplación,
+en alas del entusiasmo y del amor sin mácula, me arrobaré, me extasiaré
+y me perderé en el Uno.
+
+PROCLO.--Así sea.
+
+ASCLEPIGENIA.--Ahora tengo que dejarte. No puedo faltar esta noche en mi
+palacio, donde aguardo visitas. Ve a instalarte allí desde mañana.
+
+PROCLO.--No aspiro a otra cosa.
+
+ASCLEPIGENIA.--Como supongo que no te habrás venido sin los utensilios
+de tu profesión, mis criados se presentarán aquí con un carromato para
+la mudanza de todos los libros y trastos de hacer milagros, hablar con
+los muertos y atraer a los genios y demonios.
+
+PROCLO.--Eres mi providencia terrenal. ¿Cómo pagar tanto cuidado?
+
+ASCLEPIGENIA.--Amándome.
+
+PROCLO.--Con el alma toda.
+
+ASCLEPIGENIA.--Para despedida, te permito que me des un casto beso en la
+frente.
+
+PROCLO. (Besándola con timidez respetuosa.)--Es la vez primera que la
+tocan mis labios. ¡Cuán regalado favor!
+
+ASCLEPIGENIA.--¡Adiós, amadísimo Proclo!
+
+(Vase)
+
+
+ESCENA V.
+
+PROCLO, EUMORFO.
+
+EUMORFO.--¿Sabes lo que digo, maestro?
+
+PROCLO.--Di, y lo sabré. No quiero tomarme el trabajo de adivinar tus
+pensamientos.
+
+EUMORFO.--Pues digo que se me van quitando las ganas de estudiar
+filosofía.
+
+PROCLO.--¿Y por qué?
+
+EUMORFO.--Porque la filosofía vuelve tonto a quien la estudia.
+
+PROCLO.--Te equivocas. Lo que hace la filosofía es reforzar las prendas
+que cada uno tiene. Al tonto no le vuelve discreto, ni al discreto
+tonto; pero al discreto le hace discretísimo, y al tonto tontísimo.
+
+EUMORFO.--Salvo el merecido respeto, te declararé entonces que tú propio
+te condenas.
+
+PROCLO.--¿De qué suerte?
+
+EUMORFO.--Porque mostrándote ahora tontísimo con toda tu filosofía,
+debiste de ser tonto en tu vida precientífica: tonto de nacimiento.
+
+PROCLO.--¿Y qué prueba he dado yo de esa tontería superlativa de que me
+acusas?
+
+EUMORFO.--La prueba es tu amor sublime por Asclepigenia.
+
+PROCLO.--¿Qué sabes tú de eso?
+
+EUMORFO.--Conozco a Asclepigenia muy a fondo.
+
+PROCLO.--Te alucinas. Quiero dar por supuesto que conoces las potencias
+de su alma, las cuales, en su efusión, han creado para ella un cuerpo
+tan hermoso; pero la esencia eterna de esa alma misma, que es lo que yo
+amo y por lo que soy amado, está en un punto inaccesible para ti.
+
+EUMORFO.--¿Consientes que me valga de un símil?
+
+PROCLO.--Valte de cuantos símiles se te ocurran.
+
+EUMORFO.--¿Quién es más dueño del mundo, la emperatriz Pulqueria que le
+gobierna, o tú que le comprendes?
+
+PROCLO.--Yo, que le comprendo. Aunque Pulqueria poseyese, no ya sólo
+este planeta que habitamos, sino todos los demás planetas, y los astros,
+y los cielos, no poseería más que un burdo remedo del Universo, tal como
+el Demiurgo le contempla en el Paradigma, antes de sacar la copia o el
+traslado. Pero me inclino a sospechar que eres un majadero, y que no
+entiendes ni entenderás jamás estas cosas.
+
+EUMORFO.--No te sulfures, maestro. Si yo no entiendo esas cosas,
+entiendo otras más fáciles y agradables de entender. Asclepigenia tendrá
+quizá su Demiurgo y su Paradigma misteriosos que tú entiendes y posees;
+pero sus cielos, sus planetas y sus estrellas, son míos desde hace
+algunos meses.
+
+PROCLO.--¿Qué palabra dijiste?
+
+EUMORFO.--Dije que Asclepigenia filosofa contigo; que contigo no quiere
+ni quiso nunca peligrar; pero que conmigo no hay peligro que no
+arrostre.
+
+PROCLO.--Por las divinidades superiores e inferiores, que en larga serie
+proceden del Uno, confieso que me duele lo que acabas de descubrirme.
+Sin embargo, todo se explica satisfactoriamente dentro de mi sistema.
+Las cosas son como son; y no pueden ser mejores de lo que son, porque,
+como son, son perfectas según su grado.
+
+EUMORFO.--Consuélate con ese trabalengua.
+
+PROCLO.--¿Y por qué no consolarme? Asclepigenia y yo, con el libre
+albedrío de nuestras almas, dispusimos amarnos, y nos amamos y seguimos
+y seguiremos amándonos eternamente, ayudados del favor divino, que acude
+a nosotros en virtud de la plegaria. Contra esto nada puedes tú; nada
+pueden tus iguales. Hay, a pesar de todo, en la efusión de las potencias
+del alma, algo de corporal que está sujeto al hado. Esto es lo que he
+perdido en Asclepigenia. La fatalidad me lo roba. El libre albedrío de
+ella no ha sido bastante brioso para defenderlo con heroicidad. Pero la
+discordia entre el libre albedrío y el hado será al fin dominada por la
+Providencia, la cual lo purificará todo, reduciéndolo a la celestial y
+maravillosa armonía, que casi toca y se confunde con el Uno
+_hiperhipostático_.
+
+EUMORFO.--Tu discurso suena tan peregrino en mis profanas orejas, que me
+induce a creer o que eres un prodigio de prudencia semi-divina, o que
+estás loco de atar.
+
+
+ESCENA VI.
+
+DICHOS, MARINO.
+
+MARINO.--Un respetable anciano pide permiso para entrar a hablarte. Se
+llama Crematurgo. Es el más rico capitalista del imperio. Ha hecho del
+modo más filantrópico la mayor parte de sus riquezas. Ha traficado en
+cierta clase de individuos, que ya dirigen en los alcázares los negocios
+más difíciles, ya sirven sin infundir recelos a los maridos celosos, ya
+cantan como serafines en las iglesias. Retirado ahora de esta
+fabricación y comercio, se dedica a prestar al gobierno y a los
+particulares al cincuenta por ciento al año. Con tales virtudes,
+excelencias y servicios, no debe chocarnos que haya merecido el favor de
+la emperatriz y de sus ministros, los cuales le colman de distinciones.
+Ya le han nombrado conde Palatino y se anuncia que van a crear para él
+el título singular y nuevo de _Sebastocrátor_.
+
+PROCLO.--¿Y qué pretenderá de mí ese tunante? Vamos, dile que entre y le
+oiremos.
+
+(Vase Marino.)
+
+EUMORFO.--Y yo ¿qué hago?
+
+PROCLO.--Escóndete de nuevo donde estabas.
+
+(Vase Eumorfo.)
+
+
+ESCENA VII.
+
+PROCLO, CREMATURGO.
+
+CREMATURGO.--¡Oh faro de las más altas especulaciones! ¡Oh déspota de
+los genios y demás poderes sobrenaturales!...
+
+PROCLO.--Está bien. No me adules. Di qué pretendes de mí.
+
+CREMATURGO.--Tú, que lo sabes todo, ¿no podrías decirme de qué medio me
+valdré para que mi amada sea mía, solamente mía?
+
+PROCLO.--No llega tan lejos mi saber. Si llegara, le hubiese yo empleado
+en favor mío, que buena falta me ha hecho.
+
+CREMATURGO.--Veo que tu saber no vale un comino. Harto me lo sospechaba
+yo.
+
+PROCLO.--Expon, no obstante, tu caso, y allá veremos si puedo remediarte
+o darte al menos algún consejo útil.
+
+CREMATURGO.--Yo estoy prendado de la más hermosa mujer que hay en
+Byzancio. Por ella hago descomunales desembolsos. No hay primor, ni
+refinamiento, ni objeto de arte, que ella no logre por mí. He traído
+para ella telas bordadas del país de los Seras, alfombras de Ctesifón,
+perlas y diamantes, papagayos y monos de la India, perfumes y oro de
+Arabia, y chales de Cachemira. Su palacio encierra muebles incrustados
+de marfil y nácar, estatuas de mármol de Paros, vajillas de plata, vasos
+de Nola y jarrones del extremo Oriente, que tienen un barniz desconocido
+en los imperios de persas y de romanos. Ella hace visitas a mi costa en
+silla de manos lindísima, o se pasea o va al circo o al hipódromo en
+reluciente carroza o _harmamaxa_, tirada por cuatro blancos caballos. En
+fin, nada le falta. ¿Cómo me compondré para que ella no me falte a mí?
+
+PROCLO.--Lo discurriremos. Para mayor ilustración del asunto, infórmame
+de quién es esa dama que tan caro te cuesta.
+
+CREMATURGO.--Es Asclepigenia, la hija del filósofo Plutarco.
+
+PROCLO.--¡Profundos cielos! ¿Quién lo hubiera podido imaginar en la
+vida? Tú eres mi rival.
+
+CREMATURGO.--¿Tu rival? Pues qué, ¿también a ti te ama? ¿Qué le das tú,
+esqueleto pordiosero y ambulante?
+
+PROCLO.--El alma, la esencia eterna. Pero sabe ¡oh sátiro vetusto! que
+todavía tienes otro rival. Sal, Eumorfo.
+
+
+ESCENA VIII.
+
+DICHOS, EUMORFO.
+
+CREMATURGO.--¿Qué descaro es este? ¿Cómo te atreves, Eumorfo, a
+presentarte y a rivalizar conmigo? Tengo en mi poder cuatro pagarés
+tuyos vencidos y archivencidos, y voy a ejecutarte mañana.
+
+EUMORFO.--Refrena tu furor, generoso magnate. Yo ignoraba que
+Asclepigenia te perteneciera.
+
+CREMATURGO.--Sea como sea, lo cierto es que Asclepigenia nos ha burlado
+a los tres galanes. El acaso, ¿qué digo el acaso? la diosa Minerva nos
+ha reunido aquí para desengañarnos. Vamos a ver a Asclepigenia y a
+decirle lo que merece. Ella me aguarda solo. Venid en mi compañía.
+
+EUMORFO.--Vamos.
+
+PROCLO.--Vamos. (Proclo toma su báculo de filósofo, y salen juntos los
+tres.)
+
+
+ESCENA IX.
+
+Estrado o parastasio rico y elegante en casa de Asclepigenia adornado
+con estatuas y pinturas, e iluminado con lámparas, unas pendientes del
+techo, otras colocadas sobre mesas délficas.
+
+ASCLEPIGENIA Y ATENAIS.
+
+(La primera aparece reclinada, casi tendida lánguidamente en un
+_esquimpodio_ o silla-larga. Atenais, a su lado, en un taburete.)
+
+ATENAIS.--¿Con que has visto a tu primer amor?
+
+ASCLEPIGENIA.--Sí, le he visto. Me ha dado lástima. Está flaco, pálido,
+apergaminado. Y luego ¡qué sucio! Doy por cierto que en los quince años
+que ha vivido lejos de mí no se ha lavado una vez sola ni siquiera las
+manos.
+
+ATENAIS.--Ese grave defecto tiene el espiritualismo o misticismo, que
+ahora priva y cunde. Parece que las virtudes a la moda exigen que sean
+puercos los virtuosos.
+
+ASCLEPIGENIA.--Y no es eso lo peor, sino que se apodera de los ánimos
+una tristeza vaga y sofística que los enerva; tristeza que los antiguos
+apenas conocieron; un menosprecio del mundo y de las dulzuras de la
+vida, que despuebla las ciudades y puebla los desiertos; un desdén del
+bienestar y de la riqueza, que roba brazos a la agricultura y a la
+industria; y una mansedumbre resignada, que amengua el valor del
+ciudadano y del guerrero. Más que Atila y todos los bárbaros, me hacen
+prever estos síntomas la total ruina de la civilización. Pero volviendo
+a la suciedad y descuido en la persona, te aseguro que me ha dado grima
+ver a Proclo. Ofende toda nariz medianamente delicada.
+
+ATENAIS.--Cruel inconveniente es ese si has de vivir con Proclo.
+
+ASCLEPIGENIA.--Yo sabré remediarle. No me meteré en discusiones ni en
+consejos, sino que, a modo de broma, haré que mañana le cojan dos
+esclavos antes de comer, le soplen en un baño y me le laven y frieguen
+con pasta de almendra, y me le froten con aromoso _diapasma_. Él mismo
+se sentirá mejor después, y tomará la costumbre de lavarse.
+
+ATENAIS.--Pero, declárate con franqueza; a pesar de está Proclo tan
+viejo, tan estropeado y tan sucio, ¿le amas todavía?
+
+ASCLEPIGENIA.--Le amo y le adoro. Se me figura que él es la última
+encarnación del maravilloso genio de Grecia. Amándole, se magnífica y
+ensalza todo mi ser, hasta considerarme yo misma como la ciencia, la
+poesía, la civilización griega personificada.
+
+ATENAIS.--En efecto, Proclo es el príncipe de los filósofos. Tu padre
+Plutarco y mi padre Leoncio, notable filósofo también, le veneraban como
+superior a ellos. Comprendo, pues, que ames a Proclo.
+
+ASCLEPIGENIA.--Una doncella tan sabia, educada con esmero en Atenas; una
+poetisa tan inspirada como tú, en quien veo renacer, en edad temprana,
+las altas prendas de Hipatia, no podía menos de comprender este amor mío
+que descuella sobre mis otros amores.
+
+ATENAIS.--Es un dolor que no pueda ser el único.
+
+ASCLEPIGENIA.--La culpa, hasta cierto punto, la tiene el pícaro
+misticismo. Por él nos separamos. Sin él hubiéramos vivido juntos,
+hubiéramos sido humanamente amantes y esposos, y ni yo hubiera caído,
+ni Proclo hubiera llegado a ser, con lamentable precocidad, y quedándose
+pobre, un vejestorio tan incapaz, y tan feo.
+
+ATENAIS.--Tu propósito era difícil. No extraño que no hayas podido
+cumplirle. El temple de alma de la emperatriz Pulqueria es rarísimo.
+
+ASCLEPIGENIA.--¿Qué temple de alma ni qué calabazas? Ella es emperatriz
+y no necesita de un Crematurgo.
+
+ATENAIS.--¿Tiene acaso algún Eumorfo?
+
+ASCLEPIGENIA.--¡Vaya si le tiene! Nadie lo ignora, menos tú, que estás
+en Babia, y Marciano, que hace la vista gorda.
+
+ATENAIS.--¿Y quién es ese feliz mortal?
+
+ASCLEPIGENIA.--El lindo y gracioso Paulino.
+
+ATENAIS.--Pues no tiene mal gusto la santa.
+
+(Aparece una sierva.)
+
+SIERVA.--Señora, Crematurgo pide licencia para entrar.
+
+ASCLEPIGENIA.--Que entre. (Vase la sierva.)
+
+ATENAIS.--¿Me retiro?
+
+ASCLEPIGENIA.--Retírate. (Vase Atenais.)
+
+
+ESCENA X.
+
+ASCLEPIGENIA, CREMATURGO, PROCLO Y EUMORFO. (Asclepigenia se pone de pié
+para recibirlos.)
+
+
+ASCLEPIGENIA.-¡Qué agradable sorpresa! ¿Qué significa venir los tres
+juntos a mi casa?
+
+CREMATURGO.--Envidiable frescura te concedió el cielo. ¿Cómo, al vernos
+entrar juntos a los tres, no tiemblas, no te asustas, no te hundes
+avergonzada en el centro de la tierra?
+
+EUMORFO.--Eso mismo repito yo. ¿Cómo no te hundes en el centro de la
+tierra?
+
+CREMATURGO.--¡Inicua! Nos estabas engañando a todos.
+
+EUMORFO.--Esto pasa de castaño oscuro. ¡Tres al mismo tiempo!
+
+CREMATURGO.--¿Qué puedes alegar en tu defensa?
+
+EUMORFO.--Con razón enmudeces.
+
+ASCLEPIGENIA.--Yo no enmudezco ni con razón ni sin ella. A fin de
+probaros que la razón no me falta, os contaré una parábola, si tenéis
+calma para oírla.
+
+CREMATURGO.--Cuenta.
+
+EUMORFO.--Te escucho.
+
+ASCLEPIGENIA. (A Proclo, que ha estado y sigue silencioso desde que
+entró.) Y tú, ¿qué dices?
+
+PROCLO.--Nada. Te escucho también.
+
+ASCLEPIGENIA.--En el jardín de este palacio hay un rosal, que estaba
+casi seco y perdido por hallarse en terreno estéril.--¿Qué necesita? me
+dije yo al contemplarle.--Mantillo, me respondí. Es menester que de las
+sustancias corrompidas que en el mantillo hay absorba el rosal la savia
+vivificante que ha de dar lozanía, gala y primor a sus hojas y a sus
+flores. Cubrí, pues, con mantillo las raíces y el pié del rosal, y el
+rosal ha reverdecido y florecido como por encanto. La verdura de sus
+hojas es brillante: sus rosas son divinas. Los pétalos de estas rosas
+tienen el color encendido del alba: el centro parece cáliz de oro: en el
+cáliz hay miel. ¿Qué ser delicado, elegante, ligero, bonito, en armonía
+con la rosa, podrá tocar sus pétalos sin marchitarlos, y libar la miel
+del cáliz con la correspondiente suavidad y finura?--Una aérea, pintada
+y alegre mariposa, pensé yo. Y apenas lo hube pensado y deseado, acudió
+la mariposa más gentil y juguetona que he visto en mi vida; y
+revoloteando en torno de la rosa, se posó en su seno, sin ladear apenas
+el flexible tallo, y libó la miel del cáliz de oro. Noté, sin embargo,
+que esto no bastaba. De la rosa se desprendía exquisita fragancia, que
+iba disipándose por el ambiente y que el céfiro esparcía en sus alas. En
+la rosa había asimismo belleza extraordinaria, reflejo de la idea;
+perfección de formas, que encierra puros pensamientos artísticos. Esto
+sólo puede comprenderlo la inteligencia. Sólo el espíritu puede gozar de
+todo esto. Es así que la mariposa no tiene inteligencia, ni espíritu, ni
+siquiera olfato: luego al rosal le faltaba lo mejor. Sus prendas de más
+valía quedaban sin fin y sin propósito. Entonces vi claro que, si el
+mantillo y la mariposa eran indispensables para el rosal, eran más
+indispensables aún mente elevada, espíritu y conciencia, que le
+comprendiesen y admirasen. Aplicad ahora la parábola y reconoceréis mi
+justificación. Yo soy el rosal; tú, Crematurgo, eres el mantillo; tú
+Eumorfo, la mariposa; y Proclo es la nariz que aspira el aroma y la
+mente que estima la beldad y goza dignamente de ella. ¿Qué culpa
+adquiere el rosal de que nada sea completo en este bajo mundo? ¡Lástima
+es que no se logren mantillo, mariposa, narices y mente en un ser solo!
+Como el rosal requería todo esto y no se hallaba reunido, he tenido que
+buscarlo por separado.
+
+CREMATURGO.--Pues yo no me avengo. No quiero ser mantillo y nada más.
+¡Adiós, ingrata! (Vase.)
+
+EUMORFO.--Tampoco me resigno yo a ser una mariposa ininteligente, sobre
+todo cuando por amor tuyo me había puesto ya a estudiar filosofía.
+¡Adiós infame! (Vase.)
+
+
+ESCENA XI.
+
+ASCLEPIGENIA, PROCLO.
+
+ASCLEPIGENIA.--Mantillo y mariposa me abandonan. ¿Me abandonarás tú
+también, Proclo mío?
+
+PROCLO.--Confieso que mi alma está destrozada. Tal vez haría yo bien en
+huir de tu lado para siempre; pero hay una fuerza que me retiene cerca
+de ti. En balde he querido espiritualizar, santificar la civilización
+antigua, risueña y amante de la hermosura, pero liviana. No acierto, con
+todo, a divorciarme de ella. Soy de ella. Soy tuyo sin remedio. El
+vergonzoso y duro desengaño no mata el amor de mi corazón al derribar
+todo el edificio filosófico que con tanto afán y arrogancia había yo
+levantado. Se me figura que cae sobre mí el justo castigo de la
+soberbia del espíritu. El espíritu se apartó con desdén de la
+naturaleza; quiso elevarse por cima de la inteligencia y de la causa;
+pugnó por ir más allá del ser mismo; aspiró a confundirse con el
+principio inmutable de todo ser. La unión mística, de que tanto me he
+envanecido, fue sin duda ilusión malsana. El principio indefinible del
+ser, con el cual yo creía unirme, y del cual todo lo que se afirma es
+negando, era el no ser: era la nada. Mi supuesta identificación con él
+fue muerte egoísta. No fue la muerte generosa de aquel que, amando la
+vida, sabe darla por el triunfo de una noble idea; por su patria; por la
+felicidad del objeto amado. Mi prurito de perderme en el Uno,
+absorbente, impersonal, que todo lo tiene en sí y nada tiene, es la más
+monstruosa perversión del espíritu. Es no saber vivir y gozar en el seno
+de este vario y bello Universo. Es crear un misticismo contrario al
+amor. Mi misticismo reconcentra el alma: el amor la difunde. Apartado el
+espíritu de la naturaleza, ¿qué se puede esperar sino lo que veo y
+lamento ahora? O el delirio que toma la nada por el principio del ser, o
+la vileza, el rebajamiento, la impura grosería y el brutal apetito de
+goces materiales, triunfantes en la naturaleza, en la sociedad y en todo
+pensamiento, cuando el espíritu los abandona. En cambio, ¿qué vale el
+espíritu que se aparta del mundo real, creyendo adorar lo divino y
+adorándose a sí propio? Ni para resistir los golpes del infortunio más
+vulgar conserva brío suficiente. ¿Qué energía de voluntad me queda? Sólo
+soy capaz de vil y cobarde resignación o de morirme aquí de pena, como
+mujercilla nerviosa. ¡Qué vergüenza! No puedo más. ¡Ay de mí!
+
+(Proclo cae desmayado en la silla-larga.)
+
+ASCLEPIGENIA.--¡Atenais! ¡Atenais! ¡Acude! ¡Oh desgracia! Acude; trae un
+pomo de esencias. ¡Nos quedamos sin filosofía! Ya no hay filosofía
+posible. Ya no hay más que ciencias positivas y prosaicas. Mi filósofo
+se me muere. (Se inclina sobre él y le abraza con la mayor ternura.)
+Huele mal; pero... ¡es tan sabio! ¡es tan bueno!
+
+
+ESCENA XII.
+
+DICHOS, ATESTAIS.
+
+(Atenais ayuda a Asclepigenia a cuidar a Proclo, aplicando un pomo de
+esencias a sus narices)
+
+ATENAIS.--Cálmate. No es nada. Ya vuelve en sí.
+
+ASCLEPIGENIA.--¡Buen susto me he llevado! ¡Pobrecito mío de mi alma!
+¡Qué malo se me puso!
+
+PROCLO. (Se levanta.)--Perdóname, amiga. Ha sido un momento de
+debilidad. (Reparando en Atenais.) ¿Quién es esta gallarda doncella?
+
+ASCLEPIGENIA.--Es Atenais, hija de Leoncio.
+
+PROCLO.--¡La hija de mi docto e ilustre amigo!... ¡El cielo te bendiga,
+Atenais!
+
+ASCLEPIGENIA.--¿Me perdonas, Proclo?
+
+PROCLO.--No hablemos más de lo pasado: olvidémoslo.
+
+ASCLEPIGENIA.--¿Vivirás conmigo?
+
+PROCLO.--No quiero ni puedo vivir ya sin ti. Tú serás el lucero que
+ilumine con su luz apacible la melancólica tarde de mi existencia. Estas
+blancas y suaves manos (las toma entre las suyas) cerrarán con amor mis
+párpados cuando se junten para dormir el último sueño.
+
+ASCLEPIGENIA.--Contigo no echaré de menos ni la riqueza, ni la hermosura
+corporal... ¿Qué más hermosura, que más riqueza que el tesoro de tu
+alma? Si es menester, viviremos en la mayor estrecheza. Algo se me
+estropearán las manos de guisar y de remendarte la ropa. La elegancia,
+el esmero, el perfume de aristocrática distinción se desvanecerán casi
+por completo cuando vivamos míseramente. ¿Pero qué importa? ¿Yo poseeré
+tu alma y tú la mía?
+
+PROCLO.--No ha de ser así. No consentiré que se pierda o que se
+deteriore ni una chispa, ni un átomo de toda esa beldad que te dio
+naturaleza y que el arte ha completado y realzado. Yo ganaré riquezas
+para ti. Para ti tendré hermosura corporal y juventud lozana.
+
+ASCLEPIGENIA.--No te alucines, Proclo. La juventud que se fue, no vuelve
+nunca. Venus Urania no te visitó sin motivo. En cuanto a la riqueza, doy
+por cierto que no ganarás jamás un óbolo con toda tu filosofía, a no ser
+que apeles al milagro.
+
+PROCLO.--Pues bien; al milagro apelo. Ahora vas a ver quién yo soy.
+¡Aquí te quiero, oh Teurgia! Para algo me has de servir. Hasta ahora,
+Asclepigenia idolatrada, has poseído en Eumorfo y en Crematurgo
+hermosura, juventud y riquezas, contingentes, limitadas y caducas. De
+hoy en adelante vas a poseer la juventud, la hermosura y la riqueza, en
+absoluto y para siempre. Guardad silencio religioso. Ya empieza el
+conjuro.
+
+(Profundo silencio. Proclo, agitando su báculo, traza en le aire
+círculos y otras figuras mágicas, y murmura entre dientes palabras
+ininteligibles. Óyese música celestial, lenta y sumisa. En el centro del
+teatro se va cuajando una brillante y cándida nube, con arreboles de
+carmín, oro y nácar.)
+
+ASCLEPIGENIA Y ATENAIS.--¡Qué portento!
+
+PROCLO.--Ocultos en esa nube tienes ya, a tus órdenes y para tu
+servicio, en reemplazo de Eumorfo y de Crematurgo, al flechero Apolo, al
+más elegante y bonito de los dioses, y al hijo de Jasión y de Céres, al
+ciego Pluto, dispensador de las riquezas. ¿Quieres que salgan con
+séquitos de musas, gracias, ninfas, y genios, o que salgan solos?
+
+ASCLEPIGENIA.--Que salgan solos. Ya les iré pidiendo, en la sazón
+conveniente, todo aquello que se me ocurra.
+
+PROCLO.--¡Apareced, dioses!
+
+(Se abre la nube, y salen de ella, con mucha luz de Bengala, Pluto,
+cojo, ciego y alado, y Apolo, muy bizarro y airoso, con manto de
+púrpura, corona de laurel y lira en mano.)
+
+PROCLO.--¿Qué más tienes que pedir?
+
+ASCLEPIGENIA.--Nada. Yo me contentaba con tu amor.
+
+PROCLO.--Recapacita, sin embargo, si algo te falta.
+
+ASCLEPIGENIA.--Si no me motejases de sobrado pedigüeña y exigente, aún
+te pediría una cosa.
+
+PROCLO.--¿Cuál?
+
+ASCLEPIGENIA.--Que te laves.
+
+PROCLO.--Me lavaré.
+
+ATENAIS.--Ya eres dichosa. Posees ciencia, hermosura, juventud, riqueza
+y hasta aseo. Yo, desvalida y menesterosa, lejos de envidiarte, me
+regocijo.
+
+PROCLO.--El cielo te premiará, generosa Atenais. Yo, que estoy ahora
+inspirado, leo en el porvenir tu egregio destino. El joven Teodosio, a
+quien educa muy bien su hermana Pulqueria, a fin de que brille en el
+trono imperial, se casará contigo. Así serás emperatriz de Oriente.
+Serás feliz y poderosa sin acudir a la magia; pero tendrás que hacerte
+cristiana. Por último, para que nuestra gloria y nuestra felicidad sean
+más estupendas y vividoras, después que pasen troce o catorce siglos,
+contando desde el día de la fecha, aparecerá en la risueña y fértil
+Bética, cuna de la dinastía reinante y patria de tu abuelo político el
+Gran Teodosio y de otra infinidad de personas eminentísimas, cierto
+escritor ingenioso y verídico, el cual ha de componer sobre los sucesos
+de esta noche un diálogo, donde trate de competir con el divino Platón
+en lo elevado y grave, y con el satírico Luciano en lo chistoso y
+alegre.
+
+ATENAIS.--Mucho me he de holgar si tus vaticinios se cumplen.
+
+ASCLEPIGENIA.--Y yo también. Temo, sin embargo, que ese diálogo, que
+Proclo anuncia, sea una extravagancia sin amenidad y sin viveza, donde
+nosotros figuremos, no como seres reales, sino como personajes
+alegóricos: donde Proclo y yo representemos la antigua poesía sensual y
+corrompida y el antiguo saber agotado, desesperado y estéril, que para
+seguir viviendo juntos se entregan a brujerías y supersticiones.
+
+ATENAIS.--Si esa alegoría puede tener alguna aplicación cuando el
+diálogo se escriba, tal vez interese el diálogo.
+
+ASCLEPIGENIA.--Suceda lo que suceda, no debe importarnos mucho. Allá se
+las haya el autor. Nosotros cinco, mortales y dioses, vámonos al
+triclinio, donde tengo preparada una suculenta y bien condimentada cena.
+
+MORTALES Y DIOSES.--Vámonos a cenar.
+
+
+
+
+GOPA
+
+DIÁLOGO FILOSÓFICO EN TRES CUADROS.
+
+
+CUADRO I.
+
+La escena es en la ciudad de Capilavastu: 593 años antes de Cristo.
+
+Interior del magnífico palacio del Príncipe Sidarta. Es de noche. Cámara
+del tálamo, iluminada por una lámpara de oro.
+
+GOPA.--PRATYAPATI.
+
+PRATYAPATI.--Los más vigilantes siervos del rey Sudonán rondan en torno
+de este palacio. Las puertas de la ciudad están defendidas. No se irá.
+Es menester que no se vaya. Sin él ¿qué será de nosotras? Con igual
+vehemencia le amamos, aunque de manera distinta. Yo le amo como si fuera
+mi hijo. Cuando, a poco de darle vida, murió BU madre Maya Devi, por
+encargo suyo quedó Sidarta a mi cuidado. No quisieron los dioses que
+ella viviese, para que no padeciera lo que nosotras padecemos hoy.
+
+GOPA.--Inmenso dolor nos agobia. ¿Por qué anubla su hermosa frente
+irremediable tristeza? ¿Por qué desea abandonarnos? ¿Qué falta, qué
+mengua encuentra en mí? Yo le hubiera preferido a los dioses, como
+Damayanti prefirió a Nal. Mi ventura se cifra en obedecerle con humildad
+y en ser toda suya. ¡Ingrato! Su corazón insaciable no logra aquietarse
+en mi amor. Su noble cabeza jamás reposa tranquila sobre mi seno. Ya no
+me ama. Me juzga indigna de su cariño.
+
+PRATYAPATI.--No te atormentes, ¡oh Gopa! Sidarta te ama. Para él eres tú
+el ser predilecto entre todos los seres. Pero de amor nace su pena. Amor
+es su martirio. Amor le devora, creando en su alma una piedad infinita,
+que no consiente ni deleite, ni goce, ni paz tan sólo. Todos los males
+de la vida pesan sobre su corazón, que abarca en su afecto la vida de
+los tres mundos. Amor, primogénito de la naturaleza, por una fatal
+expansión de su esencia divina, dio ser a cuanto vive; y con la vida
+nacieron el dolor, la pobreza, la enfermedad y la muerte. Se diría que
+Sidarta es la encarnación, el avatar de Amor, que llora y lamenta haber
+creado la vida; que padece en sí cuanto todo ser que tiene vida padece,
+y que anhela retrotraer la vida a la nada para que el padecimiento
+acabe.
+
+GOPA.--Efímera es la vida: el padecimiento que de ella nace debe de
+serlo también.
+
+PRATYAPATI.--No, Gopa; la vida no tiene término. La muerte es cambio, no
+fin. Arrastrados en la perpetua corriente, mudamos de forma, pero no de
+esencia, la cual renace o reaparece siempre para el dolor. En este
+sentido, los dioses, los asuras y los hombres son igualmente inmortales.
+
+GOPA.--¿Y no hay ningún dichoso?
+
+PRATYAPATI.--Ninguno. La infelicidad es la primera condición de la vida.
+
+GOPA.--¿Y por qué Amor creó la vida, y la infelicidad con ella?
+
+PRATYAPATI.--Porque Amor no fue libre. Como del sol brotan los rayos,
+como el agua mana de la fuente, así de Amor brotó y manó la vida. Sólo
+movido de compasión sublime, en virtud de un esfuerzo superior a lo
+humano y a lo divino, recogiéndose en sí con abstracción portentosa,
+logrará Amor recoger también en sí la vida y darle quietud eterna.
+
+GOPA.--Veo que piensas como Sidarta. Aplaudes, sin duda, su propósito,
+que yo no comprendo.
+
+PRATYAPATI.--Hasta cierto punto pienso como él; pero su propósito es
+audaz, me parece irrealizable, y por audaz e irrealizable no le aplaudo.
+Si él estuviese llamado, como cree, a ser el libertador de los hombres,
+yo vería y haría con gusto cuantos sacrificios hay que hacer para
+lograrlo.
+
+GOPA.--¡Oh Pratyapati! ¡Cuán encontrados sentimientos son los nuestros!
+Si tú le amas como madre, yo, como esposa, como mujer enamorada le amo.
+Este modo de amar es menos fuerte, por lo común, que el amor de madre.
+En el amor de madre hay mucho que nace de las entrañas y que allí se
+arraiga. Por eso, no ya las mujeres, sino las mismas fieras aman a sus
+hijuelos. La mujer enamorada de un hombre, cuando sólo le ama con el
+amor de las entrañas, no le ama más que le ama su madre; pero cuando le
+ama también con el amor del espíritu, le ama mil y mil veces más que la
+madre más amorosa; le idolatra; le mira como a un dios; tiene fe en él;
+le cree capaz de todo lo grande y de todo lo bueno; piensa que de la
+voluntad de él, que es ley para ella, han de nacer el milagro, el bien y
+la bienaventuranza para todos. No sé, no comprendo el propósito de
+Sidarta; pero sé y comprendo que será bueno su propósito, y que le
+logrará, si quiere. Si para que le logre he de hacer yo el mayor
+sacrificio, pronta estoy a hacerle.
+
+PRATYAPATI.--¡Oh desventurada y débil mujer! ¿Qué mísera resignación es
+la tuya? Tú sola puedes detener al Príncipe con la deleitosa cadena de
+tu afecto; mas la veneración que el Príncipe te inspira te excita hasta
+a romper esa cadena. La violencia no bastará a retenerle; pero si tus
+blancos y suaves brazos le cautivan, ¿cómo te apartará de sí para ir a
+donde sueña que su vocación le está llamando? El Rey pone en ti su
+esperanza. No la defraudes. Reten a Sidarta con el hechizo de tu amor y
+de tu hermosura. No le dejes partir.... Siento pasos. Sidarta viene. No
+quiero que me halle aquí. Animo, ¡oh Gopa!
+
+(Se va Pratyapati.)
+
+GOPA.--Animo.... para detenerle no me falta; no le necesito. Para
+dejarle partir he menester de todo mi valor.
+
+(Entra el Príncipe.)
+
+SIDARTA (abrazando a Gopa)--¡Esposa mía!
+
+GOPA.--Dime la verdad. ¿Me amas aún?
+
+SIDARTA.--Te amo más que nunca.
+
+GOPA.--¿Por qué, entonces, estás inquieto, triste y como desesperado?
+¿Por qué no se aquieta en mí tu voluntad?
+
+SIDARTA.--Si no te amase, mi voluntad no se aquietaría en ti, porque
+buscaría más alto objeto de su amor. Amándote, no se aquieta tampoco,
+porque teme perderte. En breve plazo nos separará el destino, y
+renaceremos bajo nuevas formas para no volver acaso a encontrarnos
+jamás. Y no nos separaremos en la plenitud de la hermosura y de la
+fuerza, jóvenes y robustos aún, sino tal vez marchitos por la vejez y
+sobrecargados de disgustos y enfermedades. Esto hará que el afecto que
+hoy nos tenemos se trueque en desvío y en horror, o dé origen a una
+piedad dolorosa. Pero aunque tú y yo ¡oh hija de Dandapani! lográsemos
+revestirnos de juventud perpetua y disfrutar perenne salud, viviendo
+unidos y enamorados siempre, nunca seríamos felices, como no fuésemos
+egoístas. El dolor de cuanto respira, el padecer de cuanto alienta, la
+muerte de cuanto vive y el espantoso espectáculo de la miseria humana
+acibararían nuestra ventura, o nos harían indignos de gozarla por la
+dureza de nuestros pechos sin compasión y por la sequedad de nuestros
+ojos sin lágrimas.
+
+GOPA.--Tus razones son tan poderosas para mí, que no sé cómo responder
+a ellas. Si algún engaño contienen, no seré yo quien te saque del
+engaño; caeré en él contigo. Es cierto: lo sé por experiencia propia: no
+hay dicha cumplida. Ni cuando tú, violentando la dulce modestia de tu
+condición y prestándote al capricho de mi padre, te presentaste a
+competir con mis pretendientes, y en la lucha, en la carrera, en
+disparar flechas y en esgrimir las demás armas, los venciste; ni cuando
+me revelaste que me amabas; ni cuando toda yo fui tuya; ni cuando sentí
+en mi seno agitarse viva tu imagen; ni cuando alimenté a nuestro hijo
+con la leche de mis pechos; ni cuando, sentado en mi regazo, aquel claro
+descendiente de Gotama respondió por vez primera a mi sonrisa con su
+sonrisa y atinó a pronunciar tu nombre y el mío; nunca dejaron de
+acibarar mi contento el temor de perder el bien que le causaba y la
+consideración de que nuestro contento y nuestro bien eran privilegio
+odioso, eran contravención de la ley que condenó a los hombres a general
+infortunio. Pero dime; si me amas, ¿nuestro infortunio no será mayor
+separándonos? ¿Por qué, pues, me huyes? Afirman que nos quieres
+abandonar a todos. ¿Qué propósito llevas? Porque el dolor sea general y
+necesario, ¿hemos de acrecentarle por nuestra voluntad, como lo
+acrecentarás si nos abandonas?
+
+SIDARTA.--Bien sabes, hermosa nieta de Iksvacú, que por mi voluntad no
+se ha derramado jamás una sola lágrima. ¿Cómo había yo de darte
+voluntariamente el pesar más pequeño? Jamás me apartaría yo de tu lado,
+si esto me fuera lícito; pero no debo ocultártelo por más tiempo: un
+deber imperioso me impulsa a ir lejos de ti.
+
+GOPA.--¿No te alucina, no te extravía ese deber?
+
+SIDARTA.--No es posible que me alucine. Mi resolución no ha sido súbita,
+sino nacida de largas y profundas meditaciones. Yo quiero y puedo
+libertar a los hombres de la miseria, del dolor y de todos los males:
+mostrarles el camino de la redención, redimiéndome yo mismo. Mi
+inteligencia, abstrayéndose de todo, desdeñando los deleites ilusorios
+con que nos brinda el Universo, en la contemplación de sí propia, en el
+éxtasis, irá poco a poco alcanzando la suprema sabiduría, elevándose por
+cima de los dioses y de los asuras, adquiriendo un poder mágico que
+rompa la ley fatal del encadenamiento de las causas; y, por último,
+llegada al colmo de su brío, realizada toda la virtud de su esencia, se
+extinguirá para siempre, como se extingue la llama cuando da al mundo
+toda la luz y todo el calor que están en ella latentes. Mi vida será así
+ejemplo y dechado para los que aspiren, como yo, a salir de la esfera
+tempestuosa de la vida y de las mudanzas sin fin, y busquen la paz
+eterna. Obra fatal de Amor, efusión de su esencia divina fue este
+Universo tan lleno de dolor. Sean obra reflexiva de Amor el
+aniquilamiento, el silencio y el reposo que nos salven del tumulto y de
+la guerra. Limitación y mengua son el fundamento de nuestra vida como
+individuos. Rompamos el límite, completemos el ser para que no tenga
+mengua alguna, y entonces nuestra existencia sin límites, y entera, sin
+mengua ni falta, será como si no fuese.
+
+GOPA.--El fin a que caminamos es para los ojos de mi mente tenebroso
+como el abismo. Como en el abismo, hay en él algo que me seduce y que me
+atrae. No penetro, sin embargo, lo que puede ser este fin; pero los
+móviles que a él te llevan son generosos, admirables, dignos de tu alma.
+Sidarta mío, aun cuando fuese errada la dirección que llevas, es tan
+noble el impulso que por ella te ha lanzado, que, lo presiento con
+orgullo, las generaciones futuras por siglos y siglos habrán de
+bendecirte y ensalzarte como al más glorioso de los hombres. Mil tribus,
+naciones y pueblos seguirán tus huellas y aprenderán tu doctrina. Por mi
+amor de esposa, por el amor que tengo a nuestro hijo, quisiera oponerme
+a tu empresa y retenerte a mi lado; pero el amor de tu gloria, que
+reflejará en mí y en tu hijo, me mueve a no impedir tu partida, aunque
+el impedirla estuviera a mi alcance. Ve, pero llévame contigo. Déjame
+primero compartir tus trabajos y después tu triunfo.
+
+SIDARTA.--No puede ser. Debo partir solo.
+
+GOPA.--Mi corazón se deshace de dolor; pero me resigno devotamente. ¿Y
+cuándo, bien mío, ha de ser tu partida?
+
+SIDARTA.--En el instante, ¡oh hermosa nieta de Iksvacú! Estamos en la
+mitad de la noche. Mira al claro cielo. ¿Ves aquella luz que brilla en
+Oriente? Es mi estrella, que se levanta para iluminarme y guiarme.
+Chandac, mi escudero, tiene enjaezados los caballos. Los que guardan la
+puerta oriental de Capilavastu, por donde ya asoma mi estrella, están
+ganados y me dejarán partir. Queda en paz, ¡oh Gopa!
+
+GOPA.--¡Oh señor del alma mía! Tu esclava gemirá abandonada por ti
+mientras viviere. Si no lo repugnas, ya que no a la mujer querida,
+concede el último favor a la madre de tu hijo. Sella mi rostro con tus
+labios.
+
+(Sidarta besa a Gopa en silencio. Gopa le estrecha en sus brazos y le
+besa también. Sidarta se desprende de ella con suavidad y huye. No bien
+Sidarta desaparece, Gopa cae desmayada.)
+
+
+CUADRO II.
+
+Sigue la escena en la ciudad de Capilavastu: 593 años antes de Cristo.
+
+Es de día. La misma cámara del tálamo.
+
+GOPA y PRATYAPATI.
+
+PRATYAPATI.--Quiero decírtelo, aunque sea dura contigo. No; tú no le
+amas, ya que estaba en tu mano detenerle y le dejaste partir.
+
+GOPA.--Él es mi señor; yo, su sierva. No estaba en mi mano detenerle. Su
+voluntad es firme y superior a todos mis halagos; pero, aun pudiendo yo
+detenerle, no le hubiera detenido.
+
+PRATYAPATI.--¿Por qué? ¿Acaso crees en su doctrina?
+
+GOPA.--Yo creo en el impulso magnánimo que le mueve, y esto me basta:
+creo en su dulce compasión por todos los seres; en su amor a los
+hombres, a quienes mira como a hermanos, sin distinción de castas; y en
+su deseo vehemente de enseñarles el camino de la virtud y de la paz.
+Sólo no creo en una cosa de las más esenciales que él afirma; y si de
+esto dudo, o más bien, si esto niego, es por lo mucho que le amo. ¿Cómo
+he de creer yo en nuestra incurable miseria, en nuestro inconsolable
+dolor, y en que la actividad de la mente es don funesto, cuando, en el
+colmo de mi amargura, abandonada por él para siempre, todavía vale más
+el recuerdo de la dicha alcanzada y de la honra obtenida en ser suya que
+todo el pesar del abandono en que me deja? ¿Cómo he de creer que la vida
+es un mal, cuando veo y columbro la suya, que ha de ser fuente de tantos
+bienes? ¿Cómo he de apreciar en poco la vida, cuando el precio infinito
+de la vida de él bastará para el rescate del linaje humano? ¿Cómo he de
+llamarme infeliz y no bienhadada, si el fruto de su amor vive en nuestro
+hijo, si la gloria de su nombre me circundará de fulgores inmortales, y
+si el recuerdo de que ha sido mío, de que le he tenido a mis plantas,
+idolatrándome, embelesado en la contemplación de mi belleza, a par que
+lisonjea mi orgullo, es inagotable manantial de consuelo para mi alma?
+
+PRATYAPATY.--No es hondo el dolor que tan fácilmente halla consuelo. No:
+tú no le amas.
+
+GOPA.--Quien no ama ni entiende de amor eres tú, Pratyapati. Porque le
+amo, en el mismo dolor hallo consuelo, y no sólo consuelo, sino deleite
+y gloria. Y mientras el dolor es más intenso, es la dulzura más grata.
+Padecer por él, llorar por él, verse condenada por él a soledad horrible
+y a viudez prematura, es sacrificio santo que hago en aras de su amor y
+que encierra una virtud beatificante. Tú estás más prendada de su
+doctrina que de su persona. Yo adoro su persona, y en parte desecho su
+doctrina. Por amor suyo la desecho. No es funesto don la luz de mi
+inteligencia, ya que alumbra su imagen; no es funesto don mi memoria
+inmortal, ya que su recuerdo vive en ella. Abomino del reposo, de la
+extinción que él busca y desea, y prefiero un tormento sin fin, con tal
+de que viva en mí el rastro del amor que me tuvo. Bajo la presión de mis
+penas dará mi amor su más balsámico aroma, embriagándome el alma, como
+huelen mejor las hierbas y las flores de la selva cuando el villano al
+pasar las ofende y las pisa.
+
+PRATYAPATY.--Perdóname, ¡oh enamorada mujer! Bien presumía yo que le
+amabas; pero quería medir la energía de tu amor. La he negado, para
+cerciorarme de ella, oyendo tus palabras. Todavía tienes que pasar por
+un amargo trance, y ansiaba yo conocer el brío que hay en ti para
+sufrirle.
+
+GOPA.--Antes de su abandono, antes de que esta desgracia me hubiese
+herido el alma, la imaginación medrosa me fingía mayor la pena que iba a
+sobrevenir, y me menguaba los medios de consuelo. Ahora nada hay ya que
+me aterre. El bien que he gozado y perdido mitiga y aun endulza con sus
+dejos toda la amargura del mal presente. Mi corazón es cual vaso que ha
+contenido un licor oloroso y de sabor gratísimo. El licor se ha
+derramado, pero lo más sustancial y rico que en él había quedará para
+siempre en el fondo del vaso e incrustado en sus paredes interiores, y
+trocará en miel el acíbar que en él se ponga, y en bálsamo el veneno.
+
+PRATYAPATY.--Me tranquilizo al notar que el amor que tienes a Sidarta te
+da energía para sufrirlo todo. Sabe, pues, que fue en vano que el Rey
+enviase en su persecución a sus más fieles servidores. No han podido dar
+con él. Sidarta se ha perdido en el seno de impenetrable y sombría
+floresta. Allí no es ya el príncipe Sidarta, sino el áspero penitente
+Sakiamúni. Su elegante traje le trocó por el traje de un mendigo. La
+negra y rizada cabellera que ceñía sus cándidas sienes, formando undosos
+y perfumados bucles, se la cortó él mismo, y te la envía como último
+presente. El escudero Chandac tiene el encargo de entregártela, y ya se
+adelanta a cumplirle, si le dejas penetrar hasta aquí.
+
+(Gopa hace seña de que entre, y entra Chandac, trayendo en un plato de
+oro la cabellera de su tenor.)
+
+GOPA (tomando en sus manos el plato de oro y colocándole sobre el
+tálamo.)--¡Cuántas veces, amados cabellos, cuando estabais aún prendidos
+en su cabeza, os besaron mis labios y os acariciaron mis manos! Ya
+estáis muertos y separados de él. Estáis muertos porque no tenéis
+memoria y no le recordáis. Yo también, separada de él como vosotros,
+arrancada de él como la flor de su tallo, carecería de vida, si mi vida
+no fuese su recuerdo.
+
+PRATYAPATY.--¿Y por qué no también la esperanza de que volverás a verle?
+
+GOPA.--Porque el recuerdo es verdadero y leal, y la esperanza falsa y
+engañosa; porque el recuerdo evoca para mí a Sidarta, enamorado, tierno,
+humano conmigo; todo él para mí, y toda yo para él; mientras que la
+esperanza me niega para siempre a Sidarta, y sólo me ofrece ahora a
+Sakiamúni, y más tarde, cuando Sakiamúni alcance su última victoria, a
+un ser incomprensible, más luminoso que los astros, y mayor en poder que
+los dioses, pero inferior a Sidarta, joven, hermoso y enamorado.
+
+PRATYAPATI.--¡Pero Sidarta será el Buda libertador de los hombres!
+
+GOPA.--Jamás el Buda valdrá para mí lo que Sidarta valía. Reniego de la
+libertad que el Buda me dé, y la trueco mil veces por la esclavitud con
+que Sidarta me esclavizaba. Doy la fría calma que la doctrina del Buda
+me proporcione por la agitación y la guerra amorosa que, con las
+caricias, los rendimientos, los celos, la ausencia y hasta los desdenes
+de Sidarta, me han perturbado y atormentado.
+
+
+CUADRO III.
+
+La escena es en la ciudad de Francfort sobre el Mein, 1866 años después
+de Cristo, y 2488 después de Buda.
+
+Habitación del doctor Seelenführer. Es de noche. Una lámpara de petróleo
+ilumina la estancia, donde hay mucho librote.
+
+El doctor SEELENFÜHRER y el AUTOR.
+
+
+AUTOR.--Aseguro a V., mi querido doctor Seelenführer, que cada día estoy
+más encantado de haber contraído con usted estas relaciones amistosas.
+Oyendo a V. comprendo el movimiento intelectual de Alemania, en lo que
+tiene de más hondo, y por consiguiente el de toda Europa, porque (¿cómo
+no confesarlo?) Alemania es nuestro norte en ciencias y en filosofía,
+casi desde Leibnitz, y sobre todo desde Kant. Usted es un resumen vivo
+de cuanto ahora se sabe o se supone que se sabe: usted es un sabio a la
+última moda. Todo esto me divierte mucho, porque no puede V. figurarse
+lo aficionado que soy a la filosofía; pero confieso que hay dos cosillas
+que me afligen.
+
+SEELENFÜHRER.--Dichoso V., a quien sólo afligen dos cosillas. ¡A mí me
+afligen y me desesperan todas!
+
+AUTOR.--Pues justamente es ésa una de las cosillas que me afligen: el
+que a V. le aflijan todas y le desesperen. De lo que antes yo gustaba
+más, en la filosofía alemana, era del optimismo. Desde el doctor
+Pangloss hasta hace poco (al menos yo así lo entendía) han venido siendo
+optimistas los grandes filósofos. El ser llorones se dejaba a los poetas
+exóticos, como Byron y Leopardi. En Alemania, ni los poetas siquiera
+eran quejumbrosos y desesperados. En el más grande de todos, en Goethe,
+celebro yo con singular contentamiento cierta alegría reposada y
+majestuosa y cierta olímpica serenidad. Pero ¡amigo mío! ¡cómo ha
+cambiado todo! Lo que ahora priva es la filosofía de la desesperación.
+La poesía la precedió en este camino, el cual, seguido poéticamente,
+confieso que me encantaba. Cuando yo era mozo y estudiante, ¿quién no
+hacía versos desesperados? Los versos desesperados eran como blasfemias
+y reniegos de las personas atildadas y cultas. Había uno perdido al
+juego la mesadita de 30 ó 40 duros que le enviaba su papá; había
+estudiado tan poco, que había salido suspenso y le habían dejado para el
+cursillo; la hija de la pupilera, o la pupilera misma, le había plantado
+y preferido a otro huésped; en cualquiera de estos casos, o de otros por
+el estilo, leer o hacer versos desesperados a lo Byron, a lo Leopardi o
+a lo Espronceda, era un desahogo, con el cual se quedaba sereno el vate
+o genio en agraz, y comía luego con más apetito que nunca. El asunto es
+mil veces más serio en el día. La desesperación no se muestra en
+jaculatorias y raptos líricos, más o menos elegantes y poco metódicos,
+sino que se deduce de todo un sistema dialéctica y sabiamente
+construido. Confiese V. que esto es lastimoso. Si el término del
+progreso no es la desesperación momentánea, poética y romántica de un
+poeta impresionable, sino la desesperación reducida a reglas y
+demostrada como una serie de teoremas de Geometría, convenga V. en que
+debemos maldecir el progreso. Aquí tiene V., pues, las dos cosillas que
+me afligen. Los dos artículos principales de mi fe filosófica quedan
+destruidos con la filosofía a la moda: la fe en el optimismo y la fe en
+el progreso. ¿No sería puerilidad ridícula alegar, como prueba del
+progreso, el que vamos ahora en ferro-carril o en tranvía, en vez de ir
+a pié o a caballo; el que los retratos en fotografía salen baratos; el
+que se teje con prontitud y primorosamente por medio de máquinas de
+vapor, y el que envíamos a decir a escape lo que se nos antoja por medio
+del telégrafo, si en lo esencial estamos, de un modo sistemático,
+pertinaz y dialéctico, desesperados y dados a todos los demonios?
+
+SEELENFÜHRER.--¿Y por qué ha de ser puerilidad ridícula? ¿Quién, que
+penetre en lo esencial, cree que el progreso pasa de los accidentes a la
+esencia? El telégrafo, el vapor, la fotografía, los cañones rayados son,
+pues, el progreso.
+
+AUTOR.--Yo entendía, sin embargo, que el objeto y fin de la filosofía
+era la bienaventuranza, y el término del progreso la perfección del
+hombre hasta llegar a la bienaventaranza deseada: a su ideal, en el
+sentido más lato. Así, pues, no puedo convencerme de que caminamos hacia
+la bienaventuranza, cuando veo que, no sólo estamos desesperados, sino
+que es tonto probadísimo, hombre ajeno a la filosofía, acéfalo o
+microcéfalo insipiente, el que no se desespera.
+
+SEELENFÜHRER.--Esa desesperación, hoy más vivamente sentida que en otras
+edades, es la prueba más clara del progreso. Cuando el viandante va
+acercándose al fin de su jornada pica y da de espuelas a su caballo para
+acabarla pronto y descansar. Así el progreso, que va caballero en la
+humanidad, la pica y la espolea para que llegue y se repose cuanto
+antes.
+
+AUTOR.--¿Y cuál es la posada a donde el progreso nos lleva?
+
+SEELENFÜHRER.--Nos lleva a la nada; al fin del Universo y de toda la
+vida; a la extinción del egoísmo y al triunfo del amor, que es la
+muerte. No le quepa a V. la menor duda: la ciencia llegará a poder
+destruir toda esta pesadilla horrible del Universo, que es lo que nos
+conviene. En el no ser nos aquietaremos todos y cesará esta lucha
+incesante por la vida que traemos ahora, ya valiéndonos de la fuerza, ya
+de la astucia. ¡Cesará el dolor y se extinguirá el deseo! ¡Qué paz tan
+hermosa!
+
+AUTOR.--Guárdesela V. para sí; que yo no la quiero.
+
+SEELENFÜHRER.--Pues no hay otro remedio. Para todos vendrá. Es el único
+fin de nuestros males. La _idea_ de Hegel, después de llegar a su total
+desenvolvimiento, por medio de mil y mil evoluciones y determinaciones,
+se replegará sobre sí misma con toda la plenitud del ser, sin algo que
+la límite y determine, y será el no ser. La esencia de los krausistas se
+realizará toda, y la realización de la esencia será la nada. La
+_voluntad_ de Schopenhauer, este prurito, este amor primogenio, que lo
+ha sacado todo de sí, como representación y fantasmagoría, dará fin a la
+representación trágica de la vida, y lo volverá a encerrar todo en sí.
+Mientras llega este día dichoso, en que ha de acabar la vida, crea usted
+que los adelantamientos científicos sirven de mucho para hacerla menos
+intolerable.
+
+AUTOR.--Póngame V. algún caso.
+
+SEELENFÜHRER.--Pondré uno o dos de los más capitales, pero será menester
+cierta explicación previa.
+
+AUTOR.--Pues dé V. la explicación.
+
+SEELENFÜHRER.--Ya V. sabe que pasó la edad de la fe.
+
+AUTOR.--Sea, pues V. lo asegura.
+
+SEELENFÜHRER.--Los hombres, en esta edad de la razón, no pueden dejarse
+llevar para sus actos del temor ni de la esperanza de premios o de
+castigos ultramundanos. Los hombres son autonómicos. Ellos mismos se
+imponen las leyes que quieren, las derogan cuando gustan, y se absuelven
+cuando las infringen. No hay ser superior al hombre, que legisle y
+juzgue, salvo un fantasma que tal vez crea la conciencia y proyecta
+fuera de sí, agrandándole, como la figurilla pintada en el vidrio de una
+linterna mágica se agranda al proyectarse en la pared, a causa de la
+oscuridad. Traiga V. una luz clara, y la figura grande que había en la
+pared desaparece, y sólo queda la figura pequeña dentro de la linterna.
+Así la proyección del fantasma que había en nuestra mente, y que nos
+fingíamos en lo exterior, inmenso, infinito, se borra, se desvanece del
+todo, ante las claras luces del siglo en que vivimos.
+
+AUTOR.--Enhorabuena. ¿Y qué?
+
+SEELENFÜHRER.--Los hombres, pues, no tienen para sus actos sino dos
+móviles, o, mejor dicho, uno solo, que se bifurca: lo que los
+positivistas ramplones llaman la utilidad. La bifurcación consiste en
+que unos buscan la utilidad exclusiva de ellos, y otros, los menos, la
+utilidad de todos. Esto no implica mérito ni demérito en el hombre: todo
+está predeterminado: todo es fatal: todo es obra de esa voluntad
+inconsciente, de ese prurito que creó el mundo, y que se agita en
+nosotros y nos impulsa: a unos a la devoción, al sacrificio, negando al
+individuo por amor al todo; a otros al egoísmo, procurando la
+conservación, el deleite y el bienestar del individuo, a despecho y tal
+vez en perjuicio de la totalidad. Nace de aquí que no poca gente de la
+más ruda, menesterosa y fiera, alentada y capitaneada por espíritus
+inquietos, trate de subvertirlo todo por envidia o por codicia, en
+virtud de teorías que se llaman, por ejemplo, socialismo, comunismo y
+nihilismo. ¿Cuál es el mejor modo de evitar esto? Aquí de la sabiduría,
+ha dicho mi docto amigo Ernesto Renan; y ha discurrido un medio, que
+pronto ofrecerá a los sabios en un libro precioso. Consiste su medio en
+que los sabios se reúnan en corporación o cofradía; se comuniquen sus
+inventos sin que el público los trasluzca, volviendo a la época de las
+ciencias ocultas y de la magia; y, no bien chiste la plebe, se alborote
+o no los deje en paz, reciba su merecido, produciendo los sabios contra
+ella, ya un buen terremoto, ya una inundación o un diluvio, ya una
+epidemia, ya un par de volcanes en actividad, ya otra plaga por el
+estilo. Así llegará al cabo el gobierno de los sabios: todos los que no
+lo sean nos obedecerán y temblarán, y el mundo estará lo menos mal
+posible. Seguirá entre tanto progresando la ciencia, y no bien logremos
+poseerla del todo, acabaremos este drama del Universo y de la historia
+con un suicidio colosal, o mejor expresado, con un _totalicidio_ y
+aniquilamiento de cuanto existe. El otro caso de ventajas que ha de
+traernos la ciencia es el de dar una nueva religión a la plebe
+ignorante. La ciencia y la filosofía niegan a Dios; pero los que no son
+científicos ni filósofos es menester que le tengan. Esto nos conviene.
+La religión será, pues, nuestra misma filosofía, expuesta, no ya en
+términos dialécticos y con método, sino en imágenes, símbolos, alegorías
+y otras figuras retóricas, cada una de las cuales tomará consistencia en
+la fantasía del vulgo y será una persona divina, un ente mitológico,
+Dios en suma. Ya varios amigos míos andan por esta manera confeccionando
+la religión del porvenir. Difícil es la empresa; pero ¿qué no puede la
+ciencia novísima? Yo creo que acabará por salirse con la suya.
+
+AUTOR.--Y dígame V.: ¿se va ya entreviendo a cuál de las religiones
+positivas, existentes hasta hoy, se parecerá más la religión del
+porvenir?
+
+SEELENFÜHRER.--Vaya si se entreve. Se parecerá, al budismo.
+
+AUTOR.--Hombre, me alegro. Buen lazo de fraternidad, así que seamos
+budistas, vamos a tener con más de doscientos millones de ellos que hay
+en Asia y en Oceanía. Pero me alegro también por otra razón.
+
+SEELENFÜHRER.--¿Por cuál?
+
+AUTOR.--Porque estoy escribiendo un diálogo, donde Gopa, la mujer de
+Buda, es la heroína, y no sé cómo terminarle. Usted, que ya es casi
+budista, debe de tener vara alta con Gopa. ¿Podrá V. evocarla y hacer
+que yo hable con ella?
+
+SEELENFÜHRER.--No hay nada más llano. Antes de todo, quiero que sepa V.
+que yo no soy un espiritista adocenado, sino el más ilustre de los
+espiritistas. Yo he hecho dar un paso gigantesco al espiritismo. En
+primer lugar, le he conciliado con mis ideas a lo Schopenhauer. Mi
+escepticismo, a fuerza de negarlo todo, nada niega. La misma duda cabe
+en que V. sea ilusión o realidad, que en que Gopa, aparecida ahora ante
+nosotros después de cerca de veinticinco siglos de muerta, sea realidad
+o ilusión. Los puros materialistas son necios. Por medio de
+combinaciones y operaciones físicas y químicas de lo que llaman materia,
+y donde sólo ven o pretenden ver la realidad, se jactan de explicar el
+espíritu, la voluntad, la inteligencia y el deseo, que ellos creen
+cualidades o resultados; y la verdad es que el resultado, tal vez
+aparente, es la materia, y que de la voluntad y del entendimiento, única
+cosa real, si hay algo real, es de donde procede todo. Así, pues, no hay
+fundamento alguno para negar que existan aún la mente y la voluntad
+individuales de Gopa, aunque los órganos que esta voluntad y esta mente
+se proporcionaron o se crearon para su uso, en cierta época dada, hayan
+desaparecido.
+
+AUTOR.--De eso no tiene V. que convencerme. Yo creo en la inmortalidad
+de las almas. Lo que se me hace duro de creer es que ni V. ni nadie las
+evoque.
+
+SEELENFÜHRER.--Yo no trataba de convencer a V. Quería sólo justificarme
+de haber incurrido en contradicción. Por lo demás, V. se convencerá de
+mi poder nigromántico. Gopa aparecerá y hablará con V. ahora mismo. No
+en vano me apellidan Seelenführer, que equivale en griego a Psicopompo o
+conductor de almas, epíteto dado a Hermes, tres veces grande, y a otros
+hábiles taumaturgos de la antigüedad.
+
+AUTOR.--Y dígame V., ¿por qué _medio_ se comunicará Gopa conmigo?
+
+SEELENFÜHRER.--Por la perla de los _medios_. Mi _medio_ es una paisanita
+de V., una lozana andaluza, cuyo nombre es Carmela, a quien hallé, cinco
+años ha, extraviada en Homburgo, haciendo sortilegios, que no le salían
+bien, al rededor de una mesa de treinta y cuarenta. Desde entonces está
+conmigo y se ha _mediatizado_, ejerciendo la _mediania_ de un modo que
+no tiene nada de _mediano_, y sí mucho de nuevo. Yo embargo
+magnéticamente su espíritu, y queda su cuerpo como casa deshabitada,
+donde el espíritu evocado penetra, se infunde, y, valiéndose de los
+órganos de ella, emite la voz con sus pulmones y garganta, y articula
+palabras con su boca.
+
+AUTOR.--Amigo mío, estoy encantado de oírle. Linda invención la de V.
+Eso sí que me gusta, y no aquella pesadez de los golpecitos en las mesas
+y de la escritura después. Vea yo cuanto antes a Carmela.
+
+SEELENFÜHRER.--Aguarde V. un momento. (Hace ciertos ademanes y pases con
+las manos, como quien vierte por ellas diez chorros de fluido
+magnético.) Ya está Carmela dormida. Ahora evoquemos el espíritu de Gopa
+para que se infunda en el lindo cuerpo de Carmela. ¡Gopa! ¡Gopa!
+
+(Se abre la puerta que debe de haber en el fondo, y Gopa aparece, toda
+vestida de blanco, muy guapa moza, aunque algo morena, y con los
+hermosos, largos y negros cabellos, sueltos por la espalda.)
+
+GOPA.--¿Qué me quieres?
+
+SEELENFÜHRER.--Que respondas a lo que este caballero te pregunte.
+
+GOPA.--¿Qué he de responder? No: yo no quiero responder a nadie. Acabas
+de herirme, de emponzoñarme el corazón. Hace veinticinco siglos que
+gozaba yo con el recuerdo de Sidarta, noble, generoso y enamorado. Su
+último casto beso, el de la noche en que se despidió de mí, estaba en lo
+íntimo de mi ser como luz celestial que le iluminaba. Todo mi encanto se
+destruye ahora. Yo no he vuelto a ver a Sidarta. No he vuelto a saber de
+Sidarta en todo este tiempo. ¿Conseguiría su propósito? me he preguntado
+a veces. ¿Lograría escaparse de la esfera de la vida y hundirse en el
+_nirvana_? En el mundo de los espíritus me he encontrado con muchos
+espíritus, y nunca con el de Sidarta. He aprendido mil verdades. He
+conocido el error de Sidarta, pero mi afecto tenía razones para
+disculparle. En Capilavastu, allá en el centro de la India, seis siglos
+antes de que viniese al mundo Nuestro Señor Jesucristo, nada sabíamos de
+Dios; no alcanzábamos que hubiese un Ser omnipotente, bueno,
+infinitamente sabio, principio y fin de todas las cosas. Nuestros dioses
+eran los astros, los elementos, las fuerzas naturales personificadas;
+dioses ciegos, sin amor y sin inteligencia; sin libertad; esclavos del
+destino; inferiores a la naturaleza; muy inferiores a toda alma humana.
+¿Qué mucho que con este ateismo por deficiencia, con este
+desconocimiento infantil del Ser supremo, y movido Sidarta de caridad
+sublime, imaginase su absurda aunque benévola doctrina? Pero en la culta
+Europa, en el siglo XIX, sabiendo ya cuanto los profetas de Israel han
+revelado, cuanto han especulado racionalmente los filósofos de Grecia
+sobre Dios personal, y cuanto nos han enseñado el Evangelio y la ciencia
+moderna, que de él dimana, es una mala vergüenza hacerse ateos, caer en
+la desesperación y retroceder al budismo. Imagina, pues, cuán hondo será
+mi dolor cuando en ti, que te llamas ahora el doctor Seelenführer,
+acabo de reconocer a mi Sidarta, a mi Sakiamúni y a mi Bagavat, porque
+todos estos nombres te dábamos. Tú no caes en ello; pero no lo dudes: tú
+fuiste el Buda y quieres volver a serlo. Entonces, como era en sazón
+oportuna, fuiste un grande hombre; hoy me pareces un charlatán o un
+mentecato, y o te desprecio, o te abomino. Adiós para siempre. Para
+siempre acabaron ya nuestros amores.
+
+(El espíritu de Gopa abandona, a lo que puede inferirse, el cuerpo de
+Carmela, que cae por tierra como exánime.)
+
+AUTOR.--¿Qué es esto, amigo Seelenführer? ¿Es verdad o mentira? Si es
+burla de Carmela, es burla harto pesada, y si son veras, las veras son
+más pesadas aún.
+
+SEELENFÜHRER (atolondrado).--¿Si habré sido yo el Buda? ¿Si estaré loco?
+¿Si se burlará de mí esta muchacha? (Se acerca a Carmela para levantarla
+del suelo.) Está fría como el mármol. ¡Qué desmayo tan horrible! ¿Si
+estará muerta? Carmela, Carmela, vuelve en ti.
+
+CARMELA (volviendo de su desmayo y levantándose.)
+¡Ay, Jesús mío!
+
+SEELENFÜHRER.--Muchacha, respóndeme con franqueza. ¿Te has estado
+burlando de mí? ¿Qué diabluras son las tuyas?
+
+CARMELA.--¿Qué diabluras han de ser sino las que V. hace conmigo y que
+al fin han de costarme caras? He tenido una pesadilla feroz; me he caído
+redonda en el suelo, y estoy segura de que tengo el cuerpo lleno de
+cardenales.
+
+SEELENFÜHRER.--¿Y no recuerdas nada de lo que has dicho?
+
+CARMELA.--Nada recuerdo. Déjeme V. ahora. Tengo necesidad de descanso.
+
+(Carmela se va.)
+
+AUTOR.--Mi querido Doctor: yo no sé qué pensar de lo que acabo de ver y
+oír; pero, francamente, todos estos pesimismos, ateismos y espiritismos
+me parecen malsanos y disparatados.
+
+SEELENFÜHRER.--Ya sabía yo que V. pensaba así V. es un metafísico
+superficial, burlón y escéptico, que no sabe lo que se pesca.--Usted es
+un descreído, anticuado en más de cien años; un discípulo de Voltaire.
+
+AUTOR.--Seré lo que a V. se le antoje. Aunque no he tomado a Voltaire
+por maestro, Voltaire me divierte, y los pesimistas alemanes me aburren.
+Voltaire, a pesar del _Cándido_, no era un pesimista radical. Voltaire,
+en el fondo, era tan optimista como Leibnitz, de quien quiso burlarse.
+Fácil me sería demostrarlo, si no estuviese de priesa. Y en cuanto al
+descreimiento, digo que Voltaire jamás negó con seriedad las más altas
+y consoladoras verdades, de que son fundamento la existencia de Dios, su
+justicia, su providencia, y la libertad y responsabilidad del hombre. Me
+atrevo, por último, a dar por evidente que, si Voltaire hubiera previsto
+los abominables y desesperados sistemas de estos últimos tiempos, en vez
+de hacer la guerra al cristianismo, se hubiera hecho amigo de los Padres
+Jesuitas, hubiera oído una misa diaria, hubiera ayunado una vez por
+semana, y se hubiera confesado cada mes un par de veces.
+
+
+
+
+SANTA
+
+(EPISODIO DEL MAHABHARATA)
+
+
+ El rey de Anga, Lomapad glorioso,
+ A un brahmán ofendió, no dando en premio
+ De un sacrificio lo que dar debiera.
+ Irritados entonces los brahmanes,
+ Salieron todos de su reino: el humo
+ Del holocausto al cielo no subía;
+ Indra negaba la fecunda lluvia,
+ Y la miseria al pueblo devoraba.
+ Lomapad, consternado, saber quiso
+ El parecer de los varones doctos,
+ Y los llamó a consejo, y preguntoles
+ Qué medio hallaban de aplacar la ira
+ Del Dios que lanza el rayo y amontona
+ En el cielo del agua los raudales.
+ Mil sentencias se dieron; mas al cabo
+ El más prudente de los sabios dijo:
+ --Escucha ¡oh rey! mientras brahman no haya
+ Que sacrificio en este suelo ofrezca,
+ Indra no saciará la sed abriendo
+ El líquido tesoro de las nubes.
+ Los brahmanes, movidos del enojo,
+ Al sacrificio no se prestan. Oye
+ Para cumplir el venerando rito
+ Cómo hallar sólo sacerdote puedes.
+ En la fértil orilla del Kausiki,
+ En lo esquivo y recóndito del bosque,
+ Del trato humano lejos, su vivienda
+ Vinfandák tiene, el hijo de Kasyapa,
+ Brahman austero y penitente. Vive
+ En el yermo con él su único hijo,
+ El piadoso mancebo Risyaringa.
+ No vio a más hombre que a su padre nunca;
+ Sólo frutos silvestres, hierbas sólo
+ Y licor sólo que entre rocas mana,
+ Alimento le dieron y bebida.
+ Tan inocente y puro es el mancebo,
+ Que de lo qué es mujer no tiene idea.
+ Manda, pues, rey, que una doncella hermosa
+ Vaya al bosque, le hable, y con hechizos
+ De amor, cautivo a la ciudad le traiga.
+ No bien sus pies en tus sedientos campos
+ La huella estampen, no lo dudes, Indra
+ Dará propicio el suspirado riego.
+ Así habló el sabio, y su atinado aviso
+ Agradó mucho al rey. Dinero y honras
+ Prometió Lomapad a la doncella
+ Que hábil trajese al candoroso joven:
+ Pero todas miraban con espanto
+ De Vifandák la maldición horrible,
+ Y exclamaban:--¡Oh príncipe! perdona;
+ No llega a tal extremo nuestra audacia.
+ En tanto, iban mostrándose tan fieras
+ La sequía y el hambre, que perdieron
+ Toda esperanza el rey y sus vasallos,
+ Cuando Santa, del rey única hija,
+ Virgen por su beldad maravillosa,
+ Modestamente se acercó a su padre
+ Y así le habló:--Si quieres, padre mío,
+ Yo he de intentar que venga a nuestra tierra
+ El joven que no vio seres humanos.
+ Con gran contento el rey escuchó a Santa,
+ Y al instante dispuso que una nave
+ Se aprestara, de flores y verdura
+ Cubierta por doquier, como retiro
+ Feraz de bienhadados penitentes.
+ Peregrinando en ella con su hija,
+ Fue contra la corriente del Kausiki
+ Hasta llegar al prado y a la selva,
+ Mansión de Vifandák el solitario.
+ Con discretos consejos de su padre
+ Para tan ardua empresa apercibida,
+ Santa desembarcó, y entró en la choza
+ Do el mancebo por dicha estaba solo.
+ --Dime, _muni_, le dijo, si te place
+ La penitencia aquí. ¿Vives alegre
+ En esta soledad? ¿Tienes en ella
+ Abundancia de frutos y raíces?
+ --Tengo, contestó el joven; mas ¿quién eres
+ Que como llama refulgente luces?
+ Bebe del agua mía: te suplico
+ Que mis flores aceptes y mis frutos.
+ --Allá en mi soledad, replicó Santa,
+ Al otro lado de los altos montes,
+ Nacen flores más bellas y olorosas,
+ Son los frutos más dulces, y es más clara
+ Y más salubre el agua de las fuentes.
+ --¡Oh huésped celestial! dijo el mancebo;
+ Algún ser superior eres sin duda.
+ Yo me postro a tus plantas y te adoro
+ Como adorar debemos a los dioses.
+ --¡Ah, no! tú eres mejor, tú eres perfecto,
+ Y adorarme no debes: yo rechazo
+ La no fundada adoración: permite
+ Que te dé paz como se da en mi patria.
+ Cediendo en parte entonces al consejo
+ Discreto de su padre, y al impulso
+ Del corazón también, Santa la bella
+ Al cuello del garzon echó los brazos,
+ Y le dio un beso, y llena de sonrojo
+ Huyó a la nave do su padre estaba.
+ Volvió del bosque Vifandák en esto,
+ Grave, terrible, penitente, todo
+ Desde los pies a la cabeza hirsuto.
+ --¡Hijo! exclamó, ¿por qué has holgado, hijo?
+ Ni partiste la leña, ni atizaste
+ El fuego, ni lavaste la vajilla,
+ Ni la vaca cuidaste ni el becerro.
+ Mudado me pareces. ¿En qué sueñas?
+ ¿Qué cavilas? ¿Sabré lo que ha pasado?
+ --Un peregrino, respondió el mancebo,
+ Estuvo por aquí, de negros ojos
+ Y sonrosada y blanca faz; en trenzas
+ Los cabellos caían por su espalda;
+ En sus labios brillaba la sonrisa;
+ Gentil, gracioso, esbelto era su talle,
+ Y en suave curva levantado el pecho.
+ Como canta el _kokila_ en la alborada,
+ Así su voz sonaba en mis oídos,
+ Y a su andar un aroma yo sentía
+ Como el del aura en grata primavera.
+ No quiso de mis frutos, y no quiso
+ Agua tampoco de mis fuentes: frutos
+ Más sazonados me ofreció y bebida
+ De más rico sabor, cuya promesa
+ Bastó a embriagarme un tanto. Ciñó luego
+ Con sus brazos mi cuello el peregrino,
+ Inclinó hacia la suya mi cabeza,
+ Tocó en mi boca con su amable boca,
+ Hizo un susurro pequeñito y blando,
+ Y por todo mi ser discurrió al punto
+ Un estremecimiento delicioso.
+ Por este peregrino en vivas ansias
+ Me consumo; do vive vivir quiero;
+ De que se ha ido el corazón me duele;
+ Y a hacer la misma penitencia aspiro
+ Que me enseñó, para endiosar el alma
+ Más eficaz ¡oh padre! que las tuyas.
+ Vifandák contestó:--No te confíes,
+ Hijo, en belleza material; a veces
+ Van los gigantes por el bosque errando,
+ Y toman bellas formas, con intento
+ De seducir a los varones píos
+ Y perturbar su penitente vida.
+ Para buscar a Santa salió entonces
+ Vifandák, ciego de furor; y apenas
+ Hubo salido, penetró de nuevo
+ La linda moza con furtivos pasos.
+ La vio el mancebo, trémulo de gozo;
+ Corrió a ella y le dijo:--No te pares;
+ Huyamos sin tardanza do tú vives;
+ No nos halle mi padre cuando vuelva.
+ Así Santa logró que Risyaringa
+ La siguiese a la nave. Dio a los vientos
+ La vela entonces Lomapad, y raudo
+ Bajó por la corriente del Kausiki.
+ No bien puso la planta el virtuoso
+ Mancebo en tierra, cuando abierto el cielo
+ Vertió torrentes de fecunda lluvia.
+ El rey, viendo sus votos ya cumplidos,
+ A Risyaringa desposó con Santa.
+ Volvió, entre tanto, Vifandák del bosque
+ A la choza, y al hijo fugitivo
+ Buscó en balde doquier. Con saña cruda
+ De Anga a la capital marchó en seguida
+ Para lanzar su maldición tremenda.
+ Con la fatiga a reposar parose
+ En medio del camino, y miró en torno,
+ Y vio praderas de abundantes pastos,
+ Y ovejas mil y lucios corderillos
+ Y pastores alegres.--¿Quién os hace
+ Tan dichosos? les dijo, y respondieron:
+ --El piadoso mancebo Risyaringa.
+ Siguió su marcha Vifandák, y hallaba
+ Paz, opulencia, dicha en todas partes,
+ Y cada vez que de alguien inquiría
+ De tanto bien la causa, mil encomios
+ Escuchaba de nuevo de su hijo.
+ Aduló con son grato las orejas
+ Del austero varón tanta alabanza,
+ Y se entibió su cólera fogosa.
+ Llegó, por fin, a la ciudad, en donde
+ Le colmó el rey de honores y mercedes;
+ Vio feliz como un Dios al hijo amado;
+ Vio tan gozosa a la gallarda nuera,
+ Que como luz de amor resplandecía;
+ Y en torno vio rebaños florecientes,
+ Y amenos, verdes sotos, y el hartura
+ Y el deleite por huertos y jardines.
+ No pudo entonces maldecir: las manos
+ Elevó hacia los cielos y bendijo.
+
+
+
+
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+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
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+<pre>
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+The Project Gutenberg EBook of Cuentos y diálogos, by Juan Valera
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+
+Title: Cuentos y diálogos
+
+Author: Juan Valera
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+Release Date: November 9, 2008 [EBook #27214]
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+Language: Spanish
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+Character set encoding: ISO-8859-1
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS Y DIÁLOGOS ***
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+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
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+<hr class="full" />
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+<h3>JUAN VALERA</h3>
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+<h1>CUENTOS Y DIÁLOGOS</h1>
+
+<hr class="doble" />
+
+<p class="c"><b>SEVILLA: 1882</b></p>
+
+<p class="c">
+<span class="smcap">FRANCISCO ALVAREZ Y C.ª, EDITORES</span><br />Tetuán 24.</p>
+
+<hr class="top15"/>
+<p class="excmo">
+<span class="espacio">Al Excm</span>o.<span class="espacio">
+S</span>r.<br />
+D. &nbsp; <span class="espacio">Enrique </span>R.<span class="espacio"> De Saavedr</span>a,<br />
+<span class="espacio">Duque de Riva</span>s.<br />
+</p>
+
+
+<p>Mi querido amigo: Bien hubiera querido yo escribir algo nuevo
+expresamente para dedicárselo a V., pero mi pobre ingenio está marchito
+y seco desde hace dos o tres años, y empiezo a perder toda esperanza de
+que reverdezca y vuelva a florecer algún día.</p>
+
+<p>En tan desengañada situación y urgiéndome pagar la deuda de la lindísima
+<i>fantasía</i> que tuvo V. la bondad de dedicarme, me decido a dedicar a V.
+esta colección de <span class="smcap">Cuentos y Diálogos</span>, que, si bien publicados antes
+aisladamente, salen hoy por vez primera reunidos en un tomo.</p>
+
+<p>Ahí van <i>Parsondes</i>, que V. tanto celebra; <i>El pájaro verde</i>, cuento
+vulgar que me contó con singular talento su señora madre de usted y que
+yo no he hecho sino poner por escrito, procurando competir con Perrault,
+Andersen y Musaus; <i>El bermejino prehistórico</i>, que yo encuentro
+gracioso en fuerza de ser disparatado; y los diálogos de <i>Asclepigenia y
+Gopa</i>, el primero de los cuales sigo creyendo que es lo más elegante y
+discreto, o si se quiere lo menos tonto, que he escrito en mi vida.</p>
+
+<p>Acoja V. con benignidad estas obrillas ligeras, sobre las cuales nada
+más se me ocurre que decir, pues las escribí sin intención de enseñar y
+sólo con el fin de pasar el tiempo y de ver si lograba divertirme yo y
+divertir también a quien me leyese.</p>
+
+<p>Lo primero lo he conseguido. ¿Por qué no confesarlo? Como me quiero
+bien, me río a mí mismo las gracias. Así es que <span class="smcap">Cuentos y diálogos</span> me
+han encantado al escribirlos y aun al leerlos y releerlos después de
+escritos. Ya esto es bastante triunfo, aunque el encanto de la
+diversión no pase de mí ni se transmita a otros. Harto lo sentiré, pero
+me consolaré imaginando, porque el amor propio es muy sutil inventor,
+que si no me ríen las gracias los demás es porque las tales gracias
+están disimuladas y escondidas en el texto, y así no las ve quien no le
+penetra y ahonda. Yo procuraré, en otra ocasión, poner las gracias, si
+las tengo, algo más superficiales. Entretanto, conténtese V. o mejor
+dicho no se disguste con esto que le dedico, pues bien sé yo que, si
+vale algo y si tiene chiste, V. habrá de hallarle, sin que tenga yo
+necesidad de indicar dónde está lo chistoso para que V. lo ría.</p>
+
+<p>Créame V. siempre su buen amigo</p>
+
+<p class="r"><i>J. Valera</i>.</p>
+
+<p class="peq">Lisboa 20 de Febrero de 1882.</p>
+
+<hr style="width: 50%;margin-top:15%;" />
+<h3 class="top15">ÍNDICE</h3>
+<ul>
+<li><a href="#EL_PAJARO_VERDE"><b>El pájaro verde.</b></a></li>
+<li><a href="#PARSONDES"><b>Parsondes</b></a></li>
+<li><a href="#EL_BERMEJINO_PREHISTORICO"><b>El bermejino prehistórico o las salamandras azules</b></a></li>
+
+<li><a href="#ASCLEPIGENIA"><b>Asclepigenia</b></a></li>
+<li><a href="#GOPA"><b>Gopa</b></a></li>
+<li><a href="#SANTA"><b>Santa</b></a></li>
+</ul>
+
+
+<hr style="width: 50%;margin-top:15%;" />
+
+<h2><a name="EL_PAJARO_VERDE" id="EL_PAJARO_VERDE"></a>EL PÁJARO VERDE.</h2>
+
+<p class="capit">I.</p>
+
+
+<p>Hubo, en época muy remota de esta en que vivimos, un poderoso Rey, amado
+con extremo de sus vasallos, y poseedor de un fertilísimo, dilatado y
+populoso reino, allá en las regiones de Oriente. Tenía este Rey inmensos
+tesoros y daba fiestas espléndidas. Asistían en su corte las más
+gentiles damas y los más discretos y valientes caballeros que entonces
+había en el mundo. Su ejército era numeroso y aguerrido. Sus naves
+recorrían como en triunfo el Océano. Los parques y jardines, donde solía
+cazar y holgarse, eran maravillosos por su grandeza y frondosidad, y por
+la copia de alimañas y de aves que en ellos se alimentaban y vivían.</p>
+
+<p>Pero ¿qué diremos de sus palacios y de lo que en sus palacios se
+encerraba, cuya magnificencia excede a toda ponderación? Allí muebles
+riquísimos, tronos de oro y de plata, y vajillas de porcelana, que era
+entonces menos común que ahora; allí enanos, jigantes, bufones y otros
+monstruos para solaz y entretenimiento de S. M.; allí cocineros y
+reposteros profundos y eminentes, que cuidaban de su alimento corporal,
+y allí no menos profundos y eminentes filósofos, poetas y
+jurisconsultos, que cuidaban de dar pasto a su espíritu, que concurrían
+a su consejo privado, que decidían las cuestiones más arduas de derecho,
+que aguzaban y ejercitaban el ingenio con charadas y logogrifos, y que
+cantaban las glorias de la dinastía en colosales epopeyas.</p>
+
+<p>Los vasallos de este Rey le llamaban con razón <i>el Venturoso</i>. Todo iba
+de bien en mejor durante su reinado. Su vida había sido un tejido de
+felicidades, cuya brillantez empañaba solamente con negra sombra de
+dolor la temprana muerte de la señora Reina, persona muy cabal y hermosa
+a quien S. M. había querido con todo su corazón. Imagínate, lector, lo
+que la lloraría, y más habiendo sido él, por el mismo acendrado cariño
+que le tenía, causa inocente de su muerte.</p>
+
+<p>Cuentan las historias de aquel país que ya llevaba el Rey siete años de
+matrimonio sin lograr sucesión, aunque vehementemente la deseaba, cuando
+ocurrieron unas guerras en país vecino. El Rey partió con sus tropas;
+pero antes se despidió de la señora Reina con mucho afecto. Esta,
+dándole un abrazo, le dijo al oído:&mdash;No se lo digas a nadie para que no
+se rían si mis esperanzas no se logran, pero me parece que estoy en
+cinta.</p>
+
+<p>La alegría del Rey con esta nueva no tuvo límites, y como todo le sale
+bien al que está alegre, él triunfó de sus enemigos en la guerra, mató
+por su propia mano a tres o cuatro reyes que le habían hecho no sabemos
+qué mala pasada, asoló ciudades, hizo cautivos, y volvió cargado de
+botín y de gloria a la hermosa capital de su monarquía.</p>
+
+<p>Habían pasado en esto algunos meses; así es que al atravesar el Rey con
+gran pompa la ciudad, entre las aclamaciones y el aplauso de la multitud
+y el repiqueteo de las campanas, la Reina estaba pariendo, y parió con
+felicidad y facilidad, a pesar del ruido y agitación y aunque era
+primeriza.</p>
+
+<p>¡Qué gusto tan pasmoso no tendría S. M. cuando, al entrar en la real
+cámara, el comadrón mayor del reino le presentó a una hermosa princesa
+que acababa de nacer! El Rey dio un beso a su hija y se dirigió lleno de
+júbilo, de amor y de satisfacción, al cuarto de la señora Reina, que
+estaba en la cama tan colorada, tan fresca y tan bonita como una rosa de
+Mayo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Esposa mía!&mdash;exclamó el Rey, y la estrechó entre sus brazos. Pero el
+Rey era tan robusto y era tan viva la efusión de su ternura, que sin más
+ni menos ahogó sin querer a la Reina. Entonces fueron los gritos, la
+desesperación y el llamarse a sí propio animal, con otras elocuentes
+muestras de doloroso sentimiento. Mas no por esto resucitó la Reina, la
+cual, aunque muerta, estaba divina. Una sonrisa de inefable deleite se
+diría que aún vagaba sobre sus labios. Por ellos, sin duda, había volado
+el alma envuelta en un suspiro de amor, y orgullosa de haber sabido
+inspirar cariño bastante para producir aquel abrazo. ¡Qué mujer
+verdaderamente enamorada no envidiará la suerte de esta Reina!</p>
+
+<p>El Rey probó el mucho cariño que le tenía, no sólo en vida de ella, sino
+después de su muerte. Hizo voto de viudez y de castidad perpetuas, y
+supo cumplirle. Mandó componer a los poetas una corona fúnebre, que aun
+dicen que se tiene en aquel reino como la más preciosa joya de la
+literatura nacional. La corte estuvo tres años de luto. Del mausoleo que
+se levantó a la Reina sólo fue posteriormente el de Caria un mezquino
+remedo.</p>
+
+<p>Pero como, según dice el refrán, no hay mal que dure cien años, el Rey,
+al cabo de un par de ellos, sacudió la melancolía, y se creyó tan
+venturoso o más venturoso que antes. La Reina se le aparecía en sueños,
+y le decía que estaba gozando de Dios, y la Princesita crecía y se
+desarrollaba que era un contento.</p>
+
+<p>Al cumplir la Princesita los quince años, era, por su hermosura,
+entendimiento y buen trato, la admiración de cuantos la miraban y el
+asombro de cuantos la oían. El Rey la hizo jurar heredera del trono, y
+trató luego de casarla.</p>
+
+<p>Más de quinientos correos de gabinete, caballeros en sendas cebras de
+posta, salieron a la vez de la capital del reino con despachos para
+otras tantas cortes, invitando a todos los príncipes a que viniesen a
+pretender la mano de la Princesa, la cual había de escoger entre ellos
+al que más le gustase.</p>
+
+<p>La fama de su portentosa hermosura había recorrido ya el mundo todo; de
+suerte que, apenas fueron llegando los correos a las diferentes cortes,
+no había príncipe, por ruin y para poco que fuese, que no se decidiera a
+ir a la capital del <i>Rey Venturoso</i>, a competir en justos, torneos y
+ejercicios de ingenio por la mano de la Princesa. Cada cual pedía al Rey
+su padre armas, caballos, su bendición y algún dinero, con lo cual al
+frente de una brillante comitiva, se ponía en camino.</p>
+
+<p>Era de ver cómo iban llegando a la corte de la Princesita todos estos
+altos señores. Eran de ver los saraos que había entonces en los palacios
+reales. Eran de admirar, por último, los enigmas que los príncipes se
+proponían para mostrar la respectiva agudeza; los versos que escribían;
+las serenatas que daban; los combates del arco, del pugilato y de la
+lucha, y las carreras de carros y de caballos, en que procuraba cada
+cual salir vencedor de los otros y ganarse el amor de la pretendida
+novia.</p>
+
+<p>Pero ésta, que a pesar de su modestia y discreción, estaba dotada, sin
+poderlo remediar, de una índole arisca, descontentadiza y desamorada,
+abrumaba a los príncipes con su desdén, y de ninguno de ellos se le
+importaba un ardite. Sus discreciones le parecían frialdades, simplezas
+sus enigmas, arrogancia sus rendimientos y vanidad o codicia de sus
+riquezas el amor que le mostraban. Apenas se dignaba mirar sus
+ejercicios caballerescos, ni oír sus serenatas, ni sonreír agradecida a
+sus versos de amor. Los magníficos regalos, que cada cual le había
+traído de su tierra, estaban arrinconados en un zaquizamí del regio
+alcázar.</p>
+
+<p>La indiferencia de la Princesa era glacial para todos los pretendientes.
+Sólo uno, el hijo del Kan de Tartaria, había logrado salvarse de su
+indiferencia para incurrir en su odio. Este Príncipe adolecía de una
+fealdad sublime. Sus ojos eran oblicuos, las mejillas y la barba
+salientes, crespo y enmarañado el pelo, rechoncho y pequeño el cuerpo,
+aunque de titánica pujanza, y el genio intranquilo, mofador y orgulloso.
+Ni las personas más inofensivas estaban libres de sus burlas, siendo
+principal blanco de ellas el Ministro de Negocios extranjeros del <i>Rey
+Venturoso</i>, cuya gravedad, entono y cortas luces, así como lo
+detestablemente que hablaba el <i>sanscrito</i>, lengua diplomática de
+entonces, se prestaban algo al escarnio y a los chistes.</p>
+
+<p>Así andaban las cosas, y las fiestas de la corte eran más brillantes
+cada día. Los Príncipes, sin embargo, se desesperaban de no ser
+queridos; el <i>Rey Venturoso</i> rabiaba al ver que su hija no acababa de
+decidirse; y ésta continuaba erre que erre en no hacer caso de ninguno,
+salvo del Príncipe tártaro, de quien sus pullas y declarado
+aborrecimiento vengaban con usura al famoso ministro de su padre.</p>
+
+<hr />
+
+<p class="capit">II.</p>
+
+
+<p>Aconteció, pues, que la Princesa, en una hermosa mañana de primavera,
+estaba en su tocador. La doncella favorita peinaba sus dorados, largos y
+suavísimos cabellos. Las puertas de un balcón, que daba al jardín,
+estaban abiertas para dejar entrar el vientecillo fresco y con él el
+aroma de las flores.</p>
+
+<p>Parecía la Princesa melancólica y pensativa y no dirigía ni una palabra
+a su sierva.</p>
+
+<p>Ésta tenía ya entre sus manos el cordón con que se disponía a enlazar la
+áurea crencha de su ama, cuando a deshora entró por el balcón un
+preciosísimo pájaro, cuyas plumas parecían de esmeralda, y cuya gracia
+en el vuelo dejó absortas a la señora y a su sirvienta. El pájaro,
+lanzándose rápidamente sobre esta última, le arrebató de las manos el
+cordón, y volvió a salir volando de aquella estancia.</p>
+
+<p>Todo fue tan instantáneo que la Princesa apenas tuvo tiempo de ver al
+pájaro, pero su atrevimiento y su hermosura le causaron la más extraña
+impresión.</p>
+
+<p>Pocos días después, la Princesa, para distraer sus melancolías, tejía
+una danza con sus doncellas, en presencia de los Príncipes. Estaban
+todos en los jardines y la miraban embelesados. De pronto sintió la
+Princesa que se le desataba una liga, y suspendiendo el baile, se
+dirigió con disimulo a un bosquecillo cercano para atársela de nuevo.
+Descubierta tenía ya S. A. la bien torneada pierna, había estirado ya la
+blanca media de seda, y se preparaba a sujetarla con la liga que tenía
+en la mano, cuando oyó un ruido de alas, y vio venir hacia ella el
+pájaro verde, que le arrebató la liga en el ebúrneo pico y desapareció
+al punto. La Princesa dio un grito y cayó desmayada.</p>
+
+<p>Acudieron los pretendientes y su padre. Ella volvió en sí, y lo primero
+que dijo fue:&mdash;«¡Que me busquen al pájaro verde... que me le traigan
+vivo... que no le maten... yo quiero poseer vivo al pájaro verde!»</p>
+
+<p>Mas en balde le buscaron los Príncipes. En balde, a pesar de lo
+mandado por la Princesa de que no se pensase en matar al pájaro verde,
+se soltaron contra él neblíes, sacres, gerifaltes y hasta águilas
+caudales, domesticadas y adiestradas en la cetrería. El pájaro verde no
+pareció ni vivo ni muerto.</p>
+
+<p>El deseo no cumplido de poseerle atormentaba a la Princesa y acrecentaba
+su mal humor. Aquella noche no pudo dormir. Lo mejor que pensaba de los
+Príncipes era que no valían para nada.</p>
+
+<p>Apenas vino el día, se alzó del lecho, y en ligeras ropas de levantar,
+sin corsé ni miriñaque, más hermosa e interesante en aquel <i>deshabillé</i>,
+pálida y ojerosa, se dirigió con su doncella, favorita a lo más frondoso
+del bosque que estaba a la espalda de palacio, y donde se alzaba el
+sepulcro de su madre. Allí se puso a llorar y a lamentar su suerte.&mdash;¿De
+qué me sirven, decía, todas mis riquezas, si las desprecio; todos los
+Príncipes del mundo, si no los amo; de qué mi reino, si no te tengo a
+ti, madre mía; y de qué todos mis primores y joyas, si no poseo el
+hermoso pájaro verde?</p>
+
+<p>Con esto, y como para consolarse algo, desenlazó el cordón de su vestido
+y sacó del pecho un rico guardapelo, donde guardaba un rizo de su madre,
+que se puso a besar. Mas apenas empezó a besarle, cuando acudió más
+rápido que nunca el pájaro verde, tocó con su ebúrneo pico los labios de
+la Princesa, y arrebató el guardapelo, que durante tantos años había
+reposado contra su corazón, y en tan oculto y deseado lugar había
+permanecido. El robador desapareció en seguida, remontando el vuelo y
+perdiéndose en las nubes.</p>
+
+<p>Esta vez no se desmayó la Princesa; antes bien se paró muy colorada y
+dijo a la doncella:&mdash;Mírame, mírame los labios; ese pájaro insolente me
+los ha herido, porque me arden.</p>
+
+<p>La doncella los miró y no notó picadura ninguna; pero indudablemente el
+pájaro había puesto en ellos algo de ponzoña, porque el traidor no
+volvió a aparecer en adelante, y la Princesa fue desmejorándose por
+grados, hasta caer enferma de mucho peligro. Una fiebre singular la
+consumía, y casino hablaba sino para decir:&mdash;Que no le maten... que me
+le traigan vivo... yo quiero poseerle.</p>
+
+<p>Los médicos estaban de acuerdo en que la única medicina para curar a la
+Princesa, era traerle vivo el pájaro verde. Mas ¿dónde hallarle? Inútil
+fue que le buscasen los más hábiles cazadores. Inútil que se ofreciesen
+sumas enormes a quien le trajera.</p>
+
+<p>El <i>Rey Venturoso</i> reunió un gran congreso de sabios a fin de que
+averiguasen, so pena de incurrir en su justa indignación, quién era y
+dónde vivía el pájaro verde, cuyo recuerdo atormentaba a su hija.</p>
+
+<p>Cuarenta días y cuarenta noches estuvieron lo sabios reunidos, sin cesar
+de meditar y disertar sino para dormir un poco y alimentarse.
+Pronunciaron muy doctos y elocuentes discursos, pero nada
+averiguaron.&mdash;Señor, dijeron al cabo todos ellos al Rey, postrándose
+humildemente a sus pies e hiriendo el polvo con las respetables frentes,
+somos unos mentecatos; haz que nos ahorquen; nuestra ciencia es una
+mentira: ignoramos quién sea el pájaro verde, y sólo nos atrevemos a
+sospechar si será acaso el ave fénix del Arabia.</p>
+
+<p>&mdash;Levantaos, contestó el Rey con notable magnanimidad, yo os perdono y
+os agradezco la indicación sobre el ave fénix. Sin tardanza saldrán
+siete de vosotros con ricos presentes para la reina de Sabá, y con todos
+los recursos de que yo puedo disponer para cazar pájaros vivos. El fénix
+debe de tener su nido en el país sabeo, y de allí habéis de traérmele,
+si no queréis que mi cólera regia os castigue aunque tratéis de evitarla
+escondiéndoos en las entrañas de la tierra.</p>
+
+<p>En efecto, salieron para el Arabia siete sabios de los más versados en
+lingüística, y entre ellos el Ministro de Negocios extranjeros, sobre lo
+cual tuvo mucho que reír el Príncipe tártaro.</p>
+
+<p>Este príncipe envió también cartas a su padre, que era el más famoso
+encantador de aquella edad, consultándole sobre el caso del pájaro
+verde.</p>
+
+<p>La Princesa, en el ínterin, seguía muy mal de salud y lloraba tan
+abundantes lágrimas, que diariamente empapaba en ellas más de cincuenta
+pañuelos. Las lavanderas de palacio estaban con esto muy afanadas, y
+como entonces ni la persona más poderosa tenía tanta ropa blanca como
+ahora se usa, no hacían más que ir a lavar al río.</p>
+
+
+<hr />
+
+<p class="capit">III.</p>
+
+
+<p>Una de estas lavanderas, que era, valiéndonos de cierta expresión a la
+moda, una pollita muy simpática, volvía un día, al anochecer, de lavar
+en el río los lacrimosos pañuelos de la Princesa.</p>
+
+<p>En medio del camino, y muy distante aún de las puertas de la ciudad, se
+sintió algo cansada y se sentó al pié de un árbol. Sacó del bolsillo una
+naranja; y ya iba a mondarla para comérsela, cuando se le escapó de las
+manos y empezó a rodar por aquella cuesta abajo con singular ligereza.
+La muchachuela corrió en pos de su naranja; pero mientras más corría,
+más la naranja se adelantaba, sin que jamás se parase y sin que ella
+llegase a alcanzarla en la carrera, si bien no la perdía de vista.
+Cansada de correr, y sospechando, aunque poco experimentada en las
+cosas del mundo, que aquella naranja tan corredora no era del todo
+natural, la pobre se detenía a veces y pensaba en desistir de su empeño;
+pero la naranja al punto se detenía también, como si ya hubiese cesado
+en su movimiento y convidase a su dueño a que de nuevo la cogiese.
+Llegaba ella a tocarla con la mano, y la naranja se le deslizaba otra
+vez y continuaba su camino.</p>
+
+<p>Embelesada estaba la lavanderilla en tan inaudita persecución, cuando
+notó al fin que se hallaba en un bosque intrincado, y que la noche se le
+venía encima, oscura como boca de lobo. Entonces tuvo miedo, y rompió en
+desconsoladísimo llanto. La oscuridad creció rápidamente, y ya no le
+permitió ni ver la naranja, ni orientarse, ni dar con el camino para
+volverse atrás.</p>
+
+<p>Iba pues, vagando a la ventura, afligidísima y muerta de hambre y
+cansancio, cuando columbró no muy lejos unas brillantes lucecitas.
+Imaginó ser las de la ciudad; dio gracias a Dios, y enderezó sus pasos
+hacia aquellas luces. Pero cuán grande no sería su sorpresa al
+encontrarse, a poco trecho y sin salir del intrincado bosque, a las
+puertas de un suntuosísimo palacio, que parecía un ascua de oro por lo
+que brillaba, y en cuya comparación pasaría por una pobre choza el
+espléndido alcázar del <i>Rey Venturoso</i>.</p>
+
+<p>No había guardia, ni portero, ni criados que impidiesen la entrada, y la
+chica, que no era corta, y que además sentía el estímulo de la
+curiosidad y el deseo de albergarse y de comer algo, traspasó los
+umbrales, subió por una ancha y lujosa escalera de bruñido jaspe, y
+empezó a discurrir por los más ricos y elegantes salones que imaginarse
+pueden, aunque siempre sin ver a nadie. Los salones estaban, sin
+embargo, profusamente iluminados por mil lámparas de oro, cuyo perfumado
+aceite difundía suavísima fragancia. Los primorosos objetos, que en los
+salones había, eran para espantar por su riqueza y exquisito gusto, no
+ya a la lavanderilla, que poco de esto había disfrutado, sino a la
+mismísima reina Victoria, que hubiera confesado la relativa inferioridad
+de la industria inglesa, y hubiera dado patentes y medallas a los
+inventores y fabricantes de todos aquellos artículos.</p>
+
+<p>La lavandera los admiró a su sabor, y admirándolos se fue poco a poco
+hacia un sitio de donde salía un rico olorcillo de viandas muy suculento
+y delicioso. De esta suerte llegó a la cocina; pero ni jefe, ni
+sota-cocineros, ni pinches, ni fregatrices había en ella; todo estaba
+desierto, como el resto del palacio. Ardían, no obstante, el fogón, el
+horno y las hornillas, y en ellos estaban al fuego infinito número de
+peroles, cacerolas y otras vasijas. Levantó nuestra aventurera la
+cubierta de una cacerola y vio en ella unas anguilas; levantó otra y vio
+una cabeza de jabalí desosada y rellena de pechugas de faisanes y de
+trufas; en resolución, vio los manjares más exquisitos que se presentan
+en las mesas de los reyes, emperadores y papas: y hasta vio algunos
+platos, al lado de los cuales los imperiales, papales y regios, serían
+tan groseros, como al lado de estos un potaje de judías o un gazpacho.</p>
+
+<p>Animada la chica con lo que veía y olía, se armó de un cuchillo y de un
+trinchante, y se lanzó con resolución sobre la cabeza de jabalí. Mas
+apenas hubo llegado a ella, recibió en sus manos un golpe, dado al
+parecer por otra poderosa e invisible, y oyó una voz que le decía, tan
+de cerca que sintió la agitación del aire y el aliento caliente y vivo
+de las palabras:</p>
+
+<p>&mdash;¡Tate... que es para mi señor el Príncipe!</p>
+
+<p>Se dirigió entonces a unas truchas salmonadas, creyéndolas manjar menos
+principesco y que le dejarían comer; pero la mano invisible vino de
+nuevo a castigar su atrevimiento, y la voz misteriosa a repetirle:</p>
+
+<p>&mdash;¡Tate... que es para mi señor el Príncipe!</p>
+
+<p>Tentó, por último, mejor fortuna en tercero, cuarto y quinto plato, pero
+siempre le aconteció lo propio; así tuvo con harta pena que resignarse a
+ayunar, y se salió despechada de la cocina.</p>
+
+<p>Volvió luego a recorrer los salones, donde reinaba siempre la misma
+misteriosa soledad y donde el más profundo silencio parecía tener su
+morada, y llegó a una alcoba lindísima, en la cual sólo dos o tres
+luces, encerradas y amortecidas en vasos de alabastro, derramaban una
+claridad indecisa y voluptuosa, que estaba convidando al reposo y al
+sueño. Había en esta alcoba una cama tan cómoda y mullida, que nuestra
+lavandera, que estaba cansadísima, no pudo resistir a la tentación de
+tenderse en ella y descansar. Iba a poner en ejecución su propósito, y
+ya se había sentado y se disponía a tenderse, cuando en la parte misma
+de su cuerpo con que acababa de tocar la cama, sintió una dolorosa
+picadura, como si con un alfiler de a ochavo la punzasen, y oyó de nuevo
+una voz que decía:</p>
+
+<p>&mdash;¡Tate... que es para mi señor el Príncipe!</p>
+
+<p>No hay que decir que la lavanderilla se asustó y afligió con esto,
+resignándose a no dormir, como a no comer se había ya resignado; y para
+distraer el hambre y el sueño se puso a registrar cuantos objetos había
+en la alcoba, llevando su curiosidad hasta levantar las colgaduras y los
+tapices.</p>
+
+<p>Detrás de uno de éstos descubrió nuestra heroína una primorosa
+puertecilla secreta de sándalo, con embutidos de nácar. La empujó
+suavemente, y cediendo la puerta, se encontró en una escalera de
+caracol, de mármol blanco. Por ella bajó sin detenerse a uno como
+invernáculo, donde crecían las plantas y las flores más aromáticas y
+extrañas, y en cuyo centro había una taza inmensa, hecha, al parecer, de
+un solo, limpio y diáfano topacio. Se levantaba del medio de la taza un
+surtidor tan gigantesco como el que hay ahora en la Puerta del Sol, pero
+con la diferencia de que el agua del de la Puerta del Sol es natural y
+ordinaria, y la de éste era agua de olor, y tenía, además, en sí misma
+todos las colores del iris y luz propia, lo cual, como ya calculará el
+lector, le daba un aspecto sumamente agradable.&mdash;Hasta el murmullo que
+hacía esta agua al caer tenía algo de más musical y acordado que el que
+producen otras, y se diría que aquel surtidor cantaba alguna de las más
+enamoradas canciones de Mozart o de Bellini.</p>
+
+<p>Absorta estaba la lavandera mirando aquellas bellezas y gozando de
+aquella armonía, cuando oyó un grande estrépito y vio abrirse una
+ventana de cristales.</p>
+
+<p>La lavandera se escondió precipitadamente detrás de una masa de verdura,
+a fin de no ser vista y poder ver a las personas o seres, que sin duda
+se acercaban.</p>
+
+<p>Éstos eran tres pájaros rarísimos y lindísimos, uno de ellos todo verde,
+y brillante como una esmeralda. En él creyó ver la lavandera, con
+notable contento, al que era causa, según todo el mundo aseguraba, de la
+pertinaz dolencia de la Princesa Venturosa. Los otros dos pájaros no
+eran, ni con mucho, tan bellos; pero tampoco carecían de mérito
+singular. Los tres venían con muy ligero vuelo, y los tres se abatieron
+sobre la taza de topacio y se zambulleron en ella.</p>
+
+<p>A poco rato vio la lavandera que del seno diáfano del agua salían tres
+mancebos tan lindos, bien formados y blancos, que parecían estatuas
+peregrinas hechas por mano maestra, con mármol teñido de rosas. La
+chica, que en honor de la verdad se debe decir que jamás había visto
+hombres desnudos, y que de ver a su padre, a sus hermanos y a otros
+amigos, vestidos y mal vestidos, no podía deducir hasta dónde era capaz
+de elevarse la hermosura humana masculina, se figuró que miraba a tres
+genios inmortales o a tres ángeles del cielo. Así es, que sin
+ruborizarse, los siguió mirando con bastante complacencia, como objetos
+santos y nada pecaminosos. Pero los tres salieron al punto del agua, y
+pronto se vistieron de elegantes ropas.</p>
+
+<p>Uno de ellos, el más hermoso de los tres, llevaba sobre la cabeza una
+diadema de esmeraldas y era acatado de los otros, como señor soberano.
+Si desnudo le pareció a la lavanderilla un ángel o un genio por la
+hermosura, ya vestido la deslumbró con su majestad, y le pareció el
+emperador del mundo y el príncipe más adorable de la tierra.</p>
+
+<p>Aquellos señores se dirigieron en seguida al comedor y se sentaron en
+una espléndida mesa, donde había tres cubiertos preparados. Una música
+sumisa e invisible les hizo salva al llegar y les regaló los oídos
+mientras comían. Criados, invisibles también, iban trayendo los platos
+y sirviendo admirablemente la mesa. Todo esto lo veía y notaba la
+lavanderilla, que sin ser vista ni oída, había seguido a aquellos
+señores, y estaba escondida en el comedor detrás de un cortinaje.</p>
+
+<p>Desde allí pudo oír algo de la conversación, y comprender que el más
+hermoso de los mancebos era el Príncipe heredero del grande imperio de
+la China, y los otros dos, el uno su secretario y el otro su escudero
+más querido; los cuales estaban encantados y transformados en pájaros
+durante todo el día, y sólo por la noche recobraban su ser natural,
+previo el baño de la fuente.</p>
+
+<p>Notó, asimismo, la curiosa lavandera que el Príncipe de las esmeraldas
+apenas comía, aunque sus familiares le rogaban que comiese, y que se
+mostraba melancólico y arrobado, exhalando a veces delo más hondo del
+hermosísimo pecho un ardiente suspiro.</p>
+
+
+<hr />
+
+<p class="capit">IV.</p>
+
+
+<p>Refieren las crónicas que vamos extractando que, terminado ya aquel
+opíparo y poco alegre festín, el Príncipe de las esmeraldas, volviendo
+en sí como de un sueño, alzó la voz y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Secretario, tráeme la cajita de mis entretenimientos.</p>
+
+<p>El secretario se levantó de la mesa y volvió de allí a poco con la
+cajita más preciosa que han visto ojos mortales. Aquella en que encerró
+Alejandro la <i>Iliada</i> era, en comparación de ésta, más chapucera y pobre
+que una caja de turrón de Jijona.</p>
+
+<p>El Príncipe tomó la cajita en sus manos, la abrió y estuvo largo rato
+contemplando con ojos amorosos lo que había en el fondo de ella. Metió
+luego la mano en la cajita y sacó un cordón. Lo besó apasionadamente,
+derramó sobre él lágrimas de ternura y prorrumpió en estas palabras:</p>
+
+<p class="poem">
+¡Ay cordoncito de mi señora!<br />
+¡Quién la viera ahora!<br />
+</p>
+
+<p>Colocó de nuevo el cordón en la cajita, y sacó de ella una liga bordada
+y muy limpia. La besó, la acarició también y exclamó al besarla:</p>
+
+<p class="poem">
+¡Ay linda liga de mi señora!<br />
+¡Quién la viera ahora!<br />
+</p>
+
+<p>Sacó, por último, un precioso guardapelo, y si mucho había besado cordón
+y liga, más le besó y más le acarició aún, diciendo con acento
+tristísimo, que partía los corazones y hasta las peñas:</p>
+
+<p class="poem">
+¡Ay guardapelo de mi señora!<br />
+¡Quién la viera ahora!<br />
+</p>
+
+<p>A poco el Príncipe y los dos familiares se retiraron a sus alcobas, y la
+lavanderilla no se atrevió a seguirlos. Viéndose sola en el comedor, se
+acercó a la mesa, donde aún estaban casi intactos los ricos manjares,
+los confites, las frutas y los generosos y chispeantes vinos; pero el
+recuerdo de la voz misteriosa y de la mano invisible la detenían, y la
+obligaban a contentarse con mirar y oler.</p>
+
+<p>Para gozar de este incompleto deleite, se acercó tanto a los manjares,
+que vino a ponerse entre la mesa y la silla del Príncipe. Entonces
+sintió, no ya una, sino dos manos invisibles que le caían sobre los
+hombros oprimiéndola. La voz misteriosa le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Siéntate y come.</p>
+
+<p>En efecto, se bailó sentada en la misma silla del Príncipe; y, ya
+autorizada por la voz, se puso a comer con un apetito extraordinario,
+que la novedad y lo exquisito de la comida hacían mayor aún, y comiendo
+se quedó profundamente dormida.</p>
+
+<p>Cuando despertó, era muy de día. Abrió los ojos, y se encontró en medio
+del campo, tendida al pié del árbol donde había querido comerse la
+naranja. Allí estaba la ropa que había traído del río, y hasta la
+naranja corredora estaba allí también.</p>
+
+<p>&mdash;¿Si habrá sido todo un sueño? dijo para sí la lavanderilla. Quisiera
+volver al palacio del Príncipe de la China para cerciorarme de que
+aquellas magnificencias son reales y no soñadas.</p>
+
+<p>Diciendo esto, tiró al suelo la naranja para ver si le mostraba
+nuevamente el camino; pero la naranja rodaba un poco, y luego se detenía
+en cualquiera hoyo o tropiezo, o cuando el impulso con que se movía
+dejaba de ser eficaz. En suma, la naranja hacía lo que hacen de
+ordinario, en idénticas circunstancias, todas las naranjas naturales. Su
+conducta no tenía nada de extraño ni de maravilloso.</p>
+
+<p>Despechada entonces la muchacha, partió la naranja y vio que por dentro
+era como las demás. Se la comió, y le supo a lo mismo que cuantas
+naranjas había comido antes.</p>
+
+<p>Ya apenas dudó de que había soñado.&mdash;Ningún objeto tengo, añadió, con
+que convencerme a mí propia de la realidad de lo que he visto; mas iré a
+ver a la Princesa y se lo contaré todo, por lo que pueda importarle.</p>
+
+
+<hr />
+
+<p class="capit">V.</p>
+
+
+<p>Mientras acontecían, en sueño o en realidad los poco ordinarios sucesos
+que quedan referidos, la <i>Princesa Venturosa</i>, fatigada de tanto llorar,
+estaba durmiendo tranquilamente, y aunque eran ya las ocho de la mañana,
+hora en que todo el mundo solía estar levantado y aun almorzado en
+aquella época, la Princesita, sin dar acuerdo de su persona, seguía en
+la cama.</p>
+
+<p>Muy interesante juzgó, sin duda, su doncella favorita las nuevas que le
+traía, cuando se atrevió a despertarla. Entró en su alcoba, abrió la
+ventana y exclamó con alborozo:</p>
+
+<p>&mdash;Señora, señora, despertad y alegraos, que ya hay quien os traiga
+nuevas del pájaro verde.</p>
+
+<p>La Princesa se despertó, se restregó los ojos, se incorporó y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Han vuelto los siete sabios que fueron al país sabeo?</p>
+
+<p>&mdash;Nada de eso, contestó la doncella; quien trae las nuevas es una de las
+lavanderillas que lavan los lacrimosos pañuelos de V. A.</p>
+
+<p>&mdash;Pues hazla entrar al momento.</p>
+
+<p>Entró la lavanderilla, que estaba ya detrás de una puerta aguardando
+este permiso, y empezó a referir con gran puntualidad y despejo cuanto
+le había pasado.</p>
+
+<p>Al oír la aparición del pájaro verde, la Princesa se llenó de júbilo, y
+al escuchar su salida del agua convertido en hermoso Príncipe, se puso
+encendida como la grana, una celestial y amorosa sonrisa vagó sobre sus
+labios, y sus ojos se cerraron blandamente como para reconcentrarse ella
+en sí misma y ver al Príncipe con los ojos del alma. Por último, al
+saber la mucha estima, veneración y afecto que el Príncipe le tenía, y
+el amor y cuidado con que guardaba las tres prendas robadas en la
+preciosa cajita de sus entretenimientos, la Princesita, a pesar de su
+modestia, no pudo contenerse, abrazó y besó a la lavanderilla y a la
+doncella, e hizo otros extremos no menos disculpables, inocentes y
+delicados.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora sí, decía, que puedo llamarme propiamente la Princesa
+Venturosa. Este capricho de poseer el pájaro verde no era capricho, era
+amor. Era, y es un amor, que por oculto y no acostumbrado camino, ha
+penetrado en mi corazón. No he visto al Príncipe, y creo que es hermoso.
+No le he hablado, y presumo que es discreto. No sé de los sucesos de su
+vida, sino que está encantado y que me tiene encantada, y doy por cierto
+que es valiente, generoso y leal.</p>
+
+<p>&mdash;Señora, dijo la lavanderilla, yo puedo asegurar a V. A. que el
+Príncipe, si mi visión no es un sueño vano, parece un pino de oro, y
+tiene una cara tan bondadosa y dulce que da gloria verla. El secretario
+no es mal mozo tampoco; pero al que yo, no sé por qué, le he tomado
+afición, es al escudero.</p>
+
+<p>&mdash;Tú te casarás con el escudero, replicó la Princesa. Mi doncella, si
+gusta, se casará con el secretario, y ambas seréis mandarinas y damas de
+mi corte. Tu sueño no ha sido sueño, sino realidad. El corazón me lo
+dice. Lo que importa ahora es desencantar a los tres pájaros mancebos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y cómo podremos desencantarlos? dijo la doncella favorita.</p>
+
+<p>&mdash;Yo misma, contestó la Princesa, iré al palacio en que viven y allí
+veremos. Tú me guiarás, lavanderilla.</p>
+
+<p>Ésta, que no había terminado su narración, la terminó entonces, e hizo
+ver que no podía servir de guía.</p>
+
+<p>La Princesa la escuchó con mucha atención, estuvo meditando un rato, y
+dijo luego a la doncella.</p>
+
+<p>&mdash;Ve a mi biblioteca y tráeme el libro de <i>Los Reyes contemporáneos</i> y el
+<i>Almanaque astronómico</i>.</p>
+
+<p>Venidos que fueron estos volúmenes, hojeó la Princesa el de Los Reyes, y
+leyó en alta voz los siguientes renglones:</p>
+
+<p>«El mismo día en que murió el Emperador chinesco, su único hijo, que
+debía heredarle, desapareció de la corte y de todo el imperio. Sus
+súbditos, creyéndole muerto, han tenido que someterse al Kan de
+Tartaria.»</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué deducís de eso, señora? dijo la doncella.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué he de deducir, respondió la <i>Princesa Venturosa</i>, sino que el Kan
+de Tartaria es quien tiene encantado a mi Príncipe para usurparle la
+corona? He ahí por qué aborrezco yo tanto al Príncipe tártaro. Ahora me
+lo explico todo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no basta explicarlo; menester es remediarlo, dijo la lavandera.</p>
+
+<p>&mdash;De ello trato&mdash;añadió la Princesa&mdash;y para ello conviene que al
+instante se manden hombres armados, que inspiren la mayor confianza, a
+todos los caminos y encrucijadas por donde puedan venir los correos que
+envió el Príncipe tártaro al Rey su padre, para consultarle sobre el
+caso del pájaro verde. Las cartas que trajeren les serán arrebatadas y
+se me entregarán. Si los mensajeros se resisten, serán muertos; si
+ceden, serán aprisionados e incomunicados, a fin de que nadie sepa lo
+que acontece. Ni el Rey mi padre ha de saberlo. Todo lo dispondremos
+entre las tres con el mayor sigilo. Aquí tenéis dinero bastante para
+comprar el silencio, la fidelidad y la energía de los hombres que han de
+ejecutar mi proyecto.</p>
+
+<p>Y efectivamente, la Princesa, que ya se había levantado y estaba de bata
+y en babuchas, sacó de un escaparate dos grandes bolsas llenas de oro, y
+se las dio a sus confidentas.</p>
+
+<p>Éstas partieron sin tardanza a poner en ejecución lo convenido, y la
+<i>Princesa Venturosa</i> se quedó estudiando profundamente el <i>Almanaque
+astronómico</i>.</p>
+
+
+<hr />
+
+<p class="capit">VI.</p>
+
+
+<p>Cinco días habían pasado desde el momento en que tuvo lugar la escena
+anterior. La Princesa no había llorado en todo ese tiempo, causando no
+poco asombro y placer al Rey su padre. La Princesa había estado hasta
+jovial y bromista, dando leves esperanzas a los Príncipes pretendientes
+de que al fin se decidiría por uno de ellos, porque los pretendientes se
+las prometen siempre felices.</p>
+
+<p>Nadie había sospechado la causa de tan repentina mudanza y de tan
+inesperado alivio en la Princesa.</p>
+
+<p>Sólo el Príncipe tártaro, que era diabólicamente sagaz, recelaba, aunque
+de una manera muy vaga, que la Princesa había recibido alguna noticia
+del pájaro verde. Tenía, además, el Príncipe tártaro el misterioso
+presentimiento de una gran desgracia, y había adivinado por el arte
+mágica, que su padre le enseñara, que en el pájaro verde debía mirar un
+enemigo. Calculando, además, como sabedor del camino y del tiempo que en
+él debe emplearse, que aquel día debían llegar los mensajeros que envió
+a su padre, y ansioso de saber lo que respondía éste a la consulta que
+le hizo, montó a caballo al amanecer, y con cuarenta de los suyos, todos
+bien armados, salió en busca de los mensajeros referidos.</p>
+
+<p>Mas aunque el Príncipe tártaro salió con gran secreto, la Princesa
+Venturosa, que tenía espías, y estaba, como vulgarmente se dice, con la
+barba sobre el hombro, supo al instante su partida, y llamó a consejo a
+la lavanderilla y a la doncella.</p>
+
+<p>Luego que las tuvo presentes, les dijo muy angustiada:</p>
+
+<p>&mdash;Mi situación es terrible. Tres veces he ido inútilmente a tirar la
+naranja debajo del árbol, desde donde la tiró la lavanderilla; pero la
+naranja no ha querido guiarme al alcázar de mi amante. Ni le he visto,
+ni he podido averiguar el modo de desencantarle. Sólo he averiguado, por
+el Almanaque astronómico, que la noche en que la lavanderilla le vio,
+era el equinoccio de primavera. Acaso no sea posible volver a verle
+hasta el próximo equinoccio de la misma estación, y ya para entonces el
+Príncipe tártaro me le habrá muerto. El Príncipe tártaro le matará en
+cuanto reciba la carta de su padre, y ya ha salido a buscarla con
+cuarenta de los suyos.</p>
+
+<p>&mdash;No os aflijáis, hermosa Princesa&mdash;dijo la doncella favorita;&mdash;tres
+partidas de cien hombres están esperando a los mensajeros en diferentes
+puntos para arrebatarles la carta y traérosla. Los trescientos son
+briosos, llevan armas de finísimo temple, y no se dejarán vencer por el
+Príncipe tártaro a pesar de sus artes mágicas.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, yo soy de opinión&mdash;añadió la lavandera&mdash;de que se envíen
+más hombres contra el Príncipe tártaro. Aunque éste, a la verdad, sólo
+lleva cuarenta consigo, todos ellos, según se dice, tienen corazas y
+flechas encantadas, que a cada uno le hacen valer por diez.</p>
+
+<p>El prudente consejo de la lavandera fue adoptado en seguida. La Princesa
+hizo venir secretamente a su estancia al más bizarro y entendido general
+de su padre. Le contó todo lo que pasaba, le confió sus penas, y le
+pidió su apoyo. Éste se le otorgó, y reuniendo apresuradamente un
+numeroso escuadrón de soldados, salió de la capital decidido a morir en
+la demanda o traer a la Princesa la carta del Kan de Tartaria y al hijo
+del Kan, vivo o muerto.</p>
+
+<p>Después de la partida del general, la Princesa juzgó conveniente
+informar al <i>Rey Venturoso</i> de cuanto había acontecido. El Rey se puso
+fuera de sí. Dijo que toda la historia del pájaro verde era un sueño
+ridículo de su hija y de la lavandera, y se lamentó de que, fundada su
+hija en un sueño, enviase a tantos asesinos contra un Príncipe ilustre,
+faltando a las leyes de la hospitalidad, al derecho de gentes y a todos
+los preceptos morales.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay hija!&mdash;exclamaba&mdash;tú has echado un sangriento borrón sobre mi
+claro nombre, si esto no se remedia.</p>
+
+<p>La Princesa se acongojó también, y se arrepintió de lo que había hecho.
+A pesar de su vehemente amor al Príncipe de la China, prefería ya
+dejarle eternamente encantado a que por su amor se derramase una sola
+gota de sangre.</p>
+
+<p>Así es que enviaron despachos al general para que no empeñase una
+batalla; pero todo fue inútil. El general había ido tan veloz, que no
+hubo medio de alcanzarle. Entonces aún no había telégrafos, y los
+despachos no pudieron entregarse. Cuando llegaron los correos donde
+estaba el general, vieron venir huyendo a todos los soldados del Rey y
+los imitaron. Los cuarenta de la escolta tártara, que eran otros tantos
+genios, corrían en su persecución trasformados en espantosos vestiglos,
+que arrojaban fuego por la boca.</p>
+
+<p>Sólo el general, cuya bizarría, serenidad y destreza en las armas rayaba
+en lo sobrehumano, permaneció impávido en medio de aquel terror harto
+disculpable. El general se fue hacia el Príncipe, único enemigo no
+fantástico con quien podía habérselas, y empezó a reñir con él la más
+brava y descomunal pelea. Pero las armas del Príncipe tártaro estaban
+encantadas, y el general no podía herirle. Conociendo entonces que era
+imposible acabar con él si no recurría a una estratajema, se apartó un
+buen trecho de su contrario, se desató rápidamente una larga y fuerte
+faja de seda que le ceñía el talle, hizo con ella, sin ser notado, un
+lazo escurridizo, y revolviendo sobre el Príncipe con inaudita
+velocidad, le echó al cuello el lazo, y siguió con su caballo a todo
+correr, haciendo caer al Príncipe y arrastrándole en la carrera.</p>
+
+<p>De esta suerte ahogó el general al Príncipe tártaro. No bien murió, los
+genios desaparecieron, y los soldados del <i>Rey Venturoso</i> se rehicieron
+y reunieron a su jefe. Este esperó con ellos a los enviados que traían
+la carta del Kan de Tartaria, y que no se hicieron esperar mucho tiempo.</p>
+
+<p>Al anochecer de aquel mismo día volvió a entrar el general en el palacio
+del <i>Rey Venturoso</i> con la carta del Kan de Tartaria entre las manos.
+Haciendo un gentil y respetuoso saludo, se la entregó a la Princesa.</p>
+
+<p>Rompió ésta el sello y se puso a leer, pero inútilmente: no entendió una
+palabra. Al <i>Rey Venturoso</i> le sucedió lo mismo. Llamaron a todos los
+empleados en la interpretación de lenguas, que no descifraron tampoco
+aquella escritura. Los individuos de las doce reales academias vinieron
+luego y no se mostraron más hábiles.</p>
+
+<p>Los siete sabios, tan profundos en lingüística, que acababan de llegar
+sin el ave fénix, y que <i>por ende</i> estaban condenados a morir, acudieron
+también; mas, aunque se les prometió el perdón si leían aquella carta,
+no acertaron a leerla, ni pudieron decir en qué lengua estaba escrita.</p>
+
+<p>El <i>Rey Venturoso</i> se creyó entonces el más desventurado de todos los
+reyes; se lamentó de haber sido cómplice en un crimen inútil, y temió la
+venganza del poderoso Kan de Tartaria. Aquella noche no pudo pegar los
+ojos hasta muy tarde.</p>
+
+<p>Su dolor fue, con todo, mucho más desesperado, cuando al despertarse al
+otro día muy de mañana supo que la Princesa había desaparecido,
+dejándole escritas las siguientes palabras:</p>
+
+<p>«Padre, ni me busques, ni pretendas averiguar adonde voy, si no quieres
+verme muerta. Bástete saber que vivo y que estoy bien de salud, aunque
+no volverás a verme hasta que tenga descifrada la carta misteriosa del
+Kan y desencantado a mi querido Príncipe. Adiós.»</p>
+
+
+<hr />
+
+<p class="capit">VII.</p>
+
+
+<p>La <i>Princesa Venturosa</i> había ido con sus dos amigas a pié, y en
+romería, a visitar a un santo ermitaño que vivía en las soledades y
+asperezas de unas montañas altísimas que a corta distancia de la capital
+se parecían.</p>
+
+<p>Aunque la Princesa y sus amigas hubiesen querido ir caballeras hasta la
+ermita, no hubiera sido posible. El camino era más propio de cabras que
+de camellos, elefantes, caballos, mulos y asnos, que, con perdón sea
+dicho, eran los cuadrúpedos en que se solía cabalgar en aquel reino. Por
+esto y por devoción fue la Princesa a pió y sin otra comitiva que sus
+dos confidentas.</p>
+
+<p>El ermitaño que iban a visitar era un varón muy penitente y estaba en
+olor de santidad. El vulgo pretendía también que el ermitaño era
+inmortal, y no dejaba de tener razonables fundamentos para esta
+pretensión. En toda la comarca no había memoria de cuándo fue el
+ermitaño a establecerse en lo recóndito de aquella sierra, en la cual
+raras veces se dejaba ver de ojos humanos.</p>
+
+<p>La Princesa y sus amigas, atraídas por la fama de su virtud y de su
+ciencia anduvieron buscándole siete días por aquellos vericuetos y
+andurriales. Durante el día caminaban en su busca entre breñas y
+malezas. Por la noche se guarecían en las concavidades de los peñascos.
+Nadie había que las guiase, así por lo fragoso del sitio, ni de los
+cabrerizos frecuentado, como por el temor que inspiraba la maldición del
+ermitaño, pronto a echarla a quien invadía su dominio temporal, o a
+quien le perturbaba en sus oraciones. Ya se entiende que este ermitaño,
+tan maldiciente, era pagano. A pesar de la natural bondad de su alma, su
+religión sombría y terrible le obligaba a maldecir y a lanzar anatemas.</p>
+
+<p>Pero las tres amigas, imaginando, como por inspiración, que sólo el
+ermitaño podía descifrarles la carta, se decidieron a arrostrar sus
+maldiciones y le buscaron, según queda dicho, por espacio de siete
+días.</p>
+
+<p>En la noche del séptimo iban ya las tres peregrinas a guarecerse en una
+caverna para reposar, cuando descubrieron al ermitaño mismo, orando en
+el fondo. Una lámpara iluminaba con luz incierta y melancólica aquel
+misterioso retiro.</p>
+
+<p>Las tres temblaron de ser maldecidas, y casi se arrepintieron de haber
+ido hasta allí. Pero el ermitaño, cuya barba era más blanca que la
+nieve, cuya piel estaba más arrugada que una pasa, y cuyo cuerpo se
+asemejaba a un consunto esqueleto, echó sobre ellas una mirada
+penetrante con unos ojos, aunque hundidos, relucientes como dos acuas, y
+dijo con voz entera, alegre y suave:</p>
+
+<p>&mdash;Gracias al cielo que al fin estáis aquí. Cien años ha que os espero.
+Deseaba la muerte, y no podía morir hasta cumplir con vosotras un deber
+que me ha impuesto el rey de los genios. Yo soy el único sabio que habla
+aún y entiende la lengua riquísima que se hablaba en Babel antes de la
+confusión. Cada palabra de esta lengua es un conjuro eficaz que fuerza y
+mueve a las potestades infernales a servir a quien le pronuncia. Las
+palabras de esta lengua tienen la virtud de atar y desatar todos los
+lazos y leyes que unen y gobiernan las cosas naturales. La cabala no es
+sino un remedo groserísimo de esta lengua incomunicable y fecunda.
+Dialectos pobrísimos e imperfectísimos de ella son los más hermosos y
+completos idiomas del día. La ciencia de ahora, mentira y charlatanería,
+en comparación de la ciencia que aquella lengua llevaba en sí misma.
+Cada nombre de esta lengua contiene en sus letras la esencia de la cosa
+nombrada y sus ocultas calidades. Las cosas todas, al oírse llamar por
+su verdadero nombre, obedecen a quien las llama. Era tal el poder del
+linaje humano cuando poseía esta lengua, que pretendió escalar el cielo,
+y lo hubiera indudablemente conseguido, si el cielo no hubiese dispuesto
+que la lengua primitiva se olvidase.</p>
+
+<p>Sólo tres sabios bien intencionados, de los cuales han muerto ya dos,
+guardaron en la memoria aquel idioma. Le guardaron asimismo, por
+especial privilegio de los diablos, Nembrot y sus descendientes. El
+último, de éstos murió, una semana ha, por disposición tuya, ¡oh
+<i>Princesa Venturosa</i>! y ya no queda en el mundo sino una sola persona
+que pueda descifrarte la carta del Kan de Tartaria. Esa persona soy yo;
+y para hacerte ese servicio, el rey de los genios ha conservado siglos
+mi vida.</p>
+
+<p>&mdash;Pues aquí tienes la carta, ¡oh venerable y profundo sabio! dijo la
+Princesa, poniendo en manos del ermitaño el misterioso escrito.</p>
+
+<p>&mdash;Al punto voy a descifrártela, contestó el ermitaño, y se caló los
+espejuelos, y se acercó a la lámpara para leer. Has de dos horas estuvo
+leyendo en alta voz en la lengua en que la carta estaba escrita. A cada
+palabra que pronunciaba, el universo se conmovía, las estrellas se
+cubrían de mortal palidez, la luna temblaba en el cielo, como tiembla su
+imagen entre las olas del Océano, y la Princesa y sus amigas tenían que
+cerrar los ojos y que taparse los oídos para no ver los espectros que se
+mostraban, y para no oír las voces portentosas, terribles o dolientes,
+que partían de las entrañas mismas de la conturbada naturaleza.</p>
+
+<p>Acabada la lectura, se quitó el ermitaño los espejuelos, y dijo con voz
+reposada:</p>
+
+<p>&mdash;No es justo, ni conveniente, ni posible ¡oh Princesa Venturosa! que
+sepas todo lo que en esta abominable carta se encierra. No es justo ni
+conveniente, porque hay en ella tremebundos y endemoniados misterios. No
+es posible, porque en cuantas lenguas humanas se hablan en el día son
+estos misterios inefables, inenarrables y hasta inexplicables. El linaje
+humano por medio de su incompleta y enfermiza razón llegará a conocer,
+cuando pasen millares de años, algunos accidentes de las cosas; pero
+siempre ignorará la sustancia que yo conozco, que conoce el Kan de
+Tartaria y que han conocido los sabios primitivos que se valieron, para
+sus <i>elocubraciones</i>, de esta lengua perfectísima e intransmisible ya por
+nuestros pecados.</p>
+
+<p>&mdash;Pues estamos frescas, dijo la lavanderilla; si después de lo que hemos
+pasado para encontraros, y siendo vos el único que podéis traducir esa
+enmarañada carta, salís ahora con que no queréis traducirla.</p>
+
+<p>&mdash;Ni quiero ni debo, replicó el vetusto y secular ermitaño; pero sí os
+diré lo que la carta contiene de interesante para vosotras, y os lo diré
+en brevísimas palabras, sin pararme en dibujos, porque los momentos de
+mi vida están contados y mi muerte se acerca.</p>
+
+<p>El Príncipe de la China es por sus virtudes, talento y hermosura, el
+favorito del rey de los genios, el cual le ha salvado mil veces de las
+asechanzas que el Kan de Tartaria ponía contra su vida. Viendo el Kan
+que le era imposible matarle, determinó valerse de un encanto para
+tenerle lejos de sus súbditos y reinar en lugar suyo en el celeste
+imperio. Bien hubiera querido el Kan que este encanto fuera
+indestructible y eterno, mas no pudo lograrlo a pesar de sus
+maravillosos conocimientos en la magia. El rey de los genios se opuso a
+su mal deseo, y si bien no pudo hacer completamente ineficaces sus
+encantamentos y conjuros, supo despojarlos de gran parte de su malicia.</p>
+
+<p>Al Príncipe, aunque convertido en pájaro, se le dio facultad para
+recobrar por la noche su verdadera figura. Tuvo también el Príncipe un
+palacio, donde vivir y ser tratado con todo el miramiento, honores y
+regalo debidos a su augusta categoría. Se acordó, por último, su
+desencanto, si se cumplían las siguientes condiciones, que el Kan, así
+por la mala opinión que tienen de las mujeres, como por lo pervertida y
+viciosa qué está la raza humana en general, juzgó imposibles de cumplir.</p>
+
+<p>Fue la primera condición, ya cumplida, que una mujer de veinte años,
+discreta, briosa y apasionada y de la más baja clase del pueblo, viese a
+los tres mancebos encantados, que son los más hermosos que hay en el
+mundo, salir desnudos del baño, y que la limpieza y castidad de su alma
+fuesen tales que no se turbasen ni empañasen con el más ligero estímulo
+de liviandad. Esta prueba había de hacerse en el equinoccio de
+primavera, cuando la naturaleza toda excita al amor. La mujer debía
+sentirle por la hermosura y admirarla vivamente; pero de un modo
+espiritual y santísimo.</p>
+
+<p>Fue la segunda condición, ya cumplida también, que el Príncipe sin poder
+mostrarse sino tres instantes, y esto bajo la forma de pájaro verde,
+inspirase un amor tan vehemente y casto, cuanto invencible, a una
+Princesa de su clase.</p>
+
+<p>La tercera condición, que ahora se está acabando de cumplir, fue que la
+Princesa se apoderase de esta carta, y que yo la interpretara.</p>
+
+<p>La cuarta y última condición, en cuyo cumplimiento habéis de intervenir
+las tres doncellas que me estáis oyendo, es como sigue. Sólo me quedan
+dos minutos de vida, mas antes de morir os pondré en el palacio del
+Príncipe al lado de la taza de topacio. Allí irán los pájaros y se
+zambullirán y se transformarán en hermosísimos mancebos. Vosotras tres
+los veréis; mas habéis de conservar, viéndolos, toda la castidad de
+vuestros pensamientos, y toda la virginidad de vuestras almas, amando,
+empero, cada una a uno de los tres, con un amor santo e inocente. La
+Princesa ama ya al Príncipe de la China y la lavanderilla al escudero, y
+ambas han mostrado la inocencia de su amor: ahora falta que la doncella
+favorita de la Princesa se enamore del secretario por idéntico estilo.
+Cuando los tres mancebos encantados vayan al comedor, los seguiréis sin
+ser vistas, y allí permaneceréis hasta que el Príncipe pida la cajita de
+sus entretenimientos y diga, besando el cordoncito:</p>
+
+<p class="poem">
+¡Ay, cordoncito de mi señora!<br />
+¡Quién la viera ahora!<br />
+</p>
+
+<p>La Princesa, entonces, y vosotras con la Princesa, os mostrareis al
+punto, y cada una dará un tierno beso en la mejilla izquierda al objeto
+de su amor. El encanto quedará deshecho en el acto, el Kan de Tartaria
+morirá de repente, y el Príncipe de la China, no sólo poseerá el celeste
+imperio, sino que heredará asimismo todos los kanatos, reinos y
+provincias, que por derecho propio posee aquel encantador endiablado.</p>
+
+<p>Apenas el ermitaño acabó de decir estas palabras, hizo una mueca muy
+rara, entreabrió la boca, estiró las piernas y se quedó muerto.</p>
+
+<p>La Princesa y sus amigas se encontraron de súbito detrás de una masa de
+verdura, al lado de la taza de topacio.</p>
+
+<p>Todo se cumplió como el ermitaño había dicho.</p>
+
+<p>Las tres estaban enamoradas; las tres eran castísimas o inocentes. Ni
+siquiera en el punto comprometido de dar el regalado y apretado beso
+sintieron más que una profunda conmoción toda mística y pura.</p>
+
+<p>Así es que inmediatamente quedaron desencantados los tres mancebos. La
+China y la Tartaria fueron dichosas bajo el cetro del Príncipe. La
+Princesa y sus amigas lo fueron más aún casadas con aquellos hombres tan
+lindos. El <i>Rey Venturoso</i> abdicó, y se fue a vivir a la corte de su
+yerno, que estaba en Pekín. El general que mató al Príncipe Tártaro
+obtuvo todas las condecoraciones de China, el título de primer mandarín
+y una pensión de miles de miles para él y sus herederos.</p>
+
+<p>Se cuenta, por último, que la <i>Princesa Venturosa</i> y el ya Emperador de
+China vivieron largos y felices años, y tuvieron media docena de
+chiquillos a cual más hermosos. La lavanderilla y la doncella, con sus
+respectivos maridos, siguieron siempre gozando del favor de Sus
+Majestades, y siendo los señores más principales de toda aquella
+tierra.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="PARSONDES" id="PARSONDES"></a>PARSONDES</h2>
+
+
+<p>Aunque se ame y se respete la virtud, no se debe creer que sea tan
+vocinglera y tan espantadiza como la de ciertos censores del día. Si
+hubiéramos de escribir a gusto de ellos, si hubiéramos de tomar su
+rigidez por valedera y no fingida, y si hubiéramos de ajustar a ella
+nuestros escritos, tal vez ni las <i>Agonías del tránsito de la muerte</i>,
+de Venegas, ni los <i>Gritos del infierno</i>, del padre Boneta, serían
+edificantes modelos que imitar.</p>
+
+<p>Por desgracia, la rigidez es sólo aparente. La rigidez no tiene otro
+resultado que el de exasperar los ánimos, haciéndoles dudar y burlarse,
+aunque sólo sea en sueños, de la hipocresía farisaica que ahora se usa.</p>
+
+<p>Véase, si no, el sueño que ha tenido un amigo nuestro, y que trasladamos
+aquí íntegro, cuando no para recreo, para instrucción de los lectores.</p>
+
+<p>Nuestro amigo soñó lo que sigue:</p>
+
+<p>&mdash;Más de dos mil seiscientos años ha, era yo en Susa un sátrapa muy
+querido del gran Rey Arteo, y el más rígido, grave y moral de todos los
+sátrapas. El santo varón Parsondes había sido mi maestro, y me había
+comunicado todo lo comunicable de la ciencia y de la virtud del primer
+Zoroastro.</p>
+
+<p>Siete años hacía ya que Parsondes, después de iluminar el mundo con su
+doctrina, y de formar varios discípulos dignos de él, había
+desaparecido, sin que le volviese a ver nadie, ni vivo ni muerto. Los
+buenos creyentes daban, pues, por seguro que Parsondes había subido a la
+región de la luz increada, cerca de Ahura-Mazda, donde brillaba casi
+tanto como los Amschaspandes y los Izeds, y donde eclipsaba, a su propio
+<i>feruer</i> con beatíficos resplandores. Allí militaba aún en el ejército
+de los espíritus luminosos contra el príncipe de las tinieblas
+Ahrimanes, cuya soberbia había humillado en esta vida terrenal, y cuyo
+imperio contribuía, poderosamente a destruir en la otra vida,
+procurando, que se realizase la santa esperanza del triunfo definitivo
+del bien sobre el mal. Los sectarios de la religión de Ahura-Mazda
+creían, pues, a puño cerrado, que Parsondes debía contarse en el número
+de los veinte o treinta grandes profetas, precursores y continuadores de
+Zoroastro hasta la consumación de los siglos. Aunque en Susa y en todo
+el imperio de los medos, con los reinos tributarios, había hombres de
+otras varias religiones y creencias, todos respetaban y casi divinizaban
+igualmente a Parsondes, si bien por diversos estilos. Unos decían que
+había encontrado la flecha de Abaris y se había ido por el aire, montado
+en ella; otros, que se había elevado al empíreo en el trono flotante de
+Salomón o en un carro de fuego; otros, que el dragón Musaros, que en la
+antigüedad más remota civilizó a los asirios, y que tenía cuerpo de pez,
+cabeza de hombre y piernas de mujer, se le había llevado consigo a su
+palacio submarino, en el fondo del golfo pérsico. En resolución, aunque
+por distinta manera, todos convenían en que Parsondes, el virtuoso y el
+sabio, estaba viviendo con los dioses. En las plazas públicas de Susa se
+veneraba su imagen, coronada la cabeza de una mitra con quince cuernos,
+en razón de las quince virtudes capitales que resplandecieron en él, y
+vestido el cuerpo de un ropaje talar lleno de otros símbolos más
+extraños aún en nuestros días, aunque entonces no lo fuesen.</p>
+
+<p>Entre tanto, las malas costumbres, el lujo, la disipación, los galanteos
+y las fiestas dispendiosas iban en aumento desde la muerte o
+desaparición de Parsondes, el cual, mientras vivió entre nosotros, no
+hizo más que condenar aquellos abusos.</p>
+
+<p>El Rey de Babilonia, Nanar, tributario de mi augusto amo Arteo, Rey de
+Media, había roto todo freno y corría desbocado por el camino de los
+deleites. Nosotros acusábamos a Nanar, como Parsondes le había acusado
+antes; pero nuestra voz, menos autorizada que la suya, no tocaba el
+corazón de Arteo, ni le decidía a destronar a Nanar, y a poner otro Rey
+más morigerado en Babilonia. Nanar era más descreído y libertino que
+Sardanápalo, y en Babilonia no se adoraba ya a otro dios que al interés
+y a Milita, o como si dijéramos, a Venus. En vano mis camaradas y yo
+predicábamos contra la corrupción. El vulgo y la nobleza se nos reían en
+las narices. Nosotros nos vengábamos con hablar de la santa vida de
+Parsondes y con ponerla en contraposición de la vida que ellos llevaban.</p>
+
+<p>Así iban las cosas, cuando una mañanita Arteo me hizo llamar muy
+temprano a su presencia.</p>
+
+<p>&mdash;Hay esperanzas, me dijo, de que Parsondes viva aún; pero, si ha
+muerto, es menester vengarle y castigar a su matador, que no puede ser
+otro que el rey Nanar.</p>
+
+<p>&mdash;Tu sabiduría, señor, le contesté, es como la luz, que lo penetra y
+descubre todo. Vences al cocodrilo en prudencia y al lince en
+perspicacia; pero, ¿cómo has sabido que Parsondes puede vivir aún, y
+que, si ha muerto, Nanar ha sido su asesino? ¿No han asegurado los magos
+que Parsondes está en el cielo? ¿No han descubierto los astrólogos en la
+bóveda azul una estrella, antes nunca vista, y no han reconocido en esa
+estrella el alma de Parsondes?</p>
+
+<p>&mdash;Así es la verdad, replicó el Rey, pero yo he llegado a averiguar, por
+revelación de algunos caballeros babilonios descontentos de Nanar, que
+éste, furioso de lo que Parsondes clamaba contra él, envió siete años ha
+emisarios por todas partes para que ocultamente le prendiesen y llevasen
+a su alcázar; y allí debe de estar Parsondes, o muerto, o padeciendo
+tormentos horribles.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, señor! exclamé yo al punto, postrándome a los pies del Rey, justo
+es vengar una maldad tan espantosa. Permite que yo sea el instrumento
+de tu venganza, y que salve a mi querido maestro del cautiverio en que,
+si no ha muerto, se halla.</p>
+
+<p>El Rey me dijo que con ese fin me había llamado, y que al instante me
+preparase a partir con el acompañamiento debido, y órdenes terminantes
+suyas para que Nanar me respondiese con su vida de la del santo varón, o
+le pusiese en libertad.</p>
+
+<p>Aquel mismo día, que era uno de los más calurosos del estío, salí de
+Susa en un magnífico carro tirado por cuatro caballos árabes. Un hábil
+cochero iba dirigiéndole, y dos esclavos etíopes me acompañaban también
+en el carro, haciendo aire el uno con un abanico de plumas de avestruz,
+y sosteniendo el otro, sobre rico varal de marfil, prolijamente labrado,
+el ancho parasol de seda. Cuatrocientos jinetes, todos con aljabas,
+arcos y flechas, vestidos de malla y cubierta la cabeza con sendos
+capacetes de bronce, nielado de refulgentes colores, me seguían y me
+daban mayor autoridad y decoro. Seis batidores, montados en rayadas y
+velocísimas cebras, iban delante de mí, a fin de anunciarme en las
+diversas poblaciones. Las vituallas y refrescos que traíamos para suplir
+las faltas del camino, venían sobre los lomos de veinte poderosos
+elefantes.</p>
+
+<p>Por no pecar de prolijo, no refiero aquí menudamente los sucesos de mi
+viaje. Baste saber que el décimo día descubrimos a lo lejos los muros
+ingentes de Babilonia, obra de Nabucodonosor y de Nitócris. Tenían
+treinta varas de espesor, circundaban la ciudad, formando una zona de
+veintidós leguas de bojeo, y se elevaban, por la parte más baja, ciento
+veinte varas sobre la tierra; tanto como los campanarios de las
+catedrales de ahora. Un copete de verdura coronaba los muros. Eran los
+jardines pensiles. Sobre los muros y sobre los jardines descollaban
+algunos edificios, como los palacios reales, el templo de Belo y la
+famosa torre de Nemrod, que constaba de ocho pisos, de más de doscientas
+varas de alto el primero. Desde la cima de esta torre, que parecía tocar
+la bóveda celeste, presumían tratar los sabios antiguos con los dioses,
+secretas inteligencias o genios que mueven los astros. Aunque tan
+distantes aún, y de un modo confuso, creíamos ya percibir las colosales
+figuras esculpidas y pintadas en las paredes exteriores de palacios y
+templos; aquellos toros con cabeza de hombre y aquellos hombres con
+cabeza de león; aquellos próceres y aquellos guerreros, ceñidos los
+riñones de talabartes, de que se enamoraron Oala y Oliba. El sol
+reflejaba desde Oriente sobre los gigantescos edificios y sobre las cien
+puertas enormes de la ciudad, que eran de bronce dorado. El resplandor
+que despedían deslumbraba los ojos. El Eufrates y el Tígris,
+serpenteando y heridos también por los rayos del sol que rielaba en sus
+ondas, se asemejaban a dos cintas de oro en fusión que formaban un lazo.</p>
+
+<p>Los batidores se habían adelantado a anunciar mi llegada. De repente
+vimos levantarse en la extensa y fértil llanura, entre las huertas,
+jardines y verdes sotos, por donde estaba abierto el camino, una
+nubecilla blanca que se iba agrandando. Luego vimos una mancha oscura
+que se movía hacia nosotros. Poco después llegó a todo correr uno de mis
+batidores a decirme que Nanar se acercaba a recibirme con numerosa
+comitiva. En esto la mancha oscura se había agrandado en extremo, y
+empezamos a oír distintamente el son de los instrumentos músicos, el
+relinchar de los caballos y el resonar de las armas. Notamos, por
+último, el resplandor del oro y de la plata, el lujo de las vestiduras y
+la magnificencia de los que a recibirnos venían.</p>
+
+<p>Hice entonces que el cochero aguijase los caballos, y pronto estuve
+cerca del Rey Nanar, que venía en un soberbio palanquí de bambú, sándalo
+y nácar, sostenido por doce gallardos mancebos. El Rey bajó del
+palanquín y yo del carro, y nos saludamos y abrazamos con mutua
+cordialidad.</p>
+
+<p>La túnica del Rey era de tisú de oro, bordada de seda de mil colores. En
+el bordado se representaban todas las flores del campo y todos los
+pájaros del aire y todas las estrellas del éter. Llevaba el Rey una
+tiara no menos estupenda, ajorcas y brazaletes, y por zarcillos dos
+redondas perlas, del tamaño cada una de un huevo de perdiz.</p>
+
+<p>Su cabellera le caía en bucles perfumados sobre la espalda, y la barba
+formaba menudísimos rizos, artística y simétricamente ordenados. Su
+vestido y su persona despedían delicada fragancia. A pesar de mi
+severidad, no pude menos de admirarme de la finura del Rey Nanar, y
+confesé, allá en mis adentros, que era la persona más <i>comm'il faut</i> que
+había yo tratado en mi vida.</p>
+
+<p>El Rey me alojó en su alcázar, me dio fiestas espléndidas, y me distrajo
+de tal suerte que casi me hizo olvidar el objeto de mi misión. Ya
+teníamos un concierto, ya un baile, ya una cena por el estilo de la que
+dio Baltasar muchos años después. Yo no me atrevía a preguntar al Rey
+qué había hecho de Parsondes. Yo no comprendía que un señor tan
+excelente, que agasajaba y regalaba a los huéspedes con aquella
+elegancia y cortesanía, hubiese dado muerte o tuviese en duro cautiverio
+a mi querido maestro.</p>
+
+<p>Por último, una noche me armé de toda mi austeridad y resolución, y dije
+a Nanar, en nombre del Rey mi amo, que en el momento mismo iba a decir
+dónde estaba el virtuoso Parsondes, si no quería perder el reino y la
+vida. Nanar, en vez de contestarme, hizo venir al punto a todas las
+bayaderas y cantatrices que había en el alcázar: se entiende que fuera
+del recinto, harén o como quiera llamarse, reservado a sus mujeres. Las
+tales sacerdotisas de Milita pasaban de novecientas, y eran de lo más
+bello y habilidoso que a duras penas pudiera encontrarse en toda el
+Asia. Las muchachas llegaron bailando, cantando y tocando flautas,
+crótalos y salterios, que era cosa de gusto el verlas y el oírlas. Yo me
+quedé absorto. Nanar me dijo, y aquí fue mayor mi estupefacción:</p>
+
+<p>&mdash;Ahí tienes al santo Parsondes en medio de esas mujeres. Parsondes,
+ven acá y saluda a tu antiguo discípulo.</p>
+
+<p>Salió entonces del centro de aquella turba femenina uno que, a no ser
+por la barba, hubiera podido confundirse con las mujeres. Traía pintadas
+las cejas de negro, de azul los párpados, a fin de que brillasen más los
+ojos, y las mejillas cubiertas de colorete. Estaba todo perfumado, su
+traje era casi tan rico como el del Rey, su andar afeminado y lánguido;
+de sus orejas pendían zarcillos primorosos; de su garganta un collar de
+perlas; ceñía su frente una guirnalda de flores. Era el mismo Parsondes,
+que me echó los brazos al cuello.</p>
+
+<p>&mdash;Yo soy, me dijo, muy otro del que antes era. Vuélvete, si quieres, a
+Susa, pero no digas que vivo aún, para que no se escandalicen los magos,
+y para que sigan teniendo un ejemplo reciente de santidad a que
+recurrir. Nanar se vengó de mi ruda y desaliñada virtud haciéndome
+prisionero y mandando que me enjabonasen y fregasen con un estropajo.
+Después han seguido lavándome y perfumándome dos veces al día,
+regalándome a pedir de boca, y obligándome a estar en compañía de todas
+estas alegres señoritas, donde he acabado por olvidarme de Zoroastro y
+de mis austeras predicaciones, y por convencerme de que en esta vida se
+ha de procurar pasarlo lo mejor posible, sin ocuparse en la vida de los
+otros. Cuidados agenos matan al asno, y nadie lo es más que quien se
+mezcla en censurar los vicios de los otros, cuando sólo le ha faltado la
+ocasión para caer en ellos, o cuando, si en ellos no ha caído, se lo
+debe a su ignorancia, mal gusto y rustiqueza.</p>
+
+<p>Las manos me puse en los oídos para no oír semejantes blasfemias en boca
+de aquel sabio admirable. Desesperado y rabioso estaba yo de verle
+convertido en <i>bon vivant</i>, con sus puntas y collar de bribón
+desvergonzado; mas para evitar habladurías escandalosas, determiné
+aconsejar al colegio de los magos que siguiese sosteniendo que Parsondes
+había subido al empíreo, y que siguiese venerando su imagen, sin
+descubrir nunca, antes negando rotundamente, que Parsondes vivía con las
+bailarinas de Babilonia, en el alcázar de Nanar.</p>
+
+<p>En esto desperté de mi sueño y me volví a encontrar en mi pobre casita
+de esta corte.</p>
+
+<p>&mdash;Creo, añadía nuestro amigo al terminar su cuento, que con menos
+riqueza y a menos costa pueden los Nanares del día seducir a los
+Parsondes que zahieren su inmoralidad y sus vicios, movidos, no de la
+caridad, sino de la envidia. Los que no estén seguros de la propia
+virtud y entereza de ánimo han de ser, pues, más indulgentes con los
+Nanares. ¡Desdichado aquel que hace alarde de virtud sin tenerla
+probadísima!</p>
+
+<p>¡Dichoso aquel que la practica y calla!</p>
+
+<hr />
+<h2><a name="EL_BERMEJINO_PREHISTORICO" id="EL_BERMEJINO_PREHISTORICO"></a>EL BERMEJINO PREHISTÓRICO</h2>
+
+<p class="c espacio">O LAS SALAMANDRAS AZULES</p>
+
+<p class="capit">I</p>
+
+
+<p>Siempre he sido aficionado a las ciencias. Cuando mozo, tenía yo otras
+mil aficiones; pero como ya soy viejo, la afición científica prevalece y
+triunfa en mi alma. Por desgracia o por fortuna me sucede algo de muy
+singular. Las ciencias me gustan en razón inversa delas verdades que van
+demostrando con exactitud. Así es que apenas me interesan las ciencias
+exactas, y las inexactas me enamoran. De aquí mi inclinación a la
+filosofía.</p>
+
+<p>No es la verdad lo que me seduce, sino el esfuerzo de discurso, de
+sutileza y de imaginación que se emplea en descubrir la verdad, aunque
+no se descubra. Una vez la verdad descubierta, bien demostrada y
+patente, suele dejarme frío. Así, un mancebo galante, cuando va por la
+calle en pos de una mujer, cuyo andar airoso y cuyo talle le
+entusiasman, y luego se adelanta, la mira el rostro, y ve que es vieja,
+o tuerta, o tiene hocico de mona.</p>
+
+<p>El hombre además sería un mueble si conociera la verdad, aunque la
+verdad fuese bonita. Se aquietarla en su posesión y goce y se volvería
+tonto. Mejores, pues, que sepamos pocas cosas. Lo que importa es saber
+lo bastante para que aparezca o se columbre el misterio, y nunca lo
+bastante para que se explique o se aclare. De esta suerte se excita la
+curiosidad, se aviva la fantasía y se inventan teorías, dogmas y otras
+ingeniosidades, que nos entretienen y consuelan durante nuestra
+existencia terrestre; de todo lo cual careceríamos, siendo mil veces más
+infelices, si de puro rudos no se nos presentase el misterio, o si de
+puro hábiles llegásemos a desentrañar su hondo y verdadero significado.</p>
+
+<p>Entre estas ciencias inexactas, que tanto me deleitan, hay una, muy en
+moda ahora, que es objeto de mi predilección. Hablo de la prehistoria.</p>
+
+<p>Yo, sin saber si hago bien, divido en dos partes esta ciencia. Una, que
+me atrevería a llamar prehistoria geológica, está fundada en el
+descubrimiento de calaveras, canillas, flechas y lanzas, pucheretes y
+otros cacharros, que suponen los sabios que son de una edad remotísima,
+que llaman de piedra. Esta prehistoria me divierte menos, y tiene, a mi
+ver muchísimos menos lances que oirá prehistoria que llamaremos
+filológica, fundada en el estudio de los primitivos idiomas y en los
+documentos que en ellos se conservan escritos. Esta es la prehistoria
+que a mí me hace más gracia.</p>
+
+<p>¡Qué variedad de opiniones! ¡Qué agudas conjeturas! ¡Con qué arte se
+disponen y ordenan los hechos conocidos para que se adapten al sistema
+que forja cada sabio! Ya toda la civilización nace de Egipto; ya de los
+acadies en el centro del Asia; ya viene de la India; ya de un continente
+que llaman Lemuria, hundido en el seno del mar, al Sur, entre África y
+Asia; ya de otro continente, que hubo entre Europa y América, y que se
+llamó la Atlántida.</p>
+
+<p>Sobre el idioma primitivo, así como sobre la primitiva civilización, se
+sigue disputando. Hasta se disputa sobre si fue uno o fueron varios los
+idiomas: esto es, sobre si los hombres empezaron a dispersarse por el
+mundo <i>alalos</i>, o digamos, sin habla aún, y en manadas, y luego fueron
+inventando diversos idiomas en diversos puntos, o sobre si antes de la
+dispersión hablaban ya todos una sola lengua.</p>
+
+<p>Mi prurito de curiosear me induce a leer cuantos libros nuevos van
+saliendo sobre esta materia, que no son pocos; y mientras más
+desatinados son, miradas las cosas por el vulgo de los timoratos, más me
+divierten los tales libros.</p>
+
+<p>En estos últimos días los libros que he leído van en contra de los
+arios, de los egipcios, de los semitas y de otras naciones y castas, que
+antes pasaban por las civilizadoras en grado superior. Si los libros
+antiguos han sostenido que la civilización, como la luz solar, se
+difundió de Oriente hacia Occidente, estos nuevos libros afirman que se
+difundió en sentido inverso, de Occidente hacia Oriente. Todo el saber
+de los magos de Irán y de Caldea, de los brahmanes de las orillas del
+Ganges, de los sacerdotes de Isis y Osiris, de los iniciados en
+Samotracia y de los pueblos de Fenicia y Frigia, no vale un pito,
+comparado al saber de ciertos galos primitivos, cuyo centro de luz
+estuvo en un París prehistórico.</p>
+
+<p>Los galos y sus bardos y druidas, poetas y sacerdotes, lo enseñaron
+todo; pero su misma, ciencia era ya reflejo confuso y recuerdo no
+completo de la ciencia que poseyeron, en el centro del país fértil y
+hermoso que hoy se llama Francia, antes de la venida de los celtas,
+otros hombres más primitivos y excelentes que llamaremos hiperbóreos o
+protoscitas.</p>
+
+<p>Pero ¿qué lengua hablaban estos protoscitas o hiperbóreos, cuyo centro y
+foco civilizador fue un París de hace seis o siete mil años lo menos?
+Hablaban la lengua euskara, vulgo vascuence. ¿De dónde habían venido?
+Habían venido de la Atlántida, que se hundió. ¿Qué conocimientos tenían?
+Tenían todos los conocimientos que hoy poseemos y muchos más que se han
+ofuscado por medio de fábulas y de otras niñerías. Así, pues, los
+arimaspes, que tenían un ojo solo y miraban al cielo, eran los
+astrónomos de entonces, que ya conocían el telescopio; y la flecha en
+que Abaris iba cabalgando de un extremo a otro de la tierra, era el
+globo aerostático o un artificio para volar con dirección y brújula,
+etc., etc., etc. Ya se entiende que la época de los arimaspes y la de
+Abaris son de decadencia para la civilización hiperbórea.</p>
+
+<p>Confieso que todo este sistema me encantó. No es mi propósito exponerle
+aquí. Paso volando sobre él y voy a mi asunto.</p>
+
+<p>Digo, no obstante, que me encantó por dos razones. Es la primera lo
+mucho que Francia me agrada. ¿Cuanto más natural es que el germen de la
+civilización europea haya nacido y florecido, desde antiguo, en aquel
+feraz y riquísimo jardín, en aquel suelo privilegiado, que no en la
+Mesopotamia o en las orillas del Nilo? Y es la segunda razón, la de que
+tengo amigos guipuzcoanos, que habrán de alegrarse mucho, si se prueba
+bien que su lengua y su casta fueron el instrumento de que se valió la
+Providencia para acabar con la barbarie, iluminar el mundo y adoctrinar
+a las demás naciones.</p>
+
+<p>¡Cuánto se holgará de esto, si vive aún, como deseo, mi docto y querido
+amigo D. Joaquín de Irizar y Moya, que ha escrito obras tan notables
+sobre la lengua vascuence, echando la zancadilla a los Erros,
+Larramendis y Astarloas! Algo aprovechará él de las flamantes
+invenciones para dar más vigor a su sistema, arreglándole de suerte que
+se ajuste y cuadre con la más perfecta ortodoxia católica.</p>
+
+<p>Sea como sea, para mí es evidente que antes de que penetraran en España
+los celtas, los fenicios, los griegos y otras gentes, hubo en España un
+pueblo civilizado, que llamaremos los iberos. Este pueblo se extendía
+por toda nuestra península, y aun tenía colonias en Cerdeña, en Italia y
+en otras partes, como Guillermo Humbolt lo ha demostrado. Eran vascos y
+hablaban la lengua euskara. La nación y estado más culto e ilustre
+entre ellos fue la república de los turdetanos, quienes, según
+testimonio de Estrabon, tuvieron letras y leyes y lindos poemas en
+verso, que contaban seis mil años de antigüedad. Ahora bien, los
+alfabetos celtibérico y turdetano, que ha reconstruido y publica don
+Luis José Velázquez, son muy modernos en comparación de la fecha
+anteriormente citada. Dichos alfabetos son un trasunto del fenicio o del
+griego, y debe suponerse, por lo tanto, que antes de la venida a España
+de griegos y de fenicios, los turdetanos tuvieron alfabeto propio, con
+el cual escribieron sus poemas y demás obras.</p>
+
+<p>A mi ver, el Sr. D. Manuel de Góngora y Martinez ha tenido la gloria de
+descubrir este alfabeto. Véanse las inscripciones que Osiris en sus
+<i>Antigüedades prehistóricas de Andalucía</i>, de la <i>Cueva de los letreros</i>
+y de otras cuevas y escondites, algunos de los cuales se hallan cerca
+del lugar de Villabermeja, lugar que yo he tratado de hacer famoso, así
+como a su más conspicuo habitante el Sr. D. Juan Fresco.</p>
+
+<p>A corta distancia de Villabermeja hay un sitio, que apellidan el
+Laderon, donde cada día se descubren vestigios y reliquias de una
+antiquísima y floreciente ciudad.</p>
+
+<p>El erudito y sagaz anticuario D. Aureliano Fernandez Guerra prueba que
+allí estuvo Favencia, en tiempo de los romanos, ciudad que desde época
+muy anterior se llamaba Vesci.</p>
+
+<p>Don Juan Fresco, excitada su curiosidad y estimulada su actividad
+infatigable, desde que el Sr. Góngora, publicando en 1868 sus
+<i>Antigüedades</i>, le puso sobre la pista, se ha dado a buscar letreros en
+<i>Cuevas escritas</i> y en otros monumentos que hay cerca de Vesci, y los ha
+hallado y reunido en mucha copia.</p>
+
+<p>Emulo de Champollion Figeac, Anquetil Duperron, Burnouf, Grotefend,
+Oppert y Lassen, mi referido amigo D. Juan Fresco cree haber descifrado
+estos garrapatos ibéricos primitivos, como aquellos otros sabios, los
+hieroglíficos, la escritura cuneiforme y demás reconditeces.</p>
+
+<p>Yo no intento abogar aquí por el descubrimiento de mi tocayo y paisano y
+demostrar que es evidente. Esto ya lo hará él en su día. Yo voy a
+limitarme a referir una historia que Don Juan Fresco dice haber leído en
+ciertas inscripciones semejantes a las de la <i>Cueva de los letreros</i>.
+Entendidas las letras, parece que lo demás es llano, pues el idioma
+ibero primitivo es casi el vascuence de ahora.</p>
+
+<p>Me pesa de no dar aquí la traducción exacta del texto original. Don
+Juan Fresco no ha querido comunicármela. Haré, pues, la narración con
+las pausas, explicaciones y comentarios intercalados que él la ha hecho.
+De otro modo no se comprendería.</p>
+
+<p>La historia es relativamente moderna; pues, según mi amigo, todavía han
+de descubrirse leyendas e historias en lengua proto-ibérica, más
+antiguas y venerables que el poema egipcio de Pentaur sobre una hazaña
+de Sesóstris o Ransés II, y que los poemas hallados por nuestro conocido
+el diplomático Sr. Layard en la biblioteca de Asurbanipal en Nínive:
+poemas ya arcaicos ocho siglos antes de Cristo, y traducidos los más de
+la lengua sagrada de los acadies, entonces tan muerta como el latín
+ahora entre nosotros.</p>
+
+<p>Y esto no debe maravillarnos, porque según Roisel, en <i>Los Atlantes</i>,
+toda cultura viene de éstos, antes de que la hubiera en Caldea, en
+Asiria, en Egipto o en punto alguno de Oriente.</p>
+
+<p>Es una lástima que no tengamos aún documentos del siglo de oro o de los
+siglos de oro de la literatura atlántica parisina, de hará unos ocho mil
+años, ni de la emanación bética de aquella cultura, implantada a orillas
+del Guadalquivir por los turdetanos.</p>
+
+<p>El documento hallado, descifrado, explicado y comentado por Don Juan
+Fresco es de época relativamente fresca: como si dijéramos de ayer de
+mañana. Ya la cultura ibérica indígena había decaído, y España se veía
+llena de colonias fenicias y aun griegas. Los de Zazinto habían ya
+fundado a Sagunto, y hacía más de un siglo que habían fundado los tirios
+a Málaga, Abdera, Hispalis y Gades. Era por los años de 1000, antes de
+nuestra era vulgar, sobre poco más o menos.</p>
+
+
+
+<hr />
+
+<p class="capit">II</p>
+
+<p>Vesci era una ciudad importante de la confederación de los túrdulos. En
+el tiempo a que nos referimos, los vescianos tenían ya la misma calidad
+que a sus descendientes del día les ha valido el dictado de bermejinos:
+casi todos eran rubios como unas candelas. Descollaba entre todos, así
+por lo rubio como por lo buen mozo y gallardo, el elegante y noble
+mancebo Mutileder. Disparaba la honda con habilidad extraordinaria y
+mataba a pedradas los aviones que pasaban volando; montaba bien a
+caballo; guiaba como pocos un carro de guerra; sabía de memoria los
+mejores versos turdetanos y los componía también muy regulares; con un
+garrote en la poderosa diestra era un hombre tremendo; con las mujeres
+era más dulce que una arropía y más sin hiel que una paloma; corría
+como un gamo; luchaba a brazo partido como los osos, y poseía otra
+multitud de prendas que le hacían recomendable. Casi se puede asegurar
+que su único defecto era el de ser pobre.</p>
+
+<p>Mutileder, huérfano de padre y madre, no tenía predios urbanos ni
+rústicos, vivía como de caridad en casa de unos tíos suyos, y en Vesci
+no sabía en qué emplearse para ganarse la vida. Era un señor, como
+vulgarmente se dice, sin oficio ni beneficio.</p>
+
+<p>Frisaba ya en los veinticuatro años, y harto de aquella vida, y ansiando
+ver mundo, pidió la bendición a sus tíos, quienes se la dieron
+acompañada de algún dinero, y tomando además armas y caballo, salió de
+Vesci a buscar aventuras y modo de mejorar de condición.</p>
+
+<p>Como Mutileder tenía tan hermosa presencia, y era además simpático y
+alegre, por todas partes iba agradando mucho. Los sugetos de suposición
+y campanillas le convidaban a bailes y fiestas, y las damas más
+graciosas y encopetadas le ponían ojos amorosos; pero él era bueno,
+pudibundo e inocentón, y nada útil sacaba de todo esto. El dinero que le
+dieron sus tíos se iba consumiendo, y no acudía nuevo dinero a
+reemplazarle.</p>
+
+<p>Así, deteniéndose en diferentes poblaciones, como, por ejemplo, en
+Igábron; pasando luego el Síngilis, hoy Genil; entrando en la tierra de
+los turdetanos, y parando también en Ventipo, llegó a un lugar de los
+bástulos que se llamaba entonces Aratispi, y que yo sospecho que ha de
+ser la Alora de nuestros tiempos, tan famosa por sus <i>juegos llanos</i>.
+Allí tenía Mutileder una prima, que era un sol de belleza, con diez y
+ocho años de edad, y más rubia que él, si cabe. Esta prima se llamaba
+Echeloría. Su padre, viudo y muy rico, la idolatraba.</p>
+
+<p>Mutileder y Echeloría eran de casta ibera purísima, sin mezcla alguna de
+celtas ni de fenicios. Sus familias, o mejor diré su familia, pues era
+una misma la de ambos, se jactaba, no sin fundamento, de descender de
+los primitivos atlantes, que habían emigrado muchos siglos hacía, cuando
+se hundió en el mar la Atlántida, y que, yendo unos por mar siempre,
+habían llevado a Egipto la cultura, mucho antes de la civilizadora
+expedición de Osiris, mientras que otros, conocidos después con el
+nombre de hiperbóreos, desembarcando en Francia, habían difundido la luz
+y fundado florecientes Estados, caminando hacia Oriente hasta más allá
+de las montañas Rifeas, e influyendo, por último, en el despertar a la
+vida política y culta de los arios y de los semitas.</p>
+
+<p>En suma, Echeloría y Mutileder eran dos personas ilustres y dignas de
+serlo por su mérito.</p>
+
+<p>Apenas se vieron, se amaron... ¿Qué digo se amaron? Se enamoraron
+perdidamente el uno de la otra y el otro de la una.</p>
+
+<p>El padre de Echeloría, que no tenía nada de lerdo, notó en seguida el
+amor de la muchacha y procuró acabar con él, porque el primito no poseía
+otro patrimonio que su apasionado corazón; pero Echeloría estaba
+prendada de veras, y el padre, que en el fondo era un bendito, se avino
+y se resignó al cabo a que Mutileder aspirase a ser su yerno.</p>
+
+<p>Ambos amantes se juraron eterna fidelidad. «Antes morir que ser de
+otro», dijo ella. «Antes morir que ser de otra», respondió él. Y esta
+promesa se hizo repetidas veces y se solemnizó y corroboró con los
+juramentos más terribles.</p>
+
+<p>Después de esto, ¿qué remedio había sino casar cuanto antes a los primos
+novios? Así lo resolvió el padre, y se empezaron a hacer los
+preparativos para la boda, que debía verificarse en el próximo otoño.</p>
+
+<p>Era ya el fin de la primavera, y en aquellas edades antiquísimas
+sucedía lo propio que ahora que a la primavera seguía el verano.</p>
+
+<p>Aratispi era lugar más bonito que lo es Alora al presente. En torno
+había, como hay aún, fértiles huertas y frondosos y siempre verdes
+bosques de naranjos y limoneros; pero los cerros que limitaban aquel
+valle amenísimo, en vez de estar pelados, como ahora, estaban cubiertos
+de encinas, alcornoques, algarrobos, castaños y otros árboles, entre
+cuyos troncos y a cuya sombra crecían brezos, helechos, tomillo,
+mejorana, mastranzo y otras plantas y hierbas olorosas.</p>
+
+<p>Era tal entonces la generosidad de aquel suelo, que las palmas enanas,
+que hoy suelen cubrirle y que apenas sirven para más que para hacer
+escobas y esportillas, se alzaban a grande altura, mientras que las
+crestas más empinadas de los montes, calvas ahora, se veían cubiertas de
+una verde diadema de abetos, de pinos y de cipreses.</p>
+
+<p>A pesar de todo, fuerza es confesar que en verano hacía entonces en
+Aratispi un calor de todos los demonios.</p>
+
+<p>Echeloría quiso, con razón, tomar algunos baños de mar, y su padre la
+llevó a un puerto muy bonito, cerca de Málaga, que D. Juan Fresco y yo
+calculamos que debió de ser Churriana.</p>
+
+<p>Naturalmente Mutileder fue a Churriana también, acompañando a su futura.</p>
+
+<p>Los primos estaban como dos tortolitas, arrullándose siempre. Mientras
+más miraba él a Echeloría, más linda y angelical la encontraba y más
+melifluo se ponía con ella. Y mientras más miraba Echeloría a Mutileder,
+mayor número de perfecciones y de excelencias hallaba en él.</p>
+
+<p>Pues no digamos nada, porque sería cuento de nunca acabar, de la mutua
+admiración que nacía en ambas almas al considerar el talento o la
+habilidad del objeto de su amor. Cada pedrada que tiraba Mutileder
+mataba un pajarillo y partía el corazón de Echeloría, a fuerza de
+entusiasmo. Y Echeloría, por su parte, a más de encantar a Mutileder con
+los cantares que sabía entonar, le había hecho una honda de pita, tan
+llena de sutiles y primorosas labores, que él se quedaba horas enteras
+embobado contemplando la honda.</p>
+
+<p>Los dos enamorados gozaban de la más completa libertad y se iban solos
+de paseo por aquellos vericuetos y andurriales; ya por la orilla del
+resonante mar; ya por los encinares y olivares que vestían aquellos
+alcores; ya por los verjeles, sotos y alamedas del valle, regado por un
+riachuelo cristalino. Pero uno y otro eran tan como Dios manda, que a
+pesar de lo mucho que se querían, no se propasaron nunca a otra cosa
+sino a estrecharse afectuosamente las manos, y una o dos veces a lo más,
+a consentir ella en recibir un casto beso en la tersa y cándida frente,
+y a lograr él estamparle.</p>
+
+<p>La suma virtud y exquisita delicadeza de estos primos lo ponía todo en
+reserva para el día dichoso en que la religión y las leyes consagrasen
+su unión indisoluble.</p>
+
+<p>Entre tanto se decían doscientas mil ternuras a cada momento. «Tu nombre
+es un sello que he puesto sobre mi corazón», exclamaba Echeloría. «Mi
+corazón es tuyo para siempre: antes dejará de latir que de amarte a ti
+sola», contestaba Mutileder.</p>
+
+<p>En estos coloquios se pasaban las horas, y de continuo estaban juntos
+ambos amantes, menos cuando Echeloría se retiraba a dormir al lado de su
+anciana nodriza y en estancia muy resguardada, o bien cuando iba a la
+playa a bañarse; pues entonces, a fin de evitar el qué dirán y las
+murmuraciones, Mutileder no se bañaba con ella, tal vez por no usarse
+aún trajes de baño, tan complicados y encubridores de las formas como
+los que se llevan ahora en Biarritz y en otros sitios.</p>
+
+
+<hr />
+
+<p class="capit">III</p>
+
+
+<p>Málaga era ciudad fenicia de mucho comercio. Casi competía con Cádiz. Su
+puerto estaba lleno de naves tirias, pelasgas, griegas y etruscas. En
+sus tiendas se vendían mil primores traídos de lejanos países: telas de
+lana, teñidas de púrpura en Tiro; joyas de oro, hechas en Ménfis, en
+Sais y en otras ciudades egipcias; piedras preciosas y tejidos de
+algodón del Indostán; alfombras de Persia, y hasta sedería del casi
+ignorado país de los Seras.</p>
+
+<p>Echeloría fue a Málaga varias veces, con su padre y con su novio, a
+recorrer dichas tiendas y a comprar galas para el suspirado día del
+casamiento.</p>
+
+<p>Hallábase a la sazón en Málaga uno de los más audaces y sabios marinos
+que había entonces en el mundo: el célebre Adherbal.</p>
+
+<p>Acababa de hacer una navegación felicísima, y su nave se parecía,
+anclada en el puerto, cargada de estaño, ámbar, hierro, pieles de
+armiños y de castores, y otros objetos de valor que él había ido a
+buscar a las costas de Francia, Inglaterra y otras regiones del Norte de
+Europa, a donde sólo los fenicios se aventuraban a llegar en aquella
+época.</p>
+
+<p>Adherbal pensaba volver pronto a Tiro; pero antes debía tomar en Málaga
+cobre, vino, azogue y oro en polvo de las arenas de nuestros ríos,
+dejando allí en cambio parte de su cargamento.</p>
+
+<p>Paseando un día por el muelle vio Adherbal a Echeloría, y al verla juró
+por Melcart y por Astoret, como si dijéramos por Hércules y por Venus,
+que jamás había visto criatura más linda y salada. Ganas tuvo de
+llegarse de súbito a la muchacha y de soltarle el pavo, esto es, de
+decirle sin ceremonia sus atrevidos pensamientos: pero Mutileder iba al
+lado de ella, mirando receloso a todas partes, con la barba sobre el
+hombro, en actitud desconfiada y hostil, y blandiendo un enorme y fiero
+garrote.</p>
+
+<p>La prudencia refrenó los ímpetus del marino fenicio. Bastaba ver de
+refilón a Mutileder para hacerse cargo de que era capaz de deslomar a
+cualquiera de un garrotazo, si llegaba a descomponerse un poco con la
+hermosa y cándida Echeloría.</p>
+
+<p>Adherbal, como queda dicho, era prudente, pero era obstinado también,
+emprendedor y ladino. Echeloría no produjo en él una impresión fugaz y
+ligera, sino profunda y durable. Así fue que determinó averiguar quién
+era y dónde vivía, y lo consiguió con discreción y recato.</p>
+
+<p>Dos o tres veces fue después a caballo a Churriana con disimulo, y
+volvió a ver a la niña, quedando cautivo de su singular donaire.</p>
+
+<p>Por último, por medio de personas listas del país, se informó de la vida
+de Echeloría, supo que iba a casarse con Mutileder, y no quedó pormenor
+de que no llegase a tener cabal noticia.</p>
+
+<p>Con estos elementos formó Adherbal un plan diabólico, el cual le salió
+bien, como por desgracia salen bien casi todos los planes diabólicos.</p>
+
+<p>Una mañana muy temprano levó anclas su nave y zarpó del puerto de
+Málaga, después de despedirse él para Tiro. Fuera ya la nave del puerto,
+se quedó, muy cerca de la costa, hacia el Oeste, dando bordeadas como
+para ganar mejor viento. Así trascurrieron algunas horas, hasta que
+llegó aquélla en que la gentil Echeloría bajaba a bañarse en la mar.
+Entonces saltó Adherbal en una lancha ligerísima con ocho remeros
+pujantes y otros dos hombres de la tripulación, grandes nadadores y
+buzos, y de los más ágiles y devotos a su persona. Con la lancha se
+acercó cautelosamente, ocultándose en las sinuosidades de la costa y al
+abrigo de las peñas y montecillos, hasta que llegó cerca del lugar donde
+Echeloría se bañaba, creyéndose segura y con el más completo descuido.
+Los nadadores se echaron entonces al agua, zambulleron, surgieron de
+improviso donde Echeloría estaba bañándose, se apoderaron de ella a
+pesar de sus gritos, que pronto terminaron en desmayo causado por el
+suato, y en aquella disposición, hermosa e interesante como una ondina,
+se la llevaron a la lancha, donde Adherbal la recibió en sus brazos, y
+luego la condujo a bordo de su nave. Ésta desplegó al punto todas sus
+velas, y aprovechándose de un viento fresco de Poniente, que acababa de
+levantarse, no corría, sino que volaba sobre las ondas azules del
+Mediterráneo.</p>
+
+<p>Varias muchachas, que se bañaban con Echeloría, huyeron con espanto de
+aquella zalagarda, y, saltando en tierra, alarmaron con sus gemidos y
+sollozos a la nodriza, que estaba en éxtasis y de nada se había
+percatado. En cambio, apenas se enteró de lo ocurrido, se extremó en
+hacer muestras de su dolor. Allí fue el mesarse las venerables canas, el
+revolcarse por el suelo, y el dar tan formidables chillidos, que
+Mutileder, aunque estaba lejos, acudió al sitio, oyéndolos. El infeliz
+amante supo entonces toda la enormidad de su infortunio, mas demasiado
+tarde por desgracia. La nave del raptor se percibía aún, pero lejos, y
+navegando con tal rapidez que pronto iba a perderse detrás de la comba
+que forma el mar, marcando una curva de azul profundo en el cielo más
+claro.</p>
+
+<p>El furor de Mutileder fue indescriptible, aunque a nada conducía. Ni
+siquiera supo a punto fijo el infeliz amante quién había sido el raptor,
+por más que sospechase de aquel marino que en Málaga había puesto en
+Echeloría los lascivos y codiciosos ojos.</p>
+
+<p>Estos raptos de mujeres eran frecuentísimos en aquellas edades heroicas,
+y habían dado ya y debían seguir dando ocasión a no pocos disturbios y
+guerras. Los fenicios habían robado a Io, hija de Inaco; los griegos
+habían robado a Europa de Fenicia, a Medea de Coicos, y a Ariadna de
+Creta; y por último, un príncipe frigio había robado a la bella Helena,
+mujer del rey de Esparta, Menelao, motivando así una lucha larga y
+mortífera, y al cabo la destrucción de Troya.</p>
+
+<p>Don Juan Fresco explica, a mi ver, de un modo satisfactorio estos raptos
+de mujeres. Supone que la mujer, por lo mismo que su belleza es tan
+delicada, no se cría naturalmente. Lo único que se cría es la hembra del
+hombre. La verdadera mujer es producto artificial, que resulta de grande
+esmero y cuidado y de exquisito y alambicado cultivo. De aquí la rareza
+entonces de la verdadera mujer y el mágico y portentoso efecto que
+producía en el alma de guerreros bárbaros y briosos, avezados a ver
+hembras solamente.</p>
+
+<p>Cuando los hombres se recobraban de su pasmo volvían a hacer a la mujer
+de peor condición que al esclavo más humilde; pero, en ocasiones, una
+mujer bien lavada, cuidada y compuesta, infundía amor ferviente,
+frenético entusiasmo y cierta adoración como si fuese algo divino. De
+aquí las patrañas o <i>mitos</i> de las hadas y encantadoras como Circe y
+Calipso, que convertían a los hombres en bestias; la <i>ginecocracia</i>,
+esto es, el imperio de la mujer, establecido en muchas partes, como en
+el país de las Amazonas y en la Arabia Feliz; y el omnímodo influjo, ora
+funesto, ora útil, que ejercieron algunas damas en los varones más
+crudos y valerosos, como Onfale en Hércules, Dálila en Sansón, Betzabé
+en David, Egeria en Numa, y Judit en Holofernes. De aquí, por último,
+que ganasen tanto crédito las sibilas, las pitonisas y las druidisas;
+todo ello, sin duda, porque cuidaban más de sus personas, y lograban
+pulir y descubrir la escondida hermosura, invisible por lo general en la
+hembra por falta de pulimento y aseo.</p>
+
+<p>Además, el entender la hermosura y el afanarse por lograrla hacían
+hermosa a la mujer. Hoy, mucho de esta cualidad, domeñada ya la
+naturaleza rebelde, suele trasmitirse por herencia; pero en los tiempos
+heroicos, la hermosura era como inspirada creación que la mujer artista
+realizaba en su propio cuerpo, a fuerza de esmerarse. Todavía, cinco
+siglos después de la época en que ocurre nuestra historia, asombran el
+estudio, la prolijidad y los preparativos minuciosos de que se valían
+las mujeres para presentarse de una manera digna. A fin de agradar al
+rey Asnero, que buscaba reina, después de repudiada Vastí, se pasaban
+las chicas un año entero frotándose con linimentos y pomadas,
+saumándose, lavándose, perfilándose y acicalándose. En el día, con una
+hora de preparación bastarla para presentar ante el sibarita más
+refinado a la más ruda de las campesinas: prueba irrefragable de que lo
+adquirido por arte y educación se trasmite de madres a hijas. Verdad es
+que, en cambio, la naturaleza es menos dúctil ahora, y la hotentota,
+aunque se friegue y se adobe más que las que iban a presentarse a
+Asuero, hotentota permanece; de donde, sin duda, el refrán que dice:
+«Aunque la mona se vista de seda mona se queda.»</p>
+
+<p>Dejemos, no obstante, refranes y digresiones a un lado, y prosigamos
+nuestro cuento.</p>
+
+<p>Echeloría, por naturaleza y por arte, por herencia y por conquista, era
+un primor. Y Mutileder, que con razón la adoraba, no la lloró perdida,
+con femenil amargura, sino que, agitando su garrote y haciendo crujir la
+honda con chasquidos estruendosos, juró buscar a su amada, librarla del
+raptor, y vengarse de éste descalabrándole de una buena pedrada o
+moliéndole a palos.</p>
+
+<p>Cuenta la historia que Mutileder, en el instante de hacer aquel
+juramento, estaba tan hermoso que no podía ser más. Sus ojos azules,
+dulces de ordinario, lanzaban centellas luminosas; su afilada y recta
+nariz, hinchada por la cólera, mostraba muy dilatadas las ventanillas;
+las cejas, frunciéndose en el centro, daban mayor majestad a su frente;
+la boca entreabierta dejaba ver unos dientes blancos, iguales y firmes,
+y sana frescura y vivo color de carmín en encías y lengua. Su cabeza,
+echada atrás con arrogancia, y destocada, lucía copiosa y rubia
+cabellera, que flotaba en rizos graciosos a merced de la brisa; sus
+piernas y sus brazos desnudos, contraída entonces la musculatura por la
+energía de la actitud, daban envidia a los de Hércules mancebo. Todo en
+Mutileder era beldad, elegancia, brío y donosura. Su voz, alterada por
+la pasión, penetraba en los corazones, aunque sus palabras no se
+entendiesen.</p>
+
+<p>En aquel instante ¡oh fuerza del destino! acertó a pasar por allí la
+graciosa y distinguida Chemed, que en fenicio significa <i>belleza</i>, la
+viuda más coqueta y caprichosa que había en Málaga. Su marido la había
+dejado joven y con muchos bienes de fortuna. Ella seguía con la casa de
+comercio de su marido, bajo la razón insocial de <i>la viuda Chemed</i>. En
+aquella ocasión volvía de solazarse de una quinta que tenía en
+Churriana.</p>
+
+<p>Seis atezados etíopes la llevaban en silla de manos, y dos escuderos,
+una dueña y cuatro pajecillos egipcios la acompañaban también para más
+autoridad y decoro.</p>
+
+<p>Chemed oyó a Mutileder, le miró y se maravilló; volvió a mirarle y se
+quedó más maravillada. Entonces dijo para sí: «Divinos cielos, ¿qué es
+lo que miro? ¿Será éste dios o será mortal? ¿Resplandecería más Adonis
+cuando Astoret se prendó de él?»</p>
+
+<p>Pero, prosiguiendo su soliloquio de preguntas, Chemed prosiguió también
+su camino, sin interrogar al mancebo, que parecía estar furioso, y sin
+atreverse siquiera a pararse y a bajar de la silla de manos, en medio de
+gente extraña, cuya lengua no entendía, porque hablaban el ibero, que,
+como ya queda dicho, era lo que se llama hoy el vascuence. Si Chemed
+hubiera sabido que Mutileder hablaba corrientemente el fenicio, como en
+efecto le hablaba, sin duda que se hubiera detenido; pero, no sabiéndolo
+ni sospechándolo, Chemed pasó de largo.</p>
+
+<hr />
+
+<p class="capit">IV</p>
+
+
+<p>Luego que Mutileder echó sapos y culebras por la boca y se desahogó
+cuanto pudo, acudió a dar a su presunto suegro la mala noticia del
+rapto, y a consolarle, si cabía consuelo en tamaño dolor.</p>
+
+<p>Para evitar prolijidad no se ponen aquí las lamentaciones que hicieron
+ambos a dúo. Lo que importa saber es que Mutileder y su suegro, después
+de maduro examen, reconocieron que era inútil quejarse del rapto a las
+autoridades de Málaga, las cuales no les harían caso, o si les hacían
+caso, nada podrían contra un marino tan mimado en Tiro, como Adherbal lo
+era. A cualquiera exhorto, que los sufetes o jueces de Málaga enviasen
+contra Adherbal, era evidente que los sufetes tirios habían de dar
+carpetazo, haciendo la vista gorda. No había más recurso que resignarse
+y aguantarse, o tomar la venganza y la satisfacción por la propia mano.
+Esto último fue lo que decidió Mutileder con varonil energía.</p>
+
+<p>Se despidió de su presunto suegro, y sin pensar en recursos pecuniarios
+ni en nada que lo valiese, se fue a Málaga a tomar lenguas, a
+cerciorarse de que era Adherbal el raptor, como ya lo sospechaba, y a
+buscar modo de irse a Tiro en la primera nave que para Tiro saliese, a
+fin de arrancar a Echeloría del cautiverio o secuestro en que estaba y
+de hacer en Adherbal un ejemplar y justo castigo.</p>
+
+<p>En medio de todo, Mutileder sentía cierto consuelo. Pensaba en que
+Echeloría había jurado serle fiel o morir, y daba por seguro que moriría
+antes que faltar a su promesa. Él mismo había hecho igual juramento, y
+se sentía con la suficiente firmeza para cumplirle.</p>
+
+<p>Con estas ideas en la mente y con el bizarro propósito de irse a Tiro
+cuanto antes, recorrió Mutileder las calles de Málaga hasta que empezó a
+anochecer. Todas las noticias que adquirió le confirmaron en que era
+Adherbal el raptor de Echeloría. En lo que no adelantó mucho fue en
+concertarse con algún patrón de buque que saliese pronto y le llevase
+para Fenicia.</p>
+
+<p>Llegó la noche, como queda apuntado, y ya Mutileder se retiraba a su
+posada, cuando sintió que le tiraban suavemente de la capa por detrás.
+Volvió el rostro, y vio a un pajecillo egipcio que le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Señor Mutileder, sígame vuestra merced, que hay persona que desea
+hablarle sobre asuntos que le interesan.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y quién puede ser esa persona? contestó él. Yo, en Málaga, no conozco
+a nadie.</p>
+
+<p>Entonces replicó el pajecillo:</p>
+
+<p>&mdash;Aunque vuestra merced no conozca a esta persona, esta persona le
+conoce. Hoy, de mañana, pasó junto al lugar del rapto protervo, y oyó y
+vio a vuestra merced cuando de él se lamentaba. La persona es compasiva
+y excelente, y se enterneció. Ha tomado informes sobre todo lo ocurrido,
+y su enternecimiento se ha hecho mayor. Desea remediar el mal de vuestra
+merced, con quien le importa conferenciar en seguida. ¿Quiere vuestra
+merced seguirme?</p>
+
+<p>Mutileder no halló motivo razonable para decir que no, y siguió al
+pajecillo.</p>
+
+<p>Siguiéndole por calles y callejuelas, que atravesaron rápidamente, llegó
+nuestro héroe protobermejino a una puertecilla falsa y cerrada, en el
+extremo de un callejón sin salida.</p>
+
+<p>El paje aplicó una llave a la cerradura, le dio dos vueltas, y la puerta
+se abrió sin ruido. Entró el paje, y le siguió Mutileder.</p>
+
+<p>Cerró el paje la puerta de nuevo, y quedaron él y nuestro amigo en la
+más completa oscuridad. El paje asió de la mano a Mutileder, y le guió
+por las tinieblas. Al cabo de poco tiempo vieron luz y una linterna que
+estaba en el suelo. La tomó el paje, y, ya con ella, alumbró a
+Mutileder, y mostrándole el camino, le dijo que le siguiera. Subieron
+ambos por una estrecha y larga escalera de caracol: llegaron luego a
+otra puertecilla; la abrió el paje; levantó un tapiz que había detrás, y
+él y Mutileder penetraron en una sala espaciosa y bien iluminada.</p>
+
+<p>El paje entonces se escabulló sin saber cómo, y Mutileder se encontró
+frente a frente de una anciana y venerable dueña, la cual, con voz
+meliflua, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Sígueme, hermoso.</p>
+
+<p>Y Mutileder la siguió, algo ruborizado del intempestivo requiebro.</p>
+
+<p>No refiero aquí, porque estoy de prisa, y no debo ni puedo pararme en
+dibujos, los primores estupendos, las alhajas rarísimas, los lindos
+objetos de arte y los cómodos asientos y divanes que había en varias
+salas por donde iban pasando la dueña y nuestro héroe, que atortolado
+la seguía. Baste saber que allí se veía reunido de cuanto había podido
+inventar el lujo asiático de entonces y de cuanto la activa solicitud de
+los navegantes fenicios había podido traer de todas las comarcas a que
+solían ellos aportar, desde las bocas del Indo hasta las bocas del Rhin,
+puntos extremos de sus <i>periplos</i> o navegaciones.</p>
+
+<p>Lo que sí diré, es que si una sala era lujosa, otra lo era más, y que el
+primor iba en aumento conforme se pasaban salas. Maravilloso silencio y
+sosiego apacible reinaban en todas ellas. No se veía ni un alma. Soledad
+y dulce misterio. Rica y leve fragancia de perfumes sabeos impregnaba el
+tibio ambiente.</p>
+
+<p>«&mdash;¿Qué será esto? decía Mutileder para su coleto. ¿Dónde me llevará
+esta buena señora?»</p>
+
+<p>Y la admiración y la duda se pintaban en su candoroso y bello semblante.</p>
+
+<p>Por último, la dueña tocó a una puerta, que no estaba abierta como las
+demás que habían dado paso de un salón a otro salón, sino que estaba
+cerrada. La dueña la abrió un poco, lo suficiente para que cupiese por
+ella una persona, empujó a Mutileder, le hizo entrar, y quedándose
+fuera, cerró otra vez la puerta, dejándole solo.</p>
+
+<p>Mutileder, que venía de salones donde había mucha luz, nada veía al
+principio, e imaginó que el salón en que acababa de entrar estaba a
+oscuras; pero sus pupilas se dilataron muy pronto, y notó que una luz
+velada y dulce iluminaba aquella estancia, difundiéndose desde el seno
+de tres lámparas de alabastro.</p>
+
+<p>Aun no había tenido vagar para ver todo lo que le circundaba, cuando oyó
+Mutileder una voz blanda y argentina, que parecía salir de una garganta
+humana nueva y de una boca fresca, colorada y sana, porque todo esto se
+conoce en la voz, la cual le decía:</p>
+
+<p>&mdash;Perdóname, amigo, que te haya hecho venir hasta aquí, deseosa de
+hablarte.</p>
+
+<p>Dirigió Mutileder la vista hacia el punto de donde la voz procedía, y
+vio recostada lánguidamente en un ancho sofá a una dama morena y
+majestuosa como una emperatriz, vestida de blanca y flotante vestidura,
+con una cabellera abundante, lustrosa y negra como la endrina, y con
+unos ojos que parecían dos soles de luto, así por el fuego y los rayos
+que despedían, como por su oscuro color y por el color, no menos oscuro,
+de las cejas, de las largas y rizadas pestañas, y aun de los párpados
+suaves, cuyas sombras acrecentaban el resplandor fulmíneo de los
+referidos ojos. En los brazos desnudos, casi junto al hombro, tenía la
+dama brazaletes de oro de prolija y costosa labor; sobre el pecho y en
+las orejas, collar y zarcillos de esmeraldas; y sendas ajorcas, por el
+estilo de los brazaletes, en las gargantas de sus pequeños pies,
+calzados por coturnos de seda roja. Lazos de idéntica seda adornaban la
+falda y el corpiño y ceñían el airoso talle. Sobre el negrísimo cabello
+lucía, prendido con gracia, un ramo de flores de granado.</p>
+
+<p>En todo esto reparó en conjunto Mutileder, pero sin analizar, como
+nosotros, porque estaba algo cortado y sin saber lo que le sucedía. La
+cosa no era para menos; sobre todo, tratándose de un mozuelo que, si
+bien despejado y audaz, carecía de experiencia y jamás se había visto en
+lances de aquel género.</p>
+
+<p>Absorto, mudo, con la boca abierta, estaba Mutileder, cuando la dama se
+levantó y mostró de pié su gallarda estatura, esbelta y cimbreante como
+las palmas de Tadmor; y vino a él, y tomándole la mano, en la que él
+sintió como una conmoción eléctrica, le llevó a sí y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Siéntate. ¿Qué te asusta?</p>
+
+<p>Y Mutileder se sentó, al lado de la dama, en un taburete bajito.</p>
+
+<p>Luego que Mutileder se hubo serenado, oyó a la dama con la debida
+atención, y le respondió con concierto.</p>
+
+<p>Ella le dijo que se llamaba Chemed, que era viuda y rica y natural de
+Tiro, que había sabido su dolor, que se interesaba por él, a causa de
+una súbita e irresistible simpatía, y que anhelaba dar consuelo y
+remedio a sus males.</p>
+
+<p>Aunque Chemed lo había averiguado todo, quiso que Mutileder le refiriese
+su historia. Mutileder la refirió con elocuencia. Al hablar de
+Echeloría, aunque era hombre recio, se le saltaron las lágrimas. Con las
+lágrimas sobre sus mejillas y velando sus ojos azules, estaba el
+muchacho lo más bonito que puede imaginarse. Chemed no se hartaba de
+mirarle; pero ¡con qué miradas! Vamos, no es posible explicar cómo eran.</p>
+
+<p>Chemed tenía cerca de treinta y cinco años. Mutileder no había conocido
+a su madre. No sabía lo que era la amistad y el cariño de la mujer.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobrecito mío! exclamaba Chemed. ¡Pícaro Adherbal! No paga con la
+vida el mal que te ha hecho. Haces bien en querer vengarte y salvar a
+Echeloría de las garras de ese monstruo. Mira, Mutileder: dentro de
+cuatro días debo yo salir para Tiro, donde tengo que arreglar mis
+asuntos, muy desordenados desde que mi marido murió. Tú vendrás en mi
+compañía. Considérame como a tu amiga más leal.</p>
+
+<p>Y sencillamente Chemed tomaba la mano del inocente mozo, y la estrechaba
+entre las suyas y la retenía en cautividad, equilibrando el calor
+superior que había en las de ella con el calor que él tenía en su mano.</p>
+
+<p>Todavía se puso más interesante y bonito Mutileder cuando habló con
+efusión del eterno amor y de la fidelidad que él y Echeloría se habían
+jurado. Chemed celebraba todo esto, y lo hallaba muy a su gusto.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, hijo mío, decía a Mutileder, así debe ser. Dichosa Echeloría, que
+encontró en ti un modelo de amantes. No suelen ser como tú los demás
+hombres, sino volubles y perjuros. Todas mis riquezas, toda mi posición
+daría yo si hubiese encontrado un amante tan resuelto y fino como tú.</p>
+
+<p>En suma, esta conversación siguió largo rato, y yo tengo notas y apuntes
+que me ha suministrado D. Juan Fresco y que me harían muy fácil
+referirla con todos sus pormenores; pero, como mi historia tiene que ir
+en un <span class="smcap">Almanaque</span> sin excitar a nadie a que los haga, y no puede
+extenderse mucho, sino ser a modo de breve compendio, me limitaré a lo
+más esencial, deslizándome algunas veces, con rapidez y como quien
+patina, en aquellos pasajes que más se presten a ello por lo
+resbaladizos.</p>
+
+
+<hr />
+
+<p class="capit">V</p>
+
+
+<p>Cuatro días después de la conferencia primera entre Chemed y Mutileder,
+salían ambos de Málaga para Tiro en una magnífica nave. Mutileder iba en
+calidad de secretario privado de la dama para llevarle la
+correspondencia en lengua ibérica.</p>
+
+<p>La amistad de ambos era íntima, y Mutileder, siempre que se veía en
+presencia de Chemed, estaba contento y como orgulloso de tener tan
+elegante y discreta amiga. Chemed tenía además mucho chiste y
+felicísimas ocurrencias: decía mil graciosos disparates; y Mutileder se
+regocijaba y reía sin poderlo remediar; pero, cuando estaba sólo, amarga
+melancolía se apoderaba de su alma, pensamientos crueles le
+atormentaban, y algo parecido a remordimientos le arañaba el corazón,
+como si fueran las uñas de un gato, o digamos mejor, de un tigre.</p>
+
+<p>Mutileder hablaba entre dientes, lanzaba desconsolados suspiros,
+manoteaba y hasta se golpeaba y pellizcaba sin compasión, y solía
+exclamar:</p>
+
+<p>«¡Qué diablura! ¡Qué diablura!»</p>
+
+<p>En presencia de Chemed o se olvidaba de su dolor o le refrenaba y
+disimulaba. Ésta, a no dudarlo, era la diablura, a que su exclamación
+aludía.</p>
+
+<p>Mutileder había tenido ya tiempo para meditar, reflexionar y hacer
+severo examen de conciencia, y no se absolvía, sino que se condenaba por
+débil, perjuro y desleal, en grado superlativo.</p>
+
+<p>A veces quería disculparse consigo mismo, y no lo lograba.</p>
+
+<p>«Yo, decía, sigo amando a Echeloría, y Chemed no obsta para ello. Voy a
+buscar a Echeloría, a libertarla y a vengarla, y Chemed me ayuda en mi
+empresa. El cariño de Chemed tiene algo de maternal. ¡Es tan buena
+conmigo!&mdash;¡Es tan alegre y chistosa! ¡Qué tonterías tan saladas se le
+ocurren! ¿Cómo no he de reírme al oírlas? ¿He de estar siempre llorando?
+No: no es menester llorar: no es menester negarse a todo consuelo, como
+una bestia feroz, para demostrar que es uno fiel y consecuente. Ya
+veremos cuando me encuentre con Adherbal si amo a Echeloría o si no la
+amo.»</p>
+
+<p>Estas y otras sutilezas y quintas esencias alambicaba, fraguaba y se
+representaba Mutileder para justificarse; pero, como hemos dicho, no lo
+lograba nunca.</p>
+
+<p>De aquí su pena cuando estaba solo: y no sé de dónde, el olvido de su
+pena cuando de Chemed estaba acompañado. ¡Contradicciones inexplicables,
+raras antinomias de los corazones de los mortales!</p>
+
+<p>De esta suerte, en soliloquios románticos, acerbos y dignos de Hamlet,
+siempre que estaba sin Chemed; y en coloquios amenos, en pláticas
+tiernas, y en juegos y risas, cuando Chemed aparecía, vivió Mutileder; y
+así se pasó el tiempo, caminó la nave, se detuvo en varios puntos de
+África y en algunas islas del archipiélago de Grecia, y llegó al fin a
+Tiro, capital entonces de Fenicia desde la ruina de Sidon, cuando los
+filisteos, rubios descendientes de Jafet, vinieron de Creta por mar,
+mientras que del lado del desierto de Arabia entraban los israelitas en
+la tierra de Canaan y lo llevaban todo a sangre y fuego. Tiro había
+hecho después renacer el poder cananeo o fenicio y estaba en toda su
+gloria y florecimiento. Sobre el trono de Tiro resplandecía el rey
+Hiram, amigo de Salomón, hijo de David. Israelitas y fenicios eran
+estrechos y felices aliados.</p>
+
+<p>Muy largo sería describir aquí la grandeza de Tiro. Dejémoslo para mejor
+ocasión. Lo que importa es decir que Mutileder buscó a Adherbal en
+seguida y no le halló. Pronto supo con rabia que el infatigable marino,
+sin reposar casi, se había encargado del mando de la flota, que Hiram y
+Salomón expedían con frecuencia a la India, desde el puerto de
+Aziongaber en el mar Rojo. Tres días antes de la llegada de Mutileder y
+de Chemed, Adherbal se había puesto en marcha para tomar el mando
+referido.</p>
+
+<p>Adherbal debía pasar por Jerusalén. Mutileder no pensó más que en
+perseguirle y alcanzarle, antes de que se embarcara para tan larga
+navegación, de la que sabe Dios cuándo volvería.</p>
+
+<p>Temiendo que le faltasen las fuerzas y el valor para despedirse de
+Chemed, Mutileder preparó su viaje con el mayor sigilo, aprovechando la
+salida de una caravana; y, montado en un ligero dromedario, salió para
+Jerusalén, cuando Chemed menos lo sospechaba.</p>
+
+<p>Chemed lo supo y lo lloró al leer una carta que él escribió antes de
+partir y que entregó a Chemed una persona de toda confianza. La carta
+decía como sigue:</p>
+
+<p>«Mi querida Chemed: Yo soy el más débil y el más malvado de los hombres.
+Debí huir de ti desde el primer momento y no entregarte nunca un corazón
+que no te pertenecía, que era de otra mujer y que jamás podía ser tuyo.
+Todo el afecto, toda la ternura que te he dado, ha sido falsía, perjurio
+e infamia. Y no porque yo fingiese esa ternura y ese afecto, que al
+contrario brotaban a borbotones, con toda sinceridad y con vehemente
+efusión, del fondo de mi pecho, sino porque, al consagrártelos, faltaba
+a la fe jurada, rompía el sello de la fidelidad que había puesto
+Echeloría sobre mi alma, y me rebajaba hasta la vileza. De aquí mi lucha
+interior; de aquí mis contradicciones y extravagancias. A veces reía yo,
+jugaba y me deleitaba contigo; pero, cuando más contento estaba, surgía
+como espectro, como aterrador fantasma, de las profundidades de mi ser,
+el mismo amor ultrajado, el cual me azotaba rudamente con el azote de
+los remordimientos. Otros amantes, mientras más aman, se hacen más
+dignos del amor, porque el amor hermosea y sublima los espíritus; pero
+yo, amándote, me degradaba en vez de elevarme, porque pisoteaba
+juramentos y promesas, y no amándote, me degradaba también, porque
+recibía de ti inmensos e inestimables tesoros de cariño que no acertaba
+a pagar. Si olvidaba a Echeloría para amarte era yo un perjuro, y si no
+te amaba, para seguir amando a Echeloría, un falso, un estafador y un
+ingrato. Situación tan horrible y poco digna no podía durar. El cielo ha
+estado benigno conmigo, aunque no lo merezco, proporcionándome ocasión
+de dejarte con razonable motivo, sin que puedas tú tildarme de galán sin
+entrañas. Adherbal no está en Tiro. Mi deber es perseguirle. La ofensa
+que me ha hecho no puede quedar impune. Tú misma me tendrías por vil y
+cobarde si yo no me vengara. No extrañes, pues, que te deje para cumplir
+con esta obligación.&mdash;Adiós; adiós para siempre, ¡oh generosa y dulce
+amiga!»</p>
+
+<p>Tal era la carta que escribió Mutileder, en buen fenicio, sin ninguna
+falta de gramática ni de ortografía. Chemed la leyó con lágrimas en los
+ojos y haciendo otros mil extremos de amoroso sentimiento.</p>
+
+<p>Mutileder, entre tanto, caballero en su dromedario y lleno de
+impaciencia, iba trotando y galopando hacia Jerusalén. Harto de la pausa
+con que la caravana marchaba, tomó un guía, poseedor de otro dromedario
+tan ligero como el suyo, y se adelantó al resto de sus compañeros de
+viaje. Así llegó en pocas jornadas a la ciudad que casi había creado
+David, y que Salomón acababa de fortificar y hermosear con admirables
+monumentos. La había ceñido de altas torres almenadas y de fuertes y
+gruesos muros; había edificado, sobre gigantescos sillares, en la cumbre
+del monte Moria, donde fue el sacrificio de Abraham, el maravilloso y
+único templo del Dios único, y había coronado las alturas de Sion con
+inexpugnable ciudadela y con alcázar suntuoso.</p>
+
+<p>Dilatando Salomón sus conquistas al Sur del mar Muerto, domeñando a los
+hijos de Edom, de Amalec y de Madian, y enseñoreándose de Elath y de
+Aziongaber, abrió puertos para comerciar con el Hadramauth y el Yemen,
+con el alto Egipto, con la Nubia y con las Indias orientales. Cortando
+luego las corpulentas hayas y los pinos y cedros seculares del Líbano,
+haciéndolos llevar en hombros de los más robustos varones de las
+naciones vencidas, como de los <i>refaim</i>, por ejemplo, raza descomedida
+de gigantes, que casi ladraban en vez de hablar; y trabando entre sí los
+leños con arte y maestría, hizo formar Salomón flotantes castillos que
+resistiesen el ímpetu de los huracanes y el furor de las olas. En medio
+del desierto, Salomón había fundado a Tadmor, célebre después con el
+nombre de Palmira, en un oasis lleno de palmas, a fin de que fuese
+emporio riquísimo y lugar de reposo de las caravanas que iban desde las
+orillas del Jordan a las del Eufrates y del Tígris; a Damasco, a Nínive
+y a Babilonia. Estaba, por último, interesado Salomón en el comercio de
+los fenicios con Társis o Iberia, patria de Mutileder, y aun de más
+allá, hacia el Occidente y Norte del mundo; bastante más allá, porque
+las naves tirias llegaban hasta el Báltico. Por todo lo cual refluía
+sobre Jerusalén cuanto Dios crió de bienes temporales. La plata era tan
+común, que se miraba con desprecio. Todo se fabricaba de oro purísimo,
+hasta los trastos de cocina. De Arabia venían perfumes; de Egipto, telas
+de lino, caballos y carros; esclavos negros y marfil, de Nubia; y
+especierías y madera de sándalo, y perlas, y diamantes, y papagayos y
+jimios y pavos reales, y telas de algodón y de seda, de allá de la
+desembocadura del Indo. Oro venía de todas partes, ya de Tíbar, ya de
+Ofir; ámbar y estaño, del Norte de Europa; cobre y hierro, de España. De
+esta suerte abundaba todo en Jerusalén. La fama del rey volaba por el
+mundo, porque el rey excedió a los demás reyes, habidos y por haber, en
+ciencia y en riqueza; y no había persona de buen gusto que no desease
+ver su cara, y sobre todo, los hijos de Israel, a quienes las naciones
+extranjeras respetaban y temían, por donde vivieron ellos tranquilos y
+venturosos, a la sombra de sus parras y de sus higueras, desde Dan hasta
+Beersebá, durante todos los días de aquel reinado.</p>
+
+<p>Pues, como íbamos diciendo, a esta espléndida ciudad de Jerusalén llegó
+nuestro bermejino prehistórico, acompañado de su guía, pero más confiado
+en su fiero garrote y en la primorosa honda que le había regalado
+Echeloría, y con la cual, según suele decirse, no se le cocía el pan
+hasta que vengase a su primer amor, descalabrando al raptor injusto de
+una violenta y certera pedrada.</p>
+
+<p>Preocupado con estos pensamientos de venganza, y como hombre que va a su
+negocio y que no viaja a lo <i>touriste</i>, Mutileder no quiso visitar las
+curiosidades de Jerusalén ni enterarse de nada de lo que allí sucedía, a
+no ser del paradero de Adherbal.</p>
+
+<p>Imagine el pío lector qué desesperación no sería la de Mutileder cuando
+en seguida supo de buena tinta que Adherbal, viendo que urgía darse a
+la vela, y llegar pronto al Océano, para no desperdiciar la monzón,
+favorable entonces a los que iban a la India, había salido en posta, con
+dromedarios que de trecho en trecho estaban ya preparados y escalonados
+en el camino, a fin de verse cuanto antes en el puerto de Aziongaber,
+orillas del mar Bermejo.</p>
+
+<p>Imposible de toda imposibilidad era ya que Mutileder llegase a donde
+estaba el marino fenicio, quien se sustraía así a su venganza. Tiempo
+había de pasar, pampanitos había de haber, antes de que dicho marino se
+pusiese a tiro de su honda o al alcance de su garrote.</p>
+
+<p>Creyó entonces Mutileder que Adherbal se había llevado consigo a
+Echeloría para que fuese ornamento principal de la nave capitana, desde
+donde había de mandar la flota; y su rabia rayó en tal extremo, que
+pateó, juró, bufó, blasfemó, y hasta hubo de arrancarse a tirones
+algunos de los rizos hermosos y rubios que coronaban su cabeza.</p>
+
+<p>En medio de todo, fue grande su consolación cuando logró saber que el
+pícaro y cortesano marino, rastrero adulador de príncipes, había hecho
+presente a Salomón de la preciosa Echeloría.</p>
+
+<hr />
+
+<p class="capit">VI</p>
+
+<p>¿Cómo resistir aquí a la tentación de encarecer lo mucho que D. Juan
+Fresco se ensoberbece y ufana, y lo orondo que se pone, y lo por bien
+pagado que se da de haberse pelado las cejas descifrando y leyendo las
+inscripciones y papiros manuscritos de donde está sacada esta historia?
+Por ella consta que un bermejino, pues al cabo bermejino era Mutileder,
+ya que Vesci era la Villabermeja de entonces, rivaliza con Salomón y
+viene a hacer el brillante y extraordinario papel que verá el que
+siguiere leyendo.</p>
+
+<p>Mutileder no se amilanó al saber que Echeloría estaba en el harén
+salomónico; antes dispuso quedarse en Jerusalén, espiar ocasión
+oportuna, y, no bien se presentase, asirla por el copete, arrebatando a
+la linda moza de entre las manos del Rey Sabio. No por eso pensó en
+hacer el más leve daño a Salomón. Mutileder era muy monárquico, y el
+Rey, por ser rey y por su ciencia infusa y demás virtudes, le infundía
+respeto. Salomón, además, no tenía culpa ninguna ni había ofendido a
+Mutileder. Había aceptado el presente que le habían traído, y había dado
+prueba de buen gusto al aceptarle y guardarle.</p>
+
+<p>A veces concebía Mutileder cierta halagüeña esperanza. Imaginaba que
+Echeloría había de llorar por él y había de decir a Salomón, con todo
+miramiento y finura, que no le amaba porque amaba a otro; y daba por
+cierto que Salomón, que era benigno con las mujeres, y tan galante y
+condescendiente que las consentía tener ídolos de la tierra de cada una
+de ellas no debía de ser feroz con Echeloría, sino que, no bien supiese
+que su ídolo era Mutileder, había de ceder en sus pretensiones.
+Mutileder llegaba a columbrar como probable que el Rey le hiciera buscar
+para entregarle a la muchacha, y hasta que quizá se allanase a ser
+padrino de la boda.</p>
+
+<p>La entereza, constancia y resistencia de Echeloría habían de mover a
+todo esto, y a más, el ánimo generoso de Salomón. ¿Qué le importaba a
+este gran Rey una mujer más o menos, cuando tenía en su harén
+setecientas reinas, ochocientas concubinas e infinito número de
+princesas? Así, pues, lo natural era que, viendo Salomón a Echeloría
+enamorada de otro, afligida y llorosa, y rechazándole por estilo arisco
+y montaraz, había de mostrarse desprendido.</p>
+
+<p>Al hacer esta suposición, muy plausible, Mutileder se ponía colorado de
+vergüenza. Se presentaba en su imaginación lo bien que se portaba
+Echeloría, huraña como un gato y firme como una roca, veía el
+desprendimiento regio y la nobilísima conducta de Salomón, y se
+consideraba indigno, y quería, al recordar sus infidelidades con Chemed,
+que se abriese la tierra y le tragase.</p>
+
+<p>Estos remordimientos, esta compunción y este sonrojo por la culpa
+tenían, sin embargo, bastante de sabroso y de dulce. ¡Ay, cuán pronto se
+trocó todo ello en amargura cuando oyó Mutileder lo que en Jerusalén se
+decía de público en calles y plazas!</p>
+
+<p>Para saber lo que se decía conviene tomar las cosas de atrás y entrar en
+algunas explicaciones.</p>
+
+<p>El palacio de Salomón era inmenso, y la sociedad en él muy amena.
+Multitud de poetas y de tocadores de arpas, tímpanos y salterios, le
+regocijaban de continuo. Allí había diestras bailarinas, artistas
+ingeniosos que hacían muebles elegantes y otras obras de extremado
+primor, y los mejores cocineros que entonces se conocían. Aquello era,
+en grado superlativo, en elevación a la quinta potencia, perpetua boda,
+de Camacho. Salomón y sus mujeres y servidumbre devoraban cada día
+treinta bueyes cebados, cien ovejas y multitud de ciervos, búfalos,
+gacelas y aves. Y no se crea que porque comiesen poco pan. El consumo
+diario de harina empleada en hacer pan, tortas, bollos y pasta <i>frolla o
+flora</i>, era de noventa coros, o sea cuarenta y cinco cahíces, de doce
+fanegas se entiende.</p>
+
+<p>Así es que en el palacio de Salomón hasta el último pinche se regalaba a
+pedir de boca y estaba gordo y lucio.</p>
+
+<p>Las mujeres, tanto por naturaleza cuanto por los afeites que usaban,
+parecían celestiales y de variadísimo mérito. En aquella época no
+llevaban nombres puestos a la ventura, sino nombres significativos de
+sus más egregias cualidades, por donde sólo con mentarlas se puede
+colegir, lo que valían. Entonces no se llamaba Doña Sol una fea, ni
+Blanca una negra, ni Dolores una regocijada, ni Rosa la que olía mal o
+era áspera como cardo ajonjero.</p>
+
+<p>Las favoritas de Salomón lo habían sido y llevaban los nombres que
+llevaban porque lo merecían. La hija del Faraón, que fue, a no dudarlo,
+Meneftá II, se llamaba Uom-anhet, esto es, Destroza-corazones. Ella
+inspiró a Salomón el primer amor, profundo y suave. Salomón era muy
+muchacho cuando se casó con ella, y ella le trajo en dote a Gezer y doce
+mil caballos para la remonta de su caballería. Después amó Salomón con
+locura a Anahid, Lucero de la mañana, hija del Rey de Armenia. Se
+refiere que, repudiada ésta, hubo de volver a su patria, donde tuvo un
+hijo de Salomón, de quien procede el famoso Abagaro, a quien Cristo
+escribió una carta y envió su efigie. Después amó Salomón con no menor
+locura a Leliti, la Noche, princesa de Etiopía. Luego amó
+apasionadamente a Vahar, a quien trajeron de la India las primeras naves
+tirio-hebreas que fueron por allí. Esta Vahar, o dígase Primavera, era
+de la familia de los Sakias, reyes de Kapilavastu, y por consiguiente,
+parienta del ilustre Sakiamúni, que había de ser Buda, y fundar una
+religión en que creyese cerca de la mitad del humano linaje.</p>
+
+<p>Por último, pasión más durable que todas había concebido, alimentado y
+guardado Salomón por la Sulamita, en cuya alabanza dejó compuestas las
+poesías amatorias más bellas que habían sonado hasta entonces en lengua
+humana.</p>
+
+<p>Pero Salomón, en medio de tantos deleites y triunfos, estaba hastiado.
+Nada le satisfacía. Todo era para él vanidad de vanidades y aflicción de
+espíritu. Ni siquiera tenía el goce del amor propio y del orgullo,
+porque sostenía que su grandeza se debía al acaso y no a su carácter ni
+a su entendimiento y prudencia. Salomón había recapacitado y había visto
+que, debajo del sol, ni la carrera era de los ligeros, ni la guerra era
+de los fuertes, ni el bienestar de los listos, ni de los prudentes la
+riqueza, ni de los elocuentes el favor, sino que todo era caprichoso
+resultado de la ciega fortuna.</p>
+
+<p>Y hallándose su alma en tan doloroso estado, fue cuando Adherbal le
+presentó a Echeloría.</p>
+
+<p>Y el pueblo de Jerusalén afirmaba que Salomón la había conocido y la
+había amado. Y que la había hallado rosa de Saron y lirio de los valles.
+Y que había comparado su cabeza rubia, por la majestad, con el Carmelo,
+y el olor de sus vestidos al olor del almizcle y al de las silvestres
+flores que crecen en el Líbano.</p>
+
+<p>La ternura de Salomón por Echeloría se aseguraba que excedía a la de
+Jacob por Raquel y a la de Isaac por Rebeca. Se daba por cierto que la
+amaba mil veces más que había amado a las otras mujeres: que sentía por
+ella todo género de afecto; que con el espíritu puro la estimaba y
+quería como su padre David había estimado y querido a Jonatás, muerto en
+las alturas de Gelboé por los filisteos; y que de un modo tempestuoso la
+idolatraba como el príncipe de Siquen había idolatrado a Dina.</p>
+
+<p>Todos estos rumores llegaban cada vez con más consistencia a los oídos
+de Mutileder y le iban dando mucho que sentir y no poco que sospechar:
+le iban dando, permítaseme lo vulgar de la frase en gracia de lo
+gráfico, muy mala espina.</p>
+
+<p>¿Cómo era posible que Echeloría resistiese a tantas seducciones? ¿Cómo
+había de entenderse el amor de Salomón, si la muchacha, en vez de estar
+amable, estuviese zahareña y cogotuda?</p>
+
+<p>En vista de estas y de otras reflexiones, y de no pocos indicios y
+pruebas que vinieron después, el pobre Mutileder tuvo al fin que abrir
+los ojos, y que reconocer que Echeloría se había dejado querer, y hasta
+que pagaba a Salomón su cariño, queriéndole y siendo infiel y perjura a
+su Mutileder y a los juramentos hechos en Aratispi y en Churriana.</p>
+
+<p>Por falta de elocuencia dejo de pintar aquí el furor de Mutileder cuando
+de esto se hubo cerciorado. Ni Otelo ni el Tetrarca estuvieron después
+más celosos y furiosos.</p>
+
+<p>Pero nuestro bermejino no se limitaba a lamentos estériles. Siempre
+tomaba resoluciones y procuraba darles cima. La que ahora tomó fue la de
+matar a puñaladas a Echeloría y matarse él a renglón seguido con el
+propio puñal. Lo difícil era ver a Echeloría para matarla.</p>
+
+<p>Chemed, ocupada en Tiro con sus asuntos, se había consolado de la
+ausencia de Mutileder, pero le conservaba buena amistad, y le había
+enviado cartas de recomendación para Adoniram, que era el mayordomo de
+Salomón, y para otros personajes de la Córte. Con estas cartas y con su
+hermoso rostro, gentil presencia y gallardo cuerpo, que más que nada le
+recomendaban, Mutileder pretendió y consiguió sin dificultad entrar en
+la guardia personal del rey.</p>
+
+<p>Componíase dicha guardia de sugetos de no poco fuste; de señores y hasta
+de príncipes de las dinastías destronadas, cuyos reinos se habían
+anexionado Salomón y su padre, y de cuyos bienes habían ido
+incautándose. Allí había heteos, amorreos y jebuseos; caballeros de la
+casa de Abinadab, rey de Kiriath-Yarin; dos sobrinitos de Og, rey de
+Basan, a quienes apenas apuntaba el bozo y tenían ocho codos de
+estatura; varios nietos de Hamnon, rey de los Amonitas; y <i>para
+complemento de hermosura</i>, como dice Ezequiel, hablando de los pigmeos
+de Tiro, una pequeña tropa de idénticos pigmeos, que no se levantaban un
+codo de la tierra, pero que eran certeros y terribles disparando
+ponzoñosos dardos.</p>
+
+<p>Encubriendo siempre en los abismos oscuros del alma su terrible
+propósito de matar a Echeloría y de matarse él, Mutileder se ingenió de
+suerte que se ganó la voluntad de sus jefes inmediatos y hasta del
+General Benaya, tan ágil para cortar cabezas, según lo demostró a
+principios de aquel reinado, enviando al otro mundo, a fin de cimentar
+bien el trono, a Adonia, hermano mayor del rey, y a otros personajes.</p>
+
+<p>Con este favor, pronto subió Mutileder a capitán de una compañía de
+filisteos, rubios casi tanto como él, y que formaban parte de la guardia
+real.</p>
+
+<p>Lo que no pudo conseguir fue ver a Echeloría. Lo que no pudo inspirar
+fue la absoluta e indispensable confianza para llegar a ser uno de
+aquellos sesenta valientes, los más probados y selectos, que rodeaban el
+tálamo de Salomón por la noche (algo parecido a nuestros Monteros de
+Espinosa), y que andaban siempre con la espada sobre el muslo, por temor
+de los duendes y vestiglos, que eran traviesos, traían revuelto el
+alcázar, y no hubieran dejado, sin la citada precaución, un instante de
+sosiego a las reinas y demás señoras.</p>
+
+<p>¿Quién sabe si la misma gentileza de Mutileder sería óbice para que
+entrase él en el número de los sesenta, no hiciera el diablo que
+inquietase a las damas en vez de aquietarlas? Lo cierto es que su
+gentileza ya mencionada, su discreción, despejo y buen trato, se
+hicieron notorios en Jerusalén, y que las damas le ponían en las nubes.
+Hasta un no sé qué de torvo, de melancólico y de trágicamente distraído,
+que había en su lindo semblante, le hacía más grato a las damas.</p>
+
+<p>Así las cosas, cuando ocurrió una novedad grandísima, que contribuyó a
+glorificar el reinado de Salomón más todavía.</p>
+
+
+
+<hr />
+
+<p class="capit">VII</p>
+
+
+<p>Además de los libros que conocemos, Salomón escribió otros muchos que se
+han perdido. Compuso tres mil parábolas y mil y cinco cantares, y
+disertó sobre árboles y plantas, desde el cedro hasta el hisopo que nace
+en la pared, y sobre aves, cuadrúpedos, reptiles y peces. Quieren decir
+que supo muchas cosas que después se olvidaron; unas han vuelto a
+descubrirse; otras quizá no se descubran nunca de nuevo. Así, por
+ejemplo, parece que atraía por medio de pinchos de metal los rayos y las
+centellas; que entendía la lengua de los pájaros; que conocía la fuerza
+oculta de la palabra humana y obraba por ella mil prodigios; que los
+genios le obedecían; y que era sabedor de todas las doctrinas mágicas de
+Enoch y de las que Abraham había aprendido en su patria, Ur de los
+caldeos, y de las que estudió Moises en los colegios sacerdotales de las
+orillas del Nilo.</p>
+
+<p>Sea de esto lo que se quiera, no puede negarse que su fama de sabio se
+extendió por todas partes.</p>
+
+<p>La reina de Sabá, cuyo nombre, según hemos llegado a averiguar, era
+Guadé, que en el idioma hymiárico, hablado entonces en su reino,
+equivale a <i>Amor</i> o <i>Amistad</i>, oyó hablar de Salomón y quiso probarle
+con preguntas y acertijos.</p>
+
+<p>Embarcóse, pues, esta augusta señora en Aden, que era el mejor puerto de
+sus Estados, y con próspero viento, navegando por el mar Bermejo, aportó
+a Aziongaber, y desde allí, por Sela, Beersebá y otras poblaciones,
+llegó hasta Hebron, donde el Rey Sabio salió a recibirla con mucha
+cortesía y aparato.</p>
+
+<p>No entro aquí en descripciones del viaje de esta reina, de la pompa con
+que venía, de su entrada en Jerusalén, acompañada ya de Salomón, que la
+hospedó en su palacio, y de las fiestas que hubo con este motivo. Sería
+muy largo contar todo esto. Contentémonos con decir que los regalos que
+dio la reina a Salomón fueron magníficos, y no inferiores los que de
+Salomón recibió ella; que ella se quedó pasmada del lujo que gastaba
+Salomón; y que, como Salomón le adivinó de tenazón todos sus más
+enmarañados acertijos, ella se quedó doblemente pasmada de su sabiduría.</p>
+
+<p>Salomón, que era fino y discreto, creyó que el mayor obsequio que podía
+hacer a Guadé, mientras morase en su alcázar, y siendo ella de un moreno
+muy subido de punto, era darle para guardia de su persona a los
+filisteos que mandaba Mutileder, todos rubios, blancos y sonrosados. En
+efecto, los filisteos la impresionaron agradablemente; pero Mutileder,
+su capitán, le pareció una divinidad y no un hombre cualquiera.</p>
+
+<p>Era Guadé tan hermosa como las noches serenas del estío; sus ojos
+brillaban como carbunclos, y en oposición a su rostro, algo tostado,
+relucían como perlas sus dientes blanquísimos. Sabía mucho. Era un
+Salomón con faldas. Pronto con sus miradas fulmíneas derritió la triple
+placa de bronce que el empeño de ser consecuente había puesto en torno
+del corazón de Mutileder. Y Mutileder y Guadé se amaron, a pesar de
+Chemed y de Echeloría.</p>
+
+<p>Guadé, a quien importaba desengañar por completo a Mutileder, el cual le
+había contado toda su historia, menos su plan de tragedia; Guadé, que
+hablaba en toda confianza con Salomón y sabía los secretos del harem,
+reveló y probó a su joven amigo que Echeloría amaba a Salomón con
+delirio.</p>
+
+<p>Esto indujo más a Mutileder a amar con delirio también a Guadé, no sólo
+porque ella se lo merecía, sino para no ser menos y tomar represalias y
+desquite.</p>
+
+<p>Y sin embargo, y aquí entra lo más patético de mi cuento, si bien era
+cierto que Echeloría y Mutileder estaban enamorados el uno de su reina y
+de su rey la otra, ambos sentían, en medio de la embriaguez del nuevo
+amor, pesar tremendo, torcedor horrible en la conciencia, y pasión de
+ánimo, que amenazaban matarlos.</p>
+
+<p>Las mismas imaginaciones, las mismas ideas acudían al alma de los dos,
+aunque no se veían ni se hablaban. Se sentían rebajados y humillados.
+Eran juguetes de la casualidad. La voluntad de ellos carecía de firmeza.
+¿Había sido ensueño infantil el amor que se tuvieron? ¿Había sido burla
+ridícula el juramento que se hicieron repetidas veces? O no había sido
+santa y hermosa aquella primera pasión, y entonces lo más poético de la
+vida de ambos se desvanecía; o si la pasión había sido santa y hermosa,
+ellos habían sido sacrílegos e infames, profanándola y hollándola.</p>
+
+<p>Mutileder desistió ya de matar a Echeloría y de matarse; pero aquel
+dolor oculto iba a matar a los dos. Y mientras más notaban ambos que el
+amor que tenían a Salomón y a Guadé era su encanto y su delicia, más
+culpados y viles se juzgaban y más ganas tenían de morirse, porque el
+sonrojo y la humillación destrozaban sus pechos, no bien dejaban de
+embargarlos y cautivarlos el frenesí y el vivo deleite que nacen de los
+coloquios y caricias en el amor bien correspondido.</p>
+
+<p>Salomón advirtió el mal de Echeloría, y Guadé advirtió el mal de
+Mutileder. Conferenciaron sobre ello. Se lo contaron todo. Buscaron
+remedio y no pudieron hallarle. ¿Qué hierba, qué elixir, qué talismán
+sería poderoso contra tan rara dolencia, que designaron con el nombre de
+<i>dolencia de los dos amores</i>?</p>
+
+<p>Presintieron los reyes que iban a perecer sus dulces amigos y se
+desconsolaron. Todo era cavilar en balde qué habían de hacer para
+salvarlos. Llegaron hasta a ser tan generosos que proyectaron ceder él a
+Echeloría y ella a Mutileder para que se casasen. Pero luego
+consideraron que esto sería peor. Al verse, se avergonzarían de verse;
+no dejarían de amar de otro modo a Salomón y a Guadé; no podrían amarse
+entre sí del mismo amor que los amaban, y morirían más pronto y más
+desesperadamente.</p>
+
+<p>El lance no tenía otra solución que la más lúgubre, a no ocurrir algo
+con visos de milagro, como ocurrió en efecto.</p>
+
+<hr />
+
+<p class="capit">VIII</p>
+
+<p>Años atrás, en los últimos del reinado de David, había venido a
+Jerusalén un príncipe hiperbóreo, a quien de fama conocen sin duda mis
+lectores. Hablo del sapientísimo Abaris, que caminaba montado en una
+flecha. Si era la aguja de marear aplicada a la navegación aérea o algo
+por el mismo orden, no acertaré yo a decirlo en este momento. Lo que
+hace al caso es saber que Abaris viajaba con facilidad prodigiosa.</p>
+
+<p>David estaba viejísimo, y los sabios de Israel resolvieron que, para
+aliviar sus dolencias y hacer menos crueles los postreros años de su
+vida, era menester casarle con una jovencita bella e inocente; la flor
+de las doce tribus. Eligieron para esto los sabios a Abisag de Sunam, de
+quien, por una maldita coincidencia, Abaris, muy joven entonces, andaba
+perdidamente enamorado.</p>
+
+<p>Abaris hizo esfuerzos inauditos para disuadir a Abisag de sacrificarse a
+aquel viejo; pero ella, teniéndolo a mucha honra, y creyendo que cumplía
+con un deber en ser útil al Rey Profeta, desdeñó a Abaris y se unió con
+el Rey.</p>
+
+<p>Abaris montó en su flecha y se fue de Jerusalén hecho un veneno. A fin
+de vengarse del desdén de Abisag, ya que no en ella, en otras mujeres,
+se convirtió en seductor desaforado, en el D. Juan Tenorio o Lovelace de
+aquel siglo. Los medios de que disponía eran enormes. Era guapísimo,
+ágil y divertido en la conversación; y desde que, siglos antes, había
+venido su compatriota Olen a civilizar a tracios y pelasgos, no se había
+visto hiperbóreo de más doctrina en el Mediodía de Europa. Con esto, con
+su astucia, con sus chistes y con su atrevimiento, Abaris iba por todas
+partes haciendo estragos en los corazones femeninos.</p>
+
+<p>Entre tanto, murió David, subió Salomón al trono, y Abisag quedó en
+palacio como una de las reinas viudas, aunque en realidad no se podía
+decir que hubiese sido esposa del Santo Rey.</p>
+
+<p>Sabido es, no obstante, que Salomón quería que la tuviesen por tal y que
+asimismo viviese ella consagrada sólo a la memoria de David, cuyo
+último suspiro había recogido. Por esto se enfadó tanto Salomón cuando
+Adonia se atrevió a pedirle por mujer a Abisag. Y habiéndole perdonado
+que conspirase contra él, no le perdonó aquella insolencia, e hizo que
+Benaya le matase sin que pudiera valerle el haberse asido al cuerno del
+altar, en el templo mismo.</p>
+
+<p>Abaris, que tuvo noticia de todo esto, y que aun estaba enojado contra
+Abisag, tardó en volver a Jerusalén; pero volvió al cabo y precisamente
+en los días en que Salomón y la reina de Sabá andaban más afligidos con
+la dolencia de Echeloría y de Mutileder.</p>
+
+<p>Ignorábase qué proyectos traía Abaris, pero Salomón le recibió bien,
+porque Salomón apreciaba mucho la ciencia. Además, como Abaris era
+hombre de mundo, lo que se llama un rodaballo muy corrido, Salomón le
+puso al corriente de todo, a ver si él hallaba remedio para aquel mal.</p>
+
+<p>Abaris aseguró que curaría a los dos jóvenes iberos; pero que, en
+cambio, deseaba que Salomón le prometiese que había de otorgarle un don
+que intentaba pedirle. Salomón se lo prometió.</p>
+
+<p>Pasaron después tres días, durante los cuales Abaris pareció como que
+estaba estudiando. Al terminar los tres días, fue Abaris al regio
+alcázar, hizo que Salomón le presentase a Echeloría, y, no bien la hubo
+visto, Abaris dio un grito y se echó en los brazos de la joven,
+exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;¡Gracias, gracias, benignos cielos: al fin he hallado a mi hija!</p>
+
+<p>Explicó entonces Abaris que él había estado en Aratispi; que allí había
+tenido amores con la madre de Echeloría, y que Echeloría era el fruto de
+dichos amores. Añadió luego que como entonces era él tan peregrino
+seductor, había tenido también amores en Vesci con la madre de
+Mutileder; y que por lo tanto, Mutileder era su hijo. En prueba de esto
+dio no pocos datos y razones, y la más sorprendente fue la de afirmar
+que ambos jóvenes iberos estaban sellados por él, en la espalda, desde
+el día en que nacieron, con una salamandra azul.</p>
+
+<p>Con la alegría que produjo tan fausto descubrimiento, se prescindió de
+la etiqueta de palacio. Vino Guadé y trajo consigo a Mutileder.
+Desnudaron las espaldas de ambos jóvenes y se vieron estampadas en ellas
+las salamandras. No cabía duda; eran hijos de Abaris, y por consiguiente
+hermanos.</p>
+
+<p>Todo se aclaraba y se justificaba así. El amor que se habían tenido era
+fraternal: nacido de la fuerza del parentesco. En vez de afligirse de
+haber sido ella robada por Adherbal y enamorada luego de Salomón, y él
+de sus infidelidades con Chemed y con Guadé, dieron gracias a los
+propicios hados que de aquella manera y por tan ocultos caminos los
+habían salvado de un crimen feísimo, que tal le hubieran cometido si
+llegan a casarse.</p>
+
+<p>Se disiparon, pues, las melancolías de Echeloría y de Mutileder; se
+abrazaron fraternalmente y más contentos que unas pascuas, y se
+encontraron muy a gusto de ser ella favorita de Salomón y él príncipe
+consorte en el reino sabeo, para donde se fue con su Guadé, cuatro días
+después de saber que era hijo de Abaris y de haber descubierto que tenía
+una salamandra azul en la espalda.</p>
+
+<p>Echeloría se quedó en Jerusalén, ya sin remordimientos y muy alegre.</p>
+
+<p>Abaris fue a ver a Salomón y a pedirle el don que había prometido
+otorgarle; pero como era hombre de mundo y precavido, llevaba preparada
+la flecha debajo del manto filosófico, poniéndose cerca del balcón
+abierto para hacer su petición, no fuera caso que Salomón se enfadase y
+tuviese él que salir volando, antes de que Benaya le hiciese pasar a
+mejor vida.</p>
+
+<p>La petición no era otra que la mano de Abisag.</p>
+
+<p>Salomón estaba de tan buen talante con la radical curación de Echeloría,
+que en seguida consintió en que Abisag se casara. Además, Abisag iba ya
+pasando de la juventud a la edad madura, y como la mayoría de las
+solteras algo pasadas, estaba tan jaquecosa, que Salomón no la podía
+aguantar, y se alegró de salir de ella.</p>
+
+<p>Todos, pues, fueron felices.</p>
+
+<p>Salomón tuvo una curiosidad y quiso que Abaris con el mayor sigilo la
+satisficiese.</p>
+
+<p>&mdash;¿Hay algo de verdad, le dijo, en lo que afirmas de que eres padre de
+Echeloría y de Mutileder?</p>
+
+<p>&mdash;En mi vida estuve en Iberia, contestó riendo Abaris. Confiesa que mi
+remedio ha sido ingenioso y eficaz. Sin él no se hubieran curado los
+chicos y hubieran sido capaces de morirse. Para hacer mas verosímil la
+historia, puse yo mismo por arte mágica en las espaldas de ambos las
+salamandras. Todo ha sido lo que allá en los tiempos venideros, dentro
+de cerca de tres mil años, llamarán los sabios y pulidos un <i>mito</i>, y
+los ignorantes y rudos, un <i>camelo</i> o una <i>filfa</i>.</p>
+
+<hr />
+
+<h2><a name="ASCLEPIGENIA" id="ASCLEPIGENIA"></a>ASCLEPIGENIA</h2>
+
+<p class="c smcap">diálogo filosófico-amoroso.</p>
+
+<p class="c">&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;</p>
+
+<p class="c peq"><i>La escena es en Constantinopla. Siglo V de la Era Cristiana.</i></p>
+
+<p class="peqq">Habitación de Proclo. Es de noche. Una lámpara de siete mecheros, puesta
+sobre un trípode o candelabro de bronce, ilumina la estancia. Puertas al
+fondo y a los lados.</p>
+
+
+<p class="escena">ESCENA I.</p>
+
+<p class="peqq"><span class="smcap">proclo</span>, de edad de cincuenta años, seco, escuálido, consumido por
+vigilias, ayunos, estudios y mortificaciones, aparece sentado en un
+sitial. Su discípulo, <span class="smcap">MARINO</span>, está de pié, junto a él.</p>
+
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;¡Maestro! ¿Estás decidido a recibir esta noche?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Lo estoy. En cualquiera otra ciudad podría yo excusarme: en
+Byzancio no, que es mi patria. ¿Cómo privar a mis paisanos del auxilio y
+consuelo de la sabiduría?</p>
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;Difícil es; pero debieras reposar y cuidarte. Estás que parece
+el espíritu de la golosina, de puro desmedrado. Te vas a matar con
+tantos afanes.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Lléveme el cuerpo donde quiero ir, y luego que muera.</p>
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;Me afliges al decir eso. ¿Qué haré yo sin ti en este mundo?
+Pero dime, y perdona mi atrevida curiosidad; los que vienen a
+consultarte hablan siempre a solas contigo: no extrañes que note una
+contradicción...</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Di cuál es, y te demostraré que es aparente.</p>
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;¿No afirmas tú que se requieren largos preparativos antes de
+comunicar la sabiduría? ¿Qué revelas entonces a los que te consultan?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;No toda la verdad, cuyo resplandor los cegaría, sino algo de la
+verdad, velado en símbolos. Así el sol se vela entre nubes, a fin de que
+ojos mortales puedan fijarse en su disco glorioso.</p>
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;Veo que esta noche estás expansivo. ¿Me permites que te haga
+vanas preguntas?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Haz las que se te antojen. Si me es lícito, contestaré.</p>
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;Pues con tu venia: ¿qué nos trae aquí desde el fondo del Asia,
+donde estabas estudiando los más oscuros ritos y misterios del Oriente,
+y desentrañando su oculto sentido? ¿Es capricho de tu alma o mandato de
+un numen?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Hace ya años que mi alma no tiene caprichos. Es mandato de un
+numen.</p>
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;¿Puedo saber de cuál?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;De Venus Urania.</p>
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;¿La evocaste?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;No la evoqué. Ya sabes tú que en el día rara vez me tomo el
+trabajo de evocar a los númenes. Ellos mismos bajan del Olimpo y vienen
+a verme, enamorados de mi afable trato. Es verdad que en la escala de la
+vida ocupo lugar inferior al de ellos. Si quiero elevarme a la
+inteligencia y a la causa soberanas, a través de todas las
+manifestaciones corpóreas de su omnipotencia, tengo primero que subir
+por mil grados hasta llegar a dichos númenes, y aun después, desde los
+númenes hasta el manantial inexhausto de lo celeste y terrenal, del
+espíritu y la naturaleza, hay una peregrinación harto penosa. Por dicha,
+yo tengo un atajo, una trocha, un sendero recóndito y breve, por donde
+llego, no ya a la inteligencia y a la causa, sino más hondo: por donde
+llego al Uno. Me abstraigo de todo lo exterior; echo a un lado sentidos
+y potencias; borro imágenes de la fantasía; cubro con niebla densa todo
+lo escrito en la memoria; y, hundiéndome en el abismo del alma, hallo al
+que es. Allí nos juntamos él y yo. Allí él y yo no somos más que el Uno.
+De este modo se explica que, siendo yo simple mortal, sea tan
+considerado por los dioses. En la ligereza de carácter, propia de la
+serena beatitud de ellos, no caben estas reconcentraciones poderosas de
+la mente que me llevan al Uno. Ya te lo he dicho mil veces: por el
+principio vital, que gobierna mis sentidos, no valgo más que un perro;
+por el alma racional me quedo por bajo de las divinidades olímpicas; mas
+por la inteligencia especulativa e intuitiva, llego al Uno y dejo muy
+detrás de mí a los ángeles, a los demonios, a los genios y a los
+númenes. Por la unidad esencial que en mí hay, y de la cual hasta la
+inteligencia es emanado atributo, soy el Uno mismo. El Uno soy yo en los
+instantes dichosos de entusiasmo, de conjunción y de éxtasis.</p>
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;Por Hércules vivo, maestro, que me lleno de envidia siempre que
+te oigo afirmar esa unión, por la cual te pones en el Uno o te
+identificas con el Uno. Se me ocurre, no obstante, cierta dificultad.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Explánala y te la resolveré.</p>
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;¿Por qué, si hallas al Uno, hundiéndote en el abismo del alma,
+te allanas a buscarle en la naturaleza? ¿Por qué no estás siempre
+reconcentrado y como viviendo en la eternidad?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Para imitar al propio Uno. Porque el Uno y yo, además de ser el
+Uno, somos el Bien. Es nuestra ley no quedar en el centro, absortos en
+el absoluto egoísmo y en la inefable contemplación de nuestra esencia.
+Tenemos que salir fuera a crear y mostrarnos activos. De él y de mí
+emanan la voluntad, la inteligencia y la palabra, y ellas crean el
+mundo. Desenvuelve el Uno su idea, y van apareciendo el ser, la vida y
+la armonía y el movimiento, y cuanto es y será. Desenvuelvo yo mi idea,
+y nacen el arte, las religiones y la ciencia. Y la creación del Uno y mi
+creación se compenetran y confunden y vienen a ser la misma. ¿Me
+entiendes ahora?</p>
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;Me pasmo de tu claridad. Con sobrada razón mereces apellidarte
+el sumo pontífice de todas las creencias, el gran ciudadano de todas las
+repúblicas y el archi-metafísico de todas las metafísicas. No, Proclo,
+tú no eres un mortal.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;En la esencia no lo soy. En la esencia soy eterno. Considerado
+en mi unidad, vivo en la eternidad primitiva: esto es, en un punto
+inmóvil, en el cual toda la duración infinita de los siglos se halla
+parada, cifrada y reconcentrada. Considerado en el ápice de mi mente, en
+la inteligencia, vivo en la eternidad secundaria; torrente de las
+existencias sucesivas, perpetuo tránsito, movimiento sin término,
+carrera sin meta, mudanza y proceso que no acaban.</p>
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;Y dime, maestro, el sacrificio que sin duda haces al salirte
+del Uno y penetrar con la mente y con el discurso y con el afecto en
+este universo visible, ¿qué principal propósito lleva?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Lleva varios propósitos; pero el principal es de la mayor
+trascendencia. La ley divina que sigue la historia me ha suscitado en el
+tiempo debido para una función importantísima. Mi espíritu toma carne
+hacia el fin de la civilización antigua para comprenderla toda en
+conjunto armónico. El genio de la Grecia, con sus castizas o peculiares
+creaciones, con los sueños de sus poetas desde Lino y Orfeo hasta ahora,
+con su pensamiento filosófico desde Pitágoras hasta Jámblico, con los
+descubrimientos de sus matemáticos, astrónomos y físicos, y con las
+enseñanzas arcanas de Samotracia y de Eleusis; el genio de la Grecia,
+con los despojos ópimos que trajo de Egipto, de Persia y hasta de la
+India, después de las conquistas del Macedón; todo este trabajo, toda
+esta aglomeración de doctrinas, experimentos y especulaciones, han
+venido a fundirse en mi cabeza como en horno o crisol candente. Ya
+fundido todo, he desechado la escoria por los bríos de mi virtud
+crítica, y he guardado sólo el metal limpio y puro. Por último, por otra
+virtud plasmante que hay en mí he vaciado ese metal como en un molde, y
+he sacado a la luz el refulgente y completo sistema de la antigua
+sabiduría. Los pueblos del Norte acabaron ya con el imperio de
+Occidente. El imperio de Oriente sucumbirá también. Pronto vendrá la
+barbarie. Las tinieblas de la ignorancia cubrirán el mundo. Yo seré,
+desde entonces hasta que aparezca la aurora de una nueva y tal vez más
+rica civilización, faro luminoso que alumbre y guie al humano linaje.</p>
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;Reconozco la importancia de tu vida y de tus obras. Pero,
+concretándonos al caso singular de tu venida a Byzancio, ¿qué es lo que
+a ello te mueve?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Muéveme amor.</p>
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;¿Amor de patria? ¿Amor de gloria?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Amor de una mujer.</p>
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;¡De una mujer! Me dejas turulato. ¿Quién había de suponer que
+pensabas en tales cosas?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;No hay motivo para que te quedes turulato. ¿Qué tiene de
+absurdo que yo ame a una mujer? La amo desde que la vi: desde hace
+quince años. Ella tenía entonces diez y siete. Hoy tiene treinta y dos.
+Entonces era como capullo de rosa: hoy debe de brillar con toda la pompa
+y el esplendor de la hermosura, en la plenitud de su vida. Claro está
+que si yo estuviese siempre reconcentrado en el Uno, no la amaría; pero,
+volviéndome, y no puedo menos de volverme, al mundo exterior, ¿qué
+hallaré en todo él que represente mejor al Bien y al Uno mismo? ¿Qué
+imagen, qué trasunto, qué destello de la belleza increada descubrirá el
+sabio que valga más que la mujer hermosa? Cuando el artista quiere
+representar a la ciencia, a la poesía, a la virtud, ¿no les da forma de
+mujer?</p>
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;Es cierto.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;No debes, pues, maravillarte de que yo ame en esta mujer a la
+ciencia, a la poesía y a la virtud con forma visible.</p>
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;Ya no me maravillo. ¿Y puedo saber cómo se llama tu amada?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Se llama Asclepigenia. Es la hija de mi maestro Plutarco. Ya te
+he dicho que la conocí quince años ha. La conocí en Atenas. Plutarco me
+acabó de enseñar la filosofía. Asclepigenia me inició en los misterios
+caldeos, en los ritos de las orgías sagradas y en los procedimientos más
+eficaces de la teurgia. Desde entonces estamos ella y yo ligados por
+amor espiritual y sublime. Su gallardo y lindo cuerpo ha sido sólo para
+mí como dorada nube, donde se me aparecía, en reflejos fugitivos, el sol
+eterno: toda la perfección del Ser.</p>
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;Nobilísima manera de amar fue la tuya... ¿Y ella, cómo te
+amaba?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Me amaba también con el alma y andaba enamorada del alma mía.</p>
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;¿Y por qué te separaste de ella?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Por mil razones. Ni ella ni yo queríamos contaminar la pureza
+del amor que para siempre nos une. Ambos anhelábamos seguir sin tropiezo
+el camino ascendente que hacia el bien y hacia la luz nos encumbraba.
+Éramos demasiado jóvenes. No estábamos aún a toda la altura a que nos
+importaba estar. Decidimos, pues, separarnos por amor de nuestro mismo
+amor. Prometimos reunirnos cuando ya no hubiese peligro alguno. Venus
+Urania me ha revelado que ya no le hay, y por eso vengo en busca de
+Asclepigenia.</p>
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;Notable revelación estuvo. No hay más que verte, maestro, para
+conocer que no estás peligroso.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Tienes razón que te sobra.</p>
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;La fama ha difundido, por esta gran capital, que la honras con
+tu presencia y que recibirás en consulta a tres personas cada noche. Por
+medio del senador Marciano, a fin de que la casa no se te llene de
+gente, han sido repartidos los billetes de entrada. Pronto irán llegando
+por su orden los que vienen hoy a verte. Tus siervos los detendrán en la
+antesala. Yo los conduciré luego hasta ti.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Aunque Marciano profesa la religión de Cristo, es muy amigo mío
+y se parece a mí en muchas cosas. Ama a la virgen emperatriz Pulqueria,
+como yo amo a la hija de Plutarco. Marciano, que pronto va a cumplir
+doce lustros, dos más que yo, dicen que se casará con Pulqueria, con
+quien ha de compartir, en honestidad santísima, el trono y el imperio de
+Oriente. Del mismo modo, Asclepigenia compartirá conmigo el trono y el
+imperio de la filosofía. Pero oigo ruido en la antesala. Ve y mira si ha
+venido alguien.</p>
+
+<p>(Sale Marino y vuelve un instante después.)</p>
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;¡Maestro! el primero que acude a consultarte es un bellísimo y
+elegante mancebo, llamado Eumorfo. Nadie se viste con tanto lujo y
+primor, nadie monta mejor a caballo, nadie baila con tanta gracia y
+gallardía. Por estas y otras prendas es el encanto de las damas más
+encopetadas.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;¿Qué pretenderá de mí ese pisaverde? Dile que pase adelante.</p>
+
+
+<p class="escena">ESCENA II.</p>
+
+<p class="c peq">PROCLO y EUMORFO a quien Marino acompaña, yéndose luego.</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;Abismo del saber, lucero de la filosofía, archivo de todas las
+noticias divinas y humanas...</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Amable mancebo, déjate de lisonjas y di lo que pretendes.</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;Pretendo que me ilustres un poco.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span> (Con cierto desdén.)&mdash;¿Y para qué?</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;No me desdeñes así. Confieso que no tengo por las ciencias la
+vocación más decidida. A ti, que todo lo penetras, ¿cómo he de intentar
+engañarte? Pero, francamente, mis chistes y agudezas, mis habilidades,
+mis talentos de sociedad, todo queda deslucido sin algo de filosofía.
+La filosofía se ha puesto en moda entre las señoras de los círculos
+aristocráticos, a quienes sirvo, pretendo y tal vez enamoro. Me falta
+este charol; dámele, y seré irresistible.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Aunque es vulgar, mezquino y un tanto cuanto pecaminoso el
+fundamento de tu deseo, tu deseo es bueno en sí, y me decido a
+satisfacerle; pero la empresa es ardua. Por más que no quieras tomar
+sino una ligerísima tintura, necesitas varias lecciones: necesitas
+asimismo consagrar a mi servicio y asistencia un par de horas diarias, a
+fin de que vayas recogiendo sentencias de las que se escapan de mis
+labios muy a menudo.</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;Consagraré a tu servicio y asistencia ese par de horas diarias
+que dices.</p>
+
+
+<p class="escena">ESCENA III.</p>
+
+<p class="c peq">DICHOS, MARINO.</p>
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;Una dama, que, si bien envuelta en velo argentino, deja
+traslucir que está dotada de majestuosa hermosura; una dama, cuyo traje
+de seda y cuyas joyas riquísimas manifiestan lo elevado de su clase,
+acaba de bajar de una silla de manos y se halla en la antesala
+aguardando que la recibas. Parece una diosa por el ritmo y la nobleza de
+su andar entonado y por el olor de ambrosia con que satura en torno el
+ambiente. ¿Le digo que aguarde?</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;¡Venerando maestro! La galantería exige que recibas luego a
+esa dama. Yo aguardaré en otro cuarto.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Bien está. (Señalando a Eumorfo la puerta de la izquierda.)
+Entra en aquel. (A Marino.) Di a la dama que no se detenga.</p>
+
+<p class="c peq">(Vanse Eumorfo y Marino.)</p>
+
+
+<p class="escena">ESCENA IV.</p>
+
+<p class="c peq">PROCLO, ASCLEPIGENIA.</p>
+
+<p class="c peq">(Eumorfo asoma la cabeza de vez en cuando, ve, escucha y hace gestos de
+asombro durante toda esta escena.)</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;¡Deslumbrante aparición! ¿Quién eres? ¿Eres mortal o diosa?</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>. (Alzando el velo y descubriendo el rostro.)&mdash;¿No me
+reconoces, Proclo?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;¡Asclepigenia de mi corazón! ¡Cuán bella estás! Como el medio
+día vence al albor de la mañana, tu beldad de hoy vence a la beldad con
+que hace quince años resplandeciste en Atenas. No dudo que tu alma se
+habrá mejorado y hermoseado también.</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;No lo dudes. También mi alma se ha mejorado y hermoseado.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Sea mil veces enhorabuena. ¿Y de quién es tu alma?</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;En su unidad es del Uno. En todas sus facultades,
+virtudes, potencias y demás atributos, es siempre tuya.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;¿Conque me amas?</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;Te amo. Apenas supe que estabas aquí, he venido a
+buscarte.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Ya no hay peligro.</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;Lo veo.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;¿Viviremos juntos?</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;¿Y por qué no? Poseo un magnífico palacio donde
+albergarte. Serás mi filósofo. Contigo, por medio de la contemplación,
+en alas del entusiasmo y del amor sin mácula, me arrobaré, me extasiaré
+y me perderé en el Uno.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Así sea.</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;Ahora tengo que dejarte. No puedo faltar esta noche en mi
+palacio, donde aguardo visitas. Ve a instalarte allí desde mañana.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;No aspiro a otra cosa.</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;Como supongo que no te habrás venido sin los utensilios
+de tu profesión, mis criados se presentarán aquí con un carromato para
+la mudanza de todos los libros y trastos de hacer milagros, hablar con
+los muertos y atraer a los genios y demonios.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Eres mi providencia terrenal. ¿Cómo pagar tanto cuidado?</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;Amándome.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Con el alma toda.</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;Para despedida, te permito que me des un casto beso en la
+frente.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>. (Besándola con timidez respetuosa.)&mdash;Es la vez primera que la
+tocan mis labios. ¡Cuán regalado favor!</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;¡Adiós, amadísimo Proclo!</p>
+
+<p class="c peq">(Vase)</p>
+
+
+<p class="escena">ESCENA V.</p>
+
+<p class="c peq">PROCLO, EUMORFO.</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;¿Sabes lo que digo, maestro?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Di, y lo sabré. No quiero tomarme el trabajo de adivinar tus
+pensamientos.</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;Pues digo que se me van quitando las ganas de estudiar
+filosofía.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;¿Y por qué?</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;Porque la filosofía vuelve tonto a quien la estudia.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Te equivocas. Lo que hace la filosofía es reforzar las prendas
+que cada uno tiene. Al tonto no le vuelve discreto, ni al discreto
+tonto; pero al discreto le hace discretísimo, y al tonto tontísimo.</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;Salvo el merecido respeto, te declararé entonces que tú propio
+te condenas.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;¿De qué suerte?</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;Porque mostrándote ahora tontísimo con toda tu filosofía,
+debiste de ser tonto en tu vida precientífica: tonto de nacimiento.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;¿Y qué prueba he dado yo de esa tontería superlativa de que me
+acusas?</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;La prueba es tu amor sublime por Asclepigenia.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;¿Qué sabes tú de eso?</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;Conozco a Asclepigenia muy a fondo.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Te alucinas. Quiero dar por supuesto que conoces las potencias
+de su alma, las cuales, en su efusión, han creado para ella un cuerpo
+tan hermoso; pero la esencia eterna de esa alma misma, que es lo que yo
+amo y por lo que soy amado, está en un punto inaccesible para ti.</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;¿Consientes que me valga de un símil?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Valte de cuantos símiles se te ocurran.</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;¿Quién es más dueño del mundo, la emperatriz Pulqueria que le
+gobierna, o tú que le comprendes?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Yo, que le comprendo. Aunque Pulqueria poseyese, no ya sólo
+este planeta que habitamos, sino todos los demás planetas, y los astros,
+y los cielos, no poseería más que un burdo remedo del Universo, tal como
+el Demiurgo le contempla en el Paradigma, antes de sacar la copia o el
+traslado. Pero me inclino a sospechar que eres un majadero, y que no
+entiendes ni entenderás jamás estas cosas.</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;No te sulfures, maestro. Si yo no entiendo esas cosas,
+entiendo otras más fáciles y agradables de entender. Asclepigenia tendrá
+quizá su Demiurgo y su Paradigma misteriosos que tú entiendes y posees;
+pero sus cielos, sus planetas y sus estrellas, son míos desde hace
+algunos meses.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;¿Qué palabra dijiste?</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;Dije que Asclepigenia filosofa contigo; que contigo no quiere
+ni quiso nunca peligrar; pero que conmigo no hay peligro que no
+arrostre.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Por las divinidades superiores e inferiores, que en larga serie
+proceden del Uno, confieso que me duele lo que acabas de descubrirme.
+Sin embargo, todo se explica satisfactoriamente dentro de mi sistema.
+Las cosas son como son; y no pueden ser mejores de lo que son, porque,
+como son, son perfectas según su grado.</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;Consuélate con ese trabalengua.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;¿Y por qué no consolarme? Asclepigenia y yo, con el libre
+albedrío de nuestras almas, dispusimos amarnos, y nos amamos y seguimos
+y seguiremos amándonos eternamente, ayudados del favor divino, que acude
+a nosotros en virtud de la plegaria. Contra esto nada puedes tú; nada
+pueden tus iguales. Hay, a pesar de todo, en la efusión de las potencias
+del alma, algo de corporal que está sujeto al hado. Esto es lo que he
+perdido en Asclepigenia. La fatalidad me lo roba. El libre albedrío de
+ella no ha sido bastante brioso para defenderlo con heroicidad. Pero la
+discordia entre el libre albedrío y el hado será al fin dominada por la
+Providencia, la cual lo purificará todo, reduciéndolo a la celestial y
+maravillosa armonía, que casi toca y se confunde con el Uno
+<i>hiperhipostático</i>.</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;Tu discurso suena tan peregrino en mis profanas orejas, que me
+induce a creer o que eres un prodigio de prudencia semi-divina, o que
+estás loco de atar.</p>
+
+
+<p class="escena">ESCENA VI.</p>
+
+<p class="c peq">DICHOS, MARINO.</p>
+
+<p><span class="smcap">Marino</span>.&mdash;Un respetable anciano pide permiso para entrar a hablarte. Se
+llama Crematurgo. Es el más rico capitalista del imperio. Ha hecho del
+modo más filantrópico la mayor parte de sus riquezas. Ha traficado en
+cierta clase de individuos, que ya dirigen en los alcázares los negocios
+más difíciles, ya sirven sin infundir recelos a los maridos celosos, ya
+cantan como serafines en las iglesias. Retirado ahora de esta
+fabricación y comercio, se dedica a prestar al gobierno y a los
+particulares al cincuenta por ciento al año. Con tales virtudes,
+excelencias y servicios, no debe chocarnos que haya merecido el favor de
+la emperatriz y de sus ministros, los cuales le colman de distinciones.
+Ya le han nombrado conde Palatino y se anuncia que van a crear para él
+el título singular y nuevo de <i>Sebastocrátor</i>.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;¿Y qué pretenderá de mí ese tunante? Vamos, dile que entre y le
+oiremos.</p>
+
+<p>(Vase Marino.)</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;Y yo ¿qué hago?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Escóndete de nuevo donde estabas.</p>
+
+<p class="c peq">(Vase Eumorfo.)</p>
+
+
+<p class="escena">ESCENA VII.</p>
+
+<p class="c peq">PROCLO, CREMATURGO.</p>
+
+<p><span class="smcap">Crematurgo</span>.&mdash;¡Oh faro de las más altas especulaciones! ¡Oh déspota de
+los genios y demás poderes sobrenaturales!...</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Está bien. No me adules. Di qué pretendes de mí.</p>
+
+<p><span class="smcap">Crematurgo</span>.&mdash;Tú, que lo sabes todo, ¿no podrías decirme de qué medio me
+valdré para que mi amada sea mía, solamente mía?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;No llega tan lejos mi saber. Si llegara, le hubiese yo empleado
+en favor mío, que buena falta me ha hecho.</p>
+
+<p><span class="smcap">Crematurgo</span>.&mdash;Veo que tu saber no vale un comino. Harto me lo sospechaba
+yo.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Expon, no obstante, tu caso, y allá veremos si puedo remediarte
+o darte al menos algún consejo útil.</p>
+
+<p><span class="smcap">Crematurgo</span>.&mdash;Yo estoy prendado de la más hermosa mujer que hay en
+Byzancio. Por ella hago descomunales desembolsos. No hay primor, ni
+refinamiento, ni objeto de arte, que ella no logre por mí. He traído
+para ella telas bordadas del país de los Seras, alfombras de Ctesifón,
+perlas y diamantes, papagayos y monos de la India, perfumes y oro de
+Arabia, y chales de Cachemira. Su palacio encierra muebles incrustados
+de marfil y nácar, estatuas de mármol de Paros, vajillas de plata, vasos
+de Nola y jarrones del extremo Oriente, que tienen un barniz desconocido
+en los imperios de persas y de romanos. Ella hace visitas a mi costa en
+silla de manos lindísima, o se pasea o va al circo o al hipódromo en
+reluciente carroza o <i>harmamaxa</i>, tirada por cuatro blancos caballos. En
+fin, nada le falta. ¿Cómo me compondré para que ella no me falte a mí?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Lo discurriremos. Para mayor ilustración del asunto, infórmame
+de quién es esa dama que tan caro te cuesta.</p>
+
+<p><span class="smcap">Crematurgo</span>.&mdash;Es Asclepigenia, la hija del filósofo Plutarco.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;¡Profundos cielos! ¿Quién lo hubiera podido imaginar en la
+vida? Tú eres mi rival.</p>
+
+<p><span class="smcap">Crematurgo</span>.&mdash;¿Tu rival? Pues qué, ¿también a ti te ama? ¿Qué le das tú,
+esqueleto pordiosero y ambulante?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;El alma, la esencia eterna. Pero sabe ¡oh sátiro vetusto! que
+todavía tienes otro rival. Sal, Eumorfo.</p>
+
+
+<p class="escena">ESCENA VIII.</p>
+
+<p class="c peq">DICHOS, EUMORFO.</p>
+
+<p><span class="smcap">Crematurgo</span>.&mdash;¿Qué descaro es este? ¿Cómo te atreves, Eumorfo, a
+presentarte y a rivalizar conmigo? Tengo en mi poder cuatro pagarés
+tuyos vencidos y archivencidos, y voy a ejecutarte mañana.</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;Refrena tu furor, generoso magnate. Yo ignoraba que
+Asclepigenia te perteneciera.</p>
+
+<p><span class="smcap">Crematurgo</span>.&mdash;Sea como sea, lo cierto es que Asclepigenia nos ha burlado
+a los tres galanes. El acaso, ¿qué digo el acaso? la diosa Minerva nos
+ha reunido aquí para desengañarnos. Vamos a ver a Asclepigenia y a
+decirle lo que merece. Ella me aguarda solo. Venid en mi compañía.</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;Vamos.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Vamos.
+<span class="peq">(Proclo toma su báculo de filósofo, y salen juntos los
+tres.)</span></p>
+
+
+<p class="escena">ESCENA IX.</p>
+
+<p class="peqq">Estrado o parastasio rico y elegante en casa de Asclepigenia adornado
+con estatuas y pinturas, e iluminado con lámparas, unas pendientes del
+techo, otras colocadas sobre mesas délficas.</p>
+
+<p class="c peq">ASCLEPIGENIA Y ATENAIS.</p>
+
+<p class="c peq">(La primera aparece reclinada, casi tendida lánguidamente en un
+<i>esquimpodio</i> o silla-larga. Atenais, a su lado, en un taburete.)</p>
+
+<p><span class="smcap">Atenais</span>.&mdash;¿Con que has visto a tu primer amor?</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;Sí, le he visto. Me ha dado lástima. Está flaco, pálido,
+apergaminado. Y luego ¡qué sucio! Doy por cierto que en los quince años
+que ha vivido lejos de mí no se ha lavado una vez sola ni siquiera las
+manos.</p>
+
+<p><span class="smcap">Atenais</span>.&mdash;Ese grave defecto tiene el espiritualismo o misticismo, que
+ahora priva y cunde. Parece que las virtudes a la moda exigen que sean
+puercos los virtuosos.</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;Y no es eso lo peor, sino que se apodera de los ánimos
+una tristeza vaga y sofística que los enerva; tristeza que los antiguos
+apenas conocieron; un menosprecio del mundo y de las dulzuras de la
+vida, que despuebla las ciudades y puebla los desiertos; un desdén del
+bienestar y de la riqueza, que roba brazos a la agricultura y a la
+industria; y una mansedumbre resignada, que amengua el valor del
+ciudadano y del guerrero. Más que Atila y todos los bárbaros, me hacen
+prever estos síntomas la total ruina de la civilización. Pero volviendo
+a la suciedad y descuido en la persona, te aseguro que me ha dado grima
+ver a Proclo. Ofende toda nariz medianamente delicada.</p>
+
+<p><span class="smcap">Atenais</span>.&mdash;Cruel inconveniente es ese si has de vivir con Proclo.</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;Yo sabré remediarle. No me meteré en discusiones ni en
+consejos, sino que, a modo de broma, haré que mañana le cojan dos
+esclavos antes de comer, le soplen en un baño y me le laven y frieguen
+con pasta de almendra, y me le froten con aromoso <i>diapasma</i>. Él mismo
+se sentirá mejor después, y tomará la costumbre de lavarse.</p>
+
+<p><span class="smcap">Atenais</span>.&mdash;Pero, declárate con franqueza; a pesar de está Proclo tan
+viejo, tan estropeado y tan sucio, ¿le amas todavía?</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;Le amo y le adoro. Se me figura que él es la última
+encarnación del maravilloso genio de Grecia. Amándole, se magnífica y
+ensalza todo mi ser, hasta considerarme yo misma como la ciencia, la
+poesía, la civilización griega personificada.</p>
+
+<p><span class="smcap">Atenais</span>.&mdash;En efecto, Proclo es el príncipe de los filósofos. Tu padre
+Plutarco y mi padre Leoncio, notable filósofo también, le veneraban como
+superior a ellos. Comprendo, pues, que ames a Proclo.</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;Una doncella tan sabia, educada con esmero en Atenas; una
+poetisa tan inspirada como tú, en quien veo renacer, en edad temprana,
+las altas prendas de Hipatia, no podía menos de comprender este amor mío
+que descuella sobre mis otros amores.</p>
+
+<p><span class="smcap">Atenais</span>.&mdash;Es un dolor que no pueda ser el único.</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;La culpa, hasta cierto punto, la tiene el pícaro
+misticismo. Por él nos separamos. Sin él hubiéramos vivido juntos,
+hubiéramos sido humanamente amantes y esposos, y ni yo hubiera caído,
+ni Proclo hubiera llegado a ser, con lamentable precocidad, y quedándose
+pobre, un vejestorio tan incapaz, y tan feo.</p>
+
+<p><span class="smcap">Atenais</span>.&mdash;Tu propósito era difícil. No extraño que no hayas podido
+cumplirle. El temple de alma de la emperatriz Pulqueria es rarísimo.</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;¿Qué temple de alma ni qué calabazas? Ella es emperatriz
+y no necesita de un Crematurgo.</p>
+
+<p><span class="smcap">Atenais</span>.&mdash;¿Tiene acaso algún Eumorfo?</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;¡Vaya si le tiene! Nadie lo ignora, menos tú, que estás
+en Babia, y Marciano, que hace la vista gorda.</p>
+
+<p><span class="smcap">Atenais</span>.&mdash;¿Y quién es ese feliz mortal?</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;El lindo y gracioso Paulino.</p>
+
+<p><span class="smcap">Atenais</span>.&mdash;Pues no tiene mal gusto la santa.</p>
+
+<p>(Aparece una sierva.)</p>
+
+<p><span class="smcap">Sierva</span>.&mdash;Señora, Crematurgo pide licencia para entrar.</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;Que entre. (Vase la sierva.)</p>
+
+<p><span class="smcap">Atenais</span>.&mdash;¿Me retiro?</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;Retírate. (Vase Atenais.)</p>
+
+
+<p class="escena">ESCENA X.</p>
+
+<p class="c peq"><span class="smcap">asclepigenia</span>, <span class="smcap">crematurgo</span>, <span class="smcap">proclo y eumorfo</span>. (Asclepigenia se pone de pié
+para recibirlos.)</p>
+
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.-¡Qué agradable sorpresa! ¿Qué significa venir los tres
+juntos a mi casa?</p>
+
+<p><span class="smcap">Crematurgo</span>.&mdash;Envidiable frescura te concedió el cielo. ¿Cómo, al vernos
+entrar juntos a los tres, no tiemblas, no te asustas, no te hundes
+avergonzada en el centro de la tierra?</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;Eso mismo repito yo. ¿Cómo no te hundes en el centro de la
+tierra?</p>
+
+<p><span class="smcap">Crematurgo</span>.&mdash;¡Inicua! Nos estabas engañando a todos.</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;Esto pasa de castaño oscuro. ¡Tres al mismo tiempo!</p>
+
+<p><span class="smcap">Crematurgo</span>.&mdash;¿Qué puedes alegar en tu defensa?</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;Con razón enmudeces.</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;Yo no enmudezco ni con razón ni sin ella. A fin de
+probaros que la razón no me falta, os contaré una parábola, si tenéis
+calma para oírla.</p>
+
+<p><span class="smcap">Crematurgo</span>.&mdash;Cuenta.</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;Te escucho.</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>. (A Proclo, que ha estado y sigue silencioso desde que
+entró.) Y tú, ¿qué dices?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Nada. Te escucho también.</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;En el jardín de este palacio hay un rosal, que estaba
+casi seco y perdido por hallarse en terreno estéril.&mdash;¿Qué necesita? me
+dije yo al contemplarle.&mdash;Mantillo, me respondí. Es menester que de las
+sustancias corrompidas que en el mantillo hay absorba el rosal la savia
+vivificante que ha de dar lozanía, gala y primor a sus hojas y a sus
+flores. Cubrí, pues, con mantillo las raíces y el pié del rosal, y el
+rosal ha reverdecido y florecido como por encanto. La verdura de sus
+hojas es brillante: sus rosas son divinas. Los pétalos de estas rosas
+tienen el color encendido del alba: el centro parece cáliz de oro: en el
+cáliz hay miel. ¿Qué ser delicado, elegante, ligero, bonito, en armonía
+con la rosa, podrá tocar sus pétalos sin marchitarlos, y libar la miel
+del cáliz con la correspondiente suavidad y finura?&mdash;Una aérea, pintada
+y alegre mariposa, pensé yo. Y apenas lo hube pensado y deseado, acudió
+la mariposa más gentil y juguetona que he visto en mi vida; y
+revoloteando en torno de la rosa, se posó en su seno, sin ladear apenas
+el flexible tallo, y libó la miel del cáliz de oro. Noté, sin embargo,
+que esto no bastaba. De la rosa se desprendía exquisita fragancia, que
+iba disipándose por el ambiente y que el céfiro esparcía en sus alas. En
+la rosa había asimismo belleza extraordinaria, reflejo de la idea;
+perfección de formas, que encierra puros pensamientos artísticos. Esto
+sólo puede comprenderlo la inteligencia. Sólo el espíritu puede gozar de
+todo esto. Es así que la mariposa no tiene inteligencia, ni espíritu, ni
+siquiera olfato: luego al rosal le faltaba lo mejor. Sus prendas de más
+valía quedaban sin fin y sin propósito. Entonces vi claro que, si el
+mantillo y la mariposa eran indispensables para el rosal, eran más
+indispensables aún mente elevada, espíritu y conciencia, que le
+comprendiesen y admirasen. Aplicad ahora la parábola y reconoceréis mi
+justificación. Yo soy el rosal; tú, Crematurgo, eres el mantillo; tú
+Eumorfo, la mariposa; y Proclo es la nariz que aspira el aroma y la
+mente que estima la beldad y goza dignamente de ella. ¿Qué culpa
+adquiere el rosal de que nada sea completo en este bajo mundo? ¡Lástima
+es que no se logren mantillo, mariposa, narices y mente en un ser solo!
+Como el rosal requería todo esto y no se hallaba reunido, he tenido que
+buscarlo por separado.</p>
+
+<p><span class="smcap">Crematurgo</span>.&mdash;Pues yo no me avengo. No quiero ser mantillo y nada más.
+¡Adiós, ingrata! (Vase.)</p>
+
+<p><span class="smcap">Eumorfo</span>.&mdash;Tampoco me resigno yo a ser una mariposa ininteligente, sobre
+todo cuando por amor tuyo me había puesto ya a estudiar filosofía.
+¡Adiós infame! (Vase.)</p>
+
+
+<p class="escena">ESCENA XI.</p>
+
+<p class="c peq">ASCLEPIGENIA, PROCLO.</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;Mantillo y mariposa me abandonan. ¿Me abandonarás tú
+también, Proclo mío?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Confieso que mi alma está destrozada. Tal vez haría yo bien en
+huir de tu lado para siempre; pero hay una fuerza que me retiene cerca
+de ti. En balde he querido espiritualizar, santificar la civilización
+antigua, risueña y amante de la hermosura, pero liviana. No acierto, con
+todo, a divorciarme de ella. Soy de ella. Soy tuyo sin remedio. El
+vergonzoso y duro desengaño no mata el amor de mi corazón al derribar
+todo el edificio filosófico que con tanto afán y arrogancia había yo
+levantado. Se me figura que cae sobre mí el justo castigo de la
+soberbia del espíritu. El espíritu se apartó con desdén de la
+naturaleza; quiso elevarse por cima de la inteligencia y de la causa;
+pugnó por ir más allá del ser mismo; aspiró a confundirse con el
+principio inmutable de todo ser. La unión mística, de que tanto me he
+envanecido, fue sin duda ilusión malsana. El principio indefinible del
+ser, con el cual yo creía unirme, y del cual todo lo que se afirma es
+negando, era el no ser: era la nada. Mi supuesta identificación con él
+fue muerte egoísta. No fue la muerte generosa de aquel que, amando la
+vida, sabe darla por el triunfo de una noble idea; por su patria; por la
+felicidad del objeto amado. Mi prurito de perderme en el Uno,
+absorbente, impersonal, que todo lo tiene en sí y nada tiene, es la más
+monstruosa perversión del espíritu. Es no saber vivir y gozar en el seno
+de este vario y bello Universo. Es crear un misticismo contrario al
+amor. Mi misticismo reconcentra el alma: el amor la difunde. Apartado el
+espíritu de la naturaleza, ¿qué se puede esperar sino lo que veo y
+lamento ahora? O el delirio que toma la nada por el principio del ser, o
+la vileza, el rebajamiento, la impura grosería y el brutal apetito de
+goces materiales, triunfantes en la naturaleza, en la sociedad y en todo
+pensamiento, cuando el espíritu los abandona. En cambio, ¿qué vale el
+espíritu que se aparta del mundo real, creyendo adorar lo divino y
+adorándose a sí propio? Ni para resistir los golpes del infortunio más
+vulgar conserva brío suficiente. ¿Qué energía de voluntad me queda? Sólo
+soy capaz de vil y cobarde resignación o de morirme aquí de pena, como
+mujercilla nerviosa. ¡Qué vergüenza! No puedo más. ¡Ay de mí!</p>
+
+<p class="c peq">(Proclo cae desmayado en la silla-larga.)</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;¡Atenais! ¡Atenais! ¡Acude! ¡Oh desgracia! Acude; trae un
+pomo de esencias. ¡Nos quedamos sin filosofía! Ya no hay filosofía
+posible. Ya no hay más que ciencias positivas y prosaicas. Mi filósofo
+se me muere. (Se inclina sobre él y le abraza con la mayor ternura.)
+Huele mal; pero... ¡es tan sabio! ¡es tan bueno!</p>
+
+
+<p class="escena">ESCENA XII.</p>
+
+<p class="c peq">DICHOS, ATESTAIS.</p>
+
+<p class="c peq">(Atenais ayuda a Asclepigenia a cuidar a Proclo, aplicando un pomo de
+esencias a sus narices)</p>
+
+<p><span class="smcap">Atenais</span>.&mdash;Cálmate. No es nada. Ya vuelve en sí.</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;¡Buen susto me he llevado! ¡Pobrecito mío de mi alma!
+¡Qué malo se me puso!</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>. (Se levanta.)&mdash;Perdóname, amiga. Ha sido un momento de
+debilidad. (Reparando en Atenais.) ¿Quién es esta gallarda doncella?</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;Es Atenais, hija de Leoncio.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;¡La hija de mi docto e ilustre amigo!... ¡El cielo te bendiga,
+Atenais!</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;¿Me perdonas, Proclo?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;No hablemos más de lo pasado: olvidémoslo.</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;¿Vivirás conmigo?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;No quiero ni puedo vivir ya sin ti. Tú serás el lucero que
+ilumine con su luz apacible la melancólica tarde de mi existencia. Estas
+blancas y suaves manos (las toma entre las suyas) cerrarán con amor mis
+párpados cuando se junten para dormir el último sueño.</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;Contigo no echaré de menos ni la riqueza, ni la hermosura
+corporal... ¿Qué más hermosura, que más riqueza que el tesoro de tu
+alma? Si es menester, viviremos en la mayor estrecheza. Algo se me
+estropearán las manos de guisar y de remendarte la ropa. La elegancia,
+el esmero, el perfume de aristocrática distinción se desvanecerán casi
+por completo cuando vivamos míseramente. ¿Pero qué importa? ¿Yo poseeré
+tu alma y tú la mía?</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;No ha de ser así. No consentiré que se pierda o que se
+deteriore ni una chispa, ni un átomo de toda esa beldad que te dio
+naturaleza y que el arte ha completado y realzado. Yo ganaré riquezas
+para ti. Para ti tendré hermosura corporal y juventud lozana.</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;No te alucines, Proclo. La juventud que se fue, no vuelve
+nunca. Venus Urania no te visitó sin motivo. En cuanto a la riqueza, doy
+por cierto que no ganarás jamás un óbolo con toda tu filosofía, a no ser
+que apeles al milagro.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Pues bien; al milagro apelo. Ahora vas a ver quién yo soy.
+¡Aquí te quiero, oh Teurgia! Para algo me has de servir. Hasta ahora,
+Asclepigenia idolatrada, has poseído en Eumorfo y en Crematurgo
+hermosura, juventud y riquezas, contingentes, limitadas y caducas. De
+hoy en adelante vas a poseer la juventud, la hermosura y la riqueza, en
+absoluto y para siempre. Guardad silencio religioso. Ya empieza el
+conjuro.</p>
+
+<p class="peq">(Profundo silencio. Proclo, agitando su báculo, traza en le aire
+círculos y otras figuras mágicas, y murmura entre dientes palabras
+ininteligibles. Óyese música celestial, lenta y sumisa. En el centro del
+teatro se va cuajando una brillante y cándida nube, con arreboles de
+carmín, oro y nácar.)</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia y Atenais</span>.&mdash;¡Qué portento!</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Ocultos en esa nube tienes ya, a tus órdenes y para tu
+servicio, en reemplazo de Eumorfo y de Crematurgo, al flechero Apolo, al
+más elegante y bonito de los dioses, y al hijo de Jasión y de Céres, al
+ciego Pluto, dispensador de las riquezas. ¿Quieres que salgan con
+séquitos de musas, gracias, ninfas, y genios, o que salgan solos?</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;Que salgan solos. Ya les iré pidiendo, en la sazón
+conveniente, todo aquello que se me ocurra.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;¡Apareced, dioses!</p>
+
+<p class="peq">(Se abre la nube, y salen de ella, con mucha luz de Bengala, Pluto,
+cojo, ciego y alado, y Apolo, muy bizarro y airoso, con manto de
+púrpura, corona de laurel y lira en mano.)</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;¿Qué más tienes que pedir?</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;Nada. Yo me contentaba con tu amor.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Recapacita, sin embargo, si algo te falta.</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;Si no me motejases de sobrado pedigüeña y exigente, aún
+te pediría una cosa.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;¿Cuál?</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;Que te laves.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;Me lavaré.</p>
+
+<p><span class="smcap">Atenais</span>.&mdash;Ya eres dichosa. Posees ciencia, hermosura, juventud, riqueza
+y hasta aseo. Yo, desvalida y menesterosa, lejos de envidiarte, me
+regocijo.</p>
+
+<p><span class="smcap">Proclo</span>.&mdash;El cielo te premiará, generosa Atenais. Yo, que estoy ahora
+inspirado, leo en el porvenir tu egregio destino. El joven Teodosio, a
+quien educa muy bien su hermana Pulqueria, a fin de que brille en el
+trono imperial, se casará contigo. Así serás emperatriz de Oriente.
+Serás feliz y poderosa sin acudir a la magia; pero tendrás que hacerte
+cristiana. Por último, para que nuestra gloria y nuestra felicidad sean
+más estupendas y vividoras, después que pasen troce o catorce siglos,
+contando desde el día de la fecha, aparecerá en la risueña y fértil
+Bética, cuna de la dinastía reinante y patria de tu abuelo político el
+Gran Teodosio y de otra infinidad de personas eminentísimas, cierto
+escritor ingenioso y verídico, el cual ha de componer sobre los sucesos
+de esta noche un diálogo, donde trate de competir con el divino Platón
+en lo elevado y grave, y con el satírico Luciano en lo chistoso y
+alegre.</p>
+
+<p><span class="smcap">Atenais</span>.&mdash;Mucho me he de holgar si tus vaticinios se cumplen.</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;Y yo también. Temo, sin embargo, que ese diálogo, que
+Proclo anuncia, sea una extravagancia sin amenidad y sin viveza, donde
+nosotros figuremos, no como seres reales, sino como personajes
+alegóricos: donde Proclo y yo representemos la antigua poesía sensual y
+corrompida y el antiguo saber agotado, desesperado y estéril, que para
+seguir viviendo juntos se entregan a brujerías y supersticiones.</p>
+
+<p><span class="smcap">Atenais</span>.&mdash;Si esa alegoría puede tener alguna aplicación cuando el
+diálogo se escriba, tal vez interese el diálogo.</p>
+
+<p><span class="smcap">Asclepigenia</span>.&mdash;Suceda lo que suceda, no debe importarnos mucho. Allá se
+las haya el autor. Nosotros cinco, mortales y dioses, vámonos al
+triclinio, donde tengo preparada una suculenta y bien condimentada cena.</p>
+
+<p><span class="smcap">Mortales y Dioses</span>.&mdash;Vámonos a cenar.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="GOPA" id="GOPA"></a>GOPA</h2>
+
+<p class="c"><b>DIÁLOGO FILOSÓFICO EN TRES CUADROS.</b></p>
+
+<p class="c">&mdash;&mdash;&mdash;</p>
+
+<p class="escena">CUADRO I.</p>
+
+<p class="c peq">La escena es en la ciudad de Capilavastu: 593 años antes de Cristo.</p>
+
+<p class="c peq">Interior del magnífico palacio del Príncipe Sidarta. Es de noche. Cámara
+del tálamo, iluminada por una lámpara de oro.</p>
+
+<p class="c peq">GOPA.&mdash;PRATYAPATI.</p>
+
+<p><span class="smcap">Pratyapati</span>.&mdash;Los más vigilantes siervos del rey Sudonán rondan en torno
+de este palacio. Las puertas de la ciudad están defendidas. No se irá.
+Es menester que no se vaya. Sin él ¿qué será de nosotras? Con igual
+vehemencia le amamos, aunque de manera distinta. Yo le amo como si fuera
+mi hijo. Cuando, a poco de darle vida, murió BU madre Maya Devi, por
+encargo suyo quedó Sidarta a mi cuidado. No quisieron los dioses que
+ella viviese, para que no padeciera lo que nosotras padecemos hoy.</p>
+
+<p><span class="smcap">Gopa</span>.&mdash;Inmenso dolor nos agobia. ¿Por qué anubla su hermosa frente
+irremediable tristeza? ¿Por qué desea abandonarnos? ¿Qué falta, qué
+mengua encuentra en mí? Yo le hubiera preferido a los dioses, como
+Damayanti prefirió a Nal. Mi ventura se cifra en obedecerle con humildad
+y en ser toda suya. ¡Ingrato! Su corazón insaciable no logra aquietarse
+en mi amor. Su noble cabeza jamás reposa tranquila sobre mi seno. Ya no
+me ama. Me juzga indigna de su cariño.</p>
+
+<p><span class="smcap">Pratyapati</span>.&mdash;No te atormentes, ¡oh Gopa! Sidarta te ama. Para él eres tú
+el ser predilecto entre todos los seres. Pero de amor nace su pena. Amor
+es su martirio. Amor le devora, creando en su alma una piedad infinita,
+que no consiente ni deleite, ni goce, ni paz tan sólo. Todos los males
+de la vida pesan sobre su corazón, que abarca en su afecto la vida de
+los tres mundos. Amor, primogénito de la naturaleza, por una fatal
+expansión de su esencia divina, dio ser a cuanto vive; y con la vida
+nacieron el dolor, la pobreza, la enfermedad y la muerte. Se diría que
+Sidarta es la encarnación, el avatar de Amor, que llora y lamenta haber
+creado la vida; que padece en sí cuanto todo ser que tiene vida padece,
+y que anhela retrotraer la vida a la nada para que el padecimiento
+acabe.</p>
+
+<p><span class="smcap">Gopa</span>.&mdash;Efímera es la vida: el padecimiento que de ella nace debe de
+serlo también.</p>
+
+<p><span class="smcap">Pratyapati</span>.&mdash;No, Gopa; la vida no tiene término. La muerte es cambio, no
+fin. Arrastrados en la perpetua corriente, mudamos de forma, pero no de
+esencia, la cual renace o reaparece siempre para el dolor. En este
+sentido, los dioses, los asuras y los hombres son igualmente inmortales.</p>
+
+<p><span class="smcap">Gopa</span>.&mdash;¿Y no hay ningún dichoso?</p>
+
+<p><span class="smcap">Pratyapati</span>.&mdash;Ninguno. La infelicidad es la primera condición de la vida.</p>
+
+<p><span class="smcap">Gopa</span>.&mdash;¿Y por qué Amor creó la vida, y la infelicidad con ella?</p>
+
+<p><span class="smcap">Pratyapati</span>.&mdash;Porque Amor no fue libre. Como del sol brotan los rayos,
+como el agua mana de la fuente, así de Amor brotó y manó la vida. Sólo
+movido de compasión sublime, en virtud de un esfuerzo superior a lo
+humano y a lo divino, recogiéndose en sí con abstracción portentosa,
+logrará Amor recoger también en sí la vida y darle quietud eterna.</p>
+
+<p><span class="smcap">Gopa</span>.&mdash;Veo que piensas como Sidarta. Aplaudes, sin duda, su propósito,
+que yo no comprendo.</p>
+
+<p><span class="smcap">Pratyapati</span>.&mdash;Hasta cierto punto pienso como él; pero su propósito es
+audaz, me parece irrealizable, y por audaz e irrealizable no le aplaudo.
+Si él estuviese llamado, como cree, a ser el libertador de los hombres,
+yo vería y haría con gusto cuantos sacrificios hay que hacer para
+lograrlo.</p>
+
+<p><span class="smcap">Gopa</span>.&mdash;¡Oh Pratyapati! ¡Cuán encontrados sentimientos son los nuestros!
+Si tú le amas como madre, yo, como esposa, como mujer enamorada le amo.
+Este modo de amar es menos fuerte, por lo común, que el amor de madre.
+En el amor de madre hay mucho que nace de las entrañas y que allí se
+arraiga. Por eso, no ya las mujeres, sino las mismas fieras aman a sus
+hijuelos. La mujer enamorada de un hombre, cuando sólo le ama con el
+amor de las entrañas, no le ama más que le ama su madre; pero cuando le
+ama también con el amor del espíritu, le ama mil y mil veces más que la
+madre más amorosa; le idolatra; le mira como a un dios; tiene fe en él;
+le cree capaz de todo lo grande y de todo lo bueno; piensa que de la
+voluntad de él, que es ley para ella, han de nacer el milagro, el bien y
+la bienaventuranza para todos. No sé, no comprendo el propósito de
+Sidarta; pero sé y comprendo que será bueno su propósito, y que le
+logrará, si quiere. Si para que le logre he de hacer yo el mayor
+sacrificio, pronta estoy a hacerle.</p>
+
+<p><span class="smcap">Pratyapati</span>.&mdash;¡Oh desventurada y débil mujer! ¿Qué mísera resignación es
+la tuya? Tú sola puedes detener al Príncipe con la deleitosa cadena de
+tu afecto; mas la veneración que el Príncipe te inspira te excita hasta
+a romper esa cadena. La violencia no bastará a retenerle; pero si tus
+blancos y suaves brazos le cautivan, ¿cómo te apartará de sí para ir a
+donde sueña que su vocación le está llamando? El Rey pone en ti su
+esperanza. No la defraudes. Reten a Sidarta con el hechizo de tu amor y
+de tu hermosura. No le dejes partir.... Siento pasos. Sidarta viene. No
+quiero que me halle aquí. Animo, ¡oh Gopa!</p>
+
+<p class="c peq">(Se va Pratyapati.)</p>
+
+<p><span class="smcap">Gopa</span>.&mdash;Animo.... para detenerle no me falta; no le necesito. Para
+dejarle partir he menester de todo mi valor.</p>
+
+<p class="c peq">(Entra el Príncipe.)</p>
+
+<p><span class="smcap">Sidarta</span> (abrazando a Gopa)&mdash;¡Esposa mía!</p>
+
+<p><span class="smcap">Gopa</span>.&mdash;Dime la verdad. ¿Me amas aún?</p>
+
+<p><span class="smcap">Sidarta</span>.&mdash;Te amo más que nunca.</p>
+
+<p><span class="smcap">Gopa</span>.&mdash;¿Por qué, entonces, estás inquieto, triste y como desesperado?
+¿Por qué no se aquieta en mí tu voluntad?</p>
+
+<p><span class="smcap">Sidarta</span>.&mdash;Si no te amase, mi voluntad no se aquietaría en ti, porque
+buscaría más alto objeto de su amor. Amándote, no se aquieta tampoco,
+porque teme perderte. En breve plazo nos separará el destino, y
+renaceremos bajo nuevas formas para no volver acaso a encontrarnos
+jamás. Y no nos separaremos en la plenitud de la hermosura y de la
+fuerza, jóvenes y robustos aún, sino tal vez marchitos por la vejez y
+sobrecargados de disgustos y enfermedades. Esto hará que el afecto que
+hoy nos tenemos se trueque en desvío y en horror, o dé origen a una
+piedad dolorosa. Pero aunque tú y yo ¡oh hija de Dandapani! lográsemos
+revestirnos de juventud perpetua y disfrutar perenne salud, viviendo
+unidos y enamorados siempre, nunca seríamos felices, como no fuésemos
+egoístas. El dolor de cuanto respira, el padecer de cuanto alienta, la
+muerte de cuanto vive y el espantoso espectáculo de la miseria humana
+acibararían nuestra ventura, o nos harían indignos de gozarla por la
+dureza de nuestros pechos sin compasión y por la sequedad de nuestros
+ojos sin lágrimas.</p>
+
+<p><span class="smcap">Gopa</span>.&mdash;Tus razones son tan poderosas para mí, que no sé cómo responder
+a ellas. Si algún engaño contienen, no seré yo quien te saque del
+engaño; caeré en él contigo. Es cierto: lo sé por experiencia propia: no
+hay dicha cumplida. Ni cuando tú, violentando la dulce modestia de tu
+condición y prestándote al capricho de mi padre, te presentaste a
+competir con mis pretendientes, y en la lucha, en la carrera, en
+disparar flechas y en esgrimir las demás armas, los venciste; ni cuando
+me revelaste que me amabas; ni cuando toda yo fui tuya; ni cuando sentí
+en mi seno agitarse viva tu imagen; ni cuando alimenté a nuestro hijo
+con la leche de mis pechos; ni cuando, sentado en mi regazo, aquel claro
+descendiente de Gotama respondió por vez primera a mi sonrisa con su
+sonrisa y atinó a pronunciar tu nombre y el mío; nunca dejaron de
+acibarar mi contento el temor de perder el bien que le causaba y la
+consideración de que nuestro contento y nuestro bien eran privilegio
+odioso, eran contravención de la ley que condenó a los hombres a general
+infortunio. Pero dime; si me amas, ¿nuestro infortunio no será mayor
+separándonos? ¿Por qué, pues, me huyes? Afirman que nos quieres
+abandonar a todos. ¿Qué propósito llevas? Porque el dolor sea general y
+necesario, ¿hemos de acrecentarle por nuestra voluntad, como lo
+acrecentarás si nos abandonas?</p>
+
+<p><span class="smcap">Sidarta</span>.&mdash;Bien sabes, hermosa nieta de Iksvacú, que por mi voluntad no
+se ha derramado jamás una sola lágrima. ¿Cómo había yo de darte
+voluntariamente el pesar más pequeño? Jamás me apartaría yo de tu lado,
+si esto me fuera lícito; pero no debo ocultártelo por más tiempo: un
+deber imperioso me impulsa a ir lejos de ti.</p>
+
+<p><span class="smcap">Gopa</span>.&mdash;¿No te alucina, no te extravía ese deber?</p>
+
+<p><span class="smcap">Sidarta</span>.&mdash;No es posible que me alucine. Mi resolución no ha sido súbita,
+sino nacida de largas y profundas meditaciones. Yo quiero y puedo
+libertar a los hombres de la miseria, del dolor y de todos los males:
+mostrarles el camino de la redención, redimiéndome yo mismo. Mi
+inteligencia, abstrayéndose de todo, desdeñando los deleites ilusorios
+con que nos brinda el Universo, en la contemplación de sí propia, en el
+éxtasis, irá poco a poco alcanzando la suprema sabiduría, elevándose por
+cima de los dioses y de los asuras, adquiriendo un poder mágico que
+rompa la ley fatal del encadenamiento de las causas; y, por último,
+llegada al colmo de su brío, realizada toda la virtud de su esencia, se
+extinguirá para siempre, como se extingue la llama cuando da al mundo
+toda la luz y todo el calor que están en ella latentes. Mi vida será así
+ejemplo y dechado para los que aspiren, como yo, a salir de la esfera
+tempestuosa de la vida y de las mudanzas sin fin, y busquen la paz
+eterna. Obra fatal de Amor, efusión de su esencia divina fue este
+Universo tan lleno de dolor. Sean obra reflexiva de Amor el
+aniquilamiento, el silencio y el reposo que nos salven del tumulto y de
+la guerra. Limitación y mengua son el fundamento de nuestra vida como
+individuos. Rompamos el límite, completemos el ser para que no tenga
+mengua alguna, y entonces nuestra existencia sin límites, y entera, sin
+mengua ni falta, será como si no fuese.</p>
+
+<p><span class="smcap">Gopa</span>.&mdash;El fin a que caminamos es para los ojos de mi mente tenebroso
+como el abismo. Como en el abismo, hay en él algo que me seduce y que me
+atrae. No penetro, sin embargo, lo que puede ser este fin; pero los
+móviles que a él te llevan son generosos, admirables, dignos de tu alma.
+Sidarta mío, aun cuando fuese errada la dirección que llevas, es tan
+noble el impulso que por ella te ha lanzado, que, lo presiento con
+orgullo, las generaciones futuras por siglos y siglos habrán de
+bendecirte y ensalzarte como al más glorioso de los hombres. Mil tribus,
+naciones y pueblos seguirán tus huellas y aprenderán tu doctrina. Por mi
+amor de esposa, por el amor que tengo a nuestro hijo, quisiera oponerme
+a tu empresa y retenerte a mi lado; pero el amor de tu gloria, que
+reflejará en mí y en tu hijo, me mueve a no impedir tu partida, aunque
+el impedirla estuviera a mi alcance. Ve, pero llévame contigo. Déjame
+primero compartir tus trabajos y después tu triunfo.</p>
+
+<p><span class="smcap">Sidarta</span>.&mdash;No puede ser. Debo partir solo.</p>
+
+<p><span class="smcap">Gopa</span>.&mdash;Mi corazón se deshace de dolor; pero me resigno devotamente. ¿Y
+cuándo, bien mío, ha de ser tu partida?</p>
+
+<p><span class="smcap">Sidarta</span>.&mdash;En el instante, ¡oh hermosa nieta de Iksvacú! Estamos en la
+mitad de la noche. Mira al claro cielo. ¿Ves aquella luz que brilla en
+Oriente? Es mi estrella, que se levanta para iluminarme y guiarme.
+Chandac, mi escudero, tiene enjaezados los caballos. Los que guardan la
+puerta oriental de Capilavastu, por donde ya asoma mi estrella, están
+ganados y me dejarán partir. Queda en paz, ¡oh Gopa!</p>
+
+<p><span class="smcap">Gopa</span>.&mdash;¡Oh señor del alma mía! Tu esclava gemirá abandonada por ti
+mientras viviere. Si no lo repugnas, ya que no a la mujer querida,
+concede el último favor a la madre de tu hijo. Sella mi rostro con tus
+labios.</p>
+
+<p>(Sidarta besa a Gopa en silencio. Gopa le estrecha en sus brazos y le
+besa también. Sidarta se desprende de ella con suavidad y huye. No bien
+Sidarta desaparece, Gopa cae desmayada.)</p>
+
+
+<p class="escena">CUADRO II.</p>
+
+<p class="c peq">Sigue la escena en la ciudad de Capilavastu: 593 años antes de Cristo.</p>
+
+<p class="c peq">Es de día. La misma cámara del tálamo.</p>
+
+<p class="c peq">GOPA y PRATYAPATI.</p>
+
+<p><span class="smcap">Pratyapati</span>.&mdash;Quiero decírtelo, aunque sea dura contigo. No; tú no le
+amas, ya que estaba en tu mano detenerle y le dejaste partir.</p>
+
+<p><span class="smcap">Gopa</span>.&mdash;Él es mi señor; yo, su sierva. No estaba en mi mano detenerle. Su
+voluntad es firme y superior a todos mis halagos; pero, aun pudiendo yo
+detenerle, no le hubiera detenido.</p>
+
+<p><span class="smcap">Pratyapati</span>.&mdash;¿Por qué? ¿Acaso crees en su doctrina?</p>
+
+<p><span class="smcap">Gopa</span>.&mdash;Yo creo en el impulso magnánimo que le mueve, y esto me basta:
+creo en su dulce compasión por todos los seres; en su amor a los
+hombres, a quienes mira como a hermanos, sin distinción de castas; y en
+su deseo vehemente de enseñarles el camino de la virtud y de la paz.
+Sólo no creo en una cosa de las más esenciales que él afirma; y si de
+esto dudo, o más bien, si esto niego, es por lo mucho que le amo. ¿Cómo
+he de creer yo en nuestra incurable miseria, en nuestro inconsolable
+dolor, y en que la actividad de la mente es don funesto, cuando, en el
+colmo de mi amargura, abandonada por él para siempre, todavía vale más
+el recuerdo de la dicha alcanzada y de la honra obtenida en ser suya que
+todo el pesar del abandono en que me deja? ¿Cómo he de creer que la vida
+es un mal, cuando veo y columbro la suya, que ha de ser fuente de tantos
+bienes? ¿Cómo he de apreciar en poco la vida, cuando el precio infinito
+de la vida de él bastará para el rescate del linaje humano? ¿Cómo he de
+llamarme infeliz y no bienhadada, si el fruto de su amor vive en nuestro
+hijo, si la gloria de su nombre me circundará de fulgores inmortales, y
+si el recuerdo de que ha sido mío, de que le he tenido a mis plantas,
+idolatrándome, embelesado en la contemplación de mi belleza, a par que
+lisonjea mi orgullo, es inagotable manantial de consuelo para mi alma?</p>
+
+<p><span class="smcap">Pratyapaty</span>.&mdash;No es hondo el dolor que tan fácilmente halla consuelo. No:
+tú no le amas.</p>
+
+<p><span class="smcap">Gopa</span>.&mdash;Quien no ama ni entiende de amor eres tú, Pratyapati. Porque le
+amo, en el mismo dolor hallo consuelo, y no sólo consuelo, sino deleite
+y gloria. Y mientras el dolor es más intenso, es la dulzura más grata.
+Padecer por él, llorar por él, verse condenada por él a soledad horrible
+y a viudez prematura, es sacrificio santo que hago en aras de su amor y
+que encierra una virtud beatificante. Tú estás más prendada de su
+doctrina que de su persona. Yo adoro su persona, y en parte desecho su
+doctrina. Por amor suyo la desecho. No es funesto don la luz de mi
+inteligencia, ya que alumbra su imagen; no es funesto don mi memoria
+inmortal, ya que su recuerdo vive en ella. Abomino del reposo, de la
+extinción que él busca y desea, y prefiero un tormento sin fin, con tal
+de que viva en mí el rastro del amor que me tuvo. Bajo la presión de mis
+penas dará mi amor su más balsámico aroma, embriagándome el alma, como
+huelen mejor las hierbas y las flores de la selva cuando el villano al
+pasar las ofende y las pisa.</p>
+
+<p><span class="smcap">Pratyapaty</span>.&mdash;Perdóname, ¡oh enamorada mujer! Bien presumía yo que le
+amabas; pero quería medir la energía de tu amor. La he negado, para
+cerciorarme de ella, oyendo tus palabras. Todavía tienes que pasar por
+un amargo trance, y ansiaba yo conocer el brío que hay en ti para
+sufrirle.</p>
+
+<p><span class="smcap">Gopa</span>.&mdash;Antes de su abandono, antes de que esta desgracia me hubiese
+herido el alma, la imaginación medrosa me fingía mayor la pena que iba a
+sobrevenir, y me menguaba los medios de consuelo. Ahora nada hay ya que
+me aterre. El bien que he gozado y perdido mitiga y aun endulza con sus
+dejos toda la amargura del mal presente. Mi corazón es cual vaso que ha
+contenido un licor oloroso y de sabor gratísimo. El licor se ha
+derramado, pero lo más sustancial y rico que en él había quedará para
+siempre en el fondo del vaso e incrustado en sus paredes interiores, y
+trocará en miel el acíbar que en él se ponga, y en bálsamo el veneno.</p>
+
+<p><span class="smcap">Pratyapaty</span>.&mdash;Me tranquilizo al notar que el amor que tienes a Sidarta te
+da energía para sufrirlo todo. Sabe, pues, que fue en vano que el Rey
+enviase en su persecución a sus más fieles servidores. No han podido dar
+con él. Sidarta se ha perdido en el seno de impenetrable y sombría
+floresta. Allí no es ya el príncipe Sidarta, sino el áspero penitente
+Sakiamúni. Su elegante traje le trocó por el traje de un mendigo. La
+negra y rizada cabellera que ceñía sus cándidas sienes, formando undosos
+y perfumados bucles, se la cortó él mismo, y te la envía como último
+presente. El escudero Chandac tiene el encargo de entregártela, y ya se
+adelanta a cumplirle, si le dejas penetrar hasta aquí.</p>
+
+<p class="c peq">(Gopa hace seña de que entre, y entra Chandac, trayendo en un plato de
+oro la cabellera de su tenor.)</p>
+
+<p><span class="smcap">Gopa</span> (tomando en sus manos el plato de oro y colocándole sobre el
+tálamo.)&mdash;¡Cuántas veces, amados cabellos, cuando estabais aún prendidos
+en su cabeza, os besaron mis labios y os acariciaron mis manos! Ya
+estáis muertos y separados de él. Estáis muertos porque no tenéis
+memoria y no le recordáis. Yo también, separada de él como vosotros,
+arrancada de él como la flor de su tallo, carecería de vida, si mi vida
+no fuese su recuerdo.</p>
+
+<p><span class="smcap">Pratyapaty</span>.&mdash;¿Y por qué no también la esperanza de que volverás a verle?</p>
+
+<p><span class="smcap">Gopa</span>.&mdash;Porque el recuerdo es verdadero y leal, y la esperanza falsa y
+engañosa; porque el recuerdo evoca para mí a Sidarta, enamorado, tierno,
+humano conmigo; todo él para mí, y toda yo para él; mientras que la
+esperanza me niega para siempre a Sidarta, y sólo me ofrece ahora a
+Sakiamúni, y más tarde, cuando Sakiamúni alcance su última victoria, a
+un ser incomprensible, más luminoso que los astros, y mayor en poder que
+los dioses, pero inferior a Sidarta, joven, hermoso y enamorado.</p>
+
+<p><span class="smcap">Pratyapati</span>.&mdash;¡Pero Sidarta será el Buda libertador de los hombres!</p>
+
+<p><span class="smcap">Gopa</span>.&mdash;Jamás el Buda valdrá para mí lo que Sidarta valía. Reniego de la
+libertad que el Buda me dé, y la trueco mil veces por la esclavitud con
+que Sidarta me esclavizaba. Doy la fría calma que la doctrina del Buda
+me proporcione por la agitación y la guerra amorosa que, con las
+caricias, los rendimientos, los celos, la ausencia y hasta los desdenes
+de Sidarta, me han perturbado y atormentado.</p>
+
+
+<p class="escena">CUADRO III.</p>
+
+<p class="c peq">La escena es en la ciudad de Francfort sobre el Mein, 1866 años después
+de Cristo, y 2488 después de Buda.</p>
+
+<p class="c peq">Habitación del doctor Seelenführer. Es de noche. Una lámpara de petróleo
+ilumina la estancia, donde hay mucho librote.</p>
+
+<p class="c peq">El doctor <span class="smcap">seelenführer</span> y el <span class="smcap">autor</span>.</p>
+
+
+<p><span class="smcap">Autor</span>.&mdash;Aseguro a V., mi querido doctor Seelenführer, que cada día estoy
+más encantado de haber contraído con usted estas relaciones amistosas.
+Oyendo a V. comprendo el movimiento intelectual de Alemania, en lo que
+tiene de más hondo, y por consiguiente el de toda Europa, porque (¿cómo
+no confesarlo?) Alemania es nuestro norte en ciencias y en filosofía,
+casi desde Leibnitz, y sobre todo desde Kant. Usted es un resumen vivo
+de cuanto ahora se sabe o se supone que se sabe: usted es un sabio a la
+última moda. Todo esto me divierte mucho, porque no puede V. figurarse
+lo aficionado que soy a la filosofía; pero confieso que hay dos cosillas
+que me afligen.</p>
+
+<p><span class="smcap">Seelenführer</span>.&mdash;Dichoso V., a quien sólo afligen dos cosillas. ¡A mí me
+afligen y me desesperan todas!</p>
+
+<p><span class="smcap">Autor</span>.&mdash;Pues justamente es ésa una de las cosillas que me afligen: el
+que a V. le aflijan todas y le desesperen. De lo que antes yo gustaba
+más, en la filosofía alemana, era del optimismo. Desde el doctor
+Pangloss hasta hace poco (al menos yo así lo entendía) han venido siendo
+optimistas los grandes filósofos. El ser llorones se dejaba a los poetas
+exóticos, como Byron y Leopardi. En Alemania, ni los poetas siquiera
+eran quejumbrosos y desesperados. En el más grande de todos, en Goethe,
+celebro yo con singular contentamiento cierta alegría reposada y
+majestuosa y cierta olímpica serenidad. Pero ¡amigo mío! ¡cómo ha
+cambiado todo! Lo que ahora priva es la filosofía de la desesperación.
+La poesía la precedió en este camino, el cual, seguido poéticamente,
+confieso que me encantaba. Cuando yo era mozo y estudiante, ¿quién no
+hacía versos desesperados? Los versos desesperados eran como blasfemias
+y reniegos de las personas atildadas y cultas. Había uno perdido al
+juego la mesadita de 30 ó 40 duros que le enviaba su papá; había
+estudiado tan poco, que había salido suspenso y le habían dejado para el
+cursillo; la hija de la pupilera, o la pupilera misma, le había plantado
+y preferido a otro huésped; en cualquiera de estos casos, o de otros por
+el estilo, leer o hacer versos desesperados a lo Byron, a lo Leopardi o
+a lo Espronceda, era un desahogo, con el cual se quedaba sereno el vate
+o genio en agraz, y comía luego con más apetito que nunca. El asunto es
+mil veces más serio en el día. La desesperación no se muestra en
+jaculatorias y raptos líricos, más o menos elegantes y poco metódicos,
+sino que se deduce de todo un sistema dialéctica y sabiamente
+construido. Confiese V. que esto es lastimoso. Si el término del
+progreso no es la desesperación momentánea, poética y romántica de un
+poeta impresionable, sino la desesperación reducida a reglas y
+demostrada como una serie de teoremas de Geometría, convenga V. en que
+debemos maldecir el progreso. Aquí tiene V., pues, las dos cosillas que
+me afligen. Los dos artículos principales de mi fe filosófica quedan
+destruidos con la filosofía a la moda: la fe en el optimismo y la fe en
+el progreso. ¿No sería puerilidad ridícula alegar, como prueba del
+progreso, el que vamos ahora en ferro-carril o en tranvía, en vez de ir
+a pié o a caballo; el que los retratos en fotografía salen baratos; el
+que se teje con prontitud y primorosamente por medio de máquinas de
+vapor, y el que envíamos a decir a escape lo que se nos antoja por medio
+del telégrafo, si en lo esencial estamos, de un modo sistemático,
+pertinaz y dialéctico, desesperados y dados a todos los demonios?</p>
+
+<p><span class="smcap">Seelenführer</span>.&mdash;¿Y por qué ha de ser puerilidad ridícula? ¿Quién, que
+penetre en lo esencial, cree que el progreso pasa de los accidentes a la
+esencia? El telégrafo, el vapor, la fotografía, los cañones rayados son,
+pues, el progreso.</p>
+
+<p><span class="smcap">Autor</span>.&mdash;Yo entendía, sin embargo, que el objeto y fin de la filosofía
+era la bienaventuranza, y el término del progreso la perfección del
+hombre hasta llegar a la bienaventaranza deseada: a su ideal, en el
+sentido más lato. Así, pues, no puedo convencerme de que caminamos hacia
+la bienaventuranza, cuando veo que, no sólo estamos desesperados, sino
+que es tonto probadísimo, hombre ajeno a la filosofía, acéfalo o
+microcéfalo insipiente, el que no se desespera.</p>
+
+<p><span class="smcap">Seelenführer</span>.&mdash;Esa desesperación, hoy más vivamente sentida que en otras
+edades, es la prueba más clara del progreso. Cuando el viandante va
+acercándose al fin de su jornada pica y da de espuelas a su caballo para
+acabarla pronto y descansar. Así el progreso, que va caballero en la
+humanidad, la pica y la espolea para que llegue y se repose cuanto
+antes.</p>
+
+<p><span class="smcap">Autor</span>.&mdash;¿Y cuál es la posada a donde el progreso nos lleva?</p>
+
+<p><span class="smcap">Seelenführer</span>.&mdash;Nos lleva a la nada; al fin del Universo y de toda la
+vida; a la extinción del egoísmo y al triunfo del amor, que es la
+muerte. No le quepa a V. la menor duda: la ciencia llegará a poder
+destruir toda esta pesadilla horrible del Universo, que es lo que nos
+conviene. En el no ser nos aquietaremos todos y cesará esta lucha
+incesante por la vida que traemos ahora, ya valiéndonos de la fuerza, ya
+de la astucia. ¡Cesará el dolor y se extinguirá el deseo! ¡Qué paz tan
+hermosa!</p>
+
+<p><span class="smcap">Autor</span>.&mdash;Guárdesela V. para sí; que yo no la quiero.</p>
+
+<p><span class="smcap">Seelenführer</span>.&mdash;Pues no hay otro remedio. Para todos vendrá. Es el único
+fin de nuestros males. La <i>idea</i> de Hegel, después de llegar a su total
+desenvolvimiento, por medio de mil y mil evoluciones y determinaciones,
+se replegará sobre sí misma con toda la plenitud del ser, sin algo que
+la límite y determine, y será el no ser. La esencia de los krausistas se
+realizará toda, y la realización de la esencia será la nada. La
+<i>voluntad</i> de Schopenhauer, este prurito, este amor primogenio, que lo
+ha sacado todo de sí, como representación y fantasmagoría, dará fin a la
+representación trágica de la vida, y lo volverá a encerrar todo en sí.
+Mientras llega este día dichoso, en que ha de acabar la vida, crea usted
+que los adelantamientos científicos sirven de mucho para hacerla menos
+intolerable.</p>
+
+<p><span class="smcap">Autor</span>.&mdash;Póngame V. algún caso.</p>
+
+<p><span class="smcap">Seelenführer</span>.&mdash;Pondré uno o dos de los más capitales, pero será menester
+cierta explicación previa.</p>
+
+<p><span class="smcap">Autor</span>.&mdash;Pues dé V. la explicación.</p>
+
+<p><span class="smcap">Seelenführer</span>.&mdash;Ya V. sabe que pasó la edad de la fe.</p>
+
+<p><span class="smcap">Autor</span>.&mdash;Sea, pues V. lo asegura.</p>
+
+<p><span class="smcap">Seelenführer</span>.&mdash;Los hombres, en esta edad de la razón, no pueden dejarse
+llevar para sus actos del temor ni de la esperanza de premios o de
+castigos ultramundanos. Los hombres son autonómicos. Ellos mismos se
+imponen las leyes que quieren, las derogan cuando gustan, y se absuelven
+cuando las infringen. No hay ser superior al hombre, que legisle y
+juzgue, salvo un fantasma que tal vez crea la conciencia y proyecta
+fuera de sí, agrandándole, como la figurilla pintada en el vidrio de una
+linterna mágica se agranda al proyectarse en la pared, a causa de la
+oscuridad. Traiga V. una luz clara, y la figura grande que había en la
+pared desaparece, y sólo queda la figura pequeña dentro de la linterna.
+Así la proyección del fantasma que había en nuestra mente, y que nos
+fingíamos en lo exterior, inmenso, infinito, se borra, se desvanece del
+todo, ante las claras luces del siglo en que vivimos.</p>
+
+<p><span class="smcap">Autor</span>.&mdash;Enhorabuena. ¿Y qué?</p>
+
+<p><span class="smcap">Seelenführer</span>.&mdash;Los hombres, pues, no tienen para sus actos sino dos
+móviles, o, mejor dicho, uno solo, que se bifurca: lo que los
+positivistas ramplones llaman la utilidad. La bifurcación consiste en
+que unos buscan la utilidad exclusiva de ellos, y otros, los menos, la
+utilidad de todos. Esto no implica mérito ni demérito en el hombre: todo
+está predeterminado: todo es fatal: todo es obra de esa voluntad
+inconsciente, de ese prurito que creó el mundo, y que se agita en
+nosotros y nos impulsa: a unos a la devoción, al sacrificio, negando al
+individuo por amor al todo; a otros al egoísmo, procurando la
+conservación, el deleite y el bienestar del individuo, a despecho y tal
+vez en perjuicio de la totalidad. Nace de aquí que no poca gente de la
+más ruda, menesterosa y fiera, alentada y capitaneada por espíritus
+inquietos, trate de subvertirlo todo por envidia o por codicia, en
+virtud de teorías que se llaman, por ejemplo, socialismo, comunismo y
+nihilismo. ¿Cuál es el mejor modo de evitar esto? Aquí de la sabiduría,
+ha dicho mi docto amigo Ernesto Renan; y ha discurrido un medio, que
+pronto ofrecerá a los sabios en un libro precioso. Consiste su medio en
+que los sabios se reúnan en corporación o cofradía; se comuniquen sus
+inventos sin que el público los trasluzca, volviendo a la época de las
+ciencias ocultas y de la magia; y, no bien chiste la plebe, se alborote
+o no los deje en paz, reciba su merecido, produciendo los sabios contra
+ella, ya un buen terremoto, ya una inundación o un diluvio, ya una
+epidemia, ya un par de volcanes en actividad, ya otra plaga por el
+estilo. Así llegará al cabo el gobierno de los sabios: todos los que no
+lo sean nos obedecerán y temblarán, y el mundo estará lo menos mal
+posible. Seguirá entre tanto progresando la ciencia, y no bien logremos
+poseerla del todo, acabaremos este drama del Universo y de la historia
+con un suicidio colosal, o mejor expresado, con un <i>totalicidio</i> y
+aniquilamiento de cuanto existe. El otro caso de ventajas que ha de
+traernos la ciencia es el de dar una nueva religión a la plebe
+ignorante. La ciencia y la filosofía niegan a Dios; pero los que no son
+científicos ni filósofos es menester que le tengan. Esto nos conviene.
+La religión será, pues, nuestra misma filosofía, expuesta, no ya en
+términos dialécticos y con método, sino en imágenes, símbolos, alegorías
+y otras figuras retóricas, cada una de las cuales tomará consistencia en
+la fantasía del vulgo y será una persona divina, un ente mitológico,
+Dios en suma. Ya varios amigos míos andan por esta manera confeccionando
+la religión del porvenir. Difícil es la empresa; pero ¿qué no puede la
+ciencia novísima? Yo creo que acabará por salirse con la suya.</p>
+
+<p><span class="smcap">Autor</span>.&mdash;Y dígame V.: ¿se va ya entreviendo a cuál de las religiones
+positivas, existentes hasta hoy, se parecerá más la religión del
+porvenir?</p>
+
+<p><span class="smcap">Seelenführer</span>.&mdash;Vaya si se entreve. Se parecerá, al budismo.</p>
+
+<p><span class="smcap">Autor</span>.&mdash;Hombre, me alegro. Buen lazo de fraternidad, así que seamos
+budistas, vamos a tener con más de doscientos millones de ellos que hay
+en Asia y en Oceanía. Pero me alegro también por otra razón.</p>
+
+<p><span class="smcap">Seelenführer</span>.&mdash;¿Por cuál?</p>
+
+<p><span class="smcap">Autor</span>.&mdash;Porque estoy escribiendo un diálogo, donde Gopa, la mujer de
+Buda, es la heroína, y no sé cómo terminarle. Usted, que ya es casi
+budista, debe de tener vara alta con Gopa. ¿Podrá V. evocarla y hacer
+que yo hable con ella?</p>
+
+<p><span class="smcap">Seelenführer</span>.&mdash;No hay nada más llano. Antes de todo, quiero que sepa V.
+que yo no soy un espiritista adocenado, sino el más ilustre de los
+espiritistas. Yo he hecho dar un paso gigantesco al espiritismo. En
+primer lugar, le he conciliado con mis ideas a lo Schopenhauer. Mi
+escepticismo, a fuerza de negarlo todo, nada niega. La misma duda cabe
+en que V. sea ilusión o realidad, que en que Gopa, aparecida ahora ante
+nosotros después de cerca de veinticinco siglos de muerta, sea realidad
+o ilusión. Los puros materialistas son necios. Por medio de
+combinaciones y operaciones físicas y químicas de lo que llaman materia,
+y donde sólo ven o pretenden ver la realidad, se jactan de explicar el
+espíritu, la voluntad, la inteligencia y el deseo, que ellos creen
+cualidades o resultados; y la verdad es que el resultado, tal vez
+aparente, es la materia, y que de la voluntad y del entendimiento, única
+cosa real, si hay algo real, es de donde procede todo. Así, pues, no hay
+fundamento alguno para negar que existan aún la mente y la voluntad
+individuales de Gopa, aunque los órganos que esta voluntad y esta mente
+se proporcionaron o se crearon para su uso, en cierta época dada, hayan
+desaparecido.</p>
+
+<p><span class="smcap">Autor</span>.&mdash;De eso no tiene V. que convencerme. Yo creo en la inmortalidad
+de las almas. Lo que se me hace duro de creer es que ni V. ni nadie las
+evoque.</p>
+
+<p><span class="smcap">Seelenführer</span>.&mdash;Yo no trataba de convencer a V. Quería sólo justificarme
+de haber incurrido en contradicción. Por lo demás, V. se convencerá de
+mi poder nigromántico. Gopa aparecerá y hablará con V. ahora mismo. No
+en vano me apellidan Seelenführer, que equivale en griego a Psicopompo o
+conductor de almas, epíteto dado a Hermes, tres veces grande, y a otros
+hábiles taumaturgos de la antigüedad.</p>
+
+<p><span class="smcap">Autor</span>.&mdash;Y dígame V., ¿por qué <i>medio</i> se comunicará Gopa conmigo?</p>
+
+<p><span class="smcap">Seelenführer</span>.&mdash;Por la perla de los <i>medios</i>. Mi <i>medio</i> es una paisanita
+de V., una lozana andaluza, cuyo nombre es Carmela, a quien hallé, cinco
+años ha, extraviada en Homburgo, haciendo sortilegios, que no le salían
+bien, al rededor de una mesa de treinta y cuarenta. Desde entonces está
+conmigo y se ha <i>mediatizado</i>, ejerciendo la <i>mediania</i> de un modo que
+no tiene nada de <i>mediano</i>, y sí mucho de nuevo. Yo embargo
+magnéticamente su espíritu, y queda su cuerpo como casa deshabitada,
+donde el espíritu evocado penetra, se infunde, y, valiéndose de los
+órganos de ella, emite la voz con sus pulmones y garganta, y articula
+palabras con su boca.</p>
+
+<p><span class="smcap">Autor</span>.&mdash;Amigo mío, estoy encantado de oírle. Linda invención la de V.
+Eso sí que me gusta, y no aquella pesadez de los golpecitos en las mesas
+y de la escritura después. Vea yo cuanto antes a Carmela.</p>
+
+<p><span class="smcap">Seelenführer</span>.&mdash;Aguarde V. un momento. (Hace ciertos ademanes y pases con
+las manos, como quien vierte por ellas diez chorros de fluido
+magnético.) Ya está Carmela dormida. Ahora evoquemos el espíritu de Gopa
+para que se infunda en el lindo cuerpo de Carmela. ¡Gopa! ¡Gopa!</p>
+
+<p>(Se abre la puerta que debe de haber en el fondo, y Gopa aparece, toda
+vestida de blanco, muy guapa moza, aunque algo morena, y con los
+hermosos, largos y negros cabellos, sueltos por la espalda.)</p>
+
+<p><span class="smcap">Gopa</span>.&mdash;¿Qué me quieres?</p>
+
+<p><span class="smcap">Seelenführer</span>.&mdash;Que respondas a lo que este caballero te pregunte.</p>
+
+<p><span class="smcap">Gopa</span>.&mdash;¿Qué he de responder? No: yo no quiero responder a nadie. Acabas
+de herirme, de emponzoñarme el corazón. Hace veinticinco siglos que
+gozaba yo con el recuerdo de Sidarta, noble, generoso y enamorado. Su
+último casto beso, el de la noche en que se despidió de mí, estaba en lo
+íntimo de mi ser como luz celestial que le iluminaba. Todo mi encanto se
+destruye ahora. Yo no he vuelto a ver a Sidarta. No he vuelto a saber de
+Sidarta en todo este tiempo. ¿Conseguiría su propósito? me he preguntado
+a veces. ¿Lograría escaparse de la esfera de la vida y hundirse en el
+<i>nirvana</i>? En el mundo de los espíritus me he encontrado con muchos
+espíritus, y nunca con el de Sidarta. He aprendido mil verdades. He
+conocido el error de Sidarta, pero mi afecto tenía razones para
+disculparle. En Capilavastu, allá en el centro de la India, seis siglos
+antes de que viniese al mundo Nuestro Señor Jesucristo, nada sabíamos de
+Dios; no alcanzábamos que hubiese un Ser omnipotente, bueno,
+infinitamente sabio, principio y fin de todas las cosas. Nuestros dioses
+eran los astros, los elementos, las fuerzas naturales personificadas;
+dioses ciegos, sin amor y sin inteligencia; sin libertad; esclavos del
+destino; inferiores a la naturaleza; muy inferiores a toda alma humana.
+¿Qué mucho que con este ateismo por deficiencia, con este
+desconocimiento infantil del Ser supremo, y movido Sidarta de caridad
+sublime, imaginase su absurda aunque benévola doctrina? Pero en la culta
+Europa, en el siglo XIX, sabiendo ya cuanto los profetas de Israel han
+revelado, cuanto han especulado racionalmente los filósofos de Grecia
+sobre Dios personal, y cuanto nos han enseñado el Evangelio y la ciencia
+moderna, que de él dimana, es una mala vergüenza hacerse ateos, caer en
+la desesperación y retroceder al budismo. Imagina, pues, cuán hondo será
+mi dolor cuando en ti, que te llamas ahora el doctor Seelenführer,
+acabo de reconocer a mi Sidarta, a mi Sakiamúni y a mi Bagavat, porque
+todos estos nombres te dábamos. Tú no caes en ello; pero no lo dudes: tú
+fuiste el Buda y quieres volver a serlo. Entonces, como era en sazón
+oportuna, fuiste un grande hombre; hoy me pareces un charlatán o un
+mentecato, y o te desprecio, o te abomino. Adiós para siempre. Para
+siempre acabaron ya nuestros amores.</p>
+
+<p class="c peq">(El espíritu de Gopa abandona, a lo que puede inferirse, el cuerpo de
+Carmela, que cae por tierra como exánime.)</p>
+
+<p><span class="smcap">Autor</span>.&mdash;¿Qué es esto, amigo Seelenführer? ¿Es verdad o mentira? Si es
+burla de Carmela, es burla harto pesada, y si son veras, las veras son
+más pesadas aún.</p>
+
+<p><span class="smcap">Seelenführer</span> (atolondrado).&mdash;¿Si habré sido yo el Buda? ¿Si estaré loco?
+¿Si se burlará de mí esta muchacha? (Se acerca a Carmela para levantarla
+del suelo.) Está fría como el mármol. ¡Qué desmayo tan horrible! ¿Si
+estará muerta? Carmela, Carmela, vuelve en ti.</p>
+
+<p><span class="smcap">Carmela</span>
+<span class="peq">(volviendo de su desmayo y levantándose.)</span>¡Ay, Jesús mío!</p>
+
+<p><span class="smcap">Seelenführer</span>.&mdash;Muchacha, respóndeme con franqueza. ¿Te has estado
+burlando de mí? ¿Qué diabluras son las tuyas?</p>
+
+<p><span class="smcap">Carmela</span>.&mdash;¿Qué diabluras han de ser sino las que V. hace conmigo y que
+al fin han de costarme caras? He tenido una pesadilla feroz; me he caído
+redonda en el suelo, y estoy segura de que tengo el cuerpo lleno de
+cardenales.</p>
+
+<p><span class="smcap">Seelenführer</span>.&mdash;¿Y no recuerdas nada de lo que has dicho?</p>
+
+<p><span class="smcap">Carmela</span>.&mdash;Nada recuerdo. Déjeme V. ahora. Tengo necesidad de descanso.</p>
+
+<p class="c peq">(Carmela se va.)</p>
+
+<p><span class="smcap">Autor</span>.&mdash;Mi querido Doctor: yo no sé qué pensar de lo que acabo de ver y
+oír; pero, francamente, todos estos pesimismos, ateismos y espiritismos
+me parecen malsanos y disparatados.</p>
+
+<p><span class="smcap">Seelenführer</span>.&mdash;Ya sabía yo que V. pensaba así V. es un metafísico
+superficial, burlón y escéptico, que no sabe lo que se pesca.&mdash;Usted es
+un descreído, anticuado en más de cien años; un discípulo de Voltaire.</p>
+
+<p><span class="smcap">Autor</span>.&mdash;Seré lo que a V. se le antoje. Aunque no he tomado a Voltaire
+por maestro, Voltaire me divierte, y los pesimistas alemanes me aburren.
+Voltaire, a pesar del <i>Cándido</i>, no era un pesimista radical. Voltaire,
+en el fondo, era tan optimista como Leibnitz, de quien quiso burlarse.
+Fácil me sería demostrarlo, si no estuviese de priesa. Y en cuanto al
+descreimiento, digo que Voltaire jamás negó con seriedad las más altas
+y consoladoras verdades, de que son fundamento la existencia de Dios, su
+justicia, su providencia, y la libertad y responsabilidad del hombre. Me
+atrevo, por último, a dar por evidente que, si Voltaire hubiera previsto
+los abominables y desesperados sistemas de estos últimos tiempos, en vez
+de hacer la guerra al cristianismo, se hubiera hecho amigo de los Padres
+Jesuitas, hubiera oído una misa diaria, hubiera ayunado una vez por
+semana, y se hubiera confesado cada mes un par de veces.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="SANTA" id="SANTA"></a>SANTA</h2>
+
+<p class="c"><b>(EPISODIO DEL MAHABHARATA)</b></p>
+
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 3em;">El rey de Anga, Lomapad glorioso,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">A un brahmán ofendió, no dando en premio</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">De un sacrificio lo que dar debiera.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Irritados entonces los brahmanes,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Salieron todos de su reino: el humo</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Del holocausto al cielo no subía;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Indra negaba la fecunda lluvia,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y la miseria al pueblo devoraba.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Lomapad, consternado, saber quiso</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">El parecer de los varones doctos,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y los llamó a consejo, y preguntoles</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Qué medio hallaban de aplacar la ira</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Del Dios que lanza el rayo y amontona</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">En el cielo del agua los raudales.</span><br />
+<span style="margin-left: 3em;">Mil sentencias se dieron; mas al cabo</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">El más prudente de los sabios dijo:</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">&mdash;Escucha ¡oh rey! mientras brahman no haya</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Que sacrificio en este suelo ofrezca,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Indra no saciará la sed abriendo</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">El líquido tesoro de las nubes.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Los brahmanes, movidos del enojo,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Al sacrificio no se prestan. Oye</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Para cumplir el venerando rito</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Cómo hallar sólo sacerdote puedes.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">En la fértil orilla del Kausiki,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">En lo esquivo y recóndito del bosque,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Del trato humano lejos, su vivienda</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Vinfandák tiene, el hijo de Kasyapa,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Brahman austero y penitente. Vive</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">En el yermo con él su único hijo,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">El piadoso mancebo Risyaringa.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">No vio a más hombre que a su padre nunca;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Sólo frutos silvestres, hierbas sólo</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y licor sólo que entre rocas mana,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Alimento le dieron y bebida.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Tan inocente y puro es el mancebo,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Que de lo qué es mujer no tiene idea.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Manda, pues, rey, que una doncella hermosa</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Vaya al bosque, le hable, y con hechizos</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">De amor, cautivo a la ciudad le traiga.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">No bien sus pies en tus sedientos campos</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">La huella estampen, no lo dudes, Indra</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Dará propicio el suspirado riego.</span><br />
+<span style="margin-left: 3em;">Así habló el sabio, y su atinado aviso</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Agradó mucho al rey. Dinero y honras</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Prometió Lomapad a la doncella</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Que hábil trajese al candoroso joven:</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Pero todas miraban con espanto</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">De Vifandák la maldición horrible,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y exclamaban:&mdash;¡Oh príncipe! perdona;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">No llega a tal extremo nuestra audacia.</span><br />
+<span style="margin-left: 3em;">En tanto, iban mostrándose tan fieras</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">La sequía y el hambre, que perdieron</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Toda esperanza el rey y sus vasallos,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Cuando Santa, del rey única hija,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Virgen por su beldad maravillosa,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Modestamente se acercó a su padre</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y así le habló:&mdash;Si quieres, padre mío,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Yo he de intentar que venga a nuestra tierra</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">El joven que no vio seres humanos.</span><br />
+<span style="margin-left: 3em;">Con gran contento el rey escuchó a Santa,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y al instante dispuso que una nave</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Se aprestara, de flores y verdura</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Cubierta por doquier, como retiro</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Feraz de bienhadados penitentes.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Peregrinando en ella con su hija,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Fue contra la corriente del Kausiki</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Hasta llegar al prado y a la selva,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Mansión de Vifandák el solitario.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Con discretos consejos de su padre</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Para tan ardua empresa apercibida,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Santa desembarcó, y entró en la choza</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Do el mancebo por dicha estaba solo.</span><br />
+<span style="margin-left: 3em;">&mdash;Dime, <i>muni</i>, le dijo, si te place</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">La penitencia aquí. ¿Vives alegre</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">En esta soledad? ¿Tienes en ella</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Abundancia de frutos y raíces?</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">&mdash;Tengo, contestó el joven; mas ¿quién eres</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Que como llama refulgente luces?</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Bebe del agua mía: te suplico</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Que mis flores aceptes y mis frutos.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">&mdash;Allá en mi soledad, replicó Santa,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Al otro lado de los altos montes,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Nacen flores más bellas y olorosas,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Son los frutos más dulces, y es más clara</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y más salubre el agua de las fuentes.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">&mdash;¡Oh huésped celestial! dijo el mancebo;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Algún ser superior eres sin duda.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Yo me postro a tus plantas y te adoro</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Como adorar debemos a los dioses.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">&mdash;¡Ah, no! tú eres mejor, tú eres perfecto,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y adorarme no debes: yo rechazo</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">La no fundada adoración: permite</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Que te dé paz como se da en mi patria.</span><br />
+<span style="margin-left: 3em;">Cediendo en parte entonces al consejo</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Discreto de su padre, y al impulso</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Del corazón también, Santa la bella</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Al cuello del garzon echó los brazos,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y le dio un beso, y llena de sonrojo</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Huyó a la nave do su padre estaba.</span><br />
+<span style="margin-left: 3em;">Volvió del bosque Vifandák en esto,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Grave, terrible, penitente, todo</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Desde los pies a la cabeza hirsuto.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">&mdash;¡Hijo! exclamó, ¿por qué has holgado, hijo?</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Ni partiste la leña, ni atizaste</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">El fuego, ni lavaste la vajilla,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Ni la vaca cuidaste ni el becerro.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Mudado me pareces. ¿En qué sueñas?</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¿Qué cavilas? ¿Sabré lo que ha pasado?</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">&mdash;Un peregrino, respondió el mancebo,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Estuvo por aquí, de negros ojos</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y sonrosada y blanca faz; en trenzas</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Los cabellos caían por su espalda;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">En sus labios brillaba la sonrisa;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Gentil, gracioso, esbelto era su talle,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y en suave curva levantado el pecho.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Como canta el <i>kokila</i> en la alborada,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Así su voz sonaba en mis oídos,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y a su andar un aroma yo sentía</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Como el del aura en grata primavera.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">No quiso de mis frutos, y no quiso</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Agua tampoco de mis fuentes: frutos</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Más sazonados me ofreció y bebida</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">De más rico sabor, cuya promesa</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Bastó a embriagarme un tanto. Ciñó luego</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Con sus brazos mi cuello el peregrino,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Inclinó hacia la suya mi cabeza,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Tocó en mi boca con su amable boca,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Hizo un susurro pequeñito y blando,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y por todo mi ser discurrió al punto</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Un estremecimiento delicioso.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Por este peregrino en vivas ansias</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Me consumo; do vive vivir quiero;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">De que se ha ido el corazón me duele;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y a hacer la misma penitencia aspiro</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Que me enseñó, para endiosar el alma</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Más eficaz ¡oh padre! que las tuyas.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Vifandák contestó:&mdash;No te confíes,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Hijo, en belleza material; a veces</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Van los gigantes por el bosque errando,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y toman bellas formas, con intento</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">De seducir a los varones píos</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y perturbar su penitente vida.</span><br />
+<span style="margin-left: 3em;">Para buscar a Santa salió entonces</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Vifandák, ciego de furor; y apenas</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Hubo salido, penetró de nuevo</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">La linda moza con furtivos pasos.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">La vio el mancebo, trémulo de gozo;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Corrió a ella y le dijo:&mdash;No te pares;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Huyamos sin tardanza do tú vives;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">No nos halle mi padre cuando vuelva.</span><br />
+<span style="margin-left: 3em;">Así Santa logró que Risyaringa</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">La siguiese a la nave. Dio a los vientos</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">La vela entonces Lomapad, y raudo</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Bajó por la corriente del Kausiki.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">No bien puso la planta el virtuoso</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Mancebo en tierra, cuando abierto el cielo</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Vertió torrentes de fecunda lluvia.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">El rey, viendo sus votos ya cumplidos,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">A Risyaringa desposó con Santa.</span><br />
+<span style="margin-left: 3em;">Volvió, entre tanto, Vifandák del bosque</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">A la choza, y al hijo fugitivo</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Buscó en balde doquier. Con saña cruda</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">De Anga a la capital marchó en seguida</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Para lanzar su maldición tremenda.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Con la fatiga a reposar parose</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">En medio del camino, y miró en torno,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y vio praderas de abundantes pastos,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y ovejas mil y lucios corderillos</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y pastores alegres.&mdash;¿Quién os hace</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Tan dichosos? les dijo, y respondieron:</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">&mdash;El piadoso mancebo Risyaringa.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Siguió su marcha Vifandák, y hallaba</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Paz, opulencia, dicha en todas partes,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y cada vez que de alguien inquiría</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">De tanto bien la causa, mil encomios</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Escuchaba de nuevo de su hijo.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Aduló con son grato las orejas</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Del austero varón tanta alabanza,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y se entibió su cólera fogosa.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Llegó, por fin, a la ciudad, en donde</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Le colmó el rey de honores y mercedes;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Vio feliz como un Dios al hijo amado;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Vio tan gozosa a la gallarda nuera,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Que como luz de amor resplandecía;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y en torno vio rebaños florecientes,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y amenos, verdes sotos, y el hartura</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y el deleite por huertos y jardines.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">No pudo entonces maldecir: las manos</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Elevó hacia los cielos y bendijo.</span><br />
+</p>
+
+<hr class="full" />
+
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+
+<pre>
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+
+End of the Project Gutenberg EBook of Cuentos y diálogos, by Juan Valera
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS Y DIÁLOGOS ***
+
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+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
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+
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+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
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+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
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+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
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+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
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