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+The Project Gutenberg EBook of Mi tio y mi cura, by Alice Cherbonnel
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Mi tio y mi cura
+
+Author: Alice Cherbonnel
+
+Release Date: November 2, 2008 [EBook #27121]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MI TIO Y MI CURA ***
+
+
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+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at https://www.pgdp.net
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+
+BIBLIOTECA DE «LA NACIÓN»
+
+JUAN DE LA BRÈTE
+
+MI TÍO Y MI CURA
+
+OBRA PREMIADA
+POR LA ACADEMIA FRANCESA
+
+[Illustration]
+
+BUENOS AIRES
+
+1902
+
+
+
+
+PROEMIO
+
+
+Las costumbres y usos de nuestros tiempos han convertido la novela, que
+antaño fue mero pasatiempo y solaz, en una necesidad: todo el mundo lee,
+o quiere leer algo que llene los vacíos de los ocios domésticos, o las
+treguas del trabajo. Pero no todas las novelas son aceptables. La
+novela, como todo lo humano, es bipolar, y consiguientemente de bien y
+mal susceptible.
+
+Si una novela buena es un beneficio, una mala o perniciosa es más que un
+daño.
+
+Nuestra librería nacional carece en general de libros bien escritos e
+interesantes que puedan ir a manos de todo el mundo; las casas
+editoriales españolas no se ocupan en traducir más que las novelas de
+escándalo, vulgo: sensación. ¡Que hasta ese grado de incapacidad moral
+hemos llegado!
+
+Y si a alguien se le ocurre publicar alguna obra inofensiva, suele ser
+elegida con tan mal tino, que es las más de las veces insulsa y anodina,
+y su falta de interés coopera al falso descrédito de las obras buenas.
+
+Pero si el naturalismo y mercantilismo modernos han hallado modo de
+fabricar, con el fango del vicio, muñecos que, vidriados con un barniz
+de pseudociencia y dorados a fuego de pasión, llegan a encantar a un
+grupo de lectores, no desesperen por eso los que aun sueñan con la vida
+del arte humano, del verdadero arte, que sin desdeñar nuestras miserias
+de carne, asciende hasta las regiones del alma para implantar su trono.
+Ese arte existe todavía. Aunque la sed comercial lo desdeñe, no por eso
+dejan sus cultores el trabajo, y las estatuas, complejas que forman y
+funden en sus cerebros esos artífices, surgen diariamente a la
+publicidad reflejando en un todo, lo reflejable de nuestra vida, es
+decir, lo que tiene luz.
+
+Ese arte existe. ¡Y cómo! tal vez más brillante y vigoroso que nunca.
+Francia, España, Inglaterra y Rusia lo atestiguan; por más que una
+conspiración de silencio pretende ahogar ciertos nombres, su fuerza
+vital es mayor que la de los que pretenden sepultarlos. Llevan lo bello
+en las entrañas.
+
+La presente novela de Juan de la Brète, coronada con el premio Montyon
+por la Academia Francesa, el mayor de los que dicha corporación dispone
+para obras literarias, es una obra interesante, rica en vida y frescura,
+y atravesada por esa ráfaga de poesía que orea los sudores de la vida,
+cuando la vida es vida.
+
+Baste decir en su elogio que en el breve lapso de dos años el público
+parisiense ha exigido treinta y nueve ediciones de esta obra, lo que es
+mucho decir, respecto de un libro donde no hay olores acres, ni cuadros
+condenables, ni más barro que el de la tierra, los días en que llueve.
+
+RAFAEL FRAGUEIRO.
+
+
+
+
+I.
+
+
+Soy tan chica, que bien pudiera dárseme la calificación de enana, si mi
+cabeza, mis pies y mis manos no estuviesen en perfecta proporción con mi
+estatura.
+
+Mi rostro no tiene ni el desmesurado largo, ni la anchura ridícula que
+se atribuye a la cara de los enanos y en general a la de todos los seres
+diformes, y la finura y delicadeza de mis extremidades pueden ser
+codiciados por más de una hermosa dama.
+
+Sin embargo, lo exiguo de mi tamaño me ha hecho verter a hurtadillas
+bastantes lágrimas.
+
+Y digo a hurtadillas, porque mi liliputiense cuerpo ha encerrado una
+alma altiva y orgullosa, incapaz de mostrar a nadie el espectáculo de
+sus debilidades... y menos a mi tía. Este era mi modo de sentir a los
+quince años. Pero los acontecimientos, las penas, las preocupaciones,
+las alegrías, en una palabra, el curso de la vida, ha flexibilizado
+caracteres mucho más rígidos que el mío.
+
+Era mi tía la mujer más desagradable del mundo y yo la hallaba pésima,
+en la medida de lo que podía juzgar mi entendimiento que aun no había
+visto ni comparado nada. Su fisonomía era angulosa y vulgar, su voz
+chillona, su andar pesado y su estatura ridículamente alta.
+
+A su lado, yo parecía un pulgón, una hormiga.
+
+Cuando le hablaba, tenía que levantar la cabeza, tanto como si hubiese
+querido examinar la copa de un álamo. Era de origen plebeyo, y como la
+mayoría de los de su raza, estimaba más que cualquier otra cualidad la
+fuerza física y profesaba por mi mezquina persona un profundo desprecio.
+
+Sus cualidades morales eran una fiel reproducción de las físicas, y
+formaban un conjunto de rudeza y asperidades; ángulos agudos contra los
+cuales rompíanse diariamente las narices los infortunados que vivían con
+ella.
+
+Mi tío, hidalgo campesino, cuya tontera fue proverbial en la comarca,
+casó con ella, por falta de ingenio y por debilidad de carácter. Murió
+poco después de su casamiento y yo no alcancé a conocerle. Cuando fui
+capaz de reflexión, atribuí a mi tía esta muerte prematura, pues me
+parecía con fuerzas suficientes para dar rápidamente en tierra, no digo
+ya con un pobre tío como el mío, sino con todo un regimiento de maridos.
+
+Tenía yo dos años, cuando mis padres se fueron al otro mundo,
+abandonándome al capricho de los acontecimientos de la vida, y de mi
+consejo de familia. Dejáronme los restos, no del todo malos, de una
+fortuna: cerca de cuatrocientos mil francos en tierras que producían
+una buena renta.
+
+Mi tía consintió en educarme. No le gustaban los niños, pero como su
+marido había sido mal administrador, se vio pobre, y calculó con
+satisfacción, que la holgura entraría en su casa junto conmigo.
+
+¡Que casa más fea! Grande, deteriorada y mal dirigida; en medio de un
+patio cuajado de estiércol, fango, gallinas y conejos. Detrás de ella
+extendíase un jardín en el que crecían entremezcladas y en desorden
+todas las plantas de la creación y sin que nadie se preocupara de ellas.
+
+Creo que no había recuerdos en memoria humana, de que se hubiera visto
+nunca por allí, un jardinero que podase los árboles o arrancase las
+malezas, que brotaban a gusto, sin que ni a mi tía ni a mi se nos
+ocurriese ocuparnos de ello.
+
+Esta selva virgen me desagradaba, porque desde niña he tenido un gusto
+innato por el orden.
+
+La propiedad se llamaba de Zarzal. Estaba como perdida en el fondo de la
+campaña, a media legua de una iglesia y de una aldehuela compuesta de
+una veintena de chozas. No había castillo, castillejo ni casa solariega
+en cinco leguas a la redonda. Vivíamos en completo aislamiento.
+
+Mi tía iba algunas veces a C***, la ciudad más próxima al Zarzal. Pero
+como yo deseaba ardientemente acompañarla, no me llevaba nunca.
+
+Los únicos acontecimientos de nuestra vida eran la llegada de los
+arrendatarios que venían a pagar censos y arrendamientos y las visitas
+del cura.
+
+¡Oh, qué excelente hombre era mi cura!
+
+Venía a casa tres veces por semana, pues en un arranque de celo, cargó
+con la obligación de atascar mi cerebro con cuanta ciencia le era
+conocida.
+
+Y continuó en su empeño con perseverancia, por más que yo ejercitaba su
+paciencia. No porque tuviese la cabeza dura, no: aprendía con facilidad.
+Pero la pereza era mi pecado favorito; la amaba y la mimaba a despecho
+de los derroches de elocuencia del cura y de sus múltiples esfuerzos
+para extirpar de mi alma esa planta maléfica.
+
+Además, y esto era lo más grave, la facultad de raciocinar se desarrolló
+en mi rápidamente. Entraba en discusiones que le volvían loco, y me
+permitía apreciaciones que a menudo chocaban y herían sus más caras
+opiniones.
+
+Contrariarle, fastidiarle, rebatirle sus ideas, sus gustos y sus
+afirmaciones, era para mi un placer inmenso. Me hizo arder la sangre y
+me avivaba el ingenio. Creo que él experimentaba la misma sensación, y
+que lo hubiera desolado perdiendo mis hábitos ergotistas y la
+independencia de mis ideas.
+
+Mas yo no pensaba semejante cosa, porque llegaba al colmo de la
+satisfacción, cuando le veía agitarse en la silla, desgreñarse los
+cabellos con desesperación, y embadurnarse la nariz con rapé,
+olvidándose de todas las reglas del aseo, olvido que no se producía sino
+en los casos serios.
+
+Con todo, si hubiese sido por él solo, creo que hubiera resistido muchas
+veces al demonio tentador. Mi tía había tomado la costumbre de asistir a
+las lecciones, aunque no comprendiese nada y bostezara diez veces por
+hora.
+
+Ahora bien, la contradicción, aunque no fuera dirigida a ella, le
+causaba furor: furor tanto más grande, cuanto que no se atrevía a decir
+nada delante del cura.
+
+Por otra parte, el verme discutir le parecía una monstruosidad en el
+orden físico y moral. Así es que yo nunca la emprendía directamente con
+ella, porque era bruta y yo tenía miedo que me pegara. Por último, mi
+voz, dulce y musical no obstante (de lo que me jacto), producía sobre
+sus nervios auditivos un efecto desastroso.
+
+Con todo lo dicho, se comprenderá que me fuese imposible, absolutamente
+imposible, dejar de poner en obra mi malicia, para hacer rabiar a mi tía
+y atormentar a mi cura.
+
+Sin embargo, yo quería al pobre cura; le quería mucho, y sabía que a
+pesar de mis absurdos razonamientos, los que a veces llegaban hasta la
+impertinencia, me profesaba el mayor cariño. No sólo era yo su oveja
+preferida, sino también el objeto de su predilección, su obra, la hija
+de su corazón y de su inteligencia, y a este amor paternal se mezclaba
+un tinte de admiración por mis aptitudes, mis palabras y por todas mis
+acciones.
+
+Había tomado su tarea con gran ahínco; se había propuesto instruirme,
+velar por mi como un ángel tutelar a pesar de mi mala cabeza, mi lógica
+y mis arranques. Además, esta tarea pronto llegó a ser la cosa más
+agradable de su vida, la mejor si no la única distracción de su monótona
+existencia.
+
+Lloviera, ventease, nevase o granizara; con calor, con frío o con
+tormenta, veía yo aparecer al cura, enfaldada la sotana hasta las
+rodillas y el sombrero debajo del brazo. No sé si lo he visto nunca con
+él puesto. Tenía la manía de caminar con la cabeza al aire, sonriendo a
+los viandantes, a los pájaros, a los árboles, a las flores del campo.
+
+Robusto y regordete, parecía que rebotaba sobre la tierra, que hollaba
+con paso vivo y se hubiera pensado que le decía:--¡Eres buena y te
+amo!--Estaba contento de la vida, de sí mismo, de todo el mundo. Su
+benévola cara, rosada y fresca, rodeada de cabellos blancos, recordábame
+esas rosas tardías que florecen aún bajo las primeras nieves.
+
+Cuando entraba en el patio, gallinas y conejos acudían a su voz para
+mascullar algunos mendrugos de pan, que deslizaba en sus bolsillos antes
+de salir de la casa parroquial. Petrilla, la moza del corral, salía a
+hacerle su reverencia, luego Susana la cocinera, apresurábase a abrirle
+la puerta y a introducirle en el salón, donde me daba las lecciones.
+
+Mi tía plantada en un sillón, con el donaire de un pararrayos algo
+grueso, levantábase al verle, saludábale con aire desabrido y se lanzaba
+a galope al capítulo de mis fechorías. Hecho lo cual volvía a sentarse
+lijeramente, tomaba la aguja de tejer, ponía su gato favorito sobre las
+rodillas y esperaba (o no la esperaba) la ocasión de decirme algo
+desagradable.
+
+El bondadoso cura oía con paciencia aquella voz ronca que rompía el
+tímpano. Encorvaba las espaldas como si el chubasco hubiera sido para él
+y semisonriente amenazábame con el índice. A Dios gracias conocía a mi
+tía desde hacía mucho.
+
+Instalábamonos junto a una mesita, que habíamos colocado cerca de la
+ventana. Esta posición tenía la doble ventaja de tenernos bastante
+alejados de mi tía entronizada al lado de la estufa, en el fondo de la
+habitación, y luego, de permitirme seguir el vuelo de las golondrinas y
+las moscas, u observar en invierno los efectos de la escarcha y nieve en
+los árboles del jardín.
+
+El cura colocaba cerca de sí la caja de rapé, un gran pañuelo a cuadros
+sobre el brazo del sillón y la lección comenzaba.
+
+Cuando no había sido muy grande mi pereza, las cosas iban bien, mientras
+se tratase de deberes a corregir, porque aunque fuesen siempre de lo más
+corto posible, por lo menos estaban hechos con prolijidad. Mi letra era
+clara y mi estilo fácil.
+
+El cura sacudía la cabeza con aire satisfecho, tomaba rapé con
+entusiasmo y repetía en todos los tonos:
+
+--¡Bien, muy bien!
+
+Durante todo este tiempo entreteníame yo en contar las manchas de su
+sotana y en imaginarme lo que parecería con peluca negra, calzón corto y
+casaca de terciopelo rojo, como la que mi tío abuelo ostentaba en su
+retrato.
+
+La idea del cura en trusas y de peluca era tan chistosa, que me hacía
+reír a carcajadas.
+
+Entonces, exclamaba mi tía:
+
+--¡Tonta, bobeta!
+
+Y algunas otras lindezas por el estilo, que tenían el privilegio de ser
+tan parlamentarias como explícitas.
+
+El cura me miraba sonriendo y repetía dos o tres veces:
+
+--¡Ah juventud! ¡hermosa juventud!
+
+Y un recuerdo retrospectivo de sus quince años le hacía esbozar un
+suspiro.
+
+Después de esto pasábamos a la recitación de memoria, y ya las cosas no
+marchaban tan bien. Era la hora crítica el momento de la conversación,
+de las opiniones personales, de las discusiones y hasta también de las
+reyertas.
+
+El cura amaba los hombres de la antigüedad, los héroes, las acciones
+casi fabulosas en las que ha sido actor importante el valor físico. Esta
+preferencia era curiosa, porque, cabalmente, no había sido formado con
+el barro de que se hace los héroes.
+
+Yo había notado que no le gustaba volver a su casa de noche, y este
+descubrimiento, aunque me le hacía más simpático, porque yo misma era
+muy medrosa, no podía dejarme ninguna ilusión sobre su coraje.
+
+Además, su buena alma plácida, tranquila, amiga del reposo, de la
+rutina, de sus ovejas y del cuerpo que la poseía, no había soñado nunca
+con el martirio, y le veía palidecer, tanto cuanto sus rosadas mejillas
+le permitían, cuando leía el relato de los suplicios aplicados a los
+primeros cristianos.
+
+Hallaba muy hermoso el entrar en el Paraíso de un salto heroico, pero
+pensaba que era muy dulce avanzar hacia la eternidad tranquilamente y
+sin prisa. Carecía de los impulsos que inspiran el deseo de la muerte,
+para ver más pronto a Dios. Absolutamente: estaba decidido a irse sin
+murmurar, cuando llegara su hora, pero deseaba sinceramente, que llegara
+lo más tarde posible.
+
+Declaro que mi carácter, que no brilla por la cuerda heroica, está de
+acuerdo con esta moral fácil y dulce.
+
+Pero con todo, le daba por los héroes; los admiraba, los elogiaba y los
+amaba tanto más cuanto que indudablemente sentía que dado el caso, era
+incapaz de imitarlos.
+
+En cuanto a mi, yo no dividía ni sus gustos, ni sus admiraciones.
+Experimentaba una pronunciada antipatía por griegos y romanos. Había
+resuelto por un trabajo sutil de mi imaginación, que estos últimos se
+parecían a mi tía... o que mi tía se les parecía, como se quiera, y
+desde el día en que hice esta comparación, los romanos fueron juzgados,
+condenados y ejecutados en mi foro interno.
+
+Sin embargo, el cura se obstinaba en chapuzar conmigo en la historia
+romana, y yo por mi lado me encaprichaba en no interesarme en ella. Los
+hombres de la República no me entusiasmaban y los emperadores
+confundíanse en mi cabeza. Por más que el cura lanzaba exclamaciones de
+sorpresa, se enfadaba y razonaba, era inútil: nada modificaba mi
+insensibilidad y mi idea personal.
+
+Por ejemplo, narrando la historia de Mucio Scévola, yo terminaba así:
+
+--Quemó su mano derecha para castigarla por haberse equivocado, lo que
+prueba que no era sino un imbécil.
+
+El cura que un momento antes me escuchaba con aire complacido, se
+estremecía de indignación:
+
+--¡Un imbécil, señorita! ¿y porqué?
+
+--Porque la pérdida de su mano no reparaba su error--respondíale,--que
+por ello Pórsena no quedaba ni más ni menos vivo, ni resucitaba el
+secretario.
+
+--Bien, chiquita; pero Pórsena se asustó y levantó el sitio
+inmediatamente.
+
+--Eso, señor cura, no prueba sino que Pórsena era un mandria.
+
+--Concedido. Pero Roma quedaba libre, y ¿gracias a quién? ¡gracias a
+Scévola, gracias a su acto heroico!
+
+Y el cura, que aunque temblaba ante la idea de quemarse la yema del dedo
+chico, no por eso dejaba de admirar a Mucio Scévola, se exaltaba y
+afanaba para hacerme apreciar a su héroe.
+
+--Sostengo lo que he dicho--replicaba yo tranquilamente;--no era más que
+un imbécil y un gran imbécil.
+
+El cura exclamaba sofocado:
+
+--Muchas tonteras oyen los mortales, cuando los niños pretenden
+raciocinar.
+
+--Señor cura, vos mismo me habéis enseñado el otro día, que la razón es
+la más bella facultad del hombre.
+
+--Sin duda, sin duda, cuando el hombre sabe servirse de ella. Por otra
+parte hablaba de los hombres hechos y no de las chiquilinas.
+
+--Señor cura, los pajaritos prueban sus fuerzas al borde del nido.
+
+Y el excelente hombre, un poco desconcertado, se desgreñaba el pelo con
+energía, lo que daba a su cabeza el aspecto de la de un lobo, polvoreada
+de blanco.
+
+--Haces mal en discutir tanto, hijita mía--decíame algunas veces;--es un
+pecado de orgullo. No seré siempre yo quien te conteste, y cuando estés
+en lucha con la vida sabrás que no se discute con ella, sino que se la
+sufre.
+
+Mas me importaba un bledo la vida. Tenía un cura para ejercitar mi
+lógica y esto me bastaba.
+
+Cuando le había fastidiado, hastiado y hostilizado mucho, esforzábase en
+dar a su fisonomía una severa expresión, pero se veía obligado a
+renunciar a su proyecto, porque su boca risueña siempre, rehusaba en
+absoluto obedecerle. Entonces me decía:
+
+--Señorita de Lavalle, repasará usted sus emperadores romanos, y trate
+de no confundir a Tiberio con Vespasiano.
+
+--Dejemos a esos individuos, señor cura--respondíale yo;--me aburren.
+¿No sabéis que si hubieseis vivido en sus tiempos os habrían asado vivo,
+o arrancado la lengua y las uñas, o picado en pedacitos menuditos,
+menuditos, como picadillo de pastel?
+
+Ante tan lúgubre cuadro, estremecíase ligeramente el cura y se iba a
+paso rápido y breve, sin dignarse responderme.
+
+Cuando su descontento llegaba al apogeo, me llamaba señorita de Lavalle.
+Este ceremonioso nombre era la más viva manifestación de su enojo, y yo
+sentía remordimientos hasta que le volvía a ver de nuevo con los
+cabellos al viento y la sonrisa en los labios.
+
+
+
+
+II.
+
+
+Mi tía me maltrató mientras fui chica y yo tenía tal miedo de sus golpes
+que la obedecía sin discutir.
+
+Hasta el día en que cumplí diez y seis años me pegó aún, pero fue por
+última vez.
+
+A partir de ese día, fecundo para mi en acontecimientos íntimos, estalló
+de pronto una revolución que rugía sordamente en mi espíritu desde hacía
+algunos meses, y cambió completamente mi modo de ser para con mi tía.
+
+Por aquel tiempo el cura y yo repasábamos la historia de Francia, que me
+jactaba de conocer muy bien. Si bien es cierto que dadas las lagunas y
+restricciones de mi texto, mi saber era el mayor posible.
+
+Profesaba el cura por sus reyes un amor rayano en la veneración, y sin
+embargo, no quería a Francisco I. Esta antipatía era tanto más singular,
+cuanto que Francisco I fue valiente y se ha hecho popular.
+
+Pero no le gustaba al cura, que no desperdiciaba nunca la ocasión de
+criticarle; así es que por espíritu de contradicción lo elegí yo por
+favorito.
+
+El día a que me he referido más arriba, debía yo dar la lección
+concerniente a mi amigo. Largo tiempo revisé la víspera buscando algún
+medio para hacerlo brillar a los ojos del cura. Desgraciadamente yo no
+podía hacer más que citar las expresiones de mi historia, al emitir
+opiniones que se apoyaban más en una impresión que no en un
+razonamiento.
+
+Hacía una hora que me devanaba los sesos reflexionando, cuando atravesó
+mi mente una brillante idea.
+
+--¡La biblioteca!--exclamé.
+
+E inmediatamente atravesé corriendo un largo pasadizo y penetré por
+primera vez en una pieza de regular tamaño enteramente atestada de
+estantes verdes cubiertos de libros reunidos entre ellos por los tenues
+hilos de una multitud de telarañas.
+
+Esta pieza comunicaba con los departamentos que después de la muerte de
+mi tío, se habían cerrado para no abrirse más, y olía de tal modo a
+tasto y moho que casi me asfixié. Apresureme a abrir la ventana, que era
+muy pequeña, no tenía postigos ni persianas y daba sobre el jardín; en
+seguida procedí a mis investigaciones. Mas ¿cómo descubrir a Francisco I
+en medio de todos aquellos volúmenes?
+
+Ya iba a abandonar la partida, cuando el título de un librito me hizo
+prorrumpir en un grito de alegría.
+
+Eran las biografías de los reyes de Francia hasta Enrique IV inclusive.
+Tenía adjunto un grabado bastante bueno, representando a Francisco I,
+vestido con el espléndido traje de los Valois. Lo examiné con asombro.
+
+--¿Y es posible--me dije,--que haya hombres tan lindos como éste?
+
+El biógrafo, que no participaba de la antipatía del cura por mi héroe,
+hacía sin ninguna restricción el elogio de su belleza, de su valor, de
+su espíritu caballeresco y de la inteligente protección que diera a las
+letras y a las artes.
+
+Terminaba con dos líneas sobre su vida privada y supe lo que ignoraba
+completamente y era que:
+
+«Francisco I llevaba vida alegre y amaba prodigiosamente a las mujeres.
+Y que prefirió grande y sinceramente a la hermosa dama Ana de Pisseleu,
+a quien dio el condado de Etampes, que erigió en ducado para serle
+agradable.»
+
+De estas pocas palabras, saqué yo las siguientes conclusiones: Primero,
+como había descubierto desde hacía un mes que mi existencia era
+monótona, que me faltaban muchas cosas, que la posesión de un cura, una
+tía, conejos y gallinas no constituían la felicidad, colegí que una vida
+alegre era evidentemente el reverso de la mía, y por consiguiente
+Francisco I había dado, eligiéndola, pruebas de mucho juicio.
+
+Segundo, que dicho rey profesaba ciertamente la santa virtud de la
+caridad predicada por mi cura, puesto que amaba tanto a las mujeres.
+
+Tercero, que Ana de Pisseleu era una persona muy feliz, y que a mi
+también me hubiera gustado mucho, que un rey me diera un condado
+erigido en ducado, para serme agradable.
+
+--¡Bravo!--exclamé lanzando el libro hasta el techo y recogiéndolo
+inmediatamente. Ya tengo con qué confundir al cura y convertirlo a mi
+opinión.
+
+Por la noche releí en mi cama la pequeña biografía.
+
+--¡Qué hombre tan simpático este Francisco I!--me dije.--Mas ¿porqué el
+autor habla sólo de su afecto a las mujeres? ¿Porqué no ha puesto que
+quería también a los hombres? En fin, después de todo, cada cual tiene
+sus gustos. Pero si voy a juzgar a las mujeres por mi tía, pienso que
+voy a preferir considerablemente a los hombres.
+
+Luego recordé que el biógrafo era de sexo masculino, y pensé que sin
+duda habría tenido por cortés, amable y modesto, dejarse en el tintero y
+pasar en silencio a sus congéneres.
+
+Y me dormí sobre esta luminosa idea.
+
+Levanteme contentísima al día siguiente.
+
+En primer lugar tenía diez y seis años, después la personita que se
+miraba al espejo, tenía una carita que no le disgustaba; luego hice dos
+o tres piruetas pensando en la estupefacción del cura ante mi nueva
+ciencia.
+
+Cuando llegó, rosado y risueño, hacía mucho tiempo que llevada por mi
+impaciencia me había instalado junto a la mesa. Al verle, me latió el
+corazón, como late el de los grandes capitanes la víspera de una
+batalla.
+
+Veamos, hija mía--me dijo así que hubo corregido los deberes y esbozado
+una mueca al notar su laconismo,--pasemos a Francisco I y examinémosle
+bajo todas sus faces.
+
+Arrellanose cómodamente en el sillón, tomó con una mano la tabaquera y
+con la otra su pañuelo, y mirándome de soslayo, preparose a sostener la
+discusión que preveía.
+
+Yo me lancé de golpe a mi asunto; me agité, me animé, me entusiasmé e
+hice incapié sobre las cualidades elogiadas en mi historia, tras de lo
+cual pasé a mis conocimientos particulares.
+
+--¡Y qué hombre más encantador señor cura! ¡Su porte era majestuoso, su
+fisonomía noble y hermosa; tenía una barba tan bonita, recortada en
+punta y unos ojos tan lindos!
+
+Me detuve un instante para tomar aliento, y el cura, espantado,
+enderesándose tieso como esos diablillos de resorte encerrados en cajas
+de cartón, exclamó:
+
+--¿De dónde ha sacado usted todas esas tonterías, señorita?
+
+--Ese es mi secreto--repliqué yo con una sonrisita misteriosa.
+
+Y quemando mis navíos:
+
+--Señor cura: yo no sé lo que os puede haber hecho ese pobre Francisco
+I. ¿No sabéis que tenía mucho juicio? Llevaba vida alegre, y amaba
+prodigiosamente a las mujeres.
+
+Y los ojos del cura se abrieron de tal modo que tuve miedo de verlos
+reventar.
+
+--¡San Miguel, San Bernabé!--exclamó dejando caer su tabaquera con un
+ruido tan seco, que el gato extendido en una poltrona saltó a tierra con
+un desesperado maullido.
+
+Mi tía que dormía, se despertó sobresaltada y gritó:
+
+--¡Ah, bestia!
+
+Dirigiéndose a mi, y no al gato y sin saber de qué se trataba. Pero este
+epíteto componía invariablemente el exordio y la peroración de todos sus
+discursos.
+
+Esperaba por cierto producir un gran efecto; pero con todo, quedé algo
+confusa ante la fisonomía, verdaderamente extraordinaria del cura.
+
+Pero no tardé en continuar imperturbablemente:
+
+--Amó especialmente a una linda dama a la que dio un ducado. ¡Confesad,
+señor cura, que era muy bueno, y que hubiera sido muy agradable hallarse
+en lugar de Ana de Pisseleu!
+
+--¡Santa Madre de Dios!--murmuró el cura con una voz sin fuerzas,--esta
+niña está poseída.
+
+--¿Qué hay?--gritó mi tía, traspasándose el rodete con una de sus agujas
+de tejer.--Échela afuera si se permite impertinencias.
+
+--Hijita mía--continuó el cura--¿dónde has aprendido lo que acabas de
+decir?
+
+--En un libro--respondí lacónicamente, sin nombrar la biblioteca.
+
+--¿Y cómo puedes repetir tales abominaciones?
+
+--¡Abominaciones!--interrumpí escandalizada;--¿qué señor cura, os parece
+abominable que Francisco I fuese generoso y amase a las mujeres? ¿Que
+vos no las amáis?
+
+--¿Que dice? rugió mi tía, que habiéndome escuchado atentamente desde
+hacía unos instantes, sacó de mi pregunta los pronósticos más
+desastrosos. ¡Desfachatada! sin...
+
+--¡Calma, señora, calma!--interrumpió el cura, a quien parecía que en
+aquel momento le hubiesen quitado de encima un peso enorme.
+
+--Déjeme usted explicarme con Reina. Veamos, ¿qué encuentras digno de
+alabanza en la conducta de Francisco I?
+
+--¡Caramba! pues es bien simple--respondí con tono desdeñoso, pensando
+que mi cura envejecía y empezaba a comprender con dificultad.--Todos los
+días me predicáis el amor al prójimo, y me parece que Francisco I ponía
+en práctica vuestro precepto preferido: Ama a tu prójimo como a ti
+mismo, por amor de Dios.
+
+No bien hube terminado mi frase, el cura enjugando su rostro, sobre el
+que gruesas gotas de sudor corrían, echose hacia atrás en su sillón y
+con ambas manos sobre el vientre, se entregó a una homérica risa, que
+duró tanto, que me hizo saltar lágrimas de contrariedad y de despecho.
+
+--Por cierto--añadí, con temblorosa voz,--he sido bien tonta en
+fatigarme para estudiar mi lección y haceros admirar a Francisco I.
+
+--Mi buena hijita--díjome por fin, recobrando su seriedad y empleando su
+expresión favorita cuando estaba contento de mi,--lo que me extrañó
+mucho, mi buena hijita, no sabía que profesaras tal admiración por las
+personas que practican la caridad.
+
+--En todo caso, eso no es un motivo de risa--respondíle bruscamente.
+
+--Vamos, vamos, no nos enojemos.
+
+Y el cura aplicándome una palmadita en la mejilla, abrevió mi lección,
+me dijo que vendría al día siguiente y dirigiose a confiscar la llave de
+la biblioteca, que yo ignoraba conociese.
+
+No había aún el cura salido del patio, cuando mi tía se abalanzó sobre
+mi sacudiéndome el hombro hasta la dislocación.
+
+--¡Bachillera, atrevida!--voceó,--¿qué has hecho para que el cura se
+haya ido tan pronto?
+
+--¿Por qué se enfada usted--le repliqué,--si no sabe de lo que se trata?
+
+--¡Ah! ¿Conque yo no sé? ¿Conque no he oído lo que le decías al cura,
+desfachatada?
+
+Y juzgando que las palabras no bastaban para demostrar su cólera, me dio
+una bofetada, me pegó con fuerza, y me echó como a un perrillo.
+
+Corrí a mi cuarto y me atrincheré sólidamente. Lo primero que hice fue
+quitarme la bata y comprobar por medio del espejo que los dedos secos y
+flacos de mi tía habían dejado marcas azules en mis hombros.
+
+--¡Ah, vil esclava!--me dije mostrándole los puños a mi imagen en el
+espejo,--¿soportarás por más tiempo semejantes cosas? ¿Será posible, que
+por cobardía, no te atrevas a sublevarte?
+
+Durante un rato me reprendí duramente; vino luego la reacción, caí sobre
+una silla y lloré mucho.
+
+--¿Qué he hecho yo--pensaba, para que me trate así? ¡Qué odiosa
+mujer!--Y en seguida:--¿por qué ponía el cura una cara tan chusca,
+mientras yo recitaba mi lección?
+
+Y me eché a reír mientras las lágrimas me rodaban por las mejillas. Pero
+por más que intenté profundizar este problema, no di con la solución.
+
+Púseme después a contemplar melancólicamente el jardín, por la ventana
+abierta, e iba ya recobrando mi sangre fría, cuando me pareció reconocer
+la voz de mi tía que conversaba con Susana. Me incliné un poco para
+escuchar la conversación.
+
+--Usted hace mal--decía Susana,--la pequeña ya no es una niña. Si usted
+la maltrata, se quejará al señor de Pavol, que se la llevará.
+
+--No faltaba más. Pero ¿cómo quiere usted que piense en su tío? Apenas
+sabe que existe.
+
+--¡Bah! la pequeña es avisada; le bastará un momento de memoria, para
+enviaros a paseo, si la mortificáis, y sus buenas rentas desaparecerán
+con ella.
+
+--¡Ah! tenéis razón... No le pegaré más, pero...--Se alejaban y no oí el
+final de la frase.
+
+Después de la comida, a la que no quise asistir, salí en busca de
+Susana.
+
+Susana había sido amiga de mi tía, antes de ser su cocinera. Reñían diez
+veces al día, pero ninguna de las dos podía pasarse sin la otra.
+
+No se me creerá con facilidad, si digo que Susana quería sinceramente a
+mi tía; sin embargo, es la pura verdad.
+
+Mas si perdonaba a mi tía su elevación en la escala social, se
+desquitaba sin duda alguna con el prójimo, con las circunstancias y con
+la vida, porque refunfuñaba siempre.
+
+Tenía el semblante áspero de un salteador de caminos, vestía
+constantemente zagalejo corto y calzaba zapatos bajos, aunque nunca
+fuera a la ciudad a vender leche, ni trotara su imaginación como la de
+la lechera de la fábula.
+
+--Susana--díjele colocándome delante de ella, con aire
+resuelto,--¿conque yo soy rica?
+
+--¿Quién os ha dicho tal sandez, señorita?
+
+--Eso no te importa, Susana; lo que quiero es que me contestes y me
+digas dónde vive mi tío de Pavol.
+
+--¡Quiero, quiero!--rezongó Susana,--se acabó la niña a fe mía. Ídos a
+pasear, señorita; no os diré nada, porque nada sé.
+
+--Mientes, Susana, y te prohíbo que me contestes así. He oído lo que
+decías a mi tía, no hace mucho.
+
+--Pues bien, señorita, si habéis oído no tenéis necesidad de hacerme
+hablar.
+
+Susana me volvió la espalda y no quiso contestar a ninguna de mis
+preguntas.
+
+Regresé a mi cuarto, muy exasperada, y permanecí por mucho tiempo de
+codos en la ventana; desde allí tomé por testigos a la luna, las
+estrellas y los árboles, de que formaba la inquebrantable resolución de
+no dejarme tocar más, de no tener miedo de mi tía en adelante, y de
+emplear todo mi ingenio en desagradarla.
+
+Y dejando caer los pétalos de una flor, que deshojaba, arrojé al mismo
+tiempo mis miedos, mi pusilanimidad y mis anteriores timideces.
+Comprendí que ya no era la misma, y me dormí consolada.
+
+Esa noche soñé que mi tía, transformada en dragón, luchaba contra
+Francisco I, que la partía con una gran espada. Me tomaba entre sus
+brazos y huía conmigo, mientras que el cura nos contemplaba desolado,
+enjugándose el rostro con su pañuelo a cuadros. Torcíalo en seguida con
+todas sus fuerzas y caía el sudor a chorros, lo mismo que si lo hubiera
+empapado en el arroyo.
+
+
+
+
+III.
+
+
+No bien nos instalamos en nuestra mesa al día siguiente, el cura y yo,
+abriose con estrépito la puerta y vimos entrar a Petrilla, con la cofia
+en la nuca y los zuecos llenos de paja en la mano.
+
+--¿Qué hay? ¿Fuego?--interrogó mi tía.
+
+--No, señora; pero a buen seguro que está el diablo en casa. La vaca ha
+ido a dar al cebadal que crecía tan hermoso y lo arrasa todo y yo no
+puedo darle alcance; los capones andan por los tejados y los conejos en
+la huerta.
+
+--¡En la huerta!--exclamó mi tía que se levantó lanzándome una colérica
+mirada, porque la tal huerta era un sitio sagrado para ella y el objeto
+de sus únicos amores.
+
+--¡Mis lindos capones!--gruñó Susana, que juzgó oportuno aparecer y unir
+su nota sombría a la nota chillona de su ama.
+
+--¡Ah, piel de Judas!--gritó mi tía.
+
+Y se precipitó detrás de las sirvientes cerrando furiosa la puerta de un
+golpazo.
+
+--Señor cura--dije yo inmediatamente,--¿creéis que en el universo entero
+haya otra mujer tan abominable como mi tía?
+
+--¿Qué es eso, qué es eso, mi hijita? ¿Qué quiere decir eso?
+
+--¿Sabéis lo que ha hecho ayer, señor cura? ¡Me ha pegado!
+
+--¡Pegado!--repitió el cura con aire incrédulo, tan imposible le parecía
+que alguien se atreviera a tocar, ni aun con un dedo, a un ser tan
+delicado como mi persona.
+
+--¡Sí, pegado! Y si no me creéis, os voy a mostrar las marcas.
+
+Y ya empecé a desprenderme la bata. El cura me miró con aire espantado.
+
+--Es inútil, es inútil, basta con que me lo digas, te creo--exclamó
+precipitadamente, con el rostro carmesí y bajando púdicamente los ojos
+hacia las puntas de sus zapatos.
+
+--¡Pegarme el día de mi santo, el día en que cumplía diez y seis
+años!--y continué yo abrochando mi bata.--¿Sabéis que la detesto?
+
+Y con el puño cerrado golpeé sobre la mesa, lo que me dolió bastante.
+
+--Veamos, veamos, mi buena hijita--díjome conmovido el cura,--cálmate y
+cuéntame lo que tú le hiciste.
+
+--Nada. En cuanto os fuisteis, me apellidó desfachatada y se lanzó sobre
+mi como una furia. ¡Ah, qué odiosa!
+
+--Vamos, Reina, vamos, bien sabes que hay que perdonar las ofensas.
+
+--¡Sí, está fresca!--exclamé empujando hacia atrás mi silla y poniéndome
+a pasear a grandes pasos por la sala; ¡no la perdonaré jamás, jamás!
+
+Levantose también el cura y comenzó a caminar en contra mía, de manera
+que continuamos la conversación cruzándonos continuamente, como el Ogro
+y el Pulgarcillo, cuando el monstruo le persigue por haberle robado una
+de las botas de siete leguas.
+
+--Reina, Reina, es necesario que seas razonable y aceptes esta
+humillación con espíritu de penitencia, por tus pecados.
+
+--¡Mis pecados!--repliqué, deteniéndome y alzando levemente los
+hombros,--bien sabéis vos, señor cura, que son tan pequeños, tan
+pequeños, que no vale la pena hablar de ellos.
+
+--¡De veras!--dijo el cura, no pudiendo contener una sonrisa.--Entonces,
+ya que eres una santa, recibe tus contrariedades con paciencia, por amor
+de Dios.
+
+--¡Oh, no, a fe mía!--le repliqué decididamente.--Quiero amar a Dios,
+pero creo que Él me ama lo bastante para no estar contento al verme
+desgraciada.
+
+--¡Qué cabeza!--exclamó el cura.--¡Bonita educación la mía!
+
+--En fin--continué yo, emprendiendo la marcha nuevamente,--quiero
+vengarme, y me vengaré.
+
+--Reina, eso está muy mal. Cállate y escúchame.
+
+--La venganza es el placer de los dioses,--proseguí yo, dando un salto
+para cazar un moscardón que revoloteaba sobre mi cabeza.
+
+--Vamos, hijita, hablemos con seriedad.
+
+--Pero si yo hablo seriamente--respondí, deteniéndome delante de un
+espejo, para comprobar con cierta complacencia, que la animación me
+sentaba.--Ya veréis, señor cura, empuñaré un sable y degollaré a mi tía
+como Judith a Holofernes.
+
+--¡Esta chica está hidrófoba!--exclamó desolado el cura.--Estese un
+momento quieta, señorita, y no diga disparates.
+
+--Convenido, señor cura; pero entonces declarad que Judith no valía ni
+un céntimo.
+
+Recostose el cura en la chimenea, e introdujo delicadamente una narigada
+de rapé en sus fosas nasales.
+
+--Permíteme, hijita, eso depende del punto de vista en que uno se
+coloque.
+
+--¡Qué poco lógico sois! Halláis espléndida la acción de Judith porque
+libertó a unos cuantos ruines israelitas, que no valían seguramente lo
+que yo, y que no os debían interesar, puesto que hace tanto tiempo que
+están muertos y enterrados... ¿y os parece mal que haga lo mismo por mi
+propia libertad? ¡Y eso que yo gracias a Dios, estoy viva!--añadí,
+girando varias veces sobre mis talones.
+
+--Veo que tienes buena opinión de ti--respondió el cura, que hacía
+esfuerzos por tomar severo aspecto.
+
+--¡Ah, excelente!
+
+--Bueno, y ahora; ¿quieres o no quieres escucharme?
+
+--Estoy cierta--continué yo, siguiendo mi idea,--de que Holofernes era
+infinitamente más simpático que mi tía, y de que me hubiera entendido
+con él perfectamente. Por lo tanto, no alcanzo a ver lo que me impediría
+imitar a Judith.
+
+--¡Reina!--exclamó el cura, golpeando el suelo con el pie.
+
+--No os enojéis, os ruego, mi querido cura; tranquilizaos, no mataré a
+mi tía, tengo otro medio de vengarme.
+
+--Cuéntame eso--dijo el excelente hombre apaciguado ya y dejándose caer
+sobre un canapé.
+
+Yo me senté a su lado.
+
+--Bueno. ¿Habéis oído hablar de mi tío de Pavol?
+
+--Sí, por cierto. Vive cerca de V***
+
+--Muy bien. ¿Cómo se llama su propiedad?
+
+--El Pavol.
+
+--Entonces, escribiendo a mi tío al castillo de Pavol, cerca de V***
+¿llegaría la carta?
+
+--Sin duda.
+
+--Pues bien, señor cura; he hallado mi venganza. ¿No sabéis que si mi
+tía no me quiere, quiere en cambio muchísimo a mis pesos?
+
+--Pero, hija mía ¿de dónde has sacado semejante cosa?--díjome
+escandalizado el cura.
+
+--Se lo he oído decir a ella misma; así es que estoy segura de lo que
+afirmo. Y lo que teme, sobre todo, es que yo me queje al señor de Pavol,
+y le pida que me lleve a su casa. La amenazaré con escribirle a mi tío,
+y no estoy muy lejos--continué después de un instante de reflexión,--de
+hacerlo el día menos pensado.
+
+--¡Bah! siquiera eso es una cosa inocente--dijo sonriendo el buen cura.
+
+--¡Veis, veis: vos mismo me aprobáis!--exclamé batiendo palmas.
+
+--Sí, hasta cierto punto, hija mía, porque es evidente que no se te debe
+pegar; pero te prohíbo toda impertinencia. No te sirvas de tus armas
+sino en caso de legítima defensa, y recuerda que si tu tía tiene
+defectos, tú en cambio, debes respetarla y no ser agresiva.
+
+Yo hice una mueca petulante.
+
+--No os prometo nada... o más bien, mirad, hablando con franqueza, os
+prometo hacer justamente todo lo contrario de lo que acabáis de decirme.
+
+--¡Esto es una verdadera insubordinación!... Reina, concluiré por
+enfadarme.
+
+--Es más que una insubordinación--repliqué gravemente,--es una
+revolución.
+
+--¡Me va a hacer perder la paciencia y la vida!--murmuró el
+cura.--Señorita de Lavalle, hacedme el favor de someteros a mi
+autoridad.
+
+--Escuchad--proseguí con zalamería,--os quiero con todo mi corazón, aun
+más; sois la única persona que quiero en el mundo.
+
+La faz del cura se dilató radiante.
+
+--Pero detesto, execro a mi tía; mis ideas no cambiarán a ese respecto.
+Tengo mucho más talento que ella...
+
+Aquí, el cura, cuyo rostro se había nublado, me interrumpió con una
+mordaz exclamación.
+
+--No protestéis--proseguí yo, mirándole de soslayo,--bien sabéis que
+sois de mí misma opinión.
+
+--¡Qué educación, qué educación!--murmuró el cura con tono lastimero.
+
+--Señor cura, tranquilizaos, mi salvación no peligra; tarde o temprano
+nos encontraremos en el cielo. Continúo: teniendo, pues, mucho más
+talento que mi tía, me ha de ser fácil atormentarla de palabra. Anoche
+me he comprometido conmigo misma a fastidiarla y he tomado a la luna y a
+las estrellas por testigo.
+
+--Hija mía--díjome con seriedad el cura,--no me quieres oír, y te
+arrepentirás.
+
+--¡Bah, lo veremos!... Ahí viene mi tía; está furiosa, porque soy yo
+quien soltó la vaca, los conejos y los capones, para quedar a solas con
+vos. Echadle una sobarbada; os garantizo que me ha pegado muy fuerte;
+tengo marcas negras en los hombros.
+
+Entró mi tía como un huracán, y el cura completamente estupefacto, no
+tuvo tiempo para contestarme.
+
+--Ven acá, Reina--gritó ella, con la faz amoratada por la ira y la
+desordenada carrera que había tenido que dar en pos de los conejos.
+
+Yo le hice un gran saludo, y le dije, dirigiendo un gesto de
+inteligencia a mi aliado.
+
+--Os dejo con el cura.
+
+Felizmente la ventana estaba abierta.
+
+Salté sobre una silla, trepé al alféizar y me deslicé hacia el jardín,
+con gran pasmo de mi tía, que se había plantado en la puerta para
+cortarme la retirada.
+
+Declaro que fingí escaparme, pero que en realidad me quedé escondida
+detrás de un laurel y que caí en un acceso de júbilo sin igual, oyendo
+los reproches del cura y las furibundas exclamaciones de mi tía.
+
+Y a la tarde, durante la comida, ostentó el benigno aspecto de un perro
+a quien se le arrebata un hueso.
+
+Reñía a Susana, quien a su vez la enviaba a paseo, pegábale al gato,
+arrojaba sobre la mesa los cubiertos haciendo un barullo espantoso, y
+por último, exasperada por mi actitud impasible y burlona, tomó una
+botella y la tiró por la ventana.
+
+Inmediatamente tomé yo un plato de arroz, del que aun no se había
+servido y lo lancé detrás de la botella.
+
+--¡Ah miserable pilla!--vociferó mi tía, lanzándose sobre mí.
+
+--No se me acerque--le dije retrocediendo;--si me llega a tocar, esta
+noche misma escribo a mi tío de Pavol.
+
+--¡Ah!...--dijo mi tía, quedando petrificada y con el brazo extendido.
+
+--Si no es esta noche--proseguí,--será mañana o pasado, porque no quiero
+que se me pegue.
+
+--Tu tío no te creerá--gritó mi tía.
+
+--¡Ya lo creo que sí! Los dedos de usted han dejado huella en mis
+hombros. Sé que es muy bueno y me iré con él.
+
+No tenía por cierto ninguna noción a cerca del carácter de mi tío,
+puesto que sólo contaba seis años cuando lo vi por primera y última
+vez. Pero me pareció que debía hacerle creer que sabía mucho a su
+respecto, y que de ese modo daba pruebas de una gran diplomacia.
+
+Y salí majestuosamente, dejando a mi tía desahogándose entre los brazos
+de Susana.
+
+
+
+
+IV.
+
+
+Declarada estaba la guerra y desde entonces pasé todo mi tiempo en
+luchar con la señora de Lavalle. Antes de ello, apenas me atrevía a
+abrir la boca delante de mi tía, excepción hecha de las veces en que el
+cura se hallaba como tercero entre nosotros; me imponía silencio antes
+de que hubiese concluido mi frase.
+
+Declaro que este proceder érame penoso en extremo, pues soy charlatana
+por naturaleza. Resarcíame algo con el cura, pero esto era absolutamente
+insuficiente; tan es así que tomé la costumbre de hablar en alta voz
+conmigo misma. Y muy a menudo acaecía, que me plantara delante del
+espejo, y conversase durante horas enteras con mi propia imagen.
+
+¡Oh, fiel amigo! ¡mi querido espejo! ¡amable confidente de mis
+pensamientos íntimos!
+
+No sé si los hombres han reflexionado alguna vez sobre la influencia
+enorme que este mueblecito puede ejercer sobre un talento. Notad que no
+especifico el sexo de este talento, estando convencidísima de que los
+individuos barbudos se complacen tanto como nosotras en observar sus
+cualidades externas.
+
+Si escribiera una obra filosófica, desarrollaría este tema: «De la
+influencia del espejo sobre el corazón y la inteligencia del hombre».
+
+No niego que tal vez fuera mi tratado único en su especie, y que de
+ninguna manera se asemejaría a la filosofía en que Kant, Fichte,
+Schelling y otros, han gastado toda su vida, para su mayor gloria y gran
+felicidad de la posteridad que los lee con un placer tanto más intenso,
+cuanto que absolutamente no la comprende. No, mi tratado no correría
+tras las obras de estos señores; sería claro, explícito, práctico con un
+tantico de causticidad, y sería preciso poseer en alto grado el gusto
+por la contradicción para no convenir que estas cualidades no son la
+distintiva de las mencionadas filosofías. Mas no hallando
+suficientemente madura mi inteligencia para tamaña obra, conténtome con
+profesar a mi espejo sincero afecto, y con mirarme largo tiempo en él
+todos los días por espíritu de gratitud.
+
+Bien sé, que ante tal declaración, algunos de esos caracteres montaraces
+y bruscos que todo lo ven negro, insinuarán que la coquetería entra por
+mucho en la simpatía que siento por mi espejo. ¡Dios mío! nadie es
+perfecto; fijaos bien, querido lector, que si sois de buena fe, lo que
+no es muy seguro, confesaréis que el interés personal, por no decir algo
+peor, ocupa el primer puesto en la mayoría de vuestros sentimientos.
+
+Pero volviendo a mi asunto, diré que, habiendo roto completamente con
+mis antiguos terrores, no traté ya de moderar mi locuacidad delante de
+mi tía. No pasó día en que no tuviéramos a la hora de la comida
+discusiones que amenazaban degenerar en tempestades.
+
+Aunque no conociese yo su origen todavía, no tardé en descubrir que era
+ignorante como un topo y que experimentaba gran contrariedad cuando
+apoyaba mis opiniones en mi saber o en el del cura. Por otra parte,
+jamás titubeaba yo en dar la calificación de históricas a ideas sacadas
+de mi propia mente. Desgraciadamente, érame imposible luchar contra su
+experiencia personal, y cuando me afirmaba que las cosas se pasaban de
+tal o cual modo en el mundo, y los hombres no eran más que pillos, unos
+agentes de Satanás, me moría de rabia porque no podía contestarle nada.
+Que tenía bastante buen sentido para comprender que los personajes con
+quienes vivía, no podían darme más que una imperfectísima idea del
+género humano, en las circunstancias comunes de la vida.
+
+Todos los domingos comía el cura en casa. Y sin duda tenía sus motivos
+secretos para no elogiar delante de mi al rey de la Creación
+(exceptuando sus héroes antiguos cuyas audacias no podía temer), pues no
+oponía sino debilísimas protestas a las afirmaciones de mi tía.
+
+La comida del domingo constaba invariablemente de un pollo o de un
+capón, de una ensalada, de huevos duros y de leche cuajada en verano.
+
+El cura, que en su casa comía bastante mal y cuyo paladar sabía apreciar
+el arte de Susana, llegaba restregándose las manos y proclamando su
+apetito.
+
+Pronto nos sentábamos a la mesa, y el principio de la conversación era
+no menos invariable que la lista de la comida.
+
+--Hace buen tiempo--adelantaba mi tía, cuya frase, si llovía, no se
+modificaba sino en el adjetivo.
+
+--¡Espléndido!--respondía alegremente el cura,--da gusto caminar con un
+sol tan hermoso.
+
+Si hubiera llovido, nevado, helado o caído granizo, piedras o azufre,
+del mismo modo hubiese el cura manifestado su satisfacción explayándose
+sobre lo agradable de un cuarto herméticamente cerrado o ya elogiando el
+encanto de un buen fuego.
+
+--Pero no hace calor--continuaba mi tía,--y ¡es sorprendente! en mi
+tiempo, por Pascua, ¡ya nos vestíamos de blanco!
+
+--¿Os sentaban los trajes blancos?--preguntábale yo rápidamente.
+
+Mi tía que no dejaba de prever alguna impertinencia, me dirigía una
+mirada preventiva antes de responder:
+
+--Sí, por cierto; bastante.
+
+--¡Oh!--exclamaba yo, con un tono que no permitía ninguna duda a cerca
+de mi íntima convicción.
+
+--Y en mi tiempo--continuaba,--las niñas no hablaban sino cuando se les
+dirigía la palabra.
+
+--Entonces ¿usted no hablaba cuando joven, tía?
+
+--Cuando me hacían alguna pregunta y nada más.
+
+--¿Y todas las niñas se os asemejaban, tía?
+
+--Sí, por cierto, sobrina.
+
+--¡Qué época horrible!--suspiraba yo, levantando los ojos al cielo.
+
+Mirábame el cura con aire de reproche, y la señora de Lavalle paseaba
+sus miradas sobre los diversos objetos que yacían sobre el mantel,
+evidentemente con la tentación de tirarme con alguno a la cabeza.
+
+Llegada la conversación a este punto... agudo, decaía de pronto, hasta
+el momento en que los acerbos sentimientos de mi tía, regolfados por los
+esfuerzos de su voluntad, estallaban de golpe, como una máquina sometida
+a excesiva presión. Su furia se desbordaba sobre la creación entera.
+Hombres, mujeres, niños, todo caía. De los míseros hombres no quedaba,
+al final de la comida, más que una horrible mezcla, no ya de carnes y
+huesos machacados, sino de monstruos de toda especie.
+
+--Los hombres no valen ni la soga para ahorcarles,--decía en el idioma
+armonioso y elegante que le era peculiar.
+
+El cura que estaba en la desoladora convicción de no ser una mujer,
+bajaba la cabeza y parecía lleno de contrición.
+
+--¡Herejes, bandidos!--proseguía mirándome con un aire terrible, como si
+yo hubiese pertenecido a la especie en cuestión.
+
+--¡Hum!--hacía el cura.
+
+--¡No piensan más que en gozar y en comer!--continuaba mi tía, que se
+acordaba de la miseria que le había legado su marido.--¡Agentes del
+diablo!
+
+--¡Hum, hum!--proseguía el cura, moviendo la cabeza.
+
+--¡Señor cura!--exclamaba yo impaciente--¡hum, hum! no es un argumento
+muy convincente.
+
+--Permitidme, permitidme--contestaba el buen hombre, perturbado en el
+saboreo de su comida;--creo que la señora de Lavalle va más allá de su
+idea al emplear esta expresión: agentes del diablo; pero también es
+cierto, que hay muchos hombres, que no son acreedores de una gran
+confianza.
+
+--Entonces vos sois como Francisco I, ¿preferís las mujeres?--decía yo
+con mi airecito cándido.
+
+--¡Voto a bríos!--exclamaba mi tía, que había substituido algunas
+palabras demasiado enérgicas, por esta frase aprendida a su esposo y que
+le parecía muy aristocrática--¡voto a bríos! ¡cállate, necia!
+
+Pero el cura le hacía una seña misteriosa y la excelente señora se
+mordía los labios.
+
+--¿Y vuestros héroes, señor cura? ¿Y vuestros griegos? ¿Y vuestros
+romanos?
+
+--¡Oh, los hombres de hoy no se parecen a los de antes!--replicaba el
+cura convencido de que decía una gran verdad.
+
+--¿Y los curas?--continuaba yo.
+
+--Los curas están fuera de combate--respondíame con bondadosa sonrisa.
+
+Esta clase de conversación, sembrada de sobreentendidos, gozaba del
+privilegio de exasperarme enormemente. Tenía conciencia de que un mundo
+de ideas y sentimientos, que por otra parte no tardaría en descubrir, me
+estaba cerrado. Dudaba, que el juicio de mi tía sobre la humanidad fuese
+absolutamente justo, y comprendía que ignoraba muchas cosas, y que
+corría el riesgo de quedar por largo tiempo en mi ignorancia.
+
+Una mañana, meditando sobre esta lamentable situación, ocurrióseme la
+idea de consultar a las tres personas que me era dado ver todos los
+días: Juan el quintero, Petrilla y Susana.
+
+Como esta última había vivido en C***, decidí que sus apreciaciones
+debían de estar basadas en una gran experiencia y por consiguiente la
+dejé para postre.
+
+Arropándome en una capucha, tomé mis zuecos y me dirigí hacia la quinta,
+situada a un kilómetro de la casa.
+
+Chapuzando, chapoteando y enterrándome, llegué hasta donde estaba Juan
+que limpiaba su arado.
+
+--¡Buen día, Juan!
+
+--¡Buen día, señorita!--contestó Juan, quitando su bonete de lana, lo
+que permitió a sus cabellos que se pararan tiesos sobre la cabeza. Esta
+era una peculiaridad de su temperamento; siempre que no estaban
+sometidos a presión, se entregaban a ese pequeño ejercicio.
+
+--Vengo a consultarle sobre una cosa muy, pero muy importante--díjele,
+haciendo hincapié sobre el adverbio para despertar su inteligencia que
+yo sabía dispuesta a andar a la briba, así que se la interrogaba.
+
+--Mande usted, señorita.
+
+--Dice mi tía, que todos los hombres son unos bandidos, ¿qué piensa
+usted a este respecto, Juan?
+
+--¡Unos bandidos!--repitió Juan, que agrandó los ojos como si percibiera
+un monstruo delante de sí.
+
+--Sí, pero es la opinión de mi tía, y quiero tener la de usted.
+
+--¡Caramba! sí, con todo, bien podría ser.
+
+--Pero eso no es una opinión, Juan. Vamos a ver, ¿cree usted sí o no,
+que los hombres sean generalmente unos bandidos?
+
+Juan apoyó la punta de su nariz sobre el índice de su mano derecha, lo
+que es signo seguro de profunda meditación.
+
+Después de haber reflexionado un minuto me dio esta respuesta, neta y
+decisiva:
+
+--Óigame señorita, le diré a usted: puede ser que sea así, y puede ser
+que no.
+
+--¡Cernícalo!--díjele indignada al contemplar tal fenómeno de estupidez.
+
+Abrió los ojos, abrió la boca, abrió las manos, y hubiera abierto toda
+su persona, si hubiese podido, para expresar más su asombro.
+
+Volví al patio de el Zarzal, renegando del barro, de mis zuecos, de Juan
+y de mí misma.
+
+--¡Petrilla, ven!--grité.
+
+Petrilla que limpiaba los cacharros de la lechería, acudió
+inmediatamente, con un manojo de ortigas en la mano, desnudos los brazos
+y roja la cara como una manzana, y la cofia en la nuca, según su
+costumbre.
+
+--¿Cuál es tu opinión acerca de los hombres?--pregunele de pronto.
+
+--Acerca de los hom...
+
+Y Petrilla, de manzana se volvió amapola, dejó caer sus ortigas, tomó
+una punta de su delantal, levantó la pierna izquierda y quedó posada
+sobre la derecha mirándome de un modo embobado.
+
+--¿Y? ¡Responde! ¿Qué piensas de los hombres?
+
+--Señorita, usted sin duda quiere jugar.
+
+--No, no. Hablo seriamente. Contesta pronto.
+
+--¡Caramba! señorita--respondiome Petrilla, parándose de nuevo sobre sus
+piernas,--si son buenos mozos, creo que se ven cosas algo más
+desagradables.
+
+Este modo de examinar la cuestión, me dio que pensar.
+
+--No hablo de lo físico--proseguí yo, alzando los hombros,--sino de lo
+moral.
+
+--Yo los encuentro muy simpáticos, por cierto--respondió Petrilla,
+brillándole los ojos.
+
+--¡Cómo! ¿no los tienes por herejes, bandidos y agentes del diablo?
+
+Petrilla se echó a reír a carcajadas.
+
+--Vea señorita, el modo de hablar de esos herejes es tan dulce, que...
+
+Aquí se interrumpió para darse un gran coscorrón en la cabeza. Torció su
+delantal, bajó los ojos, y me pareció que estaba por tomar las de
+Villadiego.
+
+--¿Y después? ¡Termina!
+
+--Seguramente, señorita, me vais a hacer decir disparates... y me voy.
+
+Y dirigiéndome la más hermosa de sus reverencias, desapareció en las
+profundidades de su lechería con cuya puerta me dio en la nariz.
+
+--¿Por qué diría disparates?... Vamos; no tengo más que recurrir a
+Susana; lo que falta es que no quiera hablar.
+
+Entré a la cocina. Susana se preparaba, armada de una escoba, a hacerla
+funcionar activamente.
+
+Me pareció que estaba en uno de sus malos días, y pensé que sería
+conveniente emplear algunas precauciones oratorias antes de plantear mi
+pregunta.
+
+--¡Qué lindas y brillantes están tus cacerolas!--díjele con amabilidad.
+
+--Se hace lo que se puede--refunfuñó Susana,--y a quien no le guste, que
+se queje.
+
+--Mira, Susana, tú que haces tan bien el guiso de pollo, ¿quieres
+enseñarme a hacerlo?
+
+--Eso no os incumbe, señorita; quedaos en vuestros departamentos y
+dejadme tranquila en mi cocina.
+
+No surtiendo ningún efecto mis medios de corrupción, enderecé el fuego
+hacia otro punto.
+
+--¿Sabes una cosa, Susana? ¿Sabes que debes haber sido muy linda en tu
+juventud? En tanto--pensaba, a parte, que si me hubiera tocado ser su
+marido, la hubiese puesto a asar en el horno para zafarme de ella.
+
+Había tocado la cuerda sensible, porque Susana dignose sonreírme.
+
+--Todos tenemos nuestra primavera, señorita.
+
+--Susana--proseguí yo, aprovechando aquella repentina blandura para
+llegar más rápidamente a mi objeto,--tengo ganas de hacerte una
+pregunta...
+
+--¿Cuál es tu opinión sobre los hombres... y las mujeres?--añadí
+pensando que era un rasgo de ingenio el extender mis estudios sobre
+ambos sexos.
+
+Apoyose Susana sobre su escoba, tomó su aspecto más avinagrado y me
+respondió con una convicción contundente:
+
+--Señorita, las mujeres no valen mucho; pero los hombres no valen nada.
+
+--¡Oh!--protesté yo, ¿estás segura de ello?
+
+--Tan cierto, como que os lo digo, señorita.
+
+Y aplicó un escobazo a los restos de legumbres que se hallaban por
+tierra, y los hizo desaparecer con tanta destreza, como si hubieran
+representado a los bípedos, blanco de su antipatía.
+
+Retíreme a mi cuarto a meditar el misantrópico axioma enunciado por
+Susana, bastante desalentada, pensando que yo no valía gran cosa, y que
+a mis desconocidos amigos, los hombres, se les daba el humillante valor
+del cero.
+
+
+
+
+V.
+
+
+Sin embargo, mis estudios me parecieron insuficientes y decidí
+continuarlos con ayuda de las novelas de la biblioteca.
+
+Un lunes, día de feria, mi tía, el cura y Susana tuvieron que ir a C***
+Mi tía decidió, como siempre, que yo quedara al cuidado de Petrilla, y
+fue esta vez la primera, que en mi vida, me encantó tal decisión. Estaba
+más que segura de mi libertad de acción, puesto que Petrilla se ocupaba
+más de la vaca lechera que de mis inspiraciones. Para estas excursiones
+traía el quintero al patio, a las ocho de la mañana, una especie de
+carromato, que en el lugar llamaban _maringola_. Aparecía mi tía de
+tiros largos, con la cabeza cubierta por un sombrero redondo, de fieltro
+negro, al que había adicionado un barbiquejo de un color violeta
+desvaído. Plantábaselo audazmente en la punta del rodete. Hiciera calor
+o frío, arropábase con pieles, pues había adoptado desde su casamiento
+la idea de que una señora de distinción no debía ponerse en camino sin
+llevar sobre sí el cuero de algún animal.
+
+Creía firmemente que, vestida de ese modo, quedaban borradas las máculas
+de su origen.
+
+Sentábase en el fondo del carricoche, en una silla sobre la que se ponía
+un almohadón, a fin de que no sufriera esa delicada porción del
+individuo, cuyo nombre evita toda decente péñola.
+
+Susana, que estaba encargada de dirigir el caballo que se manejaba solo,
+colocábase hacia la derecha en el banco de adelante y el cura subía a su
+lado.
+
+Y ya así, simultáneamente, volvíanse hacia mí.
+
+--¡No hagas travesuras--decía mi tía,--y cuidadito con ir a la huerta!
+
+--¡No me revuelva la cocina!--gritaba Susana,--y para almorzar,
+conténtese con la ternera fiambre.
+
+El cura no decía ni palabra, pero me sonreía con cariño y hacía un gesto
+que quería decir:
+
+--Lo que es por mi, de buena gana te llevaría; pero ella no ha querido.
+
+Este memorable lunes, sucedió lo mismo de siempre. Di algunos pasos
+sobre la carretera y pronto les vi desaparecer, zarandeados como
+árganas.
+
+Sin perder un segundo puse en ejecución mi proyecto, desde tiempo atrás
+maduro. Tratábase de tomar posesión de la biblioteca, cuya llave
+ocurriósele confiscar malhadadamente al cura; pero no era niña yo para
+desalentarme por tan poco.
+
+Corrí a buscar una escalera, que arrastré hasta la ventana de la
+biblioteca, y con esfuerzos sobrehumanos conseguí levantarla y apoyarla
+sólidamente contra la pared. Trepé con agilidad por los escalones, rompí
+un cristal con una piedra, que llevaba en la mano, y quitando luego los
+pedazos de vidrios que quedaban aún en el marco, pasé por la abertura
+aquella la parte superior de mi cuerpo y me dejé resbalar hacia adentro.
+
+Caí de cabeza sobre el piso, me hice un enorme chichón en la frente y al
+otro día me trajo el cura un ungüento para disolverlo.
+
+Así que me levanté y desperté del aturdimiento en que el golpe me había
+sumido, fue mi primer cuidado, urgar en los cajones de una vieja
+escribanía, en busca de una llave igual a la que había hecho desaparecer
+el cura. Mis pesquisas no duraron mucho; después de dos o tres
+infructuosas experiencias di con lo que buscaba.
+
+Después de haber suprimido tanto como me fue posible, los indicios de la
+fractura de la ventana, me instalé en un sillón, y mientras reposaba de
+mis fatigas hirieron mi vista las obras de Walter Scott, colocadas en
+frente de mí. Tomé al azar una de ellas, y me retiré, llevando a mi
+cuarto, como si hubiera sido un tesoro, _La linda joven de Perth_.
+
+En mi vida había leído una novela, y caí en un éxtasis, en un
+arrobamiento de que no podría dar idea. Aunque viviese novecientos
+sesenta y nueve años como el buen Matusalém, no olvidaría jamás la
+impresión que me hizo la lectura de _La linda joven de Perth_.
+
+Experimentaba la misma alegría, que debe sentir un prisionero a quien se
+saca del calabozo y se transporta entre árboles, flores y sol; o más
+bien el júbilo de un músico que oye ejecutar por primera vez y de un
+modo ideal la obra de su corazón y de su mente.
+
+El mundo que me era desconocido, y que con tanta inconsciencia anhelaba
+conocer, se me revelaba de pronto. Tan repentinamente entró la luz en mi
+inteligencia, que creía haber sido hasta entonces estúpida e idiota. Me
+entusiasmé, me embriagué con aquella novela repleta de color, de vida y
+de movimiento.
+
+Cuando bajé por la noche al comedor, donde el cura, que comía con
+nosotros, me esperaba con impaciencia, bajé soñando.
+
+Mirome él con profunda lástima, y me preguntó con el mayor interés, cómo
+me había pasado aquel accidente.
+
+--¿Accidente?--exclamé sorprendida.
+
+--Tienes la frente amoratada, mi pequeña Reina.
+
+--La tonta habrá subido a algún árbol o a alguna escalera--observó mi
+tía.
+
+--Sí, a una escalera--respondí,--es verdad.
+
+--¡Pobrecita!--exclamó el cura desolado,--y ¿caíste de boca?
+
+Yo hice una inclinación afirmativa.
+
+--¿Y te has puesto árnica, hijita?
+
+--¡Bah, no vale la pena!--prosiguió mi tía;--comed vuestra sopa, señor
+cura, y no os ocupéis de esa atolondrada; bien merecido le está.
+
+El cura no dijo, pues, nada, me hizo una seña amistosa y me examinó
+furtivamente.
+
+Mas yo no prestaba mayor atención a lo que sucedía en torno mío. Pensaba
+en la encantadora Catalina Glover, en el noble Enrique Smith, de quien
+me había enamorado, provisionalmente, y hete aquí, que sin el menor
+preámbulo estallé en sollozos.
+
+--¡Dios mío!--exclamó el cura levantándose rápidamente.--¡Querida
+Reinita, mi buena hijita!
+
+--No le hagáis caso está enojada porque no la hemos llevado a C***.
+
+Pero el cura, que sabía que yo odiaba el llanto y que era bastante
+orgullosa como para demostrar delante de mi tía una pena causada por
+ella, se me acercó, me preguntó en secreto por qué lloraba y se esforzó
+en consolarme.
+
+--No es nada, mi bueno y querido cura--díjele yo enjugando mis lágrimas
+y echándome a reír.--Tengo horror del dolor físico, me duele la cabeza y
+luego, debo estar horrorosa.
+
+--Como de costumbre--dijo mi tía.
+
+El cura me miró con aire preocupado. No estaba contento de mi
+explicación; pensaba que algo anormal había pasado durante el día. Me
+aconsejó que me acostara sin pérdida de tiempo; y lo hice con toda
+diligencia.
+
+Estaba avergonzada de haberlos divertido con mi llanto; tanto más cuanto
+que yo misma no sabía por qué había llorado. ¿Fue de placer o de
+fastidio? No hubiera podido decirlo, y me adormecí con la idea de que
+era inútil tratar de analizarlo.
+
+Durante el mes que siguió, devoré la mayor parte de las obras de Walter
+Scott. Desde aquel entonces hasta hoy he tenido, ciertamente, alegrías
+reales y profundas, pero por grandes que hayan sido, no sabría decir si
+han sobrepujado mucho en intensidad a las que sentí mientras mi
+inteligencia brotaba de su niebla, como de su crisálida, una mariposa.
+
+Pasaba de arrobamiento a arrobamiento, de éxtasis a éxtasis. Y me
+olvidaba de todo, para no pensar más que en mis novelas y en los
+personajes que excitaban mi imaginación.
+
+Cuando el cura me explicaba un problema, pensaba yo en Rebecca a quien
+había dejado en coloquio con el templario; cuando me daba una lección de
+historia, veía desfilar ante mis ojos los encantadores héroes, entre los
+que mi corazón inconstante había elegido ya una quincena de maridos, y
+cuando me reprendía, no le oía ni la mitad, hallándome ocupada en
+confeccionar un traje parecido al de Isabel de Inglaterra o al de Amy
+Robsart.
+
+--¿Qué has estudiado hoy?--preguntábame al llegar.
+
+--Nada.
+
+--¿Cómo nada?
+
+--Me fastidia el estudio--decía yo con tono cansado.
+
+El pobre cura estaba consternado. Preparaba largos discursos y me los
+espetaba de un tirón, pero producían el mismo efecto que si los hubiera
+dirigido a un piel roja.
+
+Por último súbitamente me volví triste. Si bien mi tía no me pegaba,
+desquitábase en cambio diciéndome cosas chocantes.
+
+Había adivinado que me dolía ser tan pequeña y no perdía ocasión de
+herir ese punto vulnerable; me llamaba fenómeno y me repetía que era
+fea.
+
+Poco tiempo antes, hallábame yo misma muy linda y tenía mucho más
+confianza en mi opinión, que en la de mi tía. Pero trabando relación con
+las heroínas de Walter Scott, surgió en mi espíritu la duda. Eran tan
+lindas, que yo me desolaba pensando que era necesario parecérseles para
+ser amada.
+
+El cura perdía poco a poco su sonrisa y su color. Observábame con
+desconsuelo, y pasaba el tiempo en sorber narigadas de rapé, con olvido
+de todas las reglas del arte, y en tratar de adivinar mi secreto, para
+lo que empleaba maquiavélicos medios; pero yo era impenetrable.
+
+Vile un día dirigirse hacia la biblioteca, pero buen cuidado tenía yo de
+no dejar la llave en la cerradura; volvió sobre sus pasos moviendo la
+cabeza y pasándose las manos entre el cabello que, más alborotado que
+nunca, producía el efecto de un penacho.
+
+Yo me había escondido tras una puerta y le oí murmurar cuando pasó cerca
+de mi:
+
+--Volveré con la llave.
+
+Esta decisión me contrarió profundamente. Con seguridad iba a descubrir
+mi secreto, y no iba a poder continuar mis lecturas queridas.
+
+Inmediatamente corrí a buscar otras novelas más, que llevé a mi cuarto y
+las reemplacé en los estantes con libros tomados al azar; pero a pesar
+de mis precauciones, tenía, por cierto, que el cuadro de papel con que
+había substituido al vidrio roto, era un indicio acusador.
+
+Ese día, examinando unas cartas halladas en la escribanía, descubrí el
+origen de mi tía. Era un arma contra ella, y resolví no tardar en
+usarla.
+
+Al día siguiente, en el almuerzo, estuvo de muy mal humor. En tal
+disposición de ánimo, si no hallaba pretexto para provocarme, lo
+inventaba.
+
+Soñaba yo con el amable Buckingham, que me parecía delicioso con su
+insolencia, sus hermosos trajes, sus lazos de cintas y su ingenio, y me
+preguntaba por qué causa se desesperaba Alicia Bridgeworth, de verse en
+su casa, cuando mi tía me dijo sin preámbulos.
+
+--¡Qué fea está usted hoy, Reina!
+
+Yo salté en la silla.
+
+--Aquí tiene--le dije pasándole el salero.
+
+--No pido la sal, tonta. Se está volviendo tan estúpida como fea.
+
+Es de notar que mi tía no me tuteaba nunca. Desde el día en que fue
+mujer de mi tío, creyó ponerse a la altura de su situación, suprimiendo
+el tú de su vocabulario. Trataba de usted hasta a sus conejos.
+
+--No soy de su opinión--le repuse secamente,--me encuentro muy linda.
+
+--¡Qué disparate!--exclamó mi tía.--¡Linda, usted! ¡Un fenómeno del alto
+de la estufa!
+
+--Es mejor parecerse a una planta delicada que a un hombre
+malogrado--repliquele.
+
+Pero mi tía creía firmemente que había sido una belleza y no soportaba
+bromas al respecto.
+
+--He sido linda, señorita; tan linda que a mi y a mi hermana los vecinos
+nos llamaban unas diosas.
+
+--¿Su hermana se parecía a usted, mi tía?
+
+--Mucho; éramos mellizas.
+
+--¡Qué desgraciado sería su marido!--dije yo con tono convencido.
+
+Mi tía lanzó una imprecación, que no dejaré repetir a mi pluma.
+
+--Al fin y al cabo--proseguí con calma,--usted tiene naturalmente el
+gusto de una mujer del pueblo, mientras que yo, yo...
+
+Pero quedé boquiabierta a mitad de la frase; mi tía acababa de romper un
+plato con el mango de su cuchillo. Lo que yo había dicho, inutilizaba
+todos sus esfuerzos para ocultarme su origen, y me vengaba completamente
+de toda su maldad para conmigo.
+
+--¡Es usted una serpiente!--exclamó con voz estrangulada.
+
+--No lo creo, mi tía.
+
+--¡Una serpiente!
+
+--Ya lo ha dicho,--respondí tranquilamente.
+
+--¡Una serpiente cobijada en mi seno!--repitió mi tía, que estaba
+demasiado colérica para hacer gastos de imaginación.
+
+Moví la cabeza, y pensé que a ser yo serpiente, seguramente rehusaría
+hallarme en semejante situación.
+
+--Permitidme--proseguí,--he estudiado ese animal en mi historia natural,
+y nunca he visto que tuviese la costumbre de cobijarse en el seno de
+nadie.
+
+Mi tía, que se desconcertaba siempre que hacía yo alusión a mis
+lecturas, no contestó nada, pero la expresión de su fisonomía, me
+pareció tan poco tranquilizadora que me esquivé cantando a desgañitarme:
+
+--¡Érase que se era, un tío de Pavol, de Pavol, de Pavol!
+
+Nos hallábamos a mediados de Junio. Las mariposas volaban por todas
+partes, las moscas zumbaban, el aire estaba impregnado de mil perfumes;
+en una palabra, el día me pareció tan espléndido que olvidé mi prudencia
+ordinaria. Tomé mi libro y fui a instalarme en un prado a la sombra de
+una parva de heno.
+
+Se me oprimía el corazón pensando en las palabras de mi tía. La verdad
+es que era desolador el ser tan pequeñita, tan pequeñita. ¿Quién podría
+amarme así? Pero me consolaba leyendo _Peveril del Pic_. Era esta una de
+mis novelas preferidas, entre las de Walter Scott, precisamente a causa
+de Fenella, cuya altura era a buen seguro, más exigua que la mía.
+
+Yo amaba, idolatraba a Buckingham. Me encolerizaba con Fenella, porque
+le decía cosas verdaderamente muy duras, y en el momento en que se
+escapa por la ventana, detuve mi lectura para exclamar.
+
+--¡Ah, tontuela, un hombre tan delicioso!
+
+Al pronunciar estas palabras levanté los ojos, y lancé un gran grito al
+ver al cura de pie, delante de mí.
+
+Estaba cruzado de brazos y me miraba estupefacto. Parecía tan
+consternado como ese personaje de los cuentos de hadas, que ve sus
+diamantes trocados en avellanas.
+
+Me levanté algo avergonzada, pues le había engañado abominablemente.
+
+--¡Oh, Reina!...--comenzó.
+
+--Mi querido cura--exclamé yo estrechando a Peveril del Pic contra mi
+corazón,--¡dejadme continuar, os lo ruego, os lo suplico!
+
+--Reina, mi Reinita, nunca hubiera creído eso en ti.
+
+Esta dulzura me enterneció, tanto más que no tenía la conciencia muy
+limpia, mas con una táctica eminentemente femenina me apresuré a cambiar
+de asunto.
+
+--Era una distracción, señor cura, soy tan desgraciada.
+
+--¿Desgraciada, Reina?
+
+--¿Creéis que sea divertido tener una tía como la mía? No me pega ya, es
+cierto, pero me dice cosas que me apenan mucho.
+
+¡Qué bien conocía a mi cura! Ya había olvidado su resentimiento y sus
+sermones; tanto más cuanto que en mis palabras había un gran fondo de
+verdad.
+
+--¿Y es por eso, que estás tan triste, hijita?
+
+--Sí, por cierto, señor cura. Figuraos que mi tía me repite en todos los
+tonos que soy un fenómeno, que soy fea como un susto.
+
+Y mis ojos se llenaron de lágrimas, como que el tal tema me dolía en el
+alma.
+
+El buen cura muy emocionado, restregose la nariz, con aire perplejo. Muy
+distante estaba de participar de las ideas de mi tía a ese respecto y
+miraba el modo que podría emplear para disipar mi tristeza, sin
+despertar en mi alma ni el orgullo, ni la vanidad, ni ningún elemento de
+pecado.
+
+--Vamos, Reina; es preciso no apegarse mucho a cosas que pronto se
+desvanecen.
+
+--Entretanto, esas cosas existen--repliqué, coincidiendo, en el
+pensamiento, a dos siglos de distancia, con la más linda mujer de
+Francia.
+
+--Por otra parte encontrarás personas que no pensarán como la señora de
+Lavalle.
+
+--¿Es usted de esas personas señor cura? ¿Me encuentra usted bonita?
+
+--Pero... sí--respondió el cura, con aire lastimoso.
+
+--¿Muy bonita?
+
+--Pero... sí--respondió en el mismo tono el cura.
+
+--¡Ah, qué contenta estoy!--exclamé saltando.--¡Cómo os quiero, señor
+cura!
+
+--Todo esto está muy bien, Reina; pero has cometido una grave falta. Te
+has introducido en la biblioteca con riesgo de desnucarte, y has leído
+libros, que probablemente yo no te hubiera dado nunca.
+
+--¡Walter Scott, señor cura; son de Walter Scott! Mi literatura habla
+muy bien de él.
+
+Y le conté todas las impresiones. Hablé con volubilidad y mucho tiempo,
+radiante de ver que no solamente se olvidaba el cura de reñirme, sino
+que escuchaba con interés lo que le refería.
+
+En vista de mi entusiasmo y mi alegría, reaparecidos como por encanto,
+le volvieron también súbitamente los colores y el aire risueño.
+
+--Bien--me dijo,--te permito leer a Walter Scott; sin embargo, yo mismo
+lo reeleré para hablar de ello contigo, pero prométeme no volver a hacer
+más travesuras.
+
+Se lo prometí de todo corazón, y desde entonces tuvimos nuevo asunto
+para discusiones y porfías, porque naturalmente, nunca fuimos de la
+misma opinión.
+
+Con todo, pronto el interés que me inspiraban mis novelas, fue
+desvanecido por un acontecimiento sorprendente, inaudito, que acaeció en
+el Zarzal, algunas semanas después. Uno de esos acontecimientos que no
+conmueven las bases de los imperios, pero que siembran perturbaciones en
+el corazón o en la imaginación de las jóvenes.
+
+
+
+
+VI.
+
+
+Era un domingo.
+
+Los domingos asistíamos regularmente a la misa cantada, que era el único
+oficio de la mañana, pues el cura no tenía teniente. Mi tía entraba
+primero en nuestro banco blasonado; seguíala yo, Susana luego y Petrilla
+cerraba la marcha.
+
+Nuestra iglesia era vieja y pobre.
+
+El primitivo color de las paredes desaparecía bajo una especie de moho
+verdoso producto de la humedad; el piso en vez de ser unido, estaba
+formado por una cantidad de baches y montículos que invitaban a los
+fieles a romperse la nuca y a aprovechar de su presencia en un sitio
+santificado, para subir más pronto al cielo; el altar estaba adornado
+con figuras de ángeles, pintadas por el carretero de la aldea quien se
+las echaba de artistas; dos o tres santos se contemplaban con sorpresa,
+admirados de verse tan feos. Cuantas veces he pensado, mirándolos, que a
+ser yo santa y representarme los mortales de tan odiosa manera, sería
+absolutamente sorda a sus plegarias; pero tal vez los santos no tienen
+mi carácter. Por una ventana sin vidrios mostraba una rosa su frente
+perfumada, y con su frescura y belleza parecía protestar del mal gusto
+del hombre.
+
+Poseíamos un harmonium, del que vibraban sólo tres notas; a veces el
+número crecía hasta cinco, pues este instrumento era caprichoso y andaba
+según la temperatura, como los romadizos de nuestro sochantre, quien
+rugía durante dos horas con una convicción tan ingenua y profunda de que
+poseía una hermosa voz, que era imposible criticarle.
+
+El sitial del celebrante estaba colocado en el fondo de un precipicio,
+de modo, que desde mi asiento no se veía más que la cabeza y el busto
+del cura que parecía estar en penitencia. Los monaguillos se hacían
+mueca detrás de él sin que se le ocurriera sospecharlo.
+
+Después del Evangelio, se quitaba delante de nosotros la casulla, como
+que las cosas pasaban en familia, y después de tropezar en algunos
+pozos, llegaba al púlpito.
+
+Creo que no hay entre todos los seres humanos, que se agitan en la
+superficie del globo, ninguno que no haya soñado, una vez por lo menos,
+en el curso de su existencia.
+
+Sea de elevada o ínfima posición, no puede el hombre vivir sin deseos, y
+el cura sufriendo la ley común, había soñado durante treinta años de su
+vida la posesión de un púlpito.
+
+Desgraciadamente, era muy pobre, éranlo igualmente sus feligreses y mi
+tía que era la única que le hubiera podido ayudar, no respondía a sus
+tímidas insinuaciones; a más de ser sórdidamente avara cuando se trataba
+de dar, no profesaba la menor consideración por los antojos de su
+prójimo.
+
+A fuerza de economías, encontrose al fin el cura con doscientos francos
+en su poder. Y entonces resolvió realizar su sueño del modo que pudiera.
+
+Una mañana le vi llegar fuera de sí.
+
+--Mi Reinita, ven, ven conmigo--exclamó.
+
+--¿A dónde, señor cura?
+
+--A la iglesia; ven pronto.
+
+--Pero a estas horas no hay misa.
+
+--Ya lo sé; pero quiero que veas algo espléndido.
+
+Tenía un aspecto tan radiante, su dulce fisonomía respiraba tal
+contento, que todavía me río al recordarlo, y su júbilo es para mi uno
+de los mejores recuerdos de aquel tiempo.
+
+No caminaba: volaba, y llegamos en un soplo a la iglesia. Acabábase de
+colocar el púlpito, y el cura, en éxtasis ante él, me dijo en baja voz:
+
+--¡Mira Reinita, mira! ¿No es una feliz ocurrencia? Al fin poseemos un
+púlpito. No tiene aspecto muy sólido, pero sin embargo es bastante
+bueno. He realizado el sueño de mi vida. Nunca se debe desesperar de
+nada, hijita, nunca.
+
+Mirábalo yo, un tanto desconcertada, porque no podía negarme que mi
+imaginación me había representado un púlpito, como algo de grande y
+monumental. Y lo que yo tenía a la vista era una especie de caja de
+madera blanca apoyada en soportes de hierro tan poco elevados que,
+hablando en puridad, se hubiera podido prescindir de peldaños para
+entrar en ella. Pero un púlpito sin escalera no se ha visto nunca; así
+es que para salvaguardar el honor se había logrado colocar dos gradas,
+de quince centímetros de alto cada una.
+
+--Mira, Reina, mira qué buen efecto produce--decíame el cura.--Cuando
+tenga un poco de plata, le haré dar una mano de pintura, o más bien, lo
+pintaré yo mismo; eso me divertirá y será más económico. La verdad es
+que pudiera ser un poco más alto, pero bueno es no tener demasiada
+ambición.
+
+Y el sencillo y excelente hombre, giraba con admiración, alrededor del
+púlpito. Y no se hubiese sentido más feliz aunque sus tableros hubieran
+sido pintados por Rafael o esculpidos por Miguel Ángel.
+
+A él no se le ocurría que la realidad como siempre ¡ay! no se parecía al
+ensueño; no se empeñaba en hacer comparaciones y disfrutaba de su
+felicidad sin preocupación alguna.
+
+--Yo he hecho el plano, hijita, y por cierto que he tenido una
+espléndida idea. Sin embargo, la medalla tiene un reverso, y debo
+declarar que me he endeudado un poco; me cobran algo más de lo que había
+supuesto, pero parece que siempre sucede eso cuando se manda hacer
+alguna cosa. Pensaba comprarme un abrigo este invierno; pues bien, Dios
+mío, haremos abstracción de él; he ahí todo.
+
+¡Oh, sí! su alegría es para mi uno de los mejores recuerdos de aquel
+tiempo.
+
+Nunca he visto un hombre tan feliz, ni adornar una dicha mediocre con la
+esplendidez que lo hacía el cura con los reflejos de su buen natural, y
+de su espíritu algo infantil.
+
+--¡Si es que parece exactamente un púlpito!--decía riendo y
+restregándose las manos.
+
+Yo abrigaba algunas dudas al respecto, pero oculté mi decepción, y me
+extasié lo mejor que pude ante aquel objeto extraordinario, que a causa
+de la forma irregular de la iglesia, hallábase colocado en un hueco, de
+tal suerte que cuando predicaba el cura, las tres cuartas partes del
+auditorio no veían más que un brazo y un mechón de cabellos blancos que
+se agitaban con elocuencia, según las diversas fases del discurso.
+
+Sentíase tan contento el cura al decir: «Voy a subir al púlpito» que
+tuvimos que resignarnos a tener sermón todos los domingos.
+
+No bien abría la boca, tomaban las feligreses una postura cómoda para
+echar un sueñecito. Petrilla aprovechaba del sopor general para lanzar
+alguna ojeada al banco vecino al nuestro, y Reina de Lavalle se
+preparaba a meditar sobre las vicisitudes de la vida representadas por
+una tía y el aburrimiento de los sermones.
+
+No sé por qué le gustaba al cura hablar sobre las pasiones humanas, pero
+un día que se había dejado arrastrar por el calor de la improvisación,
+le hice en la comida preguntas tan indiscretas y apuradas que se
+propuso no abordar más tales asuntos delante de mí. En adelante
+contentose en discurrir sobre la pereza, la embriaguez, la ira y otros
+vicios que no excitaban ni mi curiosidad ni mi charla.
+
+Durante una hora nos ponía a la vista la gran iniquidad en que estábamos
+sumidos. Luego, cuando nuestro estado moral se hacía completamente
+lamentable, bajaba con nosotros con aire radioso a los infiernos, y nos
+hacía palpar los suplicios que merecían las almas manchadas por el
+pecado; tras de lo cual, pasando por un atrevido giro de frase a menos
+horribles ideas, emergía poco a poco de las regiones infernales,
+permanecía algunos instantes sobre la tierra, nos depositaba
+tranquilamente en el cielo, y descendía del púlpito, con el paso
+triunfal de un conquistador que acaba de cortar algún nudo gordiano.
+
+El auditorio se despertaba entonces con sobresalto, excepto Susana que
+gozaba demasiado oyendo hablar mal de la humanidad, para dormirse, y que
+se bañaba en agua de rosas, mientras el cura fustigaba a sus ovejas con
+sus flores retóricas.
+
+Era, pues, un domingo. Hacía un calor asfixiante y volviendo a casa,
+Susana nos dijo:
+
+--Tendremos tormenta antes de que concluya el día.
+
+Esta profecía me agradó; una tormenta era un feliz incidente en mi vida
+monótona, y a pesar de mi miedo, me gustaban el trueno y los
+relámpagos, aunque solía temblar de pies a cabeza cuando los estallidos
+se sucedían con mucha rapidez.
+
+Durante la primera parte de la tarde, erré como alma en pena, por el
+jardín y el bosquecillo. Me moría de aburrimiento y pensaba con
+melancolía, en que nunca me pasaría ninguna aventura, y en que estaba
+condenada a vivir perpetuamente al lado de mi tía.
+
+Cuando volví a casa, a eso de las cuatro, subí al corredor del primer
+piso, y con la cara pegada contra un vidrio, me entretuve en seguir con
+los ojos el movimiento de las nubes que se amontonaban sobre el Zarzal y
+nos traían la tormenta anunciada por Susana.
+
+Preguntábame de dónde venían y lo que habían visto en su curso, lo que
+me, podrían contar, a mi que no sabía nada de la vida y del mundo, a mi
+que ansiaba ver y conocer. Se habían formado tras aquel horizonte que yo
+nunca había franqueado y que me escondía misterios, esplendores (a lo
+menos, así creía yo), alegrías y goces sobre los que meditaba en
+silencio.
+
+Distrájeme de mis reflexiones al notar que Petrilla, escondida en un
+rincón, se dejaba besar por un gran palurdo que le había pasado un brazo
+alrededor del talle.
+
+Abrí de golpe la ventana y grité batiendo las manos:
+
+--¡Muy bien, Petrilla! Ya veo a usted señorita.
+
+Petrilla, espantada, tomó sus zuecos en la mano y corrió a guarecerse
+en el establo. El gran palurdo se quitó el sombrero y me examinó con una
+estúpida sonrisa que le hendía la boca hasta las orejas.
+
+Reíame con todas mis ganas, cuando un coche, que yo no había oído llegar
+entró en el patio. Bajó de él un hombre, dijo algunas palabras al
+sirviente que le acompañaba, y miró en torno de sí en busca de alguien a
+quien hablar.
+
+Pero Petrilla, cuyo bonete blanco veía yo asomar a través de la abertura
+enrejada del establo, no se movía, y su enamorado se había precipitado
+de bruces detrás de un pajar. Y en cuanto a mi, sorprendida por tal
+aparición, había entornado uno de los postigos de la ventana, y
+observaba los acontecimientos sin hacer un movimiento.
+
+De dos saltos salvó el desconocido los deteriorados peldaños de la
+escalinata, y buscó una campanilla que no había existido jamás; en vista
+de lo cual y no siendo la paciencia su cualidad dominante, comenzó a dar
+golpes de puño contra la puerta.
+
+Mi tía y Susana surgieron delante de él, y certifico que desde ese
+instante tuve la más favorable opinión a cerca de su valor, pues no
+demostró ningún espanto. Saludó levemente, y luego comprendí por sus
+gestos que habiéndole asustado el cielo amenazante, pedía permiso para
+guarecerse en el Zarzal.
+
+En esos momentos, en efecto, estalló con gran violencia la tormenta, y
+no dio más tiempo que para poner a cubierto el caballo y el coche.
+
+Se ha dicho que la soledad nos hace tímidos, mas en ciertos casos
+produce el efecto contrario. No habiéndome rozado con nadie, no habiendo
+nunca comparado nada, tenía la mayor confianza en mí misma, e ignoraba
+por completo ese extraño sentimiento que anula las más brillantes
+facultades y hace estúpidos a los hombres superiores.
+
+Con todo, ante esta aventura, que parecía evocada por mis pensamientos,
+latiome el corazón con fuerza, y vacilé tanto en entrar al salón, que
+estaba aún en la puerta cuando llegó el cura hecho una sopa, pero
+contento.
+
+--Señor cura--exclamó yo, corriendo hacia él,--hay un hombre en el
+salón.
+
+--¿Y qué hay con eso, Reina? Un arrendatario, supongo.
+
+--No, no señor cura, es un verdadero hombre.
+
+--¿Cómo, un verdadero hombre?
+
+--Quiero decir que no es ni un cura ni un labriego; es joven y está bien
+vestido. Entremos pronto.
+
+Entramos y estuve a punto de lanzar un grito de sorpresa al notar que mi
+tía ostentaba una expresión genuinamente amable, y que sonreía
+agradablemente al desconocido que, sentado en frente de ella, parecía
+estar tan a sus anchas como en su propia casa.
+
+Bien es cierto que sólo su aspecto bastaba para serenar el ánimo más
+hosco. Era alto, bastante grueso, de rostro radiante, franco y
+expansivo. Sus rubios cabellos estaban cortados al ras, y tenía bigotes
+de puntas retorcidas, una boca bien dibujada y dientes blancos, que una
+risa franca y natural enseñaba a menudo. Toda su persona respiraba
+alegría y amor a la vida.
+
+Levantose al vernos entrar y aguardó un instante que mi tía nos
+presentase. Pero el tal ceremonial era tan desconocido para ella, como
+para los habitantes de Greenlandia, y se presentó él mismo bajo el
+nombre de Pablo de Couprat.
+
+--¡De Couprat!--exclamó el cura;--¿sois tal vez hijo del excelente
+comandante de Couprat, a quien he conocido en otro tiempo?
+
+--Mi padre es, en efecto, comandante, señor cura. ¿Le habéis conocido?
+
+--Y me ha prestado servicios hace muchos años. ¡Qué noble y excelente
+hombre!
+
+--Sé que mi padre es querido por todo el mundo--respondió el señor de
+Couprat, con el rostro más radiante que nunca.--Y el comprobarlo es
+siempre para mi una nueva dicha.
+
+--Pero--continuó el cura,--¿no sois pariente del señor de Pavol?
+
+--Exactamente: primo en tercer grado.
+
+--Pues he aquí a su sobrina--dijo el cura presentándome.
+
+A pesar de mi inexperiencia noté muy bien que la mirada del señor de
+Couprat expresaba alguna admiración.
+
+--Me felicito de conocer tan encantadora prima--díjome con aplomo y
+tendiéndome la mano.
+
+Esta lisonja provocó en mi un pequeño escalofrío agradable y puse mi
+mano entre la suya sin la menor turbación.
+
+--No primo, exactamente--dijo el cura narigueando su rapé con
+júbilo;--el señor de Pavol es sólo tío político de Reina; su esposa era
+una señorita de Lavalle.
+
+--No importa--exclamó el señor de Couprat,--no renuncio a nuestro
+parentesco. Mucho más, cuanto que si se buscase bien, se encontrarían
+matrimonios entre mi familia y la de los de Lavalle.
+
+Pusímonos a charlar como tres buenos amigos, y me pareció que siempre
+nos habíamos visto, conocido y querido. Sentía esa extraña impresión,
+que hace suponer que lo que sucede inmediatamente bajo nuestros ojos, ha
+pasado ya en una época remota, tan remota, que no se ha guardado de ello
+más que un recuerdo vago y casi desvanecido.
+
+Pero por más que en mi mente pasaba revista a todos los héroes de novela
+que conocía, no hallaba ninguno que fuese tan rochonchito como mi nuevo
+héroe. Era gordo, no había la menor duda, pero tan bueno, tan alegre,
+tan gracioso, que pronto este defecto físico se transformó a mi vista en
+una cualidad trascendental.
+
+Hasta no tardaron en parecerme desprovistos de atractivos mis
+imaginarios héroes.
+
+A pesar de su figura elegante y siempre esbelta, quedaban borrados,
+radicalmente borrados por ese buen muchacho vivo y alegre a quien yo
+adoraba mentalmente como un tesoro de cualidades.
+
+Mientras tanto, aunque la tormenta hubiese calmado, no cesaba la lluvia,
+y como se acercaba la hora de comer, mi tía invitó a Pablo de Couprat a
+compartir nuestra mesa.
+
+Inmediatamente declaró que tenía una hambre de caníbal y aceptó con un
+desenfado que me encantó.
+
+Me esquivé un instante para ir a afrontar el mal humor de Susana.
+
+--Susana--dije entrando con agitación en la cocina,--el señor de Couprat
+come con nosotros. ¿Tenemos algún pollo gordo, leche, fresas, cerezas?
+
+--¡Ah, Señor! ¡cuánta cosa!--refunfuñó Susana;--hay lo que hay y nada
+más.
+
+--Has dicho una gran verdad, Susana; pero contéstame. ¿Un capón será
+bastante?
+
+--No es un capón, señorita, es un pavo; mire usted.
+
+Y Susana, con un sensible ímpetu de orgullo, abrió el asador y me hizo
+admirar el ave que bien cebada por sus cuidados y los de Petrilla,
+pesaba por lo menos doce libras. La piel dorada levantábase de trecho en
+trecho, probando así la delicadeza y blandura de la carne que cubría, y
+ofrecía a mis ojos un satisfactorio espectáculo.
+
+--¡Bravo!--dije yo.--Pero Susana ¿habrá resultado bien la cuajada? ¿Hay
+mucha? Y, mira, ¡sazona bien la ensalada!
+
+--Tengo costumbre de hacer bien cuanto hago, señorita. Por otra parte
+ese señor no es ni un príncipe ni un emperador, según pienso. Es un
+hombre como otro cualquiera y se conformará con lo que le den.
+
+--Susana, ¡un hombre como otro cualquiera!--exclamé indignada.--Entonces
+¿no lo has visto?
+
+--Ya lo creo que lo he visto, señorita, y hasta puedo afirmar que lo he
+oído. ¿Acaso le es permitido a ningún cristiano aporrear de ese modo la
+puerta de una casa decente? Con todo, enamoriscaos de él si queréis, que
+a mí...
+
+Abrí la boca para contestarle agriamente, pero contúvome la prudencia,
+pues pensé que por vengarse y contrariarme, era muy capaz Susana de
+chamuscar el pavo.
+
+Poco tiempo después pasamos al comedor, y no pude menos que echar una
+mirada desolada sobre los tapices sucios y usados que caían en jirones.
+¡Y luego Susana tenía un modo tan original de tender la mesa! Tres
+saleros a guisa de centro de mesa campeaban en medio del mantel, los
+cubiertos estaban colocados con descuido, las botellas en fila una tras
+otra, mientras que el único botellón del agua hallábase colocado de tal
+modo que cada comensal tenía seguramente que dislocarse para alcanzarlo,
+puesto que la mesa era enormemente ancha.
+
+Esa fue la primera vez que tuve en mi vida la convicción de que el
+fantástico gusto de Susana violaba todas las leyes de la simetría.
+
+Pero el señor de Couprat tenía uno de esos caracteres felices, que saben
+tomar todas las cosas por el lado mejor. Y además poseía la facultad de
+adaptarse al medio en que se hallaba.
+
+Inspeccionó la mesa con aire alegre, tomó la sopa sin cesar de hablar,
+felicitó a Susana por su cocina y lanzó verdaderos gritos de júbilo a la
+aparición del pavo.
+
+--Es preciso convenir, señor cura--dijo,--que la vida es una dulce
+invención y que Heráclito era un estúpido de marca mayor.
+
+--No hablemos mal de los filósofos--respondió el cura,--suelen tener
+algo bueno.
+
+--Usted es, señor cura, la benevolencia en persona. En cuanto a mi, si
+fuera gobierno, soltaría a los locos y en su lugar encerraría a los
+filósofos, teniendo cuidado de no aislar los unos de los otros, para que
+así pudieran devorarse mejor.
+
+--¿Quién es Heráclito?--preguntó mi tía.
+
+--Un imbécil, señora, que pasaba su tiempo en lloriquear. ¿Puede darse
+¡Dios mío! una cosa más ridícula?
+
+Y decir que por eso lo han hecho pasar a la posteridad...
+
+--Tal vez--insinué yo,--viviera con varias tías, y eso le habría agriado
+el carácter.
+
+El señor de Couprat se detuvo sorprendido y estalló luego en una
+carcajada.
+
+El cura abrió tamaños ojos, pero mi tía, en brega con el pavo, al que
+trinchaba con arte, fuerza es confesarlo, no me oyó.
+
+--La historia, primita, no dice nada al respecto.
+
+--En todo caso--continué yo,--libraos de atacar a los antiguos; el señor
+cura os arrancaría los ojos.
+
+--¡Cuánto me han hecho rabiar esos bandidos! Sólo he guardado de ellos
+un recuerdo: el de las penitencias que me han ocasionado.
+
+--Permitid--dijo el cura, que hizo un esfuerzo por sacar a la orilla a
+sus amigos que iban en camino de ahogarse por completo en mi
+opinión,--permitid; no podéis negar algunas bellas virtudes, algunos
+actos heroicos que...
+
+--¡Ilusiones, ilusiones!--interrumpió Pablo de Couprat. Eran unos
+pilletes insoportables, pero hoy que están muertos se les atavía con
+increíbles virtudes, para humillar a los pobres que vivimos y valemos
+más que ellos. ¡Dios mío, qué ave más espléndida!
+
+Y hablando sin cesar, comía con apetito y entusiasmo sin iguales.
+
+Los trozos se amontonaban en su plato y desaparecían con una tan notable
+velocidad, que llegó un momento en el que mi tía, el cura y yo quedamos
+con el tenedor en el aire, contemplándole con honda admiración.
+
+--Ya os había prevenido--nos dijo riendo,--que tenía una hambre de
+caníbal, lo que me sucede trescientas sesenta y cinco veces por año.
+
+--¡Cuánto dinero debéis gastar en comer!--exclamó mi tía que tenía la
+habilidad de ver el lado mercantil de las cosas y de decir lo que no
+debía decirse.
+
+--Veintitrés mil trescientos setenta y siete francos, señora--respondió
+con toda seriedad mi nuevo primo.
+
+--¡No es posible! murmuró mi tía, estupefacta.
+
+--Parece que sois completamente feliz--le dijo el cura restregándose las
+manos.
+
+--¿Si soy feliz, señor cura? Ya lo creo. Pero hablando francamente,
+veamos, el ser desgraciado ¿acaso es natural?
+
+--Algunas veces--respondió sonriendo el cura.
+
+--¡Oh, bah! los que son desdichados, lo son por su culpa muchas veces,
+porque entienden la vida al revés. La desgracia no existe; lo que existe
+es la tontera humana.
+
+--Pues he ahí una desgracia.
+
+--Bastante negativa, señor cura, y no porque mi vecino sea tonto he de
+deducir que se le deba imitar.
+
+--Os gustan las paradojas ¿verdad?
+
+--No; pero me fastidio cuando veo tanta gente amargarse la vida a causa
+de una enfermiza imaginación. Me parece que esas personas no comen lo
+suficiente, que viven de alondras y de huevos pasados por agua, y que
+descomponen el cerebro al mismo tiempo que el estómago. Amo la vida y
+pienso que todos debieran hallarla hermosa y ver que no tiene más que un
+defecto: el de acabarse tan pronto.
+
+El pavo, la ensalada y la cuajada, todo había sido devorado, y mi tía
+miraba con expresión poco risueña la osamenta del volátil con la que
+había contado para banquetear durante algunos días.
+
+Íbamos a levantarnos de la mesa, cuando entreabrió la puerta Susana y
+metiendo la cabeza por la abertura, nos dijo con arrogancia:
+
+--He hecho café; ¿lo traigo?
+
+--Quién te ha mandado...--comenzó mi tía.
+
+--Sí, sí--dije interrumpiéndola con vehemencia,--traelo en seguida.
+
+Yo la hubiera abrazado de buena gana por tan feliz idea; pero mi tía no
+compartía mi opinión. Desapareció para ir a reñir a Susana y sólo la
+volvimos a ver en la sala.
+
+--Tenéis una excelente cocinera, prima mía,--dijo Pablo de Couprat,
+paladeando su café.
+
+--Sí, pero tan rezongona...
+
+--Eso no es más que un detalle...
+
+--¿Y qué os parece mi tía?--le pregunté en tono confidencial.
+
+--Pero... bastante majestuosa--respondió de Couprat, algo en aprieto.
+
+--¡Ah, majestuosa!... ¿queréis decir... desagradable?
+
+--¡Reina!--murmuró el cura.
+
+--Bueno. Hablemos de otra cosa, señor cura; pero la verdad es que yo
+quisiera tener el buen humor de mi primo y descubrir las buenas
+cualidades de mi tía.
+
+--Tened un poco de filosofía práctica, primita; eso es una sólida base
+de felicidad, y la única filosofía que me parece que tenga sentido
+común.
+
+--¡Qué lástima que no seáis mi tía! ¡Cómo nos querríamos!
+
+--¡En cuánto a eso respondo de ello!--exclamó riendo,--y no tendríamos
+necesidad de filosofar para alcanzar tal resultado. Pero si os es lo
+mismo, preferiría no cambiar de sexo y ser vuestro tío.
+
+--No quisiera otra cosa, porque no soy como Francisco I, no; tengo por
+las mujeres una acentuada antipatía.
+
+--¿De veras?--preguntó riendo,--¿conocéis los gustos de Francisco I?
+
+Hizo el cura un gesto desesperado y de Couprat lo contestó con una
+expresiva guiñada, como diciéndole:
+
+--No os asustéis; ya comprendo.
+
+Esta pantomima me atacó los nervios e hice un violento esfuerzo para
+interpretar su oculta significación.
+
+--A propósito de tío--dije luego--¿conocéis mucho al señor de Pavol?
+
+--Sí, bastante; mi propiedad dista sólo una legua de la suya.
+
+--¿Y qué tal es su hija?
+
+--Jugué a menudo con ella, mientras fuimos niños; pero desde hace cuatro
+años la he perdido de vista. Dicen que es muy linda.
+
+--¡Cuánto me gustaría estar en Pavol!--exclamé.--Nos veríamos con
+frecuencia.
+
+--¿Quién sabe, primita? Tal vez no os agradara, cuando me conocierais
+más. Sin embargo, puedo asegurar que soy un buen muchacho, y excepción
+de una gran pasión por los pavos y un gusto loco por las mujeres lindas,
+no sé que tenga el más mínimo vicio.
+
+--Amar a las mujeres lindas; eso no es un defecto. Lo que es yo, detesto
+las personas feas, a mi tía, por ejemplo. Pero asimilar un pavo a una
+mujer bonita, no es cosa muy halagüeña para esta última, primo mío.
+
+--Es cierto, convengo en que mi frase ha sido desgraciada.
+
+--Os lo perdono--le dije con vivacidad.--Según eso, ¿me halláis linda?
+
+Hacía por lo menos dos horas que yo me decía en mi foro interno, que era
+preciso no dejar escapar la ocasión de aclarar, por medio de una opinión
+neta y competente, un asunto de tanto interés para mí. Desde el
+principio de la comida aguardaba con impaciencia el momento de lanzar mi
+pregunta. No porque tuviese dudas acerca de la respuesta, no; pero eso
+de oírse decir, bien directamente y en la cara, y por un hombre que no
+sea cura, que una es linda, ¡vamos! eso es verdaderamente delicioso.
+
+--¿Linda, prima mía? ¡Si sois encantadora! Nunca he visto ni más bellos
+ojos ni boca más bonita.
+
+--¡Qué dicha, y que amables son los hombres! a pesar de lo que dice mi
+tía.
+
+--Qué ¿vuestra señora tía no ama a los hombres? La verdad es que ya pasó
+para ella la edad de la coquetería.
+
+--La coquetería... Jamás se me habla de eso. ¿Os parece que se debe ser
+coqueta?
+
+--Sin duda, primita; a mis ojos eso es una cualidad, pero coqueta en el
+buen sentido de la palabra.
+
+--Vos no me habéis enseñado eso, señor cura--exclamé.
+
+El desdichado cura pasaba durante esta conversación por un adelanto de
+las penas del purgatorio. Se enjugaba el rostro y con dificultad tragaba
+su café, que le sabía a amargura.
+
+--El señor de Couprat se burla de ti.
+
+--¿Es cierto eso, primo?
+
+--De ninguna manera--respondió Pablo, que parecía que se divertía
+grandemente.--Según mi modo de ver, una mujer que no es algo coqueta no
+es una mujer.
+
+--Pues entonces trataré de serlo.
+
+--Señorita de Lavalle--dijo el cura levantándose,--pasemos al salón.
+
+--¡Bah!--pensé,--ya está enojado el cura. Sin embargo, no he dicho nada
+malo.
+
+La lluvia había cesado, las nubes se habían dispersado e invité a Pablo
+a dar un paseo por el jardín. Y hétenos escapados sin pedir permiso,
+seguidos por el cura que nos lanzaba miradas casi lúgubres pensando que
+su querida ovejita estaba en vías de descarrilarse.
+
+Corríamos como niños por entre las hierbas húmedas, empapándonos los
+pies y las piernas y riendo a carcajadas. Conversábamos y charlábamos;
+sobre todo yo que le contaba los acontecimientos de mi vida, mis
+pequeñas tristezas, mis ensueños y mis antipatías.
+
+¡Oh, que tarde tan dulce, encantadora y deliciosa!
+
+De Couprat trepó a un cerezo, y el árbol violentamente sacudido dejó
+caer sobre mi toda su carga de lluvia. Con la boca llena de cerezas, y
+de lo alto de las ramas, exclamó que las gotas de agua brillaban en mis
+hermosos cabellos como un aderezo ideal, y que en su vida había visto
+nada más lindo.
+
+--Y Susana, que pretende que es un hombre como otro cualquiera--me decía
+yo,--¿cómo es posible ser tan tonta?
+
+Volvimos a la sala, donde se hizo una gran fogata para secarnos.
+Sentados el uno al lado del otro, Pablo y yo continuamos misteriosamente
+nuestra conversación.
+
+Mi tía asombrada de mi audacia y de la libertad y alegría que irradiaba
+en mis ojos, no decía nada. El cura, aunque arrobado viéndome contenta,
+no estaba, sin embargo, tan preocupado como para que se le olvidase
+terciar entre nosotros.
+
+¡Qué velada tan agradable!
+
+Por último, de Couprat levantose para despedirse y le acompañamos hasta
+el patio.
+
+Saludó afectuosamente al cura y dio las gracias a mi tía; luego acercose
+a mi, me tomó la mano y me dijo en voz baja:
+
+--Hubiera deseado que esta velada no terminara nunca, prima mía.
+
+--¿Y yo?... Pero volveréis ¿no es cierto?
+
+--Seguramente, y dentro de poco, según espero.
+
+Aproximó mi mano a sus labios, y preciso es que la naturaleza humana
+tenga un gran fondo de perversidad, porque este homenaje me causó un
+placer tan nuevo, tan intenso y tan perfecto, que tuve la idea impropia
+de... ¡Dios mío, lo diré! Sí, tuve la idea (que no ejecuté) de arrojarme
+a su cuello y de besarle las mejillas a pesar de mi tía, y a pesar del
+cura que nos vigilaba como un dragón de nueva especie, como un excelente
+dragón regordete y bondadoso.
+
+
+
+
+VII.
+
+
+Después de la partida del señor de Couprat viví varios días en una
+especie de beatitud que me sería difícil describir. Experimentaba
+múltiples sensaciones, que se externaban con brincos y piruetas, pues
+fue este último ejercicio, durante largo tiempo, mi manera de expresar
+una cantidad de sensaciones.
+
+Después que había saltado bastante, me acostaba sobre la hierba, y
+mirando al cielo discurría sobre una cantidad de cosas sin pensar
+absolutamente en nada. Este exquisito estado moral, durante el cual el
+alma vive en una especie de somnolencia, en una tranquilidad soñadora
+semejante al sueño, a pesar de que está bien despierta, me ha dejado un
+dulcísimo recuerdo. Tan es así, que de esa época data mi pasión por la
+bóveda celeste, que siempre, desde entonces me ha parecido digna de
+hermanarse a mis pensamientos, sean éstos tristes o alegres, serios o
+frívolos.
+
+Después de permitir a mi imaginación que se extraviara por senderos
+sombríos, tanto, que galopaba a tropezones, dejábala volver a la luz y
+contemplar al señor de Couprat. Reía al recuerdo de su franca fisonomía,
+de su vida abierta y de sus dientes blancos. Halagábame el beso que
+había estampado en mi mano y sentía una alegría real, pensando en que si
+hubiera seguido mi impulso le habría besado las mejillas.
+
+Permanecí largo tiempo en medio de estas dulces ideas y sensaciones
+hasta que llegó un día en que me pregunté ¿por qué razón pasaba mi alma
+por tan diversas fases?
+
+Pero en llegando a este delicadísimo problema, comenzaba mi imaginación
+a entrar en tinieblas, y luchaba en ellas con vaporosas ideas; tan
+vaporosas que al fin abandonaba con desaliento la partida, para pensar
+directamente en una boca que me había gustado, en unos ojos que me
+habían sonreído y en una expresión de fisonomía que había decidido no
+olvidar jamás.
+
+Mas en aquel mundo de fantasmas, mis ideas, no me daban ni un momento de
+reposo, y a poco recaía en poder de ellas.
+
+Y así discurriendo por las regiones de lo vago, y tratando de comparar
+ciertas impresiones mías con otras de las de mis heroínas preferidas, vi
+hacerse la luz sobre un importante punto.
+
+Descubrí que estaba enamorada y que el amor es la cosa más encantadora
+del mundo. Este descubrimiento me colmó de la mayor alegría.
+
+Ante todo, porque veía embellecerse mi vida con un encanto, que no
+dejaba por eso de ser real, y luego, porque si yo amaba, era seguramente
+correspondida. En efecto, amaba al señor de Couprat porque me había
+parecido hechicero; por consiguiente, mi aspecto debió producir en su
+corazón el mismo sentimiento, puesto que él me hallaba encantadora. Mi
+lógica, hija de una completa inexperiencia, no alcanzaba a más y por
+consiguiente bastaba para justificar mis razonamientos y hacerme feliz.
+
+Un descubrimiento trae otro, así es que llegué a pensar que podría muy
+bien la caridad no desempeñar más que un papel muy secundario en la
+simpatía de Francisco I por las mujeres en general y en particular por
+Ana de Pisseleu; que el amor no se parecía al cariño, puesto que yo
+quería mucho a mi cura, y sin embargo, no deseaba abrazarle, mientras
+que no me hubiera hecho de rogar para saltar al cuello de Pablo de
+Couprat, y por último, que era ridículo emplear subterfugios y tonos
+misteriosos para hablar de una cosa tan natural y en la que no había ni
+sombra de mal.
+
+--Un cura--pensaba yo,--debe tener sobre el amor ideas erróneas y
+extraordinarias, porque puesto que no puede casarse, no puede amar. Sin
+embargo, Francisco I era casado y... no comprendo nada de todo esto, y
+tengo que saberlo.
+
+Existía tal caos en mis ideas que a pesar de mis desdeñosas prevenciones
+a cerca de la opinión de mi cura, resolví dilucidar con él este
+escabroso asunto.
+
+El pobre cura comprendía perfectamente, que mi espíritu se hallaba en
+una inmensa confusión, pero tenía bastante talento y buen sentido para
+no aparecer dando importancia a impresiones que con sólo la provocación
+de una confidencia hubieran podido tomar cuerpo. Procuraba distraerme
+por todos los medios a su alcance y dándose el trabajo de venir todos
+los días al Zarzal, prolongaba indefinidamente la lección.
+
+Estábamos sentados junto a la ventana. Mi tía, enferma desde algún
+tiempo, permanecía en su cuarto; yo andaba por las nubes y el cura se
+afanaba en explicarme mis problemas.
+
+--Ve lo que has hecho, Reina: has multiplicado kilogramos por gramos, y
+aquí, dados 2/5 multiplicados por...
+
+--Señor cura, ¿a que no adivináis cuál es la cosa más arrobadora que hay
+sobre la tierra?
+
+--No, Reina, ¿qué cosa?
+
+--El amor, señor cura.
+
+--¿De qué estáis hablando hija mía?--exclamó inquieto el buen anciano.
+
+--¡Oh! de algo que conozco perfectamente--respondí, sacudiendo la cabeza
+con aire de suficiencia.--Lo que no me explicó es por qué no me habéis
+hablado nunca de ello, puesto que es una cosa que se ve todos los días.
+
+--He ahí el efecto de las novelas, señorita; toma usted a lo serio cosas
+que son puramente imaginarias.
+
+--¡Qué mal hacéis en hablar contra vuestra convicción; bien sabéis que
+se ama en la vida y que el amor es una cosa encantadora!
+
+--Ese es un asunto que no atañe a las jóvenes, Reina, y no debéis hablar
+de él.
+
+--¿Qué no atañe a las jóvenes? ¡Y son ellas las que aman y son amadas!
+
+--Desgraciado de mi--exclamó el cura,--que tengo que habérmelas con
+semejante cabeza.
+
+--No habléis mal de mi cabeza, señor cura; la quiero mucho, sobre todo,
+desde que el señor de Couprat la ha hallado tan bonita.
+
+--El señor de Couprat se ha reído de ti, Reina. Está segura que te ha
+tomado por una chiquilina sin importancia.
+
+--Nada de eso--repliqué ofendida,--nada de eso, puesto que me ha besado
+la mano. ¿Y sabéis qué se me ocurrió en ese momento?
+
+--Vamos a ver--respondió el cura que estaba como sobre espinas.
+
+--Pues estuve a punto de saltarle al cuello.
+
+--¡Qué tontería! No se salta al cuello de nadie que no se conoce.
+
+--Ya sé, ya sé, pero él... Por otra parte, si hubiera sido una mujer, no
+se me hubiera ocurrido eso.
+
+--¿Por qué, Reina! Estás diciendo sandeces.
+
+--¡Oh! porque...
+
+Siguió una pausa a tan profunda respuesta, y mientras tanto miraba yo de
+reojo al cura, que se zarandeaba y tomaba rapé para disimular y tomar
+una actitud que fuera conveniente.
+
+--Mi buen cura--le dije con voz insinuante,--si fueseis tan amable
+como...
+
+--¿Qué más, Reina?
+
+--Digo... os haría algunas preguntitas más sobre ciertos temas que me
+andan por la mente.
+
+Arrellanose el cura en su sillón como hombre que toma súbitamente una
+gran resolución.
+
+--Bueno, Reina; te escucho. Más vale que hablemos franca y abiertamente
+de lo que te preocupa que no que andes quebrándote la cabeza con
+divagaciones.
+
+--Yo no me quiebro nada, señor cura, y no divago; únicamente pienso
+mucho en el amor porque...
+
+--¿Por qué?
+
+--No, nada. Ante todo, decidme ¿por qué si vos me besarais la mano, lo
+hallaría ridículo y no muy agradable que digamos, aunque os quiero con
+todo mi corazón, mientras que sucede exactamente lo contrario cuando se
+trata del señor de Couprat?
+
+--¿Cómo, cómo? ¿Qué dices Reina?
+
+--Digo que me ha sido muy agradable el que el señor de Couprat besara mi
+mano, mientras que si fuerais vos...
+
+--Pero, hija mía, tu pregunta es absurda, y la impresión de que hablas
+nada significa, ni vale la pena de ocuparse de ella.
+
+--¡Oh! esa no es mi opinión. Pienso a menudo en ello y he aquí lo que
+llevo descubierto; si la acción del señor de Couprat me ha sido grata,
+es porque es joven y podría ser mi marido, mientras que vos sois viejo,
+y luego un cura no se puede casar nunca.
+
+--Sí, sí--respondió maquinalmente el cura.
+
+--Porque siempre se quiere a su marido ¿verdad?
+
+--Sin duda alguna, sin duda.
+
+--Bueno. Ahora, señor cura, decidme si se da el caso de que los hombres
+amen a varias mujeres.
+
+--Yo no sé eso--repúsome fastidiado el cura.
+
+--Sí, sí, debéis saberlo. Por otra parte un marido puede amar a otra
+mujer, que la propia, puesto que Francisco I amaba a Ana de Pisseleu y
+era casado.
+
+--Francisco I era un perdido--exclamó el cura exasperado,--y ese
+Buckingham, a quien quieres tanto, era otro.
+
+--Cada cual tiene su carácter--respondíle,--y no sé por qué se les haría
+un crimen porque amaran a varias mujeres. La reina Claudia y la señora
+de Buckingham, pareceríanse sin duda a mi tía. Por otra parte he
+descubierto que no se gobierna al corazón, y ellos no podrían dejar de
+amar, como yo no...
+
+--¿Qué, Reina?
+
+--Nada, señor cura. Lo que yo temo es tener una inclinación a los
+perdidos, porque Buckingham es lo más interesante...
+
+--Pero en fin, hijita, desde que lees a Walter Scott, he tratado de
+hacerte comprender ciertas cosas y parece que todo ha sido inútil.
+
+--¡Escuchad, señor cura; vuestras explicaciones no son muy claras, y hay
+tanta vaguedad en mis ideas!... Todo esto es tan extraño--continué como
+soñando.--Por último, explicadme ¿por qué el amor excita vuestra
+indignación?
+
+--Basta, Reina--dijo el cura fuera de sí.--Tienes un modo de formular
+las preguntas que es imposible responderte. Te hablo seriamente: hay
+temas de los que no debes hablar, y que no puedes comprender, porque
+eres demasiado joven.
+
+Colocó el cura su sombrero bajo el brazo y se alejó. Corrí sobre sus
+pasos y le grité desde la puerta:
+
+--¡Podéis decir todo cuanto queráis, pero conozco bien el amor; es lo
+más encantador que hay en el mundo! ¡Viva el amor!
+
+En dos días no vino al Zarzal el cura; entristecime yo por haberle
+fastidiado tanto, y el tercer día me encaminé hacia la casa parroquial,
+para disculparme. Le hallé en la cocina, frente a un frugal desayuno al
+que hacía los honores con tantos bríos como apetito.
+
+--Señor cura--le dije en tono relativamente humilde,--¿estáis enojado?
+
+--Algo, Reinita, algo; no quieres hacerme caso nunca.
+
+--Os prometo señor cura, no volver a hablar más del amor.
+
+--Trata, sobre todo, Reina, de no cavilar sobre cosas que no comprendes.
+
+--¡Oh! que no comprendo...--exclamé yo, estallando inmediatamente,--en
+cuanto a eso comprendo y muy bien, y contra todos los curas de la tierra
+sostendré que...
+
+--¡Bah!--exclamó desalentado el cura,--ya has faltado a tu promesa de
+hace un momento.
+
+--Es cierto, señor cura; pero os afirmo que un cura no entiende nada de
+todo esto.
+
+--Ni tampoco Reina de Lavalle. Luego iré a darte lección, hijita.
+
+Así terminó la discusión más grave que he sostenido con mi cura.
+
+Entretanto pasaban los días y los días y como Pablo de Couprat no
+volviera, mi sistema nervioso se conmovió y dio muestras de una
+irritabilidad de mal augurio.
+
+Un mes después de mi memorable aventura había perdido todas mis
+esperanzas, toda mi tranquilidad y con ayuda del hastío llegué a una
+sombría tristeza.
+
+Entonces fue cuando el cura se indispuso con mi tía y cuando ésta le
+echó de casa.
+
+Sentada bajo la ventana del jardín, pude escuchar la siguiente
+conversación:
+
+--Señora--dijo el cura, vengo a hablaros de Reina.
+
+--¿Sobre?
+
+--La niña se aburre, señora. La visita del señor de Couprat ha abierto a
+su espíritu horizontes nuevos, que ya habían clareado con la lectura de
+algunas novelas. Le hace falta distracción.
+
+--¡Distracción! ¿Y dónde queréis que halle yo eso? No me puedo mover:
+estoy enferma.
+
+--Por eso, señora, no cuento con usted para distraerla. Es necesario
+escribir al señor de Pavol y rogarle quiera tener a Reina en su casa
+durante algún tiempo.
+
+--¡Escribir al señor de Pavol! No por cierto. Después la chica no
+querría volver aquí.
+
+--Es probable, pero esa es una consideración de segundo orden, de la que
+nos ocuparemos más tarde. Luego, Reina está llamada a vivir en sociedad
+hoy o mañana, y creo de necesidad que cambie su modo de vivir y vea
+muchas cosas de las que no tiene la menor idea.
+
+--No soy de esa opinión, señor cura. Reina, no saldrá de aquí.
+
+--Pero, señora--replicó el cura que se acaloraba,--os repito, que es
+urgente. Reina está triste, su imaginación es rápida y cavila mucho,
+estoy cierto que se cree enamorada del señor de Couprat.
+
+--Poco me importa eso--repuso mi tía, que era incapaz de comprender las
+razones del cura.
+
+--Se ha dicho que la soledad es el abogado del diablo, señora, y es
+exactamente cierto respecto de la juventud. La soledad hace daño a
+Reina, y algunas distracciones le harán olvidar lo que al fin de cuentas
+no es más que una niñería.
+
+--¡Qué ideas más extravagantes tiene un cura!--pensé yo.--Tratar de
+niñería una cosa tan seria y creer que yo pueda olvidar algún día al
+señor de Couprat.
+
+--Señor cura--contestó mi tía, con su voz más áspera,--ocupaos de lo que
+os concierne, que yo procederé a mi gusto, no al vuestro.
+
+--Señora, quiero a esta niña con todo mi corazón, y no puedo permitir
+que sufra--replicó el cura con una entonación que no le conocía.
+
+Usted la ha enterrado en el Zarzal, no le ha dado nunca la menor
+distracción, y puedo decir que sin mi hubiera crecido y vegetado en la
+ignorancia y el embrutecimiento, como una planta salvaje y enervada. Le
+repito que es preciso escribir al señor de Pavol.
+
+--Esto es demasiado--exclamó mi tía, furiosa;--¿no soy yo el ama en mi
+casa? Salid, señor cura, y no volváis a poner los pies aquí.
+
+--Muy bien, señora; ahora sé lo que debo hacer, y veo claramente que si
+no he tomado antes una determinación, ha sido por el placer egoísta de
+ver constantemente a mi Reinita.
+
+El cura hallome en la avenida, completamente desconsolada.
+
+--¿Pero es posible, señor cura?... Echado a la calle por mí... ¿Qué va a
+ser de nosotros, si no nos vemos más?
+
+--Qué ¿has oído la discusión, hijita?
+
+--Sí, sí, como que estaba junto a la ventana. Ah, ¡qué mujer! qué...
+
+--Vamos, vamos, Reina, un poco de calma--prosiguió el cura que estaba
+tembloroso y encendido.--Esta misma noche escribiré a tu tío.
+
+--Escribid pronto, mi querido cura. Lo que quiero es que venga a
+buscarme en seguida.
+
+--Esperémoslo--respondió al cura, sonriendo al mismo tiempo con bondad y
+con tristeza.
+
+Pero sus muchas obligaciones le impidieron escribir al señor de Pavol
+esa misma noche, y al día siguiente, mi tía que luchaba desde algunas
+semanas con sus achaques, cayó gravemente enferma. Cinco días después,
+la muerte llamaba a las puertas del Zarzal, y cambiaba la faz de mi
+existencia.
+
+
+
+
+VIII.
+
+
+Inmediatamente de la muerte de mi tía, que no me llamó ni una sola vez
+durante su enfermedad, y a quien cuidó con abnegación Susana, me refugié
+en la casa parroquial.
+
+El cura había escrito al señor de Pavol para notificarle que la señora
+de Lavalle se hallaba enferma, pero los progresos de su mal fueron tan
+rápidos, que mi tío recibió el despacho que le anunciaba el desenlace
+fatal, antes que hubiese contestado a la carta del cura. Y nos
+telegrafió, en seguida, participándonos que no le era posible asistir al
+entierro.
+
+Al otro día recibimos una carta en la que decía, que no del todo
+repuesto después de un ataque de gota, le era imposible trasladarse al
+Zarzal y le rogaba al cura que me condujera algunos días más tarde a
+C***, pues esperaba, en ese entonces, estar tan aliviado como para ir a
+recibirme allí.
+
+Mi tía fue enterrada sin lujo ni pompa. No era amada y partió para el
+otro mundo sin gran cortejo de simpatías.
+
+Yo volví del entierro, haciendo esfuerzos para sentir un poco de
+tristeza, pero no pude conseguirlo. Por grandes que fueran los reproches
+de mi conciencia, un sentimiento de libertad se agitaba en mi cabeza y
+en mi corazón. Sin embargo, si hubiese conocido entonces la frase de un
+hombre célebre me la hubiera apropiado, y aseguro que hubiese exclamado
+en un soberbio arranque de misantropía:
+
+--No sé lo que pasa en el corazón de un degradado, mas conozco el de una
+niña decente, y lo que veo me espanta.
+
+Pero como dicha frase me era totalmente desconocida, no pude servirme de
+ella para satisfacer a los manes de mi tía.
+
+Mi tío había señalado para mi partida el 10 de Agosto; estábamos a 8 y
+pasé esos dos días con el cura, cuya bondadosa fisonomía se demudaba de
+hora en hora ante la idea de nuestra separación.
+
+El martes por la mañana, hizome preparar un buen almuerzo, y nos
+instalamos por última vez, el uno frente al otro, con intención de
+reponer fuerzas. Pero cada bocado nos ahogaba y me costaba un triunfo
+contener el llanto.
+
+El pobre cura había pasado una noche de insomnio. Estaba demasiado
+triste para poder dormir y por otra parte como no le era posible
+acompañarme hasta C***, había escrito esa noche a mi tío una carta de
+diez y siete carillas en la que, según supe después, le enumeraba todas
+mis cualidades pequeñas, grandes y medianas. Los defectos brillaban por
+su ausencia.
+
+--Mi hijita querida--me dijo después de un largo silencio,--¿no te
+olvidarás de tu viejo cura?
+
+--Jamás, jamás--respondile con vehemencia.
+
+--No debes tampoco olvidar mis consejos. Desconfía de tu imaginación,
+Reinita. Compárola a una hermosa llama que alumbra y vivifica una
+inteligencia cuando se la alimenta con discreción; pero si se le da
+mucho combustible, se trueca en una fogata que incendia la casa, y los
+incendios no dejan tras de sí más que escorias y cenizas.
+
+--Trataré, señor cura, de gobernar con tino la llama; pero os aseguro
+que me gustan mucho las fogatas.
+
+--Pues ¡cuidado con el incendio! ¡No juguemos con el fuego, Reinita!
+
+--Nada más que una fogatita, señor cura; si es de lo más lindo que puede
+darse. Y si se tiene miedo del incendio, con echar un poco de agua fría
+sobre el fuego...
+
+--Mas, ¿dónde encontrarás el agua fría, mi hijita?
+
+--¡Ah! todavía lo ignoro, pero puede que lo sepa algún día.
+
+--Quiera Dios, que no sea así--exclamó el cura.--El agua fría, mi hijita
+querida, son los desengaños y los pesares, y rogaré día a día,
+ardientemente, para que sean alejados de tu senda.
+
+Asaltábame el llanto oyendo hablar así al cura, y bebí un gran vaso de
+agua para calmar mi emoción.
+
+--Antes de dejaros, debo preveniros que creo que tengo un gusto muy
+marcado por la coquetería.
+
+--Sé, que tal es el lado flaco de todas las mujeres,--me dijo el cura
+con su bondadosa sonrisa;--pero no es bueno abusar, Reina. Por otra
+parte el trato social te enseñará a equilibrar tus sentimientos, sin
+contar con que tu tío te sabrá guiar bien.
+
+--¡Qué cosa hermosa debe ser la sociedad, señor cura! Estoy cierta de
+que agradaré, siendo tan linda...
+
+--Sin duda, sí, sin duda, pero desconfía de los cumplimientos exagerados
+y de la vanidad.
+
+--¡Bah! Es tan natural el deseo de agradar; nada de malo hay en ello.
+
+--¡Hum! he ahí una moral de manga algo ancha respondió el cura
+revolviéndose el cabello. Lo bueno es que tal modo de pensar es de tu
+edad, y ¡a Dios gracias! aun no te ha llegado el tiempo de exclamar con
+el Eclesiastés: ¡Todo es vanidad y nada más que vanidad!
+
+--¡Qué exagerado es ese Eclesiastés! Y luego es tan viejo. Se me ocurre
+que sus ideas han de andar fuera de moda.
+
+--Vamos, vamos, callémonos. Bien sé que las Santas Escrituras y los
+pensamientos de un pobre cura de campo no pueden ser comprendidos por
+una señorita joven y linda y bastante enamorada de sí misma.
+
+Y me miró sonriendo; pero sus labios temblaban, porque se acercaba la
+hora de la partida.
+
+--Ten cuidado de abrigarte bien en el camino, Reina.
+
+--Pero, señor cura, si estamos en Agosto, con un calor para ahogarse.
+
+--Cierto es--respondió el cura, que con la preocupación perdía la
+cabeza.--Entonces no te abrigues mucho, no sea que luego te resfríes.
+
+Nos levantamos de la mesa después de haber hecho infructuosos esfuerzos
+para mascullar algunas migas de pan y pastel.
+
+--¡Ah!, ¡cuánto siento--exclamé, estallando en sollozos,--cuánto siento
+dejaros, mi querido cura!
+
+--No lloremos, no lloremos; es absurdo--dijo el cura, sin darse cuenta
+que por sus mejillas rodaban dos lagrimones.
+
+--¡Ah! señor cura--continué yo, presa de un repentino remordimiento,
+¡cómo os he hecho enojar!
+
+--No, no; has sido la alegría de mi vida, toda mi felicidad.
+
+--¿Qué va a ser de vos sin mi, mi pobre cura?
+
+No respondió. Dio dos o tres pasos por la sala, sonose con fuerza y
+logró dominar la emoción que oprimía su garganta y que estuvo próxima a
+reventar en sollozos.
+
+El carruaje estaba ya en la puerta. Petrilla, con su traje de gala debía
+acompañarme hasta C*** y dejarme en brazos de mi tío. Conducíanos el
+arrendatario, porque Susana, entregada a su dolor, permanecía
+provisionalmente al cuidado del Zarzal. Ordené a Juan que marchara, y
+el cura y yo seguimos detrás a pie, por un buen trecho, con el objeto de
+estar juntos un poco más.
+
+--Os escribiré todos los días, señor cura.
+
+--No te pido tanto, hijita mía: Escríbeme solamente una vez por mes;
+pero con toda intimidad.
+
+--Os escribiré todo, completamente todo, hasta mis ideas sobre el amor.
+
+--Veremos--replicó el cura con sonrisa incrédula.--Harás una vida tan
+nueva para ti, tan llena de distracciones que no cuento mucho con tu
+exactitud.
+
+Juan había detenido el carricoche y nos aguardaba. Era preciso partir.
+Llorando con toda mi alma tomé las manos del cura y exclamé:
+
+--Señor cura, la vida tiene momentos bastante malos.
+
+--Eso pasará, pasará--respondió con voz entrecortada.--Adiós, mi hijita
+querida; no me olvides y precávete, precávete...
+
+Y me ayudó a subir precipitadamente al carromato.
+
+Coloqueme en el antiguo sitio de mi tía, aplastado de un lado por un
+baúl sin cerradura y del otro por los innumerables atados que componían
+mi equipaje, confeccionados por Petrilla con extravagantes formas.
+
+--¡Adiós, mi cura, adiós mi viejo cura!--exclamé.
+
+Hizo un gesto cariñoso y se volvió rápidamente. Vile, a través de mis
+lágrimas, alejarse a toda prisa y ponerse el sombrero, prueba
+irrecusable de que se encontraba su ánimo no solamente en la más
+violenta agitación, sino completamente trastornado.
+
+Luego que hube sollozado unos diez minutos, juzgué a propósito seguir el
+consejo de Petrilla, que me repetía en todos los tonos:
+
+--Es preciso ser razonable, señorita, es preciso ser razonable.
+
+Metí mi pañuelo en el bolsillo, y me puse a reflexionar.
+
+Verdaderamente, la vida es una cosa muy rara. ¿Quién habría dicho,
+quince días antes, que mis sueños se realizarían tan pronto, y que iba a
+ver tan pronto al señor de Couprat?
+
+Esta halagadora idea, dispersó las últimas nubes que obscurecían mi
+ánimo, y pensé en la hermosura del firmamento, en las dulzuras de la
+vida y en el talento que tienen las tías cuando se van al otro mundo.
+
+Mis segundas ideas fueron dedicadas a mi tío. Preocupábame mucho de la
+impresión que iba a producirle, pues tenía perfecta conciencia de que el
+vestido negro y el original sombrero con que me había ataviado Susana,
+eran muy ridículos. Este desgraciado sombrero me causaba verdaderas
+torturas, es decir, torturas morales. Hecho de un crespón que databa de
+la muerte del señor de Lavalle, tenía el aspecto de una galleta elegida
+por las babosas para teatro de sus correrías. Evidentemente me afeaba, y
+como tal idea no era soportable, me lo quité de la cabeza, hice de él
+un envoltijo y me lo eché al bolsillo, cuya amplitud y profundidad
+hacían honor al talento práctico de Susana.
+
+Atormentábame también el temor de parecer estúpida, pues bien sabía yo
+que muchas cosas que parecerían naturales para todo el mundo, serían
+para mi un manantial de sorpresas y admiraciones.
+
+Así es que resolví, para no poner en riesgo de burla mi amor propio,
+disimular cuidadosamente mis asombros.
+
+Tales preocupaciones no me permitieron encontrar largo el camino y me
+creía aún muy lejos de C*** cuando nos hallábamos en sus puertas. Nos
+dirigimos directamente a la estación, atravesando la ciudad con toda la
+rapidez de que eran capaces las piernas secas, de nuestro jamelgo.
+
+Como mi tío, no era ni corpulento ni delgado, habíamelo figurado alto y
+enjuto de carnes. Figuraos, pues, mi extrañeza, cuando vi un hombrecillo
+de andar pesado acercarse al carricoche y exclamar:
+
+--Buen día, mi sobrina; casi, casi, estoy por creer que he tenido que
+esperar.
+
+Diome la mano para bajar del coche, y me besó cordialmente, tras de lo
+cual, midiéndome de pies a cabeza me dijo:
+
+--No más alta que una elfa, pero terriblemente linda.
+
+--Es también mi opinión, mi tío,--díjele bajando los ojos con modestia.
+
+--Ah ¡esa es tu opinión!
+
+--Ya lo creo. Y la de mi cura y la de... Mas, aquí tenéis una carta que
+me ha dado el cura para vos, mi tío.
+
+--¿Y porqué no ha venido?
+
+--No podía: algunas ceremonias religiosas le retenían en su parroquia.
+
+--Lo siento; me hubiera alegrado mucho viéndole. ¿No tienes sombrero,
+sobrina?
+
+--Sí, tío; está en mi bolsillo.
+
+--¿En tu bolsillo? ¿Y porqué?
+
+--Porque es espantoso.
+
+--¡Buena razón! ¿A quién se ha visto llevar el sombrero en el bolsillo?
+No se viaja sin sombrero, hijita. Póntelo pronto, en tanto que yo hago
+registrar tu equipaje.
+
+Algo desconcertada por esta especie de reprimenda, me coloqué el
+sombrero en la cabeza, no sin comprobar que un viaje en un bolsillo era
+muy poco higiénico para tal producto de la industria humana.
+
+Tocome en seguida despedirme de Juan y de Petrilla.
+
+--Ah, señorita--díjome Petrilla,--siento tanto dejaros, como sentiría si
+dejase la mejor de mis vacas.
+
+--¡Mil gracias!--repúsele entre risa y lloro. Besémonos y adiós.
+
+Besé las mejillas duras y rojas de Petrilla sobre las que, según me
+temo, algún patán de dulce charla había depositado ya algunos besos
+furtivos y sonoros.
+
+--¡Adiós, Juan!
+
+--Hasta la vista señorita--dijo Juan, riendo estúpidamente, lo que es un
+modo de demostrar emoción como cualquier otro.
+
+Pocos minutos después, hallábame en el tren, sentada frente a mi tío,
+completamente desorientada y aturdida por el movimiento del tráfico y
+por la novedad de mi posición.
+
+Así que me repuse algo, examiné al señor de Pavol.
+
+Mi tío, de altura mediana, bien formado, de espaldas anchas, manos
+gruesas, coloradotas y poco cuidadas, no ofrecía a primera vista un
+aspecto aristocrático. No hablaba mucho y siempre hacíalo con lentitud.
+Complacíase a veces en usar expresiones enérgicas que producían un
+efecto muy singular dada la calma con que eran pronunciadas. No tenía
+más de sesenta años; sin embargo, como era víctima de frecuentes ataques
+de gota, su ánimo estaba algo quebrado a causa del sufrimiento físico.
+Mas, si no tenía ya la vivacidad de la respuesta, aun su boca, por un
+movimiento casi imperceptible, expresaba todos los matices que existen
+entre la ironía, la astucia y la burla franca o solapada, y he visto
+gente pulverizada por mi tío antes de que sus labios pronunciaran la
+palabra.
+
+No era yo, como es natural, suficientemente avezada para hacer tan
+pronto un estudio profundo del señor de Pavol, pero le observaba con el
+mayor interés. Él, por su parte, lanzaba de cuando en cuando sobre mi
+una mirada de observación, mientras leía la carta que yo le había
+traído, como para comprobar que mi fisonomía no contradecía los datos
+del cura.
+
+--Me miras con demasiada tenacidad, sobrina, ¿me encuentras tal vez buen
+mozo?
+
+--De ningún modo.
+
+Mi tío hizo una ligera mueca.
+
+--Eso es franqueza, o yo no entiendo jota. ¿Y por qué estás tan pálida?
+
+--Porque me muero de miedo, tío.
+
+--Miedo, y ¿de qué?
+
+--Marchamos tan rápidamente. ¡Es espantoso!
+
+--Comprendo; es la primera vez que viajas. Tranquilízate, no hay ningún
+peligro.
+
+--Y mi prima, tío, ¿está en el Pavol?
+
+--Por cierto, y está muy deseosa de conocerte.
+
+Dirigiome mi tío algunas preguntas acerca de mi tía, y de mi vida en el
+Zarzal; luego tomó un diario y no abrió la boca hasta llegar a V***.
+
+Subimos entonces en un landó tirado por dos caballos, que debía
+conducirnos al Pavol. Y amontonamos, como se pudo, los paquetes groseros
+de mi equipaje, los que, entre paréntesis, me tenían vejada con la
+triste figura que hacían en tan elegante vehículo.
+
+Apenas instalada en él, me dio mi tío una bolsa de golosinas para
+confortarme, y se sumió en la lectura de un nuevo diario.
+
+Esta manera de conducirse comenzó a fastidiarme. A más de que no es de
+mi carácter el poder permanecer callada mucho tiempo, tenía una gran
+cantidad de preguntas que satisfacer.
+
+De modo que cuando estuve harta del placer de verme en un carruaje
+hermoso, suave y bien almohadillado, atrevime a romper el silencio.
+
+--Tío--le dije,--si quisierais no leer más, podríamos conversar un poco.
+
+--Con mucho gusto, sobrina--respondió mi tío doblando inmediatamente su
+diario.--Creí serte grato dejándote entregada a tus pensamientos. ¿De
+qué vamos a disertar? ¿De la cuestión de Oriente, de economía política,
+de trajes de muñecas o de las costumbres de los cafres?
+
+--Todo eso me importa poco, y respecto a las costumbres de los cafres,
+creo, tío, que sé tanto como vos.
+
+--Es muy posible--replicó el señor de Pavol, sorprendido de mi
+aplomo.--Pues bien, elige tema.
+
+--Decidme, tío, ¿no sois algo impío?
+
+--¡Eh! ¿qué diablo dices, sobrina?
+
+--Os pregunto, tío, si no sois algo hereje y tarambana.
+
+--¿Te burlas de mi? exclamó mi tío.
+
+--No os enojéis, mi tío; comienzo un estudio de costumbres más
+interesante que el de los cafres. Quiero saber si mi tía tenía razón al
+decir que todos los hombres eran unos herejes.
+
+--Que, ¿le faltaba el sentido común?
+
+--Tuvo mucho el día que se fue al otro mundo; pero fue la única
+vez--respondí con calma.
+
+El señor de Pavol me miró con evidente sorpresa.
+
+--¡Ah, sobrina! ¡Tienes una claridad para expresarte! Qué, ¿no te
+llevabas bien con la señora de Lavalle?
+
+--Cabal. Me era muy antipática y me ha pegado más de una vez.
+Preguntádselo al cura, a quien echó a la calle porque me defendía. Y
+¿cómo es posible, tío, que me hayáis dejado tanto tiempo con ella? Era
+una mujer de baja estofa, y vos no la queríais mucho que digamos.
+
+--Cuando tus padres murieron, Reina, mi mujer estaba muy enferma, y me
+felicité de que mi cuñada se hubiera querido encargar de tí. Te volví a
+ver cuando tenías seis años; te encontré entonces alegre, y bien tratada
+y después, a fe, casi, casi te olvidé; lo que siento profundamente hoy,
+puesto que no eras feliz.
+
+--¿Me tendréis siempre a vuestro lado, desde ahora, tío?
+
+--Sí, por cierto--respondió el señor de Pavol, con vivacidad.
+
+--Cuando digo siempre... digo hasta mi casamiento, porque yo, me casaré
+pronto.
+
+--¡Te casarás pronto! ¿Cómo es eso? tienes aún la leche en los labios y
+hablas de casarte. Las jóvenes del día tienen furia por casarse.
+
+--¿Que mi prima no es de mis mismas ideas?
+
+--Sí--respondió mi tío, algo ceñudo.
+
+--Tanto mejor--dije restregándome las manos.--Y mi prima ¿es alta?
+
+--Alta y linda--respondió complacido el señor de Pavol,--una diosa en
+carne y hueso y la alegría de mis ojos. De aquí a un instante te
+convencerás de ello, pues ya llegamos.
+
+En efecto, entrábamos a una gran calle de olmos que conducía al
+castillo.
+
+Mi prima nos aguardaba sobre la escalinata.
+
+Me recibió en sus brazos con la majestuosidad de una reina que otorga
+una gracia a un súbdito.
+
+--¡Dios mío, qué hermosa sois!--le dije, contemplándola con sorpresa.
+
+Por cierto que es muy raro hallar bellezas indiscutibles; la de mi prima
+se imponía y no podía ser discutida. No gustaba siempre, porque su
+fisonomía era altiva y a veces algo dura, pero aun los que menos la
+admiraban, veíanse obligados a decir con mi tío: Es terriblemente linda.
+
+Tenía cabellos castaños, que le nacían desde el borde de la frente; un
+perfil griego de pureza perfecta, un cutis soberbio, y ojos azules con
+pestañas obscuras y bien trazadas cejas.
+
+De elevada estatura y bien desarrollada, hubiera representado más de
+diez y ocho años, si su boca, a pesar de un arco algo desdeñoso que
+amenazaba acentuarse con el correr del tiempo, no hubiese tenido
+movimientos infantiles. Su porte y su gesto eran acompasados y algo al
+descuido, aunque armoniosos sin rebuscamiento. Un amigo del señor de
+Pavol dijo en broma un día que a los veinticinco años se parecería rasgo
+a rasgo a Juno; el nombre le quedó.
+
+Mi admiración por mi espléndida prima se trocó en verdadera pasión y mi
+tío se divertía con mi encariñamiento y mi entusiasmo.
+
+--¿No has visto nunca mujeres lindas, sobrina?
+
+--No he visto nada; como que he pasado mi vida en un desierto.
+
+--Podías mirarte al espejo, Reina; el señor de Couprat te había dicho
+que eras linda.
+
+--¿Pablo de Couprat?--exclamé.
+
+--Cierto--dijo mi tío,--me he olvidado hablarte de él. Parece que se
+guareció en el Zarzal un día de tormenta.
+
+--Bien lo recuerdo--respondí ruborizándome.
+
+--¿Vendrá a almorzar el lunes, Blanca?
+
+--Sí, papá, el comandante ha escrito aceptando la invitación. ¿Quién te
+ha vestido así, Reina?
+
+--Susana, una reducción de mi tía en cuestión de mal gusto y
+estupidez--contesté con fastidio.
+
+--Desde mañana remediaremos la miseria de tu guardarropa, sobrina. Ten,
+sin embargo, un poco de respeto por la memoria de la señora de Lavalle.
+No la querías, pero ha muerto: ¡descanse en paz! Vamos a comer; en
+seguida Juno te acompañará a tus habitaciones.
+
+Una parte de la noche, me la pasé en la ventana, soñando deliciosamente,
+y contemplando las masas sombrías de los elevados árboles de aquel
+Pavol, donde yo debía reír, llorar, divertirme, desolarme y ver
+cumplirse mi destino.
+
+Me sentí tan feliz, que aquella noche mi cura no fue en mis recuerdos
+más que un punto imperceptible.
+
+
+
+
+IX.
+
+
+Mas, suplico que no se me crea de corazón liviano e inconstante, porque
+este olvido fue solamente momentáneo y tres días después de mi llegada
+al Pavol, escribía a mi cura la siguiente carta:
+
+«Mi querido cura: Tengo tantas cosas que deciros, tantos descubrimientos
+que participaros, tantas confidencias que haceros, que no sé por dónde
+empezar. Figuraos que aquí es el cielo más lindo que en el Zarzal, que
+los árboles son más altos, las flores más frescas, que todo es risueño,
+que un tío es una feliz invención de la naturaleza, y que mi prima es
+bella como una hada.
+
+«Por más que me digáis, me riñáis y me prediquéis, mi querido cura, no
+me quitaréis de la cabeza que si Francisco I amaba mujeres tan lindas
+como Blanca de Pavol, tenía por cierto, mucho juicio. Vos mismo, señor
+cura, os enamoraríais de ella, si la vierais. Sin embargo, os declaro,
+sus modales de reina me intimidan algo, a mi, a quien nada intimida. Y
+luego es alta... me hubiera gustado mucho más que fuera baja... me
+hubiese consolado.
+
+«No os hablaré de mi tío, porque sé que lo conocéis, pero me parece
+desde luego que lo voy a querer mucho y él lo mismo a mí.
+
+«Es una gran dicha tener linda cara, señor cura, mucho mayor de lo que
+vos me decíais; se agrada a todo el mundo. Cuando sea abuela, les
+contaré a mis nietecillos, que ése fue el primer descubrimiento
+delicioso que hice al entrar a la vida. Pero de aquí a allá, hay tiempo.
+
+«Aunque mi vida sea aquí una continua sorpresa, ya estoy, con todo,
+bastante acostumbrada al Pavol y al lujo que me rodea. Sin embargo,
+muchas veces lanzaría exclamaciones de asombro si no me retuviera el
+miedo de quedar en ridículo; oculto mis impresiones, pero a vos, querido
+cura, bien puedo deciros que a menudo me sorprendo y embeleso.
+
+«Anteayer fuimos a V*** para comprarme un ajuar, puesto que los trabajos
+de Susana son decididamente unas atrocidades. No nos hagamos ilusiones,
+mi pobre cura; a pesar de vuestra admiración por ciertos vestidos míos,
+he llegado aquí hecha un mamarracho, un mamarracho horrible.
+
+«¡Cuán agradable cosa es una ciudad! Me he extasiado y maravillado ante
+las calles, las tiendas, las casas, las iglesias, y Blanca se ha reído
+de mi, porque ella llama a V*** una bicoca. ¡Qué diría del Zarzal!
+Después de una sesión de tres horas en casa de la modista, mi prima, que
+es muy devota, se fue a confesar; mientras yo acompañada de la sirvienta
+hice algunas compras. Mi tío habíame dado dinero para que lo gastara en
+cosas útiles y prácticas; pero ¿querréis creer que no sé darme cuenta de
+lo útil ni de lo práctico?
+
+«Empecé por entrar a una confitería y llenarme de masas y pastelillos;
+humildemente acúsome. Mi cura: tengo una gran pasión por las masas y los
+pastelillos. Entregada estaba a este ejercicio tan agradable como
+provechoso (con lo que estaréis de acuerdo, porque al fin y al cabo,
+tenemos obligación de alimentar este cuerpo de barro), cuando noté en
+una tienda de enfrente unos objetos muy bonitos. Atravesé en seguida y
+me compré cuarenta y dos hombrecillos de terracota: todos los que había
+en la casa. Después de tal compra, no sólo no me quedó un céntimo, sino
+que me había endeudado; pero ¿qué importa? puesto que soy rica. Mi prima
+rió mucho; pero mi tío me reprendió. Pretendió hacerme comprender que la
+razón debe ser el lastre de la cabeza humana; que sirve en todo tiempo,
+y que sin ella no se hace más que tonteras. Por ejemplo: se compra
+cuarenta y dos hombrecillos de terracota, en vez de proveerse de medias
+y camisas. Escuché su discurso en actitud contrita y humillada, querido
+cura, pero al final, que fue muy bien dicho, mi carácter indómito dio a
+la razón un cuerpo desairado, una nariz larga, romana, y una fisonomía
+seca y desabrida: este personaje se parecía a mi tía de tal modo, que
+incontinenti tomé ojeriza a la razón. Tal ha sido el resultado de la
+elocuencia desplegada por mi tío. El caso es que tengo diseminados en mi
+cuarto cuarenta y dos hombrecillos que lloran, ríen y gesticulan, y que
+por lo menos estoy contenta.
+
+«Ayer por la noche he hablado con Blanca, del amor, señor cura. ¿Cómo me
+decíais que no existía sino en los libros y que no tenía nada que ver
+con las jóvenes?
+
+«¡Ah, mi cura, mi cura; mucho me temo que me hayáis engañado muchas
+veces como a una tonta!
+
+«Frecuentaremos la sociedad así que pasen las primeras semanas de luto.
+Mi tío dice que soy muy joven todavía; pero tampoco puedo quedar sola en
+el Pavol. Si quisieran obligarme a ello, bien sabéis, señor cura, que no
+me quedarían más que dos caminos que tomar: tirarme por la ventana o
+prender fuego al castillo.
+
+«Parece que tengo mucha razón en creer en un gran éxito, pues además de
+ser linda, poseo un buen dote.
+
+«Blanca me ha enseñado que una linda cara sin dote vale poco; pero que
+las dos cosas reunidas forman un conjunto perfecto y un caso raro. Soy,
+pues, mi querido cura, un manjar sabroso, delicado y suculento que será
+codiciado, solicitado y tragado en un abrir y cerrar de ojos, si es que
+lo permito. Pero tranquilizaos, no lo permitiré; no lo permitiré a menos
+que... Pero ¡chist!
+
+«Por último, señor cura, os diré sin explicaros el por qué, que aguardo
+el lunes con impaciencia. Ese día sucederá algo que hará latir mi
+corazón, un acontecimiento que desde ahora me da ganas de saltar a más
+no poder, de arrojar al aire el sombrero, de bailar y de hacer locuras.
+¡Dios mío, que cosa linda es la vida!
+
+«Sin embargo, nada es perfecto en la tierra; vos no estáis aquí, y os
+extraño mucho. No puedo deciros ¡cuánto os extraño, mi pobre cura! Me
+gustaría tanto haceros admirar el castillo y sus jardines tan bien
+arregladitos y tan poco parecidos al Zarzal. Todo está en orden, hasta
+en sus más mínimos detalles, y de veras, me creo en el paraíso terrenal.
+A cada momento tengo nuevos motivos de alegría y admiración, y a cada
+instante también quisiera haceros partícipe de ellos; os busco, os
+llamo, pero los ecos de este hermoso parque permanecen mudos.
+
+«Adiós, mi querido cura, no os beso, porque no se besa a un cura (no sé
+porqué); pero os envío todo cuanto hay para vos en mi corazón, y ese
+todo está lleno de cariño.
+
+«Os quiero con toda el alma, señor cura.--_Reina_».
+
+Una mañana, hallábame aún en mi lecho, semidormida, morrongueando con
+beatitud, abriendo de cuando en cuando un ojo, para contemplar mi cuarto
+alegre y confortable, mis hombrecillos de terracota y los árboles que
+veía por la ventana abierta, cuando entró Blanca, de bata, cabellos
+sueltos y cara preocupada.
+
+--Estás tan linda como la más linda de las heroínas de Walter Scott--le
+dije contemplándola con admiración.
+
+--Reinita me dijo sentándose a los pies de mi cama,--vengo a charlar
+contigo.
+
+--Me alegro. Pero no estoy bien despierta todavía y puede que mis
+ideas...
+
+--¿Aun cuando se trate de casamiento?--prosiguió Blanca, que ya conocía
+mi opinión sobre tema tan serio.
+
+--¿De casamiento? Ya estoy despierta--exclamé, incorporándome
+rápidamente.
+
+--¿Deseas casarte, Reina?
+
+--¡Si deseo casarme! ¡Vaya con la pregunta! Ya lo creo, y lo más pronto
+posible. Amo a los hombres, los quiero mucho más que a las mujeres,
+excepto cuando las mujeres son tan lindas como tú.
+
+--No se debe decir que se ama a los hombres--dijo Blanca con tono
+severo.
+
+--¿Por qué?
+
+--No sé bien el por qué, pero te aseguro que el decirlo no es propio de
+una niña.
+
+--¡Tanto peor!... Yo pienso así; respondí hundiéndome en mis frazadas.
+
+--¡Qué niña!--exclamó Blanca, mirándome con una especie de piedad que me
+pareció chocante.--He venido a hablarte de papá, Reina.
+
+--¿Qué pasa?
+
+-Escucha: Yo, como tú, quiero casarme hoy o mañana. Papá ha rechazado ya
+varios partidos, pero eso no me importa mucho, porque no tengo prisa.
+Esperaría tranquilamente hasta los veinte años; pero desearía saber si
+siempre se opondrá a que me case.
+
+--Pregúntaselo.
+
+--¡Ah! ahí está el busilis--prosiguió Blanca, algo turbada;--te declaro
+que papá me da miedo, o más bien dicho, me intimida.
+
+Me levanté, apoyándome en el codo, y sorprendida separé los cabellos que
+me caían sobre la cara, para ver mejor a mi prima. Desde aquel instante,
+Blanca se vino a bajo, para mi, de las nubes olímpicas en que la había
+colocado, y descubrí bajo aquel cuerpo de Juno, una niña que no volvería
+jamás a intimidarme.
+
+--A mi no me asusta nadie--exclamé, tomando mi almohada y largándola de
+paseo al medio del cuarto.
+
+Blanca me miró con asombro.
+
+--¿Qué haces, Reina?
+
+--¡Oh! es una costumbre. Cuando estaba en el Zarzal, lanzaba siempre mi
+almohada por los aires, para hacer rabiar a Susana, a quien este modo de
+proceder sacaba de quicio.
+
+--Como Susana no está aquí, te aconsejo que renuncies a tal costumbre.
+Pero, volviendo a lo que decíamos, dime, ¿te sientes con valor como para
+tener con mi padre una discusión sobre el matrimonio, que tan sin cesar
+critica?
+
+--Sí, sí; mi especialidad es la discusión. Ya verás. Hoy mismo ataco a
+mi tío y arreglo todo.
+
+Durante la comida dirigí a mi prima toda una serie de gestos para
+notificarle que iba a entrar en batalla.
+
+Mi tío, que presentía un peligro, nos observaba de reojo, y Blanca, ya
+desconcertada con eso, me incitaba a desistir de mi empresa. Pero yo
+eché pelillos al mar, tosí con fuerza, y salté resueltamente al
+palenque.
+
+--¿Tío, se puede tener hijos sin casarse?
+
+--No por cierto--respondiome el tío, a quien hizo gracia la pregunta.
+
+--¿Sería una desgracia, si desapareciera la humanidad?
+
+--¡Hum! he ahí una cuestión difícil de resolver. Los filántropos
+responderían: sí; los misántropos: no.
+
+--Con todo ¿su opinión, tío?
+
+--No he pensado nada al respecto. Sin embargo, como hallo que la
+Providencia hace bien cuanto hace, voto por la perpetuación de la humana
+especie.
+
+--Entonces, tío, no sois consecuente con vuestras ideas, cuando
+criticáis el matrimonio.
+
+--¿Ah, sí?--dijo mi tío.
+
+--Puesto que no se puede tener hijos sin casarse y votáis al mismo
+tiempo por la propagación del género humano, se deduce de ahí que debéis
+aceptar el matrimonio para todo el mundo.
+
+--¡Caramba!--prosiguió el señor de Pavol moviendo los labios con tal
+expresión de burla, que Blanca se enrojeció, ¡eso se llama argumentar!
+¿Qué es; pues, según tú, el matrimonio, sobrina?
+
+--El matrimonio--exclamé entusiasmada,--es la más hermosa de las
+instituciones que existen en la tierra. La unión perpetua con la
+persona amada, y se canta y se baila y se besan la mano... ¡Ah, sí, es
+encantador!
+
+--¿Se besan la mano? ¿Por qué la mano, sobrina?
+
+--Porque yo... en fin, yo pienso así--exclamé dedicando a mi pasado una
+sonrisa llena de misterios.
+
+--El matrimonio entrega una víctima al verdugo--murmuró mi tío.
+
+--¡Ah!
+
+Juno y yo protestamos con la mayor energía.
+
+--¿Y quién es la víctima, papá?
+
+--¡El hombre, canarios!
+
+--Pues, peor para los hombres--repliqué, que se defiendan. Lo que es yo,
+estoy decidida a volverme verdugo.
+
+--Pero ¿a qué quieren venir a parar ustedes, señoritas?
+
+--A esto, mi tío: a que Blanca y yo, somos partidarias sinceras del
+matrimonio, y que hemos resuelto poner en práctica nuestras teorías. Y
+yo, deseo que sea cuanto antes.
+
+--¡Reina!--gritó mi prima estupefacta con mi audacia.
+
+--No digo, sino la verdad, Blanca; únicamente diré que tú, te resuelves
+a esperar un tiempo; pero yo no tengo esa paciencia.
+
+--¿De veras, sobrina? Sin embargo, supongo que no tienes inclinación por
+nadie.
+
+--Sí, por cierto--dijo Blanca riendo,--¿a quién conoce?
+
+Desde que estaba en el Pavol, mucho había pensado en mi amor y en Pablo
+de Couprat, y más de una vez habíame preguntado si debía o no revelar
+tal secreto a mi prima. Pero después de madurar bien la cosa, llegué a
+resolver con el árabe, que el silencio es oro. Pero a pesar de eso, al
+escuchar la afirmación de Blanca, estuve a punto de divulgarlo; sin
+embargo, logré dominarme.
+
+--En todo caso, amaré a alguien, mañana o pasado; porque no se puede
+vivir sin amar.
+
+--Y ¿de dónde has sacado, esas ideas, Reina?
+
+--Pero, de la vida, tío--le respondí tranquilamente.--Recordad las
+heroínas de Walter Scott: recordad cuánto aman y cómo son amadas.
+
+--¡Ah!... ¿y el cura te ha permitido leer novelas y te ha dado
+conferencias sobre el amor?
+
+--¡Pobre cura! ¡Si supierais lo que le he hecho rabiar con eso! Y en
+cuanto a las novelas, tío, no quería dejármelas leer de ningún modo.
+Llegó hasta llevarse la llave de la biblioteca; pero, rompiendo un
+vidrio, entré por la ventana.
+
+--¡Pues ya prometías! Y en seguida ¿te diste a soñar y divagar acerca
+del amor?
+
+--Nunca divago, y sobre todo, sobre ese tema; porque sé bien de lo que
+trato.
+
+--¡Canarios!--dijo mi tío riendo.--Sin embargo, acabas de decirnos que
+no quieres a nadie.
+
+--¡Es cierto!--repliqué rápidamente, medio turbada con mi
+indiscreción.--Pero ¿no creéis tío, que la reflexión pueda suplir a la
+experiencia?
+
+--¡Cómo no! ¡Ya lo creo! sobre todo, tratándose de semejante asunto. Y
+luego me parece que tú tienes buena cabeza.
+
+--Tengo lógica, tío, de ahí todo. Decid y ¿no se ama a más hombre que al
+marido?
+
+--A ningún otro--respondió sonriendo el señor de Pavol.
+
+--Pues bien, si no se ama más que a su marido; como si se ama al marido,
+naturalmente es, porque se siente amor y ya que no se puede vivir sin
+amar, concluyo, que es necesario casarse.
+
+--Sí, pero no antes de haber cumplido los veintiuno, señoritas.
+
+--¡Oh, eso no me importa!--respondió Blanca.
+
+--¡Pero a mi si me importa! De ningún modo aguardaré cinco años.
+
+--Aguardarás cinco años, Reina, a no ser que se dé algún caso
+extraordinario.
+
+--Y ¿qué llamáis un caso extraordinario, tío?
+
+--Un partido tan conveniente que fuera absurdo rechazarlo.
+
+Esta modificación del programa del tío me dio tanta alegría, que me
+levanté para brincar.
+
+--¡Entonces, no esperaré!--exclamé escapándome. Y corrí a mi cuarto, en
+donde no tardó Juno en aparecer con su aire majestuoso.
+
+--¡Qué desfachatada eres, Reina!
+
+--¡Desfachatada! ¿Así es como agradeces el que haya hecho lo que tú
+misma me has pedido?
+
+--Es que dices las cosas muy pan, pan...
+
+--Así es mi modo: al pan, pan; y al vino, vino.
+
+--Y después, se hubiera dicho que te gozabas en mortificar a papá.
+
+--¡Oh, no! me dolería mucho contrariarle; su cara burlona me gusta y lo
+quiero con locura. Conque, así no cambiemos las cosas, Blanca; el que
+nos ha hecho rabiar es él, atacando el matrimonio, y tú no puedes
+quejarte de mi, por que al fin y al cabo sabes lo que querías saber.
+
+--¡Eso es cierto! dijo Blanca con aire soñador.
+
+Pronto, y a sus expensas, supo el señor de Pavol, que si las mujeres
+hechas no valen nada, menos valen aún las jóvenes, pues pisotean sin
+pestañear las ideas de sus padres y sus tíos.
+
+
+
+
+X.
+
+
+El lunes, me levanté lo más contenta. Había soñado esa noche con Pablo
+de Couprat, y me desperté lanzando un grito de alegría.
+
+Aumentaba mi júbilo el placer de estrenar un vestido como jamás había
+usado, y así que estuve ataviada, me contemplé largo rato en silenciosa
+admiración. Y en seguida me eché a brincar y saltar en un acceso de
+exuberante felicidad, y en un corredor, casi, casi, doy a mi tío contra
+el suelo.
+
+--¿A donde vas así, sobrina?
+
+--A todos los cuartos, tío, para mirarme en todos los espejos. ¿No veis
+qué bien estoy?
+
+--Sí, en efecto, no estás mal.
+
+--¿No es cierto que con un traje bien hecho, tengo un lindo talle?
+
+--¡Lindísimo!--respondió el señor de Pavol, besándome en las mejillas y
+encantado con mi alegría.
+
+--¡Ah! tío, ¡qué feliz soy! Opino que el caso extraordinario se
+presentará muy pronto.
+
+Tras esto seguí mi camino y me precipité como una tromba marina en el
+cuarto de Juno.
+
+--¡Mira!--exclamé, girando con tanta rapidez sobre mí misma, que mi
+prima no podía ver más que un torbellino.
+
+--Pero sosiégate, Reina--me dijo ella con su calma de siempre.--¿Cuándo
+serás medida en tus movimientos? Sí, tu traje te sienta.
+
+--Mira, qué piececito.
+
+--¡Ah, presuntuosa de nacimiento! ¿Quién diría que una campesina como
+tú, llegaría tan pronto a tanta coquetería?
+
+--Ya te admirarás más. Sé que la coquetería es una cualidad muy seria.
+
+--Es la primera vez que lo oigo. ¿Quién te ha enseñado eso? Supongo que
+no habrá sido el cura.
+
+--No, no; una persona que entendía algo en la materia. ¿Vendrá a
+almorzar alguien más que los de Couprat, Blanca?
+
+--Sí, el cura y dos amigos de mi padre.
+
+Nos instalamos en el salón en espera de nuestros invitados y pronto
+apareció mi tío acompañado del comandante de Couprat, al que me
+presentó.
+
+¡Dios mío, qué aspecto tan simpático, el del comandante!
+
+Sus ojos eran límpidos como los de un niño y sus cabellos y bigotes
+blancos como nieve. Su fisonomía era tan bondadosa y benévola, que me
+recordó la de mi cura, aunque no hubiera entre ellas verdadera
+semejanza. Inmediatamente me sentí atraída hacia él y comprendí también
+que la simpatía era recíproca.
+
+--Una parientita, de quien ya he oído hablarme dijo, tomándome las
+manos:--deja que te bese, hijita, he sido muy amigo de tu padre.
+
+Me dejé besar de buen grado, no sin decir para mis adentros, que hubiera
+sido mucho mejor que en tan delicada operación le hubiese reemplazado su
+hijo.
+
+Por fin entró... De buena gana habría dado todo mi dote y mi hermoso
+vestido a más, por el derecho de correr a él y abrazarle con todas mis
+fuerzas.
+
+Dio un apretón de manos a mi prima, y me saludó tan ceremoniosamente,
+que quedé cortada.
+
+--Dadme la mano--le dije,--bien sabéis que nos conocemos.
+
+--No me atrevía a...
+
+--¡Qué tontería!
+
+--¿Qué es eso, Reina?--refunfuñó mi tío.
+
+--Una flor algo silvestre--dijo el comandante mirándome con
+cariño,--pero una hermosa flor.
+
+Estas palabras no bastaron para disipar el fastidio que sentía sin saber
+por qué, y permanecí por algún tiempo silenciosa y quieta en mi asiento,
+observando al señor de Couprat que conversaba risueñamente con Blanca.
+¡Ah, cómo me gustaba! Cómo me latía el corazón mientras lo veía reír con
+aquella risa fresca, con aquellos blancos dientes y con aquellos ojos
+francos con los que había soñado tanto en mi espantosa casa vieja. Y mi
+tía, mi cura, Susana, el jardín húmedo de lluvia, y el cerezo a que se
+había trepado, desfilaban por mi mente como sombras fugitivas.
+
+No tardé en tomar parte en la conversación, y ya había recobrado una
+parte de mi buena alegría cuando pasamos al comedor.
+
+Colocada entre el cura y Pablo de Couprat, me dirigí inmediatamente a
+éste, preguntándole:
+
+--¿Por qué no volvisteis al Zarzal?
+
+--No he podido disponer de mis acciones, señorita.
+
+--¿Y habéis, por lo menos, deseado ir?
+
+--Muchísimo, os lo aseguro.
+
+--Y entonces ¿por qué no me disteis la mano al entrar?
+
+--Es que según la etiqueta la iniciativa os correspondía, señorita.
+
+--¡Ah! ¿la etiqueta? Sin embargo, en el Zarzal, no os acordabais de
+ella.
+
+--Estábamos en condiciones especiales, y bien lejos de la sociedad, por
+cierto,--respondió sonriendo.
+
+--¿A caso la sociedad prohíbe que seamos amables?
+
+--No, al contrario; pero las conveniencias reprimen a menudo los ímpetus
+del cariño.
+
+--Pues es una tontería--dije secamente.
+
+Pero su explicación me satisfizo y recobré todos mis bríos.
+
+Sin embargo, conversando con él, noté que no daba la misma importancia
+que yo a las palabras que me había dicho en el Zarzal. Pero me sentía
+tan feliz, viéndole y habiéndole, que en aquel momento, esta pequeña
+decepción pasó por mi alma sin herirla.
+
+El señor de Couprat nos hizo saber que habría varios bailes en el mes de
+Octubre.
+
+--Me alegro--respondió Juno.
+
+--Me enseñarás a bailar--le dije saltando sobre mi silla.
+
+--Pido que se me permita ser el profesor--exclamó Pablo de Couprat.
+
+--Pablo es un notable bailarín--dijo el comandante,--todas las señoras
+desean bailar con él.
+
+--Y luego es tan buen mozo--añadí yo.
+
+El comandante y su hijo echáronse a reír; el cura y los dos amigos de mi
+tío me miraron sonriendo y moviendo la cabeza, con modo paternal. Mas el
+rostro de mi tío tomó una expresión de descontento y mi prima levantó
+las cejas, con un movimiento que le era peculiar, para demostrar su
+disgusto; movimiento tan lleno de desdén, que estuve por creer que había
+dicho una necedad.
+
+Después del almuerzo dimos una vuelta por el bosque. Había vuelto a
+encontrar mi alegría y hablaba sin cesar, divertiéndome en imitar el
+modo y la voz de uno de nuestros invitados cuyos defectos exteriores me
+habían llamado la atención.
+
+--Reina, eres muy mal educada--decía Blanca.
+
+--Habla así--respondí, apretándome la nariz para imitar la voz de mi
+víctima.
+
+El señor de Couprat reía, pero Juno se envolvía en una imponente
+dignidad que no me infundía respeto.
+
+Llego un momento en que me hallé junto a él, mientras que mi prima
+caminaba delante de nosotros con aire distraído. Noté que él la miraba
+mucho, y le interrogué con la mayor inocencia de corazón:
+
+--Es muy linda ¿verdad?
+
+--¡Linda, muy linda!--respondiome con una voz tan apagada que me hizo
+estremecer.
+
+Un presentimiento y una duda atravesaron mi espíritu; pero a los diez y
+seis años, esa clase de impresiones vuelan y desaparecen, como las
+mariposas que revolotean en torno de nosotros, así es que estuve lo más
+alegre hasta el instante en que nuestros invitados se despidieron del
+señor de Pavol.
+
+Así que se fueron, retirose mi tío a su gabinete y me hizo comparecer
+ante él.
+
+--Reina, has estado ridícula.
+
+--¿Por qué, tío?
+
+--No se le dice a un joven, que es buen mozo.
+
+--Pero si me parece que lo es.
+
+--Motivo de más, para no decírselo.
+
+--¡Cómo!--contesté yo sorprendida.--¿Entonces debía decirle que lo
+hallaba feo?
+
+--No debías de haber tocado ese punto. Ten cualquier opinión, pero
+guárdala para ti.
+
+--Sin embargo, mi tío, lo más natural es decir lo que se piensa.
+
+--No en sociedad, sobrina. La mitad de las veces es necesario decir lo
+que no se piensa y ocultar lo que se piensa.
+
+--¡Qué horrible máxima!--exclamé asustada.--No la podré poner en
+práctica jamás.
+
+--Ya llegarás a ello; mientras tanto, observa la etiqueta.
+
+--¡Y dale con la etiqueta!--respondí, marchándome de mal humor.
+
+Por la noche cuando me puse a soñar en la ventana como tenía por
+costumbre, una inquietud indefinible y oculta turbó mis ensueños. Pensé
+en aquel día, con tanta impaciencia esperado, y no pude negarme que las
+cosas no habían pasado según mis deseos. ¿Qué era lo que yo había
+esperado? Lo ignoraba, pero me espeté yo misma un discurso para
+convencerme de que el señor de Couprat estaba enamorado de mi, y la
+peroración dio término con un enternecimiento de mal augurio.
+
+Al día siguiente, mis inquietudes habían desaparecido a pesar de todo,
+pero por la tarde recibí una larga misiva de mi cura, llena de buenos
+consejos y con este final:
+
+«Reinita: tu carta ha venido a consolarme y alegrarme en mi soledad, te
+ruego que no te canses de escribirme. No sé que hacerme sin ti, y no voy
+al Zarzal, de miedo de llorar como un niño. Me reprocho mi egoísmo,
+puesto que eres feliz, pero como dice la Escritura, la carne es débil, y
+mi parroquia, mis deberes y mis oraciones no me han hecho olvidarte
+todavía.
+
+«Adiós, querida y buena hijita mía, terminaré esta carta diciéndote:
+desconfía de la imaginación».
+
+Y esta frase, produjo una impresión desagradable en mi ánimo agitado.
+
+
+
+
+XI.
+
+
+Hacía tres semanas que me hallaba en el Pavol y mi tío pretendía que en
+ese lapso de tiempo, había embellecido tanto, que sí me llegara a
+encontrar el cura, no le fuera posible reconocerme. Comparábame a esas
+plantas de mucha savia, que brotan hermosas en terreno ingrato, porque
+son lozanas de por sí, pero que trasplantadas a tierras propicias a su
+naturaleza, se desarrollan de pronto de un modo increíble. Cuando me
+miraba al espejo, convencíame de que mis ojos pardos tenían nuevo
+brillo, mi boca más frescura, y de que mi tez de meridional, adquiría
+matices róseos y delicados, que me producían vivísima satisfacción.
+
+Sin embargo, algunos días después del almuerzo de que he hablado,
+descubrí de un modo cierto que me había engañado groseramente, creyendo
+con toda simpleza, que el señor de Couprat estuviese enamorado mí. Sin
+embargo, como nunca he sido pesimista, me apresuré a argüir para
+consolarme. Díjeme que los corazones no deben estar precisamente
+formados de la misma manera; que si algunos se dan en un minuto, otros
+tienen la facultad de meditar y estudiar antes de enamorarse; que si el
+señor de Couprat no me amaba aún, eso tenía que suceder hoy o mañana,
+dado que era evidente, que existía entre nuestros gustos y caracteres
+respectivos una innegable semejanza. De modo que aunque la decepción
+hubiese sido grande, no conmovió profundamente mi tranquilidad por buen
+número de días. Me expandía en un ambiente simpático a todos mis gustos
+y me regocijaba al calor de mi felicidad, como un lagarto al resplandor
+del sol.
+
+Mi prima tocaba muy bien el piano. El comandante que era fanático por la
+música venía al Pavol varias veces por semana y su hijo le acompañaba
+siempre. De todos modos, siempre tenía la puerta franca, pues lo
+autorizaban para ello el haber sido compañero de infancia de Blanca y
+los vínculos del parentesco que unían a las dos familias. A más, mi tío
+miraba esta intimidad con buenos ojos, porque de acuerdo con el
+comandante y a pesar de sus paradojas sobre el matrimonio, deseaba
+ardientemente, casar a su hija con el señor de Couprat, pues hallaba y
+con razón, que entraba en la categoría de los casos extraordinarios.
+
+Sólo más tarde me di cuenta de este proyecto, al mismo tiempo que de
+otras cosas, que me hubiera sido fácil comprender antes si hubiese
+tenido más experiencia.
+
+Generalmente llegaban a la hora de almorzar. Pablo, dotado del apetito
+que sabemos, almorzaba copiosamente y merendaba sólidamente a las tres.
+Después de esto, Blanca me daba una lección de baile, mientras él
+ejecutaba con brío un vals propio. Otras veces el profesor era él; mi
+prima iba al piano, y el comandante y mi tío nos contemplaban con
+complacencia, mientras yo giraba en brazos del señor de Couprat, en
+medio de una alegría indecible. ¡Qué lindos días!
+
+No hacíamos un proyecto en que él no estuviera incluido. Su comunicativa
+alegría, su espíritu conciliador, y el talento para organizar e inventar
+travesuras, que poseía en grado sumo, hacían de él un irreemplazable
+compañero, amenizaban nuestra existencia y alimentaban mi amor. Diestro,
+hábil, complaciente, se prestaba a todo, y todo sabía hacer. Cuando
+descomponíamos un reloj o rompíamos una pulsera o cualquier otro objeto,
+Blanca y yo decíamos:
+
+--Cuando venga Pablo, lo compondrá.
+
+Pintaba a menudo y nos enseñaba sus trabajos. Es el único punto en que
+nunca hemos podido estar de acuerdo. Yo experimentaba una intensa
+antipatía por las artes, pero sobre todo, por la música, puesto que la
+maldita etiqueta no permite taparse los oídos, mientras que es lo más
+fácil no mirar un cuadro o darle la espalda. Con todo, cuando el señor
+de Couprat tocaba valses, lo escuchaba con gusto y largo rato; mas, era
+él lo que me gustaba y no los valses. Anoto de paso este sentimiento,
+porque analizándole, un día llegué a un terrible descubrimiento.
+
+--¿Para qué pintáis árboles, primo? El árbol más feo, es mucho mejor que
+todas esas manchas verdes que echáis sobre el lienzo.
+
+--¿De ese modo comprendéis el arte, prima?
+
+--¿No pensáis que Juno es mil veces más linda que su retrato?
+
+--Sí, por cierto, lo creo.
+
+--Y esas florecitas azules que ponéis en los árboles, ¿qué son?
+
+--Eso es un pedazo de cielo, prima.
+
+Hice una pirueta y exclamé con aire patético:
+
+--¡Oh cielos, oh árboles, oh naturaleza!, ¡cuántos crímenes se cometen
+en vuestro nombre!
+
+Mi tío tenía muchos amigos en V***, estaba emparentado con la mayor
+parte de las familias de la región y tenía mesa puesta para todos. Raro
+era el día que no tuviésemos algunos invitados a almorzar o a comer.
+Esto era para mi un medio de conocer las maneras sociales y aprender,
+como me había dicho el cura, a equilibrar mis sentimientos. Pero debo
+advertir, que no equilibraba mucho que digamos, y que no lograba nunca
+disimular pensamientos e impresiones tan chocantes como impertinentes.
+
+Mi tío y Juno, completamente rígidos en cuanto al capítulo de las
+conveniencias sociales, me dirigían algunas reprimendas elocuentes; pero
+se las llevaba el viento. Con una tenacidad verdaderamente desoladora no
+perdía la ocasión de hacer un disparate o decir alguna majadería.
+
+--Has estado muy inconveniente con la señora de A***, Reina.
+
+--¿En qué, hipócrita Juno? Le he dejado ver, que no me gustaba, y nada
+más.
+
+--Cabalmente, en eso consiste la inconveniencia, sobrina.
+
+--Es tan fea, tío. Y de veras, no siento mucha afección por las mujeres;
+son burlonas, malas, y miden de pies a cabeza a la gente, como si en vez
+de ser personas fueran animales curiosos.
+
+--¿Cómo te atreves tú a reprocharlos el que sean burlonas, Reina, cuando
+no te ocupas en otra cosa sino en remedar las ridiculeces de los demás?
+
+--Sí, pero soy linda; por consiguiente, me está permitido hacerlo. El
+señor de C..., me lo dijo el otro día.
+
+--No alcanzo a ver la consecuencia... Y por otra parte, ¿crees que los
+hombres no te midan también de pies a cabeza?
+
+--Sí, pero es para admirarme, mientras que las mujeres, si me miran, es
+buscando defectos, y si no los hallan, los inventan. Ya ves, como he
+observado una porción de cosas.
+
+--Ya lo vemos, sobrina. Pero trata de observar también, que la
+corrección es una apreciable cualidad.
+
+Cuando nuestros invitados masculinos eran jóvenes, nos hacían la corte a
+Blanca y a mi, y lo que es yo me divertía bastante; pero cuando eran
+viejos... ¡Dios mío! surgía siempre la política a darme jaqueca. ¡Oh!
+¡Cuánto me ha aburrido la política!
+
+Llegaban irritadísimos contra las tropelías del gobierno, pero hablaban
+de ellas con cierta discreción hasta que algún bonapartista fogoso
+exclamaba, que debía fusilarse a todos los republicanos, para
+aterrorizarles. La ingenuidad de la frase hacía reír, pero esta
+hecatombe imaginaria era la señal de zafarrancho para las exageraciones
+y desatinos. Ya nos metíamos de cabeza en la política y no salíamos
+hasta el fin de la comida. Todos estaban de acuerdo en cuanto a abominar
+a la república y a los republicanos, pero en el momento en que algunos
+de los convidados desembolsaba la formita de gobierno que tenía buen
+cuidado de llevar siempre consigo, no pasaba mucho, no, sin que se
+cambiaran miradas furibundas y se pusieran las caras a modo de tomates.
+
+Envolvíase el legitimista en la dignidad de sus tradiciones, de su
+fidelidad y de sus anhelos y trataba de revolucionario al imperialista;
+mientras que éste, en su foro interno, trataba de imbécil al
+legitimista. Pero como la urbanidad no le permitía emitir su opinión
+gritaba para resarcirse como un desesperado. En seguida se caía a plomo
+sobre los republicanos; se les abrumaba de invectivas, se les deportaba,
+se les fusilaba, se les decapitaba y se les hacía picadillo; pues
+bonapartistas y legitimistas se unían en un odio común, para barrer de
+la faz de la tierra a tales bípedos. Se peroraba apasionadamente, se
+gesticulaba, se salvaba a la patria y se ponían como remolachas... lo
+que no obstaba ¡ay! para que las cosas siguieran su camino. Mi tío, de
+tiempo en tiempo, lanzaba en medio de estas divagaciones, una salida
+ingeniosa, o una frase sensata y colocaba la discusión en un terreno más
+elevado que el del interés personal y las simpatías individuales. Nada
+legitimista, y sin tener opinión determinada, no dejaba de ver que la
+Francia, desde hacía un siglo, marcha con la cabeza baja, y que siendo
+esa una postura anormal, concluirá por perder el equilibrio y caer en un
+precipicio en el que la enterrarían.
+
+Se reía de las ruindades y estupideces de todos los partidos, pero a
+menudo era presa de desalientos, que se reflejaban en alguna ocurrencia
+chistosa. Jamás lo vi exaltarse; se conservaba en calma, en medio a los
+variados rugidos de sus huéspedes, seguro siempre, de que suya sería la
+última palabra, pues veía claro y lejos. Sin embargo, sus antipatías
+eran vehementes y execraba a los republicanos.
+
+No quiero decir con esto, que fuese tan apasionado como para no saber
+guardar un justo medio: hubiese aceptado una república, si la hubiese
+creído posible, y se inclinaba ante la constancia de ciertos hombres,
+que luchan de buena fe por una utopía.
+
+Algunas veces le oía llamar a nuestros gobernantes, jugadores de
+raqueta, comparando las leyes que las dos cámaras se envían diariamente
+una a otra, a volantes que los franceses, boquiabiertos, miran pasar con
+ojos plácidos, hasta el momento en que caen sobre sus respetables
+narices y se las aplastan.
+
+De donde saqué yo, para mi gobierno, algunas deducciones que referiré a
+su tiempo.
+
+Al señor de Pavol le agradaba conversar y aun discutir. Y aunque hablaba
+poco, escuchaba con interés. Bajo una corteza rústica escondía
+conocimientos generales, elevado buen gusto y gran criterio unido a una
+altura de vistas especial. No era ni un santo, ni un devoto. Supongo
+que, como la mayoría de los hombres, habría tenido sus flaquezas y sus
+errores; pero creía en un Dios, en el alma, en la virtud, y no
+consideraba la incredulidad, la mala fe y el espíritu de impiedad y
+difamación como signo de virilidad intelectual.
+
+Gustábale oír desarrollar sus sistemas a los materialistas y
+librepensadores, y su silencio burlón hablaba elocuentemente, mientras
+observaba a su interlocutor juntando las cejas de tal modo que le
+ocultaban los ojos casi por completo. Y luego con la mayor tranquilidad,
+les replicaba:
+
+--¡Caramba! señor, ¿sabéis que os admiro? Habéis llegado casi a la
+perfecta humildad del Evangelio. Me avergüenzo de no poder seguir
+vuestras huellas, pero mi orgullo es tan endiablado, que me impedirá
+siempre parangonarme con la oruga que se arrastra a mis pies o al cerdo
+que se revuelca en mi corral.
+
+Estaba siempre en guerra con el consejo municipal de su distrito; no le
+gustaban los aldeanos, y pretendía que no hay nada más pillo y canalla
+que un campesino. Así, aunque se le estimaba y respetaba, no era
+querido. Sin embargo, hacía grandes limosnas y no desperdiciaba ocasión
+para ejercitar su bondad; pero jamás se dejaba envolver por la malicia y
+astucia de los buenos labriegos.
+
+Por último, si mi tío no había seguido carrera alguna, si no había sido
+ni médico, ni abogado, ni ingeniero, ni soldado, ni diplomático, ni aun
+ministro, llenaba su cometido en la vida, conservando las sanas
+tradiciones, respetando lo que es respetable, no dejándose arrastrar por
+las divagaciones de la época, y usando de su influencia para encaminar
+al bien y a la justicia algunos corazones. En una palabra, mi tío era un
+hombre de talento, de corazón y de bien. Yo le quería mucho, y si no
+hubiese hablado nunca de política, le hubiera creído sin defectos. En la
+vida privada era ejemplar. Quería con locura a su hija, y en cuanto a
+mi, pronto me tomó cariño.
+
+--¡Qué cosa horrible son los gobiernos!--decía yo al señor de
+Couprat.--Sería necesario suprimirlos todos; por lo menos así no se
+oiría hablar de política. Hay que suprimir dos cosas: el piano y la
+política.
+
+--Sí, por cierto, y soy de vuestra opinión--me respondió riendo.
+
+--Ah... ¿qué no os gusta el piano? Sin embargo, cuando Blanca toca la
+escucháis con placer; por lo menos, o así parece.
+
+--Es que Blanca tiene mucho talento.
+
+Esta explicación me produjo la fastidiosa sensación, que causan los
+mosquitos rondando alrededor de nuestros oídos cuando dormimos: nos
+incomodan sin turbarnos completamente el sueño. Evidentemente, la razón
+que me daba no era aceptable, porque a pesar del talento de Juno, yo que
+no amaba el piano, sentía ganas de gritar y de escaparme cada vez que
+ella ejecutaba alguna sonata de Mozart o de Beethoven. ¡Qué dos hombres
+que pueden vanagloriarse de haber aburrido a la humanidad! Yo me
+desesperaba pensando en sus mujeres.
+
+En medio de esta dulce vida de esperanzas, y pequeñas inquietudes
+desvanecidas por una amabilidad, o por las distracciones de una
+existencia tan nueva para mi, llegamos al fin de Septiembre. Y entonces
+mi tío, con el aspecto fúnebre de un hombre que va al cadalso, se
+preparó a llevarnos a las tertulias anunciadas por el señor de Couprat.
+
+
+
+
+XII.
+
+
+Puedo asegurar que mi espíritu de observación no se ejercitó en mi
+primer baile. Sólo me queda de esa fiesta algo así como la impresión de
+un placer delirante, y el recuerdo de las necedades que dije, y eso
+porque me costaron una buena reprimenda al día siguiente.
+
+De cuando en cuando, Juno golpeábame el brazo con su abanico y me decía
+al oído, que me ponía en ridículo; pero era como hablar con una tapia;
+pues yo me alejaba sin oírla, revoloteando con mis compañeros.
+
+A veces, mi caballero creía oportuno entablar conversación.
+
+--¿No hace mucho que vivís aquí, señorita?
+
+--No señor; seis semanas, más o menos.
+
+--¿Y dónde vivíais antes de venir al Pavol?
+
+--En el Zarzal; una quinta espantosa, con una espantosa tía que ¡gracias
+a Dios! ha muerto.
+
+--En todo caso, vuestro nombre señorita es de los más conocidos; en 1423
+había un caballero de Lavalle que se parapetó en el monte de San Miguel.
+
+--¿Sí? ¿Y qué hacía allí ese caballero?
+
+--Defender el monte atacado por los ingleses.
+
+--¿En lugar de bailar? ¡Qué tonto!
+
+--¿Tratáis así, señorita, a vuestros abuelos y al heroísmo?
+
+--¡Mis abuelos! ¡Nunca he pensado en ellos! y del heroísmo se me da un
+bledo.
+
+--Pero ¿qué os ha hecho el pobre heroísmo?
+
+--Es que como los romanos eran heroicos, según parece y yo detesto a los
+romanos... Pero, bailemos, en vez de charlar.
+
+Y partíamos, girando.
+
+Mi felicidad llegó a su apogeo al verme, danzando con el señor de
+Couprat, en aquel salón lleno de luces, a la vista de tantas señoras
+riquísimamente ataviadas, y entre aquella sociedad de la que me hallaba
+tan lejos poco antes. Pablo bailaba mucho mejor que los demás. Aunque
+fuese alto y pequeñísima yo, solía acariciarme las mejillas su lindo
+bigote rubio y retorcido, y sentí algunas tentaciones de las que no
+hablaré por no escandalizar al prójimo.
+
+Embriagada por la alegría y las lisonjas que zumbaban a mi derredor,
+dije todas las tonterías inimaginables; pero conquisté a todos los
+hombres y desesperé a todas las muchachas.
+
+El cotillón despertó en mi el mayor entusiasmo, y cuando mi tío, que
+tenía todo el aire de un mártir, nos hizo señas de que era hora de
+partir, exclamé, desde el extremo del salón:
+
+--Tío, no me sacaréis de aquí, sino por la fuerza armada.
+
+Pero tuve que prescindir de ella, y seguir a Juno, que hermosa y
+correcta, como de costumbre, se apresuró a obedecer a su padre, sin
+hacer caso de mis recriminaciones.
+
+Ya en mi cuarto y al desnudarme, me vino una locura irresistible. Tomé
+mi almohada y me puse a valsar con ella por el cuarto, cantando a toda
+voz.
+
+Juno, cuyo cuarto no estaba lejos del mío, acudió semiasustada.
+
+--¡Reina! ¿qué haces?
+
+--¡Ya ves, bailar!
+
+--¡Dios, mío! ¡qué niña eres!
+
+--Querida Blanca, si la humanidad tuviese ingenio, día y noche bailaría.
+
+--Vamos, Reina, hace frío y puedes resfriarte; acuéstate.
+
+Arrojé mi almohada a un rincón y me metí en la cama. Blanca sentose a
+los pies e improvisó una arenga. Esforzose en probarme que la calma es
+una gran cualidad en todos los actos de la vida; que cada cosa debe
+hacerse a su tiempo y lugar, y que, después de todo, no le parecía que
+una almohada fuese un compañero de danza muy agradable y...
+
+--¡En cuanto a eso estoy conforme! díjele interrumpiéndola,--sólo son
+agradables los bailarines de carne y hueso, sobre todo, si tienen
+bigotes: bigotes rubios, por ejemplo. Un bigotito que os acaricia la
+mejilla al bailar ¡ah! de veras, es deli...
+
+En esto me dormí, y no desperté hasta las tres de la tarde.
+
+Así que estuve vestida, me mandó llamar el señor de Pavol. Acudí
+inmediatamente con el presentimiento de que en el cerebro de mi tío
+germinaba un sermón. Al ver su aire solemne comprendí lo acertado de mis
+conjeturas y como siempre me ha gustado la comodidad tanto en los
+sermones, como en las demás circunstancias de la vida, aproximé un
+sillón y me arrellané en él, confortablemente; entrelacé las manos sobre
+mis rodillas y cerré los ojos con aire de profundo recogimiento.
+
+Al cabo de dos segundos, no escuchando ni media palabra, exclamé:
+
+--¿Y? ¡Empezad, pues, tío!
+
+--Hazme el servicio de enderezarte, Reina y de tomar una actitud más
+respetuosa.
+
+--Pero tío--repuse abriendo los ojos, asombrada;--no ha sido mi
+intención faltaros al respeto, y si me he puesto en esa actitud era para
+oíros mejor.
+
+--Sobrina, me vas a hacer perder la cabeza.
+
+--Puede ser, tío, respondí tranquilamente, mi cura también me decía
+muchas veces que le haría morir de pesar.
+
+--Hablando francamente ¿crees que tenga ganas de que me lleve el diablo
+por causa de una chicuela mal educada, como tú?
+
+--Os diré primero, que no creo que nunca os llevará el diablo, y
+segundo, que me desolaría si os perdiera, pues os quiero con todo mi
+corazón.
+
+--¡Hum!... ¡es una suerte! ¿Quieres decirme ahora porqué a pesar de mis
+lecciones y consejos, te has comportado anoche de una manera tan
+inconveniente?
+
+--Especificad las acusaciones, tío.
+
+--Sería cosa de nunca acabar, pues todo lo que has hecho, ha sido
+inconveniente; parecías una loca. Entre muchas necedades, has llamado
+por su nombre de pila al señor de Couprat, así que le viste; yo estaba
+cerca de ti, y he visto que al caballero, que en ese momento te daba el
+brazo, le pareció muy chocante.
+
+--¡Oh, eso sí! ¡lo creo capaz de todo; parecía un ganso!
+
+--Yo no soy un ganso, Reina, y te digo que es una inconveniencia.
+
+--Pero, tío, es nuestro primo, lo vemos todos los días. Blanca y yo le
+llamamos siempre Pablo cuando hablamos de él, y aun cuando nos dirigimos
+a él directamente.
+
+--Eso puede pasar en la intimidad, pero no en el mundo, donde nadie está
+obligado a conocer el parentesco ni el grado de relación de las
+personas.
+
+--¿Así es que, según vos, debe uno portarse de un modo en su casa y de
+otro delante de gente?
+
+--Eso es lo que me esfuerzo en hacerte comprender, sobrina.
+
+--Pues, eso es ni más ni menos, una hipocresía.
+
+--En nombre del cielo, sé hipócrita, no te pido otra cosa. Parece
+además, que has dicho a cinco o seis jóvenes que eran muy buenos mozos.
+
+--¡Cierto, ya lo creo!--exclamé en un ímpetu de simpatía al recordar a
+mis compañeros.--¡Tan guapos, tan educados, tan atentos! Por otra parte
+les había trampeado piezas y para que no se contrariaran...
+
+--Por el momento, a quien contrarías mucho es a mi, Reina; hace siete
+semanas que Blanca y yo tratamos de hacerte comprender que es necesario
+mesurar nuestros movimientos lo mismo que nuestras tristezas y alegrías,
+y sin embargo, no yerras disparate. Tienes talento, eres coqueta y
+desgraciadamente para mi, tienes una cara demasiado bonita y...
+
+--¡Al fin y al cabo!--interrumpí, satisfecha,--así es como me gustan los
+sermones.
+
+--No me interrumpas, Reina, te hablo seriamente.
+
+--Vamos a ver, tío, razonemos: la primera vez que me visteis, me
+dijisteis: eres terriblemente linda.
+
+--Y ¿qué hay con eso, sobrina?
+
+--¿Qué hay? Que con ello veréis, que uno no puede refrenar siempre un
+movimiento primo.
+
+--Tal vez, pero se debe tratar de reprimirlo siempre, y sobre todo,
+hacerme caso. A pesar de tu poca edad y tu corta estatura, tienes el
+aspecto de una mujer; trata pues de tener la dignidad, que te
+corresponde.
+
+--¡La dignidad!--exclamé,--y ¿para qué?
+
+--¿Cómo para qué?
+
+--No comprendo, tío. ¿Cómo me predicáis dignidad, cuando el gobierno
+tiene tan poca?
+
+--No veo la relación... ¿Qué nueva locura es esa?
+
+--¿No decís tío, que el gobierno pasa el tiempo jugando al volante? La
+verdad es que tal conducta en un gobierno es una falta de dignidad. Y
+entonces, ¿por qué los simples particulares hemos de tener más que los
+ministros y los senadores?
+
+Mi tío se echó a reír.
+
+--Difícil es reñirte, Reina; como la anguila, te escurres entre los
+dedos. Pero a pesar de todo, te aseguro, que si no me obedeces no te
+dejaré ir más a ninguna tertulia.
+
+--¡Oh, si hicieseis semejante cosa, mereceríais las torturas de la
+Inquisición!
+
+--Como la Inquisición está abolida no se me torturará; pero tu me
+obedecerás, tenlo por cierto. No quiero que una sobrina mía adquiera
+hábitos y maneras, que si se pueden excusar hoy por sus pocos años,
+mañana la podrán hacer pasar por... ¡hum!
+
+--¿Por qué, tío?
+
+El señor de Pavol tuvo un violento ataque de tos.
+
+--¡Hum! por una mujer criada en las selvas, o algo por el estilo.
+
+--Y tal apreciación no iría muy descaminada, puesto que el Zarzal y una
+selva son la misma cosa.
+
+--En fin, sobrina, convéncete de que te he hablado seriamente; vete y
+reflexiona.
+
+Comprendí que no se podía tomar a broma este formidable reto. Me encerré
+en mi cuarto donde reflexioné veintiocho minutos y medio, durante los
+cuales sentí germinar en mi corazón el loable deseo de trabar relación
+con la mesura.
+
+
+
+
+XIII.
+
+
+Muy pronto llegué a descubrir que muchas veces la fama de sabiduría de
+que gozan los proverbios no es hurtada; que en ciertos casos, querer es
+poder y que con un poquito de buena voluntad me sería fácil poner en
+práctica los consejos de mi tío.
+
+No quiero decir con esto, que no haya vuelto a cometer necedades desde
+entonces, ¡oh, no! eso sucedía aún, bastante a menudo, pero logré
+volverme seria y adquirir un sosiego relativo.
+
+Por otra parte, si mi tío me había reprendido había sido en previsión
+del porvenir, porque entonces me hallaba en un medio social en el que
+mis acciones y palabras eran juzgadas con la mayor indulgencia. Era
+aquella una sociedad amena, y educada, llena de tradiciones de cortesía,
+y en las que contaba sin saberlo con gran número de parientes y
+allegados.
+
+En obsequio a mi nombre, a mi belleza, y a mi dote fuéronme perdonados
+muchísimos pecados. Era la niña mimada de las matronas, que narraban con
+cariño anécdotas de mis abuelos y bisabuelos y de otros antepasados
+cuyos hechos y proezas debían haber sido muy notables, para que
+aquellas bondadosas marquesas hablaran de ellos con tanto entusiasmo.
+
+Comprendí, con satisfacción, que para algo sirven en la vida los
+abuelos, y que su égida polvorosa defiende las osadías y caprichos de
+las nietecillas criadas en el fondo de los bosques.
+
+Era la niña mimada de los maridos en perspectiva, que en mis hermosos
+ojos, veían brillar mi dote; la niña mimada de los bailarines, a quienes
+mi coquetería divertía, y confieso en voz baja, muy baja, que sentía una
+felicidad inmensa en jugar con los corazones y en metamorfosear las
+cabezas en veletas.
+
+¡Oh, coquetería, qué encanto en cada letra de tu nombre!
+
+Era preciso que este sentimiento fuese innato en mi, porque después de
+asistir a dos o tres reuniones conocía todos sus detalles, astucias y
+matices.
+
+Quisiera ser predicador, nada más que para predicar la coquetería a mi
+auditorio y rehusar la absolución a las penitentes sin talento para
+dedicarse a tan encantador pasatiempo.
+
+Con tales ideas, quizá no permanecería mucho tiempo en el seno de la
+iglesia, pero en mi corta carrera, creo que haría bastantes prosélitos.
+Compadezco a los hombres, que creen conocer todo, e ignoran los placeres
+más finos y delicados. A mis ojos; arrastran una vida de bolonios.
+
+Mientras que yo me zarandeaba y hería corazones, Blanca pasaba hermosa
+y altiva, demasiado segura de su belleza, para preocuparse de hacerla
+admirar; demasiado correcta para rebajarse hasta las emociones y
+pillerías que hacían mi felicidad.
+
+Sin embargo, así que la primera efervescencia se calmó, me di cuenta de
+que el señor de Couprat tardaba mucho tiempo en enamorarse de mí. Me
+veía bajo todas las fases, vestida de baile, de visita, de calle,
+coqueta, seria, y a veces, aunque debo confesarlo, raras veces,
+melancólica, y a pesar de toda esta diversidad de aspectos, que
+ahuyentaban la monotonía, no sólo no se me declaraba, sino que parecía
+tratarme como a una chica. Y la frase de mi cura: «Está cierta de que te
+ha tomado por una chiquilina sin consecuencia», comenzaba a preocuparme
+enormemente.
+
+A pesar de mi coquetería y mis numerosas distracciones, ni un solo
+instante, decayó mi amor. La animación de mi vida impedíame, sin duda,
+pensar en él constantemente, y por eso me explico mi ceguedad; pero
+nunca se me ocurrió poder hallar otro hombre más encantador que Pablo de
+Couprat.
+
+Sin embargo, en la corte que me circuía, muchos cortesanos ofrecían una
+semejanza real con los tipos de Walter Scott, que tanto había admirado.
+Y muchas veces me he preguntado cómo había podido conmoverme mi héroe,
+alegre y regordete, cuando mi imaginación estaba bajo la influencia de
+personajes quiméricos, que tan poco se le parecían. He aquí un tema
+psicológico que abandono a la meditación de los filósofos, porque yo, no
+tengo tiempo para profundizarlo; señalo el hecho, saludo a la filosofía
+y paso.
+
+El 25 de Octubre, asistimos al último baile, en un castillo situado
+cerca del Pavol.
+
+Esa noche fui con un vestido azul celeste; estaba extraordinariamente
+linda y tuve un éxito loco. Tan loco, que en la semana siguiente fui
+pedida por cinco. Pero yo estaba intranquila, febril, atormentada, y
+contra mi costumbre, no me gocé en el delirio que causaba mi belleza.
+
+Aguardaba al señor de Couprat con impaciencia, para observarlo con ojos
+que comenzaban a ver claro. Generalmente llegaba muy tarde, en compañía
+de tres o cuatro jóvenes que componían la alta sociedad a la moda de la
+región. Estos jóvenes hastiados desde la más tierna edad, tenían por muy
+aburrido, fatigoso e incómodo el baile; contentábanse con hacer algunas
+invitaciones con dejadez e impertinencia. No así Pablo de Couprat,
+demasiado educado y franco para no bailar con el aspecto alegre y
+satisfecho que las circunstancias requerían.
+
+Con todo, debo decir que mi brío disipaba el tedio de aquellas víctimas
+de la experiencia, como un rayo de sol disipa leve bruma. Sabía
+agasajarles y hacerles girar a voluntad de mis caprichos tanto que mi
+tío decía:
+
+--Si tiene el diablo en el cuerpo.
+
+¡Sea tenido por infame el que mal piense!
+
+Con despecho, noté que Pablo bailaba a menudo con Blanca y que a mi me
+invitaba pocas veces y sin mucho entusiasmo ni insistencia.
+
+Redoblé mi coquetería para atraer su atención; pero poco se le importó.
+Su corazón y su mente estaban lejos de mi, y me arrinconé en un ángulo
+de la sala, negándome rotundamente a bailar más.
+
+Ocultábame casi tras unos tapices que separaban el salón de una salita,
+y desde allí sorprendí la conversación de dos respetables matronas,
+cuyas simpatías me había conquistado.
+
+--Reina está muy guapa esta noche, y como siempre, es la reina del
+baile.
+
+--Sin embargo, Blanca de Pavol es más linda.
+
+--Sí, pero es menos atrayente. Es una reina altiva, mientras que la
+señorita de Lavalle es una deliciosa princesita de cuentos de hadas.
+
+--Princesa, esa es la palabra; se ve en toda ella la raza, y lo que
+chocaría en otras, en ella es encantador.
+
+--Se susurra que es cosa decidida el matrimonio de su prima con el señor
+de Couprat.
+
+--Así he oído decir.
+
+Durante algunos minutos, orquesta, matronas y parejas ejecutaron a mis
+ojos una danza sin nombre, y para no caerme, tuve que sujetarme de las
+colgaduras que me ocultaban.
+
+Cuando me repuse de aquel atolondramiento, el brillante salón me parecía
+velado por un crespón negro, y con gran sorpresa de Juno, fui a rogarle
+que nos fuéramos inmediatamente, sin aguardar el cotillón.
+
+Mientras regresábamos al Pavol, yo me decía:
+
+--No es cierto, estoy segura de que no es cierto. ¿A qué afligirme
+tanto?
+
+Con todo, me desnudé llorando y con el presentimiento de que una gran
+desgracia se cernía sobre mí.
+
+Sin embargo, como no hay nada más voluble que una cabeza de diez y seis
+años, al siguiente día volviome la experanza, y clasifiqué la charla de
+aquellas dos señoras de murmuraciones sin alcance.
+
+Resolví observar cuidadosamente al señor de Couprat y me hallé en tal
+disposición de espíritu, que con el menor indicio hubiera dado cuerpo a
+las más fugitivas impresiones.
+
+En la tarde de aquel día nefasto, nos encontrábamos todos en el salón.
+El comandante y mi tío jugaban al ajedrez; Blanca tocaba una sonata de
+Beethoven, y yo, recostada en un sillón espiaba con los párpados
+entornados la actitud y la fisonomía de Pablo Couprat.
+
+Sentado junto al piano, algo atrás de Juno, escuchaba con gravedad, sin
+cesar de mirarla. Aquella impresión seria no le sentaba, y hubiera
+podido decirse, que estaba aburrido. Me confirmé en esta opinión,
+observando que trataba de ahogar algunos intempestivos bostecillos.
+Entonces fue cuando me acordé de pronto, de la satisfacción que yo
+sentía siempre que él tocaba sus valses y sus danzas. Comprendí que no
+me gustaba la música sino el músico, y que a él le pasaba lo mismo
+respecto de Blanca. No se le daba un bledo de Beethoven; pero estaba
+enamorado de Blanca, y hasta las cosas que le eran antipáticas le
+gustaban en la mujer amada.
+
+Juno terminó su horrible sonata, y Pablo dijo en un arranque de
+entusiasmo, cuyo oculto motivo comprendí:
+
+--¡Qué genial ese Beethoven! Y vos, prima, lo interpretáis
+maravillosamente.
+
+--¡Pues lo que es vos, Pablo, habéis bostezado y bien!--exclamé
+poniéndome de pie tan bruscamente, que los jugadores de ajedrez,
+lanzaron un gruñido furibundo.
+
+--Creo que dormías, Reina.
+
+--No, no dormía, y te aseguro que Pablo ha bostezado mientras tú
+interpretabas tu maldito Beethoven.
+
+--Reina detesta tanto la música, que atribuye a los demás, sus propias
+impresiones.
+
+--¡Buenos descubrimientos me obligan a hacer mis propias
+impresiones!--respondí con voz temblona.
+
+--¿Qué te pasa, Reina? Has de estar de mal humor porque no has dormido
+anoche.
+
+--No estoy de mal humor, Juno, pero detesto la hipocresía, y repito y
+sostengo y sostendré hasta la muerte que Pablo ha bostezado que era un
+gusto.
+
+Después de esta salida, me escapé del salón con la tranquilidad de un
+torbellino, dejando estupefactos a todos los que estaban en él.
+
+Me encerré en mi cuarto, y paseándome de largo a largo, renegué de mi
+ceguedad, y me di de coscorrones, siguiendo la costumbre de Petrilla,
+cuando se hallaba en algún aprieto. Pero los coscorrones a más de que
+pueden descompaginar los sesos, no han sido nunca eficaz remedio de
+amores degradados, y me dejé caer sobre un sofá profundamente
+desalentada.
+
+Como en otras circunstancias análogas, me acordé de frases y detalles,
+que según yo me decía, debían de haberme dado luz, no digo, una vez,
+sino veinte.
+
+El sentimiento dominante en mi, en medio de otros muy confusos era una
+viva cólera; pero mi altivez me hizo jurar que nadie conocería mi dolor.
+
+En aquel momento fui sincera, y creí que me sería fácil disimular mis
+impresiones, cuando tenía por costumbre lo contrario.
+
+Atravesaba por una de esas situaciones en que el individuo más manso
+siente violentos deseos de estrangular a alguien y de romper cualquier
+cosa. Los nervios que no se pueden calmar con lágrimas, tienen que
+estallar de cualquier modo y a mi me dio con mis hombrecillos de
+terracota cuyas muecas y sonrisas me parecieron de pronto odiosas y
+ridículas. Inmediatamente los arrojé por la ventana, sintiendo un
+extraño placer al oírlos quebrarse sobre los guijarros de la alameda.
+
+Tocole uno a la veneranda cabeza de mi tío que pasaba por allí. La
+suerte que llevaba sombrero; pero, con todo, hallando este
+procedimiento fuera de todas las leyes de la buena educación, no pudo
+contenerse y respondió con una expresiva exclamación.
+
+--¿En qué, demonios, te ocupas, sobrina?
+
+--Tiro mis hombrecillos por la ventana, tío--respondíle, aproximándome
+al alféizar, del que había permanecido retirada para arrojar con mayor
+fuerza mis proyectiles.
+
+--¡Vaya un motivo para romperle a uno la cabeza!
+
+--Os pido perdón, tío, pero no os había visto.
+
+--¿Que te has vuelto loca repentinamente? ¿Por qué rompes así tus
+chucherías?
+
+--Me incomodan, me aburren, me impacientan... ¡Mirad, ahí va el resto!
+
+Envié cinco de una vez, cerré la ventana de pronto y dejé al señor de
+Pavol refunfuñando contra las sobrinas y sus caprichos.
+
+A la noche me sermoneó, pero le escuché con la mayor impasibilidad, pues
+en medio de mis graves preocupaciones, aquella mísera reprimenda era un
+globo de jabón que estallaba sobre mi cabeza.
+
+Después de comer, fui a contemplar mis hombrecillos que yacían
+lastimosamente en la alameda. ¡Rotos, pulverizados! lo mismo que mis
+ilusiones y mi felicidad, que creía perdidos para siempre.
+
+
+
+
+XIV.
+
+
+Tal vez os admiréis de mi falta de perspicacia, pero ¿quién, aun sin
+tener la excusa de mis diez y seis años, no ha demostrado una ceguedad
+increíble, por lo menos una vez en la vida? Quisiera saber si existe un
+solo hombre que no se haya tratado de imbécil, descubriendo un hecho,
+que aunque muy visible, no llegaba a ver. ¡Ah! es muy fácil llamarse
+perspicaz, como también es fácil parecerlo, cuando se nos ponen los
+puntos sobre las íes.
+
+Desde entonces fue para mi un verdadero suplicio el ver al señor de
+Couprat, y observar todas las atenciones y delicadezas de que colmaba a
+Blanca. ¡Cuánto lloraba en silencio! pero eso sí, nunca, nunca sentí
+celos de Juno.
+
+¡Dios mío! no; yo era una criatura que amaba sincera y profundamente,
+pero sin que la más mínima sombra de pasión feroz se mezclase a mi amor.
+Contra el único que sentía una ira continua era contra el señor de
+Couprat. Era el cabro emisario cargado de todo mi mal humor y mis penas.
+No me cansaba de zaherirlo y repetirle cosas agridulces. En seguida me
+refugiaba en mi cuarto, en el que me paseaba a grandes pasos, echándome
+discursos.
+
+«¡Oh, qué talento, enamorarse de una mujer cuyo carácter no se le parece
+en nada! ¡Él, tan alegre, tan charlatán, tan charlatán como yo, por
+cierto! Blanca es seria, silenciosa e idólatra de la etiqueta, mientras
+que a él estoy segura, que lo desespera. ¡En cambio nosotros
+armonizábamos tan bien! ¿Cómo no lo ha visto? Pero Blanca es tan buena
+como linda; la conoce desde hace mucho, y luego, al corazón no se le
+ordena»...
+
+Desgraciadamente todos estos hermosos raciocinios no me consolaban.
+
+De noche sollozaba en mi cama y a veces, hasta entre sueños, y a pesar
+de la firme resolución de ocultar mis impresiones, al cabo de quince
+días todos los habitantes del Pavol, se asombraban de mis maneras
+caprichosas. Por la mañana estaba tan alegre que reía horas y, horas;
+pero por la tarde, sentábame a la mesa con aspecto sombrío y no
+despegaba los labios durante toda la comida.
+
+Este silencio tan en oposición con mis hábitos, preocupaba bastante al
+señor de Pavol.
+
+--¿Qué es lo que pasa en tu cabecita, Reina?
+
+--Nada, tío.
+
+--¿Te aburres? ¿Quieres viajar?
+
+--¡Oh no, no, tío! Por nada dejaría el Pavol.
+
+--Si quieres casarte decididamente, eres libre de ello, no soy un
+tirano. ¿Te pesarían las negativas con que has acogido las propuestas
+de matrimonio que se han sucedido en estos últimos días?
+
+--No, no, tío, he abandonado por completo mis antiguas ideas; no quiero
+casarme.
+
+Estos desdichados partidos, aumentaban mi fastidio. Ya no podía oír
+hablar de matrimonio sin sentir deseos de llorar. Aunque el señor de
+Pavol no me apremiaba para que aceptase alguno, me demostraba, sin
+embargo, las ventajas de cada uno de ellos e insistía algo, para que yo
+por lo menos consintiese en tratar a mis enamorados.
+
+Hasta les hubiera calificado con mucha facilidad de casos
+extraordinarios y entre los numerosos descubrimientos que diariamente
+hacía, no fue la inconsecuencia de mi tío, uno de los que menos me
+llamaron la atención.
+
+Aquí para nosotros, pienso que estaba algo asustado con la carga de la
+sobrina que le había caído en suerte. Me dejó completamente libre para
+elegir y se contentó con mis razones sin pies ni cabeza, para rechazar a
+mis pretendientes.
+
+--¿Y no eras tú la que tenías tanta prisa por casarte, Reina?--me
+preguntó Blanca.
+
+--No me casaré, si no encuentro lo que deseo.
+
+--¡Ah! ¿y qué deseas?
+
+--No lo sé aún--respondile con la garganta oprimida.
+
+Blanca me tomó la cara con ambas manos y me miró con atención.
+
+--Quisiera leer en tu pensamiento, Reinita. ¿Amas a alguien? ¿A Pablo?
+
+--Te juro, que no--díjele, zafándome de su caricia,--no quiero a nadie,
+y cuando quiera, lo sabrás en seguida.
+
+Si la muerte no fuese una cosa tan imponente, estoy segura de que en
+aquel momento me hubiera dejado matar antes que declarar mi amor por un
+hombre que amaba a otra y mucho más siendo ésta prima mía. Felizmente no
+se trataba de horca ni de guillotina, porque mucho me temo que en
+presencia de ellas, probablemente habría flaqueado mi estoicismo.
+
+--Hago lo mismo que tú, Blanca, espero.
+
+--Yo no tengo la suerte de mi lobezna del Zarzal--respondiome
+sonriendo,--¡cinco pedidos a la vez: figúrate!
+
+--No me hables más de esto, te ruego; el recordarlo me fastidia, me
+oprime, me asfixia.
+
+Por desgracia a un sexto pretendiente que reunía las cualidades más
+raras, extraordinarias y completas, se le antojó de improviso colocarse
+en el número de mis adoradores.
+
+¡Ay! ¡cosechaba yo lo que había sembrado! pues desde mi entrada en la
+sociedad no había hecho otra cosa que pregonar, que pensaba casarme lo
+más pronto posible.
+
+Hízome llamar mi tío y tuvimos una larga conferencia.
+
+--Reina, el señor de Le Maltour, solicita tu mano.
+
+--Que le aproveche, tío.
+
+--¿Te gusta?
+
+--Al contrario.
+
+--¿Por qué? Exponme las razones, pero buenas razones; no como las del
+otro día que no valían nada.
+
+--Tampoco vuestros partidos no eran presentables, tío.
+
+--Vamos al señor P. muy bien...
+
+--¡Oh, un hombre de treinta años, casi un patriarca!
+
+--¿Y el señor de C.?
+
+--¡Un hombre espantoso!
+
+--Y el señor de N... mozo de mérito y muy inteligente.
+
+--¡Bah! le conté los cabellos y ¡no tenía más que catorce! ¡A los
+veintiséis años!
+
+--¡Ah!... ¿y el pequeño D?...
+
+--No me gustan los trigueños. Y luego, es una nulidad completa. Una vez
+casado, querría a su persona, a sus corbatas, a mi dote y nada más.
+
+--Te concedo todo eso. Pero vuelvo al barón de Le Maltour; ¿qué le
+reprochas?
+
+--Es un hombre que no ha bailado conmigo, sino cuadrillas, porque no sé
+valsar a tres tiempos--exclamé con indignación.
+
+--¡Horrible falta!; Te lo repito, Reina, creo que es absurdo casarse tan
+joven; pero a pesar de tu dote y tu belleza, creo que no volverás a
+hallar jamás un partido semejante. Es un joven bien parecido y tengo las
+mejores informaciones respecto a su moralidad y su carácter, fortuna
+inmensa, familia honorable y muy antigua.
+
+--¡Ah, sí, abuelos! como dice Blanca--interrumpí con desdén. Tengo
+horror a los abuelos, tío.
+
+--¿Por qué?
+
+--Gente que no pensaba más que en pelear y romperse la cabeza. ¡Qué
+idiotez!
+
+--¡Ah! pues mira, sé también que el escribiente del tribunal de V...
+gusta de ti; no tiene abuelos, ¿quieres que le diga que en vista de
+ello, la señorita de Lavalle está dispuesta a casarse con él?
+
+--No os burléis de mi, tío; bien sabéis que soy aristócrata hasta la
+punta de los dedos--respondí, aprovechándome de la ocasión para admirar
+mis afiladas manos.
+
+--Es lo que creo, si no engaña tu aspecto. Y ahora, sobrina, óyeme bien.
+Aun no conoces al señor de Le Maltour, para formar opinión de él, y
+quiero absolutamente que le trates con intimidad antes de que des una
+contestación definitiva. Voy a escribirle a la señora de Le Maltour, que
+la resolución depende de ti, y que autorizo a su hijo a que se presente
+en el Pavol cuando le plazca.
+
+--Muy bien, mi tío, haced lo que queráis.
+
+Cinco minutos después paseaba yo por el bosque, presa de la más violenta
+agitación.
+
+--¡Ah, quiere salir con la suya!--decíame mordiendo el pañuelo para
+ahogar los sollozos;--ya verá cómo recibo a su Le Maltour. Quiero que en
+cuatro días desaparezca de mi vista.
+
+Mi tío no ve ni comprende nada. Me engañaba. Mi tío, a pesar de mi
+repentina resolución de disimulo, veía claramente, pero se conducía con
+prudencia. No podía impedir al señor de Couprat que amara a su hija, ni
+renunciar al proyecto que tanto él como el comandante acariciaban desde
+hacía tiempo. Por otra parte, convencidísimo que mi cariño no era
+profundo y que era más bien una niñada, pensaba que el mejor remedio
+para tal capricho era el de enderezar mis pensamientos hacia un hombre
+que enamorado de mi, se hiciera amar, fundándose en este axioma: el amor
+atrae al amor.
+
+Su razonamiento, si no hubiese fallado por la base, hubiera sido
+perfecto.
+
+Dos días más tarde llegaron al Pavol la señora de Le Maltour y su hijo,
+con la sonrisa en los labios y la esperanza en la mirada. La excelente
+señora me dijo cien amabilidades a las que contesté con la cara ceñuda
+de un portero de jesuitas.
+
+El barón era un buen muchacho... ¡aguardad, no quiero decir con esto que
+fuera un tonto; al contrario! Era inteligente y listo, pero no tenía más
+que veintitrés años. Era tímido y estaba muy enamorado, circunstancia
+que no le despejaba la mente, pero que sería una ingratitud de mi parte,
+el criticarla.
+
+Al día siguiente volvió sin su madre y trató de conversar conmigo.
+
+--¿Sentís, señorita, que se haya terminado la temporada de los bailes?
+
+--Sí--le respondí en un tono tan brusco como el de Susana.
+
+--¿Os divertisteis la otra noche en casa de los C?...
+
+--No.
+
+--Sin embargo, me pareció una fiesta brillante. ¡Qué lindo vestido
+llevabais! ¿Os gusta el azul?
+
+--Puesto que lo uso...
+
+El señor de Le Maltour tosió levemente, para darse valor.
+
+--¿Os gustan los viajes, señorita?
+
+--No.
+
+-Es sorprendente. Os hubiera creído de carácter emprendedor y viajero.
+
+--¡Qué idiotez! ¡Tengo miedo a todo!
+
+La conversación duró un poco más en este tono.
+
+Desconcertado por mi laconismo y el interés con que con la mayor
+impertinencia del mundo, seguía yo las evoluciones de una mosca que se
+paseaba por un brazo de mi poltrona, levantose el barón, algo cortado y
+abrevió la visita.
+
+Acompañole mi tío hasta la puerta del jardín, y volvió enojado en busca
+mía.
+
+--Esto no puede continuar así, Reina. Es una insolencia ¡caramba! tanto
+para mi como para ese pobre mozo, que es tímido y a quien desconciertas
+por completo. El señor de Le Maltour no es una persona a quien se pueda
+tratar como a un títere, sobrina. Nadie te obliga a casarte con él, pero
+quiero que le trates con amabilidad. Bien sabe Dios si tienes buena
+lengua cuando quieres. Trata de que eso suceda mañana; el señor de Le
+Maltour almorzará con nosotros.
+
+--Bueno, tío, hablaré, perded cuidado.
+
+--Pero no vayas a decir tonterías.
+
+--Me inspiraré en la ciencia, tío--le contesté majestuosamente.
+
+--¿Cómo? en...
+
+--No os aflijáis, haré lo que me exigís, hablaré sin cesar.
+
+--No, sobrina, no se trata de...
+
+Dejé que mi tío confiara sus pensamientos a los muebles del salón, y
+corrí a la biblioteca en busca de lo que necesitaba para poner en
+práctica la idea que acababa de ocurrírseme.
+
+Y llevé a mi cuarto la filosofía de Malebranche y un estudio sobre la
+Tartaria.
+
+El Malebranche casi me dio un arrebato cerebral y lo dejé para arrojarme
+sobre la Tartaria, que me ofreció más recursos.
+
+Hasta media noche estuve estudiando atentamente, no sin protestar de
+cuando en cuando contra los habitantes de Bukharia, que se rebozan con
+nombres tan extravagantes. Sin embargo, conseguí recordar algunos
+detalles del país y varias palabras extrañas, cuya significación
+ignoraba por completo. Me acosté restregándome las manos.
+
+--Veremos--me decía,--si Le Maltour resiste a esta prueba. ¡Ah mi
+querido tío, convenceos de que he de salir con la mía y de que de aquí a
+pocas horas me habré deshecho de ese intruso!
+
+Al día siguiente el barón se presentó con el aspecto desconcertado, del
+que camina sobre vidrios. Yo le recibí tan amablemente, que se repuso,
+al mismo tiempo que se disiparon los temores del señor de Pavol.
+
+Los de Couprat y el cura almorzaban con nosotros. Oprimíaseme el corazón
+al ver a Pablo conversando alegremente con Blanca, mientras que yo me
+hallaba condenada a soportar las atenciones tímidas del señor Le
+Maltour, cuya cara bonita me atacaba los nervios.
+
+--He cambiado de idea desde ayer--le dije repentinamente;--me gustan
+muchísimo los viajes.
+
+--Comparto vuestro gusto, señorita; viajar es la más interesante
+distracción.
+
+--¿Y vos habéis viajado?
+
+--Sí, algo.
+
+--¿Conocéis los Ruddar, los Shakird-Pische, los Usbecks, los Tadjies,
+los Molahs, los Dehbaschi, los Pend-Baschi y los Alamanos?--le
+interrogué de un tirón mezclando razas, clases y dignidades.
+
+--¿Y qué es todo eso?--preguntó aturdido el barón.
+
+--¡Cómo! ¿no habéis ido nunca a Tartaria?
+
+--No, jamás.
+
+--¡No haber estado en Tartaria!--exclamé con desdén.--¿A lo menos
+conoceréis a Nasr-Ullah-Bahadin-Kham-Melia-el-Munemim-Bird-Bhic-Blor y
+el diablo a cuatro?
+
+Añadí algunas sílabas de mi cosecha al nombre de Nasr-Ullah, para hacer
+mayor efecto, pensando que la sombra de ese buen hombre no saldría de la
+tumba a echármelo en cara. Mi tío y los invitados mordíanse los labios
+para no reírse al ver la fisonomía del señor de Le Maltour, que delataba
+el mayor desconcierto y Blanca exclamó:
+
+--¿Has perdido la cabeza, Reina?
+
+--No, absolutamente. Le pregunto al señor si comparte mi simpatía por
+Nasr-Ullah, un hombre que según parece, poseía todos los vicios. Pasaba
+la vida degollando al prójimo, sumiendo a los embajadores en calabozos
+donde los dejaba pudrir, y por último, era un hombre de energía, que
+ignoraba por completo ese horrible defecto, que se llama timidez. Y su
+país ¡qué país! Allí reinan todas las enfermedades y por eso mismo me
+gustaría llevar a mi marido. La tisis, la viruela, vómitos que duran
+seis meses, úlceras, lepra, un gusano que llaman richta, que roe a las
+personas, y para extirparlo se...
+
+--Basta, Reina, basta. Déjanos almorzar tranquilos.
+
+--¿Qué queréis tío? La Tartaria me atrae. ¿Y a vos?--pregunté al barón.
+
+--Lo que decís de ella, no es muy halagüeño.
+
+--Para los que no tienen sangre en las venas--respondí
+despreciativamente.--Cuando me case, iré a Tartaria.
+
+--A Dios gracias, no dependerá de ti, sobrina.
+
+--Ya lo creo que sí, tío; haré mi voluntad, no la de mi marido, a quien
+llevaré a Bukharia para que le coman los gusanos.
+
+--¿Cómo? Comido por...--murmuró tímidamente el barón.
+
+--Sí señor, lo que habéis oído. He dicho: comido por los gusanos, porque
+según mi modo de ver la más encantadora luz de la vida de una mujer, es
+la de la viudez...
+
+El alto y poderoso barón Le Maltour, aunque de raza de héroes, no
+resistió a esa prueba. Y comprendiendo el sentido oculto de mis
+caprichos _tártaros_, se fue y no volvió más.
+
+Mi tío se enojó, pero no se me importó. Hice una pirueta y le dije con
+aire sentencioso:
+
+--Tío, quien quiere el fin pone los medios.
+
+
+
+
+XV.
+
+
+Siempre cumplí la promesa que hice al cura, y le escribía con
+puntualidad dos veces por semana.
+
+Esta costumbre le pareció tan dulce y halagadora, que cuando interrumpí
+de golpe la regularidad de nuestra correspondencia, quedó sumergido en
+inquietudes y tristeza.
+
+Absorta por mis quebrantos, permanecí quince días sin darle señales de
+vida; después, cediendo a sus instancias, comencé a expedirle misivas
+por el estilo de ésta:
+
+«Señor Cura:--Acabo de descubrir que los hombres son estúpidos. ¿No os
+parece así? Y echando al diablo las conveniencias sociales, os abrazo».
+
+O de esta otra:
+
+«¡Ah, mi pobre cura, creo que he descubierto el manantial de agua fría,
+de que hablábamos tres meses ha! ¡La felicidad no existe, es un engaño,
+un mito; todo lo que queráis, menos realidad!
+
+«¡Adiós! ¡Si la muerte no nos volviese tan feos, querría morir! ¡Morir,
+sí, mi cura! ¡Habéis leído bien!»
+
+Él me contestaba correo por correo.
+
+«Hijita querida:--¿Qué significa el tono de tus últimas cartas? Hace
+tres semanas parecías tan feliz en medio de la gloria y la alegría de
+tus éxitos sociales. No, no, Reinita, la felicidad no es un mito, y será
+tu herencia; pero en este momento la imaginación te domina, te ofusca, y
+por consiguiente, impídete ver con claridad. No has seguido mi consejo,
+Reina; has abusado de tus fogatas, ¿verdad? Pobre hijita; venme a ver, y
+conversaremos de tus preocupaciones.»
+
+Yo le respondí:
+
+«Señor Cura:--La imaginación es una tonta, la vida un estropajo, y la
+sociedad un harapo que brilla mucho desde lejos, pero que bien mirado,
+no sirve para nada, a no ser para colocarla en un árbol a guisa de
+espantapájaros. Tengo ganas de entrar en la Trapa, mi querido cura. ¡Ah!
+si tuviese seguridad de que de cuando en cuando se me permitiría bailar
+con apuestos caballeros, como algunos que conozco, tened por por cierto
+que iría a refugiarme allí y a enterrar mi juventud y mi belleza. Pero
+creo que este género de distracciones no está muy de acuerdo con la
+regla de la Orden. Dadme algunos datos al respecto, señor cura, y
+convenceos de que no sois sino un soñador optimista al pretender que la
+felicidad existe y que me está destinada. Vivís como un ratón dentro de
+un queso, no porque seáis egoísta, e ignoráis las catástrofes que pueden
+estallar sobre la cabeza de las gentes que viven en el mundo.
+
+«Ya no tengo ilusiones, mi buen cura. Soy una viejecilla arrugada,
+apocada y descalabrada, (en lo moral, se entiende, porque, hoy por hoy,
+estoy más linda que nunca), una viejecilla que ya no cree en nada, que
+no espera nada, y que no se da cuenta de cómo la tierra es tan tonta,
+como para seguir girando todavía, cuando mis ensueños y quimeras están
+destrozados, pulverizados y reducidos a átomos imperceptibles.
+
+«Si se pudiera, despojar a mi persona moral de esta envoltura de carne,
+que, estoy de acuerdo en ello, engaña al ojo del observador, mi persona
+moral digo, no sería más que un esqueleto, un árbol muerto,
+completamente muerto, sin savia y sin hojas, un árbol que tiende hacia
+el cielo sus largos brazos secos y descarnados. Con tal de que lo moral
+no arruine a lo físico...
+
+«Ah, señor cura, ¡tiemblo con sólo pensarlo! ¿No es cierto que es
+terrible no abrigar la menor ilusión a los diez y seis años?
+
+«Hasta la vista, mi viejo cura».
+
+Dos días después de haber expedido esta epístola, que debía dar al cura
+la más triste idea del estado de mi alma, decidió mi tío llevarnos a
+paseo al monte San Miguel.
+
+Ese día había algo nefasto en el ambiente; lo presentí. Mi tío y el
+comandante habían celebrado la víspera una conferencia secreta y
+prolongada. Pablo parecía inquieto, nervioso y mi prima tenía aspecto
+soñador.
+
+Mi tío y Juno, que tenían pasión por el monte San Miguel, me lo
+hicieron conocer con fruición; y en cuanto a mi, tras de no importárseme
+mucho el arte arquitectónico, miraba todo a través del sombrío velo de
+mi mal humor positivamente insoportable.
+
+--¡Cómo cansa el trepar por tantos escalones!--decía yo, quejándome a
+cada paso.
+
+--No son más que seiscientos, prima.
+
+--¡Oh! entonces me quedo aquí.
+
+--Vamos, sobrina, ¡caramba! al fin y al cabo no estáis enferma de
+reumatismo.
+
+Y mi tío, me contaba la historia del monte y el incidente de Montgomery,
+mientras subíamos por aquellos peldaños hollados por tantas
+generaciones.
+
+¿Pero qué se me daba a mi de Montgomery, de los bastiones, de la
+maravillosa abadía, de las inmensas salas, ni del mundo de recuerdos que
+duerme allí desde hace siglos? Me hubiera guardado bien de despertarlos,
+puesto que tenía que observar cosas cien veces más interesantes en el
+rostro del regordete caballero que colmaba a Blanca de atenciones y
+cumplidos, sin pensar siquiera en mí.
+
+¡Qué estúpida había sido yo! No ver antes su amor.
+
+Por serla grato, se extasiaba ante la menor piedrecilla, mientras que
+yo, de tiempo en tiempo, le lanzaba miradas terribles; pero ni se
+dignaba notarlas.
+
+--Henos ya en la sala de los caballeros. Veamos, Reina, ¿qué dices de
+ella?
+
+--Digo, tío, que si los caballeros estuviesen en ella, tendría algún
+encanto.
+
+--¿Que no lo encuentras en ella misma?
+
+--De ningún modo. Veo grandes chimeneas, pilares con esculturillas
+arriba, pero ni un caballero a quien hacer girar la cabeza... ¡bah, todo
+eso no sirve para nada!
+
+--Nunca se me había ocurrido este modo de apreciar la arquitectura
+feudal--exclamó, riendo, mi tío.
+
+Atravesamos corredores obscuros, que me amedrentaron.
+
+--Nos vamos a romper la mollera--gemía yo, aferrándome al brazo del
+comandante, mientras que Pablo ofrecía el suyo a Blanca.
+
+--¿Estamos tristes, Reinita?--me preguntó quedo el comandante.
+
+--Habláis como mi cura--respondí emocionada.
+
+--Vamos a ver: ¿Queréis tener confianza en mi?
+
+--Yo no tengo tristezas ni confianza en nadie--contesté de mal
+modo.--Susana decía que los hombres eran unos papanatas, y yo comparto
+las opiniones de Susana.
+
+--¡Oh, oh!--dijo el comandante, mirándome con un aire tan bondadoso, que
+tuve miedo de estallar en sollozos;--¡tanta misantropía en tanta
+juventud!
+
+No contesté nada, y como en aquel momento llegábamos a una espaciosa
+terraza, me escapé de su brazo y corrí a esconderme tras una enorme
+arcada. Apoyé la cabeza sobre una de aquellas vetustas piedras y me eché
+a llorar.
+
+--¡Ah!--pensaba,--cuánta razón tenía mi cura, al decirme, hace mucho
+tiempo, mucho, que no se discute con la vida, sino que se le sufre! Toda
+mi lógica no vale nada ante las circunstancias. ¡Qué triste es, Dios
+mío, qué triste es verse tratada como una chiquilina sin importancia!
+
+Y miraba a través de mis lágrimas, aquellos arenales tan célebres, que
+me parecían desolados, y aquel monumento cuya mole me oprimía y causaba
+vértigos; pero sin darme cuenta de ello, sentía una especie de alivio en
+la afinidad misteriosa que había entre aquella naturaleza triste y mis
+propios pensamientos; en la contemplación de aquellos murallones que
+arrojaban su sombra melancólica sobre la tierra y el pasado.
+
+De vuelta a casa y ya en el tren, me interrogó mi tío.
+
+--Y bien, Reina, en resumidas cuentas, ¿cuál es tu impresión sobre el
+monte San Miguel?
+
+--Que allí, será muy fácil morir de miedo, y enfermar de reumatismo.
+
+En el trayecto de la estación de V*** al Pavol, reflexionaba yo, en la
+poca duración de las cosas de la tierra. No hacía aún tres meses que
+recorría el mismo camino, bajo la influencia de mis ensueños de
+felicidad, y con la embriaguez de mis hipótesis alegres a cerca del
+porvenir, que cría tan bello!... mientras que entonces, me pareció el
+camino cubierto con jirones de mi dicha.
+
+Era bastante tarde, cuando llegamos al castillo; sin embargo, mi tío
+llamó a Blanca a su despacho diciéndole que tenía que hablar con ella
+muy seriamente. Y yo me acosté, llorando con todas mis fuerzas, y con la
+convicción de que la espada de Damocles pendía sobre mi cabeza.
+
+Desde algún tiempo atrás, Juno se había hecho más íntima conmigo. Todas
+las mañanas venía a sentarse a mi cama y conversábamos indefinidamente.
+Al día siguiente a las siete, entró en mi cuarto con aspecto sereno,
+tranquilo y con aquella encantadora sonrisa que transformaba su altanera
+fisonomía, y que tal vez sólo yo conocía bien.
+
+--Reina--díjome sin preámbulos--Pablo ha pedido mi mano.
+
+El hilo se había roto y la espada de Damocles me cayó sobre el corazón.
+¡Qué poco sentido común el de ese rey! ¡Atar una espada de tanto peso
+con un hilo tan débil! ¿No dice la historia que fue de un cabello? estoy
+por creerlo.
+
+Sin duda alguna, yo esperaba esta revelación, pero mientras los hechos
+no se verifican, ¿qué criatura humana no abriga en el fondo de su
+corazón un poco de esperanza? Palidecí tanto, que Blanca lo notó, por
+más que la alcoba estaba sumida en una media sombra.
+
+--¿Qué tienes, Reina? ¿Estás enferma?
+
+--Un calambre--murmuré con voz débil.
+
+--Voy a buscar éter--dijo, levantándose diligentemente.
+
+--No, no--proseguí, haciendo un violento esfuerzo para recuperar mi
+altivez que se desvanecía.--Ya ha pasado, Blanca, ya ha pasado.
+
+--¿Sufres de eso a menudo, Reinita?
+
+--No... algunas veces. No es nada; no hablemos más de ello.
+
+Blanca se pasó la mano por la frente, como quien quiere arrojar un
+importuno pensamiento, pero yo continué conversando con tanta entereza,
+que en breve pareció libre de su preocupación.
+
+--Y tú, Juno, ¿qué piensas decidir?
+
+--Mi padre me ha dicho, Reina, que este matrimonio colmaría todas sus
+aspiraciones.
+
+--Y a ti ¿te gusta?
+
+--Esa unión me gusta, por cierto; reúne todas las conveniencias, pero
+hasta ahora, yo no amo a Pablo sino como a primo.
+
+--¿Qué defecto le encuentras?
+
+--No le encuentro ninguno, a no ser el de no gustarme lo bastante. Es un
+excelente joven, pero no es mi tipo. No es tan lindo como yo quisiera, y
+luego ese apetito normando que le caracteriza... ¡Preciso te será
+convenir conmigo que está desprovisto de poesía!
+
+--Sin embargo, comer cuando se tiene ganas, me parece una cosa muy
+natural--respondí conteniendo mis lágrimas.
+
+--En fin ¿qué quieres? Pienso que nuestros caracteres no se avienen.
+
+--¿Entonces, lo desairas, Juno?
+
+--He pedido un mes para contestar, Reinita. Me encuentro perpleja; pues
+temo causar una decepción a mi padre. Por otra parte, ese casamiento
+reúne bajo los otros puntos de vista todo lo que yo puedo desear; en fin
+es un cumplido caballero.
+
+--Mas, supuesto que no le amas, Blanca...
+
+--Mi padre me asegura que le amaré después, y que para ser felices en el
+hogar, no es necesario el amor.
+
+--¿Cómo puedes creer semejante cosa?--exclamé saltando de
+indignación.--De veras que mi tío profesa doctrinas abominables.
+
+A esto Blanca me respondió con toda calma, que su padre era el buen
+sentido en persona y que había notado siempre que rara vez se equivocaba
+en sus apreciaciones y que por consiguiente se hallaba dispuesta a darle
+oídos.
+
+--Pablo te quiere mucho, Juno--murmuré yo casi sin voz.
+
+--Sí, desde hace tiempo.
+
+--¿Lo sabías?
+
+--Sin duda; una mujer siempre se da cuenta de esas cosas. Y tú, ¿no lo
+habías notado?
+
+--Sí... algo--le contesté, enviando a mi pasada estupidez un suspiro
+lleno de melancolía.
+
+Blanca no dejó después de explicarme la tardanza de Pablo en pedir su
+mano; aquella demora no obedecía más que al temor de una negativa.
+
+Yo pensaba lo mismo y me vestí febrilmente, pensando que influida por su
+padre, concluiría por dar su consentimiento.
+
+Yo en su lugar, habría dicho que sí en un segundo, y me hubiera casado
+quince días después.
+
+¡Ay! mis sueños se habían desvanecido... y caí en un enorme desaliento.
+
+
+
+
+XVI.
+
+
+Convínose en que Pablo pasaría algún tiempo sin venir al Pavol, y ¡cosa
+increíble, inaudita! desde el día en que Blanca dejó de verle, pareció
+casi decidida a otorgarle su mano.
+
+Hablábamos de él constantemente, hasta combinábamos los trajes de boda,
+y yo daba pruebas de una resignación estoica, digna de los antiguos
+hombres.
+
+Pero esta resignación era sólo aparente.
+
+Mi desaliento aumentaba, mis ojos se circuían de ojeras, y concluí por
+pensar que no siéndome soportable la vida lejos del hombre que amaba, lo
+más sencillo era irme al otro mundo.
+
+Evidentemente, este proyecto era bastante doloroso, pero me aferré a él
+con entusiasmo; lo meditaba y lo acariciaba, con una alegría casi
+enfermiza. Pero con todo, juro por mi honor, que jamás se me pasó por la
+idea asfixiarme, o tragar veneno, medios de finalizar tan gratos a las
+gentes de nuestra época. No; leí no sé en qué libro, que una joven había
+muerto de pena a causa de un amor contrariado, y decreté que seguiría su
+ejemplo.
+
+Tomada esta resolución, y confirmándome mi desmejorada cara en mis
+pensamientos lúgubres, pensé que sería correcto y conveniente advertir
+al cura, y que por otra parte no podía morir sin estrecharle la mano.
+
+Bien determinada a ello, entré una mañana en el despacho de mi tío y le
+pedí permiso para ir al Zarzal.
+
+--Más vale escribir al cura que venga, Reina.
+
+--No podrá, tío; nunca tiene un céntimo.
+
+--Es que no es nada divertido el viaje.
+
+--No es preciso que vos me acompañéis, tío, por eso os ruego que no lo
+hagáis, me estorbaríais. Quiero ir sola con la vieja ama de llaves, si
+es que me lo permitís.
+
+--Haz como quieras. Mi carruaje, te llevará hasta C***, donde te será
+fácil hallar otro que te lleve hasta el Zarzal. ¿Cuándo quieres ir?
+
+--Mañana temprano, tío; deseo sorprender al cura. ¡Ah! me quedaré a
+dormir en la casa parroquial.
+
+--Bueno. Te mandaré el coche a C***, de aquí dos días. Trata, pues, de
+hallarte allí de vuelta, pasado mañana a las tres.
+
+Y me miró atentamente por bajo de sus espesas cejas, restregándose la
+barba con aire preocupado.
+
+--¿Estás enferma, Reina?
+
+--No, tío.
+
+--Sobrinita--díjome atrayéndome a sí, he llegado casi a desear que no se
+cumplan mis deseos.
+
+Le miré asombrada, porque tenía la firme convicción de que no habría
+visto nada.
+
+Contesele con mucha sangre fría, que ignoraba lo que quería decirme, que
+era muy feliz, y que hacía votos para que todos sus proyectos tuvieran
+éxito. Me abrazó con cariño y se retiró.
+
+Partí, pues, al siguiente día de mañana, sin querer aceptar la compañía
+de Blanca que deseaba ir conmigo.
+
+En el camino medité en las palabras de mi tío.
+
+--Lo sabe todo--pensé.--¡Dios mío, cuán poco perspicaz soy, a pesar de
+mis pretensiones! Aun cuando el casamiento de Juno no se verifique, ¿de
+qué me serviría, si Pablo está enamorado de ella? Ahora, ya no puede
+querer a otra. No entiendo a mi tío.
+
+Ya no creía como antes, que fuese posible enamorarse de muchas a la vez.
+Juzgando por mi, pensaba que un hombre no puede amar dos veces en su
+vida, sin ofrecer al mundo el espectáculo de un fenómeno extraordinario.
+
+Una vez reglamentados así los latidos del corazón de la gente barbuda,
+mis pensamientos tomaron otro curso, y me regocijé con la idea de ver a
+mi cura. Y decidí saltarle al cuello, para demostrar el desprecio que
+profesaba a la etiqueta.
+
+Una vez en la casa parroquial, no entré por la puerta, sino por el claro
+de una empalizada, que conocía desde tiempo inmemorial y me dirigí a
+paso de carga hacia la ventana del comedor donde el cura debía estar
+almorzando.
+
+Esta ventana era muy baja, pero yo era tan chica, que para mirar hacia
+adentro de la habitación tuve que subirme a un tronco de árbol que
+coloqué contra el muro a modo de banco.
+
+Pasé la cabeza con toda precaución por entre medio de la yedra, que
+formaba espeso marco a la ventana, y descubrí a mi cura.
+
+Estaba en la mesa y comía con aire triste. Sus lozanas mejillas habían
+perdido parte de su color y redondez, y los abundantes cabellos blancos
+no estaban revueltos como en otros tiempos, sino que se achataban sobre
+el cráneo, con indecible desolación.
+
+--¡Ah, mi pobre y bondadoso cura!
+
+Salté del tronco, corrí a la puerta, perdí mi sombrero en la carrera, y
+me precipité en el comedor, como una bomba.
+
+El cura se levantó sorprendido. Su dulce y amable fisonomía resplandeció
+de júbilo al apercibirme, y por no romper con las tradiciones de la
+etiqueta, sino en un ímpetu de ternura y emoción, me arrojé en sus
+brazos y lloré largo rato sobre su pecho.
+
+Sé que no hay nada más impropio en el mundo que llorar sobre el pecho de
+un cura, que mi tío, Juno y todas las matronas de la tierra se habrían
+cubierto la faz ante tan escandaloso espectáculo; pero mi ingreso en la
+escuela de la compostura databa de muy poco tiempo para hacerme perder
+la espontaneidad de mi naturaleza. Por otra parte, tengo por seguro que
+sólo los tontos, los farsantes y las personas sin corazón pueden tener
+la pretensión de no sacrificar jamás las leyes de la conveniencia social
+ante un sentimiento sincero y profundo.
+
+--La vida es un harapo, mi cura, un mísero harapo--exclamé sollozando.
+
+--¿Hemos llegado a eso, querida hijita? De veras, ¿has llegado ya a tal
+conclusión? No, no; no es posible.
+
+Y el pobre cura, que a la vez lloraba y reía, mirábame con
+enternecimiento, me pasaba la mano por la frente y me hablaba como a un
+pajarillo herido, cuyas quebradas alas hubiera querido curar con
+caricias y frases cariñosas.
+
+--Vamos, Reina, vamos hijita querida, cálmate un poquito, cálmate--me
+dijo separándome con dulzura.
+
+--Tenéis razón--respondíle, relegando el pañuelo al fondo de mi
+bolsillo.--Desde hace tres meses se me predica la tranquilidad y la
+calma, y no he sabido aprovecharme, como veis, de los consejos.
+¡Comamos, señor cura!
+
+Me quité los guantes y la capa y por uno de esos cambios repentinos,
+desde algún tiempo frecuentes en mi, me eché a reír y me senté a la mesa
+alegremente.
+
+--Conversaremos cuando hayamos comido, mi querido cura, estoy muerta de
+hambre.
+
+--Y no tengo casi nada que darte.
+
+--¡Oh! aquí hay judías; ¡a mi me gustan mucho las judías! ¡Y pan casero!
+¡Es un banquete!
+
+--Y ¿has venido sola, Reina?
+
+--¡Ah, caramba! es verdad: el ama de llaves ha quedado en el coche, a
+espaldas de la iglesia. Mandadla buscar, señor cura, y que de paso le
+digan que recoja mi sombrero que vuela por el jardín.
+
+El buen cura fue a dar sus órdenes y volvió a sentarse enfrente de mí.
+Mientras que yo comía con excelente apetito, a pesar de mí... tisis y
+mis penas, él, que ya no se acordaba de comer, me contemplaba con una
+admiración que trataba de disimular, pero infructuosamente.
+
+--Me halláis linda, ¿no es verdad, señor cura?
+
+--Digo... sí, algo, Reina.
+
+--Ah, mi cura, si me confesase ahora ¡cuántos pecadazos tendría de que
+acusarme! Ya no son, no, los pecadillos de antes, que conocíais tan
+bien.
+
+Y sin dejar de comer, le describía mis complacencias vanidosas, mis
+impresiones, mis trajes, mis ideas nuevas. Él reía, tomaba rapé
+continuamente, con su antiguo aspecto bondadoso, y me contemplaba, por
+cierto, sin pensar en reñirme.
+
+--¿No voy camino del infierno, señor cura?
+
+--No me parece, mi buena hijita. Son cosas de tu edad. Eres tan joven.
+
+--¿Joven, mi pobre cura? ¡Ah, si pudierais ver el fondo de mi alma! Os
+he escrito, que no era más que un esqueleto, y es la verdad.
+
+--En todo caso, no lo pareces.
+
+--Ya hablaremos de ello de aquí a un rato, señor cura, y os
+convenceréis.
+
+Así que sacié mi apetito, levantó la mesa la sirvienta, se encendió un
+espléndido fuego en el hogar, y nos sentamos, el cura y yo, cada uno a
+un lado de la chimenea.
+
+--Veamos, pues, Reina, hablemos seriamente. ¿Qué tienes que contarme?
+
+Adelanté mis piececitos hacia las llamas del hogar y respondí
+tranquilamente.
+
+--Mi cura, me muero.
+
+Algo impresionado, cerró el cura bruscamente la entreabierta tabaquera,
+en la que estaba a punto de introducir los dedos.
+
+--No tienes aspecto de eso, hijita.
+
+--¡Cómo! ¿no me veis ojerosa y con mis labios pálidos?
+
+--No, Reina; al contrario, tus labios están rosados y tu rostro denota
+una floreciente salud. Pero ¿de qué te mueres?
+
+Antes de contestarle, miré en torno mío pensando en que iba a pronunciar
+una palabra, que jamás había oído pronunciar aquella modesta sala; una
+palabra tan rara, que probablemente haría caer sobre mi cabeza en un
+movimiento de sorpresa e indignación al viejo reloj sin máquina que se
+incrustaba en un rincón, y a las imágenes piadosas de las paredes.
+
+--¿Y bien, Reina?
+
+--Pues bien, señor cura, me muero de... amor.
+
+El reloj, las imágenes y los muebles conservaron su inmovilidad y el
+mismo cura no dio más que un salto pequeñito.
+
+--Estaba seguro de ello--dijo pasándose la mano por la cabellera blanca,
+que había reconquistado su revuelta actitud de los buenos
+tiempos,--estaba seguro. Tu imaginación ha hecho de las suyas, Reina.
+
+--No se trata de la imaginación, señor cura, sino del corazón, puesto
+que amo.
+
+--¡Oh tan joven, tan niña!
+
+--¿Qué tiene que ver eso? Os repito que me muero de amor por el señor de
+Couprat.
+
+--¡Ah! ¿conque es él?
+
+--¿Qué me tomáis por una veleta, mi cura?
+
+--Pero, Reinita, en vez de morir, sería mejor que te casaras con él.
+
+--Eso sería lógico, querido cura, muy lógico; pero por desgracia, no le
+gusto.
+
+Esta aserción le pareció tan extraordinaria, que permaneció algunos
+instante como petrificado.
+
+--¡Eso no es posible!--exclamó y con tal convicción que no pude ahogar
+la risa.
+
+--No sólo no me ama, sino que ama a otra; está enamorado de Blanca y ha
+pedido su mano.
+
+Le conté lo que había pasado en el Pavol pocos días antes; mis
+descubrimientos, mi ceguedad y las vacilaciones de Juno. Y coroné esta
+narración llorando a lágrima viva, como que mi tristeza era real y
+verdadera.
+
+El cura, que hasta entonces no había podido decidirse a tomar en serio
+mis penas y mis palabras, ofrecía en aquel instante la imagen viva de la
+consternación. Aproximó su silla a la mía, me tomó de la mano y se
+esforzó en hacerme entrar en razón.
+
+--Tu prima vacila; tal vez no se realice el casamiento.
+
+--¿Y que me importaría eso, si la ama? No se puede querer dos veces.
+
+--Sin embargo, sucede.
+
+--¡Oh, no lo creo; sería espantoso! Mi pobre cura, soy muy desgraciada.
+
+--¿Se lo has dicho a tu tío?
+
+--No; pero ha adivinado lo que pasaba por mí. Y de todos modos ¿para
+qué? No puede obligar a Pablo a quererme y olvidar a su hija. Yo no
+quisiera que supiese que le amo; preferiría morir.
+
+Un largo silencio sucedió a este arranque de orgullo.
+
+Ambos mirábamos el fuego como dos buenos hechiceros que intentaran leer
+el secreto del porvenir en las llamas y carbones encendidos.
+
+Mas, llamas y carbones permanecían mudos y yo lloraba silenciosamente,
+cuando el cura prosiguió semisonriendo.
+
+--Sin embargo, no se parece a Francisco I, ni a Buckingham.
+
+-¡Ah! señor cura--repliqué rápidamente,--si Francisco I y Buckingham
+estuvieran aquí, no se harían rogar mucho para amarme, y yo estaría
+contentísima.
+
+¡Hum! El cura halló la respuesta desprovista de ortodoxia y susceptible
+de enojosas interpretaciones, y abandonando inmediatamente tan escabroso
+tema, me aconsejó resignación.
+
+--Pienso, Reina, que eres muy joven; que esta prueba pasará y que
+tienes delante de ti una larga vida.
+
+--Sabed, mi cura, que no soy de carácter resignado. Si vivo, no me
+casaré nunca; mas no viviré: estoy tísica. ¡Escuchad!
+
+Y traté de toser de un modo cavernoso.
+
+--No juegues con tu salud. A Dios gracias, estás muy bien.
+
+--Bueno--dije levantándome,--veo que no queréis creerme. Aprovechemos
+del buen tiempo y de los últimos momentos de vida que me quedan, para ir
+al Zarzal, señor cura.
+
+Y nos pusimos en camino hacia mi antigua morada bajo un agradable sol de
+Noviembre, infinitamente menos dulce y confortador que el cariño y el
+rostro del cura.
+
+¡Con que gusto miraba sus cabellos agitados por el viento, su andar
+ligero y su aire de regocijo, tantas veces espiados por mi, desde la
+ventana de la galería, mientras que la lluvia azotaba los vidrios y
+mugía y silbaba el viento entre las puertas desvencijadas de la vetusta
+casa!
+
+Después de hacer una visita a Petrilla y Susana, recorrí la casa de
+arriba abajo. ¡De veras, no debiéramos medir el tiempo por la cantidad
+de días pasados sino por el número y vivacidad de las impresiones! Pocas
+semanas antes salía de la antigua morada, y sin embargo, si se me
+hubiese asegurado que en vez de días eran años los que habían pasado por
+mi, lo hubiera creído sin dificultad.
+
+Conduje al cura al jardín. ¡Pobre selva virgen! Me recordaba días
+tristes; sin embargo, sentí cierto placer recorriéndolo en todo sentido.
+
+Y luego, asediábame la mente el recuerdo de algunas horas deliciosas,
+recuerdo todavía encantador para mi, a pesar de la amargura de las
+decepciones que habían sucedido a un instante de felicidad.
+
+--¿Os acordáis, señor cura?--díjele indicándole el cerezo, a que había
+trepado Pablo.
+
+--Pensemos en otra cosa, Reinita.
+
+--¿Acaso me es dable, señor cura? ¡Si supierais cuánto le quiero! Os
+aseguro que no tiene defectos.
+
+Una vez en este terreno ningún poder humano me hubiera podido detener,
+tanto más cuanto que en el Pavol me veía obligada a ocultar mis
+impresiones. Hablé por tanto rato, que el cura quedó como aturdido.
+
+Pasamos la tarde en charlar y disputar. El cura desplegó todo su talento
+oratorio, para probarme que la resignación es una virtud llena de
+sabiduría y fácil de alcanzar.
+
+--¡Ah, mi cura--le respondía con toda seriedad,--no sabéis lo que es el
+amor!
+
+--Créeme, Reina, con un poco de buena voluntad olvidarás y te
+sobrepondrás fácilmente a esta prueba. Eres tan joven.
+
+Tan joven... Este era su estribillo. ¿No se sufre lo mismo a los diez y
+seis años como a cualquiera otra edad? Estos ancianos son
+incomprensibles.
+
+Yo, por mi parte, le contestaba meneando la cabeza:
+
+--¡No comprendéis, mi cura, no comprendéis!
+
+Al día siguiente, mientras nos paseábamos por el jardín, le dije:
+
+--Señor cura, esta noche he concebido una idea.
+
+--Veamos la idea, hijita.
+
+--Tengo ganas de que seáis cura del Pavol.
+
+--No se puede quitar a otro su puesto, Reina.
+
+--El que está actualmente, es muy viejo, señor cura; espío con tierna
+atención los síntomas de su decrepitud. ¿No os gustaría reemplazarle?
+
+--Sí, evidentemente. No obstante, sentiría abandonar mi parroquia;
+treinta años hace que estoy en ella, y he concluido por amarla.
+
+--¿Habéis concluido por amarla? Entonces no os ha gustado siempre.
+
+--No, Reina; bien sabes lo triste que es. Tal vez nunca has pensado en
+que yo también he sido joven. Mis sueños no eran por el estilo de los
+tuyos, hijita, pero he soñado con una vida activa; hubiera deseado ver y
+oír muchas cosas, pues no era un tonto, y anhelaba recursos
+intelectuales, que me han faltado siempre. Luego, antes de conocerte, no
+tenía cariño ni amistad en torno mío. Pero uno se sobrepone al fastidio
+y a los pesares, Reina; todo está en quererlo. Era muy feliz desde hacía
+tiempo, antes de tu partida del Zarzal; había olvidado los largos días
+tan tristes de mi juventud.
+
+El buen cura me miraba con aire soñador, y yo que, viéndole siempre
+alegre y satisfecho, no había pensado nunca en que hubiera podido
+sufrir alguna vez, me sentí enternecida ante una resignación tan
+verdadera, tan dulce y tan sin hiel.
+
+--Sois un santo, mi cura--le dije tomándole la mano.
+
+--¡Chut! No digamos tonterías, mi hijita. Esa vida algo estrecha me ha
+hecho sufrir, pero tal es la suerte de todos mis colegas de carácter
+joven y activo.
+
+Te he hablado de ello para hacerte comprender que todo se puede
+soportar, y que la felicidad y la alegría se encuentran siempre, cuando
+se sufren con valor las pruebas y tribulaciones.
+
+Todo lo comprendía perfectamente; sin embargo, el pobre cura predicaba
+en desierto.
+
+Era demasiado joven para no tener ideas absolutas, y pensaba con toda
+convicción, que en cuestión de pesares, nada es comparable a un amor
+desgraciado.
+
+--Si el curato del Pavol se ve vacante algún día, Reina, lo aceptaré con
+júbilo; desgraciadamente este cambio no depende de mí.
+
+--Lo sé, lo sé, pero mi tío conoce mucho al señor obispo, y arreglara
+todo.
+
+El cura me acompañó hasta C***, y cuando me vio instalada en el elegante
+_landeau_ de mi tío, exclamó:
+
+--¡Cuánto me alegro, Reina, de verte en tu lugar! ¡Qué diferencia entre
+este coche y el carromato de Juan!
+
+--Pronto me veréis en un hermoso castillo. Voy a rezar una novena para
+que el cura del Pavol se vaya al cielo. Es una idea muy caritativa,
+puesto que está decrépito y enfermo. Tendréis una espléndida iglesia y
+un púlpito, señor cura, pero un verdadero y espacioso púlpito.
+
+Arrancaron los caballos, y me asomé a la ventanilla para poder ver por
+más tiempo a mi viejo cura, que me hacía señales de cariñosa despedida,
+sin pensar en ponerse el sombrero, pues una feliz y dichosa esperanza
+había nacido en su corazón.
+
+
+
+
+XVII.
+
+
+Esta visita al cura sólo me hizo un bien pasajero.
+
+El saludable efecto de sus palabras se desvaneció rápidamente, y recaí
+en mis negros pensamientos: mi tío, protestando siempre contra las
+mujeres, las sobrinas, sus cabecitas flojas y sus caprichos, hablaba de
+conducirnos a París para distraerme, cuando felizmente se precipitaron
+los acontecimientos.
+
+Pocos días antes del proyectado viaje, el señor de Pavol recibió carta
+de un amigo que le pedía permiso para conducir al castillo a uno de sus
+parientes, un cierto señor de Kerveloch, antiguo agregado de embajada.
+Mi tío contestó con premura que le sería muy grato recibir al señor de
+Kerveloch, y le invitó a almorzar, sin presumir que salía al paso a un
+acontecimiento que, desvaneciendo sus sueños, debía resucitarme la
+esperanza.
+
+El segundo día después de escrita esta carta (tengo mis motivos para
+acordarme eternamente de tan célebre día)--el segundo día, hacía un
+tiempo espantoso.
+
+Según nuestra costumbre, nos hallábamos reunidos en el salón. Blanca
+preocupada y sentada cerca del fuego, respondía con monosílabos al señor
+de Couprat. Este testarudo enamorado, no habiendo podido soportar su
+destierro, había reaparecido en el Pavol a las cuarenta y ocho horas.
+
+Mi tío leía el diario, y yo me había refugiado en el hueco de una
+ventana.
+
+Alternativamente trabajaba con nervioso entusiasmo, pues tenía pasión
+por las labores de aguja, o contemplaba el firmamento obscuro y la
+lluvia que caía sin interrupción; escuchaba el rugido del viento, de ese
+viento de Noviembre que parece llorar quejumbrosamente, y me sentía
+fatigada, triste y sin el menor presentimiento feliz, aunque en aquellos
+instantes acudía a mi la felicidad arrastrada por el rápido trote de dos
+briosos corceles.
+
+De rato en rato y a hurtadillas, yo echaba una miradita a Pablo. Miraba
+a Blanca con una expresión tal, que me daban ganas de estrangularla.
+
+--¡Qué aire de idiota tiene!--decíame yo, mirándola así, con los ojazos
+fijos y casi atontados.
+
+--¡Sí!; pero si yo estuviera en el lugar de Blanca, y me contemplara del
+mismo modo, lo encontraría encantador y más lindo que nunca! ¡Oh,
+inconsecuencia humana! Y clavé mi aguja con tanta rabia, que la quebré.
+
+En ese momento, oímos el ruido de un carruaje que llegaba al castillo.
+
+Mi tío dobló su diario, Juno aplicó el oído diciendo:--¡Tenemos
+visitas!--Y algunos segundos después eran introducidos en la sala, el
+amigo de mi tío y su agregado de embajada.
+
+No sé porqué tal título estaba unido en mi mente a la vejez y a la
+calvicie. Sin embargo, el señor de Kerveloch, no sólo no era ni viejo ni
+calvo, sino que, excepción hecha de Francisco I (en su retrato), yo no
+había visto jamás ningún hombre tan bello.
+
+Así que entró se me ocurrió que en su hermosa cabeza bullían ideas
+matrimoniales. Tenía treinta años; su estatura era suficientemente
+elevada para que Pablo a su lado, se transformase en pigmeo; era su
+expresión inteligente y altiva, y tal que nadie le hubiera otorgado la
+aureola de la santidad a primera ni a segunda vista. Frío, pero cortés
+hasta en los menores detalles, tenía maneras elegantísimas y una
+posesión de sí que inmediatamente subyugaron a Blanca.
+
+Él por su parte, la contempló con admiración, y cuando a la despedida,
+le vi cerca de ella, comprobé con secreta alegría que era imposible
+imaginar una pareja más bella.
+
+Y creo que todos pensaron lo mismo, porque Pablo nos dejó con cara
+entristecida. Juno tocó diez veces seguidas el último pensamiento de
+Weber u otro aburrimiento por el estilo, indicio en ella de gran
+preocupación, mientras que mi tío nos observaba de un modo perspicaz y
+burlón.
+
+El señor de Kerveloch vino a almorzar al Pavol al siguiente día; tres
+después pedía la mano de Blanca, y apenas habían pasado dos semanas de
+esto, cuando yo escribía al cura.
+
+«Mi querido cura: El hombre es un animalito voluble, instable y
+caprichoso; una veleta que gira a todos los antojos de la imaginación y
+de las circunstancias... Al decir el hombre, comprendo la humanidad
+entera, porque es mi persona el animalito a que me refiero.
+
+«Ya no estoy desesperada, ni tengo ganas de morir, mi cura. Me parece
+que el sol ha recobrado todo su esplendor, creo que el porvenir me
+reserva alegrías, y que es una suerte que el universo exista.
+
+«Blanca se casa, señor cura. Blanca se casa con el conde de Kerveloch.
+¡Dios mío, qué pareja tan linda! Y decir que no ha faltado más que un
+átomo, una línea, para que aceptase al señor de Couprat. Un hombre a
+quien no amaba y cuyo apetito le chocaba... por comer mucho... ¡Qué
+consideración tan absurda! ¿No es natural y lógico comer bien, cuando se
+tiene salud?
+
+«Si me preguntáis cómo han podido variar tan bruscamente las cosas en el
+Pavol, difícilmente os lo podría explicar. Todo lo que sé es que un día,
+un hermoso día, no, llovía a torrentes, pero no importa. Un día, digo,
+llegó el señor de Kerveloch, conducido por un amigo de mi tío. Viéndole
+entrar, adiviné que traía intenciones, y supuse también que le gustaría
+a Blanca, porque tenía todas las cualidades que ella pretende en un
+marido. El señor de Kerveloch la contempló como hombre que sabe apreciar
+la belleza y pocos días después solicitaba el honor de unirse a ella,
+como dicen mi tío y la etiqueta.
+
+Juno salió de su habitual indiferencia, y declaró con entusiasmo, que
+jamás le había gustado tanto un apuesto caballero y que se negaba
+redondamente a dar su mano al señor de Couprat.
+
+«Y ahí tenéis todo, mi querido cura. Desde entonces he vuelto como
+antes, a soñar con las estrellas; suelto la rienda a mi imaginación y la
+dejo galopar hasta cansarse, y cuando estoy sola bailo y salto en mi
+cuarto, que es un gusto. ¡Ah, mi querido cura, no sé porqué os quiero
+hoy ocho o diez veces más que de costumbre! Vuestra dulce fisonomía me
+parece hoy más risueña que nunca, vuestro cariño más tierno y vuestros
+hermosos cabellos blancos más delicados.
+
+«Esta mañana he contemplado los bosques sin hojas, y me han parecido
+verdes y lozanos; al cielo plomizo lo he hallado azul, y me he
+reconciliado de pronto, con la imaginación. Toda mi vida me arrepentiré
+de haberla tratado tan duramente como lo hice el otro día. Es una hada,
+mi querido cura, una hada rica de encantos, de poder y de poesía, que al
+tocar con su varilla mágica las cosas más insignificantes y feas las
+engalana con su propia belleza.
+
+«¡Qué voluble es el animalito humano! No vuelvo de mi sorpresa. ¿En qué
+estriban la esperanza y la alegría? ¿A qué desesperarse, cuando se
+resuelven tan bien las cosas, sin que uno tenga arte ni parte en el
+arreglo? Pero ¿por qué estoy tan alegre cuando mi porvenir no está
+decidido todavía, y cuando creo que es imposible amar dos veces? ¡Qué
+caos, mi cura! En este mundo todo es misterio, y el alma un abismo
+insondable. Creo que alguien, no sé dónde, ha emitido esta idea; tal vez
+la haya leído ayer mismo, pero no es plagio; la hubiera podido inventar.
+No obstante, así que mi imaginación se apacigua, un pánico irresistible
+se apodera de mis alegres ideas, y corren, vuelan, se escapan y
+desaparecen a menudo, sin que yo pueda alcanzarlas. Porque al fin, señor
+cura, él la ama. ¡Qué horrible frase, aplicada como la aplico en este
+instante!
+
+«Me habéis dicho que no era una cosa rara enamorarse dos veces en la
+vida, señor cura; ¿estáis bien seguro? ¿Estáis convencido de ello? Dicen
+que el amor atrae al amor; si conociera mi secreto ¿me querría? Vos que
+sois un hombre de criterio, señor cura, ¿no halláis que los
+conocimientos sociales son una idiotez? Probablemente bastaría una
+declaración mía para hacer la felicidad de toda mi vida, cuando, he
+aquí, que unas leyes inventadas por alguna cabeza sin discernimiento, me
+prohíben seguir mis inclinaciones, revelar mis pensamientos íntimos, y
+declarar mi amor a la persona que amo. La verdad es que también en el
+fondo de mi corazón siento un cierto no sé qué, que me obligaría a
+guardar silencio y... ¡ cuándo os digo que el alma es un abismo
+insondable! Mi querido cura, veo una procesión de ideas lúgubres que
+avanzan hacia mi ¡Dios mío, que mal equilibrado está el hombre!
+
+«Las circunstancias, sin duda alguna, modifican las ideas. Mi tío va más
+lejos y pretende que sólo los imbéciles no cambian de opinión; pero
+¿sucede con el corazón lo mismo que con la cabeza?
+
+«Dadme luz, mi viejo cura».
+
+Cuando el señor de Pavol decidía algo, tío tardaba en ejecutarlo.
+Partiendo de este principio, señaló el 15 de Enero para verificar el
+matrimonio de Blanca.
+
+Fuerte había sido para él la decepción; pero no pensó en contrariar a su
+hija, y mucho menos conociendo mi amor. Era franco, leal, sensato e
+incapaz de encapricharse en una idea, sobre todo, comprometiendo la
+felicidad de una sobrina.
+
+Pablo soportó su desgracia con gran serenidad. No sentía ninguna
+veleidad feroz; era lo mismo que la criaturita que le amaba tan
+entrañablemente sin que siquiera lo sospechara.
+
+Certifico que jamás se le pasó por la mente envenenar a su rival, ni
+atravesarlo de parte a parte en ningún claro de bosque solitario y
+poético.
+
+Cuando vio sus ilusiones hechas humo, vino de visita con el comandante.
+Tendió la mano a Blanca, y le dijo con voz franca y natural:
+
+--Prima, no deseo más que vuestra felicidad, y espero que seguiremos
+siendo siempre buenos amigos.
+
+Pero este comportamiento de héroe de comedia, no le libraba de sentir
+hondo pesar. Sus visitas al Pavol, fuéronse haciendo cada día más raras,
+y le notaba muy cambiado, moral y físicamente.
+
+Entonces volvía a llorar a escondidas, y me enojaba con él. ¡Le hubiera
+sido tan fácil quererme! ¡Era tan lógico y racional comprender que
+nuestras dos naturalezas armonizaban y que yo le quería con locura!
+
+De veras, si los hombres fueran siempre lógicos, el mundo andaría
+mejor.
+
+
+
+
+XVIII.
+
+
+El quince de Enero el tiempo estuvo soberbio, aunque hizo un frío seco y
+pronunciado. El campo, cubierto de escarcha, tenía un aspecto encantado.
+Juno, extremadamente pálida, estaba tan linda con su traje blanco que no
+me cansaba de mirarla. Y la comparaba a aquella naturaleza fría y
+espléndida que ataviada con brillante blancura, parecía haberse puesto
+al unísono de su belleza.
+
+Después de almorzar subió a su cuarto para cambiar de vestido. Bajó muy
+emocionada; nos abrazamos todos patéticamente y... camino de Italia.
+
+--¡Qué lindo viaje! ¡qué lindo viaje!-pensaba yo.
+
+Mis múltiples emociones me habían cansado y tenía sed de soledad. Dejé,
+pues, a mi tío entenderse con sus invitados como pudiera, tomé una capa
+de pieles y me dirigí hacia un sitio del parque, por el que sentía
+especial preferencia.
+
+El parque estaba atravesado por un arroyuelo angosto y rápido, y a
+cierta altura de su curso, se ensanchaba y formaba una cascada que al
+caer entre piedras hábilmente dispuestas, tomaba un aspecto imponente y
+pintoresco.
+
+A pocos pasos de la cascada, cayó una vez un árbol con las raíces en una
+margen y la copa en otra. Quedó algún tiempo en esa posición y cuando en
+la siguiente primavera quiso mi tío hacerle sacar de allí, se apercibió
+que el árbol había brotado vigorosamente a lo largo del tronco. Hizo
+colocar otro al lado de aquél y entrelazar sus ramas, plantar lianas
+entre ellos y con el tiempo ramas y lianas hicieron una red tan compacta
+como para que mi tío se jactara de tener un original puente rústico, que
+se podía atravesar sin más peligro que el de enredarse en los gajos y
+caer al agua.
+
+Este sitio solitario, bastante alejado del castillo, era el lugar que
+había escogido yo para mis meditaciones.
+
+Me detuve junto al puente cargado de escarcha, a pensar en el porvenir y
+a admirar los enormes copos de nieve, pendientes de la cascada al ser
+sorprendidos en su líquido curso por el hielo.
+
+No sé cuanto tiempo haría que me hallaba allí, sin preocuparme del frío
+que me helaba la cara, cuando vi llegar hacia a mi al dulce objeto de mi
+ternura, como diría el poeta.
+
+El tal objeto parecía melancólico y de muy mal humor. Venía apaleando
+los árboles con un bastón que había tomado en un momento de distracción
+del cuarto de mi tío, y la polvareda blanca que los cubría, saltaba y
+se esparcía sobre él.
+
+Yo le daba la espalda a medias, pero es de pública notoriedad que las
+mujeres vemos de espaldas; así es, que yo no perdía ni uno solo de sus
+movimientos.
+
+Ya cerca de mi, cruzó los brazos, miró la cascada inmóvil, el puente,
+los árboles, y no abrió la boca. Yo, en tanto, retenía el aliento y me
+hacía la ocupada en una ramita de pino que acababa de quebrar, pero, sin
+que él se fijara, le miraba de soslayo.
+
+--Prima...
+
+--¿Primo...?
+
+Esperé unos instantes el final del discurso. En esto, viendo que se
+atascaba en el exordio, me digné dar una media vuelta hacia el orador
+para alentarle.
+
+Frunció las cejas y exclamó con ansia:
+
+--Tengo ganas de levantarme la tapa de los sesos.
+
+--¡Muy buena idea!--repúsele yo con tono seco,--iré a vuestro entierro.
+
+Esta repuesta le causó tanta sorpresa, que dejó caer los brazos y me
+miró con fijeza.
+
+--¿Y no haríais nada por evitar que me suicidase, prima?
+
+-No por cierto-respondí muy tranquila. ¿A qué entrometerme en lo que no
+me importa? Me gusta la libertad, y si tenéis ganas de abandonar este
+valle de lágrimas... ¡oh, Dios mío! no movería un dedo para impedíroslo.
+Que cada cual haga su gusto en vida.
+
+Y me puse a observar de nuevo mi rama de pino, mientras que el objeto de
+mi amor, desconcertado por el modo indiferente con que miraba yo su
+lúgubre proyecto, quedaba desconcertado.
+
+--Pensé, prima, que abrigarais algún cariño por mí. La primera vez que
+nos vimos me encontrasteis tan amable.
+
+--¡Ay, primo! ¿de qué vale la opinión de una campesinilla, reducida a la
+sociedad de un cura, una tía áspera y una cocinera díscola?
+
+--¿Es decir, que no me otorgabais vuestras simpatías nada más que por no
+ser cura, y tener una cara menos marchita que la de la señora de
+Lavalle?
+
+--Lo habéis dicho, primo.
+
+Él me miraba furioso, retorciéndose el bigote con despecho, y
+poniéndose, mal humorado el sombrero, echó a andar por el puente. ¡Oh,
+cómo comprendía yo los movimientos de su alma! Se sentía feliz, feliz de
+encontrar un pretexto para reñir, y la pegaba conmigo y del mismo modo
+que me había desquitado yo de mis amarguras, con mis hombrecillos de
+barro y con el infortunado barón de Le Maltour.
+
+--Vuestra tía era horrible, señorita,--me dijo volviéndose bruscamente.
+
+--Mis lindos ojos compensaban su fealdad,--respondí en igual tono.
+
+--¡Qué buena mesa! ¡Qué buen servicio! Todo andaba sin pies ni cabeza.
+
+--Sí; pero ¡qué pavo! ¿Cómo no moristeis de una indigestión? Lo creí
+sinceramente, hasta el día en que os volví a ver aquí, Dios mío... en
+perfecta salud.
+
+--Sé que es absolutamente imposible el quedarse, discutiendo con vos,
+con la última palabra. No soy, sin embargo, un primo insoportable. ¿Qué
+os he hecho?
+
+--Pero, nada. Os doy una prueba de ello, prometiéndoos acompañar vuestro
+cuerpo a la última mansión.
+
+--¡Mi cuerpo!--exclamó con doloroso escalofrío.--Aun no estoy muerto,
+señorita. Sabed que no me mataré y que parto para Rusia.
+
+--¡Buen viaje, primo!
+
+Se había alejado, y creyendo no verle en mucho tiempo, crucé las manos
+con desaliento y dejé correr mis lágrimas, cuando le vi volver sobre sus
+pasos.
+
+--Vamos, Reina, no nos hagamos los malos. Por qué nos enoja... Pero
+qué... ¿estáis llorando?
+
+--Pensaba en Juno--repuse logrando hacerlo con voz segura.
+
+--Tenéis razón, primita. Os quedáis muy sola. ¿Queréis tenderme la mano?
+
+--Con mucho gusto, Pablo.
+
+¡Ay! no la besó, pero la oprimió con melancolía; pensaba en una mano más
+bella, que había soñado poseer.
+
+Y partió para no volver.
+
+A pesar del frío, que ni sentía, me senté llorando junto al puente y
+contemplaba inclinada hacia el arroyo, caer mis lágrimas sobre el
+hielo.
+
+¡Decir que se iba a saltar la tapa de los sesos! Para eso es necesario
+que la quiera prodigiosamente.
+
+Bien sé que no lo hará, pero es muy posible que esté tan enamorado de
+ella, como yo de él, y veo que no le podré olvidar jamás. ¿No es una
+intrepidez enamorarse así de una mujer que no le convenía, mientras que
+cerca de él, una almita?...
+
+--¿Qué haces ahí, Reina?--me interrogó mi tío, que había venido sin que
+yo le sintiese.
+
+Me levanté rápidamente, avergonzada de no poder ocultar mi emoción.
+
+--¡Cómo! ¿Lloramos?
+
+--¡Qué tontos son los hombres, tío!
+
+--Gran verdad, sobrina. ¿Y por eso lloras?
+
+--Pablo dice que va a levantarse la tapa de los sesos,--proseguí
+llorando.
+
+--¿Le crees capaz de semejante crimen?
+
+--No,--contesté sonriendo, a despecho de mis lágrimas.--Tal atrocidad es
+incompatible con su carácter, pero ya la idea sólo prueba que...
+
+--Ya sé, ya sé sobrina, la idea prueba que ama a mi hija; pero, creeme,
+la olvidará muy pronto, y cuando vuelva, trataremos de que su corazón no
+se equivoque más.
+
+--¿Entonces, tío, pensáis, que un hombre puede querer dos veces en su
+vida sin ser un fenómeno?
+
+El señor de Pavol me acarició las mejillas, mirándome con una
+conmiseración provocada tanto por mi pesar como por mi inexperiencia.
+
+--¡Pobre sobrinita! Los hombres que aman una sola vez son más raros que
+el Pico de la Aguja Verde.
+
+--Entonces, tío, el hombre es un animal indigno.
+
+Sin embargo, yo estaba más contenta que escandalizada, y no pedía más
+que poder aprovechar de la indignidad inherente a la naturaleza humana.
+
+--Con todo, Juno es tan linda.
+
+--Mira este puente que te gusta tanto, Reina. Antes que las ramas y
+plantas que lo cubran hayan retoñado, Pablo la habrá olvidado y antes de
+que las hojas tengan tiempo de marchitarse otra vez, habrá vuelto al
+Pavol y...
+
+Sonrió expresivamente, y se marchó sin terminar su frase. Yo le miré
+alejarse sorprendida, pensando que son muy originales los tíos que
+predicen el porvenir con tanto aplomo.
+
+--Todo está muy bien,--me dije encaminándome lentamente hacia el
+castillo,--pero si su corazón cambia, puede enamorarse de otra mujer
+durante sus viajes. Casualmente dicen que las rusas son muy lindas. Será
+preciso mandarle a Laponia.
+
+Eché a correr con todas mis fuerzas y llegué a la puerta del castillo en
+momentos en que el comandante subía a su carruaje.
+
+Le tomé del brazo y llevándole a parte le dije:
+
+--Comandante ¿Pablo se va a Rusia?
+
+--Sí, su viaje está decidido.
+
+--He pensado... si quisierais que... En fin, sería mejor...
+
+Sin duda alguna, la cosa era mucho más difícil de decir que lo que yo me
+había imaginado. Mi altivez ponía obstáculos y me aconsejaba callar.
+
+-¿Y qué, hijita? Habla pronto, mira que me hielo aquí.
+
+--Los dados están echados--exclamé en voz alta golpeando el suelo con el
+pie.
+
+Mi altivez y yo saltamos el Rubicón y dije bajando los ojos:
+
+--Mi querido comandante, aconsejad a Pablo que vaya entre los
+esquimales, os lo suplico.
+
+--¿Y por qué entre los esquimales?
+
+--Porque las mujeres de por allá son espantosas--balbuceé,--mientras que
+las rusas son lindísimas.
+
+El buen comandante me levantó la cara, roja de confusión, y me contestó
+sencillamente:
+
+--Está bien, le aconsejaré, que vaya a Laponia.
+
+--¡Cuánto os quiero!--exclamé con los ojos llenos de lágrimas y
+estrechándole la mano.--Decidle que no permanezca mucho tiempo en las
+chozas de esas gentes; no sea cosa que enferme. Dicen que apestan.
+
+Mi tío llegaba. Al verle me separé diciendo:
+
+--Comandante, un hombre de honor no tiene más que una palabra; mantened
+la vuestra.
+
+Subí a mi cuarto, con la desagradable convicción de que había seguido
+por completo el ejemplo del gobierno, pisoteando todos los principios
+de la dignidad.
+
+Pero ¡bah! si uno no se ayudara un poco en la vida, ¿cómo podríamos
+salir del paso?
+
+Esta reflexión acalló mis remordimientos. Me senté en mi escritorio y
+escribí:
+
+«Todo ha concluido, señor cura. Se han casado y se han ido felices,
+encantados. Hubiera dado diez años de mi vida por hallarme en lugar de
+Juno. Con quien, vos sabéis. ¿Cuándo será eso?
+
+«¿Sabéis lo que me ha dicho mi tío? Me ha asegurado que los hombres que
+aman sólo una vez son tan raros como el Pico de la Aguja Verde. Mi cura,
+mi querido cura, os lo suplico, aplicad mañana vuestra misa para que el
+señor de Couprat no sea el Pico de la Aguja Verde.
+
+«Hasta la vista, señor cura; espero que pronto seréis cura de Pavol».
+
+
+
+
+XIX.
+
+
+El único acontecimiento del fin de invierno, fue en efecto la
+instalación del cura en la parroquia del Pavol, y me parece inútil
+demostrar con palabras el júbilo de ambos al hallarnos cerca y sin temor
+de próxima separación.
+
+¡Con qué delicia le veía subir al púlpito y predicar contra la iniquidad
+de los hombres!
+
+Por las tardes llegaba al castillo como antes al Zarzal, con la sotana
+remangada, la teja bajo el brazo y la melena al viento.
+
+Reanudamos nuestras charlas, discusiones y disputas.
+
+Me parecía que el tiempo andaba con pies de plomo, y las cartas de Juno
+que respiraban la más completa felicidad, no eran a propósito para darme
+paciencia. Así es que sin cesar iba a casa del cura, a confesarle mis
+cuitas, inquietudes, esperanzas y protesta contra la espera que me veía
+obligada a soportar.
+
+Sabía, que el objeto de mi amor ¡ay! no había hallado de su gusto el
+viaje a Laponia. Paseábase tranquilamente en San Petersburgo, y las
+hermosas eslavas me daban un miedo horrible.
+
+--¿Estáis seguro de que no se enamorará de una rusa, señor cura?
+
+--Es de esperarse, Reinita.
+
+--Es de esperarse... Contestadme de un modo más categórico, mi cura. ¿En
+qué pensáis? ¡Oh! no es posible que se enamore de una extranjera;
+decidme que no es posible y que pronto me querrá.
+
+--Lo deseo ardientemente, pobre hijita mía; pero harías bien en suponer
+lo contrario y prepararte de antemano.
+
+--Me vais a hacer morir de impaciencia, con vuestra resignación, señor
+cura.
+
+--¡Cuán poco juiciosa eres, Reina!
+
+--El juicio, según mi opinión, consiste en querer la felicidad. Decidme
+que me querrá, señor cura, decídmelo.
+
+--No deseo otra cosa, hijita querida,--respondíame el cura, quien a
+pesar de su horror al sufrimiento físico hubiera sido capaz de seguir el
+ejemplo de Mucio Scévola, si la realización de mis anhelos hubiese
+dependido de semejante sacrificio.
+
+Pero a pesar de tener cerca a mi cura, de la bondad de mi tío y de la de
+todos cuantos me rodeaban, me iba entristeciendo enormemente día por
+día.
+
+Gustábame recorrer sola los senderos del bosque y permanecía durante
+horas enteras junto a la cascada, recordando nuestra última entrevista y
+pensando en lo que haría si me le viese aparecer alegre y encantador,
+con aquella expresión en los ojos que me había agradado tanto en el
+Zarzal y que después no había vuelto a ver brillar para mí.
+
+Este amor por la soledad, crecía diariamente en razón directa de mi
+melancolía. En fin, poco a poco perdí toda mi locuacidad, y si el señor
+de Pavol, no hubiera tomado a lo serio mi amor desde hacía tiempo, este
+solo hecho habría bastado para probarle su intensidad.
+
+Seis meses pasáronse así.
+
+Un día, el aniversario de mi llegada al Pavol, hallábame sentada en el
+jardín de la casa parroquial. Dos horas antes, un chaparrón había
+refrescado la atmósfera y regado las flores del cura.
+
+Entreteníase él en buscar babosas, mientras que yo, bajo la influencia
+de dulces pensamientos, apoyaba mi frente contra el muro y me dejaba
+arrebatar por risueñas esperanzas.
+
+Sólo turbaban mis reflexiones el caer de las gotas de agua que
+doblegaban las hojas con su peso y el olor de la tierra húmeda que me
+recordaba las mejores horas de mi vida.
+
+De tiempo en tiempo, decíame el cura:
+
+--Pero sabes que es curioso. ¡Qué cantidad de babosas! ¿Creerás, Reina,
+que he encontrado ya más de quinientas?
+
+Yo levantaba indolentemente la cabeza, y contemplaba sonriendo al buen
+cura que continuaba con ardor en sus pesquisas. Luego volvía a mis
+quimeras y concluía por quedar sumida en una vaga somnolencia.
+
+Me despertaron el rechinar de la barrera que cerraba el cerco del jardín
+y el sonido de una voz llena de alegría que me causó el más recio
+sacudimiento que sentí en mi vida.
+
+--¡Buen día, señor cura! ¿Cómo estáis? ¡Cuánto me alegro de veros! Reina
+¿dónde está?
+
+Reina estaba siempre en el mismo sitio, fija, y sin poder articular una
+palabra.
+
+--¡Ah, allí está!--exclamó Pablo, acercándose a mi a grandes pasos.
+
+--¡Querida primita, estoy contento! ¡Dios mío! ¡Cuán contento estoy de
+volver a veros!
+
+Tomó mi mano y la besó.
+
+Aseguro que lo que pasó en seguida fue ajeno a mi voluntad, y no debéis
+pensar mal de mí.
+
+Luchaba, lo afirmo, con todas mis fuerzas contra la tentación; pero
+cuando sentí sus labios sobre mi mano, cuando comprendí que no inspiraba
+esta acción una banal cortesía sino un sentimiento más profundo, cuando
+le vi inclinarse hacia mi con una expresión inquieta, afectuosa,
+especial, cien veces más arrebatadora que la que me había hecho pensar
+tantas y tantas veces... no pude contenerme. Aquello era más poderoso
+que mi energía, y la fatalidad, en quien creo desde entonces, me arrojó
+en sus brazos.
+
+Apenas tuve tiempo de sentir el abrazo que respondió a mi impulso.
+
+Avergonzada y confusa caí sobre el banco, ocultando el rostro entre las
+manos, no sin haber entrevisto la fisonomía del cura, cuyo aspecto, a
+la vez estupefacto, espantado y encantado, ha vuelto después muchas
+veces a mi mente.
+
+--Querida Reina--murmuró Pablo a mi oído;--si hubiese conocido antes
+vuestro secreto, no hubiera permanecido lejos tanto tiempo.
+
+Yo no respondí, porque lloraba.
+
+Tomó por fuerza una de mis manos y la retuvo entre las suyas, mientras
+que yo, dominada por una timidez que no había sentido jamás, volví a un
+lado la cara y hacía esfuerzos por librarme.
+
+--Déjame esta mano tan pequeñita y linda; me pertenece. Vuelve la cara
+hacia acá, Reina.
+
+Miré de frente a aquellos hermosos ojos francos que me sonreían, y
+exclamé:
+
+--¡Alabado sea Dios! Mi tío tenía razón; no sois el Pico de la Aguja
+Verde.
+
+--¿El Pico de la Aguja Verde?--preguntó sorprendido.
+
+--Sí, mi tío pretendía... pero ¿qué importa eso? ¿Quién os ha dicho lo
+que ignorabais al partir?
+
+--Mi padre, el señor de Pavol, y un montón de cosas que he venido
+recordando desde hace dos meses.
+
+--¿Es cierto, entonces, que el amor atrae al amor?
+
+--Nada es más cierto, mi querida novia.
+
+¡Oh, qué dulce nombre! Sí, éramos novios y guardamos silencio, mientras
+que el cura lloraba de alegría.
+
+Aturdían con sus cantos los gorriones y se escapaban las babosas de la
+prisión en que las había puesto el cura.
+
+Por cierto que el gorrión no es un pájaro muy agradable que digamos; su
+plumaje es incoloro y feo, su canto carece de melodía y algunas personas
+lo acusan de ladrón y de inmoral, lo que me resisto a creer. No sé
+tampoco que las babosas hayan pasado alguna vez por animalitos poéticos,
+y sin embargo, desde el instante de que acabo de hablar tengo locura por
+gorriones y babosas.
+
+Yo estaba en vilo, creía soñar... No me cansaba de mirarle, de escuchar
+su voz querida y de sentir mi mano estrechada por las suyas. Sin
+embargo, el recuerdo de aquélla que él había amado me trabajaba el
+espíritu, y me turbaba mi júbilo, pero con todo no me atrevía a
+nombrársela.
+
+--¿Sabe mi tío, que estáis aquí, Pablo?
+
+--Si vengo del Pavol; he querido absolutamente venir sólo a buscarte.
+¿No te recuerda nada este jardín humedecido, Reina?
+
+No respondí directamente a su pregunta; sólo le dije:
+
+--Pero vos... tenéis un triste recuerdo del Zarzal...
+
+--¡Cómo! Nunca he pasado rato más delicioso.
+
+--¡Oh¡--repuse mirándole solapadamente,--si mi tía era horrible.
+
+--No, no; no tan horrible; algo vulgar tal vez, pero parecíais más
+encantadora...
+
+--Y la mesa tan mal puesta. Todo tan...
+
+--Nunca he comido tan bien. Aquella mansión desmantelada te hacía valer
+como si fueras una flor hermosa que parece más delicada, cuando más fea
+e inculta es la tierra en que brota.
+
+--Os habéis vuelto poeta en vuestro viaje.
+
+--¡Oh! no, absolutamente, Reinita.
+
+Pasó mi brazo bajo el suyo y me llevó hacia un lado.
+
+--No poeta, pero sí enamorado de ti, prima. Escúchame bien: te amo con
+toda la sinceridad de mi corazón.
+
+Saboreé la dulzura de esta frase y la de la mirada que la acompañaba,
+pensando que era una suerte que los hombres fueran inconstantes.
+
+Como semejante cambio me parecía inaudito, no pude evitar el
+preguntarle:
+
+--¿Pero es cierto: ya no la queréis nada, nada?
+
+--¿Te hablaría del modo que lo hago, si no fuera así?--replicó
+seriamente.--¿No tienes confianza en mi lealtad?
+
+--¡Oh, sí!--dije cruzando mis manos sobre su brazo, en un ímpetu de
+cariño.
+
+Era muy cierto; porque después de tal respuesta no me turbó más la
+imagen de Blanca.
+
+Le amaba sin la menor idea de celos o inquietud, y merecía tan perfecta
+confianza.
+
+--Mira, ahí vienen mi padre y el señor de Pavol.
+
+--¿Qué tal, sobrina? ¿Qué dices de mis predicciones?
+
+--Sois muy poco discreto tío--le dije,--ruborizándome.
+
+--Fue el comandante quien reveló el secreto; hacía mucho tiempo que lo
+conocía.
+
+--¡Oh! mucho no; desde hace ocho meses.
+
+--No, desde la primera vez que te vi, querida hijita.
+
+--Es posible.
+
+--Y Pablo no ha ido a Laponia--continuó, riéndose, mi tío.
+
+¡Qué gran dicha es vivir entre buenas gentes! Vivamente sentí esa
+felicidad al ver de qué modo gozaban todos con mi alegría, y con cuánta
+delicadeza y bondad me daban bromas sobre el famoso secreto que, sin
+saberlo, había divulgado a todo viento.
+
+Entonces comenzó esa hermosa época de noviazgo, exquisita, época sin
+igual en la vida. Nada tan delicioso como esos días de amor ingenuo, de
+fe, de ilusiones completas y de niñerías. ¡Ah, cuánto compadezco a los
+que no han amado así! ¡Cuánto compadezco a los que se dejan arrastrar
+por sus locuras lejos del hogar común y del amor legítimo! En fin,
+nunca, nunca, por más elocuencia que se despliegue para probármelo,
+nadie me convencerá de que pueda haber verdadero amor, sin tener la
+estimación por base.
+
+Pasábamos los días más agradables del mundo en la casa parroquial, bajo
+la vigilancia del cura. Le mirábamos recorrer su jardín de un lado a
+otro; reforzar sus plantas con rodrigones, arrancar las hierbas dañinas
+y detenerse a menudo en medio de sus faenas para lanzarnos una mirada
+investigadora, con el objeto de hacernos comprender que era un Mentor
+formal.
+
+A veces me acercaba a aquel excelente hombre y me extasiaba con él
+admirando una flor, un fruto, un arbusto y solía decirle:
+
+--¿Os acordáis, mi cura, del tiempo en que me queríais persuadir de que
+el amor no es la cosa más encantadora del mundo?
+
+--¡Oh! mi hijita, creo que ni el mismo Bossuet hubiera podido
+convencerte.
+
+--¿Y, no tenía razón?
+
+--Así parece--y sonreía bondadosamente.
+
+El día de mi casamiento amaneció radiante; nunca me pareció más azul la
+bóveda del cielo. Después me han dicho que estaba nublado, pero no lo
+creo.
+
+Una muchedumbre simpática y amiga se apiñaba en la iglesia. Y murmuraba:
+
+--¡Qué linda novia! ¡Qué tranquila está! ¡Qué cara de felicidad!
+
+La verdad es que yo estaba extraordinariamente tranquila.
+
+¿Y porqué me iba a agitar? ¿No se realizaba mi sueño más querido? ¿No se
+abría para mi un porvenir que no empañaba la más leve nubecilla.
+
+Así, confusamente reparé en algunas señoras de edad que me sonreían al
+pasar, y sentí una inmensa lástima por ellas, al ver que eran demasiado
+viejas para casarse.
+
+El órgano resonaba tan alegremente, que en ese momento modifiqué algo
+mis ideas acerca de la música. El altar estaba cuajado de flores,
+deslumbrante de luz, y todos los detalles del arreglo dirigido por el
+gusto artístico de Blanca, me encantaban los ojos.
+
+Mi marido me colocó en el dedo el anillo nupcial con trémula mano, y
+mordiéndose su lindo bigote para disimular el temblor de sus labios.
+Estaba más emocionado que yo y su mirada me decía lo que deseo que me
+repita eternamente...
+
+Y también la cara de mi cura estaba radiante de felicidad.
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Mi tio y mi cura, by Alice Cherbonnel
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MI TIO Y MI CURA ***
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+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
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+The Project Gutenberg EBook of Mi tio y mi cura, by Alice Cherbonnel
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+Title: Mi tio y mi cura
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+Author: Alice Cherbonnel
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+Release Date: November 2, 2008 [EBook #27121]
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+<p class="c">OBRA PREMIADA<br />
+POR LA ACADEMIA FRANCESA</p>
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+<p class="imagen"><img src="images/001.png" alt="imagen no disponible" /></p>
+<p class="c">BUENOS AIRES</p>
+<p class="c">1902</p>
+
+
+<table summary="toc"><tr><td>
+<a href="#I"><b>Capítulos: I, </b></a>
+<a href="#II"><b>II, </b></a>
+<a href="#III"><b>III, </b></a>
+<a href="#IV"><b>IV, </b></a>
+<a href="#V"><b>V, </b></a>
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+<a href="#XIV"><b>XIV, </b></a>
+<a href="#XV"><b>XV, </b></a>
+<a href="#XVI"><b>XVI, </b></a>
+<a href="#XVII"><b>XVII, </b></a>
+<a href="#XVIII"><b>XVIII, </b></a>
+<a href="#XIX"><b>XIX</b></a>
+</td></tr>
+</table>
+
+
+
+<h3>PROEMIO</h3>
+
+<hr />
+<p class="non"><span class="letra">L</span><span class="smcap">as</span>
+costumbres y usos de nuestros tiempos han convertido la novela, que
+antaño fue mero pasatiempo y solaz, en una necesidad: todo el mundo lee,
+o quiere leer algo que llene los vacíos de los ocios domésticos, o las
+treguas del trabajo. Pero no todas las novelas son aceptables. La
+novela, como todo lo humano, es bipolar, y consiguientemente de bien y
+mal susceptible.</p>
+
+<p>Si una novela buena es un beneficio, una mala o perniciosa es más que un
+daño.</p>
+
+<p>Nuestra librería nacional carece en general de libros bien escritos e
+interesantes que puedan ir a manos de todo el mundo; las casas
+editoriales españolas no se ocupan en traducir más que las novelas de
+escándalo, vulgo: sensación. ¡Que hasta ese grado de incapacidad moral
+hemos llegado!</p>
+
+<p>Y si a alguien se le ocurre publicar alguna obra inofensiva, suele ser
+elegida con tan mal tino, que es las más de las veces insulsa y anodina,
+y su falta de interés coopera al falso descrédito de las obras buenas.</p>
+
+<p>Pero si el naturalismo y mercantilismo modernos han hallado modo de
+fabricar, con el fango del vicio, muñecos que, vidriados con un barniz
+de pseudociencia y dorados a fuego de pasión, llegan a encantar a un
+grupo de lectores, no desesperen por eso los que aun sueñan con la vida
+del arte humano, del verdadero arte, que sin desdeñar nuestras miserias
+de carne, asciende hasta las regiones del alma para implantar su trono.
+Ese arte existe todavía. Aunque la sed comercial lo desdeñe, no por eso
+dejan sus cultores el trabajo, y las estatuas, complejas que forman y
+funden en sus cerebros esos artífices, surgen diariamente a la
+publicidad reflejando en un todo, lo reflejable de nuestra vida, es
+decir, lo que tiene luz.</p>
+
+<p>Ese arte existe. ¡Y cómo! tal vez más brillante y vigoroso que nunca.
+Francia, España, Inglaterra y Rusia lo atestiguan; por más que una
+conspiración de silencio pretende ahogar ciertos nombres, su fuerza
+vital es mayor que la de los que pretenden sepultarlos. Llevan lo bello
+en las entrañas.</p>
+
+<p>La presente novela de Juan de la Brète, coronada con el premio Montyon
+por la Academia Francesa, el mayor de los que dicha corporación dispone
+para obras literarias, es una obra interesante, rica en vida y frescura,
+y atravesada por esa ráfaga de poesía que orea los sudores de la vida,
+cuando la vida es vida.</p>
+
+<p>Baste decir en su elogio que en el breve lapso de dos años el público
+parisiense ha exigido treinta y nueve ediciones de esta obra, lo que es
+mucho decir, respecto de un libro donde no hay olores acres, ni cuadros
+condenables, ni más barro que el de la tierra, los días en que llueve.</p>
+
+<p class="r smcap">Rafael Fragueiro.</p>
+
+
+<hr />
+
+
+<h3><a name="I" id="I"></a>I.</h3>
+
+
+<p class="non"><span class="letra">S</span><span class="smcap">oy</span>
+tan chica, que bien pudiera dárseme la calificación de enana, si mi
+cabeza, mis pies y mis manos no estuviesen en perfecta proporción con mi
+estatura.</p>
+
+<p>Mi rostro no tiene ni el desmesurado largo, ni la anchura ridícula que
+se atribuye a la cara de los enanos y en general a la de todos los seres
+diformes, y la finura y delicadeza de mis extremidades pueden ser
+codiciados por más de una hermosa dama.</p>
+
+<p>Sin embargo, lo exiguo de mi tamaño me ha hecho verter a hurtadillas
+bastantes lágrimas.</p>
+
+<p>Y digo a hurtadillas, porque mi liliputiense cuerpo ha encerrado una
+alma altiva y orgullosa, incapaz de mostrar a nadie el espectáculo de
+sus debilidades... y menos a mi tía. Este era mi modo de sentir a los
+quince años. Pero los acontecimientos, las penas, las preocupaciones,
+las alegrías, en una palabra, el curso de la vida, ha flexibilizado
+caracteres mucho más rígidos que el mío.</p>
+
+<p>Era mi tía la mujer más desagradable del mundo y yo la hallaba pésima,
+en la medida de lo que podía juzgar mi entendimiento que aun no había
+visto ni comparado nada. Su fisonomía era angulosa y vulgar, su voz
+chillona, su andar pesado y su estatura ridículamente alta.</p>
+
+<p>A su lado, yo parecía un pulgón, una hormiga.</p>
+
+<p>Cuando le hablaba, tenía que levantar la cabeza, tanto como si hubiese
+querido examinar la copa de un álamo. Era de origen plebeyo, y como la
+mayoría de los de su raza, estimaba más que cualquier otra cualidad la
+fuerza física y profesaba por mi mezquina persona un profundo desprecio.</p>
+
+<p>Sus cualidades morales eran una fiel reproducción de las físicas, y
+formaban un conjunto de rudeza y asperidades; ángulos agudos contra los
+cuales rompíanse diariamente las narices los infortunados que vivían con
+ella.</p>
+
+<p>Mi tío, hidalgo campesino, cuya tontera fue proverbial en la comarca,
+casó con ella, por falta de ingenio y por debilidad de carácter. Murió
+poco después de su casamiento y yo no alcancé a conocerle. Cuando fui
+capaz de reflexión, atribuí a mi tía esta muerte prematura, pues me
+parecía con fuerzas suficientes para dar rápidamente en tierra, no digo
+ya con un pobre tío como el mío, sino con todo un regimiento de maridos.</p>
+
+<p>Tenía yo dos años, cuando mis padres se fueron al otro mundo,
+abandonándome al capricho de los acontecimientos de la vida, y de mi
+consejo de familia. Dejáronme los restos, no del todo malos, de una
+fortuna: cerca de cuatrocientos mil francos en tierras que producían
+una buena renta.</p>
+
+<p>Mi tía consintió en educarme. No le gustaban los niños, pero como su
+marido había sido mal administrador, se vio pobre, y calculó con
+satisfacción, que la holgura entraría en su casa junto conmigo.</p>
+
+<p>¡Que casa más fea! Grande, deteriorada y mal dirigida; en medio de un
+patio cuajado de estiércol, fango, gallinas y conejos. Detrás de ella
+extendíase un jardín en el que crecían entremezcladas y en desorden
+todas las plantas de la creación y sin que nadie se preocupara de ellas.</p>
+
+<p>Creo que no había recuerdos en memoria humana, de que se hubiera visto
+nunca por allí, un jardinero que podase los árboles o arrancase las
+malezas, que brotaban a gusto, sin que ni a mi tía ni a mi se nos
+ocurriese ocuparnos de ello.</p>
+
+<p>Esta selva virgen me desagradaba, porque desde niña he tenido un gusto
+innato por el orden.</p>
+
+<p>La propiedad se llamaba de Zarzal. Estaba como perdida en el fondo de la
+campaña, a media legua de una iglesia y de una aldehuela compuesta de
+una veintena de chozas. No había castillo, castillejo ni casa solariega
+en cinco leguas a la redonda. Vivíamos en completo aislamiento.</p>
+
+<p>Mi tía iba algunas veces a C***, la ciudad más próxima al Zarzal. Pero
+como yo deseaba ardientemente acompañarla, no me llevaba nunca.</p>
+
+<p>Los únicos acontecimientos de nuestra vida eran la llegada de los
+arrendatarios que venían a pagar censos y arrendamientos y las visitas
+del cura.</p>
+
+<p>¡Oh, qué excelente hombre era mi cura!</p>
+
+<p>Venía a casa tres veces por semana, pues en un arranque de celo, cargó
+con la obligación de atascar mi cerebro con cuanta ciencia le era
+conocida.</p>
+
+<p>Y continuó en su empeño con perseverancia, por más que yo ejercitaba su
+paciencia. No porque tuviese la cabeza dura, no: aprendía con facilidad.
+Pero la pereza era mi pecado favorito; la amaba y la mimaba a despecho
+de los derroches de elocuencia del cura y de sus múltiples esfuerzos
+para extirpar de mi alma esa planta maléfica.</p>
+
+<p>Además, y esto era lo más grave, la facultad de raciocinar se desarrolló
+en mi rápidamente. Entraba en discusiones que le volvían loco, y me
+permitía apreciaciones que a menudo chocaban y herían sus más caras
+opiniones.</p>
+
+<p>Contrariarle, fastidiarle, rebatirle sus ideas, sus gustos y sus
+afirmaciones, era para mi un placer inmenso. Me hizo arder la sangre y
+me avivaba el ingenio. Creo que él experimentaba la misma sensación, y
+que lo hubiera desolado perdiendo mis hábitos ergotistas y la
+independencia de mis ideas.</p>
+
+<p>Mas yo no pensaba semejante cosa, porque llegaba al colmo de la
+satisfacción, cuando le veía agitarse en la silla, desgreñarse los
+cabellos con desesperación, y embadurnarse la nariz con rapé,
+olvidándose de todas las reglas del aseo, olvido que no se producía sino
+en los casos serios.</p>
+
+<p>Con todo, si hubiese sido por él solo, creo que hubiera resistido muchas
+veces al demonio tentador. Mi tía había tomado la costumbre de asistir a
+las lecciones, aunque no comprendiese nada y bostezara diez veces por
+hora.</p>
+
+<p>Ahora bien, la contradicción, aunque no fuera dirigida a ella, le
+causaba furor: furor tanto más grande, cuanto que no se atrevía a decir
+nada delante del cura.</p>
+
+<p>Por otra parte, el verme discutir le parecía una monstruosidad en el
+orden físico y moral. Así es que yo nunca la emprendía directamente con
+ella, porque era bruta y yo tenía miedo que me pegara. Por último, mi
+voz, dulce y musical no obstante (de lo que me jacto), producía sobre
+sus nervios auditivos un efecto desastroso.</p>
+
+<p>Con todo lo dicho, se comprenderá que me fuese imposible, absolutamente
+imposible, dejar de poner en obra mi malicia, para hacer rabiar a mi tía
+y atormentar a mi cura.</p>
+
+<p>Sin embargo, yo quería al pobre cura; le quería mucho, y sabía que a
+pesar de mis absurdos razonamientos, los que a veces llegaban hasta la
+impertinencia, me profesaba el mayor cariño. No sólo era yo su oveja
+preferida, sino también el objeto de su predilección, su obra, la hija
+de su corazón y de su inteligencia, y a este amor paternal se mezclaba
+un tinte de admiración por mis aptitudes, mis palabras y por todas mis
+acciones.</p>
+
+<p>Había tomado su tarea con gran ahínco; se había propuesto instruirme,
+velar por mi como un ángel tutelar a pesar de mi mala cabeza, mi lógica
+y mis arranques. Además, esta tarea pronto llegó a ser la cosa más
+agradable de su vida, la mejor si no la única distracción de su monótona
+existencia.</p>
+
+<p>Lloviera, ventease, nevase o granizara; con calor, con frío o con
+tormenta, veía yo aparecer al cura, enfaldada la sotana hasta las
+rodillas y el sombrero debajo del brazo. No sé si lo he visto nunca con
+él puesto. Tenía la manía de caminar con la cabeza al aire, sonriendo a
+los viandantes, a los pájaros, a los árboles, a las flores del campo.</p>
+
+<p>Robusto y regordete, parecía que rebotaba sobre la tierra, que hollaba
+con paso vivo y se hubiera pensado que le decía:&mdash;¡Eres buena y te
+amo!&mdash;Estaba contento de la vida, de sí mismo, de todo el mundo. Su
+benévola cara, rosada y fresca, rodeada de cabellos blancos, recordábame
+esas rosas tardías que florecen aún bajo las primeras nieves.</p>
+
+<p>Cuando entraba en el patio, gallinas y conejos acudían a su voz para
+mascullar algunos mendrugos de pan, que deslizaba en sus bolsillos antes
+de salir de la casa parroquial. Petrilla, la moza del corral, salía a
+hacerle su reverencia, luego Susana la cocinera, apresurábase a abrirle
+la puerta y a introducirle en el salón, donde me daba las lecciones.</p>
+
+<p>Mi tía plantada en un sillón, con el donaire de un pararrayos algo
+grueso, levantábase al verle, saludábale con aire desabrido y se lanzaba
+a galope al capítulo de mis fechorías. Hecho lo cual volvía a sentarse
+lijeramente, tomaba la aguja de tejer, ponía su gato favorito sobre las
+rodillas y esperaba (o no la esperaba) la ocasión de decirme algo
+desagradable.</p>
+
+<p>El bondadoso cura oía con paciencia aquella voz ronca que rompía el
+tímpano. Encorvaba las espaldas como si el chubasco hubiera sido para él
+y semisonriente amenazábame con el índice. A Dios gracias conocía a mi
+tía desde hacía mucho.</p>
+
+<p>Instalábamonos junto a una mesita, que habíamos colocado cerca de la
+ventana. Esta posición tenía la doble ventaja de tenernos bastante
+alejados de mi tía entronizada al lado de la estufa, en el fondo de la
+habitación, y luego, de permitirme seguir el vuelo de las golondrinas y
+las moscas, u observar en invierno los efectos de la escarcha y nieve en
+los árboles del jardín.</p>
+
+<p>El cura colocaba cerca de sí la caja de rapé, un gran pañuelo a cuadros
+sobre el brazo del sillón y la lección comenzaba.</p>
+
+<p>Cuando no había sido muy grande mi pereza, las cosas iban bien, mientras
+se tratase de deberes a corregir, porque aunque fuesen siempre de lo más
+corto posible, por lo menos estaban hechos con prolijidad. Mi letra era
+clara y mi estilo fácil.</p>
+
+<p>El cura sacudía la cabeza con aire satisfecho, tomaba rapé con
+entusiasmo y repetía en todos los tonos:</p>
+
+<p>&mdash;¡Bien, muy bien!</p>
+
+<p>Durante todo este tiempo entreteníame yo en contar las manchas de su
+sotana y en imaginarme lo que parecería con peluca negra, calzón corto y
+casaca de terciopelo rojo, como la que mi tío abuelo ostentaba en su
+retrato.</p>
+
+<p>La idea del cura en trusas y de peluca era tan chistosa, que me hacía
+reír a carcajadas.</p>
+
+<p>Entonces, exclamaba mi tía:</p>
+
+<p>&mdash;¡Tonta, bobeta!</p>
+
+<p>Y algunas otras lindezas por el estilo, que tenían el privilegio de ser
+tan parlamentarias como explícitas.</p>
+
+<p>El cura me miraba sonriendo y repetía dos o tres veces:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah juventud! ¡hermosa juventud!</p>
+
+<p>Y un recuerdo retrospectivo de sus quince años le hacía esbozar un
+suspiro.</p>
+
+<p>Después de esto pasábamos a la recitación de memoria, y ya las cosas no
+marchaban tan bien. Era la hora crítica el momento de la conversación,
+de las opiniones personales, de las discusiones y hasta también de las
+reyertas.</p>
+
+<p>El cura amaba los hombres de la antigüedad, los héroes, las acciones
+casi fabulosas en las que ha sido actor importante el valor físico. Esta
+preferencia era curiosa, porque, cabalmente, no había sido formado con
+el barro de que se hace los héroes.</p>
+
+<p>Yo había notado que no le gustaba volver a su casa de noche, y este
+descubrimiento, aunque me le hacía más simpático, porque yo misma era
+muy medrosa, no podía dejarme ninguna ilusión sobre su coraje.</p>
+
+<p>Además, su buena alma plácida, tranquila, amiga del reposo, de la
+rutina, de sus ovejas y del cuerpo que la poseía, no había soñado nunca
+con el martirio, y le veía palidecer, tanto cuanto sus rosadas mejillas
+le permitían, cuando leía el relato de los suplicios aplicados a los
+primeros cristianos.</p>
+
+<p>Hallaba muy hermoso el entrar en el Paraíso de un salto heroico, pero
+pensaba que era muy dulce avanzar hacia la eternidad tranquilamente y
+sin prisa. Carecía de los impulsos que inspiran el deseo de la muerte,
+para ver más pronto a Dios. Absolutamente: estaba decidido a irse sin
+murmurar, cuando llegara su hora, pero deseaba sinceramente, que llegara
+lo más tarde posible.</p>
+
+<p>Declaro que mi carácter, que no brilla por la cuerda heroica, está de
+acuerdo con esta moral fácil y dulce.</p>
+
+<p>Pero con todo, le daba por los héroes; los admiraba, los elogiaba y los
+amaba tanto más cuanto que indudablemente sentía que dado el caso, era
+incapaz de imitarlos.</p>
+
+<p>En cuanto a mi, yo no dividía ni sus gustos, ni sus admiraciones.
+Experimentaba una pronunciada antipatía por griegos y romanos. Había
+resuelto por un trabajo sutil de mi imaginación, que estos últimos se
+parecían a mi tía... o que mi tía se les parecía, como se quiera, y
+desde el día en que hice esta comparación, los romanos fueron juzgados,
+condenados y ejecutados en mi foro interno.</p>
+
+<p>Sin embargo, el cura se obstinaba en chapuzar conmigo en la historia
+romana, y yo por mi lado me encaprichaba en no interesarme en ella. Los
+hombres de la República no me entusiasmaban y los emperadores
+confundíanse en mi cabeza. Por más que el cura lanzaba exclamaciones de
+sorpresa, se enfadaba y razonaba, era inútil: nada modificaba mi
+insensibilidad y mi idea personal.</p>
+
+<p>Por ejemplo, narrando la historia de Mucio Scévola, yo terminaba así:</p>
+
+<p>&mdash;Quemó su mano derecha para castigarla por haberse equivocado, lo que
+prueba que no era sino un imbécil.</p>
+
+<p>El cura que un momento antes me escuchaba con aire complacido, se
+estremecía de indignación:</p>
+
+<p>&mdash;¡Un imbécil, señorita! ¿y porqué?</p>
+
+<p>&mdash;Porque la pérdida de su mano no reparaba su error&mdash;respondíale,&mdash;que
+por ello Pórsena no quedaba ni más ni menos vivo, ni resucitaba el
+secretario.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, chiquita; pero Pórsena se asustó y levantó el sitio
+inmediatamente.</p>
+
+<p>&mdash;Eso, señor cura, no prueba sino que Pórsena era un mandria.</p>
+
+<p>&mdash;Concedido. Pero Roma quedaba libre, y ¿gracias a quién? ¡gracias a
+Scévola, gracias a su acto heroico!</p>
+
+<p>Y el cura, que aunque temblaba ante la idea de quemarse la yema del dedo
+chico, no por eso dejaba de admirar a Mucio Scévola, se exaltaba y
+afanaba para hacerme apreciar a su héroe.</p>
+
+<p>&mdash;Sostengo lo que he dicho&mdash;replicaba yo tranquilamente;&mdash;no era más que
+un imbécil y un gran imbécil.</p>
+
+<p>El cura exclamaba sofocado:</p>
+
+<p>&mdash;Muchas tonteras oyen los mortales, cuando los niños pretenden
+raciocinar.</p>
+
+<p>&mdash;Señor cura, vos mismo me habéis enseñado el otro día, que la razón es
+la más bella facultad del hombre.</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda, sin duda, cuando el hombre sabe servirse de ella. Por otra
+parte hablaba de los hombres hechos y no de las chiquilinas.</p>
+
+<p>&mdash;Señor cura, los pajaritos prueban sus fuerzas al borde del nido.</p>
+
+<p>Y el excelente hombre, un poco desconcertado, se desgreñaba el pelo con
+energía, lo que daba a su cabeza el aspecto de la de un lobo, polvoreada
+de blanco.</p>
+
+<p>&mdash;Haces mal en discutir tanto, hijita mía&mdash;decíame algunas veces;&mdash;es un
+pecado de orgullo. No seré siempre yo quien te conteste, y cuando estés
+en lucha con la vida sabrás que no se discute con ella, sino que se la
+sufre.</p>
+
+<p>Mas me importaba un bledo la vida. Tenía un cura para ejercitar mi
+lógica y esto me bastaba.</p>
+
+<p>Cuando le había fastidiado, hastiado y hostilizado mucho, esforzábase en
+dar a su fisonomía una severa expresión, pero se veía obligado a
+renunciar a su proyecto, porque su boca risueña siempre, rehusaba en
+absoluto obedecerle. Entonces me decía:</p>
+
+<p>&mdash;Señorita de Lavalle, repasará usted sus emperadores romanos, y trate
+de no confundir a Tiberio con Vespasiano.</p>
+
+<p>&mdash;Dejemos a esos individuos, señor cura&mdash;respondíale yo;&mdash;me aburren.
+¿No sabéis que si hubieseis vivido en sus tiempos os habrían asado vivo,
+o arrancado la lengua y las uñas, o picado en pedacitos menuditos,
+menuditos, como picadillo de pastel?</p>
+
+<p>Ante tan lúgubre cuadro, estremecíase ligeramente el cura y se iba a
+paso rápido y breve, sin dignarse responderme.</p>
+
+<p>Cuando su descontento llegaba al apogeo, me llamaba señorita de Lavalle.
+Este ceremonioso nombre era la más viva manifestación de su enojo, y yo
+sentía remordimientos hasta que le volvía a ver de nuevo con los
+cabellos al viento y la sonrisa en los labios.</p>
+<hr />
+
+
+
+<h3><a name="II" id="II"></a>II.</h3>
+
+
+<p class="non"><span class="letra">M</span><span class="smcap">i</span>
+tía me maltrató mientras fui chica y yo tenía tal miedo de sus golpes
+que la obedecía sin discutir.</p>
+
+<p>Hasta el día en que cumplí diez y seis años me pegó aún, pero fue por
+última vez.</p>
+
+<p>A partir de ese día, fecundo para mi en acontecimientos íntimos, estalló
+de pronto una revolución que rugía sordamente en mi espíritu desde hacía
+algunos meses, y cambió completamente mi modo de ser para con mi tía.</p>
+
+<p>Por aquel tiempo el cura y yo repasábamos la historia de Francia, que me
+jactaba de conocer muy bien. Si bien es cierto que dadas las lagunas y
+restricciones de mi texto, mi saber era el mayor posible.</p>
+
+<p>Profesaba el cura por sus reyes un amor rayano en la veneración, y sin
+embargo, no quería a Francisco I. Esta antipatía era tanto más singular,
+cuanto que Francisco I fue valiente y se ha hecho popular.</p>
+
+<p>Pero no le gustaba al cura, que no desperdiciaba nunca la ocasión de
+criticarle; así es que por espíritu de contradicción lo elegí yo por
+favorito.</p>
+
+<p>El día a que me he referido más arriba, debía yo dar la lección
+concerniente a mi amigo. Largo tiempo revisé la víspera buscando algún
+medio para hacerlo brillar a los ojos del cura. Desgraciadamente yo no
+podía hacer más que citar las expresiones de mi historia, al emitir
+opiniones que se apoyaban más en una impresión que no en un
+razonamiento.</p>
+
+<p>Hacía una hora que me devanaba los sesos reflexionando, cuando atravesó
+mi mente una brillante idea.</p>
+
+<p>&mdash;¡La biblioteca!&mdash;exclamé.</p>
+
+<p>E inmediatamente atravesé corriendo un largo pasadizo y penetré por
+primera vez en una pieza de regular tamaño enteramente atestada de
+estantes verdes cubiertos de libros reunidos entre ellos por los tenues
+hilos de una multitud de telarañas.</p>
+
+<p>Esta pieza comunicaba con los departamentos que después de la muerte de
+mi tío, se habían cerrado para no abrirse más, y olía de tal modo a
+tasto y moho que casi me asfixié. Apresureme a abrir la ventana, que era
+muy pequeña, no tenía postigos ni persianas y daba sobre el jardín; en
+seguida procedí a mis investigaciones. Mas ¿cómo descubrir a Francisco I
+en medio de todos aquellos volúmenes?</p>
+
+<p>Ya iba a abandonar la partida, cuando el título de un librito me hizo
+prorrumpir en un grito de alegría.</p>
+
+<p>Eran las biografías de los reyes de Francia hasta Enrique IV inclusive.
+Tenía adjunto un grabado bastante bueno, representando a Francisco I,
+vestido con el espléndido traje de los Valois. Lo examiné con asombro.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y es posible&mdash;me dije,&mdash;que haya hombres tan lindos como éste?</p>
+
+<p>El biógrafo, que no participaba de la antipatía del cura por mi héroe,
+hacía sin ninguna restricción el elogio de su belleza, de su valor, de
+su espíritu caballeresco y de la inteligente protección que diera a las
+letras y a las artes.</p>
+
+<p>Terminaba con dos líneas sobre su vida privada y supe lo que ignoraba
+completamente y era que:</p>
+
+<p>«Francisco I llevaba vida alegre y amaba prodigiosamente a las mujeres.
+Y que prefirió grande y sinceramente a la hermosa dama Ana de Pisseleu,
+a quien dio el condado de Etampes, que erigió en ducado para serle
+agradable.»</p>
+
+<p>De estas pocas palabras, saqué yo las siguientes conclusiones: Primero,
+como había descubierto desde hacía un mes que mi existencia era
+monótona, que me faltaban muchas cosas, que la posesión de un cura, una
+tía, conejos y gallinas no constituían la felicidad, colegí que una vida
+alegre era evidentemente el reverso de la mía, y por consiguiente
+Francisco I había dado, eligiéndola, pruebas de mucho juicio.</p>
+
+<p>Segundo, que dicho rey profesaba ciertamente la santa virtud de la
+caridad predicada por mi cura, puesto que amaba tanto a las mujeres.</p>
+
+<p>Tercero, que Ana de Pisseleu era una persona muy feliz, y que a mi
+también me hubiera gustado mucho, que un rey me diera un condado
+erigido en ducado, para serme agradable.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bravo!&mdash;exclamé lanzando el libro hasta el techo y recogiéndolo
+inmediatamente. Ya tengo con qué confundir al cura y convertirlo a mi
+opinión.</p>
+
+<p>Por la noche releí en mi cama la pequeña biografía.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué hombre tan simpático este Francisco I!&mdash;me dije.&mdash;Mas ¿porqué el
+autor habla sólo de su afecto a las mujeres? ¿Porqué no ha puesto que
+quería también a los hombres? En fin, después de todo, cada cual tiene
+sus gustos. Pero si voy a juzgar a las mujeres por mi tía, pienso que
+voy a preferir considerablemente a los hombres.</p>
+
+<p>Luego recordé que el biógrafo era de sexo masculino, y pensé que sin
+duda habría tenido por cortés, amable y modesto, dejarse en el tintero y
+pasar en silencio a sus congéneres.</p>
+
+<p>Y me dormí sobre esta luminosa idea.</p>
+
+<p>Levanteme contentísima al día siguiente.</p>
+
+<p>En primer lugar tenía diez y seis años, después la personita que se
+miraba al espejo, tenía una carita que no le disgustaba; luego hice dos
+o tres piruetas pensando en la estupefacción del cura ante mi nueva
+ciencia.</p>
+
+<p>Cuando llegó, rosado y risueño, hacía mucho tiempo que llevada por mi
+impaciencia me había instalado junto a la mesa. Al verle, me latió el
+corazón, como late el de los grandes capitanes la víspera de una
+batalla.</p>
+
+<p>Veamos, hija mía&mdash;me dijo así que hubo corregido los deberes y esbozado
+una mueca al notar su laconismo,&mdash;pasemos a Francisco I y examinémosle
+bajo todas sus faces.</p>
+
+<p>Arrellanose cómodamente en el sillón, tomó con una mano la tabaquera y
+con la otra su pañuelo, y mirándome de soslayo, preparose a sostener la
+discusión que preveía.</p>
+
+<p>Yo me lancé de golpe a mi asunto; me agité, me animé, me entusiasmé e
+hice incapié sobre las cualidades elogiadas en mi historia, tras de lo
+cual pasé a mis conocimientos particulares.</p>
+
+<p>&mdash;¡Y qué hombre más encantador señor cura! ¡Su porte era majestuoso, su
+fisonomía noble y hermosa; tenía una barba tan bonita, recortada en
+punta y unos ojos tan lindos!</p>
+
+<p>Me detuve un instante para tomar aliento, y el cura, espantado,
+enderesándose tieso como esos diablillos de resorte encerrados en cajas
+de cartón, exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¿De dónde ha sacado usted todas esas tonterías, señorita?</p>
+
+<p>&mdash;Ese es mi secreto&mdash;repliqué yo con una sonrisita misteriosa.</p>
+
+<p>Y quemando mis navíos:</p>
+
+<p>&mdash;Señor cura: yo no sé lo que os puede haber hecho ese pobre Francisco
+I. ¿No sabéis que tenía mucho juicio? Llevaba vida alegre, y amaba
+prodigiosamente a las mujeres.</p>
+
+<p>Y los ojos del cura se abrieron de tal modo que tuve miedo de verlos
+reventar.</p>
+
+<p>&mdash;¡San Miguel, San Bernabé!&mdash;exclamó dejando caer su tabaquera con un
+ruido tan seco, que el gato extendido en una poltrona saltó a tierra con
+un desesperado maullido.</p>
+
+<p>Mi tía que dormía, se despertó sobresaltada y gritó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, bestia!</p>
+
+<p>Dirigiéndose a mi, y no al gato y sin saber de qué se trataba. Pero este
+epíteto componía invariablemente el exordio y la peroración de todos sus
+discursos.</p>
+
+<p>Esperaba por cierto producir un gran efecto; pero con todo, quedé algo
+confusa ante la fisonomía, verdaderamente extraordinaria del cura.</p>
+
+<p>Pero no tardé en continuar imperturbablemente:</p>
+
+<p>&mdash;Amó especialmente a una linda dama a la que dio un ducado. ¡Confesad,
+señor cura, que era muy bueno, y que hubiera sido muy agradable hallarse
+en lugar de Ana de Pisseleu!</p>
+
+<p>&mdash;¡Santa Madre de Dios!&mdash;murmuró el cura con una voz sin fuerzas,&mdash;esta
+niña está poseída.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué hay?&mdash;gritó mi tía, traspasándose el rodete con una de sus agujas
+de tejer.&mdash;Échela afuera si se permite impertinencias.</p>
+
+<p>&mdash;Hijita mía&mdash;continuó el cura&mdash;¿dónde has aprendido lo que acabas de
+decir?</p>
+
+<p>&mdash;En un libro&mdash;respondí lacónicamente, sin nombrar la biblioteca.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y cómo puedes repetir tales abominaciones?</p>
+
+<p>&mdash;¡Abominaciones!&mdash;interrumpí escandalizada;&mdash;¿qué señor cura, os parece
+abominable que Francisco I fuese generoso y amase a las mujeres? ¿Que
+vos no las amáis?</p>
+
+<p>&mdash;¿Que dice? rugió mi tía, que habiéndome escuchado atentamente desde
+hacía unos instantes, sacó de mi pregunta los pronósticos más
+desastrosos. ¡Desfachatada! sin...</p>
+
+<p>&mdash;¡Calma, señora, calma!&mdash;interrumpió el cura, a quien parecía que en
+aquel momento le hubiesen quitado de encima un peso enorme.</p>
+
+<p>&mdash;Déjeme usted explicarme con Reina. Veamos, ¿qué encuentras digno de
+alabanza en la conducta de Francisco I?</p>
+
+<p>&mdash;¡Caramba! pues es bien simple&mdash;respondí con tono desdeñoso, pensando
+que mi cura envejecía y empezaba a comprender con dificultad.&mdash;Todos los
+días me predicáis el amor al prójimo, y me parece que Francisco I ponía
+en práctica vuestro precepto preferido: Ama a tu prójimo como a ti
+mismo, por amor de Dios.</p>
+
+<p>No bien hube terminado mi frase, el cura enjugando su rostro, sobre el
+que gruesas gotas de sudor corrían, echose hacia atrás en su sillón y
+con ambas manos sobre el vientre, se entregó a una homérica risa, que
+duró tanto, que me hizo saltar lágrimas de contrariedad y de despecho.</p>
+
+<p>&mdash;Por cierto&mdash;añadí, con temblorosa voz,&mdash;he sido bien tonta en
+fatigarme para estudiar mi lección y haceros admirar a Francisco I.</p>
+
+<p>&mdash;Mi buena hijita&mdash;díjome por fin, recobrando su seriedad y empleando su
+expresión favorita cuando estaba contento de mi,&mdash;lo que me extrañó
+mucho, mi buena hijita, no sabía que profesaras tal admiración por las
+personas que practican la caridad.</p>
+
+<p>&mdash;En todo caso, eso no es un motivo de risa&mdash;respondíle bruscamente.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, vamos, no nos enojemos.</p>
+
+<p>Y el cura aplicándome una palmadita en la mejilla, abrevió mi lección,
+me dijo que vendría al día siguiente y dirigiose a confiscar la llave de
+la biblioteca, que yo ignoraba conociese.</p>
+
+<p>No había aún el cura salido del patio, cuando mi tía se abalanzó sobre
+mi sacudiéndome el hombro hasta la dislocación.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bachillera, atrevida!&mdash;voceó,&mdash;¿qué has hecho para que el cura se
+haya ido tan pronto?</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué se enfada usted&mdash;le repliqué,&mdash;si no sabe de lo que se trata?</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¿Conque yo no sé? ¿Conque no he oído lo que le decías al cura,
+desfachatada?</p>
+
+<p>Y juzgando que las palabras no bastaban para demostrar su cólera, me dio
+una bofetada, me pegó con fuerza, y me echó como a un perrillo.</p>
+
+<p>Corrí a mi cuarto y me atrincheré sólidamente. Lo primero que hice fue
+quitarme la bata y comprobar por medio del espejo que los dedos secos y
+flacos de mi tía habían dejado marcas azules en mis hombros.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, vil esclava!&mdash;me dije mostrándole los puños a mi imagen en el
+espejo,&mdash;¿soportarás por más tiempo semejantes cosas? ¿Será posible, que
+por cobardía, no te atrevas a sublevarte?</p>
+
+<p>Durante un rato me reprendí duramente; vino luego la reacción, caí sobre
+una silla y lloré mucho.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué he hecho yo&mdash;pensaba, para que me trate así? ¡Qué odiosa
+mujer!&mdash;Y en seguida:&mdash;¿por qué ponía el cura una cara tan chusca,
+mientras yo recitaba mi lección?</p>
+
+<p>Y me eché a reír mientras las lágrimas me rodaban por las mejillas. Pero
+por más que intenté profundizar este problema, no di con la solución.</p>
+
+<p>Púseme después a contemplar melancólicamente el jardín, por la ventana
+abierta, e iba ya recobrando mi sangre fría, cuando me pareció reconocer
+la voz de mi tía que conversaba con Susana. Me incliné un poco para
+escuchar la conversación.</p>
+
+<p>&mdash;Usted hace mal&mdash;decía Susana,&mdash;la pequeña ya no es una niña. Si usted
+la maltrata, se quejará al señor de Pavol, que se la llevará.</p>
+
+<p>&mdash;No faltaba más. Pero ¿cómo quiere usted que piense en su tío? Apenas
+sabe que existe.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! la pequeña es avisada; le bastará un momento de memoria, para
+enviaros a paseo, si la mortificáis, y sus buenas rentas desaparecerán
+con ella.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! tenéis razón... No le pegaré más, pero...&mdash;Se alejaban y no oí el
+final de la frase.</p>
+
+<p>Después de la comida, a la que no quise asistir, salí en busca de
+Susana.</p>
+
+<p>Susana había sido amiga de mi tía, antes de ser su cocinera. Reñían diez
+veces al día, pero ninguna de las dos podía pasarse sin la otra.</p>
+
+<p>No se me creerá con facilidad, si digo que Susana quería sinceramente a
+mi tía; sin embargo, es la pura verdad.</p>
+
+<p>Mas si perdonaba a mi tía su elevación en la escala social, se
+desquitaba sin duda alguna con el prójimo, con las circunstancias y con
+la vida, porque refunfuñaba siempre.</p>
+
+<p>Tenía el semblante áspero de un salteador de caminos, vestía
+constantemente zagalejo corto y calzaba zapatos bajos, aunque nunca
+fuera a la ciudad a vender leche, ni trotara su imaginación como la de
+la lechera de la fábula.</p>
+
+<p>&mdash;Susana&mdash;díjele colocándome delante de ella, con aire
+resuelto,&mdash;¿conque yo soy rica?</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién os ha dicho tal sandez, señorita?</p>
+
+<p>&mdash;Eso no te importa, Susana; lo que quiero es que me contestes y me
+digas dónde vive mi tío de Pavol.</p>
+
+<p>&mdash;¡Quiero, quiero!&mdash;rezongó Susana,&mdash;se acabó la niña a fe mía. Ídos a
+pasear, señorita; no os diré nada, porque nada sé.</p>
+
+<p>&mdash;Mientes, Susana, y te prohíbo que me contestes así. He oído lo que
+decías a mi tía, no hace mucho.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, señorita, si habéis oído no tenéis necesidad de hacerme
+hablar.</p>
+
+<p>Susana me volvió la espalda y no quiso contestar a ninguna de mis
+preguntas.</p>
+
+<p>Regresé a mi cuarto, muy exasperada, y permanecí por mucho tiempo de
+codos en la ventana; desde allí tomé por testigos a la luna, las
+estrellas y los árboles, de que formaba la inquebrantable resolución de
+no dejarme tocar más, de no tener miedo de mi tía en adelante, y de
+emplear todo mi ingenio en desagradarla.</p>
+
+<p>Y dejando caer los pétalos de una flor, que deshojaba, arrojé al mismo
+tiempo mis miedos, mi pusilanimidad y mis anteriores timideces.
+Comprendí que ya no era la misma, y me dormí consolada.</p>
+
+<p>Esa noche soñé que mi tía, transformada en dragón, luchaba contra
+Francisco I, que la partía con una gran espada. Me tomaba entre sus
+brazos y huía conmigo, mientras que el cura nos contemplaba desolado,
+enjugándose el rostro con su pañuelo a cuadros. Torcíalo en seguida con
+todas sus fuerzas y caía el sudor a chorros, lo mismo que si lo hubiera
+empapado en el arroyo.</p>
+
+<hr />
+
+<h3><a name="III" id="III"></a>III.</h3>
+
+
+<p class="non"><span class="letra">N</span><span class="smcap">o</span>
+bien nos instalamos en nuestra mesa al día siguiente, el cura y yo,
+abriose con estrépito la puerta y vimos entrar a Petrilla, con la cofia
+en la nuca y los zuecos llenos de paja en la mano.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué hay? ¿Fuego?&mdash;interrogó mi tía.</p>
+
+<p>&mdash;No, señora; pero a buen seguro que está el diablo en casa. La vaca ha
+ido a dar al cebadal que crecía tan hermoso y lo arrasa todo y yo no
+puedo darle alcance; los capones andan por los tejados y los conejos en
+la huerta.</p>
+
+<p>&mdash;¡En la huerta!&mdash;exclamó mi tía que se levantó lanzándome una colérica
+mirada, porque la tal huerta era un sitio sagrado para ella y el objeto
+de sus únicos amores.</p>
+
+<p>&mdash;¡Mis lindos capones!&mdash;gruñó Susana, que juzgó oportuno aparecer y unir
+su nota sombría a la nota chillona de su ama.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, piel de Judas!&mdash;gritó mi tía.</p>
+
+<p>Y se precipitó detrás de las sirvientes cerrando furiosa la puerta de un
+golpazo.</p>
+
+<p>&mdash;Señor cura&mdash;dije yo inmediatamente,&mdash;¿creéis que en el universo entero
+haya otra mujer tan abominable como mi tía?</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es eso, qué es eso, mi hijita? ¿Qué quiere decir eso?</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabéis lo que ha hecho ayer, señor cura? ¡Me ha pegado!</p>
+
+<p>&mdash;¡Pegado!&mdash;repitió el cura con aire incrédulo, tan imposible le parecía
+que alguien se atreviera a tocar, ni aun con un dedo, a un ser tan
+delicado como mi persona.</p>
+
+<p>&mdash;¡Sí, pegado! Y si no me creéis, os voy a mostrar las marcas.</p>
+
+<p>Y ya empecé a desprenderme la bata. El cura me miró con aire espantado.</p>
+
+<p>&mdash;Es inútil, es inútil, basta con que me lo digas, te creo&mdash;exclamó
+precipitadamente, con el rostro carmesí y bajando púdicamente los ojos
+hacia las puntas de sus zapatos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pegarme el día de mi santo, el día en que cumplía diez y seis
+años!&mdash;y continué yo abrochando mi bata.&mdash;¿Sabéis que la detesto?</p>
+
+<p>Y con el puño cerrado golpeé sobre la mesa, lo que me dolió bastante.</p>
+
+<p>&mdash;Veamos, veamos, mi buena hijita&mdash;díjome conmovido el cura,&mdash;cálmate y
+cuéntame lo que tú le hiciste.</p>
+
+<p>&mdash;Nada. En cuanto os fuisteis, me apellidó desfachatada y se lanzó sobre
+mi como una furia. ¡Ah, qué odiosa!</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Reina, vamos, bien sabes que hay que perdonar las ofensas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Sí, está fresca!&mdash;exclamé empujando hacia atrás mi silla y poniéndome
+a pasear a grandes pasos por la sala; ¡no la perdonaré jamás, jamás!</p>
+
+<p>Levantose también el cura y comenzó a caminar en contra mía, de manera
+que continuamos la conversación cruzándonos continuamente, como el Ogro
+y el Pulgarcillo, cuando el monstruo le persigue por haberle robado una
+de las botas de siete leguas.</p>
+
+<p>&mdash;Reina, Reina, es necesario que seas razonable y aceptes esta
+humillación con espíritu de penitencia, por tus pecados.</p>
+
+<p>&mdash;¡Mis pecados!&mdash;repliqué, deteniéndome y alzando levemente los
+hombros,&mdash;bien sabéis vos, señor cura, que son tan pequeños, tan
+pequeños, que no vale la pena hablar de ellos.</p>
+
+<p>&mdash;¡De veras!&mdash;dijo el cura, no pudiendo contener una sonrisa.&mdash;Entonces,
+ya que eres una santa, recibe tus contrariedades con paciencia, por amor
+de Dios.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, no, a fe mía!&mdash;le repliqué decididamente.&mdash;Quiero amar a Dios,
+pero creo que Él me ama lo bastante para no estar contento al verme
+desgraciada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué cabeza!&mdash;exclamó el cura.&mdash;¡Bonita educación la mía!</p>
+
+<p>&mdash;En fin&mdash;continué yo, emprendiendo la marcha nuevamente,&mdash;quiero
+vengarme, y me vengaré.</p>
+
+<p>&mdash;Reina, eso está muy mal. Cállate y escúchame.</p>
+
+<p>&mdash;La venganza es el placer de los dioses,&mdash;proseguí yo, dando un salto
+para cazar un moscardón que revoloteaba sobre mi cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, hijita, hablemos con seriedad.</p>
+
+<p>&mdash;Pero si yo hablo seriamente&mdash;respondí, deteniéndome delante de un
+espejo, para comprobar con cierta complacencia, que la animación me
+sentaba.&mdash;Ya veréis, señor cura, empuñaré un sable y degollaré a mi tía
+como Judith a Holofernes.</p>
+
+<p>&mdash;¡Esta chica está hidrófoba!&mdash;exclamó desolado el cura.&mdash;Estese un
+momento quieta, señorita, y no diga disparates.</p>
+
+<p>&mdash;Convenido, señor cura; pero entonces declarad que Judith no valía ni
+un céntimo.</p>
+
+<p>Recostose el cura en la chimenea, e introdujo delicadamente una narigada
+de rapé en sus fosas nasales.</p>
+
+<p>&mdash;Permíteme, hijita, eso depende del punto de vista en que uno se
+coloque.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué poco lógico sois! Halláis espléndida la acción de Judith porque
+libertó a unos cuantos ruines israelitas, que no valían seguramente lo
+que yo, y que no os debían interesar, puesto que hace tanto tiempo que
+están muertos y enterrados... ¿y os parece mal que haga lo mismo por mi
+propia libertad? ¡Y eso que yo gracias a Dios, estoy viva!&mdash;añadí,
+girando varias veces sobre mis talones.</p>
+
+<p>&mdash;Veo que tienes buena opinión de ti&mdash;respondió el cura, que hacía
+esfuerzos por tomar severo aspecto.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, excelente!</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, y ahora; ¿quieres o no quieres escucharme?</p>
+
+<p>&mdash;Estoy cierta&mdash;continué yo, siguiendo mi idea,&mdash;de que Holofernes era
+infinitamente más simpático que mi tía, y de que me hubiera entendido
+con él perfectamente. Por lo tanto, no alcanzo a ver lo que me impediría
+imitar a Judith.</p>
+
+<p>&mdash;¡Reina!&mdash;exclamó el cura, golpeando el suelo con el pie.</p>
+
+<p>&mdash;No os enojéis, os ruego, mi querido cura; tranquilizaos, no mataré a
+mi tía, tengo otro medio de vengarme.</p>
+
+<p>&mdash;Cuéntame eso&mdash;dijo el excelente hombre apaciguado ya y dejándose caer
+sobre un canapé.</p>
+
+<p>Yo me senté a su lado.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno. ¿Habéis oído hablar de mi tío de Pavol?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, por cierto. Vive cerca de V***</p>
+
+<p>&mdash;Muy bien. ¿Cómo se llama su propiedad?</p>
+
+<p>&mdash;El Pavol.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, escribiendo a mi tío al castillo de Pavol, cerca de V***
+¿llegaría la carta?</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, señor cura; he hallado mi venganza. ¿No sabéis que si mi
+tía no me quiere, quiere en cambio muchísimo a mis pesos?</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hija mía ¿de dónde has sacado semejante cosa?&mdash;díjome
+escandalizado el cura.</p>
+
+<p>&mdash;Se lo he oído decir a ella misma; así es que estoy segura de lo que
+afirmo. Y lo que teme, sobre todo, es que yo me queje al señor de Pavol,
+y le pida que me lleve a su casa. La amenazaré con escribirle a mi tío,
+y no estoy muy lejos&mdash;continué después de un instante de reflexión,&mdash;de
+hacerlo el día menos pensado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! siquiera eso es una cosa inocente&mdash;dijo sonriendo el buen cura.</p>
+
+<p>&mdash;¡Veis, veis: vos mismo me aprobáis!&mdash;exclamé batiendo palmas.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, hasta cierto punto, hija mía, porque es evidente que no se te debe
+pegar; pero te prohíbo toda impertinencia. No te sirvas de tus armas
+sino en caso de legítima defensa, y recuerda que si tu tía tiene
+defectos, tú en cambio, debes respetarla y no ser agresiva.</p>
+
+<p>Yo hice una mueca petulante.</p>
+
+<p>&mdash;No os prometo nada... o más bien, mirad, hablando con franqueza, os
+prometo hacer justamente todo lo contrario de lo que acabáis de decirme.</p>
+
+<p>&mdash;¡Esto es una verdadera insubordinación!... Reina, concluiré por
+enfadarme.</p>
+
+<p>&mdash;Es más que una insubordinación&mdash;repliqué gravemente,&mdash;es una
+revolución.</p>
+
+<p>&mdash;¡Me va a hacer perder la paciencia y la vida!&mdash;murmuró el
+cura.&mdash;Señorita de Lavalle, hacedme el favor de someteros a mi
+autoridad.</p>
+
+<p>&mdash;Escuchad&mdash;proseguí con zalamería,&mdash;os quiero con todo mi corazón, aun
+más; sois la única persona que quiero en el mundo.</p>
+
+<p>La faz del cura se dilató radiante.</p>
+
+<p>&mdash;Pero detesto, execro a mi tía; mis ideas no cambiarán a ese respecto.
+Tengo mucho más talento que ella...</p>
+
+<p>Aquí, el cura, cuyo rostro se había nublado, me interrumpió con una
+mordaz exclamación.</p>
+
+<p>&mdash;No protestéis&mdash;proseguí yo, mirándole de soslayo,&mdash;bien sabéis que
+sois de mí misma opinión.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué educación, qué educación!&mdash;murmuró el cura con tono lastimero.</p>
+
+<p>&mdash;Señor cura, tranquilizaos, mi salvación no peligra; tarde o temprano
+nos encontraremos en el cielo. Continúo: teniendo, pues, mucho más
+talento que mi tía, me ha de ser fácil atormentarla de palabra. Anoche
+me he comprometido conmigo misma a fastidiarla y he tomado a la luna y a
+las estrellas por testigo.</p>
+
+<p>&mdash;Hija mía&mdash;díjome con seriedad el cura,&mdash;no me quieres oír, y te
+arrepentirás.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah, lo veremos!... Ahí viene mi tía; está furiosa, porque soy yo
+quien soltó la vaca, los conejos y los capones, para quedar a solas con
+vos. Echadle una sobarbada; os garantizo que me ha pegado muy fuerte;
+tengo marcas negras en los hombros.</p>
+
+<p>Entró mi tía como un huracán, y el cura completamente estupefacto, no
+tuvo tiempo para contestarme.</p>
+
+<p>&mdash;Ven acá, Reina&mdash;gritó ella, con la faz amoratada por la ira y la
+desordenada carrera que había tenido que dar en pos de los conejos.</p>
+
+<p>Yo le hice un gran saludo, y le dije, dirigiendo un gesto de
+inteligencia a mi aliado.</p>
+
+<p>&mdash;Os dejo con el cura.</p>
+
+<p>Felizmente la ventana estaba abierta.</p>
+
+<p>Salté sobre una silla, trepé al alféizar y me deslicé hacia el jardín,
+con gran pasmo de mi tía, que se había plantado en la puerta para
+cortarme la retirada.</p>
+
+<p>Declaro que fingí escaparme, pero que en realidad me quedé escondida
+detrás de un laurel y que caí en un acceso de júbilo sin igual, oyendo
+los reproches del cura y las furibundas exclamaciones de mi tía.</p>
+
+<p>Y a la tarde, durante la comida, ostentó el benigno aspecto de un perro
+a quien se le arrebata un hueso.</p>
+
+<p>Reñía a Susana, quien a su vez la enviaba a paseo, pegábale al gato,
+arrojaba sobre la mesa los cubiertos haciendo un barullo espantoso, y
+por último, exasperada por mi actitud impasible y burlona, tomó una
+botella y la tiró por la ventana.</p>
+
+<p>Inmediatamente tomé yo un plato de arroz, del que aun no se había
+servido y lo lancé detrás de la botella.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah miserable pilla!&mdash;vociferó mi tía, lanzándose sobre mí.</p>
+
+<p>&mdash;No se me acerque&mdash;le dije retrocediendo;&mdash;si me llega a tocar, esta
+noche misma escribo a mi tío de Pavol.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!...&mdash;dijo mi tía, quedando petrificada y con el brazo extendido.</p>
+
+<p>&mdash;Si no es esta noche&mdash;proseguí,&mdash;será mañana o pasado, porque no quiero
+que se me pegue.</p>
+
+<p>&mdash;Tu tío no te creerá&mdash;gritó mi tía.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya lo creo que sí! Los dedos de usted han dejado huella en mis
+hombros. Sé que es muy bueno y me iré con él.</p>
+
+<p>No tenía por cierto ninguna noción a cerca del carácter de mi tío,
+puesto que sólo contaba seis años cuando lo vi por primera y última
+vez. Pero me pareció que debía hacerle creer que sabía mucho a su
+respecto, y que de ese modo daba pruebas de una gran diplomacia.</p>
+
+<p>Y salí majestuosamente, dejando a mi tía desahogándose entre los brazos
+de Susana.</p>
+
+
+
+
+<hr />
+
+<h3><a name="IV" id="IV"></a>IV.</h3>
+
+<p class="non"><span class="letra">D</span><span class="smcap">eclarada</span> estaba la guerra y desde entonces pasé todo mi tiempo en
+luchar con la señora de Lavalle. Antes de ello, apenas me atrevía a
+abrir la boca delante de mi tía, excepción hecha de las veces en que el
+cura se hallaba como tercero entre nosotros; me imponía silencio antes
+de que hubiese concluido mi frase.</p>
+
+<p>Declaro que este proceder érame penoso en extremo, pues soy charlatana
+por naturaleza. Resarcíame algo con el cura, pero esto era absolutamente
+insuficiente; tan es así que tomé la costumbre de hablar en alta voz
+conmigo misma. Y muy a menudo acaecía, que me plantara delante del
+espejo, y conversase durante horas enteras con mi propia imagen.</p>
+
+<p>¡Oh, fiel amigo! ¡mi querido espejo! ¡amable confidente de mis
+pensamientos íntimos!</p>
+
+<p>No sé si los hombres han reflexionado alguna vez sobre la influencia
+enorme que este mueblecito puede ejercer sobre un talento. Notad que no
+especifico el sexo de este talento, estando convencidísima de que los
+individuos barbudos se complacen tanto como nosotras en observar sus
+cualidades externas.</p>
+
+<p>Si escribiera una obra filosófica, desarrollaría este tema: «De la
+influencia del espejo sobre el corazón y la inteligencia del hombre».</p>
+
+<p>No niego que tal vez fuera mi tratado único en su especie, y que de
+ninguna manera se asemejaría a la filosofía en que Kant, Fichte,
+Schelling y otros, han gastado toda su vida, para su mayor gloria y gran
+felicidad de la posteridad que los lee con un placer tanto más intenso,
+cuanto que absolutamente no la comprende. No, mi tratado no correría
+tras las obras de estos señores; sería claro, explícito, práctico con un
+tantico de causticidad, y sería preciso poseer en alto grado el gusto
+por la contradicción para no convenir que estas cualidades no son la
+distintiva de las mencionadas filosofías. Mas no hallando
+suficientemente madura mi inteligencia para tamaña obra, conténtome con
+profesar a mi espejo sincero afecto, y con mirarme largo tiempo en él
+todos los días por espíritu de gratitud.</p>
+
+<p>Bien sé, que ante tal declaración, algunos de esos caracteres montaraces
+y bruscos que todo lo ven negro, insinuarán que la coquetería entra por
+mucho en la simpatía que siento por mi espejo. ¡Dios mío! nadie es
+perfecto; fijaos bien, querido lector, que si sois de buena fe, lo que
+no es muy seguro, confesaréis que el interés personal, por no decir algo
+peor, ocupa el primer puesto en la mayoría de vuestros sentimientos.</p>
+
+<p>Pero volviendo a mi asunto, diré que, habiendo roto completamente con
+mis antiguos terrores, no traté ya de moderar mi locuacidad delante de
+mi tía. No pasó día en que no tuviéramos a la hora de la comida
+discusiones que amenazaban degenerar en tempestades.</p>
+
+<p>Aunque no conociese yo su origen todavía, no tardé en descubrir que era
+ignorante como un topo y que experimentaba gran contrariedad cuando
+apoyaba mis opiniones en mi saber o en el del cura. Por otra parte,
+jamás titubeaba yo en dar la calificación de históricas a ideas sacadas
+de mi propia mente. Desgraciadamente, érame imposible luchar contra su
+experiencia personal, y cuando me afirmaba que las cosas se pasaban de
+tal o cual modo en el mundo, y los hombres no eran más que pillos, unos
+agentes de Satanás, me moría de rabia porque no podía contestarle nada.
+Que tenía bastante buen sentido para comprender que los personajes con
+quienes vivía, no podían darme más que una imperfectísima idea del
+género humano, en las circunstancias comunes de la vida.</p>
+
+<p>Todos los domingos comía el cura en casa. Y sin duda tenía sus motivos
+secretos para no elogiar delante de mi al rey de la Creación
+(exceptuando sus héroes antiguos cuyas audacias no podía temer), pues no
+oponía sino debilísimas protestas a las afirmaciones de mi tía.</p>
+
+<p>La comida del domingo constaba invariablemente de un pollo o de un
+capón, de una ensalada, de huevos duros y de leche cuajada en verano.</p>
+
+<p>El cura, que en su casa comía bastante mal y cuyo paladar sabía apreciar
+el arte de Susana, llegaba restregándose las manos y proclamando su
+apetito.</p>
+
+<p>Pronto nos sentábamos a la mesa, y el principio de la conversación era
+no menos invariable que la lista de la comida.</p>
+
+<p>&mdash;Hace buen tiempo&mdash;adelantaba mi tía, cuya frase, si llovía, no se
+modificaba sino en el adjetivo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Espléndido!&mdash;respondía alegremente el cura,&mdash;da gusto caminar con un
+sol tan hermoso.</p>
+
+<p>Si hubiera llovido, nevado, helado o caído granizo, piedras o azufre,
+del mismo modo hubiese el cura manifestado su satisfacción explayándose
+sobre lo agradable de un cuarto herméticamente cerrado o ya elogiando el
+encanto de un buen fuego.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no hace calor&mdash;continuaba mi tía,&mdash;y ¡es sorprendente! en mi
+tiempo, por Pascua, ¡ya nos vestíamos de blanco!</p>
+
+<p>&mdash;¿Os sentaban los trajes blancos?&mdash;preguntábale yo rápidamente.</p>
+
+<p>Mi tía que no dejaba de prever alguna impertinencia, me dirigía una
+mirada preventiva antes de responder:</p>
+
+<p>&mdash;Sí, por cierto; bastante.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh!&mdash;exclamaba yo, con un tono que no permitía ninguna duda a cerca
+de mi íntima convicción.</p>
+
+<p>&mdash;Y en mi tiempo&mdash;continuaba,&mdash;las niñas no hablaban sino cuando se les
+dirigía la palabra.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces ¿usted no hablaba cuando joven, tía?</p>
+
+<p>&mdash;Cuando me hacían alguna pregunta y nada más.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y todas las niñas se os asemejaban, tía?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, por cierto, sobrina.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué época horrible!&mdash;suspiraba yo, levantando los ojos al cielo.</p>
+
+<p>Mirábame el cura con aire de reproche, y la señora de Lavalle paseaba
+sus miradas sobre los diversos objetos que yacían sobre el mantel,
+evidentemente con la tentación de tirarme con alguno a la cabeza.</p>
+
+<p>Llegada la conversación a este punto... agudo, decaía de pronto, hasta
+el momento en que los acerbos sentimientos de mi tía, regolfados por los
+esfuerzos de su voluntad, estallaban de golpe, como una máquina sometida
+a excesiva presión. Su furia se desbordaba sobre la creación entera.
+Hombres, mujeres, niños, todo caía. De los míseros hombres no quedaba,
+al final de la comida, más que una horrible mezcla, no ya de carnes y
+huesos machacados, sino de monstruos de toda especie.</p>
+
+<p>&mdash;Los hombres no valen ni la soga para ahorcarles,&mdash;decía en el idioma
+armonioso y elegante que le era peculiar.</p>
+
+<p>El cura que estaba en la desoladora convicción de no ser una mujer,
+bajaba la cabeza y parecía lleno de contrición.</p>
+
+<p>&mdash;¡Herejes, bandidos!&mdash;proseguía mirándome con un aire terrible, como si
+yo hubiese pertenecido a la especie en cuestión.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hum!&mdash;hacía el cura.</p>
+
+<p>&mdash;¡No piensan más que en gozar y en comer!&mdash;continuaba mi tía, que se
+acordaba de la miseria que le había legado su marido.&mdash;¡Agentes del
+diablo!</p>
+
+<p>&mdash;¡Hum, hum!&mdash;proseguía el cura, moviendo la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;¡Señor cura!&mdash;exclamaba yo impaciente&mdash;¡hum, hum! no es un argumento
+muy convincente.</p>
+
+<p>&mdash;Permitidme, permitidme&mdash;contestaba el buen hombre, perturbado en el
+saboreo de su comida;&mdash;creo que la señora de Lavalle va más allá de su
+idea al emplear esta expresión: agentes del diablo; pero también es
+cierto, que hay muchos hombres, que no son acreedores de una gran
+confianza.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces vos sois como Francisco I, ¿preferís las mujeres?&mdash;decía yo
+con mi airecito cándido.</p>
+
+<p>&mdash;¡Voto a bríos!&mdash;exclamaba mi tía, que había substituido algunas
+palabras demasiado enérgicas, por esta frase aprendida a su esposo y que
+le parecía muy aristocrática&mdash;¡voto a bríos! ¡cállate, necia!</p>
+
+<p>Pero el cura le hacía una seña misteriosa y la excelente señora se
+mordía los labios.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y vuestros héroes, señor cura? ¿Y vuestros griegos? ¿Y vuestros
+romanos?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, los hombres de hoy no se parecen a los de antes!&mdash;replicaba el
+cura convencido de que decía una gran verdad.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y los curas?&mdash;continuaba yo.</p>
+
+<p>&mdash;Los curas están fuera de combate&mdash;respondíame con bondadosa sonrisa.</p>
+
+<p>Esta clase de conversación, sembrada de sobreentendidos, gozaba del
+privilegio de exasperarme enormemente. Tenía conciencia de que un mundo
+de ideas y sentimientos, que por otra parte no tardaría en descubrir, me
+estaba cerrado. Dudaba, que el juicio de mi tía sobre la humanidad fuese
+absolutamente justo, y comprendía que ignoraba muchas cosas, y que
+corría el riesgo de quedar por largo tiempo en mi ignorancia.</p>
+
+<p>Una mañana, meditando sobre esta lamentable situación, ocurrióseme la
+idea de consultar a las tres personas que me era dado ver todos los
+días: Juan el quintero, Petrilla y Susana.</p>
+
+<p>Como esta última había vivido en C***, decidí que sus apreciaciones
+debían de estar basadas en una gran experiencia y por consiguiente la
+dejé para postre.</p>
+
+<p>Arropándome en una capucha, tomé mis zuecos y me dirigí hacia la quinta,
+situada a un kilómetro de la casa.</p>
+
+<p>Chapuzando, chapoteando y enterrándome, llegué hasta donde estaba Juan
+que limpiaba su arado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Buen día, Juan!</p>
+
+<p>&mdash;¡Buen día, señorita!&mdash;contestó Juan, quitando su bonete de lana, lo
+que permitió a sus cabellos que se pararan tiesos sobre la cabeza. Esta
+era una peculiaridad de su temperamento; siempre que no estaban
+sometidos a presión, se entregaban a ese pequeño ejercicio.</p>
+
+<p>&mdash;Vengo a consultarle sobre una cosa muy, pero muy importante&mdash;díjele,
+haciendo hincapié sobre el adverbio para despertar su inteligencia que
+yo sabía dispuesta a andar a la briba, así que se la interrogaba.</p>
+
+<p>&mdash;Mande usted, señorita.</p>
+
+<p>&mdash;Dice mi tía, que todos los hombres son unos bandidos, ¿qué piensa
+usted a este respecto, Juan?</p>
+
+<p>&mdash;¡Unos bandidos!&mdash;repitió Juan, que agrandó los ojos como si percibiera
+un monstruo delante de sí.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero es la opinión de mi tía, y quiero tener la de usted.</p>
+
+<p>&mdash;¡Caramba! sí, con todo, bien podría ser.</p>
+
+<p>&mdash;Pero eso no es una opinión, Juan. Vamos a ver, ¿cree usted sí o no,
+que los hombres sean generalmente unos bandidos?</p>
+
+<p>Juan apoyó la punta de su nariz sobre el índice de su mano derecha, lo
+que es signo seguro de profunda meditación.</p>
+
+<p>Después de haber reflexionado un minuto me dio esta respuesta, neta y
+decisiva:</p>
+
+<p>&mdash;Óigame señorita, le diré a usted: puede ser que sea así, y puede ser
+que no.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cernícalo!&mdash;díjele indignada al contemplar tal fenómeno de estupidez.</p>
+
+<p>Abrió los ojos, abrió la boca, abrió las manos, y hubiera abierto toda
+su persona, si hubiese podido, para expresar más su asombro.</p>
+
+<p>Volví al patio de el Zarzal, renegando del barro, de mis zuecos, de Juan
+y de mí misma.</p>
+
+<p>&mdash;¡Petrilla, ven!&mdash;grité.</p>
+
+<p>Petrilla que limpiaba los cacharros de la lechería, acudió
+inmediatamente, con un manojo de ortigas en la mano, desnudos los brazos
+y roja la cara como una manzana, y la cofia en la nuca, según su
+costumbre.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuál es tu opinión acerca de los hombres?&mdash;pregunele de pronto.</p>
+
+<p>&mdash;Acerca de los hom...</p>
+
+<p>Y Petrilla, de manzana se volvió amapola, dejó caer sus ortigas, tomó
+una punta de su delantal, levantó la pierna izquierda y quedó posada
+sobre la derecha mirándome de un modo embobado.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y? ¡Responde! ¿Qué piensas de los hombres?</p>
+
+<p>&mdash;Señorita, usted sin duda quiere jugar.</p>
+
+<p>&mdash;No, no. Hablo seriamente. Contesta pronto.</p>
+
+<p>&mdash;¡Caramba! señorita&mdash;respondiome Petrilla, parándose de nuevo sobre sus
+piernas,&mdash;si son buenos mozos, creo que se ven cosas algo más
+desagradables.</p>
+
+<p>Este modo de examinar la cuestión, me dio que pensar.</p>
+
+<p>&mdash;No hablo de lo físico&mdash;proseguí yo, alzando los hombros,&mdash;sino de lo
+moral.</p>
+
+<p>&mdash;Yo los encuentro muy simpáticos, por cierto&mdash;respondió Petrilla,
+brillándole los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo! ¿no los tienes por herejes, bandidos y agentes del diablo?</p>
+
+<p>Petrilla se echó a reír a carcajadas.</p>
+
+<p>&mdash;Vea señorita, el modo de hablar de esos herejes es tan dulce, que...</p>
+
+<p>Aquí se interrumpió para darse un gran coscorrón en la cabeza. Torció su
+delantal, bajó los ojos, y me pareció que estaba por tomar las de
+Villadiego.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y después? ¡Termina!</p>
+
+<p>&mdash;Seguramente, señorita, me vais a hacer decir disparates... y me voy.</p>
+
+<p>Y dirigiéndome la más hermosa de sus reverencias, desapareció en las
+profundidades de su lechería con cuya puerta me dio en la nariz.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué diría disparates?... Vamos; no tengo más que recurrir a
+Susana; lo que falta es que no quiera hablar.</p>
+
+<p>Entré a la cocina. Susana se preparaba, armada de una escoba, a hacerla
+funcionar activamente.</p>
+
+<p>Me pareció que estaba en uno de sus malos días, y pensé que sería
+conveniente emplear algunas precauciones oratorias antes de plantear mi
+pregunta.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué lindas y brillantes están tus cacerolas!&mdash;díjele con amabilidad.</p>
+
+<p>&mdash;Se hace lo que se puede&mdash;refunfuñó Susana,&mdash;y a quien no le guste, que
+se queje.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Susana, tú que haces tan bien el guiso de pollo, ¿quieres
+enseñarme a hacerlo?</p>
+
+<p>&mdash;Eso no os incumbe, señorita; quedaos en vuestros departamentos y
+dejadme tranquila en mi cocina.</p>
+
+<p>No surtiendo ningún efecto mis medios de corrupción, enderecé el fuego
+hacia otro punto.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabes una cosa, Susana? ¿Sabes que debes haber sido muy linda en tu
+juventud? En tanto&mdash;pensaba, a parte, que si me hubiera tocado ser su
+marido, la hubiese puesto a asar en el horno para zafarme de ella.</p>
+
+<p>Había tocado la cuerda sensible, porque Susana dignose sonreírme.</p>
+
+<p>&mdash;Todos tenemos nuestra primavera, señorita.</p>
+
+<p>&mdash;Susana&mdash;proseguí yo, aprovechando aquella repentina blandura para
+llegar más rápidamente a mi objeto,&mdash;tengo ganas de hacerte una
+pregunta...</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuál es tu opinión sobre los hombres... y las mujeres?&mdash;añadí
+pensando que era un rasgo de ingenio el extender mis estudios sobre
+ambos sexos.</p>
+
+<p>Apoyose Susana sobre su escoba, tomó su aspecto más avinagrado y me
+respondió con una convicción contundente:</p>
+
+<p>&mdash;Señorita, las mujeres no valen mucho; pero los hombres no valen nada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh!&mdash;protesté yo, ¿estás segura de ello?</p>
+
+<p>&mdash;Tan cierto, como que os lo digo, señorita.</p>
+
+<p>Y aplicó un escobazo a los restos de legumbres que se hallaban por
+tierra, y los hizo desaparecer con tanta destreza, como si hubieran
+representado a los bípedos, blanco de su antipatía.</p>
+
+<p>Retíreme a mi cuarto a meditar el misantrópico axioma enunciado por
+Susana, bastante desalentada, pensando que yo no valía gran cosa, y que
+a mis desconocidos amigos, los hombres, se les daba el humillante valor
+del cero.</p>
+
+
+
+
+<hr />
+
+<h3><a name="V" id="V"></a>V.</h3>
+
+<p class="non"><span class="letra">S</span><span class="smcap">in</span> embargo, mis estudios me parecieron insuficientes y decidí
+continuarlos con ayuda de las novelas de la biblioteca.</p>
+
+<p>Un lunes, día de feria, mi tía, el cura y Susana tuvieron que ir a C***
+Mi tía decidió, como siempre, que yo quedara al cuidado de Petrilla, y
+fue esta vez la primera, que en mi vida, me encantó tal decisión. Estaba
+más que segura de mi libertad de acción, puesto que Petrilla se ocupaba
+más de la vaca lechera que de mis inspiraciones. Para estas excursiones
+traía el quintero al patio, a las ocho de la mañana, una especie de
+carromato, que en el lugar llamaban <i>maringola</i>. Aparecía mi tía de
+tiros largos, con la cabeza cubierta por un sombrero redondo, de fieltro
+negro, al que había adicionado un barbiquejo de un color violeta
+desvaído. Plantábaselo audazmente en la punta del rodete. Hiciera calor
+o frío, arropábase con pieles, pues había adoptado desde su casamiento
+la idea de que una señora de distinción no debía ponerse en camino sin
+llevar sobre sí el cuero de algún animal.</p>
+
+<p>Creía firmemente que, vestida de ese modo, quedaban borradas las máculas
+de su origen.</p>
+
+<p>Sentábase en el fondo del carricoche, en una silla sobre la que se ponía
+un almohadón, a fin de que no sufriera esa delicada porción del
+individuo, cuyo nombre evita toda decente péñola.</p>
+
+<p>Susana, que estaba encargada de dirigir el caballo que se manejaba solo,
+colocábase hacia la derecha en el banco de adelante y el cura subía a su
+lado.</p>
+
+<p>Y ya así, simultáneamente, volvíanse hacia mí.</p>
+
+<p>&mdash;¡No hagas travesuras&mdash;decía mi tía,&mdash;y cuidadito con ir a la huerta!</p>
+
+<p>&mdash;¡No me revuelva la cocina!&mdash;gritaba Susana,&mdash;y para almorzar,
+conténtese con la ternera fiambre.</p>
+
+<p>El cura no decía ni palabra, pero me sonreía con cariño y hacía un gesto
+que quería decir:</p>
+
+<p>&mdash;Lo que es por mi, de buena gana te llevaría; pero ella no ha querido.</p>
+
+<p>Este memorable lunes, sucedió lo mismo de siempre. Di algunos pasos
+sobre la carretera y pronto les vi desaparecer, zarandeados como
+árganas.</p>
+
+<p>Sin perder un segundo puse en ejecución mi proyecto, desde tiempo atrás
+maduro. Tratábase de tomar posesión de la biblioteca, cuya llave
+ocurriósele confiscar malhadadamente al cura; pero no era niña yo para
+desalentarme por tan poco.</p>
+
+<p>Corrí a buscar una escalera, que arrastré hasta la ventana de la
+biblioteca, y con esfuerzos sobrehumanos conseguí levantarla y apoyarla
+sólidamente contra la pared. Trepé con agilidad por los escalones, rompí
+un cristal con una piedra, que llevaba en la mano, y quitando luego los
+pedazos de vidrios que quedaban aún en el marco, pasé por la abertura
+aquella la parte superior de mi cuerpo y me dejé resbalar hacia adentro.</p>
+
+<p>Caí de cabeza sobre el piso, me hice un enorme chichón en la frente y al
+otro día me trajo el cura un ungüento para disolverlo.</p>
+
+<p>Así que me levanté y desperté del aturdimiento en que el golpe me había
+sumido, fue mi primer cuidado, urgar en los cajones de una vieja
+escribanía, en busca de una llave igual a la que había hecho desaparecer
+el cura. Mis pesquisas no duraron mucho; después de dos o tres
+infructuosas experiencias di con lo que buscaba.</p>
+
+<p>Después de haber suprimido tanto como me fue posible, los indicios de la
+fractura de la ventana, me instalé en un sillón, y mientras reposaba de
+mis fatigas hirieron mi vista las obras de Walter Scott, colocadas en
+frente de mí. Tomé al azar una de ellas, y me retiré, llevando a mi
+cuarto, como si hubiera sido un tesoro, <i>La linda joven de Perth</i>.</p>
+
+<p>En mi vida había leído una novela, y caí en un éxtasis, en un
+arrobamiento de que no podría dar idea. Aunque viviese novecientos
+sesenta y nueve años como el buen Matusalém, no olvidaría jamás la
+impresión que me hizo la lectura de <i>La linda joven de Perth</i>.</p>
+
+<p>Experimentaba la misma alegría, que debe sentir un prisionero a quien se
+saca del calabozo y se transporta entre árboles, flores y sol; o más
+bien el júbilo de un músico que oye ejecutar por primera vez y de un
+modo ideal la obra de su corazón y de su mente.</p>
+
+<p>El mundo que me era desconocido, y que con tanta inconsciencia anhelaba
+conocer, se me revelaba de pronto. Tan repentinamente entró la luz en mi
+inteligencia, que creía haber sido hasta entonces estúpida e idiota. Me
+entusiasmé, me embriagué con aquella novela repleta de color, de vida y
+de movimiento.</p>
+
+<p>Cuando bajé por la noche al comedor, donde el cura, que comía con
+nosotros, me esperaba con impaciencia, bajé soñando.</p>
+
+<p>Mirome él con profunda lástima, y me preguntó con el mayor interés, cómo
+me había pasado aquel accidente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Accidente?&mdash;exclamé sorprendida.</p>
+
+<p>&mdash;Tienes la frente amoratada, mi pequeña Reina.</p>
+
+<p>&mdash;La tonta habrá subido a algún árbol o a alguna escalera&mdash;observó mi
+tía.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, a una escalera&mdash;respondí,&mdash;es verdad.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobrecita!&mdash;exclamó el cura desolado,&mdash;y ¿caíste de boca?</p>
+
+<p>Yo hice una inclinación afirmativa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y te has puesto árnica, hijita?</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah, no vale la pena!&mdash;prosiguió mi tía;&mdash;comed vuestra sopa, señor
+cura, y no os ocupéis de esa atolondrada; bien merecido le está.</p>
+
+<p>El cura no dijo, pues, nada, me hizo una seña amistosa y me examinó
+furtivamente.</p>
+
+<p>Mas yo no prestaba mayor atención a lo que sucedía en torno mío. Pensaba
+en la encantadora Catalina Glover, en el noble Enrique Smith, de quien
+me había enamorado, provisionalmente, y hete aquí, que sin el menor
+preámbulo estallé en sollozos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios mío!&mdash;exclamó el cura levantándose rápidamente.&mdash;¡Querida
+Reinita, mi buena hijita!</p>
+
+<p>&mdash;No le hagáis caso está enojada porque no la hemos llevado a C***.</p>
+
+<p>Pero el cura, que sabía que yo odiaba el llanto y que era bastante
+orgullosa como para demostrar delante de mi tía una pena causada por
+ella, se me acercó, me preguntó en secreto por qué lloraba y se esforzó
+en consolarme.</p>
+
+<p>&mdash;No es nada, mi bueno y querido cura&mdash;díjele yo enjugando mis lágrimas
+y echándome a reír.&mdash;Tengo horror del dolor físico, me duele la cabeza y
+luego, debo estar horrorosa.</p>
+
+<p>&mdash;Como de costumbre&mdash;dijo mi tía.</p>
+
+<p>El cura me miró con aire preocupado. No estaba contento de mi
+explicación; pensaba que algo anormal había pasado durante el día. Me
+aconsejó que me acostara sin pérdida de tiempo; y lo hice con toda
+diligencia.</p>
+
+<p>Estaba avergonzada de haberlos divertido con mi llanto; tanto más cuanto
+que yo misma no sabía por qué había llorado. ¿Fue de placer o de
+fastidio? No hubiera podido decirlo, y me adormecí con la idea de que
+era inútil tratar de analizarlo.</p>
+
+<p>Durante el mes que siguió, devoré la mayor parte de las obras de Walter
+Scott. Desde aquel entonces hasta hoy he tenido, ciertamente, alegrías
+reales y profundas, pero por grandes que hayan sido, no sabría decir si
+han sobrepujado mucho en intensidad a las que sentí mientras mi
+inteligencia brotaba de su niebla, como de su crisálida, una mariposa.</p>
+
+<p>Pasaba de arrobamiento a arrobamiento, de éxtasis a éxtasis. Y me
+olvidaba de todo, para no pensar más que en mis novelas y en los
+personajes que excitaban mi imaginación.</p>
+
+<p>Cuando el cura me explicaba un problema, pensaba yo en Rebecca a quien
+había dejado en coloquio con el templario; cuando me daba una lección de
+historia, veía desfilar ante mis ojos los encantadores héroes, entre los
+que mi corazón inconstante había elegido ya una quincena de maridos, y
+cuando me reprendía, no le oía ni la mitad, hallándome ocupada en
+confeccionar un traje parecido al de Isabel de Inglaterra o al de Amy
+Robsart.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué has estudiado hoy?&mdash;preguntábame al llegar.</p>
+
+<p>&mdash;Nada.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo nada?</p>
+
+<p>&mdash;Me fastidia el estudio&mdash;decía yo con tono cansado.</p>
+
+<p>El pobre cura estaba consternado. Preparaba largos discursos y me los
+espetaba de un tirón, pero producían el mismo efecto que si los hubiera
+dirigido a un piel roja.</p>
+
+<p>Por último súbitamente me volví triste. Si bien mi tía no me pegaba,
+desquitábase en cambio diciéndome cosas chocantes.</p>
+
+<p>Había adivinado que me dolía ser tan pequeña y no perdía ocasión de
+herir ese punto vulnerable; me llamaba fenómeno y me repetía que era
+fea.</p>
+
+<p>Poco tiempo antes, hallábame yo misma muy linda y tenía mucho más
+confianza en mi opinión, que en la de mi tía. Pero trabando relación con
+las heroínas de Walter Scott, surgió en mi espíritu la duda. Eran tan
+lindas, que yo me desolaba pensando que era necesario parecérseles para
+ser amada.</p>
+
+<p>El cura perdía poco a poco su sonrisa y su color. Observábame con
+desconsuelo, y pasaba el tiempo en sorber narigadas de rapé, con olvido
+de todas las reglas del arte, y en tratar de adivinar mi secreto, para
+lo que empleaba maquiavélicos medios; pero yo era impenetrable.</p>
+
+<p>Vile un día dirigirse hacia la biblioteca, pero buen cuidado tenía yo de
+no dejar la llave en la cerradura; volvió sobre sus pasos moviendo la
+cabeza y pasándose las manos entre el cabello que, más alborotado que
+nunca, producía el efecto de un penacho.</p>
+
+<p>Yo me había escondido tras una puerta y le oí murmurar cuando pasó cerca
+de mi:</p>
+
+<p>&mdash;Volveré con la llave.</p>
+
+<p>Esta decisión me contrarió profundamente. Con seguridad iba a descubrir
+mi secreto, y no iba a poder continuar mis lecturas queridas.</p>
+
+<p>Inmediatamente corrí a buscar otras novelas más, que llevé a mi cuarto y
+las reemplacé en los estantes con libros tomados al azar; pero a pesar
+de mis precauciones, tenía, por cierto, que el cuadro de papel con que
+había substituido al vidrio roto, era un indicio acusador.</p>
+
+<p>Ese día, examinando unas cartas halladas en la escribanía, descubrí el
+origen de mi tía. Era un arma contra ella, y resolví no tardar en
+usarla.</p>
+
+<p>Al día siguiente, en el almuerzo, estuvo de muy mal humor. En tal
+disposición de ánimo, si no hallaba pretexto para provocarme, lo
+inventaba.</p>
+
+<p>Soñaba yo con el amable Buckingham, que me parecía delicioso con su
+insolencia, sus hermosos trajes, sus lazos de cintas y su ingenio, y me
+preguntaba por qué causa se desesperaba Alicia Bridgeworth, de verse en
+su casa, cuando mi tía me dijo sin preámbulos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué fea está usted hoy, Reina!</p>
+
+<p>Yo salté en la silla.</p>
+
+<p>&mdash;Aquí tiene&mdash;le dije pasándole el salero.</p>
+
+<p>&mdash;No pido la sal, tonta. Se está volviendo tan estúpida como fea.</p>
+
+<p>Es de notar que mi tía no me tuteaba nunca. Desde el día en que fue
+mujer de mi tío, creyó ponerse a la altura de su situación, suprimiendo
+el tú de su vocabulario. Trataba de usted hasta a sus conejos.</p>
+
+<p>&mdash;No soy de su opinión&mdash;le repuse secamente,&mdash;me encuentro muy linda.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué disparate!&mdash;exclamó mi tía.&mdash;¡Linda, usted! ¡Un fenómeno del alto
+de la estufa!</p>
+
+<p>&mdash;Es mejor parecerse a una planta delicada que a un hombre
+malogrado&mdash;repliquele.</p>
+
+<p>Pero mi tía creía firmemente que había sido una belleza y no soportaba
+bromas al respecto.</p>
+
+<p>&mdash;He sido linda, señorita; tan linda que a mi y a mi hermana los vecinos
+nos llamaban unas diosas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Su hermana se parecía a usted, mi tía?</p>
+
+<p>&mdash;Mucho; éramos mellizas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué desgraciado sería su marido!&mdash;dije yo con tono convencido.</p>
+
+<p>Mi tía lanzó una imprecación, que no dejaré repetir a mi pluma.</p>
+
+<p>&mdash;Al fin y al cabo&mdash;proseguí con calma,&mdash;usted tiene naturalmente el
+gusto de una mujer del pueblo, mientras que yo, yo...</p>
+
+<p>Pero quedé boquiabierta a mitad de la frase; mi tía acababa de romper un
+plato con el mango de su cuchillo. Lo que yo había dicho, inutilizaba
+todos sus esfuerzos para ocultarme su origen, y me vengaba completamente
+de toda su maldad para conmigo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Es usted una serpiente!&mdash;exclamó con voz estrangulada.</p>
+
+<p>&mdash;No lo creo, mi tía.</p>
+
+<p>&mdash;¡Una serpiente!</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo ha dicho,&mdash;respondí tranquilamente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Una serpiente cobijada en mi seno!&mdash;repitió mi tía, que estaba
+demasiado colérica para hacer gastos de imaginación.</p>
+
+<p>Moví la cabeza, y pensé que a ser yo serpiente, seguramente rehusaría
+hallarme en semejante situación.</p>
+
+<p>&mdash;Permitidme&mdash;proseguí,&mdash;he estudiado ese animal en mi historia natural,
+y nunca he visto que tuviese la costumbre de cobijarse en el seno de
+nadie.</p>
+
+<p>Mi tía, que se desconcertaba siempre que hacía yo alusión a mis
+lecturas, no contestó nada, pero la expresión de su fisonomía, me
+pareció tan poco tranquilizadora que me esquivé cantando a desgañitarme:</p>
+
+<p>&mdash;¡Érase que se era, un tío de Pavol, de Pavol, de Pavol!</p>
+
+<p>Nos hallábamos a mediados de Junio. Las mariposas volaban por todas
+partes, las moscas zumbaban, el aire estaba impregnado de mil perfumes;
+en una palabra, el día me pareció tan espléndido que olvidé mi prudencia
+ordinaria. Tomé mi libro y fui a instalarme en un prado a la sombra de
+una parva de heno.</p>
+
+<p>Se me oprimía el corazón pensando en las palabras de mi tía. La verdad
+es que era desolador el ser tan pequeñita, tan pequeñita. ¿Quién podría
+amarme así? Pero me consolaba leyendo <i>Peveril del Pic</i>. Era esta una de
+mis novelas preferidas, entre las de Walter Scott, precisamente a causa
+de Fenella, cuya altura era a buen seguro, más exigua que la mía.</p>
+
+<p>Yo amaba, idolatraba a Buckingham. Me encolerizaba con Fenella, porque
+le decía cosas verdaderamente muy duras, y en el momento en que se
+escapa por la ventana, detuve mi lectura para exclamar.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, tontuela, un hombre tan delicioso!</p>
+
+<p>Al pronunciar estas palabras levanté los ojos, y lancé un gran grito al
+ver al cura de pie, delante de mí.</p>
+
+<p>Estaba cruzado de brazos y me miraba estupefacto. Parecía tan
+consternado como ese personaje de los cuentos de hadas, que ve sus
+diamantes trocados en avellanas.</p>
+
+<p>Me levanté algo avergonzada, pues le había engañado abominablemente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, Reina!...&mdash;comenzó.</p>
+
+<p>&mdash;Mi querido cura&mdash;exclamé yo estrechando a Peveril del Pic contra mi
+corazón,&mdash;¡dejadme continuar, os lo ruego, os lo suplico!</p>
+
+<p>&mdash;Reina, mi Reinita, nunca hubiera creído eso en ti.</p>
+
+<p>Esta dulzura me enterneció, tanto más que no tenía la conciencia muy
+limpia, mas con una táctica eminentemente femenina me apresuré a cambiar
+de asunto.</p>
+
+<p>&mdash;Era una distracción, señor cura, soy tan desgraciada.</p>
+
+<p>&mdash;¿Desgraciada, Reina?</p>
+
+<p>&mdash;¿Creéis que sea divertido tener una tía como la mía? No me pega ya, es
+cierto, pero me dice cosas que me apenan mucho.</p>
+
+<p>¡Qué bien conocía a mi cura! Ya había olvidado su resentimiento y sus
+sermones; tanto más cuanto que en mis palabras había un gran fondo de
+verdad.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y es por eso, que estás tan triste, hijita?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, por cierto, señor cura. Figuraos que mi tía me repite en todos los
+tonos que soy un fenómeno, que soy fea como un susto.</p>
+
+<p>Y mis ojos se llenaron de lágrimas, como que el tal tema me dolía en el
+alma.</p>
+
+<p>El buen cura muy emocionado, restregose la nariz, con aire perplejo. Muy
+distante estaba de participar de las ideas de mi tía a ese respecto y
+miraba el modo que podría emplear para disipar mi tristeza, sin
+despertar en mi alma ni el orgullo, ni la vanidad, ni ningún elemento de
+pecado.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Reina; es preciso no apegarse mucho a cosas que pronto se
+desvanecen.</p>
+
+<p>&mdash;Entretanto, esas cosas existen&mdash;repliqué, coincidiendo, en el
+pensamiento, a dos siglos de distancia, con la más linda mujer de
+Francia.</p>
+
+<p>&mdash;Por otra parte encontrarás personas que no pensarán como la señora de
+Lavalle.</p>
+
+<p>&mdash;¿Es usted de esas personas señor cura? ¿Me encuentra usted bonita?</p>
+
+<p>&mdash;Pero... sí&mdash;respondió el cura, con aire lastimoso.</p>
+
+<p>&mdash;¿Muy bonita?</p>
+
+<p>&mdash;Pero... sí&mdash;respondió en el mismo tono el cura.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, qué contenta estoy!&mdash;exclamé saltando.&mdash;¡Cómo os quiero, señor
+cura!</p>
+
+<p>&mdash;Todo esto está muy bien, Reina; pero has cometido una grave falta. Te
+has introducido en la biblioteca con riesgo de desnucarte, y has leído
+libros, que probablemente yo no te hubiera dado nunca.</p>
+
+<p>&mdash;¡Walter Scott, señor cura; son de Walter Scott! Mi literatura habla
+muy bien de él.</p>
+
+<p>Y le conté todas las impresiones. Hablé con volubilidad y mucho tiempo,
+radiante de ver que no solamente se olvidaba el cura de reñirme, sino
+que escuchaba con interés lo que le refería.</p>
+
+<p>En vista de mi entusiasmo y mi alegría, reaparecidos como por encanto,
+le volvieron también súbitamente los colores y el aire risueño.</p>
+
+<p>&mdash;Bien&mdash;me dijo,&mdash;te permito leer a Walter Scott; sin embargo, yo mismo
+lo reeleré para hablar de ello contigo, pero prométeme no volver a hacer
+más travesuras.</p>
+
+<p>Se lo prometí de todo corazón, y desde entonces tuvimos nuevo asunto
+para discusiones y porfías, porque naturalmente, nunca fuimos de la
+misma opinión.</p>
+
+<p>Con todo, pronto el interés que me inspiraban mis novelas, fue
+desvanecido por un acontecimiento sorprendente, inaudito, que acaeció en
+el Zarzal, algunas semanas después. Uno de esos acontecimientos que no
+conmueven las bases de los imperios, pero que siembran perturbaciones en
+el corazón o en la imaginación de las jóvenes.</p>
+
+
+
+
+<hr />
+
+<h3><a name="VI" id="VI"></a>VI.</h3>
+
+<p class="non"><span class="letra">E</span><span class="smcap">ra</span> un domingo.</p>
+
+<p>Los domingos asistíamos regularmente a la misa cantada, que era el único
+oficio de la mañana, pues el cura no tenía teniente. Mi tía entraba
+primero en nuestro banco blasonado; seguíala yo, Susana luego y Petrilla
+cerraba la marcha.</p>
+
+<p>Nuestra iglesia era vieja y pobre.</p>
+
+<p>El primitivo color de las paredes desaparecía bajo una especie de moho
+verdoso producto de la humedad; el piso en vez de ser unido, estaba
+formado por una cantidad de baches y montículos que invitaban a los
+fieles a romperse la nuca y a aprovechar de su presencia en un sitio
+santificado, para subir más pronto al cielo; el altar estaba adornado
+con figuras de ángeles, pintadas por el carretero de la aldea quien se
+las echaba de artistas; dos o tres santos se contemplaban con sorpresa,
+admirados de verse tan feos. Cuantas veces he pensado, mirándolos, que a
+ser yo santa y representarme los mortales de tan odiosa manera, sería
+absolutamente sorda a sus plegarias; pero tal vez los santos no tienen
+mi carácter. Por una ventana sin vidrios mostraba una rosa su frente
+perfumada, y con su frescura y belleza parecía protestar del mal gusto
+del hombre.</p>
+
+<p>Poseíamos un harmonium, del que vibraban sólo tres notas; a veces el
+número crecía hasta cinco, pues este instrumento era caprichoso y andaba
+según la temperatura, como los romadizos de nuestro sochantre, quien
+rugía durante dos horas con una convicción tan ingenua y profunda de que
+poseía una hermosa voz, que era imposible criticarle.</p>
+
+<p>El sitial del celebrante estaba colocado en el fondo de un precipicio,
+de modo, que desde mi asiento no se veía más que la cabeza y el busto
+del cura que parecía estar en penitencia. Los monaguillos se hacían
+mueca detrás de él sin que se le ocurriera sospecharlo.</p>
+
+<p>Después del Evangelio, se quitaba delante de nosotros la casulla, como
+que las cosas pasaban en familia, y después de tropezar en algunos
+pozos, llegaba al púlpito.</p>
+
+<p>Creo que no hay entre todos los seres humanos, que se agitan en la
+superficie del globo, ninguno que no haya soñado, una vez por lo menos,
+en el curso de su existencia.</p>
+
+<p>Sea de elevada o ínfima posición, no puede el hombre vivir sin deseos, y
+el cura sufriendo la ley común, había soñado durante treinta años de su
+vida la posesión de un púlpito.</p>
+
+<p>Desgraciadamente, era muy pobre, éranlo igualmente sus feligreses y mi
+tía que era la única que le hubiera podido ayudar, no respondía a sus
+tímidas insinuaciones; a más de ser sórdidamente avara cuando se trataba
+de dar, no profesaba la menor consideración por los antojos de su
+prójimo.</p>
+
+<p>A fuerza de economías, encontrose al fin el cura con doscientos francos
+en su poder. Y entonces resolvió realizar su sueño del modo que pudiera.</p>
+
+<p>Una mañana le vi llegar fuera de sí.</p>
+
+<p>&mdash;Mi Reinita, ven, ven conmigo&mdash;exclamó.</p>
+
+<p>&mdash;¿A dónde, señor cura?</p>
+
+<p>&mdash;A la iglesia; ven pronto.</p>
+
+<p>&mdash;Pero a estas horas no hay misa.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo sé; pero quiero que veas algo espléndido.</p>
+
+<p>Tenía un aspecto tan radiante, su dulce fisonomía respiraba tal
+contento, que todavía me río al recordarlo, y su júbilo es para mi uno
+de los mejores recuerdos de aquel tiempo.</p>
+
+<p>No caminaba: volaba, y llegamos en un soplo a la iglesia. Acabábase de
+colocar el púlpito, y el cura, en éxtasis ante él, me dijo en baja voz:</p>
+
+<p>&mdash;¡Mira Reinita, mira! ¿No es una feliz ocurrencia? Al fin poseemos un
+púlpito. No tiene aspecto muy sólido, pero sin embargo es bastante
+bueno. He realizado el sueño de mi vida. Nunca se debe desesperar de
+nada, hijita, nunca.</p>
+
+<p>Mirábalo yo, un tanto desconcertada, porque no podía negarme que mi
+imaginación me había representado un púlpito, como algo de grande y
+monumental. Y lo que yo tenía a la vista era una especie de caja de
+madera blanca apoyada en soportes de hierro tan poco elevados que,
+hablando en puridad, se hubiera podido prescindir de peldaños para
+entrar en ella. Pero un púlpito sin escalera no se ha visto nunca; así
+es que para salvaguardar el honor se había logrado colocar dos gradas,
+de quince centímetros de alto cada una.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Reina, mira qué buen efecto produce&mdash;decíame el cura.&mdash;Cuando
+tenga un poco de plata, le haré dar una mano de pintura, o más bien, lo
+pintaré yo mismo; eso me divertirá y será más económico. La verdad es
+que pudiera ser un poco más alto, pero bueno es no tener demasiada
+ambición.</p>
+
+<p>Y el sencillo y excelente hombre, giraba con admiración, alrededor del
+púlpito. Y no se hubiese sentido más feliz aunque sus tableros hubieran
+sido pintados por Rafael o esculpidos por Miguel Ángel.</p>
+
+<p>A él no se le ocurría que la realidad como siempre ¡ay! no se parecía al
+ensueño; no se empeñaba en hacer comparaciones y disfrutaba de su
+felicidad sin preocupación alguna.</p>
+
+<p>&mdash;Yo he hecho el plano, hijita, y por cierto que he tenido una
+espléndida idea. Sin embargo, la medalla tiene un reverso, y debo
+declarar que me he endeudado un poco; me cobran algo más de lo que había
+supuesto, pero parece que siempre sucede eso cuando se manda hacer
+alguna cosa. Pensaba comprarme un abrigo este invierno; pues bien, Dios
+mío, haremos abstracción de él; he ahí todo.</p>
+
+<p>¡Oh, sí! su alegría es para mi uno de los mejores recuerdos de aquel
+tiempo.</p>
+
+<p>Nunca he visto un hombre tan feliz, ni adornar una dicha mediocre con la
+esplendidez que lo hacía el cura con los reflejos de su buen natural, y
+de su espíritu algo infantil.</p>
+
+<p>&mdash;¡Si es que parece exactamente un púlpito!&mdash;decía riendo y
+restregándose las manos.</p>
+
+<p>Yo abrigaba algunas dudas al respecto, pero oculté mi decepción, y me
+extasié lo mejor que pude ante aquel objeto extraordinario, que a causa
+de la forma irregular de la iglesia, hallábase colocado en un hueco, de
+tal suerte que cuando predicaba el cura, las tres cuartas partes del
+auditorio no veían más que un brazo y un mechón de cabellos blancos que
+se agitaban con elocuencia, según las diversas fases del discurso.</p>
+
+<p>Sentíase tan contento el cura al decir: «Voy a subir al púlpito» que
+tuvimos que resignarnos a tener sermón todos los domingos.</p>
+
+<p>No bien abría la boca, tomaban las feligreses una postura cómoda para
+echar un sueñecito. Petrilla aprovechaba del sopor general para lanzar
+alguna ojeada al banco vecino al nuestro, y Reina de Lavalle se
+preparaba a meditar sobre las vicisitudes de la vida representadas por
+una tía y el aburrimiento de los sermones.</p>
+
+<p>No sé por qué le gustaba al cura hablar sobre las pasiones humanas, pero
+un día que se había dejado arrastrar por el calor de la improvisación,
+le hice en la comida preguntas tan indiscretas y apuradas que se
+propuso no abordar más tales asuntos delante de mí. En adelante
+contentose en discurrir sobre la pereza, la embriaguez, la ira y otros
+vicios que no excitaban ni mi curiosidad ni mi charla.</p>
+
+<p>Durante una hora nos ponía a la vista la gran iniquidad en que estábamos
+sumidos. Luego, cuando nuestro estado moral se hacía completamente
+lamentable, bajaba con nosotros con aire radioso a los infiernos, y nos
+hacía palpar los suplicios que merecían las almas manchadas por el
+pecado; tras de lo cual, pasando por un atrevido giro de frase a menos
+horribles ideas, emergía poco a poco de las regiones infernales,
+permanecía algunos instantes sobre la tierra, nos depositaba
+tranquilamente en el cielo, y descendía del púlpito, con el paso
+triunfal de un conquistador que acaba de cortar algún nudo gordiano.</p>
+
+<p>El auditorio se despertaba entonces con sobresalto, excepto Susana que
+gozaba demasiado oyendo hablar mal de la humanidad, para dormirse, y que
+se bañaba en agua de rosas, mientras el cura fustigaba a sus ovejas con
+sus flores retóricas.</p>
+
+<p>Era, pues, un domingo. Hacía un calor asfixiante y volviendo a casa,
+Susana nos dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Tendremos tormenta antes de que concluya el día.</p>
+
+<p>Esta profecía me agradó; una tormenta era un feliz incidente en mi vida
+monótona, y a pesar de mi miedo, me gustaban el trueno y los
+relámpagos, aunque solía temblar de pies a cabeza cuando los estallidos
+se sucedían con mucha rapidez.</p>
+
+<p>Durante la primera parte de la tarde, erré como alma en pena, por el
+jardín y el bosquecillo. Me moría de aburrimiento y pensaba con
+melancolía, en que nunca me pasaría ninguna aventura, y en que estaba
+condenada a vivir perpetuamente al lado de mi tía.</p>
+
+<p>Cuando volví a casa, a eso de las cuatro, subí al corredor del primer
+piso, y con la cara pegada contra un vidrio, me entretuve en seguir con
+los ojos el movimiento de las nubes que se amontonaban sobre el Zarzal y
+nos traían la tormenta anunciada por Susana.</p>
+
+<p>Preguntábame de dónde venían y lo que habían visto en su curso, lo que
+me, podrían contar, a mi que no sabía nada de la vida y del mundo, a mi
+que ansiaba ver y conocer. Se habían formado tras aquel horizonte que yo
+nunca había franqueado y que me escondía misterios, esplendores (a lo
+menos, así creía yo), alegrías y goces sobre los que meditaba en
+silencio.</p>
+
+<p>Distrájeme de mis reflexiones al notar que Petrilla, escondida en un
+rincón, se dejaba besar por un gran palurdo que le había pasado un brazo
+alrededor del talle.</p>
+
+<p>Abrí de golpe la ventana y grité batiendo las manos:</p>
+
+<p>&mdash;¡Muy bien, Petrilla! Ya veo a usted señorita.</p>
+
+<p>Petrilla, espantada, tomó sus zuecos en la mano y corrió a guarecerse
+en el establo. El gran palurdo se quitó el sombrero y me examinó con una
+estúpida sonrisa que le hendía la boca hasta las orejas.</p>
+
+<p>Reíame con todas mis ganas, cuando un coche, que yo no había oído llegar
+entró en el patio. Bajó de él un hombre, dijo algunas palabras al
+sirviente que le acompañaba, y miró en torno de sí en busca de alguien a
+quien hablar.</p>
+
+<p>Pero Petrilla, cuyo bonete blanco veía yo asomar a través de la abertura
+enrejada del establo, no se movía, y su enamorado se había precipitado
+de bruces detrás de un pajar. Y en cuanto a mi, sorprendida por tal
+aparición, había entornado uno de los postigos de la ventana, y
+observaba los acontecimientos sin hacer un movimiento.</p>
+
+<p>De dos saltos salvó el desconocido los deteriorados peldaños de la
+escalinata, y buscó una campanilla que no había existido jamás; en vista
+de lo cual y no siendo la paciencia su cualidad dominante, comenzó a dar
+golpes de puño contra la puerta.</p>
+
+<p>Mi tía y Susana surgieron delante de él, y certifico que desde ese
+instante tuve la más favorable opinión a cerca de su valor, pues no
+demostró ningún espanto. Saludó levemente, y luego comprendí por sus
+gestos que habiéndole asustado el cielo amenazante, pedía permiso para
+guarecerse en el Zarzal.</p>
+
+<p>En esos momentos, en efecto, estalló con gran violencia la tormenta, y
+no dio más tiempo que para poner a cubierto el caballo y el coche.</p>
+
+<p>Se ha dicho que la soledad nos hace tímidos, mas en ciertos casos
+produce el efecto contrario. No habiéndome rozado con nadie, no habiendo
+nunca comparado nada, tenía la mayor confianza en mí misma, e ignoraba
+por completo ese extraño sentimiento que anula las más brillantes
+facultades y hace estúpidos a los hombres superiores.</p>
+
+<p>Con todo, ante esta aventura, que parecía evocada por mis pensamientos,
+latiome el corazón con fuerza, y vacilé tanto en entrar al salón, que
+estaba aún en la puerta cuando llegó el cura hecho una sopa, pero
+contento.</p>
+
+<p>&mdash;Señor cura&mdash;exclamó yo, corriendo hacia él,&mdash;hay un hombre en el
+salón.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué hay con eso, Reina? Un arrendatario, supongo.</p>
+
+<p>&mdash;No, no señor cura, es un verdadero hombre.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo, un verdadero hombre?</p>
+
+<p>&mdash;Quiero decir que no es ni un cura ni un labriego; es joven y está bien
+vestido. Entremos pronto.</p>
+
+<p>Entramos y estuve a punto de lanzar un grito de sorpresa al notar que mi
+tía ostentaba una expresión genuinamente amable, y que sonreía
+agradablemente al desconocido que, sentado en frente de ella, parecía
+estar tan a sus anchas como en su propia casa.</p>
+
+<p>Bien es cierto que sólo su aspecto bastaba para serenar el ánimo más
+hosco. Era alto, bastante grueso, de rostro radiante, franco y
+expansivo. Sus rubios cabellos estaban cortados al ras, y tenía bigotes
+de puntas retorcidas, una boca bien dibujada y dientes blancos, que una
+risa franca y natural enseñaba a menudo. Toda su persona respiraba
+alegría y amor a la vida.</p>
+
+<p>Levantose al vernos entrar y aguardó un instante que mi tía nos
+presentase. Pero el tal ceremonial era tan desconocido para ella, como
+para los habitantes de Greenlandia, y se presentó él mismo bajo el
+nombre de Pablo de Couprat.</p>
+
+<p>&mdash;¡De Couprat!&mdash;exclamó el cura;&mdash;¿sois tal vez hijo del excelente
+comandante de Couprat, a quien he conocido en otro tiempo?</p>
+
+<p>&mdash;Mi padre es, en efecto, comandante, señor cura. ¿Le habéis conocido?</p>
+
+<p>&mdash;Y me ha prestado servicios hace muchos años. ¡Qué noble y excelente
+hombre!</p>
+
+<p>&mdash;Sé que mi padre es querido por todo el mundo&mdash;respondió el señor de
+Couprat, con el rostro más radiante que nunca.&mdash;Y el comprobarlo es
+siempre para mi una nueva dicha.</p>
+
+<p>&mdash;Pero&mdash;continuó el cura,&mdash;¿no sois pariente del señor de Pavol?</p>
+
+<p>&mdash;Exactamente: primo en tercer grado.</p>
+
+<p>&mdash;Pues he aquí a su sobrina&mdash;dijo el cura presentándome.</p>
+
+<p>A pesar de mi inexperiencia noté muy bien que la mirada del señor de
+Couprat expresaba alguna admiración.</p>
+
+<p>&mdash;Me felicito de conocer tan encantadora prima&mdash;díjome con aplomo y
+tendiéndome la mano.</p>
+
+<p>Esta lisonja provocó en mi un pequeño escalofrío agradable y puse mi
+mano entre la suya sin la menor turbación.</p>
+
+<p>&mdash;No primo, exactamente&mdash;dijo el cura narigueando su rapé con
+júbilo;&mdash;el señor de Pavol es sólo tío político de Reina; su esposa era
+una señorita de Lavalle.</p>
+
+<p>&mdash;No importa&mdash;exclamó el señor de Couprat,&mdash;no renuncio a nuestro
+parentesco. Mucho más, cuanto que si se buscase bien, se encontrarían
+matrimonios entre mi familia y la de los de Lavalle.</p>
+
+<p>Pusímonos a charlar como tres buenos amigos, y me pareció que siempre
+nos habíamos visto, conocido y querido. Sentía esa extraña impresión,
+que hace suponer que lo que sucede inmediatamente bajo nuestros ojos, ha
+pasado ya en una época remota, tan remota, que no se ha guardado de ello
+más que un recuerdo vago y casi desvanecido.</p>
+
+<p>Pero por más que en mi mente pasaba revista a todos los héroes de novela
+que conocía, no hallaba ninguno que fuese tan rochonchito como mi nuevo
+héroe. Era gordo, no había la menor duda, pero tan bueno, tan alegre,
+tan gracioso, que pronto este defecto físico se transformó a mi vista en
+una cualidad trascendental.</p>
+
+<p>Hasta no tardaron en parecerme desprovistos de atractivos mis
+imaginarios héroes.</p>
+
+<p>A pesar de su figura elegante y siempre esbelta, quedaban borrados,
+radicalmente borrados por ese buen muchacho vivo y alegre a quien yo
+adoraba mentalmente como un tesoro de cualidades.</p>
+
+<p>Mientras tanto, aunque la tormenta hubiese calmado, no cesaba la lluvia,
+y como se acercaba la hora de comer, mi tía invitó a Pablo de Couprat a
+compartir nuestra mesa.</p>
+
+<p>Inmediatamente declaró que tenía una hambre de caníbal y aceptó con un
+desenfado que me encantó.</p>
+
+<p>Me esquivé un instante para ir a afrontar el mal humor de Susana.</p>
+
+<p>&mdash;Susana&mdash;dije entrando con agitación en la cocina,&mdash;el señor de Couprat
+come con nosotros. ¿Tenemos algún pollo gordo, leche, fresas, cerezas?</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, Señor! ¡cuánta cosa!&mdash;refunfuñó Susana;&mdash;hay lo que hay y nada
+más.</p>
+
+<p>&mdash;Has dicho una gran verdad, Susana; pero contéstame. ¿Un capón será
+bastante?</p>
+
+<p>&mdash;No es un capón, señorita, es un pavo; mire usted.</p>
+
+<p>Y Susana, con un sensible ímpetu de orgullo, abrió el asador y me hizo
+admirar el ave que bien cebada por sus cuidados y los de Petrilla,
+pesaba por lo menos doce libras. La piel dorada levantábase de trecho en
+trecho, probando así la delicadeza y blandura de la carne que cubría, y
+ofrecía a mis ojos un satisfactorio espectáculo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bravo!&mdash;dije yo.&mdash;Pero Susana ¿habrá resultado bien la cuajada? ¿Hay
+mucha? Y, mira, ¡sazona bien la ensalada!</p>
+
+<p>&mdash;Tengo costumbre de hacer bien cuanto hago, señorita. Por otra parte
+ese señor no es ni un príncipe ni un emperador, según pienso. Es un
+hombre como otro cualquiera y se conformará con lo que le den.</p>
+
+<p>&mdash;Susana, ¡un hombre como otro cualquiera!&mdash;exclamé indignada.&mdash;Entonces
+¿no lo has visto?</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo creo que lo he visto, señorita, y hasta puedo afirmar que lo he
+oído. ¿Acaso le es permitido a ningún cristiano aporrear de ese modo la
+puerta de una casa decente? Con todo, enamoriscaos de él si queréis, que
+a mí...</p>
+
+<p>Abrí la boca para contestarle agriamente, pero contúvome la prudencia,
+pues pensé que por vengarse y contrariarme, era muy capaz Susana de
+chamuscar el pavo.</p>
+
+<p>Poco tiempo después pasamos al comedor, y no pude menos que echar una
+mirada desolada sobre los tapices sucios y usados que caían en jirones.
+¡Y luego Susana tenía un modo tan original de tender la mesa! Tres
+saleros a guisa de centro de mesa campeaban en medio del mantel, los
+cubiertos estaban colocados con descuido, las botellas en fila una tras
+otra, mientras que el único botellón del agua hallábase colocado de tal
+modo que cada comensal tenía seguramente que dislocarse para alcanzarlo,
+puesto que la mesa era enormemente ancha.</p>
+
+<p>Esa fue la primera vez que tuve en mi vida la convicción de que el
+fantástico gusto de Susana violaba todas las leyes de la simetría.</p>
+
+<p>Pero el señor de Couprat tenía uno de esos caracteres felices, que saben
+tomar todas las cosas por el lado mejor. Y además poseía la facultad de
+adaptarse al medio en que se hallaba.</p>
+
+<p>Inspeccionó la mesa con aire alegre, tomó la sopa sin cesar de hablar,
+felicitó a Susana por su cocina y lanzó verdaderos gritos de júbilo a la
+aparición del pavo.</p>
+
+<p>&mdash;Es preciso convenir, señor cura&mdash;dijo,&mdash;que la vida es una dulce
+invención y que Heráclito era un estúpido de marca mayor.</p>
+
+<p>&mdash;No hablemos mal de los filósofos&mdash;respondió el cura,&mdash;suelen tener
+algo bueno.</p>
+
+<p>&mdash;Usted es, señor cura, la benevolencia en persona. En cuanto a mi, si
+fuera gobierno, soltaría a los locos y en su lugar encerraría a los
+filósofos, teniendo cuidado de no aislar los unos de los otros, para que
+así pudieran devorarse mejor.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién es Heráclito?&mdash;preguntó mi tía.</p>
+
+<p>&mdash;Un imbécil, señora, que pasaba su tiempo en lloriquear. ¿Puede darse
+¡Dios mío! una cosa más ridícula?</p>
+
+<p>Y decir que por eso lo han hecho pasar a la posteridad...</p>
+
+<p>&mdash;Tal vez&mdash;insinué yo,&mdash;viviera con varias tías, y eso le habría agriado
+el carácter.</p>
+
+<p>El señor de Couprat se detuvo sorprendido y estalló luego en una
+carcajada.</p>
+
+<p>El cura abrió tamaños ojos, pero mi tía, en brega con el pavo, al que
+trinchaba con arte, fuerza es confesarlo, no me oyó.</p>
+
+<p>&mdash;La historia, primita, no dice nada al respecto.</p>
+
+<p>&mdash;En todo caso&mdash;continué yo,&mdash;libraos de atacar a los antiguos; el señor
+cura os arrancaría los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cuánto me han hecho rabiar esos bandidos! Sólo he guardado de ellos
+un recuerdo: el de las penitencias que me han ocasionado.</p>
+
+<p>&mdash;Permitid&mdash;dijo el cura, que hizo un esfuerzo por sacar a la orilla a
+sus amigos que iban en camino de ahogarse por completo en mi
+opinión,&mdash;permitid; no podéis negar algunas bellas virtudes, algunos
+actos heroicos que...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ilusiones, ilusiones!&mdash;interrumpió Pablo de Couprat. Eran unos
+pilletes insoportables, pero hoy que están muertos se les atavía con
+increíbles virtudes, para humillar a los pobres que vivimos y valemos
+más que ellos. ¡Dios mío, qué ave más espléndida!</p>
+
+<p>Y hablando sin cesar, comía con apetito y entusiasmo sin iguales.</p>
+
+<p>Los trozos se amontonaban en su plato y desaparecían con una tan notable
+velocidad, que llegó un momento en el que mi tía, el cura y yo quedamos
+con el tenedor en el aire, contemplándole con honda admiración.</p>
+
+<p>&mdash;Ya os había prevenido&mdash;nos dijo riendo,&mdash;que tenía una hambre de
+caníbal, lo que me sucede trescientas sesenta y cinco veces por año.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cuánto dinero debéis gastar en comer!&mdash;exclamó mi tía que tenía la
+habilidad de ver el lado mercantil de las cosas y de decir lo que no
+debía decirse.</p>
+
+<p>&mdash;Veintitrés mil trescientos setenta y siete francos, señora&mdash;respondió
+con toda seriedad mi nuevo primo.</p>
+
+<p>&mdash;¡No es posible! murmuró mi tía, estupefacta.</p>
+
+<p>&mdash;Parece que sois completamente feliz&mdash;le dijo el cura restregándose las
+manos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Si soy feliz, señor cura? Ya lo creo. Pero hablando francamente,
+veamos, el ser desgraciado ¿acaso es natural?</p>
+
+<p>&mdash;Algunas veces&mdash;respondió sonriendo el cura.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, bah! los que son desdichados, lo son por su culpa muchas veces,
+porque entienden la vida al revés. La desgracia no existe; lo que existe
+es la tontera humana.</p>
+
+<p>&mdash;Pues he ahí una desgracia.</p>
+
+<p>&mdash;Bastante negativa, señor cura, y no porque mi vecino sea tonto he de
+deducir que se le deba imitar.</p>
+
+<p>&mdash;Os gustan las paradojas ¿verdad?</p>
+
+<p>&mdash;No; pero me fastidio cuando veo tanta gente amargarse la vida a causa
+de una enfermiza imaginación. Me parece que esas personas no comen lo
+suficiente, que viven de alondras y de huevos pasados por agua, y que
+descomponen el cerebro al mismo tiempo que el estómago. Amo la vida y
+pienso que todos debieran hallarla hermosa y ver que no tiene más que un
+defecto: el de acabarse tan pronto.</p>
+
+<p>El pavo, la ensalada y la cuajada, todo había sido devorado, y mi tía
+miraba con expresión poco risueña la osamenta del volátil con la que
+había contado para banquetear durante algunos días.</p>
+
+<p>Íbamos a levantarnos de la mesa, cuando entreabrió la puerta Susana y
+metiendo la cabeza por la abertura, nos dijo con arrogancia:</p>
+
+<p>&mdash;He hecho café; ¿lo traigo?</p>
+
+<p>&mdash;Quién te ha mandado...&mdash;comenzó mi tía.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí&mdash;dije interrumpiéndola con vehemencia,&mdash;traelo en seguida.</p>
+
+<p>Yo la hubiera abrazado de buena gana por tan feliz idea; pero mi tía no
+compartía mi opinión. Desapareció para ir a reñir a Susana y sólo la
+volvimos a ver en la sala.</p>
+
+<p>&mdash;Tenéis una excelente cocinera, prima mía,&mdash;dijo Pablo de Couprat,
+paladeando su café.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero tan rezongona...</p>
+
+<p>&mdash;Eso no es más que un detalle...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué os parece mi tía?&mdash;le pregunté en tono confidencial.</p>
+
+<p>&mdash;Pero... bastante majestuosa&mdash;respondió de Couprat, algo en aprieto.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, majestuosa!... ¿queréis decir... desagradable?</p>
+
+<p>&mdash;¡Reina!&mdash;murmuró el cura.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno. Hablemos de otra cosa, señor cura; pero la verdad es que yo
+quisiera tener el buen humor de mi primo y descubrir las buenas
+cualidades de mi tía.</p>
+
+<p>&mdash;Tened un poco de filosofía práctica, primita; eso es una sólida base
+de felicidad, y la única filosofía que me parece que tenga sentido
+común.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué lástima que no seáis mi tía! ¡Cómo nos querríamos!</p>
+
+<p>&mdash;¡En cuánto a eso respondo de ello!&mdash;exclamó riendo,&mdash;y no tendríamos
+necesidad de filosofar para alcanzar tal resultado. Pero si os es lo
+mismo, preferiría no cambiar de sexo y ser vuestro tío.</p>
+
+<p>&mdash;No quisiera otra cosa, porque no soy como Francisco I, no; tengo por
+las mujeres una acentuada antipatía.</p>
+
+<p>&mdash;¿De veras?&mdash;preguntó riendo,&mdash;¿conocéis los gustos de Francisco I?</p>
+
+<p>Hizo el cura un gesto desesperado y de Couprat lo contestó con una
+expresiva guiñada, como diciéndole:</p>
+
+<p>&mdash;No os asustéis; ya comprendo.</p>
+
+<p>Esta pantomima me atacó los nervios e hice un violento esfuerzo para
+interpretar su oculta significación.</p>
+
+<p>&mdash;A propósito de tío&mdash;dije luego&mdash;¿conocéis mucho al señor de Pavol?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, bastante; mi propiedad dista sólo una legua de la suya.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué tal es su hija?</p>
+
+<p>&mdash;Jugué a menudo con ella, mientras fuimos niños; pero desde hace cuatro
+años la he perdido de vista. Dicen que es muy linda.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cuánto me gustaría estar en Pavol!&mdash;exclamé.&mdash;Nos veríamos con
+frecuencia.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién sabe, primita? Tal vez no os agradara, cuando me conocierais
+más. Sin embargo, puedo asegurar que soy un buen muchacho, y excepción
+de una gran pasión por los pavos y un gusto loco por las mujeres lindas,
+no sé que tenga el más mínimo vicio.</p>
+
+<p>&mdash;Amar a las mujeres lindas; eso no es un defecto. Lo que es yo, detesto
+las personas feas, a mi tía, por ejemplo. Pero asimilar un pavo a una
+mujer bonita, no es cosa muy halagüeña para esta última, primo mío.</p>
+
+<p>&mdash;Es cierto, convengo en que mi frase ha sido desgraciada.</p>
+
+<p>&mdash;Os lo perdono&mdash;le dije con vivacidad.&mdash;Según eso, ¿me halláis linda?</p>
+
+<p>Hacía por lo menos dos horas que yo me decía en mi foro interno, que era
+preciso no dejar escapar la ocasión de aclarar, por medio de una opinión
+neta y competente, un asunto de tanto interés para mí. Desde el
+principio de la comida aguardaba con impaciencia el momento de lanzar mi
+pregunta. No porque tuviese dudas acerca de la respuesta, no; pero eso
+de oírse decir, bien directamente y en la cara, y por un hombre que no
+sea cura, que una es linda, ¡vamos! eso es verdaderamente delicioso.</p>
+
+<p>&mdash;¿Linda, prima mía? ¡Si sois encantadora! Nunca he visto ni más bellos
+ojos ni boca más bonita.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué dicha, y que amables son los hombres! a pesar de lo que dice mi
+tía.</p>
+
+<p>&mdash;Qué ¿vuestra señora tía no ama a los hombres? La verdad es que ya pasó
+para ella la edad de la coquetería.</p>
+
+<p>&mdash;La coquetería... Jamás se me habla de eso. ¿Os parece que se debe ser
+coqueta?</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda, primita; a mis ojos eso es una cualidad, pero coqueta en el
+buen sentido de la palabra.</p>
+
+<p>&mdash;Vos no me habéis enseñado eso, señor cura&mdash;exclamé.</p>
+
+<p>El desdichado cura pasaba durante esta conversación por un adelanto de
+las penas del purgatorio. Se enjugaba el rostro y con dificultad tragaba
+su café, que le sabía a amargura.</p>
+
+<p>&mdash;El señor de Couprat se burla de ti.</p>
+
+<p>&mdash;¿Es cierto eso, primo?</p>
+
+<p>&mdash;De ninguna manera&mdash;respondió Pablo, que parecía que se divertía
+grandemente.&mdash;Según mi modo de ver, una mujer que no es algo coqueta no
+es una mujer.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces trataré de serlo.</p>
+
+<p>&mdash;Señorita de Lavalle&mdash;dijo el cura levantándose,&mdash;pasemos al salón.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah!&mdash;pensé,&mdash;ya está enojado el cura. Sin embargo, no he dicho nada
+malo.</p>
+
+<p>La lluvia había cesado, las nubes se habían dispersado e invité a Pablo
+a dar un paseo por el jardín. Y hétenos escapados sin pedir permiso,
+seguidos por el cura que nos lanzaba miradas casi lúgubres pensando que
+su querida ovejita estaba en vías de descarrilarse.</p>
+
+<p>Corríamos como niños por entre las hierbas húmedas, empapándonos los
+pies y las piernas y riendo a carcajadas. Conversábamos y charlábamos;
+sobre todo yo que le contaba los acontecimientos de mi vida, mis
+pequeñas tristezas, mis ensueños y mis antipatías.</p>
+
+<p>¡Oh, que tarde tan dulce, encantadora y deliciosa!</p>
+
+<p>De Couprat trepó a un cerezo, y el árbol violentamente sacudido dejó
+caer sobre mi toda su carga de lluvia. Con la boca llena de cerezas, y
+de lo alto de las ramas, exclamó que las gotas de agua brillaban en mis
+hermosos cabellos como un aderezo ideal, y que en su vida había visto
+nada más lindo.</p>
+
+<p>&mdash;Y Susana, que pretende que es un hombre como otro cualquiera&mdash;me decía
+yo,&mdash;¿cómo es posible ser tan tonta?</p>
+
+<p>Volvimos a la sala, donde se hizo una gran fogata para secarnos.
+Sentados el uno al lado del otro, Pablo y yo continuamos misteriosamente
+nuestra conversación.</p>
+
+<p>Mi tía asombrada de mi audacia y de la libertad y alegría que irradiaba
+en mis ojos, no decía nada. El cura, aunque arrobado viéndome contenta,
+no estaba, sin embargo, tan preocupado como para que se le olvidase
+terciar entre nosotros.</p>
+
+<p>¡Qué velada tan agradable!</p>
+
+<p>Por último, de Couprat levantose para despedirse y le acompañamos hasta
+el patio.</p>
+
+<p>Saludó afectuosamente al cura y dio las gracias a mi tía; luego acercose
+a mi, me tomó la mano y me dijo en voz baja:</p>
+
+<p>&mdash;Hubiera deseado que esta velada no terminara nunca, prima mía.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y yo?... Pero volveréis ¿no es cierto?</p>
+
+<p>&mdash;Seguramente, y dentro de poco, según espero.</p>
+
+<p>Aproximó mi mano a sus labios, y preciso es que la naturaleza humana
+tenga un gran fondo de perversidad, porque este homenaje me causó un
+placer tan nuevo, tan intenso y tan perfecto, que tuve la idea impropia
+de... ¡Dios mío, lo diré! Sí, tuve la idea (que no ejecuté) de arrojarme
+a su cuello y de besarle las mejillas a pesar de mi tía, y a pesar del
+cura que nos vigilaba como un dragón de nueva especie, como un excelente
+dragón regordete y bondadoso.</p>
+
+
+
+
+<hr />
+
+<h3><a name="VII" id="VII"></a>VII.</h3>
+
+<p class="non"><span class="letra">D</span><span class="smcap">espués</span> de la partida del señor de Couprat viví varios días en una
+especie de beatitud que me sería difícil describir. Experimentaba
+múltiples sensaciones, que se externaban con brincos y piruetas, pues
+fue este último ejercicio, durante largo tiempo, mi manera de expresar
+una cantidad de sensaciones.</p>
+
+<p>Después que había saltado bastante, me acostaba sobre la hierba, y
+mirando al cielo discurría sobre una cantidad de cosas sin pensar
+absolutamente en nada. Este exquisito estado moral, durante el cual el
+alma vive en una especie de somnolencia, en una tranquilidad soñadora
+semejante al sueño, a pesar de que está bien despierta, me ha dejado un
+dulcísimo recuerdo. Tan es así, que de esa época data mi pasión por la
+bóveda celeste, que siempre, desde entonces me ha parecido digna de
+hermanarse a mis pensamientos, sean éstos tristes o alegres, serios o
+frívolos.</p>
+
+<p>Después de permitir a mi imaginación que se extraviara por senderos
+sombríos, tanto, que galopaba a tropezones, dejábala volver a la luz y
+contemplar al señor de Couprat. Reía al recuerdo de su franca fisonomía,
+de su vida abierta y de sus dientes blancos. Halagábame el beso que
+había estampado en mi mano y sentía una alegría real, pensando en que si
+hubiera seguido mi impulso le habría besado las mejillas.</p>
+
+<p>Permanecí largo tiempo en medio de estas dulces ideas y sensaciones
+hasta que llegó un día en que me pregunté ¿por qué razón pasaba mi alma
+por tan diversas fases?</p>
+
+<p>Pero en llegando a este delicadísimo problema, comenzaba mi imaginación
+a entrar en tinieblas, y luchaba en ellas con vaporosas ideas; tan
+vaporosas que al fin abandonaba con desaliento la partida, para pensar
+directamente en una boca que me había gustado, en unos ojos que me
+habían sonreído y en una expresión de fisonomía que había decidido no
+olvidar jamás.</p>
+
+<p>Mas en aquel mundo de fantasmas, mis ideas, no me daban ni un momento de
+reposo, y a poco recaía en poder de ellas.</p>
+
+<p>Y así discurriendo por las regiones de lo vago, y tratando de comparar
+ciertas impresiones mías con otras de las de mis heroínas preferidas, vi
+hacerse la luz sobre un importante punto.</p>
+
+<p>Descubrí que estaba enamorada y que el amor es la cosa más encantadora
+del mundo. Este descubrimiento me colmó de la mayor alegría.</p>
+
+<p>Ante todo, porque veía embellecerse mi vida con un encanto, que no
+dejaba por eso de ser real, y luego, porque si yo amaba, era seguramente
+correspondida. En efecto, amaba al señor de Couprat porque me había
+parecido hechicero; por consiguiente, mi aspecto debió producir en su
+corazón el mismo sentimiento, puesto que él me hallaba encantadora. Mi
+lógica, hija de una completa inexperiencia, no alcanzaba a más y por
+consiguiente bastaba para justificar mis razonamientos y hacerme feliz.</p>
+
+<p>Un descubrimiento trae otro, así es que llegué a pensar que podría muy
+bien la caridad no desempeñar más que un papel muy secundario en la
+simpatía de Francisco I por las mujeres en general y en particular por
+Ana de Pisseleu; que el amor no se parecía al cariño, puesto que yo
+quería mucho a mi cura, y sin embargo, no deseaba abrazarle, mientras
+que no me hubiera hecho de rogar para saltar al cuello de Pablo de
+Couprat, y por último, que era ridículo emplear subterfugios y tonos
+misteriosos para hablar de una cosa tan natural y en la que no había ni
+sombra de mal.</p>
+
+<p>&mdash;Un cura&mdash;pensaba yo,&mdash;debe tener sobre el amor ideas erróneas y
+extraordinarias, porque puesto que no puede casarse, no puede amar. Sin
+embargo, Francisco I era casado y... no comprendo nada de todo esto, y
+tengo que saberlo.</p>
+
+<p>Existía tal caos en mis ideas que a pesar de mis desdeñosas prevenciones
+a cerca de la opinión de mi cura, resolví dilucidar con él este
+escabroso asunto.</p>
+
+<p>El pobre cura comprendía perfectamente, que mi espíritu se hallaba en
+una inmensa confusión, pero tenía bastante talento y buen sentido para
+no aparecer dando importancia a impresiones que con sólo la provocación
+de una confidencia hubieran podido tomar cuerpo. Procuraba distraerme
+por todos los medios a su alcance y dándose el trabajo de venir todos
+los días al Zarzal, prolongaba indefinidamente la lección.</p>
+
+<p>Estábamos sentados junto a la ventana. Mi tía, enferma desde algún
+tiempo, permanecía en su cuarto; yo andaba por las nubes y el cura se
+afanaba en explicarme mis problemas.</p>
+
+<p>&mdash;Ve lo que has hecho, Reina: has multiplicado kilogramos por gramos, y
+aquí, dados <sup>2</sup>/<sub>5</sub> multiplicados por...</p>
+
+<p>&mdash;Señor cura, ¿a que no adivináis cuál es la cosa más arrobadora que hay
+sobre la tierra?</p>
+
+<p>&mdash;No, Reina, ¿qué cosa?</p>
+
+<p>&mdash;El amor, señor cura.</p>
+
+<p>&mdash;¿De qué estáis hablando hija mía?&mdash;exclamó inquieto el buen anciano.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! de algo que conozco perfectamente&mdash;respondí, sacudiendo la cabeza
+con aire de suficiencia.&mdash;Lo que no me explicó es por qué no me habéis
+hablado nunca de ello, puesto que es una cosa que se ve todos los días.</p>
+
+<p>&mdash;He ahí el efecto de las novelas, señorita; toma usted a lo serio cosas
+que son puramente imaginarias.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué mal hacéis en hablar contra vuestra convicción; bien sabéis que
+se ama en la vida y que el amor es una cosa encantadora!</p>
+
+<p>&mdash;Ese es un asunto que no atañe a las jóvenes, Reina, y no debéis hablar
+de él.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué no atañe a las jóvenes? ¡Y son ellas las que aman y son amadas!</p>
+
+<p>&mdash;Desgraciado de mi&mdash;exclamó el cura,&mdash;que tengo que habérmelas con
+semejante cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;No habléis mal de mi cabeza, señor cura; la quiero mucho, sobre todo,
+desde que el señor de Couprat la ha hallado tan bonita.</p>
+
+<p>&mdash;El señor de Couprat se ha reído de ti, Reina. Está segura que te ha
+tomado por una chiquilina sin importancia.</p>
+
+<p>&mdash;Nada de eso&mdash;repliqué ofendida,&mdash;nada de eso, puesto que me ha besado
+la mano. ¿Y sabéis qué se me ocurrió en ese momento?</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver&mdash;respondió el cura que estaba como sobre espinas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues estuve a punto de saltarle al cuello.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué tontería! No se salta al cuello de nadie que no se conoce.</p>
+
+<p>&mdash;Ya sé, ya sé, pero él... Por otra parte, si hubiera sido una mujer, no
+se me hubiera ocurrido eso.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué, Reina! Estás diciendo sandeces.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! porque...</p>
+
+<p>Siguió una pausa a tan profunda respuesta, y mientras tanto miraba yo de
+reojo al cura, que se zarandeaba y tomaba rapé para disimular y tomar
+una actitud que fuera conveniente.</p>
+
+<p>&mdash;Mi buen cura&mdash;le dije con voz insinuante,&mdash;si fueseis tan amable
+como...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué más, Reina?</p>
+
+<p>&mdash;Digo... os haría algunas preguntitas más sobre ciertos temas que me
+andan por la mente.</p>
+
+<p>Arrellanose el cura en su sillón como hombre que toma súbitamente una
+gran resolución.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, Reina; te escucho. Más vale que hablemos franca y abiertamente
+de lo que te preocupa que no que andes quebrándote la cabeza con
+divagaciones.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no me quiebro nada, señor cura, y no divago; únicamente pienso
+mucho en el amor porque...</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?</p>
+
+<p>&mdash;No, nada. Ante todo, decidme ¿por qué si vos me besarais la mano, lo
+hallaría ridículo y no muy agradable que digamos, aunque os quiero con
+todo mi corazón, mientras que sucede exactamente lo contrario cuando se
+trata del señor de Couprat?</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo, cómo? ¿Qué dices Reina?</p>
+
+<p>&mdash;Digo que me ha sido muy agradable el que el señor de Couprat besara mi
+mano, mientras que si fuerais vos...</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hija mía, tu pregunta es absurda, y la impresión de que hablas
+nada significa, ni vale la pena de ocuparse de ella.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! esa no es mi opinión. Pienso a menudo en ello y he aquí lo que
+llevo descubierto; si la acción del señor de Couprat me ha sido grata,
+es porque es joven y podría ser mi marido, mientras que vos sois viejo,
+y luego un cura no se puede casar nunca.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí&mdash;respondió maquinalmente el cura.</p>
+
+<p>&mdash;Porque siempre se quiere a su marido ¿verdad?</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda alguna, sin duda.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno. Ahora, señor cura, decidme si se da el caso de que los hombres
+amen a varias mujeres.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no sé eso&mdash;repúsome fastidiado el cura.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí, debéis saberlo. Por otra parte un marido puede amar a otra
+mujer, que la propia, puesto que Francisco I amaba a Ana de Pisseleu y
+era casado.</p>
+
+<p>&mdash;Francisco I era un perdido&mdash;exclamó el cura exasperado,&mdash;y ese
+Buckingham, a quien quieres tanto, era otro.</p>
+
+<p>&mdash;Cada cual tiene su carácter&mdash;respondíle,&mdash;y no sé por qué se les haría
+un crimen porque amaran a varias mujeres. La reina Claudia y la señora
+de Buckingham, pareceríanse sin duda a mi tía. Por otra parte he
+descubierto que no se gobierna al corazón, y ellos no podrían dejar de
+amar, como yo no...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué, Reina?</p>
+
+<p>&mdash;Nada, señor cura. Lo que yo temo es tener una inclinación a los
+perdidos, porque Buckingham es lo más interesante...</p>
+
+<p>&mdash;Pero en fin, hijita, desde que lees a Walter Scott, he tratado de
+hacerte comprender ciertas cosas y parece que todo ha sido inútil.</p>
+
+<p>&mdash;¡Escuchad, señor cura; vuestras explicaciones no son muy claras, y hay
+tanta vaguedad en mis ideas!... Todo esto es tan extraño&mdash;continué como
+soñando.&mdash;Por último, explicadme ¿por qué el amor excita vuestra
+indignación?</p>
+
+<p>&mdash;Basta, Reina&mdash;dijo el cura fuera de sí.&mdash;Tienes un modo de formular
+las preguntas que es imposible responderte. Te hablo seriamente: hay
+temas de los que no debes hablar, y que no puedes comprender, porque
+eres demasiado joven.</p>
+
+<p>Colocó el cura su sombrero bajo el brazo y se alejó. Corrí sobre sus
+pasos y le grité desde la puerta:</p>
+
+<p>&mdash;¡Podéis decir todo cuanto queráis, pero conozco bien el amor; es lo
+más encantador que hay en el mundo! ¡Viva el amor!</p>
+
+<p>En dos días no vino al Zarzal el cura; entristecime yo por haberle
+fastidiado tanto, y el tercer día me encaminé hacia la casa parroquial,
+para disculparme. Le hallé en la cocina, frente a un frugal desayuno al
+que hacía los honores con tantos bríos como apetito.</p>
+
+<p>&mdash;Señor cura&mdash;le dije en tono relativamente humilde,&mdash;¿estáis enojado?</p>
+
+<p>&mdash;Algo, Reinita, algo; no quieres hacerme caso nunca.</p>
+
+<p>&mdash;Os prometo señor cura, no volver a hablar más del amor.</p>
+
+<p>&mdash;Trata, sobre todo, Reina, de no cavilar sobre cosas que no comprendes.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! que no comprendo...&mdash;exclamé yo, estallando inmediatamente,&mdash;en
+cuanto a eso comprendo y muy bien, y contra todos los curas de la tierra
+sostendré que...</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah!&mdash;exclamó desalentado el cura,&mdash;ya has faltado a tu promesa de
+hace un momento.</p>
+
+<p>&mdash;Es cierto, señor cura; pero os afirmo que un cura no entiende nada de
+todo esto.</p>
+
+<p>&mdash;Ni tampoco Reina de Lavalle. Luego iré a darte lección, hijita.</p>
+
+<p>Así terminó la discusión más grave que he sostenido con mi cura.</p>
+
+<p>Entretanto pasaban los días y los días y como Pablo de Couprat no
+volviera, mi sistema nervioso se conmovió y dio muestras de una
+irritabilidad de mal augurio.</p>
+
+<p>Un mes después de mi memorable aventura había perdido todas mis
+esperanzas, toda mi tranquilidad y con ayuda del hastío llegué a una
+sombría tristeza.</p>
+
+<p>Entonces fue cuando el cura se indispuso con mi tía y cuando ésta le
+echó de casa.</p>
+
+<p>Sentada bajo la ventana del jardín, pude escuchar la siguiente
+conversación:</p>
+
+<p>&mdash;Señora&mdash;dijo el cura, vengo a hablaros de Reina.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sobre?</p>
+
+<p>&mdash;La niña se aburre, señora. La visita del señor de Couprat ha abierto a
+su espíritu horizontes nuevos, que ya habían clareado con la lectura de
+algunas novelas. Le hace falta distracción.</p>
+
+<p>&mdash;¡Distracción! ¿Y dónde queréis que halle yo eso? No me puedo mover:
+estoy enferma.</p>
+
+<p>&mdash;Por eso, señora, no cuento con usted para distraerla. Es necesario
+escribir al señor de Pavol y rogarle quiera tener a Reina en su casa
+durante algún tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Escribir al señor de Pavol! No por cierto. Después la chica no
+querría volver aquí.</p>
+
+<p>&mdash;Es probable, pero esa es una consideración de segundo orden, de la que
+nos ocuparemos más tarde. Luego, Reina está llamada a vivir en sociedad
+hoy o mañana, y creo de necesidad que cambie su modo de vivir y vea
+muchas cosas de las que no tiene la menor idea.</p>
+
+<p>&mdash;No soy de esa opinión, señor cura. Reina, no saldrá de aquí.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, señora&mdash;replicó el cura que se acaloraba,&mdash;os repito, que es
+urgente. Reina está triste, su imaginación es rápida y cavila mucho,
+estoy cierto que se cree enamorada del señor de Couprat.</p>
+
+<p>&mdash;Poco me importa eso&mdash;repuso mi tía, que era incapaz de comprender las
+razones del cura.</p>
+
+<p>&mdash;Se ha dicho que la soledad es el abogado del diablo, señora, y es
+exactamente cierto respecto de la juventud. La soledad hace daño a
+Reina, y algunas distracciones le harán olvidar lo que al fin de cuentas
+no es más que una niñería.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué ideas más extravagantes tiene un cura!&mdash;pensé yo.&mdash;Tratar de
+niñería una cosa tan seria y creer que yo pueda olvidar algún día al
+señor de Couprat.</p>
+
+<p>&mdash;Señor cura&mdash;contestó mi tía, con su voz más áspera,&mdash;ocupaos de lo que
+os concierne, que yo procederé a mi gusto, no al vuestro.</p>
+
+<p>&mdash;Señora, quiero a esta niña con todo mi corazón, y no puedo permitir
+que sufra&mdash;replicó el cura con una entonación que no le conocía.</p>
+
+<p>Usted la ha enterrado en el Zarzal, no le ha dado nunca la menor
+distracción, y puedo decir que sin mi hubiera crecido y vegetado en la
+ignorancia y el embrutecimiento, como una planta salvaje y enervada. Le
+repito que es preciso escribir al señor de Pavol.</p>
+
+<p>&mdash;Esto es demasiado&mdash;exclamó mi tía, furiosa;&mdash;¿no soy yo el ama en mi
+casa? Salid, señor cura, y no volváis a poner los pies aquí.</p>
+
+<p>&mdash;Muy bien, señora; ahora sé lo que debo hacer, y veo claramente que si
+no he tomado antes una determinación, ha sido por el placer egoísta de
+ver constantemente a mi Reinita.</p>
+
+<p>El cura hallome en la avenida, completamente desconsolada.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero es posible, señor cura?... Echado a la calle por mí... ¿Qué va a
+ser de nosotros, si no nos vemos más?</p>
+
+<p>&mdash;Qué ¿has oído la discusión, hijita?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí, como que estaba junto a la ventana. Ah, ¡qué mujer! qué...</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, vamos, Reina, un poco de calma&mdash;prosiguió el cura que estaba
+tembloroso y encendido.&mdash;Esta misma noche escribiré a tu tío.</p>
+
+<p>&mdash;Escribid pronto, mi querido cura. Lo que quiero es que venga a
+buscarme en seguida.</p>
+
+<p>&mdash;Esperémoslo&mdash;respondió al cura, sonriendo al mismo tiempo con bondad y
+con tristeza.</p>
+
+<p>Pero sus muchas obligaciones le impidieron escribir al señor de Pavol
+esa misma noche, y al día siguiente, mi tía que luchaba desde algunas
+semanas con sus achaques, cayó gravemente enferma. Cinco días después,
+la muerte llamaba a las puertas del Zarzal, y cambiaba la faz de mi
+existencia.</p>
+
+
+
+
+<hr />
+
+<h3><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII.</h3>
+
+<p class="non"><span class="letra">I</span><span class="smcap">nmediatamente</span> de la muerte de mi tía, que no me llamó ni una sola vez
+durante su enfermedad, y a quien cuidó con abnegación Susana, me refugié
+en la casa parroquial.</p>
+
+<p>El cura había escrito al señor de Pavol para notificarle que la señora
+de Lavalle se hallaba enferma, pero los progresos de su mal fueron tan
+rápidos, que mi tío recibió el despacho que le anunciaba el desenlace
+fatal, antes que hubiese contestado a la carta del cura. Y nos
+telegrafió, en seguida, participándonos que no le era posible asistir al
+entierro.</p>
+
+<p>Al otro día recibimos una carta en la que decía, que no del todo
+repuesto después de un ataque de gota, le era imposible trasladarse al
+Zarzal y le rogaba al cura que me condujera algunos días más tarde a
+C***, pues esperaba, en ese entonces, estar tan aliviado como para ir a
+recibirme allí.</p>
+
+<p>Mi tía fue enterrada sin lujo ni pompa. No era amada y partió para el
+otro mundo sin gran cortejo de simpatías.</p>
+
+<p>Yo volví del entierro, haciendo esfuerzos para sentir un poco de
+tristeza, pero no pude conseguirlo. Por grandes que fueran los reproches
+de mi conciencia, un sentimiento de libertad se agitaba en mi cabeza y
+en mi corazón. Sin embargo, si hubiese conocido entonces la frase de un
+hombre célebre me la hubiera apropiado, y aseguro que hubiese exclamado
+en un soberbio arranque de misantropía:</p>
+
+<p>&mdash;No sé lo que pasa en el corazón de un degradado, mas conozco el de una
+niña decente, y lo que veo me espanta.</p>
+
+<p>Pero como dicha frase me era totalmente desconocida, no pude servirme de
+ella para satisfacer a los manes de mi tía.</p>
+
+<p>Mi tío había señalado para mi partida el 10 de Agosto; estábamos a 8 y
+pasé esos dos días con el cura, cuya bondadosa fisonomía se demudaba de
+hora en hora ante la idea de nuestra separación.</p>
+
+<p>El martes por la mañana, hizome preparar un buen almuerzo, y nos
+instalamos por última vez, el uno frente al otro, con intención de
+reponer fuerzas. Pero cada bocado nos ahogaba y me costaba un triunfo
+contener el llanto.</p>
+
+<p>El pobre cura había pasado una noche de insomnio. Estaba demasiado
+triste para poder dormir y por otra parte como no le era posible
+acompañarme hasta C***, había escrito esa noche a mi tío una carta de
+diez y siete carillas en la que, según supe después, le enumeraba todas
+mis cualidades pequeñas, grandes y medianas. Los defectos brillaban por
+su ausencia.</p>
+
+<p>&mdash;Mi hijita querida&mdash;me dijo después de un largo silencio,&mdash;¿no te
+olvidarás de tu viejo cura?</p>
+
+<p>&mdash;Jamás, jamás&mdash;respondile con vehemencia.</p>
+
+<p>&mdash;No debes tampoco olvidar mis consejos. Desconfía de tu imaginación,
+Reinita. Compárola a una hermosa llama que alumbra y vivifica una
+inteligencia cuando se la alimenta con discreción; pero si se le da
+mucho combustible, se trueca en una fogata que incendia la casa, y los
+incendios no dejan tras de sí más que escorias y cenizas.</p>
+
+<p>&mdash;Trataré, señor cura, de gobernar con tino la llama; pero os aseguro
+que me gustan mucho las fogatas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ¡cuidado con el incendio! ¡No juguemos con el fuego, Reinita!</p>
+
+<p>&mdash;Nada más que una fogatita, señor cura; si es de lo más lindo que puede
+darse. Y si se tiene miedo del incendio, con echar un poco de agua fría
+sobre el fuego...</p>
+
+<p>&mdash;Mas, ¿dónde encontrarás el agua fría, mi hijita?</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! todavía lo ignoro, pero puede que lo sepa algún día.</p>
+
+<p>&mdash;Quiera Dios, que no sea así&mdash;exclamó el cura.&mdash;El agua fría, mi hijita
+querida, son los desengaños y los pesares, y rogaré día a día,
+ardientemente, para que sean alejados de tu senda.</p>
+
+<p>Asaltábame el llanto oyendo hablar así al cura, y bebí un gran vaso de
+agua para calmar mi emoción.</p>
+
+<p>&mdash;Antes de dejaros, debo preveniros que creo que tengo un gusto muy
+marcado por la coquetería.</p>
+
+<p>&mdash;Sé, que tal es el lado flaco de todas las mujeres,&mdash;me dijo el cura
+con su bondadosa sonrisa;&mdash;pero no es bueno abusar, Reina. Por otra
+parte el trato social te enseñará a equilibrar tus sentimientos, sin
+contar con que tu tío te sabrá guiar bien.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué cosa hermosa debe ser la sociedad, señor cura! Estoy cierta de
+que agradaré, siendo tan linda...</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda, sí, sin duda, pero desconfía de los cumplimientos exagerados
+y de la vanidad.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! Es tan natural el deseo de agradar; nada de malo hay en ello.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hum! he ahí una moral de manga algo ancha respondió el cura
+revolviéndose el cabello. Lo bueno es que tal modo de pensar es de tu
+edad, y ¡a Dios gracias! aun no te ha llegado el tiempo de exclamar con
+el Eclesiastés: ¡Todo es vanidad y nada más que vanidad!</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué exagerado es ese Eclesiastés! Y luego es tan viejo. Se me ocurre
+que sus ideas han de andar fuera de moda.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, vamos, callémonos. Bien sé que las Santas Escrituras y los
+pensamientos de un pobre cura de campo no pueden ser comprendidos por
+una señorita joven y linda y bastante enamorada de sí misma.</p>
+
+<p>Y me miró sonriendo; pero sus labios temblaban, porque se acercaba la
+hora de la partida.</p>
+
+<p>&mdash;Ten cuidado de abrigarte bien en el camino, Reina.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, señor cura, si estamos en Agosto, con un calor para ahogarse.</p>
+
+<p>&mdash;Cierto es&mdash;respondió el cura, que con la preocupación perdía la
+cabeza.&mdash;Entonces no te abrigues mucho, no sea que luego te resfríes.</p>
+
+<p>Nos levantamos de la mesa después de haber hecho infructuosos esfuerzos
+para mascullar algunas migas de pan y pastel.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!, ¡cuánto siento&mdash;exclamé, estallando en sollozos,&mdash;cuánto siento
+dejaros, mi querido cura!</p>
+
+<p>&mdash;No lloremos, no lloremos; es absurdo&mdash;dijo el cura, sin darse cuenta
+que por sus mejillas rodaban dos lagrimones.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! señor cura&mdash;continué yo, presa de un repentino remordimiento,
+¡cómo os he hecho enojar!</p>
+
+<p>&mdash;No, no; has sido la alegría de mi vida, toda mi felicidad.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué va a ser de vos sin mi, mi pobre cura?</p>
+
+<p>No respondió. Dio dos o tres pasos por la sala, sonose con fuerza y
+logró dominar la emoción que oprimía su garganta y que estuvo próxima a
+reventar en sollozos.</p>
+
+<p>El carruaje estaba ya en la puerta. Petrilla, con su traje de gala debía
+acompañarme hasta C*** y dejarme en brazos de mi tío. Conducíanos el
+arrendatario, porque Susana, entregada a su dolor, permanecía
+provisionalmente al cuidado del Zarzal. Ordené a Juan que marchara, y
+el cura y yo seguimos detrás a pie, por un buen trecho, con el objeto de
+estar juntos un poco más.</p>
+
+<p>&mdash;Os escribiré todos los días, señor cura.</p>
+
+<p>&mdash;No te pido tanto, hijita mía: Escríbeme solamente una vez por mes;
+pero con toda intimidad.</p>
+
+<p>&mdash;Os escribiré todo, completamente todo, hasta mis ideas sobre el amor.</p>
+
+<p>&mdash;Veremos&mdash;replicó el cura con sonrisa incrédula.&mdash;Harás una vida tan
+nueva para ti, tan llena de distracciones que no cuento mucho con tu
+exactitud.</p>
+
+<p>Juan había detenido el carricoche y nos aguardaba. Era preciso partir.
+Llorando con toda mi alma tomé las manos del cura y exclamé:</p>
+
+<p>&mdash;Señor cura, la vida tiene momentos bastante malos.</p>
+
+<p>&mdash;Eso pasará, pasará&mdash;respondió con voz entrecortada.&mdash;Adiós, mi hijita
+querida; no me olvides y precávete, precávete...</p>
+
+<p>Y me ayudó a subir precipitadamente al carromato.</p>
+
+<p>Coloqueme en el antiguo sitio de mi tía, aplastado de un lado por un
+baúl sin cerradura y del otro por los innumerables atados que componían
+mi equipaje, confeccionados por Petrilla con extravagantes formas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Adiós, mi cura, adiós mi viejo cura!&mdash;exclamé.</p>
+
+<p>Hizo un gesto cariñoso y se volvió rápidamente. Vile, a través de mis
+lágrimas, alejarse a toda prisa y ponerse el sombrero, prueba
+irrecusable de que se encontraba su ánimo no solamente en la más
+violenta agitación, sino completamente trastornado.</p>
+
+<p>Luego que hube sollozado unos diez minutos, juzgué a propósito seguir el
+consejo de Petrilla, que me repetía en todos los tonos:</p>
+
+<p>&mdash;Es preciso ser razonable, señorita, es preciso ser razonable.</p>
+
+<p>Metí mi pañuelo en el bolsillo, y me puse a reflexionar.</p>
+
+<p>Verdaderamente, la vida es una cosa muy rara. ¿Quién habría dicho,
+quince días antes, que mis sueños se realizarían tan pronto, y que iba a
+ver tan pronto al señor de Couprat?</p>
+
+<p>Esta halagadora idea, dispersó las últimas nubes que obscurecían mi
+ánimo, y pensé en la hermosura del firmamento, en las dulzuras de la
+vida y en el talento que tienen las tías cuando se van al otro mundo.</p>
+
+<p>Mis segundas ideas fueron dedicadas a mi tío. Preocupábame mucho de la
+impresión que iba a producirle, pues tenía perfecta conciencia de que el
+vestido negro y el original sombrero con que me había ataviado Susana,
+eran muy ridículos. Este desgraciado sombrero me causaba verdaderas
+torturas, es decir, torturas morales. Hecho de un crespón que databa de
+la muerte del señor de Lavalle, tenía el aspecto de una galleta elegida
+por las babosas para teatro de sus correrías. Evidentemente me afeaba, y
+como tal idea no era soportable, me lo quité de la cabeza, hice de él
+un envoltijo y me lo eché al bolsillo, cuya amplitud y profundidad
+hacían honor al talento práctico de Susana.</p>
+
+<p>Atormentábame también el temor de parecer estúpida, pues bien sabía yo
+que muchas cosas que parecerían naturales para todo el mundo, serían
+para mi un manantial de sorpresas y admiraciones.</p>
+
+<p>Así es que resolví, para no poner en riesgo de burla mi amor propio,
+disimular cuidadosamente mis asombros.</p>
+
+<p>Tales preocupaciones no me permitieron encontrar largo el camino y me
+creía aún muy lejos de C*** cuando nos hallábamos en sus puertas. Nos
+dirigimos directamente a la estación, atravesando la ciudad con toda la
+rapidez de que eran capaces las piernas secas, de nuestro jamelgo.</p>
+
+<p>Como mi tío, no era ni corpulento ni delgado, habíamelo figurado alto y
+enjuto de carnes. Figuraos, pues, mi extrañeza, cuando vi un hombrecillo
+de andar pesado acercarse al carricoche y exclamar:</p>
+
+<p>&mdash;Buen día, mi sobrina; casi, casi, estoy por creer que he tenido que
+esperar.</p>
+
+<p>Diome la mano para bajar del coche, y me besó cordialmente, tras de lo
+cual, midiéndome de pies a cabeza me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;No más alta que una elfa, pero terriblemente linda.</p>
+
+<p>&mdash;Es también mi opinión, mi tío,&mdash;díjele bajando los ojos con modestia.</p>
+
+<p>&mdash;Ah ¡esa es tu opinión!</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo creo. Y la de mi cura y la de... Mas, aquí tenéis una carta que
+me ha dado el cura para vos, mi tío.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y porqué no ha venido?</p>
+
+<p>&mdash;No podía: algunas ceremonias religiosas le retenían en su parroquia.</p>
+
+<p>&mdash;Lo siento; me hubiera alegrado mucho viéndole. ¿No tienes sombrero,
+sobrina?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, tío; está en mi bolsillo.</p>
+
+<p>&mdash;¿En tu bolsillo? ¿Y porqué?</p>
+
+<p>&mdash;Porque es espantoso.</p>
+
+<p>&mdash;¡Buena razón! ¿A quién se ha visto llevar el sombrero en el bolsillo?
+No se viaja sin sombrero, hijita. Póntelo pronto, en tanto que yo hago
+registrar tu equipaje.</p>
+
+<p>Algo desconcertada por esta especie de reprimenda, me coloqué el
+sombrero en la cabeza, no sin comprobar que un viaje en un bolsillo era
+muy poco higiénico para tal producto de la industria humana.</p>
+
+<p>Tocome en seguida despedirme de Juan y de Petrilla.</p>
+
+<p>&mdash;Ah, señorita&mdash;díjome Petrilla,&mdash;siento tanto dejaros, como sentiría si
+dejase la mejor de mis vacas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Mil gracias!&mdash;repúsele entre risa y lloro. Besémonos y adiós.</p>
+
+<p>Besé las mejillas duras y rojas de Petrilla sobre las que, según me
+temo, algún patán de dulce charla había depositado ya algunos besos
+furtivos y sonoros.</p>
+
+<p>&mdash;¡Adiós, Juan!</p>
+
+<p>&mdash;Hasta la vista señorita&mdash;dijo Juan, riendo estúpidamente, lo que es un
+modo de demostrar emoción como cualquier otro.</p>
+
+<p>Pocos minutos después, hallábame en el tren, sentada frente a mi tío,
+completamente desorientada y aturdida por el movimiento del tráfico y
+por la novedad de mi posición.</p>
+
+<p>Así que me repuse algo, examiné al señor de Pavol.</p>
+
+<p>Mi tío, de altura mediana, bien formado, de espaldas anchas, manos
+gruesas, coloradotas y poco cuidadas, no ofrecía a primera vista un
+aspecto aristocrático. No hablaba mucho y siempre hacíalo con lentitud.
+Complacíase a veces en usar expresiones enérgicas que producían un
+efecto muy singular dada la calma con que eran pronunciadas. No tenía
+más de sesenta años; sin embargo, como era víctima de frecuentes ataques
+de gota, su ánimo estaba algo quebrado a causa del sufrimiento físico.
+Mas, si no tenía ya la vivacidad de la respuesta, aun su boca, por un
+movimiento casi imperceptible, expresaba todos los matices que existen
+entre la ironía, la astucia y la burla franca o solapada, y he visto
+gente pulverizada por mi tío antes de que sus labios pronunciaran la
+palabra.</p>
+
+<p>No era yo, como es natural, suficientemente avezada para hacer tan
+pronto un estudio profundo del señor de Pavol, pero le observaba con el
+mayor interés. Él, por su parte, lanzaba de cuando en cuando sobre mi
+una mirada de observación, mientras leía la carta que yo le había
+traído, como para comprobar que mi fisonomía no contradecía los datos
+del cura.</p>
+
+<p>&mdash;Me miras con demasiada tenacidad, sobrina, ¿me encuentras tal vez buen
+mozo?</p>
+
+<p>&mdash;De ningún modo.</p>
+
+<p>Mi tío hizo una ligera mueca.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es franqueza, o yo no entiendo jota. ¿Y por qué estás tan pálida?</p>
+
+<p>&mdash;Porque me muero de miedo, tío.</p>
+
+<p>&mdash;Miedo, y ¿de qué?</p>
+
+<p>&mdash;Marchamos tan rápidamente. ¡Es espantoso!</p>
+
+<p>&mdash;Comprendo; es la primera vez que viajas. Tranquilízate, no hay ningún
+peligro.</p>
+
+<p>&mdash;Y mi prima, tío, ¿está en el Pavol?</p>
+
+<p>&mdash;Por cierto, y está muy deseosa de conocerte.</p>
+
+<p>Dirigiome mi tío algunas preguntas acerca de mi tía, y de mi vida en el
+Zarzal; luego tomó un diario y no abrió la boca hasta llegar a V***.</p>
+
+<p>Subimos entonces en un landó tirado por dos caballos, que debía
+conducirnos al Pavol. Y amontonamos, como se pudo, los paquetes groseros
+de mi equipaje, los que, entre paréntesis, me tenían vejada con la
+triste figura que hacían en tan elegante vehículo.</p>
+
+<p>Apenas instalada en él, me dio mi tío una bolsa de golosinas para
+confortarme, y se sumió en la lectura de un nuevo diario.</p>
+
+<p>Esta manera de conducirse comenzó a fastidiarme. A más de que no es de
+mi carácter el poder permanecer callada mucho tiempo, tenía una gran
+cantidad de preguntas que satisfacer.</p>
+
+<p>De modo que cuando estuve harta del placer de verme en un carruaje
+hermoso, suave y bien almohadillado, atrevime a romper el silencio.</p>
+
+<p>&mdash;Tío&mdash;le dije,&mdash;si quisierais no leer más, podríamos conversar un poco.</p>
+
+<p>&mdash;Con mucho gusto, sobrina&mdash;respondió mi tío doblando inmediatamente su
+diario.&mdash;Creí serte grato dejándote entregada a tus pensamientos. ¿De
+qué vamos a disertar? ¿De la cuestión de Oriente, de economía política,
+de trajes de muñecas o de las costumbres de los cafres?</p>
+
+<p>&mdash;Todo eso me importa poco, y respecto a las costumbres de los cafres,
+creo, tío, que sé tanto como vos.</p>
+
+<p>&mdash;Es muy posible&mdash;replicó el señor de Pavol, sorprendido de mi
+aplomo.&mdash;Pues bien, elige tema.</p>
+
+<p>&mdash;Decidme, tío, ¿no sois algo impío?</p>
+
+<p>&mdash;¡Eh! ¿qué diablo dices, sobrina?</p>
+
+<p>&mdash;Os pregunto, tío, si no sois algo hereje y tarambana.</p>
+
+<p>&mdash;¿Te burlas de mi? exclamó mi tío.</p>
+
+<p>&mdash;No os enojéis, mi tío; comienzo un estudio de costumbres más
+interesante que el de los cafres. Quiero saber si mi tía tenía razón al
+decir que todos los hombres eran unos herejes.</p>
+
+<p>&mdash;Que, ¿le faltaba el sentido común?</p>
+
+<p>&mdash;Tuvo mucho el día que se fue al otro mundo; pero fue la única
+vez&mdash;respondí con calma.</p>
+
+<p>El señor de Pavol me miró con evidente sorpresa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, sobrina! ¡Tienes una claridad para expresarte! Qué, ¿no te
+llevabas bien con la señora de Lavalle?</p>
+
+<p>&mdash;Cabal. Me era muy antipática y me ha pegado más de una vez.
+Preguntádselo al cura, a quien echó a la calle porque me defendía. Y
+¿cómo es posible, tío, que me hayáis dejado tanto tiempo con ella? Era
+una mujer de baja estofa, y vos no la queríais mucho que digamos.</p>
+
+<p>&mdash;Cuando tus padres murieron, Reina, mi mujer estaba muy enferma, y me
+felicité de que mi cuñada se hubiera querido encargar de tí. Te volví a
+ver cuando tenías seis años; te encontré entonces alegre, y bien tratada
+y después, a fe, casi, casi te olvidé; lo que siento profundamente hoy,
+puesto que no eras feliz.</p>
+
+<p>&mdash;¿Me tendréis siempre a vuestro lado, desde ahora, tío?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, por cierto&mdash;respondió el señor de Pavol, con vivacidad.</p>
+
+<p>&mdash;Cuando digo siempre... digo hasta mi casamiento, porque yo, me casaré
+pronto.</p>
+
+<p>&mdash;¡Te casarás pronto! ¿Cómo es eso? tienes aún la leche en los labios y
+hablas de casarte. Las jóvenes del día tienen furia por casarse.</p>
+
+<p>&mdash;¿Que mi prima no es de mis mismas ideas?</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;respondió mi tío, algo ceñudo.</p>
+
+<p>&mdash;Tanto mejor&mdash;dije restregándome las manos.&mdash;Y mi prima ¿es alta?</p>
+
+<p>&mdash;Alta y linda&mdash;respondió complacido el señor de Pavol,&mdash;una diosa en
+carne y hueso y la alegría de mis ojos. De aquí a un instante te
+convencerás de ello, pues ya llegamos.</p>
+
+<p>En efecto, entrábamos a una gran calle de olmos que conducía al
+castillo.</p>
+
+<p>Mi prima nos aguardaba sobre la escalinata.</p>
+
+<p>Me recibió en sus brazos con la majestuosidad de una reina que otorga
+una gracia a un súbdito.</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios mío, qué hermosa sois!&mdash;le dije, contemplándola con sorpresa.</p>
+
+<p>Por cierto que es muy raro hallar bellezas indiscutibles; la de mi prima
+se imponía y no podía ser discutida. No gustaba siempre, porque su
+fisonomía era altiva y a veces algo dura, pero aun los que menos la
+admiraban, veíanse obligados a decir con mi tío: Es terriblemente linda.</p>
+
+<p>Tenía cabellos castaños, que le nacían desde el borde de la frente; un
+perfil griego de pureza perfecta, un cutis soberbio, y ojos azules con
+pestañas obscuras y bien trazadas cejas.</p>
+
+<p>De elevada estatura y bien desarrollada, hubiera representado más de
+diez y ocho años, si su boca, a pesar de un arco algo desdeñoso que
+amenazaba acentuarse con el correr del tiempo, no hubiese tenido
+movimientos infantiles. Su porte y su gesto eran acompasados y algo al
+descuido, aunque armoniosos sin rebuscamiento. Un amigo del señor de
+Pavol dijo en broma un día que a los veinticinco años se parecería rasgo
+a rasgo a Juno; el nombre le quedó.</p>
+
+<p>Mi admiración por mi espléndida prima se trocó en verdadera pasión y mi
+tío se divertía con mi encariñamiento y mi entusiasmo.</p>
+
+<p>&mdash;¿No has visto nunca mujeres lindas, sobrina?</p>
+
+<p>&mdash;No he visto nada; como que he pasado mi vida en un desierto.</p>
+
+<p>&mdash;Podías mirarte al espejo, Reina; el señor de Couprat te había dicho
+que eras linda.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pablo de Couprat?&mdash;exclamé.</p>
+
+<p>&mdash;Cierto&mdash;dijo mi tío,&mdash;me he olvidado hablarte de él. Parece que se
+guareció en el Zarzal un día de tormenta.</p>
+
+<p>&mdash;Bien lo recuerdo&mdash;respondí ruborizándome.</p>
+
+<p>&mdash;¿Vendrá a almorzar el lunes, Blanca?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, papá, el comandante ha escrito aceptando la invitación. ¿Quién te
+ha vestido así, Reina?</p>
+
+<p>&mdash;Susana, una reducción de mi tía en cuestión de mal gusto y
+estupidez&mdash;contesté con fastidio.</p>
+
+<p>&mdash;Desde mañana remediaremos la miseria de tu guardarropa, sobrina. Ten,
+sin embargo, un poco de respeto por la memoria de la señora de Lavalle.
+No la querías, pero ha muerto: ¡descanse en paz! Vamos a comer; en
+seguida Juno te acompañará a tus habitaciones.</p>
+
+<p>Una parte de la noche, me la pasé en la ventana, soñando deliciosamente,
+y contemplando las masas sombrías de los elevados árboles de aquel
+Pavol, donde yo debía reír, llorar, divertirme, desolarme y ver
+cumplirse mi destino.</p>
+
+<p>Me sentí tan feliz, que aquella noche mi cura no fue en mis recuerdos
+más que un punto imperceptible.</p>
+
+
+
+
+<hr />
+
+<h3><a name="IX" id="IX"></a>IX.</h3>
+
+<p class="non"><span class="letra">M</span><span class="smcap">as</span>, suplico que no se me crea de corazón liviano e inconstante, porque
+este olvido fue solamente momentáneo y tres días después de mi llegada
+al Pavol, escribía a mi cura la siguiente carta:</p>
+
+<p>«Mi querido cura: Tengo tantas cosas que deciros, tantos descubrimientos
+que participaros, tantas confidencias que haceros, que no sé por dónde
+empezar. Figuraos que aquí es el cielo más lindo que en el Zarzal, que
+los árboles son más altos, las flores más frescas, que todo es risueño,
+que un tío es una feliz invención de la naturaleza, y que mi prima es
+bella como una hada.</p>
+
+<p>«Por más que me digáis, me riñáis y me prediquéis, mi querido cura, no
+me quitaréis de la cabeza que si Francisco I amaba mujeres tan lindas
+como Blanca de Pavol, tenía por cierto, mucho juicio. Vos mismo, señor
+cura, os enamoraríais de ella, si la vierais. Sin embargo, os declaro,
+sus modales de reina me intimidan algo, a mi, a quien nada intimida. Y
+luego es alta... me hubiera gustado mucho más que fuera baja... me
+hubiese consolado.</p>
+
+<p>«No os hablaré de mi tío, porque sé que lo conocéis, pero me parece
+desde luego que lo voy a querer mucho y él lo mismo a mí.</p>
+
+<p>«Es una gran dicha tener linda cara, señor cura, mucho mayor de lo que
+vos me decíais; se agrada a todo el mundo. Cuando sea abuela, les
+contaré a mis nietecillos, que ése fue el primer descubrimiento
+delicioso que hice al entrar a la vida. Pero de aquí a allá, hay tiempo.</p>
+
+<p>«Aunque mi vida sea aquí una continua sorpresa, ya estoy, con todo,
+bastante acostumbrada al Pavol y al lujo que me rodea. Sin embargo,
+muchas veces lanzaría exclamaciones de asombro si no me retuviera el
+miedo de quedar en ridículo; oculto mis impresiones, pero a vos, querido
+cura, bien puedo deciros que a menudo me sorprendo y embeleso.</p>
+
+<p>«Anteayer fuimos a V*** para comprarme un ajuar, puesto que los trabajos
+de Susana son decididamente unas atrocidades. No nos hagamos ilusiones,
+mi pobre cura; a pesar de vuestra admiración por ciertos vestidos míos,
+he llegado aquí hecha un mamarracho, un mamarracho horrible.</p>
+
+<p>«¡Cuán agradable cosa es una ciudad! Me he extasiado y maravillado ante
+las calles, las tiendas, las casas, las iglesias, y Blanca se ha reído
+de mi, porque ella llama a V*** una bicoca. ¡Qué diría del Zarzal!
+Después de una sesión de tres horas en casa de la modista, mi prima, que
+es muy devota, se fue a confesar; mientras yo acompañada de la sirvienta
+hice algunas compras. Mi tío habíame dado dinero para que lo gastara en
+cosas útiles y prácticas; pero ¿querréis creer que no sé darme cuenta de
+lo útil ni de lo práctico?</p>
+
+<p>«Empecé por entrar a una confitería y llenarme de masas y pastelillos;
+humildemente acúsome. Mi cura: tengo una gran pasión por las masas y los
+pastelillos. Entregada estaba a este ejercicio tan agradable como
+provechoso (con lo que estaréis de acuerdo, porque al fin y al cabo,
+tenemos obligación de alimentar este cuerpo de barro), cuando noté en
+una tienda de enfrente unos objetos muy bonitos. Atravesé en seguida y
+me compré cuarenta y dos hombrecillos de terracota: todos los que había
+en la casa. Después de tal compra, no sólo no me quedó un céntimo, sino
+que me había endeudado; pero ¿qué importa? puesto que soy rica. Mi prima
+rió mucho; pero mi tío me reprendió. Pretendió hacerme comprender que la
+razón debe ser el lastre de la cabeza humana; que sirve en todo tiempo,
+y que sin ella no se hace más que tonteras. Por ejemplo: se compra
+cuarenta y dos hombrecillos de terracota, en vez de proveerse de medias
+y camisas. Escuché su discurso en actitud contrita y humillada, querido
+cura, pero al final, que fue muy bien dicho, mi carácter indómito dio a
+la razón un cuerpo desairado, una nariz larga, romana, y una fisonomía
+seca y desabrida: este personaje se parecía a mi tía de tal modo, que
+incontinenti tomé ojeriza a la razón. Tal ha sido el resultado de la
+elocuencia desplegada por mi tío. El caso es que tengo diseminados en mi
+cuarto cuarenta y dos hombrecillos que lloran, ríen y gesticulan, y que
+por lo menos estoy contenta.</p>
+
+<p>«Ayer por la noche he hablado con Blanca, del amor, señor cura. ¿Cómo me
+decíais que no existía sino en los libros y que no tenía nada que ver
+con las jóvenes?</p>
+
+<p>«¡Ah, mi cura, mi cura; mucho me temo que me hayáis engañado muchas
+veces como a una tonta!</p>
+
+<p>«Frecuentaremos la sociedad así que pasen las primeras semanas de luto.
+Mi tío dice que soy muy joven todavía; pero tampoco puedo quedar sola en
+el Pavol. Si quisieran obligarme a ello, bien sabéis, señor cura, que no
+me quedarían más que dos caminos que tomar: tirarme por la ventana o
+prender fuego al castillo.</p>
+
+<p>«Parece que tengo mucha razón en creer en un gran éxito, pues además de
+ser linda, poseo un buen dote.</p>
+
+<p>«Blanca me ha enseñado que una linda cara sin dote vale poco; pero que
+las dos cosas reunidas forman un conjunto perfecto y un caso raro. Soy,
+pues, mi querido cura, un manjar sabroso, delicado y suculento que será
+codiciado, solicitado y tragado en un abrir y cerrar de ojos, si es que
+lo permito. Pero tranquilizaos, no lo permitiré; no lo permitiré a menos
+que... Pero ¡chist!</p>
+
+<p>«Por último, señor cura, os diré sin explicaros el por qué, que aguardo
+el lunes con impaciencia. Ese día sucederá algo que hará latir mi
+corazón, un acontecimiento que desde ahora me da ganas de saltar a más
+no poder, de arrojar al aire el sombrero, de bailar y de hacer locuras.
+¡Dios mío, que cosa linda es la vida!</p>
+
+<p>«Sin embargo, nada es perfecto en la tierra; vos no estáis aquí, y os
+extraño mucho. No puedo deciros ¡cuánto os extraño, mi pobre cura! Me
+gustaría tanto haceros admirar el castillo y sus jardines tan bien
+arregladitos y tan poco parecidos al Zarzal. Todo está en orden, hasta
+en sus más mínimos detalles, y de veras, me creo en el paraíso terrenal.
+A cada momento tengo nuevos motivos de alegría y admiración, y a cada
+instante también quisiera haceros partícipe de ellos; os busco, os
+llamo, pero los ecos de este hermoso parque permanecen mudos.</p>
+
+<p>«Adiós, mi querido cura, no os beso, porque no se besa a un cura (no sé
+porqué); pero os envío todo cuanto hay para vos en mi corazón, y ese
+todo está lleno de cariño.</p>
+
+<p>«Os quiero con toda el alma, señor cura.&mdash;<i>Reina</i>».</p>
+
+<p>Una mañana, hallábame aún en mi lecho, semidormida, morrongueando con
+beatitud, abriendo de cuando en cuando un ojo, para contemplar mi cuarto
+alegre y confortable, mis hombrecillos de terracota y los árboles que
+veía por la ventana abierta, cuando entró Blanca, de bata, cabellos
+sueltos y cara preocupada.</p>
+
+<p>&mdash;Estás tan linda como la más linda de las heroínas de Walter Scott&mdash;le
+dije contemplándola con admiración.</p>
+
+<p>&mdash;Reinita me dijo sentándose a los pies de mi cama,&mdash;vengo a charlar
+contigo.</p>
+
+<p>&mdash;Me alegro. Pero no estoy bien despierta todavía y puede que mis
+ideas...</p>
+
+<p>&mdash;¿Aun cuando se trate de casamiento?&mdash;prosiguió Blanca, que ya conocía
+mi opinión sobre tema tan serio.</p>
+
+<p>&mdash;¿De casamiento? Ya estoy despierta&mdash;exclamé, incorporándome
+rápidamente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Deseas casarte, Reina?</p>
+
+<p>&mdash;¡Si deseo casarme! ¡Vaya con la pregunta! Ya lo creo, y lo más pronto
+posible. Amo a los hombres, los quiero mucho más que a las mujeres,
+excepto cuando las mujeres son tan lindas como tú.</p>
+
+<p>&mdash;No se debe decir que se ama a los hombres&mdash;dijo Blanca con tono
+severo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?</p>
+
+<p>&mdash;No sé bien el por qué, pero te aseguro que el decirlo no es propio de
+una niña.</p>
+
+<p>&mdash;¡Tanto peor!... Yo pienso así; respondí hundiéndome en mis frazadas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué niña!&mdash;exclamó Blanca, mirándome con una especie de piedad que me
+pareció chocante.&mdash;He venido a hablarte de papá, Reina.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué pasa?</p>
+
+<p>-Escucha: Yo, como tú, quiero casarme hoy o mañana. Papá ha rechazado ya
+varios partidos, pero eso no me importa mucho, porque no tengo prisa.
+Esperaría tranquilamente hasta los veinte años; pero desearía saber si
+siempre se opondrá a que me case.</p>
+
+<p>&mdash;Pregúntaselo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ahí está el busilis&mdash;prosiguió Blanca, algo turbada;&mdash;te declaro
+que papá me da miedo, o más bien dicho, me intimida.</p>
+
+<p>Me levanté, apoyándome en el codo, y sorprendida separé los cabellos que
+me caían sobre la cara, para ver mejor a mi prima. Desde aquel instante,
+Blanca se vino a bajo, para mi, de las nubes olímpicas en que la había
+colocado, y descubrí bajo aquel cuerpo de Juno, una niña que no volvería
+jamás a intimidarme.</p>
+
+<p>&mdash;A mi no me asusta nadie&mdash;exclamé, tomando mi almohada y largándola de
+paseo al medio del cuarto.</p>
+
+<p>Blanca me miró con asombro.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué haces, Reina?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! es una costumbre. Cuando estaba en el Zarzal, lanzaba siempre mi
+almohada por los aires, para hacer rabiar a Susana, a quien este modo de
+proceder sacaba de quicio.</p>
+
+<p>&mdash;Como Susana no está aquí, te aconsejo que renuncies a tal costumbre.
+Pero, volviendo a lo que decíamos, dime, ¿te sientes con valor como para
+tener con mi padre una discusión sobre el matrimonio, que tan sin cesar
+critica?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí; mi especialidad es la discusión. Ya verás. Hoy mismo ataco a
+mi tío y arreglo todo.</p>
+
+<p>Durante la comida dirigí a mi prima toda una serie de gestos para
+notificarle que iba a entrar en batalla.</p>
+
+<p>Mi tío, que presentía un peligro, nos observaba de reojo, y Blanca, ya
+desconcertada con eso, me incitaba a desistir de mi empresa. Pero yo
+eché pelillos al mar, tosí con fuerza, y salté resueltamente al
+palenque.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tío, se puede tener hijos sin casarse?</p>
+
+<p>&mdash;No por cierto&mdash;respondiome el tío, a quien hizo gracia la pregunta.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sería una desgracia, si desapareciera la humanidad?</p>
+
+<p>&mdash;¡Hum! he ahí una cuestión difícil de resolver. Los filántropos
+responderían: sí; los misántropos: no.</p>
+
+<p>&mdash;Con todo ¿su opinión, tío?</p>
+
+<p>&mdash;No he pensado nada al respecto. Sin embargo, como hallo que la
+Providencia hace bien cuanto hace, voto por la perpetuación de la humana
+especie.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, tío, no sois consecuente con vuestras ideas, cuando
+criticáis el matrimonio.</p>
+
+<p>&mdash;¿Ah, sí?&mdash;dijo mi tío.</p>
+
+<p>&mdash;Puesto que no se puede tener hijos sin casarse y votáis al mismo
+tiempo por la propagación del género humano, se deduce de ahí que debéis
+aceptar el matrimonio para todo el mundo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Caramba!&mdash;prosiguió el señor de Pavol moviendo los labios con tal
+expresión de burla, que Blanca se enrojeció, ¡eso se llama argumentar!
+¿Qué es; pues, según tú, el matrimonio, sobrina?</p>
+
+<p>&mdash;El matrimonio&mdash;exclamé entusiasmada,&mdash;es la más hermosa de las
+instituciones que existen en la tierra. La unión perpetua con la
+persona amada, y se canta y se baila y se besan la mano... ¡Ah, sí, es
+encantador!</p>
+
+<p>&mdash;¿Se besan la mano? ¿Por qué la mano, sobrina?</p>
+
+<p>&mdash;Porque yo... en fin, yo pienso así&mdash;exclamé dedicando a mi pasado una
+sonrisa llena de misterios.</p>
+
+<p>&mdash;El matrimonio entrega una víctima al verdugo&mdash;murmuró mi tío.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!</p>
+
+<p>Juno y yo protestamos con la mayor energía.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y quién es la víctima, papá?</p>
+
+<p>&mdash;¡El hombre, canarios!</p>
+
+<p>&mdash;Pues, peor para los hombres&mdash;repliqué, que se defiendan. Lo que es yo,
+estoy decidida a volverme verdugo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ¿a qué quieren venir a parar ustedes, señoritas?</p>
+
+<p>&mdash;A esto, mi tío: a que Blanca y yo, somos partidarias sinceras del
+matrimonio, y que hemos resuelto poner en práctica nuestras teorías. Y
+yo, deseo que sea cuanto antes.</p>
+
+<p>&mdash;¡Reina!&mdash;gritó mi prima estupefacta con mi audacia.</p>
+
+<p>&mdash;No digo, sino la verdad, Blanca; únicamente diré que tú, te resuelves
+a esperar un tiempo; pero yo no tengo esa paciencia.</p>
+
+<p>&mdash;¿De veras, sobrina? Sin embargo, supongo que no tienes inclinación por
+nadie.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, por cierto&mdash;dijo Blanca riendo,&mdash;¿a quién conoce?</p>
+
+<p>Desde que estaba en el Pavol, mucho había pensado en mi amor y en Pablo
+de Couprat, y más de una vez habíame preguntado si debía o no revelar
+tal secreto a mi prima. Pero después de madurar bien la cosa, llegué a
+resolver con el árabe, que el silencio es oro. Pero a pesar de eso, al
+escuchar la afirmación de Blanca, estuve a punto de divulgarlo; sin
+embargo, logré dominarme.</p>
+
+<p>&mdash;En todo caso, amaré a alguien, mañana o pasado; porque no se puede
+vivir sin amar.</p>
+
+<p>&mdash;Y ¿de dónde has sacado, esas ideas, Reina?</p>
+
+<p>&mdash;Pero, de la vida, tío&mdash;le respondí tranquilamente.&mdash;Recordad las
+heroínas de Walter Scott: recordad cuánto aman y cómo son amadas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!... ¿y el cura te ha permitido leer novelas y te ha dado
+conferencias sobre el amor?</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre cura! ¡Si supierais lo que le he hecho rabiar con eso! Y en
+cuanto a las novelas, tío, no quería dejármelas leer de ningún modo.
+Llegó hasta llevarse la llave de la biblioteca; pero, rompiendo un
+vidrio, entré por la ventana.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pues ya prometías! Y en seguida ¿te diste a soñar y divagar acerca
+del amor?</p>
+
+<p>&mdash;Nunca divago, y sobre todo, sobre ese tema; porque sé bien de lo que
+trato.</p>
+
+<p>&mdash;¡Canarios!&mdash;dijo mi tío riendo.&mdash;Sin embargo, acabas de decirnos que
+no quieres a nadie.</p>
+
+<p>&mdash;¡Es cierto!&mdash;repliqué rápidamente, medio turbada con mi
+indiscreción.&mdash;Pero ¿no creéis tío, que la reflexión pueda suplir a la
+experiencia?</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo no! ¡Ya lo creo! sobre todo, tratándose de semejante asunto. Y
+luego me parece que tú tienes buena cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo lógica, tío, de ahí todo. Decid y ¿no se ama a más hombre que al
+marido?</p>
+
+<p>&mdash;A ningún otro&mdash;respondió sonriendo el señor de Pavol.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, si no se ama más que a su marido; como si se ama al marido,
+naturalmente es, porque se siente amor y ya que no se puede vivir sin
+amar, concluyo, que es necesario casarse.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero no antes de haber cumplido los veintiuno, señoritas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, eso no me importa!&mdash;respondió Blanca.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pero a mi si me importa! De ningún modo aguardaré cinco años.</p>
+
+<p>&mdash;Aguardarás cinco años, Reina, a no ser que se dé algún caso
+extraordinario.</p>
+
+<p>&mdash;Y ¿qué llamáis un caso extraordinario, tío?</p>
+
+<p>&mdash;Un partido tan conveniente que fuera absurdo rechazarlo.</p>
+
+<p>Esta modificación del programa del tío me dio tanta alegría, que me
+levanté para brincar.</p>
+
+<p>&mdash;¡Entonces, no esperaré!&mdash;exclamé escapándome. Y corrí a mi cuarto, en
+donde no tardó Juno en aparecer con su aire majestuoso.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué desfachatada eres, Reina!</p>
+
+<p>&mdash;¡Desfachatada! ¿Así es como agradeces el que haya hecho lo que tú
+misma me has pedido?</p>
+
+<p>&mdash;Es que dices las cosas muy pan, pan...</p>
+
+<p>&mdash;Así es mi modo: al pan, pan; y al vino, vino.</p>
+
+<p>&mdash;Y después, se hubiera dicho que te gozabas en mortificar a papá.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, no! me dolería mucho contrariarle; su cara burlona me gusta y lo
+quiero con locura. Conque, así no cambiemos las cosas, Blanca; el que
+nos ha hecho rabiar es él, atacando el matrimonio, y tú no puedes
+quejarte de mi, por que al fin y al cabo sabes lo que querías saber.</p>
+
+<p>&mdash;¡Eso es cierto! dijo Blanca con aire soñador.</p>
+
+<p>Pronto, y a sus expensas, supo el señor de Pavol, que si las mujeres
+hechas no valen nada, menos valen aún las jóvenes, pues pisotean sin
+pestañear las ideas de sus padres y sus tíos.</p>
+
+
+
+
+<hr />
+
+<h3><a name="X" id="X"></a>X.</h3>
+
+<p class="non"><span class="letra">E</span><span class="smcap">l</span> lunes, me levanté lo más contenta. Había soñado esa noche con Pablo
+de Couprat, y me desperté lanzando un grito de alegría.</p>
+
+<p>Aumentaba mi júbilo el placer de estrenar un vestido como jamás había
+usado, y así que estuve ataviada, me contemplé largo rato en silenciosa
+admiración. Y en seguida me eché a brincar y saltar en un acceso de
+exuberante felicidad, y en un corredor, casi, casi, doy a mi tío contra
+el suelo.</p>
+
+<p>&mdash;¿A donde vas así, sobrina?</p>
+
+<p>&mdash;A todos los cuartos, tío, para mirarme en todos los espejos. ¿No veis
+qué bien estoy?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, en efecto, no estás mal.</p>
+
+<p>&mdash;¿No es cierto que con un traje bien hecho, tengo un lindo talle?</p>
+
+<p>&mdash;¡Lindísimo!&mdash;respondió el señor de Pavol, besándome en las mejillas y
+encantado con mi alegría.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! tío, ¡qué feliz soy! Opino que el caso extraordinario se
+presentará muy pronto.</p>
+
+<p>Tras esto seguí mi camino y me precipité como una tromba marina en el
+cuarto de Juno.</p>
+
+<p>&mdash;¡Mira!&mdash;exclamé, girando con tanta rapidez sobre mí misma, que mi
+prima no podía ver más que un torbellino.</p>
+
+<p>&mdash;Pero sosiégate, Reina&mdash;me dijo ella con su calma de siempre.&mdash;¿Cuándo
+serás medida en tus movimientos? Sí, tu traje te sienta.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, qué piececito.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, presuntuosa de nacimiento! ¿Quién diría que una campesina como
+tú, llegaría tan pronto a tanta coquetería?</p>
+
+<p>&mdash;Ya te admirarás más. Sé que la coquetería es una cualidad muy seria.</p>
+
+<p>&mdash;Es la primera vez que lo oigo. ¿Quién te ha enseñado eso? Supongo que
+no habrá sido el cura.</p>
+
+<p>&mdash;No, no; una persona que entendía algo en la materia. ¿Vendrá a
+almorzar alguien más que los de Couprat, Blanca?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, el cura y dos amigos de mi padre.</p>
+
+<p>Nos instalamos en el salón en espera de nuestros invitados y pronto
+apareció mi tío acompañado del comandante de Couprat, al que me
+presentó.</p>
+
+<p>¡Dios mío, qué aspecto tan simpático, el del comandante!</p>
+
+<p>Sus ojos eran límpidos como los de un niño y sus cabellos y bigotes
+blancos como nieve. Su fisonomía era tan bondadosa y benévola, que me
+recordó la de mi cura, aunque no hubiera entre ellas verdadera
+semejanza. Inmediatamente me sentí atraída hacia él y comprendí también
+que la simpatía era recíproca.</p>
+
+<p>&mdash;Una parientita, de quien ya he oído hablarme dijo, tomándome las
+manos:&mdash;deja que te bese, hijita, he sido muy amigo de tu padre.</p>
+
+<p>Me dejé besar de buen grado, no sin decir para mis adentros, que hubiera
+sido mucho mejor que en tan delicada operación le hubiese reemplazado su
+hijo.</p>
+
+<p>Por fin entró... De buena gana habría dado todo mi dote y mi hermoso
+vestido a más, por el derecho de correr a él y abrazarle con todas mis
+fuerzas.</p>
+
+<p>Dio un apretón de manos a mi prima, y me saludó tan ceremoniosamente,
+que quedé cortada.</p>
+
+<p>&mdash;Dadme la mano&mdash;le dije,&mdash;bien sabéis que nos conocemos.</p>
+
+<p>&mdash;No me atrevía a...</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué tontería!</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es eso, Reina?&mdash;refunfuñó mi tío.</p>
+
+<p>&mdash;Una flor algo silvestre&mdash;dijo el comandante mirándome con
+cariño,&mdash;pero una hermosa flor.</p>
+
+<p>Estas palabras no bastaron para disipar el fastidio que sentía sin saber
+por qué, y permanecí por algún tiempo silenciosa y quieta en mi asiento,
+observando al señor de Couprat que conversaba risueñamente con Blanca.
+¡Ah, cómo me gustaba! Cómo me latía el corazón mientras lo veía reír con
+aquella risa fresca, con aquellos blancos dientes y con aquellos ojos
+francos con los que había soñado tanto en mi espantosa casa vieja. Y mi
+tía, mi cura, Susana, el jardín húmedo de lluvia, y el cerezo a que se
+había trepado, desfilaban por mi mente como sombras fugitivas.</p>
+
+<p>No tardé en tomar parte en la conversación, y ya había recobrado una
+parte de mi buena alegría cuando pasamos al comedor.</p>
+
+<p>Colocada entre el cura y Pablo de Couprat, me dirigí inmediatamente a
+éste, preguntándole:</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no volvisteis al Zarzal?</p>
+
+<p>&mdash;No he podido disponer de mis acciones, señorita.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y habéis, por lo menos, deseado ir?</p>
+
+<p>&mdash;Muchísimo, os lo aseguro.</p>
+
+<p>&mdash;Y entonces ¿por qué no me disteis la mano al entrar?</p>
+
+<p>&mdash;Es que según la etiqueta la iniciativa os correspondía, señorita.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¿la etiqueta? Sin embargo, en el Zarzal, no os acordabais de
+ella.</p>
+
+<p>&mdash;Estábamos en condiciones especiales, y bien lejos de la sociedad, por
+cierto,&mdash;respondió sonriendo.</p>
+
+<p>&mdash;¿A caso la sociedad prohíbe que seamos amables?</p>
+
+<p>&mdash;No, al contrario; pero las conveniencias reprimen a menudo los ímpetus
+del cariño.</p>
+
+<p>&mdash;Pues es una tontería&mdash;dije secamente.</p>
+
+<p>Pero su explicación me satisfizo y recobré todos mis bríos.</p>
+
+<p>Sin embargo, conversando con él, noté que no daba la misma importancia
+que yo a las palabras que me había dicho en el Zarzal. Pero me sentía
+tan feliz, viéndole y habiéndole, que en aquel momento, esta pequeña
+decepción pasó por mi alma sin herirla.</p>
+
+<p>El señor de Couprat nos hizo saber que habría varios bailes en el mes de
+Octubre.</p>
+
+<p>&mdash;Me alegro&mdash;respondió Juno.</p>
+
+<p>&mdash;Me enseñarás a bailar&mdash;le dije saltando sobre mi silla.</p>
+
+<p>&mdash;Pido que se me permita ser el profesor&mdash;exclamó Pablo de Couprat.</p>
+
+<p>&mdash;Pablo es un notable bailarín&mdash;dijo el comandante,&mdash;todas las señoras
+desean bailar con él.</p>
+
+<p>&mdash;Y luego es tan buen mozo&mdash;añadí yo.</p>
+
+<p>El comandante y su hijo echáronse a reír; el cura y los dos amigos de mi
+tío me miraron sonriendo y moviendo la cabeza, con modo paternal. Mas el
+rostro de mi tío tomó una expresión de descontento y mi prima levantó
+las cejas, con un movimiento que le era peculiar, para demostrar su
+disgusto; movimiento tan lleno de desdén, que estuve por creer que había
+dicho una necedad.</p>
+
+<p>Después del almuerzo dimos una vuelta por el bosque. Había vuelto a
+encontrar mi alegría y hablaba sin cesar, divertiéndome en imitar el
+modo y la voz de uno de nuestros invitados cuyos defectos exteriores me
+habían llamado la atención.</p>
+
+<p>&mdash;Reina, eres muy mal educada&mdash;decía Blanca.</p>
+
+<p>&mdash;Habla así&mdash;respondí, apretándome la nariz para imitar la voz de mi
+víctima.</p>
+
+<p>El señor de Couprat reía, pero Juno se envolvía en una imponente
+dignidad que no me infundía respeto.</p>
+
+<p>Llego un momento en que me hallé junto a él, mientras que mi prima
+caminaba delante de nosotros con aire distraído. Noté que él la miraba
+mucho, y le interrogué con la mayor inocencia de corazón:</p>
+
+<p>&mdash;Es muy linda ¿verdad?</p>
+
+<p>&mdash;¡Linda, muy linda!&mdash;respondiome con una voz tan apagada que me hizo
+estremecer.</p>
+
+<p>Un presentimiento y una duda atravesaron mi espíritu; pero a los diez y
+seis años, esa clase de impresiones vuelan y desaparecen, como las
+mariposas que revolotean en torno de nosotros, así es que estuve lo más
+alegre hasta el instante en que nuestros invitados se despidieron del
+señor de Pavol.</p>
+
+<p>Así que se fueron, retirose mi tío a su gabinete y me hizo comparecer
+ante él.</p>
+
+<p>&mdash;Reina, has estado ridícula.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué, tío?</p>
+
+<p>&mdash;No se le dice a un joven, que es buen mozo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero si me parece que lo es.</p>
+
+<p>&mdash;Motivo de más, para no decírselo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo!&mdash;contesté yo sorprendida.&mdash;¿Entonces debía decirle que lo
+hallaba feo?</p>
+
+<p>&mdash;No debías de haber tocado ese punto. Ten cualquier opinión, pero
+guárdala para ti.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, mi tío, lo más natural es decir lo que se piensa.</p>
+
+<p>&mdash;No en sociedad, sobrina. La mitad de las veces es necesario decir lo
+que no se piensa y ocultar lo que se piensa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué horrible máxima!&mdash;exclamé asustada.&mdash;No la podré poner en
+práctica jamás.</p>
+
+<p>&mdash;Ya llegarás a ello; mientras tanto, observa la etiqueta.</p>
+
+<p>&mdash;¡Y dale con la etiqueta!&mdash;respondí, marchándome de mal humor.</p>
+
+<p>Por la noche cuando me puse a soñar en la ventana como tenía por
+costumbre, una inquietud indefinible y oculta turbó mis ensueños. Pensé
+en aquel día, con tanta impaciencia esperado, y no pude negarme que las
+cosas no habían pasado según mis deseos. ¿Qué era lo que yo había
+esperado? Lo ignoraba, pero me espeté yo misma un discurso para
+convencerme de que el señor de Couprat estaba enamorado de mi, y la
+peroración dio término con un enternecimiento de mal augurio.</p>
+
+<p>Al día siguiente, mis inquietudes habían desaparecido a pesar de todo,
+pero por la tarde recibí una larga misiva de mi cura, llena de buenos
+consejos y con este final:</p>
+
+<p>«Reinita: tu carta ha venido a consolarme y alegrarme en mi soledad, te
+ruego que no te canses de escribirme. No sé que hacerme sin ti, y no voy
+al Zarzal, de miedo de llorar como un niño. Me reprocho mi egoísmo,
+puesto que eres feliz, pero como dice la Escritura, la carne es débil, y
+mi parroquia, mis deberes y mis oraciones no me han hecho olvidarte
+todavía.</p>
+
+<p>«Adiós, querida y buena hijita mía, terminaré esta carta diciéndote:
+desconfía de la imaginación».</p>
+
+<p>Y esta frase, produjo una impresión desagradable en mi ánimo agitado.</p>
+
+
+
+
+<hr />
+
+<h3><a name="XI" id="XI"></a>XI.</h3>
+
+<p class="non"><span class="letra">H</span><span class="smcap">acía</span> tres semanas que me hallaba en el Pavol y mi tío pretendía que en
+ese lapso de tiempo, había embellecido tanto, que sí me llegara a
+encontrar el cura, no le fuera posible reconocerme. Comparábame a esas
+plantas de mucha savia, que brotan hermosas en terreno ingrato, porque
+son lozanas de por sí, pero que trasplantadas a tierras propicias a su
+naturaleza, se desarrollan de pronto de un modo increíble. Cuando me
+miraba al espejo, convencíame de que mis ojos pardos tenían nuevo
+brillo, mi boca más frescura, y de que mi tez de meridional, adquiría
+matices róseos y delicados, que me producían vivísima satisfacción.</p>
+
+<p>Sin embargo, algunos días después del almuerzo de que he hablado,
+descubrí de un modo cierto que me había engañado groseramente, creyendo
+con toda simpleza, que el señor de Couprat estuviese enamorado mí. Sin
+embargo, como nunca he sido pesimista, me apresuré a argüir para
+consolarme. Díjeme que los corazones no deben estar precisamente
+formados de la misma manera; que si algunos se dan en un minuto, otros
+tienen la facultad de meditar y estudiar antes de enamorarse; que si el
+señor de Couprat no me amaba aún, eso tenía que suceder hoy o mañana,
+dado que era evidente, que existía entre nuestros gustos y caracteres
+respectivos una innegable semejanza. De modo que aunque la decepción
+hubiese sido grande, no conmovió profundamente mi tranquilidad por buen
+número de días. Me expandía en un ambiente simpático a todos mis gustos
+y me regocijaba al calor de mi felicidad, como un lagarto al resplandor
+del sol.</p>
+
+<p>Mi prima tocaba muy bien el piano. El comandante que era fanático por la
+música venía al Pavol varias veces por semana y su hijo le acompañaba
+siempre. De todos modos, siempre tenía la puerta franca, pues lo
+autorizaban para ello el haber sido compañero de infancia de Blanca y
+los vínculos del parentesco que unían a las dos familias. A más, mi tío
+miraba esta intimidad con buenos ojos, porque de acuerdo con el
+comandante y a pesar de sus paradojas sobre el matrimonio, deseaba
+ardientemente, casar a su hija con el señor de Couprat, pues hallaba y
+con razón, que entraba en la categoría de los casos extraordinarios.</p>
+
+<p>Sólo más tarde me di cuenta de este proyecto, al mismo tiempo que de
+otras cosas, que me hubiera sido fácil comprender antes si hubiese
+tenido más experiencia.</p>
+
+<p>Generalmente llegaban a la hora de almorzar. Pablo, dotado del apetito
+que sabemos, almorzaba copiosamente y merendaba sólidamente a las tres.
+Después de esto, Blanca me daba una lección de baile, mientras él
+ejecutaba con brío un vals propio. Otras veces el profesor era él; mi
+prima iba al piano, y el comandante y mi tío nos contemplaban con
+complacencia, mientras yo giraba en brazos del señor de Couprat, en
+medio de una alegría indecible. ¡Qué lindos días!</p>
+
+<p>No hacíamos un proyecto en que él no estuviera incluido. Su comunicativa
+alegría, su espíritu conciliador, y el talento para organizar e inventar
+travesuras, que poseía en grado sumo, hacían de él un irreemplazable
+compañero, amenizaban nuestra existencia y alimentaban mi amor. Diestro,
+hábil, complaciente, se prestaba a todo, y todo sabía hacer. Cuando
+descomponíamos un reloj o rompíamos una pulsera o cualquier otro objeto,
+Blanca y yo decíamos:</p>
+
+<p>&mdash;Cuando venga Pablo, lo compondrá.</p>
+
+<p>Pintaba a menudo y nos enseñaba sus trabajos. Es el único punto en que
+nunca hemos podido estar de acuerdo. Yo experimentaba una intensa
+antipatía por las artes, pero sobre todo, por la música, puesto que la
+maldita etiqueta no permite taparse los oídos, mientras que es lo más
+fácil no mirar un cuadro o darle la espalda. Con todo, cuando el señor
+de Couprat tocaba valses, lo escuchaba con gusto y largo rato; mas, era
+él lo que me gustaba y no los valses. Anoto de paso este sentimiento,
+porque analizándole, un día llegué a un terrible descubrimiento.</p>
+
+<p>&mdash;¿Para qué pintáis árboles, primo? El árbol más feo, es mucho mejor que
+todas esas manchas verdes que echáis sobre el lienzo.</p>
+
+<p>&mdash;¿De ese modo comprendéis el arte, prima?</p>
+
+<p>&mdash;¿No pensáis que Juno es mil veces más linda que su retrato?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, por cierto, lo creo.</p>
+
+<p>&mdash;Y esas florecitas azules que ponéis en los árboles, ¿qué son?</p>
+
+<p>&mdash;Eso es un pedazo de cielo, prima.</p>
+
+<p>Hice una pirueta y exclamé con aire patético:</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh cielos, oh árboles, oh naturaleza!, ¡cuántos crímenes se cometen
+en vuestro nombre!</p>
+
+<p>Mi tío tenía muchos amigos en V***, estaba emparentado con la mayor
+parte de las familias de la región y tenía mesa puesta para todos. Raro
+era el día que no tuviésemos algunos invitados a almorzar o a comer.
+Esto era para mi un medio de conocer las maneras sociales y aprender,
+como me había dicho el cura, a equilibrar mis sentimientos. Pero debo
+advertir, que no equilibraba mucho que digamos, y que no lograba nunca
+disimular pensamientos e impresiones tan chocantes como impertinentes.</p>
+
+<p>Mi tío y Juno, completamente rígidos en cuanto al capítulo de las
+conveniencias sociales, me dirigían algunas reprimendas elocuentes; pero
+se las llevaba el viento. Con una tenacidad verdaderamente desoladora no
+perdía la ocasión de hacer un disparate o decir alguna majadería.</p>
+
+<p>&mdash;Has estado muy inconveniente con la señora de A***, Reina.</p>
+
+<p>&mdash;¿En qué, hipócrita Juno? Le he dejado ver, que no me gustaba, y nada
+más.</p>
+
+<p>&mdash;Cabalmente, en eso consiste la inconveniencia, sobrina.</p>
+
+<p>&mdash;Es tan fea, tío. Y de veras, no siento mucha afección por las mujeres;
+son burlonas, malas, y miden de pies a cabeza a la gente, como si en vez
+de ser personas fueran animales curiosos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo te atreves tú a reprocharlos el que sean burlonas, Reina, cuando
+no te ocupas en otra cosa sino en remedar las ridiculeces de los demás?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero soy linda; por consiguiente, me está permitido hacerlo. El
+señor de C..., me lo dijo el otro día.</p>
+
+<p>&mdash;No alcanzo a ver la consecuencia... Y por otra parte, ¿crees que los
+hombres no te midan también de pies a cabeza?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero es para admirarme, mientras que las mujeres, si me miran, es
+buscando defectos, y si no los hallan, los inventan. Ya ves, como he
+observado una porción de cosas.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo vemos, sobrina. Pero trata de observar también, que la
+corrección es una apreciable cualidad.</p>
+
+<p>Cuando nuestros invitados masculinos eran jóvenes, nos hacían la corte a
+Blanca y a mi, y lo que es yo me divertía bastante; pero cuando eran
+viejos... ¡Dios mío! surgía siempre la política a darme jaqueca. ¡Oh!
+¡Cuánto me ha aburrido la política!</p>
+
+<p>Llegaban irritadísimos contra las tropelías del gobierno, pero hablaban
+de ellas con cierta discreción hasta que algún bonapartista fogoso
+exclamaba, que debía fusilarse a todos los republicanos, para
+aterrorizarles. La ingenuidad de la frase hacía reír, pero esta
+hecatombe imaginaria era la señal de zafarrancho para las exageraciones
+y desatinos. Ya nos metíamos de cabeza en la política y no salíamos
+hasta el fin de la comida. Todos estaban de acuerdo en cuanto a abominar
+a la república y a los republicanos, pero en el momento en que algunos
+de los convidados desembolsaba la formita de gobierno que tenía buen
+cuidado de llevar siempre consigo, no pasaba mucho, no, sin que se
+cambiaran miradas furibundas y se pusieran las caras a modo de tomates.</p>
+
+<p>Envolvíase el legitimista en la dignidad de sus tradiciones, de su
+fidelidad y de sus anhelos y trataba de revolucionario al imperialista;
+mientras que éste, en su foro interno, trataba de imbécil al
+legitimista. Pero como la urbanidad no le permitía emitir su opinión
+gritaba para resarcirse como un desesperado. En seguida se caía a plomo
+sobre los republicanos; se les abrumaba de invectivas, se les deportaba,
+se les fusilaba, se les decapitaba y se les hacía picadillo; pues
+bonapartistas y legitimistas se unían en un odio común, para barrer de
+la faz de la tierra a tales bípedos. Se peroraba apasionadamente, se
+gesticulaba, se salvaba a la patria y se ponían como remolachas... lo
+que no obstaba ¡ay! para que las cosas siguieran su camino. Mi tío, de
+tiempo en tiempo, lanzaba en medio de estas divagaciones, una salida
+ingeniosa, o una frase sensata y colocaba la discusión en un terreno más
+elevado que el del interés personal y las simpatías individuales. Nada
+legitimista, y sin tener opinión determinada, no dejaba de ver que la
+Francia, desde hacía un siglo, marcha con la cabeza baja, y que siendo
+esa una postura anormal, concluirá por perder el equilibrio y caer en un
+precipicio en el que la enterrarían.</p>
+
+<p>Se reía de las ruindades y estupideces de todos los partidos, pero a
+menudo era presa de desalientos, que se reflejaban en alguna ocurrencia
+chistosa. Jamás lo vi exaltarse; se conservaba en calma, en medio a los
+variados rugidos de sus huéspedes, seguro siempre, de que suya sería la
+última palabra, pues veía claro y lejos. Sin embargo, sus antipatías
+eran vehementes y execraba a los republicanos.</p>
+
+<p>No quiero decir con esto, que fuese tan apasionado como para no saber
+guardar un justo medio: hubiese aceptado una república, si la hubiese
+creído posible, y se inclinaba ante la constancia de ciertos hombres,
+que luchan de buena fe por una utopía.</p>
+
+<p>Algunas veces le oía llamar a nuestros gobernantes, jugadores de
+raqueta, comparando las leyes que las dos cámaras se envían diariamente
+una a otra, a volantes que los franceses, boquiabiertos, miran pasar con
+ojos plácidos, hasta el momento en que caen sobre sus respetables
+narices y se las aplastan.</p>
+
+<p>De donde saqué yo, para mi gobierno, algunas deducciones que referiré a
+su tiempo.</p>
+
+<p>Al señor de Pavol le agradaba conversar y aun discutir. Y aunque hablaba
+poco, escuchaba con interés. Bajo una corteza rústica escondía
+conocimientos generales, elevado buen gusto y gran criterio unido a una
+altura de vistas especial. No era ni un santo, ni un devoto. Supongo
+que, como la mayoría de los hombres, habría tenido sus flaquezas y sus
+errores; pero creía en un Dios, en el alma, en la virtud, y no
+consideraba la incredulidad, la mala fe y el espíritu de impiedad y
+difamación como signo de virilidad intelectual.</p>
+
+<p>Gustábale oír desarrollar sus sistemas a los materialistas y
+librepensadores, y su silencio burlón hablaba elocuentemente, mientras
+observaba a su interlocutor juntando las cejas de tal modo que le
+ocultaban los ojos casi por completo. Y luego con la mayor tranquilidad,
+les replicaba:</p>
+
+<p>&mdash;¡Caramba! señor, ¿sabéis que os admiro? Habéis llegado casi a la
+perfecta humildad del Evangelio. Me avergüenzo de no poder seguir
+vuestras huellas, pero mi orgullo es tan endiablado, que me impedirá
+siempre parangonarme con la oruga que se arrastra a mis pies o al cerdo
+que se revuelca en mi corral.</p>
+
+<p>Estaba siempre en guerra con el consejo municipal de su distrito; no le
+gustaban los aldeanos, y pretendía que no hay nada más pillo y canalla
+que un campesino. Así, aunque se le estimaba y respetaba, no era
+querido. Sin embargo, hacía grandes limosnas y no desperdiciaba ocasión
+para ejercitar su bondad; pero jamás se dejaba envolver por la malicia y
+astucia de los buenos labriegos.</p>
+
+<p>Por último, si mi tío no había seguido carrera alguna, si no había sido
+ni médico, ni abogado, ni ingeniero, ni soldado, ni diplomático, ni aun
+ministro, llenaba su cometido en la vida, conservando las sanas
+tradiciones, respetando lo que es respetable, no dejándose arrastrar por
+las divagaciones de la época, y usando de su influencia para encaminar
+al bien y a la justicia algunos corazones. En una palabra, mi tío era un
+hombre de talento, de corazón y de bien. Yo le quería mucho, y si no
+hubiese hablado nunca de política, le hubiera creído sin defectos. En la
+vida privada era ejemplar. Quería con locura a su hija, y en cuanto a
+mi, pronto me tomó cariño.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué cosa horrible son los gobiernos!&mdash;decía yo al señor de
+Couprat.&mdash;Sería necesario suprimirlos todos; por lo menos así no se
+oiría hablar de política. Hay que suprimir dos cosas: el piano y la
+política.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, por cierto, y soy de vuestra opinión&mdash;me respondió riendo.</p>
+
+<p>&mdash;Ah... ¿qué no os gusta el piano? Sin embargo, cuando Blanca toca la
+escucháis con placer; por lo menos, o así parece.</p>
+
+<p>&mdash;Es que Blanca tiene mucho talento.</p>
+
+<p>Esta explicación me produjo la fastidiosa sensación, que causan los
+mosquitos rondando alrededor de nuestros oídos cuando dormimos: nos
+incomodan sin turbarnos completamente el sueño. Evidentemente, la razón
+que me daba no era aceptable, porque a pesar del talento de Juno, yo que
+no amaba el piano, sentía ganas de gritar y de escaparme cada vez que
+ella ejecutaba alguna sonata de Mozart o de Beethoven. ¡Qué dos hombres
+que pueden vanagloriarse de haber aburrido a la humanidad! Yo me
+desesperaba pensando en sus mujeres.</p>
+
+<p>En medio de esta dulce vida de esperanzas, y pequeñas inquietudes
+desvanecidas por una amabilidad, o por las distracciones de una
+existencia tan nueva para mi, llegamos al fin de Septiembre. Y entonces
+mi tío, con el aspecto fúnebre de un hombre que va al cadalso, se
+preparó a llevarnos a las tertulias anunciadas por el señor de Couprat.</p>
+
+
+
+
+<hr />
+
+<h3><a name="XII" id="XII"></a>XII.</h3>
+
+<p class="non"><span class="letra">P</span><span class="smcap">uedo</span> asegurar que mi espíritu de observación no se ejercitó en mi
+primer baile. Sólo me queda de esa fiesta algo así como la impresión de
+un placer delirante, y el recuerdo de las necedades que dije, y eso
+porque me costaron una buena reprimenda al día siguiente.</p>
+
+<p>De cuando en cuando, Juno golpeábame el brazo con su abanico y me decía
+al oído, que me ponía en ridículo; pero era como hablar con una tapia;
+pues yo me alejaba sin oírla, revoloteando con mis compañeros.</p>
+
+<p>A veces, mi caballero creía oportuno entablar conversación.</p>
+
+<p>&mdash;¿No hace mucho que vivís aquí, señorita?</p>
+
+<p>&mdash;No señor; seis semanas, más o menos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y dónde vivíais antes de venir al Pavol?</p>
+
+<p>&mdash;En el Zarzal; una quinta espantosa, con una espantosa tía que ¡gracias
+a Dios! ha muerto.</p>
+
+<p>&mdash;En todo caso, vuestro nombre señorita es de los más conocidos; en 1423
+había un caballero de Lavalle que se parapetó en el monte de San Miguel.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sí? ¿Y qué hacía allí ese caballero?</p>
+
+<p>&mdash;Defender el monte atacado por los ingleses.</p>
+
+<p>&mdash;¿En lugar de bailar? ¡Qué tonto!</p>
+
+<p>&mdash;¿Tratáis así, señorita, a vuestros abuelos y al heroísmo?</p>
+
+<p>&mdash;¡Mis abuelos! ¡Nunca he pensado en ellos! y del heroísmo se me da un
+bledo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ¿qué os ha hecho el pobre heroísmo?</p>
+
+<p>&mdash;Es que como los romanos eran heroicos, según parece y yo detesto a los
+romanos... Pero, bailemos, en vez de charlar.</p>
+
+<p>Y partíamos, girando.</p>
+
+<p>Mi felicidad llegó a su apogeo al verme, danzando con el señor de
+Couprat, en aquel salón lleno de luces, a la vista de tantas señoras
+riquísimamente ataviadas, y entre aquella sociedad de la que me hallaba
+tan lejos poco antes. Pablo bailaba mucho mejor que los demás. Aunque
+fuese alto y pequeñísima yo, solía acariciarme las mejillas su lindo
+bigote rubio y retorcido, y sentí algunas tentaciones de las que no
+hablaré por no escandalizar al prójimo.</p>
+
+<p>Embriagada por la alegría y las lisonjas que zumbaban a mi derredor,
+dije todas las tonterías inimaginables; pero conquisté a todos los
+hombres y desesperé a todas las muchachas.</p>
+
+<p>El cotillón despertó en mi el mayor entusiasmo, y cuando mi tío, que
+tenía todo el aire de un mártir, nos hizo señas de que era hora de
+partir, exclamé, desde el extremo del salón:</p>
+
+<p>&mdash;Tío, no me sacaréis de aquí, sino por la fuerza armada.</p>
+
+<p>Pero tuve que prescindir de ella, y seguir a Juno, que hermosa y
+correcta, como de costumbre, se apresuró a obedecer a su padre, sin
+hacer caso de mis recriminaciones.</p>
+
+<p>Ya en mi cuarto y al desnudarme, me vino una locura irresistible. Tomé
+mi almohada y me puse a valsar con ella por el cuarto, cantando a toda
+voz.</p>
+
+<p>Juno, cuyo cuarto no estaba lejos del mío, acudió semiasustada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Reina! ¿qué haces?</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya ves, bailar!</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios, mío! ¡qué niña eres!</p>
+
+<p>&mdash;Querida Blanca, si la humanidad tuviese ingenio, día y noche bailaría.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Reina, hace frío y puedes resfriarte; acuéstate.</p>
+
+<p>Arrojé mi almohada a un rincón y me metí en la cama. Blanca sentose a
+los pies e improvisó una arenga. Esforzose en probarme que la calma es
+una gran cualidad en todos los actos de la vida; que cada cosa debe
+hacerse a su tiempo y lugar, y que, después de todo, no le parecía que
+una almohada fuese un compañero de danza muy agradable y...</p>
+
+<p>&mdash;¡En cuanto a eso estoy conforme! díjele interrumpiéndola,&mdash;sólo son
+agradables los bailarines de carne y hueso, sobre todo, si tienen
+bigotes: bigotes rubios, por ejemplo. Un bigotito que os acaricia la
+mejilla al bailar ¡ah! de veras, es deli...</p>
+
+<p>En esto me dormí, y no desperté hasta las tres de la tarde.</p>
+
+<p>Así que estuve vestida, me mandó llamar el señor de Pavol. Acudí
+inmediatamente con el presentimiento de que en el cerebro de mi tío
+germinaba un sermón. Al ver su aire solemne comprendí lo acertado de mis
+conjeturas y como siempre me ha gustado la comodidad tanto en los
+sermones, como en las demás circunstancias de la vida, aproximé un
+sillón y me arrellané en él, confortablemente; entrelacé las manos sobre
+mis rodillas y cerré los ojos con aire de profundo recogimiento.</p>
+
+<p>Al cabo de dos segundos, no escuchando ni media palabra, exclamé:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y? ¡Empezad, pues, tío!</p>
+
+<p>&mdash;Hazme el servicio de enderezarte, Reina y de tomar una actitud más
+respetuosa.</p>
+
+<p>&mdash;Pero tío&mdash;repuse abriendo los ojos, asombrada;&mdash;no ha sido mi
+intención faltaros al respeto, y si me he puesto en esa actitud era para
+oíros mejor.</p>
+
+<p>&mdash;Sobrina, me vas a hacer perder la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Puede ser, tío, respondí tranquilamente, mi cura también me decía
+muchas veces que le haría morir de pesar.</p>
+
+<p>&mdash;Hablando francamente ¿crees que tenga ganas de que me lleve el diablo
+por causa de una chicuela mal educada, como tú?</p>
+
+<p>&mdash;Os diré primero, que no creo que nunca os llevará el diablo, y
+segundo, que me desolaría si os perdiera, pues os quiero con todo mi
+corazón.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hum!... ¡es una suerte! ¿Quieres decirme ahora porqué a pesar de mis
+lecciones y consejos, te has comportado anoche de una manera tan
+inconveniente?</p>
+
+<p>&mdash;Especificad las acusaciones, tío.</p>
+
+<p>&mdash;Sería cosa de nunca acabar, pues todo lo que has hecho, ha sido
+inconveniente; parecías una loca. Entre muchas necedades, has llamado
+por su nombre de pila al señor de Couprat, así que le viste; yo estaba
+cerca de ti, y he visto que al caballero, que en ese momento te daba el
+brazo, le pareció muy chocante.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, eso sí! ¡lo creo capaz de todo; parecía un ganso!</p>
+
+<p>&mdash;Yo no soy un ganso, Reina, y te digo que es una inconveniencia.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, tío, es nuestro primo, lo vemos todos los días. Blanca y yo le
+llamamos siempre Pablo cuando hablamos de él, y aun cuando nos dirigimos
+a él directamente.</p>
+
+<p>&mdash;Eso puede pasar en la intimidad, pero no en el mundo, donde nadie está
+obligado a conocer el parentesco ni el grado de relación de las
+personas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Así es que, según vos, debe uno portarse de un modo en su casa y de
+otro delante de gente?</p>
+
+<p>&mdash;Eso es lo que me esfuerzo en hacerte comprender, sobrina.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, eso es ni más ni menos, una hipocresía.</p>
+
+<p>&mdash;En nombre del cielo, sé hipócrita, no te pido otra cosa. Parece
+además, que has dicho a cinco o seis jóvenes que eran muy buenos mozos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cierto, ya lo creo!&mdash;exclamé en un ímpetu de simpatía al recordar a
+mis compañeros.&mdash;¡Tan guapos, tan educados, tan atentos! Por otra parte
+les había trampeado piezas y para que no se contrariaran...</p>
+
+<p>&mdash;Por el momento, a quien contrarías mucho es a mi, Reina; hace siete
+semanas que Blanca y yo tratamos de hacerte comprender que es necesario
+mesurar nuestros movimientos lo mismo que nuestras tristezas y alegrías,
+y sin embargo, no yerras disparate. Tienes talento, eres coqueta y
+desgraciadamente para mi, tienes una cara demasiado bonita y...</p>
+
+<p>&mdash;¡Al fin y al cabo!&mdash;interrumpí, satisfecha,&mdash;así es como me gustan los
+sermones.</p>
+
+<p>&mdash;No me interrumpas, Reina, te hablo seriamente.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver, tío, razonemos: la primera vez que me visteis, me
+dijisteis: eres terriblemente linda.</p>
+
+<p>&mdash;Y ¿qué hay con eso, sobrina?</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué hay? Que con ello veréis, que uno no puede refrenar siempre un
+movimiento primo.</p>
+
+<p>&mdash;Tal vez, pero se debe tratar de reprimirlo siempre, y sobre todo,
+hacerme caso. A pesar de tu poca edad y tu corta estatura, tienes el
+aspecto de una mujer; trata pues de tener la dignidad, que te
+corresponde.</p>
+
+<p>&mdash;¡La dignidad!&mdash;exclamé,&mdash;y ¿para qué?</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo para qué?</p>
+
+<p>&mdash;No comprendo, tío. ¿Cómo me predicáis dignidad, cuando el gobierno
+tiene tan poca?</p>
+
+<p>&mdash;No veo la relación... ¿Qué nueva locura es esa?</p>
+
+<p>&mdash;¿No decís tío, que el gobierno pasa el tiempo jugando al volante? La
+verdad es que tal conducta en un gobierno es una falta de dignidad. Y
+entonces, ¿por qué los simples particulares hemos de tener más que los
+ministros y los senadores?</p>
+
+<p>Mi tío se echó a reír.</p>
+
+<p>&mdash;Difícil es reñirte, Reina; como la anguila, te escurres entre los
+dedos. Pero a pesar de todo, te aseguro, que si no me obedeces no te
+dejaré ir más a ninguna tertulia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, si hicieseis semejante cosa, mereceríais las torturas de la
+Inquisición!</p>
+
+<p>&mdash;Como la Inquisición está abolida no se me torturará; pero tu me
+obedecerás, tenlo por cierto. No quiero que una sobrina mía adquiera
+hábitos y maneras, que si se pueden excusar hoy por sus pocos años,
+mañana la podrán hacer pasar por... ¡hum!</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué, tío?</p>
+
+<p>El señor de Pavol tuvo un violento ataque de tos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hum! por una mujer criada en las selvas, o algo por el estilo.</p>
+
+<p>&mdash;Y tal apreciación no iría muy descaminada, puesto que el Zarzal y una
+selva son la misma cosa.</p>
+
+<p>&mdash;En fin, sobrina, convéncete de que te he hablado seriamente; vete y
+reflexiona.</p>
+
+<p>Comprendí que no se podía tomar a broma este formidable reto. Me encerré
+en mi cuarto donde reflexioné veintiocho minutos y medio, durante los
+cuales sentí germinar en mi corazón el loable deseo de trabar relación
+con la mesura.</p>
+
+
+
+
+<hr />
+
+<h3><a name="XIII" id="XIII"></a>XIII.</h3>
+
+<p class="non"><span class="letra">M</span><span class="smcap">uy</span> pronto llegué a descubrir que muchas veces la fama de sabiduría de
+que gozan los proverbios no es hurtada; que en ciertos casos, querer es
+poder y que con un poquito de buena voluntad me sería fácil poner en
+práctica los consejos de mi tío.</p>
+
+<p>No quiero decir con esto, que no haya vuelto a cometer necedades desde
+entonces, ¡oh, no! eso sucedía aún, bastante a menudo, pero logré
+volverme seria y adquirir un sosiego relativo.</p>
+
+<p>Por otra parte, si mi tío me había reprendido había sido en previsión
+del porvenir, porque entonces me hallaba en un medio social en el que
+mis acciones y palabras eran juzgadas con la mayor indulgencia. Era
+aquella una sociedad amena, y educada, llena de tradiciones de cortesía,
+y en las que contaba sin saberlo con gran número de parientes y
+allegados.</p>
+
+<p>En obsequio a mi nombre, a mi belleza, y a mi dote fuéronme perdonados
+muchísimos pecados. Era la niña mimada de las matronas, que narraban con
+cariño anécdotas de mis abuelos y bisabuelos y de otros antepasados
+cuyos hechos y proezas debían haber sido muy notables, para que
+aquellas bondadosas marquesas hablaran de ellos con tanto entusiasmo.</p>
+
+<p>Comprendí, con satisfacción, que para algo sirven en la vida los
+abuelos, y que su égida polvorosa defiende las osadías y caprichos de
+las nietecillas criadas en el fondo de los bosques.</p>
+
+<p>Era la niña mimada de los maridos en perspectiva, que en mis hermosos
+ojos, veían brillar mi dote; la niña mimada de los bailarines, a quienes
+mi coquetería divertía, y confieso en voz baja, muy baja, que sentía una
+felicidad inmensa en jugar con los corazones y en metamorfosear las
+cabezas en veletas.</p>
+
+<p>¡Oh, coquetería, qué encanto en cada letra de tu nombre!</p>
+
+<p>Era preciso que este sentimiento fuese innato en mi, porque después de
+asistir a dos o tres reuniones conocía todos sus detalles, astucias y
+matices.</p>
+
+<p>Quisiera ser predicador, nada más que para predicar la coquetería a mi
+auditorio y rehusar la absolución a las penitentes sin talento para
+dedicarse a tan encantador pasatiempo.</p>
+
+<p>Con tales ideas, quizá no permanecería mucho tiempo en el seno de la
+iglesia, pero en mi corta carrera, creo que haría bastantes prosélitos.
+Compadezco a los hombres, que creen conocer todo, e ignoran los placeres
+más finos y delicados. A mis ojos; arrastran una vida de bolonios.</p>
+
+<p>Mientras que yo me zarandeaba y hería corazones, Blanca pasaba hermosa
+y altiva, demasiado segura de su belleza, para preocuparse de hacerla
+admirar; demasiado correcta para rebajarse hasta las emociones y
+pillerías que hacían mi felicidad.</p>
+
+<p>Sin embargo, así que la primera efervescencia se calmó, me di cuenta de
+que el señor de Couprat tardaba mucho tiempo en enamorarse de mí. Me
+veía bajo todas las fases, vestida de baile, de visita, de calle,
+coqueta, seria, y a veces, aunque debo confesarlo, raras veces,
+melancólica, y a pesar de toda esta diversidad de aspectos, que
+ahuyentaban la monotonía, no sólo no se me declaraba, sino que parecía
+tratarme como a una chica. Y la frase de mi cura: «Está cierta de que te
+ha tomado por una chiquilina sin consecuencia», comenzaba a preocuparme
+enormemente.</p>
+
+<p>A pesar de mi coquetería y mis numerosas distracciones, ni un solo
+instante, decayó mi amor. La animación de mi vida impedíame, sin duda,
+pensar en él constantemente, y por eso me explico mi ceguedad; pero
+nunca se me ocurrió poder hallar otro hombre más encantador que Pablo de
+Couprat.</p>
+
+<p>Sin embargo, en la corte que me circuía, muchos cortesanos ofrecían una
+semejanza real con los tipos de Walter Scott, que tanto había admirado.
+Y muchas veces me he preguntado cómo había podido conmoverme mi héroe,
+alegre y regordete, cuando mi imaginación estaba bajo la influencia de
+personajes quiméricos, que tan poco se le parecían. He aquí un tema
+psicológico que abandono a la meditación de los filósofos, porque yo, no
+tengo tiempo para profundizarlo; señalo el hecho, saludo a la filosofía
+y paso.</p>
+
+<p>El 25 de Octubre, asistimos al último baile, en un castillo situado
+cerca del Pavol.</p>
+
+<p>Esa noche fui con un vestido azul celeste; estaba extraordinariamente
+linda y tuve un éxito loco. Tan loco, que en la semana siguiente fui
+pedida por cinco. Pero yo estaba intranquila, febril, atormentada, y
+contra mi costumbre, no me gocé en el delirio que causaba mi belleza.</p>
+
+<p>Aguardaba al señor de Couprat con impaciencia, para observarlo con ojos
+que comenzaban a ver claro. Generalmente llegaba muy tarde, en compañía
+de tres o cuatro jóvenes que componían la alta sociedad a la moda de la
+región. Estos jóvenes hastiados desde la más tierna edad, tenían por muy
+aburrido, fatigoso e incómodo el baile; contentábanse con hacer algunas
+invitaciones con dejadez e impertinencia. No así Pablo de Couprat,
+demasiado educado y franco para no bailar con el aspecto alegre y
+satisfecho que las circunstancias requerían.</p>
+
+<p>Con todo, debo decir que mi brío disipaba el tedio de aquellas víctimas
+de la experiencia, como un rayo de sol disipa leve bruma. Sabía
+agasajarles y hacerles girar a voluntad de mis caprichos tanto que mi
+tío decía:</p>
+
+<p>&mdash;Si tiene el diablo en el cuerpo.</p>
+
+<p>¡Sea tenido por infame el que mal piense!</p>
+
+<p>Con despecho, noté que Pablo bailaba a menudo con Blanca y que a mi me
+invitaba pocas veces y sin mucho entusiasmo ni insistencia.</p>
+
+<p>Redoblé mi coquetería para atraer su atención; pero poco se le importó.
+Su corazón y su mente estaban lejos de mi, y me arrinconé en un ángulo
+de la sala, negándome rotundamente a bailar más.</p>
+
+<p>Ocultábame casi tras unos tapices que separaban el salón de una salita,
+y desde allí sorprendí la conversación de dos respetables matronas,
+cuyas simpatías me había conquistado.</p>
+
+<p>&mdash;Reina está muy guapa esta noche, y como siempre, es la reina del
+baile.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, Blanca de Pavol es más linda.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero es menos atrayente. Es una reina altiva, mientras que la
+señorita de Lavalle es una deliciosa princesita de cuentos de hadas.</p>
+
+<p>&mdash;Princesa, esa es la palabra; se ve en toda ella la raza, y lo que
+chocaría en otras, en ella es encantador.</p>
+
+<p>&mdash;Se susurra que es cosa decidida el matrimonio de su prima con el señor
+de Couprat.</p>
+
+<p>&mdash;Así he oído decir.</p>
+
+<p>Durante algunos minutos, orquesta, matronas y parejas ejecutaron a mis
+ojos una danza sin nombre, y para no caerme, tuve que sujetarme de las
+colgaduras que me ocultaban.</p>
+
+<p>Cuando me repuse de aquel atolondramiento, el brillante salón me parecía
+velado por un crespón negro, y con gran sorpresa de Juno, fui a rogarle
+que nos fuéramos inmediatamente, sin aguardar el cotillón.</p>
+
+<p>Mientras regresábamos al Pavol, yo me decía:</p>
+
+<p>&mdash;No es cierto, estoy segura de que no es cierto. ¿A qué afligirme
+tanto?</p>
+
+<p>Con todo, me desnudé llorando y con el presentimiento de que una gran
+desgracia se cernía sobre mí.</p>
+
+<p>Sin embargo, como no hay nada más voluble que una cabeza de diez y seis
+años, al siguiente día volviome la experanza, y clasifiqué la charla de
+aquellas dos señoras de murmuraciones sin alcance.</p>
+
+<p>Resolví observar cuidadosamente al señor de Couprat y me hallé en tal
+disposición de espíritu, que con el menor indicio hubiera dado cuerpo a
+las más fugitivas impresiones.</p>
+
+<p>En la tarde de aquel día nefasto, nos encontrábamos todos en el salón.
+El comandante y mi tío jugaban al ajedrez; Blanca tocaba una sonata de
+Beethoven, y yo, recostada en un sillón espiaba con los párpados
+entornados la actitud y la fisonomía de Pablo Couprat.</p>
+
+<p>Sentado junto al piano, algo atrás de Juno, escuchaba con gravedad, sin
+cesar de mirarla. Aquella impresión seria no le sentaba, y hubiera
+podido decirse, que estaba aburrido. Me confirmé en esta opinión,
+observando que trataba de ahogar algunos intempestivos bostecillos.
+Entonces fue cuando me acordé de pronto, de la satisfacción que yo
+sentía siempre que él tocaba sus valses y sus danzas. Comprendí que no
+me gustaba la música sino el músico, y que a él le pasaba lo mismo
+respecto de Blanca. No se le daba un bledo de Beethoven; pero estaba
+enamorado de Blanca, y hasta las cosas que le eran antipáticas le
+gustaban en la mujer amada.</p>
+
+<p>Juno terminó su horrible sonata, y Pablo dijo en un arranque de
+entusiasmo, cuyo oculto motivo comprendí:</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué genial ese Beethoven! Y vos, prima, lo interpretáis
+maravillosamente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pues lo que es vos, Pablo, habéis bostezado y bien!&mdash;exclamé
+poniéndome de pie tan bruscamente, que los jugadores de ajedrez,
+lanzaron un gruñido furibundo.</p>
+
+<p>&mdash;Creo que dormías, Reina.</p>
+
+<p>&mdash;No, no dormía, y te aseguro que Pablo ha bostezado mientras tú
+interpretabas tu maldito Beethoven.</p>
+
+<p>&mdash;Reina detesta tanto la música, que atribuye a los demás, sus propias
+impresiones.</p>
+
+<p>&mdash;¡Buenos descubrimientos me obligan a hacer mis propias
+impresiones!&mdash;respondí con voz temblona.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué te pasa, Reina? Has de estar de mal humor porque no has dormido
+anoche.</p>
+
+<p>&mdash;No estoy de mal humor, Juno, pero detesto la hipocresía, y repito y
+sostengo y sostendré hasta la muerte que Pablo ha bostezado que era un
+gusto.</p>
+
+<p>Después de esta salida, me escapé del salón con la tranquilidad de un
+torbellino, dejando estupefactos a todos los que estaban en él.</p>
+
+<p>Me encerré en mi cuarto, y paseándome de largo a largo, renegué de mi
+ceguedad, y me di de coscorrones, siguiendo la costumbre de Petrilla,
+cuando se hallaba en algún aprieto. Pero los coscorrones a más de que
+pueden descompaginar los sesos, no han sido nunca eficaz remedio de
+amores degradados, y me dejé caer sobre un sofá profundamente
+desalentada.</p>
+
+<p>Como en otras circunstancias análogas, me acordé de frases y detalles,
+que según yo me decía, debían de haberme dado luz, no digo, una vez,
+sino veinte.</p>
+
+<p>El sentimiento dominante en mi, en medio de otros muy confusos era una
+viva cólera; pero mi altivez me hizo jurar que nadie conocería mi dolor.</p>
+
+<p>En aquel momento fui sincera, y creí que me sería fácil disimular mis
+impresiones, cuando tenía por costumbre lo contrario.</p>
+
+<p>Atravesaba por una de esas situaciones en que el individuo más manso
+siente violentos deseos de estrangular a alguien y de romper cualquier
+cosa. Los nervios que no se pueden calmar con lágrimas, tienen que
+estallar de cualquier modo y a mi me dio con mis hombrecillos de
+terracota cuyas muecas y sonrisas me parecieron de pronto odiosas y
+ridículas. Inmediatamente los arrojé por la ventana, sintiendo un
+extraño placer al oírlos quebrarse sobre los guijarros de la alameda.</p>
+
+<p>Tocole uno a la veneranda cabeza de mi tío que pasaba por allí. La
+suerte que llevaba sombrero; pero, con todo, hallando este
+procedimiento fuera de todas las leyes de la buena educación, no pudo
+contenerse y respondió con una expresiva exclamación.</p>
+
+<p>&mdash;¿En qué, demonios, te ocupas, sobrina?</p>
+
+<p>&mdash;Tiro mis hombrecillos por la ventana, tío&mdash;respondíle, aproximándome
+al alféizar, del que había permanecido retirada para arrojar con mayor
+fuerza mis proyectiles.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya un motivo para romperle a uno la cabeza!</p>
+
+<p>&mdash;Os pido perdón, tío, pero no os había visto.</p>
+
+<p>&mdash;¿Que te has vuelto loca repentinamente? ¿Por qué rompes así tus
+chucherías?</p>
+
+<p>&mdash;Me incomodan, me aburren, me impacientan... ¡Mirad, ahí va el resto!</p>
+
+<p>Envié cinco de una vez, cerré la ventana de pronto y dejé al señor de
+Pavol refunfuñando contra las sobrinas y sus caprichos.</p>
+
+<p>A la noche me sermoneó, pero le escuché con la mayor impasibilidad, pues
+en medio de mis graves preocupaciones, aquella mísera reprimenda era un
+globo de jabón que estallaba sobre mi cabeza.</p>
+
+<p>Después de comer, fui a contemplar mis hombrecillos que yacían
+lastimosamente en la alameda. ¡Rotos, pulverizados! lo mismo que mis
+ilusiones y mi felicidad, que creía perdidos para siempre.</p>
+
+
+
+
+<hr />
+
+<h3><a name="XIV" id="XIV"></a>XIV.</h3>
+
+<p class="non"><span class="letra">T</span><span class="smcap">al</span> vez os admiréis de mi falta de perspicacia, pero ¿quién, aun sin
+tener la excusa de mis diez y seis años, no ha demostrado una ceguedad
+increíble, por lo menos una vez en la vida? Quisiera saber si existe un
+solo hombre que no se haya tratado de imbécil, descubriendo un hecho,
+que aunque muy visible, no llegaba a ver. ¡Ah! es muy fácil llamarse
+perspicaz, como también es fácil parecerlo, cuando se nos ponen los
+puntos sobre las íes.</p>
+
+<p>Desde entonces fue para mi un verdadero suplicio el ver al señor de
+Couprat, y observar todas las atenciones y delicadezas de que colmaba a
+Blanca. ¡Cuánto lloraba en silencio! pero eso sí, nunca, nunca sentí
+celos de Juno.</p>
+
+<p>¡Dios mío! no; yo era una criatura que amaba sincera y profundamente,
+pero sin que la más mínima sombra de pasión feroz se mezclase a mi amor.
+Contra el único que sentía una ira continua era contra el señor de
+Couprat. Era el cabro emisario cargado de todo mi mal humor y mis penas.
+No me cansaba de zaherirlo y repetirle cosas agridulces. En seguida me
+refugiaba en mi cuarto, en el que me paseaba a grandes pasos, echándome
+discursos.</p>
+
+<p>«¡Oh, qué talento, enamorarse de una mujer cuyo carácter no se le parece
+en nada! ¡Él, tan alegre, tan charlatán, tan charlatán como yo, por
+cierto! Blanca es seria, silenciosa e idólatra de la etiqueta, mientras
+que a él estoy segura, que lo desespera. ¡En cambio nosotros
+armonizábamos tan bien! ¿Cómo no lo ha visto? Pero Blanca es tan buena
+como linda; la conoce desde hace mucho, y luego, al corazón no se le
+ordena»...</p>
+
+<p>Desgraciadamente todos estos hermosos raciocinios no me consolaban.</p>
+
+<p>De noche sollozaba en mi cama y a veces, hasta entre sueños, y a pesar
+de la firme resolución de ocultar mis impresiones, al cabo de quince
+días todos los habitantes del Pavol, se asombraban de mis maneras
+caprichosas. Por la mañana estaba tan alegre que reía horas y, horas;
+pero por la tarde, sentábame a la mesa con aspecto sombrío y no
+despegaba los labios durante toda la comida.</p>
+
+<p>Este silencio tan en oposición con mis hábitos, preocupaba bastante al
+señor de Pavol.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es lo que pasa en tu cabecita, Reina?</p>
+
+<p>&mdash;Nada, tío.</p>
+
+<p>&mdash;¿Te aburres? ¿Quieres viajar?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh no, no, tío! Por nada dejaría el Pavol.</p>
+
+<p>&mdash;Si quieres casarte decididamente, eres libre de ello, no soy un
+tirano. ¿Te pesarían las negativas con que has acogido las propuestas
+de matrimonio que se han sucedido en estos últimos días?</p>
+
+<p>&mdash;No, no, tío, he abandonado por completo mis antiguas ideas; no quiero
+casarme.</p>
+
+<p>Estos desdichados partidos, aumentaban mi fastidio. Ya no podía oír
+hablar de matrimonio sin sentir deseos de llorar. Aunque el señor de
+Pavol no me apremiaba para que aceptase alguno, me demostraba, sin
+embargo, las ventajas de cada uno de ellos e insistía algo, para que yo
+por lo menos consintiese en tratar a mis enamorados.</p>
+
+<p>Hasta les hubiera calificado con mucha facilidad de casos
+extraordinarios y entre los numerosos descubrimientos que diariamente
+hacía, no fue la inconsecuencia de mi tío, uno de los que menos me
+llamaron la atención.</p>
+
+<p>Aquí para nosotros, pienso que estaba algo asustado con la carga de la
+sobrina que le había caído en suerte. Me dejó completamente libre para
+elegir y se contentó con mis razones sin pies ni cabeza, para rechazar a
+mis pretendientes.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y no eras tú la que tenías tanta prisa por casarte, Reina?&mdash;me
+preguntó Blanca.</p>
+
+<p>&mdash;No me casaré, si no encuentro lo que deseo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¿y qué deseas?</p>
+
+<p>&mdash;No lo sé aún&mdash;respondile con la garganta oprimida.</p>
+
+<p>Blanca me tomó la cara con ambas manos y me miró con atención.</p>
+
+<p>&mdash;Quisiera leer en tu pensamiento, Reinita. ¿Amas a alguien? ¿A Pablo?</p>
+
+<p>&mdash;Te juro, que no&mdash;díjele, zafándome de su caricia,&mdash;no quiero a nadie,
+y cuando quiera, lo sabrás en seguida.</p>
+
+<p>Si la muerte no fuese una cosa tan imponente, estoy segura de que en
+aquel momento me hubiera dejado matar antes que declarar mi amor por un
+hombre que amaba a otra y mucho más siendo ésta prima mía. Felizmente no
+se trataba de horca ni de guillotina, porque mucho me temo que en
+presencia de ellas, probablemente habría flaqueado mi estoicismo.</p>
+
+<p>&mdash;Hago lo mismo que tú, Blanca, espero.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no tengo la suerte de mi lobezna del Zarzal&mdash;respondiome
+sonriendo,&mdash;¡cinco pedidos a la vez: figúrate!</p>
+
+<p>&mdash;No me hables más de esto, te ruego; el recordarlo me fastidia, me
+oprime, me asfixia.</p>
+
+<p>Por desgracia a un sexto pretendiente que reunía las cualidades más
+raras, extraordinarias y completas, se le antojó de improviso colocarse
+en el número de mis adoradores.</p>
+
+<p>¡Ay! ¡cosechaba yo lo que había sembrado! pues desde mi entrada en la
+sociedad no había hecho otra cosa que pregonar, que pensaba casarme lo
+más pronto posible.</p>
+
+<p>Hízome llamar mi tío y tuvimos una larga conferencia.</p>
+
+<p>&mdash;Reina, el señor de Le Maltour, solicita tu mano.</p>
+
+<p>&mdash;Que le aproveche, tío.</p>
+
+<p>&mdash;¿Te gusta?</p>
+
+<p>&mdash;Al contrario.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué? Exponme las razones, pero buenas razones; no como las del
+otro día que no valían nada.</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco vuestros partidos no eran presentables, tío.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos al señor P. muy bien...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, un hombre de treinta años, casi un patriarca!</p>
+
+<p>&mdash;¿Y el señor de C.?</p>
+
+<p>&mdash;¡Un hombre espantoso!</p>
+
+<p>&mdash;Y el señor de N... mozo de mérito y muy inteligente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! le conté los cabellos y ¡no tenía más que catorce! ¡A los
+veintiséis años!</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!... ¿y el pequeño D?...</p>
+
+<p>&mdash;No me gustan los trigueños. Y luego, es una nulidad completa. Una vez
+casado, querría a su persona, a sus corbatas, a mi dote y nada más.</p>
+
+<p>&mdash;Te concedo todo eso. Pero vuelvo al barón de Le Maltour; ¿qué le
+reprochas?</p>
+
+<p>&mdash;Es un hombre que no ha bailado conmigo, sino cuadrillas, porque no sé
+valsar a tres tiempos&mdash;exclamé con indignación.</p>
+
+<p>&mdash;¡Horrible falta!; Te lo repito, Reina, creo que es absurdo casarse tan
+joven; pero a pesar de tu dote y tu belleza, creo que no volverás a
+hallar jamás un partido semejante. Es un joven bien parecido y tengo las
+mejores informaciones respecto a su moralidad y su carácter, fortuna
+inmensa, familia honorable y muy antigua.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, sí, abuelos! como dice Blanca&mdash;interrumpí con desdén. Tengo
+horror a los abuelos, tío.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?</p>
+
+<p>&mdash;Gente que no pensaba más que en pelear y romperse la cabeza. ¡Qué
+idiotez!</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! pues mira, sé también que el escribiente del tribunal de V...
+gusta de ti; no tiene abuelos, ¿quieres que le diga que en vista de
+ello, la señorita de Lavalle está dispuesta a casarse con él?</p>
+
+<p>&mdash;No os burléis de mi, tío; bien sabéis que soy aristócrata hasta la
+punta de los dedos&mdash;respondí, aprovechándome de la ocasión para admirar
+mis afiladas manos.</p>
+
+<p>&mdash;Es lo que creo, si no engaña tu aspecto. Y ahora, sobrina, óyeme bien.
+Aun no conoces al señor de Le Maltour, para formar opinión de él, y
+quiero absolutamente que le trates con intimidad antes de que des una
+contestación definitiva. Voy a escribirle a la señora de Le Maltour, que
+la resolución depende de ti, y que autorizo a su hijo a que se presente
+en el Pavol cuando le plazca.</p>
+
+<p>&mdash;Muy bien, mi tío, haced lo que queráis.</p>
+
+<p>Cinco minutos después paseaba yo por el bosque, presa de la más violenta
+agitación.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, quiere salir con la suya!&mdash;decíame mordiendo el pañuelo para
+ahogar los sollozos;&mdash;ya verá cómo recibo a su Le Maltour. Quiero que en
+cuatro días desaparezca de mi vista.</p>
+
+<p>Mi tío no ve ni comprende nada. Me engañaba. Mi tío, a pesar de mi
+repentina resolución de disimulo, veía claramente, pero se conducía con
+prudencia. No podía impedir al señor de Couprat que amara a su hija, ni
+renunciar al proyecto que tanto él como el comandante acariciaban desde
+hacía tiempo. Por otra parte, convencidísimo que mi cariño no era
+profundo y que era más bien una niñada, pensaba que el mejor remedio
+para tal capricho era el de enderezar mis pensamientos hacia un hombre
+que enamorado de mi, se hiciera amar, fundándose en este axioma: el amor
+atrae al amor.</p>
+
+<p>Su razonamiento, si no hubiese fallado por la base, hubiera sido
+perfecto.</p>
+
+<p>Dos días más tarde llegaron al Pavol la señora de Le Maltour y su hijo,
+con la sonrisa en los labios y la esperanza en la mirada. La excelente
+señora me dijo cien amabilidades a las que contesté con la cara ceñuda
+de un portero de jesuitas.</p>
+
+<p>El barón era un buen muchacho... ¡aguardad, no quiero decir con esto que
+fuera un tonto; al contrario! Era inteligente y listo, pero no tenía más
+que veintitrés años. Era tímido y estaba muy enamorado, circunstancia
+que no le despejaba la mente, pero que sería una ingratitud de mi parte,
+el criticarla.</p>
+
+<p>Al día siguiente volvió sin su madre y trató de conversar conmigo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sentís, señorita, que se haya terminado la temporada de los bailes?</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;le respondí en un tono tan brusco como el de Susana.</p>
+
+<p>&mdash;¿Os divertisteis la otra noche en casa de los C?...</p>
+
+<p>&mdash;No.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, me pareció una fiesta brillante. ¡Qué lindo vestido
+llevabais! ¿Os gusta el azul?</p>
+
+<p>&mdash;Puesto que lo uso...</p>
+
+<p>El señor de Le Maltour tosió levemente, para darse valor.</p>
+
+<p>&mdash;¿Os gustan los viajes, señorita?</p>
+
+<p>&mdash;No.</p>
+
+<p>-Es sorprendente. Os hubiera creído de carácter emprendedor y viajero.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué idiotez! ¡Tengo miedo a todo!</p>
+
+<p>La conversación duró un poco más en este tono.</p>
+
+<p>Desconcertado por mi laconismo y el interés con que con la mayor
+impertinencia del mundo, seguía yo las evoluciones de una mosca que se
+paseaba por un brazo de mi poltrona, levantose el barón, algo cortado y
+abrevió la visita.</p>
+
+<p>Acompañole mi tío hasta la puerta del jardín, y volvió enojado en busca
+mía.</p>
+
+<p>&mdash;Esto no puede continuar así, Reina. Es una insolencia ¡caramba! tanto
+para mi como para ese pobre mozo, que es tímido y a quien desconciertas
+por completo. El señor de Le Maltour no es una persona a quien se pueda
+tratar como a un títere, sobrina. Nadie te obliga a casarte con él, pero
+quiero que le trates con amabilidad. Bien sabe Dios si tienes buena
+lengua cuando quieres. Trata de que eso suceda mañana; el señor de Le
+Maltour almorzará con nosotros.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, tío, hablaré, perded cuidado.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no vayas a decir tonterías.</p>
+
+<p>&mdash;Me inspiraré en la ciencia, tío&mdash;le contesté majestuosamente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo? en...</p>
+
+<p>&mdash;No os aflijáis, haré lo que me exigís, hablaré sin cesar.</p>
+
+<p>&mdash;No, sobrina, no se trata de...</p>
+
+<p>Dejé que mi tío confiara sus pensamientos a los muebles del salón, y
+corrí a la biblioteca en busca de lo que necesitaba para poner en
+práctica la idea que acababa de ocurrírseme.</p>
+
+<p>Y llevé a mi cuarto la filosofía de Malebranche y un estudio sobre la
+Tartaria.</p>
+
+<p>El Malebranche casi me dio un arrebato cerebral y lo dejé para arrojarme
+sobre la Tartaria, que me ofreció más recursos.</p>
+
+<p>Hasta media noche estuve estudiando atentamente, no sin protestar de
+cuando en cuando contra los habitantes de Bukharia, que se rebozan con
+nombres tan extravagantes. Sin embargo, conseguí recordar algunos
+detalles del país y varias palabras extrañas, cuya significación
+ignoraba por completo. Me acosté restregándome las manos.</p>
+
+<p>&mdash;Veremos&mdash;me decía,&mdash;si Le Maltour resiste a esta prueba. ¡Ah mi
+querido tío, convenceos de que he de salir con la mía y de que de aquí a
+pocas horas me habré deshecho de ese intruso!</p>
+
+<p>Al día siguiente el barón se presentó con el aspecto desconcertado, del
+que camina sobre vidrios. Yo le recibí tan amablemente, que se repuso,
+al mismo tiempo que se disiparon los temores del señor de Pavol.</p>
+
+<p>Los de Couprat y el cura almorzaban con nosotros. Oprimíaseme el corazón
+al ver a Pablo conversando alegremente con Blanca, mientras que yo me
+hallaba condenada a soportar las atenciones tímidas del señor Le
+Maltour, cuya cara bonita me atacaba los nervios.</p>
+
+<p>&mdash;He cambiado de idea desde ayer&mdash;le dije repentinamente;&mdash;me gustan
+muchísimo los viajes.</p>
+
+<p>&mdash;Comparto vuestro gusto, señorita; viajar es la más interesante
+distracción.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y vos habéis viajado?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, algo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Conocéis los Ruddar, los Shakird-Pische, los Usbecks, los Tadjies,
+los Molahs, los Dehbaschi, los Pend-Baschi y los Alamanos?&mdash;le
+interrogué de un tirón mezclando razas, clases y dignidades.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué es todo eso?&mdash;preguntó aturdido el barón.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo! ¿no habéis ido nunca a Tartaria?</p>
+
+<p>&mdash;No, jamás.</p>
+
+<p>&mdash;¡No haber estado en Tartaria!&mdash;exclamé con desdén.&mdash;¿A lo menos
+conoceréis a Nasr-Ullah-Bahadin-Kham-Melia-el-Munemim-Bird-Bhic-Blor y
+el diablo a cuatro?</p>
+
+<p>Añadí algunas sílabas de mi cosecha al nombre de Nasr-Ullah, para hacer
+mayor efecto, pensando que la sombra de ese buen hombre no saldría de la
+tumba a echármelo en cara. Mi tío y los invitados mordíanse los labios
+para no reírse al ver la fisonomía del señor de Le Maltour, que delataba
+el mayor desconcierto y Blanca exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¿Has perdido la cabeza, Reina?</p>
+
+<p>&mdash;No, absolutamente. Le pregunto al señor si comparte mi simpatía por
+Nasr-Ullah, un hombre que según parece, poseía todos los vicios. Pasaba
+la vida degollando al prójimo, sumiendo a los embajadores en calabozos
+donde los dejaba pudrir, y por último, era un hombre de energía, que
+ignoraba por completo ese horrible defecto, que se llama timidez. Y su
+país ¡qué país! Allí reinan todas las enfermedades y por eso mismo me
+gustaría llevar a mi marido. La tisis, la viruela, vómitos que duran
+seis meses, úlceras, lepra, un gusano que llaman richta, que roe a las
+personas, y para extirparlo se...</p>
+
+<p>&mdash;Basta, Reina, basta. Déjanos almorzar tranquilos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué queréis tío? La Tartaria me atrae. ¿Y a vos?&mdash;pregunté al barón.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que decís de ella, no es muy halagüeño.</p>
+
+<p>&mdash;Para los que no tienen sangre en las venas&mdash;respondí
+despreciativamente.&mdash;Cuando me case, iré a Tartaria.</p>
+
+<p>&mdash;A Dios gracias, no dependerá de ti, sobrina.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo creo que sí, tío; haré mi voluntad, no la de mi marido, a quien
+llevaré a Bukharia para que le coman los gusanos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo? Comido por...&mdash;murmuró tímidamente el barón.</p>
+
+<p>&mdash;Sí señor, lo que habéis oído. He dicho: comido por los gusanos, porque
+según mi modo de ver la más encantadora luz de la vida de una mujer, es
+la de la viudez...</p>
+
+<p>El alto y poderoso barón Le Maltour, aunque de raza de héroes, no
+resistió a esa prueba. Y comprendiendo el sentido oculto de mis
+caprichos <i>tártaros</i>, se fue y no volvió más.</p>
+
+<p>Mi tío se enojó, pero no se me importó. Hice una pirueta y le dije con
+aire sentencioso:</p>
+
+<p>&mdash;Tío, quien quiere el fin pone los medios.</p>
+
+
+
+
+<hr />
+
+<h3><a name="XV" id="XV"></a>XV.</h3>
+
+<p class="non"><span class="letra">S</span><span class="smcap">iempre</span> cumplí la promesa que hice al cura, y le escribía con
+puntualidad dos veces por semana.</p>
+
+<p>Esta costumbre le pareció tan dulce y halagadora, que cuando interrumpí
+de golpe la regularidad de nuestra correspondencia, quedó sumergido en
+inquietudes y tristeza.</p>
+
+<p>Absorta por mis quebrantos, permanecí quince días sin darle señales de
+vida; después, cediendo a sus instancias, comencé a expedirle misivas
+por el estilo de ésta:</p>
+
+<p>«Señor Cura:&mdash;Acabo de descubrir que los hombres son estúpidos. ¿No os
+parece así? Y echando al diablo las conveniencias sociales, os abrazo».</p>
+
+<p>O de esta otra:</p>
+
+<p>«¡Ah, mi pobre cura, creo que he descubierto el manantial de agua fría,
+de que hablábamos tres meses ha! ¡La felicidad no existe, es un engaño,
+un mito; todo lo que queráis, menos realidad!</p>
+
+<p>«¡Adiós! ¡Si la muerte no nos volviese tan feos, querría morir! ¡Morir,
+sí, mi cura! ¡Habéis leído bien!»</p>
+
+<p>Él me contestaba correo por correo.</p>
+
+<p>«Hijita querida:&mdash;¿Qué significa el tono de tus últimas cartas? Hace
+tres semanas parecías tan feliz en medio de la gloria y la alegría de
+tus éxitos sociales. No, no, Reinita, la felicidad no es un mito, y será
+tu herencia; pero en este momento la imaginación te domina, te ofusca, y
+por consiguiente, impídete ver con claridad. No has seguido mi consejo,
+Reina; has abusado de tus fogatas, ¿verdad? Pobre hijita; venme a ver, y
+conversaremos de tus preocupaciones.»</p>
+
+<p>Yo le respondí:</p>
+
+<p>«Señor Cura:&mdash;La imaginación es una tonta, la vida un estropajo, y la
+sociedad un harapo que brilla mucho desde lejos, pero que bien mirado,
+no sirve para nada, a no ser para colocarla en un árbol a guisa de
+espantapájaros. Tengo ganas de entrar en la Trapa, mi querido cura. ¡Ah!
+si tuviese seguridad de que de cuando en cuando se me permitiría bailar
+con apuestos caballeros, como algunos que conozco, tened por por cierto
+que iría a refugiarme allí y a enterrar mi juventud y mi belleza. Pero
+creo que este género de distracciones no está muy de acuerdo con la
+regla de la Orden. Dadme algunos datos al respecto, señor cura, y
+convenceos de que no sois sino un soñador optimista al pretender que la
+felicidad existe y que me está destinada. Vivís como un ratón dentro de
+un queso, no porque seáis egoísta, e ignoráis las catástrofes que pueden
+estallar sobre la cabeza de las gentes que viven en el mundo.</p>
+
+<p>«Ya no tengo ilusiones, mi buen cura. Soy una viejecilla arrugada,
+apocada y descalabrada, (en lo moral, se entiende, porque, hoy por hoy,
+estoy más linda que nunca), una viejecilla que ya no cree en nada, que
+no espera nada, y que no se da cuenta de cómo la tierra es tan tonta,
+como para seguir girando todavía, cuando mis ensueños y quimeras están
+destrozados, pulverizados y reducidos a átomos imperceptibles.</p>
+
+<p>«Si se pudiera, despojar a mi persona moral de esta envoltura de carne,
+que, estoy de acuerdo en ello, engaña al ojo del observador, mi persona
+moral digo, no sería más que un esqueleto, un árbol muerto,
+completamente muerto, sin savia y sin hojas, un árbol que tiende hacia
+el cielo sus largos brazos secos y descarnados. Con tal de que lo moral
+no arruine a lo físico...</p>
+
+<p>«Ah, señor cura, ¡tiemblo con sólo pensarlo! ¿No es cierto que es
+terrible no abrigar la menor ilusión a los diez y seis años?</p>
+
+<p>«Hasta la vista, mi viejo cura».</p>
+
+<p>Dos días después de haber expedido esta epístola, que debía dar al cura
+la más triste idea del estado de mi alma, decidió mi tío llevarnos a
+paseo al monte San Miguel.</p>
+
+<p>Ese día había algo nefasto en el ambiente; lo presentí. Mi tío y el
+comandante habían celebrado la víspera una conferencia secreta y
+prolongada. Pablo parecía inquieto, nervioso y mi prima tenía aspecto
+soñador.</p>
+
+<p>Mi tío y Juno, que tenían pasión por el monte San Miguel, me lo
+hicieron conocer con fruición; y en cuanto a mi, tras de no importárseme
+mucho el arte arquitectónico, miraba todo a través del sombrío velo de
+mi mal humor positivamente insoportable.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo cansa el trepar por tantos escalones!&mdash;decía yo, quejándome a
+cada paso.</p>
+
+<p>&mdash;No son más que seiscientos, prima.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! entonces me quedo aquí.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, sobrina, ¡caramba! al fin y al cabo no estáis enferma de
+reumatismo.</p>
+
+<p>Y mi tío, me contaba la historia del monte y el incidente de Montgomery,
+mientras subíamos por aquellos peldaños hollados por tantas
+generaciones.</p>
+
+<p>¿Pero qué se me daba a mi de Montgomery, de los bastiones, de la
+maravillosa abadía, de las inmensas salas, ni del mundo de recuerdos que
+duerme allí desde hace siglos? Me hubiera guardado bien de despertarlos,
+puesto que tenía que observar cosas cien veces más interesantes en el
+rostro del regordete caballero que colmaba a Blanca de atenciones y
+cumplidos, sin pensar siquiera en mí.</p>
+
+<p>¡Qué estúpida había sido yo! No ver antes su amor.</p>
+
+<p>Por serla grato, se extasiaba ante la menor piedrecilla, mientras que
+yo, de tiempo en tiempo, le lanzaba miradas terribles; pero ni se
+dignaba notarlas.</p>
+
+<p>&mdash;Henos ya en la sala de los caballeros. Veamos, Reina, ¿qué dices de
+ella?</p>
+
+<p>&mdash;Digo, tío, que si los caballeros estuviesen en ella, tendría algún
+encanto.</p>
+
+<p>&mdash;¿Que no lo encuentras en ella misma?</p>
+
+<p>&mdash;De ningún modo. Veo grandes chimeneas, pilares con esculturillas
+arriba, pero ni un caballero a quien hacer girar la cabeza... ¡bah, todo
+eso no sirve para nada!</p>
+
+<p>&mdash;Nunca se me había ocurrido este modo de apreciar la arquitectura
+feudal&mdash;exclamó, riendo, mi tío.</p>
+
+<p>Atravesamos corredores obscuros, que me amedrentaron.</p>
+
+<p>&mdash;Nos vamos a romper la mollera&mdash;gemía yo, aferrándome al brazo del
+comandante, mientras que Pablo ofrecía el suyo a Blanca.</p>
+
+<p>&mdash;¿Estamos tristes, Reinita?&mdash;me preguntó quedo el comandante.</p>
+
+<p>&mdash;Habláis como mi cura&mdash;respondí emocionada.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver: ¿Queréis tener confianza en mi?</p>
+
+<p>&mdash;Yo no tengo tristezas ni confianza en nadie&mdash;contesté de mal
+modo.&mdash;Susana decía que los hombres eran unos papanatas, y yo comparto
+las opiniones de Susana.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, oh!&mdash;dijo el comandante, mirándome con un aire tan bondadoso, que
+tuve miedo de estallar en sollozos;&mdash;¡tanta misantropía en tanta
+juventud!</p>
+
+<p>No contesté nada, y como en aquel momento llegábamos a una espaciosa
+terraza, me escapé de su brazo y corrí a esconderme tras una enorme
+arcada. Apoyé la cabeza sobre una de aquellas vetustas piedras y me eché
+a llorar.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!&mdash;pensaba,&mdash;cuánta razón tenía mi cura, al decirme, hace mucho
+tiempo, mucho, que no se discute con la vida, sino que se le sufre! Toda
+mi lógica no vale nada ante las circunstancias. ¡Qué triste es, Dios
+mío, qué triste es verse tratada como una chiquilina sin importancia!</p>
+
+<p>Y miraba a través de mis lágrimas, aquellos arenales tan célebres, que
+me parecían desolados, y aquel monumento cuya mole me oprimía y causaba
+vértigos; pero sin darme cuenta de ello, sentía una especie de alivio en
+la afinidad misteriosa que había entre aquella naturaleza triste y mis
+propios pensamientos; en la contemplación de aquellos murallones que
+arrojaban su sombra melancólica sobre la tierra y el pasado.</p>
+
+<p>De vuelta a casa y ya en el tren, me interrogó mi tío.</p>
+
+<p>&mdash;Y bien, Reina, en resumidas cuentas, ¿cuál es tu impresión sobre el
+monte San Miguel?</p>
+
+<p>&mdash;Que allí, será muy fácil morir de miedo, y enfermar de reumatismo.</p>
+
+<p>En el trayecto de la estación de V*** al Pavol, reflexionaba yo, en la
+poca duración de las cosas de la tierra. No hacía aún tres meses que
+recorría el mismo camino, bajo la influencia de mis ensueños de
+felicidad, y con la embriaguez de mis hipótesis alegres a cerca del
+porvenir, que cría tan bello!... mientras que entonces, me pareció el
+camino cubierto con jirones de mi dicha.</p>
+
+<p>Era bastante tarde, cuando llegamos al castillo; sin embargo, mi tío
+llamó a Blanca a su despacho diciéndole que tenía que hablar con ella
+muy seriamente. Y yo me acosté, llorando con todas mis fuerzas, y con la
+convicción de que la espada de Damocles pendía sobre mi cabeza.</p>
+
+<p>Desde algún tiempo atrás, Juno se había hecho más íntima conmigo. Todas
+las mañanas venía a sentarse a mi cama y conversábamos indefinidamente.
+Al día siguiente a las siete, entró en mi cuarto con aspecto sereno,
+tranquilo y con aquella encantadora sonrisa que transformaba su altanera
+fisonomía, y que tal vez sólo yo conocía bien.</p>
+
+<p>&mdash;Reina&mdash;díjome sin preámbulos&mdash;Pablo ha pedido mi mano.</p>
+
+<p>El hilo se había roto y la espada de Damocles me cayó sobre el corazón.
+¡Qué poco sentido común el de ese rey! ¡Atar una espada de tanto peso
+con un hilo tan débil! ¿No dice la historia que fue de un cabello? estoy
+por creerlo.</p>
+
+<p>Sin duda alguna, yo esperaba esta revelación, pero mientras los hechos
+no se verifican, ¿qué criatura humana no abriga en el fondo de su
+corazón un poco de esperanza? Palidecí tanto, que Blanca lo notó, por
+más que la alcoba estaba sumida en una media sombra.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué tienes, Reina? ¿Estás enferma?</p>
+
+<p>&mdash;Un calambre&mdash;murmuré con voz débil.</p>
+
+<p>&mdash;Voy a buscar éter&mdash;dijo, levantándose diligentemente.</p>
+
+<p>&mdash;No, no&mdash;proseguí, haciendo un violento esfuerzo para recuperar mi
+altivez que se desvanecía.&mdash;Ya ha pasado, Blanca, ya ha pasado.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sufres de eso a menudo, Reinita?</p>
+
+<p>&mdash;No... algunas veces. No es nada; no hablemos más de ello.</p>
+
+<p>Blanca se pasó la mano por la frente, como quien quiere arrojar un
+importuno pensamiento, pero yo continué conversando con tanta entereza,
+que en breve pareció libre de su preocupación.</p>
+
+<p>&mdash;Y tú, Juno, ¿qué piensas decidir?</p>
+
+<p>&mdash;Mi padre me ha dicho, Reina, que este matrimonio colmaría todas sus
+aspiraciones.</p>
+
+<p>&mdash;Y a ti ¿te gusta?</p>
+
+<p>&mdash;Esa unión me gusta, por cierto; reúne todas las conveniencias, pero
+hasta ahora, yo no amo a Pablo sino como a primo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué defecto le encuentras?</p>
+
+<p>&mdash;No le encuentro ninguno, a no ser el de no gustarme lo bastante. Es un
+excelente joven, pero no es mi tipo. No es tan lindo como yo quisiera, y
+luego ese apetito normando que le caracteriza... ¡Preciso te será
+convenir conmigo que está desprovisto de poesía!</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, comer cuando se tiene ganas, me parece una cosa muy
+natural&mdash;respondí conteniendo mis lágrimas.</p>
+
+<p>&mdash;En fin ¿qué quieres? Pienso que nuestros caracteres no se avienen.</p>
+
+<p>&mdash;¿Entonces, lo desairas, Juno?</p>
+
+<p>&mdash;He pedido un mes para contestar, Reinita. Me encuentro perpleja; pues
+temo causar una decepción a mi padre. Por otra parte, ese casamiento
+reúne bajo los otros puntos de vista todo lo que yo puedo desear; en fin
+es un cumplido caballero.</p>
+
+<p>&mdash;Mas, supuesto que no le amas, Blanca...</p>
+
+<p>&mdash;Mi padre me asegura que le amaré después, y que para ser felices en el
+hogar, no es necesario el amor.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo puedes creer semejante cosa?&mdash;exclamé saltando de
+indignación.&mdash;De veras que mi tío profesa doctrinas abominables.</p>
+
+<p>A esto Blanca me respondió con toda calma, que su padre era el buen
+sentido en persona y que había notado siempre que rara vez se equivocaba
+en sus apreciaciones y que por consiguiente se hallaba dispuesta a darle
+oídos.</p>
+
+<p>&mdash;Pablo te quiere mucho, Juno&mdash;murmuré yo casi sin voz.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, desde hace tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo sabías?</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda; una mujer siempre se da cuenta de esas cosas. Y tú, ¿no lo
+habías notado?</p>
+
+<p>&mdash;Sí... algo&mdash;le contesté, enviando a mi pasada estupidez un suspiro
+lleno de melancolía.</p>
+
+<p>Blanca no dejó después de explicarme la tardanza de Pablo en pedir su
+mano; aquella demora no obedecía más que al temor de una negativa.</p>
+
+<p>Yo pensaba lo mismo y me vestí febrilmente, pensando que influida por su
+padre, concluiría por dar su consentimiento.</p>
+
+<p>Yo en su lugar, habría dicho que sí en un segundo, y me hubiera casado
+quince días después.</p>
+
+<p>¡Ay! mis sueños se habían desvanecido... y caí en un enorme desaliento.</p>
+
+
+
+
+<hr />
+
+<h3><a name="XVI" id="XVI"></a>XVI.</h3>
+
+<p class="non"><span class="letra">C</span><span class="smcap">onvínose</span> en que Pablo pasaría algún tiempo sin venir al Pavol, y ¡cosa
+increíble, inaudita! desde el día en que Blanca dejó de verle, pareció
+casi decidida a otorgarle su mano.</p>
+
+<p>Hablábamos de él constantemente, hasta combinábamos los trajes de boda,
+y yo daba pruebas de una resignación estoica, digna de los antiguos
+hombres.</p>
+
+<p>Pero esta resignación era sólo aparente.</p>
+
+<p>Mi desaliento aumentaba, mis ojos se circuían de ojeras, y concluí por
+pensar que no siéndome soportable la vida lejos del hombre que amaba, lo
+más sencillo era irme al otro mundo.</p>
+
+<p>Evidentemente, este proyecto era bastante doloroso, pero me aferré a él
+con entusiasmo; lo meditaba y lo acariciaba, con una alegría casi
+enfermiza. Pero con todo, juro por mi honor, que jamás se me pasó por la
+idea asfixiarme, o tragar veneno, medios de finalizar tan gratos a las
+gentes de nuestra época. No; leí no sé en qué libro, que una joven había
+muerto de pena a causa de un amor contrariado, y decreté que seguiría su
+ejemplo.</p>
+
+<p>Tomada esta resolución, y confirmándome mi desmejorada cara en mis
+pensamientos lúgubres, pensé que sería correcto y conveniente advertir
+al cura, y que por otra parte no podía morir sin estrecharle la mano.</p>
+
+<p>Bien determinada a ello, entré una mañana en el despacho de mi tío y le
+pedí permiso para ir al Zarzal.</p>
+
+<p>&mdash;Más vale escribir al cura que venga, Reina.</p>
+
+<p>&mdash;No podrá, tío; nunca tiene un céntimo.</p>
+
+<p>&mdash;Es que no es nada divertido el viaje.</p>
+
+<p>&mdash;No es preciso que vos me acompañéis, tío, por eso os ruego que no lo
+hagáis, me estorbaríais. Quiero ir sola con la vieja ama de llaves, si
+es que me lo permitís.</p>
+
+<p>&mdash;Haz como quieras. Mi carruaje, te llevará hasta C***, donde te será
+fácil hallar otro que te lleve hasta el Zarzal. ¿Cuándo quieres ir?</p>
+
+<p>&mdash;Mañana temprano, tío; deseo sorprender al cura. ¡Ah! me quedaré a
+dormir en la casa parroquial.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno. Te mandaré el coche a C***, de aquí dos días. Trata, pues, de
+hallarte allí de vuelta, pasado mañana a las tres.</p>
+
+<p>Y me miró atentamente por bajo de sus espesas cejas, restregándose la
+barba con aire preocupado.</p>
+
+<p>&mdash;¿Estás enferma, Reina?</p>
+
+<p>&mdash;No, tío.</p>
+
+<p>&mdash;Sobrinita&mdash;díjome atrayéndome a sí, he llegado casi a desear que no se
+cumplan mis deseos.</p>
+
+<p>Le miré asombrada, porque tenía la firme convicción de que no habría
+visto nada.</p>
+
+<p>Contesele con mucha sangre fría, que ignoraba lo que quería decirme, que
+era muy feliz, y que hacía votos para que todos sus proyectos tuvieran
+éxito. Me abrazó con cariño y se retiró.</p>
+
+<p>Partí, pues, al siguiente día de mañana, sin querer aceptar la compañía
+de Blanca que deseaba ir conmigo.</p>
+
+<p>En el camino medité en las palabras de mi tío.</p>
+
+<p>&mdash;Lo sabe todo&mdash;pensé.&mdash;¡Dios mío, cuán poco perspicaz soy, a pesar de
+mis pretensiones! Aun cuando el casamiento de Juno no se verifique, ¿de
+qué me serviría, si Pablo está enamorado de ella? Ahora, ya no puede
+querer a otra. No entiendo a mi tío.</p>
+
+<p>Ya no creía como antes, que fuese posible enamorarse de muchas a la vez.
+Juzgando por mi, pensaba que un hombre no puede amar dos veces en su
+vida, sin ofrecer al mundo el espectáculo de un fenómeno extraordinario.</p>
+
+<p>Una vez reglamentados así los latidos del corazón de la gente barbuda,
+mis pensamientos tomaron otro curso, y me regocijé con la idea de ver a
+mi cura. Y decidí saltarle al cuello, para demostrar el desprecio que
+profesaba a la etiqueta.</p>
+
+<p>Una vez en la casa parroquial, no entré por la puerta, sino por el claro
+de una empalizada, que conocía desde tiempo inmemorial y me dirigí a
+paso de carga hacia la ventana del comedor donde el cura debía estar
+almorzando.</p>
+
+<p>Esta ventana era muy baja, pero yo era tan chica, que para mirar hacia
+adentro de la habitación tuve que subirme a un tronco de árbol que
+coloqué contra el muro a modo de banco.</p>
+
+<p>Pasé la cabeza con toda precaución por entre medio de la yedra, que
+formaba espeso marco a la ventana, y descubrí a mi cura.</p>
+
+<p>Estaba en la mesa y comía con aire triste. Sus lozanas mejillas habían
+perdido parte de su color y redondez, y los abundantes cabellos blancos
+no estaban revueltos como en otros tiempos, sino que se achataban sobre
+el cráneo, con indecible desolación.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, mi pobre y bondadoso cura!</p>
+
+<p>Salté del tronco, corrí a la puerta, perdí mi sombrero en la carrera, y
+me precipité en el comedor, como una bomba.</p>
+
+<p>El cura se levantó sorprendido. Su dulce y amable fisonomía resplandeció
+de júbilo al apercibirme, y por no romper con las tradiciones de la
+etiqueta, sino en un ímpetu de ternura y emoción, me arrojé en sus
+brazos y lloré largo rato sobre su pecho.</p>
+
+<p>Sé que no hay nada más impropio en el mundo que llorar sobre el pecho de
+un cura, que mi tío, Juno y todas las matronas de la tierra se habrían
+cubierto la faz ante tan escandaloso espectáculo; pero mi ingreso en la
+escuela de la compostura databa de muy poco tiempo para hacerme perder
+la espontaneidad de mi naturaleza. Por otra parte, tengo por seguro que
+sólo los tontos, los farsantes y las personas sin corazón pueden tener
+la pretensión de no sacrificar jamás las leyes de la conveniencia social
+ante un sentimiento sincero y profundo.</p>
+
+<p>&mdash;La vida es un harapo, mi cura, un mísero harapo&mdash;exclamé sollozando.</p>
+
+<p>&mdash;¿Hemos llegado a eso, querida hijita? De veras, ¿has llegado ya a tal
+conclusión? No, no; no es posible.</p>
+
+<p>Y el pobre cura, que a la vez lloraba y reía, mirábame con
+enternecimiento, me pasaba la mano por la frente y me hablaba como a un
+pajarillo herido, cuyas quebradas alas hubiera querido curar con
+caricias y frases cariñosas.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Reina, vamos hijita querida, cálmate un poquito, cálmate&mdash;me
+dijo separándome con dulzura.</p>
+
+<p>&mdash;Tenéis razón&mdash;respondíle, relegando el pañuelo al fondo de mi
+bolsillo.&mdash;Desde hace tres meses se me predica la tranquilidad y la
+calma, y no he sabido aprovecharme, como veis, de los consejos.
+¡Comamos, señor cura!</p>
+
+<p>Me quité los guantes y la capa y por uno de esos cambios repentinos,
+desde algún tiempo frecuentes en mi, me eché a reír y me senté a la mesa
+alegremente.</p>
+
+<p>&mdash;Conversaremos cuando hayamos comido, mi querido cura, estoy muerta de
+hambre.</p>
+
+<p>&mdash;Y no tengo casi nada que darte.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! aquí hay judías; ¡a mi me gustan mucho las judías! ¡Y pan casero!
+¡Es un banquete!</p>
+
+<p>&mdash;Y ¿has venido sola, Reina?</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, caramba! es verdad: el ama de llaves ha quedado en el coche, a
+espaldas de la iglesia. Mandadla buscar, señor cura, y que de paso le
+digan que recoja mi sombrero que vuela por el jardín.</p>
+
+<p>El buen cura fue a dar sus órdenes y volvió a sentarse enfrente de mí.
+Mientras que yo comía con excelente apetito, a pesar de mí... tisis y
+mis penas, él, que ya no se acordaba de comer, me contemplaba con una
+admiración que trataba de disimular, pero infructuosamente.</p>
+
+<p>&mdash;Me halláis linda, ¿no es verdad, señor cura?</p>
+
+<p>&mdash;Digo... sí, algo, Reina.</p>
+
+<p>&mdash;Ah, mi cura, si me confesase ahora ¡cuántos pecadazos tendría de que
+acusarme! Ya no son, no, los pecadillos de antes, que conocíais tan
+bien.</p>
+
+<p>Y sin dejar de comer, le describía mis complacencias vanidosas, mis
+impresiones, mis trajes, mis ideas nuevas. Él reía, tomaba rapé
+continuamente, con su antiguo aspecto bondadoso, y me contemplaba, por
+cierto, sin pensar en reñirme.</p>
+
+<p>&mdash;¿No voy camino del infierno, señor cura?</p>
+
+<p>&mdash;No me parece, mi buena hijita. Son cosas de tu edad. Eres tan joven.</p>
+
+<p>&mdash;¿Joven, mi pobre cura? ¡Ah, si pudierais ver el fondo de mi alma! Os
+he escrito, que no era más que un esqueleto, y es la verdad.</p>
+
+<p>&mdash;En todo caso, no lo pareces.</p>
+
+<p>&mdash;Ya hablaremos de ello de aquí a un rato, señor cura, y os
+convenceréis.</p>
+
+<p>Así que sacié mi apetito, levantó la mesa la sirvienta, se encendió un
+espléndido fuego en el hogar, y nos sentamos, el cura y yo, cada uno a
+un lado de la chimenea.</p>
+
+<p>&mdash;Veamos, pues, Reina, hablemos seriamente. ¿Qué tienes que contarme?</p>
+
+<p>Adelanté mis piececitos hacia las llamas del hogar y respondí
+tranquilamente.</p>
+
+<p>&mdash;Mi cura, me muero.</p>
+
+<p>Algo impresionado, cerró el cura bruscamente la entreabierta tabaquera,
+en la que estaba a punto de introducir los dedos.</p>
+
+<p>&mdash;No tienes aspecto de eso, hijita.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo! ¿no me veis ojerosa y con mis labios pálidos?</p>
+
+<p>&mdash;No, Reina; al contrario, tus labios están rosados y tu rostro denota
+una floreciente salud. Pero ¿de qué te mueres?</p>
+
+<p>Antes de contestarle, miré en torno mío pensando en que iba a pronunciar
+una palabra, que jamás había oído pronunciar aquella modesta sala; una
+palabra tan rara, que probablemente haría caer sobre mi cabeza en un
+movimiento de sorpresa e indignación al viejo reloj sin máquina que se
+incrustaba en un rincón, y a las imágenes piadosas de las paredes.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y bien, Reina?</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, señor cura, me muero de... amor.</p>
+
+<p>El reloj, las imágenes y los muebles conservaron su inmovilidad y el
+mismo cura no dio más que un salto pequeñito.</p>
+
+<p>&mdash;Estaba seguro de ello&mdash;dijo pasándose la mano por la cabellera blanca,
+que había reconquistado su revuelta actitud de los buenos
+tiempos,&mdash;estaba seguro. Tu imaginación ha hecho de las suyas, Reina.</p>
+
+<p>&mdash;No se trata de la imaginación, señor cura, sino del corazón, puesto
+que amo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh tan joven, tan niña!</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué tiene que ver eso? Os repito que me muero de amor por el señor de
+Couprat.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¿conque es él?</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué me tomáis por una veleta, mi cura?</p>
+
+<p>&mdash;Pero, Reinita, en vez de morir, sería mejor que te casaras con él.</p>
+
+<p>&mdash;Eso sería lógico, querido cura, muy lógico; pero por desgracia, no le
+gusto.</p>
+
+<p>Esta aserción le pareció tan extraordinaria, que permaneció algunos
+instante como petrificado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Eso no es posible!&mdash;exclamó y con tal convicción que no pude ahogar
+la risa.</p>
+
+<p>&mdash;No sólo no me ama, sino que ama a otra; está enamorado de Blanca y ha
+pedido su mano.</p>
+
+<p>Le conté lo que había pasado en el Pavol pocos días antes; mis
+descubrimientos, mi ceguedad y las vacilaciones de Juno. Y coroné esta
+narración llorando a lágrima viva, como que mi tristeza era real y
+verdadera.</p>
+
+<p>El cura, que hasta entonces no había podido decidirse a tomar en serio
+mis penas y mis palabras, ofrecía en aquel instante la imagen viva de la
+consternación. Aproximó su silla a la mía, me tomó de la mano y se
+esforzó en hacerme entrar en razón.</p>
+
+<p>&mdash;Tu prima vacila; tal vez no se realice el casamiento.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y que me importaría eso, si la ama? No se puede querer dos veces.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, sucede.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, no lo creo; sería espantoso! Mi pobre cura, soy muy desgraciada.</p>
+
+<p>&mdash;¿Se lo has dicho a tu tío?</p>
+
+<p>&mdash;No; pero ha adivinado lo que pasaba por mí. Y de todos modos ¿para
+qué? No puede obligar a Pablo a quererme y olvidar a su hija. Yo no
+quisiera que supiese que le amo; preferiría morir.</p>
+
+<p>Un largo silencio sucedió a este arranque de orgullo.</p>
+
+<p>Ambos mirábamos el fuego como dos buenos hechiceros que intentaran leer
+el secreto del porvenir en las llamas y carbones encendidos.</p>
+
+<p>Mas, llamas y carbones permanecían mudos y yo lloraba silenciosamente,
+cuando el cura prosiguió semisonriendo.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, no se parece a Francisco I, ni a Buckingham.</p>
+
+<p>-¡Ah! señor cura&mdash;repliqué rápidamente,&mdash;si Francisco I y Buckingham
+estuvieran aquí, no se harían rogar mucho para amarme, y yo estaría
+contentísima.</p>
+
+<p>¡Hum! El cura halló la respuesta desprovista de ortodoxia y susceptible
+de enojosas interpretaciones, y abandonando inmediatamente tan escabroso
+tema, me aconsejó resignación.</p>
+
+<p>&mdash;Pienso, Reina, que eres muy joven; que esta prueba pasará y que
+tienes delante de ti una larga vida.</p>
+
+<p>&mdash;Sabed, mi cura, que no soy de carácter resignado. Si vivo, no me
+casaré nunca; mas no viviré: estoy tísica. ¡Escuchad!</p>
+
+<p>Y traté de toser de un modo cavernoso.</p>
+
+<p>&mdash;No juegues con tu salud. A Dios gracias, estás muy bien.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno&mdash;dije levantándome,&mdash;veo que no queréis creerme. Aprovechemos
+del buen tiempo y de los últimos momentos de vida que me quedan, para ir
+al Zarzal, señor cura.</p>
+
+<p>Y nos pusimos en camino hacia mi antigua morada bajo un agradable sol de
+Noviembre, infinitamente menos dulce y confortador que el cariño y el
+rostro del cura.</p>
+
+<p>¡Con que gusto miraba sus cabellos agitados por el viento, su andar
+ligero y su aire de regocijo, tantas veces espiados por mi, desde la
+ventana de la galería, mientras que la lluvia azotaba los vidrios y
+mugía y silbaba el viento entre las puertas desvencijadas de la vetusta
+casa!</p>
+
+<p>Después de hacer una visita a Petrilla y Susana, recorrí la casa de
+arriba abajo. ¡De veras, no debiéramos medir el tiempo por la cantidad
+de días pasados sino por el número y vivacidad de las impresiones! Pocas
+semanas antes salía de la antigua morada, y sin embargo, si se me
+hubiese asegurado que en vez de días eran años los que habían pasado por
+mi, lo hubiera creído sin dificultad.</p>
+
+<p>Conduje al cura al jardín. ¡Pobre selva virgen! Me recordaba días
+tristes; sin embargo, sentí cierto placer recorriéndolo en todo sentido.</p>
+
+<p>Y luego, asediábame la mente el recuerdo de algunas horas deliciosas,
+recuerdo todavía encantador para mi, a pesar de la amargura de las
+decepciones que habían sucedido a un instante de felicidad.</p>
+
+<p>&mdash;¿Os acordáis, señor cura?&mdash;díjele indicándole el cerezo, a que había
+trepado Pablo.</p>
+
+<p>&mdash;Pensemos en otra cosa, Reinita.</p>
+
+<p>&mdash;¿Acaso me es dable, señor cura? ¡Si supierais cuánto le quiero! Os
+aseguro que no tiene defectos.</p>
+
+<p>Una vez en este terreno ningún poder humano me hubiera podido detener,
+tanto más cuanto que en el Pavol me veía obligada a ocultar mis
+impresiones. Hablé por tanto rato, que el cura quedó como aturdido.</p>
+
+<p>Pasamos la tarde en charlar y disputar. El cura desplegó todo su talento
+oratorio, para probarme que la resignación es una virtud llena de
+sabiduría y fácil de alcanzar.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, mi cura&mdash;le respondía con toda seriedad,&mdash;no sabéis lo que es el
+amor!</p>
+
+<p>&mdash;Créeme, Reina, con un poco de buena voluntad olvidarás y te
+sobrepondrás fácilmente a esta prueba. Eres tan joven.</p>
+
+<p>Tan joven... Este era su estribillo. ¿No se sufre lo mismo a los diez y
+seis años como a cualquiera otra edad? Estos ancianos son
+incomprensibles.</p>
+
+<p>Yo, por mi parte, le contestaba meneando la cabeza:</p>
+
+<p>&mdash;¡No comprendéis, mi cura, no comprendéis!</p>
+
+<p>Al día siguiente, mientras nos paseábamos por el jardín, le dije:</p>
+
+<p>&mdash;Señor cura, esta noche he concebido una idea.</p>
+
+<p>&mdash;Veamos la idea, hijita.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo ganas de que seáis cura del Pavol.</p>
+
+<p>&mdash;No se puede quitar a otro su puesto, Reina.</p>
+
+<p>&mdash;El que está actualmente, es muy viejo, señor cura; espío con tierna
+atención los síntomas de su decrepitud. ¿No os gustaría reemplazarle?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, evidentemente. No obstante, sentiría abandonar mi parroquia;
+treinta años hace que estoy en ella, y he concluido por amarla.</p>
+
+<p>&mdash;¿Habéis concluido por amarla? Entonces no os ha gustado siempre.</p>
+
+<p>&mdash;No, Reina; bien sabes lo triste que es. Tal vez nunca has pensado en
+que yo también he sido joven. Mis sueños no eran por el estilo de los
+tuyos, hijita, pero he soñado con una vida activa; hubiera deseado ver y
+oír muchas cosas, pues no era un tonto, y anhelaba recursos
+intelectuales, que me han faltado siempre. Luego, antes de conocerte, no
+tenía cariño ni amistad en torno mío. Pero uno se sobrepone al fastidio
+y a los pesares, Reina; todo está en quererlo. Era muy feliz desde hacía
+tiempo, antes de tu partida del Zarzal; había olvidado los largos días
+tan tristes de mi juventud.</p>
+
+<p>El buen cura me miraba con aire soñador, y yo que, viéndole siempre
+alegre y satisfecho, no había pensado nunca en que hubiera podido
+sufrir alguna vez, me sentí enternecida ante una resignación tan
+verdadera, tan dulce y tan sin hiel.</p>
+
+<p>&mdash;Sois un santo, mi cura&mdash;le dije tomándole la mano.</p>
+
+<p>&mdash;¡Chut! No digamos tonterías, mi hijita. Esa vida algo estrecha me ha
+hecho sufrir, pero tal es la suerte de todos mis colegas de carácter
+joven y activo.</p>
+
+<p>Te he hablado de ello para hacerte comprender que todo se puede
+soportar, y que la felicidad y la alegría se encuentran siempre, cuando
+se sufren con valor las pruebas y tribulaciones.</p>
+
+<p>Todo lo comprendía perfectamente; sin embargo, el pobre cura predicaba
+en desierto.</p>
+
+<p>Era demasiado joven para no tener ideas absolutas, y pensaba con toda
+convicción, que en cuestión de pesares, nada es comparable a un amor
+desgraciado.</p>
+
+<p>&mdash;Si el curato del Pavol se ve vacante algún día, Reina, lo aceptaré con
+júbilo; desgraciadamente este cambio no depende de mí.</p>
+
+<p>&mdash;Lo sé, lo sé, pero mi tío conoce mucho al señor obispo, y arreglara
+todo.</p>
+
+<p>El cura me acompañó hasta C***, y cuando me vio instalada en el elegante
+<i>landeau</i> de mi tío, exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Cuánto me alegro, Reina, de verte en tu lugar! ¡Qué diferencia entre
+este coche y el carromato de Juan!</p>
+
+<p>&mdash;Pronto me veréis en un hermoso castillo. Voy a rezar una novena para
+que el cura del Pavol se vaya al cielo. Es una idea muy caritativa,
+puesto que está decrépito y enfermo. Tendréis una espléndida iglesia y
+un púlpito, señor cura, pero un verdadero y espacioso púlpito.</p>
+
+<p>Arrancaron los caballos, y me asomé a la ventanilla para poder ver por
+más tiempo a mi viejo cura, que me hacía señales de cariñosa despedida,
+sin pensar en ponerse el sombrero, pues una feliz y dichosa esperanza
+había nacido en su corazón.</p>
+
+
+
+
+<hr />
+
+<h3><a name="XVII" id="XVII"></a>XVII.</h3>
+
+<p class="non"><span class="letra">E</span><span class="smcap">sta</span> visita al cura sólo me hizo un bien pasajero.</p>
+
+<p>El saludable efecto de sus palabras se desvaneció rápidamente, y recaí
+en mis negros pensamientos: mi tío, protestando siempre contra las
+mujeres, las sobrinas, sus cabecitas flojas y sus caprichos, hablaba de
+conducirnos a París para distraerme, cuando felizmente se precipitaron
+los acontecimientos.</p>
+
+<p>Pocos días antes del proyectado viaje, el señor de Pavol recibió carta
+de un amigo que le pedía permiso para conducir al castillo a uno de sus
+parientes, un cierto señor de Kerveloch, antiguo agregado de embajada.
+Mi tío contestó con premura que le sería muy grato recibir al señor de
+Kerveloch, y le invitó a almorzar, sin presumir que salía al paso a un
+acontecimiento que, desvaneciendo sus sueños, debía resucitarme la
+esperanza.</p>
+
+<p>El segundo día después de escrita esta carta (tengo mis motivos para
+acordarme eternamente de tan célebre día)&mdash;el segundo día, hacía un
+tiempo espantoso.</p>
+
+<p>Según nuestra costumbre, nos hallábamos reunidos en el salón. Blanca
+preocupada y sentada cerca del fuego, respondía con monosílabos al señor
+de Couprat. Este testarudo enamorado, no habiendo podido soportar su
+destierro, había reaparecido en el Pavol a las cuarenta y ocho horas.</p>
+
+<p>Mi tío leía el diario, y yo me había refugiado en el hueco de una
+ventana.</p>
+
+<p>Alternativamente trabajaba con nervioso entusiasmo, pues tenía pasión
+por las labores de aguja, o contemplaba el firmamento obscuro y la
+lluvia que caía sin interrupción; escuchaba el rugido del viento, de ese
+viento de Noviembre que parece llorar quejumbrosamente, y me sentía
+fatigada, triste y sin el menor presentimiento feliz, aunque en aquellos
+instantes acudía a mi la felicidad arrastrada por el rápido trote de dos
+briosos corceles.</p>
+
+<p>De rato en rato y a hurtadillas, yo echaba una miradita a Pablo. Miraba
+a Blanca con una expresión tal, que me daban ganas de estrangularla.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué aire de idiota tiene!&mdash;decíame yo, mirándola así, con los ojazos
+fijos y casi atontados.</p>
+
+<p>&mdash;¡Sí!; pero si yo estuviera en el lugar de Blanca, y me contemplara del
+mismo modo, lo encontraría encantador y más lindo que nunca! ¡Oh,
+inconsecuencia humana! Y clavé mi aguja con tanta rabia, que la quebré.</p>
+
+<p>En ese momento, oímos el ruido de un carruaje que llegaba al castillo.</p>
+
+<p>Mi tío dobló su diario, Juno aplicó el oído diciendo:&mdash;¡Tenemos
+visitas!&mdash;Y algunos segundos después eran introducidos en la sala, el
+amigo de mi tío y su agregado de embajada.</p>
+
+<p>No sé porqué tal título estaba unido en mi mente a la vejez y a la
+calvicie. Sin embargo, el señor de Kerveloch, no sólo no era ni viejo ni
+calvo, sino que, excepción hecha de Francisco I (en su retrato), yo no
+había visto jamás ningún hombre tan bello.</p>
+
+<p>Así que entró se me ocurrió que en su hermosa cabeza bullían ideas
+matrimoniales. Tenía treinta años; su estatura era suficientemente
+elevada para que Pablo a su lado, se transformase en pigmeo; era su
+expresión inteligente y altiva, y tal que nadie le hubiera otorgado la
+aureola de la santidad a primera ni a segunda vista. Frío, pero cortés
+hasta en los menores detalles, tenía maneras elegantísimas y una
+posesión de sí que inmediatamente subyugaron a Blanca.</p>
+
+<p>Él por su parte, la contempló con admiración, y cuando a la despedida,
+le vi cerca de ella, comprobé con secreta alegría que era imposible
+imaginar una pareja más bella.</p>
+
+<p>Y creo que todos pensaron lo mismo, porque Pablo nos dejó con cara
+entristecida. Juno tocó diez veces seguidas el último pensamiento de
+Weber u otro aburrimiento por el estilo, indicio en ella de gran
+preocupación, mientras que mi tío nos observaba de un modo perspicaz y
+burlón.</p>
+
+<p>El señor de Kerveloch vino a almorzar al Pavol al siguiente día; tres
+después pedía la mano de Blanca, y apenas habían pasado dos semanas de
+esto, cuando yo escribía al cura.</p>
+
+<p>«Mi querido cura: El hombre es un animalito voluble, instable y
+caprichoso; una veleta que gira a todos los antojos de la imaginación y
+de las circunstancias... Al decir el hombre, comprendo la humanidad
+entera, porque es mi persona el animalito a que me refiero.</p>
+
+<p>«Ya no estoy desesperada, ni tengo ganas de morir, mi cura. Me parece
+que el sol ha recobrado todo su esplendor, creo que el porvenir me
+reserva alegrías, y que es una suerte que el universo exista.</p>
+
+<p>«Blanca se casa, señor cura. Blanca se casa con el conde de Kerveloch.
+¡Dios mío, qué pareja tan linda! Y decir que no ha faltado más que un
+átomo, una línea, para que aceptase al señor de Couprat. Un hombre a
+quien no amaba y cuyo apetito le chocaba... por comer mucho... ¡Qué
+consideración tan absurda! ¿No es natural y lógico comer bien, cuando se
+tiene salud?</p>
+
+<p>«Si me preguntáis cómo han podido variar tan bruscamente las cosas en el
+Pavol, difícilmente os lo podría explicar. Todo lo que sé es que un día,
+un hermoso día, no, llovía a torrentes, pero no importa. Un día, digo,
+llegó el señor de Kerveloch, conducido por un amigo de mi tío. Viéndole
+entrar, adiviné que traía intenciones, y supuse también que le gustaría
+a Blanca, porque tenía todas las cualidades que ella pretende en un
+marido. El señor de Kerveloch la contempló como hombre que sabe apreciar
+la belleza y pocos días después solicitaba el honor de unirse a ella,
+como dicen mi tío y la etiqueta.</p>
+
+<p>Juno salió de su habitual indiferencia, y declaró con entusiasmo, que
+jamás le había gustado tanto un apuesto caballero y que se negaba
+redondamente a dar su mano al señor de Couprat.</p>
+
+<p>«Y ahí tenéis todo, mi querido cura. Desde entonces he vuelto como
+antes, a soñar con las estrellas; suelto la rienda a mi imaginación y la
+dejo galopar hasta cansarse, y cuando estoy sola bailo y salto en mi
+cuarto, que es un gusto. ¡Ah, mi querido cura, no sé porqué os quiero
+hoy ocho o diez veces más que de costumbre! Vuestra dulce fisonomía me
+parece hoy más risueña que nunca, vuestro cariño más tierno y vuestros
+hermosos cabellos blancos más delicados.</p>
+
+<p>«Esta mañana he contemplado los bosques sin hojas, y me han parecido
+verdes y lozanos; al cielo plomizo lo he hallado azul, y me he
+reconciliado de pronto, con la imaginación. Toda mi vida me arrepentiré
+de haberla tratado tan duramente como lo hice el otro día. Es una hada,
+mi querido cura, una hada rica de encantos, de poder y de poesía, que al
+tocar con su varilla mágica las cosas más insignificantes y feas las
+engalana con su propia belleza.</p>
+
+<p>«¡Qué voluble es el animalito humano! No vuelvo de mi sorpresa. ¿En qué
+estriban la esperanza y la alegría? ¿A qué desesperarse, cuando se
+resuelven tan bien las cosas, sin que uno tenga arte ni parte en el
+arreglo? Pero ¿por qué estoy tan alegre cuando mi porvenir no está
+decidido todavía, y cuando creo que es imposible amar dos veces? ¡Qué
+caos, mi cura! En este mundo todo es misterio, y el alma un abismo
+insondable. Creo que alguien, no sé dónde, ha emitido esta idea; tal vez
+la haya leído ayer mismo, pero no es plagio; la hubiera podido inventar.
+No obstante, así que mi imaginación se apacigua, un pánico irresistible
+se apodera de mis alegres ideas, y corren, vuelan, se escapan y
+desaparecen a menudo, sin que yo pueda alcanzarlas. Porque al fin, señor
+cura, él la ama. ¡Qué horrible frase, aplicada como la aplico en este
+instante!</p>
+
+<p>«Me habéis dicho que no era una cosa rara enamorarse dos veces en la
+vida, señor cura; ¿estáis bien seguro? ¿Estáis convencido de ello? Dicen
+que el amor atrae al amor; si conociera mi secreto ¿me querría? Vos que
+sois un hombre de criterio, señor cura, ¿no halláis que los
+conocimientos sociales son una idiotez? Probablemente bastaría una
+declaración mía para hacer la felicidad de toda mi vida, cuando, he
+aquí, que unas leyes inventadas por alguna cabeza sin discernimiento, me
+prohíben seguir mis inclinaciones, revelar mis pensamientos íntimos, y
+declarar mi amor a la persona que amo. La verdad es que también en el
+fondo de mi corazón siento un cierto no sé qué, que me obligaría a
+guardar silencio y... ¡ cuándo os digo que el alma es un abismo
+insondable! Mi querido cura, veo una procesión de ideas lúgubres que
+avanzan hacia mi ¡Dios mío, que mal equilibrado está el hombre!</p>
+
+<p>«Las circunstancias, sin duda alguna, modifican las ideas. Mi tío va más
+lejos y pretende que sólo los imbéciles no cambian de opinión; pero
+¿sucede con el corazón lo mismo que con la cabeza?</p>
+
+<p>«Dadme luz, mi viejo cura».</p>
+
+<p>Cuando el señor de Pavol decidía algo, tío tardaba en ejecutarlo.
+Partiendo de este principio, señaló el 15 de Enero para verificar el
+matrimonio de Blanca.</p>
+
+<p>Fuerte había sido para él la decepción; pero no pensó en contrariar a su
+hija, y mucho menos conociendo mi amor. Era franco, leal, sensato e
+incapaz de encapricharse en una idea, sobre todo, comprometiendo la
+felicidad de una sobrina.</p>
+
+<p>Pablo soportó su desgracia con gran serenidad. No sentía ninguna
+veleidad feroz; era lo mismo que la criaturita que le amaba tan
+entrañablemente sin que siquiera lo sospechara.</p>
+
+<p>Certifico que jamás se le pasó por la mente envenenar a su rival, ni
+atravesarlo de parte a parte en ningún claro de bosque solitario y
+poético.</p>
+
+<p>Cuando vio sus ilusiones hechas humo, vino de visita con el comandante.
+Tendió la mano a Blanca, y le dijo con voz franca y natural:</p>
+
+<p>&mdash;Prima, no deseo más que vuestra felicidad, y espero que seguiremos
+siendo siempre buenos amigos.</p>
+
+<p>Pero este comportamiento de héroe de comedia, no le libraba de sentir
+hondo pesar. Sus visitas al Pavol, fuéronse haciendo cada día más raras,
+y le notaba muy cambiado, moral y físicamente.</p>
+
+<p>Entonces volvía a llorar a escondidas, y me enojaba con él. ¡Le hubiera
+sido tan fácil quererme! ¡Era tan lógico y racional comprender que
+nuestras dos naturalezas armonizaban y que yo le quería con locura!</p>
+
+<p>De veras, si los hombres fueran siempre lógicos, el mundo andaría
+mejor.</p>
+
+
+
+
+<hr />
+
+<h3><a name="XVIII" id="XVIII"></a>XVIII.</h3>
+
+<p class="non"><span class="letra">E</span><span class="smcap">l</span> quince de Enero el tiempo estuvo soberbio, aunque hizo un frío seco y
+pronunciado. El campo, cubierto de escarcha, tenía un aspecto encantado.
+Juno, extremadamente pálida, estaba tan linda con su traje blanco que no
+me cansaba de mirarla. Y la comparaba a aquella naturaleza fría y
+espléndida que ataviada con brillante blancura, parecía haberse puesto
+al unísono de su belleza.</p>
+
+<p>Después de almorzar subió a su cuarto para cambiar de vestido. Bajó muy
+emocionada; nos abrazamos todos patéticamente y... camino de Italia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué lindo viaje! ¡qué lindo viaje!-pensaba yo.</p>
+
+<p>Mis múltiples emociones me habían cansado y tenía sed de soledad. Dejé,
+pues, a mi tío entenderse con sus invitados como pudiera, tomé una capa
+de pieles y me dirigí hacia un sitio del parque, por el que sentía
+especial preferencia.</p>
+
+<p>El parque estaba atravesado por un arroyuelo angosto y rápido, y a
+cierta altura de su curso, se ensanchaba y formaba una cascada que al
+caer entre piedras hábilmente dispuestas, tomaba un aspecto imponente y
+pintoresco.</p>
+
+<p>A pocos pasos de la cascada, cayó una vez un árbol con las raíces en una
+margen y la copa en otra. Quedó algún tiempo en esa posición y cuando en
+la siguiente primavera quiso mi tío hacerle sacar de allí, se apercibió
+que el árbol había brotado vigorosamente a lo largo del tronco. Hizo
+colocar otro al lado de aquél y entrelazar sus ramas, plantar lianas
+entre ellos y con el tiempo ramas y lianas hicieron una red tan compacta
+como para que mi tío se jactara de tener un original puente rústico, que
+se podía atravesar sin más peligro que el de enredarse en los gajos y
+caer al agua.</p>
+
+<p>Este sitio solitario, bastante alejado del castillo, era el lugar que
+había escogido yo para mis meditaciones.</p>
+
+<p>Me detuve junto al puente cargado de escarcha, a pensar en el porvenir y
+a admirar los enormes copos de nieve, pendientes de la cascada al ser
+sorprendidos en su líquido curso por el hielo.</p>
+
+<p>No sé cuanto tiempo haría que me hallaba allí, sin preocuparme del frío
+que me helaba la cara, cuando vi llegar hacia a mi al dulce objeto de mi
+ternura, como diría el poeta.</p>
+
+<p>El tal objeto parecía melancólico y de muy mal humor. Venía apaleando
+los árboles con un bastón que había tomado en un momento de distracción
+del cuarto de mi tío, y la polvareda blanca que los cubría, saltaba y
+se esparcía sobre él.</p>
+
+<p>Yo le daba la espalda a medias, pero es de pública notoriedad que las
+mujeres vemos de espaldas; así es, que yo no perdía ni uno solo de sus
+movimientos.</p>
+
+<p>Ya cerca de mi, cruzó los brazos, miró la cascada inmóvil, el puente,
+los árboles, y no abrió la boca. Yo, en tanto, retenía el aliento y me
+hacía la ocupada en una ramita de pino que acababa de quebrar, pero, sin
+que él se fijara, le miraba de soslayo.</p>
+
+<p>&mdash;Prima...</p>
+
+<p>&mdash;¿Primo...?</p>
+
+<p>Esperé unos instantes el final del discurso. En esto, viendo que se
+atascaba en el exordio, me digné dar una media vuelta hacia el orador
+para alentarle.</p>
+
+<p>Frunció las cejas y exclamó con ansia:</p>
+
+<p>&mdash;Tengo ganas de levantarme la tapa de los sesos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Muy buena idea!&mdash;repúsele yo con tono seco,&mdash;iré a vuestro entierro.</p>
+
+<p>Esta repuesta le causó tanta sorpresa, que dejó caer los brazos y me
+miró con fijeza.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y no haríais nada por evitar que me suicidase, prima?</p>
+
+<p>-No por cierto-respondí muy tranquila. ¿A qué entrometerme en lo que no
+me importa? Me gusta la libertad, y si tenéis ganas de abandonar este
+valle de lágrimas... ¡oh, Dios mío! no movería un dedo para impedíroslo.
+Que cada cual haga su gusto en vida.</p>
+
+<p>Y me puse a observar de nuevo mi rama de pino, mientras que el objeto de
+mi amor, desconcertado por el modo indiferente con que miraba yo su
+lúgubre proyecto, quedaba desconcertado.</p>
+
+<p>&mdash;Pensé, prima, que abrigarais algún cariño por mí. La primera vez que
+nos vimos me encontrasteis tan amable.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay, primo! ¿de qué vale la opinión de una campesinilla, reducida a la
+sociedad de un cura, una tía áspera y una cocinera díscola?</p>
+
+<p>&mdash;¿Es decir, que no me otorgabais vuestras simpatías nada más que por no
+ser cura, y tener una cara menos marchita que la de la señora de
+Lavalle?</p>
+
+<p>&mdash;Lo habéis dicho, primo.</p>
+
+<p>Él me miraba furioso, retorciéndose el bigote con despecho, y
+poniéndose, mal humorado el sombrero, echó a andar por el puente. ¡Oh,
+cómo comprendía yo los movimientos de su alma! Se sentía feliz, feliz de
+encontrar un pretexto para reñir, y la pegaba conmigo y del mismo modo
+que me había desquitado yo de mis amarguras, con mis hombrecillos de
+barro y con el infortunado barón de Le Maltour.</p>
+
+<p>&mdash;Vuestra tía era horrible, señorita,&mdash;me dijo volviéndose bruscamente.</p>
+
+<p>&mdash;Mis lindos ojos compensaban su fealdad,&mdash;respondí en igual tono.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué buena mesa! ¡Qué buen servicio! Todo andaba sin pies ni cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Sí; pero ¡qué pavo! ¿Cómo no moristeis de una indigestión? Lo creí
+sinceramente, hasta el día en que os volví a ver aquí, Dios mío... en
+perfecta salud.</p>
+
+<p>&mdash;Sé que es absolutamente imposible el quedarse, discutiendo con vos,
+con la última palabra. No soy, sin embargo, un primo insoportable. ¿Qué
+os he hecho?</p>
+
+<p>&mdash;Pero, nada. Os doy una prueba de ello, prometiéndoos acompañar vuestro
+cuerpo a la última mansión.</p>
+
+<p>&mdash;¡Mi cuerpo!&mdash;exclamó con doloroso escalofrío.&mdash;Aun no estoy muerto,
+señorita. Sabed que no me mataré y que parto para Rusia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Buen viaje, primo!</p>
+
+<p>Se había alejado, y creyendo no verle en mucho tiempo, crucé las manos
+con desaliento y dejé correr mis lágrimas, cuando le vi volver sobre sus
+pasos.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Reina, no nos hagamos los malos. Por qué nos enoja... Pero
+qué... ¿estáis llorando?</p>
+
+<p>&mdash;Pensaba en Juno&mdash;repuse logrando hacerlo con voz segura.</p>
+
+<p>&mdash;Tenéis razón, primita. Os quedáis muy sola. ¿Queréis tenderme la mano?</p>
+
+<p>&mdash;Con mucho gusto, Pablo.</p>
+
+<p>¡Ay! no la besó, pero la oprimió con melancolía; pensaba en una mano más
+bella, que había soñado poseer.</p>
+
+<p>Y partió para no volver.</p>
+
+<p>A pesar del frío, que ni sentía, me senté llorando junto al puente y
+contemplaba inclinada hacia el arroyo, caer mis lágrimas sobre el
+hielo.</p>
+
+<p>¡Decir que se iba a saltar la tapa de los sesos! Para eso es necesario
+que la quiera prodigiosamente.</p>
+
+<p>Bien sé que no lo hará, pero es muy posible que esté tan enamorado de
+ella, como yo de él, y veo que no le podré olvidar jamás. ¿No es una
+intrepidez enamorarse así de una mujer que no le convenía, mientras que
+cerca de él, una almita?...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué haces ahí, Reina?&mdash;me interrogó mi tío, que había venido sin que
+yo le sintiese.</p>
+
+<p>Me levanté rápidamente, avergonzada de no poder ocultar mi emoción.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo! ¿Lloramos?</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué tontos son los hombres, tío!</p>
+
+<p>&mdash;Gran verdad, sobrina. ¿Y por eso lloras?</p>
+
+<p>&mdash;Pablo dice que va a levantarse la tapa de los sesos,&mdash;proseguí
+llorando.</p>
+
+<p>&mdash;¿Le crees capaz de semejante crimen?</p>
+
+<p>&mdash;No,&mdash;contesté sonriendo, a despecho de mis lágrimas.&mdash;Tal atrocidad es
+incompatible con su carácter, pero ya la idea sólo prueba que...</p>
+
+<p>&mdash;Ya sé, ya sé sobrina, la idea prueba que ama a mi hija; pero, creeme,
+la olvidará muy pronto, y cuando vuelva, trataremos de que su corazón no
+se equivoque más.</p>
+
+<p>&mdash;¿Entonces, tío, pensáis, que un hombre puede querer dos veces en su
+vida sin ser un fenómeno?</p>
+
+<p>El señor de Pavol me acarició las mejillas, mirándome con una
+conmiseración provocada tanto por mi pesar como por mi inexperiencia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre sobrinita! Los hombres que aman una sola vez son más raros que
+el Pico de la Aguja Verde.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, tío, el hombre es un animal indigno.</p>
+
+<p>Sin embargo, yo estaba más contenta que escandalizada, y no pedía más
+que poder aprovechar de la indignidad inherente a la naturaleza humana.</p>
+
+<p>&mdash;Con todo, Juno es tan linda.</p>
+
+<p>&mdash;Mira este puente que te gusta tanto, Reina. Antes que las ramas y
+plantas que lo cubran hayan retoñado, Pablo la habrá olvidado y antes de
+que las hojas tengan tiempo de marchitarse otra vez, habrá vuelto al
+Pavol y...</p>
+
+<p>Sonrió expresivamente, y se marchó sin terminar su frase. Yo le miré
+alejarse sorprendida, pensando que son muy originales los tíos que
+predicen el porvenir con tanto aplomo.</p>
+
+<p>&mdash;Todo está muy bien,&mdash;me dije encaminándome lentamente hacia el
+castillo,&mdash;pero si su corazón cambia, puede enamorarse de otra mujer
+durante sus viajes. Casualmente dicen que las rusas son muy lindas. Será
+preciso mandarle a Laponia.</p>
+
+<p>Eché a correr con todas mis fuerzas y llegué a la puerta del castillo en
+momentos en que el comandante subía a su carruaje.</p>
+
+<p>Le tomé del brazo y llevándole a parte le dije:</p>
+
+<p>&mdash;Comandante ¿Pablo se va a Rusia?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, su viaje está decidido.</p>
+
+<p>&mdash;He pensado... si quisierais que... En fin, sería mejor...</p>
+
+<p>Sin duda alguna, la cosa era mucho más difícil de decir que lo que yo me
+había imaginado. Mi altivez ponía obstáculos y me aconsejaba callar.</p>
+
+<p>-¿Y qué, hijita? Habla pronto, mira que me hielo aquí.</p>
+
+<p>&mdash;Los dados están echados&mdash;exclamé en voz alta golpeando el suelo con el
+pie.</p>
+
+<p>Mi altivez y yo saltamos el Rubicón y dije bajando los ojos:</p>
+
+<p>&mdash;Mi querido comandante, aconsejad a Pablo que vaya entre los
+esquimales, os lo suplico.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y por qué entre los esquimales?</p>
+
+<p>&mdash;Porque las mujeres de por allá son espantosas&mdash;balbuceé,&mdash;mientras que
+las rusas son lindísimas.</p>
+
+<p>El buen comandante me levantó la cara, roja de confusión, y me contestó
+sencillamente:</p>
+
+<p>&mdash;Está bien, le aconsejaré, que vaya a Laponia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cuánto os quiero!&mdash;exclamé con los ojos llenos de lágrimas y
+estrechándole la mano.&mdash;Decidle que no permanezca mucho tiempo en las
+chozas de esas gentes; no sea cosa que enferme. Dicen que apestan.</p>
+
+<p>Mi tío llegaba. Al verle me separé diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Comandante, un hombre de honor no tiene más que una palabra; mantened
+la vuestra.</p>
+
+<p>Subí a mi cuarto, con la desagradable convicción de que había seguido
+por completo el ejemplo del gobierno, pisoteando todos los principios
+de la dignidad.</p>
+
+<p>Pero ¡bah! si uno no se ayudara un poco en la vida, ¿cómo podríamos
+salir del paso?</p>
+
+<p>Esta reflexión acalló mis remordimientos. Me senté en mi escritorio y
+escribí:</p>
+
+<p>«Todo ha concluido, señor cura. Se han casado y se han ido felices,
+encantados. Hubiera dado diez años de mi vida por hallarme en lugar de
+Juno. Con quien, vos sabéis. ¿Cuándo será eso?</p>
+
+<p>«¿Sabéis lo que me ha dicho mi tío? Me ha asegurado que los hombres que
+aman sólo una vez son tan raros como el Pico de la Aguja Verde. Mi cura,
+mi querido cura, os lo suplico, aplicad mañana vuestra misa para que el
+señor de Couprat no sea el Pico de la Aguja Verde.</p>
+
+<p>«Hasta la vista, señor cura; espero que pronto seréis cura de Pavol».</p>
+
+
+
+
+<hr />
+
+<h3><a name="XIX" id="XIX"></a>XIX.</h3>
+
+<p class="non"><span class="letra">E</span><span class="smcap">l</span> único acontecimiento del fin de invierno, fue en efecto la
+instalación del cura en la parroquia del Pavol, y me parece inútil
+demostrar con palabras el júbilo de ambos al hallarnos cerca y sin temor
+de próxima separación.</p>
+
+<p>¡Con qué delicia le veía subir al púlpito y predicar contra la iniquidad
+de los hombres!</p>
+
+<p>Por las tardes llegaba al castillo como antes al Zarzal, con la sotana
+remangada, la teja bajo el brazo y la melena al viento.</p>
+
+<p>Reanudamos nuestras charlas, discusiones y disputas.</p>
+
+<p>Me parecía que el tiempo andaba con pies de plomo, y las cartas de Juno
+que respiraban la más completa felicidad, no eran a propósito para darme
+paciencia. Así es que sin cesar iba a casa del cura, a confesarle mis
+cuitas, inquietudes, esperanzas y protesta contra la espera que me veía
+obligada a soportar.</p>
+
+<p>Sabía, que el objeto de mi amor ¡ay! no había hallado de su gusto el
+viaje a Laponia. Paseábase tranquilamente en San Petersburgo, y las
+hermosas eslavas me daban un miedo horrible.</p>
+
+<p>&mdash;¿Estáis seguro de que no se enamorará de una rusa, señor cura?</p>
+
+<p>&mdash;Es de esperarse, Reinita.</p>
+
+<p>&mdash;Es de esperarse... Contestadme de un modo más categórico, mi cura. ¿En
+qué pensáis? ¡Oh! no es posible que se enamore de una extranjera;
+decidme que no es posible y que pronto me querrá.</p>
+
+<p>&mdash;Lo deseo ardientemente, pobre hijita mía; pero harías bien en suponer
+lo contrario y prepararte de antemano.</p>
+
+<p>&mdash;Me vais a hacer morir de impaciencia, con vuestra resignación, señor
+cura.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cuán poco juiciosa eres, Reina!</p>
+
+<p>&mdash;El juicio, según mi opinión, consiste en querer la felicidad. Decidme
+que me querrá, señor cura, decídmelo.</p>
+
+<p>&mdash;No deseo otra cosa, hijita querida,&mdash;respondíame el cura, quien a
+pesar de su horror al sufrimiento físico hubiera sido capaz de seguir el
+ejemplo de Mucio Scévola, si la realización de mis anhelos hubiese
+dependido de semejante sacrificio.</p>
+
+<p>Pero a pesar de tener cerca a mi cura, de la bondad de mi tío y de la de
+todos cuantos me rodeaban, me iba entristeciendo enormemente día por
+día.</p>
+
+<p>Gustábame recorrer sola los senderos del bosque y permanecía durante
+horas enteras junto a la cascada, recordando nuestra última entrevista y
+pensando en lo que haría si me le viese aparecer alegre y encantador,
+con aquella expresión en los ojos que me había agradado tanto en el
+Zarzal y que después no había vuelto a ver brillar para mí.</p>
+
+<p>Este amor por la soledad, crecía diariamente en razón directa de mi
+melancolía. En fin, poco a poco perdí toda mi locuacidad, y si el señor
+de Pavol, no hubiera tomado a lo serio mi amor desde hacía tiempo, este
+solo hecho habría bastado para probarle su intensidad.</p>
+
+<p>Seis meses pasáronse así.</p>
+
+<p>Un día, el aniversario de mi llegada al Pavol, hallábame sentada en el
+jardín de la casa parroquial. Dos horas antes, un chaparrón había
+refrescado la atmósfera y regado las flores del cura.</p>
+
+<p>Entreteníase él en buscar babosas, mientras que yo, bajo la influencia
+de dulces pensamientos, apoyaba mi frente contra el muro y me dejaba
+arrebatar por risueñas esperanzas.</p>
+
+<p>Sólo turbaban mis reflexiones el caer de las gotas de agua que
+doblegaban las hojas con su peso y el olor de la tierra húmeda que me
+recordaba las mejores horas de mi vida.</p>
+
+<p>De tiempo en tiempo, decíame el cura:</p>
+
+<p>&mdash;Pero sabes que es curioso. ¡Qué cantidad de babosas! ¿Creerás, Reina,
+que he encontrado ya más de quinientas?</p>
+
+<p>Yo levantaba indolentemente la cabeza, y contemplaba sonriendo al buen
+cura que continuaba con ardor en sus pesquisas. Luego volvía a mis
+quimeras y concluía por quedar sumida en una vaga somnolencia.</p>
+
+<p>Me despertaron el rechinar de la barrera que cerraba el cerco del jardín
+y el sonido de una voz llena de alegría que me causó el más recio
+sacudimiento que sentí en mi vida.</p>
+
+<p>&mdash;¡Buen día, señor cura! ¿Cómo estáis? ¡Cuánto me alegro de veros! Reina
+¿dónde está?</p>
+
+<p>Reina estaba siempre en el mismo sitio, fija, y sin poder articular una
+palabra.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, allí está!&mdash;exclamó Pablo, acercándose a mi a grandes pasos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Querida primita, estoy contento! ¡Dios mío! ¡Cuán contento estoy de
+volver a veros!</p>
+
+<p>Tomó mi mano y la besó.</p>
+
+<p>Aseguro que lo que pasó en seguida fue ajeno a mi voluntad, y no debéis
+pensar mal de mí.</p>
+
+<p>Luchaba, lo afirmo, con todas mis fuerzas contra la tentación; pero
+cuando sentí sus labios sobre mi mano, cuando comprendí que no inspiraba
+esta acción una banal cortesía sino un sentimiento más profundo, cuando
+le vi inclinarse hacia mi con una expresión inquieta, afectuosa,
+especial, cien veces más arrebatadora que la que me había hecho pensar
+tantas y tantas veces... no pude contenerme. Aquello era más poderoso
+que mi energía, y la fatalidad, en quien creo desde entonces, me arrojó
+en sus brazos.</p>
+
+<p>Apenas tuve tiempo de sentir el abrazo que respondió a mi impulso.</p>
+
+<p>Avergonzada y confusa caí sobre el banco, ocultando el rostro entre las
+manos, no sin haber entrevisto la fisonomía del cura, cuyo aspecto, a
+la vez estupefacto, espantado y encantado, ha vuelto después muchas
+veces a mi mente.</p>
+
+<p>&mdash;Querida Reina&mdash;murmuró Pablo a mi oído;&mdash;si hubiese conocido antes
+vuestro secreto, no hubiera permanecido lejos tanto tiempo.</p>
+
+<p>Yo no respondí, porque lloraba.</p>
+
+<p>Tomó por fuerza una de mis manos y la retuvo entre las suyas, mientras
+que yo, dominada por una timidez que no había sentido jamás, volví a un
+lado la cara y hacía esfuerzos por librarme.</p>
+
+<p>&mdash;Déjame esta mano tan pequeñita y linda; me pertenece. Vuelve la cara
+hacia acá, Reina.</p>
+
+<p>Miré de frente a aquellos hermosos ojos francos que me sonreían, y
+exclamé:</p>
+
+<p>&mdash;¡Alabado sea Dios! Mi tío tenía razón; no sois el Pico de la Aguja
+Verde.</p>
+
+<p>&mdash;¿El Pico de la Aguja Verde?&mdash;preguntó sorprendido.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, mi tío pretendía... pero ¿qué importa eso? ¿Quién os ha dicho lo
+que ignorabais al partir?</p>
+
+<p>&mdash;Mi padre, el señor de Pavol, y un montón de cosas que he venido
+recordando desde hace dos meses.</p>
+
+<p>&mdash;¿Es cierto, entonces, que el amor atrae al amor?</p>
+
+<p>&mdash;Nada es más cierto, mi querida novia.</p>
+
+<p>¡Oh, qué dulce nombre! Sí, éramos novios y guardamos silencio, mientras
+que el cura lloraba de alegría.</p>
+
+<p>Aturdían con sus cantos los gorriones y se escapaban las babosas de la
+prisión en que las había puesto el cura.</p>
+
+<p>Por cierto que el gorrión no es un pájaro muy agradable que digamos; su
+plumaje es incoloro y feo, su canto carece de melodía y algunas personas
+lo acusan de ladrón y de inmoral, lo que me resisto a creer. No sé
+tampoco que las babosas hayan pasado alguna vez por animalitos poéticos,
+y sin embargo, desde el instante de que acabo de hablar tengo locura por
+gorriones y babosas.</p>
+
+<p>Yo estaba en vilo, creía soñar... No me cansaba de mirarle, de escuchar
+su voz querida y de sentir mi mano estrechada por las suyas. Sin
+embargo, el recuerdo de aquélla que él había amado me trabajaba el
+espíritu, y me turbaba mi júbilo, pero con todo no me atrevía a
+nombrársela.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabe mi tío, que estáis aquí, Pablo?</p>
+
+<p>&mdash;Si vengo del Pavol; he querido absolutamente venir sólo a buscarte.
+¿No te recuerda nada este jardín humedecido, Reina?</p>
+
+<p>No respondí directamente a su pregunta; sólo le dije:</p>
+
+<p>&mdash;Pero vos... tenéis un triste recuerdo del Zarzal...</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo! Nunca he pasado rato más delicioso.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh¡&mdash;repuse mirándole solapadamente,&mdash;si mi tía era horrible.</p>
+
+<p>&mdash;No, no; no tan horrible; algo vulgar tal vez, pero parecíais más
+encantadora...</p>
+
+<p>&mdash;Y la mesa tan mal puesta. Todo tan...</p>
+
+<p>&mdash;Nunca he comido tan bien. Aquella mansión desmantelada te hacía valer
+como si fueras una flor hermosa que parece más delicada, cuando más fea
+e inculta es la tierra en que brota.</p>
+
+<p>&mdash;Os habéis vuelto poeta en vuestro viaje.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! no, absolutamente, Reinita.</p>
+
+<p>Pasó mi brazo bajo el suyo y me llevó hacia un lado.</p>
+
+<p>&mdash;No poeta, pero sí enamorado de ti, prima. Escúchame bien: te amo con
+toda la sinceridad de mi corazón.</p>
+
+<p>Saboreé la dulzura de esta frase y la de la mirada que la acompañaba,
+pensando que era una suerte que los hombres fueran inconstantes.</p>
+
+<p>Como semejante cambio me parecía inaudito, no pude evitar el
+preguntarle:</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero es cierto: ya no la queréis nada, nada?</p>
+
+<p>&mdash;¿Te hablaría del modo que lo hago, si no fuera así?&mdash;replicó
+seriamente.&mdash;¿No tienes confianza en mi lealtad?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, sí!&mdash;dije cruzando mis manos sobre su brazo, en un ímpetu de
+cariño.</p>
+
+<p>Era muy cierto; porque después de tal respuesta no me turbó más la
+imagen de Blanca.</p>
+
+<p>Le amaba sin la menor idea de celos o inquietud, y merecía tan perfecta
+confianza.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, ahí vienen mi padre y el señor de Pavol.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué tal, sobrina? ¿Qué dices de mis predicciones?</p>
+
+<p>&mdash;Sois muy poco discreto tío&mdash;le dije,&mdash;ruborizándome.</p>
+
+<p>&mdash;Fue el comandante quien reveló el secreto; hacía mucho tiempo que lo
+conocía.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! mucho no; desde hace ocho meses.</p>
+
+<p>&mdash;No, desde la primera vez que te vi, querida hijita.</p>
+
+<p>&mdash;Es posible.</p>
+
+<p>&mdash;Y Pablo no ha ido a Laponia&mdash;continuó, riéndose, mi tío.</p>
+
+<p>¡Qué gran dicha es vivir entre buenas gentes! Vivamente sentí esa
+felicidad al ver de qué modo gozaban todos con mi alegría, y con cuánta
+delicadeza y bondad me daban bromas sobre el famoso secreto que, sin
+saberlo, había divulgado a todo viento.</p>
+
+<p>Entonces comenzó esa hermosa época de noviazgo, exquisita, época sin
+igual en la vida. Nada tan delicioso como esos días de amor ingenuo, de
+fe, de ilusiones completas y de niñerías. ¡Ah, cuánto compadezco a los
+que no han amado así! ¡Cuánto compadezco a los que se dejan arrastrar
+por sus locuras lejos del hogar común y del amor legítimo! En fin,
+nunca, nunca, por más elocuencia que se despliegue para probármelo,
+nadie me convencerá de que pueda haber verdadero amor, sin tener la
+estimación por base.</p>
+
+<p>Pasábamos los días más agradables del mundo en la casa parroquial, bajo
+la vigilancia del cura. Le mirábamos recorrer su jardín de un lado a
+otro; reforzar sus plantas con rodrigones, arrancar las hierbas dañinas
+y detenerse a menudo en medio de sus faenas para lanzarnos una mirada
+investigadora, con el objeto de hacernos comprender que era un Mentor
+formal.</p>
+
+<p>A veces me acercaba a aquel excelente hombre y me extasiaba con él
+admirando una flor, un fruto, un arbusto y solía decirle:</p>
+
+<p>&mdash;¿Os acordáis, mi cura, del tiempo en que me queríais persuadir de que
+el amor no es la cosa más encantadora del mundo?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! mi hijita, creo que ni el mismo Bossuet hubiera podido
+convencerte.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y, no tenía razón?</p>
+
+<p>&mdash;Así parece&mdash;y sonreía bondadosamente.</p>
+
+<p>El día de mi casamiento amaneció radiante; nunca me pareció más azul la
+bóveda del cielo. Después me han dicho que estaba nublado, pero no lo
+creo.</p>
+
+<p>Una muchedumbre simpática y amiga se apiñaba en la iglesia. Y murmuraba:</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué linda novia! ¡Qué tranquila está! ¡Qué cara de felicidad!</p>
+
+<p>La verdad es que yo estaba extraordinariamente tranquila.</p>
+
+<p>¿Y porqué me iba a agitar? ¿No se realizaba mi sueño más querido? ¿No se
+abría para mi un porvenir que no empañaba la más leve nubecilla.</p>
+
+<p>Así, confusamente reparé en algunas señoras de edad que me sonreían al
+pasar, y sentí una inmensa lástima por ellas, al ver que eran demasiado
+viejas para casarse.</p>
+
+<p>El órgano resonaba tan alegremente, que en ese momento modifiqué algo
+mis ideas acerca de la música. El altar estaba cuajado de flores,
+deslumbrante de luz, y todos los detalles del arreglo dirigido por el
+gusto artístico de Blanca, me encantaban los ojos.</p>
+
+<p>Mi marido me colocó en el dedo el anillo nupcial con trémula mano, y
+mordiéndose su lindo bigote para disimular el temblor de sus labios.
+Estaba más emocionado que yo y su mirada me decía lo que deseo que me
+repita eternamente...</p>
+
+<p>Y también la cara de mi cura estaba radiante de felicidad.</p>
+<hr />
+<hr class="full" />
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Mi tio y mi cura, by Alice Cherbonnel
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MI TIO Y MI CURA ***
+
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+works. See paragraph 1.E below.
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+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
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+1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
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+ the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."
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+electronic work or group of works on different terms than are set
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+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
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+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
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+
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+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
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+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
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+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
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+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
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+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
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+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
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+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
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+approach us with offers to donate.
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+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
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+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
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+
+ https://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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+No investigation has been made concerning possible copyrights in
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+this eBook outside of the United States should confirm copyright
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