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| author | Roger Frank <rfrank@pglaf.org> | 2025-10-15 02:33:52 -0700 |
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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Historia de una parisiense + +Author: Octave Feuillet + +Release Date: October 30, 2008 [EBook #27100] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DE UNA PARISIENSE *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net) + + + + + + + + + +BIBLIOTECA de LA NACIÓN + +OCTAVIO FEUILLET + +HISTORIA + +DE + +UNA PARISIENSE + +TRADUCCIÓN DE D. V. DE M. + +BUENOS AIRES 1919 + +Derechos reservados. + +Imp. de LA NACIÓN.--Buenos Aires + + + + +HISTORIA DE UNA PARISIENSE + + + + +I + + +Sería excesivo pretender que todas las jóvenes casaderas son unos +ángeles; pero hay ángeles entre las jóvenes casaderas. Esto no es una +rareza, y, lo que parece más extraño, es que quizá en París es menos +raro que en otra parte. La razón es sencilla. En ese gran invernáculo +parisiense, las virtudes y los vicios, lo mismo que los genios, se +desarrollan con una especie de exuberancia y alcanzan el más alto grado +de perfección y refinamiento. En ninguna parte del mundo se aspiran más +acres venenos ni más suaves perfumes. En ninguna otra parte, tampoco, +la mujer, cuando es bella, puede serlo más: ni cuando es buena, puede +ser más buena. + +Se sabe que la marquesa de Latour-Mesnil, aunque había sido de las más +bellas y de las mejores, no por eso había sido feliz con su marido. No +porque fuera un mal hombre, pero le gustaba divertirse, y no se divertía +con su mujer. Por consiguiente, la había abandonado en extremo: ella +había llorado mucho en secreto, sin que él se hubiese apercibido ni +preocupado; después había muerto, dejando a la marquesa la impresión de +que era ella quien había quebrado su existencia. Como tenía un alma +tierna y modesta, fue bastante buena para culparse a sí misma, por la +insuficiencia de sus méritos, y queriendo evitar a su hija un destino +semejante al suyo, puso todo su empeño en hacer de ella una persona +eminentemente distinguida, y tan capaz como puede serlo una mujer, de +mantener el amor en el matrimonio. Esta clase de educaciones exquisitas +son en París, como en otras partes, el consuelo de muchas viudas cuyos +maridos viven, sin embargo. + +La señorita Juana Berengére de Latour-Mesnil había recibido felizmente +de la naturaleza todos los dones que podían favorecer la ambición de una +madre. Su espíritu naturalmente predispuesto y activo, prestose +maravillosamente desde la infancia a recibir el delicado cultivo +maternal. Después, maestros selectos y cuidadosamente vigilados, +acabaron de iniciarla en las nociones, gustos y conocimientos que hacen +el ornato intelectual de una mujer. En cuanto a la educación moral, su +madre fue su único maestro, quien por su solo contacto y la pureza de su +propia inspiración, hizo de ella una criatura tan sana como ella misma. + +A los méritos que acabamos de indicar, la señorita de Latour-Mesnil +había tenido el talento de añadir otro, de cuya influencia no es dado a +la naturaleza humana libertarse: era extremadamente linda; tenía el +talle y la gracia de una ninfa, con una fisonomía un poco selvática y +pudores de niña. Su superioridad, de la que se daba alguna cuenta, la +turbaba; sentíase a la vez orgullosa y tímida. En sus conversaciones a +solas con su madre, era expansiva, entusiasta, y hasta un poco +charlatana: en público permanecía inmóvil y silenciosa, como una bella +flor; pero sus magníficos ojos hablaban por ella. + +Después de haber llevado a cabo con ayuda de Dios aquella obra +encantadora, la marquesa habría deseado descansar, y ciertamente que +tenía derecho a hacerlo. Pero el descanso no se hizo para las madres, y +la marquesa no tardó en verse agitada por un estado febril que +comprenderán muchas de nuestras lectoras. Juana Berengére, había +cumplido ya diez y nueve años y tenía que buscarle un marido. Es ésta, +sin contradicción, una hora solemne para las madres. Que se sientan muy +conturbadas no nos extraña; extrañaríamos que no lo estuvieran aún más. +Pero si alguna madre debió sentir en aquellos momentos críticos mortales +angustias, es aquella que, como la señora de Latour-Mesnil, había tenido +la virtud de educar bien a su hija; aquella en que, modelando con sus +manos puras a aquella joven había conseguido pulir, purificar y +espiritualizar sus instintos. Esa madre tiene que decirse, que una +criatura así dirigida y tan perfecta, está separada de ciertos hombres +que frecuentan nuestras calles y aún nuestros salones, por un abismo +intelectual y moral tan profundo como el que la separa de un negro de +Zululand. Tiene indispensablemente que decirse, que entregar a su hija +a uno de esos hombres, es entregarla a la peor de las alianzas, y +degradar indignamente su propia obra. Su responsabilidad, en semejante +materia, es tanto más pesada, cuanto que las jóvenes francesas, con +nuestras costumbres, se hallan completamente imposibilitadas para tomar +una parte seria en la elección de un marido. + +Con pocas excepciones, ellas aman desde un principio candorosamente, a +aquel que le designan por esposo, porque lo adornan con todas las buenas +cualidades que desean. + +Era, pues, con demasiada razón que la señora Latour-Mesnil se preocupaba +de casar bien a su hija. Pero lo que una mujer honesta y espiritual como +ella, entendía por casar bien a su hija, sería difícil concebirlo, si no +se viese todos los días que las experiencias personales más dolorosas, +el amor maternal más verdadero, el espíritu más delicado y aun la +piedad más acendrada, no bastan para enseñar a una madre la diferencia +que existe entre un bello casamiento y uno bueno. Puede al mismo tiempo +hacerse lo uno y lo otro y es seguramente lo mejor; pero hay que +cuidarse mucho, porque sucede con frecuencia que un bello casamiento es +todo lo contrario de un buen casamiento, porque deslumbra y por +consiguiente enceguece. + +Un bello casamiento para una joven que, como la señorita Latour-Mesnil, +debía llevar quinientos mil francos de dote, constituye tres o cuatro +millones. Verdaderamente, parece que una mujer puede ser feliz con +menos. Pero en fin, confesarase que es difícil rehusar cuatro millones +cuando se ofrecen. Así, pues, en 1870 el barón Maurescamp ofreció seis o +siete a la señorita Latour-Mesnil por intermedio de una amiga que había +sido su querida, pero que era una buena mujer. + +La señora Latour-Mesnil contestó con la dignidad conveniente, que la +proposición la lisonjeaba, y que sólo pedía algunos días para +reflexionar y tomar informes. Pero así que la embajadora hubo salido, +salió corriendo en busca de su hija, la estrechó contra su corazón y se +echó a llorar. + +--¿Un marido, entonces?--dijo Juana, fijando en su madre su mirada de +fuego. + +La madre hizo un gesto afirmativo. + +--¿Quién es ese señor?--replicó Juana. + +--El señor de Maurescamp...; mira, hijita mía, ésta es demasiada +felicidad... + +Habituada a creer a su madre infalible y viéndola tan feliz, la señorita +Juana no tardó en serlo también, y las dos pobres criaturas mezclaron +por largo rato sus besos y sus lágrimas. + +Durante los ocho días que se siguieron y que la señora Latour-Mesnil +creyó consagrar a una investigación minuciosa sobre la persona de +Maurescamp, su verdadera ocupación no fue otra que la de cerrar los ojos +y los oídos, para que no la despertasen de su sueño. Recibió, además, de +su familia y amigos tan entusiastas felicitaciones con motivo de tan +magnífica alianza, y vio tantos celos y enojos en los ojos de las otras +madres rivales, que tuvo suficiente motivo para fortificarse en su +determinación. El señor de Maurescamp fue, pues, aceptado. + +Otros matrimonios más ridículos se hacen; por ejemplo, aquéllos que se +arreglan en una entrevista única en un palco de la Opera, entre dos +desconocidos que después se conocerán demasiado. Al menos, la señora +Latour-Mesnil y su hija habían encontrado muchas veces en los salones al +señor de Maurescamp; no era de sus íntimos, pero le habían visto aquí y +allá, en el teatro, en el bosque: sabían cómo se llamaba, y conocían sus +caballos. Esto era algo. + +Por otra parte, el señor de Maurescamp no dejaba de presentar ciertos +rasgos especiales. Era un hombre de unos treinta años que llevaba con +cierto brillo la vida parisiense. Sus títulos eran herencia de su +abuelo, general bajo el primer imperio, y su fortuna, de su padre, quien +la había adquirido honradamente en la industria. Él mismo, ocupaba, +gracias a su título, algunas agradables canonjías en las altas +sociedades financieras. Hijo único y millonario, había sido muy engreído +por su madre, sus criados, sus amigos, y sus queridas. Su confianza en +sí mismo, su suficiencia, su gran fortuna, imponían a las gentes, y aun +había algunos que lo admiraban. Le escuchaban en sus reuniones con +cierto respeto. Hastiado, escéptico, satírico, frío y altanero para con +todo lo que no era práctico; profundamente ignorante, a más, hablaba con +voz ronca y alta, con autoridad y preponderancia. Tenía formadas sobre +las cosas de este mundo, y particularmente sobre la mujer a quien +despreciaba, algunas ideas bastante mediocres, que erigía en principios +y sistemas, solo porque tenían el honor de pertenecerle: «Yo tengo por +principio... Entra en mis principios... Tengo por sistema... He aquí mi +sistema...» Estas fórmulas aparecían a cada momento en sus labios. Si +hubiese nacido pobre, no hubiera sido sino un hombro como cualquier +otro: rico, era un necio. + +La elección que este personaje había hecho de la señora de +Latour-Mesnil, puede sorprender a primera vista. Primeramente, era un +acto de gran vanidad, y también un cálculo. Se hablaba en la alta +sociedad de la señorita Latour-Mesnil como de una joven completa. +Habituado a no rehusarse nada, y a ser el primero en todo, pareciole +glorioso adornar su sombrero con aquella flor rara. A más de eso, tenía +por principio que el verdadero medio para no ser desgraciado en el +matrimonio, era el de unirse a una joven perfectamente educada. El +principio no era malo en sí. Pero lo que ignoraba Maurescamp; era que +para arrancar una de esas plantas selectas del invernáculo materno, y +trasplantarla con éxito al terreno de los casados, hay que ser un +horticultor de primer orden. + +Físicamente era el señor de Maurescamp un grande y bello joven, de color +un poco encendido y de una elegancia un poco pesada. Fuerte como un +toro, parecía deseoso de aumentar indefinidamente sus fuerzas; por la +mañana ejercitábase en el balancín, tiraba las armas, bañábase dos veces +al día con agua helada, y desarrollaba orgulloso dentro de un ancho +gabán su busto suizo. + +Tal era el hombre a quien la señora de Latour-Mesnil juzgó digno de +confiarle el ángel que tenía por hija. Es verdad que tenía una excusa, +que es la de todas las madres en casos análogos: sentíase un poco +enamorada de su futuro yerno, y sumamente agradecida por la distinción +que había hecho con su hija; parecíale en extremo inteligente y +espiritual, puesto que había sabido apreciar su inteligencia; y +juzgábale honrado y delicado por haber preferido su belleza y sus +cualidades, a otras ventajas más positivas. + +En cuanto a Juana, ya lo hemos dicho, se hallaba dispuesta a aceptar +ciegamente la elección hecha por su madre. Por otra parte, como todas +las jóvenes preparábase a enriquecer con sus dotes personales al primer +hombre a quien le permitiesen amar, a adorarle con su propia poesía, a +reflejar en él su belleza moral, y transfigurarle, en fin, con la pureza +de su brillo. + +Hay que convenir también, en que así que el señor de Maurescamp hubo +sido admitido a hacerle la corte, su actitud, sus procederes y lenguaje, +respondieron pasablemente a la idea que una joven puede formarse de un +hombre enamorado y amable. Todos los pretendientes que tienen mundo y +una bolsa bien llena, se parecen poco más o menos. Los bombones, los +ramos y las alhajas los adornan con suficiente poesía. A más, los menos +romancescos conocen por instinto que en ciertas ocasiones hay que hacer +un cierto gasto de idealismo, y no es raro el ver a algunos hombres +exaltarse poéticamente delante de su prometida, por la primera y última +vez en su vida, como cuando se les habla de un modo especial a los +niños y a los perritos, cuando se quiere atraerlos. + +Esta faz de ilusión y de encantamiento se prolongó para Juana, desde la +magnificencia del canastillo hasta los dulces esplendores del matrimonio +religioso. En aquel día supremo, arrodillada ante el altar mayor de +Santa Clotilde, bajo el resplandor estelario de los cirios en medio del +grupo de flores que la rodeaban, la mano en la mano del esposo, el +corazón desbordando de piadoso reconocimiento y de amor dichoso, Juana +de Berengére alcanzó al cielo. + +No es temerario asegurar que después de esas horas encantadas el +matrimonio no es sino una decepción para las tres cuartas partes de las +mujeres. Pero la palabra decepción es bien débil para expresar lo que +experimentará un alma y una inteligencia culta y delicada, en la +intimidad de un hombre vulgar... + +Sería difícil formular convenientemente cómo juzgaba a la mujer el +señor de Maurescamp. Habrase dicho lo bastante, y aún demasiado, dejando +entender que para él el amor no era otra cosa que el deseo, la virtud de +la mujer el deseo satisfecho. + +El señor de Maurescamp se equivocaba de fecha: habría podido tener razón +para sus teorías en aquella época en que el hombre y la mujer apenas se +diferenciaban de las bestias. Olvidaba torpemente que una joven +parisiense, esmeradamente educada, no dejaba seguramente de ser una +mujer, pero que había dejado absolutamente de ser una bestia. Si vuelve +a ser una salvaje, lo que no carece de ejemplos, es su marido quien la +habrá impulsado. + + + + +II + + +Desde los primeros días ya hubo en aquel joven menaje un ligero tinte de +frialdad de una y otra parte. En ella era la amargura de hallar en el +amor y la pasión, tanta diferencia con lo que se había imaginado; en él, +el disgusto de un hombre bello que no se siente apreciado. Sin embargo, +la señora de Maurescamp, a pesar del caos que se agitaba en su espíritu, +mostrábase ante su madre y ante el público con esa frente serena e +impasible que sorprende siempre en las jóvenes, recién casadas, y que +atestiguan el poder del disimulo en la mujer. La organización de su +nueva vida en su gran hotel de la Avenida de Alma, el aturdimiento de +las fiestas que saludaron su enlace, el brillo de su tren de casa, de +sus equipajes y vestidos, todo la ayudó, sin duda, porque al fin era +mujer, a pasar sin reflexionar mucho, los primeros tiempos de su unión. + +Pero los goces del lujo y de la vida material, a más de que no eran +absolutamente nuevos para la joven, son de aquellos que cansan más +pronto. Por otra parte, había vivido con su madre en una región más +elevada, para que pudiera contentarse con las banalidades de una +existencia mundana, y en medio de aquel torbellino sentíase invadida a +cada instante por la nostalgia de las alturas. El sueño más halagüeño de +su juventud había sido el de continuar con su esposo en la más tierna y +ardiente unión de las almas, la especie de vida ideal en que su madre la +había iniciado participando con ella de sus lecturas favoritas, sus +pensamientos y reflexiones sobre todas las cosas, sus creencias, y +finalmente, sus entusiasmos ante los grandes espectáculos de la +naturaleza o las bellas obras del genio. + +Puede juzgarse cómo aceptaría el caballero de Maurescamp semejante +comunidad. + +Aquella vida ideal tan saludable para todos, tan necesaria a la mujer, +rehusósela a su esposa, no solamente por ignorancia y torpeza, sino +también por sistema. A este respecto tenía igualmente su principio, y +era: que el espíritu romanesco es la verdadera y única causa de la +perdición de las mujeres. Por consiguiente, consideraba que todo lo que +puede exaltarles la imaginación, la poesía, la música, el arte bajo +todas las formas, y aun la religión, no debe permitírsele sino en +pequeñas dosis. Más de una vez intentó la joven interesarlo en lo que a +ella le interesaba. Poseía una bella voz, y le cantaba los aires que +más le gustaban, pero así que su canto expresaba un poco de pasión: + +--¡No! ¡No!--exclamaba su marido burlándose--, ¡menos alma, querida, o +me desmayo! + +Gustaba ella de los poetas y romancistas ingleses: elogiábale a +Tennyson, a quien adoraba y empezaba a traducirle un pasaje. +Inmediatamente el señor de Maurescamp, con el mismo tono de burla, +poníase a dar gritos de condenado y a dar golpes sobre el piano para no +oír. Así era como pretendía hacerla perder el gusto por la poesía, sin +pensar que arriesgaba más bien disgustarla de la prosa. En el teatro, en +las exposiciones, en los viajes, las mismas burlas y las mismas sátiras +frías a propósito de todo lo que despertaba en su mujer una emoción un +poco viva. + +Madama de Maurescamp tomó, pues, poco a poco la habitud de +reconcentrarse en todo aquello que da precio a la vida de todo ser +delicado y generoso. No viendo aparecer las llamas, su marido creyó +extinguido el incendio, y se glorificó por ello. + +--Todos estos diablillos de mujeres--decía a sus amigos del círculo--, +viven siempre en las nubes, y eso acaba mal He tomado la mía pequeñita, +y he soplado sobre todas esas estupideces de romanticismo... Ahora está +tranquila, y yo también... ¡Oh! ¡Dios mío! Es necesario que una mujer se +mueva, que camine, que recorra las tiendas, que vaya con sus amigos a +los lunchs, que monte a caballo, que cace; ésta es la vida de la +mujer... Así no tiene tiempo para pensar. ¡Esto es perfecto! En tanto +que si se queda en un rincón a soñar con Chopín o Tennyson... ¡Bah! +Estáis perdidos... Este es mi sistema. + +Era imposible que la mezquindad de semejante sistema y la carencia +intelectual de su marido, pudiesen escapar a una inteligencia tan +activa como la de la señora Maurescamp. No fue mucho tiempo víctima de +sus aires de suficiencia y maneras autoritarias. No siempre conocen los +hombres a sus mujeres, pero las mujeres conocen siempre a sus maridos. +No había pasado un año cuando ya habían desaparecido todas las +ilusiones: y la señora de Maurescamp veíase obligada a reconocer que +estaba ligada para siempre a un hombre de sentimientos bajos y de +inteligencia nula, sintiendo a más con horror que despreciaba a su +marido. + +Mucho mérito tiene una mujer cuando apercibida de tales miserias, +permanece siendo amable y sumisa esposa. La señora de Maurescamp tuvo +ese mérito; pero para tenerlo viose obligada muchas veces a acordarse de +que era cristiana, es decir, que pertenecía a una religión que ama las +pruebas y el sacrificio. + +No por eso dejó de ser feliz ante un acontecimiento muy previsto que +tuvo lugar dos años después de su casamiento, y que prometiéndole un +grato consuelo, asegurábale en su hogar una independencia y una soledad +relativas. El nacimiento de un hijo vino pronto a darle el único goce +puro que experimentara desde el día de su enlace: única felicidad, en +efecto, que realizan en el matrimonio los goces prometidos. + +Como se comprende, ella quiso criar a su hijo; llenaba aquel deber con +tanto más placer, cuanto que le permitía ganar tiempo y prolongar +respecto de su marido una situación con la que se avenía perfectamente. +Pero llegó al fin el momento en que el niño debía ser despechado. Fue +por ese tiempo que el señor de Maurescamp tuvo una noche la sorpresa de +ver a su mujer bajar al comedor con su cabeza adornada a la Tito; +habíase hecho cortar sus magníficos cabellos con el pretexto de que se +le caían, y esto, no era cierto; pero esperaba que aquel pequeño +sacrificio, afeándola, le evitaría otros más penosos. Había contado sin +la huéspeda. Su esposo halló, por el contrario, que aquel adorno de +soldadito, le sentaba muy bien dándole cierto aire original. La pobre +mujer no sacó sus gastos y se resignó a dejarse crecer el cabello +nuevamente. + +Sin embargo, la libertad a que aspiraba en el secreto de su corazón +debía venirle, por decirlo así, de sí misma, y del lado por donde menos +la esperaba. + +Una criatura tan noble y tan atractiva como ella, debía inspirar, así +como sentir, la más profunda, ardiente y duradera de las pasiones: era +digna de ocupar un lugar entre los amantes inmortales a quienes la +historia y la leyenda han consagrado sus páginas imperecederas. + +El amor de Maurescamp, sin embargo, no contenía ningún elemento durable: +era, para emplear una expresión de actualidad, un amor naturalista, y +los amores naturalistas, aunque no se parecen a la rosa, tienen, sin +embargo, su efímera duración. Decíase, y así lo dejaba comprender a sus +amigos, que se había casado con una estatua, bastante agradable a la +vista, pero cuya frialdad habría desanimado al mismo Pigmalión. + +Decía esto en términos menos honestos, tomando sus comparaciones de la +historia natural con preferencia a la mitología. La verdad es que el +señor de Maurescamp, que era sumamente celoso, no estaba disgustado de +una circunstancia que creía ser una garantía para su hogar. En una +palabra, disgustado al verse desairado, fastidiado de los escrúpulos y +objeciones que se le oponían sin cesar, y ocupado, a más, por otro lado +más agradablemente, retirose a su tienda definitivamente, de donde su +mujer ni aun intentó sacarle. + + + + +III + + +Sería un error creer que porque una mujer renuncie al amor de su marido +en particular, deje por eso de amar en general. Después de los primeros +desencantos de una unión desigual, la mujer se repone del choque y se +reconcentra. Continúa su sueño interrumpido, reforma su ideal alterado +por un momento; y dícese, no sin razón, que es imposible que el mundo se +ocupe tanto del amor, por nada; que no es posible que este gran +sentimiento que llena la fábula y la historia, cantado por los poetas, +glorificado por todas las artes, eterna ocupación de los hombres y de +los dioses, no sea en realidad más que una quimera, y una quimera +desagradable a más. No puede persuadirse de que tales homenajes sean +consagrados a una divinidad vulgar, que tan magníficos altares se +levanten de siglos en siglos a un ídolo de barro. El amor sigue siendo, +por consiguiente, a pesar de todo y por todo, la principal ocupación del +pensamiento, y la perpetua obsesión del corazón. Sabe que existe, que +otros lo han conocido, y se resigna difícilmente a vivir y morir sin +conocerlo ella también. + +Es seguramente un peligro para una mujer, el conservar y nutrir, después +de las decepciones del matrimonio, el ideal de un amor desconocido; pero +hay un peligro aún mayor para ella, y es perderlo. + +Por esa época, madama de Maurescamp se ligó con una estrecha amistad con +madama de Hermany, dos años mayor que ella. La amistad es la tendencia +natural de una mujer honesta, que quiere seguir siéndolo, y que siente +el vacío de su corazón. Por mucho que se vanagloriase de su +independencia conquistada, Juana de Maurescamp sólo tenía veinticuatro +años, y su misma rectitud la hacía mirar con horror la larga perspectiva +de soledad y abandono que se extendía ante ella. Ni su madre, a quien +ocultaba su pena por temor de que viera en ello un reproche, ni su hijo, +demasiado niño para poderla ocupar mucho tiempo, ni su fe desvirtuada +por la indiferencia irónica de la gente, nada era bastante a su inmensa +necesidad de confianza, expansión y sostén. Abandonose, pues, con todo +el ardor de su alma, un poco exaltada, a aquel sentimiento que creyó le +sirviese desconsuelo y a la vez de salvaguardia. + +La señora de Hermany, a quien honraba con su amistad, era entonces, +como lo es todavía, una mujer sumamente seductora. Pertenecía a la +variedad rara y exquisita de las rubias trágicas; sin ser muy alta, +imponía por la perfección de su belleza, por el brillo extraño de sus +ojos de un azul sombrío, por el royo de inteligencia de su frente ancha +y pura; tenía en los extremos de su boca un pliegue misterioso, que +parecía formado por un amargo desdén. Decíase que había sido muy +desgraciada, y una cierta conformidad en su destino la ligaba con la +señora de Maurescamp. Habíanla casado como a ella, con una ligereza +culpable, y como ella también llegado, aunque por distinto camino, a ese +divorcio convencional, tan frecuente en los matrimonios de la alta +sociedad. Habíase casado con su primo Hermany, joven de un físico +agradable, pero, con la costumbre y los vicios de un truhán. Se repetía +que no solamente había continuado su vida de soltero sino que se la +había hecho participar a su mujer, ya sea por una especie de malignidad +perversa, bastante a la moda, ya simplemente por ignorancia. Participaba +con él de las fiestas del mundo de contrabando, de las partidas de +jóvenes, de las carreras, de los almuerzos en los restaurants. Contábase +que en uno de estos almuerzos al cual asistía un príncipe extranjero, +ofendida la joven al fin por el lenguaje que se tenía en su presencia, +había abofeteado a uno de los convidados; algunos pretendían que había +sido a su mismo marido, otros que al mismo príncipe. De cualquier modo, +desde aquel incidente, que hubiese o no recibido la famosa cachetada, el +señor Hermany había sido invitado a considerarse como viudo. No lo +sintió mucho, porque su mujer, en quien no podía desconocer la más +humillante superioridad, le inspiraba tanto temor, que muchas veces se +embriagaba para darse valor al presentarse delante de ella. + +Esta leyenda, que era casi una historia, era conocida de la señora de +Maurescamp, y ella prestábale gustosa todo aquello que pudiese hacer más +interesante el papel de la señora Hermany. Representábasela joven y +bella, sumergida en aquella sociedad infame, de la que la veía salir +indignada y sin mancha, y se gozaba en colocar sobre su frente la +aureola de las jóvenes mártires del cristianismo. + +Lisonjeada y agradecida por aquel culto bondadoso, retribuíale la señora +de Hermany su afecto con menos entusiasmo, pero con más sinceridad. Muy +espiritual, instruida, algo artista, era muy capaz de apreciar los +méritos de su amiga, y de competir con ella. + +Pronto estuvo al cabo de todos sus secretos, y Juana creyó conocer los +suyos. Sus existencias estaban ligadas íntimamente. Visitaban juntas y +juntas recorrían las tiendas; tenían el mismo palco en la ópera +francesa; iban juntas a los cursos de la Sorbona, y cuando llegó el +verano, las dos se establecieron en Deauville, en el mismo pueblo. + +Fue allí donde acaeció un acontecimiento que debía dejar un recuerdo +profundo en el alma de la señora de Maurescamp. + +Aunque conduciéndose muy bien las dos graciosas amigas, vivían en el +gran mundo y eran muy rodeadas. Tan linda pareja, como decía la señora +de Hermany, no podía dejar de llamar la atención de los admiradores. + +Los aficionados al baile, de París, poblaban la costa, desde Trouville +hasta Cabourg. A más, los señores de Maurescamp y de Hermany, con la +deferencia de todos los maridos, tenían buen cuidado de llevarles +algunos amigos todos los sábados por la noche, por si acaso. + +Los homenajes de todos aquellos dilettantes eran acogidos sin cortedad +ni familiaridad, con la seguridad tranquila y risueña que caracteriza a +las mujeres de la sociedad que son honestas, y también a las que no lo +son. + +Por la noche tenían su conciliábulo antes de acostarse, y pasaban en +revista burlesca a todos los pretendientes del día: llamaban ellas a eso +la matanza de los inocentes, y algunas veces, la cacería de las +antorchas. La señora Hermany era en esta ejecución nocturna, +verdaderamente feroz. Entre los que trataba más mal, figuraba un joven +llamado Salville, a quien llamaba el bello Salville, y que era, según +decía, el más estúpido director del cotillón que jamás hubiese conocido. +A la señora de Maurescamp, menos amarga, le parecía bello, y buen +muchacho, sobre lo cual, la señora de Hermany le reprochaba, riendo, su +gusto de pensionista y lavandera, por los mosquitos. En cuanto a ella, +si no estuviese, por muchas razones, desencantada de los enamorados, no +podría amar sino a un hombre maduro; y en seguida hacía de este hombre +maduro a quien ella habría amado, un retrato severo y magistral, que +desgraciadamente no se parecía a nadie. + +Una noche, a fines de agosto, Juana habíase retirado a su habitación +para escribir a su madre antes de acostarse. Era más de la una de la +noche cuando terminó su correspondencia. La noche estaba tormentosa, y +al acercarse a una ventana, vio los relámpagos que recorrían el +horizonte, y rozaban silenciosamente el mar. Por intervalos, truenos +lejanos, semejantes al mugido del león en los desiertos de África, +mezclábanse a la fiesta. Ella sabía que madama de Hermany adoraba estas +grandes escenas dramáticas de la Naturaleza, y creyéndola aún +levantada, pues se había dicho que ella también escribiría hasta tarde, +bajó al piso inferior y llamó suavemente a la puerta. No recibiendo +respuesta, la creyó dormida; entonces, tuvo la idea de bajar al piso +bajo, para ver mejor a través de las grandes ventanas de la baranda, el +espectáculo de la tempestad sobre el Océano. Cuando abrió la puerta del +salón, con su candelero en la mano, entrevió en la media obscuridad, dos +formas humanas que se levantaron violentamente; dio un grito de temor +que contuvo inmediatamente al reconocer a la señora de Hermany, quien +adelantándose le tomó violentamente de los puños, diciéndole vivamente: + +--¡Silencio! + +En seguida, volviéndose hacia un joven que permanecía en medio del salón +en una actitud bastante embarazosa: + +--Vamos, vete--le dijo. + +El joven saludó y salió por la puerta del salón; era el bello Salville. + +La señora de Maurescamp, en extremo admirada de aquel doble +descubrimiento, dejó caer la bujía, que se apagó; después de algunos +segundos de inmóvil estupor, dejose caer sobre un diván que tenía cerca +y cubriéndose el rostro con las dos manos, púsose a sollozar. + +La señora de Hermany, yendo y viniendo por el salón a obscuras, en el +desorden de una bacante, detúvose al fin delante de Juana: + +--¿Creía que era una santa?--dijo. + +--Sí--contestó sencillamente Juana. + +La señora de Hermany, encogiéndose de hombros, dio todavía algunos +pasos. Después, volviéndose bruscamente: + +--¿Cómo habéis podido creer eso?--volvió a decir--. ¿Cómo es que habéis +podido pensar que saliese ilesa de esos cenagales donde el miserable de +mi marido me ha lanzado? + +Juana no contestaba, ahogada por los sollozos. + +--¿Sufres, hija mía? + +--Mucho. + +--Vamos, ven, entonces, a respirar el aire libre, ven. + +Y tomándola de la mano, la levantó con alguna violencia y la llevó +fuera. Hízola sentar a algunos pasos de la baranda, sobre el terrazo, y +permaneció de pie, recostada sobre una de las columnillas que sostenía +la galería. Miraba a la mar sobre la que continuaban pasando algunas +luces intermitentes. + +Después de un largo silencio, alzó la voz nuevamente: + +--Eres una loca, querida Juana--dijo--, eres una loca, como yo lo he +sido, como lo somos todas en el principio de la vida. Mi marido, después +de todo, me ha hecho un servicio sin quererlo; me ha libertado de mis +pañales, y aliviado de mis excesos de idealismo. La verdad es, querida +mía, que todas somos ridículamente educadas... Esas educaciones etéreas +falsean nuestro entendimiento... Lo cierto es que no hay nada en la +tierra, ni en el cielo, mucho lo temo, que pueda responder a la idea que +nos hemos formado de la felicidad... Nos educan como a espíritus puros, +y en realidad no somos más que mujeres... hijas de Eva... nada, nada +más. Nos vemos obligadas a descender o a morir, sin haber vivido... +Quien quiera hacer de ángel, hace de estúpida, ¿sabes? ¡Ah! ¡Mi Dios! +Nadie empezó a vivir con un corazón más puro que yo, os lo aseguro, ni +con ilusiones más generosas, ni más elevadas creencias... Pues bien, yo +he reconocido, un poco antes que otras, gracias a mi honrado marido, que +todo eso era sin objeto, sin aplicación, ni realidad... que nadie me +comprendía... que hablaba una lengua desconocida en nuestro planeta... +que yo era la única de mi especie, en una palabra. He tenido que +resignarme a elegir, aceptar los únicos placeres de que este mundo +dispone...; después de haber soñado con amores extraordinarios, he +tenido que contentarme con un vulgar..., pero, no hay otros, porque hay +que responder a nuestro destino, y el destino de una mujer es amar y ser +amada... ¡Esto es todo, querida! + +--¿Qué quieres? Soy un ángel caído... y trato de arrastraros en mi +caída... ¿No es verdad? ¿No es ése vuestro pensamiento?... Así lo leo en +vuestros grandes ojos, a cada relámpago que pasa...; A más de esto, la +decoración está ahí. Ese cielo y ese mar ardiente... y yo aquí, con el +cabello en desorden y presentando mi frente a la tempestad... Muy +poético, ¿no es verdad? De todos modos, soy bien miserable al deciros +tales cosas; siempre hay tiempo para aprender. + +--¿Por qué me lo decís?--preguntó Juana, que durante aquel extraño +discurso había recobrado alguna calma. + +--¿Acaso lo sé yo?--dijo la señora de Hermany--. ¡Ah! ¡gracias a Dios ya +llueve! + +Bajó rápidamente dos o tres escalones de la gradería, y expuso su cabeza +a la lluvia, que empezaba a caer con fuerza, recogiendo las gruesas +gotas en sus manos y refrescándose con ellas la frente. + +--Os ruego, Luisa, que entréis--dijo con dulzura Juana. + +Subió lentamente y parándose delante de su amiga: + +--Tendremos que separarnos--dijo con tono breve y altanero. + +--¿Por qué?--dijo Juana--, yo no tengo la pretensión de reformar el +mundo... lo único que os pido es que no me habléis nunca de vuestros +amores ni de los míos. Sobre todo lo demás, nos entenderemos +perfectamente... Nuestra amistad será para mí un gran recurso, y creo +que la mía podrá seros útil. + +La señora de Hermany la estrechó apasionadamente contra su pecho, y +besándola: + +--Gracias--le dijo. + +Volviéronse ambas a sus habitaciones; y dos horas después, cuando, el +día empezaba a aclarar, Juana estaba todavía sentada a los pies de su +lecho con las mejillas húmedas y la mirada fija en el espacio. + + + + +IV + + +Nada conmueve más nuestro ser moral como el descubrimiento de las +debilidades de aquellos que personificaban para nosotros lo bueno y lo +digno; sean ellos nuestros padres, nuestros amigos o nuestros maestros. +Cuando cesamos de estimar a los que habíamos consagrado nuestra +estimación y respeto, nos sentimos impulsados a dudar de las mismas +virtudes que antes admirábamos. Los falsos ídolos nos hacen dudar hasta +de la misma religión. + +Esta fue la razón especiosa y muy humana que hizo que la señora de +Maurescamp, no quedándole duda de la perversidad de los sentimientos de +su amiga, cayese en desalientos tan afligentes como peligrosos. De un +carácter demasiado elevado para romper ruidosamente con aquélla con +quien había tenido tan estrecha amistad, tanto en privado como en +público, no por eso, dejó de conocer que aquella amistad había pasado. +La aureola esplendorosa que había colocado sobre su frente, habíase +extinguido para siempre, y extinguiéndose en el barro, como las luces de +los fuegos artificiales. Habríale perdonado un amor menos culpable, que +hubiese sido disculpado por su objeto; habríale perdonado Petrarca, +Dante, Goethe, pero no le perdonaba al bello Salville. No le perdonaba +su afectación hipócrita en llenarle de ridículo, y, sobre todo, no le +perdonaba que hubiese intentado desmoralizarla, exponiéndola con un +orgullo de demonio, su teoría perversa, y tanto menos la perdonaba, +cuanto que sentía que había casi logrado su objeto, y que poco a poco el +veneno iba infiltrándose en sus venas. + +En efecto, bajo la impresión de aquel nuevo desencanto, Juana de +Maurescamp frecuentó la sociedad, desde entonces, con menos ilusiones y +optimismo que antes. Observó con ojos más experimentados lo que pasaba a +su alrededor; muchos comentarios que había tenido por calumnias, +pareciéronle verosímiles; y muchas relaciones que juzgara inocentes, +fuéronle sospechosas. Habiendo creído ver en el mundo más virtudes que +las que hay en realidad, empezaba a no creer en ninguna. Preguntábase si +en efecto no sería única en la especie, como se lo había dicho la señora +de Hermany, y si, sus sentimientos e ideas sobre la vida, y, sobre todo, +sobre el amor, no eran solamente el resultado de una educación +artificial y de una imaginación falseada por las utopías de los poetas; +y, finalmente, si el placer, tal cual era, no era mejor que nada. + +Es un espectáculo tierno y conmovedor el que presenta una joven honesta, +que ha llegado a una época de la vida mundana, casi inevitable, luchando +en su agonía, y expuesta a caer de un momento a otro, de un exceso de +idealismo, a un exceso de realidades. + +A más de los filósofos, hay siempre un buen número de curiosos +dispuestos a seguir con interés está especie de pequeños dramas. El +mundo está lleno de gente que no se ocupa en otra cosa, que esperan +también que les llegue su turno, y que se ingenian en precipitar el +desenlace. Uno de los más desdeñosos de la especie, era entonces el +vizconde de Monthélin, muy conocido en la alta sociedad parisiense. M. +de Monthélin amaba exclusivamente el amor, y con ello tenía ya un título +para con las damas. No jugaba, ni fumaba, ni iba al círculo. Cuando, +después de comer, todos los hombres se reunían para fumar, él se quedaba +con las señoras. Con esto conseguía grandes ventajas, de las que abusaba +gustoso. No era ya joven, pero era elegante, buen decidor, con aire +caballeresco y un corazón que era una verdadera cloaca de corrupción. Su +ya larga existencia la tenía consagrada a husmear los matrimonios en +desgracia, y acabar con ellos. Era su especialidad. Dos o tres duelos, +uno de ellos con el conde Jacobo de Lerne, que habíale llamado el +tiburón de los salones, habían puesto el colmo a su reputación. + +Desde el invierno que siguió a la estadía de las dos amigas en Douville, +no quedó duda de que el señor de Monthélin miraba a la señora de +Maurescamp como una presa ya casi segura. Viósele estrechar su amistad +con su marido, al mismo tiempo que estrechaba el círculo de sus +operaciones alrededor de Juana. Sus visitas a la hora del crepúsculo +fueron cada vez más frecuentes; arreglose de modo de poderla encontrar +por las mañanas en el bosque, y presentábase regularmente en su palco el +viernes en la Opera y los martes en los Franceses. + +En su profunda enervación moral y en su aislamiento desesperado, Juana, +casi sin defenderse, dejábase arrastrar por esa fascinación que ejerce +casi siempre sobre las de su sexo, la insistente persecución de un +hombre. + +Sentíase poco a poco presa de vértigos de las continuadas y sabias +evoluciones que el señor de Monthélin describía en torno suyo. Empezó a +concederle esos pequeños favores, que son casi siempre el preludio del +completo abandono. Es así como fue tomando la costumbre de informarle de +las visitas que pensaba hacer, de las casas donde podría hallarla; y +hasta le indicaba las horas en que la encontraría sola en su casa; en +los bailes, como él no bailaba, le reservaba algunos bailes sentados, es +decir, las ocasiones a solas, tras del abanico, bajo la sombra de un +cortinado o de una palmera en el invernáculo. Estos manejos, a falta de +otros, causábanle una turbación que la entretenía; la emoción del +peligro, que agitaba sus nervios, hacíale creer en una pasión. En una +palabra, la desgraciada y noble Juana se hallaba en vísperas de la caída +más vulgar, cuando un tercer personaje intervino en el escenario. + +Era una mujer, una anciana, la condesa de Lerne; madre de Jacobo de +Lerne, que había sido herido en duelo, algunos años antes, por el señor +de Monthélin. + +La señora de Lerne había sido siempre una mujer sin principios, pero sin +malevolencia, aunque muy espiritual. Tenía el buen sentido de no haberse +hecho mogigata, después de haber sido una coqueta. Su indulgencia por +las debilidades por que ella también había pasado, su buen humor, sus +buenos consejos, y su situación de familia y de fortuna, valíanle, a +pesar de los recuerdos todavía vivos de su juventud, la simpatía +general. Su salón era muy buscado; allí se reunían los hombres más +distinguidos en la política, la literatura y las artes. Agregaba algunas +jóvenes bellezas, como para adornar el paisaje. Juana de Maurescamp, con +su elegante hermosura, y tímida superioridad, era uno de los encantos de +aquel salón modelo. La vieja condesa prodigábale todo género de +atenciones y lisonjas para atraerla y retenerla. Dos razones tenía para +obrar así; la primera, muy confesable, era aumentar el brillo de sus +reuniones; la segunda, menos cristiana, hacer de ella la querida de su +hijo. + +Hacía siete u ocho años que había perdido a su hijo mayor, Guy de +Lerne; el segundo, Jacobo, salía de Saint-Cyr al tiempo de la muerte de +su hermano. Viendo a su madre sola, dio su dimisión para vivir a su +lado. Era un joven muy bien dotado, que si hubiese querido dar impulso a +sus dotes naturales, habría llegado a ser un hombre de talento. Pintaba +acuarelas muy agradables, pero sobre todo era excelente músico, y +algunas de sus composiciones, valses, «berceuses» y sinfonías eran de un +mérito superior. Pero sea indolencia natural, sea el desaliento de ver +interrumpida su carrera, no era otra cosa que un simple dilettante, y +para complemento, se había convertido en un mal sujeto. Excepto en casa +de su madre, donde el deber lo retenía, poco se le veía en la buena +sociedad, donde nada se divertía, y sí mucho en la mala, donde parecía +gozar inmensamente. La señora de Lerne había intentado casarle en los +primeros tiempos, hay que hacerle esta justicia; pero se había +manifestado tan recalcitrante sobre aquel artículo, que había variado de +pronto sobre sus ideas de una unión honorable que lo sacase cuando menos +de sus malas compañías. + +Hacía tiempo que había echado los ojos para tan laudable destino, sobre +Juana de Maurescamp, cuyo desastre conyugal no había escapado a su vieja +experiencia. Sin entrar al respecto con su hijo en explicaciones +malsanas, trató siempre que pudo de ponerle ante sus ojos a aquella +seductora criatura, sin descuidar ninguna ocasión de revelar sus bellas +cualidades. Pero Jacobo, aunque evidentemente impresionado de la extrema +belleza de Juana y de su distinguida inteligencia, no había manifestado +sino un interés distraído. Fue entonces cuando la condesa, que vigilaba +atentamente a la joven, viéndola a punto de caer en los lazos de +Monthélin, resolvió dar un golpe teatral, tanto en el interés de su hijo +cuanto por odio hacia el hombre que había podido matarle. + +Escribió una mañana a Juana, diciéndole que iría a verla, salvo +contraorden, a las tres de la tarde, porque tenía que confiarle algo muy +importante y agradable. Juana, algo intrigada con aquel misterio, la +esperó a la hora indicada. Viola entrar en su gabinete con un sirviente +portador de una de esas casillas de mimbre, adornada con cordones, +franjas y borlas, que se usan ahora para los perros. La condesa llevaba +maternalmente entre sus brazos a un pequeño perrillo de pelo largo y +sedoso, una verdadera miniatura de faldero blanco y rojo, que decía ser +originario de Méjico y que era admirado y codiciado por todos sus +conocedores. + +--Mi muy querida--dijo--, me habéis dicho que estabais enamorada de +Toby. Permitidme que os lo regale. + +La señora de Maurescamp exclamó: + +--Pero, ¡es posible! + +--Hace mucho tiempo que me preguntaba qué es lo que podría hacer para +agradecer a una joven tan amable y encantadora como vos, su bondad y +fidelidad para con una amiga anciana... Es una cosa tan rara... Estoy +tan agradecida, ¡tan agradecida! Al fin he hallado algo que pueda +agradaros, y soy feliz, podéis creerlo. + +Juana no recordaba muy bien la ocasión en que había manifestado su +entusiasmo por _Toby_, pero, no por esto, dejaba de apreciar el +sacrificio que se le hacía. + +--¡Ah, señora, querida señora!--dijo toda confundida--. ¿Pero, cómo +podré aceptar un animal tan lindo, tan gracioso, tan extraordinario? +¡Pero qué privación! ¡oh Dios mío! ¡y esa casilla tan preciosa! + +No, no es posible... y para acabar la frase, Juana saltó al cuello de la +condesa de Lerne, cosa que hizo aullar a _Toby_. + +--Ven, amor mío--dijo Juana tomándolo en sus brazos y cubriéndolo de +caricias. + +Sentáronse, y la señora condesa, contestando a las preguntas repetidas +de Juana, diole instrucciones sobre el modo de cuidarlo, alimentarlo, y +hasta de medicamentar a _Toby_. + +En seguida se informó de la salud de Maurescamp, añadiendo: + +--No sé por qué os lo pregunto, no hay sino mirarlo... su salud es +admirable. ¡Es un hombre magnífico... magnífico! Da gusto ver un hombre +así... + +--¿Y vuestro hijo?--preguntó Juana--. ¿Cómo está? + +--¿Mi hijo?... ¡Ah! él es otra cosa... delicado de naturaleza... ya +sabéis, artista, pero en fin, ¡sino fuera más que eso! + +--Pero, ¿es un buen hijo?--dijo tímidamente Juana. + +--Ciertamente, es un buen hijo; en cuanto a esto, sí, es un buen hijo, +no hay duda. Y, decidme, queridita, ¿estaréis libre mañana? Es mi +miércoles... ¿Queréis venir a comer con nosotros? Os encontraréis con +vuestra amiga la señora de Hermany. + +--Con mucho gusto... Creo que el señor de Maurescamp no tiene ningún +compromiso. + +--Perfectamente, entonces... Pues bien, cuento con vosotros. + +Levantose la señora de Lerne como para retirarse, pero antes quiso +despedirse de _Toby_ y Juana volvió a manifestarle sus agradecimientos. +Al fin la palabra que esperaba la señora de Lerne salió de sus labios: + +--¡Dios mío! ¿qué podré hacer yo a mi vez que pueda seros agradable? + +La condesa volviose bruscamente hacia ella y mirándola con su amable +sonrisa de vieja: + +--Casad a mi hijo--díjola. + +--¡Ah! en cuanto a eso--contestó alegremente la señora de Maurescamp--, +es una empresa de que no me siento capaz. + +--¿Por qué, pues?--repuso en el mismo tono la condesa--. Por el +contrario, yo os considero capaz para todo. + +Juana abrió, sin contestarle, sus grandes ojos interrogadores. + +--Yo estoy verdaderamente convencida de que mi hijo aceptaría gustoso la +mujer que le designarais. + +--Pero, ¿qué ocurrencia, mi querida señora?--continuó Juana, mirándola +siempre con la misma sorpresa. + +--No me chanceo... Y si tuvieseis una hermana que se os pareciese, +sería asunto concluido. + +--Os aseguro--dijo Juana--, qué no os comprendo... Vuestro hijo apenas +me conoce. + +--Perdón... os pido mil perdones; mi hijo os conoce perfectamente... es +muy observador... Muy perspicaz... Sé perfectamente que os aprecia +mucho... No tengo más que decir sobre eso... Pero estoy segura de que, +en cuanto a esta cuestión del matrimonio, tendríais grande influencia +sobre él... Y si le propusieseis, supongo, a una joven, una de vuestras +amigas... pues bien, yo creo que la aceptaría con los ojos vendados, os +lo aseguro. + +--¡No creo una palabra!--exclamó Juana. + +--Y yo estoy segura... Ensayad y veréis. + +Las dos echáronse a reír. + +--No, seriamente--replicó la condesa--, pensad un poco en ello... +Buscad entre vuestras amigas, entre vuestras conocidas... ¡Ah! me +haríais un gran servicio. + +--Pero os diré primeramente que vuestro hijo me da mucho miedo. + +--¡Oh!--exclamó la condesa estupefacta. + +--Positivamente... Tiene un aire tan burlesco... Es tan mordaz, tan +acerbo... Y en fin... + +La joven pareció perpleja. + +--Y a más es un calavera, ¿no es verdad? + +--¡Oh! ¡Dios mío! Yo no sé, yo no tengo que ver con esto. + +--Sí--dijo la condesa--, es un calavera, no hay duda, pero como todos +estos perdidos, tiene un corazón de oro, y a más de todo esto, es +encantador... ¡Ah! que obra de caridad sería la vuestra, hija mía, si me +ayudaseis a librarlo de las garras de esa Lucy Marry... porque es Lucy +Marry ahora, ¿sabíais? + +--¡Ah! + +--Sí, de la Opera... la que hace de paje... ¡Esto es horrible, horrible! +Ya veréis eso con vuestro hijo. Mientras tanto, tratad de casar al mío, +y qué bueno sería eso... y nadie, os lo repito, sino vos, puede hacer +ese milagro... ¡Adiós, querida hermosa! Volvió a besarla, y ya en la +puerta, antes de salir, volvió a decirle: + +--Mañana le diréis algo, ¿no? + +--¡Vaya! veré de hacerlo--dijo Juana. + +La condesa se retiró al fin muy contenta de su campaña y no tenía por +qué no estarlo, pues por la primera vez, desde muchos meses atrás, se +ocupaba Juana de otro hombre que no fuese Monthélin. Había comprendido +muy bien lo que la señora de Lerne le había dicho con insinuaciones y +palabras solapadas, a saber, que tenía en su hijo Jacobo un admirador +fervoroso. Esto la intrigaba, ¿Cómo? ¿por qué? ¿Qué relación existía +entre ellos? Nada de esto podía explicarse. + +Tendiose en su sillón y trató de recordar las ocasiones en que se había +encontrado con él, las palabras que le había dicho, su actitud y la +expresión de su mirada. Era cierto que aquel mocetón, frío, espiritual y +fastidiado, le había intimidado siempre; sentíase inquieta cuando se le +acercaba en su salón. Creyó recordar, sin embargo, que siempre la había +tratado con una cortesía excepcional, dispensándola de las bromas +burlescas con que gratificaba a las demás mujeres. Halagábala el pensar +que era respetada por aquel libertino. Trajo a su memoria, aquella bella +fisonomía cansada y altanera, aquellos ojos penetrantes, sus mejillas +limpias y sus largos bigotes caídos a lo tártaro. Sonriose a la idea de +tomar a aquel personaje, terror de las jóvenes, bajo su protección +maternal; pero acabó por decirse que nunca se atrevería a hacerlo. + +Entregada estaba a estas reflexiones, alisando con su blanca mano las +grandes orejas de _Toby_, cuando la puerta dio paso a la bella presencia +y a las patillas azulejas del señor de Monthélin. + +El joven _Toby_ que no había visto todavía al tiburón de los salones, +porque el señor de Monthélin no iba a casa de la señora de Lerne, le +tomó seguramente por un malhechor, y sin embargo, le demostró que no le +temía. Bajose de las rodillas de su señora, y se apostó resueltamente +delante de ella ladrando furiosamente, y aun atacando a su enemigo. + +No hay nada que desconcierte tanto a un galanteador de damas, sobre todo +cuando tiene pretensiones a sus favores como un pequeño incidente de esa +especie. Juana de Maurescamp, que era tan sagaz como cualquier otra, y +aun más, no, pudo dejar de reírse del contraste que ofrecía el señor de +Monthélin con su expresión amable y la inquietud manifiesta que le +causaba la agresión de _Toby_. Así fue como _Toby_, cual si estuviese en +el complot de la señora de Lerne, contribuyó a su-buen éxito con su +humilde contingente. + +Después de aquel estreno comprendió Monthélin que una escena de amor era +imposible. Limitose, pues, aquel día a tocar ligera y melancólicamente +lo concerniente al amor, y resignose a acariciar a _Toby_, puesto que no +podía ahogarlo. + + + + +V + + +Al día siguiente, al subir al cupé de su marido para ir a casa de Lerne, +sentíase Juana agitada. Habíale preocupado mucho el traje que llevaría; +después de muchas reflexiones, decidiose a ponerse un traje austero, en +armonía con la gravedad del rol que iba a desempeñar aquella noche. + +Púsose únicamente un vestido de terciopelo punzó, obscuro. Era lástima +que sus brazos y hombros quedasen al descubierto en su deslumbrante +desnudez; la severidad de su actitud sufría una alteración. Pero no +podía hacerlo de otro modo. + +En la mesa fue colocada a la izquierda de Jacobo, que tenía a su derecha +a la señora de Hermany. Como había acalorado un poco su imaginación +sobre el culto secreto que le consagraba el joven, no dejó de parece ríe +al principio que aquel culto era por demás discreto. El señor de Lerne +apenas le dirigía la palabra, y se consagraba exclusivamente a su vecina +de la derecha. No teniendo otra cosa en qué ocuparse prestó el oído a su +conversación; entre otras cosas, oyó que la señora de Hermany le +reprochaba el poner sobrenombres a todo el mundo. + +--Supongo--le dijo--que yo también tendré el mío. + +--Sin duda alguna--contestó Jacobo. + +--¿Y cuál?--preguntó la joven rubia alzando su frente angelical. + +--«¡Agua que duerme!»--dijo el joven, inclinándose un poco hacia ella. + +La señora de Hermany se ruborizó; después, mirándole de frente con aire +de niña en su primera comunión: + +--¿Y por qué «Agua que duerme»? + +--Por nada... es un nombre indio. + +--Y yo, señor, ¿tengo también un apodo?--preguntó Juana sonriendo. + +--¿Vos?--dijo. Fijó en ella la mirada, saludola ligeramente y añadió en +tono serio:--¡No! + +Viéndola un poco turbada, cambió inmediatamente de conversación, +hablando de las piezas nuevas, de los museos, de los países extranjeros +que había visitado, pareciendo hacerle aquellas ligeras observaciones, +únicamente para tener el gusto de oír sus respuestas, y mirándola con +aire grave y dulce, como para animarla a contestarle con exactitud. + +¡No había duda! Sí, decididamente algo había de extraordinario. En el +modo de hablarla, escucharla y mirarla, notábase una mezcla indefinible +de bondad y distinción que parecía reservada únicamente para ella. ¿Cómo +ella no se había apercibido antes?... ¡Qué singularidad!... Y tanto más +singular era lo que sucedía, cuanto que ella no era, no, absolutamente +de aquellas a quienes aprecia un hombre semejante. Pero, al fin, era una +fineza de su parte, y Juana desde entonces se consagró con todo empeño e +interés a la tarea de casar a aquel joven que, a pesar de sus malas +compañías, conservaba todavía algunas buenas cualidades. + +Pasó revista inmediatamente en su memoria a todas las jóvenes que +conocía y que pudieran convenirle, pero en aquel momento no encontró +ninguna. + +Después de la comida, una parte de los convidados pasó a la pieza de +fumar; el señor de Lerne les seguía, cuando su madre le detuvo. + +--Jacobo--díjole--, toca tu último vals a la señora de Maurescamp antes +que lleguen los demás convidados; no te lo ha oído, y estoy segura de +que le gustará. + +--Os pido que lo hagáis, señor--dijo Juana. + +El señor de Lerne saludó y sentose al piano. Tocó el vals nuevo y +algunas otras piezas nuevas que le pidió Juana. + +Como sucede casi siempre en tales casos, los convidados, después de +haber escuchado un rato, retiráronse a conversar cada uno por su lado. +La señora de Maurescamp quedó sola como dilettante obstinada, cerca del +piano y de Jacobo, en una de las extremidades del salón. + +Cuando el joven hubo terminado una ritornela brillante y paseaba +distraído sus dedos sobre el teclado, Juana creyó llegado el momento +fisiológico: + +--¡Qué talento tenéis!--díjole--, y a más, pintáis muy bien, según +dicen. + +--Borroneo un poco... + +--¡Qué cosas tan curiosas hay en este mundo... cosas +inexplicables!--articuló la joven como hablándose a sí misma. + +--¿Soy yo, señora, quien os sugiere esa reflexión? + +--Sí, tenéis todos los gustos que pueden detener a un hombre en su +casa... y vivís... en el círculo... + +--¡Dios, mío! ¡Vaya!--dijo el señor de Lerne. + +--Señor Jacobo--replicó Juana, cuyo abanico se agitó violentamente. + +--¿Señora? + +--¿Os voy a parecer muy indiscreta? + +--¡Soy tan indulgente!... + +--Vuestra madre desea veros casado. + +--Me lo figuro, señora. + +--¿Y vos no lo queréis? + +--No, señora, absolutamente. + +--¿Tenéis alguna razón para ello? + +--Una sola, y es que no conozco una sola que sea digna de mí. + +--¡Ah! ¡Mi Dios! + +--Es decir, perdón...--replicó Jacobo con la misma gravedad--: estáis +vos... pero vos no sois libre... y por otra parte... + +--Por otra parte, ¿qué?--preguntó la joven, tendiendo el arco de sus +cejas. + +--Por otra parte... vos, vos misma estáis a punto de caer. + +--¡Pero, señor Jacobo! + +--Excusadme, es mi opinión. + +--¿Por qué?--continuó Juana. + +--Por que elegís mal vuestros amigos. + +--¿Eso quiere decir, supongo, que hago mal en no elegir al señor Jacobo +de Lerne? + +--No... de veras... no. Y, sin embargo, tal cual me veis, había nacido +para comprender y aun para participar de los amores de los ángeles. + +--¡Ah! francamente--dijo riendo la señora de Maurescamp--, si he de dar +crédito a las voces que corren, os halláis muy lejos de los amores de +los ángeles. + +--¿Qué queréis? Me han desanimado--dijo el señor de Lerne riendo a su +vez--. ¿Me permitís, señora, contaros una historia escandalosa?... + +--Me interesará mucho... pero supongo que tendré que irme a la mitad. + +--Yo no lo creo. Es una historia que os aclarará muchas... es la de mis +primeros amores... en que me conduje como un miserable... Pero no +anticipemos. Tenía, señora, veintiún años, y por extraño que parezca, no +había amado todavía... Tenía entonces, de las mujeres y del amor, una +idea extraordinariamente elevada, casi santa. Tenía en mi corazón un +verdadero tesoro de abnegación, de amor y de respeto, al que no me era +dado dar una mala colocación. En fin, encontré una mujer a quien amé, +como ella quería ser amada, y que no amó como ella quiso amarme. +Pertenecía al mundo más aristocrático. Estaba mal casada, sobre eso no +hay que decir, y era muy desgraciada, no era joven ya, pero por eso +mismo la amé más todavía, pues había sufrido mucho... Bella en extremo +todavía, aunque rubia; y a más de una honestidad timorata que me +desesperó más de una vez... Porque, en fin, aunque me era sagrada, yo +tenía veinte años... Pero había que respetarla o alejarme de ella... + +Nuestras entrevistas eran raras y cortas. Su marido era celoso y la +vigilaba de cerca. Podíamos muy bien darnos algunas citas por los medios +más vulgares. Pero todo lo que era vulgar, todo lo que hubiese podido +degradar nuestro amor, nos repugnaba igualmente a ambos... Los meses se +pasaron en este encantamiento y en esa contrariedad. A pesar de sus +reservas, muy penosas sin duda, que su conciencia me imponía, quizá a +causa de esa misma reserva, sentíame tan enamorado y tan feliz, como se +puede serlo en este mundo; sentía la más grande alegría al dar a aquella +criatura tan querida, toda su felicidad perdida, sin tener ningún +remordimiento serio, porque lo poco que me concedía, habríaselo +concedido a un hermano, y sin embargo, ese poco era para mí la más +suprema voluptuosidad. + +En una hermosa noche del mes de octubre, durante las cacerías--éramos +vecinos en el campo--, su marido había ido a pasar veinticuatro horas a +París... A fuerza de súplicas y de juramentos, pude conseguir que me +concediese pasar una hora en su habitación... + +--¡Perdón!...--dijo la señora de Maurescamp, levantándose de su +asiento--, ¿si me fuese? + +--No, no, no temáis nada. + +--La habitación estaba en el primer piso y se abría sobre el parque. +Penetré allí hacia media noche por una ventana un poco alta y de un +acceso bastante difícil a cuyo alrededor había, lo recuerdo, algunos +bejucos y jazmines y clemátides que esparcían por la noche un olor +exquisito, no sé si fue aquel olor un poco capitoso, o la impresión +nueva para mí de aquella habitación personal... pero debo confesaros que +aquella noche estaba menos resignado que nunca a los, escrúpulos +inhumanos que se me oponían... Aquélla fue una escena dolorosa que no +recuerdo sin avergonzarme... + +La pobre mujer acabó por arrojarse a mis pies, con las manos juntas, +suplicándome que fuese honrado y preguntándome con lágrimas en los ojos, +si no era feliz, si podría serlo jamás tanto, si podría serlo a expensas +de su reposo, de su honor y aun de su vida... porque ella no +sobreviviría a su deshonra... En fin, ella venció. Yo cedí en parte a +sus lágrimas, en parte a mis propios sentimientos que me decían que no +podía haber más allá de aquella amistad apasionada e inocente... Ella me +lo agradeció besándome como loca las manos y yo salí por donde había +entrado. + +Apenas había puesto el pie en la arena del camino cuando me volví para +enviarle un último beso, murmurando: ¡hasta mañana! Vila a la claridad +de la luna parada e inmóvil dentro del marco de la ventana, los brazos +cruzados sobre el pecho, el busto un poco echado hacia atrás. Al envío +del beso, contestó con un ligero movimiento de hombros; en seguida con +su bella voz de contralto que tanto adoraba, dejó caer lentamente estas +palabras: ¡Adiós... imbécil! + +Después no he vuelto a verla. Desde aquel momento me cerró su puerta, +su ventana y su corazón. + +La señora de Maurescamp habíale escuchado con extremada atención. Cuando +hubo concluido, mirole fijamente: + +--¿Y qué consecuencia sacáis de eso?--díjole. + +--He sacado por consecuencia que las mujeres honestas eran demasiado +fuertes para mí. + +--A la verdad, señor, que si para justificar vuestro desprecio por +nuestro afecto no tenéis más motivos que ese recuerdo de vuestra +juventud... + +--¡Oh, tengo otros!--dijo el señor de Lerne. + +Pronunció esas palabras con un tono tan singular que Juana lo miró, y +sorprendida quedó de la expresión casi dolorosa que repentinamente había +contraído su frente y sus labios. + +--¡Tengo recuerdos atroces!--añadió el joven insistiendo. + +Después, con un acento conmovido, añadió: + +--Sois una joven llena de bondad y delicadeza, a quien estimo en +extremo, pero esos motivos no puedo decirlos, ni a vos misma. + +Levantose Juana algo turbada y alzando su tapado: + +--Creo que me comprometo--dijo risueña. + +El señor de Lerne se levantó también inmediatamente diciendo: + +--Perdón por haberos detenido tanto tiempo. + +--¡Pero yo no renuncio!--dijo ella graciosamente al alejarse. + +Él se inclinó sin contestar. + +La larga conversación de la señora de Maurescamp y Jacobo, no había +dejado de despertar la curiosidad más o menos benévola de los invitados +de la señora de Lerne. Juana se apercibió de ello, y para destruir el +carácter sospechoso que pudiese tener aquella entrevista, dijo en voz +alta a la condesa, que pasaba por su lado: + +--¡Ninguna esperanza, señora! ¡He perdido mi tiempo! + +La madre de Jacobo, que había observado desde lejos con vivo interés la +fisonomía de los dos interlocutores, no era de la opinión de Juana. +Juzgó, por el contrario, que la joven no había perdido su tiempo y que +todavía había que esperar. + + + + +VI + + +Se sabe cómo empieza el amor. No se sabe absolutamente de dónde nace la +simpatía. Es casi imposible darse cuenta de esos lazos delicados y +complejos que ligan repentinamente dos corazones y dos inteligencias en +ese sentimiento caprichoso. Aunque el atractivo femenino no sea un +obstáculo, no es sin embargo indispensable, puesto que la simpatía se +encuentra con frecuencia entre personas del mismo sexo y que no asusta a +los cabellos blancos. + +El acuerdo súbito que se establece entre dos seres hasta entonces +desconocidos uno de otro, esa vivacidad de impresiones recíprocas, esa +buena inteligencia mutua de las miradas, esa facilidad de expansión y +necesidad de confidencia, ¿en qué secreta relación de ideas, y gustos, +cualidades o defectos debemos buscar la causa sutil? Ignorámoslo; pero +ese sentimiento indefinible, ya se habrá comprendido que Juana y Jacobo, +después de su conversación confidencial, no tardarían en experimentarlo. +Aunque separados en apariencia por abismos, aquel libertino cansado y +aquella joven sin mancha se comprendían perfectamente. A pesar de ser +tan diferentes, sentían que había en el fondo de sus almas algo que les +disponía a las mismas impresiones, a las mismas apreciaciones de las +cosas, a las mismas pruebas en la vida, a los mismos goces y a los +mismos dolores. + +Todos encuentran seres simpáticos, son las buenas fortunas de la vida +mundana; en la movilidad y extensión de las relaciones parisienses, no +duran con frecuencia más que el espacio de una comida, u otra reunión. +Gustan uno de otro, llegan a exaltarse, confíanse sus secretos, llegan +casi hasta a amarse, y no vuelven a verse hasta el año siguiente. + +Hay que empezar de nuevo. Pero entre la señora de Maurescamp y Jacobo de +Lerne no sucedería lo mismo; pertenecían a la misma sociedad y a las +mismas relaciones, y necesariamente tenían que volver en breve tiempo a +su conversación suspendida. + +A más de eso, el señor de Lerne, después de haber cavilado dos o tres +días, acabó por decirse que él debía una visita a la señora de +Maurescamp. ¿Por qué quería ella casarlo? ¿Qué misterio era aquél? En +todo caso, era una muestra de interés por su persona que lo obligaba a +una demostración de agradecimiento. Por consiguiente, fue una tarde a +su casa al azar, a eso de las cinco. Encontrose allí con Monthélin, +acomodado cerca del fuego. El señor de Monthélin, que tenía ya demasiado +con la presencia de _Toby_, se exasperó tanto al ver a de Lerne que +perdió su sangre fría ordinaria; persistió contra todas las +conveniencias en prolongar indefinidamente su visita, a tal extremo, que +de Lerne tuvo que tomar el partido de retirarse el primero, aunque +hubiese llegado el último. El señor de Monthélin no ganó gran cosa, y la +excesiva frialdad de Juana, después de la partida de Jacobo, le hizo ver +que había cometido una imprudencia, y para repararla, se apresuró como +es casi seguro, a cometer otra. + +--¿Parecéis disgustada conmigo--dijo sonriendo--, porque no he cedido el +lugar al señor de Lerne? + +--Naturalmente--contestó la joven--, habíais llegado antes que él, y +quedaros cuando él se va es daros unos aires de dueño de casa a los que +nada os ha autorizado, según creo. + +--Es cierto--contestó--, os pido mil perdones; pero ya sabéis que el +sentimiento no razona. + +--Hacéis mal. Después de esto, vuestra posición respecto del señor de +Lerne después de vuestro duelo, os impone ciertas atenciones +particulares. + +--Es justo; pero, ¿cómo tener valor para alejarme? + +--A propósito--interrumpió la señora de Maurescamp--. ¿Cuál ha sido el +motivo de este duelo? ¿Puede saberse? + +--¡Oh! nada, habladurías. + +--¿Habladurías? ¿Qué habladurías? + +--Una palabra hiriente que me refirieron. + +--¡Ah! ¿Qué palabra? ¿No queréis decírmela? ¿Preferís que yo la +adivine? + +--¿Entonces lo sabéis?--dijo Monthélin. + +--Sí, la sé--contestó. + +--Qué torpeza, ¿eh? + +--Pero no... no tanto. + +--¿Supongo que no será él quien os la ha dicho, al menos? + +--Es demasiado caballero para hacerlo--contestó Juana. + +Viendo el señor de Monthélin que el torneo de palabras no era en ventaja +suya, volvió a pedir disculpas y se retiró. + +En virtud del proverbio persa: «No te prodigues y te amarán», las +visitas del conde de Lerne eran en general consideradas por las damas +como pequeñas fiestas por aquéllas que eran favorecidas. La gracia de su +persona, su talento, sus habilidades, y aun el tinte un poco vivo de sus +costumbres, hacíanlo un personaje particularmente interesante. Fue, +pues, para la señora de Maurescamp una verdadera contrariedad que en su +primera visita hallase en su casa tan poco atractivo, y sobre todo, que +se encontrase con Monthélin instalado bajo un pie de intimidad casi +comprometedor. + +Sin darse cuenta de cómo podría explicarse con el señor de Lerne sobre +un asunto tan delicado, esperó, sin embargo, impaciente el miércoles +siguiente, esperando encontrarle en la recepción de su madre. Pero al +llegar a casa de la condesa tuvo el desagrado de saber que Jacobo tenía +un fuerte dolor de cabeza que le retenía en la cama. Con razón o sin +ella, creyó ver en esta circunstancia un acto de desdén, o cuando menos +de mal humor para con ella. El aprecio de aquel joven de una vida tan +poco ejemplar había llegado a serle repentinamente tan necesario, que la +idea de dejarle por un tiempo indeterminado bajo una mala impresión, le +era insoportable. En circunstancias excepcionales era mujer de +resolución; reunió todo su valor, y tomando aparte a la condesa, le +dijo: + +--Pues bien, querida señora, creo que verdaderamente, he desesperado +demasiado pronto de poder convencer a vuestro hijo... Anteayer vino a mi +casa, y como no es muy visitador, creo que tenía algo serio que +decirme... que quería hablarme del gran asunto del matrimonio. +Desgraciadamente, yo no estaba sola... Lo siento mucho, sobre todo, si +un buen pensamiento le hubiese llevado. + +--Nada más probable, hija mía, pero, gracias a Dios, eso no es +irreparable, si queréis, ¿cuándo podrá encontraros, si llega a desear +visitaros nuevamente? + +--Si llega a desearlo...--replicó la señora de Maurescamp arrugando su +frente en signo de reflexionar...--Pues bien, veamos... mañana a la +tarde... después de comer... Justamente... mañana a la tarde no +salgo... + +--Yo lo informaré, y estad segura de que os adora. + +La señora de Maurescamp pasó la mañana del día siguiente arrepentida +amargamente del paso que había dado; su alma delicada y solitaria le +reprochaba su avance. Si el señor de Lerne no venía, ¡qué mortificación! +Si venía, ¿no tendría derecho para creer en una cita? ¿No llegaría a +figurarse que la cuestión del casamiento no era más que un pretexto para +encubrir una provocación audaz? + +La tarde llegó; después de comer, el señor de Maurescamp jugaba un rato +con su hijo Roberto en el pequeño salón botón de oro, de su mujer, y en +seguida iba, como era su costumbre, a fumar un cigarro al _boulevard_. + +Juana continuó ejecutando febrilmente en el piano, una serie de valses +y mazurcas, mientras que su hijo, vestido de blanco y con cinturón +punzó, daba saltos con su aya inglesa y _Toby_. Oyendo abrir la puerta, +dejó repentinamente de tocar; era un sirviente. + +--¿Recibe la señora condesa? + +--Sí, ¿quién está ahí? + +--El señor conde de Lerne, señora. + +--Hacedle entrar. + +Alzó a su hijo y le dio un beso, en seguida, sentose gravemente en un +sillón teniéndolo en sus brazos como las madonas tienen a su _bambino_. + +Jacobo de Lerne, al entrar, contempló aquel cuadro de santidad, que +hubiera podido hacerle creer, al menos así se lo figuraba Juana, que las +circunstancias eran más serias e importantes que lo que podría haberse +imaginado. Sin embargo, pareció que no se había sorprendido, ni mostrose +contrariado; púsose a acariciar a Roberto, cual si no lo hubiese llevado +otro objeto. Después de algunos minutos, la señora de Maurescamp tomó +el partido de mandarlo a acostar, puesto que no servía para otra cosa. + +El niño acababa de salir, cuando una fuerte ráfaga de viento sacudió las +persianas del salón. + +--¡Ah! ¡Dios mío!--exclamó Juana--, ¿oís? es una verdadera tempestad y +nieva también, ¿verdad? + +--¡Nieva mucho!--dijo Lerne--. Es muy agradable estar al lado de vuestro +fuego, con un tiempo semejante... + +--Cuando os digo--replicó Juana riendo--que sois un hombre casero. + +--¡Ah! ¡en eso estamos! Pero, señora, decidme al fin, ¿por qué deseáis +tanto que me case? Tan, original idea no, puede ser vuestra... Si he +comprendido bien el otro día, es mi madre quien os la ha sugerido. + +--Sí, ciertamente. + +--¡Ah!--dijo--, es mi madre. + +Quedose pensativo, después de un instante: + +--Siento--añadió--no poder hacer lo que mi madre y vos deseáis, pues ya +lo he dicho, no quiero casarme. + +--¿Porque no hay en el mundo ninguna mujer digna de vos? Ya es sabido. + +--¡Por Dios, señora, permitidme explicaros...! Vos sabéis que en materia +de religión las gentes que menos la practican son las más exigentes y +más austeras. Con nada están satisfechas. Yo, os dicen ellas, si yo +creyese, ya lo veríais... haría esto y lo otro... en fin, la +perfección... Pues bien, yo soy lo mismo en materia de casamiento... Lo +comprendo de tal manera, que creo que nadie es capaz de comprenderlo +como yo... Esta es la razón por que no me caso. + +--¿Cómo lo comprendéis? Veamos--dijo la joven en un tono de una ligera +ironía. + +--Os reiríais de mí, si os lo dijese. + +--Creo que no. Ensayad. + +--Pues bien, señora, el matrimonio es para mí el amor por excelencia... +Puede ser que el amor en el matrimonio sea un sueño, pero es el mejor de +los sueños, y si alguna vez se realiza, aunque sea a medias, no debe +haber en el mundo nada más agradable y elevado. Es el único que merezca +verdaderamente el nombre de amor, porque es el único también al que la +idea religiosa le da algo de eterno... El divorcio, de que se habla +tanto este año, me desagrada por eso... Porque le quita al matrimonio el +sentimiento de lo infinito... Ese sentimiento puede ser una traba para +las almas vulgares o para los mal casados. Pero imaginaos dos seres que +se han elegido antes de unirse, que se conocen bien, que se estiman, en +fin, que se aman, y pensad cuánto debe añadir a su felicidad la +certidumbre de su duración sin fin. Es un camino encantado el que +siguen aquellos dos seres. Viendo con arrobamiento que se pierde en los +horizontes sin límites donde el cielo se confunde con la tierra... ¿Os +fastidio, señora? + +--No--dijo Juana. + +--Pues bien--añadió el señor de Lerne--, no me imagino una existencia +más completa que la de esos viajeros, que son al mismo tiempo dos +amigos. Su ser es doble. Todos sus sentimientos son más vivos, sus +alegrías mayores; sus penas disminuyen. Si son inteligentes, como +supongo, llegarán a serlo más. Si son honestos, serán mejores. Por su +íntimo contacto, por el cambio continuo, por la tierna emulación y el +deseo mutuo de no desmerecer uno de otro. En estos tiempos de +perturbaciones por que pasamos, habría soñado más que nunca en una unión +de una intimidad sin igual entre dos seres igualmente generosos y +delicados, apoyándose y fortificándose el uno al otro, para conservar a +la vez el corazón elevado y los gustos puros... Para mantenerse fieles a +sus antepasados, en cuanto al honor y a los viejos maestros, en cuanto +al arte y poesía. Para admirar juntos lo que es eternamente bello y +despreciar lo que no lo es, para refugiarse en las alturas como en un +arca y hablar allí de todo lo que conmueve el corazón o el pensamiento +de esta hora de los siglos, ¿Qué más os diré?... para poner en común su +creencia... o sus dudas. Para pensar alguna vez juntos en Dios, creer, +buscarlo y llorarlo... ¡Ya veis, señora, que todo esto es puramente +locura! + +La actitud de Juana, mientras escuchaba al señor de Lerne, era +encantadora; un poco inclinada hacia adelante, mirábale con sus grandes +ojos admirados, cual si viese surgir ante ella una fuente de delicias, y +sus labios se entreabrían como para beber en ella. + +Guando hubo cesado de hablar, vio a la joven secar furtivamente una +lágrima que corría por sus mejillas. Turbado él mismo, por un movimiento +irreflexivo de simpática atracción, le tendió la mano. + +Juana retiró suavemente la suya tomando un aire circunspecto. + +--Perdón--dijo el joven--, creía que éramos amigos. + +--Todavía no--articuló ella. + +--¿No tenéis confianza? ¿Parezco yo un hombre que os hace la corte? + +--Cada uno tiene su modo de hacerla--dijo ella con imperceptible +sonrisa. + +--Confesad que la mía sería singular. + +Púsose a jugar con mano febril con algunos objetos que había sobre la +mesa; sus ojos se detuvieron en una fotografía del pequeño Roberto; +tomola y contemplola atentamente. + +--Es lindo mi hijo, ¿no es verdad? + +--¡Precioso! ¿Por qué lo tomasteis en vuestros brazos cuando yo entré? + +--No sé, por casualidad. + +--No, no fue el acaso... Queríaisme decir con ello: Si vienes como +amigo, enhorabuena; si vienes como enamorado, he aquí mi respuesta. + +--Es verdad... ¿No os parece buena? + +--Ninguna otra puede ser mejor--replicó Jacobo cuya voz temblaba un +poco--; y si algo me admira--prosiguió con extraña animación--, es que +las mujeres, en el momento de caer, no las detenga con más frecuencia el +recuerdo de sus hijos... ¿Creen ellas que no llegará un día en que sus +hijos sepan por las habladurías de la gente, su conducta ligera o +culpable? Y el hombre que no respeta a su madre, ¿qué queréis que +respete en el mundo? Faltándole el respeto a su madre, todo le falta, +todo se desmorona... Ya no existe para él el mundo moral... Desde que no +tiene fe en su madre, no la tiene en nada. Su vida es un desencanto +eterno, y si las mujeres pudiesen ver lo que pasa en el corazón de un +hijo desgraciado, en el momento que llega a saber... a sospechar de su +madre... + +El señor de Lerne se detuvo oprimido por un sollozo. + +Hizo el movimiento desesperado de un hombre que no puede contener sus +impresiones, volvió la cabeza y cubrió sus ojos con sus manos. + +Juana, como todo el mundo, había oído hablar de la juventud demasiado +ligera de la condesa de Lerne; y comprendió. + +Hubo un momento de penoso silencio. La señora de Maurescamp dejó +violentamente su sillón y avanzando dos pasos tendió la mano al joven. + +Jacobo se levantó de su asiento, sus ojos se encontraron, estrechó con +fuerza la mano que se le tendía, saludó y salió. + +Aquella brusca partida dejó inmóvil por un instante a la señora de +Maurescamp; dio algunos pasos inciertos por el salón, y en seguida +dejose caer en un confidente, entregada a la más profunda meditación, +sosteniendo con la mano su cabeza y enjugando a intervalos las lágrimas +que caían lentamente de sus ojos. ¿Por qué lloraba? En la turbación en +que aquella escena la había dejado, no se daba cuenta ella misma de sus +lágrimas. + +El sonido del timbre en el vestíbulo hízola repentinamente contraer sus +cejas; algunos momentos después la puerta se abrió para dar paso al +señor de Monthélin. + +--He sabido por el señor de Maurescamp que no salíais hoy y me he +atrevido... + +--Sois muy amable... Acercaos al fuego, pues. + +Una mirada había bastado al señor de Monthélin para conocer que Juana +había llorado. No era la primera vez que sorprendía un síntoma igual, en +una mujer abandonada de su marido, y tenía por costumbre, no sin razón, +augurar de ahí, favorablemente respecto a sus pretensiones. + +Justamente en esos momentos, el señor de Maurescamp, desertando del +cuerpo coreográfico, hacía ostentación de sus relaciones con una amazona +americana, Diana Grey, cuya aparición en el circo de Invierno había sido +uno de los acontecimientos de la estación. Desde algunos días se la veía +conducir alrededor del lago un par de caballos negros, cuya procedencia +nadie ignoraba. El señor de Monthélin creyó, pues, que aquella +circunstancia debía tener alguna relación secreta con el estado de +tristeza en que veía a la señora de Maurescamp. + +El sobrenombre grotesco con que Jacobo de Lerne había gratificado al +señor de Monthélin puede hacer creer al lector que este personaje tenía +algo de ridículo, pero nada menos que eso. Era, en efecto, un seductor +muy serio y muy peligroso. Tenía para con las damas el prestigio +singular de los hombres de buena fortuna; y parecíale menos vergonzoso +el ser seducida por él que por algún otro. Era bien formado, alto y +valiente, y sin tener lo que se llama talento, poseía, a fuerza de +aplicación y gusto por su oficio, una habilidad temible para adivinar +las ocasiones y aprovecharse de ellas. Sabía mejor que nadie, que hay en +la vida de las mujeres esas horas de enervación y de presión moral, +horas, por decirlo así, sin defensa, de las que un hombre de penetración +y atrevido sabe sacar terribles ventajas. Es así como se explica que +mujeres distinguidas lleguen a ser algunas veces presa de la más vulgar +de las galanterías. + +El señor de Monthélin, que en su estrategia alrededor de la señora de +Maurescamp, esperaba hacía mucho tiempo esa hora fatal con una paciencia +y asiduidad felinas, juzgó que había llegado al fin. Después de algunos +instantes de conversación banal, a la cual Juana prestaba una atención +distraída y lánguida, acercó su silla al confidente donde estaba +recostada y, + +--Apenas me escucháis--dijo--. ¿Qué tenéis? + +--Nada. + +--¿Habéis llorado? + +--Puede ser. + +--¿No soy vuestro viejo amigo, para recibir la confidencia de vuestras +penas? + +--Yo no tengo penas... No sé lo que tengo... + +Tomole con firmeza las dos manos acercándose más y mirándola fijamente. + +--¡Pobre hija mía!--dijo a media voz--, ¡si supieseis cuánto os amo! + +Al mismo tiempo sintió Juana que el brazo de Monthélin rodeaba su +cintura. Despertose como de un sueño, levantose y rechazándole +violentamente exclamó: + +--¡Ah, mi pobre señor! Si supieseis qué mal momento habéis elegido. + +No había como equivocarse sobre el acento de su voz y la expresión de su +semblante, el sentimiento que la animaba era claramente el del desdén +más frío e implacable. El señor de Monthélin debió convencerse de que +aquella ocasión habíala olfateado mal. Sólo le quedaba hacer una +retirada honrosa. + +--Creo--dijo--que el señor de Lerne sale de aquí... Vamos ¡él se venga, +es en buena guerra! + +--Tomó su sombrero, se inclinó profundamente y ganó la puerta. + +Juana, al quedarse sola, comprendió por primera vez, el peligro real y +odioso que había corrido casi inconscientemente. Diose cuenta de que en +pocos días, tal vez en algunas horas, por desalientos, por indolencia, +habría llegado a ser, sin amor, sin amistad, sin excusa, la víctima +inerte y estúpida de aquel cobarde libertino. Comprendió cuan cerca se +había hallado del borde de aquel abismo y lo lejos que de él se hallaba +en aquel momento. Díjose que las lágrimas que había derramado eran +lágrimas de felicidad; y como transportada de alegría, echando hacia +atrás con sus dos manos su abundante cabellera, murmuró: + +--¡Estoy salvada! + + + + +VII + + +Es inútil decir a nuestros lectores, y sobre todo a nuestras lectoras, +que desde aquella tarde, y sin más explicaciones, se estableció una +amistad regular y de las más estrechas, entre Juana de Maurescamp y +Jacobo de Lerne. + +Juana entró desde entonces en una nueva faz de su vida, llena de +delicias. Sentíase renacer; volvía a tener ilusiones, creencias, y esos +impulsos entusiastas que habían encantado su juventud; recobraba sus +alas. Veía realizado su sueño en aquel sentimiento que la ligaba para +siempre al señor de Lerne. Sus almas habíanse tocado en un momento +dado, en puntos tan sensibles y delicados, que habían quedado como +imantadas. No tardaron en convencerse ambos de que sólo vivían en +aquellos momentos en que se hallaban juntos. Comprendíalo ella en la +radiante expresión de Jacobo, así que la veía, en la tierna expresión de +su voz, en la presión suave y respetuosa de su mano. Veía su empeño en +encontrarse con ella siempre que podía, sin comprometerla, y estábale +reconocida, tanto por sus demostraciones como por sus escrúpulos. Notaba +que sus gustos habían cambiado y que se había hecho mundano para +complacerla, más que todo, por su lenguaje y maneras reservadas para con +ella. Jamás una palabra de galantería, pero sí una confianza absoluta y +la deferencia lisonjera de elevar la conversación cuando se dirigía a +ella, demostrándole de ese modo tan galante, sin decirle una palabra, +que con ella no podía hablarse vulgaridades como a las demás, porque +estaba mucho más arriba de todos y de todas. + +Un día supo que había roto sus relaciones con Lucy Marry. Tal noticia, +la encantó y la alarmó al mismo tiempo. Aquel sacrificio, hecho en honor +suyo, ¿no la comprometería demasiado? Reprochose tomarle toda su vida, +cuando ella no podía consagrarle la suya. Para tranquilizar su +conciencia, resolvió heroicamente volver a impulsarle al matrimonio, +empleando toda su elocuencia. Recordole en consecuencia, que su misión +era casarle, que eso para ella era una cuestión de honor. + +--Por otra parte--añadió--, cierta tarde me habéis expuesto unas teorías +sobre el matrimonio, que me parecen muy edificantes; sería lástima que +tan bello programa no se convirtiese en realidad, alguna vez siquiera en +la vida. + +--¿Pero no veis que trato de realizarlo con vos? + +Ruborizose la joven mirándole con cierta timidez. + +--Supongo que no temeréis nada, tengo a vuestro hijo entre los dos. +Aunque no lo quisiera, no podría ser sino vuestro amigo, lo demás sería +deshonrarme ridículamente a vuestros ojos y a los míos. Sería un +verdadero tartufo... ya veis que es imposible... + +--¡Gracias a Dios! Pero paréceme a mí imposible que la amistad pueda +únicamente llenar la vida de un hombre. Considerome cruelmente egoísta +en usurpar vuestra existencia por tan poco. + +--Señora--contestó alegremente Jacobo--, no os aflijáis por eso; os +aseguro que no soy digno de lástima. Tengo algo de místico, y en otros +tiempos hubiera hecho como algunos jóvenes, que a consecuencia de +ciertas tempestades de la vida, se encerraban en un claustro o en las +Tebaidas del Port-Royal. Y por cierto que ellos no encontraban una amiga +como vos. Os lo digo, seriamente, vos sois para mí, mi refugio y mi +salvación. Hay todavía en mí un desborde de vida, del que he podido +tomar mi parte, pero al fin, estoy saciado... Saciado hasta el extremo. +Sentíame como sumergido en el fango... En una palabra, ansío un ideal +elevado y aun austero, y lo encuentro en el sentimiento que experimento +por vos; y este sentimiento, que es el amor, mucho me lo temo, es +también una religión. Pero podéis estar tranquila, y sobre todo... sed +feliz. Amadme un poco y no hablemos más de esto. Voy a leeros una página +de vuestro querido Tennyson, el más casto de los poetas. No puede venir +más al caso. + +Otra noche, algunos meses después, era ella quien tranquilizaba al +joven. Debía ella partir a la mañana siguiente con su madre y su hijo +para Dieppe, donde iba a pasar algunos días. El señor de Lerne había ido +a despedirse. Aunque la separación debía ser corta, no le fue dado dejar +de sentirse emocionada y sin fuerzas. Temiendo manifestar demasiado +sentimiento, llevó la reserva hasta mostrarse fría. Admirado de su +actitud concentrada y algo burlona, el señor de Lerne púsose también +silencioso y disgustado. Cuando se dieron la mano para despedirse, notó +Juana en su mirada una singular expresión de inquietud y desconfianza. + +--Apuesto--dijo la joven sonriendose--que adivino vuestro pensamiento. + +--Veamos. + +--Os preguntáis si no voy yo a decir a mi turno como aquella dama: +«¡Adiós, imbécil!» + +--Es cierto... y en verdad que tendríais razón para hacerlo, pero somos +un par de locos. + +--¡Ah! ¡Desgraciado! no digáis eso... no lo penséis siquiera... ¡Os +estoy tan agradecida, por el contrario! ¡Os debo tanto, amigo mío!... +Mirad, os voy a decir una cosa que os sorprenderá mucho... según creo, +pero en fin, voy a decírosla... pues bien, vos me habéis salvado. ¡Sin +vos, estaba perdida!... Ahora podéis estar seguro de que no deseo +perderme con vos... ¡Ah, amigo mío, caeríamos de tan alto! Pensadlo +bien... Seríamos mil veces más culpables que otros, nos +envileceríamos... ¿No es verdad? Quedémonos, pues, donde estamos... Os +amaré más, os estimaré, os bendeciré, amigo mío, desde el fondo de mi +alma, y, ahora, adiós, querido imbécil. Escribidme. + +Era así como se fortalecían mutuamente cuando se sentían débiles. + +Empeñada en dar a sus relaciones un carácter cada vez más serio y +elevado, la digna joven habíale pedido a Jacobo que le trazase un plan +de estudios y lecturas. Decía que aquello era para que él no se +aburriese demasiado a su lado. Jacobo pasó el tiempo de su ausencia +ocupado en formarle una biblioteca en que los escritores del siglo XVII +tenían una colocación especial, entre las obras de crítica moderna, y +las numerosas colecciones de Memorias históricas. Esto fue el asunto de +su correspondencia durante la permanencia de Juana en Dieppe. A su +vuelta, consagrose a su biblioteca con ardor, y desde entonces hubo un +lazo más entre ellos, el del discípulo con el maestro, porque el señor +de Lerne, que era instruido y letrado, era para la joven un guía y un +comentador, del mismo género. Desde entonces, sus conversaciones, sus +admiraciones simpáticas, y aun sus discusiones sobre literatura o +historia, añadieron mayor interés a su tierna intimidad. + + + + +VIII + + +Ese género de amistades reparadoras, que son el sueño de tantas mujeres +mal casadas, o cuando menos de las mejor casadas, necesitan +indudablemente para conservarse puras, de caracteres excepcionales, y +también de ciertas circunstancias como las que habían ligado a Juana de +Maurescamp con el señor de Lerne. Pero en fin, esos amores heroicos no +carecen de ejemplos en el mundo, aunque el mundo no crea en ellos. El +mundo no gusta de estos méritos que traspasan los límites comunes, que +son los suyos. A más, los amores inocentes, son los que menos se +ocultan; desdeñando la hipocresía, dan margen más fácilmente a la +maledicencia. Nadie extrañará, pues, que la gente juzgase con su +escepticismo e indelicadeza acostumbrada, las relaciones de una +naturaleza tan pura como las que se habían establecido entre aquellos +jóvenes. + +El hombre menos capaz de comprender un afecto de esa especie, era +ciertamente el barón de Maurescamp. Aunque fuese muy celoso, más por +amor propio que por su amor a Juana, nunca se había ocupado de +desconfiar de su amigo Monthélin, quien, sin embargo, tan cerca se había +hallado de comprometer su honor, pero en cambio, con el tacto habitual +de su cofradía, no dejó de abrir desmesuradamente los ojos, ante la +intimidad irreprochable de su mujer con Jacobo de Lerne. Detestaba por +instinto al joven, quien le era superior en todo sentido; muchas veces +había sido su rival en las regiones del mundo galante, donde la +distinción de la inteligencia y la elevación de los sentimientos +conservan siempre su prestigio. Pareciole demasiado duro al señor de +Maurescamp el tenerle por rival hasta en su interior conyugal, y hay que +convenir en que si él no hubiese sido el menos recto y el más culpable +de los maridos, su susceptibilidad en aquella ocasión habría sido de las +más disculpables. + +Juana habíase apercibido más de una vez del mal humor con que su marido +soportaba las asiduidades del señor de Lerne, pero fuerte en su +conciencia, habíase preocupado poco de ello. Sin embargo, durante su +permanencia en Dieppe, varias veces intentó mostrarle las cartas que +recibía de Jacobo, a fin de tranquilizarlo respecto al carácter amistoso +de sus relaciones. Para convencerlo mejor, ingeniose tan bien varias +veces para hacerlo permanecer en el salón entre ella y Jacobo, tratando +de alejar de sus relaciones hasta la sombra de un misterio. Pero todos +sus afanes estuvieron muy lejos de alcanzar el éxito que deseaba. El +señor de Maurescamp no se encontraba bien; sentíase irritado del papel +secundario que desempeñaba en tales ocasiones; encogíase de hombros, +decía dos o tres bromas groseras y se marchaba. A pesar de todo, la +verdad tiene tanta fuerza, que a veces sentíase inclinado a creer que +sus relaciones eran en efecto puramente sentimentales. Pero no por esto +sentía un odio menos reconcentrado y violento, y que no esperaba sino +una ocasión para manifestarse. + +Desgraciadamente, la ocasión no tardó en presentarse. Como lo hemos +dicho ya, hacía cerca de un año que el señor de Maurescamp estaba +enamorado de Diana de Grey, joven amazona americana, que entonces +llamaba mucho la atención en París. Esta criatura, hija de un acróbata +de baja esfera, y sumergida en el fango, no dejaba por esto de poseer la +belleza pura y fresca del lirio. Pálida, delgada, elegante, de una +perfección plástica, de una depravación singular, a la que unía la +ferocidad anglo-sajona, reunía, pues, todas las cualidades apropiadas +para subyugar a un hombre como el señor de Maurescamp. Así, pues, +habíale inspirado una de esas pasiones terribles y serviles que son en +general el privilegio de los viejos, pero que los jóvenes depravados +experimentan algunas veces como anticipación hereditaria. Primeramente +le había conquistado con su gracia y su fama, y acabó de subyugarle con +los caprichos fantásticos con que lo atormentaba. Hay hombres que, como +la mujer de Sganarelle, gustan de que se les castigue. El señor de +Maurescamp era de este número, y fue al respecto, servido a su gusto +por la graciosa americana. Si lo hubiese querido, habríale hecho pasar a +latigazos por uno de esos arcos de papel, por donde ella pasaba todas +las noches en el circo; pero prefirió hacerse regalar un lindo hotel en +las cercanías del Bosque de Bolonia con todo lo necesario para vivir en +él confortablemente. Mediante esta compensación, comprometiose a que, +una vez terminado su compromiso, renunciaría a su carrera artística, y +colmaría los votos del señor de Maurescamp. + +En los primeros días de abril de 1877, esta singular persona tuvo la +idea de estrenar su casa convidando algunos de sus amigos a un almuerzo. +Ella misma hizo la lista de los convidados, y con gran disgusto del +señor de Maurescamp, el nombre del señor de Lerne se hallaba también +inscripto; conocíalo ella apenas, pero había oído hablar mucho de él, +puesto que había dejado en la alta bohemia parisiense una reputación de +amable compañero y de caballerosidad. Jacobo había roto completamente +con la sociedad en que Diana Grey era una de las estrellas; pero +temiendo, sin razón, herir la susceptibilidad de Maurescamp, si rehusaba +la invitación de su querida, aceptó. + +Diana Grey colocó al señor de Lerne a su derecha, y desde el principio +del almuerzo, ocupose de él de una manera muy marcada. Jacobo hablaba +perfectamente el inglés; y ella gozaba de conversar en un idioma que el +señor de Maurescamp no tenía la ventaja de poseer. Jacobo hacía todo lo +posible por substraerse a las amabilidades demasiado expresivas de su +vecina y trataba de hablar en francés; pero ella no quería y volvía +resueltamente a hablar en inglés, vaciando a su salud copas llenas de +«pale ale», mezclada con Oporto. Al mismo tiempo lanzaba miradas +despreciativas y provocadoras a Maurescamp, que se hallaba frente a ella +en la mesa, y que estaba visiblemente contrariado. + +Las mujeres de la especie de Diana Grey, toman represalias salvajes de +los hombres que las compran. + +El almuerzo fue un poco frío. La dueña de casa parecía la única que se +divertía francamente. Cuando hubieron concluido, Jacobo de Lerne, +pretextando una cita por negocios, se apresuró a substraerse a aquella +situación enojosa. + +Diana Grey, así que se hubo ido, encendió un cigarrillo, y tendiéndose +en un diván a la americana bebió su Oporto. Apercibiose entonces de que +Maurescamp estaba disgustado, y para componer las cosas, le dijo, con +ligero acento: + +--Mi gordo «boy», es muy interesante el amante de vuestra mujer... tengo +un capricho por él, ¿sabéis? + +--¿Estáis ebria, Diana?--dijo Maurescamp poniéndose muy encendido--. +Estáis ebria, y os olvidáis de quien habláis. + +--¿Porque hablo de vuestra mujer? ¿Pues no me habláis vos también de +ella, querido amigo? Me habéis dicho que era un hielo... ¡Un hielo! ¡Ah, +qué bueno! ¿y habéis creído eso? ¡pobre ángel! Es una cosa sumamente +graciosa que todos los maridos crean que sus mujeres son de escarcha... +¡Pero nosotras sabemos que son todo lo contrario para sus amantes! + +Y continuó arrojando bocanadas de humo de su cigarrillo por entre sus +labios rosados. + +--Está completamente ebria--dijo uno de los convidados a Maurescamp. Y +es lástima, pues sin eso sería perfecta. + +Una hora después, cuando todos hubiéronse ido, Diana confesó +secretamente a Maurescamp, que en efecto, estaba ebria, y que por +consiguiente, todo lo que había dicho, no debía tomarse en cuenta; +después de lo cual pidió perdón y lo obtuvo. + +Pero la señora de Maurescamp no obtuvo el suyo. Hacía ya mucho tiempo +que su marido no la amaba, y mucho tiempo que había comenzado a odiarla. +Porque en esa clase de desinteligencia, es raro que el desacuerdo se +detenga en la indiferencia. Las odiosas y cínicas palabras proferidas +públicamente por Diana eran, por otra parte, elegidas expresamente para +exasperar al señor de Maurescamp. Sin tener mucha imaginación, tenía la +bastante para figurarse a su mujer, que no había tenido sino frialdades +y desprecios para él, abandonándose en brazos de otro a los vivos +transportes de la pasión, y esa imagen, desagradable para cualquier +otro, lo era en supremo grado para un hombre vanidoso, altanero, y tan +engreído y sanguineo como era el señor de Maurescamp. No se detuvo a +pensar que podía ser algo injusto el hacer depender el reposo, el honor +y la vida de su mujer, de aquella habladuría de su querida en estado de +embriaguez. Sentía rebosar en su pecho los sentimientos de despecho, +celos, y odio que se condensaban hacía tanto tiempo contra su mujer y +contra Jacobo de Lerne, y resolvió poner término a sus relaciones, +vengándose a un mismo tiempo de ambos. + +La ocasión para un duelo pareciole especialmente oportuna, los +incidentes del almuerzo podían suministrarle un pretexto especioso, que +tendría la doble ventaja de dejar el nombre de su mujer fuera de las +querellas y asegurar a él la elección de las armas. Era hábil en el +manejo de la, espada, y aunque bravo por naturaleza, no se sentía con +humor de despreciar aquella ventaja. + + + + +IX + + +Bajó a los Campos Elíseos, mascando un cigarro apagado, viéndolo todo +color de fuego. + +Veinte minutos después entraba al Círculo y encontrábase allí con +algunos de los convidados de la mañana; entre otros a los señores de +Monthélin y Hermany. Encerrose con ellos en un saloncito reservado. +Díjole que se consideraba ofendido por la actitud observada por el señor +de Lerne en casa de Diana Grey, por su afectación en hablar en inglés, +durante el almuerzo, sabiendo, como sabía, que él, el dueño de la casa, +no entendía aquel idioma, y finalmente, por su conducta en general, +impertinente y provocadora. + +Los señores de Monthélin y Hermany, perfectos caballeros, aunque algo +les faltara, no hicieron observación alguna contra la poca importancia +de los cargos, comprendiendo que era únicamente un pretexto para ocultar +otros más serios y legítimos. + +El señor de Maurescamp añadió: que tenía por sistema terminar tal clase +de negocios lo más pronto posible, para evitar la publicidad, y, sobre +todo, la intervención tan terrible de las señoras. Rogó, por +consiguiente, a aquellos señores que fuesen inmediatamente a verse con +el señor de Lerne, y arreglasen aquel asunto que confiaba a su amistad. + +El señor de Monthélin manifestó que su duelo con de Lerne le inhibía de +aceptar la misión que quería confiársele. En consecuencia, el señor de +Maurescamp pensó en otro de sus amigos, el señor de la Jardye, +igualmente miembro del Círculo, y a quien Hermany fue a buscar en una +sala contigua. El señor de la Jardye gustaba mucho de las ocasiones que +le permitían darse importancia. Trató, sin empeño alguno, únicamente por +la forma, de hacer oír algunas palabras conciliadoras; pero había sido +de los que asistieron al almuerzo de Diana Grey, y acabó por declarar, +que puesto que le tomaban su parecer, su opinión era que en aquella +ocasión habían pasado al señor de Maurescamp cosas muy difíciles de +tragar, y por consiguiente, estaba a las órdenes del señor de +Maurescamp. + +Mientras tanto, el señor de Lerne se hallaba muy lejos de imaginarse la +fiesta que le armaban. Paseose tranquilamente por el bosque, según su +costumbre, y a las diez entró en su casa. Encontrose con las tarjetas de +la Jardye y Hermany bajo un sobre cerrado, con estas palabras escritas +con lápiz: + +«Venidos por asuntos personales del barón de Maurescamp.--Tendrán el +honor de volver a las diez y media.» + +No tuvo que reflexionar mucho para adivinar de lo que se trataba. Aunque +ignoraba las infames palabras de Diana después de su partida, no había +escapádosele la irritación de Maurescamp durante el almuerzo, y diose +cuenta inmediatamente de la verdad de la situación. Maurescamp +aprovechaba aquel primer pretexto que se le presentaba para satisfacer +su odio de marido celoso, sin comprometer a su mujer. + +Nada tenía que decir a esto. Escribió a sus amigos Julio de Rambert y +Juan de Evelyn, inglés este último; hizo llevar las cartas +inmediatamente y tuvo el gusto de verlos llegar algunos minutos después +de haber recibido a Jardye y Hermany. + +Dejó solos a los cuatro testigos y permaneció a su disposición en la +pieza contigua. + +El asunto era de los que no se disputan largo tiempo, porque todos los +interesados saben que bajo motivos ostensibles se oculta otro, que es el +verdadero, y que por común acuerdo todos saben que no puede ser +discutido ni contestado. A los agravios alegados por los señores de +Jardye y Hermany en nombre del barón, los señores Rambert y Evelyn +contestaron en el de su cliente, que tales agravios eran imaginarios, +pero puesto que el señor de Maurescamp se consideraba ofendido, el señor +de Lerne, no podía dejar de inclinarse ante su apreciación. Los señores +de Maurescamp y de Lerne, deseaban, a más de eso, que el asunto +terminase lo más pronto posible, para evitar la publicidad. + +En cuanto a la elección de las armas, los testigos del señor de Lerne no +estuvieron menos conformes. Jacobo les había confiado bajo el sello del +secreto algo muy delicado. En principio habíales dicho: «Acepto la +espada, lo acepto todo; pero vosotros sabéis que fui herido en el brazo +derecho, cuando mi duelo con Monthélin; a consecuencia de esta herida, +tengo un poco de debilidad en este brazo; es poca cosa, y tal vez +depende del estado de la temperatura, pero, en fin, tal vez no me +moleste en el terreno. No puedo valerme de este pretexto porque es +visible. Me ven tocios los días tocar el piano con mano firme, y podrían +creer que invento una escapada para librarme de la tizona de Maurescamp, +que tira muy bien. Pero si podéis obtener la pistola, por medio de +algún argumento honorable, sería muy conveniente para mí.» + +Esforzáronse, en consecuencia, en demostrar a los testigos de +Maurescamp, que, planteada como estaba la cualidad de ofensor y +ofendido, quedaba en realidad dudosa entre los combatientes. La +provocación dirigida por Maurescamp al señor de Lerne, a causa de un +incidente cuya futilidad no podía desconocerse, ¿no tenía en sí un +carácter excesivo que se asimilaba a una verdadera agresión? Parecíales +entonces justo y conveniente que la elección de las armas recayese en +aquel que había sido provocado, hasta cierto punto gratuitamente, o a lo +menos que la elección se librase al azar. Los señores de la Jardye y +Hermany contestaron con fría urbanidad, que no podía cuestionarse +seriamente aquella transposición de papeles, en tan desgraciado asunto, +y que la negativa persistente en reconocer los derechos de su cliente a +su calidad de ofendido, equivalía por parte del señor de Lerne a una +acusación de reparación, que no podía de ninguna manera entrar en sus +intenciones. Los señores de Rambert y Evelyn no creyeron deber insistir +más. + +Discutiose mucho después sobre si los testigos del señor de Lerne +obraban bien o mal. + +Unos pretendían que, estando impuestos de su enfermedad, por ligera que +fuese, no podían permitir el combate, en condiciones evidentemente +desiguales: otros, más competentes, según parece, tienen como primer +deber que observar religiosamente las instrucciones de su mandato, que +les confía, en primer lugar, su honor, en segundo lugar su vida. + +Fue, pues, convenido que el combate sería a espada y que a la mañana +siguiente se encontrarían a las tres de la tarde, en Soignies, sobre la +frontera belga. + +Jacobo oyó sin emoción aparente el resultado de la conferencia; +agradeció a aquellos señores sus buenas intenciones y sus esfuerzos; +díjoles alegremente que esperaba salir bien, a pesar de esto, y dioles +cita para la mañana siguiente a las siete en la estación del Norte. + +Así que se quedó solo, tomó un aire serio justificado por las +circunstancias. Por un sentimiento de delicadeza muy natural, pero +excesivo, no había querido confesar ni aun a sus amigos el verdadero +estado de su brazo herido: la verdad era que todo ejercicio violento, y +sobre todo el de la esgrima, determinaban en aquel desgraciado brazo un +malestar y un entorpecimiento que debían dar una gran ventaja a un +tirador tan consumado como el señor de Maurescamp. El señor de Lerne +pensó en esta circunstancia, con entereza, pero, aunque no se sintiese +intimidado, ni se creyese un hombre muerto, no dejó de conocer, que iba, +sin embargo, a afrontar un gran peligro. + +Hizo sus disposiciones, en consecuencia. Por fortuna, su madre pasaba +aquel día en el campo, amábala, aunque había sufrido mucho por ella; y +considerose feliz en que la casualidad le evitase la contrariedad de su +presencia. Pero faltábale pasar aquella misma noche por otra prueba tan +dolorosa, o tal vez mayor que aquélla. La señora de Hermany daba un gran +baile, y hacía mucho que habían convenido entre él y Juana encontrarse +en él. Esa misma mañana habíanse renovado la promesa en el bosque. + +Por más de una razón vio de Lerne que no podía dejar de ir al baile. +Creía que su ausencia inquietaría a Juana si por acaso hubiesen llegado +a sus oídos los rumores de duelo; su presencia y actitud la +tranquilizarían. Pero, ante todo, parecíale que el buen nombre de su +amiga le imponía aquel sacrificio heroico, y, a más, el señor de +Maurescamp había tomado a su querida y no a su mujer como pretexto. +Creyó, pues, que el mejor medio de asociarse a sus intenciones, y +desconcertar al público, era mostrarse esa noche con la señora de +Maurescamp en los mismos términos de siempre. Aunque haciendo un gran +esfuerzo, hízolo como un deber de delicadeza. + + + + +X + + +Escribió dos cartas, una para su madre y otra para Juana, y a las once +apareció risueño en el hotel de Hermany. + +El dueño de casa, testigo de su adversario, abrió tamaños ojos a la +aparición de aquel convidado inesperado; pero repúsose pronto y +recibiolo ceremoniosamente, encontrando, como lo dijo después, que +aquello era perfecto, irreprochable, y que probaba un estómago de +privilegio. La rubia señora de Hermany, más bella, más misteriosa y más +perversa que nunca, vio que el señor de Lerne buscaba a alguien en la +multitud y, mirándole fijamente, le dijo breveniente: «Segunda puerta +ala izquierda. En el invernáculo, bajo del tercer palmero a la derecha, +y decid después que no soy buena...» + +Jacobo saludó gravemente, y siguió la indicación. Penetrábase al +invernáculo por dos arcadas de las cuales una estaba ocupada por la +orquesta. El invernáculo era otro gran salón de cúpula, ofreciendo +magnífico conjunto de enormes jarrones azules realzados por adornos de +oro, dobles cajas de plantas, estatuas medio ocultas bajo el ramaje, +divanes rodeados de taburetes, y banquillos esparcidos bajo los grandes +abanicos de las palmeras, de los bejucos colgantes con sus pálidas +flores color de cera, y de las hojas barnizadas y espesas corolas +blancas de las magnolias. Un ambiente cálido de la zona tropical +saturaba el aire, y de vez en cuando oíase salir un murmullo de colmena, +que a veces se elevaba como para dominar los ecos bulliciosos de la +orquesta. + +En uno de estos grupos, bajo del tercer palmero, a la derecha, hallábase +Juana de Maurescamp escuchando distraída a tres o cuatro suspirantes de +distintas edades. Al apercibir a Jacobo esparciose por su semblante esa +sonrisa plena que las mujeres reservan para sus hijos o sus amantes, y +que los maridos ven raras veces. Aquella sonrisa bastó para tranquilizar +a Jacobo y convencerle de que ningún ruido había llegado a los oídos de +Juana. + +A la llegada del conde de Lerne, los astros secundarios que habían +girado a su alrededor se eclipsaron sucesivamente con un sentimiento +mezclado de disgusto y deferencia; porque, aunque calumniando +generalmente a Juana por sus relaciones con Jacobo, generalmente también +sentían que había algo que tenían que respetar. Pero antes de quedarse +solo con Juana, Jacobo había tenido tiempo de hacerse algunas +reflexiones amargas; parado frente a ella, parecíale, tanto le había +sorprendido su elegante belleza, que la veía por la primera vez. Llevaba +con la castidad de Diana la moda indecorosa de aquella época, y mostraba +fuera de su estrecha bata obscura, su busto casi entero y su brazos +flexibles y puros. Sus negros cabellos, colocados algo bajos como los de +las diosas, hallábanse algo torcidos simplemente en un rodete que caía +sobre su nuca. Su cabeza, un poco echada hacia atrás, a causa de su +peso, enderezábase un poco rígida en una actitud algo altiva y +triunfante. Sentíase bella y gozábase de ello, dejando entrever la +blancura de sus dientes, por entre la púrpura de sus labios ligeramente +abultados. Al mirar a aquella criatura encantadora, animada por todas +las gracias de la inteligencia y de la pasión, sintiose Jacobo animado +por un impulso casi brutal de deseo, pesadumbre y enojo; habíala +respetado, echose aquella violencia. ¡Había tenido aquel heroísmo loco! +y ¿cuál era su recompensa? + +Con la extraña rapidez de percepción que caracteriza a la mujer, creyó +Juana sorprender algo de lo que pasaba, en la mirada riente y turbación +del joven; un ligero rubor cubría su frente, hizo girar su abanico y +levantando la cabeza con cierta timidez medrosa: + +--¿Qué tenéis?--díjole--. ¿Por qué me miráis así? + +--¡Estáis tan bella!--contestó Jacobo bajando la voz--. ¡Me hacéis mal! + +--Eso pasará--dijo Juana riendo--. Vamos, amigo, nada más al respecto, +¿para qué? ¿volvéis al materialismo? + +--Sí, pasablemente en este momento. + +--Me entristecéis, ¿sabéis? + +--Pero, en fin--dijo sentándose--, al fin no soy un puro espíritu. + +--Pues bien, yo lo soy--dijo riéndose como una niña--, y estoy encantada +de serlo; a más, es culpa vuestra. + +En seguida, con tono serio y penetrado: + +--¡Ah!--dijo--, si yo estuviese segura de que erais feliz, amigo mío, +¡cuan feliz sería yo también! En esto pensaba antes que llegaseis. + +--¿Es usted verdaderamente feliz?--preguntole el joven con voz algo +conmovida. + +--¡Feliz! ¡Feliz! ¡Feliz!...--replicó ella con una graciosa efusión--: y +por usted, puede vanagloriarse. Hay momentos en que me asusto de mi +felicidad; paréceme que es demasiada. Imagínese--prosiguió bajando un +poco la voz--: amo, soy amada, y todo esto sin remordimientos, en paz +con el presente y sin ningún temor para el porvenir... porque, gracias a +Dios y a usted, amigo mío, podré ver sin terror aparecer la primera +arruga, que es el espectro y el castigo de los amores vulgares. Estoy +segura de que envejeceré sin pena... casi con alegría... Porque, siendo +menos joven tendré más libertad, estaré menos sujeta a las +conveniencias, más cerca de usted... menos comprometedora, en fin... +Así, por ejemplo, pienso con delicia que podremos viajar juntos... Y +para eso hay que envejecer; pero, entretanto, si supiese cómo se han +transformado para mí el mundo y la vida, desde que soy amada, como deseo +serlo... Puede estar orgulloso del milagro que ha hecho. Parece que ha +modificado, elevado, purificado mis instintos... todo mi ser... que me +hubiese enseñado... ¿cómo lo diré? el origen divino de las cosas, +enseñándome a ver, a comprender el lado bueno de todo lo que he dicho... +de cuanto veo y cuanto siento... Así es que, gozando como nadie en el +mundo, mis alegrías son celestiales... Placeres de los ángeles. Todo lo +que pasa a mi alrededor aparéceme bajo una nueva luz, y todo revestido +de una belleza desconocida para mí... Es una niñería, pero hace un +momento que paseándome por el bosque miraba los árboles... que pasaban +antes desapercibidos y decíame: «¡Qué cosa tan bella es un árbol, qué +sólido es, qué elegante, cuan lleno de vida!...» No hay un solo objeto +en la naturaleza, desde la más ligera hierba, que no me cause +admiración, y me deje en éxtasis. Estoy segura... ¿no lo cree usted +también? de que todas las cosas de este, mundo tienen dos fases, la una +material y hasta cierto punto vulgar que es visible para todos; la otra, +misteriosa e ideal, que es el secreto y la revelación de Dios, y la que +veo con los ojos que es su obra de usted, amigo mío. + +Mientras la escuchaba, sufriendo secretas agonías, la fisonomía de +Jacobo había ido tomando una expresión dulce y seria. + +--Sí--dijo al fin, lentamente y la voz algo alterada mirándola con una +ternura infinita--, sí, debe haber un Dios y una vida mejor... y almas +inmortales, puesto que hay un ser como usted... + +--¿Pero, qué tiene? ¡Gran Dios!--exclamó de pronto. + +Creyó que estaba indispuesto: habíase puesto repentinamente en extremo +pálido, y su mirada, dilatada en el espacio, estaba fija como ante una +aparición aterradora. Volviéndose bruscamente apercibió al señor de +Maurescamp, apoyado en el marco de la puerta de entrada al invernáculo; +mirábalos fijamente y sus ojos y facciones encendidas demostraban tanta +cólera, que el señor de Lerne se levantó inmediatamente temiendo algún +acto de violencia. + +El señor de Maurescamp avanzó entonces a pasos mesurados, luchando +evidentemente contra el desencadenamiento de sus pasiones; sin embargo, +observado por todos, y bajo la impresión del silencio en que quedó todo +el salón, consiguió moderar su impulso, y llegando donde estaba su +mujer, díjole con voz ronca y contenida: + +--Vuestro hijo está enfermo... Venid. + +Juana dio un ligero grito, hízole algunas preguntas precipitadas, pero +conociendo en su actitud y lenguaje que la enfermedad del niño no era +sino un pretexto, siguiole sin añadir una palabra más. + +El señor de Maurescamp, después de haber estado un momento en la Opera, +había regresado al Círculo, y sabido allí por casualidad la presencia +del conde de Lerne en el baile de los Hermany. Sabía que su mujer debía +ir a él. Como no tenía ninguna delicadeza en sus sentimientos ni en su +corazón, ni aun se le ocurrieron los motivos honorables que habían +dictado el proceder de Jacobo. No vio otra cosa que un insolente alarde +de que su mujer era cómplice, e inmediatamente se trasladó al hotel +Hermany, sin ningún plan preconcebido, y sólo impulsado por un +sentimiento de odio y de enojo que no debía detenerse ante ninguna +consideración ni aun ante un escándalo público. Como se ha visto, +gracias a una suprema inspiración, no lo fue tanto como se temió, pero +sí lo bastante para empañar para siempre, en un minuto, el honor de su +mujer y el suyo. + + + + +XI + + +Mientras se esparcía por los salones, entre cuchicheos y risas, la nueva +de la desaparición de Juana, arrebatada por su marido, el señor de +Maurescamp sentábase bruscamente al lado de su mujer en su cupé. Desde +que no tuvo testigos dejó de hablar de su hijo. Aquel silencio y su +actitud airada no podían dejar a la pobre mujer la menor ilusión. +Sentíase atemorizada. + +Sentía ese estupor de una persona herida por el rayo, en el esplendor de +su existencia, en su honor, en su inocencia; la indignación de una mujer +honesta públicamente insultada, el temor vago de una catástrofe +desconocida, próxima y terrible. En su tribulación sin nombre, +permanecía silenciosa, esperando que él hablase; pero en vano; y el +trayecto bastante corto de la Avenida Gabriel a la Avenida de Alma, se +pasó sin que una palabra se hubiera cambiado entre ellos. + +Juana, sin embargo, empezaba a despejar su espíritu, naturalmente +valeroso, del caos de sentimientos en que la primera sorpresa la había +sumergido. Atravesó con paso firme, a la vista de tres o cuatro criados +inmóviles, el gran vestíbulo sonoro de su palacio, y subió la escalera, +silenciosa, pero llegado que hubo al primer descanso de la escalera de +sus habitaciones, se apercibió de que su marido seguía adelante: + +--Perdón--le dijo--; hacedme el gusto de entrar ahí, tengo que hablaros. + +Dudó unos instantes; como la mayor parte de los hombres, no gustaba de +explicaciones, pues en realidad era un carácter violento, más bien que +fuerte; el acento tranquilo de su mujer le imponía, aunque le irritaba. +Siguiola, pues, pero con más enojo que antes. + +Cerró la puerta, pasó al saloncito que estaba antes de su dormitorio y, +volviéndose hacia el barón y mirándole: + +--Y bien, ¿qué es lo que hay?--dijo. + +--Lo que hay, es que mataré a tu amante mañana por la mañana, eso es lo +que hay. + +Ella juntó sus manos haciéndolas chocar con estrépito, y continuó +mirándole, con los labios entreabiertos como excitando. + +--Hace mucho tiempo--replicó Maurescamp jurando e irritándose a sí mismo +con la violencia de su lenguaje--; hace mucho que me están ustedes +provocando... que ambos me ultrajan... que me cubren de ridículo... eso +va a concluir. + +--Es usted un desgraciado loco--dijo Juana con dulzura--. Yo no tengo +amante... pero sepamos... ¿qué es lo que quiere decir? ¿Ya a provocar en +duelo al señor de Lerne? + +--No hay que provocar, es cosa hecha--contestó con el mismo acento de +fanfarronería grosera--; mañana nos batimos. + +La joven volvió a juntar sus manos, y dejó oír un gemido sordo. + +Su marido pareció apercibirse de su brutalidad, y prosiguió precipitando +las palabras y casi balbuciente: + +--Es claro que no tenía la intención de prevenirle... eso no entra en +mis habitudes... pero usted lo ha querido... me ha obligado a ello... me +precipita... Es él a más quien ha colmado la medida esta noche... +Continuar haciendo la corte públicamente a la esposa cuando se bate al +día siguiente con el marido, es indigno de un caballero... es innoble. + +--El señor de Lerne no me ha cortejado ni esta noche, ni nunca--dijo +Juana con energía--, al menos como usted lo comprende. Su honor, es +usted quien lo ha comprometido; su duelo con el señor de Lerne sería una +locura... una mala acción... un crimen... porque, se lo juro por Dios y +por la vida de mi hijo... que jamás ha sido para mí otra cosa que mi +amigo. + +--¡Se entiende!--replicó Maurescamp en tono de burla--. ¡Vamos, creo que +esto es ya bastante y aún demasiado! Y dio algunos pasos hacia la +puerta. + +Pero Juana, poniéndose delante: + +--No, se lo suplico, no se vaya aún... ¡si supiese usted lo que es para +una mujer... que ha sufrido, que a más ha luchado... resistido, pero que +al fin ha permanecido honesta, pura, fiel, y que se ve no sólo +sospechada, sino más todavía, condenada, castigada con este cúmulo de +injusticia y de dureza! ¡Si supiese usted lo que pasa entonces por la +cabeza de esta desgraciada! ¡Si supiese usted lo que podría hacer de mí, +aunque no me agradezca nada tratándome... de imprudente, cuando más, +como si fuese la causa de todo! + +--¡Ah! basta--repuso el conde con dureza, procurando desasirse. + +Pero ella le retuvo todavía, empujándole suavemente delante de sí, con +ademán suplicante; recostose el barón en la chimenea con la actitud +resignada del verdugo. + +--Ya sabe usted--dijo Juana--, tan bien como yo misma, la historia de +nuestro pobre menaje... Poco tiempo me amó usted, amigo mío... +seguramente por culpa mía... yo no le agradaba... mis gustos no eran los +suyos... todo lo que hacía... todo lo que a mí me gustaba, usted lo +rechazaba... Me ha abandonado... buscó sus placeres, nada más natural... +Conocía usted que nada podía decirle puesto que no tenía el poder de +retenerle. Pero yo era más joven entonces, amigo mío, pues ya hace años +de eso, y entonces, sí, corrí peligro, se lo confieso. Sola en el mundo, +descorazonada, enervada, sin sostén... rodeada de malos ejemplos, +entregada a malos consejeros, perseguida y casi pervertida por gentes +que no sospecha... sí, hubo un momento en que me sentí sin corazón, sin +virtud, y próxima a caer... Pues bien, es la amistad que me ha +salvado... esta amistad de que me hace un crimen... El señor de Lerne ha +sido para mí... + +--¡Un hermano!--interrumpió el señor de Maurescamp con el mismo tono de +ironía insultante. + +--¡Sea!--replicó Juana animándose--, un hermano... si así lo quiere... +Pero, en fin, él me ha salvado, esto es lo que hay de cierto. Cuando iba +a tomar gusto por los placeres prohibidos, es él quien me ha vuelto al +de los placeres permitidos... Y si su mujer no es hoy una mujer mundana, +es quizá a él a quien lo debe usted... y quiere usted matarle, ¿es eso +justo y honorable? Diga. + +--Justo o no, haré lo que pueda; se lo prometo; vamos, déjeme. + +--Pero ¡gran Dios! qué hombre es usted, si no me cree... y si creyéndome +persiste en sus designios de odio y de venganza... No, no, no dejará de +hacer usted un llamado a su razón, a su justicia y a su lealtad... No +quisiera herirle, Dios lo sabe... pero en un interior como el nuestro, +en una situación como la mía... ¿qué quiere que una joven haga de su +tiempo, de su corazón, de su pensamiento y de su vida?... Usted tiene +sus queridas... déjeme siquiera mis amigos... y puede estar seguro de +que tendrá que elegir entre los amigos confesados, y los amantes +ocultos. + +--Pero, decididamente--exclamó el señor de Maurescamp--, ¿qué es lo que +quiere usted? ¿qué me pide? Prentende, acaso, ¡esto sería demasiado +fuerte! que vaya a tender la mano al señor de Lerne, excusarme con él, y +pedirle que vuelva a reanudar sus relaciones con usted? + +--Sí--contestó con energía...--eso es lo que le pido. Sin excusas, se +entiende; y al pedirle esto, le pido una cosa enteramente justa, +honorable y sensata... porque en realidad es el único medio de reparar +el mal que ha hecho a su honor y al mío... Es el único medio de imponer +a las calumnias, a las que ha dado origen con su conducta de esta noche, +y a las que este duelo daría un carácter irreparable de verdad. Si es +capaz de hacer justicia a su mujer inocente, la verdad tiene mucha +fuerza, le creerán, y yo, amigo mío, si pudiera comprender lo agradecida +que le quedaría, con cuán piadoso respeto se lo probaría, respetando en +adelante sus susceptibilidades, que tal vez he descuidado demasiado... +¿y quién sabe, también si esa acción generosa, no sería entre nosotros +un nuevo vínculo?... Probados los dos por la desgracia, mejor instruidos +por, la experiencia... y los pesares... ¿quién sabe si nuestros +corazones no se unen?... ¡quién sabe! ¡bah! de usted dependería, se lo +aseguro... llegar a ser para mí mi mejor, mi único amigo. + +--Todo esto es muy bello, sin duda--dijo el señor de Maurescamp, +enderezándose dentro de su corbata--, pero es puramente novela... +¡Siempre ese miserable espíritu de romanticismo que les pierde a todas! + +--¡Ah, mi Dios!--replicó la pobre mujer, vertiendo lágrimas...--pues +bien, ¿qué es lo que queréis? decid, ¿qué exige?... ¿que despida al +señor de Lerne, que no le vea más?... ¿que le sacrifique esta amistad, y +cuantas pueda tener en adelante? Sea, se lo prometo... me comprometo a +hacerlo... viviré sola... viviré como pueda... a más, mi hijo crece... +me ocuparé de él... él será mi amigo... Sí, así será... se lo juro, y +cumpliré mi palabra... Pero, por favor, por favor, amigo mío, no lleve a +efecto ese duelo... No hay razón, no hay motivo para ello; es una +monstruosidad, se lo aseguro. ¡Mire, se lo pido de rodillas! + +Y echose a sus pies, desatinada y llorosa. + +--Se lo pido con las manos juntas... con todo mi corazón, con todas mis +lágrimas... sed bueno... se lo ruego; tened compasión, no me +desespere... + +--¡Vamos, ahora es melodrama!--dijo Maurescamp, rechazándola. + +--¡Ah, desgraciado!--exclamó la joven levantándose, y enjugando sus +ojos; y tomándole violentamente las dos manos añadió con voz contenida: + +--No sabe usted lo que hace, no, no lo sabe; no le diré que mate, sería +demasiado decirle, pero usted me condena. + +Y soltándole con ímpetu las manos: + +--Puede irse--dijo--, ¡adiós! + +El señor de Maurescamp salió. + +Permaneció la joven por algunos momentos agobiada y como anonadada sobré +el tapiz, el cabello en desorden, la mirada fija y seca, agitando una +mano por intervalos, con un movimiento de extravío. Fue sacada de aquel +abatimiento por algunos ligeros golpes dados a la puerta de su salón. +Levantose inmediatamente. Era su camarera, anunciándole que la señora de +Lerne deseaba hablar un momento con la señora baronesa. + +--¡La señora de Lerne! + +--Sí, señora... ¿Diré que la señora está un poco enferma? La señora no +tiene buen aspecto. + +--Hazla entrar. + +La señora condesa de Lerne apareció, lívida, la mirada extraviada, +todas las líneas de su cara hundidas, y convulsas. Sin fijarse desde +luego en el desorden en que se hallaba Juana, fue hacia ella con el paso +rígido de un espectro y dijo clavándole la vista: + +--¡Su marido se bate mañana con mi hijo! + +--Lo sé--contestó Juana--; acaba de decírmelo. + +--¡Ah!--replicó amargamente la anciana señora--. ¿Acaba de decírselo? +¡Es el acto de un cobarde! + +--Sí, pero usted, ¿cómo lo sabe? + +--Por Luis, el viejo criado de mi hijo, que ha sospechado algo hace +poco, y que después ha oído toda la conversación de los testigos. + +--¿Y usted sabe, señora--replicó Juana--, que no hay nada malo entre su +hijo y yo? + +A la verdad que aquello era nuevo para la vieja condesa. Y en su +tribulación, no pudo disimular una especie de sorpresa candorosa: + +--Pero, entonces--dijo--, ¿no hay pruebas? + +--¿Pruebas de qué? ¡Puesto que no hay nada!... + +--¿Y su marido no ha querido creerla? + +--No. + +--Entonces, ¿nada hay que esperar? + +--¡Nada! + +La señora de Lerne dejose caer en un sillón y quedó inmóvil, muda, +inerte. Después de un silencio, Juana se le acercó. + +--¿Su hijo está en su casa? + +--Sí. + +--¿Su carruaje está abajo?--insistió Juana--. Pues bien, partamos... iré +con usted... quiero verle. + +Mientras hablaba, cubría su cabeza con un velo y envolvíase en sus +pieles. + +La señora de Lerne se levantó indecisa. + +--¿Es prudente lo que hace? + +--¿Qué cosa peor puede suceder?--dijo Juana con un gesto de suprema +indiferencia, induciéndola a salir. + +La condesa vivía en la Avenida Montaigne. En un momento estuvieron allí. +Mientras iban, impuso a Juana con palabras entrecortadas de todo lo que +sabía, de la causa aparente del duelo, del nombre de los testigos, del +arma elegida, de la hora y lugar de la cita. + +Era cerca de la una de la mañana, y Jacobo terminaba sus últimas +disposiciones, cuando vio con estupor abrirse violentamente la puerta de +su biblioteca y dar paso a Juana. + +--¡Ah, Dios mío!--exclamó--. ¡Usted... es posible! + +--Sí, lo sabemos todo, su madre y yo--dijo Juana sofocada--, y he +venido, he querido venir... aquí estoy. + +--¡Mi madre también!...--murmuró Jacobo--. ¡Ah, qué contrariedad!... +¡Qué desagrado! Pero, ¡pobre amiga mía! ¿qué viene a hacer aquí? Se +pierde. + +--Lo sé--contestó dolorosamente dejándose caer en una silla--, pero he +querido verle una vez más. + +Y sollozaba. + +--Querida señora... hija mía...--dijo él con dulzura; tomándole la +mano--; reponeos; se lo pido, y volved pronto a su casa... Esté usted +segura de que este duelo no tendrá consecuencias funestas... Entre dos +hombres que saben tirar, y que son casi de la misma fuerza, un duelo no +es más que un asalto sin peligro. + +--¡Ah, le odia tanto! + +Las lágrimas la sofocaron. + +--De modo que esto ¡se acabó! ¡Se acabó para siempre! ¡Oh, qué +injusticia! ¡Dios mío! ¡qué injusticia! + +--Querida hija mía--repuso Jacobo--, retírese, se lo pido... ¿supongo +que no tratará de quitarme la calma en este momento? ¿No es cierto?... +Decidle a mi madre también, que le suplico que sea razonable, que no hay +ni la sombra de un peligro, ni la sombra... si quiere dejarme tranquilo. + +--Pues bien--dijo Juana levantándose--. Adiós, pues, adiós; mucho nos +hemos querido, ¿no es verdad? + +--Sí, hija mía, sí. + +Mirolo algunos instantes sin hablar, y acercándose un poco: + +--Sí--repitió. + +Y presentándole su frente: + +--Bésame ahí--dijo--, a fin deque, si mueres, tengas a lo menos eso. + +Jacobo depositó un beso en los cabellos de Juana, y sosteniéndola con un +brazo, condújola fuera de la habitación hasta las primeras gradas de la +escalera. + +--Pronto, a su casa--díjole besándole la mano precipitadamente. + +Y alejose. + + + + +XII + + +La señora de Maurescamp volvió pronto a su casa, conducida por la señora +de Lerne. Su ausencia había sido corta. Sus criados no vieron nada de +extraordinario y su imprudente paso quedó ignorado de su marido. + +Hacia las cinco de la mañana acababa de adormecerse, quebrantada por el +cansancio y las emociones, cuando la despertó un ruido que se sentía +arriba de su cabeza. Sentía pasos y roces sordos, sobre el piso; +comprendió que su marido procedía anticipadamente a los preparativos del +viaje. + +Un momento después oyó el rodar de un carruaje por el patio, después +bajo la bóveda de la entrada; había partido. + +Levantose. Su cabeza ardía. Abrió una de las ventanas que daban al +jardín y cruzó sus brazos sobre la baranda. El aspecto del cielo, de las +nubes, de las paredes, de las primeras hojas, todo tomaba a sus ojos un +aspecto extraño y fantástico. Escuchaba vagamente el alegre murmullo de +una bandada de gorriones que saludaban el amanecer de una bella mañana +de primavera. + +Salió bruscamente de su contemplación para ir a presidir, como tenía por +costumbre, el levantarse de su hijo y su arreglo matinal. Prolongó +aquellos cuidados lo más posible, tratando de hacerse la ilusión de un +estado de cosas regular y tranquilo. + +Cuando la mañana avanzó, su soledad, en medio de las ansias que la +devoraban, llegó a serle intolerable, y decidiose a llamar a su madre. +Su ternura generosa había trepidado hasta entonces en hacerla +participar de aquellas horas angustiosas. Pero sentía que perdía la +cabeza. Informó, pues, a la señora de Latour-Mesnil de lo que pasaba, +por medio de un billete que le envió con un expreso. + +Si la madre de Juana hace mucho que no figura en las páginas de este +relato, es porque no teníamos nada que decir que el lector no haya +adivinado. Una palabra bastará, sin embargo, para llenar este vacío. + +La señora de Latour-Mesnil se moría poco a poco, a causa del bello +casamiento que le había hecho hacer a su hija. Sufría de una afección al +hígado, complicada con graves desórdenes del corazón. Era en vano que +Juana, no solamente no le hiciera reproches, ni aun le confiase nada. +Era demasiado mujer, y demasiado madre; había sufrido demasiado ella +misma, para que pudiera engañarse sobre la verdad de las cosas, y no se +perdonaba la extraña ceguedad con que había entregado a su hija a un +destino peor que el suyo. + +Algunas madres se consuelan del amor oficial de sus hijas con la +felicidad de contrabando que les conocen, o que les suponen. Tales +consuelos no eran para la señora de Latour-Mesnil, y si algo podía, +agravar más el dolor y los remordimientos de haber entregado su hija a +una desgracia irreparable, era la mortal aprensión, de que tal vez la +había entregado tan bien al deshonor. + +Muchas habían sido sus perplejidades al respecto, y el solo día feliz +que la pobre mujer hubiese tenido, en muchos años, era el reciente en +que su hija, viendo su inquietud por su relación con el señor de Lerne, +le había saltado al cuello exclamando: + +--¡Mira como te abrazo!... no lo haría así, si fuese culpable. ¡No! ¡no +me atrevería! + +La señora de Latour-Mesnil, a quien el billete de su hija había dado la +primera noticia sobre el duelo del señor de Maurescamp con el señor de +Lerne, llegó a casa de su hija a eso del mediodía. Primeramente entre +las dos mujeres hubo más lágrimas que palabras. Después de los primeros +desahogos, sintiose Juana más aliviada al contestar a las preguntas +reiteradas de su madre, refiriéndole lo que sabía sobre las +circunstancias del desafío, los incidentes del baile, la escena entre +ella y su marido y hasta su visita precipitada a casa de Jacobo. + +Mientras hablaba con una volubilidad febril unas veces caminando, otras +sentada, no dejaba de lanzar rápidas miradas alrededor de la chimenea. +Ella sabía que el duelo debía efectuarse a las tres y media. A medida +que la hora fatal se aproximaba, sentíase más agitada, pero hablaba +menos; su andar maquinal de un salón a otro, se aceleraba; su semblante +se encendía, y sus labios no hacían sino articular por intervalos +algunas exclamaciones de niña: + +--¡Oh mamá!... ¡mi pobre mamá!... ¡qué crueldad!... ¡qué injusticia!... +¡qué injusticia!... ¡Dios mío! + +Su madre, alarmada por su estado de exaltación, se levantó y trató de +llevarla a su dormitorio. + +--Ven a tu cuarto, hija mía--decíale--, vamos a rezar. + +--¿Rezar? ¡madre mía!--le dijo Juana con dureza--. ¿Y por quién quiere +que rece? ¿Por mi marido o por el otro?... ¿Quiere que sea hipócrita o +sacrílega? + +--¡Ah! ruega por tu pobre madre, que tiene tanta necesidad de +perdón--exclamó la señora de Latour-Mesnil arrodillándose y ocultando +su frente entre las manos. + +--¡Madre, madre mía!--dijo Juana levantándola con fuerza, y +estrechándola contra su corazón. ¿Qué tengo que perdonarle? ¿no me he +engañado yo también? + +--Tú podías engañarte... ¡Pero yo!... yo, tu madre, tu consejera, tu +guía; instruida por la vida. ¡Ah, cuán culpable he sido! ¡Cuán culpable +en no haber elegido mejor para ti! Para ti tan digna de ser feliz, +¡pobre hija mía!... A ti, que eres tan honesta, ve a donde te he +conducido. + +--Pero soy siempre digna, madre mía--dijo Juana, distraída. + +Repentinamente, mostrole con el índice la esfera del reloj. La señora de +Latour-Mesnil vio que eran las tres; una sonrisa nerviosa crispaba los +labios de Juana. Tomose del brazo de su madre y se paseó sin pronunciar +una palabra. Suspiraba profundamente de tiempo en tiempo. + +Después de algunos momentos: + +--Probablemente ya todo habrá concluido--dijo--, porque para esas cosas +son muy exactos, y duran poco tiempo, según dicen... pero lo que hay de +terrible es que no sabremos nada hasta de aquí a dos o tres horas. He +hecho una cosa, que quién sabe si la aprobará usted... pero, ¿a quién +podía dirigirme para tener noticias? Me era imposible esperar hasta +mañana, porque el señor de Maurescamp, naturalmente, no me escribirá... +Por eso, le he rogado a Luis, el viejo sirviente del señor de Lerne, que +me envíe un despacho, así que todo haya terminado. + +La señora de Latour-Mesnil, anonadada, no contestó sino por un +movimiento indeciso. + +En ese momento sintieron el timbre del vestíbulo que daba a la +habitación del conserje. Como la puerta del hotel había permanecido +rigurosamente cerrada toda la mañana, aquel anuncio de una visita +parecioles singular. + +--¡Ya!--murmuró Juana, acercándose vivamente a una ventana que se abría +sobre el patio--. ¡Ya! ¡es imposible! + +Corrió la cortina y reconoció en el personaje que subía la escalera de +la galería, a un maestro de esgrima, o más bien a un preboste nombrado +Lavarede, que tenía por costumbre venir al palacio tres veces a la +semana para tirar las armas con el señor de Maurescamp. Muy celoso de su +habilidad en la esgrima, a pesar de frecuentar asiduamente la sala de +armas, ejercitábase también en su casa, tal vez para no hacer sabedor al +público de todos los secretos de su manejo. + +La aparición de aquel hombre, en medio de los pensamientos que +preocupaban a Juana y a su madre, las llenó de admiración y alarma. +Interrogábanse en voz baja con inquietud, cuando un sirviente se +presentó a la puerta del salón, y dijo: + +--Señora, es el señor de Lavarede, el maestro de armas, que no sabía que +el señor barón estuviese de viaje, y pregunta si el señor barón estará +muchos días ausente, y si podrá volver pasado mañana. + +--Decid que no sé, que se le hará prevenir. + +El sirviente salió. + +Después de algunos momentos de reflexión, la joven lo volvió a llamar. + +--Augusto--le dijo--, deseo hablar al señor Lavarede... hazle entrar en +el comedor, voy a bajar. + +Y volviéndose a su madre: + +--Venga conmigo--añadió--, quiero hablar dos palabras con ese hombre... +después iremos al jardín... nos hará bien... hace muy buen tiempo... +venga. + +Bajaron dándose el brazo y se encontraron en el comedor con un hombre +como de cuarenta años, que tenía la apostura dura y correcta de un +militar, en traje de particular. + +--Caballero--le dijo la señora de Maurescamp, con una voz un poco +temblona--, deseo hablarle... Mi marido partió esta mañana para +Bélgica... parece que ignora usted el motivo de su viaje... + +--Sí, señora, lo ignoro. + +--¿Los sirvientes no le han dicho nada? + +--No, señora. + +--Tal vez ellos mismos lo ignoran; ha pasado todo tan rápidamente... +Pues bien, señor, la causa de ese viaje, ¿la sospecha usted, la adivina, +sin duda, en el estado de tribulación en que nos ve a mi madre y a +mí?... ¡A estas horas el señor de Maurescamp se bate en duelo! El +maestro de armas sólo contestó con un ligero movimiento de sorpresa y un +serio saludo. + +--Señor--replicó la señora de Maurescamp, cuya palabra era al mismo +tiempo precipitada e indecisa--, señor, ya comprenderá nuestra +ansiedad... ¿Puede decirnos algo para tranquilizarnos? + +--Perdón, señora, ¿puedo saber quién es el adversario? + +--El adversario es el señor de Lerne. + +--¡Oh! en ese caso puede estar bien tranquila. + +Juana miró fijamente a su interlocutor. + +--¿Tranquila?... ¿por qué? + +--El señor conde de Lerne, señora--añadió el preboste, es uno de los que +frecuentan nuestra sala, lo era al menos... conozco perfectamente su +fuerza... tiraba muy bien, y hubo un tiempo en que hubiera podido luchar +con el señor barón... pero después de su duelo con Monthélin ha perdido +mucho... se cansa pronto, y no es dudoso que el señor barón dé pronto +cuenta de él. Pienso, pues, que la señora puede estar tranquila. + +--Entonces--dijo Juana después de una pausa--, ¿usted cree que va a dar +muerte al señor de Lerne? + +--¡Oh, matarle! espero que no... pero indudablemente le herirá o le +desarmará, lo que es más probable, sobre todo si la querella no es muy +seria. + +--Pero, en fin, señor--replicó la joven balbuceando--; ¿usted cree... +está seguro, que no tengo nada que temer por mi marido?... ¿que no puede +ser herido? + +--Estoy persuadido de ello. + +--Bien, señor... gracias; le saludo, señor. + +Siguiole con la vista, hasta que hubo salido, y tomando después la mano +de su madre: + +--¡Ah, madre!--dijo--. ¡Siento que me voy volviendo criminal! + +Las puertas ventanas del comedor se abrían al nivel del jardín. La madre +y la hija entraron en él y se sentaron juntas en un banco rodeado de +lilas cuyas hojas empezaban a brotar. Apenas sentada Juana exclamó: + +--Madre mía, después de lo que ha dicho ese hombre, si le mata... será +un verdadero asesinato... + +--Hija mía querida, te ruego que te calmes; ¡me haces tanto mal, tanto +mal!... A más, lo que ha dicho ese hombre es por tranquilizarnos... +porque, en fin, tu marido no es un monstruo, y entre gente de honor, no +pueden suceder ciertas cosas. Si el señor de Lerne sufre realmente del +brazo, si su brazo está debilitado... + +--Sí--dijo Juana--, muchas veces me he apercibido de ello. + +--Puen bien--prosiguió la madre--, tu marido lo habrá notado +inmediatamente y se habrá contentado con desarmarle. + +--¡Ah, madre mía, le odia tanto! ¡nos odia tanto a los dos!... y no es +bueno, a más de eso; ¡es malo! + +Sin embargo, se adhirió a aquel pensamiento que le sugería su madre: eso +es bastante verosímil, si el señor de Maurescamp era hombre de honor, +como el mundo lo entiende... no querría abusar de la desigualdad de +fuerza... después, habríase acordado durante el viaje de todo lo que +ella le había dicho... habría reflexionado más a sangre fría, habría +llegado casi convencido de su inocencia... casi tranquilo... menos ávido +de venganza... + +Sentía también en todo lo que la rodeaba una influencia benéfica y +tranquilizadora; sentíala en el silencio de aquel jardín con sus altos +muros enclaustrados, en el aire puro y en el azul del cielo. En el olor +de las plantas, y en la suavidad de un bello día, que ya declinaba. La +imaginación no puede sino difícilmente asociar las ideas de violencia y +escenas de sangre, a la tranquilidad encantadora de la naturaleza y a +los que respiran el bienestar del campo y sus jardines, que ese +bienestar debe reinar por todas partes. + +El tiempo corría, mientras tanto, sin ninguna nueva emoción; las +anteriores iban calmándose un poco, Juana y su madre, tomadas de la mano +y sin hablar sentíanse como adormecidas por un suave entorpecimiento de +los sentidos. + +Era un poco más de las cinco de la tarde, cuando Juana se enderezó +repentinamente; había vuelto a oír resonar el timbre del vestíbulo. + +--Esta vez sí... ahí está--dijo. + +Dos minutos pasaron; Juana y su madre estaban paradas con la vista fija +en la puerta del vestíbulo. Un sirviente apareció con una bandeja en la +mano. + +--Es un despacho para la señora--dijo. + +--Dadme--dijo Juana adelantándose dos pasos. + +Esperó que el sirviente se hubiese retirado, y, sin abrir el telegrama +miró a su madre. + +--¡Déjame abrirle!--murmuró la señora de Latour-Mesnil tratando de tomar +el telegrama. + +--No--dijo la joven sonriendo--, tendré valor. ¡Bah! + +Rompió el sobre azul. Apenas hubo echado una mirada sobre su contenido, +cuando se le cayó de las manos; su mirada quedó fija, sus labios se +agitaron convulsivamente; abrió en cruz sus brazos, dio un grito +prolongado que se sintió por todo el palacio y cayó redonda sobre la +arena a los pies de su madre. + +Mientras que los criados acudían al oír aquel grito siniestro, la señora +de Latour-Mesnil, desatinada, se arrojaba sobre su hija, y al mismo +tiempo que le prodigaba sus cuidados, levantaba febrilmente el +telegrama. + +Esto fue, lo que leyó: + + «Soignies, tres y media. + +»El señor Jacobo, herido mortalmente, acaba de sucumbir.--Luis.» + + + + +XIII + + +Seis meses después, a mediados de octubre del mismo año de 1877, nos +hallamos con el señor y la señora de Maurescamp, instalados maritalmente +en la Venerie, magnífica propiedad situada entre Creil y Compiègne, cuya +adquisición la había hecho el señor de Maurescamp diez y ocho meses +antes. Era gran cazador, y en Venerie había mucha caza, lo que le había +determinado a comprar aquel dominio, para no tener que alquilar cacería +por un lado o por otro, todos los años. Tenía invitados para el +principio de la estación de la caza, a un gran número de amigos, entre +otros a los señores de Monthélin, Hermany, de la Jardye y Saville, con +los cuales la señora de Maurescamp llenaba perfectamente bien los +deberes de castellana, con gracia y aun con alegría. Creíase +generalmente que su alegría estaba de más, y que después de haber sido, +hacía tan poco tiempo, con razón o sin ella, la causa de la muerte de un +hombre, debía sentir, o, cuando menos, aparentar alguna tristeza. Pero +el corazón de una mujer tiene secretos impenetrables. + +A consecuencia del duelo que había terminado de un modo tan fatal para +el conde de Lerne, ningún argumento, ningún ruego, habrían podido +determinar a Juana Maurescamp a permanecer bajo el mismo techo conyugal +y esperar en él a su marido. Esa noche se refugió en casa de su madre, +llevándose valerosamente a su hijo. La señora de Latour-Mesnil tuvo la +delicada misión de negociar con el señor de Maurescamp las cláusulas y +condiciones de una existencia temporaria, y arreglada a las +circunstancias. Halló a su yerno menos recalcitrante de lo que ella +esperaba; a él mismo no le disgustaba el no afrontar la presencia de su +mujer tan en seguida concediendo que tal vez por simples sospechas había +procedido con demasiada ligereza e ido demasiado lejos. + +Nadie siente una gran satisfacción en haber muerto a un hombre; y el +señor de Maurescamp, por poco sentimental que fuese, no dejaba de +experimentar ciertos remordimientos, que se adivinaban en las +disposiciones conciliadoras que manifestó a la señora de Latour-Mesnil. +Convínose, pues, en que la señora de Maurescamp quedaría con su hijo, y +que acompañaría a su madre primeramente a Vichy y después a Suiza y +Vevey, donde pasarían el verano. Mientras tanto, los sentimientos de uno +y otro se calmarían, modificándose, tanto más, cuanto que en todo +aquello no había habido sino una serie de errores. + +Aquel duelo había ocupado a París durante ocho días. + +La catástrofe final llegó a producir un movimiento de opinión favorable +a la reputación de la señora de Maurescamp; había, entre la crueldad de +aquel desenlace y las ligeras imprudencias de conducta que podían +reprocharse a Juana y al señor de Lerne, una desproporción tal, que se +impuso a todos y desarmó a la calumnia. La opinión general fue que el +señor de Maurescamp se había mostrado feroz e implacable, para con un +hombre que no tenía más crimen, según se creía, que el haber dado +lecturas con su mujer. Estos rumores y apreciaciones de las gentes, +tranquilizando la vanidad del barón y lisonjeando su orgullo, +contribuyeron a la reconciliación de los esposos. + +La señora de Maurescamp manifestose en los primeros tiempos +completamente rebelde a toda idea de reconciliación. Pero después de dos +o tres meses pasados en un estado de estupor desesperado, pareció +despertarse repentinamente bajo la impresión de nuevas reflexiones. +Declaró a su madre que cedía a sus consejos, que volvería a casa de su +marido y que sólo pedía algunos meses de retardo. + +--Es necesario--dijo, no sin un resto de amargura--dejar tiempo para que +se le sequen las manos. + +Desde entonces su humor cambió completamente; parecía gozan: con la vida +y el porvenir presentarle algún interés, bastante para reanimar un poco +su actividad y su espíritu. + +Volvió, pues, a reunirse a su marido a fines de septiembre y entró en su +casa tan naturalmente, cual si volviera de un viaje. A decir verdad, el +señor de Maurescamp pareció el más embarazado de los dos. Por otra +parte, nunca habían tenido la costumbre de las grandes expansiones; por +consiguiente, nada parecía cambiado entre ellos; tocó sonriéndose la +mano que él le tendió a su llegada, y la salud de su querido Roberto, su +buen aspecto, su crecimiento rápido, diéronle un asunto fácil de +conversación, que allanó todas las dificultades. Algunos días después +fueron a instalarse al castillo de la Venerie, donde la presencia de los +invitados debía evitarles el disgusto de las largas conversaciones. + +Ya se comprende que la señora de Maurescamp fue por mucho tiempo para +los huéspedes del castillo, como para los vecinos de la campaña, un +objeto de la más insistente curiosidad; era imposible dejar de observar +con especial atención la fisonomía y el porte de una joven cuyo nombre +acababa de estar mezclado en una aventura tan trágica como misteriosa, +y trascendente. Los curiosos no sacaron su gasto; la actitud de Juana +era reposada y natural, a menos de suponerle una gran dosis de disimulo +(cosa que no es temeraria suponer a su sexo), y había razón para pensar +que había tomado definitivamente el partido de sobreponerse a los +pesares y desagrados personales por que había pasado en época tan +reciente. + +Hallaban, pues, las gentes, como lo hemos dicho antes, que llevaba con +demasiada despreocupación el duelo de un hombre muerto por ella, que, +cuando menos, había sido su amigo. + +--¡Esto no es animador!--dijo un día el bello Saville a la señora de +Hermany--; si el pobre de Lerne resucitase por algunos instantes, su +asombro no tendría límites. + +--¿Por qué, amigo mío? + +--¡Porque esto es chocante!--dijo el bello Saville, que no era un +águila pero que tenía buen corazón--, se diría que la muerte de ese +pobre muchacho ha sido una satisfacción para ella. Nunca la he visto más +animada, más satisfecha... ¡Y hacednos matar por estas señoras! + +--Pero, amigo mío, nadie piensa en hacerle a usted matar... +Tranquilícese... y en cuanto a mi amiga Juana, es una persona a quien no +se debe juzgar a la ligera... Yo no sé; todo lo que pasa en esa linda +cabeza... pero hay en su pupila algo que no me agradaría si fuese su +marido. + +--Pues yo no veo nada en su pupila--dijo Saville; + +--¡Naturalmente!--contestole la señora Hermany. + +Aquel buen humor de Juana, que chocaba a todos, estaba muy lejos de +desagradar a su marido; por el contrario, gustábale mucho. + +--Es una mujer domada--se decía--. Esto es lo que hay; está domada. Ese +es mi sistema, domar a las mujeres... Después que la mía ha recibido una +lección, un poco fuerte, es verdad, ha recobrado su buen sentido +práctico... ahora es cien veces más feliz y más amable que nunca... +¡Esto es perfecto, perfecto! + +Habíase operado, en efecto, en los gustos y las costumbres de Juana un +cambio muy original y digno de estudio; en vez de consagrarse casi +exclusivamente como antes, a los goces del alma y de la inteligencia, +habíase despertado en ella un gusto demasiado exclusivo por los placeres +físicos. No abría un libro, el piano permanecía cerrado, su querida +cartera no recibía ya sus impresiones, ni los extractos de sus poetas +favoritos; había perdido su tendencia al entusiasmo y a conmoverse +tiernamente, que tanto la había distinguido, y contraído la tan vulgar y +detestable manía parisiense de la crítica perpetua. La equitación, la +caza, el ballar, el baile, eran entonces sus pasiones favoritas. + +Seguía a caballo las cacerías en los bosques de Compiègne, a pie las +cacerías de tiro en los bosques de la Venerie y por la noche era una +valsante infatigable. Los nombres nunca la habían visto más seductora, y +hay que añadir que nunca creyeron que fuese tan coqueta; pues lo era, y +tenía a más en aquel arte, nuevo para ella, la inconsciencia de una +principianta que no conocía todavía lo justo de la medida. Las +vivacidades de su conducta y de su lenguaje sobrepasaban algunas veces +al nivel que separa a las gentes de buena sociedad de la mala. Pero +Maurescamp no se disgustaba por ello; divertíale más bien y se reía con +sus amigos. + +--Ya está curada--decía--. Empieza una vida nueva... se excede un poco +en el lenguaje, es verdad... como las recién casadas, que dicen +disparates al día siguiente de su boda... pero eso pasará. + +Sin embargo, después de algún tiempo acabó por notar que su mujer +buscaba con demasiado empeño la sociedad de los hombres. Que les +acompañara constantemente a la caza, paso y salas de billar, pase; pero +lo que le sorprendió sobremanera fue verla seguirlos hasta la sala de +arreos, donde se reunían todas las mañanas a tirar las armas. Esta sala +era una gran pieza monumental, con piso de mosaico, bien abrigada, muy +clara y muy adecuada para esta clase de _sport_. + +Altos bancos cubiertos de espartería se hallaban colocados a lo largo de +las paredes y servían de asiento a los espectadores. La primera vez que +Maurescamp y sus amigos vieron por entre el humo de sus cigarros a Juana +sentada en uno de esos bancos, sintiéronse no solamente sorprendidos, +sino también disgustados. Había entrado sin hacer ruido, sin ser +notada, sentándose silenciosa y observaba a los tiradores. A todos les +pareció extraordinario que una joven a quien tenían por delicada y +sensible, encontrase placer en un espectáculo que no podía dejar de +traerle a la memoria un recuerdo funesto. Hubo, sin embargo, que +habituarse a su presencia, porque desde este día no dejó de ir a la sala +de armas, a las horas que lo hacían el señor de Maurescamp y sus +huéspedes. Parecía observarlos con particular interés; algo inclinada +bien adelante, seria, con la mirada fija, absorbíase por completo en la +contemplación de las paradas y réplicas cambiadas entre los adversarios. +Pero, sobre todo, era cuando su marido estaba en escena, que se le veía +prestar la más profunda atención, tan profunda, que llegaba a contrariar +hasta a su propio marido. + +Juana llegó, a fuerza de aplicación, a conocer bastante la esgrima; +dábase cuenta con bastante exactitud de los golpes y de la fuerza de los +tiradores. Fue así como llegó a comprender que su marido era +efectivamente, como lo había oído decir, un tirador diestro, de una +solidez y una fuerza muy notables, y que hasta entonces no había otro +que pudiera competir con él sin demasiada desigualdad, sino el señor de +Monthélin, hasta llegar a tener ventaja sobre el barón, en dos o tres +asaltos, lo que le valió de Juana algunas palabras amables. + + + + +XIV + + +El señor de Monthélin, es necesario decirlo, viéndose desembarazado de +su rival, el conde de Lerne, había recobrado poco a poco su antiguo +papel de suspirante y amigo. Por aquel entonces, creyose ver seriamente +alentado, y empezó a abrigar esperanzas que no creía ilegítimas, cuando +un nuevo acontecimiento vino a trastornar sus manejos. + +A más de los huéspedes habituales del castillo, el señor de Maurescamp +invitaba de tiempo en tiempo a las cacerías de la Venerie, a algunos +oficiales de la guarnición de Compiègne, a quienes había conocido en +París, en las cacerías de los bosques. Entre estos oficiales, que eran +casi todos de la mejor sociedad, había uno que hacía excepción, y que +todos se admiraban verlo admitido en la Venerie. Era un joven capitán de +cazadores, llamado Sontis, bien nacido, pero mal educado, de un +libertinaje insolente, y de costumbres groseras. Su físico no compensaba +lo que le faltaba en educación social y moralidad. Era pequeño, feo, de +color bilioso, muy delgado, con escasos cabellos de un rubio claro y +ojos grises, de una expresión dura y cínicamente burlones. Pero era un, +_sportsman_, completo; en materia de equitación, de carreras, de caza, y +generalmente en todo lo concerniente al _sport_, era no solamente un +conocedor de los más competentes, sino un ejecutante de una habilidad +superior. Esas cualidades especiales habían cautivado al señor de +Maurescamp, quien se había propuesto, hacía ya algún tiempo, hacerse +criador y montar una caballeriza de cacerías; no cesaba de tener +conferencias sobre tan importante asunto con el capitán de Sontis, y +apreciaba altamente sus preciosos consejos. + +En cambio, la señora de Maurescamp había concebido por el joven, desde +la primera vez que le vio, la más grande antipatía, la que no se cuidaba +de disimular. Fue, pues, con disgusto que le vio instalarse por tres +semanas en la Venerie, en los primeros días de noviembre, pues hasta +entonces, sólo había asistido a las comidas o al almuerzo con motivo de +la caza. + +Desde la primera mañana de su instalación, fue invitado cortésmente para +acompañar al dueño de casa y dos o tres más de sus huéspedes, a pasar a +la sala de los arneses, para hacer un poco de esgrima, si lo tenía a +bien. El señor de Sontis contestó que tendría mucho gusto en ejercitar +un poco su muñeca, pues hacía mucho que no tiraba. Después de ensayarse +un poco contra las paredes, aceptó un pequeño asalto anodino con el +señor de Maurescamp. + +Pusiéronse, pues, frente uno de otro y no fue poca la sorpresa de éste, +al encontrarse que aquel pequeño personaje poseía una agilidad, golpe de +vista, y alcance de tigre. Algo impresionado al principio por la fuerza +del manejo del señor de Maurescamp, repúsose prontamente y tomó una +ventaja absoluta en el segundo ataque. El señor de Maurescamp, +desazonado, dijo, riendo, que esperaba tomar su desquite a la mañana +siguiente. + +--Como guste--contestó de Sontis--, estoy a sus órdenes; pero le +advierto que ya conozco su manejo, y que no me tocará sino cuando yo lo +quiera. + +--¡Ya veremos!--contestó Maurescamp con bastante sequedad. + +Juana había asistido aquella mañana, como tenía por costumbre, a la +lección de esgrima. Al salir notábase en ella un aire grave y +meditabundo que no le era habitual desde que había empezado su nueva +existencia. Todo el día estuvo pensativa. + +A la mañana siguiente, no faltó a la cita. + +El señor de Maurescamp y de Sontis emprendieron un asalto, al cual la +pequeña escena del día anterior daba un interés excepcional. La +curiosidad de los espectadores estaba en extremo sobreexcitada; pero la +de la señora de Maurescamp había llegado al último grado, y la expresión +de su rostro, mientras seguía las fases y peripecias de la lucha, +demostraba su interés, o más bien una ansiedad que no estaba en armonía +con las circunstancias. + +Aquel asalto fue un desastre para el señor de Maurescamp. El joven +oficial de cazadores, aunque muy inferior en fuerza muscular, poseía, a +pesar de su débil apariencia, un temple de acero. Hacía mucho tiempo ya +que era reputado maestro en punto a esgrima, y no tardó en darse cuenta +del lado débil y deficiente del manejo, por otra parte muy temible, del +señor de Maurescamp. Había notado que tenía en el asalto el defecto +habitual de los hombres vigorosos y muy sanguíneos, es decir, la +tendencia a fiar demasiado en su vigor, y aun a abusar inconscientemente +de los efectos de fuerza. Dotado él mismo de una agilidad y precisión de +mano incomparable, y tan seguro de su vista como de su mano, el señor de +Sontis no daba entrada a su adversario; lo ofuscaba y deslumbraba con su +rápido cambio, aprovechándose de los desvíos a los cuales se entregan +siempre en la parada las espadas violentas, al lanzar desenganches de +una rapidez fulminante. El señor de Maurescamp tenía ante sí una espada +invisible e infatigable. No la sentía, puede decirse, sino cuando tocaba +su pecho. En resumen, recibió en aquel asalto cinco o seis botonazos y +no dio ninguno. + +El amor propio muy irritable del señor de Maurescamp no le permitió +declarar su inferioridad decisiva. Convino solamente en que aquel día no +estaba en juego. Quiso renovar la prueba en los días siguientes; pero no +obtuvo ninguna ventaja, y si consiguió dos o tres veces en otros asaltos +consecutivos, hacer sentir el botón de su florete al señor de Sontis, +todos creyeron ver en ello un acto de deferencia por parte del joven. En +una palabra, el señor de Maurescamp, disgustado y herido, se abstuvo +desde entonces con diferentes pretextos de dar asaltos por la mañana. + +Las mujeres gustan de los valientes y victoriosos. Fue seguramente a +consecuencia de este noble sentimiento, tan notable en las de su sexo, +que la señora de Maurescamp pareció perdonar al joven oficial de +cazadores su fea figura y mala reputación, y empezó muy visiblemente a +honrar con su benevolencia a un hombre por el cual sólo había demostrado +hasta entonces la más despreciativa indiferencia, y hasta aversión. + +Por poco preparado que estuviese para aventuras de aquella importancia, +no pudo dejar de comprender el señor de Sontis el carácter de las +atenciones con que era favorecido. Mantúvose reservado, sin embargo, sea +que habituado a los amores de soldado, se sintiera intimidado ante +aquella dama elegante y distinguida, sea que sospechase (porque era muy +suspicaz) algún lazo oculto en aquellas provocaciones, que tenía tal vez +el buen sentido de conocer que no las merecía. + +Por extraña que fuese la aventura, parecía no quedar duda sobre que +aquella mujer tan atractiva, delicada y honesta, estaba enamorada de +aquel mal sujeto, palidote y vulgar. Durante la última semana de la +permanencia del joven en la Venerie, los síntomas de la loca pasión de +Juana se revelaban cada vez más a las miradas curiosas de los celosos +que la observaban. Admirábanse al mismo tiempo, de que aquel manejo tan +significativo pasara inapercibido para aquel que tenía más interés en +comprenderlo, es decir, para el barón de Maurescamp, que, sin embargo, +había dado pruebas de susceptibilidad conyugal. Y tanto más se +admiraban, cuanto que Juana ponía muy poco empeño en disimular; más bien +era imprudente. + +Con mucha frecuencia daba a su marido el espectáculo de sus apartes +misteriosos con el señor de Sontis; elegía indiscretamente el momento en +que su marido atravesaba el patio, para arrojar por la ventana alguna +flor de su corpino al oficial de cazadores; quedábase atrás con él, en +los paseos a caballo, perdíase en el bosque, y no volvía hasta el caer +de la noche en momento en que el barón empezaba a impacientarse, cuando +no a inquietarse. Finalmente, valsaba toda la noche con el capitán, +hablándole con sonrisas y miradas incendiarias. + +Por muy reservado y desconfiado que fuese de Sontis, era imposible que +resistiese mucho tiempo a tales demostraciones. Tal vez también recibió +suficientes gajes para disipar sus aprensiones. De cualquier manera que +sea, no tardó en participar de la pasión violenta que había inspirado. +Aquel amor, tan nuevo para él, causábale una exaltación sombría y +huraña, con lo que parecía divertirse la señora de Maurescamp. + +El señor de Maurescamp continuaba no viendo nada. + +Sin embargo, por una u otra razón, parecía preocupado, menos expansivo, +menos bullicioso y preponderante que de costumbre, y hasta triste. Su +fisonomía encendida, poníase pálida y desencajada. A un observador +inteligente habríanle llamado la atención las miradas audazmente cínicas +que su mujer le lanzaba, y el desagrado con qué el barón procuraba +evitarlas. + +El 28 de noviembre era el día señalado para la partida del capitán. Ese +día no hubo caza. El señor de Maurescamp había ido esa mañana a vigilar +las reparaciones que se hacían en el pabellón del guardabosque. + +Para volver al castillo, tenía por costumbre, dejando los caminos +principales del bosque, tomar uno que él llamaba de Diana, y que +acortaba la distancia. Atravesaba un espeso bosque que formaba recodo +con el antiguo parque, y del que debía hacerse un jardín; mientras +tanto, permanecía inculto y formaba un bosquecillo tupido y solitario. +La Avenida de Diana debía su nombre a una antigua estatua, cuyo zócalo +era lo único que quedaba en pie. Lugar tan retirado y misterioso, era a +propósito para paseos y coloquios de enamorados. Pero, sin embargo, fue +una grande imprudencia la de Juana, la de elegirlo para su despedida del +oficial de cazadores. No ignoraba la excursión matinal de su marido a la +casa del guardabosque, sabía el camino que debía tomar a su regreso, +¿cómo podría llevar la ceguedad de la pasión, hasta el extremo de +olvidarse de que era probable que pasase por el lugar de la entrevista, +a la misma hora que tendría efecto? + +Sea lo que sea, ahí se hallaban ella y él, entregados uno al otro; +habíanse sentado sobre un viejo banco rústico rodeado de árboles, +frente a la estatua derrumbada. En vísperas de alejarse, el oficial de +cazadores era más exigente, y ella más débil. Hablábanse en voz baja, +estrechadas sus manos y mirándose en los ojos, cuando el señor de Sontis +sorprendió en la mirada de Juana una llama, que ciertamente no le estaba +designada; volviose inmediatamente hacia el lado del bosque, siguiendo +la dirección de la mirada de la joven, y vio, algo oculto entre los +árboles, hacia la extremidad del camino, a un hombre que parecía +indeciso en continuar o no; aquel hombre dio súbitamente vuelta a la +espalda, y tomó otro camino, desapareciendo entre el ramaje. + +--¿Es el marido de usted?--preguntó. + +--Sí. + +--¿Cree usted que nos ha visto? + +--Lo ignoro. ¡Pero si nos ha visto, es un cobarde! + +Que les hubiera visto o no, el señor de Maurescamp entró tranquilamente +en el castillo por la avenida más larga pero mejor del nuevo parque. +Volvió a salir casi inmediatamente y pasó el resto del día +inspeccionando sus plantaciones y el corte de sus bosques. No volvió a +entrar sino al primer toque que llamaba a comer. + +Talvez fue a causa de su preocupación, que el capitán creyó notar, al +entrar en el salón, algo de tirantez y alteración en el rostro del señor +de Maurescamp. + +Iban a comer. Había en la mesa como veinte convidados. Disgustáronse un +poco al ver a la señora de Maurescamp sentar a su lado al capitán de +cazadores, que era entre los convidados uno de los más jóvenes y de +menos consideración; pero se iba al día siguiente y esa circunstancia +explicó, en cierto modo, el excesivo honor que se le hacía. Sea que el +detalle de etiqueta hubiese desagradado a cierto número de convidados, +sea que hubiese en el aire uno de esos vagos presentimientos precursores +de las grandes catástrofes, el principio de la comida fue silencioso y +frío. Pero la abundancia y excelencia de los vinos con que se rociaba +una exquisita comida, no tardaron en disipar las nubes, despejar las +frentes y despertar las inteligencias. + +La animación de las conversaciones acabó por tomar un diapasón más alto +que de costumbre, como sucede con bastante frecuencia cuando se ha +vencido un primer momento de frialdad embarazosa. En una palabra, +aquella comida, que había empezado tan lúgubremente, acabó de ser una +brillante fiesta de cazadores y hombres de mundo, a la que la presencia +de algunas lindas mujeres daba mayor animación. El mismo señor de +Maurescamp, que era siempre sobrio en la bebida pero aquel día había +vaciado su copa algo más de lo conveniente, parecía libre de las nubes +que desde algún tiempo atrás ofuscaban su mente. Tal vez festejaba +secretamente la partida de sus huéspedes importunos. Pero de todos +modos, había recobrado su tono de seguridad e importancia, y quiso +regalar a sus convidados, con su voz ronca e imperiosa, con algunos de +sus principios y sistemas favoritos. + +La señora de Maurescamp prodigaba, mientras tanto, al señor de Sontis, +tantos agasajos que a pesar de su aplomo, el joven se encontraba +visiblemente confundido; al mismo tiempo, como para imitar a su marido, +entreteníase en beber copas llenas de Sauternes y Champagne, lo que le +proporcionaba accesos de una alegría extraordinaria. En medio de esas +crisis de risas estrepitosas caía por intervalos en una gran laxitud, +semejante a una bacante fatigada. + +A los postres declaró que tomaría el café en el comedor. + +--Esta animación--dijo--perdería su encanto, si cada uno se iba por su +lado. + +Quedaríanse, pues, todos reunidos y permitiría fumar a los hombres. Tal +declaración fue aplaudida por todos los convidados. + +Sirviose el café y circularon los cigarros. + +Juana anunció que quería fumar, y tomó un cigarro para ensayarse. + +--Le va a hacer mal--exclamó el señor de Maurescamp;--tomad un +cigarrillo. + +--No, no, quiero un cigarro--dijo la joven cuyos ojos estaban algo +empañados. + +El señor de Maurescamp se encogió de hombros y quedó callado. + +Juana encendió en un fósforo su cigarro y se puso a fumar con el mayor +aplomo en medio de las aclamaciones de los asistentes. + +Al cabo de algunos instantes: + +--Es verdad--dijo,--¡esto me hace mal! + +Y, volviéndose al capitán que estaba a su derecha, y quitándose el +cigarro húmedo de sus labios: + +--Tome--le dijo,--acábelo usted. + +Aquel movimiento, aquellas sencillas palabras, pareció que habían +petrificado a aquellos veinte convidados, tan animados y bulliciosos un +momento antes. El silencio que se produjo fue tal, que podía oírse fuera +de la sala, que parecía desierta, el murmullo del viento entre las +ramas. + +Todas las miradas, que primeramente se habían fijado en Juana, +volviéronse a su marido, sentado frente a ella. + +El señor de Maurescamp, extremadamente pálido, miraba a de Sontis y +esperaba. + +El oficial de cazadores vacilaba, interrogando con seriedad los ojos de +Juana. + +--Y bien--díjole.--¿De qué tiene usted miedo? + +No vaciló más; tomó el cigarro que le presentaba la joven y lo puso +entre sus labios. + +En el mismo instante, el barón de Maurescamp sacaba el que tenía en la +boca y se lo arrojaba a la cara al señor de Sontis, diciéndole: + +--Concluya también el mío, capitán. + +El cigarro, a medio fumar, fue a dar en el rostro del capitán, +despidiendo algunas chispas. + +Todos se habían puesto de pie. Juana, en medio de la confusión y estupor +general, completamente despejada, de pie también, fría, impasible, se +apoyaba con una mano en una silla. Su bella fisonomía, que hemos visto +tan pura y delicada, parecía cubierta con la máscara de Tisofona; +expresaba esa mezcla de horror y alegría salvaje, que debió verse en la +frente encantadora de María Estuardo, cuando oyó la explosión que la +vengaba del asesino de Rizzio. + + + + +XV + + +En seguida de esta escena, cuyas consecuencias amenazaban ser trágicas, +la mayor parte de los invitados se eclipsaron discretamente; los vecinos +de la campaña tomaron sus carruajes, precipitadamente, y los otros el +tren de la tarde para irse a París. En el castillo, sólo quedaron los +amigos más íntimos. El capitán había sido, naturalmente, el primero que +se retirara. Había ido a instalarse por aquélla noche en el hotel más +próximo a la Venerie. Siendo inevitable un duelo, dos oficiales de su +regimiento, que habían asistido también a la comida, se pusieron +inmediatamente de acuerdo con los señores de Hermany y de la Jardye, +que debían ser nuevamente los padrinos del barón. No volveremos a +fatigar a nuestros lectores con los detalles de los preparativos que se +hicieron entre los padrinos de ambos rivales. Se comprende que no se +trató de ninguna clase de arreglo; en cuanto a la elección de las armas, +claro está que el señor de Maurescamp, después de lo que había pasado en +las diferentes ocasiones que habían tirado el florete con de Sontis, +habría preferido la pistola; pero si el acto de tan mal gusto del +oficial, de aceptar la oferta de la señora de Maurescamp, habíale dado +al marido el papel de ofendido, éste había perdido su derecho, dejándose +llevar de otro más sangriento. Por otra parte, el orgullo del señor de +Maurescamp, inspirándole bien, le hizo aceptar la espada sin +trepidación, cualesquiera que fuesen las consecuencias. + +Fue resuelto que el encuentro se verificase a la mañana siguiente a las +diez, en un claro del bosque de Marnes, contiguo a la Venerie, porque no +pareció conveniente hacerlo en los mismos dominios del barón de +Maurescamp. + +Poco sueño tenían los del castillo aquella noche. Los extraños +celebraban en su aposento sus conciliábulos animados; transmitíanse las +opiniones de una pieza a otra. Los hombres discutían lo tocante al +honor; las mujeres, excitadas y nerviosas, peroraban a media voz, +enjugaban algunas lágrimas, y en su interior estaban contentísimas. Es +inútil decir que el personal de la servidumbre estaba conmovido bajo las +mismas emociones; es decir, experimentando esa inquietud alegre y ese +agradable estado febril en que nos ponen generalmente los males ajenos. + +En cuanto a los dueños de casa, es bastante verosímil que tampoco +dormirían. Comprendiendo el señor de Maurescamp que el caso era de los +más graves, viose obligado a poner en oí den sus negocios. Juana no +quiso ver a nadie; se supo únicamente por su camarera que había pasado +la noche paseándose de uno extremo a otro, y hablando en voz alta «como +una actriz». + +Cerca de una hora hacía que un sol pálido de fines de noviembre se había +alzado sobre los árboles del bosque, cuando el señor de Maurescamp, cuyo +dormitorio estaba en el primer piso, salía al patio a fumar un cigarro. +Yendo caminando, llegó a la reja de la entrada, donde se halló con un +joven paisano, de trece a catorce años, que quedó sorprendido al verlo; +el barón creyó reconocer en él a un muchacho empleado en una posada del +pueblo. La turbación del muchacho fue tanta, que el señor de Maurescamp, +a pesar de sus preocupaciones, no pudo dejar de notarla. + +--¿Qué quieres? ¿A dónde vas?--preguntole. + +--Al castillo--balbuceó el muchacho, poniéndose colorado--. Al mismo +tiempo, ocultaba confundido una de sus manos dentro de su blusa. + +--¿Qué vas a hacer al castillo?--volvió a preguntarle. + +--A ver a la señorita Julia. + +Julia era la camarera de Juana. + +--¿Quién te envía, hijo mío? + +--Un señor--murmuró el niño, cada vez más intimidado. + +--¿Un señor que está alojado en tu hotel, no es verdad? + +--Si. + +--¿Un oficial? + +--Sí. + +--¿Qué ocultas ahí, en tu blusa? ¿Una carta? ¿Qué? Dámela... vamos... +dámela.... + +El muchacho, próximo a llorar, dejose tomar por grado o por fuerza, un +papel que estrujaba en sus manos crispadas. + +La carta no tenía dirección. + +--¿Para quién es esta carta? + +--Para la señora. + +--¿De modo que te la han dado para la señorita Julia, para que ella se +la dé a la señora? + +El niño indicó que sí. + +--Pues bien, hijo mío, yo voy a hacer la comisión... Ven conmigo a +esperar la contestación, si hay alguna. + +Y el señor de Maurescamp, seguido del muchacho, volvió sobre sus pasos, +atravesó rápidamente el patio y entró en sus habitaciones. + +Apenas estuvo en ellas, cuando rompiendo el sobre de la carta destinada +a su mujer, leyó estas palabras que no estaban firmadas, pero cuya +procedencia no había como poner en duda: + +«Esté tranquila. Por su cariño tendré consideración con él.» + +El primer movimiento del señor de Maurescamp, siempre dispuesto a la +cólera, fue romper y echar al fuego aquel insolente billete. Pero una +reflexión lo contuvo. Tomó un sobre nuevo de su bufete y colocole en él. +Repentinamente había sido asaltado por una extraña curiosidad; quería +saber si su mujer contestaba, y lo que contestaría. + +Fue adonde estaba el muchacho y díjole entregándole la carta: + +--Hijo mío, no he podido encontrar a la señorita Julia... Debe estar +ocupad.... Llama en aquella puerta de enfrente y pregunta por ella. Toma +cien sueldos por tu trabajo. + +El muchacho dio las gracias y fue hacia la puerta indicada. + +Por su parte, el señor de Maurescamp fue de nuevo hacia la verja, salió +del patio y tomó el camino del pueblo, paseándose en él a pasos cortos. + +¡Cosa singular! dentro de una hora iba a jugar su vida en las peores +condiciones; y aquel pensamiento, por serio que fuese, había sido +dominado completamente por ese otro. ¿Qué contestaría su mujer? + +En realidad, este hombre, de una energía puramente física, no había +podido resistir a las ansiedades que le habían torturado en silencio +desde algunos días atrás. Su moral se hallaba afectada por el asombro +que le causaba aquel odio sombrío, aquella venganza premeditada, sabia, +implacable, con que era perseguido. Habituado a mirar a las mujeres como +a juguetes de niño, estaba estupefacto y hasta aterrorizado al encontrar +en uno de esos seres débiles y despreciables, una profundidad de miras y +una fuerza de voluntad, contra las cuales todas sus fuerzas personales, +vigor físico, fortuna, situación social, autoridad de esposo, no tenían +ninguna salvaguardia y estaban reducidos a la nada. + +Tal vez habría pagado mucho en aquel momento de desaliento, por una +palabra de bondad, de interés, y hasta de compasión, de aquella mujer +tan despreciada en otro tiempo... Tal vez esperaba encontrarla en +aquella contestación esperada... + +Al cabo de algunos instantes el muchacho reapareció, saliendo del +castillo, completamente tranquilizado con el desenlace de su primera +entrevista, con el señor de Maurescamp, ni aun intentó ocultar +nuevamente el mensaje de que era portador. Pasaba sonriendo y saludando. + +--¡Ah!--dijo el barón deteniéndolo--, ¿Tienes una contestación? +muéstramela. Yo sé de lo que se trata y tal vez tengo algo que añadir. + +Poníale al mismo tiempo una moneda de plata en la mano. + +Tomó la carta, y como el sobre estaba todavía húmedo no tuvo que +romperlo, halló dentro el billete de de Sontis que la señora de +Maurescamp devolvía, habiendo puesto después de las palabras del +capitán, esta breve contestación: + +«Le ruego que no se incomode.» + +El señor de Maurescamp, después de leer esto, dobló el billete, púsolo +en el sobre y lo entregó al muchacho, alejándose en seguida. + + + + +XVI + + +Hora y media después, el duelo tenía lugar en el bosque de Mames, y el +señor de Maurescamp había recibido una herida en medio del pecho. + +Creyose por mucho tiempo que no sobreviviría, pues sus pulmones estaban +atacados. Pero la fuerza de su temperamento lo ha salvado. Su salud se +mantiene delicada, y su moral parecía igualmente afectada para siempre. + +Parece convencido, como la mayor parte de la gente, de que su mujer, en +lo tocante al capitán de Sontis, no tiene más culpa que haber bebido +demasiado Sauternes, y haber fumado un habano, cuyo humo la había +privado de la conciencia de sus actos. Por consiguiente, ha podido vivir +con ella en términos convenientes y tener también a su respecto cierta +deferencia resignada y sumisa, muy sorprendente en un hombre muy +imperioso y dominante. + +Es verdad que ha conseguido modificar por completo el temperamento de su +mujer, y que debe estar muy orgulloso de su obra. Juana no es ya +romancesca; ya no lee a Tennyson. Después que le mataron a su cómplice +de idealismo, el ideal ha muerto para ella. Después de haber afectado +primeramente por un espíritu de ironía vengativa, movimiento y +sensualismo, ha tomado gusto por su papel y lo desempeña hábilmente. + +Fría, satírica, mundana furiosa, en extremo coqueta, indiferente a todo, +parece ser que después de la muerte de su madre, su único sentimiento +digno y elevado, es el que la conduce tres veces por semana, cerca del +lecho de una anciana paralítica que ha vuelto al estado de la infancia; +la condesa de Lerne. + +Nada más añadiremos sobre Juana Berengére de Latour-Mesnil, baronesa de +Maurescamp. Ha cesado de interesarnos, como probablemente sucederá al +lector, desde que su atroz contestación al billete de de Sontis nos +demostró que el ángel habíase convertido en un demonio. + +El final de esta historia, asaz verídica, es que, en el mundo moral, no +nacen monstruos: Dios no los cría; pero los hombres sí, y muchos. Esto +es lo que no deben olvidar las madres. + +FIN + + + + + +End of Project Gutenberg's Historia de una parisiense, by Octave Feuillet + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DE UNA PARISIENSE *** + +***** This file should be named 27100-8.txt or 27100-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/2/7/1/0/27100/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net) + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact +information can be found at the Foundation's web site and official +page at http://pglaf.org + +For additional contact information: + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. Compliance requirements are not uniform and it takes a +considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up +with these requirements. We do not solicit donations in locations +where we have not received written confirmation of compliance. To +SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any +particular state visit http://pglaf.org + +While we cannot and do not solicit contributions from states where we +have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition +against accepting unsolicited donations from donors in such states who +approach us with offers to donate. + +International donations are gratefully accepted, but we cannot make +any statements concerning tax treatment of donations received from +outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. + +Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation +methods and addresses. Donations are accepted in a number of other +ways including checks, online payments and credit card donations. +To donate, please visit: http://pglaf.org/donate + + +Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic +works. + +Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm +concept of a library of electronic works that could be freely shared +with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project +Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support. + + +Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed +editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. +unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + http://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. diff --git a/27100-8.zip b/27100-8.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..8d91d99 --- /dev/null +++ b/27100-8.zip diff --git a/27100-h.zip b/27100-h.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..c029c55 --- /dev/null +++ b/27100-h.zip diff --git a/27100-h/27100-h.htm b/27100-h/27100-h.htm new file mode 100644 index 0000000..bfcd173 --- /dev/null +++ b/27100-h/27100-h.htm @@ -0,0 +1,4092 @@ +<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" + "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> + +<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" lang="es" xml:lang="es"> + <head> + <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=iso-8859-1" /> + <title> + The Project Gutenberg eBook of +Historia de una parisiense, por Octavio Feuillet. + </title> + <style type="text/css"> +/*<![CDATA[ XML blockout */ +<!-- + p { margin-top: .5em; + text-align: justify; + margin-bottom: .5em; + text-indent: 2%; + } + .r {text-align: right; + margin-right:25%; + } + h1 {font-size:300%;text-align: center; + clear: both; + } + h2 {text-align: center; + clear: both; + } + h3 {margin-top:15%; + text-align: center; + clear: both; + } + .top5 {margin-top: 5%;} + .top15 {margin-top: 15%;} + hr.full { width: 100%; + margin-top: 5%; + margin-bottom: 5%; + border: solid black; + height: 5px; } + table {margin-left: auto; margin-right: auto;} + body{margin-left: 10%; + margin-right: 10%; + background:#fdfdfd; + color:black; + font-family: "Times New Roman", serif; + font-size: large; + } + .un {text-decoration: underline; + } + a:link {background-color: #ffffff; color: blue; text-decoration: none; } + link {background-color: #ffffff; color: blue; text-decoration: none; } + a:visited {background-color: #ffffff; color: blue; text-decoration: none; } + a:hover {background-color: #ffffff; color: red; text-decoration:underline; } + img {border: none;} + .image {text-align: center; + text-indent: 0%;margin:10% auto 10% auto; + } + .c {text-align: center; + text-indent: 0%; + } + // --> + /* XML end ]]>*/ + </style> + </head> +<body> + + +<pre> + +The Project Gutenberg EBook of Historia de una parisiense, by Octave Feuillet + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Historia de una parisiense + +Author: Octave Feuillet + +Release Date: October 30, 2008 [EBook #27100] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DE UNA PARISIENSE *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net) + + + + + + +</pre> + +<hr class="full" /> + +<p class="c un top15">BIBLIOTECA de LA NACIÓN</p> + +<h3 class="top5">OCTAVIO FEUILLET</h3> + +<h2>HISTORIA</h2> + +<h3 class="top5">DE</h3> + +<h1>UNA PARISIENSE</h1> + +<p class="c">—————</p> + +<p class="c">TRADUCCIÓN DE D. V. DE M.</p> + +<p class="image"><img src="images/001.png" alt="imagen no disponible" /></p> + +<p class="c">BUENOS AIRES 1919</p> + +<p class="c">Derechos reservados.</p> + +<p class="c">Imp. de LA NACIÓN.—Buenos Aires</p> + + +<table summary="toc" cellpadding="0" cellspacing="0" +style="border:dotted silver 4px;padding:3%; +margin:15% auto 15% auto;"> +<tr><td align="center"><a href="#I"><b>Capítulos: I, </b></a> +<a href="#II"><b>II, </b></a> +<a href="#III"><b>III, </b></a> +<a href="#IV"><b>IV, </b></a> +<a href="#V"><b>V, </b></a> +<a href="#VI"><b>VI, </b></a> +<a href="#VII"><b>VII, </b></a> +<a href="#VIII"><b>VIII, </b></a> +<a href="#IX"><b>IX, </b></a> +<a href="#X"><b>X, </b></a> +<a href="#XI"><b>XI, </b></a> +<a href="#XII"><b>XII, </b></a> +<a href="#XIII"><b>XIII, </b></a> +<a href="#XIV"><b>XIV, </b></a> +<a href="#XV"><b>XV, </b></a> +<a href="#XVI"><b>XVI</b></a> +</td></tr> +</table> + + +<h3><a name="I" id="I"></a>I</h3> + + +<p>Sería excesivo pretender que todas las jóvenes casaderas son unos +ángeles; pero hay ángeles entre las jóvenes casaderas. Esto no es una +rareza, y, lo que parece más extraño, es que quizá en París es menos +raro que en otra parte. La razón es sencilla. En ese gran invernáculo +parisiense, las virtudes y los vicios, lo mismo que los genios, se +desarrollan con una especie de exuberancia y alcanzan el más alto grado +de perfección y refinamiento. En ninguna parte del mundo se aspiran más +acres venenos ni más suaves perfumes. En ninguna otra parte, tampoco, +la mujer, cuando es bella, puede serlo más: ni cuando es buena, puede +ser más buena.</p> + +<p>Se sabe que la marquesa de Latour-Mesnil, aunque había sido de las más +bellas y de las mejores, no por eso había sido feliz con su marido. No +porque fuera un mal hombre, pero le gustaba divertirse, y no se divertía +con su mujer. Por consiguiente, la había abandonado en extremo: ella +había llorado mucho en secreto, sin que él se hubiese apercibido ni +preocupado; después había muerto, dejando a la marquesa la impresión de +que era ella quien había quebrado su existencia. Como tenía un alma +tierna y modesta, fue bastante buena para culparse a sí misma, por la +insuficiencia de sus méritos, y queriendo evitar a su hija un destino +semejante al suyo, puso todo su empeño en hacer de ella una persona +eminentemente distinguida, y tan capaz como puede serlo una mujer, de +mantener el amor en el matrimonio. Esta clase de educaciones exquisitas +son en París, como en otras partes, el consuelo de muchas viudas cuyos +maridos viven, sin embargo.</p> + +<p>La señorita Juana Berengére de Latour-Mesnil había recibido felizmente +de la naturaleza todos los dones que podían favorecer la ambición de una +madre. Su espíritu naturalmente predispuesto y activo, prestose +maravillosamente desde la infancia a recibir el delicado cultivo +maternal. Después, maestros selectos y cuidadosamente vigilados, +acabaron de iniciarla en las nociones, gustos y conocimientos que hacen +el ornato intelectual de una mujer. En cuanto a la educación moral, su +madre fue su único maestro, quien por su solo contacto y la pureza de su +propia inspiración, hizo de ella una criatura tan sana como ella misma.</p> + +<p>A los méritos que acabamos de indicar, la señorita de Latour-Mesnil +había tenido el talento de añadir otro, de cuya influencia no es dado a +la naturaleza humana libertarse: era extremadamente linda; tenía el +talle y la gracia de una ninfa, con una fisonomía un poco selvática y +pudores de niña. Su superioridad, de la que se daba alguna cuenta, la +turbaba; sentíase a la vez orgullosa y tímida. En sus conversaciones a +solas con su madre, era expansiva, entusiasta, y hasta un poco +charlatana: en público permanecía inmóvil y silenciosa, como una bella +flor; pero sus magníficos ojos hablaban por ella.</p> + +<p>Después de haber llevado a cabo con ayuda de Dios aquella obra +encantadora, la marquesa habría deseado descansar, y ciertamente que +tenía derecho a hacerlo. Pero el descanso no se hizo para las madres, y +la marquesa no tardó en verse agitada por un estado febril que +comprenderán muchas de nuestras lectoras. Juana Berengére, había +cumplido ya diez y nueve años y tenía que buscarle un marido. Es ésta, +sin contradicción, una hora solemne para las madres. Que se sientan muy +conturbadas no nos extraña; extrañaríamos que no lo estuvieran aún más. +Pero si alguna madre debió sentir en aquellos momentos críticos mortales +angustias, es aquella que, como la señora de Latour-Mesnil, había tenido +la virtud de educar bien a su hija; aquella en que, modelando con sus +manos puras a aquella joven había conseguido pulir, purificar y +espiritualizar sus instintos. Esa madre tiene que decirse, que una +criatura así dirigida y tan perfecta, está separada de ciertos hombres +que frecuentan nuestras calles y aún nuestros salones, por un abismo +intelectual y moral tan profundo como el que la separa de un negro de +Zululand. Tiene indispensablemente que decirse, que entregar a su hija +a uno de esos hombres, es entregarla a la peor de las alianzas, y +degradar indignamente su propia obra. Su responsabilidad, en semejante +materia, es tanto más pesada, cuanto que las jóvenes francesas, con +nuestras costumbres, se hallan completamente imposibilitadas para tomar +una parte seria en la elección de un marido.</p> + +<p>Con pocas excepciones, ellas aman desde un principio candorosamente, a +aquel que le designan por esposo, porque lo adornan con todas las buenas +cualidades que desean.</p> + +<p>Era, pues, con demasiada razón que la señora Latour-Mesnil se preocupaba +de casar bien a su hija. Pero lo que una mujer honesta y espiritual como +ella, entendía por casar bien a su hija, sería difícil concebirlo, si no +se viese todos los días que las experiencias personales más dolorosas, +el amor maternal más verdadero, el espíritu más delicado y aun la +piedad más acendrada, no bastan para enseñar a una madre la diferencia +que existe entre un bello casamiento y uno bueno. Puede al mismo tiempo +hacerse lo uno y lo otro y es seguramente lo mejor; pero hay que +cuidarse mucho, porque sucede con frecuencia que un bello casamiento es +todo lo contrario de un buen casamiento, porque deslumbra y por +consiguiente enceguece.</p> + +<p>Un bello casamiento para una joven que, como la señorita Latour-Mesnil, +debía llevar quinientos mil francos de dote, constituye tres o cuatro +millones. Verdaderamente, parece que una mujer puede ser feliz con +menos. Pero en fin, confesarase que es difícil rehusar cuatro millones +cuando se ofrecen. Así, pues, en 1870 el barón Maurescamp ofreció seis o +siete a la señorita Latour-Mesnil por intermedio de una amiga que había +sido su querida, pero que era una buena mujer.</p> + +<p>La señora Latour-Mesnil contestó con la dignidad conveniente, que la +proposición la lisonjeaba, y que sólo pedía algunos días para +reflexionar y tomar informes. Pero así que la embajadora hubo salido, +salió corriendo en busca de su hija, la estrechó contra su corazón y se +echó a llorar.</p> + +<p>—¿Un marido, entonces?—dijo Juana, fijando en su madre su mirada de +fuego.</p> + +<p>La madre hizo un gesto afirmativo.</p> + +<p>—¿Quién es ese señor?—replicó Juana.</p> + +<p>—El señor de Maurescamp...; mira, hijita mía, ésta es demasiada +felicidad...</p> + +<p>Habituada a creer a su madre infalible y viéndola tan feliz, la señorita +Juana no tardó en serlo también, y las dos pobres criaturas mezclaron +por largo rato sus besos y sus lágrimas.</p> + +<p>Durante los ocho días que se siguieron y que la señora Latour-Mesnil +creyó consagrar a una investigación minuciosa sobre la persona de +Maurescamp, su verdadera ocupación no fue otra que la de cerrar los ojos +y los oídos, para que no la despertasen de su sueño. Recibió, además, de +su familia y amigos tan entusiastas felicitaciones con motivo de tan +magnífica alianza, y vio tantos celos y enojos en los ojos de las otras +madres rivales, que tuvo suficiente motivo para fortificarse en su +determinación. El señor de Maurescamp fue, pues, aceptado.</p> + +<p>Otros matrimonios más ridículos se hacen; por ejemplo, aquéllos que se +arreglan en una entrevista única en un palco de la Opera, entre dos +desconocidos que después se conocerán demasiado. Al menos, la señora +Latour-Mesnil y su hija habían encontrado muchas veces en los salones al +señor de Maurescamp; no era de sus íntimos, pero le habían visto aquí y +allá, en el teatro, en el bosque: sabían cómo se llamaba, y conocían sus +caballos. Esto era algo.</p> + +<p>Por otra parte, el señor de Maurescamp no dejaba de presentar ciertos +rasgos especiales. Era un hombre de unos treinta años que llevaba con +cierto brillo la vida parisiense. Sus títulos eran herencia de su +abuelo, general bajo el primer imperio, y su fortuna, de su padre, quien +la había adquirido honradamente en la industria. Él mismo, ocupaba, +gracias a su título, algunas agradables canonjías en las altas +sociedades financieras. Hijo único y millonario, había sido muy engreído +por su madre, sus criados, sus amigos, y sus queridas. Su confianza en +sí mismo, su suficiencia, su gran fortuna, imponían a las gentes, y aun +había algunos que lo admiraban. Le escuchaban en sus reuniones con +cierto respeto. Hastiado, escéptico, satírico, frío y altanero para con +todo lo que no era práctico; profundamente ignorante, a más, hablaba con +voz ronca y alta, con autoridad y preponderancia. Tenía formadas sobre +las cosas de este mundo, y particularmente sobre la mujer a quien +despreciaba, algunas ideas bastante mediocres, que erigía en principios +y sistemas, solo porque tenían el honor de pertenecerle: «Yo tengo por +principio... Entra en mis principios... Tengo por sistema... He aquí mi +sistema...» Estas fórmulas aparecían a cada momento en sus labios. Si +hubiese nacido pobre, no hubiera sido sino un hombro como cualquier +otro: rico, era un necio.</p> + +<p>La elección que este personaje había hecho de la señora de +Latour-Mesnil, puede sorprender a primera vista. Primeramente, era un +acto de gran vanidad, y también un cálculo. Se hablaba en la alta +sociedad de la señorita Latour-Mesnil como de una joven completa. +Habituado a no rehusarse nada, y a ser el primero en todo, pareciole +glorioso adornar su sombrero con aquella flor rara. A más de eso, tenía +por principio que el verdadero medio para no ser desgraciado en el +matrimonio, era el de unirse a una joven perfectamente educada. El +principio no era malo en sí. Pero lo que ignoraba Maurescamp; era que +para arrancar una de esas plantas selectas del invernáculo materno, y +trasplantarla con éxito al terreno de los casados, hay que ser un +horticultor de primer orden.</p> + +<p>Físicamente era el señor de Maurescamp un grande y bello joven, de color +un poco encendido y de una elegancia un poco pesada. Fuerte como un +toro, parecía deseoso de aumentar indefinidamente sus fuerzas; por la +mañana ejercitábase en el balancín, tiraba las armas, bañábase dos veces +al día con agua helada, y desarrollaba orgulloso dentro de un ancho +gabán su busto suizo.</p> + +<p>Tal era el hombre a quien la señora de Latour-Mesnil juzgó digno de +confiarle el ángel que tenía por hija. Es verdad que tenía una excusa, +que es la de todas las madres en casos análogos: sentíase un poco +enamorada de su futuro yerno, y sumamente agradecida por la distinción +que había hecho con su hija; parecíale en extremo inteligente y +espiritual, puesto que había sabido apreciar su inteligencia; y +juzgábale honrado y delicado por haber preferido su belleza y sus +cualidades, a otras ventajas más positivas.</p> + +<p>En cuanto a Juana, ya lo hemos dicho, se hallaba dispuesta a aceptar +ciegamente la elección hecha por su madre. Por otra parte, como todas +las jóvenes preparábase a enriquecer con sus dotes personales al primer +hombre a quien le permitiesen amar, a adorarle con su propia poesía, a +reflejar en él su belleza moral, y transfigurarle, en fin, con la pureza +de su brillo.</p> + +<p>Hay que convenir también, en que así que el señor de Maurescamp hubo +sido admitido a hacerle la corte, su actitud, sus procederes y lenguaje, +respondieron pasablemente a la idea que una joven puede formarse de un +hombre enamorado y amable. Todos los pretendientes que tienen mundo y +una bolsa bien llena, se parecen poco más o menos. Los bombones, los +ramos y las alhajas los adornan con suficiente poesía. A más, los menos +romancescos conocen por instinto que en ciertas ocasiones hay que hacer +un cierto gasto de idealismo, y no es raro el ver a algunos hombres +exaltarse poéticamente delante de su prometida, por la primera y última +vez en su vida, como cuando se les habla de un modo especial a los +niños y a los perritos, cuando se quiere atraerlos.</p> + +<p>Esta faz de ilusión y de encantamiento se prolongó para Juana, desde la +magnificencia del canastillo hasta los dulces esplendores del matrimonio +religioso. En aquel día supremo, arrodillada ante el altar mayor de +Santa Clotilde, bajo el resplandor estelario de los cirios en medio del +grupo de flores que la rodeaban, la mano en la mano del esposo, el +corazón desbordando de piadoso reconocimiento y de amor dichoso, Juana +de Berengére alcanzó al cielo.</p> + +<p>No es temerario asegurar que después de esas horas encantadas el +matrimonio no es sino una decepción para las tres cuartas partes de las +mujeres. Pero la palabra decepción es bien débil para expresar lo que +experimentará un alma y una inteligencia culta y delicada, en la +intimidad de un hombre vulgar...</p> + +<p>Sería difícil formular convenientemente cómo juzgaba a la mujer el +señor de Maurescamp. Habrase dicho lo bastante, y aún demasiado, dejando +entender que para él el amor no era otra cosa que el deseo, la virtud de +la mujer el deseo satisfecho.</p> + +<p>El señor de Maurescamp se equivocaba de fecha: habría podido tener razón +para sus teorías en aquella época en que el hombre y la mujer apenas se +diferenciaban de las bestias. Olvidaba torpemente que una joven +parisiense, esmeradamente educada, no dejaba seguramente de ser una +mujer, pero que había dejado absolutamente de ser una bestia. Si vuelve +a ser una salvaje, lo que no carece de ejemplos, es su marido quien la +habrá impulsado.</p> + + + +<h3><a name="II" id="II"></a>II</h3> + + +<p>Desde los primeros días ya hubo en aquel joven menaje un ligero tinte de +frialdad de una y otra parte. En ella era la amargura de hallar en el +amor y la pasión, tanta diferencia con lo que se había imaginado; en él, +el disgusto de un hombre bello que no se siente apreciado. Sin embargo, +la señora de Maurescamp, a pesar del caos que se agitaba en su espíritu, +mostrábase ante su madre y ante el público con esa frente serena e +impasible que sorprende siempre en las jóvenes, recién casadas, y que +atestiguan el poder del disimulo en la mujer. La organización de su +nueva vida en su gran hotel de la Avenida de Alma, el aturdimiento de +las fiestas que saludaron su enlace, el brillo de su tren de casa, de +sus equipajes y vestidos, todo la ayudó, sin duda, porque al fin era +mujer, a pasar sin reflexionar mucho, los primeros tiempos de su unión.</p> + +<p>Pero los goces del lujo y de la vida material, a más de que no eran +absolutamente nuevos para la joven, son de aquellos que cansan más +pronto. Por otra parte, había vivido con su madre en una región más +elevada, para que pudiera contentarse con las banalidades de una +existencia mundana, y en medio de aquel torbellino sentíase invadida a +cada instante por la nostalgia de las alturas. El sueño más halagüeño de +su juventud había sido el de continuar con su esposo en la más tierna y +ardiente unión de las almas, la especie de vida ideal en que su madre la +había iniciado participando con ella de sus lecturas favoritas, sus +pensamientos y reflexiones sobre todas las cosas, sus creencias, y +finalmente, sus entusiasmos ante los grandes espectáculos de la +naturaleza o las bellas obras del genio.</p> + +<p>Puede juzgarse cómo aceptaría el caballero de Maurescamp semejante +comunidad.</p> + +<p>Aquella vida ideal tan saludable para todos, tan necesaria a la mujer, +rehusósela a su esposa, no solamente por ignorancia y torpeza, sino +también por sistema. A este respecto tenía igualmente su principio, y +era: que el espíritu romanesco es la verdadera y única causa de la +perdición de las mujeres. Por consiguiente, consideraba que todo lo que +puede exaltarles la imaginación, la poesía, la música, el arte bajo +todas las formas, y aun la religión, no debe permitírsele sino en +pequeñas dosis. Más de una vez intentó la joven interesarlo en lo que a +ella le interesaba. Poseía una bella voz, y le cantaba los aires que +más le gustaban, pero así que su canto expresaba un poco de pasión:</p> + +<p>—¡No! ¡No!—exclamaba su marido burlándose—, ¡menos alma, querida, o +me desmayo!</p> + +<p>Gustaba ella de los poetas y romancistas ingleses: elogiábale a +Tennyson, a quien adoraba y empezaba a traducirle un pasaje. +Inmediatamente el señor de Maurescamp, con el mismo tono de burla, +poníase a dar gritos de condenado y a dar golpes sobre el piano para no +oír. Así era como pretendía hacerla perder el gusto por la poesía, sin +pensar que arriesgaba más bien disgustarla de la prosa. En el teatro, en +las exposiciones, en los viajes, las mismas burlas y las mismas sátiras +frías a propósito de todo lo que despertaba en su mujer una emoción un +poco viva.</p> + +<p>Madama de Maurescamp tomó, pues, poco a poco la habitud de +reconcentrarse en todo aquello que da precio a la vida de todo ser +delicado y generoso. No viendo aparecer las llamas, su marido creyó +extinguido el incendio, y se glorificó por ello.</p> + +<p>—Todos estos diablillos de mujeres—decía a sus amigos del círculo—, +viven siempre en las nubes, y eso acaba mal He tomado la mía pequeñita, +y he soplado sobre todas esas estupideces de romanticismo... Ahora está +tranquila, y yo también... ¡Oh! ¡Dios mío! Es necesario que una mujer se +mueva, que camine, que recorra las tiendas, que vaya con sus amigos a +los lunchs, que monte a caballo, que cace; ésta es la vida de la +mujer... Así no tiene tiempo para pensar. ¡Esto es perfecto! En tanto +que si se queda en un rincón a soñar con Chopín o Tennyson... ¡Bah! +Estáis perdidos... Este es mi sistema.</p> + +<p>Era imposible que la mezquindad de semejante sistema y la carencia +intelectual de su marido, pudiesen escapar a una inteligencia tan +activa como la de la señora Maurescamp. No fue mucho tiempo víctima de +sus aires de suficiencia y maneras autoritarias. No siempre conocen los +hombres a sus mujeres, pero las mujeres conocen siempre a sus maridos. +No había pasado un año cuando ya habían desaparecido todas las +ilusiones: y la señora de Maurescamp veíase obligada a reconocer que +estaba ligada para siempre a un hombre de sentimientos bajos y de +inteligencia nula, sintiendo a más con horror que despreciaba a su +marido.</p> + +<p>Mucho mérito tiene una mujer cuando apercibida de tales miserias, +permanece siendo amable y sumisa esposa. La señora de Maurescamp tuvo +ese mérito; pero para tenerlo viose obligada muchas veces a acordarse de +que era cristiana, es decir, que pertenecía a una religión que ama las +pruebas y el sacrificio.</p> + +<p>No por eso dejó de ser feliz ante un acontecimiento muy previsto que +tuvo lugar dos años después de su casamiento, y que prometiéndole un +grato consuelo, asegurábale en su hogar una independencia y una soledad +relativas. El nacimiento de un hijo vino pronto a darle el único goce +puro que experimentara desde el día de su enlace: única felicidad, en +efecto, que realizan en el matrimonio los goces prometidos.</p> + +<p>Como se comprende, ella quiso criar a su hijo; llenaba aquel deber con +tanto más placer, cuanto que le permitía ganar tiempo y prolongar +respecto de su marido una situación con la que se avenía perfectamente. +Pero llegó al fin el momento en que el niño debía ser despechado. Fue +por ese tiempo que el señor de Maurescamp tuvo una noche la sorpresa de +ver a su mujer bajar al comedor con su cabeza adornada a la Tito; +habíase hecho cortar sus magníficos cabellos con el pretexto de que se +le caían, y esto, no era cierto; pero esperaba que aquel pequeño +sacrificio, afeándola, le evitaría otros más penosos. Había contado sin +la huéspeda. Su esposo halló, por el contrario, que aquel adorno de +soldadito, le sentaba muy bien dándole cierto aire original. La pobre +mujer no sacó sus gastos y se resignó a dejarse crecer el cabello +nuevamente.</p> + +<p>Sin embargo, la libertad a que aspiraba en el secreto de su corazón +debía venirle, por decirlo así, de sí misma, y del lado por donde menos +la esperaba.</p> + +<p>Una criatura tan noble y tan atractiva como ella, debía inspirar, así +como sentir, la más profunda, ardiente y duradera de las pasiones: era +digna de ocupar un lugar entre los amantes inmortales a quienes la +historia y la leyenda han consagrado sus páginas imperecederas.</p> + +<p>El amor de Maurescamp, sin embargo, no contenía ningún elemento durable: +era, para emplear una expresión de actualidad, un amor naturalista, y +los amores naturalistas, aunque no se parecen a la rosa, tienen, sin +embargo, su efímera duración. Decíase, y así lo dejaba comprender a sus +amigos, que se había casado con una estatua, bastante agradable a la +vista, pero cuya frialdad habría desanimado al mismo Pigmalión.</p> + +<p>Decía esto en términos menos honestos, tomando sus comparaciones de la +historia natural con preferencia a la mitología. La verdad es que el +señor de Maurescamp, que era sumamente celoso, no estaba disgustado de +una circunstancia que creía ser una garantía para su hogar. En una +palabra, disgustado al verse desairado, fastidiado de los escrúpulos y +objeciones que se le oponían sin cesar, y ocupado, a más, por otro lado +más agradablemente, retirose a su tienda definitivamente, de donde su +mujer ni aun intentó sacarle.</p> + + + +<h3><a name="III" id="III"></a>III</h3> + + +<p>Sería un error creer que porque una mujer renuncie al amor de su marido +en particular, deje por eso de amar en general. Después de los primeros +desencantos de una unión desigual, la mujer se repone del choque y se +reconcentra. Continúa su sueño interrumpido, reforma su ideal alterado +por un momento; y dícese, no sin razón, que es imposible que el mundo se +ocupe tanto del amor, por nada; que no es posible que este gran +sentimiento que llena la fábula y la historia, cantado por los poetas, +glorificado por todas las artes, eterna ocupación de los hombres y de +los dioses, no sea en realidad más que una quimera, y una quimera +desagradable a más. No puede persuadirse de que tales homenajes sean +consagrados a una divinidad vulgar, que tan magníficos altares se +levanten de siglos en siglos a un ídolo de barro. El amor sigue siendo, +por consiguiente, a pesar de todo y por todo, la principal ocupación del +pensamiento, y la perpetua obsesión del corazón. Sabe que existe, que +otros lo han conocido, y se resigna difícilmente a vivir y morir sin +conocerlo ella también.</p> + +<p>Es seguramente un peligro para una mujer, el conservar y nutrir, después +de las decepciones del matrimonio, el ideal de un amor desconocido; pero +hay un peligro aún mayor para ella, y es perderlo.</p> + +<p>Por esa época, madama de Maurescamp se ligó con una estrecha amistad con +madama de Hermany, dos años mayor que ella. La amistad es la tendencia +natural de una mujer honesta, que quiere seguir siéndolo, y que siente +el vacío de su corazón. Por mucho que se vanagloriase de su +independencia conquistada, Juana de Maurescamp sólo tenía veinticuatro +años, y su misma rectitud la hacía mirar con horror la larga perspectiva +de soledad y abandono que se extendía ante ella. Ni su madre, a quien +ocultaba su pena por temor de que viera en ello un reproche, ni su hijo, +demasiado niño para poderla ocupar mucho tiempo, ni su fe desvirtuada +por la indiferencia irónica de la gente, nada era bastante a su inmensa +necesidad de confianza, expansión y sostén. Abandonose, pues, con todo +el ardor de su alma, un poco exaltada, a aquel sentimiento que creyó le +sirviese desconsuelo y a la vez de salvaguardia.</p> + +<p>La señora de Hermany, a quien honraba con su amistad, era entonces, +como lo es todavía, una mujer sumamente seductora. Pertenecía a la +variedad rara y exquisita de las rubias trágicas; sin ser muy alta, +imponía por la perfección de su belleza, por el brillo extraño de sus +ojos de un azul sombrío, por el royo de inteligencia de su frente ancha +y pura; tenía en los extremos de su boca un pliegue misterioso, que +parecía formado por un amargo desdén. Decíase que había sido muy +desgraciada, y una cierta conformidad en su destino la ligaba con la +señora de Maurescamp. Habíanla casado como a ella, con una ligereza +culpable, y como ella también llegado, aunque por distinto camino, a ese +divorcio convencional, tan frecuente en los matrimonios de la alta +sociedad. Habíase casado con su primo Hermany, joven de un físico +agradable, pero, con la costumbre y los vicios de un truhán. Se repetía +que no solamente había continuado su vida de soltero sino que se la +había hecho participar a su mujer, ya sea por una especie de malignidad +perversa, bastante a la moda, ya simplemente por ignorancia. Participaba +con él de las fiestas del mundo de contrabando, de las partidas de +jóvenes, de las carreras, de los almuerzos en los restaurants. Contábase +que en uno de estos almuerzos al cual asistía un príncipe extranjero, +ofendida la joven al fin por el lenguaje que se tenía en su presencia, +había abofeteado a uno de los convidados; algunos pretendían que había +sido a su mismo marido, otros que al mismo príncipe. De cualquier modo, +desde aquel incidente, que hubiese o no recibido la famosa cachetada, el +señor Hermany había sido invitado a considerarse como viudo. No lo +sintió mucho, porque su mujer, en quien no podía desconocer la más +humillante superioridad, le inspiraba tanto temor, que muchas veces se +embriagaba para darse valor al presentarse delante de ella.</p> + +<p>Esta leyenda, que era casi una historia, era conocida de la señora de +Maurescamp, y ella prestábale gustosa todo aquello que pudiese hacer más +interesante el papel de la señora Hermany. Representábasela joven y +bella, sumergida en aquella sociedad infame, de la que la veía salir +indignada y sin mancha, y se gozaba en colocar sobre su frente la +aureola de las jóvenes mártires del cristianismo.</p> + +<p>Lisonjeada y agradecida por aquel culto bondadoso, retribuíale la señora +de Hermany su afecto con menos entusiasmo, pero con más sinceridad. Muy +espiritual, instruida, algo artista, era muy capaz de apreciar los +méritos de su amiga, y de competir con ella.</p> + +<p>Pronto estuvo al cabo de todos sus secretos, y Juana creyó conocer los +suyos. Sus existencias estaban ligadas íntimamente. Visitaban juntas y +juntas recorrían las tiendas; tenían el mismo palco en la ópera +francesa; iban juntas a los cursos de la Sorbona, y cuando llegó el +verano, las dos se establecieron en Deauville, en el mismo pueblo.</p> + +<p>Fue allí donde acaeció un acontecimiento que debía dejar un recuerdo +profundo en el alma de la señora de Maurescamp.</p> + +<p>Aunque conduciéndose muy bien las dos graciosas amigas, vivían en el +gran mundo y eran muy rodeadas. Tan linda pareja, como decía la señora +de Hermany, no podía dejar de llamar la atención de los admiradores.</p> + +<p>Los aficionados al baile, de París, poblaban la costa, desde Trouville +hasta Cabourg. A más, los señores de Maurescamp y de Hermany, con la +deferencia de todos los maridos, tenían buen cuidado de llevarles +algunos amigos todos los sábados por la noche, por si acaso.</p> + +<p>Los homenajes de todos aquellos dilettantes eran acogidos sin cortedad +ni familiaridad, con la seguridad tranquila y risueña que caracteriza a +las mujeres de la sociedad que son honestas, y también a las que no lo +son.</p> + +<p>Por la noche tenían su conciliábulo antes de acostarse, y pasaban en +revista burlesca a todos los pretendientes del día: llamaban ellas a eso +la matanza de los inocentes, y algunas veces, la cacería de las +antorchas. La señora Hermany era en esta ejecución nocturna, +verdaderamente feroz. Entre los que trataba más mal, figuraba un joven +llamado Salville, a quien llamaba el bello Salville, y que era, según +decía, el más estúpido director del cotillón que jamás hubiese conocido. +A la señora de Maurescamp, menos amarga, le parecía bello, y buen +muchacho, sobre lo cual, la señora de Hermany le reprochaba, riendo, su +gusto de pensionista y lavandera, por los mosquitos. En cuanto a ella, +si no estuviese, por muchas razones, desencantada de los enamorados, no +podría amar sino a un hombre maduro; y en seguida hacía de este hombre +maduro a quien ella habría amado, un retrato severo y magistral, que +desgraciadamente no se parecía a nadie.</p> + +<p>Una noche, a fines de agosto, Juana habíase retirado a su habitación +para escribir a su madre antes de acostarse. Era más de la una de la +noche cuando terminó su correspondencia. La noche estaba tormentosa, y +al acercarse a una ventana, vio los relámpagos que recorrían el +horizonte, y rozaban silenciosamente el mar. Por intervalos, truenos +lejanos, semejantes al mugido del león en los desiertos de África, +mezclábanse a la fiesta. Ella sabía que madama de Hermany adoraba estas +grandes escenas dramáticas de la Naturaleza, y creyéndola aún +levantada, pues se había dicho que ella también escribiría hasta tarde, +bajó al piso inferior y llamó suavemente a la puerta. No recibiendo +respuesta, la creyó dormida; entonces, tuvo la idea de bajar al piso +bajo, para ver mejor a través de las grandes ventanas de la baranda, el +espectáculo de la tempestad sobre el Océano. Cuando abrió la puerta del +salón, con su candelero en la mano, entrevió en la media obscuridad, dos +formas humanas que se levantaron violentamente; dio un grito de temor +que contuvo inmediatamente al reconocer a la señora de Hermany, quien +adelantándose le tomó violentamente de los puños, diciéndole vivamente:</p> + +<p>—¡Silencio!</p> + +<p>En seguida, volviéndose hacia un joven que permanecía en medio del salón +en una actitud bastante embarazosa:</p> + +<p>—Vamos, vete—le dijo.</p> + +<p>El joven saludó y salió por la puerta del salón; era el bello Salville.</p> + +<p>La señora de Maurescamp, en extremo admirada de aquel doble +descubrimiento, dejó caer la bujía, que se apagó; después de algunos +segundos de inmóvil estupor, dejose caer sobre un diván que tenía cerca +y cubriéndose el rostro con las dos manos, púsose a sollozar.</p> + +<p>La señora de Hermany, yendo y viniendo por el salón a obscuras, en el +desorden de una bacante, detúvose al fin delante de Juana:</p> + +<p>—¿Creía que era una santa?—dijo.</p> + +<p>—Sí—contestó sencillamente Juana.</p> + +<p>La señora de Hermany, encogiéndose de hombros, dio todavía algunos +pasos. Después, volviéndose bruscamente:</p> + +<p>—¿Cómo habéis podido creer eso?—volvió a decir—. ¿Cómo es que habéis +podido pensar que saliese ilesa de esos cenagales donde el miserable de +mi marido me ha lanzado?</p> + +<p>Juana no contestaba, ahogada por los sollozos.</p> + +<p>—¿Sufres, hija mía?</p> + +<p>—Mucho.</p> + +<p>—Vamos, ven, entonces, a respirar el aire libre, ven.</p> + +<p>Y tomándola de la mano, la levantó con alguna violencia y la llevó +fuera. Hízola sentar a algunos pasos de la baranda, sobre el terrazo, y +permaneció de pie, recostada sobre una de las columnillas que sostenía +la galería. Miraba a la mar sobre la que continuaban pasando algunas +luces intermitentes.</p> + +<p>Después de un largo silencio, alzó la voz nuevamente:</p> + +<p>—Eres una loca, querida Juana—dijo—, eres una loca, como yo lo he +sido, como lo somos todas en el principio de la vida. Mi marido, después +de todo, me ha hecho un servicio sin quererlo; me ha libertado de mis +pañales, y aliviado de mis excesos de idealismo. La verdad es, querida +mía, que todas somos ridículamente educadas... Esas educaciones etéreas +falsean nuestro entendimiento... Lo cierto es que no hay nada en la +tierra, ni en el cielo, mucho lo temo, que pueda responder a la idea que +nos hemos formado de la felicidad... Nos educan como a espíritus puros, +y en realidad no somos más que mujeres... hijas de Eva... nada, nada +más. Nos vemos obligadas a descender o a morir, sin haber vivido... +Quien quiera hacer de ángel, hace de estúpida, ¿sabes? ¡Ah! ¡Mi Dios! +Nadie empezó a vivir con un corazón más puro que yo, os lo aseguro, ni +con ilusiones más generosas, ni más elevadas creencias... Pues bien, yo +he reconocido, un poco antes que otras, gracias a mi honrado marido, que +todo eso era sin objeto, sin aplicación, ni realidad... que nadie me +comprendía... que hablaba una lengua desconocida en nuestro planeta... +que yo era la única de mi especie, en una palabra. He tenido que +resignarme a elegir, aceptar los únicos placeres de que este mundo +dispone...; después de haber soñado con amores extraordinarios, he +tenido que contentarme con un vulgar..., pero, no hay otros, porque hay +que responder a nuestro destino, y el destino de una mujer es amar y ser +amada... ¡Esto es todo, querida!</p> + +<p>—¿Qué quieres? Soy un ángel caído... y trato de arrastraros en mi +caída... ¿No es verdad? ¿No es ése vuestro pensamiento?... Así lo leo en +vuestros grandes ojos, a cada relámpago que pasa...; A más de esto, la +decoración está ahí. Ese cielo y ese mar ardiente... y yo aquí, con el +cabello en desorden y presentando mi frente a la tempestad... Muy +poético, ¿no es verdad? De todos modos, soy bien miserable al deciros +tales cosas; siempre hay tiempo para aprender.</p> + +<p>—¿Por qué me lo decís?—preguntó Juana, que durante aquel extraño +discurso había recobrado alguna calma.</p> + +<p>—¿Acaso lo sé yo?—dijo la señora de Hermany—. ¡Ah! ¡gracias a Dios ya +llueve!</p> + +<p>Bajó rápidamente dos o tres escalones de la gradería, y expuso su cabeza +a la lluvia, que empezaba a caer con fuerza, recogiendo las gruesas +gotas en sus manos y refrescándose con ellas la frente.</p> + +<p>—Os ruego, Luisa, que entréis—dijo con dulzura Juana.</p> + +<p>Subió lentamente y parándose delante de su amiga:</p> + +<p>—Tendremos que separarnos—dijo con tono breve y altanero.</p> + +<p>—¿Por qué?—dijo Juana—, yo no tengo la pretensión de reformar el +mundo... lo único que os pido es que no me habléis nunca de vuestros +amores ni de los míos. Sobre todo lo demás, nos entenderemos +perfectamente... Nuestra amistad será para mí un gran recurso, y creo +que la mía podrá seros útil.</p> + +<p>La señora de Hermany la estrechó apasionadamente contra su pecho, y +besándola:</p> + +<p>—Gracias—le dijo.</p> + +<p>Volviéronse ambas a sus habitaciones; y dos horas después, cuando, el +día empezaba a aclarar, Juana estaba todavía sentada a los pies de su +lecho con las mejillas húmedas y la mirada fija en el espacio.</p> + + + +<h3><a name="IV" id="IV"></a>IV</h3> + + +<p>Nada conmueve más nuestro ser moral como el descubrimiento de las +debilidades de aquellos que personificaban para nosotros lo bueno y lo +digno; sean ellos nuestros padres, nuestros amigos o nuestros maestros. +Cuando cesamos de estimar a los que habíamos consagrado nuestra +estimación y respeto, nos sentimos impulsados a dudar de las mismas +virtudes que antes admirábamos. Los falsos ídolos nos hacen dudar hasta +de la misma religión.</p> + +<p>Esta fue la razón especiosa y muy humana que hizo que la señora de +Maurescamp, no quedándole duda de la perversidad de los sentimientos de +su amiga, cayese en desalientos tan afligentes como peligrosos. De un +carácter demasiado elevado para romper ruidosamente con aquélla con +quien había tenido tan estrecha amistad, tanto en privado como en +público, no por eso, dejó de conocer que aquella amistad había pasado. +La aureola esplendorosa que había colocado sobre su frente, habíase +extinguido para siempre, y extinguiéndose en el barro, como las luces de +los fuegos artificiales. Habríale perdonado un amor menos culpable, que +hubiese sido disculpado por su objeto; habríale perdonado Petrarca, +Dante, Goethe, pero no le perdonaba al bello Salville. No le perdonaba +su afectación hipócrita en llenarle de ridículo, y, sobre todo, no le +perdonaba que hubiese intentado desmoralizarla, exponiéndola con un +orgullo de demonio, su teoría perversa, y tanto menos la perdonaba, +cuanto que sentía que había casi logrado su objeto, y que poco a poco el +veneno iba infiltrándose en sus venas.</p> + +<p>En efecto, bajo la impresión de aquel nuevo desencanto, Juana de +Maurescamp frecuentó la sociedad, desde entonces, con menos ilusiones y +optimismo que antes. Observó con ojos más experimentados lo que pasaba a +su alrededor; muchos comentarios que había tenido por calumnias, +pareciéronle verosímiles; y muchas relaciones que juzgara inocentes, +fuéronle sospechosas. Habiendo creído ver en el mundo más virtudes que +las que hay en realidad, empezaba a no creer en ninguna. Preguntábase si +en efecto no sería única en la especie, como se lo había dicho la señora +de Hermany, y si, sus sentimientos e ideas sobre la vida, y, sobre todo, +sobre el amor, no eran solamente el resultado de una educación +artificial y de una imaginación falseada por las utopías de los poetas; +y, finalmente, si el placer, tal cual era, no era mejor que nada.</p> + +<p>Es un espectáculo tierno y conmovedor el que presenta una joven honesta, +que ha llegado a una época de la vida mundana, casi inevitable, luchando +en su agonía, y expuesta a caer de un momento a otro, de un exceso de +idealismo, a un exceso de realidades.</p> + +<p>A más de los filósofos, hay siempre un buen número de curiosos +dispuestos a seguir con interés está especie de pequeños dramas. El +mundo está lleno de gente que no se ocupa en otra cosa, que esperan +también que les llegue su turno, y que se ingenian en precipitar el +desenlace. Uno de los más desdeñosos de la especie, era entonces el +vizconde de Monthélin, muy conocido en la alta sociedad parisiense. M. +de Monthélin amaba exclusivamente el amor, y con ello tenía ya un título +para con las damas. No jugaba, ni fumaba, ni iba al círculo. Cuando, +después de comer, todos los hombres se reunían para fumar, él se quedaba +con las señoras. Con esto conseguía grandes ventajas, de las que abusaba +gustoso. No era ya joven, pero era elegante, buen decidor, con aire +caballeresco y un corazón que era una verdadera cloaca de corrupción. Su +ya larga existencia la tenía consagrada a husmear los matrimonios en +desgracia, y acabar con ellos. Era su especialidad. Dos o tres duelos, +uno de ellos con el conde Jacobo de Lerne, que habíale llamado el +tiburón de los salones, habían puesto el colmo a su reputación.</p> + +<p>Desde el invierno que siguió a la estadía de las dos amigas en Douville, +no quedó duda de que el señor de Monthélin miraba a la señora de +Maurescamp como una presa ya casi segura. Viósele estrechar su amistad +con su marido, al mismo tiempo que estrechaba el círculo de sus +operaciones alrededor de Juana. Sus visitas a la hora del crepúsculo +fueron cada vez más frecuentes; arreglose de modo de poderla encontrar +por las mañanas en el bosque, y presentábase regularmente en su palco el +viernes en la Opera y los martes en los Franceses.</p> + +<p>En su profunda enervación moral y en su aislamiento desesperado, Juana, +casi sin defenderse, dejábase arrastrar por esa fascinación que ejerce +casi siempre sobre las de su sexo, la insistente persecución de un +hombre.</p> + +<p>Sentíase poco a poco presa de vértigos de las continuadas y sabias +evoluciones que el señor de Monthélin describía en torno suyo. Empezó a +concederle esos pequeños favores, que son casi siempre el preludio del +completo abandono. Es así como fue tomando la costumbre de informarle de +las visitas que pensaba hacer, de las casas donde podría hallarla; y +hasta le indicaba las horas en que la encontraría sola en su casa; en +los bailes, como él no bailaba, le reservaba algunos bailes sentados, es +decir, las ocasiones a solas, tras del abanico, bajo la sombra de un +cortinado o de una palmera en el invernáculo. Estos manejos, a falta de +otros, causábanle una turbación que la entretenía; la emoción del +peligro, que agitaba sus nervios, hacíale creer en una pasión. En una +palabra, la desgraciada y noble Juana se hallaba en vísperas de la caída +más vulgar, cuando un tercer personaje intervino en el escenario.</p> + +<p>Era una mujer, una anciana, la condesa de Lerne; madre de Jacobo de +Lerne, que había sido herido en duelo, algunos años antes, por el señor +de Monthélin.</p> + +<p>La señora de Lerne había sido siempre una mujer sin principios, pero sin +malevolencia, aunque muy espiritual. Tenía el buen sentido de no haberse +hecho mogigata, después de haber sido una coqueta. Su indulgencia por +las debilidades por que ella también había pasado, su buen humor, sus +buenos consejos, y su situación de familia y de fortuna, valíanle, a +pesar de los recuerdos todavía vivos de su juventud, la simpatía +general. Su salón era muy buscado; allí se reunían los hombres más +distinguidos en la política, la literatura y las artes. Agregaba algunas +jóvenes bellezas, como para adornar el paisaje. Juana de Maurescamp, con +su elegante hermosura, y tímida superioridad, era uno de los encantos de +aquel salón modelo. La vieja condesa prodigábale todo género de +atenciones y lisonjas para atraerla y retenerla. Dos razones tenía para +obrar así; la primera, muy confesable, era aumentar el brillo de sus +reuniones; la segunda, menos cristiana, hacer de ella la querida de su +hijo.</p> + +<p>Hacía siete u ocho años que había perdido a su hijo mayor, Guy de +Lerne; el segundo, Jacobo, salía de Saint-Cyr al tiempo de la muerte de +su hermano. Viendo a su madre sola, dio su dimisión para vivir a su +lado. Era un joven muy bien dotado, que si hubiese querido dar impulso a +sus dotes naturales, habría llegado a ser un hombre de talento. Pintaba +acuarelas muy agradables, pero sobre todo era excelente músico, y +algunas de sus composiciones, valses, «berceuses» y sinfonías eran de un +mérito superior. Pero sea indolencia natural, sea el desaliento de ver +interrumpida su carrera, no era otra cosa que un simple dilettante, y +para complemento, se había convertido en un mal sujeto. Excepto en casa +de su madre, donde el deber lo retenía, poco se le veía en la buena +sociedad, donde nada se divertía, y sí mucho en la mala, donde parecía +gozar inmensamente. La señora de Lerne había intentado casarle en los +primeros tiempos, hay que hacerle esta justicia; pero se había +manifestado tan recalcitrante sobre aquel artículo, que había variado de +pronto sobre sus ideas de una unión honorable que lo sacase cuando menos +de sus malas compañías.</p> + +<p>Hacía tiempo que había echado los ojos para tan laudable destino, sobre +Juana de Maurescamp, cuyo desastre conyugal no había escapado a su vieja +experiencia. Sin entrar al respecto con su hijo en explicaciones +malsanas, trató siempre que pudo de ponerle ante sus ojos a aquella +seductora criatura, sin descuidar ninguna ocasión de revelar sus bellas +cualidades. Pero Jacobo, aunque evidentemente impresionado de la extrema +belleza de Juana y de su distinguida inteligencia, no había manifestado +sino un interés distraído. Fue entonces cuando la condesa, que vigilaba +atentamente a la joven, viéndola a punto de caer en los lazos de +Monthélin, resolvió dar un golpe teatral, tanto en el interés de su hijo +cuanto por odio hacia el hombre que había podido matarle.</p> + +<p>Escribió una mañana a Juana, diciéndole que iría a verla, salvo +contraorden, a las tres de la tarde, porque tenía que confiarle algo muy +importante y agradable. Juana, algo intrigada con aquel misterio, la +esperó a la hora indicada. Viola entrar en su gabinete con un sirviente +portador de una de esas casillas de mimbre, adornada con cordones, +franjas y borlas, que se usan ahora para los perros. La condesa llevaba +maternalmente entre sus brazos a un pequeño perrillo de pelo largo y +sedoso, una verdadera miniatura de faldero blanco y rojo, que decía ser +originario de Méjico y que era admirado y codiciado por todos sus +conocedores.</p> + +<p>—Mi muy querida—dijo—, me habéis dicho que estabais enamorada de +Toby. Permitidme que os lo regale.</p> + +<p>La señora de Maurescamp exclamó:</p> + +<p>—Pero, ¡es posible!</p> + +<p>—Hace mucho tiempo que me preguntaba qué es lo que podría hacer para +agradecer a una joven tan amable y encantadora como vos, su bondad y +fidelidad para con una amiga anciana... Es una cosa tan rara... Estoy +tan agradecida, ¡tan agradecida! Al fin he hallado algo que pueda +agradaros, y soy feliz, podéis creerlo.</p> + +<p>Juana no recordaba muy bien la ocasión en que había manifestado su +entusiasmo por <i>Toby</i>, pero, no por esto, dejaba de apreciar el +sacrificio que se le hacía.</p> + +<p>—¡Ah, señora, querida señora!—dijo toda confundida—. ¿Pero, cómo +podré aceptar un animal tan lindo, tan gracioso, tan extraordinario? +¡Pero qué privación! ¡oh Dios mío! ¡y esa casilla tan preciosa!</p> + +<p>No, no es posible... y para acabar la frase, Juana saltó al cuello de la +condesa de Lerne, cosa que hizo aullar a <i>Toby</i>.</p> + +<p>—Ven, amor mío—dijo Juana tomándolo en sus brazos y cubriéndolo de +caricias.</p> + +<p>Sentáronse, y la señora condesa, contestando a las preguntas repetidas +de Juana, diole instrucciones sobre el modo de cuidarlo, alimentarlo, y +hasta de medicamentar a <i>Toby</i>.</p> + +<p>En seguida se informó de la salud de Maurescamp, añadiendo:</p> + +<p>—No sé por qué os lo pregunto, no hay sino mirarlo... su salud es +admirable. ¡Es un hombre magnífico... magnífico! Da gusto ver un hombre +así...</p> + +<p>—¿Y vuestro hijo?—preguntó Juana—. ¿Cómo está?</p> + +<p>—¿Mi hijo?... ¡Ah! él es otra cosa... delicado de naturaleza... ya +sabéis, artista, pero en fin, ¡sino fuera más que eso!</p> + +<p>—Pero, ¿es un buen hijo?—dijo tímidamente Juana.</p> + +<p>—Ciertamente, es un buen hijo; en cuanto a esto, sí, es un buen hijo, +no hay duda. Y, decidme, queridita, ¿estaréis libre mañana? Es mi +miércoles... ¿Queréis venir a comer con nosotros? Os encontraréis con +vuestra amiga la señora de Hermany.</p> + +<p>—Con mucho gusto... Creo que el señor de Maurescamp no tiene ningún +compromiso.</p> + +<p>—Perfectamente, entonces... Pues bien, cuento con vosotros.</p> + +<p>Levantose la señora de Lerne como para retirarse, pero antes quiso +despedirse de <i>Toby</i> y Juana volvió a manifestarle sus agradecimientos. +Al fin la palabra que esperaba la señora de Lerne salió de sus labios:</p> + +<p>—¡Dios mío! ¿qué podré hacer yo a mi vez que pueda seros agradable?</p> + +<p>La condesa volviose bruscamente hacia ella y mirándola con su amable +sonrisa de vieja:</p> + +<p>—Casad a mi hijo—díjola.</p> + +<p>—¡Ah! en cuanto a eso—contestó alegremente la señora de Maurescamp—, +es una empresa de que no me siento capaz.</p> + +<p>—¿Por qué, pues?—repuso en el mismo tono la condesa—. Por el +contrario, yo os considero capaz para todo.</p> + +<p>Juana abrió, sin contestarle, sus grandes ojos interrogadores.</p> + +<p>—Yo estoy verdaderamente convencida de que mi hijo aceptaría gustoso la +mujer que le designarais.</p> + +<p>—Pero, ¿qué ocurrencia, mi querida señora?—continuó Juana, mirándola +siempre con la misma sorpresa.</p> + +<p>—No me chanceo... Y si tuvieseis una hermana que se os pareciese, +sería asunto concluido.</p> + +<p>—Os aseguro—dijo Juana—, qué no os comprendo... Vuestro hijo apenas +me conoce.</p> + +<p>—Perdón... os pido mil perdones; mi hijo os conoce perfectamente... es +muy observador... Muy perspicaz... Sé perfectamente que os aprecia +mucho... No tengo más que decir sobre eso... Pero estoy segura de que, +en cuanto a esta cuestión del matrimonio, tendríais grande influencia +sobre él... Y si le propusieseis, supongo, a una joven, una de vuestras +amigas... pues bien, yo creo que la aceptaría con los ojos vendados, os +lo aseguro.</p> + +<p>—¡No creo una palabra!—exclamó Juana.</p> + +<p>—Y yo estoy segura... Ensayad y veréis.</p> + +<p>Las dos echáronse a reír.</p> + +<p>—No, seriamente—replicó la condesa—, pensad un poco en ello... +Buscad entre vuestras amigas, entre vuestras conocidas... ¡Ah! me +haríais un gran servicio.</p> + +<p>—Pero os diré primeramente que vuestro hijo me da mucho miedo.</p> + +<p>—¡Oh!—exclamó la condesa estupefacta.</p> + +<p>—Positivamente... Tiene un aire tan burlesco... Es tan mordaz, tan +acerbo... Y en fin...</p> + +<p>La joven pareció perpleja.</p> + +<p>—Y a más es un calavera, ¿no es verdad?</p> + +<p>—¡Oh! ¡Dios mío! Yo no sé, yo no tengo que ver con esto.</p> + +<p>—Sí—dijo la condesa—, es un calavera, no hay duda, pero como todos +estos perdidos, tiene un corazón de oro, y a más de todo esto, es +encantador... ¡Ah! que obra de caridad sería la vuestra, hija mía, si me +ayudaseis a librarlo de las garras de esa Lucy Marry... porque es Lucy +Marry ahora, ¿sabíais?</p> + +<p>—¡Ah!</p> + +<p>—Sí, de la Opera... la que hace de paje... ¡Esto es horrible, horrible! +Ya veréis eso con vuestro hijo. Mientras tanto, tratad de casar al mío, +y qué bueno sería eso... y nadie, os lo repito, sino vos, puede hacer +ese milagro... ¡Adiós, querida hermosa! Volvió a besarla, y ya en la +puerta, antes de salir, volvió a decirle:</p> + +<p>—Mañana le diréis algo, ¿no?</p> + +<p>—¡Vaya! veré de hacerlo—dijo Juana.</p> + +<p>La condesa se retiró al fin muy contenta de su campaña y no tenía por +qué no estarlo, pues por la primera vez, desde muchos meses atrás, se +ocupaba Juana de otro hombre que no fuese Monthélin. Había comprendido +muy bien lo que la señora de Lerne le había dicho con insinuaciones y +palabras solapadas, a saber, que tenía en su hijo Jacobo un admirador +fervoroso. Esto la intrigaba, ¿Cómo? ¿por qué? ¿Qué relación existía +entre ellos? Nada de esto podía explicarse.</p> + +<p>Tendiose en su sillón y trató de recordar las ocasiones en que se había +encontrado con él, las palabras que le había dicho, su actitud y la +expresión de su mirada. Era cierto que aquel mocetón, frío, espiritual y +fastidiado, le había intimidado siempre; sentíase inquieta cuando se le +acercaba en su salón. Creyó recordar, sin embargo, que siempre la había +tratado con una cortesía excepcional, dispensándola de las bromas +burlescas con que gratificaba a las demás mujeres. Halagábala el pensar +que era respetada por aquel libertino. Trajo a su memoria, aquella bella +fisonomía cansada y altanera, aquellos ojos penetrantes, sus mejillas +limpias y sus largos bigotes caídos a lo tártaro. Sonriose a la idea de +tomar a aquel personaje, terror de las jóvenes, bajo su protección +maternal; pero acabó por decirse que nunca se atrevería a hacerlo.</p> + +<p>Entregada estaba a estas reflexiones, alisando con su blanca mano las +grandes orejas de <i>Toby</i>, cuando la puerta dio paso a la bella presencia +y a las patillas azulejas del señor de Monthélin.</p> + +<p>El joven <i>Toby</i> que no había visto todavía al tiburón de los salones, +porque el señor de Monthélin no iba a casa de la señora de Lerne, le +tomó seguramente por un malhechor, y sin embargo, le demostró que no le +temía. Bajose de las rodillas de su señora, y se apostó resueltamente +delante de ella ladrando furiosamente, y aun atacando a su enemigo.</p> + +<p>No hay nada que desconcierte tanto a un galanteador de damas, sobre todo +cuando tiene pretensiones a sus favores como un pequeño incidente de esa +especie. Juana de Maurescamp, que era tan sagaz como cualquier otra, y +aun más, no, pudo dejar de reírse del contraste que ofrecía el señor de +Monthélin con su expresión amable y la inquietud manifiesta que le +causaba la agresión de <i>Toby</i>. Así fue como <i>Toby</i>, cual si estuviese en +el complot de la señora de Lerne, contribuyó a su-buen éxito con su +humilde contingente.</p> + +<p>Después de aquel estreno comprendió Monthélin que una escena de amor era +imposible. Limitose, pues, aquel día a tocar ligera y melancólicamente +lo concerniente al amor, y resignose a acariciar a <i>Toby</i>, puesto que no +podía ahogarlo.</p> + + + +<h3><a name="V" id="V"></a>V</h3> + + +<p>Al día siguiente, al subir al cupé de su marido para ir a casa de Lerne, +sentíase Juana agitada. Habíale preocupado mucho el traje que llevaría; +después de muchas reflexiones, decidiose a ponerse un traje austero, en +armonía con la gravedad del rol que iba a desempeñar aquella noche.</p> + +<p>Púsose únicamente un vestido de terciopelo punzó, obscuro. Era lástima +que sus brazos y hombros quedasen al descubierto en su deslumbrante +desnudez; la severidad de su actitud sufría una alteración. Pero no +podía hacerlo de otro modo.</p> + +<p>En la mesa fue colocada a la izquierda de Jacobo, que tenía a su derecha +a la señora de Hermany. Como había acalorado un poco su imaginación +sobre el culto secreto que le consagraba el joven, no dejó de parece ríe +al principio que aquel culto era por demás discreto. El señor de Lerne +apenas le dirigía la palabra, y se consagraba exclusivamente a su vecina +de la derecha. No teniendo otra cosa en qué ocuparse prestó el oído a su +conversación; entre otras cosas, oyó que la señora de Hermany le +reprochaba el poner sobrenombres a todo el mundo.</p> + +<p>—Supongo—le dijo—que yo también tendré el mío.</p> + +<p>—Sin duda alguna—contestó Jacobo.</p> + +<p>—¿Y cuál?—preguntó la joven rubia alzando su frente angelical.</p> + +<p>—«¡Agua que duerme!»—dijo el joven, inclinándose un poco hacia ella.</p> + +<p>La señora de Hermany se ruborizó; después, mirándole de frente con aire +de niña en su primera comunión:</p> + +<p>—¿Y por qué «Agua que duerme»?</p> + +<p>—Por nada... es un nombre indio.</p> + +<p>—Y yo, señor, ¿tengo también un apodo?—preguntó Juana sonriendo.</p> + +<p>—¿Vos?—dijo. Fijó en ella la mirada, saludola ligeramente y añadió en +tono serio:—¡No!</p> + +<p>Viéndola un poco turbada, cambió inmediatamente de conversación, +hablando de las piezas nuevas, de los museos, de los países extranjeros +que había visitado, pareciendo hacerle aquellas ligeras observaciones, +únicamente para tener el gusto de oír sus respuestas, y mirándola con +aire grave y dulce, como para animarla a contestarle con exactitud.</p> + +<p>¡No había duda! Sí, decididamente algo había de extraordinario. En el +modo de hablarla, escucharla y mirarla, notábase una mezcla indefinible +de bondad y distinción que parecía reservada únicamente para ella. ¿Cómo +ella no se había apercibido antes?... ¡Qué singularidad!... Y tanto más +singular era lo que sucedía, cuanto que ella no era, no, absolutamente +de aquellas a quienes aprecia un hombre semejante. Pero, al fin, era una +fineza de su parte, y Juana desde entonces se consagró con todo empeño e +interés a la tarea de casar a aquel joven que, a pesar de sus malas +compañías, conservaba todavía algunas buenas cualidades.</p> + +<p>Pasó revista inmediatamente en su memoria a todas las jóvenes que +conocía y que pudieran convenirle, pero en aquel momento no encontró +ninguna.</p> + +<p>Después de la comida, una parte de los convidados pasó a la pieza de +fumar; el señor de Lerne les seguía, cuando su madre le detuvo.</p> + +<p>—Jacobo—díjole—, toca tu último vals a la señora de Maurescamp antes +que lleguen los demás convidados; no te lo ha oído, y estoy segura de +que le gustará.</p> + +<p>—Os pido que lo hagáis, señor—dijo Juana.</p> + +<p>El señor de Lerne saludó y sentose al piano. Tocó el vals nuevo y +algunas otras piezas nuevas que le pidió Juana.</p> + +<p>Como sucede casi siempre en tales casos, los convidados, después de +haber escuchado un rato, retiráronse a conversar cada uno por su lado. +La señora de Maurescamp quedó sola como dilettante obstinada, cerca del +piano y de Jacobo, en una de las extremidades del salón.</p> + +<p>Cuando el joven hubo terminado una ritornela brillante y paseaba +distraído sus dedos sobre el teclado, Juana creyó llegado el momento +fisiológico:</p> + +<p>—¡Qué talento tenéis!—díjole—, y a más, pintáis muy bien, según +dicen.</p> + +<p>—Borroneo un poco...</p> + +<p>—¡Qué cosas tan curiosas hay en este mundo... cosas +inexplicables!—articuló la joven como hablándose a sí misma.</p> + +<p>—¿Soy yo, señora, quien os sugiere esa reflexión?</p> + +<p>—Sí, tenéis todos los gustos que pueden detener a un hombre en su +casa... y vivís... en el círculo...</p> + +<p>—¡Dios, mío! ¡Vaya!—dijo el señor de Lerne.</p> + +<p>—Señor Jacobo—replicó Juana, cuyo abanico se agitó violentamente.</p> + +<p>—¿Señora?</p> + +<p>—¿Os voy a parecer muy indiscreta?</p> + +<p>—¡Soy tan indulgente!...</p> + +<p>—Vuestra madre desea veros casado.</p> + +<p>—Me lo figuro, señora.</p> + +<p>—¿Y vos no lo queréis?</p> + +<p>—No, señora, absolutamente.</p> + +<p>—¿Tenéis alguna razón para ello?</p> + +<p>—Una sola, y es que no conozco una sola que sea digna de mí.</p> + +<p>—¡Ah! ¡Mi Dios!</p> + +<p>—Es decir, perdón...—replicó Jacobo con la misma gravedad—: estáis +vos... pero vos no sois libre... y por otra parte...</p> + +<p>—Por otra parte, ¿qué?—preguntó la joven, tendiendo el arco de sus +cejas.</p> + +<p>—Por otra parte... vos, vos misma estáis a punto de caer.</p> + +<p>—¡Pero, señor Jacobo!</p> + +<p>—Excusadme, es mi opinión.</p> + +<p>—¿Por qué?—continuó Juana.</p> + +<p>—Por que elegís mal vuestros amigos.</p> + +<p>—¿Eso quiere decir, supongo, que hago mal en no elegir al señor Jacobo +de Lerne?</p> + +<p>—No... de veras... no. Y, sin embargo, tal cual me veis, había nacido +para comprender y aun para participar de los amores de los ángeles.</p> + +<p>—¡Ah! francamente—dijo riendo la señora de Maurescamp—, si he de dar +crédito a las voces que corren, os halláis muy lejos de los amores de +los ángeles.</p> + +<p>—¿Qué queréis? Me han desanimado—dijo el señor de Lerne riendo a su +vez—. ¿Me permitís, señora, contaros una historia escandalosa?...</p> + +<p>—Me interesará mucho... pero supongo que tendré que irme a la mitad.</p> + +<p>—Yo no lo creo. Es una historia que os aclarará muchas... es la de mis +primeros amores... en que me conduje como un miserable... Pero no +anticipemos. Tenía, señora, veintiún años, y por extraño que parezca, no +había amado todavía... Tenía entonces, de las mujeres y del amor, una +idea extraordinariamente elevada, casi santa. Tenía en mi corazón un +verdadero tesoro de abnegación, de amor y de respeto, al que no me era +dado dar una mala colocación. En fin, encontré una mujer a quien amé, +como ella quería ser amada, y que no amó como ella quiso amarme. +Pertenecía al mundo más aristocrático. Estaba mal casada, sobre eso no +hay que decir, y era muy desgraciada, no era joven ya, pero por eso +mismo la amé más todavía, pues había sufrido mucho... Bella en extremo +todavía, aunque rubia; y a más de una honestidad timorata que me +desesperó más de una vez... Porque, en fin, aunque me era sagrada, yo +tenía veinte años... Pero había que respetarla o alejarme de ella...</p> + +<p>Nuestras entrevistas eran raras y cortas. Su marido era celoso y la +vigilaba de cerca. Podíamos muy bien darnos algunas citas por los medios +más vulgares. Pero todo lo que era vulgar, todo lo que hubiese podido +degradar nuestro amor, nos repugnaba igualmente a ambos... Los meses se +pasaron en este encantamiento y en esa contrariedad. A pesar de sus +reservas, muy penosas sin duda, que su conciencia me imponía, quizá a +causa de esa misma reserva, sentíame tan enamorado y tan feliz, como se +puede serlo en este mundo; sentía la más grande alegría al dar a aquella +criatura tan querida, toda su felicidad perdida, sin tener ningún +remordimiento serio, porque lo poco que me concedía, habríaselo +concedido a un hermano, y sin embargo, ese poco era para mí la más +suprema voluptuosidad.</p> + +<p>En una hermosa noche del mes de octubre, durante las cacerías—éramos +vecinos en el campo—, su marido había ido a pasar veinticuatro horas a +París... A fuerza de súplicas y de juramentos, pude conseguir que me +concediese pasar una hora en su habitación...</p> + +<p>—¡Perdón!...—dijo la señora de Maurescamp, levantándose de su +asiento—, ¿si me fuese?</p> + +<p>—No, no, no temáis nada.</p> + +<p>—La habitación estaba en el primer piso y se abría sobre el parque. +Penetré allí hacia media noche por una ventana un poco alta y de un +acceso bastante difícil a cuyo alrededor había, lo recuerdo, algunos +bejucos y jazmines y clemátides que esparcían por la noche un olor +exquisito, no sé si fue aquel olor un poco capitoso, o la impresión +nueva para mí de aquella habitación personal... pero debo confesaros que +aquella noche estaba menos resignado que nunca a los, escrúpulos +inhumanos que se me oponían... Aquélla fue una escena dolorosa que no +recuerdo sin avergonzarme...</p> + +<p>La pobre mujer acabó por arrojarse a mis pies, con las manos juntas, +suplicándome que fuese honrado y preguntándome con lágrimas en los ojos, +si no era feliz, si podría serlo jamás tanto, si podría serlo a expensas +de su reposo, de su honor y aun de su vida... porque ella no +sobreviviría a su deshonra... En fin, ella venció. Yo cedí en parte a +sus lágrimas, en parte a mis propios sentimientos que me decían que no +podía haber más allá de aquella amistad apasionada e inocente... Ella me +lo agradeció besándome como loca las manos y yo salí por donde había +entrado.</p> + +<p>Apenas había puesto el pie en la arena del camino cuando me volví para +enviarle un último beso, murmurando: ¡hasta mañana! Vila a la claridad +de la luna parada e inmóvil dentro del marco de la ventana, los brazos +cruzados sobre el pecho, el busto un poco echado hacia atrás. Al envío +del beso, contestó con un ligero movimiento de hombros; en seguida con +su bella voz de contralto que tanto adoraba, dejó caer lentamente estas +palabras: ¡Adiós... imbécil!</p> + +<p>Después no he vuelto a verla. Desde aquel momento me cerró su puerta, +su ventana y su corazón.</p> + +<p>La señora de Maurescamp habíale escuchado con extremada atención. Cuando +hubo concluido, mirole fijamente:</p> + +<p>—¿Y qué consecuencia sacáis de eso?—díjole.</p> + +<p>—He sacado por consecuencia que las mujeres honestas eran demasiado +fuertes para mí.</p> + +<p>—A la verdad, señor, que si para justificar vuestro desprecio por +nuestro afecto no tenéis más motivos que ese recuerdo de vuestra +juventud...</p> + +<p>—¡Oh, tengo otros!—dijo el señor de Lerne.</p> + +<p>Pronunció esas palabras con un tono tan singular que Juana lo miró, y +sorprendida quedó de la expresión casi dolorosa que repentinamente había +contraído su frente y sus labios.</p> + +<p>—¡Tengo recuerdos atroces!—añadió el joven insistiendo.</p> + +<p>Después, con un acento conmovido, añadió:</p> + +<p>—Sois una joven llena de bondad y delicadeza, a quien estimo en +extremo, pero esos motivos no puedo decirlos, ni a vos misma.</p> + +<p>Levantose Juana algo turbada y alzando su tapado:</p> + +<p>—Creo que me comprometo—dijo risueña.</p> + +<p>El señor de Lerne se levantó también inmediatamente diciendo:</p> + +<p>—Perdón por haberos detenido tanto tiempo.</p> + +<p>—¡Pero yo no renuncio!—dijo ella graciosamente al alejarse.</p> + +<p>Él se inclinó sin contestar.</p> + +<p>La larga conversación de la señora de Maurescamp y Jacobo, no había +dejado de despertar la curiosidad más o menos benévola de los invitados +de la señora de Lerne. Juana se apercibió de ello, y para destruir el +carácter sospechoso que pudiese tener aquella entrevista, dijo en voz +alta a la condesa, que pasaba por su lado:</p> + +<p>—¡Ninguna esperanza, señora! ¡He perdido mi tiempo!</p> + +<p>La madre de Jacobo, que había observado desde lejos con vivo interés la +fisonomía de los dos interlocutores, no era de la opinión de Juana. +Juzgó, por el contrario, que la joven no había perdido su tiempo y que +todavía había que esperar.</p> + + + +<h3><a name="VI" id="VI"></a>VI</h3> + + +<p>Se sabe cómo empieza el amor. No se sabe absolutamente de dónde nace la +simpatía. Es casi imposible darse cuenta de esos lazos delicados y +complejos que ligan repentinamente dos corazones y dos inteligencias en +ese sentimiento caprichoso. Aunque el atractivo femenino no sea un +obstáculo, no es sin embargo indispensable, puesto que la simpatía se +encuentra con frecuencia entre personas del mismo sexo y que no asusta a +los cabellos blancos.</p> + +<p>El acuerdo súbito que se establece entre dos seres hasta entonces +desconocidos uno de otro, esa vivacidad de impresiones recíprocas, esa +buena inteligencia mutua de las miradas, esa facilidad de expansión y +necesidad de confidencia, ¿en qué secreta relación de ideas, y gustos, +cualidades o defectos debemos buscar la causa sutil? Ignorámoslo; pero +ese sentimiento indefinible, ya se habrá comprendido que Juana y Jacobo, +después de su conversación confidencial, no tardarían en experimentarlo. +Aunque separados en apariencia por abismos, aquel libertino cansado y +aquella joven sin mancha se comprendían perfectamente. A pesar de ser +tan diferentes, sentían que había en el fondo de sus almas algo que les +disponía a las mismas impresiones, a las mismas apreciaciones de las +cosas, a las mismas pruebas en la vida, a los mismos goces y a los +mismos dolores.</p> + +<p>Todos encuentran seres simpáticos, son las buenas fortunas de la vida +mundana; en la movilidad y extensión de las relaciones parisienses, no +duran con frecuencia más que el espacio de una comida, u otra reunión. +Gustan uno de otro, llegan a exaltarse, confíanse sus secretos, llegan +casi hasta a amarse, y no vuelven a verse hasta el año siguiente.</p> + +<p>Hay que empezar de nuevo. Pero entre la señora de Maurescamp y Jacobo de +Lerne no sucedería lo mismo; pertenecían a la misma sociedad y a las +mismas relaciones, y necesariamente tenían que volver en breve tiempo a +su conversación suspendida.</p> + +<p>A más de eso, el señor de Lerne, después de haber cavilado dos o tres +días, acabó por decirse que él debía una visita a la señora de +Maurescamp. ¿Por qué quería ella casarlo? ¿Qué misterio era aquél? En +todo caso, era una muestra de interés por su persona que lo obligaba a +una demostración de agradecimiento. Por consiguiente, fue una tarde a +su casa al azar, a eso de las cinco. Encontrose allí con Monthélin, +acomodado cerca del fuego. El señor de Monthélin, que tenía ya demasiado +con la presencia de <i>Toby</i>, se exasperó tanto al ver a de Lerne que +perdió su sangre fría ordinaria; persistió contra todas las +conveniencias en prolongar indefinidamente su visita, a tal extremo, que +de Lerne tuvo que tomar el partido de retirarse el primero, aunque +hubiese llegado el último. El señor de Monthélin no ganó gran cosa, y la +excesiva frialdad de Juana, después de la partida de Jacobo, le hizo ver +que había cometido una imprudencia, y para repararla, se apresuró como +es casi seguro, a cometer otra.</p> + +<p>—¿Parecéis disgustada conmigo—dijo sonriendo—, porque no he cedido el +lugar al señor de Lerne?</p> + +<p>—Naturalmente—contestó la joven—, habíais llegado antes que él, y +quedaros cuando él se va es daros unos aires de dueño de casa a los que +nada os ha autorizado, según creo.</p> + +<p>—Es cierto—contestó—, os pido mil perdones; pero ya sabéis que el +sentimiento no razona.</p> + +<p>—Hacéis mal. Después de esto, vuestra posición respecto del señor de +Lerne después de vuestro duelo, os impone ciertas atenciones +particulares.</p> + +<p>—Es justo; pero, ¿cómo tener valor para alejarme?</p> + +<p>—A propósito—interrumpió la señora de Maurescamp—. ¿Cuál ha sido el +motivo de este duelo? ¿Puede saberse?</p> + +<p>—¡Oh! nada, habladurías.</p> + +<p>—¿Habladurías? ¿Qué habladurías?</p> + +<p>—Una palabra hiriente que me refirieron.</p> + +<p>—¡Ah! ¿Qué palabra? ¿No queréis decírmela? ¿Preferís que yo la +adivine?</p> + +<p>—¿Entonces lo sabéis?—dijo Monthélin.</p> + +<p>—Sí, la sé—contestó.</p> + +<p>—Qué torpeza, ¿eh?</p> + +<p>—Pero no... no tanto.</p> + +<p>—¿Supongo que no será él quien os la ha dicho, al menos?</p> + +<p>—Es demasiado caballero para hacerlo—contestó Juana.</p> + +<p>Viendo el señor de Monthélin que el torneo de palabras no era en ventaja +suya, volvió a pedir disculpas y se retiró.</p> + +<p>En virtud del proverbio persa: «No te prodigues y te amarán», las +visitas del conde de Lerne eran en general consideradas por las damas +como pequeñas fiestas por aquéllas que eran favorecidas. La gracia de su +persona, su talento, sus habilidades, y aun el tinte un poco vivo de sus +costumbres, hacíanlo un personaje particularmente interesante. Fue, +pues, para la señora de Maurescamp una verdadera contrariedad que en su +primera visita hallase en su casa tan poco atractivo, y sobre todo, que +se encontrase con Monthélin instalado bajo un pie de intimidad casi +comprometedor.</p> + +<p>Sin darse cuenta de cómo podría explicarse con el señor de Lerne sobre +un asunto tan delicado, esperó, sin embargo, impaciente el miércoles +siguiente, esperando encontrarle en la recepción de su madre. Pero al +llegar a casa de la condesa tuvo el desagrado de saber que Jacobo tenía +un fuerte dolor de cabeza que le retenía en la cama. Con razón o sin +ella, creyó ver en esta circunstancia un acto de desdén, o cuando menos +de mal humor para con ella. El aprecio de aquel joven de una vida tan +poco ejemplar había llegado a serle repentinamente tan necesario, que la +idea de dejarle por un tiempo indeterminado bajo una mala impresión, le +era insoportable. En circunstancias excepcionales era mujer de +resolución; reunió todo su valor, y tomando aparte a la condesa, le +dijo:</p> + +<p>—Pues bien, querida señora, creo que verdaderamente, he desesperado +demasiado pronto de poder convencer a vuestro hijo... Anteayer vino a mi +casa, y como no es muy visitador, creo que tenía algo serio que +decirme... que quería hablarme del gran asunto del matrimonio. +Desgraciadamente, yo no estaba sola... Lo siento mucho, sobre todo, si +un buen pensamiento le hubiese llevado.</p> + +<p>—Nada más probable, hija mía, pero, gracias a Dios, eso no es +irreparable, si queréis, ¿cuándo podrá encontraros, si llega a desear +visitaros nuevamente?</p> + +<p>—Si llega a desearlo...—replicó la señora de Maurescamp arrugando su +frente en signo de reflexionar...—Pues bien, veamos... mañana a la +tarde... después de comer... Justamente... mañana a la tarde no +salgo...</p> + +<p>—Yo lo informaré, y estad segura de que os adora.</p> + +<p>La señora de Maurescamp pasó la mañana del día siguiente arrepentida +amargamente del paso que había dado; su alma delicada y solitaria le +reprochaba su avance. Si el señor de Lerne no venía, ¡qué mortificación! +Si venía, ¿no tendría derecho para creer en una cita? ¿No llegaría a +figurarse que la cuestión del casamiento no era más que un pretexto para +encubrir una provocación audaz?</p> + +<p>La tarde llegó; después de comer, el señor de Maurescamp jugaba un rato +con su hijo Roberto en el pequeño salón botón de oro, de su mujer, y en +seguida iba, como era su costumbre, a fumar un cigarro al <i>boulevard</i>.</p> + +<p>Juana continuó ejecutando febrilmente en el piano, una serie de valses +y mazurcas, mientras que su hijo, vestido de blanco y con cinturón +punzó, daba saltos con su aya inglesa y <i>Toby</i>. Oyendo abrir la puerta, +dejó repentinamente de tocar; era un sirviente.</p> + +<p>—¿Recibe la señora condesa?</p> + +<p>—Sí, ¿quién está ahí?</p> + +<p>—El señor conde de Lerne, señora.</p> + +<p>—Hacedle entrar.</p> + +<p>Alzó a su hijo y le dio un beso, en seguida, sentose gravemente en un +sillón teniéndolo en sus brazos como las madonas tienen a su <i>bambino</i>.</p> + +<p>Jacobo de Lerne, al entrar, contempló aquel cuadro de santidad, que +hubiera podido hacerle creer, al menos así se lo figuraba Juana, que las +circunstancias eran más serias e importantes que lo que podría haberse +imaginado. Sin embargo, pareció que no se había sorprendido, ni mostrose +contrariado; púsose a acariciar a Roberto, cual si no lo hubiese llevado +otro objeto. Después de algunos minutos, la señora de Maurescamp tomó +el partido de mandarlo a acostar, puesto que no servía para otra cosa.</p> + +<p>El niño acababa de salir, cuando una fuerte ráfaga de viento sacudió las +persianas del salón.</p> + +<p>—¡Ah! ¡Dios mío!—exclamó Juana—, ¿oís? es una verdadera tempestad y +nieva también, ¿verdad?</p> + +<p>—¡Nieva mucho!—dijo Lerne—. Es muy agradable estar al lado de vuestro +fuego, con un tiempo semejante...</p> + +<p>—Cuando os digo—replicó Juana riendo—que sois un hombre casero.</p> + +<p>—¡Ah! ¡en eso estamos! Pero, señora, decidme al fin, ¿por qué deseáis +tanto que me case? Tan, original idea no, puede ser vuestra... Si he +comprendido bien el otro día, es mi madre quien os la ha sugerido.</p> + +<p>—Sí, ciertamente.</p> + +<p>—¡Ah!—dijo—, es mi madre.</p> + +<p>Quedose pensativo, después de un instante:</p> + +<p>—Siento—añadió—no poder hacer lo que mi madre y vos deseáis, pues ya +lo he dicho, no quiero casarme.</p> + +<p>—¿Porque no hay en el mundo ninguna mujer digna de vos? Ya es sabido.</p> + +<p>—¡Por Dios, señora, permitidme explicaros...! Vos sabéis que en materia +de religión las gentes que menos la practican son las más exigentes y +más austeras. Con nada están satisfechas. Yo, os dicen ellas, si yo +creyese, ya lo veríais... haría esto y lo otro... en fin, la +perfección... Pues bien, yo soy lo mismo en materia de casamiento... Lo +comprendo de tal manera, que creo que nadie es capaz de comprenderlo +como yo... Esta es la razón por que no me caso.</p> + +<p>—¿Cómo lo comprendéis? Veamos—dijo la joven en un tono de una ligera +ironía.</p> + +<p>—Os reiríais de mí, si os lo dijese.</p> + +<p>—Creo que no. Ensayad.</p> + +<p>—Pues bien, señora, el matrimonio es para mí el amor por excelencia... +Puede ser que el amor en el matrimonio sea un sueño, pero es el mejor de +los sueños, y si alguna vez se realiza, aunque sea a medias, no debe +haber en el mundo nada más agradable y elevado. Es el único que merezca +verdaderamente el nombre de amor, porque es el único también al que la +idea religiosa le da algo de eterno... El divorcio, de que se habla +tanto este año, me desagrada por eso... Porque le quita al matrimonio el +sentimiento de lo infinito... Ese sentimiento puede ser una traba para +las almas vulgares o para los mal casados. Pero imaginaos dos seres que +se han elegido antes de unirse, que se conocen bien, que se estiman, en +fin, que se aman, y pensad cuánto debe añadir a su felicidad la +certidumbre de su duración sin fin. Es un camino encantado el que +siguen aquellos dos seres. Viendo con arrobamiento que se pierde en los +horizontes sin límites donde el cielo se confunde con la tierra... ¿Os +fastidio, señora?</p> + +<p>—No—dijo Juana.</p> + +<p>—Pues bien—añadió el señor de Lerne—, no me imagino una existencia +más completa que la de esos viajeros, que son al mismo tiempo dos +amigos. Su ser es doble. Todos sus sentimientos son más vivos, sus +alegrías mayores; sus penas disminuyen. Si son inteligentes, como +supongo, llegarán a serlo más. Si son honestos, serán mejores. Por su +íntimo contacto, por el cambio continuo, por la tierna emulación y el +deseo mutuo de no desmerecer uno de otro. En estos tiempos de +perturbaciones por que pasamos, habría soñado más que nunca en una unión +de una intimidad sin igual entre dos seres igualmente generosos y +delicados, apoyándose y fortificándose el uno al otro, para conservar a +la vez el corazón elevado y los gustos puros... Para mantenerse fieles a +sus antepasados, en cuanto al honor y a los viejos maestros, en cuanto +al arte y poesía. Para admirar juntos lo que es eternamente bello y +despreciar lo que no lo es, para refugiarse en las alturas como en un +arca y hablar allí de todo lo que conmueve el corazón o el pensamiento +de esta hora de los siglos, ¿Qué más os diré?... para poner en común su +creencia... o sus dudas. Para pensar alguna vez juntos en Dios, creer, +buscarlo y llorarlo... ¡Ya veis, señora, que todo esto es puramente +locura!</p> + +<p>La actitud de Juana, mientras escuchaba al señor de Lerne, era +encantadora; un poco inclinada hacia adelante, mirábale con sus grandes +ojos admirados, cual si viese surgir ante ella una fuente de delicias, y +sus labios se entreabrían como para beber en ella.</p> + +<p>Guando hubo cesado de hablar, vio a la joven secar furtivamente una +lágrima que corría por sus mejillas. Turbado él mismo, por un movimiento +irreflexivo de simpática atracción, le tendió la mano.</p> + +<p>Juana retiró suavemente la suya tomando un aire circunspecto.</p> + +<p>—Perdón—dijo el joven—, creía que éramos amigos.</p> + +<p>—Todavía no—articuló ella.</p> + +<p>—¿No tenéis confianza? ¿Parezco yo un hombre que os hace la corte?</p> + +<p>—Cada uno tiene su modo de hacerla—dijo ella con imperceptible +sonrisa.</p> + +<p>—Confesad que la mía sería singular.</p> + +<p>Púsose a jugar con mano febril con algunos objetos que había sobre la +mesa; sus ojos se detuvieron en una fotografía del pequeño Roberto; +tomola y contemplola atentamente.</p> + +<p>—Es lindo mi hijo, ¿no es verdad?</p> + +<p>—¡Precioso! ¿Por qué lo tomasteis en vuestros brazos cuando yo entré?</p> + +<p>—No sé, por casualidad.</p> + +<p>—No, no fue el acaso... Queríaisme decir con ello: Si vienes como +amigo, enhorabuena; si vienes como enamorado, he aquí mi respuesta.</p> + +<p>—Es verdad... ¿No os parece buena?</p> + +<p>—Ninguna otra puede ser mejor—replicó Jacobo cuya voz temblaba un +poco—; y si algo me admira—prosiguió con extraña animación—, es que +las mujeres, en el momento de caer, no las detenga con más frecuencia el +recuerdo de sus hijos... ¿Creen ellas que no llegará un día en que sus +hijos sepan por las habladurías de la gente, su conducta ligera o +culpable? Y el hombre que no respeta a su madre, ¿qué queréis que +respete en el mundo? Faltándole el respeto a su madre, todo le falta, +todo se desmorona... Ya no existe para él el mundo moral... Desde que no +tiene fe en su madre, no la tiene en nada. Su vida es un desencanto +eterno, y si las mujeres pudiesen ver lo que pasa en el corazón de un +hijo desgraciado, en el momento que llega a saber... a sospechar de su +madre...</p> + +<p>El señor de Lerne se detuvo oprimido por un sollozo.</p> + +<p>Hizo el movimiento desesperado de un hombre que no puede contener sus +impresiones, volvió la cabeza y cubrió sus ojos con sus manos.</p> + +<p>Juana, como todo el mundo, había oído hablar de la juventud demasiado +ligera de la condesa de Lerne; y comprendió.</p> + +<p>Hubo un momento de penoso silencio. La señora de Maurescamp dejó +violentamente su sillón y avanzando dos pasos tendió la mano al joven.</p> + +<p>Jacobo se levantó de su asiento, sus ojos se encontraron, estrechó con +fuerza la mano que se le tendía, saludó y salió.</p> + +<p>Aquella brusca partida dejó inmóvil por un instante a la señora de +Maurescamp; dio algunos pasos inciertos por el salón, y en seguida +dejose caer en un confidente, entregada a la más profunda meditación, +sosteniendo con la mano su cabeza y enjugando a intervalos las lágrimas +que caían lentamente de sus ojos. ¿Por qué lloraba? En la turbación en +que aquella escena la había dejado, no se daba cuenta ella misma de sus +lágrimas.</p> + +<p>El sonido del timbre en el vestíbulo hízola repentinamente contraer sus +cejas; algunos momentos después la puerta se abrió para dar paso al +señor de Monthélin.</p> + +<p>—He sabido por el señor de Maurescamp que no salíais hoy y me he +atrevido...</p> + +<p>—Sois muy amable... Acercaos al fuego, pues.</p> + +<p>Una mirada había bastado al señor de Monthélin para conocer que Juana +había llorado. No era la primera vez que sorprendía un síntoma igual, en +una mujer abandonada de su marido, y tenía por costumbre, no sin razón, +augurar de ahí, favorablemente respecto a sus pretensiones.</p> + +<p>Justamente en esos momentos, el señor de Maurescamp, desertando del +cuerpo coreográfico, hacía ostentación de sus relaciones con una amazona +americana, Diana Grey, cuya aparición en el circo de Invierno había sido +uno de los acontecimientos de la estación. Desde algunos días se la veía +conducir alrededor del lago un par de caballos negros, cuya procedencia +nadie ignoraba. El señor de Monthélin creyó, pues, que aquella +circunstancia debía tener alguna relación secreta con el estado de +tristeza en que veía a la señora de Maurescamp.</p> + +<p>El sobrenombre grotesco con que Jacobo de Lerne había gratificado al +señor de Monthélin puede hacer creer al lector que este personaje tenía +algo de ridículo, pero nada menos que eso. Era, en efecto, un seductor +muy serio y muy peligroso. Tenía para con las damas el prestigio +singular de los hombres de buena fortuna; y parecíale menos vergonzoso +el ser seducida por él que por algún otro. Era bien formado, alto y +valiente, y sin tener lo que se llama talento, poseía, a fuerza de +aplicación y gusto por su oficio, una habilidad temible para adivinar +las ocasiones y aprovecharse de ellas. Sabía mejor que nadie, que hay en +la vida de las mujeres esas horas de enervación y de presión moral, +horas, por decirlo así, sin defensa, de las que un hombre de penetración +y atrevido sabe sacar terribles ventajas. Es así como se explica que +mujeres distinguidas lleguen a ser algunas veces presa de la más vulgar +de las galanterías.</p> + +<p>El señor de Monthélin, que en su estrategia alrededor de la señora de +Maurescamp, esperaba hacía mucho tiempo esa hora fatal con una paciencia +y asiduidad felinas, juzgó que había llegado al fin. Después de algunos +instantes de conversación banal, a la cual Juana prestaba una atención +distraída y lánguida, acercó su silla al confidente donde estaba +recostada y,</p> + +<p>—Apenas me escucháis—dijo—. ¿Qué tenéis?</p> + +<p>—Nada.</p> + +<p>—¿Habéis llorado?</p> + +<p>—Puede ser.</p> + +<p>—¿No soy vuestro viejo amigo, para recibir la confidencia de vuestras +penas?</p> + +<p>—Yo no tengo penas... No sé lo que tengo...</p> + +<p>Tomole con firmeza las dos manos acercándose más y mirándola fijamente.</p> + +<p>—¡Pobre hija mía!—dijo a media voz—, ¡si supieseis cuánto os amo!</p> + +<p>Al mismo tiempo sintió Juana que el brazo de Monthélin rodeaba su +cintura. Despertose como de un sueño, levantose y rechazándole +violentamente exclamó:</p> + +<p>—¡Ah, mi pobre señor! Si supieseis qué mal momento habéis elegido.</p> + +<p>No había como equivocarse sobre el acento de su voz y la expresión de su +semblante, el sentimiento que la animaba era claramente el del desdén +más frío e implacable. El señor de Monthélin debió convencerse de que +aquella ocasión habíala olfateado mal. Sólo le quedaba hacer una +retirada honrosa.</p> + +<p>—Creo—dijo—que el señor de Lerne sale de aquí... Vamos ¡él se venga, +es en buena guerra!</p> + +<p>—Tomó su sombrero, se inclinó profundamente y ganó la puerta.</p> + +<p>Juana, al quedarse sola, comprendió por primera vez, el peligro real y +odioso que había corrido casi inconscientemente. Diose cuenta de que en +pocos días, tal vez en algunas horas, por desalientos, por indolencia, +habría llegado a ser, sin amor, sin amistad, sin excusa, la víctima +inerte y estúpida de aquel cobarde libertino. Comprendió cuan cerca se +había hallado del borde de aquel abismo y lo lejos que de él se hallaba +en aquel momento. Díjose que las lágrimas que había derramado eran +lágrimas de felicidad; y como transportada de alegría, echando hacia +atrás con sus dos manos su abundante cabellera, murmuró:</p> + +<p>—¡Estoy salvada!</p> + + + +<h3><a name="VII" id="VII"></a>VII</h3> + + +<p>Es inútil decir a nuestros lectores, y sobre todo a nuestras lectoras, +que desde aquella tarde, y sin más explicaciones, se estableció una +amistad regular y de las más estrechas, entre Juana de Maurescamp y +Jacobo de Lerne.</p> + +<p>Juana entró desde entonces en una nueva faz de su vida, llena de +delicias. Sentíase renacer; volvía a tener ilusiones, creencias, y esos +impulsos entusiastas que habían encantado su juventud; recobraba sus +alas. Veía realizado su sueño en aquel sentimiento que la ligaba para +siempre al señor de Lerne. Sus almas habíanse tocado en un momento +dado, en puntos tan sensibles y delicados, que habían quedado como +imantadas. No tardaron en convencerse ambos de que sólo vivían en +aquellos momentos en que se hallaban juntos. Comprendíalo ella en la +radiante expresión de Jacobo, así que la veía, en la tierna expresión de +su voz, en la presión suave y respetuosa de su mano. Veía su empeño en +encontrarse con ella siempre que podía, sin comprometerla, y estábale +reconocida, tanto por sus demostraciones como por sus escrúpulos. Notaba +que sus gustos habían cambiado y que se había hecho mundano para +complacerla, más que todo, por su lenguaje y maneras reservadas para con +ella. Jamás una palabra de galantería, pero sí una confianza absoluta y +la deferencia lisonjera de elevar la conversación cuando se dirigía a +ella, demostrándole de ese modo tan galante, sin decirle una palabra, +que con ella no podía hablarse vulgaridades como a las demás, porque +estaba mucho más arriba de todos y de todas.</p> + +<p>Un día supo que había roto sus relaciones con Lucy Marry. Tal noticia, +la encantó y la alarmó al mismo tiempo. Aquel sacrificio, hecho en honor +suyo, ¿no la comprometería demasiado? Reprochose tomarle toda su vida, +cuando ella no podía consagrarle la suya. Para tranquilizar su +conciencia, resolvió heroicamente volver a impulsarle al matrimonio, +empleando toda su elocuencia. Recordole en consecuencia, que su misión +era casarle, que eso para ella era una cuestión de honor.</p> + +<p>—Por otra parte—añadió—, cierta tarde me habéis expuesto unas teorías +sobre el matrimonio, que me parecen muy edificantes; sería lástima que +tan bello programa no se convirtiese en realidad, alguna vez siquiera en +la vida.</p> + +<p>—¿Pero no veis que trato de realizarlo con vos?</p> + +<p>Ruborizose la joven mirándole con cierta timidez.</p> + +<p>—Supongo que no temeréis nada, tengo a vuestro hijo entre los dos. +Aunque no lo quisiera, no podría ser sino vuestro amigo, lo demás sería +deshonrarme ridículamente a vuestros ojos y a los míos. Sería un +verdadero tartufo... ya veis que es imposible...</p> + +<p>—¡Gracias a Dios! Pero paréceme a mí imposible que la amistad pueda +únicamente llenar la vida de un hombre. Considerome cruelmente egoísta +en usurpar vuestra existencia por tan poco.</p> + +<p>—Señora—contestó alegremente Jacobo—, no os aflijáis por eso; os +aseguro que no soy digno de lástima. Tengo algo de místico, y en otros +tiempos hubiera hecho como algunos jóvenes, que a consecuencia de +ciertas tempestades de la vida, se encerraban en un claustro o en las +Tebaidas del Port-Royal. Y por cierto que ellos no encontraban una amiga +como vos. Os lo digo, seriamente, vos sois para mí, mi refugio y mi +salvación. Hay todavía en mí un desborde de vida, del que he podido +tomar mi parte, pero al fin, estoy saciado... Saciado hasta el extremo. +Sentíame como sumergido en el fango... En una palabra, ansío un ideal +elevado y aun austero, y lo encuentro en el sentimiento que experimento +por vos; y este sentimiento, que es el amor, mucho me lo temo, es +también una religión. Pero podéis estar tranquila, y sobre todo... sed +feliz. Amadme un poco y no hablemos más de esto. Voy a leeros una página +de vuestro querido Tennyson, el más casto de los poetas. No puede venir +más al caso.</p> + +<p>Otra noche, algunos meses después, era ella quien tranquilizaba al +joven. Debía ella partir a la mañana siguiente con su madre y su hijo +para Dieppe, donde iba a pasar algunos días. El señor de Lerne había ido +a despedirse. Aunque la separación debía ser corta, no le fue dado dejar +de sentirse emocionada y sin fuerzas. Temiendo manifestar demasiado +sentimiento, llevó la reserva hasta mostrarse fría. Admirado de su +actitud concentrada y algo burlona, el señor de Lerne púsose también +silencioso y disgustado. Cuando se dieron la mano para despedirse, notó +Juana en su mirada una singular expresión de inquietud y desconfianza.</p> + +<p>—Apuesto—dijo la joven sonriendose—que adivino vuestro pensamiento.</p> + +<p>—Veamos.</p> + +<p>—Os preguntáis si no voy yo a decir a mi turno como aquella dama: +«¡Adiós, imbécil!»</p> + +<p>—Es cierto... y en verdad que tendríais razón para hacerlo, pero somos +un par de locos.</p> + +<p>—¡Ah! ¡Desgraciado! no digáis eso... no lo penséis siquiera... ¡Os +estoy tan agradecida, por el contrario! ¡Os debo tanto, amigo mío!... +Mirad, os voy a decir una cosa que os sorprenderá mucho... según creo, +pero en fin, voy a decírosla... pues bien, vos me habéis salvado. ¡Sin +vos, estaba perdida!... Ahora podéis estar seguro de que no deseo +perderme con vos... ¡Ah, amigo mío, caeríamos de tan alto! Pensadlo +bien... Seríamos mil veces más culpables que otros, nos +envileceríamos... ¿No es verdad? Quedémonos, pues, donde estamos... Os +amaré más, os estimaré, os bendeciré, amigo mío, desde el fondo de mi +alma, y, ahora, adiós, querido imbécil. Escribidme.</p> + +<p>Era así como se fortalecían mutuamente cuando se sentían débiles.</p> + +<p>Empeñada en dar a sus relaciones un carácter cada vez más serio y +elevado, la digna joven habíale pedido a Jacobo que le trazase un plan +de estudios y lecturas. Decía que aquello era para que él no se +aburriese demasiado a su lado. Jacobo pasó el tiempo de su ausencia +ocupado en formarle una biblioteca en que los escritores del siglo XVII +tenían una colocación especial, entre las obras de crítica moderna, y +las numerosas colecciones de Memorias históricas. Esto fue el asunto de +su correspondencia durante la permanencia de Juana en Dieppe. A su +vuelta, consagrose a su biblioteca con ardor, y desde entonces hubo un +lazo más entre ellos, el del discípulo con el maestro, porque el señor +de Lerne, que era instruido y letrado, era para la joven un guía y un +comentador, del mismo género. Desde entonces, sus conversaciones, sus +admiraciones simpáticas, y aun sus discusiones sobre literatura o +historia, añadieron mayor interés a su tierna intimidad.</p> + + + +<h3><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII</h3> + + +<p>Ese género de amistades reparadoras, que son el sueño de tantas mujeres +mal casadas, o cuando menos de las mejor casadas, necesitan +indudablemente para conservarse puras, de caracteres excepcionales, y +también de ciertas circunstancias como las que habían ligado a Juana de +Maurescamp con el señor de Lerne. Pero en fin, esos amores heroicos no +carecen de ejemplos en el mundo, aunque el mundo no crea en ellos. El +mundo no gusta de estos méritos que traspasan los límites comunes, que +son los suyos. A más, los amores inocentes, son los que menos se +ocultan; desdeñando la hipocresía, dan margen más fácilmente a la +maledicencia. Nadie extrañará, pues, que la gente juzgase con su +escepticismo e indelicadeza acostumbrada, las relaciones de una +naturaleza tan pura como las que se habían establecido entre aquellos +jóvenes.</p> + +<p>El hombre menos capaz de comprender un afecto de esa especie, era +ciertamente el barón de Maurescamp. Aunque fuese muy celoso, más por +amor propio que por su amor a Juana, nunca se había ocupado de +desconfiar de su amigo Monthélin, quien, sin embargo, tan cerca se había +hallado de comprometer su honor, pero en cambio, con el tacto habitual +de su cofradía, no dejó de abrir desmesuradamente los ojos, ante la +intimidad irreprochable de su mujer con Jacobo de Lerne. Detestaba por +instinto al joven, quien le era superior en todo sentido; muchas veces +había sido su rival en las regiones del mundo galante, donde la +distinción de la inteligencia y la elevación de los sentimientos +conservan siempre su prestigio. Pareciole demasiado duro al señor de +Maurescamp el tenerle por rival hasta en su interior conyugal, y hay que +convenir en que si él no hubiese sido el menos recto y el más culpable +de los maridos, su susceptibilidad en aquella ocasión habría sido de las +más disculpables.</p> + +<p>Juana habíase apercibido más de una vez del mal humor con que su marido +soportaba las asiduidades del señor de Lerne, pero fuerte en su +conciencia, habíase preocupado poco de ello. Sin embargo, durante su +permanencia en Dieppe, varias veces intentó mostrarle las cartas que +recibía de Jacobo, a fin de tranquilizarlo respecto al carácter amistoso +de sus relaciones. Para convencerlo mejor, ingeniose tan bien varias +veces para hacerlo permanecer en el salón entre ella y Jacobo, tratando +de alejar de sus relaciones hasta la sombra de un misterio. Pero todos +sus afanes estuvieron muy lejos de alcanzar el éxito que deseaba. El +señor de Maurescamp no se encontraba bien; sentíase irritado del papel +secundario que desempeñaba en tales ocasiones; encogíase de hombros, +decía dos o tres bromas groseras y se marchaba. A pesar de todo, la +verdad tiene tanta fuerza, que a veces sentíase inclinado a creer que +sus relaciones eran en efecto puramente sentimentales. Pero no por esto +sentía un odio menos reconcentrado y violento, y que no esperaba sino +una ocasión para manifestarse.</p> + +<p>Desgraciadamente, la ocasión no tardó en presentarse. Como lo hemos +dicho ya, hacía cerca de un año que el señor de Maurescamp estaba +enamorado de Diana de Grey, joven amazona americana, que entonces +llamaba mucho la atención en París. Esta criatura, hija de un acróbata +de baja esfera, y sumergida en el fango, no dejaba por esto de poseer la +belleza pura y fresca del lirio. Pálida, delgada, elegante, de una +perfección plástica, de una depravación singular, a la que unía la +ferocidad anglo-sajona, reunía, pues, todas las cualidades apropiadas +para subyugar a un hombre como el señor de Maurescamp. Así, pues, +habíale inspirado una de esas pasiones terribles y serviles que son en +general el privilegio de los viejos, pero que los jóvenes depravados +experimentan algunas veces como anticipación hereditaria. Primeramente +le había conquistado con su gracia y su fama, y acabó de subyugarle con +los caprichos fantásticos con que lo atormentaba. Hay hombres que, como +la mujer de Sganarelle, gustan de que se les castigue. El señor de +Maurescamp era de este número, y fue al respecto, servido a su gusto +por la graciosa americana. Si lo hubiese querido, habríale hecho pasar a +latigazos por uno de esos arcos de papel, por donde ella pasaba todas +las noches en el circo; pero prefirió hacerse regalar un lindo hotel en +las cercanías del Bosque de Bolonia con todo lo necesario para vivir en +él confortablemente. Mediante esta compensación, comprometiose a que, +una vez terminado su compromiso, renunciaría a su carrera artística, y +colmaría los votos del señor de Maurescamp.</p> + +<p>En los primeros días de abril de 1877, esta singular persona tuvo la +idea de estrenar su casa convidando algunos de sus amigos a un almuerzo. +Ella misma hizo la lista de los convidados, y con gran disgusto del +señor de Maurescamp, el nombre del señor de Lerne se hallaba también +inscripto; conocíalo ella apenas, pero había oído hablar mucho de él, +puesto que había dejado en la alta bohemia parisiense una reputación de +amable compañero y de caballerosidad. Jacobo había roto completamente +con la sociedad en que Diana Grey era una de las estrellas; pero +temiendo, sin razón, herir la susceptibilidad de Maurescamp, si rehusaba +la invitación de su querida, aceptó.</p> + +<p>Diana Grey colocó al señor de Lerne a su derecha, y desde el principio +del almuerzo, ocupose de él de una manera muy marcada. Jacobo hablaba +perfectamente el inglés; y ella gozaba de conversar en un idioma que el +señor de Maurescamp no tenía la ventaja de poseer. Jacobo hacía todo lo +posible por substraerse a las amabilidades demasiado expresivas de su +vecina y trataba de hablar en francés; pero ella no quería y volvía +resueltamente a hablar en inglés, vaciando a su salud copas llenas de +«pale ale», mezclada con Oporto. Al mismo tiempo lanzaba miradas +despreciativas y provocadoras a Maurescamp, que se hallaba frente a ella +en la mesa, y que estaba visiblemente contrariado.</p> + +<p>Las mujeres de la especie de Diana Grey, toman represalias salvajes de +los hombres que las compran.</p> + +<p>El almuerzo fue un poco frío. La dueña de casa parecía la única que se +divertía francamente. Cuando hubieron concluido, Jacobo de Lerne, +pretextando una cita por negocios, se apresuró a substraerse a aquella +situación enojosa.</p> + +<p>Diana Grey, así que se hubo ido, encendió un cigarrillo, y tendiéndose +en un diván a la americana bebió su Oporto. Apercibiose entonces de que +Maurescamp estaba disgustado, y para componer las cosas, le dijo, con +ligero acento:</p> + +<p>—Mi gordo «boy», es muy interesante el amante de vuestra mujer... tengo +un capricho por él, ¿sabéis?</p> + +<p>—¿Estáis ebria, Diana?—dijo Maurescamp poniéndose muy encendido—. +Estáis ebria, y os olvidáis de quien habláis.</p> + +<p>—¿Porque hablo de vuestra mujer? ¿Pues no me habláis vos también de +ella, querido amigo? Me habéis dicho que era un hielo... ¡Un hielo! ¡Ah, +qué bueno! ¿y habéis creído eso? ¡pobre ángel! Es una cosa sumamente +graciosa que todos los maridos crean que sus mujeres son de escarcha... +¡Pero nosotras sabemos que son todo lo contrario para sus amantes!</p> + +<p>Y continuó arrojando bocanadas de humo de su cigarrillo por entre sus +labios rosados.</p> + +<p>—Está completamente ebria—dijo uno de los convidados a Maurescamp. Y +es lástima, pues sin eso sería perfecta.</p> + +<p>Una hora después, cuando todos hubiéronse ido, Diana confesó +secretamente a Maurescamp, que en efecto, estaba ebria, y que por +consiguiente, todo lo que había dicho, no debía tomarse en cuenta; +después de lo cual pidió perdón y lo obtuvo.</p> + +<p>Pero la señora de Maurescamp no obtuvo el suyo. Hacía ya mucho tiempo +que su marido no la amaba, y mucho tiempo que había comenzado a odiarla. +Porque en esa clase de desinteligencia, es raro que el desacuerdo se +detenga en la indiferencia. Las odiosas y cínicas palabras proferidas +públicamente por Diana eran, por otra parte, elegidas expresamente para +exasperar al señor de Maurescamp. Sin tener mucha imaginación, tenía la +bastante para figurarse a su mujer, que no había tenido sino frialdades +y desprecios para él, abandonándose en brazos de otro a los vivos +transportes de la pasión, y esa imagen, desagradable para cualquier +otro, lo era en supremo grado para un hombre vanidoso, altanero, y tan +engreído y sanguineo como era el señor de Maurescamp. No se detuvo a +pensar que podía ser algo injusto el hacer depender el reposo, el honor +y la vida de su mujer, de aquella habladuría de su querida en estado de +embriaguez. Sentía rebosar en su pecho los sentimientos de despecho, +celos, y odio que se condensaban hacía tanto tiempo contra su mujer y +contra Jacobo de Lerne, y resolvió poner término a sus relaciones, +vengándose a un mismo tiempo de ambos.</p> + +<p>La ocasión para un duelo pareciole especialmente oportuna, los +incidentes del almuerzo podían suministrarle un pretexto especioso, que +tendría la doble ventaja de dejar el nombre de su mujer fuera de las +querellas y asegurar a él la elección de las armas. Era hábil en el +manejo de la, espada, y aunque bravo por naturaleza, no se sentía con +humor de despreciar aquella ventaja.</p> + + + +<h3><a name="IX" id="IX"></a>IX</h3> + + +<p>Bajó a los Campos Elíseos, mascando un cigarro apagado, viéndolo todo +color de fuego.</p> + +<p>Veinte minutos después entraba al Círculo y encontrábase allí con +algunos de los convidados de la mañana; entre otros a los señores de +Monthélin y Hermany. Encerrose con ellos en un saloncito reservado. +Díjole que se consideraba ofendido por la actitud observada por el señor +de Lerne en casa de Diana Grey, por su afectación en hablar en inglés, +durante el almuerzo, sabiendo, como sabía, que él, el dueño de la casa, +no entendía aquel idioma, y finalmente, por su conducta en general, +impertinente y provocadora.</p> + +<p>Los señores de Monthélin y Hermany, perfectos caballeros, aunque algo +les faltara, no hicieron observación alguna contra la poca importancia +de los cargos, comprendiendo que era únicamente un pretexto para ocultar +otros más serios y legítimos.</p> + +<p>El señor de Maurescamp añadió: que tenía por sistema terminar tal clase +de negocios lo más pronto posible, para evitar la publicidad, y, sobre +todo, la intervención tan terrible de las señoras. Rogó, por +consiguiente, a aquellos señores que fuesen inmediatamente a verse con +el señor de Lerne, y arreglasen aquel asunto que confiaba a su amistad.</p> + +<p>El señor de Monthélin manifestó que su duelo con de Lerne le inhibía de +aceptar la misión que quería confiársele. En consecuencia, el señor de +Maurescamp pensó en otro de sus amigos, el señor de la Jardye, +igualmente miembro del Círculo, y a quien Hermany fue a buscar en una +sala contigua. El señor de la Jardye gustaba mucho de las ocasiones que +le permitían darse importancia. Trató, sin empeño alguno, únicamente por +la forma, de hacer oír algunas palabras conciliadoras; pero había sido +de los que asistieron al almuerzo de Diana Grey, y acabó por declarar, +que puesto que le tomaban su parecer, su opinión era que en aquella +ocasión habían pasado al señor de Maurescamp cosas muy difíciles de +tragar, y por consiguiente, estaba a las órdenes del señor de +Maurescamp.</p> + +<p>Mientras tanto, el señor de Lerne se hallaba muy lejos de imaginarse la +fiesta que le armaban. Paseose tranquilamente por el bosque, según su +costumbre, y a las diez entró en su casa. Encontrose con las tarjetas de +la Jardye y Hermany bajo un sobre cerrado, con estas palabras escritas +con lápiz:</p> + +<p>«Venidos por asuntos personales del barón de Maurescamp.—Tendrán el +honor de volver a las diez y media.»</p> + +<p>No tuvo que reflexionar mucho para adivinar de lo que se trataba. Aunque +ignoraba las infames palabras de Diana después de su partida, no había +escapádosele la irritación de Maurescamp durante el almuerzo, y diose +cuenta inmediatamente de la verdad de la situación. Maurescamp +aprovechaba aquel primer pretexto que se le presentaba para satisfacer +su odio de marido celoso, sin comprometer a su mujer.</p> + +<p>Nada tenía que decir a esto. Escribió a sus amigos Julio de Rambert y +Juan de Evelyn, inglés este último; hizo llevar las cartas +inmediatamente y tuvo el gusto de verlos llegar algunos minutos después +de haber recibido a Jardye y Hermany.</p> + +<p>Dejó solos a los cuatro testigos y permaneció a su disposición en la +pieza contigua.</p> + +<p>El asunto era de los que no se disputan largo tiempo, porque todos los +interesados saben que bajo motivos ostensibles se oculta otro, que es el +verdadero, y que por común acuerdo todos saben que no puede ser +discutido ni contestado. A los agravios alegados por los señores de +Jardye y Hermany en nombre del barón, los señores Rambert y Evelyn +contestaron en el de su cliente, que tales agravios eran imaginarios, +pero puesto que el señor de Maurescamp se consideraba ofendido, el señor +de Lerne, no podía dejar de inclinarse ante su apreciación. Los señores +de Maurescamp y de Lerne, deseaban, a más de eso, que el asunto +terminase lo más pronto posible, para evitar la publicidad.</p> + +<p>En cuanto a la elección de las armas, los testigos del señor de Lerne no +estuvieron menos conformes. Jacobo les había confiado bajo el sello del +secreto algo muy delicado. En principio habíales dicho: «Acepto la +espada, lo acepto todo; pero vosotros sabéis que fui herido en el brazo +derecho, cuando mi duelo con Monthélin; a consecuencia de esta herida, +tengo un poco de debilidad en este brazo; es poca cosa, y tal vez +depende del estado de la temperatura, pero, en fin, tal vez no me +moleste en el terreno. No puedo valerme de este pretexto porque es +visible. Me ven tocios los días tocar el piano con mano firme, y podrían +creer que invento una escapada para librarme de la tizona de Maurescamp, +que tira muy bien. Pero si podéis obtener la pistola, por medio de +algún argumento honorable, sería muy conveniente para mí.»</p> + +<p>Esforzáronse, en consecuencia, en demostrar a los testigos de +Maurescamp, que, planteada como estaba la cualidad de ofensor y +ofendido, quedaba en realidad dudosa entre los combatientes. La +provocación dirigida por Maurescamp al señor de Lerne, a causa de un +incidente cuya futilidad no podía desconocerse, ¿no tenía en sí un +carácter excesivo que se asimilaba a una verdadera agresión? Parecíales +entonces justo y conveniente que la elección de las armas recayese en +aquel que había sido provocado, hasta cierto punto gratuitamente, o a lo +menos que la elección se librase al azar. Los señores de la Jardye y +Hermany contestaron con fría urbanidad, que no podía cuestionarse +seriamente aquella transposición de papeles, en tan desgraciado asunto, +y que la negativa persistente en reconocer los derechos de su cliente a +su calidad de ofendido, equivalía por parte del señor de Lerne a una +acusación de reparación, que no podía de ninguna manera entrar en sus +intenciones. Los señores de Rambert y Evelyn no creyeron deber insistir +más.</p> + +<p>Discutiose mucho después sobre si los testigos del señor de Lerne +obraban bien o mal.</p> + +<p>Unos pretendían que, estando impuestos de su enfermedad, por ligera que +fuese, no podían permitir el combate, en condiciones evidentemente +desiguales: otros, más competentes, según parece, tienen como primer +deber que observar religiosamente las instrucciones de su mandato, que +les confía, en primer lugar, su honor, en segundo lugar su vida.</p> + +<p>Fue, pues, convenido que el combate sería a espada y que a la mañana +siguiente se encontrarían a las tres de la tarde, en Soignies, sobre la +frontera belga.</p> + +<p>Jacobo oyó sin emoción aparente el resultado de la conferencia; +agradeció a aquellos señores sus buenas intenciones y sus esfuerzos; +díjoles alegremente que esperaba salir bien, a pesar de esto, y dioles +cita para la mañana siguiente a las siete en la estación del Norte.</p> + +<p>Así que se quedó solo, tomó un aire serio justificado por las +circunstancias. Por un sentimiento de delicadeza muy natural, pero +excesivo, no había querido confesar ni aun a sus amigos el verdadero +estado de su brazo herido: la verdad era que todo ejercicio violento, y +sobre todo el de la esgrima, determinaban en aquel desgraciado brazo un +malestar y un entorpecimiento que debían dar una gran ventaja a un +tirador tan consumado como el señor de Maurescamp. El señor de Lerne +pensó en esta circunstancia, con entereza, pero, aunque no se sintiese +intimidado, ni se creyese un hombre muerto, no dejó de conocer, que iba, +sin embargo, a afrontar un gran peligro.</p> + +<p>Hizo sus disposiciones, en consecuencia. Por fortuna, su madre pasaba +aquel día en el campo, amábala, aunque había sufrido mucho por ella; y +considerose feliz en que la casualidad le evitase la contrariedad de su +presencia. Pero faltábale pasar aquella misma noche por otra prueba tan +dolorosa, o tal vez mayor que aquélla. La señora de Hermany daba un gran +baile, y hacía mucho que habían convenido entre él y Juana encontrarse +en él. Esa misma mañana habíanse renovado la promesa en el bosque.</p> + +<p>Por más de una razón vio de Lerne que no podía dejar de ir al baile. +Creía que su ausencia inquietaría a Juana si por acaso hubiesen llegado +a sus oídos los rumores de duelo; su presencia y actitud la +tranquilizarían. Pero, ante todo, parecíale que el buen nombre de su +amiga le imponía aquel sacrificio heroico, y, a más, el señor de +Maurescamp había tomado a su querida y no a su mujer como pretexto. +Creyó, pues, que el mejor medio de asociarse a sus intenciones, y +desconcertar al público, era mostrarse esa noche con la señora de +Maurescamp en los mismos términos de siempre. Aunque haciendo un gran +esfuerzo, hízolo como un deber de delicadeza.</p> + + + +<h3><a name="X" id="X"></a>X</h3> + + +<p>Escribió dos cartas, una para su madre y otra para Juana, y a las once +apareció risueño en el hotel de Hermany.</p> + +<p>El dueño de casa, testigo de su adversario, abrió tamaños ojos a la +aparición de aquel convidado inesperado; pero repúsose pronto y +recibiolo ceremoniosamente, encontrando, como lo dijo después, que +aquello era perfecto, irreprochable, y que probaba un estómago de +privilegio. La rubia señora de Hermany, más bella, más misteriosa y más +perversa que nunca, vio que el señor de Lerne buscaba a alguien en la +multitud y, mirándole fijamente, le dijo breveniente: «Segunda puerta +ala izquierda. En el invernáculo, bajo del tercer palmero a la derecha, +y decid después que no soy buena...»</p> + +<p>Jacobo saludó gravemente, y siguió la indicación. Penetrábase al +invernáculo por dos arcadas de las cuales una estaba ocupada por la +orquesta. El invernáculo era otro gran salón de cúpula, ofreciendo +magnífico conjunto de enormes jarrones azules realzados por adornos de +oro, dobles cajas de plantas, estatuas medio ocultas bajo el ramaje, +divanes rodeados de taburetes, y banquillos esparcidos bajo los grandes +abanicos de las palmeras, de los bejucos colgantes con sus pálidas +flores color de cera, y de las hojas barnizadas y espesas corolas +blancas de las magnolias. Un ambiente cálido de la zona tropical +saturaba el aire, y de vez en cuando oíase salir un murmullo de colmena, +que a veces se elevaba como para dominar los ecos bulliciosos de la +orquesta.</p> + +<p>En uno de estos grupos, bajo del tercer palmero, a la derecha, hallábase +Juana de Maurescamp escuchando distraída a tres o cuatro suspirantes de +distintas edades. Al apercibir a Jacobo esparciose por su semblante esa +sonrisa plena que las mujeres reservan para sus hijos o sus amantes, y +que los maridos ven raras veces. Aquella sonrisa bastó para tranquilizar +a Jacobo y convencerle de que ningún ruido había llegado a los oídos de +Juana.</p> + +<p>A la llegada del conde de Lerne, los astros secundarios que habían +girado a su alrededor se eclipsaron sucesivamente con un sentimiento +mezclado de disgusto y deferencia; porque, aunque calumniando +generalmente a Juana por sus relaciones con Jacobo, generalmente también +sentían que había algo que tenían que respetar. Pero antes de quedarse +solo con Juana, Jacobo había tenido tiempo de hacerse algunas +reflexiones amargas; parado frente a ella, parecíale, tanto le había +sorprendido su elegante belleza, que la veía por la primera vez. Llevaba +con la castidad de Diana la moda indecorosa de aquella época, y mostraba +fuera de su estrecha bata obscura, su busto casi entero y su brazos +flexibles y puros. Sus negros cabellos, colocados algo bajos como los de +las diosas, hallábanse algo torcidos simplemente en un rodete que caía +sobre su nuca. Su cabeza, un poco echada hacia atrás, a causa de su +peso, enderezábase un poco rígida en una actitud algo altiva y +triunfante. Sentíase bella y gozábase de ello, dejando entrever la +blancura de sus dientes, por entre la púrpura de sus labios ligeramente +abultados. Al mirar a aquella criatura encantadora, animada por todas +las gracias de la inteligencia y de la pasión, sintiose Jacobo animado +por un impulso casi brutal de deseo, pesadumbre y enojo; habíala +respetado, echose aquella violencia. ¡Había tenido aquel heroísmo loco! +y ¿cuál era su recompensa?</p> + +<p>Con la extraña rapidez de percepción que caracteriza a la mujer, creyó +Juana sorprender algo de lo que pasaba, en la mirada riente y turbación +del joven; un ligero rubor cubría su frente, hizo girar su abanico y +levantando la cabeza con cierta timidez medrosa:</p> + +<p>—¿Qué tenéis?—díjole—. ¿Por qué me miráis así?</p> + +<p>—¡Estáis tan bella!—contestó Jacobo bajando la voz—. ¡Me hacéis mal!</p> + +<p>—Eso pasará—dijo Juana riendo—. Vamos, amigo, nada más al respecto, +¿para qué? ¿volvéis al materialismo?</p> + +<p>—Sí, pasablemente en este momento.</p> + +<p>—Me entristecéis, ¿sabéis?</p> + +<p>—Pero, en fin—dijo sentándose—, al fin no soy un puro espíritu.</p> + +<p>—Pues bien, yo lo soy—dijo riéndose como una niña—, y estoy encantada +de serlo; a más, es culpa vuestra.</p> + +<p>En seguida, con tono serio y penetrado:</p> + +<p>—¡Ah!—dijo—, si yo estuviese segura de que erais feliz, amigo mío, +¡cuan feliz sería yo también! En esto pensaba antes que llegaseis.</p> + +<p>—¿Es usted verdaderamente feliz?—preguntole el joven con voz algo +conmovida.</p> + +<p>—¡Feliz! ¡Feliz! ¡Feliz!...—replicó ella con una graciosa efusión—: y +por usted, puede vanagloriarse. Hay momentos en que me asusto de mi +felicidad; paréceme que es demasiada. Imagínese—prosiguió bajando un +poco la voz—: amo, soy amada, y todo esto sin remordimientos, en paz +con el presente y sin ningún temor para el porvenir... porque, gracias a +Dios y a usted, amigo mío, podré ver sin terror aparecer la primera +arruga, que es el espectro y el castigo de los amores vulgares. Estoy +segura de que envejeceré sin pena... casi con alegría... Porque, siendo +menos joven tendré más libertad, estaré menos sujeta a las +conveniencias, más cerca de usted... menos comprometedora, en fin... +Así, por ejemplo, pienso con delicia que podremos viajar juntos... Y +para eso hay que envejecer; pero, entretanto, si supiese cómo se han +transformado para mí el mundo y la vida, desde que soy amada, como deseo +serlo... Puede estar orgulloso del milagro que ha hecho. Parece que ha +modificado, elevado, purificado mis instintos... todo mi ser... que me +hubiese enseñado... ¿cómo lo diré? el origen divino de las cosas, +enseñándome a ver, a comprender el lado bueno de todo lo que he dicho... +de cuanto veo y cuanto siento... Así es que, gozando como nadie en el +mundo, mis alegrías son celestiales... Placeres de los ángeles. Todo lo +que pasa a mi alrededor aparéceme bajo una nueva luz, y todo revestido +de una belleza desconocida para mí... Es una niñería, pero hace un +momento que paseándome por el bosque miraba los árboles... que pasaban +antes desapercibidos y decíame: «¡Qué cosa tan bella es un árbol, qué +sólido es, qué elegante, cuan lleno de vida!...» No hay un solo objeto +en la naturaleza, desde la más ligera hierba, que no me cause +admiración, y me deje en éxtasis. Estoy segura... ¿no lo cree usted +también? de que todas las cosas de este, mundo tienen dos fases, la una +material y hasta cierto punto vulgar que es visible para todos; la otra, +misteriosa e ideal, que es el secreto y la revelación de Dios, y la que +veo con los ojos que es su obra de usted, amigo mío.</p> + +<p>Mientras la escuchaba, sufriendo secretas agonías, la fisonomía de +Jacobo había ido tomando una expresión dulce y seria.</p> + +<p>—Sí—dijo al fin, lentamente y la voz algo alterada mirándola con una +ternura infinita—, sí, debe haber un Dios y una vida mejor... y almas +inmortales, puesto que hay un ser como usted...</p> + +<p>—¿Pero, qué tiene? ¡Gran Dios!—exclamó de pronto.</p> + +<p>Creyó que estaba indispuesto: habíase puesto repentinamente en extremo +pálido, y su mirada, dilatada en el espacio, estaba fija como ante una +aparición aterradora. Volviéndose bruscamente apercibió al señor de +Maurescamp, apoyado en el marco de la puerta de entrada al invernáculo; +mirábalos fijamente y sus ojos y facciones encendidas demostraban tanta +cólera, que el señor de Lerne se levantó inmediatamente temiendo algún +acto de violencia.</p> + +<p>El señor de Maurescamp avanzó entonces a pasos mesurados, luchando +evidentemente contra el desencadenamiento de sus pasiones; sin embargo, +observado por todos, y bajo la impresión del silencio en que quedó todo +el salón, consiguió moderar su impulso, y llegando donde estaba su +mujer, díjole con voz ronca y contenida:</p> + +<p>—Vuestro hijo está enfermo... Venid.</p> + +<p>Juana dio un ligero grito, hízole algunas preguntas precipitadas, pero +conociendo en su actitud y lenguaje que la enfermedad del niño no era +sino un pretexto, siguiole sin añadir una palabra más.</p> + +<p>El señor de Maurescamp, después de haber estado un momento en la Opera, +había regresado al Círculo, y sabido allí por casualidad la presencia +del conde de Lerne en el baile de los Hermany. Sabía que su mujer debía +ir a él. Como no tenía ninguna delicadeza en sus sentimientos ni en su +corazón, ni aun se le ocurrieron los motivos honorables que habían +dictado el proceder de Jacobo. No vio otra cosa que un insolente alarde +de que su mujer era cómplice, e inmediatamente se trasladó al hotel +Hermany, sin ningún plan preconcebido, y sólo impulsado por un +sentimiento de odio y de enojo que no debía detenerse ante ninguna +consideración ni aun ante un escándalo público. Como se ha visto, +gracias a una suprema inspiración, no lo fue tanto como se temió, pero +sí lo bastante para empañar para siempre, en un minuto, el honor de su +mujer y el suyo.</p> + + + +<h3><a name="XI" id="XI"></a>XI</h3> + + +<p>Mientras se esparcía por los salones, entre cuchicheos y risas, la nueva +de la desaparición de Juana, arrebatada por su marido, el señor de +Maurescamp sentábase bruscamente al lado de su mujer en su cupé. Desde +que no tuvo testigos dejó de hablar de su hijo. Aquel silencio y su +actitud airada no podían dejar a la pobre mujer la menor ilusión. +Sentíase atemorizada.</p> + +<p>Sentía ese estupor de una persona herida por el rayo, en el esplendor de +su existencia, en su honor, en su inocencia; la indignación de una mujer +honesta públicamente insultada, el temor vago de una catástrofe +desconocida, próxima y terrible. En su tribulación sin nombre, +permanecía silenciosa, esperando que él hablase; pero en vano; y el +trayecto bastante corto de la Avenida Gabriel a la Avenida de Alma, se +pasó sin que una palabra se hubiera cambiado entre ellos.</p> + +<p>Juana, sin embargo, empezaba a despejar su espíritu, naturalmente +valeroso, del caos de sentimientos en que la primera sorpresa la había +sumergido. Atravesó con paso firme, a la vista de tres o cuatro criados +inmóviles, el gran vestíbulo sonoro de su palacio, y subió la escalera, +silenciosa, pero llegado que hubo al primer descanso de la escalera de +sus habitaciones, se apercibió de que su marido seguía adelante:</p> + +<p>—Perdón—le dijo—; hacedme el gusto de entrar ahí, tengo que hablaros.</p> + +<p>Dudó unos instantes; como la mayor parte de los hombres, no gustaba de +explicaciones, pues en realidad era un carácter violento, más bien que +fuerte; el acento tranquilo de su mujer le imponía, aunque le irritaba. +Siguiola, pues, pero con más enojo que antes.</p> + +<p>Cerró la puerta, pasó al saloncito que estaba antes de su dormitorio y, +volviéndose hacia el barón y mirándole:</p> + +<p>—Y bien, ¿qué es lo que hay?—dijo.</p> + +<p>—Lo que hay, es que mataré a tu amante mañana por la mañana, eso es lo +que hay.</p> + +<p>Ella juntó sus manos haciéndolas chocar con estrépito, y continuó +mirándole, con los labios entreabiertos como excitando.</p> + +<p>—Hace mucho tiempo—replicó Maurescamp jurando e irritándose a sí mismo +con la violencia de su lenguaje—; hace mucho que me están ustedes +provocando... que ambos me ultrajan... que me cubren de ridículo... eso +va a concluir.</p> + +<p>—Es usted un desgraciado loco—dijo Juana con dulzura—. Yo no tengo +amante... pero sepamos... ¿qué es lo que quiere decir? ¿Ya a provocar en +duelo al señor de Lerne?</p> + +<p>—No hay que provocar, es cosa hecha—contestó con el mismo acento de +fanfarronería grosera—; mañana nos batimos.</p> + +<p>La joven volvió a juntar sus manos, y dejó oír un gemido sordo.</p> + +<p>Su marido pareció apercibirse de su brutalidad, y prosiguió precipitando +las palabras y casi balbuciente:</p> + +<p>—Es claro que no tenía la intención de prevenirle... eso no entra en +mis habitudes... pero usted lo ha querido... me ha obligado a ello... me +precipita... Es él a más quien ha colmado la medida esta noche... +Continuar haciendo la corte públicamente a la esposa cuando se bate al +día siguiente con el marido, es indigno de un caballero... es innoble.</p> + +<p>—El señor de Lerne no me ha cortejado ni esta noche, ni nunca—dijo +Juana con energía—, al menos como usted lo comprende. Su honor, es +usted quien lo ha comprometido; su duelo con el señor de Lerne sería una +locura... una mala acción... un crimen... porque, se lo juro por Dios y +por la vida de mi hijo... que jamás ha sido para mí otra cosa que mi +amigo.</p> + +<p>—¡Se entiende!—replicó Maurescamp en tono de burla—. ¡Vamos, creo que +esto es ya bastante y aún demasiado! Y dio algunos pasos hacia la +puerta.</p> + +<p>Pero Juana, poniéndose delante:</p> + +<p>—No, se lo suplico, no se vaya aún... ¡si supiese usted lo que es para +una mujer... que ha sufrido, que a más ha luchado... resistido, pero que +al fin ha permanecido honesta, pura, fiel, y que se ve no sólo +sospechada, sino más todavía, condenada, castigada con este cúmulo de +injusticia y de dureza! ¡Si supiese usted lo que pasa entonces por la +cabeza de esta desgraciada! ¡Si supiese usted lo que podría hacer de mí, +aunque no me agradezca nada tratándome... de imprudente, cuando más, +como si fuese la causa de todo!</p> + +<p>—¡Ah! basta—repuso el conde con dureza, procurando desasirse.</p> + +<p>Pero ella le retuvo todavía, empujándole suavemente delante de sí, con +ademán suplicante; recostose el barón en la chimenea con la actitud +resignada del verdugo.</p> + +<p>—Ya sabe usted—dijo Juana—, tan bien como yo misma, la historia de +nuestro pobre menaje... Poco tiempo me amó usted, amigo mío... +seguramente por culpa mía... yo no le agradaba... mis gustos no eran los +suyos... todo lo que hacía... todo lo que a mí me gustaba, usted lo +rechazaba... Me ha abandonado... buscó sus placeres, nada más natural... +Conocía usted que nada podía decirle puesto que no tenía el poder de +retenerle. Pero yo era más joven entonces, amigo mío, pues ya hace años +de eso, y entonces, sí, corrí peligro, se lo confieso. Sola en el mundo, +descorazonada, enervada, sin sostén... rodeada de malos ejemplos, +entregada a malos consejeros, perseguida y casi pervertida por gentes +que no sospecha... sí, hubo un momento en que me sentí sin corazón, sin +virtud, y próxima a caer... Pues bien, es la amistad que me ha +salvado... esta amistad de que me hace un crimen... El señor de Lerne ha +sido para mí...</p> + +<p>—¡Un hermano!—interrumpió el señor de Maurescamp con el mismo tono de +ironía insultante.</p> + +<p>—¡Sea!—replicó Juana animándose—, un hermano... si así lo quiere... +Pero, en fin, él me ha salvado, esto es lo que hay de cierto. Cuando iba +a tomar gusto por los placeres prohibidos, es él quien me ha vuelto al +de los placeres permitidos... Y si su mujer no es hoy una mujer mundana, +es quizá a él a quien lo debe usted... y quiere usted matarle, ¿es eso +justo y honorable? Diga.</p> + +<p>—Justo o no, haré lo que pueda; se lo prometo; vamos, déjeme.</p> + +<p>—Pero ¡gran Dios! qué hombre es usted, si no me cree... y si creyéndome +persiste en sus designios de odio y de venganza... No, no, no dejará de +hacer usted un llamado a su razón, a su justicia y a su lealtad... No +quisiera herirle, Dios lo sabe... pero en un interior como el nuestro, +en una situación como la mía... ¿qué quiere que una joven haga de su +tiempo, de su corazón, de su pensamiento y de su vida?... Usted tiene +sus queridas... déjeme siquiera mis amigos... y puede estar seguro de +que tendrá que elegir entre los amigos confesados, y los amantes +ocultos.</p> + +<p>—Pero, decididamente—exclamó el señor de Maurescamp—, ¿qué es lo que +quiere usted? ¿qué me pide? Prentende, acaso, ¡esto sería demasiado +fuerte! que vaya a tender la mano al señor de Lerne, excusarme con él, y +pedirle que vuelva a reanudar sus relaciones con usted?</p> + +<p>—Sí—contestó con energía...—eso es lo que le pido. Sin excusas, se +entiende; y al pedirle esto, le pido una cosa enteramente justa, +honorable y sensata... porque en realidad es el único medio de reparar +el mal que ha hecho a su honor y al mío... Es el único medio de imponer +a las calumnias, a las que ha dado origen con su conducta de esta noche, +y a las que este duelo daría un carácter irreparable de verdad. Si es +capaz de hacer justicia a su mujer inocente, la verdad tiene mucha +fuerza, le creerán, y yo, amigo mío, si pudiera comprender lo agradecida +que le quedaría, con cuán piadoso respeto se lo probaría, respetando en +adelante sus susceptibilidades, que tal vez he descuidado demasiado... +¿y quién sabe, también si esa acción generosa, no sería entre nosotros +un nuevo vínculo?... Probados los dos por la desgracia, mejor instruidos +por, la experiencia... y los pesares... ¿quién sabe si nuestros +corazones no se unen?... ¡quién sabe! ¡bah! de usted dependería, se lo +aseguro... llegar a ser para mí mi mejor, mi único amigo.</p> + +<p>—Todo esto es muy bello, sin duda—dijo el señor de Maurescamp, +enderezándose dentro de su corbata—, pero es puramente novela... +¡Siempre ese miserable espíritu de romanticismo que les pierde a todas!</p> + +<p>—¡Ah, mi Dios!—replicó la pobre mujer, vertiendo lágrimas...—pues +bien, ¿qué es lo que queréis? decid, ¿qué exige?... ¿que despida al +señor de Lerne, que no le vea más?... ¿que le sacrifique esta amistad, y +cuantas pueda tener en adelante? Sea, se lo prometo... me comprometo a +hacerlo... viviré sola... viviré como pueda... a más, mi hijo crece... +me ocuparé de él... él será mi amigo... Sí, así será... se lo juro, y +cumpliré mi palabra... Pero, por favor, por favor, amigo mío, no lleve a +efecto ese duelo... No hay razón, no hay motivo para ello; es una +monstruosidad, se lo aseguro. ¡Mire, se lo pido de rodillas!</p> + +<p>Y echose a sus pies, desatinada y llorosa.</p> + +<p>—Se lo pido con las manos juntas... con todo mi corazón, con todas mis +lágrimas... sed bueno... se lo ruego; tened compasión, no me +desespere...</p> + +<p>—¡Vamos, ahora es melodrama!—dijo Maurescamp, rechazándola.</p> + +<p>—¡Ah, desgraciado!—exclamó la joven levantándose, y enjugando sus +ojos; y tomándole violentamente las dos manos añadió con voz contenida:</p> + +<p>—No sabe usted lo que hace, no, no lo sabe; no le diré que mate, sería +demasiado decirle, pero usted me condena.</p> + +<p>Y soltándole con ímpetu las manos:</p> + +<p>—Puede irse—dijo—, ¡adiós!</p> + +<p>El señor de Maurescamp salió.</p> + +<p>Permaneció la joven por algunos momentos agobiada y como anonadada sobré +el tapiz, el cabello en desorden, la mirada fija y seca, agitando una +mano por intervalos, con un movimiento de extravío. Fue sacada de aquel +abatimiento por algunos ligeros golpes dados a la puerta de su salón. +Levantose inmediatamente. Era su camarera, anunciándole que la señora de +Lerne deseaba hablar un momento con la señora baronesa.</p> + +<p>—¡La señora de Lerne!</p> + +<p>—Sí, señora... ¿Diré que la señora está un poco enferma? La señora no +tiene buen aspecto.</p> + +<p>—Hazla entrar.</p> + +<p>La señora condesa de Lerne apareció, lívida, la mirada extraviada, +todas las líneas de su cara hundidas, y convulsas. Sin fijarse desde +luego en el desorden en que se hallaba Juana, fue hacia ella con el paso +rígido de un espectro y dijo clavándole la vista:</p> + +<p>—¡Su marido se bate mañana con mi hijo!</p> + +<p>—Lo sé—contestó Juana—; acaba de decírmelo.</p> + +<p>—¡Ah!—replicó amargamente la anciana señora—. ¿Acaba de decírselo? +¡Es el acto de un cobarde!</p> + +<p>—Sí, pero usted, ¿cómo lo sabe?</p> + +<p>—Por Luis, el viejo criado de mi hijo, que ha sospechado algo hace +poco, y que después ha oído toda la conversación de los testigos.</p> + +<p>—¿Y usted sabe, señora—replicó Juana—, que no hay nada malo entre su +hijo y yo?</p> + +<p>A la verdad que aquello era nuevo para la vieja condesa. Y en su +tribulación, no pudo disimular una especie de sorpresa candorosa:</p> + +<p>—Pero, entonces—dijo—, ¿no hay pruebas?</p> + +<p>—¿Pruebas de qué? ¡Puesto que no hay nada!...</p> + +<p>—¿Y su marido no ha querido creerla?</p> + +<p>—No.</p> + +<p>—Entonces, ¿nada hay que esperar?</p> + +<p>—¡Nada!</p> + +<p>La señora de Lerne dejose caer en un sillón y quedó inmóvil, muda, +inerte. Después de un silencio, Juana se le acercó.</p> + +<p>—¿Su hijo está en su casa?</p> + +<p>—Sí.</p> + +<p>—¿Su carruaje está abajo?—insistió Juana—. Pues bien, partamos... iré +con usted... quiero verle.</p> + +<p>Mientras hablaba, cubría su cabeza con un velo y envolvíase en sus +pieles.</p> + +<p>La señora de Lerne se levantó indecisa.</p> + +<p>—¿Es prudente lo que hace?</p> + +<p>—¿Qué cosa peor puede suceder?—dijo Juana con un gesto de suprema +indiferencia, induciéndola a salir.</p> + +<p>La condesa vivía en la Avenida Montaigne. En un momento estuvieron allí. +Mientras iban, impuso a Juana con palabras entrecortadas de todo lo que +sabía, de la causa aparente del duelo, del nombre de los testigos, del +arma elegida, de la hora y lugar de la cita.</p> + +<p>Era cerca de la una de la mañana, y Jacobo terminaba sus últimas +disposiciones, cuando vio con estupor abrirse violentamente la puerta de +su biblioteca y dar paso a Juana.</p> + +<p>—¡Ah, Dios mío!—exclamó—. ¡Usted... es posible!</p> + +<p>—Sí, lo sabemos todo, su madre y yo—dijo Juana sofocada—, y he +venido, he querido venir... aquí estoy.</p> + +<p>—¡Mi madre también!...—murmuró Jacobo—. ¡Ah, qué contrariedad!... +¡Qué desagrado! Pero, ¡pobre amiga mía! ¿qué viene a hacer aquí? Se +pierde.</p> + +<p>—Lo sé—contestó dolorosamente dejándose caer en una silla—, pero he +querido verle una vez más.</p> + +<p>Y sollozaba.</p> + +<p>—Querida señora... hija mía...—dijo él con dulzura; tomándole la +mano—; reponeos; se lo pido, y volved pronto a su casa... Esté usted +segura de que este duelo no tendrá consecuencias funestas... Entre dos +hombres que saben tirar, y que son casi de la misma fuerza, un duelo no +es más que un asalto sin peligro.</p> + +<p>—¡Ah, le odia tanto!</p> + +<p>Las lágrimas la sofocaron.</p> + +<p>—De modo que esto ¡se acabó! ¡Se acabó para siempre! ¡Oh, qué +injusticia! ¡Dios mío! ¡qué injusticia!</p> + +<p>—Querida hija mía—repuso Jacobo—, retírese, se lo pido... ¿supongo +que no tratará de quitarme la calma en este momento? ¿No es cierto?... +Decidle a mi madre también, que le suplico que sea razonable, que no hay +ni la sombra de un peligro, ni la sombra... si quiere dejarme tranquilo.</p> + +<p>—Pues bien—dijo Juana levantándose—. Adiós, pues, adiós; mucho nos +hemos querido, ¿no es verdad?</p> + +<p>—Sí, hija mía, sí.</p> + +<p>Mirolo algunos instantes sin hablar, y acercándose un poco:</p> + +<p>—Sí—repitió.</p> + +<p>Y presentándole su frente:</p> + +<p>—Bésame ahí—dijo—, a fin deque, si mueres, tengas a lo menos eso.</p> + +<p>Jacobo depositó un beso en los cabellos de Juana, y sosteniéndola con un +brazo, condújola fuera de la habitación hasta las primeras gradas de la +escalera.</p> + +<p>—Pronto, a su casa—díjole besándole la mano precipitadamente.</p> + +<p>Y alejose.</p> + + + +<h3><a name="XII" id="XII"></a>XII</h3> + + +<p>La señora de Maurescamp volvió pronto a su casa, conducida por la señora +de Lerne. Su ausencia había sido corta. Sus criados no vieron nada de +extraordinario y su imprudente paso quedó ignorado de su marido.</p> + +<p>Hacia las cinco de la mañana acababa de adormecerse, quebrantada por el +cansancio y las emociones, cuando la despertó un ruido que se sentía +arriba de su cabeza. Sentía pasos y roces sordos, sobre el piso; +comprendió que su marido procedía anticipadamente a los preparativos del +viaje.</p> + +<p>Un momento después oyó el rodar de un carruaje por el patio, después +bajo la bóveda de la entrada; había partido.</p> + +<p>Levantose. Su cabeza ardía. Abrió una de las ventanas que daban al +jardín y cruzó sus brazos sobre la baranda. El aspecto del cielo, de las +nubes, de las paredes, de las primeras hojas, todo tomaba a sus ojos un +aspecto extraño y fantástico. Escuchaba vagamente el alegre murmullo de +una bandada de gorriones que saludaban el amanecer de una bella mañana +de primavera.</p> + +<p>Salió bruscamente de su contemplación para ir a presidir, como tenía por +costumbre, el levantarse de su hijo y su arreglo matinal. Prolongó +aquellos cuidados lo más posible, tratando de hacerse la ilusión de un +estado de cosas regular y tranquilo.</p> + +<p>Cuando la mañana avanzó, su soledad, en medio de las ansias que la +devoraban, llegó a serle intolerable, y decidiose a llamar a su madre. +Su ternura generosa había trepidado hasta entonces en hacerla +participar de aquellas horas angustiosas. Pero sentía que perdía la +cabeza. Informó, pues, a la señora de Latour-Mesnil de lo que pasaba, +por medio de un billete que le envió con un expreso.</p> + +<p>Si la madre de Juana hace mucho que no figura en las páginas de este +relato, es porque no teníamos nada que decir que el lector no haya +adivinado. Una palabra bastará, sin embargo, para llenar este vacío.</p> + +<p>La señora de Latour-Mesnil se moría poco a poco, a causa del bello +casamiento que le había hecho hacer a su hija. Sufría de una afección al +hígado, complicada con graves desórdenes del corazón. Era en vano que +Juana, no solamente no le hiciera reproches, ni aun le confiase nada. +Era demasiado mujer, y demasiado madre; había sufrido demasiado ella +misma, para que pudiera engañarse sobre la verdad de las cosas, y no se +perdonaba la extraña ceguedad con que había entregado a su hija a un +destino peor que el suyo.</p> + +<p>Algunas madres se consuelan del amor oficial de sus hijas con la +felicidad de contrabando que les conocen, o que les suponen. Tales +consuelos no eran para la señora de Latour-Mesnil, y si algo podía, +agravar más el dolor y los remordimientos de haber entregado su hija a +una desgracia irreparable, era la mortal aprensión, de que tal vez la +había entregado tan bien al deshonor.</p> + +<p>Muchas habían sido sus perplejidades al respecto, y el solo día feliz +que la pobre mujer hubiese tenido, en muchos años, era el reciente en +que su hija, viendo su inquietud por su relación con el señor de Lerne, +le había saltado al cuello exclamando:</p> + +<p>—¡Mira como te abrazo!... no lo haría así, si fuese culpable. ¡No! ¡no +me atrevería!</p> + +<p>La señora de Latour-Mesnil, a quien el billete de su hija había dado la +primera noticia sobre el duelo del señor de Maurescamp con el señor de +Lerne, llegó a casa de su hija a eso del mediodía. Primeramente entre +las dos mujeres hubo más lágrimas que palabras. Después de los primeros +desahogos, sintiose Juana más aliviada al contestar a las preguntas +reiteradas de su madre, refiriéndole lo que sabía sobre las +circunstancias del desafío, los incidentes del baile, la escena entre +ella y su marido y hasta su visita precipitada a casa de Jacobo.</p> + +<p>Mientras hablaba con una volubilidad febril unas veces caminando, otras +sentada, no dejaba de lanzar rápidas miradas alrededor de la chimenea. +Ella sabía que el duelo debía efectuarse a las tres y media. A medida +que la hora fatal se aproximaba, sentíase más agitada, pero hablaba +menos; su andar maquinal de un salón a otro, se aceleraba; su semblante +se encendía, y sus labios no hacían sino articular por intervalos +algunas exclamaciones de niña:</p> + +<p>—¡Oh mamá!... ¡mi pobre mamá!... ¡qué crueldad!... ¡qué injusticia!... +¡qué injusticia!... ¡Dios mío!</p> + +<p>Su madre, alarmada por su estado de exaltación, se levantó y trató de +llevarla a su dormitorio.</p> + +<p>—Ven a tu cuarto, hija mía—decíale—, vamos a rezar.</p> + +<p>—¿Rezar? ¡madre mía!—le dijo Juana con dureza—. ¿Y por quién quiere +que rece? ¿Por mi marido o por el otro?... ¿Quiere que sea hipócrita o +sacrílega?</p> + +<p>—¡Ah! ruega por tu pobre madre, que tiene tanta necesidad de +perdón—exclamó la señora de Latour-Mesnil arrodillándose y ocultando +su frente entre las manos.</p> + +<p>—¡Madre, madre mía!—dijo Juana levantándola con fuerza, y +estrechándola contra su corazón. ¿Qué tengo que perdonarle? ¿no me he +engañado yo también?</p> + +<p>—Tú podías engañarte... ¡Pero yo!... yo, tu madre, tu consejera, tu +guía; instruida por la vida. ¡Ah, cuán culpable he sido! ¡Cuán culpable +en no haber elegido mejor para ti! Para ti tan digna de ser feliz, +¡pobre hija mía!... A ti, que eres tan honesta, ve a donde te he +conducido.</p> + +<p>—Pero soy siempre digna, madre mía—dijo Juana, distraída.</p> + +<p>Repentinamente, mostrole con el índice la esfera del reloj. La señora de +Latour-Mesnil vio que eran las tres; una sonrisa nerviosa crispaba los +labios de Juana. Tomose del brazo de su madre y se paseó sin pronunciar +una palabra. Suspiraba profundamente de tiempo en tiempo.</p> + +<p>Después de algunos momentos:</p> + +<p>—Probablemente ya todo habrá concluido—dijo—, porque para esas cosas +son muy exactos, y duran poco tiempo, según dicen... pero lo que hay de +terrible es que no sabremos nada hasta de aquí a dos o tres horas. He +hecho una cosa, que quién sabe si la aprobará usted... pero, ¿a quién +podía dirigirme para tener noticias? Me era imposible esperar hasta +mañana, porque el señor de Maurescamp, naturalmente, no me escribirá... +Por eso, le he rogado a Luis, el viejo sirviente del señor de Lerne, que +me envíe un despacho, así que todo haya terminado.</p> + +<p>La señora de Latour-Mesnil, anonadada, no contestó sino por un +movimiento indeciso.</p> + +<p>En ese momento sintieron el timbre del vestíbulo que daba a la +habitación del conserje. Como la puerta del hotel había permanecido +rigurosamente cerrada toda la mañana, aquel anuncio de una visita +parecioles singular.</p> + +<p>—¡Ya!—murmuró Juana, acercándose vivamente a una ventana que se abría +sobre el patio—. ¡Ya! ¡es imposible!</p> + +<p>Corrió la cortina y reconoció en el personaje que subía la escalera de +la galería, a un maestro de esgrima, o más bien a un preboste nombrado +Lavarede, que tenía por costumbre venir al palacio tres veces a la +semana para tirar las armas con el señor de Maurescamp. Muy celoso de su +habilidad en la esgrima, a pesar de frecuentar asiduamente la sala de +armas, ejercitábase también en su casa, tal vez para no hacer sabedor al +público de todos los secretos de su manejo.</p> + +<p>La aparición de aquel hombre, en medio de los pensamientos que +preocupaban a Juana y a su madre, las llenó de admiración y alarma. +Interrogábanse en voz baja con inquietud, cuando un sirviente se +presentó a la puerta del salón, y dijo:</p> + +<p>—Señora, es el señor de Lavarede, el maestro de armas, que no sabía que +el señor barón estuviese de viaje, y pregunta si el señor barón estará +muchos días ausente, y si podrá volver pasado mañana.</p> + +<p>—Decid que no sé, que se le hará prevenir.</p> + +<p>El sirviente salió.</p> + +<p>Después de algunos momentos de reflexión, la joven lo volvió a llamar.</p> + +<p>—Augusto—le dijo—, deseo hablar al señor Lavarede... hazle entrar en +el comedor, voy a bajar.</p> + +<p>Y volviéndose a su madre:</p> + +<p>—Venga conmigo—añadió—, quiero hablar dos palabras con ese hombre... +después iremos al jardín... nos hará bien... hace muy buen tiempo... +venga.</p> + +<p>Bajaron dándose el brazo y se encontraron en el comedor con un hombre +como de cuarenta años, que tenía la apostura dura y correcta de un +militar, en traje de particular.</p> + +<p>—Caballero—le dijo la señora de Maurescamp, con una voz un poco +temblona—, deseo hablarle... Mi marido partió esta mañana para +Bélgica... parece que ignora usted el motivo de su viaje...</p> + +<p>—Sí, señora, lo ignoro.</p> + +<p>—¿Los sirvientes no le han dicho nada?</p> + +<p>—No, señora.</p> + +<p>—Tal vez ellos mismos lo ignoran; ha pasado todo tan rápidamente... +Pues bien, señor, la causa de ese viaje, ¿la sospecha usted, la adivina, +sin duda, en el estado de tribulación en que nos ve a mi madre y a +mí?... ¡A estas horas el señor de Maurescamp se bate en duelo! El +maestro de armas sólo contestó con un ligero movimiento de sorpresa y un +serio saludo.</p> + +<p>—Señor—replicó la señora de Maurescamp, cuya palabra era al mismo +tiempo precipitada e indecisa—, señor, ya comprenderá nuestra +ansiedad... ¿Puede decirnos algo para tranquilizarnos?</p> + +<p>—Perdón, señora, ¿puedo saber quién es el adversario?</p> + +<p>—El adversario es el señor de Lerne.</p> + +<p>—¡Oh! en ese caso puede estar bien tranquila.</p> + +<p>Juana miró fijamente a su interlocutor.</p> + +<p>—¿Tranquila?... ¿por qué?</p> + +<p>—El señor conde de Lerne, señora—añadió el preboste, es uno de los que +frecuentan nuestra sala, lo era al menos... conozco perfectamente su +fuerza... tiraba muy bien, y hubo un tiempo en que hubiera podido luchar +con el señor barón... pero después de su duelo con Monthélin ha perdido +mucho... se cansa pronto, y no es dudoso que el señor barón dé pronto +cuenta de él. Pienso, pues, que la señora puede estar tranquila.</p> + +<p>—Entonces—dijo Juana después de una pausa—, ¿usted cree que va a dar +muerte al señor de Lerne?</p> + +<p>—¡Oh, matarle! espero que no... pero indudablemente le herirá o le +desarmará, lo que es más probable, sobre todo si la querella no es muy +seria.</p> + +<p>—Pero, en fin, señor—replicó la joven balbuceando—; ¿usted cree... +está seguro, que no tengo nada que temer por mi marido?... ¿que no puede +ser herido?</p> + +<p>—Estoy persuadido de ello.</p> + +<p>—Bien, señor... gracias; le saludo, señor.</p> + +<p>Siguiole con la vista, hasta que hubo salido, y tomando después la mano +de su madre:</p> + +<p>—¡Ah, madre!—dijo—. ¡Siento que me voy volviendo criminal!</p> + +<p>Las puertas ventanas del comedor se abrían al nivel del jardín. La madre +y la hija entraron en él y se sentaron juntas en un banco rodeado de +lilas cuyas hojas empezaban a brotar. Apenas sentada Juana exclamó:</p> + +<p>—Madre mía, después de lo que ha dicho ese hombre, si le mata... será +un verdadero asesinato...</p> + +<p>—Hija mía querida, te ruego que te calmes; ¡me haces tanto mal, tanto +mal!... A más, lo que ha dicho ese hombre es por tranquilizarnos... +porque, en fin, tu marido no es un monstruo, y entre gente de honor, no +pueden suceder ciertas cosas. Si el señor de Lerne sufre realmente del +brazo, si su brazo está debilitado...</p> + +<p>—Sí—dijo Juana—, muchas veces me he apercibido de ello.</p> + +<p>—Puen bien—prosiguió la madre—, tu marido lo habrá notado +inmediatamente y se habrá contentado con desarmarle.</p> + +<p>—¡Ah, madre mía, le odia tanto! ¡nos odia tanto a los dos!... y no es +bueno, a más de eso; ¡es malo!</p> + +<p>Sin embargo, se adhirió a aquel pensamiento que le sugería su madre: eso +es bastante verosímil, si el señor de Maurescamp era hombre de honor, +como el mundo lo entiende... no querría abusar de la desigualdad de +fuerza... después, habríase acordado durante el viaje de todo lo que +ella le había dicho... habría reflexionado más a sangre fría, habría +llegado casi convencido de su inocencia... casi tranquilo... menos ávido +de venganza...</p> + +<p>Sentía también en todo lo que la rodeaba una influencia benéfica y +tranquilizadora; sentíala en el silencio de aquel jardín con sus altos +muros enclaustrados, en el aire puro y en el azul del cielo. En el olor +de las plantas, y en la suavidad de un bello día, que ya declinaba. La +imaginación no puede sino difícilmente asociar las ideas de violencia y +escenas de sangre, a la tranquilidad encantadora de la naturaleza y a +los que respiran el bienestar del campo y sus jardines, que ese +bienestar debe reinar por todas partes.</p> + +<p>El tiempo corría, mientras tanto, sin ninguna nueva emoción; las +anteriores iban calmándose un poco, Juana y su madre, tomadas de la mano +y sin hablar sentíanse como adormecidas por un suave entorpecimiento de +los sentidos.</p> + +<p>Era un poco más de las cinco de la tarde, cuando Juana se enderezó +repentinamente; había vuelto a oír resonar el timbre del vestíbulo.</p> + +<p>—Esta vez sí... ahí está—dijo.</p> + +<p>Dos minutos pasaron; Juana y su madre estaban paradas con la vista fija +en la puerta del vestíbulo. Un sirviente apareció con una bandeja en la +mano.</p> + +<p>—Es un despacho para la señora—dijo.</p> + +<p>—Dadme—dijo Juana adelantándose dos pasos.</p> + +<p>Esperó que el sirviente se hubiese retirado, y, sin abrir el telegrama +miró a su madre.</p> + +<p>—¡Déjame abrirle!—murmuró la señora de Latour-Mesnil tratando de tomar +el telegrama.</p> + +<p>—No—dijo la joven sonriendo—, tendré valor. ¡Bah!</p> + +<p>Rompió el sobre azul. Apenas hubo echado una mirada sobre su contenido, +cuando se le cayó de las manos; su mirada quedó fija, sus labios se +agitaron convulsivamente; abrió en cruz sus brazos, dio un grito +prolongado que se sintió por todo el palacio y cayó redonda sobre la +arena a los pies de su madre.</p> + +<p>Mientras que los criados acudían al oír aquel grito siniestro, la señora +de Latour-Mesnil, desatinada, se arrojaba sobre su hija, y al mismo +tiempo que le prodigaba sus cuidados, levantaba febrilmente el +telegrama.</p> + +<p>Esto fue, lo que leyó:</p> + +<p class="r"> +«Soignies, tres y media.<br /> +</p> + +<p>»El señor Jacobo, herido mortalmente, acaba de sucumbir.—Luis.»</p> + + + +<h3><a name="XIII" id="XIII"></a>XIII</h3> + + +<p>Seis meses después, a mediados de octubre del mismo año de 1877, nos +hallamos con el señor y la señora de Maurescamp, instalados maritalmente +en la Venerie, magnífica propiedad situada entre Creil y Compiègne, cuya +adquisición la había hecho el señor de Maurescamp diez y ocho meses +antes. Era gran cazador, y en Venerie había mucha caza, lo que le había +determinado a comprar aquel dominio, para no tener que alquilar cacería +por un lado o por otro, todos los años. Tenía invitados para el +principio de la estación de la caza, a un gran número de amigos, entre +otros a los señores de Monthélin, Hermany, de la Jardye y Saville, con +los cuales la señora de Maurescamp llenaba perfectamente bien los +deberes de castellana, con gracia y aun con alegría. Creíase +generalmente que su alegría estaba de más, y que después de haber sido, +hacía tan poco tiempo, con razón o sin ella, la causa de la muerte de un +hombre, debía sentir, o, cuando menos, aparentar alguna tristeza. Pero +el corazón de una mujer tiene secretos impenetrables.</p> + +<p>A consecuencia del duelo que había terminado de un modo tan fatal para +el conde de Lerne, ningún argumento, ningún ruego, habrían podido +determinar a Juana Maurescamp a permanecer bajo el mismo techo conyugal +y esperar en él a su marido. Esa noche se refugió en casa de su madre, +llevándose valerosamente a su hijo. La señora de Latour-Mesnil tuvo la +delicada misión de negociar con el señor de Maurescamp las cláusulas y +condiciones de una existencia temporaria, y arreglada a las +circunstancias. Halló a su yerno menos recalcitrante de lo que ella +esperaba; a él mismo no le disgustaba el no afrontar la presencia de su +mujer tan en seguida concediendo que tal vez por simples sospechas había +procedido con demasiada ligereza e ido demasiado lejos.</p> + +<p>Nadie siente una gran satisfacción en haber muerto a un hombre; y el +señor de Maurescamp, por poco sentimental que fuese, no dejaba de +experimentar ciertos remordimientos, que se adivinaban en las +disposiciones conciliadoras que manifestó a la señora de Latour-Mesnil. +Convínose, pues, en que la señora de Maurescamp quedaría con su hijo, y +que acompañaría a su madre primeramente a Vichy y después a Suiza y +Vevey, donde pasarían el verano. Mientras tanto, los sentimientos de uno +y otro se calmarían, modificándose, tanto más, cuanto que en todo +aquello no había habido sino una serie de errores.</p> + +<p>Aquel duelo había ocupado a París durante ocho días.</p> + +<p>La catástrofe final llegó a producir un movimiento de opinión favorable +a la reputación de la señora de Maurescamp; había, entre la crueldad de +aquel desenlace y las ligeras imprudencias de conducta que podían +reprocharse a Juana y al señor de Lerne, una desproporción tal, que se +impuso a todos y desarmó a la calumnia. La opinión general fue que el +señor de Maurescamp se había mostrado feroz e implacable, para con un +hombre que no tenía más crimen, según se creía, que el haber dado +lecturas con su mujer. Estos rumores y apreciaciones de las gentes, +tranquilizando la vanidad del barón y lisonjeando su orgullo, +contribuyeron a la reconciliación de los esposos.</p> + +<p>La señora de Maurescamp manifestose en los primeros tiempos +completamente rebelde a toda idea de reconciliación. Pero después de dos +o tres meses pasados en un estado de estupor desesperado, pareció +despertarse repentinamente bajo la impresión de nuevas reflexiones. +Declaró a su madre que cedía a sus consejos, que volvería a casa de su +marido y que sólo pedía algunos meses de retardo.</p> + +<p>—Es necesario—dijo, no sin un resto de amargura—dejar tiempo para que +se le sequen las manos.</p> + +<p>Desde entonces su humor cambió completamente; parecía gozan: con la vida +y el porvenir presentarle algún interés, bastante para reanimar un poco +su actividad y su espíritu.</p> + +<p>Volvió, pues, a reunirse a su marido a fines de septiembre y entró en su +casa tan naturalmente, cual si volviera de un viaje. A decir verdad, el +señor de Maurescamp pareció el más embarazado de los dos. Por otra +parte, nunca habían tenido la costumbre de las grandes expansiones; por +consiguiente, nada parecía cambiado entre ellos; tocó sonriéndose la +mano que él le tendió a su llegada, y la salud de su querido Roberto, su +buen aspecto, su crecimiento rápido, diéronle un asunto fácil de +conversación, que allanó todas las dificultades. Algunos días después +fueron a instalarse al castillo de la Venerie, donde la presencia de los +invitados debía evitarles el disgusto de las largas conversaciones.</p> + +<p>Ya se comprende que la señora de Maurescamp fue por mucho tiempo para +los huéspedes del castillo, como para los vecinos de la campaña, un +objeto de la más insistente curiosidad; era imposible dejar de observar +con especial atención la fisonomía y el porte de una joven cuyo nombre +acababa de estar mezclado en una aventura tan trágica como misteriosa, +y trascendente. Los curiosos no sacaron su gasto; la actitud de Juana +era reposada y natural, a menos de suponerle una gran dosis de disimulo +(cosa que no es temeraria suponer a su sexo), y había razón para pensar +que había tomado definitivamente el partido de sobreponerse a los +pesares y desagrados personales por que había pasado en época tan +reciente.</p> + +<p>Hallaban, pues, las gentes, como lo hemos dicho antes, que llevaba con +demasiada despreocupación el duelo de un hombre muerto por ella, que, +cuando menos, había sido su amigo.</p> + +<p>—¡Esto no es animador!—dijo un día el bello Saville a la señora de +Hermany—; si el pobre de Lerne resucitase por algunos instantes, su +asombro no tendría límites.</p> + +<p>—¿Por qué, amigo mío?</p> + +<p>—¡Porque esto es chocante!—dijo el bello Saville, que no era un +águila pero que tenía buen corazón—, se diría que la muerte de ese +pobre muchacho ha sido una satisfacción para ella. Nunca la he visto más +animada, más satisfecha... ¡Y hacednos matar por estas señoras!</p> + +<p>—Pero, amigo mío, nadie piensa en hacerle a usted matar... +Tranquilícese... y en cuanto a mi amiga Juana, es una persona a quien no +se debe juzgar a la ligera... Yo no sé; todo lo que pasa en esa linda +cabeza... pero hay en su pupila algo que no me agradaría si fuese su +marido.</p> + +<p>—Pues yo no veo nada en su pupila—dijo Saville;</p> + +<p>—¡Naturalmente!—contestole la señora Hermany.</p> + +<p>Aquel buen humor de Juana, que chocaba a todos, estaba muy lejos de +desagradar a su marido; por el contrario, gustábale mucho.</p> + +<p>—Es una mujer domada—se decía—. Esto es lo que hay; está domada. Ese +es mi sistema, domar a las mujeres... Después que la mía ha recibido una +lección, un poco fuerte, es verdad, ha recobrado su buen sentido +práctico... ahora es cien veces más feliz y más amable que nunca... +¡Esto es perfecto, perfecto!</p> + +<p>Habíase operado, en efecto, en los gustos y las costumbres de Juana un +cambio muy original y digno de estudio; en vez de consagrarse casi +exclusivamente como antes, a los goces del alma y de la inteligencia, +habíase despertado en ella un gusto demasiado exclusivo por los placeres +físicos. No abría un libro, el piano permanecía cerrado, su querida +cartera no recibía ya sus impresiones, ni los extractos de sus poetas +favoritos; había perdido su tendencia al entusiasmo y a conmoverse +tiernamente, que tanto la había distinguido, y contraído la tan vulgar y +detestable manía parisiense de la crítica perpetua. La equitación, la +caza, el ballar, el baile, eran entonces sus pasiones favoritas.</p> + +<p>Seguía a caballo las cacerías en los bosques de Compiègne, a pie las +cacerías de tiro en los bosques de la Venerie y por la noche era una +valsante infatigable. Los nombres nunca la habían visto más seductora, y +hay que añadir que nunca creyeron que fuese tan coqueta; pues lo era, y +tenía a más en aquel arte, nuevo para ella, la inconsciencia de una +principianta que no conocía todavía lo justo de la medida. Las +vivacidades de su conducta y de su lenguaje sobrepasaban algunas veces +al nivel que separa a las gentes de buena sociedad de la mala. Pero +Maurescamp no se disgustaba por ello; divertíale más bien y se reía con +sus amigos.</p> + +<p>—Ya está curada—decía—. Empieza una vida nueva... se excede un poco +en el lenguaje, es verdad... como las recién casadas, que dicen +disparates al día siguiente de su boda... pero eso pasará.</p> + +<p>Sin embargo, después de algún tiempo acabó por notar que su mujer +buscaba con demasiado empeño la sociedad de los hombres. Que les +acompañara constantemente a la caza, paso y salas de billar, pase; pero +lo que le sorprendió sobremanera fue verla seguirlos hasta la sala de +arreos, donde se reunían todas las mañanas a tirar las armas. Esta sala +era una gran pieza monumental, con piso de mosaico, bien abrigada, muy +clara y muy adecuada para esta clase de <i>sport</i>.</p> + +<p>Altos bancos cubiertos de espartería se hallaban colocados a lo largo de +las paredes y servían de asiento a los espectadores. La primera vez que +Maurescamp y sus amigos vieron por entre el humo de sus cigarros a Juana +sentada en uno de esos bancos, sintiéronse no solamente sorprendidos, +sino también disgustados. Había entrado sin hacer ruido, sin ser +notada, sentándose silenciosa y observaba a los tiradores. A todos les +pareció extraordinario que una joven a quien tenían por delicada y +sensible, encontrase placer en un espectáculo que no podía dejar de +traerle a la memoria un recuerdo funesto. Hubo, sin embargo, que +habituarse a su presencia, porque desde este día no dejó de ir a la sala +de armas, a las horas que lo hacían el señor de Maurescamp y sus +huéspedes. Parecía observarlos con particular interés; algo inclinada +bien adelante, seria, con la mirada fija, absorbíase por completo en la +contemplación de las paradas y réplicas cambiadas entre los adversarios. +Pero, sobre todo, era cuando su marido estaba en escena, que se le veía +prestar la más profunda atención, tan profunda, que llegaba a contrariar +hasta a su propio marido.</p> + +<p>Juana llegó, a fuerza de aplicación, a conocer bastante la esgrima; +dábase cuenta con bastante exactitud de los golpes y de la fuerza de los +tiradores. Fue así como llegó a comprender que su marido era +efectivamente, como lo había oído decir, un tirador diestro, de una +solidez y una fuerza muy notables, y que hasta entonces no había otro +que pudiera competir con él sin demasiada desigualdad, sino el señor de +Monthélin, hasta llegar a tener ventaja sobre el barón, en dos o tres +asaltos, lo que le valió de Juana algunas palabras amables.</p> + + + +<h3><a name="XIV" id="XIV"></a>XIV</h3> + + +<p>El señor de Monthélin, es necesario decirlo, viéndose desembarazado de +su rival, el conde de Lerne, había recobrado poco a poco su antiguo +papel de suspirante y amigo. Por aquel entonces, creyose ver seriamente +alentado, y empezó a abrigar esperanzas que no creía ilegítimas, cuando +un nuevo acontecimiento vino a trastornar sus manejos.</p> + +<p>A más de los huéspedes habituales del castillo, el señor de Maurescamp +invitaba de tiempo en tiempo a las cacerías de la Venerie, a algunos +oficiales de la guarnición de Compiègne, a quienes había conocido en +París, en las cacerías de los bosques. Entre estos oficiales, que eran +casi todos de la mejor sociedad, había uno que hacía excepción, y que +todos se admiraban verlo admitido en la Venerie. Era un joven capitán de +cazadores, llamado Sontis, bien nacido, pero mal educado, de un +libertinaje insolente, y de costumbres groseras. Su físico no compensaba +lo que le faltaba en educación social y moralidad. Era pequeño, feo, de +color bilioso, muy delgado, con escasos cabellos de un rubio claro y +ojos grises, de una expresión dura y cínicamente burlones. Pero era un, +<i>sportsman</i>, completo; en materia de equitación, de carreras, de caza, y +generalmente en todo lo concerniente al <i>sport</i>, era no solamente un +conocedor de los más competentes, sino un ejecutante de una habilidad +superior. Esas cualidades especiales habían cautivado al señor de +Maurescamp, quien se había propuesto, hacía ya algún tiempo, hacerse +criador y montar una caballeriza de cacerías; no cesaba de tener +conferencias sobre tan importante asunto con el capitán de Sontis, y +apreciaba altamente sus preciosos consejos.</p> + +<p>En cambio, la señora de Maurescamp había concebido por el joven, desde +la primera vez que le vio, la más grande antipatía, la que no se cuidaba +de disimular. Fue, pues, con disgusto que le vio instalarse por tres +semanas en la Venerie, en los primeros días de noviembre, pues hasta +entonces, sólo había asistido a las comidas o al almuerzo con motivo de +la caza.</p> + +<p>Desde la primera mañana de su instalación, fue invitado cortésmente para +acompañar al dueño de casa y dos o tres más de sus huéspedes, a pasar a +la sala de los arneses, para hacer un poco de esgrima, si lo tenía a +bien. El señor de Sontis contestó que tendría mucho gusto en ejercitar +un poco su muñeca, pues hacía mucho que no tiraba. Después de ensayarse +un poco contra las paredes, aceptó un pequeño asalto anodino con el +señor de Maurescamp.</p> + +<p>Pusiéronse, pues, frente uno de otro y no fue poca la sorpresa de éste, +al encontrarse que aquel pequeño personaje poseía una agilidad, golpe de +vista, y alcance de tigre. Algo impresionado al principio por la fuerza +del manejo del señor de Maurescamp, repúsose prontamente y tomó una +ventaja absoluta en el segundo ataque. El señor de Maurescamp, +desazonado, dijo, riendo, que esperaba tomar su desquite a la mañana +siguiente.</p> + +<p>—Como guste—contestó de Sontis—, estoy a sus órdenes; pero le +advierto que ya conozco su manejo, y que no me tocará sino cuando yo lo +quiera.</p> + +<p>—¡Ya veremos!—contestó Maurescamp con bastante sequedad.</p> + +<p>Juana había asistido aquella mañana, como tenía por costumbre, a la +lección de esgrima. Al salir notábase en ella un aire grave y +meditabundo que no le era habitual desde que había empezado su nueva +existencia. Todo el día estuvo pensativa.</p> + +<p>A la mañana siguiente, no faltó a la cita.</p> + +<p>El señor de Maurescamp y de Sontis emprendieron un asalto, al cual la +pequeña escena del día anterior daba un interés excepcional. La +curiosidad de los espectadores estaba en extremo sobreexcitada; pero la +de la señora de Maurescamp había llegado al último grado, y la expresión +de su rostro, mientras seguía las fases y peripecias de la lucha, +demostraba su interés, o más bien una ansiedad que no estaba en armonía +con las circunstancias.</p> + +<p>Aquel asalto fue un desastre para el señor de Maurescamp. El joven +oficial de cazadores, aunque muy inferior en fuerza muscular, poseía, a +pesar de su débil apariencia, un temple de acero. Hacía mucho tiempo ya +que era reputado maestro en punto a esgrima, y no tardó en darse cuenta +del lado débil y deficiente del manejo, por otra parte muy temible, del +señor de Maurescamp. Había notado que tenía en el asalto el defecto +habitual de los hombres vigorosos y muy sanguíneos, es decir, la +tendencia a fiar demasiado en su vigor, y aun a abusar inconscientemente +de los efectos de fuerza. Dotado él mismo de una agilidad y precisión de +mano incomparable, y tan seguro de su vista como de su mano, el señor de +Sontis no daba entrada a su adversario; lo ofuscaba y deslumbraba con su +rápido cambio, aprovechándose de los desvíos a los cuales se entregan +siempre en la parada las espadas violentas, al lanzar desenganches de +una rapidez fulminante. El señor de Maurescamp tenía ante sí una espada +invisible e infatigable. No la sentía, puede decirse, sino cuando tocaba +su pecho. En resumen, recibió en aquel asalto cinco o seis botonazos y +no dio ninguno.</p> + +<p>El amor propio muy irritable del señor de Maurescamp no le permitió +declarar su inferioridad decisiva. Convino solamente en que aquel día no +estaba en juego. Quiso renovar la prueba en los días siguientes; pero no +obtuvo ninguna ventaja, y si consiguió dos o tres veces en otros asaltos +consecutivos, hacer sentir el botón de su florete al señor de Sontis, +todos creyeron ver en ello un acto de deferencia por parte del joven. En +una palabra, el señor de Maurescamp, disgustado y herido, se abstuvo +desde entonces con diferentes pretextos de dar asaltos por la mañana.</p> + +<p>Las mujeres gustan de los valientes y victoriosos. Fue seguramente a +consecuencia de este noble sentimiento, tan notable en las de su sexo, +que la señora de Maurescamp pareció perdonar al joven oficial de +cazadores su fea figura y mala reputación, y empezó muy visiblemente a +honrar con su benevolencia a un hombre por el cual sólo había demostrado +hasta entonces la más despreciativa indiferencia, y hasta aversión.</p> + +<p>Por poco preparado que estuviese para aventuras de aquella importancia, +no pudo dejar de comprender el señor de Sontis el carácter de las +atenciones con que era favorecido. Mantúvose reservado, sin embargo, sea +que habituado a los amores de soldado, se sintiera intimidado ante +aquella dama elegante y distinguida, sea que sospechase (porque era muy +suspicaz) algún lazo oculto en aquellas provocaciones, que tenía tal vez +el buen sentido de conocer que no las merecía.</p> + +<p>Por extraña que fuese la aventura, parecía no quedar duda sobre que +aquella mujer tan atractiva, delicada y honesta, estaba enamorada de +aquel mal sujeto, palidote y vulgar. Durante la última semana de la +permanencia del joven en la Venerie, los síntomas de la loca pasión de +Juana se revelaban cada vez más a las miradas curiosas de los celosos +que la observaban. Admirábanse al mismo tiempo, de que aquel manejo tan +significativo pasara inapercibido para aquel que tenía más interés en +comprenderlo, es decir, para el barón de Maurescamp, que, sin embargo, +había dado pruebas de susceptibilidad conyugal. Y tanto más se +admiraban, cuanto que Juana ponía muy poco empeño en disimular; más bien +era imprudente.</p> + +<p>Con mucha frecuencia daba a su marido el espectáculo de sus apartes +misteriosos con el señor de Sontis; elegía indiscretamente el momento en +que su marido atravesaba el patio, para arrojar por la ventana alguna +flor de su corpino al oficial de cazadores; quedábase atrás con él, en +los paseos a caballo, perdíase en el bosque, y no volvía hasta el caer +de la noche en momento en que el barón empezaba a impacientarse, cuando +no a inquietarse. Finalmente, valsaba toda la noche con el capitán, +hablándole con sonrisas y miradas incendiarias.</p> + +<p>Por muy reservado y desconfiado que fuese de Sontis, era imposible que +resistiese mucho tiempo a tales demostraciones. Tal vez también recibió +suficientes gajes para disipar sus aprensiones. De cualquier manera que +sea, no tardó en participar de la pasión violenta que había inspirado. +Aquel amor, tan nuevo para él, causábale una exaltación sombría y +huraña, con lo que parecía divertirse la señora de Maurescamp.</p> + +<p>El señor de Maurescamp continuaba no viendo nada.</p> + +<p>Sin embargo, por una u otra razón, parecía preocupado, menos expansivo, +menos bullicioso y preponderante que de costumbre, y hasta triste. Su +fisonomía encendida, poníase pálida y desencajada. A un observador +inteligente habríanle llamado la atención las miradas audazmente cínicas +que su mujer le lanzaba, y el desagrado con qué el barón procuraba +evitarlas.</p> + +<p>El 28 de noviembre era el día señalado para la partida del capitán. Ese +día no hubo caza. El señor de Maurescamp había ido esa mañana a vigilar +las reparaciones que se hacían en el pabellón del guardabosque.</p> + +<p>Para volver al castillo, tenía por costumbre, dejando los caminos +principales del bosque, tomar uno que él llamaba de Diana, y que +acortaba la distancia. Atravesaba un espeso bosque que formaba recodo +con el antiguo parque, y del que debía hacerse un jardín; mientras +tanto, permanecía inculto y formaba un bosquecillo tupido y solitario. +La Avenida de Diana debía su nombre a una antigua estatua, cuyo zócalo +era lo único que quedaba en pie. Lugar tan retirado y misterioso, era a +propósito para paseos y coloquios de enamorados. Pero, sin embargo, fue +una grande imprudencia la de Juana, la de elegirlo para su despedida del +oficial de cazadores. No ignoraba la excursión matinal de su marido a la +casa del guardabosque, sabía el camino que debía tomar a su regreso, +¿cómo podría llevar la ceguedad de la pasión, hasta el extremo de +olvidarse de que era probable que pasase por el lugar de la entrevista, +a la misma hora que tendría efecto?</p> + +<p>Sea lo que sea, ahí se hallaban ella y él, entregados uno al otro; +habíanse sentado sobre un viejo banco rústico rodeado de árboles, +frente a la estatua derrumbada. En vísperas de alejarse, el oficial de +cazadores era más exigente, y ella más débil. Hablábanse en voz baja, +estrechadas sus manos y mirándose en los ojos, cuando el señor de Sontis +sorprendió en la mirada de Juana una llama, que ciertamente no le estaba +designada; volviose inmediatamente hacia el lado del bosque, siguiendo +la dirección de la mirada de la joven, y vio, algo oculto entre los +árboles, hacia la extremidad del camino, a un hombre que parecía +indeciso en continuar o no; aquel hombre dio súbitamente vuelta a la +espalda, y tomó otro camino, desapareciendo entre el ramaje.</p> + +<p>—¿Es el marido de usted?—preguntó.</p> + +<p>—Sí.</p> + +<p>—¿Cree usted que nos ha visto?</p> + +<p>—Lo ignoro. ¡Pero si nos ha visto, es un cobarde!</p> + +<p>Que les hubiera visto o no, el señor de Maurescamp entró tranquilamente +en el castillo por la avenida más larga pero mejor del nuevo parque. +Volvió a salir casi inmediatamente y pasó el resto del día +inspeccionando sus plantaciones y el corte de sus bosques. No volvió a +entrar sino al primer toque que llamaba a comer.</p> + +<p>Talvez fue a causa de su preocupación, que el capitán creyó notar, al +entrar en el salón, algo de tirantez y alteración en el rostro del señor +de Maurescamp.</p> + +<p>Iban a comer. Había en la mesa como veinte convidados. Disgustáronse un +poco al ver a la señora de Maurescamp sentar a su lado al capitán de +cazadores, que era entre los convidados uno de los más jóvenes y de +menos consideración; pero se iba al día siguiente y esa circunstancia +explicó, en cierto modo, el excesivo honor que se le hacía. Sea que el +detalle de etiqueta hubiese desagradado a cierto número de convidados, +sea que hubiese en el aire uno de esos vagos presentimientos precursores +de las grandes catástrofes, el principio de la comida fue silencioso y +frío. Pero la abundancia y excelencia de los vinos con que se rociaba +una exquisita comida, no tardaron en disipar las nubes, despejar las +frentes y despertar las inteligencias.</p> + +<p>La animación de las conversaciones acabó por tomar un diapasón más alto +que de costumbre, como sucede con bastante frecuencia cuando se ha +vencido un primer momento de frialdad embarazosa. En una palabra, +aquella comida, que había empezado tan lúgubremente, acabó de ser una +brillante fiesta de cazadores y hombres de mundo, a la que la presencia +de algunas lindas mujeres daba mayor animación. El mismo señor de +Maurescamp, que era siempre sobrio en la bebida pero aquel día había +vaciado su copa algo más de lo conveniente, parecía libre de las nubes +que desde algún tiempo atrás ofuscaban su mente. Tal vez festejaba +secretamente la partida de sus huéspedes importunos. Pero de todos +modos, había recobrado su tono de seguridad e importancia, y quiso +regalar a sus convidados, con su voz ronca e imperiosa, con algunos de +sus principios y sistemas favoritos.</p> + +<p>La señora de Maurescamp prodigaba, mientras tanto, al señor de Sontis, +tantos agasajos que a pesar de su aplomo, el joven se encontraba +visiblemente confundido; al mismo tiempo, como para imitar a su marido, +entreteníase en beber copas llenas de Sauternes y Champagne, lo que le +proporcionaba accesos de una alegría extraordinaria. En medio de esas +crisis de risas estrepitosas caía por intervalos en una gran laxitud, +semejante a una bacante fatigada.</p> + +<p>A los postres declaró que tomaría el café en el comedor.</p> + +<p>—Esta animación—dijo—perdería su encanto, si cada uno se iba por su +lado.</p> + +<p>Quedaríanse, pues, todos reunidos y permitiría fumar a los hombres. Tal +declaración fue aplaudida por todos los convidados.</p> + +<p>Sirviose el café y circularon los cigarros.</p> + +<p>Juana anunció que quería fumar, y tomó un cigarro para ensayarse.</p> + +<p>—Le va a hacer mal—exclamó el señor de Maurescamp;—tomad un +cigarrillo.</p> + +<p>—No, no, quiero un cigarro—dijo la joven cuyos ojos estaban algo +empañados.</p> + +<p>El señor de Maurescamp se encogió de hombros y quedó callado.</p> + +<p>Juana encendió en un fósforo su cigarro y se puso a fumar con el mayor +aplomo en medio de las aclamaciones de los asistentes.</p> + +<p>Al cabo de algunos instantes:</p> + +<p>—Es verdad—dijo,—¡esto me hace mal!</p> + +<p>Y, volviéndose al capitán que estaba a su derecha, y quitándose el +cigarro húmedo de sus labios:</p> + +<p>—Tome—le dijo,—acábelo usted.</p> + +<p>Aquel movimiento, aquellas sencillas palabras, pareció que habían +petrificado a aquellos veinte convidados, tan animados y bulliciosos un +momento antes. El silencio que se produjo fue tal, que podía oírse fuera +de la sala, que parecía desierta, el murmullo del viento entre las +ramas.</p> + +<p>Todas las miradas, que primeramente se habían fijado en Juana, +volviéronse a su marido, sentado frente a ella.</p> + +<p>El señor de Maurescamp, extremadamente pálido, miraba a de Sontis y +esperaba.</p> + +<p>El oficial de cazadores vacilaba, interrogando con seriedad los ojos de +Juana.</p> + +<p>—Y bien—díjole.—¿De qué tiene usted miedo?</p> + +<p>No vaciló más; tomó el cigarro que le presentaba la joven y lo puso +entre sus labios.</p> + +<p>En el mismo instante, el barón de Maurescamp sacaba el que tenía en la +boca y se lo arrojaba a la cara al señor de Sontis, diciéndole:</p> + +<p>—Concluya también el mío, capitán.</p> + +<p>El cigarro, a medio fumar, fue a dar en el rostro del capitán, +despidiendo algunas chispas.</p> + +<p>Todos se habían puesto de pie. Juana, en medio de la confusión y estupor +general, completamente despejada, de pie también, fría, impasible, se +apoyaba con una mano en una silla. Su bella fisonomía, que hemos visto +tan pura y delicada, parecía cubierta con la máscara de Tisofona; +expresaba esa mezcla de horror y alegría salvaje, que debió verse en la +frente encantadora de María Estuardo, cuando oyó la explosión que la +vengaba del asesino de Rizzio.</p> + + + +<h3><a name="XV" id="XV"></a>XV</h3> + + +<p>En seguida de esta escena, cuyas consecuencias amenazaban ser trágicas, +la mayor parte de los invitados se eclipsaron discretamente; los vecinos +de la campaña tomaron sus carruajes, precipitadamente, y los otros el +tren de la tarde para irse a París. En el castillo, sólo quedaron los +amigos más íntimos. El capitán había sido, naturalmente, el primero que +se retirara. Había ido a instalarse por aquélla noche en el hotel más +próximo a la Venerie. Siendo inevitable un duelo, dos oficiales de su +regimiento, que habían asistido también a la comida, se pusieron +inmediatamente de acuerdo con los señores de Hermany y de la Jardye, +que debían ser nuevamente los padrinos del barón. No volveremos a +fatigar a nuestros lectores con los detalles de los preparativos que se +hicieron entre los padrinos de ambos rivales. Se comprende que no se +trató de ninguna clase de arreglo; en cuanto a la elección de las armas, +claro está que el señor de Maurescamp, después de lo que había pasado en +las diferentes ocasiones que habían tirado el florete con de Sontis, +habría preferido la pistola; pero si el acto de tan mal gusto del +oficial, de aceptar la oferta de la señora de Maurescamp, habíale dado +al marido el papel de ofendido, éste había perdido su derecho, dejándose +llevar de otro más sangriento. Por otra parte, el orgullo del señor de +Maurescamp, inspirándole bien, le hizo aceptar la espada sin +trepidación, cualesquiera que fuesen las consecuencias.</p> + +<p>Fue resuelto que el encuentro se verificase a la mañana siguiente a las +diez, en un claro del bosque de Marnes, contiguo a la Venerie, porque no +pareció conveniente hacerlo en los mismos dominios del barón de +Maurescamp.</p> + +<p>Poco sueño tenían los del castillo aquella noche. Los extraños +celebraban en su aposento sus conciliábulos animados; transmitíanse las +opiniones de una pieza a otra. Los hombres discutían lo tocante al +honor; las mujeres, excitadas y nerviosas, peroraban a media voz, +enjugaban algunas lágrimas, y en su interior estaban contentísimas. Es +inútil decir que el personal de la servidumbre estaba conmovido bajo las +mismas emociones; es decir, experimentando esa inquietud alegre y ese +agradable estado febril en que nos ponen generalmente los males ajenos.</p> + +<p>En cuanto a los dueños de casa, es bastante verosímil que tampoco +dormirían. Comprendiendo el señor de Maurescamp que el caso era de los +más graves, viose obligado a poner en oí den sus negocios. Juana no +quiso ver a nadie; se supo únicamente por su camarera que había pasado +la noche paseándose de uno extremo a otro, y hablando en voz alta «como +una actriz».</p> + +<p>Cerca de una hora hacía que un sol pálido de fines de noviembre se había +alzado sobre los árboles del bosque, cuando el señor de Maurescamp, cuyo +dormitorio estaba en el primer piso, salía al patio a fumar un cigarro. +Yendo caminando, llegó a la reja de la entrada, donde se halló con un +joven paisano, de trece a catorce años, que quedó sorprendido al verlo; +el barón creyó reconocer en él a un muchacho empleado en una posada del +pueblo. La turbación del muchacho fue tanta, que el señor de Maurescamp, +a pesar de sus preocupaciones, no pudo dejar de notarla.</p> + +<p>—¿Qué quieres? ¿A dónde vas?—preguntole.</p> + +<p>—Al castillo—balbuceó el muchacho, poniéndose colorado—. Al mismo +tiempo, ocultaba confundido una de sus manos dentro de su blusa.</p> + +<p>—¿Qué vas a hacer al castillo?—volvió a preguntarle.</p> + +<p>—A ver a la señorita Julia.</p> + +<p>Julia era la camarera de Juana.</p> + +<p>—¿Quién te envía, hijo mío?</p> + +<p>—Un señor—murmuró el niño, cada vez más intimidado.</p> + +<p>—¿Un señor que está alojado en tu hotel, no es verdad?</p> + +<p>—Si.</p> + +<p>—¿Un oficial?</p> + +<p>—Sí.</p> + +<p>—¿Qué ocultas ahí, en tu blusa? ¿Una carta? ¿Qué? Dámela... vamos... +dámela....</p> + +<p>El muchacho, próximo a llorar, dejose tomar por grado o por fuerza, un +papel que estrujaba en sus manos crispadas.</p> + +<p>La carta no tenía dirección.</p> + +<p>—¿Para quién es esta carta?</p> + +<p>—Para la señora.</p> + +<p>—¿De modo que te la han dado para la señorita Julia, para que ella se +la dé a la señora?</p> + +<p>El niño indicó que sí.</p> + +<p>—Pues bien, hijo mío, yo voy a hacer la comisión... Ven conmigo a +esperar la contestación, si hay alguna.</p> + +<p>Y el señor de Maurescamp, seguido del muchacho, volvió sobre sus pasos, +atravesó rápidamente el patio y entró en sus habitaciones.</p> + +<p>Apenas estuvo en ellas, cuando rompiendo el sobre de la carta destinada +a su mujer, leyó estas palabras que no estaban firmadas, pero cuya +procedencia no había como poner en duda:</p> + +<p>«Esté tranquila. Por su cariño tendré consideración con él.»</p> + +<p>El primer movimiento del señor de Maurescamp, siempre dispuesto a la +cólera, fue romper y echar al fuego aquel insolente billete. Pero una +reflexión lo contuvo. Tomó un sobre nuevo de su bufete y colocole en él. +Repentinamente había sido asaltado por una extraña curiosidad; quería +saber si su mujer contestaba, y lo que contestaría.</p> + +<p>Fue adonde estaba el muchacho y díjole entregándole la carta:</p> + +<p>—Hijo mío, no he podido encontrar a la señorita Julia... Debe estar +ocupad.... Llama en aquella puerta de enfrente y pregunta por ella. Toma +cien sueldos por tu trabajo.</p> + +<p>El muchacho dio las gracias y fue hacia la puerta indicada.</p> + +<p>Por su parte, el señor de Maurescamp fue de nuevo hacia la verja, salió +del patio y tomó el camino del pueblo, paseándose en él a pasos cortos.</p> + +<p>¡Cosa singular! dentro de una hora iba a jugar su vida en las peores +condiciones; y aquel pensamiento, por serio que fuese, había sido +dominado completamente por ese otro. ¿Qué contestaría su mujer?</p> + +<p>En realidad, este hombre, de una energía puramente física, no había +podido resistir a las ansiedades que le habían torturado en silencio +desde algunos días atrás. Su moral se hallaba afectada por el asombro +que le causaba aquel odio sombrío, aquella venganza premeditada, sabia, +implacable, con que era perseguido. Habituado a mirar a las mujeres como +a juguetes de niño, estaba estupefacto y hasta aterrorizado al encontrar +en uno de esos seres débiles y despreciables, una profundidad de miras y +una fuerza de voluntad, contra las cuales todas sus fuerzas personales, +vigor físico, fortuna, situación social, autoridad de esposo, no tenían +ninguna salvaguardia y estaban reducidos a la nada.</p> + +<p>Tal vez habría pagado mucho en aquel momento de desaliento, por una +palabra de bondad, de interés, y hasta de compasión, de aquella mujer +tan despreciada en otro tiempo... Tal vez esperaba encontrarla en +aquella contestación esperada...</p> + +<p>Al cabo de algunos instantes el muchacho reapareció, saliendo del +castillo, completamente tranquilizado con el desenlace de su primera +entrevista, con el señor de Maurescamp, ni aun intentó ocultar +nuevamente el mensaje de que era portador. Pasaba sonriendo y saludando.</p> + +<p>—¡Ah!—dijo el barón deteniéndolo—, ¿Tienes una contestación? +muéstramela. Yo sé de lo que se trata y tal vez tengo algo que añadir.</p> + +<p>Poníale al mismo tiempo una moneda de plata en la mano.</p> + +<p>Tomó la carta, y como el sobre estaba todavía húmedo no tuvo que +romperlo, halló dentro el billete de de Sontis que la señora de +Maurescamp devolvía, habiendo puesto después de las palabras del +capitán, esta breve contestación:</p> + +<p>«Le ruego que no se incomode.»</p> + +<p>El señor de Maurescamp, después de leer esto, dobló el billete, púsolo +en el sobre y lo entregó al muchacho, alejándose en seguida.</p> + + + +<h3><a name="XVI" id="XVI"></a>XVI</h3> + + +<p>Hora y media después, el duelo tenía lugar en el bosque de Mames, y el +señor de Maurescamp había recibido una herida en medio del pecho.</p> + +<p>Creyose por mucho tiempo que no sobreviviría, pues sus pulmones estaban +atacados. Pero la fuerza de su temperamento lo ha salvado. Su salud se +mantiene delicada, y su moral parecía igualmente afectada para siempre.</p> + +<p>Parece convencido, como la mayor parte de la gente, de que su mujer, en +lo tocante al capitán de Sontis, no tiene más culpa que haber bebido +demasiado Sauternes, y haber fumado un habano, cuyo humo la había +privado de la conciencia de sus actos. Por consiguiente, ha podido vivir +con ella en términos convenientes y tener también a su respecto cierta +deferencia resignada y sumisa, muy sorprendente en un hombre muy +imperioso y dominante.</p> + +<p>Es verdad que ha conseguido modificar por completo el temperamento de su +mujer, y que debe estar muy orgulloso de su obra. Juana no es ya +romancesca; ya no lee a Tennyson. Después que le mataron a su cómplice +de idealismo, el ideal ha muerto para ella. Después de haber afectado +primeramente por un espíritu de ironía vengativa, movimiento y +sensualismo, ha tomado gusto por su papel y lo desempeña hábilmente.</p> + +<p>Fría, satírica, mundana furiosa, en extremo coqueta, indiferente a todo, +parece ser que después de la muerte de su madre, su único sentimiento +digno y elevado, es el que la conduce tres veces por semana, cerca del +lecho de una anciana paralítica que ha vuelto al estado de la infancia; +la condesa de Lerne.</p> + +<p>Nada más añadiremos sobre Juana Berengére de Latour-Mesnil, baronesa de +Maurescamp. Ha cesado de interesarnos, como probablemente sucederá al +lector, desde que su atroz contestación al billete de de Sontis nos +demostró que el ángel habíase convertido en un demonio.</p> + +<p>El final de esta historia, asaz verídica, es que, en el mundo moral, no +nacen monstruos: Dios no los cría; pero los hombres sí, y muchos. Esto +es lo que no deben olvidar las madres.</p> + +<p class="c">FIN</p> + +<hr class="full" /> + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of Project Gutenberg's Historia de una parisiense, by Octave Feuillet + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DE UNA PARISIENSE *** + +***** This file should be named 27100-h.htm or 27100-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/2/7/1/0/27100/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net) + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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Redistribution is +subject to the trademark license, especially commercial +redistribution. + + + +*** START: FULL LICENSE *** + +THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE +PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK + +To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free +distribution of electronic works, by using or distributing this work +(or any other work associated in any way with the phrase "Project +Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project +Gutenberg-tm License (available with this file or online at +http://gutenberg.org/license). + + +Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm +electronic works + +1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm +electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to +and accept all the terms of this license and intellectual property +(trademark/copyright) agreement. 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